Saga Völsunga
Saga Völsunga
VöLSUNGOS
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INTRODUCCIÓN
El género literario saga, de la Escandinavia de los siglos XII y XIII, es una
narración épica de carácter legendario. Sus orígenes se remontan a la época de
las grandes migraciones de los pueblos germánicos por toda Europa (siglos IV y V
d.C). Estas «sagas heroicas» se caracterizan por exponer contenidos éticos de
carácter altamente arcaico y patriarcal, en detrimento de otros elementos que son
centrales en otras sagas: el genealógico, el religioso y el amoroso. Las versiones
escandinavas, a diferencia de las compiladas en el centro de Europa, carecen de
la influencia cristiana que posteriormente introdujo gran número de adaptaciones
sobre la narración original pagana. Por ello la recopilación del rey Hakon nos
permite acercarnos a los cantares originales.
Los “héroes solares” de las sagas: las leyendas heroicas explicitan la
fuerza de voluntad de una persona que persigue sus objetivos de gloria, lo cual los
constituye en referentes de autoridad (por ello se los vincula a reyes y
gobernantes). El mito del héroe es una leyenda capaz de resonar en el interior de
las personas, provocando sentimientos de afinidad y devoción que nos hacen
querer ser como ellos. Sus aventuras se asemejan en parte a los desafíos que
enfrentan las personas ordinarias, y a la vez son una invitación a iniciar el propio
de autodescubrimiento. En las sagas germánicas, como también las griegas,
suelen tener un substrato trágico: el héroe termina muerto pero ha ganado
renombre. Los mitos y sagas son una forma primitiva de dar sentido a nuestra
existencia. Con ellas transmitimos sentimientos, adquirimos sabiduría, y
explicamos los orígenes del mundo.
El viaje del héroe normalmente consta de tres etapas: la SEPARACIÓN del
mundo conocido (lejanía o muerte de los padres), la INICIACIÓN (lucha con el
dragón y los temores) y el RETORNO (matrimonio y muerte trágica para dar
lugar a la siguiente generación de héroes). Siguiendo los nombres
escandinavos de sus protagonistas pueden distinguirse las tres sagas más
conocidas:
1) El ciclo de Helgi: hijo de Sigmund y Borghild, hermanastro de SIGURD. Se
casa con la valquiria Sigrún y venga la muerte de su padre asesinando al rey
sajón Hunding. Al hermanarlo con Sigurd, el escritor escandinavo justifica la
aparición de ambos ciclos heroicos fusionándolos bajo un único tema central.
2) El ciclo de SIGURD (Sigfrido): protagonista central de las sagas nórdicas.
Tiene sus origenes en la épica popular de germánica. Ha quedado
inmortalizado en el “Cantar de lo Nibelungos”, presumiblemente escrito
hacia el año 1200 por un poeta austríaco de la región de Passau (Baviera).
El autor de la Saga de los Volsungos se distingue de la tradición Nibelunga
porque no tiene como objetivos el imprimir un “carácter cristiano” a su
narración. Esto nos permite conocer, de un modo más directo, la cultura
pagana, tribal y mágica de las leyendas originales.
3) «El ciclo de Jörmunrek». Parte final de la saga relacionada con las luchas
entre los reyes Godos y los Hunos.
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I: LOS ORÍGENES DIVINOS DE SIGI
Nuestra historia comienza
en Escandinavia, con un tal SIGI, jefe tribal
que decía ser hijo del dios Odín (Wotan).
También aparece Skadi, que era muy rico e
ilustre, pero Sigi era mucho más poderoso y
rico que él. Skadi tenía un esclavo que se
llamaba Bredi, quien demostraba gran
habilidad en cualquier cosa que hiciera. En
cierta ocasión Sigi salió de caza con este
esclavo, y pasaron todo el día cazando hasta
la caída de la tarde. Cuando al anochecer
reunieron todas las piezas resultó que Bredi
había cazado mucho más que Sigi; y este
hecho lo enfureció. Él pensaba que un
esclavo no podía ser mejor cazador que él
porque la gente se burlaría. Entonces, se le
echó encima y lo mató. Luego ocultó el
cadáver bajo una pila de nieve.
De regreso al pueblo, relató que el esclavo Bredi se había adentrado en el
bosque a caballo: «de repente desapareció de mi vista; y no sé qué haya podido
ser de él», dijo Sigi, pretendiendo encubrir su asesinato. A Skadi le extrañaron
estas palabras de Sigi, e intuyó que se trataba de una mentira y que Sigi había
matado a su esclavo. Reunió a varios hombres para que salieran a buscarlo. Horas
más tarde lo encontraron enterrado bajo la nieve. Así se descubrió que Sigi había
asesinado al esclavo. Por este acto criminal lo expulsaron de su pueblo,
impidiéndole que permaneciera en su país junto a su padre.
SIGI inició su viaje de destierro, y el dios ODÍN permaneció junto a él. La
vida fue muy dura para Sigi, hasta que logró ser aceptado en una una flotilla de
barcos “piratas” –vikingos-. A partir de entonces Sigi se dedicó a la rapiña y el
saqueo, apoyado por varios guerreros que le había dado su padre antes de partir.
Sigi era un formidable guerrero, salía victorioso de todas sus incursiones, gracias a
lo cual no tardó en hacerse con numerosas tierras y tesoros. Se casó con una
mujer de alto rango, y se convirtió en un soberano poderoso en el país dominado
por los Hunos (¿norte de Alemania o Polonia? ¿Pomerania? Zonas dominadas por
los hunos de Bleda). Sigi tuvo un hijo con su esposa al que llamaron RERIR.
El rey SIGI envejeció habiendo conseguido gran fama como guerrero. Pero
lo largo de su reinado se había ganado muchos enemigos, y fue asesinado por
quien él menos se esperaba: los hermanos de su mujer. Lo atacaron por sorpresa
y murió junto a todos sus guardias. Su hijo Rerir se apresuró a conseguir la
venganza. Reunió una poderosa fuerza con amigos y vasallos. En poco tiempo
logró recuperar las tierras de su padre y aniquilar a los tíos que habían complotado
contra su progenitor. Rerir ejecutó a todos los que tomaron parte en el complot,
una acción que muchos consideraron exagerada. Con ello se hizo de un gran botín
de tierras y riquezas, y fue aún más poderoso que su padre.
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El rey RERIR estuvo mucho tiempo casado pero no tenía ningún
heredero. Con su mujer rogaban insistentemente a los dioses que les concedieran
un hijo. Se cuenta que FRIG, diosa del cielo y esposa de Odín, escuchó sus
plegarias y sacrificios. Odín le envió una mensajera a Rerir, a la hija del gigante
Rimir: LIOD. Ella se transformó en cuervo y Odín le puso una manzana en las
garras para que se la entregara. LIOD se echó a volar, y no se detuvo hasta
encontrarlo. Rerir estaba rezando en la montaña cuando vio venir al cuervo. Este
dejó caer la manzana, y Rerir comprendió enseguida el significado de la señal:
bajó hasta su casa, donde estaba su esposa, y le pidió que comiera la manzana.
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III: LA PRINCESA SIGNY: MATRIMONIO
CONTRA SU VOLUNTAD
Había en Suecia un rey llamado SIGEIR, que reinaba en el país de los
gautas (Gotland, isla del Báltico). Era un rey poderoso y conocedor de las artes
mágicas. Fue a encontrarse con el rey Völsungo y le pidió la mano de su hija
SIGNY. El rey y sus hijos aceptaron su petición, pero SIGNY no quería casarse
con Sigeir. A pesar de ello dejó que fuera su padre quien tuviera la última palabra,
como se acostumbra en las nobles familias. Völsungo decidió darla en matrimonio
y obtener una buena alianza militar con el rey Sigeir.
Organizaron los festejos de la boda. El rey Volsungo se apresuró a preparar
el banquete con las mejores viandas. Se cuenta que colocaron numerosas
hogueras a lo largo del gran salón, en cuyo centro, se alzaba el imponente
manzano. Esa misma noche, mientras los hombres estaban sentados junto al
fuego, comiendo y bebiendo alegremente, un desconocido entró al gran salón.
Nadie lo había visto antes. Iba mal vestido y envuelto con una capa raída. Andaba
descalzo, con unas calzas de tela que le cubrían las piernas. Llevaba una espada
en la mano y una capucha sobre la cabeza. Parecía un hombre de avanzada edad
y “le faltaba un ojo” (señal distintiva del dios Odín).
El hombre desenvainó su ESPADA, y con
enorme velocidad la clavó en el tronco del manzano,
hincándola hasta la empuñadura. Todos estaban
impactados y en silencio, nadie sabía qué decir.
Entonces el viejo tuerto tomó la palabra con voz de
trueno: «Quien consiga sacar esta espada del
tronco podrá quedársela, y que sepa que nunca
empuñarán sus manos mejor arma que ésta».
Tras ello el anciano salió de la sala y nadie supo
jamás ni quién era ni adónde se fue. Todos los
comensales se levantaron para intentar extraer la
divina espada. Creían que sólo el mejor de ellos la
conseguiría. Como conviene al orden de la nobleza,
primero se acercaron los hombres de rango
superior. Pero ninguno fue capaz de extraer la
espada, que ni siquiera se movió de su lugar.
SIGMUND se aferró a la espada y la extrajo del tronco con gran facilidad. El
arma era tan hermosa que nadie recordaba haber visto nunca una espada similar.
El rey sueco Sigeir le pidió a Sigmund que se la entregara a cambio de tres veces
su peso en oro. Sigmund dijo: «Podrías haber sacado la espada del tronco tú
mismo, si pensabas que llevarla sería un honor para ti. Ahora que está en mis
manos ya no podrás conseguirla aunque me ofrezcas todo el oro que posees». El
rey Sigeir se enfureció ante estas palabras insolentes, pero considerando que era
un invitado, con astucia y mayor prudencia, olvidó por el momento este asunto. Sin
embargo, esa misma tarde urdió un plan para matar a Sigmund y sus hijos en
cuanto se diera la ocasión.
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IV: SUFRIMIENTO DE SIGNY EN SUECIA
Cuentan que Sigeir durmió con su prometida Signý esa misma noche. Al día
siguiente hacía buen tiempo para navegar. El rey Sigeir dijo que deseaba regresar
a su reino, pues parecía que el mar permanecería tranquilo. Entonces SIGNY dijo
así a su padre Völsungo: «No quiero partir con Sigeir, no siento ningún afecto por
él. Mi intuición y las divinidades tutelares de nuestra estirpe me dicen que esta
decisión nos traerá una gran desgracia a menos que rompamos este matrimonio».
«No digas esas cosas, hija»; dijo el rey, «para nosotros sería una gran vergüenza
romper este matrimonio sin motivo. Además, Sigeir se vengaría de nosotros con
toda la furia de su ejército. Lo mejor es seguir teniéndolo de nuestra parte». El rey
Sigeir preparó su nave para el viaje, pero antes de partir, invitó al rey Völsungo, su
suegro, a que visitara el país de los gautas con todos sus hijos. “En tres meses los
espero en mi hogar”, dijo con amabilidad. “Trae a todos los guerreros y nobles que
creas oportuno invitar de acuerdo a su rango”. Así prometía el rey Sigeir retribuir
tanta hospitalidad y celebrar adecuadamente la boda con la princesa SIGNY. El rey
Völsungo aceptó la invitación y fijaron la fecha del viaje. Luego los dos parientes se
despidieron y el rey Siggeir regresó a su país acompañado de su prometida Signy.
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Ella temía que todos correrían igual suerte, pero no podía hacer nada por
ellos. La horrorosa escena se repitió durante nueve noches consecutivas. Apareció
la misma LOBA, que, uno tras otro fue devorando a los hermanos, a excepción de
SIGMUND, que quedó para el último. Antes de que anocheciera por décima vez,
Signy envió al hombre de su confianza al bosque. Le dijo que untara un terrón de
miel en la cara de SIGMUND y que lo que sobrara se lo metiera en la boca. El
hombre fue donde estaba Sigmund e hizo lo que le habían ordenado, sin que nadie
lo viera.
Por la noche apareció la misma loba dispuesta a realizar su deglusión
acostumbrada. Y ya estaba preparada para morderlo, cuando olfateó la deliciosa
miel que chorreaba de la cara de Sigmund. La loba empezó a lamer la miel, y
finalmente metió su lengua en la boca de Sigmund. Éste no se dejó llevar por el
miedo y se la mordió con tremenda fuerza. El animal pegó un salto intentando
liberarse, y apoyó las patas sobre el tronco con tanto vigor que el tronco se partió
en dos. Pero Sigmund la mantuvo agarrada hasta que le arrancó la lengua desde
la raíz.
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VII: INCESTO DE SIGNY Y SIGMUND
En cierta ocasión, Signý se encontraba
en sus aposentos y se le acercó una mujer
experta en las artes de la magia. Signy le dijo:
«Quiero que con tu magia intercambiemos
nuestros aspectos». La hechicera respondió:
«Como ordenes mi reina». Hizo un
encantamiento y las dos mujeres cambiaron
de aspecto. Por orden de Signý la hechicera
permaneció en su habitación y pasó la noche
con el rey Sigeir. Éste no se dio cuenta que la
mujer no era su esposa.
Por su lado, Signý se dirigió al bosque,
a la cueva de su hermano Sigmund. Le pidió
que la dejara pasar allí la noche, «pues me
perdería en el bosque y no sabría donde ir»,
dijo ella. Sigmund, que no quería ser
descortés, le dijo que podía quedarse, pues
no podía negar refugio a una viajera en sus
circunstancias.
Ella entró en el refugio y pidió algo de comer. Cuando terminaron de cenar,
Sigmund observó que la viajera era una mujer muy hermosa, y la invitó a compartir
su cama. Signy, que tenía el aspecto de la hechicera, compartió la cama con
Sigmund. Después de varios días, ella regresó a su casa y se encontró a la mujer
que había hecho posible el cambio de apariencia. Le ordenó que volvieran a
intercambiar sus aspectos, y así se hizo. Al año siguiente Signý dio a luz un varón
al que llamaron SINJÖTLI.
El hijo de Signý y Sigmund, creció y se convirtió en un extraordinario
guerrero, un verdadero Volsungo. Cuando aún no había cumplido diez años Signy
lo envió a la cueva de su padre Sigmund. El joven llegó a la cueva y Sigmund le
ordenó que amasara la harina mientras él salía a recoger leña, poniéndole una olla
entre las manos. Luego salió a por la leña. Cuando regresó, Sinfjötli ya había
preparado la masa del pan.
Sigmund le preguntó si había encontrado algo extraño en la harina. «Dudo
que hubiera algún insecto en la harina», dijo él, «antes de empezar a amasarla,
pero si acaso lo había, también lo he amasado». Sigmund se echó a reír y dijo así:
«No te haré comer de ese pan muchacho, pues acabas de amasar en él a la más
venenosa de las serpientes». Sigmund era tan fuerte que podía comerse una
serpiente sin que su veneno le hiciera daño, pero su hijo Sinjötli hubiera
muerto.
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VIII: SIGMUND Y SINJÖTLI, “HOMBRES LOBO”
Cuentan que Sigmund creía que
Sinjötli era aún demasiado joven para
llevar a cabo su venganza contra Sigeir.
Por eso intentó adiestrarlo con varias
pruebas. Pasaban mucho tiempo juntos,
recorriendo el bosque y asesinando a
todos los que encontraban. Sigmund
descubrió que el muchacho poseía
muchas de las virtudes de los
VOLSUNGOS, aunque fuera el hijo del
cobarde rey Sigeir. Sin embargo,
Sigmund notaba que el joven no era
muy fiel a sus propios parientes.
Siempre era Sinjötli quien le recordaba
a Sigmund las injusticias cometidas
contra los Volsungos, e insistía para
que asesinara a su propio “padre”, el
rey Sigeirr.
Un día, mientras caminaban por el bosque en busca de presas para cazar,
encontraron una cabaña en la cual dormían dos hombres con grandes brazaletes
de oro (“Berserkers”, guerreros vikingos). Ellos eran víctimas de una terrible
maldición (hombres lobo): los dioses habían castigado sus fechorías obligándoles
a usar PIELES DE LOBO que sólo podían quitarse una vez cada diez días. Ambos
hombres eran hijos del rey Sigeir. SIGMUND y SINJÖTLI robaron las pieles y se
las pusieron para abrigarse, pero como no habían perdido su hechizo ya no
pudieron quitárselas. Los dos empezaron a aullar como lobos, pero ambos
comprendían el significado de los aullidos del otro. Se adentraron en el bosque y
cada uno tomó un camino distinto. Pero antes de separarse acordaron que
asesinarían sólo si veían como máximo hasta siete hombres. Y que si uno de ellos
se encontraba en peligro aullaría fuertemente pidiendo auxilio. «No te olvides de
esto», dijo Sigmund, «pues eres joven e impetuoso». Entonces cada uno tomó su
propio camino. Tras haberse separado, Sigmund se encontró con un grupo de
siete hombres y lanzó un aullido. Cuando Sinfjötli lo oyó corrió hacia el lugar y él
solo mató a los siete.
Tras ello volvieron a separarse. Sinfjötli aún no se había adentrado en el
bosque cuando se encontró con otros once hombres y los atacó, y de nuevo
consiguió matarlos a todos. Estaba tan cansado que fue a tumbarse bajo un árbol
para recobrar el aliento. Poco más tarde se le acercó Sigmund y se pusieron a
hablar. Sinfjötli dijo a Sigmund: «Tú me has llamado para matar a siete hombres,
pero yo, tu joven aprendiz, no he pedido ayuda para matar a once». Sigmund lo
golpeó tirándolo al suelo, y luego lo mordío con fuerza en la garganta. Pero ese día
no estaba previsto que lo matara. Sigmund lo lo llevó hasta su refugio, y allí maldijo
las pieles de lobo. Un día Sigmund vio dos comadrejas riñendo y una dio un
bocado a la otra en la garganta. Entonces la primera comadreja corrió hacia el
bosque, tomó una hoja y se la colocó sobre la herida.
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La comadreja herida se curó completamente. Entonces Sigmund salió al
claro y vio que un cuervo volaba con una hoja hacia él y se la dio. Sigmund la
colocó sobre la herida de Sinfjötli y éste se levantó completamente curado, como si
nunca hubiera resultado herido. Habiendo pasado los diez días pudieron quitarse
las pieles de lobo. Las echaron al fuego para que no volvieran a hacer daño a
nadie más. Bajo ese monstruoso disfraz habían cometido numerosos crímenes en
el reino de Siggeir. Y como Sinfjötli ya era mayor Sigmund decidió que ya estaba
entrenado para matar por su cuenta. No pasó mucho tiempo hasta que Sigmund
intentara vengar a su padre Völsungo, pues ésta era su misión. Un día, Sigmund y
Sijötli, salieron de la cueva y se dirigieron hacia la casa del rey Sigeir, llegando allí
a la caída de la tarde. Entraron en el vestíbulo que había antes del salón principal,
que estaba lleno de barriles de cerveza, y se escondieron tras ellos. La reina Signy
supo dónde estaban y fue a encontrarse con ellos. Una vez juntos, acordaron que
apenas se hiciera de noche vengarían a su padre asesinando a Sigeir.
SIGNY y el rey tenían otros dos hijos de corta edad. Los niños estaban
jugando con anillos de oro, que lanzaban rodando por el suelo para después correr
a recogerlos. Uno de los anillos rodó fuera de la casa y fue a parar adonde estaban
escondidos Sigmund y Sinjötli. Uno de los niños corrió hacia los brriles y descubrió
a dos hombres enormes y terribles. Corrió hacia la sala y dijo a su padre lo que
acaba de ver. El rey intuyó que alguien le estaba tendiendo una trampa. Signy
escuchó lo que decían, se levantó y tomó a los dos niños dirigiéndose hacia el
vestíbulo. Una vez allí contó a sus parientes que los habían descubierto y dijo:
«deben matar a los dos niños».
SIGMUND dijo: «No pienso matar a tus hijos aunque me hayan delatado».
Entonces SINJÖTLI no lo pensó dos veces, desenvainó su espada y mató a los
dos niños; luego los arrojó a la sala delante del rey. El rey se levantó y gritó a sus
guardias para que atraparan a los dos hombres. Los soldados corrieron para
detener a Sigmund y Sinfjötli. Luego de una feroz pelea, padre e hijo cayeron
prisioneros, los encadenaron de arriba abajo, y así pasaron toda la noche. Mientras
tanto el rey Sigeir pensaba en darles una muerte lo más dolorosa posible. Al
amanecer el rey ordenó que levantaran un enorme túmulo de piedras. Y cuando el
túmulo estuvo listo mandó que colocaran una gran losa rectangular en el medio.
Entonces mandó que trajeran a Sigmund y Sinjötli y que encerraran a cada uno de
ellos en una de las mitades de la cárcel.
Signý se acercó con un atado de heno entre los brazos; se la echó a Sinjötli
dentro del túmulo y ordenó a sus siervos que no se lo dijeran al rey. Al anochecer
dijo Sinfjöli a Sigmund: «No creo que muramos de hambre por ahora. La reina me
ha echado un trozo de tocino escondido entre el heno». Pero cuando desarmó el
heno descubrió que allí estaba escondida la ESPADA del dios Odín. Sigmund la
reconoció gracias a la empuñadura. Los dos se alegraron. Sinfjötli golpeó la
superficie de la losa con la punta de la espada y empujó con fuerza. La espada
atravesó la losa. Entonces Sigmund agarró la punta de la espada y entre los dos
empezaron a cortar la losa. Luego de liberrase regresaron a la sala principal donde
todos estaban durmiendo. Formaron una pila de leña en la sala y le prendieron
fuego. Con el humo se despertaron los que allí dormían, que vieron como ardía la
sala sobre sus cabezas. El rey preguntó quién había provocado el fuego.
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«Aquí estoy con Sinjötli, el hijo de mi hermana», dijo Sigmund, «y es hora
que sepas que no todos los Volsungos están muertos». Sigmund le rogó a su
hermana Signy que saliera de la sala, pero ella respondió: «Ahora sabrás cuánto
he sufrido por causa del rey Sigeir, el asesino del rey Völsungo. Hice matar a todos
mis hijos apenas me di cuenta que no serían capaces de vengar a mi padre. Fui yo
la que llegó a tu refugio en el bosque disfrazada de hechicera, y por eso Sinjötli es
tu hijo. Por eso tiene tu coraje, al ser hijo del hijo y de la hija del rey Völsungo.
Deseaba con todas mis fuerzas la muerte del rey Sigeir. Tenía tanta sed de
venganza que ya ni siquiera me importaba mi propia vida. Ahora moriré feliz junto
al rey con quien me casé por la fuerza». Luego besó a su hermano Sigmund y a su
hijo Sinfjötli, finalmente se arrojó al fuego tras despedirse de ellos. SIGNY
encontró la muerte junto al rey SIGEIR y todos los suyos. La venganza se
había cosumado.
Sigmund y Sinfjötli reunieron una flota de naves, y reclamaon las posesiones
heredadas de sus antepasados, expulsando de sus tierras al rey que las había
ocupado tras el asesinato del rey Völsungo. SIGMUND se convirtió en un rey
poderoso y de gran renombre, sabio y magnánimo. Desposó una mujer de nombre
BORGHILD y tuvieron dos hijos varones. Uno se llamaba HELGI y el otro Hámund.
Cuando nació HELGI vinieron las nornas (hadas) para predecirle el futuro, y dijeron
que de todos los reyes él sería el más renombrado. Un día Sigmund, al regresar de
de una batalla, se acercó a su hijo con un puerro y le impuso el nombre de HELGI.
Además le hizo entrega del anillo de Sólfjöll y de su ESPADA; le deseó que se
comportara con valentía y se hiciera merecedor del apellido de los Volsungos. Se
dice que cuando tenía quince años se hizo “vikingo” (como su antepasado Sigi,
fundador del clan). El rey Helgi era el jefe de la hueste y Sinjötli lo acompañaba en
la nave, y entre los dos guiaban a los soldados.
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Celebró el entierro de su hermano con la ayuda del rey y organizó un convite
funerario con las mejores viandas, al cual invitó a un buen número de nobles. La
reina Borghild servía bebidas a los hombres, y se acercó a Sinjötli con un gran
cuerno de cerveza. Dijo así: «¡Bebe, yerno!». Éste miró dentro y dijo: «Turbia está
la bebida». Sigmund dijo: «Dámela a mí». Y se la bebió. La reina dijo: «¿Por qué
dejas que los demás se beban tu cerveza?». Volvió por segunda vez con el
cuerno: «Bebe», dijo, y lo reprimió con duras palabras. Sinjotli tomó el cuerno y
dijo: «Esta cerveza está alterada». Sigmund dijo: «Dámela a mí». Por una tercera
vez vino Borghild y le dijo que bebiera si tenía el coraje de los Volsungos. Sinjötli
dijo: «En esta bebida hay veneno». Sigmund respondió diciendo: «Pues cuélala
con las barbas, hijo». El rey estaba ebrio, y por eso le había hablado así.
Sinjötli bebió la cerveza y cayó muerto. Sigmund (era inmune a los
venenos pero su hijo no) se levantó y se acercó angustiado al cadáver, luego
levantó el cuerpo de su hijo y se dirigió hacia el bosque hasta llegar al fiordo. Allí
vio a un hombre en un pequeño bote. El hombre le preguntó si deseaba que lo
llevara consigo a la otra orilla del fiordo. Respondió que sí, pero el bote era
demasiado pequeño para llevarlos a los dos. Se llevó sólo el cadáver, y Sigmund
los siguió a pie rodeando el fiordo. Poco después la barca y el hombre
desaparecieron de la vista de Sigmund. Luego de este episodio, el rey Sigmund
regresó a su casa y repudió a la reina Borghild, que murió poco después. El rey
Sigmund reinó sus tierras y se dice que fue el mejor guerrero de la antigüedad.
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El rey Sigmund y Eylimi lucharon con valor y, aunque ya era viejo, Sigmund
acabó con muchos enemigos. Cuando ya llevaban un buen rato batallando
apareció en el campo un hombre misterioso. Tenía un solo ojo y empuñaba una
lanza (Odín). Se puso ante el rey Sigmund y levantó la lanza contra él. El rey
Sigmund lo golpeó con fuerza, pero su espada se rompió en dos al chocar contra
la lanza. En ese momento cambió el curso de la batalla, la fortuna abandonó al rey
Sigmund y muchos de sus hombres murieron. Y, como es sabido, es inútil luchar
contra fuerzas superiores.
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XIV: EL “SEÑOR DEL ANILLO” NIVELUNGO
REGIN dijo a Sigur: «Así empieza
la historia: mi padre, el rey Reidmar,
era un hombre muy rico y poderoso.
Tenía tres hijos: FÁFNIR, Oto, y yo
Regin, que era el tercero y el menos
dotado de los tres. A mí se me daba
bien trabajar el hierro, la plata y el
oro, y con estos materiales forjaba
objetos de gran utilidad. OTO, mi
hermano, tenía otra destreza y
habilidad: era un cazador excepcional,
el mejor de todos, y durante el día se
convertía en NUTRIA, se colocaba en
la orilla del río y agarraba peces con la
boca. Llevaba la pesca a nuestro padre,
y le era de muy buen provecho.
FÁFNIR, el mayor, era muy alto y
grueso, y se consideraba el dueño de
todo lo que teníamos por ser el
primogénito. «Había un enano
nibelungo llamado ANDAVARI».
Los “enanos nibelungos” son mineros y forjadores de metales que viven en
el interior de las montañas. Este vivía bajo una cascada. Tenía el aspecto de un
pez lucio, y así se procuraba sus alimentos, convirtiéndose en pez y pescando bajo
el agua. Siempre había abundante pesca en la cascada. Oto, mi hermano, solía
frecuentar esa cascada, y agarraba con la boca un pez tras otro y los dejaba en la
orilla». Un día, los dioses Odín, Loki y Hone, iban de viaje y pasaron por la
cascada de Andavari. Mi hermano Oto había pescado un salmón y se lo estaba
comiendo junto a la orilla con los ojos cerrados. Loki agarró un pedrusco y se lo
arrojó, hiriendo de muerte a mi hermano NUTRIA.
Los tres dioses parecían muy satisfechos con su presa y le arrancaron la
piel. Por la tarde llegaron a la casa de mi padre, el rey Reidmar, y le mostraron la
piel de la nutria que habían cazado y devorado. Reidmar pegó un alarido
angustioso al reconocer la piel de su hijo Oto. En medio de la furia redujo y
maniató las manos de los tres dioses y les exigió una compensación por la muerte
de su hijo Oto. ODÍN ofreció llenar la piel de oro rojo; y envió a Loki en busca del
oro para pagar la afrenta. LOKI fue a casa de Rán tomó una red de pesca, y luego
se dirigió a la cascada del enano ANDAVARI. Al llegar echó la red al agua y
capturó al enano Andavari, que estaba convertido en pez lucio. El dios LOKI dijo
así: «¿Qué pez es éste que sigue la corriente? ¿No sabes cuidarte?». «ANDAVARI
es mi nombre, Oín fue mi padre, y vivo bajo la cascada. Una maldición que me
echó una NORNA (hada) me obligó a que nadara por el agua convertido en pez
lucio». Loki descubrió el ORO de Andvari y le exigió que se lo diera. Cuando
Anadavari terminó de sacar el oro de la cueva detrás de la cascada, Loki notó que
Andavari se había quedado con un ANILLO de oro brillante.
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Se lo arrancó de las manos, y el enano ANDAVARI se refugió tras las
rocas. Entoces profirió una MALDICIÓN: “¡QUIEN POSEA EL ANILLO
NIBELUNGO, O CUALQUIERA DE LAS JOYAS, MORIRÁ!” Al dios LOKI esta
maldición lo tuvo sin cuidado. Luego llevó el tesoro ante Reidmar y llenó con oro la
piel de NUTRIA de su hijo Oto. Luego, los dioses tuvieron que amasar el oro para
recubrirla. Cuando hubieron terminado se acercó Reidmar, vio que un pelo había
quedado al descubierto y ordenó que lo cubrieran. Entonces el dios ODÍN se quitó
de la mano EL ANILLO DE ANDAVARI, y cubrió el pelo con él.
El dios Loki dijo así: «He aquí el oro, ya tienes tu rescate, demasiado grande,
creo. Tus dos hijos serán desgraciados, y su muerte se acerca». Tiempo después,
«mi hermano FÁFNIR, el ambicioso, mató a nuestro padre, y ocultó su cuerpo. Y
yo no pude conseguir mi parte del tesoro. Se volvió tan malvado que se trasladó a
vivir a un lugar solitario para que nadie pudiera robarle el TESORO de Andavari.
Se convirtió en la peor de las SERPIENTES, y ahora yace sobre sus riquezas. Yo,
REGIN, me vine a vivir con el rey de Dinamarca y le sirvo como herrero. Lo más
importante de esta historia es que yo perdí mi parte del TESORO pagado por el
asesinato de mi hermano Oto. Desde entonces el oro se llama la
“COMPENSACIÓN DE LA NUTRIA”, a causa de estos acontecimientos».
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XVII: SIGURD MATA A LYNGVI Y JÖRVAR
Sigurd fue a ver a los reyes daneses y les dijo así: «He vivido aquí mucho
tiempo y ahora me siento en deuda con ustedes por tanto cariño y gran estima. Por
ello voy a partir del país para buscar a los hijos de Hundig, pues quiero que sepan
que no todos los Volsungos han muerto. Para conseguirlo necesito de su apoyo».
Los reyes le dijeron que le darían todo lo que pidiera. Reunieron un gran ejército,
barcos y armas, de forma que su viaje resultó de lo más majestuoso. Sigurd iba al
timón del drakkar más grande e imponente. Navegaban con viento favorable.
Pocos días más tarde fueron sorprendidos por una gran tormenta y el mar se
volvió rojo como la sangre. Navegaban ante un risco cuando alguien gritó hacia la
nave y preguntó quién comandaba la hueste. Le respondieron que su jefe era
Sigurd Sigmundarson. El hombre respondió: «Todos dicen que ningún hijo de rey
puede hacerle sombra. Me gustaría que me dejaras subir a bordo».
Le preguntaron su nombre, y él respondió: «Nikar me llamaba cuando
deleitaba a Huginn, el joven volsungo, y así combatí. Ahora llámenme “Viejo de la
Montaña”, Feng o Fölnir. Entonces se calmó el temporal y siguieron navegando
hasta que arribaron al reino de los hijos de Hunding. En ese momento Fölnir
desapareció.
Sometieron la región a fuego y a acero, mataron hombres, incendiaron
granjas y arrasaron todo lo que encontraron a su paso.Muchos corrieron a anunciar
al rey Lyngvi que había llegado al país un ejército invasor, que avanzaba con una
violencia hasta ahora desconocida, y dijeron que los hijos de Hunding no habían
sido cautos al afirmar que no había por qué temer a los Volsungos, «y ahora
Sigurd Sigmundarson comanda esa hueste».
El rey Lyngvi ordenó que reunieran una hueste por todo su reino; no
pensaba darse a la fuga, y llamó a todos los hombres que estaban dispuestos a
salir en su apoyo. Luego salió al encuentro de Sigurd con una poderosa hueste y
acompañado de sus hermanos. Sigurd se lanzó contra el enemigo empuñando la
espada Gram. Hizo trizas hombres y caballos y luchó contra los soldados con los
brazos ensangrentados hasta los sobacos. Tanta gente cayó delante de los hijos
de Hunding que ya nadie podía contarlos. Sigurd seguía abriéndose paso entre el
enemigo. Y llegó hasta donde estaban los hijos de Hunding.
SIGURD propinó tal golpe al rey Lyngvi que le partió el yelmo, la cabeza y el
pecho bajo la coraza. Después golpeó a su hermano Jörvard partiéndolo en dos, y
luego mató a los pocos hijos de Hunding que aún seguían vivos, junto a la mayoría
de sus soldados. Sigurd volvió a su casa tras la flamante victoria, cargado de
riquezas y de fama procuradas gracias a esta campaña. Poco después del regreso
de Sigurd al hogar se le acercó REGIN y le dijo así:
«Ahora te toca arrancar el casco a FÁFNIR como me habías prometido,
pues ya has vengado a tu padre Sigmund y a todos tus parientes
Volsungos». Sigurd respondió: «Haré lo que te prometí, no lo he olvidado».
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XVIII: EL ORO DEL DRAGÓN FÁFNIR
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XIX: LA SANGRE DE FÁFNIR, ELIXIR DE SABIDURÍA
Tras ello Regin llegó
adonde estaba Sigurd y le dijo:
«Salve, mi señor, te has ganado
una gran victoria matando a
Fáfnir, a quien nadie hasta ahora
se había atrevido a enfrentar; esta
gran gesta se recordará mientras
dure el mundo». Regin se quedó
mirando hacia el suelo durante un
largo rato. Y de repente dijo
enfurecido: «Has matado a mi
hermano, y yo no he sido ajeno a
este crimen». Sigurd empuñó su
espada Gram y la limpió con
hierba, diciendo: «No hables así,
pues fui yo quien lo hizo, yo quien
probó esta afilada espada con mi
propia mano, y yo quien empleó
todas sus fuerzas contra la furia
de la SERPIENTE, mientras tú te
escondías bajo unas matas sin
siquiera saber si era de noche o
era de día».
Regin respondió: «La serpiente seguiría viviendo en su madriguera si no te
hubieras servido de esta espada que yo mismo forjé con mis propias manos, y sin
la cual ni tú ni nadie habría conseguido matarla». Sigurd respondió: «Cuando se
sale a luchar vale más un corazón valiente que una espada afilada». Regin siguió
hablando a Sigurd, cada vez más nervioso: «Has matado a mi hermano, y yo no he
sido ajeno a este crimen». Sigurd extrajo el corazón de la serpiente con una
espada. Regin bebió la sangre de Fáfnir y dijo: «Hazme un pequeño favor, pon el
corazón al fuego, ásalo y dámelo para que me lo coma (los poderes sobrenaturales
están en la sangre)». Cuando empezó a espumar metió dentro un dedo para ver si
estaba asado. Se metió el dedo en la boca. Y cuando la sangre del corazón de la
serpiente le tocó la lengua Sigurd empezó a comprender el lenguaje de los pájaros.
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XXIV: SIGURD LLEGA AL CASTILLO DEL REY HEIMIR
Sigurd emprendió un viaje hacia tierras lejanas (Imperio de los Hunos de
Bleda). Allí gobernaba un valiente caudillo llamado Heimir (rey germánico). Estaba
casado con la hermana de Brinhild, que se llamaba BEKHILD. Ésta se quedaba en
casa dedicada a las tareas del hogar, mientras que BRINHILD solía salir a luchar
con yelmo y coraza. Heimir y Bekhild tenían un hijo de nombre Alsivid, hombre de
gran cortesía. Cuando vieron que un caballero se acercaba al poblado dejaron los
ejercicios y fueron a admirarlo, pues nunca antes habían visto algo parecido;
fueron a su encuentro y le dieron la bienvenida. Alsivid le pidió que aceptara su
compañía y que le solicitara todo lo que quisiera, y él aceptó. Todos los lugareños
se pusieron a su noble servicio. Cuatro hombres descargaron el oro del caballo, y
un quinto se lo quedó bajo custodia. Pudieron admirar numerosas joyas de gran
belleza y rareza. Entre ellas había corazas y yelmos, grandes anillos y maravillosos
copones de oro, junto a armas de todo género. Sigurd pasó allí una larga
temporada colmado de honores. Por toda la región hablaban de su gran gesta, el
asesinato del DRAGÓN gigante. Lo trataron muy bien y se juraron fidelidad mutua.
Se dedicaron a preparar sus armas, a afilar sus flechas y a cazar con sus
halcones.
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Sigurd respondió: «Mi buen amigo, escucha lo que me ocurre: mi halcón voló
hacia una torre, y cuando fui a buscarlo vi a una hermosa mujer. Estaba sentada
ante un tapiz bordado con hilos de oro en el cual reconocí una a una todas mis
proezas».
Alsivid dijo: «Has visto a BRINHILD Budladótir (hermana de Bleda, hermano
de Atila), mujer de altísimo rango». Sigurdr dijo: «Sé que así es, pero ¿desde
cuándo está aquí?». Alsivid respondió: «Desde poco antes que tú». Sigurd dijo:
«Lo he sabido hace tan sólo unos días; esta mujer nos parece la más bella del
mundo». Alsvid dijo: «No te enamores de esa mujer aunque seas un hombre de
gran valor. No es bueno desear lo que no se puede tener». «Quiero verme con
ella», dijo Sigurd, «y darle mi tesoro a cambio de su favor y de su amor». Alsivid
respondió: «Jamás ha estado a solas con nadie en sus aposentos y nunca ha
echado cerveza a nadie. Prefiere librar batallas y colmarse de gloria». Sigurd dijo:
«No sé lo que me responderá o si me permitirá subir a verla».
Al día siguiente Sigurd entró en la habitación de la mujer. Alsivid se quedó
fuera afilando sus flechas. Sigurd dijo: «Salve, mujer, ¿cómo estáis?». Ella
respondió: «Estoy bien, y aún viven nuestros parientes y amigos, pero es incierto el
porvenir de los hombres hasta el día postrero». Él se sentó a su lado. Entonces
entraron cuatro mujeres con cuatro copones de oro llenos del mejor vino y se
detuvieron ante ellos.
Brynhild dijo: «Pocos pueden sentarse en este sillón, a menos que vengan
con mi padre». Él respondió: «Ahora lo has ofrecido a alguien que te
complace».bLa sala estaba adornada con preciosas cortinas y el suelo estaba
completamente cubierto de alfombras. Sigurd dijo: «Ahora se ha cumplido lo que
me habíais predicho». Ella respondió: «Te doy la bienvenida». Se levantó y, junto a
sus cuatro siervas, se puso frente a él llevando una copa de oro y le ofreció de
beber. Él acercó las manos hacia la copa, tomó las manos de la mujer y la hizo
sentarse a su lado. La abrazó y la besó, y dijo: «Ninguna mujer posee tu misma
belleza».
Brynhild dijo: «Sería un buen consejo no fiarse de una mujer ni ponerse a
sus manos, pues ellas suelen romper sus promesas». Él dijo: «¿Cuándo llegará el
día en que podamos estar juntos?». Brynhild dijo: «No está previsto que vivamos
juntos. Yo soy una Valquiria, y con mi yelmo sirvo a grandes soberanos, les
ofrezco mi ayuda, y no me asusta luchar». Sigurd respondió: «Vivir contigo sería mi
único consuelo; el dolor de estas circunstancias es más difícil de soportar que el de
un arma afilada».
Brynhild dijo: «Yo seguiré dirigiendo ejércitos, y tú te casarás con GUDRÚN
Gúkadótir (Krimilda o Ildico, quien mató a Atila en su noche de boda)». Sigurd
respondió: «No me basta con la hija de un rey, y no pienso cambiar de opinión tan
fácilmente. Juro por dios que no me casaré con nadie que no seas tú». Ella hizo
igual juramento. Sigurd le agradeció sus palabras; le dio un anillo de oro y
volvieron a cerrar el COMPROMISO. Él regresó junto a sus hombres, y pasó allí
una larga temporada colmado de honores.
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XXVI: GÚKI, EL REY DE LOS BURGUNDIOS
Había un rey llamado GUKI (rey de los Burgundios), cuyo reino se extendía
al sur del Rin (Worms). Tenía tres hijos llamados así: Gunar (Gunter), Högni
(Hagen) y Gutorm. También tenía una hija de nombre GUDRÚN (ILDICO). Era
una hermosa princesa. Estos jóvenes superaban con sus cualidades a cualquier
otro hijo de rey, ya sea por su amabilidad como por su gallardía. Solían participar
en expediciones militares y realizar grandes hazañas. La esposa de Gúki era
GRIMHILD (hija del rey huno Mundzuk, padre de Atila), experta en artes de magia.
Había otro rey llamado BUDLI (Bleda, hermano de Atila). Era más rico que Gúki,
aunque ambos eran muy poderosos. El hermano de Grymhild se llamaba Atli, un
hombre terrible, robusto y moreno, de gran altura e ilustre guerrero.
Grímhild, como los hunos, era una mujer de gran crueldad. Bien era sabido
el poder de los Gúkungos (Burgundios), sobre todo gracias a sus hijos, que
superaban a casi todos los demás hombres. Una vez Gudrún dijo a sus siervas
que jamás podría ser feliz. Una de las mujeres le preguntó por el motivo de su
tristeza. Ella respondió: «No tenemos sueños afortunados, y ello me apena el
corazón. Interpreta el SUEÑO por el que me has preguntado». Ella dijo:
«Contádmelo y no os angustiéis, pues los sueños dependen del clima». Gudrún
respondió: «Nada tiene que ver el clima con esto. Soñé que veía un hermoso
HALCÓN (Sigur) posarse en mi mano. Sus plumas estaban recubiertas de oro».
La mujer dijo: «Muchos han oído hablar de tus encantos, tu sabiduría y
cortesía. Un hijo de rey pedirá tu mano». Gudrún respondió: «Nada me parecía
más bello que el halcón, y habría preferido perder todas mis riquezas antes que
dejarlo marchar». La mujer dijo: «El hombre de quien habláis será muy gallardo, y
lo amarás enormemente». Gudrún dijo: «Eso es lo que me angustia, el no saber
quién es. Deberíamos ir a preguntarle a la valquiria Brynhild, seguro que ella lo
sabe». Se pusieron joyas de oro y enormes cintos y salieron con sus criadas, hasta
que llegaron a la casa de Brynhild. La casa era de oro y estaba en lo alto de una
montaña. Cuando vieron el cortejo comunicaron a Brynhild que un numeroso grupo
de mujeres se dirigía hacia el poblado en carros dorados. «Debe ser Gudrún
Gúkadótir», dijo ella. «He soñado con ella esta noche, salgamos a su encuentro.
Nunca vino a esta casa mujer más noble». Salieron a su encuentro y le dieron la
bienvenida. Entraron en una espléndida sala. Las paredes tenían pinturas y
grandes adornos de plata. Había alfombras colocadas bajo sus pies, y todos les
hacían reverencias. Allí había lujos de todo género. Gudrún permanecía callada.
BRYNHILD dijo: «¿Por qué no estás alegre? No sigas así y divirtámonos
hablando de los reyes más poderosos y de sus hazañas». «Hagámoslo», dijo
GUDRÚN. «¿Quiénes fueron, según tú, los reyes más valientes?». Brynhild
respondió: «Los hijos de Hámund (hijo de Sigmund y Borghild), Haka y Habard. En
sus campañas realizaron grandes gestas». Gudrún dijo: «Fueron grandes e
ilustres, aunque Sigar (danés) raptó a una de sus hermanas y dejó que la otra
muriera abrasada en su casa, y aún no se han vengado de él. ¿Por qué no
nombras a mis hermanos, considerados hombres de entre los más valerosos?».
Brynhild respondió: «Tienen madera, pero aún no están lo suficientemente
curtidos.
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Conozco a alguien mejor que ellos, se llama SIGURD y es hijo del rey
SIGMUND. Era aún un niño cuando mató a los hijos del rey Hunding vengando así
a su padre y a Eylimi, su abuelo materno». Gudrún dijo: «¿Qué tiene eso de
especial? ¿No dicen que nació tras la muerte de su padre?». Brynhild respondió:
«Su madre se dirigió al campo de batalla y allí encontró al rey Sigmund
gravemente herido y se ofreció a curarle las heridas, pero él dijo que ya era
demasiado viejo para seguir luchando, y le pidió que se consolara porque tendría
un hijo de gran valor. Ésta fue la profecía de un hombre inspirado. Tras la muerte
del rey Sigmund, ella se fue con el rey Álf, y Sigurd creció allí con grandes honores
de la corte danesa. Todos los días llevaba a cabo alguna heroica hazaña, y es el
hombre más ilustre del mundo». GUDRÚN dijo: «Por amor has reunido todos estos
datos sobre él. Pero he venido hasta aquí para contarte mis sueños, que me
producen gran inquietud». La valquiria Brynhild respondió: «No te dejes angustiar
de esta forma. Fíate de tus parientes, pues todos desean tu felicidad».
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El fuego se avivó, y la tierra tembló y la ingente llama el cielo tocó. Pocos
osaron, hombres de poder, cabalgar por el fuego o pasarlo de un salto. Sigurd a
Grani condujo con la espada. El fuego se extinguió ante el príncipe, las llamas se
apagaron ante el ávido de fama, centelleó la grupa que antes fue de Regin. Y
cuando Sigurd salió de entre las llamas encontró un magnífico salón, y en él
estaba sentada Brynhild. Ella preguntó quién era ese hombre. Él se presentó como
Gunar Gúkason. «Tu padre consintió que fueras mi esposa si cabalgaba a través
de tu vacilante llama, y tu tutor con vuestro permiso». «No sé qué responder», dijo
ella. Sigurd estaba firme sobre el suelo y se apoyaba sobre la empuñadura de la
espada mientras hablaba a Brynhild: «A cambio te haré entrega de una ingente
recompensa de oro y valiosas joyas».
Ella respondió inquieta desde su sillón como un cisne sobre las olas.
Portaba una espada en la mano y un yelmo sobre la cabeza, y llevaba puesta la
coraza: «Gunar», dijo ella, «no vuelvas a dirigirte a mí, a menos que seas el más
intrépido de los hombres, y habrás de matar para ello, ahora que has pedido mi
mano, si tienes suficiente coraje. Participé en la batalla contra el rey de Gardaríki
(reino Varego en Rusia) y nuestras armas se tiñeron de sangre humana, y de eso
mismo tenemos ahora ganas».
Él respondió: «Numerosas hazañas has realizado, y ahora recuerdo una de
vuestras promesas: que si alguien cabalgaba a través de esta llama, os uniríais a
él». Ella consideró que era una respuesta justa y afirmó la veracidad de sus
palabras, se levantó y le dio la bienvenida.
Él pasó allí tres noches, durante las cuales compartieron la misma cama.
Tomó la espada Gram y la apoyó en medio del lecho. Ella le preguntó por qué
hacía eso, a lo cual respondió que le habían augurado que si no formalizaba su
matrimonio perdería la vida. Entonces le quitó el anillo de Andvari que le había
dado anteriormente y le puso otro de la herencia de Fáfnir. Tras ello cabalgó de
nuevo a través de la llama hasta sus compañeros; volvieron a intercambiar sus
aspectos y regresaron al Lymdal, y una vez allí contaron todo lo ocurrido durante el
viaje.
Ese mismo día Brynhild se dirigió a casa de su tutor y le dijo en confidencia
que un rey había venido a verla, «y cabalgó a través de mi llama vacilante; dijo que
había venido para hacer un trato conmigo y se presentó como Gunar. Pero yo dije
que algo así podía hacerlo tan sólo Sigurd, con quien me comprometí en las
montañas, y que fue mi primer esposo».
Heimir dijo que deberían estar satisfechos. BRINHILD dijo: «La HIJA que
tuve de SIGURD, ASLAUG, habrá de criarse aquí contigo». Los reyes
regresaron a su casa y Brynhild se dirigió a la de su hermano. Grímhild les dio la
bienvenida y agradeció a Sigurdr su servicio. Organizaron un gran festín, al cual
asistió mucha gente. Estaban allí el rey Budli (Bleda) con su hija, Atila, y las
celebraciones se prolongaron durante varios días. Cuando el festín ya había
tocado a su fin, SIGURD recuperó la memoria, se acordó del juramento que
había hechos a la valquiria Brynhild, pero decidió no contárselo a nadie. Brynhild y
Gunar eran felices y bebían buen vino.
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XXX: GUERRA DE REINAS: BRINHILD Y GUDRÚN
Un día, en que iban juntas a
bañarse al río Rin, la valquiria
Brynhild se apartó de Gudrún.
Ésta le preguntó por qué se
distanciaba de ella. Brynhild dijo:
«¿Por qué habría de
considerarme igual a ti en esto o
en cualquier otra cosa? Estimo
que mi padre (Odín) es más
poderoso que el tuyo, y mi marido
ha realizado numerosas hazañas
y ha cabalgado a través de la
LLAMA ARDIENTE, mientras que
tu esposo era esclavo del rey
Jálprek de Dinamarca». Gudrún
respondió con furia: «Más sabia
parecerías callada que insultando
a mi marido.
Es de todos sabido que nadie en el mundo se le puede comparar en ningún
aspecto, y no te haces bien a ti misma denigrándolo, pues él fue tu primer
MARIDO, y fue él quien mató a FÁFNIR y cabalgó a través de la llama vacilante,
aunque tú creas que fue el rey Gunar. Él fue quien durmió contigo y te extrajo de la
mano EL ANILLO de Andvari, que ahora podrás reconocer aquí». Brynhild vio el
anillo y lo reconoció. Se puso tan blanca como si estuviera muerta.
La Valquiria volvió a su casa y no dijo ni palabra durante toda la tarde. Y
cuando Sigurd se fue a la cama Gudrún le preguntó: «¿Por qué está Brynhild tan
triste?». Sigurd respondió: «No lo sé cierto, pero creo que pronto conoceremos el
motivo». Gudrún dijo: «¿Por qué no es feliz a pesar de sus riquezas y su fortuna y
de la admiración que todos sienten por ella, y a pesar de haberse casado con el
hombre que ella misma quiso?».
Sigurd dijo: «¿Cuándo ha afirmado haberse casado con el hombre más
valiente, o con quien ella quiso casarse?». Gudrún respondió: «Mañana por la
mañana le preguntaré con quién habría preferido casarse». Sigurd respondió: «No
te lo aconsejo, y te arrepentirás si lo haces».
Por la mañana estaban sentadas en la habitación de las damas, y Brynhild
estaba callada. Gudrún dijo: «No estés triste, Brynhild. ¿Te apena conversar con
nosotras? ¿Qué razón impide tu felicidad?». Brynhild respondió: «La maldad
inspira tu pregunta, tienes un corazón cruel». «No me juzgues así», dijo Gudrún, «y
habla de una vez». Brynhild respondió: «Preguntas tan sólo aquello que te
conviene saber, como corresponde a las mujeres de alto rango. Qué hermoso es
poder contentarse con cosas buenas cuando todo sucede según tu voluntad».
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Gudrún respondió: «Aún es demasiado temprano para alardear de ello,
aunque esta profecía se cumplirá. ¿Por qué me lo reprochas? Ningún mal te he
hecho».
Brynhild respondió: «Pagarás caro tu matrimonio con Sigurd; no permitiré
que disfrutes ni de él ni de su inmenso tesoro». Gudrún respondió: «Nada sabía de
vuestro juramento, pero creo que mi padre hizo bien en arreglar este matrimonio
para mí, sin por ello haberte causado ningún daño».
Brynhild respondió: «No mantuvimos conversaciones secretas, pero nos
comprometimos; sabes que me habéis traicionado y que me vengaré por ello».
Gudrún respondió: «Te has casado con un hombre mejor de lo que mereces; a
duras penas se aplacará tu ira y muchos habrán de pagar por ello». «Me sentiría
satisfecha», dijo Brynhild, «si tú no tuvieras el marido más noble de los dos».
Gudrún respondió: «Tú estás casada con un hombre tan noble que es difícil decir
qué rey es el mejor, y además él posee más riquezas y más poder».
Brynhild respondió: «Sigurd mató a Fáfnir, y eso vale más que todo el poder
del rey Gunar», y luego recitó así: «Sigurd mató a la SERPIENTE, y ya nunca
desde entonces nadie lo olvidará mientras exista el mundo. Pero a tu hermano le
falta el coraje para cruzar la LLAMA o saltarla a caballo». Gudrún respondió:
«Grani no quiso galopar a través del fuego con el rey Gunar, pero él se atrevió a
montarlo y por ello no merece más blasfemias».
Brynhild respondió: «No pretendo ocultar que tampoco la bruja Grímhild es
de mi agrado». Gudrún respondió: «No la culpes a ella, pues te trata como si
fueras hija suya». Brynhild respondió: «Ella provocó desde el principio la desgracia
que ahora nos atormenta. Ella ofreció a Sigurd la maldita PÓCIMA que hizo que se
olvidara de mi nombre». Gudrún respondió: «No son ciertas tus palabras, sino un
tremendo embuste».
Brynhild respondió: «Disfrutarás de Sigurd en la misma medida en que es
verdad que no me has mentido; no te mereces este matrimonio, y te irá según mi
propia voluntad». Gudrún respondió: «Disfrutaré de él más de lo que tú quisieras,
que nadie diga que no lo he satisfecho ni en una sola ocasión». Brynhild respondió:
«Hablas con maldad, pero cuando te calmes te arrepentirás de ello; no profiramos
ahora palabras odiosas».
Gudrún dijo: «Ya has lanzado suficientes palabras odiosas contra mí. Ahora
te haces pasar por buena, pero dentro de ti vive el rencor». «Dejémonos de charlas
inútiles», dijo Brynhild. «Durante mucho tiempo he ocultado mis angustias, que
viven dentro de mi pecho; amo únicamente a tu hermano, ahora hablemos de otra
cosa». Gudrún dijo: «Lejos está de ello tu humor». Una gran desgracia habría de
producirse, y todo porque un día fueron juntas al río, una reconoció EL ANILLO, y
empezaron a discutir.
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XXXI: TRAGEDIA DE LA VALQUIRIA BRYNHILD
Tras esta disputa Brynhild se
metió en la cama, y llegó a oídos del rey
Gunar la noticia de que Brynhild estaba
enferma. Fue a verla y le preguntó qué
le pasaba, pero ella no contestó y siguió
tumbada como si estuviera muerta.
Como seguía insistiendo, ella le
respondió: «¿Qué has hecho del
ANILLO que te di, el que me entregó el
rey Budli la última vez que nos
despedimos, cuando ustedes, los hijos
del rey Gúki, vinieron a verle y lo
amenazaron con matarlo y quemarlo si
no me conseguían como esposa?
Entonces me apartó para hablar
conmigo y me preguntó que a quién
elegía de los que habían venido a
pretenderme, pero yo me ofrecí a
defender el reino y a comandar un tercio
de las huestes. Tenía dos salidas
disponibles, acceder al matrimonio,
como él quería, o perder sus bienes y
su amistad, y él mismo me dijo que me
convenía tener su afecto antes que su
ira. Entonces pensé que sólo podría
escapar a su voluntad a costa de que
muchos hombres murieran.
Me pareció insensato enfrentarme a él, y así fue como asentí a casarme con
aquel que cabalgara sobre Grani y portase la herencia de Fáfnir, aquel que cruzara
al galope la llama vacilante y matara a quien yo le dijera. Nadie menos que Sigurd
habría osado hacerlo. Él cabalgó por el fuego, pues no le faltó valor para ello. Él
mató a la serpiente y a Regin, a cinco reyes, y no tú, Gunnarr, que habrías
empalidecido como un muerto, y que no eres ni rey ni guerrero.
A mi padre hice una promesa estando en mi casa, que amaría sólo a quien
fuera el más valiente de todos, y ése es Sigurd de los Völsungos. Hemos
perjurado, ahora que él ya no está conmigo, y por eso he de pensar en tu muerte.
Y en cómo hacer que la bruja Grímhild pague su maldad. No hay nadie más
malvado ni más mezquino que ella». Gunar respondió de forma que pocos
pudieran escuchar: «Muchos embustes has dicho, eres una mujer ingrata culpando
a alguien que es mucho mejor que tú y que nunca te hizo daño, como piensas, ni
deseó la muerte a nadie, ni asesinó, y que vive honradamente». Brynhild
respondió: «No existen acuerdos secretos entre Sigurd y yo, y ninguna injusticia
hemos cometido, eso no va conmigo; pero estoy dispuesta a matate». Intentó
matar al rey Gunar, pero Högni la encadenó. Gunar dijo: «No quiero que esté
encadenada».
37
Ella respondió: «No tengas reparos, pues ya nunca jamás volverás a verme
contenta en tu salón, ni beber, ni jugar ajedrez, ni hablar con cordura, ni bordar
hermosos vestidos con oro ni darte consejos». Dijo que el dolor mayor era no tener
a Sigurd. Se levantó y se puso a bordar, pero el tapiz se partió en dos. Pidió que
cerraran las puertas de todos sus aposentos, pero sus gritos seguían oyéndose
desde lejos. Era tan grande su dolor que se podían escuchar por todo el lugar.
Gudrún preguntó a sus siervas por qué estaban tan preocupadas y tan
nerviosas, «¿qué tienen?, ¿por qué van de acá para allá como los tontos?, ¿acaso
han visto un fantasma?». Una de las siervas, llamada Svaflöd, respondió: «Hoy no
es un buen día. El salón rebosa de dolor». Gudrún dijo a su criada: «Levántate, ya
hemos dormido demasiado. Despierta a Brynhild, pongámonos a bordar y
alegrémonos». «No puedo», dijo ella, «ni despertarla, ni hablarle; hace muchos
días que Brynhild no bebe aguamiel ni vino, y está herida por la ira de los dioses».
Gudrún habló a Gunar: «Ve a verla», le dijo, «y dile que compartimos su
amargura». Gunar respondió: «Me ha prohibido verla y hacer uso de sus bienes».
Gunar fue a verla e intentó hablarle de varias maneras, pero no consiguió
respuesta; luego fue a ver a Högni y le pidió que fuera a visitarla. Al principio decía
que no quería ir, pero por fin accedió; sin embargo, ella no quiso recibirlo. Gunar
habló con Sigurd y le pidió que fuera a verla. Éste no respondió, y así cayó la
noche. Al día siguiente, cuando Sigurd regresó de cacería, se dirigió a Gunar y le
dijo así: «Tengo la impresión que esta rabia irá cada vez a más y que matará a
Brynhild». Gudrún respondió: «Mi señor, le ocurre algo fuera de lo normal. Lleva
siete días durmiendo y nadie se atreve a despertarla». Sigurd respondió: «No
duerme, sino que está tramando su venganza contra nosotros». Gudrún dijo entre
lágrimas: «Es un gran dolor saber que morirás. Ve a verla e intenta calmar su ira,
llévale oro y suaviza su rabia».
Sigurd salió y encontró abierta la puerta del aposento. Pensó que Brynhild
dormía y, retirándole la colcha, le dijo: «Despierta, Brynhild, el sol brilla sobre los
tejados y ya has dormido demasiado. Expulsa de ti el dolor y alégrate». Ella dijo:
«¿Cómo te atreves a venir a verme? Nadie más que tú es culpable de todo este
engaño». Sigurd preguntó: «¿Por qué no hablas con nadie? ¿Qué es lo que te
angustia?». Brynhild respondió: «Mi rabia te lo dirá por mí». Sigurd dijo: «Te han
embrujado si piensas que te soy hostil, o que lo es tu esposo, al que tú misma
elegiste».
«No», dijo ella, «no era Gunar quien cabalgó hacia mí a través de la llama, ni
quien me ofreció la muerte de los guerreros como regalo de bodas. Me enamoré
del hombre que entró en mi aposento creyendo reconocer tus ojos en él, pero no
pude distinguirlo con certeza a causa del velo que cubría mi destino». Sigurd dijo:
«No soy más nobles que los hijos de Gúki (Burgundios). Ellos mataron al rey de
Dinamarca y a su gran caudillo, el hermano del rey Budli (algún aliado de los
Hunos)». Brynhild respondió: «Muchos hechos indignos podríamos referiros sobre
ellos y aliviar así nuestro dolor. Tú, Sigurd, mataste a la serpiente y galopaste a
través de la llama por mí, y no los hijos del rey Gúki». Sigurd respondió: «Nunca fui
tu marido, ni tú fuiste mi mujer; y fue un ilustre rey quien pagó tu dote».
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Brynhild respondió: «Cuando veo a Gunar mi corazón nunca salta de gozo, y
soy cruel con él, aunque disimulo ante todos». «Es terrible», dijo Sigurd, «que no
ames a un rey como él, pero ¿qué es lo que tanto te angustia? Creo que su amor
por ti vale más que el oro».
Brynhild respondió: «Ésta es la peor de mis penas, no poder hacer que una
afilada espada se te hinque en la sangre». Sigurd respondió: «No hables así. No
tendrás que esperar mucho antes de que una afilada espada me parta el corazón,
y no tendrás que suplicar algo peor para ti, pues no vivirás mucho más que yo. Nos
quedan pocos días».
Brynhild respondió: «Con no poco dolor digo estas palabras, pero desde que
con tu engaño me desposeíste de la alegría ya no quiero seguir viviendo». Sigurd
respondió: «Vive y ama al rey Gunar y a mí, y te daré todo mi tesoro con tal de que
no mueras». Brynhildr respondió: «Qué poco me conoces. Tú superas a todos los
hombres, pero ninguna mujer ha hablado nunca de ti peor que yo».
Sigurd respondió: «Otra es la verdad: te amo más que a mí mismo, pero
también a mí me engañaron y ya nada puedo hacer; cuando recobré la memoria
me dolió mucho que tú no fueras mi esposa. Pero alejé de mí ese dolor como pude
cuando estaba en el salón del rey y vi que al menos estábamos juntos. Puede ser
que suceda según la profecía, pero no me da miedo». Brynhild respondió: «Mucho
has tardado en reconocer que también a ti te angustia mi dolor, pero ya no hay
remedio».
Sigurd respondió: «Me gustaría dormir en tu misma cama y que fueras mi
mujer». Brynhild respondió: «No es lícito hablar así, y no pienso tener dos reyes en
un mismo dormitorio, antes prefiero morir que engañar al rey Gunar», y se acordó
de cuando se encontraron en las montañas e hicieron un pacto, «pero ahora todo
ha salido mal y ya no quiero vivir más». «No recordaba tu nombre», dijo Sigurd, «y
no te reconocí hasta que ya estabas casada, y este es mi mayor dolor».
Brynhild dijo: «Juré que me casaría con aquél que galopara a través de mi
llama vacilante, y pienso mantener esa promesa o morir». «Antes de que mueras
te desposaré, y repudiaré a Gudrún», dijo Sigurd, y se le hinchó el pecho, que
resonó dentro de la cota de mallas. «No te quiero», dijo Brynhild, «ni a ningún
otro».
Sigurd se marchó. Así dice el «Canto de Sigurd»: Sigurd se fue de la
discusión, amigo de héroes, tan abatido, que le sonaba al intrépido contra el pecho
la malla de acero. Cuando Sigurd regresó al salón Gunar le preguntó qué había
descubierto, cuál era su dolor y si había recobrado el habla. Sigurd dijo que había
vuelto a hablar. Entonces Gunar fue a verla y le preguntó por el motivo de sus
penas, ofreciéndose para ayudarla. «No quiero seguir viviendo», dijo Brynhild,
«pues Sigurd me ha engañado; tú eres tan culpable como él por dejarle que viniera
a mi cama. No quiero compartir mi lecho con dos hombres; uno ha de morir: o
Sigurd o tú, o tal vez yo. Además se lo ha dicho a Gudrún, y ahora ella me echa a
mí la culpa».
39
XXXII: SIGURD ES TRAICIONADO POR BRINHILD
Tras esto Brynhild salió y se
sentó sobre el muro de su
aposento. Se puso a gritar que
para ella ya no tenían ningún
valor ni las tierras ni el poder,
pues había perdido la ocasión de
casarse con Sigurd. Y entonces
se le acercó Gunar. Brynhild dijo:
«Perderás poder y riquezas, tu
vida y a mí, y me marcharé a la
casa de mis parientes a sentarme
con mi tristeza, a menos que
mates a Sigurd y a su hijo. No es
bueno dejar que crezca el
lobezno».
Gunar cayó en la más profunda desesperación y no era capaz de determinar
cuál era la solución mejor, pues había hecho un juramento con Sigurd; en su
mente discurrían dos soluciones, aunque le parecía que la mayor desgracia era
que su mujer se marchara. Gunar dijo: «Brynhild es lo que más quiero, y es la más
bella de todas las mujeres, y por ella daría mi vida con tal de no perder su amor».
Hizo llamar a su hermano Högni para hablar con él: «Tengo una gran congoja», le
dijo; luego le contó que iba a matar a Sigurd, pues había traicionado su buena fe,
«y así nos haremos dueños de todo el oro y de todo el reino».
Högni dijo: «No nos está permitido romper un juramento de forma belicosa.
Sobre todo a nosotros, que tanto apoyo hemos recibido de él. No existe ningún rey
que pueda compararse a nosotros, y así será mientras viva el rey de los hunos
(ATILA), y nunca encontraremos un cuñado (Brinhild, Bleda, y Atila son hermanos)
como él; piensa también en el bien que nos hará tener un cuñado y un sobrino
como ellos. Ya entiendo lo que ocurre: Brynhild ha provocado esta desgracia, y sus
artimañas nos causan gran dolor y congoja». Gunar respondió: «Todo se hará
siguiendo mi plan: provoquemos a nuestro hermano Guttorm. Es joven e impulsivo,
y además está fuera de nuestro juramento (no estaba presente cuando juraron)».
Högni dijo: «Tu plan no me gusta, y aunque saliera bien tendríamos que
pagar una gran recompensa en oro por la muerte de un hombre de tanta valía».
Gunar dijo que Sigurd tiene que morir, «o si no moriré yo mismo». Pidió a Brynhild
que se levantara y se alegrara. Ella se levantó, pero dijo que Gunar no dormiría
más en su cama hasta que hubiera llevado a cabo su plan. Los dos hermanos
empezaron a discutir. Gunar dijo que tenía un buen motivo para matarlo, haber
dormido con Brynhildr, «y convenceré a Guttorm para que lleve a cabo esta
venganza»; lo llamó y le ofreció grandes sumas de oro y muchas tierras a cambio.
Tomo una serpiente y carne de lobo y la puso a hervir para su hermano, tal
y como dice el poema: “Unos tomaron el “pez del bosque” (serpientes) unos
cortaron la carne de lobo, unos dieron a Guttorm la carne a comer con cerveza y
muchos otros ingredientes realizaron el hechizo.”
40
Con esta pócima Guttorm se volvió fiero y avaricioso, y entre todos
persuadieron a Grímhild para que se uniera a ellos en esta acción. Le prometieron
a cambio que así aumentaría su honor. Sigurd no sabía nada de este engaño. No
podía combatir contra el destino ni contra su día postrero. Sigurd no se esperaba
esta traición de su parte. Guttormr entró en la habitación de Sigurd a la mañana
siguiente, cuando éste aún estaba en la cama. Cuando lo miró, Guttorm no se
atrevió a golpearlo y huyó, y lo mismo hizo en la segunda ocasión. Los ojos de
Sigurd eran tan penetrantes que poca gente podía resistir su mirada. Por tercera
vez entró mientras Sigurd dormía. Guttorm empuñó la espada y se la hincó a
Sigurd hasta que la “serpiente de sangre” (hoja) traspasó el jergón bajo su cuerpo.
Sigurd se despertó herido cuando Guttorm salía por la puerta. Sigurd tomó la
espada Gram, se la lanzó y se la clavó en mitad del cuerpo. Las piernas de
Guttorm fueron a parar a un lado, y la cabeza y el tronco a otro.
Gudrún dormía en la misma cama de Sigurd, y se despertó enloquecida de
terror. Estaba nadando en la sangre de su marido, y empezó a gritar entre lágrimas
y lamentos. Sigurd trató de consolarla y le habló: «Alégrate», dijo, «tus hermanos
viven para hacerte feliz, y tienes un hijo mío que aún no puede defenderse de sus
enemigos, aunque ya han tramado algo terrible contra él. Nunca tendrán un
cuñado como yo que les acompañe a pelear, ni un sobrino, si no consigue hacerse
grande. Ha llegado la hora que esperaba desde hace tiempo y hemos de
separarnos, nadie puede luchar contra este hecho. Brynhildr ha urdido todo esto,
ella que me ha amado más que nadie. Te juro que jamás engañé a Gunar, que
mantuve nuestro juramento, y que no fui más amigo de lo necesario de su esposa.
Si lo hubiera sabido y me hubiera puesto en pie con mis armas, muchos habrían
perdido la vida antes de que yo cayera. Todos tus hermanos estarían muertos y les
habría costado más matarme a mí que al mayor de los bisontes o jabalíes». Y el
héroe SIGURD MURIÓ.
GUDRÚN lanzó un terrible grito. BRYNHILD lo oyó y se echó a reír al
escuchar sus lamentos. GUNAR dijo: «No estés tan contenta, que no se llene de
gozo cada fibra de tu corazón. ¿No ves cómo empalideces? Ya no eres más que
un horroroso espectro, y veo muy cercana tu muerte. Nadie fue tan merecedor de
ver al rey Atli muerto ante sus ojos y tener que quedarse a mirarlo. Sentémonos
junto a nuestro cuñado y asesino de nuestro hermano (Bryhild tiene la sangre de
Atila, por ello Gunar la considera una asesina)».
Ella respondió: «Puede que no basten estos asesinatos, pero el rey Atli no
teme tus amenazas ni tus venganzas, y vivirá más que tú y será mucho más
poderoso». Högni dijo: «Se ha cumplido lo que Brynhild predijo, y de esta
desgracia ningún bien hemos sacado». Gudrún dijo: «Mis hermanos han matado a
mi marido. Cuando cabalguen con sus ejércitos y entren en batalla se daran cuenta
que Sigurd ya no está a su lado, y veran que Sigurd era la fortuna y vuestra fuerza.
Si yo pariera un hijo de él, habran podido reforzarse con su descendencia y con
sus parentela». Ninguno supo qué responder, y Brynhild seguía riendo de lo mismo
por lo Gudrún se deshacía en lágrimas. Brynhild dijo: «He soñado, Gunar, que
yacía en un frío lecho, y tú cabalgabas hacia las garras de tus enemigos, y todos
los tuyos caían en desgracia a causa de sus perjurios. Te has olvidado de que
Sigurd y tú mezclaron su sangre como alianza por consejo tuyo, y ahora le pagas
con maldad todo el bien que te hizo permitiéndote ser siempre el primero.
41
Él dio prueba, cuando vino a nosotros, de haber mantenido sus juramentos,
y colocó entre él y yo la afilada espada templada con veneno. Por el contrario, tú
corriste a engañarnos a él y a mí cuando estaba en la casa de mi hermano y tenía
todo aquello que deseaba. Cómo iba a pensar que me tocaría uno de ustedes
cuando vi a los tres reyes llegar al galope a nuestras tierras. Atli me mandó a
hablar con él y me dijo si quería casarme con el jinete de Grani. No se parecía en
nada a vos, y entonces me declaré amante del hijo del rey Sigmund y de ningún
otro, y no te librarás de ello aunque yo muera». Gunar se levantó y la abrazó,
pidiéndole que siguiera viviendo. Le ofreció riquezas, y todos los otros intentaban
disuadirla de que muriera. Ella empujaba a todo el que se le acercase, y decía que
nadie podría evitar que hiciera lo que ya había decidido. Entonces Gunar se dirigió
a Högni y le pidió consejo, y le rogó que fuera allá e intentara calmar su ánimo. Dijo
que era necesario aplacar su dolor hasta que pasara ese momento. Högni
respondió: «Nadie puede evitar su muerte, pues desde que llegó aquí nunca le
fuimos útiles ni nosotros ni nadie». Entonces ella ordenó que le llevaran un montón
de oro y pidió que vinieran todos los que quisieran llevarse un poco. Luego agarró
una espada y se la apoyó en el sobaco, y se dejó caer sobre el cojín diciendo:
«Que tome el oro quien lo quiera». Todos callaban. Brynhild dijo: «Tomen el oro,
que les hará bien». Entonces dijo a Gunar: «Ahora he de hablar un rato contigo, y
luego me iré: pronto se reconciliaran tú y Gudrún por consejo de la maga Grímhild.
La hija de Gudrún y Sigurd se llamará
SVANHILD, y será la más bella de todas las
princesas. GUDRÚN (Ildico) SE CASARÁ
CON ATILA contra su voluntad. Tú querrás
casarte con Oddrún (hermana de Atila), pero
Atli te lo prohibirá. Ustedes se reuniran en
secreto y ella se entregara a ti. Atli te
engañará y te arrojará a la fosa de las
serpientes, y luego morirán Atli y todos sus
hijos. De ello se encargará la propia Gudrún.
La mar gruesa la llevará al burgo del rey
Jónakr (Godo), con quien tendrá varios hijos.
Svanhild será enviada fuera del reino y
desposará al rey Jörmunrek (Hermanarico, rey
godo de Ucrania). Pero los consejos de Bikki
la perderán, y así terminará vuestra estirpe y
las penas de Gudrún irán a más».
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Poned entre nosotros dos una espada desenvainada, como cuando
compartimos la misma cama y nos declaramos marido y mujer. Ante él no se
cerrarán las puertas del infierno si yo lo sigo, y nuestra corte no será indigna si lo
siguen las cinco siervas y los ocho esclavos que me dio mi padre; quema también
a todos los que murieron junto a Sigurd. Seguiría hablando si no estuviera herida,
pero ya me escuecen las llagas, ya se me abre la herida, y yo ya os lo he dicho
todo». Prepararon el cuerpo de Sigurd según las antiguas usanzas y elevaron una
gran pira. Cuando estuvo lista colocaron encima el cadáver de Sigurd, el asesino
de Fáfnir, el de su hijo de tres años, que Brynhild había hecho asesinar, y el de
Guttorm. Y cuando la pira estaba envuelta en llamas Brynhild salió y saludó a sus
siervas que tomaran el oro que les había ofrecido. Tras ello Brynhild se arrojó al
fuego, y murió abrasada junto a Sigurd, y así terminaron sus vidas.
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Habían elegido para su hermana GUDRÚN magníficos regalos, y le hablaron
con buenas palabras, pero ella no se fiaba de ninguno de ellos. Entonces Grímhild
le preparó una pócima, se la dio a beber, y ella olvidó de golpe todas sus penas.
En la bebida había echado la fuerza de la tierra y del mar y la sangre de su hijo, y
además había grabado por todo el cuerno runas –letras- teñidas de sangre, como
aquí se dice: “Había en el cuerno letras de todo tipo, grabadas y teñidas, yo pude
leer esto: enorme pez del bosque (serpiente), de la tierra de los hadingar (mares o
infiernos), espigas sin segar, vísceras de bestia. Había en la cerveza muchos
ingredientes: todo tipo de hierbas y ceniza de bayas, rocío del fogón (hollín),
intestinos de animal sacrificado, hígado de cerdo cocido, para que duerman las
penas. Tras ello sus ánimos se unieron y renació la alegría.”Cuando llegó Gudrún,
la hechicera Grímhild le dijo: «Buena suerte, hija; te entrego oro y todo tipo de
joyas de parte de tu padre, preciosos anillos y hermosos tapices hunos como
recompensa por la muerte de tu esposo Sigurd. Después te desposaré con el
poderoso rey Atli (Atila). Podrás disponer de sus bienes, no reniegues de tus
parientes por culpa de un hombre y haz mejor como te aconsejamos». Gudrún
respondió: «Nunca me casaré con el rey Atli, y nunca nuestra estirpe burgundia
aumentará de este modo». Grímhild respondió: «Ahora no has de pensar con
rencor ni actuar como si aún vivieran Sigurd y Sigmund, si alguna vez tuviste un
hijo». Gudrún dijo: «No puedo apartarlos de mi pensamiento; él era el mejor de
todos». Grímhild dijo: «Ya está decidido que te casarás con ese rey, si no nunca
más tendrás marido».
Gudrún dijo: «No me entregues a ese
rey, que sólo traerá la desgracia a nuestra
familia y matará a todos tus hijos, y luego me
tocará vengarlos». Grímhild se enojó al
escuchar los presagios sobre sus hijos y dijo:
«Haz lo que te ordenamos y así obtendrás
una gran reputación y nuestra gratitud, así
como las ciudades conocidas como Vinbjörg y
Valbjörg (“monte del vino” y “monte de los
romanos”, equivalente a enorme riqueza)».
Sus palabras eran tan fuertes que era difícil
no hacerle caso.
Gudrún dijo: «Seguiré tus órdenes, pero
contra mi voluntad, y me traerán poca alegría
y mucho dolor». Entonces subieron a los
caballos y las mujeres se sentaron en los
carros. Viajaron durante siete días a caballo,
otros siete por mar y otros siete por tierra,
hasta que llegaron a un enorme palacio.
Mucha gente salió a su encuentro, y celebraron un espléndido festín tal y
como habían acordado anteriormente. Gudrún iba rodeada de gran boato y honor.
Durante el banquete ATLI brindó por su matrimonio con GUDRÚN. Pero ella
nunca sintió nada por él, y su unión no tardó en enfriarse.
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XXXV: ATILA SUEÑA QUE GUDRÚN LO ASESINA
Una noche el rey Atli se despertó
en mitad del sueño y habló a Gudrún:
«He soñado», dijo, «que me incabas
una espada». Gudrún interpretó el
sueño y dijo que el acero del sueño era
fuego, «y tu vanidad, que te hace
creerte el más valiente de los
hombres». Atli dijo: «También he
soñado que crecían dos juncos de caña
y yo no quería cortarlos. Pero alguien
los arrancaba de cuajo, los guisaba con
sangre y me los ponía en la mesa para
que me los comiera. También he
soñado que dos halcones se echaban a
volar desde mi puño y no encontraban
presas, y se iban a los infiernos. Creí
ver que me comía sus corazones
sazonados con miel. Después creí ver
dos hermosos cachorros que ladraban
ante mí, y yo me comí su carne contra
mi propia voluntad».
Gudrún dijo: «No son buenos sueños, pero se harán realidad. Tus hijos
están condenados a la muerte, y nos caerán muchas otras desgracias». «También
he soñado», dijo él, «que estaba tumbado en la cama mientras tramaban mi
muerte».
El rey Atli se acordó del lugar donde había ido a parar todo el oro que poseía
SIGURD y que tan sólo el rey Gunar y su hermano podían disponer de él. Atli era
un rey muy poderoso, sabio, y con muchos seguidores, y fue a pedir consejo a sus
hombres sobre lo que debía hacer. Sabía que Gunar y su hermano tenían muchas
más riquezas de lo que cualquier otro hombre podría jamás poseer, y aceptó el
consejo de enviar una embajada de los suyos al encuentro de los hermanos de
Gudrún e invitarlos a un banquete. Los dirigía un hombre llamado Vingi.
GUDRÚN supo de sus intenciones e intuyó que estaba tramando algo contra
sus hermanos burgundios. Gudrún escribió un mensaje con runas, tomó un anillo
de oro y lo envolvió con pelo de lobo como señal de peligro. Lo puso en las manos
de los mensajeros del rey, que partieron siguiendo sus órdenes. Antes de llegar a
tierras burgundias, Vingi vio las runas y modificó algunos trazos. El texto aparecía
como si Gudrún estuviera invitando a sus hermanos al palacio del rey Atli. Llegaron
al palacio del rey Gunar y fueron bienvenidos.
Después bebieron alegremente la más deliciosa de las cervezas. Vingi dijo:
«El rey Atli me envía hasta aquí y desea que vayan hacia su palacio. Por favor
acepten estos regalos de su parte: yelmos y escudos, espadas y corazas, oro y
hermosos vestidos, soldados y caballos, incluso te confía su propio reino».
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El rey Gunar sacudió la cabeza y dijo a Högni: «¿Qué hemos de pensar ante
esta invitación? Nos pide que aceptemos su reino, pero sé que ningún rey posee
tantas riquezas como nosotros desde que nos apoderamos de todo el oro
NIBELUNGO; también tenemos las mejores armas de guerra y todo tipo de
armaduras. Sé que mi caballo es el mejor, mi espada la más afilada, y mi oro el
más envidiado». Högni respondió: «Me asombra su ofrecimiento, pues raramente
se ha portado así, y sería una imprudencia ir a verlo. Cuando vi los tesoros que el
rey Atli nos envía, me extrañó descubrir entre ellos un anillo de oro cubierto con
pelo de lobo. Debe ser que Gudrún intuye su traición contra nosotros y no quiere
que vayamos».
Entonces el huno Vingi les enseñó las runas que Gudrún le había ordenado
enviarles. Los demás se fueron a dormir, pero los dos hermanos se quedaron
bebiendo con varios hombres. Entonces vino la mujer de Högni, que se llamaba
Kostebera y leyó las runas. Vingi se dio cuenta de las dudas de sus anfitriones y
dijo: «No hay que olvidar que el rey Atli ya es viejo e incapaz de mantener su reino,
y sus hijos son jóvenes y demasiado inexpertos. Pretende concedeles la tutela de
su reino, y considera que es necesario que sean ustedes quienes lo administren».
Esa noche se juntaron dos cosas, Gunar estaba borracho y le ofrecían un
magnífico reino, por lo cual no pudo resistirse. Decidió ir, y así lo comunicó a su
hermano Högni. Éste respondió: «Se hará según tu palabra, y yo te seguiré, pero
este viaje no es de mi agrado».
La mujer de Högni, Kostebera, leyó nuevamente las runas y examinó todos
sus trazos, y no tardó en descubrir que debajo habían grabado otras runas
diferentes. Consiguió interpretar su significado, y se fue a la cama con su marido.
Cuando se despertaron dijo a Högni: «Quédate en casa, no te conviene partir. No
sabes interpretar runas si crees que tu hermana Gudrún te ha invitado. He leído las
runas y me extrañó que una mujer tan sabia las hubiera grabado tan burdamente.
Pero debajo se leía tu muerte, y una de dos, o ella se olvidó de un trazo o alguien
ha manipulado las letras. Y ahora has de escuchar mi sueño».
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Él respondió: «Debe ser una tormenta el oso que se te apareció». «Luego vi
un águila que entraba volando», dijo ella, «en el salón y me salpicaba de sangre a
mí y a todos nosotros, y debe significar algo malo, pues me pareció ver en ella el
rostro del rey Atli». Él respondió: «A menudo matamos y descuartizamos grandes
animales para comer, y el águila que soñaste era un buey. Atli está de nuestra
parte». Y así dejaron de hablar.
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XXXVIII: BATALLA EN LA FORTALEZA DE ATILA
Gunar, Högni, y sus
guerreros, cabalgaban hacia el
palacio del rey. Atli había
dispuesto a sus ejércitos para la
confrontación, y ordenó las líneas
de forma que entre ellos hubiera
un baluarte de defensa. «Sean
bienvenidos», les dijo, «y
entreguen todo el oro que me
pertenece, el tesoro que era de
Sigurd y que ahora es de
Gudrún». Gunar dijo: «Jamás
conseguirás el tesoro Nibelungo y
tendras que luchar contra
valerosos hombres para quitamos
la vida si piensas enfrentarte a
nosotros. Puede ser que seas un
suntuoso festín para las águilas y
los lobos».
«Mucho tiempo he esperado», dijo Atli, «para arrancarles la vida y
despojarlos del oro, y vengar la infamia que cometieron al matar a Sigurd». Högni
respondió: «Mal saldrá lo que tanto tiempo hayas meditado si ahora no pones todo
tu empeño». Y estalló una cruel batalla con una lluvia de proyectiles. Las noticias
llegaron a Gudrún. Cuando se enteró, se enfureció y se arrancó la capa. Luego
salió a ver a los recién llegados, siendo este su último saludo. Dijo así: «Creía
haberles enviado un mensaje para que no vinieran aquí, pero veo que no se puede
escapar al destino». Y dijo a Gunar: «¿Serviría de algo intentar una
reconciliación?».
Todos rechazaron esta propuesta. Cuando vio que era inútil intentar razonar
con sus hermanos, se armó de coraje, se puso la coraza, empuñó la espada y se
echó a luchar junto a sus hermanos. Se portó como el más valeroso de los
guerreros, y todos dijeron que no podrían haber encontrado un apoyo mejor. Ya
habían caído muchos, y los hermanos seguían arremetiendo con fiereza. Al
mediodía el rey Atli dijo: «Teníamos numerosos soldados, audaces y fuertes, pero
ahora ya han caído muchos de los nuestros; ya sólo me quedan once». Y se
decretó una tregua.
El rey Atli habló: «Éramos cuatro hermanos y ya sólo quedo yo. Tenía un
ilustre cuñado y quise sacarle partido. Tenía esposa bella y sabia, sensible y
generosa, pero nunca pude disfrutar de ella, pues raramente estuvimos a solas.
Ahora han matado a muchos de mis parientes, y me han mentido acerca del reino
y de las riquezas, han traicionado a mi hermana BRINHILD, y eso es lo que más
me duele». Högni dijo: «¿Por qué te irritas así? Fuiste tú el primero en romper la
paz. Me repugna que nos cuentes tus desgracias, y doy gracias a los dioses de
que ahora se tuerzan tus propósitos».
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IXL: GUNAR Y HÖGNI EJECUTADOS POR ATILA
El rey Atli incitó a sus huestes a realizar un último ataque y empezaron a
combatir. Los burgundios arremetieron con tal fuerza que el rey Atli tuvo que
retroceder hasta su palacio. Allí dentro libraron una durísima batalla. La lucha
produjo numerosas bajas, hasta que cayeron todos los soldados y quedaron tan
sólo dos. Primero se enfrentaron al rey Gunar y, como estaba en desventaja, lo
encadenaron de pies y manos. Högni siguió luchando heroicamente y acabó con
los veinte guerreros más valientes de Atli. Högni arrojó a muchos al fuego que
ardía en medio de la sala. Todos a una dijeron que nunca habían visto un hombre
como él. Pero al final lo redujeron y le ataron las manos.
El rey Atli dijo: «Es horrible cuántos hombres han caído antes que ellos.
Arrancadles el corazón, que sea ésa su muerte». Högni dijo: «Hagan lo que les
dice. Contento te imploro que cumplas tu voluntad, pues así verás que no tiembla
mi corazón. Ya he vivido situaciones terribles, y afronté horribles pruebas con
placer cuando estaba ileso. Pero ahora estoy gravemente herido y nuestra disputa
sólo depende de ti».
El rey Atli dijo al rey Gunar que debía confesarle dónde estaba el oro si
quería seguir vivo.Él respondió: «Antes quiero ver el corazón sangrante de mi
hermano Högni». Los guardias de Atli tomaron a un siervo, le arrancaron el
corazón y se lo llevaron al rey Gunar. Éste respondió: «Lo que veo es el corazón
del cobarde de Jalli, el porquero, muy distinto al corazón del valeroso Högni. Por
orden del rey Atli tomaron a Högni y le arrancaron su corazón. Y mostraron a
Gunar el corazón de Högni. Éste respondió: «Veo el corazón del valeroso Högni,
muy distinto al corazón del cobarde Jalli, pues late despacio, y latía aún más
despacio cuando aún estaba dentro de su pecho. También tú, Atli, perderás la vida
como hemos hecho nosotros. Soy el único que sabe dónde está el oro Nibelungo,
ahora que Högni ya no te lo puede decir.
Tenía dudas cuando los dos vivíamos, pero ahora he tomado una decisión.
El río Rin se hará con el oro antes de que los hunos puedan ponerle encima
las manos». El rey Atli dijo: «Llevense lejos de aquí al prisionero». Y así lo
hicieron. Gudrún llamó a varios hombres, fue a ver a Atli y dijo: «Se torcerán tus
propósitos, como lo hicieron tus promesas hacia mí y hacia Gunar».
Los hunos arrojaron al rey Gunar a una fosa repleta de serpientes.
Gudrún le echó un arpa, y él demostró su habilidad tocándola con gran maestría.
Tocaba de forma tan dulce y hermosa que pocos creían haber escuchado antes a
alguien rascar así con la mano. Siguió tocando con tanta destreza que todas las
serpientes se durmieron, excepto una culebra enorme y feroz que se arrastró hacia
él y se introdujo en su nariz hasta devorarle el corazón, y así perdió la vida
valerosamente (esta historia refiere a la madre de Atila, que mediante hechizos se
convertía en serpiente para matar a sus enemigos).
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XL: GUDRÚN DEGÜELLA A LOS HIJOS DE ATILA
El rey Atli creía haber ganado una gran
v ictoria y se lo dijo a Gudrún con burla y
alardeando de ello: «Gudrún», dijo, «has
perdido a tus hermanos, y tú misma me
ayudaste a ello». Ella respondió: «Te encanta
recordarme esas muertes, pero puede ser que
tengas que arrepentirte cuando sepas lo que
está a punto de suceder; persistirán estos
odios durante mucho tiempo, y el destino te
será desfavorable mientras yo viva». Él
respondió: «Ahora hemos de reconciliarnos, y
quiero recompensarte por la muerte de tus
hermanos con oro y preciosas joyas en la
cantidad que desees».Jamás podrás
recompensar la muerte de mis hermanos ni
hacer que me calme. A menudo las mujeres
hemos de someternos a tu poder. Ahora todos
mis parientes están muertos y sólo tú puedes
disponer de mí. He de aceptar tus
condiciones, hagamos que preparen un gran
festín, quiero celebrar las exequias de mis
hermanos y de tus parientes».
Sus palabras se hicieron más suaves, pero dentro seguía sintiendo el
mismo rencor. Atli se fio de sus palabras, pues parecía calmada cuando hablaba.
Gudrún celebró las exequias de sus hermanos y el rey Atli hizo lo mismo con sus
hombres, y durante el cortejo hubo grandes lamentos. Gudrún recordó sus
desgracias y se puso a pensar en una terrible calamidad con la que castigar al rey.
Por la tarde tomo a los hijos del rey Atli, que jugaban junto al sillón. Los niños se
inquietaron y preguntaron qué les esperaba. Ella respondió: «No pregunten. Los he
de matar a los dos». Ellos respondieron: «Dispones de tus hijos como quieres.
Nadie puede impedírtelo. Pero si lo haces te procurarás una gran desgracia sobre
ti misma». Entonces les rebanó el cuello a los dos. El rey preguntó dónde se
encontraban sus hijos.
Gudrún respondió: «Te lo diré para alegrar tu corazón: me procuraste un
gran dolor asesinando a mis hermanos. Ahora oirás mis palabras: has perdido a
tus hijos, has usado sus cráneos como jarra y has bebido su sangre mezclada con
el vino. También arranqué sus corazones y los asé para ti, y te los acabas de
comer». El rey Atli respondió: «Eres cruel; has matado a mis hijos y me has servido
su carne para comer, intentas remediar el mal con un mal mayor». Gudrún dijo:
«Mi deseo era causarte mucho más daño, pero no existe un dolor suficiente para
un rey como tú». El rey dijo: «Has hecho cosas peores de lo imaginable, hay locura
en tu maldad, y en vez de quemarte viva mereces que te apedreen hasta la
muerte; tú misma has decidido tu suerte». Ella respondió: «Ahórratelo para ti
mismo, pues otra muerte me aguarda». Y siguieron hablando con palabras muy
duras.Esa misma tarde, cuando el rey había terminado de beber, se fue a dormir.
50
Mientras dormía Gudrún tomo una espada y atravesó el pecho del rey Atli. El
rey se despertó herido y dijo: «De nada sirven vendas ni curas ¿quién me ha
herido?». Gudrún dijo: «Mis hermanos han sido vengados». El rey Atli dijo: «Nunca
creí que te atrevieras a hacer algo así, aunque tuvieras buenas razones para ello.
Te desposé por consejo de tus parientes, y pagué una gran dote por ti: treinta
bravos jinetes, muchachas de rango y muchos más hombres. Pero tú no te
portaste como es debido hasta que conseguiste las tierras que pertenecieran a mi
hermano Budli (Bleda), e hiciste llorar a tu suegra en más de una ocasión».
Gudrún dijo: «Has dicho muchas mentiras, pero ya no me importa; yo tenía
mal temperamento, pero tú has conseguido que empeore. Una gran batalla se ha
librado en tu ciudad, y en ella han combatido parientes y aliados enfrentados entre
sí. Mucho mejor era mi vida cuando estaba con Sigurd: matábamos reyes y nos
hacíamos con sus posesiones, y dábamos paz a cuantos la querían, los caudillos
se ponían a nuestro servicio y los compensábamos con todo lo que nos pedían.
Luego lo perdí todo, y lo de menos era llevar el título de viuda; lo que más me
duele es haber venido contigo, yo que fui la esposa del más ilustre de los reyes,
mientras que tú nunca participaste en una batalla sin llevarte la peor parte».
El rey Atli respondió: «Salúdame y ordena que preparen mi cadáver con
honor». Ella dijo: «Haré que te preparen un solemne funeral y que levanten un
túmulo digno de ti, te envolveré en hermosas telas y me ocuparé de todo lo
necesario». Tras ello ATILA MURIÓ.
GUDRÚN hizo lo que había prometido. Después ordenó que prendieran
fuego al palacio. Cuando los hunos despertaron en mitad de la noche no pudieron
hacer frente al fuego y se degollaron los unos a los otros, encontrando así la
muerte. Así terminó la vida de Atli y de todos sus soldados. Gudrún no quería
seguir viviendo después de estos hechos, pero su día postrero aún no había
llegado. Los volsungos y los gúkungos, como se cuenta, fueron hombres valerosos
y poderosos, como recitan las canciones antiguas. Tras estos acontecimientos el
conflicto entre ellos llegó a su fin.
51
XLII: BODA DE SVANHILD Y MUERTE TRÁGICA
Había un rey llamado Jörmunrek (se lo
identifica con el rey ostrogodo Ermanarico,
muerto en 375 dC, 80 años antes que Atila).
Era un rey muy poderoso en esa época. Su
hijo se llamaba Randvér. El rey hizo llamar a
su hijo y le dijo: «Llevarás un mensaje de mi
parte al rey Jónak, y te acompañará mi
mensajero Bikki. Allí vive Svanhild, la hija de
Sigurd, el asesino de Fáfnir, que según me
consta es una muchacha más bella que el sol.
Quiero desposarla y tú habrás de pedir su
mano por mí».
Él dijo: «Así será, señor, iré con vuestro
mensajero», y mandó preparar el viaje con
gran boato. Viajaron hasta el palacio del rey
Jónak, y cuando vieron a Svanhild les pareció
una muchacha de gran belleza. Randvér pidió
audiencia al rey y dijo: «El rey Jörmunrek le
ofrece vínculos de parentesco. Ha sabido de
Svanhild y quiere tomarla por esposa, y es
difícil que ella encuentre un marido más
poderoso que él».
El rey dijo que era una buena oferta y que Jörmunrek era muy famoso.
Gudrún dijo: «Es peligroso fiarse de la buena suerte, no sea que la perdamos».
Pero por consejo del rey y por todo lo que había sucedido aceptaron, y Svanhild se
dirigió hacia el barco y se sentó en la toldilla junto al hijo del rey. Entonces Bikki
dijo a Randvér: «Sería más justo que desposaras tú a una mujer tan bella, y no un
anciano como tu padre». Ranvér pensó que era una buena idea y habló con
Svanhild a solas, y cuando llegaron al reino se dirigieron al rey.
Bikki dijo: «Conviene, señor, que sepas lo que ha ocurrido, aunque me
resulta difícil decírtelo: te han engañado, pues tu propio hijo ha dormido con
Svanhild, que ahora es su concubina, tú no deberías permitirlo». Ya en muchas
otras ocasiones Bikki había dado malos consejos al rey, pero éste era el peor de
todos. El rey se dejó llevar por sus palabras. Ordenó que capturaran a Randvér y lo
ahorcaran como traidor. Cuando iba de camino a la horca tomo su halcón y le
arrancó todas las plumas y dijo que se lo hicieran ver a su padre. Cuando el rey lo
vio dijo: «Ahora puede verse que él cree que me han privado de mi honor como al
halcón de las plumas». Jörmunrek ordenó que no lo ejecutaran. Pero el mensajero
Bikki retrasó el pedido del rey al verdugo, y el príncipe fue ejecutado. Bikki dijo:
«Nadie se portó contigo peor que Svanhild. Que muera de forma indigna». El rey
respondió: «Aceptare tu consejo». La ataron al portón del burgo y le azuzaron
varios caballos. Pero ella los miró fijamente a los ojos y las bestias no osaron
golpearla. Cuando Bikki lo vio sugirió que encapucharan la cabeza de Svanhild. Así
perdió la vida la bella hija de Sigurd.
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XLIII: GUDRÚN VENGA LA MUERTE DE SVANHILD
Gudrún supo de la muerte de Svanhild y habló con sus hijos: «¿Qué hacen
ahí sentados hablando alegremente mientras Jörmunrek acaba de matar a su
hermana haciendo que la cocearan infamemente las patas de sus caballos? No
tienen el valor de Gunar ni el de Högni. Ellos ya la habrían vengado». Hamdir
respondió: «No alababas a Gunar y a Högni cuando mataron a Sigurd y tú te
teñiste de su sangre; también fue infame tu venganza contra tus hermanos. Pero
no podemos aguantar tus reproches, que nos obligan a hacerte caso». Hamdir dijo:
«Ahora conviene que nos despidamos, tendrás noticias de nosotros y te tocará
celebrar nuestro funeral y el de Svanhild». Tras ello partieron. Pero Gudrún se fue
a la cama, llena de dolor, y dijo: «Con tres hombres me he casado. Primero Sigurd,
el asesino de Fáfnir; le mintieron y esa fue mi mayor pena. Después me casé con
el rey Atli, y mi corazón fue tan cruel con él que maté a sus hijos atrozmente.
Después me tiré al mar y las olas me trajeron a estas tierras, y me casé con este
rey. Luego casé a Svanhild en un país lejano de grandes riquezas, y ésa es la
herida más dolorosa, que la cocearan los caballos cuando Sigurd ya no estaba.
Fue muy cruel que colocaran a Gunar en la fosa de serpientes, y muy duro que
arrancaran el corazón a Högni, lo mejor sería que Sigurd viniera a mí y yo me
marchara con él a la tumba. No tengo un hijo ni una hija que me consuele.
“¿Recuerdas, Sigurd, lo que me decías cuando yacíamos juntos en la cama? Que
me esperarías o vendrías a por mí desde el infierno”. Y aquí terminaron sus
lamentos.
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