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Identidad y Propósito

Este documento habla sobre la identidad y el propósito de los creyentes en Cristo. Explica que nuestra identidad original era ser pecadores como hijos de Adán, pero al aceptar a Cristo recibimos una nueva identidad como hijos de Dios. También dice que Dios nos ha creado para ser sus colaboradores en la tarea de hacer discípulos a todas las naciones, cumpliendo así con el propósito de Dios de que todos conozcan el evangelio.
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Identidad y Propósito

Este documento habla sobre la identidad y el propósito de los creyentes en Cristo. Explica que nuestra identidad original era ser pecadores como hijos de Adán, pero al aceptar a Cristo recibimos una nueva identidad como hijos de Dios. También dice que Dios nos ha creado para ser sus colaboradores en la tarea de hacer discípulos a todas las naciones, cumpliendo así con el propósito de Dios de que todos conozcan el evangelio.
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IDENTIDAD

Y PROPÓSITO

Vamos a empezar esta lección relatando una historia, acerca del Rabino Akiva.
Este rabino vivió entre finales del primer siglo de nuestra era y principios del
segundo. Fue maestro de Ia Toráh, maestro de la ley, de los más grandes que
ha habido en la historia.

Un día cuando Akiva regresaba a su casa, mientras caminaba repetía de


memoria la Toráh, y mientras lo hacía se distrajo y tomó un camino que no
debería. De pronto llegó y se chocó contra una muralla, una muralla romana, en
la cual había un centurión que inmediatamente cuando lo vio, le preguntó:
¿Quién es usted? y ¿Qué hace aquí? Y Akiva en ese momento le dijo: ¿A ti
cuánto te paga el imperio romano para hacerme estas dos preguntas?
Asombrado, el centurión quedó perplejo porque obviamente no esperaba como
respuesta otra pregunta. Inmediatamente Akiva Ie dijo: porque yo puedo pagarte
el doble si te vas conmigo y todos los días me haces estas dos preguntas: ¿Quién
eres? y ¿Qué haces aquí?

Estas dos preguntas, tal vez son las preguntas más importantes que todo ser
humano tiene que responderse, son las preguntas que más continuamente
tenemos que tener en nuestra mente y en nuestro corazón. La primera pregunta
es: ¿Quién eres?, que tiene que ver con nuestra identidad y con ¿Quiénes
somos?; ¿Cuál es nuestra identidad?; y la segunda pregunta es, ¿Qué haces
aquí?, que tiene que ver con nuestro destino, ¿Para qué estamos aquí?, ¿Para
qué Dios nos ha creado?, estos dos aspectos son muy importantes y en esta
lección, vamos a hablar acerca de nuestra identidad y acerca de nuestro
propósito.
IDENTIDAD

La identidad tiene que ver con nuestra filiación, tiene que ver con nuestros
padres, con nuestra genealogía, de dónde venimos, nuestra ascendencia.

Si alguien te pregunta. ¿Quién eres tú? Tú, dices que eres ___NOMBRE___,
pero hay muchos con el mismo nombre. Además de ___NOMBRE___, tú eres
___NOMBRE (S) + AP. PATERNO + AP. MATERNO___. Porque tu papá es
___NOMBRE DE TU PAPÁ___ y tu mamá ___NOMBRE DE TU MAMÁ___, por
eso es que eres ___NOMBRE (S) + AP. PATERNO + AP. MATERNO ___. Tus
padres son los que te dan la identidad.

Esto es en lo natural, pero si vemos en lo espiritual, todos nosotros estamos bajo


la paternidad de Adán, Adán es el padre de toda Ia humanidad y en el momento
que cayó, que desobedeció a Dios, se constituyó en pecador. Entonces todos
nosotros, más allá de los apellidos que hemos adquirido de nuestros padres,
todos tenemos un apellido en común que es “pecadores”. Todos nosotros somos
pecadores.

Por eso vivimos en un mundo donde hay tanto pecado, tanta injusticia, tanta
maldad, tanta desigualdad, eso es lo que somos como seres humanos.
Lamentablemente nuestra identidad es triste, muchos de nosotros hasta
repetimos lo que hemos heredado de nuestros padres, de pronto uno es
alcohólico porque su padre fue alcohólico, uno termina quebrando su matrimonio
porque sus padres quebraron su matrimonio, uno termina engañando a su
cónyuge o a sus seres queridos porque eso es lo que vio en su hogar, y esa es
la identidad que nosotros hemos adquirido al ser hijos de Adán, al ser pecadores.

Pero cuando nosotros venimos a Cristo, Él nos da una nueva identidad, la biblia
dice: en Juan capítulo 1, en los versículos 12 y 13 “que a todos los que le recibieron
y a todos los que creyeron en Él, les ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios”.
Cuando nosotros venimos a Cristo, nosotros morimos a la naturaleza adámica,
morimos a nuestra herencia, a la carga genética que teníamos de nuestros
padres, y nacemos a una nueva vida, nacemos como hijos de Dios. Pablo dice:
“de modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he
aquí todas son hechas nuevas”. Nosotros en Cristo tenemos una nueva identidad.
Somos hijos de Dios y cuando me refiero que somos hijos de Dios, me refiero a
que nosotros tenemos la vida de Dios corriendo por nuestro ser. Hemos nacido
de Dios, tenemos la naturaleza divina en nosotros, el Apóstol Juan en la Primera
Carta que escribe, en el capítulo 3, versículo 9, dice: “que la simiente de Dios
permanece en nosotros”. Esta palabra en el griego es la misma raíz de la palabra
semilla o semen, en pocas palabras está diciendo que la naturaleza, la simiente
de Dios está en nosotros. La naturaleza divina ha sido implantada por el Espíritu
Santo en nuestras vidas y en nuestros corazones, nosotros hemos nacido como
nuevas personas y hemos nacido como hijos de Dios, nuestro padre es Dios.

Hemos nacido de Dios, ahora nosotros somos hijos del altísimo, tenemos .la
naturaleza de Dios y eso significa que ya no corre por nuestras vidas la antigua
naturaleza. Nuestra identidad no es ser pecadores, adúlteros, mentirosos,
ladrones, envidiosos, celosos, odiadores. Nuestra naturaleza ahora es que
somos santos, justos, redimidos, sabios, hemos sido hechos redención de Dios,
somos más que vencedores, nada ni nadie nos va poder alejar del amor de Dios.
Como hijos de Dios, somos hijos deseados por nuestro Padre, somos hijos que
venimos con un propósito. Por eso es muy importante cuando leamos las
escrituras, poner atención cuando se menciona lo que somos en Cristo.
Filipenses 4, versículo 13 dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, no dice
que yo soy un Superman, que todo lo puedo, que si tengo pensamientos
positivos, que si tengo la mente positiva y confieso positivamente voy a poder
hacer todas Ias cosas. ¡No! La palabra de Dios es muy clara, todo Io puedo en
Cristo. Porque ahora yo he sido injertado en Cristo, mi identidad antigua era que
yo era un hijo de hombre, era un hijo de pecado, era un hijo de la naturaleza
caída, pero ahora yo he sido levantado como un hijo de Dios y ahora todo lo que
soy, lo soy en Cristo, Io viejo ha pasado, la biblia dice: Con Cristo hemos sido
juntamente crucificados.

Mi identidad antigua ha muerto, mi yo antiguo ha muerto y de hecho ha sido


sepultado en el bautismo para que, por la fe en Cristo, se levante una nueva
criatura, una nueva vida en mí. He nacido de nuevo, ahora soy un hijo de Dios y
esa es mi identidad, ese es quien soy.

Ahora me toca renovar mi mente y verme como Dios me ve en Cristo. Por años
me he visto con mi identidad pasada, ahora tengo que aprender a verme con
esta identidad nueva que tengo, que es maravillosa y es gloriosa.

PROPÓSITO

1 Corintios 3:9 dice: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros sois
labranza de Dios, edificio de Dios”

Pablo nos dice que somos colaboradores de Dios. Dios es un Dios de propósitos,
no es un Dios que se mueve de acuerdo a las circunstancias, que hace las cosas
por hacer. Dios tiene un plan, Dios planifica, Él nos ha dado un destino antes de
la fundación del mundo.

Dios no solamente nos da el privilegio de ser sus hijos, de ser parte de su familia,
sino que también nos hace participes de sus propósitos. Cuando no conocíamos
de Dios muchos no teníamos propósito, vivíamos el día a día, simplemente
sobrevivíamos, éramos presas de las circunstancias. U otros teníamos
propósitos, pero nuestros propósitos eran humanistas, egoístas. Solo apuntaban
a la fama, al éxito, a adquirir muchas posesiones, mucho dinero.
Pero cuando venimos a Cristo entendemos que él nos ha creado para que
seamos colaboradores en sus propósitos. Esto es maravilloso. Es maravilloso
que nosotros fuimos llamados por Dios para ser parte de la causa más grande
que jamás ha habido y va a haber en Ia historia de la humanidad. Hay muchas
causas que los hombres tienen, causas políticas, causas sociales, aun causas
religiosas, pero todas estas causas son humanas y, finalmente, no van a
prevalecer. Van a quedar en nada. Pero sí hay una causa sobre todas, es Ia
misión de Dios, es el propósito de Dios. No hemos sido salvados para domingo
a domingo calentar el asiento en una congregación, hemos sido llamados para
vivir por el propósito de Dios.

Mateo 28:18-20: “Id y haced discípulos a todas las naciones”

El propósito de Dios en Ia tierra es que hagamos discípulos. Él no quiere que


ningún hombre se pierda, quiere que todos los hombres puedan conocerlo. Él
quiere que el amor de Dios expresado en el evangelio pueda ser conocido por
todos los hombres de todas las naciones.

Nosotros nos alineamos con el corazón de Dios cuando hacemos discípulos en


esta tierra, cuando estamos enfocados en amar a los demás. Tú y yo hemos sido
diseñados para amar, para dar, para servir, para hacer buenas obras que Dios
preparó de antemano para nosotros.

No hemos sido creados para nosotros mismos, hemos sido hechos por Dios para
glorificarlo, amando y siendo para los demás.

Dios nos mostró hace un par de años que nosotros somos como un aeropuerto,
porque Ia idea nuestra no es que gente venga y acumulemos Ia mayor cantidad
de personas, sino que nuestro propósito es que enviemos a las personas que
Dios traiga a nosotros hacia su destino. Porque Dios tiene un destino para todos
y si tú vienes aquí es para que te demos tu pase a bordo y te enviemos al destino
que Dios tiene para tu vida. Ese destino puede ser aquí en La Paz, puede ser en
Bolivia, puede ser en América, Europa o hasta lo último de la tierra. Porque el
Señor nos llamó a ser testigos suyos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo
último de la tierra, dice Hechos 1:8.

Yo quiero animarte, animarte a que te aferres a la identidad que ahora tienes en


Cristo. Eres un hijo de Dios, Dios te ha hecho un vencedor para que puedas ser
colaborador de Dios, para que puedas ser una persona con un destino de gloria.
No es un destino natural, no es un destino humano, nuestro destino es hacer
discípulos, es poder ser las manos Dios, los pies de Dios aquí en la tierra, la
extensión del Señor. Por eso es que somos el cuerpo de Cristo aquí en la tierra,
para poder en el nombre del Señor amar a otros, ayudar a otros, servir a otros,
predicarles el amor de Dios, hacer discípulos de otros y, de esa manera, que
Dios sea glorificado en la tierra hasta que la tierra sea llena del conocimiento de
Dios, así como Ias aguas cubren Ia mar.

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