EL CHOLO DEL PARQUE
(Leyenda)
Te lo juro Carmen Julia fue por mi ambición. Cuánto me pesa haberlo botado a mi
hermano Javier. Mi madre antes de morir me dijo: Como tú eres el mayor, serás como un
padre para tu hermano, ya que él, los abandonó desde que estaban chiquitos. Cuánto me
arrepiento, porque ese día que yo celebraba el pelamiento de mi Anselmo y lo mandé botar
con mis criados, él se fue por ese caminito de bejucos y amor seco en las afueras de Jayanca
y le pasó lo que ahora todo el pueblo comenta.
Por qué Julia, Por qué, dice mi compadre Lizardo que en el puente tabla, el mercado
y hasta en las misas del curita Murillo hablaban de eso, que Javier había pagado sus deudas y
había comprendo víveres para todo el mes donde el chino Juan Lay y que cuando le
preguntaron de donde había sacado plata. Javier contó que justo cuando pasaba por esa
huaca que los jayancanos llamamos Chililí, triste y agotado sintió sueño y se recostó un
ratito, en su sueño escuchaba conversar a la roca con el viento. Así como te digo Julia, que
conversaban. Hablaban de ayudarlo porque tenía un buen corazón, una mujer sencilla y dos
hijos chiquitos, decían que el viento le traería mazamorra de maíz blanco y la roca mote de
maíz amarillo. Cuando Javier Despertó asombrado vio al lado de su alforja dos ollitas de
barro, una con mote y otra con mazamorra, dicen que comió con desesperación, pero no
todo, guardó, en su alforja el resto para llevarles a sus hijos y cuando ya estaba regresando a
su casa, sintió que la alforja se hacía cada vez más pesada y plashh. No lo podía creer. La
mazamorra de maíz blanco se había convertido en joyas de plata y el mote de maíz amarillo,
en joyas de oro, brillantísimas.
¡Imagínate Julia! Y dicen también que pasado el asombro enterró gran parte del
tesoro allí al lado del camino y se dirigió al pueblo con el resto de joyas. Fue mi ambición
estoy seguro, porque cuando supe todo por mi compadre, salí corriendo, así como estaba
nomás con mi sombrero y mi ropa de campo y cuando ya pasaba por el centro del parque
para dirigirme al río, se me presentó un hermoso racimo de uvas sobre una alta roca, la
trepé y cuando ya la tenía en mi mano sentí que un viento me envolvía y me dejó así para
siempre, petrificado, convertido en una estatua fría con el racimo de uvas en alto, en el
centro de la plaza.
¡Te lo juro, Carmen Julia, por eso me arrepiento! A veces cuando todos duermen
bajo a la plaza, camino silencioso cruzo el río del pueblo y me dirijo a Chililí, A Buscarlo a mi
hermano, pero no lo encuentro, por donde vivirá Julia, justo ahorita estoy regresando ya,
cansado, porque pronto cantaran las chilalas y tu como todos los días pasaras con tu piajeno
rumbo al mercado a vender las guabas, mameyes, mangos y uvas y yo, inmóvil nuevamente,
solo podré observarte como te pierdes a lo lejos, ¡a lo lejos Carmen Julia!
Autora: María Natividad de la Cruz Damián
Primera mención Honorífica
Concurso de Narrativa Escolar. Piura en 1999
LA GENTILA
(Leyenda)
Cuando al Noguta lo encontramos tirau sobre la hojarasca de mangos, guayaquiles y
mameyes en la huerta de mi tío Bilingo, tuve mucho miedo, pero ese Cazely sí que es macho,
ni siquiera se asustó. Seguro que el yonque que ratito atrás habíamos tomado en el
cumpleaños de Don Miguel Falla le había dado valor. “¡Salú Cazely! Salú don miguelito ¡Este
yonque sí que es bueno, ¡Claro Cazely, se loe comprao a don Fiestas! ¡Con razón, se nota
que es puro, tiene cordón…
Se tomaba unas copazas, mientras los demás saboreábamos el piqueo de conchitas
con choclos sancochados que había servido Doña María. Pobre Noguta, por qué tuvo que irse
sin avisar si ya estaba mariadito, seguro que fue el aire el que lo tumbó o tal vez lo oscuro
de la noche, porque cuando escuchamos sus gritos y corrimos a verlo, estaba privau botando
espuma por la boca, con la mirada perdida.
¡Allí, clarito la estoy viendo, brillantísima con muchas alhajas! Sus dientes son de
plata, brilla, brilla. Se me está acercando, me quiere llevar. Noo, Nooooo!
¡Párate Noguta, carajo! ¡Qué disparates dices! Yo solo veo oscuridad. Alcánzame el
candil Milandro y corre a traerme ajo macho con yonque, yo lo paro a este cojudo…
Y no sé de dónde saqué coraje y me vine corriendo alumbrándome, tan solo con la
linternita a pilas que me había comprau donde la Calderón. Cuando regresé con el ajo y el
yonque, el Noguta seguía privau, hundido sobre las hojas secas.
¡Fuishhhh! ¡Fuishhhh!, esparcía el yonque, el Cazely como si fuera lluvia y hablaba
cosas: Cerro tres puntas, cerro colorado, a ti te invoco viejo, cerro lindo. Dale fuerzas a mi
“Noguta” que ya lo voy parando, lo voy levantando...
¡Levanta Noguta, ¡Levanta carajo! Así mi cerro cabezón, mi huaquita Calancha
¡Fuishhhh! ¡Fuishhhh!, ¡Huele el ajo, huele el ajo! Así, para carajooo ¡paraaa! Toda la
cojudez te estoy sacando. ¡Fuera demonios! ¡Fuishhhh!
-Milaandroo, Caazzelyyy… me quería llevar, lo juro por la santísima cruz del camal
que la vi, estaba toda brillante y adornada de joyas… Nos contó cuando había recobrau el
juicio, después lo llevamos a su casa.
“Esa es la gentila que se le ha enamorau al cholo y se lo quiere llevar”, nos dijo
después don Miguel Falla. Con razón aquí en el pueblo de Jayanca dicen que esa huerta es
pesada de noche.
Pobre Noguta, lo vieran ahora, temprano se recoge a su casa y se ha vuelto callau,
ahorita está sentau viendo jugar pelota a los muchachos en esa pampa de don Salazar, frente
al camal, tal vez recodando de cuando era un mocoso y decía su mamá Cenovia “No
gutapecau”, “No gutapecau”, “Quelocayne”, porque de la gentila ni quedrá acordarse, ¿no
cierto “Noguta?
Autor: RAF/ MACIE
Luciano Morales Cieza