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GUIA Pag 1 A La 4 SAN PABLO

Este documento describe un taller de formación para laicos sobre el tema de ser "tesoro en vasijas de barro". Discute 1) que los creyentes son como vasijas de barro que contienen el tesoro de Jesús, 2) la alegría de ser discípulos y misioneros, y 3) la importancia de la comunión y formación en la iglesia.
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Este documento describe un taller de formación para laicos sobre el tema de ser "tesoro en vasijas de barro". Discute 1) que los creyentes son como vasijas de barro que contienen el tesoro de Jesús, 2) la alegría de ser discípulos y misioneros, y 3) la importancia de la comunión y formación en la iglesia.
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DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL 1

CONSEJO DIOCESANO DE LAICOS - CODILAI ESCUELA DE SAN PABLO


ESCUELA DIOCESANA DE FORMACIÓN PARA LAICOS
Taller: TESORO EN VASIJAS DE BARRO

Tema 1: TESORO EN VASIJAS DE BARRO (2° Co. 4,7)

“Pero esta riqueza la tenemos en nuestro cuerpo, que es como una olla de barro,
para mostrar que ese poder tan grande viene de Dios y no de nosotros”
1. Ambientación:
 Al momento de hacer esta carta San Pablo se encontraba en Éfeso, describen que fue una carta muy severa, escrita
en medio de gran aflicción (cf. 2 Co 2.3-4), motivado a acusaciones injustas, negaciones de su autoridad en Corintio,
además le atribuían intenciones no muy rectas (2 Co 11.22; 12.11).
 En esa época era común guardar tesoros, riquezas en vasijas de barro cocido, materia corriente y frágil.
2. Tesoro: Jesús que nos da su Persona, su Evangelio, su gracia, su vida nueva, su Reino, lo recibimos desde nuestro
bautismo, se ratifica con el sacramento de la confirmación, haciéndonos testigos por la fuerza del Espíritu Santo. Tesoro
escondido que en el Evangelio de San Mateo 13, 44, se muestra como el Reino de los cielos:
“El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí
mismo; lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno”
3. Vasijas de barro: Representados por los Hijos de Dios, con su humanidad frágil, limitada, necesitada siempre de su Alfarero,
con talentos, dones y carismas.
4. Vasijas de barro que reciben: La vasija (persona) para poder SER en su máxima esencia, requiere recibir de la gracia de Dios
en el momento de su creación y crecimiento, de lo contrario sería una obra bonita, pero no agraciada, es decir que goce del
favor de Dios para que viva toda la plenitud del Reino. Por eso es necesario que la vasija (persona) se sepa que su ser
depende de su Hacedor, como lo refiere San Juan 3, 27: “Juan les dijo: - Nadie puede tener nada, si Dios no se lo da”
5. Vasijas de barro que dan: La vasija (persona) a partir de todo lo que Dios le ha dado, facultado está invitada a dar, ofrecer,
servir, pero no dar cualquier cosa, palabra o manera; ella sólo puede dar, para que sea bueno, perfecto y agradable, lo que le
ha dado y colocado en su interior su Alfarero, es decir el propio Tesoro, que no tiene otro nombre que JESÚS DE NAZARETH,
su persona con todos sus vinos mesiánicos y vivencias propias de su Reino.
6. Vasijas de barro en renovación constante: Pero la vasija (persona) no es un producto terminado, que un día el Alfarero la
creó, la alimentó y la llamó a servir, sino que ella siempre estará en proceso de conversión, porque Dios quiere que siempre sea
pleno, que disfrute de su bautismo con todas sus riquezas, por que eso hace el Alfarero como lo ilustra el profeta Jeremías 18,
1-10.
“El Señor se dirigió a mí, y me dijo: “Baja a la casa del alfarero y allí te comunicaré un mensaje”. Yo, Jeremías, bajé y
encontré al alfarero trabajando el barro en el torno. Cuando el objeto que estaba haciendo le salía mal, volvía a hacer otro con
el mismo barro, hasta que quedaba como él quería. Entonces el Señor me dijo: “¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes,
israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero.
Yo, el Señor, lo afirmo. En un momento dado decido arrancar, derribar y destruir una nación o un reino. Pero si esa nación se
aparta del mal, entonces ya no le envío el castigo que le tenía preparado. En otra ocasión decido construir y hacer crecer una
nación o un reino. Pero si esa nación hace lo malo y desatiende mis advertencias, entonces ya no le envío los beneficios que le
tenía preparados”.
Es decir, hay que volver a la fuente del misterio a la Casa del Alfarero, para que la vasija vuelva a ser barro, y modelada de
nuevo, según la voluntad de su Hacedor, sea para arrancar, derribar y destruir, pues es Dios y somos su pueblo y puede hacer
con sus vasijas lo que El quiera en todas las dimensiones, momentos de nuestras vidas.
Sin embargo, se requiere para este caminar:
 Reconocimiento o aceptación del barro que somos, como punto de partida de la aceptación de los demás. La no
aceptación del otro es el resultado de la propia no aceptación de sí mismo.
 Agrado por la voluntad de Dios, como lo refiere el Salmista:

A mí me agrada hacer tu voluntad, Dios mío; ¡llevo tu enseñanza en el corazón!” Salmo 40,8
 Obediencia como la de Jesús de Nazareth:
“Así que Cristo, a pesar de ser Hijo, sufriendo aprendió lo que es la obediencia; y al perfeccionarse
de esa manera, llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen”. (Heb 10,19-23)
 Confianza para entrar a la presencia del Señor: “Hermanos, ahora podemos entrar con toda libertad en el santuario
gracias a la sangre de Jesús, siguiendo el nuevo camino de vida que él nos abrió a través del velo, es decir, a
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través de su propio cuerpo. Tenemos un gran sacerdote al frente de la casa de Dios. Por eso, acerquémonos a Dios
con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados
nuestros cuerpos con agua pura”. (Heb 10,19-23)
7. Vasijas de barro escondidas para el acusador: Es necesario que la vasija (persona) crea profundamente que la ayuda del
Señor siempre estará, y que nuestra debilidad no debe ser objeto para que el enemigo nos avergüence ante su presencia, por el
contrario la invitación es a tener actitud de conversión, arrepentimiento y sobre todo confianza en la misericordia de Dios,
muestra de su gran amor. “Dios los mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie pueda reprocharles nada cuando nuestro
Señor Jesucristo regrese” 1Co 1, 8
8. Lo que puede hacer el Alfarero con el barro de cada uno: A pesar de saber que Pedro lo negaría, sin embargo, dispuso que
ese mismo hombre presidiría su Iglesia. Dios no se detiene en darnos su bendición a causa de nuestras debilidades al contrario,
Él ve más allá de nuestra pobreza y nos capacita para la misión. “Y ahora, yo te digo: Tú eres Pedro, o sea Piedra, y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia, y las fuerzas del infierno no la podrán vencer” (Mt 16, 18) Hermanos al vivir ese tesoro en nuestras
vasijas de barro, vivimos el ser discípulos y misioneros de Cristo.

Tema 2: DISCÍPULOS Y MISIONEROS ( Mt 28,19)


Según el Documento de Aparecida como Discípulos y Misioneros debemos vivir:

I. LA ALEGRÍA DE SER DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO


28. En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro
del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del
mundo.
29. La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y
redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la
buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del
camino, pidiendo limosna y compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La alegría del Discípulo es antídoto frente a un mundo
atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta
sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer
a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en
la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.

II. LA COMUNIÓN DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS EN LA IGLESIA:


226. Hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:
a) La experiencia religiosa. En nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un ―encuentro personal con Jesucristo
una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a
una conversión personal y a un cambio de vida integral.
b) La vivencia comunitaria. Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan
valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una
comunidad eclesial y corresponsable en su desarrollo. Eso permitirá un mayor compromiso y entrega en y por la Iglesia.
c) La formación bíblico-doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia comunitaria, nuestros
fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe, ya que es la única manera de
madurar su experiencia religiosa. En este camino, acentuadamente vivencial y comunitario, la formación doctrinal no se
experimenta como un conocimiento teórico y frío, sino como una herramienta fundamental y necesaria en el crecimiento
espiritual, personal y comunitario.
d) El compromiso misionero de toda la comunidad. Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de
reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella.

III. EL ITINERARIO FORMATIVO DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS :


El encuentro con Jesucristo:
243. El acontecimiento de Cristo es, por lo tanto, el inicio de ese sujeto nuevo que surge en la historia y al que llamamos
discípulo: ― No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
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acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva137. Esto es
justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los Evangelios como el inicio del cristianismo: un
encuentro de fe con la persona de Jesús (cf. Jn 1, 35-39).
LUGARES DE ENCUENTRO CON JESUCRISTO
246. El encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia.
Con las palabras del Papa Benedicto XVI, repetimos con certeza: ¡La Iglesia es nuestra casa! ¡Ésta es nuestra casa! ¡En la
Iglesia católica tenemos todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y de consuelo! ¡Quien acepta a Cristo:
Camino, Verdad y Vida, en su totalidad, tiene garantizada la paz y la felicidad, en ésta y en la otra vida!
250. Encontramos a Jesucristo, de modo admirable, en la Sagrada Liturgia. Al vivirla, celebrando el Misterio Pascual, los
discípulos de Cristo penetran más en los misterios del Reino y expresan de modo sacramental su vocación de discípulos y
misioneros. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II nos muestra el lugar y la función de la liturgia en el
seguimiento de Cristo, en la acción misionera de los cristianos, en la vida nueva en Cristo, y en la vida de nuestros pueblos en
Él.
251. La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Con este Sacramento, Jesús nos atrae
hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo. Hay un estrecho vínculo entre las tres dimensiones de
la vocación cristiana: creer, celebrar y vivir el misterio de Jesucristo, de tal modo que la existencia cristiana adquiera
verdaderamente una forma eucarística. En cada Eucaristía, los cristianos celebran y asumen el Misterio Pascual, participando
en él.
254. El sacramento de la Reconciliación es el lugar donde el pecador experimenta de manera singular el encuentro con
Jesucristo, quien se compadece de nosotros y nos da el don de su perdón misericordioso, nos hace sentir que el amor es más
fuerte que el pecado cometido, nos libera de cuanto nos impide permanecer en su amor, y nos devuelve la alegría y el
entusiasmo de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso.
255. La oración personal y comunitaria es el lugar donde el discípulo, alimentado por la Palabra y la Eucaristía, cultiva una
relación de profunda amistad con Jesucristo y procura asumir la voluntad del Padre. La oración diaria es un signo del primado
de la gracia en el itinerario del discípulo misionero. Por eso, ―es necesario aprender a orar, volviendo siempre de nuevo a
aprender este arte de los labios del Maestro.
256. Jesús está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: ―Donde
están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos‖ (Mt 18,20). Está en todos los discípulos que procuran
hacer suya la existencia de Jesús, y vivir su propia vida escondida en la vida de Cristo (cf. Col 3,3). Ellos experimentan la fuerza
de su resurrección hasta identificarse profundamente con Él: ―Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí ‖ (Gal 2,20).
Está en los Pastores, que representan a Cristo mismo (cf. Mt 10,40; Lc 10,16). ―Los Obispos han sucedido, por institución
divina, a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia,
desprecia a Cristo y a quien le envío‖ (Lumen Gentium, 20). Está en los que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y
por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida, en todos los acontecimientos de la vida de nuestros
pueblos, que nos invitan a buscar un mundo más justo y más fraterno, en toda realidad humana, cuyos límites a veces nos
duelen y agobian.
257. También lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mt 25, 37-40), que reclaman nuestro
compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas veces los
pobres y los que sufren realmente nos evangelizan!

IV. MARÍA, DISCÍPULA Y MISIONERA.


266. La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de ― hijos en el Hijo ‖ nos es dada en la Virgen
María quien, por su fe (cf. Lc 1,45) y obediencia a la voluntad de Dios (cf. Lc 1,38), así como por su constante meditación de la
Palabra y de las acciones de Jesús (cf. Lc 2,19.51), es la discípula más perfecta del Señor157. Interlocutora del Padre en su
proyecto de enviar su Verbo al mundo para la salvación humana, María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la
comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos.
269. María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al
Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan
Diego, el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces, son incontables las comunidades que han
encontrado en Ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús.
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Matriz del método de revisión de vida: Ver, Juzgar, Actuar, Revisar y Celebrar
PASO FIGURA DESCRIPCIÓN
Es el momento de toma de conciencia de la realidad

Es partir de los hechos concretos de la vida cotidiana para no caer en


suposiciones ni abstracciones y buscar sus causas, los conflictos
presentes que generan y las consecuencias que se pueden prever para
VER el futuro
Permite una visión más amplia, profunda y global

Esta mirada motivará más adelante a realizar acciones transformadoras


orientadas a atacar las raíces de los problemas
Analizar los hechos de la realidad a la luz de la fe y de la vida, del
mensaje de Jesús y de su Iglesia
Permite descubrir lo que está ayudando o impidiendo a las personas
alcanzar su liberación integral, llegar a vivir como hermanos y construir
JUZGAR una sociedad de acuerdo al proyecto de Dios.
Momento de preguntarse qué dicen la Palabra de Dios y los documentos
de la Iglesia y dejar que cuestionen la situación analizada
Exige un conocimiento cada vez más profundo del mensaje cristiano, un
ambiente de oración
Momento de concretizar en una acción transformadora lo que se ha
comprendido acerca de la realidad
Momento de la práctica nueva y del compromiso
ACTUAR Parte de las necesidades de las personas y busca atacar las raíces del
problema, incidiendo en la realidad social
Es colaborar activamente en la construcción de la Civilización del Amor.

Es tomar conciencia hoy de lo realizado ayer para mejorar la acción que


se realizará mañana
Enriquece y perfecciona la misma visión de la realidad y, al mismo
tiempo, sugiere acciones nuevas más profundas, críticas y realistas.
REVISAR Verificar el grado de cumplimiento de los objetivos y la forma de asumir
las responsabilidades
Valoriza las conquistas alcanzadas, permite experimentar alegría por el
camino recorrido, hace consciente el crecimiento de las personas y pone
en común las experiencias vividas
La percepción de conjunto de todo el proceso

Lleva a la celebración gratuita y agradecida de la experiencia vivida

Celebrar las victorias, los logros y fracasos, las alegrías y tristezas, las
CELEBRAR angustias y esperanzas, la vida del grupo, la penitencia y la conversión,
la unión y la organización.
Fortalece la fe y pone al grupo y a sus miembros en contacto directo con
el Misterio central del cristianismo: la pasión, muerte y resurrección de
Jesucristo.

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