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Credos, Confesiones Catecismos

Este documento presenta una breve historia de los credos y confesiones. Explica que las Escrituras son la única regla de fe, pero que los credos y confesiones ayudan a la Iglesia a interpretar las Escrituras y definir las doctrinas a lo largo del tiempo. También sirven para marcar el progreso de la Iglesia en el entendimiento de la verdad, discernir entre la verdad y el error, proveer una base para la asociación eclesiástica, e instruir a los miembros de la Iglesia.

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Credos, Confesiones Catecismos

Este documento presenta una breve historia de los credos y confesiones. Explica que las Escrituras son la única regla de fe, pero que los credos y confesiones ayudan a la Iglesia a interpretar las Escrituras y definir las doctrinas a lo largo del tiempo. También sirven para marcar el progreso de la Iglesia en el entendimiento de la verdad, discernir entre la verdad y el error, proveer una base para la asociación eclesiástica, e instruir a los miembros de la Iglesia.

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SEMINARIO PRESBITERIANO

JUAN CALVINO

CREDOS, CONFESIONES
Y CATECISMOS

Lawrence C. Trotter N., Ph.D.


ÍNDICE  
 
     
       
INTRODUCCIÓN:  Breve  Historia  de  los  Credos  y  Confesiones     4  
PRIMERA  PARTE:  CREDOS  ECUMÉNICOS     13  
Antiguo  Credo  Romano     13  
Credo  de  los  Apóstoles     13  
Credo  de  Nicea     13  
Credo  Niceno-­‐Constantinopolitano     14  
Credo  de  Calcedonia     14  
Credo  de  Atanasio     15  
SEGUNDA  PARTE:  CONFESIONES  Y  CATECISMOS  REFORMADOS     17  
Confesión  Escocesa     17  
Confesión  Belga     31  
Catecismo  de  Heidelberg     50  
Segunda  Confesión  Helvética     82  
Cánones  de  Dort     168  
Breve  Historia  del  Origen  de  la  Confesión  y  los  Catecismos  de  Westminster   193  
Confesión  de  Fe  de  Westminster     199  
Catecismo  Menor  de  Westminster     242  
Catecismo  Mayor  de  Westminster     253  
BIBLIOGRAFÍA     301  

1  
INTRODUCCIÓN:  Breve  historia  de  los  credos  y  confesiones  
Escrito Por EL RVDO. ARCHIBALD ALEXANDER HODGE
Y Reproducido En Este Formato Por
LA IGLESIA EVANGELICA PRESBITERIANA DE ALCORCÓN (MADRID)

El contenido de este librito es parte del comentario del Rvdo. Archibald Alexander
Hodge sobre la Confesión de Fe de Westminster.

Archibald Alexander Hodge era el hijo eminente y sucesor de Carlos Hodge. Después
de trabajar tres años como misionero en la India, y catorce años como pastor, Hodge
pasó el resto de sus años enseñando Teología Sistemática en los seminarios
teológicos en Allegheny (1864-1877) y Princeton (1877-1886). En este trabajo demostró
ser uno de los más grandes profesores que América jamás haya producido. El profesor
Patton de Princeton, refiriéndose a Hodge dijo:

« Su pensamiento y enseñanza fueron los de un genio y un santo, y ocupa una posición


única entre sus iguales. Se ciñó a la teología reformada como una obligación sagrada.
Lo defendió con celo, lo pensó con entusiasmo y lo reflejó en su vida ».

INTRODUCCIÓN

Todo lo que el hombre debe creer respecto a Dios, y los deberes que Dios impone al
hombre, son revelados en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, las cuales
habiendo sido dadas por inspiración de Dios, son la única y suficiente regla de fe y
práctica religiosa para el hombre en su estado actual. Por esto deben ser creídas las
unas y obedecidos los otros por ser la Palabra de Dios. Esta Palabra divina, entonces,
es el único tipo o regulador de doctrina que tiene autoridad intrínseca para ligar la
conciencia de los hombres. Todo lo demás tipos o reguladores tendrán tal autoridad,
solamente cuando enseñen lo que las Escrituras contengan.

No obstante, que las Escrituras son la obra de Dios, la comprensión de ellas pertenece
a los hombres. Estos deben interpretar conforme a su mayor habilidad cada parte de la
Escritura separadamente, y luego combinar en un todo completo cuanto ella enseña
sobre cada verdad, y en seguida arreglar sus enseñazas sobre diferentes verdades en
concordancia mutua como partes de un sistema armonioso. Todo estudiante de la
Biblia tiene que hacerlo así; y que lo han hecho todos, es claro por los términos que
usan en sus oraciones y discursos religiosos, ya sea que admitan o nieguen la
conveniencia de los credos y confesiones humanas. Si ellos rehúsan la ayuda ofrecida
por las exposiciones de doctrina lentamente elaboradas y definidas por la Iglesia,
deben hacer su credo particular con su propia sabiduría y sin ayuda alguna. La
verdadera cuestión no es, como se pretende con frecuencia, entre la Palabra de Dios y
los credos de los hombres, sino entre la fe ensayada y aprobada por el cuerpo colectivo
del pueblo de Dios, y el juicio privado del repudiador de credos que no quiere que su
inteligencia sea ayudada de nadie.

4  
Digámoslo de una vez, es una cuestión de hecho el que la Iglesia ha ido avanzando
gradualmente en la obra de perfeccionar la interpretación de las Escrituras y de definir
las grandes doctrinas que forman el sistema de verdades reveladas. La atención de la
Iglesia ha sido dirigida especialmente al estudio de una doctrina en una época, y a la de
otra en tiempo diferente. Como ella ha ido avanzando poco a poco en el discernimiento
claro de la verdad evangélica, en diferentes tiempos ha ido sentando exposiciones más
perfectas de sus adquisiciones en forma de Credo o Confesión de fe, con el objeto de
instruir al pueblo y preservar sus doctrinas. Como al mismo tiempo los herejes se
levantan por todas partes pervirtiendo la Escritura, exagerando ciertos aspectos de la
verdad y negando otros igualmente esenciales, y el efecto de esto es cambiar la verdad
de Dios en mentira, la Iglesia entonces se ve forzada por el gran principio de la propia
conservación, a formar definiciones completas que contengan la verdad y excluyan el
error de cada verdad particular que haya sido falsificada, y hacer exhibiciones
comprensibles del sistema de verdades reveladas, y que ninguna de sus partes sea
indebidamente disminuida o exagerada, sino que guarde la debida proporción con el
todo. Al mismo tiempo debe hacer provisión para la disciplina eclesiástica, a fin de
asegurar la cooperación efectiva de los que desean trabajar juntamente en la misma
causa, y para que los maestros públicos de la misma comunión no se contradigan el
uno al otro, y uno derribe lo que el otro se esfuerza en edificar. También deben
prepararse formularios que representen hasta donde sea posible la verdad recibida por
todos, y que revestida con la autoridad pública, sirvan para la instrucción de los
miembros de la Iglesia y especialmente de los niños.

En todos los tiempos y en todas las ramas de la Iglesia, se ha encontrado que los
Credos y Confesiones son necesarios, y cuando no se ha abusado de ellos han servido
para los fines siguientes:

(1) Para marcar, diseminar y preservar las adquisiciones alcanzadas en el


conocimiento de la verdad cristiana, por alguna rama de la Iglesia en alguna crisis de
su desenvolvimiento.

(2) Para discernir entre la verdad y los malos comentarios de los falsos maestros, y
presentarla con integridad y debida proporción.

(3) Para servir de base de asociación eclesiástica a los que están acordes en trabajar
juntamente en armonía.

(4) Para usarlos como instrumentos en la gran obra de la instrucción popular.

Debe recordarse, sin embargo, que la materia de estos Credos y Confesiones liga a la
conciencia de los hombres nada más en aquello que es puramente bíblico, y sólo por
serlo: y en cuanto a la forma en que la materia se asienta, sólo liga a los que
voluntariamente admiten la Confesión; y la razón para ello es que la han admitido.

5  
En todas las iglesias se hace distinción marcada entre los términos en que son
admitidos los miembros privados a la comunión, y los términos en que son admitidos
los funcionarios a los oficios sagrados de enseñanza y gobierno. Una iglesia no tiene
derecho de hacer condición de recepción sino lo que Cristo haya hecho condición de
salvación. La Iglesia es el redil de Cristo. Los Sacramentos son los sellos del pacto.
Tienen derecho a pedir su admisión, aquellos que hacen profesión creíble de la
verdadera religión, - aquellos de los cuales se pueda tener la presunción de que sean
del pueblo de Cristo. Esta profesión creíble, envuelve de contado, un conocimiento
competente de las doctrinas fundamentales del cristianismo- una declaración de fe
personal en Cristo y de consagración a su servicio, y el estado debido en la mente y la
disposición necesaria para ello. Por otra parte, ningún hombre debe ser instalado en
algún oficio de una iglesia, cuando no profesa creer en la verdad y sabiduría de la
constitución y leyes que es su deber conservar y administrar. De otra manera la
armonía de sentimiento y la cooperación efectiva sería imposible.

El Sínodo original de nuestra Iglesia Presbiteriana de América, en el año 1729, adoptó


solamente la Confesión de Fe y los Catecismos de Westminster como modelo doctrinal
de la Iglesia. Su acuerdo dice así:

« Todos los ministros de este Sínodo, 18 en número, menos uno que declaró que no
estaba preparado para dar su asentimiento, (pero lo hizo en la próxima reunión),
después de proponer y discutir los escrúpulos que algunos de ellos tenían para aceptar
la Confesión de Fe y los Catecismos Mayor y menor de la Asamblea de Teólogos de
Westminster, y conformes en la solución de ellos, declaran que dicha Confesión y
Catecismos son la Confesión de su Fe, excepto algunas cláusulas en los capítulos
vigésimo tercero, referentes a los magistrados civiles.»

Otra vez el mismo cuerpo en el año 1788, preparando el camino para la organización
de la Asamblea general, dice así:

«El Sínodo, después de examinar detenidamente toda la Forma de Gobierno y


Disciplina, la ratifica y adopta con las enmiendas que hoy tiene, como la Constitución
de la Iglesia Presbiteriana en América, y por el presente ordena que se le estime,
considere y observe estrictamente como regla en los procedimientos de todos los
tribunales inferiores de este cuerpo.»

«El Sínodo, después de revisar y corregir el Directorio de Culto, lo adoptó, y por el


presente manda que dicho Directorio con las enmiendas que hoy tiene, sea la guía en
la adoración a Dios en la Iglesia Presbiteriana en los E. E. U. U. El Sínodo manda que
el Directorio y Catecismos se impriman y agreguen al volumen de la Confesión de Fe,
Forma de Gobierno y Disciplina, y que todo sea considerado como el tipo de nuestras
doctrinas, gobierno, disciplina y forma de culto, conforme a los acuerdos del Sínodo en
sus actuales sesiones.»

6  
Lo que sigue es un resumen o historia general de los principales Credos y Confesiones
de las diferentes ramas de la Iglesia Cristiana. Al enumerarlos seguimos el orden del
tiempo y de las iglesias que se adhirieron a ellos.

Capítulo 1.
LOS CREDOS ANTIGUOS QUE EXPRESAN
LA FE COMUN DE TODA LA IGLESIA

Son pocos los Credos que se formaron antes del tiempo de la Reforma y se refieren a
los principios fundamentales del cristianismo, especialmente a la Trinidad y a la
persona del Dios Hombre y son la herencia de toda la Iglesia.

1º. Credo de los Apóstoles

Este no fue escrito por los Apóstoles sino que se fue formando gradualmente por un
consentimiento común, fundándose en las varias confesiones que separadamente
habían adoptado las congregaciones particulares y que usaban en la recepción de sus
miembros. Adquirió su forma actual y el uso entre todas las iglesias, afines del siglo
segundo. Fue puesto al fin del Catecismo Menor juntamente con la Oración del Señor y
los Diez mandamientos en la primera edición publicada por orden del parlamento, «no
porque se creyera que había sido compuesto por los Apóstoles, o porque debiera
considerarse como escritura canónica... sino por ser un breve resumen de la fe
cristiana, de acuerdo con la Palabra de Dios, y recibido antiguamente en as iglesias de
Cristo.»

2º. Credo Niceno

Este fue formado sobre las bases de los Apóstoles, y la cláusula relativa a la divinidad
sustancial de Cristo, fue agregada por el Gran Concilio celebrado en Nicea, Bitinia, 325
d.C., y las que se refieren a la divinidad y personalidad del Espíritu Santo, las añadió el
segundo Concilio Ecuménico reunido en Constantinopla, 381 a.C., y la cláusula
«filioque» (quiere decir: y del Hijo) la añadió el Concilio de la Iglesia Occidental
verificado en Toledo, (España) 589 d.C. En su forma actual es el Credo de toda la
Iglesia Cristiana; la Iglesia Griega sólo rechaza la última cláusula mencionada. Dicho
credo es como sigue:

«Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas
las cosas visibles e invisibles;
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios,
Engendrado del Padre antes de todos los siglos,
Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero,
Engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre;
Por el cual todas las cosas fueron hechas,
El cual por amor de nosotros y por nuestra salud descendió del cielo,

7  
Y tomando nuestra carne de la virgen María, por el espíritu Santo, fue hecho hombre,
Y fue crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilato,
Padeció, y fue sepultado;
Y al tercer día resucitó según las Escrituras,
Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre.
Y vendrá otra vez con gloria a jugar a los vivos y a los muertos;
Y su reino no tendrá fin.
Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, procedente del Padre y del Hijo.
El cual con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado;
Quien habló por los profetas,
Y creo en una santa Iglesia Católica Apostólica.
Confieso un bautismo para remisión de pecados,
Y espero la resurrección de los muertos,
Y la vida del siglo venidero. Amén.»

En el transcurso del tiempo brotaron en el seno de la iglesia opiniones heréticas


respecto a la constitución de la persona de Cristo.

Por esta razón la iglesia se vio forzada a proveer definiciones adicionales que sirvieran
de defensa a la verdad. Una tendencia herética se desarrolló hasta el extremo en el
Nestorianismo que sostenía que las naturalezas divina y humana de Cristo, constituían
dos personas. Esto fue condenado por el Concilio de Éfeso 431 d. C. La tendencia
herética opuesta llegó a su colmo en el Eutiquianismo, que sostenía que las
naturalezas divina y humana de Cristo, estaban unidas de tal manera que no eran sino
una sola. Estas herejías las condenó el Concilio de Calcedonia, 451 d. C. Estos Credos
que sostienen que Cristo tiene dos naturalezas en una persona, definen la fe de la
Iglesia y son recibidos y aprobados por ella.

3º. Credo Atanasiano

Evidentemente éste fue compuesto mucho tiempo después de la muerte del gran
teólogo cuyo nombre lleva, cuando, concluyendo las controversias, fueron establecidas
las definiciones de los Concilios de Éfeso y Calcedonia ya mencionados arriba. Es un
gran monumento, único de la fe inmutable de la Iglesia en lo que se refiere a los
grandes misterios de la piedad, de la Trinidad de personas en un solo Dios, y de la
dualidad de naturalezas en la persona de Cristo.

8  
Capítulo 2.
CREDOS Y CONFESIONES DE LAS DIFERENTES RAMAS DE LA IGLESIA EN EL
TIEMPO DE LA REFORMA

1º. Tipos doctrinales de la Iglesia de Roma

Con el objeto de oponerse al progreso de la Reforma, el papa Paulo III convocó el Gran
Concilio Ecuménico en Trento (1545-1563). Las liberaciones de este Concilio llamadas
Cánones y Decretos del Concilio de Trento, forman la más alta autoridad doctrinal
reconocida por esa Iglesia. Dichos cánones explican los decretos, distribuyen la materia
de los puntos principales y condenan lo que de la doctrina Protestante se opone a ellos.

El Catecismo Romano que explica y recomienda los cánones del Concilio de Trento, se
preparó y fue promulgado por la autoridad del papa Pío IV, 1556.

La Confesión de Fe Tridentina se impuso sobre todos los sacerdotes y candidatos de la


Iglesia Romana y a los conversos de otras iglesias.

En adición a esto, algunas bulas papales y varios escritos privados han sido elevados a
la categoría de tipo de fe verdadera por la autoridad de los papas; por ejemplo
«Catecismo de Bellarmino» 1603, y la bula «Unigenitus», de Clemente XI, 1711.

La Teología enseñada en todos estos modelos papales, es Arminiana.

2º. Tipos doctrinales de la Iglesia Griega

La iglesia antigua, primero por causas políticas y eclesiásticas, después por diferencias
en la doctrina y el rito, se dividió en dos grandes secciones. La Iglesia Oriental o
Griega, y la Iglesia Occidental o Latina. Esta división comenzó a hacerse notable en el
siglo séptimo y se consumó en el undécimo. La Iglesia Griega se extiende por Grecia,
abarca la mayor parte de los cristianos del Imperio Turco, y la gran masa de habitantes
civilizados de Rusia. Todas las Iglesias Protestantes nacieron al influjo de la Reforma,
de la Iglesia Occidental o Romana.

Atribúyese la Iglesia Griega el título de «ortodoxa», en un grado superior por razón de


que los credos originales que definen las doctrinas de la Trinidad y de la persona de
Cristo, y que ya mencionamos arriba, fueron hechos en la parte oriental de la Iglesia
antigua, y por lo tanto son herencia suya en cierto sentido. Fuera de los límites que
abarcan los credos antiguos y que dicha Iglesia sostiene con tenacidad, su teología se
ha desarrollado muy imperfectamente. Poseen, sin embargo, algunas confesiones de
tiempo más moderno, como la «Confesión Ortodoxa» de Pedro Mogilas, 1642, obispo
metropolitano de Kiev, y la Confesión de Gennadius, 1453.

9  
3º. Confesiones de la Iglesia Luterana

Todas las Iglesias Protestantes del tiempo de la Reforma se dividieron en dos grandes
familias. La Luterana que incluye todas aquellas a las cuales imprimió su carácter el
gran reformador cuyo nombre llevan; la Reformada, que por la otra parte incluye todas
aquellas que derivaron su carácter de Calvino.

La familia de Iglesias Luteranas la componen todos los protestantes de Alemania y de


las provincias Bálticas de Rusia que se adhirieron a la Confesión de Augsburgo,
juntamente con las Iglesias nacionales de Dinamarca, Suecia y Noruega, y la gran
denominación de este nombre en América.

Sus libros Simbólicos son:

(1) La Confesión de Augsburgo, de la que fueron autores Lutero y Melancthon. Firmada


por los jefes y príncipes Protestantes, fue presentada el Emperador y a la Dieta imperial
en Augsburgo, a.C 1530. Es la Confesión Protestante más antigua, la base en que se
funda la teología Luterana, y el modelo más universalmente aceptado por dichas
Iglesias.

(2) La Apología (Defensa) de la Confesión de Augsburgo preparada por Melancthon,


a.C.1530, y firmada por los teólogos protestantes en Smalcalda, 1537.

(3) Los Catecismos Mayor y Menor preparados por Lutero, 1529; «el primero para el
uso de los predicadores y maestros, y el segundo como guía para instruir a los
jóvenes.»

(4) Los Artículos de Smalcalda, elaborados por Lutero y firmados por los teólogos
evangélicos en febrero, 1537, en el lugar cuyo nombre llevan.

(5) La Fórmula Concordia (Forma de Concordia) fue preparada en 1577 por Andreä y
otros para aclarar ciertas controversias que se habían levantado en la Iglesia Luterana,
que se referían especialmente
(a) a la actividad de la gracia divina y el libre albedrío humano en la regeneración,
(b) y a la presencia del Señor en la Eucaristía. Su autoridad, sin embargo, sólo se
reconoce por lo más formalista del partido Luterano, es decir por aquellos que observan
rígidamente las peculiaridades de la teología Luterana, llevada hasta su último
desenvolvimiento.

4º. Confesiones de las Iglesias Calvinistas

Las Iglesias Reformadas son aquellas de Alemania que suscribieron el Catecismo de


Heidelberg, las Iglesias Protestantes de Suiza, Francia, Holanda, Inglaterra y Escocia,

10  
los Independientes y Bautistas de Inglaterra y América, y las ramas diferentes de la
Presbiteriana en los dos últimos países mencionados.

Las Confesiones Reformadas son muy numerosas aun cuando esencialmente están de
acuerdo en la doctrina que enseñan. Las recibidas y consideradas más comúnmente
como los tipos más elevados de autoridad simbólica del sistema general, son las
siguientes:

(1) La segunda Confesión Helvética, preparada por Bullinger, 1564.

«La aceptaron todas las Iglesias Reformadas de Suiza con excepción de Basilea (que
se conformó con la primera Confesión Helvética, su antiguo símbolo,) y por las Iglesias
Reformadas de Polonia, Hungría, Escocia y Francia.» (History of Christian Doctrine, por
Shedd)

(2) El Catecismo de Heidelberg preparado por Ursinus y Oleviano, 1562.

La autoridad civil lo estableció tanto para tipo doctrinal como para la instrucción
religiosa en las Iglesias del Palatinado, (estado Alemán que en aquel tiempo incluía
ambas orillas del Rhin.) También lo autorizó el Sínodo de Dort, y es la Confesión de Fe
de las Iglesias Reformadas de Alemania y Holanda, y de las Iglesias Reformadas
Alemanas y Holandesas en América.

(3) Los treinta y nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra.

Estos fueron originalmente elaborados por Cranmer y Ridley 1551, y al revisarlos por
orden de la reina Isabel 1562, los obispos los redujeron al número actual. Estos
artículos son Calvinistas en la doctrina, y son el tipo doctrinal de las Iglesias
Episcopales de Inglaterra, Escocia, América y las Colonias inglesas.

(4) Los Cánones del Sínodo de Dort.

Este famoso sínodo fue convocado en Dort, Holanda, por mandato de los Estados
Generales, con el objeto de aclarar algunas cuestiones controvertidas por unos
discípulos de Arminio. Comenzaron las sesiones el 13 de noviembre del año 1619.

Estaba por modo por pastores, ancianos y profesores de Teología de las iglesias de
Holanda, de diputados de las iglesias de Inglaterra, Escocia, Hesse, Bremen, el
Palatinado y Suiza; los delegados franceses no asistieron por habérselo impedido una
orden del rey. Los Cánones de este Sínodo fueron recibidos por todas las Iglesias
Reformadas como verdadera, segura y eminente exposición autorizada del sistema de
Teología calvinista. Ellos, juntamente con el Catecismo de Heidelberg, constituyen la
Confesión de Fe de las Iglesias Reformadas de Holanda, y de la Iglesia Reformada
Holandesa de América

11  
(5) La Confesión y Catecismos de la Asamblea de Westminster.

La Confesión y los Catecismos son el tipo doctrinal de las Iglesias Presbiterianas de


origen inglés o escocés. es también de todos los Credos el que ha recibido la mayor
aprobación de los cuerpos Congregacionalistas de Inglaterra y América. La Convención
Congregacional reunida por Cromwell en Saboya, Londres, 1658, declaró que aprobaba
la parte doctrinal de la Confesión y Catecismos de la Asamblea de Westminster,
arreglando su propia Confesión, es decir la de Saboya, casi en los mismos términos.
«En verdad, la diferencia de estas dos Confesiones es tan pequeña, que los
Independientes modernos la han puesto a un lado (a la confesión de Saboya) y se han
unido a los Presbiterianos en el uso de los Catecismos de la Asamblea para la
instrucción de la familia.» (Neal, Puritanos, II. 178.)

Todas las Asambleas verificadas en Nueva Inglaterra con el fin de asentar las bases
doctrinales de sus iglesias, recomiendan o adoptan explícitamente esta Confesión y
Catecismos como exposiciones exactas de su fe. Esto lo hizo el Sínodo de Cambridge,
Massachusetts, en junio de 1647, y otra vez cuando preparó el «Plan de Cambridge»
en agosto de 1648. También lo hizo el Sínodo en Boston en mayo de 1680. Por último,
también lo hizo el Sínodo de Saybrook, Connecticut, cuando hizo el «Plan de Saybrook
en 1708.» (History of Christian Doctrine, por Shedd.)

12  
PRIMERA  PARTE:  CREDOS  ECUMÉNICOS  

Antiguo  Credo  Romano  (2ª  mitad  del  Siglo  II)  

Creo en Dios Padre Todopoderoso,


Y en Cristo Jesús su único Hijo, nuestro Señor,
quien nació del Espíritu Santo y la Virgen María,
fue crucificado bajo Poncio Pilato y enterrado.
El tercer día él se levantó de entre los muertos.
Ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre.
Desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
Y en el Espíritu Santo, la santa Iglesia,
el perdón de los pecados y la resurrección de la carne.

El  Credo  de  los  Apóstoles  (Siglo  III  o  IV)  

Creo en Dios Padre todopoderoso,


creador del cielo y de la tierra.
Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
Quien fue concebido por el Espíritu Santo
y nació de la Virgen Maria,
Padeció bajo Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado
Descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos,
y está sentado a la diestra de Dios Padre.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne,
y la vida eterna. Amén.

El  Credo  de  Nicea  (325)  

Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e


invisibles.

Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es


decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios
verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las
cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra;
quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne,

13  
se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los
muertos.

Y en el Espíritu Santo.

A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser
engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de
otra sustancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos
anatematiza la iglesia católica.

El  Credo  Niceno-­‐Constantinopolitano  (381)  

Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas
las cosas visibles e invisibles;

Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, Engendrado del Padre antes de
todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero,
Engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre; Por el cual todas las cosas fueron
hechas, El cual por amor a nosotros y por nuestra salud descendió del cielo,
Y tomando nuestra carne de la virgen María, por el Espíritu Santo, fue hecho hombre,
Y fue crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilato, Padeció, y fue sepultado;
Y al tercer día resucitó según las Escrituras,
Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre. Y vendrá otra vez con
gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; Y su reino no tendrá fin.

Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, procedente del Padre y del Hijo,
El cual con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado;
Que habló por los profetas.
Y creo en una santa iglesia católica y apostólica.
Confieso un bautismo para remisión de pecados,
Y espero la resurrección de los muertos.
Y la vida del siglo venidero. Amén.

El  Credo  De  Calcedonia  (451)  

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento,


enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y
verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosustancial (coesencial) con el Padre
de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad; en
todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las
edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra
salvación, nacido de la virgen María, la teotokos de acuerdo a la Humanidad; uno y el

14  
mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas,
inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción
de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada
naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en
dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor
Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y
como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres
que nos ha sido dado. AMEN

El  Credo  de  Atanasio  


(¿500? Atanasio murió en 373)

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; el que
no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la


Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una
es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y
el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad.
Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; increado el Padre,
increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el
Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno
(también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno,
como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso.
Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el
Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así
Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo,
no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor
(también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor;
porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y
Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses
y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo
el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo,
no fue hecho ni creado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un
solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni
después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y
coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la
unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha
sentir de la Trinidad.

Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación


de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que

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nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la
sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo:
perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual
al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aún cuando
sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de
la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno
absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona.
Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el
hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a
la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los
muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar
cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal,
al fuego eterno.

Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.

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