Enfermería Geriátrica PDF
Enfermería Geriátrica PDF
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Enfermería geriátrica
Coordinador: Andrés Pérez Melero
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P ROYECTO EDITORIAL
ENFERMERÍA, FISIOTERAPIA Y PODOLOGÍA
COORDINACIÓN
Juan V. Beneit Montesinos
© EDITORIAL SÍNTESIS, S. A.
Vallehermoso, 34. 28015 Madrid
Teléfono: 91 593 20 98
[Link]
ISBN: 978-84-995801-1-1
Reservados todos los derechos. Está prohibido, bajo las sanciones penales y el resarcimiento civil previstos en las
leyes, reproducir, registrar o transmitir esta publicación, íntegra o parcialmente por cualquier sistema de
recuperación y por cualquier medio, sea mecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o
cualquier otro, sin la autorización previa por escrito de Editorial Síntesis, S. A.
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Colaboradores
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Universidad Complutense
6
Geriatra facultativa especialista de Área. Área VII. Madrid.
7
Jefe de Servicio de Geriatría del H. U. San Carlos. Madrid.
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Índice
Agradecimientos
INTRODUCCIÓN
1. ANTROPOLOGÍA DE LA VEJEZ
A. Pérez Melero
1.1. Introducción
1.2. El viejo en las distintas culturas
1.3. Aspectos antropológicos de la ancianidad en las sociedades industriales
2.1. Introducción
2.2. Conceptos demográficos
2.3. Aspectos sociales
3.1. Introducción
3.2. Teorías del envejecimiento
3.3. Teorías genéticas
3.4. Teorías estocásticas
3.5. Teoría integradora
4.1. Introducción
4.2. El envejecimiento de células del tejido conjuntivo
4.3. Sistema cardiovascular
4.4. Aparato respiratorio
4.5. Sistema musculoesquelético
4.6. Sistema nervioso
4.7. Aparato digestivo
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4.8. Sistema endrocrino
4.9. Otras manifestaciones del envejecimiento
5.1. Introducción
5.2. Concepto de inteligencia
5.3. Métodos de investigación
5.4. Procesos mnésicos
5.5. Clasificación de los diferentes tipos de memoria
5.6. Aprendizaje
5.7. Sociología de la ancianidad
6.1. Introducción
6.2. La marcha humana
6.3. Características de la marcha del anciano
6.4. Causas de trastornos de la marcha en los ancianos
6.5. Valoración del equilibrio y de la marcha del anciano
7.1. Introducción
7.2. El equipo asistencial en geriatría
7.3. Ámbitos de actuación de la enfermería
8.1. Introducción
8.2. Datos recogidos en la historia clínica
8.3. Modelo de historia clínica de enfermería en geriatría
9. VALORACIÓN GERIÁTRICA
F. J. Gómez Pavón y J. M. Ribera Casado
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9.1. Introducción
9.2. Concepto de valoración geriátrica
9.3. Objeto de la valoración geriátrica: el anciano frágil
9.4. Objetivos de la valoración geriátrica
9.5. Componentes de la valoración geriátrica
9.6. Evaluación de la función física
9.7. Valoración mental
9.8. Evaluación de la función social
9.9. Modelo de evaluación geriátrica
9.10. Eficacia de la valoración geriátrica
10.1. Introducción
10.2. Medidas preventivas
10.3. Cuidados básicos
11. NUTRICIÓN
A. Villarino Martín
12.1. Introducción
12.2. Finalidad del ejercicio físico en el paciente geriátrico
12.3. Beneficios del ejercicio físico
12.4. Evaluación y prescripción del ejercicio físico en el anciano
12.5. Elaboración de un programa de actividad física
12.6. Programas de ejercicios básicos
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13.1. Introducción
13.2. Factores responsables de la modificación de la respuesta farmacológica en
los ancianos
13.3. Principios generales de prescripción en pacientes geriátricos
13.4. Utilización de grupos farmacológicos específicos
15.1. Introducción
15.2. Concepto de terapia ocupacional
15.3. Objetivo y enfoque de la terapia ocupacional
15.4. Actividades de la vida diaria y ayudas técnicas
15.5. Valoración psicológica y funcional en terapia ocupacional
15.6. La terapia ocupacional y la familia
15.7. Procesos patológicos susceptible; de tratamiento en terapia ocupacional
16.1. Introducción
16.2. Epidemiología de los trastornos del sueño en ancianos
16.3. Trastornos del sueño
16.4. Diagnóstico
16.5. Tratamiento
17.1. Introducción
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17.2. Visión
17.3. Oído
17.4. Olfato
17.5. Gusto
17.6. Tacto
20.1. Introducción
20.2. Alteraciones estructurales en la tercera edad
20.3. Problemas dermatológicos del pie del anciano
20.4. Trastornos de las uñas en d anciano
20.5. Vasculopatías periféricas en el anciano
20.6. Neuropatía diabética en el anciano
20.7. Criterios de valoración del profesional de enfermería en el pie geniátrico
21.1. Vértigo
21.2. Síncope
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A. Pérez Melero y J. L. Camacho Pastor
22.1. Introducción
22.2. Alteraciones hidroelectrolíticas
22.3. Alteraciones de la termorregulación
23. INCONTINENCIAS
C. Verdejo Bravo y C. Navarro Ceballos
23.1. Introducción
23.2. Incontinencia urinaria
23.3. Incontinencia fecal
24.1. Introducción
24.2. Estreñimiento
24.3. Diarrea
25. INMOVILIDAD
A. Pérez Melero y A. Jarillo Sánchez
26.1. Introducción
26.2. Tipos de traumatismos
26.3. Fracturas
26.4. Fracturas más frecuentes en el anciano
26.5. Reducción del coste en el paciente traumatizado
27.1. Introducción
27.2. Enfermedad vascular cerebral
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27.3. Enfermedad de Parkinson
28. DEMENCIAS
A. Pérez Melero
29.1. Introducción
29.2. Trastornos ansiosos
29.3. Trastornos del humor
29.4. Trastornos delirantes
29.5. Trastornos mentales orgánicos
29.6. Alcoholismo y abuso de otras sustancias
29.7. Patología psiquiátrica derivada de la farmacoterapia
30.1. Introducción
30.2. Fisiopatología
30.3. Síndromes más frecuentes en el anciano
30.4. Procedimientos diagnósticos
30.5. Procedimientos terapéuticos
31.1. Introducción
31.2. Neumonía
31.3. Limitación crónica al flujo aéreo
31.4. Tromboembolismo pulmonar
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32. TRASTORNOS DIGESTIVOS
P. González Gil y A. I. Martín Graczyk
32.1. Introducción
32.2. Alteraciones en la cavidad oral
32.3. Disfagia
32.4. Dolor retroesternal o epigástrico
32.5. Anorexia, náuseas y vómitos
32.6. Dolor abdominal
32.7. Hematemesis, melenas y rectorragia
32.8. Incontinencia fecal
33.1. Introducción
33.2. Cambios morfológicos y funcionales del aparato renal
33.3. Diálisis
33.4. Aféresis
34.1. Introducción
34.2. Hipotiroidismo
34.3. Diabetes mellitus
34.4. Dislipidemias
35.1. Introducción
35.2. Problemas articulares
35.3. Trastornos óseos
36.1. Introducción
36.2. Riesgos perioperatorios
36.3. Intervenciones más frecuentes
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36.4. Complicaciones postoperatorias
37.1. Introducción
37.2. Historia de los cuidados paliativos
37.3. Enfermedad terminal
37.4. Objetivos y bases terapéuticas de los cuidados paliativos
37.5. La familia del paciente en situación terminal
38.1. Introducción
38.2. Características de la enfermedad en el anciano
38.3. Recursos asistenciales
38.4. Importancia de los cuidados continuados
38.5. Otros niveles asistenciales geriátricos
38.6. El papel de la enfermería en esta organización asistencial
39.1. Introducción
39.2. Condicionantes sociosanitarios del envejecimiento
39.3. La educación sanitaria en la atención geriátrica
39.4. La educación sanitaria geronto-geriátrica
40.1. Introducción
40.2. La edad como factor en las decisiones médicas
40.3. Autonomía del anciano
40.4. Malos tratos institucionales y familiares
40.5. Reanimación cardiopulmonar
40.6. Suspensión de medidas de soporte vital
40.7. Eutanasia
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40.8. Mantenimiento de los cuidados
BIBLIOGRAFÍA
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Agradecimientos
Este libro quiere ser, ante todo, una respuesta agradecida a la confianza depositada
en el coordinador de la obra por el Director de la Escuela Universitaria de Enfermería,
Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense, profesor Juan V. Beneit, al
encargarle la elaboración de un Manual de Enfermería Geriátrica, Pero sería injusto no
reconocer también la participación –directa o indirecta– de diversas personas en la tarea,
en ocasiones ingrata, de culminar con éxito la realización del libro. En este sentido, el
coordinador quiere manifestar su gratitud a todos los colaboradores del mismo. Sin sus
aportaciones habría resultado muy difícil, tal vez imposible, la confección del libro.
También quiere expresar su agradecimiento a las profesoras de la Escuela de Enfermería,
Fisioterapia y Podología, Carmen García Carrión, Carmen Martínez Rincón y Esperanza
Rayón Valpuesta, por sus sugerencias y constante estímulo durante la elaboración de la
obra. Finalmente, desea mostrar su reconocimiento a los profesores J. M. Ribera Casado,
Jefe del Servicio de Geriatría; M. A. González Jurado, Director del Departamento de
Podología, y J. Sánchez Martos, Director del Departamento de Enfermería, por la
participación de sus colaboradores en distintos capítulos del libro; a Miguel Ángel Núñez
Vecino, por el procesamiento informático del texto, y a Andrés Lloves Ucha, por el
asesoramiento en la iconografía.
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Introducción
En el futuro que nos aguarda está en cuestión el sentido de nuestra vida; no sabremos quiénes
somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja. Así tiene que ser si
queremos asumir en su totalidad nuestra condición humana. Por lo mismo no seguiremos aceptando
con indiferencia la desventura de la postrera edad, nos sentiremos incluidos: lo estamos.
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Andrés Pérez Melero
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Parte I
Principios de gerontología
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1
Antropología de la vejez
Objetivos
1.1. Introducción
Hace tan sólo medio siglo, los mayores de 65 años representaban en nuestro país el
7% de la población. Su esperanza de vida era de unos 65 años, para las mujeres, y de 60
años, para los hombres. En la actualidad, las estadísticas muestran datos muy diferentes:
los mayores de 65 años superan el 13% y la esperanza de vida ha aumentado unos 15
años. El incremento de la población anciana y los cambios políticos, económicos y
sociales experimentados por la sociedad española en los últimos decenios, han
contribuido a modificar una estructura familiar de tipo patriarcal y un sistema de valores
que otorgaba al anciano una posición de respeto dentro de la estructura social.
Para comprender la inversión en la estimación social que ha sufrido el anciano en los
últimos tiempos, se analizarán a continuación algunos aspectos antropológicos
relacionados con la vejez.
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grupo. Se considera que la función del anciano en estas sociedades es la transmisión
simbólico-cultural de conocimientos, y ello justifica el respeto por el anciano y su
manutención. Sin embargo, cuando surgen períodos de sequía y escasean la caza o la
pesca, y los recursos alimenticios son insuficientes, la opción más frecuente es el
sacrificio de los viejos a manos de los miembros jóvenes de la tribu. Practican lo que se
denomina gerontocidio. En algunos pueblos son los mismos viejos los que deciden morir,
conscientes de que la vejez les ha convertido en una carga para la comunidad. Esta
actitud de los viejos se denomina gerontocidio pasivo o suicidio altruista.
Las sociedades agrícolas y ganaderas son sedentarias, tienen mayor seguridad en la
obtención de alimentos y poseen un modelo de organización social más complejo. Existe
una división y distribución del trabajo, y los ancianos pueden desarrollar tareas
específicamente destinadas a ellos. Los ancianos están vinculados a prácticas mágicas o
religiosas, y representan el depósito de las tradiciones, las cuales abarcan normas
sociales, conocimientos agropecuarios, etc. En algunas sociedades agrícolas los ancianos
detentan el poder político o religioso y, en casi todas, el poder social y familiar.
Las sociedades industriales, por el contrario, presentan un modelo familiar distinto.
Existen núcleos familiares formados por padres e hijos, frecuentemente separados de los
abuelos. Las migraciones interiores y la participación en un modelo económico distinto,
que abandona el cultivo de la tierra o la cría de ganado para dedicarse a la producción
industrial cerca de núcleos urbanos, favorecen el cambio de las relaciones familiares.
Cuando los abuelos han entrado en la senectud y no pueden valerse por sí mismos, el
resto de la familia acepta en su hogar la presencia del anciano durante un cierto tiempo,
aunque se tiende, bien a la rotación por las casas de los distintos hijos, o bien al ingreso
en una institución de acogida.
Si en los pueblos cazadores-recolectores, el límite a partir del cual se elimina a los ancianos está
en relación directa con la supervivencia misma del grupo, en las sociedades industrializadas el límite a
partir del cual la familia se desentiende de los ancianos está en relación con el confort de las
generaciones productoras (Fericgla, Envejecer, 1992).
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definitiva en la sepultura, presenta una serie de momentos críticos de transición que todas
las sociedades ritualizan y señalan públicamente con ceremonias apropiadas, para
subrayar la importancia del individuo y la pertenencia al grupo. Para Van Gennep, estos
momentos relevantes son el nacimiento, la pubertad, el matrimonio y la muerte. En todos
ellos hay ceremonias y ritos que realzan los cambios de status de los individuos.
Todos estos cambios pueden interpretarse como salidas y entradas. No serían
simplemente pasos, sino más bien actos de atravesar o transiciones.
En todo rito de transición hay tres fases:
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anciano no pasa a otro estatus definido o con características propias. Los posibles
símbolos de esta nueva etapa de su vida, asumidos en otros períodos de la historia
(canas, arrugas, luto,…) no se aceptan hoy. Se rechazan los símbolos (mediante tintes
para el cabello, cosméticos, ropas de colores) como un mecanismo de defensa
inconsciente, para negar la realidad de la vejez y, en parte, para no admitir la otra
realidad asociada a la senectud, que es la separación de la vida laboral y, por ello, del rol
social que el individuo desempeñaba. El viejo, en expresión de Simone de Beauvoir, se
va a definir ahora sólo por una exis y no por una praxis, ya que, como afirma Burgess,
la función del jubilado consiste precisamente en no tenerla.
1.3.3. Territorialidad
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comportamiento social, marcadas por una disciplina exterior al individuo, la pérdida de la
autonomía y la erosión de la propia identidad.
S. de Beauvoir señala que las fases por las que atraviesa un anciano en una
residencia comienzan con la segregación, y continúan con el abandono, la decadencia y el
deterioro psíquico, para terminar en la muerte. Y la muerte sobreviene al 8% de los
ingresados en los 8 primeros días de estancia; al 28,7% en el primer mes; al 54,4% al
primer año y el 65,4% ha muerto ya antes de los 2 años de estancia, a pesar de no
presentar ninguna enfermedad grave en el momento del ingreso.
Frente a este panorama desolador, relacionado con pérdida de la propia
territorialidad, se ha producido a comienzos de los años ochenta el surgimiento de Clubes
y Centros para la Tercera Edad, tanto de titularidad pública como privada. Este
fenómeno ha modificado ya pautas de conducta en un sector de la población anciana y
ha contribuido a facilitar la relación social entre los ancianos y a disminuir la vivencia de
desarraigo. Ha favorecido, además, la cohesión de los mayores como grupo de edad
diferenciado, con intereses propios, rasgos culturales específicos y exigencias definidas.
Hasta tiempos recientes los ancianos estaban asilados, sumidos en sus propios
vaivenes existenciales. Las necesidades económicas y de atención y la influencia de los
medios de comunicación han facilitado una organización de los mayores, apenas intuida
hace tan sólo tres décadas. Los ancianos, ahora organizados, se están convirtiendo
progresivamente en grupos de presión. Ningún partido político osaría plantear
abiertamente en sus programas electorales el recorte de las pensiones de jubilación, por el
riesgo bien fundado de derrota en las urnas. Los “Gray Panthers”, en Estados Unidos de
Norteamérica y, más tímidamente, las Asociaciones de Jubilados y Pensionistas de
España? están alzando la voz para reclamar sus derechos. La consecución de sus
reivindicaciones y la influencia que puedan ejercer en la transformación de las actuales
actitudes sociales hacia los viejos quedan aún por demostrar.
No se puede establecer que exista en nuestro país una cultura de los ancianos con
identidad propia. Existen, sin embargo, datos claros que contribuyen a delinear un perfil
cultural determinado. Entre ellos, destacan el origen rural de las tres cuartas partes de los
ancianos españoles, con tradiciones y costumbres propias, la vivencia en general
traumática de la Guerra Civil española, una acusada identidad étnica y valores éticos
rígidos, marcados por conceptos como la laboriosidad, la austeridad, el sentido del deber.
Estos factores determinan una estabilidad cultural anclada en modelos ya desfasados y
con escasas posibilidades de evolución. Este perfil cultural, aun sin constituir una cultura
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propiamente dicha, posee unos rasgos y expectativas que no coinciden con el resto de la
sociedad.
Nuevas pautas de comportamiento y nuevos valores impuestos desde fuera por los
medios de masas y la estructura oficial están generando un nuevo modelo cultural en los
ancianos, orientado fundamentalmente a la obtención de satisfacciones psicológicas.
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2
Aspectos demográficos y sociales del
envejecimiento
Objetivos
2.1. Introducción
29
Fuente: Instituto Nacional de Estadística.
30
inciden dos factores: el alargamiento de la vida de los ancianos y la disminución de la
natalidad, que en España ha pasado de 2,8 hijos por mujer, en 1980, a 1,2 en 1994.
Dentro de la población anciana, hay que distinguir dos subgrupos: el de los “recién
jubilados”, de los 65 a 80 años, y el de los “viejos viejos”, mayores de 80 años. Este
último subgrupo representa el 20% de los ancianos y el 4% de la población total en los
países desarrollados. Existe gran tendencia a que esta población de los “muy ancianos”
siga creciendo. En el momento actual, en España, la población de los “viejos viejos” pasa
de un millón de personas (figura 2.2).
Es importante distinguir estos dos grupos por razones sociales, económicas y
asistenciales. Los más ancianos suelen tener más dependencias y, por ello, plantean más
necesidades socio-sanitarias que cubrir de forma adecuada.
CUADRO 2.1
Índice de envejecimiento (1980-2050) en diferentes países industrializados
31
Fuente: Instituto Nacional de Estadística,
32
Fuente: Current Population Reports, Series P-25, 952, Mayo 1984.
CUADRO 2.2
Esperanza de vida al nacer en varios países (1900-1990)
33
Fuente: Departamento del Censo de EEUU, 1992.
CUADRO 2.3
Esperanza de vida en España para diferentes edades
34
Es el máximo período de tiempo que puede alcanzar la vida de un individuo. Es
diferente para cada especie, pero se mantiene inalterable a lo largo del tiempo.
En el caso de la especie humana, se sitúa en tomo a los 115 años, y no se tiene
evidencia demostrada de que nadie, en ningún lugar del mundo, lo haya sobrepasado.
Está documentada la edad de 120 años de una mujer francesa.
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de los recursos económicos, y variaciones en la residencia y en la situación
general ante la vida.
FIGURA 2.3. Pirámide de edad en España en 1993, comparado con el conjunto de países de la Unión Europea
(EUR 12).
c) Aislamiento: Varios factores influyen para que este problema sea muy
frecuente este grupo etario: pérdida de la pareja, de familiares, carecer de
hijos, etc.
Un 20% de los ancianos en España viven solos y, de ellos, un 20-25% no
tienen hijos; en un 33% de los casos sus hijos se desentienden de ellos y un
15% están aislados socialmente.
d) Institucionalización: La mentalidad de la sociedad está cambiando y, si bien
antes era la familia quien cuidaba de sus ancianos, hoy es la sociedad quien
tiene que hacerse cargo de ellos. En consecuencia, es cada vez superior el
número de personas mayores que acaban sus días fuera del hogar, ya sea en
residencias o en centros hospitalarios. En España, el 2% de la población
anciana vive en residencias.
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La institucionalización se relaciona frecuentemente con la edad. En
EEUU, menos del 2% de la población entre 65-75 años vive en residencias,
pero el porcentaje sube al 6% entre los 75 y 84 años, y alcanza el 22% en los
mayores 85 años.
El estado funcional (en términos de las actividades de la vida diaria) es un
factor que también se relaciona directamente. A mayor incapacidad, mayor
tendencia a la institucionalización.
e) Problemas económicos y de salud: La edad de la jubilación coincide con una
disminución importante de los ingresos económicos, que limita
considerablemente el estilo de vida.
Además, coincide que esta población es la mayor consumidora de
fármacos y de toda clase de servicios sanitarios. Más de la mitad del gasto
farmacéutico de nuestro país es de los pensionistas.
f) Causas de morbilidad y mortalidad: Ciertas enfermedades degenerativas del
sistema nervioso central, como la enfermedad de Parkinson o la enfermedad
de Alzheimer, así como enfermedades osteomusculares (osteoartrosis) tienen
gran prevalencia en mayores de 65 años, y son causa de importante
incapacidad física y psíquica.
Entre las causas de muerte más frecuentes a esta edad, hay que destacar
las enfermedades cardiovasculares (infarto agudo de miocardio, accidente
cerebrovascular, etc.) y neoplasias.
Recientemente, se han introducido dos nuevos temas: mortalidad en fase I
y fase II. Se entiende por fase I de mortalidad cuando sólo el 20% de las
muertes ocurren antes de los 65 años. Una vez alcanzada la fase I, el aumento
en longevidad puede ser conseguido por una disminución de la mortalidad
prematura o por un aumento en la expectativa de vida después de los 65 años.
La fase II en mortalidad constituye un período en el que la muerte prematura
supera 14-15%. Estos parámetros pueden ser una buena medida de la
efectividad de los sistemas de salud.
37
3
El proceso biológico del envejecimiento
Objetivos
3.1. Introducción
38
A pesar de la diversidad de teorías, de muy diferente origen, que reclaman para sí la
verdad sobre el envejecimiento, la biogerontología no ha conseguido demostrar de forma
concluyente cómo envejecemos. Durante la decadencia fisiológica que lleva a la muerte,
se produce la disminución de la función celular, lesión celular y, finalmente, la muerte
celular. La causa de todo ello es la cuestión central de este capítulo. Probablemente no
exista una única causa del envejecimiento, sino que más bien interactúen diferentes
procesos de una manera integrada.
A pesar de las dificultades que subyacen al problema del envejecimiento, existen una
serie de características que mantienen una cierta regularidad en el proceso. Entre ellas
están el incremento de la mortalidad con la edad; los cambios en la composición
bioquímica del cuerpo (disminución de la masa magra y un incremento de la grasa),
incremento de lipofucsina en ciertos tejidos y de las uniones cruzadas en moléculas de la
matriz como el colágeno; aumento de los cambios degenerativos; disminución de las
capacidades adaptativas a los cambios ambientales. Finalmente, aumenta la
vulnerabilidad a ciertas enfermedades, De todas esas características, parece ser que la
más importante es el descenso de la “reserva homeostática”, o lo que es lo mismo, la
reducción de la capacidad para mantener el equilibrio interno frente a “agresiones”
externas.
Las teorías del envejecimiento pueden dividirse en dos grandes grupos: genéticas y
no genéticas (ambientales o estocásticas). Las primeras centran el proceso en el núcleo
celular, atribuyéndolo a un control genético. Por ello, también son denominadas
deterministas. Las segundas, aunque también otorgan importancia al genoma, consideran
que el envejecimiento está condicionado por otros procesos primarios de carácter
ambiental, intra y extracelulares.
Es importante para la comprensión de las teorías que se manejan en biogerontología,
la diferenciación de las células en tres clases, dado que no envejecen con el mismo ritmo,
ni su envejecimiento supone las mismas alteraciones. De este modo se consideran:
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De cualquier modo, el envejecimiento se produce en todos los ámbitos de
organización biológica (molecular, subcelular, celular, etc.) y, por tanto, las teorías
propuestas han de dar explicación a las manifestaciones en cada uno de los ámbitos,
desde el molecular al fisiológico.
La clasificación anteriormente expuesta es simplemente una forma operacional de
exponer las teorías, pues la inclusión en una u otra categoría puede variar según los
autores. Además, ni las categorías ni las teorías se excluyen unas a otras.
40
FIGURA 3.1. Esquema del daño genético.
41
antioxidantes podría ser resultado de esa pleiotropía antagónica. Como se ve, aquí
también se entrelazan dos teorías.
Según esta teoría, el grado de fidelidad del material genético de cada espede regula la
aparición de mutaciones o errores que afectan a la duración de la vida. También se puede
imaginar que unos reguladores de la fidelidad genética aparecen en diferentes etapas de la
vida. Estos pueden perder eficacia, permitiendo la aparición de mutaciones perjudiciales.
Otro aspecto de esta teoría es que la metilación del ADN puede ser un requisito para
evitar que ciertos genes malignos se manifiesten, y también que la metilación disminuye
con la edad.
En los años sesenta, este autor determinó que las células tienen una capacidad
mitótica máxima. Lo demostró mediante un cultivo de fibroblastos humanos normales.
Según sus experimentos, la capacidad de duplicación varía con la edad del donante,
siendo en el embrión de 40 a 60 duplicaciones, y disminuyendo conforme la edad
avanza. Esto es el llamado fenómeno Hayflick, y supone una predeterminación del
envejecimiento. Asimismo, la capacidad mitótica está en proporción con la longevidad.
La circunstancia de que haya genes que varíen su expresión con el envejecimiento
de los cultivos de forma sistemática, confirmaría la existencia de un programa previo de
envejecimiento. También se conoce cómo la inactivación de ciertos genes conduce a la
pérdida de la capacidad replicativa celular. Puede ser que existan efectos negativos, es
decir, sustancias codificadas por determinados genes que impidan la proliferación celular.
Ante esta teoría, se aduce que el poder de división celular no está extinguido a la
hora de la muerte del individuo. De la misma forma, no explica el deterioro de células
postmitóticas irreversibles, como las neuronas, que se mantienen funcionantes durante
mucho tiempo.
También se han establecido nexos entre esta teoría y la teoría inmunológica, y otras
teorías genéticas,
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Se han asociado los cambios del sistema inmune con la edad a los genes del
Complejo Mayor de Histocompatibilidad (CMH). Diferencias en éste en animales
congénitos determinan diferentes duraciones de la vida. Además, el CMH se relaciona
con niveles de superóxido dismutasa (SOD), lo que vincula esta teoría con la de los
radicales libres de oxígeno.
Se ha asociado el hecho de la limitación de la capacidad duplicativa (fenómeno
Hayflick), no ya a un programa de muerte celular, sino al intento de defensa ante la
proliferación desordenada. Se trata, en definitiva, de la mencionada pleiotropía
antagónica, pues lo que defiende al organismo frente al cáncer puede llevarle a la muerte.
A pesar de los datos aportados, se puede afirmar que los errores a nivel del sistema
inmunitario pueden ser secundarios a un programa genético, a mutaciones que dificulten
el autorreconocimiento celular o a cambios en la biosíetesis proteica, con el mismo final.
En definitiva, es difícil distinguir qué es lo primario y lo secundario en el proceso de
envejecimiento.
43
Distintas circunstancias hacen estas teorías más aceptables que las anteriores. Así,
unos envejecen más que otros, o más rápido; el envejecimiento se centra en
determinadas funciones o estructuras, según los sujetos; etc.
Este grupo de teorías relacionan cambios imprevisibles en la estructura del ADN con
alteraciones en el entorno o extrínsecas, en contraposición a una mutagénesis intrínseca.
En realidad, estas teorías están estrechamente entrelazadas con otras teorías
estocásticas, como la mutación somática, los radicales libres o la redundancia del ADN.
Según esta última teoría, los cambios de la longevidad son debidos a la acumulación de
errores en el ADN. En estos casos, el ADN redundante (secuencia genética con la misma
información que el fragmento dañado) toma el relevo hasta que se agota. Por tanto, si un
error se produce en una secuencia genética no repetida, el producto de estos genes será
incorrecto. De ello se deduce que la duración de la vida puede estar en función de las
secuencias genéticas repetidas.
Otro enfoque es la hipótesis según la cual existe una serie de sucesos iniciados en la
cromatina nuclear, que conducirían a errores en el metabolismo celular, que se
manifestarían en la transcripción del ADN y en el propio metabolismo celular. Según esta
teoría, la unión de un espermatozoide y un óvulo puede conducir a la determinación de
una duración de la vida específica. La capacidad de cada especie para reparar el genoma
determinará si viven más o menos tiempo.
En realidad, resulta difícil diferenciar esta teoría de las anteriores y de otras teorías
posteriores, pues se refieren todas a cambios del ADN o en la transferencia de
información genética a todos los niveles. En este caso, se supone que agentes externos
(radiaciones, agentes químicos, etc.) son los responsables de alteraciones del código
genético que repercuten en la función celular.
44
envejecimiento.
Es ésta una teoría integradora, que tiene en cuenta el análisis de sistemas, es decir,
los efectos del envejecimiento en todos los niveles de organización. El soma desechable
no es más que el organismo en su conjunto, cuya conservación e inmortalidad pierden
prioridad, en favor del mantenimiento de la especie, o lo que es lo mismo, el cuerpo se
pone al servicio de las células reproductoras. Se hace una inversión de futuro, de tal
forma que se asegura la reproducción, y el resto de las células somáticas tienen cierta
capacidad de supervivencia hasta que, con el paso del tiempo, los agentes dañinos
externos vencen su capacidad de recuperación. Entre estos agentes dañinos estarían los
radicales libres.
45
Estos radicales se forman en la cadena respiratoria mitocondrial y en diferentes
reacciones intracelulares. También se generan por fuentes extracelulares, como el humo
de los automóviles, la luz solar, las radiaciones ionizantes, la oxidación de fármacos, etc.
(figura 3.2).
El daño producido por los radicales libres de oxígeno (RLO) es acumulativo y
aumenta sus efectos en ausencia de agentes que contrarresten sus efectos destructivos.
46
Los radicales libres dañan estructuras moleculares y celulares implicadas en otros
procesos de envejecimiento. El daño al ADN ha sido expuesto en varias ocasiones: se ha
evidenciado que el daño al ADN se concentra en la mitocondria, por generarse en ella la
mayor parte de los RLO, y por carecer su ADN de histonas que la protejan. Dado el
carácter de orgánulo energético que poseen las mitocondrias, su daño incapacita a la
célula para la función. Incluso se ha relacionado esta circunstancia con enfermedades de
alta prevalencia en la vejez, como la enfermedad de Parkinson o la diabetes tipo II.
La senescencia se ha relacionado también con el grado de oxidación de las proteínas,
incluidas las enzimas. Parece ser que con la edad aumenta el número de proteínas
oxidadas. Igualmente, en enfermedades que asemejan el envejecimiento (Progenia y
Síndrome de Warner) hay mayor oxidación de proteínas.
Se han expuesto brevemente las interrelaciones entre ésta y otras teorías, apoyando
aún más el carácter pluricausal del envejecimiento. Pero, incluso, se puede considerar
esta teoría desde diferentes puntos de vista. Así, y dependiendo de los distintos autores,
se considera como genética. Esta perspectiva se basa en que a mayor tamaño,
determinado en el genoma, el metabolismo basal es menor y también la generación de
radicales libres. Por otra parte, generalmente, a mayor tamaño, mayor duración de la
vida.
47
Son múltiples las posibles causas del envejecimiento. Todas se han formulado con
lógica científica y se han apoyado en estudios de laboratorio o en análisis bioquímicos.
No obstante, los estudiosos del tema no han logrado dar una respuesta definitiva a la
cuestión original. Se ha dicho que existe una relación inversa entre número de teorías y
claridad del tema. Ante tal disyuntiva, lo más probable es una integración de causas. Por
un lado, el genoma de especie determina cómo se desarrolla cada individuo. Por otro, el
desarrollo de cada célula, y del individuo, se ve naturalmente influenciado por el
ambiente.
La circunstancia de que en el último siglo se haya retrasado la edad de la muerte
indica que aún podemos vivir mucho más. En este punto se especula, quizás
utópicamente, con la posibilidad de una vida casi ilimitada.
48
4
Características del envejecimiento en el
organismo
Objetivos
• Describir las alteraciones morfológicas que sufren los tejidos del anciano con la edad.
• Identificar los cambios fisiológicos de aparatos y sistemas en la senescencia.
• Describir las repercusiones funcionales del proceso de envejecimiento en órganos, aparatos y sistemas.
4.1. Introducción
49
compleja es la función estudiada, mayor es el declive observado.
Como se afirma más arriba, los cambios se producen tanto a nivel anatómico como
fisiológico. En algunos casos, las alteraciones estructurales a nivel celular llevan a una
disminución de la función, que debe ser suplida por las unidades que permanecen. En
otros casos, se altera la función sin necesidad de merma anatómica. Ejemplo de lo
primero es el músculo y de lo segundo, la disminución de la velocidad de conducción
nerviosa.
En el presente capítulo se expondrán los efectos del envejecimiento en los diferentes
aparatos y sistemas, a excepción del aparato renal, cuyas modificaciones con la edad se
desarrollan en el capítulo 33. Naturalmente, se entiende que los cambios producidos en
los órganos y sistemas reflejan modificaciones surgidas en niveles de organización
inferiores, incluso en el nivel molecular. No obstante, se tratarán los cambios
morfológicos y fisiológicos de órganos, aparatos y sistemas, haciendo una división según
este último nivel de organización.
50
Fuente: Modificado de M. F. Maugourd, Gérontologie fondamentale, clinique social, 1992.
FIGURA 4.1. Programa de biosíntesis de macromoléculas de la matriz extracelular. El esquema muestra los
distintos tipos de macromoléculas. Las enzimas líticas y los radicales libres van a originar alteraciones en la
síntesis y conservación de las macromoléculas.
Con el paso del tiempo se observan cambios ya a nivel celular. Se da una mayor
acumulación de lipofucsina y de lípidos en el interior de las miofibrillas. Disminuye
también el número de células del nodulo sinusal.
51
En los vasos se produce un engrasamiento de las paredes, calcificación y
amiloidosis. Las células del endotelio vascular se tornan irregulares en forma y tamaño.
En la media se incrementa la calcificación y se produce un engrosamiento. Todo ello va
acompañado de una mayor tortuosidad de los vasos.
La pared del ventrículo izquierdo aumenta su grosor en el adulto anciano. Sin
embargo, esto no significa un cambio sustancial en cuanto al volumen cardíaco. Las
fibras de conducción del impulso nervioso disminuyen en el anciano, aunque este cambio
es pequeño. El haz de Hiss y el nodo aurículo-ventricular apenas sufren
transformaciones. El tejido elástico, la grasa y el contenido de colágeno aumentan
ligeramente y se manifiestan pequeñas áreas de fibrosis en el miocardio.
Los cambios anatómicos determinan una serie de alteraciones fisiológicas de
diferente entidad: aumento de presión arterial, aumento progresivo de las resistencias
vasculares periféricas, disminución del gasto cardíaco, declive en la capacidad de
respuesta ante un esfuerzo.
Estos parámetros fisiológicos interrelacionan entre sí y con otros fenómenos para
originar las transformaciones dependientes de la edad. Así, el gasto cardíaco depende de
la frecuencia cardíaca. El máximo alcanzable disminuye progresivamente a lo largo de la
vida. De igual modo, disminuye la rapidez con que se alcanza ese máximo. Sin embargo,
la frecuencia cardíaca en reposo no varía de manera apreciable con la edad.
Otra variable que influye en el gasto cardíaco es el llenado diastólico. Éste disminuye
por alteraciones anatómicas de la válvula mitral y del ventrículo.
El aumento de las resistencias vasculares periféricas y la rigidez de la aorta
contribuyen a aumentar la tensión arterial, así como a disminuir el volumen sistólico.
Esto último ocasiona una hipertrofia ventricular izquierda, características todas ellas del
corazón anciano y que originan un menor gasto cardíaco. También puede disminuir el
gasto cardíaco por una menor respuesta a estímulos beta-adrenérgicos.
La respuesta a los barorreceptores o receptores de la tensión arterial disminuye en
los ancianos. Esto, junto con la menor elasticidad vascular, provoca episodios de
hipotensión ortostática.
Con el ejercicio se producen los cambios ya mencionados. Los efectos de la práctica
cotidiana de ejercicio aeróbico pueden modificar todas sus variables de una forma
positiva, aunque su discusión escapa a las pretensiones de este capítulo,
52
de los pulmones y la disminución de fuerza de los músculos respiratorios.
Como consecuencia de los cambios anatómicos, se produce una disminución de la
capacidad ventilatoria y del volumen espiratorio en un segundo, entre otros parámetros.
La capacidad vital disminuye y se incrementa el volumen residual.
La difusión se ve alterada, debido a un engrosamiento de la membrana alveolar y los
factores comentados anteriormente. La capacidad de difusión del CO2 diminuye y
aumenta el gradiente de O2. La superficie alveolar también es menor en el anciano, como
también lo es el 2,3 DPG, con lo que llega menos O2 a los tejidos.
Finalmente, en la vejez se produce una disminución del número de cilios y de la
funcionalidad de los que permanecen. También son menos efectivos los macrófagos
alveolares, lo que predispone a infecciones respiratorias.
Dentro del sistema nervioso se producen cambios tanto a nivel central como
periférico.
53
Esta pérdida es mayor en la corteza cerebral y en el cerebelo. Hay que recordar que las
células nerviosas pertenecen a la categoría de células posmitóticas, por lo que cualquier
pérdida es irreparable desde el punto de vista estructural.
Con la edad, las células del hipocampo sufren una degeneración. Se forman en el
cerebro placas amiloideas y ovillos neurofibrilares, ambos característicos de la demencia
tipo Alzheimer, pero presentes también en el envejecimiento normal.
Los neurotransmisores disminuyen también en la senectud. Así ocurre, por ejemplo,
con la dopamina, cuyo déficits se asocia a la enfermedad de Parkinson. En el cuadro 4.1
se representan las modificaciones de los sistemas de neurotransmisión con la edad. La
velocidad de conducción nerviosa se enlentece. La pérdida de la vaina de mielina
disminuye la capacidad de los axones para transmitir el impulso nervioso.
El flujo sanguíneo cerebral es otro de los parámetros que se reducen en el anciano.
Esta disminución no es incompatible con la vida normal, pero sí favorece determinadas
situaciones patológicas que pueden comprometer el funcionamiento cerebral. El consumo
de O2 disminuye en menor medida que la irrigación, ya que a medida que aumenta la
edad, se incrementa también la extracción de O2. Por tanto, en ausencia de patología, no
hay signos de anoxia crónica en el cerebro anciano.
Por lo que respecta a la capacidad mental e intelectual, se mantiene prácticamente
inalterada hasta una edad avanzada. Son patentes, sin embargo, la pérdida de memoria y
capacidad de atención y aprendizaje.
Se puede afirmar que la edad no supone aquí, como en otros aparatos, una merma
sustancial de la función cerebral.
CUADRO 4.1
Modificaciones de los sistemas de neurotransmisión con la edad
• ↓ Receptor D1 y D2.
SISTEMA DOPAMINÉRGICO • ↓ Actividad TH.
• ↓ Concentración estriatal.
• ↓ Concentración beta-endorfina,
54
encefalina.
SISTEMA DE NEUROPÉPTIDOS • ↑ Concentración vasopresina.
• ↓ Concentración sustancia P.
• ↑ Concentración CRF.
• ↓ Concentracíón GABA-tálamo.
SISTEMA GABAÉRGICO
• ? Unión de receptor BZD.
55
anciano para padecer estreñimiento.
Por último, hay que destacar la disminución de la masa hepática y de su perfusión.
Es importante tener presente esto, por las implicaciones que existen entre hígado y
farmacocinética.
Todos los órganos y tejidos, y algunas funciones, sufren modificaciones con la edad.
Se señalan, a continuación, algunos ejemplos.
4.9.1. Oído
56
4.9.2. Lenguaje
Se ha afirmado que se puede conocer la edad de una persona escuchando cómo lee
en voz alta, sin conocerla previamente.
Son conocidos, pues, las modificaciones que la voz sufre con el envejecimiento. Los
factores que influyen en los cambios de la voz son: la tensión laríngea, la imprecisión de
la articulación consonántica, el enlentecimiento articulatorio para las voces masculinas.
También intervienen en la alteración de la audición las modificaciones de los órganos
de la fonación y el envejecimiento del sistema nervioso central.
La consecuencia de estas alteraciones va a ser la elevación de la frecuencia media de
la voz hablada, En los hombres pasa de 100-120 Hz a 132 Hz, y de 200 a 225 Hz en la
mujer.
CUADRO 4.2
Subpoblaciones linfocitarías y edad
57
(NK: Natural killer. NS: No significativo.)
58
5
Aspectos psicosociales del envejecimiento
Objetivos
5.1. Introducción
59
eventual o permanente en el transcurso de la vida de una persona; van ligados
a aspectos tanto biológicos como ambientales. Por ejemplo, una enfermedad
crónica.
60
Fuente: Modificado de H. Katchadourian, 1988.
61
En función de los enfoques y metodología aplicados, los trabajos de investigación
pioneros y representativos de los efectos de la edad en la inteligencia son los estudios
realizados con la aplicación de la Escala de Inteligencia de Wechsler para Adultos
(WAIS). Esta escala consta de 11 subtests, que se agrupan en dos subesca- las, verbal y
manipulativa (cuadro 5.1).
CUADRO 5.1
Escala de Inteligencia de Wechsler para adultos (WAIS)
• Información general
• Clave de números
• Comprensión
• Figuras incompletas
• Cálculo aritmético
• Cubos
• Semejanzas
• Historietas
• Memoria inmediata
• Rompecabezas
• Vocabulario
CUADRO 5.2
Variación de los subtests con la edad
• Información • Dígitos
62
• Comprensión • Aritmética
• Vocabulario • Semejanzas
• Rompecabezas • Claves de números
• Figuras incompletas • Cubos
63
Fuente: Modificado de Schaie, 1990.
5.3.1. Consecuencias
64
psicología de la vejez, ha centrado su interés en los cambios de memoria atribuibles al
envejecimiento. La importancia de estos estudios empíricos se centra en poder
discriminar los cambios normales de la memoria de los procesos patológicos y la
utilización de estrategias específicas que favorezcan el rendimiento cognitivo de las
personas de edad avanzada.
Los estudios realizados sobre los efectos del envejecimiento en la memoria,
presentan resultados contradictorios, debido a problemas tanto conceptuales como
metodológicos.
La memoria se puede definir como la capacidad de percibir, retener y recuperar la
información. Este proceso es análogo al modelo de procesamiento de la información de
una computadora. Recordar un acontecimiento exige que incorporemos información a
nuestro cerebro, la conservemos y después la recuperemos. Este modelo postula que la
información fluye hasta la respuesta a través de una serie de etapas: codificación,
almacenamiento y recuperación (figura 5.3).
65
– Memoria sensorial: icónica-ecoica.
– Memoria primaria o a corto plazo.
– Memoria secundaria o a largo plazo.
– Memoria remota.
66
definitivo.
La mayoría de los estudios manifiestan la existencia de diferencias significativas
atribuibles a la edad en la memoria secundaria. Estos déficits hallados están relacionados
con los procesos de adquisición de la información (aprendizaje) y con deficiencias en la
recuperación de la información desde la memoria secundaria.
5.6. Aprendizaje
67
aprender; de hecho, existen personas mayores que se ponen a estudiar temas que le
interesan o perfeccionan sus propios métodos de trabajo. Si bien la producción es menor,
no lo es en cuanto a la capacidad creativa; tales son los casos de pintores como Leonardo
Da Vinci, con el retrato de la Monna Lisa, a los sesenta y tres; Rembrandt, que produjo,
a los sesenta y tres, varias obras inmortales; Pablo Picasso y muchos otros, que se han
mantenido destacados en sus áreas de creación hasta bien entrados los setenta años.
Los hallazgos existentes en este campo se pueden resumir en estos puntos:
En los estudios precedentes, se pone de manifiesto que los factores que inciden
principalmente en la capacidad de aprendizaje, no son prioritariamente la edad
cronológica, sino que actúan otra serie de aspectos ligados a variables de personalidad,
como son: motivación hacia el aprendizaje, estado de salud, formación profesional o
cultural, y didáctica psicopedagógica en función de las propias necesidades de la edad.
Para hacer un perfil sociológico de las edades más avanzadas de la vida, no sólo es
necesario conocer el presente social de estas edades, sino que necesitamos conocer el
pasado histórico social de la persona, así como el de la sociedad en la que se ha
realizado.
Esto es necesario, no sólo por puro conocimiento de la realidad pasada y actual, sino
para tratar de organizar el futuro vivencial individual y de la sociedad que ha de venir.
No parece prudente organizar la vida de los seres humanos según modelos –bien
intencionados– en ninguna edad consciente de la vida, dado que los modelos tienden a
perder flexibilidad con el tiempo y con el uso; más bien convendría crear una amplia base
de intenciones que se plasmaran, progresivamente, en amplios programas educacionales
ofertados a los seres humanos durante todas las etapas de la vida, previas a las edades
avanzadas de la misma, y en donde, nueva y novedosamente, se cargara de sentido toda
68
la existencia, siendo la ancianidad la beneficiaría de dicha herencia, con lo de deudas y
fortunas que conllevase.
Quedándonos con la actualidad, la ancianidad se presenta como aislada, solitaria,
apartada, marginada, hosca, desconfiada, triste, aburrida, enferma, dolorosa, impedida,
pobre, fea, rechazada, temida, desesperanzada, gris, negra, oscura, arrugada, sucia,
deteriorada, demenciada, muerta… sin aparecer en este presente términos como
prudente, socarrona, juiciosa, sensata, tranquila, experimentada, afectiva, limpia,
divertida, estable, tolerante, magnánima, perspicaz, responsable, paternal, informadora,
integra, viva,… quizás debido a que quienes informan de la misma pertenecen a otras
edades, que hacen paradigma de las características biológicas y psicológicas de la
juventud cronológica, como única edad de la vida que merece ser vivida.
Parece insensato que, cuando el conocimiento humano ha hecho posible una mayor
longevidad, las etapas avanzadas de la vida sean sometidas a la mayor crítica negativa
que ha conocido la historia, y centrada ésta en la carencia de características de otras
edades, fundamentalmente la juventud, lo que no sólo es insensato, sino que además es
un desatino.
A continuación se tratarán algunos aspectos sociológicos de interés (no todos) que
por su presencia o ausencia en la ancianidad motivan su estudio, como son la jubilación,
el ocio y el tiempo libre.
5.7.1. Jubilación
Es indudable que el paso de los años establece un declive de las facultades físicas y
mentales de los seres humanos, y una necesaria acomodación a esta situación, que pasa
por una adecuación a la actividad laboral realizada durante toda la vida anterior. Esto era
y es bien conocido en las sociedades agrícolas, donde los seres humanos trabajaban
según durasen sus facultades, abandonando las labores de manera progresiva según
fueran mermándose aquéllas. En nuestra sociedad, la merma de facultades se establece
administrativamente, por tanto de manera idéntica para todos los seres humanos, y a una
determinada edad todos ellos pasan a una situación de inactividad laboral.
Este criterio, junto con otros, aplicado estrictamente, favorece en una parte de la
población la presencia de desajustes biológicos, por tanto orgánicos y psicológicos, que
conduce a trastornos y enfermedades que se achacan a la edad, y sólo actualmente se ha
comenzado a considerar la participación sociolaboral como un factor etiológico
importante en esas manifestaciones biológicas.
La jubilación, como establecimiento administrativo, no tiene sentido biológico; los
seres humanos evolucionan hacia la vejez y la senescencia de manera parecida, pero no
idéntica ni mucho menos igual. Por tanto, forzar la naturaleza humana a cambios de
conductas y comportamientos en un momento determinado, basado éste en un hecho
cronólogico únicamente, sólo crea y creará problemas innecesarios desde todas las
perspectivas.
69
En la actualidad, la jubilación, o cese de la actividad laboral por edad, aun siendo un
logro social importante, por la forma de ser aplicada, conlleva una carga negativa de
orden económico, social y psicológico, que muchos implicados no resisten, dando lugar a
fenómenos de angustia-ansiedad que se presentan en el plano psicológico y/u orgánico de
los seres humanos. Sería más adecuado flexibilizar al máximo las edades de jubilación y
permitir, por tanto, al libre albedrío de las personas implicadas participar en la decisión de
su cese en actividades laborales asalariadas; además de que en todas las edades
fundamentalmente, y en el tiempo próximo a la jubilación, se realizase un “aprendizaje”
de y para la ancianidad, dado lo desconocida que esta edad es en sus aspectos humanos.
Por otra parte, la participación de las personas mayores en el mercado de trabajo
debe ser un objetivo futuro, mejor actual, de nuestra sociedad, de acuerdo a lo
anteriormente descrito, y según su conocimiento y capacidad. Quienes mejor se
entienden son los más próximos generacionalmente y ésta es una idea que hay que
desarrollar como oferta de trabajo a personas mayores en un futuro.
Dado que a partir de estas edades el tiempo libre y el ocio comienzan a ser extensos,
deberían llenarse con actividades que tuvieran sentido existencial y, entre otras, las
actividades de aprendizaje podrían ocupar un lugar importante en la vida de los ancianos.
El aprendizaje de comportamientos y conductas está en relación a la motivación y la
voluntad de los seres humanos para realizarlo, variando todo ello en las distintas edades
de la vida y dependiendo de sus capacidades. Se ha indicado anteriormente que la
ancianidad es un declive de facultades, no su anulación, por lo que en esta época, y
dándose las características de motivación y voluntad, un ser humano puede realizar
aprendizajes variados, no circunscritos únicamente a actividades lúdicas u ocupacionales.
El límite lo establecería la motivación y la capacidad de la persona.
No se hacen mayores descripciones de actividades en este apartado, dado que son
bien conocidas por el público en general y aquí sólo se ha tratado de dar una escueta y
particular opinión de algunas características sociales de la ancianidad.
70
6
La marcha del anciano
Objetivos
6.1. Introducción
71
una mejor transmisión del peso.
En el individuo erecto, el triángulo que forman los fémures con la articulación de la
rodilla y la pelvis es más pequeño que en el chimpancé. Esta disposición facilita el control
neuromuscular y el refuerzo de la postura, facilitada además con la acción de los
músculos glúteos, que favorecen una mejor estática. El cóndilo del fémur también es
horizontal, como en la tibia, y permite mantener la rodilla en extensión, a diferencia del
chimpancé.
El tobillo es más fuerte que en los primates. El pie es plano, con el primer dedo
rígido y alineado con los demás metatarsianos. Esta disposición le permite actuar de
palanca cuando el cuerpo se dirige hacia delante y, además, determina la formación del
arco del pie para amortiguar los impactos de la marcha.
En los primates, el peso del cuerpo recae sobre los cóndilos internos del fémur y se
transmite hasta el borde interno del pie. Por el contrario, en el hombre, el peso recae
sobre los cóndilos externos y sobre el borde externo del pie, y este hecho permite mayor
estabilidad durante la marcha.
Los estudios sobre la marcha humana describen ésta como una sucesión de ciclos.
Un ciclo comprende el período que se extiende desde el impacto del talón sobre una
pierna hasta el próximo impacto sobre la misma pierna. En cada ciclo se pueden
identificar puntos específicos. Al comienzo de la fase de postura de los pies –0% del
ciclose produce el impacto del talón; al 15%, el antepié también se pone en contacto con
el suelo, por lo que se denomina punto de pie plano, Al 30% del ciclo, el talón se para
del suelo –talón levantado–. Al 45%, la rodilla y la cadera se doblan para s lerar la pierna
hacia delante, anticipando la fase de balanceo –punto de flexión de rodilla–. Al 60% del
ciclo, los dedos del pie se separan del piso, indicando el final de la fase ce postura y
comienzo de la fase de balanceo. Este punto se denomina elevación de los dedos del
pie. Hacia la mitad de balanceo, la dorsiflexión del pie proporciona el despegue de los
dedos. Al 100% del ciclo se produce un nuevo impacto del talón con la misma pierna.
En la figura 6.1 se representan esquemáticamente los puntos y fases de la marcha.
Los movimientos de traslación del cuerpo durante la marcha se producen por
cambios angulares alternativos en los extremos superior e inferior de brazos de palanca,
constituidos por las extremidades inferiores. Durante dicha traslación, el centro de
gravedad del cuerpo describe una curva, cuya trayectoria está modificada por seis
determinantes:
72
FIGURA 6.1. Puntos y fases de la marcha.
Hay que añadir, además, que el control postural y la deambulación son el resultado
de complejas interacciones entre los sistemas nervioso y musculoesquelético, e incluye
diversos niveles de control (automático, reflejo y volitivo).
El nivel automático de control recae en mecanismos centrales que interpretan la
posición de los diversos segmentos corporales, regulan los movimientos comunes, analiza
los trastornos y responde con adecuados tiempo, secuencia y fuerza, dirigidos a mantener
una postura o a adaptarse a cambios ambientales.
El nivel reflejo de control incluye enlaces entre aferencias sensitivas y eferencias
motoras periféricas. Estos enlaces comprenden receptores propioceptivos y de
estiramiento, reflejo miotático y otros reflejos centrales, como el óculo-vestibular.
El control volitivo requiere una atención consciente centrada en la actividad que se
ha de realizar. Se precisa esta atención cuando las condiciones ambientales son inusuales
como, por ejemplo, caminar en la oscuridad o en terreno abrupto.
Con la edad, la amplitud de los movimientos articulares del miembro inferior del
anciano sufrirá variaciones en sus distintos parámetros. La movilidad de la cadera, que a
los 25 años es de unos 46 grados, disminuye a 42, a los 80 años. La flexión máxima de la
73
rodilla pasa de unos 70°, a los 25 años, a 67°, a los 75 años. La extensión máxima de la
rodilla disminuye significativamente con la edad. La extensión máxima del tobillo, que
alcanza los 22° a los 25 años, no supera los 13°, a los 80 años. La longitud de la zancada
disminuye también significativamente con la edad, aunque su duración apenas se
modifica.
Los cambios posturales con la edad incluyen:
– Cabeza adelantada.
– Hombros redondeados.
– Cambios en la curva lordótica (más curvada o más horizontalizada).
Durante la marcha, la postura se caracteriza por una disminución del balanceo de los
brazos, una discreta propulsión del tronco hacia delante (condicionada en parte por la
cifosis dorsal) y una disminución de la zancada (figuras 6.2 y 6.3).
74
FIGURA 6.3 Cambios posturales durante la marcha.
75
CUADRO 6.1
Causas de trastornos de la marcha en los ancianos
• Hipotensión ortostática.
• Cardiopatías.
CARDIOVASCULAR
• Claudicación.
• Insuficiencia vertebrobasilar.
• Enfermedad de Parkinson.
• Demencia.
NEUROLÓGICO • Síndrome frontal.
• ACV.
• Neuropatía periférica.
• Cataratas.
• Vértigo posicional benigno.
SENSORIAL
• Desequilibrio benigno del envejecimiento
• Enfermedad de Meniere.
Fuente: Modificado de Hough, J. C.; Mc Henry, M. P.; Kammer, L. M., “Gait disorders in the elderly”. Am. Fam.
Physician, 1987; 35: 191.
CUADRO 6.2
Escala de valoración de la marcha de Wolfson
76
I. Categorías generales:
1. Variabilidad de los movimientos.
2. Vigilancia.
3. Desviaciones de la marcha.
4. Marcha de ánade.
5. Marcha tambaleante.
Fuente: Resumido de Wolfson, R.; Whipple, R.; Amerman, P., “Gait assesment in the elderly”. J. Gerontology,
1990, 45 (1): 1.114.
CUADRO 6.3
Discapacidades funcionales e intervenciones
77
Fuente: Adaptado de Tinetti, M. E., “Performance oriented assesment of mobility problems in eiderly patients”. J.
78
Am. Geriatr. Soc., 1986, 34:119-126.
79
Parte II
Cuidados generales del anciano
80
7
La función de la enfermería en el cuidado de
los ancianos
Objetivos
7.1. Introducción
81
tratamiento personalizado y medidas de rehabilitación, y cuidados específicos e
individualizados en cada caso.
Un apreciable número de pacientes logró alcanzar un alto grado de independencia en
su movilidad y en las actividades de la vida diaria.
A principios de los cincuenta, otro pionero, el Dr. Lionel Cosin, fue encargado de
ocuparse de los enfermos crónicos en el Cowley Road Hospital, de Oxford. Entre otras
actividades realizadas, inició la visita domiciliaria de los pacientes ancianos, introdujo en
su peculiar hospital de día un comedor circular con salida a un jardín cerrado, donde los
pacientes demenciados podían deambular seguros. También favoreció el desarrollo de las
unidades de rehabilitación.
Este tipo de atención integral, basado en un diagnóstico adecuado y en la valoración
psicosocial de las necesidades del anciano, se mantenía por un equipo multidisciplinario
que facilitaba la relación entre médicos generales, hospital, servicios de psiquiatría y
cuidados comunitarios. Este tipo de organización geriátrica fue pionero en Gran Bretaña
y, posteriormente, en Australia.
En España, los comienzos de la geriatría tienen lugar en los años cuarenta, con la
fundación de la Sociedad Española de Gerontología. Compuesta inicialmente por
médicos, contaría ya con enfermeros y asistentes sociales años más tarde. En 1955 se
crea una pequeña red de dispensarios geriátricos, con poca repercusión social. También
en estos años se crean los primeros servicios hospitalarios y dispensarios de geriatría en
el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, en Barcelona, y en el Hospital de la Cruz
Roja, de Madnd.
En 1977, una orden del Ministerio de Educación dispone la inclusión de la asignatura
de enfermería geriátrica en las entonces recién creadas escuelas universitarias de
enfermería, La impartición de la docencia de esta asignatura comenzaría en el curso
siguiente.
En 1987 se crea la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica, cuyas actividades
continúan hoy. Surgen, posteriormente, diversos cursos de postgrado sobre enfermería
geriátrica, que permiten la obtención de títulos propios de algunas universidades. El
desarrollo de la enfermería geriátrica no ha alcanzado, por el momento, el nivel del que
goza en otros países (Gran Bretaña, EEUU), donde existen diversos programa ce
estudios, teóricos y prácticos, que permiten el acceso a varias titulaciones, como
Geontological Nurse Specialist, Geriatric Nurse Practitioners o el profesorado
universitario en Geriatric Nursing.
82
participación del anciano y de sus familiares o cuidadores en las actividades del mismo,
junto a los profesionales sanitarios.
Un equipo multidisciplinario geriátrico (figura 7.1) debería contar idealmente con la
participación de médicos de familia, geriatras, enfermeros, fisioterapeutas, podólogos,
trabajadores sociales, psicólogos, odontólogos, logopedas, terapeutas ocupacionales, etc,
83
• Personal de enfermería: Cuidado personal, valoración del estado físico y
emocional, relaciones con familiares.
• Fisioterapeuta: Reeducación de la marcha, cinesiterapia, aplicación de otras
medidas físicas.
• Terapeuta ocupacional: Actividades funcionales, modificaciones en el entorno
domiciliario, actividades recreativas.
Aunque en otros países los campos de actuación de la enfermería son más amplios
que en el nuestro, se pueden resumir las diversas actividades en las siguientes:
84
ancianos. Desarrollo de programas de cuidados, colaboración con el terapeuta
ocupacional en las diversas actividades que debe realizar el anciano.
Proporcionar apoyo y asesoramiento a familiares.
• Hospital terciario: Si el hospital posee servicio de geriatría o unidad de
valoración geriátrica, colaborar en los diversos campos de la atención
geriátrica.
• Residencias asistidas: Programas de promoción de la salud en la población
ingresada, prevención de complicaciones de los diversos procesos patológicos
que pueden presentar, así como la elaboración de planes de cuidados
específicos. Proporcionar apoyo psicológico a los ancianos que mantienen aún
su capacidad intelectual.
85
8
La historia clínica en enfermería geriátrica
Objetivos
8.1. Introducción
Sin pretender ser exhaustivos, se pueden señalar como más importantes los
siguientes datos:
86
con su situación social (pérdida de interés por alimentarse adecuadamente,
dificultad para acceder a los alimentos, etc.). También son importantes
determinadas costumbres sociales, hábitos higiénicos y tóxicos, etc.
Los cambios fisiológicos que se producen en el anciano (alteraciones
anatómicas, trastornos de estructuras esfinterianas, alteraciones neurológicas,
etc.) pueden ocasionar problemas importantes, desde incontinencias fecal o
urinaria hasta obstrucciones intestinales o retenciones urinarias.
• Tratamientos anteriores: Pueden ser farmacológicos o funcionales,
entendiendo estos últimos como aquellas situaciones que tienen repercusión en
la actividad funcional del anciano, como el uso de bastones, andadores, lentes,
prótesis, etc.
• Alteraciones sensoriales: Los sentidos del anciano presentan características
especíales que pueden condicionar el proceso de la comunicación de los
profesionales sanitarios con ellos. La pérdida de audición, por ejemplo,
resultado ve la alteración fisiológica del órgano de Corti, puede dificultar la
comprensión del lenguaje hablado.
• Valoración funcional: Su importancia se basa en reflejar la capacidad de
independencia del anciano, tanto en las actividades diarias (bañarse, vestirse,
…) como en las actividades instrumentales (hacerse la comida, utilizar el
teléfono, etc.), en las cuales el anciano estará limitado.
Una completa historia clínica de enfermería geriátrica se debe acompañar
las distintas escalas de valoración geriátrica que existen (Glasgow, Pfeiffer,
Barthel,…), que son tratadas en el capítulo siguiente.
87
88
89
90
91
92
93
94
95
9
Valoración geriátrica
Objetivos
9.1. Introducción
96
detectados mediante los sistemas tradicionales de evaluación, pero muchos otros suelen
pasar por alto, sobre todo en el anciano frágil. Por lo tanto, es necesario conocer, junto
con las consideraciones clásicas de cualquier paciente adulto las específicas referidas al
anciano. Así nace el concepto de “evaluación geriátrica exhaustiva” (Comprehensive
Geriatric Assesment), como técnica de evaluación que pretende reconocer todos estos
problemas.
La evaluación geriátrica es definida como un proceso diagnóstico multidimensional e
interdisciplinario destinado a cuantificar las capacidades y problemas médicos,
psicológicos, funcionales y sociales del anciano, con el propósito de elaborar un plan
exhaustivo para su tratamiento y su seguimiento a largo plazo. Constituye la forma más
razonable de aproximarse al anciano desde cualquier ámbito de salud, y es esencial para
su óptimo cuidado desde enfermería. Hoy en día es considerada como la piedra angular
en la práctica de la geriatría y en su eficacia frente a otras especialidades dentro del
cuidado del anciano.
Su origen va unido al nacimiento de la propia especialidad en el Reino Unido,
cuando sus pioneros, como Marjory Worren, Lionel Cosin y Ferguson Anderson,
encontraron que muchos de los pacientes ancianos, tanto institucionalizados en las salas
de crónicos como no institucionalizados, presentaban múltiples problemas no
diagnosticados ni tratados. Así comprobaron como muchos de aquellos ancianos crónicos
e inválidos se recuperaban total o parcialmente con cuidados clínicos y de rehabilitación
adecuados, integrándose de nuevo en la familia y la comunidad. Con el trabajo de estos
pioneros emergieron los dos principios básicos de la geriatría en los que se fundamenta la
valoración geriátrica:
97
– Ancianos aparentemente sanos, sin incapacidad.
– Anciano frágil, con síntomas de enfermedad, con alto riesgo de incapacidad o
con incapacidad leve o moderada, que vive en la comunidad.
– Ancianos institucionalizados o con incapacidad severa.
Entendemos como anciano frágil el que posea dos o más de las siguientes
características:
Cualquier valoración del paciente anciano ha de tener en cuenta los siguientes puntos
comunes al envejecimiento: la variabilidad individual, la coexistencia frecuente de
múltiples patologías, la presencia de los síndromes geriátricos y la presentación atípica de
la enfermedad.
Se caracterizan por presentarse con una alta incidencia en la población anciana, por
resultar de múltiples y variadas etiologías, y provocar alteraciones funcionales que, con
frecuencia, llevan a la incapacidad. Estos síndromes geriátricos son:
98
– Deterioro cognitivo (demencia).
– Trastornos del ánimo (depresión).
– Inmovilidad.
– Caídas.
– Incontinencia (urinaria o fecal).
– Deprivación sensorial (hipoacusia, disminución de la agudeza visual).
– Malnutrición.
– Disfunción eréctil (impotencia).
– Yatrogenia (polimedicación con sus efectos secundarios).
99
etc.
– La presencia de una enfermedad puede empeorar otra (la inmovilidad relativa
producida por la artrosis puede ocasionar incontinencia urinaria en un paciente
prostático; la anemia precipitará la angina de pecho y el fallo cardíaco).
– Ambas enfermedades pueden tener signos inespecíficos (deterioro funcional
progresivo con caídas de repetición, puede ser el único signo de una
valvulopatía o de una infección urinaria).
Existen factores que hacen que la recogida de datos en el paciente mayor sea
diferente, más difícil y laboriosa que en los jóvenes. Algunos ancianos pueden mostrarse
asustados e incómodos en la entrevista. Nuestra actitud ha de ser respetuosa y amistosa,
100
debiendo pedirle permiso para realizar determinadas preguntas (especialmente durante la
aplicación de las escalas).
Hay que evitar interrogatorios exhaustivos y prolongados; las entrevistas deben ser
cortas y pueden ser necesarias dos o más sesiones; los familiares no deben interrumpir,
se debe dejar al propio anciano que refiera sus problemas, siendo preciso, en ocasiones,
realizar la entrevista por separado. Deben utilizarse preguntas sencillas y de una en una.
Asegurarse de que el paciente lleva sus gafas y/o audífonos, en caso de usarlos; la
habitación debe estar luminosa y se le hablará con términos claros y buen tono de voz.
Hay que dejarle tiempo para que responda, especialmente si presenta lentitud
psicomotora; las prisas con el anciano son siempre malas consejeras y pueden privarnos
de información inestimable.
En un paciente con deterioro cognitivo, se hace imprescindible la presencia de un
familiar o cuidador principal, no debiéndose presumir ningún dato sin haber hablado
previamente con éste. No obstante, puede suceder que el cuidador no nos sepa informar
adecuadamente de los problemas que realmente le incapacitan, como ocurre con
frecuencia con los síndromes geriátricos (por ejemplo, consideran que la pérdida de
memoria, la incontinencia, el caerse, la inmovilidad son “cosas” de la edad).
CUADRO 9.1
101
Instrumentos de valoración geriátrica
AVD: Actividades de la vida diaria; AIVD: Actividades instrumentales de la vida diaria; IF: Índice de Incapacidad
Física de Cruz Roja; IP: Índice de Incapacidad Psíquica de Cruz Roja; MEC: Mini-examen cognitivo de Lobo; E:
Enfermería; auto: el propio enfermo.
En el cuadro 9.1 se muestran las distintas escalas que se irán desarrollando en los
apartados siguientes.
La dependencia para realizar las AVD se relaciona con la mortalidad a corto plazo y
con la probabilidad de institucionalización; además su determinación ayuda a identificar
áreas deficitarias que pueden no ser evidentes con una evaluación tradicional.
102
9.6.1 Actividades básicas de la vida diaria
CUADRO 9.2
índice de Katz de actividades de la vida diaria
Bañarse
Independiente: Necesita ayuda para lavarse una parte del cuerpo, o lo hace solo.
Dependiente: íncluye la necesidad de ayuda para entrar o salir de la bañera.
Vestirse
Independiente: Se viste totalmente (incluye coger las prendas del armario) sin ayuda. Excluye el atado de los
cordones de los zapatos.
Dependiente: No se viste solo.
Usa el retrete
Independiente: No precisa ningún tipo de ayuda (incluye la entrada y salida del baño). Usa el baño.
Dependiente: íncuye usar la cuña o el orinar.
Movilidad
Independiente: No quiere ayuda para sentarse o acceder a la cama.
Dependiente.
Continencia
Independiente: Control completo de la micción y defecación.
Dependiente: Incluye control total o parcial mediante enemas, sondas o el empleo reglado de orinal y/o cuña.
Alimentación
103
Independiente. LLeva la comida del plato, o equivalente, a la boca sin ayuda.
Dependiente: Incluye no comer y la nutrición parenteral por sonda.
Por ayuda se entiende la supervisión, dirección o ayuda personal activa. La evaluación debe realizarse según
lo que el enfermo realice y no sobre lo que sería capaz de realizar.
CLASIFICACIÓN
La escala de Cruz Roja (cuadro 9.3), desarrollada por el hospital que le ha dado
nombre, es usada con frecuencia en nuestro país, por lo que es recomendable conocerla,
con una relación directa con el índice de Katz. Las características que se evalúan con
esta escala son: ABVD, ayuda instrumental para la deambulación, continencia de
esfínteres y nivel de restricción de la movilidad. Esta escala permite puntuar el nivel de la
función de un individuo en una escala de 0 a 5 puntos, de mejor a peor nivel de la
función.
CUADRO 9.3
Escala de Cruz Roja para valorar la Incapacidad. Grados de Incapacidad física
104
Imposible realizar sin ayadar cualquier AVD. Capaz de caminar ayudado al
4
menos por dos personas. Incontinencia ocasional.
Inmovilizado en cama o sillón. Necesita cuidados continuos. Incontinencia
5
habitual.
CUADRO 9.4.
Índice da Barthel
Comer
Independiente. Capaz de comer po sí solo y en un tiempo razonable, lo comida
10
puede ser cocinada y servida por otra persona.
Necesita ayuda. Para cortar la carne o el pan, extender la mantequilla, etc., pero
5
es capaz de comer solo.
0 Dependiente. Necesita ser alimentado por otra persona.
Lavarse (bañarse)
Independiente. Capaz de lavarse entero. Incluye entrar y salir del baño. Puede
5
realizarlo todo sin estar una persona presente.
0 Dependiente. Necesita alguna ayuda o supervisión.
Vestirse
10 Independiente. Capaz de ponerse y quitarse la ropa sin ayuda.
Necesita ayuda. Realiza solo al menos la mitad de las tareas en un tiempo
5
razonable.
0 Dependiente.
Arreglarse
Independiente. Realiza todas las actividades personales sin ninguna ayuda. Los
5
complementos necesarios pueden ser provistos por otra persona.
0 Dependiente. Necesita alguna ayuda.
105
Deposición
10 Continente. Ningún episodio de incontinencia.
Acociente ocasional. Menos de una vez por semana, o necesita ayuda para
5
enemas y supositorios.
0 Incontinente.
Ir al retrete
Independiente. Entra y sale solo, y no necesita ningún tipo de ayuda por parte de
10
otra persona.
Necesita ayuda. Capaz de manejarse con pequeña ayuca; es capaz de usar el
5
cuato de baño. Puede limpiarse solo.
0 Dependiente. Incapaz de manejarse sin ayuda mayor.
Traslado al sillón/cama
15 Independiente. No precisa ayuda.
10 Mínima ayuda. Incluye supervisión verbal o pequeña ayuda física.
5 Gran ayuda. Precisa la ayuda de una persona fuerte o entrenada.
Dependiente. Necesita grúa o atormento por dos personas. Incapaz de permanecer
0
sentado.
Deambulación
Independiente. Puede andar 50 mts. o su equivalente en casa sin ayuda o
supervisión de otra persona. Puede usar ayudas instrumentales (bastón, muleta),
15
excepto andador. Si utiliza prótesis, debe ser capaz de ponérselas y quitárselas
solo.
Necesita ayuda. Necesita supervisión o una pequeña ayuda física por parte de otra
10
persona. Precisa utilizar andador.
5 independiente. (En silla de ruedas) en 50 m, no requiere ayuda ni supervisión.
0 Dependiente.
106
0 Dependiente. Incapaz de salvar escalones.
Se precisa un mayor grado de independencia para realizar las AIVD, ya que son
actividades más complejas. Combinadas con las ABVD, miden aquellas funciones más
importantes para que una persona permanezca independiente en la comunidad. Por sus
características, son más útiles que las ABVD para detectar los primeros grados de
deterioro.
Aunque existen varias escalas, el modelo más utilizado es la escala de Philadelphia
Geriatric Center o, como es más conocido, índice de Lawton de actividades
instrumentales de la vida diaria (cuadro 9.5).
Este índice evalúa la capacidad para realizar ocho actividades: utilizar el teléfono,
realizar compras, preparar las comidas, hacer las tareas del hogar, lavar la ropa, utilizar
medios de transporte, manejar la medicación y manejar los asuntos económicos. Todas
ellas puntúan 1 ó 0,
CUADRO 9.5
índice de Lawton de actividades instrumentales de la vida diaria
Ir de compras
1 Realiza todas las compras necesarias sin ayuda.
0 Compra pequeñas cosas.
0 Necesita compañía para realizar cualquier compra.
0 Completamente incapaz de ir de compras.
Preparación de la comida
1 Planea, prepara y sirve las comidas adecuadas, con independencia.
0 Prepara las comidas si le proporcionan los ingredientes.
107
0 Prepara la comida, pero no mantiene una dieta adecuada.
0 Necesita que se le prepare la comida.
Cuidar la casa
1 Cuida la casa sin ayuda o ésta es sólo ocasional.
1 Realiza tareas domésticas ligeras.
1 Realiza tareas domésticas ligeras, pero no mantiene un nivel de limpieza aceptable.
0 Necesita ayuda con todas las tareas de casa.
0 No participa en tarea doméstica alguna.
Lavado de la ropa
1 Lo realiza sin ayuda.
1 Lava o aclara algunas prendas.
0 Necesita que otro se ocupe de todo el lavado.
Medio de transporte
1 Viaja con independencia.
1 No usa transporte público, salvo taxis.
1 Viaja en transporte público, si le acompaña otra persona.
0 Viaja en taxi o automóvil sólo con ayuda de otros.
0 No viaja en absoluto.
108
otro, la posible necesidad de ayuda para realizarla. La acción se debe evaluar con la
observación de su ejecución. Así, valoraremos la acción de vestirse, viendo cómo se
viste. Sin embargo, esto requiere bastante tiempo y, en algunas tareas, como es el control
de esfínteres, es molesto para el sujeto. Por ello, se tiende a preguntar al pacienta o J
cuidador sobre si es capaz o no de realizar sin ayuda la actividad en cuestión, obteniendo
una información indirecta. Así, el personal sanitario suele tender a la consideración de los
pacientes en un grado de dependencia menor al real y, en cambio, los familiares y
cuidadores refieren una dependencia mayor que la manifestada por el enfermo.
Al recoger los distintos ítems de las escalas de evaluación, deben anotarse por
separado los resultados obtenidos en cada categoría o función, no utilizando nunca el
índice global. Por ejemplo, un índice de Katz de B aislado no nos está dando una
información correcta, ya que no recoge en qué actividades el individuo es dependiente.
Lo correcto será recoger su dependencia junto a su valor global. Así, se recogerá: Katz B
(incontinencia urinaria, siendo independiente en el resto de las ABVD), Lawton 6/8
(necesita ayuda en todas las tareas de la easa, no prepara la comida, no lava la ropa,
utiliza el teléfono sin ayuda, realiza todas las compras necesarias, utiliza taxis, se toma
correctamente la medicación, no precisa ayuda para manejar el dinero).
109
A) Valoración no estructurada
Se entrevistará al paciente y a sus conocidos para obtener una historia de los
síntomas y su cronología, evaluando las consecuencias que el deterioro cognitivo produce
en la capacidad funcional. Se recogerán los siguientes puntos:
B) Entrevista estructurada
A través de los distintos cuestionarios se conoce el grado de afectación de los
distintos componentes del estado mental, cuya información debe integrarse con el resto
de los datos recogidos para conseguir un mejor diagnóstico del paciente. El más utilizado
es la versión española del “Mini-Mental State Examination” de Folstein, validada por
Lobo (cuadro 9.6).
Este cuestionario es sencillo y rápido de administrar. No es capaz de detectar
110
deterioros iniciales o muy pequeños, que pueden ser de gran importancia clínica. Una
puntuación por debajo de 24 se considera significativa de deterioro, aunque existe un
margen intermedio entre los 20 y 26 puntos. Son frecuentes falsos positivos en pacientes
con depresión, analfabetos o ciegos. Los primeros 10 puntos evalúan la orientación, y
hay que tener en cuenta que cuando se administra en un lugar desconocido para el
paciente, se debe preguntar por su residencia habitual. La capacidad de atención y
cálculo, evaluada con las restas y la repetición, es un área muy sensible al deterioro, pero
poco específica, ya que existen errores debidos al bajo nivel educativo, falta de
estimulación y falta de adiestramiento previo. Los ítems que miden el lenguaje son poco
discriminativos, midiendo la nominación de los dos objetos y la comprensión con la
repetición. La comparación entre los dos colores y los dos animales miden la capacidad
de pensamiento abstracto. La función visoespacial medida con la figura evaluada se altera
precozmente en la enfermedad de Alzheimer y es la única que explora las funciones del
hemisferio derecho.
CUADRO 9.6
Mini examen cognoscitivo (MEC) de Lobo
111
Instrucciones:
Orientación: Un punto entero por acierto, no hay medios puntos por
1 respuestas aproximadas. Enumerar cada ítem y esperar la respuesta antes de
continuar.
Fijación. Decir las tres palabras seguidas y luego esperar a que las repita el
anciano. Repetir las palabras hasta que recuerde las tres. Sólo se puntúan las
2
palabras que consiguió repetir en el primer intento. Un punto por cada
palabra repetida.
Concentración y cálculo. Un punto entero por cada resta correcta y un
3
punto por cada cifra correcta y en el orden correcto.
4 Memoria. Un punto entero por cada palabra recordada, no importa el orden.
Lenguaje y construcción. Un punto por cada nombre correcto sin
aproximaciones. Un punto si repite exactamente la misma frase tras decirla
una sola vez. Un punto por cada respuesta correcta: rojo y verde son
colores, y perro y gato son animales. Un punto por cada parte de la orden
5
correctamente ejecutada. Un punto si lee, comprende y realza la orden
escrita. Un punto si escribe una frase completa con sujeto, verbo y
predicado, y significado coherente (no calificar ortografía). Un punto si
realiza dos pentágonos con intersección de un ángulo cada uno.
CUADRO 9.7
Escala de incapacidad psíquica de Cruz Roja
0 Totalmente normal
Trastornos leves de la orientación en el tiempo. Cambios leves de
1
personalidad (rarezas). Conversación coherente.
Desorientación en el tiempo. Trastornos del carácter, sobre todo si se le
contraría. Conversación posible, pero no perfecta (despistes). Conoce a las
2
personas cercanas; aunque a veces olvide alguna cosa. Incontinencia
ocasional.
112
Desorientación temporoespacial. Trastornos claros del humor y conductas
3 inexplicables ocasionales. Imposibilidad de mantener una conversación
lógica. Confunde a las personas más cercanos. Incontinencia frecuente.
Drientación completa. Claras alteraciones mentales que ya se han calificado
4
de demencia. Incontinencia habitual.
Demencia senil total con desconocimiento de las personas, etc. Vida
5
vegetativa agresiva o no. Incontinencia total.
Su evaluación es importante por la frecuencia con que se altera y por sus posibles
efectos en las áreas funcionales. Su objetivo la detección de depresión y ansiedad,
fundamentalmente. La evaluación afectiva encuentra algunos problemas en el anciano,
como el hecho de que éstos tienden a negar sus sentimientos de depresión o ansiedad,
presentando, con más frecuencia que en los jóvenes, molestias somáticas que tienen una
base orgánica real por sus múltiples patologías, cuyos síntomas están sobreexpuestos.
Igualmente, muchas alteraciones pueden ser en realidad efectos secundarios de los
medicamentos usados por el anciano (betabloqueantes y anticolinérgicos que producen
depresión,…).
A) Depresión
Es fundamental la evaluación global detallada del anciano, sin poder ser sustituida
por ningún cuestionario. Sin embargo, se han desarrollado algunos cuestionarios
validados. Así, se suele utilizar la “Geriatric Depression Scale” de Yesavage en su versión
reducida (cuadro 9.8), que puede ser rellenada por el propio paciente, siendo útil en el
screeníng inicial, existiendo dudas sobre su valor diagnóstico en enfermos con demencia.
CUADRO 9.8
Eacala de depresión de Yesavage (versión reducida)
113
Interpretación: 0 a 5 Normal
6 a 9 Depresión leve
≥ 10 Depresión establecida
B) Ansiedad
Es un trastorno frecuente, tanto aislada como asociada a un trastorno depresivo. No
existe ninguna escala muy utilizada, sin embargo, debe considerarse y evaluarse en
cualquier paciente anciano. Puede presentarse como sentimiento de incomodidad (miedo,
nerviosismo, aprensión), recogiéndose las causas que el paciente hace reponsable de sus
sentimientos, ya que la ansiedad inmotivada raramente se presenta en el anciano. Debe
interrogarse por las alteraciones del sueño (el insomnio de conciliación es frecuente en
situaciones habituales en el anciano, por ejemplo, ante el cambio de domicilio mensual,
generando ansiedad al propio cambio) y el hábito alimenticio (anorexia o hiperfagia) que
suelen ser reflejo de los diferentes estados de ansiedad. Igualmente, recoger tipo de
personalidad y la existencia, en su caso, de fobias, pensamientos obsesivos, etc.
Cuando hablamos de función social, nos referimos a una amplia gama de actividades
y relaciones humanas, de gran importancia para una buena evaluación global del anciano.
Debe tenerse en cuenta que el papel social del anciano está mal definido, y depende del
medio cultural y de la interacción con otras personas, encontrándose amplias diferencias.
Sin embargo, no todas las áreas son de interés para la enfermería. Los datos que deben
ser recogidos son aquellos que nos informen del riesgo social, entendido como necesidad
de ayuda social a través de los distintos servicios sociales (Ayuntamientos, INSERSO,
114
INSAU entidades privadas), siendo el anciano o matrimonios que viven solos y/o los
ingresos económicos bajos, las situaciones de mayor riesgo social.
A diferencia de las otras funciones, no existen escalas bien consensuadas y
validadas, desarrollándose protocolos propios dependiendo de cada unidad geriátrica, de
acuerdo al medio en el que trabaje. De todos modos, los datos fundamentales que, en
general, se recogen son:
– Con quién vive: Solo, con su mujer, con familiares, recogiendo, en el caso de
vivir solo con su mujer, la situación funcional de ésta. Deben reseñarse los
hijos o familiares directos que supervisan o se hacen cargo del anciano.
– Tipo de vivienda: Si es propia, alquilada. Cuántos metros tiene, si tiene agua
corriente, calefacción, baño, si han hecho modificaciones geriátricas (adaptar
el baño, barandillas en el pasillo) y lo más importante, el piso y si tiene
ascensor.
– Pensión: Cuantía y procedencia.
– Relaciones sociales: Si va a algún club de ancianos, hogares o centros de día,
asiste al cine, al teatro, sale con amigos o familiares.
– Ayudas recibidas: Si tiene alguna ayuda social concedida y el tipo de la misma.
– Soporte asistencial: Si tiene un buen seguimiento médico y del ATS de la
atención primaria, en consultas o en ayuda a domicilio.
A continuación, se expone un modelo de entrevista estructurada que, de una forma ordenada, resumida y
organizada, recoge todos los síndromes geriátricos, así como la situación funcional.
A) Función física
Se deberán preguntar las distintas escalas de AVD básicas (índice de Katz, índice de Cruz Roja) e
instrumentales (escala de Lawton). Si el paciente utiliza prótesis para deambular (bastones, muletas,
andador) hay que especificarlas.
B) Caídas
¿Se ha caído usted en el último año?, en caso afirmativo, describir la situación acompañante y la
consecuencia de las caídas.
C) Función mental
1. Cognitiva: ¿Ha experimentado algún cambio en la memoria o en su capacidad para manejar su;
“asuntos” o negocios? En caso afirmativo, evaluarle con el MEC de Lobo.
2. Afectiva: ¿Se siente trisíe o aeorimiao?. En caso afirmativo, pasarle la escala reducida de Yesavage.
D) Alteraciones sensoriales
1. Visión: ¿Usa usted habitualmente gafas?, ¿tiene dolcor ocular?, ¿cor su visión actual le resulta difícil:
alimentarse, vestirse, asearse, salir de casa, manejar el dinero, conducir el coche, reconocer los
medicamentos?
2. Auditiva: ¿Oye usted bien la televisión?, ¿usa audífono?
115
E) Esfínteres
1. Urinario: ¿Pierde usted el control de la orina y moja su ropa o las sábanas?
2. Fecal: ¿Pierde usted el control de sus heces y ensucia su ropa o las sábanas?
F) Nutrición
¿Ha presentado cambios en el apetito?, ¿presenta náuseas, vómitos o disconfort después de la comida?, ¿ha
presentado cambios en el peso en los últimos meses o años?
H) Farmacología
Dígame el nombre de los medicamentos que toma. ¿Cada cuánto tiempo tomo la medicación?, ¿cuántos
médicos le han prescrito esos fármacos?, ¿cuántos fármacos toma sin prescripción médica?, ¿es capaz de
leer las etiquetas de los medicamentos?, ¿utiliza métodos escritos u otras ayudas para tomar la medicación?,
¿tiene alguien que le ayude a tomar la medicación?
1) Social
¿Con quién vive usted?, ¿quién le podría ayudar en caso de ponerse enfermo?, ¿su casa tiene ascensor?, En
caso de delectarse riesgo social, recoger todos los datos según protocolo de la unidad.
Esta eficacia de la valoración geriátrica viene dada por la especial atención que se
presta a los síndromes geriátricos y a las incapacidades que presenta el anciano, llegando
116
a un diagnóstico médico y de enfermería más adecuado, con un plan de cuidados amplio,
interdisciplinario, establecido en comunicación con la familia y el paciente, cuyo objetivo
final será mantener al anciano en su medio comunitario en las mejores condiciones
posibles, evitando su institucionalización.
117
10
Medidas preventivas y cuidados básicos en el
anciano
Objetivos
10.1. Introducción
El paso del tiempo es inevitable, al igual que su repercusión en el ser humano, y por
ello, este capítulo se centrará en determinadas medidas a seguir, para, de esta manera,
poder retrasar el proceso normal del envejecimiento y prevenir la aparición de algunas
enfermedades, así como en los cuidados básicos que deben proporcionarse al anciano
por parte de enfermería.
118
10.2.1. Nutrición
A) El tabaco
Está demostrado que los fumadores padecen determinadas enfermedades con mayor
frecuencia que los no fumadores: bronquitis, cáncer de pulmón, entre otras muchas.
Con la edad, el pulmón sufre determinados cambios fisiológicos. Si a esto se añade
el efecto perjudicial del tabaco, se comprueba cómo un 63% de los casos diagnosticados
de cáncer de pulmón se dan en personas mayores de 60 años.
119
Le enfermería debe realizar programas en este campo, con el fin de prevenir
enfermedades producidas por el consumo de tabaco (objetivo a largo plazo) y conseguir
una mejora inmediata de la función pulmonar (objetivo a corto plazo).
B) El ruido
La Federal Occupational Safety and Health Administration (OSHA) fijó el nivel por
encima del cual existen posibilidades de dañar el oído, 85 db (decibelios). La
conversación normal se aproxima a los 40 db, mientras que un altavoz de un concierto de
rock puede exceder los 120 db.
El anciano debe procurar frecuentar ambientes tranquilos, evitando, en la medida de
lo posible, la exposición a ambientes de muchos decibelios, que pueden dañar el oído y
acelerar la pérdida de la audición.
C) La exposición al sol
Existe una clara correlación entre los muchos años de exposición al sol y el
desarrollo de lesiones benignas y malignas, así como la aceleración del envejecimiento de
la piel.
Se debe informar al paciente anciano de la importancia de adoptar medidas
preventivas, tales como la aplicación de cremas de protección solar, el uso de gorros con
ala o visera, gafas de sol y, por supuesto, evitar una excesiva exposición al sol.
10.2.3. Estrés
La gran importancia que merece la vacunación, una vez pasada la edad infantil,
parece ser algo no valorado en los adultos. Pensar que las infecciones ya no son un
problema pasada una determinada edad, debido al cumplimiento que en su día se tuvo de
la cartilla de vacunación infantil, es completamente erróneo.
Es responsabilidad del profesional de enfermería informar al anciano de la
120
importancia de la dosis de recuerdo periódica, para que continúe la acción protectora de
la vacuna. También debe informarse de la existencia de vacunas que sólo se
administrarán después de la vida adulta.
a) Tétanos: La dosis de recuerdo del tétanos será cada 10 años. Cada vez más
ancianos contraen esta enfermedad.
b) Neumonía neumocócica: Esta vacuna protege frente a la mayoría de las cepas
de neumococo, y debe administrarse a mayores de 50 años. A pesar de ello,
estadísticamente demuestran que menos de la mitad del grupo de población
que debería de vacunarse, se beneficia de ello.
c) Gripe: Deben recibir esta vacuna las personas mayores de 65 años, porque
aunque no evite la aparición de la enfermedad en todos los casos, sí disminuye
la severidad del proceso.
10.2.5. Ejercido
121
anciano debe sentirse cómodo hablando con el profesional de enfermería. Sólo de esta
forma se conseguirán respuestas sinceras a preguntas importantes relacionadas con
problemas del entorno que les rodea, problemas sanitarios o actividades físicas,
instrumentales o sociales que realicen.
La motivación del anciano es esencial a la hora de ir a la consulta. Se debe conocer
cuáles son sus objetivos y los beneficios aportados, tanto a corto como a largo plazo.
10.3.1. Higiene
La higiene diaria es importante para preservar la integridad de la piel, puesto que ésta
es una gran barrera protectora que evita el acceso de microorganismos a estructuras
subyacentes. Es portadora de gran cantidad de receptores de presión, dolor y
temperatura. La piel será, pues, una alarma ante cualquier anomalía. Por ello, el aseo
diario del paciente es básico.
122
El pH de la piel debe ser mantenido entre 5 y 6, lo que supone que el jabón utilizado
debe tener un pH neutro. Después del baño hay que secar bien la piel para evitar una
humedad excesivas que favorezca la aparición de heridas. La aplicación de cremas
emolientes después de éste, o enseñar al anciano si es autosuficiente, ayuda a mantener
una adecuada hidratación de la piel.
Si el anciano presenta incontinencias, requerirá mayor frecuencia en los cuidados de
la higiene. Habrá que limpiar la piel después de cada período de incontinencia y aplicar
una pomada como barrera contra la humedad.
Saber cuidar al anciano es fundamental, y no es tarea fácil La participación de
enfermería en los cuidados de la higiene debe estar basada en una dulce firmeza. Se
respetará el pudor y se descartará por completo la degradación física puesta en evidencia.
De esta manera, el anciano expresará sus deseos y participará en su propio bienestar.
10.3.2. Alimentación
Es vital para el anciano una alimentación equilibrada, ya que, además de ser una
necesidad de primer orden, es una gran medida preventiva para la aparición de
determinadas enfermedades.
Son el profesional de enfermería o el auxiliar de enfermería quienes están junto al
anciano en las horas de las comidas. Deben ser ellos, por tanto, los que vigilen si no es
adecuada su alimentación para adoptar las medidas pertinentes.
Vivir en soledad puede crear cierto desinterés en la preparación de las comidas, por
lo que el profesional de enfermería debe preocuparse de ello mediante control de su
nutrición y peso, y una adecuada educación sanitaria.
Se tendrán en cuenta las posibles limitaciones físicas que pueda presentar el anciano,
ayudándole en las comidas o proporcionándole los utensilios adaptados (cubiertos y
platos especiales).
También se debe controlar la ingesta del anciano; si ésta no es la adecuada en las
comidas, ofrecerle comidas frecuentes y reducidas que le resulten apetecibles.
Hay que enseñar al anciano a identificar correctamente los alimentos nutritivos,
como leche, carne, huevos, pescados, derivados lácteos, para que de esta forma los
incorpore a su dieta diaria.
10.3.3. Movilización
123
10.3.4. El vestido del anciano
124
11
Nutrición
Objetivos
125
relación causal entre unas y otras. Algunos científicos opinan que los cambios pueden
producir alteraciones endocrinológicas e inmunológicas que afectan al proceso de
envejecimiento.
Los estudios revisados indican que los cambios de calidad, composición y momento
de implantación de la dieta influyen en el envejecimiento, pero estos hallazgos no pueden
extrapolarse actualmente al ser humano, aunque no cabe duda de que existen una serie
de conclusiones válidas que pueden utilizarse. No conviene olvidar que dentro de la
investigación clínica y ambiental del anciano, las modificaciones dietéticas representan un
aspecto más, pero no el único.
Está altamente demostrado y debatido, como en otros capítulos de esta obra puede
verse, que los viejos suelen ser víctimas de estereotipos y discriminación a causa de la
edad (el llamado a veces senilismo).
Se suele pensar que los longevos son enfermos que viven solos, no salen de casa y
son solitarios. Además, y esto sí está confirmado, tienen una mayor incidencia de
enfermedades crónicas. La depresión, que a veces aparece como consecuencia del
declive físico y social que padece el anciano, es muchas veces la causa de la pérdida de
motivación y el desinterés en el seguimiento de una dieta correcta. En conjunto, puede
decirse que todos estos factores llevan a una dejadez, a una actitud de abandono en el
viejo, que tiene su expresión más directa en la dieta.
En los países latinos no es tan habitual como en los anglosajones que los ancianos
vivan en residencias y asilos. En EEUU viven de esta manera el 5% de la población
anciana, dato alto si lo comparamos con nuestras sociedades mediterráneas; por ello es
importante promover un sentimiento de apoyo y cariño hacia nuestros mayores, así
como una sensación de autoestima para ellos, que puede traducirse en una buena
educación nutricional.
Hay una serie de ellos que están íntimamente ligados a los problemas nutricionales.
Así, la disminución de los sentidos, que con la edad presenta diferentes grados de
evolución. El número de genes de cada pupila gustativa desciende de 245 en los niños, a
88 en personas de 74 a 85 años. Este descenso puede afectar a la cantidad y calidad del
alimento que se ingiere. Le pérdida de visión dificulta la adquisición de alimentos y puede
hacer peligrosa su preparación. La afectación del olfato dificulta la detección de alimentos
en mal estado, y todo ello trae consigo una pérdida de apetito y disminución de la ingesta
de alimentos.
126
Al mismo tiempo, existe una falta de dentición adecuada; además, al disminuir la
secreción salivar, la masticación y deglución se alteran. Por todo ello, el viejo tiende a
escoger comidas blandas y húmedas. Junto a ello, hay otra serie de problemas
relacionados con el tubo gastrointestinal, que se tratarán en el apartado 11.4.
Alrededor del 80% de los mayores de 65 años tienen uno o varios padecimientos de
este tipo. Entre las enfermedades más frecuentes hay que citar la arterioesclerosis,
cardiopatías, diabetes mellitus, cáncer, diverticulitis, artritis, osteoporosis, enfermedad
periodental, cataratas y otros problemas visuales. Los componentes de la dieta
intervienen en el origen de estas enfermedades, aunque el grado de importancia que tiene
la nutrición en estas enfermedades está siendo ampliamente debatido.
El caso del colesterol y las grasas saturadas y su nexo con la aparición de
arterioesclerosis esta siendo estudiado y, aunque hay opiniones contradictorias, nos
inclinamos a favor de la alta incidencia.
Asimismo podría hablarse de las dietas hipersódicas y de la obesidad como factores
que favorecen la hipertensión arterial. Además, está demostrado que el control del peso
es importante en la prevención y tratamiento de la diabetes mellitus.
En cuanto a la artritis, aunque el régimen alimentario interviene de manera
significativa en la gota, no hay pruebas de que cause o cure la osteoartritis. Le obesidad
puede aumentar el esfuerzo en las articulaciones artríticas, por lo cual la reducción de
peso ayuda a estos enfermos. El dolor y las deformidades de la artritis limitan la
movilidad, lo cual dificulta la adquisición y preparación de alimentos.
En la osteoporosis conviene citar, sin entrar en el amplio debate de las necesidades
nutricionales, entre las recomendaciones más habituales, suplementos de calcio como
factor importante para paliar la pérdida ósea. La prevención de la osteoporosis debe
realizarse desde la juventud, ya que, una vez diagnosticado, el tratamiento no logra
detener ni invertir la pérdida ósea, en parte quizás por la menor absorción de calcio en las
personas de edad avanzada.
La enfermedad periodental es quizás una forma inicial de osteoporosis nutricional
generalizada, y además crea un verdadero problema en la caída de los dientes en las
personas longevas. También hay incidencia de avitaminosis en esta patología.
Dentro de este repaso a las enfermedades crónicas y su relación con la nutrición,
hay que citar las cataratas, pues probablemente las membranas del cristalino ganan
flexibilidad por acción de la vitamina E, ya que ésta modifica los efectos que en el
cristalino tienen las altas concentraciones de glucosa sanguínea del diabético; también el
triptófano puede modificar el efecto del azúcar sobre el cristalino. Los actuales estudios
investigan la función del triptófano y las carencias vitamínicas en la aparición de las
cataratas.
127
11.2.3. Factores sociológicos y psicológicos
Como más importantes, habría que citar el bajo presupuesto para la compra de
alimentos, el tener medios inadecuados para la prescripción de las comidas y la invalidez
total o parcial que limita grandemente la nutrición del anciano.
En cuanto a los aspectos psicológicos, conviene destacar que a lo largo de la vida
hay una serie de influencias (cultura, ambiente, educación, salud), que configuran el
estilo de vida de las personas. Cualquier situación que cambie estas costumbres puede
alterar los procesos normales de alimentación. La incapacidad física, cualquier
enfermedad, la muerte del cónyuge… destruyen las bases sobre las cuales se ha asentado
este hábito; como consecuencia de todo ello, se prefiere seguir con una dieta incontrolada
antes que cambiar las costumbres.
La soledad es otro factor importante y puede sobrevenir como consecuencia de la
pérdida de un ser querido, un deterioro súbito de la salud e incluso cuando aparecen
dificultades económicas. Trabajos recientes demuestran que los viudos son el grupo con
peor estado nutricional; parece ser que los ancianos varones de hoy día crecieron en una
época en la que el hombre no aprendía a cocinar, por lo que, al faltar la esposa, consume
diariamente alimentos precocinados, pudiéndose producir el llamado “escorbuto del
viudo”.
El cambio fisiológico más importante que se presenta con el paso de los años
consiste en una disminución de las células activas, lo que culmina en una merma de los
procesos metabólicos. Esto, unido a la disminución de la actividad física, aminora las
necesidades nutricionales en el anciano. Así, una mujer que tenga 76 años, y con un peso
de 55 Kg, necesitará solamente 1.500 Kcal, mientras que con 60 años necesitará 1.750
Kcal, y a los 21 años, alrededor de 2.000 Kcal. Si no se reduce su aporte para que
corresponda a sus exigencias, empezará a almacenar el sobrante de grasa.
128
En la actualidad se recomienda que la proporción de carbohidratos de la dieta sea de
un 50-60% del total de calorías. El azúcar debe ser reducido al 10%, sobre todo a
expensas de alimentos dulces y bebidas azucaradas ingeridas entre comidas. La ingestión
de fibra debe ser incrementada hasta 25-30 g/día, a base de legumbres, cereales enteros,
verduras y frutas. Como las personas de edad son más susceptibles de padecer
estreñimiento, su alimentación debe contener cantidad de fibra suficiente para asegurar
una motilidad intestinal normal.
En cuanto a la ingesta de azúcar, se debe limitar fundamentalmente para que no
desplace de las dietas otros alimentos que contienen nutrientes esenciales. Por otro lado,
tampoco conviene limitar en exceso su consumo, porque puede ser útil como fuente de
energía, al ser un alimento de fácil aceptación en este grupo de edad, que presenta
frecuentes limitaciones de la misma.
Aunque en las dietas normales se recomienda entre un 10-40% del total en forma de
grasas, para las personas de edad avanzada se recomienda que no supere el 30%, a ser
posible con un reparto de 10-10-10 entre grasa saturada, monoinsaturada y
poliinsaturada. La ingesta diaria de colesterol no debe superar los 300 mg. También hay
que considerar que en las personas de edad avanzada es dudoso que la disminución del
colesterol plasmático reduzca riesgos, por lo que su aspecto preventivo es muy dudoso.
Además, una restricción excesiva de grasas puede interferir en la ya mala absorción de
calcio en estas personas.
Se debe hacer aconsejar una mayor flexibilidad en las recomendaciones relativas a la
ingestión de grasa con los alimentos en las personas de edad avanzada, y no se debe
reducir a menos del 20% de grasa la comida habitual del anciano, pues se merma la
palatabilidad, el sabor agradable de dicha comida.
129
se debe superar en todo caso el 15% del total de la dieta en forma de proteínas.
A) Necesidades de vitaminas
Las necesidades vitamínicas parece que son similares a las de personas más jóvenes,
el problema es que los estudios sobre el estado vitamínico de las personas de edad
avanzada demuestran una frecuente existencia de deficiencias clínicas o subclínicas de
algunas de ellas, y que por orden de importancia son los folatos, vitamina D, vitamina C,
tiamina, vitamina A y piridoxina. Las deficiencias son debidas a baja ingesta o a
alteraciones en absorción y metabolismo (véase apartad 11.4).
B) Necesidades de minerales
No hay gran diferencia entre las necesidades de ancianos y las de adultos jóvenes,
pero hay una serie de ellas que merecen un tratamiento especial en personas de edad
avanzada.
Debido a la frecuencia de osteoporosis en la edad geriátrica, se recomienda que la
ingesta de calcio sea superior a las recomendaciones actuales (600-800 mg), y no sólo en
este grupo, sino también en adultos jóvenes como profilaxis.
En la mujer postmenopáusica se piensa que son necesarios hasta 1.500 mg/día para
evitar un balance de calcio negativo; sin embargo las necesidades de hierro bajan en estas
mujeres desde los 18 mg, en adultos jóvenes, hasta los 10 mg recomendados.
La importancia del agua aumenta con la edad. Es necesaria para evitar estados de
deshidratación, mantener la filtración glomerular y poder compensar la disminución de la
función renal mediante una mayor dilución. Además, el estreñimiento se puede aliviar.
Las recomendaciones hablan de ingerir más de 1,5 litros al día, además de la
contenida en los alimentos. Se puede tomar en forma pura o en bebidas que resulten
atractivas como zumos, sopas, etc. El té y el café pueden beberse con moderación y el
alcohol, aunque varía sus consecuencias según los individuos, debe ingerirse con
moderación y en bebidas de poca graduación. Algunos estudios atribuyen efectos
positivos a la ingestión moderada de alcohol en reuniones sociales.
130
La malnutrición es un estado de equilibrio negativo entre el aporte de nutrientes a los
tejidos y sus requerimientos, debido a una ingesta inapropiada en la dieta o bien una
utilización inadecuada de ésta por el organismo. Aunque se considera que los ancianos
presentan riesgos de malnutrición, los estudios realizados hasta ahora muestran una
prevalencia baja.
Es posible que muchas más personas consuman una dieta adecuada respecto a
calorías, pero desequilibrada en cuanto a combinación de los nutrientes esenciales. La
malnutrición se ha demostrado con frecuencia en individuos hospitalizados. Una posible
explicación de este hecho puede estar en que los individuos ingresan en un hospital por
estar enfermos y que, en general, la importancia clínica de la situación tiene su origen
tanto en la falta de reservas nutricionales como en el riesgo de aparición de una
malnutrición grave en presencia de un estrés metabólico.
131
primeros pasos diagnósticos debe ser siempre una investigación sobre los fármacos que
está tomando el paciente en edad avanzada, grupo social que más dinero gasta en
medicamentos. Diversos fármacos pueden interferir la absorción, utilización y excreción
de algunos nutrientes esenciales, o pueden provocar anorexia en el sujeto que los
consume. Así, el consumo de aspirina se ha relacionado con depección de ácido
ascórbico.
A) Pérdida de peso
En cualquier anciano que no evolucione adecuadamente, hay que considerar las
posibilidades de pérdida de peso y malnutrición. A veces, la familia pregunta si un
anciano está enfermo, porque cree que apenas come y pierde peso. Muchos individuos
mayores son delgados y de hábitos delicados, pero no significa necesariamente que estén
malnutridos. Hay que realizar un examen importante para llegar a determinar si existen
problemas serios o no. Las mediciones antropométricas pueden servir de guía general,
pero las variaciones de talla, peso, grosor del pliegue del tríceps, etc., hacen que no sean
métodos infalibles en la valoración del estado nutricional.
132
El signo más importante es la pérdida de peso progresiva (p.e. más de 4,5 Kg en los
últimos dos meses). El método más eficaz para valorar la malnutrición es la exploración
clínica, en la que debe averiguarse el momento de inicio, el número de kilos perdidos y la
velocidad de progresión de la pérdida, así como presencia de anorexia, disminución o
alteración del consumo de alimentos, náuseas, vómitos, diarreas, etc.
La exploración física debe centrarse en la presencia de ictericia, queilitis, glositis,
edemas, perdida evidente de grasa subcutánea y atrofia muscular.
Los estudios de laboratorio deben incluir la determinación de niveles séricos de
hemoglobina, calcio, transferrina, capacidad de fijación total del hierro, ácido fólico,
vitamina B12 y zinc, así como pruebas de función tiroidea.
Así es posible efectuar un diagnóstico y un tratamiento racionales hasta en el 75% de
los pacientes. En el 25% restante el diagnóstico no queda claro, y hay que considerar la
posibilidad de un tumor oculto o de un desequilibrio de la homeostasia tradicional. En los
ancianos se puede presentar una malnutrición proteico-calórica hipoalbuminémica de
forma más rápida que en los jóvenes por cualquier estrés metabólico adicional (cirugía,
infecciones, quemaduras, etc.).
B) Anorexía
Los pacientes con malnutrición proteico-calórica presentan siempre anorexia y, dado
que a veces necesitan hasta 2-4 veces más calorías y 4 veces más proteínas, en ellos las
dietas de índole dietética no son suficientes y hay que recurrir a una intervención más
agresiva, cuyo objetivo es proporcionar unas 35 Kcal/Kg de peso corporal ideal (no de
peso real). En ocasiones se debe recurrir a la nutrición enteral o parenteral, pero tales
decisiones precisan siempre un buen juicio clínico, pues, evidentemente, no es lo mismo
enfrentarse a un moribundo que a un paciente que necesita un tratamiento a largo plazo,
o bien una intervención temporal y breve.
La nutrición enteral mediante sonda nasogástrica, gastrostomía o yeyunostomía
puede originar efectos adversos graves. La nutrición parenteral es útil, sobre todo en los
ancianos que experimentan situaciones de estrés metabólico agudo, pero también en otros
casos es de gran ayuda, e incluso puede salvar la vida del paciente.
La anorexia es un síntoma llamativo, frecuente y no completamente explicado de la
enfermedad neoplásica activa que trae como consecuencia una disminución en la
ingestión de nutrientes con la consunción progresiva del enfermo que es independiente de
otras complicaciones.
Aunque esta anorexia no es privativa del cáncer, su alta incidencia y sus efectos
deletéreos hacen de ella un tema muy delicado. Dada la alta incidencia en los ancianos,
cabe destacar la pérdida de peso que experimentan muchos pacientes cancerosos,
atribuible, en gran medida, a una ingestión inadecuada de nutrientes debida a esta
anorexia. Es normal en estos enfermos que tomen relativamente bien el desayuno,
bastante escaso en nuestro medio, y que coman progresivamente menos en las comidas
posteriores del día. La anorexia está asociada con frecuencia a alteraciones del olfato y
133
del gusto, que vienen a sumarse a las que ya existen de forma generalizada en las
personas de edad avanzada sin otra enfermedad. En ocasiones los pacientes relacionan su
anorexia con este fenómeno, creándose un círculo vicioso que no está exento de
influencias psicosomáticas. En los procesos cancerosos se puede decir que el primer paso
hacia la caquexia es la anorexia.
Las personas de edad avanzada, como el resto de la población, necesitan una dieta
equilibrada. Los principios generales que deben aplicarse no difieren de los que se deben
seguir para los adultos más jóvenes, pero son imprescindibles algunas modificaciones por
ciertas características inherentes al proceso de envejecimiento.
La dieta debe contener carne, pescado, aves, leche y sus derivados, para asegurar un
buen aporte proteico. Los cereales, legumbres, verduras, frutas y gramíneas pueden ser
beneficiosos al promover el peristaltismo intestinal, por su contenido en fibra.
Con el paso de los años va disminuyendo el metabolismo basal y también la
actividad física. Por tanto, se deberá descender progresivamente el aporte calórico para
prevenir la ganancia de peso y la obesidad. No es aconsejable la ingestión de aquellos
alimentos que proporcionen poco o ninguno de los nutrientes esenciales y sí muchas
calorías.
134
Pastas (macarrones, espaguetis, etc.) 60 g, 2 veces/semana
1. Tener en cuenta los gustos de los ancianos, los alimentos que rechazan, sus
necesidades especiales y las limitaciones que tienen y, en función de esto,
realizar una dieta lo más variada posible.
2. Considerar factores personales, como desconocer el tema de la nutrición,
prejuicios alimentarios u otros psicosocioeconómicos, como falta de dinero,
limitaciones en los medios de cocinar y anorexia.
3. Si tiene problemas de capacidad digestiva, conviene que los alimentos familiares
se planeen para no dar al anciano fritos, salsas ricas en grasa, etc. Si necesita
135
alimentos especiales, lo mejor es dárselos a la misma hora del resto de la
familia.
4. Cuando la anorexia dificulta la alimentación, mejor un almuerzo a media
mañana o a media tarde con alimentos de fácil digestión (véase el apartado
11.4.3.B).
5. Conviene dar una bebida caliente a la hora de acostarse, pues favorece el sueño
y suele agradar al anciano.
6. Facilitar la incorporación del anciano a fiestas familiares mediante el
planeamiento y preparación de un menú adecuado que agrade tanto a ellos
como a los adultos más jóvenes.
MERIENDA Una infusión o un zumo de naranja (125 cc) y 7 galletas tipo María.
CUADRO 11.1
Aportes en sustancias nutritivas de las distintas comidas de la dieta propuesta
136
137
CUADRO 11.2
Aportes de sustancias nutritivas del conjunto de la dieta propuesta
138
139
12
Actividad física
Objetivos
12.1. Introducción
140
Los objetivos fundamentales que se pueden obtener con la práctica regular de
ejercicio físico por parte del paciente geriátrico son:
141
CUADRO 12.1
Beneficios del ejercicio
142
• Mejora la actividad fibrinolítica, lo que reduce el riesgo
Hematología
de enfermedad dad tromboembólica.
143
respiratorio, auscultación dos: sibilancias, roncus, etc.). Es importante reseñar
el elevado número de sujetos ancianos con procesos obstructivos (EPOC).
• Sistema musculoesqmlétíco: Atrofias musculares importantes, movilidad
articular, fuerza, resistencia.
• Sistema nervioso: Muy directamente imbricado con el apartado anterior; se
valora destreza, coordinación, reflejos, sensibilidad propioceptiva y
cinestésica, etc.
Para la prescripción de ejercicio físico en el sujeto anciano hay que basarse en los
siguientes puntos básicos:
144
12.5. Elaboración de un programa de actividad física
CUADPO 12.2
Variación de VO2 y FC con la edad
CUADRO 12.3
Frecuencia de entrenamiento
145
>6 min. 5-7 días/semana
>15 min. 3 días/semana
>30 min. 2 días/semana
El tiempo mínimo por sesión debe ser veinte minutos, y siempre sin superar los
sesenta minutos. Se recomienda una duración media entre treinta y la y cuarenta
minutos. En general, a mayor intensidad de entrenamiento, mayor es el efecto. Menos de
tres días por semana y sesiones por debajo de los quince minutos sin llegar al 45% de la
FC máxima, son ineficaces para mejorar la condición física y el estado de salud mediante
el ejercicio. Al principio es bueno que el sujeto pare para descansar cuando lo necesite.
De todas formas, se deben incluir tiempos de reposo dentro del programa de ejercicios.
En cualquier instante que el sujeto tenga síntomas, como dolor en tórax, cuello, disnea,
palpitaciones, mareo o fatiga excesiva, se debe interrumpir la actividad y consultar a un
médico
La sesión de entrenamiento debe constar de varias partes:
1. Calentamiento: 5 min.
2. Ejercicios de flexibilidad y coordinación: 20% del tiempo.
3. Ejercicios de fuerza muscular: 10% del tiempo.
4. Ejercicios de resistencia aeróbica: 70% del tiempo.
5. Enfriamiento: 5 min.
146
nivel cardiovascular. Los ejercicios deben incluir contracciones isotónicas e isoméricas,
pero hay que recordar que las contracciones isométricas aumentan la tensión arterial (TA)
y la FC. Por tanto, estas contracciones deben ser ligeras no superando el 40% de la
fuerza máxima. En cardiópatas se recomienda no superar el 15% de la fuerza máxima y,
a ser posible, que intervenga más la musculatura de miembros inferiores que superiores,
pues estos últimos aumentan más la TA debido a que tienen menos masa muscular.
Cuando un individuo realiza un ejercicio utilizando todo su cuerpo, el aumento de TA no
suele superar los 20-40 mmHg.
Para desarrollar la fuerza, es necesario efectuar un trabajo contra resistencia.
Utilizaremos pesas desde 0,5 Kg hasta 3 Kg. Preferiblemente se aconseja realizar
muchas repeticiones con poco peso, y no al contrario.
A continuación se exponen algunos ejercicios muy básicos que pueden suponer una
base a partir de la cual se pueden ir mezclando y aumentando en complejidad cada uno
de ellos de forma progresiva, con el fin de crear ejercicios nuevos que faciliten el
desarrollo del equilibrio, la coordinación, la fuerza, etc.
Se pueden utilizar palos de escoba, pelotas, incluso acompañarlos con algún ritmo
musical no demasiado rápido. Recordemos que no todos los individuos podrán realizar la
totalidad de los ejercicios. Las condiciones individuales juegan un papel muy importante
a la hora de someter a una persona mayor a un programa de ejercicio físico.
147
12.6.1. Ejercicios poro miembros inferiores
A) De pie
1. Sentarse y levantarse de una silla (figura 12.1).
2. Elevar una rodilla hacia el pecho. Bajarla y subir la otra (figura 12.2).
3. Ponerse de puntillas y de talones alternativamente (figura 12.3),
4. Mantener el equilibrio sobre una pierna y después sobre la otra (figura 12.4).
FIGURE 12.1
FIGURE 12.2
FIGURE 12.3
148
FIGURE 12.4
B) Sentado
1. Estirar una pierna, doblarla y estirar la otra (figura 12.5).
FIGURE 12.5
2. Llevar un talón hacia la rodilla contraria. Posición normal y llevar el otro (figura
12.6).
FIGURE 12.6
149
FIGURE 12.7
C) Decúbito
1. Decúbito supino. Llevar una rodilla hacia la nariz. Agarrar con las manos la
rodilla. Volver a la posición normal. Llevar la otra de forma alternativa (figura
12.8).
FIGURE 12.8
FIGURE 12.9
150
FIGURE 12.10
FIGURE 12.11
A) De pie
1. Manos en las caderas. Mirar hacia un lado girando sólo la cabeza. Después
mirar al frente y por último al lado contrario (figura 12.12).
FIGURE 12.12
151
FIGURE 12.13
FIGURE 12.14
B) Decúbito supino
1. Rodillas dobladas y pies en el suelo. Pegar la columna al suelo y volver a la
posición inicial (figura 12.15).
FIGURE 12.15
2. Misma posición. Brazos en cruz. Llevar las dos rodillas hacia el mismo lado
muy despacio. Después hacia el otro (figura 12.16).
152
FIGURE 12.16
A) De pie o sentado
1. Elevar los brazos hacia el frente hasta la horizontal. Abrir manos y cerrar
puños. Bajar los brazos (figura 12.17).
FIGURE 12.17
2. Elevar los brazos hacia los lados hasta la horizontal. Doblar los codos tocando
con las manos los hombros (figura 12.18).
FIGURE 12.18
153
12.19).
4. Encoger los hombros y descenderlos (figura 12.20).
FIGURE 12.19
FIGURE 12.20
5. Sujetando un palo con las dos manos, elevarlo hacia el techo y volver a la
posición inicial (figura 12.21).
FIGURE 12.21
6. Tocar con el pulgar cada uno de los demás dedos de la misma mano.
154
B) Decúbito supino
1. Con un palo entre las manos, elevarlo hacia el techo, doblar los codos y volver
a estirarlos (figura 12.22).
FIGURE 12.22
2. Brazos en cruz. Dar una palmada al frente y volver a la posición inicial (figura
12.23).
FIGURE 12.23
155
espiramos.
d) Sentado. Rodeando el abdomen con una toalla. Apretamos la toalla tirando de
los extremos al espirar y la soltamos al inspirar (figura 12.24).
FIGURE 12.24
Si en lugar de dar una palmada, se indica: “hacia la izquierda”, “arriba”, “al frente”,
etc., se fomenta la orientación y la atención. En definitiva se combinan actitudes físicas
con operaciones mentales.
Como se ve, se pueden crear multitud de ejercicios para nuestros mayores. Sólo hay
que tener un poco de imaginación y procurar alcanzar el objetivo que marcamos en un
principio: la obtención de un bienestar físico y mental.
156
13
Utilización de fármacos en el anciano
Objetivos
13.1. Introducción
157
los medicamentos en el anciano; algunos de ellos son consecuencia directa del
envejecimiento, mientras que otros son factores asociados a él.
158
avanzada situaciones como el alcoholismo y la subnutrición, que por diversos
mecanismos modifican por sí misma la respuesta farmacológica.
13.2.2. Polípotologío
159
farmacodinámica de los medicamentos sean algo diferentes en los pacientes geriátricos.
A) Factores farmacodinámicos
En el cuadro 13.1 se pueden ver los factores farmacodinámicos que determinan la
respuesta alterada en los pacientes geriátricos.
Existen datos experimentales y clínicos que sugieren cambios en el número y en la
sensibilidad de los receptores, lo que podría explicar -al menos parcialmente- la respuesta
anómala de los ancianos a numerosas sustancias, como por ejemplo, su sensibilidad
frente a benzodiacepinas, la facilidad para el sangrado con anticoagulantes orales y el
menor grado de taquicardia que sigue a la administración de betaestimulantes.
Una vez que el fármaco ha producido su efecto, el organismo responde intentado
conservar su equilibrio. En el anciano estos mecanismos reflejos están alterados y
responden con mayor lentitud y menor intensidad. Los reflejos barorreceptores son
menos eficaces y cualquier fármaco hipotensor produce más frecuentemente ortostatismo
en los ancianos. La síntesis de factores de coagulación es más lenta, y ello facilita el
sangrado frente a medicamentos anticoagulantes o antiagregantes. Los quimiorreceptores
carotídeos son menos activos y favorecen con frecuencia las depresiones respiratorias
por opiáceos y benzodiacepinas. La capacidad de termorregulación empeora y se facilita
el desarrollo de hipotermias por barbitúricos y neurolépticos. La respuesta inmune
también empeora en los ancianos, y por ello el tratamiento antibiótico debe, en ocasiones,
ser más agresivo.
B) Modificaciones farmacocinéticas
El envejecimiento modifica todas las fases de la farmacocinética de los
medicamentos, aunque la cuantía de esta variación es diferente en cada fase.
El aparato gastrointestinal del anciano sufre importantes cambios que pueden influir
en la absorción de numerosas sustancias desde el tubo digestivo (cuadro 13.2), si bien, en
general, esta alteración no tiene gran trascendencia. Se acepta que, para la mayor parte
de los medicamentos, la biodisponibilidad se mantiene, mientras que la velocidad de
absorción es algo más lenta. Los fármacos que tienen un marcado efecto de primer paso
-importante metabolismo hepático antes de alcanzar la circulación sistémica- tienen
incrementada su biodisponibilidad: clordiazepóxido, clometiazol, verapamil, propranolol,
etc. La absorción desde la vía intramuscular también está retardada, ya que el flujo
sanguíneo en el tejido muscular está disminuido.
CUADRO 13.1
Favtores farmacodinámicos en la respuesta farmacológica
• ↑ Sensibilidad
receptor.
MODIFICACIONES RECEPTORIALES • ↓ Sensibilidad
160
receptor.
• ↓ N.° receptores.
• Barorreceptores.
• Quimiorreceptores.
MODIFICACIONES EN LOS MECANISMOS DE • Sistema
HOMEOSTASIS inmunológico.
• Centro
termorregulador.
CUADRO 13.2
Efectos de la edad sobre la absorción gastrointestinal de los medicamentos
CAMBIO CONSECUENCIA
↓ N.° células absortivas ↓ Absorción de algunos nutrientes.
↓ Transporte activo ↓ Absorción Ca++, Fe++, tiamina, aminoácidos.
↑ PH gástrico ↓↑ Grado de solubilidad.
↓↑ Grado de ionización.
↓ DEgradación gástrica de fármacos ácido-
sensibles.
↓ Velocidad vaciamiento
↓ Velocidad de absorción.
gástrico
↑ Biodisponibilidad de fármacos con lenta
↓ Velocidad tránsito
absorción.
↓ Velocidad de absorción de fármacos poco
solubles.
↓ Efecto de primer paso ↑ Biodisponibilidad de fármacos de alta extracción
hepática
Una vez que los fármacos han sido absorbidos, se desplazan por el organismo,
llegando a los diferentes compartimentos. Este proceso farmacocinético se conoce como
distribución, y los factores de los que depende se ven modificados en el anciano (cuadro
13.3). La disminución del tamaño corporal, del volumen plasmático y del agua corporal
total, hacen que el volumen de distribución de los fármacos hidrosolubles sea menor y
que, por tanto, cuando se administren dosis de carga, las cantidades necesarias sean
también menores. Lo contrario ocurre los fármacos liposolubles, puesto que el aumento
de la grasa corporal hace que su volumen de distribución se incremente.
CUADRO 13.3
161
Efectos de la edad sobre la distribución del fármaco
CAMBIO CONSECUENCIA
↓ Tamaño corporal
↓ Agua corporal ↓ Vd fármacos hidrosolubles.
↓ Volumen plasmático
↑ Grasa corporal ↑ Vd fármacos liposolubles.
↓ Albúmina plasmática ↑ Fracción libre fármacos ácidos.
↑ Alfa-globulinas plasmáticas ↓ Fracción libre fármacos básicos.
↓↑ Flujo tisular ↑ Efectos sobre órganos que conserven flujo.
162
CUADRO 13.4
Efectos de la edad sobre el metabolismo de fármacos
CAMBIO CONSECUENQA
↓ Capacidad
↓ Metabolismo de fármacos que sufren:
metabólica reacciones
– Hidrólisis.
de fase l
– N-dealquilación.
– N-demetilación.
– Nitrorreducción.
↓ Flujo plasmático
↓ Metabolismo de fármacos con alta extracción
hepático
↓ Posible disminución de la Vmax de los
↓ Masa hepática
fármacos fármacos con cinética de saturación.
CUADRO 13.5
Efectos de la edad sobre la eliminación renal de fármacos
CAMBIO CONSECUENCA
↓ Masa renal
↓ Células parenquimatosas
↓ Flujo plasmático renal ↓ Aclaraimiento renal de fármacos.
↓ Aclaramiento de creatinina
↓ Secreción tubular
163
B) ¿Es el fármaco más adecuado para el anciano?
Lo que constituye una buena alternativa terapéutica en los adultos, puede no serlo en
el anciano. Por ejemplo, la administración de cimetidina para tratar el ulcus duodenal, en
un paciente joven, es una buena alternativa, pero, teniendo en cuenta la frecuencia con la
que este medicamento ocasiona cuadros confusionales en el anciano, no sería una
elección adecuada en estos enfermos.
164
cardiaca en betabloqueantes, etc); asimismo, debe estar atento a aquellos signos
sugerentes de toxicidad, para evitar, en lo posiblej la aparición de efectos adversos
graves.
La pauta terapéutica debe simplificarse al máximo y, para ello, es útil hacer coincidir
la toma del medicamento con alguna actividad habitual (comidas, acostarse, levantarse,
etc) para así reforzar la memoria del paciente. Siempre que sea posible, se
elegiránfármacos o presentaciones farmacéuticas que permitan una única administración
diaria, puesto que la mayor comodidad mejora el cumplimiento terapéutico. Las pautas
de días alternos, o de suspensión en ciertos días de la semana, no son recomendables,
pues dificultan el cumplimiento. En ocasiones pueden producirse intoxicaciones porque,
al no recordar el paciente si ha tomado la medicación, vuelva a tomarla.
Las conclusiones que pueden extraerse de estas consideraciones pueden verse en el
cuadro siguiente. El profesional de enfermería tiene un papel importante en la
consecución de todas ellas. Es en el área farmacológica de la educación sanitaria donde
los profesionales de enfermería tienen un campo de actuación más amplio, pese a
encontrarse muy poco explotado.
165
13.4.1. Fármacos cardiovasculares
A) Digitálicos
Estos fármacos producen efectos indeseables, con mayor frecuencia en el anciano
que en los adultos. Aunque existen varios digitálicos comercializados (digoxina,
digitoxina, lanatósido, metildigoxina), solamente debería utilizarse la digoxina, puesto que
existe la posibilidad de determinar niveles séricos, que permiten ajustar más
adecuadamente la dosis. Además, el resto no aporta ventajas sustanciales y el ajuste de
su dosificación es más complejo. Por ejemplo, la digitoxina tiene una vida media mucho
más larga que la digoxina, y en el caso de que aparezca intoxicación, sus manifestaciones
clínicas son más duraderas.
La dosis de carga de digoxina en los ancianos ha de ser menor que la utilizada
habitualmente, puesto que, como ya se ha comentado, su volumen de distribución es
menor. Por otra parte, la dosis de mantenimiento debe ser también inferior, ya que la
eliminación renal del fármaco se encuentra disminuida.
En los ancianos que siguen tratamiento con este fármaco, debe vigilarse
estrechamente la posibilidad de aparición de efectos tóxicos: náuseas, vómitos,
bradicardia, etc. No hay que olvidar que la hipopotasemia aumenta la toxicidad de la
digoxina y, por ello, han de realizarse controles periódicos de este ión. Además, los
diuréticos y los antibióticos betalactámicos a altas dosis, aumentan la eliminación del
potasio y, por tanto, en los enfermos que reciban simultáneamente estos fármacos, el
control de las cifras de potasio debe ser aún más estricto.
Muchos fármacos de uso frecuente en el anciano, como verapamil, amiodarona o
quinidina, interfieren con la eliminación de la digital. En los pacientes que requieran su
utilización, la dosis de digoxina debe disminuirse en un 50 %. Por otra parte, los
antiácidos y algunas otras sustancias se unen en el tubo digestivo a la digoxina,
impidiendo su absorción y, por este motivo, su administración debe separarse al menos 2
horas.
B) Antiarrítmicos
La frecuencia de efectos adversos de la quinidina -náuseas, diarrea, síncope- se
encuentra elevada en el anciano. Su aclaramiento hepático está disminuido y, por tanto,
deben administrarse dosis menores.
La procainamida se metaboliza en el hígado a N-acetil-procainamida. La velocidad
de esta reacción no se encuentra enlentecida en el anciano. Sin embargo, la N-acetil-
procainamida tiene actividad antiarrítmica y se elimina por vía renal. Esto hace que su
utilización deba ser muy cuidadosa y que la determinación de niveles séricos sea muy
útil.
La disopiramida tiene marcados efectos anticolinérgicos, por lo que su empleo en el
anciano debe desaconsejarse, ya que con frecuencia da lugar a retención urinaria,
constipación y confusión.
166
La lidocaína se elimina por vía hepática y su aclaramiento no está alterado en los
ancianos; sin embargo, los efectos adversos son más frecuentes que en otro tipo de
pacientes, por la acumulación de metabolitos tóxicos. Además, hay que tener en cuenta
que las arritmias en la fase postinfarto parecen ser menos importantes en los enfermos
geriátricos y, como consecuencia, el uso de este fármaco deberá ser muy restringido. En
caso de que se decida emplearlo, las dosis deben ser menores de las habituales, y la
determinación de niveles resultará de gran utilidad.
C) Antianginosos
Las bases del tratamiento de la angina de pecho en el anciano son las mismas que en
el resto de los pacientes. Sin embargo, debido a que los mecanismos compensadores de
la TA están disminuidos en este tipo de enfermos, deben tomar los nitratos en decúbito,
pues el riesgo de aparición de hipotensión ortostática es importante.
Los antagonistas del calcio suelen tolerarse bien, pero los betabloqueantes -
especialmente el propranolol- producen fenómenos tóxicos con mayor frecuencia. Por
este motivo, las dosis iniciales deben de ser bajas, y realizar los incrementos
paulatinamente.
D) Antihipertensivos
Los diuréticos tiacídicos siguen siendo fármacos de primera línea en el tratamiento
de la hipertensión en el anciano. Deben utilizarse a las mínimas dosis eficaces y, aunque
no está indicado el suplemento de sales de potasio de forma rutinaria, debe determinarse
la concentración sérica de este ión cada mes.
Estos fármacos deben administrarse por la mañana para evitar la poliuria nocturna,
que impediría el sueño. Por el mismo motivo, aquellos con una vida media larga, como la
clortalidona, no deben utilizarse en estos pacientes.
La reserpina, pese a ser un antihipertensivo obsoleto, continúa utilizándose con
mucha frecuencia en nuestro país. En general, su empleo debe desaconsejarse y en los
ancianos aún con mayor motivo, puesto que con mucha frecuencia produce depresión.
La alfametildopa, que es útil en pacientes no geriátricos, en los ancianos también induce
cuadros depresivos, por lo que no debe ser prescrita en estos enfermos.
La utilización de clonidina plantea un problema especial, ya que su supresión brusca
puede ocasionar fenómenos de rebote y pueden llegar a comprometer la vida del
paciente. Por tanto, en todos aquellos enfermos en los que no sea de esperar un óptimo
cumplimiento, debe evitarse.
Los vasodilatadores -como el prazosín y la hidralacina- son, en general, bien
tolerados; no obstante, pueden originar hipotensión ortostática con mayor frecuencia. Las
dosis iniciales deben ser muy bajas, para posteriormente incrementarlas progresivamente
hasta lograr los efectos deseados.
Los antagonistas del calcio se toleran bien e incluso son relativamente más eficaces
que en las personas jóvenes. Esto hace que muchos autores los consideren los fármacos
167
de elección en el tratamiento de la hipertensión en el paciente geriátrico.
Los inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina (ECA) -como captopril,
enalapril, lisinopril, etc.-son fármacos relativamente jóvenes y todavía no se dispone de
gran experiencia sobre su empleo en el anciano.
13.4.2. Anticoagulontes
Estos factores hacen que la dosis que precisan estos enfermos sea menor de la
habitual Además, el alargamiento del tiempo de protrombina que tratamos de conseguí,
debe ser algo menor que el recomendado en los pacientes no geriátricos.
Los anticoagulantes orales tienen, por otra parte, importantes interacciones
farmacológicas y muchos fármacos -como ácido acetil salicílico, fenilbutazona, alopurinol
y cimetidina- inhiben su metabolismo y potencian sus efectos anticoagulantes. Sin
embargo otros, como barbitúricos y rifampicina, al inducir su metabolismo, antagonizan
sus efectos.
Aunque la farmacocinética de la heparina no parece variar en los ancianos, también
presenta con mayor frecuencia efectos indeseables. Como consecuencia, su utilización ha
de ser muy cuidadosa, administrando dosis iniciales bajas y realizando controles con más
frecuencia de lo habitual.
A) Hipnóticos y ansiolíticos
El insomnio es un síntoma común en el anciano y, como tal, requiere una cuidadosa
evaluación para excluir la existencia de otras patologías: depresión, ansiedad, apneas del
sueño, dolor crónico, etc. Es también de gran utilidad la realización de una correcta
anamnesis farmacológica, ya que numerosas sustancias (como teofilina, terbutalina,
pemolina, propriptilina, metilfenidato, cafeína, corticoides, betabloqueantes, etc.) pueden
interferir con el sueño.
Las primeras medidas a tomar no son farmacológicas (evitar tabaco y bebidas con
cafeína, no pasar largos periodos del día en la cama, etc.), reservando el empleo de los
168
hipnóticos para aquellos pacientes que no responden a ellas. El hipnótico ideal debe
producir un sueño fisiológico y estar inactivo cuando el paciente inicie sus actividades
matutinas. Para ello, la vida media, en general, no debe superar las 4-6 horas. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que la dosis es un factor aún más importante que la
vida media en cuanto a la duración del efecto, De hecho, 10 mg de diacepam (T 1/2 - 36-
99 horas) no producen sedación en la mañana siguiente, mientras que una dosis de 0,25
de triazolam, que posee una T 1/2 menor, sí la ocasiona.
Actualmente las benzodíacepínas son los fármacos más útiles en el tratamiento del
insomnio. Han desplazado -por su mejor tolerancia y eficacia- a otros fármacos, como
hidrato de doral, glutetimída, barbitúricos, meprobramato y clometíazolj que dando éstos
relegados a las situaciones en que las benzodiacepinas no sean toleradas. Las dosis en los
ancianos han de ser menores que las prescritas habitualmente, y se debe reevaluar
mensualmente la necesidad de continuar con el tratamiento. Lógicamente, son preferibles
aquellas sustancias que se metabolizan por vías no alteradas en los pacientes geriátricos
(oxacepam, loracepam, temacepam).
En los casos en que el insomnio se asocia con ansiedad diurna, o cuando solamente
deseamos tratar esta última, se elegirá una benzodiacepina de vida media (T 1/2) larga o
intermedia: oxacepam o loracepam. Si el paciente únicamente requiere acción hipnótica,
se escogerá una de T 1/2 corta como el triazolam, comenzando con dosis pequeñas, sin
llegar a exceder los 0,25 mg, ya que con dosis mayores la frecuencia de efectos
indeseables es alta.
La buspirona es un nuevo ansiolítico no benzodiacepínico con actividad
dopaminérgica y serotoninérgica, con un mínimo potencial adictivo. Su eficacia parece
similar a la de las benzodiacepinas, aunque algunos ensayos indican una menor actividad
que el diacepam. El alivio de los síntomas es más lento que con las benzodiacepinas. Los
pacientes que anteriormente han tomado estas sustancias, responden peor a la buspirona.
Con frecuencia, los ancianos han sido tratados previamente con benzodiacepinas y,
muchas veces, lo que se necesita son fármacos de rápido efecto durante cortos períodos
de tiempo. Estos factores, junto a la ausencia de estudios de larga duración, que permitan
cuantificar la incidencia de efectos indeseables –especialmente dopaminérgicos–, hacen
que su papel en el tratamiento del anciano no esté totalmente esclarecido.
B) Antidepresivos
La mayor parte de los antidepresivos tricíclicos ven disminuido su aclaramiento
hepático en los ancianos y originan un alargamiento de la vida media y un incremento de
los niveles estacionarios y de la biodisponibilidad. Aunque algunos autores señalan la
utilidad de los inhibidores de la monoamino oxidasa en las depresiones de los pacientes
geriátricos, estos medicamentos deben emplearse con sumo cuidado, ya que la
posibilidad de interacciones con otros fármacos es más alta.
En general, se acepta que los antidepresivos son igual de eficaces en el tratamiento
de las depresiones en el joven y en el anciano. Sin embargo, la frecuencia de efectos
169
indeseables es mucho más elevada en los últimos. Debe recordarse que, en pacientes con
cardiopatías, es conveniente realizar un ECG antes de iniciar el tratamiento que servirá
como patrón de referencia. Asimismo, conviene realizar una completa anamnesis
farmacológica, ya que, con frecuencia, se descubrirá que el paciente toma medicamentos
que pueden ocasionar estados depresivos.
La selección del fármaco se hará en función de los efectos indeseables que se
quieran evitar. Si no se desean efectos anticolinérgicos, no emplearemos amitriptilina, y sí
desipramina. Si no se quiere sedar al paciente, se evitarán amitriptilina, maprotilina,
doxepina y trazodona, y se usarán desipramina o nortriptilina. Por otra parte, si el
paciente presenta patología cardíaca de base, posiblemente puedan utilizarse maprotilina
o amoxapina, por su menor potencial cardiotóxico. Otro factor importante en la elección
será la existencia de historia previa de respuesta positiva.
La fluoxetina es un compuesto bicíclico recientemente introducido para el
tratamiento de la depresión. Actúa inhibiendo la recaptación de serotonina, sin afectar a
dopamina ni a norepinefrina. Su eficacia es similar a la de los tricíclicos y sus efectos
adversos son menos frecuentes. Estas afirmaciones parecen ser ciertas también para los
ancianos, pero, en opinión de algunos autores, aún es pronto para recomendarlo como
fármaco de primera elección en las depresiones de pacientes geriátricos.
Las dosis iniciales de antidepresivos deben ser menores de aquellas recomendadas
en los adultos. Posteriormente, la pauta terapéutica se reajustará, en función de los
niveles séricos y de la respuesta del paciente.
C) Litio
El carbonato de litio es un fármaco eficaz en el tratamiento de la psicosis maníaco-
depresiva, tanto en los jóvenes como en los ancianos. Su eliminación es
fundamentalmente renal y se encuentra disminuida en el anciano. Antes de iniciar el
tratamiento, deben evaluarse las funciones cardíaca, renal y tiroidea. La dosis inicial
debería ser de 300 mg/día en 4 tomas. Semanalmente, puede aumentarse en 300 mg/día,
determinando niveles plasmáticos para conseguir cifras de 1,0-1,5 mEq/1 (extrayendo la
muestra 12 horas después de la toma). Sí con niveles adecuados no se obtiene la
respuesta terapéutica deseada, debe replantearse su administración.
D) Neurolépticos
Los neurolépticos son fármacos ampliamente prescritos en el anciano. Con
frecuencia no se usan como antipsicóticos, sino que se administran en cuadros de
alteración de la conducta y también como sedantes hipnóticos.
El tratamiento con neurolépticos únicamente debería iniciarse una vez excluida la
existencia de alguna patología orgánica que pudiera motivar la sintomatología. Aunque los
cuadros de agitación nocturna suelen responder a bajas dosis de estos compuestos, deben
utilizarse exclusivamente cuando el enfermo los necesite, y no por razones
institucionales.
170
A pesar de sus diferencias en cuanto a potencia y frecuencia de reacciones adversas
a medicamentos, se cree que los diferentes neurolépticos tienen una eficacia similar. Al
igual que los antidepresivos, la elección se basará principalmente en el perfil de toxicidad.
Fármacos como clorpromacina y tioridacina, que tienen efectos sedantes importantes y
una baja frecuencia de reacciones extrapiramidales, poseen, sin embargo, el
inconveniente de producir marcados efectos anticolinérgicos. Por el contrario,
haloperidol, trifluperacina, flufenacina, loxapina y tioxanteno son menos sedantes y con
menor acción anticolinérgica, pero originan más efectos adversos extrapiramidales. Las
dosis de neurolépticos deben ser menores de las recomendadas en adultos.
Periódicamente ha de valorarse la necesidad de continuar el tratamiento, retirando incluso
la medicación durante algunos días.
La determinación de niveles séricos es una práctica cada vez más frecuente, aunque
su utilidad como técnica rutinaria no está comprobada.
E) Antíepilépiicos
En general, la epilepsia se trata de modo similar en el anciano que en los jóvenes. En
la actualidad, el tratamiento se realiza en fundón de la determinación de niveles séricos,
práctica que permite obtener la máxima eficacia con una mínima tasa de efectos
indeseables.
La difenilhidantoína es un fármaco activo frente a las crisis tónico-clónicas
generalizadas y parciales. Sus concentraciones séricas poseen un rango terapéutico que se
sitúa entre 10 v 20 mg/ml. Sin embargo, en los ancianos, al existir una disminución de la
albúmina, la fracción libre del fármaco (fracción activa) puede ser adecuada con cifras
totales por debajo del rango terapéutico. Debe recordarse que medicamentos como la
cimetidina, anticoagulantes orales, fenilbutazona, etc., incrementan los niveles de
fenitoína, pediendo aparecer toxicidad. Por otra parte, la difenilhidantoína es un potente
inductor enzimático, y a su vez aumenta la eliminación de quinidina, anticoagulantes,
rifampicina y cloranfenicol.
El fenobarbital es también eficaz contra crisis parciales y tonico-clónicas
generalizadas. Su rango terapéutico se sitúa entre los 10-40 mg/ml. Por razones
históricas, es uno de los antiepilépticos que más se emplea en el anciano; sin embargo, su
utilización no es muy recomendable, ya que con frecuencia ocasiona efectos indeseables,
Es un potente inductor enzimático y aumenta la eliminación de muchos otros
medicamentos.
La primidona es un antiépiléptico cuya actividad depende, fundamentalmente, de su
conversión en fenobarbital y feniletilmalonamida. Por ello, sus indicaciones y riesgos son
similares a los del fenobarbital. Para realizar ajustes de dosis, suelen determinarse niveles
tanto de primidona como de fenobarbital.
La carbamacepina es un fármaco de uso muy extendido en la actualidad. Resulta útil
en las crisis parciales y en las generalizadas tónico-clónicas. Su rango terapéutico está
entre los 4-12 mg/ml. Sus niveles séricos se incrementan cuando se asocia su
administración a la de eritromicina, isoniacida o propoxifeno. Por el contrario,
171
disminuyen con el empleo simultáneo de fenobarbital o difenilhidantoína.
La utilidad del ácido valproico en el tratamiento de las epilepsias del anciano ha sido
un asunto muy discutido. Hay datos que sugieren que puede tener menor eficacia en las
epilepsias de los pacientes geriátricos, Su rango terapéutico está peor definido que en
otros antiepilépticos y se consideran adecuadas cifras de 50-100 mg/ml Como en el caso
de la difenilhidantoína, en los ancianos puede incrementarse la fracción libre de
valproico. La asociación de otros fármacos antiepilépticos disminuye sus niveles séricos.
Por el contrario, el valproico aumenta de forma manifiesta los niveles de fenobarbital.
13.4.4. Broncodllatadores
172
tratamiento de la obesidad. Esta práctica, aunque no es recomendable en ningún caso, es
especialmente peligrosa en los ancianos. Su administración puede ocasionar cuadros de
hipertiroidismo, de incluso se han descrito casos de hipotiroidismo mantenido tras su
suspensión.
Los principios básicos del tratamiento de la diabetes en el anciano no son diferentes
de los que se emplean en otros períodos de la vida la utilización de medidas
farmacológicas debe reservarse para aquellos pacientes que no responden a tratamiento
dietético, una vez que se han suspendido todos los fármacos potencialmente
diabetógenos. La utilización de hipoglucemiantes orales es controvertida, ya que apenas
existen estudios que demuestren una mayor supervivencia o una mejor calidad de vida en
estos enfermos. Incluso el UGDP (Uniuersity Group Diabetes Program) encontró una
mayor mortalidad cardiovascular en los pacientes tratados con tolbutamida que en
aquellos que recibieron placebo. No obstante, el diseño y el análisis de este estudio
fueron sometidos a importantes críticas, y actualmente se acepta que las sulfoniureas
consté tuyen una buena alternativa en aquellos pacientes en los que la administración de
insulina plantee problemas importantes. De los existentes, deben seleccionarse aquellos
que tengan una vida media corta (glipizida, gliburonida), ya que poseen un mejor perfil
de toxicidad, y si aparecen hipoglucemias, son más fáciles de tratar. El metabolismo
hepático de las sulfonilureas no parece estar disminuido, sin embargo, la eliminación renal
de algunos metabolitos activos sí lo está. Por ejemplo, los metabolitos de clorpropamida
y de acetohexamida tienen una vida media más prolongada en los ancianos.
El empleo de la insulina no plantea problemas distintos a los existentes en otros
grupos de edad. Sin embargo, su absorción desde el tejido subcutáneno es más variable
que en otras edades. Por otra parte, su vida media parece ser algo más larga, aunque se
cree que esto depende de un ligero aumento en su volumen de distribución y no de una
disminución en su aclaramiento.
Las reacciones adversas a los corticoides y a la ACTH-sobre todo osteoporosis e
hipertensión- son más frecuentes en los ancianos. Por este motivo, debe valorarse
cuidadosamente la situación antes de tomar la decisión de prescribirlos. Cuando son
estrictamente necesarios, han de usarse a las mínimas dosis y durante el menor tiempo
posible.
La desmopresina ocasiona una retención de líquidos importante en los ancianos, lo
cual implica un considerable riesgo de hiponatremia. Por ello, la ingesta de líquidos debe
restringirse, especialmente en aquellos pacientes en edad geriátrica.
173
FIGURA 13.2. Acción de los fármacos en el organismo.
174
14
Principios de fisioterapia en geriatría
Objetivos
175
14.2. Características de la gerontofisioterapia
A pesar de que las técnicas fisioterápicas varían poco respecto a los demás adultos,
en los ancianos hay que tener presente una serie de hechos. No estamos ante un simple
envejecimiento de órganos, aparatos y sistemas, sino que, además, pueden estar
afectados por enfermedades concretas (insuficiencia cardíaca, artropatía degenerativa,
diabetes, etc.), Estas enfermedades junto a otros problemas de salud (cataratas,
hipoacusia…) y el propio proceso del envejecimiento interfieren con la realización plena
de las actividades del individuo. Los problemas del movimiento, relacionados con
alteraciones del aparato locomotor, con problemas cardiopulmonares, neurológico, con
trastornos del equilibrio, etc. son en su mayor parte competencia del fisioterapeuta. Pero
una fisioterapia global debe detectar también problemas intestinales o vesicales y, al
mismo tiempo, la motivación del paciente, los efectos colaterales de la medicación, los
recursos económicos para hacer frente a los gastos sanitarios y el apoyo familiar. El
fisioterapeuta desempeña una función de importancia creciente, que complementa los
cuidados de enfermería, con el objetivo común del restablecimiento de la salud del
anciano y de la reinserción en su ambiente social y en la vida familiar.
Se pueden considerar cinco grandes procesos que influyen de manera especial en los
ancianos: inmovilidad, inestabilidad, incontinencia, deterioro intelectual y yatrogenia.
Estos procesos pueden presentarse aisladamente o agrupados. Cualquier situación
anormal puede desencadenar un deterioro, una discapacidad o una minusvalía, que
determinarán posteriormente los respectivos actos terapéuticos y los planes de cuidados.
Existe una serie de problemas de interés por la salud, interés por el retiro e interés
por los síntomas de la senilidad La cercanía de profesionales sanitarios puede hacer a
éstos receptores de las preguntas, dudas e inquietudes de los ancianos, a las que sería
deseable dar respuesta en el contexto de la globalidad de la atención sanitaria.
La asistencia a la población geriátrica tiene, como se puede apreciar, unos matices
especiales. Puede haber situaciones que conllevan una complejidad mucho mayor que en
otros grupos de edad, No será infrecuente encontrar un paciente con secue las de
fractura de cadera, artrosis de la cadera contralateral y problemas de la visión. O bien un
enfermo de Parkinson con poliartrosis y deterioro intelectual o un diabético con una
pierna amputada y úlceras en el pie contralateral, secuelas de ictus y depresión.
Para evaluar y tratar estos trastornos de una manera eficaz, es necesaria una
colaboración estrecha entre un amplio grupo de profesionales sanitarios. Es preciso, pues,
incrementar la colaboración interprofesional con actitudes positivas, para compartir el
conocimiento, conscientes de que esto aumenta la eficacia de la atención prestada.
Por otra parte, se ha de involucrar en la atención geriátrica tanto al paciente como a
la familia y a los cuidadores. Se tiende, en algunos ámbitos, a considerar que la
promoción de la salud es algo exclusivo de los profesionales sanitarios, menospreciando
las posibilidades del individuo. Por el contrario, es fundamental la colaboración de
paciente y familia para la realización de cuidados y tratamientos. Esta colaboración se
hace más patente en la atención domiciliaria. Este tipo de modalidad asistencial facilita el
176
acceso a la atención sanitaria y contribuye a la disminución de ostes y a evitar situaciones
de riesgo (infecciones hospitalarias, hospitalismo, etc.).
La gerontofisioterapia, entendida globalmente como prevención y como tratamiento
por medios físicos en los ancianos, ha demostrado su eficacia dentro de una concepción
global de la atención sanitaria.
177
sitúa en una posición privilegiada, pues son estos profesionales los que están más en
contacto con los pacientes y pueden desempeñar una fundón relevante en el seguimiento,
control y detección de posibles complicaciones en los ancianos que están sometidos a
tratamiento fisioterápico. Los tratamientos específicos y altamente especializados
corresponden, lógicamente, al fisioterapeuta.
Para seguir un esquema más didáctico, se considerarán unas indicaciones generales
de la fisioterapia y otras particulares. Las primeras se refieren al aparato respiratorio,
aparato musculoesquelético y aparato circulatorio, tratando de abarcar de modo genérico
sus trastornos. Las segundas se refieren a enfermedades y sitúa nes específicas,
centrándose en las de mayor prevalencia dentro de la población geriátrica.
Se utilizarán los diagnósticos de enfermería de la North American Nursing
Association (NANDA), limitándose a aquellos en los que la fisioterapia se relaciona de
forma significativa.
A) Aparato respiratorio
Se incluyen aquí afecciones como EPOC o neumonía. Los diagnósticos de
enfermería posibles son:
• Respiración abdominodiafragmática.
• Ejercicios de relajación del tronco y miembros superiores.
• Cinesiterapia torácica.
• Reeducación de la tos y expectoración.
• Drenaje bronquial por posicionamiento.
• Readaptación para las actividades de la vida diaria.
B) Aparato circulatorio
Abarca enfermedades y síndromes como la insuficiencia cardíaca, el infarto de
178
miocardio, la isquemia arterial periférica, la hipertensión arterial, etc.
Los diagnósticos de enfermería que hay que considerar son:
C) Aparato locomotor
Los problemas articulares y óseos tienen una alta prevalencia en la población
geriátrica. La artropatía degenerativa (artrosis) es la más común de las afecciones,
seguida de la artritis reumatoide. Son éstos los procesos patológicos en los que hay que
centrar las indicaciones de la fisioterapia. Los diagnósticos de enfermería relacionados
son:
• Dolor crónico.
• Deterioro de la integridad cutánea.
• Deterioro de la movilidad física.
179
• Alteración de la imagen corporal.
• Conservación defectuosa de las actividades de la vida diaria.
Debido al daño que sufre el cartílago articular en estos trastornos, se debe buscar un
equilibrio entre la actividad necesaria y el reposo del cartílago. Es decir, las solicitaciones
han de ser tales que no produzcan dolor. La cinesiterapia desempeña un papel
insustituible, y está especialmente indicada junto con la hidroterapia, constituyendo la
hidrocinesiterapia. Los ejercicios no deben ser forzados ni llegar al dolor, Se debe buscar
la máxima amplitud articular. Según los casos y la fase de la enfermedad, se combinarán
las modalidades activa y pasiva de la cinesiterapia. Por otra parte, se debe acompañar el
movimiento articular con las posturas de posturas de reposo correctas, evitando las
tendencias deformantes que puedan presentar las articulaciones afectadas, incluso
mediante la utilización de órtesis.
Otras formas de fisioterapia indicadas en estos casos son:
A) Afecciones neurológicas
En el capítulo 27 se estudian las enfermedades neurológicas más frecuentes en los
ancianos. Desde la fisioterapia se pueden realizar diversas actuaciones específicas, como
las que se señalan a continuación.
180
• Dolor (por posible síndrome hombro-mano o por afectación de vías o
centros sensitivos).
• Trastornos de la comunicación verbal (frecuentemente asociado al déficit
motor).
• Alteraciones de la eliminación urinaria.
• Alteraciones sensoperceptivas (tacto, audición, alteraciones
campimétricas).
• Déficit de autocuidado.
La atención sanitaria a estos pacientes se centra fundamentalmente en
los cuidados y en las medidas fisioterápicas, ya que el tratamiento
farmacológico resulta poco eficaz para que reviertan las secuelas del ictus.
La fisioterapia valora tras un ictus el estado funcional del paciente, su
capacidad para seguir instrucciones simples o complejas, estado físico
general y capacidad de movilización de los miembros sanos y afectos.
A la enfermería corresponde, entre otras actuaciones, valorar estado de
conciencia, incontinencias y el nivel de esfuerzo del paciente en su
tratamiento chante las horas del día, mientras no están presentes el
fisioterapeuta, el terapeuta ocupacional o el logoterapeuta.
El tratamiento comprende los períodos flácido inicial, espástico de
estado y de mantenimiento. En la primera etapa, el fisioterapeuta enseña al
paciente cómo moverse de nuevo y muestra al profesional de enfermería
cómo ayudar al paciente a alcanzar los objetivos del tratamiento a través del
modo en que lo coloquen y manipulen. El manejo que realice el personal de
enfermería no debe diferir del efectuado por el fisioterapeuta porque, de lo
contrario, no se establecería ningún movimiento recién aprendido ni
aparecería una reserva en la vida diaria. Ubicando y movilizando al paciente
de forma adecuada, se puede prevenir un aumento exagerado de la
espasticidad y se evitan contracturas, dolor de hombro y síndrome hombro-
mano, o retracciones de la cintura escapular y de la pelvis, e incluso el
rechazo del lado afectado.
Otras facetas del tratamiento fisioterápico postictus son la cinesiterapia
pasiva, masaje antiedema, ejercicios de tronco, etc. Para la fase espástica
se aplica la técnica de Bobath, una de las más utilizadas en la actualidad. Su
principio fundamental es la inhibición de los patrones de movimiento
anormales.
El objetivo fundamental es, pues, la mayor independencia posible del
paciente anciano con reeducación de la marcha y mantenimiento o
recuperación de las actividades de la vida diaria.
181
alteraciones que condicionan el tratamiento, como afectación del sistema
nervioso autónomo y alteraciones psíquicas (depresión, deterioro cognitivo).
Las dificultades para comer y beber y para la comunicación verbal, como
consecuencia de la pobre función orofacial, complican la situación. Se
consideran como diagnósticos de enfermería:
182
4. Dolor: El dolor constituye en sí mismo un diagnóstico de enfermería. Existen
muchos medios físicos al alcance de los profesionales sanitarios para aliviar el
dolor. En primer lugar, hay que efectuar una valoración del mismo (historia
clínica y escalas de valoración del dolor). Además de las medidas
farmacológicas as, las estrategias para el control del dolor comprenden
diversas técnicas interfieren en la percepción del dolor. Entre ellas se
encuentran la crioterapia, termoterapia superficial y profunda, cinesiterapia,
hidroterapia, electroterapia (TENS o ENET o estimulación nerviosa eléctrica
transcutánea, iontoforesis, láser, fototerapia, …), masoterapia, técnicas de
relajación, etc. Estos métodos pueden utilizarse solos o en asociación.
B) Incontinencia urinaria
Las causas y repercusiones de la incontinencia urinaria se estudian en el capítulo 23.
Independientemente de su origen, la incontinencia puede tratarse y mejorarse por medios
farmacológicos, quirúrgicos, terapia conductual y por fisioterapia.
No es suficiente enfocar el problema con medidas cómodas, como la utilización de
pañales. Es aconsejable, por el contrario, regular la ingestión de líquidos, facilitar el
acceso al cuarto de baño y establecer un tratamiento y un plan de cuidados para cada
tipo de incontinencia. Entre otras medidas, se pueden utilizar técnicas de
retroinformación (biofeedback) y estimulación eléctrica.
C) Cirugía y encarnamiento
La causa más frecuente de la pérdida de la capacidad funcional en el anciano es la
inmovilización. Existe tanto una inmovilización aguda como una inmovilización
crónica, dependiendo de los procesos subyacentes, como los traumatismos, fracturas de
cadera, enfermedades reumáticas avanzadas, enfermedades neurológicas, etc.
La inmovilización afecta negativamente todos los sistemas y aparatos, y favorece
numerosas complicaciones: trombosis venosa profunda, infecciones respiratorias, úlceras
por decúbito, osteoporosis, hipotrofias musculares, alteraciones del tránsito intestinal,
alteraciones de b eliminación urinaria, etc.
En relación con estas afecciones, se pueden establecer los siguientes diagnósticos de
enfermería en el anciano encamado:
183
incentivado. Ambas técnicas tienen como fin mantener una adecuada función
respiratoria. También se les enseña ejercicios de contracción isométrica con los miembros
inferiores, para prevenir la trombosis venosa profunda.
En el postoperatorio se realizan -dependiendo de cada intervención- cinesiterapia
respiratoria, movilizaciones, deambulación precoz, si es posible, y los tratamientos
fisioterápicos específicos. Toda la atención al paciente debe desarrollarse en estrecha
colaboración entre enfermeros y fisioterapeutas.
D) Amputación
La mayoría de las amputaciones se deben a enfermedad vascular periférica. Se llega
a la amputación cuando otros procedimientos terapéuticos no han dado resultado. Los
diagnósticos de enfermería relacionados son:
• Dolor.
• Deterioro de la integridad cutánea.
• Deterioro de la movilidad física.
E) Fracturas
En el capítulo 26 se estudian las fracturas en el anciano y sus características. Desde
el punto de vista fisioterápico, tras el tratamiento traumatológico correspondiente, se
aplicará un programa de cinesiterapia, ejercicios isométricos, movilizaciones pasivas y
asistidas, etc. Aunque la cinesiterapia constituye el núcleo del tratamiento físico, se
cuenta también con otras medidas que aceleran la consolidación ósea, como la
magnetoterapia.
F) Ayudas técnicas
El envejecimiento y la presencia simultánea de problemas de salud conducen, en
muchas ocasiones, a la necesidad de establecer ayudas o cambios en el medio para
facilitar las AVD y la deambulación. Con frecuencia es recomendable comenzar el
tratamiento fisioterápico mejorando el acceso y la seguridad del medio en que se
desenvuelve el anciano. Entre los múltiples aparatos y mecanismos ideados por la
industria sanitaria, se pueden citar las camas de altura variable, los sillones y sillas altos,
los inodoros adaptados, las silla- de bañera, los utensilios de higiene e instrumentos de
184
uso habitual (cubiertos, teléfonos, etc.), adaptados a las necesidades de los ancianos, los
aparatos cibernéticos de aplicación en discapacitados o los diversos modelos de
andadores y bastones.
Los fisioterapeutas colaboran estrechamente con algunas industrias en el diseño de
sus productos, además de demandar otros nuevos.
Otras medidas físicas comprenden las modificaciones en vehículos y edificios, que
faciliten el acceso o la utilización de los mismos a personas ancianas con alteraciones
funcionales.
185
15
Terapia ocupacional en geriatría
Objetivos
15.1. Introducción
186
– Prevenir la enfermedad y mantener la salud.
– Fomentar la restauración de la función física, psíquica y social.
– Suplir deficiencias invalidantes.
– Valorar las respuestas de comportamiento y su significado.
A) El anciano
Con el anciano sano, la labor es prevenir la aparición de discapacidades físicas
síquicas debidas a la involución senil que puede llegar a desembocar en sin- dromes
invalidantes. La realización de programas de terapia ocupacional preventivos no evitan
pero, al menos, sí retrasan la aparición de la disminución de las capacidades funcionales
globales y de relación.
Con el anciano enfermo, los fines que se quieren conseguir dependen del grado de
enfermedad del mismo; si padece enfermedad aguda, sin tendencia a la incapacidad, la
187
actuación será de vigilancia, centrándose en los cuidados posturales (para evitar
complicaciones) y en la activación psicosocial. Si la enfermedad es con tendencia a la
incapacidad, se aplicarán técnicas específicas para cada caso, que disminuyan al máximo
el grado de incapacidad y que le ayuden a adaptarse a la nueva situación.
Si el anciano padece una enfermedad crónica invalidante, la incapacidad es ya
irreversible, la actuación del terapeuta ocupacional se centra en la aplicación de técnicas
terapéuticas de mantenimiento y de adaptación de su entorno, de acuerdo a sus
necesidades.
B) El nivel asistencial
La terapia ocupacional actúa en todos los niveles asistenciales del equipamiento del
sector geriátrico:
188
• Residencia para válidos: Son centros de convivencia para aquellas
personas de la tercera edad que, valiéndose por sí mismas en el
desarrollo de las actividades de la vida diaria, por distintas circunstancias
económicas, familiares, sociales, etc., no pueden permanecer en su
propio domicilio. Los objetivos de la terapia ocupacional serían conocer
la problemática física, psíquica y social de cada paciente, para así poder
establecer programas adecuados para cada caso, realizando actividades
individuales y de grupo, encaminadas a conseguir el mantenimiento de
las actividades de la vida diaria y la mayor funcionalidad posible;
planificar, programar y ejecutar las distintas actividades culturales,
ocupacionales, recreativas, etc., tratando de proporcionar nuevos
intereses y aficiones para ocupar su tiempo libre.
• Residencia asistida: Es un establecimiento destinado a la atención de
ancianos incapacitados que necesiten una asistencia continuada para la
realización de las actividades de la vida diaria, y que por su problemática
familiar, social y económica, no pueden ser atendidos en sus propios
domicilios. No obstante las características físicas, psíquicas y sociales de
los usuarios de estas residencias, no se deben confundir con hospitales.
Son centros gerontclógicos, donde además de solucionar la problemática
social del anciano incapacitado, se le prestan unos cuidados preventivos,
asistenciales y curativos, para detener o mejorar su estado de
dependencia personal. La terapia ocupacional se encarga de ofrecer las
ayudas técnicas específicas que el anciano incapacitado necesite para
facilitar el movimiento y conseguir su autonomía, intentar que el anciano
participe en la vida del centro de una forma activa y satisfactoria, y
favorecer la realización de aquellas actividades de la vida diaria que
estuviesen limitadas por la incapacidad.
ASISTENCIA EXTRAHOSPITALARIA
ASISTENCIA HOSPITALARIA
189
fisioterapeuta; y se favorece la bipedestación y deambulación, evitando
las complicaciones secundarias, principalmente de tipo articular, muscular
y respiratorio, secundarias al encarnamiento prolongado.
• Postural: Durante el período agudo de la enfermedad, el tratamiento
postural es muy importante. Indicar actitudes posturales correctas evita
complicaciones y facilita la recuperación. El terapeuta ocupacional es el
encargado del diseño de aquellas ayudas (férulas, cojines), que sirvan
para colocar correctamente una articulación o un miembro patético.
• Ayudas técnicas: Se orienta al paciente sobre aquellas ayudas técnicas que
necesite durante su estancia en el hospital y ala salida del mismo, de tal
forma que, mediante su utilización, mantenga su autonomía para la
realización de las actividades de la vida diaria.
• Actividades de la vida diaria (AVD): Se intenta que el enfermo mantenga
el mayor grado de funcionalidad, aunque deba estar encamado. Se
supervisa la realización de aquellas actividades básicas (vestirse,
desnudarse, asearse, comer, etc.) para la autonomía durante el período
de hospitalización. Permitir que el paciente realice por sí mismo todas
aquellas actividades que la enfermedad le permita, es fundamental
• Psíquica: Muchos pacientes geriátricos sufren alteraciones de la memoria,
que se originan o acentúan durante el período de ingreso. La terapia
ocupacional actúa trabajando la memoria y desorientación temporo-
espacial, a través de ejercicios específicos, de juegos sencillos de
orientación a la realidad, o motivando temas de discusión de interés para
el anciano. De igual manera, el apoyo psicológico que presta el terapeuta
ayuda en la prevención de reacciones depresivas a la hospitalización.
• Atención familiar: El contacto con la familia da la información de la
situación basal del enfermo, así como las condiciones de vida y vivienda.
El terapeuta informará a la familia de cómo debe tratar y manejar a su
familiar enfermo durante el ingreso. Valorará el grado de capacidad al alta
para valerse por sí mismo y asesorará aquellas ayudas personales o
instrumentales que necesite, así como las adaptaciones o cambios que
deban ser realizados en el domicilio.
2. Unidad de media estancia (UME): Está concebida como un nivel asistencial pera
completar la recuperación de pacientes con posibilidades reales para ello, y
que precisen estancias superiores a las establecidas en el medio hospitalario.
Se entiende que el cuidado de este tipo de pacientes no debe ser efectuado
fuera de dicho medio. El objetivo de la terapia ocupacional es mejorar la
función física y psíquica, recuperando aquellas AVD básicas e instrumentales
que se vean afectadas, con el fin de lograr la mayor independencia.
190
ancianos con muy escasas o nulas posibilidades de recuperación y que,
principalmente, requieren cuidados especiales de enfermería. En terapia
ocupacional se pretendería mantener al anciano en las mejores condiciones
físico-psíquicas posibles, manteniendo las capacidades respetadas por la
enfermedad.
191
comida, el aseo, vestido, deambulación, uso de los medios de transporte, etc. Estas
actividades de la vida diaria, en palabras de un enfermo, “son aquellas pequeñas cosas
que nos hacen desgraciados cuando no las podemos realizar”.
La experiencia en este campo ha demostrado que depender de otras personas para
estas actividades origina reacciones depresivas más importantes que la incapacidad
misma, a la que llegan a acostumbrarse.
Al anciano se le enseñará a reencontrarse con sus capacidades, hasta conseguir el
nivel que le permita valerse por sí mismo y cubrir sus necesidades más elementales; a la
vez, se persigue la modificación de gestos nocivos y su cambio por otros más sanos y
eficaces.
En ocasiones, para la realización de estas actividades, es necesario utilizar soportes
en el anciano o adaptaciones en utensilios o sobre el medio, con el fin de facilitar la
función, así como para suprimir aquellas barreras que el anciano encuentre y que limitan
su movilidad y accesibilidad en su entorno (próximo y lejano). Este conjunto de
adaptaciones se denomina ayudas técnicas, y no sólo facilitan la función, sino que
también previenen la aparición de incapacidades (evitando la ejecución de actividades
nocivas). Estas ayudas técnicas se dividen en dos grupos, dependiendo sobre qué o quién
se apliquen:
Dado que la terapia ocupacional realiza una labor integradora, el anciano debe ser
bien valorado psíquicamente, con el fin de saber el grado y áreas afectadas por la
enfermedad e incapacidad, si la hubiese. Es frecuente que la incapacidad física no
concuerde con la patología real que padecen. Estados depresivos, miedo a caerse o
sobreprotección familiar, empeoran el estado original y dificultan la recuperación. En
terapia ocupacional se trabaja conjuntamente el estado físico y psíquico, pues en un alto
porcentaje la afección física puede afectar psíquicamente (depresión secundaria a
accidente cerebrovascular agudo) o viceversa; la afección psíquica incapacita físicamente
(depresión endógena que origina inhibición motriz, con el consiguiente cuadro de
inmovilización que afecta a diversas actividades, como puede ser la deambulación).
192
Junto a la valoración psicológica, se debe realizar una exhaustiva valoración de la
función global, para conseguir una extensa información del estado del anciano en su
conjunto, observando las capacidades y dificultades para realizar las actividades que le
den independencia.
Para conseguir dicha información, es necesario valorar:
193
15.7. Procesos patológicos susceptibles de tratamiento en terapia
ocupacional
A) Accidente cerebrovascular
La presencia de déficit motor y perceptivo, como secuela de esta enfermedad, la
hace susceptible de ser tratada en terapia ocupacional. La limitación funcional que
provoca, así como estado emocional depresivo y gran dependencia para la autonomía
personal, pueden hacer que el aprendizaje se vea entorpecido, retrasando la
recuperación.
El objetivo del tratamiento irá encaminado a ayudar a la recuperación, mejorar la
función física y emocional, lograr la autonomía en las AVD y mejorar los problemas de
comunicación y percepción asociados.
Se realizará un tratamiento postural del paciente, enseñando a la familia y
cuidadores, para evitar patrones anormales de movimiento, previniendo deformidades y
contracturas. Este tratamiento consiste en lo siguiente:
B) Enfermedad de Parkinson
A medida que va avanzando la enfermedad, el deterioro funcional aumenta,
limitando de forma considerable la independencia del enfermo. Las actividades que
requieren movilidad del tronco y reflejos posturales se ven entorpecidas, perdiendo
destreza y habilidad manual.
Los objetivos del tratamiento son:
194
– Valorar el grado de independencia en las AVD.
– Aumentar la amplitud de los movimientos voluntarios.
– Asesorar sobre las ayudas técnicas necesarias para la ejecución del movimiento.
– Facilitar el movimiento enseñando al paciente a sentarse y levantara o
deambular, por medio de la iniciación rítmica que ayuda a evitar el bloqueo al
inicio del movimiento.
195
Parte III
Cuidados de enfermería en problemas comunes de los
ancianos
196
16
Trastornos del sueño
Objetivos
16.1. Introducción
El sueño normal consta de dos períodos bien diferenciados: el sueño MOR o REM
(movimientos oculares rápidos, o rapté eyes mopement) y el sueño no MOR o no REM.
Este último período consta, a su vez, de cuatro evadios, que se designan con los números
1, 2, 3 y 4. El 0 corresponde al estado de vigilia.
Una noche típica para un adulto joven comienza con un corto período de los
estadios 1 y 2, seguidos de otros períodos más largos de los estadios 3 y 4, que
corresponden sueño profundo. En 1 ó 2 horas, aproximadamente, comienza el período
de sueño MOR. El ciclo se repite cada 90 minutos. Los períodos de sueño MOR se
suceden y alternan con los estadios 3 ó 2 de sueño no MOR. Cada noche se producen
alrededor de 4 a 6 períodos MOR y representan del 20 al 25% de todo el período de
sueño.
En los ancianos, los estadios 3 y 4 (sueño lento) decrecen significativamente. Los
mayores de 75 años carecen prácticamente de estadio 4 y disminuye la proporción del
estadio 3, que posiblemente representa un sueño lento residual. En general, la proporción
de sueño lento no supera el 10% del sueño total. La disminución de sueño lento es más
acusada y precoz en hombres que en mujeres. Con la edad aumen ta también el tiempo
de vigilia hasta conciliar el sueño y se acorta el tiempo de latencia entre la entrada al
sueño y la aparición del primer episodio de sueño MOR.
La proporción de sueño MOR se mantiene constante con la edad. Son más
frecuentes en la ancianidad los despertares nocturnos acompañados de dificultades
crecientes para volver a conciliar el sueño. Estos despertares son debidos, generalmente,
a la existencia de un sueño progresivamente más ligero y más fácilmente interrumpible
197
por diversos estímulos ambientales.
Todos estos fenómenos determinan cambios en la arquitectura del sueño, tal como
se representa en la figura 16.1.
– Hay una tendencia ligera a incrementar el tiempo total de sueño de los ancianos.
– Aparecen dos subgrupos con tiempo total de sueño diferente: un subgrupo está
constituido por ancianos que duermen más de 9 horas y el otro subgrupo por
198
los que duermen 5 horas o menos.
– El tiempo total de sueño es mayor en los hombres (7,3 horas aproximadamente)
que en las mujeres (alrededor de 6,2 horas).
– Presentan somnolencia diurna, especialmente postpandrial, un 63% de hombres
y un 40% de mujeres.
– Con la edad se produce un incremento de las siestas, aunque no en todas las
personas, y su duración no constituye una gran proporción del tiempo total de
sueño.
– Aproximadamente, un tercio de los mayores de 60 años no duerme nunca
siesta, y un porcentaje similar sólo duerme siesta ocasionalmente. Sólo el 10%
de los ancianos duerme siesta habitualmente.
– Con la edad también aumentan las dificultades para conciliar el sueño.
Alrededor de una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores
de 60 años tardan 30 minutos o más para comenzar el sueño.
– Los trastornos del sueño más frecuentes en los ancianos son:
MUJERES HOMBRES
• Ronquidos (se relacionan con
• Insomnio de conciliación.
exceso de peso e hipertensión).
• Despertares nocturnos o dificultad
• Apnea del sueño.
para el mantenimiento del sueño.
• Despertar precoz.
• Mioclonías nocturnas.
– Los problemas físicos que habitualmente originan trastornos del sueño son:
• Enfermedades respiratorias que cursen con tos, disnea u ortopnea.
• Enfermedades que afecten a los miembros inferiores (por ejemplo,
vasculares).
• Nicturia.
• Enfermedades tiroideas (el hipertiroidismo puede originar interrupciones
del sueño, mientras que el hipotiroidismo con frecuencia da lugar a
somnolencia diurna).
• Dolor abdominal o torácico originado por reflujo gastroesofágico o ulcus
duodenal (durante la fase MOR aumenta la secreción acida gástrica).
• Fármacos (metikaetinas, betabloqueantes lipofílicos, como propanolol y
pindolol, clonidina).
• Trastornos depresivos,
• Trastornos por ansiedad.
199
16.3. Trastornos del sueño
Los trastornos del sueño más frecuentes son: insomnio, apnea del sueño, mioclonías,
pesadillas y delirium.
16.3.1. lnsomnio
200
La prevalencia de la apnea del sueño aumenta con la edad y es más frecuente en el
varón. Aproximadamente, entre el 30 y 50% de los varones mayores de 65 años tienen
20 o más episodios de apnea durante el sueño.
El cese repetido de la respiración origina diversos trastornos, entre los que se
incluyen disminución de la saturación de oxihemoglobina, arritmias cardíacas,
hipertensión arterial, deterioro neuropsicológico y somnolencia diurna.
Tanto el síndrome de apnea del sueño como la manifestación asociada de ronquido
se agravan con el consumo de alcohol y psicofármacos.
16.4. Diagnóstico
En el cuadro 16.1 se resumen los datos esenciales para la historia clínica de ancianos
con trastornos del sueño. Sólo en pocos casos suelen estar indicados los estudios
polisomnográficos.
CUADRA 16.1
201
Historia clínico en ancianos con trastornos del sueño
3. ¿Ha recibido o recibe tratamiento para la depresión, ansiedad u otros problemas psíquicos?
- Alcohol.
- Café,
- Té,
- Refrescos de cola.
6. ¿Recibe algún tratamiento farmacológico como, por ejemplo, descongestivos nasales, broncodilatadores,
betabloqueantes, hipotensores, pastillas para dormir o tranquilizantes?
7. ¿Ha tenido Vd. con anterioridad trastornos del sueño? ¿Durante cuánto tiempo?
16.5. Tratamiento
– Farmacológicas.
– No farmacológicas.
202
– Terapia conductual
– Normas de higiene del sueño.
Estas medidas se aplican solas o asociadas, según los casos, junto a los tratamientos
etiológicos para enfermedades causales o concomitantes.
A) Medidas farmacológicas
Los criterios para el tratamiento farmacológico se señalan en el cuadro 16.2.
CUADRA 16.2
Directrices poro el tratamiento con hipnóticos
203
trastornos psícomotores.
Algunos benzodiazepínicos de acción corta pueden precipitar insomnio de rebote en
mitad de la noche si desaparece el efecto hipnótico. En otras ocasiones, originan un
efecto paradójico, con inquietud y agitación.
También se recomiendan los nuevos fármacos hipoinductores no benzodiazepínicos,
como zolpiden o zoplicona, con menores efectos indeseables que los benzodiazepínicos.
Están contraindicados en los ancianos los barbitúricos, meprobamato, hidrato de
doral, etc., por otra parte, en progresivo abandono como tratamiento en la actualidad,
B) Terapia conductual
Comprende medidas como entrenamiento en relajación, biorretroalimentación,
control de estímulo, técnicas cognitivas, autohipnosis, control de la respiración, etc.
204
DECÁLOGO DE LA HIGIENE DEL SUEÑO
205
16.5.4. Tratamiento de las pesadillas y el delirium
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
206
17
Alteraciones sensoriales en el anciano
Objetivos
• Describir los cambios fisiológicos del ojo y del oído que se producen con la edad.
• Describir las enfermedades oculares más frecuentes en el anciano.
• Describir las enfermedades auditivas, trastornos del gusto, del olfato y del tacto en el anciano.
• Establecer los cuidados de enfermería en los diversos procesos patológicos.
17.1. Introducción
17.2. Visión
Los cambios visuales guardan relación con la edad. Además de estos cambios
fisiológicos, los ancianos tienen mayor riesgo de padecer determinadas enfermedades,
como cataratas, glaucoma, degeneración macular, etc., debido a los cambios que se
producen y a determinadas enfermedades.
Así, el anciano con un déficit visual importante, va a presentar una serie de
dificultades en su vida diaria, como:
207
17.2.1. Cambios fisiológicos relacionados con la edad
CÓRNEA
IRIS Y PUPILA
– Disminución del tamaño pupilar, debido a la rigidez del iris, con lo que existirá
un aumento de la sensibilidad a la luz y dificultad de adaptación a la oscuridad
(lentitud del reflejo pupilar ante un estímulo luminoso).
– Pérdida de pigmentación del iris, con lo que habrá tendencia a tener ojos
grisáceos o azul claro.
CRISTALINO
RETINA Y MÁCULA
APARATO LACRIMAL
208
– Hay ancianos que pueden presentar un lagrimeo constante (epifora) y es debido
a una oclusión del conducto oculonasal.
Origina entropión (inversión del párpado inferior hacia dentro) y ectropión (inversión
del párpado inferior hacia fuera, que es lo más frecuente).
17.2.2. Cataratas
A) Concepto
Se denomina cataratas a la opacidad del cristalino.
En estado normal, la transparencia del cristalino le permite actuar como una lente.
Ayuda al enfoque de las imágenes sobre la retina, donde se inicia la transmisión del
estímulo luminoso al cerebro en forma de estímulo nervioso. Cuando esta lente se
opacifica, el paso de la luz desde el exterior a la retina queda obstaculizado y se altera el
proceso de la visión.
Las cataratas constituyen la causa más frecuente de reducción de la visión en los
ancianos.
B) Clasificación
• Según su localización:
– Corticales: son las más frecuentes. Son bilaterales y se instauran, en
general, rápidamente.
– Nucleares: son más raras y sobrevienen a una edad más avanzada.
Ocasionan miopía.
– Subcapsulares: los trastornos funcionales aparecen precozmente. Son
siempre pronunciados y se agravan rápidamente.
209
anterior.
– Hipermadura: tiene lugar el plegamiento de la parte anterior del cristalino.
– De Morgagni: se produce una licuefacción total de la corteza de la lente.
C) Etiología
La mayoría de las cataratas están asociadas con el proceso normal de
envejecimiento, debido a los cambios estructurales que sufren las proteínas del cristalino.
Otros factores también pueden contribuir a la formación de cataratas, como son:
– Desprendimiento de la retina.
– Degeneración macular senil.
– Agentes terapéuticos: corticoides y mióticos.
– Diabetes mellitus.
– Alteraciones dermatológicas.
D) Manifestaciones clínicas
Los síntomas tempranos de las cataratas están causados por la tumefacción cristalina
antes de la formación de una opacificidad visible.
Entre los síntomas de la formación de cataratas se incluyen:
– Defectos de la visión.
– Fatiga ocular.
– Cefalea.
– Aumento de la sensibilidad a la luz.
– Visión borrosa.
E) Diagnóstico
– Sensibilidad a la luz, al deslumbramiento, a los contrastes, reacción a la
oscuridad.
– Agudeza visual
– Campos visuales.
– Acomodación visual.
– Capacidad para la visión espacial.
– Discriminación del color.
– Estructuras y movimiento oculares.
– Necesidades de iluminación.
– Oftalmoscopia con dilatación de pupilas.
– Verificación de la agudeza visual con refracción.
– Examen de fondo de ojo con lámpara de hendidura. Se lleva a cabo para
confirmar la existencia de cataratas y la evaluación del estado de maduración.
210
F) Tratamiento
El tratamiento de las cataratas consiste en la retirada de la lente opaca por medio de
la intervención quirúrgica.
La cirugía se realiza cuando la opacificidad interfiere en las necesidades de la visión.
La extracción de la catarata puede realizarse bajo anestesia local o general.
Se realiza una pequeña incisión corneal que permite la salida del cristalino, una vez
liberado, se extrae; luego se procede a coser la incisión con ligeras suturas, éstas bien se
disuelven en 2 ó 3 semanas o se deberá proceder a su extracción.
Los métodos de extracción son:
G) Cuidados de enfermería
• Cuidados preoperatorios:
– Tomar una muestra de secreción conjuntival el día antes de la operación
para examinar el estado del ojo.
– Se instilará pomadas o gotas antibióticas el día anterior (gotas cada 8
horas, pomada antes de acostarse).
– El día de la intervención se dejará al paciente en ayunas y se dilatará la
pupila con gotas midriáticas.
– Administrar fármacos diuréticos, según prescripción, para disminuir la
tensión ocular y así poder maniobrar mejor durante la intervención.
– Lavar la cara con jabón, eliminando cremas o suciedad que pueda existir.
• Cuidados postoperatorios:
– Tomar las constantes vitales.
– Levantar la cabecera de la cama aproximadamente 30 grados para evitar
tensión sobre la sutura del ojo.
– La existencia de dolor, supuración o fiebre pueden ser indicios de
complicaciones.
– Advertir al paciente que no puede tocarse el ojo, ni acostarse sobre el lado
211
operado.
– Administrar tratamiento local prescrito y enseñar al paciente y ala familia
las medidas a realizar en su domicilio, una vez dado el alta.
– Evitar cualquier actividad física que pueda aumentar la tensión intraocular.
H) Complicaciones postoperatorias
– Prolapso del iris.
– Supuración de la herida.
– Hemorragia intraocular.
– Glaucoma.
17.2.3. Glaucoma
A) Concepto
Es el aumento de la tensión intraocular debido a un aumento de la secreción del
humor acuoso o a una disminución en su evacuación.
El nervio óptico es incapaz de tolerar el aumento de la presión intraocular, y esto
conduce a la lesión y muerte de las células nerviosas y sus fibras.
Es posible detener la progresión de la enfermedad reduciendo la presión intraocular.
El valor normal de presión intraocular es de 10-20 mmHg. Se consideran sospechosos
20-24 mmHg y patológicos los valores mayores de 24 mmHg.
212
normales, se traduce con una alteración del campo visual. Los factores de
riesgo son:
– Antecedentes familiares de glaucoma.
– Enfermedades cardiovasculares.
– Diabetes.
– Miopía elevada.
A) Concepto
Se produce como consecuencia de la microangiopatía diabética. Es la causa más
importante de ceguera bilateral irreversible.
La frecuencia de aparición de la retinopatía diabética viene condicionada por dos
factores: la duración de la diabetes y la edad de aparición de la misma.
B) Factores desencadenantes
Arteriosclerosis, picos de hiperglucemia, tratamientos con insulina, hipertensión
arterial e hiperlipidemia.
C) Manifestaciones clínicas
– Microaneurismas visibles al oftalmoscopio.
– Exudados duros o lipídicos, entre las capas de la retina.
– Hemorragias en forma variable según su localización.
– Edema retinario y macular.
– Exudados algodonosos, originados por fenómenos isquémicos en la superficie
de la retina.
– Neovasos que son típicos de las formas proliferativas, se originan por una
isquemia y pueden producir desprendimiento de retina por alteraciones en el
vitreo.
D) Diagnóstico
• Oftalmoscopia.
• Angiofluerescenigrafía.
E) Tratamiento
El mejor tratamiento es el control de la enfermedad diabética. Junto al control de la
glucemia se utilizan la fotocoagulación con láser de Argón y el tratamiento quirúrgico
(oriocoagulación, vitrectomía).
213
17.2.5. Retinopatía hipertenmo o vascular
A) Concepto
Se produce por aumento de las arterias retínales en su constricción, lo que hace que
aumente la presión arterial.
Los signos de los cambios hipertensivos en la retina son: la constricción de las
arterias, reflejos luminosos aumentado de la pared vascular. Y en casos de compresión
generalizada, ocasiona hemorragias y manchas algodonosas.
Los grados de retinopatía son:
C) Diagnóstico
• Observación cuidadosa de la retina o de la aparición de sus signos.
• Angiografía fluorescénica más placas fotográficas.
D) Tratamiento
Controlar la tensión arterial, evitando cambios bruscos (de hiper a hipotensión).
Tratamiento con láser.
A) Concepto
La degeneración macular es de aparición muy frecuente en los ancianos y a menudo
bilateral.
214
Está relacionada con una disminución del flujo sanguíneo de las terminaciones
nerviosas sensibles en esta región.
Al ser la zona macular la encargada de la visión central, ésta va a estar alterada,
aunque rara vez se llega a una amaurosis, ya que la visión periférica permanece intacta.
B) Factores de riesgo
– Edad.
– Factores individuales: sexo y raza.
– Antecedentes familiares.
– Alteraciones sistémicas: hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipidemias,
alcoholismo, tabaquismo, obesidad.
– Alteraciones oculares: hiperpigmentación, alteraciones de la refracción.
– Factores ambientales: luminosidad.
C) Manifestaciones clínicas
Disminución progresiva de la agudeza visual de predominio central con preservación
de la visión periférica.
D) Tratamiento
No hay un tratamiento específico y sólo algunos casos pueden beneficiarse de la
terapéutica con láser, aunque el índice de recurrencia es elevada.
La mayoría de los pacientes mejoran con ayudas ópticas potentes.
17.2.7. Presbicia
La presbicia aparece por esclerosis del cristalino, que pierde elasticidad para la
acomodación. Es de aparición muy frecuente a partir de los 50 años. Va a existir
dificultad para la visión cercana y fatiga visual. Se corrige con lentes apropiadas.
215
Estas alteraciones se producen por una disminución de la elasticidad de los músculos
del párpado. Se va a producir:
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
17.3. Oído
216
17.3.1. Presbiocusío
17.3.2. Otosclerosis
A) Concepto
Es la neoformación de tejido esponjoso en el estribo. Produce una presbiacusia; el
anciano escuchará mejor cuando se le hable a distancia o en voz baja; también van a
existir acufonos.
Se puede producir la sordera total cuando se afecta el nervio auditivo y otras
estructuras internas del oído.
B) Tratamiento
– Tratamiento quirúrgico: estapedectomía (extracción del estribo y sustitución por
una prótesis y un injerto autólogo).
– Prótesis auditiva.
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
217
5. Enseñar al paciente el uso correcto del audífono.
6. Realizar y enseñar al anciano y a sus familiares o cuidadores las medidas de
higiene del oído.
7. Enseñar al anciano y a sus familiares o cuidadores las técnicas para facilitar la
audición y la comunicación (modo de hablar al anciano, cómo leer los labios,
etc.).
17.4. Olfato
Con la edad, se producirá una atrofia de las ibras olfatorias que recubren la mucosa
nasal, que conlleva una disminución del olfato, Se puede llegar a una pérdida total del
olfato (anosmia) alrededor de los 80 años.
Como consecuencia de esta pérdida del olfato, habrá una disminución de la
capacidad para disfrutar de los alimentos y reducción del apetito.
17.5. Gusto
Hay una disminución del número y atroia de las papilas gustativas y una disminución
de la producción de saliva.
Estos dos cambios fisiológicos llevan a hipoagensia (disminución del sentido del
gusto) y disgeusia (alteración en la percepción de los sabores).
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
218
presentación y con distintas texturas.
4. Intentar servir las comidas cuando tenga hambre.
5. Proporcionar una dieta adecuada en nutrientes, vítaminas y oligoelementos y
agua, incluso con suplementos, según prescripción.
17.6. Tacto
Va a existir una pérdida parcial de los receptores del tacto, con lo cual, menor
capacidad para reconocer objetos, y una pérdida de la sensibilidad de la piel, por
consiguiente mayor tolerancia al dolor.
Diagnóstico da enfermaría
Intervencíón de enfermería
219
18
Salud bucal en el anciano
Objetivos
• Identificar los cambios morfológicos de la cavidad oral que se producen con la edad.
• Describir los problemas de salud bucai más frecuentes en los ancianos.
• Señalar los cuidados para la salud bucal de los ancianos.
220
más frecuente: la caries, Esta patología, que supone la principal causa de mortalidad
dentaria en las tres primeras décadas de la vida, sufre un enlentecimiento, de tal manera
que la prevalencia de caries primaria a nivel de la corona en los ancianos no es alta. Sin
embargo, la caries secundaria y la caries radicular presentan una gran prevalencia. La
caries radicular es de progresión lenta, raramente afecta a la pulpa dentaria y,
generalmente, es indolora. Este tipo de patología es extremadamente frecuente en
aquellos ancianos que presentan enfermedades crónicas que dificultan las medidas de
higiene oral, y aquellos con tratamientos farmacológicos que producen una disminución
en las defensas naturales del organismo frente a este proceso patológico, como es la
saliva.
Debido a que la patología cariosa es un gran problema de salud pública que
condiciona su evaluación para poder conocer las necesidades de tratamiento de una
población, se han realizado internacionalmente estudios de prevalencia. El problema de
estos estudios para valorar la prevalencia de esta enfermedad en los ancianos, es la
ausencia de dientes, que es el reflejo de las influencias de las diferentes enfermedades a
lo largo de la vida, y el hecho de que los efectos de la caries en este grupo de población
son acumulativos. En España, dentro de los estudios de prevalencia, Caballero (1989), en
una población geriátrica institucionalizada en Vizcaya, cita un CAOD medio (Cariados-
Ausentes-Obturados por diente) de 27,8 en los hombres y de 293 en las mujeres, con
una media de 0,14 dientes obturados y 2,8 dientes cariados. Beck y Hunt (1985)
sugieren que dentro de las causas responsables del peor estado dental encontrado en las
residencias geriátricas de larga estancia, están la mayor edad y la prevalencia de
problemas generales físicos y mentales entre los ancianos institucionalizados. Otra causa
es el mayor consumo de medicaciones con un efecto xerostómico ee estos pacientes, que
aumenta el riesgo de caries (Baker y cols., 1991).
La salud periodontal en los ancianos es, en general, pobre, ya que el nivel de higiene
oral suele ser deficiente, aumentando esta deficiencia con la edad. La mayor gravedad y
extensión de la enfermedad se debe a una continua exposición de los tejidos
períodontales a la acción de las bacterias y a una menor capacidad defensiva y
reparadora de los tejidos del huésped frente a la agresión bacteriana.
221
matótica, fibroplasia y en el número de fibras colágenas y mucopolisacándos,
y aumentos en los cambios arterioscleróticos.
c) Hueso alveolar y cemento. Los cambios son similares a los que se producen en
el resto del esqueleto: osteoporosis, disminución en la vascularización y en la
tasa metabolica y capacidad de cicatrización. La actividad reabsortiva está
aumentada, mientras que la actividad formadora se encuentra disminuida.
222
Fuente: Modificado de Bennett, J. y Creamer, H., 1984.
FIGURA 18.2. Procesos patológicos en el diente y tejidos adyacentes en el anciano, comparado con un diente
normal.
223
prevalencia se sitúa en cifras del 50-80%, aunque la tendencia actual de estas cifras es ir
disminuyendo. Este estado es consecuencia de un efecto acumulador de la patología oral
a lo largo de la vida, siendo las dos principales causas la caries dental y la enfermedad
pedodontal.
18.2. Xerostomía
224
DIAGNÓSTICOS E INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
225
– Dientes móviles.
226
19
Problemas cutáneos en el anciano
Objetivos
CUADRO 19.1
Transformaciones cutáneas asociadas al envejecimiento intrínseco de la piel
227
CUADRO 19.2
Cambios funcionales relacionados con el envejecimiento de la piel
228
epidérmico. largo.
• Disminuye la caspa y la psoriasis.
Aclaramiento dérmico
• Desciende el
• Efecto irritante o alérgico prolongado.
aclaramiento químico.
• Respuesta
inflamatoria • No aparecen signos de aviso.
amortiguada.
Inmunorregulación
• Pérdida o disfunción • Aumento de infecciones (víricas, micóticas),
de las células T. neoplasias, dermatitis de contacto alérgicas.
• Disfunción de las • Enfermedades por anticuerpos (penfigo,
células B. penfigoide).
• Recurrencia de infecciones a las que era inmune
previamente.
19.2.1. Xerosís
229
Este término expresa la característica de sequedad de la piel. Es muy frecuente en
los anciano. Se creía que era consecuencia de la pérdida de agua o a la disminución de la
secreción sebácea. Aunque no se conoce bien su etiología, se cree que está producida por
alteraciones en la maduración de los queratinocitos.
Se manifiesta por un aspecto seco y fragmentado de la piel, especialmente en las
extremidades inferiores. Si no se trata, puede sufrir procesos inflamatorios y se denomina
eritema craquelé o eczema asteatósico.
El tratamiento se basa en la aplicación de sustancias emolientes, inmediatamente
después del baño y, en ocasiones, cremas con hidrocortisona.
19.2.3. Rosácea
19.2.4. Candidiasis
230
durante tiempo prolongado.
Los lugares de aparición son los pliegues cutáneos, especialmente con un alto grado
de humedad (axilas, ingles, surco submamario,y las mucosas (boca y lengua). Las
lesiones cutáneas se caracterizan por amplias zonas eritematosas, bien demarcadas, de
aspecto húmedo, con pápulas o pústulas satélites y prurito.
El tratamiento comprende la utilización de antifúngicos locales y una cuidadosa
higiene de la zona afectada, evitando la humedad. La candidiasis bucal requiere la
utilización de antifúngicos por vía oral
19.2.5. Psoriasis
19.2.7. Penfígo
231
tratamiento (corticoides, inmunosupresores, plasmaféresis).
A) Carcinoma basocelular
Es el más frecuente de los tumores cutáneos. Aparece a partir de los 40-50 años. La
exposición solar predispone a padecerlo. Se localiza más frecuentemente en la cabeza,
cuello, nariz.
Tiene un aspecto de pápula circular u oval, que puede ulcerarse en el centro y/o
presentar pequeñas telangiectasias. Puede ser único o múltiple, pigmentado o císticó.
Aunque no produce metástasis, si no se trata, puede originar destrucción tisular. Se trata
habitualmente con escisión, electrodesecación o radiaciones ionizantes.
B) Carcinoma espinocelular
Sigue al carcinoma basocelular en frecuencia. También se asocia a exposición solar y
también a exposición a radiaciones crónicas, arsénico inorgánico, infección por
papilomavirus y a la presencia de úlceras y quemaduras de las piernas.
Tiene un aspecto rosado o rojizo, de tamaño variable (de milímetros a centímetros).
El carninoma invasivo está bien demarcado, tiene una consistencia indurada y se localiza
habitualmente en zonas cutáneas expuestas al sol. Puede metastatizar por vía linfática.
El tratamiento es similar al del carcinoma basocelular. Si existen metástasis, deben
tratarse con radioterapia y quimioterapia.
C) Melanoma
Es una lesión maligna, muy grave habítualmente, con una alta tasa de mortalidad.
Está relacionado con diversos factores (piel blanca, historia familiar de melanoma, nevus
displásico, edad avanzada y exposición solar). Se caracteriza por las iniciales ABCD:
Asimetría, Borde irregular, Color variable (de ocre a negro) y Diámetro grande (más de 6
232
mm).
Puede confundirse con una queratosis seborréica, con un carcinoma basocelular
pigmentado o un nevus. El crecimiento rápido y la presencia de hemorragias lo diferencia
de las lesiones anteriores. Ante la duda, debe realizarse biopsia de forma precoz.
Metastatiza rápidamente. Los lugares más frecuentes de localización de metástasis
son ganglios linfáticos, piel, hígado, pulmones, bazo y cerebro. Cuando ha metastatizado,
la mortalidad es muy elevada.
El tratamiento debe ser precoz y comprende excisión quirúrgica amplia (que incluye
piel y tejido celular subcutáneo) y terapia inmune con BCG o interferón.
19.2.10. Prurito
Por su especial relevancia en geriatría, merecen una mención aparte. Son necrosis
isquémicas de la piel, provocadas por la compresión de los tejidos blandos entre el plano
óseo y un agente externo, habitualmente, la cama. Son procesos muy graves, que pueden
conducir a la muerte si no se tratan adecuadamente. Se puede indicar que su presencia
indica, con frecuencia, unos deficientes cuidados.
19.3.1. Causas
Para la aparición de una úlcera por presión se precisan dos fenómenos bien
determinados: una compresión prolongada con una presión superior a la presión de
perfusión tisular (13-32 mmHg), habitualmente 35 mmHg. Se calcula que con 3 días de
inmovilización en la cama o 2 en sillón bastan para provocar la necrosis tisular, con
presiones de 100-150 mmHg.
El otro fenómeno es la hipotensión capilar momentánea o prolongada, bien de
causa local o general, que reduce la perfusión tisular.
233
Otros factores coadyuvantes son la maceración cutánea por excretos, la hipotrofia
muscular, los trastornos metabólicos (diabetes, hipoproteinemia, …) y las infecciones
cutáneas. En el cuadro 19.3 se exponen esquemáticamente las causas de las úlceras por
presión y en la figura 19.1 un esquema etiológico.
CUADRO 19.3
Causas extrínsecas e intrínsecas de las úlceras por presión
• Edad.
• Enfermedad neurológica.
• Enfermedad cardiovascular.
• Trastornos nutricionales.
INTRÍNSECAS • Trastornos endocrinológicos.
• Fármacos.
• Dolor.
• Incontinencia.
• Enfermedad aguda.
19.3.2. Clasificación
Las úlceras por presión se clasifican según el grado de lesión tisular (cuadro 19.4 y
figura 19.2).
234
CUADRO 19.4
Clasificación de las úlceras por presión
Fuente: Adaptado de Pajk, M., “Pressure sores” y Shea, D. J., “Pressure sores classification and management”.
Clínicol Orthopaedics. 1975.
Los lugares de predilección de las úlceras por presión en los ancianos son,
prácticamente, los mismos que para el resto de pacientes: sacro, tuberosidad isquiática,
cadera, talón, codo, rodilla, talón y occipucio.
Delomier y Blanchon señalan que la localización de las úlceras revela la negligencia
inicial.
235
Las úlceras coxígeas e isquiáticas se denominan de sillón, por aparecer en individuos
que permanecen demasiado tiempo sentados en la misma posición.
Las trocantéreas normalmente son complicaciones de las sacras, producidas al
cambiar de posición al anciano con úlceras sacras y colocarle en decúbito lateral,
favoreciendo de este modo la aparición de una nueva úlcera por presión en la región
trocantérea.
Las úlceras localizadas en rodillas, codos, columna dorsal, región occipital y orejas
suponen una baja resistencia tisular.
236
237
Fuente: Adaptado de Shea, D. J. (1975), en Modern Geriatrics (ed. esp.), 5 (5), mayo 1993.
CUADRO 19.5
Escala de Norton para la voloración del riesgo de úlceras por presión
238
DIAGNÓSTICOS E INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
Intervención de enfermería
A) Medidas preventivas
1. Procurar reposo al paciente anciano, aporte adecuado de líquidos y soporte
nutricional rico en proteínas de alto valor biológico y fármacos, según
prescripción.
2. Administrar suplementos de vitamina C, según prescripción. Los suplementos
de vitamina C se han mostrado eficaces para prevenir la aparición de estas
lesiones, asociados a las restantes medidas.
3. Realizar cambios posturales cada 2 horas, si el paciente no se puede mover.
4. Levantar a los pacientes sentados cada 10 minutos, por un período de 10
segundos, para prevenir úlceras por presión en región sacra.
5. Colocar a los pacientes girados 30 grados, en posición oblicua, para disminuir la
presión sobre sacro, trocánter mayor, tuberosidades isquiáticas, maleolos
externos y talones.
6. Evitar la elevación de la cabecera más de 30 grados, ya que, a partir de ese
ángulo, aumentan las fuerzas de cizallamiento.
7. Evitar almohadillas y vendajes de talones y otras zonas de presión. En contra
de lo que habitualmente se piensa, no eliminan el riesgo de úlceras por
presión, ya que no modifican los factores determinantes: presión y flujo
sanguíneo capilar. Si existen lesiones cutáneas, el vendaje oclusivo favorece la
infección por gérmenes anaerobios.
8. La utilización de alcohol tanino en superficies de roce para mantener la
integridad cutánea no evita el efecto negativo de la presión ni mejora el flujo
sanguíneo.
9. Debe evitarse el contacto de prominencias óseas (talones, codos, etc.) con
239
superficies duras. Para ello se utilizarán almohadas, toallas enrolladas, etc.,
situadas de tal forma que mantengan los miembros elevados e impidan que las
prominencias óseas rocen las superficies duras.
10. Extremar el cuidado con los excretos (heces, orina). Evitar constipació
impactación fecal y cuidar a los incontinentes, manteniéndoles siempre secos,
por el riesgo de maceración de la piel
11. Evitar jabones alcalinos o con gran poder detergente, ya que pueden destruir el
manto ácido de la piel y favorecen erosiones e infecciones.
12. Utilizar, siempre que sea posible, colchones antiescaras (de agua o aire con
presión alternante).
13. Evitar sábanas arrugadas, migas, restos de comida, objetos.
Xerosis
1. Evitar jabones alcalinos
2. Si se usan jabones, reservarlos para los aseos axilar y genital.
3. Aclarar bien para evitar restos de jabón.
4. Aplicar sustancias emolientes inmediatamente después del baño o ducha.
5. Recomendar ropa interior de algodón para minimizar la irritación cutánea.
6. Evitar la exposición prolongada al viento y al sol.
7. Recomendar una adecuada ingestión de líquidos.
8. Recomendar medidas que favorezcan un adecuado grado de humedad en el
ambiente.
Candidiasis
1. Extremar medidas de higiene y prevención para evitar el contagio.
2. Aplicar el tratamiento prescrito.
240
3. Tras la limpieza de la piel, secar bien, especialmente en áreas intertriguiosas,
para evitar la proliferación micótica.
Neoplasias
1. Identificar las variaciones de las mismas (formación de costras, sangrado,
ulceración, …).
2. Aplicar los tratamientos prescritos antes y después de la intervención quirúrgica,
si está indicada.
Prurito
1. Mantener un adecuado aporte de vitaminas en la dieta, especialmente vitaminas
A, B y niacina.
2. Evitar la piel seca.
3. Aplicar soluciones mentoladas para disminuir el picor.
4. Evitar la utilización de antihistamínicos mientras sea posible.
5. Evitar corrientes de aire, ya que aumentan la sensación de picor.
6. Vigilar la aparición de lesiones por rascado, que conllevan riesgo de infección.
241
20
El pie del anciano
Objetivos
20.1. Introducción
Al hablar del pie geriátrico, hay que tener en cuenta los estragos del tiempo
provocando sobrecargas estáticas, debido al soporte del peso y a los zapatos
inadecuados.
No siempre se encuentra un pie anatómicamente bien configurado, puesto que
muchas deformidades estructurales congénitas o adquiridas datan de largo tiempo y son
242
arrastradas desde la niñez, siendo en la edad adulta cuando comienzan a manifestar
sintomatología, que disminuye la calidad de vida impidiendo realizar actividades sencillas
en las que tiene que caminar.
Realizar una relación de todas las alteraciones estructurales, es prácticamente
imposible en este capítulo, pero sí realizar un breve resumen de aquellas más frecuentes
que cursan con dolor e incapacidad funcional.
El pie está configurado con una bóveda longitudinal interna perfectamente definida,
dando una huella plantar característica en la que existe un apoyo anterior sobre las
cabezas metatarsales y pulpejos de los dedos; un apoyo medio del borde externo del pie
y posterior del talón. La huella puede encontrarse alterada indicándonos la existencia de
una patología estructural, como un pie plano, cavo, valgo, equino varo, etc. Todas estas
alteraciones van a producir una hiperpresión por un mal reparto de cargas.
En un primer estadio, la hiperpresión circunscrita se traduce en hiperqueratosis,
posteriormente en helomas, para pasar a producir bursistis en una fase más avanzada.
Muchas de las patologías del pie acompañadas de un calzado poco adecuado pueden
traer consigo procesos álgicos en zonas de máxima presión. Las metatarsalgias y las
talalgias son los procesos álgicos más frecuentes, siendo la primera de mayor incidencia
en la mujer, y la segunda en el hombre.
20.2.1. Metaiarsalgias
20.2.2. Tolalgias
243
Es un dolor en la zona plantar del talón, que incluso se irradia a la zona de la
aponeurosis plantar. Se manifiesta en el apoyo, al comenzar la marcha, siendo
insoportable y llevando al paciente a caminar con claudicación.
Este proceso álgico en el adulto se puede producir por varias causas, una de ellas en
el uso de un zapato inadecuado, con poco tacón, como es el caso de unas “zapatillas de
andar por casa”, con una suela flexible y delgada. También se incrementa, como se ha
comentado anteriormente, por la disminución de la grasa plantar, exponiendo las
prominencias óseas a un apoyo directo sin amortiguación.
Existen otras molestias que se producen en el talón, pero en su zona posterior, casi
siempre debido a la presión producida por la disposición anatómica del calcáneo o por el
refuerzo posterior del zapato.
244
FIGURA 20.1. Hallux valgus. El 2.° dedo en martillo supraductus del 1.° con heloma dorsal en la articulación
interfalángica proximal.
Los signos más frecuentes de la piel del paciente que ha rebasado la edad madura
son la descamación, la sequedad y la atrofia. Las causas de estos fenómenos son muchas
y diversas, como por ejemplo:
245
con varias masas densas, denominadas núcleos, que se desarrollan a costa de la capa
germinativa de Malphighi, penetrando incluso a dermis y llegando a veces a tejido óseo.
La hiperqueratosis o durezas son simples engrasamientos de la capa córnea de la
epidermis, que aparece bajo el aspecto de una lámina en la piel, y cuyo espesor varía
según el tiempo y la intensidad, siendo su parte central más gruesa.
FIGURA 20.2. Hiperqueratosis plantar en zona metatarsal, con deformidades de los dedos e hipertrofia de las
uñas.
1. En las caras interna y externa del quinto dedo, a consecuencia del calzado muy
estrecho y puntiagudo.
2. En el dorso del 2o, 3o, 4o, y 5o dedos, por tener los dedos en garra como
patología ya estructurada o porque se produzcan a consecuencia del calzado
muy corto, siendo más frecuente en el 2o dedo, por ser el más largo en la
mayoría de los casos.
3. En la planta del pie bajo las cabezas de los metatarsianos.
246
20.3.2. Sequedad y descamación
La hiperhidrosis o sudoración excesiva de los pies se asocia muchas veces con las
micosis y con otros procesos diversos del pie, que producirán, al mismo tiempo,
bromhidrosis o mal olor. Estas alteraciones se verán agravadas por malos hábitos
higiénicos o por una enfermedad metabólica.
20.3.4. Úlceras
Otra de las alteraciones en la piel del paciente geriátrico son las úlceras. Existen
diversas formas de ulceración del pie del anciano (cuadro 20.1).
CUADRO 20.1
Diferentes tipos de úlceras en el pie del anciano
247
A causa de una presión intermitente también se pueden formar zonas hiper-
queratósicas y éstas pueden llegar a ulcerarse; siendo estas úlceras por presión. Cuando
aparece una lesión ulcerosa en el anciano, hay que hacer un buen estudio para saber cuál
248
es la causa sistémica.
249
20.5. Vasculopatías periféricas en el anciano
Siempre se debe incluir en el examen clínico del anciano el estudio vascular de los
miembros inferiores, incidiendo fundamentalmente en:
Uno de los problemas más serios del envejecimiento sobre el pie es la disminución
del aporte sanguíneo. Va a existir un importante obstáculo vascular en los pies a
consecuencia de la arterioesclerosis a partir de los 65 años de edad; si además el paciente
geriátrico es diabético, la esclerosis, arteriolar está presente incluso cuando las arterias
pedia y tibial posterior son palpables. En estos pacientes, cualquier fisura en la piel es vía
de entrada de gérmenes, pudiendo provocar infecciones e incluso complicaciones más
graves.
A) Dolor
El síntoma principal en una arteriopatía en el miembro inferior es el dolor, que puede
ser de tres tipos:
250
B) Otras manifestaciones clínicas
Son menos específicas:
– Parestesias.
– Ardor.
– Entumecimiento en los dedos.
Si, por el contrario, nos encontramos con una flebopatía en el miembro inferior del
anciano, los síntomas que orientan hacia una patología venosa son:
251
FIGURA 20.3. Píe diabético con artropatía. Hallux adductus valgus. Deformidades de los dedos, con área de
necrosis ungueal.
252
geriátrieo
En el cuadro 20.2 se hace referencia a los criterios en los que se debe basar el
profesional de enfermería y qué debe valorar para una buena actuación sobre los pies del
anciano.
CUADRO 20.2
Criterios de valoración del pie geriátrico
CRITERIOS VALORA
Estatura y
peso • Sobrepeso, estado nutricional.
Enfermedades
asociadas con • Diabetes mellitus, vasculares, fracturas y/o yatrogenias
repercusión quirúgicas.
en el pie
• Piel, olor, color, temperatura, humedad. Localización y
Aspecto del situación de Hiperqueratosis, callos, úlceras, y cicatrices,
pie indicando dedos zona plantar, dorsal, interdigital, zona
plantar y nivel, zona dorsal y nivel. Profusiones óseas,
articulares, edemas, enrojecimientos, deformidades.
Uñas • Aspecto, higiene, corte, color, rozaduras o lesiones.
• Movilidad articular, activa y pasiva, flexión y extensión
Movilidad del dorsal y plantar. Pronación, supinación, flexo-extensión de
pie los dedos.
• Vaolorando grados de movilidad, crepitación, molestias y/o
dolor.
Dolor • Localización y características, intensidad, tipo, irradiación,
1 duración, hora de aparición, factores que lo alivian.
• Fuerza de las extremidades, patologías asociadas como
Actividad poliomielitis, pie zambo congénito, amputaciones, y
yatrogenias.
• Tipo de marcha, alteraciones de la deambulación -estable o
Marcha inestabl-.
• Déficit sensorial, ceguera, retinopatía.
• Tiempo de tolerancia a caminar.
Hábitos • Capacidad para lavarse los pies y arreglarse las uñas,
aspecto, olor del pie, color y corte de las uñas, grados de
253
humedad.
• Capacidad de calzarse, ponerse y quitarse las medias o
calcetines, y atarse los cordones.
Calzado • Tipo de calzado adecuado o inadecuado.
• Valorar deformidades, contornos, flexibilidad y estabilidad,
tipo de calcetín o media, valorar el calzado adecuado.
• Personas con las que convive.
• Capacidad de preparación, ayuda y recursos de que
Psicosociales dispone.
• Valorar actividad, perfil ocupacional, ocio, hábitos,
costumbres y creencias.
• Valorar estado psíquico, depresión, estrés y autoestima.
Diagnósticos de enfermería
Se pueden encontrar:
• Nutrición alterada por requerimiento superior a las necesidades, aumentando la
sobrecarga en los miembros inferiores, incidiendo más en los pies.
• Dolor agudo o crónico en el pie relacionado con alteraciones estructurales,
edemas y fracturas.
• Deterioro de la movilidad física con intolerancia a la actividad por impotencia
funcional.
• Autocuidados deficientes en la higiene, cuidados de los pies, calzado, medias o
calcetines.
• Deterioro de la integridad de la piel, lesión, riesgo de infección, alteración en la
integridad de los tejidos.
254
los criterios valorados:
255
1. Deben permitir la transpiración, intentando que sean tejidos naturales y
cambiarse a diario.
2. No deben oprimir los dedos llevándolos a la garra, “tan malo es un zapato
corto como una media elástica que presione los dedos”.
3. Los elásticos de sujeción se deben evitar, y si son necesarios, serán
anchos y nunca deben dejar una zona de presión en la piel.
4. Se evitarán las costuras sobresalientes en las zonas de prominencias
óseas, ya sea en dedos o talones.
5. No se llevará el calcetín, media o panty más largo de lo normal,
permitiendo que exista exceso de tela que produzcan arrugas y zonas de
roces; esto también ocurrirá cuando el calcetín no tenga una sujeción
adecuada a la pierna.
6. Si existen alteraciones digitales, se recomendará el uso de medias,
calcetines o pantys adecuados que dejarán la zona digital sin presiones.
g) Aconsejar el calzado adecuado que debe llevar:
256
257
Parte IV
Cuidados de enfermería en los síndromes geriátricos y
otros problemas de salud
258
21
Vértigo y síncope
Objetivos
21.1. Vértigo
259
inestabilidad y de caída inminente cuando están de pie o deambulando, y
mejora con el reposo. Las causas de este síndrome son numerosas y la
alteración se puede encontrar en uno o varios puntos del complejo sistema
requerido para mantener el balance en bipedestación y en deambulación.
21.1.1. Epidemiología
260
muscular.
21.1.3. Etiología
CUADRO 21.1
Etiología del vértigo
CENTRAL PERIFÉRICO
• Infarto/hemorragia • Vértigo posicional benigno
• Infarto/hemorrogia encefálica • Neuronitis vestibular
• Tumores del ángulo pontocerebeloso • Laberintitis aguda
• Esclerosis múltiple • E. Meniere
• Epilepsia • Neurinoma del acústico
• Hiperventilación
CUADRO 21.2
Diferencias en la presentación clínica
261
a) Vértigo posicional paroxístico: Representa el 10-30% de las causas de vértigo.
Los principales datos definitorios son:
– La posición inductora del vértigo es variable.
– La latericia de 3-40 segundos del comienzo.
– Fatigabilidad del vértigo cuando se repite, hay habituación.
– La intensidad del vértigo es elevada.
21.1.4. Evaluación
262
La anamnesis orientada tiene un valor fundamental a la hora de aclarar el origen del
proceso patológico. En un estudio realizado en Nuevo Méjico, sobre 177 pacientes
mayores de 50 años, se establece que la mayoría de causas del vértigo fueron
diagnosticadas con una completa anamnesis y exploración física, sin requerir extensas
pruebas de laboratorio. El permitir que el paciente describa lo que siente, sus
características, duración, etc., es esencial en el diagnóstico. La exploración física requiere
atención particular a los sistemas neurológico, vestibular, auditivo y cardiovascular. Casi
la mitad de los pacientes ancianos tenían varias enfermedades que contribuían a su
vértigo. Una etiología predomina habitualmente y causa disfunción del sistema vestibular,
cerebro o cerebelo.
A) Historia clínica
Los datos que se deben obtener son:
B) Exploración física
Cuando el origen es incierto pueden ser útiles las pruebas de provocación:
263
realizarán dependiendo de la etiología sospechada.
21.1.5. Tratamiento
21.2. Síncope
A) Vasomotor
• Síndrome vasovagal (lipotimia): Es el más frecuente en jóvenes, pero
infrecuente en ancianos. Se debe a vasodilatación y bradicardia refleja
inducida por estimulación de barorreceptores endocárdicos. Esta respuesta
parasimpática es reactiva a la contracción vigorosa del ventrículo izquierdo, de
origen simpático, sobre una cavidad cardíaca hipovolémica. Para
comprenderlo se puede dividir el fenómeno vasomotor en diferentes fases.
Hay un estímulo precipitante adrenérgico (dolor, hambre, estrés, …) que se
manifiesta como sudoración, palidez, náuseas, hiperventilación, visión
borrosa. Posteriormente, en una segunda fase, a expensas del sistema
parasimpático, hay vasodilatación periférica y progresiva bradicardia, que
acaba con hipotensión y síncope. Revierte al adoptar la posición de decúbito
con elevación de miembros inferiores.
• Hipotensión ortostática: Definida como la disminución de la tensión arterial de
20 mmHg en la sistólica o más de 10 mmHg en la diastólica, cuando se pasa
del decúbito a la bipedestación. Para detectarlo hay que tomar la tensión al
264
paciente tumbado y en bipedestación tras 2 minutos. Son particularmente
frecuentes en los ancianos (por sensibilidad a fármacos, aumento de pérdida
líquida, disminución del reflejo de la sed, etc.). La hipotensión postpandrial se
relaciona con incapacidad de compensar el pool de sangre del lecho esplácnica
durante la digestión.
• Síndrome del seno carotídeo: Hay un reflejo carotídeo muy sensible, de tal
forma que cualquier estímulo que lo estire o comprima (masaje, corbatas
apretadas, afeitarse, movimientos) provoca síncope, por disminución de
frecuencia cardíaca (reflejo cardioinhibidor), disminución de la tensión arterial
(reflejo vasodepressor) o ambos.
• Otros: Síncope postmiccional, tras defecación (por maniobra de Valsaiva),
síncope tusígeno (habitual en pacientes EPOC, por disminución de precarga),
síncope deglutorio (en patología esofágica), o síncope de la neuralgia.
B) Cardíaco
• Mecánico-obstructivo: Es un síncope de esfuerzo, hay un impedimento
estructural para la salida de sangre desde el ventrículo izquierdo. Aparece en la
estenosis aórtica, miocardiopatía hipertrófica obstructiva, estenosis mitral, etc.
• Arritmias (son la causa más frecuente): Tanto bradiarritmias como
taquiarritmias. Es debido a esclerosis del sistema de conducción, fármacos,
etc. El diagnóstico se realiza mediante electrocardiograma (ECG) o mediante
Holter (lectura electrocardiográfica de 24 horas). En este apartado son
frecuentes los bloqueos aurículo-ventriculares de 2o grado, bloqueos
completos (Stokes-Adams) y enfermedad del seno, en la que aparecen tanto
bradicardia como taquicardia. El síncope se produce, habitualmente, por
asistolia prolongada tras el cese brusco de una taquicardia supraventricular.
En estos dos últimos se requiere implantar marcapasos.
D) Psicógeno
Por ansiedad e híperventilación (se produce vasoconstricción cerebral secundaria a
alcalosis respiratoria), crisis de pánico, depresión, trastorno por conversión.
265
21.2.2. Evaluación
A) Historia clínica
Hay que responder a cuatro cuestiones fundamentales:
B) Examen físico
Se deben consignar constantes vitales (tensión arterial, frecuencia cardíaca,
frecuencia respiratoria), signos cardiovasculares y neurológicos. En muchos pacientes
que no muestran síncopes espontáneos, se debe realizar reproducción de las crisis
mediante:
21.2.3. Tratamiento
266
El principal es el etiológico, aunque debemos saber que después de todas las
exploraciones realizadas no encontraremos una causa justificante en casi un 50% de los
casos. Por ello, en el anciano nos interesa de igual manera la prevención de la morbi-
mortalidad asociada al síncope, especialmente por los traumatismos y fracturas
asociadas. Se deben corregir situaciones predisponentes y eliminar fármacos que puedan
contribuir. Es importante cubrir con superficie alfombrada bien fija, para evitar caídas, la
mayor parte de la casa, especialmente el trayecto entre la cama y el cuarto de baño, que
es donde se producen con más frecuencia los desvanecimientos.
Diagnósticos de enfermería
• Potencial de lesión.
• Intolerancia potencial a la actividad.
Intervención de enfermería
267
22
Alteraciones hidroelectrolíticas y de la
termorregulación
Objetivos
22.1. Introducción
Con la edad, el organismo experimenta una serie de cambios que van a predisponerle
a padecer ciertas situaciones clínicas.
Se tratarán en este capítulo, las situaciones más frecuentes que aparecen en la vejez,
relacionadas con las alteraciones del equilibrio hidroelectrolítico y con el control de la
temperatura corporal.
268
situación de hipernatremia.
b) Deshidratación isotónica: La pérdida de ambos componentes es
aproximadamente igual.
c) Deshidratación hipotónica: En este caso, se produce una mayor caída de la
cantidad de electrolitos en relación con la cantidad de agua. Aparecerá un
cuadro de hiponatremia.
Entre las causas de la deshidratación, hay que diferenciar dos tipos de factores:
269
1. Síntomas gastrointestinales: sequedad de boca, disfagia, adipsia, lengua
agrietada, seca y arrugada; vómitos o diarreas.
2. Síntomas cutáneos: piel seca y caliente, pérdida de la turgencia cutánea, signo
del pliegue cutáneo, heridas o úlceras exudativas.
3. Alteraciones del nivel de conciencia.
4. Brusca pérdida de peso, inmovilidad
5. Aumento de la frecuencia respiratoria, pulso débil y rápido, cambios
ortostáticos de la tensión arterial.
6. Incontinencia, frecuencia urinaria, mayor cantidad de orina (por uso de
diuréticos).
7. Antecedentes de diabetes insípida, neumonía, infecciones urinarias o accidentes
vasculares cerebrales.
Se pueden realizar diversos estudios o pruebas diagnósticas para valorar el estado del
paciente:
Diagnósticos de enfermería
270
pérdidas.
• Estreñimiento relacionado con déficit de líquidos.
Intervención de enfermería
271
23.3.1. Mecanismos termorreguladores
Junto al control del hipotálamo, existen otra serie de mecanismos que ayudan al
organismo a regular la temperatura corporal:
– Radiación.
– Conducción.
– Convección.
– Evaporación.
22.3.2. Hipotermia
Es una situación en la que la temperatura corporal cae por debajo de los límites
normales, generalmente, 36°C vía rectal.
A) Causas de hipotermia
Las causas de hipotermia son múltiples y variadas. Algunas se relacionan con
272
cambios y factores fisiológicos asociados al envejecimiento, como son:
Otros factores que se atribuyen a la dificultad del anciano para mantener una
temperatura corporal normal son la reducción del metabolismo basal, las alteraciones de
la respuesta del escalofrío, la menor sensación de frío, y la dificultad en la adaptación a
cambios bruscos de temperatura. También provocan hipotermia en los ancianos las
exposiciones prolongadas al frío, la malnutrición, una indumentaria inadecuada,
enfermedades asociadas, tanto metabólicas (hipoglucemia) como hormonales
(hipotiroidismo), fármacos que inhiben la aparición de escalofríos y producen
vasodilatación periférica (alcohol, psicofármacos, barbitúricos, antitérmicos, etc.).
No se debe olvidar que una sepsis también puede desencadenar un cuadro de
hipotermia en el anciano.
273
FIGURA 22.1. Onda J de Osborn.
274
Fuente: Adaptado de Matz, R. 1986.
275
El diagnóstico se establece determinando la temperatura corporal con termómetros
de amplia escala, realizando anamnesis detallada, si la situación del paciente lo permite, y
mediante pruebas diagnósticas, como análisis de sangre (hipoglucemia, déficit de
hormonas tiroideas), Rx de tórax (infiltrados neumónicos, edema agudo de pulmón), y de
abdomen (dilatación gástrica).
C) Tratamiento de la hipotermia
La hipotermia requiere un tratamiento de urgencia, que consiste en:
• Medidas generales:
• Recalentamiento:
Diagnóstico de enfermería
• Hipotermia.
Intervención de enfermería
276
3. Evitar las técnicas de recalentamiento rápido (mantas eléctricas o baños de agua
caliente) para prevenir la vasodilatación cutánea y la disminución de la presión
arterial.
4. Calentar lentamente al anciano con métodos sencillos que no produzcan vasodi
ratación excesiva (arropar con mantas, ejercidos pasivos, tamperatura
ambiental caliente, etc.).
5. Administrar medicación según prescripción.
6. Controlar la administración de fármacos que puedan producir hipotermia.
7. Educación sanitaria para enseñar al paciente y a sus familiares o cuidadores la
ropa más adecuada para el anciano, los fármacos y bebidas a restringir o
evitar, y las medidas a realizar ante una exposición al frío.
22.3.2. Hipertermia
A) Causas de hipertermia
Entre las causas de hipetermia se encuentran los golpes de calor, las alteraciones del
centro termorregulador (hemorragias, cerebrales, encefalitis) y las situaciones que
disminuyen la pérdida de calor (alteraciones cutáneas que disminuyen la producción de
sudor, deshidratació, insuficiencia cardíaca etc.). La cantidad de calor que llega a la piel
desde los tejidos profundos depende del flujo sanguíneo. Con la vasodilatación la sangre
caliente se acumula en la piel. Por el contrario, si se produce vasoconstricción, el calor se
mantiene en la región central del cuerpo. En un anciano con insuficiencia cardíaca, el
corazón es insuficiente para mantener el gasto y la perfusión tisular. El flujo sanguíneo no
alcanza las zonas más periféricas y se produce además una redistribución del flujo,
277
manteniéndose por ello el calor en las zonas centrales. Otras situaciones que pueden
producir hipertermia son aquellas en las que aumenta la producción de calor (síndromes
febriles, consumo de ciertos fármacos, etc.).
B) Manifestaciones clínicas
Los hallazgos más significativos en un anciano con hipertermia son:
C) Tratamiento de la hipertermia
El tratamiento de la hipertermia comprende:
• Medidas generales:
Diagnóstico de enfermería
•Hipertermia.
Intervención de enfermería
278
2. Vigilar la aparición de complicaciones como insuficiencia cardíaca, arritmias,
crisis convulsivas, shock, etc.
3. Vigilar un nuevo episodio de aumento de temperatura (es frecuente que
aparezca).
4. Controlar la temperatura cada hora.
5. Monitorización de constantes, con especial atención durante el enfriamiento.
6. Educación sanitaria como prevención: enseñar la conducta a seguir en
situaciones de calor y establecer una mayor vigilancia a los ancianos más
susceptibles.
279
23
Incontinencias
Objetivos
23.1. Introducción
A partir de los 3-5 años se considera que el niño debe ser capaz de contener la orina,
lo cual supone una maduración del sistema nervioso y una integridad del aparato urinario.
La orina se forma constantemente y se va almacenando en la vejiga, gracias a las
propiedades de ésta y a la existencia de unos mecanismos que permiten el mantenimiento
de la orina en su interior (cuello vesical, esfínteres uretrales). En condiciones normales, la
vejiga puede acumular unos 300-400 ml de orina, sin que se aprecie la necesidad de
280
vaciarla. Una vez que se percibe el deseo miccional, debe existir una brusca y completa
relajación de la musculatura uretral junto con una contracción del músculo detrasor,
permitiendo la micción en el lugar y momento adecuados.
23.2.2. Epidemiología
23.2.3. Repercusiones
281
urinaria, aunque es indudable que con el paso de los años se producen una serie de
cambios anatómicos y funcionales en nuestro organismo (SNC, tracto urinario inferior,
próstata en el varón, vagina en la mujer) que pueden favorecer en algunos sujetos la
aparición de incontinencia urinaria.
A nivel neurológico se alterará el SNC y la inervación tanto simpática como
parasimpática. En el tracto urinario inferior (vejiga y uretra) destacan la disminución del
flujo y de la capacidad vesical, una menor acomodación uretral y vesical, una presión del
cierre uretral disminuida y un aumento del residuo vesical postmiccional.
Los principales factores que más directamente se relacionan con la pérdida de la
continencia urinaria en el anciano serán la pluripatología y la utilización de polifarmacia,
así como la situación funcional, tanto física como y mental.
Los principales factores generales que condicionan una elevada prevalencia de
incontinencia urinaria en el anciano son los siguientes:
282
23.2.6. Evaluación
CUADRO 23.1
Hoja ambulatoria de registro vesical
283
CUADRO 23.2
Hoja hospitalaria de registro vesical
284
285
La exploración física irá dirigida a descartar patología neurológica (motora o
sensitiva) que pueda alterar el control de la micción, así como a valorar los cambios en la
vagina y en la próstata. Sistemáticamente se debe medir el residuo vesical postmiccional,
considerando como patológico un volumen ≥ 100 ml, ya que directamente apoya la
existencia de una obstrucción al tracto de salida o una arreflexia vesical.
De forma complementaria se debe solicitar un estudio analítico de sangre (glucosa,
iones, función renal) y de orina (sedimento y cultivo). Sobre la base de los hallazgos
exploratorios o analíticos es posible ampliar el estudio con una ecografía abdominal o
transrectal, una valoración ginecológica, o una valoración urológica.
Entre las exploraciones complementarias destaca la urodinamia, ya que permite
conocer el mecanismo productor de la incontinencia y proponer así el tratamiento
etiológico. Las indicaciones aceptadas actualmente para la realización de un estudio
urodinámico en el anciano con incontinencia urinaria son:
286
b) Incontinencia establecida: En estos casos ya existirían alteraciones
estructurales que condicionen la incontinencia urinaria, y se debe pensar en
ella cuando no se descubre ningún factor responsable de la misma, o si no
existe respuesta al tratamiento inicial en el plazo máximo de cuatro semanas.
Por tanto, las causas de la incontinencia establecida son:
• Inestabilidad vesical.
• Incontinencia de estrés.
• Incontinencia por rebosamiento.
• Obstrucción al tracto de salida.
• Arreflexia vesical.
• Incontinencia funcional.
23.2.8. Tratamiento
A) Medidas generales
• Reentrenamiento vesical: Se trata de readquirir el hábito miccional, vaciando la
vejiga antes de percibir el deseo miccional, estableciendo individualmente y en
base al propio horario miccional, la periodicidad de las micciones, intentando
evitar así los episodios de urgencia-incontinencia. Para establecer el
reentrenamiento es muy válida la hoja de registro miccional.
• Ejercicios de la musculatura pélvica: En pacientes con incontinencia de
esfuerzo se debe recomendar la realización de ejercicios para reforzar la
musculatura pélvica, instruyendo al paciente para que efectúe entre 80 y 100
contracciones diarias del suelo pélvico.
• Medidas higiénico-dietéticas: Se recomienda reducir el consumo de
sustancias excitantes (alcohol, café, té), ya que pueden precipitar episodios de
urgencia miccional con algún escape involuntario.
• Medidas de apoyo, como asegurar que todos los ancianos tengan a su alcance
una cuña o botella para orinar, procurando que el acceso a los retréteres sea
287
fácil y resulte cómodo.
• Medidas paliativas: A los pacientes con incontinencia se les debe intentar
mantener secos y limpios, para evitar así la aparición de úlceras por presión.
Puede ser conveniente utilizar los pañales absorbentes para minimizar las
repercusiones de este problema. En los varones sin obstrucción al tracto de
salida, se puede recurrir a la colocación de un colector externo.
B) Inestabilidad vesical
• Fármacos: Se han utilizado múltiples y diferentes fármacos para suprimir las
contracciones involuntarias del detrusor. Los fármacos que en estudios
controlados han mostrado su eficacia, han sido la oxibutinina (acción mixta:
anti- colinérgica y relajante muscular; dosis recomendada 2,5 mg/8 horas), la
imipramina (antidepresivo tricíclico con acción agonista alfa adrenérgico y
anti- colinérgica; dosis 10 mg/12-8 horas), proponiéndose también que la
doxepi- na (antidepresivo mixto, con cierta acción anticolinérgica; dosis 25-50
mg/día) y el flavoxato (relajante muscular) puedan ser útiles.
• Estimulación eléctrica: Mediante la administración de corriente farádica o
interferencial se pretende relajar la vejiga y recuperar el control de la micción.
C) Incontinencia de estrés
• Cirugía: Se considera el tratamiento de elección, logrando así la fijación de la
musculatura pélvica y la recuperación del mecanismo fisiológico de
continencia. Existen diversas técnicas, destacando, por su seguridad y buenos
resultados, la de “Marshall-Marchetti”.
• Fármacos: Como alternativa a la cirugía se han utilizado la fenilpropanolamina
(agonista alfa adrenérgico) o la imipramina, bien solos o asociados con
estrógenos para mejorar las alteraciones locales provocadas por el
hipoestrogenismo.
• Conos vaginales: Mediante un sistema de conos con el mismo tamaño, pero
con pesos diferentes, se pretende reforzar la musculatura pélvica.
• Estimulación eléctrica: En este tipo de incontinencia, la corriente eléctrica se
utiliza para aumentar la resistencia de la musculatura pélvica y recuperar la
función de soporte de estas estructuras.
288
realización de esta técnica.
23.3.1. Epidemiología
La continencia anal se basa en la integridad de dos funciones básicas: por una parte,
de la diferenciación entre sólido, líquido y/o gas, lo cual depende de las terminaciones
nerviosas del canal anal, y por otra parte, de la posibilidad para retrasar la evacuación
hasta que ésta se pueda realizar en el momento y lugar conveniente, lo cual va a
depender fundamentalmente de los músculos pélvicos, del ángulo recto-anal y de los
esfínteres anales. Además de estos requisitos “locales”, son necesarias otra serie de
condiciones generales (integridad sistema nervioso, nivel conciencia, movilidad, etc) para
que la continencia anal se mantenga. En este sentido, la pérdida de la continencia anal no
se puede relacionar directamente con la edad del anciano, sino que se asocia a las
enfermedades que padece ese sujeto.
Por consiguiente, los principales requisitos son:
289
23.3.3. Causas de incontinencia fecal
– Depresión grave.
– Alteraciones psicológicas.
– Demencia.
23.3.4. Evaluación
290
23.3.5. Tratamiento
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
1. Valorar los horarios de pérdidas de orina y/o heces y las circunstancias que las
favorecen.
2. Organizar los horarios para la ingestión de líquidos y alimentos, en combinación
con los horarios para la eliminación urinaria y evacuación.
3. Proporcionar prendas de vestir protectoras y sistemas absorbentes, de acuerdo
con las necesidades, si la eliminación programada no es eficaz.
4. Extremar las medidas de limpieza de región perineal. Secar la piel
cuidadosamente.
5. Enseñar al paciente y a sus cuidadores las técnicas de evacuación y métodos de
relajación.
291
6. Enseñar las medidas físicas indicadas para las incontinencias (ejercicios de
fortalecimiento de musculatura pélvico de Kegel).
7. Valoración del uso de sondas y de las manifestaciones de las infecciones
urinarias.
292
24
Estreñimiento y diarrea
Objetivos
24.1. Introducción
Dentro de los síntomas digestivos más frecuentes en los ancianos, destacan, por su
incidencia, el estreñimiento y la diarrea. Implican también una serie de complicaciones,
que conviene conocer para establecer las medidas preventivas adecuadas.
24.2. Estreñimiento
24.2.1. Prevalencia
El estreñimiento es muy común entre los ancianos. Es difícil, sin embargo, precisar
su prevalencia real, porque muchos ancianos se consideran estreñidos sin serlo y
consumen laxantes de forma indebida. Aún es extendida la idea de que “lo normal” es
tener deposiciones diarias.
Las cifras de prevalencia varían mucho dependiendo del medio en el que se
encuentre el anciano. Así, en un estudio reciente realizado en EEUU, un 12% de los
ancianos que viven en la comunidad son estreñidos, un 41% entre los ancianos
293
hospitalizados y hasta un 80% de los ancianos institucionalizados en residencias de larga
estancia.
24.2.2. Fisíopaiología
24.2.3. Causas
CUADRO 24.1
Causas de estreñimiento
• Bridas intestinales.
CAUSAS • Tumores.
OBSTRUCTIVAS • Hernias.
• Otras (fecalomas, vólvulos, etc.).
294
agudo, fiebre y distensión abdominal, deberán hacer sospechar una obstrucción intestinal,
p.e, por bridas. Si, además, se asocia anorexia, pérdida de peso y deterioro del estado
general, habrá que pensar como primera posibilidad la presencia de un tumor.
Una vez descartadas posibles causas obstructivas, habrá que considerar otros
problemas médicos que pueden ocasionar estreñimiento. La polifarmacia es la causa
principal en los ancianos. Entre los medicamentos que con más frecuencia producen
estreñimiento se encuentran los anticolinérgicos, los antidepresivos, el litio, los antiácidos
del tipo hidróxido de aluminio, el hierro, los opiáceos, los AINE y los calcioantagonistas.
Paradójicamente, el abuso crónico de laxantes produce también estreñimiento por la
degeneración neuronal de la pared intestinal.
En los casos en los que finalmente no se encuentra ninguna causa orgánica, se habla
de estreñimiento idiopático y serán los hábitos higiénico-dietéticos inadecuados los
principales responsables.
24.2.4. Evaluación
INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
En la evaluación de enfermería del anciano con estreñimiento hay que conocer los
siguientes aspectos:
295
• Sangre y moco en las heces: Pueden ser secundarias a un proceso
inflamatorio intestinal o a patología tumoral.
• Diarrea paradójica o por rebosamiento: Ante una diarrea acuosa en un
paciente previamente estreñido, hay que descartar la presencia de una
impactación fecal. En este caso, heces líquidas pueden sobrepasar el
fecaloma, dando lugar a una falsa diarrea por rebosamiento. En esta
situación, la administración de antidiarreicos agrava aún más el
estreñimiento subyacente.
24.2.5. Complicaciones
Se suelen presentar con mayor frecuencia en los pacientes ancianos encamados, con
síndrome de inmovilidad, y patología neurológica subyacente. El estreñimiento es causa
de múltiples complicaciones.
– Impactación fecal.
– Incontinencia fecal.
– Retención urinaria.
– Diveticulosis. Diverticulitis.
– Úlceras colónicas.
– Fisuras anales.
– Prolapso de la mucosa anal.
– Herniaciones.
– Hemorroides internas y externas.
– Vólvulo de colon.
296
La diverticulosis es muy frecuente en los ancianos. Aparece en un 50% de los
individuos mayores de 90 años. Se piensa que el estreñimiento está implicado en su
desarrollo. Aunque suele ser un hallazgo casual, el riesgo aparece cuando se inflaman e
infectan. En estos casos puede ocasionar un cuadro de abdomen agudo.
24.2.6. Tratamiento
A) Medidas preventivas
Es importante mantener un ritmo intestinal regular para evitar la aparición de las
complicaciones mencionadas.
En primer lugar, se debe realizar una educación sanitaria en la que el papel de la
enfermería es básico. Se debe informar sobre hábitos higiénico-dietéticos:
1. Asegurar una ingesta abundante de líquidos y una dieta rica en fibras, con
frutas, vegetales frescos y alimentos integrales. El aporte suplementario de
fibra puede ser beneficioso, pero está contraindicado en caso de impactación
fecal.
2. Instaurar una rutina en el horario de las deposiciones, intentando fijar una hora
determinada del día. Por las mañanas, después del desayuno, coincidiendo
con el reflejo gastrocólico, es un momento idóneo.
3. Mantener el máximo grado de actividad posible. Se recomienda la realización
de paseos a diario.
B) Enemas de limpieza
Son el tratamiento de elección en la impactación fecal, no siendo recomendable el
uso de laxantes orales hasta que ésta no esté resuelta, al menos parcialmente. Se
confirmará la retención de heces en la ampolla por medio de un tacto rectal (y con
radiografía de abdomen si la retención es proximal a la misma). En caso de fecalomas
accesibles, se intentará su extracción manual, con sumo cuidado para evitar lesiones de
mucosa. A continuación, se pueden aplicar enemas de limpieza. En los ancianos son
aconsejables enemas de agua jabonosa, que no son irritantes. En caso de no ser efectivos
297
por heces duras o porque el enfermo no retenga los enemas, se pueden utilizar
preparados hipertónicos de fosfatos. Una vez resuelta la retención fecal, se puede valorar
el uso de supositorios de glicerina.
C) Laxantes
Se pueden clasificar según su mecanismo de acción. Muchos son utilizados por los
ancianos sin prescripción médica y presentan muchos efectos adversos.
24.3. Diarrea
298
menores de 4 años.
El peso de las heces de una persona adulta sana oscila entre los 100 y los 300
gramos al día, en función de la cantidad de sustancias no absorbibles ingeridas en la
dieta. Excepcionalmente puede ser superior en personas que siguen una dieta rica en
fibras vegetales.
Se produce diarrea cuando el peso de las heces es superior a los 300 gramos al día,
fundamentalmente debido a un exceso de agua fecal, con un aumento del número de
deposiciones.
24.3.2. Fisiopotologia
299
mucosa intestinal produciendo inflamación, ulceración y necrosis. Es frecuente
la aparición de sangre, moco y proteínas con las heces, asociándose a veces a
una enteropatía “pierdeproteínas”, como en la colitis por Clostridium
difficile.
d) Aceleración del tránsito intestinal: En los casos de gastrectomías,
piloroplastias, vagotomías y resección intestinal. Es el mecanismo del “efecto
dumping”, por un tránsito rápido del bolo alimenticio, que resulta ser
hiperosmolar, atrayendo agua a la luz intestinal y estimulando la secreción de
sustancias que estimulan el ritmo intestinal.
24.3.3. Etiología
A) Causas infecciosas
1. Intoxicación alimentaria aguda: Por consumir alimentos contaminados por
toxinas bacterianas. El prototipo es la provocada por la enterotoxina del
Estafilococo Aureus. Presenta un comienzo muy brusco, a las 2-8 horas de su
consumo y está caracterizada por vómitos.
2. Diarreas acuosas agudas: Producidas por enterotoxinas de bacterias, como el
cólera, la E. coli por un mecanismo secretor.
3. Diarreas invasivas: Salmonella y Shigella. Son las más graves y pueden
producir una disentería con destrucción e inflamación de las células
intestinales. Se acompaña de fiebre y afectación sistémica. El Clostridium
difficile es un patógeno cuya citotoxina es la responsable de la necrosis de las
células del colon con inflamación severa, causando la denominada colitis
pseudomembranosa. Con frecuencia se asocia al uso previo de antibióticos de
amplio espectro. Existen pocos portadores del Clostridium difficile entre la
población general, pero en ancianos institucionalizados se aprecian brotes
epidémicos con consecuencias graves. Debe sospecharse en enfermos con
tratamiento antibiótico que comienzan con diarrea. Se asocia con enteropatía
pierdeproteínas que puede deteriorar aún más el estado precario nutricional de
muchos ancianos debilitados.
B) Causas no infecciosas
1. Yatrogenia: Es la causa más común. Entre los medicamentos que con más
frecuencia producen diarrea se encuentran los laxantes, cuyo abuso es
frecuente entre los ancianos, los suplementos dietéticos de alta osmolaridad
300
que con frecuencia se usan en las nutriciones enterales, los antiácidos, anti H2
e inhibidores de la bomba de protones, al alterar la composición del jugo
gástrico y favorecen la colonización bacteriana.
2. Impactación fecal: Puede ocurrir diarrea por rebosamiento.
3. Enfermedades gastrointestinales: Ante una diarrea crónica, hay que sospechar
causas de malnutrición, como las hepatopatías, patologías de la vía biliar,
pancreatopatías y otros procesos que producen malabsorción; también la
isquemia mesentérica y enfermedades inflamatorias del tubo digestivo pueden
presentarse con diarrea. Los tumores pueden provocar diarrea por
rebosamiento si existe obstrucción intestinal o por mecanismo secretor, como
en el caso del adenoma velloso.
4. Enfermedades sistémicas: Diabetes, tirotoxicosis, uremia.
24.3.4. Evaluación
INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
24.3.5. Tratamiento
301
A) Medidas preventivas
1. Es imprescindible un continuo lavado de las manos con agua y jabón por parte
de todo el personal sanitario, cada vez que entra en contacto con un enfermo.
Esta sencilla medida es, sin duda, la más importante para la prevención de
brotes epidémicos de diarrea.
2. Se evitarán los productos contaminados, utilizando sistemas de preparación y
conservación de alimentos adecuados, siguiendo un estricto control de los
manipuladores de alimentos, especialmente en hospitales y residencias (por
ejemplo, en la preparación de nutrición artificial).
3. Se debe evitar el uso excesivo de laxantes y de otros fármacos que ocasionen
diarrea. Siempre hay que descartar la impactación fecal como causa de
diarrea.
B) Medidas generales
1. La reposición de líquidos y electrolitos por vía oral es, sin duda, la medida
principal en el tratamiento de la diarrea. Su instauración precoz puede evitar
muchas hospitalizaciones y debe realizarse tan pronto como aparezca la
primera deposición líquida. Es una medida sencilla, barata y al alcance de casi
todos. Aunque existen preparados listos para su consumo, se puede realizar
con un litro de agua, una cucharada de azúcar y bicarbonato sódico y una
pizca de sal.
En los casos graves, puede precisarse una reposición intensiva de líquidos
por vía endovenosa. En estos casos, en pacientes frágiles y demenciados a
veces es necesario un sondaje vesical temporal para monitorizar
correctamente el balance hídrico, debiéndose retirar tan pronto como sea
posible. Hay que evitar una sobrehidratación excesiva con riguroso control
médico para evitar situaciones de insuficiencia cardíaco congestiva.
2. Dietas: Existe una tendencia a suspender inmediatamente la dieta oral en los
pacientes con diarrea, con lo que el enfermo se malnutre. Está demostrado
que la continuación de una dieta apropiada durante el proceso agudo, si no
existe contraindicación médica, se asocia con un curso menos severo de la
enfermedad y una mejor recuperación. Se probará la tolerancia a limonada
alcalina, agua de arroz y una dieta con baja osmolaridad y sin grasas, que son
pobremente absorbidas. Los compuestos lácteos pueden ser mal tolerados,
especialmente en individuos con intolerancia a la lactosa o tras procesos
diarreicos prolongados. Los zumos de frutas y sacarosas también tienen que
ser evitados en el comienzo de la diarrea, como el sorbitol y manitol, presentes
en muchos alimentos dietéticos. Las sustancias que contienen cafeína también
tienen que ser evitadas.
En los pacientes con nutrición enteral por sonda nasogástrica se
administrarán compuestos de baja osmolaridad, aumentando, si es preciso, la
302
dilución y enlenteciendo el ritmo de perfusión. De esta forma se previene una
malnutrición acelerada que en los ancianos puede ocasionar rápidamente
complicaciones tan graves como la atrofia muscular, la aparición de edemas
generalizados y úlceras por presión.
Paradójicamente el uso de laxantes como la metilcelulosa o el psilio, a
dosis bajas, pueden mejorar la diarrea, aumentando la consistencia de las
heces.
3. Cada vez se está dando más importancia al papel protector de la flora intestinal
en el mantenimiento de un equilibrio para evitar el sobrecrecimiento
bacteriano. En este sentido, el beneficio del tratamiento con Lactobacillus y
Saccharomyces boulardii es controvertido.
4. En los casos de diarrea ocasionado por fármacos, ésta cesa con la suspensión
del medicamento.
C) Fármacos antidiarreicos
1. Antisecretores: El salicilato de bismuto es el antidiarreico más recomendado
para los ancianos, por sus escasos efectos adversos.
2. Antiperistálticos: Disminuyen la duración de la diarrea pero no influyen en la
pérdida de líquidos. Están contraindicados en caso de infección.
3. Antibióticos: El curso autolimitado de la mayoría de los procesos diarreicos
hace innecesario su uso. Serán, no obstante, precisos en casos graves
producidos por bacterias invasivas y en ancianos de alto riesgo (malnutridos,
inmunodeprimidos). El tratamiento específico de la colitis pseudomembranosa
es la vancomicina oral o el metronidazol.
303
25
Inmovilidad
Objetivos
304
las neurológicas, por este orden (cuadro 25.1).
CUADRO 25.1
Causas más importantes que generan inmovilidad
ENFERMEDADES SÍNTOMAS
Enfermedades músculo-esqueléticas
• Artropatía degenerativa • Dolor
• Osteoporosis • Debilidad muscular
• Artritis reumatoide • Descoordinación
Enfermedades cardiovasculares
• Enf. coronaria • Dolor
• Enf. valvular • Disnea
• Enf. periférica vascular • Metabolismo aeróbico disminuido
• Insuficiencia cardíaca
Enfermedades neurológicas
• Enf. de Parkinson • Debilidad muscular, rigidez
• Demencias • Pérdida propioceptiva y otras
• Neuropatía periférica • Vías sensoriales
• Estenosis espinal • Vértigo
• Apraxia de la marcha
• Ataxia
Otras
• Hipo e hipertiroidismo • Fatiga, debilidad muscular
• Retinopatías y enf. oculares • Agudeza visual reducida
• Hipotensión postural • Inestabilidad
305
hábitos saludables.
Con las interacciones de todos los factores se puede obtener un fenómeno sinérgico,
que, sin duda, conduce a la inmovilidad.
Un anciano con una enfermedad de base, asociado a un estado de ánimo triste y
pesimista, acompañado de un entorno peligroso (escaleras, poca luminosidad) puede
verse abocado a la inactividad primero y, más tarde, a la muerte.
En el cuadro 25.2 se representan los distintos factores que contribuyen a la
inmovilidad.
CUADRO 25.2
Factores que contribuyen a la inmovilidad
306
25.3. Consecuencias de la inmovilidad en eí anciano
307
muchas ocasiones, se orinan encima. Bien porque algunos sufren de
incontinencia, bien porque no pueden moverse con la soltura que quisieran y
tardan mucho en coger un recipiente o, simplemente, porque nadie les puede
ayudar, porque viven solos.
5. Aparato gastrointestinal: La motilidad se halla enlentecida (estreñimiento), el
apetito desaparece (anorexia) y presenta riesgos de úlceras por la excesiva
secreción gástrica.
6. Sistema tegumentario: Se debe prestar especial interés en la aparición de
úlceras por decúbito. Se trata de la principal consecuencia de la inmovilidad.
Algunas zonas del cuerpo se ven sometidas a intensa presión sobre estructuras
óseas, por lo que producen inicialmente maceraciones que, más tarde, se
convertirán en ulceraciones.
308
d) Aseo. El paciente debe estar siempre aseado, y siempre que pueda, el aseo lo
realizará por sí mismo. Se debe valorar:
e) Temperatura. En ancianos suele ser más baja que en cualquier otra etapa de la
vida del hombre, puesto que se reduce la funcionalidad del sistema de
termorregulación.
f) Sueño. Conviene indagar si padece de insomnio, somnolencia, si su descanso es
el suficiente, etc.
g) Comunicación. Resulta imprescindible, como para cualquier persona. Se debe
averiguar si recibe visitas asiduamente o si, por el contrarío, se halla aislado.
309
PLAN DE CUIDADOS DE ENFERMERÍA
Objetivos
• Prevenir complicaciones.
• Recuperar la movilidad perdida, si cabe la posibilidad.
• Proporcionar cuidados propios de una buena calidad asistencial, basada en la
comprensión.
• Involucrar de una forma activa a la familia o a los cuidadores en el proceso
inmovilizante, por el que atraviesa el paciente.
• Evaluar los objetivos y actividades de enfermería programados.
Se trata de pacientes que, por sus características, suelen tender, o bien al abandono,
o bien a la dependencia excesiva. Es, pues, de vital importancia el papel de enfermería,
puesto que se debe estimular cuanto se pueda el autocuidado. Ello significa que deben
participar en la toma de decisiones en todo momento y en el esfuerzo que debe realizar
para recuperarse.
Esto conlleva que el paciente necesitará el mayor apoyo posible, por lo que tanto los
cuidadores como los profesionales de enfermería deben comportarse de una forma
paciente y comprensible, siempre animando y no criticando.
Lo primero que tiene que hacer el profesional en enfermería cuando conoce al
paciente, es informarse de su diagnóstico, su tratamiento, pronóstico y los cuidados
específicos que precisa.
El rol de la enfermería se apoya en las necesidades biopsicosociales de la familia que
le cuida y del mismo enfermo. Se refiere a los siguientes aspectos:
– Información al enfermo y familia del proceso por el que están pasando y por el
que deberán pasar, así como las causas y consecuencias del mismo.
– Carga emocional que deberán soportar.
– Facilitación de soportes materiales al paciente y familia o cuidadores.
310
Intervención de enfermería
311
tuviera.
e) Actividades ante el paciente encamado:
312
26
Caídas, traumatismos y fracturas en el
anciano
Objetivos
26.1. Introducción
CUADRO 26.1
313
Factores implicados en la presentación de caídas
• Contusión: Es una lesión de las partes blandas producida por una fuerza no
cortante. Suele ir acompañada de una equimosis y, en su fase tardía, de
hematomas.
• Esguince: Es una lesión de la unidad músculo-esquelético-ligamentosa a nivel
articular. Su mecanismo de producción es una torsión o estiramiento.
• Luxación: Es la situación en la cual las superficies articulares pierden su
contacto anatómico.
• Fractura: De estos procesos patológicos, es el más importante en entidad, por
lo que será objeto de estudio más amplio en el apartado siguiente.
26.3. Fracturas
314
trazo capilar o incluso microscópico.
26.3.1. Clasificación
CUADRO 26.2
Tipos de fracturas
CRITERIO CLASIFICACIÓN
• Transversal.
Dirección del trazo • Oblicua.
• Espiroidea.
• Bifragmentarias.
Número de fragmentos • Plurifragmentarias.
• Conminutas.
Disminución de la resistencia
• Fracturas patológicas.
del hueso
• Diafisaria.
• Metafisaria.
Localización
• Epifisaria.
• Articular.
315
26.3.2. Manifestaciones clínicos
26.3.3. Diagnóstico
26.3.4. Tratamiento
A) Métodos
La reducción de la fractura puede ser abierta o cerrada, realizada mediante tracción
blanda (vendaje tractor cutáneo) o dura (transósea).
La inmovilización de la fractura puede ser interna (clavos íetramedulares o material
316
de osteosíntesis) o externa (blanda: mediante vendajes; dura: escayola abierta o cerrada;
mediante férula o articulada).
Si la fractura es abierta, será necesario desbridar la herida y combatir la infección
localmente y por vía general, con una adecuada pauta antibiótica.
En algunas circunstancias, el anciano que ha sufrido una fractura puede requerir
ingreso hospitalario para observación, tratamiento quirúrgico, inmovilización de la
fractura, cuidados especiales de enfermería o tratamiento de enfermedades asociadas y
prevención de posibles complicaciones.
OBJETIVOS DE ENFERMERÍA
Las fracturas con mayor prevalencia en la población anciana son las que afectan a
317
cuello de fémur, muñeca y extremidad superior del húmero.
A) Clasificación
Las fracturas de cuello de fémur se clasifican atendiendo a su localización (cuadro
26.3 y figura 26.1).
CUADRO 26.3
Clasificación de las fracturas de cuello de femur
• Subcapital
MEDIALES (son introcopsuiores)
• Transcervical
• Basicervical
LATERALES (son extrocopsulores) • Pertrocantérea
• Subtrocantérea
318
FIGURA 26.1, Tipos de fracturas de cuello de férnur.
B) Mecanismo de producción
Diversos factores se han relacionado con las fracturas de cuello de fémur. Entre ellos
destacan:
319
• Palpación dolorosa en triángulo de Scarpa.
• Limitación acentuada a la rotación interna muy dolorosa.
• Puede faltar la rotación externa y el acortamiento manifiesto en fracturas
impactadas.
• Equimosis tardía en fracturas extracapsulares únicamente.
• El diagnóstico radiológico deberá incluir la zona afecta con un mínimo de dos
proyecciones y un estudio de la pelvis con ambas caderas para descartar
lesiones asociadas.
D) Tratamiento
El tratamiento principal es el quirúrgico, con el fin de movilizar al paciente cuanto
antes. Evitar el reposo prolongado, previene de complicaciones generales: neumonía,
úlceras por decúbito, infección urinaria, atrofia muscular.
La demora del tratamiento quirúrgico tiene efectos mínimos sobre el pronóstico de la
fractura y asegura un buen estado clínico del paciente.
Como tratamiento general, cabe destacar:
320
podemos dividir en dos grupos:
E) Rehabilitación y fisioterapia
Aproximadamente la mitad de las fracturas de fémur recuperan el nivel de
deambulación que tenían previamente y, al cabo de un año, esta cifra pasa a ser del 70%.
Sólo un 15% de las mismas precisan un cuidado de larga duración (más de 1 año).
La rehabilitación comienza el primer día tras la intervención. La pronta movilización
es imprescindible para conseguir la total independencia funcional y prevenir las
complicaciones. Las tareas que se deben realizar en las distintas fases de la rehabilitación
se resumen en el cuadro 26.4.
CUADRO 26.4
Modo de actuación en la rehabilitación de la fractura de cadera
• Remitir al hospital.
• Evaluación del tratamiento por el traumatólogo.
• Estudio general del enfermo para evaluar la viabilidad del
DÍA DE LA
tratamiento quirúrgico.
FRACTURA
• Preoperatorio.
• Elección del tipo de intervención más adecuada a
realizar.
321
para deambular sin carga.
A) Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones habituales son:
322
FIGURA 26.2. Fractura de Colles.
B) Diagnóstico
Se hará estudio radiológico en dos posiciones, anteroposterior y lateral. Es muy
importante descartar la fractura de escafoides asociada. En la radiografía se debe
comprobar el ángulo entre la diáfisis y el extremo distal del radio en la proyección lateral.
C) Pronóstico
Está ligado a la mayor o menor repercusión sobre el funcionalismo articular. Con un
tratamiento correcto el pronóstico es benigno. Cuando se altera la superficie articular, la
recuperación es más tardía.
D) Tratamiento
Si en la proyección lateral la interlínea articular está inclinada hacia el plano posterior
más de 10 grados, se debe manipular la fractura, aunque en el paciente anciano se
pueden aceptar algunos grados más de deformidad.
Los pasos a seguir en el tratamiento son:
323
3. Enseñar al paciente los ejercicios que debe realizar con los dedos y la posición
adecuada del brazo.
4. Control del paciente a las 24 horas, para explorar el estado de la tumefacción de
los dedos.
5. Control entre 2 y 5 días para comprobar la estabilidad de la fractura y cerrar el
yeso.
6. Instruir al enfermo en los ejercicios de codo y hombro que debe realizar, así
como de los cuidados de la escayola.
7. Vigilar los errores de posición más comunes, como el exceso de flexión, que
puede determinar dificultades para recuperar la dorsi-flexión o la falta de
desviación cubital.
8. Colocar el brazo en cabestrillo con la oportuna charpa, de la cual se podrá
prescindir, a menos que la tumefacción lo contraindique, a partir de la primera
semana.
A) Mecanismo de producción
Es muy difícil por golpe directo. Se produce habitualmente por caída con el brazo
extendido. Es el mismo mecanismo que para una luxación de hombro, en la que el
choque del acromion contra el cuello produce, debido a la osteoporosis, fractura en vez
de luxación.
B) Manifestaciones clínicas
El brazo pende a lo largo del cuerpo. La glenoides se aprecia llena y, tras varios días,
aparecen equimosis a lo largo del brazo. Existe dolor a la movilid e impotencia funcional.
324
Para el diagnóstico se realizarán radiografías en dos posiciones.
C) Tratamiento
Las fracturas pueden dividirse en dos tipos: las que no requieren reducción y las que
sí. Afortunadamente, un gran porcentaje de ellas pertenecen al primer grupo.
Las que no requieren reducción se tratan con un vendaje tipo Velpeau y movilización
a partir de la segunda semana, con movimientos de balanceo de la extremidad. A partir
de la cuarta semana se puede comenzar a movilizar, siempre bajo la supervisión de un
fisioterapeuta.
Las que requieren reducción son las que presentan gran desplazamiento y las
fractura-luxación. Esta reducción puede ser cerrada o abierta.
Es fundamental la educación del paciente.
Ante el anciano traumatizado, se plantea entre otras cuestiones el problema del coste
por proceso. Al ser un colectivo con multipatología, si requiere ingreso por una fractura,
se producen múltiples desviaciones en la tabla de costes estándar para pacientes del resto
de grupos de edad.
La descompensación de una diabetes o la aparición de úlceras por decúbito
compromete el normal desarrollo de un proceso patológico que, por su gran volumen,
desestabiliza el presupuesto del hospital.
Para ello, y sin menoscabar la buena actuación ante y con el enfermo, el profesional
sanitario debe tener presente que ante una enfermedad en el anciano, la economía del
centro se va a resentir si no se actúa con una efectividad que lleve a ser eficientes y
eficaces.
La rapidez del tratamiento quirúrgico, la prevención de las complicaciones y la
pronta rehabilitación son los planes básicos para una eficaz gestión del complejo
hospitalario. Tal es la eficacia de la planificación y buena organización, que en la
asistencia sanitaria de la fractura de cadera, se puede obtener, con el mismo tratamiento y
protocolizado cada caso, una reducción de costes de hasta un 20% por enfermo. Este
ahorro, habida cuenta del gran número de procesos traumatológicos en el anciano,
supone un gran incremento de la efectividad y de la eficiencia del equipo sanitario de un
hospital.
325
27
Trastornos neurológicos
Objetivos
• Señalar los datos epidemiológicos más relevantes de las enfermedades neurológicas de los ancianos.
• Identificar las características de la enfermedad de Parkinson.
• Describir las escalas de valoración de la enfermedad de Parkinson y sus características.
• Establecer los cuidados de enfermería en la enfermedad de Parkinson.
• Identificar las manifestaciones clínicas de la enfermedad vascular cerebral.
• Establecer los cuidados de enfermería en ancianos con enfermedad vascular cerebral.
27.1. Introducción
326
27.2. Enfermedad vascular cerebral
CUADRO 27.1
Clasificación de las enfermedades vasculares cerebrales
327
infarto isquémico cerebral (trombótico o embólico) y el 20% restante a hemorragia.
27.2.2. Etiopatogenia
CUADRO 27.2
Mecanismos patogénicos en los accidentes vasculares cerebrales
• Aterosclerosis.
• Deposición amiloide.
Alteraciones de la pared vascular
• Lipohialinosis.
• Procesos inflamatorios (arteritis).
• Émbolos cardíacos.
Oclusión de la luz vascular
• Émbolos de circulación extracraneal.
• Aumento de viscosidad.
Trastornos hematoiógicos
• Estados de hipercoagulabilidad.
• Intraparenquimatosa.
Rotura vascular
• Subaracnoidea.
328
27.2.3. Manifestaciones clínicas
329
Las manifestaciones clínicas que sugieren hemorragia intraparenquimatosa son:
330
331
Fuente: Modificado de García de Yébenes, J., 1976.
En el cuadro 27.3 se muestran las diferencias entre los diversos tipos de accidentes
vasculares cerebrales. Las complicaciones más frecuentes de los accidentes vasculares
cerebrales se resumen en el cuadro 27.4.
CUADRO 27.3
Diferencias clínicas entre los accidentes vasculares cerebrales
332
Fuente: Adaptado de Soyka, 1975.
CUADRO 27.4
Complicaciones generales de los accidentes vasculares cerebrales
RESPIRATORIAS CARDIOVASCULARES
• Aspiración. • Arritmias.
333
• Embolias pulmonares. • Infarto de miocardio.
• Insuficiencia cardíaca.
• Trombosis venosa profunda.
INFECCIONES METABÓLICAS
• Cutáneas. • Deshidratación.
• Respiratorias (neumonías). • Trastornos electrolíticos.
• Urinarias. • Intolerancia a la glucosa.
MUSCULOESQELÉTICAS CUTÁNEAS
• Contracturas.
• Úlceras par presión.
• Espasticidad.
• Edemas.
• Hombro congelado.
INFECCIONES METABÓLICAS
27.2.4. Diagnóstico
27.2.5. Tratamiento
334
DIAGNÓSTICO E INTERVENCIÓN DE ENFERMERÍA
Diagnósticos de enfermería
Intervención da enfermería
335
14. Proporcionar las medidas adecuadas para prevenir neumonías y
tromboembolismo pulmonar: fisioterapia respiratoria, cambios postnrales,
ejercicios con miembros inferiores, etc.
15. Si existen problemas para la comunicación verbal, actuar de acuerdo con las
pautas que se recogen en los dos cuadro siguientes.
336
Fuente: Cortesía de Icon Extarri.
FIGURE 27.2 Movilización del paciente hemipléjico.
337
PAUTAS PARA AYUDAR AL PACIENTE A COMUNICARSE
• Si inicia motilidad voluntaria durante los tres primeros días, andará sin
ayuda (casi siempre).
• Si la parálisis es completa, a los tres meses del ACV persistirá un grado
importante de incapacidad.
• Transcurrido un mes sin mejoría, signo de mal pronóstico.
• Si a las cuatro semanas no ha mejorado claramente, sólo cace esperar una
capacidad de marcha en un 15% de de los pacientes.
338
• Si a las tres semanas no ha aparecido motilidad voluntaria en el miembro
superior, la recuperación será escasa.
• Si persiste déficit sensitivo, es un dato negativo para la recuperación.
27.3.1. Epidemiología
339
Las características del síndrome acinético-rígido de la enfermedad de Parkinson finalmente resultan de la
degeneración de neuronas dopaminérgicas, particularmente de la substantia nigra asociado con los cuerpos de
Lewy.
340
FIGURE 27.4 Físiopotología de la enfermedad de Parkinson, Función de los neurotransmisores.
27.3.3. Clasificación
CUADRO 27.5
Causas del síndrome acinético-rígido en adultos
• Primario:
– Enfermedad de Parkinson.
• Secundario:
– Parkinsonismo inducido por – Parálisis supranuclear progresiva.
neurolépticos. – Degeneración esírioníquica.
– Parkinsonismo – Calcificación de ganglios basale.
postencefalítico.
– Toxicidad por MPTP.
– Vascular.
341
El temblores el síntoma inicial en el 70% de los pacientes. Comienza de forma
unilateral, está presente en reposo, disminuye en la realización de movimientos, aumenta
por factores emocionales y desaparece durante el sueño. Suele afectar a miembros
superiores, para extenderse posteriormente a cabeza, mandíbula y miembros inferiores.
El temblor se debe a la contracción rítmica de músculos agonistas y antagonistas, con
una frecuencia de 4-6 ciclos por segundo, y da lugar a movimientos de pronosuptnación.
La rigidez puede percibirla el enfermo como una contractura muscular. Afecta a
todos los músculos, pero es más acusada en cuello y tronco. En la exploración, esta
rigidez se manifiesta como resistencia incrementada y sostenida al movimiento pasivo.
La acinesia (hipocinesia y bradieinesia) se refiere a la pobreza y lentitud de los
movimientos.
Las alteraciones posturales consisten en una flexión generalizada de tronco, cuello
y extremidades, que determinan una postura típica (figtas 27.5) y alteraciones en la
estabilidad y la marcha, con riesgo aumentado de caídas.
Otras manifestaciones son, por ejemplo, alteraciones intelectuales (entre un 10 y un
80% de pacientes con enfermedad de Parkinson tienen algún grado de deterioro
cognitivo), trastornos psíquicos (el más frecuente es la depresión y afecta a un 20-90%
de los enfermos), seborrea, hiperhidrosis hipotensión ortostática, constipación crónica,
trastornos urinarios y alteraciones del sueño.
Las consecuencias funcionales de estas manifestaciones clínicas son:
342
FIGURA 27.5. Postura parkinsoniono típico, (Dibujo de Paul Richer, 1888.)
– Atrofia muscular.
– Problemas respiratorios (síndrome restrictivo por afectación de músculos
respiratorios y reducción de movimientos de expansión).
– Neumonías, por disminución de movimientos respiratorios.
– Osteoporosis, por la inmovilidad.
– Trastornos circulatorios periféricos, por disminución de la movilidad.
– Deformidades del aparato locomotor y contractwas.
– Úlceras por presión, en inmovilizados y encamados.
CUADRO 27.6
Evolución de la enfermedad de Parkinson
343
Fuente: Adaptado de Atín Arratîbel, M. A., 1993.
CUADRO 27.7
Escala de evaluación unificado para la enfermedad de Parkinson
1. Deterioro intelectual.
I. Actividad mental. Conducta 2. Trastornos del pensamiento.
y humor. 3. Depresión.
4. Motivación/iniciativa.
5. Lenguaje hablado.
6. Sialorrea.
7. Deglución.
8. Escritura.
9. Corte de alimentos y manejo de los cubiertos.
10. Vestirse.
II. Actividades de la vida 11. Higiene.
diaria. 12. Darse la vuèlta en la cama o ajustarse las
344
sábanas.
13. Caídas.
14. Bloqueo/congelación durante la marcha.
15. Marcha.
16. Temblor.
17. Molestias sensitivas.
345
la prueba del equilibrio.
4. Incapacidad grave.
5. Confinado en cama o silla de ruedas.
27.3.6. Trotamiento
346
discinesias.
– Off: El paciente muestra síntomas parkinsonianos.
– Wearing off: Se disipa el efecto del fármaco y el paciente muestra los síntomas
parkinsoníaoos, habítualmente entre 30 y 60 minutos antes de la siguiente
dosis.
Diagnósticos de enfermera
• Limpieza ineficaz de las vías aéreas por rigidez de los músculos respiratorios.
• Deterioro de la deglución por incoordinación de músculos agonistas y
antagonistas.
• Riesgo de lesión, relacionado con alteraciones posturales, trastornos de la
marcha e hipotensión ortostática.
• Trastorno de la movilidad física, por rigidez y acinesia.
• Alteración del patrón de sueño.
• Estreñimiento.
• Alteración en los procesos de pensamiento, por deterioro intelectual asociado a
la enfermedad.
• Déficit de autocuidado, por rigidez, bradicinesia y/o temblor.
• Deterioro de la comunicación verbal y escrita.
• Alteración de la autoestima.
Intervención de enfermería
347
7. Colaborar con el fisioterapeuta en la cinesiterapia.
8. Evitar elementos ambientales (alfombras, muebles, …) que puedan facilitar las
caídas.
9. Colaborar la presencia de reacciones adversas a la medicación.
10. Colaborar con el terapeuta ocnpacional en la realización de programas de
estimulación cognitiva.
11. proporcionar suficientes líquidos y alimentos ricos en fibra, para favorecer un
ritmo intestinal normal.
13. Fecilitar dispositivos en cuarto de baño que ayuden al anciano con enfermedad
de Parkinson a realizar, por sí mismo, los cuidados higiénicos (figura 27.7).
Recomendar la utilización de maquinilla de afeitar eléctrica.
14. Utilizar prendas fáciles de usar (sin botones, cremalleras o cordones).
15. Utilizar mangos especiales en cubiertos, vasos de plástico, protecciones en los
platos, etc., para ayudar al paciente a comer solo (figura 27.8).
16. Enseñar al paciente diversas medidas para mejorar la comunicación verbal
cuadro 27.9).
17. Colaborar con el logopeda en la terapia específica.
18. Aconsejar a la familia y cuidadores las medidas más adecuadas para facilitar
movilídad, deglución, estímulo mental, autocuidado, etc.
19. Aconsejar la asistencia a grupos de apoyo al paciente y a sus familiares
(Asociación Parkinson España).
20. Enseñar al paciente, familiares y cuidadores todo lo referente a la medicación:
horario, precauciones dietéticas, efectos colaterales, etc.
CUADRO 27.8
Anexo a la historia de enfermería
348
Fuente: Adaptado de Tolosa Sarró, E. y Bayés Rosiñol, A., La enfermedad de Parkinson. Orientaciones para una
vida activa Sandoz, 1987.
349
FIGURE 27.6 Pautas para acostarse, darse la vuelta en la cama y levantarse de una silla.
CUADRO 27.9
Medidas para mejorar la comunicación verbal
350
A FAMILIARES, CUIDADORES Y
AL PACENTE
PROFESIONALES SANITARIOS
351
28
Demencias
Objetivos
En el siglo I d.C., Celso, en su obra De Medicina, desarrolló por primera vez los
conceptos de delirium y dementia. El delirium designaba un estado agudo, asociado con
frecuencia a fiebre, mientras que la dementia se refería a un estado crónico.
En siglos posteriores, las manifestaciones de la demencia, tal como las conocemos
hoy, se denominaron letargía (Cosín, 1592), locura o estupidez (Barrough, 1596). Una
definición mas precisa se encuentra, posteriormente, en Willis (Practice of Physick,
1648).
Se debe a Pinel (1797) la introducción del término demencia en el vocabulario
médico habitual y la descripción precisa de sus principales características. Años más
tarde, Esquirol, discípulo de Pinel, introduce en la Enciclopedia el término demencia
senil, diferenciada de las formas aguda y crónica. Prichard (1837) fue el primero en
desarrollar el concepto de demencia senil y remarcar sus grados, etapas e historia natural.
Desde el punto de vista anatomoclínico, los trabajos de Alzheimer y Binswanger, a
principios del siglo XX, contribuirán a la precisión definitiva del síndrome deinencial.
Actualmente, el concepto demencia se define de acuerdo con unos criterios clínicos
que establecen la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) y el Manual
DSM-IV de la Asociación Psiquiátrica Americana. Estos criterios se recogen en el cuadro
28.1.
CUADRO 28.1
352
Concepto de demencia según CIE-10 y el DSM-IV (adaptado)
1. Déficit de memoria.
2. Déficit de otras funciones corticales superiores (pensamiento,
orientación, comprensióa cálculo, capacidad de aprendizaje y
juicio).
CRITERIOS
3. Nivel de conciencio normal (alerta).
DE CIE-10
4. El déficit cognitivo se acompaño de deterioro del control
emocional, del comportamiento social o de la motivación.
5. Se debe a una enfermedad cerebrol de naturaleza crónico o
progresiva.
CUADRO 28.2
Fases de demencia en las clasificaciones CDR y GDS (Clinical Dementia Rating y
Globol Deterioration Scale)
353
FASES CDR FASES GDS
CUADRO 28.3
Diagnóstico diferencial de la demencia
• Amnesia.
SÍNDROMES CEKEBRALES • Afasia.
FOCALES • Síndrome frontal.
• Síndrome parietal.
• Depresión.
• Síndrome de Ganser o pseudodemencia
TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS pitiática.
• Esquizofrenia.
• Simulación.
354
Fuente: Modificado de Bermejo y Del Ser, 1993.
CUADRO 28.4
Criterios de Wells de pseudodemencia
SEUDODEMENCIA DIMENCIA
Curso címcu
• Progresión rápida.
• La familia es consciente de la severidad.
• Antecedentes psiquiátricos.
• Inicio preciso. • Insidioso.
• Lenta.
• No es consciente.
• No antecedentes psiquiátricos.
Hallazgos clînicos
• Es consciente de su deterioro.
• El paciente se queja de • No empeoramiento nocturno. • Raramente.
su deterioro. • Es indiferente.
• Emoeoiamiento nocturno.
Hallazgos cognítivos
Se conocer vanas decenas de enfermedades que originan demen todas las posibles
causas, se admite que, aproximadamente, un tercio son p [mente curables. Por ello, es
preciso buscar la causa ante un síndrome demencial.
Se han propuesto varias clasificaciones etiológicas de las demencias. En el cuadro
28.5 se expone la clasificación del grapo para el estudio de las demencias de la Sociedad
Española de Neurología.
355
28.3. Epidemiología
CUADRO 28.5
Clasificación etíológíco de los demencias
• Enfermedad de Alzheimer.
• Enfermedad de Pick.
ENFERMEDADES
• Enfermedad de Parkinson/Demencia de Guam.
DEGENERATIVAS
• Atrofias cerebelosas (atrofia olívopontocerebelosa,
et
• Multiinfarto.
DEMENCIAS
• Enfermedad de Binswanger.
VASCULARES
• Vasculitis (infecciosas, inflamotorit
• Obstructiva.
HIDROCEFALIAS
• Arreabsortiva.
356
• Degeneración hepatocerebral adquirida.
DEMENCIAS
• Hípo/Hipertiroidismo.
METABÓLICAS
• Hipoxia-isquemia.
ENFERMEDADES
• Esclerosis múltiple.
DESM1EL1N1ZAN
28.4.1. Epidemiología
357
28.4.2. Patogenia
A) Factores genéticos
FIGURA 28.1. Ideogramas de los cromosomas 14, 19 y 21, mostrando los patrones y localizociones de
marcadores y genes ligados a la enfermedad de Alzheimer.
358
cerebral y yasoendotelíal, que darían lugar a la formación de las placas seniles y los
ovillos neurofibrilares, características histológicas de la enfermedad. Los lugares de
mayor densidad de placas seniles y ovillos neurofibrilares son el hipocampo y la
amígdala, que forman parte del circuito cerebral de la memoria. La formación de las
placas seniles y los ovillos origina una desorganización maniiesta de los circuitos
neuronales, dificultando la comunicación interneuroñal en los procesos de aprendizaje y
en los mecanismos de consolidación y evocación de la memoria.
359
Fuente: Adaptado de Clark, R. F., Arch. Neurol., 50, Nov. 1993.
FIGURA 28.3a. Posibles vías del procesamiento del precursor de la proteína ß-amiloide.
360
Fuente: Adaptado de Hardy y Higgins, 1992; McGeer, 1992; Cacabelos, R., 1994.
B) Factor neuroinmune
361
exógenos produciría alteraciones en el cítoesqueleto neuronal y en las membranas
celulares con clivaje anómalo de las exo y endoformas del APP (figura 28.2),
ocasionando la exposición de epitopos anómalos de la membrana que serían reconocidos
como extraños por la microglía e iniciaría toda la secuencia de mecanismos
neuroinniunes, que originarían destrucción de neuronas. Se formarían posteriormente con
los restos celulares las placas seniles, con la consiguiente destrucción de la arquitectura
cortical.
C) Apopiosis
CUADRO 28.6
Fases de la demencia tipo Alzheimer.
362
teléfono
• Perdido en el entorno familiar
FASE I Prediagnósfico • Dificultad en decir la hora
• Dificultad en tomar decisiones
• Pérdida de espontaneidad
• Fácilmente irritable
• Crisis comiciales
• Mioclonías
• Importante pérdida de peso
• Movimientos lentos
FASE IV Demencia terminal
• Automaticismo
• Ierencio ante la comida
• Pequeña respuesta a estímulos
• Agitación
363
28.4.4. Diagnóstico
A) Crítenos clínicos
1. Demencia establecida por un examen dioico, documentada por test Mini Mental
State, escala de deterioro de Blessed y confirmada por tests neuropsicológicos.
2. Déficits en dos más áreas cognítivas.
3. Empeoramiento progresívo de la memoria y otras funciones cognítivas.
4. No existe alteración del nivel de conciencia.
5. Inicio entre 40-90 años, más frecuente después de los 65.
6. Ausencia de otras enfermedades sistéraícas o neurológícas que pudieran
explicar los déficits cognitivos.
364
• El diagnóstíco de EA es apoyado por:
Para valorar el estado cognitivo, la afectación de las actividades de la vida diaria, las
alteraciones conductuales y los estadios de la enfermedad de Alzheimer, se utilizan
diversas escalas psicométricas, que se resumen en el cuadro 28.7.
C) Técnicas de imagen
Para valorar el estado cognitivo, la afectación de las actividades de la vida diaria, las
alteraciones conductuales y los estadios de la enfermedad de Alzheimer, se utilizan
diversas escalas psicométricas, que se resumen en el cuadro 28.7.
Habitualmente se reducen a TAC, RMN, Doppler transcraneal y SPECT
(tomografía cómputarizada de emisión fotónica simple). Otras técnicas como PET
(tomografía de emisión de positrones) y MRS (espectroscopia-resonancia magnética)
tienen menos utilidad clínica por la dificultad para efectuarlas y los altos costes.
D) Técnicas electrofisiológicas
365
E) Determinaciones de laboratorio
F) Estudios histológicos
CUADRO 28.7
Escalas psicométricas en la EA
366
367
En la parte izquierda se representa una calografía de una enferma de 64 años con una demencia vascular.
Comparado con un registro promedio (abajo), se puede observar la presencia de actividad theta de distribución
irregular y marcada asimetría interhemísférica.
368
La parte derecha corresponde a una paciente de 64 años con ente eimer. Comparado
igualmente con un registro promedio, se puede observar como existe un predominio de
actividad delta y theta en regiones pariefotemporales y occipitales y no se evidencian
asimetrías hemisféricas.
Fuente: Cortesía del Dr. J. Cabanyes Truffino.
G) Estudios genéticos
369
Poco utilizados por cuestiones éticas. Pueden servir para establecer riesgo en
familiares próximos.
H) Otros medios
28.4.5. Clasificación
Una vez estudiado el paciente, puede subtipificarse de acuerdo con varios criterios
(cuadro 28.8).
CUADRO 28.8
Clasificación de la enfermedad de Alzheimer
• EA familiar.
PRESENTACIÓN FAMILIAR • EA esporádica (sin historia
familiar).
• En cromosoma 14.
ALTERACIÓN CROMOSÓM1CA • En cromosoma 19.
• En cromosoma 21.
370
Siguiendo a Cacabelos, se pueden clasificar en estrategias paliativas y sustitutivas.
Las paliativas consisten en la utilización de fármacos inespecíficos para potenciar el
metabolismo cerebral, mejorar el fiujo cerebrovascular y activar globalmente los sistemas
de neuratransmisión central. Entre estos fármacos se encuentran nootropos, antagonistas
del calcio y neuroprotectores. No han resultado eficaces en detener el curso de la
enfermed o restablecer la normalidad funcional.
Entre ios medios sustitutívos se encuentran los potenciadores colinérgícos, mono-
amíeérgícos y neuropeptídergícos, sin resultados positivos concluyentes en la actualidad.
Desde un punto de vista teórico, por el momento, se están desarrollando estrategias
terapéuticas que actuarán en:
371
– Infartos cerebrales multiples (macros o microscópicos).
– Estado lacunar.
– Angiopatía amíloide.
– Arteritis iniamatorias.
– Enfermedad de Binswanger.
– Desmielinización multifocal de la sustancia blanca.
28.6.2. Fitopatología
372
– Aleración de funciones ejecutivas (planificación, organización,
secuenciación, abstracción).
2. Signos focales neurológícos o evidencia radiográfica de enfermedad vascular
cerebral.
3. Los déficits cognitivos conducen a un significativo deterioro de las funciones
social y/o laboral y representa un declive desde un previo nivel funcional.
4. Los déficits cognitivos no son debidos a delirium.
CUADRO 28.9
Escolo de isquemio de Hachinski
CRITERIOS PUNTOS
Comienzo repentino 2
Deterioro escalonado 1
Curso fluctuante 2
Confusión nocturna 1
Depresión 1
Labilidad emocional 1
Preservación de la personalidad 1
Historia previa de hipertensión arterial 1
Accidentes vasculares cerebrales previos 2
Arteriosclerosis 1
Síntomas somáticos 1
Síntomas neurológicos focales 2
Signos neurológicos focales 2
Demencia multiinfarto 7 o más
Demencia degenerativa primaria 3 o menos
En el cuadtro 28.10 figuran los criterios del NINCD -AIREN, más precisos que los
anteriores.
373
CUADRO 28.10
Criterios del NINCDS-AIREN
374
• Parálisis pseudobulbar.
• Cambios de personalidad y estado de ánimo.
• Depresión, abulia, incontinencia emocional.
• Retraso psicomotor.
• Leucoaraiosis excesiva para la edad.
• Cambios focales en EEG, SPECT, PET, RMN, …
28.5.4. Tratamiento
375
b) Problemas psíquicos: Además de los trastornos cognitivos característicos, pueden
presentarse cuadros depresivos, alteraciones del patrón de sueño (duermen durante
el día y están despiertos por la noche, con deambulación errática), agresividad,
generalmente dirigida a familiares y cuidadores; ideas delirantes de robo, infidelidad
o abandono (creen que se les quiere hacer daño, envenenar, etc.); alucinaciones,
generalmente visuales o auditivas (creen ver perfilas, anímales, etc., en su
habitación); reacciones catastróficas ante acóntecimíentos sin importancia, con
agitación psicomotriz y otras manifestations; o bien alteraciones conductuales, como
desinhibición sexual.
c) Problemas sociales: Los problemas sociales más relevantes son los relativos al manejo
de dinero, extravío, conducta social inadecuada y, especialmente, las estrés
oraciones en la convivencia familiar o el estrés originado en familiares o cuidadores
tras un período prolongado de atención al paciente demente.
376
repercusión emocional.
Como recursos asistenciales disponibles, se pueden citar la asistencia prestada por
los equipos de atención primaria (médicos y enfermeros), asistencia domiciliaria de
auxiliares geriátricos y los centros de día psícogeriátricos, por desgracia escasos aún para
la creciente demanda.
La relevancia creciente que en el campo sociosanitario están alcanzado estos centros
se debe a la importante asistencia que realizan estos pacientes y que comprende:
Las residencias asistidas publicas son también escasas y las privadas demasiado
costosas para la mayoría de los ciudadanos. La residencia asistida acoge generalmente a
pacientes con demencia en avanzado grado de deterioro y con pocas posibilidades de
alivio o mejoría de sus manifestaciones. El ingreso en estas instituciones saca al enfermo
con demencia de su medio habitual y supone una incapacidad para adaptarse a una
situación nueva. Suele conllevar un deterioro más rápido de las funciones cognitívas y de
la situación general. Si, además, no cuenta con suficiente personal, la aparición de
complicaciones es frecuente y precoz.
377
5. Se interesa por lo que ocurre a su alrededor.
6. Trata de mantener ordenada su habitación.
7. Es capaz de controlar su esfínter anal.
8. Recuerda lo esencial de la conversación tras su interrupción.
9. Va a comprar artículos menores (periódico, ultramarinos)
10. Dice que se siente inútil.
11. Mantiene alguna de sus aficiones favoritas.
12. Repite una y otra vez el mismo tema de conversación.
13. Parece triste y lloroso.
14. Su apariencia es limpia y ordenada.
15. Se escapa.
16. Recuerda los nombres de los amigos más íntimos.
17. Ayuda a otros en la medida en que sus capacidades físicas se lo permiten.
18. Viste de modo ínapropiado.
19. Está orientado en su entorno habitual.
20. Cuando se le pregunta algo, se muestra irritable y pendenciero.
21. Establece contacto con los que le rodean.
22. Recuerda dónde están sus ropas y otras cosas.
23. Es agresivo (verbal o físicamente).
24. Es capaz de controlar la función vesical (orina).
25. Parece estar alegre.
26. Mantiene contacto con amigos o familiares.
27. Confunde a unas personas con otras.
28. Disfruta con ciertos acontecimientos (visitas, fiestas).
29. Se muestra amistoso y positivo cuando habla con sus familiares.
30. Se comporta de modo terco, no sigue las instrucciones ni las normas.
Diagnósticos de enfermería
378
• potencial de infección relacionado con inmovilidad.
• Alto riesgo de aspiración.
• Incontinencias.
• Alteración de la nutrición.
Las intervenciones de enfermería ante estos últimos diagnósticos se tratan en los
capítulos correspondientes.
Intervención de enfermería
Para facilitar la comunicación con el paciente con demencia, pueden seguirse las
pautas que se indican en el cuadro 28.11. Es necesario enseñar a los familiares y
cuidadores las mismas normas para facilitar la comunicación con el paciente.
379
etc.
7. Ante el comportamiento agresivo y los trastornos psíquicos, se administrarán
los fármacos prescritos, vigilando la aparición de complicaciones o efectos
adversos de esas medicaciones y se establecerán medidas que faciliten la
calma o el control de las alteraciones (comunicación verbal afectuosa, evitar
comportamiento hostil o irritado en el profesional de enfermería, etc.). Deben
identificarse también de forma precoz el comportamiento agresivo y otros
trastornos psíquicos para actuar rápidamente. Es necesario enseñar a la familia
y cuidadores cómo deben actuar en estas situaciones.
8. Cuando la familia es incapaz de afrontar el cuidado de una persona con
demencia, la función del profesional de enfermería es ayudar a los
familiaarres, medíante consejos, guías, etc., a que comprendan el proceso de
la enfermedad y las medidas que hay que realizar en cada situación y, al
mismotiempo, informar de los distintos recursos asistenciales disponibles (por
ejemplo, centros de día psícogeríatricos), grupos de apoyo familiar,
voluntarios, ect., y sugerir el apoyo psicológico de familiares o cuidadores si
fuera necesario.
CUADRO 28.11
Pautas para la comunicación con personas con trastornos cogninvos
Acercarse:
– Utilizar movimientos lentos y suaves.
– Los brazos a los lados del cuerpo y las manos abiertas.
– Considerar la necesidad o preferencia de espacio personal.
– Mirarle a los ojos.
Conseguir su atención
– Decir su nombre. Usar su nombre de pila o el nombre que él
prefiera.
– Evitar llamarle “abuelo” o nombres familiares, a menos que se
le haya dado permiso para hacerlo.
– Establecer contacto visual mediante mirada amistosa.
– Tener en cuenta que, en algunas ocasiones, la mirada directa
puede resultar amenazadora.
– Sonreír cuando le mire.
– Puede ser útil tocar su hombro o su brazo para que preste
atención.
– Ser discreto cuando le toque, para que no crea que es una
agresión.
Mandar el mensaje:
380
– Usar palabras cortas y oraciones simples.
– Puede que sea necesario usar sólo nombres y verbos.
– Usar un tono de voz calmado y amistoso.
– Hablar despacio, de forma suave y clara.
– Utilizar un lenguaje concreto y directo. Los ejemplos o las
explicaciones abstractos o hipotéticos son mal
comprendidos.
– Usar términos positivos, “haga” mejor que “no hagas”. Por
ejemplo: “Por favor, cruce las manos” mejor que “Por
favor, deje de golpear la mesa”. Use “por favor” y
“gracias” cuando sea apropiado.
MANDAR UN – Hacer sólo preguntas únicas cada vez.
MENSAJE – Darle tiempo para procesar la pregunta y responderla, antes de
asumir que no puede o que no lo hará.
– Si no responde, repetir la pregunta, al pie de la letra, no
intentar preguntar lo mismo con otras palabras.
– Para mantener su atención es útil decir su nombre de forma
repetida y reestablecer el contacto visual.
– Cuando haya más de un cuidador, sólo uno debe llevar la
iniciativa y bajo ninguna circunstancia deben los cuidadores
conversar excluyendo al paciente. Si comienza a caminar
mientras el profesional de enfermería está hablando, poner
atención a su comunicación no verbal y reaproximarse más
tarde. Evitar pararle o intentar ponerse delante de él.
– Algunas veces, caminar a su lado y, ligeramente delante de él,
mientras se le habla, es efectivo.
381
causará frustración y enfada.
– Centrarse tanto en sus palabras como en sus posibles
emociones o sentimientos, a veces no verbalízados.
Respuesta:
– Usar las estrategias mencionadas para conseguir su
atención y para mandar el mensaje.
– Cuando el mensaje verbal no sea claro, intentar afinar ei
oído y repetir frases o palabras clave, en un intento
por disparar la memoria o la habilidad para ampliar o
clarificar el mensaje.
– Usar su vocabulario aumenta su sentido de la
efectividad, y le permite saber que ha sido escuchado,
lo que le estimula para seguir hablando.
– Repetir su mensaje cuando lo entienda y preguntar si ha
sido correcta su interpretación. Por ejemplo,
“¿necesita ir al servicio?”, “¿quiere llamar a su hija?”.
– Nunca decir que le entiende si no es así. Es mejor decir,
honestamente, que está intentando entenderle, pero
RECIBIR que aún no lo ha conseguido.
UN – Intentar dar respuesta al sentimiento que puede haber
MENSAJE identificado durante la escucha. Por ejemplo,
“cuénteme algo acerca de sus hijos”.
– De manera más específica, tratar abiertamente de
identificar la emoción que cree que puede estar
sintiendo. Por ejemplo, “parece triste, ¿no?”, o
“parece como si estuviera enfadado, ¿es así como se
siente?”.
– Sí, después de repetidos intentos, el significado del
mensaje no ha podido ser revelado y el paciente
comienza a mostrarse impaciente, puede ser útil hacer
una afirmación general, tal como “cuidaré de ello” o
“trabajaré en ello por Vd”. Este tipo de respuesta
frecuentemente produce un suspiro de consuelo por
parte del paciente.
– Sin embargo, no hacer promesas que no se puede 0 no
se tiene intención de levar a cabo.
382
383
29
Trastorno psiqíátricos
Objetivos
29.1. Introducción
384
29.2. Trastornos ansiosos
CUADRO 29.1
Manifestaciones clínicas de la ansiedad
385
• Inouietud. • Astenia.
• Matesfar moral. • Disnea.
• Preocupadizo. • Mareos.
• Rendimiento disminuido. • Opresión torácica.
• Hipersensibilídad al ruido. • Algias difusas.
• Temor ante el futuro. • Inestabilidad.
• Tensión diurna. • Cefaleas.
• Alteraciones del sueño. • Parestesias o temblores.
• Irritabilidad. • Sequedad de boca.
• Temor a la enfermedad física y mente • Estreñímiento o diarrea.
• Llanto frecuente. • Anorexia o bulimia.
• Mal humor. • Náuseos, vómitos.
386
29.2.3. Trastornos fóbicos
De las distintas formas clínicas de histeria sólo merece mención en este capítulo ia
histeria de conversión. Esta forma sí se ve con alguna frecuencia entre la población
anciana. En esta patología, la ansiedad se “convierte” en síntomas físicos de carácter
387
motor (temblores, parálisis, etc.) o visceral (vómitos, náuseas, etc.). El pacíente obtiene
de sus sin un lado consigue no sufrir la ansiedad directamente, ya que ésta se ha
transformado en un síntoma orgánico, y, por otro, atrae sobre su persona la atención de
los que le rodean, con lo cual cubre sus necesidades de estimación y afecto.
29.2.6. Hípocondríasis
La ansiedad ante la muerte parece estar con nosotros al llegar a la edad adulta y en
los años posteriores. Está en relación con el miedo a las alteraciones físicas que el morir
y la muerte comportan, y con el estrés y el dolor que acompañan a la incapacidad y la
enfermedad. La presencia de enfermedades físicas y la muerte de familiares y amigos
entre la población anciana ha hecho suponer que en este grupo etarío se encontraran
niveles altos de ansiedad ante esta situación.
Sin embargo, los resultados que se comunican ponen en relación inversa la ansiedad
ante la muerte con el equilibrio psicológico y emocional del sujeto, más que con la
variable edad.
388
cotidiana, surgen los estados patológicos del ánimo.
Son dos los trastornos del ánimo de los que nos vamos a ocupar: la “depresión”, que
cursa con descenso patológico del estado de ánimo, y la “manía”, que cursa con
exaltación patológica del estado de ánimo.
29.3.1. Depresión
389
En las depresiones graves, pueden aparecer ideas delirantes con contenidos de culpa,
ruina y de perjuicio e, incluso, alucinaciones en forma de voces acusatorias, siempre
secundarias al ánimo decaído.
Típicamente, existe un empeoramiento matutino de la síntomatología.
La enfermedad tiende a ser recurrente. Habitualmente, cede con tratamiento
antidepresivo, sin embargo, en algunos casos, la enfermedad puede cronificarse.
Cuando, a lo largo de la vida de un paciente, sólo se dan fases con descenso del
estado de ánimo, es decir, fases depresivas, hablamos de pacientes unipolares. Si en la
historia de un enfermo alternan fases depresivas con fases que cursen con ánimo
exaltado, es decir, maníacas, estaremos ante un paciente bipolar. Es más frecuente el
curso unipolar que el bipolar, tanto en adultos como en ancianos.
La depresión reúne en el anciano ciertas características dignas de mención:
390
aquellos que presentan alteraciones primarias de la memoria, como ocurre en
demenciados.
– Les fases depresivas en los ancianos suelen ser más largas y los síntomas
menos intensos que en los jóvenes.
– Existe un riesgo aumentado de suicidios entre los ancianos deprimídos, del que
se hablará más adelante.
Existe una forma delirante que se da con especial frecuencia entre ancianos
deprimidos (dentro de la rareza de este delirio): el delirio de Cotard. Se caracteriza por
una triada específica: ideas de negación (no tiene visceras, está muerto), ideas de
inmortalidad (no existe el tiempo, no va a morir nunca) e ideas de enormidad (su cuerpo
ocupa el universo entero) por orden de frecuencia. Lo habitual es encontrar formas
incompletas con ideas de negación únicamente.
Cuando el nivel intelectual del anciano no es muy alto, el comienzo de la
enfermedad es brusco y el sujeto tiene una sintomatología en la que prevalecen la apatía
y el desinterés, es posible que el cuadro aparente una demencia.
Es importante dedicar unas líneas al riesgo de suicidio que existe en estos pacientes.
El grupo de mayor riesgo suicida en la población general es el de los enfermos mentales,
y, dentro de éste, el que más riesgo acumula es el de las depresiones, con una cifra del
47% sobre el total de suicidios. Además, el mayor índice de suicidio se da en varones de
más de 65 años.
Aproximadamente el 80% de las personas que cometen suicidio hablan de sus
intenciones con antelación. Es mítica la idea de que aquellos que dicen que se van a
suicidar no lo harán nunca. El paciente puede expresar sus ideas suicidas directamente, o
bien utilizando frases que, indirectamente, ponen en evidencia sus deseos de morir.
Expresiones como “me rondan malos pensamientos”, ‘tengo muchas ideas negras”,
391
“ganas de dormir y no volver a despertar”, “mejor sería estar muerto”, “para vivir así es
mejor morirse” y otras de este estilo, pueden significar que el paciente, en su
desesperanza, no ve salida a su situación y piensa en la muerte como deseanso, como
solución a su sufrimiento. No pocos deprimidos nos anuncian de este modo que desean
morir y que han decidido precipitar su muerte por su propia mano. Especial cuidado,
pues, ante estas verbalizaciones.
Desgraciadamente, hay también un número de pacientes que consuman el suicidio
sin aviso previo. A continuación se señalan aquellos factores que hacen aumentar el
riesgo de suicidio, muchos de los cuales se dan, de manera especial, entre la población
deprimida anciana:
29.3.2. Manía
392
29.4. Trastornos delirantes
29.4.1. Esquizofrenia
29.4.2. Parofrenia
393
conservada. Ofrecen algunos puntos en común con la esquizofrenia, pero la singular
persistencia del “contacto” y el buen equilibrio de la realidad que se da en estos pacientes
son factores que alimentan la eterna polémica de considerarlos al margen del estricto
mundo esquizofrénico.
29.4.3. Paranoia
Pueuen surgir ante situaciones de estrés psicosocial importante que generan una
intensa angustia. Son trastornos paranoides agudos y reacciones psicóticas de corta
evolución. Pueden aparecer, por ejemplo, en internamientos en las Unidades de
Vigilancia Intensiva, o tras la privación sensorial en las intervenciones de cataratas o en
los déficits auditivos.
Son trastornos mentales que se caracterizan por tener como etiología demostrable
una enfermedad o lesión cerebrales u otra enfermedad causante de dísfunción cerebral.
Se incluyen en este epígrafe dos grandes síndromes: el síndrome confusíonal agudo
o delirium y los síndromes demendales. El estudio de la demencia figura en otro capítulo,
al considerarse que esta enfermedad alcanza importancia suficiente para ser tratada
aparte.
29.5.1. Delirium
394
El delirium puede presentarse a cualquier edad, pero es bastante más frecuente en
los ancianos: por lo menos un 40% de los ancianos ingresados en una unidad de agudos
lo presentan en algún momento de su enfermedad.
El cuadro psícopatológico de los estados de delirium se caracteriza por el menoscabo
de algunas funciones (conciencia) y la hiperfundón de otras (alucinaciones perceptivas).
En el “origen” de estos trastornos se pueden encontrar procesos infecciosos agudos
(sobre todo respiratorios y urinarios); carencias vitamínicas y anemias graves; trastornos
del agua y de los iones (deshídratación y disiooias); alcoholismo; insufiacia cardíaca,
respiratoria o renal; aumentos o descensos bruscos de la tensión arterial; tumores
cerebrales; traumatismos craneoencefálicos; intervenciones quirúrgicas (la extirpación de
cataratas y la prostatectomía son especialmente frecuentes en ancianos); y, finalmente,
puede verse este cuadro en el curso de psicosis afectivas o paranoides o a lo largo de una
demencia senil, las menos veces, o vascular, en la mayoría de las ocasiones. Puede
aparecer también ante la toma de psícofármacos y otras sustancias.
Desde el punto de vista psícopatológico, es fundamental la “fluctuación del nivel de
(onciencia”, que oscilará entre la lucidez de las primeras horas de la mañana, y de la
obnubilación, incluso estupor, típicos de las noches. Entre ambos polos, el paciente da la
impresión de embotamiento, aparenta estar ausente de la situación actual, su
comportamiento y sus gestos expresan confusión; sus movimientos son, a veces, torpes y
lentos, en otras ocasiones es presa de una agitación desordenada y steril. Esta alteración
de la conciencia coexiste siempre con “desorientación temporo-espadal” y con una
incapacidad para sintetizar y diferenciar los contenidos del pensamiento. El “lenguaje”
puede ser incoherente. La “percepción” de la realidad se torna defectuosa: el enfermo
identifica mal el mundo exterior -reconoce mal o no reconoce a las personas-. Los
trastornos de4a “memoria” también forman parte de la clínica: el paciente no fija lo
suficiente y la evocación resulta muy complicada; consecuentemente existirá después una
amnesia lacunar postconfusíonal.
La “experiencia delirante-alucinatoria” propia de estos estados confusionales se llama
onirismo. El onírísmo se caracteriza por la presencia de alucinaciones vísuales, rápidas, a
veces caóticas, de caras monstruosas o de anímales repugnantes. Pueden estar
implicados otros componentes sensoriales y, por tanto, existir alucinaciones auditivas,
cenestésicas, etc.
Los temas del delirio onírico son diversos:
395
El cuadro de delirium es de comienzo brusco, de carácter fluctuante y de duración
limitada. En los ancianos es de naturaleza grave, a excepción de los episodios
confusionales producidos por procesos vasculares. Es una complicación que puede
acabar con la vida del paciente si no se resuelve la causa que motivó la dísfuncíón
cerebral.
396
de alcohol, durante menos tiempo, producen efectos superiores a los que suceden en
organismos más jóvenes. Las presiones sociales y personales que se comentaron que
podían reiniciar un viejo alcoholismo, son también factores que concurren en el
inicio de un alcoholismo nuevo en estas edades más tardías. Como en los jóvenes, la
acción euforizante y desinhibidora del alcohol es la razón por la que los ancianos se
inician en el consumo y abuso de esta sustancia. Y, como en los jóvenes también, las
consecuencias en un organismo alcohólico son las mismas ancianos.
397
aparición de episodios depresivos. Los antidepresivos, sobre todo tricíclicos, y más sí van
asociados a antípsicótícos y antiparkinsonianos, pueden desencadenar un cuadro
confesional, como grave complicación ligada a las propiedades anticolinérgicas de estos
fármacos.
Antes de pasar al siguiente apartado, un breve comentario sobre el rumbo que suelen
tomar en la senectud las conductas antisociales, antiguas. Habituaimente, suelen mitigarse
e, incluso, desaparecer. Pero, en ocasiones, se manifiestan de forma más desequilibrada
o, incluso, se pueden iniciar por primera vez en esta etapa de la vida. En estos casos, las
condiciones ambientales desfavorables parecen influir decisivamente.
TRASTORNOS ANSIOSOS
Diagnósticos de enfermería
• Ansiedad.
• Adaptación individual inficaz.
Intervención de enfermería
398
situación que le genera temor.
7. No pretender que el paciente obsesivo abandone sus rituales.
8. No hay que modificar el entorno del paciente obsesivo: es·reacio a los cambios.
9. Actitud muy firme, desprovista de irritación o excesiva compasión ironía o
actitudes protectoras en el histérico.
10. No decir al hipocondríaco que tiene una enfermedad real, pero tampoco que no
tiene enfermedad alguna.
11. Evitar el aislamiento de los enfermos, animándoles a participar en las actividades
de grupo.
12. Controlar que estén cubiertas las necesidades de alimentación y descanso del
paciente.
Los enfermos ansiosos son muy sensibles a las peculiaridades del trato que se les da.
Es importantísimo que la enfermería esté coordinada con el resto del equipo.
• Desesperanza.
• Impotencia en relación con sentimientos de desvalimiento.
• Alteración de los patrones del sueño.
• Autoestima alterada.
Intervención da enfermaría
399
Extremar la vigilancia cuando los fármacos antidepresivos empiezan a hacer
efecto, a la 3a, 4a ó 5a semana (en esta fase, la inhibición del paciente empieza
a ceder y quizás todavía tiene ideas suicidas; es el mejor momento para pasar
al acto, tienen fuerza física para intentarlo), sugerir al paciente que si tiene
ideas “feas”, no dude en comunicarlas.
10. Observar el nivel de actividad del paciente maníaco y proporcionar las medidas
necesarias para facilitar el descanso.
11. Animar a los pacientes a participar en las actividades de grupo, si estáe previstas
en el tratamiento.
TRASTORNOS DELIRANTES
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
DELIRIUM
Diagnóstico de enfermería
400
Intervención de enfermería
401
30
Trastornos cardiovasculares
Objetivos
30.1. Introducción
402
30.2. Fistopatoiogía
30.2.1. Corazón
30.2.2. Vasos
403
b) Arteriosclerosis: De causa desconocida, pero relacionada con los factores de
riesgo, mantenidos durante años. La arteriosclerosis afecta igualmente a la
íntima.
404
b) Vasculares:
• Isquemia periférica.
• Aneurismas.
405
30.3.2. Hipertensión arterial (HTA)
30.3.3. Valvulopatías
30.3.4. Arritmias
406
30.3.5. Insuficiencia cordíaca
Aumenta significativamente con la edad, hasta ser hasta 10 veces más frecuente a
partir de los 75 años. Aparece como consecuencia de otras cardiopatías, como
enfermedad coronaría, hipertensión arterial, valvulopatías, arritmias, etc., y no como
presentación única. Desde el punto de vista fisiopatológico se justifica por la presencia de
calcificaciones valvulares, amiloidosis, depósitos de colágeno e isquemia miocárdica,
situaciones todas ellas que afectan tanto al inotropismo como al cronotropísmo cardíaco.
En el anciano, la valoración llevará a descubrir como síntoma principal de la
insuficiencia cardíaca izquierda la disnea y consecuente afectación pulmonar, y como
signo de la insuficiencia derecha el edema, localizado preferentemente en maleólos,
incluso cuando el enfermo está encamado, y no en zona sacra como es más habitual,
debido a la insufiencia venosa que acompaña habitualmente al paciente geriátrico. En
ambos casos (insuficiencia izquierda y derecha) es marcada la astenia.
30.3.7. Aneurismas
407
apreciar una masa pulsátil, globulosa en zona abdominal Sí hay rotura, que es la
complicación más grave, aparecerá dolor fuerte.
408
Diagnóstico de enfermería
Intervención
Diognóstico de enfermarlo
Intervención
409
paciente.
6. Colocación de medias elásticas.
7. Observar la aparición de dolor.
8. Elevación y movilización del miembro al completo, para evitar el estasis
sanguíneo en zonas declives.
Diagnóstico de enfermería
Intervención
Diagnóstico da enfermería
Intervención
410
3. Disminuir la ansiedad del paciente.
4. Observar la aparición del dolor, su localization, irradiación, relación con
actividad, cese, etc., y comunicarlo al médico.
5. Favorecer la postura más cómoda para el paciente. En concreto, y para el dolor
isquémico de extremidades inferiores, mantener los pies en declive.
6. Administrar la medicación analgésica prescrita.
Diagnóstico de enfermaría
Intervención
Diagnóstico da enfermería
Intervención
Intervención
411
etc.) con técnica escrupulosamente aséptica.
2. Higiene personal del enfermo diaria, con cuidado especial de zonas de mayor
riesgo: boca, zona perineal, etc.
3. Observar signos de infección local: enrojecimiento, inflamación, aumento de
temperatura, etc.
4. Control de la temperatura cada 4 horas.
Diagnóstico de enfermería
Intervención
Diagnóstico de enfermería
Inteiwención
Diagnóstico de enfermería
Intervention
412
1. Conocer el nivel de información del paciente y su familia respecto a su
enfermedad, factores de riesgo etc.
2. Conocer los hábitos del paciente en relación con su enfermedad: tabaquismo,
dieta, ejercicio, etc.
3. Enseñanza del paciente según necesidades detectadas, con explicaciones
sencillas y de fácil aplicación.
4. Mantener informado al paciente respecto a su enfermedad y las medidas que él
y su familia deberán tener en cuenta.
Diagnóstico de enfermería
Intervención
Diagnóstico de enfermería
Intervención
1. Prostar una adecuada información sobre dieta idónea en cada caso, insistiendo
en la conveniencia de reducir la ingesta de sal, de grasas y de calorías en
general. Se estima que una dieta de 2.000 calorías diarias es la conveniente.
2. Favorecer la ingesta de alimentos cuando resulte dificultoso (anorexia por
hipoxia a nivel digestivo) con períodos de descanso entre la comida, o
administración breve de oxígeno.
3. Animar a realizar comidas frecuentes y de poca cantidad.
Diagnóstico de enfermería
413
Intervención
414
31
Trastornos respiratorios
Objetivos
31.1. Introducción
Las enfermedades respiratorias, que ya desde la juventud suelen tener una elevada
frecuencia, siguen siendo en el paciente geriátrico afecciones muy frecuentes y con una
morbi-mortalidad muy elevada.
A medida que pasan los años, las enfermedades habituales son de carácter crónico,
con diversos grados de disfunción respiratoria. La presentación de los distintos procesos
variará con la edad del paciente, siendo los signos y síntomas más insidiosos, atípicos e
ínespecíficos.
Conviene recordar que el envejecimiento va a producir en el organismo una serie de
cambios morfofuncionales que van a dificultar tanto el diagnóstico y el tratamiento como
la resolución en el paciente geriátrico.
Los cambios morfofuncionales que se producen en el aparato respiratorio como
consecuencia del envejecimiento se estudian en el capítulo 4.
A los cambios morfofuncionales se añaden factores condicionantes o
predisponentes, como:
415
– Actividades recreativas.
31.2. Neumonía
Es una infección aguda de las vías respiratorias inferiores, que producirá una
inflamación del tejido pulmonar distal a los bronquíolos termínales, conductos alveolares
y alveolos, acompañada de infiltrado celular, exudado o ambos.
31.2.1. Etiopatogenia
31.2.2. Epidemiología
416
31.2.3. Manifestaciones clínicas
Los síntomas en el anciano difieren respecto a los de una persona joven. Hay que
destacar que la alteración y disminución de la respuesta del sistema inmunológico en el
anciano va a producir una mayor dificultad y retraso en el diagnóstico y tratamiento de la
neumonía.
La neumonía en el anciano se caracteriza por:
– Escasos síntomas.
– Curso insidioso y larvado de la enfermedad.
– Al estar disminuido el reflejo tusígeno, no presenta la tos característica.
– Normalmente no presenta leucocitosis ni incremento considerable de la
temperatura corporal Hay que tener presente que la temperatura corporal
normal en el anciano es, con frecuencia, de 35,5°C, con lo que la presencia de
una temperatura de 36,5°C podría significar infección importante.
– Los síntomas tempranos que presentan son: desorientación, somnolencia y/o
confusión, apatía, falta de apetito, sensación de “no encontrarse bien”, ingesta
deficiente de líquido y cambios de comportamiento, de consciencia y del
estado mental.
31.2.4. Diagnóstico
31.2.5. Tratamiento
Diagnósticos de enfermaría
417
• Cúmulo excesivo de secreciones pulmonares y tos ineficaz que conducen a una
limpieza inadecuada del árbol bronquial
• Dolor relacionado con la afectación pleutítíca por irritación o infección.
• Alteración del intercambio gaseoso, debido a obstrucción de la vía aérea.
• Alteración de la actividad, debido a la dificultad respiratoria y debilidad.
418
16. Planificar las actividades, dentro de la limitación del anciano y de forma que
conserve la energía, con períodos de descanso adecuados.
31.3.1. Epidemiología
419
– Intolerancia a la actividad.
– Sonidos respiratorios: sibilancias, roncus, crepitantes.
– Edema periférico, principalmente en miembros inferiores.
– Astenia, anorexia y adelgazamiento en procesos muy evolucionados.
– Alteración del sueño, de la conducta y cefaleas por hipoxia.
31.3.3. Diagnóstico
CUADRO 31.1
Díagnóstico de la LCFA
31.3.4. Tratamiento
420
Depende de los síntomas, de los resultados de las pruebas de la función respiratoria
y los hallazgos en gases arteriales.
– Simpaticomiméticos.
– Xantinas.
– Corticoides: inhalados o por vía parenteral. Destaca la metilprednisoiona.
– Anticolinérgicos: inhalados.
c) Qxigenoterapia: con oxígeno humedecido.
d) Fisioterapia respiratoria: dirigida por el fisioterapeuta y engloba la utilización
de humidificadores, nebulizadores y aerosoles, los cambios posturales y ciertas
técnicas, como el clapping y las vibraciones.
Diagnósticos de enfermaría
421
3. Administrar medicación y demás medidas del tratamiento, según prescripción.
4. Vigilar los signos y síntomas de déficit volumétrico de líquidos (balance hídrico,
turgencia cutánea, sequedad de mucosas, etc.).
5. Recomendar una adecuada ingestión de líquidos.
6. Enseñar al paciente la respiración diafragmática y con los labios fruncidos.
7. Animar al paciente a realizar el mayor número posible de actividades de la vida
cotidiana que pueda tolerar y enseñarle los momentos adecuados para inspirar
y espirar al realizar estas tareas.
8. Identificación de las actividades que puede realizar independientemente el
paciente.
9. Apoyándose en lo anterior, se elaborará un plan de actividades de autocuidado.
10. Valorar en el paciente y su entorno el riesgo de posibles caídas.
11. Educar al paciente a utilizar las medidas que disminuyen los factores de riesgo
(cama en posición baja, luz de llamada en mano, cinturón de seguridad,
barandillas elevadas, etc.).
12. Educación sanitaria adecuada al paciente (dieta, oxigenoterapia continua,
hidratación abundante, períodos de reposo, etc.).
13. Recomendar al paciente que evite ambientes muy contaminados con sustancias
irritantes bronquiales (acinamientos, bares, etc.) y que evite el tabaco.
31.4.1. Epidemiología
422
Son, normalmente, inespecíficas y su intensidad depende del grado de oclusión del
lecho vascular arterial pulmonar, estado previo del pulmón y del sistema vascular.
Se caracteriza por un comienzo agudo y brusco de la sintomatología.
En ue embolismo pulmonar masivo (existe una oclusión vascular superior al 50%)
los signos y síntomas más frecuentes son:
31.4.3. Diagnóstico
31.4.4. Tratamiento
423
valores 2 y 3.
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
424
32
Trastornos digestivos
Objetivos
32.1. Introducción
Los trastornos del aparato digestivo, por diferentes razones, representan una parte
importante de la patología del anciano. Por un lado, debido a su frecuencia: más de un
10% de los ancíanos, supuestamente smms, padecen alguna enfermedad gastrointestinal;
si se habla de síntomas digestivos ocasionales, el tanto por ciento aumenta
considerablemente. Por otro lado, su pronóstico es muy variable: en muchos casos se
trata de molestias digestivas banales en relación a leves alteraciones funcionales del tubo
digestivo (que se denominan con términos vagos como “dispepsia”); pero otras veces se
deben a enfermedad orgánica y el pronóstico puede ser grave, incluso con riesgo de
muerte inminente, como es en el caso de hemorragias digestivas o en el abdomen agudo.
Una evolución lenta e insidiosa, con síntomas inespecíficos como la anorexia, la pérdida
de peso y el estreñimiento, también poede corresponder a una patología grave, por
ejemplo tumoral.
El envejecimiento va a determinar una serie de cambios en el aparato digestivo, que
pueden justificar algunos trastornos funcionales (cuadro 32.1), haciéndole más vulnerable
a las agresiones externas (dietéticas, fármacos, infecciones). De las tres funciones
fundamentales que realiza el tracto gastrointestinal, la que más se altera por el hecho de
envejecer es la motora. Esta alteración es la responsable de trastornos tan frecuentes en
el anciano como la disfagia, el estreñimiento, la incontinencia anal, etc. En cuanto a la
función secretora, se altera con el envejecimiento existiendo un descenso variable de las
hormonas y fermentos gastrointestinales. La función absortiva se encuentra mucho
menos comprometida, pero son frecuentes déficits selectivos de enzimas de la mucosa
digestiva (por ejemplo, de lactasa, produciendo intolerancia a productos lácteos).
425
CUADRO 32.1
Carnosos digesnvos debidos af envejecimiento
• Degeneración neuronal.
• Aumento del tejido conectivo.
MORFOLÓGICOS
• Atrofio de la mucosa y glándulas secretea.
• Arteriosclerosis de la circulación mesentérica.
426
La mucosa oral adelgaza y se hace meóos elástica, por lo que es más sensible a los
traumatismos menores, fundamentalmente relacionados con las dentaduras, a las
infecciones y a la aparición de lesiones precancerosas o tumorales. Cualquier ulceración
en la mucosa oral, especialmente en la lengua, debe poner en sobreaviso de estas últimas,
aunque múltiples enfermedades digestivas y sistémicas pueden cursar con aftas bucales
(enfermedad de Crohn, enfermedad de Behcet). La presencia de exudados sugerirá
etiología infecciosa, como candídíasís.
Las glándulas salivares igualmente se atrofian, por lo que la boca se hace más seca.
La presencia de un cálculo en el conducto de salida provocará dolor a la masticación e
inflamación visible de la glándula.
En la lengua se produce atrofia papilar. En consecuencia, disminuye la sensación
gustativa, sobre todo para diferenciar lo dulce de lo salado.
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
Será esencial mantener una adecuada higiene bucal, para detectar de forma precoz
lesiones de nueva aparición y evitar posibles aspirados de alimentos o secreciones
respiratorias acumuladas, especialmente en enfermos con bajo nivel de conciencia. La
dieta se elegirá según la facilidad para la masticación. Conviene evitar los alimentos
secos, ácidos o ricos en especies, suprimir el tabaco y alcohol, y mantener una adecuada
ingesta hídríca. El jugo de limón estimula la salivación. Las prótesis dentarias no siempre
serán toleradas, pero sí no hay lesiones de mucosa o encías, hay que insistir en su uso
para evitar dietas por turmíx, habítuaimeote hípocalórícas.
32.3. Disfagia
427
La ablución normal requiere una adecuada salivación, la integridad de una serie de
estructuras del sistema nervioso central y Je la musculatura faríngea, así como que la vía
digestiva esté libre. La alteración de cualquier de estos componentes puede ocasionar
disfagía (cuadro 32.2).
La dificultad para la deglución de líquidos suele pi ecedcr a la de los sólidos (la
gravedad favorece el paso de estos) y habituaimente es de origen neuromuscular. La
causa más frecuente es el accidente cerebrovascular. El riesgo de aspiración será mayor a
líquidos. Las crisis de tos coincidiendo con la ingestión o la aparición de disnea que no se
puede explicar por otra causa son altamente sugerentes.
CUADRO 32.2
Cousos de dísfagia
• Accidente cerebrovascular.
NEUROLÓGICAS • Enfermedad de Parkinson.
• Parálisis supranuclear progresiva.
• Achalasia esofágica.
• Achalasia esofágica.
MUSCULARES
• Divertículos esofágica.
• Esclerodermia.
• Intrínsecas:
Cuerpos ectraños.
Absceso periamigdalino.
Estenosis esofágica.
OBSTRUCTIVAS
• Compresión extrínseca.
Adenopatías.
Tumores.
Dilatación aórtica.
• Falta de salivación.
OTRAS • Alimentos secos.
• Deficiente retropulsión lingual.
Diagnóstico da enfermería
428
• Dcícrioio de la ce dación.
Intervención de enfermería
El dolor, descrito k mayoría de las veces como una sensación de ardor retroesternal
o pirosis, se produce, fundamentalmente, por el reflujo gastroesofágico, más frecuente en
ancianos con hernia de hiato. Otras veces se localiza en epigastrio o hipocondrio derecho,
más en ayunas y mejorando con la ingesta, sugiriendo una úlcera péptica.
La importancia inmediata de este síntoma radica en que sus características, así como
su irradiación y distribución, pueden ser confundidas con un episodio de angina, incluso
puede mejorar con nitratos. Por ello, es muy importante obtener los datos precisos sobre
antecedentes médicos, factores precipitantes, horario, relación con la ingesta, síntomas
acompañantes y factores con los que mejora. Por otro lado, puesto que la enfermedad
cardíaca isquémica y el reflujo son comunes en el anciano pueden coexistir ambas
situaciones.
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
429
dietéticas: elevar con tacos la cabecera de la cama (no con almohadas, pues la flexión del
tronco es perjudicial al aumentar la presión intraabdominal); evitar alimentos ácidos y
picantes y, en cambio, hacer una dieta rica en fibra; abstenerse de tomar alcohol y fumar;
evitar la posición de decúbito en las horas siguientes a las comidas, siendo recomendable
dar entonces un corto paseo. Si se han prescrito antiácidos, se tomarán de forma regular,
sin esperar a que aparezcan los síntomas.
Las causas de estos síntomas en los ancianos son muchas y pueden estar
relacionadas con casi todos los sistemas del organismo.
La falta de apetito o anorexia en los ancianos suele estar en relación a consumo de
fármacos, estados depresivos o demencia. Es también frecuente en casos de ímpactacíón
fecal, seguida de náuseas y vómitos, sí no se resuelve a tiempo. En enfermos
malnutrídos puede ser consecuencia del déficit de vitaminas y oligoelementos, cerrándose
un círculo vicioso de ingesta insuficiente. Si se asocian otros síntomas, como una pérdida
de peso significativa y deterioro del estado general, habrá que sospechar una enfermedad
orgánica, ante todo la posibilidad tumoral.
Diagnóstico de enfermería
Intervención de enfermería
Es importante vigilar la cantidad y el tipo de ingesta, así como controlar el peso para
diferenciar una inapetencia leve de una anorexia con repercusión general.
Las náuseas y los vómitos son síntomas muy frecuentes en el anciano y pueden ser
debidos a enfermedades diversas. Las causas principales son la toxinfección alimentaria y
la intoxicación por fármacos (frecuentemente por digital, L-dopa, opiáceos). Sin
embargo, habrá que descartar causas que requieren un tratamiento urgente, ante todo la
obstrucción intestinal y procesos inflamatorios abdominales, en los que el vómito puede
430
ser el único síntoma inicial. Pero habítualmente se acompaña de otros síntomas y signos
de alarma, como dolor y distensión abdominal, fiebre y falta de meteorismo, que orientan
sobre el diagnóstico. La presencia de vómitos fecaloídeos índica siempre una oclusión
distal del intestino delgado. Tampoco hay que olvidar las alteraciones neurológícas que
cursan con aumento de la presión intracraneal y producen vómitos “en cañonazo”, sobre
todo inducidos por los cambios de posición: en un anciano con caídas de repetición, hay
que sospechar el hematoma subdural. También en el infarto de miocardio puede dominar
un cuadro vegetativo con sudoración y náuseas, sin que el enfermo refiera dolor
precordial.
Ante un vómito aislado con buen estado general y sin otros problemas médicos, se
puede suspender temporalmente la ingesta oral y reiniciarla a corto plazo, vigilando su
tolerancia. Si los vómitos son persistentes y/o se acompañan de otros síntomas, es
necesaria una valoración médica inmediata.
Es importante tener en cuenta los problemas secundarios que pueden aparecer tras
estos síntomas. La deshídratacíón y alteraciones electrolíticas, el riesgo de aspiración
cuando el nivel de conciencia está disminuido o la posibilidad de un desgarro de mucosa
(por ejemplo, síndrome de Mallory-Weiss), son las complicaciones más frecuentes y
frente a las que hay que actuar.
431
CUADRO 32.3
Causas de dolor abdominal
• Lesiones de mucosa:
– Reflujo gastroesofágico.
– Esofagítis.
– Úlcera gastroduodenal.
• Inflamación peritoneal:
– Colecistitis.
– Diverticulitis.
– Pancreatitis.
• Distensión/obstrucción de víscera
hueca:
– Meteorismo.
ORIGEN INTRAABDOM1NAL – Estenosis pilórica.
– Obstrucción intestinal por bridas
– Hernias o tumores.
– Cólico biliar.
– Cólico nefrítico.
– Retención urinaria.
• Trastornos vasculares:
– Isquemia mesentérica.
– Disección o rotura vascular.
• Trastornos de la pared abdominal:
– Traumatismo.
– Hematoma, absceso.
• Cardíaco:
– Angina.
– Isquemia miocárdica.
– Pericarditis.
• Respiratorio:
– Neumnonía.
– Pleuritis
– Infiltración tumoral.
ORIGEN EXTRAABDOMINAL O
REFERIDO •Necrológico: neuritis, vgr herpes
zoster
• Metabólico:
432
– Cetoacidosis.
– Uremia.
– Porfiria.
•Psicógeno.
• Otros.
Los síntomas y signos acompañantes del dolor nos van a dar datos importantes para
determinar la urgencia del cuadro clínico: fiebre, náuseas, vómitos, ictericia,
hematemesis, rectorragía, disnea, etc. La simple inspección del paciente, su aspecto, su
posición en la cama y su respiración, también son indicativos. Signos exploratorios
básicos, como el dolor a la palpación en un abdomen duro y sin ruidos intestinales,
hacen sospechar un “abdomen agudo”, en el que el tratamiento quirúrgico es de elección.
En general, son pocas las afecciones abdominales que requieren una intervención
quirúrgica inmediata (p. e, hemorragia digestiva masiva), y normalmente da tiempo a una
valoración médica en las horas siguientes a la aparición de la sintoraatología.
433
La morbimortalidad por hemorragia digestiva en el anciano es alta. En estos
pacientes se encuentran factores que predisponen al sangrado, como son el alto consumo
de fármacos gastraerasívos, sobre todo antiinflamatorios, y la pérdida de elasticidad
vascular por arteriosclerosis.
La hematemesis se define como la emisión de vómitos con sangre. La coloración de
la sangre puede variar desde un rojo brillante (sangre reciente) hasta un color negruzco,
los llamados “posos de café” (sangre digerida), según el tiempo de retención ee el
estómago.
La melena es la emisión de sangre digerida con las heces, que son de un color negro
(“como el alquitrán”), de consistencia semísóiida como la brea y muy adherentes,
teniendo un olor característico.
Tanto la hematemesis como las melenas indican una hemorragia digestiva alta
(estómago o intestino delgado proximal). Exeepcíonalmente, las melenas pueden tener su
origen en el colon, cuando el tránsito intestinal sea lento.
La rectotragia es la emisión de sangre roja por el ano, aislada o mezclada con las
heces. Indica normalmente que el sangrado tiene lugar en el colon. Las hemorroides son
la causa mas frecuente de este tipo de hemorragia, y suele ser autolimitada en esta caso.
Pero también es producida por otras patologías, como la isquemia mesentéríca o una
enfermedad iniamatoria intestinal, que pueden suponer un compromiso vital.
En el caso de expulsión de sangre por la boca hay que diferenciar si se trata
realmente de una hematemesis o de otros tipo de sangrado, como una epistaxis (sangrado
nasal) o una hemoptisis (sangrado bronquial, normalmente acompañado de tos).
Excepcíonalmente un sangrado de origen respiratorio puede ocasionar vómitos de sangre,
si ésta es deglutida. La colocación de una sonda nasogástrica permite confirmar que
existen restos hemáticos en el estómago y aspirar el corenido de éste, mejorando la
visibilidad de la endoscopia. Es discutido el lavado o -n sneros salinos fríos para detener
hemorragias activas, porque pueden remover coágulos ya formados. En pacientes
hepatópatas la introducción de una sonda no es aconsejable, dada la posible presencia de
varices esofágicas y el riesgo de rotura de éstas.
Diagnósticos da enfermaría
Intervención de enfermaría
434
En todo paciente con sangrado digestivo habrá que controlar el aspecto de las heces.
Hay que tener en cuenta que en ocasiones las heces pueden ser negras en relación con
ciertas medicaciones o alimentos (hierro, verduras, regaliz), aunque faltarán los otros
aspectos característicos de las melenas. Tras un episodio de hemorragia digestiva alta, es
posible que el enfermo tenga en los días siguientes alguna deposición melénica residual,
sin que implique un sangrado persistente; en cualquier caso ante cualquier cambio clínico
del paciente habrá que descartar un resangrado.
La hemorragia digestiva siempre es una urgencia, independientemente de su cuantía.
Los mejores índices de gravedad de una hemorragia aguda son las modificaciones de las
constantes vítales, la diuresis y el estado mental La hipotensión y la taquicardia son
signos de sangrado activo. Cifras de tensión arterial sístólíca por debajo de 100 mmlig, la
olignria y el bajo nivel de conciencia son signos de gravedad. Ante esta situación es
fundamental canalizar de forma inmediata una vía intravenosa, obtener muestras de
sangre para controlar la anemización y solicitar pruebas cruzadas, por si fuera necesaria
una transfusión de sangre.
435
33
Trastornos renales y urológicos
Objetivos
33.1. Introducción
436
En la función glomerular hay una disminución progresiva en la cuantía del nitrado,
con una disminución en el aclaramiento de creatinina a partir de la cuarta década. La
reducción ee la producción de creatinina endógena permite mantener unos valores
prácticamente normales, con una función glomerular alterada. Este hecho dificulta la
valoración correcta de la función glomerular.
La función tubular también se ve afectada con el envejecimiento con una
disminución ee la capacidad de concentrar orina y en la de diluir. Hay ue aumento en el
umbral de reabsorción de la glucosa y existen unas modificaciones en los mecanismos a
cuyo través se mantienen los equilibrios hidro-salino y ácido base.
Los cambios a nivel del aparato excretor se consideran tanto en vejiga como en
próstata, aunque hay que señalar que la pérdida de musculatura abdominal baja, así
como los cambios en el aparato genital, influirán también en el buen funcionamiento del
aparato excretor del anciano.
En vejiga, hay una pérdida de tono en la musculatura lisa voluntaria. Aumenta la
cuantía de colágenos y, junto con los cambios en el contenido de elastina, supone una
pérdida de elasticidad de la vejiga y dificulta un buen funcionamiento de la misma. La
mucosa vesical muestra con el envejecimiento una tendencia a la trabeculación y se
asocia a su vez a la presencia de divertículos.
Todos estos cambios, así como otros relacionados con situaciones patológicas,
inductoras de cambios fibróticos, contribuyen a una pérdida de la capacidad funcional de
la vejiga, y ee general a dificultad de vaciamiento, lo que favorecerá el círculo vicioso de
obstmcción-incontinencia-infecciones.
La próstata aumenta de tamaño en un 27% entre los 60 y 69 años, y en un 53% por
encima de los 80 años. La hipertrofia prostática benigna afecta al 100% de los sujetos
por encima de los 70 años.
De forma significativa, a partir de la 5a década de vida, se evidencian cambios
estructurales a nivel del tejido noble prostático y ya es observable la presencia de zonas
incipientes de hiperplasia nodular.
Por encima de los 75 años, puede ya hablarse de atrofia difusa de la glándula. En
fases más avanzadas de la vida, los cambios son ya claramente patológicos y la presencia
de procesos neoformatívos al menos in situ, se considera una constante en autopsias de
sujetos por encima de los 100 años.
33.3. Diálisis
Desde que, en 1943 kouf construyese el primer riñon artificial empleado con éxito
en la clínica humana, la evolución tecnológica ha permitido el desarrollo de membranas
de dializadores de alta calidad y sofisticados monitores para hemodiálisis, posibilitando
que pacientes con insuficiencia renal crónica terminal reciban un tratamiento dialítico más
adecuado y confortable.
La hemodiálisis periódica representa una revolución decisiva en el tratamiento de la
437
insuficiencia renal. En sus comienzos se aplicaba en centros hospitalarios, pero pronto se
desarrolló la noción de hemodiálisis domiciliaria, previo adiestramiento de familias o
responsable de realizar el tratamiento por parte del personal de enfermería.
Paralelamente, fueron tomando auge otras técnicas dialíticas que se realizan en la
actualidad y que más adelante se describirán.
Las técnicas de depuración extrarrenal están basadas en elementos biofísicos y
bioquímicos, sustituyendo parte de las funciones renales y permitiendo que la
insuficiencia renal crónica sea compatible con la vida.
Medíante la depuración extrarrenal se sustituyen las funciones de:
– Filtración glomerular.
– Función tubular, parcialmente.
– Función endocrina: no la sustituye.
438
• Hemodiálisis: Consiste en la utilización de una membrana artificial
contenida en una estructura rígida, que se denomina díalizador.
• Hemoperfusíón: Se emplea básicamente en las intoxicaciones
medicamentosas, por sí solo no tiene un lugar adecuado en el tratamiento
de la insuficiencia renal Esta técnica consiste ee hacer circular la sangre
por un circuito conectado a un dializador de carbón activado u otra
sustancia absorbente.
• Hemofiltración: Esta técnica es utilizada por primera vez por Henderson
en 1971. La depuración sanguínea se realiza aquí por transporte
coevectÍvo, esto es, como ya hemos dicho, la transferencia en masa de
solvente y soluto bajo la fuerza generada por una presión hídrostática a
través de una membrana.
• Hemodiafiltración: Es una combinación de hemodíálisís convencional y
hemofiltración, procurando aprovechar las ventajas.
CUADRO 33.1
Indicaciones y contraindicaciones de lo hemodiálisis y de io diálisis peritoneal
439
CUIDADOS DE ENFERMERÍA
Programas de diálisis
a) Dieta: Una dieta correcta en estos pacientes es muy importante, pues la anemia
que presentan suele estar asociada a un estado de malnutrición
calóricoproídoa.
Aporte de aminoácidos para compensar las pérdidas y dieta hipereaiórica
(alrededor de 3.000 cal/día). Los requerimientos electrolíticos serán mínimos.
Restricción hídrica (500 ml/día más la cantidad necesaria para compensar las
pérdidas y teniendo en cuenta la producción de agua endógena).
Se debe ajustar la cantidad de proteínas que se aporten a las pérdidas que
se puedan producir, que a veces pueden ser cantidades muy elevadas,
pudiéndose catabolizar hasta 120/día, variando según función renal
b) Balance hídHco: Control estricto de ingesta de líquidos y diuresis, es muy
importante en todo enfermo con insuficiencia renal en cualquiera de sus
patologías.
440
c) Peso corporal: El peso corporal se hace en las unidades nefrológícas a diario v
a la misma hora, para controlar retenciones hídricas.
d) Presión arterial: El control de la presión arterial es muy importante, ya que e-
frecuente que sea una de las primeras manifestaciones de algunas
enfermedades renales.
e) Ubicación de fístula: Es muy importante que todo profesional de enfermería
sepa que todo enfermo con insuficiencia renal, susceptible de que se le realice
fístula arteriovenosas, se le debe preservar de pinchazos en un brazo
(generalmente el izquierdo), para así prevenir posibles problemas quirúrgicos
en la realización de dicha fístula.
Sesión de hemodiálisis
33.4. Aféresis
441
se introduce la inmunoabsorcíón y, en 1991, se inicia la doble filtración.
La modalidad de aféresis que se selecciona viene determinada por la alta capacidad
de extracción y sencillez de aplicación y, al mismo, tiempo por la ausencia de efectos
secundarios.
33.4.1. Plasmoféresls
– Extracorpórea.
– Extracción.
– Infusión.
– Rechazo vascular agudo, en sus tres tipos: endocarditis agudo, edema mucoso
de la íntima con depósito de fibrina y fibrosis intimidial con colagenosís de la
íntima.
– Síndrome de hípervíscosídad.
– Míeloma (neuropatía).
– Miasteeía gravís.
– Síndrome de Guillain-Barré.
– Alteraciones de factor VIII.
– Goopasture.
– Amíloídosis familiar.
442
La inmunoabsorción nace por la necesidad de tratamientos más específicos.
Consiste en la eliminación selectiva por absorción de sustancias patógenas, sin que sea
necesaria la sustitución plasmática. Se realiza la extracción de plasma a través de un
plasmaseparador, y se hace pasar a través de una columna que contiene
inmunoabsofbeiites y de un filtro de acetato de celulosa de 0,45 micraSj que atrapa
aquellas partículas que, fortuitamente, salen de la columna y finalmente se devuelve a la
circulación de retorno, a la misma velocidad que se hizo la plasmaseparación. Esta
técnica puede estar indicada en geriatría en:
CUIDADOS DE ENFERMERÍA
Indicaciones
Con mucha frecuencia, los pacientes ancianos requieren sondaje vesical transitorio o
remanente. Entre las causas que pueden determinar la utilización de esta técnica, se
pueden citar riesgos de retención urinaria, hemorragias del aparato urinario, problemas
prostáticos, incontinencias, control de diuresis, etc.
Los objetivos del sondaje son:
– Evacuar vejiga.
– Proporcionar al paciente bienestar mental y físico.
– Conocer diuresis, recoger muestras.
443
– Prevenir y controlar la infección.
– Administrar medicación intravesica!
444
– Averiguar posibles alergias a materiales empleados (yodo, lubricantes,
esparadrapo, silicona, caucho, …).
– Asegurarse de que la zona está limpia y, en caso dudoso, realizar previamente
higiene de la misma.
– Evitar mala técnica del sondaje (poco aséptica o traumática).
– Comprobar permeabilidad de la sonda y el buen funcionamiento del equipo de
sondaje.
445
34
Trastornos endocrinológicos y metabólicos
Objetivos
34.1. Introducción
34.2. Hipotiroidismo
446
34.2.1. Etiología
Las causas más frecuentes asientan de forma directa en la propia glándula tiroidea
(hipotiroidismo primario). Pueden establecerse dos grandes grupos:
CUADRO 34.1
447
Manifestaciones clínicas del hipotiroidismo
34.2.4. Tratamiento
Objetivo
448
Intervención de enfermería
34.3.1. Epidemiología
449
Carbono es aún mayor, variando, en el grupo de 65-74 años, desde el 21% en la
clasificación del National Diabetes Data Group, hasta el 22,8% en la clasificación de la
Organización Mundial de la Salud.
La Diabetes Mellitus no insulín-dependiente (DMNID), también llamada tipo II, es
la más frecuente en el paciente de edad y constituye, aproximadamente el 80% de todos
los casos. Se caracteriza, sobre todo, por afectar a pacientes obesos, mayores de 40
años, en los que los síntomas clásicos (poliuria, polidipsia, polifagia y pérdida de peso
injustificada) apenas están presentes.
34.3.2. Etiología
450
La Intolerancia a hidratos de Carbono se define a partir de una curva patológica de
tolerancia a la glucosa en pacientes sin hiperglucemia basal. Evoluciona a una diabetes
franca en 1-5 % de casos y, por sí misma, supone un aumento de la mortalidad de origen
cardiovascular.
34.3.4. Tratamiento
A) Dieta
Según se explicó anteriormente, en la DMMD el exceso de grasa corporal es causa,
entre otras, de la insuficiencia secretora de las células beta del páncreas. Por tanto, el
objetivo principal del régimen dietético en el anciano diabético es la consecución de un
peso lo más cercano posible al ideal que figura en cualquiera de los normogramas
existentes. En todo caso, como regla práctica, el Índice de Masa Corporal (IMC) deberá
ser inferior a 25. El IMC se calcula según la siguiente fórmula:
451
un plan alimentario adecuado a las necesidades del anciano diabético. No menos
importante será la participación de la familia o cuidadores en el seguimiento escrupuloso
de dicho plan.
A pesar de la creencia popular, los “alimentos para diabéticos”, además de un precio
elevado, tienen un contenido calórico generalmente excesivo, por lo que deben quedar
proscritos.
B) Ejercicio
Practicado con moderación y según un programa estructurado previamente, aumenta
la tolerancia a los hidratos de carbono, el colesterol-HDL y los receptores periféricos de
insulina, al tiempo que disminuye las necesidades de la misma.
Siempre debe ser del tipo aeróbico (caminar, nadar, montar en bicicleta, …), ya que
es el único capaz de producir energía a partir de los depósitos grasos y, por tanto, de
reducir peso; además, presenta menos riesgo de generar hipoglucemia. Aun así, deberán
pautarse suplementos energéticos en pacientes capaces de realizar ejercicio físico intenso.
Como paso previo, conviene descartar enfermedad coronaria silente y verificar el
estado de la retina en previsión de hemorragias vitreas debidas al esfuerzo.
En todo caso, durante el ejercicio, el diabético debe procurarse calzado adecuado y
cómodo para evitar lesiones en los pies.
C) Hipoglucemiantes orales
Si se comprueba que la asociación de dieta y ejercicio no consigue una reducción
efectiva de los valores de la glucemia, se recomienda instaurar tratamiento con
hipoglucemiantes orales. Entre éstos, las sulfonilureas son más seguras, pues las
biguanidas presentan más efectos secundarios.
D) Insulina
Constituye el cuarto escalón del tratamiento, y se pone en práctica sólo si la
combinación de los tres anteriores no es del todo eficaz. No presenta interacciones
medicamentosas y, como norma, no existe contraindicación para su uso.
Antes de instaurar tratamiento con insulina, es imprescindible asegurarse de que el
paciente o sus cuidadores serán capaces de:
452
Afortunadamente, los avances tecnológicos proporcionan unos sistemas de
dosificación y administración de insulina cada vez más simples y seguros.
Los lugares de inyección de la insulina deben ser alternados de forma regular para
evitar lipodistrofias subcutáneas.
Como en el caso de los hipoglucemiantes orales, su complicación más temible son
las hipoglucemias. El paciente diabético ha de ser consciente de que, tanto la insulina
como las sulfonilureas, deben administrarse junto a la ingestión de alimento.
E) Educación diabetológica
Es el escalón que aglutina a todos los anteriores. En efecto, debido a la tremenda
complejidad que supone conseguir un control metabólico óptimo con el seguimiento
facultativo, es mucho más práctico formar a los propios diabéticos en el control de su
propia enfermedad.
Sin embargo, si no es fácil conseguir esto en la población general, más difícil aún lo
es en la población anciana. Existen múltiples experiencias realizadas en poblaciones
mayoritariamente ancianas donde los diabéticos, después de completar un Programa de
Educación, consiguieron disminuir de forma significativa sus cifras de insulina que se
administraban diariamente, así como sus crisis de hipoglucemia. Del mismo modo, otros
estudios han podido comprobar una disminución significativa de los niveles de
hemoglobina glicosilada (HbA1) tras el Programa de Educación Diabetológica.
Uno de los aspectos más importantes de estos programas es que están basados en
una metodología participativa, con dinámicas grupales, utilización de experiencias
personales y apoyo de medios audiovisuales. También es oportuno resaltar la importancia
de poner en marcha incentivos motivacionales, ya que el diabético debe estar motivado
para cumplir su tratamiento, porque tiene creada una necesidad de salud.
También recomiendan estos programas que el diabético venga acompañado de algún
familiar, pues ello mejora, aún más, el control metabólico de estos pacientes, y que se
establezcan programas de reciclaje con una frecuencia, en ningún caso superior a dos
años, para mantener este control.
El profesional de enfermería ha de ser el agente de salud idóneo para llevar a cabo el
programa de educación diabetológica, tanto por su formación como por el contacto
directo y continuo que tiene con el diabético y su familia.
453
(macroangiopatía) o de alteraciones metabólicas en la membrana basal de los pequeños
vasos (retinopatía, nefropatía y neuropatía). Tan importante como ellas resulta el llamado
pie del diabético, que es ampliamente tratado en el capítulo 20. Por último, aunque no
se hablará de ellas en este epígrafe, merecen tenerse en cuenta, por su frecuencia, las
cataratas diabéticas.
A) Macroangiopatía
En la diabetes mellitus, en general, y en la tipo II, sobre todo, existe una mayor
frecuencia de aparición de fenómenos ateroscleróticos. Así, la diabetes duplica el riesgo
de accidentes cerebrovasculares, triplica el riesgo de crisis coronarias y multiplica hasta
por cincuenta las posibilidades de aparición de vasculopatías periféricas: los tres grandes
cuadros macroangiopáticos, todos ellos de origen aterosclerótico.
Además, la complicación vascular macroangiopática es la que más aumenta la
mortalidad en los pacientes diabéticos. Así, en la clínica Joslin, el 25% de los diabéticos
insulino-dependientes fallecieron entre los 30 y los 55 años de insuficiencia coronaria,
comparado con el 8% en hombres y el 4% en mujeres de una población americana de la
misma edad tomada como referencia.
Igualmente, tienen una mayor prevalencia trastornos como la hipertensión arterial
(26% en varones y 34% en mujeres, frente a un 13,7% y 19,5%, respectivamente, en la
población general), las hiperlipidemias y las alteraciones de la viscosidad de la sangre.
Por otro lado, se ha podido comprobar que la disminución de los valores de la
glucemia puede retrasar la aparición de la ateromatosis. Sin embargo, se desconoce el
mecanismo exacto de producción de la macroangiopatía.
B) Retinopatía diabética
Se encuentra entre las primeras causas de ceguera en los países occidentales, con
una prevalencia en la población diabética del 41%, En los ancianos, el tiempo medio de
desarrollo desde el diagnóstico es de unos 5 años.
La hiperglucemia produce engrasamiento de la membrana basal, aumento de la
agregabilidad plaquetaria, fenómenos de isquemia y neoformación vascular. A todo esto
se unen las lesiones producidas por la HTA frecuentemente coexistente.
Los tratamientos farmacológicos no han demostrado hasta ahora su utilidad, aunque
la fotocoagulación con láser de Argón ha evidenciado, en un número muy elevado de
casos, la detención o el enlentecimiento del deterioro de la retina.
C) Nefropatía diabética
Es menos frecuente que la retinopatía. A partir de un mecanismo patogénico similar
al de ésta, la hiperglucemia genera la secuencia microalbuminuria-proteinuria-insuficiencia
454
renal. Si, además, coexiste HTA, dicha secuencia se acelera.
El control metabólico correcto se acompaña de una mejoría de la hiperfiltración
glomerular y una disminución de la microalbuminuria.
D) Neuropatía diabética
Se presenta en los diabéticos mal controlados, con una frecuencia que oscila del 5%
al 60%. El trastorno metabólico derivado de la hiperglucemia provoca edema celular y
modifica los receptores endorfínicos y el aporte sanguíneo a través de los vasa
nervorum, lo que disminuye el umbral de la sensibilidad dolorosa.
Se clasifica, por el lugar de afectación, en neuropatía periférica y autonómica. Entre
las primeras, cabe destacar la mononeuropatía de miembros inferiores, que es causante,
junto a los problemas vasculares e infecciosos, del pie diabético. Entre los lugares de
afectación de la segunda se encuentra el aparato genital, al causar impotencia. El
tratamiento más adecuado es el correcto control metabólico, que se suele acompañar de
una mejoría de la velocidad de conducción motora y del umbral de sensibilidad
vibratoria.
A) Hipoglucemia
Muy frecuente en los ancianos, suele surgir cuando se alcanzan niveles inferiores a
50 mg/dl Puede no tener signos prodrómicos; como norma, cualquier sínto ma
neurológico puede ser señal de hípoglucemía. Se contrarresta con la administración
inmediata de glucosa por vía oral o parenteral, con una medición previa, si fuera posible,
de la glucemia capilar.
B) Coma hiperosmolar
Se produce en ancianos cuyas funciones cerebrales superiores se hallan
especialmente deterioradas; en ellos, el reflejo de la sed está abolido.
Constituye una complicación de muy mal pronóstico. Es habitual encontrar una
causa desencadenante, como un proceso infeccioso. Se caracteriza por presentar
hiperglucemia grave, diuresis osmótica, deshidratación y shock hipovolémico.
455
La mortalidad se acerca al 50%; su principal causa viene representada por los
fenómenos tromboembólicos. La terapia se basa en la corrección de la hipovolemia
mediante fluidoterapia y expansores del plasma, así como en el tratamiento de la causa
precipitante.
C) Coma cetoacidótico
Poco frecuente en el anciano, se debe a un desequilibrio entre insulina y hormonas
contrainsulínicas. Aparece lipolisis y se generan cuerpos cetónicos.
Los desencadenantes también suelen ser procesos infecciosos y, en ocasiones, el uso
incorrecto de la terapia insulínica. El tratamiento es similar al utilizado en cualquier
acidosis metabólica, al que hay que añadir una pauta adecuada de insulina y corrección
de cualquier otro posible factor precipitante.
Objetivos
Dado que la diabetes es una enfermedad de larga evolución, el papel del personal de
enfermería resulta de vital importancia en la educación y el entrenamiento diabetológicos
del anciano hiperglucémico y sus cuidadores, así como en la prevención e identificación
precoz de cualquier tipo de complicación inherente a la enfermedad.
Intervención de enfermería
456
los que se pueden unir febrícula o fiebre.
2. Efectuar análisis de orina mediante tira reactiva para confirmar la
sospecha de infección urinaria.
3. Determinar la existencia de síntomas de candidiasis vaginal como prurito
vulvar o vaginal, dispareunia, genitales externos edematosos o
eritematosos, exudado vaginal espeso y blanco. En pacientes de alto
riesgo, el examen debe ser diario.
4. Obtener muestra para frotis vaginal con objeto de confirmar la sospecha
de candidiasis vaginal.
5. Insistir en la necesidad de ingerir abundantes líquidos para estimular la
diuresis y disminuir el riesgo de infección urinaria.
6. Enseñar la correcta higiene de la región perineal.
c) Prevención de riesgos derivados de la neuropatía diabética y tratamiento del
dolor:
1. Valorar al paciente en busca de hipotensión ortostática.
2. Investigar la existencia de caídas y pérdidas de equilibrio inexplicables.
3. Aconsejar un paseo antes de dormir, ya que estimula la circulación
sanguínea general, incluida la de los vasa nervorum de los nervios
afectos.
d) Prevención e identificación precoz de las crisis hipoglucémicas:
1. Hacer hincapié en la necesidad de ingerir alimento junto a la
administración de sulfonilureas o insulina. Ante una situación de ayuno
forzado o voluntario, debe suspenderse la dosis correspondiente de
hipoglucemiante.
2. Valorar la presencia de síntomas de hipoglucemia (fatiga, debilidad,
cefaleas, sudoración profusa, inestabilidad, palpitaciones, …).
3. Ante un cuadro de hipoglucemia establecido, administrar por vía oral un
hidrato de carbono de acción rápida.
4. Considerar la posibilidad de un exceso de dosis de hipoglucemiante y, en
tal caso, ponerlo en conocimiento del médico.
5. Considerar la posibilidad de que se haya producido un repentino deterioro
visual o cognoscitivo que interfiera la capacidad del paciente para tomar
la medicación de manera correcta.
6. Investigar la ingestión de alcohol, ya que puede producir una reacción
hipoglucémica, especialmente durante la noche.
e) Identificación de signos premonitorios de coma hiperosmolar o cetoacidótico:
1. Valorar la existencia de signos de hiperglucemia (poliuria, cefalea,
somnolencia, taquipnea, “olor a manzanas”, náuseas, vómitos…).
2. Analizar la orina mediante tira reactiva en busca de cuerpos cetónicos.
3. Identificar factores desencadenantes de la crisis (una infección,
457
fundamentalmente), con objeto de instaurar tratamiento inmediato.
4. Durante la fluidoterapia del coma hiperosmolar, vigilar la posibilidad de un
fallo cardíaco congestivo, muy frecuente en el anciano si la reposición de
líquido es muy rápida. Vigilar, igualmente, los niveles de glucemia, ya
que la deshidratación provoca una absorción impredecible de la insulina
si ésta no se administra por vía intravenosa.
f) Educación y entrenamiento diabetológico del paciente y sus familiares:
Como ya se ha comentado previamente, el profesional de enfermería debe
ser el encargado de coordinar y canalizar hacia el diabético el programa de
educación diabetológica. La metodología más eficaz ha de basarse en la
educación grupal, aunque en determinadas situaciones sea necesario utilizar una
enseñanza individualizada.
Dentro de estos programas, el diabético debe conocer los aspectos más relevantes de
su enfermedad, como pueden ser las complicaciones agudas y crónicas, las situaciones
especiales en las que se van a encontrar, cómo confeccionar una dieta adecuada a sus
necesidades o cómo elaborar un plan de actividad física que se adapte igualmente a sus
requerimientos. Debe, también, aprender a inyectarse la insulina, dónde hacerlo y cómo
cambiar el lugar de la inyección, a autoanalizarse sus niveles de glucemia y a llevar a
cabo un perfil glucémico.
En definitiva, todo ello ha de ir encaminado a facilitar la consecución de un
adecuado control metabólico de su enfermedad.
34.4. Dislipidemias
458
amplio porcentaje de casos. Por ello, es importante conseguir la máxima
cumplimentación del plan terapéutico por parte de los pacientes ancianos, con la ayuda
de sus cuidadores.
Aunque la impresión general es que a cualquier edad puede ser rentable sanitaria y
socialmente el tratamiento de esta afección, no está claro que todos los ancianos
dislipidémicos se beneficien de una terapia enérgica.
CUADRO 34.2
Factores de riesgo cardiovascular
MODIF1CABLES NO MOD1FICABLES
• ↓ Colesterol-LDL. • Edad (hombres > 45; mujeres > 55).
• ↑ Colesterol-HDL • Sexo masculino.
• Hipertensión • Antecedentes familiares de enfermedad
arterial. cardiovascular.
• Tabaquismo. • Diabetes mellitus.
• Sedentarismo. • Cardiopatía isquémica.
• Antecedentes personales de enfermedad
• Enfermedad renal.
cerebrovascular.
• Obesidad. • Menopausia precoz.
34.4.2. Diagnóstico
a) Colesterol total > 240 mg/dl y/o colesterol-LDL > 160 mg/dl, en individuos sin
cardiopatía isquémica ni otros factores de riesgo cardiovascular.
b) Colesterol total > 200 mg/dl y/o colesterol-LDL > 130 mg/dl, en individuos con
cardiopatía isquémica y/u otros factores de riesgo cardiovascular,
c) Triglicéridos > 200 mg/dl.
459
No existe evidencia epidemiológica de que la hipertrigliceridemia aislada constituya
factor de riesgo cardiovascular. No obstante, lo habitual es que vaya acompañada, al
menos, de disminución de colesterol-HDL (< 35 mg/dl) y, frecuentemente, de aumento
de colesterol total. Por otro lado, se ha descrito su relación con un incremento del riesgo
de padecer pancreatitis, lo que, por sí mismo, justifica su diagnóstico y tratamiento.
34.4.3. Tratamiento
El objetivo del mismo es colocar las cifras de colesterol total y colesterol-LDL por
debajo de las antedichas, dependiendo de los factores de riesgo cardiovascular asociados.
La terapia tiene dos fases:
Objetivo
Intervención de enfermería
460
1. Explicar el papel de la dislipidemia como factor de riesgo cardiovascular.
2. Relacionar la disfunción lipídica con los hábitos alimentarios.
3. Hacer hincapié en la importancia de controlar, también, los otros factores de
riesgo cardiovascular.
4. Insistir en la importancia de adquirir hábitos dietéticos tendentes a mantener un
peso adecuado.
5. Estimular la realización de ejercicio físico moderado y practicado de forma
regular.
6. En los casos en que se paute tratamiento farmacológico, explicar la importancia
de continuar con una dieta estricta.
7. Advertir sobre la necesidad de efectuar controles sanguíneos periódicos, no sólo
de los niveles lipídicos, sino de otros parámetros que pudieran resultar
alterados por efecto de los fármacos (fundamentalmente toxicidad hepática).
8. Investigar posibles efectos indeseados de los fármacos y, en su caso, ponerlos
en conocimiento del médico.
461
35
Trastornos osteoarticulares
Objetivos
35.1. Introducción
462
35.2.1. Artrosis
A) Epidemiología
Es la forma más común de artropatía y afecta a casi todas las articulaciones, en
especial las que más se usan y soportan peso: caderas, codos, rodillas, tobillos,
articulaciones cervicales y lumbosacras y articulaciones interfalángicas distales. Su
distribución es asimétrica.
La prevalencia aumenta con la edad y es casi universal a partir de los 75 años.
B) Patogenia
La artropatía degenerativa se caracteriza desde el punto de vista bioquímico por un
incremento de la síntesis de proteoglicanos que, posteriormente, disminuye a cifras
inferiores de lo normal. Las alteraciones se producen en la proporción de cadenas de
glicosaminoglicanos sintetizados por el cartílago afecto. También existe un relativo
incremento de condroitin 4 sulfato comparado con la tasa de condroitin 6 sulfato y una
disminución de queratansulfato.
El contenido tisular de agua disminuye en el cartílago añoso y aumenta la cantidad
de glicosaminoglicanos y ácido hialurónico.
Junto a los trastornos bioquímicos, alteraciones biomecánicas (por ejemplo,
incongruencias de las superficies articulares) y cambios en el hueso subcondral por
sobrecarga, van a producir un deterioro progresivo del cartílago articular con posterior
pérdida del mismo, que va a favorecer el roce de las superficies óseas expuestas. Este
roce mantenido producirá una respuesta inflamatoria y dolor.
Este fenómeno va seguido de proliferación de hueso nuevo en los márgenes de la
articulación afectada, apareciendo osteofitos o espolones, y un engrosamiento de la
membrana sinovial, de la cápsula y de los ligamentos articulares.
En la figura 35.1 se representan esquemáticamente las alteraciones de la articulación
y del hueso.
463
Fuente: Adaptado de Uribarri Murillo, Atlas de Reumatología, 1990.
C) Manifestaciones clínicas
Se limitan por lo común a una o a pocas articulaciones, aunque pueden ser más
generalizadas. Los síntomas suelen comenzar de manera insidiosa en forma de dolor
poco localizado, profundo y molesto, con el empleo de la articulación afectada. El dolor
desaparece con el descanso. También es frecuente cierta rigidez articular por las
mañanas. Las artralgias son mayores después de un largo período de inactividad o
después de un uso excesivo de la articulación afectada. Los cambios en la presión
atmosférica o en la temperatura ambiente también pueden provocar artralgias.
En la exploración, se advierte crepitación con el movimiento articular y, en
ocasiones, signos inflamatorios y deformidades articulares.
D) Tratamiento
Con el tratamiento se busca aliviar el dolor y conservar y mejorar la función
articular, aunque la degeneración articular es irreversible. La terapia requiere
coordinación de la asistencia en las diversas fases de la enfermedad y, con frecuencia,
son necesarias fisioterapia, terapia ocupacional, servicios sociales y ortopedia.
Es importante recomendar al paciente medidas generales, como baños de agua
caliente para relajar la musculatura, proteger las articulaciones afectadas y evitar los
excesos con dichas articulaciones. Es necesaria también la reducción del paso en
pacientes con afectación de columna dorsal, caderas o rodillas, así como la realización de
ejercicios isométricos para fortalecer la musculatura periarticular.
En caso de síntomas, el tratamiento consiste en salicilatos o antiinflamatorios no
464
esteroideos. Las inyecciones intraarticulares de glucocorticoides son eficaces en aplacar el
dolor y la inflamación, si bien deben usarse con prudencia en las articulaciones que
soportan peso. En algunos pacientes se logran beneficios con la inyección de
glucocorticoides en tejidos yuxtaarticulares.
En casos avanzados, la cirugía ortopédica será necesaria para mejorar la función
articular y aliviar el dolor.
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
465
proporcione ayuda domiciliaria.
A) Epidemiología
La artritis reumatoide es una enfermedad sistémica, del tejido conectivo que,
habitualmente, afecta a las articulaciones. La prevalencia de la artritis reumatoide
aumenta con la edad. Aproximadamente el 40% del total de pacientes afectados son
mayores de 60 años.
La enfermedad afecta aproximadamente –con diagnóstico definitivo– al 1,8% de
hombres y al 4,9% de mujeres mayores de 65 años.
B) Patogenia
Las manifestaciones generales de la artritis reumatoide son variadas, pero el signo
más característico es la sinovitis persistente que, generalmente, afecta a articulaciones
periféricas de forma simétrica.
La sinovial inflamada o pannus invade el cartílago articular produciendo destrucción
del cartílago y erosiones del hueso subyacente, con la consiguiente deformidad articular
característica de este proceso.
La evolución de la artritis reumatoide es muy variable, a pesar de ser un proceso
destructivo. Algunos pacientes presentan sólo un cuadro oligoarticular, de poca intensidad
y breve, con mínima lesión articular, en tanto que otros tienen poliartritis de progresión
rápida, con notable deformación articular.
C) Manifestaciones clínicas
Habitualmente, la artritis reumatoide comienza de una forma insidiosa, con fatiga,
anorexia, debilidad generalizada, febrícula y síntomas musculoesqueléticos vagos, hasta
que aparece la sinovitis.
La manifestación más común de la artritis establecida es el dolor de las articulaciones
afectadas, que es agravado por el movimiento. Es frecuente la rigidez generalizada, y
máxima después de un período de inactividad. La rigidez matinal excede de una hora y es
un signo invariable de artritis inflamatoria. La rigidez va desapareciendo a lo largo del día
con el uso moderado de la articulación, aunque puede aumentar después de actividades
que requieran esfuerzo.
Cualquier articulación puede quedar afectada por la artritis reumatoide, pero las más
frecuentes son las articulaciones interfalángicas y metacarpofalángicas, muñecas, rodillas,
466
tobillos y dedos del pie.
La artritis reumatoide, como enfermedad sistémica, puede producir manifestaciones
extraarticulares, como nódulos subcutáneos, úlceras cutáneas, pleuritis, infiltrados
pulmonares, pericarditis, neuropatías, uveitis y queratoconjuntivitis.
En el cuadro 35.1 se exponen las diferencias clínicas entre artrosis y artritis
reumatoide.
CUADRO 35.1
Diferencias clínicas entre artrosis y artritis reumatoide
D) Tratamiento
Los objetivos principales del tratamiento en la artritis reumatoide son reducir el dolor
y la inflamación, conservar la función de la articulación y prevenir la deformidad por
medio del descanso, la fisioterapia y los fármacos.
El tratamiento médico consiste en la administración –según prescripción– de
467
salicilatos, antiinflamatorios no esteroideos, glucocorticoides, sales de oro, D-penicilamina
y/o metotrexate. La cirugía es útil en el tratamiento de los sujetos con articulaciones
gravemente afectadas.
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
1. Los cuidados de enfermería deben tienen como finalidad que el paciente sea
capaz de controlar el dolor crónico, de mantener la capacidad de autocuidado
y de mejorar su movilidad.
2. Para disminuir el dolor es eficaz la aplicación de calor y/o frío en las
articulaciones afectadas, administrar la medicación correctamente, evitar
masajes en articulaciones con inflamación aguda y planificar las actividades
diarias denos límites que le permiten la tolerancia del dolor, intercalando
períodos de descanso a lo largo del día.
3. El reposo es útil para disminuir los síntomas, siendo a veces necesario
inmovilizar la articulación afectada para aminorar su movimiento. Durante un
ata- que agudo puede ser preciso hacer reposo en cama durante un tiempo
limitado para descansar las articulaciones y ayudar a reducir la inflamación
articular.
4. Para mejorar la movilidad es importante mantener el equilibrio entre el ejercicio
y el reposo, realizar ejercicios articulares pasivos orientados a conservar la
potencia muscular y la movilidad articular y adoptar posiciones adecuadas que
eviten la anquilosis.
5. Colaborar con el fisioterapeuta en la planificación de ejercicios y tratamientos
físicos.
6. Debe aconsejarse al paciente que participe en las actividades sociales que su
estado de salud le permita, como acudir a clubs sociales, comidas y reuniones
con amigos, etc. para evitar el aislamiento social que lleva consigo la evolución
de esta enfermedad.
7. Procurar utensilios habituales (cubiertos, peine, etc.), adaptados a las
468
deformidades y limitaciones del paciente.
35.3.1. Osteoporosis
A) Epidemiologta
La osteoporosis es el trastorno metabólico del hueso más frecuente, y una causa
importante de morbilidad en el anciano. La pérdida de masa ósea comienza alrededor de
la década de la vida, tanto en hombres como en mujeres, a razón de 0,3-0,5%
por año. Después de la menopausia, la proporción de pérdida ósea se multiplica por 10.
No está claro si la rápida proporción de pérdida ósea en los primeros años de la
menopausia continúa sin cambios indefinidamente o si, con el avance de la edad, esta
proporción disminuye a los valores que presentan las mujeres justo antes de la
menopausia o los hombres ancianos con función gonadal normal.
La osteoporosis supone un problema de salud pública entre los ancianos por la alta
incidencia de fracturas (especialmente de cadera) que presenta este grupo de edad.
B) Patogenia
Se caracteriza por la reducción de la masa ósea por unidad de volumen hasta un
nivel inferior al necesario para una función de apoyo mecánico adecuada, con el
consiguiente riesgo de fracturas.
La osteoporosis suele ser una alteración primaria asociada a varios factores
etiológicos. En ocasiones es secundaria a otras alteraciones, tales como:
– Hipertiroidismo.
– Cushing.
– Hiperparatiroidismo.
– Acromegalia.
– Mieloma.
– Leucemias.
469
FACTORS DE RIESGO DE OSTEOPOROSIS EN EL ANCIANO
470
realiza por ciclos que incluyen la reabsorción de hueso viejo por osteoclastos y la
formación posterior de hueso nuevo por osteoblastos.
471
Fuente: Adaptado de Manolagas, S. C. y Jilka, R. L., NEJM, 1995; 332 (5): 305-311.
FIGURA 35.3. Vía de la diferenciación de osteoblastos y osteoclastos y factores que influyen en la misma.
C) Manifestaciones clínicas
Aunque la osteoporosis es un trastorno esquelético generalizado, sus manifestaciones
clínicas principales se deben a fracturas de vértebras, muñecas, caderas, húmero y tibia.
Los síntomas más frecuentes por fracturas de cuerpos vertebrales son el dolor
dorsolumbar y la deformidad de la columna. El dolor generalmente es de instauración
aguda y a veces se irradia hacia delante. Estos episodios de colapsos vertebrales suelen
presentarse después de movimientos repentinos de flexión, o bien tras cargar objetos
pesados.
El reposo alivia el dolor, y en 4-6 semanas el paciente puede caminar perfectamente
e incorporarse a sus actividades normales. En la mayoría de los pacientes desaparece o
disminuye el dolor entre episodio y episodio de colapso vertebral.
Las fracturas vertebrales por colapso suelen ser anteriores, produciendo una
deformidad en cuña con la consiguiente cifosis y disminución de la estatura.
D) Diagnóstico
La osteoporosis se diagnostica sólo en presencia de una fractura atraumática de
columna, fémur o radio distal. Se puede valorar, no obstante, el riesgo de sufrir una
fractura mediante diversas pruebas que incluyen técnicas no invasivas e invasivas. Entre
las primeras, la espectometría de absorción fotónica simple o dual, tomografía
computarizada, absorciometría de rayos X y ultrasonidos.
472
La técnica invasiva comprende la biopsia de cresta ilíaca para cuantificar la masa
ósea.
En la figura 35.5 se representan las trabeculaciones normales en vértebras y fémur,
identificables por radiografía.
FIGURA 35.5 Índices o grados de la trabeculación de vértebras y de la extremidad superior del fémur.
E) Tratamiento
El tratamiento de la osteoporosis incluye una serie de medidas generales así como
distintas pautas farmacológicas, que se resumen en el cuadro 35.2.
El uso de estrógenos en mujeres postmenopausicas con osteoporosis hace que
473
disminuya la eliminación de calcio y la reabsorción ósea, pero no incrementa la
formación de hueso,
En los pacientes con hipocalcemias, los preparados de calcio junto con vitamina D
pueden resultar beneficiosos.
Otros fármacos utilizados son los fosfatos y la calcitonina, tanto subcutánea como
nasal, aunque no se ha demostrado aún su eficacia a largo plazo.
Los pacientes con dolor agudo por fracturas de cuerpos vertebrales suelen necesitar
hospitalización con reposo en cama, calor local y analgésicos adecuados. Tan pronto
como el dolor lo permita, el paciente debe intentar moverse fuera de la cama, ncipio
lentamente. Después de que las fracturas han consolidado, puede ser útil un programa de
ejercicios, supervisados por el fisioterapeuta, para evitar pérdidas esqueléticas.
CUADRO 35.2
Tratamientos utilizados en la osteoporosis
• Calcio.
• Estrógenos,
↓ REABSORCIÓN DE HUESO • Calcitonina
• Bifosfonatos.
• Vitamina D.
• Fluorato sódico.
• Testosterona.
↑ FORMACIÓN DE HUESO • Esteroides anabolizantes.
• ? Metabolitos de vitamina D (calcitriol).
• Ejercicio.
Diagnósticos de enfermería
474
Intervención de enfermería
A) Epidemiología
Esta enfermedad es un trastorno óseo relativamente frecuente entre los ancianos de
Europsa continental. Aproximadamente, se encuentran las lesiones características de esta
enfermedad en un 3% de los mayores de 40 años.
B) Etiopatogenia
Se han considerado diversos virus como causantes de la enfermedad, al igual que
alteraciones hormonales, trastornos autoinmunes, errores congénitos del tejido conjuntivo
e infecciones priónicas.
La característica de la enfermedad es el aumento de reabsorción ósea, que se
acompaña de un incremento de la síntesis para compensar el proceso.
Estas alteraciones se producen como consecuencia del aumento de la formación y
actividad de los osteoclastos, por mecanismos aún no conocidos.
C) Manifestaciones clínicas
475
Muchos pacientes pueden permanecer asintomáticos y se diagnostica la enfermedad
accidentalmente, al encontrar en la exploración deformidades de huesos largos o
alteraciones radiológicas.
Algunos pacientes refieren dolores en columna, cara y cráneo, deformidades en
cráneo y huesos largos o alteraciones de la marcha debida a la desigualdad en longitud y
alta alteración biomecánica por cambio en la distribución de fuerzas, en los miembros
inferiores.
Otras manifestaciones son derivadas de la afectación de pares craneales, compresión
de tronco cerebral y médula espinal, fracturas patológicas. La complicación más peligrosa
es el sarcoma, aunque su incidencia no es mayor del 1%.
En la figura 35.6 se representa esquemáticamente un húmero afectado por la
enfermedad de Paget.
D) Diagnóstico
Alteraciones radiológicas (áreas líticas, engrosamiento cortical, incremento de
densidad) y elevación de fosfatasa alcalina.
E) Tratamiento
Si la enfermedad está localizada y no provoca síntomas, no es preciso ningún
tratamiento.
Pueden utilizarse analgésicos y antiinflamatorios en caso de dolor. Las
intervenciones ortopédicas pueden ser necesarias en afectación decadera y deformidades
óseas muy pronunciadas.
476
FIGURA 35.6. Enfermedad de Paget.
Diagnósticos de enfermería
Intervención de enfermería
477
2. Evitar riesgos ambientales que favorezcan caídas.
3. Vigilar las deformidades óseas y la aparición de síntomas neurológicos
(trastornos sensitivos, alteraciones de pares craneales, etc.).
4. Movilizaciones precoces tras cirugía o procesos que requieran inmovilidad para
disminuir la reabsorción y sus manifestaciones (hipercalcemia, hipercalcinuria,
etc.).
5. Proporcionar abundantes líquidos para disminuir el riesgo de urolitiasis.
6. Puede ser necesario el apoyo psicológico si existen alteraciones corporales muy
desfigurantes (aumento del cráneo, piernas arqueadas, etc.).
478
36
Cuidados perioperatorios
Objetivos
36.1. Introducción
En este capítulo se tratarán las intervenciones más frecuentes en este grupo de edad,
sus riesgos perioperatorios, las complicaciones más frecuentes y los correspondientes
cuidados de enfermería.
Antes de comenzar con los temas apuntados anteriormente, hay que señalar que el
tratamiento quirúrgico se realizará, siempre y cuando el tratamiento médico no sea capaz
de solventar la situación que nos depara, o bien cuando en ello se ponga en peligro la
vida a corto plazo, es decir, por urgencia. La cirugía se llevará a cabo cuando el balance
entre los riesgos y los beneficios perioperatorios sean mínimos aquéllos respecto a éstos,
o bien cuando sea la única alternativa terapéutica con o sin riesgos.
Los errores en el diagnóstico médico, por los que la cirugía se retrasa, se rechaza o
no se realiza de forma apropiada, son los siguientes:
Los errores más frecuentes son los dos primeros, que dan lugar a que el paciente es
demasiado viejo para ser intervenido o que es demasiado riesgo el que conlleva. Debe
quedar claro que los beneficios de una operación realizada con éxito son similares en un
anciano y en un joven; la diferencia se determina no sólo en la evolución postoperatoria
479
en ambos, sino también en que los síntomas y signos en el primero escasean, puesto que
el umbral del dolor se halla más elevado que en el segundo, por lo que los problemas más
leves no llegan a tratarse y se convierten en graves, sin solución, desembocando en
enfermedad crónica o necesitando una intervención quirúrgica urgente. Algunos ejemplos
se mencionan a continuación: sepsis sin fiebre, shock sin taquicardias, infarto agudo de
miocardio sin dolor, infección sin leucocitosis, etc.
En procesos intrabdominales, los retrasos o errores en las intervenciones se deben a
fallos en el diagnóstico, o no hecho a tiempo por la carencia de signos y síntomas, o
medios adecuados.
La cirugía se llevará a cabo siempre que los beneficios superen a los riesgos. Los
principales factores que se deben tener en cuenta se describen a continuación.
36.2.1. Anestesia
480
c) Cirugía de riesgo alto, que se refiere a cirugías mayores, como las
abdominales, las cardíacas, las pulmonares, en las que se utilizan anestesia
general y cuya índole es notablemente importante.
CUADRO 36.1
Cambios fisiológicos en el anciano
481
482
36.2.4. Edad
483
vuelve a su hogar. Segundo, de nuevo aparece en urgencias, pero esta vez permanece
ingresado, o bien porque aparece una enfermedad grave que se le debe operar,
incrementando los riesgos de complicaciones y de morbimortalidad, o bien porque
necesita un tratamiento y cuidado inmediato.
Otra situación que varía en el paciente geriátrico, sin duda, se trata de la capacidad
pulmonar que se halla disminuida. Sabiendo que el volumen espiratorio forzado (VEF) se
reduce en 0,21 por década a partir de la segunda, se pierde de 1 a 1,51. en condiciones
normales; si añadimos el tabaco, dicho volumen se queda en menos, esto hace que los
riesgos y complicaciones aumenten. Lo que al principio era un debate, ahora queda claro
que la edad debe tenerse en cuenta, sin embargo, se debe prestar más atención a la
patología de base, si la padeciera.
Se ha visto anteriormente que el cuerpo humano se deteriora con los años, pero no
sólo por el tiempo en sí, sino también por el comportamiento que la persona ha mostrado
de sí misma, por ejemplo, tabaco, alcohol, malos hábitos alimenticios, etc. De ahí que,
las principales causas de mortalidad en pacientes ancianos son las enfermedades
cardiovasculares, enfermedades respiratorias, obesidad, entre otras.
Los malos hábitos alimenticios influyen en la variabilidad de enfermedades
abdominales, sobre todo aquéllas relacionadas con el tracto digestivo. Actualmente, la
enfermedad biliar, la obstrucción intestinal, la hemorragia digestiva alta, hernias y la
diverticulitis progresan raudalmente.
El 30% de las alteraciones abdominales son biliares. Los más frecuentes, los cálculos
biliares, sobrepasan el 50% a la edad de 70 años. Entre un 40 y un 60% de pacientes con
484
alguna complicación, requieren una intervención de urgencia repecto a un 7 y 20% que
suma en cualquier etapa diferente de la vida. De este 40-60%, la mortalidad es del 5 y
19%, respecto al 0-3% realizado por cirugía electiva.
El anciano se somete a una intervención siempre que la enfermedad sea sintomática,
puesto que muchos ancianos la padecen y, sin embargo, no todos la manifiestan.
También es cierto que el umbral del dolor en el anciano está más elevado que en etapas
anteriores, lo que hace a veces posible que la intervención se demande por urgencia.
36.3.3. Apendicitis
485
Cabe señalar los siguientes:
486
esperanza de vida deja mucho que desear.
g) Hernia de pared abdominal: Es más frecuente en varones que en mujeres. La
resección de hernias conlleva una mortalidad del 20-30%, sobre todo en
hernias estranguladas muy evolucionadas.
B) Enfermedad valvular
Se trata principalmente de liberar la estenosis aórtica por medio de la sustitución de
válvula aórtica (AVR). Una vez ocurrido el fallo cardíaco, la esperanza de vida se halla
entre uno o dos años. La esperanza de vida a los 70 años es de 12 años, a los 80 es de 8.
La práctica de la AVR conlleva una mortalidad operatoria de 7,7% de media y a largo
plazo de 75-80%. No se ha investigado más sobre la válvula mitral; sin embargo, la
mortalidad reciente al practicar el reemplazamiento de válvula mitral se encuentra entre
un 4,7% y un 14%.
487
jóvenes. El aumento difiere en las complicaciones pulmonares y cardíacas que
amenazan a los ancianos.
• Cáncer esofágico: Se presenta aproximadamente entre la sexta y la séptima
décadas de vida y su pronóstico de muerte es de 1 año sin cirugía, y con ella,
el riesgo que se corre llega al 7-20%. La morbimortalidad incrementa a
consecuencia de complicaciones cardiopulmonares.
CUADRO 36.2
Complicaciones postoperatorias
• Delirium postoperatorio.
SISTEMA NERVIOSO
• Psicosis postoperatoria.
488
• Distrés respiratorio.
• Incontinencia urinaria.
• Retención urinaria.
SISTEMA RENAL
• Deplección vesical.
• Infección urinaria.
• Ileo-paralítico.
TRACTO DIGESTIVO • Estreñimiento.
• Diarrea.
• Dehiscencia.
SISTEMA INTEGUMENTARIO
• Evisceración.
CUIDADOS DE ENFERMERÍA
Objetivos
• Realizar la historia de enfermería del paciente intentando obtener los datos más
489
relevantes, como su nombre y apellidos, antecedentes personales y familiares,
alergias conocidas, exploración y diagnóstico médico.
• Valorar sus condiciones físico-psíquico y sociales.
• Establecer los diagnósticos de enfermería.
• Disminuir, en la medida de lo posible, los riesgos y complicaciones
postoperatorias.
Preoperatorio general
490
sedantes, se deben administrar aquellos de corta duración (oxacepam y nunca
fluracepam ni diacepam, cuyas vidas medias son más prolongadas). Se
suspenderá medicación anticoagulante, como prevención de hemorragias y de
acción cardiovascular, en aquellos casos en los que exista riesgo de
complicaciones cardíacas.
Preoperatorio inmediato
491
11. Comprobar aparatos de emergencia (aspirador, monitores, carro de paradas,
electroshock, etc.).
12. Comprobar y valorar parámetros fisiológicos.
13. Preparación para el cierre incisional.
14. Notificar el traslado del paciente a la sala.
Postoperatorio inmediato
Postoperatorio general
492
moderada el quirófano donde se interviene. Se recomienda el uso de mantas,
colocación de frascos templados en ingles y axilas y ECG para verificar
arritmias.
La función respiratoria no debe olvidarse. Ha de controlarse la frecuencia
de las respiraciones, su profundidad, para evitar posibles complicaciones como
neumonías, atelectasias e hipoxia. En la función cardiovascular se observará el
pulso cardíaco y la tensión arterial para descubrir una pronta infección o una
posible hemorragia.
2. Examen del estado mental: En el anciano, la eliminación de los medicamentos
se halla alterada, por lo que el uso de anestésicos muy concentrados puede
provocar un aumento del tiempo de sueño y confusión, que puede asociarse a
una hipoxia, guiándonos a una posible infección o una aspiración. El uso
excesivo de anticolinérgicos puede conducir a un cuadro confusional o
delirium, hipotensión, hipoxia postoperatoria o enfermedad de Parkinson. El
delirium postoperatorio nos puede informar de una complicación
postoperatoria, de un infarto, una sepsis, etc.
El papel de enfermería radicará en observar las posibles alteraciones
mentales, desorientación, y se proporcionarán medidas de seguridad al
paciente agitado y confuso, preveniendo que no caiga de la cama, que no
retire ningún catéter, ninguna sonda, etc.
3. Vigilancia de los aparatos cardiovascular y respiratorio: Muchos ancianos
tienen importantes deterioros, El quirófano puede agravar su situación. El
principal objetivo de la enfermería será asegurar un buen intercambio gaseoso
y función cardiovascular. Para ello, se observarán:
– La permeabilidad de vías aéreas.
– Los sonidos pulmonares anormales.
– Las secreciones bronquiales endotraqueales, aspirándolas.
– La frecuenda respiratoria y su profundidad (hipoventilación).
– Determinar la tensión arterial y frecuencia cardíaca para descartar posibles
alteraciones cardíacas (arritmias) y asegurar una excelente perfusión.
– Mantener la temperatura corporal para evitar cambios bruscos de
vasodilatación y vasoconstricción.
– Evitar hemorragias observando drenajes y apósitos de las heridas.
– Vigilar diuresis y drenajes para evitar sobrecargas circulatorias que podrían
desembocar en complicaciones, como edema de pulmón, desequilibrio
hidroelectrolítico.
4. Aparato gastrointestinal:
– Observar náuseas y vómitos. En caso de náuseas, se aconsejará que
respire profundo y se administrará oxígeno.
– Vigilancia de la distensión abdominal.
493
– Auscultar el peristaltismo abdominal para observar la desaparición de los
efectos de la anestesia, de tal forma, que si al auscultar se perciben
ruidos peristálticos, se comenzará a dar agua; si no es así, no se dará
nada hasta que aparezcan.
5. Aparato renal:
– Medir las diuresis, comparándolas con las ingestas para realizar un balance
hidroelectrolítico.
– El paciente, cuando sale de un quirófano, normalmente lo hace con una
sonda vesical, que se deberá retirar lo más pronto posible para prevenir
la disminución de tono del esfínter vesical voluntario, que conllevaría a
incontinencia urinaria.
6. Otros cuidados:
– Vigilar la temperatura y el color de piel para observar signos como
cianosis, úlceras y gangrena, entre otras.
– Evitar en lo posible el dolor, que se le aliviará con analgésicos, nunca con
opiáceos. Deben utilizar una dosis justa, puesto que el umbral de dolor
en el anciano se halla por encima de lo normal. Además, las funciones
renales y hepáticas se encuentran algo deterioradas y la eliminación de
los fármacos se altera, pudiendo producir intoxicaciones.
– Observar la herida: rubor, enrojecimiento, picor para evitar posibles
infecciones. Su cicatrización principal dependerá de la dieta. Una dieta
rica en proteínas y vitaminas, añadida a las curas asépticas, actuarían
como profilaxis de todo tipo de infecciones. Una forma de reducir la
ansiedad del paciente es el comentario del aspecto diario de la herida.
– Una vez despertado el paciente, se procederá a la fisioterapia respiratoria:
ejercicios respiratorios (respiraciones profundas y forma de toser),
ejercicios para movilizar secreciones y cambios posturales cada dos
horas.
– Ejercicios de levantamiento de extremidades inferiores: favorecer retorno
venoso, rotación de movimientos de articulaciones y fomento de
movilización (cama-sillón-caminar).
494
37
Cuidados paliativos
Objetivos
37.1. Introducción
37.2.1. Orígenes
495
Es en la Edad Media cuando encontramos por primera vez el término hospice. Éste
era el nombre que se correspondía con los lugares donde los peregrinos, en su caminar
hacía Tierra Santa, encontraban confort y hospitalidad.
En 1846, Mary Aikenhead, fundadora de las hermanas de la caridad irlandesas,
recoge el término hospice para los lugares donde su congregación trata de dar respuesta a
las necesidades y cuidados de las enfermos en la etapa final de su vida.
a) Favorecer las condiciones de vida a través del bienestar físico, mental, social y
espiritual del paciente, de forma que pueda vivir con su familia en las mejores
condiciones posibles el tiempo que le resta de vida.
b) El paciente y su familia forman una unidad a tratar, de ahí la importancia del
seguimiento del duelo.
c) Desarrollo de la investigación y enseñanza en los cuidados paliativos; para ello,
dispone el St Christopher de un centro de estudios donde reciben formación
enfermeras, médicos, trabajadores sociales.
496
comisión colectiva de acreditación de hospitales (JCAH), cuyo gran mérito fue
determinar los cinco principios fundamentales de todo hospice.
En 1984, el gobierno de EEUU crea un comité de cuidados paliativos, el cual
aconseja:
497
primero, para definirla, segundo, para establecer la terapéutica correcta y, tercero, para
planificar adecuadamente los cuidados necesarios.
Las características fundamentales de la enfermedad terminal son:
37.3.2. Fases
Para poder dar una respuesta global a esta compleja situación, deberemos afrontarla
desde una perspectiva multidisciplinaria. El equipo estará formado por médicos,
diplomados en enfermería, psicólogos, auxiliares, trabajadores sociales, asistentes
espirituales, fisioterapeutas, voluntariado, etc., y trabajará sobre la base común de la
filosofía de los cuidados paliativos y se marcará unos objetivos comunes dirigidos a:
– Dar una atención integral para cubrir las necesidades de orden física, psíquicas,
sociales y espirituales.
– La unidad que se va a tratar será el enfermo y su familia. La familia es el
núcleo fundamental de apoyo al enfermo, sin ella no serían posibles los
cuidados domiciliarios. El cuidador primario es la persona más importante para
los cuidados del paciente, siendo también el interlocutor válido con el equipo.
– Promoción de la autonomía y la dignidad. Al marcar los objetivos terapéuticos,
siempre deberán realizarse con el consentimiento del enfermo.
– Con la creación de un ambiente adecuado, tratamos de conseguir el desarrollo
de una atmósfera de confort, respeto y comunicación, que ayude de forma
decisiva en el control de síntomas físicos y psíquicos.
498
– Concepción terapéutica activa. Hay que superar la idea de que ya no se puede
hacer nada más. Ésta actitud demuestra un claro desconocimiento de las
necesidades que se presentan en la fase terminal.
499
Otro fenómeno que se debe considerar es la llamada conspiración de silencio. El
proceso de comunicación entre los miembros de la familia suele verse alterado cuando el
paciente habla de su enfermedad y de la proximidad de su muerte, encontrando como
respuestas frases que niegan la evidencia y que no se corresponden con el lenguaje no
verbal que el paciente observa a su alrededor, ni mucho menos con la situación de
deterioro físico en que se encuentra.
El paciente puede expresar verbalmente al equipo el sufrimiento que esta situación le
provoca. Por ejemplo, ante el miedo a la muerte expresado por el enfermo, el familiar
contesta “no digas tonterías, con el buen color que tienes hoy, tú no estás para morirte”.
Ayudar a la familia en esta situación es labor que corresponde al equipo, ya que
enfrentarse a la pérdida de un ser querido no es fácil de admitir y la familia utiliza como
recurso inmediato respuestas y evasivas carentes de contenido.
En la actualidad, supone un cambio importante para las personas de la tercera edad,
el aceptar la pérdida, o incapacidad del cónyuge. Al mismo tiempo, también deben
aceptar que las mujeres de la familia, cuidadoras principales hasta este momento, dejen
de serlo, para incorporarse al mercado de trabajo. La consecuencia: el paciente de la
tercera edad en situación terminal puede que, en contra de sus deseos, se vea forzado al
abandono del domicilio, bien por incapacidad del cuidador principal, o por inexistencia
del mismo.
El equipo de cuidados paliativos que acompaña a la familia debe ser capaz, a través
de la empatia de captar las necesidades y ayudas demandadas por la familia, pudiendo
ser de orden material, sanitario, social, psicológicas.
La familia, en ciertos momentos, debe participar junto a los miembros del equipo en
la toma de ciertas decisiones, en la fase pre-agónica, puede ayudar a valorar el control de
síntomas.
Las expresiones de los sentimientos que manifiesta la familia no son constantes, al
igual que en el enfermo, pueden variar. Angustia, negación, cólera, ambivalencia,
aceptación.
Diagnósticos de enfermería
500
líquidos.
• Alteración de la mucosa oral relacionada con consumo de psicofármacos,
disminución de la ingestión de líquidos o efectos citotóxicos del tratamiento
oncológico.
• Potencial de infección reacionado con déficit inmunitario por quimioterapí
radioterapia.
• Trastorno de la comunicación, relacionado con el proceso tumoral y la
situación terminal.
• Detreioro de interacambio gaseoso relacionado con acumulo de secreciones.
• Patrón respiratorio ineficaz.
• Deterioro de la integridad cutánea relacionado con tratamiento radioterápico y
quimioterápico.
• Trastorno de la imagen corporal relacionado con los cambios físicos causados
por la enfermedad.
• Afrontamiento individual ineficaz relacionado con el temor a la enfermedad y a
la muerte.
• Afrontamiento familiar ineficaz debido a la enfermedad terminal del paciente.
Intervención de enfermería
De acuerdo con los objetivos del tratamiento paliativo, se tratará de dar una
respuesta global a las necesidades del paciente terminal, teniendo siempre presente la
perspectiva holística del ser humano, en sus dimensiones física, psíquica, social y
espiritual.
El objetivo principal de los cuidados de enfermería está basado en los cuidados
generales, buscando siempre el confort en el plano físico. Es preciso, pues:
De acuerdo con todo lo anterior, los cuidados que se han de realizar son:
501
A) En el plano biológico
1. Higiene: limpieza, aseo de piel y mucosas, vigilancia y prevención de heridas.
2. Nutrición: lograr que coma poco y a menudo.
3. Movilización: invitarle al movimiento, sin forzar; cambios posturales, si tolera;
respetar la postura antiálgica.
4. Eliminación: vigilar la sudoración la eliminación intestinal y vesical.
5. Descanso: respetar el sueño.
CUADRO 37.1
Síntomas más frecuentes en pacientes oncológicos
B) En el plano psicológico
Establecer unos canales de comunicación que permitan informar, empalizar,
mantener un dialogo abierto y veraz.
C) En el plano social
1. Establecer un diagnóstico social.
2. Proporcionar al paciente y su familia los soportes necesarios para resolver su
problemática social.
D) En el plano espiritual
1. Respetar las creencias religiosas.
2. Respetar las creencias espirituales.
Dolor
502
De todas las definiciones que existen sobre el dolor, la que mejor nos plasma la
realidad es aquella que dice que “dolor es cuando el paciente dice que le duele”.
El 80% de los pacientes con cáncer avanzado sufren dolor. Según la OMS, el 50%
sufren dolor moderado e intenso, el 30% insoportable y el 20% no presentan dolor. Es
importante determinar si el dolor es único o múltiple, ya que el 80% de los pacientes
tienen más de un dolor.
En el 90% de los enfermos el uso correcto de la analgesia permite controlar el dolor.
La OMS aconseja controlar el dolor partiendo del primer peldaño de la escalera
analgésica. Los tres fármacos sobre los que se basa esta escalera son el ácido acetil
salicílico, la codeína y la morfina.
B) Morfina
El dolor que sufren muchos de los enfermos con cáncer se debe en gran parte a los
prejuicios que tenemos acerca de los analgésicos opioides. La morfina es el fármaco más
eficaz para controlar el dolor. La vía de elección será la oral y, si ésta no fuera posible, la
503
subcutánea. También se usa la rectal y la espinal. Esta última se utilizará cuando no se
consiga controlar el dolor aplicando la escala de la OMS, ante la presencia de dolor
neuropático no controlado, cuando se necesiten altas dosis de opiáceos por otras vías o si
se desarrollan intensos efectos secundarios con los opiáceos utilizados por vía oral o
parenteral.
Entre las características de la morfina hay que destacar que:
– Es fácil de administrar.
– No posee efecto techo. Se puede aumentar la dosis cuanto sea necesario,
porque el dolor, si respondía a la morfina, seguirá respondiendo.
– Existe relación dosis-efecto.
– Presenta tolerancia. La mayoría de las veces en que la dosis de morfina debe
ser aumentada de forma importante, se debe al progresivo crecimiento del
tumor.
– Provoca dependencia física. Aparición de síntomas de abstinencia cuando se
retira bruscamente el fármaco. No aparece si la retirada es gradual.
– Provoca también dependencia psíquica. Es el deseo constante del fármaco y el
ansia agobiante por obtenerlo. Esta dependencia no se observa en el paciente
con cáncer, ya que su organismo necesita la morfina para bloquear el dolor.
– No produce depresión respiratoria, a dosis e intervalos apropiados. No hay que
olvidar que el dolor es un potente antagonista de la depresión respiratoria
provocada por los narcóticos.
– Ajustar las dosis individualmente.
– Boca seca.
– Estreñimiento.
– Vómitos.
– Somnolencia.
– Confusión.
Anorexia
504
que la enfermedad seguirá su curso sin que una mayor cantidad de nutrientes pueda
modificar su evolución.
La actuación ante la anorexia comprende:
Estreñimiento
505
si menos de tres veces en semana o, en caso de incapacid o dificultad para
defecar), tacto rectal (necesario para hacer una valoración del estreñimiento y
para realizar la extracción manual del fecaloma), extracción manual del
fecaloma (valorar los conocimientos que tiene el paciente al respecto) y
valorar la administración de analgesia (30 minutos antes de la extracción).
• También conviene utilizar un lubricante anestésico o aplicar un enema de
limpieza, añadiendo 15 cc de agua oxigenada para romper el fecaloma. La
aplicación de compresas calientes favorece la dilatación anal y permite
también el fraccionamiento manual del fecaloma, si fuera necesario. Se puede
seguir con enemas fosfatados hasta su total eliminación, según prescripción.
• El empleo de laxantes está indicado si el paciente recibe tratamiento con
opiáceos. Es necesaria la utilización de laxantes, para evitar la aparición del
estreñimiento. Los laxantes habituales son: estimulante (aumentan el
peristaltisnio). parafina (actúa como agente humidificador).
Náuseas y vómitos
Las náuseas son una sensación desagradable en la parte alta gastrointestinal y que
puede estar acompañada o no de vómito. El vómito es la expulsión potente del contenido
gastrointestinal a través de la boca. Ambos síntomas son frecuentes en cáncer avanzado
y terminal, 40% y 30 %, respectivamente.
Las causas pueden ser debidas al cáncer, al tratamiento, causas concurrentes,
yatrogénicas.
Son la consecuencia final de multitud de estímulos, que llegan al centro del vómito
por diferentes vías.
Las medidas generales se centran básicamente en la adecuación de la dieta:
Disnea
506
Es la dificultad del paciente para respirar normalmente. Su incidencia es de un 50%
de todos los pacientes con cáncer avanzado. En los tumores broncopulmonares, se
produce en un 70%. Estos porcentajes van aumentando a medida que la enfermedad
progresa.
Ante una crisis de disnea, las medidas que hay que realizar comprenden
proporcionar una compañía tranquilizadora, una posición confortable, emplear técnicas
de relajación y ejercicios respiratorios, procurar sedación mediante los fármacos
prescritos. Una disnea terminal o crisis de pánico terminal requiere medicación
parenteral, ya que es una situación en la cual el enfermo está convencido de que va a
morir inmediatamente.
Entre las causas de la disnea, se citan las debidas al cáncer, al tratamiento y a la
debilidad.
Estertores
Xerostomía
507
4. Aplicar lubricante en los labios.
5. Enjuagues con manzanilla y limón (anestésico local y estimulante de la saliva,
pectivamente). Una torunda humedecida y enrollada en nuestro dedo índice
servirá para limpiar e hidratar la boca del paciente moribundo.
6. Chupar caramelos o masticar chicle sin azúcar.
7. Saliva artificial (preparado farmacéutico: metilcelulosa, esencia de limón, agua).
8. Una solución base de vaselina líquida, limón, manzanilla y hielo es útil y eficaz
en estados más terminales o agónicos, pues la vaselina resulta desagradable
por su viscosidad.
9. Para la humidificación, pequeños sorbos de agua, zumos de frutas con cubitos
de hielo.
Placo bacteriana
Infecciones orales
Comunicación
a) Lenguaje no verbal: Hay que situarse frente al paciente, colocando los ojos a la
misma altura. La mayor parte de las veces esta posición obliga a permanecer
sentados, o bien agachados. Los ligeros movimientos de cabeceo, manifiestan
a nuestro interlocutor el interés que nos transmite su mensaje.
508
b) Habilidades en la comunicación: A través de la escucha activa se pueden
identificar las preocupaciones del paciente. A veces expresa sus miedos,
temores e inquietudes que, al verbalizarlos normalmente, disminuyen su
ansiedad.
No siempre se encontrarán respuestas válidas para ofrecerle. No importa,
siempre que se sea capaz de guardar silencio y permanecer a su lado
iraniamente, admitiendo no tener la respuesta.
c) Conocimiento de la verdad: El paciente tiene derecho a que sus preguntas sean
respondidas con sinceridad. Para ello, primero debemos investigar cuánto sabe
y cuánto quiere conocer. Es decir, hay que asegurarse de sus deseos. En
ocasiones, para el paciente es suficiente conocer la actitud y el grado de
sinceridel profesional que le está atendiendo.
El deseo de conocer el diagnóstico, y el pronóstico para algunos pacientes
es necesario a partir de tomar conciencia del deterioro físico en que se
encuentra. Responderle devolviendo la pregunta servirá para evaluar las
razones de por qué lo pregunta.
Finalmente, se recogen en el cuadro siguiente los derechos de los
moribundos. Su conocimiento servirá al profesional de enfermería para
modificar sus actitudes frente a estos pacientes.
• Tengo derecho a ser tratado como un ser humano vivo hasta el momento de mi
muerte.
• Tengo derecho a mantener una sensación de optimismo, por cambiantes que sean
mis circunstancias.
• Tengo derecho a ser cuidado por personas capaces de mantener una sensación de
optimismo por mucho que varíe la situación.
• Tengo derecho a expresar mis sentimientos y emociones sobre mi forma de
enfocar la muerte.
• Tengo derecho a participar en las decisiones que incumben a mis cuidados.
• Tengo derecho a esperar una atención médica y de enfermería continuada, aun
cuando los c tivos de curación deban transformarse en objetivos de bienestar.
• Tengo derecho a no morir solo.
• Tengo derecho a no experimentar dolor.
• Tengo derecho a que mis preguntas sean respondidas con sinceridad.
• Tengo derecho a no ser engañado.
• Tengo derecho a disponer de ayuda de y para mi familia a la hora de aceptar mi
muerte.
• Tengo derecho a morir con paz y dignidad.
509
• Tengo derecho a mantener mi individualidad y a no ser juzgado por decisiones
mías que pudie ser contrarias a las creencias de otros.
• Tengo derecho a discutir y acrecentar mis experiencias religiosas y/o espirituales,
cualquiera que sea la opinión de los demás.
• Tengo derecho a esperar que la inviolabilidad del cuerpo humano sea respetada
tras mi muerte.
• Tengo derecho a ser cuidado por personas solícitas, sensibles y entendidas que
intenten comprender mis necesidades y sean capaces de obtener satisfacción del
hecho de ayudarme a afrontar mi muerte.
510
Parte V
Aspectos sociosanitarios de la atención geriátrica
511
38
Recursos asistenciales
Objetivos
38.1. Introducción
512
muchas ocasiones se llegará a detectar una patología múltiple. Se aconseja, por tanto,
una evaluación sistematizada como parte de la historia médica habitual que se realiza en
estos pacientes. Asimismo, predomina la tendencia a una mayor duración de la
enfermedad con o sin tendencia a la invalidez; por tanto, se realizará también una
cuidadosa valoración de los problemas incapacitantes para el establecimiento de un mejor
plan de cuidados.
El enfoque de todos estos problemas que confluyen en el paciente geriátrico debe ser
multidisciplinario, o lo que es igual, evaluados por los distintos profesionales implicados
en su atención (médicos, profesionales de enfermería, fisioterapeutas, asistentes sociales,
etc.).
A) Directrices generales
• Protección económica con pensiones adecuadas.
• Facilitar una vivienda con buenas condiciones arquitectónicas e higiénicas
• Información y mentalización en materia de envejecimiento desde la escuela
• Preparación a la jubilación.
513
FIGURA 38.1 Geriatría de sector.
514
38.4.1. Concepto de cuidados continuados
Aquí se encuentran los hospitales de día, las ayudas a domicilio y los equipos de
valoración y cuidados geríátricos.
A) Hospital de día
Integrados generalmente en hospitales generales donde exista un servicio de geriatría.
Se trata de unidades a medio camino entre el hospital y el hogar del paciente.
Esencialmente tiene funciones de recuperación de actividades básicas e instrumentales de
la vida diaria, aunque también objetivos clínicos y de cuidados de enfermería.
515
En función de la disponibilidad de recursos, este tipo de unidades pueden estar
ubicadas dentro de centros de larga estancia, con objetivos similares a los anteriormente
comentados.
B) Ayuda a domicilio
Este tipo de servicios están a cargo prácticamente en su totalidad de los servicios
sociales. Su crecimiento y organización deben ser objetivos prioritarios de las autoridades
no sólo sociales, sino sanitarias, para lograr una mejor asistencia al anciano en su propio
hogar y evitar su institucionalización.
516
39
Educación sanitaria
Objetivos
39.1. Introducción
517
39.2. Condicionantes sociosanitarios del envejecimiento
518
todos los sentidos, de este colectivo.
Los procesos patológicos que con mayor frecuencia aparecen en la población de 65
y más años, son los del aparato locomotor (destacando la osteoporosis), del sistema
cardiovascular, con la hipertensión arterial y la propia arteriosclerosis a la cabeza; de los
órganos de los sentidos (vista y oído, fundamentalmente), la diabetes mellitus, los
tumores, la incontinencia urinaria y las depresiones y demencias. La mayoría de ellas se
instauran con carácter irreversible en el anciano, dando lugar a la aparición de numerosas
complicaciones que agravan su estado de salud, y son causa importante de incapacidad e
invalidez en la tercera edad.
Ciertamente, enfermedad, incapacidad e invalidez conforman una triada conocida
por un porcentaje muy elevado de personas de la tercera edad, y causante de un
deterioro considerable en su calidad de vida.
A las anteriores consideraciones hay que añadir la mayor lentitud de respuesta al
abordaje terapéutico, es decir, la recuperación del individuo anciano es más lenta que en
un joven o en un adulto, lo que supone un sentimiento de frustración no sólo para el
equipo de salud, sino para el propio individuo, con las repercusiones que esto conlleva en
el plano psicoemocional del anciano, e incluso de su entorno familiar.
No es posible dejar de lado la confluencia de problemas sociales y psicológicos
presentes en esta etapa del ciclo vital: falta de recursos económicos, soledad, deterioro
mental, depresión, actitud ante la vida, expectativas de futuro inmediato, etc. Las
condiciones sociopsicológicas van a resultar decisivas a la hora de agravar o superar una
situación de pérdida de salud.
519
de potenciar este concepto, está formando hombres y mujeres, en definitiva ancianos del
futuro, que continúan y continuarán asociando “ocio” o “tiempo libre” a “no
productividad” y, por tanto, “no validez” o “no consideración social”.
En efecto, socialmente, al no ser productivo, el anciano se ve abocado a la
marginación social en la última etapa de su vida; sin embargo, resulta tanto o más grave,
en este sentido, la propia vivencia e interiorización que tiene el colectivo de su asumida
improductividad e inutilidad, surgiendo la “automarginación”.
La jubilación supone, pues, por un lado, la interrupción de la participación en la vida
social y, por tanto, la aparición de sentimientos de inutilidad, soledad v marginación,
pero, por otro lado, también conlleva una sensible disminución en los ingresos
económicos y, en consecuencia, en el poder adquisitivo de este colectivo, que ve como
de nuevo su vida se convierte en una denodada lucha por la supervivencia. No cabe duda
de que el disfrute de un equilibrio económico suficiente asegura al individuo la cobertura
de necesidades tan básicas como la alimentación, el vestido, el jamiento y hasta la propia
salud, pero, además, el mayor sentimiento de seguridad elimina miedos y angustias, así
como el sentido del fracaso y frustración que condicionan de forma decisiva la “actitud
ante la vida” en el colectivo de la tercera edad.
La propia industrialización social, que tanto ha contribuido a mejorar el nivel de vida
del hombre, ha establecido también tributos importantes en el seno de la familia, que
acrecentan la problemática de la tercera edad; la familia extensa y patriarcal se ha
convertido hoy en una estructura nuclear en la que las estrechas relaciones entre
generaciones no son más que un recuerdo que parece estar sólo en la memoria del
anciano. La incorporación de la mujer al mercado laboral activo, las reducidas
dimensiones de las viviendas, los ingresos económicos y la frivolidad con que se valora lo
dinámico y juvenil frente a la infravaloración que se da a la “experiencia de la vida”
segregan cada vez más al anciano de la estructura interna familiar, provocando, en no
pocas ocasiones, que vivan en soledad o en un centro residencial, opción esta última
francamente complicada, dada la poca previsión que en este sentido ha presidido la
política sociosanitaria en España.
La vivienda como tal, sea cual fuere ésta, condiciona, especialmente en el anciano,
no sólo su calidad de vida, sino de manera contundente su propia salud. Los ancianos
que viven solos, suelen hacerlo en viviendas antiguas que no sólo no resultan
confortables, sino que no ofrecen una infraestructura higiénica y de seguridad mínimas.
Cuando el anciano vive integrado en su núcleo familiar, estas circunstancias están
superadas; sin embargo, el diseño de la vivienda moderna poco funcional y ergonómico,
supone en sí un riesgo constante de accidentabilidad para este colectivo, riesgo fácilmente
evitable con mínimas medidas de acondicionamiento, que no se adoptan, generalmente,
por desconocimiento y por falta de sensibilización en el sentido de que obstáculos
mínimos para la persona joven o adulta suponen una verdadera espada de Damocles
para el anciano, que tiene disminuidos sus sentidos, su agilidad y su velocidad de
reacción.
El medio ambiente, sobre todo en el medio urbano, tampoco facilita realmente la
520
adaptación del anciano; el anonimato en las grandes ciudades, las prisas, el estrés, el
tráfico, los ruidos o las grandes aglomeraciones, son factores ya difícilmente soportables
en las etapas anteriores de la vida y provocan situaciones de aislamiento y soledad en la
tercera edad, por miedo e inseguridad ante los “gigantes” de las grandes urbes. En el
medio rural esta situación se ve paliada, por el momento, debido a que la estructura de la
red social es menos compleja en todos los sentidos, conformando un entorno menos
agresivo.
Todos los factores demográficos, sanitarios y sociales, a los que se ha aludido
brevemente, ya que han recibido un tratamiento más extenso y especializado en los
temas correspondientes del presente texto, contribuyen sin excepción alguna a hacer de la
tercera edad un colectivo con una demanda de atención socio-sanitaria muy específica,
que debe promover la integración y permanencia del anciano en su entorno socio-
afectivo con la mejor calidad de vida posible.
Los avances médicos y tecnológicos han proporcionado al hombre una mayor
esperanza de vida, se han ganado años a la vida; el reto en este momento es procurar
los medios necesarios para que esos años no se dediquen a una mera supervivencia, para
que esos años se dediquen a la “vida” en su más amplia concepción. En otras palabras, el
objetivo ha de ser “dar vida a los años”.
521
de aplicación correspondientes deben abarcar tanto al nivel de prevención primaria, como
secundaria y terciaria y, por tanto, al conjunto de la población, tanto sana como enferma.
522
la salud a que estén sometidos.
También, a modo de ejemplo, se puede hacer referencia a los Programas de
Educación Sanitaria, dirigidos a la detección precoz de la patología neoplásica tanto en
el hombre como en la mujer; igualmente importantes son las intervenciones educativas
dirigidas al anciano obeso, dado el riesgo que esto supone frente a las enfermedades
metabólicas y cardiovasculares. Son múltiples y variados los programas de educación
sanitaria que desde la prevención secundaria pueden contribuir no sólo a una detección
precoz de un proceso patológico, sino incluso a retrasar su aparición con una verdadera
labor preventiva. La osteoporosis, la hipertensión arterial o los tumores son algunas de las
enfermedades más frecuentes en la población de 65 y más años, susceptibles de
prevención, detección precoz e incluso de evitación o retraso, en lo que respecta a sus
complicaciones o secuelas.
523
Todas las consideraciones realizadas hasta el momento en el presente capítulo
muestran cuáles, en líneas generales, son las características que conforman el marco de
intervención de la educación sanitaria en los individuos de 65 y más años.
En lo analizado hasta el momento existen factores que hacen de la educación
sanitaria una intervención necesaria, factores que, de no ser tenidos en cuenta,
obstaculizan esta labor, y que la van a propiciar, si se saben aprovechar correctamente.
Quizá una de las primeras premisas que no es posible perder de vista en la atención
geriátrica es la íntima asociación que debe establecerse en el ámbito de lo sanitario y lo
social, entendiendo que es necesario asumir un concepto interdisciplinar, como defiende
el Modelo Integrador de Educación Sanitaria, de prestaciones sanitario-sociales para
esta población. La propia Constitución Española establece, en su artículo 50, refiriéndose
a los “ciudadanos durante la tercera edad”: los poderes públicos promoverán su bienestar
mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de
salud, vivienda, cultura y ocio".
Partiendo de esta idea, no resulta ilógico establecer que la prestación de asistencia
sanitario-social al anciano y su familia tiene como objetivos generales:
524
desarraigo familiar, provocan en la población de la tercera edad una “pérdida del rol” y
“falta de identidad”, que sumadas a la escasa “cultura del tiempo libre”, hacen de la vida
una simple supervivencia vacía de “vivencias”; si algo le sobra al anciano hoy día es
tiempo, o quizá sería más correcto decir que le falta con qué llenar su tiempo, a qué
dedicarlo.
La educación sanitaria debe “aprovechar” estas especiales circunstancias. La
población joven o adulta plantea serios problemas a la hora de ser incluidos en los
distintos programas educativos orientados a estas etapas del ciclo vital, porque
“dependen” de un horario (laboral o escolar), que resulta difícil de compatibilizar, quizá
también porque en este momento la salud no ocupa un puesto privilegiado en la escala de
valores del hombre. Con la población anciana, en líneas generales, por supuesto, ocurre
lo contrario; no tienen horario y la salud es uno de sus principales valores.
La inclusión del anciano en los distintos Programas de Educación Sanitaria le supone
“tener algo que hacer”, ocupar su tiempo, preocuparse, o mejor, ocuparse de algo (su
propia salud) y, algo fundamental en esta etapa de la vida: le sirve para establecer
relaciones sociales, actividad que antes realizaba a través del trabajo, sobre todo, y que la
jubilación le impidió mantener. En definitiva, se trata de dotarle de un rol de
responsabilidad en el mantenimiento de su salud.
El proceso de la educación sanitaria en la tercera edad no puede dejar de tener en
cuenta otros factores importantes que debe intentar superar, a través de una adecuada
planificación de la metodología educativa específica; estos obstáculos vienen
representados por la angustia y la ansiedad que puede provocar una información
erróneamente transmitida, y por la menor agilidad intelectual o mayor lentitud en el
aprendizaje, que lejos de suponer causa de frustración para el profesional, si éste está
realmente capacitado, sabrá experimentar la gran satisfacción que suponen los pequeños
logros conseguidos. Tampoco se puede obviar el hecho de que los hábitos, las
costumbres y las creencias de salud de esta población están absolutamente arraigados,
razón por la que los objetivos de cualquier programa han de ser modestos y progresivos
en su diseño y consecución.
Asimismo, no se debe considerar únicamente a la tercera edad como objeto, como
receptora de la educación sanitaria, pues también pueden intervenir como sujetos activos
de la misma. Los ancianos constituyen, sin duda, uno de los modelos fundamentales para
muchos niños en sus primeros años de vida. El trabajo de la mujer fuera de casa hace
que, en no pocas familias, sean los abuelos los encargados de la alimentación, higiene,
etc. de los más pequeños; diariamente es mayor el número de horas que algunos niños
pasan con sus abuelos que con sus padres, por lo que sus hábitos de vida resultan
decisivos en la población infantil, siendo aquí el papel del anciano fundamental como un
verdadero agente de educación sanitaria.
Estas especiales circunstancias deben ser también aprovechadas por la educación
sanitaria para potenciar la propia autoestima, identidad y el sentimiento de “utilidad
social” en el anciano, al dotarles de una verdadera responsabilidad.
525
39.4. La educación sanitaria geronto-geriátrica
Conocidas las características generales que tiene la tercera edad como colectivo,
cuáles son los condicionantes sociosanitarios que se deben considerar para tener un
conocimiento más claro de la realidad del envejecimiento, y cómo estos condicionantes
influyen en el proceso de la educación sanitaria del anciano y su entorno familiar, es
posible comenzar a establecer cuáles deben ser los objetivos oportunos del proceso
educativo en este grupo de población específica y cuál, de entre todos los posibles, puede
ser el mejor método que se debe utilizar para que realmente la educación sanitaria
contribuya a conseguir la tan deseada calidad de vida, en este caso de la población
anciana y su familia.
Dicho de otro modo, conocidas las llamadas contingencias situacionales del colectivo
de la tercera edad, es posible comenzar a planificar el proceso educativo de la educación
sanitaria, específicamente para este grupo de población.
A) Objetivos generales
Esta conceptualización de la educación sanitaria marca la pauta para establecer los
objetivos generales que, en el momento actual, debe perseguir el proceso educativo de la
526
población. La Organización Mundial de la salud sintetiza en tres estos objetivos
generales:
B) Objetivos específicos
De los objetivos generales enunciados, se desprenden los siguientes objetivos
específicos:
527
tercera edad; la especificidad, por tanto, de la educación sanitaria geronto-geriátrica no se
establece en función de los objetivos de salud que se quiere alcanzar, sino de la forma en
conseguir idénticos logros, en definitiva, en función de la organización del proceso
educativo, según el método de planificación y ejecución de los distintos Programas de
Educación Sanitaria.
Obviamente, en el proceso de la educación sanitaria los objetivos pueden alcanzarse
por distintos caminos, según distintos modelos de educación sanitaria.
528
cuyo objetivo final es la consecución del grado más óptimo de calidad de vida para la
población tanto sana como enferma.
El Modelo Integrador defiende la educación sanitaria como una labor de equipo, no
sólo multidisciplinar, sino también ‘interdisciplinar en la que la máxima pero no exclusiva
responsabilidad, recae sobre todos los profesionales sanitarios, siempre que estén
debidamente capacitados, y no sólo sobre el profesional médico, como algún modelo
defiende.
En el caso de la atención geriátrica, y concretamente de la educación sanitaria
geronto-geriátrica, se ha puesto ya de manifiesto la indisolubilidad que tienen las
estructuras sanitarias y sociales para la consecución del objetivo último: la mejora de la
calidad de vida en los individuos de 65 y más años, en este caso concreto, tanto sanos
como enfermos.
La mejora de la calidad de vida del individuo como objetivo final del proceso
educativo, ha de pasar necesariamente por la modificación de hábitos de vida. En este
sentido, un importante factor motivador que se ha de tener siempre en cuenta,
especialmente en la población geriátrica, es el nivel tanto cultural como de creencias y
convicciones tan arraigadas, por otro lado, en este colectivo.
Por ello, el proceso educativo debe basarse en los métodos bidireccionales de
comunicación, huyendo de los unidireccionales que defienden la pedagogía tradicional,
para que a través de un proceso inicialmente informativo se pueda establecer un
verdadero proceso educativo, estimulando el razonamiento y la convicción interna del
individuo, para que pueda comprender, aceptar e interiorizar los cambios propugnados
desde los distintos Programas de Educación Sanitaria Geronto-Geriátrica. Esto es, que
para que se produzca el cambio en los hábitos de vida, es necesario generar previamente
una modificación en la actitud de la población frente a la salud.
Si bien el cambio de actitud supone una condición previa y necesaria, no es
suficiente para conseguir siempre y en todos los casos una modificación de hábitos. No
es positivo actuar sobre los factores internos del individuo (actitudes) olvidando los
factores externos que le influencian; en el proceso educativo se debe intervenir tanto
sobre los factores personales (costumbres, creencias, convicciones y actitudes) como
sobre los factores externos del medio ambiente social, que en la tercera edad pueden
identificarse fundamentalmente en el medio familiar y en las relaciones sociales con otros
individuos o grupos.
En definitiva, el Modelo Integrador (figura 39.1) si bien adopta la estructura básica
del llamado modelo preventivo o actitudinal, también conocido en la literatura más
especializada como modelo KAP (Knowledge-Attitudes-Practices), establece en su
desarrollo matices importantes que pueden resumirse en los siguientes:
529
fundamental para incidir eficazmente en el área de las actitudes.
– Las contingencias situacionales de la población, incluyendo factores personales
y del medio ambiente social, resultan decisivas para conducir eficazmente el
proceso de enseñanza-aprendizaje.
Uno de los aspectos más valiosos que tiene la comunicación humana, con sus
componentes verbal y no verbal, es la bidireccionalidad que permite entre el emisor y el
receptor, siendo esta posibilidad de doble flujo la que marca la máxima diferencia entre la
información y el proceso de comunicación que debe establecerse en un verdadero
proceso educativo.
El ejemplo más claro de lo que es y cómo se transmite la información, está
representado por la encomiable labor diaria que desarrollan los medios de comunicación
social, tanto prensa escrita como radio y televisión. Este último, como medio de
comunicación de masas por excelencia, dado su gran poder audiovisual es, también por
excelencia, el gran “informador”. El televidente, ante este medio, no tiene opción de, una
vez que ha recibido el mensaje correspondiente, responder al mismo y trasladar sus
opiniones, experiencias e incluso interrogantes que permitan a su vez al emisor, desde el
medio de comunicación, modificar ese mensaje adaptándolo a las contingencias concretas
de cada individuo o grupos de población, es decir, a sus características sociales,
culturales, económicas e incluso personales, que hacen de cada persona un ser único e
individual, en el complejo entramado del medio ambiente social. Es decir, que en el
proceso de comunicación, emisor y receptor alternan sus papeles continuamente, siendo
posible adaptar el código a las necesidades individuales, gracias a la retroalimentación
continua que existe, y de la cual adolece la transmisión de información, que por otra
parte ha de ser sin duda la primera fase de cualquier proceso de comunicación en la
530
intervención educativa. Uno de los a mas de la comunicación que recoge el fenómeno del
feedback o retroalimentación y su importancia en el proceso educativo, es aquel que
afirma que “lo importante no es lo que dice el emisor, sino lo que entiende el receptor”.
Este axioma invita a una reflexión importante que se debe considerar en cualquier
proceso de comunicación; hay que tener en cuenta la presencia de un “virus”
fundamental como es la percepción de cada individuo, es decir, lo que cada uno p de
interpretar ante una misma realidad, ante un mismo mensaje, condicionado de nuevo por
las denominadas contingencias situacionales. Mientras que esta percepción puede ser
modificada gracias a la bidireccionalidad de la comunicación en el proceso educativa, no
ocurre igual en el fenómeno de la información.
Se ha hecho referencia a la televisión como modelo de medio informador, pero,
desde luego, la prensa escrita o la radio no escapan tampoco de este hecho. Cuando
alguien lee un diario, e incluso un libro, no tiene oportunidad ce comentar, preguntar o
simplemente sugerir, de un modo directo, a sus autores, es decir, actúa como receptor
pasivo de un mensaje, de una información ante la que no tiene posibilidad alguna de
réplica. No quiere decir esto que la información, como fenómeno social como tal no sea
válida, sino muy al contrario, resulta valiosísima en la primera fase de cualquier proceso
educativo, toda vez que informando a la población se contribuye a “despertar
conciencias” y sensibilizar ante los temas relacionados con la enfermedad o la salud del
individuo anciano y de su familia. Dicho de otro modo, la información correcta permite
generar en la población actitudes positivas frente a su propia salud, y desde esta actitud,
y a través del proceso de enseñanza-aprendizaje basado en la comunicación
bidireccional, sí se produce la adquisición de conocimientos, destrezas y habilidades,
cuyo fruto es la aptitud, en otras palabras, la aplicación de esos conocimientos en general
en beneficio de un mayor grado de salud.
Sin embargo, no es esto lo que persigue realmente el proceso educativo de la
educación sanitaria, sino que como tal proceso educativo, su fin último es la
incorporación de hábitos saludables a su vida diaria; para ello es necesario introducir
estímulos continuos que refuercen el mantenimiento de las actitudes conseguidas.
Otro aspecto a destacar es la importancia que tienen los medios de comunicación
social en su papel de “intermediarios” en el propio proceso educativo. La labor de estos
medios es, no sólo útil, sino necesaria como integrantes “de primera línea” del equipo
interdisciplinar, teniendo la responsabilidad de actuar como agentes de educación
sanitaria con la comunidad.
Ciertamente es condición sine qua non el verdadero trabajo en equipo como
agentes de educación sanitaria, toda vez que los “profesionales de la salud” conocen el
contenido de los mensajes que necesita la población para adoptar una postura
independiente y autorresponsable frente a su salud, pero los profesionales de la
información, en este caso, conocen las técnicas apropiadas para transmitir esos mensajes
de la forma más atractiva, es decir, conocen el márketing, sus posibilidades y sobre todo,
cómo llegar a presentar la salud como una necesidad tanto para la población sana como
para la población enferma, elevando el concepto salud en la escala de valores de la
531
población general y geriátrica en particular.
Por otra parte, la población de la tercera edad supone, en base a los condicionantes
socio-sanitarios del propio envejecimiento, un colectivo con una actitud receptiva ante lo
que suponen, en términos genéricos, los conceptos de salud y calidad de vida, porque,
en muchos casos, están experimentando su defecto e incluso los han perdido.
De todas las etapas del ciclo vital, es en la tercera edad cuando más y mejor se sabe
del significado de ambos conceptos, cuando más y mejor se valoran y cuando más se
siente la necesidad de mantenerlos, e incluso de potenciarlos.
El conocimiento de las distintas técnicas de motivación adecuadas para provocar y
potenciar esta sensibilización de la población frente a la salud, supone una parte
importante en la necesaria formación de profesionales (sanitarios y no sanitarios) en
materia de educación sanitaria, máxime si se tiene en cuenta la escasa cultura del
envejecimiento que existe en la sociedad actual; el individuo joven o adulto, que además
se considera “sano”, percibe la vejez generalmente como algo ajeno, o en el mejor de los
casos, como un futuro, un remoto futuro.
Por último, y para completar las bases en las que asienta su filosofía el Modelo
Integrador de Educación Sanitaria, resulta fundamental destacar, como uno de sus
objetivos principales, la consecución del cumplimiento terapéutico en la población, no
reduciendo éste únicamente al cumplimiento farmacológico, sino entendido como el
cumplimiento de todas las prescripciones terapéuticas en su conjunto: regímenes
dietéticos específicos, actividad física o reposo, medidas higiénicas y, por supuesto, dosis
y vías de administración de los distintos fármacos, en los casos en que estén indicados.
Si bien el cumplimiento terapéutico es un objetivo dirigido, lógicamente, a la
población general, no cabe duda de que cobra una especial importancia en el colectivo de
la tercera edad, dado que, por un lado, la presencia concomitante de distintos procesos
patológicos hacen de la prescripción terapéutica un verdadero laberinto para el anciano,
siendo necesario un seguimiento estricto y riguroso en este sentido. Pero, por otro lado,
son muchos los síntomas que pueden ser aliviados de forma eficaz y sin ningún tipo de
efectos secundarios ni interacciones medicamentosas, sin recurrir a los fármacos; una
adecuada hidratación combinada con una dieta rica en fibra sustituye de forma fisiológica
a los laxantes comercializados por la industria farmacéutica; la actividad física correcta y
equilibrada puede, en no pocas ocasiones, evitar la tan frecuente, por otro lado,
utilización de analgésicos en este colectivo; también el control y equilibrio en la dieta
contribuyen a disminuir la necesidad de antiácidos o el propio aporte de vitaminas extra,
tan extendido igualmente en la tercera edad.
El incumplimiento terapéutico está siendo causa en la población anciana de una alta
autoprescripción medicamentosa, con el riesgo de interacciones e incompatibilidades que
esto conlleva.
Ciertamente la automedicación en el anciano se ha convertido en una práctica
habitual, siendo también habituales los problemas derivados de ella. Recientemente ha
sido realizado un estudio en diversas residencias geriátricas ubicadas en Granada y sus
alrededores que, sobre una muestra de 416 ancianos de ambos sexos, ha puesto de
532
manifiesto que la automedicación era practicada por el 46% de los ancianos, oscilando el
número de medicamentos entre 1 y 3 por persona; el porcentaje de reacciones adversas
producidas entre los ancianos que se autoprescribían fue del 15%, y los fármacos más
frecuentemente autoprescritos eran los AINE, antiácidos, laxantes, xantinas,
anticolinérgicos y vitaminas.
Una de las conclusiones del estudio aporta, a modo de solución, la puesta en marcha
de un “plan geriátrico de atención global” que asegure la presencia de profesionales que,
en cada caso, pudieran ofertar soluciones alternativas al consumo de fármacos, ya que en
la mayoría de los casos éste no está justificado, pudiéndose resolver numerosas dolencias
con medidas de tipo no farmacológico.
Desde el punto de vista del Modelo Integrador, sería positivo incorporar a esta
medida la puesta en marcha de un Programa de Educación Sanitaria que modificara la
actitud de “culto al medicamento” y eduque al anciano y su entorno familiar, mediante un
proceso correcto de enseñanza-aprendizaje, entrenándole de forma práctica para que
sepa cómo poner en marcha este tipo de prescripciones no farmacológicas: cómo se
realiza un masaje abdominal, qué alimentos son ricos en fibra y cómo hay que ingerirlos
para aprovecharlos al máximo, etc.
En este sentido, el Modelo Integrador mantiene una máxima que, a buen seguro, no
necesita de consideraciones añadidas y que rescata la experiencia como fuente importante
de aprendizaje: “Se aprende aquello que se hace”.
533
geográfico de residencia, que establecerán condiciones distintas para los ancianos del
medio urbano o rural, o para los ancianos que en una misma ciudad residan en una zona
socialmente deprimida o en una zona residencial.
Esto quiere decir que es preciso delimitar las características de la población diana
específica a la que va dirigido el programa educativo: el estilo de vida y condicionantes de
los ancianos hipertensos de la región extremeña, por ejemplo, tienen connotaciones
distintas que los mismos individuos, ancianos e hipertensos de Mad
Conocida la población diana, es posible establecer los objetivos del Programa de
Educación Sanitaria Geronto-Geriátrica, ya que éstos se diseñan en función de aquélla, es
decir, han de ser lógicos, pertinentes y adaptados a las posibilidades reales y
características de la población concreta a la que van dirigidos. En otras palabras, un
Programa de Educación Sanitaria Geriátrica diseñado para una población específica es
como un “traje a medida”, y sólo servirá cabalmente para esa población concreta.
El diseño de los objetivos educativos ha de ser modesto, tanto cualitativa como
cuantitativamente, en base al mayor tiempo que necesita el anciano tanto para asimilar
conocimientos nuevos como para adquirir las destrezas necesarias. Por esta razón, los
objetivos han de plantearse en forma de pequeños logros de consecución progresiva,
evitando sentimientos de frustración innecesarios. Clásicamente la evaluación de la
actividad educativa se analiza como la última fase de todo el proceso de planificación. Sin
embargo, aunque la evaluación final se establece realmente tras la implementación de
todo el proceso educativo, el diseño de los instrumentos de evaluación que se van a
utilizar debe realizarse de forma paralela al propio diseño de objetivos.
Evaluar un Programa de Educación Sanitaria supone, en principio, valorar en qué
medida se ha logrado la consecución de los objetivos propuestos; así decidido cada
objetivo es posible diseñar inmediatamente cómo pretende evaluarse el mismo. Además,
conocer desde el principio cómo pretende evaluarse la acción educativa permite que la
evaluación continua deje de ser una utopía, siendo posible establecer una evaluación
dinámica desde el principio, a través de la cual pueden detectarse precozmente y
corregirse, por tanto, errores de planificación que de no conocerse abocarían al fracaso la
intervención educativa.
Establecidos los objetivos educativos, con sus instrumentos de educación
específicos, es necesario seleccionar los contenidos necesarios para su consecución, así
como las actividades más oportunas para vehicular el aprendizaje, teniendo en cuenta de
nuevo las características de la población anciana; es decir, planteando con sentido común
la metodología que mejor se adapta a esta etapa del ciclo vital. Establecer una lección
magistral, por ejemplo, para transmitir lo que es una dieta equilibrada, no conseguirá otra
cosa que provocar en el anciano confusión, mayor sentimiento de inferioridad y
desmotivación, e incluso abandono del programa educativo. Adaptar el lenguaje y la
metodología al nivel cultural e intelectual es fundamental para asegurar el éxito de un
Programa de Educación Sanitaria Geronto-Geriátrica.
En este sentido, resulta positivo combinar las acciones individuales con las grupales,
de tal forma que al esfuerzo directo se sume el intercambio de experiencias que propicia
534
el contacto con otras personas que viven una misma situación o problema.
Otro aspecto importante de la metodología educativa, sobre todo en el caso de la
tercera edad, es la integración sistemática del núcleo familiar en el proceso educativo,
siendo fundamental contemplar la inclusión directa del cónyuge o algún miembro de la
unidad familiar en el propio Programa de Educación Sanitaria, ya que facilita no sólo el
aprendizaje, sino incluso la mayor integración del anciano en su medio ambiente familiar.
La planificación de un Programa de Educación Sanitaria se hace extensiva
igualmente a los recursos tanto humanos como materiales, e incluso financieros, cuando
sean necesarios, que se prevé habrá que utilizar en la ímplementación del mismo.
En resumen, el proceso de planificación de un Programa de Educación Sanitaria
supone la fase previa a la ejecución del mismo, así como una inversión de tiempo y
esfuerzo, cuyo beneficio será la mejora en la calidad de vida de la población y, la
satisfacción personal de los profesionales de la salud.
No cabe duda de que los esfuerzos dedicados a mejorar la atención socio-sanitaria al
colectivo la tercera edad supone, no sólo un derecho, sino una inversión que además de
merecida, redundará en beneficio de toda la población, dado que toda la humanidad, sin
excepción, lucha diariamente por el deseo de llegara viejo y además disfrutar de ello.
En definitiva, la educación sanitaria ha de perseguir como objetivo fundamental la
mejora de la calidad de vida, o dicho en otras palabras, “dar vida a los años” y no sólo
“años a la vida”.
535
40
Aspectos éticos de la atención geriátrica
Objetivos
40.1. Introducción
536
Frente a esta actitud restrictiva, otros autores señalan la creciente importancia de la
ética de la fragilidad, es decir, la exigencia ética de atender a las personas menos
favorecidas biológica o socialmente, entre los que se encuentran, obviamente, los
ancianos.
A continuación se analizarán brevemente las cuestiones éticas más relevantes en la
atención a los ancianos.
537
utilitarismo) no implican necesariamente una redistribución de los recursos a favor de una
minoría menos aventajada. Las otras dos teorías pueden implicar una distribución
equitativa de recursos.
En cualquier caso, la edad cronológica no es per se un factor determinante para
establecer criterios discriminativos. Otros factores, como la edad biológica, es decir, la
mejor o peor situación de las funciones vitales, la calidad de vida actual y previsible, los
deseos del anciano y la disponibilidad de recursos, deben igualmente tenerse en cuenta en
la toma de decisiones.
Por otra parte, hay que considerar que cada paciente, en tanto que persona, tiene un
intrínseco valor, cualesquiera que sean su condición social, raza, sexo, creencias y edad
y, además, el profesional sanitario debe estar vinculado al paciente por la implícita
promesa o acuerdo de actuar siempre en el mayor interés de éste.
538
40.4. Malos tratos institucionales y familiares
539
problemas éticos en medicina e investigación biomédica y conductual, referidos en este
caso a la reanimación cardiopulmonar (RCP), se exponen en el cuadro 40.1.
CUADRO 40.1
Reanimación cardiopulmonar en pacientes capaces. Actuación de los sanitarios en
relación con las preferencias del paciente
Fuente: Comisión Presidencial de Estados Unidos para el estudio de problemas éticos en medicina e investigación
biomédica y conductual. “Decisión para suspensión de medidas de soporte vital”. Government Printing Office.
Washington. 1983: 244.
540
respetarse en aquellos que son capaces para comprender y discernir acerca de
los riesgos y beneficios del tratamiento, de sus alternativas, de las posibilidades
de éxito y del pronóstico.
Los profesionales de enfermería deben colaborar con los demás
profesionales sanitarios en las deliberaciones y participar activamente en la
toma de decisiones.
b) Decisiones de suspender medidas de soporte vital en pacientes incapaces: El
equipo sanitario debe valorar la capacidad de decisión del anciano. Si no es
capaz para decidir, se debe contar con la opinión previa del anciano y sus
valores y creencias, con las opiniones de sus familiares más allegados y
también con la existencia o no del testamento vital o disposiciones similares
(aún sin fuerza vinculante, jurídicamente, en nuestro país).
40.7. Eutanasia
La eutanasia, entendiendo como tal la acción u omisión deliberada que tiene por
finalidad acabar con la vida de un paciente a petición de éste, es ilegal en la mayoría de
los países. En Holanda está permitida en algunas circunstancias y siguiendo determinadas
pautas.
Quienes se oponen a la práctica de la eutanasia subrayan el riesgo de abuso en la
aplicación de la misma, incluso a personas que no la hubieran solicitado, bien a petición
de familiares o por decisión médica basada en criterios no objetivos.
Los argumentos de los partidarios de la eutanasia remarcan el derecho de una
persona a poner fin a su vida, en el caso de sufrimiento insoportable. Con frecuencia
estos sufrimientos pueden aliviarse en las unidades de cuidados paliativos, donde el
control del dolor y de otros síntomas graves (disnea, náuseas, vómitos, etc.), el apoyo
psicológico y la atención y cuidados de los profesionales sanitarios y los familiares
disminuyen las peticiones de eutanasia por parte de estos pacientes.
La Sociedad Geriátrica Americana se opone a la eutanasia y opina que, mientras las
inyecciones letales pueden ser apropiadas para los escasos pacientes que sufren dolores
intratables, existe un gran riesgo de abuso para los miembros más frágiles (enfermos
crónicos, incapacitados, dementes,…) de la sociedad. También muestra preocupación
porque la eutanasia legal reduciría la motivación de la sociedad para desarrollar
programas que mejoren la asistencia a los moribundos. Igualmente, considera que la
eutanasia podría ser vista como un modo de contener los costes sanitarios.
Desde la perspectiva ética, los partidarios de la eutanasia afirman que el principio de
autonomía es superior a cualquier otra consideración en los casos de sufrimiento
intolerable. Los contrarios a la práctica de la misma consideran que el bien individualel
derecho a la eutanasia– está siempre subordinado al bien colectivo, representado por el
derecho del individuo a la vida y el deber del Estado de proteger la vida humana. Una
despenalización de la eutanasia podría vulnerar principios fundamentales.
541
40.8. Mantenimiento de los cuidados
CUADRO 40.2
Mantenimiento de tratamientos y cuidados en los ancianos
542
543
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550
COLECCIÓN
SERIE: FISIOTERAPIA
Fundamentos de fisioterapia
S. Alcántara M. A. Hernández, E, Ortega
y M.V. Sanmartín
SERIE: ENFERMERÍA
551
Salud mental: Enfermería psiquiátrica
Coordinador: Julio Bobes García
Enfermería geriátrica
Coordinador: Andrés Pérez Melero
552
Pamela Stinson Kidd y Kathleen Dormán Wagner
553
Índice
Portada 2
Créditos 4
Índice 9
Agradecimientos 19
INTRODUCCIÓN 20
PARTE I. PRINCIPIOS DE GERONTOLOGÍA 22
1. ANTROPOLOGÍA DE LA VEJEZ 23
1.1. Introducción 23
1.2. El viejo en las distintas culturas 23
1.3. Aspectos antropológicos de la ancianidad en las sociedades industriales 24
2. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS Y SOCIALES DEL ENVEJECIMIENTO 29
2.1. Introducción 29
2.2. Conceptos demográficos 30
2.3. Aspectos sociales 35
3. EL PROCESO BIOLÓGICO DEL ENVEJECIMIENTO 38
3.1. Introducción 38
3.2. Teorías del envejecimiento 39
3.3. Teorías genéticas 40
3.4. Teorías estocásticas 43
3.5. Teoría integradora 47
4. CARACTERÍSTICAS DEL ENVEJECIMIENTO EN EL ORGANISMO 49
4.1. Introducción 49
4.2. El envejecimiento de células del tejido conjuntivo 50
4.3. Sistema cardiovascular 51
4.4. Aparato respiratorio 52
4.5. Sistema musculoesquelético 53
4.6. Sistema nervioso 53
4.7. Aparato digestivo 55
4.8. Sistema endrocrino 56
4.9. Otras manifestaciones del envejecimiento 56
5. ASPECTOS PSICOSOCIALES DEL ENVEJECIMIENTO 59
5.1. Introducción 59
554
5.2. Concepto de inteligencia 60
5.3. Métodos de investigación 61
5.4. Procesos mnésicos 64
5.5. Clasificación de los diferentes tipos de memoria 65
5.6. Aprendizaje 67
5.7. Sociología de la ancianidad 68
6. LA MARCHA DEL ANCIANO 71
6.1. Introducción 71
6.2. La marcha humana 71
6.3. Características de la marcha del anciano 73
6.4. Causas de trastornos de la marcha en los ancianos 75
6.5. Valoración del equilibrio y de la marcha del anciano 76
PARTE II. CUIDADOS GENERALES DEL ANCIANO 80
7. LA FUNCIÓN DE LA ENFERMERÍA EN EL CUIDADO DE LOS
81
ANCIANOS
7.1. Introducción 81
7.2. El equipo asistencial en geriatría 82
7.3. Ámbitos de actuación de la enfermería 84
8. LA HISTORIA CLÍNICA EN ENFERMERÍA GERIÁTRICA 86
8.1. Introducción 86
8.2. Datos recogidos en la historia clínica 86
8.3. Modelo de historia clínica de enfermería en geriatría 87
9. VALORACIÓN GERIÁTRICA 96
9.1. Introducción 96
9.2. Concepto de valoración geriátrica 96
9.3. Objeto de la valoración geriátrica: el anciano frágil 97
9.4. Objetivos de la valoración geriátrica 98
9.5. Componentes de la valoración geriátrica 100
9.6. Evaluación de la función física 102
9.7. Valoración mental 109
9.8. Evaluación de la función social 114
9.9. Modelo de evaluación geriátrica 115
9.10. Eficacia de la valoración geriátrica 116
10. MEDIDAS PREVENTIVAS Y CUIDADOS BÁSICOS EN EL ANCIANO 118
10.1. Introducción 118
555
10.2. Medidas preventivas 118
10.3. Cuidados básicos 122
11. NUTRICIÓN 125
11.1. Nutrición y envejecimiento 125
11.2. Factores que influyen en las necesidades nutricionales de las personas
126
ancianas
11.3. Necesidades nutricionales en los ancianos 128
11.4. Malnutrición en el anciano 130
11.5. Recomendaciones y raciones dietéticas en el anciano 134
12. ACTIVIDAD FÍSICA 140
12.1. Introducción 140
12.2. Finalidad del ejercicio físico en el paciente geriátrico 140
12.3. Beneficios del ejercicio físico 141
12.4. Evaluación y prescripción del ejercicio físico en el anciano 143
12.5. Elaboración de un programa de actividad física 145
12.6. Programas de ejercicios básicos 147
13. UTILIACIÓN DE FÁRMACOS EN EL ANCIANO 157
13.1. Introducción 157
13.2. Factores responsables de la modificación de la respuesta
157
farmacológica en los ancianos
13.3. Principios generales de prescripción en pacientes geriátricos 163
13.4. Utilización de grupos farmacológicos específicos 165
14. PRINCIPIOS DE FISIOTERAPIA EN GERIATRÍA 175
14.1. Introducción a la gerontofisioterapia 175
14.2. Características de la gerontofisioterapia 176
14.3. Principios de gerontofisioterapia 177
14.4. Indicaciones de la gerontofisioterapia 177
15. TERAPIA OCUPACIONAL EN GERIATRÍA 186
15.1. Introducción 186
15.2. Concepto de terapia ocupacional 186
15.3. Objetivo y enfoque de la terapia ocupacional 187
15.4. Actividades de la vida diaria y ayudas técnicas 191
15.5. Valoración psicológica y funcional en terapia ocupacional 192
15.6. La terapia ocupacional y la familia 193
15.7. Procesos patológicos susceptible; de tratamiento en terapia
194
ocupacional
556
PARTE III. CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN PROBLEMAS 196
COMUNES DE LOS ANCIANOS
16. TRASTORNOS DEL SUEÑO 197
16.1. Introducción 197
16.2. Epidemiología de los trastornos del sueño en ancianos 198
16.3. Trastornos del sueño 200
16.4. Diagnóstico 201
16.5. Tratamiento 202
17. ALTERACIONES SENSORIALES EN EL ANCIANO 207
17.1. Introducción 207
17.2. Visión 207
17.3. Oído 216
17.4. Olfato 218
17.5. Gusto 218
17.6. Tacto 219
18. SALUD BUCAL EN EL ANCIANO 220
18.1. Efectos del envejecimiento en el estado de salud de las estructuras
220
bucales
18.2. Xerostomía 224
19. PROBLEMAS CUTÁNEOS EN EL ANCIANO 227
19.1. Envejecimiento cutáneo 227
19.2. Problemas cutáneos más frecuentes 229
19.3. Úlceras por presión 233
20. EL PIE DEL ANCIANO 242
20.1. Introducción 242
20.2. Alteraciones estructurales en la tercera edad 242
20.3. Problemas dermatológicos del pie del anciano 245
20.4. Trastornos de las uñas en d anciano 249
20.5. Vasculopatías periféricas en el anciano 250
20.6. Neuropatía diabética en el anciano 251
20.7. Criterios de valoración del profesional de enfermería en el pie
252
geniátrico
PARTE IV CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN LOS SÍNDROMES
258
GERIÁTRICOS Y OTROS PROBLEMAS DE SALUD
21. VÉRTIGO Y SÍNCOPE 259
557
21.1. Vértigo 259
21.2. Síncope 264
22. ALTERACIONES HIDROELECTROLÍTICAS Y DE LA
268
TERMORREGULACIÓN
22.1. Introducción 268
22.2. Alteraciones hidroelectrolíticas 268
22.3. Alteraciones de la termorregulación 271
23. INCONTINENCIAS 280
23.1. Introducción 280
23.2. Incontinencia urinaria 280
23.3. Incontinencia fecal 289
24. ESTREÑIMIENTO DIARREA 293
24.1. Introducción 293
24.2. Estreñimiento 293
24.3. Diarrea 298
25. INMOVILIDAD 304
25.1. Concepto de inmovilidad 304
25.2. Causas de inmovilidad en el paciente geriátrico 304
25.3. Consecuencias de la inmovilidad en el anciano 307
25.4. Valoración del anciano inmovilizado 308
26. CAÍDAS, TRAUMATISMOS Y FRACTURAS EN EL ANCIANO 313
26.1. Introducción 313
26.2. Tipos de traumatismos 314
26.3. Fracturas 314
26.4. Fracturas más frecuentes en el anciano 317
26.5. Reducción del coste en el paciente traumatizado 325
27. TRASTORNOS NEUROLÓGICOS 326
27.1. Introducción 326
27.2. Enfermedad vascular cerebral 327
27.3. Enfermedad de Parkinson 339
28. DEMENCIAS 352
28.1. Concepto de demencia 352
28.2. Tipos de demencia 355
28.3. Epidemiología 356
28.4. Enfermedad de Alzheimer 357
28.5. Demencia vascular 371
558
28.6. H. Problemas asociados en las demencias 375
28.7. I. Estrategias asistenciales 376
28.8. J. Recursos asistenciales para la demencia 376
29. TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS 384
29.1. Introducción 384
29.2. Trastornos ansiosos 385
29.3. Trastornos del humor 388
29.4. Trastornos delirantes 393
29.5. Trastornos mentales orgánicos 394
29.6. Alcoholismo y abuso de otras sustancias 396
29.7. Patología psiquiátrica derivada de la farmacoterapia 397
30. TRASTORNOS CARDIOVASCULARES 402
30.1. Introducción 402
30.2. Fisiopatología 403
30.3. Síndromes más frecuentes en el anciano 404
30.4. Procedimientos diagnósticos 408
30.5. Procedimientos terapéuticos 408
31. TRASTORNOS RESPIRATORIOS 415
31.1. Introducción 415
31.2. Neumonía 416
31.3. Limitación crónica al flujo aéreo 419
31.4. Tromboembolismo pulmonar 422
32. TRASTORNOS DIGESTIVOS 425
32.1. Introducción 425
32.2. Alteraciones en la cavidad oral 426
32.3. Disfagia 427
32.4. Dolor retroesternal o epigástrico 429
32.5. Anorexia, náuseas y vómitos 430
32.6. Dolor abdominal 431
32.7. Hematemesis, melenas y rectorragia 433
32.8. Incontinencia fecal 435
33. TRASTORNOS RENALES Y UROLÓGICOS 436
33.1. Introducción 436
33.2. Cambios morfológicos y funcionales del aparato renal 436
33.3. Diálisis 437
559
33.4. Aféresis 441
34. TRASTORNOS ENDOCRINOLÓGICOS Y METABÓLICOS 446
34.1. Introducción 446
34.2. Hipotiroidismo 446
34.3. Diabetes mellitus 449
34.4. Dislipidemias 458
35. TRASTORNOS OSTEOARTICULARES 462
35.1. Introducción 462
35.2. Problemas articulares 462
35.3. Trastornos óseos 469
36. CUIDADOS PERIOPERATORIOS 479
36.1. Introducción 479
36.2. Riesgos perioperatorios 480
36.3. Intervenciones más frecuentes 484
36.4. Complicaciones postoperatorias 488
37. CUIDADOS PALIATIVOS 495
37.1. Introducción 495
37.2. Historia de los cuidados paliativos 495
37.3. Enfermedad terminal 497
37.4. Objetivos y bases terapéuticas de los cuidados paliativos 498
37.5. La familia del paciente en situación terminal 499
PARTE V. ASPECTOS SOCIOSANITARIOS DE LA ATENCIÓN
511
GERIÁTRICA
38. RECURSOS ASISTENCIALES 512
38.1. Introducción 512
38.2. Características de la enfermedad en el anciano 512
38.3. Recursos asistenciales 513
38.4. Importancia de los cuidados continuados 514
38.5. Otros niveles asistenciales geriátricos 515
38.6. El papel de la enfermería en esta organización asistencial 516
39. EDUCACIÓN SANITARIA 517
39.1. Introducción 517
39.2. Condicionantes sociosanitarios del envejecimiento 518
39.3. La educación sanitaria en la atención geriátrica 521
39.4. La educación sanitaria geronto-geriátrica 526
560
40. ASPECTOS ÉTICOS DE LA ATENCIÓN GERIÁTRICA 536
40.1. Introducción 536
40.2. La edad como factor en las decisiones médicas 537
40.3. Autonomía del anciano 538
40.4. Malos tratos institucionales y familiares 539
40.5. Reanimación cardiopulmonar 539
40.6. Suspensión de medidas de soporte vital 540
40.7. Eutanasia 541
40.8. Mantenimiento de los cuidados 542
BIBLIOGRAFÍA 544
561