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NEC: Transformación en la Guerra Moderna

Este documento analiza la división clásica de la conducción de operaciones militares en tres niveles - estratégico, operacional y táctico - y cómo el concepto de Network Enabled Capability (NEC) ha cuestionado parcialmente esta división. Aunque la OTAN ha incorporado el NEC a su doctrina, algunas voces discrepan sobre su validez y efectos en conceptos como los de Clausewitz.
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NEC: Transformación en la Guerra Moderna

Este documento analiza la división clásica de la conducción de operaciones militares en tres niveles - estratégico, operacional y táctico - y cómo el concepto de Network Enabled Capability (NEC) ha cuestionado parcialmente esta división. Aunque la OTAN ha incorporado el NEC a su doctrina, algunas voces discrepan sobre su validez y efectos en conceptos como los de Clausewitz.
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BOLETÍN DE INFORMACIÓN

(CENTRO SUPERIOR DE ESTUDIOS DE LA DEFENSA NACIONAL)

SUMARIO

Colaboraciones
— La esencia de la guerra y el concepto NEC .............. 5
— La corriente salafía y su conexión con el yihadía....... 27
— El soft power de la Unión Europea: ¿Es suficiente
para el papel mundial que desea jugar?.................... 48
— El desafío de los terrorismos fundamentalistas islá-
micos: una aproximación necesaria .......................... 68
— Las guerras del siglo XXI interpretadas en clave del
pensamiento de algunos clásicos orientales ........... 89
— Enfrentamientos asimétricos. la respuesta del esta-
do español frente a la primera oleada de terrorismo
moderno (1880-1902) ................................................. 112
— El Sáhara Occidental y la seguridad de España: evo-
lución de la cuestión tras la ocupación marroquí ...... 151
Actividades del Centro

Las ideas contenidas en estos trabajos son de responsabilidad de sus


autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN,
que patrocina su publicación.

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CATÁLOGO GENERAL DE PUBLICACIONES OFICIALES


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Edita:

MINISTERIO SECRETARÍA
DE DEFENSA GENERAL
TÉCNICA

NIPO: 083-12-027-3 (edición en libro-e)     NIPO: 083-12-026-8 (edición en línea)


ISSN: 2254-2523
Depósito Legal: M-4350-1987
Fecha de edición: marzo, 2012

URL de la obra:
http:/www.portalcultura.mde.es/publicaciones/
COLABORACIONES
Boletín de Información, número 322

LA ESENCIA DE LA GUERRA
Y EL CONCEPTO NEC

Luis Astorga González


Capitán de fragata

La división de la conducción de las operaciones militares en tres niveles: estratégico,


operacional y táctico responde a la dificultad de mandar grandes fuerzas en campa-
ñas complejas. El arte operacional nació durante el siglo XIX, pero su necesidad ha
sido cuestionada de forma reiterada por los cambios que, supuestamente, se han
producido desde entonces en la naturaleza de la guerra.
Para algunos pensadores la mejora en las tecnologías de la información –que ha faci-
litado el desarrollo de conceptos como el NEC– convierte en obsoletos los principios
de Clausewitz y diluye los tres niveles clásicos de conducción de las operaciones.

Introducción

La guerra es un fenómeno muy antiguo, tanto quizá como la especie hu-


mana. Al principio quizá no era más que una burda lucha por la comida
o por el territorio entre tribus muy pequeñas. Pero a medida que las or-
ganizaciones sociales fueron ganando tamaño y sofisticación, también la
guerra fue aumentando su complejidad, complejidad que no ha dejado
de crecer de forma exponencial en estos últimos dos siglos.
Durante la historia de la guerra, que ha sido la de la humanidad (1), ha ha-
bido muchas «revoluciones» militares, normalmente originadas por avan-
ces técnicos o importantes transformaciones sociales. Sin embargo, sólo
con la llegada de la Revolución Industrial se producen las condiciones
suficientes para que se desarrolle el pensamiento militar contemporáneo:

(1) Para GRAsA, Rafael: «La guerra es una institución social que ha pervivido en todas las
transformaciones de la sociedad humana a lo largo de la Historia.» Cincuenta años
de evolución de la investigación para la paz. Tendencias y propuestas para observar,
investigar y actuar, Oficina de Promoció de la Pau i dels Drets Humans, Barcelona,
2010.

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Boletín de Información, número 322

la combinación, por un lado, del crecimiento del tamaño de los ejércitos


(Napoleón manejaba millones de hombres) y por otro el gran aumento de
las capacidades y recursos de los Estados. La casi imposibilidad de man-
dar esos grandes ejércitos con los medios que se habían usado hasta
entonces forzaron a la reflexión, y fue seguramente uno de los detonantes
de la aparición de los tratados de grandes pensadores militares como
Clausewitz o Jomini.
Aunque hay muchas formas de acometer problemas complejos, es el na-
cimiento del método científico (2) el que estableció las bases para hacerlo
con rigor. Es sobre todo el racionalismo descartiano (3) el origen del mé-
todo analítico-sintético, que grosso modo consiste en que los problemas
se dividen en partes cada vez más pequeñas hasta que éstas llegan a
convertirse en cuestiones simples, fáciles de resolver. Después se inte-
gran las soluciones parciales hasta obtener una respuesta al problema
planteado. El método analítico-sintético presenta sin duda limitaciones
–como es lógico–; pero ha conseguido, por ejemplo, hazañas tan nota-
bles como la de que el hombre llegase a la Luna con los medios disponi-
bles en la década de los años sesenta del pasado siglo.
Es la complejidad de los conflictos la que generó la invención durante el
siglo XIX de los tres niveles de conducción de la guerra que tan habituales
nos resultan a los profesionales de la milicia: el estratégico, el operacio-
nal y el táctico, niveles que se han mantenido más o menos invariables
hasta nuestros días. Y que responden a ese paradigma analítico-sintético
de división de los problemas complejos e integración de las soluciones
parciales al que ya hemos hecho referencia.
La estrategia y la táctica existen como dominios separados desde hace
largo tiempo; ya en la segunda guerra púnica se reprochaba a Aníbal su
maestría táctica y sus repetidos fracasos estratégicos (4). Pero ese ni-
vel de enlace entre la Táctica y la Estrategia al que denominaremos arte

(2) Método producto de las ideas alumbradas en el siglo XVI por Descartes (padre del
racionalismo) y por Francis Bacon (padre del empirismo).
(3) descARtes, René: El discurso del Método.
(4) «Tú tienes la habilidad para ganar batallas, Aníbal, pero no sabes cómo utilizar la victo-
ria». Tito Livio, 22, 54. Queja de Marhabal, jefe de la caballería de Aníbal, tras la victoria
de Carinas, en la que masacraron a 45.000 romanos sin que Aníbal se decidiese des-
pués a atacar a la ciudad de Roma.

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Boletín de Información, número 322

operacional (5) surge en el contexto histórico de los grandes ejércitos del


siglo XIX al que ya nos hemos referido, y no antes, porque antes no era
necesario.
El esquema de tres niveles de conducción –que es el que está en vigor,
no sólo en la Doctrina Conjunta Española (6) sino prácticamente en todas
las naciones de la Alianza Atlántica–, no ha estado, sin embargo, libre de
ataques durante su ya largo siglo de vida. Pero es en el nacimiento del
siglo XXI cuando se habla de la aparición de una profunda transformación
de los «asuntos militares», y reputados oficiales y pensadores creen que
una buena parte de la doctrina sobre la que se ha edificado la conducción
de la guerra en Occidente ya no es válida.
Y ello porque ha aparecido un concepto, que ciertamente todavía es difuso,
el NEC (Network Engagement Capability o Network Enabled Capability (7),
que para estos autores invalida, al menos parcialmente, la división de las
operaciones militares en los tres niveles clásicos de conducción; pero
que además pone también en cuestión algunos otros fundamentos teóri-
cos de cómo entendemos la guerra, sobre todo los clausewitzianos, para
introducir conceptos nuevos, tales como el combate en red, los efectos,
o la auto-sincronización.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no ha dudado en
incorporar el NEC a su doctrina. El apoyo a este concepto es mayoritario;
y aunque hay algunas voces discrepantes (8), están ahogadas por la ma-
rea. En España el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) en el año
2004 (9) aprobó un concepto NEC para las Fuerzas Armadas; y en el Es-
tado Mayor de la Defensa (EMAD) y en la Unidad de Transformación del

(5) En Estados Unidos se empezó a usar «operacional» y no operativo para diferenciarlo


del término operaciones, omnipresente en la jerga militar y por tanto fácil de confundir.
(6) Según recoge la PDC-01 (Doctrina para la Acción Conjunta de las Fuerzas Armadas
de mayo de 2009).
(7) Ambas acepciones se refieren al mismo concepto y el uso de uno u otro término depen-
de de cada nación; se habla también de Network Centric Operations, Network Centric
Warfare, Info Centric Warfare, etc. Todos estos términos y otros similares se refieren
básicamente al mismo concepto, que consiste grosso modo en organizar la batalla
alrededor de las posibilidades que da la interconexión de armas y sensores en red.
(8) Por ejemplo Milán Vego, profesor del Naval War College y quizá el más reputado estu-
dioso del arte operacional de hoy en día.
(9) Concepto NEC del JEMAD.

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Boletín de Información, número 322

las Fuerzas Armadas (UTRAFAS) el NEC y su desarrollo aparecen como


transversales en todos los planes de futuro de las Fuerzas Armadas.
El propósito de este artículo es analizar si en efecto el NEC cambia la
ecuación de la guerra, y si es cuestión sólo de tiempo que aparezca un
tratado NEC equivalente al de Carl von Clausewitz; el almirante Cebrows-
ki –uno de los padres del NEC– decía en el año1998 en su célebre ar-
tículo en la revista Proceedings: «There is as yet no equivalent to Carl
von Clausewitz’s On War for this second revolution» (10). El almirante
Cebrowski sostiene que mientras no se escriba el tratado teórico que
sustente el desarrollo del NEC habrá que usar los modelos análogos de
los que disponemos –básicamente los económicos– para ir avanzando
en su implantación, porque para Cebrowski el NEC ha vuelto obsoleta la
ecuación de la guerra clausewitziana.
Adelanto que mi modesta opinión es contraria a la del almirante Ce-
browski, y que no sólo la tradicional división de niveles de conducción
apuntada por Jomini sigue en vigor, sino que además Clausewitz debería
ser más leído que nunca. También avanzo que las posibilidades que ofre-
ce el NEC a mi juicio no pueden ser ignoradas: no hay vuelta atrás. Una
vez que apareció la espada de hierro la de bronce se volvió obsoleta, y
los que siguieron combatiendo con bronce perecieron. Pero, ¿cambió el
acero la esencia de la guerra? ¿Cambia de verdad el NEC la naturaleza y
los problemas básicos de la guerra?

El origen y la evolución del arte operacional

Hay muchas definiciones de arte operacional; una de ellas, que se ha


elegido por breve, es:
«La maniobra de fuerzas en el espacio y el tiempo, concentrando
esfuerzos y logrando ventajas decisivas que contribuyan a obtener
los objetivos estratégicos deseados.»
Los orígenes del arte operacional, –como ya se ha expuesto– están en la
Revolución Francesa y en las guerras napoleónicas; es la levée en masse
y la revolución en los asuntos militares que introdujo Napoleón la que

(10) CebRowsky, Arthur y GARstk, John: «Network Centric warfare-its origins and future»,
revista Proceedings, enero de 1998.

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Boletín de Información, número 322

obligó a diseñar procedimientos que permitiesen el manejo de grandes


ejércitos. A lo largo del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial no
sólo se mantuvo el incremento del tamaño de las fuerzas –los ejércitos de
un millón de hombres– sino que además mejoraron espectacularmente
los transportes –el ferrocarril– y las comunicaciones –con la invención
y el desarrollo del telégrafo–, que lo que provocaron fue el aumento y el
tamaño de los campos de batalla y en consecuencia cambios dramáticos
en la relación fuerza-espacio-tiempo (11). No sólo se complicó mucho el
campo de batalla, forzando a los generales a ser sobre todo «directores
de orquesta» (12) de sus fuerzas, sino que las consideraciones económi-
cas y políticas cada vez afectaron más directamente a la dirección de las
operaciones, gracias, entre otras razones, a la mejora de las comunica-
ciones, que permitían los enlaces con los gobiernos a cientos de kilóme-
tros de distancia de los campos de batalla.
Antoine Henri Jomini (1779-1869) fue quizá el primero en separar de forma
explícita la dirección de la guerra en tres niveles: el táctico, el operacional
y el estratégico (13). Esa división en tres niveles fue luego desarrollada
por la Escuela Militar prusiana a finales del siglo XIX. El general Moltke
(senior) fue probablemente el primero en usar el término «operativo». Mol-
tke creía que ningún plan podía sobrevivir al contacto con el enemigo y
potenció un Estado Mayor General con un Sistema de Mando y Control
descentralizado, sistema que resultó muy efectivo durante las guerras
contra Austria y luego Francia en el año 1870. Fueron los prusianos los
inventores del mission command, ante la imposibilidad de dirigir de ma-
nera efectiva fuerzas tan formidables en el campo de batalla. Los grandes
objetivos estratégicos se descomponían en objetivos más pequeños y
se engarzaba su consecución con los medios disponibles, asignando a
cada fuerza tareas concretas en el campo de batalla en enfrentamien-
tos tácticos. Sin secuenciación, ni planeamiento logístico, sin medición
de los esfuerzos, sin evaluación del conjunto de la operación durante su
desarrollo podía suceder –y así ha sido repetidas veces a lo largo de la
Historia– que el éxito en la mayoría o incuso en todos los enfrentamientos
tácticos no llevase a lograr los resultados deseados.

(11) Vego, Milan: Joint Operational Warfare.


(12)  Vego, Milan: Ibídem.
(13) Jomini hablaba de Táctica, Gran Táctica y Estrategia; la Gran Táctica es «nuestro»
actual nivel operacional. Fue muy influenciado por el general británico H. E. Lloyd
(1729-1783) y el general prusiano Von Tempelhoff (1737-1807).

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Boletín de Información, número 322

El engarce entre los tres niveles es imprescindible, y sólo garantiza el éxi-


to un correcto análisis y ejecución en cada uno de ellos. Alemania, pese
a su inmejorable desempeño en los niveles tácticos y operacionales du-
rante la Segunda Guerra Mundial perdió la guerra por lo disparatado de
su estrategia; y sólo su excelencia en los niveles inferiores fue la que hizo
que la lucha se prolongase tanto tiempo. En la Unión Soviética se llevó
a cabo sin embargo, una profunda reflexión en el periodo entre guerras
mundiales para analizar las causas de su derrota en la Primera Guerra
Mundial, reflexión que se hizo tras una atenta lectura de Clausewitz y el
uso de sus ideas sobre análisis crítico, lo que les permitió escribir una
completa «doctrina» sobre el arte operacional y su empleo en campa-
ña (14). Tras los reveses iniciales de la Segunda Guerra Mundial la aplica-
ción de esa doctrina les condujo a la victoria sobre Alemania tras enca-
denar unas brillantísimas campañas militares perfectamente ejecutadas.
La Marina de Estados Unidos en el Pacífico o las acciones de Patton en
Europa son otros buenos ejemplos de sobresaliente aplicación del arte
operacional durante la guerra mundial.
Sin embargo y aunque tras la Segunda Guerra Mundial parecía haberse
consolidado el arte operacional como doctrina, la guerra finalizó con la ren-
dición de Japón tras el lanzamiento de dos bombas atómicas en Hiroshima
y Nagasaki. De alguna manera se habían cumplido no sólo las teorías de
Giulio Douhet sobre el bombardeo estratégico y los efectos del terror sobre
la población (15), sino también haberse invalidado algunos de los principios
expuestos por Clausewitz; sobre todo aquellos relacionados con la posibi-
lidad de que se librasen «guerras limitadas». A este respecto hay que se-
ñalar que en el capítulo primero del libro I de De la guerra Clausewitz hace
una definición ideal (16) de la guerra que parece que siempre la llevará al
absoluto; pero inmediatamente matiza su construcción ideal y se pregunta
si es posible en el mundo real esa guerra sin límites. Y se responde que sí
que lo sería, cuando se diesen estos supuestos:
– La guerra fuese un acto aislado.
– La guerra consistiese en un solo acto decisivo.
– El resultado final fuese completo y perfecto.

(14) Menning, Bruce: «Operational Art Origins», Military Review, septiembre-octubre de


1997.
(15)  Douhet, Guilio: El dominio del aire.
(16)  Es decir, en el mundo de las ideas, al estilo de las construcciones filosóficas kantia-
nas tan de moda en su época.

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Boletín de Información, número 322

Pero el autor alemán explica como de la teoría a la realidad las cosas


cambian de manera notable, porque la guerra raramente es un acto ais-
lado, casi nunca se resuelve en un solo acto decisivo y el resultado final
difícilmente será ni completo ni perfecto. Por lo que entran en conside-
ración las leyes de la probabilidad y el cálculo político; la guerra entre
naciones civilizadas siempre tiene un objetivo político, que se persigue de
manera racional y que determina los esfuerzos que se hacen para lograr
ese objetivo. En realidad Clausewitz es el primer pensador que disertó
sobre lo que hoy llamamos «guerra limitada».
Pero la revolución que supuso la aparición del arma atómica parecía vin-
dicar la construcción «ideal» de la guerra clausewitziana: la guerra iba
a ser siempre un acto aislado, decisivo y con un resultado completo y
perfecto: la hecatombe nuclear aniquilaba al adversario (sino a la huma-
nidad completa). Ya no hacía falta seguir leyendo el resto de De la guerra,
ni plantearse la necesidad ni de estudiar la guerra como acto social, ni
tampoco, como hemos señalado, disponer de una teoría de la guerra que
dividiese los niveles de conducción de las operaciones; es más: la gue-
rra parecía haber desaparecido, porque la sola amenaza del empleo del
arma atómica sobre aquél que no dispusiese de ella sería suficiente para
lograr los objetivos políticos deseados. Así que Clausewitz volvió al cajón
de los historiadores y al cuaderno de citas de muchos políticos, a los que
les gusta aludir, casi siempre en un contexto erróneo, a que «la guerra es
la continuación de la política por otros medios».
Primero el conflicto de Corea y sobre todo después el de Vietnam obli-
garon a reflexionar de nuevo sobre la naturaleza de la guerra; y a pregun-
tarse por qué un país como Estados Unidos, dotado de armas nucleares
y una enorme superioridad económica y militar, perdió la contienda de
Vietnam. Quizá entre otras razones porque sus enemigos, que no habían
arrumbado a Clausewitz en un cajón, conocían su famosa trinidad de la
guerra: la población, el ejército y el gobierno (17).

(17) En realidad la trinidad consiste en primer lugar por los sentimientos, el odio, la animo-
sidad, que son una fuerza ciega; en segundo lugar el azar y el cálculo de probabilida-
des, el terreno que puede aprovechar la creatividad del genio militar; y por último, la
política, que sólo está sujeta al cálculo racional. Clausewitz dice que se suele identi-
ficar al primer elemento de la trinidad con la población, al segundo con el líder militar
y el ejército, y al tercero con el gobierno y el líder político.

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Boletín de Información, número 322

Como en el triángulo del fuego, en el que hacen falta temperatura, com-


bustible y comburente para que haya fuego, para Clausewitz en la guerra
hace falta el apoyo de los tres elementos trinitarios; si uno falla ésta no
puede sostenerse.
Mao Tse Tung conocía bien a Clausewitz (18). Y los líderes maoístas del
Vietnam, conscientes de su imposibilidad frente al Ejército de Estados
Unidos en el campo de batalla, centraron sus esfuerzos en atacar a la
opinión pública americana y en minar a su Gobierno. Como es bien sabi-
do, con notable éxito.
Pero además de ignorar los principios generales de la guerra que ha-
bía descrito el pensador alemán y centrándonos ahora sólo en el arte
operacional y en la división por niveles de conducción, también se pue-
de concluir que bajo ese prisma la guerra de Vietnam fue un desastre.
Medios, apoyo aéreo, movilidad (basada sobre todo en helicópteros),
comunicaciones, hicieron que las batallas contra Vietcong se saldasen
casi siempre con notables éxitos tácticos, etc. sin obtener de ellos casi
ninguna ventaja, porque no había ningún diseño operacional de la gue-
rra. La dirección y los objetivos estratégicos existían –se compartan
estos objetivos o no–, así como un eficiente mando táctico. Pero no
había engarce entre los objetivos estratégicos y las acciones tácticas;
porque al igual que Clausewitz, el arte operacional se había pasado de
moda con el fin de la Segunda Guerra Mundial y con la revolución mili-
tar (otra revolución más, y ya hemos reseñado unas cuantas) que había
aportado el arma atómica.
La revisión crítica llevada a cabo en Estados Unidos del fiasco en Vietnam
llevó de nuevo el estudio del arte operacional a las Escuelas de Estado
Mayor del US Army, la Navy y el Air Force, de las que había prácticamente
desaparecido.
Pero no son Estados Unidos los únicos que se enredaron torpemente en
conflictos durante el pasado siglo por ignorar la inexistencia diferentes
niveles de conducción; el fiasco francés en la guerra de independencia de
Argelia a finales de los años cincuenta es otro buen ejemplo de fracaso
por carecer, entre otras cosas, de un engarce adecuado entre los obje-
tivos estratégicos y las acciones tácticas. También entonces el Ejército

(18) Mao llegó incluso a escribir textualmente en su obra: On Protracted War que «la gue-
rra es la continuación de la política por otros medios».

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Boletín de Información, número 322

francés llevó a cabo acciones muy brillantes, sobre todo al final de la


guerra con un empleo táctico muy adecuado de tropas helitransportadas,
sin obtener de ellas ventajas decisivas que ayudaran a la consecución de
los objetivos estratégicos.
Hemos mencionado cómo el arte operacional surge porque aumenta la
complejidad y el tamaño de los campos de batalla, mejoran las comu-
nicaciones y aumenta el tamaño y las capacidades de las fuerzas. Fue
la creciente complejidad de la guerra la que requirió un paradigma de
división de tareas por niveles. Y en este momento quizá haya que hacer-
se la reflexión de si las mejoras técnicas (incluidas las tecnologías de la
información) complican o simplifican el panorama y si disponer de «toda»
la información (sic) permite eliminar los mecanismos de mando y control
intermedios y mandar directamente desde los niveles estratégicos a los
tácticos, algo que, como luego veremos, también propugna el NEC.
Pero además de reflexionar sobre los niveles de conducción, hemos tam-
bién realizado algunas reflexiones preliminares sobre la naturaleza y los
principios de la guerra. Porque algunos partidarios del NEC no sólo seña-
lan como obsoletos a la división en los tres niveles clásicos de conduc-
ción; también tienen una visión newtoniana y científica de la guerra que
es incompatible con las teorías de Clausewitz. Históricamente se puede
decir, de forma simplificada, que Jomini tenía una concepción más cien-
tífica de la guerra y Clausewitz una más social. Ésta es una controversia
vieja, pero de gran importancia, que el auge del NEC ha revivido. Y segu-
ramente es Clausewitz el que más profundamente ha reflexionado sobre
este asunto, así que no queda más remedio que repasar su pensamiento
para continuar adentrándonos en el problema.

La guerra como estructura social y la visión


de Carl von Clausewitz
Las ciencias que se ocupan de los fenómenos sociales no son ciencias
exactas o puras. De hecho, hay quien sostiene que ni siquiera son cien-
cias. Y ello porque sus postulados, teorías e hipótesis son difícilmente
comprobables usando el método científico, y porque el comportamiento
humano, no sólo el de los individuos sino también el de las comunidades,
no se ajusta a leyes inmutables, por lo que resulta las más de las veces
impredecible.

— 13 —
Boletín de Información, número 322

Sin entrar en discusiones epistemológicas (19), el que una disciplina,


como por ejemplo la economía, no pueda catalogarse como ciencia pura
no quiere decir que no puedan obtenerse leyes y postulados económicos
que razonamiento y experiencia han probado como válidos, y cuya omi-
sión casi siempre ha desembocado en desastre. Y es también imposible
negar la incidencia de la técnica en la guerra: la introducción del hierro
acabó con los imperios de la Edad del Bronce, la organización de las le-
giones romanas hizo de Roma el mayor imperio de su tiempo, el caballo
y las armas de fuego permitieron la conquista de América, la levée en
masse hizo a Napoleón casi invencible, el radar convirtió en irrelevante a
la Marina imperial japonesa y a la flota submarina alemana, etc. la historia
de la guerra es en gran medida una historia de Investigación, Desarrollo e
innovación (I+D+i). Pero sólo en gran medida. Porque Napoleón olvidó en
España el componente social y político del conflicto, y su enorme ejército
se desangró en un conflicto asimétrico que acabó por costarle su cara
corona imperial.
Clausewitz reflexionó sobre muchos asuntos en De la guerra: sobre las
pautas del moderno arte de la guerra, sobre aspectos estratégicos y ope-
racionales y sobre conceptos, como por ejemplo «centro de gravedad» o
«punto de culminación», que se siguen utilizando hoy en día. Pero su gran
valor y su intemporalidad la dan sobre todo el que fuese el primer gran
tratado teórico de la guerra que la contempla como fenómeno político
y social.
Clausewitz argumenta, de una forma que podríamos considerar muy mo-
derna en el capítulo segundo del libro II de De la guerra (que es, junto
con el capítulo primero del libro I, lo más interesante e intemporal de la
obra) que, dada la naturaleza del hombre, la guerra, que es en su esencia
un producto humano, no puede estudiarse como una ciencia exacta lo
que él llama «doctrina positiva». La guerra no es ni un arte ni una ciencia,
sino un acto social y que corresponde al dominio de lo que hoy denomi-
naríamos como Ciencias Sociales. Por lo que el estudiante de la guerra
o de asuntos militares no debe esperar recibir recetas mágicas de De
la guerra. No es un manual de instrucción, ni tampoco creía Clausewitz
que éstos pudiesen existir para los niveles superiores de la política o la
estrategia. Porque aunque la guerra se puede estudiar de manera siste-

(19) Parte de la Filosofía que trata de los medios y los métodos del conocimiento científico.

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Boletín de Información, número 322

mática, es un arte que requiere soluciones creativas que se adapten a las


circunstancias de cada conflicto.
Para llegar a estas conclusiones Clausewitz nos lleva por la historia de
la ciencia militar; a medida que la guerra se fue volviendo más compleja
se empezó a reflexionar sobre ella, y se trató de formular una doctrina
positiva, una ciencia exacta. Algunas de las formulaciones que describe
–y que se corresponden probablemente con ideas de Jomini (20)– como
la superioridad numérica, la limitación de los factores materiales, las
líneas interiores, son para Clausewitz completamente inútiles. Porque
sólo consideran la acción unilateral, mientras que para él la guerra no es
más que una continua interacción de contrarios en la que no se puede
ignorar ni la creatividad del genio militar ni la importancia de los factores
morales.
La actividad militar tiene para el autor alemán tres características básicas:
la importancia de la moral, la imprevisibilidad de las acciones del enemi-
go y lo incierto de la información, la niebla de la guerra. Por lo que no se
pueden escribir reglas para el comandante: el genio es capaz de trascen-
der esas reglas, y la teoría entra en conflicto con la práctica.
Y es éste uno de los campos en lo que el NEC irrumpe con toda su fuer-
za: la niebla de la guerra ya no existe, según sus partidarios, porque el
combate en red permite al comandante disponer de toda la información
que necesita para decidir adecuadamente, o al menos de más informa-
ción que el enemigo, lo que le permite elegir y mandar más rápido que su
oponente.
Pero el NEC va más allá de prometer una cuasi perfecta situational aware-
ness, porque la transformación en el mundo que han provocado las tec-
nologías de la información y la globalización también, para sus partida-
rios, ha cambiado la esencia de la guerra. Los viejos modelos con los que
ha trabajado Occidente hasta el fin del pasado siglo ya no son válidos.
Y ¿cómo ve Clausewitz la guerra? ¿Se ha vuelto de verdad obsoleta la
visión clausewitziana de los conflictos?

(20) Antoine-henRi, Jomini: The art of war, traducido del francés al inglés por el capitán
G. H. Mendell, Corp of topographical engineers, US Army and Lieut. W. P. Craighill,
Corp of engineers, US Army.

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Boletín de Información, número 322

Clausewitz define la guerra como «acto de fuerza para obligar al enemi-


go a hacer nuestra voluntad», e indica que ese acto debe ser «sangrien-
to». La guerra no es posible (no es tal) sin derramamiento de sangre, sin
violencia, que es su característica esencial. La guerra no es más que la
política por otros medios; lo que distingue a la guerra de cualquier otra
actividad política y le da verdadera carta de naturaleza, es su carácter
violento.
Estudiar la guerra de esta manera es la única forma de entenderla, y de
comprender por qué su forma es variable; la forma cambia con la natura-
leza de los objetivos políticos que se persiguen y con los medios de que
se dispone para alcanzarlos. Y entender cuál es la condición de la guerra
en la que se embarquen es para Clausewitz el juicio crucial que deben ha-
cer el líder político y el militar de una nación; porque distinguir qué clase
de guerra se hace es la base de toda estrategia.
Para los partidarios del NEC la sociedad de la información, las tecnolo-
gías que la conforman y los cambios económicos a escala mundial sí que
han modificado la esencia de la guerra. Quizá no sabemos todavía cómo
de una forma completa, pero sabemos que la guerra se ha transformado,
afirman, y por lo tanto es necesario abordar los conflictos con unas he-
rramientas distintas: básicamente el NEC.

El concepto NEC

La guerra en red se basa en la interconexión de tres planos diferentes:


armas, sensores e información. Esta conexión se hace de una forma re-
dundante de manera que el enemigo, aunque ataque uno de estos pla-
nos (o todos ellos), no puede lograr afectar el funcionamiento general
del sistema; o dicho de otra forma, combatiendo desde una perspectiva
«netcéntrica» se es inmune a los ataques basados en efectos porque no
hay nodos centrales críticos al sistema.
Los planos de armas y sensores consisten en un conjunto heterogéneo
de estos sistemas distribuidos geográficamente conectados a través de
redes de datos redundantes. El plano de información es el conjunto
de sistemas de comunicaciones, nodos de computación, programas de
proceso de la información y de mando y control que permiten tratar y
distribuir la información y las órdenes en el campo de batalla.

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Boletín de Información, número 322

La idea fuerza es poner como plano principal a la red y no a los sensores


o a las armas y funcionar de manera distribuida. Esto permite acelerar el
conocido ciclo OODA (Observe-Orient-Decide-Act) descrito por el coro-
nel del USAF John Boyd (21) y así ganar tempo al enemigo rompiendo su
propio ciclo OOAD. La red permite concentrar y focalizar los esfuerzos en
donde es realmente necesario para lograr resultados decisivos, al tiempo
que se proporciona una gran robustez al sistema, ya que no hay ni nodos
centrales ni puntos críticos.
Repasando la definición doctrinal española sobre el Network Enabled Ca-
pability, ésta es:
«La capacidad de integración de sensores, armas y puestos de
mando, tanto entre ellos como con otros similares (ya sean és-
tos civiles, militares, nacionales o multinacionales), en todos los
niveles de mando (del estratégico al táctico) y que usan la misma
estructura de información y comunicaciones. Mediante su empleo
la información estará siempre disponible a cualquier nivel de de-
cisión (22), independientemente de lugar en que se encuentre y
con las garantías de seguridad adecuadas. Proporciona al mando
superioridad en la decisión, por dotarlo de superioridad en la in-
formación» (23).
Con esta capacidad el NEC ofrece muchas ventajas. Por ejemplo limita
en teoría la posibilidad de una guerra de desgaste (attrition war) en la que
se venza por resistencia. La Primera Guerra Mundial es el paradigma de
conflicto a evitar –millones de hombres enfrentándose de forma estática
sin que ninguno pudiese obtener ventajas decisivas, de forma que se
venció únicamente debido al agotamiento de Alemania–; el NEC propor-
ciona los medios para esquivar ese tipo de conflictos.
Y ello porque da la preeminencia en el dominio de la información, un me-
jor conocimiento del entorno, capacidad de compartir ese conocimiento
del entorno a través de la red, mayor velocidad de mando que el enemi-
go, superioridad en la decisión –porque todas estas ventajas aceleran el
ciclo OOAD– y autosincronización: el conocimiento de las intenciones del

(21)  Se pueden encontrar las ideas de Boyd, que nunca escribió un tratado sobre estrate-
gia, en muchas fuentes. Por ejemplo en Reviews, Nederveen von: Complexity, Global
Politics and National Security editado por David S. Alberts and Thomas J. Czerwinski.
(22)  Las cursivas son mías.
(23)   Concepto de Información en Red (NEC) del JEMAD.

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Boletín de Información, número 322

mando y la mejora del percepción del entorno permitirán a los mandos


subordinados acelerar el ciclo OOAD a su nivel pero manteniendo el tem-
po adecuado con el conjunto.
Una de las importantes consecuencias del NEC es que permite a los
comandantes en todos los niveles acceder a los escalones inferiores de
conducción para dar instrucciones en aquellos lugares en los que es ne-
cesario, sin pasar por los mandos intermedios. Y es de hecho la foca-
lización de las acciones que permite el NEC la que hace que acciones
a nivel táctico puedan llegar a tener efectos estratégicos, por lo que el
control debe realizarse directamente en ese nivel sin pasar por mando
intermedios que ralentizarían el tempo y que por lo tanto harían perder las
ventajas de un ciclo OODA acelerado. En otras palabras: del nivel estra-
tégico al táctico. Se diluye el nivel intermedio, y vuelve a ponerse en en-
tredicho la existencia del nivel operacional, como ya habíamos apuntado
que había sucedido en varias ocasiones a lo largo del siglo XX. Aparece
la capacidad reach-back, que consiste:
«En el proceso para obtener servicios, aplicaciones y productos de
mando y control esenciales para la misión, de forma oportuna, utili-
zando los Sistemas CIS establecidos entre elementos desplegados
y no desplegados, de modo que se actúe como un único cuartel
general que permita alcanzar la eficiencia en operaciones» (24).
Por expresarlo de un modo más simple, permite al cuartel general de
nivel estratégico dirigirse o mandar a nivel táctico. Todo el mundo vio
hace unos meses las imágenes del presidente Barack Obama y su equipo
seguir en directo y en tiempo real la operación para detener a Osama ben
Laden en Pakistán. Está claro que la tecnología permite esa transmisión
de datos y en este caso es claro que se trataba de una acción táctica con
enormes implicaciones estratégicas; pero cuando esto no sea así –en el
99% de los casos– ¿de verdad necesitará el cuartel general estratégico
video en tiempo real de las acciones tácticas? ¿Podrá de verdad usar esa
información de forma útil para realizar su tarea?
No es casualidad que el NEC haya nacido de la mano de un marino (el al-
mirante Cebroswky), y que sea sobre todo en las Marinas y en la las Fuer-
zas Aéreas en donde más partidarios se encuentran de este concepto.
Que se corresponde con una visión newtoniana de de la guerra, un visión

(24)   Según se recoge en la PDC-01 española, opus citada. La cursiva en un único cuartel


general es mía.

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Boletín de Información, número 322

científica, o más bien ingenieril, de los conflictos. Bajo este prisma la gue-
rra es un problema muy complejo, pero solucionable cuando se dispone
de los medios y la organización y se aborda con las técnicas adecuadas.
El que los buques de guerra y los modernos aviones de combate sean
máquinas complejísimas, que requieren a su vez complejas organizacio-
nes (similares a las empresariales) para operarlos y sostenerlos adecua-
damente puede en parte explicar esa visión técnica de la guerra. Refor-
zada además por el hecho de que para operar de manera coordinada en
un ambiente táctico cada vez más confuso, tanto los buques como los
aviones necesitan sofisticados sistemas de comunicaciones y de mando
y control y un elevado volumen de intercambio de datos en tiempo real.

Algunas metáforas e historias ilustrativas del NEC

Voy a usar la alegoría del sheriff que usó Norman Friedman en un artículo
muy interesante titulado «Hacer que el NEC valga la pena» (25). El sheriff
sabe que el enemigo se aproxima y lo espera en el salón armado con su
colt. Sólo tiene su revólver y sus ojos; tiene que esperar a que el «malo»
entre en el local para poder enfrentarse a él. No sabe ni cómo ni cuándo
llega; puede quizá tener algún probo ciudadano que le haga de scout y
vaya corriendo a informarle de que ve polvo en el camino y que se acer-
can jinetes con aspecto de facinerosos, pero eso es todo. Es un sheriff
«pre NEC».
El sheriff NEC, sin embargo, tiene cámaras por todo el pueblo y armas
distribuidas que maneja por control remoto. Sabe muy bien cuando va
a llegar el malo, porque lo ve, y tiene clara la situación táctica en todo
momento. La niebla y la fricción clausewitziana en esta metáfora no exis-
ten. En cuanto el facineroso pone el pie en el pueblo está perdido. Por
mucho que corra y trate de defenderse no verá a nadie, ni desde donde
le disparan.
Voy a adaptar la alegoría de Friedman dándole un poco la vuelta y es el
sheriff el que ahora se aproxima a una guarida de villanos. Es un sheriff
NEC y dispone de cámaras móviles y armas de precisión que puede usar

(25) FRiedMAn, Norman: «Making NEC worthwhile», RUSI Journal, diciembre de 2004.

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Boletín de Información, número 322

a su gusto. Con estos juguetes puede generar efectos (26): aterrorizar a


los «malos» menos «resistentes», que huirán hasta dejar sólo al «gran
villano», que acabará, como en todas las buenas películas serie B de
Hollywood, rendido o muerto. La ventaja que da la tecnología permite al
sheriff lograr los objetivos deseados de una forma menos cruenta que si
simplemente hubiese dinamitado la guarida con todos los villanos dentro.
Por otro lado, y centrándonos en la dilución de los niveles de mando, si
el sheriff tiene un equipo de gente a la que puede dirigir, el conocimiento
de la situación le permitirá intervenir y dar instrucciones precisas a sus
subordinados; incluso tomar el control personal de alguna acción táctica
que le parezca en ese momento crucial.
La verdad es que bajo ese prisma el NEC convence. Y se entiende tam-
bién muy bien la razón por la que la división por tareas en distintos niveles
ya no deba de ser tan rígida; el sheriff, que es el más capaz de todos los
de su equipo (para eso es el sheriff) es el más adecuado para involucrarse
en acciones muy específicas pero de gran importancia para el conjunto.
Esta alegoría parece dar la razón a los que piensan que se necesita una
nueva reflexión sobre la esencia de la guerra y la manera de conducir los
«asuntos militares»
Pero quizá no sea inadecuado analizar esta convincente alegoría desde
otro ángulo en el que quizá haya un poco más de «fricción» (27). Y se me
ocurren algunas reflexiones:
1. Prácticamente todo lo hablado tiene que ver con acciones tácticas.
Las guerras son más que una colección de acciones tácticas exitosas,
como nos han enseñado Vietnam o Afganistán.
2. El planteamiento es casi unilateral. Es el sheriff el que dispone de NEC
y es el sheriff el que marca las reglas del juego. Pero ¿qué pasaría si
en el primer caso los «malos» también disponen de cámaras y armas
inteligentes dotadas de control remoto?
3. Los «efectos» pueden parecer sencillos entre el sheriff y los facinero-
sos. Por ejemplo, amenazar con matar a la esposa del sheriff en las pe-
lículas siempre hace que el sheriff suelte su arma. Sería una operación
basada en «efectos» en versión western. Pero ¿qué ocurre si resulta

(26)   Sin entrar en la muy compleja valoración sobre el las operaciones basadas en el


efecto y sus carencias doctrinales, la generación de «efectos» que posibilita el NEC
comparte a mi juicio algunos de sus apriorismos erróneos.
(27)   La fricción es para Clausewitz una de las características esenciales de la guerra.

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Boletín de Información, número 322

que el sheriff se está divorciando de su mujer, a la que odia, y no es


capaz de pagar la pensión compensatoria? Puede que no le preocupe
tanto que el «malo» apriete el gatillo, y el efecto producido no se iba a
parecer nada al deseado por el facineroso.
4. Respecto a la microgestión del sheriff: si los malos también tienen NEC
y una estructura de sensores y armas distribuidas ¿Sería provechoso
ponerse a microgestionar una acción concreta y perder la visión del
conjunto? ¿Tendría el sheriff una picture clara o sería una pesadilla ac-
tuar en un escenario en el que los dos bandos distribuyen sus medios
y atacan de forma difícilmente predecible? Y ¿qué hay de las posibi-
lidades de que se realicen añagazas, trampas, amagos, los ataques a
los sensores, etc.?
5. ¿Podría el sheriff si el escenario se complica mirar cientos de cámaras
y sensores térmicos y acústicos? ¿No sufriría quizá un overload de
información?
Ya hemos señalado antes que para Clausewitz la guerra tiene tres carac-
terísticas imprescindibles: la importancia de la moral, la imprevisibilidad
de las acciones del enemigo y lo incierto de la información, la niebla de la
guerra. Y sin entrar a considerar los factores morales, ni la imprevisibili-
dad de las acciones del enemigo ni la niebla de la guerra han desapare-
cido en este escenario «cibervaquero».
En realidad tampoco en este entorno estamos haciendo guerra centrada
en la red; estamos más bien llevando a cabo, como dice Fridman (28),
guerra centrada en la COP (Common Operational Picture). Una COP que
nos obliga a considerar los procedimientos tácticos desde una óptica
nueva; pero que sólo en casos muy limitados va a aclarar el escenario a
nivel operacional contra un adversario con medios equivalentes. Segura-
mente en ese nivel será más bien al contrario; el escenario «multisensor»
aparecerá mucho más difuso y complejo. Como señalan algunos de los
NEC escépticos:
«La niebla de la guerra no desaparecerá: simplemente aparece en
formas nuevas y diferentes (…) no es difícil ver a la niebla de la gue-
rra siendo reemplazada por la niebla de los datos» (29).

(28) FRiedMAn, Norman: Making NEC worthwhile, Ibídem.


(29) CAMpen, Alan: Look closely at Network centric warfare.

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Boletín de Información, número 322

La experiencia en operaciones en redes tácticas de datos (link 11 o link 16)


indica que en la mayoría de las ocasiones la COP mejora; pero cuanto
más capaz es el enemigo más probabilidades hay de que mantener una
COP coherente se convierta en una tarea titánica. Guerra electrónica,
señuelos, perturbación de comunicaciones, fallos en la red, sobrecarga
en las redes de datos (el ancho de banda disponible ni es ni nunca será
suficiente), exceso de información inútil, mal evaluada o sin evaluar, etc.
Desgraciadamente, el NEC se ha probado en combates (fundamental-
mente en Irak y Afganistán) en los que el adversario era el «facineroso pre
NEC» del que hablábamos antes y el sheriff no sólo era mucho más fuerte
sino que además contaba con toda clase de juguetes tecnológicos. Hay
que ser por lo tanto muy prudente a la hora de extraer conclusiones de
esos conflictos.
Debo confesar, sin embargo, que en realidad en mi análisis poco favora-
ble al NEC también en cierta manera he hecho «trampa». Porque al igual
que los partidarios del NEC, he expresado opiniones y usado apriorismos
sin usar un método científico que permita formular inferencias, aunque
éstas fuesen débiles.
Y ¿cuál debía de ser entonces el método de trabajo válido para valorar
el NEC, la dilución de los niveles operacionales y en fin, la necesidad –o
no– de establecer una nueva doctrina de la guerra?
Volvamos a Clausewitz. El militar alemán afirma que para los niveles su-
periores de mando la única doctrina posible es el estudio. Porque a me-
dida que se asciende en el escalafón más hay que olvidar las recetas de
la táctica y aprender del análisis de las campañas militares de la historia.
Pero este aprendizaje no se hace de cualquier manera, sino mediante
el análisis crítico (30). Clausewitz podríamos decir que es el precursor
de la investigación en ciencias sociales tal y como las conocemos hoy.
Su análisis crítico analiza campañas militares para hallar la relación efectos
y causas, y también la investigación y evaluación de los medios empleados
en combate.
Creo que se ha hecho muy poco análisis crítico del NEC basado en cam-
pañas militares. Los estudios que existen se centran, a mi modo de ver,
demasiado en las analogías económicas. No hay quizá todavía experien-

(30) Que tan útil resultó para el desarrollo de la Doctrina Operacional rusa entre ambas
guerras mundiales.

— 22 —
Boletín de Información, número 322

cia suficiente en combate para poder hacerlo de otra forma, pero la elec-
ción del modelo económico quizá tenga que ver mucho también con las
ideas de los creadores del concepto NEC. Ya antes hemos hecho refe-
rencia al artículo escrito por el almirante Cebrowski (31), al que podemos
denominar «fundacional» del NEC, en el que se sugiere que a falta de
una nueva teoría de la guerra se busquen similitudes con los modelos de
negocio en red; y en el que se también se menciona que la red –Internet–
lo que hace realmente es crear un nuevo modelo económico que aporta
valor de una forma revolucionaria.
Un modelo de crecimiento económico y de negocio que se estructuraba
en torno a las posibilidades que daba la Red de redes; y quizá por todo
esto no sea irrelevante señalar que Cebrowski escribía sobre el modelo
de negocio en red antes de la primera crisis de las puntocom en el año
2000, y por supuesto antes de la de la 2007, originada fundamentalmente
por la proliferación de productos financieros «derivados» –concebidos en
su inicio como garantías–, productos que experimentaron un crecimiento
ajeno a la economía real aprovechando las posibilidades de Internet y de
ese supuesto nuevo modelo de negocio en red.
La nueva economía que parecía había creado Internet ha demostrado
no ser viable; Internet es una herramienta innovadora, que, al igual que
cualquier otro invento destacado, obliga a las empresas a adaptar sus
procesos productivos; pero no cambia la estructura fundamental de la
economía. Cambian los procedimientos, pero no la esencia de la econo-
mía de mercado.

Conclusiones

¿El arte de la guerra o la ciencia de la guerra? ¿Es la guerra un problema


social o un problema técnico? Y ¿cuál es la forma correcta de abordar la
guerra? Éstas son quizá algunas de las preguntas que nos hemos estado
haciendo sobre la supuesta nueva ecuación de la guerra que aporta la
tecnología y que recogen conceptos como el NEC.
Clausewitz recomienda a los estrategas estudio, análisis crítico, reflexión
y hábito de operar en la incertidumbre.

(31) CebRowski, Arthur y GARstkA, John: Network Centric warfare its origins and future,
opus citada.

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Boletín de Información, número 322

El NEC promete claridad y transformar la guerra en una partida de ajedrez.


La tecnología aplicada con rigor es la solución a los problemas militares.
Creo sinceramente que en los niveles tácticos, no hay alternativa a la
guerra en red –al NEC–; el sheriff NEC va a quedarse ente nosotros. Por-
que las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías no pueden ni
deben ignorarse; pero tampoco deberían obviarse los numerosos pro-
blemas que genera el aumento exponencial de la transmisión de datos,
y los peligros de que los niveles superiores de mando se dediquen a la
microgestión, aprovechando las posibilidades que ofrecen las comuni-
caciones NEC: el teniente al mando de un Pelotón de Infantería conoce
mucho mejor como debe manejar a sus hombres en combate que el mi-
nistro de Defensa, por muy ministro que sea. Y la tentación de «meter el
destornillador» a 5.000 kilómetros siempre estará presente: hay que ser
consciente de que en el 99% de los casos no se debe hacer.
Por concluir con otra historia que creo que es muy ilustrativa, la última
guerra de Irak comenzó dominada por la tecnología y por los «efectos», y
se transformó en un conflicto asimétrico de terrorismo y guerrilla urbana,
para el que la guerra en red no ofrecía respuesta alguna.
Un general del US Army, que mandaba una División Aerotransportada y
estaba empantanado en la teórica posguerra en el norte de Irak, en Mo-
sul, durante los años 2003 y 2004 –en realidad su División se enfrentaba
a una feroz insurgencia para la que no tenía respuesta– buscó analogías
históricas que le ayudasen a entender el conflicto. El general se encontró
con la guerra de independencia de Argelia y con la obra de un capitán
francés de origen tunecino, David Galula, que había reflexionado profun-
damente sobre el horrible conflicto argelino (32). Galula publicó antes de
su muerte, en el año 1967, un libro titulado: Counter-insurgency Warfare:
Theory and Practice, que este general estudió con detalle.
El general aplicó con notable éxito en el distrito bajo su mando los princi-
pios expuestos por Galula y acabó exportando su modelo y pacificando a
todo Irak. Su nombre es Petraeus: es seguramente el general más cono-
cido del mundo y al que los presidentes de Estados Unidos le encargan
los trabajos más difíciles y enconados.

(32)   La mejor historia de este conflicto es la escrita por Horne, Alistair: A Savage War of
Peace: Argelia 1954-1962.

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Boletín de Información, número 322

El general Petraeus no resolvió su problema militar en Irak de una forma


tecnológica, sino con análisis crítico y reflexión. Volvamos a Clausewitz
una vez más: para los niveles superiores de mando la única doctrina posi-
ble es el estudio. Porque a medida que se asciende más hay que olvidar
las recetas de la táctica y más se debe aprender del análisis de las cam-
pañas militares de la Historia.
No creo que el general Petraeus piense que Clausewitz esté obsoleto.
Antes al contrario, creo que es un oficial fruto de un US Army War College
que, como ya señalamos, y tras el fiasco de Vietnam, promovió el estudio
de Clausewitz, del arte operacional y del análisis crítico. Y sin conocer
cuál es la forma con la que ha estado afrontando la guerra de Afganistán
me atrevería apostar que no es probablemente la misma que la de Irak.
Porque al nivel de Petraeus, que es el estratégico militar, las «recetas» no
existen. Sólo valen el estudio y la reflexión las únicas herramientas que de
verdad nos legó Carl von Clausewitz para entender la guerra

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— 26 —
Boletín de Información, número 322

LA CORRIENTE SALAFÍA
Y SU CONEXIÓN CON EL YIHADÍA

Juan Carlos Estarellas y López


Máster en Paz, Seguridad y Defensa

La importancia de conocer las diversas corrientes islamistas existentes, como la sala-


fía y la wahabía, y sus conexiones con otras líneas ideológicas violentas como el yiha-
dismo u otros movimientos islamistas, vendría sustentado por las posibles afecciones
a la seguridad interior de nuestro país. Y en el plano exterior o internacional, por la
presencia de nuestras tropas en diversos países musulmanes en conflicto, tales como:
Afganistán y Líbano. Sin embargo, el mayor interés radica en que algunas de es-
tas líneas ideológico-religiosas podríamos calificarlas como «pilares fundamentales»
de organizaciones terroristas como, por ejemplo, Al Qaeda y sus nodos regionales.

Introducción

A diario venimos siendo testigos de encarnizadas escenas de muerte y


destrucción en diversas zonas del mundo, y sobre todo durante los últi-
mos años hemos vuelto a verlo en países como Pakistán, Irak, Afganistán
e incluso en países más próximos como Argelia. Dichos estragos vienen
producidos por un conglomerado de ataques y atentados indiscrimina-
dos, muchos de ellos carentes de cualquier tipo de justificación, situacio-
nes similares a las producidas en una guerra civil las cuales se entremez-
clan con ataques violentos de lucha de guerrillas, siendo dirigidas contra
personas, grupos e incluso poblaciones enteras.
Por lo que desde una posición en perspectiva podríamos afirmar que
los ataques se producen sin aparente razón lógica ni conexión. Sin em-
bargo, la mayoría de esos ataques fueron planificados, coordinados y
sincronizados a la perfección, respondiendo a una línea perfectamente
delimitada y a un fin u objetivo ideológico-religioso que debe ser conse-
guido a cualquier precio. Este tipo de violencia que podríamos considerar
islamismo radical e incluso islamismo extremista, viene motivado, funda-

— 27 —
Boletín de Información, número 322

Figura 1.– Miembro de una de las células Figura 2.– Célula salafía yihadía de los aten-
terroristas de 11-S en Nueva tados de 11-M en Madrid.
York.

mentalmente, por un conjunto de razones y motivos que desde el punto


de vista ideológico-religioso se sustentan en una particular interpretación
del Corán y la creencia de que el libro sagrado ampara toda esa barba-
rie, de un Estado y situación de violencia y terror. Por lo que este tipo de
violencia ha llegado a convertirse en la actualidad en un fenómeno verda-
deramente incomprensible y absolutamente irracional para cualquier mo-
delo de sociedad cuyo fin primordial y natural es sobrevivir, figuras 1 y 2.
La sociedad no ha olvidado aquellas terribles imágenes de los ataques yi-
hadistas de 11 de septiembre de 2001 (11-S), acaecidos en Nueva York,
Pensilvania y Washington D.C. en el que 19 islamistas –salafía yihadía–,
14 de ellos saudíes, saltaban por los aires inmolándose como mártires
con cuatro aviones repletos de pasajeros contra diversos objetivos. Y por
otro lado, recordamos también los atentados acaecidos en Madrid de 11
de marzo (11-M) y 3 de abril de 2004, en el que 10 bombas explosionadas
en trenes y estaciones de cercanías así como la inmolación acaecida en
el piso de la célula terrorista salafía yihadía en Leganés, en el que un gru-
po de veintitrés islamistas, la mayoría de origen marroquí, provocaban la
muerte indiscriminada a 191 personas y miles resultaban heridas.
Desde entonces la sucesión de ataques yihadistas aumentaban y con-
tinuaban produciéndose prácticamente a diario en lugares conflicto con
presencia de tropas norteamericanas o de la Organización del Tratado
del Atlántico Norte (OTAN) como Afganistán, Irak o Pakistán. Y más si
cabe tras la eliminación del máximo líder de la organización terrorista Al
Qaeda, Osama ben Laden, producida el pasado día 2 de mayo en Pakis-
tán, y al que han jurado venganza contra los cruzados y sus aliados. Ade-

— 28 —
Boletín de Información, número 322

más de haber sufrido también ataques dirigidos contra nuestras tropas


por su presencia en Afganistán y que han provocado la muerte y heridas
gravísimas a nuestros soldados.
El área de influencia aumentó en la medida que dicha violencia terrorista
se desplazaba de las zonas hasta ahora consideradas como naturales, y
comenzaba a actuar en otras áreas o países e incluso en regiones más
amplias a la vez de lejanas como, por ejemplo, Oriente Medio, el Medite-
rráneo incluso el norte de África. Este tipo de violencia radical, aun siendo
un fenómeno violento muy minoritario dentro de las sociedades musul-
manas se ha expandido y ha mutado al traspasar las fronteras de lo que
antes eran sus áreas naturales de acción. Pudiendo afirmar, sin ningún
género de dudas, que tanto los discursos como las actividades terroris-
tas que han venido desarrollándose ponen de manifiesto un aumento de
«procesos de radicalización» en esa área geográfica, y una escalada real
en la comisión de atentados y ataques violentos.
Lo que convierte la amenaza salafía yihadía en una verdadera pesadi-
lla para las organizaciones internacionales garantes de la seguridad. Tan
sólo un detalle estadístico de enorme importancia –extraído del informe
anual estadounidense sobre el terrorismo internacional– debe mantener-
nos en continua alerta, en la medida que sólo en el año 2010 se produ-
jeron más de 11.500 ataques terroristas llevados a término en 72 países,
que causaron la muerte a más de 13.200 personas.
Queriendo profundizar en el origen y la motivación de las personas que
integran esas organizaciones terroristas de origen islamista, debemos
afirmar que dichas razones y motivaciones son desconocidas para la
mayoría de los ciudadanos. Si bien es cierto que sus pretensiones nos
las han ido mostrando, incluso ilustrando, por medio de esos ataques tan
atroces. Por ello, la razón sobre cuáles son sus posibles motivaciones,
intereses o necesidades e incluso las pretensiones para generar un daño
tan indiscriminado a personas absolutamente inocentes, son las que tra-
taremos a continuación.
Coincidimos con las tesis afirmadas por algunos expertos en terrorismo
internacional en la medida que la violencia promovida por los islamistas
obedece a la inspiración de una red de alcance global cuyos objetivos tras-
cienden los ámbitos geográficos en los cuales se cometen las acciones
terroristas. Las aspiraciones de un nuevo orden mundial van más allá de
la intención de afectar a las estructuras de ese orden mundial, y más allá

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Boletín de Información, número 322

de la intención de afectar estructuras de gobierno regionales, lo que pasa


a ser predominante en el ideario de esta forma de violencia. Puesto que
se tratan de actividades llevadas a cabo por fanáticos que, inspirados en
una visión fundamentalista del credo islámico, intentan imponer a través
de la violencia sus creencias religiosas y políticas en un amplio espectro.
Incluyendo la creación de un nuevo califato y la recuperación de territorios
considerados como musulmanes que se consideran ocupados, entre ellos
España (Alonso, 2009; Elorza, 2008; De la Corte y Jordán, 2007).
Seguidamente, analizaremos el origen y las razones en las que se apoyan
la mayoría de las organizaciones yihadistas, y que podríamos identificar-
los como «pilares básicos» de la corriente salafía (‫)ةِيفالَس‬. Para ello de-
sarrollaremos una descripción sobre los objetivos ideológico-religiosos y
sobre qué impulsos pudieron dar a esos movimientos y organizaciones,
comparando sus principios con los de otras corrientes religiosas.

Origen de la corriente salafía

¿Qué fuerzas tan irresistibles pueden impulsar a los integrantes de las


organizaciones terroristas islamistas a sacrificar sus propias vidas en
nombre de Alá, inmolándose ante un acuartelamiento militar, unas de-
pendencias policiales e incluso una plaza repleta de personas? ¿Dónde
se encuentra el origen de este tipo de violencia?
La respuesta a estas cuestiones nos lleva a afirmar la existencia de diver-
sos factores, algunos de carácter político y otros de origen religioso que,
unidos, originan ese tipo específico de violencia, ese modelo radical, que
nos permitirá identificar al yihadista dispuesto a pasar al qital (combate). Y
puesto que ese «proceso de radicalización» constituye una transición en la
que el individuo llega al extremo de modificar su conducta transitando un
camino a medida que se ve expuesto a determinados factores ideológico-
religiosos, especialmente relevante resultará la detección de «indicadores
tempranos» de ese proceso con el fin de poder contrarrestarlo e incluso
revertirlo desde la perspectiva de la seguridad (Alonso Pascual, 2009).

La corriente salafía

Desde el punto de vista histórico y ubicado fuera de nuestra época más


reciente surgiría la corriente ideológico-religiosa llamada salafía (‫)ةيفالَس‬.

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Boletín de Información, número 322

Para los islamistas más radicales dicha corriente viene a convertirse en la


segunda en importancia dentro del islam y ubicada funcionalmente fuera
de la península Arábiga.
Podemos afirmar que los primeros seguidores del movimiento se loca-
lizan en Egipto, en el siglo XIX, los cuales se hallaron verdaderamente
influenciados por la obra de Abd Al Wahab, y por su libro: At Tawjid,
corriente wahabía. Una obra que, desde antaño, vino y continúa siendo
utilizada para lectura y la consulta por parte de los miembros integrantes
de las organizaciones salafístas.
Los seguidores intelectuales y reformadores más conocidos de la co-
rriente, los cuales se cultivaron y recibieron formación académica en la
Universidad Islámica Al Azhar de El Cairo, fueron Muhammad Abd Uh
(1849-1905), Al Dinar Jamal Al Afghani (1839-1897) y Rashid Rida (1865-
1935). Todos ellos, en síntesis, coincidieron en la necesidad real de crear:
«Un renacimiento islámico y el movimiento para el resurgimiento
dentro del islam.»
Entendiendo, sin embargo, que la innovación en el credo islámico podía
llegar a causar importantes daños entre los musulmanes y sus genera-
ciones futuras.
Desde el origen de su existencia el salafía, como corriente islámica de
corte radical, discurrió en paralelo al movimiento wahabía coincidiendo
plenamente incluso en cuanto a la filosofía y la idea de lograr el objetivo
de un verdadero islam mucho más puro, perfecto y completo, como el
existente en la época en la que vivieron el Profeta Muhammad y sus com-
pañeros, haciendo una clara mención a las tres primeras generaciones
de musulmanes, aunque aceptando, con ciertos matices, su intento en
reconciliar el islam más tradicional con el modernismo, circunstancia que
nunca aceptó el movimiento wahabía.
La corriente, se marca como fin primordial o meta el regreso a los «ver-
daderos valores del islam puro» reivindicando un modelo de vida, el de
los antepasados piadosos, así como el restablecimiento de la práctica del
islam asemejado a la religión vivida durante esa época inicial.
El mensaje de la corriente es que el islam fue perfecto y completo durante
el tiempo vivido por Muhammad y sus compañeros, intentando restable-
cer el ejercicio de una práctica que pudiera asemejarse lo posible a la re-
ligión primaria u original vivida durante esa época. Y aunque se ha utilizó

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Boletín de Información, número 322

alternativamente con el wahabia se presentó como un intento necesario


de renovación depuradora que encontró a su máximo enemigo en el tra-
dicionalismo de las escuelas sufíes. Por lo que desde el punto de vista
histórico el movimiento buscó emular a la piedad de esas tres primeras
generaciones del islam, y que se denominaron As Salaf (‫– )فَالَّسلا‬los an-
tepasados– (Blanchard, 2008 y Moussalli 2009).
Sin embargo, lo que causa mayor preocupación también de dicha co-
rriente es que:
«Se acepta e incluso legitima el uso de la violencia contra los deno-
minados infieles.»
De hecho una de las causas ensalzadas e instigadas por los islamistas
más radicales y que vienen siendo aceptadas y asumidas por los yihadía,
es que, según interpretan, el Corán promete bienaventuranzas a los mu-
sulmanes que combaten en la senda de Alá y, de manera especial, en
quienes entregan la vida en combate como terroristas suicidas –mártires–,
al considerar que el uso de la violencia es un instrumento verdaderamente
aceptable para poder obtener determinados objetivos (ideológicos expan-
sión de esa interpretación del islam) así como religiosos (la defensa de una
interpretación religiosa). Esta última afirmación nos permite afirmar

Figura 3.- Organización Hermanos Musulmanes


en sus orígenes.

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Boletín de Información, número 322

la existencia de una perfecta simbiosis del salafía con el yihadía para con-
seguir un conjunto de objetivos que podríamos considerar comunes:
«El regreso a los orígenes del islam mediante el uso necesario de
la violencia.»
El salafía como pilar ideológico-religioso
de la asociación Hermanos Musulmanes
Durante el primer tercio de siglo XX no fueron numerosos los islamistas
y fundamentalistas vinculados a la corriente salafía. Sin embargo, se dio
origen a un considerable aumento en el número de seguidores tras la ins-
tauración en la región de un gran núcleo del islamismo, principalmente en
Egipto (‫ )رْصِم‬motivado, fundamentalmente, por el surgimiento y la puesta
en escena –1928– de una nueva organización –asociación– denominada
Hermanos Musulmanes (‫ )اوّدِعُاو نيمِلسُملا ناوخإلا‬que actuó en la clandes-
tinidad, figura 3.
La importancia de la asociación tuvo su origen en el hecho de haber
sido la primera organización islamista en tomar la iniciativa para poner
en práctica una corriente radical en cuanto al regreso a los valores
de un islam puro que fueron sostenidos por la primera generación de
musulmanes. Asimismo, la asociación se presentó ante la sociedad
egipcia como la necesaria renovación depuradora que encontró como
enemigo al tradicionalismo de las escuelas sufíes, considerado
como una ruptura radical con el islam tradicional y entrando en co-
nexión con el salafía yihadía (‫ )ةيداهِجلا ةيفَلَّسلا‬en la medida en que la
propia yihad, identificada ésta como el esfuerzo que debe realizar todo
musulman ante determinadas situaciones, se basaba en una «lectura
salafista del islam».
En cuanto a los líderes de la asociación, que podríamos considerar como
principales, destacaríamos la existencia de dos tendencias ideológicas
en la organización islamista, pertenecientes a cada uno de ellos.
En primer lugar, destacaríamos la tendencia puesta en práctica y desa-
rrollada por Hassan Al Banna (‫( )اّنَبلا ُنَسَح‬1906-1949), un egipcio estu-
dioso de teología –memorización del Corán, el Hadiz, el Fiqh y la lengua
árabe– literatura y jurisprudencia árabe en la Universidad Islámica Dar Al
Ulum, quien viviendo en Ismailia –1928– resultando influenciado tras ser
testigo directo de la explotación a la que fueron sometidos sus compa-
triotas por parte de los occidentales con motivo de la construcción del

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Boletín de Información, número 322

canal de Suez, así como por la falta de dignidad e impotencia mostradas


por las propias autoridades egipcias al dejarse influenciar en un conjunto
de valores occidentales dejando al margen el islam. Ello le animó a tomar
la decisión de fundar, junto a otros radicales egipcios, la asociación sala-
fista Hermanos Musulmanes (Aboul-Enein, 2003).
Al Banna se halló también fuertemente influenciado por un conjunto ideas
y creencias puestas de manifiesto por el sheikh Muhibb Al Din Khatib,
un reformista sirio, con quien también fundó la Asociación Jóvenes Mu-
sulmanes. Ambos desarrollaron durante 10 años actividades de reclu-
tamiento por todo el país, aclamando un más que evidente fundamenta-
lismo, una islamización en las instituciones políticas de Egipto, mostran-
do un enorme interés en la creación de una Constitución que derivara
directamente de el Corán y de la sunna de su Profeta, así como la intro-
ducción de una única Ley Islámica (Aboul-Enein, 2003; Portero, 2007 y la
web de la asociación Hermanos Musulmanes, 2009).
En cuanto a la segunda tendencia, ésta desarrollada por el líder más
radical de la asociación, el también egipcio Sayd Qutb (‫بطُق ديَس‬‎ )
(1906-1966), quien se halló a su vez muy influenciado también por
Al Banna.
Qutb tras recibir formación en Dar Al Ulum en El Cairo se dedicó a las
tareas de enseñanza. Por lo que con motivo de su formación pedagógica
–residiendo en Estados Unidos–, fue en este país donde redescubrió su
ideología islámica, que motivó su convencimiento, a su regreso a Egipto,
de unirse a la asociación islamista Hermanos Musulmanes.
En una de las obras publicadas de Qutb, titulada: Signos en el camino;
desarrolló un análisis de la sociedad y del Estado, así como de las accio-
nes a emprender para llevar a término una verdadera transformación so-
cial en Egipto, mostrando su interés en poner en práctica su propia teoría
que consistió en un «continuo llamamiento público dirigido a la sociedad
musulmana egipcia» fundamentado en el hecho de que las sociedades
occidentales se hallaban enfermas y por ello los países musulmanes po-
dían correr el mismo riesgo si continuaban dejándose influenciar. Por lo
que abordó en la necesidad de limpiar la sociedad musulmana de las
influencias del capitalismo y el comunismo:
«…era necesario tomar como ejemplo el comportamiento del Pro-
feta Muhammad y de sus compañeros, bebiendo de las fuentes

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Boletín de Información, número 322

coránicas para construir una sociedad islámica ideal, una socie-


dad coránica.»
Las palabras de Qutb causaron un gran impacto en la ideología del mo-
vimiento Hermanos Musulmanes (Farah, 2007; web Hermanos Musulma-
nes, 2009 y Emerson, 2008).
Finalmente, Qutb acabó siendo encarcelado tras ser acusado de intentar
atentar contra Nasser, pero principalmente por exteriorizar públicamente
un radicalismo excesivo y su interés inequívoco en promover una «revolu-
ción islámica en el país», lo que motivo su ejecución en el año 1976 (Qutb,
1975). Fue calificado como el «fundador del islamismo yihadí armado».
Sus teorías han sido las más influyentes en cuanto a las líneas ideológi-
cas seguidas por diversos líderes de las organizaciones terroristas yiha-
distas como, por ejemplo, Ben Laden y Ayman Al-Zawahiri, de Al Qaeda
(‫)ةدِعاقلا‬, e incluso Abd Allah Azzam, líder de los muyahidin en la guerra
de Afganistán contra los soviéticos. Así como también en otras muchas
organizaciones terroristas como: La Mano Negra; Abu Nidal; Septiembre
Negro; Frente de Liberación de Palestina; Frente Popular de Liberación
de Palestina; Brigadas Ezzedin Alqassam; Fatah; Hamás (versión pales-
tina de Hermanos Musulmanes); Hizballah (Resistencia Islámica en Lí-
bano); Brigadas de los Martires de Al Aqsa; Gama’a Al Islamiyya; Grupo
Islámico Combatiente Libio; Grupo Islámico Armado; Grupo Al Takfir u Al
Hijra; Grupo Salafista para la Predicación y el Combate; Al Qaeda en el
Magreb Islámico; y un largo etcétera.
Las principales líneas ideológico-religiosas de Hermanos Musulmanes
–corriente salafía– son las siguientes (Asociación Hermanos Musulmanes,
2009 y Aboul-Enein, 2003):
– El seguimiento de la ideología salafía (‫ )ةيفَلَس‬con rechazo absoluto a
cualquier movimiento o principio que contradijera el Corán o la sunna.
– La lucha por implementar la sunna en cada aspecto de la vida pública.
– Incrementar la importancia del imam –la religiosidad– concentrándolo
en la pureza de los corazones y en los fieles.
– Islamizar el Gobierno y ayudarle en ese objetivo fuera del país, pero
dentro del mundo islámico.
– Aumentar el conocimiento del islam y la sharía.
– Establecer una infraestructura económica por contribuciones de sus
miembros y el patrocinio de las escuelas islámicas y otros proyectos.

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Boletín de Información, número 322

– Promover lazos y conexiones también con otros movimientos del mun-


do islámico.
– Desarrollar un Estado musulmán formado por un gobierno islámico,
como primer paso a la islamización y absolutamente en contra de la
ocupación extranjera en los territorios musulmanes, (caso de Israel).
– La construcción del califato y la creación de un mundo islámico.
– Dominar el mundo del islam.

Comparativa del salafía con el yihadía y otras corrientes religiosas

La ideología yihadía

En cuanto a la ideología yihadía (‫ )ةيداهِج‬debemos subrayar el hecho de


que el concepto de yihad (‫)داهِج‬, el cual está siendo debatido desde cierto
tiempo en la medida que existen opiniones diversas y dispares sobre la
existencia de dos tipos o formas distintas de hacer la yihad.
Sin embargo, lo que no debemos ignorar son los diversos significados
que posee el término yihad en las sociedades musulmanas. En éstas
todo gira en torno a la religión, por lo que se debe mantener una vincu-
lación personal y de creencias en el Corán y en la sunna –al tratarse de
la segunda fuente del islam–, así como en una comunidad de creyen-
tes o umma, ciertamente dependiente en cuanto a su base ideológico-
religiosa. Pero es que además, no existe ni un ápice de desconexión
en la medida que toda forma y estilo de vida musulmán se encuentra
unido, en simbiosis, íntegramente a ella y, de manera muy especial, a la
religión y a la fe.
Profundizando en el significado del concepto de yihad debemos subra-
yar también que entre las diversas concepciones existentes y la que po-
dríamos calificar como más inmediata sería la de «hacer un esfuerzo» o
bien «esforzarse en lograr alguna cosa», incluso en «luchar para obtener
algo», unas circunstancias que todo ser humano independientemente de
su ideología y creencia realiza a lo largo de su vida, figura 4.
Sin embargo, el concepto de yihad se identifica con otra de sus acepcio-
nes más conocidas pero mucho más radical como la obligación que todo
musulmán debe llevar a cabo ante determinadas circunstancias como,
por ejemplo, en situaciones en las que los territorios propios –tierras mu-

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Boletín de Información, número 322

Figura 4.– Frente Islámico: Yihad Global.

sulmanas y lugares sagrados– sean atacados o invadidos por extranje-


ros. Casos en los que el llamamiento a realizar la yihad se considera una
obligación individual para todo musulmán para la defensa de los territo-
rios (Azzam, 1987 y Azzam, 1993).
Estas consideraciones fueron desarrolladas por Abd Allah Yussuf Azzam,
quien siendo un líder muyahidin en la guerra de Afganistán, y habiendo
obtenido formación académica en las universidades de Jordania, Damas-
co, El Cairo en Sharia así como en Islamabad, iniciaba una lucha personal
primero contra los judíos por la ocupación de Palestina, y con posterio-
ridad, desde Pakistán, contra los soviéticos por invadir Afganistán. Sus
principales actividades consistieron en cambiar la mente de los musul-
manes presentando la yihad como la:
«Causa islámica universal que concierne a todos los musulmanes
de cualquier parte del mundo.»
De hecho, el trabajo de Azzam es considerado como uno de los «pilares
modernos del colectivo yihadía» (Azzam, 1987 y Azzam, 1993).
En cuanto a las opiniones dispares sobre las diversas formas de la yihad
destacaríamos la existencia de dos tipos: el primero denominado yihad
menor referido a toda actividad violenta en conexión directa con la acción
terrorista; y el segundo concepto, el denominado yihad mayor, se referi-

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Boletín de Información, número 322

ría a la actividad que el musulmán desarrolla para lograr una vida digna
dentro del islam.
Recogidos los primeros dos conceptos de la yihad podríamos afirmar
que, desde el punto de vista ideológico, significaría «hacer un esfuerzo»,
sin embargo, desde la perspectiva religiosa, tendría vinculación con el
«esfuerzo en seguir el mandato de Dios (Alá)», es decir, en una expresión
entendida en un sentido guerrero. La yihad es pues, desde este punto
de vista interpretativo, la guerra inspirada por un propósito religioso, la
guerra por el islam (Avilés, 2009).
Las razones principales para realizar la yihad estarían motivadas por un
lado, por su carácter defensivo de la religión musulmana así como de los
territorios y, por otro, en facilitar una respuesta clara a la llamada de Alá.
Sin embargo, constatamos la existencia de otras dos acepciones sobre
el término yihad tal y como expone Azzam, que denomina: yihad ofensiva
y yihad defensiva (Azzam, 1987 y Azzam, 1993).
Azzam en sus dos acepciones, basándose a su vez en las tesis de Tay-
miyya, identifica la yihad ofensiva como la realizada cuando el enemigo
–del pueblo musulmán– es atacado en su propio territorio por los mu-
sulmanes, e identificando la lucha ofensiva como fard kifaya (‫)يَفِك ْضرَف‬,
siendo:
«La responsabilidad de todo musulmán de asistir al llamamiento de
lucha por parte del imam.»
Y por otro lado, identifica la yihad defensiva cuando se produce una inva-
sión de las tierras musulmanas y lugares sagrados del islam. Por lo que
viene a identificar la lucha defensiva como fard ayn (‫)نِع ْضرَف‬, al recono-
cerla:
«Como deber obligatorio de todo musulmán para proteger la re-
ligión y los lugares considerados como sagrados, repeliendo las
agresiones de los enemigos.»
Asimismo, el propio término yihad proviene de la derivación ideológico-re-
ligiosa del salafía, primordialmente por los principios que persigue, no sólo
por su tenor literal que en lengua árabe tiene su origen en la raíz yahd (‫)دْهَج‬
y cuyo significado es «esforzarse» o «aplicarse». La palabra yihad
(‫ )داهِج‬proviene del significado literal de «guerra» o «lucha» y, a su vez, la
palabra yihadía (‫ )ةيداهج‬utilizada más técnicamente posee un significado
literal de «militar» o «bélico», pero sin contener cargas ideológicas.

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Boletín de Información, número 322

Por otro lado, desde el punto de vista no sólo comparativo sino de co-
nexión entre el salafía y la ideología yihadía, la encontramos en la visión
salafía yihadía puesta de manifiesto por la organización terrorista Al Qae-
da. En ella, la organización afirma que desde los primeros días del Profeta
Muhammad el concepto de «hacer la yihad por la espada» se formó por la
unión de siete conceptualizaciones ideológico-políticas que se sucedie-
ron en el orden siguiente: «la construcción del califato»; «la supresión de
la apostasía»; «la revolución contra los considerados como falsos líderes
musulmanes»; «la lucha y purificación anticolonial de la religión»; «actuar
en contra de las influencias occidentales»; «la lucha de guerrillas contra
los invasores seculares»; y finalmente, «los atentados terroristas contra
civiles». Siendo la séptima definición política de la yihad por la espada: «el
terrorismo» (Gorka, 2010).
Por consiguiente, debemos ser conscientes de que el verdadero ánimo
de combate, de hacer el qital, se encuentra en la ideología salafía y no en
una supuesta tendencia yihadía. Entendiendo diversos especialistas en
terrorismo internacional que los integrantes de este tipo de movimientos
radicales y de grupos terroristas pertenecientes a la órbita de esa yihad
global deberán denominarse salafistas yihadistas (Jordán y Torres, 2006).
Por consiguiente, observamos una convergencia real de la corriente sala-
fía con la ideología yihadía.

La corriente wahabía

Uno de los principios inspiradores y origen también de los movimientos


islamistas más violentos ha sido la corriente wahabía (‫)ةِيباهَو‬. De hecho,
realizar una comparativa entre las corrientes salafía y wahabía podríamos
decir que es fundamental en la medida que «el salafía tiene su orígen en
el wahabía» en cuanto a sus pilares ideológico-religiosos, como en el re-
greso a los orígenes del islam. Es decir, la restauración de la pureza de la
religión islámica vivida durante esos primeros días por el Profeta Muham-
mad, los compañeros de Muhammad y los seguidores de los compañe-
ros del Profeta, además de la existencia de una serie de desviaciones e
innovaciones, e insistiendo también en que interpretan directamente las
palabras del Profeta, aceptando el Corán y la tradición como los únicos
textos fundamentales o considerados también como básicos en el islam,
y que incluye también el uso de la fuerza y la violencia: «la yihad en de-
fensa del islam».

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Boletín de Información, número 322

Pues bien fuera del periodo de nuestra época tendríamos a la mencio-


nada corriente desarrollada en su momento por Muhammad Ibn Abd
Al Wahab (‫ )باهولآ ُدبع نبِا دَمَحُم‬de ideología suní, en el siglo XVIII (entre
1703-1792). Podemos afirmar que ha sido la corriente con mayor in-
fluencia dentro del islam, convirtiéndose en la principal corriente exis-
tente en Arabia Saudí debido, fundamentalmente, al apoyo sin fisuras
que le brindó la dinastía de los Al Saud, (Constitución del Reino de
Arabia Saudí, 1992; Al Rasheed, 2002; Zarabozo, 2009; Moussalli, 2009
y Sabri Pasha, 2010).
La introducción de dicha corriente wahabía en la sociedad musulmana
–en el mundo islámico– se produjo con motivo de una alianza constituida
entre el reformador Ibn Abd Al Wahab y el líder Muhammad Ibn Saud
(‫ )دوعَس نبِا دَّمَحُم‬perteneciente a la corriente islámica saudí. La alianza es-
tuvo sustentada principalmente por un interés en purificar el islam de lo
que vino a describir como innovaciones, y en aplicar una interpretación
estricta de la sharía, además de extender la práctica de la oración en co-
mún. Llegando incluso a declarar que la veneración a los santos, árboles
u otros objetos conducía al kufr (‫– )رْفُك‬incredulidad– a la blasfemia y al
politeísmo y que la doctrina de la naturaleza única de Alá –tawjid– debía
ser estrictamente respetada.
Esa alianza dio lugar a la promulgación de un nuevo modelo de vida mu-
sulmana en el islam, el modelo wahabía, siendo identificado como:
«La forma más correcta de practicar el islam de manera oficial en
el Estado.»
Dentro de su actividad reformadora. Accediendo también Al Saud a la
exigencia de Al Wahab de lanzar la yihad –una guerra– contra los no mu-
sulmanes y contra los musulmanes cuyo islam no se ajustara a las ense-
ñanzas del reformador además de marcar la obligatoriedad de asistencia
de los hombres y niños a las lecciones de enseñanza (‫ )سرَد‬so pena de
pagar una multa o afeitarse la barba (Al Rasheed, 2002).
Debemos subrayar que Abd Al Wahab se ilustró en las enseñanzas dicta-
das por un predecesor suyo llamado Ibn Taymiyya (‫ )ةّيميَت نبِا‬el cual vi-
vió entre los siglos XIII y XIV (1263-1328), y cuyas enseñanzas plasmó en
su libro al que tituló Al Tawjid (‫( )ديحوَّتلا باتِك‬Al Rasheed, 2002; Zarabozo
2009 y Ibn Abd Al Wahab 1975). Taymiyya sustentó sus tesis en el hecho
de que «las tres primeras generaciones del islam», considerando como
primera generación «la de Muhammad (Profeta)», como segunda gene-

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Boletín de Información, número 322

ración la de «los compañeros de Muhammad», y como tercera la de «los


seguidores de los compañeros de Muhammad», debían ser la única guía
principal y real a seguir. Reafirmando el convencimiento de que dichos
modelos religiosos fueron el estilo y la forma a seguir de la vida islámica,
y que su práctica, junto con la lectura del Corán (‫ )نآرُقل‬constituirían la
guía más importante en la vida de todo musulmán (Al Rasheed, 2002; M.
Blanchard, Christopher, 2008 y Ibn Abd Al Wahabb, 1975).
Por ello, debemos reseñar el hecho de que los propios seguidores waha-
bís se consideren como «los auténticos defensores del islam», y que al-
gunos de ellos hayan llegado a identificarse como «salafistas saudíes»,
insistiendo en la necesidad de regresar a los orígenes, es decir a la «res-
tauración de la pureza de la religión islámica» puesto que ésta se en-
cuentra contaminada por la existencia de una serie de desviaciones e
innovaciones. Insistiendo también en que interpretan directamente las
palabras del Profeta, aceptando el Corán y la tradición como los únicos
textos básicos del islam y reafirmando que existen una serie de prácticas
consideradas como prohibidas y directamente opuestas al islam como,
por ejemplo, el hecho de invocar el nombre del Profeta; la actividad de
rogar o suplicar frente a las tumbas de santos y profetas; la celebración
de aniversarios y de actos festivos para conmemorar los santos muertos;
la creencia en los talismanes y en los poderes de curación; la práctica de
cualquier tipo de magia o de actos de brujería para sanar; las innovacio-
nes de la religión; las sesiones de cine e incluso la realización de fotogra-
fías a otras personas. (M. Blanchard, 2008; Ibn Abd Al Wahabb, 1975 y
Zarabozo 2009).

Comparativa con otras asociaciones


y movimientos musulmanes en nuestro país

En cuanto a la comparativa de la corriente salafía con el resto de aso-


ciación o movimientos musulmanas existentes en nuestro país –un total
de cinco incluyendo a la salafía–, destacaríamos a Al Adl Wa Alihsan; al
Movimiento Mundial Murabitun; a Hizb Ut Tahrir; y al Movimiento Tabligh.
Y observamos la existencia de un fin predeterminado desde el punto de
vista religioso, y el cual no es otro que la «consolidación de la religión
islámica en nuestro país», y por ende en Occidente (Unión Europea).
Al igual que la corriente salafía –colectivo– todos los movimientos en
nuestro país persiguen fines claramente políticos desde el punto de vista

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Boletín de Información, número 322

ideológico, es decir, que convergen en un elemento ideológico común


meridianamente claro.
Por otro lado todos los movimientos vienen a compartir entre sus obje-
tivos y pretensiones la expansión a nivel de nuestro país, e incluso en el
plano internacional:
1. El colectivo de Al Adl Wa Alihsan, movimiento mayoritariamente ma-
rroquí, pretende la construcción de un islam español, implementándola
por medio de las actividades religiosas y el asociacionismo –red de
asociaciones en España–, además de su expansión transnacional. Pro-
veniente del movimiento egipcio Hermanos Musulmanes.
2. El colectivo del Movimiento Mundial Murabitun, tiene entre sus obje-
tivos principales la pretensión de regresar al pasado tomando como
referencia los tiempos del Profeta Muhammad y como referente la
vida religiosa durante esos primeros momentos de vida del Profeta,
así como luchar contra los musulmanes considerados infieles y des-
viados del camino. Y aun no estando adscrita a ninguna de las dos
federaciones religiosas, aunque sí como entidad religiosa, deberíamos
considerar que sus objetivos son también políticos –ideológicos– en
cuanto a su ánimo e interés en la creación de Estados musulmanes,
es decir lo que podríamos denominar como microestados, además de
un alto mando militar y la constitución de un mercado libre islámico,
incluyendo su propia moneda de cambio.
3. El colectivo de Hizb Ut Tahrir pretende la instauración de un califato,
concretamente un macroestado islámico que englobe a todos los paí-
ses de mayoría musulmana, lo que irremisiblemente podría conllevar
a la creencia de que nuestro país pueda llegar a formar parte de ese
modelo político.
4. El colectivo del Movimiento Salafía, con mayor presencia en la co-
munidad catalana, cuyo fin primordial es volver a los orígenes, a los
primeros momentos del islam, al tiempo en que vivieron los primeros
musulmanes y que dieron inicio a la transmisión del mensaje revelado
por Alá al Profeta Muhammad. A fin de corregir esa desviación a partir
de una observancia religiosa más estricta, continua y fiel al espíritu
original del mensaje coránico, el colectivo se muestra interesado en
desarrollar un discurso de oposición activa en cuanto al contexto so-
cial occidental considerado como no favorable al mantenimiento de los
valores y principios de la vida islámica, lo que nos a la constitución de
una conciencia comunitaria renovada.

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Boletín de Información, número 322

5. El colectivo del Movimiento Tabligh, aunque a nivel individual tengan


prohibida su participación individual y pública en asuntos políticos,
con la pretensión de volver o regresar a la práctica –más ortodoxa– del
islam de los orígenes, la religión practicada por los primeros musul-
manes. Buscando la reforma individual para lograr una transformación
de la sociedad, o una evolución, que en este caso al igual que en los
cuatro anteriores es de tinte no sólo religioso sino también ideológico,
al considerar que la sociedad occidental tiene un conjunto de fallos, y
pretende difundirla por Europa.
En cuanto a la observancia de elementos comunes entre la corriente
wahabía y el resto de movimientos musulmanes de nuestro país, sería
la inexistencia de un llamamiento al uso de la violencia física para lograr
sus objetivos ideológico-religiosos. Aunque algunos sean ambiguos y no
condenen la violencia, como los colectivos Movimiento Mundial Murabi-
tun y Hizb Ut Tahrir.
Un cuarto elemento común entre todos ellos son sus más que evidentes
diferencias hacia el cristianismo. Incluso el Movimiento Mundial Murabi-
tun reprocha la división entre la Iglesia (la religión) y el Estado. Por lo que
se manifiestan en contra al entender que deberían ser indivisibles, no
admitiendo la separación de lo espiritual de lo mundano. Además, el Mo-
vimiento Hizb Ut Tahrir rechaza la democracia occidental al exteriorizar
sus pretensiones en querer islamizar las estructuras sociales y políticas
en los países de residencia.
En cuanto a las perspectivas de futuro debemos afirmar una expansión
real de la corriente salafía en nuestro país, concretamente por su amplia
implantación en la Comunidad Autónoma de Cataluña. El 10% de las
mezquitas abiertas en España –existen 1.000– pertenece a dicha corrien-
te, lo que la convierten en la corriente más importante.

La presencia del salafismo en España

La presencia del movimiento o corriente salafía en nuestro país se con-


centra primordialmente en la comunidad catalana, extendiéndose desde
Vall de Hebrón hasta prácticamente el País Vasco, e incluso Madrid. La
expansión del salafía está favoreciendo también la expansión del extre-
mismo islámico en España.

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Boletín de Información, número 322

Debemos tener en cuenta que el actual concepto de salafía ya no está


manteniendo esa línea de trabajo enfocada hacia la renovación intelec-
tual surgida en el pasado, concretamente en los siglos XIX y XX, sino
más bien a un conjunto de interpretaciones de la doctrina islámica influi-
das por el wahabía como lectura literalista y puritana de esta tradición.
Además esta visión, basada en una estructura segmentada, reticulada y
policéntrica, muestra a la corriente salafía como una orientación doctrinal
general basada en una serie de principios asumidos de manera extensa,
que establecen un mínimo de marco referencial al cual acogerse e iden-
tificarse (Moreras, 2010).
La elección de la comunidad catalana para la implantación y expansión
del colectivo no se ha realizado al azar. Y el porqué de la elección de di-
cha comunidad, y más concretamente de las localidades de Tarragona y
Lérida, con toda probabilidad tenga que ver, por un lado, con la situación
coyuntural política –región nacionalista moderada–, unido a unas Fuerzas
de Seguridad autonómicas al rebufo en cuanto a eficacia, despliegue,
proyección y especialización yihadista, en comparación con la operati-
vidad y eficacia de las Fuerzas de Seguridad del Estado, especialmente
la Guardia Civil. Y por otro lado, desde el punto de vista estratégico y lo-
gístico, debido a la existencia de una «entrada y salida directa a Europa»
además de existir un aeropuerto y un puerto marítimo verdaderamente
importantes así como excelentes infraestructuras de comunicación hacia
la Unión Europea y otros países.
Además, durante su expansión ha llegado a desarrollar una organización
informal sobre una estructura importante de relaciones y contactos per-
sonales estrechamente trabados, con la existencia de diversas figuras:
promotores principales (el núcleo duro del salafía en la comunidad); res-
ponsables comunitarios locales; así como los simpatizantes salafía.
Tarragona se convirtió también en un lugar importante de afluencia de las
interpretaciones doctrinales traídas por los primeros militantes salafistas,
lo que ha contribuido a su mayor desarrollo.
La expansión del extremismo islámico en nuestro país es importante
puesto que durante el pasado año se desarrollaron 10 congresos salafis-
tas en diferentes ciudades como: Rosas (febrero); Torredembarra (abril);
Trápaga (mayo); Vilanova i la Geltrú (abril); Balaguer (abril); Vic (abril);
Torredembarra (junio); Salt (junio); Guadalajara (junio); Rosas (octubre).
Lo que significa un incremento de sus actividades frente a un solo con-

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Boletín de Información, número 322

greso desarrollado en el año 2008. De hecho en las mezquitas salafistas,


durante la oración principal de los viernes, se hacen enaltecimientos a la
yihad, que podríamos considerar como preocupantes desde el punto de
vista de la seguridad interior en nuestro país.

Conclusiones

En el presente artículo nos hemos introducido en las diversas corrientes


religiosas islámicas existentes en la actualidad, profundizando tanto en
sus orígenes como en sus posibles interconexiones a lo largo de la his-
toria más reciente.
La corriente ideológico-religiosa salafía, además de la wahabía, es la que
mayor interés representa de las existentes en la medida que la organiza-
ción terrorista Al Qaeda y sus correspondiente nodos regionales basan y
sustentan sus pilares principalmente en dicha ideología, y desde el punto
de vista del análisis de posibles riesgos a la seguridad es importante co-
nocer sus pilares básicos, objetivos y fines persigue dicha corriente.
También hemos conocido cuáles son las necesidades reales de dicha
corriente que no son otras que «el renacimiento islámico» y «un resur-
gimiento dentro de la religión musulmana», para lograr «un islam mucho
más puro, perfecto y completo», como lo fue el existente en la época del
Profeta Muhammad. Y a su vez, hemos profundizado en la primera aso-
ciación musulmana salafista originaria y constituida en Egipto, Hermanos
Musulmanes, y sobre cuáles han sido y continúan siendo las principales
pretensiones y fines de la mano de sus dos primeros líderes y sus corres-
pondientes líneas de pensamiento ideológico-religiosas.
Sin embargo, el principal problema que hemos podido observar es la afir-
mación pública sobre la legitimación y aceptación del uso de la violencia
contra los infieles en la defensa de la religión musulmana, del islam.
Por otro lado, y en conexión con la ideología yihadía, la corriente salafía
se une a la yihadía en cuanto a conseguir un conjunto de objetivos comu-
nes, pero en este caso mediante el uso de la violencia yihadísta. La unión
de ambas ideologías conduce al objetivo de lograr «el regreso a los oríge-
nes del islam mediante el uso de la violencia necesaria» para alcanzar sus
pretensiones. Y aquí es donde su simbiosis provoca una conducta atípica
en sus integrantes en cuanto a la consecución de regresar a los primeros

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Boletín de Información, número 322

tiempos vividos durante la época del Profeta por medio de las acciones o
actividades violentas que se consideren necesarias.
Finalmente, hemos desarrollado una breve comparación entre las co-
rrientes existentes en nuestro país, en la que se incluye la salafía. Y he-
mos podido constatar ciertas similitudes en cuánto a objetivos comunes
como, por ejemplo, el hecho de no condenar la violencia entre algunos
colectivos; la existencia de diferencia hacia el cristianismo; y el reproche
a la división entre Iglesia y Estado, además del rechazo a la democracia
occidental en alguno de los referidos colectivos.
Para concluir, hemos tratado también sobre la importante presencia en
cuanto a número de integrantes y consolidación de la corriente salafía en
nuestro país, y más concretamente en la comunidad catalana. Desde el
perspectiva de la seguridad podemos afirmar que la corriente podría con-
siderase como el ADN de la organización Al Qaeda, toda vez que los fines y
objetivos que persiguen han sido adoptados prácticamente en su totalidad
por las organizaciones yihadistas, suníes y chiíes. Por consiguiente, nos
encontramos con una corriente ideológico-religiosa legal y cómoda con
nuestro sistema normativo al cual se haya acogida, pero quizá no confor-
me con nuestro sistema político y democrático. Sin embargo, por los datos
analizados, la corriente salafía podría actuar como catalizador para originar
y proyectar escenarios futuros de exaltación violenta, unido a posibles au-
mentos en «procesos de radicalización», lo que a medio plazo provocaría
en la región un aumento y exteriorización de «posibles acciones violentas»
por fieles pertenecientes a los grupos más jóvenes expuestos a dichas
acciones o actitudes, dependiendo de sus situaciones.

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Boletín de Información, número 322

EL SOFT POWER DE LA UNIÓN EUROPEA:


¿ES SUFICIENTE PARA EL PAPEL MUNDIAL
QUE DESEA JUGAR?

Luciano Ibañez Dobón


Coronel de Infantería

Es indudable la influencia que ejerce la Unión Europea en el escenario internacional,


quizá como consecuencia de la actividad de los antiguos imperios coloniales de algu-
nos de sus miembros, pero sin duda también está relacionada con el éxito alcanzado
por este novedoso ente internacional. En estas líneas no se pretende dar respuesta a
la pregunta del título sino de presentar las circunstancias que permitan descubrir el
origen de esa peculiar forma de poder, y junto a otros datos sobre las perspectivas
futuras en diversas áreas, tratar de vislumbrar el porvenir de la Unión Europea.
El trabajo queda estructurado en dos partes, la primera se centra en al pasado, la his-
toria y en la Estrategia Europea de Seguridad (EES); mientras que la segunda, muestra
el horizonte cercano así como la evolución del concepto de seguridad.

Un poco de historia

Para empezar, no parecen casar entre sí esta pareja de palabras, blan-


do y poder, pues estamos acostumbrados a asociar la segunda con
los conceptos de predominio, supremacía, imposición o coacción.
Sin embargo, es el término elegido por los estudiosos para calificar el
modo en el que la Unión Europea trata de ejercer su influencia en el
mundo (1). Una manera algo diferente a la tradicional (considerando
como tal a la basada en el pasado colonial, en el poder militar y en la
imposición) (2) y que indica cómo la Unión Europea se relaciona con el

(1) El término fue acuñado por Joseph S. Nye en el año 1990, apareciendo en su artículo
«Soft Power», Foreing Policy.
(2) Al que podemos denominar hard power. Otros autores admiten un tercer término, el
smart power, consistente en la inteligente combinación de los dos anteriores. Este últi-
mo aparece por primera vez en un artículo de SuzAnne, Nossel: «Smart Power», Foreing
Affaires, marzo-abril de 2004.

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Boletín de Información, número 322

resto de países del mundo. A pesar de esta diferencia, o tal vez debido
a ella, ejerce un notable poder de atracción a la vez que una podero-
sa influencia sobre los asuntos internacionales; incluso una parte del
mundo desearía que se convirtiera en un poder capaz de equilibrar al
ejercido por Estados Unidos. Quizá convenga recordar el pasado de
Europa para tratar de comprender este cambio sobre la teoría tradi-
cional del poder.
Hay que tener presente que en el origen de los tratados europeos –que
con el tiempo han dado lugar a la Unión Europea– está el deseo de aca-
bar con las guerras en nuestro suelo. Tras dos guerras mundiales, la
Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) trata de conseguir
este propósito mediante el control de estos dos productos considerados
estratégicos. Bien es cierto que, con posterioridad y en la práctica, los
esfuerzos de los Estados miembros se han traducido en acciones para
suprimir barreras arancelarias, en crear un mercado único, y finalmente
una moneda única; pero también es cierto que todavía hoy se mantiene
aquel deseo de paz, como se cita en el artículo 21 del Tratado de la Unión
Europea, ratificado en Lisboa:
«La acción de la Unión en la escena internacional se basará en los
principios que han inspirado su creación, desarrollo y ampliación y
que pretende fomentar en el resto del mundo: la democracia, el Es-
tado de Derecho, la universalidad e indivisibilidad de los derechos
humanos y de las libertades fundamentales, el respeto de la digni-
dad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el respeto
de los principios de la Carta de Naciones Unidas y del Derecho
Internacional.»
Es decir, los propósitos del año 1957 de la CECA (3) se mantienen en el
Tratado de Lisboa, unos valores que han regido durante este tiempo las
relaciones entre los Estados miembros, y que han permanecido, a pesar
de las tensiones debidas a las diferencias entre los intereses nacionales;
y finalmente, unos valores que se pretende extender al resto del mundo.
En consecuencia las actividades de la Unión hacia el exterior, caracte-
rísticas de esa diferencia señalada anteriormente, han estado marcadas
por el predominio del diálogo y de la negociación, reservando el uso de
la fuerza exclusivamente para la defensa de la paz, quizá por esto se ha

(3)  Seguidos por el Tratado Comunidad Económica Europea y el de la Comisión Europea


para la Energía Atómica, formando en conjunto «las Comunidades Europeas».

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Boletín de Información, número 322

calificado también a la Unión Europea como poder civil, como contrapo-


sición al poder militar basado en el uso de la fuerza (4).
A lo largo de la Historia, Europa siempre ha estado padeciendo alguna
guerra en su suelo, y por si fuera poco, el pasado siglo contempló dos
guerras mundiales; por esto parece lógico que los «padres» de la inte-
gración (5) quisieran poner fin a esta situación, y en consecuencia, a un
tipo de poder político, basado en el poderío militar que producía tales
enfrentamientos. Este modo de pensamiento ha pasado a ser parte la
identidad de la Unión, y se ha extendido a las relaciones con el resto del
mundo, marcando el comportamiento hacia el exterior (6) y la seguridad
de la Unión Europea.
Si la Unión admitiera un sistema internacional basado en la confrontación
y en el antagonismo entre los grandes poderes, estaría yendo contra su
propia identidad, contra su sistema de valores, en consecuencia prefie-
re actuar mediante la persuasión, haciendo valer su influencia, incluso
en contextos en los que la violencia está presente. Su propia diversidad
constituye un activo de cara a las relaciones con el exterior. Todo esto
aparece reflejado en la EES de 2003, «Una Europa segura para un mundo
mejor».
Este comportamiento ha marcado diferencias, en ocasiones profundas,
con Estados Unidos, sobre todo a partir de la ruptura de la Unión So-
viética y de la caída del muro de Berlín, diferencias basadas más en el
modo de enfrentar los problemas que en el reconocimiento de los mis-
mos, como afirma R. Kagan:
«Europa, debido a su experiencia histórica del siglo pasado ha de-
sarrollado un conjunto de ideales y principios tocantes a la utilidad
y la moralidad de poder que difieren sustancialmente de los ideales
y principios de los estadounidenses, que no han compartido esa
experiencia histórica.»

(4)  Son interesantes las recientes afirmaciones del ex primer ministro británico Tony Blair
efectuadas en una conferencia en la Universidad Europea de Madrid, en el sentido
que ahora, en el siglo XXI, la prioridad para Europa ha de ser el poder, así como en la
necesidad de disponer de una política propia de defensa, en: www.abc.es, 6 de junio
de 2011.
(5)  Éstos en el inicio buscaban una Unión Federal de Estados Europeos.
(6)  No son pocos los que oponen a la denominación de «política exterior» referida a la
Unión Europea, reservando esta denominación a la realizada por los Estados, es una
cuestión de soberanía.

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Boletín de Información, número 322

Quizá Europa esperaba que el final de la guerra fría trajera una era de
supremacía del poder económico, lo que explicaría los esfuerzos reali-
zados en esta área, pero los hechos no cumplieron con esas esperanzas
y el poder militar siguió manteniendo su importancia, dejando la influen-
cia económica en un segundo plano, sin que ésta, por muy importante
que fuera, se tradujera en poder estratégico o geopolítico (7). Un claro
ejemplo es Oriente Próximo, donde la Unión Europea ha invertido gran-
des cantidades de dinero pero donde siguen teniendo más peso Estados
Unidos. Expresado de otro modo, la diferencia entre ambos socios tran-
satlánticos es más bien de índole filosófica.
Supongamos una línea imaginaria que represente, a la izquierda a una
humanidad regida por las leyes de la jungla, y a la derecha esa misma
humanidad en la que rige la razón; pues bien, los norteamericanos co-
locarían a la sociedad actual más cerca del extremo izquierdo que del
derecho. Esto no tiene necesariamente que implicar que Estados Unidos
no sea idealista, puede serlo, pero lo cierto es que no ha tenido la expe-
riencia de fomentar esos ideales sin tener que recurrir al uso previo de
la fuerza (8). De hecho este comportamiento, como reconocen algunos
europeos, podría incluso presentar ventajas para el mundo civilizado (9).
Podemos expresar esta diferencia de otro modo. Consideremos que las
relaciones internacionales se pueden afrontar desde dos distintos para-
digmas. El primero de ellos, al que llamaremos neokantiano, represen-
ta una nueva versión del mundo según lo imaginó Kant, un mundo con
abundantes interdependencias, mayor grado de cooperación, con me-
nores enfrentamientos armados y en el que sería posible, gracias a la
globalización, la instauración de un orden mundial pacífico. El segundo
paradigma, al que llamaremos neohobbesiano, se caracteriza por una vi-
sión más pesimista del mundo, donde sigue habiendo caos y anarquía,
ausencia de poder supranacional y predominio de la violencia y de la
fuerza. La Unión Europea estaría más próxima al primero de los para-
digmas, mientras que Estados Unidos se mostrarían más proclives a la
interpretación de las relaciones internacionales según el segundo.

(7) kAgAn, Robert: Poder y debilidad. Europa y Estados Unidos en el nuevo orden mundial,
p. 35, editorial Taurus, Madrid, 2003.
(8) kAgAn, Robert: opus citada, p. 144.
(9) niebuhR, Rinhold: The Irony of American History, p. 134, Nueva York, 1962.

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Boletín de Información, número 322

También existe la visión diferente para explicar el comportamiento de la


Unión Europea. Esta posición afirma que su comportamiento de cara al
exterior no es sino una consecuencia de su debilidad en el campo inter-
nacional. Como ejemplo se puede citar el análisis del Grupo de Estudios
Estratégicos (GEE) de marzo de 2009 (10), en el que se afirma que quizá
Europa, se avergüenza de su pasado colonial, y que buscando huir de él
cree haber «llegado a diplomacia perfecta, en la que todo se soluciona
con el diálogo»; abandonando, además, su seguridad en manos de ins-
tituciones supranacionales. Por otro lado, los autores del informe ponen
en duda la credibilidad de las instituciones europeas.
En todo caso resulta innegable que existe una gran diferencia entre lo que
representa la Unión Europea en los aspectos económico, demográfico,
comercial y cultural, y su proyección internacional; es como si en este
mundo multipolar faltara el polo europeo.

La EES del año 2003

En el camino a la integración europea, y dada por sentada la paz en el te-


rritorio, se avanzó por el camino de la cooperación política; más tarde con
Maastricht nació la Política Europea de Seguridad Común (PESC), como
«pilar intergubernamental» (11) de la Unión, pero no era suficiente; por eso
nació en 1999 la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD). Sin em-
bargo, para dar sentido a todo ello hacía falta una declaración de principios,
y así, de la mano de Javier Solana se presentó la EES. Este documento su-
pone un paso importante en la gestación de una futura política de defensa
europea. Al mismo tiempo que ponía las bases para desarrollos posteriores
más profundos, lograba mantener los lazos con la Organización del Tratado
del Atlántico Norte (OTAN), tranquilizando los miedos de algunos miembros
de la Unión ante una posible ruptura o debilitamiento de la Alianza Atlántica.
El Documento reconoce los éxitos logrados hasta ese momento, paz y
compromiso de resolución de conflictos por medios pacíficos, extensión
de valores –democracia y Estado de Derecho– y colaboración con institu-
ciones internacionales. Se reconoce al mismo tiempo el papel desempe-

(10) Ante la decadencia de Europa. Problemas actuales, tendencias previsibles y propues-


tas para su supervivencia, GEE, marzo de 2009.
(11) El Tratado de Maastricht presentó tres pilares, uno «comunitario», y dos «interguber-
namentales», el de la PESC, y el de cooperación en materia policial y judicial.

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ñado por Estados Unidos en la defensa europea y se citan las condicio-


nes que hacen de la Unión un actor de relevancia mundial, 450 millones
de habitantes, poseedor de la cuarta parte del Producto Interior Bruto
(PIB) mundial, etc.
Continúa exponiendo los desafíos mundiales y las amenazas a las que
nos enfrentamos los europeos, apertura de fronteras, interdependencias
crecientes, recursos naturales limitados, dependencia energética, terro-
rismo, delincuencia internacional, descomposición del Estado, prolifera-
ción de armas de destrucción masiva o conflictos regionales; afirmando
que «la seguridad es una condición para el desarrollo», todo lo cual nos
da idea de cuál puede ser el modo de acción hacia el exterior de la Unión
Europea, es decir, su estrategia.
Esa estrategia implica la promoción de una situación de estabilidad hacia
los países de la vecindad, es decir la extensión de la paz europea al en-
torno próximo. Por otro lado se reconoce que, en ocasiones, la primera
línea de defensa puede no encontrarse en las propias fronteras, como
ocurría en la época de la guerra fría, sino en zonas más alejadas. Al mis-
mo tiempo se citan medios no exclusivamente militares para luchar con-
tra el terrorismo, como la información, policía, jueces; y medios para la
extensión del Estado de Derecho, apoyo económico, o restablecimiento
de gobiernos civiles democráticos.
En un entorno globalizado no es posible actuar aisladamente, de ahí que se
insista en la necesidad de un orden internacional, de un multilateralismo efi-
caz, es decir, que se acepte la existencia de múltiples actores con visiones
diferentes sobre un mismo problema. La Unión Europea opta, en este sen-
tido, por comprometerse con las instituciones internacionales, Naciones
Unidas –su Consejo de Seguridad y su Carta–, Organización Internacional
de Comercio (OMC), Organización para la Seguridad y Cooperación en Eu-
ropa, o con la OTAN; y se manifiesta respetuosa hacia el Derecho Interna-
cional. En definitiva todo lo anterior es lo que conduce a que denominemos
la acción de la Unión Europea como un soft power, un poder basado en la
atracción. Lógicamente, para algunos analistas la EES se quedaría corta,
presentaría serias carencias, ya que un actor que aspira a ser importante
en el escenario internacional, no debe contentarse con influir en su entorno
próximo, ni limitarse al uso de instrumentos civiles.
Llegados a este punto podríamos entrar en la definición de poder así
como en el modo de ejercerlo, lo que nos llevaría a una larga disquisición

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que queda fuera del propósito de este artículo. A nuestro efectos nos
basta con la afirmación de Joseph Nye sobre el poder:
«La capacidad de modificar la conducta de otros para obtener lo
que se desea.»
Y el modo en que se ejerce puede ser a través del castigo, la recompensa, la
persuasión, la coacción, o la atracción; primando uno u otro modo en cada
caso pero sin que sean excluyentes (se pueden alternar premios y castigos).
Tras cinco años de existencia de la EES, el Consejo solicitó un informe
sobre su aplicación; éste se presentó en el año 2009 y supone casi una
revisión del mismo, manteniendo algunas de las afirmaciones iniciales, e
insistiendo en otras, pero sin apartarse del pensamiento original. Durante
el periodo de vigencia de la Estrategia se han producido algunos hechos
significativos. Así, el conflicto en Georgia ha acercado la guerra a las
fronteras de la Unión, poniendo en duda la seguridad sobre la integridad
territorial de los miembros actuales o futuros.
Por otro lado han aumentado notablemente los movimientos migratorios
hacia nuestro territorio, se ha constatado la dependencia energética del
exterior, ha aumentado el riesgo de proliferación de armas nucleares, tan-
to entre actores estatales como no estatales, y se ha registrado un cam-
bio significativo en la nueva Estrategia Nacional de Defensa de Estados
Unidos, admitiendo en mayor medida soluciones multilaterales. Algunos
autores (12) opinan que la EES debería definir claramente y priorizar los
intereses europeos y especificar mejor cómo usar la fuerza.

Perspectivas a medio plazo

A continuación se exponen las previsiones para un futuro cercano, 20


años, en aspectos que se consideran relevantes dentro de las relaciones
internacionales.

Demografía
Mientras que en el año 2005 se estimaba la población mundial en 6.400
millones de habitantes, para el año 2025 se estima que se habrán alcan-

(12) feRnández solA, N. y otros: Asesora en la División de Asuntos Estratégicos, opus cita-
da, pp. 4-7, Madrid, 2009.

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Boletín de Información, número 322

zado los 7.900, lo que supone un aumento del 23,4%. Este aumento se
distribuirá de manera desigual, así, se estima que en el África Subsaha-
riana será de un 48%, en Oriente Medio y norte de África de un 38%, en
Latinoamérica de 24%, y en Asía, en conjunto, de un 21%; mientras que
en los países más desarrollados el crecimiento será más moderado, un
17% en Estados Unidos, o un escaso 2% en la Unión Europea, incluso se
registrarán decrecimientos en Japón de un 2,6% y en Rusia de un 10%.
Europa pasará de 458 millones en el año 2005 a 470 en 2026.
En consecuencia se seguirá registrando inmigración hacia Europa, de-
pendiendo su volumen del desarrollo alcanzado por los países vecinos,
estimando que se recibirán entre 600.000 y un 1.000.000 de personas
cada año.
Por otro lado, la pirámide de población también presenta aspectos de
interés. En concreto se considera que en el año 2025 unos 1.200 millones
de personas tendrán más de 60 años de edad, variando su distribución;
será de un 30% en los países desarrollados frente a un 13% en los países
en desarrollo. Aunque no parece que vaya a faltar población activa en
Europa si que será clara la diferencia entre el grupo de población com-
prendida entre 15 y 64 años, y el grupo de mayores de 65 años.
En los países desarrollados la edad media pasará de 38,6 años a 43,1 en
el año 2025, mientras que la media mundial pasará de 28,1 a 32,4 años.
Centrándonos en Europa, el 37,4% de la población estará entre 65 y 79
años, siendo la media de 44,5 años, destacando Italia con una media de
50,5 años. Esto significa que para esas fechas la población dependiente,
es decir, no productiva, pasará del 37% al 48%, con la repercusión que
representa de aumento en gastos sociales.

Economía

Lo previsible es que, a pesar de los esfuerzos proteccionistas, continúen


los efectos de la globalización. La apertura de nuevos mercados aumen-
tará la presión para adaptar los sistemas económicos y sociales a esa
situación. Esa previsible reorganización será compleja, sobre todo en
instituciones internacionales –Banco Mundial, Fondo Monetario Interna-
cional, OMC– debido a la dificultad de toma de decisiones, por lo que es
probable que se trate de resolver esta problemática mediante un aumen-
to del número de acuerdos bilaterales entre países.

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Boletín de Información, número 322

Los países desarrollados se verán obligados a abandonar aquellas acti-


vidades económicas en las que no obtienen ventajas, o éstas son muy
escasas, para pasarse a sectores donde todavía mantienen ventajas. No
obstante es probable que el PIB del conjunto de la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que representaba un
55% del total mundial en el año 2000, caiga a un 40% en el año 2030.
Por su parte los países en desarrollo se verán obligados a mejorar sus
infraestructuras, la preparación de su potencial humano y sus estructuras
de gobierno.
Por lo que atañe a Europa, ya se ha mencionado el previsible aumento en
gasto social, pensiones y sanidad, debido al aumento de la población no
activa. Por otro lado se prevé un aumento de la deslocalización industrial,
sobre todo en los sectores que exigen mano de obra intensiva; mientras
que se espera mantener la competitividad en sectores de alta tecnología.

Energía

El aumento de países en vías de desarrollo hace que las fuentes de ener-


gía se tornen escasas, aumentando la competencia para acceder a ellas,
a la vez que se presta más atención hacia nuevas fuentes. Se estima que
la demanda de energía primaria crecerá un ritmo anual del 1,6%, sien-
do las de origen fósil las predominantes (petróleo, gas natural y carbón).
Se considera que habrá un ligero aumento de la energía nuclear en los países
desarrollados (13), así como de las denominadas energías renovables.
A pesar de todo, estos países serán deficitarios, dependiendo del exterior
para cubrir sus necesidades energéticas.
Para la Unión Europea, esta dependencia pasará del 50% actual a un
80% en el año 2030, en su mayoría petróleo y gas natural. El primero pro-
cedente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo: Arabia
Saudí, Irán, Irak y Argelia; y el segundo procedente de: Rusia, Noruega
y Argelia. Por su parte, la aportación de las renovables será de un 28%.
Como puede apreciarse por los proveedores, la dependencia europea
más que enfrentarse a problemas tecnológicos podría presentar proble-
mas políticos.

(13) Las recientes declaraciones sobre restricciones al uso de esta fuente en algunos paí-
ses europeos parecen responder a las presiones de ciertos grupos «verdes», pero no
alteran sustancialmente las previsiones presentadas en este artículo.

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Boletín de Información, número 322

Medio ambiente

A pesar de lo expresado en documentos como la EES, no parece que


sea este un asunto por el que la Unión Europea deba preocuparse por
el momento. Es cierto que han disminuido las precipitaciones en el Sur,
con la consiguiente disminución de cosechas, pero esta situación se ha
compensado con el aumento registrado en el Norte.
En cuanto a acuerdos internacionales, la Unión Europea ha tomado me-
didas para adaptarse al Acuerdo de Kioto.

La Unión Europea en el contexto internacional


en el futuro cercano

El sistema internacional oscilará entre una mezcla de continuidad y dis-


continuidad. Ya no existe un sistema tan claro como el de la guerra fría
–bipolar, de confrontación Este-Oeste– por tanto parece que será la glo-
balización la que marque los futuros comportamientos, ocasionando por
un lado una mayor interdependencia entre los actores, y por otro un au-
mento de las diferencias entre los países más desarrollados y los menos
desarrollados. Cabe la posibilidad, no obstante, de que aparezcan reac-
ciones violentas contra la globalización, causadas por el nacionalismo
político o económico, por el fundamentalismo religioso, o simplemente
por el pueblo llano como reacción a su mala situación (14) social. El ac-
tual equilibrio en las relaciones se verá afectado por la aparición de nue-
vos actores, dificultando la existencia y actuación de un posible gobierno
mundial.
En el escenario internacional las actuaciones de los protagonistas se en-
frentan a un dilema. La disyuntiva es si optar por la competencia o por
la cooperación con los demás actores. Los problemas se agudizan si se
introduce la cuestión económica; y el problema se vuelve más complejo
al añadir al proceso actores no estatales, que, en algún caso, pueden ser
incluso más influyentes que el propio Estado en cuestiones que tradicio-
nalmente eran exclusivas de éste.
Para poder interpretar adecuadamente la situación de cara al futuro, no
parece necesario recurrir a nuevas y grandes teorías; la clave parece

(14) Este es quizá el caso de las recientes revueltas en los países del norte de África.

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Boletín de Información, número 322

más bien recaer en la valoración correcta de las tendencias e interac-


ciones, así como en la interpretación de ciertos principios. En otras pa-
labras, hay que prestar menos atención a los tradicionales instrumentos
de poder, economía y Fuerzas Armadas, y tomar más en consideración
otros instrumentos como los recursos naturales, la cultura y la legali-
dad. Esta nueva situación obligará a los actores tradicionalmente con-
siderados más importantes, a desplegar una intensa actividad exterior
en esas nuevas áreas para defender sus intereses. En este sentido, el
de la defensa de los intereses nacionales, la Unión Europea puede ser
más eficaz, actuando como conjunto que los propios miembros proce-
dieron aisladamente. Debemos tener presente que la Unión Europea no
es sólo una organización de carácter defensivo, económico, cultural, o
de integración política; es holística, tiene de todo lo anterior y más, por
lo que dentro de ella cabe una amplia gama de cuestiones susceptibles
de tratamiento internacional.
Uno de los valores que la Unión Europea quiere extender, quizá el más
visible, es la democracia. Un sistema político considerado como el más
adecuado para estos tiempos; circunstancia que hace que el 64% de
los países se declararen a sí mismos como democracias, aunque la rea-
lidad pueda indicar otra cosa. En algunos casos el simple hecho de que
haya votaciones populares es suficiente para calificar de democrático a
un país. La democracia europea, sin embargo, va unida al liberalismo, es
decir existen controles y poderes que se equilibran, y hay un respeto real
a los derechos individuales.
El interés de la Unión Europea en extender la democracia debería ir
paralelo a un entendimiento de la cultura, historia y régimen de gobier-
no de los lugares a donde quiere llevarla. Europa puede encontrase
en la siguiente encrucijada, usar su poder político, su influencia, en
promover en primer lugar la democracia electoral; o por el contrario
comenzar creando primero las condiciones sociales, culturales y eco-
nómicas, de modo que éstas lleven a un Estado de Derecho y a la con-
solidación de una democracia liberal. La experiencia parece conceder
más éxito a la segunda opción, ya que una democracia impuesta no
suele sostenerse.
Parece, en consecuencia, necesario mantener el equilibrio entre de-
mocracia y estabilidad. Un «Estado débil» aunque democrático, que se
muestre incapaz de extender su autoridad por todo su territorio, no go-

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Boletín de Información, número 322

zará de legitimidad entre toda la población, y puede convertirse en «Es-


tado fallido»; del mismo modo, una democracia no consolidada puede
dar origen al nacimiento de populismo. La misma democracia occidental,
consolidada, observa cómo los intereses políticos particulares se impo-
nen sobre las personas que hacen la política, con la consiguiente pérdida
de prestigio. Otro problema que afecta al sistema democrático es el del
fortalecimiento excesivo del poder Ejecutivo frente al Legislativo, lo que
puede afectar al mecanismo de control entre poderes. Al mismo tiempo
se observa una notable influencia de la opinión pública sobre los políti-
cos, por lo que éstos se rinden ante ciertas demandas en perjuicio de
otras cuestiones tal vez más necesarias o urgentes.
El surgimiento de nuevos polos de poder en el mundo, en principio, no
implica una amenaza para la Unión Europea, pero exigirá de ésta una
comprensión del proceso y una actuación adecuada a los instrumentos
disponibles. El primer desafío para la Unión consiste, por tanto, en con-
ducir el cambio en lugar de reaccionar a posteriori. Para ello la Unión
Europea cuenta con su experiencia, con los éxitos en su proceso de in-
tegración, con la larga estabilidad lograda en su territorio, y con el nuevo
lenguaje (soft power) que ofrece como guía para las relaciones interna-
cionales. Por el contrario también presenta la incapacidad para presentar
unos intereses conjuntos y defenderlos, así como para hablar con una
sola voz en todos foros internacionales.
Otra faceta de la cuestión se refiere a la convergencia entre un sistema
político multipolar y un orden multilateral (15), de modo que sean compa-
tibles y complementarios. En este sentido cabría preguntarse si los paí-
ses más poderosos consideran las normas e instituciones internacionales
como un fin al que servir, o más bien como un medio del que servirse
para sus propios intereses. El peligro que entraña la segunda posibilidad
es mayor cuanto mayor es el poder del país en cuestión, no obstante,
un orden multilateral no será efectivo sin el apoyo de los interesados. La
Unión Europea, por sus características, puede contar con cierta ventaja
para hacer frente al multilateralismo.

(15) Por multipolar se entiende la existencia de varios focos de poder, mientras que por
multilateral se debe entender la existencia de varios modos de enfocar los asuntos
internacionales. Aunque lo primero puede conducir a lo segundo, no es así necesa-
riamente, de ahí la distinción

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Boletín de Información, número 322

Evolución del concepto de seguridad

La idea sobre seguridad, al menos desde el punto de vista occidental,


cambió tras la caída del muro de Berlín. La paz ya no será considerada
exclusivamente como ausencia de conflictos armados. Además de la in-
tegridad territorial, otros conceptos entrarían a formar parte de un nuevo
planteamiento sobre seguridad (16). En Naciones Unidas se empezó a
considerar el desarrollo humano, los masivos desplazamientos humanos,
el tráfico de armas o drogas, o el terrorismo internacional, originando lo
que se ha dado en denominar securización de ciertos problemas, dando
con ello a entender que pasaban a engrosar la agenda de seguridad tanto
de algunos Estados como de organismos internacionales.
Estos nuevos asuntos, que podrían afectar a la seguridad de los Estados,
exceden al enfoque tradicional de soberanía nacional. Las antiguas doc-
trinas sobre seguridad nacional tendían a dar prioridad a ese principio,
a la no ingerencia en asuntos internos, a la integridad territorial y a la
defensa de los intereses nacionales. Podríamos afirmar que, hoy en día
persisten problemas «tradicionales» relacionados con la seguridad, pero
que éstos quedan restringidos a una escala regional y que son genera-
dos por los Estados; mientras que los problemas «contemporáneos» son
creados por actores no estatales y se extienden por todo el mundo; si
bien estas categorías no son excluyentes, pudiendo existir superposición
entre ambas.
A título de ejemplo citaré tres posibles amenazas «contemporáneas».
La primera se refiere a una nueva dimensión geográfica de la seguridad,
una variante a la de la integridad territorial. Según este planteamiento
los países buscarían obtener la seguridad propia procurando que haya
estabilidad entre la vecindad; así, observamos como las estrategias de
seguridad de actores como Estados Unidos o la Unión Europea, ponen
gran atención en la situación exterior del entorno, América del Sur en el
primer caso y el este de Europa en el segundo. Una segunda amenaza
escapa del ámbito geográfico y presta su atención a las redes de cri-
men internacional (considerando como tal al que traspasa fronteras), a
los ataques cibernéticos, a la piratería, a las pandemias, etc., exigiendo

(16) Así lo afirma también MAngAs MARtín, Araceli en el artículo: «La Estrategia Española
de Seguridad», El Mundo, 29 de junio de 2011, en que se señalan las particularida-
des de España en esta materia.

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Boletín de Información, número 322

la cooperación internacional para hacerles frente. El último ejemplo com-


prendería las dos categorías anteriores, la tradicional y geográfica por un
lado, y la contemporánea por otro. Dentro de esta categoría se podría ci-
tar la proliferación de armas nucleares y el cambio climático, por suponer
un peligro para la existencia del género humano. Se trata de riesgos cuyo
desencadenamiento puede traspasar fronteras, tal vez accidentalmente.
Respecto a esta amenaza se puede afirmar que existe un alto grado de
solidaridad internacional para hacerle frente, tratando de suplir la ausen-
cia de una autoridad supranacional con recursos suficientes.
Aún contando con la evidente dificultad de predicción del futuro, podría-
mos dar por cierto lo siguiente:
– Se mantendrá la influencia de la globalización en el desarrollo de las
relaciones internacionales a falta de otros elementos claros de confron-
tación, como los existentes en la guerra fría, Este-Oeste.
– La aparición de nuevos actores obligará a aceptar la multipolaridad,
tanto en nivel global como regional.
– Existirán fuertes tensiones para el establecimiento también de un go-
bierno mundial.
– La tradicional influencia internacional ejercida por Occidente será pues-
ta a prueba.
En caso de que el proceso de globalización se acrecentara, es decir,
se extendiera a más áreas, cabe suponer que las políticas de seguridad
tenderían a converger, ya que los puntos de vista nacionales sobre las
amenazas estarían más próximos, y por tanto el modo de afrontarlas.
Por otro lado, esas mismas cuestiones económicas y sociales citadas si-
guen presentes inevitablemente en las agendas de seguridad de muchos
países, más aún dada la actual situación de crisis financiera, con recur-
sos limitados, y en las que la pobreza y el hambre pueden aparecer en
ciertas áreas. Algunos de los nuevos actores que surgen en el escenario
internacional, afirman que el crecimiento económico es el único modo de
resolver las necesidades elementales de millones de personas en el mun-
do, por lo que exigen la cooperación internacional para alcanzar cierto
grado de desarrollo.
Por su parte, todos los grandes actores internacionales fijan sus priorida-
des en el rescate de la economía mundial, tratando de mantener la com-
petitividad, lo que supone en la práctica la renuncia a la redistribución de

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Boletín de Información, número 322

la riqueza y al aparcamiento de la solidaridad internacional. Siguen con-


siderando la economía como parte importante de la seguridad; de hecho
existe una cierta tendencia por parte de los Estados a conectar el éxito
en este aspecto con el liderazgo en la gestión de otros retos y amenazas.
La propia crisis económica actual podría representar un reto, y una opor-
tunidad al mismo tiempo, para atacar los problemas que entraña el ac-
tual sistema económico, estableciendo normas que sean respetadas por
todos, incluidos los actores no gubernamentales, y con exigencia e res-
ponsabilidades. Estaríamos ante el momento oportuno para fortalecer la
legalidad y las instituciones internacionales, incluyendo, desde luego, las
garantías necesarias sobre el respeto a los derechos humanos en cual-
quier área del mundo.
Un pragmatismo bien entendido llevaría a buscar soluciones que equili-
bren la soberanía de los Estados y los derechos humanos, en cualquier
parte del mundo. Parece, en consecuencia, necesaria una intensa labor
diplomática, basada en esos derechos y valores reconocidos universal-
mente; a la vez que resulta urgente la puesta en marcha de soluciones
que lleven a un desarrollo sostenible y al fin del rearme nuclear por los
actores emergentes. Ciertamente algunos de estos cambios ya han sido
sugeridos o lanzados por actores mundiales, no siempre con éxito.
Por otro lado, se observa la necesidad de una mayor coherencia. Si se
ha llegado a la conclusión de la inadecuación de algunos medios, como
el uso exclusivo de la fuerza para hacer frente al terrorismo, no parece
lógico el esfuerzo por mantener e incluso incrementar el gasto para in-
crementar esos medios. En el caso concreto de Afganistán, parece existir
acuerdo en que la solución militar no es la única, sin embargo, los deba-
tes discurren en torno al número de tropas a mantener sobre el terreno.
La Unión Europea trata de extender al resto del mundo la influencia que
ejerce entre sus vecinos, buscando crear un entorno en el que le sea
más fácil desarrollar su actividad internacional. En las condiciones dadas
no parece probable que Estados Unidos, Unión Europea, Rusia o China,
(«polos» potenciales) quieran asumir aisladamente la tarea de establecer
unas nuevas normas por las que se rijan las relaciones internacionales.
Es más, la misma multipolaridad que parece ser aceptada por la mayoría,
podría presentar, como se ha expuesto más arriba, dos facetas, una de
colaboración y otra de enfrentamiento. La primera faceta representaría la
existencia de una multilateralidad real y efectiva, una problemática mun-

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Boletín de Información, número 322

dial con diferentes facetas a tomar en consideración, pero contando con


regímenes legales que cooperarían entre sí para resolver los conflictos.
La otra faceta, más cercana al paradigma neohobbesiano, comprendería
el colapso de las instituciones internacionales, la competencia entre las
grandes potencias tanto por ejercer una mayor influencia como por obte-
ner más recursos y mercados. ¿Cuál de estas facetas será la del futuro?
Expresado de otro modo. La cuestión sobre la seguridad mundial se en-
contraría ante el dilema de confiarla a un sistema colectivo, incluyente,
multipolar en definitiva (visión que mantiene la Unión Europea); o por el
contrario debería volverse a un sistema bipolar cuyos extremos estarían
ocupados, en un lado por el conjunto de las democracias, y en el otro por
el resto. La segunda opción implicaría la supremacía de los intereses de
Occidente, y a la vez la existencia de un sistema de seguridad de carácter
más defensivo y proclive a la confrontación.
El paradigma de la estatalidad, o estatocéntrico (17), está en juego. Por
un lado los problemas actuales sobre seguridad no pueden ser resueltos
por un solo Estado, o por un grupo de ellos, ni tan siquiera por todos en
conjunto (gobierno mundial); pero al mismo tiempo no hay mecanismos
para exigir responsabilidades a los actores no estatales que intervienen
en las relaciones internacionales, ya que no son sujetos formales en el
contexto internacional (18). Por otro lado la doctrina europea mantenida
en el último cuarto de siglo, sobre primacía de los derechos humanos, no
ha sido asumida como doctrina dominante sobre seguridad internacional,
por lo que no hay realmente un paradigma alternativo al estatocéntrico.
Es decir, siguen apareciendo los Estados como únicos responsables de
dar soluciones a problemas en situaciones que no controlan totalmente.
Así, son evidentes los excesos del capitalismo, no sometido a ninguna
regulación, mientras que los Estados, en nombre del interés nacional, se
ven obligados a acudir en auxilio de bancos y compañías que asumieron
riesgos excesivos, afectando a muchas personas, pasando a convertirse
en dependientes de esos actores económicos.

(17) Recordemos que este paradigma defiende al Estado como único sujeto que intervie-
ne en las relaciones internacionales.
(18) El Foro de Davos, creado en el año 1971 a instancias de líderes empresariales, y que
se reúne anualmente en esta localidad suiza, no admitió la participación de políticos
hasta el año 1974.

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Boletín de Información, número 322

La tradicional creencia de poder del Estado como poder militar ha varia-


do, pues ha resultado ser insuficiente en algunas situaciones, por ejemplo
en la lucha contra el terrorismo. Aunque se han tomado conjuntamente
algunas medidas, los criminales internacionales y los terroristas se bene-
fician de la falta de una legislación mundial única, policía, jueces e infor-
mación internacionales, debido a la falta de cooperación entre Estados
(de ahí el que el paradigma estatocéntrico esté en entredicho). Además
hay que añadir el surgimiento de nuevas áreas de competencia (además
de la militar y la económica) como la energética, por lo que las antiguas
formas de cooperación internacional serán insuficientes.
Otro de los aspectos clave hace referencia a la legitimidad, que puede
resultar determinante en el desarrollo de las relaciones internacionales,
no ya en el futuro, sino en el presente. La falta de legitimidad podría ser
usada por algunos actores internacionales como justificación para el ini-
cio de ciertas actividades. La etiqueta de legitimidad será otorgada por
la comunidad internacional, o al menos por partes significativas de ella.
La consecución de un auténtico gobierno mundial, lógicamente basado
en Naciones Unidas, aparece hoy por hoy como una meta imposible; sin
embargo, si parece viable la existencia y funcionamiento de otros entes
que, actuando en áreas más concretas, extiendan sin embargo su actua-
ción al escenario mundial, como ejemplo los denominados grupos G-8 o
G-20. Como complemento a esto hay que mencionar la existencia de un
creciente regionalismo, con la aparición de potencias regionales, y que
podrían ayudar a resolver ciertos problemas en su zona de influencia,
aunque no tanto los relacionados con crisis internacionales de seguridad.

Conclusiones

Europa como consecuencia de su historia reúne un conjunto de carac-


terísticas que le imprimen un carácter propio, próximo a otros, pero con
ciertas diferencias. Gracias a ellas ha sido capaz de iniciar con éxito un
movimiento de integración entre sus países, reuniendo hasta 27 –algu-
nos de los cuales eran enemigos hace 30 años–, bajo unos tratados que
conllevan la aceptación por parte de esos miembros de un cierto grado
de supranacionalidad a favor del conjunto. Es un proceso observado con
interés en el resto del mundo, causando admiración, levantando expec-
tativas y quizá en ciertos casos deseos de imitación.

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Boletín de Información, número 322

La situación mundial ha cambiado desde finales del pasado siglo. Hay


una extensa red de interdependencias entre Estados que obligan a diá-
logos y consultas ante la toma de decisiones; ninguno de los llamados
grandes quiere asumir un liderazgo en solitario para evitar el desgaste
que acarrea; Naciones Unidas carecen de poder moral y medios para
imponer decisiones, limitándose en estas cuestiones a las decisiones
de su Consejo de Seguridad. En otras palabras, nos encontramos en un
mundo con varios focos de poder, multipolar, y en el que la importancia
adquirida por algunos nuevos actores internacionales obliga a tomar en
consideración sus planteamientos, multilateralidad. En fin, estamos en un
momento en el que se avecinan cambios en las relaciones internaciona-
les, aunque es difícil determinar su magnitud y dirección (19).
Ante esos probables cambios, la Unión Europea se encuentra en una
situación de ventaja que debería aprovechar. Por cifras en general, PIB,
población, cultura, historia, cooperación internacional, etc., debería ser
uno de «grandes», pero quizá le falta dar un paso más para acabar de
serlo realmente. Internamente, la Unión Europea en sus logros ha llegado
a un punto que se podría calificar de «no retorno». Resulta difícil imagi-
nar el espacio europeo de nuevo con fronteras nacionales, con monedas
propias, con mercados intervenidos, etc. Ninguna otra organización inter-
nacional puede presentar un bagaje semejante, más de 60 años de paz,
generando tratados cada vez más completos, ampliando el número de
sus miembros a la vez que se profundiza en la integración, y regulando
múltiples aspectos internos de los Estados miembros. ¿Se podría afirmar
lo mismo de la Unión respecto al exterior? ¿Se echaría en falta la ausen-
cia de la Unión Europea en las relaciones internacionales?
Es evidente que ese paso a dar requiere voluntad y medios. Ambas cosas
van ligadas aunque la primera es decisiva. Lo que procede es determinar
en qué debe consistir ese paso a dar, esta es la clave.
No se vislumbra por ahora un nuevo paradigma que sustituya con éxito
al estatocéntrico, tampoco un verdadero gobierno mundial; mientras que
algunos Estados sólo cooperan ante el temor del uso de la fuerza contra
ellos, por lo que parece necesario mantener un cierto potencial de coac-

(19)  En el seminario sobre «Soberanía Estatal e Integración Europea», de la Fundación «Gi-


ménez Abad», impartido en Zaragoza el pasado 23 de junio, el catedrático de Derecho
Constitucional de la Universidad de Oviedo afirmó que la Unión Europea está en un
punto decisivo que se resuelve bien con su desaparición, bien con su fortalecimiento.

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Boletín de Información, número 322

ción. En este sentido es dónde aparece el «talón de Aquiles» de la Unión


Europea, falta músculo de cara al exterior, unión, en otras palabras una
política exterior común, de la que debe emanar una política de defensa
realmente europea (y que lógicamente sería proatlántica). Lo cual supone
la declaración y asunción de valores e intereses comunes a todos los
europeos, así como la garantía de su defensa en el ámbito internacional.
El camino iniciado con la EES del año 2003 no debe detenerse. Expresa-
do de otro modo, el soft power practicado por la Unión puede ser efectivo
siempre y cuando no se olvide lo segundo, el poder.

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Boletín de Información, número 322

EL DESAFÍO DE LOS TERRORISMOS


FUNDAMENTALISTAS ISLÁMICOS:
UNA APROXIMACIÓN NECESARIA

Alexandra Ainz Galende


Doctora en Sociología
y profesora de la Universidad de Almería

El presente artículo trata sobre los terrorismos fundamentalistas. En concreto, se ex-


plica qué son y se pone de manifiesto la amplia variedad de organizaciones, actos, es-
cuelas islámicas, etc. que pueden acoger el fenómeno de este tipo de terrorismo en su
seno. A su vez se establece una definición, teniendo en cuenta algunas de las particu-
laridades del terrorismo fundamentalista y se enumeran algunas de sus características.
Todo esto, haciendo referencia y teniendo en cuenta la relativa provisionalidad tanto de
la definición como de sus características debido a las influencias que la globalización
tiene sobre el fenómeno en sí mismo.

Introducción

No es algo causal que el título del artículo que antecede a estas líneas
este compuesto por tres conceptos en plural: «terrorismos fundamenta-
listas islámicos». Desentrañar qué hay detrás de cada uno de los térmi-
nos se vuelve un enigma, dado que cada concepto encierra realidades
completamente dispares. En cuanto al primer concepto, terrorismo, reco-
ge desde tiroteos llevados cabo en Kabul por los talibán, las inmolacio-
nes de kamikazes palestinos hasta los sucesos ocurridos el 11 de marzo
de 2004 (11-M) en España. En lo referido al fundamentalismo, también
encontramos divergencias: no es lo mismo hablar de algunos de los se-
guidores de Hassan Al Banna y Sayyid Qutb muchos de ellos instruidos
y/o con estudios universitarios, que pretenden expandir el islam a través
del proselitismo (dawah) e instaurar «filiales» de los Hermanos Musulma-
nes en Europa y concretamente en España, que hablar por ejemplo de los
imames fundamentalistas que adoctrinan a los creyentes musulmanes en
mezquitas y oratorios de barrio.

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Boletín de Información, número 322

En lo referente al islam, también es sabido que no es una religión ho-


mogénea en la que exista una única corriente, incluso una sola escuela,
sino que existen múltiples interpretaciones que muchas veces lo único
que tienen en común es que todas estas ramas se creen ser lo que ellos
denominan como «La Verdad». No proceden pues, de la misma manera
chiíes que suníes; del mismo modo que no lo hacen los wahabitas sau-
díes que los marroquíes de la escuela malikí (con esto no queremos decir
que todos los saudíes sean wahabitas, ni todos los marroquíes perte-
nezcan a la mencionada escuela. Lo de las escuelas cada vez es menos
territorial, cuestión que hace más complejo si cabe abordar el fenómeno
objeto de estudio.
Es digno de señalar que la importancia de desentrañar y conocer la
cuestión que planteamos; «terrorismos fundamentalistas islámicos» es
directamente proporcional a la complejidad del fenómeno en sí mis-
mo dadas sus múltiples aristas referidas a factores étnicos, religiosos,
territoriales, coloniales, históricos, geopolíticos, socioeconómicos, etc.
Una de las paradojas del fenómeno es que todos estos factores seña-
lados pueden llegar a confluir en un país ajeno a donde se gestan. Esta
cuestión la facilita mucho la globalización dado que «gracias a ella» es
más fácil comunicarse, viajar, acceder a información, acceder a dinero,
financiaciones etc.
Con esto se quiere decir, por ejemplo, que no sería ningún «disparate inex-
plicable» que se inmolase un palestino en Estados Unidos o un iraquí en
Barcelona. Ni tan siquiera lo sería que un ciudadano español (bien de origen
de un país musulmán o bien converso –ya que no hay que olvidar y se puede
contrastar en la Red que un amplio número de españoles conversos al islam
interpretan éste de una manera fundamentalista– lo hiciera en este mismo
país o en Pakistán o Afganistán.
Las formas de actuar de estos terroristas, a su vez son dispares; no es lo
mismo un terrorista suicida a quien bién poco le importa su vida «terrena»
que la de los terroristas que huyen al atentar como fue el caso del 11-M.
En cualquier caso, masacres como esta última, no se han intentado y
llevado a cabo sólo una vez, podemos resaltar también el caso de Moscú
donde el año 2010 dos mujeres kamikazes acabaron con la vida de 38
personas en dos estaciones de Metro de esta misma ciudad. A pesar
de ser «el mismo acto» las formas de accionar fundamentalista fueron
diferentes.

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Boletín de Información, número 322

Terrorismo fundamentalista; una aproximación

Dada la complejidad del fenómeno parece bastante básico establecer un


punto de consenso en lo referido a qué puede haber detrás del terrorismo
fundamentalista islámico: ciertas dimensiones comunes y características
que faciliten el fenómeno en sí mismo. Tras mi estudio del 11-M (entre
otros) algunas de las características que se repiten en este tipo de terro-
rismo hacen referencia a los siguientes aspectos.

Alcance del terrorismo fundamentalista

El terrorismo fundamentalista, al igual que otro tipo de terrorismo, es un


fenómeno de alcance global caracterizado por la utilización ilegal o ame-
naza de violencia premeditada, encubierta y sorpresiva que busca sem-
brar el terror para establecer un contexto de intimidación, provocar reper-
cusiones psicológicas de amplio espectro mas allá de la víctima elegida
como objetivo, generar pánico, producir histeria, miedo, y liquidar el orden
y la autoridad en las sociedades, afectando sustantivamente el Estado de
Derecho. La particularidad de éste, estaría en su forma de actuación in-
ternacional (puede darse en Estados fundamentalistas que lleven a cabo
actos terroristas en contra de la política de otros Estados o contra otros
Estados mismos) y transnacional (puede darse que sujetos no identifica-
dos y/o no identificables de un Estado actúen en y/o contra otro Estado).

Protagonistas del terrorismo fundamentalista

Los protagonistas de la comisión de esta tipología de actos terroristas


pueden ser miembros de organizaciones no estatales y sus cómplices,
sean Estados o no, de darles apoyo o asilo. Por otro lado, también están
comprendidos aquellos Estados que utilizan, de modo explícito o implíci-
to, sus servicios de inteligencia y sus agentes.
Dentro del terrorismo fundamentalista encontramos que hay dos tipos
de individuos o de colectivos que hemos decidido llamar idearios y eje-
cutores (1). Los primeros, idearios, se caracterizan primero por ser quie-

(1)  Yusuf Al Qaradawi es uno de los idearios y líderes actuales de la los Hermanos Musul-
manes. Éste justifica las inmolaciones constantemente en Palestina y sus seguidores
justifican a los kamikazes en base a las fatwas que dicta Al Qaradawi. Al respecto de las
inmolaciones señala: «Estas operaciones son la forma suprema de la yihad por el bien
de Alá, y un tipo de terrorismo permitido por la sharía (ley islámica). El término “operacio-

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Boletín de Información, número 322

nes predican, adoctrinan y planean. A estos Ulrich Beck les denomina


«hombres en la sombra» o los que «tiran de los hilos» o «mecenas esta-
tales» (Beck, 2003; p. 31). En segundo lugar, se caracterizan por ser más
consecuentes con la dimensión religiosa del fundamentalismo (principio
de inerrancia, de ahistoricidad de la verdad del Libro, concepción de la
superioridad de la ley divina en cuanto a la terrena, etc.). Por último y en
tercer lugar, lo que caracterizaría a estos individuos es que siempre sal-
vaguardan sus vidas, sin ponerlas en peligro en los atentados.
El otro colectivo que lleva a cabo los atentados, los ejecutores, siempre lo
hacen basándose en lo que ordenan las terceras personas en la sombra.
Son menos congruentes a la hora de llevar a cabo la dimensión religiosa
del fundamentalismo dado que poseen ciertas paradojas en su forma de
llevar a cabo sus actuaciones. No descartamos encontrar dentro de este
colectivo de ejecutores directos de crímenes, atentados etc., individuos
que a pesar de que aboguen y defiendan a ultranza la inerrancia del texto
sagrado, el principio de ahistoricidad del Libro, etc. lleven ciertas prácticas
puntuales contrarias a lo que predican (2). A este respecto plantea Arendt

nes suicidas” (para referirse a las inmolaciones) es incorrecto y engañoso, porque éstas
son operaciones heroicas de martirio, y no tienen nada que ver con el suicidio. Mientras
que quien comete suicidio ha perdido la esperanza para sí y para con el espíritu de Alá,
el muyaidin está lleno de esperanza en relación con el espíritu y la misericordia de Alá.
Lucha contra su enemigo y contra el enemigo de Alá con esta nueva arma, que el destino
ha puesto en manos de los débiles para que peleen contra la maldad de los fuertes y
los arrogantes.» Qaradawi también justificó dichas operaciones cuando los blancos eran
civiles, argumentando que: «La sociedad israelí es militarista por naturaleza. Tanto hom-
bres como mujeres sirven en el Ejército y pueden ser reclutados en cualquier momento.
Por otro lado, si un niño o un anciano mueren en una de estas operaciones, su muerte no
es intencional, sino desafortunada, y como consecuencia de la necesidad militar. La ne-
cesidad justifica lo prohibido» (Al Qardawi, 1997; p. 1). Como nota aclaratoria queremos
subrayar que obviamente no todos los fundamentalistas ni están a favor del suicidio, ni
se suicidan. Otro ideario a comentar es el sheik Al Bani, de tendencia salafí, al que siguen
muchos radicales en la red bien a través de Youtube, bien a través de webs y foros, en:
http://www.salafishispanos.com/viewtopic.php?f=18&t=818
(2)  Nos referimos por ejemplo a cuestiones paradójicas como la que señala Arendt en lineas
posteriores de ser terrorista islámico y hacer cosas consideradas ilícitas como beber
alcohol o a otras como es el caso de muchos terroristas fundamentalistas que cometen
un acto del que en teoría se enorgullecen y sin embargo, si la Policía les descubre re-
niegan de él (valorando mucho más su situación «en esta vida» que lo que pueda estar
pensando un dios determinado al renegar de la causa que han llevado a cabo en su
nombre. Uno de estos casos por ejemplo es el de Hamed Abderrahaman Ahmed, Hmi-
do, conocido como el talibán español y para el que el fiscal solicitaba en su momento
nueve años de prisión por delito de integración en organización terrorista. Sin embargo,

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que resulta difícil digerir que existan terroristas en nombre de Dios casados
en Occidente, poseedores de un título de ingeniería y aficionados al vodka,
que con gran perfección técnica planean durante años un suicidio colecti-
vo en forma de masacre ejecutando después sus planes a sangre fría.
Estos llevarían a cabo la dimensión política del fundamentalismo. Esta di-
mensión se compone por búsqueda constante de la aplicación de la doc-
trina religiosa interpretada de manera fundamentalista a la vida social y
cultural. Se trata de accionar, como hemos visto, de orientar sus acciones
sociales, en este caso terroristas, para alcanzar el fin perseguido. Las in-
molaciones se darían dentro de este colectivo. Su atributo de suicida le
confiere mayor efectividad: el terrorista garantiza el blanco con mayor pre-
cisión y la acción aumenta su probabilidad de éxito cuando el agente no se
preocupa por salir ileso. Es especialmente devastador y efectivo al recurrir
a armas no convencionales, inmunes a los controles habituales.
Además, son percibidas como una amenaza terrorista imprevisible e inevi-
table como ninguna otra, lo cual suscita mayor ansiedad y pánico entre las
gentes que temen sufrir sus consecuencias. El uso de terroristas suicidas
ha cobrado súbita actualidad en el contexto del conflicto palestino-israelí,
en Afganistán y Pakistán. En la resistencia iraquí y en los movimientos in-
dependentistas checheno o kurdo. Sin embargo, el uso de terroristas sui-
cidas tampoco es un fenómeno propio del terrorismo fundamentalista mo-
derno. De hecho, el terrorismo hasta la Primera Guerra Mundial era en gran
medida suicida, puesto que rara vez el ejecutante lograba escapar con
vida. Y, mucho antes, sectas judías como los zelotes y sicarios utilizaron
el terror suicida como arma política en contra de los romanos (3), grupos

éste afirmó en el turno de última palabra del juicio celebrado contra él en la Audiencia
Nacional que no pertenecía a Al Qaeda, habiéndose demostrado con muchas pruebas lo
contrario. «Soy un mártir», dijo. «No puedo expresar los sufrimientos que pasé en Guan-
tánamo». «Han destrozado mi vida.» El País, 2005, en: http://cyberterrorism.blogspot.
com/2005_09_01_archive.html
(3)  Los zelotes; fanáticos religiosos y nacionalistas fueron un movimiento que relativamen-
te unificado comenzó su andadura en el año 6 d. C. cuando Judea se convierte en
provincia romana y Judas el Galileo se niega a pagar el tributo a los romanos. Fue un
movimiento terrorista judío que luchó hasta provocar la Gran Revuelta contra Roma en
el año 66, cuando conquistaron Jerusalén y destruyeron archivos y registros de deudas.
Los sicarios por su parte, eran auténticos terroristas urbanos y llevaban acabo atentados
contra civiles en general y también llevaban a cabo atentados y asesinos simbólicos. Sus
actos terroristas iban destinados hacia otros judíos con puestos de responsabilidad en
la Administración romana. Al escapar de Masada llevan a cabo un suicidio colectivo que
se describe en el libro VII de La Guerra por Josofo (Josofo, pp. 389-401).

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Boletín de Información, número 322

musulmanes como los hashashiyun (4) (siglos XII, y de donde proviene la


palabra «asesino») (Atran, 2003).
Es interesante la elaboración del perfil psicosociológico del fenómeno
terrorista que elabora Atrán. Ratifica este autor, la suposición inicial de
los principales Servicios de Inteligencia, respecto a que la reivindicación
nacionalista y religiosa constituyen las dos principales motivaciones ge-
néricas que se advierte en los grupos que utilizan la bomba humana (5).

(4)  La estructura jerárquica de la secta estaba encabezada por Hasan Sabah, que adquirió
el título de «Viejo de la Montaña». Los fedayines eran los que actuaban, pero dentro de
la secta estaban, por orden jerárquico, los dais, los refik, los fedayines y los lassik. Los
fedayines no solían atacar sin más, salvo que su líder se lo dijera. Normalmente eran
minuciosos y pacientes, podían pasar años hasta que cumplían su misión. Se iban acer-
cando poco a poco a sus víctimas, estudiaban su comportamiento y, a veces, incluso
se convertían en siervos suyos para poder sacar información. La primera víctima de los
hashashin fue Nizam Al-Mulk, gran visir del sultán selyúcida Malîk Shah. Sus acciones
llegaron a tener una gran importancia, intentado asesinar sin éxito a Saladino dos veces.
Su primera víctima no musulmana fue el rey de Jerusalén, Conrado de Monferrat, al
que asesinaron en el año 1192. Además de las conductas conocidas, algunas leyendas
hablan de la secta como una organización esotérica que utilizaba rituales extraños y
prácticas ocultistas. Se decía también que los fedayines usaban la magia para lograr sus
objetivos. Al parecer los nizaríes creían en el carácter esotérico del Corán y dedicaban
gran parte de su tiempo en estudiar un posible mensaje oculto en sus líneas. Esto les
acercaba a las corrientes gnósticas y cabalísticas. La leyenda les consideraba guerreros
suicidas, fedayines dispuestos a morir por el islam que actuaban tras una formación en
la que se incluían rituales en los que el hachís estaba presente (Bartol, 1938).
(5) Edgar Morín lo expresa muy bien con el ejemplo del conflicto palestino-israelí: «El con-
flicto palestino-israelí, en el centro de esa zona sísmica, constituía de por sí como un
cáncer cuyas metástasis podían llegar a expandirse por el mundo. Las intervenciones
masivas de Tsahal en territorio palestino y los atentados kamikazes en territorio israelí
intensificaron un círculo vicioso infernal que ya no está localizado. Efectivamente, la
represión mortífera de Israel desencadenó una ola antijudía inaudita en el mundo mu-
sulmán, que retomó los antiguos temas del antijudaísmo cristiano y el antijudaísmo
nacionalista occidental, de manera que el odio contra Israel se generaliza en odio hacia
lo judío. La violencia ciega de los kamikazes palestinos, amén de los atentados de Al
Qaeda, ampliaron la ola de antiislamismo, no sólo en Israel sino también en Occidente,
no sólo entre los judíos de diásporas, sino de manera más general en medios diversos,
como lo prueba Oriana Fallaci contra el islam, religión identificada a su rama fanática
y regresiva.» (Morín, 2003; p. 2). En muchos suicidas existe un fuerte componente
nacionalista. Este nacionalismo se conjura en la forma de separatismo en el caso de
los chechenos y tamiles, y parcialmente en el caso de los kurdos, ya que junto con su
deseo de independizarse de Turquía estaría su afán irredentista, una vez superada esa
primera fase, de recuperar los considerados como sus territorios ancestrales. Caso
similar es el planteado por los palestinos. A continuación transcribimos un retazo de
entrevista llevada a cabo por un preso palestino a un joven que pretendía inmolarse

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Atran argumenta que en función del nivel educacional de los voluntarios,


la erradicación del fenómeno pasa por remover las diferencias cultura-

en Palestina. Residente de un campamento de refugiados, A. se graduó en el instituto


con notas medias y trabajó en Israel, principalmente en tareas agrícolas y en la cons-
trucción, hasta que todos los accesos a esos trabajos fueron bloqueados. Comenzó
a rezar cinco años antes de tomar la decisión de inmolarse y señala que después del
primer año fue muy diligente con sus oraciones. Su familia es tradicional, pero no ex-
cesivamente piadosa. Aproximadamente un mes antes de lanzarse a su misión suicida,
intentó contactar con el representante de la Yihad Islámica en su región para ofrecerse
como voluntario, pero le fueron dando largas. Hasta el momento en que fue a verle un
día directamente del trabajo y le preguntó si estaría dispuesto a realizar una operación
ese mismo día. Le dijo que sí. Se duchó,preparó y regresó con él.
–«Dakah: ¿Te despediste de tu familia?
–A.: No me despedí de nadie. Él (el activista de la Yihad Islámica) me mostró cómo
activar los explosivos de varias formas. Hay un botón lateral y un botón frontal y
una mecha que puedes prender...» (A. fue interceptado de camino a Israel gracias
a información obtenida por los Servicios Secretos).
–Dakah: ¿Tenías novia o una mujer a la que amaras?
–A.: Ninguna.
–Dakah: ¿Pensaste alguna vez en el sexo opuesto?
–A.: ¿En qué sentido?
–Dakah: Me refiero al matrimonio, la pasión... ¿Te atraían las mujeres? ¿Te agradaba
su belleza?
–A.: Sí, pensé en el matrimonio, pero no encontré a la mujer adecuada y la verdad
es que nunca hablé seriamente sobre el tema porque no se presentó la ocasión
adecuada para ello. Pero fijarse en las mujeres es algo natural y yo era igual que
cualquier otro joven, no dejaba pasar a ninguna chica sin que me fijara en ella.
–Dakah: ¿Por qué querías realizar una acción istash’had?
–A.: Francamente, la razón es... por motivos religiosos. Y por otro lado, por una cau-
sa nacional. En lugar de esperar a que me llegara la muerte, que nos ronda hoy por
todas partes, quise ir yo mismo a su encuentro y alcanzar el Paraíso.
–Dakah: Como persona religiosa que eres ¿estás convencido de que te asiste el
derecho o de que estás autorizado para matar mujeres y niños y civiles en general
en una acción istash’had?
–A.: Se dice que en las guerras los ejércitos matan a civiles por error. Pero yo estoy
convencido de que Israel no asesina a civiles palestinos por error sino deliberada-
mente. La realidad es que ellos están asesinando a ancianos, mujeres y niños. Por
consiguiente, me considero libre de la obligación de no matar civiles. Exonerado de
la prohibición. Incluso aunque mi objetivo no sea ése –matar a mujeres y niños–,
pues mi objetivo es matar soldados.
–Dakah: El Profeta dijo: no matarás a niños ni a mujeres y no desarraigarás lo que ha
sido plantado... ¿No crees que tu propósito de hacerte explotar y la posibilidad de
matar así a mujeres y niños contradice las palabras del Profeta?
–A.: El Profeta, en los primeros tiempos del islam, disponía de los medios... y las circuns-
tancias hicieron que fuera posible para Él honrar ese compromiso... Israel, con su asedio

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les entre los pueblos involucrados, y por buscar soluciones en el ámbito


sociológico de la convivencia interétnica e interreligiosa. Atran cree que
en el fenómeno poco o nada tienen que ver las desigualdades sociales.
Añade que según el perfil de los terroristas suicidas, las acciones de re-
presalia centradas en lo estrictamente militar producen un efecto contra-
rio al buscado y sólo aumentan el número de voluntarios dispuestos al
suicidio (6). Por lo tanto, Atran propone acciones encaminadas a superar

y su comportamiento, mediante sus asesinatos y su destrucción, hace que las objeciones


de que hablaba el Profeta sean de imposible cumplimiento para nosotros. La situación
en la que vivimos nos deja como única opción o bien ceder ante la realidad tal como es
y seguir con nuestras acciones sin obedecer estrictamente los dictados que se refieren a
esas cuestiones, o bien no resistir la ocupación y respetar la prohibición completamente.
–Dakah: Mirando hacia atrás, ¿volverías a hacer lo mismo otra vez?
–A.: Todo aquel que ha llegado al punto en el que está dispuesto al 100% a morir la
muerte del mártir no cambiará de opinión... Pero la muerte del mártir no es una cosa
baladí o un objetivo en sí mismo. Quiero decir que si se estableciera un Estado pales-
tino, con todo lo que eso significa, no tendría yo ninguna necesidad de realizar una
operación, pero mientras dure la ocupación seguirá viva la disposición a resistir y con
ella la disposición a elegir la muerte del mártir.» (Hass, 2003; p. 1). Otros ejemplos de
inmolación son los que se dieron en Sri Lanka, antiguo Ceilán, cuyo sistema guber-
namental entró en crisis desde el año 1948 cuando se independizó de Inglaterra. La
minoría tamil, localizada al nororiente de la isla, reclamó su autonomía gubernamental
y territorial y enfrentó el ataque del Gobierno singalés desde el año 1971: más de
10.000 jóvenes tamiles perecieron durante esta confrontación. Como reacción, se creó
el grupo Nuevos Tigres del Tamil, que ha venido confrontando al Gobierno mayoritario
Singalés. En mayo de 1993 un suicida tamil se dinamitó, matando al presidente del
país, Ranasinghe Premadasa. Más adelante y como protesta por los acuerdos firma-
dos entre la India y el Gobierno de Sri Lanka, una mujer bomba tamil se suicidó, ase-
sinando al primer ministro de India, Rajiv Gandhi y 14 personas más en mayo de 1991
en cercanías a Madrás.» (Marulanda, 2007; p. 32).
(6)  El caso de las entrevistas llevadas a cabo por Dakah son un fiel reflejo de que cuanta
más represión, más kamikazes y con más ganas surgen. Dakah: ¿Pero tú estabas
dispuesto a morir tan fácilmente? De nuevo adjuntamos un párrafo a otro entrevistado
que así lo demuestra:
–«M.: Sí. Iba a morir, y ¿acaso hay algo preferible a la muerte? No... La vida es un
quebradero de cabeza... Las cosas que vemos en la televisión son nauseabundas y
hacen que perdamos las ganas de vivir. Si tuviera la oportunidad de suicidarme en la
cárcel lo haría. Una vez, antes de la operación, me pregunté qué ocurriría si tomara
parte en una operación como ésa. En broma. Y luego, casualmente, va y resulta
que al cabo de poco tiempo aparece mi primo para sugerirme que lleve a cabo una
operación... Según entendí, iba a hacer averiguaciones en el pueblo acerca de mi
situación. Bien, alabado sea Dios, mi situación es absolutamente normal y mantengo
excelentes relaciones con todo el mundo, no tengo peleas ni problemas con nadie...
Ni siquiera tengo contactos con ninguna organización y no tengo ni familiares ni
amigos mártires.

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los sentimientos de aislamiento, de desplazamiento, de marginación y de


opresión étnica y religiosa para acabar con el terrorismo suicida.
Según el estudio de Atran, los terroristas son preparados en grupos de
tres a seis individuos por un líder muy carismático, mediante procedi-
mientos de muy bajo costo y que concluyen con una suerte de «contrato»
entre la organización y la familia del voluntario que se refleja en un video
que se hace público. Hay estudios posteriores, como los de Kimhi y Even,
según los cuales, la reivindicación religiosa y/o étnica no son suficien-
tes por sí mismas para explicar el conjunto de acciones que se requiere
para poner en práctica este tipo de ataques. Sus estudios apuntan a la
existencia de voluntarios, dotados de poderosas motivaciones de tipo
psicológico, y de expertos adiestradores, definibles a partir de algunos
prototipos de terroristas suicidas (Kimhi y Even; 2003).
Dentro del terrorismo fundamentalista podemos encontrar en el colectivo
de ejecutores cuatro perfiles diferentes de personas:
1. En el caso del primero, el prototipo está representado por terroristas
dispuestos al martirio, se trata de personas que tuvieron en su infancia
o adolescencia una fuerte preparación religiosa, así como de militantes
de grupos donde la religión juega un papel central como por ejemplo
en Hamás (7).

– Dakah: Me dijiste que comenzaste a rezar a escondidas de tu familia, especialmente


de tu padre.¿Por qué?
– M.: La verdad es que mi padre no se creía lo de mis rezos y sabía que le echaba el
ojo a las chicas de vez en cuando... Cuando de pronto empecé a rezar durante la
Intifada comenzó a sospechar y desde el principio pensó que me estaba metiendo
en algo... Así pues, comencé a rezar en secreto.
– Dakah: ¿La idea de ir al paraíso facilitó en algo tu elección?
– M.: Por supuesto, el paraíso es lo más importante, pero las imágenes que veíamos
en la televisión fueron lo que influyó en mí y lo que me llevó a decidir realizar la
operación.
– Dakah: ¿Qué opinión te merece el hecho de que los ataques istash’had provoquen
la muerte de niños?
– M.: No hay niños... Sus niños y sus adultos son todos judíos... ¿Por qué matan ellos
a nuestros niños? ¿Acaso no somos nosotros también seres humanos como ellos?
– Dakah: ¿Pero qué crimen han cometido los niños?
– M: ¿Por qué no paran de asesinar niños? ¿Acaso no fueron ellos los primeros en
matar niños? Esos niños son judíos, y cuando crezcan, ¿qué van a hacer? Se harán
soldados y matarán niños…» (Hass, 2003; p. 1).
(7) Todos los perfiles señalados los encontramos en el caso de los kamikazes pertenecien-
tes al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) en Argelia. Son jóvenes,

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2. En el segundo caso, se trata de jóvenes reclutados que se encuentran


en estado de profunda depresión, y cuya vida ha estado marcada por
hechos extraordinariamente dolorosos o traumáticos, por fatalidades
de diverso tipo, que han terminado minando su fortaleza emocional,
y se encuentran ansiosos de venganza. Por lo general, se trata de in-
tegrantes de familias desestructuradas o que padecen de aguda vio-
lencia intrafamiliar (8). El grupo reclutador, en estos casos, realiza una
paciente preparación que pone énfasis en la conmemoración de hitos
políticos y religiosos y en gestos de admiración personal hacia su per-
sona. Aquí también se observa el apoyo económico a la familia o al ser
querido más cercano emocionalmente (9).

desconocidos para los Servicios de Seguridad, y están motivados por los argumentos
yihadistas, ligados principalmente a los disturbios iraquíes. A menudo, el reclutamiento
inicial se hace para Irak, antes de desviarlo hacia acciones en Argelia. Es lo que lleva
a los analistas a hablar tanto de iraquización del GSPC, lo mismo por los métodos de
actuación que por la propaganda utilizada para el reclutamiento (Benchiba, 2008; p.
50). Igual sucede con los kamikazes en Palestina, concretamente por ejemplo en el
grupo la Yihad Islámica como recoge Hass en un artículo en el que recoge entrevistas
a diferentes personas que intentaron llevar a cabo atentados suicidas en Palestina.
(Hass, 2003).
  (8)  Este perfil representa a una parcialidad de personas como hemos visto anteriormente.
Otros, son en muchos casos jóvenes y de familias sin ningún tipo de problema aparente
y posicionadas bién económicamente como es el caso de Umar Faruk Abdulmutallab,
el nigeriano que en diciembre de 2009 intentó atentar en un avión en Estados Unidos. Al
Qaeda en la península Arábiga se declaró autor del intento de atentado contra un avión
de la compañía estadounidense Delta que hacía un vuelo entre Ámsterdam y Detroit el
25 de diciembre del año señalado. El grupo terrorista, en un comunicado difundido en
Internet, dijo que la acción era una represalia por la injusta agresión estadounidense
contra la península Arábiga y reconoció que la bomba no estalló por un fallo técnico. El
comunicado de Al Qaeda, presentado con una foto del nigeriano Umar, quien llevaba
la bomba escondida y a quien Al Qaeda califica de mártir, sostiene que su acción fue
perpetrada con valentía y coraje y califica a éste como un joven rico y activo. El intento
de atentado buscaba castigar a Estados Unidos por su presunta participación en un
reciente bombardeo contra reductos de Al Qaeda en Yemen. (El Espectador, 2009). Al
respecto del perfil de chicos universitarios y acomodados dice Kepel: «Surgen perfiles
de jóvenes activistas de los que un gran número, originarios de la península Arábica,
ha realizado estudios superiores y pertenece a ambientes acomodados, y abandona
una vida fácil por la “dureza de la yihad”» (El País, 2001; p. 3). Otro ejemplo, sería el del
autor del atentado que mató a siete miembros de la CIA en la provincia afgana de Jost
el 30 de diciembre de 2009; era un espía, pero que actuaba como agente doble de Al
Qaeda (Gara, 6 de enero de 2010).
  (9)  Uno de los datos más importantes que se revelan en el artículo de Benchiba es que
la juventud argelina está profundamente desestabilizada. Está tentada por múltiples
formas de violencia (gamberrismo, motines, delincuencia, etc.), que se añade al de-

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Boletín de Información, número 322

3. El prototipo manipulado corresponde, por lo general, a terroristas ex-


tremadamente jóvenes (menores de 18 años en algunas ocasiones)
sujetos a fuertes presiones familiares o grupales, de la más diversa
índole. Se trata de muchachos y muchachas que han sufrido acusa-
ciones graves en sus entornos más próximos (por homosexualismo,
deshonra familiar o actos inmorales) (10).
4. Por último, el prototipo circunstancial responde a terroristas que optan
por el terrorismo incluso por el suicidio por coyunturas fortuitas (curio-

bilitamiento de la influencia de la unidad familiar. Las reacciones de las autoridades


argelinas contra los que establecen una correlación entre miseria social y terrorismo
traducen más un desconcierto que una convicción. No todos los jóvenes deshereda-
dos se convierten en terroristas pero el perfil de los kamikazes los sitúa socialmente en
estas categorías (Benchiba, 2008; p. 51). En España hemos encontrado estos perfiles
de marginalidad en algunas redes desarticuladas que se habían nutrido principalmente
de delincuentes comunes, como por ejemplo el grupo desarticulado en las operaciones
Nova I y II en octubre-noviembre de 2004; o de inmigrantes desarraigados, como la red
de reclutamiento para enviar voluntarios a Irak, desarticulada en enero de 2006. Este
puede ser el caso también de las «Viudas Negras». Se trata de esposas, hermanas, hi-
jas o sobrinas de rebeldes del Cáucaso del Norte muertos durante las dos guerras que
devastaron a Chechenia desde la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéti-
cas. La lealtad a sus familias y a las ideas que les llevaron a la muerte genera en estas
mujeres un sentimiento de venganza que las arrastra a matar y a morir matando. En
otras ocasiones, son mujeres violadas que han perdido o su identidad y el privilegio de
pertenecer a una sociedad tan patriarcal como la del Cáucaso, y que no ven otra salida
más que la de entregar la vida por su pueblo, según explica Grigori Shvedov, redactor
jefe del portal caucasianknot.info. Diez son los años que los rebeldes chechenos llevan
utilizando este arma «secreta». La imagen en el teatro Dubrovka (2002) de decenas de
mujeres cubiertas de negro desde la cabeza hasta los pies junto a los terroristas che-
chenos sigue grabada en la mente de muchos. Aquel día 170 personas murieron. De
los 41 terroristas involucrados, 22 eran mujeres, la más joven sólo tenía 16 años. Na-
cían las «Viudas Negras» del terrorismo. Desde entonces, su rastro de sangre ha sido
imparable: 15 muertos en un festival de rock en Moscú, 90 muertos en dos aviones en
2003 y, en marzo de este año, 39 muertos en las estaciones de Metro de Lubyanka y
Park Kultury. Las «Novias de Alá», como también se las denomina, han participado en
las dos terceras partes de los cerca de los 40 ataques que los rebeldes han perpetrado
en Rusia (El Mundo, 29 de marzo de 2010).
(10)  Lo más alarmante, señala Benchiba, es que el perfil de los kamikazes pertenecientes
al GSPC es que son muy jóvenes. Pone el ejemplo de Nabil Belkacemi, autor del
atentado suicida contra el cuartel de los guardacostas de Dellys que sólo tenía 15
años, cuya «preparación» no duró más de tres meses. También cita el caso de dos
jóvenes adolescentes, entre 14 y 16 años, que fueron condenados a prisión condi-
cional y obligación de seguimiento psicológico: subían los fines de semana al monte
para entrenarse en el manejo de las armas y retomaban las clases a principios de
semana. Desengañados y sin horizontes, parte de los jóvenes están en una especie
de búsqueda del paraíso que creen lograr a través del suicidio (Benchiba, 2008).

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sidad por el tema, deseos de trascendencia, carencia de perspectivas


para la realización personal o dilatación de proyectos personales por
causas ajenas a él). Son personas a las cuales se les prepara refor-
zando su imagen social y ensalzando lo ejemplificador de la conducta
terrorista (11) (Kimhi y Even; 2003).

Las motivaciones de los terroristas fundamentalistas

Las motivaciones de los terroristas fundamentalistas son racionales, dado


que el terrorista piensa sus metas y opciones, haciendo un análisis de
costes y beneficios (12). Él intenta determinar si hay maneras menos cos-
tosas y más eficaces de alcanzar su objetivo que terrorismo. Para evaluar
el riesgo, él sopesa las capacidades defensivas del blanco en cuestión,
contra sus propias capacidades para atacar. Él mide las capacidades de
su grupo para sostener el esfuerzo. El análisis racional del terrorista es
similar al de un comandante militar o de un empresario de negocio que
considera líneas de conducta disponibles. Sus motivaciones puede que
no sean la comodidad personal ni los beneficios materiales inmediatos,
sino más bien convicciones religiosas o ideológicas (13) cuyas suposicio-
nes de base, no se pueden analizar racionalmente, pero inspiran la fe de

(11) Sostiene Benchiba que el perfil de los kamikazes que buscan el paraíso en la muerte
no es muy diferente de los «harragas», esos jóvenes que buscan también un paraí-
so en la inmigración ilegal hacia Europa, utilizando embarcaciones de riesgo. Una
encuesta realizada por el «Centro Nacional de Estudios Aplicados» (CENEAP) pone
de manifiesto que un 60% de los jóvenes escolarizados considera que su futuro es
«incierto». Cerca del 56% considera que no tiene futuro en el país. Cada año 500.000
jóvenes argelinos quedan fuera del sistema escolar, y eso da una idea de la amplitud
del problema. La juventud argelina desestabilizada es el mayor problema político
de Argelia. La tentación es aún más fuerte si se tiene en cuenta que el país vive un
vacío político que favorece exclusivamente al fundamentalismo, tanto en sus formas
moderadas como en sus versiones radicales (Benchiba; 2008).
(12) Cuando le preguntan a un terrorista que intentó llevar a cabo un acto terrorista in-
molándose sobre qué sentía cuando veía que se acercaba a su propia muerte éste
habla del coste y del beneficio que traía consigo su acto; desprenderse de lo material
a cambio del paraíso: «Sientes que estás flotando en el aire, que estás volando en
lugar de caminando sobre la Tierra. Te despides de todo lo que te rodea, de las cosas
materiales. Es un adiós al mundo. Yo pensaba en lo que me aguardaría como recom-
pensa a mi acción. Me pregunté cómo sería estar en el paraíso. En aquel momento
mi imaginación me transportó a un lugar muy distante de aquí.» (Hass, 2003; p. 1).
(13) Por ejemplo reivindicaciones nacionalistas como el caso ya visto de Palestina o tam-
bién Kurdistán.

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Boletín de Información, número 322

los demás, hasta el punto de poder morir por ellas. Con todo, las motiva-
ciones no racionales no excluyen las acciones racionales (14).
Los que amparan, por ejemplo, el martirio suicida no son irracionales.
Valerse de los sentimientos religiosos con fines políticos o económicos
puede ser una acción perfectamente racional, como por ejemplo cuando
el martirio o las misiones suicidas consiguen reconocimiento, nuevos re-
clutamientos y poder para aumentar la «cuota de mercado» política (para
ganar en la competición por la influencia política en un contexto regional,
en la comunidad musulmana en general, o en el resto del mundo) (Bloom,
2005).

Características concretas del terrorismo fundamentalista

El terrorismo fundamentalista se caracteriza por la incertidumbre. Incer-


tidumbre en cuanto a la manera de aterrorizar, en cuanto a la forma de
atentar y también en cuanto a los métodos utilizados. No se sabe cuándo
se va a actuar, volviéndose todas estas cuestiones citadas impredeci-
bles. En otro tipo de terrorismo como pueda ser el insurgente o revolu-
cionario se daba como característica también la incertidumbre pero esta
misma se caracterizaba de otra manera (15), dentro de lo «esperable» que
se puede dar en un ataque terrorista. El caso del terrorismo fundamen-
talista desafía incluso a esas «pautas no escritas» de lo que han sido los
atentados terroristas a lo largo de la historia un ejemplo claro es el del 11
de septiembre de 2001 (11-S) en el que la «innovación» de los terroristas
fue total en cuanto a los medios con los que se llevaron a cabo los atenta-
dos (aviones), las formas (estrellando estos aviones contra los iconos de
Estados Unidos) e incluso en cuanto a los ejecutores (suicidas).

(14) Como hemos visto en ejemplos anteriores los kamikazes estudian y sopesan el he-
cho de quitarse la vida y de quitársela a los demás. Ponen en una balanza lo que
consideran el mundo material (Dunnia) y los beneficios de éste, frente al paraíso y
sus supuestas comodidades y beneficios. Así pues consideran que la supuesta vida
posterior es mejor que la actual materia y ponen los medios (el suicidio y asesinato de
terceras personas) para conseguir su supuesto objetivo; el ansiado paraíso.
(15) Nos referimos aquí a que lo que no era esperable es por ejemplo el momento en que
se iba a llevar acabo el atentado, pero sin embargo, los medios y las formas eran bas-
tante habituales; bombas, bombas-lapa, asesinatos con pistola, etc. Esto no sucede
así con el terrorismo fundamentalista; su modus operandi ha venido desconcertando
dada su impresivilidad en cuanto a manera de actuar y medios.

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Boletín de Información, número 322

Esto deviene en que los Estados, aún no están preparados para afrontar
esta nueva tipología de terrorismo que se contextualiza en la globaliza-
ción en la cual juega un papel fundamental la técnica y las nuevas tecno-
logías tanto para atentar como para hacer proselitismo, difundir su causa,
buscar simpatizantes e incluso medios de financiación. En años recien-
tes, como resultado de la aparición de Internet, la capacidad terrorista de
influir en los medios ha evolucionado a un punto en el que ahora pueden
controlar todo el proceso de comunicación mediante la determinación del
contenido, el contexto y el medio sobre el cual proyecta su mensaje diri-
gido hacia la audiencia o las audiencias múltiples) que procura alcanzar.
Las implicaciones son enormes dado que desafían el monopolio ejercido
durante largo tiempo por las entidades difusoras comerciales y de pro-
piedad del gobierno sobre la comunicación masiva del mensaje terrorista.
La nueva revolución de la información ha facultado enormemente a los
grupos terroristas con la capacidad de dar forma y diseminar su propio
mensaje en su propia manera, eludiendo completamente a las entida-
des periodistas tradicionales y establecidas. Internet tiene otras ventajas,
además de su ubicuidad y oportunidad: puede eludir la censura del go-
bierno; los mensajes se pueden enviar anónimamente, rápido y casi sin
esfuerzo, y es un medio de comunicación de masas especialmente eficaz
en relación con el costo.
En lo relativo a su accionar, el terrorismo fundamentalista utiliza, como
decíamos, las herramientas e instrumentos propios de la globalización;
las más avanzadas técnicas financieras, societarias y logísticas y las ar-
mas más tradicionales y las más sofisticadas como por ejemplo el uso
de agentes químicos (16). Un ejemplo de ello es el uso del ántrax que dio

(16) Un ejemplo fueron los gases utilizados por Sadam en Halabja. Tras el golpe de
Estado del año 1968 del Partido Baas, Sadam Hussein se afianzaba en el mis-
mo al encargarse de una de las ramas de la construcción del Estado Socialis-
ta en la que ya había destacado, apuntando una capacidad que luego iba a al-
canzar su apogeo: la represión de sus enemigos. Más tarde se vería abocado a
la rama económica, implantando un sistema de planificación que impidió pro-
gresar a una población que miraba absorta la aparatosa riqueza de la clase di-
rigente. Por un lado buscó la ayuda de Moscú en los años 1970 y 1972 para
acabar eficazmente con la oposición kurda, lo que el Kremlin aceptó a cambio
de que acabara con la dura persecución de los comunistas. Por otro contó con
la ayuda de Francia que, a cambio de participar en el negocio del petróleo, re-
cientemente nacionalizado, renunció a tomar represalias por la nacionaliza-
ción. Ambos pactos permitieron a Sadam Hussein duplicar el tamaño del Ejér-

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lugar a la denominada «crisis del Amerithrax», también conocida como la


«crisis del ántrax», tras los atentados del 11-S (17). Utilizan además los
instrumentos más modernos para que a través de la difusión de su cau-
sa o del proselitismo, conseguir que otros individuos simpaticen con su
causa, para justificarla y así como para cometer los actos terroristas en sí
mismos. Uno de esos instrumentos se trata de internet. Hay varios usos
que estos grupos hacen del mismo: como medio de publicidad y propa-
ganda, como parte de la guerra psicológica contra sus opositores, como
forma de obtener información para sus actividades (inteligencia), como
medio de reclutamiento y movilización, como medio de financiamiento,

cito entre los años 1970 y 1975, con armamento principalmente procedente de
las dos naciones señaladas. Estos movimientos fortalecieron la posición de Hu-
sein, hasta que el 17 de julio de 1979 logró alcanzar el poder y crear un régimen a
su gusto. Según el responsable de la Organización de Naciones Unidas para los
derechos humanos en Irak, hasta poco antes de la guerra que le derrocara la de
Sadam era la dictadura más cruel que se haya visto en el mundo desde la Segunda
Guerra Mundial. Concretamente los días 17 y el 18 de marzo de 1988, la ciudad
iraquí de Halabja fue regada con bombas químicas y con bombas racimo en más
de 20 ocasiones. Las máquinas llevaban en su interior gases cianuros, agentes
sanguíneos que provocan convulsiones, pérdida de la conciencia y apnea, es decir,
falta o supresión de la respiración. Causan una agonía de varios minutos. También
se utilizaron gases mostaza y gases nerviosos. Los primeros causan eritema, una
irritación de la piel que deja unas manchas rojas muy visibles, ampollas, irritación
en los ojos y dificultades respiratorias. Los efectos del gas nervioso son varios. Los
más visibles son la secreción de saliva, lágrimas y orín, y la defecación. También
dan lugar a rinorrea, miosis (una contracción permanente de la pupila), dificultades
respiratorias y convulsiones. Mientras que los gases mostaza pueden acabar con
una vida en varios minutos o incluso horas, los gases nerviosos pueden acortar la
agonía a varios segundos. A la hora en que parte de la población detenía el curso
normal de sus asuntos al oír los motores de los aviones se iniciaba lo que se co-
noce como el «Viernes Sangriento». Dos días después se contaban en 6.000 las
personas que perdieron la vida y en 7.000 las que quedaron heridas. Tres cuartas
partes de las víctimas las constituyeron mujeres y niños. El rastro que dejan las
bombas químicas no es el habitual de otro tipo de bombardeos. No hay un gran
número de mutilados; no hay heridas ni sangre. Pero sí cadáveres con violentas y
grotescas expresiones en sus caras (Rodríguez, 2010).
(17) La llamada «crisis del Amerithrax» causó en el año 2001 la muerte de cinco personas
y otras 17 resultaron heridas tras haber recibido correspondencia contaminada con
dicha bacteria. Las cartas se enviaron desde el estado de Nueva Jersey a periodistas
de la cadena NBC y del New York Post, así como a dos senadores demócratas. El
envenenamiento tuvo lugar tras los atentados del 11-S, por lo que, además de agra-
var el estado de pánico entre la ciudadanía, desató una segunda oleada de envíos
«engaño» cuyo efecto dominó afectó a todo el mundo.

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Boletín de Información, número 322

como medio de planeamiento y coordinación de sus actividades, como


medio de comunicación (18).
En cuanto a las dimensiones propias del terrorismo fundamentalista (reli-
giosa y política) y a pesar de que como hemos expuesto las variables que
componen la dimensión religiosa de los fundamentalismos se presentan
como rígidas, férreas, incuestionables e innegociables, los fundamenta-
lismos son volátiles, flexibles, adaptables, cambiantes. Esto se explica
debido a que las «bases» que toma cualquier fundamentalismo no cam-
bian, no son susceptibles al tiempo por ejemplo, sin embargo, se adaptan
a cualquier circunstancia. Un ejemplo clave es como se adaptan para ca-
lar en los adeptos a las circunstancias contemporáneas en sus discursos.
Sabemos que nuestras sociedades están gobernadas por ejemplo por el
laicismo, sabemos también que existe una anomia profunda en muchos
individuos y que muchas personas se sienten solas. Estas cuestiones se
utilizan para captar y calar hondo en las personas. Actúan además de
manera desterritorializada y descentralizada (19).

(18)  Por ejemplo, la presencia de Al Qaeda en la Red asi como de otros grupos radica-
les islámicos y la multiplicación de cuadernos bitácora de contenido extremista son
los mejores ejemplos de esta nueva situación. Si antes era Afganistán el lugar de
encuentro para muchos radicales ahora lo es Internet. Las nuevas tecnologías de la
información permiten difundir mensaje y mantener contacto con los activistas repar-
tidos por el mundo. Actualmente hay miles de paginas webs, listas de correos y chats
en las que estos grupos exponen sus ideas y llaman a la acción, ofrecen consejos
sobre cómo actuar que van desde cómo fabricar una bomba a la forma de secuestrar
a un líder político. Por ejemplo está la web: http://www.kavkazcenter.com/ de musul-
manes de Chechenia y Ingushetia de tendencia suní donde se pueden ver ataques
contra tanques a los que denominan «rusistas». No solo como decíamos hay páginas
webs sino que proliferan los documentos que se distribuyen mediante foros o listas
de correo electrónico. En esta línea se pueden destacar dos revistas electrónicas on
line que presuntamente editaban miembros de Al Qaeda; Sawt al Yihad (La voz de
la yihad) y Mu-askar al Battar (Campamento de Al Battar) centrada ésta en aspectos
militantes. Mientras que la primera se consideraba uno de los vehículos más impor-
tantes para la propagación de las ideas en grupo, la segunda, constituía un material
de guerrilla que daba información sobre uso de bombas, etc. (González, 2005).
(19)  Esta captación de hace a través de lo que se denomina dawah. Éste es un término
árabe que significa literalmente citación o llamada y que también quiere decir invitar
o invitación. Se considera una obligación para muchos musulmanes invitar a otras
personas al islam. En la mayoría de los casos la dawah está relacionada con la predi-
cación del islam y se refiere al acto de predicar el islam tanto dentro de la comunidad
de musulmanes como fuera de ésta. Dentro de la comunidad musulmana alguno de
los objetivos de la dawah serían el llamar a los fieles al denominado «camino recto».
En el caso de los no creyentes el objetivo es acercar el islam bien para mejorar la

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Boletín de Información, número 322

Sobre las víctimas del terrorismo fundamentalista

Al hablar de a quienes van dirigidos los actos de terrorismo o de las vícti-


mas del mismo estamos hablando, más allá de las repercusiones físicas
que un suceso pueda tener en una persona, de todo ser humano que
sufre un malestar emocional a causa del daño intencionado (atentado
terrorista), provocado por otro ser humano (Echeburua y otro; 2004). En
este sentido, el concepto de víctima del terrorismo, hace alusión a dos
componentes importantes que lo integran (Echeburua, 2005). El prime-
ro sería el componente objetivo que hace referencia al hecho de haber
perdido una vida humana o haber sufrido daño físico o psicológico, ame-
nazas, menoscabo de la libertad, etc. Y el otro sería el componente sub-
jetivo: este componente hace referencia a las reacciones emocionales
negativas (miedo, rabia, inseguridad, etc.) que experimentan las víctimas
y que son muy diferentes y varían considerablemente de unas víctimas
a otras. Estas reacciones emocionales experimentadas pueden, conse-
cuentemente, llevar a la persona a desarrollar una serie de conductas,
que le repercutan negativamente en la calidad de vida (miedo a salir solo
a la calle, cambio de horarios y rutinas, etc.).
En cuanto a las víctimas del terrorismo fundamentalista abarcan tres
poblaciones. La primera población serían las víctimas escogidas en sí
mismas en relación a unas características determinadas: nacionalidad,
responsabilidad profesional o a su ideología, moral, política, etc. E indi-
rectamente y junto con las otras, existirían unas víctimas escogidas de
forma arbitraria, para demostrar que nadie está a salvo del terror. Esta
clasificación puede hacerse hablando de víctimas directas: aquellas per-
sonas que han sufrido directamente el atentado terrorista y/o el suceso
traumático y víctimas indirectas: aquellas personas cercanas y familiares

imagen de éste, bien para que la gente se interese por el islam en cualquiera de sus
aspectos, bien para que las personas a las que llega el mensaje del islam se acaben
convirtiendo, es decir, cambiando su antigua religión por el islam. Existen incluso
técnicas de cómo hacer esa invitación: «Para que esta palabra tenga frutos, debe ser
acompañada con una sonrisa,con compasión y con un deseo sincero de salvar a esa
gente (a la que va dirigida la dawah) y de sacarlos de la oscuridad de la incredulidad
y el ateísmo. Si el predicador del islam puede agregar algo de dinero o ayuda a sus
palabras, que lo haga, porque es lo que le da credibilidad a los valores y a los princi-
pios hacia los que se llama a las personas y esto puede preparar sus corazones para
aceptar la bondad que viene de ellos y quitar el odio, la resistencia y las objeciones»
(Ainz; 2007: p. 5)

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de la víctima primera o que pertenezcan a su grupo (ideológico, moral,


etc.) que no habiendo sufrido directamente el atentado terrorista y/o el
suceso traumático, pueden sufrir ciertas consecuencias del mismo y en
las que puede aparecer daño psicológico y/o emocional bien por dolor o
pérdida, bien por pánico o bien por ambas razones.
El terrorismo clásico adoptaba unas tácticas con fines estratégicos muy
específicas, dirigidas normalmente contra el aparato del Estado u otros
objetivos de alto valor: por ejemplo, ataques contra funcionarios del Esta-
do, altos cargos administrativos, militares o de las fuerzas de seguridad,
habiendo algunas excepciones en las que se atentaba contra civiles (este
es el caso por ejemplo del atentado de ETA en el «Hipercor») (20). Esta
era la forma de actuar también de lo que hemos llamado el terrorismo
moderno de grupos europeos como el IRA o la ya mencionada ETA,
Estas tácticas específicas y negociables siguen caracterizando a algunos
grupos actuales. Algunos de ellos toman como objetivos a diplomáticos y
a hombres de negocios extranjeros con el fin de presionar a su gobierno.
Otra táctica muy usada ha sido la de dirigir los ataques contra las fuentes
de ingresos estatales: la industria del petróleo y del gas en Argelia, el
mercado turístico en Egipto y en España, etc. En otros casos la violencia
se traducía en secuestros, mediante los cuales reclamaban la liberación
de prisioneros o dinero como rescate. En el caso del Ejército de Libe-
ración de Kosovo, por ejemplo, sus objetivos eran los policías serbios,
buscando exacerbar sus represalias, y movilizar así a la opinión pública
internacional. Pero las tendencias actuales se alejan de estas tácticas
más clásicas y se dirigen hacia una violencia simbólica y estratégica ma-
terializada en matanzas de civiles aparentemente aleatorias y absurdas.
La violencia simbólica es una forma de enviar un mensaje, de hacer pú-
blico un comunicado, y una de sus formas más típicas son estos ataques
terroristas contra civiles (21). La violencia «se exagera deliberadamente»
y, a menudo, macabramente

(20) El atentado de «Hipercor» fue una acción terrorista perpetrada por ETA el 19 de junio
de 1987, que consistió en la colocación de un potente explosivo en un centro co-
mercial de la empresa «Hipercor» ubicado en Barcelona, que causó la muerte de 21
personas e hirió a 45. La organización terrorista explicó en un comunicado posterior
que había avisado previamente de la colocación de la bomba y que la Policía no
desalojó el local.
(21) Algunos de los civiles asesinados por ETA serían los siguientes: el 29 de marzo de
1980, muere el niño José María Piris Carballo en la localidad de Azpeitia (Guipúzcoa) al

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Algunas conclusiones

El objetivo principal de este artículo es arrojar luz sobre las múltiples va-
riables que componen el terrorismo fundamentalista islámico. Variables
todas ellas a tener en cuenta para llevar a cabo análisis eminentemente
útiles que sirvan para intervenir con la realidad en múltiples niveles: des-
de la educación, hasta las cuestiones referidas a seguridad y defensa.
Nuestra aportación pone de manifiesto la imposibilidad de cerrar una
definición al respecto del terrorismo fundamentalista islámico y de sus
múltiples variables. Los encajonamientos en conceptos son provisionales
dada la volatilidad del fenómeno que se reinventa continuamente aprove-
chando y sacando partido del el contexto de globalización en el que esta-
mos inmersos hoy en día. Todas estas cuestiones ponen de manifiesto la
necesidad imperante de estudiar de forma sistemática y casi maniática el
fenómeno, ya que conocer sus lógicas y entenderlas es el único camino
para poder prevenir acontecimientos tan lamentables como los sucedi-
dos el 11-M.

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golpear una bolsa de deportes que contenía un artefacto explosivo mientras jugaba en
la calle; el 22 de noviembre de 1988, como consecuencia de la explosión de un coche
bomba frente a la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid mueren el periodista
Jaime Bilbao Iglesias y el niño de tres años Luis Delgado Villalonga; el 7 de mayo de
2000, es asesinado el periodista del diario El Mundo José Luis López de la Calle tras ser
abatido a tiros en la puerta de su domicilio en la localidad de Andoaín (Guipúzcoa); el
26 de enero de 2001, es asesinado por ETA en San Sebastián (Guipúzcoa) el cocinero
de la Comandancia de Marina de dicha ciudad Ramón Díaz García, tras estallar una
bomba lapa que había sido colocada en su vehículo particular (El Boleto, 2008).

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Boletín de Información, número 322

LAS GUERRAS DEL SIGLO XXI


INTERPRETADAS EN CLAVE
DEL PENSAMIENTO
DE ALGUNOS CLÁSICOS ORIENTALES

Federico Aznar Fernández-Montesinos


Capitán de fragata

La guerra es para Clausewitz «una actividad del espíritu» y consideraba la violencia y


la victoria militar como elementos capitales para el logro de los objetivos políticos ine-
ludiblemente unidos a la guerra. Por su parte, Darwin no hablaba de la supervivencia
del más fuerte, sino del más apto, del que mejor se adapta; los clásicos orientales en
esta línea inciden particularmente en la adaptación al enemigo para el logro «acóplate
al enemigo y alcanzaras la gloria», algo que la supremacía tecnológica y económica de
Occidente había podido hacer olvidar. Ambas visiones tienen espacios de encuentro
y de debate.

Introducción

Reza un proverbio chino, «quienes siguen diferentes caminos nunca tie-


nen algo útil que decirse». No estamos de acuerdo con esa afirmación en
la medida en que la realidad admite diferentes perspectivas; transponer-
las permite obtener una visión multidimensional de los problemas lo que
facilita su adecuada identificación. Por ello interesa tratarla desde una
pluralidad de planos y enfoques para poder mostrar su diversidad y la
complejidad que llevan asociada. Como Clausewitz decía:
«El acto primordial, el principal y más decisivo del juicio que ejercen
el estadista y el general, es comprender rectamente la guerra que
emprenden, no tomándola por algo o desear convertirla en algo
totalmente imposible por su propia naturaleza» (1).

(1) clAusewitz, Carl von: De la guerra Tomo I, p. 183.

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Boletín de Información, número 322

Y es que tanto la cultura china como la occidental hacen más énfasis en


algunos de los factores del conflicto que en otros porque la guerra es un
acto cultural, un hecho social y, por tanto, dotado de sus singularidades;
no es igual la guerra que emprende un pueblo pastor que la que hace un
pueblo agricultor. De ese análisis pueden también extraerse relevantes
conclusiones.

Las bases orientales de la aproximación al conflicto

En la cultura china el análisis de la naturaleza de los conflictos bélicos


y su conceptuación encaja bien con el carácter paradójico implícito a la
lógica circular y recurrente del pensamiento chino. Un pensamiento pren-
dado a veces del dogmatismo de una tradición milenaria.
Todo periodo de transición, en tanto que combina diversos relatos, indu-
ce al contraste y a la reflexión; así, el convulso periodo de las primaveras
y los otoños (2) (entre 770 y 476 a. C.) dio lugar a un vasto análisis y una
profunda reflexión que se plasmó en grandes clásicos de la estrategia, no
pocas veces utilizados hoy como prontuarios, de modo que sus referen-
cias son una constante en los estudios parlamentarios.
La guerra hasta entonces ligada al honor, al ritual, se presentaba como
una actividad vecinal ejecutada por una élite aristocrática conforme a una
conducta perfectamente tasada. No obstante, en los siglos III y IV a. C. la
difusión de instrumentos de hierro permitió que una nueva clase de co-
merciantes desplazase a la aristocracia militar introduciendo nuevos usos
y lógicas de pensamiento y transformando la forma de hacer la guerra (3)
al tiempo que la universalizaba, gracias al más fácil adiestramiento de las
fuerzas y a la accesibilidad de la tecnología armamentística, lo que traerá
consigo una mutación en los valores guerreros tradicionales en pos de un
mayor pragmatismo para conseguir el éxito.
La guerra pasa de ser un mero objeto de violencia a convertirse en un
motivo para la reflexión, lo que lleva a su concepción intelectualizada y
ocasiona su transformación de saber heredado a conocimiento abierto.
El verdadero guerrero ya no es un hombre fornido y bruto sino quien es

(2) gAlvAni, Albert: Introducción en El arte de la guerra Sunzi, pp. 25 y siguientes, editorial Trotta
2002.
(3) Ibídem, p. 35

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capaz de penetrar en los secretos de la ciencia y trasladarlos al campo


de batalla.
La nueva forma de hacer la guerra trae lo que Galvany (4), en la tradi-
ción china del ying y el yang, llama su feminización con la que se dota al
conflicto de su verdadera dimensión estratégica y reduce sus niveles de
violencia; para ello se cultivarán aspectos como la debilidad, flexibilidad,
sutilidad, etc. todo lo contrario a la fuerza bruta.
Es la lógica paradójica de la que hablara Luttwak (5) que subsiste en la ar-
monización de los contrarios y que hace válidos pensamientos como los
de Se Ma que sostiene «tener en pie demasiadas tropas es una desventa-
ja igual a tener demasiado pocas» (6); o Mao cuando afirma que: «algunas
de nuestras debilidades en realidad constituyen fuentes de fortaleza» (7).
Este sentido dialéctico, similar al que se obtiene en gastronomía al com-
binar sabores distintos, como las salsas agridulces, resulta particular-
mente útil para un fenómeno dialéctico como es la guerra que está do-
tada de una lógica específica y propia, en arabesco, con sus avances y
retrocesos, con todas las contradicciones de lo intrínsecamente humano.
Muchas veces se conoce el coste de la acción, pero se ignoran no pocos
de sus beneficios y parte de las consecuencias; como dice Se Ma: «hay
que considerar en todo la contrapartida del enemigo». Y es que la guerra
está en permanente estado de mutación, por la necesidad de superar al
contrario. La estrategia es paradójica ya que el fortalecimiento de un bando
lleva al oponente a diseñar medios para tratar de derrotarle de otra manera,
procediendo también para que los recursos de aquél queden inoperantes.
Esto se corresponde directamente con la clásica ley clausewitziana de
ascenso de los extremos, acción, reacción, contrareacción, etc. que con-
duce, finalmente, al empleo de toda la fuerza posible; como resultado, se
amplían las líneas de frente, incluyendo áreas no previstas –sorpresa es-
tratégica– y el enemigo se desplaza longitudinalmente a lo largo de toda
ella escogiendo el punto y el método para presionar (8).

(4) Ibídem, p. 47
(5) luttwAk, Edward N.: Parabellum, Siglo XXI Editores, Torrejón de Ardoz (Madrid), 2005.
(6) cholet, E.: El arte militar de los chinos, p. 77, editorial Pleamar, Buenos Aires 1969.
(7) MAo tse tung: La guerra de guerrillas, p. 138, editorial Huemul, S. A., Buenos Aires
1966.
(8) luttwAk, Edwad N.: Parabellum, opus citada.

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Boletín de Información, número 322

Pero prever las complejas dinámicas de acción-reacción con todas las


variaciones posibles es tarea de grandes estadistas, porque «todas
las cosas están siempre desplazándose simultáneamente» y son «adver-
sarios de pareja fuerza» (9). Siendo realidades con combinaciones múlti-
ples, matemáticamente inalcanzables; sólo resulta posible su compren-
sión intuitiva (10): por eso se habla de arte de la guerra.
Un buen ejemplo a nivel operacional de este carácter bascular de la gue-
rra que determina la estrategia es el empleo del arma submarina duran-
te la Segunda Guerra Mundial en lo que se conoce como la batalla del
Atlántico.
El empleo masivo de submarinos para atacar los convoyes de suminis-
tros a las islas británicas estuvo a punto de colapsar aquel país, pero el
desarrollo tecnológico británico acabó con la impunidad con la que ope-
raban; esto provocó a su vez una nueva reacción en las técnicas de gue-
rra submarina alemana, lo que obligó a los británicas a depurar las suyas,
etc. Una especie de movimiento vibratorio armónico simple amortiguado
que, finalmente, condujo a la derrota en el mar de una Alemania incapaz
de escapar a la lógica basculante que había generado y que no fue ca-
paz de superar.
La visión oriental está personificada por la figura del cuchillo del cocinero
Qing, que pese a tener 19 años ya, no se encuentra mellado porque corta
pero no desgarra al seguir las formas naturales del cuerpo de la pieza
que, por conocido, no precisa siquiera mirar.
Como resultado de todo el proceso de reflexión Sun Tsu escribirá: Trece
artículos del arte de la guerra, Ou-Tse escribió: El reino de los Goei, Se
Ma: Las reglas del arte militar; Ven-Toui: Preguntas y respuestas, mientras
Lao Tse escribiría su clásico inmortal, el Tao Te King (siglo IV a. C.). Todos
ellos se suman a los pensamientos de Confucio (551-479 a. C.), Mo Ti
(siglos V y VI a. C.) y Mencio (371-289 a. C.).
De la mano de Mao, Sun Tzu y el «mandato del cielo» (cuyo designio da y
quita legitimidad a los regímenes) han adquirido un notable peso especi-

(9) Ibídem, pp. 65 y siguientes, la cita procede de Churchill.


(10) qiAo liAng and wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, p. 215, PLA Literature and Art
Publishing House, 1999.

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Boletín de Información, número 322

fico en el diseño de la teoría revolucionaria (11), formulación con la que se


pretende conseguir el poder político por medio de la lucha armada (12).
Y también en la actual teoría china de la guerra (13).
Una forma de enfrentamiento radicalmente asimétrica es la no violencia
de inspiración gadhiana, la ahimsa, en la medida en que descarta el plano
militar y traslada la pugna a otros ámbitos y no por vía de la acción sino
de la inacción. Como apuntaba Hannah Arendt:
«Ningún Estado puede sobrevivir al colapso de su sistema jurídico.»
Todo ello sirve para demostrar la falta de legitimidad y la debilidad de
unas instituciones que no cuentan con el consentimiento de sus gober-
nados, desacreditando públicamente a un Estado víctima de sus pro-
pias contradicciones internas. El desdén de Clausewitz por esa forma de
guerra no sangrienta que, a su juicio, sólo practican los brahamanes se
muestra injustificado.
Pero Gandhi no es un pacifista, en la medida en que prefiere un violento
a un no comprometido. La no violencia supone que se es lo suficiente-
mente fuerte para combatir y se reprimen los deseos de venganza pues:
«No es posible esperar que un cobarde se convierta en un no vio-
lento, pero sí cabe esperar esto de un violento» (14); no obstante
«sigue en pie, sin embargo, que en cualquier caso la venganza vale
más que una sumisión puramente pasiva, totalmente inútil» (15)
pues «un ratón sin defensa no es un no violento cuando se deja
matar por un gato. Si tuviera fuerza para ello devoraría de buena
gana al enemigo. Como no puede hacerlo, lo único que le queda es
escaparse, etc., el deber exige que se resista y que muera cada uno
en su puesto. Esto sería una actitud no violenta y animosa. Por el
contrario, habría coraje, pero faltaría la no violencia, si uno emplea-
se la poca fuerza que tiene en combatir y aniquilar al adversario,
con riesgo de su vida» (16).

(11) shy, John y W. collieR, Thomas: «La guerra revolucionaria» en pARet, Peter (coord.):
Creadores de la Estrategia Moderna, p. 849, Ministerio de Defensa, Madrid, 1992.
(12) Ibídem, p. 841.
(13) qiAo liAng and wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, p. 147, Colección Azenai, Toledo,
1983.
(14) gAndhi: Todos los hombres son hermanos, p. 147, Colección Azenai, Toledo 1983.
(15) Ibídem, p. 147.
(16) Ibídem, p. 149.

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Confucianos, legistas y mozistas

Todas las escuelas del pensamiento chino antiguo parten de que al princi-
pio de todo era el desorden, hasta que el emperador impuso su voluntad.
Él es el demiurgo que actúa de mediador entre el macrocosmos y el micro-
cosmos; el desorden en uno implica desorden en el otro (17). Existe pues
una relación de analogía entre los cosmos. Por ello, de partida, la guerra
representa una perturbación del orden celestial que no es deseable, lo que
motiva el que éste deba ser restablecido lo más rápidamente posible.
Para el confucionismo (cuyos principales exponentes son Confucio y
Mencio) que representa la tradición de los «reyes sabios», cada uno debe
acatar y someterse a su posición inamovible y eterna en el cosmos, el
orden celestial determina el orden moral, cuya manifestación se expresa
a través de los ritos, que se constituyen en una fórmula de saber dog-
mático –por eso se debe «actuar en los asuntos militares conforme a los
ritos»– y en la sumisión ante los «mayores»: emperador, padre y esposo.
Ello, en la práctica, supone una inclinación hacia el inmovilismo y la su-
misión incondicional.
Su propuesta como, la del mozismo, es un sistema político basado en
la moral, una moralidad, eso sí, de rasgos kantianos. El ideal confuciano
se basa en la compasión, lo que hace al príncipe radicalmente humano y
presume la bondad del hombre. El modelo de relaciones que propone es
la familia y el parentesco.
Esto lleva a Mencio a afirmar que si un príncipe fuera capaz de ejecutar
los principios del Cielo, no necesitaría conquistar el mundo, pues todos
vendrían a hacerse sus súbditos. El emperador se presenta como el mo-
tor inmóvil, que no actúa mientras las cosas se mueven como una suerte
de emanación suya. El emperador no toma decisiones realmente sino
que se apacigua en tanto que se somete; esto se manifiesta en el rito.
Su tarea consiste es elegir a sus ministros, con ello se pone orden en el
cosmos poniendo nombre a las cosas (18).
Mo Ti se manifiesta en desacuerdo con el modelo confuciano por su sis-
tema de relaciones de parentesco; el suyo predica el amor universal, que
es contrario a la jerarquía. Al tiempo, promueve el gobierno de los más
capaces presentando el cielo como un dios personal y el amor y la justicia

(17)  Herranz, Manuel: «La filosofía política china clásica», en: www.casaasia.es/pdf/


(18)  Ibídem.

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Boletín de Información, número 322

como una finalidad teleológica. Este amor comunitario permite, además,


el provecho mutuo (19).
Así, el mozismo tiene un componente utilitarista e individualista. Si tratas
al padre de otro como al tuyo y el otro te corresponde, el beneficio es mu-
tuo (20). Su propuesta política es una suerte de democracia autoritaria:
«Gobierno que se conforma a la voluntad de Dios es gobierno justo;
gobierno que va contra la voluntad del Cielo, es gobierno de vio-
lencia» (21).
Para ello argumenta que, si la benevolencia se dirige primero a los más
cercanos, y después a los más lejanos, no resuelve sino que acrecienta
el problema de la guerra, ya que está mal considerado robar y matar al
vecino mientras que está bien visto hacerlo al lejano; su propuesta es la
doctrina del amor universal, hecha basandose en absolutos éticos, que
pasa por tratar a todos por igual, algo que enseña el Cielo que da luz y
agua a todos sin distingos (22).
Esta doctrina considera como una de las principales fuentes de conflicto,
el choque entre lo nuevo y lo viejo; su visión, ausente de fatalismo, como
fórmula para superarlo, partiendo de lo antiguo, propone la justificación
de lo moderno. En cualquier caso, condena la guerra de agresión y busca
la justicia social.
Al final, la unificación de China acabó con un mozismo dividido en dife-
rentes sectas, y que llegó a contar con una fuerza paramilitar numerosa
que ponían a disposición de los reinos atacados injustamente.
«Les sobra territorio y les faltan hombres y aún así se atacan mutua-
mente para disputarse los territorios. Pierden aquello que escasea
por acrecentar lo que les sobra» (23).
Los legistas, por su parte, desdeñan las virtudes confucianas y conside-
ran que el emperador es el único que puede poner fin a la anarquía de la
diversidad de pareceres, su voluntad marca lo correcto y lo incorrecto y
se expresa en leyes, las cuales deben ser las fuentes de la moral.

(19)  Mateos, Fernando: Introducción, en Mo Ti: Política del amor universal, p. XXXIX, edi-
torial Tecnos, Madrid, 1987.
(20)  Ibídem.
(21)  Mo Ti: Política del amor universal, opus citada, p. XLII.
(22)  Herranz, Manuel: La filosofía política china clásica, opus citada.
(23)  Mo Ti: Política del amor universal, opus citada, p. LVIII.

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Todo tiene un precio que se paga mediante recompensas o castigos ha-


ciendo converger los intereses privados y públicos (24). Del gobierno me-
diante ritos de los confucianos, se pasa al gobierno mediante leyes y las
virtudes predicadas por aquéllos son reemplazadas por la obediencia a
leyes que, además, no son inmutables. El hombre se presenta así como
superior al Cielo.
Su propuesta es progresista frente al inmovilismo confuciano, aunque
hay que reseñar que estas leyes son instrumentos del emperador que
no están orientadas tanto a proteger al ciudadano como al beneficio del
Estado, auténtica expresión de la compasión del monarca. Su política
exterior es una política de guerra (25).

El pensamiento de Sun Tsu y la relectura de Mao

Al margen de la existencia individual de Sun Tsu (otro debate similar tiene


lugar con Lao Tse) y de la datación histórica del libro: El arte de la guerra,
éste es en un clásico imprescindible por la utilidad de los pensamientos y
lógicas que en él se exponen ha sido trasladado también a muy diversos
contextos.
Sun Tsu analiza la guerra sin apriorismos, como dijera Lenin mediante
«el análisis concreto de una situación concreta» (26); para ello utiliza un
lenguaje conceptual y sintético que va de lo general a lo particular, de la
filosofía a la praxis. Su propuesta es fundamentalmente técnica, instru-
mental, ausente de juicios morales; ello lo consigue definiendo el deber
ser sin entrar a valorar las razones que lo justifican, como el arte de la
esgrima no entra en las causas que llevan a desenvainar la espada.
Para Sun Tsu lo político y lo militar marchan de la mano, aunque dado
el componente técnico intrínseco a la guerra, su comienzo corresponde al
nivel político mientras que su desarrollo es militar, técnico. Existe una cla-
ra separación entre los niveles. Es este un juicio excesivamente simplista,
primitivo, que ignora el hecho de que la política impregna todos los nive-
les de conducción de los conflictos, lo que es particularmente relevante

(24) sAn gines AguilAR, Pedro: Introducción, en hAn fei zi: El arte de la política, pp. XXX y
siguientes, editorial Tecnos, 1998.
(25) Ibídem, p. XXXII.
(26) AlthousseR, Louis, La Revolución teórica de Marx, p. 171, Siglo XXI Editores.

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Boletín de Información, número 322

en las nuevas guerras donde en no pocas ocasiones prima lo táctico. Al


decir de Mao:
«La guerra es política con derramamiento de sangre, la política es
guerra sin derramamiento de sangre» ya que «aunque los objetivos
militares y políticos no son idénticos, es imposible separar los unos
de los otros» (27) toda vez que «el poder político brota del tubo de
un cañón.»
La guerra es objeto de cálculo racional pues:
«Es un asunto de importancia vital para el Estado; un asunto de
vida o muerte, el camino hacia la supervivencia o la destrucción.
Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente» (28) y debe
ponderarse cuidadosamente aunque, en general, no es deseable,
pues «la victoria se puede predecir pero nunca se puede garanti-
zar» (29) ello es consecuencia de que «uno mismo es capaz de ha-
cerse invulnerable pero la invulnerabilidad del adversario depende
del propio adversario» (30).
Para la filosofía china tradicional, no existen prototipos ni la interrelación
de diversos elementos produce siempre el mismo resultado, por ello, no
se esfuerza en anticipar las consecuencias de un mismo fenómeno al
tiempo que busca generar una propuesta cosmogónica armónica; no es
tan importante vencer como encontrar el camino hacia la victoria (31).
Como decía Mao:
«No podemos exigir que los generales sean siempre victoriosos. La
Historia conoce muy pocos generales así… es necesario asimilar
un método… conocer a fondo todos los aspectos del enemigo y
los nuestros, descubrir las leyes que rigen sus acciones de ambos
lados y aplicarlas en nuestras propias acciones» (32).
La guerra no tiene reglas pero tiene principios, es un espacio de incerti-
dumbre y creatividad (33). La propuesta de Sun Tsu es una metodología,

(27) MAo tse tung: La guerra de guerrillas, p. 135, opus citada.


(28) sun tsu: El arte de la guerra, p. 49, opus citada.
(29) Ibídem, p. 61.
(30) bídem.
(31) puell, Fernando: Introducción a sun tsu: El arte de la guerra, p. 42, opus ci-
tada.
(32) MAo tse tung: Escritos militares, p. 90, opus citada.
(33) qiAo liAng and wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, pp. 215 y siguientes, opus citada.

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Boletín de Información, número 322

supone la positivación de una doctrina invariable que se aplica dinámica


y dialécticamente a situaciones cambiantes:
«Así como el agua no tiene formas estables no existen en la guerra
condiciones permanentes… en el arte de la guerra no existen reglas
fijas. Las reglas se establecen conforme con las circunstancias… la
maniobra no ha de encorsetarse, el despliegue no ha de repetirse,
acóplate al enemigo y alcanzaras la gloria» (34).
Su obra propugna la armonía, de hecho autores contemporáneos chinos
herederos de esta tradición, llegan a pronunciarse por el pitagorismo, una
ley del número que liga el éxito al manejo de las proporciones, y con ello
a la armonía (35). Fortaleza y debilidad tienen un mismo origen:
«La táctica militar se asemeja al agua. El agua en su discurrir evita
las alturas y se lanza hacia abajo; la táctica militar consiste en evitar
los puntos fuertes del enemigo y buscar los débiles. El agua aco-
moda su curso a la configuración del terreno, la táctica militar con-
siste en establecer los planes del enemigo para conseguir la victoria
basándose en las condiciones del enemigo» (36). Por eso Mao diría
«no sólo tenemos que saber cómo emplear las tácticas sino tam-
bién como variarlas. Para un mando flexible es tarea importante
hacer cambios oportunos según las condiciones» (37).
Esta mística del agua –mediante la que se representa la falta de princi-
pios y apriorismos– presenta al líquido elemento como la quintaesencia
de los valores adaptativos intrínsecos a la estrategia la cual, careciendo de
forma, se convierte en la encarnación del no-ser y la expresión de la su-
perioridad de:
«Lo ínfimo, lo invisible, lo que carece de un ser permanente vence
siempre a lo que permanece idéntico» de modo que «un ejército
alcanza la perfección cuando no muestra ningún flanco, ninguna
formación a la que el enemigo sea capaz de oponerse» (38), idea
está también recogida por Lao Tse.
Toda la estrategia militar china está impregnada del deseo de evitar, por
estéril, un mortífero enfrentamiento directo «ningún movimiento sin bene-

(34)  Sun Tsu: El arte de la guerra, pp. 72-73, opus citada.


(35)  Qiao Liang and Wang Xiangsui: Unrestricted warfare, pp. 155 y siguientes, opus citada.
(36)  Sun Tsu: El arte de la guerra, p. 14, opus citada.
(37)  Mao Tse Tung: Escritos militares, p. 170, opus citada.
(38)  Albert, Galvani: Introducción en El arte de la guerra de Sunzi, p. 56, editorial Trotta.

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Boletín de Información, número 322

ficio, ningún despliegue sin ganancia, ninguna batalla fútil» (39). No hay
nada encomiable ni honroso en el obstáculo y la fatiga; se debe buscar
lo fácil (40).
Mao en el año 1930 se libró de la tenaza que Chiang Kai Check pretendía
cerrar sobre él, desplazando sus efectivos a gran velocidad, como un to-
rrente de agua, durante 350 kilómetrros en paralelo a las fuerzas de aquel
con lo cual consiguió una superioridad relativa local (41) atacando sus
unidades una por una y con gran rapidez:
«Nuestra estrategia es batirnos uno contra diez, nuestra táctica es
batirnos diez contra uno» (42). Así pudo escribir «barrimos al ene-
migo como se enrolla una estera. Alguien gime desilusionado. ¿De
qué sirve un bastión a cada paso?» (43).
La naturaleza de pulso del esfuerzo bélico la presenta como una suce-
sión y combinación infinita de fuerza extraordinaria y fuerza normal. De
esta manera se utiliza lo ortodoxo para luchar y lo insólito para ganar la
batalla (44), resolviéndose de paso el debate entre Clausewitz (esfuerzo
principal, acción directa y batalla decisiva) y Liddell Hart (esfuerzo se-
cundario, acción indirecta sin batalla decisiva), contemplando a ambos
simultáneamente (45). Sun Tsu se convierte así en la suma de Liddle Hart
y Clausewitz, por más que prefiera al primero.
Para ello es esencial conocer al enemigo –de ahí el énfasis que hace Sun
Tsu en la inteligencia– porque la guerra es una relación dialéctica cuyo
resultado depende de la relación entre las partes, de su capacidad adap-
tativa y del acierto con la que ésta se desarrolla. Por esta razón es capital
obtener información sobre el contrario, al tiempo que se debe negar la

(39) sun tsu: El arte de la guerra, p. 103, editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.
(40) AlbeRt, Galvani: Introducción al arte de la guerra Sunzi, pp. 79 y siguientes, editorial
Trotta.
(41)  Decía eisenhower: «si el enemigo defiende una colina con un batallón y me dan dos
batallones para que tome la colina, efectivamente la tomaré, pero a costa de sufrir
muchas bajas. Que me den una división y la tomaré sin luchar», citado por Nixon
(niXon, Richard M.: La verdadera guerra, p. 124, editorial Planeta, Barcelona,1980.
(42) le boRgne, Claude: La guerra ha muerto, p. 225, Ediciones Ejército, Madrid, 1988.
(43) puell, Fernando: Introducción a sun tsu: El arte de la guerra de Sunzi, p. 14,
opus citada.
(44) Idea en que insiste el pensamiento estratégico chino actual. Por ejemplo, QiAo liAng
and wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, p. 134, opus citada.
(45) le boRgne, Claude: La guerra ha muerto, p. 272, opus citada.

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propia. «Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y podrás librar cien


batallas sin conocer la derrota» (46). Prosiguiendo con este argumento,
el engaño ocupa un lugar relevante en la estrategia pues impide que el
enemigo se adapte con acierto:
«El arte de la guerra es el arte de ficción. Por tanto cuando seas
fuerte simula debilidad. Cuando estés preparado para actuar finge
apatía. Cuando próximo lejano, cuando lejano próximo» (47).
Y es que el engaño junto con los errores en la percepción de la situación
impide que el enemigo, como el agua, se adapte a las fuerzas propias y
pueda fijarlas. Tal idea se complementa con una constante transforma-
ción que lo hace insondable y polimorfo, imposibilitando aún más que el
contrario se adapte a él.
Por eso Mao considera que inducir a apreciaciones erróneas y atacar por
sorpresa significa transferir al enemigo todas las incertidumbres de la gue-
rra y procurar a las fuerzas propias todas las certidumbres posibles (48).
Esta conducta de engañar y beneficiarse de los errores ajenos, supone un
alejamiento de las propuestas de los códigos caballerescos clásicos. La
sorpresa permite evitar el engaño y posibilita una adaptación plena.
Mao propugnaba determinar con acierto la situación estratégica; de lo
que se deducía reconocer el carácter guerrillero de sus operaciones, la
estrategia de guerra prolongada y las campañas de decisión rápida, los
frentes de operaciones inestables y la guerra de movimientos, las ope-
raciones de aniquilamiento, el golpear en una sola dirección, la centrali-
zación relativa del mando, el adoctrinamiento, la disciplina política o la
búsqueda de aliados que garanticen la unidad de acción y la integridad
del esfuerzo (49).
La guerra de masas populares, que viene a sustituir al enfrentamiento de
caballeros especializados, sólo resulta posible mediante la vertebración
de ese colectivo informe a través de una disciplina que lo convierta en un
auténtico ejército, prolongación directa de la voluntad de su jefe, como la
espada es la prolongación del brazo.

(46) sun tsu: El arte de la guerra, p. 15, opus citada.


(47) Ibídem, p. 51. Se ha traducido la palabra dao por arte para facilitar la debida com-
prensión del texto.
(48) MAo tse tung: Escritos militares, p. 241, editorial Rioplatense, Buenos Aires, 1972.
(49) Ibídem, pp. 107 y 108.

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General y ejército constituyen un todo armónico, «como rebaño de ove-


jas, llevará a los hombres de un lado para otro, sin que nadie sepa adon-
de va» (50) consecuentemente, el elemento psicológico tiene una gran
trascendencia tanto la propia como del enemigo. Fiel a esta realidad y
tratando de sacar partido en sentido inverso, Mao da un paso más
y propugnaba un ejército que se dedique no «sólo a luchar», sino que
sirva para hacerse con las masas y encuadrarlas (51). Nuevamente la
bidireccionalidad de la guerra.
Mientras confucianos y taoístas sostienen la bondad innata del ser hu-
mano; los legistas y los estrategas militares rechazan esta opción (52).
Sin afirmar lo contrario, consideran que el hombre satisface sus apetitos,
lo que no es bueno ni malo sino natural, y obliga a establecer un sistema
de castigos y recompensas con vistas a dirigir su espíritu en la dirección
adecuada. Las pasiones no deben ser contenidas, sino evitadas.
Mao recomendaba perturbar el orden de la sociedad hostil, romper su
armonía:
«Desorganizad todo lo que es bueno en la zona enemiga, tratad de
mezclar los representantes de las más altas esferas en empresas
criminales… propagad la disensión y la discordia entre los ciuda-
danos» (53).
Así, la guerra se transforma en un duelo entre generales que se desarro-
lla entre versatilidad y flexibilidad. No se pretende aniquilar al enemigo,
eso es secundario; es más, propugna utilizarlo en beneficio propio. Se
dirige a derrotar los planes del enemigo, sus alianzas y contra el espíritu
del jefe «los que son expertos en el arte de la guerra someten al enemi-
go sin combatir» (54). Los ejércitos se enfrentan pero la victoria está ya
decidida antes del combate. Como caso particular, la guerra prolongada
desarrollada por Mao en la década de los años treinta frente al invasor
japonés, pasa por tres fases diferenciadas, la defensiva estratégica, la
fase de equilibrio y la ofensiva estratégica. Implicaba pues un conjunto de
medidas psicológicas, políticas y militares.

(50) Ibídem, pp. 97 y 98.


(51) shy, John y w. collieR, Thomas: La guerra revolucionaria, p. 864, opus citada.
(52) gAlvAni, Albert: Introducción en El arte de la guerra Sunzi, p. 63, opus citada.
(53) gRiffith, Samuel D.: Introducción, p. 16, opus citada.
(54) puell, Fernando: Introducción en El arte de la guerra de Sunzi, p. 58, opus citada.

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En la fase defensiva no importa sacrificar espacio, lo que interesa es con-


seguir el apoyo popular y generar una infraestructura; en la fase de equili-
brio, se trata de conseguir espacio y procurar que el enemigo quede con-
finado a unos puntos fuertes; la tercera fase se ejecuta con el concurso
de un ejército popular y el levantamiento en masa y en ella se pretende la
derrota definitiva del enemigo (55).
Debe quedar claro que Mao (56) no consideran la guerrilla como una for-
ma de combate independiente, sino un paso en la dirección de la guerra
total, que se realiza en apoyo de un ejército regular cuya victoria será la
realmente la definitiva (57). La guerrilla trata de establecer las condiciones
objetivas pero el golpe decisivo lo debe efectuar un ejército regular en
una batalla decisiva.
Verstrynge discrepa de este planteamiento y apunta a que:
«No es correcto limitar la guerra asimétrica a la guerra de gue-
rrillas, pero esta última es, sin embargo, la quinta esencia de la
primera».
Para darle la razón conviene no olvidar que el esquema de Mao se ree-
ditará en las guerras de independencia de Vietnam y de Argelia pero
las fuerzas regulares en cada conflicto irán menguando, para con el
radicalismo islámico y los movimientos terroristas internacionales –
que aceptaran en su doctrina un levantamiento de masas– acabar por
desaparecer.
Aron (58) explica su proceder señalando que su guerra es ofensiva en su
finalidad y en su totalidad política, pero precisa de una fase de defensa
estratégica, que implica sacrificar espacio para ganar tiempo y utiliza fór-
mulas de repliegue convergente para conseguir victorias tácticas. Griffith,
por su parte, señala que:

(55) MAo tse tung: Escritos militares, opus citada.


(56) Ibídem, p. 63.
(57) Al decir de Clausewitz «por valiente que sea un pueblo, por guerreras que sean sus
costumbres, por grandes que sea su odio del enemigo y por favorable que sea el
terreno, es indudable que la guerra popular no puede mantenerse en una atmósfera
demasiado cargada de peligro.» ARon, Raymond: Pensar la guerra, p. 95, Clausewitz,
T. II, opus citada.
(58) ARon, Raymond: Pensar la guerra, p. 103, Clausewitz T. II, Ministerio de Defensa,
Madrid, 1993.

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«La retaguardia del enemigo es su frente; a su vez ellos no tienen


retaguardia. Sus problemas logísticos son resueltos en forma direc-
ta y elemental: el enemigo es la fuente principal de las armas» (59).
Mao se pronuncia por la guerra prolongada y de desgaste, consciente
de que si no puede vencer, tampoco puede ser vencido. La gestión del
tiempo en este marco resulta capital en las nuevas guerras, afectan a su
dimensión eficiente (capital para pensadores como Qiao), a la valoración
de los objetivos así como a la dimensión psicológica de los conflictos al
hacer que se perciba la victoria como inaprensible. Al decir de Aron los
guerrilleros ganan cuando no pierden, los soldados pierden cuando no
ganan:
«Ustedes tienen los relojes, nosotros el tiempo.»
En este contexto, no es sencillo conseguir una sincronía entre los tiem-
pos político y militar, es más, resulta muchas veces extremadamente di-
ficultoso su establecimiento, lo que obliga a su permanente reseteo (60).
Y es fundamental la sincronización de ambos; caso de no lograrse, la
guerra corre el riesgo de perder su sentido y tornarse absurda; así, por
ejemplo, puede producirse el desmontaje de la narración que sirve para
la articulación de la violencia en las nuevas guerras, unos conflictos con
un componente más discursivo-expositivo que dialéctico (en su sentido
clausewitzano).
Las nuevas guerras modifican también el modelo de soldado, el nuevo
soldado no es un especialista no resulta necesaria una gran formación;
no importan los medios tanto como la predisposición al combate:
«No hay gran diferencia entre un soldado y un granjero… Sim-
plemente dejan la granja y se convierten en soldados» (61) y tam-
poco se precisa que estén muy armados: «un pelotón tiene de
nueve a once hombres»… su armamento será de dos a cinco

(59) gRiffith, Samuel D.: Introducción al libro de MAo tse tung: La guerra de guerrillas,
p. 45, opus citada.
(60) Qiao y Wang consideran como principios básicos de la guerra moderna, el perma-
nente reajuste y control de los procesos, la coordinación multidimensional y una sin-
cronización basada en la gestión de la información, por la cantidad de planos que se
ven simultáneamente (no secuencialmente como antaño) implicados. qiAo liAng and
wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, pp. 207 y siguientes, opus citada. Algo que es
capital también en el concepto de las operaciones basadas en el efecto.
(61) MAo tse tung: La guerra de guerrillas, p. 103, opus citada.

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fusiles… fusiles de manufactura local, escopetas, lanzas y gran-


des espadas» (62).
La guerra asimétrica plantea graves problemas morales. Mao sostenía-
también que:
«Todos los medios, cualquiera que sean, se justifican para alcanzar
los fines buscados, sin importar los estúpidos escrúpulos de bene-
volencia, rectitud y moralidad» (63).
T. E. Lawrence decía, tras recibir una bofetada de un comandante médi-
co británico:
«Todo el que lleva a cabo una rebelión de los débiles contra sus
amos debe acabar tan manchado, que luego nada en el mundo
puede hacerle sentir limpio» (64).
Pero todo esto no es mucho más de lo que en su momento señalara
Maquiavelo.
La cuestión es que los medios afectan a los fines, a medios impuros
corresponden fines impuros y eso tiene un precio no pocas veces ex-
cesivo. Una postura es un concepto estático que no se puede preten-
der aplicar a un fenómeno diverso y dinámico por lo que, siguiendo el
pensamiento de Shinmen Musashi (65), quizá lo que conviniera adoptar
es «la actitud de la no-actitud» (66), con la que se responde propor-
cionalmente en cada caso siguiendo de un modo reflejo los principios
axiológicos que han permitido la conformación doctrinal de Occidente
y que, como el agua, son adaptados a cada situación pero sin variar su
esencia:
«Vencer es fácil, ser vencido es fácil. No vencer ni ser vencido; he
ahí el verdadero camino» (67).

(62) Ibídem, p. 111.


(63) VV.AA.: «La guerra revolucionaria», Documento de Trabajo de la Escuela de Estado
Mayor del Ejército de Tierra.
(64) lAwRence, T. E.: Los siete pilares de la sabiduría, p. 551, editorial Óptima, Barcelona,
2000.
(65) MusAshi, Miyamoto: El Libro de los cinco anillos, p. 111, Miraguano, S. A. Ediciones,
Madrid, 2004.
(66) Ibídem, p. 51.
(67) Ibídem.

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La guerra en el pensamiento de Lao Tse

El taoísmo, lejos de ser considerado una doctrina política ha sido a ve-


ces visto como una propuesta anarquista. No obstante, el Tao Te King
es un texto filosófico militar que contiene una depurada concentración
de los principios que rigieron el arte militar de la antigua China. De sus
81 capítulos hay 10 dedicados a la guerra y 20 en que ésta se encuentra
directamente aludida, apuntándose por ello que puede ser un desarrollo
de la obra de Sun Tsu (68).
Se diferencia en que su propuesta encarna una dialéctica más elevada,
y en que su formulación cuenta con unos niveles de abstracción muy
superiores y, consecuentemente, menos prácticos. El libro muestra un
idealismo que sirve para exponer algunos principios teóricos que regulan
la lucha política y la militar. El propio Tao puede ser interpretado como
una ley de interdependencia o interrelación universal construida bajo el
principio de que todo influye en todo.
La filosofía intimista de Lao Tse, como también en menor medida hace
Sun Tsu, capta una ley objetiva y es que las cosas se transforman en
su contrario formando una dialéctica trascendental de parejas extremas
cuyas existencias están mutuamente ligadas; ser-no ser, movimiento-
quietud, paz-guerra.
Su modelo de liderazgo propone una humildad, una humanidad, que lle-
ve al líder a ocupar un nivel inferior que le permita gobernarlo todo sin
por ello ofender a nadie, «situándose detrás se coloca delante» (LI) y así
«empuñar las armas como si no las tuviera, imponerse como si no hu-
biera enemigo» (XXXIV) se desplaza con naturalidad, gobierna de modo
invisible.
En este marco, un concepto clave del taoísmo, cuya transposición al me-
dio militar resulta fácil es el wu wei, el principio de no actuación, de no
intervención; el sabio que ha alcanzado la iluminación no actúa, deja que
las cosas sucedan. Carece de intencionalidad y voluntad, nada busca,
nada pretende, por nada lucha. Es así un catalizador de los aconteci-
mientos y expresión de su discurrir (69).

(68) pReciAdo, Juan Ignacio: Introducción en lAo zi: El libro del Tao, opus citada.
(69) Ibídem, pp. XXV y siguientes.

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Boletín de Información, número 322

Como ejemplo sirve la campaña de Rusia de Napoleón. La única oportu-


nidad que tenía éste de vencer al zar Alejandro II era que se reconocie-
ra vencido tras la toma de Moscú. Pero al no hacerlo ni enfrentarse en
campo abierto, Napoleón quedo atrapado, y su victoria se transformó
en derrota (70).
Y aquí es oportuno recordar que los grandes maestros de la estrategia
son maestros en lo que se conoce como la inacción militar, el sublime
arte de saber no hacer nada, de esperar a que las fuerzas encarrilen los
problemas y no interferir sino puntualmente –cuando no queda otro re-
medio– en el decurso de los acontecimientos para modificarlos en la di-
rección deseada; por eso el soberano ideal es aquel que gobierna sin
gobernar; el general no manda, indica, se deja llevar por la ola que trata
de conducir pero sólo en el margen de maniobra que considera viable. Al
tiempo, es su imagen y representación.
La clave del pensamiento estratégico de Lao se encuentra en que «lo
débil vence a lo fuerte» (XLIII; lo que resulta muy interesante a la hora
de analizar la guerra asimétrica), porque «lo verdaderamente fuerte está
debajo» (frase con auténticas connotaciones revolucionarias) y «lo débil
en realidad arriba», «conservarse débil se llama fortaleza» (LXXXX; como
la Alemania de Bismarck, también muy de aplicación a los terroristas), «el
hombre al nacer es blando y débil, cuando muere rígido, firme y duro…
la firmeza y la dureza son atributos de muerte, la blandura y la debilidad
son atributos de la vida». Todos estos conceptos van a resultar de gran
valor en la teoría de la revolución.
Lao Tse utiliza como Sun Tsu la «mística del agua» pero no por sus valo-
res adaptativos, sino porque tiende a situarse debajo y a dominar (71); así
«nada hay en el mundo más blando y suave que el agua, pero nada hay
que pueda superarla en el combate contra lo duro y resistente» (XLIII); de
ello, se deduce, por ejemplo que «si quieres disminuir algo debes antes
agrandarlo, si quieres debilitar algo debes antes fortalecerlo, si quieres
eliminar algo debes antes hacerle concesiones» (LXXX; piénsese en la
situación de la Autoridad Nacional Palestina, en la que puede materiali-
zarse represalias), «los fuertes no pueden tener un buen fin» (V).

(70) ARon, Raymond: «Paz y guerra entre las naciones», p. 47, Revista de Occidente, Ma-
drid, 1963.
(71) pReciAdo, Juan Ignacio: Introducción en lAo zi: El libro del Tao, p. LXI, opus citada.

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Su conclusión a nivel estratégico es que «en la guerra se emplean tác-


ticas cambiantes» (XX) por lo que «lo normal se convierte en anómalo»
(XXI); como Sun Tsu considera que la guerra es el «arte del engaño»: «un
buen jefe militar no tiene aspecto fiero, un buen guerrero no hace alarde
de su fuerza» (XXXIII), «cuando se enfrentan dos fuerzas iguales, vencerá
el que más se lamenta» (XXXIV). De hecho, y como Sun Tsu, considera
que el objetivo de una guerra es vencer, no derramar la sangre del ene-
migo, por eso «un hábil vencedor de su enemigo no entabla con el com-
bate» (XXXIIII).
Sin proscribir la guerra, la considera indeseable. «Las armas instrumentos
nefastos detestadas por las cosas, el hombre que posee el dao no las
emplea» (LXXV), «las acciones violentas sólo provocan efectos negativos,
donde campan los ejércitos sólo crece la maleza» (LXXIV) hasta el punto
de que propone tratar la victoria militar con ritos de duelo (LXXV). La es-
trategia, así vista, es el arte de vencer al enemigo al mínimo costo.
Además, y como consecuencia directa del wu wei (72), recomienda pa-
sividad y situarse en situación de inferioridad sin cometer el grave error
de despreciar al enemigo «no atreverse a ser el primero permite llegar a
ser señor de todos los asuntos» (XXXII), «no me atrevo a avanzar un cum,
prefiero retroceder un chi» (XXXIV) lo que enlaza con la afirmación de
Clausewitz de que «la defensa es más fuerte»; de esta forma, ocultando
el propio despliegue e imbuido en su seguridad –«no me atrevo a hacer
de anfitrión, prefiero hacer de huésped» (XXXIV)– se pueden adivinar los
puntos débiles del contrario.
En fin, los clásicos del pensamiento chino que se han analizado son más
cercanos a la propuesta de aproximación indirecta de Liddell Hart que a
Clausewitz (aunque Mao recoge muchos de sus postulados). Si el uno
sostiene que:
«La sangre es el precio de la victoria», el otro citando a un pugi-
lista propone «dejadles que se acerquen a ti y se derrotarán ellos
mismos, «atrae a tu contrincante al ataque y consigue que tenga
ambas manos fuera de combate» (73). Más plástico es el «puñetazo
al paralítico» propugnado por Trotski.

(72) Ibídem, p. XXVII.


(73) liddell hARt, B. H.: Estrategia: la aproximación indirecta, p. 303, opus citada.

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La dislocación estratégica propugnada por Liddell Hart tras su experien-


cia en la Primera Guerra Mundial se consigue por el desequilibrio gene-
rado por una situación con una ventaja tal que, si no se consigue propia-
mente la victoria, se conseguirá tras la batalla que le siga a continuación.
Tal ventaja puede alcanzarse física o psicológicamente.
Desde un punto de vista físico mediante la realización de un movimiento
que perturbe sus preparativos, separe sus fuerzas, ponga en peligro los
abastecimientos o amenace sus rutas de retirada. Y desde un punto de
vista psicológico se consigue generando una sensación de estar atrapa-
do en una situación de manifiesta desventaja (74).

Las nuevas guerras y el pensamiento de los clásicos.


Clausewitz y Sun Tsu. Una comparativa

La guerra asimétrica enfrenta contendientes con diferentes capacidades


pero sobre todo que obedecen a diferentes modelos estratégicos. Esta
diferencia obliga al más débil a optar por la originalidad –a la que, de
paso, obliga al fuerte–, a rechazar modelos convencionales y desplazarse
hacia espacios no militares. Una guerra puede materializarse con ataques
financieros, informáticos, etc.; no precisa ser sangrienta o siquiera de ser
militar (75).
Hasta cierto punto, enfrenta Sun Tsu a Clausewitz. Qiao habla de un
cambio en el modelo de guerra como resultado en un cambio en los es-
quemas de pensamiento.
No obstante, Sun Tsu y Clausewitz comparten muchos elementos en co-
mún. Ambos desarrollan una teorización de la guerra, que la convierte en
un instrumento y en una prolongación de la actividad política, a la vez que
consustancial con aquélla. La estrategia se transforma así en el arte del
general con la que se convierte la guerra en una suerte de combate de
inteligencias y voluntades

(74) Ibídem, pp. 514 y siguientes.


(75) qiAo liAng and wAng XiAngsui: Unrestricted warfare, p. 72 y siguientes, opus citada.
Piénsese en los ataques del financiero George Soros a algunas monedas o los em-
bargos de fondos argentinos practicado por el Reino Unido durante la guerra de las
Malvinas.

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Pero existen diferencias. Mientras uno considera a la guerra como el arte


del engaño, el otro la compara con un camaleón. Si Clausewitz propugna
ir del fuerte al fuerte (maniobra de desgaste, una vez destruido el contin-
gente principal, los demás serán más fáciles y estarán desmoralizados),
Sun Tsu subraya la conveniencia de ir de lo débil a lo fuerte (maniobra
relacional) oponiendo a la consistencia del contrario sutilidad, flexibilidad
y dinamismo; se trata de evitar lo consistente e infiltrarse por lo hueco.
Perseverar en el golpeteo de lo más fuerte o deslizarse sobre ello hasta
encontrar la parte más vulnerable del sistema.
El agua, inaprensible pero capaz de amoldarse a todo, se desliza sobre
el plano del conflicto hasta infiltrarse por cualquier resquicio. Abando-
nada a sí misma es capaz de oxidar cualquier acero, sólo precisa de
tiempo.
El pensamiento oriental aunque no desdeña la violencia, como se ha vis-
to, considera que debe utilizarse con carácter residual. Prefiere fórmulas
como la sorpresa. Pero Clausewitz:
«No nos interesan los generales que se alzan con la victoria sin de-
rramamiento de sangre. Siendo la matanza un espectáculo horrible,
hemos de tomar la guerra más en serio, pero no servirnos de ella
como excusa para embotar progresivamente nuestras espadas en
nombre de la humanidad. Antes o después vendrá alguien con la
espada afilada para romper a golpes nuestras armas» (76).
Diciendo esto descubre que no puede la nación conformarse con gene-
rales que alcanzan victorias limitadas, que son las únicas que pueden
alcanzarse sin derramamiento de sangre, y las compara con «un asunto
propio de brahmanes» (77), curiosa alusión, ya se ha visto, a una forma
de conflicto de la que será maestro Gandhi.
Clausewitz dice que la guerra hay que apurarla hasta el final que no pude
haber nada más que un resultado el de la victoria o el de la derrota, que la
guerra debe resolver el pulso y no dejarlo pendiente de una nueva parti-
da. Para Clausewitz la guerra es a muerte. Coincide con el general McAr-
thur en la apreciación de que en la guerra no hay sustituto de la victoria y
ésta debe ser total. Esta forma de concebirla puede saltar por encima de

(76) CLAUSEWITZ, Carl von: De la guerra, T II, p. 553, Ministerio de Defensa, Madrid, 1999.
(77) Ibídem, p. 552.

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Boletín de Información, número 322

los límites que el campo político le impone y hacer imposible alcanzar la


finalidad política que la debe presidir (78).
Para los clásicos orientales, como para Eisenhower: «no hay sustituto
para la paz». Si la victoria militar sin paliativos se convierte en el fin mismo
de la guerra entonces la política deja de contar una vez comenzadas las
hostilidades, lo que supone una extravagante y peligrosa suspensión. Si
no se relaciona la lucha con los objetivos políticos, los medios con los
fines, puede llegar a concebirse la guerra como algo parecido a una car-
nicería sin mayor sentido (79).
La cuestión es, ya se ha dicho, que el agente asimétrico desarrolla un
monólogo, con lo que la dialéctica militar tiene resultados normalmente
limitados (el caso de Sri Lanka en el año 2009 es ejemplo de lo contrario
de victoria clausewtziana) en el plano del discurso y esa igualación en el
furor es empleada para deslegitimar al fuerte por desmesurado.
Y es que también cabe la postura inversa, que sean los fuertes los que asu-
man los métodos de los débiles para enfrentarse a ellos, como Napoleón
apuntaba «frente a los partisanos hay que actuar como un partisano» (80).
La asimetría lleva implícita una concepción novedosa de conducción de
la guerra (81).
Pero los fuertes no están preparados para aplicar esa metodología, por
más que la guerra tienda a igualar a las partes, y no solamente porque
sus sociedades no lo acepten, que también. Los grandes no saben hacer
guerras pequeñas. A veces clasificar a una guerra como asimétrica es
una forma de decir que, contra todo pronóstico no se está ganando o,
incluso, se está perdiendo.
De esta manera la guerra se transforma en un asunto de voluntad, de vo-
luntad de vencer. La trinidad de Clausewitz: pueblo, gobierno y Fuerzas
Armadas no puede desengancharse de esta realidad y queda ligada a la
victoria. La victoria no puede conseguirse sí uno de estos elementos no

(78)  GONZÁLEZ MARTÍN, Andrés, y otros: «Evolución del pensamiento estratégico», X Curso


de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, documento de trabajo del Departamen-
to de Estrategia, septiembre de 2008.
(79) Ibídem.
(80)  ARON, Raymond: Pensar la guerra, Clausewitz, T. II, opus citada, p.197.
(81)  JORDÁN, Javier y CALVO, José Luis: El nuevo rostro de la guerra, p. 42, Ediciones Uni-
versidad de Navarra, Barañaín, 2000.

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colabora para ello; a sensu contrario, actuar contra los elementos que los
ligan es una forma de derrotarlos.
Darwin no hablaba de la supervivencia del más fuerte, sino del más apto,
del que mejor se adapta. Los clásicos orientales inciden particularmente
en la adaptación al enemigo para alcanzar la victoria, «acóplate al enemi-
go y alcanzaras la gloria», algo que la supremacía tecnológica y econó-
mica de Occidente había podido hacer olvidar. Y es que como sostiene
Se Ma:
«Un ejército pequeño sólo puede obtener ventajas pequeñas; pero
estas pequeñas ventajas multiplicadas le hacen lograr sus fines…
un ejército pequeño no debe permanecer fijo en un lugar, debe estar
siempre en acción y en marcha… en presencia del enemigo debe
volver sobre sus pasos constantemente con el fin de poder fatigar
al enemigo y combatirlo en todas partes» (82). En contraste, «un
ejército grande puede de repente lograr su objeto; pero también
puede de repente no conseguir su objeto… un ejército numeroso
debe estar firme y como inmóvil en su campo; no debe cambiar
de lugar a menos que una necesidad absoluta le obligue a ello; no
debe salir de él como no sea para combatir… cuando un ejército
numeroso se halla en presencia de un enemigo, debe detenerse,
ya para comenzar el combate o para esperar a que el enemigo lo
comience» (83). Y es «difícil de mantener, de situar, de conducir, de
maniobrar… Cuantos hombres únicamente destinados a guardar, a
preparar, a consumir, a vivir y con frecuencia incluso a malversar,
a intimidar, a corromper, a perjudicar de mil modos… como en dos
instantes sucesivos puede dar órdenes diferentes y a veces contra-
rias de acuerdo con lo que exigen las circunstancias… Ve su error
quiere repararlo; percibe el mal, quiere preservarse de él; eso no es
posible; la máquina está en movimiento, tiene que marchar» (84).
El primer paso para abordar un conflicto siempre es comprenderlo en
toda su dimensión y contradicción interna.

(82)  CHOLET, E.: El arte militar de los chinos, p. 77, opus citada.


(83) Ibídem, pp. 7 y 787.
(84) Ibídem, pp. 78 y 79.

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ENFRENTAMIENTOS ASIMÉTRICOS.
LA RESPUESTA DEL ESTADO ESPAÑOL
FRENTE A LA PRIMERA OLEADA
DE TERRORISMO MODERNO (1880-1902)

Luis Ángel Aparicio Ordás-González García


Profesor de la Universidad Alfonso X

Hace 117 años se promulgó la considerada primera ley antiterrorista española, la Ley
«Sobre atentados contra las personas o daño en las cosas cometido por medio de
aparatos o sustancias explosivas». El objeto de la Ley era dar respuesta al nacimien-
to de una forma específica de violencia política antes nunca vista, donde pequeños
grupos de ideología anarquista van a irrumpir e intentar alterar el orden social de la
época desarrollando una estrategia basada en la violencia y el terror. Analizamos en
este artículo la respuesta que en ese momento histórico quiso dar el legislador para
hacer frente al desafío provocado por los grupos que protagonizaron la primera oleada
de lo que hoy podríamos denominar terrorismo moderno. La naturaleza de este nuevo
fenómeno, diferente a cualquier otra forma histórica de violencia, va a acompañar a
la sociedad moderna y hasta el día de hoy en diversas oleadas o ciclos de actividad
terrorista que aparecen y desaparecen en el tiempo, lo que nos sorprende son los pa-
ralelismos y las similitudes entre esta primera oleada de actividad terrorista y la actual
oleada de terrorismo de naturaleza yihadista.

Introducción

A lo largo de la Historia, el terrorismo se ha manifestado siempre en olea-


das caracterizadas por un ciclo de actividad en un periodo determinado de
tiempo cuyo rasgo característico es la de manifestarse en varios países a la
vez, es decir, su carácter internacional. Oleadas que aparecen y desapare-
cen en el tiempo, actividades similares que acontecen en varios países a un
mismo tiempo, que tienen una dimensión espacial similar y una naturaleza
idéntica. Existen ciertos paralelismos entre las pasadas amenazas terro-
ristas y la presente amenaza, por tanto, nos hemos encontrado con conti-
nuidades y similitudes que nos sorprenden y con las que podemos señalar

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Boletín de Información, número 322

la eclosión y expansión de las oleadas o ciclos de actividad terrorista a lo


largo de la historia moderna, así como su contracción y agotamiento.
El objetivo de este artículo es realizar un recorrido histórico de la legis-
lación y la jurisprudencia en materia de terrorismo en nuestro país en la
última década del siglo XIX y principios del siglo XX, incardinar en este
estudio en el contexto histórico de esta época, proceder a su análisis y
llegar a la respuesta que en ese momento histórico quiso dar el legislador
para hacer frente al desafío provocado por grupos de ideología anarquis-
ta que protagonizaron la primera oleada de lo que hoy podríamos deno-
minar terrorismo moderno.
Asimismo nos asomaremos al Derecho comparado para comprobar que
tipo de respuestas se daban en el mismo momento histórico ante los mis-
mos problemas y que soluciones daba por otra parte una incipiente y organi-
zada sociedad internacional ante el problema común del terrorismo. Vamos
a analiza el tratamiento jurídico del conflicto asimétrico en España desde el
año 1880 al año 1912 con el auge de los atentados anarquistas, una serie
de consideraciones históricas y la producción legislativa de la época.
El terrorismo como forma específica de violencia política (1), que pretende
una transformación social radical, no es un fenómeno reciente y su estu-
dio no queda limitado a las últimas décadas, sino que presenta una tra-
yectoria histórica de más de siglo y medio. El terrorismo moderno como
destaca Rapoport se inicia en la década de los años 1880 donde van a
surgir «pequeños grupos en muchos países, grupos capaces de aterrorizar
a las masas porque la invención de la dinamita les dio poderes que ningún
grupo pequeño había tenido antes» (2). Podemos por tanto establecer una

(1)  Para Robert Moss: «El terrorismo puede ser definido como el uso sistemático de la
intimidación con fines políticos. Esta fórmula es lo suficientemente amplia como para
cubrir toda clase de situaciones.» MOSS, R.: La guerrilla urbana, p. 52, Editorial Nacio-
nal, ISBN 84-276-1082-3, p. 309, Madrid, 1973. Para Lamarca el terrorismo: «Puede
ser definido sencillamente como la violencia organizada con finalidad política.» LAMAR-
CA PÉREZ, C.: El tratamiento jurídico del terrorismo, p. 95, Centro de Publicaciones del
Ministerio de Justicia, Secretaría General Técnica, Colección Temas Penales, Serie A,
número 3, ISBN: 84-505-2270-6, p. 513, Madrid, 1985. La violencia así, es ejercida de
un modo sistemático y planificado cuyo eje central es la existencia de una finalidad
política, el grupo terrorista por tanto es portador de un determinado programa políti-
co, así, quedarían excluidas las expresiones de violencia que no tengan un objetivo
político.
(2)  RAPOPORT, David C.: «Entonces y ahora: la importancia de los paralelismos», p. 1,
Fundación «Manuel Giménez Abad» de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonó-

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Boletín de Información, número 322

serie de factores que van a dar la posibilidad a pequeños grupos de irrum-


pir y alterar un determinado orden social desarrollando una estrategia de
violencia y terror alterando la convivencia de una determinada sociedad
mediante la producción y el empleo de armas cada vez más destructivas.
Hemos asistido a lo largo de la Historia y hasta el día de hoy, a cuatro
oleadas de lo que podríamos denominar terrorismo moderno. La prime-
ra oleada, se inició hace 125 años protagonizada por pequeños grupos
de ideología anarquista que concentrarán su actividad principalmente en
Europa. La segunda oleada, la anticolonial se dispersará por los diversos
imperios coloniales y tendrá su reflejo en España a partir del año 1959. La
tercera oleada la de la nueva izquierda concentrará su actividad en Eu-
ropa Occidental, América del Sur y Oriente Medio, siendo importante los
grupos palestinos que operaban sobre todo en Europa; en España tendrá
su reflejo a partir del año 1975. La cuarta oleada se centrará en el mundo
islámico. Comenzará en Irán y se expandirá rápidamente a Afganistán,
focalizándose por Oriente Medio y África, convirtiendo actualmente a Eu-
ropa y Estados Unidos en blancos de esta cuarta oleada de terrorismo.
Al igual que Laqueur, David Rapoport llama la atención sobre ciertos pa-
ralelismos sorprendentes entre la amenaza actual del terrorismo y la que
dio comienzo en la segunda mitad del siglo XIX. En España, aparecerá en
la década de los años 1880 lo que hoy podríamos denominar terrorismo
moderno (3). En el año 1886 surgirá la primera oleada de actividad terro-
rista en nuestro país, con la colocación de varios artefactos explosivos

mico, Zaragoza, en: http://www.almendron.com/tribuna/ 14103/entonces-y-ahora-la-


importancia-o-la-insignificancia-de-los-paralelismos/.
(3)  Para Lamarca el origen de la delincuencia terrorista se sitúa a finales del siglo XIX y prin-
cipios del XX: «Cuando una ola sistemática de atentados políticos, con utilización pre-
ferente de los explosivos, se produce en casi todo el mundo, vinculándose sobre todo
al anarquismo que emprende la lucha violenta contra el Estado bajo el lema de “acción
directa” o “propaganda por el hecho”». LAMARCA PÉREZ, C.: El tratamiento jurídico del
terrorismo, opus citada, p. 100, 1985. El nacimiento de la violencia política, inspirada
en planteamientos anarquistas, que va a emplear métodos propios de una organiza-
ción terrorista, se encuentra en la aparición del grupo ruso Narodnaya Volya (Voluntad
del Pueblo) en el año 1878, que pondrá en práctica las teorías anarquistas, y que
asesinará al zar Alejandro II en el año 1881, véase en este sentido entre otros: REMÓN,
Julia: «Aproximación a la historia del terrorismo», pp. 81-95, 2006, en VV.AA.: Afrontar
el terrorismo, ediciones del Gobierno de Aragón, «El bandolerismo en la legislación
vigente», Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales, tomo XXIII, fascículo segundo,
Madrid 1970; WALTER, L.: Una historia del terrorismo, editorial Paidós, ISBN 84-493-
1373-2, p. 351, Barcelona, 2003.

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en la ciudad de Barcelona, el día 1 de septiembre de ese mismo año es-


tallará una bomba en la sede de la organización patronal Fomento de la
Producción en Barcelona. Desde el 1886 hasta el 1912, año del asesinato
del presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas (1854-1912), la
primera oleada de actividad terrorista tendrá una duración en nuestro
país de 26 años. Esta primera oleada fue protagonizada por pequeños
grupos de ideología anarquista, aunque sólo un pequeño grupo de anar-
quistas optó por el terrorismo, que tenían relaciones entre sí y que solían
fragmentarse generando en este proceso más violencia (4).
En España, la importancia de esta oleada queda patente en los gran-
des atentados como los del Liceo de Barcelona, o la bomba en la ca-
lle de Canvis Nous también en Barcelona (5), esta primera oleada de
actividad terrorista intentará asesinar en cuatro ocasiones al entonces
jefe de Estado, Alfonso XIII (1886-1941) (6) y será la responsable de-

(4)  RAPOPORT, David C.: «Entonces y ahora: la importancia de los paralelismos», p. 2, opus


citada, p. 2.
(5) Los atentados terroristas de naturaleza anarquista en España fueron múltiples y de
una significación y repercusión enormes, así podemos citar: 1 de septiembre de 1886;
bomba en la sede de la organización patronal Fomento de la Producción en Barce-
lona,17 de enero de 1889; bomba en la casa de los fabricantes Batlló en Barcelona,
4 de mayo 1890; nueva bomba en la sede de Fomento de la Producción Nacional
de Barcelona; 3 de mayo de 1891: se localizan tres bombas en la alameda de Cádiz;
9 de febrero de 1892: petardo en la Plaza Real de Barcelona ocasionando un muerto;
24 de septiembre de 1893 bomba contra el general Arsenio Martínez Campos, éste
sólo fue ligeramente herido pero con el resultado de dos muertos y varios heridos;
7 de noviembre de 1893 lanzamiento de una bomba en el patio de butacas del teatro
del Liceo de Barcelona: 20 muertos y varios heridos; 25 de enero de 1894; atentado
contra el gobernador civil, Ramón Larroca, que sufrió heridas de escasa considera-
ción; 7 de junio de 1896 bomba en la calle de Canvis Nous de Barcelona al paso de la
procesión del Corpus Christi: 12 muertos y 70 heridos; 8 de agosto de 1897, asesinato
del presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo. De entre otros atentados
podemos destacar el del día 20 de junio de 1893 en la calle Serrano de Madrid contra
el palacete «La Huerta», domicilio de Cánovas del Castillo en la que falleció la persona
que manipulaba la bomba, tipógrafo de la revista La Anarquía.
(6) El día 25 de octubre del año 1878, se produce el primer atentado perpetrado por Juan
Oliva Moncasí contra el rey Alfonso XII; el día 30 de diciembre del año 1879; Francisco
Otero, un panadero anarquista, atenta contra Alfonso XII y su esposa cuando regresa-
ban a Palacio después de un paseo por el Retiro; el día 31 de mayo de mayo del año
1905, tercer atentado fallido contra Alfonso XIII en París y el día 31 de mayo de 1906
se producirá el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII en Madrid el día de su
boda con Victoria Eugenia.

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Boletín de Información, número 322

lasesinato de dos presidentes de Gobierno (7). La geografía de esta


primera oleada se concentrará principalmente en Europa, la opinión
pública de la época percibía que el terrorismo anarquista era producto
de una conspiración internacional, los atentados se sucedían en un
orden regular sin la existencia de ningún grupo que controlase o coor-
dinase los mismos (8), aparecerán santuarios extranjeros como los
que veremos en las siguientes oleadas de actividad terrorista, en este
caso en Suiza, Inglaterra y Tánger, el fenómeno del terrorismo anar-
quista convertirá el martirio en un rasgo esencial del terrorismo
moderno, sólo la primera y la cuarta oleada de terrorismo en España
convertirán el martirio en un rasgo esencial. Los mártires anarquistas
tendrán un impacto global. El martirio ha vuelto a cobrar relevancia en
la forma de atentado suicida hoy en día con el terrorismo yihadista, y
al igual que con los atentados anarquistas de esta naturaleza, consi-
gue objetivos mucho más efectivos:
«Ninguna táctica en la historia del terrorismo ha causado tantas
víctimas con un coste tan bajo» (9).

(7) El 8 de agosto del año 1897 se produce el asesinato del presidente del Gobierno,
Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) en el balneario de Santa Águeda, en el
municipio de Mondragón (Guipúzcoa), por el anarquista italiano Michele Angiolillo, y
el 12 el noviembre el año 1912, Manuel Pardinas asesina ante la librería San Martín,
en plena Puerta del Sol de Madrid al presidente del Gobierno, José Canalejas (1854-
1912).
(8) Para Rapoport: «El carácter global de la actividad era asombroso. Los anarquistas
italianos operaban en y desde: Argentina, Estados Unidos, Francia y España. Los ru-
sos actuaban en: Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Austria, Japón y Hong Kong. Había
españoles en: Francia, Brasil, Filipinas y Cuba. Los terroristas franceses operaban
en: Argentina, España, Etiopía, etc. Los terroristas portorriqueños y cubanos esta-
ban presentes en: Haití y Filipinas. Los alemanes eran activos en: Inglaterra, Estados
Unidos y Austria. Filipinos y cubanos encontraron a sus aliados más fiables entre
los anarquistas franceses, españoles, italianos, belgas y británicos. Los terroristas
japoneses tenían bases o redes en: México, Estados Unidos y Filipinas, mientras
los chinos mantenían conexiones similares en: Japón, Filipinas y Estados Unidos.
Si los dignatarios viajaban al extranjero, eran atacados a veces por los nativos de
los países visitados. Pos ejemplo cuando el príncipe de Gales visitó Bruselas, un
belga intentó asesinarle por la guerra de Gran Bretaña contra los bóers en Suráfri-
ca. Asimismo, cuando el shah de Persia visitó París, un anarquista francés intentó
perpetrar su asesinato.» RAPOPORT D. C.: «Entonces y ahora: la importancia de los
paralelismos», p. 4, opus citada.
(9)  RAPOPORT, David C.: «Entonces y ahora: la importancia de los paralelismos», opus
citada, p. 12.

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Boletín de Información, número 322

En estos 20 años de actividad terrorista serán asesinados más jefes de


Estado y más presidentes de Gobierno o primeros ministros que antes o
después en la Historia (10). Como destaca Norberto Bobbio:
«El gran momento del terrorismo del siglo XIX fue el del terrorismo
anarquista, que no ha hecho sino reanudar y renovar la tradición
clásica, luego renacentista, del tiranicidio» (11).
¿Por qué apareció esta primera oleada? El terrorismo moderno es «una
continuación de la Revolución Francesa o de la condición de la Revolu-
ción Francesa» (12), de esa tradición que habla del perfeccionamiento de
la sociedad, que pretende adelantar el horizonte utópico a través del de-
sarrollo de una idea, del desarrollo de una doctrina que inspira a nuevos
grupos ¿Cuándo va a desaparecer esta oleada?: cuando esta energía en
un momento determinado ya no pueda inspirar a nuevas organizaciones.

(10) Cabe recordar los asesinatos del presidente francés Carnot en el año 1894, de la em-
peratriz Isabel de Austria en el año 1898, del rey Humberto I de Italia en el año 1900,
del asesinato en el año 1901 del presidente de Estados Unidos, McKinley, o la bomba
lanzada en la Cámara de Diputados de París en el año 1894.
(11)  BOBBIO, N.: Las ideologías y el poder en crisis, p. 112, editorial Ariel, ISBN 84-344-
1080-X, p. 188, Barcelona, 1988. Como repuesta a la tiranía, entendida ésta como
la acción desarrollada por el gobernante que se va a desviar del bien común de la
sociedad, se va a iniciar una reflexión en el pensamiento de Occidente que va a re-
correr desde el mundo griego hasta el mundo medieval sobre la tiranía y en algunos
casos sobre el tiranicidio. El tiranicidio, el derecho a matar a un tirano, o la muerte
dada a un tirano vindicando la soberanía que usurpa, proviene de la Antigua Grecia.
Sobre el tiranicidio como parte del derecho de resistencia nos podemos remontar
a algunos hechos de personajes griegos contra los tiranos, tenemos en Harmodio
y Aristogitón el paradigma del tiranicidio, el tiranicidio de Hipias según el relato de
Aristóteles; posteriormente nos encontraremos a lo largo de la Historia con diver-
sos autores que han tratado el tema del tiranicidio, así tenemos los testimonios de
Polibio, Plutarco, Cicerón, Séneca y Juvenal; en los primeros cristianos a Mencio;
ya entrados en la Edad Media las primeras referencias aparecerán en San Isidoro y
San Agustín, posteriormente en Juan de Salisbury y Tomás de Aquino; en el entorno
español cabe mencionar a: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Domingo Báñez,
Luis de Molina, Pedro de Rivadeneira, Juan Márquez, Diego de Landa; en el entorno
francés podemos destacar a: Françoise Hotman, Etienne de la Böetie, Teodoro de
Beza, Odet de la Noue, Jean Boucher, Gilelmo Rossaeo, Pierre Barriére o Jean Chas-
tel, dentro del entorno inglés y escocés a: John Knox, Cristropher Goodman, George
Buchanan, Robert Parson o Francisco Suárez entre otros.
(12)  RAPOPORT David C.: «Las cuatro oleadas de terrorismo moderno», p. 8, Fundación
«Manuel Giménez Abad» de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico. Zara-
goza, en: http://www.almendron.com/tribuna/ 14103/entonces-y-ahora-la-importan-
cia-o-la-insignificancia-de-los-paralelismos/

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Boletín de Información, número 322

El tratamiento jurídico de la guerra asimétrica


en España 1880-1912: contexto histórico

Evolución histórica en la España contemporánea

A finales del siglo XIX y principios del XX irrumpe un ideal revolucionario


y transformador que cree en la posibilidad de modificar lo que representa
el Estado y de cambiar la relación social entre dominadores-dominados,
su fundamento: la supresión del Estado, la convivencia espontánea de
los individuos y la supresión de la propiedad privada de los medios de
producción, instrumento de poder ejercido por un grupo sobre otro. Este
ideal, va a servir de inspiración, de combustible, a pequeños grupos de
ideología anarquista que van a ejecutar diversos atentados terroristas.
La geografía de esta oleada de actividad terrorista es asombrosa (13). La
etiología de este fenómeno de violencia que se va a propagar rápidamente
por la mayoría de países europeos y por Estados Unidos la encontramos
en una serie de elementos interrelacionados: la represión de movimiento
obrero, la actitud de las autoridades de los diversos países frente a los
abusos de los empresarios que será la de reprimir a los trabajadores, y lo
que es más importante: el cierre del sistema político al movimiento obrero
impidiendo su entrada en el mismo y la represión a sus organizaciones y
órganos de expresión.
¿De que forma se va a manifestar? Como todo movimiento terrorista de
la forma más efectista posible, pese a la proliferación de periódicos anar-
quistas (14), en España y en el resto de Europa no será este el vehículo

(13)  «(…) En todas partes un mismo ideal revolucionario empujaba hacia la violencia a los
anarquistas, que leían a los mismos autores, se carteaban entre sí y se desplazaban
a través de las fronteras. En aras de la revolución mundial había incluso militantes
dispuestos a matar y morir fuera de su país, como lo hicieron los italianos Caserio
y Angiolillo, que para vengar a sus camaradas franceses o españoles, asesinaron
respectivamente al presidente francés Carnot y al jefe de Gobierno español Cánovas
del Castillo.» AVILÉS FARRÉ, Juan y HERRERÍN LÓPEZ, Ángel: (eds.): El nacimiento del
terrorismo en Occidente. Anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, p. IX, editorial
Siglo de Editores, Madrid, 2008.
(14)  En España los periódicos anarquistas entre el año 1874 y el año 1900 eran: La Bande-
ra Social. La Bandera Roja, La Anarquía, La Idea Libre, La Protesta, La Revista Blanca
y La Revista Social. De otras dos publicaciones: El Orden y Las Represalias, no se ha
encontrado ejemplar alguno posiblemente porque se editaban clandestinamente. Del
año 1901 al año 1902 la prensa ácrata experimentará un notable resurgimiento con
publicaciones como: El Productor, La Huelga General, El Libre Concurso, La Guerra

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Boletín de Información, número 322

suficiente de propagación de una idea, de una doctrina, pero a través de


atentados de gran transcendencia, la denominada «propaganda por el
hecho o propaganda por la acción» la repercusión de los atentados será
enorme y efectiva, el blanco de los objetivos en esta primera oleada de
terrorismo moderno será el poder político: jefes de Estado y de Gobier-
no. El asesinato político así, será un ataque al centro de gravedad del
poder gubernamental. La fuerza de esta estrategia es tal, que provoca
una sacudida y una paralización en todo el sistema político estatal. Los
atentados anarquistas produjeron una considerable alarma y temor en la
sociedad española, sociedad no acostumbrada a padecer una actividad
criminal basada en atentados indiscriminados y que veía como las acti-
vidades terroristas aumentaban de forma considerable, a esto hay que
añadir la preocupación de la opinión pública informada por los periódicos
de la época con noticias muchas veces sensacionalistas sobre esta cla-
se de sucesos, así como al conocimiento general de que determinadas
publicaciones anarquistas divulgaban manuales en los que se contenían
instrucciones sobre el uso y preparación de la nitroglicerina, la dinamita o
el fulminante de mercurio (15) que aumentaban el temor y preocupación
por la actividad terrorista de estos grupos.

Social, Salud y Fuerza, Nueva Espartaco, El Libertario, El Nuevo Malthusiano y la Bue-


na Semilla, véase COMÍN COLOMER, E.: Historia del anarquismo español (1836-1948),
editorial Radar, Madrid, 1950, Biblioteca del Centro Superior de Estudios de la Defen-
sa Nacional, signatura: B 162 (99-3), número de catálogo: 19.550, pp. 80 y 113. Hay
un interesante trabajo que destaca por su profundidad en el estudio sobre la prensa
anarquista en la tesis doctoral de Francisco Madrid Santos: «La prensa anarquista y
anarcosindicalista en España desde la primera Internacional hasta el final de la guerra
civil», volumen I, tomo 1, «Análisis de su evolución, 1869-1930», tesis de doctorado,
véase tesis en: http://www.cedall.org/Documentacio/Castella/cedall203410101.htm.
(15)  Por ejemplo, el manual de JOHANN, Most: Cienciaof de Revolutionary War (Guerra
Revolucionaria), Manual para la instrucción en el uso y la Preparation of Nitro-Glyce-
rine and Dynamite, Gun-Cde nitroglicerina y dinamita: armas de fuego de algodón,
Fulminating Mercury, Bombs, Fuse, fulminante de mercurio, bombas, fusibles, Poi-
sons, etc., venenos, etc., impreso y publicado por la «Internationale Zeitungs Verein»,
«Internationale Zeitungs Verein», véase Manual en: www: chicagohistory.org/ hadc/
transcript/Exhibits/ X000-050/X0150.htm-3k. La organización terrorista de naturaleza
anarquista Narodnaya Volya será el primer grupo terrorista en utilizar la dinamita a
gran escala: «Uno de sus miembros Serge Kibulchich, era un competente científico
que introdujo importantes innovaciones como la de la mezcla de la nitroglicerina con
otras sustancias, valiéndose del fulminante de mercurio como detonador.» LAQUEUR,
W.: Una historia del terrorismo, pp. 141-142, editorial Paidós, ISBN 84-493-1373-2,
p. 351, Barcelona, 2003. «La invención de la dinamita y el espectacular desarrollo
de la técnica va a tener a partir de este siglo un papel esencial en el aumento de la

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Boletín de Información, número 322

En España, al igual que en el resto de Europa, los atentados cometidos


por los anarquistas fueron numerosos. Si en una primera etapa, de los
años 1888 a 1892 estos atentados se caracterizaron por la colocación
de bombas en fábricas y domicilios de empresarios (principalmente en
Barcelona), entre el año 1893 y el año 1897 se produce un recrudeci-
miento de los atentados anarquistas no sólo en España sino en el resto
de Europa.

Evolución legislativa

Introducción

A lo largo de la Historia, podemos destacar una característica subyacente


de la evolución de la legislación antiterrorista en España: su tipificación
dentro de la legislación de carácter especial de cada época, y la de su
tipificación como delitos comunes, agravados por la naturaleza terrorista,
e incorporados a la legislación ordinaria, primero de manera dispersa y
finalmente sistematizada, pero sin privarles de un tratamiento «excepcio-
nal». Hay que destacar la vinculación entre la legislación antiterrorista y la
que históricamente ha regulado las asociaciones ilícitas. En sus orígenes,
la legislación antiterrorista en España estuvo vinculada a la represión del
anarquismo que tanto el Código Penal del año 1870 como la jurispruden-
cia subsumía entre «asociaciones contrarias a la moral pública» (16). Para
castigar los atentados perpetrados por los anarquistas se aplicaron en un
principio las disposiciones del Código Penal del año 1870 en concreto el
artículo 561 y siguientes en relación con el artículo 572. En su virtud, se
podía imponer como máximo la pena de cadena temporal en su grado
superior a cadena perpetua, ya que el último de los artículos citados ha-
cía aplicable dicha pena (señalada por el artículo 561 para el incendio) a
los delitos o estragos cometidos por medio «de cualquier otro agente o

capacidad destructiva del ser humano que llegará hasta el extremo de hacer incon-
cebible, debido a su alto potencial aniquilador, el uso de ciertos medios violentos.»
HANNAH, Arendt: Sobre la violencia, p. 9, Alianza Editorial, ISBN 978-84-206-5980-0,
p. 144, Madrid, 2008.
(16) «Se reputarán asociaciones ilícitas: las que por su objeto o circunstancias sean con-
trarias a la moral pública.» artículo 198.1, Código Penal de 18 de junio de 1870, Ga-
ceta de Madrid, 31 agosto de 1870, p. 14. En el mismo sentido sentencia del Tribunal
Supremo, 28 de enero 1884 y 8 de octubre 1888 y Circular de la Fiscalía del Tribunal
Supremo de 4 de marzo de 1893.

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Boletín de Información, número 322

medio de destrucción tan poderoso» (17). Ante el recrudecimiento de los


atentados y la alarma social que estos revestían, el Gobierno español,
al igual que los gobiernos de los distintos países decidió promulgar una
legislación de carácter especial.

Ley de 10 de julio de 1894 sobre


«Atentados contra personas daño en las cosas cometidas
por medio de aparatos o sustancias explosivas» (18)

Proyecto de Ley presentado por el Gobierno sobre represión


de los delitos cometidos por medio de explosivos de 3 de abril de 1894 (19)

El día 3 de abril del año 1894 el gobierno liberal del presidente Mateo
Sagasta (1829-1903) presentó ante el Congreso de los Diputados el pri-
mer proyecto de Ley sobre represión de delitos cometidos por medio de
explosivos. Se trataba de llenar el vacío de la legislación penal provocado
por la aparición del terrorismo anarquista. El objeto de la Ley era el de dar
respuesta a este nuevo fenómeno de violencia:
«(…) Los graves atentados que contra las personas y la propie-
dad desde hace algún tiempo se comenten mediante el empleo de
substancias o aparatos explosivos que, por su índole especial pro-
ducen alarma extraordinaria y ocasionan espantosas consecuen-
cias, requiere con urgencia de los poderes públicos una represión
tan enérgica y rápida como terribles son los medios destructores
que la perversidad arranca de manos de la ciencia (…)» (20).
El legislador, consciente del vacío legal existente en la legislación penal
de la época y en base a la «urgente necesidad» opta por la redacción de
una ley especial en vez de realizar una modificación legislativa del Código
Penal. Se establece como criterio de novedad la imposición de penas de
muerte o cadena perpetua para aquellos que atenten con bombas cau-
sando víctimas, o que las acciones se produjeran en lugares públicos. Se
castigará la implicación en la fabricación, venta o colocación de explosi-

(17) Artículo 561 y siguientes del Código Penal de 18 de junio de 1870, Gaceta de Madrid,
p. 21, 31 de agosto de 1870.
(18) Ley 1894. Diario de Sesiones del Congreso de Diputados (DSCD), 4 IV-1894, aparta-
do primero al número 98,2.
(19) DSCD, 4 IV-1894, apartado primero al número 982, pp. 1 y siguientes.
(20) Ibídem. p. 1.

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Boletín de Información, número 322

vos, así como a los que colaborasen en estos delitos o hicieran apología
de los mismos. La Ley no menciona expresamente a las asociaciones
anarquistas, como ocurrirá posteriormente, en la Ley del año 1896.
El artículo octavo de la Ley será modificado por la Comisión encarga-
da del estudio del proyecto dándole una nueva redacción en el que se
calificará como ilícitas (y, por tanto, procediendo a su disolución) a las
asociaciones que facilitasen la comisión de los delitos comprendidos en
el artículo séptimo, y añadiendo en el mismo dos párrafos en los que se
fijaban las penas para jefes y miembros de las asociaciones que partici-
pasen de una manera directa o indirecta en los hechos.

Ley sobre «Represión de delitos cometidos


por medio de explosivos» de fecha 10 de julio de 1894

El 10 de julio en nombre del rey Alfonso XIII, la reina regente sanciona la


Ley procediéndose a su publicación en la Gaceta de Madrid, el 11 de julio
de 1894 (21). El artículo octavo de la Ley establecía:
«(…) Las asociaciones en que de cualquier forma se facilite la comi-
sión de los delitos comprendidos en esta Ley, se reputarán ilícitas
y serán disueltas, aplicándoles en cuanto a su suspensión, lo dis-
puesto en la Ley de Asociaciones, sin perjuicio de las penas en que
incurran los individuos de las mismas asociaciones por los delitos
que respectivamente hubieran cometido» (22).
La Ley aplica un criterio objetivo, que define la conducta sobre la base de
los medios empleados:
«El que atentare contra las personas o causare daño en las cosas
empleando para ello sustancias o aparatos explosivos (…). Artículo
segundo: “El que colocare sustancias o aparatos explosivos en cual-
quier sitio público o de propiedad particular para atentar contra las
personas o causar daño en las cosas (…)”. Artículo tercero: El que ten-
ga fabrique, facilite o venda sustancias o aparatos explosivos (…)».
La Ley sanciona la tentativa, amenaza, conspiración y proposición para
cometer estos delitos:

(21) Gaceta de Madrid, número 192 de 11 de julio de 1894, tomo III, pp. 155 -156.
(22) Ley 10 de julio de 1894, artículo octavo, Gaceta de Madrid, número 192 de 11 de julio
de 1894, tomo III, p. 155

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Boletín de Información, número 322

«Artículo cuarto: “Conspirar para cometer cualquiera de los hechos


anteriores (…)”. Artículo quinto: “Amenazar con cometer alguno de
los mismos hechos aunque la amenaza no fuese condicional (…)”.
Artículo sexto: “Provocar de palabra o por escrito, por la imprenta,
el grabado u otro medio de publicación a la perpetración de estos
delitos (…)”. Artículo séptimo: Hacer apología de los delitos o de los
delincuentes (…)»
Se establece el jurado como competente para juzgar estos delitos (artí-
culo noveno) y se hace extensiva la aplicación de esta Ley a las provin-
cias de ultramar. La Ley contemplaba la posibilidad de presentar tanto
recurso de casación como recurso por quebrantamiento de forma ante
el Tribunal Supremo (artículo 14) y se sancionaba con pena de muerte o
cadena perpetua (artículo primero) las explosiones «en edificio público,
lugar habitado o donde hubiere riesgo para personas» independiente-
mente de los daños causados.
La Ley del año 1894, fruto de un gobierno liberal, afirmaba que su obje-
tivo era definir y castigar los delitos cometidos por medio de aparatos o
sustancias explosivas, pero como destaca Javier García Mañas:
«(…) el propósito y la finalidad de la Ley de atajar el problema anar-
quista quedaba claro» (23).

Ley de 2 de septiembre de 1896

Proyecto de Ley sobre «Represión de los delitos


contra las personas y las cosas que se cometan o intenten
cometerse por medio de explosivos o materias inflamables»
El 16 de junio de 1896 el gobierno conservador de Cánovas del Castillo
(1828-1897) presentó ante el Congreso de los Diputados un nuevo pro-
yecto de Ley sobre «Represión de los delitos contra las personas y las
cosas que se cometan o intenten cometerse por medio de explosivos o
materias inflamables» (24). La Ley incorporaba un conjunto de novedades
respecto a la anterior Ley del año 1894.

(23)  GARCÍA MAÑAS, José Luis: «Causas del terrorismo anarquista», véase artículo en:
http://usuarios.lycos.es /nggabua/monografies/terrorismoanarquista.html.
(24) DSCD, 18 VI-1896, apartado primero al número 31.

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Boletín de Información, número 322

El proyecto de Ley claramente arremete contra el anarquismo, nombra ex-


presamente al anarquismo como fenómeno a combatir y establece penas y
medidas muy duras para enfrentar no sólo el problema de la violencia anar-
quista sino también la propagación de sus ideas (artículos cuarto y quinto).
Agrega a los delitos cometidos por medio de explosivos los realizados por
medio de sustancias inflamables: alcohol, gas, petróleo (artículo primero).
Se reserva el conocimiento de los delitos a la jurisdicción militar: la juris-
dicción de guerra será la competente para juzgar los delitos establecidos
en la Ley (artículo segundo).
Aumenta la penalidad en caso de que a consecuencia del delito resulta-
se muerta alguna persona, aplicando la pena de muerte, y a la pena de
«relegación perpetua» el encubrimiento, la conspiración y la proposición
(artículo segundo), asimismo se extiende dicha pena a quien provoque de
palabra o por escrito la perpetración de dichos delitos (artículo tercero).
Se autoriza al Gobierno a suprimir los periódicos y los centros anarquistas,
cerrar sus círculos de recreo (artículo cuarto); facultando al Gobierno a su
supresión, quedando a su criterio la clausura de los centros anarquistas y
reprimir su propaganda, cuestión que produjo posturas discordantes una
vez que el decreto pasó a su estudio a la Comisión del Senado.
Se autoriza al Gobierno a extrañar fuera del Reino a las personas»a quien
se pruebe que profesan ideas anarquistas» (artículo cuarto).
Según el artículo quinto, la Ley sólo se aplicaría en el territorio o territo-
rios que el Gobierno señalase por Real Decreto en Consejo de Ministros;
el Real Decreto de 12 de agosto de 1897 la hizo extensiva a todas las
provincias del Reino. Para la aplicación de esta Ley se dictó con carácter
transitorio el Real Decreto de 16 de septiembre de 1896 y por Real Orden
de 15 de septiembre se organizó un cuerpo especial de policía judicial para
el descubrimiento y persecución de los delitos comprendidos en la Ley.
La vigencia de la Ley (artículo séptimo) sería de tres años y a la finaliza-
ción de este periodo tendría que ser renovada su vigencia por las Cortes,
en caso que no se renovase la misma volvería a quedar vigente la Ley de
1894. La Ley del año 1896 dejaba en vigor los preceptos que no modifi-
caba de la Ley de 1894.
El 16 de junio de 1896 la reina regente en nombre del rey Alfonso XIII,
autoriza al presidente del Consejo de Ministros la presentación a la Cor-

— 124 —
Boletín de Información, número 322

tes del proyecto de Ley, que se publica en su DSCD con esta misma
fecha (25).

Dictamen de la Comisión de fecha 7 de julio de 1896

La Comisión encargada de informar sobre el proyecto de Ley presentó


su dictamen al Congreso; según dicha Comisión, el proyecto responde:
«(…) a la creciente acción y los terribles delitos del anarquismo» (26).
El proyecto se presenta como una respuesta a la existencia misma de las
ideas anarquistas que debían ser combatidas a través de una norma de
carácter extraordinaria:
«(…) una garantía y una contestación adecuada a la declaración
de existencia hecha por el anarquismo con sus estragos bárbaros
y sus propagandas sobre el exterminio (…). Sería gran candidez,
ya que no fuera extraordinaria demencia el aplicar a un estado de
guerra bien definido una normal legislación» (27).
La Comisión se atreve a realizar un breve y simplificado análisis de lo que
considera es el ideario anarquista:
«(…) doctrinalmente el anarquismo no trae una sola afirmación a
la vida del pensamiento, y mucho menos aporta una solución con-
soladora a ningún problema social (…) su fórmula es la barbarie, la
regresión a la primitiva animalidad, la franca entrada en la destruc-
ción y la muerte» (28).
El 7 de julio de 1896 la Comisión somete a la deliberación y aprobación
del Congreso el proyecto de Ley que aprobado, es remitido al Senado
con fecha 21 de agosto de 1896.

Remisión de la Ley al Senado y publicación DSS de fecha 21 de agosto


año 1896. DSS de 25 de agosto sobre creación de la Comisión de estudio.
DSS de 26 de agosto sobre discusión del dictamen de la Comisión. DSS
de 27 de agosto sobre dictamen debate de la totalidad de los artículos
El 21 de agosto de 1896 se publica en el Diario de Sesiones del Senado
(DSS) el «Proyecto de Ley sobre represión de los delitos sobre las perso-

(25)  DSCD, 18 VI-1896, apartado primero al número 31, p.1.


(26)  DSCD, 7-VII-1896, apartado primero al número 47, p. 1.
(27)  DSCD, 7-VII-1896, apartado primero al número 47, p. 1
(28)  DSCD, 7-VII-1896, apartado sexto al número 47, p. 2.

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Boletín de Información, número 322

nas y las cosas que se cometan o intenten cometer por medio de explo-
sivos o materias inflamables» (29). El 25 de agosto de ese año el Senado
crea la Comisión que debía emitir el dictamen acerca del proyecto (30),
nombrando como presidente y secretario de la misma a los senadores:
Juan de la Concha y Castañeda, y al marqués de Viana (31), declarando
urgente la discusión del dictamen. Entre los días 26 y 27 de agosto se
celebra en sesión secreta la discusión del dictamen de la que intervienen
entre otros los senadores Romero de Girón (en contra del proyecto) y
Danvila y el ministro de Gracia y Justicia (a favor del proyecto). Romero de
Girón (1835-1900) en su larga intervención en el Senado critica el carácter
excepcional de la Ley y el uso del medio en el delito y no el delito en sí:
«(…) lo que lamento, lo que me aterra, es la tendencia harto ma-
nifiesta, y harto grave, a disminuir las facultades de la jurisdicción
ordinaria en provecho de las especiales (32) (…) este proyecto (…)
no tiene más objeto que el de perseguir una manifestación determi-
nada por el medio de delincuencia que se emplea» (33).
Extiende su crítica la falta de una policía adecuada para la persecución de
este tipo de delitos y a la falta de reformas sociales que podrían solucio-
nar o al menos aliviar la situación de las clases obreras:
«(…) Si el Gobierno de Su Majestad hubiera tenido una policía judi-
cial en vez de una policía política (…) si se preocupara más de curar
estos males sociales (…) una de las cosas que podría facilitar la
obra regeneradora en este sentido y la obra represiva también, se-
ría un mayor cuidado y una mayor energía en lo que atañe a ciertas
reformas de índole social» (34).
El 27 de agosto continúa la discusión en la Comisión del Senado de la
que intervienen el senador Danvila y el ministro de Gracia y Justicia (con-
de de Tejada de Valmoseda), que defienden la excepcionalidad de la Ley
en base a las circunstancias extraordinarias y como respuesta al recrude-

(29)  DSS, 21 de agosto de 1896, apartado primero al número 81, p. 1.


(30)  La Comisión sobre represión del anarquismo quedó compuesta por los señores Dán-
vila, conde de las Almenas, vizconde de Campo-Grande, marqués de Mont-Roig,
marqués de Viana, Garijo, Concha Castañeda, DSS, 25 de agosto de 1896, número
83, p. 1271.
(31)  DSS, 25 de agosto de 1896, número 83, p. 1272.
(32)  DSS, 26 de agosto de 1896, número 84, pp. 1.283 y 1.288.
(33)  DSS, 26 de agosto de 1896, número 84, p. 1.287.
(34)  DSS, 26 de agosto de 1896, número 84, pp. 1.289-1.290.

— 126 —
Boletín de Información, número 322

cimiento de los atentados anarquistas. Respecto a la crítica del senador


Romero de Girón que considera que el objeto de la Ley es o la de castigar
el anarquismo, o la de castigar un conjunto de delitos en base al uso del
medio empleado (el objeto de la Ley es la represión de los delitos que se
cometan por medio de explosivos o materias inflamables), el ministro de
Gracia y Justicia entiende que:
«(…) Ésta es una Ley destinada a castigar un linaje de delitos que se
comenten con frecuencia por los anarquistas (…). Entiendo yo que
quien comete estos delitos, si no es un anarquista, obra como un
anarquista; y así, como tal, debe ser castigado» (35).
El ministro de Gracia y Justicia destaca un simple argumento en defensa
de la Ley:
«(…) ¿Es que por la manera de atentar mañana al orden social por
medios que hoy no se preveen, es necesario buscar nuevos modos,
nuevos métodos de penalidad? Pues entonces vendrá una nueva
ley, y así como el legislador ha castigado especialmente los delitos
cometidos por medio de los explosivos, castigará especialmente
también los cometidos por otros procedimientos» (36).
El Gobierno consiguió que el texto propuesto por el Congreso de los
Diputados se aprobara y así expresamente se declaraba al anarquismo
fuera de la Ley.

Ley de «Represión del anarquismo»


de fecha 2 de septiembre del año 1896

La sanción regia de la Ley se produce el 29 de agosto, entrando en vigor


el 2 de septiembre y procediéndose a su publicación en la Gaceta de
Madrid con fecha 4 de septiembre de 1896 (37).

Real Decreto para la aplicación de la Ley


de fecha 16 de septiembre de 1896: ámbito de aplicación de la Ley

El 16 de septiembre, dos semanas después de la entrada en vigor de


la Ley, se promulga un Real Decreto-Ley «para la aplicación de la Ley
llamada de represión del anarquismo» y en su artículo segundo estable-

(35)  DSS, 27 de agosto de 1896, número 85, p. 1.301.


(36)  DSS, 27 de agosto de 1896, número 85, p. 1.302.
(37)  Gaceta de Madrid, número 248 de 4 de septiembre de 1986, tomo III, p. 825

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Boletín de Información, número 322

cía que «las prescripciones de su artículo cuarto sobre las facultades


gubernativas para la supresión de periódicos y centros anarquistas, para
el extrañamiento de los propagadores de ideas anarquistas y afiliados a
asociaciones que establecía el artículo octavo de la ley de 10 de julio de
1894 sólo se aplicaría a las provincias de Madrid y Barcelona».

Real Decreto organizando el Cuerpo Especial de Policía


para la represión del anarquismo

Con fecha 1 de septiembre del año 1896 se sanciona la Ley autorizando


al presidente del Consejo de Ministros para disponer de un crédito ex-
traordinario de 125.000 pesetas:
«(…) destinado a la organización de un servicio especial de policía
judicial que tenga por objeto el descubrimiento y persecución de
los delitos que se cometan o intenten cometerse por medio de ex-
plosivos» (38).
La Real Orden de fecha 19 de septiembre creó el Cuerpo de Policía Judi-
cial encargado de la investigación y persecución de los delitos estableci-
dos en la Ley de 2 de septiembre de 1896 y limitando su acción al mismo
ámbito de la referida Ley, es decir a Madrid y a Barcelona, dotando a esta
última ciudad con un mayor número de efectivos debido a la mayor canti-
dad de atentados que se producían. Este Cuerpo de Policía constaba de
dos secciones: la de Madrid compuesta por 11 agentes y la de Barcelona
por 23 agentes, cada una de ellas al mando de un oficial del Ejército nom-
brado por el comandante en jefe del Cuerpo de Ejército correspondiente,
y del nombramiento del resto del personal se encargaba el presidente de
la Audiencia.
Dentro de este crédito extraordinario además de las retribuciones del
personal se destinaba una partida para gastos de investigación y otra a
premiar «los méritos especiales contraídos por los individuos del Cuerpo
en el desempeño de sus propias funciones» (39). Esta ampliación de la
policía se reflejaba en la prensa de la época, así el periódico madrileño
La Época destacaba que la policía madrileña disponía de un censo de

(38)  Real Decreto de 27 de agosto de 1896. Gaceta de Madrid, número 245 de 1 de sep-


tiembre de1896, p. 790.
(39)  Real Orden Organizando el Cuerpo Especial de Policía para la represión del anarquis-
mo de 19 de septiembre de 1896, Gaceta de Madrid, número 264 de 20 de septiem-
bre de 1896, p. 1.056.

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Boletín de Información, número 322

64 anarquistas anotados en sus registros de los cuales una decena eran


constantemente vigilados (40).

Real Decreto extendiendo a toda España la aplicación


de la Ley de 2 de septiembre de 1896: modificación del ámbito de aplicación

El 12 de agosto de 1897 se publica en la Gaceta de Madrid el Real Decre-


to- Ley por el que se establece que las prescripciones de la Ley de 2 de
septiembre de 1896, sobre las facultades gubernativas para la supresión
de los periódicos y centros anarquistas, y para el extrañamiento de los
propagadores y afiliados a asociaciones anarquistas, comprendidas en el
artículo octavo de la Ley de 10 de julio de 1894, se aplicará desde la pro-
mulgación de este Decreto en todas las provincias del Reino (41), así, se
modifica el ámbito de aplicación de la Ley del año 1896 extendiéndolo a
toda España.

Real Decreto prologando la Ley de 2 de septiembre de 1896

En el año 1899 vencía el plazo de tres años de la Ley de 1896. Francisco


Silvela (1843-1905), presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido
Conservador tras el asesinato de Cánovas del Castillo, dicta el de 6 de sep-
tiembre de 1899 el Real Decreto en el que se prologa por un año la vigencia
de dicha Ley, en virtud de lo dispuesto en el artículo séptimo de la misma:
«(…) la Ley de 2 de septiembre de 1896 sobre delitos cometidos
por medio de sustancias o aparatos explosivos y las demás dispo-
siciones complementarias dictadas para su ejecución, continuarán
rigiendo por un año más, dando de este Decreto cuenta a las Cor-
tes tan pronto como se reúnan» (42).
Se volvía a condenar durante 12 meses más al anarquismo, sus asocia-
ciones y la propagación de su doctrina.

Propuestas de modificaciones legislativas


años 1900, 1904,1906 y 1908
A partir del 7 de septiembre de 1900 volvió a regir la Ley del año 1894 al
caducar la vigencia de la prórroga de la Ley del año 1896 (Real Decreto

(40)  «Precauciones en Madrid», diario La Época, 22 de junio de 1896, número 16.532, p. 1.


(41)  Gaceta de Madrid, número 226 de 14 de agosto de 1897, tomo III, p. 591.
(42)  Gaceta de Madrid, número 250 de 7 de septiembre de 1899, número 850, p. 894.

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Boletín de Información, número 322

Ley de 6 de septiembre de 1899). El Gobierno propuso al Congreso de los


Diputados la renovación por tres años de la Ley del año 1896 y aunque el
Congreso aprobó el proyecto de renovación de dicha Ley, el Senado no
llegó a conocer si quiera el dictamen de la Comisión encargada para su
estudio, por lo que siguió vigente la Ley del año 1894.
El 12 de abril de 1904 se produce el atentado contra el presidente del
Consejo de Ministros, Antonio Maura (1853-1925) en Barcelona (43),
a raíz de este atentado, el 23 de noviembre de 1904 fue presentado al
Senado un nuevo proyecto de Ley con la denominación: «Proyecto de
Ley sobre cumplimiento y mejor observancia de la Ley de 10 de julio
de 1894 sobre represión de los delitos cometidos por medio de ex-
plosivos» (44) que introducía algunas modificaciones en la Ley del año
1894 ampliando la esfera de acción de ésta y modificando su penalidad.
Este proyecto no modificaba las disposiciones contenidas en la Ley del
año 1894 sobre la disolución de los centros anarquistas. Se establecía
una nueva redacción al artículo octavo que consideraba ilícitas las aso-
ciaciones que facilitasen la comisión de los delitos establecidos en un
nuevo artículo sexto, por el que se penaba la provocación de palabra,
por escrito, grabado, imprenta u otros medios de publicidad; en el Con-
greso de Diputados la Comisión nombrada no llegó ni a constituirse,
con lo que la Ley de 1894 también se mantuvo.

(43) Antonio Maura fue herido en su visita a Barcelona por el anarquista Joaquín Miguel
Artal, de 19 años que sacó un puñal y lo hundió en el costado izquierdo de Maura, el
atentado contra el presidente del Consejo de Ministros fue la respuesta a los sucesos
acaecidos en Alcalá del Valle donde un grupo de obreros y campesinos se concentró
en las afueras del pueblo, en respuesta a la huelga general convocada por la Federa-
ción Regional Española de Sociedades de Resistencia, en apoyo a todos los presos
españoles condenados por razones sociales. En un momento de la concentración,
los obreros mantuvieron un enfrentamiento con la Guardia Civil, resultando muerto
un joven de 15 años; la revuelta se recrudeció, se incendiaron los archivos del Ayun-
tamiento y el Juzgado Municipal. Con la llegada de nuevos efectivos policiales y mili-
tares se volvió al orden dentro de un clima de tensión, siendo detenidos más de 100
alcalareños, que en su mayoría fueron trasladados a las cárceles de Sevilla y Albera.
Los malos tratos y torturas sufridos por los jornaleros detenidos saltaron rápidamente
a los medios de comunicación, ocupando primeras páginas de los principales perió-
dicos anarquistas y republicanos. De estos graves sucesos se hizo eco la prensa de
la época así: el periódico La Correspondencia de España de 15 de agosto de 1904,
p. 1, el periódico La Vanguardia de Barcelona de 31 de agosto de 1904, p. 5 y perió-
dico La Época de 2 de septiembre de 1904, p.1.
(44) DSS, 23 de noviembre de 1904, apartado primero al número 43.1.

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Boletín de Información, número 322

En el año 1906 el Gobierno prometió una Ley especial más completa


y en el año 1907 la reforma del Código Penal, en el sentido de llevar a él
las disposiciones de la Ley del año 1894 mejorándolas, el Gobierno no
renovó la tramitación del proyecto de Ley, con lo que la Ley de 1984 se
mantuvo sin cambios.
En el año 1908 el presidente del gobierno conservador de Antonio Maura
presentó un nuevo proyecto de Ley de represión del anarquismo. El as-
pecto más interesante de la modificación que se proponía, se encontraba
en la redacción de un nuevo artículo, el 15.1, en el que era sustituida la
palabra «anarquistas» por la de «terroristas». El 16 de marzo de ese año,
el senador Buen interpeló al presidente del Consejo de Ministros sobre
los medios de los que disponía el Gobierno para garantizar la seguridad
en la ciudad de Barcelona, debido al recrudecimiento del terrorismo en
esta ciudad (45) (el día anterior había estallado una bomba, y se encontró
otra en el mercado más importante de la ciudad, cerca de las Ramblas).
En su respuesta al senador Buen, Antonio Maura destacó los esfuerzos
del Gobierno por sentar en el banquillo a los responsables, anunció un
proyecto de Ley solicitando un crédito extraordinario para seguir am-
pliando los medios de vigilancia y seguridad en la ciudad de Barcelona
y destacó que la Policía era el principal instrumento con que contaba el
Gobierno frente a la amenaza del terrorismo:
«(…) que es evidente, que es especial instrumento, para remediar
ese mal, la Policía (…) de ella debemos esperar, cuando tenga todo
su desenvolvimiento el servicio, que evitará la impunidad y acaso
evitar la impunidad sea evitar todo mal» (46).
El proyecto, presentado por el gobierno de Antonio Maura al Senado el
24 de marzo de 1908, entendía que el artículo quinto de la Ley de 1984
debería ser sustituido por el de igual número de este proyecto quedando
como sigue:
«(…) La amenaza contra colectividades y clases sociales o corpora-
ciones de causar ilegalmente algún mal en sus personas, sus pro-
piedades o sus derechos, será castigada con la pena de prisión
correccional» (47).

(45) DSS, 16 de marzo de 1908, número 171, pp. 3.519-3.520.


(46) DSS, 16 de marzo de 1908, número 171, p. 3.624.
(47) Artículo quinto, DSS 24 de marzo de 1908, apartado tercero al número 177.

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Boletín de Información, número 322

El artículo séptimo de esta Ley debía ser complementado, adicionándole


el siguiente párrafo:
«(…) Con igual pena será castigada la publicación de noticias que
no sean oficiales relativas a los delitos comprendidos en esta Ley
que se cometan en el territorio y durante el tiempo que señale el
Gobierno, según el artículo 15, así como las relativas a personas
inculpadas o procesos incoados por tales delitos» (48).
El nuevo artículo el 15, en el que era sustituida la palabra «anarquistas»
por la de «terroristas» después del paso por la Comisión daba esta re-
dacción al mismo:
«(…) En consideración a la frecuencia o inminencia de delitos com-
prendidos en esta Ley, el Gobierno por Real Decreto, acordado en
Consejo de Ministros, podrá poner en vigor durante el tiempo y en
el territorio que señale las disposiciones excepcionales siguientes:
Primero: una Junta formada en la respectiva provincia por el Go-
bierno civil, por la autoridad militar (…) y el fiscal de la Audiencia
Territorial (…) estará facultada para:
– Suprimir los periódicos y centros, y cerrar los establecimientos y
lugares de reunión en los cuales se verifique la propaganda o se
concierten los planes terroristas.
Segundo: fijar residencia obligatoria dentro del Reino y, caso nece-
sario hacer salir del Reino a individuos de asociaciones comprendi-
das en el artículo octavo o a otras personas que hagan propaganda
o tengan participación en planes terroristas» (49).
La oposición al proyecto encabezada por la oposición liberal consideraba
que ni el Gobierno ni ninguna junta podría decir que asociación era o no
lícita ya que para ello estaba la Ley de Asociaciones y posteriormente las
autoridades judiciales.
Dicho proyecto si bien también fue aprobado por el Senado el 9 de mayo
de 1908 (50), fue retirado antes de que se discutiera en el Congreso a
causa de la fuerte oposición de liberales y republicanos al proyecto, amén
de las críticas de la prensa liberal.

(48) Artículo sexto, DSS 24 de marzo de 1908, apartado tercero al número 177.
(49) Artículo 15.1, DSS 24 de marzo de1908, apartado tercero al número 177.
(50) DSS, 9 de mayo de 1908, número 106, p. 4.418.

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Boletín de Información, número 322

A cada nuevo atentado (1906) contra Alfonso XIII (1886-1941) (51) o con-
tra el presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas (1854-1912)
(52) en el año 1912 aparece como acertadamente describe Von Liszt:
«Una buena circular del fiscal del Tribunal Supremo relativa al cas-
tigo y persecución del anarquismo, salmo funeral a la impotencia
voluntaria de las leyes» (53).

Otras disposiciones legales

Además de la legislación de carácter especial, entre los años 1894 y 1912


se promulgan en España una serie de decretos, circulares del Ministerio
Fiscal y órdenes cuyo objeto será hacer frente al fenómeno del anarquis-

(51) Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia regresaban al Palacio Real, después de la
boda, sufriendo un atentado mediante una bomba lanzada por el anarquista Mateo
Morral, frente al número 88 de la calle Mayor de Madrid, los monarcas salieron ilesos.
El artefacto ocasionó la muerte de varias personas, véase en: http://www.nggabua.
com/terrorismoanarquista/atentados8.html.
(52)  El anarquista Manuel Pardinas asesina ante la librería «San Martín», en plena Puerta
del Sol de Madrid al presidente del Gobierno, José Canalejas, véase en: http://solto-
rres.udl.cat/jspui/bitstream/10459/1198/1/AROM -2-0097.pdf.
(53)  LISZT, F. von: (ed.): Tratado de Derecho Penal, pp. 348 y siguientes,Valletta Ediciones,
2007, véase libro en: http://books.google.es/books?id=ZY_Rlpn6sbAC&pg=PA349&
lpg=PA349&dq=Real+Decreto+organizando+el+cuerpo+especial+de+Polic%C3%A
Da+para+la+represi%C3%B3n+del+anarquismo&source=bl&ots=Cxi4DWKxZx&sig=
7GhIV3MZBrKWsV5Kn2pN8nNxKhk&hl=es&ei=6CPvSYSeKaOjAfIxLAa&sa=X&oi=bo
ok_result&ct=result&resnum=4#PPA350,M1. «El Ministerio Fiscal, en los telegramas
contestando a aquél en que se le comunicara el abominable atentado, puso de ma-
nifiesto cuan vivamente le hería aquella desgracia (…) y con cuanta firmeza estaba
resuelto a velar por la tranquilidad pública (…) el delito no está, pues, en la creencia
o doctrina que se profese, sino en la forma como se practique, en los medios con
que se defienda, en los términos de la propaganda, en fin, que la Ley no permite sean
tales que causen lesión al particular (…) la libertad de prensa no autoriza, no puede
autorizar, que se provoque al delito (…) ahí están a parte de los severos dictados de
la Ley especial de 10 de julio de 1894, los artículos 582 y 584 del Código Penal que
reprimen los excesos que en aquellas dos formas de excitación a la delincuencia o
de apología de ella puedan cometerse (…) no la dureza de la sanción ni el exagerado
rigor de la ley contienen a los ciudadanos en los límites del derecho, sino la perse-
verante, inflexible actuación, que no permite que en caso alguno quede indefensa la
sociedad ante quienes consciente o inconscientemente la hacen víctima de su ata-
que.» Circular de 28 de noviembre de 1912. Instrucciones dadas a los fiscales de las
Audiencias y a los de los Tribunales Provinciales de lo Contencioso-Administrativo,
pp. 6-8.

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Boletín de Información, número 322

mo y a sus actividades, además de otra serie de normas que se pueden


aplicar de forma preventiva; así podemos destacar.

Decretos circulares y órdenes

Real Orden de 6 de abril de 1892 para el cumplimiento de la Ley de Aso-


ciaciones en la que se insta a todos los poderes públicos a vigilar a las
asociaciones obreras y verificar si éstas están constituidas con arreglo a
la Ley y en caso contrario ordenar su disolución (54).
Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo de 31 de marzo de 1892 so-
bre la actividad de las asociaciones anarquistas en la que resalta:
«(…) se avecina una guerra social cuyo funesto curso es preciso
cortar a todo trance» (55).
Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo de 17 de noviembre de 1893,
que ordena castigar y perseguir los delitos que por medio de imprenta
provoquen a la perpetración de algún delito o hagan apología de accio-
nes calificadas como delito:
«(…) Fanáticos secuaces de doctrinas servidas en nuestra Na-
ción y fuera de ella por criminales empeños colectivos de de-
sarraigar por el fuego y por el terror (…) llevan su audacia hasta
hacer gala en la prensa periódica de sus reprobables designios y
de propósitos exterminadores de cuanto vive al amparo del de-
recho positivo (…) se atreven a unas veces al público elogio de
crímenes perpetrados y al ensalzamiento de sus autores y llegan
otras a excitar si rebozo y a provocar sin respeto de la moral ni
de la Ley a la ejecución de esos gravísimos delitos.(…). Y la Ley
ha de ser severamente cumplida. En defensa de la sociedad y de
los ciudadanos y unos y otros tiene derecho a que con severidad
se cumpla» (56).

(54) AA.VV.: «La legislación social en la historia de España. De la revolución liberal a


1936», pp. 179-180, Congreso de los Diputados, Madrid, 1987.
(55) Ibídem, pp. 176-178.
(56) Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo de fecha 17 de noviembre de 1893, Ga-
ceta de Madrid, 18 de noviembre de 1893, número 322, p. 507.

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Boletín de Información, número 322

Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo de 13 de febrero de 1896


sobre los delitos cometidos en el ejercicio de los derechos de reunión y
asociación (57).
Real Decreto de fecha 16 de septiembre de 1896 sobre competencia de
la jurisdicción militar para los delitos perpetrados con el empleo de subs-
tancias o aparatos explosivos o materias inflamables (artículo primero) y
donde se establece que la Ley, sólo se aplicará, por ahora, en las provin-
cias de Madrid y Barcelona (artículo segundo in fine) (58).
Real Decreto de 12 de agosto de 1897, con un único artículo establece
que la disposición del ya citado artículo cuarto de la Ley de 16 de sep-
tiembre de 1896, se aplicará «a todas las provincias del Reino».
Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo de 13 de agosto de 1897 re-
dactada con motivo del asesinato del presidente del Gobierno, Cánovas
del Castillo en la que se insta a:
«(…) deberá V.S. vigilar la prensa periódica, y toda clase de publica-
ciones, sean de la clase que fueren, y en el momento que advierta
que manifiesta o veladamente se hace la apología del anarquismo,
de sus adeptos o de sus atentados, procederá a promover la forma-
ción de causa, inspeccionando personalmente el sumario y cuidan-
do de que las diligencias se sigan con la mayor celeridad, para que
la represión sea inmediata y el temor a la pena haga lo que la pru-
dencia y el amor á la civilización debieran por sí solos hacer» (59).

Otras normas de aplicación

Junto a la legislación de carácter especial, encontramos en la legislación


ordinaria de la época una serie de normas que pueden aplicarse preven-
tivamente al fenómeno del anarquismo:
– Las reuniones y las asociaciones anarquistas pueden suspenderse o di-
solverse e impedir su funcionamiento por ilícitas con arreglo a las Leyes

(57) AA.VV.: «La legislación social en la historia de España. De la revolución liberal a


1936», pp.184-185, Congreso de los Diputados, Madrid, 1987.
(58) Real Decreto-Ley de 16 de septiembre de 1896.
(59) Circular de la Fiscalía del Tribunal Supremo, de 13 de agosto de 1897, Gaceta de
Madrid, 14 de agosto de 1897, número 226, pp. 592-593.

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Boletín de Información, número 322

de 15 de junio de 1880 (artículo 5.1 y 5.4) (60) y de 30 de junio de 1887 (61)


como comprendidas en el artículo 198 (epígrafes primero y segun-
do) (62) del Código Penal de 1870 siendo aplicables a sus miembros los
artículos 199 al 201 (63) de este Código, así como los artículos 582 y
583 (64) a los periódicos anarquistas según lo declarado por las senten-
cias el Tribunal Supremo de 28 de enero de 1884 y 4 de julio de 1885.
– A la propaganda anarquista puede aplicarse los artículos 250, 254 y 273
del referido Código Penal relativos a la sedición, en opinión de la Fisca-
lía del Tribunal Supremo, circular de 4 de marzo de 1893 (65).

(60) Artículo 5: «La autoridad mandará suspender o disolver en el acto: 5.1: Toda reunión
que se celebre fuera de las condiciones de esta Ley 5.4: Las definidas y enumeradas
en el artículo 189 del Código Penal.» Ley de 15 de junio de 1880, Gaceta de Madrid
de 16 de junio de 1880, número 168, tomo II, p. 671.
(61) Artículo 3: «Sin perjuicio a lo que el Código Penal disponga relativamente a los delitos
que se cometan con ocasión del ejercicio del derecho de asociación, o por la falta
de cumplimiento de los requisitos establecidos en la presente Ley para que las aso-
ciaciones se constituyan, o modifiquen, el gobernador de la provincia impedirá que
funcionen y que celebren reuniones los asociados, poniendo los hechos en conoci-
miento del Juzgado de Instrucción correspondiente dentro de las 24 horas siguientes
a su acuerdo.» Ley reglamentando el derecho de asociación de 30 de junio de 1887,
Gaceta de Madrid de 12 de julio de 1887, número 193, tomo III, p. 105.
(62) Artículo 198.1: «Se reputarán asociaciones ilícitas: las que por su objeto o circunstan-
cias sean contrarias a la moral pública.» 198.2: «Las que tengan por objeto cometer
alguna de los delitos penados en este Código.» Código Penal de 18 de junio de
1870.» Gaceta de Madrid, 31 agosto 1870, p. 14.
(63) Los artículos 199 a 201 establecen penas para «los fundadores, directores, presiden-
tes o individuos que formen parte de las asociaciones comprendidas en alguno de
los supuestos del artículo 198.»
(64) Artículo 582: «Los que provocasen directamente o por medio de la imprenta, el gra-
bado u otro medio mecánico de publicación a la perpetración de los delitos com-
prendidos en este Código incurrirán en la pena inferior en dos grados a la señalada al
delito.» Artículo 583: «Si a la provocación hubiese seguido la perpetración del delito,
la pena de la provocación será la inmediatamente inferior en grado a la que para
aquel esté señalada.». Código Penal de 18 de junio de 1870, Gaceta de Madrid, 31
de agosto de 1870, p. 21.
(65) «La anarquía y el colectivismo que se predican como medicina de todas las enfer-
medades de la sociedad, en cuanto contradicen los principios fundamentales en que
descansa su orden, como son los de autoridad y la propiedad individual, son opues-
tos, según esa declaración, a la moral pública, e ilícita, por tanto, ha de juzgarse la
sociedad que se proponga realizar esos fines por procedimientos de violencia o que
no sean mera exposición de ideas o sistemas, verdaderos o falsos, pero ni malos ni
buenos para la Ley mientras en la esfera especulativa se mantienen, y ella expresa-
mente no los condena.» Archivo Histórico Nacional, Ministerio de la Gobernación,
legajo 5 A, expediente número 1.

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Boletín de Información, número 322

El inicio de la cooperación internacional en materia de terrorismo

El carácter global de los atentados anarquistas era asombroso, la preocu-


pación e inquietud fue de tal magnitud que desde el año 1880 y hasta el
día de hoy, los Estados abordan el fenómeno terrorista como un proble-
ma internacional.
El día 24 de noviembre del año 1898 se celebrará en Roma fruto del
impulso del Gobierno italiano (66) una conferencia internacional «antia-
narquista» que convocará a 54 delegados (entre diplomáticos, altos car-
gos, funcionarios y mandos policiales) de 21 países entre los días 24 de
noviembre y 21 de diciembre de 1898 (67). Con el objeto de hacer frente
a los atentados anarquistas cada vez más numerosos se planteó un am-
bicioso programa (68).
Las sesiones se celebraron por un lado entre funcionarios de policía que
examinarían las cuestiones técnicas, por otro entre expertos judiciales que
se encargaban de las posibles modificaciones legislativas para que los
representantes de los países condensasen en la Asamblea General
los frutos de los debates de estas dos Comisiones.
La más interesante sin duda fue la Comisión de juristas que abordó tam-
bién temas como:
– La definición del delito anarquista.
– La relación del anarquismo con el Derecho común.
– Determinar si los delitos cometidos por los anarquistas están compren-
didos en los tratados de extradición.
– Medios de represión más adecuados que deben adoptarse contra los
anarquistas.
– Medidas para impedir la circulación de la propaganda libertaria.
– Establecimiento Policía internacional para perseguir al anarquismo.

(66) La reunión se preparó desde el día 29 de septiembre del año 1898 por el Gobierno
italiano en concreto por el general Pelloux, y el ministro de Exteriores, Napoleone Ca-
nevaro y tuvo lugar en la Accademia dei Lincei del Palacio Corsini de Roma, véase en
este sentido: GONZÁLEZ CALLEJA, E.: La razón de la fuerza. Orden público, subversión
y violencia política en la España de la Restauración (1875-1927), pp. 257 y siguientes,
Centro Superior de Investigaciones Científicas, ISBN 04-00-07778-4, Madrid, 1998.
(67) Archivo Ministerio de Asuntos Exteriores, Sección Histórica, Política Exterior, circula-
res 1.899-1.902, legajo H, número 2.736.
(68) El programa de la Conferencia de Roma de 1898 era recogido por la prensa de la
época, así el periódico La Dinastía de Barcelona, p. 3, de 23 de octubre de 1898.

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Boletín de Información, número 322

No se llegó a una definición penal del anarquismo como doctrina que per-
seguía «la destrucción por medios violentos de toda organización social»,
una fórmula vaga que contó con el rechazo de varios países, no llegando
a un acuerdo unánime sobre la tipificación de «delito anarquista» y su
tratamiento policial y jurídico
La conferencia se limitó a hacer recomendaciones de cuyo desarrollo
correspondía a cada uno de los Estados participantes. Entre estas reco-
mendaciones podemos destacar:
– Impulsar medidas legislativas contra la violencia anarquista: dar una
respuesta a la preparación de actos de violencia especialmente me-
diante explosivos, la incitación, la apología y la propaganda.
– Adoptar medidas legislativas contra la propaganda anarquista en las
Fuerzas Armadas.
– En el capítulo de la coordinación internacional se estableció que las
autoridades de los distintos países se intercambiasen toda información
al respecto, y que los anarquistas extranjeros expulsados de un país
fueran enviados a su país de origen.
Los efectos prácticos de la conferencia fueron muy limitados, no se lle-
gándose a ningún acuerdo de cooperación. El único compromiso fue el
de establecer una coordinación entre la Policía de los diferentes países,
que no se produjo salvo en algún caso aislado, debido a las limitaciones
que tenían las diversas Policías y a su escasa preparación para hacer
frente a este tipo de delitos. De esta conferencia se hacía eco el periódico
La Vanguardia de Barcelona en su edición de 8 de diciembre de 1898:
«(…) Comunican de Roma que se considera fracasada la misión de
la Conferencia Internacional anunciada para reprimir la propaganda
anarquista. Los acuerdos que en ella se tomarán referíanse tan sólo
a detalles sobre la organización de la policía. El asunto capital de la
conferencia, dice el despacho a que nos referimos, ha sido aban-
donado por los representantes (…)» (69).
Hubo algún ejemplo destacable de cooperación policial, así un oficial de
Scotland Yard se trasladó a Barcelona para reorganizar la Policía espa-
ñola, Alejandro III invitó al jefe de la Policía de París para reorganizar la
Policía rusa, pero salvo la Policía inglesa, el resto de las diversas Policías

(69)  Periódico La Vanguardia de Barcelona, p. 6, 8 de diciembre de 1898.

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Boletín de Información, número 322

europeas carecían de una mínima preparación para hacer frente a este


tipo de delitos.

El fenómeno del anarquismo en la legislación comparada

El fenómeno del anarquismo recorrió principalmente Europa y Estados


Unidos, los atentados cometidos por los anarquistas fueron numerosos
y la respuesta legislativa de los países afectados fue la de aplicar una le-
gislación de carácter excepcional en materia de represión y castigo a los
anarquistas, podemos destacar algunos ejemplos:
– Francia. La Ley Dufaure del año 1872 contra la Internacional, la Ley de
29 de julio de 1881 sobre la libertad de la prensa escrita, estableciendo
restricciones cuyo fin era establecer un equilibrio entre la libertad de ex-
presión, la protección de los ciudadanos y el mantenimiento del orden
público. Las Lois scélérates de diciembre de 1893 y julio de 1894 como
un intento de penalización de la opinión anarquista y limitar la libertad
de prensa (70). El contenido de las tres leyes aprobadas en este periodo
fueron los siguientes: la primera va a condenar la apología de los ateta-
dos, la segunda definirá como asociación de malhechores a las asocia-
ciones que tengan por objeto cometer atentados, y la tercera prohibirá
todo tipo de propaganda anarquista, ley que contenía un ataque directo
a la libertad de expresión (71).
– Alemania. Ley de 9 de julio de 1884 sobre el uso criminal de materias
explosivas. Decreto de 21 de octubre de 1878 contra las tendencias

(70) «Les Lois scélérates permettant l’incrimination de l’opinion anarchiste et limitant la


liberté de la presse, les journaux anarchistes furent l’objet d’une répression excep-
tionnellement dure. La loi du 28 juillet 1894 ayant pour objet de réprimer les me-
nées anarchistes sera finalement abrogée le 23 décembre 1992.» véase trabajo en:
http://wapedia.mobi/fr/Presse_anarchiste.
(71) Como destaca George Woodcock: «Durante los años ochenta hubo en Francia unos
50 grupos anarquistas con una militancia activa media de 3.000 miembros. Hay que
añadir una gama de simpatizantes cuya fuerza queda apuntada pos el hecho de que
a finales del decenio los dos diarios anarquistas destacados en París: Le Révolté y
Le Pére Peinard vendían en conjunto mas de 10.000 ejemplares a la semana.» WOO-
DCOCK, G.: El anarquismo, editorial Ariel, p. 504, ISBN: 84-344-6513-2, Barcelona,
1979.

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Boletín de Información, número 322

revolucionarias democrático-sociales, socialistas y comunistas y cuya


vigencia expiró el mes de octubre de 1890 (72).
– Austria. Ley de 30 de enero de 1884. Ley de octubre de 1885 sobre de-
rechos de reunión, asociación y libertad de la prensa. Ley de 25 de junio
de 1886 suspendiendo los juicios por jurado en los delitos cometidos
por anarquistas.
– Bélgica. Ley 22 de mayo de 1886 y Ley de 23 de agosto de 1887.
– Bulgaria. Ley de 16 de mayo de 1907 de represión del anarquismo dic-
tada tras el asesinato del presidente del Consejo de Ministros, Nicolas
Petkov.
– Dinamarca. Leyes de 1 de abril de 1894 y de 7 de abril de 1899.
– Inglaterra. La Ley de 6 de agosto de 1861, la Ley de 14 de junio de 1875,
la Ley de 10 de abril de 1883.
– Italia. Ley de 19 de julio de 1894.
– Portugal: El gobierno portugués de Joâo Franco dicta la Ley del 13 de
febrero de 1896 en la que se prohíbe a la prensa la publicación de los
atentados, procesos y pesquisas de la Policía, así como los debates
judiciales, en esta Ley se establece la deportación de todo anarquista
a la isla de Timor.
– Suiza. Ley de 12 de abril de 1894.
– Estados Unidos. En este país, se produce una represión feroz contra
el anarquismo tras el asesinato en el año 1901 del presidente McKin-
ley (73). La primera legislación fue la Ley del estado de Nueva York de
3 de abril de 1902, seguida de la Ley del estado de Nueva Jersey en el
mismo año (única Ley promulgada en Estados Unidos que condena y
castiga las conspiraciones anarquistas). Continúa expandiéndose este
tipo de legislación en el estado de Iowa, en el estado de Ohio y en el
estado de Pensilvania, con las leyes de 31 de marzo de 1870 y de 22 de
abril de 1900. A partir del año 1908 la mayoría de los defensores de la
violencia anarquista o habían muerto o se dedicaban a actividades más

(72)  ARANDA OCAÑA, Mónica: «Movimientos anarquistas y el ius puniendi internacional»,


véase artículo en: http:// www.scribd.com/doc/6908576/Aranda-Ocana-Monica-Mo-
vimientos-Anarquistas-Y-El-Ius-Puniendi-Estatal.
(73)  El 6 de septiembre de 1901 el presidente McKinley fue tiroteado por el anarquista
León Czolgosz, falleciendo ocho días después. Czolgosz fue juzgado y condenado a
la pena de muerte. Fue electrocutado el 29 de octubre de 1901, véase en: www.word-
magicsoft.com//es-en/magnicidio.phpus.starmedia y Com/...presidentes.../9466_1.
html buscabiografias.com/semana/atentados.

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Boletín de Información, número 322

pacíficas, la era de los atentados anarquistas dio paso al anarquismo


dispuesto a actuar entre las masas.

Conclusiones

A finales del siglo XIX el desarrollo del sistema capitalista deriva en la


aparición de una clase obrera que se sitúa en ciudades industriales como
Barcelona (74), en las que la sobreexplotación, las jornadas laborales de
10 y 12 horas y los sueldos miserables que apenas permiten a las familias
sobrevivir forman parte del mapa social de esta época. A estas condi-
ciones hay que añadir el trabajo de mujeres y niños (75) en las fábricas
con las mismas jornadas laborales y en las mismas condiciones que los
hombres, pese a la publicación el 13 de marzo del año 1900 de la Ley
que regulaba las condiciones de trabajo de mujeres y niños, en la que se
prohibía contratar a los menores de 10 años, la connivencia de los em-
presarios con las autoridades hacían irreal la aplicación de la Ley.
Si esto ocurría en las ciudades, la situación del campo en España no era
mejor: largas jornadas de trabajo en condiciones muy duras, la mayoría
de los campesinos no poseían tierra propia y la temporalidad de sus tra-
bajos, les obligaba a vivir el resto del año con el dinero ganado en los me-
ses de labor. Ante semejantes condiciones de vida, nace un movimiento
obrero que va a acompañar al desarrollo del sistema capitalista y que
junto al nacimiento y expansión de las doctrinas socialistas y anarquistas
se irá radicalizando, haciendo frente a los abusos de los empresarios,
primero mediante protestas, manifestaciones y huelgas, y posteriormente
mediante atentados.
En nuestro país los distintos gobiernos reaccionaran no sólo cerrando
cualquier cauce de participación política al movimiento obrero, sino tam-
bién reprimiendo cualquier protesta frente a los abusos de los empresa-
rios, situando fuera de la Ley a las organizaciones obreras y persiguiendo
sus órganos de expresión.

(74) En el último cuarto del siglo XIX, la población obrera de Cataluña había aumentado en
unas 50.000 personas, hasta alcanzar la cifra de 280.000 en el año 1900. «El trabajo
infantil en la industria de Barcelona, según el Censo Obrero de 1905», véase artículo en:
http://www.ucm.es/BUCM/cee/expo/0021.htm.
(75) Ibídem, la cifra de «niños» y «niñas» trabajadores, según el Ayuntamiento de Barcelona
en el año 1905, era de 22.245.

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Boletín de Información, número 322

La respuesta del legislador frente a los atentados anarquistas, atentados


que algunos autores definen ya como el nacimiento del terrorismo mo-
derno (David Rapoport destaca que el terrorismo moderno comenzó en
la década de 1880):
«Donde surgieron pequeños grupos en muchos países, grupos ca-
paces a aterrorizar a las masas porque la invención de la dinamita
les dio poderes que ningún grupo pequeño había tenido antes y la
bomba ha continuado siendo la principal arma del terrorismo mo-
derno») (76).
Fue la de elaborar una legislación de carácter especial para hacer frente
al problema global del anarquismo: no sólo se trataba de combatir los
atentados con una legislación en la que se establecían nuevos tipos pe-
nales y un agravamiento de las penas hasta el momento establecidas,
sino que su objetivo era el de hacer frente a una doctrina que el poder
político consideraba en sí una amenaza contra el Estado.
La repercusión de los atentados anarquistas llegó a ser tan importante
que además de establecerse una rigurosa legislación antianarquista, se
reúne en Roma en el año 1898 una conferencia internacional de gobier-
nos cuyo objetivo fue el de concentrar medios para la supresión del anar-
quismo y cuyos resultados no fueron los esperados ya que no tomaría
acuerdos vinculantes sino que simplemente se limitó a hacer recomen-
daciones a los Estados participantes.
Si la Ley Penal la entendemos dictada en una época y para un conjunto
de condiciones, modificadas las circunstancias, la Ley cambia y como
destaca Von Liszt:
«La Ley permanece justa pero inoportuna: vigente, pero inaplicable.
No hay concordancia en la analogía gramatical de la Ley. Entonces
aparece un Derecho Penal común extraordinario» (77).
Los actos delictivos que el legislador estima de extraordinaria gravedad
enfrentan la necesidad de una respuesta más enérgica y es aquí donde

(76)  RAPOPORT, David C.: «Entonces y ahora: la importancia o la insignificancia de los


paralelismos», Fundación «Manuel Jiménez Abad» de Estudios Parlamentarios y del
Estado Autonómico, 2006, véase ponencia en: http://www fundacionmgimenezabad.
es/ images/stories/terrorismo/traduccion_david_rapoport_2006.doc.
(77)  LISZT, F. von (ed.): Tratado de Derecho Penal, opus citada, pp. 348 y siguientes, Va-
lletta Ediciones, 2007.

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Boletín de Información, número 322

extiende una legislación que pretende determinar penas más graves, y es


entonces cuando aparece un Derecho Penal común extraordinario.
Entre los años 1894 y 1896 se aprobaron leyes sucesivamente más du-
ras, a la Ley del año 1894 fruto de un gobierno liberal la siguió la de 1896
de un gobierno conservador, condicionada de temporalidad en su artícu-
lo séptimo, y como destaca acertadamente Von Liszt:
«Valiente en su título y sus preceptos, de franca represión contra
los anarquistas como enemigos de la sociedad, (…) era un buen
ejemplar de Derecho Penal extraordinario. Tan eficaz era que el
anarquismo condenó por ella a muerte a Cánovas del Castillo, su
autor» (78).
Ley si vigor a los tres años, prorrogada por otro mes más, y que finalmen-
te cedió su lugar a la primera. Al comienzo del nuevo siglo el legislador
contempló varios proyectos que nunca llegaron a materializarse, y así, no
hubo una utilización adecuada de los instrumentos legales para reprimir
las actividades terroristas de los grupos anarquistas.
La forma en que el Estado español se enfrentó en esta época al problema
del terrorismo, las medidas legislativas, judiciales y penitenciarias, inclu-
so la metodología policial, en sus aciertos y en sus errores, van a verse
repetidas siempre que la confrontación aparezca a lo largo de la historia
de España, como sostiene Rapoport:
«El terrorismo moderno refleja siempre la esperanza y la ira de una
“nueva” generación y la importancia del tiempo en política rara vez
se aprecia» (79).
Los paralelismos y las similitudes entre esta primera oleada de actividad
terrorista y la actual oleada de terrorismo yihadista nos sorprende: la ne-
cesidad de la cooperación internacional para hacer frente a las manifes-
taciones de actividad terrorista, el papel de los medios de comunicación
en la expansión mediática de los atentados, el empleo por parte de los
Estados de una equivocada respuesta basada en la acción-represión-
acción que no va hacer sino prolongar especialmente la actividad terro-
rista, la necesaria cooperación policial, grupos o personas que de forma
individual, actúan en varios países a la vez sin que una organización cen-

(78)  Ibídem, pp. 348 y siguientes.


(79)  RAPOPORT, David C.: «Entonces y ahora: la importancia o a insignificancia de los pa-
ralelismos», opus citada, 2006.

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Boletín de Información, número 322

tral controle o coordine a los mismos y el martirio como rasgo esencial


del terrorismo, será en esta primera y en la cuarta oleada de terrorismo
moderno donde vamos a ver convertido el martirio en un rasgo esencial
de la actividad terrorista.
El empleo de la violencia y el terror por determinados grupos de ideología
anarquista fue un intento por romper el aislamiento y el cierre del sistema
político al movimiento obrero que junto a la represión a sus organizacio-
nes y a sus medios de expresión, colocaron a los mismos a la defensiva.
El fracaso de su táctica basada en atentados cuyo objetivo era la elimina-
ción de grandes personalidades determinará que estos grupos opten en
el futuro por una nueva estrategia: una lucha basada en la acción sindical
y en la movilización de masas.

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Boletín de Información, número 322

EL SÁHARA OCCIDENTAL Y LA SEGURIDAD


DE ESPAÑA: EVOLUCIÓN DE LA CUESTIÓN
TRAS LA OCUPACIÓN MARROQUÍ

Carlos Ruiz Miguel


Catedrático de Derecho Constitucional
de la Universidad de Santiago de Compostela

Aunque el conflicto del Sáhara Occidental presente varias aristas quizá sean la
jurídica y la política las que presenten mayor interés pues aunque algunos tra-
ten de contraponerlas, una atenta lectura las revela complementarias. Jurídica-
mente, el conflicto del Sáhara Occidental siempre ha tenido una solución muy
clara: el pueblo saharaui tiene un derecho, internacionalmente reconocido, a
la autodeterminación y la independencia, que se debe ejercer por medio de un
referéndum de autodeterminación. Es esa claridad jurídica la que ha provoca-
do un encarnizamiento político por parte de quien no tiene reconocido derecho
a poseer el territorio. Para justificar la ocupación Marruecos ha utilizado diver-
sos argumentos en función de las circunstancias políticas: desde la lucha con-
tra el «comunismo» al combate contra el «terrorismo» y el llamado «yihadismo».
Sin embargo, la tesis que se defiende es que eso sólo son argumentos falaces
dirigidos a ocultar la verdadera causa: el expansionismo territorial marroquí.
La conclusión es obvia: la defensa de la integridad territorial española frente a ese
expansionismo exige la defensa de la independencia del Sáhara Occidental.

Introducción

El propósito de este artículo es indagar en el conflicto del Sáhara Occi-


dental distinguiendo lo jurídico de lo político para hacer más compren-
sible lo primero y más viable lo segundo. Se pretende argumentar, en
primer lugar, que el conflicto del Sáhara Occidental, jurídicamente, prác-
ticamente ha agotado todas sus posibilidades de reconfiguración y que
están consagrados una serie de principios que debe respetar cualquier
iniciativa política que no quiera estar condenada al fracaso.

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Boletín de Información, número 322

En segundo lugar, se quiere argumentar que el futuro de nuestra segu-


ridad y de la de toda la región magrebí depende en una extraordinaria
medida de la solución que se dé a este conflicto.
Todos los materiales normativos citados se pueden consultar en la siguiente
dirección: http://www.umdraiga.com/documentos/indicedocumentos.htm

El conflicto desde el Derecho: los límites de la política

Primera fase. Definición del derecho a la autodeterminación


El conflicto del Sáhara Occidental se plantea internacionalmente desde
el momento en el que España, en lugar de llevar a cabo una verdadera
«anexión» del territorio (como la que han operado el Reino Unido y Fran-
cia con algunas posesiones americanas) decide adoptar en el año 1958
una falsa política de «provincialización» de sus posesiones africanas.
En virtud de la misma, el Sáhara se convertía nominalmente en «provin-
cia» pero con un régimen jurídico distinto de las «provincias». En estas
circunstancias la «españolidad» del territorio era indefendible y desde el
Ministerio de Asuntos Exteriores se impulsó su descolonización. Desde
comienzos de la década de los años sesenta, España inscribió a Ifni y al
Sáhara Occidental como «territorios no autónomos», esto es, como colo-
nias en la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Será en el año 1965 cuando se dicte la primera resolución de la Asam-
blea General de la ONU instando a la descolonización de esos dos terri-
torios, resolución 2072. Esta resolución, que no menciona a Marruecos,
pide a España que adopte inmediatamente todas las medidas necesa-
rias para la liberación de los territorios de Ifni y del Sáhara español de la
dominación colonial y que, con este fin, emprenda negociaciones sobre
los problemas relativos a la soberanía presentados por estos dos terri-
torios. Sin embargo, dado que los problemas relativos a la soberanía
eran distintos a partir del año 1966 la ONU determinará el procedimien-
to a seguir. Así, la resolución 2229 invita a España:
«A determinar lo antes posible, de conformidad con las aspiracio-
nes de la población autóctonas del Sáhara español y en consulta
con los Gobiernos de Marruecos y de Mauritania y con cualquier
otra parte interesada, los procedimientos para la celebración de
un referéndum bajo los auspicios de Naciones Unidas con miras a

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Boletín de Información, número 322

permitir a la población autóctona del territorio que ejerza sin trabas


su derecho a la libre determinación.»
Además, entre otras cosas, solicita a España que tome:
«Todas las medidas necesarias a fin de asegurar que sólo la po-
blación autóctona del territorio participe en el referéndum» y que
se abstenga de «adoptar cualquier medida que pueda demorar el
proceso de descolonización del Sáhara español.»
A esta resolución siguieron anualmente otras (menos en 1971) que reite-
raron esta doctrina.
En esta primera fase quedaron claramente perfilados los principios que
debían regir la solución del conflicto. Son estos cuatro:
1. El Sáhara Occidental es un supuesto de descolonización.
2. Implícitamente se declara que, dado que el Sáhara Occidental no for-
maba parte de la «integridad territorial» de otro Estado la descoloniza-
ción no debe hacerse por «reintegración» a ese otro Estado.
3. El método de descolonización, que no es la «reintegración» del territo-
rio al Estado del que antes formaba parte es el «referéndum de auto-
determinación».
4. El derecho a la libre determinación corresponde, únicamente a la «po-
blación autóctona» del territorio.

Cuestionamiento y confirmación del derecho de autodeterminación

Después de numerosas vacilaciones, fruto de la presión marroquí y de


la indeterminación española, finalmente, en el año 1974, España decide
convocar un referéndum de autodeterminación. A tal efecto elabora el
ya famoso «censo de 1974». Un año antes, en 1973, se fundó el Frente
Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Frente Poli-
sario) que poco a poco fue ganando el apoyo mayoritario de la población.
Marruecos, al comprobar que el momento inexorable del referéndum se
acercaba y quye el resultado indudable era la elección de la opción inde-
pendentista ideó una estrategia para demorar su celebración.
Esa estrategia consiguió en convencer a la mayoría de los Estados miem-
bros de la ONU de que la comunidad internacional podía estar equivo-
cándose en el método adoptado para descolonizar el Sáhara porque
ese territorio podía haber sido de soberanía marroquí. De ser cierta esta
alegación, el método de descolonización ya no sería un referéndum de

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Boletín de Información, número 322

autodeterminación, sino una «retrocesión» o «reintegración» del mismo


al país del que fue desprendido. De esta forma, la Asamblea General
de Naciones Unidas emitió una resolución 3292 en la que solicitaba un
dictamen del Tribunal Internacional de Justicia para que éste resolviese
estas cuestiones:
1. ¿Era el Sáhara un territorio sin dueño en el momento de la colonización
española?
2. De no ser territorio «sin dueño» ¿qué vínculos existían entre el Sáhara
y Marruecos y Mauritania (llamada «complejo mauritano»)?
El Tribunal Internacional de Justicia emitió su dictamen el 16 de octubre
de 1975 y el mismo contestó a ambas preguntas. En primer lugar, sostu-
vo que el Sáhara no era un territorio sin dueño, sino que estaba dominado
por organizaciones políticas saharauis. En segundo lugar, ese territorio
que era de los saharauis, nunca estuvo sometido a la soberanía o a otro
vínculo jurídico territorial con Marruecos o el complejo mauritano.
De esta forma, el Tribunal Internacional de Justicia confirmaba en todos
sus términos la doctrina que había sentado la Asamblea General de la
ONU y además, consignaba expresamente lo que sólo implícitamente
decían esas resoluciones: que el Sáhara Occidental no formaba parte de
la «integridad territorial» de Marruecos ni de Mauritania razón por la cual
su descolonización no podía hacerse mediante «devolución» o «reinte-
gración» a estos países.

La negación de la autodeterminación y el intento de anexión


La publicación del dictamen del Tribunal de La Haya fue un durísimo gol-
pe para Marruecos, pero Hassán II, hábilmente, dio el caso por ganado
al mismo tiempo que anunciaba su invasión para «tomar lo que se ha
declarado como nuestro». En su tarea contó con la clara complicidad de
España, cuyo Gobierno se dividió en dos direcciones: una entreguista y
la otra partidaria de la legalidad internacional.
El 26 de octubre, Marruecos lanzaba la invasión del territorio. Ese día por
la frontera oriental penetra el Ejército marroquí ocupando puestos que,
previo pacto con el sector entreguista había abandonado España. Por
la frontera occidental se preparaba la invasión «pacífica» de la Marcha
Verde. El sector entreguista español pactó con Marruecos una concesión
simbólica significativa: dejar que la Marcha Verde penetrara unos kilóme-
tros en el territorio del Sáhara español y allí se detuviera la misma.

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Bajo la presión pública de la Marcha Verde y la presión oculta a la opinión


pública española de la invasión militar marroquí del territorio se decidió
la entrega del territorio. Pero la entrega se quiso vestir con formalidades
jurídicas. Este es el origen de los Acuerdos de Madrid compuestos por
una declaración política «pública» (se registró en la ONU aunque no se
publicó en el Boletín Oficial del Estado) y unos acuerdos secretos anexos
(en buena medida revelados por la revista Interviu cuatro años después).
El Acuerdo de Madrid, del que fueron partes: España, Marruecos y Mauri-
tania, fue una decisión política del sector entreguista, pero su formalización
jurídica se encomendó al sector partidario de la legalidad internacional.
Este sector, al redactar el acuerdo, puso en el mismo una serie de «tram-
pas» destinadas a desvirtuar en el futuro esa decisión política de entrega
del Sáhara. ¿Cuáles eran esas trampas? Las fundamentales eran tres:
1. El Acuerdo no transfiere la «soberanía» del territorio, sino que pretende
cambiar el estatus de la «adminstración» del mismo.
2. El Acuerdo preveía que sería «respetada la opinión de la población sa-
haraui, expresada a través de la Yemaá, pero la opinión de esta asam-
blea nunca sustituir la necesidad de celebrar un referéndum de auto-
determinación.
3. El Acuerdo establecía que «España procederá de inmediato a instituir una
Administración temporal en el territorio en la que participarán Marruecos
y Mauritania en colaboración con la Yemaá y a la cual serán transmitidas
las responsabilidades y poderes» y que «la terminación de la presencia
española en el territorio se llevará a efecto definitivamente, antes del 28
de febrero de 1976». Esto significaba que España modificaba su estatus
jurídico y de ser administradora única del territorio se convería en coadmi-
nistradora dentro de una administración que era temporal (como máximo
hasta el 28 de febrero de 1976) y tripartita (con Marruecos y Mauritania).
En consecuencia, después de esa fecha Marruecos y Mauritania dejaban
de tener un título jurídico que legitimara su presencia, porque esa presen-
cia se legitimaba únicamente en cuanto participantes en esa «administra-
ción temporal» que España instituía.

La ocupación y reparto del territorio y la fundación


de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD)
España abandonó el territorio dos días antes de la expiración del plazo: el
26 de febrero de 1976. Este abandono tuvo tres consecuencias:

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Boletín de Información, número 322

1. España incumplía con los preceptos de la Carta de Naciones Unidas


que no le permitían abandonar sin más la administración de la colonia.
2. Marruecos y Mauritania quedaban privadas de título jurídico para legi-
timar su presencia en el territorio.
3. Se producía un vacío jurídico.
Inmediatamente después de que se produjera ese vacío jurídico, el 27 de
febrero, se funda la RASD que se convierte así en un actor que reivindica
la soberanía sobre todo el territorio.
Sin embargo, Marruecos y Mauritania, amparados en la fuerza militar, de-
ciden permanecer en el territorio. En ese momento, en lugar de proceder
a organizar un referéndum de autodeterminación, siquiera como «admi-
nistradores de facto», deciden anexionarse y repartirse formalmente el
Sáhara.
Contra lo que suele decirse, si bien el acuerdo político de reparto del
Sáhara se produce en el año 1975, desde un punto de vista jurídico ese
reparto sólo se lleva a cabo en 1976. El 14 de abril de 1976, Marruecos y
Mauritania firman un tratado de delimitación de sus fronteras de Estado.
La firma de este tratado tiene una importancia extraordinaria que pocas
veces es resaltada. Este tratado supone:
1. La anexión del Sáhara por Marruecos y Mauritania.
2. La consiguiente negación del derecho de autodeterminación que había
sido reconocido por varias resoluciones de la Asamblea General de la
ONU y por el Tribunal Internacional de Justicia.
3. La confesión por parte de Marruecos de que la región sur del Sáhara
(Tiris el Garbia, con capital en Villa Cisneros) en ningún caso forma par-
te de la «integridad territorial» de Marruecos pues el propio Marruecos
considera que forma parte de la «integridad territorial» de otro Estado:
Mauritania.

La guerra y la confirmación del Derecho Internacional


vigente sobre la cuestión

Desde antes de que se produjera el abandono español, desde que las


tropas marroquíes invaden el Sáhara el 26 de octubre de 1975, se pro-
ducen enfrentamientos entre Marruecos y el Frente Polisario. A finales de
ese año, en La Güera, el Frente Polisario se enfrenta a Mauritania. A partir
de aquí, la guerra de guerrillas se generaliza. En esta primera fase, antes

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Boletín de Información, número 322

del definitivo abandono español, buena parte de la población civil decide


huir de las ciudades para refugiarse, inicialmente, en el interior del desier-
to. Sin embargo, Marruecos bombardeó con napalm y fósforo blanco los
asentamientos de refugiados en el interior, lo que motivó que los mismos
se establecieran en Tinduf, dentro del territorio argelino. Esta fase bélica
durará del año 1975 hasta el año 1991. En 1979, Mauritania se retiró de
la contienda abandonando la parte del Sáhara que le correspondió en el
año 1976.
Durante el desarrollo de la guerra no habrá grandes acontecimientos jurí-
dicos. Si acaso, lo más llamativo es que la Asamblea General de la ONU,
en sendas resoluciones de 1979 (34/37) y 1980 (35/19) introducirán dos
elementos nuevos:
1. Se calificó la presencia marroquí como «ocupación» que es deplorada.
En consecuencia, la Asamblea General de la ONU negó que Marrue-
cos pudiera tener, no ya la «soberanía» del territorio, sino ni siquiera la
«administración» del mismo.
2. Se consideró que el conflicto opone a dos partes, Marruecos por un
lado y el Frente Polisario, definido como representante legítimo del
pueblo saharaui, por otro.

El Plan de Paz de los años 1990-1991

La construcción, desde el año 1981 hasta 1987, de los muros defen-


sivos marroquíes y su posterior mantenimiento, si bien tenía un coste
económico enorme para Marruecos, privó al Frente Polisario de la po-
sibilidad de entrar en las principales poblaciones del territorio. En esta
situación de relativo empate, las dos partes dieron su acuerdo a un
«Plan de Paz» que, gestado en el seno de la Organización para la Uni-
dad Africana (OUA), fue acordado por Marruecos y el Frente Polisario el
30 de agosto de 1988. Ese Plan, fruto del «mutuo acuerdo» fue asumido
por el propio Consejo de Seguridad que lo aprobó en sus resoluciones
658 (1990), 690 (1991) y 725 (1991) que exigían a las partes que coope-
raran plenamente en su aplicación. El Plan de Paz se caracterizaba por
las siguientes notas básicas que confirmaban la doctrina establecida
desde el año 1966:
1. Reconocía que el Sáhara es un conflicto entre dos partes, Marruecos y
el Frente Polisario, en el que hay dos Estados observadores con inte-
reses: Argelia y Mauritania.

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Boletín de Información, número 322

2. El Sáhara es un supuesto de descolonización lo que supone negar que


forme parte de la «integridad territorial» marroquí.
3. Esa descolonización debía hacerse mediante un referéndum de auto-
determinación.
4. El censo de votantes debía estar basado en el que confeccionó España
en el año 1974 que comprendía sólo a la «población autóctona» del
territorio.
5. Alto el fuego (el último acto bélico fue el 6 de septiembre de 1991) su-
pervisado por la ONU.
6. Establecimiento de una Misión de Naciones Unidas para el Referén-
dum en el Sáhara Occidental (MINURSO) que debía supervisar el alto
el fuego, pero también los preparativos y el acto del referéndum.

Disensiones, nuevo acuerdo, aparición de James Baker,


terminación del censo y bloqueo

El Plan de Paz preveía la celebración de un referéndum en menos de


un año después del alto el fuego. Sin embargo, aunque el alto el fuego
entró en vigor el 6 de septiembre de 1991, el año 1992 terminó sin que
pudiera celebrarse el referéndum. La razón es que Marruecos se mostró
en disconformidad con el censo español del año 1974, que intentó des-
prestigiar y puso innumerables trabas al nuevo censo que debía sustituir
a aquél aunque estuviese «basado» en aquél.
El bloqueo de la situación llevó a que el secretario general de la ONU en
ese momento, Kofi Annan, designara a James Baker III, como su enviado
personal para solucionar el conflicto. James Baker, rodeado del prestigio
internacional que le confirió el haber sido el gran artífice de la coalición
internacional que liberó a Kuwait de la invasión iraquí en el año 1991,
consiguió resucitar el Plan de Paz. A tal efecto, Marruecos y el Frente
Polisario firmaron su aceptación de los Acuerdos de Houston del año
1997 que detallaban las previsiones del Plan de Paz de 1990-1991. Estos
acuerdos fueron aprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU re-
solución 1133 (1997).
Después de la aprobación de los Acuerdos de Houston, surgieron nuevas
disensiones entre las partes que James Baker consiguió superar en nue-
vos acuerdos alcanzados en el año 1999 que también fueron aprobados
por el Consejo de Seguridad.

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Boletín de Información, número 322

A finales del año 1999, se terminó de confeccionar el nuevo censo que iba
a sustituir al español de 1974. Ese censo se publicó en enero de 2000. De
acuerdo con el mismo, a partir de una cifra total de 198.469 candidatos
entrevistados, fueron 86.386 las personas declaradas como saharauis y
112.083 las que fueron descalificadas como «no saharauis». Por más que
la mayoría de los declarados saharauis viviera en el Sáhara ocupado por
Marruecos, este país tenía el fundado temor de perder el referéndum.
En ese momento, presentó 120.000 apelaciones con la idea de bloquear
el referéndum. Marruecos, con el apoyo de Francia y de Estados Unidos
consigue que el Consejo de Seguridad paralice la continuación del pro-
ceso. En lugar de estudiar las apelaciones presentadas por Marruecos,
el Consejo de Seguridad decide buscar nuevas alternativas, dando así
implícitamente por enterrado el Plan de Paz.

Búsqueda de soluciones alternativas

Tras el bloqueo del Plan de Paz se tantearon varias alternativas al mismo.


Estas alternativas quedaron hipotecadas y marcadas por un hecho fun-
damental: en mayo de 2001, el presidente recibió una información confi-
dencial importante: el litoral mauritano, colindante con el saharaui, había
petróleo.
La primera de esas alternativas fue el llamado Plan Baker I presentado en
el año 2001. Este Plan, en realidad, suponía:
1. Reconocer la anexión marroquí del Sáhara.
2. Establecer un régimen de cierta autonomía en el territorio, aunque sin
suficientes garantías.
3. Celebrar después de un referéndum que no contendría la opción de
independencia.
El Plan Baker I se separaba radicalmente de la doctrina establecida por
la ONU. Lo cierto es que el Consejo de Seguridad, se negó a apoyarlo y,
en su lugar, en la importante resolución 1429 (30 de julio de 2002) reitera
que sólo admitirá una alternativa que incluya el «derecho a la libre deter-
minación» del pueblo saharaui.
La segunda alternativa, sugerida por Baker, pero no tomada en conside-
ración por el Consejo de Seguridad, fue la partición del territorio. Aun-
que esta opción contaba a su favor con el hecho de que Marruecos ya
había accedido a la misma en el pasado (reparto con Mauritania en el

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Boletín de Información, número 322

año 1976) tenía ahora algunos inconvenientes. El fundamental es que


de acuerdo con informaciones secretas mauritanas, que probablemente
fueron conocidas por Marruecos, el espacio marítimo de la región sur del
Sáhara probablemente contenía petróleo, ya que en las aguas mauritanas
colindantes quedó probada esta posibilidad (en el año 2005 empezará a
exportarse petróleo mauritano de yacimientos off-shore).
Se llegaron a sugerir otras alternativas, como la administración directa
del territorio por Naciones Unidas, pero el Consejo de Seguridad no las
tuvo en cuenta.

La contundente reafirmación
del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui

Como se ha expuesto, los Servicios de Inteligencia marroquíes consiguie-


ron hacerse con la información que obraba en poder de las autoridades
mauritanas acerca de las posibilidades petrolíferas del litoral sahariano. A
tal efecto, en el año 2001, Marruecos, para hacerse con el apoyo de Es-
tados Unidos y Francia a la anexión del Sáhara Occidental, otorgó sendas
concesiones petrolíferas a la compañía francesa Total (en el litoral del sur
del Sáhara colindante con el mauritano en el que estaba confirmada la
presencia de petróleo) y a la compañía norteamericana Kerr-McGee (en
las aguas del norte del Sáhara).
El hecho de que Marruecos consiguiera «enterrar» el proceso de autode-
terminación iniciado con el Plan de Paz y continuado con los Acuerdos
de Houston no significó un reconocimiento de la anexión ni de ningún
pretendido «derecho» marroquí sobre el territorio absolutamente necesa-
rio para proceder a la explotación económica de los recursos (fundamen-
talmente, petróleo, del que Marruecos tiene una dependencia exterior
total). Antes bien, aunque en el nivel práctico la resolución del conflicto
quedó bloqueada, en el nivel doctrinal, los principios establecidos desde
el año 1966 fueron nuevamente reafirmados con fuerza. Tres hechos son
sobresalientes a este respecto: la resolución de la Asamblea General del
año 2001 que niega su apoyo al Plan Baker I, el dictamen de Hans Corell
del año 2002 y el Plan Baker II del año 2003:
1. En las habituales discusiones sobre el asunto del Sáhara en la IV Comi-
sión en octubre de 2001, Francia intentó modificar la postura habitual
de la Unión Europea, favorable a la autodeterminación del pueblo sa-
haraui. Sin embargo, los países europeos suelen tomar especialmente

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Boletín de Información, número 322

en consideración la postura española como antigua potencia colonial


que se considera mejor informada del asunto. El Gobierno español
abortó la maniobra francesa y, como resultado de ello, la Unión Eu-
ropea no avaló la iniciativa francesa de apoyar el Plan Baker I, o sea la
anexión. A finales de ese mes, Marruecos retiró a su embajador de Es-
paña. Finalmente, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución
56/69 (2001) reiterando su apoyo al derecho a la libre determinación
del pueblo saharaui y, consiguientemente, rechazando la anexión que
preconizaba el Plan Baker I.
2. Por esas fechas, el 13 de noviembre de 2001, la Presidencia del Con-
sejo de Seguridad solicitó al Departamento Jurídico de Naciones Uni-
das un dictamen sobre la legalidad de los contratos petrolíferos que
Marruecos había aprobado en beneficio de la empresa francesa Total
y la norteamericana Kerr McGee. El dictamen, publicado el 29 de enero
de 2002 es demoledor. No sólo establece que la explotación de los re-
cursos naturales por Marruecos es contraria al Derecho Internacional,
sino que incluso niega a Marruecos la cualidad de «potencia adminis-
tradora» del Sáhara Occidental al negar validez al Acuerdo de Madrid.
Según este dictamen, España no pudo transferir unilateralmente su
cualidad de potencia administradora a Marruecos.
3. En julio de 2002, el Consejo de Seguridad reitera su apoyo al derecho
a la autodeterminación (resolución 1429). A finales del año 2002 James
Baker prepara una nueva propuesta: el Plan Baker II. Este nuevo Plan es
presentado a las partes a comienzos de 2003. En julio de 2003, el Consejo
de Seguridad, mediante su resolución 1495 si bien no «aprueba» el mismo
lo «avala» y pide por unanimidad a las partes que lo «aprueben» y lo «apli-
quen» tal cual está. El Plan Baker II confirma casi toda la doctrina anterior
de la ONU, aunque introduce una importante modificación en la misma.
Según este plan los principios que rigen la solución del conflicto son:
– Reconocía que el Sáhara es un conflicto entre dos partes: Marruecos
y el Frente Polisario, en el que hay dos Estados observadores con
intereses: Argelia y Mauritania.
– El Sáhara Occidental es un supuesto de descolonización.
– El Sáhara Occidental no forma parte de la «integridad territorial» de
Marruecos y por ello la descolonización no debe hacerse por «rein-
tegración» a ese país.
– El método de descolonización, que no es la «reintegración» del te-
rritorio al Estado del que antes formaba parte es el referéndum de
autodeterminación.

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Boletín de Información, número 322

– El derecho a la libre determinación ya no corresponde únicamente a


la «población autóctona» del territorio, pues en la decisión transcen-
dental sobre el futuro del territorio participará la población no autóc-
tona que lleve establecida desde el año 1999.
Este último punto supone una modificación de la doctrina establecida
expresamente por la Asamblea General desde el año 1966 y por el dicta-
men del Tribunal Internacional de Justicia, así como implícitamente por el
Consejo de Seguridad al establecer desde el año 1990 que el censo debe
basarse en el español de 1974. Esto es lo que explica que, inicialmente,
el Frente Polisario rechazara este plan. Sin embargo, en un movimiento
sorpresa a principios de julio de 2003 decidió aceptarlo. Marruecos, al re-
chazar un plan aceptado por el Frente Polisario y avalado unánimemente
por el Consejo de Seguridad quedó aislado.

Fracaso de las negociaciones directas


y fallido intento marroquí de modificar la doctrina de la ONU
El Plan Baker II significó que la resistencia marroquí había conseguido la
modificación de uno de los aspectos que definían la doctrina de la ONU
sobre el conflicto desde el año 1966 y que centró el litigio entre Marrue-
cos y el Frente Polisario en toda la década de los años noventa: a saber,
el relativo a la confección del censo de forma que en el referéndum pudie-
ran participar los colonos marroquíes además de la población autóctona.
Ese logro parcial quizás explica la nueva política marroquí respecto al
Plan Baker II dirigida a modificar otros puntos de la doctrina internacional
sobre el conflicto. Ahora bien, los intentos marroquíes se dirigen ahora,
no a anular un aspecto de la doctrina de la ONU, sino a anularla en su
integridad. En efecto:
1. En lugar de considerar que las partes en el conflicto son Marruecos y el
Frente Polisario se pretende que las partes sean: Marruecos y Argelia
o, en su defecto: Marruecos, Argelia y el Frente Polisario.
2. En lugar de considerar que el asunto del Sáhara es un supuesto de
«descolonización» se trataría de una disputa interestatal.
3. Al no haber «descolonización» alguna, el Sáhara Occidental quedaría
consagrado como parte de la «integridad territorial» de Marruecos.
4. Al no haber «descolonización» de un territorio que ya forma parte de la
«integridad territorial» de Marruecos no ha lugar a la celebración de un
referéndum de autodeterminación para resolver el conflicto sino que
esto debe hacerse mediante un «acuerdo político».

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Boletín de Información, número 322

5. De celebrarse algún referéndum este será únicamente confirmativo de


ese «acuerdo político» y, por supuesto, en el mismo participarán los
colonos marroquíes (e incluso todos los marroquíes) y no sólo la po-
blación autóctona saharaui.
A este intento de desvirtuar la legalidad internacional respondieron inicia-
tivas como la respuesta «definitiva» de Marruecos al Plan Baker II elabo-
rada en abril de 2004 y el memorándum que Marruecos elevó al Consejo
de Seguridad en septiembre de 2004.
Sin embargo, el Consejo de Seguridad ha rechazado estas pretensiones
marroquíes. Así, la resolución 1541 del mes de abril del año 2004, supone
un rechazo de las ideas expuestas por Marruecos en su respuesta «de-
finitiva» al Plan Baker II. Por su parte, la resolución 1570 de octubre del
año 2004 no es otra cosa sino una negación de las pretensiones emitidas
en el memorándum marroquí de un mes antes.
Después del cambio de gobierno producido en España en las elecciones
producidas unos días después del atentado del 11 de marzo de 2004,
el nuevo Gobierno español decidió respaldar la posición marroquí y su
rechazo al Plan Baker, con el argumento de que la solución vendría, no
por la imposición de un plan por el Consejo de Seguridad, sino por ne-
gociaciones directas entre las partes. En este contexto el presidente nor-
teamericano, Bush jr., también dejó de apoyar a Baker y éste dimitió de
su cargo en junio de 2004. Se produjo, como era de esperar, un bloqueo
de la situación que se intentó superar, inútilmente, con negociaciones
directas entre Marruecos y el Frente Polisario, un mecanismo que Baker,
ya en el año 2003, dijo que no sólo era infructuoso sino además contra-
producente.
El bloqueo del proceso de descolonización provocó el estallido de la Inti-
fada saharaui en mayo de 2005. La nueva represión desencadenada por
Marruecos en el nuevo contexto de mayor globalización de la información
ha supuesto que la cuestión de los derechos humanos pase al primer pla-
no en el conflicto del Sáhara Occidental. Y algo parecido ha ocurrido con
la cuestión de la violación de los derechos humanos de tipo económico
provocada por el expolio marroquí de los recursos naturales del pueblo
saharaui.
Unos meses después de estallar la Intifada, en julio de 2005, el secretario
general de la ONU nombró un nuevo enviado personal, para el Sáhara Oc-

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Boletín de Información, número 322

cidental, Peter Van Walsum. En abril de 2007, tanto Marruecos como el


Frente Polisario presentaron, casi simultáneamente, sendas propuestas
para superar el bloqueo: Marruecos un referéndum sobre una propuesta
de «autonomía» sin opción de independencia; y el Frente Polisario un
plan de relaciones privilegiadas de la RASD con Marruecos. El Consejo
de Seguridad, ignorando las advertencias de Baker, aprobó a finales de
ese mes su resolución 1754 que preconizaba entre ambos:
«Negociaciones de buena fe sin condiciones previas, teniendo pre-
sentes los acontecimientos de los últimos meses, con miras a lograr
una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que
conduzca a la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental.»
Tras esta resolución se celebraron cuatro rondas de negociaciones direc-
tas en Manhasset, cerca de Nueva York que fueron un absoluto fracaso.
El fracaso de las negociaciones directas en Manhasset fue también el
fracaso de Walsum del que prescindió el secretario general de la ONU en
agosto de 2008. El secretario general decidió entonces nombrar como
su enviado personal a Christopher Ross, un diplomático norteamericano
experto en cuestiones árabes. Ross ha intentando introducir enfoques
novedosos para resucitar el proceso, entre otros, el de realizar «encuen-
tros informales» entre las partes, pero sus intentos han chocado con la
intransigencia marroquí.

Frente al bloqueo, la ONU reafirma que la paz


y la seguridad vendrán por el referéndum
Marruecos fracasó en su intento de que las negociaciones directas se
articularan dando primacía a su propuesta frente a la propuesta saharaui.
Esto revela que no parece haber posibilidades de que Marruecos cambie
la doctrina de la ONU. Aunque ciertamente ya ha conseguido cambiar
algún punto de la misma (la inclusión de los colonos en el referéndum que
decida el destino del territorio en el Plan Baker del año 2003) creo que
es difícil, por no decir, imposible, avalar la anexión, entre otras razones
porque una tal mutación significaría, pura y sencillamente, que la ONU ha
estado divagando sobre el vacío desde hace 40 años.
El «acuerdo político» con el que Marruecos dice desear poner fin al
conflicto sólo sería viable si el Frente Polisario accediera a él. Pero
¿cómo conseguir la aceptación del mismo? Toda la esperanza de
Marruecos reside en que las principales potencias presionen, no al

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Boletín de Información, número 322

ocupante, sino al Frente Polisario para que deponga su resistencia


algo que en todos estos años no ha sido posible. Si la propuesta de
un «acuerdo político» fuera sincera habría que acordar alguna suerte
de partición. La partición no es una solución acorde con el Derecho
Internacional vigente, pero si fuera aceptada por el Frente Polisario
significaría que nadie impugnaría esa solución ante la comunidad in-
ternacional cerrando así el conflicto jurídico.
Ahora bien, la propia idea de «acuerdo político» entre las dirigencias ma-
rroquí y saharaui ha quedado en crisis tras el desencadenamiento de las
revoluciones árabes desde finales del año 2010. Ross ha captado la re-
levancia histórica del hecho. En su informe presentado en abril de 2011,
el secretario general de Naciones Unidas, recogiendo las indicaciones de
Ross, postula algunas ideas novedosas. Sin embargo, su conclusión es
rotunda:
«Lo que está claro es que un acuerdo sobre un estatuto definitivo
sobre el que esta población no haya expresado su opinión de forma
clara y convincente probablemente generará nuevas tensiones en
el Sáhara Occidental y en la región.»
O lo que es lo mismo, según el diplomático norteamericano, enviado per-
sonal del secretario general de la ONU, sólo un referéndum puede garan-
tizar la paz y la seguridad en la región.

La política del conflicto: la seguridad de España


y del Magreb en cuestión

El debate sobre la seguridad en el momento del abandono:


¿seguridad de España o seguridad de Occidente
en el contexto de la guerra fría?

La política seguida en la gestión del conflicto ha estado dominada por


unas serie de ideas que en muchas ocasiones han resultado discutibles.
Cuando se llega al momento de la celebración del referéndum de auto-
determinación en el año 1974 y, tras el dictamen del Tribunal de La Haya
de 16 de octubre de 1975, se desencandena la fase aguda de la crisis, en
España se produce un debate acerca de qué decisión política convendría
tomar. Dos posturas se van a enfrentar:

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Boletín de Información, número 322

1. Una, minoritaria, cuyo principal portavoz creo que sería el difunto di-
plomático Jaime de Piniés (y el Ministerio de Asuntos Exteriores en
general), para quien la crisis tenía como origen la ideología naciona-
lista-expansionista marroquí (la doctrina del «Gran Marruecos») y lo
que estaba en juego era, pura y sencillamente la seguridad de España.
En la formación de su juicio creo que tuvo un papel determinante, su
experiencia diplomática en la ONU. Allí, ya antes de tener que asumir
la gestión del asunto del Sáhara Occidental tuvo ocasión de consta-
tar la oposición de Marruecos al ingreso de Mauritania en la ONU. El
argumento era que Mauritania era territorio «marroquí expoliado» que
formaba parte de su «integridad territorial». Pero había otro argumento
que los diplomáticos conocían. Cuando se funda la OUA, Marruecos
emitió una reserva que ponía en cuestión el fundamento mismo de esa
Organización. Si la OUA pretendía garantizar la estabilidad del conti-
nente aceptando el principio uti possidetis (aceptación de las fronteras
coloniales heredadas), Marruecos emitía una reserva a ese principio
declarando que su adhesión a la OUA no significaba aceptar las fron-
teras coloniales heredadas. Los argumentos pseudohistóricos para
avalar esa pretensión se remontaban a las fronteras del imperio al-
morávide (que, por cierto, era bereber y no árabe) del que Marruecos
(monarquía árabe) se decía heredero. El riesgo para España de esta
doctrina es que ese imperio no sólo abarcaba a Mauritania, el Sáha-
ra Occidental, parte de Senegal y de Mali y las regiones occidentales
de Argelia. El riesgo es que ese imperio también abarcaba (aparte de
Ifni, por supuesto) Ceuta y Melilla... y el Al-Ándalus. Si la causa de la
crisis era el expansionismo marroquí y si lo que estaba en juego era la
seguridad de España, la política que debía adoptarse era clara: pro-
mover un Sáhara independiente. Con tal medida, se ponía un freno a
la ideología expansionista, que sufríría así un tercer, y quizás definitivo,
fracaso después de la fallida anexión del occidente argelino en el año
1963 (con la guerra de agresión marroquí conocida como «guerra de
las arenas») y de la fallida anexión de Mauritania.
2. Frente a la anterior, en España se impuso la postura que veía en la cri-
sis del Sáhara un conflicto «Este-Oeste» y en la que, por tanto, lo que
estaba en juego era la seguridad de Occidente. Esta doctrina también
se asumió en Estados Unidos y en Europa. De acuerdo con la mis-
ma la variable determinante del conflicto era la ideología «socialista»
del Frente Polisario y de sus principales aliados (inicialmente, Libia,
y después Argelia). Desde esta perspectiva, Marruecos era un aliado

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Boletín de Información, número 322

«de Occidente» mientras que un Sáhara independiene caería «inexora-


blemente» en la órbita argelina y, por extensión, soviética. De admitir-
se esta tesis, dado que España estaba situada en el campo de Occi-
dente la posición correcta sería aquella que beneficiara a la seguridad
de Occidente: esto es, la entrega a un aliado de Occidente, esto es,
Marruecos.
La aceptación de esta tesis no sólo implicaba desdeñar como poco im-
portantes los datos que apuntaban como causa al expansionismo ma-
rroquí, etc., sino otros datos que distorsionaban esa visión. Así, era difí-
cil explicar que el secretario general del Partido Comunista Marroquí, Alí
Yata, fuera a buscar en el bloque del Este el apoyo de estos países a la
anexión. Es más, en España, Alí Yata consiguió sumar el apoyo del Parti-
do Comunista Español y, en concreto, de su colega Santiago Carrillo que
en el año 1975 apoyó la anexión del Sáhara a Marruecos. De hecho, en
los debates en la ONU en los meses clave de la crisis el bloque soviético
no se alineó con Argelia, sino que se abstuvo. Por lo demás, la tesis de
la «seguridad de Occidente» aparentemente contaba con otra ventaja:
era la más «fácil». En el supuesto de anexión, se creía, los saharauis no
resistirían a los marroquíes y sucumbirían, con lo que la apuesta pretendi-
damente «racional» era la apuesta por el que se preveía como «ganador»,
esto es, Marruecos. Por lo demás, en este momento, Estados Unidos ca-
recen de una presencia definida en el Magreb, siendo Francia la potencia
occidental con unos intereses más claros en la región. La íntima conexión
francesa con Marruecos ayudará a inclinar la balanza norteamericana en
favor de este país.

El debate sobre el Sáhara después del abandono:


promesas rotas y despertar amargo.
La seguridad de España emerge de nuevo

La anexión del Sáhara se produjo en un clima de supuesto entendimiento


entre «aliados occidentales» frente al «adversario antioccidental». En este
contexto, junto al acuerdo político, firmado en Madrid el 14 de noviem-
bre de 1975, público, se firmaron unos acuerdos secretos de contenido
político y económico. Políticamente, parecía que quedaba asegurada la
presencia española en Ceuta y Melilla. Económicamente, parecía que
Marruecos garantizaba la presencia de los barcos españoles en las aguas
del Sáhara.

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Boletín de Información, número 322

Sin embargo, tan pronto como Hassán II se vio con el Sáhara en su


poder, la tesis de la «seguridad de Occidente» se empezó a cuartear.
Así, en primer lugar, se reanudaron los actos hostiles a España: apre-
samiento de buques en aguas saharianas, mantenimiento de la retórica
irredentista en Ceuta y Melilla e incluso periódicas invasiones de las
aguas españolas de Ceuta y Melilla. Una conducta impropia, sin duda,
de supuestos «aliados occidentales». Para colmo, Hassán II repitió en el
Sáhara la estrategia adoptada al tomar el control del antiguo protecto-
rado español en Marruecos: borrar todas las huellas de España.
En el Sáhara se eliminaron todos los carteles en español, se eliminó la
enseñanza del español de las escuelas e incluso se cambiaron algunos to-
pónimos: El Aaiún por «Lâayoun», Villa Cisneros por «Dakhla», Bojador por
«Boujdour», Río de Oro por «Oued Eddahab», y hasta la Saguia el Hamra
por «Saquiet Al Hamra». Todo esto, en fin, sucedía al mismo tiempo que
los saharauis estrechaban su contacto con España y los españoles y no
renunciaban a nuestra cultura, aunque ello se debiera al designio político
de buscar un elemento de diferenciación con el entorno francófono. Pero
además, en segundo lugar, y a diferencia de lo que ocurría en otros lugares
de África, la guerra en el desierto fue llevada a cabo sólo por los saharauis.
No había frente a Marruecos soldados argelinos... ni soldados cubanos. Es
cierto que Cuba instruyó a muchos militares saharauis. Pero no es menos
cierto que, a diferencia de lo ocurrido en Angola o Mozambique ni un solo
soldado cubano pisó el desierto del Sáhara.
Este conjunto de factores, sumados a la inesperada resistencia saharaui
que provocaba una derrota tras otra a Marruecos que era absolutamente
incapaz de controlar el territorio, llevaron a reconsiderar el acierto de la
apuesta por la tesis de la anexión del Sáhara a Marruecos como garantía
de la «seguridad de Occidente».

La terminación del muro del Sáhara y la caída del muro de Berlín

Los reveses militares sufridos en el Sáhara desmentían buena parte de


las premisas que había ofrecido para conseguir el aval de Occidente a
la anexión del Sáhara. Sin embargo, Marruecos seguía beneficiándose
del «apoyo de Occidente». Gracias a ese apoyo, se va a emprender la
construcción de los muros del desierto. La construcción de los muros
fue posible gracias a la ayuda técnica de los satélites norteamericanos
(como ha confesado James Baker en julio de 2004), al diseño israelí y

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Boletín de Información, número 322

a la financiación saudí. Estos muros, construidos entre los años 1981 y


1987 van a conseguir impedir que el Frente Polisario alcanzara la costa
saharaui o sus principales ciudades: El Aaiún, Bojador, Villa Cisneros,
Smara y Auserd. Aunque el muro no es, ni mucho menos impermeable y
los saharauis consiguieron penetrar en el mismo numerosas veces, esas
incursiones no podían tener una profundidad de más de 25-30 kilómetros
porque, por la propia estructura del muro, si bien en un ataque sorpresa
era posible perforarlo, el diseño del muro permitía concentrar rápidamen-
te fuerzas marroquíes en la brecha para impedir la salida de las tropas
enemigas que se adentraron en el mismo. Precisamente para no quedar
encerradas, las tropas saharauis debían salir rápidamente del muro des-
pués de haber conseguido traspasarlo.
El muro cambió el curso de la guerra. Por primera vez Marruecos consi-
guió un dominio del territorio dentro del muro. No obstante, la ganancia
política tenía también un alto coste económico y militar. En efecto, para
poder conseguir ese dominio territorial, Marruecos debía destinar unas
cantidades ingentes de dinero en el mantenimiento logístico de un muro
de más de 2.000 kilómetros de longitud en el que cada kilómetro y medio
hay un puesto militar. No sólo eso: los ataques saharauis provocaban
graves quebrantos económicos en términos de material aprehendido y
de reparación de las instalaciones e incluso de vidas humanas. Pero Ma-
rruecos pagó con gusto ese elevado coste a cambio del ansiado dominio
de hecho sobre el territorio.
A partir de la construcción del muro, «el Sáhara se halla en una situación
de partición de facto». Al oeste del muro, se halla el Sáhara controlado
por Marruecos, donde están las principales ciudades, la mina de fosfa-
tos de Bu Craa y la costa con su rico banco pesquero (y los eventuales
yacimientos petrolíferos). Al este del muro queda una franja (de entre el
20 o el 25% del territorio) controlada por el Frente Polisario y la RASD.
En la misma no hay asentamientos estables civiles, sino establecimientos
militares y presencia de nómadas.
El muro, terminado en el año 1987, parecía echar definitivamente la
suerte del lado marroquí. Sin embargo, dos años después, en el año
1989 caería el muro de Berlín. Las consecuencias de esta caída reper-
cutirían en el Sáhara. Hasta el año 1989 Marruecos consiguió apoyo
político a sus pretensiones con el argumento de que su presencia en el
Sáhara pretendía dar «seguridad a Occidente» frente al enemigo sovié-

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Boletín de Información, número 322

tico. El hundimiento del bloque soviético dejará en evidencia la coartada


marroquí.

Marruecos consigue tiempo: el integrismo aparece en Argelia


y consigue nuevamente velar el expansionismo marroquí

No creo que sea casualidad que el Consejo de Seguridad asuma la tarea de


solucionar el conflicto del Sáhara, no sólo después de la construcción del
muro del desierto, sino después de la caída del muro de Berlín. El Plan
de Paz, aprobado en 1990-1991, tenía plazos claros e inexorables. En los
años 1992 debía haberse celebrado el referéndum. Sin embargo, un he-
cho de importancia trascendental vino nuevamente en auxilio marroquí:
el intento integrista islámico de tomar el poder en Argelia.
Después de la caída del muro de Berlín, Argelia, pese a no estar en el
«núcleo duro» de la estrategia soviética, emprendió un proceso de de-
mocratización. La limpieza y sinceridad del proceso produjeron, sin em-
bargo, un resultado inesperado: a pesar de que la argelina es, quizá, la
sociedad más occidentalizada del Magreb (como fruto de su pasado
como provincia francesa), en las elecciones legislativas y municipales los
integristas islámicos se alzaron con la victoria merced a la conjunción
de dos factores: por un lado, el aglutinar todo el voto de protesta contra
el antiguo partido único (el Frente de Liberación Nacional); por otro lado, el
beneficiarse de la fórmula electoral mayoritaria que les permitió, con un
25% de los votos, aproximadamente, hacerse con la mayoría absoluta en
los órganos del Estado. El Ejército argelino, custodio de las tendencias
más laicizantes de la sociedad argelina no aceptó este estado de cosas y
tomó el poder. Se desencadenó entonces una cruel guerra civil que poco
a poco derivó en una guerra del Ejército contra el terrorismo islamista.
Nuevamente Marruecos encuentra una pantalla con la que ocultar la ra-
zón verdadera de su presencia en el Sáhara. Si en el año 1975 argumen-
taba que la anexión daba «seguridad a Occidente» frente al comunismo,
en el año 1992 va a alegar que la anexión daba «seguridad a Occidente»
frente al islamismo. En los años mas duros de la guerra civil Marruecos
conseguirá con éxito ir ralentizando la solución al conflicto para mantener
su presencia. Eso sí, discretamente, y sin que en Occidente nadie quie-
ra verlo, protegerá a los terroristas islámicos argelinos. A las acusacio-
nes argelinas de proteger a miembros del Grupo Islámico Armado (GIA),
Hassán II responderá cínicamente con un «cada uno tiene su Polisario».

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Boletín de Información, número 322

Es más, en una prueba más de la implicación de los servicios secretos


marroquíes en las actividades del grupo terrorista islámico argelino GIA,
varios miembros del Frente Polisario sufrieron atentados de este Gru-
po. Por si todo ello fuera poco, y como han confesado los responsables
norteamericanos recientemente, nadie en Estados Unidos pensaba que
el Ejército iba a ganar la guerra. Todas las previsiones eran que Argelia
se convertiría en un nuevo Irán. Se daba tan por perdida la guerra civil
argelina que Francia y Estados Unidos sometieron a Argelia a un rígido
embargo de exportaciones de armas, ante el temor de que esas armas
terminaran cayendo en manos de los integristas. Argelia no tuvo más re-
medio que buscar otros proveedores, fundamentalmente: Rusia.

Argelia vence al integrismo y Estados Unidos entra en el Magreb:


cuando el expansionismo marroquí queda al desnudo

Las circunstancias políticas hábilmente utilizadas por Marruecos en de-


fensa de sus pretensiones irán desapareciendo poco a poco. Contra los
pronósticos de las cancillerías occidentales, Argelia ganó la guerra al te-
rrorismo islámico. Al inicio del Tercer Milenio el terrorismo islamista ar-
gelino es ya un fenómeno residual. La sociedad argelina, más laica que
ninguna otra del Magreb asumió la lucha como propia. Se distribuyeron
armas a los civiles que combatieron a los terroristas. Conforme Argelia
fue ganando este combate su posición cambió y, de ser un país «riesgo»
se convirtió en un «aliado estratégico» en la lucha contra el terrorismo
islamista. El valor de Argelia como aliado contra el terrorismo islamista
fue creciendo al mismo tiempo que ese terrorismo fue haciendo cada vez
más estragos en el resto del mundo. Siendo Estados Unidos el objetivo
cada vez más preferido de los integristas, era inevitable que buscara la
ayuda argelina. Argelia alentó este acercamiento.
Al mismo tiempo que Estados Unidos inició una progresiva cooperación
con Argelia en el campo antiterrorista, va a surgir un incipiente interés de
la gran potencia americana por el Magreb. El interés de Estados Unidos
por el Magreb tendrá diversas causas. En primer lugar, económico-estra-
tégicas. Sobre todo después del 11 de septiembre de 2001 (11-S), Esta-
dos Unidos comprendió que debía buscar suministros petrolíferos más
seguros que los del golfo Pérsico. Así se fue inclinando progresivamente
a adquirir el crudo de los países africanos que podía ser transportado por
el Atlántico de modo más económico y seguro. Argelia, país intransigente

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Boletín de Información, número 322

con el terrorismo islamista, con sus enormes yacimientos de gas y de


petróleo, se convertía así en un aliado potencial de máximo interés. En
segundo lugar, el interés norteamericano en el Magreb también tenía un
interés económico puro, por cuanto que esta región constituye un mer-
cado potencial insuficientemente aprovechado por nadie hasta ahora. El
objetivo estadounidense, plasmado en la llamada «iniciativa Eizenstadt»
era articular un gran área de libre comercio norteamericano-magrebí. Fi-
nalmente, con la Presidencia de Bush II, el interés por el Magreb adquiere
dos nuevas dimensiones.
Por un lado, político y por otro militar. Políticamente, se trataría de im-
pulsar los procesos democratizadores en la región entendiendo que la
misma podía ser un lugar idóneo para poner en marcha la gran estrategia
contra el islamismo plasmada en el proyecto del «Gran Oriente Medio».
Y aquí, nuevamente, la convergencia norteamericano-argelina salta a la
vista pues Argelia es, sin duda, el país más democrático del Magreb y
con un mayor reconocimiento de las libertades públicas. Por lo demás,
Estados Unidos pretende una mayor colaboración militar con los países
del Magreb y también con los del Sahel para impedir que los grupos te-
rroristas acosados en Afganistán puedan establecerse allí.
Todo este proceso ha sido acelerado por la política exterior española a
partir del año 1999 cuando el presidente Aznar decide trabar una alianza
estratégica con Estados Unidos (gobernada entonces por el demócrata
Clinton, por cierto) en lugar de con el «eje franco-alemán». En el marco
de esta alianza con Estados Unidos, España intensificará relaciones con
el Magreb y, especialmente, con aquellos Estados más próximos a la
estrategia de Estados Unidos: Argelia y Mauritania.
Pero por si todo ello fuera poco, la segunda guerra de Irak va a tener
su repercusión en el Magreb. En el conflicto del año 2003, Francia va a
apostar por su «alianza árabe» oponiéndose a Estados Unidos. Ahora
bien, esto pone a Marruecos en una delicada tesitura: alinearse con Es-
tados Unidos o con Francia. De momento, Marruecos parece guardar un
equilibrio. Sin embargo, pocos dudan que el aliado verdadero y predilec-
to de Marruecos es Francia.
En este nuevo marco de relaciones internacionales, la defensa marroquí
de la ocupación del Sáhara queda vaciada de sus argumentos «aparen-
tes». En un espacio en el que todos los Estados del Magreb abrazan la
economía de mercado, la democracia y la lucha contra el terrorismo ¿qué

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Boletín de Información, número 322

sentido tiene oponerse al ejercicio democrático por excelencia que es la


celebración de un referéndum de autodeterminación? Desnudo de argu-
mentos Marruecos ha intentado, patéticamente, vincular al Frente Polisa-
rio con Al Qaeda llegando a hacer circular la especie de que el mismísimo
Osama ben Laden se había entrevistado con Abdelaziz. Pero el intento
de velar el objetivo real de la presencia marroquí en el Sáhara Occidental
cada vez es más difícil de ocultar.

La defensa del interés de España


y la defensa del interés de Occidente: un Magreb seguro

Por una ironía de la historia, la situación provocada después de la dimi-


sión de Baker en el año 2004 pareció volver a la casilla del año 1975. Pero
ahora el desarrollo puede ser diverso.
En el año 1975, Marruecos utilizó como «argumento» para obtener el res-
paldo de Occidente que la ocupación del Sáhara Occidental se hacía para
salvaguardar ese territorio frente al «comunismo» y, en particular, frente a
la amenaza «soviética» que representaban el Frente Polisario y sus princi-
pales apoyos de la época: Argelia y Libia. Ahora bien, aquel «argumento»
distaba de ser cierto. La prueba es que ni la Unión Soviética ni los países
del bloque comunista reconocieron a la RASD. Ésta obtuvo sus apoyos
entre los países agrupados en el Movimiento de No Alineados, pero nin-
guno de los miembros del Pacto de Varsovia reconoció a la república
saharaui. Pero es que además, si era cierto que el Frente Polisario no era
un movimiento «comunista» de tipo soviético, menos cierto aún era decir
que Marruecos (una atroz tiranía) formaba parte del «mudo libre». Todo
lo cual dejaba claro que no era la lucha «mundo libre-comunismo» el ele-
mento definidor del conflicto. Esto quedó más claro que nunca cuando
cayó el telón de acero. El comunismo desapareció de Europa y de África.
El principal apoyo saharaui, Argelia, asumió un proceso de liberalización
política y económica. Lo mismo ocurrió en el territorio controlado por la
república saharaui.
La caída del comunismo planteó un problema argumental grave a la ocu-
pación marroquí. Y no es casual que fuera después de caída la Unión
Soviética cuando la ONU pusiera en marcha el Plan de Arreglo que pre-
tendía organizar un referéndum en el territorio y que ese Plan conducen-
te a un referéndum fuera redinamizado por el ex secretario de Estado
norteamericano James Baker con los Acuerdos de Houston. Marruecos

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Boletín de Información, número 322

utilizó todo tipo de tácticas dilatorias hasta que el atentado del 11-S le
ofreció un nuevo argumento. A partir de entonces, cuando se produce
la criminalización del terrorismo en Naciones Unidas, Marruecos va a in-
tentar justificar su ocupación con el argumento de que el Frente Polisario
estaba infiltrado de islamistas y de terroristas (eso que llaman yihadistas).
Ya desde el mismo año 2002 Marruecos hizo acusaciones vagas a las
que Estados Unidos no dio credibilidad. Pero el hecho, indudable, es que
la primera vez que se pasó de las acusaciones vagas a una acusación
concreta fue al atribuir al Frente Polisario una complicidad en el atentado
que un grupo terrorista, supuestamente islamista, cometió en junio de
2005 contra una guarnición del Ejército mauritano en Lemgheity.
El juicio posterior, sin embargo, dejó claro que todo fue una calumnia.
Los Servicios de Desinformación marroquíes, sin embargo, no han cesa-
do de alimentar esa tesis, llegando a justificar el brutal asalto al campa-
mento de Akdeim Izik, el 8 de noviembre de 2010, con el argumento de
que estaba infiltrado de yihadistas. Sin embargo, días después, el 17 de
noviembre de 2010, Daniel Benjamin, coordinador de antiterrorismo del
Departamento de Estado Estados Unidos, desmintió expresamente que
el Frente Polisario tuviera ninguna conexión con Al Qaeda. Por lo demás,
la revelación de los cables diplomáticos norteamericanos por Wikileaks
demostró que Washington siempre ha considerado que esa acusación
carece completamente de fundamento.
Una vez que ha quedado de manifiesto que la causa de la ocupación
marroquí del Sáhara no fue la «defensa de Occidente» ni frente al co-
munismo ni frente al islamismo, se plantea inevitablemente la pregunta
de cuál es entonces la causa de la ocupación. La explicación que ahora
aparece como difícilmente discutible es aquella que en el año 1975 o en
1992 fue preterida: la causa no es otra que el expansionismo marroquí.
Y esto cada vez es más evidente. Conforme queda al desnudo este ex-
pansionismo en el Sáhara Occidental, Marruecos trata de acallar a las
potencias que lo desvelan... ¡justamente descubriendo su expansionismo
hacia ellas!
Así, por un lado, la reacción marroquí al apoyo a la causa saharaui fue la
invasión del islote de Perejil en el año 2002. Por su parte, en 2003, confor-
me Argelia estrechaba su relación con Estados Unidos y fortalecía la tesis
de la autodeterminación saharaui, Marruecos reactiva sus reivindicacio-
nes sobre el occidente argelino. Se llega incluso a fundar un movimiento,

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Boletín de Información, número 322

el Frente de Liberación de la Argelia Marroquí que llega a promover un


ataque armado a un puesto fronterizo argelino. Ante la firme protesta
argelina, su líder es juzgado y encarcelado pero pocos meses después
(sin cumplir la mayor parte de la pena impuesta) es liberado. En cuanto
a Mauritania, las reivindicaciones sólo se reabren cuando este Estado
realiza alguna aproximación al Frente Polisario en cuyo caso la prensa
oficialista exhuma los viejos argumentos.
En el nuevo contexto el interés de España confluye con el interés de los
países del Magreb y de Occidente (muy particularmente, de Estados Uni-
dos) de contar con un área estable y pacífica. La ocupación del Sáhara
Occidental es una etapa de un proceso expansivo que amenaza a: Espa-
ña, Argelia y Mauritania. Si la ocupación ilegal fuera validada, Marruecos
encontraría un poderoso aliciente para repetir la misma estrategia en los
espacios ansiados y, entre ellos, los que están en España. La conclusión
es obvia: la seguridad de la región sólo puede venir de un respeto de las
fronteras internacionalmente reconocidas. La defensa de la integridad te-
rritorial de España frente al expansionismo marroquí exige la defensa de
la integridad territorial de los países amenazados por ese expansionismo.
Por eso, el Sáhara Occidental es clave para la seguridad de España.

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ACTIVIDADES
DEL CENTRO
JORNADA DE LA ASOCIACIÓN
DE DIPLOMADOS DE ALTOS ESTUDIOS
DE LA DEFENSA (ADALEDE)

El día 3 de noviembre en el paraninfo de este Centro, tuvo lugar la Jor-


nada organizada por ADALEDE con el título: La enseñanza en materia de
defensa y seguridad en el sistema educativo español.

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CONFERENCIA GENERAL

El día 17 de noviembre en el aula magna de este Centro, y dentro del


ciclo de conferencias generales en la Catédra «Marqués de Santa Cruz
de Marcenado» del CESEDEN-Fundación Sagardoy se impartió la confe-
rencia pronunciada por don Carlos Suárez Pérez con el título: El ciberes-
pacio como nuevo escenario de confrontación.

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ACTIVIDAD CONJUNTA
HISPANO-ARGENTINA

Entre los días 19 y 25 de noviembre en la sala «Núñez de Balboa» de este


Centro, tuvo lugar la actividad conjunta hispano-argentina con el título:
Los ámbitos no terrestres en la guerra futura: Espacio.

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COMIDA-CONFERENCIA-COLOQUIO
DE LA ASOCIACIÓN DE DIPLOMADOS
DE ALTOS ESTUDIOS DE LA DEFENSA
(ADALEDE)

El día 23 de noviembre en la «Sala Cristóbal Colón» de este Centro, tuvo


lugar la comida-conferencia-coloquio de ADALEDE, a la cual aistieron
aproximadamente unas 80 personas, durante este acto el excelentísimo
señor don Bruno Delaye, embajador de la República Francesa pronunció
una conferencia con el título: La defensa europea y la posición de Francia
en los conflictos del Mediterráneo.

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ACTIVIDAD ACADÉMICA

El día 24 de noviembre y dentro del ciclo de actividades académicas tuvo


lugar en el aula magna de este Centro, la actividad conjunta hispano-
argentina: Los ámbitos no terrestres en la guerra futura: Espacio.

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CLAUSURA DEL V CURSO
DE ALTA GESTIÓN DE INFRAESTRUCTURAS
Y RECURSOS PATRIMONIALES

El día 24 de noviembre en el paraninfo de este Centro, tuvo lugar la clau-


sura del V Curso de Alta Gestión de Infraestructuras y Recursos Patrimo-
niales. Este acto fue presidido por doña Mónica Melle Hernández, direc-
tora general de Infraestructura.

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REUNIÓN POL-MIL GROUP
ESTADO MAYOR CONJUNTO (EMACON)

El día 24 de noviembre en la sala «Hernán Cortés» de este Centro, tuvo


lugar la Reunión POL-MIL GROUP organizada por el EMACON la cual fue
presidida por el excelentisimo señor general de brigada, jefe de la Divi-
sión de Estrategía y Planes del EMACON.

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ACTIVIDAD ACADÉMICA

El día 30 de noviembre en el aula magna de este Centro, tuvo lugar dentro


del ciclo de actividades académicas la conferencia: Geoestrategía de la
energía después de Fukushima, impartida por don Antonio Colino Martí-
nez, presidente de la Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la
Defensa.

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CLAUSURA DEL XV CURSO
DE ALTA GESTIÓN DE RECURSOS HUMANOS

El día 30 de noviembre en el paraninfo de este Centro, tuvo lugar la clau-


sura del XV Curso de Alta Gestión de Recursos Humanos, este acto fue
presidido por don Vicente Salvador Centelles, subsecretario de Defensa.

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CLAUSURA DEL XIII CURSO
DE ACTUALIZACIÓN PARA EL DESEMPEÑO
DE LOS COMETIDOS DE OFICIAL
GENERAL Y ENTREGA DEL PREMIO
«MARQUÉS DE SANTA CRUZ
DE MARCENADO»

El día 1 de diciembre en el aula magna de este Centro, tuvo lugar la clau-


sura del XIII Curso de Actualización para el Desempeño de los Cometidos
de Oficial General y entrega del Premio «Marqués de Santa Cruz de Mar-
cenado» al excelentísimo señor general de división del Ejército del Aire,
don Guillermo Velarde Pinacho.
Este acto fue presidido por la señora ministra de Defensa en funciones,
doña Carme Chacón Piqueras.

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CLAUSURA DEL CICLO
DE INVESTIGACIÓN 2011

El día 13 de diciembre en el paraninfo de este Centro, tuvo lugar la clau-


sura del Ciclo de Investigación 2011, este acto fue presidido por el te-
niente general DICESEDEN.

— 187 —
V JORNADAS STIC CCN-CERT

Entre los días 13 y 14 de diciembre en el aula magna de este Centro,


tuvieron lugar la V Jormada STIC CCN-CERT con el título: La cibersegu-
ridad: un reto para las Administraciones Públicas», estas Jornadas fueron
organizas por el Centro Criptológico Nacional y clausurada por el secre-
tario de Estado, director del Centro Nacional de Inteligencia.

— 188 —
VISITA DEL CIXX CURSO
DEL COLEGIO DE DEFENSA DE LA OTAN
(NADEFCOL)

Entre los días 14 al 16 de diciembre tuvo lugar la visita del NADEFCOL. la


delegación estaba compuesta por 120 personas y la presidía el teniente
general Arne Bard Dalhaug. Durante su visita se impartieron las conferen-
cias: Política exterior española y Politica de defensa española, visitaron
también la cuidad de Toledo.

— 189 —
«SEMINARIO SOBRE LAS RELACIONES
RUSIA-OTAN»

El día 16 de diciembre tuvo lugar en el paraninfo de este Centro, el «Se-


minario sobre las Relaciones Rusia-OTAN», al cual asistieron unas 50
personas aproximadamente, fue organizado por la Asociación Atlántica
Española.

— 190 —
PRESENTACIÓN DE LA OBRA:
EL PATRIMONIO HISTÓRICO INMUEBLE
DEL MINISTERIO DE DEFENSA

El día 21 de diciembre en el paraninfo de este Centro, tuvo lugar la pre-


sentación de la obra: El patrimonio histórico inmueble del Ministerio de
Defensa, está presentación fue presidida por doña Mónica Melle Hernán-
dez, directora general de Infraestructura.

— 191 —
ACTIVIDAD ACADÉMICA

El día 21 de diciembre an el aula magna de este Centro, tuvo lugar la


conferencia con el título: El gasto de la defensa en la OTAN (1986-2010),
pronunciada por el excelentísimo señor general de división, don Francis-
co Pérez Muinelo.

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IMPOSICIÓN DE CONDECORACIONES
Y DESPEDIDA DEL PERSONAL

El día 22 de diciembre tuvo lugar en el aula magna de este Centro, la


imposición de condecoraciones y la despedida del personal del mismo,
dicho acto fue presidido por el teniente general DICESEDEN.

— 193 —
•  Se ruega a los suscriptores de este Boletín de Información que con-
signen los cambios de dirección postal que se produzcan a: Sección
de Planes y Programas (Publicaciones) del CESEDEN en paseo de
la Castellana 61, 28071-Madrid, o bien mediante fax a los números
91-3482553 o 91-3482554.
•  Las personas interesadas en la adquisición de algunas Monografías del
CESEDEN y Boletín de Información pueden hacerlo en la librería que
para tal efecto dispone el Ministerio de Defensa, situada en la planta
baja de la entrada al mismo por la calle Pedro Texeira.defexa

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