Bim 20
Bim 20
S U M A R I O
3 Editorial 93 El coronel Ivars Pérez, nuevo comandante
del Tercio del Sur
OPINIÓN
94 El coronel Segura Fernández de la Puente,
nuevo jefe del Estado Mayor del Cuartel
4 El USMC y el nuevo enfoque estratégico
hacia el área Asia-Pacífico General de la Fuerza de Infantería de
Tcol. IM. Ángel R. Herrezuelo Marina
79 Ciento quince años de la explosión del 101 Instrucción Permanente de la FIM por la
que se establece y desarrolla la
crucero Maine y la guerra provocada
Tte. IM. (R) Alfredo Burbano Moreno organización de la Brigada de Infantería
de Marina "Tercio de Armada”
ACTIVIDADES DESTACADAS DE LA FIM
LIBRO RECOMENDADO
84 La Infantería de Marina celebra la
festividad de su patrón, San Juan de
Nepomuceno 102 Arcabuces, Mosquetes y Fusiles
Estimados lectores,
C
OPINIÓN EL USMC Y EL NUEVO ENFOQUE…
EN EL PACÍFICO COMENZÓ...
“Holland, el haber alzado esa bandera en Suribachi significa un Cuerpo de Marines
para los siguientes quinientos años”.
E
l Secretario de la Armada, James Forrestal, hacía el comentario anterior diri-
giéndose al Teniente General Holland M. Smith, al mando de las fuerzas del
USMC en el teatro del Pacífico, mientras desembarcaba en las arenas de Iwo
Jima, escuchaba las sirenas de todos los buques de guerra, y miraba hacia lo alto del
monte Suribachi sobre el que se izaba la
bandera de los [Link]. Hecho éste, el de
su izado, que tenemos grabado e inmorta-
lizado gracias al fotógrafo James Rosen-
thal, ganador por ello del premio Pulitzer
e imagen convertida en icono representa-
tivo del Cuerpo de Infantería de Marina de
los Estados Unidos o USMC.
Curiosamente, la fotografía que dio
la vuelta al mundo y que ha perdurado a
lo largo de la Historia se tomó, en reali-
dad, sobre la segunda bandera que se izó
aquella mañana. Citan algunas fuentes
que tal fue el ardor patriótico del Secreta-
rio Forrestal al ver ondear la bandera, que Monte Suribachi, Iwo Jima. 23 Febrero 1945. Izado de la
mostró su deseo por tenerla. Bien sea esta segunda bandera, mientras se recoge la inicialmente iza-
la explicación, o bien que era de un tama- da, de menor tamaño.
1
“Bended knee speech”…. The Marine Corps...believes that it has earned this right—to have its future decided by the legislative
body which created it—nothing more. Sentiment is not a valid consideration in determining questions of national security. We
have pride in ourselves and in our past, but we do not rest our case on any presumed ground of gratitude owing us from the
Nation. The bended knee is not a tradition of our Corps. If the Marine as a fighting man has not made a case for himself after 170
years of service, he must go. But I think you will agree with me that he has earned the right to depart with dignity and honor, not
by subjugation to the status of uselessness and servility planned for him by the War Department.
EL PUNTO DE INFLEXIÓN
Tal como hemos visto, el USMC, independientemente de la contribución a las
exigentes campañas terrestres, era capaz de mantener en mayor o menor medida su
trabajo con la US NAVY y su alistamiento anfibio, bien para actuar en cualquier área
de responsabilidad geográfica, o bien sirviendo de reserva embarcada de teatro ofre-
cida a organizaciones multinacionales como la OTAN en el caso de los conflictos de
BiH o Kosovo. Todo ello, hasta que llegó el 11/9/2001.
Muchas han sido las cosas que han sucedido en el panorama mundial desde
aquellas fechas, obviamente, lo más señalable desde el punto de vista militar han si-
do las dos grandes campañas de Irak y Afganistán, que han obligado a un exigente y
continuo esfuerzo militar a todos los “US Services”, predominantemente el US ARMY y
USMC.
Centrándonos en el USMC, si uno analiza en primer lugar el factor temporal,
ambas campañas se han desarrollado (y aún están en ello, en lo que respecta a Afga-
nistán), durante más de once años de manera continuada y superpuesta, práctica-
mente el doble de la II GM y más que cualquiera de las otras que hemos citado, Viet-
nam incluída. Eso ha implicado para el USMC desplegar robustas fuerzas de combate
en las fases iniciales de las campañas, así como mantener rotaciones continuas de
contingentes en las fases de estabilización, manteniendo una presencia permanente
dentro de la parte que les ha correspondido afrontar.
Además, Irak y Afganistán, escenarios marcadamente terrestres, han obligado a
“desembarcar” y desplegar las unidades del USMC como fuerzas terrestres, a comba-
Pero tampoco ha sido posible combatir de forma aislada. Además de operar con
fuerzas multinacionales, ha habido que aprender a trabajar con fuerzas locales. Estas
últimas con una formación, adiestramiento y cultura, totalmente diferente a cualquier
experiencia anterior. Ha habido, por ello, que conocer el aspecto cultural del entorno
de combate, modificando el adiestramiento en esa faceta.
Tal ha sido la exigencia de estas campañas que su preparación y alistamiento
han tenido una preponderancia capital sobre el otro, el anfibio. El trabajo en equipo
que hasta la fecha se habían mantenido más o menos constante entre las fuerzas na-
vales y de marines se ha debilitado. Se ha reducido el adiestramiento y el alistamien-
to anfibio en beneficio de la formación, adiestramiento y preparación para ese nuevo
escenario, en todos los niveles desde la tropa, suboficiales y oficiales. La US NAVY,
huérfana de una contraparte activa e inquieta en potenciar el combate anfibio ha de-
rivado hacia donde más “cómoda” física y mentalmente se siente, el “Sea Control” y
las “blue waters”, alejándose de las “brown” o “green waters”.
Pero, siendo importante, no sólo ha sido un cambio de ambiente, formación,
adiestramiento y mentalidad, más aún, también los medios y equipos para el combate
se han ajustado de acuerdo al escenario asiático. La aparición del IED en sus diferen-
tes variantes ha implicado que los vehículos de combate se adapten a ella. Más gran-
des, más robustos y con mayor blindaje: vehículos MRAP (Mine Resistant Ambush
Protected), “Buffalo”, nuevos HMMWV´s reforzados, grandes camiones de transporte,
potentes medios de recuperación, etc. Asimismo, el combate contra la insurgencia ha
Los Ejércitos se preparan para seguir esta nueva senda. Hay que materializar la
transición desde Asia a la inmensidad y enormidad del Pacífico y prepararse para en-
frentarse a amenazas y riesgos donde la ventaja tecnológica que hasta ahora Estados
Unidos tenía sobre los demás, se reduce a pasos agigantados.
Además, esos riesgos y amenazas ya no son sólo locales o tácticos, tales como
los IED o los ataques de la insurgencia, ante los que hay que reaccionar in situ. Las
fuerzas pueden recibir ataques desde todas las esferas de actuación (aire, tierra, mar,
espacio y ciberespacio), desde el mismo momento inicial en el propio territorio conti-
nental o incluso antes, así como durante su despliegue y en las proximidades del tea-
tro de operaciones.
2
ARG (Amphibious Ready Group). Organización operativa compuestos por tres buques anfibios, un LHD, un LPD y un LSD, con
una reducida plana mayor naval. La Unidad Expedicionaria de Marines o MEU es la organización operativa que embarca en ellos,
compuesta por medios de combate terrestres, aéreos y logísticos, con una entidad aproximada de 2.300 marines.
Blitz”, ejercicios anfibios de elevada entidad en ambas costas de [Link]., buscan reac-
tivar este trabajo en equipo, así como la participación e integración con fuerzas mul-
tinacionales.
La jungla del Pacífico, donde el USMC desarrolló la parte terrestre de la doctrina
anfibia en la II GM, exige un equipamiento diferente al actual y, lo que es más impor-
tante, un adiestramiento específico. Por ello, además de reactivar de nuevo los des-
pliegues en el III MEF de Okinawa y Guam, así como potenciar Hawaii, también han
comenzado las rotaciones de contingentes en países ribereños, como es el caso de
Australia y Singapur, buscando incrementar esa capacidad del combate en jungla.
También el USMC ha identificado que el MEU tiene entidad suficiente por sí solo
para hacer frente a una crisis inicial, pero no justifica un cuerpo de 182.000 marines
(o 174.000 e incluso menos, según las estimaciones pesimistas que hoy día maneja el
USMC), ni es lo suficientemente potente para ofrecer una acción decisiva a lo largo
del tiempo. Se necesita una estructura capaz de agregar y operar entidades mayores
de fuerzas, tanto navales y de marines, como conjuntas, multinacionales o inter-
agencias. Se necesita un cuartel general de MEB (Marine Expeditionary Brigade), ca-
paz de actuar con esas unidades desplegadas o agregadas que rápidamente se con-
centran para combatir, en la esencia del “come-as-you-are”.
En líneas generales, los medios de las Alas Aéreas de Marines han seguido un
curso similar a las fuerzas terrestres, desplegando de forma continua en el mismo es-
cenario terrestre de Irak y Afganistán. No obstante, han mantenido su adiestra-
miento básico de operaciones en buques, que no avanzado, dentro de las exigencias
propias de una operación anfibia.
A grandes rasgos, se encuentran completando la transición del empleo del CH-
46 “Sea Knight” como columna vertebral de su helitransporte, hacia los MV-22 “Os-
prey”, explotando todas sus posibilidades y características enmarcadas en un escena-
rio anfibio. De la misma manera, está a la vista la transición desde los F-18 “Hornet”,
AV-8B “Harrier” y EA-6B “Prowler” hasta el novedoso y caro programa del F-35B
“Joint Strike Fighter”, aunque ese camino parece contar con diferentes problemas, a
la vista de la potencial reducción presupuestaria. En ese vasto teatro de operaciones
del Pacífico, las líneas logísticas desempeñan un cometido fundamental. No es posible
acometer una campaña con unas líneas de sostenimiento que tengan su origen en
territorio nacional (CONUS) y su punto de aplicación en la otra orilla. Hace falta apo-
yarse en etapas, en estaciones, bien naturales o bien artificiales.
Es el momento de activar bases avanzadas (de ahí la importancia de Hawaii,
Guam y otras), así como impulsar nuevos conceptos como el SEABASING o estable-
cimiento de una base a flote, que permita
el transbordo de equipos y vehículos des-
de grandes buques hasta los medios para
el movimiento buque-costa o “conecto-
res”, rápidos y con gran autonomía para
su traslado a costa desde grandes distan-
cias y mitigar así la amenaza A2AD.
Cuando uno mira a los actuales me-
dios del MAGTF susceptibles de embarcar,
han sufrido una modificación considerable
desde hace 12 años. Podemos resumir que el MAGTF “ha engordado” y se puede decir
que padece de “sobrepeso”. Más cantidad, medios más altos, más voluminosos y más
pesados. Por ello, su empleo operativo no puede basarse en ser “tan pesado” como lo
es ahora, por lo que hay que “aligerar” el MAGTF, reduciendo medios o disminuyendo
los aprovisionamientos. Además, dentro de la relación que existe entre desuso y atro-
fia, algo parecido es lo que ha sucedido con las bodegas y espacios de carga de algu-
nos buques anfibios. Dicha infrautilización a lo largo del tiempo ha conducido a rees-
tructuraciones y modificaciones que afectan a los planes de carga: ya no cabe lo que
se suponía.
Y en estos grandes temas, nada más y nada menos, con todo lo que ello conlle-
va de planeamiento y reconfiguración, es donde está inmerso el USMC para materiali-
zar ese “salto” hacia el Pacífico. No es un tema meramente de presencia, que lo es,
es principalmente un tema de mentalidad y adiestramiento. En vez de prepararse pa-
ra combatir en “aquel escenario” (Irak y Afganistán), hay que prepararse para com-
batir en “cualquier escenario”. Se trata de volver a la esencia anfibia que se desarrolló
en el Pacífico en la II GM, pero adaptada a los nuevos tiempos. Tampoco significa que
el USMC abandone otros mares y océanos y se concentre exclusivamente en el Pacífi-
co, pero es aquí donde necesita poner el acento y “volver a izar la bandera” de su
presencia.
E
n la actualidad el Cuerpo Militar de Sanidad español se encuentra desplegado en
el exterior en un buen número de operaciones internacionales: Afganistán, Líba-
no, Operación Atalanta o Malí1. De todas ellas, a nuestro parecer las más intere-
santes desde el punto de vista logístico-sanitario son la operación ISAF (Internacional
Security Assistance Force) en Afganistán y la operación Atalanta de protección del
programa mundial de alimentos para Somalia y de lucha contra la piratería en el golfo
de Adén y océano Indico.
La operación ISAF es la que cuenta con una mayor dotación de personal, ins-
talaciones y medios sanitarios. Concretamente, el hospital militar (Role 2) español
ubicado en la ciudad de Herat (Afganistán) es considerado como la instalación sanita-
ria con más capacidad de toda la región oeste de ese país2,3. Con respecto a la opera-
ción Atalanta además del Role 1 nacional con el que cuenta todas las unidades que
operan en zona anualmente, se desplega un Role 2 embarcado en uno de nuestros
buques logísticos (L-51 Galicia, L-52 Castilla o A-14 Patiño)4.
El objetivo del estudio es describir la experiencia de médicos militares españoles
desplegados en Afganistán y en la operación Atalanta obtenida sobre la atención a
bajas en acción de combate (arma de fuego y artefactos explosivos improvisados).
MATERIAL Y MÉTODOS
Para realizar este artículo se ha diseñado un estudio descriptivo, transversal,
sobre el personal civil y militar:
Que hubiese recibido herida por arma de fuego o por artefacto explosivo en la
región oeste de Afganistán y fuese atendido en el Role 2 español de Herat (Af-
ganistán) durante los años 2005-2008, empleándose como criterio de inclusión
todas aquellas personas que hubiesen sufrido una herida de arma de fuego o
lesiones por artefacto explosivo tanto sobre el terreno como durante un vuelo.
No se emplearon criterios de exclusión.
Que hubiese sido atendido por herida por arma de fuego en alguna unidad na-
cional desplegada en la Operación Atalanta durante los años 2009 a 2012, em-
pleándose como criterio de inclusión todas aquellas personas que hubiesen su-
frido una herida de arma de fuego o lesiones por artefacto explosivo. No se
emplearon criterios de exclusión.
RESULTADOS
Durante el periodo del estudio en el Role 2 de Herat, se recopilaron un total de
256 bajas que habían sufrido lesiones diversas producidas durante enfrentamientos
armados.
La mayoría de las bajas fueron varones (96%), únicamente (4%) eran mujeres.
Casi la mitad de las bajas (39%) tenían entre 25 y 29 años. El grupo con más bajas
atendidas ha sido el ANA (Afghan National Army) (44%). El medio de evacuación más
empleado ha sido MEDEVAC (aeroevacuación medicalizada) (76%).
El área topográfica más afectada en
las bajas analizadas fue miembros infe-
riores (48%), seguido de miembros supe-
riores (39%) y abdomen (22%) (ver figu-
ra 1). Algo más de la mitad de las bajas
atendidas (55%) presentaron una única
región afectada: (23%) padecieron heri-
das en 2 regiones, mientras que (15,5%)
sufrieron lesiones en 3 áreas anatómicas
(ver figura 2).
La mayor parte de los pacientes
fueron heridos por artefacto explosivo
(71%), mientras que el resto, presentó
lesiones por proyectiles de arma de fuego
(29%) (ver figura 3). En todas las divisiones anatómicas, el explosivo fue el agente
causal de la mayor parte de las lesiones. El área anatómica donde los explosivos y las
armas de fuego han producido más lesiones ha sido los miembros inferiores. Las á-
reas topográficas en donde se han evi-
denciado una mayor diferencia proporcio-
nal entre las lesiones por explosivos y
arma de fuego han sido cabeza y cuello.
La mayor parte de los heridos con dos o
más áreas anatómicas dañadas recibieron
los impactos de un explosivo.
Ninguna baja fue atendida simultá-
neamente por los dos mecanismos lesio-
nales. Además, es necesario añadir que
un 9% de las bajas atendidas también
presentaban quemaduras (todas ellas
eran debido a ataque con explosivos).
Durante el periodo
de estudio, las bajas
atendidas por nuestra
fuerza en la operación
Atalanta no tienen un
valor estadísticamente
significativo, por ello so-
lo las describiremos in-
dicando que todas han
presentado lesiones por
arma de fuego, siendo la
mayoría de ellos presun-
tos piratas, un civil se-
cuestrado y un miembro
de nuestra fuerza que sufrió un impacto accidental. A diferencia del estudio anterior,
la localización anatómica afectada es variada, sin existir diferencias tan significativas
entre extremidades y la región torácico-abdominal.
Desde tiempos muy remotos, el hombre se enfrentó con guerras y catástrofes
que provocaron múltiples lesiones traumáticas. Esta situación generó el desafío de
proporcionar a las víctimas tratamientos adecuados para su correcta recuperación. A
este hecho se suma, que la responsabilidad médica durante los conflictos armados
radica en estar preparados y adaptados al tipo de bajas que presumiblemente se
tendrán que atender en este escenario y además algo que creemos cada día tiene
más importancia en las Fuerzas Armadas occidentales: formar al combatiente en la
atención inicial del herido en combate5.
La distribución anatómica de las lesiones y el mecanismo lesional en el comba-
tiente ha seguido un patrón diferente a lo largo de los conflictos, ya que influyen as-
pectos muy dispares, como son: el tipo de arma empleada, la protección conseguida,
ambiente, la situación táctica...
Por estos motivos, desde nuestro punto de vista, es interesante analizar las pe-
culiaridades de las bajas de anteriores conflictos para poder comprender de un modo
más adecuado las heridas que sufren los soldados durante las operaciones militares
actuales, y tomar las adecuadas medidas logístico-operativas y asistenciales para el
futuro.
Durante el pasado siglo XX se ha vuelto a demostrar la importancia que juega el
ambiente táctico sobre las bajas en combate. Si analizamos la Tabla 1 (ver final del
artículo) encontramos que en aquellos conflictos acontecidos en zonas de clima conti-
nental y ante la presencia de un ejército enemigo, el agente causal de bajas en com-
bate predominante es la metralla originada casi en su totalidad por proyectiles de ar-
tillería6. Sin embargo, en la guerra de Vietnam y en Borneo la mayoría de bajas en
combate fueron por arma de fuego, consecuencia probable de un empleo mucho me-
nor de la artillería. El caso de Irlanda del norte merece un capítulo aparte, ya que el
55% de las bajas fueron originadas por arma de fuego. Este hecho puede ser conse-
cuencia de que los atentados y combates de este conflicto ocurrieron en ambiente ur-
bano. El ejército británico se enfrentó a un grupo terrorista que carecía de artillería y
empleaba predominantemente armas de fuego.
ÚLTIMOS CONFLICTOS
Guerra del Golfo Pérsico (1990-91)
Numerosos artículos analizan el tipo de baja en este conflicto. Destacamos co-
mo muestra dos de ellos. Spalding8 describió que el 76% de las bajas atendidas (pri-
sioneros) en un hospital militar británico tuvieron las lesiones en las extremidades. La
experiencia recogida por Pholmann9 de los heridos tratados en un hospital de Arabia
Saudí, fue similar al caso anterior, encontrándose que el 76% de las bajas presenta-
ban lesiones en las extremidades, siendo más prevalentes en las inferiores que las
superiores.
Guerra en Irak y Afganistán (2001-actualidad)
La experiencia obtenida sobre los mecanismos lesivos y áreas anatómicas más
afectadas en las bajas atendidas durante los conflictos de Irak y Afganistán se mues-
tra en las Tablas 3 y 4. A pesar de ser conflictos diferentes, presentan gran similitud
desde un punto de vista logístico-operativo y asistencial.
Experiencia española
Desgraciadamente a lo largo del pasado siglo y durante el presente, médicos
militares españoles han tenido que atender a bajas por actos terroristas y en
combate.
Entre los años 1968 a 1988, la banda terrorista ETA realizó 1946 acciones hosti-
les provocando 1230 heridos y 742 muertos10. Algunos años más tarde, durante el
atentado terrorista islamista del 11 de marzo de 2004, en el Hospital Central de la
Defensa “Gómez Ulla” se atendieron 51 pacientes11.
Las primeras bajas en combate que podemos analizar fueron las ocurridas du-
rante el ataque al patrullero P-22 “Tagomago” de la Armada española perpetrado por
el frente Polisario el 21 de septiembre de 1985 con el resultado de un cabo muerto y
dos cabos heridos por fuego de ametralladora y artillería12. Las bajas españolas du-
rante la guerra de Bosnia y Hercegovina fueron analizadas en los estudios de Villa-
nueva13 y Villalonga14. Las regiones corporales afectadas fueron predominantemente
en extremidades (58% y 85% respectivamente), siendo secundarias a lesiones por
explosivos en un 72,4% de los casos.
18 BOLETÍN DE INFANTERÍA DE MARINA
OPINIÓN ANÁLISIS DE LA TOPOGRAFÍA…
un proyectil de alta velocidad que provoca una cavidad temporal, puede causar un
secuestro óseo e incluso una fractura indirecta, sospechada en trazos de fractura no
desplazada y lineal (el 10% de las fracturas en la Guerra de Vietnam eran de este ti-
po)21. Según estudios experimentales en animales, un proyectil cuya trayectoria se
localice a 1 cm del periostio de un hueso largo puede motivar una fractura indirecta22.
Comparados con los huesos, las arterias y las venas son mucho más elásticas y
toleran mejor el fenómeno de cavitación temporal originado por el paso de un proyec-
til a través de tejidos blandos. La tracción origina lesiones microscópicas como pérdi-
das de las células endoteliales, afectación de la membrana elástica interna y posibili-
dad de sangrado permanente20. Al igual que los vasos sanguíneos, los nervios resis-
ten considerablemente la tracción y empuje de la cavidad temporal. Así mismo se han
demostrado lesiones histológicas en nervios periféricos secundarios a esta cavidad.
Cirujanos militares han presenciado como pacientes tras sufrir una herida por arma
de fuego sin evidencia de
lesión macroscópica a nivel
nervioso periférico y des-
cartar motivo psicológico
(stress de combate),
muestran sintomatología
de parestesias y paresias
(calambres y hormigueos)
mantenidas en el tiempo5
(ver figura 4).
El mecanismo lesivo
predominante en nuestra
serie ha sido el explosivo seguido del arma de fuego. Este dato es semejante al obte-
nido en prácticamente la totalidad de estudios anglosajones que analizan las bajas
atendidas en los conflictos más recientes. Este hecho también es característico del
enfrentamiento entre tropas profesionales e insurgentes en la denominada «guerra
asimétrica»23.
Entre otros factores, podemos destacar que las medidas de protección pasiva
(blindaje de vehículos, casco y chaleco antifragmentos) y la rápida evacuación hasta
una instalación médica, reducen la mortalidad en los heridos que han sufrido lesiones
por arma de fuego y por explosivos. Hemos apreciado cómo los efectivos militares
que han utilizado estas medidas de protección han tenido un riesgo significativamente
menor de necesitar cirugía mayor que el personal que no los utilizaba y, asimismo,
que las bajas con lesiones abdominales son las que más necesidad de procedimientos
quirúrgicos han tenido2.
En el medio militar y más concretamente en el caso de unidades de Infantería
de Marina también debemos valorar las lesiones contusas provocadas por los meca-
nismos de desaceleración tras sufrir una explosión en un vehículo. Una serie soviética
recogida durante el conflicto en Afganistán, indica que la distribución topográfica de
las fracturas sufridas por los tripulantes soviéticos de vehículos blindados que sufrie-
ron un ataque fue: miembro inferior 63%, miembro superior 20,1%, tórax y columna
vertebral 13,5% y pelvis 2,8%24. La experiencia obtenida durante la operación Ata-
lanta muestra cómo los patrones lesionales encontrados en los presuntos piratas so-
malíes presentan unas características similares a las descritas en conflictos previos
cuando no se encontraban medidas de protección balística.
20 BOLETÍN DE INFANTERÍA DE MARINA
OPINIÓN ANÁLISIS DE LA TOPOGRAFÍA…
CONSIDERACIONES FINALES
Nuestros resultados sobre los agentes lesionales son semejantes a los obtenidos
en la mayoría de estudios anglosajones que estudian las bajas en combate de los
conflictos de Irak y Afganistán apreciando como el mecanismo lesivo predominante
ha sido el explosivo, seguido de las armas de fuego.
En nuestro estudio, las áreas anatómicas más afectadas tanto por explosivo
como por arma de fuego han sido los miembros inferiores y miembros superiores. Es-
te hecho coincide con la conclusión obtenida en otras series.
En todas las divisiones anatómicas, el explosivo fue el agente causal de la ma-
yor parte de las lesiones. La mayoría de
las bajas atendidas presentaron una única
región anatómica afectada. La mayor par-
te de los heridos con dos o más áreas
anatómicas dañadas recibieron los impac-
tos de un explosivo.
A pesar de estos datos no queremos
terminar sin comentar que este estudio
puede tener limitaciones como son que se
trata de un estudio retrospectivo, que las
bajas que murieron en combate no están
incluidas en estos datos y que aquellos
combatientes no nacionales que, tras ser
atendidos, se han reincorporado a su uni-
dad no aparecen reflejados en nuestras series.
A la vista de este estudio y de acuerdo con el STANAG 2122 (Módulo II: asis-
tencia sanitaria en combate) o con la doctrina TCCC25 (Tactical Casualty Combat Ca-
re) debemos instruir a nuestros combatientes en conocer cuáles son las principales
agentes lesionantes, la topografía lesional
predominante, y cuál es la primera asis-
tencia que debe prestar al compañero
herido en combate, ya que estas manio-
bras son fundamentales en la superviven-
cia del combatiente26 (ver figuras 5 y 6).
La instrucción previa y específica aumen-
ta notoriamente la posibilidad de éxito
cuando nos encontremos en situaciones
de combate, como han podido ver sobre
el terreno nuestros infantes desplegados
en Afganistán. Por ello desde estas líneas
insistir, una vez más, en la importancia
de la instrucción sanitaria del combatien-
te.
Tabla 1. Distribución de heridos por arma a lo largo de las guerras del siglo XX (%)
Tabla 2. Distribución de heridos por arma a lo largo de las guerras del siglo XX (%)
Tabla 3. Distribución de los agentes lesionales a largo de las guerras de Irak y Afganistán (%)
Tabla 4. Distribución del área lesionada en las guerras de Irak y Afganistán (%)
NOTAS:
1.- Almanac of Medical Corps Worldwide. Medical Corps International Forum 2012 (2): 101-2.
2.- Navarro Suay R, Bartolomé Cela E, Jara Zozaya I, Hernández-Abadía de Barbará A, Gutiérrez Orte-
ga C, García Labajo JD, et al. Medicina aún más crítica: análisis retrospectivo de las bajas atendidas en
la UCI del Hospital Militar español de Herat (Afganistán). Med Intensiva. 2011; 35:157-65.
3.- Navarro R, Hernández A, Gutiérrez C, Bartolomé E, Lam D, Gilsanz F. Gunshot and improvised ex-
plosive casualties: a report from the Spanish Role 2 Medical Facility in Herat, Afghanistan. Mil Med
2012; 177(3): 326-32.
4.- Plaza J. Aspectos sanitarios de la Operación Atalanta. VII Congreso Nacional de Enfermería Militar.
San Fernando 2010.
5.- Navarro R. Bajas por arma de fuego y explosivos. Experiencia del Hospital Militar español desplega-
do en Herat (Afganistán) 2005-2008 [tesis doctoral]. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid; 2009.
6.- Navarro R, Hernández A, Gutiérrez C, Tamburri R, Bartolomé E, Gilsanz F. Analysis of the injuring
agent in the combat casualty. The Spanish Medical Service experience in Herat (Afghanistan). Sanid
mil 2011; 67(1):18-24.
7.- Navarro R, Hernández A, Gutiérrez C, Bartolomé E, Tamburri R, Gilsanz F. Analysis of the lesional
topography in the combat casualty. The Spanish Medical Service experience in Herat (Afghanistan).
Sanid mil 2011; 67(2):78-83.
8.- Spalding TJW, Steward MPM, Tulloch DN, Stephen KM. Penetrating missile injuries in the Gulf
War,1991. Br J Surg 1991; 78:1102-4.
9.- Pohlmann GP. War and medicine in the desert. A report of the 13th Evacuation Hospital in Saudi
Arabia. Wis Med J. 1991 Sep;90(9):511-6.
10.- Politraumatismo. Fundación Maphre Medicina. Madrid.
11.- Torres León JM, Calle Picado MA, Muro García R. El atentado terrorista del 11M: Análisis sobre los
heridos atendidos en el Hospital Central de la Defensa. Med Mil. 2004:60(3): 167-71.
12.- González R. Con la Armada en el Banco Sahariano. Editorial Naval. 1991.
13.- Villanueva Serrano S, Martínez Pérez JM, Herrera Morillas F, Hernández-Abadía de Barbará A. Ba-
jas por munición explosiva. Experiencia española en la antigua Yugoslavia. Med Mil.1997; 53(4): 339-
343.
14.- Villalonga Martínez L.M. Sanidad Militar en Bosnia-Herzegovina. Med Mil. 1996; 52(2): 177-80.
15.- García A, Chamizo M. El puesto de socorro de la Legión en Kosovo. Med Mil. 2002; 58(1): 54-6.
16.- Carabot A. Operación ‘‘Sierra-Juliet’’ Um Qsar (Irak). Enfermería Hospitalaria. 2003;22:4-41.
17.- De la Torre F. El cirujano de Guerra. Importancia de los estudios anatómicos y bioestadísticos en
los casos atendidos por el Escalón Médico Avanzado del Ejército de Tierra (EMAT) en Ad Diwaniyah
(Iraq). Aplicación de una nueva metodología:ACSOM [tesis doctoral]. Zaragoza: Universidad de Zara-
goza;2010.
18.- Navarro R, Rodrigo C, Tamburri R, López E, Pantojo C, Aceituno P. Despliegue y capacidades sani-
tarias en la región oeste de Afganistán (provincia de Badghis y Herat) de agosto a noviembre 2012.
San mil 2013; 69 (1): 48-60.
19.- Navarro R, Bartolomé E, Jara I, Oreja A, González G. Capacidades y asistencia sanitaria realizada
por el ROLE-2 español en la FSB de Herat (Afganistán) desde febrero a julio del 2007. Sanid. Mil.
2008; 64 (2): 98-104.
20.- Jiménez A. Heridas de etiologías especiales: arma de fuego, asta de toro y mordeduras. En: Ta-
mames S, Martínez C. Cirugía. Fisiopatología general. Aspectos básicos. Manejo del paciente
quirúrgico. 1ª ed. Panamericana; 1997. 123-28.
21.- Bellamy R, Zajtchuk R. The physics and biophysics of wound ballistics. En Conventional Warfare,
ballistic, blast and burn injuries.1 ed. Textbook of Military Medicine Publications; 1991. 119-38.
22.- Clasper J. Limb injuries. En Mahoney P, Ryan J, Brooks A, Schwab C, editors. Ballistic Trauma. 2ª
ed. Springer; 2004. 356-80.
23.- Alsina FJ. Consideraciones sobre el apoyo sanitario en combate urbano. Med Mil 2006; 62: 230-
44.
24.- Burris D. Weapons effects and parachute injuries. En Szul A. Emergency War Surgery. 3ª ed. Bor-
den Institute Walter Reed Medical Center; 2004.1.1-1.11.
25.- Plaza J. La atención táctica de bajas en combate. Boletín de la Infantería de Marina 2012: 17: 7-
11.
26.- Plaza J. El BIC, un botiquín para el combate. Boletín de la Infantería de Marina 2013: 19: 12-6.
Liderazgo en combate:
GENERAL James T. MatTis
“Through education built on an understanding of history and through
experience gained on joint coalition operations, and probably commen-
cing earlier in officers’ careers we can create an officer corps at ease with
complex joint and coalition operations.”
INTRODUCCIÓN
E
l pasado mes de marzo, tras 41 años de servicio, y no sin cierta polémica entre
medios especializados de los [Link]., un general de cuatro estrellas del USMC
cesó en su puesto de Comandante del Mando Central (CENTCOM). Se trataba
del General (USMC) James T. Mattis, veterano de varias guerras, y poseedor de una
brillante hoja de servicios.
El objeto del presente artículo es analizar su figura desde el punto de vista de la
teoría del liderazgo y de su propia trayectoria profesional.
“...Este no es un curso fácil ni está diseñado para serlo. No estamos aquí para que
paséis el tiempo con vuestros niños”.
En 2006 asumió el mando de la 1ª Marine Expeditionary Force (Camp Pendle-
ton), dirigiéndola en combate durante la Operación Iraqi Freedom, y en 2007 fue
nombrado Comandante del US Joint Forces Command (Norfolk, Virginia), cargo que
compartió, como de General de cuatro estrellas, con el de Comandante del Mando de
Transformación de la OTAN (ACT). En 2011 fue nombrado Comandante del CENTCOM
relevando al general David Paetreus; era la primera vez que un marine ejercía dicho
mando, que abandonó en marzo de 2013, entre rumores de destitución por parte de
la administración Obama provocada por la independencia de criterios y la visión de
este general sobre el conflicto con Irán, que difería notablemente con la del Departa-
mento de Defensa.
Posee la Estrella de Bronce, con distintivo de acción de guerra, así como el dis-
tintivo de acción de combate entre otras muchas condecoraciones.
además presenta a los subordinados una quinta cualidad, llamada “influencia ideali-
zada”, que consiste en presentar un modelo de comportamiento ético, de orgullo y de
respeto donde el subordinado pueda tomar ejemplo para realizarse a sí mismo como
militar.
Resumiendo, el líder transformacional, o el FRL ejerce una gran influencia sobre
el grupo por medio de su carisma y la atención individual que presta a sus subordina-
dos, sabiendo qué puede obtener de ellos en todo momento, estimulándoles intelec-
tualmente (pensamiento crítico) y transmitiéndoles su visión de la situación final de-
seada y su propósito, ejerciendo el conocido como “mando tipo misión” (Mission
Command). Al mismo tiempo, su actitud será un modelo para los subordinados, quie-
nes se verán inspirados por el comportamiento de su comandante.
Precisamente podríamos reconocer ese es-
quema de liderazgo en la figura del general Mattis.
En noviembre de 2001, durante el asalto al objetivo
Rhino en Afganistán, desembarcó el día D+2 con
solo cuatro miembros de su EM, dirigiendo sobre el
terreno las operaciones. De hecho, imprimió un im-
pulso innovador y agresivo a toda la operación; así,
por decisión personal, había organizado un EM re-
ducido, pero extraordinariamente eficaz y flexible;
llegó incluso a escoger personalmente a alguno de
los oficiales de su EM.
Insistió mucho en las relaciones con mandos
colaterales y superiores, enviando oficiales de enla-
ce a diversos cuarteles generales, tanto de la cade-
na orgánica como de la operativa. Tuvo que gestio-
nar el apoyo de los siempre complicados militares
paquistaníes, coordinar con las TF de Operaciones
Especiales, y con los aliados afganos. Asimismo,
tuvo la suerte de contar con el extraordinario apoyo
de su inmediato superior, el Vicealmirante Moore,
Comandante del NAVCENT.
En Irak fue conocido también por sus agresi-
vas decisiones, como cesar a un Coronel Jefe de un
Regimiento1 por no hacer maniobrar a su unidad de
forma satisfactoria2, o por llevar a cabo reuniones
con los belicosos sheiks de tribus suníes en la pro-
vincia de Al Anbar en las cuales se trataron diversos
asuntos que llevaron finalmente a una cierta pacifi-
cación de la región.
Siempre exigió a sus marines respeto por la
población y un comportamiento riguroso y profesional.
1
COOPER, CHRISTOPHER. How a Marine Lost His Command In Race to Baghdad. Col. Joe Dowdy's 'Tempo' Displeased Superiors;
THE WALL STREET JOURNAL April 5, 2004. Curiosamente, este incidente ha sido analizado en diferentes escuelas de negocios en
los [Link]. como parte de la formación en liderazgo y dirección de empresas.
2
Incidente reflejado en la serie de TV “Generation Kill”.
CONCLUSIÓN
Es evidente que el ejercicio del liderazgo en el mando de fuerzas con un gran
espíritu de Cuerpo, tradiciones e historial es una gran responsabilidad, y difícilmente
se logra con la simple suma de cualidades personales o los conocimientos adquiridos
en la enseñanza militar de formación. El conocimiento de la historia, de la cultura y
las peculiaridades de los escenarios donde se va a intervenir, de sus gentes, de los
subordinados y los aliados, de sus cualidades y sus limitaciones, y el saber generar
confianza, son claves para afrontar los conflictos actuales.
El general Mattis pertenece a una brillante generación de líderes militares, entre
los cuales podemos contar a los también generales David Paetreus y Stanley
McChrystal. Sus reflexiones y su labor intelectual y transformadora han dado un vuel-
co a conceptos doctrinales y al enfoque integral que se debe tener sobre los conflictos
actuales, sin quedarse anclados en doctrinas y en esquemas mentales de la inmediata
posguerra fría.
“Okay, this is what we’re going to do. We’re going to get over there and form a very small team… and we’re going to
start thinking about what we are going to do to go kick some ass.”
Mattis later recalled that Moore “was very aggressive, very supportive. He’s a fighting admiral. He was very
comfortable with his authority and power and not restrained in his thinking about how we could get naval forces into
Afghanistan. He was a superb leader.”
General Mattis returned to the MarCent building and announced, “We are going to invade Afghanistan…and I’m
going to need to know what else we’re going to need.”
Mattis’s guidance on growing the staff was simple: regardless of rank, he wanted a small group of staff officers who
possessed operational experience, initiative, and sound judgment.
General Mattis chose to employ the traditional naval nomenclature (N),* rather than the standard Marine general (G)
or staff (S) designators to delineate his staff sections.
Mattis replied with a grin that he had come with a thousand of his best friends to “go to Afghanistan to kill some
people.”
General Mattis responded enthusiastically, “Give me 1,000 men ashore for 30 days and we could make the enemy’s
life hell on earth for raids.”
General Mattis explained that Task Force 58 had established a foothold ashore and was “going to support the Afghan
people’s effort to free themselves of the /terrorists and the people who support terrorists.”
Mattis recalled, [sobre sus relaciones con el LCC bajo cuyo TACON operó la TF-58 en Afganistán] “I explained I
didn’t generally ask permission to wipe my nose and that my intentions messages laid out clearly what operations I
had coming up.”
General Mattis later commented on the situation [sobre la conducción de la campaña de Afganistán por el mando
Operacional]: It just showed the inability of a displaced… higher headquarters to coordinate mutually supporting ops.
Essential misunderstandings reflected their lack of first-hand familiarity with the ground and with the Pakistanis and
with the anti-Taliban force relationship. Had they understood those things, they could have done much better. There
was a breakdown in the intelligence operations interface; there was very little awareness in Tampa that the enemy
was escaping every day because of their… operational view.
EL TARGETING ANFIBIO.
NIVEL TáCTICO (PARTE I)
INTRODUCCIÓN
T
odos hemos oído hablar, incluso en los medios de comunicación no especializa-
dos, de términos como “daños colaterales no deseados” o de “ataque quirúrgi-
co”. Términos estos relacionados con el vocablo inglés que en círculos militares
especializados se conocen como Targeting1.
El desarrollo del armamento y sobre todo del sistema de guiado/puntería ha
permitido a los ejércitos mas avanzados reducir el impacto de sus acciones letales.
Sin entrar a definirlo aún, se podría decir que su origen (como lo conocemos
hoy), ha estado ligado a las fuerzas aéreas ya que llevaban el peso en los conflictos
de los 90 de la fase de previa a la intervención de tropas sobre el terreno. Y es ahí de
donde surge la doctrina conjunta muy ligada al nivel estratégico y operacional.
¿Pero es el targeting exclusivo de estos niveles? Rotundamente no. Hace tar-
geting el soldado que elige un arma o un punto sobre el que disparar su arma, en
función de los efectos que quiere conseguir sobre un blanco. Hace targeting el capitán
de la compañía que asesorado por su ACAF, prepara un Plan de Fuegos que apoye su
maniobra...
En fin, hace targeting el comandante de la Brigada auxiliado por su EM (y no
solo su FSCC) cuando, una vez ha definido el efecto que quiere conseguir sobre su o-
ponente, elige la forma más adecuada de conseguirlo.
La naturaleza de los conflictos ha cambiado y la adaptación a estas nuevas ca-
racterísticas ha dado lugar a conceptos como el Comprehensive Approach y EBAO. Así
se ha ampliado también el tipo de efecto requerido sobre el oponente (ya no solo e-
nemigo) e incluso en la población civil, y los medios para conseguirlos: desde la tra-
dicional y muy cinética bomba de aviación a la Información Pública, pasando por las
Operaciones Psicológicas y la mediación diplomática.
El efecto de la inmediatez en la disponibilidad para el gran público de la infor-
mación procedente de los conflictos a través de los medios de comunicación o como
recientemente, de las redes sociales, puede ser utilizado por las partes por medio de
campañas de información o mas comúnmente de desinformación/manipulación. Pero
el temor a evitar los daños colaterales no deseados no debe llevar nunca a la
inacción.
El desarrollo de procedimientos a nivel táctico debe permitir el ataque con el
arma/medio adecuada siguiendo las directrices (intención) del comandante y las ROEs
en vigor para cumplir la misión.
1
Podría traducirse como “gestión de blancos”.
Fácil de decir no tanto de llevar a cabo. La solución pasa por establecer proce-
dimientos semi-automáticos que permitan al combatiente en el terreno actuar con-
forme a lo planeado. Es decir, traducir las intenciones del Comandante hasta el es-
calón más bajo de la cadena de mando.
Mucho se ha escrito sobre el targeting a nivel estratégico y operacional en los
últimos tiempos. Menos sobre el targeting a nivel táctico aunque la experiencia de Af-
ganistán ha permitido desarrollar nuevos conceptos aún en evolución.
Decide
Assess
JOINT
TARGETING
CYCLE
Detect
Deliver
2
AJP-3.9
3
Joint targeting is the process of determining the effects necessary to achieve the commander’s objectives, identifying the ac-
tions necessary to create the desired effects based on means available, selecting and prioritizing targets, and the synchroniza-
tion of fires with other military capabilities and then assessing their cumulative effectiveness and taking remedial action if nec-
essary. It is both an operational level and component level command function.
Un caso particular de blanco, los TST’s4, siguen el proceso F2T2EA5 que no en-
tra en contradicción con el Ciclo Conjunto ya que todo él se enmarca dentro de la fa-
se5 (ejecución) del Ciclo Conjunto, dado que los pasos anteriores se han anticipado ya
durante la fase de planeamiento.
En suma, el Comandante elige sus blancos, se priorizan los accesibles, se com-
paran capacidades y se asigna al arma más adecuada de un Componente, éste lo eje-
cuta coordinadamente y se evalúan los resultados para una eventual re-entrada al
ciclo.
Interesante la referencia de la publicación a la CDE-M6, instrumento que basado
en el clásico análisis de riesgos, da a los Comandantes subordinados una herramienta
cuasi-matemática sobre las acciones permitidas a su nivel en función del daño
colateral.
Por otro lado, la publicación “Targeting Terrestre”7 establece un ciclo de gestión
de blancos basado en cuatro pasos: decidir, detectar-seguir, ejecutar, evaluar.
(D3A)8. Si bien no idéntico, existe un paralelismo entre los dos ciclos, lo que permite
integrar los procesos de un EM conjunto y de su componente terrestre.
4
Time Sensitive Targets. Blancos muy importantes o para los que el tiempo de reacción es vital.
5
To Find, Fix, Track, Target, Engage and Assess.
6
Collateral damage estimation Methodology: Método de estimación del daño colateral.
7
AJP3.9
8
Decide, Detect-track, Deliver, and to asses.
Por último, la Doctrina anfibia aliada9, opta por el Ciclo Conjunto, con pe-
queñas matizaciones. Esto le permite una mayor integración con un eventual mando
conjunto superior, sobre todo para el caso en que el CFAO dependa de un JFC.
La anfibia nacional10, integra el proceso detalladamente en el general de pla-
neamiento pero no lo desarrolla por fases.
LA RIM 12-108 establece el ciclo D3A (terrestre) pero lo relaciona con el ciclo
conjunto (también anfibio).
Resumiendo, los referentes doctrinales ofrecen métodos similares dependiendo
del nivel de mando, ajustándose más la Doctrina anfibia al Ciclo conjunto y la propia
de Infantería de Marina al método terrestre de targeting. Los métodos corresponden a
necesidades diferentes en los correspondientes niveles/ambientes y no deberían unifi-
carse “por decreto”.
Parece evidente que con los nuevos métodos de planeamiento a nivel ope-
racional, el nivel táctico cada vez tiene que interactuar más con el operacional duran-
te el planeamiento (incluido el targeting), y a su vez el operacional depende del tácti-
co en la obtención de información y en la ejecución de sus ataques/BDAs.
Por lo que un conocimiento mutuo de dichos métodos y la sincronización precisa
en la ejecución de dichos métodos es esencial.
9
ATP-8
10
DAF-03
Nombre y apellidos
NIF
Teléfono de contacto
Apellidos y nombre:
Dirección postal donde desea
recibir los ejemplares impresos
N.I.F.: Teléfono
Dirección de facturación
(si diferente a la dirección de envío)
Dirección
SECRETARÍA
GENERAL
Publicaciones de Defensa
TÉCNICA
Camino de los Ingenieros, 6 • 28047 Madrid
SUBDIRECCIÓN GENERAL
DE PUBLICACIONES
Teléfono: 91 364 74 27 (Pedidos)
Y PATRIMONIO CULTURAL
[Link]@[Link]
HISTORIA ASALTOS ANFIBIOS JAPONESES…
A
diferencia de los países europeos y americanos, la guerra anfibia ha sido con-
sustancial con la historia del Japón que, a lo largo de 2.500 años, la ha practi-
cado con frecuencia. Sin remontarnos tan lejos, recordemos tan sólo que a par-
tir de finales del siglo XIX, tanto en la primera guerra chino-japonesa, de 1894-1895,
como en la ruso-japonesa de 1904-1905 o en la segunda guerra chino-japonesa, de
1937-1945 y en las campañas del Pacífico en contra de los EEUU y demás aliados, la
llevaron a cabo de forma extensiva, contando con unidades que, ya desde los inicios
de esta última guerra, en 1941, disponían de una amplia y reciente experiencia en
este tipo de lucha.
Con referencia a las circunstancias que llevaron a la confrontación con China, y
posteriormente con Rusia, hay que tener presente que a finales del siglo XIX, Japón
era un país superpoblado y con exceso de producción industrial, por lo que no es de
extrañar que buscara la expansión territorial como solución a sus problemas. Inicial-
mente contra los chinos, a los que derrotó cumplidamente en poco tiempo e incorporó
Formosa (Taiwán) a su Imperio, pero poco después ya claramente en contra de algu-
nos países europeos, concretamente contra Rusia, y posteriormente contra Alemania,
al inicio de la I Guerra Mundial. Su situación geográfica le condujo a focalizar su aten-
ción en las regiones más próximas -Manchuria y Corea-, y con ello a competir con las
potencias europeas presentes en el Extremo Oriente. La causa más directa de la gue-
rra ruso-japonesa fue, por consiguiente, la rivalidad entre Rusia y Japón por su
hegemonía en esas áreas. Las potencias occidentales, Rusia la primera de ellas, ha-
bían forzado al Japón a devolver Manchuria a los chinos una vez conseguida su victo-
ria contra el Celeste Imperio en 1894-1895; pero sólo para que al final fueran los en-
viados del Zar quienes concluyeran un acuerdo secreto con el Imperio Chino, y el
gran país euroasiático se asentara en Manchuria y estableciera una base naval en Port
Arthur (actual Lüshun), en el extremo de la
península de Liao-Tung, junto a Dairén, co-
nectándola por FFCC con el transiberiano,
inaugurado en su tramo final en 1902. Japón
siempre consideró esta base como una ame-
naza para su libre circulación por el Mar
Amarillo hacia Corea y, a principios de 1904,
decidió eliminarla.
Japón poseía una Armada excelente,
moderna y bien adiestrada, inspirada en la
británica, y un ejército también excelente,
adiestrado por oficiales alemanes. La Armada
tenía suficientes fuerzas para enfrentarse a
las flotas reunidas de Rusia y Francia desta- Figura 1.
cadas en Oriente. Una parte importante del teatro de operaciones iba a ser Manchuria
–aparte de Corea-, país antiguo, montañoso y con escasas vías de comunicación, sal-
vo los recién tendidos ferrocarriles. La principal dificultad para las operaciones milita-
res en tierra era la falta de caminos y carreteras, que afectaban a ambos contendien-
tes, pero en mayor medida al bando zarista, cuya única vía de comunicación con Ru-
sia era el ferrocarril transiberiano, de vía única, interrumpido en aquella época en 160
Km. a la altura del lago Baikal, el cual había que pasar transbordando a un ferry o
directamente sobre el hielo en invierno. El traslado de un solo batallón de Rusia a Port
Arthur necesitaba alrededor de un mes y el recorrido era de unos 9.000 Km.
El dominio del mar era asunto vital para los japoneses, así como la conquista de
Corea, que pretendían utilizar como base para futuras operaciones en Manchuria, o
bien como refugio si se torcían sus planes. La estrategia inicial japonesa era asegurar
Corea y Port Arthur para avanzar sobre Manchuria. La base naval de Vladivostok –
situada en un mar interior, el Mar del Japón- era fácil de bloquear y permanecía ce-
rrada por los hielos en invierno. Port Arthur era la única utilizable todo el año y su
pérdida para Rusia sería grave, así que se esforzaron en eliminarla. La lentitud rusa
de transporte de efectivos hasta Manchuria y la conquista de Port Arthur, colocaría al
Japón en condiciones óptimas para concentrar el grueso de sus tropas contra el Ejér-
cito ruso de Oriente, buscando derrotarlo en una batalla decisiva que –pensaban-
obligaría a los rusos a abandonar el conflicto antes de poder recibir refuerzos de for-
ma masiva.
El problema estratégico japonés era una cuestión de tiempo y de rapidez en la
ejecución de sus operaciones militares. El contrapunto ruso a la estrategia japonesa
de lograr victorias rápidas para conquistar Manchuria, se centró en una estrategia de
acciones defensivas que buscaban ganar tiempo hasta recibir refuerzos sustantivos a
través del FFCC Transiberiano.
Así, pues, los japoneses decidieron inicialmente la conquista de la base naval de
Port Arthur, y concibieron para ello atacarla simultáneamente por mar y tierra; por
mar, inmovilizando a la flota rusa dentro de la base o inutilizándola en su fondeadero;
pr tierra, sitiándola con un ejército. Éste, a su vez, debería disponer de importantes
fuerzas de cobertura al norte para precaverse de
los ataques del ejército ruso de Manchuria que,
con toda seguridad, se empeñaría a fondo en de-
fensa de su base. Como la totalidad de sus tropas
provendría del Japón, se hacía necesario el domi-
nio previo del Mar Amarillo, destruyendo o inmo-
vilizando las unidades navales rusas de la flota del
Pacífico en sus puertos antes de que llegara la
flota rusa del Báltico o del Mar Negro para refor-
zarla.
Con esta idea, iniciaron las hostilidades a
principios de febrero de 1904, atacando por sor-
presa y sin declaración de guerra a las escuadras
rusas fondeadas en Port Arthur-Dairén y Chemul-
po (hoy Inchón), inaugurando con ello una pauta
que repitieron 36 años después al atacar a la Flo-
Figura 2.
ta norteamericana del Pacífico fondeada en Pearl
Harbour, en 1941. Pero en Port Arthur sólo lograron destruir a dos acorazados y un
crucero y en Chemulpo a un crucero y un cañonero; no obstante, aunque no llegaran
a dejar fuera de combate demasiados buques, sí que consiguieron bloquearlos en su
rada hundiendo varios mercantes en la estrecha bocana de la bahía. Casi al mismo
tiempo hostigaron también a la flota de Vladivostok, pero los resultados no fueron los
esperados, aunque dañaron a varios buques principales. Al no conseguir tampoco en
esta base la victoria decisiva que buscaban, los japoneses prefirieron el bloqueo a dis-
tancia y concentrar sus efectivos navales en el Mar Amarillo, vital para sus comunica-
ciones. Con el embotellamiento de los rusos en Port Arthur, los nipones consiguieron
una clara superioridad en la mar y vía libre para iniciar la invasión de Manchuria a
través de Corea y de la península de Liao-Tung, en el extremo suroeste de Manchuria,
donde se ubicaban Port Arthur y Dairén. Había, no obstante, dos problemas de orden
logístico: ni los japoneses podían desembarcar todos los ejércitos de una vez, por fal-
ta de buques suficientes para ello (cada ejército tenía unos efectivos próximos a los
75.000 hombres, que sumados a la artillería, impedimenta y abastecimientos necesa-
rios, complicaba la logística y exigía más de cien buques mercantes para transportar-
lo), ni los contendientes podían operar demasiado alejados de las líneas de FFCC por
la mala calidad y poca capacidad logística de carreteras y caminos en Manchuria, lo
que en el caso ruso limitaba sus movimientos para reaccionar con la rapidez que exi-
gían las circunstancias. Esto último era también aplicable a los japoneses. Las gran-
des batallas, pues, se dieron a caballo de las líneas de ferrocarril.
El primer desembarco lo ejecutó a mediados de febrero la 12ª división japone-
sa, perteneciente al 1er Ejército, en Chemulpo (actual Inchón); su misión era dar se-
guridad al desembarco del resto de este Ejército, que debía hacerlo en Tchinampó,
al SW de Ping-Yang. Inicialmente, el mismo día del ataque a Port Arthur, desembarcó
en Chemulpo su regimiento de vanguardia sin oposición, delante del crucero ruso
Varyag y del cañonero Korietz, fondeados
en bahía, que lo presenciaron sin intervenir
ya que todavía ignoraban el comienzo de
las hostilidades (al día siguiente, como se
ha comentado, ambos buques fueron hun-
didos por la flota japonesa, que los sor-
prendió en la confusión reinante al comien-
zo de la guerra). Poco después, moviéndo-
se el regimiento en dirección a Seúl, tuvo
sus primeros enfrentamientos con fuertes
destacamentos de caballería cosaca, a los
que forzó a replegarse. Mientras, cubierta
por este regimiento, desembarcó el resto
de la división que no tardó en avanzar por
la costa occidental coreana hasta Ping Yang
Figura 3. y, una vez allí, a su amparo, el 17 de mar-
zo puso pie en tierra sin oposición el grueso
del 1er Ejército. Reunido, éste se dirigió hacia el Yalú, donde se enfrentó a finales de
abril con un cuerpo de ejército ruso que le impedía el paso, lo derrotó y se estableció
defensivamente en la orilla norte del río.
1
Al finalizar la guerra, las exigencias de Japón en diversos temas políticos, económicos y militares, pretendían reducir a China a
simple protectorado japonés. Fue la semilla de la larga confrontación con ese gran país asiático a lo largo de la primera mitad
del siglo XX, que todavía colea.
hicieran los norteamericanos. Los desembarcos de cierta entidad los realizaba habi-
tualmente el Ejército, pese a cierta rivalidad con la Armada, que en cualquier caso
siempre colaboró a fondo con sus buques y tropas.
Los japoneses intentaron expandirse en los años de las décadas de 1920 y 1930
tanto por Siberia -con pretensiones de llegar hasta el lago Baikal-, como por China.
En la primera, diversos incidentes fronterizos ya desde 1932 -pequeños incidentes al
principio, que se convirtieron en problemas con el paso del tiempo- llevaron al com-
bate del lago Jasán (o incidente de Changkufeng en la terminología japonesa) en
agosto de 1938, en la que los soviéticos no salieron demasiado bien parados, y, al
año siguiente, a otro incidente más serio que derivó en la batalla Khalkin Gol 2, y que
acabó con una contundente derrota3 nipona por las tropas del general Zukov, al que
le esperaba una brillante carrera en la II Guerra Mundial. Estas continuas fricciones y
la demostración de firmeza de Stalin4, decidió al Imperio del Sol Naciente a abando-
nar sus deseos de expansión por Siberia y focalizar su atención hacia China y el Pací-
fico. Respecto a China, pensaron que sería más fácil operar partiendo de Manchuria,
que ya controlaban en la forma del Estado títere de Manchukúo, desde 1931, pero no
olvidaron la parte anfibia. Para ello provocaron una serie de incidentes fronterizos
contra el Gobierno nacionalista del General Chiang-Kai-Shek, que, al mantenerse fir-
me, les dio la excusa que necesitaban para una más agresiva política de conquista.
Desde los inicios de sus escaramuzas con China, por los incidentes fronterizos, los
japoneses llevaron a cabo no menos de 16 asaltos anfibios de cierta entidad hasta
producirse una clara ruptura de hostilidades en 1937. Los nipones iniciaron las opera-
ciones en el frente del norte presionando de firme desde el sur de Manchuria. Al obje-
to de reducir esta presión y ganar tiempo a cambio de espacio, necesario para que el
general Chang-Kai-Shek pudiera evacuar el Gobierno chino y la maquinaria de las in-
dustrias ubicadas en el área de Shanghai –ocupada por los japoneses después del
acuerdo chino-japonés de 1932-, el generalísimo chino organizó una ofensiva en las
proximidades de esa gran ciudad, empeñando para ello a la flor y nata de su Ejército.
Esta acción obligó al mando nipón a ralentizar las operaciones y a concentrar impor-
tantes fuerzas para defender esa estratégica ciudad, sustrayéndolas del frente norte.
Después de tres meses de lucha, y para decantar la balanza a su favor, los japoneses
organizan la Fuerza Anfibia Expedicionaria de Shanghai que llevó a cabo asaltos anfi-
bios con dos divisiones desembarcando en Linhe, Wusong y Chuang-Sha-Kou, a unos
50 Km. al SW del centro de la ciudad, al objeto de envolver esta población por el oes-
te. El 18º Ejército chino se opuso tenazmente al avance nipón durante dos semanas,
hasta la caída de Bao-Shan. Posteriormente se defendió en Loudian con 300.000
hombres frente a los apenas 100.000 japoneses -que disponían de suficientes carros,
2
Llamada también de Jaljin Gol o bien “Incidente de Nomonhan”, en la terminología japonesa.
3
Los rusos empeñaron el equivalente a un Ejército de tres o cuatro divisiones con 57.000 hombres, unos 500 carros de comba-
te, 550 piezas de artillería y 515 aviones de combate (57ª División de infantería, 36ª División motorizada, 6ª Brigada de caba-
llería, 11ª Brigada acorazada y las 7ª, 8ª y 9ª Brigadas de infantería acorazada). Los japoneses, por su parte, empeñaron tres
divisiones (7ª y 23ª de infantería y otra del Manchukúo) reforzadas por carros, artillería y aviones. Japón perdió a lo largo de
las semanas siguientes unos 18.500 hombres por 9.800 rusos, pero el frente en disputa no se movió. Posteriormente Zukov
reiteró los ataques y aniquiló por completo a la 23ª División nipona. A consecuencia de la batalla, Japón abandonó la idea de
enfrentarse en solitario a la URSS sin apoyo alemán, focalizando su atención hacia China y el Pacífico.
4
Stalin ordenó reforzar las guarniciones siberianas y acopiar abastecimientos en Siberia central y oriental para operar ininte-
rrumpidamente un mínimo de seis meses, así como terminar de conectar el FFCC Transiberiano con la rama oriental de Irkusk
a Vladivostock, por el sur del lago Baikal, y además doblar el tendido férreo desde Irkusk hasta la gran base naval rusa del Pací-
fico.
6
La verdad es que la neutralización de la escuadra acorazada americana del Pacífico en Pearl Harbour y el hundimiento de la
británica frente a las costas de Malaca, facilitaba grandemente las cosas.
buscando capturar pronto aeródromos en los que basar la aviación que les seguiría
apoyando, sin detenerse inicialmente a consolidar las cabezas de playa para ganar en
movilidad al enemigo, sin ninguna pausa opera-
cional. Acometían briosamente al enemigo con el
legendario valor militar japonés y la estricta apli-
cación del Bushido, sin importarles en demasía
las bajas que pudieran tener. De ser necesario,
para facilitar el apoyo logístico, establecían pe-
queñas cabezas de playa a las que intentaban
englobar los aeródromos más próximos. La se-
cuencia era de una gran agilidad táctica.
Las tropas de marina solían encabezar el
desembarco, seguidas de las del Ejército, hasta
que, consolidadas las primeras posiciones, era
éste quién asumía la dirección de las operaciones
en tierra. Los marines japoneses7, de muy alta
calidad, estaban especializados en tomar las po-
siciones iniciales que dominaban las playas, in-
cluso con unidades especiales de paracaidistas
que cooperaban magníficamente con las fuerzas
de superficie, tomando anticipadamente tanto
aeródromos, en los que basar aviación para apo-
Figura 5. yo a la maniobra en tierra, como puntos de paso
obligado o posiciones en la retaguardia de los de-
fensores que facilitaran la progresión hacia el interior de las fuerzas desembarcadas.
La guerra contra los Estados Unidos fue decidida en octubre de 1941, al adoptar
el país americano terribles sanciones económicas que llevaban al Japón al borde mis-
mo de la inanición y le privaban de todas las materias primas que necesitaba simple-
mente para sobrevivir. El almirante Yamamoto –pese a ser el primer defensor en
mantener buenas relaciones con Estados Unidos y evitar la guerra, porque había
vivido allí y conocía su inmenso potencial industrial y organizativo-, consiguió
convencer a sus dirigentes para, de decidirse por la guerra, eliminar en un arriesgado
golpe de mano a toda la flota norteamericana del Pacífico o, por lo menos, dejar fuera
de combate los suficientes buques para que no fueran obstáculo en la conquista y or-
ganización del cinturón defensivo que necesitaban; intuyó – como así fue – que la
reacción americana consistiría en tomar una o varias islas de ese perímetro,
avanzando después de isla en isla hasta poder cortarles sus vitales líneas marítimas
de comunicaciones con el sureste asiático.
Y eso fue precisamente lo que hicieron los japoneses del 7 al 10 de diciembre de
1941 y en los cinco primeros meses de 1942: eliminar a las fuerzas navales nortea-
7
Las Fuerzas Navales de Desembarco Especiales (Tokubetsu Rikusentai) de entidad batallón o regimiento equivalente, bien ins-
truidas, magníficamente adiestradas y con un alto espíritu de combate. Se formaron dos en Kuré (de 1.400 hombres cada
una), tres en Sasebo (entre 1.440 y 1650 hombres; con la fusión de estas tres se constituyó una de 3.250 hombres), cuatro en
Yokosuka (de 750 a 850 efectivos) y dos en Maizuru (de unos 1.100 hombres), además de la 1001 Butai, asignada a la 21ª Flo-
tilla Aeronaval, que era de paracaidistas, con unos 700 hombres: unos 12.000 hombres en total. La defensa de la isla de Betio,
en el atolón de Tarawa, fue llevada a cabo por unos 3.800 japoneses pertenecientes a la infantería naval de Sasebo y batallo-
nes de construcciones navales, batiéndose con singular fiereza.
8
Al día siguiente del ataque y hundimiento de ambos buques de línea británicos, un avión japonés de los que los atacaron y
hundieron lanzó dos coronas de flores en el lugar de la acción, una para los marinos japoneses muertos en el combate y la
otra para los británicos también fallecidos.
9
Cruceros pesados Houston y Exeter, tres cruceros ligeros y diez destructores.
estudiado por los estrategas japoneses, que les permitiera abastecerse de las mate-
rias primas indispensables y defenderse de sus adversarios en el Pacífico.
Inicialmente, al 14º Ejército, al mando del general Homa, se le encomendó la
toma de las Filipinas con dos divisiones (en la ejecución se le añadieron dos brigadas
mixtas provinentes de las posesiones japonesas de las islas Palaos y Ryu-Kiu); al 15º
Ejército, la captura de Tailandia y Birmania, con dos divisiones por tierra desde In-
dochina y otras dos divisiones desembarcadas en el istmo de Kra; el 16º Ejército, con
dos divisiones también, debía ocupar las Indias Orientales Holandesas y, final-
mente, al 25º Ejército, con tres divisiones, mandado por el legendario general Ya-
mashita, se le encomendó la tarea más difícil: la toma de Malasia y la conquista de
Singapur, la base naval más importante de Extremo Oriente -un acorazado “inhundi-
ble” al decir de Winston Churchill, una fortaleza inexpugnable y símbolo del poder
británico-, desde la que se controlaba el Océano Índico oriental y el paso del Índico al
Pacífico a través del Estrecho de Malaca, protegiendo además la salida al mar de la
importante producción de caucho y estaño de Malasia; para todo ello a Yamashita le
dieron un plazo de escasamente tres meses. En los desembarcos simultáneos de los
15º y 25º Ejércitos en el istmo de Kra, la Armada Imperial y la aviación naval con ba-
se en Indochina escoltaron cumplidamente a los convoyes transportando a ambos
ejércitos, y, en las operaciones de tránsito a las zonas de desembarco, fue cuando la
aviación japonesa con base en los alrededores de Saigón, como ya se ha comentado,
hundió a los dos acorazados británicos que intentaban interceptarlos.
En esta campaña anfibia es de destacar
el amplio frente de casi 800 Km. en que tuvie-
ron lugar los desembarcos en el istmo de Kra
para la conquista tanto de Tailandia como de
Malasia.
Pasemos a detallar un poco más las ope-
raciones:
El 15º Ejército, al mando del teniente
general Shojiro Iida, tenía por misión conquis-
tar Tailandia y Birmania al objeto de dar se-
guridad por el oeste al perímetro defensivo ja-
ponés en el Pacífico, previniendo una probable
reacción inglesa desde la India, y, además,
cortando o dificultando las comunicaciones te-
rrestres aliadas con China desde la India10. Pa-
ra ello invadió Tailandia -país de paso para di-
rigirse a Birmania y Malasia, pero neutral, del
que necesitaban utilizar puertos, vías férreas y
aeropuertos- por tierra y mar: penetró por la
frontera entre Indochina y Tailandia con las
33ª y 55ª divisiones11 y una brigada mixta de Figura 7.
la Guardia Imperial, y, simultáneamente al
10
Los aliados tuvieron que construir la enrevesada “carretera de Birmania” para abastecer a China.
11
Posteriormente, una vez tomado Singapur, el 15º Ejército fue reforzado con las 18ª y 56ª Divisiones, que se añadieron a las
33ª y 55ª que habían iniciado la operación desde el principio.
desembarco del 25º Ejército más al sur, llevó a cabo una serie de asaltos anfibios en
el istmo de Kra con otras dos divisiones en Samut, Nakhon, Prachuap, Surat y Cump-
hon, organizadas operativamente en brigadas mixtas. Los británicos, a su vez, habían
adelantado sus defensas a Tailandia12 -aunque tarde- sin la autorización del Gobierno
de ese país, haciéndose fuertes con una división en los alrededores de Bangkok, y con
una brigada más al sur, en el istmo de Kra, lo que requirió de potentes y fieros ata-
ques por parte de los japoneses para desalojarlos.
El 25º Ejército, con las 5ª y 18ª Divisiones y la 1ª de la Guardia Imperial -
30.000 hombres apenas y 120 carros-, al mando del teniente general Tomoyuki Ya-
mashita y con la misión de tomar Singapur, desembarcó en Singora y Patani, mien-
tras que una brigada mixta del 18º Ejército (la Fuerza Takumi) lo hacía en Khota Ba-
ru; en este último punto se encontró con la firme oposición de una brigada australia-
na, que solo lograron que se replegara después de enconada lucha. Los invasores
avanzaron a caballo de las carreteras por las costas occidental y oriental de la penín-
sula con las unidades de carros y de infantería motorizada -el grueso se movió por el
terreno costero llano del oeste y la Fuerza Takumi por el este, más abrupto-, mien-
tras que la infantería, ciclistas y carros ligeros, lo hacían con sorprendente rapidez por
la selva tropical del interior, configurando dos poderosos brazos de tenaza que con-
vergían hacia el frente terrestre de Singapur13: la ciudad de Johore, junto al estrecho
del mismo nombre que separaba la célebre isla de Malasia, habiendo arrollando y dis-
persando por el camino al III Cuerpo de Ejército británico del general Percival (divi-
siones 11ª británica, 11ª hindú y 18ª australiana, y varias brigadas malayas e hin-
dúes), que se refugió apresuradamente con sus tropas en Singapur. Percival había
previsto el avance japonés por las carreteras costeras, pero no esperaba que la infan-
tería japonesa se infiltrara a pie y en bicicleta, con algunos carros ligeros, por la selva
tropical con tanta celeridad, y que aprovechara las peores tormentas para montar sus
ataques, cosa que desbordaba continuamente las sucesivas líneas de resistencia que
iba organizando y activando. Las tropas del general Yamashita llegaron a Johore el 31
de enero de 1942 persiguiendo a los británicos.
La defensa principal de la gran base naval estaba orientada fundamentalmente
hacia la mar, por lo que los japoneses decidieron tomarla de revés. Allí los aliados
concentraron 85.000 hombres (equivalentes a nueve brigadas: cuatro divisiones y
media de infantería), que al fin esbozaron una organización defensiva orientada hacia
tierra14, apoyándose en la orilla meridional del estrecho de Johore. Pero los japoneses
no les dieron tregua y el 8 de febrero, apenas una semana después de su llegada, en
una audaz operación anfibia nocturna costa a costa, bajo una lluvia torrencial y sin
visibilidad, tres divisiones ligeras sin apenas artillería, se infiltraron en botes de lona
en una zona difícil del perímetro defensivo de la fortaleza, sin ser detectadas; la zona
era poco practicable y estaba relativamente poco fortificada –pero que los japoneses
conocían bien15-, por el terreno pantanoso existente frente a sus posiciones. Los ata-
12
Plan Matador.
13
Singapur pertenecía en aquella época a Malasia y, aparte de su importancia como base naval y punto estratégico, por allí des-
embocaba toda la producción de caucho y estaño de Malasia, que representaba el 58% y el 38% de la producción mundial,
respectivamente. Singapur era un paraíso terrenal, sin racionamientos ni apagones de luz como en Londres.
14
Inicialmente los británicos solo preveían un ataque por mar, descartando por completo uno que procediera de tierra.
15
Las defensas británicas de Singapur, cuyos planos detallados cayeron en manos del crucero auxiliar alemán Atlantis al capturar
al mercante rápido británico Automedon, a bordo del cual viajaba un oficial británico que los transportaba, fueron pronto en-
cantes se enzarzaron de inmediato contra las tres brigadas australianas que lo guar-
necían, en medio de un caos total; sorprendidos y desorientados, los australianos no
tardaron en ser arrollados. Sobrepasado y desorganizado por el enemigo, que iba ba-
tiéndolo en detalle, y falto de moral al ver la defección de malayos e hindúes, y a la
poca confianza en sí mismos de sus hombres, el general Percival se rindió una sema-
na después. Eran 80.000 soldados del Imperio británico contra apenas 30.000 japo-
neses, una proporción de 2,5 a 1 a favor de los aliados. Junto con los 50.000 captu-
rados por Yamashita en Malasia, la suma de prisioneros aliados se elevó a 130.000.
Apenas 5.000 efectivos lograron escapar16. Al decir de Winston Churchill la capitula-
ción de esta plaza fue el peor desastre del Ejército británico en toda su historia.
El 16º Ejército, con sus dos divisiones, se lanzó en una primera fase a la toma
de Borneo inglesa y las islas Célebes y Ambón, desembarcando en lugares muy
separados con unidades tipo ARD o brigadas mixtas. En una fase posterior tomaría
Timor, cuyas operaciones serán objeto de una descripción más detallada, y más ade-
lante, Sumatra, Java y Flores.
Analicemos ahora, bien que someramente, la campaña filipina llevada a cabo
por el 14º Ejército del general Homa. MacArthur disponía en las Filipinas de 10 divi-
siones nativas, bajo mando estadounidense, y de una norteamericana, la Philippines
División, así como varios grupos de artillería, un regimiento de caballería, dos batallo-
nes de carros y dos regimientos de artillería antiaérea, todos ellos americanos; 107
cazas P-40 y 35 B-17 en los aeródromos de Clark e Ita constituían la Fuerza Aérea del
Ejército presentes en Luzón, a las órdenes directas del general. La Armada, por su
parte, bajo el mando del almirante Hart tenía basados en las bahías de Cavite y de
Subic un crucero pesado y dos ligeros, 13 destructores y 29 submarinos, además de
buques menores e hidroaviones. Había ordenado replegar a Australia lo que no fuera
indispensable.
En Luzón, la isla principal, MacArthur
había desplegado en las llanuras al norte de
Manila, bajo mando del general norteamericano
J. Mayhew, las divisiones filipinas 11ª, 21ª, 31ª
y 71ª –esta última en reserva-, el 26º regimien-
to de caballería norteamericano, un batallón de
carros y buena parte de la artillería de campaña
disponible, para oponerse a un eventual des-
embarco japonés que el norteamericano esti-
maba se produciría en el golfo de Lingayen y de
día. Otras 2 divisiones filipinas, las 41ª y 51ª,
bajo mando del también general norteamerica-
no George Parker, las movió al sur, desplegán-
dolas a todo lo largo de la península meridional
de la isla, hasta Legazpi. Él mantenía directa-
Figura 8. mente a sus órdenes como reserva a la división
norteamericana -en los alrededores de la capi-
tregados a los japoneses por el comandante del navío alemán, capitán de navío Rogge. Los japoneses, empero, tardaron en
aceptarlos como auténticos.
16
Otra gran victoria de Yamashita fue que de los 40.000 militares hindúes prisioneros, más de 30.000 se integraron en el Ejército
nacionalista hindú pro-japonés y anti-británico, viendo en los japoneses el pretexto para liberar a la India del dominio inglés.
17
Equivalente a general de dos estrellas; mandaba un ejército de dos divisiones y dos brigadas mixtas adicionales.
y trasladarse a Australia para hacerse cargo del mando del teatro de operaciones
aliado del Pacífico Sur, estableciendo su puesto de mando en Darwin; fue allí donde
pronunció su célebre frase “I shall return”.
Es notable en esta batalla citar la sabia elección de los puntos de desembarco y
de la maniobra que en todo momento hizo el general Homa, sorprendiendo continua-
mente a los norteamericanos, así como la increíble desproporción de fuerzas existente
entre los invasores y la defensa. Los americano-filipinos superaban a los japoneses en
una proporción de 4 a 1. MacArthur no le perdonó jamás a Homa la humillación de la
derrota y, al terminar la guerra, hizo detener y ejecutar al japonés 18 como criminal de
guerra, pese a ser Homa un brillante militar y un auténtico caballero, tanto en el sen-
tido occidental como oriental del término.
* * * * *
Posiblemente el asalto anfibio japonés más paradigmático –por lo que tiene de
audaz y preciso, y que evidencia la maestría nipona en este tipo de operaciones- fue
la toma de Timor, en manos de holandeses y australianos. Paso a describir somera-
mente esta emblemática operación.
En la madrugada del 20 de febrero de 1942 el 38º Grupo de Desembarco al
mando del mayor general19 Takeo Ito, atacó la guarnición aliada de la isla de Timor,
mediante un asalto anfibio clásico, combinado con un envolvimiento vertical a cargo
de una unidad de paracaidistas de la infantería naval; es el primer caso con éxito -por
la estrecha coordinación de los movimientos de superficie y verticales- que registra la
Historia, aunque no fuera la primera vez en intentarse (los alemanes quisieron llevar-
lo a cabo en Creta en 1940, pero la flota británica abortó el movimiento por mar).
La isla de Timor, de unos 14.000 Km² y unas dimensiones de 480 x 80 Kms.
era mitad holandesa y mitad portuguesa, con una población nativa de alrededor de
medio millón de personas en cada uno de los territorios, algunos miles de chinos e
hindúes, y unos pocos cientos de portugueses y holandeses. La capital holandesa era
Koepang, situada en el interior de una magnífica bahía, al SW de la isla, con un aeró-
dromo –Penfui- a unos 7 Kms de la
capital; la capital portuguesa era Dili,
disponía también de un buen puerto
natural y de un aeródromo cercano.
La guarnición de la isla era de
unos 600 holandeses, más unos
1.300 australianos que habían acudi-
do a reforzarlos, como primer paso
para el establecimiento de una fuer-
za posterior de entidad brigada, y
500 portugueses en su colonia (otros
800 soldados portugueses, proce-
dentes del África Oriental, estaban
en camino para reforzarlos). El 19 de
diciembre, australianos y holandeses Figura 10.
18
Al general Homa, a instancias de su esposa, MacArthur le permitió que le ejecutaran por fusilamiento, en vez de ahorcado,
como al general Yamashita y a la mayoría de los llamados “criminales de guerra” por los vencedores.
19
Equivalente a general de una estrella o general de brigada en los estándares anglosajones.
Al amanecer del 21, los japoneses lanzaron ataques aéreos contra el aeródromo
y las columnas enemigas en retirada, al tiempo que saltaba el batallón naval paracai-
dista para interceptar la retirada de los aliados. Cuando Ito se dio cuenta del movi-
miento australiano-holandés, modificó la dirección de avance de sus dos batallones,
lanzándolos en persecución de las fuerzas en retirada, pegándose a sus talones y pre-
sionándolos hacia el nordeste, donde les había bloqueado el camino el batallón para-
caidista. Una compañía australiana contraatacó a los paracaidistas antes de que se
afianzaran en el aeródromo, sin resultado. Ito envió seguidamente a un grupo táctico
con carros y artillería en ayuda de los paracaidistas, cogiendo a los aliados entre dos
fuegos. El 23 de febrero por la mañana se rendían, salvo unos 150 holandeses y 200
australianos que huyeron a las montañas y que, junto con los portugueses escapados
de Dili, siguieron combatiendo como guerrilleros hasta 1945. Los aliados tuvieron
unos 150 muertos, 200 heridos y 1.100 prisioneros. Los japoneses unos 70 muertos y
60 heridos.
El control japonés de aire y mar fue decisivo. Cinco días después del desembar-
co, tuvo lugar la batalla del mar de Java, entre los cruceros del contralmirante Takagi
y la escuadra del contralmirante Doorman, que intentaba impedir otro desembarco en
la isla de este nombre, perdiendo el holandés cuatro de sus cinco cruceros y seis de
sus diez destructores; los restantes pudieron escapar con diversas averías. La opera-
ción anfibia de Timor fue muy bien planeada y ejecutada, con una coordinación per-
fecta entre las fuerzas de tierra, mar y aire. Los japoneses consiguieron desembarcar
de noche, sin oposición y por sorpresa, en playas algo alejadas de los objetivos,
mientras que los paracaidistas entretenían el tiempo suficiente a los defensores para
que el grueso nipón pudiera atraparlos. Es un buen ejemplo de guerra de maniobra
anfibia que se ajusta bastante a los términos modernos de este tipo de operaciones.
Pero Timor no es más que un eslabón de la larga lista de asaltos anfibios japoneses y
que se une a los de Thailandia, Malasia, Hong-Kong, Luzón, Nueva Guinea, Brunei,
Jesselton, Menara, Kendari y Macasar (Célebes), Tarakan y Balikpapán, Ambón, Sin-
gapur, Lombok, Zamboaga, Batavia, Corregidor, Lae, Java, Sumatra, Bali y los encla-
ves en la costa china de Tcheu, Shanghai, Ning-Po, Uencheu, Fucheu, Amoy, Suateu,
Pakoi y la isla de Hainan, también en China.
Con ello termina este pequeño trabajo relativo a los asaltos anfibios de cierta
entidad realizados por los japoneses a lo largo de su reciente historia. Habría que
añadir los llevados a cabo en Guadalcanal antes del contradesembarco americano y
los de Okinawa, como contramaniobra al avance americano en la isla, al modo del
realizado en Crimea por las tropas del general Eric von Manstein contra el flanco del
44º Ejército soviético en 1941, para coadyuvar al ataque principal. Posiblemente haya
otros en China en estos años o en las islas ocupadas para mejorar sus posiciones en
vista de las tácticas americanas de “salto de rana”, pero no dispongo de suficiente
información sobre ellos...
D
urante la II Guerra Mundial tuvieron lugar centenares de asaltos anfibios por
parte de los principales contendientes. Posiblemente sea el período de la his-
toria que más operaciones de este tipo se hayan realizado. Un actor bastante
olvidado en los países occidentales es la Unión Soviética, que llevó a cabo nada me-
nos que 114, la mayoría incursiones o pequeños asaltos anfibios de entidad batallón y
brigada, como la realizada en la zona de Odesa, en 1941, pero que también realizó
grandes operaciones con fuerzas de desembarco de entidad superior a una división,
como las ejecutadas en el Mar Negro en la zona de Kerch-Feodosia, en 1941, las
dos de Novorossiysk, en la península de Taman, en 1943, y las de Kerch-Eltigen,
en 1943-1944, con idea de recuperar las penínsulas de Taman y Crimea y la impo-
nente base naval de Sabastopol, o contra las costas búlgaras, en 1944. O las que tu-
vieron lugar en el Ártico, en el Mar Blanco y Mar de Barents, al norte de Laponia, jun-
to a la península de Kola, la llamada por los rusos Operación Petsamo-Kir-keness,
en 1944; o bien en el Báltico, en 1944-1945, contra la costa sur de Finlandia y las
islas situadas en el golfo de Riga, las de Ösel, Dagö y Moon –una operación anfibia
de envergadura, de nivel estratégico, con dos ejércitos y algunas brigadas de tropas
de infantería naval-, que tan brillantemente tomaran los alemanes en la I GM y la
efectuada en Meküla contra la retaguardia alemana que defendía el río Nerva; o las
realizadas en el Lejano Oriente, en Chongjin (o Seishin) –con algo más de una divi-
sión-, en la costa nordeste de Corea, y en las islas Sajalín y otras dos en el archipié-
lago de las Kuriles, en conjunción con la ofensiva final soviética de agosto de 1945,
la operación Tormenta de Agosto, (lanzada el día 8, dos días después de ser atacada
Hiroshima con una bomba nuclear), que conquistó Manchuria, la península de Corea,
la isla de Sajalín y el archipiélago de las Kuriles a los japoneses, ofensiva iniciada a
punto de finalizar la guerra y que prosiguió una vez que éstos se habían rendido ya a
los americanos y demás aliados occidentales, aunque no a los soviéticos. Y el proyec-
tado desembarco en Hokkaido, que hubiera tenido lugar en 1945.
En la doctrina soviética se distinguían tres niveles de operaciones anfibias: el es-
tratégico-operacional, el táctico y las incursiones, sin que definieran este tipo de ope-
raciones como “… asalto a una costa hostil procedente de la mar con tropas y unida-
des a flote…”, como se escribe en las doctrinas de las potencias marítimas, ya que,
por escasez de buques especializados y de embarcaciones de desembarco, las opera-
ciones se llevaban a cabo normalmente de costa a costa. Era el talón de Aquiles anfi-
bio de la Armada roja de esa época. Y por ello les era necesario capturar cuanto antes
un puerto, dado que, sin suficientes embarcaciones idóneas, el aprovisionamiento a
gran escala no era posible desembarcarlo en las playas, con el ritmo y el volumen ne-
cesarios. Consideraban incluso el paso de los grandes ríos como una operación anfi-
bia, como fue el caso del paso del Danubio en varias ocasiones. A diferencia de las
doctrinas norteamericana o británica, el mando superior de un asalto anfibio opera-
cional lo ostentaba siempre un oficial general del ejército de tierra, normalmente el
comandante del teatro o del Ejército en beneficio de cuya gran unidad se realizaba la
operación; tenía a sus órdenes directas, como jefes subordinados, al comandante de
las tropas de desembarco y al almirante de las fuerzas navales de transporte y apoyo
(esto recuerda al desembarco alemán en Ösel y Dagö, en 1917, e incluso a los aliados
del Norte de África y Normandía, o los de Nueva Guinea y Filipinas), aunque solía ser
un oficial naval quien comandara la operación anfibia en sí (Gorshkov en Odessa y en
Kerch-Feodosia o Kuznetzov en Novorossiysk).
En junio de 1941, tras la invasión de la URSS por el Ejército alemán, Finlandia
se unió a los germanos para recuperar las tierras perdidas a manos de los soviéticos
un año antes (Carelia y península de Kola). En otoño de 1941, ambos Ejércitos pla-
nearon una ofensiva contra la península de Kola –la operación Zorro Ártico- con la
idea de hacerse con los dos principales puertos del Ártico: Murmansk y Arkangelks.
Pero la escasez de vías de comunicación terrestres de suficiente capacidad logística
obligó a los atacantes a un ritmo lento de avance, que fue aprovechado por los rusos
para fortificar concienzudamente su perímetro defensivo, organizar nuevas tropas,
especialmente de la marina, y traer apresuradamente fuerzas adicionales para la de-
fensa. El ataque germano-finlandés fracasó sin paliativos y con importantes pérdidas.
De resultas de todo esto quedó estabilizado el frente a unos 70 Km. al oeste de
Murmansk.
En otoño de 1944, el XIX Cuerpo de Ejército alemán ocupaba posiciones defen-
sivas en el flanco norte en un amplio frente. La guerra iba de mal en peor para las
fuerzas del Eje y Finlandia se apresuró a firmar un armisticio con la URSS, lo que le
obligaba a colaborar con este país en contra de Alemania. Ante esta situación, el
Mando germano decidió retirar todas sus fuerzas –el 20º Ejército- del norte de Fin-
landia y Noruega, pero el Ejército Rojo y las tropas finlandesas se les adelantaron.
Con la idea de eliminar estas siempre amenazadoras fuerzas, la Stavka –el Alto Esta-
do Mayor soviético-, en colaboración con el alto mando finlandés, ordenó al general
Meretskov, comandante del Frente de Carelia, que organizara una ofensiva –que sería
apoyada por la Flota del Norte del almirante Golovko para expulsar a los alemanes de
Finlandia y alejarlos del territorio soviético. Fue la denominada ofensiva de Petsa-
mo-Kirkeness en la historia militar soviética1.
El XIX Cuerpo de Ejército alemán, mandado por el general Jold, que guarnecía
la parte más septentrional del dispositivo, estaba compuesto por dos potentes divisio-
nes de montaña, la 2ª y la 6ª (ésta reforzada con el 388º Regimiento de granaderos),
la agrupación divisionaria “Van der Hoop”, de unos 4.500 efectivos, y la 210ª división
1
Fort Leavenwoth Paper number 17.
“de fortificación” –unos 6.000 hombres, para la defensa de costas-, diseminada por
todo el litoral, pero guardando
fundamentalmente los puertos de
Petsamo y Kirkeness, y los co-
rrespondientes servicios; en total
disponía de unos 56.000 efecti-
vos. Los alemanes eran sabedo-
res de una próxima ofensiva so-
viética y de que, dada la situa-
ción, difícilmente podrían soste-
nerse, así que la misión que se
encomendó a este cuerpo fue la
de mantener las posiciones de-
fensivas el tiempo suficiente para
evacuar desde ambos puertos las decenas de miles de toneladas de abastecimientos
que tenían acopiadas.
Los rusos organizaron la ofensiva en octubre de 1944 en base al 14º Ejército,
que disponía de dos cuerpos de ejército de maniobra, otro de menor entidad –de eco-
nomía de fuerzas, como lo llamaban, para fijar el frente alemán- y dos Fuerzas de
envolvimiento, de infantería ligera; una de éstas se componía de dos divisiones –de
dos brigadas cada una, que eran casi mayoritariamente de fusileros de marina- y la
otra con dos brigadas de infantería naval2, las 12ª y 63ª. La primera debía envolver
en un amplio radio la retaguardia del dispositivo alemán por la parte sur del desplie-
gue, estableciéndose en puntos de paso obligado, y la otra hacer lo mismo por la cos-
ta del norte, en el flanco de mar del XIX cuerpo; mientras tanto, los dos cuerpos de
maniobra –el grueso del 14º Ejército- intentarían embolsar al grueso alemán. La
ofensiva tenía tres fases: la primera llegar y tomar Pétsamo; la segunda tomar Kirke-
ness y la tercera empujar los alemanes hasta la frontera noruega si no podían embol-
sarlos. En total los rusos disponían de 96.000 hombres, con 2.100 piezas de artillería,
120 MRL y 110 carros, la mayoría T-34. El 11 de octubre los soviéticos infiltraron
equipos de zapadores en la retaguardia alemana antes de iniciar la acción y, al día
siguiente, lanzaron un fuerte ataque. El 14º Ejército soviético consiguió romper las
bien establecidas posiciones defensivas de las tropas de élite alemanas –como eran
las unidades de montaña- intentando envolver al cuerpo alemán, que inició una rápi-
da y precipitada retirada. La infantería naval soviética coadyuvó certeramente a la
operación, hostigando a los alemanes en puntadas ofensivas, con pequeños desem-
barcos de entidad batallón y brigada –en siete u ocho ocasiones-, cortando varias ve-
2
Tanto la Infantería Naval como los Fusileros de Marina eran formados con tropas de marineros (los “excedentes” que no tenían
destino en buques ni instalaciones de marina), pero, mientras que la primera (los Morskaya Pekhotá Batalons) era organizada
por la Armada Roja, con oficiales y suboficiales mayoritariamente de marina, los segundos lo eran por el Ejército Rojo, con ofi-
ciales mixtos. Los alemanes crearon algo parecido, con oficiales, suboficiales y marineros de la Kriegsmarine que, al ir perdien-
do buques a lo largo de la guerra, quedaban sin destino en puestos de la Armada; organizaron varias divisiones.
ces sus líneas de comunicación, volando puentes y tomando puntos de paso obligados
que permitieron copar determinados destacamentos enemigos. El desembarco más
importante y de más entidad fue una combinación de ataque a través del istmo de
Sretnii, ejecutado por la 12ª Brigada, simultaneado con el desembarco de la 63ª, que
llevó a la toma del puerto de Pétsamo. Lo recortado de las costas, con innumerables
ensenadas y fiordos, se prestaba extraordinariamente bien a este tipo de operacio-
nes. Pero las dificultades de avance que encontró uno de los dos cuerpos que debían
llevar a cabo el envolvimiento principal, normalmente por la escasez de vías de co-
municación y la difícil traficabilidad, permitió al XIX cuerpo de ejército alemán retro-
ceder y escurrirse apuradamente de la trampa, aunque perdiendo sus preciados abas-
tecimientos y municiones. En varias ocasiones las unidades soviéticas envolvieron y
cortaron las comunicaciones alemanas, pero otras tantas veces, con desesperados
esfuerzos y empeñando una división de refuerzo -la 163ª de infantería, que se le
asignó y trasladó desde Noruega, junto con una brigada ciclista de este país-, el XIX
cuerpo consiguió recuperar la mayoría de sus unidades cercadas. Al final, diezmado y
envuelto en el rosario de lagos y ríos que separan el norte de Finlandia de Noruega,
con muchos puntos de paso obligados tomados anticipadamente por los rusos, pudo
romper el cerco con grandes esfuerzos y retirarse hasta el norte de Noruega, perse-
guido por sus asaltantes, haciéndose fuerte allí y volviendo a estabilizar el frente.
Los rusos alejaron en
150 Km. la amenaza sobre
sus dos grandes puertos en
el Ártico, se apoderaron de
los puertos de Petsamo y
Kirkeness y conquistaron
además las minas de níquel
de Pechenga, cercanas a
Petsamo, mineral muy ne-
cesario a la industria bélica
alemana. Los abastecimien-
tos alemanes, empero, fue-
ron destruidos por las tro-
pas germanas en retirada. Esta brillante ofensiva sirvió de base a los estrategas so-
viéticos para su campaña de Manchuria contra los japoneses, en verano de 1945, en
la que el mariscal Meretskov -ascendido por sus éxitos en esta operación-, mandó un
Frente y avanzó por el difícil terreno del nordeste de Manchuria y Corea con la colabo-
ración de dos brigadas de la infantería de marina soviética de la Flota del Pacífico.
* * * * *
* * * * *
Más adelante, en noviembre de 1941, el 11º Ejército alemán, al mando del ge-
neral Eric von Manstein, había conseguido avanzar hasta la península de Crimea y,
una vez barridas las fuerzas soviéticas que la defendían, se empeñó a fondo en el si-
tio de la formidable fortaleza y base naval de Sebastopol. Disponía de tres cuerpos de
ejército para la operación, dos alemanes y uno rumano, con un total de once divisio-
nes, una de ellas acorazada. Para evitar la caída de la imponente fortaleza y re-
cuperar la totalidad de la península de Crimea, el mando ruso concibió una operación
para atacar del revés la retaguardia de Manstein –concentrado en el sitio de Sebasto-
pol- realizando un desembarco anfibio de gran estilo en dos puntos de Crimea, en las
proximidades de la ciudad de Kerch y en Feodosia (Teodosia en fuentes griegas),
distantes unos 120 Km. Manstein, que tenía noticias por su grupo de inteligencia de
movimientos rusos a gran escala en la península de Taman3, se preparó como pudo
para resistir el embate. El asalto anfibio lo iniciaron los 51º y 44º Ejércitos, desem-
barcando el primero el 26 de diciembre en varios puntos al norte y este de la pe-
nínsula de Kerch y el día 29 el segundo, directamente contra el puerto de Feodosia.
Pusieron en tierra en una semana unos 42.000 hombres. Manstein creyó que podría
contener los desembarcos, pero la zona sólo la guarnecía la 46ª División de infantería
alemana, que poco pudo hacer para impedirlo, y los rusos consolidaron pronto sus
cabezas de playa, estrellándose contra ellas los vigorosos contraataques de varias
brigadas rumanas.
3
La alarma saltó al incrementarse notablemente el tráfico radio desde la base naval de Novorossiysk, donde se ubicaba la flota
rusa que no era imprescindible en la Sebastopol sitiada. Los vuelos de reconocimiento de la Luftwaffe confirmaron importan-
tes concentraciones de tropas en la península de Taman.
También progresó con gran esfuerzo el asalto al puerto de Feodosia. Pese a la alerta,
la entidad y amplitud de la doble operación de desembarco sorprendió al XLII Cuerpo
del general Hans Graf von Spo-
neck, responsable de la defensa de
la península de Kerch y del flanco
este del 11er Ejército, que, ante el
peligro de ser envuelto en una pin-
za desde Kerch y Feodosia, inició
una acción retardadora y se re-
plegó ordenadamente hacia el ist-
mo de la península, en un terreno
con menos frente y más fácil de
defender, pese a tener órdenes de
defender a toda costa sus posicio-
nes iniciales4. Allí, en el istmo, y
empeñando el XXX cuerpo en auxi-
lio del XLII, Manstein logró contener a los atacantes el 2 de enero de 1942 en la línea
alcanzada. Los rusos habían conseguido profundizar de 100 a 110 Km en ese tiempo
y, lo más importante, obligando al comandante alemán a suspender el sitio de Sebas-
topol para enfrentarse a la nueva amenaza. Al frente de la operación soviética estaba
el general jefe del Frente Transcaucásico, el general Petrov, que comandaba las tro-
pas desembarcadas y la flota rusa que transportó las tropas y apoyó la batalla. Poste-
riormente, y pese a la vigorosa reacción de la aviación alemana, los atacantes consi-
guieron aumentar sus efectivos en la península de Kerch con el 47º Ejército, sumando
a las fuerzas ya establecidas otras nueve divisiones con cerca de 100.000 hombres y
cientos de piezas de artillería y carros. La iniciativa estaba en manos soviéticas. Con
esas tropas los rusos crearon el Frente de Crimea, nombrando al general Dimitri Koz-
lov su comandante. En esa primera fase, las bajas por ambos bandos fueron de unas
8.700 alemanas y rumanas y alrededor de 7.000 muertos y 20.000 prisioneros las
soviéticas.
Una vez estabilizado el frente, el mando alemán trasladó a la zona importantes efec-
tivos aéreos –la Luftflotte 4- que atacó sistemáticamente las comunicaciones maríti-
mas soviéticas logrando hundir bastantes buques y reducir significativamente los
aprovisionamientos rusos a la zona reconquistada, aunque no pudiera impedir el no-
table refuerzo de efectivos en la cabeza de playa que se ha comentado y que iba en
aumento. Era tal el acoso a las líneas de aprovisionamiento y las dificultades logísti-
cas que iban experimentando cada vez más los soviéticos, que la Stavka sugirió a
Stalin la posibilidad de retirarse de Crimea, pero éste no lo autorizó.
4
El general Hans Graf von Sponeck fue relevado del mando en enero de 1942 y sometido a consejo de guerra, que lo halló cul-
pable y condenó a muerte. Indultado por Hitler a una pena de prisión de seis años, fue finalmente fusilado en 1944 al sos-
pechársele involucrado en el atentado contra la vida del Führer.
to que debía desembarcar, con los escasos medios ligeros de la Flotilla del Mar Negro,
a retaguardia de la segunda línea defensiva rusa para embestirla de flanco y de
revés.
El 8 de mayo de madrugada inició la ope-
ración Trappenjagd, cogiendo a los soviéticos
en la zona de ataque completamente por sor-
presa. El ataque lo llevó a cabo el XXX Cuerpo,
lanzando sus tres divisiones contra el 44º Ejér-
cito y, gracias al apoyo aéreo y al artillero, y a
la operación anfibia contra la retaguardia rusa,
consiguió la ruptura en sólo tres horas y media
de combate. Como el comandante enemigo no
mostrara disposición alguna a mover su reser-
va, suponiendo seguramente que el ataque
principal tendría lugar más tarde por el norte, Manstein lanzó al día siguiente por la
brecha a la 22ª División Acorazada, que atravesó la línea defensiva y, girando hacia el
norte, embolsó al 51º Ejército contra el mar de Azov. La organización y la moral de
las tropas soviéticas se desplomaron y al poco tiempo empezó una estampida desde
las zonas del frente hacia retaguardia, con el 47º Ejército retirándose en relativo buen
orden y el 44º en desbandada. El 51º Ejército, presionado a vanguardia por los ru-
manos y por el XLII Cuerpo, y con la retaguardia cortada, viéndose acorralado, se
rindió con ocho de sus divisiones. Mientras, el XXX Cuerpo se lanzó en persecución
del 44º Ejército, en desbandada hacia el puerto de Marfovka, a unos 14 Km de Kerch,
donde la Armada roja, a fuerza de coraje y competencia, consiguió evacuar, pese a
sufrir graves pérdidas, a 116.000 hombres. Pero los rusos perdieron 417 aviones y
162.282 hombres, entre muertos heridos y prisioneros. Los alemanes tuvieron 3.397
bajas (de ellas unos 600 muertos) y los rumanos unas 1.800. Después de esa batalla,
Manstein se pudo concentrar en conquistar de una vez Sebastopol, y, a los pocos me-
ses, logró tomar al asalto la plaza que tan tenaz y valientemente se había batido du-
rante tanto tiempo y que le valió muy merecidamente el bastón de mariscal de cam-
po. Fue otra operación digna de estudio, donde combatieron con su acostumbrado
valor, junto con ocho divisiones del Ejército rojo y el grueso de la flota del Mar Negro,
tres brigadas de la infantería naval soviética.
La actuación del general Von Manstein fue, sencillamente, magistral. Esta bata-
lla constituye una de las obras maestras de la II Guerra Mundial, junto con la de
Francia (concebida también por este general), la de Normandía o la Tormenta de
Agosto en Extremo Oriente; o la captura de las Filipinas y de Singapur por los japone-
ses. Generalmente ha sido poco estudiada, salvo por los alemanes y rusos. Nos
muestra también los progresos realizados por la Armada y el Ejército soviéticos en la
realización de asaltos anfibios de gran estilo, pese a tener su talón de Aquiles en la
insuficiencia de buques y, sobre todo, de embarcaciones de desembarco para este
tipo de operaciones ya que, no lo olvidemos, la fase inicial fue un relativo éxito, que
entretuvo a los alemanes y retrasó la caída de la gran base naval de Crimea más de
seis meses.
Finalizada la toma de Crimea, los alemanes emprendieron casi de inmediato la
ofensiva Blau que debía llevarles hasta orillas del mar Caspio, a los pozos petrolíferos
de Bakú, aunque nunca llegarían allí. Pero las cosas se les torcieron en Stalingrado y
en otros puntos del frente oriental, y el mantenimiento de extensas líneas de comuni-
cación hacia el Caspio se hacía difícil. Ni siquiera por vía marítima, pensando utilizar
Novorossiysk o Tuapse como puertos que acortaran su cola logística, porque ni tenían
suficientes mercantes para una operación de esa envergadura ni la flota rusa del mar
Negro, que era mucho más potente que los débiles efectivos navales alemanes o ita-
lianos en el teatro, lo hubiera permitido.
* * * * *
Casi un año después de este anterior desembarco fallido, en noviembre de
1942, con la batalla de Stalingrado casi finalizada y con serias dificultades de
alemanes y rumanos para mantener expeditas sus comunicaciones, el Ejército Rojo
inició la contraofensiva general soviética en la zona del Cáucaso, para recuperar el
terreno perdido el año anterior. La ejecutó el Frente Transcaucásico 5 contra el Grupo
de Ejércitos A alemán
y, en menor medida,
participó también en
su momento el Frente
de Stalingrado; los
soviéticos fueron
avanzando paulati-
namente durante va-
rios meses. Uno de
sus hechos de armas
más sobresaliente de
estos avances fueron
los asaltos anfibios a
la bahía de Novoros-
siysk, que buscaban
amenazar las posicio-
nes costeras alemanas de la península de Taman, así como acortar las líneas de co-
municación y facilitar el apoyo logístico de los ejércitos del Grupo del Mar Negro, que
se movía paralelo a la costa, como brazo meridional del avance del Frente Trans-
caucásico. Fueron maniobras de ala que coadyudaban a la maniobra principal del
Grupo del Mar Negro.
5
El Frente era una gran unidad soviética equivalente a un Grupo de Ejércitos alemán u occidental.
6
La 255ª Brigada estaba formada por los batallones 14º, 142º y 322º de infantería naval (Morskaya Pekhotá Batalons), con la
726ª Bía de artillería de 76 mm, una Cía de zapadores, una sección de reconocimiento, unidades de transmisiones y trenes
logísticos y de transporte. La 83ª Brigada la formaban los 16º, 144º y 305º batallones de infantería naval, un grupo de artillería
de 76 mm, una Cía antiaérea, una Cía de zapadores, una sección de reconocimiento, unidades de transmisiones y trenes logís-
ticos y de transporte. A veces se les asignaban carros de combate. La 81ª Brigada debía de ser de estructura similar a la 83ª.
Este tipo de unidades mixtas se experimentaron ya durante la guerra civil española con buen resultado.
7
Contaba con unidades ligeras, tipo lanchas torpederas o dragaminas, alemanas, rumanas e italianas.
8
Aproximadamente, del tamaño del Campo de Adiestramiento de la Sierra del Retín
9
La 260ª Brigada mixta la formaban los batallones 304º, 306º y 314º de infantería naval, un grupo de artillería de 76 mm ó 122
mm, un batallón de morteros medios y pesados, una Bía antiaérea, una Cía de zapadores y unidades de transmisiones, trenes
logísticos y de transporte auto. La 115ª Brigada debía de tener una composición similar.
10
En realidad en la Kriegsmarine nunca se denominaron acorazados de bolsillo, nombre despectivo que les dieron sus adversa-
rios, sino inicalmente “buques acorazados” y posteriormente cruceros pesados.
piélago con tres divisiones y dos regimientos independientes, al mando del teniente
general11 Tsutsumi Fusaki, así que ofrecieron una resistencia numantina que causó a
los soviéticos elevadas bajas, fundamentalmente por no disponer de inteligencia ade-
cuada y falta de suficiente preparación anfibia; no obstante, el 23 de agosto se rindió
la guarnición de todo el archipiélago por haberlo ordenado así el Emperador una se-
mana antes, como parte de los acuerdos de capitulación firmados con los aliados.
Visto el éxito de la operación Tormenta de Agosto y el desarrollo de las opera-
ciones en las islas próximas a Japón, los soviéticos planearon desembarcar sobre el
21 de agosto un cuerpo de dos o tres divisiones en Rumoi, al norte de Hokkaido,
aunque se pospuso al 25 por la resistencia encontrada en Sajalín. Con ello se habrían
adelantado en dos meses a la operación Olympic, la primera de las dos Downfall pro-
yectada por los norteamericanos para finales de octubre12, y que se hubiera llevado a
cabo coordinadamente con un pequeño desfase en el tiempo con el asalto a Kyusiu,
también por los anglosajones, el 1 de noviembre.
Evidentemente, el mando soviético no tenía ninguna intención de esperar tanto
tiempo para desembarcar en Hokkaido en combinación con los asaltos anfibios que
llevarían a cabo los estadounidenses en el sur del Japón. Aunque la flota militar y
mercante soviética era pequeña comparada con la norteamericana, y sus posibilida-
des logísticas reducidas para una operación de gran estilo, confiaban en el éxito, dado
que la isla japonesa estaba relativamente poco guarnecida (unas 4 ó 5 divisiones
diezmadas) y que la flota mercante japonesa (ferries de ferrocarril y buques de cabo-
taje) había quedado bastante mermada desde los ataques de la TF-38 norteamerica-
na, en el mes de julio, por lo que a los nipones les hubiera sido difícil reforzar la isla
de forma sustancial. Seguramente para una invasión de más entidad, habrían necesi-
tado una capacidad logística de la que no disponían; pero, sumando las capacidades
de embarque demostradas en los asaltos anfibios de Chongjin, Sajalín y las Kuriles,
llevadas a cabo casi simultáneamente entre el 11 y 18 de agosto, podían llegar a po-
ner inicialmente en tierra de dos a dos divisiones y media, incluyendo una brigada
acorazada. Esta posibilidad operativa, unida al hecho de que los norteamericanos no
querían de ninguna de las maneras que los soviéticos se establecieran en Japón, hizo
que aquellos aceleraran el lanzamiento de las dos bombas nucleares sobre territorio
japonés para precipitar el fin de la guerra.
En realidad los japoneses pensaban, incluso después del lanzamiento de la
bomba sobre Hiroshima, que todavía podían seguir oponiéndose en fuerza a los an-
glosajones si conseguían mantener Manchuria y Corea en su poder (disponían aún de
más de dos millones de soldados en la metrópoli y de unos 12.000 aviones, algo anti-
cuados ciertamente, pero de los cuales un millar y medio eran capaces de enfrentarse
en pie de igualdad con los mejores de los aliados, reservándolos para el momento de
la invasión). O, incluso, utilizar esos territorios continentales como moneda de cambio
11
Su rango, al igual que en el Ejército alemán que les servía de modelo, era equivalente a un general de dos estrellas aliado.
12
La otra, la operación Coronet, prevista para primavera de 1946, debía desembarcar próxima a Tokia y poner fin a la guerra.
con los soviéticos en unas hipotéticas negociaciones de paz, mientras seguían comba-
tiendo contra los americanos y sus aliados. Habían pensado solicitar de los soviéticos
su mediación con los estadounidenses13. La operación Tormenta de Agosto, sin em-
bargo, iniciada el día 8 de agosto, dos días después del ataque nuclear sobre Hiro-
shima, les hizo perder ambas posesiones en poco menos de una semana, y desvane-
ció los sueños de resistencia o de posible negociación o mediación con EEUU. Ante la
posibilidad de que los rusos capturaran Hokkaido, después de haber perdido ya Co-
rea, Sajalín y algunas islas de las Kuriles próximas a Japón, el Gobierno nipón se
apresuró a firmar la paz con los norteamericanos, pensando que les iría mejor rendir-
se a ellos que a los soviéticos, y a ese fin pactaron hacerlo con los estadounidenses a
fin de preservar la monarquía, sin obligar a abdicar al Emperador o su sustitución por
una república u otros príncipes de la casa reinante. La iniciativa tuvo éxito, aunque
hubo que transformar la forma de Gobierno a la monarquía constitucional. Por otra
parte, los EEUU hicieron saber a los soviéticos que el desembarco en Hokkaido iría en
contra de los acuerdos de Postdam (a fin de cuentas, se trataba de una guerra que
habían ganado prácticamente ellos en solitario, y no querían intrusos de última hora).
Stalin, que temía que de seguir adelante con su plan podría llevarle a chocar militar-
mente con los americanos, algo que quería evitar a toda costa, máxime disponiendo
de armas nucleares, desistió de intentar la invasión.
Al finalizar las hostilidades, los rusos expulsaron a todos los habitantes de as-
cendencia japonesa de Sajalín y de las Kuriles, repoblando las islas con rusos, chinos
y coreanos; también cambiaron de nombre los topónimos japoneses por otros esla-
vos. Japón nunca ha reconocido este hecho consumado y, tanto después de la guerra
como en la actualidad, no ha cesado de reclamar la mitad sur de Sajalín 14 y las cuatro
islas de Iturop, Kunashir, Shikotan y Habomai, las más próximas al Japón del archi-
piélago de las Kuriles.
Tanto la Armada como el Ejército rojo demostraron un envidiable sentido de
adaptación a las operaciones anfibias, bien es verdad que la insuficiencia de medios
adecuados las limitó, en las de gran estilo, primordialmente a la toma de puertos,
aunque en el planificado asalto anfibio contra Hokkaido pensaban disponer de buques
y embarcaciones para desembarcar por lo menos dos divisiones y media y una briga-
da de carros. Después de la guerra paliaron un tanto esas carencias, construyendo
numerosas LSTs de tamaño medio y algunos buques para transporte de tropas y bu-
ques dique, pero sin resolverlas con la abundancia y flexibilidad de sus contrapartes
occidentales.
COR. IM. (R) LUIS SOLÁ BARTINA
13
Curiosamente, pese a estar en guerra con los aliados anglosajones, Japón siempre respetó en cierto modo los intereses sovié-
ticos, permitiendo que buques mercantes norteamericanos arribasen con material de guerra y otros abastecimientos, que
iban a utilizar contra Alemania en Europa, a Vladivostock y a otros puertos rusos asiáticos. Tal vez por ello confiaban en su
mediación.
14
De todas formas, la mitad de Sajalín pasó a manos de los japoneses en 1905, cuando los rusos perdieron la guerra contra
Japón. En el fondo, en 1945, se trataba de volver a la situación anterior a la guerra ruso-japonesa.
E
l Regimiento Naval nº 1 era el nombre con el que, desde
el comienzo de la guerra civil en julio de 1936, eran de-
signadas las fuerzas de Infantería de Marina en Carta-
gena. En los meses de enero y febrero de 1937, el 1 er batallón
del regimiento, integrado en el bando republicano combatió en
el frente de Málaga. Aunque en un primer momento el com-
portamiento del batallón pareció militarmente inaceptable, de
hecho se ordenó por el coronel del regimiento la apertura de
diligencias en averiguación de su actuación, la verdad se im-
puso y pudo saberse que su comportamiento fue notable, cali-
ficado incluso de heroico.
Fuentes, como capitán, estuvo al mando de la compañía del Cuerpo que quedó
en Cartagena tras el Decreto de extinción de la Infantería de Marina. Al estallar la
guerra era comandante en situación de disponible en Albatera (Alicante). Se le ordenó
su incorporación a la Base Naval Principal de Cartagena. En febrero de 1937 Fuentes
era teniente coronel y estaba al mando del primer batallón del Regimiento Naval nº 1,
momento en que tomó parte en la acción que se describe más adelante.
El día 22 los nacionales reanudaron su ofensiva en la zona oeste del frente, con
el objetivo de ocupar Alhama de Granada, para ello formaron dos columnas que
avanzaron en las direcciones Loja - Alhama y Granada - Alhama. En la madrugada
del mismo día 22, se le ordenó al batallón naval que acudiera urgentemente a la zo-
na, lo que hizo en camiones, llegando a Alhama sobre las 8 de la mañana. Allí se puso
a disposición del jefe del sector, el teniente coronel de infantería Gonzalo Sales, que
En Ventas de Zafarraya se agruparon las fuerzas restantes del batallón que van
llegando poco a poco. Hecho el recuento de bajas se estima que son de 6 oficiales, 3
suboficiales, 11 cabos y 130 soldados, gran parte de ellas de la 4ª compañía, que-
dando útiles menos de 200 hombres en todo el batallón. En dicha localidad, a pesar
del mal tiempo reinante, de la escasez de comida, del cansancio y de las numerosas
bajas sufridas deben ocupar de madrugada unas posiciones defensivas de circunstan-
cias. Al día siguiente, 24 de enero, reciben la visita del coronel Villalba, que había to-
mado el mando del Ejército del Sur sustituyendo al general Monje, acompañado de su
Estado Mayor. Villalba calificó el comportamiento del batallón como heroico. Teniendo
en cuenta el estado de la unidad se le autorizó a que se trasladara a Málaga para
descansar y reorganizarse, lo que hizo el día 26 siendo relevado por el batallón
«Avance», al que hicieron entrega del armamento y correajes, ya que estos escasea-
ban. En Málaga Villalba reitera su felicitación al batallón a las que se unen las recibi-
das del Ministro, Subsecretario y almirante de Cartagena.
DILIGENCIAS INSTRUIDAS
CONCLUSIÓN
Una vez más la Infantería de Marina, en este caso del bando republicano, hizo
honor a su lema de «valientes por tierra y por mar».
TEXTOS:
ENGEL MASOLIVER, Carlos. Historia de las brigadas mixtas del Ejército Popular de la República. 1936-1939. Al-
mena.2005.
MARTÍNEZ LEAL, Juan. República y Guerra Civil en Cartagena (1936-1939). Universidad de Murcia, Ayuntamiento
de Cartagena. 1993.
MARTÍNEZ PASTOR, Manuel. Cinco de marzo de 1939. Cartagena. Agua. 1992.
RIBAS FABAL, José Enrique. Historia de la Infantería de Marina española. Ministerio de Defensa. 2007.
ROMERO, Luis Desastre en Cartagena. Editorial Ariel. 1971.
RUIZ SIERRA, Manuel. El alzamiento en las Bases Navales Principales. Galland Books. 2011.
SALAS LARRAZABAL, Ramón. Historia del Ejército Popular de la República. La esfera de los libros. 2006.
SÁNCHEZ BALIBREA, Ginés. Guerra y exilio. Ediliber. 2002.
SÁNCHEZ PASTOR, Antonio. Crónica de las promociones de oficiales de Infantería de Marina (1537-1990). Edito-
rial Naval. 1991.
ARTÍCULOS, MONOGRAFÍAS:
HERNÁNDEZ CONESA, Ricardo; IBAÑEZ RUBIO, Santiago. Muerte en la Marina (II).Cartagena Histórica. Cua-
derno Monográfico nº 36. 2008.
HERNÁNDEZ CONESA, Ricardo. Sublevación y contrasublevación en Cartagena. Cartagena Histórica. Cuaderno
Monográfico nº 10. 2004.
MEDIANO DURÁN, Juan. La Infantería de Marina y Cartagena. Secular simbiosis. No publicado.
SOLÁ BARTINA, Luis. Apuntes sobre la historia de la Infantería de Marina española. No publicado.
INTERNET
[Link]
[Link]
VARIOS
Expediente «Diligencias instruidas en averiguación de la actuación de las fuerzas del 1er batallón del Regimiento
Naval nº 1 en el frente de Málaga». Archivo del Tercio de Levante. 1937.
E
l 15 de febrero de 1898 el crucero americano Maine explotaba en el puerto de
La Habana. Había atracado tres semanas antes en “visita de cortesía”, sin más
intención que velar por el bienestar de los ciudadanos americanos en Cuba. La
isla era en aquel momento un hervidero. El asesinato de Cánovas, “Estadista impulsor
de la restauración monárquica de 1876” en el balneario de Santa Agueda, justo
cuando parecía haber encontrado una solución para Cuba, dejó el gobierno en manos
del liberal Sagasta y al mundo sin saber cuál era esa solución. Sagasta había hecho
oposición a favor de los independentistas y tenía la obligación moral de hacer
concesiones. En primer lugar licenció al expeditivo general Weiler. Luego improvisó un
gobierno colonial y lo puso en manos de un autonomista. Sin embargo, las medidas
no cuajaron, más bien empeoraron la situación. Los autonomistas las consideraban
insuficientes y los españolistas se unieron a los disturbios al sentirse abandonados.
Estados Unidos observaba con interés la situación en Cuba. El por entonces
lobby de los azucareros pujaba por la entrada del país en la guerra y financiaba a los
poderosos magnates mediáticos, Rudolph Hearst y Joseph Pulitzer, para que hicieran
del conflicto una cuestión nacional. Los medios hicieron su trabajo compitiendo por la
mejor portada sobre la crueldad de los soldados españoles.
El 15 de febrero, a las nueve y cuarenta de la noche, el Maine vuela a
consecuencia de una misteriosa explosión cerca de la proa. Inmediatamente los
Estados Unidos -que desde 1896 venían fomentando la guerra independentista con
afanes intervencionistas- culparon a España del hecho.
Hasta hace poco tiempo casi todo el mundo comprendía que el asunto del Maine
había servido independientemente de su origen, que casi nadie a estas alturas
atribuía ya a los españoles, para desencadenar la guerra entre España y los Estados
Unidos. El resumen de un gran conocedor de los problemas de Cuba, el teniente
general Martínez de Campos, es revelador:
<<Salió en seguida de los Estados Unidos un barco de salvamento, con la carga
necesaria para investigar sobre las causas del accidente ocurrido. El Bangrove, a cuyo
bordo iban los buzos y los principales componentes de la comisión informadora,
fondeó junto a los restos del crucero Maine. Mas con él llegaron, casi a un tiempo, las
noticias de Norteamérica sobre la orientación y la actitud adoptada por la prensa.
Súpose, en efecto, en esa fecha, que un diario neoyorquino había lanzado un gran
artículo en el que se anunciaba que una mina submarina había causado la destrucción
del Maine, decía también –el mismo artículo- que se trataba de un asunto
premeditado, y que no era ajeno a ciertas deliberaciones del Gobierno de Madrid; y,
en fin, que de lo expuesto se tenía una prueba irrefutable”.
Más todavía. El
New York Herald de
28 de febrero
comentaba lo anterior
y aun agregaba: “…el
Gobierno de Madrid
asegura que no había
minas submarinas en
el puerto de La
Habana, pero en un
plano aparecido en la
biblioteca militar de
Washington figura la
posición exacta de las
minas españolas. El
Maine quedó fondeado junto a una de ellas, que estaba conectada con la orilla”.
No obstante, en los Estados Unidos y en España hubo una aparente calma. Se
esperaban los informes, sin pensar que el nuestro sería incompleto, ni que uno y otro
llegarían a conclusiones diferentes. En efecto, los buzos americanos encontraron
torceduras hacia el interior del barco que habían sido originadas, forzosamente, por
una explosión externa, y los españoles sólo vieron dobladuras hacia fuera, causadas,
sin duda alguna, por una explosión interna. Tales orientaciones predominaban,
cuando menos. Demostraban claramente lo que cada cual deseaba demostrar. No
hubo ecuanimidad por ninguna parte; y fue preciso resignarse –de momento- a los
efectos producidos por esta controversia estéril y apolítica.
BIBLIOGRAFÍA:
E
l pasado 16 de Abril la In-
fantería de Marina española
conmemoró la festividad de
su patrón San Juan Nepomuceno.
Por este motivo, en los Ter-
cios y Agrupaciones de la Fuerza
de Infantería de Marina se celebró
un acto litúrgico, de carácter vo-
luntario, así como diversas confe-
rencias sobre la vida y virtudes del
que ha sido considerado “el primer
mártir del sigilo sacramental y
abogado de la buena fama”.
En el Quartel de San Carlos en San Fernando (Cádiz), el oficio religioso
contó con la presencia del general de división Pablo Miguel Bermudo y de Espi-
nosa, Comandante General de la Infantería de Marina (COMGEIM) y la participa-
ción de numeroso personal de las diferentes unidades de Infantería de Marina
ubicadas en San Fernando: Tercio de Armada, Tercio del Sur y Cuartel General de
la Fuerza de Infantería de Marina.
San Juan Nepomuceno o Juan de
Nepomuk (1340-1393), es el santo patrón
de Bohemia (República Checa). Según
cuenta la historia, el santo, confesor de la
reina de Bohemia, sufrió martirio por ne-
garse a romper el voto de secreto de con-
fesión. Canonizado por Benedicto XIII el
19 de marzo de 1729 en la basílica de San
Juan de Letrán, por Real Orden de 1731
se dispuso, sobre la base de los Batallones
de Marina, la creación del llamado Batallón
de Barlovento, al que se puso bajo la
protección de la Virgen de Guadalupe cuando estuviese de guarnición en América
y de San Juan de Nepomuceno mientras permaneciese en la Península, por ser
ejemplo permanente del sigilo sacramental. Por comunicación de 16 de mayo de
1758 del Capitán General de la Armada don Juan José Navarro, marqués de la
Victoria este patronazgo se transmitió a todos los batallones del Cuerpo, lo que
fue confirmado posteriormente en 1878, a solicitud del Inspector General de la
Infantería de Marina, mariscal de campo Montero y Subiela.
L
a Fuerza de Protección de la Ar-
mada (FUPRO) llevó a cabo, entre
el 20 y el 23 de mayo, un ejercicio
de ámbito nacional – el FPEX-13 –
orientado a incrementar su nivel de
adiestramiento en la activación y ejecu-
ción de los planes de contingencia con-
templados en la seguridad de las insta-
laciones y dependencias de la Armada.
El ejercicio tuvo como finalidad
mejorar la capacidad de respuesta de la
FUPRO en apoyo a las distintas unida-
des ante posibles situaciones de crisis
ocasionadas por amenaza terrorista,
sabotaje, espionaje, etc.
El ejercicio sirvió también para comprobar la capacidad de coordinación y cola-
boración de la Fuerza de Protección de la Armada con las Fuerzas y Cuerpos de Segu-
ridad del Estado (FCSE).
El Comandante de la Fuerza de Protección de la Armada es el responsable de la
conducción del FPEX-13, a través de su Cuartel General ubicado en Cartagena.
La fuerza participante procedía del Tercio del Norte, Tercio de Levante, Tercio
del Sur, Agrupación de Madrid y Unidad de Seguridad de Canarias. Además, se vieron
implicadas un gran número de instalaciones de la Armada, tanto de la Fuerza como
del Apoyo a la Fuerza, en todo el ámbito del territorio nacional.
U
n grupo de veintisiete ofi-
ciales participantes en el VI
Curso de Defensa para Ofi-
ciales Superiores Afganos, acom-
pañados por sus profesores espa-
ñoles del Centro de Estudios Su-
periores de la Defensa (CESEDEN)
y dos intérpretes, visitaron el pa-
sado día 23 de mayo las depen-
dencias del Tercio de Armada en
San Fernando (Cádiz).
La delegación fue recibida
en la Sala de Banderas por el General Comandante del Tercio de Armada, general
de brigada Jesús Manuel Vicente Fernández, quien les dio la bienvenida a la Uni-
dad y destacó los vínculos de relación e integración entre Afganistán y España.
La visita, enmarcada dentro del ciclo
de familiarización con unidades de las Fuer-
zas Armadas y empresas del ámbito de la
Defensa, permitió a los oficiales del ejército
afgano conocer las misiones, capacidades y
medios del Tercio de Armada. A tal efecto
asistieron a una conferencia impartida por el
teniente coronel Jefe del Estado Mayor del
Tercio de Armada y pudieron conocer el ar-
mamento y vehículos de la Unidad gracias a
la exposición organizada en los patios Gene-
ral Marqués y Capitán Molinero.
La finalidad de los Cursos de Defensa para Oficiales Superiores Afganos que
imparte el CESEDEN es colaborar en la formación de los militares y funcionarios
afganos que han asumido, o puedan asumir, cargos de responsabilidad en el
Ejército, Policía y Administración Pública. Un aspecto esencial de dicha formación
se fundamenta en el respecto a la democracia y a los Derechos Humanos. Así
mismo, pretenden impulsar procesos y mecanismos de conocimiento nacional
mutuo, de interrelaciones personales y de experiencias compartidas.
E
l pasado día 31 de mayo tuvo
lugar en el Tercio de Armada
de San Fernando (Cádiz) el
acto de recibimiento de los compo-
nentes de la Fuerza Expedicionaria
de Infantería de Marina para el Líba-
no (FIMEX LH-XVIII), y de un Equipo
de Control Aerotáctico de la Fuerza
española en Afganistán (ASPFOR
XXXII), tras finalizar su despliegue y
participación en las operaciones
“Libre Hidalgo” y “Romeo Alfa”, res-
pectivamente.
La ceremonia fue presidida por el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Ar-
mada (AJEMA), Almirante General Jaime Muñoz-Delgado y Díaz del Río.
Con el repliegue de los cuarenta y cuatro infantes de Marina del Tercio de
Armada que, durante seis meses, formaron parte de la Fuerza Provisional de Na-
ciones Unidas en el Líbano (UNIFIL), la Armada puso fin a casi siete años de pre-
sencia en el Líbano.
En septiembre de 2006, la Armada fue la primera en aportar efectivos a la
participación española en la misión de Naciones Unidas en aquel país, desarrolla-
da como consecuencia de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la
ONU.
Durante este periodo, casi 800 marinos, en su mayoría infantes de marina,
han contribuido, junto con otras unidades del Ejército de Tierra y de otros países,
a garantizar la paz y la seguridad en la zona tras el recrudecimiento del conflicto
entre el Líbano e Israel en julio y agosto de 2006.
Este acto tuvo también como protagonistas a los cinco infantes de marina
integrantes del Equipo de Control Aerotáctico que han regresado recientemente
de Afganistán.
El cometido principal de este equipo, compuesto
por personal altamente especializado, consistió en
prestar asesoramiento al mando en lo relativo al em-
pleo de los medios aéreos, y la ejecución del proceso
de solicitud, coordinación y dirección de los mismos
en apoyo a las unidades desplegadas.
D
el 26 de mayo al 2 de junio, las unidades
de la Fuerza de Protección de la Armada
participaron en diversos actos organiza-
dos en todo el territorio nacional con motivo de
la celebración del Día de las Fuerzas Armadas
(DIFAS-13).
Estos eventos consistieron, principalmen-
te, en actos solemnes de izado y arriado de la
Enseña Nacional, conciertos de música, exposi-
ciones de material, exhibiciones de las unida-
des caninas y jornadas de puertas abiertas,
además de otras actividades culturales.
E
l Tercio de Armada (TEAR) se convirtió, entre el 27 mayo y el 02 junio, en
uno de los protagonistas principales de los actos conmemorativos
organizados en la ciudad de San Fernando, con motivo de la celebración del
Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS) 2013.
A lo largo de estos siete días, los isleños
pudieron conocer los principales hechos de armas y
héroes que forman parte de la Historia del Cuerpo, a
través de una conferencia impartida por el Coronel IM.
(R) D. Luis Solá Bartina, bajo el título “Apuntes sobre
la historia de Infantería de Marina Española”.
E
ntre los días 28 y 30 de mayo,
un destacamento de los equipos
de Adquisición de blancos y
Control del Apoyo de Fuegos (ACAF)
del Grupo de Artillería de Desembar-
co (GAD) de la BRIMAR, se desplazó
al Polígono de Capo Teulada en
Cerdeña (Italia) para realizar ejerci-
cios de observación de fuego naval
sobre costa con munición real.
El objetivo de este ejercicio fue
facilitar la integración entre los
observadores de fuego naval de la
Fuerza de Desembarco Hispano-
Italiana (SILF).
Participaron, además de un equipo de obser-
vadores del Regimiento San Marco, diversas unida-
des navales italianas equipadas con cañones de tres
y cinco pulgadas tales como el destructor Durant de
la Penne, la fragata Scirocco, el patrullero Bettica o
el cazatorpedero lanzamisiles Duilio.
Los suboficiales del Grupo de Artillería de
Desembarco tuvieron la oportunidad de observar y
corregir hasta cincuenta y un (51) disparos de
fuego naval.
E
l pasado 7 de Junio, se celebró el solemne acto de entrega de la Bandera de
Combate a la Escuela de Infantería de Marina “General Albacete y Fuster”
(EIMGAF) en la explanada del Muelle de Alfonso XII del puerto de
Cartagena. Dicho acto fue presidido por el Almirante Jefe de Personal de la
Armada, Excmo. Sr. Almirante José Francisco Palomino Ulla.
Actuó como madrina la Alcaldesa de Cartagena, Excma. Srª. Dª. Pilar
Barreiro Álvarez, que hizo entrega de la Enseña Nacional al Coronel Director de la
EIMGAF, Ilmo. Sr. D. Miguel A. Flores Bienert.
El acto consistió en una parada militar en la que participaron un Batallón de
Honores compuesto por Escuadra de Gastadores de la dotación de la EIMGAF,
Banda de Música, Cornetas y Tambores del Tercio de Levante (TERLEV), una Cía.
Mixta formada por una sección de soldados del Ejército de Tierra, del Regimiento
de Artillería Antiaérea nº 73, una sección de soldados del Ejército del Aire, de la
Base Aérea de Alcantarilla, una sección de marinería de buques basados en
Cartagena de la Fuerza de Acción Marítima, una sección de soldados del Tercio de
Levante de Infantería de Marina y una compañía de Infantería de Marina formada
por tres secciones de alumnos de los Cursos de Acceso a la Escala de Suboficiales
y de los de Aspirantes a Cabos 1ª y a Cabos de Infantería de Marina de la
EIMGAF.
También participó el cazaminas TAMBRE (M-33) atracado en el muelle,
buque designado por el Almirante de Acción Marítima.
E
l Cuartel de Batallones de San
Fernando fue el pasado 28 de
junio el escenario del acto de
relevo de mando del Tercio del Sur
entre el coronel de Infantería de
Marina Jorge Juan Ivars Pérez y el
coronel Francisco Jesús Buhigas Jua-
natey, quien hasta el momento lo
desempeñaba.
La parada militar estuvo presidi-
da por el Comandante de la Fuerza de
Protección de la Armada (GEPROAR),
general de brigada Juan Manuel Orti
Pérez.
La fuerza participante estuvo
compuesta por la bandera del Tercio
del Sur, una Escuadra de Gastadores,
la Unidad de Música y Banda de
Cornetas y Tambores, una Sección de
la Unidad de Seguridad de la Base
Naval de Rota, una Sección de la
Compañía de Plana Mayor y Servicios, una Sección de la Compañía de Policía
Naval, una Sección de la Compañía de Seguridad, y la Unidad Canina.
El coronel Ivars Pérez es natural de Guardamar del Segura (Alicante) e
ingresó en 1977 en la Escuela Naval Militar. En 1982 recibió su despacho de
teniente.
Su vida profesional ha transcurrido fundamentalmente en unidades de la
Fuerza de Infantería de Marina. También, ha ocupado destinos en la Jefatura del
Apoyo Logístico de la Armada y Dirección de Enseñanza Naval.
Participó en la expedición española a la Antártida en la campaña 1989/1990
a bordo del buque “Las Palmas” donde ejerció como jefe del equipo de
buceadores.
Antes de ser nombrado Comandante del Tercio del Sur se encontraba
destinado en la Dirección de Enseñanza Naval como Jefe de la Sección de Tropa y
Marinería.
E
l Edificio Palacio de Capitanía
de San Fernando fue el pasado
5 de julio el escenario del acto
de relevo de mando del Estado Ma-
yor del Cuartel General de la Fuerza
de Infantería de Marina entre el
coronel Enrique Segura Fernández de
la Puente y el coronel Francisco de
Paula Bisbal Pons, quien hasta el
momento lo desempeñaba.
El acto militar fue presidido por
el Comandante del Tercio de Arma-
da, general de brigada Jesús M. Vicente Fernández.
El coronel Segura, natural de Cádiz, ingresó en 1979 en la Escuela Naval
Militar y recibió su despacho de teniente en 1984.
Su vida profesional ha transcurrido principalmente en unidades de la Fuerza
de Infantería de Marina. También ha ocupado varios destinos en Estados Mayores
y Cuarteles Generales, tanto nacionales como extranjeros.
En el empleo de teniente coronel ejerció el mando del Batallón Mecanizado
de Desembarco de la Brigada de Infantería de Marina.
En 1998 participó en la misión de
verificación de la OSCE con motivo del
conflicto en Kosovo. En 2007 ejerció el
mando del Batallón de Fuerzas Multina-
cionales de la Unión Europea (EUFOR)
desplegadas en Bosnia-Herzegovina.
Antes de ser nombrado para el
cargo, el coronel Segura se encontraba
desempeñando el cargo de Jefe del De-
partamento de Estrategia y Relaciones
Internacionales de la Escuela Superior
de las Fuerzas Armadas en Madrid.
E
l pasado 23 de julio tuvo lugar en el Tercio
de Armada de San Fernando (Cádiz) el acto
de recibimiento de los últimos infantes de
Marina que finalizaron su despliegue en Afga-
nistán, como parte del contingente español inte-
grado en la Fuerza Internacional de Asistencia a
la Seguridad (ISAF) que la OTAN mantiene en
aquel país.
El repliegue de este equipo puso fin a la
participación de la Armada española en esta ope-
ración, tras casi 5 años y medio de presencia
continua en la provincia afgana de Baghdis.
La ceremonia estuvo presidida por el Almi-
rante de la Flota, almirante Santiago Bolívar Piñero.
El acto tuvo como protagonistas a los cinco miembros del Equipo de Control
Aerotáctico (TACP) que, al mando del capitán Gambero Quirós, han permanecido en
zona de operaciones por un período cercano a los tres meses.
La composición de los Equipos TACP a lo largo de estos años ha oscilado entre 5
y 10 infantes de Marina dependiendo de la organización del contingente terrestre en
el cual se integraban. A pesar de su reducida entidad, estos equipos han desempeña-
do un importante cometido de asesoramiento al mando en lo relativo al empleo de los
medios de apoyo aéreo disponibles, así como a la hora de llevar a cabo la solicitud,
coordinación y dirección de los mismos en apoyo a las unidades desplegadas en el
terreno.
E
l general de brigada
Hertfelder de Aldecoa
tomó posesión como
nuevo general, comandante
del Tercio de Armada
(GETEAR) en un acto militar
celebrado el pasado viernes,
02 de agosto, en el Cuartel de
Batallones de San Fernando
(Cádiz).
La ceremonia, a la que
asistieron numerosas autori-
dades civiles y militares,
estuvo presidida por el Almirante de la Flota, almirante Santiago Bolívar Piñero.
Tras recibir los honores de ordenanza, el ALFLOT pasó revista a la fuerza
participante, compuesta por una escuadra de gastadores, banda y música del
Tercio del Sur, banderas coronelas y dos batallones.
A continuación, y tras la lectura del nombramiento del general Hertfelder, el
Almirante de la Flota pronunció la fórmula de reconocimiento del nuevo mando
haciéndole entrega, seguidamente, del bastón de mando.
Con el canto de la Marcha Heroica de la Infantería de Marina y el desfile de
la fuerza se dio por concluido el acto.
El general de brigada Hertfelder de Aldecoa na-
ció en Madrid en el año 1955. En 1976 ingresó en la
Escuela Naval Militar, recibiendo su despacho de
teniente en 1981.
Su vida profesional ha transcurrido fundamen-
talmente en unidades de la Fuerza de Infantería de
Marina, donde ejerció el mando del 2º Batallón de
Desembarco del TEAR y la Fuerza de Guerra Naval
Especial. También ha ocupado destinos en el Cuartel
General de la OTAN en Nápoles (Italia) y en el Mando
de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa.
Antes de ser nombrado Comandante del Tercio
de Armada se encontraba destinado en la División de
Operaciones del Estado Mayor de la Armada, en
Madrid.
E
l pasado viernes, 26 de julio, tuvo lugar en Cartagena el acto de relevo de
mando de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) entre el coronel Fran-
cisco Múgica Ruiz (entrante) y el coronel Francisco J. Fiol Gómez (saliente).
El acto militar estuvo presidido por el general Comandante de la Fuerza de
Protección, el general de brigada Juan Orti Pérez.
Tras los honores de ordenanza y pasar revista a la fuerza, el general Orti
pronunció la fórmula reglamentaria de reconocimiento del nuevo Comandante de
la FGNE. Seguidamente, el coronel Múgica llevó a cabo el acto de juramento de
su cargo e intercambió su puesto en formación con el coronel saliente.
Con la interpretación de la Marcha Heroica de la Infantería de marina y el
desfile de la fuerza se dio por concluido el acto.
El coronel Francisco Múgica Ruíz ingresó en la Armada en 1979. Durante su
carrera ha estado destinado en diversas unidades de Infantería de Marina, entre
las que cabe citar el mando de la 2ª Compañía de Fusiles y del II Batallón de
Desembarco del Tercio de Armada. También ocupó el cargo de 2º Comandante y
Jefe de la Plana Mayor de la Fuerza de Guerra Naval Especial.
Ha estado destinado en el Estado Mayor de la Brigada de Infantería de Ma-
rina, en la División de Logística del Estado Mayor de la Armada y como profesor
ha ejercido en el Centro de Buceo de la Armada y en la Escuela de Infantería de
Marina.
Es diplomado en Estado Mayor, especialista en Comunicaciones Tácticas y
tiene la aptitud de Buceador de Combate y Cazador Paracaidista.
E
l pasado jueves 29 de agosto, en la localidad de San Fernando (Cádiz), el general
de brigada Javier Hertfelder de Aldecoa, General Comandante del Tercio de
Armada, despidió a los veinticinco Infantes de Marina participantes en el Africa
Partnership Station 2013.
Africa Partnership Station (APS) es una iniciativa destinada a proporcionar
asistencia militar a los países del Golfo de Guinea. Mediante dicha iniciativa se
pretende incrementar la seguridad y estabilidad marítima en la zona aumentando las
capacidades de las naciones de África Occidental. A bordo del buque holandés
Rotterdam, gemelo del L-51 Galicia, embarcarán equipos de instructores de Infantería
de Marina de Holanda, Reino Unido, Estados Unidos y España.
El adiestramiento incluirá, entre otras actividades, ejercicios conjunto-
combinados, e instrucción en el planeamiento de operaciones anfibias y de in-
terdicción marítima, así como conocimientos en técnicas básicas de combate, defensa
personal trato de prisioneros, topografía básica, higiene de combate, tiro, técnicas de
patrullas de pequeña entidad y combate en población. Entre los meses de septiembre
y noviembre está previsto que visiten puertos en Marruecos, Ghanna, Nigeria,
Senegal, Camerún y Benin.
Los equipos de instructores del Tercio de Armada han participado en las
ediciones de 2008, 2009, 2010 y 2012 de APS visitando puertos de naciones africanas
como Gabón, Santo Tomé, Guinea Ecuatorial, Ghanna, Cabo Verde, Camerún, Liberia,
Nigeria y Senegal.
S
e nos fue Perico. Así, sin decir adiós, como era
él, despreocupado y displicente, con ese aire de
cierto “pasotismo” que no lo era en absoluto.
Nos dejó solos, vacios, tristes, llorosos y con la
sensación de que esto no tenía que haber pasado
ahora, no tocaba. Quizá dentro de unos cuantos
años, pero no ahora.
Nos conocimos en el verano de 1979 cuando
entramos en la Escuela Naval Militar. Ya en aquel
momento era como siempre fue: alegre, bromista,
siempre optimista, y con ese punto canalla que lo caracterizaba. Con una lengua
muy afilada, siempre cantando las verdades. Y muy “cañaílla”, algo de lo que
siempre hacía gala. Y bueno, muy bueno; y cariñoso, amigo de sus amigos.
Ante Perico no te podías quedar indiferente, te podía caer bien, o todo lo
contrario; te podía gustar lo que hacía o lo que pensaba, o no estar de acuerdo
en absoluto con sus opiniones. Siempre era así, radical, apasionado, muy
vehemente, andaluz, español, muy patriota.
Además de esos cinco años de Escuela, compartimos muchas experiencias,
incluida una vuelta al mundo. Recuerdo como tras las largas horas de marchas y
patrullas en las tierras gallegas, mojados y cansados, él siempre mantenía su
buen ánimo y un gran sentido del humor que lo caracterizaba, junto con una gran
forma física, que solo le abandonó en la fase final de su vida.
Compartimos con él salidas de copas e incluso, los más allegados,
momentos comunes con nuestras familias, novias y mujeres. También, años más
tarde, destinos en este amado Cuerpo de Infantería de Marina en el que
ejercimos como lo que a él le gustaba ser, un soldado. Pero el destino es cruel, y
una terrible enfermedad lo atrapó estos últimos años y no lo dejó escapar, lo fue
devorando de forma cruel, hasta que nos lo arrebató.
Perico tenía dos pasiones: la Infantería de Marina y la Semana Santa. A lo
largo de su vida llevó sobre sus hombros muchos “Cristos y Vírgenes de la Isla”,
desde sus primeros años en la JCC hasta su etapa final en el Nazareno. Seguro
que ellos lo estarán ahora cuidando allá en el cielo, pues de algo tienen que valer
esos años de dura carga.
Para saber cómo era Perico no había más que ver como estaba la iglesia el
día de su funeral, abarrotada de miembros de la Armada de todas las categorías,
Almirantes y Generales, oficiales, suboficiales y tropa; cargadores, cuadrillas
enteras, cofrades de la Isla; muchos amigos y amigas suyas, además de su
familia. Su hermano ofició el funeral más emotivo que yo haya visto en los
últimos años, acompañado de una docena de sacerdotes.
Nos volveremos a ver, amigo, y esta vez no te nos vas a escapar.
Volveremos a hacer patrullas juntos, y esta vez será para siempre. Pero,
entretanto descansa en paz.
Arcabuces, mosquetes y fusiles no es una Historia del Ejército Español. Este libro quie-
re dar una idea esquemática de su desarrollo entre la segunda mitad del siglo XVI y el final
del XIX a través de doce capítulos, en cada uno de los cuales se abordan cuestiones como la
organización, el reclutamiento, el armamento y la táctica.
Los escenarios son múltiples, desde las selvas de Joló y de la Araucania, a las llanuras
italianas, pasando por los pantanos de Haarlem a los despiadados Andes, de la manigua
cubana a presidios aislados en las costas africanas, de los muros de Ciudad Rodrigo a los
arrozales de Cochinchina. Los enemigos, no menos abigarrados: austriacos, tagalos, suecos,
marroquíes, holandeses, comanches, franceses, venezolanos, británicos, o piratas moros. Y
frente a ellos, el soldado al servicio de España, nacido en Sevilla, la Pampanga, Nápoles, El
Paso, Namur o Arequipa. A menudo pobremente equipado, pagado tarde y mal, con frecuen-
cia abandonado a su suerte, a veces mal mandado, pero que siempre supo ganarse el respeto
de los únicos jueces que le importaban: sus adversarios y sus propios compañeros.