ACTUAlIZAC ION
..
~': AMBIGUEDAD
Un capítulo
de pSicología y pSicopatología
José Bleger
En la historia de la psiquiatrta y del psicoanálisis, el término ambivalencia ocupa
un lugar prominente. Introducido por Bleuler en 1910 y retomado en 1911 en su libro
sobre las esquizofrenias, fue ampliado por él mismo hasta reconocer su existencia
en los procesos psicológicos normales. Con este término Bleuler se refería a la
existencia simultánea de sentimientos opuestos dirigidos al mismo objeto; pero la am-
bivalencia puede presentarse no sólo en la esfera afectiva sino también en la vo-
litiva y la intelectual. Freud adoptó decididamente este término y lo utilizó con
mucha frecuencia, pasando a constituir un aspecto importante en su obra. He pre-
sentado una amplia reseña de este concepto en mi libro Simbiosis y ambigüedad. En
psicoanálisis el concepto de ambivalencia llegó a ser equivalente a conflicto, y
Abraham consideró a la ambivalencia como un rasgo distinto muy importante del cur-
so del desarrollo de la libido y de las fijaciones de las enfermedades mentales.
Sostengo que en la actualidad tenemos que separar de la ambivalencia otros
fenómenos que, en rigor, no le pertenecen y que hasta ahora no fueron diferenciados.
Uno de éstos surge con los estudios de M. Klein. Esta autora introduce el con-
cepto de "posiciones" y con este término reconoce una Gestalt, estructura o cons-
telación típica de variedades, defensas, Yo, objeto, relación objetal, conflicto y fan-
tasias inconscientes. Estas posiciones predominan en ciertos períodos o etapas de
la vida pero aparecen también en todo el curso del desarrollo, de la normalidad y la
patología. Introdujo la noción de dos posiciones, que llamó esquizoparanoide y de-
presiva. No desarrollaré aquí esos aportes sino que haré solamente referencia a
lo que toca más de cerca al tema de este articulo.
En la posición depresiva es donde la relación de objeto es ambivalente: se odia
y se ama al mismo tiempo al mismo objeto; las ansiedades son depresivas: se teme
o Trabajo publicado en Arieti, S. (comp.) The World Biennial ot Psychiatry and Psy-
chotherapy, volumen 11, Basic Books, Nueva York, 1973 y en Rev. de psicoaná-
lisis, XXXI, 1-2, 1974.
828 José Bleger
por la pérdida o destrucción del objeto querido. Para nuestro objetivo, resulta im-
portante señalar que aquí se trata de lo que M. Klein designó como objeto total.
La relación de objeto es ambivalente porque coexisten afectos contrarios u opuestos
sobre el mismo objeto al mismo tiempo (coincidencia témpora-espacial); es a esto
exclusivamente a lo que corresponde llamar en adelante ambivalencia.
La disociación esquizoide, primitivamente estudiada como tal por Fairbairn, fue
incorporada por M. Klein a lo que denominó posición esquizo-paranoide: se caracteriza
por el splitting de los afectos (amor y odio) con un splitting concomitante del objeto.
Es importante señalar que en este splitting predominan las ansiedades paranoides y
los objetos son parcia.es. Sin entrar a señalar las diferencias que existen entre
Fairbairn y M. Klein sobre la concepción del objeto parcial, recordemos solamente
que recibe este nombre del hecho de que constituye una parte de una totalidad,
"cargado" con uno solo de los afectos de la ambivalencia. Pero, tal como lo señaló
reiteradamente E. Pichon-Riviére, aqui no se trata en rigor de ambivalencia, ya que
los afectos han sido separados por el splitting y existen independientemente uno de
otro. De esta manera se ha evitado el conflicto de la ambivalencia: ahora se vive
cada sentimiento con un objeto distinto y como si entre ellos no hubiera ninguna
relación. E. Pichon-Riviére aportó para estos casos el término diva/encia que es,
por lo tanto, diferente del de ambivalencia. En algunos ejemplos que ofrece Bleuler
en su libro, tanto como en los numerosos estudios de Freud sobre el tema, pode-
mos señalar ahora esta diferencia. Todas las neurosis asientan sobre el splitting
esquizoide. sobre la divalencia, mientras que la ambivalencia se presenta clínica-
mente en la depresión. Para completar la perspectiva, agreguemos que en la es-
quizofrenia se produce un splitting patológico. Ya Bleuler estableció una diferencia
entre lo que él mismo designó Spaltung y Zerspaltung, términos que en la traducción
inglesa de su libro se tradujeron respectivamente como "splilting" y "an irregular
tragmentation". Mantenemos esta diferencia importante entre el splitting de la posición
esquizo-paranoide y el splitting patológico (o fragmentación) de la esquizofrenia.
Después de haber diferenciado la "divalencia" de la "ambivalencia", tenemos
todavía que separar de esta última a la ambigüedad.
Antes de que Freud adoptara el término ambivalencia de Bleuler, se encuentra en
sus escritos (1900, 1901, 1905) el concepto de ambigüedad, que en el original fi-
gura como Zweideutigkeit y Dope/ssin. Pero la ambigüedad ha sido estudiada por
muy pocos autores: Kris y Kaplan, Tarachow, M. Baranger. Me referiré más adelante
también a otros aportes que no han sido presentados como referidos a la ambigüedad
pero que corresponde también incluir en este capítulo. Con mucha facilidad se pasa
por alto este fenómeno, que a mi entender es muy frecuente, y otras veces se lo ca-
lífica de ambivalencia o de confusión. Esto último se debe, seguramente, a que en
la contratransfercncia se experimenta muy fácilmente confusión frente a la ambigüe-
dad, pero no resulta licito adjudicar al fenómeno las características de la contratrans-
lerencia que él produce.
Eidelberg dice al respecto: "La ambigüedad es denotativa del doble significado
de palabras o afectos específicos [ ... ] representa una característica básica de un
mecanismo inconsciente de defensa, como lo demuestra el estudio de los sueños,
chistes, parapraxias y síntomas neuróticos". Rycrolt no incluye el término en su Die-
tionary, pero al tratar de la ambivalencia señala que esta última "debe ser diferen-
ciada de tener sentimientos mezclados hacia alguien".
La ambigüedad debe ser definida según el término latino ambiguus, que en el
diccionario de García de Riego equivale a "variable, incierto, mudable". Foulquié
define lo ambiguo "como lo que puede ser tomado en diversos sentidos, se presta
a diversas interpretaciones". Aceptamos entonces para la ambigüedad las caracte-
rísticas de lo que puede ser comprendido de diferentes maneras o lo que es irn-
Ambigüedad. Un capítulo de psícología y de psicopatologia 829
preciso o no definido. En este sentido, encontraremos la ambigüedad en diferentes
fenómenos de la vida normal, en síntomas, rasgos de carácter y en estructuras de
personalidad.
Decimos de una persona que es ambigua cuando ella es "variable, incierta, mu-
dable"; cuando, alternativamente, presenta tendencias, afectos, actitudes o compor-
tamientos que son distintos entre sí, pero que aun pudiendo ser contradictorios o ex-
cluyentes entre sí para el observador, no lo son para el sujeto, que permanece asi
en una condición de indefinición o indeterminación. Asume roles distintos en forma
muy variable, presentando generalmente un fácil mimetismo, asumiendo como propias
las opiniones ajenas, sin entrar en contradicción ni confusión y sin darse cuenta
de que ellas pueden ser excluyentes o contradictorias. Su mimetismo es fácil pero
inconsistente y no perdurable, y parece ser muy infuible o presentar una gran per-
meabilidad a las identificaciones introyectivas. Con toda justicia, la personalidad
ambigua debe ser considerada como un trastorno de la identidad, pero puede apa-
recer transitoriamente en períodos de crisis o de cambio normales en el curso del
desarrollo, tanto como puede persistir como un rasgo de carácter. Normalmente. la
crisis del adolescente debe ser considerada como una crisis en la cual predomina la
ambigüedad.
Contratransferencialmente puede provocar confusión, duda o incertidumbre, sen-
sación de imprecisión e inconsistencia o de que el paciente permanentemente se nos
"escapa", pues cuando interpretamos él puede respondernos con otro núcleo de
identificación, o bien acepta lo que le decimos pero sin comprender o llegar al
insight. Con frecuencia rechaza interpretaciones o parece no escucharlas, pero ulte-
riormente puede repetirlas sin reconocer la procedencia. De otra manera, puede
decirse que el paciente produce una fuerte impresión de inautenticidad.
La transferencia se caracteriza por fuertes rasgos narcisistas, en el sentido de
que el analista no es tratado como persona ajena y autónoma, sin que la transferen-
cia sea clínicamente psicótica. Alternan rápidamente los roles que el paciente asume
tanto como los que atribuye al psicoanalista.
La ambigüedad debe ser claramente diferenciada y separada de la ambivalencia,
tanto desde el punto de vista clínico como dinámico. Igualmente, no se la debe
superponer con la divalencia ni con la confusión.
En la ambivalencia existe una confluencia o coexistencia de términos contradic-
torios u opuestos entre sí, lo cual constituye un conflicto, con la angustia consi-
guiente; en la divalencia -tal como lo he dicho- los términos están separados y
parecen independientes, aunque ambos pertenecen a un mismo orden o categoría
(bueno-malo, vacío-lleno, muerto-vivo, limpio-sucio, etcétera). En la confusión es el
sujeto quien se halla desorientado por un grado variable de embotamiento de la
consciencia. En la ambigüedad coexisten o alternan términos diferentes y múltiples,
no necesariamente contradictorios entre sí, que pertenecen a órdenes o categorías
distintas.
Desde el punto de vista dinámico, la ambigüedad no puede ser incluida ni en
la posición depresiva (como la ambivalencia) ni en la posición esquizo-paranoide
(como la divalencia). Es fácil deducir que en la ambigüedad nos encontra-
mos con núcleos de identificaciones diferentes, de distintos períodos de la vida
del sujeto y de muy diferentes experiencias, con una gran permeabilidad para
las identificaciones introyectivas, pero que resultan inconsistentes o no perdu-
rables. Su identidad es su ambigüedad: las múltiples y variadas identificaciones
no han evolucionado hasta cristalizar en un yo o en un self coherente e inte-
grado. Pero estas múltiples identificaciones nos presentan dos características im-
portantes: por una parte, se hallan aisladas como distintos núcleos de identificación
que no entran en contacto, ni mucho menos en una síntesis, entre sí. Esta falta de
integración o síntesis del Self obedece a la segunda característica, propia de las
830 José Bleger
identificaciones: la no discriminación entre el Yo y el objeto en cada núcleo de iden-
tificación. Donde no hay diferenciación o discriminación, no puede haber integración
ni síntesis. En otros términos, las identificaciones no han evolucionado a la identi-
dad, entendida esta última como síntesis e integración del Yo que permite su actua-
ción como una unidad coherente y estable.
Por los estudios psicoanalíticos iniciados por el mismo Freud, sabemos que en la
formación de la identidad, en la construcción del Yo, de la realidad externa y de
las relaciones interpersonales, intervienen los procesos de identificación que Freud
describió como internalízación de un objeto o de sus aspectos o rasgos, de tal ma-
nera que el sujeto se transforma o pasa a funcionar o a tener las caracteristicas del
objeto. Este proceso de identificación es constitutivo de los primeros esbozos de
la personalidad, pero fue también estudiado en los fenómenos de masa (1921), en
la melancolia (1917), en la resolución del complejo de Edipo (1924), etc., y de ahí
en más se ha acumulado una copiosa bibliografía sobre el tema. M. Klein ha intro-
ducido una clara distinción entre las identificaciones proyectivas e introyectivas y ha
señalado el papel fundamental que tienen en el desarrollo y en la patología, atribu-
yendo gran importancia a la agresión y la envidia en el predominio de estos meca-
nismos.
En ciertas personalidades predominan los mecanismos de identificación, tal como
lo he señalado para la personalidad ambigua, pero en otras estos procesos de iden-
tificación se hallan fuertemente clivados o separados del Yo más integrado. A esta
segunda modalidad me referiré más adelante.
Dado que las identificaciones proyectivas e introyectivas han sido descritas en
diversos cuadros psicopatológicos y especialmente en la esquizofrenia por autores
de la escuela kleiniana, tales como Bion y Rosenfeld, quiero enfatizar claramente que
la estructura de estas últimas es distinta de las identificaciones de la ambigüedad
a las que me he referido. Para estas últimas podemos recurrir con todo rigor 1'11
concepto de identificación primaria introducido por Freud en Psicología de las masas
y análisis del Yo, que incluye las identificaciones más primitivas o "la forma original
del enlace con el objeto", que aparece aun antes de toda relación objeta\. A esta
estructura indiferenciada, en la cual no hay aun discriminación entre Yo y objeto,
entre mente y cuerpo, etcétera, la he denominado sincretismo. En estas últimas el
splitting no se ha producido, mientras que en la esquizofrenia el splitting es pato-
lógico (fragmentación o Zerspa/tung).
He caracterizado a la personalidad ambigua desde el punto de vista clínico y
también teórico. Sobresale fundamentalmente el fenómeno que he denominado sin-
cretismo, pero éste fue caracterizado por una cualidad negativa y comparativa: la
falta de discriminación entre Yo y objeto. Sin embargo, debemos esforzarnos por ca-
racterizarlo por sus cualidades positivas, en el sentido de considerarlo no sólo como
una falta de discriminación sino como una otra organización del Yo y de la realidad,
una identidad peculiar que no debe necesariamente ser considerada como patológica,
sino básicamente como una variedad o tipología de la personalidad.
La personalidad ambigua carece de una interioridad o, mejor dicho, no hay
diferencia entre mundo interno y mundo externo; se ve permanentemente sometida a
una contingencia sin verse a sí misma como promotora de su comportamiento o
de las consecuencias del mismo. Carece de insight y de una verdadera relación
interpersonal, sin que la podamos caracterizar como psicótica. No toma conocimiento
de sus motivaciones ni configura ningún proyecto de vida. Se presenta como con-
secuencia de circunstancias. Le falta una satisfacción auténtica por lo que hace o
lo que tiene. La exigencia de permanecer en una posición o en una opinión le
Ambigüedad. Un capitulo de psicología y de psicopatología 831
hace sentir falta de libertad y genera comportamientos que revelan angustia claus-
trofóbica y aun reacciones contrafóbicas. No parece que la represión desempeñe en
ella papel alguno, y no aprendió a utilizar la ansiedad como señal de alarma.
La personalidad ambigua, por su fácil mimetismo o permeabilidad, puede ser el
perfecto partenaire de un psicópata, pero ella misma -como lo veremos- puede
actuar psicopáticamente. Tiene una fuerte dependencia de objetos, personas, suce-
sos, pero que alternan rápidamente con una fácil oscilación o cambio.
Para caracterizarla por factores positivos, diré que tenemos que reconocer en
ella una identidad particular que podemos conceptualizar como la de un "Yo sin-
crético". Dado que no hay discriminación en el Yo sincrético entre el Yo y la reali-
dad externa, su caracterización no está dada por las relaciones de objetos (parciales
o totales) sino básicamente por funciones. Lo relevante o lo característico resulta ser
el cumplimiento de funciones y no los objetos con los cuales dichas funciones se
cumplen.
La antropología aporta algunos datos que nos permiten reconocer y nos ayudan
a ubicar mejor este tipo de personalidad. Así Leenhardt ha estudiado la persona-
lidad en el mundo melanesio, en los kanacos, y caracteriza a la personalidad de los
mismos con un gráfico que resulta muy ilustrativo para nuestro tema y que re-
producimos:
a
g----a 8----C
El sujeto es el conjunto de las relaciones o funciones que cumple o realiza; sólo
se conoce y reconoce por las funciones o relaciones con otros; su ego son los trazos
ab, ac, ad, ae, etcétera, pero en el centro no hay un círculo que se cierre como
un Yo ínteriorizado que sintetice o integre las diversas experiencias. Su identidad
es por lo tanto distinta de la que habitualmente reconocemos en nuestra cultura
como identidad lograda o como un Yo integrado.
Este esquema de Leenhardt se aplica a todo lo que he desarrollado sobre la
personalidad ambigua y nos permite ubicarnos esquemáticamente en la estructura de
su personalidad. Podemos así volver a señalar un yo formado por distintos núcleos
sin relaciones entre sí, no integrados o no sintetizados en un yo único; cada uno
de ellos tiene además una estructura sincrética, que definimos por la falta de discri-
minación entre Yo y el objeto, entre mundo interno y mundo externo, y en el cual
prevalece fundamentalmente la función. Así, Leenhardt señala, entre otros aportes
muy valiosos, que entre los melanesios jamás se encuentra un joven solo sino siem-
pre grupos que forman "bloques"; en estos grupos todos representan el mismo per-
sonaje. Si un joven no puede desposar a una mujer, tomará a su hermana como
esposa: el objeto es intercambiable y representa un grupo de gente semejante, no
un cuerpo humano único "sino a todos los cuerpos de hermanos y hermanas en la
832 José Bleger
misma posición social". LI individuo fuera de su medio social carece de toda re-
lación en la cual él exista socialmente.
Leenhardt agrega una caracterización del kanaco que se ajusta muy bien a la
personalidad ambigua que he descrito: él no es una persona sino personajes, en el
sentido etimológico del término y en el sentido de que él es el rol o el papel que
asume en cada momento. "No existe nombre alguno que pueda abarcarlo por com-
pleto."
A partir del conocimiento de la personalidad ambigua en su propio tipo o modo
de identidad (y no sólo como carencia de identidad), derivan los estudios sobre la
particular estructura de su Yo, de su mundo, de su concepción del espacio, del
tiempo, del esquema corporal, temas de los que no me ocuparé aquí y que he
tratado en mi libro ya citado.
Ahora pasaré a considerar sumariamente distintas variantes de la personalidad
ambigua. El tipo de personalidad que he descrito hasta ahora, aun siendo la más
característica de la ambigüedad, la he denominado "personalidad de ficticidad", para
conservar el término ambigüedad para la totalidad de sus variantes.
De la multiplicidad de identificaciones que caracterizan a la "ficticidad" y la
rápida sucesión o alternancia entre ellas, el sujeto puede limitarse a unas pocas a
las que queda "adherido". Se produce una gran limitación o estrechamiento del Yo,
una paralización del mimetismo fácil, y el sujeto limita su personalidad a unos pocos
núcleos de identificaciones. Queda obsesivamente fijado a unos pocos objetos y a
pocas funciones con los mismos, de los cuales depende notoriamente.
Este tipo de personalidad, que he denominado fáctica, se ubica como una va-
riante de la ambigüedad. Se la ve a veces alternar, preceder o seguir a una perso-
nalidad de ficticidad. Ambas presentan el sincretismo característico de la ambigüedad.
Su dependencia o su fijación obsesiva a objetos o personas tiene la característica
de una falta de discriminación entre el Yo y el objeto. Ellos son la relación. No
establecen una verdadera relación interpersonal. Su identidad está constituida por
esas relaciones o funciones que establecen con los objetos. No hablan de si mismos
ni de experiencias o vivencias; hablan de otros. Pero hablando de otros es la única
manera que tienen de referirse a sí mismos. Su identidad es grupal 1) institucional;
no es que dependan o pertenezcan a una función, a un grupo o a una institución:
ellos son la función, el grupo o la institución. Esa es, o puede ser, toda la identidad
que tienen. Se definen o se identifican por lo que hacen o por la pertenencia a un
grupo, y la falta de estos últimos les significa una verdadera desorganización del Yo,
equivalente a una disgregación psicótica. Puede decirse de ellos que presentan una
"adicción" a personas, funciones, cosas, grupos o instituciones. Más superficial-
mente pueden aparecer como personas muy independientes, pero esta independencia
es reactiva o bien está dada por su capacidad de cambiar de funciones o de objetos
a los que se adhieren. A veces parecen no estar "enraizados" en nada, pero otras
veces aun estos cambios están enormemente limitados. Cuando el tratamiento psico-
analítico de estos pacientes adelanta se pueden describir a sí mismos como no te-
niendo esqueleto; otro paciente decía de si mismo que él era como los escarabajos
que tienen el esqueleto afuera: en sus relaciones, en sus acciones, funciones, perso-
nas o cosas. Otro paciente decía de si mismo que él es "como un paraguas parado
en medio de la habitación: si no se apoya en algo o en alguien, no puede perma-
necer parado".
A mi entender la personalidad psicopátlca debe ser incluida también como una
variante de la ambigüedad; se observa en la clínica y en los tratamientos psicoana-
líticos como hecho bastante frecuente la alternancia o coexistencia entre personalidad
psicopática, fáctica y de ficticidad. Lo más frecuente es la transformación de una
personalidad psicopátlca en una personalidad fáctica y viceversa; con mucha frecuen-
Ambigüedad. Un capitulo de psicología y de psicopatologia 833
cia, en el primero de los casos se habla de la "curación" del psicópata al casarse
o al insertarse en alguna función, grupo o institución. Estas últimas le proveen un
"esqueleto" estable.
Cuando aquí incluyo la personalidad psicopática, diferencio a esta última de
las actuaciones psicopáticas que pueden darse en otros tipos de personalidad y que
como tales serán consideradas más adelante.
La personalidad psicopática maneja su ambigüedad en otros sin reconocer a
los otros como personas independientes y autónomas, como si fuesen partes de él
mismo. En esto reside su sincretismo.
A mi entender deben incluirse entre las personalidades ambiguas a la perso-
nalidad "como si" descrita por H. Deutsch y el tipo de personalidad narcisista des-
crita por A. Reich, tanto como el "falso Sell" estudiado por Winnicott.
H. Deutsch, estudiando perturbaciones en las que las relaciones emocionales con
el mundo externo aparecen como pobres o ausentes, reconoce los cuadros de des-
personalización y los que llama personalidad "como si". Estos últimos difieren de
los anteriores en que los pacientes no perciben su perturbación. Los llama "como
si" porque "todo intento de entender la manera de sentir o la forma de vida de
este tipo [de personalidad) fuerza al observador a la inevitable impresión de que
todo el enlace del individuo con la vida tiene algo a lo que le falta autenticidad y
sin embargo exteriormente transcurre 'como si' éste fuera completo". La primera
impresión que producen es de completa normalidad, pero sus relaciones no son cáli-
das, sus expresiones de emoción son formales y carecen de toda experiencia interior.
No se trata de una represión sino de una pérdida de carga objetal; sus relaciones,
aparentemente normales, corresponden a las de las imitaciones del niño y su expre-
sión de identificaciones con el exterior. Esto último explica su actitud pasiva con una
cualidad plástica particular para detectar las señales del mundo externo y amol-
darse a ellas. Su identificación con lo que otros sienten y piensan es expresión de
esta plasticidad pasiva. Todo objeto puede ser motivo de identificación; "si es una
mujer, ella parece ser la quintaesencia de la devoción femenina, impresión que está
dada particularmente por su pasividad y disposición para la identificación". La falta
de verdadero afecto la lleva a ser abandonada por el hombre y entonces ella "desplie-
ga, o un torrente de reacciones afectivas que son 'como si', y sin embargo son es-
purias, o una franca ausencia de afectividad. A la primera oportunidad el primer obje-
to es cambiado por uno nuevo y el proceso es repetido".
El mismo vacío y la misma carencia de individuación aparecen también en su
estructura moral: sus ideales, su moral, son siempre reflejos de otra persona, buena
o mala. Buscan adherirse a un grupo y su "adherencia muy entusiasta a una filoso-
fía puede ser rápida y completamente reemplazada por otra contradictoria sin la
más mínima huella de transformación interior, simplemente como el resultado de al-
gún reagrupamiento accidental del círculo de conocidos o algo por el estilo".
La etiología se halla en una desvalorización del objeto que sirve de modelo para
el desarrollo de la personalidad del niño. Esta desvalorización puede tener funda-
mentos reales o estar relacionada, por ejemplo, con el trauma ante la escena primaria.
Otra causa de este trastorno emocional es la insuficiencia de estímulos para la su-
blimación de las emociones, como resultado de haber obtenido mucho amor o haber
carecido de él.
El narcisismo y 111 pobreza de las relaciones afectivas plantean el interrogante
de la psicosis, pero "el hecho de que el criterio de realidad es completamente man-
tenido elimina esta condición de nuestro concepto de psicosis". Sin embargo, Deutsch
señala que su observación de pacientes esquizofrénicos le da la impresión de que el
proceso esquizofrénico atraviesa por una fase "como si" "antes que construya la
834 José Bleger
forma delirante'. Está de acuerdo con A. Freud en que este tipo de seudoafectividad
del paciente "as il" "se puede hallar frecuentemente en la pubertad",
A. Reich distingue, entre las muchas posibilidades, dos formas patológicas de
elección narcisista de objeto en la mujer: una es la que corresponde a la descrita
por H, Deutsch en términos de "como si" y la otra está constituida por mujeres con
extrema sumisión a un hombre que para ellas es sumamente importante y sin el
cual sienten que no podrian vivir. Para retenerlo se sacrifican en todo lo necesario,
con sentimientos de inferioridad e hipercrítica con respecto a ellas mismas. las cua-
lidades admiradas del partenaire representan las que desearon tener como pro-
pias en la infancia y adolescencia, cuando sólo los valores masculinos les resultaban
importantes: se trata de un Ideal del Yo de tipo paterno que es el que luego es-
tablece la fantasia de fusión con su partenaire; a veces esta fantasia se remite al
objeto homosexual primitivo, la madre,
Como el objeto real no puede satisfacer sus expectativas, este tipo de mujer
sobrevalora la imagen de su pareja y reacciona a la vez agresivamente cuando re-
sulta decepcionada, Esta agresión puede a su vez ser transformada en masoquismo,
Muchas veces, este tipo de mujer resulta, por otra parte, una personalidad inte-
grada. con buen sentido de realidad,
El otro tipo patológico de elección narcisista de objeto, muy relacionado con el
anterior, es el de la personalidad "como si". Esta última no tiene discriminación
en la elección de objeto, mientras que el tipo sumiso necesita de un hombre con
caracteristicas definidas, que responda a las cualidades por ella deseadas para sí.
El tipo "como si" tiene serias distorsiones de su relación con la madre, siendo esta
última una personalidad fuertemente narcisista,
Los dos tipos de personalidad estudiados por A. Reich impresionan como com-
pletamente opuestos pero tienen una unidad: en ambos la patologia está dada por
las identificaciones patológicas de los tipos narcisistas de elección de objeto, aun-
que frecuentemente la elección de objeto representa una mezcla de ambas formas
de identificación.
Creo que la personalidad "como si" debe ser considerada como una persona-
lidad de ficticidad, mientras que la del tipo !sumiso es una personalidad fáctica.
Bychowski ha descrito la personalidad del homosexual en términos que a mi
entender permiten incluirlo dentro del capítulo de las personalidades ambiguas. Aquí,
al igual que en el caso de las psicopatías, debemos separar la actuación homosexual
(que no es exclusiva de ninguna personalídad) de la personalidad (o del Yo) del
homosexual, tal como ha sido descripta por Bychowski. Pero esta última no se li-
mita a la homosexualidad, sino que puede ser también la de un adicto a drogas.
En su descripción Bychowski señala en uno de sus historiales "la inestabilidad
del Yo. Había días en los que el paciente se sentía más masculino. Se identíficaba
transitoriamente con quienquiera que estuviera. La razón aducida por este paciente
para buscar ayuda psicoanalítica era el deseo de saber 'quien soy yo realmente'.
El era toda clase de cosas para diferentes personas", Para este autor "las peculia-
ridades del Yo de este paciente pueden ser dibujadas en el camino de regreso hasta
su temprana infancia, En primer lugar había francos rasgos narcisistas". En estos
pacientes "los objetos de amor resultantes de la introyección no fueron abandonados
prácticamente nunca, Jamás obtuvo una completa identificación en ninguno de los
dos sentidos (masculino o femenino) porque cada uno interfería con el otro".
Fenichel sostiene que la depresión se basa en la misma predisposición que la
adicción y los impulsos patológicos (perversiones y actuaciones pslcopáticas): des-
cribe una personalidad con fuerte dependencia oral que trata de conseguir lo que
necesita por la propiciación y la sumisión. Son "adictos al amor" e incapaces de
amar activamente. Tienen un tipo narcisista de elección de objeto; sus relaciones
de objeto se hallan mezcladas con rasgos de identificación y tienden a cambiar de
Ambigüedad. Un capitulo de psicología y de psícopatología 835
objeto con frecuencia porque ninguno es capaz de procurarles la satisfacción necesa-
ria. Para ellos no tiene importancia la personalidad del objeto y no prestan ninguna
consideración a los sentimientos y necesidades del prójimo.
Fenichel considera a la depresión como una variación cuantitativa de la me-
lancolía. Creo, al respecto, que debemos separar ambas manifestaciones. Este tipo
de personalidad que describe Fenichel es, con variaciones de matices, la persona-
lidad fáctica. No es específica de ninguna alteración en especial. Pueden presentar
episodios melancólicos tanto como actuaciones psícopáticas o perversas, pero son
incapaces de reaccionar con depresión, salvo en la proporción de su personalidad
que se ha desarrollado hasta la posición depresiva. De tal manera, creo un error
describir, como lo hace Fenichel, a este tipo de personalidad como una personalidad
predispuesta a la depresión y menos aun como "personalidad depresiva", como la
describe Liberman.
Todas las variantes de la personalidad ambigua que describo no tienen nada que
ver con la oralidad ni con la libido oral. Son personalidades con persistencia de las
identificaciones por un déficit de la dependencia simbiótica normal en el curso del
desarrollo, que les ha impedido el establecimiento de la identidad. No están rela-
cionadas con las frustraciones y las gratificaciones (orales, anales y genitales) sino
con un proceso más global y aun anterior a las mismas.
Cierto tipo de personalidad que podemos describir como "maniqueas" (por pre-
sentar el fonómeno del maniquefsmo) debe ser incluido como variante de la ambi-
güedad: en él ocurre una polarización o consolidación de la ambigüedad en polos
muy contrapuestos y tajantemente separados. Son personalidades muy rígidas, faná-
ticas, con divisiones y opiniones tajantes muy contrapuestas entre sí. El sujeto
se mueve en polarizaciones extremas, pero que examinadas cuidadosamente no co-
rresponden a un splitting de la posición esquizo-paranoide sino a una polarización con
la cual "escapa" de la ambigüedad, lograda a través de una especie de aglutinación.
El fenómeno de la idealización debe ser también reexaminado desde este punto de
vista.
Las personalidades maniqueas tienen un pasaje insensible al tipo de personalidad
"autoritaria" estudiada por Adorno y Frenkel Brunswik. Este último autor ha estudia-
do también las relaciones entre personalidad autoritaria y ambigüedad.
La ambigüedad en todas las variantes de personalidad presentadas hasta aquí
acapara la totalidad o gran parte del Yo y, tal como lo he señalado, está basada en
el sincretismo o en una identidad dada por la persistencia predominante de identi-
ficaciones primarias. A mi entender, resulta correcto en estos casos hablar de un
Yo sincrético. Hasta donde ha alcanzado mi indagación al respecto supongo -como
factor básico-, en todas ellas, la falta o carencia de una relación simbiótica normal
y persistente durante los primeros estadios o etapas de la vida, que configuró una falta
de seguridad (de "esqueleto") para el pasaje de las identificaciones a la identidad
de un Yo discriminado de sus objetos.
Aunque algunas de ellas pueden llegar a ser francamente patológicas, creo que
no deben ser totalmente ubicadas en la patología sino como variantes de la perso-
nificación; en este sentido, todas las personalidades ambiguas están incluidas en
un solo capitulo para el cual me parece adecuado adoptar un término sugerido por
E. Plchon-Riviere: dispersonalización, el cual admitiría otros tipos de personalidad
que sin ser francamente patológicas pueden no estar basadas en el fenómeno de la
ambigüedad.
Este término, dispersonalización, incluye también los fenómenos de ambigüedad
que pueden darse en condiciones normales del desarrollo, tales como la adolescen-
cia, y en períodos de crisis.
836 José Bleger
Hasta aqui he tratado del fenómeno de la ambigüedad tal como aparece en dis-
tintos tipos de personalidades y en rasgos de carácter y he hecho alusión también
a fenómenos transitorios de ambigüedad en la adolescencia y en períodos de crisis
vitales, sin desarrollar estos últimos temas. Pero el capítulo de la ambigüedad es
aun más amplio.
En estudios anteriores sobre la transferencia narcisista de pacientes clinicamen-
lo 110 psicóticos, he hallado sistemáticamente una estructura sine rética correspon-
diente a una parte de la personalidad. En esta última, la transferencia se presenta
con caracteristicas del sincretismo: fusión y falta de reconocimiento del analista como
persona distinta y autónoma. Este fenómeno es más notable en todos aquellos casos
en que aparece clinicamente manifiesta una relación simbiótica en la transferencia
que, por otra parte, en magnitudes muy diversas, no falta en ningún tratamiento psi-
coanalítico.
Estos fenómenos se deben también a una persistencia, para una parte de la
personalidad, de las identificaciones primarias, tal como lo hemos visto en las per-
sonalidades ambiguas. Pero ahora nos encontramos con una diferencia: en perso-
nalidades neuróticas y/o con un Yo relativamente bien integrado, la parte formada
por las identificaciones primarias se halla fuertemente clivada de la otra parte. He
desarrollado en publicaciones anteriores investigaciones clinicas que sustentan la hi-
pótesis de Que esta parte sincrética y clivada de la personalidad se halla en la base
de la constitución de las relaciones simbióticas que, en grado diverso, debemos con-
siderar como normales, y que tiene como objeto mantener clivado y depositado en
otro u otros individuos la parte más regresiva o primitiva de la personalidad, a la
que se deben también fenómenos normales y necesarios para una vida más plena:
las relaciones afectivas más primarias, los fenómenos de intuición o empatía. A esta
parte sincrética de la personalidad que se mantiene fuertemente clivada de la es-
tructura yoica más evolucionada o integrada, la he denominado "parte psicótica de la
personalidad". Con ella está relacionada una cierta proporción de fenómenos nor-
males que ya he citado, a lo que podría agregar buena proporción de los fenómenos
parapsicológicos y el fenómeno de lo siniestro; la transferencia narcisista de todo
paciente clinicamente no psicótico, las simbiosis patológicas, la reacción terapéutica
negativa, etcétera.
La permeabilidad o porosidad existente en el clivaje entre la parte más inte-
grada y la parte psicótica de la personalidad da cuenta de una cierta proporción
de fenómenos, especialmente vinculados con la capacidad emocional de un sujeto
o el bloqueo de las emociones. Asi, un fuerte bloqueo y control del clivaje con una
absoluta impermeabilidad del mismo, creemos que se debe relacionar con ciertas neuro-
sis de carácter que tienen la peculiaridad de estar en su totalidad o masivamente
estructuradas con un solo mecanismo de defensa (fóbico, histérico, obsesivo). A mi
entender, estos pacientes deben ser incluidos en un capítulo que propuse designar como
neurosis sistematizadas, incluyendo caracteres y caracteropatias con muy poca o nin-
guna variante (un estrecho espectro) de los mecanismos de defensa que además re-
sultan muy rigidamente mantenidos.
Pero la parte psicótica de la personalidad tiende no solamente a mantenerse
fuertemente clivada de la parte más integrada, sino que puede aparecer con otra
variante, que consiste en formar un conglomerado o una aglutinación de todas las
identificaciones primarias subsistentes en la personalidad, de tal manera que se con-
figura un núcleo que dinámicamente se maneja como una unidad o una totalidad,
como si fuese un objeto único. Su estructura interna es también sincrética y ahora
el clivaje tiende a ser mantenido en forma más estricta para impedir la invasión del
Ambigiiedad. Un capítulo de psicologia y de psicopatologia 837
Self más integrado y preservarlo. Este núcleo formado por identificaciones primarias
(sincréticas), "conglomeradas", es lo que he denominado núcleo aglutinado y su
dinámica da cuenta en forma unitaria de un capítulo complicado de la psicopatologia
y aun de la psicología del desarrollo normal.
Este núcleo aglutinado puede ser severamente controlado a través de su perrna-
nenle proyección en otra u otras personas, en cosas, instituciones sociales o grupos,
y esto se manifiesta clínicamente como una dependencia o una simbiosis patológica.
En el núcleo aglutinado no hay discriminación en su estructura. Igualmente, no existe
para ese sector de la personalidad la diferenciación con el otro en tanto persona
independiente, que pasa a ser as! un depositario, que existe para el sujeto en tanto
cumple la función de tal (es fácil ligar a esta dinámica brusca y masiva, invasora,
del núcleo aglutinado, ciertos fenómenos tales como, por ejemplo, el del enamora-
miento).
Cuando este clivaje se rompe o corre el riesgo de perderse, el núcleo aglutinado
amenaza invadir al Yo, y éste puede reaccionar con confusión, suspenso, perpleji-
dad. Si la invasión se lleva a cabo, se puede producir una disgregación psicótica
esquizofrénica. Pero en otros casos el Yo puede defenderse de esta invasión del
núcleo aglutinado: si éste es "depositado" y controlado en el cuerpo obtenemos la
hipocondría o la enfermedad psicosomática; la primera es un trastorno del esquema
corporal mientras que la segunda altera al cuerpo mismo. En otros casos se pro-
duce una reproyección brusca como crisis epiléptica o sus equivalentes. El Yo puede
ser invadido sin disgregarse pero organizándose de una manera especifica: se pro-
duce la melancolía. Una forma de aliviar esta última reside en una múltiple fragmen-
tación y dispersión del núcleo aglutinado: la manía. El núcleo aglutinado puede
también ser "expulsado" por el Yo y actuando como despliegue psicótico: en la
actuación psicopática y perversa; aquí vemos la diferencia que antes señalé entre
personalidad psicopática y actuación psicopática y entre el Yo del homosexual y la
actuación perversa. Aunque evidentemente el sincretismo sigue siendo la base de
todos ellos, su organización es distinta en los diferentes casos.
Este capitulo de la psicología y psicopatología de la ambigüedad requiere otras
aclaraciones en relación con conocimientos psicoanalíticos difundidos. En primer lu-
gar, se aleja de los "puntos de fijacíón" del esquema de Freud-Abraham, abandona
la teoría de la libido, el punto de vista económico, la teoría instintivista y el concepto
del narcisismo. En cuanto al esquema kleiniano, la posición esquizo-paranoide consti-
tuye la base de los fenómenos neuróticos (histeria, fobia, neurosis obsesiva), la po-
sición depresiva es la base de las depresiones pero no de la melancolía. Esta última,
así como la epilepsia y la confusión, asienta sobre fas vicisitudes del núcleo aglu-
tinado. Todos los fenómenos estudiados y la estructura que les sirve de sustento
me han llevado a postular la existencia de una posición que he llamado glischro-
cárica, que es anterior a la esquizo-paranoide. La posición glischro-cárica puede ser
definida como una estructura perteneciente al período de la vida en el cual predomi-
nan las identificaciones primarias sobre las relaciones de objeto (parciales o tota-
les). Esta estructura subsiste en un monto y forma variables en el curso de la vida
de todos los individuos.
La indiferenciación o sincretismo, que he señalado como una característica fun-
damental de la personalidad ambigua, puede ser postulada como la condición de la
estructura psicolóqica más primitiva o más precoz. A esta última la he denominado
"estructura sincicial". Un estado de indiferenciación primitiva ha sido postulado por
distintos autores: Werner, Wallon, Piaget, Baldwin, y también por algunos psicoana-
listas tales como A. Freud, Hartmann, Kris y Loewenstein, Lagache, Balint, Spitz,
pero no se han derivado las consecuencias necesarias de este hecho. Lo mismo
838 José Bleger
ocurre con Fenichel, M. Klein y el mismo Freud (1930), cuando se ha referido al
"sentimiento oceánico".
Podría suponerse cierta analogia entre el sincretismo y la estructura sincicial
con el narcisismo primario y secundario. Pero hay algunas diferencias fundamentales:
el narcisismo remite indefectiblemente a una teoría metapsicológica, mientras que el
sincretismo y la estructura sincicial remiten a fenómenos clínicos. Pero otra dife-
rencia aun más importante reside en que postular el narcisismo como la condición
más primitiva lleva implícito suponer un sujeto aislado que se va conectando o
relacionando paulatinamente en el curso de su vida con los demás (y con ello la
hipótesis del solipsismo), mientras que en la estructura sincicial no existe un indi-
viduo aislado que tiene que conectarse con el mundo externo, sino que debe dife-
renciarse del mismo mientras se diferencia a si mismo, estableciendo, en el curso del
desarrollo, un cambio en su relación con el mundo externo.
Esto trae a su vez, como consecuencia, la necesidad de reconsiderar el papel
de la proyección y la introyección en el comienzo de la vida, así como los fenómenos
de la omnipotencia y la magia. De igual manera, tendríamos que repensar y re-
plantear el antropomorfismo tan frecuentemente sustentado en la teoria psicoana-
litica y presumiblemente suplantarlo por un "cosmomorfismo": nuestras concepciones
sobre la estructura más primitiva del individuo.
En relación con esto último, el desarrollo normal y la psicopatolgía han sido
formulados en la clínica y la teoria psicoanalítica alrededor de las experiencias de
gratificación y frustración de zonas (oral, anal, genital). Ahora nos encontramos con
que, sin invalidar lo anterior, tomamos contacto con un sector de la psicología y la
patologia que siempre ha resultado dificil recapitular unitariamente y ubicar en sus
aspectos histórico-genéticos (por supuesto descarto radicalmente todo lo que se re-
fiere a las supuestas neurosis actuales), ya que no tiene cabida satisfactoria dentro
de la teoria de las etapas conocidas (oral, anal y genital) y nos acerca mucho más
a la psicologia y la psicopatologia de un estadio de indiferenciación cuya estructura
subsiste -en nuestra hipótesis- durante toda la vida y es susceptible de alternativas
específicas, algunas de ellas patológicas.
Es posible suponer, como hipótesis derivada del desarrollo presentado, que la
estructura fáctica sea un modelo de la más primitiva organización psicológica y que
ella siga una gradual "interiorización" de identificaciones primarias que conducen gra-
dualmente, en condiciones normales, a la individuación y la personificaci6n. Todas
las alternativas estudiadas aquí para el núcleo aglutinado se presentan normalmente
en el curso del desarrollo y es gracias a ellas que se logra elaborar parcialmente
la situación simbiótica normal.
Bibliografía
Abraham, K., "A Short Study of the Development of the Libido, Viewed in the Light of
Mental Disorders", en Setected Papers on Psychoanalysis, Hogarth Press, Lon-
dres, 1949. [Contribuciones a la teoría de la libido, Horme, Buenos Aires.]
Adorno, T. W., Frenkel Brunswik, E., Leinson, D. J., Nevitt Sanlord, R., The Authorita-
rian Personality, Harper Brothers, Nueva York, 1950. [Proyección. Buenos Aires,
1976.]
Baldwin, J. M., citado en Odler, C., La angustia y el pensamiento mágico, Fondo de
Cultura Económica, México, 1961.
Balint, M., "On Love and Hate", IJPA (International Journal 01 Psycho-Analysis), 1952,
XXXIII,4.
Baranger, M., "Mala fe, identidad y omnipotencia", ñev. Urug, de Psicoanálisis, 1963,
V, 2-3.
Ambigüedad. Un capitulo de psicología y de psicopatología 839
Bion, W. R., "Notes on the Theory 01 Schizophrenia", IJPA, 1954, XXXV.
-, "The Diflerentiation 01 the Psychotic from the Non-Psychotic Personality", IJPA,
1957, XXXVIII.
Bleger, J., Simbiosis y ambigüedad, Paidós, Buenos Aires, 1967.
"Estudio de la parte psicótlca de la personalidad", en Simbiosis y ambigüedad,
Paidós, Buenos Aires, 1967.
-, "Simbiosis, psicopatía y manía", en Rascovsky, A., y Liberman, D. (comps.), Psi-
coanálisis de la manla y la psicopatia. Paidós, Buenos Aires, 1966.
Bleuler, E., Dementia Praecox of the Group of Schizophrenies, lnt. Univer. Press, Nueva
York, 1950, XXVI.
Bychowski, G., "The Ego 01 Homosexuals", IJPA, 1945, XXVI.
-, "The Ego and the Object 01 the Homosexual", /JPA, 1961, XLII, 3.
Deutsch, H., "Sorne Forms 01 Emotional Disturbance and their Relationships to Schizo-
phrenia", Psychoanal. Quarterly, 1942, XI, 3.
Eldelberg, L., Encyclopedia of Psychoanalysis, The Free Press, Nueva York, 1968.
Fairbairn, W. R. D., Psychoanalytíc Studies of ttie Persona/ity, Tavistock, Londres,
1952. [Hormé, Buenos Aires, 1970.]
Fenichel, O., The Psychoanalytic Theory o, Neurosis, Norton, Nueva York, 1945. [Nova,
Buenos Aires, 1977.]
Foulquié, P., Diccionario del lenguaje filosófico, Labor, Buenos Aires, 1967.
Frenkel-Brunswik, E., "Intolerance 01 Ambiguity as an Emotional and Perceptual Per-
sonality Variable", Journ. of Persona/íty, 1949, XVIII.
-, "La Personalité antisémíte", Temps Modernes, octubre de 1950.
Freud, A., "The Mutual Inlluences in the Development 01 Ego and Id", Psychoanal.
Study Child, 1946, VII.
Freud, S. (1900), "The Interpretation 01 Dreams", S.E., V.
- (1901), "The Psychopalhology 01 Everyday Lile", S.E., VI.
- (1905), "Jokes and Iheir Relation to the Unconscious", SE, VIII.
- (1917), "Mourning and Melancholia", S.E., XIV.
- (1921), "Group Psychology and the Analysis 01 the Ego", S.E., XVIII.
- (1924), "The Dissolution 01 the Oedipus Complex", S.E., XIX.
- (1930), "Civilization and its Discontents", SE, XXI.
- (1933), "New Introductory Lectures on Psychoanalysis", S.E., XXII.
García de Diego, V., Diccionario latino-español, Bibliogral, Barcelona, 1964.
Hartmann, H., Kris, E., Loewensteín, R. M., "Comments on the Formation 01 Psychic
Slructure", Psychoanal. Study Child, 1946, 11.
Klein, M., "A Contribution lo the Psychogenesis 01 Manic-Depressive Slates", en Con-
tributions to Psychoanalysis, Hogarth Press, Londres, 1952. [Paídós, Buenos Aires,
1976.]
"Some Theoretical Conclutions regarding the Emotional Lile 01 the lntant", en
Developments in Psychoanalysis, Hogarth Press, Londres, 1952. [Paidós, Buenos
Aires, 1976.J
-, "On Idenlilicalion", en New Directions in Psychoanalysis, Tavistock, Londres,
1955. [Paidós, Buenos Aires, 1976.J
Envy and Gratitude, Tavistock, Londres, 1957. [Paidós, Buenos Aires, 1976.]
Kris, E., Kaplan A., "Aesthetic Ambiguity", en Kris, E., Psychoanalytic Explorations in
Art., lnt. Univ. Press, Nueva York, 1952.
Lagache, D., "La Personalité el les Relalions avec Aulri", Bulletin de Psychologie,
París, 1955, VIII, 3.
Laing, R. D., The Divided Self, Tavistock Pub!., Londres, 1960. [FCE., España, 1974.]
Leenhardt, M., Do Kamo, Gallimard, París, 1947.
Liberman, D., La comunicación en terapéutica psicoanalítica, Eudeba, Buenos Aires,
1963.
840 José Bleger
Piagel, J., Le Jugement el le raisonnement chez I'enfant, Delaehaux Nestlé, Neuchatel.
Pichon-Riviére, E., "Ciases", en Escuela Privada de Psiquiatria (no publicadas). Citado
por Resnik, S., "Sindrome de Cotard y despersonalización", Rev. de psicoanálisis,
XII, 1, 1955.
Reich, R., "Narcissistic Object Choice in Women", JAPA (Journal 01 the American
Psychoanalytica Association), 1953.
Resenfeld, H. A., Psychotic States, Hogarlh Press, Londres, 1965.
Rycroft, C., A Critieal Dictionnary of Psychoanalysis, Basic Books, Nueva York, 1968.
Searles, H. F., Coltected Paper on Schizophrenia and Related Subjects, Hogarth Press,
Londres, 1965.
Spitz, R. A., "The Primal Cavity", Psychoana/. Study Child, 1955, X.
-, The First Year of Lite, lnt. Univ. Press, Nueva York, 1965.
Tarachow, S., "Ambiguity and Human imperlection", JAPA, 1965, XIII, 1.
Wallon, H., Les Origines du Ctierectére chez /'Enfant, P.U.F., París, 1966.
Werner, H., Comparative Psychology of Mental Development, Inl. Univ. Press, Nueva
York.
Winnicott, D. W., "Ego Distortion in Terms 01 True and False Self", en Ttie Maturational
Proeesses and the Facilitating Environement, lnt. Univ. Press. Nueva York. 1966.
[Laia, Barcelona, 1979.]
COMENTARIO
Raúl Jorge Aragonés
Este trabajo de Bleger es reelaboración de otro anterior (1963) denominado "So-
bre la ambigüedad" y es de singular importancia porque describe un vasto espacio
psicopatológico que no responde a los mecanismos conocidos de formación de sin-
tomas de las neurosis y de las psicosis. Tiene como antecedentes los complejos
estudios sobre los fenómenos de indiferenciación de la simbiosis y de la parte psicó-
tica de la personalidad. Con la ambigüedad el autor hace un giro que permite
situarlo en la teoría estructural freudiana. Me referiré a este último punto, a las iden-
tificaciones primarias, a la identidad.
En la teoría estructural
Si bien 81eger comenzó explicando los fenómenos de indiferenciación por medio
de las identificaciones proyectivas kleinianas, reconoce a esta altura de su obra el
papel protagónico de las identificaciones primarias. Ya no se trata de un mecanismo
de defensa en juego sino de un estadio evolutivo detenido o no superado. De esta
manera Bleger se inclina a lo que llamaré la tesis estructural. Intentaré desarrollar
algunos de los presupuestos que justifiquen esta afirmación.
La noción de estructura en Freud es compleja y sintética a la vez porque integra
múltiples nociones en una nueva: la identificación. La identificación reúne en si misma
fenómenos tan complejos como: narcisismo primario y secundario, pérdida de objeto,
des realización, introversión y retracción libidinal, duelo normal y patológico, decatec-
tización y sublimación, neoformaciones yoicas y superyoicas, retorno de lo reprimido,
etc. Freud agrupó la resultante de todos estos fenómenos y los canalizó en unidades
que constituyen un limitado número de estructuras: identificaciones primarias, iden-
tificaciones narcisistas secundarias, identificaciones secundarias de las neurosis de
transferencia, identificaciones superyoicas y yoicas. Con este agrupamiento define
también sus funciones estructurantes: las identificaciones primarias formadoras del
Ideal del Yo son la condición necesaria para que se instauren las identificaciones
secundarias del Superyó; las identificaciones superyoicas regulan la existencia de las
identificaciones yoicas, etc.
Las identificaciones de la tesis estructural no deben ser confundidas con las
identificaciones que las precedieron. Las primeras eran piezas sueltas dentro de una
estructura virtual, mientras que las segundas son la estructura misma. Con la teoría
de las identificacioines, el Yo deja de ser una virtualidad habitada por la sustancia-
lidad del Ello y la realidad, para comenzar a dar respuesta a las preguntas de cómo,
cuándo, por qué, de qué y dónde se origina la sustancia yoica. Con la teoría estruc-
842 Raúl Jorge Aragonés
tural Freud erradicó al homúnculo entre bambalinas para decir que el Yo no es otra
cosa que eso, lo que pudo advenir. La tesis estructural redefine lo patológico y lo
normal por la naturaleza de las identificaciones. Las primeras recrean las relaciones
del Ello, adviniendo un precario Yo constituido con los objetos del Ello (observables
en las identificaciones melancólicas y esquizofrénicas); en las segundas son el resul-
tado del abandono de los objetos y las pulsiones del Ello. La simbolización y la
sublimación son los mecanismos de transustanciación para que el Yo advenga. El
individuo queda definido por la estructura, y la evolución, por la detección o pro-
greso de una estructura a otra. Pero, como dijimos, estructura e identificación son
correlativas, lo que nos lleva nuevamente a Bleger: la personalidad sincrética es la
expresión del funcionamiento de una estructura que no accedió a las identificaciones
secundarias.
Identificación primaria y ambigüedad
Desde El Yo y el El/o las identificaciones primarias quedaron referidas al Ideal,
y desde Introducción del narcisismo sabemos que el Ideal es la puesta en juego de
un mecanismo de recuperación del narcisismo perdido. Ideal del Yo, identificaciones
primarias y narcisismo perdido y recuperado quedaron indisolublemente unidos en
Freud. Las identificaciones primarias como vector de este primer movimiento dialéc-
tico del narcisismo se presentan como la primera estructura yoica posible. Pero "el
Ideal es la condición de la represión" porque sin su existencia cuestionadora no se
abandonan los objetos del Ello formadores del Superyó. Sin un Ideal que cumpla sus
funciones no se instaura la represión (propiamente dicha) del Superyó. Sabemos que
el individuo enferma cuando se altera esta dialéctica y el Ideal queda aprisionado en
el objeto o en el Yo. Es acá donde se incluye Bleger describiendo un desvío que no
parece haber estado en los cálculos de Freud. El Ideal no se atiene a ninguna de
estas tres posibilidades. Ni se paraliza, ni cuestiona las relaciones del Ello ... des-
plaza el Ideal a otro modelo. Cuando no se sostiene el cuestionamiento del narcisIsmo
por el Ideal (juega acá un papel importante el objeto externo), éste es reemplazado
por otro modelo sin renunciar por ello al mecanismo (identificación primaria). No
sólo no hay abandono del narcisismo primario (falta de retracción de la libido) sino
que se lo instrumenta a través de las estructuras relacionales propias de las identi-
ficaciones primarias que alternativamente se asientan en diferentes ideales, dándole
una ubicuidad que le permite al Yo un gran despliegue de funciones. La personalidad
ambigua, poseedora de varios núcleos del Yo (Ideal del Yo), lo atestigua. Por el no
cuestionamiento de las relaciones del Ello se pierde el espacio único en que se puede
desarrollar el conflicto. No hay divalencia ni ambivalencia, ni pérdida de objeto ni
duelo. Al no accederse al narcisismo secundario se perpetúan la ubicuidad y la atem-
poralidad narcisista por medio de la versatilidad de las identificaciones primarias. La
ambigüedad, desde este punto de vista, no es sino el exponente de este tipo de orga-
nización yoica. Las identificaciones primarias que en Freud quedan subsumidas entre
las identificaciones secundarias del Superyó o aparecen aisladamente en los fenó-
menos de enamoramiento, hipnosis o de masas en las personalidades sincrétiéas,
según Bleger, ocupan el espacio yoico. Esto implica que estas personalidades no
llegaron al nivel de organización dadas por las instancias Yo, Superyó y Ello, sino
al de estructuras relacionales radiales alrededor de diferentes ideales que pueden
ser contradictorios entre sí. Al no haber contradicciones no se produce el precipi-
tado de las identificaciones nucleares yoicas y superyoicas por lo que la realidad i
el individuo quedan definidos por las funciones que le dictan dichas relaciones. No
podemos hablar de una verdadera interiorización del medio sino solamente de una
primera transacción entre el narcisismo y el mundo exterior.
Actualización 843
Identidad y realidad
Las personalidades sincréticas no carecen de identidad, tienen otra. Bleger des-
ideologiza el concepto de identidad del de autonomía yoica. Habría otras formas del
ser que se estructuran eludiendo el conflicto sin la correlativa desorganización social
enfermante. Para ilustrar este punto Bleger solía hacer referencia a la organización
psíquica y social de un pueblo melanesio descrito por Leenhardt (Do Kamo, 1961j.
En su ejemplo, las estructuras simbólicas no se han resuelto en identificaciones nu-
cleares sino que se han concretizado en el afuera. Pero el afuera y el adentro están
enlazados en forma "directa e inmediata", lo que hace que el individuo, sin perder
el lugar que le asigna la estructura simbólica, tenga tantos nombres como lugares o
funciones ocupe. Lo que está afuera no precisa de la interiorización para ser, ni lo
que está adentro requiere del desprendimiento de si para dar nacimiento a un mundo
exterior, según la fórmula freudiana. El ambiguo no necesita renunciar al narcisismo
primario para poseer una estructura y un mundo exterior. Mundo exterior y mundo
interior se continúan sin diferenciación merced a un Yo con esqueleto afuera y un
mundo exterior concretizado adentro.
Quisiera aclarar, antes de terminar, que la interrelación sincretismo-narcisismo
seguida acá probablemente fuera rechazada por Bleger que consideraba al narci-
sismo solipsista y alejado de la clínica. Esta actualización me da la oportunidad de
reafirmar la creencia de que no se excluyen sino que son distintos niveles teóricos
de explicación de los hechos que se potencian entre sí: el sincretismo los hace
visibles, llena los espacios vacíos dejados por el narcisismo, amplía sus fronteras;
el narcisismo profundiza el sincretismo, lo metapsicologiza.