0% encontró este documento útil (0 votos)
92 vistas9 páginas

Casacion 956 - 2016

Este documento presenta un caso de casación 956-3016 relacionado con el delito de usurpación de funciones en Áncash. Se revisa la sentencia de primera y segunda instancia que absolvió a Pedro Huerta de dicho delito. El Tribunal Supremo analizará si la competencia jurisdiccional es un numerus apertus y si los hechos constituyen el delito cuando la competencia no es privativa de un órgano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
92 vistas9 páginas

Casacion 956 - 2016

Este documento presenta un caso de casación 956-3016 relacionado con el delito de usurpación de funciones en Áncash. Se revisa la sentencia de primera y segunda instancia que absolvió a Pedro Huerta de dicho delito. El Tribunal Supremo analizará si la competencia jurisdiccional es un numerus apertus y si los hechos constituyen el delito cuando la competencia no es privativa de un órgano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CASACION 956-3016 ANCASH

Sumilla. La conducta constitutiva de este delito en su modalidad de usurpación de un cargo


diferente, se configura cuando el funcionario o servidor público ejerce, dolosamente, una
función que no le corresponde dentro de la administración pública, y usurpa un cargo
diferente al suyo, que se le atribuye a otro servidor o funcionario público.

La competencia de los órganos jurisdiccionales, se encuentra establecida por reglas fijadas


en la ley que atienden a criterios de materia, cuantía, función y territorio. La fórmula “[…]
de las demás que señala la ley”, empleada por la Ley Orgánica del Poder Judicial es una
técnica legislativa de remisión, que permite que la competencia por razón de la materia se
amplíe a otros supuestos, siempre que esté previamente regulada en otra norma con rango
de ley.

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA PENAL TRANSITORIA
Casación 956-2016, Áncash

Lima, cuatro de junio de dos mil diecinueve.-

VISTO: en audiencia pública, el recurso de casación, interpuesto por la FISCAL


ADJUNTA SUPERIOR DE LA PRIMERA FISCALÍA SUPERIOR PENAL DEL
DISTRITO FISCAL DE ÁNCASH, contra la sentencia de segunda instancia del uno de
agosto de dos mil dieciséis (foja 710), emitida por la Sala Penal de Apelaciones de la Corte
Superior de Justicia de Áncash, que revocó la de primera instancia del diecisiete de
noviembre de dos mil quince (foja 173) que condenó a Pedro Gilberto Huerta Salas como
autor del delito contra la administración pública, en la modalidad de usurpación de
funciones, en perjuicio del Poder Judicial, y le impuso cuatro años de pena privativa de la
libertad suspendida en su ejecución por un año, bajo reglas de conducta, e inhabilitación
por el plazo de un año, tres meses y quince días; y, fijó en ochocientos soles la reparación
civil; y reformándola se le absolvió de la acusación fiscal.

Intervino como ponente la jueza suprema CASTAÑEDA OTSU.

HECHOS OBJETO DEL PROCESO PENAL

Primero. La fiscal provisional del Segundo Despacho de Investigación de la Sexta Fiscalía


Provincial Penal Corporativa de Huaraz (fiscal provincial) formuló acusación (foja 3 del
Cuaderno de Control de Acusación) contra Pedro Gilberto Huerta Salas, por los siguientes
hechos:

1.1. El seis de setiembre de dos mil diez, en su condición de juez de paz del distrito de
Pampas Grande, Huaraz, conoció de una demanda de “recuperación de la posesión de
bienes inmuebles o predios” interpuesta por Epifanía Méndez Quijano, y en lugar de
derivar los actuados al órgano jurisdiccional competente –Juzgado Mixto de la provincia de
Huaraz–, cursó notificaciones a los demandados, para que la contesten.

1.2. El veinticuatro de setiembre de dos mil diez, el abogado de los demandados presentó
un escrito, en el cual, entre otros puntos, precisó que el juez de paz no era competente para
conocer la demanda, pese a ello, continuó con el proceso y llevó a cabo las audiencias de
conciliación los días uno y siete de octubre del mismo año.

1.3. El diecinueve de noviembre de dos mil diez, el juez de paz emitió la sentencia, en la
cual declaró fundada la demanda, y ordenó a los demandados la restitución de la vivienda y
terreno rústico.

1.4. Dicha sentencia fue recurrida ante el Primer Juzgado de Paz Letrado de Huaraz, quien
resolvió declarar nula la sentencia y renovando el acto procesal viciado, declaró
improcedente la demanda interpuesta por Epifanía Méndez Quijano. La jueza consideró que
las materias sobre “recuperación de la posesión de bienes inmuebles o predios no son
competencia del juzgado de paz, conforme con el inciso 4, artículo 65, de Texto Único
Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), cuyo conocimiento corresponde a
un juzgado especializado o mixto.

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE

Segundo. De los actuados remitidos por la Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior
de Justicia de Áncash, se tiene los siguientes actos procesales:

2.1. La fiscal provincial formuló acusación contra Pedro Gilberto Huerta Salas, como autor
del delito de usurpación de funciones, en la modalidad de ejercicio de funciones
correspondientes a cargo diferente del que se tiene, previsto en el primer párrafo, del
artículo 361, del Código Penal (CP), en agravio del Poder Judicial. Solicitó cinco años de
pena privativa de la libertad e inhabilitación por dos años para ejercer el cargo de juez de
paz no letrado; e incapacidad para ejercer otro cargo público; y el pago de tres mil soles por
concepto de reparación civil.

2.2. Mediante sentencia del diecisiete de noviembre de dos mil quince (foja 173) el
Segundo Juzgado Unipersonal lo condenó como autor del mencionado delito, y le impuso
cuatro años de pena privativa de la libertad suspendida en su ejecución, y fijó en
ochocientos soles la reparación civil.

2.3. La sentencia fue apelada por su defensa técnica, el dieciséis de noviembre de dos mil
quince (foja 191), y se dispuso su elevación a la Sala Penal de Apelaciones, la que el uno de
agosto de dos mil dieciséis, revocó la sentencia y lo absolvió de la acusación fiscal, y
declaró infundada la pretensión indemnizatoria.
2.4. Contra la sentencia de segunda instancia, el veintidós de agosto de dos mil dieciséis, la
fiscal superior interpuso recurso de casación, que es materia de la presente ejecutoria
suprema. SOBRE

EL RECURSO DE CASACIÓN INTERPUESTO

Tercero. La fiscal superior interpuso casación excepcional (foja 746), prevista en el inciso
4, artículo 427, del Código Procesal Penal (CPP), y propuso el desarrollo de doctrina
jurisprudencial de dos puntos: i) si la competencia de los órganos jurisdiccionales,
establecida en la Ley Orgánica del Poder Judicial constituye un numerus apertus, (lista
abierta) cuando la norma indica: “[…] de las demás que señala la ley”; y ii) si el hecho
resulta atípico para el delito de usurpación de funciones cuando la competencia por razón
de la materia no resulta expresamente privativa o excluyente de determinado órgano
jurisdiccional.

Se sustentó en las causales 3 y 4, artículo 429, del CPP. Sostuvo que la sentencia de vista
adolece de ilogicidad en su motivación por presentar una errónea interpretación del primer
párrafo, artículo 361 del CP, en cuanto a su configuración típica, ya que el citado
dispositivo precisa de tres elementos: i) ejercicio de funciones públicas; ii) ajenidad de las
funciones públicas; y iii) autoatribución de funciones; esto es, la realización de funciones
fuera de la competencia. No es necesario, como señala la Sala de Apelaciones, determinar
que las funciones que indebidamente se realizan competen a otro funcionario.

ÁMBITO DE PRONUNCIAMIENTO

Cuarto. Conforme a la ejecutoria suprema del veintinueve de setiembre de dos mil


diecisiete (foja 51 del Cuaderno de casación), se concedió el recurso de casación
excepcional para el desarrollo jurisprudencial de los dos temas señalados, los que están
referidos a una errónea interpretación o falta de aplicación del tipo penal de usurpación de
funciones en conexión con las reglas de competencia jurisdiccional, en la modalidad de
ejercicio de funciones diferente al cargo.

Cabe precisar que, revisado el auto de calificación, en este se desestimó liminarmente las
causales de casación invocadas, lo que puede subsanarse en esta instancia del proceso, de
conformidad con el inciso 1, artículo 432, del CPP. Por ello dado el tema a desarrollar, el
motivo casacional a evaluar corresponde a una indebida o errónea interpretación de la ley
penal o de otras normas jurídicas necesarias para su aplicación.

Quinto. Luego de la admisión del recurso de casación, el expediente se puso a disposición


de las partes por el plazo de diez días. Mediante decreto del doce de abril de dos mil
diecinueve (foja 64 del Cuaderno de Casación), se fijó fecha para la audiencia de casación
el nueve de mayo de dos mil diecinueve. En dicha fecha se realizó la audiencia con la
concurrencia del fiscal adjunto supremo en lo penal Abel Pascual Salazar Suárez. Su
desarrollo consta en el acta correspondiente.

Sexto. Concluida la audiencia, se realizó la deliberación de la causa en sesión secreta.


Luego del debate, se efectuó la votación, en la que se obtuvo los votos necesarios para la
emisión de la presente sentencia de casación, cuya lectura se efectúa en la fecha.

CONSIDERACIONES DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE EL DELITO DE


USURPACIÓN DE FUNCIONES

Séptimo. El delito de usurpación de funciones se encuentra regulado en el artículo 361 del


CP, cuyo texto literal es el siguiente:

Artículo 361. El que, sin título o nombramiento, usurpa una función pública, o la facultad
de dar órdenes militares o policiales, o el que hallándose destituido, cesado, suspendido o
subrogado de su cargo continúa ejerciéndolo, o el que ejerce funciones correspondientes a
cargo diferente del que tiene, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de
cuatro ni mayor de siete años, e inhabilitación de uno a dos años conforme al artículo 36,
incisos 1 y 2 […]» (el subrayado es nuestro).

Octavo. En cuanto al bien jurídico protegido por este delito, es el correcto funcionamiento
de la administración pública, concretizado en el cumplimiento de las funciones por los
funcionarios o servidores públicos, con sujeción a las competencias delimitadas
normativamente. El objeto específico de protección es el garantizar la exclusividad de la
titularidad y ejercicio de las funciones públicas a los órganos y agentes estatales[1].

La tutela de este interés se dirige a garantizar la legalidad de la función pública, basada en


la autoridad estatal para otorgar facultades de decisión o ejecución a determinadas personas
y distinguir las esferas de competencia entre los funcionarios; es esa autoridad la que se
ataca cuando quien no es funcionario asume la función o cuando lo hace un funcionario que
carece de competencia para ejercerla[2].

En relación con los elementos objetivos de este tipo penal[3], el sujeto activo puede ser
cualquier persona, tanto un intraneus (integrante de la administración pública), entre ellos,
un funcionario o servidor público que ostenta y ejerce una competencia para la cual no está
legitimado primariamente, como el extraneus (particular), quien es ajeno a la función
pública. El sujeto pasivo es el Estado, en la medida que con el acto usurpador se vulnera el
funcionamiento adecuado de sus órganos, al invadirse las competencias prestablecidas.

Noveno. Conforme se aprecia del texto literal, el tipo penal contiene tres modalidades de
usurpación de funciones:

a) usurpar una función pública o la facultad de dar órdenes, militares o policiales;


b) continuar ejerciendo el cargo, no obstante, haber sido cesado, suspendido, subrogado o
destituido; y,

c) ejercer funciones correspondientes a cargo diferente del que se tiene.

Décimo. En relación con lo que es materia del recurso, el análisis jurídico se centrará en la
tercera modalidad, esto es, aquella que se configura por el ejercicio de una función
diferente a la que corresponde al cargo. Para su configuración, es necesario que el agente
asuma un determinado cargo público, y ejecute o desarrolle actividades inherentes a una
función pública específica. Al analizar el núcleo del desvalor de este delito, se debe
determinar cuáles son las conductas que ingresan al ámbito de protección de la norma,
subyacente al tipo penal previsto en el artículo 361 del Código Penal.

Por tanto, no cualquier actuación de quién se arroga una función pública es la que se
sanciona, bajo esta modalidad típica, sino aquellas que manifiestan el ejercicio concreto de
la función pública. En otros términos, para la realización típica no es suficiente que el
agente asuma la función pública como tal, sino que debe ejercitarla u ejecutarla a través de
actuaciones administrativas o jurisdiccionales. Asimismo, la conducta que se sanciona y
que se encuentra descrita en el supuesto de hecho bajo análisis, es cuando se ejerce
funciones correspondientes a cargo diferente del que tiene; esto es, el funcionario o servidor
público ejerce, dolosamente, una función que no le corresponde dentro de la administración
pública, y usurpa un cargo diferente al suyo, que se encuentra en el ámbito funcional de
otro servidor o funcionario público.

El autor realiza funciones que pertenecen a otro cargo. Así existe una indebida injerencia en
la competencia de un cargo ajeno que afecta la legalidad de la función pública[4].

Para determinar que el funcionario público ejerció funciones correspondientes a cargo


distinto del que tiene, es preciso que las de él y las que corresponden a otro funcionario,
estén legal o reglamentariamente delimitadas. De modo que el autor ejecuta un acto
sustancialmente legítimo, cuyo vicio consiste únicamente en que él carece de facultades
para ese acto. No hay arbitrariedad ni abuso en el hecho, sino incompetencia del órgano
funcional[5].

Décimo primero. Esta modalidad típica al igual que las otras dos es dolosa, y no admite la
culpa. El agente actúa con conocimiento y voluntad para ejercer una función
correspondiente a cargo diferente del que tiene.

SOBRE LA POTESTAD JURISDICCIONAL Y LA COMPETENCIA

Décimo segundo. La potestad jurisdiccional es aquella atribuida constitucionalmente a


algunos órganos del Estado, como el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, según lo
disponen los artículos 138 y 202 de la Norma Fundamental. A través de ella, se busca la
actuación del derecho objetivo al caso concreto, a fin de lograr la efectiva tutela de las
situaciones jurídicas de los particulares, la sanción de determinadas conductas antisociales,
y la efectividad del principio de jerarquía normativa, por medio de decisiones definitivas y
ejecutables, con la finalidad de mantener la paz social en justicia[6].

Décimo tercero. Los mandatos de la Constitución con relación a la potestad jurisdiccional,


encuentran su desarrollo en diversas normas, entre ellas, el Texto Único Ordenado de la
Ley Orgánica del Poder Judicial[7] y los códigos procesales respectivos. La competencia es
aquella parte de la jurisdicción, que corresponde en concreto a cada órgano jurisdiccional
singular, conforme a ciertos criterios a través de los cuales las citadas normas distribuyen la
jurisdicción entre los distintos órganos ordinarios de ella. Dichos criterios son por razón de
la materia, cuantía, jerarquía llamada también funcional, y territorio[8].

Décimo cuarto. Los criterios de competencia en materia civil que atienden al objeto del
proceso, corresponden a una distribución vertical, por materia y cuantía. La primera, se
encuentra regulada en el artículo 9 del Código Procesal Civil (CPC), y la segunda, en los
artículos 10, 11 y 12 del acotado Código. Asimismo, a una distribución horizontal, por
criterios territoriales. Y es que, en efecto, los criterios de la competencia en razón de la
materia, cuantía y función, deben concurrir ante un mismo juez, sin que sea posible asumir
que resulte ser competente por un solo criterio, como el de la cuantía.

Sobre la competencia por cuantía, corresponde ser analizada una vez que se ha determinado
la competencia por razón de la materia[9]. En este extremo, se tiene que el artículo 12 del
CPC señala: “En las pretensiones relativas a derechos reales sobre inmueble, la cuantía se
determina en base al valor del inmueble vigente a la fecha de interposición de la demanda.
Sin embargo, el juez determinará la cuantía de lo que aparece en la demanda y su eventual
anexo. Si estos no ofrecen elementos para su estimación, no se aplicará el criterio de la
cuantía y será competente el juez civil”.

LA COMPETENCIA DE LOS JUECES DE PAZ EN LA LEY ORGÁNICA DEL


PODER JUDICIAL

Décimo quinto. El artículo 26 de la LOPJ[10] establece los órganos jurisdiccionales: Corte


Suprema de Justicia de la República, Cortes Superiores de Justicia, Juzgados
Especializados y Mixtos, Juzgados de Paz Letrados y Juzgados de Paz. Conforme al
artículo 61 de la acotada ley, la elección, atribuciones, deberes, derechos y demás aspectos
vinculados a la Justicia de Paz, son regulados por la ley especial de la materia. Se trata de la
Ley N.° 29824, que modificó entre otros puntos, el referido artículo 61[11].

Décimo sexto. En la fecha en que ocurrieron los hechos que motivaron el recurso de
casación, la regulación de la justicia de paz, estaba prevista en los artículos 61 al 71 de la
LOPJ. En cuanto a la competencia, el artículo 65 establecía que los jueces de paz, conocen,
de no lograrse la conciliación y en tanto se encuentren dentro de la cuantía que establece el
Consejo Ejecutivo del Poder Judicial (CEPJ), cinco tipos de procesos, siendo importante
para la resolución del caso, el punto “2. De desahucio y aviso de despedida”. Además,
contenía la fórmula “6. Los demás que correspondan conforme a ley”[12].

Décimo séptimo. En sentido similar, los artículos 49 y 57 de la LOPJ, al establecer la


competencia de los jueces especializados civiles y de paz letrado, recurre a la fórmula: “De
los demás asuntos que les corresponda conforme a ley”, y “De los demás que señala la ley»,
respectivamente.

Las tres fórmulas –una derogada y dos vigentes– constituyen una expresión de técnica
legislativa de remisión, que permiten que la competencia por razón de la materia se amplié
a otros supuestos, siempre que esté previamente regulada en otra norma con rango de ley.

Décimo octavo. En atención a lo expuesto, con relación al tema: si la competencia de los


órganos jurisdiccionales, establecida en la LOPJ constituye un numerus apertus, por la
fórmula, “[…] de las demás que señala la ley”; se concluye que la competencia se
encuentra establecida por reglas fijadas en la ley que atienden a criterios de materia,
cuantía, función y territorio. La fórmula indicada es una técnica legislativa de remisión, que
permite que la competencia por razón de la materia se amplíe a otros supuestos, siempre
que esté previamente regulada en otra norma con rango de ley. En el caso de los jueces de
paz, cuando su competencia estuvo regulada en el artículo 65 de la LOPJ, podía asumir una
diferente a la indicada expresamente en aquella, con base en la citada fórmula abierta o
remisiva, siempre que tal facultad esté expresamente determinada en otra norma con rango
de ley.

Décimo noveno. Respecto al segundo tema: “Si el hecho resulta atípico para el delito de
usurpación de funciones cuando la competencia por razón de la materia no resulta
expresamente privativa o excluyente de determinado órgano jurisdiccional”, la conducta
constitutiva del referido delito en su modalidad de usurpación de un cargo diferente, se
configura cuando el funcionario o servidor público ejerce, dolosamente, una función que no
le corresponde dentro de la administración pública, y usurpa un cargo diferente al suyo, que
se le atribuye a otro servidor o funcionario público.

El acto funcional que se arroga atañe a otro cargo y tiene que ser legítimo, de modo que el
autor ejecuta un acto sustancialmente legítimo, cuyo vicio consiste, únicamente, en que
carece de facultades para ese acto –incompetencia del órgano funcional–. En ese aspecto, si
un funcionario público se arroga una función que no es de competencia exclusiva de ningún
otro funcionario público la conducta resulta atípica.

Por tanto, en el caso de la competencia por razón de la materia del juez de paz, la misma
que estaba delimitada por el artículo 65 de la LOPJ[13], debió ser interpretada en conexión
con los artículos que establecen la competencia material de los jueces de paz letrado y civil
o mixto.
ANÁLISIS DEL CASO

Vigésimo. La Sala Penal de Apelaciones consideró que los hechos imputados al juez de
paz, Pedro Gilberto Huerta Salas, no configuran el delito de usurpación de funciones en su
modalidad de ejercicio de cargo diferente, con base en dos afirmaciones: i) en el caso del
juez de paz, se está ante una delimitación de competencia por razón de la materia, pues el
derogado artículo 65 de la LOPJ, señalaba los procesos que por este criterio eran de su
conocimiento, dentro de los cuales si bien no estaba comprendida la acción que motivó la
demanda, pero dicho artículo no era un numerus clausus sino un numerus apertus; ii) según
el artículo 57 de la LOPJ, el juez de paz letrado conoce en materia civil de las acciones
derivadas de actos o contratos civiles o comerciales, acciones posesorias o de propiedad de
bienes muebles o inmuebles, siempre que estén dentro de la cuantía señalada por el CEPJ.
En esta competencia por materia se requiere analizar la cuantía; sin embargo, conforme con
el objeto de demanda esta no es valorable; por lo que no es de competencia del juez de paz
letrado. Concluye que la competencia en función de la materia no resultaba expresamente
privativa o excluyente del juez de paz letrado y en ese sentido, no se advierte que haya
usurpado la competencia de otro órgano jurisdiccional.

Vigésimo primero. Se advierte que los fundamentos que sustentaron la decisión de basaron
en una errónea interpretación del artículo 65 de la LOPJ, que si bien contiene una cláusula
de remisión que permite ampliar la competencia del juez de paz, era necesario efectuar una
interpretación sistemática de los artículos 49, 57 y 65 de la LOPJ en conexión con los
artículos 10, 11 y 12 del CPC, toda vez que la Sala Penal de Apelaciones concluyó que la
pretensión de la demanda no era valorable. Y a esta conclusión arribó porque la demanda se
refería a la recuperación de la posesión de bienes inmuebles o predios; sin embargo, en la
sentencia falló declarando la restitución de la propiedad de los terrenos y vivienda a sus
antiguos dueños.

En este punto, es de anotar que según el artículo 12 del CPP cuando el objeto de la
demanda sea sobre derechos reales, estos no necesariamente podrán ser cuantificables; sin
embargo, por razón de la materia corresponde sea visto por el juez especializado, civil o
mixto. Vigesimosegundo. Como consecuencia de esta interpretación, la Sala Penal de
Apelaciones efectuó una errónea interpretación e indebida aplicación del artículo 361 del
CP, referido al delito de usurpación de funciones, en la modalidad de ejercicio de funciones
diferente al cargo. Por tanto, se ha producido un quebrantamiento de precepto material y en
ese sentido debe declararse fundado el recurso de casación.

DECISIÓN

Por estos fundamentos, declararon:

I. FUNDADO el recurso de casación interpuesto por la FISCAL ADJUNTA SUPERIOR


DE LA PRIMERA FISCALÍA SUPERIOR PENAL DEL DISTRITO FISCAL DE
ÁNCASH, contra la sentencia de segunda instancia del uno de agosto de dos mil dieciséis,
emitida por la Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Áncash.

II. CASAR la citada sentencia de segunda instancia, que revocó la de primera instancia del
diecisiete de noviembre de dos mil quince, que condenó a Pedro Gilberto Huerta Salas
como autor del delito contra la administración pública, en la modalidad de usurpación de
funciones, en perjuicio del Poder Judicial, y le impuso cuatro años de pena privativa de la
libertad suspendida en su ejecución por un año, bajo reglas de conducta, e inhabilitación
por el plazo de un año, tres meses y quince días; y, al pago de ochocientos soles por
concepto de reparación civil; y reformándola se le ABSOLVIÓ de la acusación fiscal.

III. CON REENVÍO, ordenar que otro Colegiado Superior emita un nuevo
pronunciamiento, previa convocatoria y realización de una nueva audiencia de apelación,
en la que deberá considerar lo expuesto en la parte considerativa de la presente sentencia
casatoria.

IV. DISPONER que la presente sentencia casatoria sea leída en audiencia pública y se
publique en la página web del Poder Judicial.

V. MANDAR se remita la causa a la Sala Penal de Apelaciones de origen para su debido


cumplimiento, y que se archive el Cuaderno de Casación en esta Corte Suprema.

También podría gustarte