El poder de las palabras.
Fondo Bíblico: Proverbios 10:28-22; 12:13-19; 18:7, 8, 13, 26:28; 29:20;
31:26.
Verdad Central: Las palabras que expresamos deben glorificar a Dios y traer
bendición a los que la oyen.
Texto Aureo. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón
delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
OBJETIVOS DEL APRENDIZAJE
1. Reconocer que nuestras palabras pueden hacer mucho bien, o mucho mal.
2. Cultivar en nuestro corazón el deseo de hablar cosas buenas, para nuestro
bien y el de los que nos escuchan.
3. Tomar la determinación de ejercer más control sobre las cosas que decimos,
mediante un mayor dominio de nuestros pensamientos.
Bosquejo general
I. Las palabras pueden herir
A. El poder de las palabras
B. Palabras que causan heridas
C. Mentira e hipocresía
II. Las palabras pueden bendecir
A. Palabras de poder curativo
B. Palabras de aliento
C. Palabras de amor y de sabiduría
III. Podemos controlar nuestras palabras
A. El control de la lengua
B. Dominio propio
C. No hay que hablar antes de oír
Introduccion
En la Biblia se dice mucho acerca del poder y de la bendición que hay en las
palabras "dichas como conviene" (Proverbios 25:11). Mediante el uso de palabras
Dios ha dado a conocer a los hombres sus más grandes revelaciones, un caudal
inmenso de sabiduría inspirada y de mensajes de esperanza. Mientras "los cielos
cuentan la gloria de Dios", la Palabra inspirada nos declara su voluntad.
Pero, ¿qué son las palabras? Se dice que el carácter de una persona se puede
descubrir mediante un estudio de las palabras que ella emplea. Podemos hacer uso
de palabras para traer bendición a las personas que nos oyen, y también podemos
convertirlas en instrumentos para sembrar desconfianza y disgusto. Las palabras
pueden expresar amor u odio. Un creyente jamás debe usar un vocabulario vulgar
o grosero.
La oración de David mostraba su preocupación por esto mismo. "Sean gratos los
dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová" (Salmo
19:14). Lo que quería era que Dios lo guardara de abrir su boca para expresar
palabras desagradables. Para ello tendría que purificar su corazón y sus
pensamientos. ¿Es esa nuestra oración?
Exposición Bíblica
I. Las palabras pueden herir
A. El poder de las palabras
Proverbios 12:18; 18:7, 8; 26:28
Pregunta: ¿Por qué muestra Dios tanto interés en las palabras que hablamos?
¿Qué revela nuestra manera de hablar?
Hay más de cien versículos en el libro de Proverbios que se refieren de una
manera u otra a las palabras que hablamos. Es más, toda la Biblia está llena de
referencias al uso que hagamos de nuestra lengua. La lengua es el órgano más
pequeño de nuestro cuerpo, sin embargo, es uno de los más poderosos y activos.
Puede ser una fuente de gran bendición y consolación (Job 4:4; Proverbios 15:1;
Isaías 50:4). También puede ser destructiva, engañosa, peligrosa e hipócrita
(Salmo 5:9; 10:7; Proverbios 12:18; 24:2; Romanos 3:13). Las palabras tienen el
potencial suficiente para modificar la vida de los que las oyen y aun de alterar el
curso de la historia. A menos que esté bajo la influencia santificadora de la gracia
de Dios, la lengua puede ser causa de males y dolor. Bien usadas, las palabras son
instrumentos que Dios puede usar para llevar a los hombres el mensaje de
salvación. Pero. Cuando se abusa de ellas, pueden convenirse en piedras de
tropiezo a las almas perdidas que buscan al Señor.
B. Palabras que causan heridas
Pregunta: ¿Cómo puede uno pecar contra su prójimo con la lengua? ¿Qué dice
la Biblia contra los que hablan iniquidad?
Para todos los que aman a Dios y quieren andar como es debido, los pecados de
difamación, calumnia, chismes, murmuraciones e hipocresía son abominables. A
nosotros no nos es permitido llamar a nadie "necio". En cambio, Dios si llama
necios a los que hablan falsedades. "La boca del necio es quebrantamiento para si,
y sus labios son lazo para su alma" (18:7).
El necio es originador de muchos problemas. Siempre está discutiendo, buscando
errores en otros y quejándose de todo. Se deleita en difamar a otros y llenar su
corazón con cosas impías y perversas. Sus chismes van de oído en oído y de boca
en boca. Jesús dijo: "¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno,
siendo malos?
Porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34).
En la Biblia se pronuncian juicios severos contra el abuso de la lengua.
Algunos que jamás asesinarían a nadie ni cometerían adulterio con hechos lo
hacen con palabras. Se puede destruir el carácter y la dignidad de alguien con lo
que se dice. De esta clase de gente eran Coré, Datán y Abiram (Números 16).
C. Mentira e hipocresía
Es necesario un avivamiento de lealtad a la verdad. Para muchos decir la verdad
es cuestión de menor importancia. Recurren a cualquier tipo de engaño o mentira
siempre que se ven en aprietos. Los políticos se permiten todo tipo de mentiras y
ofrecimientos falsos durante sus campañas. Muchos usan la mentira para librarse
de responsabilidades o defender su reputación. Suelen justificar todo lo que hacen,
alegando que "el fin justifica los medios". No le dan el nombre de "mentiras" a las
falsedades que hablan.
Si no son mentiras, ¿qué son?
El creyente debe tener mucho cuidado con lo que habla. Si hace promesas debe
empeñarse en cumplirlas. Debemos hacer honor a nuestras palabras, ya sean
orales o escritas. Las palabras, al igual que los diamantes, deben mantenerse
limpias y bien pulidas. (Lea Proverbios 16:24; 25:11.)
Pregunta: ¿Cuáles son los problemas de una "boca lisonjera"? ¿Cómo debemos
interpretar Proverbios 26:28?
Enseñanza práctica
El incumplimiento de las promesas puede ocasionar muchos disgustos y
desilusiones. Como cristianos debemos tener cuidado de no prometer lo que no
creamos poder cumplir. Dios espera que cumplamos todo lo que ofrecemos.
1. A nuestros familiares. Muchas veces nos vemos tentados a formular promesas
a nuestro cónyuge o a nuestros hijos solamente para contentarlos por un
momento. Pero si no tratamos de cumplir con lo que hemos prometido
destruiremos su confianza en nosotros.
2. A nuestros amigos. A veces le prometemos algo a un amigo con la mejor
intención de cumplirlo; pero por una razón u otra nunca nos acordamos de nuestro
compromiso. Hubiera sido más generoso y ético no haber prometido nada, que
tener que faltar a nuestra palabra.
3. A nuestro Dios. En un momento de aflicción podemos hacerle una promesa a
Dios con el fin de que El nos ayude. Muchas de estas promesas de "emergencia"
quedan en el aire. Debemos esforzamos por cumplirle a Dios lo que le hayamos
prometido, así como a nuestros semejantes.
Pregunta: ¿Qué se dice contra la hipocresía?
En Proverbios 26:28 Se condenan "la lengua falsa" y "la boca lisonjera". En los
seis versículos finales del capítulo 26 hallamos una de las declaraciones más
severas de la Biblia contra la hipocresía; y se refiere más que todo a la hipocresía
entre los que pertenecen al pueblo de Dios. La lengua puede ser la cosa más
hipócrita del mundo. A veces se usa para darle alabanza a Dios, y otras para
proferir injurias y maldiciones contra los demás (Santiago 3:8-10). Así como es
imposible que de una misma fuente salga agua dulce y amarga al mismo tiempo,
también es imposible que de una boca que alaba a Dios salgan palabras que dañen
la obra de Cristo. No obstante, algunos recurren a la falsedad y a las lisonjas para
encubrir sus malas intenciones.
Una boca lisonjera pronuncia una alabanza excesiva, presuntuosa, resonante e
hipócrita. El lisonjero derrama una lluvia de frases selectas para llamar la atención
de la otra persona, agradarla y seducirla. Esto es peligroso porque hace que el que
habla con hipocresía pierda toda la credibilidad y se le tenga como individuo
desconfiable y de poca estima. (Lea Job 32:2 1; Salmo 12:3; Proverbios 28:23;
29:5.)
Para enmascarar sus sentimientos de odio y rencor, el mentiroso lisonjea a la
persona que está planeando destruir. Un ejemplo de esta detestable actitud lo
encontramos en el Antiguo Testamento, en el libro de Ester, en el caso de Amán
contra Mardoqueo. La hipocresía se ve también en el acto traidor de Judas al
saludar al Maestro con un beso.
Pregunta: ¿Cuáles son algunos pecados de lengua cometidos directamente
contra el Señor?
La blasfemia, el juramento falso, la burla y la mofa contra las cosas sagradas son
pecados cometidos directamente contra Dios. Debe evitarse toda expresión contra
el nombre de Dios, su carácter, sus obras y su gloria. También es pecado pervertir
el mensaje de las Escrituras y usarlo de una manera irrespetuosa o equivocada. Es
pecado usar en vano el nombre de nuestro Dios. Es urgente un resurgimiento de
reverenda y alta estimación por las cosas de Dios. (Lea Salmo 89:7; Eclesiastés
5:1.)
Enseñanza práctica
Algunos creyentes no usan el nombre de Dios en vano, pero caen en el error de
hacer votos falsos o proferir expresiones que no son más que equivocaciones y
frases viciosas y desagradables al Señor. El tercer mandamiento se pronuncia en
contra de todas estas cosas, así como del abuso del nombre de Dios.
Es fácil hacer uso de esas expresiones desagradables a Dios sin notar su origen
profano. Es necesario detenernos a considerar lo que estamos diciendo.
La única manera de resolver este problema es pidiendo al Señor que nos ayude a
ejercer control sobre lo que decimos. Quizá nos tome un poco de tiempo, pero todo
es posible, con la ayuda de Dios.
II. Las palabras pueden bendecir Proverbios 10:20, 21; 12:25; 31:26
A. Palabras de poder curativo
Pregunta: ¿Cómo podemos ser de bendición a los demás con lo que hablamos?
Dé algún ejemplo en que usted haya sido de bendición a alguien con sus palabras.
Dios está interesado en nuestras palabras. Todo lo que decimos, así como todo lo
que hacemos será sometido a juicio. Una lengua que dice cosas agradables, no
sólo agrada a nuestro Padre celestial sino que también ejerce una influencia
favorable en nuestra alma. Si nuestras palabras son sazonadas con la sal de la
gracia de Dios traeremos bendición a otros cuando les hablemos. Salomón dijo:
"Plata escogida es la lengua del justo" (10:20). Eso significa que el torrente de
palabras que fluye de ella es resplandeciente y puro. La paráfrasis de esta
declaración es simplemente, "cuando el bueno habla, vale la pena escucharlo".
Las expresiones lengua y corazón se usan casi como sinónimos en Proverbios
10:20, porque la una está bajo el control del otro. La lengua del justo revela los
pensamientos de un corazón que está en sintonía con la mente de Dios.
Muchos de los instrumentos médicos que tienen que entrar en contacto con las
heridas son hechos de plata. Otros metales tienden a oxidarse o corroerse, lo cual
podría causar infecciones al paciente. La plata, usada como instrumento de cirugía
no deja heridas sangrantes. La "lengua del justo" jamás deja heridas sangrantes
en los corazones que la escuchan. "La blanda respuesta quita la ira" (Proverbios
15:1). Se garantiza la sanidad, porque, "panal de miel son los dichos suaves;
suavidad al alma y medicina para los huesos" (Proverbios 16:24). Hubo medicina
en las palabras de Abraham cuando dijo: "No haya ahora altercado entre
nosotros... porque somos hermanos" (Génesis 13:8). (Lea también Isaías 50:4.)
B. Palabras de aliento
Salomón nos pinta el cuadro de un hombre doblegado bajo el peso de una carga
de ansiedad y preocupaciones (12:25). "La congoja en el corazón" produce
abatimiento y depresión. Al creyente se le exhorta en Filipenses 4:6, 7 a que no se
deje dominar por la ansiedad. Sin embargo, hay muchos en un estado depresivo
que están necesitando ayuda. Las penas enferman el corazón, pero las palabras
bondadosas y optimistas, dichas con todo amor sincero, son una medicina
maravillosa. Los cristianos podemos hacer de este mundo un lugar más brillante
para el solitario y deprimido: "La buena palabra lo alegra" (12:25).
C. Palabras de amor y de sabiduría
En el último capítulo de Proverbios se presenta el cuadro de una mujer santa y
colmada de virtudes. Por la pureza de su corazón ella se deleita hablando palabras
de gracia y de verdad, palabras sensibles y prudentes. No se oyen salir de su boca
calumnias ni murmuraciones. Los que la escuchan se sienten edificados y son
iluminados con el amor y la gracia de sus palabras (Proverbios 3 1:26).
III. Podemos controlar nuestras palabras
Proverbios 10:19; 13:3; 18:13; 29:20
A. El control de la lengua
Pregunta: ¿Por qué cuesta tanto ejercer control sobre la lengua?
Todo hijo de Dios tiene dificultad en ejercer control sobre su lengua. Este no es
un problema exclusivo de los inconversos. Santiago se incluía entre los que tienen
problemas con lo que hablan (Santiago 3:1, 2). David también estaba consciente
de tener esta dificultad, y dijo: "Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi
lengua" (Salmo 39:1). Aun Moisés, un hombre muy prudente, no tuvo el privilegio
de entrar con el pueblo a la Tierra Prometida porque "habló precipitadamente con
sus labios" (Salmo 106:33). Satanás hace aun más difícil el esfuerzo del creyente
de dominar su lengua.
El deber de una persona sabia es poner guarda a sus propios labios. Eso es mejor
que vigilar los labios ajenos. "En las muchas palabras no falta pecado" (10:19). Si
uno es incapaz de evitar que su mente maquine pensamientos malos, por lo menos
debe proponerse a no dar lugar a que sus labios los publiquen. Es fácil dejar que
nuestras emociones broten de nuestra boca libremente; pero eso muchas veces es
ofensivo al Señor y para los que nos oyen. Somos responsables delante de Dios de
todo lo que hablemos, hasta de las palabras ociosas (Mateo 12:37).
Enseñanza práctica
Con relación a los problemas de la comunicación alguien dijo que hay por lo
menos seis versiones de cada mensaje que se pronuncia: Lo que la persona quería
decir, lo que dijo, lo que cree que dijo, lo que sus oyentes querían oír, lo que
escucharon y lo que creen que escucharon. Una comunicación defectuosa puede
resultar en mucha confusión y equivocaciones. Por lo tanto:
1. Ocúpese en ser claro al hablar. Lo que se dice apresurada y descuidadamente
puede ser mal entendido.
2. No dé por hecho que ha sido bien entendido. Pregunte a su interlocutor si sus
palabras quedaron claras.
3. Elimine toda barrera en las comunicaciones. No deje que interfiera el ruido o
las distracciones. Acérquese a la persona con quien habla y mírela a los ojos.
4. Búsquele el sentido a lo que escuche.
No lo interprete todo como usted quiera. Ponga atención, entienda el mensaje y
luego hállele el significado real.
5. Sea sensible a los sentimientos expresados por el que habla. Los sentimientos,
manifestados en los gestos y otras expresiones del que habla tienen un significado
importante.
B. Dominio propio
Pregunta: ¿Cuáles son algunas maneras en que un cristiano puede ejercer
control sobre sus palabras?
Antes de aprender a controlar las palabras, el creyente debe aprender a ejercer
dominio sobre sus pensamientos. Los pensamientos son tenaces y penetrantes. Se
abren paso a la mente y luchan por darse a conocer mediante las palabras. Lo
mismo sucede con la ansiedad, la sospecha, las dudas y la preocupación.
Proverbios 15:26 nos recuerda que son abominación a Jehová "los pensamientos
del malo; mas las expresiones de los limpios son limpias". Además se nos manda a
guardar nuestro corazón "sobre toda cosa guardada", "porque de él mana la Vida"
(Proverbios 4:23). Hay una forma de ser libre de los pensamientos carnales y las
palabras malas. El secreto está en mantener nuestra mente bajo la sangre
purificadora de Jesús. (Lea Salmo 51:6, 10; Romanos 12:3; Filipenses 2:5; 4:8.)
David hizo uso de toda la fuerza de voluntad que había en él para guardar su
"boca con freno" (Salmo 39:1). Es esencial la oración diaria en busca de ayuda
para ejercer control sobre los pensamientos y las palabras (Isaías
65:24; Santiago 1:5). Cuando una persona ora, obedece la Palabra de Dios y se
somete al control del Espíritu Santo, recibe el poder del Señor para controlar sus
emociones y sus palabras. El Señor quiere perdonar los pecados de la lengua (1
Juan 1:9). La única persona que vivió sin cometer un error de palabra fue Cristo.
C. No hay que hablar antes de oír
Salomón subraya el problema de "responder palabra antes de oír" (18:13). Con
demasiada frecuencia la gente juzga o crítica a una persona sin estar muy bien
informada acerca de ella ni enterarse de lo que dice. Llegar a conclusiones
precipitadas es peligroso. David cayó en ese error con relación a Siba y Mefi-boset
(2 Samuel 16:1-4; 19:24-30).
Jesús se expresó enérgicamente contra los que censuran o critican a otros.
"No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo 7:1). Debemos ser siempre
cuidadosos y hasta generosos en nuestra manera de evaluar a los demás. Los que
no tienen nada bueno de qué hablar, casi siempre se ponen a hablar de sus
prójimos. Se deleitan en condenar a los demás.
Hay personas que se forman conceptos de otros de manera muy precipitada.
Creen que es suficiente una‘mirada superficial para dictar sentencia. No le
conceden a la persona afectada el beneficio de la duda. Esto es injusto y falto de
misericordia. Salomón nos recuerda que los más sabios son cuidadosos al emitir un
juicio acerca de otra persona.
Enseñanza práctica
Hagamos un repaso de los conceptos principales de este estudio y cómo
debemos responder a ellos.
Las palabras que proferimos son instrumentos de gran potencial para hacer bien
o para hacer mal. Las conmovedoras palabras de Tomás Jefferson condujeron a los
Estados Unidos a su independencia. Las palabras inflamatorias de Adolfo Hitler
hundieron al mundo en la Segunda Guerra Mundial. ¿Se ha detenido a averiguar
qué efecto producen las palabras que usted dice?
Las palabras dichas son irrevocables. Una vez dichas, las palabras no pueden ser
recuperadas. ¿Ha dicho usted algo de lo cual se arrepintió, pero ya no pudo hacer
nada por retirarlo?