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La Grandeza de Ser Servidores

1) El documento habla sobre la humildad y el servicio a los demás como enseñanzas de Jesús. 2) Jesús enseñó que debemos servir a los demás en lugar de buscar posiciones de autoridad sobre ellos. 3) La humildad significa reconocer los dones que Dios nos ha dado y usarlos para servir a los demás.
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La Grandeza de Ser Servidores

1) El documento habla sobre la humildad y el servicio a los demás como enseñanzas de Jesús. 2) Jesús enseñó que debemos servir a los demás en lugar de buscar posiciones de autoridad sobre ellos. 3) La humildad significa reconocer los dones que Dios nos ha dado y usarlos para servir a los demás.
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La grandeza de ser servidores (Mt 23,1-12)

Evangelio: Mt 23,1-12
Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de
Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os
digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las
echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus
obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las
orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las
sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame Rabbí». Vosotros, en
cambio, no os dejéis llamar «Rabbí», porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois
todos hermanos. Ni llaméis a nadie «Padre» vuestro en la tierra, porque uno solo es
vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar «Instructores», porque uno solo es
vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor.
Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
Fruto: Revisar en mi vida las actitudes auténticas y falsas en relación a la humildad, para
potenciar las positivas y corregir las negativas.

Pautas para la reflexión:


Nuestro Señor dice claramente que nuestras palabras deben ir acompañadas de nuestras
acciones. Y antes de los sueños de grandeza, debemos pensar, como Cristo, en ser
servidores de los demás.

1) Somos todos hermanos


Todos somos el fruto de la obra amorosa de Dios. Cristo nos enseñó que nos podemos
dirigir a Dios como Padre. Hay quienes buscan confundir o malinterpretar estas palabras
de Cristo diciendo que no podemos llamar a nadie padre, maestro o instructor. Pero no es
éste el sentido de sus palabras. No podemos pasar de largo todo el contexto del pasaje,
orientado a la llamada de atención de aquellos que atan las cargas pesadas para echarlas
a las espaldas de la gente, pero donde ellos no las mueven con un dedo. Cristo reprime
duramente la actitud de quienes abusan de un puesto de autoridad para someter
injustamente a otras personas. Por eso clarifica diciendo que, delante de Dios, todos
somos hermanos y no debe haber personas que abusen de los demás. La autoridad está
en función del servicio y del cuidado del orden común, de la unidad.
2) El mayor es el servidor
Por esto, en el cristianismo la autoridad debe estar al servicio de la unidad, el primer
colaborador con sus hermanos en la construcción de una comunidad donde todos son
precisamente hermanos. ¡Qué contrariedad es para quienes piensan que ser dirigente,
coordinador o jefe en el cristianismo es sinónimo de servicio, de trabajo desinteresado y a
veces ingrato! El ocupar un cargo en la Iglesia conlleva muchas responsabilidades,
muchas obligaciones y hoy en día es estar en el blanco de innumerables críticas e
incomprensiones. Una autoridad moral auténtica, es la que vive sirviendo a sus
semejantes. El Papa Francisco es un ejemplo claro de autoridad moral que sólo busca la
unidad de la Iglesia, la defensa de los valores cristianos al servicio de la humanidad
entera. Por ello cuando las personas están delante del Papa reconocen una autoridad.
Mientras más grande en la dirección, mayor compromiso en el servicio.
3) La humildad
La humildad cristiana no se puede entender sin la referencia al modo como Dios nos ve a
cada uno de nosotros. Somos, lo que somos delante de Él. Seres humanos con
cualidades y virtudes, con defectos y vicios. Lo que somos. Si Dios nos dio algunas
cualidades, están para servir a los demás. La humildad auténtica reconoce las cualidades
y las pone en práctica sirviendo a los demás. Es una falsa humildad el considerarse
«poquita cosa», cuando en el fondo hay una gran soberbia al no querer comprometerse y
que los demás puedan disponer de nuestras cualidades. A veces se confunde la humildad
con la miseria material: es una casita humilde, cuando se refieren a una casita de cartón.
No se pone en duda que quizá la gente que ahí vive sea virtuosa; pero la miseria es algo
diverso de la humildad. La humildad es la verdad. Hay pobres materiales muy soberbios y
hay ricos materiales que son humildes, como también hay pobres humildes y ricos
soberbios; pero la virtud de la humildad no está en lo material, sino en vivir en la verdad,
en el servicio, en colocar nuestras cualidades o bienes materiales en beneficio de
nuestros hermanos.
Propósito: Hacer actos de servicio en nuestra familia, con nuestros amigos y en el trabajo.

 La preparación para el compromiso de servir al Señor, comienza en el hogar.  Dios


llama a los creyentes a una vida de compromiso con su obra.  El servicio del creyente,
debe ser fiel y continuado.  El creyente debe estar en la disposición de sufrir por su
Señor.  En medio de un mundo tan consumista, los creyentes estamos permitiendo que
las urgencias materiales, reemplacen las prioridades espirituales.  Es imposible ser
neutral, cada persona tiene un amo: Dios o el mundo.  Evite las excusas cuando Dios lo
llama, cuando nos enfrentemos a situaciones que son muy difíciles o que nos causan
temor, debemos estar dispuestos a permitir que Dios nos ayude.  Dios es nuestro amo, la
espera que nosotros nos consagremos a servirle de todo corazón, con toda nuestra mente
y con todas nuestras fuerzas.
El verdadero siervo conoce quién es su Señor y también conoce cual es su lugar delante
de su Señor, porque sirve sin esperar recompensas terrenales ni halagos de hombres.
Sabe que su Señor le manda a servir como Él lo hizo y lo enseñó diciendo: “Tu actitud
debe ser igual a la mía, porque yo, el Mesías, no vine a ser servido sino a servir y a dar mi
vida”. (Mt. 20:28) Biblia al día. . Este siervo sabe cual es su Señor y lo que su Señor
espera de él, no se pierde en pensamientos irreales, sino que sabe cual es su realidad y
se dispone a vivirla con el gozo del Señor a quien sirve, sabiendo y estando convencido
que “SERVIR ES DAR”. Los siervos verdaderos siempre están disponibles para servir.
Los siervos verdaderos prestan atención a las necesidades. Los siervos verdaderos
hacen lo mejor con lo que tienen. Los siervos verdaderos cumplen sus tareas con la
misma dedicación. Los siervos verdaderos son fieles a su ministerio. Los siervos
verdaderos mantienen un espíritu de humildad.

Así mismo el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica: Evangelii Gaudium número 3,


nos hace una clara invitación a renovar ese encuentro con Cristo. Invito a cada cristiano,
en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro
personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de
intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta
invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el
Señor».
A veces estos cristianos melancólicos tienen más cara de pepinillos en vinagre que de
personas alegres que tienen una vida bella. La alegría no puede quedarse quieta: debe
caminar. La alegría es una virtud peregrina. Es un don que camina, que camina por los
senderos de la vida, camina con Jesús, predicar, anunciar a Jesús, la alegría, alarga el
camino, lo amplía. Es una virtud de los grandes, de los grandes que están por encima de
las nimiedades, por encima de las pequeñeces humanas, que no se dejan implicar en las
cosas pequeñas internas de la comunidad, de la Iglesia: miran siempre al horizonte. Es
una virtud del camino, incluso más que una virtud, es un don: un don que nos lleva a la
virtud de la magnanimidad. El cristiano es magnánimo, no puede ser pusilánime: es
magnánimo. Es propia de la magnanimidad la virtud del respirar, es la virtud de ir siempre
adelante pero con el espíritu lleno del Espíritu Santo. Es una gracia que debemos pedir al
Señor. La alegría. En estos días de modo especial, porque la Iglesia se invita y nos invita
a pedir la alegría y también el deseo. Lo que lleva adelante la vida del cristiano es el
deseo. Cuanto más grande es tu deseo, más grande será la alegría. El cristiano es un
hombre, una mujer de deseo: desead siempre más en el camino de la vida. Pidamos al
Señor esta gracia, este don del Espíritu: la alegría cristiana. Lejana de la tristeza, lejana
de la alegría simple…. Es otra cosa. Es una gracia que hay que pedir”. (Papa Francisco,
Homilía 10-5-13)

Querido (a) hijo (a):

Tú, que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de
dones y talentos. Cuéntalos y entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate.
Anímate. Y piensa que, desde este momento, puedes cambiar tu vida para bien, si te lo
propones y te llenas de entusiasmo. Y sobre todo, si te das cuenta de la felicidad que
puedes conseguir con sólo desearlo.

Eres mi creación más grande. Eres mi milagro. No temas comenzar una nueva vida. No
te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te deprimas. ¿Cómo puedes
temer, si eres mi milagro?. Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas
del universo. Eres único. Nadie es igual a ti. Sólo en ti está aceptar el camino de la
felicidad y enfrentarlo, y seguir siempre adelante hasta el fin. Simplemente porque eres
libre.

En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te hice
perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyas con cosas
superficiales. Te di el poder de pensar, de amar, de determinar, de reír, de imaginar, de
crear, de planear, de hablar, de rezar… Te di el dominio de elegir tu propio destino
usando tu voluntad. ¿Qué has hecho de estas tremendas fuerzas que te di?. No importa.
De hoy en más, olvida tu pasado, usando sabiamente ese poder de elección.
Elige amar en lugar de odiar, elige reír en lugar de llorar, elige actuar en lugar de
aplazar, elige crecer en lugar de consumirte, elige bendecir en lugar de blasfemar, elige
vivir en lugar de morir.

Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida. Crece cada día un poco más en
el optimismo de la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derrota. Yo
estoy a tu lado siempre. Llámame, búscame, acuérdate de mi. Vivo en ti desde siempre y
siempre te estoy esperando para amarte. Si has de venir hacia mi algún día…que sea
hoy, en este momento. Cada instante que vivas sin mi, es un instante infinito que pierdes
de paz.

Trata de volverte niño, simple, inocente, generoso, dador, con capacidad de asombro y
capacidad para conmoverte ante la maravilla de sentirte humano, porque puedes conocer
mi amor, puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor…

No te olvides que eres mi milagro. Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad,
para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú aprendas a
reír. Y si eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente,
contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque yo estoy a tu lado.

Con todo cariño, DIOS.

CONSAGRACION DE SERVICIO A JESUCRISTO ATRAVEZ DE MARIA


¡Oh Jesús, Sabiduría eterna y encarnada!, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único
del Padre Eterno y de María, siempre virgen! Te adoro en la gloria del Padre, durante la
eternidad y en el seno virginal de María, tu Madre, en el tiempo de tu Encarnación.

Te doy gracias porque, anonadandote, haz venido al mundo –hombre entre los hombres y
servidor del Padre– para librarme de la esclavitud del pecado.

Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a María, para
hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de
mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa
intercesión de tu Madre, esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una
continua comunión contigo, Oh Sabiduría Encarnada.

Te saludo, pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada


la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo,
oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio
seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos
que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.

Yo, N...., consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy en tus manos mis
compromisos bautismales. Renuncio a Satanás, a sus seducciones, a sus pompas y a sus
obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz detrás de El, en la fidelidad de cada
día a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por
mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma,
mis posesiones tanto internas como externas, incluso el valor de todas mis buenas
acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, el entero y completo derecho de
disponer de mi, y todo lo que me pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para
mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad.
Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo: si El me
redimió con tu colaboración, debe también ahora recibir de tu mano, el don total de mí
mismo. En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero esclavo tuyo.

¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para
prolongar en mí la amorosa obediencia de tu Hijo y dar respuesta a la misión
trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de
misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría de Dios, y hazme plenamente disponible
a tu acción maternal. Colocame así, entre los que tu amas, enseñas, guías, alimentas y
proteges como hijos tuyos. ¡Oh Virgen fiel!, haz de mí un auténtico discípulo e imitador de
tu Hijo, la Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre y modelo de mi vida, llegaré a la perfecta
madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo. Amén ¡Totus Tuus!

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