Encuentro con Joyce en Málaga
Encuentro con Joyce en Málaga
c o rn vc o pi a
Pablo Aranda
Andrés Arenas
Pablo Bujalance
Guillermo Busutil
Luis Chitarroni
Margarita Estévez-Saá
JOYCE Juan Francisco Ferré
Juan Gaitán
Francisco García Tortosa
José A. Garriga Vela
Juan Gavilán (Ed.)
Jesús Isaías Gómez López
Guillermina Heredia
Juan Manuel Hurtado
21
Pablo Ingberg
María Losada Friend
Josep Marco
Carmelo Medina
Justo Navarro
Ramón Soto
Antonio Raúl de Toro Santos
etc
etc
Ishtar, abriendo la boca, dijo, dirigiéndose al dios Anu, su padre:
Padre mío, te lo ruego, crea al Toro Celeste.
Poema de Gilgamesh (2650 a. de C.). Tablilla VI. Columna III
Ilustraciones
biodemonium Atelier
Fotografías
Ana Ballesteros
Equipo Técnico
Gerardo Ballesteros: Community Manager
Juan Pablo Olmo: Web Master
Rafael López del Paso: Asesor Técnico
Carlos Mariscal: Asesor Jurídico
Entidades Colaboradoras
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Revista de Literatura etc
número 21 | septiembre 2019
Índice | Sumario
Apertura
Encuentro con Joyce. Juan Gavilán (Ed.) 7
La obra de un escritor exiliado. Juan Gavilán 9
El mundo pluriverso del Ulises
Joyce el plebeyo. Juan Francisco Ferré 18
Función de las repeticiones en Ulises. Francisco García Tortosa 25
Entre alter egos y coincidencias joyceanas. Jesús Isaías Gómez López 37
¿Hay alguien que me entienda?: Mujeres en la obra de James Joyce. Margarita
Estévez-Saá 47
Guillermo Busutil 57
Leer el Ulises es una odisea. Pablo Aranda 61
Paseo por los anticuarios... Guillermina Heredia 64
Al encuentro de Molly Bloom. Juan Gavilán 73
Del Ulises de James Joyce a la Molly Bloom. Juan M. Hurtado 77
Dublín, el centro de la parálisis
Joyce, Eveline y las dos historias. Juan Gaitán 83
Yo soy Michael Furey. José A. Garriga Vela 88
La experiencia litertaria de un escritor singular
Retrato del artista en ciernes o la novela de convertirse en esxcritor Pablo Ingberg 93
Apiedémonos del héroe. Ramón Soto 98
Joyceana. Luis Chitarroni 103
Sobre traducciones
La traducción en España y la obra de Joyce. Antonio Raúl de Toro Santos 110
Gemnte de Dublín/Dublineses: hitos de un viaje transtlántico Josep Marco 117
El monólogo de Molly Bloom y las traducciones al español. Andrés Arenas 127
Interpretaciones transversales
Joyce/Becket: una teoría del todo. Pablo Bujalance 146
“Luminoso y laberíntico”, el J.J. de Edna O’Brien. María Losada Friend 152
Del Ulises al Finnegans Wake
Manuscritos de FW en la Universidad de N.Y. Carmelo Medina 160
El río oscuro de la novela. Juan Gavilán 168
Finnegans Justo Navarro 175
DOSSIER
Paseo por los Anticuarios. Guillermina Heredia 183
etc
4
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5
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APERTURA
6
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JUAN GAVILÁN
Encuentro con Joyce
-
minares para pr
culturales más importantes del siglo XX. Málaga, ciudad abierta y cosmopolita, se ofre-
cía como el lugar que permitiría un encuentro amistoso y entrañable con el novelista.
7
etc
Un encuentro en Málaga, o desde Málaga, con Joyce. Abrir las ventanas y componer
la trama teórica y las interpretaciones necesarias para animar la lectura de una obra
universal. Cerca de Gibraltar y de Ronda, frente al mar, a orillas del Mediterráneo, un
grupo de escritores amigos se dispone al diálogo con un escritor necesario y singular.
8
etc
JUAN GAVILÁN
La obra de un escritor exiliado
9
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-
te, vivió de una forma continua en el continente, con la excepción de unos periodos
muy cortos de tiempo en que volvió a Dublín. Desde que salió de Dublín, acompañado
de Nora Barnacle, para trabajar como profesor de inglés en la Berlitz School de Zúrich
hasta el año de su muerte pasaron unos treintaisiete años. Salvo un periodo breve
de tiempo que vivió en Pola, una ciudad que hoy pertenece a Croacia, y unos meses
viviendo en Roma como traductor en un Banco, pasó el resto de su vida en Trieste,
Zúrich y París.
Por lo tanto, para seguir considerándolo un escritor irlandés, es necesario aceptar que
el nacimiento es el núcleo fundamental de la identidad de una persona, en contra de
la voluntad del escritor que deseó de una forma consciente escapar de las redes de
la nación, de la lengua y de la religión; es necesario olvidar que en su casa y con sus
hijos hablaban italiano y que incluso durante una etapa de su vida llegó a escribir en
italiano.
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etc
JOYCE ES UNA DE LAS FIGURAS LITERARIAS MÁS INTERESANTES del siglo XX.
Ulises es una de las novelas más editada, más leída y más abandonada; es uno de
los grandes monumentos culturales de las últimas décadas. De todas formas, no se
puede reducir Joyce a esta novela a pesar de la enorme trascendencia y de la gran
-
tro: en 1907 publicó Chamber Music (Música de cámara); en 1927, Pomes Penyeach
(Poemas a penique ática Exiles (Exiliados). Aunque su tarea
ensayística sea menos conocida y menos valorada, es autor de artículos de periódico
y ensayos que están recogidos en un libro titulado Ensayos críticos. En cierta sintonía
con Anthony Burgess se podría considerar que, en el Retrato, en el Ulises y el Finne-
gans, es donde se encuentra el mejor dramaturgo, el mejor poeta y el mejor crítico.
En el caso de que no hubiera escrito Ulises, el Retrato del artista adolescente seguiría
estando considerado entre las mejores novelas del siglo XX. Y entre las narraciones
breves de Dublineses, se podría considerar Los muertos como uno de los relatos más
interesante de los siglos XIX y XX. Además, en 1939, después de unos diecisiete años
de escritura, logró publicar Finnegans Wake
cauces normativos de la novela, que se coloca en los límites de lo posible, muy difícil
de leer y prácticamente imposible de traducir.
En 1904 conoció a Nora y decidió exiliarse junto a ella. Ese año publicó los primeros
relatos que, luego, darían lugar a Dublineses. Por ese mismo tiempo escribe en un
cuaderno de su hermana un ensayo breve que lleva el título de Retrato del artista, un
ensayo que poco después se convertiría en una novela de unas mil páginas, Stephen
el héroe, y que unos años más tarde terminaría como el Retrato del artista adolescente.
En 1905, nació Giorgio; y en 1907, Lucía. Este mismo año publicó Música de cámara
y sufrió el primer ataque de iritis que, con el paso del tiempo, lo iba a dejar casi ciego.
Durante el periodo de tiempo que vivió en Trieste se dedicó a dar clases de inglés
11
etc
en que se encontró con Ernest Hemingway fue gloriosa. Las gigas en los bares, a ve-
ces en compañía de Nora que tenía que sufrirlo, eran apoteósicas, posiblemente tan
excesivas como sus escritos.
Un año como 1912 fue especialmente difícil. Llegó a un estado de pobreza profunda.
La vida no fue fácil ese año ni para Joyce ni para su familia. Durante un buen tiem-
po contó con la ayuda de su hermano y, más tarde, de sus hermanas Eva y Eileen,
aunque la concentración de personas en la casa logró acumular la tensión en el seno
familiar. En cambio, 1914 fue de una importancia decisiva para Joyce, porque ese año
Dublineses, después de muchos años de espera, porque en febrero
empezó a salir a la luz pública, y por entregas, el Retrato en la revista The Egoist,
porque ese año escribió Exiliados y ese año también empezó a escribir el Ulises. En
1915 se tuvo que trasladar a Zúrich donde vivió durante los años que duró la Primera
Guerra Mundial hasta que pudo regresar a Trieste, pero en 1920, como le pedía de
forma insistente Ezra Pound, se fue a vivir a París donde escribió el Finnegans Wake.
varias personas. En primer lugar, la ayuda valiosa de su hermano que era capaz de re-
nunciar a satisfacer sus necesidades por colaborar con su hermano mayor. Y además
hay que considerar la atención muy especial que le dedicaron, entre otros muchos,
Ezra Pound, Harriet Shaw Weaber, y durante su estancia en París Eugène Jolas. Y
tuvo grandes amigos de los que recibió apoyo: de Ettore Schmitz, conocido como Italo
Svevo, y de Frank Budgen.
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etc
adolescente.
En 1914, además de empezar el Ulises, escribió un libro breve que se publicó de forma
Giacomo Joyce, el nombre con el que se le llamaba
en Italia. Y en este libro narra la posible relación con una alumna suya, no claramente
con las epifanías. En esa línea subterránea que se prolonga desde las epifanías y que
constituye la experiencia creativa desde 1922 hasta 1939 aparece una novela nueva de
Finnegans Wake intentaba conseguir el
sentido de la narración. Estos enigmas suelen enriquecer el texto algunas veces con
un cierto sentido onírico. Por eso, tanto la lectura de los relatos como la lectura de
13
etc
Ulises
-
cuada la estructura profunda y sobreentendida desde la que se puede interpretar la
Marcel Proust decía que leer es como leer en sí mismo. Y posiblemente sea verdad.
Pero si radicalizamos la idea del novelista francés, podríamos añadir que es como en-
contrar dentro de sí el libro, o uno de los libros, que el lector lleva en su interior. Digo
esto porque para leer a Joyce hay que convertirse en autor; es necesario recomponer
la escritura desde su raíz, llegar a la corriente profunda que anida en cada una de sus
páginas, recuperar el proceso en que se formó el texto.
Evidentemente, toda escritura necesita al lector y sin la lectura no tendría sentido. Es
una verdad de sentido común. Pero la escritura de Joyce necesita al lector de una for-
ma diferente. Es un autor que necesitamos reinventarlo cada vez que lo leemos, que
creamos el texto conforme lo vamos leyendo. Es la mirada del lector la que recompo-
ne y recrea el texto joyceano desde sus raíces. Cualquier parte del Ulises, por mínima
-
do entramos a leer una novela de Flaubert o de Proust, comprendemos que la novela
es perfecta, que su estructura está acabada y es completa. Nadie puede tocar el texto.
En cambio, al leer a Joyce sabemos que el texto no es monolítico; no nos viene dado
como una unidad y una totalidad cerradas. En los intersticios encontramos aberturas,
resquicios abiertos por los que nos podemos deslizar y que nos permiten cambiar lo
que nos trasmiten. Una buena parte de la originalidad de la obra de Joyce consiste
en que nos ofrece la posibilidad de imaginar todo lo que le falta y lo que sugiere, de
-
to carácter inacabado. Al quedar abiertos, sus textos nos permiten seguir el recorrido
desde el que se iniciaron o emprender el camino que vislumbramos. Las marcas del
proceso creativo se mantienen a lo largo de la novela porque en ella permanece como
un esbozo la huella activa del autor.
Con el corte tan radical que se produce entre Ulises y Finnegans Wake se generó un
proceso complejo y acelerado de desplazamiento hacia la condensación en el uso
del lenguaje. En el largo periodo de tiempo en que escribe Finnegans se produjo un
estado profundo de aislamiento de la realidad y una abstracción que reducía su vida
al proceso de la creatividad. En realidad, era una consecuencia del proyecto de apun-
tar al ser oscuro que se detenía en la suciedad y el desorden de Dublín, en la belleza
oscura de la realidad, en abandonarse a la creatividad solo en el plano de la expresión
y en los resquicios abiertos en el lenguaje.
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ULISES
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But Joyce —a radical neither in the left wing nor the reactionary sense— was at least
a populist and a plebeian. “I don´t know why the communists don´t like me”, he com-
plained once, “I´ve never written about anything but common people.”
Fredric Jameson1
James Joyce huyó de Dublín en compañía de Nora Barnacle durante la noche del sá-
bado 8 de octubre de 1904. Había tenido su primera cita amorosa con Nora, dos años
menor y camarera de hotel, el 16 de junio de ese mismo año. Ulises se publicó el 2 de
febrero de 1922, día del cuadragésimo aniversario de Joyce. El exiliado Joyce lo había
escrito entre Trieste, Zúrich y París a lo largo de siete años (1914-1921), y consagró
más de 20.000 horas de trabajo febril a la odisea de su escritura. En recuerdo del
dudoso encuentro de Joyce y Nora, la acción de esta novela enciclopédica transcurre
entre las 8 de la mañana del jueves 16 de junio y las 3:30 de la madrugada del viernes
17 de junio de 1904. El gran fracaso de Joyce fue que Nora (una “Irlanda portátil”, se-
gún la cariñosa caracterización de su marido) nunca leyó más allá de la página 27 del
1 “Ulysses in History”, en The Modernist Papers, Verso, N. York y Londres, 2007, pp. 144-145.
18
etc
libro. Sin embargo, todos los años desde el año del centenario de su autor en 1982, en
Dublín y en todas partes, los fanáticos del “fanático” Joyce (según la cariñosa carac-
terización de Nora) festejan en esta fecha señalada la existencia de esta novela fuera
de serie. Se cumplen estos días 115
Bloomsday, el día más largo de la literatura.
Es sabido que James Joyce se convirtió en el gran revolucionario de la novela mo-
derna al contar la peripecia trivial y urbana de Leopold Bloom en diecinueve horas y
media y dieciocho capítulos. La prolija narración de esas andanzas triviales se vuelve
errática al vagar y divagar Bloom por las calles de un Dublín provinciano y pretérito,
una ciudad tan abigarrada como maleable, que se metamorfosea en todas las gran-
des ciudades de la historia (Babilonia, Atenas, Alejandría, Roma, Jerusalén, etc.) sin
dejar nunca de ser ella misma. Una urbe esplendorosa que, como Joyce se vanaglo-
riaba, podría renacer intacta de entre las páginas del libro si fuera destruida por una
catástrofe (como el México D. F. de Carlos Fuentes, el Madrid de Martín Santos, el
París de Cortázar, La Habana de Cabrera Infante o el Londres de Julián Ríos, por citar
en orden cronológico a los máximos exponentes hispánicos de la escritura joyceana).
Ulises es, ante todo, un itinerario irlandés marcado por el exhaustivo avance de las
agujas de un reloj narrativo que a cada hora cambia de capítulo y también de estilo.
Un mecanismo de alta precisión descriptiva que recorre en el tiempo de una sola jor-
nada y el espacio de una ciudad única los episodios de numerosas vidas malogradas
19
etc
epistolar) en la historia de la novela occidental. Por eso Molly Bloom, mestiza, expan-
siva y desinhibida, sigue siendo la heroína indiscutible del siglo XX. Una estimulante
mujer de treinta y cuatro años, gibraltareña hija de irlandés y judía andaluza, una mez-
cla mental y física explosiva. La suya es una voz femenina en plenitud de facultades
Para empezar a leer el Ulises de James Joyce convendría adoptar dos actitudes com-
plementarias: bajarlo del marmóreo pedestal donde la espontánea tendencia humana
a la sacralización de lo incomprensible y extraño lo habría aupado para olvidarse de
-
chismo, contacto igualitario y pasional, me parecen, a estas alturas de la historia de
la sensibilidad, las únicas vías recomendables para adentrarse en las densas páginas
del mamotreto dublinés sin caer en el tedio ni recaer en la indiferencia: propuestas de
20
etc
sensorial de su relación tanto con el mundo y la vida como con la literatura y el arte.
Ulises, en mi opinión, podría prescindir en un prin-
cipio de los tres primeros capítulos de la novela (centrados en Stephen Dedalus, el
plan mitopoético original calcado de la Odisea), donde nos deslizamos entre las cáli-
das sábanas junto al cuerpo exuberante de Molly Bloom recién despertada y acompa-
ñamos a Leopold Bloom, ya levantado, en los preparativos de un suculento desayuno
a base de riñones y entrañas animales. A partir de ese momento, saltándonos las
21
etc
-
tiana de las categorías”2. La presencia materialista del cuerpo y sus funciones menos
presentables para una mentalidad puritana es una de sus cualidades más atractivas y,
quizá, la que más lo aproxima a una mentalidad contemporánea, formada en las expe-
riencias más avanzadas del cine y la literatura recientes y las artes plásticas. En este
sentido, Ulises es un libro orgánico reconstruido con miembros trasplantados de toda la
historia de la cultura y la experiencia humana; un cuerpo pulsional y expresivo que po-
22
etc
Joyce el plebeyo
JUAN FRANCISCO FERRÉ
(Endnotes)
23
etc
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etc
25
etc
sin que éstas agoten las posibilidades ilimitadas de las conexiones. Dejando a un lado
el carácter enfático que los gramáticos atribuyen al uso reiterativo de adjetivos y pro-
nombres en la frase, un primer análisis de la repetición nos llevaría a pensar que se
articula preferentemente en las relaciones paradigmáticas, aunque, como se sabe, el
-
digmas que provoque el desequilibrio en su posición dentro del sintagma. En el texto
literario el desequilibrio se acentúa por el empleo frecuente de la metáfora y, en todo
caso, por el predominio no referencial o no denotativo del vocabulario, lo que sugiere
y quizás cuestionable, al tiempo que desde los comienzos de la crítica literaria una
del estilo y tal vez de la realidad, así que, descrito, aunque no resuelto, el escollo teó-
rico, paso sin transición a ocuparme del tema de este ensayo.
Joyce, al igual que otros grandes escritores, utiliza con frecuencia las repeticiones
primeras obras advertimos algo que con el tiempo se convertirá en una especie de
revelación, a saber, que todas las palabras están relacionadas entre sí, que a través
de un número ilimitado de canales se impregnan de la historia de las demás, de sus
relaciones emotivas, etimológicas y culturales. Joyce en el curso de su vida literaria
fue descubriendo el poder de evocación de las palabras y la dependencia que con
26
etc
dedor de los cuales se cimienta la narración. La novela, por ejemplo, termina con el
Ulises, tiene implicaciones que rebasan el sistema lingüístico. Como primer rasgo hay
que resaltar lo obvio, es decir, la repetición machacona en estas circunstancias. Para
-
-
centes a una tal Miss Dunn.
precisamente la persona en Ulises que con mayor nitidez representa la vitalidad y rea-
27
etc
-
te 43 páginas, lo que vendría a querer decir que es su palabra preferida. El número
de repeticiones probablemente no sea casual, si se consideran algunas coincidencias
y escrupulosidad de Joyce en los mínimos detalles de su obra. Lo cierto es que el
ocho es el número clave en el último capítulo de Ulises por varias razones, en primer
está dividido en ocho secciones o frases. Parece, pues, evidente que el ocho traslada
a Molly, en cuanto mujer, a la esfera del ocho invertido, conocido como lemniscata,
En
carta dirigida a Frank Budgen el 16 de junio de 1921 le explica Joyce al que sería uno
de sus comentaristas más incisivo que el capítulo gira como una inmensa bola dando
cunt expressed by the words because, bottom (in all senses bottom button, bottom
of the class, bottom of the sea, bottom of his heart), woman, yes”.3 Por si a alguien le
lo largo de mi ensayo.
Otro ejemplo casi arquetípico entre los lectores de nuestro autor se halla en Dubliners,
-
nuación.
Para aquellos que no han leído el relato voy a dar un resumen de la historia, aun sa-
biendo que los resúmenes distorsionan gravemente la narración. Ha concluido la cena
y baile anual navideño en casa de las señoritas Morkan y de su sobrina, Mary Jane,
3 Richard Ellmann, Selected Letters of James Joyce, London: Faber and Faber, 1975, p. 285.
28
etc
el joven de diecisiete años, Michael Furey, del que estuvo enamorada, muerto segura-
mente por querer despedirse de ella una noche de frío y lluvia. Después de contarle al
marido la amarga historia de su primer amor, Greta se queda dormida sobre la cama
y Gabriel contempla la nieve que cae al otro lado de la ventana.
the lamplight. The time had come for him to set out on his journey westward. Yes, the newspa-
pers were right: snow was general all over Ireland. It was falling on every part of the dark central
plain, on the treeless hills, falling softly upon the Bog of Allen and, farther westward, softly falling
into the dark mutinous Shannon waves. It was falling, too, upon every part of the lonely church-
yard on the hill where Michael Furey lay buried. It lay thickly drifted on the crooked crosses and
headstones, on the spears of the little gate, on the barren thorns. His soul swooned slowly as
he heard the snow falling faintly through the universe and faintly falling, like the descent of their
last end, upon all the living and the dead.
Comenzó a nevar otra vez. Miró soñoliento los copos, plateados y obscuros, caer de lado con-
tra la farola. Le había llegado el tiempo de emprender el viaje hacia el oeste. Sí, tenían razón
los periódicos: habría nieve en toda Irlanda. Caía por toda la obscura llanura central, por las
colinas sin árboles, caía suave sobre el pantanal de Allen y, más hacia el oeste, caía suave
en las obscuras olas turbulentas del Shannon. Caía también en el camposanto solitario de la
colina donde yacía Michael Furey. La nieve yacía espesa amontonada en las cruces retorcidas
y en las lápidas, en las lanzas de la pequeña cancela, en los yermos espinos. Su alma se con-
sumía lentamente mientras oía caer la nieve plácida a través del universo y plácida caía, como
García Tortosa)
El párrafo contiene ecos y repeticiones que sobrepasan el texto, tal es así que reso-
nancias del tema aparecen insistentemente en toda la obra de Joyce, en particular en
la pieza teatral Exiliados, en Finnegans Wake y en su biografía, aunque como es habi-
tual en nuestro autor también toma ideas prestadas de otras obras literarias o recoge
incidencias triviales con las que acumular alusiones. En concreto, por coincidencia o
intencionadamente tanto el -
Everywhere. As far
La nieve
4
yacía por todas las Sierras de California..., y seguía cayendo.) . En todo caso lo que
evidente que la presencia del vocablo en el relato y su relación con sugerencias lite-
4 Cfr. Don Gifford, Joyce Annotated: Notes for “Dubliners” and “A Portrait of the Artist as a Young Man”, Berkeley,
University of California Press, 1982, 2a ed.
29
etc
plano realista.
Ya en el título se advierte que la caducidad de la vida y la muerte van a impregnar el
añoranza por el joven caído recuerda su voz armoniosa y la canción que cantaba, The
Lass of Aughrim, al escucharla se ha ensombrecido de nostalgia una noche que debe-
ría haber sido festiva. En The Lass of Aughrim, la escena en que la muchacha suplica
al padre de su hijo que abra las puertas del castillo para que ella y su hijo no perezcan
de frío, también se repite el momento en que Michael Furey espera bajo la lluvia a la
joven que va a abandonarlo:
The rain falls on my yellow locks
And the dew it wets my skin.
over Rahoon,” aparece una vez más el recuerdo dolorido del primer amante de su mu-
Transcribo
la estrofa inicial:
Rain on Rahoon falls softly, softly falling,
Where my dark lover lies,
Sad is his voice that calls me, sadly calling,
At grey moonrise5.
30
etc
Tristemente me llama,
Cuando gris se alza la luna”.
(Traducción de José A. Álvarez Amorós)6
Joyce, que casi le obsesionó a lo largo de toda su carrera. Lo mismo que Greta, Nora
Barnacle debió de contarle a Joyce que siendo muy joven se había enamorado de
dos adolescentes como ella y ambos estaban enterrados en Rahoon. El primero se
Nora sólo tenía trece. El segundo, Michael Bodkin, un año mayor que Nora, murió de
tuberculosis sin haber cumplido los diecisiete7. Con los dos estableció Nora una rela-
ción apasionada, que Joyce no pudo olvidar y de aquí su presencia en buena parte
de su obra. En el relato que comentamos el nombre de los adolescentes se funde
en uno, Michael Furey, en Exiliados el incidente adquiere la forma de un triángulo
amoroso, mientras que en Finnegans Wake, como corresponde a la naturaleza de la
obra, los nombres se entremezclan con otros personajes y el acontecimiento se diluye
en sugerencias históricas y personales, propulsado por la fuerza incontenible de las
palabras. La historia de Michael Furey y su muerte heroica, aunque Joyce celoso de
su intimidad la oculta en múltiples capas de metáforas y símbolos, sin embargo, por
medio de las repeticiones en las diferentes obras construye un tema alternativo, que
contiene un buen número de aristas a través de las cuales el autor descarga uno de
sus resquemores más recónditos.
Apenas comenzado el párrafo nos encontramos con una frase que probablemente
recostarse en la cama junto a su mujer; las sombras de los muertos que aparecen en
el oeste, en el ocaso .
6 James Joyce, Chamber Music, Pomes Penyeach, and Other Poems: Música de cámara, Pomas a penique, y otros poemas.
Traducción, estudio preliminar y notas de José Antonio Alvarez Amorós. Alicante: Instituto de Estudios Alicantinos, 1983,
p. 143.
7 Cfr. Brenda Maddox, Nora : A Biography of Nora Joyce, London: Minerva, 1988, pp. 25, 27-28.
8 De la misma frase hace un comentario parecido Richard Ellmann en James Joyce, Oxford University Press, 1982, p. 249.
31
etc
relación con todo lo que se acaba de decir y con otros muchos aspectos literarios y
Ulises es
conveniente recordar que la evolución de los temas y estilo en la obra de Joyce es
acumulativa y expansiva a un mismo tiempo, lo que quiere decir que Dublineses su-
FW,
FW,
32
etc
nes ingenuas,/ de un algo que pasa/ y que nunca llega:/ la historia confusa/ y clara
la pena.) mientras que, por otra parte, los juegos verbales y el acopio de referencias
cruzadas va desplazando poco a poco la historia.
Seguramente para aclarar lo que vengo diciendo lo mejor será que ilustre con un
-
peticiones rítmicas y fónicas, donde se verá que los niveles lingüísticos se superponen
Quailer and Linbad the Yailer and Xinbad the Phthailer. (17. 2322-27).
Desde el punto de vista formal la secuencia consiste en una repetición rítmica de pies
yámbicos, reforzada por aliteraciones consonánticas, que contribuyen a incrementar
la monotonía fónica del párrafo, en el inglés original, no tanto en la traducción. El pro-
ceso consiste en variaciones del nombre de Simbad el Marino, héroe legendario en
Las mil y una noches, antecedentes del mismo se encuentran en la mitología egipcia
y griega10, así como en las aventuras, mezcla de fantasía y realidad, de marinos per-
etc., etc., pero a la vez Odiseo, y también Bloom, tienen ascendencia en oriente y en
occidente. Bloom vive en Irlanda, pero en sus orígenes procede de Oriente Medio,
algo parecido sucede con Odiseo que lo mismo podría ser griego que semita11, tal vez
10 Cfr. Michael Seidel, Epic Geography: James Joyce’s Ulysses, Princeton University Press, 1976, pp. 73-74 y 107-08.
11 El principal impulsor de esta teoría fue Bérard, Victor, Les Phéniciens et l’Odyssée. París,1902 1903. Joyce leyó la obra
33
etc
por estas razones en el acto de entrar en la inconsciencia del sueño recuerda a Sim-
bad el Marino, el viajero oriental emparentado en sus orígenes con Odiseo.
Por otro lado, Simbad el Marino es mencionado varias veces en la novela, no por sus
aventuras fantásticas, sino como protagonista de una pantomima que con el título
de Sinbad the Sailor
417-27). Las pantomimas han sido muy populares en Irlanda en buena parte del siglo
Ulises, donde también se menciona Turko the Terrible,
que según Stephen vio su madre y aprendió de memoria los versos que sobre la invi-
sibilidad pronuncia el protagonista (1. 257-64). Las pantomimas eran piezas cómicas,
fundamentadas en cuentos populares, Cenicienta, Aladino, Simbad y otros; incorpo-
raban añadidos de todo tipo: chistes de actualidad, alusiones satíricas y enredos de
con el método de acreción narrativa en las dos últimas obras de Joyce es innegable,
y no merece mayor comentario.
La unidad del párrafo, en resumen, viene dada por las repeticiones rítmicas y alitera-
tivas que a su vez engloban las principales líneas temáticas y míticas que subyacen
en la estructura de la novela: Odiseo, Simbad, y la oposición y complimentación de
Oriente y Occidente. Al mismo tiempo, siendo Ulises una novela con una carga fun-
damental de comicidad es apropiada la alusión al género de la pantomima, aunque
para una parte de la crítica Joyce se dejó llevar por su facilidad para el juego verbal
y rozó la chocarrería, en este caso concreto, más razonable parece interpretar esta
letanía del sueño como una manera de relajarse del mundo exterior, mientras la mente
es arrastrada a la deriva en un abrazo mecánico de palabras y de ahí a una completa
obscuridad12.
Como decía al principio Ulises, y prácticamente toda su obra, se asienta en una serie
no son tales en el plano semántico, ya que las relaciones cruzadas cambian con el
los vocablos repetidos. Ulises es seguramente la novela que alcanza el punto álgi-
34
etc
vida misma.
35
etc
36
etc
37
etc
¿Nación? Dice Bloom. Nación es la misma gente que vive en el mismo lugar»—¿Cuál es su
nación si me permite la pregunta? Dice el paisano.
— 12/1827-1838).
Es evidente, sin embargo, que Bloom no es un judío en el sentido religioso del térmi-
-
co está circuncidado y, por si fuera poco, nunca va a la sinagoga. Como bien advierte
la naturaleza del problema nacionalista irlandés. Juventino Caminero añade una im-
portante observación a este respecto:
El vagabundo Ulises —transformado en el judío irlandés Bloom— da la oportunidad a Joyce
de plantear la compleja problemática del patriotismo irlandés, mezclando de hecho las dos tra-
diciones culturales, en el amplio sentido de la palabra: la judía y la irlandesa, pero no son dos
entidades superpuestas4.
Al igual que Stephen, Bloom también es otro ser desposeído, de algún modo errante.
Si Stephen perdió la llave de la Torre Martello al serle quitada por el usurper, el usur-
38
etc
pador Buck Mulligan, Bloom también se queda sin la llave de su casa, pero debido a
un olvido, al habérsela dejado en los otros pantalones en el dormitorio. Bloom es inca-
paz de volver por ella por tal de no despertar a Molly, que sigue en la cama. Pero este
incidente no es el único que Bloom acepta resignadamente, hay muchos otros acon-
tecimientos que sufre pacientemente; como por ejemplo el hecho de cerrar los ojos
ante muchas cosas, ante la carta que el amante de su esposa, Boylan le ha enviado
mientras ella la esconde rápidamente bajo la almohada ante la mirada tímida y atenta
del cornudo esposo.
coito incluido, de su esposa con Boylan hacia las cuatro de esa misma tarde en su
propia cama. Por otra parte, su correspondencia amorosa con Martha Clifford, que le
permitiría vengarse del adulterio de Molly, nunca llega a acabar en un encuentro físi-
sustituirlo por otro que aunque en un aspecto es real, necesita del alimento de su ima-
ginación, la observación de Gertie MacDowell y la consiguiente masturbación a que
lo conduce la seducción de la chica al dejarle entrever las piernas y las bragas en el
39
etc
prostituta Zoe Higgin le toca los genitales y al advertir la patata talismán que éste lleva
dentro de sus calzoncillos, ella piensa que padece de chancro duro.
Joyce presenta en Bloom a un ser corpóreo para quien, a diferencia de Stephen, el
mundo físico sí que existe, pues en él convergen la mayoría de los sentidos físicos con
sus respectivas sensaciones de olfato, vista, gusto, placer y tacto.
El siguiente personaje convergente que elegimos es Stephen Dedalus —joven alter
ego del propio Joyce— que acaba de regresar a Dublín de París como consecuencia
del inminente fallecimiento por cáncer de su madre. Si en Portrait of the Artist as a
Young Man se convirtió en una especie de falso Cristo que predicaba sus teorías de la
estética a sus compañeros de clase, en Ulises
que le rodea no logran despertar su más mínimo interés; más bien al contrario, llegan
a producirle tal sensación de ahogo que ya desde el principio, en el primer episodio
de la novela, en «Telémaco», procura mantenerse alejado de quienes le rodean, sin-
tiéndose salvaguardado desde una distancia que bien podría llamarse distancia emo-
cional. Este distanciamiento es lo que fortalece y sedimenta su sentido de abstracción
que le conduce permanentemente a un círculo de respuestas que en sí mismas son
3/621-624).
40
etc
El Stephen de este día, 16 de junio de 1904, ve el mundo físico que le rodea a través
de una fuerte miopía (el día antes se había roto las gafas). Hecho que aunque no le
priva de contemplar con realismo cuanto se mueve a su alrededor, sí le ayuda a tras-
ladarlo a su mundo interior bajo la envolvente luz de su mente. En esta circunstancia
se da un claro paralelismo con Joyce, quien también sufriera de una terrible miopía
durante toda su vida, hasta acabar prácticamente ciego. Sin duda, hay una innega-
ble conexión entre Stephen y el joven James Joyce, si cabe más fuerte aún que la
existente entre Joyce y su otro alter ego, Leopold Bloom. Es cierto que muchos de
los personajes que aparecen en la novela habían sido amigos de su padre a quien el
mismo Joyce, en su juventud, había analizado en profundidad; pero también es cierto
que Stephen representa a este joven Joyce que los observaba. Stanley Sultan recoge
una cita del mismo Joyce al respecto, destacando el hecho de que el autor, Joyce,
explota su propia experiencia en la novela:
These and similar facts about Ulysses seem to signify no more than an extreme case of a
writer´s exploiting his experience. And Joyce implied a practical purpose in his use of real ma-
Ulysses had been friends of
his father whom he had a good chance of studying closely and whose conversation he noted”5.
personajes de Ulises habían sido amigos de su padre al que tuvo la oportunidad de estudiar a
fondo y cuyas conversaciones solía apuntar”.
Stephen, como también el joven Joyce hiciera en esta fase de su juventud, persigue
en Ulises la meta que se trazara en Retrato del artista adolescente, la de escapar de
toda atadura política, social y religiosa establecida. Stephen, al igual que Joyce, al
41
etc
Llegados a este punto en el que hemos introducido estas dos caras psicológicas y ar-
tísticas del propio Joyce, la madura, de Leopold Bloom, y la jovial del héroe Stephen,
procede dar paso a la presentación de Molly, la esposa, salvando ciertas distancias,
el alter ego de Nora Barnacle (esposa de Joyce). En el caso de Molly Bloom, a dife-
rencia de los demás personajes, no se puede hablar de un único referente homérico,
sino de varios. Hay que tener en cuenta que la entrada de Molly en la novela es como
Calipso, al ser en este capítulo, el cuarto de la novela, en el que aparece, pese a que
unos días, pues ella también mantiene a Bloom fuera de casa y sin llave durante toda
‘metempsicosis’:
—Metempsicosis, dijo él, frunciendo el ceño. Es griego: del griego. Quiere decir la transmigra-
ción de las almas.
42
etc
y como ella desea. Incluso sube al dormitorio a servírselo haciéndole entrega al mis-
mo tiempo de la carta con la cita de Boylan (de lo que él es también conocedor pese
a la literatura erótica, es más, le pide que le traiga la novela Sweets of sin (Dulzuras
del pecado -
miento de sus más profundas pasiones.
Bloom está muy al corriente de la larga lista de pasadas relaciones amorosas de su
esposa; pero averiguar con cuántos hombres y la naturaleza de las relaciones con
cada uno de ellos es algo que, salvo la excepción de Boylan y Gardner, ni Bloom ni
Joyce pueden determinar, como bien señala el profesor García Tortosa, quien además
nos recuerda el paralelismo entre Nora y Molly:
Nora no fue la única mujer en la vida de Joyce, salvo esporádicas infatuaciones que no llegaron
a calar en sus sentimientos. Casi todas las protagonistas de su obra se parecen a ella, sobre
todo Molly. Como Nora, Molly escribe sin ninguna consideración por los puntos y comas; tam-
bién en el pasado de Nora hubo más de un amante, aunque probablemente ni en el número
o trascendencia que Joyce o Bloom imaginaban; Molly y Nora son mujeres fuertes y espontá-
neas, sin complicaciones intelectuales, en las que sus maridos encuentran amparo; las dos son
comparten las cualidades contradictorias del nuevo tipo de mujer que surge en el primer tercio
del siglo xx: rebelde y pasiva, tradicional y progresista. El paralelismo no sólo se establece en-
7
.
localizar la aventura entre Molly y Boylan en esta misma fecha. Molly, tras hacer el
modo, también cabe pensar que Joyce apuesta esperanzadamente por su matrimonio
43
etc
Molly acaba expresando un evidente desprecio por Boylan al advertir en él los moda-
les rudos e insensibles del amante que no se la merece:
me pregunto si se ha quedado satisfecho conmigo una cosa que no me gustó la palmada que
me dio en el trasero cuando se marchaba con tanta familiaridad en el vestíbulo aunque me reía
18/166-170).
En otra ocasión, Boylan revela a Molly su lado más perverso y miserable. Pero la ra-
zón de esta actitud, el haber perdido la carrera el caballo por el que había apostado,
En las escasas ocasiones en que Joyce permite actuar al propio Boylan, éste exhibe
rocas errantes”) descubre su insensibilidad en tan sólo dos palabras que dedica a la
joven tendera a la que compra una botella de vino y fruta en el Thornton´s. Para él la
joven dependienta no pasa de ser un codiciado objeto de deseo:
Boylan Botero miró por el escote de la blusa. Una pollita (p. 261: 10/406).
44
etc
(Endnotes)
-
fesor García Tortosa en Cátedra (cfr. Joyce, James, Ulises, Cátedra, Madrid, 2000). Adviértase que seguido del
número de la página, también incluimos los números de las líneas de la referida edición.
2 McCarthy, Patrick, Ulysses (Portals of Discovery), Twayne publishers (Twayne´s masterworks studies), Boston,
1990. p. 70.
3 Patrick McCarthy, Ulysses (Portals of Discovery), p. 76.
4 Caminero, Juventino, El Ulises de James Joyce (Una interpretación desde la perspectiva hebraica), Universidad
de Deusto, Bilbao, 1994, pp. 45-46.
5 Sultan, Stanley, The argument of Ulysses
45
etc
46
etc
MARGARITA ESTÉVEZ-SAÁ
“¿Hay alguien que me entienda?”: Mujeres en la obra
de James Joyce
La existencia de una ingente bibliografía crítica sobre la obra del escritor irlandés Ja-
legado literario como pueden ser su ideología política, su actitud hacia Irlanda y los ir-
landeses o, el tema que nos ocupa, su consideración y representación de la identidad
femenina a través de las protagonistas que pueblan sus obras.
Joyce fue inicialmente considerado como un escritor representante de una sociedad
tan claramente patriarcal como la irlandesa que sometía, limitaba, menospreciaba y
estereotipaba a las mujeres. A medida que su obra se fue estudiando con mayor pro-
fundidad se releyeron sus textos con un mayor cuidado, también desde la perspec-
47
etc
patriarcal en la que son presentadas, como es el caso de Eveline, Mary Dedalus, Mrs
Purefoy, etc., sino también la inclusión de personajes femeninos que se podrían consi-
arrojar luz en torno al debate aún existente hoy en día que separa a quienes consi-
deran que el escritor denota actitudes androcénticas, quienes han expuesto que el
que sometían a la mujer irlandesa de su época sin ir más allá, frente a lecturas más
recientes que vislumbran en la obra joyceana signos de inconformismo con las pre-
carias circunstancias de la mujer en la Irlanda de principios del siglo XX y detectan
48
etc
otras; frente a retratos de mujeres más activas e incluso rebeldes que son de algún
de sus hijas. A pesar de esta visión masculina, académicas como Florence Walz no
han dudado en apreciar la dimensión ética de un escritor que está exponiendo las
limitaciones socioeconómicas de las mujeres en la Irlanda del momento, de igual
forma en que lo hará en el capítulo 13 de Ulysses a través del retrato de una joven
Gerty MacDowell cuya única esperanza sería el matrimonio. Aún así, la clave inter-
pretativa en Dubliners nos la proporciona en el último relato incluido en la colección,
los temas tratados en los relatos previos, y que obliga al lector a releer las narracio-
nes anteriores en una especie de vuelta de tuerca.
49
etc
A Portrait of the
Artist as a Young Man, una novela tan centrada en la subjetividad de su protagonista
Stephen Dedalus, que el personaje femenino se reduce a la visión y experiencia, cier-
tamente limitadas, que el joven tiene de las mujeres que lo rodean: su madre, su tía
Dante, su amiga E-C-, las prostitutas con las que se encuentra y la joven que ve en la
playa. Una simple comparación entre Stephen Hero, el manuscrito inicial que Joyce
descartó y reescribió como A Portrait, nos permite descubrir cómo unos personajes
más desarrollados en el texto originario, especialmente la madre y Emma Clery, son
joven ardiente defensora del nacionalismo, ven claramente reducidas sus funciones
y mermada su caracterización en A Portrait. En general, Stephen somete las mujeres
que le rodean a estereotipos con los que un joven en pleno desarrollo se muestra cier-
tamente incómodo. La madre y tía Dante representan intentos fallidos por imponerle
una moral de conducta y se asocian a la defensa de la religión católica y sus precep-
instinto sexual con el que el joven no se siente especialmente a gusto, de ahí que
tienda a proyectar una visión de la mujer en clave de tentadora (E-C-, las prostitutas)
Beatrice, soltera y culta, contrasta con la amante esposa Bertha, y ambas juegan
un papel esencial a la hora de inspirar a la vez problematizar la tarea del escritor
50
etc
ambos modelos de mujer y muchos otros, hasta el punto de que los lectores empatizan
51
etc
En Ulysses
otra vez sobre las mujeres, pero ha de tenerse en cuenta que Bloom no es un personaje
masculino cualquiera, es quien más claramente se compadece de la situación de las
mujeres (se preocupa por su hija, lleva el desayuno a la cama a su mujer, visita a una
parturienta, recauda fondos para la viuda del recientemente fallecido señor Dignam, y
se apena por la señora Breen dada la inestabilidad mental de su esposo). Según su
Ulysses llega
a deconstruir, precisamente a través de Bloom, la dicotomía hombre-mujer, pues es
sus más íntimos deseos cuando se transforma en una cerda y expone su anhelo de
concebir y dar a luz. No en vano la crítica joyceana se ha referido a Bloom como un
para el más cuidadoso y paciente lector. El mismo Joyce había declarado al respecto:
, James Joyce
existan personajes en su obra sino que sus palabras, más que negar la existencia de
los -
sentadas de forma convencional.
-
sar de la incertidumbre que las rodea, aparecen recurrentemente en el texto, como
52
etc
y la niña Issy. Esta familia regenta una taberna a las afueras de Dublín, en Chapelizod,
Apud liber-
tinam parvulam”, Amnis Limina Permanent -
como Isobel, Isha, Iseult, Isolabella, etc., y adopta distintas personalidades como las
de seductora, princesa, bruja, o sacerdotisa; y se la relaciona con distintas funciones
de carácter simbólico como rocío, lluvia, Cenicienta, bella Sulamita, Isis, Osiris, etc.
53
etc
Las características que se asocian a cada uno de los personajes nos permiten, en
muchas ocasiones, intuir de quién se trata en la obra, a pesar de los continuos cam-
bios de nombre a los que se les somete. En el caso de Anna Livia se la asocia con la
salvación y la exculpación y a la joven Issy con la auto-complacencia.
Joyce parece estar presentando la condición femenina en Finnegans Wake como
-
nales. La presencia femenina en Finnegans Wake es, por una parte, sometida a la
narración masculina, como se comprueba por ejemplo en el capítulo conocido como
las lecciones en el que comentarios de la niña Issy pugnan por dejarse oír a través
de notas a pie de página en [Link], frente a las intervenciones de sus hermanos que
ocupan lugares preferentes a ambos lados de las páginas; pero, por otra parte, apa-
rece recurrentemente en momentos climáticos de la obra como es, tal y como Joyce
54
etc
mujeres”. Sin embargo, también es conocido que la esposa de Joyce, Nora Barnacle,
tenía una opinión bien distinta y consideraba que su marido no tenía ni idea de lo que
era una mujer. A Joyce parecía no interesarle mucho esta controversia, pues cuando
se le acercaban lectores y admiradores, y le comentaban que él sí había entendido
qué era una mujer, nos cuentan sus biógrafos que acostumbraba a levantar la mirada
protagonista al que nos hemos referido con anterioridad, Gabriel Conroy, se pregun-
taba sica leja-
na?”; pues bien, Joyce pasó buena parte de su existencia y dedicó sobrada atención,
al menos, a preguntarse qué es una mujer. Y si Anna Livia duda si alguien la entiende,
podemos concluir que James Joyce, no escatimó esfuerzos a la hora de intentar una
Referencias
Feminism, Aesthetics and Subjectivity. Ed. Manuel Barbeito. Santiago
de Compostela: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Santiago de Compostela, 2001. 43-64.
Ellmann, Richard. James Joyce.
Anna Livia Plurabelle (Finnegans Wake, [Link]). Ed. Bilingüe de Francisco
García Tortosa. Trad. Francisco García Tortosa, Ricardo Navarrete Franco y José Mª Tejedor Cabrera.
Madrid: Cátedra, 1992. [Link], James. The Critical Writings of James Joyce. Eds. Ellsworth Mason
y Richard Ellmann. London: Faber and Faber, 1959.
Dubliners: Women in Irish Society”. En Women in Joyce. Eds. Suzette Henke y Elaine Unkeless.
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etc
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etc
GUILLERMO BUSUTIL
El lenguaje flaneur de Joyce
imágenes como en una sinfonía de Erik Satie: ligera, lenta, con muchas repeticiones
jungla de un laberinto que discurre entre el diálogo simbólico entre el macro y el micro
mundo, y un viaje delirante de sabor y fulgor a través del estilo en estado puro y en
permanente metamorfosis.
57
etc
escritura cubista y por tanto la mirada de quién entiende la realidad como un caleidos-
copio que puede descomponerse y recomponerse de acuerdo a una compenetración
de planos y a una simultaneidad de percepciones. El resultado, da igual la novela de
su mano de la que se trate, es un poliuniverso plástico con una estructura que apri-
siona (es imposible escapar de una página a otra sin pelearse/perderse/interpretar
cada una sin la brújula de argumento sometido) y que va más allá del psicoanálisis en
movimiento del personaje. No importan las edades divididas en tres como guía para
no extraviarse demasiado ni todo lo que le acontece en la mente a Bloom. Nada hay
estilísticas distintas, que dejar que sean la mirada, los pequeños detalles, los objetos
-
niéndonos más que situarnos e incluso adoptando un papel de engarce, de simbolo-
gías guadianescas que sólo se entienden con esos objetos y detalles que aparecen y
desaparecen otorgándole sentido a los diversos sucesos de esta historia de historias.
Y sobre todo disfrutar del eje de Ulises, al igual que de Dublineses, que no es otro que
la aventura de todas las peripecias posibles del lenguaje para narrar su capacidad lin-
güística, explorar lugares a los que nunca antes había llegado y abrir con sus malaba-
rismos, trampas verbales, dobles y triples sentidos, la mirada del lector y hacerla más
perfeccionista. Lo mismo que el texto y la historia que cada lector debe hacer con su
propia llave, de manera creativa, consciente de que en cierto modo él se asoma como
personaje y coautor del organismo textual que mantiene en alto el poder del lenguaje
como hábitat que lo envuelve y lo sumerge hacia su interior, allí donde ese lenguaje
es un caleidoscopio con conciencia, que diría Baudelaire.
Ese reto lo ha pasado con sobresaliente Antonio Soler en su novela Sur. Espléndida
relectura y homenaje a la narración como desplazamiento por la ciudad, igual que
si fuese la fotografía intimista, coral e introspectiva del mundo y de las emociones
individuales convertida en cada momento en palabra, en un delirio esférico del pensa-
miento como mundo, y al mismo tiempo en pesadilla del lenguaje como territorio de la
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etc
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etc
PABLO ARANDA
Leer el Ulises es una Odisea
Leer el Ulises era una odisea. Yo había leído La Odisea, cruzando en solitario Turquía
e Irán, y enseguida la diversión ocultó el vértigo, y había leído Retrato del artista
adolescente, de Joyce, buscando una revelación que no llegó, cruzando en solitario
las madrugadas de mi dormitorio, porque me sedujo el título y porque el traductor era
(según las últimas estadísticas)”. Pero había que leer el Ulises. Si te gustaba leer, si
ansiabas ser escritor. No se puede ser escritor sin haber leído el Ulises, me dijeron
a los 20 años. Qué pesados. Yo pensaba en Joyce, que había escrito Retrato del
artista adolescente no sólo sin haber leído el Ulises sino sin siquiera haberlo escrito.
No es que sea difícil, aseguraban los que lo habían leído, es que no se entiende.
Ulises inauguraba la novela moderna y me negué a leerlo. Para odiseas ya estaba La
Odisea, y la vida (que me esperaba en lugares como Irán y en lugares más anchos,
como mi dormitorio). Inauguraba la novela moderna universal, así como Tiempo de
silencio inauguraba la novela moderna en español y yo me leí tres veces Tiempo
de silencio, y es decirlo y preguntarme en qué estante me aguarda para ser leído
de nuevo. Luis Martín Santos no escribió que Madrid es una ciudad de un millón de
cadáveres (según las últimas estadísticas) pero sí la mejor descripción de una ciudad
que he leído nunca.
Hasta que fui a Trieste y, con la costumbre que aún guardo de leer autores que hayan
pasado por el lugar al que voy, leí a Italo Svevo, que fue alumno de Joyce, se me
hizo larga La conciencia de Zeno, y leí el Ulises
61
etc
esperaba el monólogo de Molly como premio. Muchos años después pasé unos días
cronometrar, porque seguía siendo juguetón, pero ya no era tan joven. Me hice otra
foto con otro Joyce, también de bronce, y me compré una edición en inglés de Retrato
del artista adolescente en la farmacia Sweny´s, en la que Leopold Bloom compra una
Ulises, y junto al libro me compré una pastilla de
jabón, porque ya no soy tan joven, pero soy muy limpio, y algo friki.
Había leído Dublineses en español y Dubliners en inglés. Cuentos estupendos que
se entienden perfectamente, sobre todo cuando los leí en español. Finnegans Wake
no lo pienso leer, dicen que es como las partes que no se entienden del Ulises. Soy
novelista sin haber leído Finnegans Wake, incluso sin haberlo escrito.
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etc
63
etc
GUILLERMINA HEREDIA
Paseo por los anticuarios, tiendas y hogares
de la mano de Ulysses
[Dossier > pág. 183]
Cuando nos decidimos a hablar del Ulises de Joyce, creímos conveniente dar cuenta
de la riqueza verbal de los irlandeses relacionada con costumbres como la forma de
cuidar el té y los objetos que se usan para este propósito, nombres relacionados con
la comida, con la bebida y con la mesa, vestidos, objetos del hogar, además de otros
objetos de la vida cotidiana que no son habituales en la actualidad.13
13 Hans Walter Gabler, Ulysses, Randon Housse, New York, 1986. (Todas las citas, excepto una, corresponden a esta edi-
ción).
64
etc
MOUSTACHE CUP (U -
una que Milly le había regalado cuando él cumplió 27 años y siempre bebía té en ella.
FIGROLLS (U, 2: 20).
higos, que antiguamente eran de fabricación casera y que ahora se venden indus-
trializados y se usan para acompañar el té. Una de las referencias a estos pastelitos
es la que nos encontramos cuando Stephen está dando clases y Armstrong saca los
pastelillos los aplasta entre las manos y se los va comiendo poco a poco.
LA COMIDA Y LA MESA
THE MALAGA RAISINS (U álaga se habla cuando Bloom
se acuerda de los antojos que tenía Molly mientras estaba embarazada de Rudy. Se
le apetecían, porque le recordaban a España (Gibraltar) y porque creía que tenían
-
les malagueños establecieron su casa comercial en Gibraltar y se dedicaban, entre
otras cosas, al comercio de las pasas y de vino de Málaga desde Gibraltar hasta
Las Islas.
CHUTNEY SAUCE (U era de origen indio, dulce o agridulce,
para tomar con las carnes y la caza. A Molly le encantaba con el cordero para cenar.
HERRING (U, 3: 97). Los arenques son peces de aguas templadas y poco profundas
(Atlántico, Báltico) que se consumen lavados, salados y ahumados, desde el segundo
consideraba vulgar y tabernario, pero era una buena fuente de proteínas y fue muy
importante en la dieta rural.
-
¡nada de remilgos, arenques con panceta frita!”.
U, 13: 234). Bandeja de plata para colocar las tostadas.
Estas bandejas eran un símbolo de distinción. Como decía Gerty, las tienen en casa
de los ricos. Ahora se siguen usando en las casas y en los hoteles en Irlanda, en In-
glaterra y en España. Aunque sean de imitación, se pueden encontrar en las tiendas
de regalos y se suelen usar de adorno o para poner tarjetas.
SANDWICHBELL (U, 11: 660). La campana de emparedados se usa para que los
65
etc
dama, daba y retenía: como en fresca glauca eau de Nil Mina a picheles dos sus piná-
hemorroides”
LOG WOOD (U procedente del estado de
Campeche en México, es un árbol de tronco rosáceo o rojo que tiñe desde el color
púrpura hasta el negro dependiendo del producto químico con el que se mezcle. Tiene
un 40% de taninos es muy astringente y se usa medicinalmente como antidiarreico.
BORAX (U, 11: 117) es un producto limpiador natural que se encuentra en forma de
sales en las orillas de los grandes lagos como los de Chile, del desierto de Atacama,
los de California etc., y se emplea en champús, lociones capilares, elixires bucales
pomadas, cremas hidratantes, como antiarrugas, mascarillas de belleza, detergentes,
suavizantes, y, en forma de ácido bórico, para el olor de pies; y en joyería se usa para
borrar las señales de las aleaciones. También se usa para cortar la heroína.
EAU DE NIL
-
66
etc
-
larlas.
CHIPPENDALE CHAIR (U, 3: 95). La silla chippendale es un signo de distinción. Es-
tas sillas deben su nombre a Thomas Chippendale, ebanista ingles de 1700, creador
de muebles de lujo típicamente inglés, las patas eran curvas y con un adorno parecido
a pezuñas en el extremo y tenían curvas, calados y rejillas en los respaldos.
THE PIANOLA (U, 15: 4115). La pianola es un instrumento musical, mecánico, pa-
recido al piano que emitía música sólo con meterle el rollo perforado y accionar los
pedales. Las teclas se movían solas.
U, 14: 754). El guardapelos es un colgante que se abre para guardar un
mechón de pelo de la persona amada, ya fuera novio, marido o hijo.
67
etc
BEBIDAS
De entre todas las bebidas que aparecen en el Ulises, sólo he recogido las que me
han parecido más curiosas
GROG (U
marineros.
MEAD (U, 14: 194). El aguamiel es una bebida alcohólica conocida por ser una de las
más antiguas consumida por el hombre. Se obtenía a partir de la miel fermentada y
se consumía en los países del norte donde la uva no prospera. Su consumo empezó
a decrecer con la aparición de la cerveza.
ABSENTA (U
se lo daba la tujona o tuyona contenida en el ajenjo, sustancia que producía alucina-
ciones. Los artistas del siglo XIX y XX hicieron de ella su bebida de moda pues decían
que potenciaba su creatividad
SANDWICHMEN (U
todavía se usa en algunos lugares de España
la tinta, todavía tiene otros usos diferentes, como para ver las germinaciones de las
semillas, para decoraciones de tejidos y pared por medio del estarcido.
BLUE AND GREEN EGGS (U Los huevos verdes y azules existían y existen
todavía; proceden de unas gallinas chilenas y se pueden encontrar en algunos lugares
del norte de España.
BROWN SCAPULAR (U
obispo y me apunté al escapulario marrón”. Quien lo lleve a la hora de la muerte no
Stock, fundador de la orden del Carmelo. Tenía que ser de borrego negro.
ALABASTER MORTAR (U, 5: 477). El mortero de alabastro servía para preparar las
medicinas en las farmacias.
68
etc
STAMPS (U, 4: 67). Los sellos son estampas de reverso engomado que se ponían
de cámara. Podría hacer una especie de retruécano con eso. Es una especie de mú-
vacías las que más ruido hacen. Por la acústica, la resonancia cambia en la medida en
que el peso del agua es conforme a la ley de la caída del agua. Como esas rapsodias
de Liszt, húngaro, de ojos agitanados. Perlas. Gotas. Lluvia. Tiriliri laralara luruluru.
Sissseo. Ahora. A lo mejor ahora. Antes”. El sonido de la orina en el orinal. Basta re-
cordar el supuesto origen de Chamber music
de F. García Tortosa).
BARBED WIRED (U El cilicio
WATCH (U, 6: 336). Nos encontramos múltiples referencias al reloj en todos los epi-
sodios. Aparecen relojes de pared. Y hay otros relojes esféricos que colgaban de una
cadena para que se pudieran guardar en el bolsillo del pantalón o del chaleco. Según
fueran de oro o plata y el peso que tuvieran así era el estatus de la persona.
Por último, creemos necesario concluir que la grandeza de Joyce no estriba sólo en
las cuestiones macrotextuales, en la profusión de estilos y narradores, en las referen-
69
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70
etc
71
etc
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etc
JUAN GAVILÁN
Al encuentro de Molly Bloom
El Ulises de Joyce es uno de los monumentos literarios más importantes del siglo
XX. Su argumento está construido en torno a tres personajes centrales. Dos de ellos,
Leopold Bloom y Stephen Dedalus, llenan las páginas de la novela durante unas die-
ciocho horas mientras caminan por las calles de Dublín hasta que se encuentran so-
bre las diez de la noche, pasan unas horas juntos en las que prácticamente no hablan
entre sí, visitan un burdel, pasan por una taberna y terminan en la casa de Bloom,
donde ha estado Molly todo el día.
La obra empieza en dos lugares distintos: en la torre Martelo donde se levanta y
desayuna Stephen; y en Eccles Street donde aparece Bloom en la cocina e intenta
desayunar. De Molly no se sabe casi nada en el transcurrir de la novela. Antes de salir
Bloom, le pide que le traiga una crema de la farmacia y le busque un libro para leer. Y
ella le señala una palabra que no entiende en el libro que está leyendo con una hor-
quilla deletreando: me-tem-psi-co-sis. Esta palabra irá dando vueltas en la cabeza de
Bloom todo el día. Por la tarde, se ve un brazo que asoma por una ventana y le echa
una moneda a un marinero mendigo que pasa por la calle pidiendo. Al echar la mone-
da tira el cartel que había en la ventana. Ese brazo es de Molly.
De ella sabemos que Boylan irá a verla a las cuatro de la tarde para hablar del progra-
ma de conciertos que tiene preparado para el verano. Es una de las ideas que van a
73
etc
cinco minutos adelantado. El tiempo que pasa. Las manecillas se mueven. Las dos.
Todavía no”.
La genialidad de Joyce estriba en que al construir la novela el argumento es un ele-
mento secundario, porque, aunque el tema sea original, la tarea del novelista consiste
en darle salida al inconsciente de los personajes principales, a su propio inconsciente,
para convertirlo en lenguaje.
El famoso monólogo de Molly Bloom cierra el Ulises. Está compuesto por ocho pá-
Sus pensamientos muestran el fondo de una mujer que depende del varón pero que
necesita la libertad para realizarse de una forma plena como mujer; desvela sus fan-
tasías sexuales a partir de las carencias y de la insatisfacción. No es feliz. No com-
prende que los hombres puedan salir solos y entrar a los bares pero que ella tenga
que permanecer en la casa; que ellos puedan tener aventuras y que ellas tengan que
permanecer atadas por la moral y las buenas costumbres.
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etc
Bloom y Molly se han dormido. Todo seguirá siendo igual al día siguiente, todo se re-
petirá cuando se levanten, continuará el silencio, la soledad y el exilio.
75
etc
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etc
Tomando un café a la caída de la tarde me abordó una frase, sin venir a cuento de
Frase que parece salir de alguna tragedia griega, supongo. Y acto seguido, como la
-
puso Joyce con su Ulises fue regar el laurel marchito con los espirituosos caldos de
Dionisos”.
-
taria de Shakespeare, (…para Bloom ¿qué no es Shakespeariano?). Anthony Burgess
nos señala la utilización humorística de su lenguaje y el humanismo como rasgo del
antihéroe Leopold Bloom, emparentándolo con el Alonso Quijano de Cervantes. El
semiólogo Umberto Eco se Ulises se esconde una gran
piedad”. Y el poeta José
el lenguaje, y coincide con Burgess resaltando su humor. No hay que olvidar que el
lenguaje nos sujeta al mundo, nos hace sujetos.
entero en los ojos del naturalismo narrativo, y abrió el camino a las vanguardias es-
criturales, sin dejar de ser realista. Un Ulises que fue encomiado por los poetas W.B.
Yeats, E. Pound, T.S. Eliot, por los novelistas E. Hemingway, W. Faulkner y hasta por
el atildado Scott Fizgerald, de quien se dijo que se ofreció a saltar a través de una
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etc
Y como la cabra (Yo) tira al monte (la música) pues vengo a subrayar la textura pu-
ramente musical de gran parte de la novela, y en especial de su último capítulo: el
Rasgos, los musicales, por los que se interesaron el compositor Igor Stravinsky, el
comprometido Luciano Berio, y hasta el mismísimo B. Alois Zimmermann.
Hace ya tres o cuatro años realicé una primera versión dramática
Ulises de James Joyce, quizá el autor a partir del cual la narrativa se torna moderna,
templo es su propio cuerpo del que ella es su única sacerdotisa profana, sin grietas
en la conciencia, sin sentido del castigo o de la represión. Molly es un canto a un Eros
revivido, sin lágrimas ni suspiros penitentes; Molly es la música de Dionisos. Y como
dionisíaca música sabe Molly que lo más profundo del espíritu es la piel deseante
y deseada cuando el tiempo se aquilata en una sinfonía de sensaciones y se torna
Molly conoce las andanzas de su marido Leopold, sabe de sus aventuras amorosas y
se siente con igual derecho que él a perseguir sus deseos. El arco emocional de Molly
es el transcurso natural del deseo primero de la ilusión, la llamada de los sentidos y
el paso consecuente a las sensaciones compartidas con el Otro, con el amado. Nada
más hermoso, limpio y fresco, que el pasaje de la seducción adolescente que mantie-
ne con Mudley en lo alto de la roca del Peñón de Gibraltar, y más tarde sus posterio-
res subidas al risco para ver los barcos pasar por el Estrecho esperando que alguno
de ellos sea el buque que le traiga de regreso a su amado. Nada más lascivo que la
tórrida escena de la coyunda con Boylan —su representante— al lado del calor de la
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etc
chimenea con una copa de vino, con ese sujeto que cada vez que se ve con ella le
de depravación en sus labios, que cuando reconoce una de sus fantasías eróticas:
Ser transportada a los vértigos del placer por otro hombre ante los ojos de Leopold.
Joyce fue un gran erotómano, amén de otras muchas cualidades, que disponía de una
fecunda erudición clásica. No en vano su Ulises representa la especial aventura ur-
bana de un Leopold Bloom que, como el Ulises mítico, navega por procelosos mares
para hallarse no en la conquista sino en la travesía misma.
Sabemos que Stanislavsky procedía desde el interior de la conciencia y de la emoción
para llegar al exterior, y que Meyerhold procedía desde el exterior de las formas y la
biomecánica para llegar al interior de la conciencia. Los dos buscaban lo mismo, por
caminos distintos. Pues sucede lo mismo con Joyce y con el gran dramaturgo Samuel
Beckett, que no en vano fue su secretario durante un tiempo y estuvo a punto de ca-
sarse con su hija.
La paradigmática forma constructiva de este monólogo interior se articula en los pará-
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JUAN GAITÁN
Joyce, Eveline y las dos historias
Hay varios dioses omnipresentes en los talleres de escritura creativa, deidades litera-
rias que conforman un olimpo más o menos amplio, pero en el que siempre, sea como
sea, aparecen los mismos nombres repetidos. A veces he pensado en esto (quizás
incluso como tema para un cuento, un cuento que no fuese demasiado largo, nunca
me gustaron los cuentos demasiado largos), en el papel que los profesores de estos
talleres jugamos a la hora de construir esa mitología y de seguir manteniendo una
especie de canon apócrifo, no escrito, que transmitimos a los asistentes a nuestros
talleres con una constancia encomiable.
Ahí están Gógol, y Poe, y Chéjov, y Cortázar, y Borges, y García Márquez, claro, y
Carver, y siempre, siempre, James Joyce. A veces como constructor de la novela que
le ha hecho mundialmente famoso (aunque quizás no tan leída como pudiera parecer
ante tanto comentario, tanta opinión), pero generalmente (la mayoría de estos talleres
están enfocados hacia el relato, hacia la narración breve) como uno de los impulsores
de la modernidad en el cuento literario. Y es en ese registro donde justamente se le
eleva al olimpo, porque sus relatos constituyeron, en su momento, una inesperada
originalidad situada entre dos movimientos literarios importantísimos y paralelos en la
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etc
Joyce viene marcada por un segundo movimiento del que es un claro precursor, el
Modernism, que no debemos confundir con el Modernismo hispanoamericano y espa-
ñol porque en esa modernidad el ser humano percibe el mundo exterior a través de su
cuenta dos historias”, tesis que es, también, muy citada en los talleres.
Pero eso de que un cuento siempre cuenta dos historias no fue siempre así. En rea-
lidad, eso es así desde no hace tanto tiempo, y mucho tiene Joyce que ver en ello.
La rueda comienza a girar en ese sentido, probablemente, en los antecedentes más
inmediatos a Joyce, en el cuento que nos llega desde Edgard Allan Poe en inglés y
desde Horacio Quiroga en español, ese cuento que narra en primer plano una historia
y construye otra en secreto, generalmente en los intersticios de la primera, y en el que,
que estaba oculto. Reproduce la búsqueda siempre renovada de una experiencia úni-
83
etc
ser humano, sus distintas edades y condiciones. Es cierto que así lo veía el propio autor,
aunque le molestaba que el análisis se parase ahí. Joyce pretendía mostrar a sus com-
sí mismos), y también la narración del proceso de desarrollo de una ciudad cuyos habi-
tantes pasan paulatinamente de la inocencia a la experiencia. Dublineses se convierte,
así, desde su origen, en un libro que cuenta dos historias, una visible y otra soterrada.
En una carta que el propio Joyce envía en octubre de 1905 al editor inglés Grant
-
84
etc
es. Aunque no la maltrata físicamente, como hizo con sus hermanos, la maltrata psi-
cológicamente (en Dublineses los hombres aparecen en su mayoría como borrachos
egoístas, maltratadores y malos padres que beben para escapar de la mediocridad y
los problemas).
Eveline se siente atrapada entre el deber de permanecer en el hogar con su padre y
el deseo de escapar hacia una nueva vida con su novio. Sin embargo, cuando está en
el muelle esperando para embarcar se siente paralizada. No encuentra el valor para
dejar a su padre y a su ciudad, y pese a que Frank intenta hacerla subir al barco, ella
lo mira como si se tratase de un desconocido y se queda paralizada mientras ve cómo
él se aleja en el barco.
El relato se estructura así sobre dos posturas claramente irreconciliables, la disyuntiva
entre irse y quedarse. Eveline no es feliz en Dublín, lo sabemos a través de las voces
-
nidad absoluta) lo hacen en la propia conciencia de la protagonista (conocemos lo que
opina Miss Gavan, su jefa, quien nos hace ver a una chica sin iniciativa, y también la
opinión del padre, que describe a su hija como una despilfarradora irresponsable, pero
lo sabemos porque lo piensa así Eveline, no por sus propias voces). Irse, por tanto,
representa lograr, a través del matrimonio, el respeto y la paz que no tiene en Dublín.
Sin embargo, como realmente conocemos a Eveline es a través de su propia voz
(que aparece fusionada con la del narrador) recordando su pasado, sopesando los
pros y contras de sus opciones. Y es así como descubrimos que está paralizada por
85
etc
Se hace patente ya, claramente, la parálisis, la incapacidad de reacción ante algo que
le sobrepasa, a lo que tiene miedo, uno de los elementos clave en la estructura de
Dublineses en general.
La parálisis acaba percibiéndose, así, como la imposibilidad de escapar de una vida
determinada por condiciones ajenas a los propios personajes, como una especie de
determinismo insalvable.
Ahí están, por tanto, las dos historias, entrelazadas, atravesándose la una a la otra.
Dos historias soterradas que plantean no la diatriba del personaje de ir o quedarse,
sino las dudas que genera sobre cómo murió el hermano, o qué fue realmente lo que
hizo enloquecer a la madre. Esas otras historias que Joyce no cuenta, que no desarro-
lla, esas historias soterradas que solo apunta para abrir el relato a una representación
real de la vida, porque en la vida todo es así, todo tiene siempre una segunda, o una
tercera, o una cuarta historia que no conocemos, que nunca conoceremos, que tene-
dirigida” que debe ser, que tiene que ser), y que, solo cuando la hayamos construido,
nos dará la visión completa del cuento o, lo que es lo mismo, de la vida.
Nota bene.- -
quería un castellano más puro, más académico. Hoy me he reconciliado con esa edición, y es la que he manejado
para este artículo, porque estoy seguro de que Cabrera-Infante mejoró cualquier traducción más analógica, más
exacta, pero seguramente menos literaria, menos humana.
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etc
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etc
que las hermanas Morkan celebraban todos los años por Navidad. Probablemente
no recordaría la fecha si no fuera porque ese mismo día vi por primera vez a Greta.
Ella sería mi amor platónico, un amor literario que ha permanecido hasta hoy en la
memoria. Joyce y yo éramos dos fantasmas en aquella reunión, pero mientras su
presencia se plasmaba en cada gesto y en cada palabra de los invitados, yo pasaba
inadvertido. Nadie notó que los observaba sin perder detalle. Me había convertido en
el espía anónimo, el lector invisible capaz de penetrar en la intimidad de cada uno
de los presentes hasta desvelar incluso sus pensamientos. Iba a decir que Joyce no
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etc
centró la atención del resto de los invitados porque era el encargado de dar el discur-
so de todos los años. No me cayó mal, al contrario. He de reconocer que era culto,
afable, divertido. Enseguida descubrí que guardaba con él cierta complicidad, sobre
todo cuando dijo que la literatura estaba muy por encima de los trajines políticos. No
sólo coincidíamos en la manera de entender la vida sino también en los gustos per-
La hospitalidad era una de ellas, esa tradición tan irlandesa. Y también a los dos nos
gustaba sentarnos en un banco del parque y mirar las musarañas. Las musarañas
poseen cuerpo y alma, tienen sentimientos, aunque no todo el mundo lo percibe. Des-
pués Gabriel pronunció el discurso y dijo algo que me quedó grabado, quizá porque
sus palabras las considero aplicables al día de hoy: Vivimos en tiempos escépticos, y
si se me permite la frase, en una era acuciada por las ideas, y a veces me temo que
esta nueva generación, educada o hipereducada como es, carecerá de aquellas cua-
lidades de humanidad, de hospitalidad, de generoso humor que pertenecen a otros
tiempos. Como pensaba Gabriel, yo también escucho de fondo una música acuciada
por las ideas que no acabo de comprender. Me resulta lejana y fría. No sé, quizá me
estoy haciendo mayor.
Hubo un momento aquella noche en que Gabriel se quedó en la oscuridad del zaguán
mirando hacia la escalera. Los demás habían salido fuera a despedir a los invitados
que abandonaban la casa. Gabriel levantó la vista y distinguió la sombra de una mujer
parada en las sombras del primer descanso. No podía ver su cara, pero sí parte de
su vestido. Estaba apoyada en la baranda, oyendo algo. Era su mujer. Le sorprendió
su inmovilidad y aguzó el oído para escuchar él también. No consiguió oír más que el
ruido de las risas y las voces del portal, unos pocos acordes del piano y las notas de
una canción cantada por un hombre. La belleza de su mujer lo estremeció, como si
él, al igual que yo, tampoco la hubiera visto nunca antes de aquella noche. Entonces
pensó que si fuera pintor la pintaría en esa misma posición. Yo estaba al lado de Ga-
briel, la observé en su deslumbrante quietud, con aire melancólico, abstraída, como si
no deseara interrumpir aquel instante milagroso. La melodía se llamaba La joven de
Aughrim, lo sé, la he cantado muchas veces.
Próspero Año Nuevo, señor, dijo el cochero que nos llevó hasta el hotel donde Gabriel
y Greta habían decidido pasar la noche. Yo iba con ellos, era el tercero en discordia.
El conserje nos condujo a lo largo del pasillo y abrió la puerta. Gabriel le dio una pro-
pina. Allí estaban conmigo sin que ellos lo supieran. Una habitación de matrimonio
para tres. Fue entonces cuando Gabriel preguntó qué le pasaba. La notaba triste,
ausente. Ella respondió que se sentía cansada, pero su expresión delataba que había
algo más. De pronto, Greta sufrió un ataque de llanto y confesó que era la canción. La
joven de Augrhrin le recordaba a una persona que conoció hacía tiempo. Un joven que
cantaba esa canción. Era tan delicado, dijo absorta en lo que solo ella veía. Gabriel
preguntó celoso si había estado enamorada de él y antes de que respondiera quiso
saber detalles. Ella simplemente contestó que salían juntos a pasear. En ese instante
se desvanecieron las sombras y vislumbré a Greta y a mí paseando juntos por la orilla
del río Liffey hasta la desembocadura en el mar de Irlanda. Los dos mirando en silen-
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cio más allá del horizonte. Yo era el joven que estaba enamorado de ella, el que canta-
ba la canción, el que se encontraba enfermo y pasó una noche de invierno en el jardín
que había delante de su puerta, al lado de un árbol. Ella imploró que volviera a casa,
dijo que iba a morir con tanta lluvia. Pero yo respondí que no quería seguir viviendo.
Murió una semana después por mi culpa, eso dijo ella. Al oír sus palabras, Gabriel se
arrepintió del tiempo perdido. Pensó que era mejor pasar audaz al otro mundo en el
apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.
Yo soy el fantasma de Michael Furey. El joven que estaba enamorado platónicamente
de Greta. El mismo que ahora vuelve al cuarto de un hotel en Dublín para estar con
ella, juntos de nuevo. Y acompañarla en el sueño mientras veo caer la nieve a través
que está de pie al lado de un árbol, inmóvil como una estatua. Cierro los ojos y veo
caer la nieve sobre los escenarios y los personajes que han colmado mi vida desde
tristeza, la pasión y el dolor, el sueño y la esperanza, sobre todos los vivos y sobre los
muertos.
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PABLO INGBERG
Retrato del artista en ciernes o la novela de
convertirse en escritor
cual eso se inscribe, al amigo que lo invita a unirse a los nacionalistas le contesta con
tratar de volar de esas redes”14. Con todo, en parte el personaje Stephen y claramente
el autor Joyce saben que, por más que pongan la mira en el mito romántico del artista
como héroe solitario, son también producto de esas redes en las que nacieron y se
formaron. La línea divisoria pasa por la perspectiva: en vez de un arte que, para dife-
renciarse del invasor, volviera los ojos hacia el pasado local, el joven Joyce apuntaba
a un arte con los ojos abiertos al continente europeo.
Aquella constante dialéctica de pertenencia y rechazo eclosiona en frecuentes to-
ques irónicos, que contrabalancean el engreimiento con que el muchachito se hace
14 Joyce, James, Retrato del artista adolescente, prólogo, traducción y notas de Pablo Ingberg, Barcelona, Losada, 2012,
p. 240. La base de este artículo proviene de fragmentos del prólogo a ese libro.
93
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valer para diferenciarse y abrirse su propio camino. En una discusión con otro amigo,
dices no creer”15. Tampoco está exenta de ironía la pomposidad con que en el clímax
-
tras observa a una chica en la playa. Ni el protagonista ni la novela misma procuran
ganarse simpatías fáciles: su método tiende a la confrontación, sobre todo a medida
que avanza la adolescencia, y por ende muy a propósito de esa edad; pero la ironía
está siempre a mano para sugerir que ni siquiera las cosas serias deben tomarse con
seriedad monolítica.
El punto de partida de la madurez literaria de James Joyce fue un cuento-ensayo
revista a punto de iniciarse. A sugerencia de su hermano Stanislaus, lo tituló Retrato
del artista16. Casi un mes antes de cumplir veintidós años había descubierto, sostie-
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afuera.
Retrato narra la gestación de un alma20. Muy a propósito, en el primer capítulo, el de
la embrionaria niñez, abundan líquidos y humedades. En cierto punto, podría decirse
que el niño Stephen renace de, o se rebautiza en, una inmersión forzosa en la zanja
de aguas servidas, que lo lleva a un sueño febril convaleciente: del barro excrementi-
cio del mundo al vuelo celeste de la imaginación. Las escenas se conectan no por se-
cuencia temporal sino por asociaciones sensoriales o elementales. El niño va tratando
de captar las diferencias entre su padre y su madre, entre su familia y otra familia, entre
sí mismo y los demás, en general a través del lenguaje. Conversaciones y discusiones
entre mayores lo introducen en la política. En el segundo capítulo, la pubertad, junto
con los intentos de intelectualizar las propias experiencias, de entender el entorno con
auxilio de las lecturas y de escribir los primeros versos, surgen los impulsos sexuales
desconocidos e incontrolables. Sigue, en el capítulo tercero, una retracción hacia el
mundo interior en la forma del retiro religioso. Si el segundo capítulo terminaba con el
beso de lengua de una prostituta, el tercero terminará, tras la confesión de aquel peca-
do, con la hostia en la lengua: a través de esta simetría, entran dialécticamente en el
cuerpo del joven –en ambos casos por la boca, de donde saldrán las palabras del ar-
tista, y hacia la lengua, con la que habla y en la que habla– primero el cuerpo carnal de
mediante el recurso simbólico a un mito pagano: una salida por arriba del laberinto de
las redes eclesiásticas donde, entre tantas otras cuestiones, placer carnal y elevación
espiritual no resultaban compatibles. En el quinto y último capítulo, el más largo de
todos, el alma, ya desarrollada, elabora el camino que se le abre en el arte, la nece-
-
plejidad y abstracción a medida que avanza la novela. En los últimos dos capítulos,
las cuestiones corporales se minimizan para mostrar el predominio de la mente21. La
Turpin héroe” comienza en primera persona y termina en tercera. Retrato, en
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etc
No hay nada casual o accidental en esta novela: cada elemento desempeña un papel
en el diseño del conjunto. El propio personaje Stephen lo indica a su manera al formu-
y parte en cualquier todo estético o entre un todo estético y su parte o partes o entre
cualquier parte y el todo estético del que es parte”22. Las correspondencias internas se
resaltan a menudo por la recurrencia de imágenes o de palabras, o de palabras e imá-
genes ligadas entre sí. El mecanismo de salto de una escena a otra por asociación de
imágenes-palabras se asemeja a veces, un poco avant la lettre, al del montaje cine-
partir de eso una bellísima imagen totalmente a propósito de lo que él venía pensando
y del progreso de la narración. Se podría dar ejemplos similares en abundancia. Por-
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RAMÓN SOTO
Apiadémonos del héroe
Retrato del artista adolescente como mecanismo de legitimación dentro del cam-
po artístico (o como casi cualquier novela es la novela de uno mismo)
Si, como señala Borges, es cada escritor quien crea a sus precursores, el reconoci-
miento de la deuda contraída con la primera novela de Joyce por parte de una plétora
-
nario artístico moderno como su condición de hito literario del siglo anterior (no sé si el
venidero ha encontrado ya su propio relato). Y es que el Retrato obligaría a repensar
la tradición de las Künstlerromane
útil. Las aguas habían
saltado por encima de sus barreras” se advierten ecos de la inundación que ocurre la
noche anterior al suicidio de Werther, así como se hace difícil no pensar en Novalis
24 Todas las citas del Retrato están tomadas de la traducción de Dámaso Alonso.
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Pero la hipótesis del párrafo anterior se puede aplicar a la propia materia narrativa del
Retrato del artista adolescente. Se vería entonces cómo la conciencia del agotamiento
-
zaba por aquella callejuela entre montones de lenguaje muerto”), el cuestionamiento
-
-
Laocoonte -
ratura lírica cuando el artista se demora y repasa sobre sí mismo como centro de un
por la borda”, vástago que a los dieciséis años, poco antes de confesarse, considera
las leyes están cambiadas”. Así que años más tarde, siendo ya estudiante del Trinity
99
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por lo visto he fracasado. Es muy difícil”) no sin antes haber sustituido el objeto de sus
creación, permanece dentro, o detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundi-
do, evaporado de la existencia…”, sólo que ahora lo invisible se ha vuelto visible. La
existencia de la transgresión refuerza, paradójicamente, la ley que pretendía transgre-
dir. Hay que seguir creyendo.
Este cambio de la veneración a Dios por el culto a la personalidad del artista supone
una fetichización del creador que se incardina en la génesis misma de la modernidad
literaria, como acertó a concluir Pierre Bourdieu en Las reglas del arte -
to, pero el creador increado ha ocupado su sitio. El mismo que proclama la muerte de
Dios se apodera de todas sus propiedades”.
Ya que resulta complicadísimo restituir el símbolo religioso en un mundo que ha co-
menzado a abolir cualquier jerarquía de los signos, el modo que tuvo la literatura de
a nadie, volverse un dominio autónomo y reivindicar ese autotelismo. Por eso Stephen
éticas
que estamos usando lo están siendo con arreglo a la tradición literaria o según el uso
común de la vida”. Reconocerse como portador de la llama de la tradición, la posición
que quiere ocupar todo recién llegado a un campo cultural. El artista como ser supe-
rior, la obra de arte como una misión heroica.
Porque ese fue el título de la primera versión del Retrato, Stephen el Héroe. Dos pa-
labras que recopilan los valores que el artista quiere apropiarse, religiosos y épicos.
salvada de las llamas (la cuña romántica no descansa). Para poder ser narrada, la
vida del artista ha de fagocitar los rasgos heroicos que le convengan, ya sean éstos
lo que no creo, llámese hoy patria o religión”. Este non serviam tiene más de llamada
al sacerdocio literario que de liberación.
25 “La belleza te cubra de luz y Dios te guarde”, escribía para darle ánimos a Juan Ramón Jiménez, en 1900, Rubén Darío.
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-
permeable al discernimiento, nos priva en el Retrato de ser testigos de la frustración
posterior de buena parte de los protagonistas de novelas de artista al constatar que la
realización del ideal no se aviene a los designios de la realidad (de la trágica desola-
Las cerezas del
cementerio, novelas ambas anteriores al Retrato
dio paso al de los héroes, que dio paso al de los humanos, Joyce escribirá unos años
más tarde el ciclón Ulises, que barrerá todo atisbo de tragedia al tomarse en serio el
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etc
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LUIS CHITARRONI
Joyceana
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hueste que a la carga contra la tierra va…” en una antología que estaba armando. Y
tal anécdota suele inaugurar o instaurar (y cancelar para los lectores en otra lengua)
el virtuosismo técnico y la gloria lírica de James Joyce como poeta.
Joyce canta los temas que no necesitan explicación ni complejidad para resultar atrac-
tivos. Cuando escribe poesía, cuando canta, no quiere forzar las metáforas ni violentar
sesgar la rima. Si no supiéramos que esta soberbia modestia le pertenece tanto como
los trabajos y el día único de Leopold Bloom, podríamos considerar a él y al otro,
identidades separadas, sobre todo por celos adversos cuando se trata de componer
obras maestras. Ulises y Música de cámara son capolavori distintivas. Cada una tiene
su proporción y su propósito, su ceñimiento y su blandura, la previsión exacta de ca-
dencias que al cabo del tempo
su recóndita armonía.
Ya se ha dicho todo, pero como nadie escucha, meditó Gide, es necesario decirlo más
de una vez. Que el escritor vertiginoso de la vertiginosa novela Ulysses (un argumento
sencillísimo, una trama banal, un estilo por capítulo) fuera en el poema un enemigo o
un detractor de la modernidad resultaba paradójico; que además fuera un buen poeta
resulta, hasta el día de hoy, incomprensible. Incluso esa sencillez conceptual del Ulys-
ses, la que recalca Borges —el laberinto y la cumbre que es el día mismo—, aproxima
de manera innegable el propósito y la proporción de Joyce. El poema breve y la no-
vela larga comparten, deben compartir, si la obra es todo, atados a la singladura y la
bitácora, pero ajenos a las dimensiones, la alternancia de simetrías y asimetrías, las
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tas: el de los poemas cortos y semilargos (The Convergence of the Twain), el de Los
dinastas…
-
so es monótono y limitado en sentimiento y en forma, y es cierto,” dice John Sparrow,
Shropshire Lad” (poema casi me-
doscientas páginas. Se veía en la poesía de las primeras décadas del veinte —la
que Pound ataca en Revolt Against the Crepuscular Spirit of Modern Poetry, pero no
sin haber leído The Name and Nature of Poetry, de A. E. Housman—, un prodigio de
economía.
Joyce no cultiva ese ascetismo hedónico poundiano, sino otro. Sigue cerca de Hous-
-
teo etc) es útil pregunto/ este…”). O adoptar el tema de la canción como si se tratara
de una esquela de abreviadas impaciencias que debe ser salvada.
Por lo demás, el tema de la parodia, cuando se trata de Joyce —y de Joyce poeta—
tiene una proyección, y hasta una recursividad incontenible (que, aunque es casi ex-
tenuante, la traducción/edición de Ingberg sabe tratar), ya que se liga, por decirlo de
alguna manera, a los dos proyectos de magnitud mayor —el Ulises y el Finnegans— y
alcanza un grado de ecolalia sin parangón. En un grado casi de séance espiritista, Jo-
yce parodia incluso aquello que no sabe que otros escritores van a parodiar en él (Tom
Stoppard, por ejemplo, mediante datos que extrae de la biografía de Richard Ellmann,
en Travesties).
/ con quijada de burro o humanoide: / Se embozala o la expele / al cesto de papeles /
En el senado al rebuznar burroide”.
Ravel o de Joyce, en pos de una forma en fuga inigualada. Cuando Ravel se obliga
a Roussel o a Chabrier, da un paso al costado. Son maneras de época del que sabe
cómo hacerlo. Ravel sabe cómo se arman, cómo se pueden hacer, cómo se deben
imitar, cómo se pueden recrear estas formas antes de que el manierismo las dilapi-
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etc
Quien en el siglo veinte mejor lo supo elevó la parodia al nivel de la acrobacia metafí-
sica, borrando la tentativa misma: Pessoa. Joyce lo hace con una serena parsimonia,
sin paganismo. Una parsimonia ajena por completo a la tragedia de su propia vida,
algo que parece entronizar de una manera distinta el epigrama wildeano de dejar el
conjunto; no podemos rechazar las obras iniciales como etapas, sin ningún interés in-
/ Dame, Señor, coraje y alegría / para escalar la cumbre de este día”. Insisto: el esque-
ma conceptual de la novela de Molly y Poldy, del que Borges se apropia para forjar el
último verso, acerca de manera innegable el propósito y la proporción de cada poema
a la impresionante ejecución del Ulises.
La broma minúscula, el pequeño desliz, la canción ridícula, el ritornello, la tachadura,
la errata se ajustan también a un trabajo que le llevó toda la vida, y que cambia sólo
Giacomo Joyce
a las libretas a ciegas del Finnegans Wake. Con a veces una sola palabra por página
o un garabato, muestra del culto fetichista que adquieren las celebridades culturales,
pero que no dejan de solicitar, dada la peculiaridad joyceana y su grafomanía, grados
crecientes de interés y curiosidad.
En ese aspecto, estos poemas compilados y traducidos por Pablo Ingberg son un
aporte único a la obra de Joyce menos difícil de valorar en el aspecto estético con-
que el pesar pesara / Y junto a ella un rato a descansar”. En el Ciclo de Música de cá-
mara, Joyce maneja esos valores diarios de la poesía que ha interiorizado sin clamor
la dulzura romántica. Pablo Ingberg debe dejar de lado ciertos esquemas y principios
poéticos propios para avanzar en esas direcciones a quien guiaba el gusto de Joyce
por la canción, ajustarse dócilmente a la rima, renunciar a la palabra de su gusto por
aquella que puede opacarse mejor. En otros aspectos se puede apreciar cierta ironía
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etc
escéptica que le permitió a Joyce atravesar los primeros tramos del siglo veinte como
Nietzsche, con mucho genio de pensamiento y un gusto indeclinable por la ópera. En
realidad, pensar que la relación de Joyce con la música es meramente anecdótica, y
no un esfuerzo de tensión que le llevó la vida, es sin duda la que lo acerca a Nietzs-
che. Si uno se adecuara a la tentación de genio, la música no solo motiva la muerte y
Dublineses, sino que corre hasta el
scherzo mejor iluminados del Finnegans. Por otro lado, en térmi-
y también —¿por qué no?— por el conocimiento como forma del exhibicionismo. Y un
gusto callejero nada rancio por oír a quien camina por las calles de una ciudad ruidosa
silbando un aria de Carmen o, muy tarde, y ya en un callejón sin salida, tararea, cuan-
Nessun Dorma”.
El trabajo de una traducción así es muchísimo, y con un riego de honor multiplicado,
en la medida en que en el caso del Ulises o el Finnegans a menudo alcanza ésta la
sobrevaloración y en los poemas, au contraire, a menudo quede o pase inadvertido.
Los poemas no reclaman una estrategia que el autor copia del autor directamente, y
el sentido justo a estos poemas en la mayoría de los casos hay que restar dos o tres
simulacros de brillo, vulnerar nuestra siempre insatisfecha vanidad, contar las sílabas,
restablecer sus complicidades idiomáticas, asomarse al espectáculo de reserva y be-
lleza que cada uno de estos pasos merece. Pablo Ingberg lo hace con una delicadeza
de liturgia.
Joyceana
LUIS CHITARRONI
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etc
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etc
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etc
medios periodísticos podría arrojar luz y hacer acallar lo que, en ocasiones, son dispu-
tas estériles y, en otras, aseveraciones dogmáticas sin más fundamento que la mera
frivolidad —cuando no la ignorancia— y realizadas ex nihilo. Un repaso sosegado de
algunas publicaciones de esa época puede deparar algunas sorpresas agradables y
sorprendentes para el estudioso de la literatura inglesa y, en particular, para los admi-
radores de Joyce. Somos conscientes de la dedicación y paciencia que tal menester
precisa en nuestra sociedad vertiginosa y globalizada pero los hallazgos, quizás por
eso, sean más reveladores, más genuinos si cabe.
El binomio traductor/traducción casi siempre estuvo y está rodeado de polémica por
variadas razones, y son buena fuente que surte a estudiosos, críticos y profesores,
entre otros, que andan en busca de algún motivo para escribir.
Geoffrey Chaucer, un escritor no excesivamente preocupado por la trascendencia de
Troilus and Criseyde expresaba el temor que alber-
And for ther is so gret diversiteIn Englissh and in writyng of oure tonge,
So prey I God that non myswrite the, (Miscopy)
Ne the mysmetre for defaute of tonge. (Get the metre wrong; mistake in the dialect)
110
etc
una cuestión económica. En el fondo de la mayor parte de los fenómenos literarios hay también
un sedimento económico.26
Al parecer, ésa era la tónica en la España de 1901. Curiosamente, casi treinta años
después, Juan Domingo Pastor en La Gaceta Literaria continúa el debate en térmi-
nos parecidos, aunque al principio contradiga a Gómez de Baquero, citado ante-
problema de las traducciones”, y ahí se nos ofrece un diagnóstico certero. Éstas son
sus palabras:
111
etc
originó en una voluntad de traducción. Pero en siglos posteriores dicha voluntad se agotó. No se
En España, para poder formar un espíritu de integración es necesario un espíritu crítico de las lit-
eraturas modernas. Las literaturas francesa, italiana, inglesa, alemana, son arcanos y misterios.
Gide, Driux, La Rochelle, Reverdi, Breton, Soupalt, son sólo vacías palabras. Lo novísimo italiano
nos es desconocido. Las literaturas inglesa —Bennet, Chesterton, Conrad, Joice (sic)— y alemana —
27
En nota a pie de página exceptúa a Pedro Salinas y Ricardo Baeza que traducen a
Proust y a Wilde respectivamente. Sin embargo, olvida la traducción de Alfonso Donado
(seudónimo de Dámaso Alonso) del A Portrait of the Artist as a Young Man (Retrato
del artista) de Joyce, publicado en Madrid en 1926 y la de Juan Ramón Jiménez y
Zenobia Camprubí de Riders to the Sea (Jinetes hacia el mar) de J. M. Synge, pub-
licado también en Madrid en 1920, por no mencionar a William Butler Yeats, A. E.,
William Blake, Robert Browning, Emily Dickinson, and Robert Frost, quienes, según
de que Juan Ramón Jiménez fue el escritor español que estuvo más en contacto con
escritores ingleses y norteamericanos de su época .
Las apreciaciones anteriores del autor relativas al desconocimiento lingüístico de al-
112
etc
¿Y tan mal —se preguntará— ha traducido a Shakespeare...? Tan mal, aseguramos nosotros,
que no ha vertido bien un sólo verso. Pero hay más, y doblemente grave, que no se hizo hasta
ahora; y es que el traductor ha suprimido del original personajes, escenas enteras, y párrafos
completos, y añadido lo que le ha venido en gana. Una profanación como jamás se llevó a cabo.”
No vais a leer una adaptación, ni una interpretación, sino una traducción, y traducción literal.
He puesto con el mayor cuidado, con la más fervorosa admiración y la más escrupulosa rev-
erencia al prodigioso verso inglés en prosa castellana, precisamente por conservar lo más
exactamente posible la forma y el ritmo peculiares a la obra original.
No podía esto acabar de otro modo. Martínez Sierra, que como autor dramático nos hizo recordar
con todo lujo de detalles La casa de muñecas, de Ibsen, en Mamá; que en diferentes ocasiones
fue acusado de plagiario, era natural que plagiario se mostrara también como traductor. Y un
plagio tremendo del primer volúmen de las Obras completas de Shakespeare (Traducción de R.
17)
También una reacción airada, aunque por diferentes motivos, se produce por parte de la
redacción de la revista gallega Nós en 1927. El motivo es que La Gaceta Literaria (1-11-
1927) de Madrid publica una breve introducción a Joyce acompañando a una traducción
de algunos textos de Ulysses
que, según la balanza empieza a inclinarse hacia el bando aliado durante la Segunda
Guerra Mundial, se produce en los diversos periódicos y revistas españolas una pro-
gresiva divulgación de autores ingleses y norteamericanos. No obstante, y admitiendo
ese incremento de reseñas y artículos sobre las literaturas inglesas inglesa y norteam-
ericanas, no es menos cierto que ya con anterioridad, si hemos de creer al dramaturgo
30 Nós, nº 47, 15 de Santos de 1927, p. 16.
113
etc
publicado en El Sol
A tono con los apremios y preferencias del público, nuestras empresas de teatro amplían y di-
-
po, lo norteamericano, lo inglés, intermitentes balbuceos rusos, y hoy, por lo menos en la escena
sus palabras:
El teatro inglés contemporáneo no es desconocido en España. En traducciones y arreglos, más
o menos felices, se han representado en nuestros escenarios obras de Pinero, de Oscar Wilde,
de Barrie, de Bernard Shaw y de Synge (Jinetes hacia el mar, en las representaciones del teatro
de la Escuela Nueva).
Como se observa, todo parece indicar que es a partir de la Primera Guerra Mundial,
fundamentalmente, cuando comienza a existir un interés por conocer esos nuevos
autores y, por consiguiente, se publican traducciones, ensayos y reseñas sobre
ellos. Es dentro de este contexto donde debemos situar la entrada de las obras de
Joyce en España. Para hacernos una composición de lugar sobre la verdadera im-
portancia concedida a Joyce en nuestro país, baste indicar que de los ocho escri-
tores irlandeses traducidos, según el catálogo de la Biblioteca Nacional en Madrid,
hasta 1970 Joyce es el único que aparece con cinco obras traducidas al español
(Retrato del artista adolescente, 1926; Desterrados Gente de Dublín, 1942;
31
Giacomo Joyce, 1970; Poemas. Manzanas, 1970.) Como fácilmente se obser-
vará, estamos omitiendo los numerosos artículos de diversa índole y traducciones
que se llevaron a cabo en España en sus distintas lenguas, castellano, gallego y
catalán, que demuestran que la obre de Joyce llegó pronto a nuestro país y como
114
etc
Con toda probabilidad el éxito en este trasvase se debe al hecho de que algunos
de sus traductores fueron escritores de reconocido prestigio como es el caso de
Dámaso Alonso y posteriormente Cabrera Infante, o el de Otero Pedrayo en gal-
lego. Tampoco debemos olvidar las reacciones, favorables unas y no tan amistosas
otras, de otros escritores españoles que aparecieron publicadas en diversos medios
y nos referimos a autores tales como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado,
Ballester, entre otros33. Todos ellos contribuyeron, cada uno a su modo, a que la
obra de Joyce se difundiese y, en ocasiones, fuese asimilada por parte de algunos
escritores españoles. En otro lugar han aparecido diversos estudios analizando las
distintas dimensiones de ese enorme proceso transcultural y no vamos a insistir en
ello ahora. Simplemente, para terminar, parece conveniente subrayar el diferente
matiz que el interés por Joyce y su obra despierta en nuestro país en su origen.
Mientras que los fragmentos de Ulysses, y los diferentes artículos publicados en
33 Cf. F. García Tortosa, Joyce en España II. F. García Tortosa y Antonio R. de Toro Santos (eds.) A Coruña: Servicio de
Publicacións da Universidade da Coruña, 1997.
115
etc
116
etc
JOSEP MARCO
Gente de Dublín/Dublineses: hitos de un viaje
transatlántico
1. Dubliners
Joyce (1966/1906:134) fue muy explícito acerca del propósito que perseguía al escri-
bir Dubliners:
My intention was to write a chapter in the moral history of my country and I chose Dublin for the
scene because that city seemed to me the centre of paralysis. I have tried to present it to the
indifferent public under four of its aspects: childhood, adolescence, maturity and public life. The
stories are arranged in this order. I have written it for the most part in a style of scrupulous mean-
ness and with the conviction that he is a very bold man who dares to alter in the presentment, still
more to deform, whatever he has seen and heard.
117
etc
vii. Estos elementos eran bastante disuasorios para los editores. Aun así, la obra se
2. Dubliners en español
Las primeras traducciones parciales de Dubliners al español las encontramos en los
años 30. Galván (1993) menciona tres cuentos traducidos y publicados en la revista
Hoy
Dubliners que apareció en Tartessos se publicó poco después de que Janés hubiese
publicado Los muertos (Grano de Arena, 1941), la primera versión en español del re-
lato que cierra el libro de Joyce.
En cuanto a la identidad del autor/de la autora de la traducción, I. Abelló, los estudio-
sos han barajado varias posibilidades. Beattie (2001: 21) la atribuye a Ignasi Abelló.
34 Agradezco al escritor y traductor argentino Pablo Ingberg que pusiera en mi conocimiento la existencia de esta traducción.
35 Agradezco al poeta, traductor y profesor mexicano Mario Murgia que me informara de la existencia de esta traducción.
118
etc
nombre es interpretada como una J por Izquierdo (2009: 632), en la entrada corres-
pondiente a Joyce del Diccionario histórico de la traducción en España (Lafarga y
Pegenaute, 2009) y como una L por García Tortosa (1994: 20). No obstante, ninguno
de los autores mencionados sigue el rastro de este hipotético Ignacio/Ignasi (o J., o
L.) Abelló, y tampoco las búsquedas en internet permiten encontrar otras traducciones
-
ponde a Isabel Abelló i Soler, como declara sin ningún género de dudas Mengual
(2013). Abelló nació en Tarragona en 1917, era hija de un ingeniero naval y pasó parte
de su infancia en Inglaterra, adonde se trasladó la familia por motivos de trabajo del
padre. Conocía bien, ya a los veinte años y según testimonio de Solà (2014), la lengua
y la literatura inglesas, lo cual le dio una cierta ascendencia sobre el grupo de jóvenes
intelectuales a los que frecuentó desde su ingreso en la Universidad de Barcelona, en
1935, para estudiar Filosofía y Letras. Tradujo, para la editorial Yunque (fundada por
otro falangista, Juan Ramón Masoliver), la poesía de Robert Burns (1940), juntamente
con su marido, Tomàs Lamarca, y bajo el nombre de Isabel Abelló36; también para Tar-
El secreto del padre Brown
del mismo autor, La incredulidad del Padre Brown (editorial Lauro, 1946). Es curioso
que estas tres traducciones lleven el nombre de pila completo —seguido del apellido
Abelló a secas antes de su matrimonio y con el añadido del de su marido una vez
casada— y que, en cambio, Gente de Dublín solo lleve la inicial. Isabel Abelló, con
quien he podido contactar y mantener una entrevista a pesar de su avanzada edad
o una cena que se describe en el libro, que no le gustó demasiado”37. En cambio, sí re-
cuerda perfectamente que fue ella también la autora de la traducción del último cuento
de Dublineses, Los muertos, que se publicó en Grano de Arena en 1941.
La traducción de Abelló contiene todos los relatos del original, pero muestra la peculia-
, que en las traducciones al español suele o bien llevar
36 Sin embargo, Llanas afirma (2007: 44) que, según testimonio de la propia Isabel Abelló durante una conversación telefó-
nica mantenida en 2006, ella fue la única traductora de los poemas de Burns para la colección Poesía en la mano.
37 Quiero dar las gracias públicamente a la profesora Pilar Godayol y al profesor Manel Llanas, ambos de la Universitat
de Vic, por facilitarme los datos de contacto de Isabel Abelló. En primera instancia, Teresa Lamarca Abelló, hija de Isabel, res-
pondió a mis preguntas por correo electrónico tras trasladárselas a su madre. Luego, el 3 de marzo de 2018, mantuve una larga
conversación con Isabel Abelló en su casa de Barcelona. Quiero mostrar públicamente mi agradecimiento tanto a la madre como
a la hija.
119
etc
el mismo título que en inglés o bien traducirse como Arabia”, aquí aparece bajo el
curioso epígrafe de Una narración de James Joyce”.
2.2. Luis Alberto Sánchez: Dublineses (Santiago de Chile: Ercilla, 1945)
Tres años más tarde, en 1945, se publicó en Santiago de Chile, en la editorial Ercilla,
la segunda traducción al español de Dubliners, esta vez bajo el título de Dublineses
y de la mano del peruano Luis Alberto Sánchez. Sánchez (Lima 1900-Lima 1994) fue
un destacado escritor, profesor y político que se interesó vivamente por la literatura
peruana en el marco de su preocupación más general por la sociedad de su país.
-
da, si bien Sánchez tradujo más de cuarenta títulos, entre los que este autor destaca
precisamente Dublineses, un conjunto de conferencias de André Maurois (Aspectos
de la biografía, 1935), Historias del buen Dios, de Rilke (1935), La esperanza, de
La traducción de Luis Alberto Sánchez está incompleta, puesto que le faltan el antepe-
y Grace”.
2.3. Óscar Muslera: Gente de Dublín (Buenos Aires: Compañía General Fabril Editora,
1961)
La siguiente traducción es la de Óscar Muslera, publicada en Buenos Aires en 1961
dentro de la colección Libros del Mirasol, de Compañía General Fabril Editora. Esta
editorial está íntimamente ligada a la trayectoria de Jacobo Muchnik (Buenos Aires,
1907-Madrid, 1995), quien en 1955 fundó su propia editorial, Jacobo Muchnik Editor,
con su labor como editor junto con su hijo, Mario Muchnik. La Fabril está rodeada de
una aureola mítica tanto por la cantidad como por la calidad de los libros que publicó.
-
120
etc
puede ya constatarse a partir de los libros relacionados con este que albergaba su
biblioteca: 46 en total, según Souza (1996: 99), entre obras de y sobre Joyce. Pero es
el mismo autor y traductor cubano quien nos da las claves de la atracción al poner en
relación el uso del lenguaje que hacen tanto Joyce como él mismo
nacional subalterna; es decir, con la pertenencia a un país que ha conocido un pasado
de dominación colonial y que ha desarrollado, como reacción, una actitud irrespetuosa
y provocativa hacia la autoridad. Tras advertir que en Dubliners Joyce no cultiva aún
el juego verbal que preside su gran novela, Ulysses
Ahora que se habla de posibles traducciones, tengo que decir que todo el original de Joyce está
informado y formado por la desfachatez irlandesa tanto como la traducción recurre con abundan-
cia a los cubanismos y al habla de los habaneros, ambos dialectos usan y abusan de la falta de
respeto con todo y para todos, la constante burla y la parodia creativa. Es así que se puede leer
diario de la política y las preocupaciones inmediatas de los “sargentos políticos” con las con-
en una de sus películas menos favorecidas por la crítica, El último hurra. Que es lo que es este
cuento, en que lo folclórico es un elemento de la concepción del mundo que tienen irlandeses y
cubanos ante un idioma imperial. Odi et amo.
práctica traductora, la suya propia, que se restringe a esta obra, pues Cabrera Infante
no volvió a ejercer la traducción tras Dublineses.
121
etc
González, Franco y la extinta UCD (Unión de Centro Democrático); pero también hizo
incursiones en el campo de la historia, con ensayos dedicados al conde-duque de
como Pride and Prejudice, de Jane Austen; A Handful of Dust, de Evelyn Waugh; The
Rover, de Joseph Conrad; Bartleby, de Herman Melville; The Rime of the Ancient Ma-
riner, de S. T. Coleridge; o South from Granada, de Gerald Brenan.
Chamorro fue un eminente joyceano, como lo atestigua el hecho de que, además de
traducir Dubliners, revisara la traducción de Ulysses de Salas Subirat, publicada en
Dublineses, Chamorro pro-
122
etc
van acompañadas de copiosas notas del editor, tanto de carácter textual como históri-
co y cultural, y precedidas de un extenso estudio introductorio. Luego se ha reeditado
en formatos más populares, sin la capa añadida de erudición, en Alianza Editorial.
3. A modo de balance
Las traducciones de Cabrera Infante y Chamorro son las que han gozado de mayor
difusión, por lo que han sido objeto de comparación por parte de los estudiosos. Así,
No cabe duda de que ambas se acercan al original desde distintos presupuestos: la primera [se
Cabrera Infante, muestra casi una obsesión por conservar la cadencia y musicalidad de la prosa
de Joyce. A pesar de las diferencias en el acercamiento al texto, las dos traducciones alcanzan
-
dad esta disciplina.
Más allá del juicio de valor que le merecen a este experto en Joyce las traducciones,
lo que conviene subrayar son las prioridades de cada traductor: el sentido para Cha-
morro, la música de la prosa de Joyce para Cabrera Infante. Conde Parrilla (2010:
123
etc
esta variante no tiene equivalente español —las variantes dialectales de una lengua,
podríamos añadir, nunca tienen equivalentes en otra; por eso plantean problemas tan
serios de traducción—, los traductores hispanoamericanos han prestado mayor aten-
ción a este aspecto que los españoles, como lo demuestra el hecho de que la traduc-
ción de Dubliners de Chamorro use el español estándar, mientras que la de Cabrera
Infante recurre al español de Cuba como sustituto del inglés de Irlanda. Esta opción ha
sido criticada, por ejemplo, por Masoliver
de cubanismos oscurece el texto y el énfasis en lo local convierte la traducción en
algo exótico. En cambio, para otros, como ya se ha visto, la de Cabrera Infante es la
El diálogo entre las traducciones y retraducciones
de los clásicos nunca cesa, como se ve, y las de Dubliners no son una excepción.
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125
etc
126
etc
ANDRÉS ARENAS
El monólogo de Molly Bloom y las traducciones al
español
I
El acto de traducir no es ni más ni menos que verter lo que se dice en un idioma en otro.
El cómo hacerlo será una cuestión de gustos o de criterios. A simple vista uno puede
intentar ese traslado de la forma más literal posible con los peligros que ello comporta,
pues en muchos casos el resultado es un español bastante acartonado. Otra opción
nos enfrentaría a una tarea de recreación y de imaginación que supondría utilizar el
que algunos de sus libros tendrían ocupados a los críticos unos doscientos años ya
nos da idea de sus intenciones al escribir el Ulises, ya bastante críptico de por sí, pero
donde verdaderamente se cumple su pronóstico es en Finnegans Wake en el que ni
los críticos se ponen de acuerdo de qué trata y ni siquiera si es una novela.
De forma que los que han cometido la osadía de intentar verter al español el Ulises
merecen todo nuestro agradecimiento y aunque sólo sea uno quien ha completado
Finnegans Wake. Gloria pues a esos esforzados
que no se han amilanado ante el proverbio tantas veces repetido y no por ello tan
desalentador de traduttore traditore. Aquí nos ocuparemos de las cinco traducciones
de quienes han traducido el Ulises. Eso no se llevó a cabo en nuestra lengua hasta la
década de los años 40 del siglo pasado en que José Salas Subirats logra publicar su
versión. Este traductor argentino fue un autodidacta, corredor de seguros, empresario
en una fábrica de juguetes, autor de libros de autoayuda, y sobre todo poseedor de
una facilidad para los idiomas lo que le hizo culminar la tarea inmensa de terminar la
127
etc
primera versión al castellano del Ulises. Por todo ello nada tiene de extraño que Lucas
Petersen le haya hecho el protagonista de su biografía titulada El traductor del Ulises.
El gran mérito del trabajo de Salas Subirats radica en ser el primero, realizado en una
época en que los estudios joyceanos aún no se habían desarrollado demasiado. Su
traducción aparece sólo cuatro años después de la muerte de Joyce. En los fragmen-
tos escogidos puede comprobarse que en ocasiones sus versiones adolecen de cierto
Tendrán que pasar veintiún años, en 1976, hasta que se hizo la primera traducción
traducción que más se ha difundido en nuestro país, aunque como señala Eduardo
objeciones, sobre todo en el sentido de las libertades que se tomaba el poeta con el
texto de Joyce”. A su favor se puede decir que esta edición constaba de unas cuarenta
páginas de introducción que facilitaban la comprensión de la obra al lector.
La tercera traducción se llevó a cabo en España igualmente. Fue realizada por Fran-
-
ditado en numerosas ocasiones. El hecho de que sus autores sean especialistas en
una libertad que hace que su traslación se pueda considerar como polémica. La ver-
sión de Rolando Costa Picazo de diciembre de 2017 es la última que se ha realizado
hasta la fecha de hoy. En Costa se dan dos circunstancias que avalan su traducción:
es traductor y además es especialista en literatura inglesa y americana. Su trabajo in-
cluye una profusión de notas a pie de página que obligan al lector a detenerse con ex-
cesiva frecuencia. ¡Son más de 6000 notas! Lo cual hace pertinente el planteamiento
de cómo debe leerse el Ulises.
Ulises se-
ría zambullirse directamente en sus páginas, dejándose llevar por el poderío musical y
-
ranza de una gradual familiarización con la obra. Sólo para la relectura sería ya plena-
128
etc
cualquier lector ordinario. Se trata más bien de un objeto de estudio que en efecto ha
entretenido muchos años a los eruditos, pero ha alejado a cualquier posible lector de
Ulises
es necesario leerlo repetidas veces. No hay que esperar que en la primera lectura se
II
Bastaría con consultar cualquier manual de literatura inglesa para saber que el Ulises
es una novela ciertamente extensa que expone los acontecimientos de la vida de un
hombre en un solo día y en una misma ciudad, en este caso Dublín, patria del autor.
El Ulises de esta Odisea es el irlandés Leopold Bloom. En contraposición a la obra de
Homero, las hazañas del protagonista del Ulises apenas tienen ni acción ni argumen-
to. El día citado será exactamente el 16 de junio de 1904. Este mismo día, su mujer
aventuras amorosas.
no tardarían en chocar con las autoridades de Inglaterra y de Estados Unidos. Así ha-
brá que esperar hasta 1933 para que se pudiera leer sin problemas el Ulises, por cier-
to, con un fallo dictado por el juez Woolsey quien era hermanastro de Gamel Woolsey,
esposa de Gerald Brenan. En Inglaterra no aparece la primera edición hasta 1936.
Sobre el monólogo en sí hay que decir que se compone de ocho largos fragmentos en
los que no hay ni puntos ni comas, aunque sí hay una peque
129
etc
indica la separación de un párrafo con el siguiente. Bastaría con ver las innumerables
adaptaciones teatrales para comprender que Joyce pone en palabras lo que todos
nosotros hacemos dormidos. Sin duda la deuda que el irlandés tiene con Freud es
notable. Todo parece indicar que Joyce se inspiró en el estilo de Nora para escribir las
páginas dedicadas a Molly. Ésta es el personaje más complejo de los tres protagonis-
tas. Nacida en Gibraltar, su padre el mayor Tweedy, irlandés de quien ella se enorgu-
llece y de madre judeo-española, reúne en su persona ambas razas y religiones. Molly
reúne las complejidades de la madre naturaleza. Dura y tierna, amante y lejana, es por
sobre todas las cosas, la mujer que ama y desea ser amada, pero además necesita
Woolf, a quien le prepusieron editar el Ulises, escriba en sus diarios que el libro le
-
ses y estilos de los registros lingüísticos más variados, especialmente de la literatura
-
que recorren la mente de Molly. Fantasías por cierto que cabe preguntarse si son
genuinamente femeninas o tal como las imagina una mente masculina poniéndole voz
a una mujer.
III
-
nes”, que era como las denominaba Joyce, del monólogo. Tras el original inglés se
ofrece las diversas traducciones, sin comentario adicional alguno, para que el lector
del artículo pueda comprobar por sí mismo las distintas acepciones. La cronología
sigue el orden de la fecha de publicación. No olvidemos que en nuestro caso tres de
las traducciones se han hecho en Argentina y dos en España, con lo cual a los argen-
tinos les sonarán extrañas algunas de nuestras expresiones y a nosotros nos ocurrirá
lo mismo con las suyas.
130
etc
I lit the lamp yes because he must have come 3 or 4 times with that tremen-
dous big red brute of a thing he has I thought the vein or whatever the dickens
they call it was going to burst though his nose is not so big after I took off all my
full up he must have eaten a whole sheep after whats the idea making us like
that with a big hole in the middle of us like a Stallion driving it up into you be-
cause thats all they want out of you with that determined vicious look in his eye
I had to half shut my eyes still he hasn’t such a tremendous amount of spunk…
cuando encendí la lámpara sí porque él debió venir 3 o 4 veces con esa tre-
menda cosa grande roja y brutal que tiene yo creí que la vena o como demo-
nios se llame le iba a estallar aunque no tiene la nariz tan grande después que
me lo quité todo… no nunca en toda mi vida he notado ninguno que tuviera
una de ese tamaño para hacerla a una sentirse llena debía haberse comido
una oveja entera qué ocurrencia hacernos así con ese gran agujero en medio
de nosotras como un garañón metiéndotelo dentro porque eso es lo único que
quieren de una con esa mirada decidida y maligna en los ojos tuve que entor-
nar los ojos sin embargo no tiene una cantidad tan tremenda de esperma…
131
etc
ésa para hacerte sentir llena ha tenido que comerse un cordero entero después
a quién se le ocurrió hacernos así con un agujero grande en medio o como un
semental metiéndotela hasta dentro porque eso es todo lo que quieren de una
con esa mirada resuelta y perversa en los ojos que tuve que medio cerrar los
ojos aún así no tiene tanta cantidad de leche…
cuando encendí la lámpara porque él debe haber acabado 3 o 4 veces con esa
bruta cosa roja pensé que esa vena o como diablos se llame se le reventaría
aunque su nariz no es tan grande después que me quité toda la ropa… jamás
pensé que alguien pudiera tenerla de ese tamaño como para hacerte sentir
repleta debió haberse comido un capón entero después a quién se le ocurre
hacernos así con un gran agujero en el medio como un padrillo metiéndola bien
adentro porque eso es lo único que quieren de uno con esa mirada decidida y
viciosa en los ojos yo tuve que entrecerrar los míos y sin embargo no tenía una
cantidad tan tremenda de leche…
when I looked close in the handglass powdering a mirror never gives you the
expression besides scrooching down on me like that all the time with his big hip-
bones hes heavy too with his hairy chest for this heat always having to lie down
for them better for him put it into me from behind the way Mrs Mastianski told
me her husband make her like the dogs do it and stick out her tongue as far as
ever she could and he so quiet and mild with his tingating
132
etc
133
etc
más con su pecho peludo con este calor siempre tener que acostarme debajo
de él es mejor que me lo ponga por detrás como me decía Mrs Mastianski que
su marido que hacía como lo hacen los perros y ella sacaba la lengua todo lo
que podía y él tan tranquilo y suave con su salchicha como cítara...
they want everything in their mouth all the pleasure those men get out of wom-
an I can feel his mouth O Lord I must stretch myself I wished he was here or
ellos quieren en la boca todo el placer que esos hombres sacan de una mujer
todavía me parece sentir su boca oh Señor tengo que estirarme quisiera que
él estuviera aquí o alguien con quien dejarme ir y volver otra vez así me siento
poseída por un fuego interior o si pudiera soñarlo cuando me hizo gozar la se-
gunda vez cosquilleándome atrás con el dedo estuve como 5 minutos rodeán-
dolo con las piernas gozando luego tuve que estrecharlo oh Señor tenía ganas
de bramar y decir mierda carajo…
ellos lo quieren todo en la boca todo el gusto que esos hombres sacan de una
mujer todavía noto su boca oh Señor tengo que estirarme me gustaría que es-
tuviera aquí él o alguno para dejarme ir con él y volver a disfrutar así siento todo
fuego por dentro de mí o si pudiera soñarlo cuando me hizo gozar la segunda
vez cosquilleándome por detrás con el dedo yo disfruté como unos 5 minutos
con mis piernas alrededor de él tuve que abrazarle después oh Señor yo quería
gritar toda clase de cosas joder o mierda o cualquier cosa…
lo quieren todo en la boca tanto placer los hombres sacan de una mujer puedo
sentir su boca oh Dios tengo que estirarme ojalá que estuviera aquí o alguien
con quien dejarme ir y correrme otra vez ya ves siento que me arde por dentro
o si pudiera soñarlo cuando me corrí la segunda vez acariciándome por atrás
134
etc
con el dedo me estuve corriendo como unos cinco minutos con las piernas al-
rededor de él tuve que arrimarme a él después O Dios quería gritar cualquier
cosa follar o mierda o cualquier otra cosa…
quieren metérsela toda en la boca todo el placer que obtienen de una mujer
puedo sentir su boca oh Señor tengo que estirarme quisiera que él estuviera
aquí o alguien con quien dejarme ir y acabar otra vez así siento que ardo por
dentro o si pudiera soñarlo cuando me hizo gozar la cada vez pajeándome con
el dedo por atrás estuve como 5 minutos estrechándolo con las piernas des-
pués tuve que abrazarlo oh Señor tenía ganas de gritar mierda o rómpeme el
culo o cualquier cosa…
lo quieren todo en la boca todo el placer que esos hombres sacan de una mujer
puedo sentir su boca Ay Señor debo estirarme ojalá él estuviera aquí o alguien
con quien dejarme ir o acabar otra vez así para sentirme toda fuego adentro o
si pudiera soñar cuando me corrí la segunda vez con él haciéndome cosquillas
atrás con el dedo estuve corriéndome cerca de 5 minutos con las piernas alre-
dedor de él tenía que abrazarlo después Ay Señor yo quería gritar toda clase
de cosas coger o mierda o cualquier cosa…
he was awfully fond of me when he held down the wire with is foot for me to step
ear… thats why I was afraid when that other ferocious old Bull began to charge
the banderilleros with the sashes and the 2 things in their hats and the brutes of
men shouting bravo toro sure the women were as bad in their nice white man-
tillas ripping all the whole insides out of those poor horses I never heard of such
a thing in all my life yes…
135
etc
brutos de hombres gritando bravo toro seguro que las mujeres eran tan crueles
como ellos con sus lindas mantillas blancas destripando a los pobres caballos
que andaban con todas las entrañas fuera nunca había creído cosa semejante
en toda mi vida sí...
me quería muchísimo cuando bajó el alambre con el pie para que yo pasara
por encima a la corrida en La Línea cuando le dieron una oreja a aquel matador
Gómez… por eso tenía miedo yo cuando ese otro toro viejo feroz empezó a
atacar a los banderilleros con las fajas y las dos cosas en los gorros y esos bru-
tos de hombre gritando bravo toro claro que las mujeres eran iguales de malas
con sus bonitas mantillas blancas destripando todas las entrañas a esos pobres
caballos en mi vida había oído tal cosa sí...
Él me tenía muchísimo afecto cuando sujetó el cable con el pie para que yo
pasara en la corrida de La Línea cuando le dieron la oreja de aquel toro a aquel
a embestir a los banderilleros con las fajas y las dos cosas en los gorros y
aquellos pedazos de brutos gritando bravo toro seguro que las mujeres eran
igual que ellos con sus bonitas mantillas blancas destripándolos por completo
a aquellos pobres caballos nunca he oído semejante cosa en toda mi vida sí…
él me tenía un gran afecto cuando sostenía el alambre con el pie para hacerme
pasar a la corrida de toros en La Línea cuando a ese torero Gómez le dieron la
oreja del toro... por eso tuve miedo cuando ese feroz toro viejo empezó a cargar
contra los banderilleros con sus fajas y las dos cosas en sus gorros y los brutos
136
etc
de los hombres gritaban bravo toro seguro que las mujeres eran igualmente
malas con sus lindas mantillas blancas destripándolos enteros a esos pobres
caballos nunca vi tamaña cosa en toda mi vida sí…
he wanted to touch mine with his for a momento but I wouldn’t let him he was
embarazada that old servant Ines told me that one drop even if it got into you at
all after I tried with the Banana but I was afraid it might break and get lost up in
me somewhere yes... oh yes I pulled him off into my handkerchief pretended not
to be excited but I opened my legs I wouldnt let him touch inside my petticoat…
él quería tocar el mío con el suyo sólo por un momento pero yo no lo dejaba
estaba muy enojado al principio por miedo que nunca se sabe tisis o dejar me
embarazada esa vieja sirvienta me dijo que nada más que una gota si llegaba a
entrar después hice la prueba con la banana pero yo tenía miedo que se rom-
piera y quedara perdida en mi interior por algún sitio sí... sí oh sí yo lo saqué
-
jarlo que me tocara debajo de la enagua tenía una falda que se abría al costado
lo volví loco primero haciéndole cosquillas me gustaba excitar a ese perro…
quería tocar el mío con el suyo por un momento pero yo no le dejaba estaba
tremendamente azarado primero por miedo nunca se sabe la tisis o que me
137
etc
dejara con un niño embarazada aquella vieja criada Inés me dijo que una gota
sólo si entraba dentro de una lo más mínimo después probé con el Plátano pero
tenía miedo que se pudiera romper y se extraviara por alguna parte dentro de
pero abrí las piernas no le quería dejar que me tocara por dentro de las ena-
guas porque llevaba una falda abierta por el lado lo puse ciego primero hacién-
dole cosquillas me encantaba hacerle rabiar a aquel perro…
quería tocar el mío con el suyo por un momento pero yo no lo dejaba estaba
contrariado por miedo a no sé una nunca sabe tuberculosis o hacerme una cria-
tura embarazada esa vieja sirvienta Inés me dijo que si llega a entrar una sola
gota después hice la prueba con la Banana pero tuve miedo de que pudiera
quebrarse y me quedara adentro... sí oh sí lo hice acabar en mi pañuelo simu-
lando no estar excitada pero abrí las piernas no quería dejar que me tocara por
debajo de la enagua tenía una falta que se abría al costado lo volví loco primero
haciéndole cosquillas me encantaba excitar a ese perro…
anyhow he didnt make me pregnant as big as he is I dont want to ruin the clean
sheets the clean linen I wore brought it on too damn it damn it and they always
want to see a stain on the bed to know youre a virgin for them all thats troubling
them theyre such fools too you could be a widow or divorced 40 times over a
daub of red ink would do or blackberry juice no that’s too purply...
138
etc
que no me dejó embarazada grande y todo como es no quiero arruinar las sá-
banas limpias la ropa limpia que yo llevaba lo hizo venir también maldito maldito
y ellos quieren ver siempre alguna mancha en la cama para comprobar que una
es virgen eso es todo lo que los preocupa a ellos son tan pavos que una podría
ser viuda o divorciada 40 veces y una mancha de tinta roja bastaría o jugo de
zarzamora no es demasiado purpúreo…
139
etc
I often felt I wanted to kiss him all over also his lovely young cock there so simply
I wouldn’t mind taking him in my mouth if nobody was looking as it was asking
you to suck it so clean and white he looked with his boyish face I would too in ½
a minute even if some of it went down what its only like gruel or the dew there is
no danger besides hed be so clean compared with those pigs of men I suppose
never dream of washing it from 1 years end to the other...
a menudo sentí que deseaba besarlo por todos los lados también su amoroso
pitito tan lindo no me importaría ponérmelo en la boca si no mirara nadie es
como si estuviera pidiendo que lo chuparan tan limpio y blanquito él mirando
con su carita de niño no emplearía ni ½ minuto aunque cayera algo de eso total
qué es algo así como avena con leche o como rocío no hay peligro además él
debe de ser tan limpio comparado con esos cerdos de hombres la mayoría creo
que ni por sueños se lo lavan una vez al año...
muchas veces me daban ganas de besarlo por todas partes también su cosa
tan joven y tan bonita ahí sencillamente no me importaría metérmela en la boca
si nadie mirara como si ello mismo te pidiera que lo chuparas tan limpio y blanco
parecía él con su cara de niño y bien que lo haría yo en ½ minuto aunque se me
fuera para abajo un poco como qué es sólo como sémola o rocío no hay peligro
a menudo sentí el deseo de besarlo por todas partes también su preciosa polla
joven así con naturalidad no me importaría metérmela en la boca si no hubiera
nadie mirando como si estuviera pidiendo que la chuparas tan limpia y tan blan-
ca con su cara de niño lo haría de verdad en ½ minuto aunque algo se me que-
140
etc
dara dentro y qué no es más que una especie de gachas o rocío no hay peligro
además estaría tan limpio comparado con esos puercos de hombres supongo
que nunca sueñan en lavársela en años...
yo sentía que deseaba besarlo todo entero también su joven encantador pene
por allí tan simple que no me importaría llevármelo a la boca si nadie estaba
mirando como si te estuviera pidiendo que lo chuparas de tan limpio y blanco
que se ve con su cara aniñada sí que lo haría en ½ minuto aunque tragar un
poco que es solo como avenate o el rocío no hay peligro además él sería tan
limpio comparado con esos hombres como cerdos que yo supongo la mayoría
and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the
rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how
he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another
and then asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would
drew him down to me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart
was going like mad and yes I said yes I will Yes.
141
etc
y yo primero lo rodeé con mis brazos y lo atraje hacia mí para que pudiera
sentir mis senos todo perfume sí y su corazón golpeaba como loco y sí yo dije
quiero sí.
Gibraltar de niña donde yo era una Flor de montaña sí cuando me ponía la rosa
en el pelo como las chicas andaluzas o me pongo una roja sí y cómo me besó
al pie de la muralla mora y yo pensé bueno igual da él que otro y luego le pedí
con los ojos que lo volviera a pedir y entonces me pidió si quería yo decir sí mi
para que él me pudiera sentir los pechos todos perfume sí y el corazón le corría
como loco y sí dije sí quiero Sí.
principio le estreché entre mis brazos sí y le apreté contra mí para que sintiera
mis pechos todo perfume sí y su corazón parecía desbocado y sí dije sí quiero
Sí.
y Gibraltar cuando era niña donde yo era una Flor de la montaña sí cuando
me puse una rosa en el pelo como las chicas andaluzas o me pondré una roja
sí y cómo me besó bajo la pared morisca bueno y pensé da lo mismo él que
cualquier otro y después le pedí con los ojos que me lo pidiera otra vez sí y
rodeé con los brazos sí y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis pechos
todo perfume sí y su corazón golpeaba loco y sí dije sí quiero Sí.
142
etc
montaña y primero puse los brazos alrededor de él y lo atraje hacia mí para que
pudiera sentir mis pechos todo perfume sí y su corazón golpeaba como loco y
sí yo dije sí lo haré Sí.
143
etc
144
etc
145
etc
PABLO BUJALANCE
Joyce/Becket: una teoría del todo
La posibilidad de revisar, todavía hoy, la obra de James Joyce desde el prisma ofre-
cido por Samuel Beckett, a la manera de un reverso estético, incluso de un espejo
146
etc
en la revelación que afectó (digámoslo así) al propio Samuel Beckett en 1945, cuatro
años después de la muerte de Joyce. Para entonces, el autor de Murphy había com-
prendido de sobra que la posibilidad de ganar a su antiguo tutor en el mismo juego
era remota cuando no directamente imposible, con lo que decidió situarse justo en la
región antípoda. En esto, esencialmente, consistió esta revelación, que el mismo Bec-
kett formuló con un lema de sobra conocido y recogido en todas sus biografías y sem-
Comprendí que Joyce había llegado tan lejos como pudo hacia un
mayor conocimiento y un mayor control de ese aluvión de material. Siempre estaba
viaje no podía ser otro que un escribir sin literatura, una opción radical por el silencio
y el olvido, tal y como delatan sus últimos poemas, donde la misma palabra, errada,
¿Podemos entonces llegar a Joyce a través de Beckett? ¿Leer a uno desde el vértice
que nos ofrece el otro? La evidencia nos dice que no. No podemos.
Sin embargo, si logramos extraer la lectura de Joyce y Beckett del marco crítico e his-
antagónicos, sino como dos lenguajes distintos empleados para nombrar el mismo
objeto: la realidad. Si atendemos al prisma de Beckett, Joyce se nos ofrece como un
escritor renovado. Porque nuestra imagen del mundo también es hoy, casi un siglo
después de la publicación de Ulises, nueva.
Si cualquier novela, buena o mala, constituye un testimonio de esa imagen del mundo,
Ulises no lo es menos. De hecho, no podemos señalar hoy otra empresa literaria que
su aparición, por más que Joyce invirtiera dos décadas en su escritura. Ulises vio la
luz en 1922, siete años después de que Albert Einstein formulara la Teoría General
de la Relatividad y cinco años antes de que Werner Heisenberg hiciera público el
Principio de Incertidumbre, cuyas consecuencias en relación con la Teoría Cuántica
147
etc
148
etc
que tomó partido de manera activa en la Segunda Guerra Mundial como miembro de
la resistencia en París (un afortunado golpe de suerte que le llevó a adelantar su huida
unos minutos le salvó de ser detenido por los nazis en su domicilio) y como volunta-
rio de la Cruz Roja. Es más, su obra puede considerarse un diagnóstico, cuando no
un anuncio despiadado, de esta orfandad intelectual: cuando, según relata Anthony
Cronin, un crítico censuró a Beckett que los personajes de sus dramas se expresaran
eso sí, no traslada los acontecimientos de los que ha sido testigo a su obra literaria,
pero sí al hombre que queda después, incluida la frustración que le incumbe cuando
comprende que el conocimiento más acertado de la realidad no le ha permitido sal-
varla. Este hombre nuevo, desprovisto así de los adornos propios del superhombre
nietzscheano al que la ciencia parecía apuntar con sus descubrimientos, consciente
de que aquella prometida emancipación no le ha servido de nada, se ajusta como un
guante a la opción de Beckett por una escritura despojada, urdida en la descompo-
sición y la podredumbre, justo en el margen más apartado a Joyce. Además, lo que
agua fría para las pocas aspiraciones elevadas que pudieran quedar, intelectualmente
-
pansión del Universo, murió en 1953, el mismo año en que Beckett publicó su novela
El innombrable. La idea propuesta por Hubble de que el cosmos continuaba expan-
149
etc
para delatar que la realidad no cuenta con nosotros. Que no importa lo que pensemos
de ella. Que ni siquiera podemos conocerla. Que, por más que esperemos, Godot no
va a venir. Si narra es observar, dado que estamos ciegos, lo más consecuente es no
narrar o, más aún, la des-escritura emprendida por Beckett.
¿Cabe leer entonces a Joyce y a Beckett como a autores antagónicos? La lógica críti-
-
sibilidad. No obstante, perderíamos así la ocasión de disfrutar la lectura fértil y pródiga
Joyce tomó en peso la tradición novelística que acampaba el siglo XIX y la transformó
de arriba a abajo para hacer de la novela un objeto literario válido para el siglo XX,
y lo logró con creces; pero no resulta descabellado preguntarse hasta qué punto, de
haber seguido viviendo y escribiendo después de 1945 (permita el lector semejante
fantasía), no habría optado Joyce por el mismo empobrecimiento y la misma renuncia
del ser humano que el devenir del siglo se disponía a alumbrar (retrato que, de paso,
alumbró también la relatividad aplicada a los dioses de antaño, tanto en dirección al
nihilismo como a la citada postmodernidad). Una evolución estética semejante, del
todo a la nada, habría resultado improbable en un solo autor; pero sí podemos con-
templarlo en dos justo así, como una evolución, como la respuesta más honesta a un
tiempo en el que la imagen que el mismo ser humano recibía de sí mismo cambiaba
justo de forma tan radical en un plazo de tiempo inasible por breve. James Joyce y
Samuel Beckett pretendieron exactamente lo mismo: comprender la realidad a través
pero con la misma determinación. Y los dos dieron la respuesta más elevada y cerca-
na a la misma realidad que la literatura pudo aportar en un siglo XX resuelto a base de
paradojas infranqueables. Sí, decimos bien: una respuesta, no dos. Asentados en el
no menos atormentado siglo XXI, podemos hoy leer a Joyce y a Beckett (a Joyce en
Beckett y a Beckett en Joyce) como a dos módulos compatibles de una misma teoría
del todo, un corpus
sus extremos, pero más aún desde sus cauces comunes, la propia naturaleza de la
realidad. Al menos, desde lo que la literatura, como faro en mano de criaturas ciegas,
nos permite colegir.
150
etc
151
etc
Edna O’Brien recuerda con sarcasmo en su libro de memorias (Country Girl. A Memoir
2012) las palabras de Anthony Burgess cuando la comparó con los grandes escrito-
152
etc
ses que necesitaron salir al mundo para descubrir quiénes eran en realidad. Y sin
que, en efecto, ambos abandonaron la Irlanda nativa; hacia Suiza (Zúrich), el Imperio
austro-húngaro (Trieste, Pula), Italia (Roma) y Francia (París) en el caso de Joyce y a
Londres en el caso de O’Brien. Esa distancia y permanencia en otros países potenció
-
rias y tal es la lección que demuestra haber aprendido de Joyce y que sostiene toda
ocasiones en Dubliners o en Ulysses y nunca pierde de vista ese rasgo humano que
vio Joyce, descrito con sentimiento solidario y realzado en términos estéticos con una
Por ello, al releer a Dubliners (1914) entendemos la belleza que Edna O’Brien encontró
en la obra como lectora. Entendemos por qué la autora alaba las imágenes luminosas
la autora admira el libro al descubrir que todos los personajes están retratados en un
de la vida diaria” (1991, x). Su revisión nos ayuda a reconocer a Joyce como creador
153
etc
-
plejas a la vez que simples y sentimientos ocultos que dan la clave de dos mujeres
que son honestas consigo mismas y que conocen sus límites, pasiones y deseos más
íntimos, además de tener una idea muy personal de los comportamientos masculinos.
detalle de manera sistemática también en el retrato del matrimonio del autor (James
and Nora. A Portrait of a Marriage -
minuto pero enriquecedor libro titulado simplemente James Joyce (1999) donde ataca,
escritora.
O’Brien llega a Joyce en su madurez, de ahí que las alusiones se multipliquen en la
recreación de su primer trabajo, sus experiencias en Dublín y sus intentos de ser es-
critora. En 1954 conoció a Ernest Gébler, el checo-irlandés con el que se casó en con-
tra de la voluntad de sus padres. Este acto de rebeldía, al igual que su primera novela
(The Country Girls, 1960) la dejó sola ante una sociedad irlandesa cerrada, y curiosa-
mente, las referencias a Joyce se convierten en muchos momentos en el aliado que
recordar el encuentro inicial con su marido del que diez años más tarde se divorciaría,
reconocemos a Joyce como elemento de unión. Gébler era también escritor y Joyce
culto. Hablaba de James Joyce con familiaridad y se refería a Leopoldo Bloom como
Poldy. Yo estaba extasiada”. (120)
También acude a la obra de Joyce para recordar con humor sus años en Dublín como
boticaria en farmacias en Cabra Road y Navan Road. Evocando su complicado re-
corrido hacia el trabajo en una ciudad donde entonces se fundía lo urbano y lo rural,
O’Brien recuerda cómo debía abrirse paso entre la multitud de animales con su bici-
cleta. Para el comienzo de tal anécdota recurre al conocido principio del monólogo
Finnegans Wake (1939). Este
entre otras muchas). O’Brien las recrea comenzando con un altisonante principio que
¡Dulce mañana, ciudad, Lsp! ¡Soy la frondosidad la que te habla!, dijo
154
etc
permanecer con la manada y se escapaban. En Hanlon’s yo tenía que bajarme de la bicicleta por
Pero quizás el momento más entrañable en el que O’Brien empieza a conocer a Joyce
es cuando lee sus libros. Evoca en ocasiones su descubrimiento de las técnicas del
autor. Una de las escenas que selecciona resulta especialmente convincente porque
muestra con detalle la manera en la que saborea y reconoce a Joyce como modelo.
Al leer la cena de Navidad en la casa de los Dedalus a través de los ojos del joven
Stephen en el libro adquirido, A Portrait of the Artist as a Young Man (1916), es cons-
Leyéndolo, me di cuenta que podía haber sido una cena de Navidad en nuestra propia casa o en
cualquier casa, o en muchas casas de Irlanda. Quizás no con el mismo grado de erudición, pero
con la misma amargura que separa a la gente y mantiene el odio implacable. Lo compré por cua-
tro peniques y lo llevaba siempre conmigo, incluso a mis clases de Farmacia para leerlo cuando
quisiera y poder copiar sus frases, luminosas y laberínticas. Fue al copiarlas cuando me di cuenta
de lo geniales que eran las partes cortas, sin fallos, del diálogo, las descripciones luctuosas de
animales y novillos, de cerdos y vacas, del mar y de sus guijarros, y sobre todo, ese extraordina-
rio ascenso en la narración, donde los mundos se desdoblaban en otros mundos (105).
-
das, el placer en la artesanía para recrearlos y el uso de la imaginación en el proceso.
Por último, entre escritores que dejan huella en O’Brien, entre importantes como Bec-
kett o Lorca, Joyce también queda retratado junto con Nabokov en la categoría de
profesor. Al hablar de ambos en ese sentido, O’Brien evoca al irlandés, mencionando
155
etc
-
mente en un mundo de palabras” (1999, 1) y explica que Joyce cubrió desde las más
simples epifanías de juventud a los juegos epistemológicos más complejos de sus
últimos años. En tal variedad reside la admiración de la autora por Joyce. Por ello lo
ha hecho presente en su obra y en sus memorias. Es gracias a la huella que dejan los
grandes escritores en los nuevos discípulos donde los primeros se hacen clásicos. Y
en este caso, ambos lo son ya.
Bibliografía
The Irish Writer and the World. Cambridge: CUP.
Rylance, Rick (2016). Literature and the Public Good: The Literary Agenda. Oxford: OUP.
Joyce, James (1991). Dubliners. Prefacio de Edna O’Brien. London: Signet Classics.
O’Brien, Edna (2012). Country Girl. A Memoir. London: Faber and Faber.
----. (1999). James Joyce. London: Penguin Group.
156
etc
157
etc
158
etc
159
etc
CARMELO MEDINA
Manuscritos de Finnegans Wake en la Universidad del
Estado de Nueva York
160
etc
161
etc
Algo que podemos apreciar remitiéndonos a la utilización de las palabras que apare-
cen en los cuadernos de notas y valorar observando los borradores de los manuscri-
tos relacionados con el proceso temporal de la publicación de FW.
Un ejemplo de la importancia de la composición y creación de nuevas palabras, que
evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, un número cuatro que también puede
simbolizar las cuatro provincias en que se divide Irlanda; o las cuatro edades en las
humana y de la renovación; que a su vez, son las cuatro partes en las que se divide los
diecisiete capítulos de FW
del texto que estaba escribiendo que comenzó a conocerse como Work in Progress,
abril de 1924, convirtiéndose en el primer texto que se publicó de FW. Esta entrega
respondía a la petición que le hizo expresamente en París el escritor, Ford Madox
Ford, que inició la publicación de FW de forma periódica, como ya había hecho con
sus anteriores obras. En cierto modo, esta primera entrega motivó a Joyce a continuar
trabajando para publicar periódicamente otras partes de su libro; aclarar que el orden
temporal en que aparecieron estas entregas no se corresponderá con el orden en el
que aparecerán publicadas en FW.
162
etc
Un problema para trabajar con los manuscritos es la peculiar caligrafía de Joyce, muy
difícil de leer. Para superar este problema en la sección de manuscritos de la Univer-
sidad se creó una versión digitalizada que permite enfocar y ampliar las palabras difí-
ciles de entender y cotejarlas con la versión manuscrita o la edición fotocopiada de los
mismos. Por supuesto, también revisé los cuadernos originales, aunque por motivos
de conservación y el estado precario de algunos, su utilización no fuese prioritaria.
-
canos para trabajar en Joyce u otro autor, porque poseen gran cantidad de fondos bi-
Joyce las recopiló y las situó en el texto, resultará de gran ayuda. No es que así ob-
No obstante, debemos tener presente que faltan algunos títulos porque Joyce se ha-
bía desprendido de algunos antes de abandonar París con la llegada de los alemanes,
163
etc
Sylvia Beach, que publicó la primera edición de Ulysses y que durante años se encar-
gó de promocionar y enviar ejemplares a lectores y librerías de los diferentes países
que se lo solicitaban. Beach era una persona muy metódica y tomaba nota de todo lo
que hacía, incluido la correspondencia y ventas de Ulysses, que le fue muy útil en su
relación con alguien tan suspicaz y exigente como Joyce. Ahora nos interesa prestar
atención a los libros que tomaban prestados la familia Joyce, sus hijos, Giorgio y Lucía
de leer y tomar nota de los títulos que tomaron prestados, que fueron muchos y trata-
ban de los más variados temas.
Esta documentación se encuentra recopilada en una carpeta que Beach denominó
-
tilla, (17x12 cm.), en las que aparecen estos datos: títulos prestados, miembro de la
familia que se lo lleva, direcciones en las que se encuentran alojados, y las fechas de
su retirada y devolución. Aunque lo considero un dato poco relevante, estas fechas no
siempre se corresponden a la indicada en el encabezamiento de la referida carpeta.
Tanto Lucía como Giorgio eran grandes lectores. Lucía toma prestados bastantes
libros de literatura, algunos con fechas muy seguidas, entre ellos varios de Oscar Wil-
de y del dramaturgo noruego Ibsen, por quien su padre sentía gran admiración. En el
caso de Giorgio puede decirse que devoraba libros, al menos de acuerdo con las listas
de Beach, ya que entre el 6 de julio al 25 de noviembre, aparecen retirados cincuenta
y cinco títulos, que él devuelve en diciembre, casi ninguno de ellos corresponde a títu-
los de literatura. En el caso de Joyce, fueron muchos los libros que se llevó y devolvió.
La mayoría son de literatura. Como curiosidad, en 1932, tomó prestado la revista del
164
etc
contiene muchas referencias de distintos libros y autores. En una de sus páginas apa-
FW
Plurabelle”; se encuentra tachada con lápiz rojo y seguida con el símbolo triangular,
165
etc
las pastas de tela negra, y está algo deteriorado. Curiosamente tiene cuarenta y cinco
páginas en blanco y ciento treinta y siete escritas. Abunda el vocabulario en francés y
en holandés. Entre las palabras de otras lenguas quiero mencionar dos palabras en
esos que surgen en toda investigación por causas externas y que te hacen poner todo
en duda, me divirtió encontrarlas y ayudaron a poner una sonrisa en medio del bajón.
166
etc
167
etc
JUAN GAVILÁN
El río oscuro de la novela
leerlas. Il Lupo perde il pelo ma non il vizio, dicen los italianos. El lobo pierde el pelo
pero no el vicio o el leopardo no puede cambiar las manchas”. Es la primera noticia
que tenemos de una novela nueva, la última. Work in progress es el título que reciben
los escritos provisionales. Diecisiete años duró la elaboración de una obra que se fue
demorando hasta el 2 de febrero de 1939 en que apareció Finnegans Wake.
Tanto en Ulises como en Finnegans Wake se produce un retiro del mundo para reple-
garse en la página y para bucear en el lenguaje. Es una desconexión que va unida a
un proceso de introversión. Ha vivido en tantos lugares, se ha tenido que acomodar
a tantas lenguas que reconoce lo propio de lo irlandés, asume lo singular de Dublín,
pero experimenta la conexión de distintos mundos y la interrelación de otras lenguas
que han abierto la posibilidad de una aventura sin precedentes. En las enmarañadas
páginas de la novela se esconde el ambiente en el que vivió el novelista, la manera
singular del desconcierto y la desorientación en que vive el hombre occidental. El sin-
sentido y el absurdo brotan por todos los recovecos del texto. El fracaso se mantiene
como una postura estética que nace de la rebeldía original del autor.
Después de haber escrito la historia de un día, el ciclo que empieza y no termina, una
realidad cíclica, un día que se ha de repetir eternamente, escribe la historia de una
168
etc
o por la condensación que es uno de los mecanismos del sueño. En cada una de las
palabras el escritor asumía un cálculo de posibilidades de las asociaciones y de los
la que se transformaba así por las posibilidades que le ofrecían las lenguas cercanas.
En esta última novela pasaba de narrar los pensamientos, las imágenes, los senti-
mientos, las ocurrencias de los personajes, de poner la escritura al servicio del pensar,
para conectar con la experiencia de lo onírico y para construir un magma gigantesco
de narraciones trasversales, cruzadas e interrelacionadas que contenían una buena
parte de la historia de la humanidad.
A lo largo del ritmo cansino del relato traspasaba los límites de las reglas que rigen
la construcción de la narrativa. Se detenía de una forma morosa en cada uno de los
elementos del discurso lingüístico y del texto que componía y descomponía. Escribía
un párrafo y se esforzaba en recomponerlo en la medida en que lo trabajaba, lo ma-
nipulaba y lo construía. Aunque el proceso de invención se producía en un chorro de
fraseo verbal y en una lengua estándar, en cadenas verbales que le llegaban desde el
inconsciente, recreaba la lengua con las resonancias de otras muchas lenguas.
El párrafo/borrador tenía el valor de un programa de trabajo, abría la promesa que
resonaba en los hábitos de ruptura de cada una de las frases y de cada palabra. En
otros niveles de la estructura del texto encontraba elementos internos activos de sig-
Sabemos que Samuel Becket le ofrecía palabras de distintas lenguas que el novelista
solía usar sistemáticamente. Él mismo hacía listas de palabras en sus cuadernos y las
iba borrando conforme las usaba. Finnegans es un libro compuesto palabra a palabra.
Construyó una narración extravagante que aspiraba a destruir el marco convencional
169
etc
de la novela. Y, sin embargo, ese meandro narrativo inmenso se diluía en una prosa
rítmica que dependía de procesos lexemáticos y semánticos complejos.
El núcleo esencial de la escritura es el de la extensión por acumulación, la digresión
mínima, asintáctica, con un ritmo prosódico elaborado. A partir de ahí, solo se trata de
complicar esas estructuras hasta deshacer la lengua, recomponerla y reconstruirla.
excava túneles subterráneos. El método que sigue Joyce consiste, con una metáfora
que usa el propio novelista, en la excavación de galerías subterráneas. La diferencia
hasta los menores rincones del texto y además potencia el carácter numinoso de la
narración.
En una obra como Ulises, pero sobre todo como Finnegans Wake, el lector es una par-
te importantísima del libro, porque el texto no está completo, no está explícitamente
compuesto, sino que está solo sugerido, queda sin cerrar, no está terminado. El autor
espera de una forma expresa la complicidad y la colaboración del lector que se tiene
que desplazar por cada una de las palabras recreando la densidad de sus referencias.
El sentido no duerme en las líneas del texto, sino que se genera en la lectura. Es el
lector el que tiene que desvelarlo y reconstruirlo.
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temente, intentó llevar la lengua al límite, poniéndola en contacto con otras lenguas
en un proceso de pidginización extremo y complejo. La lengua sigue siendo la inglesa,
pero enriquecida por acepciones no habituales, compuesta por asociaciones casuales
o estructurales. Con estas estrategias oscurece la narración, pero se lanza a la explo-
ración de nuevas posibilidades expresivas.
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miento, le ofrece un marco desde el que construir su obra. A cualquier lector despre-
Y ese mismo marco del corsi e ricorsi histórico se convirtió en el ideal para ensayar
multiplica las posibilidades creativas del novelista que puede jugar con un número
muy elevado de elementos narrativos y que abren una cantidad muy elevada de vías
y sentidos en cada palabra.
Nunca existe una sola vía de interpretación; nunca se agota el sentido del texto; siem-
pre queda abierta la posibilidad de una lectura nueva. Nunca se destruye el fondo de
virtualidad contenido en cada palabra de cualquiera de las líneas que componen la no-
vela. El desarrollo de la narración va ampliando de una manera progresiva el horizonte
que se forma. La propia lectura genera distintos niveles de interpretación y distintos
órdenes posibles.
En cada frase y en cada línea del texto se abren varias posibilidades que impiden el
sentido lineal del argumento. Hay muchas historias, anécdotas, parodias, canciones,
mitología con las que se hacen continuas disgresiones. En el mismo sentido que el
Ulises es como la aporía de Zenón una forma de desplazar los momentos, de distan-
ciar las instantáneas del presente para que se eliminen las relaciones estables del
tiempo.
La existencia de distintos planos y distintos niveles determina siempre una profusión
diferido. Cada línea necesita varias lecturas. Cada palabra requiere detenerse. Leer
el Finnegans Wake supone recomponer la escritura que se desarrolló con procesos
muy laboriosos durante diecisiete años; es desorientarse, perderse y encontrarse en
cada palabra y en cada sintagma de un fraseo desarticulado y con un tipo peculiar de
protosintaxis que se forma en una especie de pidginización por la cercanía de otras
lenguas. La propia novela nos ofrece el espectáculo del laboratorio en el que se ha
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gestado como una forma de experimentación con el lenguaje, de las palabras que se
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ciaciones culturales que subyacen.
Finnegans Wake se ha eliminado la
posibilidad del orden simple y lineal, así como la interpretación de un sentido único y
prevalente de la identidad. En lugar de la historia de un día, es la amalgama de una
noche. El mundo de los sueños le proporciona un modelo para construir el lenguaje
y el estilo propios de la noche. Escribir con los mecanismos de los sueños, con los
desplazamientos y las transformaciones, es lo que le permitía modelar el lenguaje a
del cosmos, se sumerge en el fondo del hombre, intenta reconstruir la unidad del yo y
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JUSTO NAVARRO
Finnegans sin fin
Nunca he acabado de leer Finnegans Wake, la última novela de James Joyce. Siem-
pre que la cojo, no parece igual a como era la última vez que intenté leerla: algo ha
cambiado en alguna palabra, en alguna frase. La novela se mueve, y Joyce lo sabía:
del río sobre la vida del tabernero Earwicker y su mujer, Anna Livia, sus gemelos Shem
río se llama Anna Liffey. Alguna de las palabras del principio son un híbrido de danés
e inglés. A Dublín la fundaron los vikingos”.
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Se sabe de dieciocho versiones de Anna Livia Plurabelle, cinco publicadas entre 1925
y 1939. Le navire d’argent, la revista de Adrienne Monnier, presentó el episodio bajo el
título From Work in Progress en octubre de 1925; transition, la revista parisina dirigida
por Eugène Jolas y Elliot Paul, volvió a difundirlo en su número de noviembre de 1927
y lo llamó Continuation of a Work in Progress. Cada vez que reaparecía Anna Livia,
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Harper Maga-
zine de octubre de 1931 y, entre pregunta y pregunta, comentó que Joyce decía haber
empleado 600 horas en encajar 500 ríos. Teniendo en cuenta lo que él había tardado
en localizar tres ríos y medio, Eastman calculó que nadie tardaría menos de 6.000 ho-
La materia de Finnegans Wake estaría compuesta por palabras rotas y vueltas a ar-
mar en una pluralidad de idiomas, palabras solubles en palabras, deformadas, trans-
formadas en sí mismas y en otras a la vez, mutantes o mudas, sin dejarse entender o
desplegando dobles y triples sentidos. A Max Eastman Joyce le dijo que se trataba de
un libro nocturno, y que de noche las palabras no son lo mismo que de día, porque en
la oscuridad establecen conexiones insólitas, entre la consciencia, la semiinconscien-
cia y la inconsciencia. Yo le veo a Finnegans Wake una luz tabernaria, la electricidad
de una conversación de bebedores ocurrentes, cultos y políglotas, amigos de la di-
versión verbal. ¿De qué hablan esos bebedores locuaces y deslenguados en muchas
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Francisco García Tortosa, Ricardo Navarrete Franco y José María Tejedor Cabrera
tradujeron al español el episodio de Anna Livia; Marcelo Zabaloy, la obra completa.
Si Finnegans Wake es, como sugiere Francisco García Tortosa, un libro navegable a
equipo de lectura, exploración y traducción que pudiera distribuirse por los distintos
ramales de la obra. La primera traducción de Anna Livia Plurabelle fue la francesa,
un trabajo en equipo en el que participó Joyce. Samuel Beckett y Alfred Péron hicie-
ron una primera versión (Anna Lyvia Pluratself la titularon), revisada en noviembre
de 1930 por Paul L. Leon, Eugène Jolas e Ivan Goll, bajo la guía de James Joyce. El
grupo se reunía por las tardes en casa de Leon. Adrienne Monnier, la editora de Le
navire d’argent, participaba con sus sugerencias. Según Philippe Soupault, aquello no
fue una traducción, sino una reconstrucción, una reconstitution, y el reconstructor o
Anna Livia
Plurabelle.
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pático Frank, quien, además de ser poco afecto al fascismo, pertenecía a una familia
de religión judía. Cuando la revista romana Prospettive publicó la versión italiana de
Anna Livia Plurabelle en febrero y marzo de 1940, el nombre de Nino Frank había sido
sustituido por el de Ettore Setanni, la persona que había propiciado la publicación.
Joyce siempre hablaba de la versión italiana como si él, Joyce, fuera el único autor, y
una mina”, decía Nino Frank a propósito de sus sesiones de traducción con Joyce.
Cada participante en la lectura en red ofrecería su catálogo de soluciones posibles,
propondría caminos, participaría en un Finnegans Wake-
abierta y nunca acabada” de la que hablaba George P. Landow.
El Finnegans Wake cibernético, para multijugador, multilectura en la que se implica-
rían muchas personas interconectadas, dispondría de un banco de datos compartido
y siempre ampliable y ampliado: desde el Finnegans Wake de 1939 y todos los borra-
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red multilingüe de miradas lectoras reales y virtuales (programadas). Nino Frank ha-
Max Eastman, ‘Interview with Joyce about Anna Livia Plurabelle’, en Robert H. Deming, James Joyce.
The Critical Heritage. Vol. 2. 1928-1941. Routledge. Londres, Nueva York, 1970, pp. 416-419.
Nino Frank, ‘L’ombre qui avait perdu son homme’, en Mémoire brisée. Calman Lévy. París, 1967.
William York Tindall, A Reader’s Guide to Finnegans Wake. Farrar, Straus & Giroux. Nueva York, 1969.
James Joyce, traducción de Francisco García Tortosa, Ricardo Navarrete Franco y José María Tejedor
Cabrera, Anna Livia Plurabelle (Finnegans Wake, I, viii). Edición bilingüe de Francisco García
Tortosa. Cátedra. Madrid, 1992.
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James Joyce, traducción de Marcelo Zabaloy, Finnegans Wake. Revisión de Eugenio Conchez. El
cuenco de plata. Buenos Aires, 2016.
Anna Livia Plurabelle nella traduzione di Samuel Beckett e altri. Versione italiana di James Joyce e Nino
Frank. Al cuidado y con un ensayo de Rosa Maria Bollettieri Bosinelli. Introducción de Umberto
Eco. Einaudi. Turín, 1996.
Umberto Eco, traducción de Helena Lozano, ‘Finnegans Wake’, en Las poéticas de Joyce, pp. 117-176.
Debolsillo. Barcelona, 2011.
Patrick O’Neill, Trilingual Joyce. The Anna Livia Variations. University of Toronto Press. Toronto, Buffalo,
Roland McHugh, Annotations to Finnegans Wake. John Hopkins University Press. Baltimore, 2016.
Raphael Slepon, ed. The Finnegans Wake Extensible Elucidation Treasury (FWEET) Website. <http://
Última actualización Última consulta: 27 de mayo de
2019.
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DOSSIER
MARGARITA ESTÉVEZ-SAÁ
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