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-Saavedra Ventura Jhonjayro 20180564J
Obra: Discurso sobre origen de desigualdades
Se menciona dos tipos de desigualdades la natural concedida por la naturaleza
como salud fuerza cualidad espiritual o virtud y la moral o política que fue
producto de una convención de hombres donde tiene un grado de valor donde se
disfruta unos ser más ricos y otros más respetables o más poderoso.
Este discurso trata de que si la fuente de desigualdad que es la fuerza del espíritu
(tienen todos los individuos) y es proporcionan a la riqueza o poder.
La religión afirma que dios creo al hombre del estado natural y después de la
creación son desiguales porque él quiso así, habla de su discurso como si
tuviésemos que retroceder.
Nos habla de un estado natural no como historia cuando éramos de 4 patas si no
como persona de hoy que ya era bípedo y podía mirar al cielo, un hombre fuera de
los dones sobrenaturales considerándonos, así como estado de la naturaleza.
Como somos animales menos fuertes y nos saciábamos debajo de un árbol que
podíamos apropiarnos donde nos vemos forzados a defender sin armas la vida o
lo que se forma hombres con temperamento firme.
Los hijos de estos seguirían la misma rutina y se van fortificando, la naturaleza
procede con ellos como la ley de Esparta con hijos ciudadanos (los fuertes
destacarían y los débiles perecerían) donde es diferente a la sociedad donde el
estado hace que los hijos sean como molestias a los padres.
El cuerpo del hombre salvaje su único instrumento es su fuerza con el avanzar
del tiempo comparando al hombre de antes y ahora el hombre civilizado superaría
al salvaje. pero si se le colocara frente a frente esto cambiaria superando así el
hombre salvaje.
Hobbes afirma que el hombre solo se dedica al ataque y al combate y otros dicen
que en el estado natural se encuentran sometidos al miedo y tienen tendencia a
huir, pero el hombre salvaje viviendo entre animales y viendo que ellos superan en
fuerza a los animales se les dejara de temer en donde el cual estos podrían a
enfrentar a las bestias teniendo como elección huir o pelear.
Si ningún animal hace la guerra al hombre se manifiesta sin violencia esta especie
ha sido hecha por la naturaleza para servir paso a otros.
Los enemigos más temibles para el hombre son la vejes, enfermedades, tristes
signos de debilidad en la cual los dos primeros son las más comunes entre los
animales, pero la tercera solo la puede presentar el ser humano, en nuestro caso
la infancia en nosotros es mas larga que las especies.
Respecto a las enfermedades se genera por desigualdad como vivimos exceso de
ociosidad o exceso de trabajos en algunos casos, pésima alimentación en caso de
ser pobre, donde pudiendo vivir una vida escogida como la naturaleza escogimos
esta. Además, el hombre tiene necesidad de remedio, pero no tiene medicina
donde se hace una comparación a un salvaje enfermo que solo l quedaba así
mismo la naturaleza.
La naturaleza trata a los animales abandonados a sus cuidados ejemplo el caballo
o el toro en esos tiempos presentaban más fuerza en los bosques, pero ahora que
ya han sido domesticados pierden esas cualidades. Así es lo mismo con los
hombres al convertirse en sociables donde se vuelve débil temeroso debilitándose
su fuerza y su valor.
La falta de habitación, desnudez no representan un sufrimiento para los primeros
hombres, el hombre salvaje se pasa durmiendo ya que no piensa mucho donde su
única prioridad es ejercitarse respecto a su ataque y defensa para poder obtener
alguna presa o para poder protegerse de otro depredador donde sus sentidos
(gusto olfato oído) sean su fortaleza de rudeza y agudez.
El animal es un ser dotado de sus sentidos por la naturaleza observa que lo
mismo pasa con el ser humano solo que este es un ag. libre (alguien capaz de
escoger) o rechazar por instinto. La naturaleza manda a todos los animales y las
bestias obedecen, pero el hombre es libre de someterse o resistir y es aquí donde
su libertad se manifiesta la espiritualidad de su alma.
Hay una cualidad entre hombre y animal que nos distingue y es la facultad de
perfeccionarse, la bestia permanece siempre bajo su instinto, se genera una
pregunta porque el hombre tiene las condiciones necesarias para convertirse en
tonto por que donde todo lo que ha perfeccionado ha caído más bajo que el
animal.
El entendimiento humano se debe a las pasiones originadas por nuestras
necesidades y el hombre salvaje esta privado de conocimiento donde solo
experimenta pasiones deseos de alimentarse y hembras y descansar, donde sus
males serial el hambre ya que ellos no tienen ni idea de lo que es morir. Donde
temiendo a la muerte nos hemos alejado de la condición animal.
El hombre salvaje sus necesidades se encuentran a su alcance y se halla lejos de
conocimiento para adquirir otras necesidades donde se aferra a su existencia
actual no pensando en el futuro.
Si se hiciera una suposición donde los productos de las naturales no hubiesen
bastado hubiesen aprendido por si mismo a como cosechar a cultivar y plantar
árboles que conllevaría al desarrollo del espíritu humano.
La aparición de las lenguas si antes no se tenia la necesidad de comunicarse
donde en esos tiempos los hombres salvajes y las hembras se encontraban de
manera casual o al azar según el deseo sin que la palabra fuera interprete.
La madre alimentaba a sus hijos hasta que los niños tenían la fuerza necesaria
para buscar su alimento después de eso se separaban y se hacían valer por si
mismo.
El primer lenguaje del hombre el mas universal fue el grito de la naturaleza, se
expresaban gestualmente y lo sustituyeron por articulaciones de voz, cunado los
hombres empezaron a desarrollarse aparecieron elementos de la comunicación
como sustantivos, adjetivos, verbos, atributos.
El hombre tuvo el deseo de salir del estado primitivo el cual podría ser el genero
de la miseria ya que estábamos en paz y el cuerpo en salud y eran más libres.
La mas miserable fue el hombre salvaje sorprendido por los conocimientos en ese
estado solo necesita el instinto ese estado solo necesitaba su instinto, en ese
estado natural no distinguía lo bueno de lo malo y no tenía virtudes.
Hobbes consideraba que el hombre es por naturaleza malo tiene vicios y se cree
el dueño del mundo que seria el defecto, el estado natural era el mas apropiado
para la paz y lo mas conveniente para el ser humano.
El hombre es débil cuando está sometido a dependencias, los salvajes no son
malos ya que no saben cual es el mal y cuál es el bien.
Se menciona una frase en latín que habla de que los hombres hubieran sido
monstruos si la naturaleza no les hubiese dado piedad en apoyo de razón ya que
de la piedad apareció la amistad, generosidad, amistad, clemencia.
La conmiseración nos pone en un lugar de quien sufre. El hombre salvaje carece
de poder de razonar ya que siempre se guiará de sus instintos donde el hombre
de sociedad la posee y es más civilizado.
La piedad es un sentimiento natural que nos impulsa al socorro de aquellos que
vemos sufrir ello convence a un salvaje fuerte a no quistar a un débil su alimento
siendo esta como una ley en el estado natural, la piedad.
Entre las pasiones que presenta el ser humano cuanto mas violentas son
necesarias mas leyes, pero se demuestra que ocurren crímenes y esas pasiones
hacen insuficientes a las leyes en el estado social.
Se distingue del amor lo moral y lo física siendo lo físico el deseo de unirse con
otro y lo moral es lo que determina el deseo, pero esto no posee el hombre salvaje
ya que para la cualquiera mujer le complace donde cada uno sigue sus impulsos
de la naturaleza y satisface su necesidad, hasta que el deseo se extingue.
La desigualdad se manifiesta en el estado natural la perfectibilidad y las virtudes
sociales que el hombre ha recibido han echado a perder la especie
perfeccionando a la razón humana volviéndolos malos a los seres sociables.
¿por qué se han dado a sí mismos superiores si no es para que los defendieran
contra la opresión y protegieran sus bienes, sus libertades y sus vidas, que son,
por así decir, los elementos constitutivos de su ser? ¿Qué equivalente hubiera
podido ofrecer éste por la concesión de tan magnífico derecho? Y si hubiera osado
exigirlo con el pretexto de defenderlos, ¿no hubiese recibido inmediatamente la
respuesta del apólogo: ¿Qué mal nos haría el enemigo? Es incontestable tal
precepto fundamental de todo derecho político, que los pueblos se han dado jefes
para defender su libertad y no para oprimirlos.
Los políticos hacen sobre el amor de la libertad los mismos sofismas que los
filósofos sobre el estado de naturaleza. Por las cosas que ven juzgan cosas muy
distintas que no han visto, y atribuyen a los hombres una inclinación natural a la
esclavitud por la paciencia.
No hacen más que alabar sin cesar la paz y el reposo de que gozan, pero los
deseos de sacrificar los placeres, el reposo, las riquezas, el poderío y hasta la vida
misma para conservar ese bien único tan despreciado por los que lo han perdido,
desafiar el hambre, el fuego, el hierro y la muerte solamente por conservar su
independencia, pienso que no corresponde a los esclavos razonar sobre la
libertad. En lugar de decir que la sociedad civil se deriva del poder paternal, sería
necesario decir, al contrario, que es de ella de quien ese poder tiene su principal
fuerza. Ahora, se ven reducidos a recibir como un favor lo que les deja de sus
propios bienes; hace justicia cuando los despoja; concede gracia cuando los deja
vivir.
El soberano no se halla sujeto a las leyes de su Estado, los buenos príncipes han
defendido siempre como una divinidad tutelar de su Estado. Nos dice que cuánto
más legítimo es la perfecta felicidad de un reino consiste que sea obedecido de
sus súbditos, que él obedezca a la ley y que la ley sea recta y encaminada
siempre al bien público. Del mismo modo que una persona transfiere a otra sus
bienes por medio de convenciones y contratos, de igual manera puede despojarse
de su libertad en favor de alguno. Este poder se extiende a todo lo que puede
mantener la constitución, pero no alcanza a poder cambiarla.
Se reflexionara atentamente, porque si no existía un poder superior que pudiera
responder de la fidelidad de los contratantes ni forzarlos a cumplir sus
compromisos recíprocos, las partes serían los únicos jueces de su propia causa y
cada una tendría siempre el derecho de rescindir el contrato tan pronto como
advirtiera que la otra infringía las condiciones, o bien cuando éstas dejaran de
convenirle.
Estas formas de gobierno se deben a su origen de las diferencias, acaso ¿Había
un hombre eminente en poder, en virtud, en riqueza o en crédito? ¿Había algunos,
aproximadamente iguales entre sí, que excedieran a todos los demás? Fueron
elegidos conjuntamente, y hubo una aristocracia. Los ciudadanos quisieron
guardar su libertad; los súbditos sólo pensaron en arrebatársela a sus vecinos no
pudiendo sufrir que otros gozaran un bien que no disfrutaban ellos mismos. En
una palabra: en un lado estuvieron las riquezas y las conquistas; en otro, la
felicidad y la virtud.
En cuanto más recaía el nombramiento en hombres de edad más avanzada más
frecuentes eran las elecciones y las dificultades se hacían sentir más. Se
introdujeron las intrigas, se formaron las facciones, se agriaron los partidos, se
encendieron las guerras civiles; en fin, la sangre de los ciudadanos fue sacrificada
al pretendido honor del Estado, y hallaron se los hombres en vísperas de recaer
en la anarquía de los tiempos pasados.
La ambición de los poderosos aprovechó estas circunstancias para perpetuar sus
cargos en sus familias; el pueblo, acostumbrado ya a la dependencia, al reposo y
a las comodidades de la vida, incapacitado ya para romper sus hierros, consintió
la agravación de su servidumbre para asegurar su tranquilidad. Si seguimos el
progreso de la desigualdad a través de estas diversas revoluciones, hallaremos
que el establecimiento de la ley y del derecho de propiedad fue su primer término;
el segundo, la institución de la magistratura; el tercero y último, la mudanza del
poder legítimo en poder arbitrario. Las distinciones políticas engendran
necesariamente las diferencias civiles. La desigualdad, creciendo entre el pueblo y
sus jefes, bien pronto se deja sentir entre los particulares, modificándose de mil
maneras, según las pasiones, los talentos y las circunstancias.
Es difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar, y el político más
astuto no hallaría el modo de sojuzgar a unos hombres que sólo quisieran
conservar su libertad. Pero la desigualdad se extiende sin trabajo entre las almas
ambiciosas y viles, dispuestas siempre a correr los riesgos de la fortuna y a
dominar u obedecer casi indiferentemente. Demostraría que a este ardiente deseo
de notabilidad, que a este furor de sobresalir que nos mantiene en continua
excitación, debemos lo que hay de mejor y peor entre los hombres, nuestras
virtudes y nuestros vicios, nuestras ciencias y nuestros errores, nuestros
conquistadores y filósofos; es decir, una multitud de cosas malas y un escaso
número de buenas.
hoy la desigualdad y podría manifestarse en los siglos futuros según la naturaleza
de los gobiernos y las mudanzas que el tiempo introducirá en ellos
necesariamente. De la extrema desigualdad de las condiciones y de las fortunas;
de la diversidad de las pasiones y de los talentos, a la felicidad y a la virtud;
Éste es el último término de la desigualdad, el punto extremo que cierra el círculo
y toca el punto de donde hemos partido. Aquí es donde los particulares vuelven a
ser iguales, porque ya no son nada y porque, como los súbditos no tienen más ley
que la voluntad de su señor, ni el señor más regla que sus pasiones, las nociones
del bien y los principios de la justicia se desvanecen de nuevo; aquí todo se
reduce a la sola ley del más fuerte, es decir un exceso de corrupción
Junto con las posiciones intermedia en las que el tiempo que me apremia me ha
hecho suprimir o la imaginación no me ha sugerido. Encontramos que esta
sucesión de cosas hallará la solución de una infinidad de problemas de moral y de
política. Viendo que el género humano de una época no era el mismo que el de
otra, comprenderá la razón por la cual no encontraba al hombre que buscaba, y
es porque buscaba un hombre de un tiempo que ya no existía.
La reflexión nos enseña sobre todo eso, la observación lo confirma plenamente: el
hombre salvaje y el hombre civilizado difieren de tal modo por el corazón y por las
inclinaciones, que aquello que constituye la felicidad suprema de uno reduciría al
otro a la desesperación. El primero sólo disfruta del reposo y de la libertad, sólo
pretende vivir y permanecer ocioso, y la ataraxia misma del estoico no se
aproxima a su profunda indiferencia por todo lo demás, mientras que el ciudadano,
por el contrario, siempre activo, suda, se agita, se atormenta incesantemente
buscando ocupaciones todavía más laboriosas; trabaja hasta la muerte, y aun
corre a ella para poder vivir, o renuncia a la vida para adquirir la inmortalidad;
adula a los poderosos, a quienes odia, y a los ricos, a quienes desprecia, y nada
excusa para conseguir el honor de servirlos.
Podemos decir que el origen y el desarrollo de la desigualdad, la fundación y los
abusos de las sociedades políticas, en cuanto estas cosas pueden deducirse de la
naturaleza del hombre por las solas luces de la razón e independientemente de los
dogmas sagrados, que otorgan a la autoridad soberana la sanción del derecho
divino.