Universidad de San Carlos de Guatemala
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Área Específica
Constitucionalismo económico y social
Jornada Matutina
Catedrático: Lic. Felipe Benavid Villatoro Recinos
Auxiliar de Catedra: Luis Fernando Avila
Material de Apoyo
CONSTITUCIONALISMO
Nos hallamos ante la presencia de un fenómeno de fundamental importancia en la historia
humana: el proceso del constitucionalismo; que nos muestra la lucha del hombre por su libertad
desde la más remota antigüedad hasta nuestros días.
La idea fundamental que apareja el constitucionalismo es la de límite al ejercicio del poder.
Así lo explica MCILWAIN al destacar este distintivo imprescindible: el rasgo característico
más antiguo, constante y duradero del verdadero constitucionalismo continúa siendo, como ha sido
casi desde el comienzo, la limitación del gobierno por el derecho.
La historia del hombre es la hazaña de la libertad, como dijo Croce y la libertad no se
adquiere sino a precio de sangre —escribía Echeverría en el Dogma de Mayo—. Veamos pues las
diferentes etapas de este proceso, siguiendo con algunas variantes el desarrollo que propone
Linares Quintana.
ETAPAS
a) Antigüedad
Predomina la idea del Estado fin sobre el individuo medio. O bien no existía libertad política
alguna (como en las monarquías teocráticas absolutas de Oriente —Persia, Egipto—) o si bien había
libertad política, el individuo se hallaba en una virtual esclavitud civil.
Esto último se ve claramente en Grecia donde los intereses de los individuos se subsumen o
equiparan con los del Estado. Aristóteles es muy claro cuando sostiene que la felicidad del individuo
es la misma que la del Estado.
En síntesis los principales pensadores griegos si bien no ignoraron la condición del hombre
como ser libre. Circunscribieron esa libertad a lo político; olvidando que ésta es sólo un medio para
la libertad civil, que en sentido amplio comprende la posibilidad de realizar todo acto que no dañe a
terceros
El pensamiento romano, a diferencia del griego, considera al Estado y al individuo como
entidades separadas y distintas; y la existencia del Estado encuentra su justificación en la protección
de los derechos individuales. Decía Cicerón en La República que “la República es cosa del pueblo,
no es toda reunión de hombres congregados de cualquier manera, sino la sociedad formada bajo la
garantía de las leyes con objeto de utilidad común".
El cristianismo completa las ideas de los estoicos y separa netamente (al menos en el plano
teórico) la esfera temporal de la espiritual mediante la conocida frase evangélica "Dad al César lo
que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pero quizá preocupado en demasía por la vida supra
terrenal no se ocupa con tanto énfasis de la libertad terrenal como lo demuestran la “justificación” de
San Pablo de la esclavitud “quien es llamado por Dios, aunque sea siervo es en Dios libre" u
“obedece a tu amo como al Señor" (epístola a los corintios) y una carta de una santa de la Iglesia
Católica (santa Hildegarda) que expresa lo siguiente: “Dios ordena a todos los hombres de manera
que el estamento inferior no debe elevarse por encima del superior como hicieron antaño Satán y el
primer hombre. que intentaron elevarse por encima a sus respectivos estados".
Pasarían muchos siglos aún hasta que la concepción del hombre como un fin en sí mismo
fuera una verdad palpable.
b) Edad Media
Este período histórico (siglos v al XIV) se caracterizó por la atomización del poder político y
una división social estamental, pero sobre todo por la falta de libertad individual. Detengámonos en
este punto y veamos el lúcido análisis que realiza Erich Fromm en El miedo a la libertad (BS. A5.,
Paidós, 1984): “Lo que caracteriza a la sociedad medieval, en contraste con la moderna es la falta
de libertad individual. Todos, durante el período más primitivo, se hallaban encadenados a una
determinada función dentro del orden social. Un hombre tenía muy pocas posibilidades de pasar de
una clase a otra, y no menores dificultades tenían para hacerlo desde el punto de vista geográfico,
de una ciudad a otra o de un país a otro. Con pocas excepciones, se veía obligado a permanecer en
el lugar de su nacimiento. Frecuentemente no poseía ni la libertad de vestirse como quería ni de
comer lo que le gustaba. El artesano debía vender a un cierto precio y el campesino hacer lo propio
en un determinado lugar, el mercado de la ciudad. Al miembro de un gremio le estaba prohibido
revelar todo secreto técnico de producción a cualquiera que no fuera miembro del mismo, y estaba
obligado a dejar que sus compañeros de gremio participaran de toda compra ventajosa de materia
prima. La vida personal, económica y social se hallaba dominada por reglas y obligaciones alas que
prácticamente no escapaba esfera alguna de actividad".
No se había desarrollado todavía la conciencia del propio yo individual, del yo ajeno y del
mundo como entidades separadas. La falta de autoconciencia del individuo en la sociedad medieval
es claramente expresada en el siguiente párrafo de J. Burckhardt: “Durante la Edad Media ambos
lados de la conciencia humana —la que mira hacia dentro y la que se dirige afuera- yacen en el
sueño o semidespiertas bajo un velo común. Un velo tejido de fe, ilusión e infantil inclinación, a
través del cual el mundo y la historia eran vistos bajo extraños matices. El hombre era consciente de
sí mismo sólo como miembro de una raza, pueblo, partido, familia o corporación; tan sólo a través de
una categoría general". Es sin embargo en esta etapa donde surgen los primeros antecedentes de la
moderna concepción del constitucionalismo a través de las cartas y fueros medievales.
Antes de analizar los principales es menester diferenciarlos de las declaraciones de
derechos. Las cartas y fueros se basaban en la idea de un poder absoluto del monarca, el que
graciosamente o por acuerdo con los señores, concedía a los súbditos ciertas franquicias o
derechos, siendo además sus destinatarios limitados: sólo los hombres libres.
Las declaraciones de derechos, en cambio, presuponen un poder limitado del monarca, y
sus destinatarios eran todos los hombres y mujeres, es decir eran universales. Eran sancionados por
los representantes del pueblo, titular dela soberanía y el poder constituyente, por. lo que resultan
inconfundibles con las estipulaciones de libertades y franquicias, que constituyeron el movimiento
cartista cuyos exponentes típicos analizaremos a continuación.
La Carta Magna dada en Inglaterra por el rey Juan sin Tierra el 15 de junio de 1215
establece la prohibición —salvo casos excepcionales- de establecer tributos sin el consentimiento
del Consejo del reino. Otra de sus disposiciones fundamentales es el art. 48: “nadie podrá ser
aprisionado, arrestado, ni desposeído de sus bienes, costumbres y libertades, sino en virtud del
juicio de sus pares según la ley del país" que constituye un antecedente del hábeas corpus y del due
process of law (debido proceso legal).
También en España encontramos documentos —llamados fueros- que operan como
limitaciones a la entonces todopoderosa voluntad del monarca.
Probablemente el más importante fue el fuero de Aragón (1283). Este estatuto -al igual que
las Constituciones modernas- era la ley suprema a la que el mismo monarca debía obediencia,
existiendo, si bien en forma rudimentaria, un contralor de constitucionalidad a cargo de un
funcionario llamado el “Justicia Mayor". También funcionó en dicha época el “juicio de manifestación”
que para Linares Quintana constituyó una garantía de la libertad física o corporal de las personas
que nada tiene que envidiar a las más perfeccionadas garantías actuales.
c) Los albores del constitucionalismo: el Renacimiento y la Reforma
El Renacimiento trae un cambio fundamental en la cosmovisión imperante que de un
teocentrismo pasa a un antropocentrismo. Termina de este modo la infancia de la humanidad, el
hombre empieza a tomar conciencia de sí, y la preocupación por la salvación es reemplazada por la
mundanidad. El hombre se niega a aceptar todo por la fe: nace la ciencia y con ella un nuevo
hombre: el individuo.
La Reforma fue un vehemente ataque contra la jerarquía eclesiástica —estructura
dominante de la época—; se niega el principio de autoridad y se exige una amplia libertad de
conciencia. El individuo es conceptuado un valor esencial, siendo esto último la base o fundamento
filosófico del autogobierno.
Pero no debemos creer que el movimiento reformista fue uniforme en cuanto a la creencia
del valor de la libertad humana; podemos distinguir:
1) El luteranismo
Esencialmente individualista, para el que no hay fuerza alguna que pueda ejercer coacción
sobre la mente humana: “Ni el obispo ni el papa, ni ningún otro hombre tienen el derecho de imponer
ni una sola sílaba de ley a un cristiano sin su consentimiento; y quien lo hiciere lo hará siguiendo el
espíritu de la tiranía” (Lutero, M., La libertad del hombre cristiano).
2) El calvinismo
Sistema de pensamiento que mediante la creencia en la predestinación se convirtió en una
encendida defensa del statu quo. Calvino poco valor reconocía a la libertad de conciencia,
constituyendo el sistema político propugnado un autoritarismo de base teocrática.
Un paso más adelante en este camino hacia la libertad lo constituyen los documentos
ingleses, que brevemente veremos a continuación.
d) El “Agreement of the People” y el “lnstrument of Gobernment”
En 1647 en momento clave de la revolución puritana, el consejo de guerra de Cromwell
elabora el Agreement of the People (Pacto o Acuerdo del Pueblo) sin que se lo llegara a sancionar.
Lo más importante de este documento es la idea de limitar el poder del Parlamento,
colocándolo como ley suprema fuera del alcance de sus poderes, declarando en forma expresa los
derechos que ninguna autoridad podía allanar sin delito.
Si bien el pacto no tuvo sanción, sus principios influyeron notablemente en el Instrument,
que si la obtuvo y se promulgó el 16 de diciembre de 16,552. Este documento como ley suprema
escrita constituye la única Constitución de ese carácter que conoció en su historia el reino inglés.
Jellinek hace notar esta paradoja] situación cuando en su Teoría del Estado dice que “la idea
de una Constitución escrita ha nacido en el Estado que precisamente hasta hoy no ha tenido
ninguna".
El último paso que daremos antes de entrar de lleno en el constitucionalismo propiamente
dicho es el análisis de un importantísimo hito: la Revolución Francesa y la Declaración de derechos
del hombre y del ciudadano.
e) La Revolución Francesa y la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano
No nos vamos a ocupar aquí del aspecto histórico de la revolución ni de las posibles críticas
a uno de sus principales ideólogos —Rousseau— por su idea de la voluntad general como entidad
supraindividual y la inevitable consecuencia de un "totalitarismo democrático".
La más importante idea que propagó la Revolución fue la necesidad de una Constitución
escrita por creerse que un pueblo libre para ser tal debía tener una ley fundamental que fuera
expresión de la voluntad de la Nación.
Esta idea se completa con la existencia de derechos individuales que ninguna autoridad -so
pena de despotismopodía desconocer: idea que se plasma magníficamente en la Declaración de
derechos del hombre y del ciudadano (agosto de 1789) que se inicia proclamando: “los
representantes del pueblo francés constituidos en asamblea nacional considerando que la
ignorancia, el desprecio o el olvido de los derechos del hombre son las únicas causas de las
desdichas públicas y de la corrupción de los gobiernos han resuelto exponer en una declaración
solemne. los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración,
constantemente presente a todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus
derechos y deberes; a fin de que los actos del Poder Legislativo y los del Poder Ejecutivo, pudiendo
a cada instante ser comparados con el fin de toda institución política, sean más respetados; a fin de
que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas en adelante sobre principios simples e
incontestables, se inclinen siempre a la conservación de la Constitución y a la felicidad de todos".
Son sus disposiciones más importantes;
1) El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos del hombre.
2) La libertad consiste en hacer todo lo que no perjudique a otro.
3) Los límites a la libertad sólo pueden provenir de la ley.
4) Debido proceso legal.
5) Libertad de expresión y de conciencia.
6) Repartición proporcional de las cargas públicas.
7) La propiedad es un derecho inviolable y sagrado. Expropiación sólo por causa de utilidad pública
previa justa indemnización.
La importancia de estos principios es fundamental en dos aspectos: son la base ideológica
del constitucionalismo liberal y como tales lo serán de la Constitución Política de la Republica. A la
primera cuestión le dedicaremos el siguiente apartado.
CONSTITUCIONALISMO LIBERAL. BASES IDEOLÓGICAS
El Estado constitucional —producto del constitucionalismo- se caracteriza por la limitación
del poder estatal en pro de las libertades individuales. Esa limitación está dada, por un lado por el
reconocimiento de ciertos derechos básicos en la parte llamada “dogmática” de la Constitución y por
el otro por la división de poderes, la existencia de contralores recíprocos, la periodicidad de los
encargados del gobierno, etcétera. Por eso es correcta la aseveración de Friedrich cuando dice que
la función del derecho constitucional más que organizar el poder es limitarlo o restringirlo.
El constitucionalismo primitivo —no en sentido peyorativo sino cronológico- asume la forma
del constitucionalismo liberal, cuyas bases filosóficas y necesaria proyección en el campo de la
política y la economía desmenuzaremos a continuación.
a) Bases filosóficas: libertad e igualdad
1) Libertad
Decir para el liberalismo que los hombres son libres implica que cada uno de ellos puede
pensar, expresarse y obrar como él quiera y la libertad de otros es el único límite de la libertad de
cada uno (Duverger, Maurice, Institucwnes políticas y derecho constitucional, Barcelona, Ariel,
1981).
En palabras de John Stuart Mill: “El único objeto que autoriza a los hombres, individual o
colectivamente. a turbar la libertad de acción de sus semejantes, es la propia defensa; la única razón
legítima para usar de la fuerza contra un miembro de una comunidad civilizada es la de impedirle
perjudicar a otros, pero el bien de ese individuo, sea físico, sea moral no es razón suficiente. Ningún
hombre puede en buena lid, ser obligado a actuar o a abstenerse de hacerlo, porque de esa
actuación o abstención haya de derivarse un bien para él, porque ello le ha de hacer más dichoso, o
porque en opinión de los demás, hacerlo sea prudente o justo. Éstas son buenas razones para
discutir con él, para convencerle o para suplicarle, pero no para obligarle o causarle daño si obra de
modo diferente a nuestros deseos.
Para que esta coacción fuese justificable, sería necesario que la conducta de este hombre
tuviera por objeto el perjuicio de otro. Sobre sí mismo sobre su cuerpo y espíritu, el individuo es
soberano" (Mill, John S., Sobre la libertad, Madrid. Orbis, 1984).
La libertad así concebida veda imponer a los individuos sacrificios o privaciones, contra su
voluntad que no redunden en su propio beneficio (Nino llama a este principio "principio de
inviolabilidad de la persona", pero su postura acerca de la posibilidad de violación de los derechos
individuales por omisión. hace que a su “liberalismo igualitario" lo analicemos luego junto al
constitucionalismo social).
Tampoco puede el Estado imponer o interferir en los planes de vida que los individuos
libremente elijan, so pretexto de que ellos son inconvenientes, inmorales, etcétera. Este es el
llamado “principio de autonomía".
2) Igualdad
Decir para el liberalismo que los hombres nacen iguales significa que nadie puede
beneficiarse por herencia de derechos o de privilegios que lo coloquen por encima de otros (herencia
debe entenderse como prerrogativa de sangre, no como sucesión por causa de muerte).
Pero el concepto de igualdad no implica —todavía más, lo excluye- que todos los hombres
tengan en la realidad el mismo status o bienestar económico. Al ser la libertad el valor supremo, la
igualdad se limita a una igualdad de posibilidades, de tratamiento frente a la ley. Veremos más
adelante cómo juega la igualdad ante el problema de la miseria.
b) Proyección de las bases
Conjugando los principios de libertad e igualdad llegaremos a la conclusión de que el
liberalismo exige un gobierno representativo. ¿Por qué? Una respuesta simple, sin ahondar en
profundas cuestiones filosóficas acerca de la justificación o superioridad moral de la democracia,
sería la siguiente: al ser los hombres libres e iguales, ninguna autoridad puede imponerles per se
obediencia. El poder no puede basarse más que en el acuerdo o consenso de los miembros de la
sociedad. Nadie puede ejercer el gobierno de una comunidad sino por el consentimiento de los
ciudadanos que le delegan el derecho de mandarlos; de ahí se derivan como consecuencias
necesarias el sistema representativo y las elecciones.
Exige también —ya entrando en el terreno de la política económica- la plena vigencia del
principio que enunció Adam Smith que limita la acción del Estado a las actividades que los individuos
u otras asociaciones menores no puedan realizar (principio de subsidiaridad).
Lo hasta aquí expuesto no nos debe llevar al grosero error de identificar a la ideología liberal
con el lema laissez faire, laissez paser, le monde va de lui méme (dejar hacer, dejar pasar, el mundo
va sólo por su rumbo).
Si cometemos tamaño equivoco, reduciremos una teoría filosófica, una forma de vida, a una
simple teoría económica y caeremos en un “liberalismo” que no es tal, una postura egoísta que
ignora la miseria ajena y se ufana soberbiamente de las desigualdades económicas.
Pero el lector podrá preguntarse, si el liberalismo exige de algún modo una manipulación de
la economía ¿cuál es la diferencia con un sistema social estatista que respete los derechos
individuales? Evita intencionalmente entrar en la polémica de si es posible separar la libertad
económica de la libertad en general, en parte porque ello implicaría debatir intrincadas teorías
filosóficas —como la de Hayek, según la cual en el estatismo se encuentra el germen del
totalitarismo- en parte porque el tema será tocado al desarrollar el constitucionalismo social.
La respuesta a este interrogante nos lleva a postular una “solución liberal” para los
problemas económicos, muy diferente de la que puede proponer un social-estatista.
c) La solución liberal
Antes de entrar de lleno en el problema económico, expondremos la justificación científica
del liberalismo económico: la tesis de Hayek, premio Nobel de economía en 1974.
Socialismo y liberalismo no son elecciones equivalentes. No responden a preferencias
personales o inclinaciones morales; no se trata de una alternativa política sino de un debate objetivo
de carácter científico: tal es el sentido y el mensaje de Hayek, según nos dice Sorman (Sorman.
Guy,
La solución liberal, Bs. A5.. Atlántida, 1985).
Para Hayek nuestra sociedad depende de dos interpretaciones posibles y sólo de dos: e]
orden madurado o espontáneo que él llama Kosmos, o el orden impuesto o decretado al que llama
Taxis. Del primero deriva el liberalismo, del segundo el socialismo. Partiendo de esta posición,
Hayek
se aboca a demostrar que sólo el liberalismo tiene fundamentos racionales, verificados tanto por la
historia como por la lógica.
La sociedad industrial en que vivimos sería el producto espontáneo de iniciativas
individuales acumuladas. Creamos estructuras, instituciones que demostraron ser esenciales para
nuestra supervivencia y prosperidad sin planificarlas. Hayek da como ejemplo la familia y la
propiedad privada.
La sociedad obedece a un proceso casi biológico para retener sólo las instituciones mejor adaptadas
a nuestro bien común.
Del mismo modo, en el orden económico, la libre empresa, el libre cambio que son la base
del crecimiento, no fueron decretados sino experimentados. “Caímos -dice Hayek- en la economía
liberal y permanecimos en ella porque constatamos que ése era el medio para escapar a la escasez.
Ninguna persona ni gobierno alguno decidió nunca imponer un sistema al que hubiera llamado
arbitrariamente economía liberal".
El crecimiento es un accidente no programado, resultado arriesgado y experimental de las
iniciativas individuales y de la libertad política. Con el correr de los siglos el crecimiento no ha dejado
de desarrollarse tomándose cada vez más complejo; ahora resulta de la distribución de millones de
actos aislados que se organizan espontáneamente.
Pero llegado a este punto del razonamiento, Hayek rompe con los liberales clásicos y entra
en la modernidad. Estos estimaban que las leyes nos resultaban desconocidas porque eran de
orden divino; “decretos de la Providencia" los llamaba Tocqueville; Hayek es ateo y considera que
las leyes del mercado escapan a nosotros sólo porque son demasiado complejas para ser
dominadas científicamente. Así el mercado administra una cantidad infinita de informaciones
económicas que operan constantemente ajustes instantáneos, operaciones que sería rigurosamente
imposible determinar de manera centralizada. La superioridad de la espontaneidad del mercado
aparece así como una especie de verdad o evidencia experimental.
A la inversa, el orden decretado supone que es imposible dominar las leyes del progreso y
construir una sociedad planificada. Para Hayek esto es una ambición demente. La idea de que la
burocracia estatal tenga la capacidad técnica de recoger suficientes informaciones, centralizarlas y
orientarlas, es insensata; nadie es lo suficientemente inteligente para reinventar el mundo.
Constituye entonces el socialismo un exceso de soberbia; una vanidad intelectual que no acepta que
existan leyes que el hombre no pueda conocer.
Podríamos pensar ahora a la propuesta del liberalismo contemporáneo para solucionar los
problemas económicos.
Mientras un sistema social-estatista manipula a toda la sociedad para responder a las
necesidades de algunos, la actitud liberal consiste en dejar funcionar naturalmente a la sociedad y
aportar una ayuda directa —p.ej., por medio de subsidios y otros medios de ayuda social- a quienes
lo necesitan realmente. La pobreza y La desocupación deben dejar de ser consideradas
enfermedades vergonzantes; el deber de solidaridad exige una respuesta para estos problemas.
El verdadero liberal debe reconocer que el crecimiento, por su propia naturaleza, crea
tensiones económicas y sociales suscita desigualdades.
Por lo tanto es lógico y constituye una obligación para un liberal coherente tomar en cuenta
esas desigualdades y, sobre todo, no tratar de negarlas o disfrazarlas.
El liberalismo que ignorara —e incluso se vanagloriara de las desigualdades económicas,
amén de ser contrario a la doctrina ética que le sirve de sustento estaría cebando una bomba de
tiempo. Esto quiere decir que un sistema que se llame liberal pero no acepte lo antedicho siembra el
germen de su propia destrucción. Una explicación simple para esta afirmación la podemos dar
recurriendo a las enseñanzas que nos deja la historia. Una revolución —es decir un cambio de
sistema- tiene como motor —además del siempre fundamental aporte de los ideólogos- las
profundas diferencias social-económicas y el descontento que ello provoca. Algunos ejemplos que
creo bastan para probarla verac1dad de la idea aquí expuesta los encontramos en la ya lejana
Revolución Francesa, pasando por las más cercanas experiencias de la Rusia zarista, de Cuba y
Nicaragua.
En cuanto a la función del Estado, la solución liberal no consiste en declamar: ¡Abajo el
Estado, la política, los funcionarios y los impuestos! Muy por el contrario, una sociedad liberal no
podría funcionar si en ella no se reconoce claramente el lugar que corresponde al Estado. El
liberalismo es el régimen del Estado de derecho separado de la sociedad civil por una frontera clara
y estable de naturaleza constitucional. Es función de ese Estado garantizar los derechos
individuales, el orden y la seguridad en tanto corresponde a la sociedad civil tomarla iniciativa del
cambio.
Nos dice Sorman -a quien seguimos en este tema- que esta noción de seguridad resulta
esencial para el orden liberal bien lejos de la caricatura que tiende a asimilar el liberalismo con la ley
de la selva. Pero no se trata de seguridad social sino también de seguridad económica; la ausencia
de cualquier tipo de protección social en las naciones en vías de desarrollo entorpece su
crecimiento. Efectivamente, en una situación de pobreza, un individuo se sentirá inclinado a no
correr riesgo alguno para no perder el mínimo vital que le garantiza la supervivencia. Este equilibrio
de la escasez es un obstáculo fundamental para el progreso económico que supone la aceptación
del cambio.
Así que el orden liberal supone que el Estado ha de garantizar un mínimo social, sin cuya
presencia el progreso económico que arranca a los hombres de sus hábitos será más temido que
buscado. De modo que el liberalismo no es la 'ley de la selva, ni la inseguridad económica y social
sino, por el contrario un intento de reconciliación entre la eficiencia económica y la justicia social que
de manera absurda, el social- estatismo ha tratado de disociar.
El Estado liberal no es un Estado de laissez faire; consentir esto sería aceptar el dominio de
los más fuertes preparar el camino al socialismo que fue lo que hicieron los economistas liberales
del siglo pasado.
Nada hay más inestable que una economía de mercado. Por lo tanto ser liberal no significa
pretender que el mercado como si fuera un mecanismo mágico resuelva todos los problemas. Sin un
Estado fuerte y respetado el mercado sucumbe a los monopolios y si el Estado interviene demasiado
no quedan vestigios de mercado.
La economía de mercado no es una cuestión teológica o dogmática, sino de circunstancias,
de examen crítico. Determinar -teniendo siempre en cuenta la superioridad del orden espontáneo- si
corresponde al Estado intervenir, constituye por excelencia el objeto del debate político.
El modelo de constitucionalismo liberal —representado, p.ej., por la Constitución de Estados
Unidos de 1787 y la de Argentina de 1853- tuvo su apogeo durante el siglo XIX, imperando en forma
absoluta.
Pero el desarrollo del capitalismo y sus consecuencias sociales y económicas sumado a la
doctrina que propiciaban Carlos Marx y sus seguidores, habrían de traer nuevos vientos a las ideas
constitucionales: el constitucionalismo social, que analizaremos en el Siguiente punto.
CONSTITUCIONALISMO SOCIAL. IDEOLOGÍA Y PRÁCTlCA
Casi con la finalización de la primera guerra mundial surge un importante fenómeno en la
historia constitucional: el constitucionalismo social, al que podemos caracterizar primariamente como
un vasto movimiento que trata de conciliar al interés individual con el interés de la colectividad,
estableciendo normativamente que los derechos individuales deben estar limitados en su práctica o
ejercicio por el interés común.
Aparecen por vez primera en las Constituciones, los llamados derechos sociales. Pero esto,
como intentaré demostrar, no significa en modo alguno que la teoría constitucional del Siglo XIX —el
constitucionalismo liberal- negare o desprotegiera los derechos de algunos en favor de otros. Lo que
Sí efectivamente ocurrió fue que personeros de las clases dominantes aprovecharon ilegítimamente
la ideología liberal para conservar y aumentar sus privilegios, traicionando los principios éticos que
gobiernan la doctrina y sobre todo en nuestro país, generando una enorme desconfianza dela gente
a todo lo que tenga el rótulo liberal.
En palabras simples, cuando llegó el momento decisivo, se privilegió un liberalismo Sólo
económico, dejando de lado las posibles consecuencias nefastas de esta elección para la propia
existencia del sistema.
Dijimos en el apartado anterior que el constitucionalismo social abrevaba intelectualmente en
el socialismo, pero no debemos caer en el grosero error de incluir dentro del constitucionalismo
social a aquellas Constituciones de raigambre marxista y que en la práctica se han mostrado como
formidables instrumentos de negación de las libertades individuales, instaurando la dictadura del
proletariado y la abolición de la propiedad privada en un Sistema que comporta la supresión de las
libertades individuales, llegando a invertir el llamado principio de clausura “todo lo que no está
prohibido está permitido” por su opuesto, es decir “todo lo que no está permitido está prohibido”.
Estas Constituciones -p.ej., las soviéticas de 1918, 1924, 1936, 1977- encuadran dentro de la
clasificación ontológica que formula el profesor K. Loewenstein en las Constituciones semánticas,
que son aquellas “Constituciones disfraz" que establecen un mero sistema normativo que sirve para
justificar la detentación del poder por sus actuales poseedores sin respetar los derechos
individuales.
En cambio el constitucionalismo social es un movimiento o tendencia esencialmente
democrática con amplio reconocimiento de los derechos y garantías individuales, aunque en su
ejercicio se impongan a sus titulares limitaciones fundadas en el interés común, sin alterar
esencialmente su contenido.
Son algunos ejemplos de esta tendencia las siguientes Leyes Supremas: México, 1917;
Alemania, 1919; Austria, 1920; Yugoslavia, 1921; España, 1931, y luego de la segunda guerra
mundial, con el auge de la social democracia, podemos agregar la de Francia de 1958 y, la de
España de 1978.
Transcribiremos a continuación las cláusulas más sobresalientes de algunas de estas
Constituciones, para poder apreciar cómo se proyectan sus principios en la letra de la ley y luego
analizaremos un tema de fundamental importancia: la posibilidad de violar los derechos de nuestros
semejantes por omisión y otro concatenado a éste: la necesaria actuación del Estado para evitar y
subsanar esta violación.
a) Principales cláusulas del constitucionalismo social
1) “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades
que dicte el interés público" Se busca con esta cláusula eliminar los latifundios y aumentar la
productividad.
2) Derecho de huelga y lock out reconocido expresamente
La Constitución mexicana de 1917, primera del género social consagra los principios fundamentales
del derecho laboral constitucional, reconociendo también el derecho de los trabajadores a participar
en las ganancias de la empresa.
3) “La vida económica debe ser organizada conforme a los principios de la justicia y tendiendo a
asegurar a todos una existencia digna del hombre". Dentro de estos límites la Constitución alemana
de Weimar de 1919 garantiza la libertad económica.
4) “La propiedad obliga y el uso debe ser igualmente en el interés general”.
5) Se garantiza a todo alemán el derecho a trabajar, distinto del derecho de trabajar, o sea el
derecho a ganarse la vida mediante un trabajo productivo, y en caso que éste no pudiera serle
procurado, debían asegurársele los medios de existencia necesarios.
Podemos observar a través de estas disposiciones que el constitucionalismo social exige
una participación activa del Estado en la vida económica de la comunidad. Es que para esta postura
es posible —a diferencia del constitucionalismo liberal clásico- la violación de los derechos del
hombre por la mera omisión.
Antes de analizar esta posibilidad, cerraremos el párrafo con una frase de Benn y Peters
(Benn, S. I. - Peters, R. S., Los principios sociales y el Estado democrático, Bs. A5., Eudeba, 1984)
que creemos sintetiza en buena medida la concepción social que estamos analizando: “Las
personas que consideran conveniente la reglamentación estatal que se ha producido en años
recientes, a menudo tratan de reconciliarla con la libertad redefiniendo a esa palabra en términos de
oportunidad. La falta de restricciones es una definición muy limitada; la libertad tiene tanto un
aspecto positivo como uno negativo. Si la educación es cara y los padres son pobres parece una
burla de la libertad afirmar que todos son libres de educar como quieren a sus hijos, simplemente
porque no hay ley o costumbre que lo prohíba. La libertad de elección puede ser formalmente
ilimitada; no habrá libertad, empero, hasta que no sea efectivamente ilimitada. Suprimir obstáculos
para que la gente haga lo que desea hacer es, así, una extensión de la libertad. Dar a un inválido
una pierna artificial; al ignorante, educación; desocupado, trabajo, son todas extensiones positivas
de la libertad. Las exigencias jurídicas son, entonces un pequeño precio que ha de pagarse por
libertades positivas de esta índole; puesto que sólo renunciamos a poca cosa para recibir mucho
más. Y la bondad de la libertad permanece intacta.
Nuestra necesidad de ser libres no puede ser satisfecha como cuestión de hecho a menos
que las necesidades de comida, ropa y abrigo hayan sido satisfechas. Porque los hombres muertos
no pueden ser libres".
b) El Estado y la violación de derechos por omisión
Existen tres posiciones claramente diferenciadas acerca de la posibilidad de violación de
derechos por omisión, tema central para la aceptabilidad o no de un constitucionalismo del tipo que
acabamos de caracterizar, ya que si los derechos sólo pudieran violarse por acción el Estado no
podría justificar su intromisión en el orden natural; todavía más, su propia actuación estaría
invalidada por violar derechos de algunos en favor de otros.
Vamos a seguir en este terna el desarrollo que realiza Carlos S. Nino (Ética y derechos
humanos, Bs. A5., Paidós, 1985) adaptando sus conclusiones a nuestro tema en particular.
La primera postura (extrema) estaría dada por Nozick, para quien los derechos básicos son
correlatos de obligaciones pasivas, de modo que su violación es sólo posible por una conducta
activa. Los derechos individuales son concebidos como restricciones laterales a la persecución de
objetivos colectivos y no parte de dichos objetivos. Nozick emplea la metáfora de que nuestros
derechos forman alrededor nuestro una especie de circunferencia que delimita nuestro espacio
moral y ese espacio es invadido por violaciones activas.
Es notable que aún en la alternativa abstencionista más extrema, haya un elemento de
activismo por parte del Estado, que consiste en dictar y hacer cumplir normas para que otros se
abstengan de actuar.
Y sobre este último punto descargan sus críticas las demás posturas: ¿por qué deberían
limitarse los derechos a lo que Bentham llamó los servicios negativos de otros, o sea a la abstención
e cosas tales como el homicidio, robo, lesiones o al incumplimiento contractual? ¿Por qué no habría
de incluirse un derecho básico al servicio positivo de aliviar las grandes necesidades o sufrimientos o
la provisión de educación cuando el costo de estos servicios es pequeño comparado con la
necesidad a ser satisfecha y con los recursos financieros de aquellos a quienes se cobra impuesto
con ese fin?
No brinda Nozick una respuesta satisfactoria a este requerimiento, lo que lo hace objeto de
severas críticas, ya que como dice Farrell, la teoría de Nozick se convierte en una formidable
defensa del statu quo.
Al liberalismo pasivo o conservador (según la clasificación de Nino) se contraponen además
del liberalismo igualitario que defiende este autor y también Rawls, una concepción utilitarista, que
constituye el otro extremo del problema representado por Singer y Glover que equiparan los actos y
omisiones con el mismo valor en cuanto a la violación de derechos.
Estos autores tratan de destruir lo que para ellos es un equívoco o prejuicio fundamental:
una omisión es menos mala —aunque tenga las mismas consecuencias- que una acción. Pero si
bien logran demostrar la falsedad de este principio, lo que no llegan a establecer con claridad es el
nexo causal que hace moralmente relevante la conexión de una omisión con un resultado. ¡Y esto
último es fundamental! De lo contrario resultaríamos culpables de todos los infortunios del mundo
por omisión (p.ej., por no haber contribuido con una colecta para paliar el hambre en Etiopía,
seríamos culpables
de las muertes por inanición que allí se produjesen) y también por comisión (con el mismo ejemplo
anterior, si hubiésemos contribuido y la comida enviada estuviera envenenada también seríamos
responsables). Si tomáramos el nexo causal en sentido amplísimo, produciríamos una hipertrofia de
la responsabilidad y ¡todo el mundo sería culpable de todo! Resulta pues necesario abandonar un
criterio como el de la condicio sine qua non y buscar otro que sea aceptable. Aquí es donde Nino
toma la posta dejada por Singer y Glover y ofrece una postura intermedia entre las dos expuestas,
que si se la comprende y se la encuentra aceptable, puede brindar una justificación para el
constitucionalismo social.
Sólo cuando hay una expectativa fundada en hábitos, convenciones, rutinas aceptadas de
un comportamiento activo, el sentido común concibe un acto negativo u omisión como causa de un
cierto resultado, puesto que en este caso la falta de acción no es parte de las circunstancias
normales y en consecuencia es condición suficiente del resultado si hacemos abstracción de las
circunstancias corrientes en el contexto en que el resultado se produce.
Si lo normal era la actuación o comportamiento activo, podemos decir, salvo circunstancias
anómalas, que si el resultado no se hubiera producido ello implicaría que la omisión en cuestión no
se habría dado.
Cuanto más fuerte es la expectativa de una conducta positiva, más inclinados estaremos a
considerar a esa omisión como anormal en contraste con las demás condiciones del contexto en que
el resultado se produce.
Esta conclusión acerca de la causación a través de omisiones implica por una parte que no
es cierto que la violación de derechos básicos consista siempre en actos comisivos, y por otra,
tampoco sería verdad que toda omisión que sea antecedente necesario de la violación de un
derecho, involucre ella misma, violar ese derecho: debe haber una expectativa definida, fundada en
regularidades o normas sociales, de que el derecho sea satisfecho por el individuo en cuestión.
De esto concluye Nino —y resulta fundamental para justificar al constitucionalismo social
——,que dadas las expectativas vigentes en nuestras sociedades, el Estado violaría los derechos
básicos de la gente, si no satisficiera las necesidades mínimas de alimentación, vivienda, atención
médica, que son precondiciones para la preservación de los bienes protegidos por esos derechos
básicos.
Es claro que esta postura niega la existencia de un orden natural, de lo que Adam Smith
llamaba "la mano invisible”; pero es necesario aclarar que esta posición en modo alguno exige una
igualdad absoluta de recursos (debemos recordar que juegan los principios de autonomía e
inviolabilidad que vimos como sustento del liberalismo clásico, pero para evitar que los individuos
utilicen a los demás por omisión —he aquí la relevancia del análisis anterior- se hace participar
activamente al principio de inviolabilidad, transformándolo en una directiva de expandir siempre la
autonomía de aquellos cuya capacidad para elegir y materializar planes de vida esté más restringida,
o como expresa Rawls —Teory ofjustice- en su principio de diferencia. las únicas desigualdades
justificables son las que favorecen a los menos favorecidos por esa suerte de lotería natural que nos
da determinados recursos y posibilidades desde nuestro nacimiento), ya que ello implicaría,
seguramente, la violación de los derechos de unos en favor de otros, lo que está vedado por los
principios que analizamos anteriormente.
Termina Nino exponiendo su posición, sosteniendo que el liberalismo igualitario (que con
algunas licencias podemos equipararlo al constitucionalismo social) no es a priori estatista o
privatista, ya que a diferencia delo que sostendría un liberal clásico -y aún un neoliberal como Hayek
o Sorman-
o un socialista amante de la planificación, ningún sistema económico está lógicamente implicado por
una concepción dirigida a expandir igualitariamente la autonomía de la gente, ya que la validez de
uno u otro sistema estará dada por su eficacia como instrumento para satisfacer ese ideal.
Lo que significa que esta postura está abierta a cualquier demostración de que organismos
creados para asegurar una autonomía distribuida igualitariamente en realidad la menoscaban, o de
que sociedades privadas formadas para satisfacer planes de vida de algunos individuos florecen a
costa de la frustración sistemática de las expectativas de otros, es, en síntesis, una cuestión de
hecho, siendo importante el rol de una ingeniería social, que exige investigaciones empíricas y el
empleo de medios de contralor y corrección (tales como leyes antimonopólicas efectivas y
participación de los obreros en las ganancias de las empresas) para evitar o al menos reducir el
peligro de la expoliación de unos en favor de otros.
CONSTITUCIONALISMO ECONÓMICO S. XX
Surge el constitucionalismo económico o la idea de una Constitución económica; Derechos
sociales impulsan el surgimiento y desarrollo de una Constitución económica. Dignidad es un
presupuesto de la libertad. Extensión del voto universal, los resultados de la Primera Guerra
Mundial, la crisis económica de 1929 y los movimientos obreros van generando cambios en el rol del
Estado.
Aparece cuando no bastan los textos legales clásicos que garantizaban la propiedad privada
y la libre contratación, atribuyendo a la Administración un poder de policía sobre el buen orden de
la sociedad. Ante tal insuficiencia, es necesario juridificar el orden económico que, en el
esquema clásico, carecía de previsión jurídica. Así surgen los preceptos constitucionales
reguladores del orden económico. Tal constitucionalismo económico se materializa en cláusulas
abiertas y flexibles que, en definitiva, reciben el contenido que decide el legislador y, en los casos
más frecuentes, el que decide la actuación gubernativa y administrativa.
Se sustenta en:
Industrialización: El individuo no puede satisfacer sus necesidades básicas solo.
Estado de bienestar: Responsabilidad de los Estados de garantizar un mínimo de bienestar a
sus ciudadanos.
Garantizar la existencia de una forma de intervención en el mercado que mejore el bienestar
general, el bienestar de cada una de las personas sin empeorar a ninguna de ellas
NEOLIBERALISMO
El neoliberalismo es una corriente económica y política asociada al capitalismo. Sostiene
que la economía se debe regir por el libre comercio, estar desregulada y privatizada, es decir, con
menor intervención de las políticas del Estado.
El término fue promulgado en 1938 por el economista alemán Alexander Rüstow y obtuvo
especial popularidad a partir de 1980, luego de que líderes como Ronald Reagan (EE.UU.), Margaret
Thatcher (Inglaterra) y el economista Milton Friedman (EE.UU.) lo enunciaran en sus discursos y en
la práctica, en un intento de reformular el liberalismo clásico y de enfatizar al sistema capitalista.
El neoliberalismo considera que la intervención del Estado mercado promueve la
ineficiencia a través de las regulaciones sobre las industrias, los altos impuestos y servicios públicos
que no están sujetos a la competencia del mercado.
El sistema neoliberal pretende capitalizar el accionar del Estado y generar mayor producción
con menor inversión social. Esta premisa recae en un dilema debido a que en la práctica no resulta
justa o equitativa.
Origen del neoliberalismo
El neoliberalismo como filosofía económica surgió en 1930, ante la necesidad de replantear
el liberalismo clásico que no resultó exitoso y ante el agotamiento económico del modelo capitalista.
Desde la teoría, el liberalismo clásico defendía la libertad individual, el libre mercado, la igualdad
ante la ley, la igualdad de género, el capitalismo, la propiedad privada, la democracia y el estado de
derecho. Pero en la práctica, la corrupción y falta de moral no permitieron implementar esta teoría de
manera total.
El modelo capitalista defendía la circulación de gran cantidad de capital a nivel masivo, lo
que implicó un aumento de la inflación y una destrucción de la economía. A partir de 1929 tuvieron
lugar fuertes crisis económicas a nivel mundial, como la Gran Depresión.
Los principales defensores del neoliberalismo consideraban que las políticas monetarias
basadas en el modelo de John Keynes y la corriente liberal clásica fueron las causas de las crisis
mundiales. En base a esos fundamentos, los conservadores neoliberales se postularon nuevamente
en el poder, también a partir de la década 1980.
Características del neoliberalismo
El sistema neoliberal exige reducir la intervención del Estado con una menor carga
impositiva y una menor restricción legislativa sobre mercado para que, de esa manera, las
grandes empresas (que representan un grupo capitalista de la minoría) puedan ejercer control de
los negocios, las industrias, la producción y el comercio interno y externo.
Entre las principales características del neoliberalismo se destacan:
La privatización. Consiste en que los servicios como la educación, la salud, la seguridad, la
bancarización, entre otros, sean administrados por entidades privadas en lugar de estar
regulados por el Estado. Es decir, que el acceso a los servicios está restringido solo a
quienes tengan dinero suficiente. Las personas que no tienen acceso a una educación
adecuada no podrán progresar en su trabajo y en su vida profesional. Por ende, la
privatización de todos los servicios solo promueve beneficios para una minoría y la falta de
calidad de vida para una mayoría.
El libre mercado. Consiste en que los precios de los bienes y de los servicios se regulen en
base a la oferta y la demanda, en un mercado libre de restricciones por parte del Estado.
Defiende la apertura de las importaciones y el control por parte del sector privado. Si esa
modalidad no es moderada y regulada, contribuye a un menor desarrollo de la producción
del país y solo enriquece a quien puede importar y vender esa mercadería a nivel nacional.
No promueve el crecimiento comercial del resto del sector productor, que se vuelve cada
vez menos competitivo.
La competencia. Consiste en fomentar la competitividad en toda relación laboral, tanto en el
sistema productivo como en la oferta de servicios, a fin de obtener más variedad de
opciones en el mercado. El problema surge ante la falta de regulación para establecer
límites en el accionar comercial, lo que puede desencadenar en una competencia desleal a
costa de la explotación laboral, de la difusión engañosa, entre otros.
INTERVENCIONISMO
Acción de los poderes públicos sobre la economía, b sustituyendo la labor de los agentes
privados, o mediante el establecimiento de normas o regulaciones que afecten a la acción de estos.
Concepto
Desde un punto de vista económico se denomina intervencionismo a la acción de los
poderes públicos sobre la economía, bien sustituyendo la labor de los agentes privados, bien
mediante el establecimiento de normas o regulaciones que afecten a la acción de estos. Cuando la
intervención en economía es la máxima posible nos encontramos ante economías planificadas,
mientras que en el extremo opuesto se encontrarían las economías de libre mercado, donde el
principal mecanismo lo constituyen las acciones de mercado y no la acción del sector público. En la
actualidad en las economías desarrolladas el debate se encuentra centrado no tanto en la elección
entre la economía de libre mercado y la economía completamente intervenida o planificada, sino en
la mejor combinación de mercado e intervención que garanticen un pleno desarrollo económico y
social.
¿Por qué se debe intervenir en economía?
Mientras que los economistas liberales consideran que la intervención del Estado en la
economía ha de ser mínima, otros economistas consideran que pueden surgir problemas si se deja
actuar libremente a dichos mercados. Los primeros consideran que el libre mercado es el sistema
económico más eficiente, pues la toma descentralizada de decisiones que tiene lugar en dichos
mercados conduce al mejor resultado posible. Sin embargo es un hecho que se producen “fallos de
mercado”, lo que justificaría la actuación de los poderes públicos para corregirlos. Existen dos tipos
de fallos de mercado. El primero hace referencia a la imposibilidad del sistema de libre mercado para
conseguir una eficiente asignación de los recursos disponibles en la economía. El segundo se refiere
al fracaso para conseguir objetivos (sociales) diferentes de la eficiencia.
Antes de analizar cuándo se producen estos fallos de mercado, no se puede olvidar, aunque
existen criterios técnicos para determinar en qué momento y con qué intensidad se debe intervenir
en economía, que la ideología política resulta determinante a la hora de tomar este tipo de
decisiones.
Existencia de mercados ineficientes
El mercado puede asignar los recursos disponibles de manera ineficiente en los siguientes
casos:
a) Poder monopolístico
Hay mercados que por su propia naturaleza presentan una tendencia al monopolio, es decir, a la
existencia de un único oferente. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el coste de producción es tan
elevado que la existencia de un único oferente resulta más eficiente que con un elevado número de
productores (lo que se conoce con el nombre de monopolio natural). La telefonía fija constituye un
ejemplo de monopolio natural. El coste de establecer la infraestructura necesaria para poder utilizar
el teléfono (el tendido telefónico) resultaba tan elevado que hacía imposible que varias empresas
compitieran por prestar este tipo de servicios ya que no podrían amortizar la inversión realizada si
hubiera competencia.
De cualquier forma los monopolios producen una cantidad inferior a la socialmente eficiente y al
mismo tiempo establecen unos precios superiores al coste marginal. En conjunto el monopolio
provoca pérdidas irrecuperables de eficiencia, lo cual justificaría la acción del sector público para
evitar dicho efecto.
b) Externalidades
Cuando la actividad de una empresa tiene efectos sobre otros agentes económicos, se dice que
produce externalidades. Por ejemplo, si una empresa contamina el medio ambiente, su actividad
está provocando una externalidad negativa. Si no la tiene en cuenta está perjudicando a la sociedad
y el sector público deberá intervenir para que los costes sociales derivados de esa externalidad
negativa desaparezcan.
c) El problema de los bienes comunes
Un bien de propiedad común es aquel que carece de propietario y puede ser utilizado por
cualquier agente económico. El ejemplo más utilizado para describir este tipo de recursos es la
pesca en el océano. El problema con este tipo de bienes es que al final el nivel de actividad es tan
elevado que acaban agotándose si no se pone un límite. Para ello deben actuar los poderes
públicos.
d) La provisión de bienes públicos
Dadas las características de los bienes públicos, que son aquellos cuyo coste total de
producción no aumenta al hacerlo el número de agentes que los consumen, el mercado privado
nunca suministrará la cantidad eficiente de los mismos. En efecto, este tipo de bienes (como por
ejemplo la defensa nacional), una vez producidos se encuentran disponibles para todos los agentes
económicos, y no se puede discriminar quién los consume y quién no. Por tanto el mercado privado
nunca los producirá o por lo menos no lo hará en las cantidades eficientes, obligando a intervenir al
sector público.
Problemas a la hora de alcanzar objetivos sociales
Los mercados no suelen funcionar correctamente cuando se trata de conseguir metas sociales
que vayan más allá de una asignación eficiente de los recursos, como puede ser conseguir una
distribución de la renta más equitativa. La razón hay que buscarla en que los agentes económicos
cuando acuden al mercado no persiguen dichos fines sociales, por lo que se hace necesaria la
actuación del sector público para corregir las posibles desviaciones que pudieran darse en la
consecución de los mismos. Destacan tres objetivos sociales que pueden justificar la intervención:
a) Redistribución de la renta y la riqueza
El mecanismo de libre mercado no garantiza que las ganancias que obtengan los agentes
económicos sean las mismas. Unos ganarán y otros apenas obtendrán ganancias. Se justifica la
intervención para conseguir, al menos en parte, que los menos favorecidos tengan una oportunidad.
El problema surge cuando esta intervención, tendente a redistribuir la riqueza, genera desincentivos
¿para qué trabajar si voy a tener un subsidio del Estado? En este caso conseguir el equilibrio entre
eficiencia y equidad resulta harto complicado.
b) Protección de las personas frente a otras
El Estado debe intervenir cuando los agentes económicos, al buscar maximizar su beneficio en
el mercado, abusan de otros agentes económicos. Empresarios sin escrúpulos pueden hacer
trabajar a sus empleados en condiciones infrahumanas y con ello conseguir mayores beneficios.
c) Paternalismo
En este caso se trataría de proteger a los individuos no de otros individuos sino de sí mismos.
Establecer una enseñanza obligatoria evita que niños y adolescentes dejen de estudiar, condenando
con ello su futuro.
Instrumentos de intervención pública
Los poderes públicos cuentan con cuatro tipos de instrumentos para llevar a cabo su
intervención en el mercado:
a) La propiedad pública
Para evitar la existencia de monopolios los Gobiernos pueden optar por nacionalizar la industria
o convertirse ellos en oferentes de bienes o servicios. En este caso ofertarían los productos a un
precio inferior al que lo haría la empresa monopolística, consiguiendo de esta manera reducir la
ineficiencia. Este tipo de solución históricamente ha sido frecuente. De esta manera en España, en
1941, se expropiaron todas las líneas ferroviarias de vía ancha, que pasaron a manos de RENFE,
una empresa pública que desde entonces se encargaría de la prestación de servicios de transporte
ferroviario en España.
b) La regulación
Se trata del instrumento más común para corregir los fallos de mercado. A través de la misma se
puede establecer bien el marco general, dentro del cual deben actuar las empresas privadas para
evitar que aparezcan los fallos de mercado, o bien alterar el funcionamiento de los mercados para
conseguir eliminar dichos fallos. El establecimiento de un control de precios, en aquellos casos en
los que el mercado tiende al monopolio, o la prohibición de abrir centros comerciales en domingos y
festivos, constituyen ejemplos de cómo puede emplearse la regulación para conseguir un
funcionamiento más eficiente de los mercados.
c) Gasto público
Otra forma de corregir los fallos de mercado o de alcanzar fines sociales, la constituye el
Presupuesto. De esta forma a través del gasto público se pueden proveer bienes públicos a los
ciudadanos, o se puede conseguir una mejor distribución de la renta (por ejemplo a través de los
subsidios de desempleo, o de las pensiones). Para poder realizar este gasto, el Estado necesita
ingresos, la mayoría de los cuales provienen de los impuestos que deben pagar los ciudadanos.
d) Imposición
Además de permitir conseguir fondos para desarrollar políticas públicas, los impuestos, por sí
solos, permiten conseguir otra serie de objetivos. Por ejemplo pueden emplearse para reducir las
externalidades negativas provocadas por un agente económico.
El intervencionismo y la política macroeconómica
Se ha justificado la intervención en la economía desde un punto de vista microeconómico, es
decir, justificando la intervención en función de los fallos que pudieran ir apareciendo en los
diferentes mercados. Desde este punto de vista, también quedaría justificada la intervención sobre el
conjunto de la economía de una nación, en el sentido de que esta no es más que el resultado de
agregar la totalidad de mercados donde interactúan todos los oferentes y demandante de ese país.
Los intervencionistas, a menudo identificados como keynesianos, son partidarios de actuar sobre la
economía directamente para conseguir tres objetivos: aumentar el empleo, favorecer un crecimiento
continuado y ascendente y la estabilidad de precios. Generalmente los dos primeros objetivos
priman sobre este último.
Recuerde que...
Momentos en que se debe intervenir en economía: mercados ineficientes y problemas para
alcanzar objetivos sociales.
Instrumentos de intervención pública: propiedad pública, la regulación, el gasto público y la
imposición.
Intervencionismo para conseguir tres objetivos: aumentar el empleo, favorecer un
crecimiento continuado y ascendente y la estabilidad de precios.
ESTADO BENEFACTOR
El Estado de bienestar es un concepto político que adoptaron algunas formas de
gobierno en las que el rol del Estado consiste en proveer equidad a los ciudadanos al satisfacer las
necesidades básicas, promover la igualdad de oportunidades y la distribución equitativa de la
riqueza.
Este concepto surge con la caída del feudalismo, época en que el siervo que vivía bajo la
explotación de una élite pasó a ser un trabajador libre sin la “protección” del soberano. Así surge el
concepto de Estado benefactor que defiende los derechos sociales de todos los ciudadanos.
A comienzos del siglo XX tras grandes crisis y guerras, especialmente, luego de la Segunda
Guerra Mundial (en 1945), logró consolidarse la ideología del Estado de bienestar. También se lo
conoció como Estado de providencia, Estado protector o Estado social.
El sistema de gobierno interviene a través de una red de instituciones y de organizaciones,
para ayudar a los sectores más empobrecidos a que puedan salir de esa condición de
vulnerabilidad, además de promover la equidad entre todos los ciudadanos.
CARACTERISTICAS
El Estado de bienestar se desarrolló con la influencia keynesiana (durante la época de
posguerra), período en el que se pasó de una seguridad social y económica para algunos, a una
seguridad social para todos los ciudadanos. Los derechos económicos, sociales y culturales fueron
considerados “derechos humanos” por el Estado de bienestar.
En sus orígenes, resultó un concepto aceptado tanto por la ideología política de izquierda
como de derecha. De ahí la complejidad de su desarrollo ideológico. Los Estados de bienestar
propuestos por las sociedades más conservadoras tendían a ser limitados en su alcance y su
ambición. Sin embargo, fueron abriendo camino para que el Estado incremente su poder.
Existen cuatro modelos de Estado de bienestar que se implementaron en Europa Occidental y que
se diferenciaron por el nivel de protección social que promovían:
El continental. Fue un modelo en el que la mayor proporción del gasto público se destinó a
las pensiones. Los sindicatos agruparon a un número reducido de afiliados, sin embargo, su
opinión tuvo peso en las negociaciones colectivas. Se aplicó en países como Alemania,
Austria, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.
El nórdico. Fue el modelo socialdemócrata de mayor alcance en protección social y con el
nivel de acceso más generalizado a las prestaciones sociales, alcanzando altos estándares
de calidad. Se aplicó en países como Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia.
El liberal anglosajón. Fue un modelo de accionar limitado con menores medidas preventivas
y poca relevancia a las ayudas sociales, con un sistema de subsidios de difícil alcance para
la población. Se aplicó en las naciones del Reino Unido y en Irlanda.
El mediterráneo. Fue un modelo de intervención parcial del Estado, que implicó un menor
gasto público y una baja en la cobertura de pensiones y de asistencia social. Los sindicatos
tuvieron gran presencia en los acuerdos y las negociaciones. Se aplicó en países
como España, Grecia, Italia y Portugal.
El Estado de bienestar se basa en cuatro pilares que lo identifican, más allá del modelo o nivel de
desarrollo alcanzado:
El acceso a la salud. Consiste en un sistema universal de salud de fácil acceso (a veces resulta
gratuito para quien no pueda pagarlo).
La seguridad social. Consiste en las pensiones contributivas de jubilación, viudedad, orfandad o
situaciones de incapacidad.
El acceso a la educación. Al igual que el acceso a la salud, se basó en un carácter universal y,
además, obligatorio hasta determinado nivel de instrucción.
Los servicios sociales. Consiste en servicios públicos que brindan asistencia o ayuda a los
ciudadanos que, a pesar del accionar del sistema del Estado, no tuvieron acceso a la salud,
sanidad o educación.
¿Cuál es la realidad económica en nuestro país?
BIBLIOGRAFÍA
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