Pentateuco
Asignación en grupo de Éxodo
1. Analizar las reacciones de Faraón ante las plagas. El proceso que seguía cada plaga
y compárelo con las reacciones del hombre inconverso frente a la obra del Espíritu Santo.
Las reacciones del Faraón ante a las plagas:
Fue siempre con actitud prepotente y con un corazón endurecido. Faraón se destaca por su
terquedad al enfrentar los juicios de Dios. Su arrepentimiento fue superficial, transitorio y
motivado solamente por el temor y no por el reconocimiento de la necesidad que tenía de
Dios. Aunque se mantuvo obstinado, quebrantando su promesa cada vez que una plaga era
suspendida, iba cediendo más y más a las demandas de Moisés.
Primero permitió que los israelitas ofrecieran sacrificios dentro de los linderos de Egipto
(8:25), luego fuera de Egipto, pero no muy lejos (8:28); más tarde en el desierto, lejos, pero
con la condición de que solamente fueran los varones (10:11), y por fin permitió que todos
pudieran ir lejos a sacrificar pero dejando su ganado en Egipto (10:24). El texto bíblico
enseña claramente que Jehová iba a endurecer el corazón de Faraón (4:21), pero es evidente
que el corazón del rey ya estaba obcecado y lleno de orgullo cuando Moisés se presentó
ante él por primera vez (5:2). Dios no endureció el corazón de Faraón en contra de la
voluntad de Faraón; Dios confirmó que Faraón tenía una inclinación malvada en contra de
Israel. Los tres vocablos que se emplean para indicar la actitud de Faraón (7:13- 13:15),
denotan la intensificación de un sentimiento que ya existía. Dios endureció el corazón del
Faraón por primera vez después de la sexta plaga (9:12). Jehová hizo de Faraón lo que éste
quería ser: el opositor de Dios (ver Rom. 1:21; 2 Tes. 2:10-12). A pesar de todo, el
endurecimiento del corazón de Faraón dio a Dios la oportunidad de manifestar su poder
cada vez más hasta que hiciera una impresión profunda y duradera no solamente en los
egipcios e israelitas sino en las naciones lejanas tales como los filisteos (1 Sam. 4:7-8; 6:6).
Proceso que seguía cada plaga:
Las plagas ocurrieron en la hora extraordinaria y fueron quitados solamente por la
intervención de Moisés. Además Dios hizo distinción entre los egipcios y los israelitas no
castigando a los hebreos con las últimas siete plagas. Fenómenos naturales sin ningún
elemento sobrenatural jamás habrían convencido a los esclavos hebreos y mucho menos a
Faraón.
Las plagas fueron la respuesta de Dios a la pregunta de Faraón: "¿Quién es Jehová para
que yo oiga su voz?" (5:2). Cada plaga fue por otra parte un desafío a los dioses egipcios y
una censura a la idolatría. Los egipcios rendían culto a las fuerzas de la naturaleza tales
como el río, el sol, la luna, la tierra, el toro y muchos otros animales. Ahora las deidades
egipcias quedaron en evidencia de ser impotentes ante Jehová, no pudiendo proteger a los
egipcios ni intervenir a favor de nadie.
El orden de las plagas es el siguiente:
1) El agua del Nilo se convirtió en sangre (7:14-25). Fue un golpe contra Hapi, el dios de
las inundaciones del Nilo.
2) La tierra se infestó de ranas (8:1-15). Los egipcios relacionaban las ranas con los dioses
Hapi.
3) La plaga de piojos (tal vez mosquitos) (8:16-19). El polvo de la tierra, considerado
sagrado en Egipto, fue convertido en insectos muy molestos.
4) Enormes enjambres de moscas (tábanos) llenaron Egipto (8:20-32). Debe haber sido un
tormento para los egipcios.
5) Murió el ganado (9:1-7). Amón, el dios adorado en todo Egipto, era un carnero, animal
sagrado. En el Bajo Egipto se adoraban varias deidades cuyas formas eran de carnero, de
macho cabrío o de toro.
6) Las cenizas que los sacerdotes egipcios esparcían como señal de bendición produjeron
úlceras dolorosas. (9:8-12).
7) La tormenta de truenos, rayos y granizo devastó la vegetación, destruyó las cosechas de
cebada y lino y mató los animales de Egipto (9:13-35). Esta clase de tormenta era casi
desconocida en Egipto. El vocablo "trueno" en hebreo significa literalmente "voces de
Dios" y aquí se insinúa que Dios hablaba en juicio. Los egipcios que escucharon la
advertencia misericordiosa de Dios, salvaron su ganado (9:20).
8) La plaga de langostas traída por un viento oriental consumió la vegetación que había
sobrevivido de la tormenta de granizo (10:1-20). Los dioses Isis y Serafis que
supuestamente protegían a Egipto de las langostas se vieron impotentes.
9) Las tinieblas sobre el país fueron el gran golpe contra todos los dioses, especialmente
contra Ra, el dios solar (10:21-29). Los luminares celestes, objetos de culto, eran incapaces
de penetrar la densa oscuridad. Fue un golpe directo contra Faraón mismo, supuesto hijo
del sol.
10) La muerte de los primogénitos (cap. 11 y 12:29-36). Egipto había oprimido al
primogénito de Jehová y ahora ellos mismos sufrían la pérdida de todos sus primogénitos.
Observaciones sobre las plagas: Se calcula que el período de las plagas duró un poco
menos de un año. Las primeras tres plagas: sangre, ranas y piojos, cayeron tanto sobre
Israel como en la tierra egipcia pues Dios quiso enseñar a ambos pueblos, quién era Jehová.
Pero los siete siguientes azotes castigaron solamente a los egipcios para que supieran que el
Dios que cuidaba a Israel era también el soberano de Egipto y más fuerte que sus dioses
(8:22; 9:14). Las plagas fueron progresivamente más severas hasta que por poco
destruyeron a Egipto (10:7).
En resumen, las plagas cumplieron con los siguientes propósitos:
a) Demostraron que Jehová es el Dios supremo y soberano. Tanto los israelitas como los
egipcios supieron quién era Jehová.
b) Derrocaron las deidades de Egipto.
c) Castigaron a los egipcios por haber oprimido a los israelitas y por haber hecho tan
amarga su vida.
d) Efectuaron la liberación de Israel y lo prepararon para conducirse en obediencia y fe.
Comparación con las reacciones del hombre inconverso frente a la obra del Espíritu
Santo:
Faraón reveló lo que había en su corazón cuando se rehusó a la humilde petición que
Moisés le hizo en Éxodo 5:1-4. Ahora Dios le daría fuerza a Faraón en la maldad que ya
había elegido. Dios puede hacer lo mismo hoy. En nuestra rebelión, podemos alcanzar el
lugar donde Dios nos fortalecerá en nuestro deseo malvado: Por lo cual también Dios los
entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones … Y como ellos no
aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas
que no convienen (Romanos 1:24, 28).
Dios planeó e hizo Su trabajo para mostrar a los Egipcios que Él era el Señor. Él hace lo
mismo obrando en Su iglesia, mostrando Su sabiduría a seres angelicales, a fieles e infieles
(Efesios 3:10-11). Él hace lo mismo en vidas individuales, mostrando Su bondad y poder a
un mundo que está en la búsqueda. “Los creyentes son las Biblias del mundo, al estudiarlos
los hombres pueden llegar al conocimiento del Señor mismo.” (Meyer)
Estos milagros también serían una invitación para los Egipcios para creer personalmente en
el Señor. Así la invitación fue impresa repetidamente, y algunos aparentemente sí
creyeron, puesto que había una ‘multitud mixta’ (Éxodo 12:38) que dejó a Egipto con
Israel. Así mismo es el Espíritu Santo trabajando a través de sus hijos en medio de las
pruebas y dificultades de esta vida, haciendo el llamado al arrepentimiento de todos los
inconversos para que se conviertan de sus malos caminos. Es el Espíritu Santo quien atrae
al pecador (Juan 6:44) y lo convence de pecado (Juan 16:7-11), de justicia y de juicio. El
llamado del Espíritu Santo es eficaz (Romanos 8:28-30), su llamado es para todos, pero
pocos responden, así como algunos egipcios sí respondieron, hay muchos inconversos que
sí atienden al llamado en estos tiempos.
Muchas personas se vuelven a Dios en un tiempo de calamidad, y cuando las cosas se
ponen mejor, ellos casi inmediatamente cambian su corazón de nuevo endureciéndolo hacia
Dios. Faraón no fue un ejemplo inusual de la humanidad; él fue como mucho o la mayoría
de nosotros, modernos o antiguos.
Faraón endureció aun esta vez su corazón, a pesar de la amabilidad de Dios hacia él y
Egipto, Faraón continuó en endurecer su corazón. Esta es una demostración de que tan onda
y severa era el endurecimiento gradual de su corazón.
Al continuar en pecado y al rechazar las oportunidades de Dios para nosotros para
arrepentirnos y volvernos, el endurecimiento continúa. Esto se ve comúnmente. Un hombre
no comienza apostando su paga semanal; comienza al empezar una apuesta amistosa y
continuarla, y su corazón empieza a endurecerse. Un hombre no empieza con una
perversión vergonzosa; comienza con unas pocas revistas, un par de vídeos, y su corazón
empieza a endurecerse. Una mujer no empieza adicta al alcohol; comienza a beber dentro
de los círculos sociales, y su corazón empieza a endurecerse.