Leopoldo Berdella
de la Espriella
Travesuras del
Tío Conejo
Ilustraciones de Nora Estela Torres
OVEcce;
CORCEL
Contenido
Una reunión en la Selva 9
Unas trampas para Conejo
i Algo huele muy mal! 17
La muy orgullosa Tía Zorra 20
El muy ambicioso Tío Lobo 27
El muy pudoroso Tío Armadillo 35
El muy altanero Tío Gallo 40
¿Cúal de los dos irá a buscarlo? 49
i Una grata sorpresa! 52
¿Qué hablaron Tío Gallo y Tío Topo? 57
¿Para qué esperar más? 61
El muy hablador de Tío Loro 65
i El muy astuto de Tío Conejo! 68
Un brindis que se aplaza 71
Aquí se acaba esta
historia 75
A mis padres
to. Pero se mostró receloso. Tío Tigre había
invitado a Tía Zorra y a Tío Perro, a Tío Oso
y a Tío Tigrillo y a otros enemigos de esos
que no pueden verse siquiera, y la reunión
podía convertirse en una gran tremolina.
Propuso entonces, como solución, una tregua:
las parejas que vivían en permanente conflicto
firmarían un documento en el que se
comprometerían a guardar respeto absoluto
para con sus enemigos durante la reunión. Él
mismo, como Rey, se encargaría de hacerla
cumplir.
Así se hizo.
Tío León y Tío Tigre redactaron el
documento y se lo dieron a Tío Carpintero
para que lo reprodujera en las cortezas de
todos los árboles. Y tácata-tácata-tácata, Tío
Carpintero voló de árbol en árbol, y con su
pico largo y duro escribió.
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Los animales leyeron:
"Se prohíbe a los asistentes mostrar los
dientes, gruñir amenazadoramente o tratar de
comerse a alguno de los allí presentes
"Aquellos animales que actualmente se
encuentren en disputa, deberán olvidarse de
sus querellas durante la reunión. Si no lo
hicieren, serán expulsados inmediatamente
"Los enemigos tradicionales como Perro y
Zorra, se saludarán con amabilidad y
guardarán buena compostura
"León y Tigre castigarán a quienes no
cumplan con lo aquí dispuesto
El documento estaba firmado por Tío León y
Tío Tigre, con las respectivas huellas de sus
garras. De tal manera que al caer la tarde
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del día escogido para la reunión, la cueva
de Tío Tigre era insuficiente para albergar
a tantos y tantos animales venidos desde
los lugares más remotos de la Selva.
Llegaron, entre otros, Tío León y Tía
Zorra, Tío Oso y Tío Lobo, Tío
Armadillo, Tía Culebra, Tío Burro, Tío
Perro, Tío Gato y Tío Caimán. Algunos,
como Tío Mono, prefirieron colgarse de la
tirante del techo, y otros, los más altos,
permanecieron afuera, asomados en la
puerta.
Había pocos pájaros en la cueva de Tío
Tigre.
Como toda reunión tiene un Orden del
Día, la de los animales también tenía el
suyo. Pero este Orden del Día trataría un
solo punto: Travesuras de Conejo.
Tío Tigre la presidía.
Después de saludar con un fuerte
gruñido a los presentes, Tío Tigre
comenzó a detallar, una por una, con
pruebas suficientes, las más destacadas
diabluras de Tío Conejo. Allá se comía las
coles que cuidaba Tío Perro. Acá, las
mazorcas de los maizales de Tía Zorra. Y
más allá aparecían huecas las sandías que
sembraba Tío León. Esto, sin contar los
permanentes engaños que le hacía a él
mismo y otros animales mayores.
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Los asistentes gruñían, mostraban sus garras y
se revolvían, molestos.
—De esta reunión debe salir algo que acabe de
una vez con las maldades de Conejo —finalizó
Tío Tigre.
Todos aplaudieron.
Tío Perro, uno de los más entusiastas, levantó
su mano. Hubo algunos gruñidos y un largo
silencio.
—Yo propongo —dijo— que los animales
más astutos aquí presentes le preparemos
varias trampas a Conejo.
—i Bravooo! —exclamaron todos en coro.
—i INO podemos seguir tolerando las conti
nuas pilatunas de Conejo! —gruñó. Y
mencionó a Tía Zorra, Tío Lobo, Tío Tigre,
Tío Armadillo y Tío Gallo como los animales
más astutos de la Selva.
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Con la asesoría de Tío León, los escogidos
prepararían las trampas más efectivas para
acabar con las travesuras de Conejo.
Todos aceptaron. Y se despidieron.
Únicamente los más astutos se quedaron
con Tío León en la cueva de Tío Tigre.
La reunión se terminó sin problemas.
17
dos de la Selva, el tácata-tácata de Tío
Carpintero en las cortezas de los Samanes,
los Robles, los Yarumos y las Ceibas y los
grupos debajo de ellos comentando y
callando apenas él se acercaba y
preguntaba y pedía que lo levantaran para
poder ver qué era lo que allí decía, paró
sus orejas, miró para todos los lados,
caviló, movió su naricita y exclamó para
sí: i Humrnmrn...! i Esto huele muy mal! "
Desperezóse, arregló su conuco,
mordisqueó algunas yerbas, y se dirigió al
río. Con mucho cuidado se acercó a la
orilla, apartó los lotos que sobreaguaban,
y bebió hasta saciarse. Aprovechando que
Tío Caimán no estaba, penetró en el agua
y empezó a nadar.
Era muy tarde cuando regresó al conuco.
Todavía no pasaban los animales.
Esa noche, Tío Conejo no pudo dormir.
Algo le decía que las cosas andaban mal.
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¿Por qué tanto silencio? ¿Qué tramaban
contra él los animales más poderosos de la
Selva? ¿Tendrían Tío León y Tío Tigre
las manos rnetidas en el asunto? Estas y
otras preguntas se hacía, y movía nervioso
las orejas y la nariz.
Cansado y sin poder pegar los ojos un
momento, lo cogió el día con los primeros
cantos de Tío Canario, el ca-ca-caá de Tío
Alcaraván y los lejanos co-co-ro-llós de
Tío Gallo.
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cita y a mover la cabeza de un lado al
otro, aleteando para sostenerse y buscando
qué comer.
Tío Caimán bostezaba perezoso, y se
arrastraba hacia la orilla en busca de un
poco de Sol. Y Tío Gallinazo, majestuoso,
trazaba lentos círculos negros en las
nubes.
—i Qué bella mañana! —exclamó Tío
Conejo, levantando sus patas delanteras.
Y como de costumbre, saltó un poco por
entre los matorrales y corrió al río a darse
un buen baño y a recoger yerbitas tiernas
para el desayuno.
En esas estaba cuando llegó Tía Zorra.
—Buenos días, hermano Conejo —saludó
Tía Zorra.
Tío Conejo levantó un poco la cabeza.
21
—Buenos días, hermana Zorra —contestó
—Lo andaba buscando desde ayer —dijo
Tía Zorra.
Tío Conejo dejó de recoger yerbitas
tiernas, y salió a su encuentro.
¿qué se le ofrece, hermana Zorra?
preguntó extrañado.
Tía Zorra le dijo a Tío Conejo que había
sembrado maíz, que su maizal estaba de lo
más bello, que fuera a ver las mazorcas
más grandes y hermosas del mundo, de
este porte, vea, y se medía su brazo
peludo hasta la altura del hombro, y si
usted me lo permite, hermano Conejo, yo
lo invito a que lo aprecie y se traiga para
su conuco cuantas mazorcas desee...
—Y... ¿dónde queda su maizal, hermana
Zorra?—preguntó Tío Conejo.
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—iAllí no más, al otro lado del río! —contestó
Tía Zorra emocionada.
Tío Conejo descubrió mucha picardía en los ojos
de Tía Zorra, y empezó a sospechar. La hermana
Zorra no decía la verdad... Entonces, le dijo:
—Está bien, hermana Zorra. Yo iré a su maizal.
Pero antes, usted vendrá al mío, y así veremos
cuál de los dos es mejor.
Tía Zorra no sabía que Tío Conejo tuviera un
maizal. Y como era muy orgullosa, se dejó
convencer. Y se fue con Tío Conejo.
Recorrieron un largo trecho, y hacia el mediodía,
cansados y sedientos, vieron un maizal. i Y era el
maizal más hermoso de la Tierra !
—Hemos llegado —dijo Tío Conejo—. Este es mi
maizal.
—iQué bello! —exclamó Tía Zorra maravillada—.
¿Todo suyo... ?
—Sí, hermana Zorra —respondió Tío Conejo
orgulloso.
Tía Zorra no podía creerlo. ¿En qué momento
había sembrado el hermano Conejo aquel maizal?
Pero ahí estaba... Curiosa, se paró en un tronco
seco, y miró a lo largo de la siembra.
—¿Puedo tomar algunas mazorcas de su maizal,
hermano Conejo? —preguntó.
—i Las que quiera! —autorizó Tío Conejo,
abarcando el maizal con un gesto de mano.
Loca de alegría, Tía Zorra se metió en el maizal y
empezó a recoger las mejores mazorcas. "La-ra-rí,
la-rá / la-ra-rí-bon-bón / Nadie sabe para quién
trabaja / Conejito es un bobón" , cantaba.
Y mientras cantaba, llenaba su bolsa.
Y entretenida como estaba, no se dio
cuenta de la llegada del verdadero dueño
del maíz, quien la cercó con sus perros, la
agarró por las orejas, la azotÓ contra el
suelo y le castigó su abuso.
i Y de Tío Conejo, ni el polvo!
Con sus vestidos hechos trizas y el cuerpo
lleno de mordiscos y moretones, Tía Zorra
fue, esa misma tarde, a ponerle las quejas
a Tío Tigre.
Había fallado la primera trampa.
Enfurecido, Tío Tigre insultó a Tía Zorra,
y mandó por Tío Lobo.
dientes y mostrando una lengua roja, muy roja.
—Hermano Lobo —gruñó Tío Tigre—• lo he
mandado a llamar porque la primera trampa
ha fracasado.
—Ya lo sé —gruñó Tío Lobo—. Anoche vi
pasar a la hermana Zorra con las orejas
gachas y la cola entre las piernas. Me imaginé
que vendría hasta aquí.
—No hablemos más de eso —gruñó Tío Tigre
molesto—: tenemos que continuar. ..
Se sentaron y, al oído, Tío Tigre le explicó a
Tío Lobo la segunda parte del plan.
Tío Lobo salió presuroso a cumplirla.
Esa tarde, Tío Conejo paseaba por la orilla del
río. Ensimismado, no se había dado cuenta de
que estaba muy lejos de su conuco, y
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como se hacía ya de noche, decidió regresar.
Se disponía a hacerlo, cuando oyó una voz
ronca que lo saludaba:
—i Gusto en verlo, hermano Conejo!
Era Tío Lobo. Sonreía malicioso, chasqueaba
la lengua, y mostraba a Tío Conejo unos
dientes blancos y perfectos.
—¿Por qué tanta prisa, hermano Conejo? —
insistió—: vida es la que nos sobra...
Tío Conejo se detuvo y miró a Tío Lobo.
Sabía que su presencia a esas horas en un
territorio distinto al suyo no era casual, y que
cualquier descuido le podía costar la vida.
—¿Usted por aquí, hermano Lobo? —atinó a
responder.
Tío Conejo no sabía qué hacer. Tío Lobo se le
adelantaba, le conversaba sobre todas las
30
cosas posibles, se le atravesaba, y parecía
dispuesto a no dejarlo continuar su camino.
"Seguramente espera un descuido mío para
caerme encima", pensó.
La tarde avanzaba, y la conversación seguía. i
Tío Lobo se saldría con la suya!
En eso, Tío Conejo le dijo a Tío Lobo:
—Hermano Lobo: siempre he sentido por
usted una enorme admiración, pero nunca
había tenido, como ahora, la oportunidad de
decírselo. Le demostraré que soy su amigo
incondicional. Voy a llevarlo ahora mismo a
un sitio no muy lejos de aquí, en el que usted
encontrará carne la más tierna de cordero.
Hay tanta, que le alcanzará para todo el año...
—i ¿Carne tierna de cordero?! —exclamó Tío
Lobo, abriendo los ojos—: y... ¿se puede
saber dónde queda ese sitio?
31
—Es una hacienda —respondió Tío Conejo .
Los dueños viajaron ayer, y me nombraron
vigilante mientras dura su ausencia.
Tío Lobo se relamió los bigotes y chasqueó la
lengua: i carne tierna de cordero! i Su sola
mención le abría el apetito! "Me comeré la
carne tierna de cordero, y después a Conejo",
pensó.
—Será usted el Lobo más rico de toda la
región —aseguró Tío Conejo.
—i Salgamos hacia allá de inmediato! —
ordenó Tío Lobo—. Con toda esa carne
conieré durante un año, sin tener que trabajar.
Y Tío Lobo, que era muy ambicioso, se dejó
convencer y se fue con Tío Conejo.
Juntos, recorrieron valles y mesetas, veredas y
riachuelos. toda la noche y, al
amanecer, cansados y sedientos, divi-
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saron una bella casa de bahareque y techo de
paja en lo alto de una loma.
—i Es allí, hermano Lobo! —señaló Tío
C0nejo—: iY es toda suya!
Loco de alegría, Tío Lobo se olvidó de Tío
Conejo y corrió loma arriba. i Todo aquel
rancho lleno de carne tierna de cordero para
él solo !
Y corre que te corre y grita que te grita, Tío
Lobo se fue acercando a la casa de la loma.
Ya iba a abrir la puerta, cuando los vigilantes
del rancho surgieron del otro lado de la loma.
Y al verlo, enfilaron hacia él sus
cabalgaduras, apuntaron sus armas, y
dispararon.
Acezante, humillado, Tío Lobo se entregó a
los vigilantes, quienes lo amarraron bien
amarrado y lo metieron al rancho.
i Y de Tío Conejo, ni el rastro!
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de esas que a diario suelen ocurrir.
35
Un ruido extraño interrumpió de pronto sus
pensamientos. i Un ruido extraño en el piso
de su conuco!
Era como si alguien, desde abajo, rasguñara la
tierra y amenazara con desbaratarle su
vivienda.
Aunque muy de mañana, Tío Yacabó, vecino
de Tío Conejo y uno de sus grandes amigos,
estaba bien despierto. Vivía en el hueco de
una Ceiba, y los otros pájaros lo respetaban
por su fuerza y valor.
Asustado, Tío Conejo corrió hacia la casa de
su vecino.
—i Hermano Yacabó! i Hermano Yacabó ! —
llamó.
—Estoy para servirle, hermano Conejo —
chilló Tío Yacabó, sacudiendo sus alas.
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En
pocas palabras, Tío Conejo contó a Tío
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Yacabó lo que sucedía. Y juntos, Tío Conejo
saltando matorrales y Tío Yacabó volando a
baja altura, se dirigieron rápidamente al
conuco.
—En verdad se oye un ruido muy raro en su
conuco —dijo Tío Yacabó, preocupado.
i Y Tío Conejo y Tío Yacabó llegaron al
conuco justo en el momento en que del piso de
tierra surgía algo duro, costroso!
Era el lomo duro y costroso de Tío Armadillo.
Tío Yacabó, que tiene un pico muy grande y
fuerte, reconoció en seguida a su tradicional
enemigo, batió sus alas y chilló victorioso:
—iKaaa!
i Y empezó a descoserle, punto por punto, el
grueso traje a Tío Armadillo!
—iKaaa! ¡i Y se lo descosió todo, hasta
dejarlo desnudo!
—iKaaa!
Avergonzado, porque era muy pudoroso,
Tío Armadillo salió corriendo del conuco,
perseguido por Tío Yacabó. i Y las tiras
costrosas de su traje iban quedando en el
camino, y todos los animales de la Selva
vieron a Tío Armadillo desnudo y a Tío
Yacabó sacudir victorioso sus alas y
dirigirse ufano a su hueco del árbol!
—i Kaaa!
Tío Conejo no podía correr, de tanto relrse.
Había salido otra vez victorioso.
—Usted es el único que puede derrotar a
Conejo —le dijeron—: i Invéntese algo !
—i Lo derrotaré! —cantó Tío Gallo,
despidiéndose con un gesto de ala.
Y como era altanero, agitó las alas, lanzó un
sonoro co-co-ro-lló, y mostró a Tío León y a
Tío Tigre las plumas multicolores de su
cuello.
Ese mismo día, Tío Gallo se mudó para una
Ceiba cercana al conuco de Tío Conejo. Y
muy temprano fue a ponerse a sus órdenes.
—Seremos muy buenos vecinos, hermano
Conejo —le dijo.
A Tío Conejo le pareció raro que Tío Gallo se
mudara para una Ceiba cercana a su conuco.
Pero después lo tomó como algo común y
corriente en la vida de la Selva, y le dio la
bienvenida.
Se mostró amable con Tío Gallo, lo hizo
sentar, y le brindó unas cuantas hojitas tiernas
de lechuga.
Comieron, conversaron y se despidieron.
—Ahora no me cogerá el día, hermano Ga110
—le chanceó Tío Conejo.
Esa noche, Tío Conejo miró hacia la Ceiba, y
vio a Tío Gallo. Tío Gallo dormía, pero... ile
faltaba la cabeza!
Asustado, Tío Conejo no pudo dormir. i El
hermano Gallo sin cabeza! Esperaría al día
siguiente para preguntarle cómo hacía para
dormir sin cabeza...
Así lo hizo. Temprano, fue a la Ceiba, y
comenzó a conversarle a Tío Gallo.
—Y... ¿cómo hace usted para dormir sin
cabeza? —le preguntó de pronto.
Tío Gallo le explicó que ellos, los gallos, se
cortaban la cabeza para dormir, la guardaban
en el hueco de un árbol, y al día siguiente,
muy de madrugada, la recogían y se la ponían.
Uno de sus antepasados, Gallo Mayor —contó
—, se encontró una tarde en un cruce de
caminos con el Duende de la Noche Oscura, y
éste le cambió el secreto de dormir sin cabeza
por tres de las hermosas plumas de su cola.
—Es cómodo y muy fácil —finalizó Tío Gallo
mostrándole a Tío Conejo sus filosas espuelas
—. Con esto la cortamos, sin sentir dolor
alguno. ¿Quiere probar?
Tío Conejo estaba confundido. ¿Sería eso
posible... ?
—Déjeme pensarlo, hermano Gallo —dijo. Y
salió para su conuco.
Esa noche decidió espiar a Tío Gallo.
43
Bien entrada la tarde, Tío Gallo se encaramó
en lo más alto de la Ceiba, levantó ufano la
cabeza, agitó sus alas con fuerza, y cantó:
i Co-co-ro-lló!
i Co-co-ro-lló !
Tío Gallo se disponía a dormir.
i Y Tío Conejo vio entonces cómo Tío Gallo
no se cortaba la cabeza para dormir, sino que
la escondía debajo de una de sus alas !
"El muy astuto" , pensó.
Y se acostÓ.
Al día siguiente, después del desayuno, se
dirigió a la Ceiba donde vivía Tío Gallo. Tío
Gallo, que ya estaba despierto, lo recibió con
grandes muestras de cortesía, y lo invitó a que
subiera a su casa.
—Gracias, hermano Gallo. Muchas gracias
objetó Tío Conejo—. Pero sólo he
venido a decirle que estoy listo. Esta tarde
probaré su fórmula para dormir sin cabeza.
Acordaron verse la tarde de ese mismo día
en el cruce de caminos, junto al río. Al
llegar Tío Gallo, Tío Conejo estaría listo,
parado sobre el tronco seco de un árbol.
Con sus filosas espuelas, Tío Gallo cortaría
la cabeza a Tío Conejo, y subiría a su casa
de la Ceiba con ella. Por la mañana, Tío
Conejo pasaría a buscarla, para iniciar sus
labores del día.
Tío Conejo, que ya conocía la treta de Tío
Gallo, se dirigió antes que él al lugar
señalado. Llevaba ramas recién cortadas,
pedazos de piel y cera de abejas.
La sorpresa que se va a llevar" , pensó.
Con las ramas recién cortadas, los pedazos
de piel y la cera de abejas, Tío Conejo hizo
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un muñeco parecido a él, lo colocó sobre
el tronco seco de un árbol, y le puso
como cabeza un nido redondo de barro de
avispas Angolitas.
Escondido detrás de unos matorrales, Tío
Conejo esperó la llegada de Tío Gallo.
Al rato, llegó Tío Gallo. Feliz al ver que
Tío Conejo cumplía con su palabra, se
abalanzó sobre el muñeco que estaba sobre
el tronco, y una y otra vez, calculando bien
sus ataques, descargó certeros golpes de
espuela sobre lo que creyó el cuello de Tío
Conejo.
Cuando Tío Gallo descubrió que aquel
muñeco no era Tío Conejo, ya era tarde.
Furiosas, las avispas Angolitas se le
prendieron en el cuerpo y lo empezaron a
picar.
Desesperado, Tío Gallo luchaba y luchaba
para quitarse de encima ese remolino
48
zumbón que le mordía la piel a pedacitos,
pero
entre más aleteaba, más se llenaba de avispas
Angolitas. Hasta que no tuvo más remedio
que desprenderse de su fino vestido de
plumas, correr hacia el río, y lanzarse a él.
Tío Gallo no sabía nadar. Tío Conejo había
vencido nuevamente.
49
pasaron los días, y Tío Gallo no daba
señales de vida. Nerviosos, preocupados, Tío
León y Tío Tigre se paseaban de un lado para
otro. ¿Qué sería del hermano Gallo?
En esas estaban cuando llegó Tía Torcaza.
50
—Uuú, uuú, uuú, el hermano Gallo ya no
volverá —cantó.
Tía Torcaza contÓ a Tío León y a Tío
Tigre que había visto al hermano Gallo
luchar desnudo en medio de la corriente, y
más tarde, estrellarse contra unas rocas en
uno de los pasos más rápidos del río.
—Todos los animales de la Selva dicen que
el hermano Conejo es invencible —acotó
Tío León y Tío Tigre no podían creer lo
que oían. ¿Sería posible que Conejo
sobreviviera a todas las pruebas sin
siquiera un rasguño? ¿Qué tenía ese
animalejo que no tuvieran ellos?
Incrédulos aún, se miraron a los ojos y
decidieron sortear cuál de los dos iría en
busca de Tío Conejo.
—Pondré a girar este hueso en el piso de
la cueva —gruñó Tío León—: A quien
51
señale la parte principal cuando se
detenga, ese irá.
Y el hueso gira que gira, gira que gira y...
para de pronto señalando a Tío León!
A regañadientes, Tío León aceptó ir en
busca de Tío Conejo.
52
53
—iHola, hermano León! —saludó Tío
Ga110, alisando su plumaje.
—i Hermano Gallo! —exclamó Tío León
—: ¿Pero cómo es que ha logrado usted
sobrevivir? La hermana Torcaza nos contó
que...
—No sólo el hermano Gato tiene Siete
Vidas, hermano León —respondió Tío
Ga110—: También los gallos tenemos
nuestros secretos...
Y como para no dejar dudas, Tío Gallo
saltó a una roca cercana, batió sus alas, y
cantó:
i Co-co-ro-lló !
i Co-co-ro-lló !
Tío León no salía de su asombro. Vivo el
hermano Gallo, todo sería diferente. i
Conejo se arrepentiría de haber nacido! i
Lucharían los dos como uno solo contra
Conejo!
54
Tío Gallo contó a Tío León lo que le había
pasado con Tío Conejo. Conejo era muy
fuerte, pero no invencible. Su principal
cualidad era la astucia. Y sus aliados, los
pájaros y algunas especies menores, no
eran de temer. Para vencerlo, era necesario
utilizar su misma arma: la astucia. Si algo
le había permitido a él sobrevivir a los
ataques de Conejo, era la astucia...
—Y... ¿cómo podré ser yo un animal
astuto? —preguntó Tío León, intrigado.
Tío Gallo reveló entonces a Tío León su
secreto de familia. Le contÓ que un
antepasado suyo, Gallo Mayor, lo había
recibido a su vez del Duende de la Noche
Oscura, lo convenció para que se
posesionara de él!
—i Se convertirá usted en un animal astuto
e invencible! —le dijo.
Feliz, Tío León pidió a Tío Gallo que lo
acom-
55
pañara a un cruce de caminos, para él
hacerse al secreto que el Duende de la
Noche Oscura había entregado a su
antepasado.
—Mañana al atardecer —le respondió Tío
Gallo—: Lo veré en el cruce de caminos
junto al río.
Se despidieron, y Tío Gallo salió a hablar
directamente con Tío Topo.
¿Qué hablaron Tío
Gallo y Tío Topo?
Tío Topo estaba muy ocupado en ampliar
su cueva, cuando llegó Tío Gallo.
—Hermano Topo —saludó Tío Gallo—:
¿Cómo está usted?
—i Hermano Gallo! ¡i Qué gusto me da verlo!
—exclamó Tío Topo.
Y Tío Gallo y Tío Topo se sentaron y se
pusieron a conversar en secreto.
57
pañara a un cruce de caminos, para él
hacerse al secreto que el Duende de la
Noche Oscura había entregado a su
antepasado.
—Nlañana al atardecer —le respondió Tío
Gallo—: Lo veré en el cruce de caminos
junto al río.
Se despidieron, y Tío Gallo salió a hablar
directamente con Tío Topo.
¿Qué hablaron Tío
Gallo y Tío Topo?
Tío Topo estaba muy ocupado en ampliar su
cueva, cuando llegó Tío Gallo.
—Hermano Topo —saludó Tío Gallo—:
¿Cómo está usted?
—i Hermano Gallo! i Qué gusto me da verlo!
—exclamó Tío Topo.
Y Tío Gallo y Tío Topo se sentaron y se
pusieron a conversar en secreto
¿Qué hablaron Tío Gallo y Tío Topo? No se
sabe. Pero lo cierto es que al otro día, caída la
tarde, Tío Gallo esperaba a Tío León en el
cruce de caminos, junto al río.
Al momento, llegó Tío León.
—Usted siempre tan puntual —saludó Tío
Gallo. Y le señaló a Tío León un tronco de
árbol caído exactamente sobre el cruce de
caminos.
—Diríjase hacia allá, tiéndase sobre el tronco,
y repita tres veces:
Duende de la Noche Oscura
hazme un animal astuto para
que yo en la espesura a
Conejo derrote a gusto.
Así lo hizo Tío León. Contento, corrió hacia el
tronco, se tendió sobre él, y repitió tres veces el
ensalmo. Pero no bien lo hubo
58
dicho la última vez, cuando el piso se le
movió todo, y el asombrado Tío León se
precipitó a un pozo profundo, del que no
volvería a salir más.
—!Una tram...! —alcanzó a gritar.
Un fuerte rugido estremeció la Selva.
Luego, todo volvió a su quietud.
i Tío León había sido derrotado!
Con una risita nerviosa, Tío Conejo se
quitó el fino vestido de plumas de Tío
Gallo, y se dirigió radiante a su conuco.
¿Para qué esperar Más?
c Cansado de los constantes asedios de sus
enemigos, Tío Conejo decidió no esperar
más. i Ya era mucho!
i Iría a buscar a Tío Tigre a su misma
cueva!
Desoyendo los consejos y las súplicas de
Tío Yacabó, durmió tres días seguidos con
sus noches, y al cuarto día, preparó un
delicioso fiambre, envolvió
61
cuidadosamente la piel de Tío León —que
Tío Yacabó le había ayudado a recuperar
—, y salió madrugado hacia la cueva de Tío
Tigre.
La cueva de Tío Tigre se encontraba en lo rnás
profundo de la Selva, y llegar allá era una
empresa que muy pocos se proponían.
Tío Conejo, decidido, caminó y caminó. Al
mediodía, cuando el Sol estaba en lo más alto
del cielo, se detuvo para descansar, masticar
algunas yerbas, y refrescarse. El calor era
insoportable.
Vencido por la modorra, Tío Conejo dormitaba
cuando se presentó Tío Loro.
—Buenas tardes, hermano Conejo —saludó Tío
Loro.
Tío Conejo le devolvió el saludo inclinando la
cabeza, y lo invitó a sentarse.
—Gusto en verlo, hermano Loro —dijo.
62
63
Conversaron, y Tío Conejo, con cara de aba
timiento, contó a Tío Loro, en detalle, su
derrota frente a Tío León.
—He decidido marcharme para siempre de
la Selva —dijo, al borde de las lágrimas.
Tío Loro no podía creer lo que oía. ¿Tío
Conejo derrotado? i Imposible! Pero ahí
estaba la prueba: lejos de su conuco,
derrotado, humillado, se marchaba para
siempre de la Selva.
"El hermano Tigre tiene que saber esto" ,
dijo para sí Tío Loro.
Y despidiéndose de Tío Conejo, voló raudo
hacia la cueva de Tío Tigre.
El muy hablador
Tío Tigre consumía algunas sobras del
almuerzo, cuando vio a Tío Loro a la
rntrada de su cueva.
—iCaa! iCaa! iSalud, hermano Tigre! —gritó
Tío Loro levantando una de sus alas.
—i Salud, hermano Loro'. —respondió Tío
Tigre con un fuerte gruñido—: ¿Qué
vientos lo traen por aquí?
65
Y Tío Loro, que era muy hablador, contó a Tío
Tigre todo cuanto Tío Conejo le dijo,
exagerando en los detalles. Según él, habían
sido demasiados días de lucha, en los que el
valor del herrnano León quedaba probado. i Por
algo era el Rey! i Tío Cone- jo, derrotado, se
marchaba definitivamente de la Selva!
i El hermano León merecía la gratitud y el
respeto de todos los animales !
Así dijo Tío Loro, y Tío Tigre no cabía en sí
de la felicidad.
—i Al fin! —gruñó complacido—. Pero...
¿Dónde está el hermano León?
i Viene en camino! —respondió Tío Loro.
Regocijado, Tío Tigre daba vueltas y más
vueltas a lo largo y ancho de su cueva.
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—iEl hermano León es un animal muy listo!
—exclamaba.
Agradeció ruidosamente a Tío Loro sus
buenas nuevas, y empezó a organizar una
abundante cena para cuando Tío León
apareciera. i Festejarían juntos la derrota de
Tío Conejo !
calor, Tío Conejo llegó esa misma noche a
la cueva de Tío Tigre.
Tío Tigre había salido a su partida de caza de las
noches por la Selva.
Porque Tío Tigre estaba acostumbrado a cazar de
noche y a dormir de día, Tío Conejo pudo llegar
directamente a su cueva, y entrar sin que nadie lo
molestara.
La cueva de Tío Tigre era grande y espaciosa,
y en ella Tío Conejo observó restos de carne
y huesos a medio roer. Al fondo, unas pieles
de venado, colocadas una encima de la otra,
le servían a Tío Tigre como catre.
La cueva de Tío Tigre no tenía otra salida.
—Debo apurarme —se dijo Tío Conejo
Apenas amanezca, el hermano Tigre llegará y
me sorprenderá en su cueva.
Tío Conejo llevaba su plan muy bien
preparado. Aprovechando que Tío Tigre no
estaba, introdujo en su cueva un tronco seco
no demasiado grande y un nido de barro de
hormigas Candelillas; los vistió con la piel
fresca de Tío León que traía envuelta en su
mochila, y puso todo aquello sobre las
pieles de venado que a manera de catre
utilizaba Tío Tigre.
La sorpresa que se va a llevar", pensó.
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Presuroso, Tío Conejo borró sus huellas y salió
de la cueva de Tío Tigre, hacia la noche.
Guiándose por las estrellas y por el rumor
de la corriente del río, Tío Conejo viajaría
toda esa noche por la Selva.
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Un brindis que se
aplaza
Muy oscuro aún, Tío Tigre marchó a
su cueva. Iba feliz, y no era para menos.
Había cazado un hermoso venado, y
ponderaba el banquete que esperaba a TíO
León.
i 1x10 podía demorar el hermano León !
Al llegar, lo sorprendió el olor de Tío León
en su cueva.
—Hermano León, hermano León —llamó.
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Pero el hermano León no contestaba.
Entonces, Tío Tigre llevó el venado a un rincón
de su cueva, y se dirigió a su dormitorio. i Allí
estaba el hermano León acostado!
—i Hermano León, hermano León! —volvió a
llamar.
Pero el hermano León no despertaba.
—Debe estar muy cansado. i Hermano León,
hermano León! —insistió.
Pero el hermano León no se movía.
Tío Tigre se quedó viéndolo y como Tío León
no respiraba se preocupó muchísimo.
—i Hermano León, hermano León ! —gruñó.
Decidió moverlo. Primero, con suavidad. Y más
tarde, con fuerza. Lo movió y lo movió,
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y cuál no sería su sorpresa al descubrir que allí
no estaba Tío León, que allí lo que había era
un tronco seco no muy grande cubierto con su
piel fresca, y... i hormigas Candelillas!
Furiosas, las horrnigas Candelillas atacaron a
Tío Tigre, prendiéndosele a su piel.
—i Esta es labor de Conejo! —gruñó furioso
Tío Tigre, sacudiéndose las hormigas.
i Y entre más se sacudía, más lo picaban las
hormigas Candelillas!
—iLa va a pagar muy cara el condenado! —
gruñó—. i Y también Loro, por mentiroso !
Rabioso y lleno de hormigas Candelillas por
todas partes, Tío Tigre salió Selva afuera, en
busca de Tío Conejo.
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Aquí se acaba esta
historia
Después de viajar toda la noche por la
Selva, Tío Conejo llegó a su conuco. "A estas
horas el hermano Tigre debe venir hacia acá" ,
murmuró.
Cansado, sudoroso, recogió sus cosas, se
aprovisionó de yerbitas tiernas, se despidió de
Tío Yacabó, y se encaminó al pueblo más
cercano.
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Allí vivía el Hombre.
Tío Conejo tenía noticias de que el Hombre
buscaba a Tío Tigre para quitarle su piel. Lo
había visto en plena Selva, persiguiéndolo. Y
sabía del miedo que Tío Tigre le tenía.
Conocía al Hombre. No muy bien, pero lo
conocía. Y aunque le temía, se iría a vivir
cerca de él, para protegerse de las iras de Tío
Tigre.
Por eso se decidió.
Y se fue. Y se quedó a vivir para siempre
entre los matorrales que rodean el pueblo del
Hombre.
Inútilmente lo ha buscado Tío Tigre. Lo
mismo a Tío Loro.
A Tío Loro no puede agarrarlo, porque Tío
Loro es muy ágil, tiene unas alas muy fuer-
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tes y vuela muy alto. Y Tío Tigre no tiene alas
ni puede volar. Y a Tío Conejo tampoco,
porque Tío Conejo se fue a vivir muy lejos de
él, allá donde el olor a Hombre es más
intenso, para mantenerse a salvo de sus iras.
A veces, cuando llueve, Tío Tigre sale de la
Selva y se acerca al pueblo, a preguntar por
él.
De las desventuras que a Tío Conejo le han
ocurrido con el Hombre, en los matorrales que
rodean la Tierra del Hombre, hay muchos
temas para otras historias, que contaremos
después.