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Estéticas del paisaje rural y consumo

Este documento analiza las estéticas privadas y públicas en la producción y consumo del paisaje rural. Argumenta que las preferencias estéticas privadas moldean el paisaje a través del consumo, mientras que las estéticas públicas intentan equilibrar el desarrollo y la protección del paisaje. Sin embargo, hay una desconexión entre el control estético en los espacios domésticos y la indiferencia hacia los cambios en el paisaje más alejado. Esto hace que el paisaje distal sea vulnerable a cambios caóticos e
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Estéticas del paisaje rural y consumo

Este documento analiza las estéticas privadas y públicas en la producción y consumo del paisaje rural. Argumenta que las preferencias estéticas privadas moldean el paisaje a través del consumo, mientras que las estéticas públicas intentan equilibrar el desarrollo y la protección del paisaje. Sin embargo, hay una desconexión entre el control estético en los espacios domésticos y la indiferencia hacia los cambios en el paisaje más alejado. Esto hace que el paisaje distal sea vulnerable a cambios caóticos e
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cuadernos

Estéticasprivadasy estéticaspúblicasen la producción


y consumodel paisajerural
Pascual Riesco Chueca

INTRODUCCIÓN acudiendo a una prospección detenida de las


conexiones entre los subsistemas de mercado,
Los aspectos sociales y mercantiles en la con- ciudadanía y gobierno se hace posible la defini-
figuración del paisaje pivotan sobre una articula- ción de procedimientos eficaces de autocontrol
ción fundamental: la poderosa relación trabada colectivo en nuestra relación con el paisaje.
entre la valoración estética del espacio domésti- Como contribución a este campo potencial
co y la valoración estética del espacio colectivo. de estudio, se establece aquí una somera clasifi-
Las fuentes de aprecio e identificación para cación de los paisajes atendiendo al siguiente cri-
ambas estéticas son distintas, pero establecen terio: ¿cuál es la organización social subyacente?
entre sí una clara dependencia mutua, vehicula- Se describe asimismo la inestabilidad del paisaje
da a través de la figura del consumidor. En efec- actual, expuesto a la acción de tecnologías pesa-
to, el consumo privado, acudiendo a la oferta de das y de accesorios seriados fácilmente disponi-
un mercado cada vez más serial y masivo, mol- bles en el mercado. Partiendo de tales premisas
dea los innumerables impactos de apropiación se argumenta que el paisaje, especialmente si
sobre el paisaje (edificación de recreo, delimita- carece de sustrato social denso, es vulnerable a
ción de' propiedades, apertura de accesos) y los la acción de agresiones localizadas y aleatorias.
no menos abundantes impactos de producción La suma de estos impactos, cada uno de los cua-
(tecnificación de .la actividad agroganadera y les puede ser pequeño en sí mismo, es relativa-
cinegética, proliferación de focos industriales). mente acumulativa e irreversible.
Este artículo aspira a reflexionar sobre la orga-
nización social en tomo al paisaje. Se parte de la
constatación de marcadas divergencias culturales EL PAISAJE: ¿AGONÍA O EVOLUCIÓN?
entre el espacio doméstico y el espacio colectivo,
entre la producción y la demanda de paisaje. Los Una contradicción fundamental parece anida
mecanismos de consumo no sólo moldean el en la misma raíz histórica del paisaje. Las condi
entorno sino que influyen poderosamente en el ciones de libertad y de autonomía en las faculta
canon, alimentando el discurso popular contem- des sensitivas que permiten su aprecio se hace!
poráneo sobre la belleza paisajistica. La rápida posibles a través de una emancipación del ind:
evolución de las formas flSicas del nuevo paisaje viduo con respecto a las demandas más perentc
dificulta la maduración de estéticas cultas e inte- rias de supervivencia. La mirada noble y libr
gradoras que gocen a la vez de amplia base sobre el mundo natural que inaugura el romant
social. Queda con ello abierto el camino a la nos- cismo es propiciada por el acceso -de una minI
talgia, a la banalización, o al desinterés. ría- a algo que cabe denominar distanciamiento
La línea de reflexión propuesta puede apor- la instalación de sus vidas en un pedestal elev
tar un contrapunto al sesgo 'administrativista' de do sobre la mera disputa material de la cotidi
las políticas dominantes sobre el paisaje. Sólo nía. "La distancia propia del mundo vital de qUl

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"'1

Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

nes ya no viven directamente en la naturaleza y Por su parte, de la Administración llegan tam-


de la naturaleza parece ser condición necesaria bién mensajes apolíneos. El distanciamiento con
previa al desarrollo de un órgano capacitado respecto al medio natural permite formular cua-
para el disfrute estético de la naturaleza en tanto draturas de círculo que, a la vez que incitan a la
que paisajé' (Groh y Groh, 1991, p. 93). Pero lo expansión de los usos, creen garantizar la inter-
que hace visible, por primera vez, al paisaje vención equilibrada y creadora sobre el paisaje.
como fuente intelectual y espiritual de sensación, Demarcando, inventariando, diseñando, el políti-
al mismo tiempo contribuye, merced a esta mis- co define espacios gobernados donde la provi-
ma lógica de distanciamiento, a la explotación dencia de los programas parece asegurar la gene-
del medio físico. Con ello se hipertrofia su con- ración por encargo de nuevos tejidos de belleza
dición triple de herramienta, cantera y sumidero, territorial.
y se arruina a la vez la posibilidad, recién inau- Se ha observado la disparidad de tratamiento
gurada, de resonancia numinosa culta y delibe- que se concede en nuestro entorno a la repro-
rada ante la naturaleza. ducción del orden doméstico (interiores pulcros
De ahí la coincidencia histórica de dos ten- y ordenados, paredes enlucidas, recibidores-
dencias contrapuestas: de un lado la emergen- museo, automóviles resplandecientes) y a la de
cia de la sensibilidad ante el paisaje, que inyec- los exteriores (bordes urbanos caóticos, vertede-
ta densos caudales de alma e imaginación en el ros, espacios rurales abrumados de elementos
mundo físico; de otro, el creciente desguace y chirriantes). La a veces obsesiva preocupación
acuartelamiento del mundo rural, que exacerba por la fijación formal de los interiores determina
las actividades extractivas, convirtiendo el cam- una estética del hipercontrol en la que la mancha
po en gigantesco reservorio o vertedero para en la pared, la silla desfondada o la mesa polvo-
redes de apropiación y circulación mundializa- rienta son tan inconcebibles como una abomina-
das. No en vano son contemporáneos el roman- ción. El entorno próximo es escaparate de auto-
ticismo y la máquina de vapor. Por ello, la mira- presentación; los moldes de consumo ahorrnan
da sobre el paisaje no se sustrae a un tinte cre- el doméstico museo, el hogar, donde se exhiben
puscular o agónico: el don de percibir pruebas de consumo y de destreza adquisitiva. El
dimensiones exaltantes en la naturaleza es his- entorno lejano es, a lo sumo, un telón de fondo.
tóricamente simultáneo con la más absoluta Luginbühl (2001) señala en Francia una inci-
indefensión del medio natural ante la prepoten- piente transición desde un paisaje entendido
cia humana. como decorado hacia un paisaje entendido como
La instalación del sentimiento del paisaje en marco de vida: "aunque un mercado del paisaje
el cruce de estas dos rampas, una ascendente, de va fraguándose, con sus diferentes agentes, está
emancipación sensorial e intelectual, otra des- todavía muy anclado a la puesta en escena de la
cendente, de desmantelamiento de las tramas naturaleza, y no aborda de modo frontal la cues-
naturales, debería imprimir un timbre de angus- tión del marco de vida de las poblaciones france-
tiosa urgencia a nuestra relación con el entorno. sas; aun así, las representaciones colectivas dejan
y sin embargo, no ocurre así; sólo minorita- una brecha abierta en esta dirección". Cabe infe-
riamente es intuida la proximidad de un crepús- rir que en nuestro entorno, más aun que en el
culo, y la sociedad en su conjunto no detecta en francés, la escala del marco de vida no rebasa la
el paisaje una fuente de zozobras, sino antes esfera doméstica, el barrio o el pueblo. Por ello,
bien un reconfortante proveedor de imágenes las transformaciones, a menudo caóticas, de las
vagamente mercantiles: el paisaje como denomi- formas del paisaje no despiertan alarma social al
nación de origen, como parque temático, o como no estar ligadas simbólicamente al bienestar y a
marco turístico y gastronómico. El resto del terri- la bondad de la vida.
torio se vuelve invisible y es sancionado social- Por ello, el entorno distal, el que queda ale-
mente como un no-paisaje donde se puede dar jado del cuerpo simbólico de individuos, familias
rienda suelta a las expansiones del lucro. o ciudades, es el lugar donde la tensión del

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_. cuadernos

hipercontrol doméstico se disuelve bruscamente, cía y su entorno próximo, es visible ciertamente


abocando a una total permisividad. No debe sor- la emergencia de la categoría agro-industrial (cul-
prender esta aparente incongruencia: esmero en tivos bajo plástico del Poniente almeriense,
lo próximo y, a la vez, indiferencia por lo leja- naranjales y fresales intensivos de la costa onu-
no. Se trata de un resultado esperable dadas las bense, cultivos de arroz, zonas regables del valle
actuales geometrías de convivencia y vigilancia. del Guadalquivir), y cada vez más estricta la obe-
En el siguiente apartado se introducen varias diencia turística o residencial a que es sometida
categorías territoriales basadas precisamente en una parte del territorio rural (especialmente en la
el sustrato de convivencia y vigilancia que con- fachada litoral o en los parques naturales: Costa
forma el paisaje. Una comunidad tradicional de Cádiz, Aracena-Aroche, Grazalema). Sin
campesina, una comunidad virtual de producto- embargo, la mayor parte del territorio rural pre-
res, una comunidad de consumo turístico y resi- senta rasgos de más difícil clasificación. La vida
dencial: éstos son algunos de los modos de orga- campesina o ganadera tradicional no puede dar-
nización social detrás de las fisonomías paisajís- se en modo alguno por extinta, aunque sobre los
ticas de nuestro entorno. En el resto del territorio paisajes moldeados por comunidades agro-silvo-
el tejido comunitario latente bajo el paisaje está pastorales pesan cargas cada vez más insosteni-
roto: a esta categoría, creciente en extensión y bles. En el resto del territorio, a pesar de la per-
huérfana de sustento social, se dedica alguna sistencia de la población rural, la decadencia de
atención en la sección tercera. la comunidad campesina causa una progresiva
desvertebración del campo.
Puede por tanto proponerse para Andalucía y
ORGANIZACIÓN SOCIAL Y CATEGORÍAS regiones próximas la siguiente clasificación orgá-
PAISAJÍSTICAS nica de los paisajes rurales:

Berking (999), en una reflexión provocadora . Espacios de agricultura exhaustiva (agro-


sobre el agro centroeuropeo, sugiere la reciente industriales o agro-intensivos), en los que se
segmentación del campo en dos categorías níti- procede a un aprovechamiento sistemático
damente diferenciadas: "la tierra se escinde. Por de los recursos productivos ligados al suelo.
un lado se desarrolla una industria agraria hiper- . Espacios de uso turístico, cuya evolución for-
moderna, impulsada por los precios del mercado mal es controlada para evocar un idilio rural y
mundial y por la competencia de origen, que no natural, de consumo preferentemente urbano.
ofrece ya ningún asidero al idilio de la vida rnral. . Espacios moldeados por comunidades cam-
Por otro lado, se agrnpan todos aquellos [espacios} pesinas: paisajes históricos.
en los que es constrnida la forma física del idilio . Espacios distales, de bajo rendimiento en
a base de costosas inversiones de tiempo, dinero y los usos, entregados al aprovechamiento caó-
conocimientos. La ciudad se crea así su contra- tico, al abandono y permisividad.
punto rnral a su imagen y semejanza. La extin-
ción del mundo vital campesino es la condición ¿Cuál es el ámbito donde esta distinción tie-
que hace posible la apropiación museística [del ne validez? Probablemente, gran parte del Medi-
campo}'. Esta división estricta de los ámbitos rura- terráneo europeo, así como otras partes poco
les en espacio destinado a la "agricultura exhaus- industrializadas de la Europa no mediterránea.
tivd' (Malassis, 1992) (invernaderos, monoculti- Por ejemplo, es destacable el Norte de Portugal,
vos, naves ganaderas, cercados geométricos) y con Galicia, como la principal reserva europea
espacio museístico (evocador de una ruralidad de comunidades campesinas. Ha de tenerse en
idílica) es sin duda sugerente. cuenta, por ejemplo, que el estado vecino cons-
Sin embargo, si se pasa del paisaje alemán o tituye el más rural de los países de Europa (sólo
austriaco al mediterráneo, este dipolo se ve pre- 36% de la población vive en ciudades), muy por
cisado de matizaciones y revisiones. En Andalu- detrás de los siguientes (Bulgaria, con 71%, Y

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Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

Polonia, con 65%) (World Development Report mación de un nuevo poblamiento, basado en el
1997). Allí se mantiene, precariamente pero con ocio, la artesanía de consumo y los servicios, que
trazos reconocibles, un minucioso paisaje de en parte privatiza el paisaje y en parte lo somete
densa trabazón y coexistencia de usos. a una transformación convergente con la cultura
Por su parte, los espacios de agricultura de los parques temáticos. En algunos casos, la
intensiva no son necesariamente ajenos a toda puesta.en valor de los espacios naturales (apertu-
construcción colectiva del paisaje. Las complejas ra de sendas, centros de interpretación) es un
tramas de un mercado desarrollado establecen fenómeno que enmascara, bajo su benigna apa-
comunidades virtuales de producción, que ligan riencia pública, una progresiva privatización del
entre sí a los agricultores y al sector de transfor- paisaje, inducida por la nueva propiedad, que
mación y distribución conexo. En tales comuni- ignora las antiguas servidumbres y comunalida-
dades no están ausentes muchas de las caracte- des. Y así van creciendo en torno a las antiguas
rísticas de relación y mutualismo propias de las aldeas tejidos residenciales y circuitos de oferta
sociedades tradicionales. Los campos de plásti- que se convierten más en estimuladores de con-
cos de El Ejido despliegan un denso parcelario, sumo que en revalorizadores del paisaje.
donde las relaciones de vecindad entre explota- Sin embargo, en nuestro entorno próximo,
ciones y las normas de dependencia son forzo- tanto en Andalucía como en otras regiones de
samente estrechas, dada la compartición de España y del Mediterráneo, adquiere especial
recursos (agua, espacio), de riesgos (contamina- importancia el último tipo de paisajes. En efecto,
ción, plagas), y de normas (legislación europea y la categoría distal o paisaje de la negligencia se
nacional, GATO. Los usuarios de una zona rega- encuentra en plena expansión, como cualquier
ble moldean el espacio con acuerdos colectivos viaje atento puede }"evelar.
y mantienen una continua vigilancia mutua.
Finalmente, el paisaje de consumo turístico o
residencial, entendido a través de la concepción EL ENTORNO DISTAL O INVERTEBRADO
de Berking, está regido por una comunidad a dis-
tancia, la de sus usuarios urbanos. Adquieren Caracteriza a esta división del territorio, con-
casas, ejercen control sobre las ordenanzas muni- cebido como polo opuesto del paisaje proximal
cipales, van haciéndose dueños del campo y pro- ("paysage de proximité" en la expresión de
moviendo involuntariamente el abandono de la Malassis, 1998), la ausencia de una acción colec-
actividad campesina. El proceso conduce a la for- tiva densa. En esta fracción del territorio, no se

Fig. 1. Paisaje de bancales,


con almiares de heno, col-
menas, parras, árboles fru-
tales, maizales y sembrados
de hortalizas. Minho,
Portugal. (Foto P. Riesco)

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cuadernos

cuenta con el soporte comunitario tradicional


(paisajes campesinos); tampoco se hace notar
una regulación explícitamente dictada por nor-
mativas de conservación o implícitamente defi-
nida por el consumo turístico (paisajes protegi-
dos y visitados); finalmente, tampoco opera una
intensa concentración de insumos y tecnologías
unida a la conexión con mercados vigorosos y
transnacionales (paisajes agroindustriales). El
territorio distal carece de un germen morfogéni-
co (modelador de formas paisajísticas) basado
en la acción colectiva, es decir, en la interacción
de opiniones, prácticas, presiones y tracciones
propias de agentes sociales inscritos en una
matriz compacta de competencia y convivencia.
Cómo se articula, en el marco de este proceso,
la oposición entre los espacios proximales (de
gala, canonizados) y los espacios distales
(socialmente invisibles) es cuestión que se ana-
liza más abajo.
Por lo tanto, el entorno distal es la fracción
post-tradicional del territorio que no está some-
tida a una intervención formal deliberada
(museización del territorio) ni a una transfor-
mación productiva sistemática y exhaustiva
(explotación agro-química intensiva). Esta cate-
goría territorial ha dejado de ser espacio de
convivencia, no ya de residentes tradicionales
o de visitantes turísticos, sino también de com-
petidores mercantiles agro industriales. Si los
territorios proximales son los que el cuerpo
social reconoce como adyacentes a la vida
pública, el ocio, la identidad de grupo y la resi-
dencia, los distales se sitúan lejos de la convi-
vencia. Han de entenderse dista les en el eje
simbólico y no en el kilométrico. Los descam-
pados que flanquean la ciudad de Sevilla por el
Sureste, aunque cercanos a una gran aglomera-
ción urbana, son distales en tanto que 'invisi-
bles' o 'no reconocidos' por los núcleos de
convivencia vecinos.
Los territorios distales se caracterizan por su
productividad agroganadera baja, su baja densi-
dad de población, la ausencia de atractivos
espectaculares en el paisaje, la distancia o indi-
Fig. 2. La huella delicada de la agricultura tradicio-
ferencia con que la ciudad los contempla, y la
nal. Cercado con seto de endrinos y fresnos en debilidad de las tramas sociales y culturales que
Sayago, Zamora. (Foto P. Riesco) los estructuran. La ubicación distal de esta frac-

62
Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

ción del paisaje es consecuencia de su posición tajada, con ritmos quebrados, una economía
desfavorable con respecto a la geometría de los oportunista y de rapiña. Al compás de herencias,
recursos, sean éstos materiales o simbólicos. Son transferencias de propiedad o cambios en la polí-
áreas, por lo tanto, alejadas a la vez de los focos tica comunitaria, van sucediéndose experimentos
de alta productividad agro-ganadera, de los extractivos, muchos de ellos abocados al fracaso.
enclaves de consumo turístico, y de las fachadas Una nave industrial de uso ganadero se instala
oficiales de las ciudades. para aprovechar subvenciones al vacuno. Si la
El resultado es un aprovechamiento difuso, explotación se interrumpe, allí quedan los herra-
que contrasta con la alta concentración propia de jes y chapas de la nave. Un agricultor instala
los paisajes agrointensivos. Sin embargo, la rela- plásticos para el cultivo intensivo: de año en año,
jación de los aprovechamientos no facilita la van acumulándose jirones semienterrados de
regeneración del paisaje. En efecto, la permisivi- material sintético. Un terreno es explanado para
dad social combinada con el profundo impacto plantar naranjos: las curvas de nivel borradas en
de las técnicas contemporáneas (aunque se apli- la operación no regresan cuando el naranjal sea
quen de forma esporádica) de tránsito, apropia- abandonado. Por doquier marcas inconexas de
ción y explotación del territorio, da lugar a un apropiación, de explotación, desórdenes de uso
paisaje herido, expuesto a todas las arbitrarieda- y abandono. La agricultura a distancia, negligen-
des de uso y abuso. te, asistemática, se generaliza.
En el mejor de los casos, estos paisajes pre- Puede intentarse acotar esta categoría defi-
servan, a fuer de abandonados, rasgos de inte- niendo sus rasgos más perceptibles. Cabe propo-
rés natural destacado, y en ellos perviven, a ner cinco atributos principales de los territorios
modo arqueológico, rastros de su belleza pri- invertebrados o distales:
mera. En el peor de los casos, los paisajes se
convierten en bandeja de degradaciones varias. . Negligencia
La apertura de pistas, la concentración parcela- . Permisividad e impunidad
ria y otras intervenciones públicas contribuyen . Experimentación e intermitencia
a completar un semblante paisajístico a modo . Incrementalismo y acumulación
de extenso parque tecnológico de caótica ocu- . Flujos de información débiles
pación, donde el ensuciamiento visual va obtu- . Extensividad agresiva.
rando todos los horizontes. Aquí, por detrás de
una cerca de chapas, va creciendo un desgua- En la rúbrica de negligencia se agrupan prác-
ce rural; más allá, una urbanización ilegal va ticas de abuso, identificables como resultado de
alzándose, donde se levantan desde chabolas la Raubwirtschaft (economía de rapiña o de tie-
hasta "chalés alpinos y pastiches medievales r...J rra quemada; véase Martínez Alier, 1994, p. 63),
rodeados de céspedes cuidadosamente recorta- la cultura de frontera, el aprovechamiento de los
dos y adornados con estatuillas que represen- recursos naturales en régimen de generación últi-
tan a personajes de Walt Disney' (Drain, 1998); ma, con un apres moi le déluge implícito a los
por el horizonte, detrás de retazos de encinar, modos de apropiación y uso del suelo. Los pai-
asoma una granja porcina, donde se hacinan sajes distales pertenecen a la periferia, entendida
cerdos supuestamente alimentados con bellota como polo opuesto al centro donde se negocia
(hipótesis al instante desmentida por el brillo la convivencia. Ojeda (1993) ha ilustrado amplia-
de los voluminosos silos de pienso) que al mente los efectos de tal condición periférica en
hozar van haciendo morir de raíz las encinas los espacios 'de frontera' que constituyen el
supervivientes. actual Parque de Doñana.
Con ello, esta fracción del campo pasa a con- La Política Agraria Común (PAC) dictada por
vertirse en el envés de la convivencia: un gran la Comisión Europea es indirectamente causante
trastero o trastienda donde se agolpan los ele- de buena parte de esta nueva agricultura desali-
mentos descartados o la cantera de donde saca ñada. La pretensión oficial de la PAC,centrada en

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-

cuadernos
aliviar la presión de los usos del suelo mediante peritos, ingenieros y constructores de la obra. No
la promoción de modelos poco codiciosos de sorprende que un paisaje devastado por una
aprovechamiento de la hectárea, habrá cosecha- concentración parcelaria, en el que se han extir-
do éxitos en algunas zonas de la Unión. Sin pado todos los vínculos patrimoniales, en el que
embargo, en nuestro entorno y por efecto de la se han entubado los arroyos, enterrado las fuen-
picaresca, la PAC se convierte, no en un instru- tes, expurgado el arbolado y sepultado los cami-
mento que aliente la des-intensificación de la nos antiguos, se convierta en una invitación al
agro-ganadería y el reposo del campo, sino en uso sin amor del suelo.
un subvencionador del desaliño y los malos tra- Análogos efectos tienen otros megaproyec-
tos al terreno. En el caso de los cereales o el gira- tos, como los grandes embalses, explotaciones
sol, las subvenciones a la hectárea promueven la mineras o autovías. En un corto plazo de tiem-
roturación de valiosos eriales y prados para la po, estas iniciativas ponen en marcha drásticos
siembra de mezquinas cosechas, negligentemen- cambios sociales y ambientales, cuyas conse-
te cosechadas. cuencias es difícil prever. El paisaje sufre el
La PACestimula a su vez las políticas de con- impacto primero, asimilable a una brusca modi-
centración parcelaria, muy actuales en Castilla- ficación quirúrgica; y posteriormente, se enca-
León y Galicia; en efecto, si el rendimiento fun- denan otros cambios secundarios, cuyo efecto
damental del secano es la subvención a la hectá- acumulado a veces supera el de la primera
rea, y la calidad de las labores es secundaria, no transformación.
cabe duda de que una respuesta racional es reu- La permisividad y el carácter impune de las
nir toda la propiedad para así aplicar con la transgresiones que se acumulan sobre la catego-
máxima economía de tiempo y recursos las cam- ña distal de paisaje es una consecuencia de su
pañas de laboreo y recolección. Y, a su vez, la infravaloración social. Los espacios distales son
concentración parcelaria favorece la agricultura a un a modo de trastienda o trastero de la convi-
distancia, cada vez más común en las llanuras vencia; en ellos es inevitable por lo tanto una
cerealistas: al reducirse las tareas anuales a unos absoluta relajación de las normas sociales.
pocos días es racional desplazar la residencia a Como experimentalismo cabe describir las
las ciudades, donde se puede complementar con incesantes etapas de prueba y error, con aban-
otros ingresos la rentabilidad de las tierras. dono incluido, que siembran estos paisajes de
La agricultura a distancia, desde las ciudades, rastros de intentonas empresariales o proyectos
es uno de los principales estimuladores del mal públicos: el esqueleto de una nave, un cercado
trato al paisaje. Disuelto el vínculo afectivo entre de avestruces, un herrumbroso pivot de riego...
el propietario y su terreno, se disuelve también La experimentación, frecuentemente fallida,
la solidaridad de vecinos y la consiguiente vigi- acompaña a menudo las etapas de traspaso de
lancia y emulación en las buenas prácticas. propiedad por compra o por herencia. Otras
A ello se añade el intenso efecto sobre el veces, el incentivo principal es el cambio en la
patrimonio cultural y natural ejercido por política de subvenciones. Con ayudas públicas se
muchos megaproyectos: grandes actuaciones de desmontaron muchos encina res en España
infraestructura, producción, extracción o consu- durante los setenta, y con ayudas públicas se han
mo inspiradas por cálculos de beneficio público. sembrado decenas de miles de hectáreas de
Entre ellos, es muy destacable por su vandálico plantón de encina en la década reciente.
efecto sobre el paisaje la antes mencionada con- Bajo incrementalismo y acumulación se agru-
centración parcelaria, fervorosamente impulsada pan los efectos de la no-degradabilidad de los
por la Administración de algunos gobiernos complementos agrarios contemporáneos. Los
autonómicos. En su forma más perniciosa, la materiales empleados, las formas de geometría
concentración parcelaria equivale a poner al lineal, la profundidad de las acciones de laboreo,
territorio de rodillas ante un principio único, la todo asegura la permanencia de las estructuras y
productividad, y ante unos sumos sacerdotes, los las modificaciones introducidas.

64
Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

La acumulación capitalista (Harvey, 1992) se movimiento de ganado, los pastos comunes, las
ve disfrazada en los espacios hegemónicos colmenas itinerantes, el uso separado del suelo y
(enclaves prósperos de ciudades, entornos el vuelo, la caza, la rotación de cultivos, la ges-
museificados, zonas históricas o residenciales) tión común de setos verdes: todo ello sugiere un
por figuras de metabolización que la hacen ase- funcionamiento sistémico, con una densa circu-
mejarse a un crecimiento o expansión. Sin lación de informaciones que producen efectos
embargo, en los espacios rurales no estructura- cruzados y se realimentan. En un paisaje agro-
dos, que son el anverso y el sumidero de tales intensivo, por otra parte, la densa vecindad, la
crecimientos, la acumulación se presenta en su competitividad y la común dependencia de insu-
crudeza caótica. El inmenso ajuar de las socieda- mos exteriores aseguran un constante flujo de
des contemporáneas rebosa hacia el campo, información entre los productores. Los espacios
donde los objetos menos queridos amueblan las protegidos o turísticos son también ámbitos de
segundas residencias, la pre-chatarra amuebla las espesa circulación informativa, a través de las
parcelas, y la fácil infraestructura de deslinde o áreas de ocio común, la proximidad residencial y
de construcción despliega sus volúmenes seria- la subsistencia de tramas ecológicas. A ello se
dos, vertidos desde una inquietante cornucopia añade, como notable vector informativo, la figu-
de formas sintéticas y no degradables. ra del paseante, que enlaza espacios con su mira-
Los espacios distales se convierten con ello da transeúnte.
en un cementerio del crecimiento, donde los Por el contrario, en los paisajes distales, los
experimentos productivos 'de retaguardia' y los aprovechamientos del espacio tienden a ser indi-
vestigios de acumulación procedentes de los vidualistas y no correlacionados. Es frecuente
núcleos del crecimiento van acopiándose de for- que una alambrada o una malla cinegética sea la
ma dispersa y azarosa. primera acción de toma de posesión del territo-
En la rúbrica de flujos de información débiles rio. Los experimentos empresariales en zonas
se alude a la escasa cohesión interna de este tipo apartadas (una granja avícola, una cantera, un
de paisajes y a su alejamiento de los modos eco- desmonte) se emprenden a título particular, sin
sistémicos de organización. En zonas donde per- conexión con una comunidad de producción.
vive el mosaico tradicional (campo, pasto y mon- Las pervivencias naturales del entorno se ven
te), cada aprovechamiento 'informa' a su entorno interrumpidas por azarosas cacerías, azudes pri-
inmediato y al conjunto merced a las estrechas vados, talas incontroladas o sueltas de caza cria-
relaciones de vecindad y mutualismo trabadas. El da en granjas.

Fig. 3. Encinar adehesado y


cercas para pasto. Sierra de
Montánchez, Cáceres.
(Foto P Riesco)

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cuadernos

Finalmente, el rasgo etiquetado como exten- zo cercado requiere acceso, las cercas van de la
sividad agresiva hace alusión a lo siguiente: en mano de las pistas, y las pistas, de los encauza-
esta categoría distal, el uso extensivo no impli- mientas. Cabría aplicar a este modo de gestión
ca buenas prácticas ambientales o paisajísticas. de la dehesa el término 'rotación no sostenible'.
La escasa densidad y la intermitencia de los Es tan poco gravosa la erección de naves y pari-
focos de agresión (ganadería adventicia, cante- deras que a menudo cada cercado de una pro-
ras, cercados, pistas, talas de arbolado) son piedad así porcionada duplica las instalaciones
compatibles con su intensidad e irreversibilidad. del cercado vecino. La estabulación de animales
En efecto, es barato y rápido conseguir modifi- es a veces destructiva, y se salda con la des-
caciones graves en el paisaje (bajísimo coste de trucción local del suelo o del arbolado. Con
la hora de excavadora, disponibilidad general ello, y por acumulación de impactos, al cabo de
de prefabricados, inefectividad de las sanciones unos años un viejo encinar puede verse con-
por agresión al medio). De ahí que las huellas vertido en un laberinto de alambres, sembrado
del nomadismo de los aprovechamientos en las de naves (la mayoría fuera de uso), erosionado
zonas apartadas no sean reabsorbidas por el y enfermo. Se trata de un uso nominalmente
medio físico como era el caso en la agricultura extensivo, pero de Jacto es un nomadismo
de roza (por ejemplo en el Algarve, Portugal, intensivo e irreparable.
donde la quema y desbroce de trozos de jaral Un argumento muy usado en el estudio esta-
para su siembra de centeno iba rotando con len- dístico de los fenómenos naturales es el siguien-
ta periodicidad por las lomas escabrosas del te: "lo que es fácil termina ocurriendo". Los
monte). La huella de los experimentos de uso sucesos probables, para los cuales sólo existen
contemporáneos es relativamente indeleble, y barreras débiles, tienen garantía de producir
un algoritmo de agresión localizada va transfor- repercusiones intensas, por repetición del efec-
mando paso a paso lo extenso. to, si se espera un tiempo suficiente. Análoga-
El uso ganadero y extensivo del suelo, que mente, dado que transformar el paisaje es fácil,
hasta no hace mucho aseguraba una buena pro- el mecanismo hacia una progresiva acumula-
tección del paisaje, no es ya garantía de calidad ción de impactos está en marcha. Que las agre-
visual. El pastoreo personal es sustituido por las siones se asienten y que una lógica nueva
alambradas dentro de los latifundios de dehesa. -todavía invisible- pueda llegar a armonizarlas
El ganado va rotando sucesivamente por las o a volverlas entrañables no es descartable en el
parcelas que así se definen. Dado que cada tro- futuro. Sin embargo, la inestabilidad de las for-

Fig. 4. Encinas desmocha-


das sobre prados con can-
tueso florecido. Alentejo,
Portugal.
(Foto P. Riesco)

66
Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

mas que la nueva agricultura hace emerger y la embargo, la acusada inestabilidad de los cam-
sucesión cuasi-bursátil de los usos del suelo dan bios recientes en el paisaje, ligada a la azarosi-
lugar a un ritmo fugado de cambio al que el dad del mercado agrícola, la potencia de las tec-
imaginario colectivo difícilmente puede seguir. nologías del espacio y la prolijidad de los acce-
De ahí la tendencia al repliegue (el hogar, la sorios, todo ello produce "deriva paisajística".
pantalla), la privatización (urbanizaciones ajar- La deriva es más acusada en la categoña distal,
dinadas, campos de golO o el escape (viajes a donde no existe un sustrato colectivo que amor-
paraísos exóticos). tigüe o armonice los cambios. El resultado en
muchos casos es un paisaje en fuga errática,
cuyas representaciones estéticas no lleguen a
SOBRE LAS VÍAS DE VALORAQÓN ESTÉTICA adquirir madurez ni completitud. De ahí la
DE LAS CATEGORÍAS DEL PAISAJE importancia creciente de la figura del paisajista
como mediador social (Donadieu, 1998).
Donadieu (1998) ha observado recientemente:
"sabemos hoy día que la capacidad de una socie- Paisajes históricos: espacios moldeados por
dad para inventar nuevas representaciones del comunidades agropastorlles tradicionales
paisaje -a través de la fotografia, el cine, la litera-
tura- es en pal1e independiente de la capacidad La belleza inscrita en tales paisajes se deriva
que asegura su producción -por vía normativa y de la densa y antigua interacción respetuosa
económica-". Esta distancia social entre produc- entre pequeños propietarios y una naturaleza
ción y representación se hace notar con mayor o que florece en los intrincados intersticios y
menor intensidad en las cuatro categoñas pro- entrefases del parcelario. "Debido al tamaño y
puestas para el paisaje. Sólo en los paisajes prote- potencia de los util/ajes, existía l..,} una obligada
gidos para uso turístico se aprecia una relativa connivencia entre paisaje y paisanos. f..,} La
convergencia social entre los agentes de produc- relación de col1esía con el lugar a la que está
ción y los agentes de representación estética. forzado el campesino origina geometrías con
Así pues -como también ocurrió con las for- aire de naturaleza, de naturaleza magnificada"
mas emergidas a raíz de la revolución industrial- (Corajoud, 1982). En la terminología de Bour-
se detecta un desfase temporal entre los proce- dieu, se trata de un efecto inevitablemente liga-
sos de remodelación del paisaje y los procesos do a la expresión histórica del hábitus, es decir,
de metabolización estética. La valoración de los de los efectos no deliberados (que trascienden la
nuevos paisajes se produce de forma rezagada y suma de voluntades conscientes) de la constitu-
minoritaria. Como resultado, es general la falta ción social y productiva. Una cultura histórica
de adhesión del hombre de hoy a los paisajes determina disposiciones que condicionan (y en
'contemporáneos', esto es, los que acusan seña- parte automatizan) la acción, el pensamiento y
les más evidentes de su transformación por tec- los sentimientos de sus integrantes. Con una for-
nologías actuales. Como ya se ha apuntado atrás, mulación más reduccionista, Malassis (1998) afir-
ello conduce a varios procesos paralelos de ma: "históricamente, el paisaje histórico es un
retranqueo: nostalgia por los paisajes tradiciona- subproducto de la producción alimentaria"
les, repliegue hacia el marco residencial-ajardina- -podría echarse en falta aquí la producción
do, consumo de geografías exóticas, instalación energética (leña, turba)-. En cualquier caso, el
estética en lo doméstico y en lo virtual (pantalla). paisaje tradicional nace como resultante invo-
El que la representación y la recarga simbó- luntaria de procesos agregados de interacción
lica de los nuevos paisajes vayan muy a la zaga con el medio: su apariencia global no deriva de
de su transformación física no debería, en sí un diseño, sino de la iteración en el tiempo de
mismo, constituir una fuente de inquietud. Es un algoritmo de uso.
inagotable la capacidad humana para reelaborar La comunidad campesina, en su apretada
estéticamente su relación con el entorno. Sin convivencia de siglos, segrega un paisaje que se

67
cuadernos
"'........

deriva involuntariamente de su cotidianía, puli-


da por los roces de la vecindad y la emulación.
La agricultura tradicional, a través de una minu-
ciosa y diminuta acción sobre el medio, repite
rituales lentos y compartidos, que generan
espontáneos efectos compositivos de belleza
orgánica. La vigilancia mutua entre una comuni-
dad orgánica de pastores y agricultores confor-
maba densos engranajes de interacción, regula-
dos por una naturaleza que aún podía ejercer de
árbitro de la convivencia. Son los paisajes de
mosaico, la prolija miniatura campesina. En
Europa, distintas fórmulas regionales desarrollan
un programa similar de coexistencia silvo-agro-
pastoral: la coltura promiscua en Italia y Portu-
gal, el bocage francés, los kampen en Centroeu-
ropa, la dehesa y el montado ibéricos, el cultivo
en hazas de Polonia.
En el Mediterráneo, la rica e inestable entrefa-
se que separa, en densa contigüidad, el ager
(labranza) del saltus (pastoreo) es un rasgo carac-
terizador de los paisajes campesinos (Mazurek y
Blanchemanche, 1992). Superpuesto y fragmenta-
do, un tercer componente se entrelaza con
ambos: el bosque (silva). Uno de los indicadores
del paisaje tradicional mediterráneo es la coexis-
tencia del suelo y el vuelo (el aprovechamiento
de herbáceas y leguminosas en simultaneidad con
el aprovechamiento de frutos y leña de árboles).
Las bases de apreciación estética de tales pai-
sajes son relativamente minoritarias. Las bolsas
de campesinos que perviven en comarcas aisla-
das difícilmente perciben como bello su entorno,
asociado a vida de trabajo y marginalidad. Las
clases emergentes, en la ciudad y en el campo,
tienden a identificar tales paisajes con retraso,
pobreza y tercermundismo. Sólo una fracción
pequeña de viajeros y turistas, que se expande al
mismo compás con que se va extinguiendo el
mundo campesino, valora la belleza orgánica y
el tesoro etnográfico viviente de estos paisajes.
Tal valoración no está exenta de escrúpulos y
conflictos de conciencia. No queda lejos la des-
calificación de esta preferencia como un puro tri-
buto a la nostalgia. Es frecuente el repudio de las
Fig. 5. Prados húmedos flanqueando un arroyo, bajo formas de vida que engendran o engendraron
laderas de brezal y bosque caducifo/io. Sierra de los paisajes históricos, derivándolas del peso
Caurel, Ga/icia. (Foto P. Riesco) opresor de la pobreza. El propio viajero embele-

68
Los paisajes andaluces y su valor patrimonial

sado siente el aguijón de la culpa al recrearse en plenamente desinteresada, ajena a toda búsque-
una belleza que tal vez deriva de la miseria: da de significación social o natural. En tal per-
"Hadn't 1 made their poverty my paradise?' ("¿no cepción, no se establecen correspondencias en el
había yo asentado sobre su pobreza mi paraíso?', sentido fijado por Seel (1991) para la valoración
Walcott, en Omeros, Chapter XLV,11). de la naturaleza, es decir, la mirada no se pro-
yecta sobre el espacio interrogándose sobre la
Espacios agro-intensivos bondad existencial del lugar para el vivir. Un
territorio puede ser "feo" en sus correlaciones
Los paisajes resultantes de la intensificación e sociales o ecológicas (en la medida en que en él
industrialización agraria son ensamblajes com- no es viable una vida buena), y no obstante des-
plejos de componentes y procesos: "el esfuerzo pertar placeres estéticos de índole contemplativa
técnico del siglo se ha afanado en hacer del terri- o imaginativa.
torio un soporte amorfo en el que podrían desple- Seel describe estos otros cauces de conexión
garse 'libremente' todas las estrategias de ordena- estética con el mundo. La vía contemplativa es
ción" (Coraujoud, 1982). A diferencia de las geo- un camino sensorial, ajeno a las pautas artísticas
metrías balbucientes y temblorosas del paisaje o culturales, "que se dirige a lafenomenalidad de
tradicional, que con su lento metabolismo real- los objetos (naturales), sin perseguir significados'
zan los rasgos primarios del soporte natural, en (citado en Trebess, 1999). Las formas inscritas
estos espacios se produce una completa suplan- por la actividad humana sobre el paisaje admiten
tación del geosistema. esta percepción, basada en un libre juego, no
Un indicador de tal proceso es ofrecido por mediatizado por experiencias culturales, de los
la dimensión fractal de las geometrías del paisa- sentidos. Por su parte, la vía imaginativa se abre
je. La riqueza de formas topográficas, texturas y a partir de la capacidad adquirida, tras abundan-
linderos propia de los paisajes de mosaico (en te adiestramiento artístico-cultural, para leer la
los territorios de uso tradicional) es reemplazada naturaleza como arte y el arte como naturaleza.
por estructuras rectilíneas y superficies planas en En el caso de un híbrido socio-natural (Swyn-
la agricultura exhaustiva. Como resultado, la gedouw, 1997) tan potente en expresión como el
dimensión fractal D de las líneas que componen paisaje agrointensivo (por ejemplo, los cultivos
la planimetría de un paisaje va disminuyendo bajo plástico), su incipiente reivindicación estéti-
progresivamente hasta acercarse al extremo infe- ca se basa probablemente en una expansión de
rior (D = 1). Fox et al. (1997) mostraron en un los planteamientos formales que permiten apre-
estudio basado en el análisis fractal de diversos ciar las formas abstractas o matéricas de la pin-
tipos de uso del suelo en Tailandia que el valor tura y la escultura contemporánea. El land-art o
de D era máximo en el bosque denso, interme- los envoltorios de Christo no distan mucho en
dio en los arrozales tradicionales y mínimo en procedimiento ni en resultados de los logros
áreas de parcelación moderna. involuntarios de mucha intervención agroindus-
Con todo, cabe proponer vías para la valo- trial masiva sobre el medio.
ración estética de los paisajes agro-industriales. Es preciso insistir en el carácter minoritario
El campo dedicado a una explotación racional de estos cauces de valoración estética, ajenos
no debe darse por definitivamente inaprovecha- tanto al canon popular como a los dictados de la
ble para el asentamiento de percepciones esté- sostenibilidad y la biodiversidad.
ticas. Los espacios resultantes son post-campe-
sinos y conceden poco espacio intersticial a los Espacios de consumo turístico
procesos naturales, pero no puede excluirse de
ellos la emergencia de nuevas formas de belle- La reconstrucción de paisajes de ruralidad
za de paisaje. idílica no es necesariamente un postizo ajeno a
En cualquier caso, tales atisbos de una belle- las pautas territoriales originales del lugar. Pero
za emergente derivan de una percepción estética las condiciones de apreciación estética de

69
cuadernos

masas son actualmente inseparables de las leyes deras con cubierta de aluminio deslumbrante
de apetencia mercantil. La inmersión ciudadana sobre los tejados de! lugar, a pesar de las cercas
en densos circuitos de oferta y demanda desa- de piedra suplantadas por alambradas, deja en
rrolla facultades que orientan las incesantes el visitante un sentimiento general de idilio. En
decisiones de consumo, haciendo prevalecer un efecto, una iglesia románica inscribe el pueblo
modo inventarial y desmenuzado de percep- dentro de una ruta que la agencia de viajes o la
ción. La commodification, esto es, el proceso Administración regional ha editado y comercia-
tendente a acuñar en todo fragmento de reali- lizado; y la rotunda gastronomía y los vinos
dad una unidad mercantil de consumo, es un recios que la próxima parada ha de ofrecer tien-
intenso determinante estético. den su manto protector sobre la totalidad de la
Las tres vías señaladas por See! para la rela- experiencia del día de viaje, irradiando su con-
ción estética con la naturaleza (contemplación, tigüidad cálida hacia la fisonomía del pueblo en
imaginación y correspondencia) mantienen su cuestión, que al final será declarado inolvidable.
validez al ser aplicadas a un consumo de masas El ingreso de un territorio en e! canon no
como el que se ejerce sobre los espacios natura- supone por lo tanto su preservación, aunque sea
les turísticos. En los espacios agro-intensivos, petrificada o museificada. Es frecuente en nues-
como se ha señalado atrás, el cauce imaginativo tro país que algunos de los enclaves más canta-
(lectura del paisaje a través del arte) es el princi- dos y alabados por e! consumo y la cultura de
pal, aunque escasamente transitado y agnóstico masas sufran graves degradaciones sin alarma
en lo ambiental. Por e! contrario, en el caso de social ninguna.
los espacios idílico-turísticos, el cauce principal El canon paisajístico para el turismo de masas
de apreciación es el de la correspondencia. Es opera, en efecto, mediante una sinécdoque (la
decir, lo que hace valioso un paisaje para e! turis- parte por el todo) que prescinde de la mirada
mo de masas es, ante todo, su asociación con fac- global sobre el espacio. La meseta del Aljarafe,
tores positivamente marcados. Esto no debe cercana a Sevilla, refugio veraniego de la ciudad,
identificarse con una percepción del paisaje cuyo paisaje tradicional era un denso tapiz de
como marco integral de vida. El paisaje turístico árboles (higueras, olivos, naranjos), proporciona
es percibido como bello en la medida en que se un ejemplo útil. Para que el Aljarafe sea Aljarafe
le asocia con mercancías apetecibles y activida- basta que quede mosto en las bodegas, algún
des placenteras. La construcción social del deseo naranjal resistente al avance de las urbanizacio-
hacia un espacio turístico sigue las mismas pau- nes, y la brisa de los anocheceres, más sabrosa
tas que ligan e! consumo con las preferencias cul- que la de Sevilla. No causa alarma alguna la aba-
turales en el conjunto de la sociedad. En nuestro rrotada cornisa, ni los planes de una autovía por
entorno geográfico, por ejemplo, la gastronomía el meridiano de la meseta, ni la oruga de chalés
juega un papel destacadísimo como valorizador adosados asomándose al último reducto 'virgen'
oculto del paisaje. "Buena tierra aquélla", se dice, de la cornisa del Aljarafe.
evocando con entusiasmo vinos y platos en tan- Así también, e! Rocío y el camino de! Rocío
to que la mirada olvida las formas. se convierten en un paisaje virtual, sustentado
Al subsumirse la apreciación de tales espa- por el consumo de imágenes procesadas para su
cios en la espesura de las relaciones de merca- difusión masiva. El capital simbólico de la famo-
do, se desencadena e! mismo paso hacia la abs- sa peregrinación es tal que permite la disolución
tracción causado históricamente por la apari- del paisaje geo-físico bajo una capa de asocia-
ción del dinero. El paisaje pasa a ser cotizado ciones sentimentales y mercantiles. Aunque el
por atributos invisibles, que adquieren su res- camino se haya vuelto un canal entre alambradas
plandor por indirecta iluminación mercantil. Tal saturado de olor a fertilizantes y herbicidas, más
pueblo de Palencia, a pesar de su paisaje tradi- poderosa que cualquier constatación será la evo-
cional devastado por las máquinas de la con- cación colectiva de un antiguo idilio de pinos,
centración parcelaria, a pesar de las naves gana- arroyos y lirios. Ello permite a las hermandades,

70
Los paisajes andaluc~l su valor patrimonial

a los medios de comunicación y a los hipermer- desarrollado por el arte contemporáneo desvela
cados co-producir un guión feliz que autoriza a formas sugerentes en casi cualquier soporte. Por
todos a desentenderse de la degradación real del ello se ha argumentado atrás, en coincidencia
camino; y que facilita a los propios cantores de con otros autores, que -por ejemplo- el paisaje
las bellezas del Rocío sembrar de detritus de agro-industrial puede deparar experiencias esté-
plástico su senda peregrina. ticas inesperadamente ricas. De las tres vías de
Tales espacios son el correlato esperable de percepción estética de la naturaleza establecidas
una experiencia estética de masas que se ve por Seel (991), contemplación, imaginación y
canalizada a través de la apropiación o el consu- correspondencia, se ha subrayado como cauce
mo. En un texto anterior (Riesco, 2000), se vin- principal de aprecio estético por los paisajes de
culaba la decadencia del paisaje con una cre- agricultura exhaustiva la vía imaginativa. Ésta se
ciente miopía hacia las escalas grandes. El ciuda- basa en la intertextualidad entre naturaleza y
dano medio, adiestrado estéticamente por la arte, que permite aplicar a lecturas cruzadas des-
televisión y el consumo de objetos, tiende a de un espacio densamente moldeado por la
situar la belleza en contenedores compactos: la acción humana hacia el mundo ideal de las
pantalla, el museo, el monumento, el espectácu- construcciones de arte contemporáneo.
lo, el parque temático. Sin embargo, en los espacios distales, esta
No es históricamente insólito este desinterés tarea es menos fácil. En efecto, lo que allí se está
por las grandes armonías del paisaje extenso. Lo produciendo es una pérdida de dignidad del
específico a nuestra época, sin embargo, es la paisaje, convertido en vertedero de baja intensi-
dependencia de la estética popular con respecto dad, y poblado de elementos seriados dispersos.
al proceso de commodification (mercantiliza- La vista no puede fluir sobre tramas naturales,
ción). Los flujos de mercado son lubricados por interrumpida como está por disonancias banales
el diseño, que estimula apetitos crecientes por y sin fuerza articuladora. No es fácil encontrar
los objetos y los espectáculos. pivotes de composición en las disonancias, dada
En particular, la televisión, como formador su distribución rala y arrítmica (las naves gana-
del canon estético contemporáneo, determina deras, los silos, se distribuyen caóticamente y sin
preferencias fantasmales y de débil raíz sensorial. configurar densidades suficientes). Los paisajes
La imitación de paisajes y arquitecturas vaga- resultantes son "ensamblajes pobres' de elemen-
mente entrevistos en la pantalla estimula aspira- tos que no se articulan entre sí (Corajoud, 1982):
ciones de estilo (ejemplos: el chalet, el césped, la "nuestra capacidad de integrar [tales elementos]
balaustrada, el paisaje de urbanización) que no en una unidad de percepción se ve limitada por
vienen avaladas empíricamente por las negocia- sus formas pesantes, singulares, que les imprime
ciones de la experiencia corporal. De ahí la el aspecto de estar posadas sobre el mundo". Esto
emergencia de paisajes-pastiche, que remedan es, los paisajes distales no son el soporte de
en clave pobre los espacios transitados por los "ensamblajes complejos', como es el caso de los
galanes y beldades de las revistas de corazón. paisajes agro-intensivos. Antes bien, se trata de
geometrías enrarecidas, sobre un tapiz degrada-
Espacios distales do de naturaleza residual, en el que se asientan
formas advenedizas (naves-ovni, pistas rectilíne-
El acarreo caótico de elementos prefabrica- as, desmontes, alambradas-pantalla) con débiles
dos; la agricultura azarosa y oportunista; la frag- relaciones mutuas y con el lugar. Tales formas
mentación de las tramas naturales: todo ello crea no son perecederas y carecen de la capacidad
un marco difícil de asimilar estéticamente. Es para disolverse en el entorno.
cierto que "el proceso estético crea atmóiferas a Así y todo, la polisemia del paisaje permite,
partir de lo viviente y lo inanimado, lo técnico y incluso en estos paisajes, la complacencia estéti-
lo natural, lo humano y lo extra-humano" (Boh- ca. Ésta puede apoyarse en tres recursos: el filtra-
me, 1995). Y el incesante ejercicio de búsqueda
do del macropaisaje; la búsqueda de micro-~aisa-

71
cuadernos

jes; O los hallazgos u objets trouvés -pintorescos, peregrinas, de los acoplamientos provocado-
cómicos o sugerentes- servidos por el azar. res, expresivos o risibles entre objetos. El
antiguo chozo de piedra coronado de alam-
. Hay llamadas a flexibilizar nuestro sistema bradas, el brillo cegador de una chapa de alu-
sensorial (Sensorium) hasta acomodar la minio sobre los prados, un viaducto de auto-
percepción a las disonancias, filtrándolas vía proyectando sombra sobre una aldea que
para no perder de vista las armonías subsis- se despuebla: en todas estas composiciones
tentes o las imperiosidades de la subsisten- formales, una mirada libre de prejuicios
cia. Schmidt (1999) advierte contra la irrita- morales o ecológicos puede encontrar innu-
bilidad morbosa y asocial del esteta: "no merables objets trouvés del fragmento paisa-
todas las agresiones {al paisaje] son iguales. jístico, dignos de atención o incluso placer
Un montón de estiércol al borde del camino estético.
no es lo mismo que la lavadora tirada al
arroyo r...J. Sin duda que las {cabinas prefa-
bricadas de plástico para refugio de caba- CONCLUSIÓN
llos] no constituyen un tipo tradicional de
arquitectura campesina; pero quizás supo- No es fácil identificar de forma inequívoca
nen la puerta de acceso a la cría caballar las fuerzas que originan los paisajes de la negli-
para gente que ni tienen dinero ni tierras gencia aquí denominados territorios distales.
para montar una ganadería". Además de Factor común a las causas activas de degrada-
este imprescindible análisis social de los ción es el desplazamiento de la convivencia,
impactos, la habilidad para dejar correr la que ha determinado desgarrones en el tejido de
vista sin tropezar en los escollos visuales la vigilancia y cooperación social, desgarrones
puede aprenderse. La capacidad de encua- donde prospera el paisaje distal. El vehículo de
drar selectivamente, de des enfocar las diso- la degradación, en algunos casos, es la general
nancias, de modular los ritmos de recorrido permisividad, aprovechada por los free riders
en la inspección visual, todo ello puede (abusones) que encuentran oportunidades ren-
venir en ayuda de una percepción placente- tables en la invertebración profunda de los
ra de paisaje.s heridos. Que esta capacidad, territorios. En muchos otros casos, sin embargo,
desarrollada en exceso, sea connivente con la degradación paisajística se deriva de una
todas las tropelías que se desatan sobre el simple lucha de ajuste y subsistencia de la
paisaje, no disminuye su viabilidad. población rural. En cualquier caso, sería un
error defender la tesis de que el comporta-
. Otra opción es el repliegue sensorial hacia miento causante de la degradación del paisaje
los micro-paisajes. Si se renuncia a los gran- procede de las convicciones y los deseos de
des recorridos de la mirada, si se descartan quienes dan lugar a los deterioros. Esta expli-
las panorámicas, es posible encontrar asilo en cación subjetivista de las acciones sobre el pai-
los pequeños rincones intactos donde la saje ignora el carácter internalizado, involunta-
naturaleza residual o el vestigio etnográfico rio, condicionado por disposiciones (Bourdieu)
perviven. Muchos aficionados a la botánica o de las que el propio agente es escasamente
a la ornitología se salvan del desánimo refu- consciente.
giándose en lo diminuto. Las bellezas florales La población que vive en el campo se ve
de una simple cuneta de autopista pueden abocada a soluciones improvisadas ante el adel-
consolar a los contemplativos. gazamiento de las estructuras de ayuda mutua, la
atrofia de la comunidad rural, y la extinción de
. Finalmente, y en una onda mucho más los procedimientos tradicionales. Tanto la res-
urbana e irónica, es posible, en los espacios puesta de mera subsistencia, como la depreda-
distales, salir a la caza de las combinatorias ción sobre el campo, se realizan bajo condicio-

72
Los paisajes andaluces y su valor patrlmo~

nes que en poco se diferencian de las que da por


supuesto -en el ejercicio de su vida laboral- el
resto de la sociedad: búsqueda de máximo bene-
ficio, defraudación moderada de la ley (Schmidt,
1999). Pero estas intenciones, más o menos com-
partidas con amplios sectores de la ciudadanía,
encuentran en los territorios desmantelados su
mejor caldo de cultivo, gracias a la impunidad de
las acciones realizadas fuera de los centros de
convivencia.
La producción de formas en la agricultura
de rapiña o de subsistencia, en un contexto de
desarticulación de la comunidad campesina,
comparte algunos rasgos con la producción de
formas en los paisajes tradicionales y en la
arquitectura popular (improvisación, oportunis-
mo, aprovechamiento del recurso más barato).
Así, por ejemplo, el uso de un sommier como
cierre de una portilla es un procedimiento
intrínsecamente popular. Sin embargo, la resul-
tante formal es muy diferente, debido a varias
razones.

. Mientras que en la cultura tradicional cam-


pesina, los recursos más baratos eran locales
y naturales (piedras, barro, ramajes, setas
verdes), la agricultura contemporánea tiene a
su servicio una amplia oferta de equipamien-
tos y accesorios (casetas, silos, cebaderos,
cercas) de origen industrial y de diseño indis-
criminado. Estos elementos son esencialmen-
te alóctonos, ajenos (en material y en elabo-
ración) al lugar de instalación; son mudos en
cuanto a su procedencia geográfica; son
inorgánicos en cuanto a la forma; y son sin-
téticos, es decir, procedentes de elaboracio-
nes que los alejan de los ciclos naturales de
recirculación. Por ello, las intrusiones visua-
les no sedimentan ni se disuelven en el pai-
saje, sino que flotan en el campo de visión
como perturbaciones obstinadas.
. La intensidad de las modificaciones en la
agricultura o la construcción contemporáne-
as es muy acusada. El coste relativo de las
intervenciones sobre el medio es bajo, y los Fig. 6. Debesa de alcornoque en Salamanca en régi-
impactos potenciales enormes. Con poco men de explotación semi-extensiva de porcino. Los
presupuesto, un ganadero puede arruinar un árboles van muriendo por exceso de presión ganade-
paisaje. Basta instalar con piezas prefabrica- ra. (Foto P. Riesco)

73
cuadernos

das una nave, unos silos, un cercado, y dejar va desparramando su ámbito sobre los islotes de
que el tiempo se inscriba en el entorno con paisaje tradicional) donde todo está permitido en
su clepsidra de detritus: neumáticos amonto- aras del lucro o de la supervivencia.
nados, árboles muertos por hacinamiento del La acción pública sobre el paisaje no puede
ganado, la carcasa de un coche viejo... Todos prescindir del análisis del flujo de equipamientos
estos elementos tienen alta visibilidad (super- y técnicas sobre el territorio, pues son ellos los
ficies reflectantes), bajo coste y escasa degra- artífices de la remodelación del espacio. El estu-
dabilidad natural. Es barato hacer movimien- dio atento del flujo de las mercancías en su acu-
tos de terreno, es barato arrancar la vegeta- mulación sobre el campo y el diálogo con el
ción, es barato abrir pistas y circular por ellas: mercado son ingredientes esenciales de una
y el resultado es que se sobreactúa (se dis- acción eficaz, escasamente explorados todavía. A
para con pólvora del rey), haciendo interven- título de ejemplo, apenas se han establecido nor-
ciones que van más allá de la estricta necesi- mas de etiquetado y homologación paisajística
dad de la explotación, y por supuesto exter- en los equipamientos agro-ganaderos.
nalizando todos los costes de impacto visual Así como es social y mercantil la producción
o ecológico. del paisaje, también lo es su consumo. Una
defensa eficaz de los valores del paisaje debe ser
. Un tercer factor es la ausenciade orquesta- plenamente consciente de la dimensión involun-
ción entre las perturbaciones, debido a la taria de su degradación, dictada más por la cons-
baja intensidad de explotación propia de los titución del mercado que por una intención de
territorios distales. En cambio, cuando el configuración formal. El mercado hace viables
aprovechamiento del suelo es denso (paisaje determinadas prácticas e instalaciones que per-
agro-intensivo), la contigüidad estrecha entre turban intensamente la fisonomía del campo; y al
agricultores limita la arbitrariedad de las mismo tiempo, estimula modos de apreciación
intervenciones sobre el medio, y promueve la que favorecen el consumo excluyente de algunas
emergencia de celdas básicas y por lo tanto unidades de paisaje y el olvido del resto. El estu-
de ritmos espaciales. dio de las disposiciones y automatismos propi-
ciados por el aglomerado cultura-consumo sigue
La tendencia a la degradación paisajística es siendo una herramienta imprescindible para
tan robusta como la tendencia a la acumulación orientar la acción colectiva sobre el paisaje.
en las economías de mercado. La intensa marca
que dejan sobre el paisaje las técnicas y equipa-
mientos agrícolas contemporáneos y el carácter
irreversible de muchos experimentos de uso va
extendiendo el ámbito de los espacios distales.
Con ello se inicia un círculo vicioso: la degrada-
ción de un paisaje va descartándolo como lugar
oficialmente bello y entregándolo aun más al
abuso y al experimento. La atención pública con-
centra su atención en lugares canonizados y con-
dena al olvido el resto. A medida que avanza la
degradación, las oportunidades de un territorio
para ingresar entre los bendecidos por el canon
(parques naturales, parajes protegidos) van redu-
ciéndose. De resultas de todo ello, se afianza la
compartimentación del territorio, dividido en una
fracción agro-intensiva, otra destinada a la fun-
ción residencial y turística, y una trastienda (que

74
los paisajes andaluces y su valor patrimonial

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