Culturas juveniles y ambientes escolares. Imanol Aguirre.
2009
El autor plantea que en los ambientes escolares habita una gran diversidad de culturas
juveniles con sus sistemas simbólicos singularizados y propios. Encontramos en el campo de las
culturas juveniles amplitud y heterogeneidad, no solo de tipo histórico y étnico, social y
económico, sino que dentro de esos mismos ámbitos crecen manifestaciones culturales y
estéticas de muy diferente naturaleza.
Aguirre postula que no solo somos habitantes de la ciudad sino mas bien somos practicantes
de lo urbano, en una sociedad dispersa y diversa donde lo relevante son los espacios
comunicacionales. Esto se relaciona con la multiplicación de las tecnologías comunicativas.
En este contexto la educación es difusa y descentrada, la circulación del saber no está solo en
la familia y en la escuela sino al margen y fuera de estas instituciones.
“Los jóvenes se han encontrado con una sociedad que les lleva a convivir simultáneamente en
diferentes contextos simbólicos (familiar, escolar, grupal y virtual) conformados por valores
culturales, estéticos y éticos diferentes e incluso contradictorios” (Pag. 46)
El mundo se presenta como un caos, y los jóvenes buscan estrategias para ordenar ese caos
que se manifiestan en forma de afinidades musicales, modos de vestir, etc.
Por otro lado, se pueden observar nuevas sensibilidades estéticas de las culturas juveniles del
mundo globalizado donde los principales rasgos del imaginario estético son por ejemplo los
repertorios visuales y musicales que tienen un gran peso en la configuración de dichas
estéticas con su conformación en los medios electrónicos, televisivos y gráficos de difusión
masiva. Existe una gran abundancia y posibilidad de acceso a distintos repertorios pero a su
vez se caracterizan por la redundancia, aspecto habitual en las culturas de masas.
Este tipo de caracterización se acerca más bien a las culturas que el autor denomina urbanas,
conformadas por aquellos que pueden acceder a los medios de comunicación masiva. En
contraposición a estas culturas juveniles están aquellas por ejemplo rurales que no disponen
de los recursos básicos que les permitan interactuar con formas culturales antes descriptas.
Pero así mismo el autor establece que existen puntos en común y que ningún grupo social
puede entenderse hoy al margen de estas cuestiones. Existe una interacción de los jóvenes de
estas otras culturas más allá de la falta de medios donde participan de la comunidad de
significados de los mismos. Y aparece por ello una dualidad, la influencia de la cultura, de la
tradición y el impacto de la cultura occidental.
De esta manera se establecen puntos de encuentro y desencuentro, y una tensión entre el
desenraizamiento y la necesidad de anclaje identitario. Por lo tanto, lo que acontece en el seno
de las culturas juveniles se deriva de un proceso de hibridación cultural, una dialéctica entre lo
tradicional local y lo global. Un nuevo fenómeno cultural subyace de esta tensión.
El autor habla específicamente de la cultura iberoamericana y latinoamericana que poco a
poco fue estableciéndose como tal y marcando sus diferencias frente al ataque masivo de la
cultura de otros países como EE. UU.
Aguirre plantea que los espacios culturales se resignifican y se reconfiguran constantemente, y
que si bien los jóvenes actuales participan de nuevos espacios de comunicación de carácter
globalizado no impide que puedan ser interpretados como propios.
“Las culturas juveniles urbanas muestran en algunos casos tendencia a buscar en la tradición
los anclajes necesarios para asentar su lugar en el mundo actual y para caracterizarse en la
maraña de las redes sociales” (pag. 50).
“Tanto en los ambientes urbanos como rurales son muchos los jóvenes que lejos de aceptar
pasivamente las identidades predefinidas, que la mera pertenencia a un territorio ya había
previsto para ellos, se introducen en procesos de constante redefinición y de convivencia, en
múltiples ambientes. De esas mezclas e intercambios emergen nuevas formas de hibridación
cultural y estética.
LAS ARTES SE HAN COLOCADO EN EL CENTRO DE LAS NUEVAS MANERAS DE SENTIR Y
EXPRESAR LA IDENTIDAD DE LOS JÓVENES.
¿Cuál es el papel de la música en la resignificación cultural? Afirmación de un lugar y un
territorio. Se construye a través de ella la unidad simbólica de una cultura. Es un elemento
articulador de las distintas formas estéticas nacionales y transnacionales que da lugar a un
enriquecimiento y mayor singularización, y a la creación de nuevos espacios de identificación y
pertenencia para las culturas juveniles. Se construyen puentes entre distintos mundos,
distintas culturas para no verlos como mundos completamente separados.
Estos nuevos espacios fueron y están siendo rápidamente explotados por el mercado, y la
educación, la escuela ha quedado atrás. Es necesario pensar en una escuela más próxima a las
realidades, en encajar la movilidad, el descentramiento y la constante hibridación en el
sistema escolar que es rígido y sistematizado. Observar hacia donde camina el proceso de
transformación social y cultural, diseñar modelos formativos que atiendan a dichos
requerimientos.
“No vale cualquier contenido ni vale cualquier metodología. Estamos tratando con jóvenes que
disponen ya de multitud de estímulos estéticos que configuran sus dotes apreciativas. …
quedará en mera anécdota escolar, que en poco contribuirá al desarrollo de su creatividad,
cualquier metodología de trabajo que no contribuya a reforzar o repensar sus propias
estrategias de apreciación y producción”
“Es preciso abrir la escuela a multiplicidad de escrituras, de lenguajes y de formas de narrar
que los medios actuales nos ofrecen y que son tan familiares a los jóvenes”