Pensamiento crítico en aula virtual Saavedra
Pensamiento crítico en aula virtual Saavedra
INSTITUTOUNIVERSITARIODEINVESTIGACIÓN
Part. Reg. SUNARP Nº 11162434
ARTÍCULO ORIGINAL Plantear el pensamiento crítico como uno de los fines de la educación en Colombia es
un objetivo mayúsculo, pero estipularlo como una emergencia en los ambientes
PALABRAS CLAVE
virtuales de aprendizaje, no es solo un reto, es una apuesta por dinamizar y establecer
Pensamiento crítico, estrategias que hagan factible este objetivo. La investigación “el pensamiento crítico
ambientes virtuales como emergencia en los ambientes virtuales de aprendizaje” elaborada en una
de aprendizaje, institución universitaria que desarrolla su aprendizaje bajo las modalidades e-learning
competencia del y b-learning, se realizó bajo el enfoque cualitativo - inductivo que indagó sobre los
docente. elementos que permiten la emergencia del pensar crítico en ambientes virtuales y al
mismo tiempo, determinó los retos que un docente debe asumir para que ello sea
posible.
KEYWORDS Think about critical thinking as one of the aims of education in Colombia is a major
objective, but stablish it as a reveal in virtual learning environments is not just a
Critical thinking, challenge, it is a commitment to revigorate and establish strategies that make this
virtual learning objective feasible. The research “Show up/Appear of critical thinking in virtual
environments, learning environments” developed in an institution that develops its learning processes
competencies of the under the e-learning and b-learning modalities, was carried out under the qualitative -
teacher. inductive approach that investigated the elements that allow the emergence of critical
thinking in virtual environments and at the same time, determined the challenges that
a teacher must assume to make this possible.
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Pensamiento crítico: una emergencia en los ambientes virtuales de aprendizaje
1. INTRODUCCIÓN
La educación es un proceso que tiene aparejado el pensar del sujeto que se educa, y el pensar es
un acto que permite tejer lo que se tiene, con lo que se siente y con lo que se percibe, generando
nuevas estructuras que inciden en el hacer y en el ser de quienes están en los procesos de
formación; sin embargo, en la educación no solo se hace referencia al pensar del sujeto como
generador de ideas, sino que se lleva a reconocer que este lugar de formación, haciendo alusión al
espacio consensuado o pactado, debe ser digno de producir pensamiento crítico; es así como el
proceso formativo está permeado por diversos medios, programas, cambios y necesidades propias
de las comunidades; de tal manera que las instituciones van de lo presencial a lo virtual, intentando
trasladar, integrar, pero también modificar, las prácticas pedagógicas, de acuerdo con los recursos
y posibilidades que generan las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones,
rompiendo así las brechas de temporalidad y espacialidad que aparecen en los modelos
tradicionales de aprendizaje (Hernández, 2012).
En la virtualidad, ese espacio tecnológico y de configuración digital, los encuentros difieren
en tiempo, las conversaciones se sostienen desde lugares irreconocibles y los docentes, maestros
o tutores que deben ser dinamizadores, se sienten intimidados cuando se cuestionan los
aprendizajes del estudiante y la posibilidad de desarrollar sus competencias a través de la
abundancia de recursos informáticos; espacios que algunos en una visión errada usan para
“expresar la ausencia pura y simple de existencia, presuponiendo la «realidad» como una
realización material, una presencia tangible” (Lévy, 1998, p.10 ), por ello, vale la pena profundizar
en el uso adecuado de las herramientas en la virtualidad en función de los fines y las necesidades
del siglo XXI (Zúñiga y Arnaéz, 2010; Loaiza y Osorio, 2018).
El pensamiento crítico como habilidad necesaria en el estudiantado se ha convertido en el
producto de la educación superior más deseado, ya que forma parte de muchos estándares de
acreditación, como lo argumenta Rosales y Gómez (2015) referenciando a Stewar y Dempsey; sin Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
embargo, parece ser una responsabilidad que se le atribuye a la presencialidad, ya que, el
sinnúmero de actividades que se desarrollan dentro de un aula de clase resuenan en lo qué es la
crítica (debate, conversación, taller, trabajo colaborativo, entre otras), de tal forma que esta se da
en condiciones donde ver, sentir y conversar con el estudiante de forma sincrónica y face to face
es quizá un acto, simbólicamente, significativo.
Aunque muchos autores coinciden en que las plataformas y recursos de internet aumentan
la comunicación y producción de conocimiento (Harasim, 2012; Guitert, Ornellas, Pérez,
Rodríguez, Romero, Romeu, 2015), son muy pocos los que permiten medir esa eficiencia que
sustentan con la precisión con la que dicen que es posible.
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Y aunque lo anterior sea cierto, se debe recalcar que el proceso de formación en Colombia
está lleno de atributos, que hacen de la profesionalidad docente un desafío y con ello se hace
referencia a las dinámicas de los territorios donde se enseña, a la falta de herramientas (digitales,
física…) y a la multiplicidad de criterios frente al aprendizaje. De tal forma que, es importante
preguntarse qué elementos son necesarios para que el pensamiento crítico sea posible en un
territorio, y de qué manera los docentes, tradicionalmente vistos como el centro del proceso del
aprendizaje (Rosario, Alvarado, Robles, 2018) garantizan que el pensar crítico sea posible, pero
no solo en la presencialidad, sino también en la virtualidad, ya que es la promesa de formación en
Colombia.
Alliaude y Antelo (2009) expresan que, cuando los educadores titubean al intentar dotar de
contenido a aquello otro distinto de la pura instrucción, apelando a expresiones como querer
cambiar algo en los estudiantes, contribuir a la formación de sujetos críticos y establecer vínculos,
entre otros, no hacen más que buscar desesperadamente signos para asirse a aquello que en tanto
irreductible, da existencia a la desproporcionada operación educativa, de tal manera que cada
avance tecnológico debería brindar herramientas y permitirle al sujeto aprendizajes que
contribuyan con la sociedad de la que hace parte (Ortiz, 2010).
Es así como preocuparse por las formas de alcanzar el pensamiento crítico en Colombia,
debe ser una necesidad que posibilite llegar a estados de pensamiento diferenciales, que admitan
hacer un análisis sobre el papel que las instituciones de educación superior tienen para formar
personas capaces de aprender a aprender, discernir sobre las coyunturas de la sociedad actual y
deliberar sobre los modos de “estar”, de tal manera que la sociedad pueda ser, como lo plantea
Magallón (2014), reflexiva, analítica y éticamente responsable y no caiga en la incapacidad de
correspondencia entre lo plasmado en el papel y la vida real (Rockwell, 2018).
Este trabajo de investigación fue realizado en la Facultad de Educación de La Corporación
Universitaria Minuto de Dios, específicamente en el programa Administración en Salud Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
Ocupacional, el cuál además de responder por la pregunta origen, considera el pensamiento crítico
como valor fundamental para el desarrollo profesional; y con la hipótesis clara que permitía
considerar que éste es una competencia desarrollable en los ambientes virtuales de aprendizaje.
Es así como el ejercicio investigativo es una lectura a las diversas herramientas que incluye la
virtualidad, pero también una aproximación a la redefinición del rol y retos de los docentes en los
ambientes virtuales de aprendizaje tienen para que faciliten que el pensar crítico emerja y puedan
hacer engranaje con la ubicuidad y demás atributos de los que gozan las tecnologías de la
información y de las comunicaciones.
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2. MÉTODO Y MATERIALES
La investigación desarrollada en el contexto de la formación virtual universitaria, usó como
recurso para el análisis, los foros o debates elaborados por los docentes de la Corporación
Universitaria Minuto de Dios durante un semestre académico. Es necesario aclarar que los
desarrollos de los debates hacen parte de las actividades obligatorias y que cada docente por
materia o curso académico debe tener por lo menos dos debates. La investigación es de corte
cualitativa, que, de acuerdo con Sampieri (2014) se basa en una lógica y proceso inductivo
partiendo de lo particular a lo general.
Para ello, se hizo un diseño fonomenológico y se usó como técnica la observación de
discursos, allí se priorizó el discurso emitido, narrado y puesto en la plataforma para ser analizado
a la luz de unos elementos del pensamiento crítico. De tal manera que la observación estuvo
orientada a revisar, organizar y dirigir la mirada hacia el objeto con el fin de obtener la información
que permitiera evidenciar los elementos que propiciaban la emergencia (De Ketele, 1984).
Es así como se tomaron 53 foros/debates del programa de formación Administración en
Salud Ocupacional, sin embargo, en cada uno de los foros aparecían alrededor de 40 respuestas
promediadas entre hilos de inicio y réplicas al foro; el hilo, para este caso, es la generación inicial
de un debate y la réplica, son las contestaciones que se desarrollan a ese hilo. En ambos se revisaron
los siguientes elementos antes de hacer el análisis:
̵ La existencia de uno o dos foros o debates.
̵ La composición de los foros o debates.
̵ Las réplicas dadas entre estudiantes - docentes y entre estudiantes.
̵ La forma en que dio apertura al ejercicio.
̵ La interacción del docente durante el tiempo que estaba abierto.
̵ El cierre del foro, como mecanismo de encadenamiento de conceptos.
De acuerdo con ello, se separaron las intervenciones en los foros entre docentes y estudiantes. En Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
los primeros se intentó identificar elementos discursivos y constitutivos que permitieran
evidenciar: la cuestión, el argumento y la refutación. Y en los segundos, se reconocieron las
habilidades descritas por Facione para la comprensión del pensamiento crítico, tales como:
interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación y autorregulación.
3. RESULTADOS
¿Es posible una emergencia del pensamiento crítico?: En el planteamiento elaborado por los
docentes, en contestación al desarrollo del curso académico o cumpliendo con el requisito del foro,
se evidencia cuestión, es decir, la pregunta formulada como parte importante del desarrollo del
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Figura 1 Relación entre los elementos del pensamiento crítico y las habilidades en foros virtuales
De acuerdo con lo anterior y en contexto con los conceptos abordados a lo largo del texto, la
cuestión como la base del foro debe permitir unas respuestas a la pregunta orientadora o al juicio
(intencionalmente) emitido; una vez se generen algunas consignas, el docente y demás compañeros
deben seguir interviniendo a partir de más preguntas (sin valoraciones de buen o mal argumento);
todo ello, puede dar pie a nuevos ítems temáticos, pero el docente –dinamizador- debe ir orientando
la discusión para que esta no pase a un lugar que quizá no es de interés para encausar el aprendizaje;
los miembros del grupo deben estar al tanto de las preguntas y comentarios para debatir; por
último, el docente hace un cierre, en este debe recuperar el objetivo del debate y las discusiones
más significativas. Para lo anterior, es necesario persistir en que el tema debe estar ampliamente
contextualizado, debe mostrarse importante y estar acompañado de lecturas que faciliten la
inferencia, evaluación y demás habilidades.
La figura 2 refleja como los tres componentes básicos, no únicos, en un proceso de aprendizaje
mediado por plataformas, requiere de relaciones sinérgicas, entre el estudiante y el docente de
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modo tal que el estudiante necesita una persona que sea orientador del proceso, le manifieste
situaciones que lo estén llevando por caminos no indicados; una dinamización de la plataforma
con actividades y recursos que rompan con el esquema de repositorio, generando valor al
aprendizaje, y por último, el estudiante requiere claridad para así abordar la plataforma como
medio oportuno, eficiente y garantizador de actividades coherentes con los fines educativos.
4. DISCUSIÓN
El pensamiento crítico es un concepto polisémico (Vélez, 2013) y está sujeto a un sinnúmero de
definiciones de algún modo, relacionadas con los contextos disciplinares de los que emerge, es
decir, la filosofía crítica, la metacognición, las teorías emancipadoras. Ortiz (2013) con una mirada
más sencilla, sustenta que pensar críticamente es una responsabilidad social, y que el pensamiento
propiamente en lugar de pretender saber cómo es la realidad, cómo se explica y cómo se comporta,
se caracteriza por procurar encontrar, recrear o producir el sentido de la vida humana en sus
condiciones concretas de existencia.
Es así como desde los griegos se hace referencia a la acción de pensar y sus formas
correctas de hacerlo. Sócrates, Aristóteles y Platón planteaban maneras precisas para acercarse a
la verdad. En la edad media aparecen teóricos como Duns (2014) y Ockham (1997) quienes se
replantearon las ideas existentes con las cuales se concebía el mundo y reconocieron a un sujeto
pensante que puede ser libre. Kant por su parte, denominó a tres de sus grandes obras Críticas, con
lo cual quería establecer los límites del pensamiento en el conocimiento del mundo; es así como
la crítica implicaba distinción o delimitación entre el conocimiento probado y la noción incierta
entre el actuar correcto e incorrecto, y sobre los alcances del juicio estético (Vargas, 2006).
Por ende, el pensamiento crítico es una categoría de análisis que se funda e interrelaciona
con términos como El criticismo, término propuesto por Kant y que hace alusión a los juicios
(Scheck, 2012); la teoría crítica, escuela de pensamiento que pone de manifiesto la necesidad de Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
evaluar la sociedad y la cultura y tiene como grandes exponentes a Adorno y Horkheimer (1974);
y La Pedagogía Crítica, que señala el conjunto de prácticas que permiten a los estudiantes
desarrollar habilidades para la conciencia de libertad, concibiendo la educación como “la
posibilidad para la identificación de problemas y para la búsqueda de alternativas de solución
desde las posibilidades de la propia cultura” (Ramírez, 2008, p. 28).
Dussel (2009) y Mignolo (2008) abordan el pensamiento crítico desde el entramado de la
filosofía de la liberación y de la praxis des-colonial, es decir, un pensamiento crítico con un sentido
claramente enmarcado en la izquierda latinoamericana. La comunidad psicológica estadounidense
liderada por Robert Ennis (1989), Facione (1990) y Paul y Elder (2003), reflexionan sobre el
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en sus diversas versiones y expresiones sea la primera de todas para la educación y en especial
para los procesos de formación de docentes (Delgado, 2009).
El pensamiento crítico también se refiere a pensar claro y de forma racional con el propósito
de favorecer el desarrollo del pensamiento reflexivo e independiente que permite a toda persona
realizar juicios confiables sobre la credibilidad de una afirmación o la conveniencia de una
determinada acción (Campos, 2007); es decir, que a partir de la realidad misma se desarrollan
procesos de análisis sobre lo existente y replantear la forma de comprender determinados
fenómenos sociales. La teoría crítica insiste en que el conocimiento está mediado tanto por la
experiencia -praxis- como por los intereses teóricos y extrateóricos que se mueven dentro de ella
(Osorio, 2007; Vargas, 2006).
Por su parte, El Ministerio de Educación Nacional Colombiano -MEN (2012) sustenta el
pensamiento crítico como: la capacidad de indagar de manera crítica y reflexiva y desde diferentes
perspectivas las problemáticas propias de las interacciones sociales, culturales y físicas en
contextos concretos.
El pensamiento crítico, de acuerdo con Vargas (2006) y Saiz (2002) es toda reflexión que
implica la búsqueda de un nuevo conocimiento de la realidad, de tal manera que aliente una nueva
conducta ética y política, o proponga un nuevo tipo de sociedad; para Herrero (2016) el
pensamiento crítico tiene una actitud constructiva, cooperadora “El pensar críticamente supone,
fundamentalmente, hacerse preguntas y obtener respuestas razonadas” (Herrero, 2016, p. 20) y
para Lipman (2014) este es la cota frente al pensamiento acrítico y ante la acción irreflexiva.
Pese a tantas concepciones, para este proyecto se contempla el pensamiento crítico como aquel
proceso que se perfecciona en el espacio universitario y que se contempla como la capacidad de
reflexionar sobre diversos aspectos de la realidad a través de un proceso lógico, coherente y de
interés; es por ello que se considera al pensador crítico como un sujeto que tiene un sentido de la
vida, que puede aplicar esas destrezas (reflexionar, evaluar, resolver problemas y tomar Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
decisiones), en situaciones reales y que impacta de manera positiva en sus relaciones humanas y
con el medio (Álvarez, 2014).
Existen algunas posturas aisladas sobre los niveles de pensamiento, y abonan a esta
discusión la perspectiva sobre un proceso de perfeccionamiento del pensar, de tal forma que es
necesario aclara que no es lo mismo pensar, que tener capacidad para pensar y que existen
elementos básicos, acciones y habilidades necesarias para que ello sea posible. Siegel (2003)
menciona que aspectos como el respeto, la auto suficiencia, la preparación para la adultez y la vida
democrática, son aspectos que explican por qué el pensamiento crítico es necesario en la
educación.
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Para este caso, los elementos se comprenderán como aquellos recursos que permiten la
alteración inicial de los sentidos; las acciones como esos procesamientos mentales básicos que
aparecen con la activación de los sentidos, es decir, atender, leer, comprender y las habilidades
como aquellos procesos de orden superior que son los que permiten inscribir a un estudiante dentro
de la línea del pensamiento crítico, tal como se observa a continuación:
Figura 1: Pensamiento crítico y su relación con habilidades y acciones en un espacio virtual o presencial.
De tal forma que, el pensamiento crítico como habilidad de orden superior contiene otras
habilidades y estas a su vez acciones que pueden ser comunes a cualquier persona; sin embargo,
para ello se requieren actividades en el aula de clase o el ambiente virtual que tejan los procesos.
Esto se tiene que expresar a su vez en: racionalidad, autoconciencia, honestidad, mente abierta,
disciplina y juicio, como lo manifiesta Campos (2007).
Por otro lado, si bien el pensamiento crítico es una posibilidad nombrada en los
componentes académicos, y de acuerdo con la revisión bibliográfica está íntimamente ligado a la
formación presencial, detallarlo en un Ambiente Virtual de Aprendizaje no parece una tarea
sencilla, puesto que en virtud de una mirada rápida, esta ahonda en los medios y pierde de vista el
fin y su compromiso con el desarrollo de una sociedad que en términos de Cortina (1995), debe Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
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los cursos, técnicas instruccionales, métodos de comunicación electrónicos, tal como lo expone
Morantes y Acuña (2013); este proceso formativo requiere que el estudiante trabaje de manera
autónoma e independiente ya que la distancia física entre este, el docente y compañeros, es quizá
nula.
Algunas definiciones adicionales expuestas por García (1987) y otros autores más
contemporáneos permiten comprender que: la educación a distancia es un punto intermedio de una
línea continua; es un sistema multimedia de comunicación bidireccional con el alumno alejado del
centro docente, y facilitado por una organización de apoyo; y el conjunto de formas de estudio que
no son guiadas o controladas directamente por la presencia del profesor en el aula.
El afán de las instituciones por integrar a sus procesos de formación, herramientas Virtuales
que favorezcan la flexibilidad común en la no presencialidad del estudiante en las aulas de clase,
incide en el desarrollo de las prácticas de educación y aunque las prácticas académicas han exigido
siempre la existencia de elementos mediadores entre el docente y el estudiante, estas se fusionan
con nuevas necesidades y competencias que reconfiguran la observación que se haga de sus
efectos. Sangrá (2001) manifiesta que existen tres elementos comunes en la formación virtual,
elementos que no son ajenos a la educación presencial, aunque sus nombres e interpretaciones
varíen: el estudiante, el docente y los recursos, este último en contexto de la virtualidad propende
por la transversalidad y la globalidad.
Los Ambientes Virtuales de Aprendizaje son “un programa informático interactivo de
carácter pedagógico que posee una capacidad de comunicación integrada, es decir, que está
asociado a Nuevas Tecnologías” (UNESCO, 1999), de tal manera que el docente pueda hacer uso
de los elementos que permiten la configuración de lo pedagógico y facilite la consecución de los
objetivos, es decir, las plataformas virtuales no difieren en su intención de la prespecialidad , solo
requieren adaptaciones que la presencialidad por sí sola puede resolver. En otros términos y como
lo podrían plantear Marzano y Pickering (2005) la institución que integre Ambientes Virtuales, Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
debe adaptar todo el sistema hacia la autonomía, la independencia, la interacción y la
comunicación, de tal manera que docente, recursos y estrategias vayan en coherencia con el
objetivo de formar personas con pensamiento crítico pertinente con las necesidades sociales.
No obstante, hay una esfera común entre la presencialidad y la virtualidad y es la búsqueda
de un pensamiento que permita movilidades en el mundo de la vida, para lo cual, la actitud de los
actores pedagógicos parece ser de gran importancia, es así como la educación virtual o mediada
por plataformas virtuales de aprendizaje, que no es a distancia desde una reconfiguración del
término, posibilita diferentes logros y competencias en el estudiante.
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a quién, cómo, dónde, cuándo o por qué. En la cuestión es importante determinar aspectos como:
lo que se discute, desde qué perspectiva se realiza no solo en la afirmación o pregunta, sino también
con relación a los términos que se emplean, y si ésta puede ser o no verificada empírica o
teóricamente.
El argumento: de acuerdo con Herrero (2016) un argumento es la suma de conclusiones,
razones, premisas y evidencias que respaldan la cuestión. Es así como para argumentar, una
persona no solo debe ser capaz de generar conclusiones a partir de los datos que tenga, sino también
hacer una búsqueda precisa de expertos, análisis y recursos que evidencien su discurso. Cuando
un argumento no tiene evidencias Herrero (2016) lo denomina Falacia, que se define como una
debilidad en el argumento, en la cual, el individuo puede generar conclusiones sin tener suficientes
datos o justificación.
La refutación: no siempre el argumento de otro es verdadero con base en determinados
criterios, este puede ser puesto en evidencia al encontrar nuevas evidencias que estén en
contraposición con el argumento inicial. De acuerdo con Herrero (2016) “antes de discutir un
argumento es imprescindible analizarlo. Solo así es posible determinar dónde se encuentra la
debilidad o debilidades que permiten la refutación” Es así como el autor propone: determinar la
conclusión, examinar las evidencias que respaldan la conclusión, evaluar el lenguaje utilizado (que
no haya sesgos, manipulación, parcialidad o prejuicio).
Con estos puntos se podría determinar: sí el argumento es débil porque las evidencias son
verdaderas pero irrelevantes, no son ciertas, no se ajustan a las indicaciones o parámetros de
análisis iniciales, o porque las conclusiones extraídas no son coherentes con las premisas. Y si bien
Herrero plantea estos elementos, Facione (2007) determina las habilidades de un pensador crítico,
entre las cuales establece: el análisis, la explicación, la inferencia, la autorregulación y la
evaluación. Es así como el pensamiento crítico alude a un ejercicio riguroso, complejo,
disciplinado y continuo para los estudiantes, pero pensado y alineado por los docentes que Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
acompañan un proceso, de tal manera que sea posible que las habilidades se desarrollen y logren
fortalecer al estudiante como sujeto reflexivo, y capaz de dar sentido a los acontecimientos que lo
circundan.
En la teoría de la complejidad Morin (1994) hace alusión a lo complejo como aquello
compuesto de múltiples partículas que de manera individual no podrían ser altamente
representativas, pero que en consonancia con otras forman y articulan nuevos objetos. El
pensamiento crítico como emergencia es casi un indeterminismo ligado al pensamiento humano
que difiere de un hecho que conduce a un pensamiento lineal y discurre entre lo que se cree, lo que
se niega, lo que aparece y lo que escasea.
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Es decir, pensar alineado con lo crítico, podría ser múltiple y variado, por ende, no existiría
una forma única de pensar y pensar críticamente no tendría un solo camino, sino varios lugares
para abordarlo y diversas fusiones.
5. CONCLUSIONES
El aprendizaje es un encuentro de sentidos y significados que hace el sujeto en unos ambientes
generalmente cocreados con el profesor y puede surgir a modo de emergencia, fruto de las
relacionalidades entre un sistema de componentes que lo pretenden y, en el un cambio sustancial
en los roles de los actores, que comienza por resemantizar el alcance de los propósitos de
singularización y de colectivización del sujeto que aprende. Tal como lo menciona Núñez, Ávila
y Olivares (2017) en un escenario de formación no solo la preparación del docente para el
desarrollo de habilidades es suficiente, es necesario que el estudiante sea disciplinado, coherente
y tenga intenciones de hacerse competente.
La capacidad de pensar críticamente no es un resultado del proceso educativo que se gesta
en la virtualidad, es una emergencia a modo de novedad que surge de las relaciones entre los
componentes de esta. La presencia de otros actores en el aula virtual posibilita tensiones y
disrupciones que movilizan el pensar críticamente, un modo que surge del encuentro ofertado por
el escenario de aprendizaje.
La emergencia entendida como una posibilidad, una realidad que se manifiesta gracias a
las distintas interacciones, puede generar en este apartado del texto, una interpretación respetuosa
pero crítica a la labor de los docentes en Ambientes Virtuales, no como escenario para la puesta
en común de habilidades técnicas, sino para el reconocimiento de la labor como una actividad
necesaria y de compromiso emancipatorio.
Por último, el pensamiento crítico atribuido a otras profesiones como los administradores,
son necesarias y relevantes no solo porque tienen coherencia plena con lo que son las competencias Revista Innova Educación Vol. 2. Núm. 1 (2020)
laborales y sociales, sino porque hace sujetos más capaces para enfrentar y ser mediadores de las
dinámicas mundiales.
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