LIDERAZGO CATÓLICO
OBJETIVO:
Despertar en los adolescentes y jóvenes el entusiasmo por asumir en sus vidas el estilo
de liderazgo propuesto por la Iglesia, siendo signos de contradicción en el mundo.
INTRODUCCIÓN:
Video: Los Patronos del Sínodo de Jóvenes
¿Quién es un Santo?
¿Los jóvenes están llamados a ser Santos?
¿Estarías dispuesto a dejarlo todo por la Santidad?
TALLER:
Trabajo personal: cada participante tendrá una imagen y la historia significativa
de un santo de nuestro tiempo, con la cual deberán hacer un listado de
características que pueden encontrar.
Trabajo en parejas: compartirán los hallazgos y buscaran coincidencias entre los
personajes y elaboraran dos letreros con las virtudes más sobresalientes.
Trabajo general: Presentarán las virtudes señalando como aplicarlas en la
cotidianidad.
CENTRALIZACIÓN:
“HACER-HACER”: no asumir toda la responsabilidad él mismo, sino que confiar o
delegar en otros las tareas que son necesarias para la causa: “hacer trabajar a diez en vez
de trabajar por diez”. Hacer esto, implica suscitar en el otro la colaboración, apoyarse en
el equipo de seglares, repartir tareas, estar al corriente de necesidades y situaciones,
ejercer una autoridad discreta y paternal. Debe ser también reflexivo, constante,
responsable y humilde, debe saber escuchar y corregir a quien se equivoca, conocer la
realidad del otro, debe vencer el miedo y la timidez.
RENUNCIAR A LA PRISA: La paciencia es la clave de la santidad personal y por lo
tanto, del éxito en el apostolado. Una gran obra comienza con un pequeño grupo selecto
de personas comprometidas que durante el tiempo se van multiplicando. Si se fracasa,
se debe comenzar la labor con otros sin desalentarse jamás. Conquistar alma por alma
debe ser la premisa, escuchar, conocer y formar son procesos lentos que deben tomar el
tiempo que sea necesario.
NO DEJARSE ENCANDILAR POR MESIANISMOS SOCIALES NI
POLÍTICOS: Las estructuras sólo se reforman si se cambia el hombre. Esto es lo
verdaderamente difícil y lo único decisivo a la larga. Se será mejor cristiano en la
medida que sea mejor obrero, mejor estudiante, mejor artista, mejor jefe de empresa,
mejor hombre de Estado. Cristo no es sólo vida del alma, sino vida de todo el hombre.
Nada escapa a su acción: familia, profesión, economía, educación, pasatiempos, etc.
NO CONVERTIRSE EN ORGANIZADOR DE ENTRETENCIONES. Atraer a la
juventud por medio de diversiones puede desvirtuar la forja de hombres. Cuando la
llama del ideal prende, la juventud, no encuentra mayor diversión que en el apostolado,
en la conquista de sus hermanos, por lo tanto, un buen líder debe saber conquistar almas
sin recurrir a la diversión como medio de atracción de multitudes.
EL LÍDER DEBE TENER AMPLITUD ECUMÉNICA EN LA MENTALIDAD Y
EN LA ACCIÓN. Un líder católico debe ser capaz de llegar a todas y cada una de las
personas que aparezcan en su camino. Debe sentirse un ciudadano de la Iglesia
universal y no dejarse llevar por cierta congregación, o inspirarse en tal o cual
sacerdote. “No hay actividad humana alguna que sea ajena a la solidaria tarea
evangelizadora de los laicos”.
DEBE PRIMAR EN ÉL LA VIDA INTERIOR, DEBE SER REFLEXIVO Y
MANTENER ORACIÓN CONSTANTE. Buscar constantemente el camino a Cristo
por medio de la Virgen, tal como afirma Pablo VI: “María es siempre camino que
conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos que acabar en un encuentro
con Cristo mismo. El continuo recurso a María no es sino buscar en sus brazos, en Ella,
por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres, en los desalientos y
peligros, tienen necesidad de dirigirse como puerto de salvación y fuente trascendente
de la vida”. Cultivar una vida interior intensa es la clave del éxito, más aún, si lo
hacemos a través de María.
Un líder católico al mundo debe tener siempre presente que no debe desperdiciar
ocasiones, ya que desperdiciar una ocasión implica perder un alma, una palabra puede
ser decisiva en la vida de una persona. Debe saber esperar y no desanimarse ante la
adversidad o el fracaso.
“Es la hora de las almas que han comprendido que ser cristiano es una fortuna, pero
también un gran peso, peligro y deber… Es preciso trabajar hoy, porque mañana sería
tarde” (Pablo VI)
JUSTIFICACIÓN:
"Jesús subió al monte"
El momento se revestía de una tremenda solemnidad, y haciendo alusión a las grandes
decisiones de Dios para con su pueblo en el pasado, el Señor subió a la cima de un
monte. Recordemos, por ejemplo, cuando Dios le dio la ley a Moisés en lo alto del
monte Sinaí (Ex 19:20) (Ex 24:12-18).
Y por otro lado, pudiera ser también que otra de las razones para llevar a cabo esta
decisión en lo alto de un monte fuera para que todos vieran lo que Jesús iba a hacer y
gozara así de la mayor publicidad posible.
"El Señor llamó a sí a los que él quiso y estableció a doce"
En principio esto nos plantea algunas preguntas. ¿Por qué sólo a doce si había más para
elegir como sabemos por (Hch 1:21-22)? ¿Hay alguna intencionalidad en el número
"doce"? En las respuestas a estas preguntas están las claves para entender la importancia
de lo que Jesús estaba haciendo.
En primer lugar, nos llama la atención que no dice que eligió a "doce apóstoles", sino
que "estableció a doce". Es verdad que más adelante serían conocidos como "los doce
apóstoles", pero aquí el énfasis recae en el número "doce", con lo que el Señor tenía la
clara intención de limitar la composición de este grupo especial. No eran los veinte o los
mil, sino los doce. Tampoco iba a estar formado por un número indeterminado de
personas. Además, como luego veremos, esas personas nos iban a ser presentadas por
sus nombres.
Pero por otro lado, no puede negarse que el número doce tiene también profundas raíces
en la historia de Israel. Su simbolismo sería obvio para cualquier judío. Su origen está
en el número de los hijos de Jacob de los que se derivaban las doce tribus que
constituían la totalidad de Israel. En Mateo y Lucas la referencia a Israel es explícita
cuando Jesús promete a los Doce que se sentarán sobre (doce) tronos para juzgar a las
doce tribus de Israel (Mt 19:28) (Lc 22:30). En Apocalipsis vuelve a aparecer la
relación entre las doce tribus de Israel y los doce apóstoles. Los apóstoles como
cimientos de la nueva Jerusalén, la esposa del Cordero y los doce patriarcas como las
puertas de la ciudad (Ap 21:9-14).
En conclusión, podemos decir que la importancia de este pasaje radica en el hecho de
que Jesús estaba formando un nuevo pueblo, y que de la misma manera que en otro
tiempo lo había hecho con Israel, escogiendo a los doce patriarcas, ahora escogía a doce
apóstoles para la formación de su iglesia, su nuevo pueblo espiritual.
"Jesús llamó a sí a los que él quiso"
La obra de los Doce empieza en la voluntad soberana del Maestro, lo que le confiere
una autoridad y eficacia que no podría tener de ningún otro modo. El apóstol del Nuevo
Testamento es un hombre escogido, no por la comunidad, sino por Jesús mismo.
Por otro lado, el llamado del Señor no fue sobre la base de algún mérito en ellos, sino
por su gracia. Ninguno merecía estar entre los apóstoles. Si lo estaban, era por la
misericordia de Cristo.
"Y vinieron a él"
El llamamiento de Dios obra conjuntamente con la libre voluntad de los hombres
dispuestos a escucharlo. Ellos lo eligieron sólo después de que él los eligiera a ellos. La
noche en que le arrestaron, Jesús les dijo a sus discípulos: (Jn 15:16) "No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros..."
Una pregunta que algunos se han hecho tiene que ver con la posibilidad de que aquellos
hombres pudieran haber rechazado este llamamiento. En relación a esto la teología
calvinista afirma que el llamamiento divino es irresistible, y, por lo tanto, ellos no
podían negarse a ir a él. Pero esto no parece coincidir con lo que vemos en otras partes
de la Palabra. Recordemos lo que Esteban les dijo a los judíos:
(Hch 7:51) "¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís
siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros."
Y lo que dijo el mismo Señor Jesucristo en su lamento sobre Jerusalén:
(Lc 13:34) "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son
enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos
debajo de sus alas, y no quisiste!"
Cristo quería bendecir a los israelitas, del mismo modo que quiere bendecir a toda la
humanidad, porque él es bueno, pero tantas y tantas veces el hombre se resiste a los
planes de Dios. Notemos el asombroso contraste entre el "quise" de Cristo y el "no
quisisteis" de los judíos.
Y lamentablemente, lo mismo ocurre en muchas ocasiones en nuestras propias vidas.
Dios nos capacita y nos llama a determinados servicios y nosotros le resistimos. No
debemos olvidar que el llamamiento divino no anula nuestra responsabilidad.
"Para que estuvieran con él"
No había nada maravilloso en los hombres mismos; fue su relación con Jesús lo que los
hizo grandes. Y de igual modo podemos decir que no existe ningún servicio eficaz que
podamos llevar a cabo si no surge de una relación personal con el Señor. Esta es una
verdad fundamental, pero fácil de olvidar. Recordemos lo que les dijo el Señor en otra
ocasión:
(Jn 15:4-5) "Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar
fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis
en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste
lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer."
Con frecuencia olvidamos esta importante verdad y nos lanzamos a hacer una y mil
cosas para el Señor en un frenético activismo. Pero nada de todo eso producirá un fruto
permanente si no es el resultado de una comunión previa con el Señor.
En el pasaje que estamos estudiando notamos que el Señor no los envió inmediatamente
a la obra, eso no ocurrió hasta (Mr 6:7). La razón de esto es que primero quería que
estuviesen cerca de Él, para aprender de Él.
La misión de los doce
1. "Para enviarlos a predicar"
Una vez que hubieran aprendido de Cristo llegarían a ser enviados a proclamar las
riquezas del evangelio en su nombre. Los que reciben deben transformarse en dadores.
Con esto se subraya el carácter misionero de la elección.
Y notemos también que su labor prioritaria debería consistir en la predicación de la
Palabra. Todo lo que habían aprendido de Cristo deberían enseñarlo al mundo. Con esto
se relaciona el último mandamiento que el Señor les dio antes de ascender al cielo:
(Mt 28:18-20) "Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el
cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles
que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos
los días, hasta el fin del mundo. Amén."
Quizás en este momento sea imprescindible subrayar que lo que debemos predicar es la
Palabra. Nuestras propias experiencias pueden resultar entretenidas y servir en
ocasiones para ilustrar los principios bíblicos, pero en sí mismas no tienen el poder
transformador que sólo tiene la Palabra de Dios. Una vez más debemos recordar las
palabras de Cristo en su oración al Padre:
(Jn 17:17) "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad."
2. "Les dio autoridad"
Junto con el llamamiento recibieron el poder sobrenatural que serviría para dar
testimonio ante los hombres de que Dios estaba hablando por medio de ellos.
(2 Co 12:12) "Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda
paciencia, por señales, prodigios y milagros."
La autoridad que les dio era tan real que Jesús llegó a decir:
(Mt 10:40) "El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al
que me envió."
Al darles esta autoridad, el Señor estaba indicando que los estaba invitando a ser
partícipes de su ministerio, como colaboradores en la tarea de proclamar el Reino. ¡Qué
tremendo privilegio! La misión de los Doce es una participación en la misión de Cristo.
3. "Y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera
demonios"
Como su Maestro, ellos también tenían que manifestar el carácter del Reino restaurando
los pobres cuerpos de los enfermos a su estado normal de salud.
Y además, como el diablo había establecido su autoridad sobre los hombres por medio
del pecado, parte de su misión consistiría en echar fuera a los demonios. De este modo
iban a demostrar de una forma palpable que la victoria final sobre el poder de Satanás
estaba cerca.
Las características del grupo
Seguramente estos hombres eran bastante jóvenes. La mayoría de ellos estarían aún en
sus veinte y tantos años cuando salieron en pos de Jesús.
El grupo era muy heterogéneo, en él se encontraban los dos extremos: Mateo era
cobrador de impuestos del odiado Imperio Romano, era un renegado y un traidor a sus
compatriotas. Simón el Cananista, al que Lucas llama correctamente el Zelote, formaba
parte de un grupo de nacionalistas ardientes y violentos que se comprometían hasta a
cometer crímenes y asesinatos para librar a su país del yugo extranjero.
Eran galileos. Una región a la que los judíos de Jerusalén miraban con bastante
desprecio.
Eran gente corriente. Sus actividades se desarrollaban en el mundo cotidiano. Tenían los
problemas de la gente común.
Eran hombres sin ventaja social alguna. No eran ricos, ni tenían posición social especial.
No tenían una cultura elevada. No tenían una preparación teológica especial ni una
posición elevada en el judaísmo.
En ocasiones mostraron sus muchas debilidades y torpezas. Es que Jesús nunca ve lo
que un hombre es, sino lo que puede llegar a ser.
Tenían caracteres muy diferentes. Jacobo y Juan, los hijos del trueno. Pedro era el tipo
de persona que primero actuaba y luego pensaba.
Sus vidas y ministerios fueron muy diferentes. Jacobo sirvió muy poco tiempo, y fue el
primer apóstol en llegar al cielo; Juan sirvió largos años, y fue el último en partir a la
presencia del Señor.
Tenían algo especial: Amaban a Jesús. Habían decidido que Jesús era su Maestro.
Querían seguir a Jesús a pesar del conflicto con los líderes religiosos.
"Y vinieron a casa"
Jesús con sus apóstoles se retiraron a la casa. Así comenzaban a estarle más
estrechamente unidos y mejor agrupados entre sí, dando evidencia de la efectividad de
su llamamiento.
Enlaza con los siguientes acontecimientos. Al llamar estas personas a su lado, el Señor
se estaba distanciando de su propia familia (Mr 3:20-21) (Mr 3:31-35).
Conclusión
Es asombroso que el Señor Jesucristo escogiera a un grupo de hombres tan comunes,
llenos de debilidades y de aristas, con poca educación, plagados de celos y envidias para
que fuesen sus representantes en la tierra. Pero ciertamente, el Señor no los escogió por
lo que ellos eran en el momento de ser llamados, sino por lo que iban a ser después. La
vida de cada uno de aquellos hombres, con la excepción de Judas, demuestra lo que la
gracia de Dios puede hacer con hombres ordinarios. Los mismos dirigentes de Israel lo
reconocieron al ver "el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin
letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús" (Hch
4:13). Aquellos hombres fueron transformados por el poder del Mesías. Sus pecados
fueron perdonados y sus vidas llenas del Espíritu Santo para que proclamasen el
mensaje del Reino primero a la nación de Israel y luego al resto del mundo.