Procesamiento del Lenguaje y Afasia
Procesamiento del Lenguaje y Afasia
Algunos aspectos del procesamiento del lenguaje revelados a través del análisis
de la afasia adquirida: el sistema lexical
Caramazza, 1988
INTRODUCCIÓN
La afasia adquirida es la pérdida de algún aspecto del procesamiento del lenguaje como
consecuencia de un daño cerebral. La forma específica de afasia observada en un paciente está
determinada por el locus de la lesión cerebral. Sin embargo, dada la complejidad del sistema de
procesamiento del lenguaje, que involucra mecanismos lingüísticos complejos – fonológicos,
léxicos, sintácticos, semánticos y pragmáticos – así como los sistemas cognitivos asociados (e.g., la
memoria de trabajo), puede observarse un gran número de formas diferentes de afasia. Se presume
que cada forma de afasia observada resulta de un tipo particular de daño a un componente o
combinación de componentes del sistema de procesamiento del lenguaje. Por lo tanto, no es realista
en el espacio limitado disponible aquí, intentar revisar el rango completo de posibles déficits del
lenguaje en la afasia. Una tarea más manejable es focalizar la revisión sólo en un subsistema de la
facultad del lenguaje. Esta revisión focaliza en el sistema lexical.
En una revisión, normalmente iría directamente en este punto a una presentación de los principales
desarrollos teóricos y empíricos en el área del procesamiento lexical y al análisis de diversas formas
de afasia que involucran déficits lexicales. Sin embargo, los desarrollos a lo largo de la década
pasada nos han llevado a una reconsideración de las bases teóricas y metodológicas del enfoque
alguna vez dominante en la investigación neuropsicológica, con el resultado de que el enfoque ha
sido desafiado y la interpretabilidad de la mayoría de sus hallazgos empíricos, cuestionada. Recién
ahora están apareciendo todas las implicancias de este desafío. Es necesario, por lo tanto, considerar
brevemente la naturaleza de esta crítica a fin de motivar la selección del material seleccionado aquí
(así como la exclusión de ciertos materiales).
La organización de este capítulo es la que sigue. Primero presento una breve crítica al enfoque
clásico de la investigación neuropsicológica y una discusión de las asunciones teóricas y
metodológicas de un nuevo enfoque identificado como la neuropsicología cognitiva. Luego reviso
los principales desarrollos empíricos y teóricos en el área del procesamiento lexical y los déficits
lexicales en la afasia. Concluye la revisión una breve discusión de las implicancias de estos
resultados para una neuroanatomía funcional del lenguaje.
El estudio moderno de los trastornos adquiridos del lenguaje se basa en un conjunto de principios
teóricos y metodológicos que lo distinguen de, e incluso lo oponen a, el estudio clásico de la afasia.
Este último enfoque se ocupa principalmente de establecer correlatos clínico-patológicos para
diferentes formas de afasia. En contraste, el estudio moderno de la afasia adquirida tiene como
objetivo especificar la estructura computacional del procesamiento normal del lenguaje. En este
modelo, aquellas relaciones entre los mecanismos cognitivos/lingüísticos que comprenden la
facultad del lenguaje y las estructuras cerebrales que pueden surgir del análisis de la afasia, aunque
muy importantes, no constituyen el principal objetivo de investigación. Esto es, aunque la
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investigación de la afasia indudablemente servirá para proveer una fuente importante de
restricciones a una neuroanatomía funcional del procesamiento del lenguaje, no necesita, y en
mucho del trabajo reciente no parece, estar explícitamente comprometida con esta meta. Esto no
significa que la neuropsicología cognitiva no se ocupa del problema de relacionar los mecanismos
cognitivos con el cerebro. Al contrario, la relación de la cognición con el cerebro es uno de sus
objetivos, pero tal fin no puede estar por delante de especificar la naturaleza de los mecanismos
cognitivos que deben implementarse neuralmente. Para plantear el problema de un modo diferente,
el objetivo de la neuropsicología cognitiva es articular e intentar responder el tipo correcto de
preguntas empíricas acerca de las relaciones cerebro/cognición – preguntas que sólo pueden
formularse a través de una teoría explícita del funcionamiento cognitivo. Por lo tanto, no se
formulará una teoría “neurocientífica” de las capacidades cognitivas relacionando directamente la
conducta con eventos neurales sino a través de la mediación de operaciones cognitivas. La
neuropsicología cognitiva rechaza por perjudicial el materialismo eliminativo de algunos
neurocientíficos [y filósofos; cf. Churchland (1986)] y opera en cambio con la asunción de que una
teoría neurocientífica de la cognición será una teoría acerca de los mecanismos cognitivos y no
directamente acerca de la conducta; las descripciones cognitivas de los eventos mentales no serán
remplazadas por descripciones neurales, pero debería llegar el día en que puedan reducirse a este
último nivel de descripción.
A pesar de las serias limitaciones de este enfoque, lo poco que se sabe acerca de la neuroanatomía
del lenguaje nos ha llegado principalmente a través de las correlaciones clínico-patológicas para las
afasias. Aunque se ha sabido al menos desde los tiempos de Hipócrates (ca. 400 AC) que el daño al
cerebro puede resultar en trastornos de la facultad del lenguaje, no fue hasta el análisis detallado de
Broca, Wernicke, Charcot, Lichtheim, Dejerine, y otros, en la segunda mitad del siglo XIX, que se
estableció una base firme para relacionar los procesos del lenguaje con el cerebro. Efectivamente,
para fines de ese siglo, los neurólogos franceses y alemanes habían descripto todos los principales
síndromes afásicos en un nivel de detalle que parecía dar poco lugar a mejorías. Estos
investigadores, bajo la influencia de la hipótesis frenológica de Gall, que proponía que distintas
áreas de la corteza cerebral sirven a diferentes facultades cognitivas, pretendieron mapear la carga
funcional de distintas partes de la corteza; esto es, localizar la facultad del lenguaje y sus
subcomponentes principales en áreas particulares del cerebro. Sus trabajos y los de otros estudiosos
de la afasia desde ese momento no han resultado poco recompensados. Los neuropsicólogos han
acumulado un cuerpo sistemático de observaciones que relacionan el locus de daño cerebral con
patrones de disfunción del lenguaje. Estas observaciones han establecido no sólo que el
procesamiento del lenguaje depende de estructuras neurales del hemisferio izquierdo (en la mayoría
de las personas), sino que existe una organización funcional altamente articulada en este hemisferio,
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con partes diferentes que se asume que se encargan de diferentes componentes del procesamiento
del lenguaje. Estos resultados son bien conocidos y han sido revisados muchas veces (e.g., Caplan,
1987, Caramazza y Berndt, 1982, Damasio y Geschwind, 1984).
El panorama general que emerge a partir de este programa de investigación puede resumirse así: los
componentes lingüísticos del procesamiento del lenguaje – sintáctico, morfológico, léxico-
semántico y fonológico – dependen de estructuras neurales de la región perisilviana del hemisferio
izquierdo (ver figura 1); otras regiones del cerebro, notablemente el hemisferio derecho, juegan un
rol de apoyo, menos importante, en el procesamiento del lenguaje. Así, ahora existe considerable
evidencia de que un hemisferio derecho intacto puede ser necesario para la interpretación sutil del
lenguaje, como la apreciación de la ironía, la metáfora, y el humor, así como del contenido
emocional de un acto lingüístico, pero no para el procesamiento estrictamente lingüístico (e.g.,
Brownell et al., 1984, Gardner et al., 1983).
Figura 1.
Representación esquemática de la
superficie lateral del hemisferio
izquierdo con la región
perisilviana sombreada.
Esta visión general de la representación neural de los procesos del lenguaje ha recibido considerable
apoyo de la investigación neuropsicológica con otras metodologías y técnicas. La investigación en
pacientes con cerebro dividido (pacientes cuyos dos hemisferios cerebrales han sido desconectados
por razones médicas), en los que las capacidades de los dos hemisferios puede ser investigada en
relativo aislamiento, ha confirmado que las capacidades lingüísticas están representadas
exclusivamente en el hemisferio izquierdo. Se ha llegado a una conclusión similar a través de la
investigación con estimulación eléctrica de la corteza cerebral expuesta durante procedimientos
neuroquirúrgicos. Esta última investigación ha mostrado que la estimulación eléctrica de la corteza
resulta en alteraciones lingüísticas temporarias sólo cuando la estimulación se aplica a la región
perisilviana del hemisferio izquierdo. Y, finalmente, los estudios de flujo sanguíneo cerebral
regional con tomografía por emisión durante actividades de lenguaje en sujetos normales también
ha llevado a una conclusión similar. Estos estudios, que miden la actividad metabólica (el flujo
sanguíneo) en diferentes regiones del cerebro durante la ejecución de tareas de lenguaje, han
mostrado que es la región perisilviana del hemisferio izquierdo la más directamente implicada en el
procesamiento del lenguaje (cf. Caplan, 1987).
En contraste con la conclusión menos que optimista acerca de la posibilidad de una neurofisiología
experimental del lenguaje, la posibilidad de progreso en el desarrollo de una teoría funcional
detallada del procesamiento del lenguaje a través del análisis de diferentes formas de afasia
adquirida es muy alentadora. La motivación pragmática para utilizar los déficits del lenguaje para
informar y restringir las teorías del procesamiento normal del lenguaje proviene de la observación
de que el daño cerebral no resulta en una pérdida indiferenciada de la capacidad del lenguaje sino
en la pérdida selectiva de alguna capacidad frente a un rendimiento por otro lado normal. Así, por
ejemplo, el daño cerebral puede alterar selectivamente procesos del lenguaje mientras respeta otras
capacidades perceptuales y cognitivas. Sin embargo, si el daño cerebral produjera disociaciones de
funciones que no son más finas que los sistemas cognitivos detallados (e.g., lenguaje, cálculo, etc.),
los patrones resultantes de rendimiento alterado serían de poco valor para determinar la estructura
del procesamiento de estos sistemas. Afortunadamente para nuestra empresa, el daño cerebral puede
producir patrones de disfunción altamente específicos, que reflejan presumiblemente la estructura
componencial de los sistemas cognitivos. Podemos utilizar estos patrones altamente articulados de
rendimiento alterado para evaluar y desarrollar modelos del procesamiento normal del lenguaje. Sin
embargo, tal empresa no podría llevarse a cabo dentro del marco de la neuropsicología clásica. Para
apreciar plenamente esta afirmación debemos considerar, aunque muy brevemente aquí, las
asunciones que motivan la posibilidad de hacer inferencias significativas acerca del procesamiento
normal del lenguaje a partir de patrones de trastornos del lenguaje (ver Caramazza, 1986a, para una
discusión detallada).
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En este marco, un patrón de rendimiento alterado es tomado como un soporte para una teoría de la
estructura de procesamiento de un sistema cognitivo (por encima de alguna teoría alternativa) si es
posible especificar una transformación – una lesión funcional – en la teoría propuesta (pero no en
alguna teoría alternativa) del sistema cognitivo de modo que el sistema transformado puede explicar
el patrón de rendimiento observado. Este procedimiento reconoce un criterio preciso para la
evaluación empírica de una teoría cognitiva a través del análisis del rendimiento de pacientes
lesionados cerebrales cognitivamente dañados.
El rol que juegan las “lesiones funcionales” en el marco propuesto para la investigación es análogo
al que juegan las “condiciones experimentales” en un paradigma experimental típico; esto es, en un
experimento habitual la relación entre los datos y la teoría está mediada por condiciones
experimentales específicas, y en la investigación de pacientes lesionados cerebrales está mediada
por las lesiones funcionales (así como por condiciones experimentales). Sin embargo, las dos
situaciones no son análogas en un aspecto crucial: mientras que las condiciones experimentales
están bajo el control del experimentador (y por lo tanto son conocidas a priori), las lesiones
funcionales no son conocidas a priori, sino que deben ser inferidas ellas mismas a partir del
rendimiento de los pacientes. Por lo tanto, aunque podemos considerar que un paciente lesionado
cerebral constituye un “experimento de la naturaleza”, en donde la lesión funcional representa
algunas de las condiciones experimentales del experimento, estas últimas condiciones no son
conocidas a priori, como sería en el caso de un experimento habitual, y por lo tanto, dan lugar a
problemas particulares cuya solución tiene importantes consecuencias metodológicas.
Específicamente, dado que las lesiones funcionales pueden sólo ser especificadas a posteriori – esto
es, una vez que están disponibles todos los patrones de rendimiento relevantes para inferir una
lesión funcional en un sistema cognitivo – no puede tener mérito teórico un esquema clasificatorio
del rendimiento de los pacientes basado en cualquier subconjunto arbitrario del rendimiento de un
paciente. Dos consecuencias importantes se derivan de estas observaciones: (a) la clasificación de
pacientes no puede jugar ningún rol significativo en la investigación neuropsicológica cognitiva y
(b) los estudios de grupos de pacientes no permiten inferencias válidas acerca de la estructura de los
procesos cognitivos normales.
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pueden postularse sólo a posteriori – esto es, sobre la base de toda la evidencia relevante necesaria
para fijar una lesión funcional en un sistema cognitivo.
EL SISTEMA LEXICAL
Aunque el foco de esta revisión se ha limitado sólo a un subsistema del sistema de procesamiento
del lenguaje, el campo a cubrir es aún bastante extenso. El sistema lexical es muy complejo e
involucra muchas dimensiones lingüísticas y cognitivas, así como está implicado en muchos tipos
diferentes de funciones cognitivas como la comprensión y la producción de oraciones, la lectura, la
escritura y la denominación. Consecuentemente, es necesario restringir más el foco. El principal
foco será sobre las tareas de procesamiento de palabras aisladas, aunque se hará un esfuerzo para
conectar la explicación del léxico que surge de la revisión a la cuestión más amplia del
procesamiento de oraciones. En esta revisión se tratarán tres conjuntos de temas: la arquitectura
funcional del sistema lexical; el contenido representacional en los diferentes componentes del
procesamiento lexical; y la estructura de procesamiento dentro de los componentes. Aunque estos
temas no son totalmente independientes, es útil trazar estas distinciones a los fines de la exposición.
La visión dominante de la arquitectura funcional del sistema lexical es que consiste en un conjunto
distribuido pero interconectado de componentes lexicales (e.g., Allport y Funnell, 1981, Caramazza,
1986b, Morton, 1981, Shallice, 1981). A lo largo de los últimos 10 a 15 años se ha acumulado un
rango impresionante de argumentos teóricos y evidencia empírica en apoyo de esta visión. El
modelo modal que ha emergido tiene la siguiente estructura. Se traza una distinción principal entre
componentes lexicales de entrada y salida; esto es, componentes lexicales involucrados en la
comprensión (reconocimiento) o en la producción de las palabras, respectivamente. Una segunda
distinción se traza entre los componentes lexicales de entrada o salida de modalidad específica: el
lexicón ortográfico de entrada, aquellos mecanismos involucrados en el procesamiento de palabras
escritas, se distingue del lexicón fonológico de entrada, aquellos mecanismos involucrados en el
procesamiento de palabras habladas. Estos lexicones de entrada de modalidad específica se
distinguen de sus correspondientes lexicones de salida, aquellos mecanismos involucrados en la
producción de palabras escritas y habladas. Además se asume que los componentes lexicales de
modalidad específica están interconectados a través de un sistema léxico-semántico que almacena
las representaciones semánticas para las palabras. En la figura 2 se muestra una representación
esquemática (como ayuda visual) de estos componentes de procesamiento.
La evidencia a favor de esta visión de la arquitectura del sistema lexical es bastante contundente.
Sobre bases estrictamente teóricas, la distinción entre componentes de modalidad específica es
incuestionable – los mecanismos involucrados en el procesamiento de señales visuales y acústicas y
las representaciones léxicas ortográficas y fonológicas a las que dan origen, son
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computacionalmente independientes. En un caso – la lectura – el problema computacional involucra
computar una representación léxica sobre la base de información visual y luego letras o grafemas;
en el otro – la audición – el problema computacional involucra computar una representación léxica
sobre la base de información acústica y luego información fonética y fonémica. Obviamente, las
representaciones computadas deben ser objetos diferentes – representaciones léxicas ortográficas o
fonológicas. Puede plantearse un argumento similar para la distinción de los lexicones de
entrada/salida.
Figura 2.
Componente
Estructura esquemática
léxico
del sistema lexical
semántico
Representaciones léxicas
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información lexical – la información fonológica y ortográfica está representada en distintos
componentes de procesamiento. Sin embargo, existen otros rasgos lexicales importantes que deben
ser explicados en una teoría más general del léxico. Estos incluyen la información de la categoría
gramatical (i.e., sustantivo, verbo, etc.), la estructura morfológica (raíz y afijos), la estructura
temática (la estructura argumental de los predicados), y la información semántica (el significado de
las palabras y los morfemas). Esta información debe ser captada en algún nivel del sistema lexical.
En esta sección, reviso alguna de la evidencia experimental a favor de estas distinciones
representacionales. También reviso brevemente los argumentos teóricos y la evidencia empírica que
pesa sobre la cuestión de qué componentes lexicales puede asumirse que capturan los rasgos
lexicales hipotetizados.
Categoría gramatical. Aunque las palabras tienen un status independiente, su principal función es
portar significado en contextos oracionales. Es sólo cuando las palabras son utilizadas en oraciones
que aparece el rango completo de sus propiedades sintácticas, semánticas, morfológicas y
fonológicas. Así, por ejemplo, la palabra “jump” (salto, saltar) puede ser usada como sustantivo (I
watched the jump with trepidation – Miré el salto con inquietud) o como un verbo (I watched him
jump with trepidation – Miré cómo saltaba con inquietud). Los dos usos de “jump” tienen distintos
roles gramaticales (sustantivo versus verbo), diferentes significados, y aceptan diferentes afijos
flexivos (el sustantivo acepta -s para el plural, el verbo acepta -s, -ing y -ed (en inglés) para marcar
la persona y el tiempo). La categoría gramatical de una palabra y sus rasgos de subcategorización
(e.g., transitivo/intransitivo) también determina el tipo de afijos derivativos que acepta [e.g., sólo
los verbos aceptan el afijo derivativo -able como en “enjoyable” (agradable) pero no “windowable”
y, además, esto se aplica sólo a los verbos transitivos como en “enjoyable” pero no “appearable”).
Claramente, entonces, el léxico debe representar no sólo la estructura fonológica y ortográfica de las
palabras sino también sus propiedades sintácticas, semánticas, y morfológicas (e.g., Chomsky,
1965).
Como se indicó más arriba, una propiedad crucial de los ítems léxicos es su categoría gramatical;
esto es, si una palabra es (funciona como) un sustantivo, un verbo, un adjetivo, un adverbio, o una
palabra funcional. Estas propiedades léxicas juegan un rol determinante en la organización del
léxico. Ya en la literatura clásica había claras indicaciones para la disociabilidad de la alteración de
diferentes categorías de palabras. La evidencia más fuerte era para la disociabilidad de las palabras
funcionales (artículos, auxiliares, preposiciones, etc.) de otras categorías (sustantivos, verbos, y
adjetivos) (e.g., De Villiers, 1978, Goodglass, 1976, Stemberger, 1984; ver Berndt y Caramazza,
1980, Lesser, 1978, para revisiones). Pacientes clínicamente clasificados como afásicos agramáticos
– esto es, pacientes cuya habla espontánea se caracterizaba por la omisión relativa de palabras
funcionales – podía argumentarse que tenían una alteración selectiva en el acceso léxico de las
palabras funcionales (esta posición ha sido defendida más ferozmente por Bradley et al., 1980). Sin
embargo, este tipo de déficit no nos permite distinguir entre un déficit en algún nivel de la
producción de oraciones (en donde se especifica un marco sintáctico para la producción de la
oración) y un déficit puro de acceso léxico (Caramazza y Berndt, 1985, Miceli y Caramazza, 1988).
No obstante, independientemente de si el déficit en algún paciente que produce errores con (u
omisiones de) las palabras funcionales en la producción de oraciones se encuentra finalmente que
está en el nivel de la especificación de un marco oracional o en el acceso léxico, estos patrones de
alteración del lenguaje son prima facie evidencia de una distinción representacional entre las
palabras funcionales y otras categorías de palabras, y por lo tanto de una forma particular de
organización del léxico.
Existe evidencia más reciente para la alteración selectiva del acceso léxico de las palabras
funcionales. Existen reportes de pacientes cuyo rendimiento en el procesamiento de palabras
aisladas – la lectura, escritura o repetición de palabras aisladas – es relativamente pobre o
relativamente bueno cuando se compara con otras categorías gramaticales (e.g., Bub y Kertesz,
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1982, artículos en Coltheart et al., 1980, Friederici y Schoenle, 1980, Nolan y Caramazza, 1982,
1983). Aunque inicialmente parecía que un déficit en el procesamiento de palabras funcionales se
asociaba con una alteración más general en el procesamiento morfológico (Beauvois y Dérousné,
1979, DeBastiani et al., 1983, Patterson, 1982), ahora es claro que estos dos tipos de déficits son
disociables (Caramazza et al., 1985, Funnell, 1983). Por lo tanto, tenemos evidencia para al menos
un tipo de distinción organizacional en algún nivel de léxico. (Más abajo considero el tema del nivel
en que pueden representarse estas distinciones).
Los resultados revisados en esta sección son inequívocos en un aspecto: apoyan la visión de que el
léxico está organizado por categoría gramatical. No proveen una base contundente, en absoluto,
para determinar en qué parte del sistema lexical está representada la información de la categoría
gramatical. No obstante, propongo que actualmente nuestra mejor respuesta a esta última cuestión
es que la categoría gramatical está representada en cada lexicón de modalidad específica (i.e., en los
lexicones de entrada y salida). Aunque el apoyo empírico para esta posición – los efectos de
categoría gramatical de modalidad específica en el procesamiento lexical (e.g., Baxter y
Warrington, 1985) – es escasa, existen buenas razones teóricas para adoptarla. Básicamente, el
argumento es que dado que la estructura morfológica es estrictamente dependiente de la
información sobre la categoría gramatical, esta última información debe estar representada en el
mismo nivel léxico en que está representada la estructura morfológica. Y, como veremos más abajo,
la estructura morfológica está representada en los lexicones de modalidad específica.
Estructura morfológica. Las palabras no son unidades inanalizables – tienen estructura fonológica
(y ortográfica) y morfológica. La palabra “nationalized” (nacionalizado) se considera que está
compuesta de la raíz verbal “nationalize” (nacionalizar) más el afijo flexivo -ed (tiempo pasado). A
su vez, el verbo “nationalize” deriva del adjetivo “national” (nacional) por el agregado del afijo
derivativo -ize, que en sí deriva del sustantivo “nation” (nación) por el agregado del afijo derivativo
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para adjetivos -al. Así, podemos analizar las palabras en raíces, afijos derivativos [afijos que sirven
para especificar la categoría de la palabra derivada; e.g., nation (sustantivo) national (adjetivo)],
y afijos flexivos que marcan el tiempo, número y el género de una palabra (ver Scalise, 1984 para
una revisión). Una cuestión crucial para una teoría del léxico es si la estructura morfológica está
explícitamente representada en el léxico y cómo se representa y utiliza en el procesamiento del
lenguaje.
Se han tomado varias posiciones teóricas sobre este tema. Un contraste importante se da entre la
visión de que las palabras se representan en el léxico de forma morfológicamente descompuesta
(e.g., Taft, 1985) versus la visión de que las palabras se representan como totalidades no
descompuestas (e.g., Butterworth, 1983). Una segunda distinción, relevante sólo para el caso de las
representaciones léxicas morfológicamente descompuestas, es si el acceso léxico sólo es posible
después de que una palabra estímulo es analizada en sus componentes morfológicos (raíces y afijos)
(e.g., Taft, 1979) o si el acceso léxico puede proceder a través de procedimientos de acceso por
palabras enteras y morfológico (e.g., Caramazza et al., 1985). Otras cuestiones conciernen a la
propia relación entre la morfología derivativa y flexiva y si la morfología flexiva está representada
en el sistema lexical o en el sintáctico (e.g., Anderson, 1982). En el espacio limitado de que
disponemos aquí considero sólo la cuestión general de la descomposición morfológica según surge
del análisis del rendimiento en el procesamiento de palabras en pacientes lesionados cerebrales.
Una importante fuente de evidencia nos llega de los errores en la lectura en voz alta en pacientes
con dislexia adquirida. Un rasgo notado a menudo en los pacientes disléxicos es la presencia de
errores morfológicos – esto es, errores como leer “walked” (caminó) en lugar de “walking”
(caminando) (error flexivo) o leer “kindness” (amabilidad) en lugar de “kindly” (amablemente)
(error derivativo). Los errores de este tipo fueron los más claramente documentados en pacientes
clasificados clínicamente como disléxicos profundos. Estos son pacientes que además de errores
morfológicos también producen errores semánticos [leer “priest” (sacerdote) en lugar de “minister”
(ministro)] y visuales [leer “bear” (oso) en lugar de “fear” (miedo)] así como presentan otras
alteraciones de procesamiento [i.e., un efecto de categoría gramatical, un efecto de
concretud/abstracción; ver Coltheart et al. (1980) para una revisión y discusión]. Aunque la
presencia de errores morfológicos como parte del complejo panorama clínico en estos pacientes
puede ser sugestivo, no permite una conclusión inequívoca acerca del tema en cuestión; a saber, si
las representaciones léxicas están o no morfológicamente descompuestas. Después de todo, los
supuestos errores morfológicos pueden ser no más que errores visuales o semánticos. Sin embargo,
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la existencia de errores “morfológicos” en la lectura puede ser utilizada en análisis más focalizados
para tratar la cuestión que nos interesa.
Patterson (1980, 1982) y Job y Sartori (1984) han descripto con algún detalle a pacientes cuyos
errores de lectura eran casi exclusivamente del tipo morfológico. Estos autores interpretaron la
alteración altamente selectiva en sus pacientes (limitados esencialmente a la producción de
paralexias morfológicas) como evidencia para un déficit selectivo en el componente morfológico
del léxico. Esta conclusión, sin embargo, ha sido desafiada. Badecker y Caramazza (1988) han
sostenido que la mera producción de errores paraléxicos “morfológicos” no es fundamento
suficiente para concluir que la base de la alteración es un déficit en el componente morfológico del
léxico. Estos errores podrían considerarse de manera igualmente plausible errores visuales
altamente similares o errores semánticos altamente similares. La ambigüedad de la interpretación
podría resolverse sólo si resultara que un patrón de errores es explicable sólo apelando a una
dimensión morfológica y no a otra dimensión léxica (semántica) o perceptual. Nótese que esta
objeción no implica que los casos descriptos por Patterson y Job y Sartori no puedan ser, después de
todo, verdaderamente casos de déficit selectivo a un componente morfológico del procesamiento.
Todo lo que se afirma es que la evidencia presentada no es suficiente para decidir de manera no
ambigua la cuestión. Afortunadamente, existe al menos un reporte de caso de un paciente cuyo
rendimiento alterado en el procesamiento lexical es inequívocamente el resultado de un déficit
selectivo en el componente morfológico del lexicón fonológico de salida.
Miceli y Caramazza (1988) han descripto un paciente, FS, que producía errores morfológicos en la
producción espontánea de oraciones y en la repetición de palabras aisladas. La gran mayoría de los
errores de repetición de palabras aisladas de este paciente estaban relacionados morfológicamente
con la respuesta blanco. Crucialmente, estas respuestas morfológicamente relacionadas eran casi
todas errores flexivos (97%). La presencia masiva de errores morfológicos limitada a la categoría
flexiva sólo puede explicarse apelando a un principio morfológico – una distinción entre la
morfología flexiva y derivativa: la evidencia para una verdadera alteración en el procesamiento
morfológico. El déficit altamente selectivo para la morfología flexiva en una tarea de procesamiento
de palabras aisladas para FS permite concluir que las entradas léxicas están representadas de manera
morfológicamente descompuesta – las raíces se representan independientemente de sus afijos
flexivos y derivativos, que, a su vez, constituyen componentes independientes en el léxico.
En esta sección, he revisado evidencia que apoya la visión de que el sistema lexical representa las
palabras de manera morfológicamente descompuesta. Como último tema en esta área, afirmo que la
estructura morfológica está representada directamente en los lexicones de modalidad específica. Sin
embargo, la evidencia para esta conclusión es, en el mejor de los casos, indirecta.
Caramazza et al. (1985) han descripto a un paciente con un déficit selectivo en la lectura de no
palabras. El paciente podía leer palabras de todo tipo pero producía errores del orden del 40% en la
lectura de no palabras. Sin embargo, cuando se evaluó su rendimiento en la lectura de no palabras
“morfológicamente legales” (e.g., “walken”, compuesta de morfemas combinados de manera
inapropiada, walk- (raíz de caminar) y -en (afijo para formar verbos o denotar el participio), se
encontró que leía estas no palabras mucho mejor que no palabras comparables que no tenían
ninguna estructura morfológica (e.g. “wolkon”). Dado que podemos asumir con certeza que las no
palabras no tienen entradas permanentes en el sistema lexical, el mejor rendimiento para las no
palabras “morfológicamente legales” tiene que deberse a la activación de representaciones
morfémicas (e.g., walk- y -en) en el lexicón ortográfico de entrada. Si este argumento es correcto,
debemos concluir que la estructura morfológica está representada en los lexicones de modalidad
específica.
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En conclusión, la evidencia proveniente del análisis de las alteraciones del lenguaje en los pacientes
lesionados cerebrales considerada junto con los resultados en la literatura sobre el procesamiento
normal (e.g., Stemberger, 1985, Taft, 1985) y la lingüística (e.g., Scalise, 1984) defiende
fuertemente la representación autónoma de la estructura morfológica en el sistema lexical.
Semántica léxica. Es bastante obvio que de los varios rasgos de una palabra su significado es el
más importante. A pesar de esto y del hecho de que el significado de las palabras parecen jugar cada
vez más un rol determinante en la teoría lingüística (e.g., Chomsky, 1981, Wasow, 1985), realmente
no tenemos una teoría detallada del significado léxico que se compare con el rol crucial de esta
dimensión de los ítems léxicos. La ausencia de teoría ha dejado el trabajo empírico en esta área en
desorden de modo que no tenemos nada como un programa de investigación coherente en el análisis
de los trastornos del significado léxico. Como consecuencia, en esta sección focalizo en un
fenómeno empírico interesante concerniente a la organización semántica del léxico, sin intentar
proveer un modelo general de este componente del léxico (en contraste con lo que he intentado
hacer para otros componentes del sistema lexical). El fenómeno que considero aquí son los déficits
de categoría específica.
Hemos visto en las secciones precedentes que el daño cerebral puede resultar en déficits altamente
específicos. El paciente con un déficit selectivo en la morfología flexiva o los pacientes con déficits
selectivo en el procesamiento de palabras funcionales son los casos en cuestión. Resultados como
estos nos permiten articular la arquitectura funcional de los lexicones de modalidad específica. En
los años recientes, Warrington y sus colegas (Warrington, 1975, 1981, Warrington y McCarthi
1983, Warrington y Shallice, 1984), siguiendo observaciones previas de Goodglass et al. (1966),
han descripto un número de pacientes con déficits selectivos en categorías semánticas específicas.
Estos resultados proveen evidencia relevante para la organización del léxico semántico.
Goodglass et al. (1966) proveyeron un análisis cuantitativo de un gran número de pacientes en los
que muestran que pacientes diferentes presentan diferentes patrones de dificultad relativa en la
comprensión auditiva de categorías semánticas. Warrington y sus colegas han documentado en una
serie de análisis detallados de pacientes únicos, disociaciones selectivas entre palabras concretas
(alteradas) y abstractas (conservadas) (frecuentemente se reporta el patrón inverso), palabras de
objetos inanimados (alterado) y de entidades animadas (conservado), y palabras de seres vivos y
alimentos (alterado) y de objetos inanimados (conservado). Quizás el resultado más sorprendente en
este dominio es uno reportado por Hart et al. (1985). El paciente MD presentaba un trastorno muy
selectivo de la capacidad para nombrar ítems de dos categorías semánticas relacionadas. A pesar del
rendimiento normal con los ítems de categorías semánticas muy diferentes, el paciente mostraba un
déficit sorprendente y consistente para las categorías “frutas” y “vegetales”. Por lo tanto, como
puede verse en la tabla 1, el paciente tenía un rendimiento pobre en la denominación de frutas y
vegetales frente a una capacidad conservada para denominar ítems de otras categorías.
Las dificultades del paciente en el procesamiento de los miembros de las categorías frutas y
vegetales se extendía a un número de otras tareas. Así, el paciente presentaba dificultades para
clasificar láminas de frutas y vegetales en las categorías apropiadas, i.e., clasificar juntas a las frutas
separadamente de los vegetales; tenía dificultades para generar los nombres de miembros de las dos
categorías cuando se le daba la categoría, i.e., para producir manzana, naranja, durazno, etc., en
respuesta a la categoría “frutas”; y mostraba una dificultad selectiva para denominar frutas y
vegetales a partir de definiciones así como a partir de la presentación táctil. En contraste, mostraba
un rendimiento normal con estas categorías en una tarea de emparejamiento palabra-dibujo y en
juicios de categoría, tamaño, textura y forma cuando se le daba el nombre de frutas y vegetales
individuales. El rendimiento normal en estas últimas tareas demuestra que el conocimiento del
paciente de estas categorías estaba intacto pero sólo podían ser accedidas a partir del léxico.
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Aunque la ausencia de una teoría bien desarrollada de la semántica léxica hace difícil proveer una
interpretación sistemática de estos déficits (semánticos) específicos, estos últimos resultados
proveen una fuente provocadora de datos sobre los cuales pueden basarse especulaciones de largo
alcance acerca de la estructura de la organización léxica. Por lo tanto, en el peor de los casos, estos
resultados defienden fuertemente una organización léxica altamente estructurada basada en
categorías semánticas. La implicancia de estos resultados para la organización neural se consideran
más abajo.
Categoría semántica
Frutas Vegetales Otras b
Dibujos lineales 5/11 7/11 11/11
Dibujos coloreados 4/6 5/7 18/18
Fotografías 11/18 12/18 222/229
Objetos reales 10/13 13/23 11/11
TOTAL 30/48 (0,63) 37/59 (0,63) 262/269 (0,97)
a
De Hart et al. (1985).
b
La categoría “otras” incluye vehículos, juguetes, herramientas, animales, partes del cuerpo, productos
alimenticios, escolares, de baño, elementos de cocina y personales, vestimentas, colores, formas y árboles.
Principios de procesamiento
El material revisado hasta aquí nos ha permitido tratar cuestiones concernientes a la arquitectura del
sistema lexical y a los tipos y la organización de la información representada en los componentes
lexicales. Ahora voy a considerar los principios de procesamiento que gobiernan el acceso a esta
información.
Se han propuesto dos clases generales de modelos de procesamiento lexical: los modelos de
búsqueda serial y los modelos pasivos de activación en paralelo (de activación, para abreviar). De
estas dos clases, los modelos de activación claramente han surgido como dominantes a lo largo de
la última década. La asunción básica de los modelos de activación es que un estímulo (o una entrada
en algún nivel del sistema lexical) activa en paralelo a todas las representaciones almacenadas. El
grado de activación de cualquier representación es proporcional a la similitud general entre la
entrada y la representación almacenada. Así, por ejemplo, la palabra estímulo “car” (auto) activará
las representaciones “cat” (gato), “tar” (brea), “cart” (carro), “cord” (cuerda), etc., en diferentes
grados. En este ejemplo, “car” es la que se activará más fuertemente y “cat” se activará más que
“cord” y así. Cuando el nivel de activación de una representación alcanza un valor umbral
determinado, la representación se vuelve disponible para un mayor procesamiento por otros
componentes del sistema de procesamiento. Los modelos de este tipo se conocen como modelos
seriales por etapas. Si relajamos la asunción de que sólo la representación que alcanza un valor
umbral puede servir para activar las etapas subsiguientes de procesamiento y admitimos que todas
las representaciones que alcanzan un nivel mínimo de activación activan representaciones en otros
componentes del sistema, tenemos los que se llaman modelos de procesamiento en cascada
(McCleland, 1979). Aquí asumo, para simplificar, un modelo serial en etapas (aunque es bastante
probable que el principio de procesamiento en cascada sea una caracterización más realista de la
secuencia de procesamiento).
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Un modelo distribuido del sistema lexical, como el que se discute en esta revisión, que opera según
el principio de activación pasiva en paralelo, provee un modelo natural para considerar varios
rasgos del rendimiento alterado en el lenguaje. Dos de estos rasgos son la ubicuidad del efecto de
frecuencia (las palabras de alta frecuencia de uso están en muchos casos relativamente conservadas
en comparación con las palabras de menor frecuencia) y ciertos tipos de respuestas erróneas
producidas por los pacientes en tareas de procesamiento de palabras aisladas.
Indiqué más arriba que dos tipos de errores producidos por los pacientes disléxicos son las
paralexias visuales y semánticas. Se han ofrecido varias explicaciones como la base para estos tipos
de errores (e.g., Caramazza, 1986b, Marshall y Newcombe, 1973, Morton y Patterson, 1980, Nolan
y Caramazza, 1982, Shallice y Warrington, 1980). Sostengo que, al menos en algunos casos, estos
errores surgen de déficits independientes en el lexicón grafémico de entrada y el lexicón fonológico
de salida fonológico para los errores paraléxicos visuales y semánticos, respectivamente.
Recordemos que los errores paraléxicos visuales son errores como leer “bead” (abalorio, cuenta) en
lugar de “head” (cabeza) y los errores paraléxicos semánticos son errores como leer “airplane”
(avión) en lugar de “ship” (barco). En una profunda investigación de un único paciente, FM,
Gordon et al. (1987) le pidieron al paciente que lea varios miles de palabras a fin de obtener una
base de datos confiable de los errores para un análisis detallado. Las respuestas del paciente fueron
clasificadas como correctas o como errores de uno de los siguientes tipos: visual, semántico,
flexivo, derivativo, u otro – esta última categoría consistía en errores ambiguos, errores visuales a
semánticos o palabras que no podían clasificarse en ninguna de las categoría incluidas previamente
en la lista. Aquí, me gustaría focalizar primero en el rol de la evidencia de los errores visuales y
semánticos para restringir un modelo del sistema lexical.
A priori es poco probable que estos dos tipos de errores tengan una base común: un error semántico
puede ocurrir sólo si se ha activado la entrada léxica correcta; esto es, a fin de producir “minister”
(ministro) en lugar de “bishop” (obispo), tiene que haberse activado la entrada léxica de “bishop”.
No existe tal restricción para los errores visuales. Lo más probable es que este tipo de error surja del
daño en el lexicón grafémico de entrada, en el que se activa una representación léxica inapropiada.
Para explorar esta cuestión, consideremos el siguiente argumento. Una palabra leída correctamente
es una palabra que activa exitosamente una entrada léxica en el lexicón grafémico de entrada y en el
lexicón fonológico de salida. En contraste, una palabra que da lugar a un error visual es una palabra
que no logra activar su entrada léxica en el lexicón grafémico de entrada y en cambio activa una
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entrada visualmente similar en este lexicón. De modo similar, una palabra que da lugar a un error
semántico es una palabra que activa exitosamente una entrada léxica correcta en el lexicón
grafémico de entrada, pero no logra activar su entrada léxica en el lexicón fonológico de salida, y en
cambio activa una entrada semánticamente relacionada. Nótese que este argumento hace dos
asunciones obvias, pero importantes: (a) el procedimiento de acceso al lexicón grafémico de entrada
está basado en la ortografía; (b) el procedimiento de acceso al lexicón fonológico de salida está
basado en el significado.
Esta arquitectura propuesta del sistema lexical y, más específicamente, las asunciones que hemos
hecho acerca de los procedimientos de direccionamiento para el lexicón grafémico de entrada y el
lexicón fonológico de salida (i.e., la activación en paralelo), nos permite hacer una predicción
precisa acerca del rendimiento de FM en la re-lectura de las palabras leídas correctamente, de las
producidas incorrectamente, de las palabras frente a las que produjo errores visuales, y de las
palabras frente a las que produjo errores semánticos en la primera lectura. La predicción es que
debería leer muy bien las palabras que leyó correctamente la primera vez así como las respuestas
producidas incorrectamente, pero debería leer mal las palabras frente a las que produjo errores
previamente. Además, los nuevos errores para las palabras que dieron lugar a errores visuales
deberían ser predominantemente visuales, mientras que los errores para las palabras que dieron
lugar a errores semánticos deberían ser predominantemente semánticos. Estas predicciones fueron
confirmadas.
Para dar mayor sustento a la afirmación de que los errores visuales y semánticos surgen debido a
dificultades en el direccionamiento a las representaciones léxicas en el lexicón grafémico de entrada
y el lexicón fonológico de salida, respectivamente, hemos evaluado la capacidad de FM de
comprender las palabras que en una ocasión previa fueron leídas correctamente o habían resultado
en errores visuales o semánticos. El modelo del sistema lexical propuesto aquí conduce a la
predicción de que FM debería comprender tanto las palabras que había leído bien previamente
como las palabras en las que produjo errores semánticos, pero debería fallar en la comprensión de
las palabras en las que produjo errores visuales. Esta predicción también fue confirmada.
CONCLUSIÓN
En esta revisión demasiado breve y altamente condensada he tratado tres aspectos de la estructura
del sistema lexical: la arquitectura general del sistema, los tipos de contenido representacional en
cada componente hipotetizado, y los principios de procesamiento que permiten el acceso a la
información almacenada en el léxico. La evidencia revisada no sólo provee apoyo empírico al
modelo sino que, además, el modelo sirve como una guía para la interpretación y el análisis de los
trastornos cognitivos/lingüísticos. La discusión ha focalizado, sin embargo, totalmente en aspectos
funcionales (cognitivos) del proceso. Por lo tanto, podemos desear preguntarnos si los tipos de
observaciones de que disponemos a partir del análisis de los déficits cognitivos serán o no
relevantes para la formulación de una teoría verdaderamente neuropsicológica del funcionamiento
cognitivo. ¿Es posible una neuropsicología del lenguaje? En una sección previa de esta revisión
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emití una nota pesimista con respecto a esta pregunta. Aquí, a modo de conclusión, me gustaría
retomar este tema con mayor detalle.
El trabajo reciente (algo de lo cual fue revisado aquí) en neuropsicología cognitiva ha provisto un
conjunto impresionante de resultados acerca de la naturaleza de las disfunciones del lenguaje. Ha
sido posible demostrar que la disfunción del lenguaje puede ser altamente selectiva, afectando a un
único componente (e.g., Miceli y Caramazza, 1988) o incluso a una única dimensión
representacional dentro de un componente (e.g., Warrington, 1981). Estas observaciones proveen un
conjunto natural de restricciones para una teoría del procesamiento del lenguaje como se demostró
ampliamente más arriba. Sin embargo, dado que las observaciones que ingresan a este proceso de
construcción de teoría consisten en pares cerebro/conducta, podemos utilizarlas para restringir la
formulación de una teoría neuropsicológica del lenguaje. Hasta aquí, se ha aprovechado poco esta
oportunidad. Pero podemos ya establecer una restricción importante que ha surgido a partir de esta
investigación: dadas las disociaciones altamente selectivas y sistemáticas de la función observadas
en los pacientes lesionados cerebrales, podemos concluir que existe un alto grado de especialización
de la función cognitiva en el cerebro; esto es, las observaciones reportadas apoyan una visión
localizacionista fuerte de la organización cerebral. Esta conclusión necesita alguna elaboración.
Hemos visto que la patología cerebral puede dañar selectivamente uno u otro componente de un
sistema lexical distribuido. Estos resultados apoyan la teoría modular de los componentes lexicales
presentada más arriba. También sugiere, sin embargo, que distintas estructuras neurales se encargan
de los componentes lexicales hipotetizados. Efectivamente, la evidencia disponible muestra una
localización detallada de la función bien más allá del nivel del componente lexical grueso hasta
dimensiones representacionales aisladas. Esto no necesariamente quiere decir (aunque podría ser el
caso) que distintos loci neuroanatómicos están asociados con diferentes componentes del léxico.
Todo lo que se afirma es que un proceso neural distinto se asocia con diferentes mecanismos
cognitivos y que estos procesos neurales pueden dañarse selectivamente. No obstante, lo que es
claro es que los datos neuropsicológicos no apoyan un modelo de funcionamiento neural no
localizacionista indefinidamente plástico. Esta es una conclusión no trivial acerca del procesamiento
neural que ha surgido de la investigación neuropsicológica cognitiva.
Los análisis neuropsicológicos cognitivos pueden también ser utilizados para proveer un mapeo
detallado de los mecanismos cognitivos a las estructuras o procesos neurales. Esto es, podemos ser
capaces de ir más allá del nivel de meramente especificar las restricciones generales para una teoría
neural del procesamiento del lenguaje. Sin embargo, esto no es posible sin una transformación
profunda de la organización social de la investigación científica en esta área.
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Hemos visto que las inferencias válidas acerca de la estructura de la cognición normal son sólo
posibles para los estudios de pacientes únicos. La investigación altamente detallada de pacientes
únicos nos permite inferir una lesión funcional en un modelo del sistema cognitivo y así proveer
apoyo para ese modelo. Aunque el análisis de pacientes únicos es adecuado para sacar conclusiones
acerca de la estructura cognitiva, esta metodología no es suficiente para sacar conclusiones acerca
de las relaciones cerebro/cognición. Para este último fin necesitamos acumular suficientes casos con
lesiones funcionales “idénticas” a fin de correlacionar los mecanismos cognitivos identificados con
las estructuras neurales que soportan a las funciones identificadas. Esto implica la acumulación de
grandes números de casos. Sin embargo, dado que la información más útil y clara probablemente
proviene de pacientes con déficits altamente selectivos y que estos casos son relativamente raros, es
extremadamente improbable que cualquier investigador o laboratorio tenga suficientes casos para
realizar los análisis correlacionales necesarios para este fin. Esta limitación del método
neuropsicológico cognitivo para relacionar mecanismos cognitivos con estructuras neurales no es
una limitación del método en principio sino sólo una de tipo práctico que puede resolverse si se
toman medidas adecuadas. Específicamente, como ya he afirmado en otro lugar (Caramazza y
Martin, 1983), los neuropsicólogos cognitivos tendrán que crear consorcios de investigación, como
lo han hecho los físicos de partículas y los astrónomos en sus dominios respectivos. Este paso
permitirá la acumulación de casos con las características deseadas para el análisis correlacional
necesario. (Debe enfatizarse aquí, si hay alguna necesidad, que esta propuesta de ninguna manera
implica una justificación indirecta para la metodología de estudios de grupo. El análisis de la
frecuencia propuesto aquí se basa en el análisis en un único paciente y no requiere de la
promediación del rendimiento de los pacientes, un procedimiento metodológicamente no válido).
REFERENCIAS
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