PRÁCTICAS DEL LENGUAJE
SECUENCIA: EL CUENTO MARAVILLOSO
CURSOS: 5TO A-B
DOCENTE: ILUMINATTI LAURA
OBJETIVOS:
QUE LOS ALUMNOS RECONOZCAN LOS VALORES HUMANOS QUE APARECEN EN EL RELATO.
QUE SE CONSOLIDEN EN LA LECTURA DEL RELATO MARAVILLOSO Y EN EL SEGUIMIENTO DE UN AUTOR.
EL GIGANTE EGOÍSTA DE OSCAR WILDE. (ELCUENTO SERÁ LEÍDO EN FAMILIA)
1-LEEMOS EL CUENTO
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.
Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por
allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la
primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el otoño se cargaban de ricos frutos
aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que
los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
– ¡Qué felices somos aquí! –se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado
con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que
decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión.
Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
– ¿Qué hacen aquí? –surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
–Este jardín es mío. Es mi jardín propio –dijo el Gigante–; todo el mundo debe entender eso y no dejaré
que nadie se meta a jugar aquí.
Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:
ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES
Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero
estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del
muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
– ¡Qué dichosos éramos allí! –se decían unos a otros.
Cuando la primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del
Gigante Egoísta permanecía el invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los
árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio
el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida. Los
únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.
–La Primavera se olvidó de este jardín –se dijeron–, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida
invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el
Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día,
desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
– ¡Qué lugar más agradable! –dijo–. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros
también. Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la
mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas.
Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento
era como el hielo.
–No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí –decía el Gigante Egoísta cuando se
asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco
-espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano.
El otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno. –Es un
gigante demasiado egoísta –decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el invierno, y el Viento del Norte y el
Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba
desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba
por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto
tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música
más bella del mundo.
Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró
por entre las persianas abiertas.
– ¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera –dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la
ventana.
¿Y qué es lo que vio? Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro
habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles
estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban
suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor
de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello.
Sólo en un rincón el invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito.
Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del
viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y
nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de
quebrarse.
– ¡Sube a mí, niñito! –decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado
pequeño. El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
– ¡Cuán egoísta he sido! –exclamó–. Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese
pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de
juegos para los niños. Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo
vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en invierno otra vez. Solo aquel
pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al
Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al
árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello
del Gigante y lo besó.
Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos
la primavera regresó al jardín.
–Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos –dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó
abajo el muro. Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando
con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás. Estuvieron allí jugando todo el día, y al
llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.
–Pero, ¿dónde está el más pequeñito? –Preguntó el Gigante–, ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
–No lo sabemos –respondieron los niños–, se marchó solito.
–Díganle que vuelva mañana –dijo el Gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se
quedó muy triste. Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más
chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con
todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.
– ¡Cómo me gustaría volverlo a ver! –repetía.
Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero,
sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.
–Tengo muchas flores hermosas –se decía–, pero los niños son las flores más hermosas de todas.
Una mañana de invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el invierno pues sabía que el
invierno era simplemente la primavera dormida, y que las flores estaban descansando. Sin embargo, de
pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró…Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En
el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas
eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien
tanto había echado de menos. Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín.
Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:
– ¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?
Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus
pies.
– ¿Pero, quién se atrevió a herirte? –Gritó el Gigante–.
Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
– ¡No! –respondió el niño
–Estas son las heridas del Amor.
– ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? –preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de
rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
–Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso. Y
cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y
estaba entero cubierto de flores blancas.
TAMBIÉN LO PODEMOS ESCUCHAR SIGUIENDO ESTE LINK
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2-LUEGO DE LEER EN FAMILIA EL CUENTO RESPONDEMOS LAS PREGUNTAS
(ENCUENTRO MEDIANTE ZOOM EL MARTES 7 DE JULIO 14: 30 HS 5TO A-15:30 HS. 5TO B)
A-¿Qué personajes aparecen en el cuento? ¿Qué características tiene cada uno?
B-¿Por qué el Gigante no quería que los niños jugaran en su jardín? ¿Cómo consigue que no
entren más?
C-¿Qué lo hace cambiar de opinión?
D-¿Quiénes abandonan el jardín junto con los niños y quiénes empiezan a ocuparlo?
E-¿Cómo se transforma el jardín cuando los niños se van y cómo se transforma cuando vuelven?
F-¿Quién era el niño chiquito, amigo del Gigante? ¿En qué momentos aparece?
g-¿Qué valores encuentras presentes en el cuento?
h- Y vos, ¿cómo sos... avinagrado como el gigante egoísta o dichoso como el gigante generoso?
3-ESCRIBE V (VERDADERO) O F (FALSO)
EL GIGANTE VOLVIÓ UN DÍA DESDE LA CASA DEL OGRO DE CORNUALLES, PUSO UN CERCO EN SU
JARDÍN Y UN LETRERO INVITANDO A TODOS LOS NIÑOS A JUGAR CUANDO QUIERAN.
CUANDO EL GIGANTE PUSO AL NIÑO PEQUEÑITO EN EL ÁRBOL, ESTE FLORECIÓ INMEDIANTAMENTE,
LOS PÁJAROS VINIERON A POSARSE Y A CANTAR SOBRE ÉL.
EL GIGANTE DEJÓ DE SER MALO, LOS NIÑOS IBAN A JUGAR A SU JARDÍN, PERO ÉL NO VOLVIÓ A VER AL
NIÑO QUE LO ABRAZÓ Y LO BESÓ HASTA FUE MUY VIEJITO.
AL MEDIODÍA, CUANDO LA GENTE SE DIRIGÍA AL MERCADO, PUDIERON VER ALGIGANTE JUGANDO
CON LOS NIÑOS EN EL JARDÍN MÁS HERMOSO QUE HABÍAN VISTO JAMÁS.
4-ORDENAR LAS SIGUIENTES ACCIONES DEL CUENTO
-LOS NIÑOS SE ESCAPAN
-EL GIGANTE DERRIBA LA CERCA
-LOS NIÑOS ENTRARON POR UN HUECO DEL MURO
-LA NIEVE Y LA ESCARCHA SE ALEGRAN
-LOS NIÑOS NO TIENEN DONDE JUGAR
-EL GIGANTE ALZA A UN NIÑO CON SUAVIDAD
-NO LLEGA LA PRIMAVERA
-LOS NIÑOS SE ACOSTUMBRAN A JUGAR EN EL JARDÍN DEL GIGANTE
-EL NIÑO LE DICE QUE SE IRÁ AL PARAÍSO
-EL GIGANTE ECHA DE MENOS AL NIÑO QUE LO BESÓ
-EL GIGANTE REGRESA
-EL GIGANTE SE ARREPIENTE DE SU EGOÍSMO
-LLEGA LA PRIMAVERA AL JARDÍN DEL GIGANTE
-EL GIGANTE VE A LOS NIÑOS JUGANDO EN SU JARDÍN
-EL GIGANTE SE AFLIGE POR LAS HERIDAS DEL NIÑO
-EL GIGANTE CERCA EL JARDÍN
-EN UN RINCÓN SIGUE SIENDO INVIERNO
-LOS NIÑOS VUELVEN
-SIEMPRE ES INVIERNO EN EL JARDÍN DEL GIGANTE
-VUELVE EL INVIERNO, AL HUIR DE NUEVO LOS NIÑOS
-EL GIGANTE OYE MÚSICA.
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ALUMNOS CON PPI
DOMÍNGUEZ LUISANA: LAS ACTIVIDADES FUERON ENVIADAS A LA MAI DE LA ALUMNA, AÚN NO LLEGÓ LA
ACTIVIDAD READAPTADA. LA MISMA LA ENVÍA A LA ALUMNA MEDIANTE E-MAIL.
COTRINA PAREDES: POR PROBLEMAS FAMILIARES, DURANTE ESTE PERÍODO NO SERÁN ENVIADAS ACTIVIDADES A
LA ALUMNA.
ALUMNOS CON PAPE:
VALDES PUCA MICAELA 5TOB
ARANCIBIA MEGAN 5TO A
MORALES MARTÍN 5TO A
ACTIVIDADES: (LAS MISMAS SON DADAS EN FORMATO PAPEL EN LA ENTREGA DE SAE)
EL GIGANTE EGOÍSTA DE OSCAR WILDE. (ELCUENTO SERÁ LEÍDO EN FAMILIA)
1-LEEMOS EL CUENTO RESPONDEMOS:
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.
Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por
allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la
primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el otoño se cargaban de ricos frutos
aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que
los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
– ¡Qué felices somos aquí! –se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado
con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que
decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión.
Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
– ¿Qué hacen aquí? –surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
–Este jardín es mío. Es mi jardín propio –dijo el Gigante–; todo el mundo debe entender eso y no dejaré
que nadie se meta a jugar aquí.
Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:
ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES
Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero
estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del
muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
– ¡Qué dichosos éramos allí! –se decían unos a otros.
Cuando la primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del
Gigante Egoísta permanecía el invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los
árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio
el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida. Los
únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.
–La Primavera se olvidó de este jardín –se dijeron–, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida
invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el
Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día,
desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
– ¡Qué lugar más agradable! –dijo–. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros
también. Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la
mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas.
Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento
era como el hielo.
–No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí –decía el Gigante Egoísta cuando se
asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco
-espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano.
El otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno. –Es un
gigante demasiado egoísta –decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el invierno, y el Viento del Norte y el
Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba
desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba
por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto
tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música
más bella del mundo.
Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró
por entre las persianas abiertas.
– ¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera –dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la
ventana.
¿Y qué es lo que vio? Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro
habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles
estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban
suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor
de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello.
Sólo en un rincón el invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito.
Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del
viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y
nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de
quebrarse.
– ¡Sube a mí, niñito! –decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado
pequeño. El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
– ¡Cuán egoísta he sido! –exclamó–. Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese
pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de
juegos para los niños. Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo
vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en invierno otra vez. Solo aquel
pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al
Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al
árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello
del Gigante y lo besó.
Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos
la primavera regresó al jardín.
–Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos –dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó
abajo el muro. Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando
con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás. Estuvieron allí jugando todo el día, y al
llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.
–Pero, ¿dónde está el más pequeñito? –Preguntó el Gigante–, ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
–No lo sabemos –respondieron los niños–, se marchó solito.
–Díganle que vuelva mañana –dijo el Gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se
quedó muy triste. Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más
chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con
todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.
– ¡Cómo me gustaría volverlo a ver! –repetía.
Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero,
sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.
–Tengo muchas flores hermosas –se decía–, pero los niños son las flores más hermosas de todas.
Una mañana de invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el invierno pues sabía que el
invierno era simplemente la primavera dormida, y que las flores estaban descansando. Sin embargo, de
pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró…Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En
el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas
eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien
tanto había echado de menos. Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín.
Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:
– ¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?
Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus
pies.
– ¿Pero, quién se atrevió a herirte? –Gritó el Gigante–.
Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
– ¡No! –respondió el niño
–Estas son las heridas del Amor.
– ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? –preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de
rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
–Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso. Y
cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y
estaba entero cubierto de flores blancas.
TAMBIÉN LO PODEMOS ESCUCHAR SIGUIENDO ESTE LINK
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A-¿QUÉ PERSONAJES APARECEN EN EL CUENTO?
B-¿POR QUÉ EL GIGANTE NO QUERÍA QUE LOS NIÑOS JUGARAN EN SU JARDÍN?
¿CÓMO CONSIGUE QUE NO ENTREN MÁS?
C-¿QUÉ LO HACE CAMBIAR DE OPINIÓN?
D-¿Cómo se transforma el jardín cuando los niños se van y cómo se transforma
cuando vuelven?
D-¿QUIÉN ERA EL NIÑO, AMIGO DEL GIGANTE? ¿EN QUÉ MOMENTOS APARECE?
F- Y VOS, ¿CÓMO SOS…AVINAGRADO COMO EL GIGANTE EGOÍSTA O DICHOSO
COMO EL GIGANTE GENEROSO?
3-ESCRIBE V (VERDADERO) O F (FALSO)
EL GIGANTE VOLVIÓ UN DÍA DESDE LA CASA DEL OGRO DE CORNUALLES, PUSO UN CERCO EN SU
JARDÍN Y UN LETRERO INVITANDO A TODOS LOS NIÑOS A JUGAR CUANDO QUIERAN.
CUANDO EL GIGANTE PUSO AL NIÑO PEQUEÑITO EN EL ÁRBOL, ESTE FLORECIÓ INMEDIANTAMENTE,
LOS PÁJAROS VINIERON A POSARSE Y A CANTAR SOBRE ÉL.
EL GIGANTE DEJÓ DE SER MALO, LOS NIÑOS IBAN A JUGAR A SU JARDÍN, PERO ÉL NO VOLVIÓ A VER AL
NIÑO QUE LO ABRAZÓ Y LO BESÓ HASTA FUE MUY VIEJITO.
AL MEDIODÍA, CUANDO LA GENTE SE DIRIGÍA AL MERCADO, PUDIERON VER ALGIGANTE JUGANDO
CON LOS NIÑOS EN EL JARDÍN MÁS HERMOSO QUE HABÍAN VISTO JAMÁS.
4-ORDENAR LAS SIGUIENTES ACCIONES DEL CUENTO
-LOS NIÑOS SE ESCAPAN
-LOS NIÑOS SE ACOSTUMBRAN A JUGAR EN EL JARDÍN DEL GIGANTE
-EL GIGANTE REGRESA
-EL GIGANTE SE ARREPIENTE DE SU EGOÍSMO
-LOS NIÑOS VUELVEN
-SIEMPRE ES INVIERNO EN EL JARDÍN DEL GIGANTE