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Meditaciones de Verano para Jóvenes

Este documento presenta varias meditaciones y reflexiones para los jóvenes de la Unidad Arco Iris de Rosario durante el período de diciembre de 2013 a febrero de 2014. Incluye extractos de escritos de Chiara Lubich sobre la oración y el amor fraterno, así como historias y mensajes para inspirar a los jóvenes a vivir con esperanza, fe y amor.
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Meditaciones de Verano para Jóvenes

Este documento presenta varias meditaciones y reflexiones para los jóvenes de la Unidad Arco Iris de Rosario durante el período de diciembre de 2013 a febrero de 2014. Incluye extractos de escritos de Chiara Lubich sobre la oración y el amor fraterno, así como historias y mensajes para inspirar a los jóvenes a vivir con esperanza, fe y amor.
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Unidad Arco Iris de Rosario

MEDITACIONES
PARA LOS GEN

VERANO 2013/2014
(del 09 de diciembre 2013 al 28 de febrero del 2014)

(Solamente para uso interno)

1
2
“En esta manera de rezar, ejercicio difícil, sin
duda, pero que si no se interrumpe nunca, se
hará cada vez más fácil,…. tienen que trabajar
la mente, la voluntad, el corazón.
Con la mente reflexionen sobre las palabras que
escuchan, con la voluntad se esfuerzan por
hacer propósitos sobre cuánto han pensado,
con el corazón aman a todo lo que prometen, de
manera de poder realizarlo impulsados por esta
llama ardiente que es el amor”.
Chiara – “Rezar como ángeles”

“Para que el camino de la caridad no se


detenga, le daremos a nuestro pacto de amor
recíproco también el significado de pacto de
misericordia.
Cada mañana, al levantarnos, le pediremos a
Dios que nos quite el recuerdo de todo lo
negativo que hemos podido observar en
nuestros prójimos, para verlos nuevos,
novísimos, más amables, por lo tanto, más
dignos de nuestro amor”.

Chiara – “Como un Arco Iris”

3
Diciembre 2013
09/12/2013
Queridos muchachos y chicas:
Resucitó Cristo, nuestra esperanza! Éste es el grito que resuena en la Iglesia y en el
mundo desde hace más de dos mil años en cada Pascua. Pero, ¿es posible hoy
seguir esperando? 
Sí, Cristo  ha resucitado y nos empuja a descubrir que lo imposible también forma
parte de nuestra vida, porque Dios se ha metido en nuestra historia de una vez y para
siempre. Creer en la resurrección significa no resignarse a que el mundo siga adelante
siempre de la misma manera. Celebrar la Pascua es creer con toda la fuerza de
nuestro corazón que Cristo sigue viviendo en medio de nosotros y que es capaz de
transformarnos desde dentro para ayudarnos a construir el mundo y la vida que
anhelamos, y que nos parece tan lejano.
Celebrar la Pascua es dejar que el Resucitado venza nuestro miedo y desconfianza.
La noche terminó. La luz que se ha encendido en medio de la oscuridad nos muestra 
un mundo nuevo.
La piedra que encerraba “la vida”  fue arrojada lejos por Cristo. Él es la vida que no
puede quedar sepultada por nada ni por nadie.
Esta Pascua tiene que ser más que nunca un paso de Dios por nuestra vida y por la
historia que nos está tocando vivir; una invitación, casi como un deber, a ser
esperanza de un mundo que agoniza, resucitándolo con el testimonio de la fraternidad
y la solidaridad, de la lucha por la verdad y la justicia, de la confianza y el amor, del
perdón y la reconciliación, de la generosidad y la entrega.
La juventud es el momento donde la vida se hace más fuerte, donde estalla, florece,
se abre paso; por eso ustedes, más que ningún otro, tienen el desafío de hacer
Pascua cada día y llenar de “Vida” la  vida.
El que es “la Vida”, está entre nosotros con su fuerza arrolladora y todo puede
comenzar de nuevo.
Dios quitó la piedra que mantiene encerrada nuestra esperanza y nos invita a buscar
lo que vale la pena, a que no tengamos miedo a soñar y tener ideales grandes, a
arriesgarnos yendo por donde Dios hace galopar nuestro corazón. No tengamos
miedo.
Dios mantiene su palabra.
Dios es dueño de lo imposible.
Dios se muestra en lo increíble.
El amor tiene la última palabra.
Al pensar en ustedes, me viene de un modo especial la imagen de Jesús en la cruz
mirando a su Madre y al joven Juan. Jesús sin miedo le confió a su Madre. En esta
Pascua quiero confiarles nuestra iglesia arquidiocesana, ella es la Madre que necesita
que sus hijos jóvenes, la cuiden, la sostengan, la hagan caminar, la embellezcan y la
renueven con la frescura de sus corazones enamorados de Jesucristo y apasionados
por el Reino de Dios.
Anímense a ser testigos de lo increíble, constructores de esperanza. Jesús no
defrauda y nuevamente les dice “acá estoy, soy la vida”.
Feliz Pascua, y por favor, les pido que recen por mí.
Mensaje de cardenal Bergoglio de Buenos Aires a los jóvenes – 24.3.2008

Para pensar:
A corazón abierto
Mañana en la mañana abriré tu corazón, le explicaba el cirujano al niño, cortaré una
pared de tu corazón para ver el daño completo.

4
-Pero ¿Cuándo abra mi corazón, encontrará a Jesús ahí?, Interrumpió el niño.
El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados a la par del niño y
prosiguió:
-Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón
abierto, según los daños que veamos.
Y el niño interrumpió nuevamente: -¿Usted encontrará a Jesús allí?
Al cirujano, (en verdad un poco fastidiado), le pareció que ya era suficiente la
explicación, saludó al niño, a sus padres y se fue.
Enseguida se sentó en su oficina, y procedió a grabar sus estudios previos a la
cirugía:
-Aorta dañada, vena pulmonar deteriorada, degeneración muscular cardíaca masiva.
Sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable.
-Terapia: analgésicos y reposo absoluto.
-Pronóstico: tomó una pausa y en tono triste dijo: muerte dentro del primer año.
Entonces detuvo la grabadora.
¿Por qué? -pregunto en voz alta-
¿Por qué le hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí, tú lo pusiste en este dolor y lo has
sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?
Y Dios le contestó:
-El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo
estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, ya no tendrá ningún dolor, será confortado
de una manera inimaginable para ti o para cualquiera.
El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero siguió sintiendo más rencor, no
entendía las razones y replicó: Tú creaste a este muchacho, y también su corazón.
¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses?
El Señor le respondió:
-Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió.
Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus
hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó, que detrás de cada uno de esos pacientes
estaba YO... su Creador.
Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo, sino para que
regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo.
El cirujano lloró y lloró inconsolablemente.

Días después, luego de practicar la cirugía, el doctor se sentó a un


lado de la cama del niño; mientras que sus padres lo hicieron frente al médico.
El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó:
-¿Abrió mi corazón?
-Si -dijo el cirujano-
-¿Qué encontró? - preguntó el niño
- Tenías razón, encontré allí a Jesús…
Autor desconocido

10/12/2013
Dios es Amor
[…] Otra fuente que debemos aprovechar al máximo porque también nos llena de
Dios, es el hermano.
Ustedes ya lo han experimentado, gen. Si se acercan a un hermano, amándolo, esta
actitud los lleva a Dios y se sienten felices. Cada respuesta que damos, cada vez que
nos hacemos uno con el hermano por amor a Jesús, aumenta en nosotros el amor.
La primera generación lo experimentó durante treinta años y continúa
experimentándolo. Ahora, desde hace algunos años, sucede lo mismo con los gen 2.
Ellos pueden afirmar con competencia, con sinceridad, que las palabras de Jesús son
verdaderas: "Hemos pasado de la muerte a la vida, porque hemos amado a los
hermanos". (I Jn 3, 14).
Esto es tan evidente que, cada prójimo que pasa a nuestro lado, si lo amamos, deja de
ser considerado como un beneficiado por nosotros, es, en cambio, un benefactor
nuestro: él nos da a Dios.

5
Yo tengo esta convicción en el alma: que el camino más rápido para llegar a Dios,
también en cuanto a tiempo, es el hermano. Y pienso así porque Jesús antes de morir
hubiera podido decir: yo me voy al Paraíso, les suplico: amen a Dios. En cambio dijo:
"Ámense los unos a los otros, como yo los he amado" (Jn 13, 34).
Él sabía que en el amor y en la caridad está Dios y que ella nos ayudaría a ir adelante,
a estar de pie aunque Él faltara.
Nosotros gen, repetimos a menudo que de los primeros cristianos no se dice que
hayan tenido éxtasis, o visiones, sino que se amaban mutuamente. Y esto es muy
sintomático porque las palabras de Jesús acababan de ser anunciadas al mundo y por
lo tanto aquélla era la auténtica actitud de los cristianos.
Si también nosotros lo hacemos el día entero, el amor reclama amor y, a la noche
estaremos llenos de amor y podremos experimentar aquel recogimiento espiritual que,
pienso, muchos o algunos de ustedes ya han experimentado. Es una presencia de
Dios dentro de nosotros suave, amorosa, jamás experimentada; pero que se distingue
muy bien como presencia de Dios. Es Dios que empieza a "cargar" su pequeño
instrumento con su gran amor. […]
Chiara - En el congreso internacional de los gen, 9.7.1974

Para pensar:
Una historia de Navidad
Septiembre de 1960. Yo desperté una mañana con 6 bebés hambrientos y únicamente
75 centavos en mi bolsa. Su Papá se había ido. Los niños tenían de tres meses a 7
años, la niña tenía dos años. 
Su Papá nunca había sido más que una presencia que ellos temían. 
Cuando ellos oían rechinar las llantas en la grava suelta del camino a casa, corrían a
esconderse debajo de sus camas. Lo que sí hacía era dejarme 15.00 dólares por
semana para comprar el mandado. 
Ahora que había decidido marcharse, ya no habría más golpizas pero, comida
tampoco. 
Si había algún sistema de bienestar social por parte del gobierno en el sur de Indiana,
yo nunca supe nada al respecto. Por lo tanto, bañé a mis hijos, tallándolos hasta que
parecían nuevos, les puse la mejor ropa hecha en casa que tenían y los subí al viejo y
oxidado chevy año 51 y me fui en busca de trabajo. 
Los 7 fuimos a todas las fábricas, tiendas y restaurantes que había en nuestro
pequeño pueblo. No tuvimos suerte. Los niños se mantenían todos encimados en el
carro e intentaban mantenerse callados mientras que yo procuraba convencer a quien
me pusiera atención, de que yo estaba dispuesta a aprender o hacer lo que fuera. 
Yo tenía que tener un empleo. 
Aun así, no hubo suerte. El último lugar al que fuimos, a unas cuantas millas del
pueblo, fue un restaurante (paradero) llamado La Gran Rueda. 
Una señora ya mayor llamada “Granny” era la dueña y se asomó por la ventana y vio
todos esos niños en el carro. Ella necesitaba a alguien que trabajara de noche, de las
11 de la noche a las 7 de la mañana. Ella pagaba 65 centavos la hora y yo podría
empezar esa noche. Me fui apresuradamente a casa y llamé a la niñera
convenciéndola de ir a dormir a mi casa por 1.00 dólar la noche. 
Ella podría llegar a mi casa en pijamas y dormir en el sofá. 
Esto le pareció un buen trato y aceptó. Esa noche cuando los pequeños y yo nos
arrodillamos para rezar nuestras oraciones, todos le dimos gracias a Dios por haberle
conseguido trabajo a la mamá, y así empezó mi trabajo en La Gran Rueda. 
Cuando regresé a casa en la mañana, desperté a la niñera y la envié a su casa con su
dólar que era la mitad de mis propinas de toda la noche. 
Al pasar de las semanas, las cuentas de calefacción aumentaban, las llantas del viejo
chevy, cada vez más mostraban el trabajo del tiempo tomando la apariencia de ser
globos mal inflados. Yo debía llenar de aire las llantas antes de ir al trabajo y al

6
regresar a casa. 
Una triste mañana, al arrastrarme cansada hacia mi carro en el estacionamiento,
encontré en mi carro cuatro llantas nuevas esperándome ahí.
¿Habrían venido los Ángeles del cielo a vivir a Indiana? 
Tuve que hacer un trato con el mecánico del pueblo para que le pusiera las llantas a
mi viejo carro. 
Recuerdo que tardé mucho más en limpiar sus sucias oficinas que lo que él tardó en
ponerle las llantas al viejo chevy. 
Estaba ya trabajando seis noches por semana en lugar de 5 y aún así no era
suficiente. Se acercaba la Navidad y yo sabía que no habría dinero para comprar
juguetes para los niños. 
Encontré un bote de pintura roja y empecé a pintar algunos viejos juguetes y los
escondí en el sótano para que hubiera juguetes en la mañana de Navidad. 
La ropa de los niños también estaba muy acabada. 
Los pantalones de los niños tenían parches encima de los parches y ya pronto no
servirían para nada. 
La noche antes de Navidad entraron los clientes de siempre al restaurante a tomar su
café. 
Ellos eran camioneros y policías de camino. 
Había algunos músicos que habían tocado más temprano aún ahí jugando en las
maquinitas. 
Los de siempre estaban ahí sentados platicando hasta la madrugada. 
Cuando se llegó la hora de ir a casa a las 7 de la mañana yo corrí al carro para tratar
de llegar antes de que se despertaran los niños y ponerles los juguetes que había
arreglado abajo del árbol que habíamos improvisado. Aún estaba oscuro y no se veía
mucho, pero noté que había una sombra en la parte de atrás del carro. Algo era
seguro, había algo ahí. 
Cuando llegué al carro me asomé por la ventana lateral. Mi boca se abrió con gran
asombro. 
Mi viejo chevy estaba lleno de cajas hasta arriba. Rápidamente abrí la puerta y abrí
una de las cajas. Adentro había pantalones de la talla 2 a la talla 10. En la otra había
camisas para los pantalones. 
También había dulces, frutas y mucho mandado en bolsas. Había gelatinas, pudines,
pasteles y galletas. También había artículos para el aseo y limpieza de mi casa. Había
5 camionetitas y una hermosa muñeca. 
Mientras manejaba por las calles vacías hacia mi casa, vi salir el sol del día de
Navidad más inolvidable e increíble de mi vida. Lloraba de incredulidad y gratitud.
Nunca olvidaré la alegría en las caritas de mis pequeños en esa mañana. 
Sí, sí hubo Ángeles en aquella mañana en Indiana hace muchos diciembres. 
Y todos ellos eran clientes de La Gran Rueda. 
Yo creo que Dios sólo da tres respuestas a las oraciones: 
1. "SÍ" 
2. "TODAVÍA NO" 
3. "YO HE PENSADO EN ALGO MEJOR PARA TI"
Autor desconocido
***
11/12/2013
En diálogo con Emmaus y Giancarlo:
Jeva: "Ser joven en este mundo 'acelerado' y lleno de tecnología, con tantas
actividades y deberes, ¿cómo hacer para estar en contacto con Jesús?".

7
Giancarlo: (…) Jesús es una persona por lo tanto podemos relacionarnos con Él. (…)
De Él aprendemos a hacer muchas cosas. Esto ya nos favorece, da la clave de la
relación. Y viviendo el Ideal que Chiara nos ha dado estamos siempre en relación con
Él. Quizás nos equivocamos, o pasamos períodos en que todo es chato, o en los que
nos olvidamos de Él o en que lo traicionamos. Pero si nosotros lo traicionamos, Él no
nos traiciona jamás, nos espera siempre. Éste es el gran aprendizaje. (…)
Por ejemplo, vivir un día: levantarse a la mañana, ir a la escuela, estudiar, volver a
casa; mirar ese día en la línea de la voluntad de Dios. Dios preparó para mí ese día:
"Te agradezco Padre, porque la preparaste". Y también aquí es un camino de amor,
estamos en relación con Él. Y si nos detenemos, recomenzamos, porque Él tiene esa
gran característica.

Emmaus: Leyendo esta pregunta ayer pensábamos que tenemos que tener la certeza
de que Dios es Amor, como base; o sea, tener la certeza que Él nos mira no para ver
dónde nos equivocamos, no está ahí controlando: “Vamos a ver si éste logra o no,
vamos a ver si ahora resiste esa tentación, vamos a ver…". ¡No! Él está para
alentarnos, para sostenernos; y si nos equivocamos, Él mismo nos dice: "¡Dale! No te
preocupes, reponte, lo mismo estoy acá con vos, lo mismo te quiero". Él está allí
mirando las veces que nos reponemos, no las veces que nos equivocamos. Para Él
cuenta también el amor que ponemos en pedir disculpas a Él o al compañero que
podamos haber respondido mal o pedir excusas a la persona para la cual debíamos
hacer algo que no hicimos. Él está mirando esos actos de amor, no está mirando
nuestros errores, porque Él es Amor. Y si tenemos esa seguridad, tenemos también el
coraje de decir: va bien, no quería equivocarme, no quiero equivocarme, quiero
responder a ese amor de Dios siempre, yo también quiero ser amor como vos, pero no
lo logré. Bueno, recomienzo y me repongo. Y adelante.
Emmaus y Giancarlo con los jóvenes en Suiza – 10.11.2012

Para pensar:
El regalo de Navidad
Un amigo mío llamado Pablo recibió un automóvil de parte de su hermano como
regalo de Navidad. En Nochebuena cuando Pablo salió de su oficina, un pilluelo
estaba caminando alrededor del flamante auto nuevo, admirándolo. "¿Es este su auto
señor?" preguntó. 
Pablo asintió. "Mi hermano me lo regaló por Navidad." 
El joven estaba asombrado. 
"¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y que no le costó ni un centavo?, vaya, ya
quisiera…" Vaciló. 
Claro que Pablo sabía lo que deseaba. Deseaba tener un hermano como el suyo. Pero
lo que el muchacho le dijo sacudió a Pablo hasta sus talones. 
"Desearía," continuó el chico, "poder ser un hermano como el suyo". Pablo miró al
muchacho sorprendido, e impulsivamente añadió, "¿Te gustaría dar una vuelta en mi
auto?" 
"Claro que sí, me encantaría". Luego de un corto paseo, el jovencito se volvió y con
los ojos encendidos, dijo, "Señor, ¿le importaría manejarlo frente a mi casa?" 
Pablo sonrió ligeramente. Creyó saber lo que el mozalbete quería. Quería mostrar a
sus vecinos que podía llegar a casa en un gran automóvil. 
Pero se equivocó nuevamente. "¿Podría detenerse donde están esas dos gradas?"
preguntó el muchacho. Subió los escalones. 
Pronto Pablo lo oyó regresar, pero no venía rápido. Estaba cargando a su pequeño
hermano lisiado. 
Lo sentó al final de la grada, luego como que lo giró para que pueda ver el auto. 

8
"Ahí está amiguito, como te dije adentro. Su hermano se lo regaló por Navidad y no le
costó un centavo. Y algún día yo te voy a regalar uno igual a éste…así podrás ver
todas las hermosas cosas en las ventanas navideñas que te he estado tratando de
describir." 
Pablo salió y levantó al muchachito y lo sentó en el asiento delantero de su auto.
Luego su hermano mayor subió atrás y los tres empezaron un gran paseo navideño. 
Esa Nochebuena, Pablo aprendió lo que Jesús quería decir cuando dijo, "Hay mayor
alegría en dar…" 
Autor desconocido

12/12/2013
En diálogo con Emmaus:
Un acto de amor puede cambiar la vida de los otros
Un acto de amor puede cambiar la vida, un acto de amor que ustedes hagan a una
persona puede cambiar la vida. Por lo tanto es más importante hacer que el amor
nazca en el corazón que hacer nacer los razonamientos en la cabeza. Sabiendo que,
lógicamente, también ustedes tienen que prepararse y podrán decir también: “A esto
yo no te sé responder, pero mi experiencia es ésta. Mi vida es ésta. No sé responder a
tus preguntas, a tus problemáticas, pero yo vivo así. Te puedo decir cómo vivo”. Ese
decir como vives, y decirlo por amor, puede incluso cambiar la vida de los otros. Por lo
tanto no se sienten menos, no se sienten que no están a la altura de la situación,
están a la altura porque está la vida de Jesús dentro de ustedes.
Estoy segura de que no están a la altura, ¡tampoco yo estoy a la altura de hacer de
presidente de la Obra de María! O, ¿piensan que sí, que tengo dotes especiales?
¿Que cuando nací un hada me puso dentro algo especial para hacer de Presidente?
¡No! Ninguno de nosotros está a la altura de hacer cosas tan grandes como lo son las
cosas del Ideal, ninguno. Pero todos podemos hacer algo porque en nosotros habita
Dios, esto es, porque está Dios dentro de nosotros y Dios es capaz de hacer cosas
grandes. Por lo tanto es la vida de Jesús dentro de nosotros quien nos hace hacer las
cosas, incluso esas que parecen las más grandes ¿Les parece?
Emmaus con las Unidades Arcoiris en Castel Gandolfo – 28.12.2012

Para pensar:
La sopa de piedra
En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado
a su puerta un extraño, que le pedía algo para comer.
- Lo siento, dijo ella, pero ahora no tengo nada en casa.
- No se preocupe – dijo el extraño – Tengo una piedra para la sopa en mi bolso, si
usted me permitiera echarla en una olla de agua hirviendo, yo haría la más exquisita
sopa del mundo...
A la mujer le picó la curiosidad, puso la olla al fuego y fue a contar su secreto a sus
vecinas. Cuando el agua rompió el hervor, todo el vecindario se había reunido allí para
ver al extraño y su piedra en el agua, y luego probó una cucharada y exclamó:
“Deliciosa!!!, lo único que necesita son unas cuantas papas...”
- Yo tengo algunas!!!, gritó una mujer, y en pocos minutos regresó con una gran fuente
de papas que fueron directamente a la olla.
El extraño volvió a probar el brebaje y añadió pensativo: “si tuviéramos un poco de
carne sería mucho más apetitoso!”. Otra ama de casa salió zumbando y regresó con
un gran pedazo de carne que el extraño introdujo en la sopa, volvió a probar el caldo,
puso los ojos en blanco y dijo: “Ah!!! Qué sabroso, pero si tuviéramos unas pocas
verduras sería perfecto!!!”.
Una de las vecinas salió corriendo y regresó con una canasta de cebollas y
zanahorias, después de introducirlas en el puchero, el extraño probó nuevamente el
caldo y con tono autoritario dijo: “Platos para todo el mundo!!!”. La gente se apresuró a
conseguir platos y cubiertos y algunos regresaron trayendo incluso, pan y fruta. Luego
se sentaron todos a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía
abundantes raciones de su increíble sopa de piedra...

9
Todos se sentían extrañamente felices, mientras reían, charlaban y compartían por
primera vez, su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló
silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían
usar cuando quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.
Tantas veces nosotros decimos, como la mujer del cuento: Que no tenemos nada para
dar; cuántas veces pensamos en lo que nos falta, creyendo que lo que necesitamos
supera lo que tenemos.
Si cada uno de nosotros pone en la gran mesa de la vida lo que tiene, sus talentos,
sus dones, nos sorprenderemos como los personajes del cuento. Habremos
convertido la falta en abundancia: tendremos una mesa en donde cada uno tendrá un
lugar sin excluir a nadie. Por la solidaridad, habrá pan para todos y en abundancia.
Autor desconocido

13/12/2013
Hacer que Jesús viva entre nosotros
Yo quería recordarles que dentro de pocos días llega la Navidad, y antes que nos
escuchemos de vuelta, se concluirá ya el primer año de nuestro común y decidido
compromiso de santificarnos. Como ya saben, Navidad nos recuerda un punto
esencial de nuestra espiritualidad. Es una norma fundamental de nuestro
característico modo de vivir.
Pero la Navidad es mucho más que un punto, mucho más que una norma, es una
realidad, es la gran realidad de que todos estamos llamados a ofrecer al mundo:
Jesús, que en cierto modo nace en medio nuestro, si vivimos y renovamos siempre
nuestro amor recíproco. Para nosotros, dar vida a Jesús en medio, es el primer deber,
es el qué y para qué fundamental de nuestro movimiento. Y justamente es quizás esto
que en estos días me pasa por el alma un pensamiento que es también una
amonestación, es como si Alguno me dijese: no podes darte el lujo de hacerte santa,
si el Santo no está entre ustedes; no te podés ilusionar de ser perfecta, si el Perfecto
no está entre ustedes.
¿Y entonces? Y entonces pienso que el cambio justo para nosotros sea justamente
éste: establecer y mantener su Presencia entre nosotros con aquel amor de servicio,
de comprensión, de participación a los dolores, a las penas, a las ansias, a las
alegrías de nuestros hermanos, con aquel amor que todo lo cubre, que todo perdona,
que es lo típico del cristianismo. Asegurarse que sobre la base de este amor, el
Resucitado, que ha prometido de estar con su iglesia hasta el final de los tiempos,
esté también entre nosotros.
Y sobre esta base, vivir momento tras momento la voluntad de Dios perfectamente con
la renuencia plena, radical, a nuestra voluntad.
Esto es lo que tenemos que hacer en estos últimos 15 días del año, en el cual la
Palabra de Vida nos empuja a hacer como María, la voluntad de Dios. Para nosotros,
como también para ella, la primera voluntad de Dios es aquella de dar vida a Jesús, y
de cumplir toda la voluntad de Dios, así nos perfeccionaremos como campeones de
verdad en la Unidad con los hermanos y con Dios.
Y entonces, a todos, a todos, a todos, Feliz Navidad ¡! Y acuérdense también en
Europa que Jesús puede estar presente entre nosotros también a la distancia.
Todavía, augurios y más augurios, a todos a todos.
Chiara – Conexión CH – 17.12.1981- La Vida un viaje – Editorial Ciudad Nueva
Madrid

Para pensar:
Navidad no es una fecha histórica a recordar, sino un presente que hay que vivir.
Cuando decides amar a los que te rodean, ese día es Navidad.
Cuando decides dar un paso de reconciliación con el que te ha ofendido, ese día es
Navidad.
Cuando te encuentras con alguien que te pide ayuda y lo socorres, ese día es
Navidad.
Cuando te tomas el tiempo para charlar con los que están solos, ese día es Navidad

10
Cuando comprendes que todos los rencores pueden ser transformados a través del
perdón, ese día es Navidad.
Cuando te desprendes aún de lo que necesitas, para dar a los que tienen menos, ese
día es Navidad.
Cuando renuncias al materialismo y al consumismo, ese día es Navidad.
Cuando eliges vivir en la alegría y la esperanza. ¡ese día es Navidad!
Autor desconocido

14/12/2013
La perla
Queridísimos:
Hablando en Navidad a unos mil focolarinos, reunidos en Castel Gandolfo, les dije que
les iba a hablar de una “perla”.
¿De qué perla se trataba?
Todo es una perla o son muchas perlas preciosísimas todos los aspectos de nuestro
Ideal, de nuestra espiritualidad, porque vienen de Dios, de su Espíritu.
Pero entre todas, aquel día, veía brillar una, de un modo especial: el singular camino
que el Señor nos ha revelado para poder llegar a Él y alcanzar la unión con Dios.
Sabemos que, a lo largo de los siglos, en la Iglesia, ha habido personas
excepcionales, los santos, que son tales precisamente porque lograron alcanzar la
unión con Dios.
¿De qué modo y a qué precio?
Muchas veces retirándose del mundo o aislándose en el desierto o encerrándose en
conventos, protegidos por muros para facilitar lejos de las tentaciones del mundo, su
relación con Dios, presente en sus corazones.
Pero hoy los nuevos tiempos requieren otras formas y el Espíritu Santo se adecua a
estos cambios. Hoy “la santidad – decía Foco – debe salir de los conventos”, estar
presente en las casas, en las escuelas, en las calles, en las oficinas, en los
parlamentos… porque hoy, más que en otros tiempos, son los laicos quienes están
llamados a la santidad.
Entonces, ¿cómo podrán encontrar la unión con Dios no estando protegidos por
muros, sin contar con esos recursos que la vida espiritual requería en un tiempo,
estando en medio del mundo? ¿Ellos que no sólo no están protegidos por nada, sino
que viven rodeados siempre de hombres y mujeres de quienes, antes, se prefería
estar lejos?
Y aquí ya comienza a brillar la perla.
El Espíritu Santo, iluminándonos con un carisma suyo, nos ha dicho: precisamente el
hermano, la hermana, precisamente ellos, que en un tiempo se podían considerar un
obstáculo, pueden incluso ser nuestro camino para llegar a Dios, una abertura, una
puerta, un camino un paso hacia Él.
Pero con una condición, que no sean ellos quienes influyan en nosotros con su
comportamiento generalmente sólo humano, sino nosotros en ellos, con él nuestro
sobrenatural.
¿Y cómo? Lo sabemos: amándolos, amándolos uno a uno durante todo el día.
Amándolos con ese ‘arte de amar’ que es divino, porque sólo es posible con el amor
que el Espíritu Santo infunde en nuestro corazón.
Y todos ya conocemos lo que exige.
¿Qué sucederá si hacemos así?
Por la noche, por ejemplo, cuando recemos y también durante el día, cuando podamos
recogernos un momento solos con Dios, advertiremos su presencia. Él viene a estar
con nosotros, porque nosotros hemos ido a Él a través de los hermanos.
Se realiza así esa unión ya experimentada, que muchos de nosotros conocen, pero
que no saben todavía definir, clasificar, quizá porque es nueva, sensible a los sentidos
del alma, que llena el corazón de amor.
Y así, con Él presente, podemos repasar todas nuestras situaciones. Como
consecuencia, entre otras cosas, veremos que, si esto lo hemos obtenido a través del
amor al hermano, éste no será sólo un beneficiado, sino nuestro benefactor. Nos ha
facilitado lo que más deseábamos. Por tanto, debemos acercarnos a él con gratitud y
esto nos dará una actitud humilde, virtud que sirve mucho al amor.

11
Probemos todos. Por otra parte, si es la experiencia de todos en el Movimiento, desde
hace más de 50 años, no puede faltar precisamente ahora.
Así, con esta unión especial con Dios, nos cargaremos de celestial combustible y
podremos salir nuevamente a tomar contacto con otros hermanos y hermanas con un
amor cada vez más refinado, más apropiado, más sublime.
Avanzaremos rápidamente hacia el objetivo que nos hemos propuesto: la unión con
Dios y la unión con los hermanos, “hasta que todos sean uno”. Pero todo depende de
cuánto estimemos y apreciemos la perla que Dios nos ha dado: el singular camino
para llegar a Él: el hermano, la hermana.
Camino nuevo, moderno, tanto que el Papa, Juan Pablo II, ha dicho que el camino de
la Iglesia de hoy es el hombre.
Chiara Lubich – Conexión telefónica del 18 de febrero de 1999 en Castel Gandolfo,

Para pensar:
Ayuna
Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la
santidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a Él te acerque.
Autor desconocido

15/12/2013
Navidad de 1954
Cierto es que lo que importa es el amor, el Amor verdadero, aquel garantizado porque
nada tiene de nuestro, sino todo de Dios. Aquel Amor que hemos aprendido a tener en
el corazón, no quitando la mirada de Jesús Abandonado.
Está aquí el secreto de la unidad, el renacimiento de nuestras almas y tal vez del
mundo.
Quería escribirles para hacerles los augurios. Que Jesús Abandonado renazca en
aquella noche radiante en nuestros corazones como única estrella de nuestra vida.
Que Dios cierre nuestros ojos a todo, para abrirlos solamente sobre Él. Pedimos esta
gracia única para cada uno y para todos, amarlo por toda la vida, para que Dios pueda
hacer de cada uno una estrella de luz: un testimonio de Dios. Y basta. Esto basta.
Amémoslo en nosotros, en los infinitos matices de nuestros dolores, pero amémoslo
sobre todo fuera de nosotros, en los hermanos, en todos los hermanos. Y sí entre los
hombres podemos tener preferencias, amémoslo en los pecadores, en los más
miserables, en los más andrajosos, en los más repugnantes, en los más
abandonados, en los  rechazados de la sociedad, en los más destrozados. "He venido
a evangelizar a los pobres" sea nuestra palabra común. Sobre todo para ellos, el
Evangelio promete bienaventuranzas: a quien llora, quien tiene hambre, a los
perseguidos...
Miremos a aquellos: los predilectos del Señor, sean nuestros predilectos.
Démonos sin medida, buscando y encontrando el rostro del abandonado entre
nosotros  y alrededor nuestro. Pidamos en Navidad que nazca a tal punto el amor
entre nosotros, para ser: "otro Jesús", Iglesia que vive, otra María, tan María que la
humanidad sufriente, y sobre todo pecadora, consuelo de los afligidos, auxilio de los
cristianos".

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Es la nota del momento presente... empieza la era de María en nosotros... Jesús
danos de amarte abandonado, también que el mundo vea a María místicamente
renacida. Es ésta nuestra oración de aquella noche.
Y éste es lógicamente el recíproco augurio entre todos nosotros. 
Chiara

Para pensar:
Algo digno de hacer 
"Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran
dos personas.:
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pendientes".
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. 
Pregunto:
- ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
- Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés - pagan normalmente.
Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés,
bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de
la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la
puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
- ¿Tienen algún "café pendiente"?
Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga
anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café
caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino
también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha
extendido a muchas ciudades de todo el mundo.
Hay muchas maneras de ayudar y ser más solidario!

16/12/2013
Ir a Dios a través del hermano
Queridísimos,
Estamos en el mes de diciembre y la Palabra de vida que tiene que iluminar nuestro
Santo Viaje en este mes es: “preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”
(Mc 1, 3).
El hecho es que el Señor está al llegar: en efecto, se acerca la Navidad y la liturgia
nos invita a prepararle el camino.
Él, que entró en la historia hace 2000 años, quiere entrar en nuestra vida, pero el
camino en nosotros está lleno de obstáculos. Es necesario allanar los montículos y
apartar las piedras.
¿Cuáles son los obstáculos que pueden obstruir el camino a Jesús?
Son todos los deseos que nacen en nuestra alma y que no son conformes a la
voluntad de Dios; son los apegos que la aprisionan.
Deseos mínimos de hablar o de callarse, cuando hay que hacer lo contrario; deseos
de afirmarse, de estima, de afecto. Deseos de tener cosas, salud, vida… Cuando Dios
no lo quiere. Deseos peores, de rebelión, de juicios, de venganzas…
Estos brotan en nuestra alma y la invaden completamente.
Es necesario apagar estos deseos con decisión, retirar estos obstáculos y volvernos a
poner en la voluntad de Dios y, de este modo, preparar el camino del Señor.
Es necesario – dice la Palabra – enderezar sus sendas.
Enderezarlas así, precisamente así. Los deseos desvían nuestro camino.
Apagándolos, nos volvemos a poner en el rayo de la voluntad de Dios y volvemos a
encontrar el camino.
Pero, hay un sistema típicamente nuestro que nos hace estar seguros de caminar por
un camino recto que, sin duda, nos lleva a la meta, a Dios. Éste tiene un paso
obligado: se llama el hermano.

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Durante este mes pongámonos a amar de nuevo a cada hermano que encontremos
durante el día.
Encendamos en nuestro corazón ese deseo ardientísimo y digno de alabanza, que
seguramente Dios quiere: el deseo de amar a cada prójimo, haciéndonos uno con él
en todo, con amor desinteresado y sin límites.
El amor reavivará las relaciones con las personas e impedirá que los deseos egoístas
surjan; es más, será el mejor antídoto.
Para Navidad, podremos preparar, de este modo, como regalo para Jesús que viene,
nuestro fruto rico, jugoso, y nuestro corazón encendido, consumido por el amor.
El lema que nos hará recordar este propósito será: ¡Ir a Dios a través del hermano!
Chiara Lubich - Rocca di Papa, 2 de diciembre de 1982 – Centro Chiara Lubich

Para pensar:
El inventario de las cosas perdidas....
Aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante, casi ausente. Pienso
ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida. Me aproximé y le dije:
¡Buen día, abuelo! - y el extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un
misterioso instante, exclamó: - ¡Hoy es día de inventario, hijo! ¿Inventario? - pregunté
sorprendido. Si... ¡el inventario de las cosas perdidas!- me contestó con cierta energía
y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió: -Del lugar de donde yo vengo, las
montañas quiebran el cielo como enormes presencias constantes. Siempre tuve
deseos de escalar la más alta. Nunca lo hice, no tuve el tiempo ni la voluntad
suficientes para sobreponerme a mi inercia existencial. Recuerdo también a Mara,
aquella chica que amé en silencio por cuatro años; hasta que un día se marchó del
pueblo, sin yo saberlo. ¿Sabes algo? También estuve a punto de estudiar ingeniería,
pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la
carpintería de mi padre no me permitía viajar.
¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades
perdidas! Luego, su mirada se hundió aún más en el vacío y se humedecieron sus
ojos. Y continuó: -En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que solo cuatro
o cinco veces le dije "te amo".
Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojos me dijo:
-Éste es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A
tí sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo.
Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido: -
¿Sabes que he descubierto en estos días? -¿Qué, abuelo?- Aguardó unos segundos y
no contestó, sólo me interrogó nuevamente: -¿Cuál es el pecado más grave en la vida
de un hombre?
La pregunta me sorprendió y sólo atiné a decir, con inseguridad: -No lo había
pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle el
mal , ¿tener malos pensamientos, tal vez? Su cara reflejaba negativa. Me miró
intensamente, como remarcando el momento, y en tono grave y firme me señaló: -El
pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más
doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y
recuperarlas.
Al día siguiente, regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo, para realizar
en forma urgente mi propio inventario de las cosas perdidas.
EL EXPRESARNOS NOS DEJA MUCHAS SATISFACCIONES, así que no tengan
miedo, y procuren no quedarse con las ganas de nada ... Antes de que sea demasiado
tarde ...
Así que aprovecho este espacio para decirte que "TE QUIERO", que eres muy
importante para mí y gracias por estar ahí.
Autor desconocido

17/12/2013
Todas las Navidades
Todas las Navidades
de nuestra vida han sido especiales,
porque Navidad es especial.
Y no es raro ver que en ese día,

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en el corazón de todos, se enciende
una llama que no se sabe explicar.
Una certeza inesperada e imprevista.
La seguridad de que somos amados.
Sí, porque Navidad es el testimonio
más fuerte y evidente
de que hay uno que nos ama,
ya que sólo el amor pudo “obligarle”
a bajar de las alturas del cielo,
para habitar entre nosotros.
No asistimos sólo a una manifestación
celestial y divina, sino al nacimiento
de un hombre, que, aunque especial,
excelso, eterno, es siempre un Hombre
con el ardiente deseo de dar a la humanidad
una nueva forma de construir
la ciudad terrenal a imagen de la celestial
de la que Él descendió.
Chiara Lubich – Dios se ha hecho niño p.34 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
Los ingredientes del bizcocho
Un niño le contaba a su abuelita que todo iba mal: tenía problemas en la escuela, no
se llevaba bien con la familia, y con frecuencia tenía enfermedades. Entretanto, su
abuela confeccionaba un bizcocho. 
Después de escucharlo, la abuelita le dice: 
—¿Quieres una merienda? 
A lo cual el niño le contesta: 
—¡Claro que sí!. 
— Toma, aquí tienes un poco de aceite de cocinar.  
— ¡Puaf! —dice el niño, con un gesto de asco. 
— Entonces, ¿qué te parecen un par de huevos crudos?
— Arrr, ¡abuela! ¡No me gustan los huevos crudos!
— Entonces, ¿prefieres un poco de harina de trigo, o tal vez un poco de levadura? 
— Abuela, ¿te has vuelto loca?, ¡todo eso sabe horrible!  
Con una mirada bondadosa, la abuela le responde: 
—Sí, todas esas cosas saben horrible, cada una aparte de las otras. Pero si las pones
juntas en la forma adecuada, haces un delicioso bizcocho. Dios trabaja de la misma
forma. Muchas veces nos preguntamos por qué nos permite andar caminos y afrontar
situaciones tan difíciles. ¡Pero cuando Dios pone esas cosas en su orden divino, todo
obra para bien! Solamente tenemos que confiar en Él y - a la larga - veremos que Dios
hace algo maravilloso. 
Autor desconocido

18/12/2013
¿Qué es para tí la Navidad?
En un artículo publicado el 25 de diciembre de 1973 en Città Nuova, el periodista
Spartaco Lucarini pregunta a catorce personajes de todo tipo: ¿Qué es para ti la
Navidad?
Esta es la respuesta de Chiara Lubich

Navidad - fiesta del nacimiento de Jesús - es para mí la respuesta de Dios y de la


Iglesia a una necesidad del alma: sentir que se me repite cada año, por el recuerdo de
este hecho tan delicado, tan alto, simple y abismal, que Dios me ama. 
Sí, si en mi existencia puedo realizar las más profundas aspiraciones es sólo porque
Dios me ha mirado también a mí, como a todos, y se ha hecho hombre para darme la
ley de la vida que, como luz en el camino, me hace avanzar segura hacia el destino
común.
Pero para mí, la Navidad no es sólo un recuerdo aunque esté lleno de significado. Es
una invitación a trabajar para volver a poner en medio de la sociedad en la que vivo la

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presencia de Cristo, que está allí donde dos o más están unidos en su nombre: como
una Navidad espiritual de cada día, en las casas, en las fábricas, en las escuelas, en
los edificios públicos...

Además, este día natalicio me abre el corazón a toda la humanidad. Su calor supera el
mundo cristiano y parece invadir toda la tierra, señal de que aquel Niño ha venido para
todos. En efecto su programa es que todos sean uno.

Por otra parte en cada Navidad me pregunto: ¿cuántas Navidades veré todavía en mi
vida? Este interrogante que no tiene respuesta me ayuda a vivir cada año como si
fuera el último, en una espera más consciente de mi día natalicio: es decir, el día que
marcará para mí el comienzo de la vida que no tiene ocaso.
Chiara Lubich - 25 diciembre de 1973 - Centro Chiara Lubich

Para pensar:
¿Existe el Mal?
Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta: - ¿Dios creó todo lo
que existe?
Un estudiante contestó valiente: -Sí, lo hizo. - ¿Dios creó todo? -Sí señor, respondió el
joven.
El profesor contestó: -Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe,
y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces
Dios es malo.
El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de
haber probado una vez más que la fe Cristiana era un mito.
Otro estudiante levantó su mano y dijo: - ¿Puedo hacer una pregunta, profesor?
-Por supuesto, respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó: -¿Profesor, existe el frío?
- ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?
El muchacho respondió: -De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la
Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u
objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que
hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total
y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar,
pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si
no tenemos calor.
-Y, ¿existe la oscuridad?” continuó el estudiante.
El profesor respondió: -Por supuesto.
El estudiante contestó: -Nuevamente se equivoca, señor. La oscuridad tampoco
existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la
oscuridad no; incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en
los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La
oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde
termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado?
Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un
término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz
presente.
Finalmente, el joven preguntó al profesor: -Señor: ¿existe el mal?
El profesor respondió: -Por supuesto que existe. Como lo mencioné al principio, vemos
violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió: - El mal no existe, señor… o al menos no existe por
sí mismo.
-El mal es simplemente la ausencia de Dios… es, al igual que en los casos anteriores
un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios…. no
creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen, como existe el calor y la luz. El
mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones.
Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.
Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.
El joven se llamaba Albert Einstein
Autor desconocido

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19/12/2013
Han desalojado a Jesús
Se acerca Navidad y las calles de Zurich se cubren de luces. Una hilera interminable
de locales comerciales, una riqueza exquisita, pero exorbitante. Estamos en el país tal
vez más rico del mundo.
Sobre la izquierda de la Bahnhofstrasse una serie de vidrieras se destacan porque,
detrás del vidrio, está nevando graciosamente: ilusión óptica. Además, niños y niñas
sobre trineos tirados por renos y animalitos al estilo Walt Disney, y papás Noel,
cervatillos, chanchitos, liebres, ranas animadas y enanitos rojos. Todo se mueve con
gracia. ¡Ah, y también angelitos! ¡Pero no ..., son hadas! ¡La última novedad,
inventada como complemento del paisaje nevado!
Un niño, en puntas de pie, observa deslumbrado, en compañía de sus padres.
En mi corazón, en cambio, siento primero incredulidad y, enseguida, casi rebelión:
¡Este mundo rico se ha adueñado de la Navidad y de todo su contexto y ha desalojado
a Jesús!
De la Navidad ha tomado la poesía, el ambiente, la amistad que suscita, los regalos
que sugiere, las luces, las estrellas, las canciones. Navidad le interesa porque es uno
de los mejores negocios del año. Pero en Jesús ni piensa.
“Vino a estar con los suyos y éstos no lo recibieron...”. “No había lugar para él en la
posada...” ni siquiera en Navidad.
Por la noche no pude dormir. Esta preocupación me mantuvo despierta. Se me ocurre
que, si volviera a nacer, haría muchas cosas... si no hubiera fundado la Obra de María,
en este momento fundaría una obra al servicio de la Navidad para todos los hombres
de la Tierra. Haría imprimir las postales más hermosas del mundo. Fabricaría estatuas
y estatuillas con el arte más refinado. Grabaría poesías, canciones del pasado y del
presente, ilustraría libros para chicos y grandes sobre este “misterio de amor”,
escribiría guiones para teatro y cine. No sé lo que no haría...
En este momento le estoy agradecida a la Iglesia que ha salvado las imágenes.
Cuando, hace treinta años, estuve en un país que estaba dominado por el ateísmo,
conocí a un sacerdote que esculpía ángeles para recordarle el cielo a la gente.
Hoy lo comprendo mejor. Es lo que se requiere ante el ateísmo práctico que
actualmente invade el mundo por todas partes. ¡Qué dolor provoca esta apropiación
de la Navidad y desalojo de Jesús recién nacido!
Que al menos en todas nuestras casas, se diga a viva voz quién es el que ha nacido,
festejando este acontecimiento como nunca.
Chiara Lubich – Navidad para todos pp20-22 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
El Tiempo: La mejor expresión de amor
Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que
estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más
evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las
prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.
El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos
producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una
persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos
recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien
es tu tiempo.
No es suficiente decir que las relaciones son importantes: debemos demostrarlo en
nuestras acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen:
“No solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio
de lo que hacemos”.
Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así:
La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás;
antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular,

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les cuesta entender esto. Muchos dicen ¡Te Quieren a Ti! Quieren tus ojos, tus oídos,
tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: Tu Tiempo.
El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu
concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se
olvida quién es. La atención dice:
Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la
esencia del amor.
Es posible dar sin amar, pero no se puede amar sin dar.
Autor desconocido

20/12/2013
El anuncio del nacimiento de Jesús
En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente
a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor
está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar
ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de
David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá
fin».
María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún
hombre?».
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era
considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible
para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has
dicho». Y el Angel se alejó.
Evangelio de San Lucas 1, 26-38

Para pensar:
Diálogo frente al pesebre
Se dice que, "cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el Niño del pesebre
levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba
allí, temblando y temeroso.
-Acércate -le dijo Jesús-. ¿Por qué tienes miedo? No me atrevo... no tengo nada para
darte -contestó el niño.
-Me gustaría que me dieras un regalo -dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza. -De verdad no tengo nada... nada es mío;
si tuviese algo, algo mío, te lo daría... mira.
y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una vieja hoja de cuchillo
herrumbrada que había encontrado.
Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy….-contestó Jesús-, guárdala. Querría que
me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
Con gusto -dijo el muchachito-, pero ¿qué?
Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para que María y José lo oyeran,
murmuró al oído del Niño no puedo... mi dibujo es "rémalo"...¡nadie quiere mirarlo!
Justamente -dijo el Niño del pesebre-, por eso yo lo quiero tienes que ofrecerme lo que
los demás rechazan y no gusta de ti.
Además -siguió diciendo el recién nacido, quisiera que me dieras tu plato.

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Pero…lo rompí esta mañana! -tartamudeó el chico. Por eso lo quiero... Debes
ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo... y ahora
-insistió Jesús repíteme la respuesta que diste a tus padres cuando te preguntaron
cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y tristemente,
murmuro:
Mentí... Dije que el plato se me cayó de las manos, estaba enojado y lo tiré con rabia!
Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús-. Dame siempre lo que hay de malo en tu
vida, tus mentiras, tus calumnias, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas... No
tienes necesidad de guardarlas... Quiero que seas feliz y sabe que te perdonaré
siempre tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa."
Autor desconocido

21/12/2013
Así la Navidad se multiplica
Los cristianos tenemos un poder
desconocido por muchos:
siguiendo el ejemplo de María
podemos dar a luz espiritualmente,
en el corazón de la sociedad,
a Cristo Jesús.
Él lo ha dicho.
Y nosotros creemos en Él.
El medio es nuestro corazón
o, mejor dicho, el amor cristiano recíproco
que si reúne los requisitos pedidos por Jesús,
tiene como consecuencia la dulcísima y maravillosa
realidad de nuestra fe:
“Yo estoy en medio de ellos”.
Y en el fondo, este requisito, no es demasiado,
pero tampoco es poco, porque Dios quiere
que nuestra unidad esté siempre encendida.
Si ésta existe, incluso en el pesebre
al que, a veces, está reducida nuestra sociedad,
si nos amamos, Cristo está en medio de nosotros:
y la Navidad se perpetúa, se multiplica.
Y donde hay Navidad, están María y Jesús.
Nosotros, unidos, tenemos que repetir juntos
el misterio de María que da luz a Cristo:
Cristo en medio nuestro por el milagro divino.
Y Tú, Cristo, ven entre nosotros,
quédate entre nosotros.
Una vez, los “tuyos” no te recibieron.
Vivimos sólo para acogerte, para tenerte,
para ser no nosotros quienes vivimos, sino Tú;
para ayudarte a construir sobre la tierra
la ciudad nueva, la ciudad de Dios.
Chiara – Navidad de 1974 – Navidad, el sueño de aquel Niño – Editorial Ciudad
Nueva

Para pensar:
La Navidad de Pedro
¿De qué se trataba la Navidad? Viviendo en la calle, comiendo lo que podía –que
nunca era suficiente- y vistiendo ropa rota, era difícil contestar esa pregunta.

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Para Pedro muchas cosas eran difíciles de entender: por qué él y su familia dormían
bajo un puente, por qué no estudiaba, por qué revolvían los tachos de basura en
busca de comida.
Cuando llegaba la época de Navidad una mezcla de sensaciones lo invadía: tristeza,
asombro, dolor y sobre todo desconcierto.
Lo maravillaba ver la ciudad llena de luces, vestida de rojo, verde y blanco. Vidrieras
con renos, duendes y un señor gordo y con cara de bueno que llenaba de regalos a
todos los niños, menos a él.
¿Sería que la Navidad no era para todos? ¿Se trataría de dinero nada más? Había
escuchado que se celebraba el nacimiento de un niño que había sido pobre, pero los
brillos, los adornos, los arbolitos cargados de regalos, le hacían pensar que lo que
había escuchado no era del todo cierto.
Caminaba por las calles deteniéndose en cada vidriera, en las jugueterías, en las
confiterías que ofrecían unos panes altos y llenos de frutas que parecían exquisitos,
pero que jamás había probado.
Le preguntó muchas veces a sus padres el por qué vivían como vivían y escuchó
hablar de injusticia, de desigualdad de oportunidades, de mala suerte. También
escuchó hablar de dolor, desilusión, frustración, tristeza y abandono. Y un día, decidió
no preguntar más.
Recorría las calles mirando cada vidriera, cada luz, cada casa adornada y sentía los
aromas de panes que se cocinaban. Muchas veces espiaba por las ventanas de las
casas para conocer un poco más de algo llamado “espíritu navideño”, algo que bajo un
puente y con hambre, desconocía por completo.
Pedro se preguntaba una y otra vez de qué se trataría realmente esa gran fiesta.
¿Sería sólo todo lo inalcanzable que podía ver? ¿Se trataba sólo de colores, adornos
y sabores? Algo en su corazón le decía que no. Porque el corazón de Pedro no sabía
de pobreza y para sentir no necesitaba dinero, ni ropa, ni siquiera comer bien y
seguido.
-Algo más tiene que haber- pensaba el pequeño y estaba dispuesto a averiguarlo.
La víspera de Navidad Pedro vagó más que nunca por la calle. Caminó mucho, tal vez
como nunca y de pronto, reparó en una construcción que tenía bien vista, pero a la
que jamás se había animado a entrar: era una iglesia.
Su corazón no lo engañaba, algo le decía que ése era el día en que debía entrar a ese
lugar que no vestía adorno ninguno, que era austero y hasta viejo, pero que tenía una
belleza propia difícil de explicar.
No bien entró, encontró muchas respuestas a sus tantas preguntas: vio un pequeño
muñeco que yacía en una especie de cuna pobre, muy pobre (y Pedro conocía bien la
pobreza). No vio lujos, ni adornos, ni renos, tampoco al señor gordo con cara de
bueno, sólo vio al niño pobre pequeño, tan pequeño como se lo había imaginado y
casi real como del que tanto había escuchado hablar.
Y algo le dijo que sí, que ése era el niño pobre que había iba a nacer. Le sorprendió
tanta sencillez, y tanta paz que nada tenían que ver con el bullicio típico de la ciudad
en esa época.
El niño en ese especie de catre, lo maravilló más, mucho más que las vidrieras y las
luces.
-Bienvenido- escuchó el pequeño y se sobresaltó. No estaba muy acostumbrado a que
le dieran la bienvenida-¿Cómo te llamas? –preguntó el párroco de la iglesia.
-Pedro – contestó el niño- ¿y él?-preguntó Pedro señalando al pesebre.
-El se llama Jesús-contestó sonriente el sacerdote.
-¿Tienes familia? ¿Quieres decirles que vengan?
Pedro no lo dudó, llevó a los suyos al cálido albergue de esa iglesia que sin lujos ni
árboles de Navidad, honraban a un niño recién nacido.
Y mientras el sacerdote les contaba acerca de la Navidad, les dio de cenar y
compartieron todos la mesa, con manjares sencillos, pero que para la familia fueron
inolvidables.
Y en el abrigo de esa iglesia, en la calidez de esa mesa compartida, y en el cariñoso
abrazo de ese sacerdote, Pedro y su familia aprendieron de qué se trataba la Navidad.
Y Pedro supo que siempre había tenido razón, que la Navidad era infinitamente más
que luces y panes con frutas.
Un niño Jesús a punto de nacer lo miraba feliz

20
Liana Castello, escritora argentina

22/12/2013
A tu corazón, mi pasión
En la Navidad de 1944, en pleno conflicto bélico, Chiara Lubich –que todavía firmaba
con su nombre de pila, Silvia– le escribe a su madre, a quien no podrá ver para las
Fiestas.
Los padres y las hermanas menores estaban en la montaña. Ella y su hermano varón
seguían viviendo en la ciudad de Trento, permanentemente bombardeada.

Queridísima mamá:
Desde hace algunos días vivo con angustia en el corazón. Llegó papá y me encontró
algo engripada. El refugio es helado y las alarmas, constantes. Es terrible el frío que
se sufre en los camiones y sería fatal para un cuerpo débil como el mío.
Razonando, papá vio la imposibilidad de que vengan para Navidad; y también
imposible lo veo yo. Se necesitaría un medio de transporte. Es muy difícil encontrarlo.
Navidad lejos de ti me hace llorar, mamá.
A menudo me gana la melancolía que sólo el Amor de Dios me permite superar.
Lo veo allá, en su cruz, también Él sufriendo la nostalgia y el abandono del Padre. Y
veo que realiza en mí lo que tan a menudo le pido: “Permíteme probar algo de tus
dolores, especialmente un poco de tu terrible abandono, para poder estar más cerca,
parecerme más a ti, ya que en tu infinito Amor me elegiste y me conquistaste”.
Siento que me dice que si sólo por amor a Él dejé padre, madre y casa, cuando me
llamó, para vivir en medio del peligro y la necesidad, será mi consuelo.
Él enciende en mi alma el fuego del amor que me lleva a gritar: “¡El Amor no es
amado!”.
Y es lo primero que también te grito, mamá.
Al menos tú, escúchame.
Por todo lo que me quieres, por lo que quieres a Gino, a papá, a Carla y a Liliana, te
suplico que me escuches.
No creas que lo que te digo es una locura o una fantasía. No, mamá, créeme. En esta
vida que pasa como un rayo sólo una cosa vale y sólo una cosa tenemos que pedirle a
Dios: amarlo.
Créeme, mamá. En el cielo, donde estaremos juntas por siempre, me darás la razón.
En tu vida te casaste con papá y amaste a tus hijos. También amaste a Dios. Pero
ahora el Señor, a través de mí, que soy tan mezquina, como ya sabes, te dice que lo
único que cuenta es amar a Dios.
Créeme, mamá, Jesús murió por ti y, siendo Dios, hubiera muerto sólo por ti de haber
sido necesario para tu salvación.
Míralo crucificado y piensa que hubiera podido ser hijo tuyo. Escúchalo gritar: “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
Ese grito se repite a cada momento en mi corazón. Piensa que muere casi
desesperado y clavado como un cordero. ¡Pobre Jesús! Mamá, dime que también tú lo
amas y quieres que lo amen. Dime que si en la vida esta Silvia tuya tuviera que morir
antes, tú te apropiarías de la llama de su corazón.
También yo, mamá, me he asomado a este mundo y he visto corazones más o menos
nobles, pero no encontré ninguno que me amara cuanto Él.
En el cielo conocerás cuánto me dio y las maravillas que obra en mí y en las jóvenes
que siguen mi camino, el camino del Amor. Pero no le cuentes nada a nadie, mamá.
Lo he elegido como esposo y trato de apagar por Él cualquier otro deseo. Él es mi
vida, mi amor más grande.
Él y su grito de abandono me han conquistado, mamá, y me hicieron pasar por encima
de todo con el corazón dolido. Sólo Él, mamá, podía hacerlo. Él, que no descuida los
afectos sino que nos los hace sentir hasta lo más profundo del corazón y luego
superarlos porque es omnipotente, es Dios.
Llega Navidad y se me parte el corazón al pensar que estaré lejos de ti. Si pudieras
bajar a la ciudad, mamá…

21
Pero ahora el peligro aumenta su furia y las alarmas no dan tregua. Vivimos yendo de
casa al refugio. En este momento papá fue a ver a Gino, después volverá y
hablaremos. En caso contrario, lo mejor es que Carla y Liliana estén con ustedes ese
día. Para Gino y para mí será una nueva ocasión de ofrecer un sacrificio al Amor.
Sí, todo, también la muerte, pero que Jesús, que nos amó hasta morir, sea amado por
los hombres. Que a Él llegue el consuelo y a nosotros la paz que surge del corazón de
quien nada espera sino amar al Amor. Verás, mamá, cómo todo el resto llega por
añadidura cuando buscamos su Reino. ¿Y no es acaso su Reino decirle a todos que
amen a Dios y se amen entre sí?
Mamá, haz tuya mi pasión de amor y difúndela a todos, tú que sabes transmitir.
Créeme que Jesús espera que tu corazón lo ame así, tal como lo amaba santa Rita,
que también era madre.
Escríbeme al respecto. Sólo esto cuenta. ¡Créelo!
Que el pequeño Niño lleve a tu corazón toda mi pasión. Pienso que tendrá una
especial bendición para la madre de una hija miserable e insulsa, pero que eligió por
esposa, para que en ella se vea mejor su Obra.
Con un corazón que quizá no conoces todavía, mamá, te besa, tuya,
Silvia.

23/12/2013
Más que una fiesta.
Vuelve, como una dulcísima poesía,
el recuerdo de la Navidad.
Arbolitos, velas de colores,
pesebres, regalos,
mutuos deseos de felicidad,
paz en las almas,
misa de Nochebuena.
Pero, ¿de quién se trata?
¿Quién es ése que conmueve las fibras
de todos los corazones,
que en esta noche hace poner de rodillas
aun a personas que en la vida
conocen poco su encanto?

¿Quién es ese niño que hoy, como entonces,


convoca a reyes y pastores,
y a las estrellas;
ese recién nacido, inerme criatura,
hijo de una jovencita adolescente,
que desde una gruta hace sentir
su presencia en el mundo?

¡Eres Tú, Jesús, el Hijo de Dios!


Si tanto haces, con tan frágil apariencia,
es porque eres el Todo.
Nosotros frente a Ti somos nada.
Deja sin embargo que,
así como en el día de hoy
todos se intercambian regalos,
también nosotros te hagamos uno a Ti:
Queremos darte una vez más
la alegría de volver al mundo.

No queremos que "Navidad"


sea sólo una dulcísima fiesta.
Queremos que sea una realidad,
una divina realidad.
Sabemos que,
si estamos unidos en tu nombre,

22
Tú estás entre nosotros.
Henos aquí, entonces,
ardiendo de esa "buena voluntad"
que necesitas.
Nos reconocemos todos hermanos:
hombres, mujeres, niños,
artesanos, obreros, diputados, enfermos,
gente que se ha hecho de un nombre,
gente sin nombre.

Deponemos a tus pies


todo aquello que es nuestro,
nuestros andrajos,
para poner en el mejor sitial del corazón
la caridad fraterna,
porque eso te agrada
y es por eso que has venido entre nosotros.
Henos aquí todos unidos...

¿Y Tú?
Tú eres el Dios del amor,
pero también de la verdad y la justicia,
y cumples los pactos.
Ven a estar entre nosotros,
quédate con nosotros.
Una vez los "tuyos" no te recibieron.

Nosotros querríamos,
en lo posible, repararlo.
Vivimos sólo para darte lugar,
para tenerte entre nosotros,
para no ser ya nosotros, sino Tú;
para ayudarte a construir sobre la tierra
la ciudad nueva, la ciudad de Dios.
Chiara Lubich – Navidad para todos p 13-15 – Editorial Ciudad Nueva

24/12/2013
Hacerte un regalo
Y ya que todos se intercambian regalos
nosotros queremos, Señor, hacerte un regalo a Ti:
volver a darte, a nuestra manera, la alegría
de retornar otra vez al mundo.
Queremos que la Navidad sea una divina realidad,
y porque sabemos que si estamos unidos en tu nombre
Tú estás en medio de nosotros,
depositamos a tus pies todo lo que somos y tenemos,
para poner en el puesto real del corazón,
la mutua caridad fraterna.
Chiara – Navidad de 1963

Para pensar:
El sueño de María
Tuve un sueño, José.... no lo pude comprender, realmente no, pero creo que se
trataba del nacimiento de nuestro Hijo; creo que si era acerca de eso. 
La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación.
Decoraban las casas y compraban ropa nueva. 
Salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. 
Era muy peculiar, ya que todos los regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían
con hermosos papeles y los ataban con preciosos moños, todo lo colocaban debajo de
un árbol. Si, un árbol, José, dentro de una casa. 

23
Esta gente estaba decorando el árbol también. Las ramas llenas de esferas y adornos
que brillaban. 
Había una figura en lo alto del árbol, me parecía ver una estrella o un ángel, oh! Era
verdaderamente hermoso. 
Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los regalos; se
los intercambiaban unos con otros José, pero, no quedó alguno para nuestro Hijo. 
Sabes, creo que ni siquiera lo conocen, pues nunca mencionaron su nombre; ¿no te
parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños
de alguien que ni siquiera conocen? 
Tuve la extraña sensación de que si nuestro Hijo hubiera estado en la celebración,
hubiese sido un intruso solamente. Todo estaba tan hermoso José y todos tan felices,
pero yo sentí enormes ganas de llorar. 
Que tristeza para Jesús no querer ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños.
Estoy contenta porque sólo fue un sueño, pero qué terrible José, si esto hubiera sido
realidad.
Autor desconocido

25/12/2013
Navidad: La revolución que continúa
Una Navidad fuerte, valiente, no apática, en una “familia” tan grande como la
humanidad
¡Todos uno! Es una meta. Es una orden: una orden de Aquél a quien todos deberían
someterse con alegría. Dios es nuestro Padre. Si los cielos se abrieran y Él nos
hablase, mirándonos uno por uno nos diría: "¡Todos uno! ¡Sois hermanos, por lo tanto
uníos!”
Un día el cielo se abrió, porque el Verbo se hizo hombre, creció, enseñó, hizo
milagros, recogió discípulos, fundó la Iglesia y antes de morir en la cruz le dijo al
Padre: "Que todos sean uno".
No se dirigió a los hombres; quizás no le hubiesen entendido. Se dirigió hacia el
Padre, porque el vínculo de esta unidad es Dios, y nos obtuvo la gracia de, entre
nosotros, poder ser una sola cosa. 
Ahora bien, nosotros los cristianos hablamos mucho de la unidad del Cuerpo místico,
de la Iglesia, pero a menudo caemos en el absurdo de saber las cosas, de conocerlas,
pero no vivirlas.
Sabemos que somos hermanos, sabemos que nos une un vínculo, pero no actuamos
como hermanos. Pasamos uno al lado del otro sin mirarnos, sin amarnos. ¿Pero
entonces, en qué consiste nuestra fraternidad?
Sí, si estamos en gracia, Dios ya nos une, pero eso no es todo lo que quiere de
nosotros. Él quiere que abramos los ojos y nos miremos y nos ayudemos mutuamente
y nos amemos. Quiere que amemos a los demás como a nosotros mismos. Realmente
así, como a nosotros mismos.
Pero ¿hoy en día, quién lo hace? Y entonces, ¿por qué Jesús dijo eso? ¿Es posible
que sólo los santos vivan el Evangelio? ¿Y los cristianos qué hacen? Tratan, cuando
pueden, de no hacer el mal y, cuando tienen ganas, hacer un poco de bien.
Esto no es lo que Jesús quería.
Si caminas por una ciudad pagana, casi no te das cuenta de que estás en una ciudad
cristiana. Porque en las ciudades cristianas no se ven auténticos cristianos, ésos que
dan testimonio de su Dios.
Es culpa nuestra. Nos hemos olvidado de lo esencial. Tenemos los ojos ciegos por los
bienes, por los negocios, por los afectos, las ideas personales y el egoísmo. Nada se
pospone a Dios. 
Dios existe. Sí, también está Dios, pero es una de las muchas cosas. Te acuerdas de
Él en ciertos momentos, cuando lo necesitamos.
Como cristianos, debemos vivir de otra manera. Debemos poner a Dios en su lugar y
dejarlo todo por Él.
Y Él nos enseñará cómo debemos vivir, y nos repetirá sus palabras: "Amaos".
Esto es todo.
Si cada uno de nosotros traduce estas palabras en vida y ama a quien tiene a su lado
como lo haría Jesús, de cada uno de nosotros partirá la chispa de la revolución
cristiana, que consiste en obligar, con el amor, a que los hombres se reconozcan

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como hermanos y se traten como tales. 
Entonces cambiarían muchas cosas. Mi familia sería la humanidad. Como dijo Jesús:
“Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios”.
Y pasando por las calles del mundo, nos daríamos cuenta de que los hombres no son
sólo hombres, sino hijos de Dios. 
¡Todos uno!
Hacer de la tierra una sola familia, donde la norma de toda norma es el Amor.
Hacer de cada ciudad una ciudad nueva.
Éste es nuestro objetivo. 
Si no trabajamos para esto, como cristianos podríamos considerarnos fracasados.
Chiara Lubich - 25 diciembre de 1972 – Centro Chiara Lubich

26/12/2013
Para todos
Tenemos que ser eco de los ángeles que lo anunciaron a los pastores, y no
desaprovechar la oportunidad para advertirles a los hermanos, a los amigos, a los
compañeros, y al mundo, que el amor ha bajado a la Tierra para cada uno de
nosotros; que nadie, en Navidad, debe sentirse solo, abandonado, huérfano,
desgraciado.
Jesús no vino sólo para los blancos, ni sólo para los negros; no vino sólo para los
europeos, ni solamente para otros pueblos. Dios se ha hecho hombre para toda la
humanidad, por tanto, para cada uno de nosotros.
Así pues, es fiesta para todos, gozo para todos, libertad para todos, paz para todos.
Chiara – Navidad de 1969

Para pensar:
Bienes invisibles
Tomás es un chico de siete años que vive con su mamá, una pobre costurera, en su
solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en
su cama, el chico espera, ansioso, la venida de Papá Noel. Según la costumbre de su
país, ha colocado en la chimenea una gran media de lana, esperando encontrarla, a la
mañana siguiente, llena de regalos. 
Pero su mamá sabe que no habrá regalos de Navidad para Tomás por su falta de
dinero. Para evitar su desilusión, le explica que hay bienes visibles, que se compran
con dinero, y bienes invisibles, que no se compran, ni se venden, ni se ven, pero que
lo hacen a uno muy feliz: como el cariño de la mamá, por ejemplo. 
Al día siguiente, Tomás despierta, corre a la chimenea y ve su media vacía. La recoge
con emoción y alegría y se la muestra su mamá: "¡Está llena de bienes invisibles!", le
dice, y se le ve feliz. 
Por la tarde va Tomás al salón parroquial donde se reúnen los chicos, cada cual
mostrando orgulloso su regalo. "¿Y a ti, Tomás, qué te ha traído Papá Noel?", le
preguntan. 
Tomás muestra feliz su media vacía: "¡A mí me ha traído bienes invisibles!", contesta.
Los chicos se ríen de él. Entre ellos Federico un niño consentido quien tiene el mejor
regalo pero no es feliz. Por envidia sus compañeros le hacen burla porque su lindo
auto a pedal no tiene marcha atrás, y enfurecido destruye el valioso juguete. 
El papá de Federico se aflige, y se pregunta cómo podría darle gusto a su hijo. En eso
ve a Tomás sentado en un rincón, feliz con su media vacía. Le pregunta: "¿Que te ha
traído Papá Noel?" 
"A mí bienes invisibles", contesta Tomás ante la sorpresa del papá de Federico, y le
explica que no se ven, ni se compran, ni se venden, como el cariño de una mamá. 
El papá de Federico comprendió. Los muchos regalos visibles y vistosos no habían
logrado la felicidad de su hijo. Tomás había descubierto, gracias a su mamá, el camino
a la felicidad. 
Autor desconocido

27/12/2013
En diálogo con Emmaus:

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"En el camino de la santidad, tenemos altos y bajos; a veces es difícil cuando vemos
que no actuamos con coherencia. ¿Cómo mirarnos a los ojos con misericordia el uno
al otro, así como Jesús tiene un amor misericordioso también hacia nosotros?".
Emmaus: Siempre tenemos altos y bajos, no debemos preocuparnos ni siquiera por
ello. Sin duda sería bonito no equivocarnos nunca, sin duda ninguno queremos
equivocarnos, pero en cambio, ¡cuántas veces nos equivocamos a lo largo del día! El
hecho de que reconozcamos que a menudo cometemos errores y que Dios muchas
veces nos perdona, nos debe poner ante los demás con la misma actitud. Es decir
¿qué decimos en el “Padre nuestro”? "Perdona nuestras ofensas como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden". Le pedimos a Dios que mida nuestra capacidad
de seguirlo, de vivir como Él quiere, del mismo modo que medimos la de los demás.
Cuanta más misericordia tengamos por los demás, más misericordia tendrá Jesús por
nosotros. Debemos ejercitarnos en esta misericordia y para hacer esto, tú lo sabes,
ustedes lo saben, que Chiara propuso a las primeras focolarinas -que eran, digamos
las primeras gen aunque no existía todavía el Movimiento gen-, que hiciesen este
pacto de verse siempre nuevas. ¿Qué significa? No podían evitar darse cuenta de los
defectos las unas de las otras: quizás una era un poco perezosa, otra siempre se
quejaba un poco, otra quizás se enfadaba con otra, sucedía todo esto. Se daban
cuenta y naturalmente estas cosas las hacían sufrir. Pero ellas decían: por la noche,
cuando nos vamos a acostar, ponemos todas estas cosas en la misericordia de Dios, y
cuando por la mañana nos levantamos es como si nos conociésemos por primera vez.
Por lo cual Chiara se encontraba con Natalia, Natalia se encontraba con Graziella,
Graziella se encontraba con Giosi, pero era como si acabasen de conocerse. Lo que
había sucedido el día anterior ya no existía, no existía, lo habían olvidado en la
misericordia de Dios.
Esto es lo que tenemos que hacer también nosotros, y debemos hacerlo no solamente
por la noche, sino quizás diez veces al día, porque nos daremos cuenta de los
defectos de alguien muchas veces al día, y otras tantas veces al día tendremos que
tener este amor grande que nos hace no solo perdonar ese defecto –porque
seguramente no nos gusta una persona con un defecto-, no solo perdonar, sino
también olvidar ese defecto, es decir ver a esa persona como si no la hubiésemos
conocido antes, como si la hubiésemos conocido en ese momento.
Es un reto, es una gimnasia, no por nada Chiara dijo: hagamos un pacto, porque un
pacto es algo serio, se jura algo para hacer un pacto, se da la palabra, se da una
palabra de honor, se compromete algo. Por eso Chiara propuso a las focolarinas hacer
este pacto, y lo hicieron, y día tras día crecieron en este amor, en esta misericordia.
No fue fácil tampoco para ellas, creo, igual que no es fácil para nosotros; pero hemos
de hacerlo, porque debemos tener el mismo amor de Dios, y el amor de Dios es ese
amor que hace salir el sol sobre buenos y malos, llover sobre buenos y malos; es
decir, que no se fija en nuestras faltas, sino que ama. Lo mismo nosotros, entre
nosotros, no debemos fijarnos en nuestras faltas sino amar, amar y amarnos
recíprocamente. Y esto también ayudará a superar las faltas; porque si una persona
se siente amada, se vuelve más buena. Creo que esto también ustedes lo habrán
experimentado muchas veces. Por tanto, cuánto más amor se ponga, más ayudarán a
todos a ser mejores. El amor que dan y el amor que reciben nos ayuda incluso a
superar nuestros defectos, a superar nuestras faltas.
Así que esta misericordia que ejercemos será siempre recompensada con una mayor
capacidad de amar. ¡Y esto les deseo de todo corazón!
Emmaus con los jóvenes en Bogotá 6.4.2012

Para pensar:
Entrevista con Dios 

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Un día comprendí que el silencio vale más que mil palabras!: Un periodista le hizo una
"Entrevista a Dios" (Oración, dizque), al entrar en la habitación le pregunto: ¿qué es lo
que más le sorprende de la humanidad?, a lo que Dios respondió: que se aburren de
ser niños y quieran crecer rápido, para después desear ser niños otra vez. Que
desperdicien la salud para hacer dinero y luego pierdan el dinero para recuperar la
salud. Que ansíen el futuro y olviden el presente y así no vivan ni el presente ni el
futuro. Que vivan como si nunca fuesen a morir y mueran como si nunca hubieran
vivido....... Quedé en silencio un rato y le dije:
Padre, cuáles son las lecciones de vida que quieres que tus hijos aprendamos? Y con
una sonrisa respondió:
..., que aprendan que no pueden hacer que nadie los ame sino dejarse amar, que lo
mas valioso en la vida no es lo que tenemos sino a quién tenemos, que una persona
rica no es quien tiene más sino quien necesita menos y que el dinero puede comprar
todo menos la felicidad, que el físico atrae, pero la personalidad enamora. Que quién
NO VALORA lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido y que quién
hace mal algún día recibirá su merecido. Si quieres ser feliz haz feliz a alguien, si
quieres recibir, da un poco de ti, rodéate de buenas personas y sé una de ellas.
Recuerda, a veces a quién menos esperas es quién te hará vivir buenas experiencias!
Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro.   Una persona fuerte
sabe cómo mantener en orden su vida. Aun con lágrimas en los ojos, se las arregla
para decir con una sonrisa, "estoy bien". 
Autor anónimo

28/12/2013
San Pablo sobre el amor
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo
amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia,
aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no
soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo
a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se
envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en
cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la
ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías,
limitadas.
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un
niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos
como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo
imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más
grande todas es el amor.
San Pablo 1 Cor 13, 1-13

Para pensar:
“Querida Cutie-Pie
Recientemente, tu madre y yo estábamos buscando algo en Google. A la mitad de
escribir la pregunta, Google nos mostró una lista con las búsquedas más populares en
el mundo. La búsqueda más popular en la lista era ‘Cómo mantenerlo interesado’.
Me sorprendió. Revisé varios artículos de la incontable cantidad que aparecieron
acerca de cómo ser sexy y sexual, cuándo llevarle una cerveza en vez de un sándwich
y las formas de hacerlo sentir más inteligente y superior.
Me enfurecí.
Pequeña, esto no es, nunca ha sido y nunca será tu trabajo -’mantenerlo interesado’.
Pequeña, tu única tarea es saber muy dentro de tu alma –en ese lugar inquebrantable
que no se transforma por el rechazo, la pérdida o el ego- que tú eres digna de interés.

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(Si puedes recordar que todos también son dignos de interés, estarás por ganar la
batalla de tu vida. Pero ésa es otra carta para otro día.)
Si puedes estar segura de que vales en este sentido, serás atractiva en la manera
más importante del mundo: atraerás a un chico que sea digno de tu interés y que
también querrá pasar su vida invirtiendo todo su interés en ti.
Pequeña, quiero decirte algo acerca del hombre que no necesita que lo mantengan
interesado, porque él sabe que tú eres interesante:
No me importa que ponga los codos en la mesa –siempre y cuando él ponga sus ojos
en la manera en que tu nariz se frunce cuando sonríes. Y que luego no puede dejar de
ver.
No me importa si no puede jugar golf conmigo –siempre y cuando él pueda jugar con
los hijos que le des y disfrute todas las formas gloriosas y frustrantes en las que se
parecen tanto a ti.
No me importa que no persiga el dinero –siempre y cuando él persiga su corazón y
siempre lo lleve de vuelta a ti.
No me importa si es fuerte –siempre y cuando él te dé espacio para ejercitar la fuerza
que hay en tu corazón.
No me podría importar menos si vota –siempre y cuando se levante cada mañana y te
elija un lugar de honor en tu casa y un lugar para venerarte en su corazón.
No me importa el color de su piel –siempre y cuando él pinte el lienzo de sus vidas con
pinceladas de paciencia, sacrificio, vulnerabilidad y ternura.
No me importa si fue educado en esta religión o en otra o en ninguna –siempre y
cuando haya sido educado para valorar lo sagrado y para saber que cada momento de
la vida y cada momento que pase contigo es algo profundamente sagrado.
Al final pequeña, si te topas con un hombre como ése y parece que él y yo no tenemos
nada en común, en realidad tendremos en común lo más importante:
Tú.
Porque al final, pequeña, la única cosa que debes hacer para ‘mantenerlo interesado’
es ser tú misma.
Tu hombre eternamente interesado
Papá“
(Carta de un papá a su hija)

29/12/2013
¿Cómo hacerse santos?
Es común que las almas se sientan atraídas por la idea de la santidad. Probablemente
es la gracia de Dios, que les trabaja, suscitando en ellas semejante deseo.
Consideraciones sobre el valor inapreciable de un santo, la influencia de su
personalidad en su época, la revolución amplia y continua que provoca en el mundo,
suelen ser el primer combustible que alimenta la llama de este anhelo.
Pero a veces el alma, dulcemente atormentada por este deseo, se encuentra ante los
santos como ante un desfiladero insalvable, una muralla imposible de pasar.
“¿Cómo hacer, para hacerse santos?”, es la pregunta.
“¿Cuál es la medida, el sistema, cuáles las prácticas, el camino?”
“Si yo supiera que basta la penitencia, me flagelaría mañana y noche. Si supiera que
se necesita oración, rezaría noche y día. Si bastara con la predicación, querría
recorrer ciudades y pueblos, sin darme tregua, para comunicarle a todos la palabra de
Dios ..., pero yo no sé, no conozco el camino”.
Cada santo tiene una fisonomía propia y se distinguen el uno del otro como las más
distintas flores de un jardín.
Pero a lo mejor hay un buen camino, que vale para todos.
Tal vez no hace falta buscar el propio camino, hacerse un proyecto, soñar programas,
sino sumergirse en el momento presente que pasa y realizar en ese instante la
voluntad de quién se ha dicho “Camino” por excelencia. El momento pasado no existe
más; el futuro a lo mejor nunca estará en nuestras manos. Seguramente podemos
amar a Dios en el presente que se nos da. La santidad se construye en el tiempo.
Nadie conoce la propia santidad, ni muchas veces la de los demás, hasta que no está
en la otra vida. Sólo cuando el alma ha concluido su recorrido, ha dado su prueba,
revela al mundo el plan que Dios tenía sobre ella.

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A nosotros no nos queda otra cosa que construirla momento por momento,
correspondiendo con todo el corazón, el alma, las fuerzas, al amor que Dios nos da,
personal, como Padre nuestro celestial, pleno, como la anchura de la caridad de un
Dios.
Chiara Lubich – Volver al presente pp 49/50 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
"Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola
rectificación.
Nadie cambia la vida sin haber pisado en falso muchas veces…
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un
imposible.
Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.
Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su
voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de Dios.
Nadie deja de arder con fuego dentro.
Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone.
Si sacas todo lo que tienes y estás con Dios…
¡Vas a llegar!
Sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo..."
Mahatma Ghandi

30/12/2013
El padre misericordioso
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me
corresponde". Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano,
donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a
sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su
campo para cuidar cerdos.
Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero
nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en
abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra
ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".
Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a
su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo
tuyo".
Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo,
pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo
estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado". Y comenzó la
fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los
coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.
Él le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero
engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo".
Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le

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respondió: "Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola
de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con
mujeres, haces matar para él el ternero engordado!"
Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la
vida, estaba perdido y ha sido encontrado"".
Evangelio según San Lucas, 15, 11-32

Para pensar:
La persona que ama a Dios
Había una vez, una persona buena que 'amaba' a Dios. Todas las mañanas se
levantaba temprano y oraba por lo menos media hora antes de comenzar con sus
actividades cotidianas. Dios se sentía complacido con esta rutina, pero al Diablo le
molestaba mucho y por eso le ofrecía todo tipo de tentaciones. Sin embargo, el
hombre jamás olvidaba su cronograma de oraciones matinales.
Finalmente, el Diablo ideó un plan. A la mañana siguiente, el hombre se quedó
dormido. Al despertarse y descubrir que era tan tarde, salió corriendo al trabajo. El
Diablo había logrado su cometido.
No obstante, durante todo el día, el hombre se sintió desdichado por haberse olvidado
sus oraciones diarias al Señor, lloró y le rogó a Dios que lo perdonara. No hubo un
solo instante en el día en el que no pensara en su olvido. Cada vez que se acordaba,
oraba y le suplicaba compasión, perdón y que el Señor le concediera Su Gracia.
¡Nunca estuvo el Señor más contento! Se sentía muy feliz por la simpleza y la
humildad del hombre. Mientras tanto, el Diablo observaba la situación. Comprendió
entonces que al hacer que el hombre se olvidara de Dios por media hora en la
mañana, había contribuido a que el hombre orara ¡durante todo el día!
Autor desconocido

31/12/2013
Pacto de misericordia
En la vida del primer Focolar hay una experiencia que surgió de la aplicación del “amar
tomando la iniciativa”.

Al principio no siempre era fácil, para un grupo de chicas, vivir la radicalidad del amor.
Éramos personas como todas, aunque sostenidas por un don especial de Dios para
iniciar el Movimiento. Por eso también entre nosotras, en nuestras relaciones, podía ir
depositándose algo de polvo, y la unidad entonces disminuía. Era lo que sucedía, por
ejemplo, cuando nos dábamos cuenta de los defectos, de las imperfecciones de los
demás y se los juzgaba, por lo que la corriente de amor recíproco se enfriaba.
Un día, para reaccionar ante esta situación, se nos ocurrió establecer entre todas un
pacto al que llamamos “pacto de misericordia”.
Decidimos que cada mañana – en el focolar, en la escuela, en el trabajo, etc -, al
prójimo que encontrábamos lo veríamos nuevo, nuevísimo, sin recordar para nada sus
defectos, cubriendo todo con el amor. Se trataba de acercarse a todos con esa
amnistía completa en nuestro corazón, con ese perdón universal.
Se trataba de un compromiso fuerte, hecho por todas juntas, que ayudaba a tomar
siempre la iniciativa en el amar, a imitación de Dios misericordioso, el cual perdona y
olvida.
Chiara Lubich – El arte de amar p. 58 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
La bondad transforma
Cuando las personas se sienten comprendidas y estimadas, crecen en sus mismas
posibilidades y llegan a metas que parecían inalcanzables.
Tolstoi narra en uno de sus cuentos la historia de un zapatero que, al regresar un día a
su casa, encontró a un desconocido lleno de andrajos en la puerta de una iglesia. Lo
llevó consigo a su casa y su mujer le recibió con bastantes malos modos. A medida que

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la mujer multiplicaba sus asperezas, el desconocido se iba haciendo cada vez más
pequeño. A cada palabra dura, su rostro se arrugaba; pero cuando la mujer,
compadecida al fin, le dio de comer y ropas nuevas, el desconocido empezó a crecer
en tamaño y hermosura. Explica Tolstoi que el desconocido era un ángel que había
caído del Cielo y que, por eso, no podía vivir más que en una atmósfera de bondad y
de amor. 
Lo mismo pasa con las personas: mejoran y crecen cuando se sienten apreciadas y
comprendidas.
Autor desconocido

Enero 2014
01/01/2014
Palabra de Vida del mes de enero
(bajar de Internet en: www.ciudadnueva.org.ar)

02/01/2014
10 lemas para el verano 2013-2014

1 ¿Sabes cuál es el momento más lindo del día? Es cuando se reza, porque
se habla con quien más se ama.
2 Amar, amar siempre, amar a todos. Al final de cada día poder decir: “He
amado siempre”.
3 Si un gen es un gen, hace de cada obstáculo un trampolín de lanzamiento.
4 Dejémonos plasmar de las palabras del Evangelio: una sola podría cambiar
el mundo y hacer resplandecer la paz en y el amor.
5 La clave para abrirnos a la unión con Dios es Jesús crucificado y
abandonado.
6 Lancémonos a amar a la humanidad en el prójimo que tenemos a lado,
olvidando nuestro dolor, para recoger en nuestro corazón el sufrimiento de
toda la familia humana.
7 La alegría es el uniforme de los gen.
8 Todo tiene que circular: alegrías y dolores, sufrimientos y luchas, de manera
que nadie esté aislado de los demás.
9 Que nadie pase en vano a nuestro lado.
10 Si sigues a la corriente, te hundes en el mar del mundo. Si vas en contra la
corriente, subiendo el río a costa de fatiga, te encuentras con la fuente de
todo bien, con la plena felicidad.
Chiara Lubich – 100 pensamientos – Ciudad Nueva 1989

Para pensar:
La rosa y Juan
Juan se sentía solo, volvía a su departamento, y el silencio era el único que lo
esperaba. Juan estaba triste, Juan estaba solo, muy solo. Y Juan tuvo una brillante
idea:
- Compañía, eso lo que necesito, compañía. Y alegre se puso a pensar qué tipo de
compañía.
De chico le habían dicho que lo ideal para compañía era una rosa. También le habían
advertido que las rosas tenían espinas y que si uno no era cuidadoso, en vez de
disfrutar el placer de mirarlas, tocarlas y oler el perfume que emitían, podían terminar
lamentándose todo el día de que la rosa era mala, que cada vez que uno se acercaba
lo pinchaba a propósito con sus espinas, y otras tantas advertencias del mismo
género.
Pero para Juan el riesgo valía la pena. Quería una rosa y salió a buscarla. Y cuando
uno busca mucho siempre encuentra lo que busca.
Así Juan salió decidido a la calle y, oh casualidad, a la vuelta de la oficina donde
trabajaba la vio, estaba ahí delante de sus ojos, como había estado ella durante
meses esperándolo y mirándolo cada vez que él pasaba, pero nunca se habían

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cruzado miradas. Pero esta vez Juan estaba decidido a ser feliz y se acercó
directamente a ella, tan directamente que la hizo temblar.
Juan la miró, y quedó totalmente embriagado y envuelto por su perfume. Juan estaba
enamorado. Luego de un rato de pleno éxtasis Juan se decidió. Dio media vuelta y
encaró al padre de la dama.
- ¿Cuánto cuesta?, preguntó con voz firme.
- Veinte pesos, contestó el Vendedor de Flores, sorprendido por la pregunta tan
imprevista, pues ni siquiera le había dicho buen día, y agregó ya recompuesto.
- Con diez pesos más se lleva esta maceta hermosa, señalando una roja de cerámica.
A los pocos minutos Juan salía feliz del negocio con María, pues así le había puesto
de nombre a la rosa. María salió alegre a la calle, en los brazos de Juan y vestida con
su hermoso vestido de maceta roja.
Juan llegó a su casa, puso a María en el mejor lugar, donde podía recibir la luz de la
mañana, luego guardó el comprobante de compra de la rosa y finalmente se sentó a
su lado. El resto de la tarde se deleitó mirándola y sintiéndola.
Los primeros días fueron realmente una “Luna de Miel”.
A la noche Juan se llevaba a María al dormitorio para tenerla al alcance de su mano.
La luna de miel entre ellos duró poco.
Una noche Juan entre sueños acercó su mano para acariciar a María y de pronto el
dolor intenso y una gota de sangre salió de su dedo índice. María, con sus espinas lo
había lastimado. Juan sintió que el dolor pasaba pero volvieron a su mente las
advertencias: cuidado con las rosas, cuando tú quieres brindarles amor ellas te
lastiman intencionalmente con sus espinas.
Al día siguiente Juan se olvidó de ponerle agua en la maceta a la Rosa, también se
olvidó de ponerla al sol, y así hizo los siguientes tres días.
Fue el sábado que Juan al entrar al dormitorio la vio.
María estaba triste, sus pétalos que antes eran hermosos, estaban caídos sobre la
mesita de luz.
Su tierra reseca.
Juan sorprendido por la actitud de María, buscó la factura de compra, pues tenía
anotado en teléfono del negocio de plantas y llamó para reclamar.
- ¿Qué problema tiene con la planta que le vendí? preguntó el vendedor.
-¿Qué no la riega, ni la pone al sol desde hace tres días? preguntó el vendedor
indignado.
Juan cortó, medio disculpándose por su ignorancia y se puso a regar a la rosa, pero
no podía evitar recordar con bronca lo que ella le había hecho: lo había lastimado
cuando él se acercó, y seguramente lo había hecho con intención.
Y comenzó a regarla hasta inundarla de agua, mientras pensaba…
- Voy a inundarla bien, así no la riego por siete días.
- Voy a dejarla al sol así no necesito moverla.
Y luego Juan se fue a hacer otras cosas, sus cosas, las que eran realmente
importantes para él.
Y María siguió perdiendo pétalos. Ya no emitía ningún perfume, ya no sentía la
energía y la palabra de Juan, y María se dejaba morir.
Pasaron otros tres días y Juan fue a un cine solo. Durante la película vio una escena
que lo conmovió, y de pronto apareció la imagen de María ante sus ojos con sus
pétalos caídos. Juan sintió en el fondo de su ser que María se moría de pena, y se dio
cuenta que la amaba, que extrañaba sus formas, su tersura, su perfume, y Juan salió
a las corridas del cine y volvió a su casa.
Encontró a María desfalleciente, la tomó entre sus brazos, le sacó el agua en exceso
de la maceta, y le habló del amor que le tenía, durante toda la noche. A la mañana la
puso al sol, le agregó un poco de fertilizante, y así la cuidó en su convalecencia que
duró casi un mes.
Al mes María estaba radiante y enamorada como siempre.
Y ese día Juan tomó el comprobante de compra y rompiéndolo en mil pedacitos le dijo
a María
- Alguna vez creí, equivocadamente, que porque te había comprado y puesto el
comprobante de compra bajo la maceta podía decirte – ” soy tu dueño, y no te riego”.
- Hoy me doy cuenta que nuestra relación se sustenta en cambio en el amor diario que
nos podamos dar, en que yo te riegue todos los días con mi amor, mientras tú me

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llenas con tu hermoso perfume, tu tersura, tu compañía.
Que todos los cuidados que yo te haya dispensado en el pasado, vivirán siempre
como un maravilloso recuerdo, pero que no son suficientes para el día de hoy.
Y que a partir del día de hoy, para poder disfrutarte te seguiré regando día tras día.
Y además tendré presente que si me encuentro con tus espinas puede ser, que parte
de la culpa sea mía por no saber acercarme a ti.
Autor desconocido

03/01/2014
En diálogo con Chiara:
Sandra Hoggett: “Querría profundizar un poco su relación con Dios. ¿Es similar a la de
una pareja de esposos comunes… en el sentido que son de sostén uno para el otro, y
a veces tienen opiniones distintas? Las parejas a veces pelean. ¿Me puede explicar
un poco más?, porque querría comprender qué relación tiene Ud. con Él.”

Chiara: En un primer momento se establece una relación a través de las oraciones


comunes que nos enseñan. Después naturalmente esto se hace más espontáneo. Hay
algo en nuestro Ideal, en nuestro Movimiento: que cuanto más se ama al prójimo, más
crece la unión con Dios dentro.
Yo recuerdo la experiencia que hacíamos todos (también los niños la hacen, nuestros
niños) que, si todo el día nos ponemos a amar al prójimo: éste, éste, éste, aquél que
encontramos, a la noche nos recogemos en oración y advertimos que dentro hay
Alguien con el cual podemos dialogar, con el cual podemos hablar. Es la unión con
Dios que se siente. Es un hecho místico, porque todo el día se ha vivido la ascética de
amar, de hacerse uno, de ayudar, y a la noche… porque existe un vínculo.
Al mismo tiempo, mientras más se ama a Dios, se habla con Él, se está con Él, se
pide perdón, se reza, más se tiene la fuerza para amar a los prójimos.
Nosotros damos siempre el ejemplo de una plantita que mientras más profundiza sus
raíces, más crece el tallito, y mientras más crece el tallo en contacto con el aire, con el
oxígeno, más las raíces… Es el amor a Dios y el amor al prójimo. Por lo cual la
relación es verdaderamente una relación de amor, de amor, pero de amor sentido. Es
la experiencia de todos esta unión con Dios que es tan grande, tan hermosa, tan
dulce, que todas las otras experiencias son muy, muy banales.
Entrevista de Sandra Hoggett “cara a cara” con Chiara – 18.4.2002

Para pensar:
La brasa solitaria
Juan iba siempre a los servicios dominicales de su parroquia. Pero como empezó a
parecerle que el pastor decía siempre lo mismo, dejó de frecuentar la iglesia.
Dos meses más tarde, en una fría noche de invierno, el pastor fue a visitarlo.
“Debe de haber venido para intentar convencerme de que vuelva”, se dijo Juan. Se le
ocurrió que no podía aducir el verdadero motivo: lo repetitivos que eran los sermones.
Tenía que encontrar una disculpa, y mientras pensaba, colocó dos sillas delante de la
chimenea y se puso a hablar del tiempo.
El pastor no decía nada. Juan, tras intentar en vano mantener la conversación un rato,
se calló también. Los dos se quedaron en silencio, contemplando el fuego  durante
casi media hora.
En ese momento se levantó el pastor, y con ayuda de una rama que aún no había
llegado a arder, apartó una brasa y la colocó lejos del fuego.
La brasa, al no tener suficiente calor para seguir ardiendo, empezó a apagarse. Juan,
con gran rapidez, la tiró de nuevo al centro del hogar.
-Buenas noches –dijo el pastor, levantándose para marcharse.
-Buenas noches y muchas gracias –respondió Juan-.
-Una brasa lejos del fuego, por muy brillante que sea, acaba apagándose
rápidamente.
-El hombre lejos de sus semejantes, por muy inteligente que sea, no conseguirá
conservar su calor y su llama. El domingo que viene volveré a la iglesia.
Autor desconocido

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04/01/2014
En diálogo con Chiara:
Et: ¡Hola, Chiara! Me llamo Et. Soy un gen 2 de Tailandia.
“¿Cómo explicar a quién perdió toda esperanza que Dios lo ama y que todavía existen
cosas bellas en la vida?”.
Chiara: (...) Si me encontrase con personas que no creen que Dios las ama, porque
sufren mucho, empezaría a amarlas para demostrar que alguien las ama. Por lo tanto,
empezaría yo, me “haría uno” con ellas, trataría de compartir sus preocupaciones, su
soledad, su sufrimiento.
Después, una vez que mi modo de actuar provocó en ellas un cierto efecto, de modo
que acojan mi amistad, empezaría a hablar, a contarles algo.
Y este es un problema que es universal, que afecta en cierta forma a todos, en
Occidente como en Oriente. Muchos se preguntan: “¿Es posible creer que Dios es
amor ante las desgracias, cuando muchos niños sufren o son asesinados, maltratados
de una manera horrenda? ¿Cómo podemos creer en el amor de Dios, cuando
suceden calamidades como la lava de los volcanes, o los terremotos? ¿Cómo creer en
el amor de Dios, que somos amados por Dios?”.
La explicación que se puede dar es ésta: si había una persona a quien Dios amaba
realmente, profundamente, más que cualquier otra, esta persona era Jesús, su Hijo. Y
el Padre permitió que Él sufriera muchísimo y que sintiera hasta el abandono
precisamente de su Padre. ¿Por qué? Es necesario tener una visión más amplia:
había un designio de Dios sobre Jesús. Él debía sufrir para después ser glorificado,
estar a la derecha del Padre y lograr que todos fuéramos hermanos. Por lo tanto,
había un designio muy hermoso. Era preciso que Jesús experimentase ese hielo, esa
especie de infierno, ese dolor.
Pues bien, si para Jesús existía un designio de Dios, también para cada uno de
nosotros y para los niños existe un designio de Dios, algo que Dios pensó y eso es
siempre amor.
Entonces, ahora vemos solamente el dolor, pero más adelante cuando estemos en el
Paraíso, sabremos por qué Dios permitió ese dolor y, ciertamente, será por amor.
Por lo tanto, quedémonos tranquilos y digamos a todos: “Quédate tranquilo. Si Jesús
fue tratado así, era porque el Eterno Padre tenía un motivo. De la misma manera, Él
tiene un plan para todos nosotros”.
Chiara a los internos de las zonas de Tailandia, India, Paquistán - Bangkok
(Tailandia), 4 de enero de 1997

Para pensar:
Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie; esperar
siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que
no se resuelve es la muerte. No permitas que nadie te insulte, te humille o te baje la
autoestima. Los gritos son el arma de los cobardes, de los que no tienen la razón.
Siempre encontraremos gente que te quieren culpar de sus fracasos y cada quien
tiene lo que se merece.
Hay que ser fuertes y levantarse de los tropiezos que nos pone la vida para avisarnos
que después de un túnel oscuro y lleno de soledad vienen cosas muy buenas "NO
HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA".
Por eso disfruta la vida porque es muy corta, por eso ámala, se feliz y siempre sonríe,
solo vive intensamente para ti y por ti. Recuerda: 
. Antes de discutir, respira
. Antes de hablar, Escucha
. Antes de criticar, Examínate
. Antes de escribir, Piensa
. Antes de herir, Siente
. Antes de rendirte, Intenta
. Antes de morir... VIVE..!!
William Shakespeare, el máximo representante de las letras inglesas

05/01/2014
Una ciudad no basta

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Queridos todos que hoy están reunidos en Loppiano:
¡Les mando un saludo de todo corazón en este 1º de mayo del 2006, fiesta de los
jóvenes y nueva etapa de nuestro camino hacia un mundo unido! El programa que se
han propuesto es actual y exigente, es casi un desafío: “Una ciudad no basta”.
Me han pedido una palabra.
Queridos jóvenes, ustedes saben que cuando tenía vuestra edad Dios me hizo el
regalo de llamarme a darle mi vida para hacer crecer en esta tierra un pueblo nuevo,
nacido del Evangelio. Y hemos comenzado por Trento, nuestra ciudad.
¿Y ustedes, hoy? Si quieren transformar una ciudad empiecen a unirse con los que
tienen vuestro mismo ideal. Pongan a Dios por encima de todo lo demás Prométanse
amor recíproco, dispuestos a dar la vida el uno por el otro, y custodien este pacto
cueste lo que cueste: Él, presente entre ustedes, les sugerirá los pasos a dar, los
sostendrá en las inevitables dificultades.
Después tomen las medidas de la ciudad. Juntos vayan en busca de los más pobres,
de los abandonados, de los huérfanos, de los encarcelados, de los marginados, y den,
den siempre: una palabra, una sonrisa, vuestro tiempo, vuestros bienes… Vuestro dar
atraerá el céntuplo prometido por Jesús. No dejen a nadie solo. Compartan todo con
vuestros amigos: los momentos de alegría y de triunfo, de dolor y fracaso, para que la
luz no se apague. Recen y perdonen, porque, si bien ir contra corriente cuesta, allí
está la raíz más profunda del éxito.
Pero “una ciudad no basta”: Sí, porque con Dios, una ciudad es demasiado poco. Él es
quien hizo las estrellas, quien guía los destinos de los siglos, y con Él se puede mirar
más lejos, a la patria de todos, al mundo. Que cada suspiro nuestro sirva para esto;
para esto cada gesto; para esto reposar y caminar.
Hagamos de modo tal que al final de la vida no tengamos que arrepentirnos de haber
amado demasiado poco.
¡Coraje! Ustedes saben cuánta confianza tengo en ustedes! El mundo está en
vuestras manos, y mañana será tal y como hoy lo construyan.
Chiara - Mensaje a los jóvenes reunidos en Loppiano - 2 mayo 2006

Para pensar:
La creación de Dios
El hombre era un gran devoto del Señor; pasaba horas orando por la mañana y por la
tarde, iba al templo regularmente y trabajaba honradamente para tener una vida
cómoda. Siempre agradecía a Dios por Su Misericordia al darle una vida buena y feliz.
Un día, cuando regresaba del trabajo, se topó con un hombre tullido que vestía
harapos. Más adelante, al costado del camino, una anciana débil atendía a su esposo
enfermo. Más adelante incluso, vio a un leproso junto a su familia, todos parecían
famélicos.
Estas imágenes tuvieron un impacto tremendo en el devoto. De repente, se
encontraba cara a cara con la miseria, la tristeza y la enfermedad. Con gran angustia,
elevó su cabeza al cielo y exclamó: “¡Oh Dios! ¿Cómo puedes soportar en silencio tan
lastimosa imagen? En tu Reino, ¿cómo puede esta gente vivir en la mugre y la
miseria? Y sin embargo, tú eres testigo en silencio de todo esto y ¿no haces nada al
respecto?”
Hubo un momento de silencio. Luego, escuchó una voz clara: “¡Buen hombre! Ya he
hecho algo bueno por ellos, te he creado a ti.”
Autor desconocido

06/01/2014
Papa Francisco:
(Rezar con los 5 dedos - una oración en cada dedo)

1. El pulgar es el más cercano a ti. Así que empieza orando por quienes
están más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. Orar por
nuestros seres queridos es "una dulce obligación"

2. El siguiente dedo es el índice. Ora por quienes enseñan, instruyen y


sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. Ellos
necesitan apoyo y sabiduría para indicar la dirección correcta a los demás.

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Tenlos siempre presentes en tus oraciones.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes. Ora


por el presidente, los congresistas, los empresarios, y los gerentes. Estas
personas dirigen los destinos de nuestra patria y guían a la opinión
pública. Necesitan la guía de Dios.

4. El cuarto dedo es nuestro dedo anular. Aunque a muchos les sorprenda, es


nuestro dedo más débil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano.
Debe recordarnos orar por los más débiles, con muchos problemas o postrados
por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. Nunca será
demasiado lo que ores por ellos. También debe invitarnos a orar por los
matrimonios.

5. Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los
dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. Como dice la
Biblia "los últimos serán los primeros". Tu meñique debe recordarte orar
por tí. Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus
propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las
tuyas.

Para pensar:
Qué quiere decir ser fiel
La virtud de la fidelidad es el mantener el compromiso libremente aceptado y el
empeño en terminar cualquier misión en la que uno se ha comprometido.
La fidelidad es, como dice Santo Tomás, cumplir exactamente lo prometido,
conformando de este modo las palabras con los hechos.
Somos fieles si guardamos la palabra dada, si nos mantenemos firmes a pesar de los
obstáculos y dificultades en los compromisos adquiridos.
La fidelidad está íntimamente unida a la perseverancia y con frecuencia se identifica
con ella.  El ámbito de la fidelidad es muy amplio: con Dios, entre cónyuges, entre
amigos; es una virtud esencial, sin ella es imposible la convivencia.  Referida a la vida
espiritual, se relaciona estrechamente con el amor, la fe y la vocación.
Nuestra época no es una que se caracterice por el florecimiento de esta virtud de la
fidelidad, quizá por eso el Señor nos pide que la apreciemos más, tanto en nuestros
compromisos de entrega adquiridos con Él, como en la vida humana y en las
relaciones con otros.
Muchos se preguntan cómo puede el hombre que es mudable, débil y cambiante
comprometerse para toda la vida. ¡Sí puede!  Porque su fidelidad está sostenida por
quien no es mudable, ni débil ni cambiante, por el mismo Dios.
Toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la duración.  Es fácil ser
coherentes por un día o algunos días.  Difícil e importante es ser coherente toda la
vida.  Y sólo puede llamarse fidelidad a una coherencia que dura a lo largo de nuestra
existencia, ya sea en la calma como en las tempestades.
Lo contrario, que es la infidelidad, nace de la soberbia, por la cual el hombre no
somete su entendimiento a las reglas de la fe, a las enseñanzas de los padres.
El infiel se enfurece cuando los demás son fieles en pequeños detalles y sus
exigencias son exageradas no fiándose de nadie, para nada.  Creen que todos son
infieles como ellos y viven llenos de desconfianza.
Autor desconocido

07/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Gen: Hola Emmaus, soy un gen de Tocancipá. (…)
"Veo que en este mundo muchos sufrimos de la enfermedad de la pereza. ¿Cómo
piensas tú que los gen debamos dejar a un lado la pereza y amar realmente? ".

Emmaus: ¡La pereza! Tienes razón al decir que es una enfermedad ésta de la pereza,
tienes realmente razón, porque está clasificada incluso como un vicio capital, como un

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pecado, porque no se puede ser perezoso. Pero, ¿por qué no se puede ser perezoso?
Porque hemos de construir el mundo unido, y el mundo unido no se puede construir
dormitando, estando en el sofá o mirando la televisión, o jugando solamente con los
video-juegos; con eso se pueden hacer otras cosas pero no el mundo unido.
Si queremos construir el mundo unido, nos podemos olvidar de la pereza. Pero
tampoco quiere decir que tenemos que correr como desesperados, o que se deban
hacer cosas extraordinarias. Debemos vivir nuestra vida cotidiana, normal, con esta
elección fundamental: que nosotros la vivimos por Dios y la vivimos para amar a todos.
Por eso, si hacemos esta opción fundamental, después tenemos el momento del
descanso que no es pereza, no es pereza descansar, porque también descansar
forma parte de la vida; y, muchas veces es necesario detenernos para descansar,
para recuperar las fuerzas y así poder amar más. Por tanto se puede descansar.
Divertirse también se puede, también se puede ir de paseo con los amigos; pero la
pereza es otra cosa. La pereza es no querer comprometerse, no querer ponerse en
juego, no querer arriesgar nada de lo nuestro. Y esto es un error. Esto - como dices tú
- es casi una enfermedad, una enfermedad de la cual hay que curarse. ¿Cómo?
Poniendo en el lugar de nuestro yo, el amor a los demás. Porque la pereza, al final ¿a
qué te lleva? A pensar sólo en ti mismo: yo estoy aquí, estoy bien, no quiero hacer
nada, no quiero trabajar, no quiero hablar, ¡dejadme tranquilo! Así estás siempre
apegado a ti mismo, mirándote a ti mismo.
Hay que eliminar todo eso y poner en su lugar esto que es el amor. Y entonces el
amor ¿qué te dice? El amor te dice: “¡Un momento! Mira que ahora tienes que hacer la
voluntad de Dios que es estudiar”. Entonces dejas a un lado la pereza para hacer bien
la voluntad de Dios, no para estudiar, sino para hacer la voluntad de Dios. En otro
momento te dice: “Mira, tu amigo necesita que le hagas este favor”. Entonces dejas a
un lado la pereza para hacerle el favor a tu amigo, pero no por el amigo, sino porque
amas. Si pones el amor, la pereza se va solita. Llena tu corazón de amor, llena tu día
de actos de amor y la pereza desaparece. No puedes ser perezoso y amar. Si amas,
si quieres amar, si amas, la pereza desaparece, te curas de esta enfermedad.
Emmaus con los jóvenes en Bogotá – 6.4.2012

Para pensar:
No te rindas
No te rindas, aún estás a tiempo
de abrazar la vida y comenzar de nuevo,
aceptar tu sombra, liberar el lastre y retomar el vuelo.

No te rindas, que la vida es eso,


continuar el viaje, perseguir tus sueños,
abrir las esclusas, destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas,


aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se acalle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,


porque lo has querido y porque yo te quiero,
porque existe el vino y el amor es cierto,
porque no hay herida que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,


bajar el puente y cruzar el foso,
abandonar las murallas que te protegieron,
volver a la vida y aceptar el reto.

Recuperar la risa, ensayar un canto,


bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,

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celebrar la vida, remontar los cielos.

No te rindas, por favor, no cedas,


aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se acalle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.

Porque cada día es un comienzo nuevo,


porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque tienes alas y puedes hacerlo,
porque no estás sola y porque yo te quiero.
Marío Benedetti

08/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Hola Emmaus, Hola Giancarlo. Soy José de Paraguay y ésta es mi pregunta:
“Cuando he encontrado el Ideal he encontrado todo, he encontrado la alegría de
donarme, un Ideal no solamente espiritual, si no que me da las fuerzas para luchar
como un buen ciudadano. He encontrado el sentido de la Iglesia, he comprendido qué
cosa representan los pastores, los obispos y el Papa. Sin embargo, ¿por qué siento
ahora que no estoy dando, no estamos dando los pasos de manera más decidida para
tener una presencia más viva y constructiva en la sociedad y en la Iglesia? Me doy
cuenta que la única cosa que me da paz es el hecho de saber que si en esta segunda
etapa de la vida de la Obra nos quedamos fieles a la “chispa inspiradora”, el Amor,
como nos dijo Juan Pablo II, lograremos! ¿Es así?”

Emmaus: ¡Es así, seguramente! Porque si somos fieles al don que Dios ha hecho a
Chiara, y a través de ella a todos nosotros, seguramente Dios mantendrá su promesa
y nos ayudará a llegar.
Sin embargo, vos decís: “¿Cómo es posible que yo no sienta…?” Entonces
evidentemente hay un empuje desde adentro, y tenemos que responder. Es verdad
que estamos en camino, en una historia maravillosa, pero es cierto que cada uno de
nosotros es responsable de aquel pedacito de historia que Dios le pide de vivir, es
responsable de aquella clase en donde se encuentra, es responsable de aquel trabajo,
de los compañeros con los cuales está trabajando, es responsable de testimoniar el
amor de Dios en su ciudad; por lo tanto, es responsable. Entonces, esta
responsabilidad te empuja de hacer algo más. ¿Pero qué es ese “algo más” que tienes
que hacer? Amar más, es necesario crecer siempre en el amor. El amor no es
solamente un sentimiento, el amor es Dios. Si vos creces en el amor, crece Jesús en
vos, Jesús que es Dios y es hombre, y por lo tanto se interesa de todo aquello que
interesa a todos los hombres que se encuentran alrededor tuyo y se interesa a través
tuyo.
Por lo tanto, seguramente, si somos fieles a la chispa inspiradora, llegaremos a donde
Dios quiere que lleguemos, pero llegaremos en la medida que trabajamos, sí
trabajamos sobre nosotros mismos, sí trabajamos en la unidad, sí trabajamos en el
crecimiento del amor. No tenemos que ser perezosos, como dije antes, la esperanza
es una virtud, la pereza es un vicio. Por lo tanto, dado que queremos acrecentar la
virtud, queremos combatir la pereza y estar en primera línea.
Emmaus al encuentro con las comunidades del Cono Sur en Buenos Aires –
14.4.2012

Para pensar:
Comparte tu maíz
Un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que
ganaba el concurso al mejor producto, año tras año.
El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra
al mismo concurso año tras año?, preguntó el reportero.
Verá usted, señor, dijo el agricultor. El viento lleva el polen del maíz maduro, de un
sembradío a otro.  Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización

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cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar y obtener
buen maíz debo ayudar a que
mi vecino también lo haga.
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito,
deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien,
deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las
vidas que toca. Y quienes
optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el
bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos. 
Autor desconocido

09/01/2014
¿Queda lugar para el aburrimiento?
¿Te aburres porque todas las mañanas te levantas y vas a la escuela, recorriendo
siempre las mismas calles para escuchar las tediosas lecciones de costumbre?
¿Te aburres porque la semana vuelve a comenzar, lúgubre y tétrica, en la oscura
oficina donde escribirás y volverás a escribir los mismos expedientes llenos de polvo,
cuyo único significado es proporcionarte lo mínimo para vivir?
¿Te aburres porque cada mañana repites la visita al mercado y siempre encuentras la
misma fruta, las mismas verduras, alegrándote míseramente sólo por el aroma de una
primicia que no esperabas...?
¿Te aburres porque eres rica y no sabes cómo pasar el tiempo, mientras te carcome el
corazón la envidia porque tus amigas más hermosas despiertan mayores simpatías y
tú, por más que te esfuerzas, no logras imprimirle un ritmo más brillante a tu vida...?
Muchos se aburren.
El aburrimiento es el segundo pan del hombre. Y no puede ser de otra manera,
mientras insistamos en no querer ver; mientras dejemos al margen de nuestra vida
quien nos la podría iluminar: la Luz. Queriéndolo o no, un día u otro tendremos que
decidirnos: será entre Dios y la riqueza, la cual no siempre quiere decir dinero y ni
siquiera demasiadas cosas. Si en la oscuridad de estos días Dios se convirtiera en
nuestro faro, nosotros no conoceríamos la palabra ‘aburrimiento’. No: El sabe teñir de
aurora cada mañana melancólica de cualquier pobre ser humano. El participa en la
vida de quienes lo aman y siembra en sus caminos miles de circunstancias que
enlazan el apagado vivir terreno con un designo divino. Y entonces tú ves. Ves porque
la Luz ilumina. Y respondes a su reclamo, fielmente, primero de a poco, y luego cada
vez más.
De pronto, por extrañas circunstancias que se entrecruzan, algo cobra significado; y tú
lo entiendes, y sigues al Dios de tu corazón por caminos de espinas y de rosas; pero
ya no te preocupas: son los caminos de Dios. Y se abren frente a ti metas
impensadas, y dejas detrás de ti caminos de Cielo. Continúas en tu hora la hora de
Cristo, marcada en los siglos, liberas al mundo de la tristeza y lo colmas de amor.
Haz la prueba y te preguntarás: ¿Queda lugar para el aburrimiento?
Chiara Lubich – Meditaciones 2 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
Como un lápiz
El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado le preguntó:
- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por
casualidad, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras,
es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?
El abuelo le respondió:
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si
consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una
mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en
dirección a su voluntad.

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Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar
el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado.
Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor
persona.
Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello
que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo
malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma
exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en
tu interior.
Quinta cualidad: Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que
todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada
acción.
Autor desconocido

10/01/2014
Un himno de gratitud
Hoy se cumple el 69 aniversario de la consagración a Dios de Chiara que marcó el
nacimiento del Movimiento de los Focolares. En el 2003 ella misma expresó así su
agradecimiento y hoy nosotros lo repetimos con ella.
El 7 de diciembre se cumplen sesenta años del nacimiento del Movimiento de los
Focolares en Trento, mi amadísima ciudad natal.
¿Cual es mi estado de ánimo? ¿Qué tengo en el corazón en esta circunstancia
especial? Una ola de emoción, si pienso por un momento en lo que me encuentro
delante: un nuevo pueblo nacido del Evangelio, difundido por toda la tierra, una obra
inmensa que ninguna fuerza humana habría podido hacer surgir. De hecho es “obra
de Dios”, para la cual he sido escogida en primer lugar como su instrumento siempre
“inútil e infiel”.
Y un himno de agradecimiento a Dios por todo lo que, con todas mis hermanas y mis
hermanos, he podido ver, experimentar, construir, llevar hasta este punto con su
ayuda.
Un sentido y profundo gracias por cada cosa, ¡Dios Mío!
Gracias, ante todo por haberme hecho nacer en tu Iglesia, hija de Dios;
por haberme nutrido día tras día con la Eucaristía;
por haber constelado mi vida, desde pequeña, con signos premonitorios del divino
carisma que has depositado en mí para muchos;
por haberme hecho experimentar la verdad del Evangelio y sus promesas que se
cumplen siempre;
por haberme dado la alegría del “céntuplo” en todos los sentidos;
por haberme revelado el secreto de la unidad en tu Hijo crucificado y abandonado;
por haber permitido sufrimientos, preludio de una mayor unión contigo;
por haberme dado una novísima espiritualidad, personal y comunitaria al mismo
tiempo, tan actual;
por haberme abierto, con todos los míos, a toda la humanidad, hacia otros cristianos,
hacia fieles de otras religiones, hacia personas todavía no tuyas, pero de buena
voluntad;
por el paterno amor de tus Vicarios en la tierra, especialmente Pablo VI y Juan Pablo
II, y por su bendición sobre nuestra Obra durante años y años;
por haberme bendecido con una larga vida;
por haber perdonado mis pecados.
Gracias por haberme dado, en mi misión específica, la posibilidad de contribuir con la
Iglesia a realizar el Testamento de tu Hijo: “Que todos sean uno” y de prepararte
amplios espacios de fraternidad universal.
Gracias, gracias. La alabanza y la gloria a Ti.
Chiara Lubich - Rocca di Papa, 24 noviembre 2003 - Centro Chiara Lubich

Para pensar:
El caballo que no tenía sed
¿Qué hay que hacer para que beba un caballo que no tiene sed? Salvando las
distancias, ¿qué hacer para devolver la sed y el gusto de Dios a los hombres que lo

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han perdido? ¿Y a los que se contentan sólo con licores, la tele o el auto? ¿A
bastonazos?
El caballo es más testarudo que nuestro bastón. Además ese antiguo método
ha sido declarado demasiado directivo por los educadores modernos.
¿Hacerle tragar sal? Aún peor por lo que tiene de tortura psiquiátrica.
¿Cómo hacer beber, pues, a ese caballo respetando su libertad?
Sólo hay una contestación: encontrar otro caballo que tenga sed... y que beba mucho
delante de su congénere, con alegría y voluptuosidad. Y esto, no para darle buen
ejemplo, sino ante todo porque tenga sed, porque de verdad tenga sed, simplemente
sed.
Un día, quizás su hermano, lleno de envidia, se pregunte si no haría mejor metiendo
también él su hocico en el cubo de agua fresca.
Hacen falta hombres con sed de Dios, que son más eficaces que todas las necedades
dichas sobre Él.
Autor desconocido

11/01/2014
Asumir plenamente las cargas de los demás
Hay que entender el amor en el sentido más verdadero, en el modo más exacto.
El hombre se siente amado de verdad por otro cuando éste logra dejarlo contento. Se
comprende entonces de qué manera nuestro amor a veces no es verdadero: cuando,
por ejemplo, nos extendemos sobre temas, tenemos actitudes, atenciones, que al otro
no le interesan.
El verdadero comportamiento que interpreta la palabra “amor”, “amar”, es el hacerse
uno, el ir al encuentro del hermano, de sus necesidades, cargar sobre uno sus
dificultades como también sus dolores. Entonces sí tendrá significado dar de comer,
de beber, ofrecer un consejo, una ayuda.
Pero ¿qué sucede cuando nos comportamos de esa manera?
Sucede que, constatando los grandes problemas de muchas regiones del Tercer y
Cuarto mundo, víctimas del flagelo de la miseria, de la falta de casas, de ropa, de
trabajo, etc., se comprende que no se puede pretender que esas personas piensen,
por ejemplo, cultivarse intelectualmente o se eleven espiritualmente con la oración.
Antes hay que hacer que se sientan aliviados del peso de la miseria que los aplasta, y
luego se podrá pensar también en todo lo que tiene que ver con la vida de la persona
humana: su instrucción, su desarrollo integral, etc.
Lo mismo sucede con cada persona en particular, cuando amamos con el “hacerse
uno”. De ese modo quitamos completamente lo que ocupa su corazón y que puede ser
motivo de angustia. Advierte que nosotros cargamos con lo que los oprime y se siente
libre.
Luego, sintiéndose aliviada, libre, vacía de preocupaciones, está en condiciones de
recibir también ese mensaje de amor, de paz que queremos llevarle.
Entonces se sentirá atraída por esa vida nueva, evangélica que descubre en nosotros
– y que, en el fondo del corazón, todos anhelan – porque Dios la ha pensado para
todos sus hijos.
Chiara Lubich – El arte de amar pp84/85 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
Para imitar
Un niño estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos temblando de frío.
Una señora se acercó y le dijo: "Mi pequeño amigo ¿qué estás mirando con tanto
interés en esa ventana?". Él respondió: "Le estoy pidiendo a Dios que me de un par de
zapatos".
La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda y pidió a un empleado
media docena de pares de medias para el niño y un par de zapatos. Preguntó si
podría prestarle una tina con agua y una toalla y llevó al niño a la parte trasera de la
tienda. Con cariño empezó a lavar los pies del niño y se los secó, luego le colocó las
medias y los zapatos. Ella acarició al niño en la cabeza y le dijo: "¡No hay duda
pequeño amigo que te sientes más cómodo ahora!".
Mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño muy feliz, la alcanzó y la tomó de
la mano, mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó: "¿Es usted la esposa de

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Dios?” La Señora le respondió: "No, pero sí soy una sierva de Dios y todo lo que le
pidas de Corazón, Él te lo dará".
Queridos amigos, se imaginan ¿Qué diferente sería el mundo si todos tuviéramos
esos actos tan hermosos de amor y desprendimiento como el de la señora? ¿Harías
algo así?
Autor desconocido

12/01/2014
Papa Francisco:
(En la misa de la mañana en Santa Marta en Roma)
Jesús, después de la Resurrección, se aparece a los Apóstoles, pero Tomás no está:
“Ha querido que esperara una semana – explicó el Papa Francisco –. El Señor sabe
porqué hace las cosas. Y a cada uno de nosotros da el tiempo que considera lo mejor
para nosotros. A Tomás le concedió una semana”. Jesús se revela con sus llagas:
“Todo su cuerpo estaba limpio, bellísimo, lleno de luz – subrayó el Pontífice – pero las
llagas estaban y están aún” y cuando el Señor vendrá, al final del mundo, “nos hará
ver sus llagas”. Tomás para creer quería poner sus dedos en estas llagas:
“Era un testarudo. Pero, el Señor quiso precisamente a un testarudo para hacernos
comprender una cosa más grande. Tomás vio al Señor, fue invitado a poner su dedo
en la llaga de los clavos; poner su mano en el costado y no dijo: ‘¡Es verdad: el Señor
ha resucitado!’. ¡No! Fue más allá. Dijo: ‘¡Dios!’. El primero de los discípulos que
confiesa la divinidad de Cristo, después de la Resurrección. Y lo adoró”.
“Y así – prosiguió el Papa – se comprende cuál era la intención del Señor al hacerlo
esperar: tomar también su incredulidad para llevarla no a la afirmación de la
Resurrección, sino a la afirmación de su divinidad”. El “camino para el encuentro con
Jesús-Dios – subrayó – son sus llagas. No hay otro”:
“En la historia de la Iglesia hubo algunas equivocaciones en el camino hacia Dios.
Algunos creyeron que al Dios vivo, al Dios de los cristianos nosotros lo podemos
encontrar por el camino de la meditación, e ir más arriba en la meditación. Eso es
peligroso, ¡eh! Cuántos se pierden en ese camino y no llegan. Llegan sí, quizá, al
conocimiento de Dios, pero no de Jesucristo, Hijo de Dios, segunda Persona de la
Trinidad. A esto no llegan. Es el camino de los gnósticos, ¿no? Son buenos, trabajan,
pero este no es el camino justo. Es muy complicado y no te lleva a buen puerto”.
“Otros – explicó el Papa – pensaron que para llegar a Dios debemos mortificarnos, ser
austeros, y eligieron el camino de la penitencia, el ayuno. Y ni siquiera éstos llegaron
al Dios vivo, a Jesucristo Dios vivo. Son los pelagianos, que creen que con su
esfuerzo pueden llegar”. Pero Jesús nos dice que el camino para encontrarlo es el de
encontrar sus llagas:
“Y las llagas de Jesús tú las encuentras haciendo obras de misericordia, dando al
cuerpo – al cuerpo – y también al alma, pero – subrayo – al cuerpo de tu hermano
llagado, porque tiene hambre, porque tiene sed, porque está desnudo, porque es
humillado, porque es esclavo, porque está en la cárcel, porque está en el hospital.
Estas son las llagas de Jesús hoy. Y Jesús nos pide que hagamos un acto de fe, en
Él, pero a través de estas llagas. ‘¡Ah, muy bien! Hagamos una fundación para ayudar
a todos aquellos y hagamos tantas cosas buenas para ayudarlos. Eso es importante,
pero si nosotros permanecemos en este plano, seremos sólo filántropos. Debemos
tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús, debemos curar las
llagas de Jesús con ternura, debemos besar las llagas de Jesús, y esto literalmente.
Pensemos en lo que le sucedió a San Francisco, cuando abrazó al leproso. Lo mismo
que a Tomás: ¡su vida cambió!”.
Para tocar al Dios vivo – afirmó el Papa – no sirve “hacer un curso de actualización”
sino entrar en las llagas de Jesús y para esto “es suficiente ir por la calle”. Pidamos a
Santo Tomás – concluyó Francisco – la gracia de tener el valor de entrar en las llagas
de Jesús con nuestra ternura y seguramente tendremos la gracia de adorar al Dios
vivo”.
Papa Francisco en la misa a Santa Marta el 3.7.2013

Para pensar:
El Espíritu de Dios está presente
“El Espíritu de Dios está presente, tanto hoy

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como en tiempos de Jesús y los Apóstoles…
existe y actúa, llega antes de nosotros, trabaja
más y mejor que nosotros.
A nosotros no nos toca ni sembrarlo,
ni despertarlo,
sino ante todo reconocerlo, recibirlo, secundarlo,
abrirle camino, seguirle.
Él está y está sin desalentarse lo más mínimo
ante la realidad actual, al contrario: sonríe,
danza, penetra, invade, envuelve, llega hasta
donde jamás imaginamos.
Frente a la aguda crisis actual,
que es la pérdida del sentido de lo invisible y la
trascendencia,
la crisis del sentido de Dios, el Espíritu está
jugando en lo pequeño e invisible su partido
victorioso”.
Cardenal Martini

13/01/2014
¡Siempre adelante!
Queridísimos:
Hoy les mando un saludo desde Australia.
Seguimos en camino en el Santo Viaje y no podemos pararnos ni mucho menos
retroceder. Jesús ha dicho: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es
apto para el Reino de Dios» (Lc 9, 62).
Este nuevo continente, Australia, nos lo recuerda además con su escudo, que lleva
dos animales locales elegidos a propósito porque no saben caminar hacia atrás: el
canguro —¡el famoso canguro!— y una gran ave llamada emú.
Nosotros también debemos caminar siempre hacia adelante, con decisión. Y para
caminar, lo sabemos, tenemos la Palabra de Vida, que es, como dice un Salmo
«antorcha para mis pies, y luz para mi sendero» (Sal 119, 105). En este mes la
Palabra es la siguiente: «Me he hecho débil con los débiles…, me he hecho todo a
todos, para salvar a toda costa a algunos» (1 Co 9, 22).
Ésta es una Palabra que nosotros tenemos que amar muy especialmente. De hecho,
nos recuerda el método típico de quien sigue el camino de la unidad, para llegar al «ut
omnes»: hacerse uno con cada prójimo. Sí. Éste es el camino, porque es el mismo
que Dios recorrió para manifestarnos su amor: se hizo hombre como nosotros,
crucificado y abandonado para ponerse al nivel de todos, verdaderamente débil con
los débiles. Y así abrió el camino al «ut omnes». Se doblegó hacia nosotros, no se
rompió. Al igual que la caña de bambú, que en Filipinas, por ejemplo, se usa mucho
porque se dobla, pero no se rompe.
Nosotros estamos llamados a construir el «ut omnes»; por tanto, en primer lugar
reavivemos nuestra fe en que cada hombre está llamado a la unidad, porque Dios ama
a todos. Y no pongamos excusas: ése no entenderá nunca, aquél es demasiado
pequeño para comprender, ése otro es pariente mío y lo conozco a fondo, está
apegado a las cosas de la tierra, este otro cree en el espiritismo, ése tiene otra fe éste
es demasiado viejo para cambiar, etc. No, fuera todos estos juicios. Dios ama a todos
y espera a todos. Para nosotros el único deber es amar a cada uno, servirlo,
haciéndonos uno hasta el fondo excepto en el pecado. Será Jesús quien se lo
conquiste, si no ahora, dentro de diez días o veinte o treinta años, pero lo hará. Esta
es mi experiencia.
Por tanto, concluyamos. ¿Cuál será el esfuerzo durante estos quince días? Revisar
nuestra relación con todos nuestros prójimos, hacernos uno con cada uno, para
orientar bien nuestra batalla hacia el «ut omnes”.
Chiara Lubich - Melbourne, 2 de febrero de1982- Centro Chiara Lubich

Para pensar:
Oportunidad

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Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente camino a mi trabajo todos los días,
de llegar a la casa y mi esposa servir lo mismo de comida para cenar, la cual no me gustó
mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta. Voy a entrar al baño
y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende
que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla
plácidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis
brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su: 
- ¿qué tal me veo?, me arreglé para ti 
- le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista. 
Para variar, se enoja conmigo porque dice que no la comprendo y que nunca la escucho,
no se por qué se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aún viendo la TV. Le pongo
atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y
no escuchar nada, yo sólo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo
para escuchar los de mi casa. Mis Padres también me incomodan algunas veces y entre
clientes, esposa, hija, padres, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al
cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos. Es por eso que solo
deseo mi tiempo de descanso. 
- Hola, vengo por ti. 
- ¿Quién eres tú?, ¿Como entraste? 
- Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de
descansar. 
- Eso no es posible, para eso tendría que estar...... 
- Así es, si lo estás, ya no te preocuparás por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de
aguantar a tu esposa con sus guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, es más, jamás
escucharás los consejos de tu Padres. 
- Pero... ¿qué va a pasar con todo? ¿Con mi trabajo? 
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y
por cierto, está muy feliz porque no tenía trabajo. 
- ¿Y mi esposa? ¿y mi bebé? 
- A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus
cualidades que tú nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin
reclamarle nada, porque gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los
días a diferencia de otras personas que no tienen nada que comer y pasan hambre hasta
por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy
cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy
felices. 
- No, no puedo estar muerto. 
- Lo siento, la decisión ya fue tomada. 
- Pero... eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle Te
amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni
darle un abrazo a mis padres, ya no volveré a vivir, ya no existiré más, me enterrarán en
el panteón y ahí se quedará mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar
las palabras que me decían: Hey amigo, eres el mejor; Hijo mío, estoy orgulloso de ti;
cuánto amo a mi esposo; hermano mío, qué bueno que viniste a mi casa; papito... 
- NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa y los míos, NO
QUIERO MORIR TODAVIA.... 
- Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para
SIEMPRE. 
- NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!! 
- ¿Qué te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla? dijo mi esposa despertándome. 
- No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi
familia, de todo lo que Dios me dio. 
¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo.
Una vez cerrando tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos.
QUE BELLO ES VIVIR!!!! HOY LO LOGRE, MAÑANA... MAÑANA DIOS DIRA. 
Despertar a cada día es maravilloso aun que las cosas no vayan nada bien, Dios nos da
la oportunidad de despertar. 
Hay que recordar que estamos de paso y que nuestra vida no depende de nosotros sino
de Dios...
Autor desconocido

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14/01/2014
En diálogo con Emmaus y Giancarlo:
Rahel: "Crecí con el Ideal y soy una gen de toda la vida. Para mí el Movimiento de los
Focolares fue siempre una familia. Pero en este último período siento que el fuego del
Ideal un poco me abandona. Trato aún en lo concreto, de vivir en lo cotidiano como
una gen y por esto soy apreciada por muchos. Este último año no participé de los
encuentros gen y me sorprendió no extrañarlos mucho.
En setiembre participé en el Genfest y allí ví a muchos y muchas gen llenos del fuego
del Ideal y me pregunté: '¿Todavía soy una gen?'.
¿Puede darse que no sepa apreciar lo suficiente el Ideal porque lo tuve desde
siempre? ¿Y cómo puedo hacer para ser consciente del hecho que el Ideal en un don
enorme y no algo que se da por descontado como siempre sentí?".

Giancarlo: (…) En este camino que expresas, y también en este haberte detenido, se
ve un camino de maduración, porque vos misma lo decís. Porque es verdad, vos
recibiste el Ideal desde niña, y de alguna manera llega el momento en el que te toca
elegirlo personalmente y no porque lo hayas recibido de tu familia. Esto vale para vos,
pero vale también para todos ustedes. Es una elección personal. Por eso, ese
momento que ves así, un poco de alejamiento, yo lo veo muy positivo, porque te
permite hacerte una gran pregunta. "¿Pero esta experiencia que yo conocí, que
siempre viví como gen 4, gen 3, etc., gen 2, la elegí yo o alguno la eligió en mi lugar?"
Es una pregunta fuerte.
Esto forma parte de tu crecimiento humano y divino, creces en la relación con Dios, y
estas circunstancias te ayudan a comprender, a buscar, a rezar. Es un momento
bellísimo, extremamente positivo, extremamente productivo, que pone en luz la
realidad de siempre, por ejemplo: que para comprender hace falta darse. La gran ley
es que cuando yo no pienso más en mí mismo, cuando tengo un problema hay alguien
cerca que tengo que ayudar a estudiar o a hacer algún quehacer en la casa, yo me
doy, no pienso en mí mismo. La gran ley del amor. Unido al hecho que esto es algo
que tienes que comprender, que tienes que…! es una realidad personal y por tanto,
para decirlo en un modo extremo, casi casi que nadie te puede decir si sos una gen,
pero vos lo puedes comprender porque si dejas hablar a Jesús dentro tuyo, entonces
escuchas y ves.
Esta es la pregunta para todos nosotros: todos tenemos que ayudarnos para que
Jesús esté en nosotros y en medio nuestro para hablar con nosotros, cuando estamos
juntos y cuando estamos solos. Todos podemos ayudarnos para favorecer esa
relación personal con Él que se actúa en el Ideal. En esto vemos que esa dinámica se
da también aquí, quizás nos detuvimos un poco, pero podemos recomenzar, y
descubrimos lo que Emmaus acaba de decir: el amor de Dios, revivimos el Ideal y
entonces nos damos cuenta que luego de esos momentos de prueba, que nos llegan a
todos, vuelve la alegría, vuelve la luz y el corazón se amplió un poco más.

Emmaus: Me parece hermoso lo que decís: "Traté de vivir siempre como una gen y
esto es apreciado por los demás". Me parece hermoso que no obstante todo hayas
tratado de vivir el Ideal, trataste de estar en el amor hacia los demás. Pero el hecho de
que no te sentís del todo satisfecha te hace pensar que no basta con que los demás te
aprecien, tenés que apreciarte vos, o sea tenés que sentir dentro que Jesús te dice:
"Sí, sí, va bien". Podés engañar a todos tratando de vivir lo mejor posible, todos te
pueden decir: “Pero mirá que chica genial! Mirá qué disponible está siempre para lo
que se le pida". Pero dentro tuyo pensás si realmente Jesús está contento o no; o sea,
si sos realmente una gen o no, porque si sos una gen, Jesús está contento. ¡Esa es
una verdad evidente!
La insatisfacción que algunas veces sentimos dentro es una gracia de Dios porque
nos pone en condiciones de decir: quizás tenga que hacer algo más; quizás Jesús me
esté pidiendo dar un nuevo paso; quizás tengo que estar atenta a no ilusionarme, a no
acomodarme en algo que me parece haber alcanzado. Y esto siempre, aún viviendo
una vida gen incluso en la unidad y todo, está siempre Jesús que nos empuja porque

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nada se da por descontado, no está terminado. Y si estuviera terminado, en el
momento en que se vuelve una cosa rutinaria no nos satisface más –la prueba-,
porque tiene que estar siempre el amor que es siempre nuevo; el amor no puede
envejecer, el amor de hoy no es el de ayer.
Emmaus y Giancarlo con los jóvenes en Suiza 10.11.2012

15/01/2014
Cómo vivir esta vida sin perder un momento
Rocca di Papa, enero de 1976
Queridas gen y queridos gen de América del Sur:
Ustedes no se imaginan el deseo que tengo en mi corazón de ir a verlos con Silvana,
pero verdaderamente la voluntad de Dios es otra, y entonces se ve que es mejor así.
Pero no quiero dejar que Silvana se vaya sin decirles alguna palabra, sin decirles algo
que en este momento ocupa mi corazón.
Ya pasó gran parte del año, del año 1975-76; nosotros hemos desarrollado el
programa previsto aquí en Roma, ¡y Dios desarrolló los suyos! Todos los focolarinos
de la primera y segunda rama y los focolarinos casados, junto a los dirigentes gen, a
los gens, a los externos, ya fueron informados de las nuevas conversaciones sobre
Jesús en medio. Les digo la verdad: vivimos transformaciones enormes. Vimos llover
gracias como nunca, creo, en nuestra historia; es más, se habla de una refundación
del Movimiento porque está apoyado sobre su verdadero pilar, vivo: Jesús en medio
que guía, ilumina, lleva adelante. Pero de todo esto, de todo lo que sucedió en estos
meses, Silvana los pondrá al tanto sirviéndose también de nuestras grabaciones.
Lo que yo quisiera decirles es otra cosa, pero igual de importante y profunda.
Vean, gen – estoy segura de que ustedes me entienden -, no logro despegarme de la
meditación sobre el misterio del pasaje a otra vida de mi mamita primero, y después
de Spartaco (focolarino casado, muerto el 23 de noviembre 1975) y de Emilio
(focolarino, muerto el 14 de noviembre 1975).
Miren, para ellos el mundo se terminó y nos dicen, con esta última experiencia sobre la
tierra, cuánto vale la otra vida; pero nos dicen también cómo hay que vivir esta vida.
Parecen sugerirnos que acojamos momento por momento la voluntad de Dios en
nuestro corazón, que no perdamos ni un momento, que vivamos la Palabra de Dios,
que seamos la Palabra de Dios viva, que es lo que vale.
Y, sobre todo, que nos acordemos de una cosa: que muchas veces tenemos una idea
equivocada de la vida. Creemos que el designo de Dios sobre nosotros sea conforme
a nuestras categorías mentales, también espirituales, es decir que un ideal que nos
propusimos lo podemos alcanzar durante nuestra vida. Ellos, que ya están más allá y
que ya concluyeron esta vida, nos dicen: ¡no, no!, ustedes que viven sobre la tierra,
créanlo: el designo de Dios es distinto, es otro. Ustedes no hacen más que escribir
alguna página del libro de la humanidad entera. Y si ustedes quieren tener el corazón
saciado por lo infinito del cual tienen sed, siéntanse solidarios con los que fueron y los
que vendrán, es decir, con todos los que encontrarán al final de los siglos en el
Paraíso...Nos dicen: escriban bien su propia página, hagan bien la propia parte para
que los que vendrán después, imitándolos, a su vez la puedan hacer bien. Hagan que
el corazón de ustedes, que todavía late, tenga verdaderamente la obsesión de no
dejar pasar un minuto fuera del amor de Dios.
Queridos gen, quisiera comunicarles esta pasión que siento, esta obsesión que me
dejaron como herencia los nuestros, los que partieron para la Mariápolis Celestial.
Entonces quisiera decirles: arriba, todos juntos. Mientras tanto, declarémonos Jesús
en medio de nosotros a distancia, porque esto es importantísimo; declarémonos que
estamos dispuestos a morir el uno por el otro y a vivir así en pie, con la ayuda de
Jesús Abandonado y de María Desolada; porque el dolor no faltará jamás, será el pan
nuestro de cada día, y el perder será la ley de nuestra vida hasta el último instante,
cuando debamos perder esta vida, para adquirir la otra.
Yo estoy con ustedes, gen, siempre cerca de ustedes, pero más lo están Jesús y
María. No siento decirles hasta pronto, ya nos vemos con el ojo del alma, estamos
muy cerca, somos uno porque Jesús está en medio de nosotros. Y en su nombre, con
el propósito de vivir la vida de esta manera, como nos indican nuestros hermanos que
ya pasaron al más allá, los dejo y los abrazo a todos.
Chiara

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Coloquios con los gen pp 319-321 - Revista “GEN” de abril de 1976 – Editorial Ciudad
Nueva
Para pensar:
Avivar la llama interior
Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas
materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje
de su categoría.
Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto
del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que
caracterizaban a la nobleza de su tiempo.
Inmediatamente después de los saludos que la etiqueta y cortesía exigen, el hombre
preguntó: Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de
tanta riqueza?
El rey le dijo: “Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi
riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”.
Al término del paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis riquezas?”
La persona respondió: “No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”.
El rey le dijo: “Ése es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama
interior, que no me interesan las riquezas de fuera”.
Autor desconocido

16/01/2014
En diálogo con Emmaus y Giancarlo:
Me llamo Sonia, era una Gen 3 y ahora soy una Gen 2.
“[…] Chiara Luce nos llama a todos a ser santos y a vivir como ella ha vivido, en cada
momento, haciendo la voluntad de Dios. En este camino de santidad muchas veces
me pregunto: ¿cómo ser coherente con mi vida Gen y al mismo tiempo ser una joven
de hoy sin caer en una doble vida?
En ciertas situaciones no sé bien cómo hacer, si es mejor que mis amigos no sepan
que soy una Gen o si en cambio decirlo claramente, ya que siento que no puedo
perder mi identidad. ¿Qué me aconsejas?”

Emmaus: Después de la experiencia de ayer por la noche, creo que puedo decirte:
ten el valor de ser tú misma y también de decirlo.
Ciertamente que no debe ser un sentirse distintos o un querer manifestar que somos
distintos. No, nuestro Ideal es hacerse uno, nuestro Ideal es hacerse uno con todos.
Pero en este hacerte uno con todos: con tus compañeros de colegio, en la
universidad, en todas partes, ellos también tienen que descubrir quién eres tú, y lo
tienen que descubrir antes que nada de tu vida, y también de tu testimonio de palabra.
Por lo tanto cuando tú has vivido de verdad por los demás, cuando tú has dado
testimonio de tu amor a todos, tranquilamente puedes decir: “Yo te amo así, hago esta
elección de vivir por ti, porque soy una Gen, porque soy una Gen”. Sin miedo, sin
preocuparte. Esto no te hace distinta de ellos. Te hace comunicarles que tú has
recibido un don, y que te gustaría que también ellos recibiesen este don. Después lo
recibe quien quiere recibirlo, no importa, pero tú eres una Gen. Por lo tanto ¿por qué
no decirlo? Basta serlo de verdad.
Después, el hecho de decirlo tal vez te ayuda a serlo, ¿por qué? Porque tú eres una
Gen no por los demás sino por Dios, eres una gen para responder a la Voluntad de
Dios, como dices tú, para vivir como Chiara Luce, que nos indica cómo hacernos
santos y que nos quiere a todos santos, por lo tanto eres una gen por Dios, por Jesús,
y esto te libera de todo condicionamiento. Tú eres siempre una Gen, cuando los
demás están y cuando los demás no están, cuando te ven y cuando no te ven.
Pero, si los demás saben que tú eres una Gen, de alguna manera te ayudan a
comprometerte más, porque esperan de ti que te comportes como una Gen. Algunas
veces esto te puede molestar. Pues bien, cuando te molesta, te tienes que
comprometer aún más en decir: “Yo siempre y en cada momento quiero ser una Gen.
Y como quiero serlo no me importa que los demás lo vean y lo sepan”.
¿De acuerdo? ¿Te parece Giancarlo?

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Giancarlo: Sí. Yo creo, Emmaus, que sin duda en la realidad de hoy, pienso en la
realidad escolar, incluso en edad muy joven, nos encontramos con interrogantes
fuertes y con conductas muy avanzadas, muy alejadas del Evangelio. Me parece que
sin duda sucede así. Por tanto frente a estas conductas, a esta realidad, nos surge la
pregunta. Pienso que esta pregunta nace también de esto. Pienso en una Gen de
13,14,15 años, a veces incluso de 12, algunas veces se advierten ciertas cosas.
Es cierto que la conducta de grupo, normalmente el grupo te aborda, porque quizás
uno tiene una exigencia pero la esconde porque tiene miedo, porque si saca a relucir
sus cosas más bellas, es distinto y lo marginan. Por lo tanto tú encuentras el grupo.
Pero no te olvides que en cada una de esas chicas hay una búsqueda, tal vez
expresada mal, tal vez expresada de un modo violento, pero esta búsqueda existe.
Esto es lo primero:. ser consciente del amor de Dios, que Dios también ama a estas
personas aunque se burlen de ti, aunque ridiculicen tu compromiso.
Luego, para ser así, me parece importante el ayudarse, ayudarse con las otras Gen,
sabiendo que a veces esta situación es difícil, pero con la ayuda mutua dar testimonio.
Luego puede ser que aquella compañera a quien tú has amado, y que seguramente te
tomó el pelo durante mucho tiempo, llegue un momento en que te pregunte: “Pero,
¿por qué has actuado así? Durante un mes yo he estado diciendo que eras una
estúpida porque no venías conmigo, no has seguido un determinado comportamiento
– o también un compañero - ¿por qué?
Llega el por qué, quizás después de muchas lágrimas, pero en la vida las lágrimas
también son amor ¿eh? Las lágrimas de una Gen 3 también son amor y es el amor el
que conquista siempre.
Emmaus y Giancarlo responden a las preguntas de los internos de Madrid – 30.1.2011

Para pensar:
¡Dios mío! Envíanos algunos locos,
de aquellos que se comprometen a fondo,
de aquellos que se olvidan de sí mismos,
de aquellos que saben amar con obras y no con palabras,
de aquellos que se entregan verdaderamente hasta el fin.
Nos hacen falta locos, desafinados, apasionados,
personas capaces de dar el salto en el vacío inseguro,
desconocido y cada día más profundo de la pobreza;
aquellos que saben aceptar la masa anónima,
sin deseo de utilizarla como escabel;
aquellos que no utilizan para su servicio al prójimo.
Nos hacen falta locos... ¡Dios mío!
Locos en el presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
libres de compromisos,
decididos a no hacer nunca traición,
despreciando su propia comodidad, o su vida,
plenamente decididos por la abnegación,
capaces de aceptar toda clase de tareas,
de partir dondequiera que sea por disciplina,
al mismo tiempo libres y obedientes,
espontáneos y tenaces, alegres, dulces y fuertes.
¡Danos locos Señor!
P. Lebret

17/01/2014
Fiel a tu herencia
Querido Jesús:
He elegido como herencia tu abandono, cuando me siento abandonada.
Reconozco muchas veces al día que tú has muerto por mis pecados y por mis
infidelidades, pero cuando cometo alguna, pierdo la paz, como si ya no pudiese ser
perdonada.

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Me engaño diciendo que es delicadeza de conciencia la preocupación que mis
infidelidades producen en mí. Pero es, por el contrario, orgullo refinado. Aunque las
hubiese cometido con plena conciencia, ¿qué importa, Jesús? Sería la prueba de que
no te amo, pero no debería ser motivo para no amarte en adelante, al contrario...
Creer en tu Amor, precisamente porque soy mezquina, quiere decir ser fiel a tu
herencia.
Tu Amor sería menos divino, si me amases porque soy virtuosa. Reconocerte,
abrazarte, en medio de las humillaciones que producen mis infidelidades, esto te
causa alegría, porque sólo el amor te puede reconocer: la inteligencia no llega a tanto.
“Quien no ama no conoció a Dios...” (1 Jn 4,8).
El Ideal de la santidad no consiste en la alegría que experimento después de una
victoria sobre mí misma, ni siquiera en el sacrificarme por los hermanos hasta la
muerte, con la seguridad de agradarte: sería demasiado poco. El Ideal de la santidad
consiste, mas bien, en buscarte cuando no te siento, cuando por haber seguido a mi
naturaleza, te siento lejano.
La santidad no consiste en no tener defectos, sino en creer en tu Amor, a pesar de y
precisamente por mis defectos.
Concédeme, Jesús Abandonado, que sea fiel a tu herencia, que en un impulso de
amor he elegido como herencia mía. ¡Concédeme morir antes que no aceptarte
Crucificado, antes que no amarte Abandonado!
¡Sí, Señor! Comprendí: cuando te presentes delante de mí bajo las apariencias del
dolor, aquel momento será el más hermoso de mi vida. Tu llegada será la del Esposo:
nosotros iremos más allá de toda amargura dolorosa para buscar el Amor.
Señor, haz que nuestra vida esté tan llena de lo sobrenatural, que cuando estemos
solos, o caminemos o trabajemos o estudiemos, quien se acerque a nosotros aspire tu
perfume, o cuando nos encontremos reunidos se sienta atraído a sumergirse en el
Reino de Dios presente en medio de nosotros.
No debemos detenernos a analizar cómo Dios inunda de dulzura o permite la aridez
en nuestras almas, sino en cómo logramos cumplir la Voluntad de Dios y abrazar la
Cruz.
Chiara Lubich

Para pensar:
Se venden cachorros
Un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía "Se
venden cachorros".  Letreros como ése tienen una atracción especial para los niños
pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero.
- ¿Cuánto cuestan los cachorros? -preguntó. -Entre treinta y cincuenta dólares-
respondió el tendero.
El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio, -tengo dos dólares con
treinta y siete centavos- dijo -¿puedo verlos, por favor?  El tendero sonrió y silbó, y de
la caseta de los perros salió "Dama", que corrió por el pasillo de la tienda seguida de
cinco pequeñitas, diminutas bolas de pelo.  Un cachorro se estaba demorando
considerablemente.  El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado: ¡era
cojo!
- ¿Qué le pasa a ese perrito?- preguntó.  El tendero le explicó que el veterinario había
examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y
que cojearía por siempre.  Estaría lisiada toda su vida.  El niño se entusiasmó.
- Ése es el cachorro que quiero comprar -dijo. -No, tú no quieres comprar ese perrito. 
Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar -dijo el tendero.
El niño se enfadó mucho.  Miró al tendero directo a los ojos, y moviendo el dedo
replicó: -No quiero que me lo regale.  Ese perrito vale exactamente tanto como los
otros perros y voy a pagar su precio completo.  De hecho, ahorita le voy a dar $ 2,37
dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo.  El tendero replicó: -
Realmente no quieres comprar este perrito.  Nunca va a poder correr, brincar ni jugar
contigo como los otros cachorritos.

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Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló la pierna del pantalón para mostrar una
pierna izquierda gravemente torcida, lisiada, sostenida por un gran aparato ortopédico
de metal.  Miró al tendero y suavemente le respondió: -Bueno, pues yo tampoco corro
tan bien que digamos, y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda.
Piensa: ¿Habrá veces que pienso como el tendero?
Recuerda que hay que "ser" como niños.
Autor desconocido

18/01/2014
Papa Francisco:
“No lleven oro, plata o monedas en el cinturón”. El Pontífice desarrolló su homilía
partiendo de la exhortación dirigida por Jesús a los Apóstoles enviados a anunciar el
Reino de Dios. Un anuncio, dijo, que el Señor “quiere que se haga con sencillez”.
Aquella sencillez “que deja lugar al poder de la Palabra de Dios”, porque si los
Apóstoles no hubieran tenido “confianza en la Palabra de Dios”, “quizás hubieran
hecho otra cosa”. El Obispo de Roma indicó la “palabra-clave” del mandamiento dado
por Jesús: “Gratuitamente han recibido, den gratuitamente”. Todo es gracia, recalcó, y
“cuando nosotros pretendemos hacer en forma tal que la gracia es dejada de lado, el
Evangelio no es eficaz”:
“La predicación evangélica nace de la gratuidad, del estupor de la salvación que viene
y de aquello que yo he recibido gratuitamente, debo darlo gratuitamente. Ellos
actuaron así desde el inicio. San Pedro no tenía una cuenta bancaria, y cuando tuvo
que pagar los impuestos el Señor lo envió al mar a pescar un pez y encontrar la
moneda dentro del pez, para pagar. Felipe, cuando encontró al ministro de economía
de la reina Candace, no pensó: ‘Ah, bien, hagamos una organización para sostener el
Evangelio…’ ¡No! No ha hecho un ‘negocio’ con él: anunció, bautizó y se marchó”.
El Reino de Dios, “es un don gratuito”, reflexionó el Papa, resaltando que, desde los
orígenes de la comunidad cristiana, esta actitud ha estado sujeta a tentación. Existe,
precisó, “la tentación de buscar fuerza" por todos lados excepto en la gratuidad,
mientras que “nuestra fuerza es la gratuidad del Evangelio”. El Pontífice constató que
“siempre, en la Iglesia, ha existido esta tentación". Y esto crea “un poco de confusión”,
advirtiendo que así “el anuncio parece proselitismo, y por ese camino no se avanza”.
El Señor, agregó, “nos ha invitado a anunciar, no a hacer prosélitos”. Citando luego a
Benedicto XVI, Francisco subrayó que “la Iglesia crece no por proselitismo, sino por
atracción”. Y esta atracción viene del testimonio de “aquellos que desde la gratuidad
anuncian la gratuidad de la salvación”:
“Todo es gracia. Todo. Y ¿cuáles son los signos de cuando un apóstol vive esta
gratuidad? Hay tantos, pero sólo les señalo dos: primero, la pobreza. El anuncio del
Evangelio debe ir por el camino de la pobreza. El testimonio de esta pobreza: no tengo
riquezas, mi riqueza es sólo el don que he recibido, Dios. Esta gratuidad: ¡ésta es
nuestra riqueza! Y esta pobreza nos salva del convertirnos en organizadores,
empresarios… Las obras de la Iglesia se deben llevar adelante, y algunas son un poco
complejas; pero con corazón de pobreza, no con corazón de inversión o de
empresario, ¿no?”
“La Iglesia –agregó- no es una ONG: es otra cosa, más importante, y nace de esta
gratuidad. Recibida y anunciada”. La pobreza, insistió, “es uno de los signos de esta
gratuidad”. El otro signo “es la capacidad de alabanza: cuando un apóstol no vive esta
gratuidad, pierde la capacidad de alabar al Señor”. Alabar el Señor, de hecho, “es
esencialmente gratuito, es una oración gratuita: no pedimos, sólo alabamos”:
“Estas dos son señales del hecho que un apóstol vive esta gratuidad: la pobreza es la
capacidad de alabar al Señor. Y cuando encontramos apóstoles que quieren hacer
una Iglesia rica y una Iglesia sin la gratuidad de la alabanza, la Iglesia envejece, la

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Iglesia se convierte en una Organización No Gubernamental, la Iglesia no tiene vida.
Pidamos hoy al Señor la gracia de reconocer esta gratuidad: ‘Gratuitamente han
recibido, den gratuitamente’. Reconocer esta gratuidad, aquel don de Dios. Y también
nosotros avanzar en la predicación evangélica con esta gratuidad”.
Papa Francisco en la misa a Santa Marta el 11.6.2013

Para pensar:
Son cosas chiquitas
Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.
Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable.
Eduardo Galeano – Crónica de la tierra sin mal

19/01/2014
Discurso de Emmaus al Genfest 2012 en Budapest
Queridísimas y queridísimos:
¡Qué emoción verlos desde aquí arriba! Ver a esta marea de jóvenes y saber que
esperan por mi parte una palabra, un mensaje, una propuesta concreta.
La primera palabra que me sale a decirles es: ¡GRACIAS!
¡Gracias por haber acogido la invitación de venir, desde todos los puntos del planeta,
aquí, a Budapest para construir juntos los puentes de la fraternidad y de la paz!
Gracias por haber afrontado incomodidades y sacrificios para testimoniar, a ustedes
mismos y a todos, que, si el objetivo a alcanzar es válido, los jóvenes saben donarse
completamente.
Y yo, ¿quién soy yo para poder decirles todavía algo?
De verdad no tendría el valor de abrir la boca, si no sintiese que les puedo hablar en
nombre de este gran ideal de fraternidad universal que comparto desde que era joven
como ustedes y que ahora – con el pelo blanco – siento más vivo, más fuerte y más
impelente que nunca.
Viajando por el mundo he conocido a jóvenes de ayer y de hoy; he visto transformarse
las condiciones sociales en las que se vive; he visto desmoronarse muchas
seguridades; he visto el sufrimiento de no encontrar trabajo, de no conseguir tener
momentos y lugares de reunión sino en medio del ruido vacío de las discotecas o en la
confusión de las locas carreras de moto… Y todo en una rápida evolución, en un
cambio continuo, tanto que parece imposible aferrarse a un agarradero que no ceda, o
subir un escalón que no tiemble. He sentido crecer una generación que tiene miedo.
Miedo de ilusionarse y ser desilusionada, miedo de dar algo de sí misma y quedarse
con las manos vacías; miedo de encontrarse solos aún en medio de una
muchedumbre. Pero también he encontrado a muchos jóvenes, entre los cuales
están ustedes que, a pesar de todo esto, saben que para construir un mundo más
unido, se necesitan en primer lugar cambios personales y para ello elecciones
radicales. Y las hacen. Descubriéndose hermanos, cercanos y solidarios, a pesar y
quizás precisamente también gracias a sus diferencias y diversidades, construyen
relaciones de verdadera amistad; deshacen situaciones difíciles allí donde las
encuentran; transforman el ambiente a su alrededor, empezando, madurando y
creciendo en los hechos diarios, en las responsabilidades que se asumen: en los no y
en los sí que son capaces de decir día tras día.
Y esta es la generación que me roba el corazón y a la que quisiera dar la mano para
ayudarla a levantar la mirada hacia lo alto
Si, les digo a todos ustedes: miren a lo alto. Miren lejos, es allí donde encontrarán el
agarradero seguro. Miren al amor que es Dios. Él es el único que no os desilusionará.

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En las alegrías y en los dolores, sólo Él dará solidez a su vida. Podrán llegar incluso
tempestades, pero no cambiarán ni una coma para quien ha elegido estar con él, estar
de su parte. Pónganse de su parte, tratando de ver las cosas y el mundo con sus ojos,
y serán pilares firmes de puentes nuevos sobre los cuales caminarán seguros, felices,
y muchos otros les seguirán.
Y además ¡no tengan miedo! Sean ustedes mismos y entren personalmente en la
sociedad, poniendo a disposición de grandes y pequeños su personalidad, su
competencia y sus talentos. Su aportación es única e irrepetible, distinta de la de los
adultos.
Yo, nosotros, la generación que les precede, les mira con confianza por todo lo que
son y lo que hacen. Tengan también ustedes esta misma confianza.
Los problemas del mundo que nos rodea, para nosotros son necesidades a las que
responder, peticiones de justicia, de verdad y de amor. Busquen todas las respuestas
en los ideales que hoy han compartido y en la fuerza que hoy han experimentado, y
ofrezcanla con generosidad, empezando con el esforzarse en realizar los grandes y
bellos proyectos que han lanzado y de los que estoy muy contenta.
Están llamados a donarse por algo inmenso, dejando detrás de ustedes algo que sea
inmortal.
Por esto es necesario pasar enseguida a la acción, partir, sin esperar y sin
detenerse.
El Genfest, a pesar de su belleza y de su grandeza, se queda en poca cosa frente a
las necesidades humanas. ¿Qué son 12.000 jóvenes frente a casi dos mil millones de
jóvenes en el mundo? Y no obstante, si cambia el corazón de los presentes, entonces
el mundo empieza a cambiar. Y el corazón cambia si deja que penetre en él, el único
valor que todos los jóvenes de todas las latitudes reconocen como el más importante:
¡el amor! Por lo tanto empiecen amando concretamente.
El primer paso no es el de las grandes acciones, sino el de los pequeños actos de
amor que hacen grande la vida y tienen el poder de cambiar el mundo y de incidir en la
sociedad. Sin miedo de tener que hacer quién sabe qué, sino hacernos cercanos a la
persona que pasa a nuestro lado. Esto quiere decir amar a la cajera del
supermercado, cuidar del pobre que nos pide algo, aprender a hacer la cama por amor
al compañero de la habitación, lavar los platos por amor de quién luego comerá en
ellos…
Y no dejen de lado los puentes que hoy han construido.
El primer puente ha sido construido precisamente entre todos ustedes. Han subido, y
sin duda ya no querrán bajar. Han edificado juntos un pedazo de mundo unido y ahora
cada uno lleva dentro de sí la fuerza de esta experiencia, ya sea que participase
anteriormente, ya sea que se ha acercado a ella sólo hoy. ¡Ahora es algo nuevo!
Así, de este “Sport Arena” puede partir un único río de amor.
Maximiliano Kolbe – un gran testigo del amor, que dio su vida en lugar de un
compañero de prisión en el campo de concentración - decía: “¡sólo el amor es
creativo!”
Y Chiara nos ha repetido que “en el mundo es necesario un suplemento de alma, un
suplemento de amor. Y esto debemos llevarlo”.
¡Entonces, valor! ¡Todos unidos en esta bellísima aventura!
Discurso de Emmaus al Genfest 2012 en Budapest - 1 de septiembre del 2012

20/01/2014
Un sello de fuego
Queridos Gen 2:
Había prometido responder con una carta abierta en la revista “GEN” a las cartas que
me han escrito durante y después de los Congresos de verano, que fueron centenares
y centenares.
Quiero confiarles ahora lo que fueron para mí sus cartas, qué es lo que me han
revelado.
Descubrí de un modo maravilloso y superior a toda expectativa, que Jesús puso un
sello de fuego en sus almas, que tiene un solo nombre: Él Abandonado. Él los
enamoró de sí mismo a muchos de ustedes.
Se lo demuestro con algunas expresiones en estas cartas que señalan una elección
decisiva.

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“Quiero poseer sólo una cosa sobre la tierra: Jesús Abandonado. Soy feliz.”
Como dijo Marie-Paule: “Ahora ya no tengo miedo: tengo a Dios y basta”.
“No sólo quiero amarlo, sino también buscarlo”.
“No debo construirme obstáculos que no existen, sino sólo lanzarme a hacer su
Voluntad”.
“Cada día se me grabó profundamente en el alma Jesús Abandonado. Es maravilloso,
porque este amor a Él me hace sentir más libre y me da la seguridad de realizar el
programa”.
“... Se rompieron mis límites y mi alma tomó una nueva dimensión: grande, universal.
Me reencontré dentro de la pasión por la Iglesia”.
Por estas y otras frases, muchas, dictadas por la misma carga, se reforzó en mí una
certeza: los gen llegarán a realizar su fortísimo programa, “ser hombre-mundo”.
Porque comprendieron que Jesús Abandonado es el secreto de su victoria, que a
través de Él la unidad del mundo podrá recomponerse y toda sed de comunión y paz
podrá ser saciada.
Para construir esta unidad se pusieron como piedras vivas, roca sobre roca, que es
Cristo Crucificado y Abandonado. Hasta el final: como Paolo de Trento, Cielo de
Génova, como tantos millares, ya, de piedras que nos esperan en la Mariápolis
celestial, últimamente Marie-Paule que se encendió en el cielo, estrella de particular
esplendor, para iluminar a los gen en el camino de la Vida que no acabará.

Y entonces, gen, a modo de comunión de almas, comunión: quiero sugerirles un modo


de amar a Jesús Abandonado de manera que el amor que tengan sea sólo amor por
Él y no se corra el riesgo de usarlo.
Lo digo a cada uno de ustedes como si escribiese a cada uno personalmente.
Cuando hay un dolor, hace falta abrazarlo.
Esto es amor.
Pero: “...y el que me ama será amado por mi Padre y yo también lo amaré y me
manifestaré a él.” (Jn 14,21).
Y entonces. Él que está en todos los dolores, te dice el nombre que tiene: el turbado,
el perplejo, el imposibilitado, el paralizado, el dudoso, el fracasado, etc.
Tú repites ese nombre con tu boca: llamas a Jesús Abandonado por su nombre, y te
das cuenta de que ese solo nombre podría agotar la realidad de Jesús Abandonado,
ser en cierto modo la definición de Él.
Ese nombre es el nuevo vestido, por así decir, que Él se puso para presentarse.
Ésta es casi contemplación que trae alegría. Por eso le sonríes y le puedes decir: te
quiero.
De tal modo, a tu alma se le fue la tentación de amarlo por si misma, por otros fines: lo
amas por Él.

Éste es el modo en el que también yo trato de amarlo y les aseguro, gen, una vez
más: amándolo encontrarán la posibilidad de no temblar frente a cualquier situación.
Es más, sentirán que tienen que afrontarla con la seguridad de que, fieles a su Líder y
reviviéndolo alegres (en cuanto es posible), darán, desde el rincón del mundo donde
estén, ese envión indispensable y decisivo para el vuelco que tiene que darse en la
humanidad.

Reemprendamos nuestra marcha, gen, con renovado vigor. Sepan que estoy con
ustedes cada día, siempre en la alegría, en el dolor, en la lucha, en la victoria sobre
ustedes mismos, para que en ustedes viva Cristo.
Vuestra Chiara
Chiara en la Revista Gen de octubre 1972 – Coloquios con los gen pp 242-244 –
Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
El árbol triste
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría
ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos
rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un
árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era. 

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Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano:
- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?
- No lo escuches, exigía el rosal, es más sencillo tener rosas y ¿Ves qué bellas son?.
Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como
los demás, se sentía cada vez más frustrado. 
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación
del árbol, exclamó: 
- No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres
sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás
quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior. - Y
dicho esto, el búho desapareció. 
- ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? , se preguntaba el árbol
desesperado, cuando, de pronto, comprendió... 
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz
interior diciéndole: 
Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera
porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar
cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión:
cúmplela.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo
cual estaba destinado. 
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el
jardín fue completamente feliz. 
Autor desconocido

21/01/2014
Papa Francisco
(con los jóvenes argentinos en la JMJ en Río)

Gracias, gracias, por estar hoy aquí, por haber venido. Gracias a los que están
adentro y muchas gracias a los que están afuera, a los 30 mil me dicen que hay
afuera. Desde acá los saludo… están bajo la lluvia. 
(…)
Quisiera decir una cosa. ¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de
la Juventud? Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va
a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera,
quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea
mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea
clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los
colegios, las instituciones son para salir, sino salen se convierten en una ONG ¡y la
Iglesia no puede ser una ONG! 

Que me perdonen los obispos y los curas, si alguno después le arma lío a ustedes,
pero es el consejo. Gracias por lo que puedan hacer. 

Miren, yo pienso que en este momento esta civilización mundial se pasó de ‘rosca’, se
pasó de ‘rosca’, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos
presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que
son las promesas de los pueblos. 

Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber
una especie de eutanasia escondida es decir, no se cuida a los ancianos pero también
está una eutanasia cultural. No se los deja hablar, no se los deja actuar. Exclusión de
los jóvenes, el porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo y sin empleo es muy alto y es
una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, o sea
esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas que son el futuro nuestro. 

Entonces los jóvenes tiene que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que
salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los

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ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos. 

En el pueblo argentino, yo se los pido de corazón a los ancianos, no claudiquen de ser


la reserva cultural de nuestro pueblo que transmite la justicia, que transmite la historia,
que trasmite los valores, que transmite la memoria de pueblo. Y ustedes, por favor, no
se metan contra los viejos, déjenlos hablar, escúchenlos y lleven adelante. Pero
sepan, sepan que en este momento ustedes los jóvenes y los ancianos están
condenados al mismo destino: exclusión. No se dejen excluir, ¿está claro? Por eso
creo que tienen que trabajar. 

Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya


venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz, es
un escándalo, el escándalo de la cruz. La cruz sigue siendo escándalo pero es el
único camino seguro, el de la cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús. 

Por favor, ¡no licúen la fe en Jesucristo!, hay licuado de naranja, hay licuado de
manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe! 

¡La fe es entera, no se licua, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho


hombre que me amó y murió por mí. 

Entonces hagan lío, cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los
jóvenes, no se dejen excluir y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licuen la
fe en Jesucristo. 

Las bienaventuranzas. ¿Qué tenemos que hacer padre?, Mira lee las
bienaventuranzas que te van a venir bien y si querés saber qué cosa práctica tienes
que hacer, lee Mateo 25 que es el protocolo con el cual nos van juzgar. Con esas dos
cosas tienen el programa de acción: las bienaventuranzas y Mateo 25 no necesitan
leer otra cosa, se los pido de corazón. 

Bueno, les agradezco ya esta cercanía. Me da pena que estén enjaulados. Pero les
digo una cosa, yo por momentos siento qué feo que es estar enjaulado, se los
confieso de corazón. 

Los comprendo y me hubiera gustado estar más cerca de ustedes pero comprendo
que por razón de orden no se puede. Gracias por acercarse, gracias por rezar por mí.
Se los pido de corazón, necesito, necesito de la oración de ustedes, necesito mucho.
Gracias por eso. 
(…)
Pero no se olviden: hagan lío, cuiden los dos extremos de la vida, los dos extremos de
la historia de los pueblos que son los ancianos y los jóvenes, y no licuen la fe". 
Papa Francisco en su encuentro con los jóvenes argentinos en Río el 25.7.2013

22/01/2014
En diálogo con Chiara:
¿Cómo llevar a las personas a un plan sobrenatural?
Una Gen- 2: "Chiara, estamos sumergidos en una cultura individualista, que es natural,
aprobada y querida en este país, sobre todo en los últimos 15 años. Aunque amemos a
las personas con un amor divino y humano, ellas no logran ver más que un amor
puramente humano, lo consideran filantropía. ¿Qué nos aconsejas para que
comprendan que se trata de un amor sobrenatural?”. (Mónica)

Chiara: Quisiera decir esto. Ellos, los demás, creerán que nuestro amor es una
filantropía, es un modo de amar humano, una benevolencia, hasta que no llegue a
impactarles Jesús. Cuando son impactados por Jesús, notarán que Su amor es
sobrenatural, además de humano.
De esto dan testimonio muchos santos, aún viviendo una espiritualidad individual,
porque sólo con su presencia, con el hecho de presentarse en cualquier lugar,
impactaban a las personas. Era como si hubiese pasado Jesús. Entonces quedan

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impactados y sienten que es un amor diferente. Luego notarán también que son
tratadas con un amor sobrenatural, que es distinto.
Si después nosotros... Repito siempre lo mismo, porque es... la única posibilidad.
Además, si ponemos a Jesús en medio, Él se abre camino, Él se da a entender. Porque
humanamente hablando es imposible amarse, amarse siempre, abrazando a Jesús
Abandonado y llevar adelante ese amor si no es sobrenatural. Sólo un amor
sobrenatural permite esta unidad.
De hecho, la unidad es una gracia que viene desde lo alto, porque nos amamos
recíprocamente. La gracia que recibimos es justamente la presencia de Dios entre
nosotros. Ahora bien, esta presencia de Dios impacta a los demás y entonces creen.
Por eso no pienses: "Pero ellos creen que... Los ingleses son así, son asá...". El mundo
es igual en todas partes. Tendrán sus propias características: lo he visto en sus sketchs.
Son muy peculiares, son inconfundibles. En fin, no son los otros. Por eso, tienen una
personalidad propia, hermosísima, etc. Pero, también todos somos hijos de Dios.
Somos todos iguales. Y Jesús, cuando habla, se dirige a todos: a los ingleses, a los
italianos, a los españoles, ¡y hasta a los napolitanos!
Chiara a los internos de Gran Bretaña y de Irlanda en Londres - 16.11.1996

Para pensar:
La vasija agrietada
Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los
extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía
varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del
largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la
vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta
estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que
fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia
imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se
suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: "Estoy
avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes
entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: "Cuando regresemos a la casa
quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino." Así lo hizo la
tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de
todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del
agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado
del camino?
Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré
semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi
Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido
posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero
debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para
obtener buenos resultados.
Autor desconocido

23/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Mi encuentro con el Ideal
Algunas preguntas se referían a mi vida personal; es decir algunas gen y algunos gen
dicen: “No te conocemos mucho, cuéntanos algo de ti”. Y yo me dije: si quisiera
contaros mi experiencia necesitaría toda la hora y no me bastaría. Entonces les digo
un detalle, una cosita que tal vez puede ser útil: Qué ha sido para mí el encuentro con
el Ideal y qué ha cambiado en mi vida.
Digamos que lo ha cambiado todo, es decir, me di cuenta, cuando empecé a vivir el
Ideal, no cuando lo he oído contar, sino cuando lo he empezado a vivir, es decir,

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cuando empecé a reconocer y a amar a Jesús en el otro, me di cuenta que mi vida era
completamente nueva; si bien con anterioridad yo no hacía una vida mala. Iba a la
iglesia, iba a encontrarme con los pobres, trabajaba con los niños, por lo tanto eran
todas cosas bonitas. Pero en ese momento me di cuenta que había empezado una
vida nueva.
Y ustedes dirán:” ¿Cómo nueva? ¿Qué tenía de nuevo?” ¡Eh! Es difícil explicarlo,
tanto es así que traté de explicarlo pero no entendieron, como creo que les sucederá
también a ustedes.
Escribí una carta llena de entusiasmo a mi mamá y mi papá, porque estaba en la
universidad, por lo cual no estaba en casa, había conocido el Ideal a través de un
grupo de estudiantes de la universidad y me quedé entusiasmada, enamorada de este
Ideal, por eso escribí con todo… saben, como una persona enamorada que no ve…
“¡Ah! ¡encontré una cosa extraordinaria!”. Y mi mamá y mi papá como respuesta
¿saben lo que pensaron? Que estaba demasiado exhausta debido al estudio y que por
eso estaba un poco exaltada, era necesario estar atentos, era necesario hacerme
descansar. Ésta fue la reacción de mis padres, que lógicamente me quieren, y a pesar
de ello no lo comprendieron.
Entonces escribí al párroco, al sacerdote de mi iglesia, diciendo: “¡He encontrado algo
extraordinario!”. Y él ¿saben lo que me contestó? “Y ¿qué hay de nuevo?” Y les digo
sinceramente que tuve una desilusión al tener estas respuestas. Pero me ha hecho
bien, porque me di cuenta que la novedad estaba dentro de mí, los demás todavía no
la podían ver, porque yo todavía no había dado prueba de esta vida nueva. La contaba
porque quedé cogida, encantada, y sentía que era distinto.
Recuerdo que mi primera experiencia – quizás ya la han oído -: fue escuchar a una tía
mía, que normalmente nunca la escuchaba porque decía cosas que no me
interesaban, por eso fingía escucharla pero pensaba en toda otra cosa. Mi primera
experiencia ha sido: “Es Jesús, no puedo no escucharla”. Y me puse a escucharla con
todo mis sentidos, y al final sentí una alegría que jamás había experimentado, distinta
de todas las otras veces. Y en aquel momento me di cuenta: ¡Algo ha cambiado, ha
cambiado algo! Es decir, ¡yo estoy en contacto con Jesús! Puedo vivir mi vida en
contacto con Jesús, puedo hablar con Jesús, escuchar a Jesús, amar a Jesús,
encontrarme con Jesús, todo es nuevo. Antes también lo podía hacer, sí, pero no lo
había hecho, ha sido el Ideal el que me ha empujado a hacerlo. Antes también hacía
cosas buenas, pero eran aquellas cosas buenas que me gustaban, no porque era
Jesús sino porque me gustaba hacer aquellas cosas. La verdad es que todo había
cambiado.
Por lo tanto la impresión ha sido: la vida ha cambiado, hay una vida nueva dentro de
mí, esta vida nueva no sirve contarla o por lo menos no la puedo contar enseguida,
primero la tengo que vivir. Y, en la medida que la vivo, después puedo darla a los
demás. Ésta ha sido la experiencia fuerte. Por lo tanto, sin duda que algo ha
cambiado. Pero es preciso también darse cuenta, porque si no también a mí me podía
parecer todo igual, en cambio no era todo igual: todo había cambiado. Yo iba a la
universidad: las aulas de la universidad me parecían distintas, mis compañeros me
parecían distintos, el profesor me parecía distinto, todos me parecían distintos, porque
la vida dentro de mí era distinta.
Esta vida nueva desbordante, ésta es lo que ha traído el Ideal a mi vida y que lo sigue
trayendo cuando lo vivo. Hay momentos en los cuales se diría que estoy desentonada,
digo: “Bien, ¿qué hay de nuevo?” Pero si vivo el Ideal todo es nuevo en cada
momento.
Emmaus en el encuentro de las Unidades Arcoiris en Castel Gandolfo – 28.12.2012

Para pensar:
Poesía – Testamento
Si puedes conservar tu cabeza cuando todos a tu lado
han perdido la suya, y de ello te hacen cargo;
Si confías en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero no los condenas por sus dudas;
Si puedes esperar y no cansarte con la espera;
Si puedes, siendo blanco de mentiras no mentir,
o siendo odiado, no llegar a odiar,

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sin presumir, por eso, de santo ni de sabio;
Si puedes soñar sin que los sueños sean tu amo;
Si puedes pensar sin que el pensar sea tu sólo fin;
Si puedes mirar de frente al triunfo y al desastre,
y tratar a uno y a otro como a dos impostores;
Si puedes escuchar la verdad que has dicho
retorcida por pícaros para engaño de tontos,
o ver rotas las cosas por las que diste tu vida
para hacerlas de nuevo con mellada herramienta;
Si puedes hacer un haz de todas tus ganancias
para arriesgarlas en un golpe de suerte,
y perder, y volver a empezar desde el principio
sin decir una queja por tu pérdida;
Si logras que tu corazón y tus nervios y tus fibras
vengan a servirte aún desfallecidos
y así te sostengas aunque ya nada quede en ti
salvo la voluntad que les ordena ¡adelante!
Puedes tratar con la turba sin perder tu virtud
o codearte con reyes sin perder tu llaneza
si nadie puede herirte, amigo o enemigo;
Si todos valen para ti, pero nadie demasiado;
Si puedes llenar el inexorable minuto
con el valor de sesenta segundos de distancia recorrida,
tuya es la tierra y todo lo que hay en ella
y , lo que es más, hijo mío, llegarás a ser un hombre.
Kipling

24/01/2014
Papa Francisco:
(En la misa de la mañana en Santa Marta en Roma)

El cristiano está llamado a ser valiente en la propia debilidad.


Actuar con lentitud, mirar hacia atrás, tener miedo, son tentaciones. Hay que dirigirse
al Señor, a la gracia del Espíritu Santo.
En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre las Lecturas de hoy deteniéndose en
cuatro “posibles actitudes en las situaciones de conflicto, en las situaciones difíciles”.
La primera es aquella de la “lentitud” de Lot. Él, estaba decidido a dejar la ciudad
antes que fuese destruida, pero lo hace lentamente. El ángel lo conmina a huir, pero
en él existe la “incapacidad de despegarse del mal, del pecado”. Nosotros, queremos
salir, estamos decididos, “pero hay algo que nos hace volver atrás, regresar” y así
pasa con Lot que se pone hasta a negociar con el ángel:
“Es tan difícil cortar con una situación pecaminosa. ¡Es difícil! También ante una
tentación, ¡es difícil! Pero la voz de Dios nos dice esta palabra: ‘¡Huye! No puedes
luchar, porque el fuego, el azufre te matarán. ¡Huye!’. Santa Teresita del Niño Jesús
nos enseñaba que algunas veces, en algunas tentaciones, la única solución es huir y
no tener vergüenza de huir; reconocer que somos débiles y que debemos huir. Y
nuestro pueblo en su sencilla sabiduría lo dice un poco irónicamente: ‘Soldado que
huye, sirve para otra guerra’. Huir para ir adelante en el camino de Jesús”.
El ángel, insta luego a “no mirar hacia atrás”, huir y mirar adelante. Aquí, hay el
consejo a vencer la nostalgia del pecado. Pensemos en el Pueblo de Dios en el
desierto, subrayó: “Tenía todo, las promesas, todo”. Sin embargo, “tenía nostalgia de
las cebollas de Egipto” y esta “nostalgia le hacía olvidar que esas cebollas las comían
sobre la mesa de la esclavitud”. Tenía la “nostalgia de regresar, regresar”. Y el consejo
del ángel, es sabio: “¡No mirar hacia atrás! ¡Ve adelante!”. No debemos hacer como la
esposa de Lot, debemos “cortar toda nostalgia, porque también existe la tentación de
la curiosidad”:
“Ante el pecado, huir sin nostalgia. La curiosidad no sirve, ¡hace mal! ‘Pero, en este
mundo tan pecaminoso, ¿cómo se puede hacer? ¿Cómo será este pecado? Yo
quisiera conocer...’. No, ¡déjalo! ¡La curiosidad te hará mal! ¡Huir y no mirar hacia
atrás! Somos débiles, todos, y debemos defendernos. La tercera actitud es sobre la

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barca: es el miedo. En el mar hubo una gran agitación, la barca se cubrió por las olas
‘¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!’ Dicen. ¡El miedo! También esa es una tentación
del demonio: tener miedo de ir adelante en el camino del Señor”.
Existe la tentación de “mejor quedarse allí”, donde estoy seguro. “Pero esto – advirtió -
¡es el Egipto de la esclavitud!”. Tengo “miedo de ir adelante, tengo miedo de dónde me
llevará el Señor”. Pero el miedo “no es un buen consejero”. Jesús, “lo ha dicho tantas
veces: ‘¡No tengan miedo!’. El miedo no nos ayuda”.
La cuarta actitud, “es la gracia del Espíritu Santo”. Cuando Jesús hace regresar la
calma sobre el mar borrascoso, los discípulos en la barca están maravillados.
“Siempre, ante el pecado, ante la nostalgia, ante el miedo”, debemos dirigirnos al
Señor:
“Mirar al Señor, contemplar al Señor. Esto nos da la maravilla, tan bella, de un nuevo
encuentro con el Señor. ‘Señor, tengo esta tentación: quiero permanecer en esta
situación de pecado; Señor, tengo la curiosidad de conocer cómo son estas cosas;
Señor tengo miedo’. Y ellos miraron al Señor: ‘¡Sálvanos Señor, estamos perdidos!’ Y
vino el estupor del nuevo encuentro con Jesús. No somos ingenuos ni cristianos tibios,
somos valientes, con coraje. Nosotros somos débiles, pero debemos ser valientes en
nuestra debilidad. Y tantas veces nuestro coraje debe expresarse en una huida y en
no mirar hacia atrás, para no caer en la nostalgia equivocada. ¡No tener miedo y mirar
siempre al Señor!”
Papa Francisco en la misa a Santa Marta del 2.7.2013

Para pensar:
Ámame como eres
Conozco tus miserias, las luchas y tribulaciones de tu alma, las deficiencias y las
enfermedades de tu cuerpo, conozco tu bajeza, tus pecados y te digo, no obstante:
“Ámame como eres”. Si esperas ser un ángel para abandonarte al amor no amarás
nunca.
Aunque si eres débil en la práctica de tus obligaciones y de la virtud, si recaes
frecuentemente en aquellas culpas que ya nunca quisieras volver a cometer, no te
permito que no me ames. Ámame como eres.
En cada instante y en cualquier situación estés, en el fervor o en la aridez, en la
fidelidad o en la infidelidad, ámame... como eres.
Quiero el amor de tu pobre corazón. Si esperas ser perfecto en el amor no me amarás
nunca. ¿Acaso no podría hacer de cada grano de arena una perla preciosa de pureza,
de nobleza y amor? No soy acaso el omnipotente? Y si me agrada dejar en la nada
aquellos seres maravillosos y preferir el pobre amor de tu corazón, no soy Yo dueño
de mi amor? Yo quiero ver seguir el amor desde lo más bajo de tu miseria.
Amo en ti también tu debilidad, amo el amor de los pobres y de los miserables, quiero
que de los andrajos suba continuamente un grito: “Jesús te amo”!
Quiero únicamente el canto de tu corazón, no tengo necesidad ni de tus conocimientos
ni de tus capacidades. Una sola cosa me interesa, verte trabajar con amor.
No son tus virtudes lo que yo deseo, si te las diera, eres tan débil que alimentarías tu
amor propio; no te preocupes por esto.
Habría podido destinarte a grandes cosas: no, serás el siervo inútil; te quitaré hasta lo
poco que tienes... Porque te creé solamente para el amor.
Hoy estoy a la puerta de tu corazón como un mendigo, yo el Rey de los reyes. Golpeo
y espero; apúrate para abrirme; no argumentes con excusas tu miseria. Si conocieras
perfectamente tu indigencia morirías de dolor.
Lo que me destrozaría el corazón sería verte dudar de mi amor y carecer de
confianza. Quiero que tú pienses en mí en cada hora del día y de la noche, quiero
que hasta la acción más insignificante la hagas sólo por amor.
Cuento contigo para darme alegría...
No te preocupes si no posees virtudes, te daré las mías.
Cuando tengas que sufrir te daré las fuerzas.
Me diste amor, te daré una capacidad de amor muy por encima de cuanto puedas
imaginar. Pero recuerda: Ámame como eres. Te di mi madre; haz pasar todo por su
corazón tan puro.
Suceda lo que suceda, no esperes ser santo para abandonarte al amor, no me
amarías nunca... Ve...

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25/01/2014
Desde la mañana
Podemos amar a Jesús también en los familiares a los cuales damos los buenos días,
con los cuales, a lo mejor decimos las oraciones de la mañana o tomamos el
desayuno.
Podemos amar a Jesús en los prójimos durante el día, también detrás del escritorio
del aula de una escuela donde enseñamos, o en el mostrador del negocio, o en la
ventanilla del banco donde trabajamos… Podemos amar al prójimo viendo en él a
Jesús también en casa, cuando barremos o pasamos el trapo de piso, cuando
lavamos los platos o salimos a hacer las compras.
Siempre tenemos esta fabulosa posibilidad, y podemos estar seguros de que en cada
ocasión Él nos dice: “lo hiciste conmigo”.
Chiara Lubich – El arte de amar p. 101- Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
¡Sos único!
Tú, que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz,
inteligente y lleno de dones y talentos. Cuenta tus dones y talentos.
Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y
piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien si te lo
propones y te llenas de entusiasmo. Y, sobre todo, si te das cuenta de
toda la felicidad que puedes conseguir con sólo desearlo.

Eres mi creación más grande. Eres mi milagro. No temas comenzar una nueva
vida. No te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te
deprimas. ¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? Estás dotado de poderes
desconocidos para todas las criaturas del universo. Eres UNICO. Nadie es
igual a ti. Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y
enfrentarlo y seguir siempre adelante, hasta el fin, simplemente porque
eres libre.

En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la


felicidad. Te hice perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para
que te destruyeras con las tonterías.

Te di el poder de PENSAR
Te di el poder de IMAGINAR
Te di el poder de AMAR
Te di el poder de CREAR
Te di el poder de DETERMINAR
Te di el poder de PLANEAR
Te di el poder de REIR
Te di el poder de HABLAR

Te di el poder de rezar...y te situé por encima de los ángeles, cuando te


di el poder de elección. Te di el poder de elegir tu propio destino usando
tu voluntad. ¿Qué has hecho de esas tremendas fuerzas que te di? No
importa. De hoy en más, olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de
ELECCION.

Elige amar en lugar de odiar


Elige reír en lugar de llorar
Elige crear en lugar de destruir
Elige alabar en lugar de criticar
Elige perseverar en lugar de renunciar
Elige actuar en lugar de aplazar
Elige crecer en lugar de consumirte
Elige vivir en lugar de morir
Elige bendecir en lugar de blasfemar

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Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida. Crece cada día un
poco más en el optimismo y en la esperanza. Deja atrás los miedos y los
sentimientos de derrota. Yo estoy a tu lado siempre. LLÁMAME. BÚSCAME.
ACUÉRDATE DE MÍ. Vivo en ti desde siempre y siempre te estoy esperando
para amarte. Si has de venir hacia mí algún día...Que sea hoy en este
momento. Cada instante que vivas sin mí, es un instante que pierdes de
paz. Trata de volverte niño, simple, inocente, generoso, dador, con
capacidad de asombro y capacidad para convertirte ante la maravilla de
sentirte humano!... Porque puedes conocer mi amor, puedes sentir una
lágrima, puedes comprender el dolor...No te olvides que eres el milagro.
Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que
transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú... Aprendas a
reír...Y si eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio
ambiente, contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque
¡YO ESTOY A TU LADO!:
DIOS

26/01/2014
La táctica Gen
En los últimos números de la revista “Gen” hablamos de cómo desprendernos de
nuestros bienes superfluos y a quién darlos. E hicimos esto para ser consecuentes
con la palabra decisiva: “Cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo.” (Lc 14,33).
Comienza ahora nuestra aventura: caminar detrás de Jesús.
Él vino para traer una revolución, para cambiar el mundo.
Nosotros, sus soldados, somos llamados por Él, bajo su mando, a cambiar la faz de
esta tierra, a producir una profunda renovación en la sociedad, a resucitar la fe en
quien la tiene apagada en el corazón, o a reavivarla en aquéllos que, tibios, presentan
una religión aburguesada que repugna a los hombres y más a Dios; a encender en los
corazones, comenzando por el nuestro, en la mayor cantidad de corazones posible la
llama del amor y hacerla circular entre todos los hombres: “yo he venido a traer fuego
sobre la tierra – dijo Jesús - ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (cf. Lc
12,49).
Pero una transformación de situaciones, una revolución de cualquier tipo, tiene que
ser conducida con una estrategia, un orden, y posee siempre una táctica, un método,
medios que permitan no comprometer el éxito y, por el contrario, conduzcan a una
victoria segura.
Hablaremos esta vez de la “táctica” de nuestra revolución pacífica, pero arrolladora.
Cuando regresamos de las Mariápolis gen o de las Mariápolis de verano, o de
encuentros con otros gen a nuestros ambientes, a menudo sentimos explotar en
nuestro corazón el deseo de dar a todos el inmenso tesoro que hemos encontrado.
¿Hemos encontrado la perla preciosa? ¿Hemos descubierto lo que da sentido a
nuestra vida y la transformó?
Conservémoslo en nuestro corazón. Agradezcamos al Señor y roguémosle
ardientemente en el silencio de nuestra habitación, o delante del sagrario, o en lo
profundo de nuestro corazón, donde habita, que nos haga apóstoles verdaderos de su
ideal.
Después, antes de hablar, comencemos con hacer, es decir, con amar.
También de Jesús se dice: “Comenzó con las obras y luego enseñó”.
Miremos a nuestro alrededor, y en todas las personas que encontremos en nuestros
ambientes veamos otros tantos Jesús. Amémoslos.
¿Sufren? Suframos con ellos.
¿Gozan? Gocemos con ellos.
¿Tienen preocupaciones? Consolémoslos delicadamente. ¿Tienen pesos?
Compartámoslos. ¿Quieren jugar? Juguemos con ellos. ¿Aman la música? Amémosla
también nosotros. ¿Quieren pasear? Acompañémoslos. ¿Tienen que estudiar?
Ayudémoslos.
¿Mamá necesita ayuda? Estemos a su lado. ¿Hay que cuidar al hermanito? Seamos
sus ángeles custodios.

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En suma, amemos, amemos siempre, aunque nos cueste. Hagámonos uno con todos
en todo, menos en las cosas no buenas o malas, lógicamente, tenemos que escapar.
Hacerse un o con los otros: ésta es la “táctica gen”.
Después el amor ablandará algún corazón y se nos preguntará por qué actuamos así,
cuál es el motivo de lo que hacemos.
Será entonces el momento de hablar, de explicar; y nuestras palabras serán
comprendidas porque antes las han visto vividas por nosotros.
Decía un santo: “La palabra es el último cartucho que hay que disparar”.
De este modo, otros nos seguirán.
Jesús pronto estará entre dos o tres, ¡y dejémoslo entonces actuar a Él!
Es el Omnipotente, nacerá un incendio.
Y hablemos y comuniquemos nuestro entusiasmo e invitemos a muchos a seguir este
espléndido Movimiento, que el mismo Vicario de Cristo ama con particular simpatía.
A veces nuestras palabras caen bien, son comprendidas, y está quien nos comprende
y nos sigue. Otras veces encuentran en el ambiente que nos rodea incomprensión,
indiferencia y hasta burlas.
Quizás todo esto sucede porque no hemos usado la táctica fundamental de nuestra
batalla.
Chiara en la revista Gen de septiembre 1967 – Coloquios con los gen pp 27-29 –
Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
La otra mejilla
Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus
monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos,
muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las
limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer
los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal de
importantes y profundos pensamientos.
En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera.
Los monjes avisaron con rapidez al abad. El superior, como un rayo, buscó la
parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo
alcanzó:
"¿Qué has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a
leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me
das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa."
"Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos".
El abad le dijo "Bueno, toma el tercer rollo. Si no se va a perder en el mundo algo muy
valioso. Véndelo bien. Estamos en paz." y lo dejó ir con el tesoro.
Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que se
había comportado débil con el rapaz, y que era el monasterio el que había
perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.
Cuenta la historia que a la semana, el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre
Superior: " Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido en cambio
que me permitas ingresar como monje. Cuando me alcanzaste, todo me esperaba
menos que tuvieras la generosidad como para darme el tercer rollo, la confianza en mí
como para creer el valor de mi necesidad y que todavía me dijeras que estábamos en
paz, perdonándome con mucha sinceridad. Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha
transformado".
Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la
generosidad excelente. El abad recuperó los tres manuscritos para
beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del
resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad
a toda prueba.
El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No
sospecha, la conmoción, del "poder" incalculable del Amor, de poner la otra mejilla.
Autor desconocido

62
27/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Soy Luis Eduardo de Perú. (…)
Tengo una duda: es que a veces nos encontramos ante dolores que son muy fuertes.
(…) A veces nuestra naturaleza humana pesa mucho y ante cosas que nos parecen
injustas o dolores fuertes, sentimos rabia o tristeza, y siento que puede llegar a ser un
gran obstáculo para amar a Jesús en ese dolor. La pregunta es:
"Cuando estas cosas se presentan, ¿qué podemos hacer para superar estos
sentimientos negativos?"

Emmaus: Comprendo, ¿sabes?, porque ante ciertas cosas, ante la violencia, ante las
injusticias, ante los inocentes que mueren… (…)
Ante los genocidios, ante las guerras sin motivo; y muchas veces ante una violencia
-también en nuestras ciudades, incluso cerca de nosotros-, ante la cual dices: ¿pero
cuál es el motivo de esta violencia? Te preguntas: ¿por qué? Éste es el sufrimiento,
porque estas violencias, estos dolores no tienen un por qué. Por lo cual no puedes
encontrar una respuesta a estas preguntas.
Comprendo tu incertidumbre al pensar: estas cosas, en un momento dado pueden
llegar a bloquearnos. Lo único, la única respuesta que podemos tener ante estas
situaciones es siempre la de Jesús abandonado. Pero ¿por qué es una respuesta?
Porque la mayor injusticia la sufrió Él.
Miren, si Dios para salvar a la humanidad permitió que Jesús sufriese una injusticia tan
grande: ser condenado a muerte inocente, ser despreciado, ser calumniado, y todo lo
demás -todo el dolor de la humanidad lo acogió sin merecerlo-, quiere decir que una
cosa tan absurda como es el dolor inmerecido, que no está vinculado a una culpa, que
no es consecuencia de una falta, un dolor inocente -como decimos-, que no tiene un
por qué; el único por qué es que Dios veía que esto tan absurdo servía para salvar a la
humanidad, que era algo que venía superado con una gracia más grande todavía: sólo
esto nos puede permitir el superar estos momentos; sólo pensar que el designio de
Dios, el cual no vemos, que no conocemos por completo, y también estos dolores
encontrarán una correlación grande como la encontró el dolor de Jesús, que llegó a
reunir a la humanidad con Dios; por lo cual, todos estos dolores tienen un valor
redentor. ¿Qué quiere decir “redentor”? Que rescatan, que redimen.
Todos estos dolores, unidos al dolor de Jesús, dan como fruto la redención de la
humanidad, por lo cual construyen algo bueno. Solamente viendo esto, pero para ver
esto hemos de creer que Dios es Amor y que su amor conduce la historia, que su
amor consigue -decimos nosotros- escribir derecho en renglones torcidos; es decir,
transformar todos los errores, todas las cosas malas que los hombres son capaces de
hacer, porque son libres y por ello capaces también de hacer cosas malas; pero Dios
con su amor logra transformarlas en cosas mejores, tal como logró transformar el dolor
infinito de Jesús en la redención. Sólo así logramos superar estas cosas.
Comprendo que puede ser difícil, comprendo que en muchos momentos puedas
dudar, te surja la pregunta: “¿Por qué?”. Entonces tú, en ese momento en el cual te
aflora la pregunta “¿por qué?”, tienes que decirte: es justo preguntarse “¿por qué?”,
porque también Jesús preguntó “¿por qué?”; por lo cual es justo preguntar “¿por
qué?”; pero no tengo que esperar una respuesta humana. Jesús preguntó “¿por qué?”
y no obtuvo respuesta alguna; no es que Él dijo: “Padre, ¿por qué me has
abandonado?” y desde el Cielo le contestó: “Te he abandonado por este motivo”. No le
contestó nada, lo dejó en la incertidumbre. Y esto es muy difícil de entender. Sin
embargo, ¿qué significado tiene? Que el Padre y el Hijo tenían la misma voluntad,
esto es, querían salvar a la humanidad y por este motivo hacían cualquier cosa: por
eso el Padre aceptó abandonar al Hijo, y por eso el Hijo aceptó ser abandonado por el
Padre. Por consiguiente, se fiaban del amor, se fiaban de este camino de amor que la
historia hacía a través de este dolor.
En fin, hemos de tener la seguridad de que Dios es Amor, primer punto; la seguridad
de que todo lo que sucede Él lo conduce hacia un bien. Por tanto, si es algo bueno lo
hace fructificar; si es algo malo lo endereza para que se aproveche para un bien. Y si
no fuese así, piensa en todos aquellos santos que han sufrido persecuciones y
cosas... ¿Acaso decimos ahora: sí, era justo-no sé- sacrificar a tantos de los primeros
cristianos que han sufrido las persecuciones? No, no era justo. Sin embargo todos

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esos que fueron asesinados por ser cristianos, alimentaron con su sufrimiento el
cristianismo a lo largo de los siglos. Esto no quiere decir que fuese bueno matarlos, sin
embargo significa que Dios se sirvió también de ese sacrificio para darnos algo, para
ayudarnos. Y ellos en la gloria en la que están ahora, están contentos también de su
sacrificio. Por tanto, la felicidad también paga después estos dolores. Y Dios
seguramente, porque es Amor, hace sentir también a todos el valor que tienen estos
dolores.
No sé si te es suficiente la respuesta, pero no sé darte otra que no sea presentarte
una vez más a Jesús Abandonado.
Emmaus con los jóvenes en Bogotá – 6.4.2012

Para pensar:
El bambú japonés
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena
semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla
sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!”
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no
apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla
constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.
En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto,
que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis
semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!
¿Tardó sólo seis semanas crecer?
No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú
estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el
crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar
soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente
resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en
corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la
meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en
forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a
situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú
japonés, y aceptar que - en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no
"ver" el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos
creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los
hábitos y el  temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se
materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Autor desconocido

28/01/2014
En diálogo con Chiara:
"¿Es posible que una persona pueda formar su propia personalidad, donándose a los
otros?"

Chiara: ¡Si supieran qué personalidad se forma, donándose a los otros! Justamente
porque quemamos la propia, vieja personalidad, nuestro hombre viejo.

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Les doy dos ejemplos: “¿Les parece que san Francisco, que es un santo, que ha
quemado el propio yo, que se ha donado, sea igual, o parecido, idéntico a santa
Teresita del Niño Jesús? ¡Es muy distinto! Tiene una personalidad completamente
suya. No hace más que cantar a los pájaros, a la naturaleza, al sol, a la luz, a los
prados. Él trae la pobreza, hace una revolución, arrastra a muchísima gente, cambia el
propio siglo.
Santa Teresita, no. Todavía jovencita, va a un convento, no tiene ningún discípulo y,
sin embargo, tiene una espiritualidad completamente suya, que es el pequeño camino.
Ella lo llama ascensor. Se deja llevar por el amor de Dios. Es una personalidad
totalmente distinta! Y los dos han quemado su personalidad humana en la llama del
amor divino, y han resultado dos personalidades completamente diferentes.
Lo mismo los demás santos. Piensen, por ejemplo en san Benito, en san Juan Bosco,
que reúne a toda la juventud. Piensen en todos los santos: son muchas estrellas, una
totalmente diferente de la otra; tan diferentes que los hombres parecen todos iguales,
como un rebaño de ovejas, si los comparamos con los santos. Porque los santos se
han distinguido. Y “¿por qué se han distinguido? Porque dentro de ellos - y
voluntariamente con su inteligencia, con su voluntad - han sido formados por el
Creador con sus facultades, sus tendencias artísticas, sus inclinaciones a las ciencias,
o intelectuales, o prácticas. Y toda esta parte humana ha sido formada por el Creador.
Entonces, si el Creador vive dentro de ellos espiritualmente, ilumina todas esas
facultades y las potencia infinitamente.
Por lo tanto, una personalidad humana no es sólo anulada por lo divino, sino que se
potencia en un modo sobrenatural, divino, espléndido, porque todo ha sido creado por
Dios, tanto la gracia de Dios dentro de nosotros, como nuestra humanidad.
Comprenden, entonces: donarse a Dios y lanzarse en esta revolución de amor es
potenciar la propia personalidad. Así ustedes serán muy distintas una de la otra e
idénticas, porque serán Jesús. Ser  como una repetición de lo que es la Trinidad. Dios
es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo: un sólo Dios y también tres
personas distintas. Así seremos nosotros, muchas personalidades completamente
distintas, como los santos y, todas uno, porque en todas vive  Cristo.
Chiara responde a las preguntas de las gen, Rocca di Papa, 29 de junio de 1968

Para pensar:
Ser feliz a tiempo
Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de
aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo
sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue
recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de
todo cuanto  estaba al alcance de su mano.
En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida". 
Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: "Estos dos
meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida
con las personas que me rodean."
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en
su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la
renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar
de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así  como se es;
sentirse querido y valorado, pero  también querer y valorar; tener razones para vivir y
esperar, y también razones para morir y descansar.
Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la
comprensión.  Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y
ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de
salida y que para tenerla hay  que gozar de paz interior.
Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo
Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación,
perdón y donación total.
Y en su mente recordó aquella sentencia que dice:”Cuánto gozamos con lo poco que
tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos”.
Autor desconocido

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29/01/2014
Papa Francisco:
(En la misa de la mañana en Santa Marta en Roma)
Ser cristiano es una llamada de amor, una llamada a convertirse en hijos de Dios y
nadie lo es "por pura casualidad", lo dijo hoy el Papa Francisco en la Misa en la Casa
de Santa Marta. El Santo Padre enfatizó que la certeza del cristiano es que el Señor
jamás abandona y pide seguir adelante en medio de las dificultades.
El Papa Francisco centró su homilía en la Primera Lectura, tomada del Libro del
Génesis, donde se narra sobre la discusión entre Abraham y Lot por la repartición de
la tierra. "Cuando leo esto pienso en Oriente Medio y pido mucho al Señor para que
nos dé a todos la sabiduría, esta sabiduría – no discutamos, yo voy por esta parte, tú
por la otra … - por la paz".
Abraham, "continúa caminando". "Él dejó su tierra para ir, no sabía dónde, pero donde
el Señor le dirá". Sigue caminando, entonces, porque cree en la Palabra de Dios que
"lo había invitado a salir de su tierra". Este hombre, quizás nonagenario, mira la tierra
que le indica el Señor y cree.
"Abraham parte de su tierra con una promesa: todo su camino es ir hacia esta
promesa. Y su recorrido es también un modelo de nuestro recorrido. Dios llama a
Abraham, una persona, y de esta persona hace un pueblo. Si vamos al Libro del
Génesis, al inicio, a la Creación, podemos encontrar que Dios crea las estrellas, crea
las plantas, crea los animales, crea las, los, las, los… Pero crea al hombre: el singular,
uno".
"A nosotros Dios siempre nos habla en singular, porque nos ha creado a su imagen y
semejanza. Y Dios nos habla en singular. Ha hablado a Abraham y le dio una promesa
y lo invitó a salir de su tierra. Nosotros cristianos hemos sido llamados en singular:
¡ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad! ¡Ninguno!"
Existe una llamada "con nombre, con una promesa”: "¡Ve adelante, Yo estoy contigo!
Yo camino junto a ti". Y esto, lo sabía Jesús: "también en los momentos más difíciles
se dirige al Padre":
"Dios nos acompaña, Dios nos llama por nombre, Dios nos promete una
descendencia. Y esto es un poco la seguridad del cristiano. No es una casualidad, ¡es
una llamada! Una llamada que nos hace ir hacia adelante. Ser cristiano es una
llamada de amor, de amistad; una llamada a convertirme en hijo de Dios, hermano de
Jesús; a volverme fecundo en la transmisión a los otros de esta llamada; a convertirme
en instrumento de esta llamada. Hay tantos problemas, tantos problemas; hay
momentos difíciles: ¡Jesús pasó tantos! Pero siempre con aquella seguridad: ‘El Señor
me ha llamado. El Señor es como yo. El Señor me ha prometido’".
El Señor, "es fiel, porque Él jamás puede renegar de sí mismo: Es la fidelidad". Y
pensando en este pasaje donde Abraham "es ungido padre, por primera vez, padre de
los pueblos, pensamos también en nosotros que hemos sido ungidos en el Bautismo y
pensamos a nuestra vida cristiana":
"Alguno dirá ‘Padre, soy pecador’… Pero todos lo somos. Eso se sabe. El problema
es: pecadores, ir adelante con el Señor, ir adelante con aquella promesa que nos ha
hecho, con aquella promesa de fecundidad y decir a los demás, contar a los otros que
el Señor está con nosotros, que el Señor nos ha elegido y que Él no nos deja solos,
¡jamás! Aquella certeza del cristiano nos hará bien".
"Que el Señor nos dé, a todos nosotros, este deseo de ir adelante, que tuvo Abraham,
en medio a los problemas; pero ir adelante, con aquella seguridad de saber que Él me
ha llamado, que me ha prometido tantas cosas bellas ¡está conmigo!"
Papa Francisco en la Misa de Santa Marta del 25 Jun.2013

Para pensar:
Un bello corazón
Un joven estaba en el centro de la ciudad, proclamando tener el corazón más bello de
la región.
Una multitud lo rodeó y todos admiraron su corazón. No había marcas ni cualquier otro
defecto. Todos estuvieron de acuerdo en que aquél era el corazón más bello que
hubiesen visto.
El joven estaba muy orgulloso de su bello corazón.
De repente, un anciano apareció frente a la multitud y dijo: “¿Por qué el corazón del

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joven no es tan bonito como el mío?" La multitud y el joven miraron hacia el corazón
del anciano, que estaba latiendo con vigor, pero tenía muchas cicatrices. Tenía
lugares en que se habían removido pedazos habiéndose colocado otros en su lugar,
pero éstos no encajaban bien, causando muchas irregularidades.
En ciertos puntos del corazón, faltaban pedazos.
El joven, al ver el corazón del anciano, dijo:
“Usted debe estar bromeando... Compare nuestros corazones. ¡El mío está perfecto,
intacto y el suyo es una mezcla de cicatrices y agujeros!"
“¡Así es! – dijo el anciano. Viéndolo, tu corazón parece perfecto, pero yo no cambiaría
el mío por el tuyo."
Mira, cada cicatriz representa una persona a la cuál le dí mi Amor.
Tomé un pedazo de mi corazón y se lo dí a cada una de esas personas.
Muchas de ellas me dieron también un pedazo de su propio corazón para que lo
pusiera en el mío, pero, como los pedazos no eran exactamente iguales, posee
irregularidades.
Pero yo los quiero, porque me traen recuerdos del Amor que compartimos.
Algunas veces, dí pedazos de mi corazón a quién no me retribuyó. Por eso, tiene
agujeros.
Y duelen. Permanecen abiertos, recordándome el Amor que sentí por esas personas...
Espero que un día ellas me correspondan, llenando ese vacío. ¿Qué te parece, joven?
¿Ahora entiendes en qué consiste la verdadera belleza?
El joven se quedó callado y las lágrimas rodaron por su rostro.
Se aproximó al  anciano.
Arrancó un trozo de su perfecto y joven corazón y se lo ofreció al anciano, quién
retribuyó el gesto. El joven miró su propio corazón, que ya no era perfecto como antes,
sino más bello que nunca.
Los dos se abrazaron y se fueron juntos.
Cómo debe ser triste pasar la vida con el corazón intacto.
Autor desconocido

30/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Emmaus: Luego estaba… Jakov, quien preguntaba: “¿cómo actuar para dar a
conocer a los demás que nuestra guía es Jesús abandonado?”. ¿verdad? Era esto lo
que querías saber.
Chiara al principio decía que Jesús abandonado era un secreto, durante mucho tiempo
decía: Nosotros no hablamos de Jesús abandonado. A los demás les damos la
unidad, Jesús abandonado es para nosotros, porque la verdad es que era algo fuerte,
una llave casi secreta que podía engendrar la unidad. Por lo tanto no es que nosotros
tenemos que presentar a Jesús abandonado a los cuatro vientos y decir: “Jesús
abandonado nos lo ha resuelto todo, por eso si vosotros lo queréis resolver todo tenéis
que seguir a Jesús abandonado”. Nosotros tenemos que dar testimonio a los demás
de que Jesús abandonado para nosotros ha sido de verdad esa llave. Es decir,
nosotros a los demás les tenemos que hacer ver el fruto.
Y cuando, en un determinado momento, los demás descubran lo que nosotros
logramos hacer – por gracia de Dios, con la ayuda de los hermanos – ese reconocer
tiene la raíz en ese momento del abandono de Jesús, el mayor amor de Dios por
nosotros y que si nos queremos parecer a Él tenemos que tener un amor tan grande
como el suyo, porque esto es lo que significa que nuestro guía es Jesús abandonado,
Él nos ha amado hasta ese punto, si yo quiero seguir su camino, si quiero hacer lo que
ha hecho Él, esto es hacer la unidad, tengo que hacer como Él, tengo que tener un
amor tan grande que es capaz de morir, de hacerse nada, de ser un cero absoluto,
incluso abandonado por Dios, para los demás. Si en un determinado momento los
demás se dan cuenta de que nosotros sólo allí conseguimos la fuerza, serán ellos
quienes nos pregunten: “¿Cuál es el secreto?” Y descubrirán nuestro secreto, no
porque tenemos que hacer propaganda de él, nosotros tenemos que hacer ver a los
demás la unidad, tenemos que hacer ver a los demás la vida, la vida del evangelio. La
raíz siempre es algo escondido, la raíz no se ve enseguida; se ve la flor, se ve el
tronco, se ve el fruto. La raíz está escondida.

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Pero quién ve el árbol sabe que el árbol tiene raíz. Llegará un momento que
preguntará: “¿La raíz de éste cuál es? ¿Cómo hace este Gen?, le van mal las cosas y
él está contento lo mismo. ¿Cómo hace este Gen que el profesor no ha entendido lo
que él le quería decir y sigue adelante, ha amado al profesor lo mismo? ¿Cómo hace
este Gen a quien los compañeros lo han traicionado porque iba a un campo de trabajo
con los otros, porque ha ido a la JMJ en vez de irse con su chica a bailar, o a la playa,
etc.? ¿Cómo hace este Gen?”.
Querrán descubrir la raíz. En el momento en el que la quieran descubrir, están
dispuestos a conocerla, a comprenderla. Y entonces Dios te mostrará la manera de
decírselo, Dios te dará las palabras con las que decírselo. No te preocupes de decirlo
antes, no importa; (…) lo importante es vivir Jesús abandonado, que nosotros
tengamos esa medida que es sin medida, porque el amor de Jesús abandonado no
tiene medida, no lo puedes medir, porque cuando tratas de medirlo y decir: ¿cuánto
pesaba? ¿Cuánto…? Supera todo lo demás. Tener nosotros ese amor por los demás,
esto es lo que a los demás les da el conocimiento de los frutos de esta raíz que es
Jesús abandonado. Luego también descubrirán la raíz, cuando Dios querrá, y te lo
preguntarán, nos lo preguntarán. A Chiara le ha sucedido así, sucede así (…).
Muchas veces Chiara decía: Jesús abandonado es lo último que podemos comunicar,
lo último de lo cual debemos hablar, primero tenemos que hablar de la unidad, del
amor. Son todas cosas que hablan de Dios, que llevan a Dios, que dan a Dios, y en
Dios también está Jesús abandonado. Pero Él se deja descubrir más tarde, por amor.
Emmaus con los internos de la Eslovenia, pregunta de un gen – 03.08.2011

Para pensar:
Anciano
Anciano es quien tiene mucha edad; viejo el que perdió la jovialidad.
La edad causa degeneración de las células; la vejez degeneración del espíritu.
Usted es anciano, cuando se pregunta si vale la pena; usted es viejo cuando sin
pensar, responde que no.
Usted es anciano cuando sueña, usted es viejo cuando apenas duerme.
Usted es anciano cuando todavía aprende; usted es viejo cuando ya no enseña.
Usted es anciano cuando se ejercita; usted es viejo cuando solamente descansa.
Usted es anciano cuando todavía siente amor; usted es viejo cuando solamente siente
celos.
Usted es anciano cuando el día de hoy es el primero del resto de su vida; usted es
viejo cuando todos los días parecen ser el último de su larga vida.
Usted es anciano cuando su calendario tiene “mañanas”; usted es viejo cuando
solamente tiene “ayeres”.
El anciano se renueva cada día que termina, porque mientras el anciano tiene sus ojos
puestos en el horizonte, por donde el sol despunta e ilumina la esperanza, el viejo
tiene su miopía mirando hacia las sombras del pasado.
El anciano tiene planes; el viejo tiene nostalgias.
El anciano lucha lo que le resta de vida; el viejo sufre lo que le falta hasta la muerte.
El anciano lleva una vida activa, llena de proyectos y plena de esperanzas.
Para él el tiempo pasa más rápido, y la vejez nunca llega. Para el viejo, sus horas se
arrastran, destruidas de todo sentido.
Las arrugas del anciano son más bonitas, porque fueron marcadas por la sonrisa; las
arrugas del viejo son feas, porque fueron marcadas por la amargura.
En definitiva, el anciano y el viejo pueden tener la misma edad en el calendario, pero
edades diferentes en el corazón.
Que usted, anciano, viva una larga vida, pero nunca se ponga viejo.
PUEDES SER JOVEN Y SIN EMBARGO ESTAR VIEJO!!!
Autor desconocido
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31/01/2014
En diálogo con Emmaus:
Alguien dice: "Cuando se ha hecho la elección de Dios, a veces puede resultar difícil
vivir todo lo que el Ideal nos pide".
¿Pero en el fondo, qué te pide el Ideal? Te pide que creas en el amor de Dios y que
vivas en consecuencia. No es que te pide que hagas quien sabe qué locura. En tu

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interior te pide: en este momento amar a Dios que para ti significa esto. Por tanto, si
has elegido amar a Dios, haz lo que sientas que tienes que hacer en ese momento;
pero que te lo pide dentro, en tu corazón, y te deja la posibilidad de crecer con libertad
y responsabilidad en la respuesta.
Entiendo que muchas veces los jóvenes de hoy se encuentren en una situación
bastante difícil precisamente porque a su alrededor todo parece razonar de un modo
distinto; alrededor parece que todo quiera hacer entender que todo está permitido, que
se puede hacer cualquier cosa. ¿Por qué debería prohibirse tomar droga, por ejemplo,
dedicarse a comportamientos sexuales moralmente incorrectos? ¿Por qué motivo…?
A esta pregunta: "¿Por qué motivo…?" es justo que busquen las respuestas, porque
no es sólo porque lo dice la Iglesia, no es sólo porque el asistente gen les dice una
cosa; es necesario entender el por qué, es necesario entender el por qué. Por eso
también es importante formarse, es importante pedir consejo a personas expertas, es
justo también tratar de entender cuáles son los motivos que en conciencia determinan
la elección (…). Entonces nos daremos cuenta de que todas esas cosas que quizás
nos cuestan, están dictadas por un motivo fundamental que es el de hacernos crecer
en nuestra personalidad humana y sobrenatural; en definitiva realizarnos, hacernos
plenamente felices, ser plenamente nosotros mismos. En consecuencia entenderemos
que, en definitiva, vivir bien nos realiza también como hombres, también como
personas, mientras que la mala vida nos lleva a perdernos como seres humanos,
como personas.
Por lo tanto también esto es importante, también esto es importante. Si nos formamos,
luego tendremos el valor de ver que los amigos de la universidad van por otro camino
y no nos dejaremos arrastrar por ellos; o bien ver a los compañeros que quizás son
homosexuales o que se drogan, etc., y no dejarse arrastrar por ellos. Pero no les
juzgaremos por eso, no por eso no dejar de amarlos; amarlos, pero amarlos uno a
uno, con todo nuestro ser; tratando de estar a su lado, tratando de ayudarlos -en la
medida de lo posible, en la medida que lo acepten- a ser mejores también ellos, a
encontrar también ellos el camino de Dios, porque esto un gen debe tenerlo en el
corazón: y siento que ustedes lo tienen en el corazón, porque dicen: "Quisiéramos vivir
como decía Chiara: que ninguna alma te pase al lado en vano”; y esto es importante,
pensar que cada persona que diariamente se nos acerca debería recibir algo por
acercarse a un gen, debería de algún modo ser tocada por este gen. Pienso que es
justo que lo sientan así.
Pero todo esto sentidlo con una gran paz, sabiendo que Dios os ama, que Dios nos
ama, que nos lo ha demostrado, y por tanto con tranquilidad, sin agitación, sin querer
hacer cosas extraordinarias, sino viviendo la vida normalmente en este escenario:
sabiendo que Dios nos ama.
Emmaus con los jóvenes en Bogotá – 6.4.2012

Para pensar:
Una cruz a la medida
Se cuenta que un hombre caminaba por el rumbo de la vida cargando su cruz sobre
sus hombros. De repente se le apareció un señor muy imponente, vestido con un
extraño traje rojo, que le dijo:
—Pero, hombre, ¿qué estás haciendo con semejante cruz encima? No tiene sentido.
¿Por qué no le cortas un poco los extremos, y así la carga se te hará más liviana?
El hombre, luego de pensarlo por un breve momento, creyó que ésa era una buena
idea para evitar tanto esfuerzo. Fue así que limó los extremos de la cruz y siguió
caminando.
A los pocos metros, el señor de rojo se hizo presente otra vez.
—Pero, ¿no oíste lo que te dije, amigo? No la has achicado casi nada. Córtale las
puntas un poco más. Estás arrastrando una cruz demasiado pesada pudiendo
sacrificarte menos para llevarla. ¡No seas tonto!
Y el hombre esta vez cortó los extremos de la cruz. Sintiéndose ahora un poco más
aliviado, continuó su camino. Ya el tamaño de la cruz había disminuido notablemente y
el hombre podía cargarla con más comodidad.
Al poco tiempo de avanzar, el señor de rojo volvió a cruzarse ante él y le insistió:

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—Vamos... Córtale los extremos todavía más. Mientras más chica sea la cruz, menos
va a costarte llevarla.
Entonces el hombre se detuvo y volvió a cortarle los extremos, hasta que pudo
cargarla con una sola mano.
Siguió caminando y, a medida que avanzaba, pudo divisar una gran luz blanca al final
del camino. Cuando llegó a este punto vio que Dios le estaba aguardando.
—Bienvenido, hijo mío, al umbral de la Gran Puerta del Paraíso.
—Pero, Dios... ¿Dónde está la puerta, que no la veo?
Y el Señor, con su dedo índice apuntando hacia arriba, señaló una puerta en lo alto y
le dijo:
—Es aquella que está allá en las alturas. ¿La ves ahora? Bueno, para entrar sólo
debes abrirla.
Evidentemente, abrir la puerta no era el inconveniente, pero sí lo era alcanzarla.
—Pero, Señor, ¿cómo hago para subir tan alto?
—Para eso tienes la cruz. Debes apoyarla sobre esta pared y así podrás escalar hasta
la puerta. Esta cruz que has estado cargando durante toda tu vida tiene la medida
exacta para que llegues a la Puerta del Cielo. De otra forma es imposible.
—Pero, Señor,... es que mi cruz ya no tiene ese tamaño. Yo le hice caso a un señor
de traje rojo que durante todo mi camino estuvo acechándome, tratando de
convencerme para que yo mismo me facilitara las cosas. Y me convenció, así que hice
mi carga más liviana por consejo de él.
—Ay, hijo mío... Te has dejado tentar y mira ahora lo que te ha pasado. ¿Te das
cuenta que al final de todo las malas influencias terminan perjudicándote?
Autor desconocido

Febrero 2014
01/02/2014
Palabra de Vida del mes de febrero
(bajar de Internet en: www.ciudadnueva.org.ar)

02/02/2014
Papa Francisco:
Queridos voluntarios
Buenas tardes.
No podía regresar a Roma sin haberles dado las gracias personal y afectuosamente a
cada uno de ustedes por el trabajo y la dedicación con que han acompañado,
ayudado, servido a los miles de jóvenes peregrinos; por tantos pequeños gestos que
han hecho de esta Jornada Mundial de la Juventud una experiencia inolvidable de fe.
Con la sonrisa de cada uno de ustedes, con su amabilidad, con su disponibilidad para
el servicio, han demostrado que “hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35).
El servicio que han prestado en estos días me ha recordado la misión de san Juan
Bautista, que preparó el camino a Jesús. Cada uno de ustedes, a su manera, ha sido
un medio que ha facilitado a miles jóvenes tener “preparado el camino” para encontrar
a Jesús. Y éste es el servicio más bonito que podemos realizar como discípulos
misioneros: Preparar el camino para que todos puedan conocer, encontrar y amar al
Señor. A ustedes, que en este período han respondido con tanta diligencia y solicitud
a la llamada para ser voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud, les quisiera
decir: Sean siempre generosos con Dios y con los otros. No se pierde nada, y en
cambio, es grande la riqueza de vida que se recibe.
Dios llama a opciones definitivas, tiene un proyecto para cada uno: descubrirlo,
responder a la propia vocación, es caminar hacia la realización feliz de uno mismo.
Dios nos llama a todos a la santidad, a vivir su vida, pero tiene un camino para cada
uno. Algunos son llamados a santificarse construyendo una familia mediante el
sacramento del matrimonio. Hay quien dice que hoy el matrimonio está “pasado de
moda”; en la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo
importante es “disfrutar” el momento, que no vale la pena comprometerse para toda la
vida, hacer opciones definitivas, “para siempre”, porque no se sabe lo que pasará
mañana. Yo, en cambio, les pido que sean revolucionarios, que vayan contracorriente;
sí, en esto les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el

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fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, que no son
capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por
ustedes. Atrévanse a “ir contracorriente”. Atrévanse a ser felices.
El Señor llama a algunos al sacerdocio, a entregarse totalmente a Él, para amar a
todos con el corazón del Buen Pastor. A otros los llama a servir a los demás en la vida
religiosa: en los monasterios, dedicándose a la oración por el bien del mundo, en los
diversos sectores del apostolado, gastándose por todos, especialmente por los más
necesitados. Nunca olvidaré aquel 21 de septiembre –tenía 17 años- cuando, después
de haber entrado en la iglesia de San José de Flores para confesarme, sentí por
primera vez que Dios me llamaba. ¡No tengan miedo a lo que Dios pide! Vale la pena
decir “sí” a Dios. ¡En Él está la alegría!
Queridos jóvenes, quizá alguno no tiene todavía claro qué hará con su vida. Pídanselo
al Señor; Él les hará ver el camino. Como hizo el joven Samuel, que escuchó dentro
de sí la voz insistente del Señor que lo llamaba pero no entendía, no sabía qué decir y,
con la ayuda del sacerdote Elí, al final respondió a aquella voz: Habla, Señor, que yo
te escucho (cf. 1 S 3,1-10). Pidan también al Señor: ¿Qué quieres que haga? ¿Qué
camino he de seguir?
Queridos amigos, de nuevo les doy las gracias por lo que han hecho en estos días. No
olviden lo que han vivido aquí. Cuenten siempre con mis oraciones y estoy seguro de
que yo puedo contar con las de ustedes.
Papa Ferancisco – Discurso a los voluntarios de la JMJ 2013 en Río

Para pensar:
El Secreto de la Felicidad
He aquí la fábula más maravillosa sobre una niña huérfana que no tenía familia o
persona alguna que la quisiera. Cierto día, mientras caminaba por la vera del río
sintiéndose más triste y solitaria que de costumbre, observó una pequeña mariposa
atrapada cruelmente en un espino. Cuando más luchaba por liberarse, más la cerraba
su frágil torso. Con delicadeza, la huerfanita liberó a la mariposa de su cautiverio.
Ésta, al verse libre, en vez de emprender el vuelo se convirtió en una bella hada. La
jovencita no podía creer lo que veían sus ojos.
El hada bondadosa le dijo a la niña:
"Para agradecerte por tu maravilloso gesto, te concederé cualquier deseo".
La pequeña pensó un momento y le contestó:
"Deseo ser feliz!"
"De acuerdo", dijo el hada inclinándose para hablarle al oído, y acto seguido
desapareció.
A medida que la pequeña fue creciendo, en toda la comarca no se encontraba una
persona más feliz que ella. Todos deseaban conocer su secreto. Ella se limitaba a
sonreír mientras decía: "Yo sólo escuché las palabras de un hada cuando era
pequeña".
Cuando ya era anciana y estaba en su lecho de muerte, todos los vecinos se
arremolinaron a su alrededor, deseosos de hacerse a su fórmula maravillosa de la
felicidad antes de que muriera. "Por favor, cuéntanos", le rogaban, "cuéntanos lo que
te dijo el hada".
La bella anciana sonrió y contestó:
Me dijo que cada persona, por más segura de sí misma que pareciera, o por más
joven o vieja, rica o pobre que fuera, necesitaba de mí".
Autor desconocido

03/02/2014
Una Ciudad no basta
Si quieres conquistar una ciudad al amor de Cristo, si quieres transformar un país en
Reino de Dios, haz tus cálculos.
Reúne amigos que tengan tus mismos sentimientos,
únete a ellos en el nombre de Cristo y pídeles que pospongan todo a Dios.
Después, haz un pacto con ellos: prométanse amor perpetuo y constante,
a fin de que el Conquistador del mundo esté siempre en medio de ustedes y los
conduzca, para que, destruido su yo en el amor, la Madre del Amor hermoso

71
los sostenga a cada paso, les enjugue cada lágrima, les sonría en cada alegría.
Toma luego las medidas de la ciudad.
Busca al jefe espiritual de la misma
Vete a él con tus amigos.
Exponle tu plan, y si él no consiente, no des ni un paso, pues lo estropearías todo.
Si Él te aconseja y te ofrece normas, acéptalas como mandato y hazlas palabras de
orden para ti y tus amigos.
Exprésale tu estima, porque Cristo te lo ha ordenado, y ofrécete a ayudarlo - con tu
aporte espiritual - en su ardua misión.
Interésate después por los más miserables, los andrajosos, los abandonados, los
huérfanos, los presos. Sin dar tregua a la acción, apresúrate con los tuyos a visitar a
Cristo en ellos, a confortarlos, a revelarles que el amor de Dios está cerca y vela por
ellos.
Si alguien tiene hambre, llévale de comer; y si está desnudo, llévale con qué vestirse.
Si no tienes ropa o alimentos, pídeselos con fe al Padre Eterno, porque los necesita su
Hijo, Cristo, a quien tú quieres servir en cada hombre, y Él te escuchará.
Cargado de bienes y de cosas, recorre las calles, sube a las buhardillas, baja a los
sótanos, busca a Cristo en los lugares públicos y privados, en las estaciones, en los
caminos, en los barrios bajos, y acarícialo, sobre todo, con tu sonrisa.
Después prométele amor eterno.
Donde tú no puedes llegar, llegarán tus plegarias y tus dolores unidos al Sacrificio del
altar.
A nadie dejes solo y no seas mezquino en las promesas, porque vas en nombre del
Omnipotente.
Mientras tú alegras al Señor en los hermanos, Dios se ocupará de llenarte a ti y a tus
compañeros de dones celestiales.
Éstos comuníquenlos entre ustedes, a fin de que la luz no cese y el amor no se
apague.
Si tu acción es decidida y tu hablar está sazonado de sabiduría, te seguirán muchos.
Divide a estos hombres en varios grupos para que con ellos puedas fermentar la
ciudad que quieres minar con el amor. Y prosigue.
Si los demás, al conocer tu vida y al ver con sus propios ojos los frutos, te piden que
les hables, habla; pero que la vitalidad de tus palabras sean las cosas que has
aprendido de la vida.
Ten presente en ellas al pensamiento de la Iglesia y de la Sagrada Escritura, donde tú
y tus amigos habrán bebido como de la primera fuente, segura, inagotable y eterna.
De modo que si el Pastor habla, ustedes serán su palabra viva.
Al aliviar, ayudar, iluminar y dar alegría al que era el desecho de la sociedad, has
puesto los fundamento para el edificio la nueva ciudad.
Entonces, reúne a los tuyos y repíteles las bienaventuranzas para que jamás pierdan
el sentido de Cristo y de sus predilecciones.
Luego, extiende la mirada y dile a cada uno que cualquier prójimo, rico o pobre, lindo o
feo, capaz o no, es Cristo que pasa junto a él.
Que tu ejército, el ejército de Jesús y de María, esté a su servicio y que cada uno llore
con quien llora, goce con quien goza, comparta penas y alegrías constantemente, con
todos los sacrificios, sin cesar jamás.
Intercala tu acción con la más profunda oración, elevada por tu ejército en perfecta
unidad, a fin de que - por Cristo - se obtenga de esa ciudad la mayor gloria.
Y si la lucha cuesta, has de saber que ése es el secreto del éxito y que aquél que te
empuja ha pagado con su sangre.
Perdona y reza por quien te mira con malos ojos, pues si no perdonas, no encontrarás
misericordia.
Y si el dolor te aflige, canta:
"He aquí a mi Esposo, a mi amigo, a mi hermano" (cf. Ct 5,16),
a fin de que a la hora de la muerte el Señor le diga a tu alma:
"¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!" (Ct 2,10).
Todo esto por una ciudad, hasta la victoria, es decir, hasta que el bien venza al mal, y
Cristo, a través de nosotros, pueda repetir: "He vencido al mundo" (Jn 16,33).
Pero con un Dios que te visita todos los días, si quieres, una ciudad es demasiado
poco.

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Él es el que ha hecho las estrellas, el que guía los destinos de los siglos.
Ponte de acuerdo con Él y mira más lejos: a tu patria, a la patria de todos, al mundo.
Y que cada aliento tuyo sea para eso, para eso cada uno de tus gestos, para eso tu
reposo y tu camino.
Cuando llegues al más allá, verás lo que más vale y encontrarás una recompensa
proporcionada a tu amor.
Obra de tal modo que no tengas que arrepentirte, en aquella hora, de haber amado
demasiado poco.
Chiara Lubich – La doctrina espiritual pp 144-147 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
El Vestido Azul
“En un barrio pobre de una ciudad distante, vivía una niñita.
Ella iba a la escuela local. Su familia no se preocupaba mucho de ella, razón por la
que casi siempre andaba sucia. Sus ropas eran muy viejas y maltrechas.
La maestra estaba triste con la situación de la niña.
‘¿Cómo puede ser que una niñita tan bonita venga a la escuela tan mal arreglada?’
Separó un poco de dinero de su sueldo y, aunque con dificultad, resolvió comprarle un
vestido nuevo. La niña estaba linda con ese vestido azul.
Cuando la madre vio a su hija con aquel lindo vestido azul, sintió que era lamentable
que su hija, vistiendo aquel traje nuevo, fuese tan sucia para la escuela. Por eso,
comenzó a bañarla todos los días, peinarle sus cabellos, cortar sus uñas.
Cuando terminó la semana, el padre dijo: ‘querida, ¿no encuentras vergonzoso que
nuestra hija, siendo tan bonita y bien arreglada, viva en un lugar como éste,
cayéndose de a poco? ¿Qué te parece si arreglamos la casa? En las horas libres, yo
voy a pintar las paredes, arreglar la cerca y plantar un jardín’.
En poco tiempo, la casa se destacaba en la pequeña villa debido a la belleza de las
flores que inundaban el jardín, y el cuidado en todos los detalles. A los vecinos les dio
vergüenza el vivir en casas tan feas y decidieron también arreglar las suyas, plantar
flores, usar pintura y creatividad.
En poco tiempo, todo el barrio estaba transformado.
Una persona, que acompañaba los esfuerzos y las luchas de aquella gente, pensó que
ellos bien se merecían una ayuda de las autoridades. Fue al municipio para exponer
sus ideas y salió de allí con autorización para formar una comisión para estudiar las
mejorías que serían necesarias para el barrio.
La calle de barro y lodo fue substituida por asfalto y las veredas de piedra. El
alcantarillado fue canalizado y el barrio recibió aires de ciudadanía.
Y todo comenzó con un vestido azul...
No era la intención de aquella maestra arreglar toda la calle, ni crear un organismo
que socorriese al barrio. Ella hizo lo que podía, contribuyó con su parte. Hizo el primer
movimiento que terminó haciendo que otras personas se motivasen para luchar por
mejoras.
¿Será que cada un/a de nosotros/as está haciendo su parte en el lugar en que vive?
¿Acaso somos de aquellos/as que solamente señalamos los hoyos de la calle, los/as
niños/as sueltos/as sin escuela y la violencia del tránsito?
Recordemos que es difícil cambiar el estado total de las cosas. Que es difícil limpiar
toda la calle, pero es fácil barrer nuestras veredas.
Es difícil reconstruir un planeta, pero es posible dar un vestido azul.
Autor desconocido

04/02/2014
En diálogo con Chiara:
"¿Quisiera saber si hubo algún momento en el cual pensaste que no lograrías ir
adelante. Y “¿cómo hiciste para superarlo?".

Chiara: Es decir, prácticamente, me pregunta: "Chiara, pasaste por algún momento en


el que tenías el hombre viejo y has dicho: No puedo más, no logro ir adelante, porque
son demasiados los dolores, las pruebas, las dificultades. Y me preguntan: “¿Cómo
hiciste, entonces, para superarlo?".

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Miren, el hecho es que esta revolución, es verdad que la hacemos nosotros, pero
antes que nada la hace Dios. Ahora bien, Dios ha hecho siempre muy bien las cosas,
muy bien; y sus cálculos... Él los ha hecho. Y nos ha llamado cuando éramos
pequeñas, éramos gen, pero no nos llamábamos gen, porque no lo sabíamos. Y nos
ha llamado a una por una.
Me acuerdo que una de mis compañeras estaba enferma. Porque íbamos a visitar a
los pobres y tenía muchas manchas en la cara pues se había contagiado una
enfermedad infecciosa porque ayudaba siempre a una pobre enferma. Pero estaba
contenta, porque decía: "Me parezco a Jesús crucificado, me parezco a Jesús
crucificado".
Entonces el sacerdote que le traía la comunión a mi compañera, en un momento dado
nos pregunta - yo estaba allí -: "¿Ustedes saben, cuándo Jesús ha sufrido más?". Y yo
he dicho: "No lo sé, tal vez en el huerto de los olivos". Y el sacerdote ha dicho "No, ha
sufrido más cuando - en la cruz, clavado, con la corona de espinas, completamente
destruido por la flagelación, etc., etc., - ha gritado: 'Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me
has abandonado?'. Es decir, no sólo cuando ha probado los dolores físicos, sino
también los dolores espirituales tan fuertes, tan fuertes, que Él, que era Dios, como
hombre ha experimentado el abandono del Padre. Como si el Padre lo abandonara".
Entonces esperamos que el sacerdote se fuera, y con mi compañera, y las otras -
porque ya éramos un grupito compacto, de nuestro Ideal - dije: " Ah, sí Jesús ha
sufrido más en el abandono, cuando en la cruz, además de los dolores físicos, tenía
también dolores espirituales, escuchen, - dije yo - ¿saben qué haremos? Somos
chicas, jóvenes, pero tenemos una sola vida. Entonces esta vida debemos gastarla
bien. Yo quiero seguir a Jesús también en los dolores más grandes, aunque llegara a
tener un dolor grande como su abandono, porque uno mayor no puede existir".
Y mis compañeras han dicho: "Y yo también, Chiara", "Y yo también, Chiara". Desde
ese momento, cada vez que llegaba un dolor, eran siempre más pequeños que el
Suyo, ¿comprenden? Entonces, cuando se presentaba una dificultad, por ejemplo,
nuestra madre nos prohibía ir a los encuentros, o los profesores no nos dejaban,
decíamos: "Éste, ¿es un dolor grande como el de Jesús? ¡No, es más pequeño! Ah,
¡entonces, aceptémoslo!". Por eso hemos preparado buenas bases para nuestra
revolución, porque nos hemos decidido, realmente, a amar a Jesús en la cruz y en el
abandono, en Su mayor dolor.
Sí, es cierto que llegaron muchos momentos de gran dolor, pero nunca han alcanzado
la dimensión de aquel dolor en el que yo me había propuesto imitar a Jesús. ¡Nunca!
Por eso logré seguir adelante, porque había sido Dios quien hizo esta Obra, Él me
había hecho prometer que lo amaría siempre y también en el dolor.
Entonces, ustedes me dirán: " Oh, Chiara tú has sufrido, tú has sufrido, has sufrido
dolores de todo tipo, físicos y espirituales...". Sí, ¿pero saben qué he descubierto? He
descubierto que, cuando se abraza el dolor y se dice a Jesús, en el fondo del corazón:
"Sí, esto es lo que quiero, porque quiero imitarte, precisamente en la cruz, en el
abandono y a mí me interesa sólo amarte en el dolor", ¿qué se siente en el alma?. Se
siente la presencia de Dios y se siente un amor tan bello y tan grande, que no se
puede comparar con ningún amor del mundo, nunca se puede comparar con ese
amor. Por eso, sí, probé muchos dolores, pero al mismo tiempo empecé a
experimentar la unión con Dios. Y miren que también entre ustedes, pequeñitos - lo he
leído en sus cartas - ya comienzan a encontrar la unión con Dios. Porque se ve en las
cartitas de ustedes...; alguno me dice: "... después fui a la Iglesia, Chiara, y he sentido
esto, esto y esto". Y se ve que Dios ya se manifiesta, y tal vez es después de haber
combatido, de haber luchado y de haber aceptado el dolor. Porque - como dice un
dicho gen - "si rechazamos el dolor, se vuelve pesado, si el dolor se abraza, se vuelve
liviano" y te permite experimentar la unión con Dios como ninguna otra cosa en el
mundo.
(...)
Chiara responde a las preguntas de los gen - Rocca di Papa, 7 de julio de 1969

Para pensar:
Ama de Casa 
En cierta ocasión, un grupo de mujeres reunidas una tarde tomando café, presumían
un poco de sus logros profesionales.

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Una hablaba de la maestría que estaba sacando; otra, del puesto en una compañía
importante; otra, de su propio negocio y así todas fueron hablando de sus ascensos y
logros.
Entre el grupo había una señora muy callada a la que le preguntaron a qué se
dedicaba; ella, con un tono de vergüenza, respondió que se dedicaba al hogar, era
Ama de Casa.
Una psicóloga que estaba presente salió inmediatamente en su defensa y le dijo:
"¿Qué sería de este mundo si se hubieran extinguido esas valientes Madres de
Familia?" y le recordó que la empresa de la que ella era presidenta, gerente y operaria
jamás se podría igualar.
Una madre en el único lugar que es insustituible es en su propio hogar. Profesión de
una Madre: Es la constructora de la base de la sociedad. Cualquier mujer puede ser
sustituida en cualquier cargo laboral, menos en su propio hogar. La sociedad
consumista ha hecho que se menosprecie su labor porque aparentemente no produce
ingresos a la familia. No hay nada más equivocado, pues una madre es la cabeza de
la institución que representa la base de la sociedad. La Empresa que dirige se llama
FAMILIA y su producción es nada menos que todos los hombres y mujeres
profesionales del futuro... de esta FAMILIA salen los futuros profesionales.
Cuando una madre cura las raspaduras de su hijo en las rodillas o es chofer de ellos
en las tardes o va al supermercado para que todos tengan algo que comer, es, en ese
momento, cuando ocupa el cargo de "GERENTE DE SERVICIOS GENERALES".
Cuando la vemos explicando difíciles divisiones con decimales a sus hijos o
enseñándoles educación y respeto, ocupa el cargo de "GERENTE DE RECURSOS
HUMANOS".
Cuando se le oye hablar de todas las cualidades de sus hijos, es una "GERENTE DE
MERCADEO", pues nadie cree tanto en su producto, como una madre de sus hijos.
Su horario: ILIMITADO. Su turno laboral puede empezar en la madrugada con el llanto
del bebé con hambre, puede seguir el resto del día encargándose de que todo en la
casa funcione bien. Por la tarde es chofer y la profesora de sus hijos. Por la noche, la
esposa amorosa que escucha y atiende a su esposo y ella puede seguir levantada
esperando a que su hijo adolescente llegue de la fiesta. Cuando tiene un rato de
descanso, no deja de pensar en sus funciones. No puede delegar su trabajo porque, al
imprimirle tanto cariño, es casi imposible encontrar personal capacitado para igualarla.
Ella no puede encargarle a la secretaria la transmisión de valores, de moral, de
principios, ni mandar por fax el beso de las buenas noches.
Su salario: INALCANZABLE. De hecho, ella misma no concibe la idea de recibir nada
a cambio porque lo hace por amor. Algún día de las madres recibe una flor, un dibujo
con brillantes crayolas o la estrellita en la frente de su hijo. Con esto siente que le han
dado el mejor de los ascensos.
Pensión de Jubilación: Nada de esto recibirá, más bien después de 14 o 18 años de
inalcanzable trabajo será aparentemente despachada, sin prestaciones, cuando le
dicen: por favor, mamá, no te metas; es mi vida". Queda supuestamente despedida
porque sólo la presencia de una madre es importante, aunque en esos momentos no
se den cuenta.
Monumento o Diploma: ¿Dónde está el monumento o diploma a estas EMPRESARIAS
que no se cansan de ejercer su profesión? El médico, empresario, artista, sacerdote,
ingeniero, abogado, doctora, licenciada, arquitecto, etc., que entregan sus vidas a
otros han salido de esas empresas llamadas "FAMILIAS". Esos grandes profesionales
son sus logros, honores, trofeos y diplomas.
Autor Desconocido

05/02/2014
Jesús Abandonado
(Como amarlo – experiencia personal del obispo Klaus Hemmerle, cofundador de la
Obra)

Primer paso:
A la mañana, si es posible apenas despierto, me predispongo de esta manera: “Hoy lo
quiero esperar”. No sé lo que me traerá este día, pero sé que de manera impredecible,

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Jesús abandonado vendrá a visitarme: en las dificultades, en las desilusiones, quizás
incluso en mis faltas, o feas y dolorosas noticias.
Le declaro que Él puede venir tranquilamente, que Lo espero.

Segundo paso:
Durante el día encuentro, casi siempre es distinto de lo esperado, lo negativo que me
rodea o dentro de mí. En este momento es importante reconocerlo de inmediato, sin
titubear. No hay necesidad o culpa en la que Él en su abandono no esté presente: de
esa manera cada dolor es Su “sacramento” y lo que interesa es, dentro de la marca de
este dolor, reconocer el rostro del Crucificado y Abandonado y, amando, adorarLo de
inmediato.

Tercer paso:
Cuando Lo encuentro, no sólo me impresiona algo, sino que lo observo y Lo saludo.
Lo llamo por su nombre. El hecho de llamar por su nombre a Jesús abandonado es un
ejercicio valioso y mucho más que un descubrimiento superficial.
No más “una cosa”, sino un “Tú”.
Justamente todas mis acciones se transforman en contemplación.

Cuarto paso:
Preparar una fiesta a Jesús abandonado.
Con esto quiero decir: recibirlo no sólo no titubeando, como si se tratara de un hecho
inevitable, o recibir a alguien que aun siendo amigo mío, viene a verme en un
momento inoportuno.
En cambio no quiero que Él se quede en la sala de espera ni siquiera un instante, sino
quiero recibirlo de inmediato, que sea el centro de mi amor, de mi alegre
disponibilidad.
Éste es el paso, a través del dolor al amor, a través del Abandono a la Pascua.
Sólo quién ama así al Abandonado dará alegría al mundo.
La fiesta que nosotros preparamos al Abandonado es como un día de fiesta que no
conoce ocaso, porque su sol, el Amor, no se pone nunca.
Klaus Hemmerle – de un discurso

Para pensar:
El hombre del tiempo
Hace un tiempo atrás, conocí a una persona especial. Lo conocí mientras viajaba en
micro hacia el centro de la ciudad. Él llevaba un traje negro, camisa negra y una
corbata negra como si fuese a un velatorio. Estaba sentado justo al lado mío en el
asiento del colectivo, pero no le presté mucha atención en ese momento. Estaba
apurado, se me hacía tarde y miraba el reloj cada dos segundos.
-No mires tanto el reloj, el tiempo es lo que menos importa- me dijo de manera
sorpresiva.
-Ojalá el tiempo no fuese importante –dije- tengo un parcial y no quiero llegar tarde.
-Es razonable tu apuro –me respondió con una sonrisa suave- pero no es importante.
Yo no le contesté. ¿Qué le importa a ese viejo mi vida?
-Pasé sesenta y ocho años compartiendo cosas con mi hermano, ahora ya no lo
tengo.
-Lo siento mucho –contesté medio confundido.
-Gracias, no lo dije para incomodarte. Era su hora… ¿Crees en el destino?
-La verdad que no, y tengo razones para creer así. Por ejemplo, este parcial me va a ir
de acuerdo a lo que yo haya estudiado y esforzado a aprender. No me gusta vivir
sabiendo que mi vida ya está escrita y predestinada.
-Para mi manera de pensar tienes razón. Hace muchos años atrás yo andaba igual de
preocupado que vos. Miraba el reloj cada dos segundos, corriendo del trabajo al
estudio, del estudio a mi casa y así todos los días. Nunca tenía tiempo para nada. Mi
esposa ya estaba perdiendo la paciencia y mi familia se estaba desmoronando.
Un día, tenía que encontrarme con mi hermano en un café. Quedamos encontrarnos a
la cinco de la tarde. Yo entre tantas cosas me olvidé por unos instantes del
compromiso. Cuando me acordé eran las cinco menos diez minutos. Tenía por lo

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menos media hora de viaje. Ahora con una llamada al celular se soluciona pero yo no
tenía cómo hacerle saber de mi tardanza. Llegué al lugar veinte minutos tarde. A
cincuenta metros del café había un cerco de policías, bomberos y ambulancias. El
café se había incendiado. Pedí pasar ya que mi hermano estaba en ese café pero no
pude. Pregunté qué pasó y me contestaron que hubo una fuga de gas y que unas
garrafas explotaron en la cocina.
Luego de un rato me enteré que mi hermano estaba muerto. En mi cabeza sólo
rondaban estas ideas, ¡si no hubiese llegado tarde también hubiese muerto!, ¡si nos
hubiésemos encontrado en otro lado o en otro día! ¡si pudiese volver el tiempo atrás!
Desesperado terminé yendo a la casa de una amiga que era curandera para que me
ayude y aconseje. ¡Sií pudiese cambiar las cosas! ¡Si pudiese volver el tiempo atrás!,
era todo lo que le repetía llorando. Mi amiga me dijo que aparte de ser curandera
había aprendido algunas cosas que las mantenía en secreto por precaución. Me
ofreció la oportunidad de atrasar el tiempo todo lo que yo quisiese, pero sólo tenía una
sola oportunidad. Sin pensarlo acepté y le pedí volver el tiempo al momento en que
arreglaba con mi hermano ir al café. Ella cumplió mi pedido. Me encontré justo en ese
momento. En seguida cambié de lugar y fecha con mi hermano para asegurarme bien
de que no vuelva a suceder. Al día siguiente el café se incendió, pero mi hermano
estaba vivo.
Pasaron un par de días, mi ritmo de vida era acelerado y no disfrutaba de mi familia ni
de la gente que me rodeaba, era un obsesivo al trabajo y al estudio. Hasta que algo
cambió mi vida. Mi hermano era chofer de trenes. Una tarde andaba atrasado de
tiempo y aceleró un poco más de lo máximo permitido la velocidad del tren para llegar
a tiempo sabiendo que estaba en una zona urbana y que podía ocasionar un
accidente. Pero no le dio importancia. A trescientos metros la vía pasaba por una
calle, toca el pito para que sepan que se acerca el tren. En eso ve que hay un micro
de pasajeros parado justo en medio de la vía. Si él hubiese ido a la velocidad máxima
permitida, no hubiera pasado nada. Chocó contra el micro produciendo más de veinte
muertos, el tren se descarriló, provocando que muchos pasajeros del tren salgan
heridos y tres de ellos, ancianos ya, terminen muertos por el impacto. Nunca más
volvió a conducir un tren.
Ya era el momento en el que me tenía que bajar.
-Muy interesante –le comenté- lástima que ya me tengo que bajar en la próxima
parada.
-Yo también –me contestó el anciano.
Bajamos juntos del colectivo. En el momento de despedirme él me dijo:
-Al final por querer salvar la vida de mi hermano, murieron como treinta personas
inocentes. Al final por andar siempre sin tiempo, casi pierdo a mi familia. Desde ese
momento decidí que el tiempo debe ser usado de manera cuidadosa, y que no sirve
andar alterándolo. Las cosas por algo suceden y no se puede volver atrás. Lo que sí
se puede hacer es aprovechar el tiempo lo mejor que podamos y aceptar las cosas
que nos pasaron. No se puede alterar al tiempo, pero sí se lo puede aprovechar y
administrar de la mejor manera posible.
-Bueno, muchas gracias –le contesté dándole la mano al anciano- lo voy a tener en
cuenta. Debo irme.
-Gracias muchacho, suerte en tu parcial y no te olvides ¡aprovecha bien cada
momento que el tiempo vale oro! Adiós.
-Hasta luego –respondí.
Pegué la media vuelta para irme cuando quise saber el nombre de aquel anciano y
darle mis condolencias por su hermano. Cuando me di vuelta para volverlo a ver, ya
no estaba. Busqué por todos lados y no lo encontré. Y desde aquel entonces nunca
más lo volví a ver. No sé quién era, pero me dejó una lección muy importante.
Autor desconocido

06/02/2014
Papa Francisco:
(El Papa en el encuentro con los dos equipos nacionales de Italia y de Argentina)
Queridos amigos, les agradezco esta visita, con ocasión del partido amistoso entre los
equipos nacionales de fútbol de Italia y de Argentina. Será un poco difícil para mí ser

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hincha aficionarme a uno u a otro, pero por suerte se trata de un amistoso... ¡y espero
que, verdaderamente, así sea!
Agradezco a los dirigentes de la Federación Italiana de Fútbol y a los de la Federación
Argentina. Saludo a los atletas de ambos equipos nacionales.
Ustedes, queridos jugadores, son muy populares: la gente los sigue mucho, no sólo
cuando están en el campo, sino también fuera. ¡Esta es una responsabilidad social!
Me explico: en el juego, cuando están en la cancha, se encuentran la belleza, la
gratuidad y la camaradería. Si a un partido le falta esto pierde fuerza, incluso si el
equipo gana. No hay lugar para el individualismo, sino que todo es coordinación para
el equipo. Quizá estas tres cosas: belleza, gratuidad y camaradería se encuentran
resumidas en un término deportivo que jamás se debe abandonar: “aficionado”,
amateur. Es verdad que la organización nacional e internacional profesionaliza el
deporte, y debe ser así, pero esta dimensión profesional jamás debe dejar de lado la
vocación inicial de un deportista o de un equipo: ser amateur, “aficionado”. Uno
deportivo, aun siendo profesional, cuando cultiva esta dimensión de “aficionado”, hace
bien a la sociedad, construye el bien común a partir de los valores de la gratuidad, de
la camaradería y de la belleza.
Y esto los lleva a pensar que, antes de ser campeones, son hombres, personas
humanas, con sus cualidades y con sus defectos, con su corazón y con sus ideas, sus
aspiraciones y sus problemas. Y entonces, incluso si son personajes, permanecen
siempre hombres, en el deporte y en la vida. Hombres, portadores de humanidad.
A ustedes los dirigentes, quisiera darles un aliciente para su trabajo. El deporte es
importante, ¡pero debe ser verdadero deporte! El fútbol, como algunas otras
disciplinas, ¡se ha convertido en un gran negocio! Trabajen para que no pierda su
carácter deportivo. También ustedes promuevan esta actitud de “aficionados” que, por
otra parte, elimina definitivamente el peligro de la discriminación. Cuando los equipos
van por este camino, el estadio se enriquece humanamente, desaparece la violencia y
vuelven a verse familias en las gradas.
Recuerdo que de chicos íbamos en familia al Gasómetro, volvíamos felices a casa,
¡sobre todo durante la campaña del 46! Saludo de modo especial a los directivos y
deportistas argentinos. Gracias por esta visita, tan agradable para mí. Les pido que
vivan el deporte como un don de Dios, una oportunidad para hacer fructificar sus
talentos, pero también una responsabilidad. Queridos jugadores, quisiera recordarles
especialmente, que con su modo de comportarse, tanto en el campo como fuera de él,
en la vida, son un referente. Aunque no se den cuenta, para tantas personas que les
miran con admiración son un modelo, para bien o para mal. Sean por tanto
conscientes de esto y den ejemplo de lealtad, respeto y altruismo. Ustedes también
son artífices del entendimiento y de la paz social. Ustedes son referencia para tantos
jóvenes y modelo de valores encarnados en la vida. Tengo confianza en todo el bien
que podrán hacer entre la muchachada.

Queridos amigos, rezo por ustedes, para que puedan llevar adelante esta vocación tan
noble del deporte. Pido al Señor que los bendiga y a la Virgen Madre que los custodie.
Y, por favor, les pido que recen por mí, para que también yo, en el “campo” en que
Dios me ha puesto, pueda jugar un partido honrado y valeroso por el bien de todos
nosotros. Gracias.
Papa Francisco al encuentro con los dos equipos nacionales de Argentina y Italia
antes de su partido amistoso en Roma – 13.8.2013

Para pensar:
Dos hermanos
Cuando su padre murió, dos hermanos, llamados Jacinto y Rosendo, heredaron sus
tierras. Para obrar con prudencia las dividieron en partes iguales y cada uno se dedicó
a las tareas de labranza y cultivo del maíz.
Pasaron los años. Jacinto se casó y tuvo seis hijos. Rosendo permaneció soltero. A
veces no podía dormir pensando algo que le preocupaba. “No es justo que estas
tierras estén divididas a la mitad. Jacinto tiene seis hijos que debe alimentar, vestir y
educar. Yo no tengo familia. Él necesita más maíz que yo.”
De este modo, una madrugada decidió ir a su propio depósito. Tomó cuatro pesados
costales y cargándolos, atravesó la colina que separaba su rancho del de Jacinto.

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Entró a escondidas al depósito de éste y allí los dejó. Rosendo regresó a su casa
pensando, feliz, que sus sobrinos estarían mejor. Durmió profundamente.
 
Por aquellos días Jacinto también estaba preocupado: “No es justo que estas tierras
estén divididas a la mitad. Rosendo no tiene familia. Cuando yo llegue a viejo mis seis
hijos nos cuidarán a mí y a mi esposa. Pero a él ¿quién le dará sustento? Debería
tener más maíz que yo para vivir tranquilo en su ancianidad” pensaba.
De este modo, en la misma madrugada, pero a una hora distinta, tomó cuatro costales
de maíz. Cargándolos, los llevó y los dejó en el depósito de Rosendo. Regresó a su
casa pensando, feliz, que su hermano estaría mejor. Durmió profundamente.
Al día siguiente uno y otro quedaron sorprendidos al comprobar que tenían la misma
cantidad de maíz que la noche anterior. Cada uno, por su lado, pensó: “tal vez no llevé
la cantidad que supuse. Esta noche llevaré más.” Y así lo hicieron aquella madrugada.
Cuando salió el sol se sintieron más perplejos que antes pues hallaron la misma
cantidad de siempre, ni un costal menos. “¿Qué está pasando?” se decía cada uno
“¿Acaso lo soñé?”. Decidido a no caer en la misma situación Rosendo llenó un
pequeño carro con doce costales. Jacinto hizo lo mismo. Con dificultades, fueron
tirando de él por la colina, antes de apuntar el alba.
Cada uno subía por su lado de la colina. Cuando Rosendo se hallaba casi en la cima
alcanzó a ver una silueta bajo la luz de la Luna, que venía de la otra dirección. A
Jacinto le pasó lo mismo ¿De quién podría tratarse? ¿Era, tal vez, un cuatrero? ¿Se
trataba, quizás, de un forajido?
Cuando los dos hermanos se reconocieron entendieron qué había pasado. Durante las
noches anteriores sólo habían estado intercambiando costales de maíz entre un
depósito y otro. Sin decir palabra dejaron sus cargas a un lado y se dieron un largo y
fuerte abrazo.
Autor desconocido

07/02/2014
En diálogo con Chiara:
¿Cómo podemos vivir relaciones profundas con gente que no ha hecho nuestra
misma elección y que no siente a Dios en el centro de su vida?” (Matej, Eslovaquia)

Chiara: Mira, encontrarán siempre personas que no están acostumbradas a


relaciones tan profundas, a una presencia de Dios en medio de vosotros. ¿Cómo
hacer? El arte de amar – lo digo siempre a todos - es el modo con el que las primeras
focolarinas y los primeros focolarinos han hecho esta revolución en el mundo, hasta
llegar a 182 naciones.
No existe el antipático, no existe el simpático, no existe el guapo, no existe el feo, no
existe el checo, eslovaco, italiano, ni francés, se ama a todos. Nos ayudábamos a
superar estas pequeñas cosas. Somos diversos: por el carácter, por las distintas
nacionalidades. Y, quizá, es fácil juzgar. Y en cambio, no, es necesario amar a todos,
amar a todos y después ser siempre los primeros en amar, siempre. ¡Es una gimnasia!
Con esto se conquista el mundo.
[…] La mentalidad humana es la que distingue, la divina no. De hecho, la Escritura
dice que Dios Padre manda la lluvia sobre buenos y malos (Mt 5,45), porque Dios
ama. Si tú personificas este arte de amar, conquistas a todos porque amas a todos.
Nosotros en Trento, dos meses después de que habíamos nacido, con este arte de
amar, éramos ya 500. Pero es necesario tener el valor de ser Ideal puro encarnado y
nada más.
También el Evangelio dice que Jesús “habiéndolos amado, los amó hasta el final” (Jn
13,1).
Por tanto, recomenzar siempre. No digan “Éste no entiende nada; aquél no viene a los
encuentros de la unidad gen; ese no viene ni siquiera al concierto del Gen Rosso...”.
No importa nada, ¡yo debo amar siempre!
Son necesarios jóvenes así, entonces serán líderes para los demás; y el mundo cae,
porque es débil. No tiene amor dentro, no tiene fuerza, no tiene valor; parece lo
contrario, pero no es verdad. Se dan mucho aire, pero luego caen, si somos esta roca.
Chiara - 30.11‘98, Ottmaring – Respuesta nº 2 a los gen 2 en la casita “Pascua”
Para pensar:

79
Los dos sacos
Hay una antigua leyenda acerca de tres hombres, cada uno de los cuales, cargaba
dos sacos, sujetos a sus cuellos, uno al frente y el otro a sus espaldas.
Cuando al primero de ellos le preguntaron qué había en sus sacos, él dijo: -Todo
cuanto de bueno me han dado mis amigos se halla en el saco de atrás, ahí fuera de la
vista, y al poco tiempo olvidado. El saco de enfrente contiene todas las cosas
desagradables que me han acontecido y, en mi andar, me detengo con frecuencia,
saco esas cosas y las examino desde todos los ángulos posibles. Me concentro en
ellas y las estudio. Y dirijo todos mis sentimientos y pensamientos hacia ellas.
En consecuencia, como el primer hombre siempre se estaba deteniendo para
reflexionar sobre las cosas desafortunadas que le habían sucedido en el pasado, lo
que lograba avanzar era muy poco.
Cuando al segundo hombre le preguntaron qué era lo que llevaba en sus dos sacos, el
respondió: -En el saco de enfrente están todas las buenas acciones que he hecho. Las
llevo delante de mí y continuamente las saco y las exhibo para que todo mundo las
vea. Mientras que el saco que llevo atrás, contiene todos mis errores. Los llevo
consigo a dondequiera que voy. Es mucho lo que pesan y no me permiten avanzar
con rapidez, pero por alguna razón, no puedo desprenderme de ellos.
Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, él contestó: -El saco que llevo al
frente, está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente, los actos
bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido en mi vida. Es un
saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su peso es como las velas de un
barco “lejos de ser una carga” me ayudan a avanzar. Por su parte, el saco que llevo a
mis espaldas está vacío, pues le he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco,
puse todo lo malo que escuché de los demás así como todo lo malo que a veces
pienso acerca de mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero y se
perdieron para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el
trayecto.
Autor desconocido

08/02/2014
Nadie ha valorado tanto al hombre
Jesús murió por nosotros. Por lo tanto, Jesús murió por mí: Dios murió por mí.
Ésta es la grandeza del hombre: que un Dios haya muerto por él. Hablemos, por lo
tanto, de humanismo y démosle toda la transcendencia cristiana; nadie alcanzará
nunca esa cima. Nadie ha valorado nunca tanto al hombre, si pensamos que Dios lo
amó, y lo amó hasta el punto de morir por él.
Pero más que pensar en el humanismo cristiano, me agrada pensar que Jesús, Dios,
murió por mí.
¿Cómo es posible no ser felices? ¿Cómo no gozar en Él de la vida? ¿Cómo no
ofrecerle nuestras penas?
Si Jesús murió por mí, Él piensa siempre en mí, Él me ama siempre. ¿Y yo? Yo debo
pensar siempre en Él, yo debo amarlo siempre.
Chiara Lubich – La doctrina espiritual p 94 – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
Envejecer es obligatorio; madurar es opcional
El primer día en la universidad nuestro profesor se presentó y nos pidió que
procuráramos llegar a conocer a alguien a quién no conociéramos todavía. Me puse
de pie y miré a mí alrededor, cuando una mano me tocó suavemente el hombro. Me di
la vuelta y me encontré con una viejita arrugada cuya sonrisa le alumbraba todo su
ser. ‘Hola, buen mozo. Me llamo Rose. Tengo ochenta y siete años. ¿Te puedo dar un
abrazo?
Me reí y le contesté con entusiasmo: ‘¡Claro que puede!’ Ella me dio un abrazo muy
fuerte.
‘Por qué está usted en la universidad a una edad tan temprana, tan inocente?’, le
pregunté. Riéndose contestó: ‘Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme,
tener unos dos hijos, y luego jubilarme y viajar.’
‘Se lo digo en serio’, le dije. Quería saber qué le había motivado a ella a afrontar ese
desafío a su edad.

80
‘¡Siempre soñé con tener una educación universitaria y ahora la voy a tener!’, me dijo.
Después de clases caminamos al edificio de la asociación de estudiantes y
compartimos un batido de chocolate. Nos hicimos amigos enseguida. Todos los días
durante los tres meses siguientes salíamos juntos de la clase y hablábamos sin parar.
Me fascinaba escuchar a esta “máquina del tiempo”.
Ella compartía su sabiduría y experiencia conmigo. Durante ese año, Rose se hizo
muy popular en la universidad; hacía amistades a donde iba. Le encantaba vestirse
bien y se deleitaba con la atención que recibía de los demás estudiantes. Se lo estaba
pasando de maravilla. Al terminar el semestre le invitamos a Rose a hablar en nuestro
banquete de fútbol.
No olvidaré nunca lo que ella nos enseñó en esa oportunidad. Luego de ser
presentada, subió al podio. Cuando comenzó a pronunciar el discurso que había
preparado de antemano, se le cayeron al suelo las tarjetas donde tenía los apuntes.
Frustrada y un poco avergonzada se inclinó sobre el micrófono y dijo simplemente,
‘disculpen que esté tan nerviosa. Dejé de tomar cerveza por cuaresma y ¡este whisky
me está matando!’
‘No voy a poder volver a poner mi discurso en orden, así que permítanme simplemente
decirles lo que sé.’ Mientras nos reíamos, ella se aclaró la garganta y comenzó: ‘No
dejamos de jugar porque estamos viejos; nos ponemos viejos porque dejamos de
jugar. Hay sólo cuatro secretos para mantenerse joven, ser feliz y triunfar.’
‘Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días.’
‘Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a
morir. ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo
saben!’
‘Hay una gran diferencia entre ponerse viejo y madurar. Si ustedes tienen diecinueve
años y se quedan en la cama un año entero sin hacer nada productivo se convertirán
en personas de veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama
por un año sin hacer nada tendré ochenta y ocho años.
Todos podemos envejecer. No se requiere talento ni habilidad para ello. Lo importante
es que maduremos encontrando siempre la oportunidad en el cambio.’
‘No me arrepiento de nada. Los viejos generalmente no nos arrepentimos de lo que
hicimos sino de lo que no hicimos. Los únicos que temen la muerte son los que tienen
remordimientos.’
Terminó su discurso cantando ‘La Rosa’. Nos pidió que estudiáramos la letra de la
canción y la pusiéramos en práctica en nuestra vida diaria.
Rose terminó sus estudios. Una semana después de la graduación, Rose murió
tranquilamente mientras dormía. Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a
las honras fúnebres para rendir tributo a la maravillosa mujer que les enseñó con su
ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.
Autor desconocido

09/02/2014
Esculpir en nosotros la figura de Cristo
Estamos siempre caminando en el "santo viaje" de la vida. Y hay quien ya lo ha
concluido y quien lo comienza con nosotros. Un viaje en el cual domina la "tensión a la
santidad", que es un deber de cada cristiano. También yo trato cada día de no frenar
la carrera sino que, con la gracia de Dios y apoyada en la oración, me esfuerzo por
caminar.
Es por ello que en mi viaje a Estambul llevé conmigo un librito que puede dar óptimas
sugerencias al respecto: "Imitación de Cristo". Si bien referido a quienes recorren otro
camino espiritual, diferente del nuestro, un camino más individual, da sugerencias
útiles también para nosotros que transitamos un camino más colectivo. Y las da con
sabiduría y experiencia.
Su característica es, por ejemplo, acentuar la importancia de las virtudes.
Ustedes saben cómo nosotros, en el esfuerzo por adquirirlas y en la lucha contra los
vicios opuestos, llamados por Dios a hacer del hermano nuestra "fortuna",
encontramos precisamente en el amor a Dios la renuncia a nosotros mismos. Y
ustedes saben cómo nuestra praxis para crecer espiritualmente no consista tanto en
combatir defecto tras defecto, sino más bien en evitar los obstáculos, en "cambiar de

81
habitación" -como solemos decir-, "viviendo los otros" y poniéndonos así en la caridad,
fuente de toda virtud.
Sin desconocer que también nuestros Estatutos subrayan particularmente las virtudes,
y es nuestro deber tomarlas en consideración; sobre todo a medida que progresamos
en el camino espiritual.
Por otra parte, Jesús abandonado -al cual le hemos dado la vida- es para nosotros el
modelo de todas las virtudes y siempre repetimos que queremos amarlo no sólo en el
dolor, sino también en la práctica de las mismas.
La caridad, en efecto, plasma en nosotros la figura de Cristo, porque al amar se es
otro Él. Pero al amar a Jesús abandonado en la práctica de las virtudes, se tiene la
impresión de esculpir esa figura de Cristo en nosotros, de acabarla con perfección.
Ahora bien, se puede observar cómo, no obstante nuestro amor hacia los hermanos,
arrastramos desde hace años pequeños o no tan pequeños defectos, a veces
superficiales, pero que le quitan algo a la belleza de Cristo en nosotros. Y a menudo
nos lamentamos con nosotros mismos, porque nos humilla vernos tan imperfectos a
pesar de todos nuestros esfuerzos.
¿Cuáles son esos defectos? Cada uno tiene los propios. A veces echamos a perder lo
que hacemos por el apuro, o llevamos a cabo imperfectamente la voluntad de Dios,
nos distraemos en la oración, nos detenemos en tonteras propias del mundo, o no
sabemos moderar la gula. Frecuentemente nos vence la curiosidad, caemos en la
vanagloria, o hablamos inoportunamente y sin necesidad. Estamos apegados a las
cosas, somos dependientes de la televisión, queremos que los demás nos sirvan,
somos inconstantes, etcétera.
¿Qué hacer, entonces?
Cuando se trata de costumbres malas, Jesús nos invita a actuar con decisión, como
cuando afirmó: "Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo..." (Mt.
5, 29).
Por lo tanto, también nosotros, si bien continuando en el camino del amor, no tenemos
que vacilar y -por amor a Jesús abandonado- erradicar vicio tras vicio.
El libro "Imitación de Cristo" dice que no es fácil; es más, afirma que si llegáramos a
liberarnos de un vicio por año, en poco tiempo seríamos perfectos.
Yo estoy convencida de que en nuestro camino hay más posibilidades. El amor ayuda,
el amor es renegarse a sí mismo y quema también estas cosas.
De todos modos, puede hacernos bien tomar en consideración algún defecto y tratar
de acostumbrarnos a la virtud opuesta.
Asegura "Imitación de Cristo" que con la costumbre opuesta se vence una costumbre
mala.
Coraje, entonces, ¡y manos a la obra!
La Virgen nos ayudará. Ella sabe que queremos darle el regalo de nuestra
santificación. No seamos menos que los atletas, que hacen grandes esfuerzos por un
triunfo meramente humano.
Que el amor por Jesús abandonado, amado en la lucha por conquistar las virtudes,
obtenga la victoria más grande.
Chiara Lubich
Chiara Lubich – Rocca di Papa, 21 de junio de 1984 - Juntos en camino p. 25 -
Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
No te pude esperar
Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida:
Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios.
Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores
ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su hogar. Manejó por la avenida
principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó un chubasco que produjo un
embotellamiento de tránsito y quedó parado. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la
cita era a las 8:00 p.m.
Repentinamente le tocaron el cristal de la ventanilla y al voltear vio a un chiquillo de
unos nueve años ofreciéndole su cajita llena de chicles (goma de mascar). El hombre
sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a entregar al niño ya no lo encontró.
Miró hacia el suelo y ahí estaba, en medio de un ataque de epilepsia.

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El hombre abrió la portezuela e introdujo al niño como pudo al automóvil.
Inmediatamente buscó cómo salir del embotellamiento y lo logró, dirigiéndose al
hospital de la Cruz Roja más cercano. Ahí entregó al niño, y después de pedir que lo
atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó con el doctor y salió corriendo para
tratar de llegar a su cita con Dios.
Sin embargo, el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre se
ofendió y le reclamó al cielo: "Dios mío, pero tú te diste cuenta, no llegué a tiempo por
el niño, no me pudiste esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como
tú?"
Desconsolado se quedó sentado en su automóvil; de pronto lo deslumbró una luz y vio
en ella la carita del niño a quien auxilió. Vestía el mismo suetercito deshilachado, pero
ahora tenía el rostro iluminado de bondad.
El hombre, entonces, escuchó en su interior una voz:
“Hijo mío, no te pude esperar... y salí a tu encuentro”.
Autor desconocido

10/02/2014
Papa Francisco:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
También en este domingo continúa la lectura del décimo capítulo del evangelista
Lucas. El relato de hoy es aquel de Marta y María. ¿Quiénes son estas dos mujeres?
Marta y María, hermanas de Lázaro, son parientes y fieles discípulas del Señor, que
habitaban en Betania. San Lucas las describe de esta manera: María, a los pies de
Jesús, «escuchaba su palabra», mientras Marta estaba ocupada en muchos servicios
(cfr Lc 10, 39-40). Ambas hospedan al Señor de paso, pero lo hacen de diversa forma.
María se pone a los pies de Jesús, en escucha, Marta en cambio se deja absorber por
los quehaceres, y está tan ocupada que se dirige a Jesús diciendo: «Señor, ¿no te
importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me ayude» (v. 40).
Y Jesús le responde reprendiéndola con dulzura: «Marta, Marta, tú te afanas y te
agitas por muchas cosas, pero de una cosa sola hay necesidad» (v. 41).
¿Qué cosa quiere decir Jesús? ¿Cuál es esta cosa sola de la que tenemos
necesidad? Ante todo es importante entender que aquí no se trata de la contraposición
entre dos actitudes: la escucha de la palabra del Señor, la contemplación, y el servicio
concreto al prójimo. No son dos actitudes opuestas, sino, al contrario, son ambos dos
aspectos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que no deben ser jamás
separados, sino vividos en profunda unidad y armonía. Pero entonces ¿por qué Marta
es reprendida, si bien con dulzura? Porque considero esencial sólo aquello que estaba
haciendo, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas por “hacer”. En un
cristiano, las obras de servicio y de caridad no se separan jamás de la fuente principal
de cada una de nuestras acciones: o sea la escucha de la Palabra del Señor, el estar -
como María – a los pies de Jesús, en la actitud del discípulo. Y por esto Marta es
reprendida.
También en nuestra vida cristiana, queridos hermanos y hermanas, oración y acción
estén siempre profundamente unidas. Una oración que no lleva a la acción concreta
hace al hermano pobre, enfermo, necesitado de ayuda, el hermano en dificultad, es
una oración estéril e incompleta. Pero, de la misma manera cuando en el servicio
eclesial se está atento sólo al hacer, se da más peso a las cosas, a las funciones, a
las estructuras, y se olvida de la centralidad de Cristo, no se reserva tiempo para el
diálogo con Él en la oración, se corre el peligro de servir a sí mismo y no a Dios
presente en el hermano necesitado. San Benito resumía el estilo de vida que indicaba
a sus monjes en dos palabras: “ora et labora”, reza y obra. Es de la contemplación, de
una fuerte relación de amistad con el Señor que nace en nosotros la capacidad de vivir
y de llevar el amor de Dios, su misericordia, su ternura hacia los demás. Y también
nuestro trabajo con el hermano necesitado, nuestro trabajo de caridad en la obras de
misericordia, nos lleva al Señor, porque miramos al Señor en el hermano y la hermana
en necesidad.
Pidamos a la Virgen María, Madre de la escucha y del servicio, que nos enseñe a
meditar en nuestro corazón la Palabra de su Hijo, a rezar con fidelidad, para estar
cada vez más concretamente pendientes de las necesidades de los hermanos.

83
(…)
Les pido que me acompañen espiritualmente con la oración en el viaje que comenzaré
mañana. Como saben, iré a Río de Janeiro, Brasil, para la XXVIII Jornada Mundial de
la Juventud.
Habrá muchos jóvenes allí de todas partes del mundo. Y pienso que ésta puede
llamarse la Semana de la Juventud: esto es justamente, ¡la Semana de la Juventud!
Los protagonistas en esta semana serán los jóvenes. Todos los que van a Río quieren
sentir la voz de Jesús, escuchar a Jesús: “¿Señor, qué cosa debo dar de mi vida?
¿Cuál es el camino para mí? También ustedes –no sé si hay jóvenes aquí hoy en la
plaza, ¿Hay jóvenes? Aquí están, también ustedes que están en la plaza, hagan la
misma pregunta al Señor: “Señor Jesús, ¿qué debo hacer en mi vida? ¿ Cuál es el
camino para mí?
Confiemos en la intercesión de la Beata Virgen María, muy amada y venerada en
Brasil, estas preguntas: aquellas que harán muchos jóvenes allí, y que hacen ustedes
hoy, y que la Virgen nos ayude en esta nueva etapa de la peregrinación.
A todos les deseo un buen domingo y buen almuerzo.
¡Hasta pronto!
Papa Francisco al Ángelus del 21.7.2013 en la Plaza San Pedro

Para pensar:
La felicidad de no depender
La historia se refiere a un individuo que se mudó de aldea, en la India, y se encontró
con lo que allí llaman un sennyasi. Éste es un mendicante errante, una persona que,
tras haber alcanzado la iluminación, comprende que el mundo entero es su hogar, el
cielo su techo y Dios su Padre, que cuidará de él. Entonces se traslada de un lugar al
otro. Tal como tú y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.
Al encontrarse con el sennyasi, el aldeano dijo:
"¡No lo puedo creer!
Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor me decía:
-Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con
este sennyasi errante- y aquí me encontré con usted."
"¿Qué más le dijo el Señor?" Preguntó el sennyasi.
Me dijo: "Si el hombre te da una piedra preciosa que posee, serás el hombre más rico
del mundo... ¿Me daría usted la piedra?"
Entonces el sennyasi revolvió en un pequeño zurrón que llevaba y dijo:
"¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba?"
El aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más
grande del mundo. "¿Podría quedármelo?"
"Por supuesto, puede conservarlo; lo encontré en un bosque. Es para usted."
Siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea. El aldeano tomó
el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha! Como lo es la nuestra el día en que
obtenemos algo que realmente deseamos.
El aldeano en vez de ir a su hogar, se sentó bajo un árbol y permaneció todo el día
sentado, sumido en meditación.
Al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el sennyasi, le devolvió
a éste el diamante y dijo: "¿Podría hacerme un favor?"
"¿Cuál?" le pregunto el sennyasi.
"¿Podría darme la riqueza que le permite a usted deshacerse de esta piedra preciosa
tan fácilmente?"
Autor desconocido

11/02/2014
Diálogo abierto con Chiara Lubich:
En el corazón del Movimiento fundado por usted y que contempla varias formas de
compromiso, se encuentra el focolar. ¿Qué es el focolar?

Chiara: El focolar es una comunidad moderna de pocas personas que viven en medio
del mundo, mimetizadas con el mundo, que visten como todos los demás en el mundo,
que trabajan como los demás. 
Sin embargo, se diferencian de los demás porque son personas que han dejado el

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mundo, que han dejado su patria, su familia, su trabajo, para entregarse a la causa de
la unidad en el mundo.
El focolar está abierto también a los casados, con tal de que sientan esta aspiración
totalitaria. A ellos se les pide un desapego espiritual de todas las cosas.
Hay un estatuto, fruto de la experiencia, que es la regla de la vida del focolar y que se
adapta a todas las circunstancias. 
Pero la norma de las normas, lo que subyace a todas las reglas, la base de toda la
vida, es la continua caridad que no debe cesar nunca entre los miembros del
Movimiento y que - en la medida humanamente posible - consigue que esté siempre
presente Cristo entre sus miembros. 
Esto es el focolar. Sin Jesús entre sus miembros deja de ser un focolar.
Por todo ello el focolar se convierte en un lugar donde hay una ascética poderosa,
porque hay que estar siempre dispuestos a morir por el otro, a llevar los pesos unos
de otros, a llevar las preocupaciones unos de otros, a compartir también las alegrías
unos de otros.
El focolar también tiene en sí una mística moderna, comunitaria, porque tiene la
presencia de Cristo que ilumina a sus miembros sobre lo que deben hacer, en las
tareas que deben desempeñar; por lo cual la vida de focolar es contemplación-acción. 
En fin, el focolar es un pedacito de iglesia viva. El focolar, si es como debe ser, es
paraíso en la tierra.

La alegría que se ve en los rostros de las personas del Movimiento de los focolares,
¿de dónde brota?

De habernos centrado en la voluntad de Jesús. Hay un único camino para seguirlo, lo


ha dicho Él: «El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, tome su cruz
y me siga».
Negarse a uno mismo ya es dolor, tomar la cruz ya es dolor. Uno sólo es el camino
para seguir a Jesús y los miembros del Movimiento quieren seguirlo: es amar el dolor.
Se dirá: es deshumano. No, es sobrehumano, es sobrenatural.
Por tanto, cuando los miembros del Movimiento están felices, ya tienen la alegría;
cuando están en el dolor transforman, por una alquimia divina, el dolor en amor y por
consiguiente siempre están felices.
Chiara Lubich en la revista Cittá Nuova n 4 del 25.7.1977 – Centro Chiara Lubich

Para pensar:
El hombre y el mundo
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a
encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de
respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El
científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar.
Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el
objetivo de distraer su atención.
De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo ¡Justo lo
que precisaba!. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un
rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: -”Como te gustan los rompecabezas, te
voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie”.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así.
Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.
-”Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible
que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto
antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de
que vería el trabajo digno de un niño.
Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados
en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?
-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista
para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre…

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Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía
cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había
arreglado al mundo.
Autor desconocido

12/02/2014
En diálogo con Chiara:
Respuesta de amor a la llamada
(…)
Dios llama en modos diversos: llama a jóvenes – como dijimos - a la sublime vocación
del sacerdocio, y aquí tendríamos que hablar toda la tarde para explicarlo. Llama a
hombres y mujeres a formar parte de las Familias religiosas, esos canteros
multicolores del jardín de la Iglesia, para que la perfumen constantemente con todas
las virtudes. Llama a hombres y mujeres a donarse permaneciendo en el mundo,
individual y comunitariamente en los nuevos Movimientos. Aquí están representados
otros Movimientos, no solamente el nuestro. O bien a componer familias modelo, que
son como pequeñas Iglesias.
Llama de muchos modos, llama a todas las edades, también a jóvenes, también a niños;
llama en todos los puntos de la tierra.
Pero ustedes me pueden preguntar, queridos jóvenes: ¿cómo puedo conocer mi propia
llamada? ¿Existe un modo? ¿Cómo se hace? Yo estoy segura de que existe un modo
para comprenderla con claridad: se trata de poner en movimiento el amor evangélico, el
amor, porque en el Evangelio, prácticamente, está todo allí: ama. Está todo allí, es la
síntesis de todo. Por eso quisiera subrayarles y enseñarles cómo se hace para amar,
porque amando somos iluminados dentro y se comprende el propio camino, se aclara,
se dice: “Yo…probablemente Dios me llama allí, probablemente Dios me llama allí”. Hay
que amar.
Pero este amor que yo les aconsejo, y que aconsejo a todo el Movimiento, en todas
partes, siempre, es un amor especial, no es un amor como los demás. Por ejemplo: es
un amor que se dirige a todos, a todos: al antipático, al simpático, al lindo, al feo, al de tu
religión o de otra, hay que amar a todos; al de tu asociación o de otra, de tu parroquia o
de otra; al australiano, al italiano, al de aquí, de vuestra nación, al español, a todos, se
dirige a todos. No es como el amor humano que se limita a la propia familia, a los
amigos; ¡ese es un pobre, pobre amor, de dos monedas! Nosotros debemos tener este
amor universal, abrir el corazón, tener un amor universal, hacia todos. Porque el Padre
celestial es así. La Escritura dice que Él manda el sol y la lluvia sobre buenos y malos,
por lo tanto tenemos que amar a los buenos y a los malos, incluso a los enemigos;
tenemos que amar a todos, amar a todos. Si ustedes en su vida intentaran hacer sólo
esto, si fueran siempre fieles sólo a esto, desencadenarían la revolución evangélica, se
verían multiplicados al infinito.

Pero el amor evangélico tiene otros matices. La segunda exigencia es que hay que ser
los primeros en amar, no esperar ser amados; yo no tengo que esperar que me quieras,
tengo que amarte antes, amarte antes, porque Jesús vino a la tierra y murió por
nosotros, por amor a nosotros, cuando todavía éramos pecadores y no lo amábamos. Él
nos amó antes; tenemos que aprender de Él: ser los primeros en amar.
Amar a todos, ser los primeros en amar.
Además, hay que amar concretamente, no platónica o sentimentalmente; si tú necesitas
algo, si necesitas una palabra, un consejo, si necesitas instrucción, si necesitas algo, yo
tengo que hacerlo… En fin, con los músculos, hay que amar con los músculos, no hay
que amar así, sólo con la fantasía.
Después, como dije antes, hay que ver a Jesús en todos, y así nos ganamos el juicio
final que será un triunfo.
Y tenemos que amarnos juntos, amarnos mutuamente, porque si tú amas y yo amo,
podemos amarnos entre nosotros. Éste es el amor cristiano. ¡Pero se dan cuenta de que
es una potencia, es una potencia! Si nosotros, como uno de los tantos Movimientos, que
son centenares, hemos llegado a muchas naciones, es porque hemos vivido este estilo
de amor; porque si estábamos en Asia amábamos a los asiáticos, a los filipinos, a todos
los demás, a los hindúes, etc., amábamos a todos. Y ellos preguntaban: ¿Por qué?
¿Quién se los hace hacer? Y nosotros decíamos: Jesús. “Entonces háblame de Jesús”.

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Y ahora por todos lados quieren que contemos estas experiencias que les conté a
ustedes, las quieren los hindúes, los budistas, los musulmanes, porque ven que las
vivimos y que es algo hermoso. Si ustedes aman así, sin duda poco a poco serán
iluminados dentro. Porque hay una frase del Evangelio que dice: “A quién me ama – dice
Jesús, y después otras palabras - me manifestaré”, es decir, les aclararé, les diré; si me
aman yo les diré. “A quién me ama me manifestaré”. Entonces amar, ustedes también
tienen que hacerlo.
A nosotros nos toca responder y con nuestra vida componer ese designio divino que ya
existe.
Termino diciendo una cosa, queridos jóvenes.
En una ciudad Sudamericana, Alejandra, de 7 años, había ido a Roma para participar en
un congreso, porque nosotros hacemos congresos también para los más chicos. Y
después volvió a su casa a Argentina, después del Congreso. Y la mamá – esto es
absolutamente verdadero – y la mamá le preguntó ¿te fue bien? “Sí, todo bien mamá”
“¿Pero qué… qué pasó?” “Mira mamá, fue muy hermoso. Sólo que, cuando tenía que
hablar, para decir mi experiencia, no pude. “¿Por qué?” dijo la mamá. “Porque en mi
corazón sentía una voz fuerte que me decía: 'Dame tu vida'".
Era la voz de Jesús. Se había hecho oír. Había empezado a amar. Y lo mismo les
sucedió a unas cuarenta de esas nenas. Recuerdo que había un clima muy hermoso,
todas amaban y Dios las había llamado.
Hablé de este mismo tema, algo cambiado, en Viena, en san Esteban, esa gran Iglesia.
Estaba presente esta chica, por casualidad había venido de Argentina, ahora es grande,
vino de Argentina, y cuando terminé da hablar subió y me abrazó. Dijo: “Chiara, ¡es
verdad! ¡es verdad!”. Y todos la vieron, todos la escucharon.
¿Por qué Alejandra comprendió su vocación? Porque aprendió a amar.
Dios no deja de llamar si nosotros amamos. Y amando lo seguiremos a Él, y viviremos el
maravilloso designio que tiene sobre nosotros, lo cumpliremos, y será una gran alegría
para nosotros, para muchos, y la gloria de Dios.
Chiara a los jóvenes en la Iglesia de san Agustín - Barcelona, 30 de noviembre de 2002

Para pensar:
Vivir aprendiendo
A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.
A los 9, aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la
respuesta.
A los 10, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.
A los 12, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenía más grandes en
casa.
A los 13, aprendí que, cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi madre
me mandaba a ordenarlo.
A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano menor,
porque mi padre tenía frustraciones mayores y la mano más pesada.
A los 20, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba
comiendo algo preparado por mi mujer.
A los 27, aprendí que el título obtenido no era la meta soñada.
A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la
cabeza la vida entera.
A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos,
pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos
A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún
motivo.
A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre
que estoy en casa me gustaría estar viajando.
A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos
croquetas y elige la menor.
A los 42, aprendí que, si estás llevando una vida sin fracasos, no estás corriendo los
suficientes riesgos.
A los 44, aprendí que puedes hacer a alguien disfrutar el día con sólo enviarle una

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pequeña postal.
A los 47, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.
A los 55, aprendí que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar
cinco kilos.
A los 63, aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar
demasiado en él. También a los 63, aprendí que no puedo cambiar lo que pasó, pero
puedo dejarlo atrás.
A los 64, aprendí que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca
suceden.
A los 67, aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste
demasiado tiempo.
A los 71, aprendí que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.
A los 72, aprendí que, si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
A los 76, aprendí que envejecer es importante.
A los 91, aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.
A los 92, aprendí que todavía tengo mucho para aprender.
Autor desconocido

13/02/2014
En diálogo con Emmaus:
El amor a Jesús en el hermano
Me parece que lo más importante es este amor a Jesús en el hermano. Por ejemplo,
muchos, en muchas preguntas dicen: “¿Cómo haces para amar a aquellos que
realmente no te aman, no responden al amor, no comprenden el amor, etc.?. Éste es
el amor a Jesús en el hermano, es ese cambio de vida del cual os hablé antes, es
decir, sólo amando a Jesús en el hermano se logra hacer esto; de otro modo, sino, la
tía no dice cosas interesantes, no la escucho. Y yo me quedo siendo yo, y la tía sigue
siendo la tía, estamos separadas, no somos una que ama a la otra, no existe relación
entre yo y el otro si adopto en esta actitud. En cambio si reconozco y amo a Jesús en
el hermano, entonces existe esa relación.
Y este amor a Jesús en el hermano, está siempre, en todas partes, por tanto también
en sus ambientes de estudio, de trabajo, etc., tienen que tender a esto, me parece.
Como decir: es justamente este amor a Jesús en el hermano el que en un
determinado momento les da el valor incluso de proponer algo, incluso de invitarlo a
un encuentro de ustedes, de hacer alguna actividad juntos. ¿Por qué? Porque aman a
Jesús en el hermano y descubren que el otro necesita esto, este algo que ustedes le
proponen, aunque no se de cuenta, aunque no lo sepa. Y entonces por amor vencerán
también la timidez, vencerán el obstáculo de decir esa palabra, pero por amor de
Jesús en el hermano, no porque es importante llevar más jóvenes a la manifestación
que hacemos, no por…, sino por amor.
Y también fiándose, fiándose de Jesús que vive en los demás, porque si no podemos
decir: “Ah, no, mira, ¿a éste qué quieres que le diga? Es siempre así, no entiende
nada, por lo tanto es inútil decirle esto. Es inútil invitarlo” En cambio si te fías que está
Jesús en el otro, dices: “Si, lo conozco, pero, Jesús en él ¿cómo es? Entonces me
animo, miro a Jesús dentro de él e invito a Jesús a responderme, llamo a Jesús de mi
parte”. Y Jesús responde, Jesús responde incluso en las personas que tal vez me
parecen menos adecuadas.
Emmaus en el encuentro de las unidades Arcoiris en Castel Gandolfo – 28.12.2012

Para pensar:
Hola amigo
Éramos la única familia en el restaurante con un niño.
Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban
tranquilos comiendo y charlando.
De repente, Daniel pego un grito con ansia y dijo, "Hola amigo!"
Golpeando la mesa con sus gorditas manos. Sus ojos estaban bien abiertos por la
admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía.
Con mucho regocijo él se reía y se retorcía. Yo miré alrededor y vi la
razón de su regocijo.
Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto.

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Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad y sus
dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos. Su camisa estaba sucia y
su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo. Sus
patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que
parecía un mapa.
Estábamos un poco lejos de él para saber si olía, pero seguro que olía mal.
Sus manos comenzaron a menearse para saludar. "Hola bebito, cómo estás
muchachón," le dijo el hombre a Daniel.
Mi esposa y yo nos miramos, "¿Qué hacemos?" Daniel continuó riéndose y
contesto, "Hola, hola amigo."
Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El
viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.
Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo
como un bebé. Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo.
Obviamente él estaba algo borracho. Mi esposa y yo estábamos avergonzados.
Comimos en silencio; menos Daniel que estaba súper inquieto y mostrando todo su
repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.
Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta. Mi esposa
fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el
estacionamiento. El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.
"Dios mío, ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a
Daniel." Dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.
Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del
aire que él pudiera estar respirando.
Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia
donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de; cárgame."
Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzo desde mis brazos hacia
los brazos del hombre. Daniel en un acto de total confianza, amor y
sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero. El hombre cerró sus ojos
y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas. Sus viejas y
maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy
suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían
amado tan profundamente en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado.
El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego
abrió sus ojos y me miró directamente a los míos.
Me dijo en voz fuerte y segura, "Usted, cuide a este niño." De alguna
manera le contesté: "Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta. El
separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor.
Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: "Dios le bendiga, señor.
Usted me ha dado un hermoso regalo."
No pude decir más que un entrecortado gracias. Con Daniel en mis brazos,
caminé rápidamente hacia el coche. Mi esposa se preguntaba por qué estaba
llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y porque yo estaba
diciendo: "Dios mío, Dios mío, perdóname." Yo acababa de presenciar el amor más
puro a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo
ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa
sucia.
Autor desconocido

14/02/2014
La voz de Dios
¿Quieres aprender a amar? ¿A amar a Dios y, por Él, a los hermanos?
No esperes un instante más, no lo pienses demasiado, no te quedes en el deseo de
amar, sino ama enseguida en el momento presente. Es que amar significa hacer
enseguida, ahora ya, en este minuto, la voluntad de Dios, no la tuya.
La vida no está hecha más que de momentos presentes y valen aquellos donde
alguien quiere hacer algo.
Lo que cuenta es el presente, el instante que huye, que para mí, para ti, para nosotros
tiene que ser pescado al vuelo y vivido bien, hasta al fondo, haciendo en él lo que Dios
quiere de nosotros: estudiar, caminar, dormir, comer, sufrir, gozar, jugar ...

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Aprende a escuchar la voz de Dios en lo profundo de tu alma, la voz de la conciencia:
ella te dirá lo que Dios quiere de ti en cada momento.

¿Andas mal con tu prójimo? “Está atento – nos dice la conciencia -, tienes que amar a
todos, incluso a los enemigos...”.
¿Querrías saltar en la hora de estudio? “Está atento – te dice la voz de la conciencia -,
jugarás con más alegría después si ahora haces perfectamente tu deber”. Y lo mismo
en otras ocasiones.
Vivamos bien lo que Dios quiere en el momento presente. Entonces, así como un
punto junto a otro punto hacen una recta, un momento junto a otro momento hacen la
vida.
Chiara Lubich – Volver al presente pp 90/91- Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
Ladrillazo
Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último
modelo, con precaución de no toparse con un chico cruzando la calle sin mirar, y al
bajar la velocidad; sintió un estruendoso golpe en la puerta, y al bajarse vio que un
ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.
Trancó los frenos, dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad a
donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico
auto.
Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia
un auto estacionado; le gritó a toda voz: ¿Qué rayos fue eso?
¿Quién eres tu? ¿Qué crees que haces con mi auto? Y enfurecido casi botando humo,
continuó gritándole al chiquillo: ¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a
costarte caro! ¿Por qué hiciste eso?
"Por favor, Señor, por favor. Lo siento mucho! no sé qué hacer", suplicó el chiquillo."
Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía. Lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el
suelo, mientras señalaba hacia alrededor del auto estacionado.
"Es mi hermano", le dijo. Se descarriló su sillón de ruedas y se cayó al suelo y no
puedo levantarlo". Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo:
"¿Puede usted, por favor; ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado, y pesa
mucho
para mí solito". Soy pequeño.
Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó grueso el taco
que se le formó en su garganta.
Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del
suelo y lo sentó en su silla nuevamente sacando su pañuelo de seda para limpiar un
poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del hermano de aquel chiquillo
especial. Luego de verificar que se encontraba bien, miró; y el chiquillo le dio las
gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie... "DIOS lo bendiga,
señor...y muchas gracias" le dijo.
El hombre vio cómo se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla
de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.
El ejecutivo no ha reparado aún la puerta del auto, manteniendo la hendedura que le
hizo el ladrillazo; para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que
lanzarle un ladrillo para que preste atención.
DIOS nos susurra en el alma y en el corazón. Hay veces que tiene que lanzarnos un
ladrillo a ver si le prestamos atención.
Escoge: Escucha el susurro... o el ladrillazo.
Autor desconocido

15/02/2014
Papa Francisco:
Queridos jóvenes
Mirándolos a ustedes en este momento, me hace recordar a la historia de San
Francisco de Asís, que mirando al crucifijo escucha la voz que le dice: “Francisco,
repara mi casa”. Y el joven Francisco responde con prontitud y generosidad a esta

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llamada del Señor: “repara mi casa”. Pero, ¿qué casa? Poco a poco se da cuenta de
que no se trataba de hacer de albañil y reparar un edificio de piedra, sino de dar su
contribución a la vida de la Iglesia; se trataba de ponerse al servicio de la Iglesia,
amándola y trabajando para que en ella se reflejara cada vez más el rostro de Cristo.

También hoy el Señor sigue necesitando a los jóvenes para su Iglesia. Queridos
jóvenes, el Señor los necesita. También hoy, llama a cada uno de ustedes a seguirlo
en su Iglesia y a ser misioneros. ¿Cómo? ¿De qué manera? …como tuvimos que
cancelar por el mal tiempo la realización de esta vigilia en el Campo Fidei en
Guaratiba, ¿no estaría el Señor queriendo decirnos que el verdadero campo de la fe,
el verdadero Campo Fidei no es un lugar geográfico, sino que somos nosotros? Sí, es
verdad, cada uno de nosotros, cada uno de ustedes, yo, todos. Y ser discípulo
misionero significa saber que somos el campo de la fe de Dios. Por eso, a partir de la
imagen del Campo de la Fe, pensé en tres imágenes que nos pueden ayudar a
entender mejor lo que significa ser un discípulo-misionero: la primera, el campo como
lugar donde se siembra; la segunda, el campo como lugar de entrenamiento; y la
tercera, el campo como obra en construcción.

1. El campo como lugar donde se siembra. Todos conocemos la parábola de Jesús


que habla de un sembrador que salió a sembrar en un campo; algunas simientes
cayeron al borde del camino, entre piedras o en medio de espinas, y no llegaron a
desarrollarse; pero otras cayeron en tierra buena y dieron mucho fruto (cf. Mt 13,1-9).
Jesús mismo explicó el significado de la parábola: La simiente es la Palabra de Dios
sembrada en nuestro corazón (cf. Mt 13,18-23). Hoy, todos los días, pero hoy de
manera especial, Jesús siembra. Cuando aceptamos la Palabra de Dios, entonces
somos el Campo de la Fe. Por favor, dejen que Dios y su Palabra, entren en su vida.
Dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios. Dejen que germine, dejen que crezca.
¡Dios hace todo, pero ustedes déjenlo hacer! Dejen que Él trabaje en ese crecimiento.

Jesús nos dice que las simientes que cayeron al borde del camino, o entre las piedras
y en medio de espinas, no dieron fruto. Creo que con honestidad podemos hacernos la
pregunta ¿Qué clase de terreno somos, qué clase de terreno queremos ser? Quizás
somos a veces como el camino: escuchamos al Señor, pero no cambia nada en la
vida, porque nos dejamos atontar por tantos reclamos superficiales que escuchamos.
Yo les pregunto, pero no contesten ahora, contesten en su corazón ¿Yo soy un joven,
una joven atontado? O somos como el terreno pedregoso: acogemos a Jesús con
entusiasmo, pero somos inconstantes ante las dificultades, no tenemos el valor de ir
contracorriente. Cada uno contestamos en nuestro corazón, ¿tengo valor o soy
cobarde?; o somos como el terreno espinoso: las cosas, las pasiones negativas
sofocan en nosotros las palabras del Señor (cf. Mt 13,18-22). ¿Tengo en mi corazón la
costumbre de jugar a dos puntas? ¿Quedar bien con Dios y quedar bien con el diablo?
¿Querer recibir la semilla de Jesús y a la vez regar las espinas y los yuyos que nacen
en mi corazón? Cada uno en silencio se contesta. Hoy, sin embargo, estoy seguro de
que la simiente puede caer en buena tierra. Escuchamos estos testimonios, ¡cómo la
simiente cayó en buena tierra! “No Padre, yo no soy buena tierra, soy una calamidad,
lleno de piedras, de espinas y de todo”. Sí, puede que eso haya arriba, pero hacé un
pedacito, hacé un cachito de buena tierra, y dejá que caiga ahí ¡y vas a ver cómo
germina! Yo sé que ustedes quieren ser buena tierra. Cristianos en serio, no cristianos
a medio tiempo, no cristianos almidonados con la nariz así, que parecen cristianos y
en el fondo no hacen nada. No cristianos de fachada. Esos cristianos que son pura
facha, sino cristianos auténticos. Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una
libertad “chirle” (aguado, inconsistente) que se deja arrastrar por la moda y las
conveniencias del momento. Sé que ustedes apuntan a lo alto, a decisiones definitivas
que den pleno sentido. ¿Es así o me equivoco? Bueno, si es así, hagamos una cosa,
todos en silencio, mirémonos al corazón y cada uno dígale a Jesús  que quiere recibir
la semilla, dígale a Jesús: mirá Jesús  las piedras que hay, mira las espinas, mirá los
yuyos, pero mirá este cachito de tierra que te ofrezco para que entre la semilla. En
silencio dejamos entrar la semilla de Jesús. Acuérdense de este momento. Cada uno
sabe el nombre de la semilla que entró. Déjenla crecer y Dios la va a cuidar.

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2. El campo, además de ser lugar de siembra, es lugar de entrenamiento. Jesús nos
pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos
en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en
otros países, el fútbol es una pasión nacional ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un
jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y
entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor. San Pablo nos dice:
«Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita;
nosotros, en cambio, por una corona incorruptible» (1 Co 9,25). ¡Jesús nos ofrece algo
más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda,
una vida feliz, y también un futuro con Él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Pero
nos pide que paguemos la entrada. La entrada es que nos entrenemos para «estar en
forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de
nuestra fe. A través del diálogo con Él: la oración. ‘Padre, ahora no nos va a hacer
rezar a todos, ¿no?’ Les pregunto, pero contestan en su corazón en silencio ‘¿yo
rezo?’ cada uno se contesta. ¿Yo hablo con Jesús? ¿o le tengo miedo al silencio?
¿dejo que el Espíritu Santo hable en mi corazón? Yo le pregunto a Jesús ¿qué querés
que haga? ¿Qué querés de mi vida? Esto es entrenarse. Pregúntenle a Jesús, hablen
con Jesús. Y si cometen un error en la vida, si se pegan un resbalón, si hacen algo
que está mal. No tengan miedo. ‘Jesús, mirá lo que hice ¿qué tengo que hacer ahora?’
Pero siempre hablen con Jesús. ¡En las buenas y en las malas! ¡Cuando hacen una
cosa buena y cuando hacen una cosa mala! ¡No le tengan miedo, eso es la oración! Y
con eso se van entrenando en el diálogo con Jesús en este discipulado misionero. Y
también a través de los sacramentos, que hacen crecer en nosotros su presencia. A
través del amor fraterno, del saber escuchar, comprender, perdonar, acoger, ayudar a
los otros, a todos, sin excluir y sin marginar. Estos son los entrenamientos para seguir
a Jesús: La oración, los sacramentos y la ayuda a los demás. El servicio a los demás.

3. El campo como obra en construcción. Acá estamos viendo cómo se ha construido


esto aquí (la iglesia de madera levantada por los jóvenes) Se empezaron a mover los
muchachos, las chicas, movieron y construyeron una iglesia. Cuando nuestro corazón
es una tierra buena que recibe la Palabra de Dios, cuando «se suda la camiseta»,
tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos,
formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos
parte de la Iglesia; Los muchachos, estas chicas, no están solos. En conjunto hicieron
un camino y construyeron la iglesia. En conjunto hicieron lo de San Francisco:
construir, reparar la iglesia. Les pregunto ¿quieren construir la Iglesia? ¿Se animan?
¿Y mañana se van a olvidar de este ‘sí’ que dijeron?
Somos parte de la Iglesia. Más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y
protagonistas de la historia. Chicos y chicas, por favor, no se metan en la cola de la
historia, ¡sean protagonistas! ¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante! ¡Construyan
un mundo mejor! ¡Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de
fraternidad, de solidaridad! ¡Juéguenla adelante siempre! San Pedro nos dice que
somos piedras vivas que forman una casa espiritual (cf. 1 P 2,5). Y mirando este
palco, vemos que tiene la forma de una iglesia construida con piedras, con ladrillos. En
la Iglesia de Jesús, las piedras vivas somos nosotros, y Jesús nos pide que
edifiquemos su Iglesia. Cada uno de nosotros es una piedra viva, es un pedacito de la
construcción, y si falta ese pedacito cuando viene la lluvia entra la gotera y se mete el
agua dentro de la casa. Cada pedacito vivo tiene que cuidar la unidad y la seguridad
de la Iglesia. Y no construir una pequeña capilla donde sólo cabe un grupito de
personas. Jesús nos pide que su Iglesia sea tan grande que pueda alojar a toda la
humanidad, que sea la casa de todos. Jesús me dice a mí, a vos, a cada uno: «Vayan,
y hagan discípulos a todas las naciones». Esta tarde, respondámosle: Sí, Señor,
también yo quiero ser una piedra viva; juntos queremos construir la Iglesia de Jesús.
Quiero ir y ser constructor de la Iglesia de Cristo.

Tu corazón joven quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo
que en tantos jóvenes, en muchas partes del mundo han salido por las calles para
expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son
jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean
los protagonistas de los cambios. ¡Ustedes son los que tienen el futuro! Por ustedes

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entra el futuro en el mundo. A ustedes también les pido que sean protagonistas de
este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las
inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo.
Les pido que sean constructores del futuro. Que se metan en el trabajo por un mundo
mejor. Queridos jóvenes, por favor ¡no balconeen en la vida! ¡Métanse en ella! ¡Jesús
no se quedó en el balcón, se metió! ¡No balconeen la vida, métanse en ella como hizo
Jesús! Sin embargo, queda una pregunta: ¿Por dónde empezamos? ¿A quién le
pedimos que empiece esto? Una vez le preguntaron a la Madre Teresa qué era lo que
debía cambiar en la Iglesia, y para empezar, ¿por qué pared de la Iglesia
empezamos? ¿Por dónde hay que empezar?: ‘Por vos y por mí’, contestó ella. Tenía
garra esta mujer. Sabía por dónde había que empezar. Yo también, hoy, le robo la
palabra a la Madre Teresa, y te digo ¿empezamos?, ¿por dónde? Por vos y por mí.
Cada uno en silencio, otra vez, pregúntese si ¿tengo que empezar por mí? ¿Por
dónde empiezo? Cada uno abra su corazón para que Jesús le diga por dónde
empiezo.

Queridos amigos, no se olviden: ustedes son el campo de la fe. Ustedes son los
atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia más hermosa y de un
mundo mejor. Levantemos nuestros ojos hacia la Virgen. Ella nos ayuda a seguir a
Jesús, nos da ejemplo con su «sí» a Dios: «Aquí está la esclava del Señor, que se
cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38). Se lo digamos también nosotros a Dios,
junto con María: Hágase en mí según tu palabra. Que así sea.
Papa Francisco - Discurso a la Vigilia en la JMJ de Río el 27.7.2013

16/02/2014
En diálogo con Emmaus:
Soy María de Madrid. […]
“Este año estamos viviendo la voluntad de Dios. Muchas veces me entraban muchas
dudas, hasta decir: lo dejo todo y empiezo una vida radical, como misionera, no sé. La
voluntad de Dios todavía no se me ha manifestado. ¿Qué hago? ¿Sigo con mi vida,
con mis proyectos? ¿Dejo esto y doy mi vida a Dios?”

Emmaus. Cuando leí esta pregunta me vi bastante reflejada en tu experiencia. […]


También yo, en un momento, aunque ya conocía el Ideal, me pregunté qué podría
querer Dios de mí de verdad. Y recuerdo que una vez – esto os lo cuento así,
simplemente -, una vez escuché a un sacerdote hablar de los tres estados a los que
una joven puede llegar, es decir, consagrarse a Dios – él hablaba de la consagración a
Dios – o casarse, o permanecer virgen en el mundo. Los tres caminos clásicos. Había
un curso de ejercicios para jóvenes y yo participaba en estos ejercicios.
Yo ya conocía el ideal, ya conocía a los focolarinos casados, y me atraían mucho,
porque habiendo vivido en una bonita familia sana, mi madre y mi padre se querían,
éramos siete hijos, la vida de familia me parecía que era la más adecuada para mí. Y
yo pensaba: ¡bueno! Me casaré cuando encuentre la persona justa. Mi madre tuvo
siete hijos, yo quiero tener ocho para superarla a ella. Así, sueños que se hacen en
aquella edad. Y cuando este sacerdote habló de la vida en el matrimonio, a mí me
parecía que tal como lo presentaba era muy insulso, sin demasiado significado. Y me
dije: pero, él no sabe presentar la vida del matrimonio, porque no conoce los
focolarinos casados – pensé yo -, porque los focolarinos casados son otra cosa, y sigo
convencida que son otra cosa y que es así.
Al día siguiente habló de la vocación de la virginidad consagrada, del darse
completamente a Dios, y habló con gran entusiasmo, con una gran encanto, también
porque era su vida, evidentemente, por lo tanto la sabía presentar bien.
Y yo dije: ¡es verdad, ésta es más bonita, ésta es más bonita!
Pero, pero me dije: es más bonita pero no es para mí porque yo pienso casarme. Pero
quería decirle algo a este sacerdote. Entonces fui a hablar con él y le dije: “Mire, me
ha gustado mucho lo que Usted ha dicho esta tarde. Lo que Usted dijo ayer me gustó
un poco menos, porque pienso que lo que Usted ha dicho esta tarde se puede también
aplicar tal cual a un casado si este casado vive por Dios” Yo pensaba en los
focolarinos casados y le hablé mucho de los focolarinos casados, sin decir “focolarinos

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casados”, sino de estas (familias) que hacen de verdad de su matrimonio un don a
Dios, que eligen a Dios… le hice todo este discurso.
Él me escucho muy tranquilamente. Y luego me dijo: “Señorita, mire que hoy Jesús la
ha llamado”. Yo le dije: ah, un momento – digo – no. ¿Qué significa esto? Y él me dijo:
“Mire, Jesús la ha llamado, Usted puede decir sí o no, porque Jesús dice: “Si quieres
ven y sígueme, por tanto le deja la libertad, “si quieres”, pero Jesús la ha llamado,
sepa que Jesús la ha llamado”.
A mí esto me produjo una gran confusión, porque hasta aquel momento estaba
bastante tranquila. En cambio cuando él me dijo esto yo volví a casa con el alma un
poco confundida, porque me decía: bien ¡una bonita historia!: “Jesús me ha llamado”,
lo dice él; lo tengo que sentir yo, él no puede decir que Jesús me llama. ¡Si no lo
siento yo personalmente, yo no respondo! Esto fue lo primero.
Lo segundo: me decía tal vez él se equivoca, seguramente él se equivoca, porque yo
no lo he sentido, pero ¿si fuese verdad? ¿Si fuese verdad? Y me decía: ¿puedo
arriesgarme a decir no a Dios si fuese verdad que él me llama? Y pasé una noche
para nada tranquila, porque decía: ¡madre mía! Cierto, es fácil decir… Él dice: “Jesús
la deja libre” Pero ¿qué quiere decir: Jesús te deja libre? ¿Te deja libre de renunciar a
una cosa tan grande como es elegir a Dios? ¡estaría loca si renunciara a una cosa tan
grande! Si es verdad que Él me llama yo no quiero otra cosa. Pero yo no sé si es
verdad, no lo creo, no me parece.
Ésta era mi lucha dentro.
Hasta que por la mañana, antes de ir a Misa, me dije: yo no puedo ir a Misa con esta
lucha interior. Entré en la iglesia y le dije a Jesús:”Mira, yo no quiero arriesgarme a
perder esta ocasión, de decirte que no. Por tanto digo que sí. Pero yo no he sentido tu
llamada, pero si es verdad yo te digo que sí, luego Tú ¡arréglatelas!” Hice así. Le dije
sí a Jesús sin comprender bien nada todavía. Fui a comulgar y después de recibir a
Jesús dentro de mí, sentí de un modo claro: sí, es verdad. Y a partir de aquel
momento ya no tuve ninguna duda de responder a Dios.
Después digo: ¿y esto qué significa concretamente? Ni siquiera me pasó por la mente
ir al focolar, aunque ya conocía el Ideal, conocía las focolarinas, pero me parecía que
aquello era algo tan bonito para mí, tan paradisíaco, tan feliz, que me parecía que si
iba al focolar no le daba nada a Dios. Pensaba que para dar algo a Dios tenía que
sacrificar algo, y me parecía que en focolar… Estaba en los comienzos, por lo tanto no
es que había hecho muchas experiencias de vida de unidad, etc.
Entonces pensé como has pensado tú, tal vez lo mejor es ver, buscar… En clausura
seguramente yo no resisto, por eso no pensé en la clausura; pero me dije: tal vez las
misiones, tal vez las misiones son algo interesante. Y entonces escribí a algunas
religiosas que conocía – misioneras – para que me dijesen algo de su regla, de su
vida. Es más, una vez fui a uno de estos institutos de religiosas para conocerlas un
poco más, para ver si por casualidad la llamada de Dios se concretaba en aquel
convento, en aquella Orden religiosa.
Y eran estupendas, bellísimo; lo que me contaban era maravillosos, lo que hacían era
hermosísimo. Pero yo no me sentía cómoda, no me sentía cómoda. Y fui de nuevo a
la capilla a hablar con Jesús y le dije: “Pero, Jesús, ¿qué es lo que quieres?. He
comprendido que me quieres para ti, he comprendido que me tengo que donar a ti,
pero ¿qué quieres? ¿Dónde me quieres?” Y allí me pareció que Jesús me respondía y
me decía: “Tú sabes dónde estás bien ¿por qué buscas otro sitio? Tú ya sabes dónde
estás bien. Tú ya sabes donde de verdad te encuentras cómoda, te sientes realizada,
y ¿por qué piensas que yo te quiero en otra parte?”.
Y allí, de golpe, pues sí, Dios es Amor, por tanto si Dios me ha preparado un lugar
donde yo me siento bien, es allí donde me quiere. Y salí de aquella capilla de las
religiosas con una gran seguridad en el alma. Cogí un folio y escribí a las focolarinas:
“He comprendido que Dios me quiere en el focolar. Si vosotros también me queréis, yo
estoy dispuesta” Y ese mismo año partí.
¿Por qué os cuento esto? Porque algunas veces , en la incertidumbre, hay que tener
el valor de arriesgar, hay que tener este valor. Como Dios es Amor, si tú le dices tu sí
por amor en aquello que en ese momento te parece que te pida, después, si te
equivocas, si por casualidad… es Él quien piensa en ponerte en otro lugar. Pero tú
arriesga por Él, no arriesgues el perder su mirada de amor especial.

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¿Qué te digo, entonces? Te digo deja, te digo sigue, deja lo que estás haciendo ¡No!
Te digo: escucha bien a Jesús dentro de ti, pero con esta disponibilidad, de decirle sí,
a lo que Él te pide, decirle sí. De no tener dudas sobre el hecho de que le tienes que
decir sí. Puedes tener dudas de cómo y dónde, y Él te lo hará comprender, pero
mientras tú dile sí, a cualquier cosa que te pida.
Emmaus con los internos de Madrid – 30.11.2011

Para pensar:
Decálogo de la serenidad
Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de
mi vida todo de una vez.
Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no
criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la
felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este también.
Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se
adapten a mis deseos.
Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que,
como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es
necesaria para la vida del alma.
Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera
ofendido en mis sentimientos, preocuparé que nadie se entere.
Sólo por hoy haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo
redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario,
que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar lo que
es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer bien durante doce horas, lo que me descorazonaría si pensase tener que
hacerlo durante toda mi vida.
Juan XXIII

17/02/2014
El joven rico
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo
hacer para conseguir la Vida eterna?».
Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el
Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos».
«¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás
adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?».
«Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres:
así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.
Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente un rico entrará en
el Reino de los Cielos.
Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico
entre en el Reino de los Cielos».
Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: «Entonces, ¿quién
podrá salvarse?».
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres esto es imposible, pero
para Dios todo es posible».
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te
hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo
del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se
sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

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Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos
o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.
Evangelio San Mateo 19, 16-30

Para pensar:
El cuenco de leche
Había una vez un hombre que tenía la fama de ser el más santo de su pueblo, puesto
que se pasaba el día leyendo la Biblia y rezando. Un día se atrevió a preguntarle a
Dios si, efectivamente, era él el más santo de ese pueblo, como la gente decía. Y Dios
le respondió que no; que había un hombre que era más santo que él, y le indicó quién
era y dónde vivía. 
Nuestro buen hombre, movido por la curiosidad, se dirigió hasta el lugar que Dios le
había indicado, una cabaña en las afueras del pueblo, y decidió observar de lejos a
este gran hombre que según Dios, era más santo que él. El hombre en cuestión era un
pobre leñador, con esposa y cuatro hijos que mantener. La observación no resultó
muy entretenida, puesto que el hombre se pasó todo el día cortando leña sin parar,
excepto para comer algo a media mañana, a la hora del almuerzo y a media tarde,
previamente dando gracias a Dios por el trabajo y la comida que le daba. La otra
pausa que hizo, fue para ayudar a otro campesino que pasando por ahí, rompió una
rueda de su carreta. Eso fue todo lo que pudo observar. 
De regreso a su casa le reclamó a Dios: "¿Cómo puede ser, Señor, que digas que ese
hombre es más santo que yo? Si es un pobre ignorante, que apuesto que jamás leyó
la Biblia porque hasta analfabeto es. ¡Y lo único que hizo es pasarse el día cortando
leña!". Dios lo hizo callar, y le ordenó que para probar su fidelidad, llenase un plato con
leche, y recorriese las calles del pueblo sin derramar nada. Nuestro hombre, deseoso
de demostrar su fidelidad, obedeció al instante. Los habitantes del pueblo lo miraban
con curiosidad y más de uno dejó escapar una carcajada al ver a nuestro amigo en tan
extraña labor, pero él iba tan absorto en su tarea que podría haberle pasado un
camión por encima y no se iba a dar cuenta. Al terminar su recorrido, orgulloso de no
haber derramado ni una sola gota, esperó con satisfacción un reconocimiento divino,
pero Dios sin decir más nada le preguntó: "Dime, ¿cuántas veces te acordaste de mí
mientras caminabas?" . Y el hombre respondió: "¿Cómo iba a tener tiempo de pensar
en algo? Estuve todo el tiempo tan concentrado cuidando de no derramar ni una gota
de leche que no podía distraerme en otra cosa". 
"¿Y así quieres ser el más santo del mundo? Ese pobre campesino tuvo que trabajar
todo el día para alimentar a su familia, pero sin embargo tuvo tiempo de acordarse tres
veces de mí, y de ayudar a otro a reparar su carreta. En cambio tú, en todo el tiempo
que llevaste ese plato de leche, no te acordaste ni una vez de mí, y ni siquiera viste a
ese niño que te pidió una moneda ni a la anciana que tropezó en la calle y te
necesitaba para que la ayudases a levantarse. Si de veras quieres ser santo, debes
aprender a cumplir con tus obligaciones diarias, sin dejarte absorber por ellas, dándote
tiempo para acordarte de mí y prestar atención a los que te rodean y necesitan de ti." 
Autor desconocido

18/02/2014
En diálogo con Emmaus:
Alguien de ustedes me dice: a veces nos surgen dudas: mis amigos pueden hacer lo
que quieren, van al cine, van a bailar, yo estoy comprometida con los gen y a veces no
puedo hacerlo… ¿No será que así pierdo mi juventud y luego me viene el
remordimiento de no haber podido hacer estas cosas porque he hecho una elección
más alta, y después, quizás, me arrepiento?".
Y me pregunten: "¿Tú, te has arrepentido alguna vez? Tú también, en alguna ocasión,
te has arrepentido pensando: ¿si lo hubiese hecho de otra manera, quizás habría sido
mejor?"
Mira, te digo: no, nunca lo he sentido, es más, siempre he sentido que he hecho la
mejor elección. Pero alguna vez alguien me lo pregunta, y entonces he tratado de
preguntármelo, y me he dicho: ¡yo era libre! Cuando Jesús me hizo conocer el Ideal,
cuando encontré a las focolarinas, cuando decidí vivir la vida Ideal -no puedo decir la
vida gen porque entonces no estaban las gen-, pero vivir la vida Ideal, cuando decidí

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seguir esta vida, sin duda podía haber tomado otra decisión, era libre; podía continuar
mi vida normal, podía haber encontrado un novio, casarme, tener una familia, quizás
tener 12 hijos, muchos nietos, podía continuar mi carrera, ejercer de abogado; quizás
–como tenía éxito- podía llegar a ser incluso Presidente del Tribunal; podía llegar a ser
diputado, ministro. ¡Podía! Podía, nadie me lo impedía, soy yo quien elegí otra cosa.
Pero, incluso si hubiese tenido todo esto, ¿al final? Al final, ¿qué habría sido en
comparación con las alegrías, con las cosas tan maravillosas que estoy
experimentando porque he seguido a Jesús? No habría tenido hermanos como
ustedes, ni habría tenido la posibilidad de ver este boceto de mundo unido que veo en
esta sala; no habría tenido la gracia, la alegría de descubrir en muchas partes del
mundo esta familia unida. ¡Cuántas cosas me habría perdido!
Estén seguros, ¡no se pueden imaginar ni desde lejos qué es lo que Jesús puede
darles si renuncian a algo por Él! Que en el fondo no es renunciar, porque se elige lo
mejor. Lo he experimentado y por tanto les puedo decir: no duden, no duden. Y luego
miran a alrededor de ustedes. Sin duda sus amigos llevarán una vida más fácil,
llevarán una vida más mediocre, si quieren, pero pregúntenles: ¿de verdad son
realmente felices? Quizás van a una fiesta, bailan, se distraen, les parece que son
felices, pero preguntaros y alguna vez preguntádselo también a ellos: "Pero en el
fondo de tu corazón, ¿de verdad eres feliz?". Y descubrirán cuántas veces no lo son
hasta el fondo, y no lo son hasta el fondo porque su elección no les puede saciar hasta
el fondo; los satisface durante un momento, los distrae, los satisface, pero no puede
saciarlos hasta el fondo, porque hasta el fondo sólo Dios puede saciarnos, nadie más.
Por consiguiente, no lo duden; no piensen que se arrepentirán, es más se
arrepentirían muchísimo el día de mañana si se dieran cuenta de no haber optado por
lo mejor. Les aseguro de que es así, Les lo aseguro por mi experiencia, y espero que
me crean. Emmaus a los jóvenes en Bogotá – 6.4.2012

Para pensar:
El frasco lleno
Cuando las cosas en la vida parecen demasiado, cuando 24 horas al día no son 
suficientes,  recuerda el frasco de mayonesa y el café.
Un profesor delante de su clase de filosofía, sin decir  palabra, tomó un frasco de
mayonesa vacío y procedió a llenarlo con pelotas de golf.
Luego les preguntó a sus alumnos si el frasco estaba lleno. Los estudiantes estuvieron
de acuerdo en decir que sí.
Así que el profesor tomó una caja llena de bolitas y las vació entre las pelotas de golf.
Volvió a preguntarle a su clase si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.
Entonces tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena
llenó todos los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba
lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un "sí" unánime.
Entonces el profesor agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente
llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes reían en esta ocasión.
Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo: "Quiero que se den cuenta que este frasco
representa la vida".
"Las pelotas de golf son las cosas verdaderamente importantes, como la familia, los
hijos, los  amores, los amigos, la salud, las cosas que nos apasionan, Dios. Son cosas
que aún si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas  quedaran, nuestra vida aún
estaría llena, aún tendría sentido.
Las bolitas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el auto, etc..
La  arena es todo lo demás, las pequeñas cosas."
"Si ponemos arena en el frasco primero, no habría lugar para las bolitas ni para las
pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida."
"Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en pequeñas cosas o en cosas que no
nos llenan,  nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes."
Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.
Juega con tus hijos, ve a cenar con tu pareja, tómate tiempo para asistir al doctor y
practica tu deporte o afición favorita.
Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y terminar ese proyecto de la oficina.
Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.

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Establece tus prioridades, el resto es sólo arena.
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café.
El profesor sonrió y dijo: "Qué bueno que lo preguntas. Sólo es para demostrarles que
no importa cuán ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de
tazas de café con un amigo".
Autor desconocido

19/02/2014
En diálogo con Emmaus:
¿Cómo puedo amar a los demás si antes no me amo a mí mismo?
Giovanni: Ciao Emmaus, me llamo Giovanni, vengo de Sicilia.
“Me ha impresionado cuando tú hablabas de amar al hermano, amar siempre al
prójimo. Pero si esto ya es difícil – muchas veces no basta - ¿No tendríamos que
aprender a dejarnos amar por el otro? Y con qué presunción podemos enseñar al otro
como amarnos si tal vez nosotros somos los primeros que no somos capaces de
amarnos a nosotros? En los mandamientos está escrito de amar al prójimo como a
nosotros mismos. Si yo no me amo bien a mí, no vivo bien mi espiritualidad, ¿cómo
puedo enseñar a otro a amarme y a ser yo el primero en amarlo?”
Emmaus: (…) Mira lo primero que tienes que pensar es que justamente tú eres
amado personalmente por Dios, es decir que Dios te ha creado por amor. No puede
ser de otro modo porque Dios es Amor. Por lo tanto el hecho de que te ha creado, el
hecho de que te ha dado la vida es la demostración de que Dios te ha amado.
¿Recordáis a Vale? Alguno de vosotros la ha conocido, quizás no todos. Vale siempre
decía: “¡Le habéis gustado a Dios, entonces gustaos vosotros! Es decir le has gustado
a Dios. Dios te ha amado, Dios te ha mirado, Dios te ha hecho el don del ideal, te ha
hecho nacer en una familia, te ha dado muchos dones, y encima te ha dado el don del
ideal, por tanto te ha amado, te ha demostrado que te quiere; quiere decir que le
gustas a Dios. Y si tú le gustas a Dios ¿con qué valor dices: “yo no me gusto a mí, no
me amo?”. ¿Por qué? Dios me ama por tanto yo tengo que amarme. Si Dios me ama
con mayor razón me tengo que amar yo. Pero no me tengo que amar porque soy
estupendo, porque soy capaz, porque soy inteligente, porque… ¡No! Sino porque Dios
me ama. Por eso tengo que amar en mí el proyecto que Dios tiene sobre mí y que
trato de realizar con su ayuda. El proyecto que Dios tiene sobre mí es también el de
vivir como gen, de estar con los otros, de amar a los otros, de ayudar a los demás en
el amor. Y, mirad que esto es importante
Emmaus al encuentro de las unidades Arcoiris en Castel Gandolfo – 28.12.2012

Para pensar:
La historia de Demóstenes
El joven Demóstenes soñaba con ser un gran orador, sin embargo este propósito
parecía una locura desde todo punto de vista.
Su trabajo era humilde, y de extenuantes horas a la intemperie.
No tenía el dinero para pagar a sus maestros, ni ningún tipo de conocimientos.
Además tenía otra gran limitación: Era tartamudo.
Demóstenes sabía que la persistencia y la tenacidad hacen milagros y, cultivando
estas virtudes, pudo asistir a los discursos de los oradores y filósofos más prominentes
de la época. Hasta tuvo la oportunidad de ver al mismísimo Platón exponer sus
teorías.
Ansioso por empezar, no perdió tiempo en preparar su primer discurso.
Su entusiasmo duró poco: La presentación fue un desastre.
Fue un gran fracaso. A la tercera frase fue interrumpido por los gritos de protesta de la
audiencia:
- ¿Para qué nos repite diez veces la misma frase?
-dijo un hombre seguido de las carcajadas del público.
- ¡Hable más alto! -exclamó otro-. No se escucha, ¡ponga el aire en sus pulmones y no
en su cerebro!
Las burlas acentuaron el nerviosismo y el tartamudeo de Demóstenes, quien se retiró
entre los abucheos sin siquiera terminar su discurso.
Cualquier otra persona hubiera olvidado sus sueños para siempre. Fueron muchos los
que le aconsejaron –y muchos otros los que lo humillaron- para que desistiera de tan

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absurdo propósito.
En vez de sentirse desanimado, Demóstenes tomaba esas afirmaciones como un
desafío, como un juego que él quería ganar.
Usaba la frustración para agrandarse, para llenarse de fuerza, para mirar más lejos.
Sabía que los premios de la vida eran para quienes tenían la paciencia y persistencia
de saber crecer.
- Tengo que trabajar en mi estilo.- se decía a sí mismo.
Así fue que se embarcó en la aventura de hacer todo lo necesario para superar las
adversas circunstancias que lo rodeaban.
Se afeitó la cabeza, para así resistir la tentación de salir a las calles. De este modo,
día a día, se aislaba hasta el amanecer practicando.
En los atardeceres corría por las playas, gritándole al sol con todas sus fuerzas, para
así ejercitar sus pulmones.
Más entrada la noche, se llenaba la boca con piedras y se ponía un cuchillo afilado
entre los dientes para forzarse a hablar sin tartamudear.
Al regresar a la casa se paraba durante horas frente a un espejo para mejorar su
postura y sus gestos.
Así pasaron meses y años, antes de que reapareciera de nuevo ante la asamblea
defendiendo con éxito a un fabricante de lámparas, a quien sus ingratos hijos le
querían arrebatar su patrimonio.
En esta ocasión la seguridad, la elocuencia y la sabiduría de Demóstenes fue
ovacionada por el público hasta el cansancio.
Demóstenes fue posteriormente elegido como embajador de la ciudad.
Su persistencia convirtió las piedras del camino en las rocas sobre las cuales levantó
sus sueños.
Autor desconocido

20/02/2014
Papa Francisco:
La caza del único tesoro que se puede llevar consigo en la vida después de la vida es
la razón de ser de un cristiano. Es lo que Jesús explica a los discípulos, en el pasaje
del Evangelio de hoy, tomado de Mateo: “donde está tu tesoro, allí estará también tu
corazón”. El problema, explicó el Papa Francisco, se encuentra en el no confundir las
riquezas. Hay “tesoros peligrosos” que seducen “pero que debemos dejar”, aquellos
acumulados durante la vida y que la muerte hace inútiles. El Pontífice constató con
leve ironía: “jamás vi un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, jamás”.
Pero también existe un tesoro que “podemos llevar con nosotros”, un tesoro que nadie
puede robar, que no es – afirmó – “aquello que has acumulado para ti”, sino “aquello
que has dado a los demás”:
“Aquel tesoro que hemos dado a los demás, ese tesoro lo llevamos. Y ése será
nuestro mérito – entre comillas, ¡pero es nuestro ‘mérito’ de Jesucristo en nosotros! y
aquello tenemos que llevarlo. Es aquello que el Señor nos deja portar. El amor, la
caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura, ésos son tesoros bellísimos:
aquellos que llevamos. No los otros”.
Por lo tanto, como dice el Evangelio, el tesoro que vale a los ojos de Dios es aquel que
ya desde la tierra se ha acumulado en el cielo. Pero Jesús, precisó el Santo Padre, da
un paso más: ata el tesoro al “corazón”, crea una “relación” entre ambos términos.
Esto, agregó, porque el nuestro “es un corazón inquieto”, que el Señor “ha hecho así
para buscarlo”.
“El Señor nos ha hecho inquietos para buscarlo, para encontrarlo, para crecer. Porque
si nuestro tesoro es un tesoro que no está cerca del Señor, que no es del Señor,
nuestro corazón se vuelve inquieto por cosas que no valen, por estos tesoros… Tanta
gente, también nosotros somos inquietos… Por tener esto, por conseguir aquello al
final nuestro corazón se cansa, no se conforma jamás: se cansa, se vuelve flojo, se
vuelve un corazón sin amor. El cansancio del corazón. Pensemos en esto. ¿Qué cosa
tengo: un corazón cansado, que sólo quiere acomodarse, con tres-cuatro cosas, una
abundante cuenta bancaria, esto, o esto otro? ¿O un corazón inquieto, que cada vez
más busca las cosas que no puede tener, las cosas del Señor? Siempre es necesaria
esta inquietud del corazón”.
A este punto, continuó el Obispo de Roma, Cristo llama en causa también al “ojo”, que

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es símbolo “de la intención del corazón” y que se refleja sobre el cuerpo: un “corazón
que ama” convierte al cuerpo en “luminoso”, un “corazón malo” lo hace oscuro. Del
contraste luz-tiniebla, notó el Papa, depende “nuestro juicio sobre las cosas”, como por
lo demás demuestra el hecho que de un “corazón de piedra”, “apegado a un tesoro de
la tierra” – a “un tesoro egoísta” que puede también convertirse en un tesoro “del odio”
– “se originan las guerras…”. La oración final de Francisco fue para que por
intercesión de san Luis Gonzaga, que la Iglesia recuerda hoy, pidamos “la gracia de
un corazón nuevo”, un “corazón de carne”:
“Que el Señor vuelva humanos todos estos pedazos de corazón que son de piedra,
con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir adelante, buscándolo y dejándose
buscar por Él. ¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos salvará de
los tesoros que no pueden ayudarnos a lograr el encuentro con Él, en el servicio a los
demás, y también nos dará la luz para conocer y juzgar según el verdadero tesoro: su
verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así
convertirnos en personas luminosas y no en personas de las tinieblas”.
Papa Francisco en la misa a Santa Marta del 21.6.2013

Para pensar:
Amado Hijo:
El día que esté viejo y ya no sea el mismo: TEN PACIENCIA Y COMPRÉNDEME.
Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide cómo atarme mis zapatos ténme
paciencia, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra
como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño para que te
durmieras, tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los
ojitos.
Cuando estemos reunidos y sin querer, haga mis necesidades, no te avergüences y
comprende que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa
cuántas veces cuando niño te ayudé y estuve pacientemente a tu lado esperando a
que terminaras lo que estabas haciendo.
No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los
momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más
agradable tu aseo.
Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no
podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no
lastimarme con tu sonrisa burlona.
Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y cómo enfrentar
la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia.
Cuando en algún momento, mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué
estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si
no puedo hacerlo no te impacientes; tal vez no era importante lo que hablaba y lo
único que quería era estar contigo y que me escucharas en ese momento.
Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuándo no debo.
También comprende que con el tiempo, ya no tengo dientes para morder ni gusto para
sentir.
Cuando mis piernas fallen por estar cansadas para andar.... dame tu mano tierna para
apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.
Por ultimo, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y sólo quiero morir,
no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto
te ame.
Trata de comprender que ya no vivo sino que sobrevivo, y eso no es vivir.
Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.
Piensa entonces que con este paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para
tí otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
No te sientas triste, enojado o impotente por verme así.
Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir.
De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes
a terminar el mío. Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el
inmenso amor que tengo por ti.
Autor anónimo

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21/02/2014
En diálogo con Emmaus:
Cuando me desanimo y soy incoherente…
También alguien dice: “Algunas veces me desanimo porque siento que no logro, que
soy incoherente, que mi vida no es según el Ideal, sobre todo cuando oigo las bonitas
experiencias de los otros, entonces me entra el desánimo”.
Yo les digo: atentos, porque algunas veces cuando se cuentan las experiencias…,
justamente, porque uno quiere dar a los demás lo bonito y no lo negativo, entonces da
todo lo positivo, y en cambio no cuenta todo aquello que ha vivido con dificultad, con
sufrimiento para llegar a aquel positivo. Por eso el otro tiene la impresión: “Pero mira
qué bueno es, yo no llegaré nunca a ser como él”. ¿Les sucede? A mí me sucede
alguna vez. Cuando oigo una experiencia bonita digo: “Madre mía, ¡qué bueno!
¿Cuándo seré yo capaz de hacer así? Nunca”. Y no pienso que quizás él para llegar a
realizar esa bonita experiencia – él o ella – ha dado muchos pasos, lo ha logrado
porque ha dado muchos pasos; ha sufrido, quizás 10 veces no lo ha logrado y en la
décimo primera vez lo ha logrado pero sólo les cuenta la décimo primera vez y las 10
veces anteriores no se las cuenta.
En cierto sentido esto es justo, es bonito, porque queremos dar a los demás todo lo
positivo; pero alguna vez conviene decir que existe alguna dificultad, incluso en el
contar las experiencias. Pero no decir la dificultad para hacérselo pesar a los demás,
decir la dificultad para decir: somos iguales, estamos todos en camino. Nos ayudamos
a ir adelante, nos ayudamos, no es que yo estoy más adelante que tú. Yo te digo esto:
lo he logrado así, he hecho esta experiencia así, esta vez me ha ido bien, aquella otra
vez no me ha ido bien, pero comprendí que puedo hacer… Por lo tanto incluso en el
contaros las experiencias diría que sean más sinceros, más auténticos, más
verdaderos, sin miedo a ser juzgados después. Dice: “Oh, mira, parecía tan buena y
en cambio mira que… antes de llegar a esto”. Sin miedo, así, con coherencia.
Emmaus en el encuentro de las unidades Arcoiris en Castel Gandolfo– 28.12.2012

Para pensar:
El valor
“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa, que no tengo fuerzas para hacer
nada. Todos me dicen que soy una calamidad, que no sirvo para nada, que no hago
nada bien, que soy bastante tonto… ¿Cómo puedo mejorar?…¿Qué puedo hacer para
que me valoren más?”
El maestro, sin mirarle le dijo:
- “!Cuánto lo siento, pequeño saltamontes. No puedo ayudarte, porque debo resolver
primero mi propio problema. Si quisieras ayudarme tú a mí, podría resolver el tema
con más rapidez y luego, tal vez te pudiera ayudar.”.
- “Encantado”– titubeó el muchacho, aunque una vez más sintió que volvía a ser
desvalorizado y vio sus necesidades otra vez postergadas.
- “Bien”, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique
izquierdo y dándoselo al chico, agregó:
- “Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este
anillo y trata de obtener por él la mayor suma posible, pero nunca aceptes menos de
una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas”
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los
mercaderes. Éstos lo miraban con cierto interés, hasta que decía el precio que
pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, unos se reían,
otros daban media vuelta hasta que un viejito le explicó que una moneda de oro era
muy valiosa para entregarla a cambio del anillo.
Después de ofrecer la joya a más de cien personas y abatido por su fracaso, montó en
el caballo y regresó. Entró en la habitación y dijo:
- Maestro lo siento… no pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría conseguir
dos o tres monedas de plata, aunque no creo que yo pueda engañar a nadie respecto
del verdadero valor del anillo”.
- “!Qué importante lo que dijiste, pequeño saltamontes”- contestó sonriente el maestro.
“Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al
joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y
pregúntale cuánto daría por él. A pesar de todo lo que te ofrezca, nunca se lo vendas.

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Regresa aquí de nuevo con el anillo”.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo. Lo miró con lupa, lo pesó y
luego le dijo:
- “Dile al maestro, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de
oro”.
- ¿58 monedas??? Exclamó el joven.
- “Sí”- replicó el joyero- Sé que con el tiempo, podríamos obtener hasta 70, pero nunca
si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- “Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya
valiosa y única y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué
haces por la vida, pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?.
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
Autor desconocido

22/02/2014
En diálogo con Emmaus:
Alguien me dice: “Tengo miedo del dolor, quiero escapar del dolor, no ir al encuentro
del dolor".
Mira, te digo la verdad ¿sabes?: ¡yo también huiría del dolor! Incluso Jesús también
habría hecho lo mismo, tanto es así que le dijo al Padre: “Si es posible, que pase de
mí este cáliz”.
Esto significa que también sintió el miedo del dolor, la angustia frente al dolor. Esto es
normal, es humano. No debemos pensar que somos raros porque no nos gusta el
dolor, a nadie le gusta el dolor.
Ahora podrías pensar: “¡Madre mía! ¡Ahora Emmaus me lo está cambiando todo!
Siempre pensé que Jesús abandonado vale y ahora ella me dice…". ¡No! ¡Un
momento! No te digo que Jesús abandonado no vale, te digo: es el dolor de lo que
nosotros escapamos.
¿Pero qué es Jesús abandonado?
El dolor no es la cruz en el sentido de dos pedazos de madera clavados juntos. Jesús
abandonado es una persona, es decir es Jesús, el hijo de Dios, hombre, hecho
hombre por nosotros, que por nosotros dio la vida y la dio de ese modo terrible –como
sabemos– en la cruz, crucificado. Pero cuando encontramos el dolor, lo encontramos
a Él, es decir encontramos a esta persona, encontramos este amor infinito,
encontramos un amor que no podemos pensarlo más grande, porque creo que no se
puede pensar un amor más grande que éste: no sólo el dar la vida, sino ser Dios y
hacerse hombre y dar la vida por nosotros.
Ante un amor tan grande debemos sentir la alegría de encontrar a alguien que nos
ama de esta manera tan grande. Y deberíamos encontrar en él precisamente este
amor infinito, que vale más que el amor de la madre, que el amor del padre, el amor
de la novia; el amor de los amores. Chiara una vez dijo que es el amor de los amores,
el súper amor, el amor más grande. Entonces, nuestra alegría de encontrarlo es
porque lo encontramos a Él, porque encontramos a esta persona, no porque
encontramos el dolor.
Por otro lado, el dolor hace parte de la vida de cada hombre; no significa que si hemos
descubierto a Jesús abandonado y elegimos a Jesús abandonado tengamos que sufrir
más que las otras personas. ¡No! Porque el dolor hace parte de la vida de todos los
hombres, y Dios nos lleva adelante en la vida a través de los dolores, las alegrías, las
victorias, las derrotas, porque necesitamos de todas estas cosas, debemos crecer con
todas estas cosas. Por lo tanto, en todo caso debemos decir que hemos recibido no un
dolor más, sino una gracia más, porque delante de un dolor hemos descubierto la
posibilidad de encontrar el amor; por lo cual no desesperarnos ante el dolor sino
alegrarnos, acogerlo, amarlo, tratando de poner el mismo amor que Él ha tenido por
nosotros –como podemos, por supuesto–, buscando por tanto esta relación de amor
con Él. (…)
Vale la pena decirle sí para siempre, porque es decir sí al amor más grande, no al
dolor. El dolor no le gusta a nadie, pero Jesús abandonado no es el dolor, es el amor
más grande, incluso si se nos presenta vestido muchas veces de dolor –que puede ser
una enfermedad, una muerte, una desilusión, un fracaso ante un examen, una pérdida

102
económica, cualquier cosa-, vestido de dolor, pero más allá de ese vestido podemos
encontrarlo, a Él que es el amor.
Emmaus con los jóvenes en Bogotá 6.4.2012

Para pensar:
El amor y el tiempo
Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos
los sentimientos y valores del hombre; El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría…
como también, todos los demás, incluso el AMOR.
Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.
Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el AMOR quedó
esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el AMOR decidió pedir ayuda.
La riqueza pasó cerca del AMOR en una barca lujosísima y el AMOR le dijo:
“Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?” – No puedo porque tengo mucho oro y plata
dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, AMOR…
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica
barca. “Orgullo te ruego… ¿puedes llevarme contigo?
No puedo llevarte AMOR… respondió el Orgullo: – Aquí todo es perfecto, podrías
arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación?
Entonces el AMOR dijo a la Tristeza que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido,
déjame ir contigo”. – No AMOR… respondió la Tristeza. – Estoy tan triste que necesito
estar sola.
Luego el Buen Humor pasó frente al AMOR, pero estaba tan contento que no sintió
que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo: “Ven AMOR te llevo conmigo”. El AMOR miró a ver quien le
hablaba y vio a un viejo.
El AMOR se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre
del viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El AMOR se dio cuenta de cuánto le debía
y le pregunto al Saber: “Saber, ¿puedes decirme quien era éste que me ayudo?”.
-”Ha sido el Tiempo”, respondió el Saber, con voz serena.
-¿El Tiempo?… se preguntó el AMOR, ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?
Porque sólo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el AMOR en la
vida.
Autor desconocido

23/02/2014
Entrenamiento
Hemos aprendido la táctica Gen, hemos tratado de ponerla en práctica: hacernos uno
con los demás, hasta que ellos se hagan uno con nosotros, o, mejor dicho, con el gran
Ideal que nos ha arrastrado. Unidos con Jesús en medio de nosotros, hemos partido
hacía la conquista del mundo.
Hacerse uno con los demás... ¿lo hemos logrado?
Confesémoslo abiertamente: algunas veces sí, otras no.
Se comprende; es duro hacerse siempre uno con los demás, estar allí quizás jugando
cuando no tienes gana; sufriendo, y esto cuesta; enseñando, y pierdes la paciencia;
lavando los platos, mientras las hermanas juegan afuera; corriendo a comprar el diario
a papá, cuando te entretendrías con gusto con tus amigos...
Hacerse uno con los demás: se necesita paciencia, perseverancia, fortaleza, arrojo,
penitencia (digámoslo con franqueza) y...¡todas las virtudes!
Y sin embargo, no existe otro camino para amar.
¿Cómo, entonces, lograr hacerme uno con los demás siempre, siempre, siempre, aun
siendo un pequeño Gen casi recién nacido?
Mira, para cualquier lucha, competencia o batalla se necesita entrenamiento. Ahora
bien, nuestra lucha, nuestra revolución, debe realizarse cada día, por lo cual el
entrenamiento se hará constantemente, sin interrupción.
¿En qué consiste?
Te lo digo en seguida: es muy simple, facilísimo.
¿Quieres aprender a amar? ¿Amar a Dios, amar a los hermanos por Él?

103
No esperes ni un instante, no lo pienses demasiado, no te detengas en el deseo de
amar, ama enseguida, en el momento presente. Y amar significa hacer enseguida,
ahora, ya, en este instante, la voluntad de Dios, no la tuya.
La vida está hecha de momentos presentes, y éstos valen para quien quiere realizar
algo. El pasado ha pasado ya, pongámoslo en la misericordia de Dios; el futuro
todavía no existe, existirá cuando sea presente.
Es el presente el que cuenta, el momento que huye, que debe ser tomado en vuelo y
vivido bien por todos, por mí, por ti, por nosotros, a fondo, haciendo en ese momento
lo que Dios quiera de nosotros: estudiar, caminar, dormir, comer, sufrir, gozar, jugar ...
Aprende a escuchar en lo profundo de tu alma la voz de Dios, la voz de la conciencia;
ella te dirá lo que Dios quiere de ti en cada momento.
¿Te enojas con tu prójimo? Atención, te dice la conciencia, debes amar a todos, aun a
los enemigos...
¿Tienes ganas de jugar en la hora de estudio? Atención – te dice la conciencia –
jugarás más tarde, con más alegría, si ahora cumples bien tu deber. Y así en todo.
Vivamos bien lo que Dios quiere en el momento presente y, así como un punto al lado
de otro componen una recta, un momento al lado de otro componen una vida.
Hay dos modos para nosotros de vivir cada momento: hacer en él nuestra voluntad o
la voluntad de Dios.
Si somos “Generación Nueva” debemos hacer en cada momento la voluntad de Dios
que hace de nosotros “jóvenes nuevos”, e impide que viva en nosotros “el hombre
viejo”, como llama San Pablo a quien hace su propia voluntad.
Vayamos entrenándonos, por lo tanto, en cada momento.
Y si alguna vez nos va mal, pidamos perdón a Dios y volvamos a empezar. También
los grandes atletas han conocido las caídas, los incidentes, pero
han alcanzado la victoria porque han perseverado.
El premio que nos espera es mucho más precioso: se llama “el Paraíso”, a donde
queremos llegar con una escuadra infinita de Gen conquistados por nosotros.
Chiara en “Coloquios con los Gen” edición del 1975 - (editorial de la revista “Gen” del
octubre 1967 – pp30-32) – Editorial Ciudad Nueva

Para pensar:
El saco de plumas
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la
envidia que le tuvo al ver el éxito que éste había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y
visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y
suelta una donde vayas".
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo
de un día las había soltado todas. 
Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Ésa es
la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle
y búscalas". 
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi
ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo
el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes
hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".
Autor desconocido

24/02/2014
En diálogo con Emmaus:
“En el momento, del nacimiento el Movimiento se difundió con una gran explosión,
cada vez eran más las personas conquistadas y a su vez conquistaban a las demás.
En cambio ahora más bien hay una lenta difusión. ¿Qué significa, que no somos

104
suficiente radicales? ¿Qué no vivimos suficientemente este camino de Jesús, o bien
hay alguna otra explicación? ".

Emmaus: Quizá las dos cosas, es decir, seguramente Jesús nos pide siempre una
radicalidad nueva, es decir la radicalidad de este momento presente, que no es la del
’43 cuando Chiara y sus primeras compañeras iniciaron. Por lo tanto es la de ahora.
Por lo tanto sin duda nos pide esto.
Y luego hay otra cosa, que es la que a menudo repetimos, que Chiara por fuerza tenía
que tener delante todo el panorama de todo lo que podía suceder. Por lo tanto en
cierto sentido durante su vida han nacido las semillas de todo lo que sucederá
mientras exista la Obra de María. Han nacido las semillas. Por lo tanto ella ha visto
este sembrar prodigioso que le hacía decir cosas que en ese momento ni siquiera
existían, como cuando, por ejemplo, decía: “Nacerá un arte nuevo”, pero aún hoy
decimos: “¿Dónde está el arte nuevo?. A lo mejor hay alguna semilla, algo pequeño de
este nuevo arte, pero Chiara lo decía cuando quizás en aquel momento ni siquiera
conocía a un artista. Pero, ¿por qué? Porque Dios le ponía dentro esta certeza de una
revolución capaz de cambiarlo todo, no sólo una cosa, todo. Por lo tanto existía este
empuje, que era necesario que existiese para lanzar la Obra, debía ser así, para iniciar
la Obra. Por lo tanto todo nació en germen, en pequeño, pero explosivo.
Ahora esta explosión se está manifestando en sus distintos puntos de vista. Y
entonces, sí que quizás aumentando en extensión parece que sea menos eficaz,
porque está esparcida en todo el mundo; entonces parecía de una eficacia
extraordinaria, pero en el fondo estaba reducida a Trento. Entonces todos decimos: “Al
cabo de pocos meses éramos…”, cuando se cuenta la historia del Ideal todos
decimos: “Al cabo de pocos meses ya éramos 500 personas”. Es cierto, ¡era mucho
después de pocos meses ser 500 personas! Pero no está solo en la ciudad de Trento,
la semilla de este Ideal está en todo el mundo.
Por lo tanto esta semilla que continúa produciendo, quizás parece menos eficaz
porque no explota como estallaba entonces, pero lo hace en todas partes, y continúa
produciendo. Por lo tanto yo no creo que lo que nosotros vemos sea un signo de
retroceso, sino que es un signo de una normal evolución porque estamos más
esparcidos, por lo tanto se ve menos la selva; porque la selva está toda concentrada
en un lugar. Si plantas un árbol aquí, uno allí, ves menos la selva pero si hay muchos
árboles, si hay muchos árboles en mucha partes. Hay más semillas.
Ahora bien, seguramente luego Dios nos pide, quizás, una mayor radicalidad, y esto
es posible, sin duda delante de Dios, cada uno sabe lo que le pide, y digo: “Tengan el
valor de responderle sí a Dios”. Si Dios les pide algo mayor de lo que les ha pedido
hasta ahora, no tengan miedo, porque sin duda si les pide más, quiere darles todavía
más. Por lo tanto denle lo que les pide, porque sin duda dará más frutos, dará más
frutos. ¿Entendido?
Por lo tanto yo no me desanimo, no me preocupo diciendo: ¿cómo es que ahora ya no
son tantos los que quedan fascinados? Porque no es verdad, porque todavía hay
muchos que todavía quedan fascinados; pero es cierto que podrían ser todavía más y
que puede ser que esto dependa de nuestro sí a Dios. De cuánto seamos generosos
en decirle si.
Por lo tanto digo: animémonos, comprometámonos realmente en tener esta
generosidad.
Emmaus con los jóvenes de Hungría – 27.5.2011

Para pensar:
Cuando creías que yo no te estaba mirando
Los niños están atentos a lo que hacemos y a lo que decimos...
Carta de un niño: Cuando creías que yo no te estaba mirando.
“Cuando creías que yo no te estaba mirando...
... te vi colgar mi primer dibujo en la heladera y corrí a hacer otro...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
... te vi poner alimento en la tacita del gato y aprendí que es bueno cuidar a los
animales...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...

105
... vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, pero que
está bien llorar...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
... te vi hacer mi postre favorito y aprendí que las cosas pequeñas son las que hacen
la vida especial...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
... te escuché hacer una oración y supe que hay un Dios al que siempre puedo acudir
y aprendí a confiar en Él...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...te sentí darme el beso de las buenas noches y me sentí amado y protegido...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
... te vi dar tiempo y tu dinero para ayudar a gente que no tenía nada y aprendí que los
que tiene deben ayudar a los que no tienen...
Cuando creías que yo no te estaba mirando...
...aprendí de tí las lecciones de la vida que necesitaba: como ser una persona buena y
productiva... como decir “mucho” con tan solo una sonrisa...
... Te miré y quise decirte GRACIAS por todas las cosas que vi cuando creías que yo
no te estaba mirando...”
Autor desconocido

25/02/2014
Papa Francisco:
(En la misa de clausura de la JMJ en Río)

Queridos jóvenes
«Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Con estas palabras, Jesús se dirige
a cada uno de ustedes diciendo: «Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial
de la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra,
pero ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás».
Jesús te llama a ser discípulo en misión. A la luz de la palabra de Dios que hemos
escuchado, ¿qué nos dice hoy el Señor? Tres palabras: Vayan, sin miedo, para
servir.

1. Vayan. En estos días aquí en Río, han podido experimentar la belleza de encontrar
a Jesús y de encontrarlo juntos, han sentido la alegría de la fe. Pero la experiencia de
este encuentro no puede quedar encerrada en su vida o en el pequeño grupo de la
parroquia, del movimiento o de su comunidad. Sería como quitarle el oxígeno a una
llama que arde.
La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte, se transmite, para
que todos conozcan, amen y profesen a Jesucristo, que es el Señor de la vida y de la
historia (cf. Rm 10,9).

Pero ¡cuidado! Jesús no ha dicho: si quieren, si tienen tiempo, sino: «Vayan y hagan
discípulos a todos los pueblos». Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la
fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a
ti; es un mandato que no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza
del amor, del hecho que Jesús ha venido antes a nosotros y nos ha dado, no algo de
sí, sino todo Él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la misericordia
de Dios.
Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a hombres libres, amigos, hermanos; y
no sólo nos envía, sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en esta
misión de amor.

¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos. El
evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen
más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir
y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a
quien parece más lejano, más indiferente.
El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su
amor.

106
En particular, quisiera que este mandato de Cristo: «Vayan», resonara en ustedes
jóvenes de la Iglesia en América Latina, comprometidos en la misión continental
promovida por los obispos. Brasil, América Latina, el mundo tiene necesidad de Cristo.
San Pablo dice: «¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!» (1 Co 9,16). Este continente
ha recibido el anuncio del evangelio, que ha marcado su camino y ha dado mucho
fruto. Ahora este anuncio se os ha confiado también a ustedes, para que resuene con
renovada fuerza.
La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les
caracteriza. Un gran apóstol de Brasil, el beato José de Anchieta, se marchó a
misionar cuando tenía sólo diecinueve años. ¿Saben cuál es el mejor medio para
evangelizar a los jóvenes? Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer.

2. Sin miedo. Puede que alguno piense: «No tengo ninguna preparación especial,
¿cómo puedo ir y anunciar el evangelio?». Querido amigo, tu miedo no se diferencia
mucho del de Jeremías, un joven como ustedes, cuando fue llamado por Dios para ser
profeta.
Recién hemos escuchado sus palabras: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar,
que sólo soy un niño». También Dios dice a ustedes lo que dijo a Jeremías: «No les
tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» (Jr 1,6.8). Él está con nosotros.

«No tengan miedo». Cuando vamos a anunciar a Cristo, es Él mismo el que va por
delante y nos guía. Al enviar a sus discípulos en misión, ha prometido: «Yo estoy con
ustedes todos los días» (Mt 28,20). Y esto es verdad también para nosotros. Jesús no
nos deja solos, nunca les deja solos. Les acompaña siempre.

Además Jesús no ha dicho: «Ve», sino «Vayan»: somos enviados juntos. Queridos
jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos,
en esta misión. Cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes,
descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos. Jesús no ha llamado a los
apóstoles a vivir aislados, los ha llamado a formar un grupo, una comunidad.
Quisiera dirigirme también a ustedes, queridos sacerdotes que concelebran conmigo
en esta eucaristía: han venido para acompañar a sus jóvenes, y es bonito compartir
esta experiencia de fe. Pero es una etapa en el camino. Sigan acompañándolos con
generosidad y alegría, ayúdenlos a comprometerse activamente en la Iglesia; que
nunca se sientan solos.

3. La última palabra: para servir. Al comienzo del salmo que hemos proclamado
están estas palabras: «Canten al Señor un cántico nuevo» (95,1).
¿Cuál es este cántico nuevo? No son palabras, no es una melodía, sino que es el
canto de su vida, es dejar que nuestra vida se identifique con la de Jesús, es tener sus
sentimientos, sus pensamientos, sus acciones. Y la vida de Jesús es una vida para los
demás. Es una vida de servicio.

San Pablo, en la lectura que hemos escuchado hace poco, decía: «Me he hecho
esclavo de todos para ganar a los más posibles» (1 Co 9,19). Para anunciar a Jesús,
Pablo se ha hecho «esclavo de todos».
Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar
nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como
hizo Jesús.

Vayan, sin miedo, para servir. Siguiendo estas tres palabras experimentarán que quien
evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegría de la fe, recibe alegría.
Queridos jóvenes, cuando vuelvan a sus casas, no tengan miedo de ser generosos
con Cristo, de dar testimonio del evangelio.
En la primera lectura, cuando Dios envía al profeta Jeremías, le da el poder para
«arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar» (Jr 1,10).
También es así para ustedes. Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para
arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del

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egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. Jesucristo cuenta con
ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes.
El Papa cuenta con ustedes. Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra, les
acompañe siempre con su ternura: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos».
Amén.
Papa Francisco – Homilía de la misa de clausura de la JMJ 2013 en Río

Para pensar:
El valor de una persona
Un profesor enseña un billete de $100 a sus alumnos y les dice: "¿A quién le gustaría
tener este billete?" todos los alumnos levantan la mano.
Él arruga el billete y les pregunta de nuevo: "Ahora, ¿quién lo quiere?" Las manos
suben de nuevo.
Él lanza el billete arrugado en el suelo, lo pisa y vuelve a preguntar: "¿Aún lo quieren?”
Los alumnos responden que sí y levantan la mano.
Entonces los miró y les dijo:
"Amigos míos, ustedes han aprendido una lección muy importante el día de hoy:
Aunque he arrugado el billete, lo he tirado y lo he pisoteado ustedes quieren todavía el
billete, porque su valor no ha cambiado, sigue con un valor de $100.
Muchas veces en la vida, te ofenden, personas te rechazan y los acontecimientos te
sacuden. Sientes que ya no vales nada, pero TU VALOR no cambiará NUNCA para la
gente que realmente te quiere. Incluso en los días en que estés en tu peor momento,
TU VALOR SIGUE SIENDO LO MISMO".
Los alumnos aplaudieron emocionados...
No dudes nunca de tu valor... Siempre valdrás mucho para las personas que te
quieren. NUNCA pero NUNCA valdrás menos, aunque así lo sientas.
Reflexion de Alan Auil

26/02/2014
Diálogo con Emmaus:
Dar testimonio de nuestro “estar juntos”: jóvenes y adultos
Me parece que la nueva realidad nacida del Genfest, es que ahora tenemos que dar al
mundo testimonio, de este estar juntos, juntos jóvenes y adultos, juntas las distintas
generaciones, juntas las distintas ramas, junta toda la Obra. ¡Qué descubrimiento!
Pero Chiara qué ha hecho ¿algo distinto? Chiara cuando empezó no hizo otra cosa,
estaban juntos. Saben que a las primeras Mariápolis de las Dolomitas iban las mamás,
los papás, los niños, los obispos, los sacerdotes, todos juntos y vivían juntos lo que
era el descubrimiento que estaban haciendo, es decir este amor a Jesús en el
hermano, esta unidad, esta reciprocidad, este ser unos para los otros. Entonces los
mayores se ocupaban de los pequeños, los niños jugaban, los padres hacían
excursiones, luego comían, luego… ¡Todos juntos, todos juntos!
¿Qué ha sucedido después? ¿Hemos perdido este “juntos”? No lo hemos perdido, nos
hemos distinguido ¿para qué? Para crecer, pues en un determinado momento los
niños tienen que ir al colegio y si no van al colegio para estar junto con los padres, no
crecen. El papá tiene que ir al trabajo, y si no va al trabajo para quedarse con la mamá
y con los hijos, la familia no va adelante. Es decir, cada uno tiene que hacer algo para
crecer, para comprender cuál es su lugar en este “juntos”, para ver cuál es su lugar en
este “juntos”, y para madurar, para madurar.
Durante todos estos años hemos ido adelante, ahora es el momento, en un cierto
sentido, de volver al “juntos”, pero de volver crecidos, de volver para hacer un don a
los demás, no para depender de los otros. No como el niño que espera que cuando
vuelve el papá lo espera para echársele encima, sino como el niño que dice: “¿Qué
puedo hacer ahora por mi padre?” Por lo tanto crecidos, crecidos. Este ahora “juntos”
se convierte en ocasión para vivir relaciones nuevas, relaciones de amor recíproco
entre todas las partes de la Obra, no sólo entre los gen y los Jóvenes por un Mundo
Unido, sino entre todas las partes de la Obra y para ser un don uno para el otro, para,
en esta reciprocidad, ser un don unos para los otros.
Alguien puede argumentar: “¡Pero tenemos que salvar nuestra identidad!”.
¡Ciertamente! Y ¿sabes cómo se salva tu identidad? Si la pones a disposición de los
demás; si la das a los demás se salva, porque entonces los demás reconocen que es

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una identidad, es decir, que es algo que se da, por tanto se salva. Si en cambio dices:
“No, para salvar mi identidad es mejor que no vaya con los demás; yo tengo que ser
joven, por eso no puedo ir con los adultos; no puedo hacer el encuentro con la
comunidad local donde están todos juntos, yo soy un joven, tengo que estar con los
jóvenes, sólo con los jóvenes”. De esta forma en lugar de salvar la identidad, salvamos
nuestro encerrarnos en nosotros mismos y al final perdemos la relación con el mundo
unido, el mundo unido que significa todos, que quiere decir “juntos”. Me parece una
cosa muy importante, me parece que éste es un momento muy importante, ¡hemos
hecho la experiencia con el Genfest!
Emmaus al encuentro de las unidades Arcoiris en Castel Gandolfo – 28.12.2012

Para pensar:
El eco
Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó,
se lastimó y gritó: "AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !". 
Para su sorpresa, oyó una voz repitiendo, en algún lugar en la montaña:
"AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !" 
Con curiosidad, el niño gritó: "¿Quién eres tú?" 
Recibió de respuesta: "¿Quién eres tú?" 
Enojado con la respuesta, gritó: "¡Cobarde!" 
Recibió de respuesta:"¿Cobarde!" 
Miró a su padre y le preguntó: "¿Qué sucede?" 
El padre sonrió y dijo: "Hijo mío, presta atención." 
Y entonces el padre gritó a la montaña: "¡Te admiro!" 
La voz respondió: "¡Te admiro!" 
De nuevo el hombre gritó: "¡Eres un campeón!" 
La voz respondió: "¡Eres un campeón!" 
El niño estaba asombrado, pero no entendía. 
Luego el padre explicó: 
"La gente lo llama ECO, pero en realidad es la VIDA...Te devuelve todo lo que dices o
haces... Nuestra vida es simplemente reflejo de nuestras acciones. Si deseas más
amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor... Si deseas más competitividad en tu
grupo, ejercita tu competencia... Esta relación se aplica a todos los aspectos de la
vida... La vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le has dado." 
Tu vida no es una coincidencia... Es un reflejo de ti. Alguien dijo: "Si no te gusta lo que
recibes de vuelta, revisa lo que emites".
Autor desconocido
27/02/2014
Sobre la confesión
Yo te perdono
Si nos damos cuenta de que somos pecadores y que tenemos necesidad de perdón,
entonces nos resultará más fácil perdonar a los demás.
Si no he comprendido esto, será difícil para mí decir: “Te perdono” a aquél que se me
acerque.
Confesarse es difícil ¿por qué?, Madre Teresa de Calcuta – Hans Schalk, Editorial
Ciudad Nueva

¡Dame tus pecados!


“Hubo un santo, un gran santo, que se retiró al desierto para poder vivir mejor la unión
con Dios y para no distraerse con las cosas de este mundo. De esa manera fue
comprendiendo de quién es Dios y quién era él: Dios, el Uno y el Trino; él, un pobre
pecador. Los errores y las omisiones de su vida precedente le parecieron tan graves
delante de Dios que se asustó y empezó una rigurosa vida de penitencia. De él se
narra lo siguiente: había puesto toda su vida en las manos de Dios, sin embargo un
día Jesús le pidió algo que el santo no había pensado jamás: “¡Dame tus pecados!”
Esto nos muestra que Jesús prefiere la confianza a la penitencia, nuestra fe en su
amor a la desesperación por el mal que hemos cometido. Penitencia, dolor, reparación
son cosas santas, pero más grande aún es el amor.

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Esta es la actitud con la cual nosotros tenemos que acercarnos a la Confesión: Jesús
está realmente presente en sus ministros a los cuales dijo: “Lo que ustedes desaten
en la tierra, será desatado en el cielo”.
También en el dolor de nuestras infidelidades y en el firme propósito de no volver a
caer más, nosotros podemos hacer de nuestros pecados un don para Jesús. Cristo
nos espera para poder donarnos su infinita misericordia, la remisión que nos ha
alcanzado con su muerte en la cruz”.
Confesarse es difícil ¿por qué?, Chiara Lubich – Hans Schalk, Editorial Ciudad Nueva

El mal es una realidad. Superarlo en el bien es una gran empresa.


Brotará de nuevo con la debilidad del hombre. Pero no hay que asustarse.
La gracia de Cristo y sus sacramentos están a disposición.
Mientras marchemos por el sendero transformador de las bienaventuranzas,
estamos venciendo el mal; estamos convirtiendo las tinieblas en luz.
Juan Pablo II, un Papa para todos

Para pensar:
El Tazón de madera
El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le
temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía
junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el
alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando
intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. El hijo y su esposa se
cansaron de la situación.
-Tenemos que hacer algo con el abuelo, dijo el hijo. -Ya he tenido suficiente. Derrama
la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo.
Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del
comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de
comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un
tazón de madera.
De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en
sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la
pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor
o la comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio.
Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de
madera en el suelo. Le preguntó dulcemente: -¿Qué estás haciendo?
Con la misma dulzura el niño le contestó: -Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro
para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos. Sonrió y siguió con
su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin
habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas y, aunque ninguna palabra se dijo al
respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa
de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por
alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el
tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.
Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan
y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia
proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa
actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan que
cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos
instructores sabios y modelos a seguir.
He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja
tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.
Autor desconocido

28/02/2014
En diálogo con Emmaus:
Magda (Córdoba): Para cerrar esta jornada pensábamos que fuera el momento
adecuado para pedirles alguna palabra final, después de habernos conocido un poco

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más, después de haber visto nuestra realidad, la de los jóvenes acá en América
Latina. Quisiéramos saber qué pensás, cuál es su mensaje que nos dejan para los
jóvenes.
(…)
Emmaus: ¿Qué cosa decirles? Agradecerles por el gran don, la gran alegría que nos
han dado hoy. Me han preguntado, si soy feliz: este es uno de los momentos más
felices, justamente por cómo los veo, por cómo son, por cómo hablaron, por lo que
mostraron. Y estoy seguro que es un momento de felicidad agregada también para
Chiara, porque esta mañana, cuando escuché sus palabras como las leyeron, tales y
cuales, sin adaptarlas, para que sean más comprensibles, no hechas más simples,
más dulces, ¡no! Las mismas palabras pero pronunciadas por ustedes… al inicio
ustedes han dicho: “Queremos actualizar”, sin embargo la actualización era la vida de
ustedes, no era cambiar el mensaje. Era el mismo mensaje vivido por ustedes, leído
por ustedes. Por lo tanto yo me dije: Chiara estará gozando en el Paraíso, porque verá
que después de más de 60 años su mensaje es todavía el mismo, es todavía
escuchado, es todavía vivido por todos estos jóvenes; no solamente por ellos, porque
en todo el mundo se vive de estas cosas, pero hoy de manera particular yo lo veía acá
en ustedes, y me parecía una cosa bellísima!
Ustedes saben que muchas veces decimos: pero ahora estamos en la fase después
de Chiara, y por lo tanto ciertamente hay una novedad, porque cada día es nuevo, hoy
es nuevo en comparación de ayer, y mañana será nuevo en comparación de hoy. Por
lo tanto seguramente hay una novedad en este momento de la Obra en el cual Chiara
físicamente no está presente entre nosotros. Pero existe una novedad en la
continuidad, quiere decir hay una novedad que no cambia el mensaje, porque el
mensaje es eterno, el mensaje viene de Dios y Dios no cambia, Dios es siempre el
mismo. Y la novedad es que ahora no es solamente Chiara que la “anuncia”, sino es
Chiara revivida en todos sus hijos en muchas partes del mundo que lo hace.
Aquel mensaje que Chiara leía del Evangelio en el sótano oscuro… alguien de
ustedes me ha dicho: “¿Pero vos ves solamente el sótano oscuro?” ¡No! ¡Veo también
las luces, las veo, y veo todas aquellas luces que existen! Me recuerdo que en el mes
de noviembre pasado, hablando a todos en el mundo por Internet, he dicho que
quisiera ver el mundo iluminado por estrellas. Y me parece que Dios me está
haciendo ver en este período más las estrellas que la oscuridad. Es bondad Suya,
porqué de esta forma nos da coraje también viendo las estrellas.
Por lo tanto, ciertamente veo las cosas que quedan a iluminar, pero veo también
muchas, muchas luces encendidas. Esto es una cosa bellísima.
Sin embargo, este mensaje que Chiara lanzaba en el sótano oscuro de Trento y que lo
recibió siete, ocho, nueve personas, justamente porque ha sido vivido por aquellas
siete, ocho, nueve personas, ha llegado en el mundo entero. Ha llegado hasta la
Argentina, ha llegado hasta Chile, hasta Bolivia, hasta Paraguay, hasta Uruguay, hasta
a todos los países del Cono Sur y no solamente hasta ellos. Por lo tanto, me parece
una cosa tan grande, aquel mensaje que partió en un momento trágico de la historia
de la humanidad, en una situación trágica también para estas pocas personas en
Trento, aquel mensaje llevó mucha luz en el mundo, a tal punto, que me digo: ¿Qué
cosa sucederá si estos jóvenes – estos 700/800 que hoy están presentes aquí –
parten desde acá con este mensaje renovado en sus corazones? Renovados en sus
corazones por las palabras de Chiara, renovados en sus corazones por la fuerza que
recibieron los unos de los otros, renovados en sus corazones por haberse dado cuenta
que tienen una única meta en común, si vienen de Bolivia o de Chile o de Uruguay o
del Paraguay, una única meta: la unidad del mundo. Y por este fin están dispuestos a
jugar su vida, como se la jugó Chiara, como estaban dispuestas a jugársela las
primeras focolarinas con Chiara, como están dispuestos muchísimos otros jóvenes del
mundo? (…)
Yo creo que este encuentro nos ha dado – no digo: les ha dado – nos ha dado una
nueva fuerza, nos hizo sentir que somos hermanos, que somos de verdad una
potencia, una potencia porque cada uno de nosotros parte desde acá con toda esta
potencia contenida en su corazón, y es más fuerte que una bomba atómica! (…)
En este período “después de Chiara” en el cual sentimos más fuertemente que
tenemos que vivir como un cuerpo, que tenemos que vivir juntos, sentimos la alegría,

111
la gracia de este momento que hemos vivido juntos, la fuerza de este momento que
hemos compartido.
Ustedes saben que yo me llamo “Emmaus”, por lo tanto, saben un poco qué cosa
significa este nombre para nosotros, esta presencia de Jesús en medio a los suyos;
¿qué cosa sucedió cuando Jesús estuvo en medio de aquellos dos discípulos de
Emmaus? Pasó que de repente comprendieron lo que no habían entendido hasta
aquel momento; leyeron las Escrituras, pero no comprendieron lo que había sucedido,
aunque Jesús había dicho que hubiera resucitado, sin embargo ellos todavía no lo
habían visto, y por lo tanto, en lo profundo ellos no lo creyeron. Se necesitaba la
presencia de Jesús en medio para devolverles la luz y poder exclamar: “¡Ah, ha
resucitado de verdad! ¡Ha resucitado realmente!”
¿Y qué cosa sintieron? Ese ardor en el corazón. ¿Qué cosa es ese ardor en el
corazón, qué significa? Este coraje, esta capacidad de decir: Si, tenía miedo. Ayer
pensé ¿quién sabe como irá? Hoy no pienso más: ¿quién sabe, como irá? Nuestro
encuentro ha ido muy bien, somos fuertes, somos muchos, somos todos una sola
cosa; venimos de varios países, sin embargo somos una sola realidad, tenemos una
única meta. Ese es el corazón que quema en el pecho.
Y después, ¿qué cosa han hecho? Corrieron. Apenas que Jesús había desaparecido
de su vista, no se quedaron en contarse: “¡Has visto qué lindo que estuvo! ¡Has visto
qué linda experiencia!” ¡No! Corrieron para anunciarlo, para decirlo a todos. Volvieron
a Jerusalén que dista 11 kilómetros, dice le Escritura. Por lo pronto, después de haber
cenado, de haber reconocido a Jesús, que Jesús desapareció, ellos retoman el
camino, como ustedes mismo lo harán, ya que ustedes, esta noche ¿qué cosa harán?
La mayor parte de ustedes retomarán sus coches, sus colectivos para volverse, y para
volverse a ¿dónde? Para volver y anunciar a los demás: “¡Miren Jesús está vivo!
Nosotros lo hemos encontrado, hoy mismo Él estuvo con nosotros.; por lo tanto, si
quieren encontrar la felicidad, vengan con nosotros!” Tengan el valor de decirlo, de
decirlo con su vida antes que nada, ciertamente decirlo con su testimonio, amando a
todos, siendo aquellos que tienen que ser, aquellos que Jesús quiere que sean. Y en
el momento oportuno, díganlo también con las palabras, no tengan miedo.
Los demás no tienen una mejor propuesta, no existe una mejor propuesta que ésta.
Por lo tanto, aunque los demás les dirán: “¡Ah! “, no se preocupen, insistan; la mejor
propuesta tarde o temprano vencerá, ya que no encontrarán otra cosa mejor que ésta,
porque no existe. Por lo tanto, nosotros tenemos la propuesta ganadora porqué la
propuesta viene de Dios, del Amor de Dios.
Yo les aseguro toda mi unidad, les aseguro que rezo por ustedes, quisiera
acompañarlos a sus lugares. Quisiera estar en Bolivia, quisiera estar en Chile, en
Uruguay, en Paraguay, y ciertamente estaré ahí, ya que están ustedes. Yo digo: No
puedo ir personalmente ahí, pero están ustedes, están ustedes.
Este mensaje que Chiara confió a todo el Movimiento y que me interpela – Chiara y
Dios lo hacen – de continuar a llevar adelante su mensaje, este mensaje está en
buenas manos. Están los jóvenes, están los jóvenes que lo llevan adelante. Yo no
tengo ninguna duda. Estoy feliz y les agradezco! (…)
Emmaus en el encuentro con los jóvenes del Cono Sur – Mariápolis Lía 15 de abril
2012

Para pensar:
¡Dios existe!
Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es
costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que le
atendía.
Hablaban de muchas cosas y tocaron muchos temas. De pronto tocaron el tema de
Dios, y el barbero dijo:
―Fíjese, caballero, que yo no creo que Dios exista, como usted dice.
―Pero, ¿por qué dice usted eso? preguntó el cliente.
―Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe;
o dígame: ¿acaso, si Dios existiera, habría tantos enfermos, tanta gente hambrienta,
tantas personas que sufren? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para
la humanidad; yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

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El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una
discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Justo al salir, vio
en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo; al parecer, hacía mucho tiempo
que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.
Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
―¿Sabe una cosa?: los barberos no existen.
―¿Cómo que no existen? preguntó el barbero: aquí estoy yo, y soy barbero.
―¡No! ―dijo el cliente― no existen porque, si existieran, no habría personas con el
pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.
― ¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.
― ¡Exacto! ―dijo el cliente― ése es el punto: Dios SÍ existe; lo que pasa es que las
personas no van hacia Él y no le buscan. Por eso hay tanto dolor y miseria.
Autor desconocido

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Fuentes:

Chiara Lubich – Juntos en camino – Editorial Ciudad Nueva


Chiara Lubich – Buscando las cosas de arriba – Editorial Ciudad Nueva Madrid
Chiara Lubich – La vida, un viaje – Editorial Ciudad Nueva Madrid
Chiara Lubich – La voluntad de Dios – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – Coloquios con los gen – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – Meditaciones – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – El tiempo queda - Editorial Ciudad Nueva Madrid
Chiara Lubich – La doctrina espiritual – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – Volver al presente – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – El arte de amar – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – Rezar como ángeles
Chiara Lubich – Navidad para todos – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – Navidad: El sueño de aquel Niño – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – 100 pensamientos – Editorial Ciudad Nueva
Chiara Lubich – María, transparencia de Dios – Editorial Ciudad Nueva
Dios se ha hecho niño – Editorial Ciudad Nueva
Revista Ciudad Nueva
Gotas de cielo - preparado por los centros gen 2 mundiales
Cristianos en Pakistán – En las pruebas la esperanza
Cuentos y reflexiones – Editorial Santa María
Nunca es tarde - Editorial Santa María
A quien corresponda – Editorial Santa María
Llegó por e-mail – Editorial Santa María
Un corazón abierto – Editorial San Benito
Nunca es tarde – Editorial Santa María
Las enseñanzas de Teresa de Calcuta – Editorial Andrómeda
Siguiendo sus huellas – Padre Jorge Nardi – Editorial Guadalupe
www.centrochiaralubich.org

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