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Evolución de la Literatura Infantil

El documento resume las características esenciales de la literatura infantil. 1) Explora la evolución de la literatura infantil desde obras con contenido moral en los inicios hasta obras de entretenimiento en la actualidad. 2) Destaca obras clásicas fundacionales como los cuentos de hadas de Perrault y los hermanos Grimm. 3) Examina el auge del género en los siglos XIX y XX con autores como Andersen, Carroll y Milne.

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Evolución de la Literatura Infantil

El documento resume las características esenciales de la literatura infantil. 1) Explora la evolución de la literatura infantil desde obras con contenido moral en los inicios hasta obras de entretenimiento en la actualidad. 2) Destaca obras clásicas fundacionales como los cuentos de hadas de Perrault y los hermanos Grimm. 3) Examina el auge del género en los siglos XIX y XX con autores como Andersen, Carroll y Milne.

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TALLER DE LITERATURA 2020

Clase online 1 (lunes 16/marzo)

Objetivo: Identificar las características esenciales de la literatura infantil

¿Qué se entiende por literatura infantil?


La literatura infantil incluye libros muy diversos, desde
obras clásicas de la literatura a libros ilustrados y
relatos de fácil comprensión escritos exclusivamente
para los niños. Los géneros más frecuentes y más
apreciados por los más pequeños son los cuentos de
hadas, las fábulas, las canciones de cuna y los
cuentos populares, transmitidos, generalmente, de
forma oral. En los inicios, los libros que se elegían
para los niños eran, sobre todo, aquellos que podían
tener un contenido moral o didáctico, es decir, que
podían servir de enseñanza o permitían aprender
normas de conducta o comportamiento.
Los libros infantiles son un fenómeno relativamente reciente. Prácticamente hasta el siglo XIX, los autores no pensaban en
los niños a la hora de escribir sus obras. Eso no quiere decir que antes de esa época no hubiera libros interesantes y
apropiados para los niños; pero sus autores no los escribieron pensando en ellos.

Una de las primeras obras escritas pensando en los niños es Mundo visible en imágenes, de 1658 (o también conocido
como “El mundo en imágenes”), del humanista Juan Amós Comenio, que presentaba una novedad de enorme importancia
para el futuro, pues acompañaba cada palabra de una figura. De alguna manera, puede considerarse el primer libro
ilustrado para niños en la historia de la literatura infantil. A finales del siglo XVII y durante el XVIII se publicaron tres obras
que, a pesar de que no fueron pensadas para los niños, se convirtieron, con el paso del tiempo, en grandes clásicos de la
literatura infantil. La primera, publicada en 1697, es Cuentos del pasado, subtitulada Cuentos de Mamá Oca, del escritor
francés Charles Perrault, quien recopiló cuentos populares franceses y también narraciones italianas. Al final de cada
cuento añadió una moraleja. Con estos cuentos maravillosos, Perrault introdujo y consagró el mundo de las hadas en la
literatura infantil. Algunos de esos cuentos son conocidos por casi todos los niños, como: La Cenicienta, Pulgarcito, El gato
con botas, La bella durmiente, Caperucita Roja o Piel de asno, entre otros.

Además, en el siglo XVIII, en concreto entre 1704 y 1717, se tradujeron, por primera vez en Occidente, los cuentos de Las
mil y una noches, que pronto se hicieron famosos en toda Europa. Dos de las innumerables historias incluidas en ese libro
son Los viajes de Simbad el marino y Aladino y la lámpara maravillosa.

La fecha de 1745 también es importante, ya que, ese año, John Newberry abrió en Londres la primera librería y editorial
para niños La Biblia y el Sol, y en 1751 lanzó la primera revista infantil del mundo.
El siglo XIX: el siglo de oro de la literatura infantil

A principios de este siglo, se publicaron en toda Europa recopilaciones de cuentos y leyendas populares, transmitidas de
manera oral de generación en generación. Dos colecciones son particularmente importantes. La primera la publicaron en
Alemania los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, más conocidos por Los Hermanos Grimm, y lleva el título de Cuentos
para la infancia y el hogar (1812-1815). La colección, aumentada en 1857, se conoce como Cuentos de hadas de los
hermanos Grimm. En esos cuentos aparecen personajes que se harían famosos en todo el mundo, como Blancanieves,
Barba Azul, Cenicienta y Caperucita Roja. En algunas ocasiones, los cuentos de unos escritores coinciden con los de
otros, pues en muchos casos se basan en leyendas similares y tradiciones comunes.

La otra gran colección de cuentos del siglo XIX es Cuentos para niños (1835), del escritor danés Hans Christian Andersen,
que combinó una gran sensibilidad con una extraordinaria fantasía. Algunos de sus cuentos son El patito feo, El soldadito
de plomo, La sirenita o La vendedora de fósforos. Dentro de esa tendencia fantástica, se destaca un libro único y
extraordinario, Alicia en el país de las maravillas, publicado en 1865. Su autor, Lewis Carrol, además de escritor, era un
notable matemático, de ahí esa mezcla tan original que aparece en Alicia de lógica y fantasía. Carrol escribió el libro para
la hija de un amigo suyo. A lo largo del siglo XIX se desarrolla también una literatura infantil de tendencia más realista, que
no incluye elementos fantásticos, como brujas o hadas, y se basa principalmente en las aventuras y los viajes. Dentro de
esa corriente, los libros más importantes son La isla del tesoro (1883), del escritor escocés Robert Louis Stevenson, que
cuenta la búsqueda de un tesoro por parte de un niño y el astuto pirata John Long Silver, o Las aventuras de Huckleberry
Finn (1884), de Mark Twain, autor también de Las aventuras de Tom Sawyer (1876).

En el siglo XIX se publicaron muchos otros clásicos de la literatura infantil, entre los que destacan Canción de Navidad
(1843), de Charles Dickens, Pinocho (1883), de Carlo Collodi, que narra la historia de un muñeco de madera que acaba
convirtiéndose en un niño de carne y hueso, o El libro de la selva (1894), de Rudyard Kipling, en el que se cuentan Las
aventuras de Mowgli, un niño criado en la selva por animales salvajes llenos de sabiduría. También es importante destacar
el desarrollo de una nueva corriente dentro de la literatura infantil: la ciencia ficción. El representante más conocido e
importante de esa tendencia es el escritor Julio Verne, que adelantó en sus novelas muchos de los descubrimientos, logros
e invenciones que más tarde se harían realidad, como queda reflejado en De la Tierra a la Luna (1865) o Veinte mil leguas
de viaje submarino (1870).

El siglo XX y el XXI

La literatura infantil alcanzó su pleno desarrollo en el siglo XX. A partir de entonces, cada vez más escritores han tenido en
cuenta los gustos y las necesidades de los niños y han escrito específicamente para ellos. En general, la literatura infantil
ha evolucionado desde las obras de contenido moral o educativo de los primeros tiempos a obras de simple
entretenimiento o diversión. Además, en el siglo XX se ha ampliado de manera significativa la naturaleza y el tipo de los
personajes de las historias, que ya no están protagonizadas solo por niños o animales que hablan, sino también, por seres
fabulosos, como los héroes de los cómics, por criaturas fantásticas e incluso por juguetes y muñecas. Muchos de esos
personajes se han hecho enormemente populares a través del cine o de la televisión, como Peter Pan (1904), creado por
el escritor James Barrie.

   
Algunos de los libros infantiles más importantes y populares entre los niños son Winnie the Pooh (1926), de Alan Alexander
Milne, y El principito (1943), del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. También algunos personajes de cómics se han
hecho famosos en todo el mundo, como Tintín, Batman o Mafalda.

Con las corrientes alternativas a la educación formal,


impulsadas por pedagogos como Ivan Illich, Maria Montessori,
Jean Piaget o Paulo Freire, así como las aportaciones de la
psicología infantil que considera al niño como un ser en
desarrollo que vive la socialización en su momento más intenso,
los libros infantiles cobraron una nueva dimensión: la de facilitar
la adaptación al mundo real por medio de la lectura creadora. No
se trata, pues, de acelerar el proceso de desarrollo ofreciendo a
los más jóvenes información, sino de situarse en su nivel
cognitivo para que puedan incorporar y asimilar mejor las
circunstancias en las que viven. Ya decía François Rabelais: “El
niño no es un vaso que hay que llenar, sino un fuego que al
alimentarlo crece”.

Así pues, desde este punto de vista, se puede decir que la literatura infantil de estos años no diferencia temas ni géneros
literarios o estilos específicos infantiles, sino simplemente, puntos de vista narrativos, que suelen ser dos fundamentales: el
fantástico y el realista. Desde la fantasía pretende desarrollar la imaginación infantil para que, con el distanciamiento que
proporciona el género, se pueda entender mejor la cotidianidad o fantasear sobre ella. A esta tendencia pertenecerían los
cuentos de hadas, los relatos fantásticos, la ciencia ficción y la mayoría de los cuentos tradicionales. La tendencia realista
es la más diversificada por la gran variedad de situaciones y tratamientos que encierra. El realismo acerca el mundo de una
manera literaria, es decir, artística, y, por lo tanto, universal, a unos lectores que tendrán que utilizar su imaginación para
captar situaciones nuevas, vivirlas y aprender de ellas, gozando con lágrimas o risas. En esta tendencia se incluyen las
novelas de aventuras, históricas, de viajes, de la vida cotidiana, novelas que tratan graves conflictos —incluso violentos—
en cualquier ámbito y circunstancia (la familia y la escuela, la crisis emocional y vital, las minusvalías psíquicas y físicas, el
hambre, la guerra, etc.) con héroes y antihéroes, y hasta con personajes y situaciones idealizadas o humorísticas.

Numerosos escritores de todo el mundo supieron conectar con los gustos del público infantil y juvenil y llegaron a crear
auténticos éxitos universales, siendo el mercado infantil a principios de siglo XXI, uno de los más dinámicos del mundo
editorial. Las lecturas escolares dejan paso a los libros de ocio, principalmente a las series. El ejemplo más destacable, es,
sin duda, la obra de la escritora británica Rowling, autora de la serie de Harry Potter, convertida en best seller desde la
publicación de su primer título, Harry Potter y la piedra filosofal, en 1997. Muchos críticos y educadores consideran que uno
de los mayores valores de la autora ha sido la de incitar a la lectura a los más jóvenes.

Hoy en día, en un mundo dominado por los medios audiovisuales, en estos años se produce también un auge del álbum
ilustrado: la creatividad de los ilustradores se une a textos de gran contenido, presentados en ediciones sumamente
cuidadas y con formatos innovadores; los libros infantiles se vuelven originales, espectaculares, animados… creados para
leer con los cinco sentidos.
LINKS DE INTERÉS, PARA COMPLEMENTAR EL CONTENIDO
 [Link] (“Así era el primer libro ilustrado para niños”)
 [Link] (“Por qué el
autor de Winnie the Pooh terminó odiándolo”)

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