Iempre Quedo Pensativo Por La Pregunta Que Jesús Hace en Lucas 18:8: " No
Iempre Quedo Pensativo Por La Pregunta Que Jesús Hace en Lucas 18:8: " No
Todos el mundo parece estar hablando de la fe. Abundan los sermones sobre el
tema. Clases y conferencias toman lugar por todo el país acerca de la fe. Libros
sobre el tema llenan los libreros de las librerías cristianas. Multitudes de cristianos a
tropel asisten reuniones para ser levantados y entusiasmados por un mensaje
acerca de la fe.
La fe que estos hombres predican esta atado a la tierra, arraigado en este mundo,
materialista. Anima a los creyentes a orar, “Señor, bendíceme, prospérame, dame.”
No consideran las necesidades de un mundo perdido. No puedo enfatizarlo lo
suficiente: esta clase de fe no es la que Dios esta deseando de nosotros. No puedo
ser acerca de ganancia sin santidad.
Existe una doctrina de fe particularmente peligrosa que esta siendo defendida hoy
en día. Esta afirma que los creyentes más santos son aquellos que han “trabajado
su fe” para obtener una vida cómoda para sí mismos. Según esta doctrina, las
personas que debemos emular son aquellas que conducen los autos más grandes y
caros, y son dueños de las casas más grandes y lujosas.
Esto es una herejía absoluta. Si fuera así, entonces los creyentes más santos fueran
aquellos que estafan a los demás en sus finanzas. Significaría que nuestra
concentración diaria seria buscar cada oportunidad para ganancia propia. Eso
simplemente no es el evangelio de Jesucristo.
El hecho es, que es imposible tener una fe que agrada a Dios sin compartir
intimidad con él. ¿Que quiero decir con intimidad? Estoy hablando de una cercanía
al Señor que sale de añorarlo. Esta clase de intimidad es un vínculo personal, una
comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta
vida.
Miremos tan solo cuatro ejemplos de siervos llenos de fe que caminaron cerca de
Dios, como fueron mencionados en Hebreos 11:
1. Nuestro primer ejemplo es Abel. Las Escrituras declaran, “Por la fe Abel ofreció a
Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo,
dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.”
(Hebreos 11:4).
Segundo, Abel tuvo que construir un altar al Señor, en el lugar donde hacia sus
sacrificios. Y el no ofrecía tan solo corderos sin mancha para el sacrificio, sino que
también la grosura de esos corderos. Las Escrituras nos dicen, “También Abel, por
su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos.”
(Gen. 4:4).
Veras, la grosura era la parte del sacrificio que hacia ascender un aroma dulce. Esta
parte del animal se encendía rápidamente y era consumido, trayendo un aroma
dulce. El Señor dijo acerca de la grosura, “Éste será un estatuto perpetuo para los
descendientes de ustedes, dondequiera que habiten: No se comerán la grasa ni la
sangre.” (3:17). La grosura es del Señor.
“Es una comida, una ofrenda presentada por fuego de aroma grato. Toda la grasa
pertenece al Señor.” (Levítico 3:16).
La primera cita acerca de este tipo de adoración en la Biblia es por Abel. Abel
permitió que el sacrificio y la grosura fueran consumidos en el altar del Señor. Eso
significa que él esperó en la presencia de Dios hasta que su sacrificio subió al cielo.
¿Cómo obtuvo Abel tal fe? Piensa en las asombrosas conversaciones que este joven
escucho entre sus padres, Adán y Eva. La pareja obviamente hablaba de sus
primeros días en el jardín con el Señor. Sin duda, ellos mencionaron sus tiempos de
comunión maravillosa con Dios, caminando y hablando con él durante el atardecer.
Mientras Abel consideraba esto, quizás tomo una decisión en su corazón: determino
que no viviría de la historia de sus padres. No se podía conformar con una mera
tradición pasada a él. Él necesitaba tener su propio toque de Dios.
Podría ser que Abel se dijo a sí mismo: “No quiero escuchar mas acerca de
experiencias pasadas con el Señor. Quiero conocerlo ahora por mí mismo, hoy.
Quiero una relación con él, tener compañerismo y comunión con él.”
Esta es la misma clase de “grosura” que debemos ofrecerle a Dios hoy. Como Abel,
debemos darle lo mejor de nuestro tiempo, en nuestra habitación secreta de
oración. Y debemos pasar suficiente tiempo allí, en su presencia, permitiéndole que
consuma nuestras ofrendas de adoración y compañerismo íntimo.
Ahora, compara la ofrenda de Abel con la de su hermano, Caín. Caín le llevó fruta al
Señor, una ofrenda que no requería un altar. No hubo grosura, ni aceite, nada para
ser consumido. Como resultado, no hubo aroma dulce que subiera al cielo.
Ahora bien, no se equivoque: Dios honró el sacrificio que Caín le llevo. Pero el
Señor mira el corazón, y él sabia que Caín no añoraba estar en su presencia. Eso
estaba claro por el sacrificio que Caín escogió para ofrecerle.
Por contraste, el siervo intimo y fiel busca el toque de Dios en su vida. Como Abel,
no se conformara con menos. Este siervo se dice a sí mismo, “He determinado
darle al Señor todo el tiempo que él requiera de mí en compañerismo. Ansió
escuchar su voz suave y queda hablándome. Así que me voy a quedar en su
presencia hasta que él me diga que esta satisfecho.”
¿Por que el Señor escogió trasladar a Enoc? Las palabras de apertura de este verso
nos dicen claramente porque: fue a causa de su fe. Además, la frase de cierre nos
dice que la fe de Enoc agradó a Dios. La palabra raíz griega para agradar aquí
significa plenamente unidos, completamente de agradable, en unidad total. En
resumen, Enoc tuvo la comunión más cercana posible con el Señor que cualquier
ser humano pudo disfrutar. Y este compañerismo íntimo era agradable a Dios.
La Biblia nos dice que Enoc comenzó a caminar con el Señor después que engendro
a su hijo, Matusalén. Enoc tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. El entonces
pasó los próximos 300 anos compartiendo con Dios íntimamente. Hebreos aclara
que Enoc estaba tan en contacto con el Padre, tan cerca de él durante horas de
comunión, que Dios decidió llevarlo a casa con él. El Señor le dijo a Enoc, en
esencia, “No puedo mas contigo en la carne. Para aumentar mi intimidad contigo,
tengo que traerte a mi lado.” Así que Dios se lo llevo volando a la gloria.
Según las Escrituras, fue la intimidad de Enoc que tanto agrado a Dios. A nuestro
conocimiento, este hombre nunca obró un milagro, nunca desarrollo una teología
profunda, y nunca hizo grandes obras dignas de ser mencionadas en las Escrituras.
En su lugar, leemos esta simple descripción de la vida de este fiel hombre: “Enoc
caminó con Dios.”
Enoc tuvo comunión intima con el Padre. Y su vida es aun otro testimonio de lo que
significa caminar verdaderamente en fe.
Mientras leemos la historia de este hombre en Génesis, descubrimos que “Más Noé
halló gracia ante los ojos del Señor.” (Gen. 6:8). El próximo verso nos dice como él
encontró gracia: “…Noé andaba con Dios” (6:9). Claramente, Noe conocía la voz de
Dios. Cada vez que el Señor le hablaba, él obedecía. Una y otra vez leemos,
“Entonces Dios dijo a Noé…” y “…Noé hizo conforme a todo lo que el Señor le había
mandado.” (Ver 6:13, 22; 7:1, 5; 8:15, 18).
Trata de imaginarte el tiempo que Noé habrá pasado a solas con Dios. Después de
todo, él tenía que recibir instrucciones detalladas del Señor acerca de cómo
construir el arca. Sin embargo, la intimidad de Noé con Dios fue mas allá de la
dirección que recibió. Las Escrituras dicen que el Señor compartió su corazón con
Noé, mostrándole la maldad en los corazones humanos. Y él le reveló sus planes a
Noé para el futuro de la humanidad.
Que increíble elogio, ser llamado el amigo de Dios. Muchos cristianos han cantado
el himno muy conocido, “Que amigo tengo en Jesús.” Estos pasajes bíblicos hacen
llegar esa verdad con poder. Tener al Creador del universo llamar a un hombre su
amigo parece algo que va mas allá de la comprensión humana. Sin embargo, esto
sucedió con Abrahán. Es una señal de la gran intimidad de este hombre con Dios.
La palabra hebrea que Isaías usa para amigo aquí significa afecto y cercanía. Y en
griego, las palabras de Santiago para amigo significan un asociado querido y
cercano. Ambas insinúan una intimidad profunda y compartida.
Mientras más cerca estamos de Cristo, más grande nuestro deseo de vivir
totalmente en su presencia. Además, comenzamos a ver más claramente que Jesús
es nuestro único y verdadero fundamento.
La Biblia nos dice que Abrahán, “porque esperaba la ciudad que tiene cimientos,
cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:10). Para Abrahán, nada en
esta vida era permanente. Las Escrituras dicen que el mundo era “un lugar extraño”
para él. No era un lugar donde echar raíces.
La ciudad celestial por la cual Abrahán sentía anhelo no era un lugar literal. Más
bien, era estar en casa con el Padre. Veras, la palabra hebrea para esta frase,
“ciudad celestial” es Pater. Sale de la palabra raíz que significa Padre. Así que la
ciudad celestial que Abrahán buscaba era, literalmente, un lugar con el Padre.
¿Que significa esto para nosotros hoy en día? Significa que movernos hacia esa
ciudad celestial no es tan solo acerca de lograr el cielo alguno día en el futuro. Es
acerca de anhelar experimentar diariamente la presencia del Padre ahora mismo.
El libro de Hebreos nos dice que los cuatro hombres que mencione – Abel, Enoc,
Noé y Abrahán – murieron en fe (ver Hebreos 11). Cada hombre estaba separado
del espíritu del tiempo en que vivían. Y cada uno estaba buscando una ciudad
diferente. El mundo simplemente no era su hogar.
Sin embargo, esto no significaba que ellos estaban esperando hasta llegar al cielo
para disfrutar de cercanía con el Padre. Al contrario, como peregrinos pasando por
esta vida, ellos continuamente buscaban la presencia de Dios. Nada en este mundo
podía detenerlos de seguir adelante, buscando un caminar más profundo y cercano
con el Padre.
Por sus fieles ejemplos, estos hombres estaban diciendo, “Estoy buscando un lugar
mas cercano a mi Padre. Y ese lugar esta más allá de lo que este mundo tiene que
ofrecer. Aprecio los muchos dones santos que Dios me ha dado en mi amada
familia y piadosas amistades. Nada en este mundo puede reemplazar el amor que
tengo por ellos. Pero yo se que existe un amor mas grande para ser experimentado
con el Padre.”
¿Puedes hacer esta misma declaración? ¿Tu corazón anhela un caminar más
cercano con el Señor? ¿Existe una creciente insatisfacción en ti con las cosas de
este mundo? O, ¿esta tu corazón atado a las cosas temporales?
Marcos 4 relata una historia con Jesús y sus discípulos en un barco, sacudidos por
una tormenta en el mar. Al entrar en la escena, Cristo ha calmado las olas con una
sola orden. Ahora el se vuelve a sus discípulos y les pregunta, “¿Cómo no tenéis
fe?” (Marcos 4:40).
Quizás pienses que esto suena severo. Era humano tener temor en una tormenta
como esa. Pero Jesús no los reprendía por esa razón. Mas bien, el les estaba
diciendo, “Después de todo este tiempo conmigo, aun no saben quien soy. ¿Cómo
es posible que caminen conmigo por tanto tiempo, y que no me conozcan
íntimamente?”
Te puedo decir sin lugar a dudas, que nunca aumentaras tu fe en estas formas. Si
quieres que tu fe aumente, tienes que hacer lo mismo que Jesús le dijo a sus
discípulos en este pasaje. ¿Cómo contestó él a su pedido por fe? “…vístete
adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido;…” (17:8).
Ese lugar, esa ciudad, esta en Cristo por fe. El descanso que nuestros padres
anhelaban se encuentra en él. Hoy hemos recibido la promesa que ellos tan solo
podía ver y abrazar de lejos por fe.
Jesús dijo, “Vuestro padre Abrahán se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se
alegró.” (Juan 8:56). Abrahán vio el día cuando Cristo vendría a la tierra y
construiría el cimiento que él imaginó. Y el patriarca se regocijo al saber que un
pueblo bendecido viviría en ese día. Él sabía que ellos disfrutarían acceso
ininterrumpido a una conversación celestial y comunión con Dios.
Hoy, sin embargo, muchos cristianos están perdiendo esta promesa por completo.
En su lugar, viven en un tumulto innecesario. Se apresuran de aquí para allá,
tratando de trabajar una fe que “de resultados.” Están constantemente atrapados
en un correr de actividades, haciendo cosas para Dios que al final son simplemente
gravosas o cargas. Ellos nunca están en descanso pleno en Cristo. ¿Por qué? Ellos
simplemente no se encierran con el Señor, para pasar un tiempo callado a solas con
él.
En días recientes, he escuchado la voz queda y quieta del Señor susurrarme algo
después de mis tiempos de oración con él. Él dice, “David, por favor no te vayas
todavía. Quédate conmigo. Son tan pocos los que tienen comunión conmigo, tan
pocos los que me aman, tan pocos los que se quedan a escuchar mi corazón. Y yo
tengo tanto que compartir.” Es casi un clamor, una suplica que escucho en su voz.
“Ya no es pesado para ti acercarte a mí, ya no es una labor difícil. Ahora ansias ese
tiempo todo el día. Tu sabes que cuando tus labores han terminado, vas a venir a
mi, para alimentarme y tener comunión conmigo.”
Esto es fe verdadera.
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