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ARZOBISPADO DE SANTIAGO
DEPTO. DE ESPIRITUALIDAD.
RETIRO SEMANA SANTA 2012.
“YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA ”(Jn 10,10)
NOTAS METODOLOGICAS:
Nuestra Misión es proclamar y construir el Reino de Vida que inició
Jesús, el Buen Pastor Crucificado y Resucitado. Dice Aparecida que “la
vida nueva de Jesucristo toca al ser humano entero y desarrolla en
plenitud la existencia humana en su dimensión personal, familiar, social y
cultural”1. En este retiro quisiéramos abrir nuestro corazón para acoger
esta Vida Nueva y dejarnos resucitar por Cristo a una vida de servicio y
entrega
El retiro tiene momentos de oración personal, oración comunitaria y
oración grupal guiada.
Es recomendable que sea realizado por un Equipo de Monitores,
convenientemente capacitados y asesorados por un sacerdote, una
religiosa o un diácono. Esto permitirá que los participantes puedan
trabajar en grupos no superiores a 6 o 7 personas.
Los puntos de cada meditación los puede dar un sacerdote, religiosa,
diácono o laico capacitado, a todos los participantes en conjunto, o bien,
cada monitor a su grupo pequeño.
Es necesario que todos los participantes tengan en su mano una ficha
con la primera meditación: “Yo soy el Buen Pastor”. La ficha con la
oración grupal guiada: “Apacienta mis ovejas” sólo la tienen los
monitores.
El retiro requiere de varios materiales y de un mínimo de organización y
distribución de tareas, que hay que preparar con la debida antelación.
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DA 356
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HORARIO
09:00 INSCRIPCION (Se anotan los nombres de los participantes y
después el equipo organizador del retiro los distribuye en
grupos de 6 o 7 personas)
09:15 ORACIÓN INICIAL (en el templo): “EL SEÑOR ES MI PASTOR”
(cantos de alabanza en torno a este salmo)
09:35 INTRODUCCION:
OBJETIVO Y METODO DEL RETIRO
DISTRIBUCION DE GRUPOS (se nombran y
presentan los monitores y se llama por su nombre a
los integrantes de los grupos)
10:00 PRIMERA MEDITACION: “YO SOY EL BUEN PASTOR”
o Breve presentación de los integrantes del grupo
o Puntos de Meditación
o Pistas para la oración personal
10:30 ORACION PERSONAL
11:30 COMPARTIR GRUPAL
12:30 DESCANSO
12:45 ORACION GRUPAL GUIADA: “APACIENTA MIS OVEJAS”
13:45 DESPEDIDA (en el templo)
14:00 FIN
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PRIMERA MEDITACION: “YO SOY EL BUEN PASTOR”
En la Sagrada Escritura, Dios se presenta como el Pastor de su Pueblo. El
salmista recoge esta experiencia a la vez personal y colectiva: “El Señor es mi
pastor, nada me puede faltar” (sal 23, 1). Va adelante abriendo camino, pero
también hace descansar y conduce hacia aguas tranquilas. Repara las fuerzas
de las ovejas y las guía por un sendero recto. Va también al lado de las ovejas
en los caminos oscuros para protegerlas. Este modo de pastorear tiene como
resultado una enorme confianza en el Pastor.
Este es el modelo que Dios presenta a los Pastores de su pueblo y los recrimina
cuando en vez de apacentar el rebaño se apacientan a sí mismos: Ez 34, 1-10.
Y en los versículos siguientes Dios detalla las acciones que emprende como
buen pastor:“Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él….” ; “Las
recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado...” ; “Las reuniré…”;
“las apacentaré en buenos pastizales…” ; “las haré descansar…”; “las
alimentaré….”; “buscaré a la oveja perdida…”; “haré volver a la descarriada…”;
“vendaré a la herida…”; “curaré a la enferma”.(Ez 34,11-16).
Teniendo este trasfondo, Jesús se presenta como el Buen Pastor: “ Yo soy el
buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas”(Jn 10,11) . Es como el
resumen de su vida y misión. Para hacerlo más gráfico compara este modo de
pastorear con el del asalariado quien en los momentos de peligro abandona las
ovejas y huye porque sólo le interesa el dinero y no la vida de las ovejas.
Jesús parte por conocer a sus ovejas: “Yo soy el buen pastor; conozco a mis
ovejas y mis ovejas me conocen a mí” (v.14) . Son innumerables los encuentros
personales de Jesús en los cuales a través del diálogo y con mucha paciencia va
conociendo a las personas y ayudándoles a tener un cambio de vida. Pensemos
en la Samaritana, en Zaqueo, etc. Para Jesús cada persona es única y
merecedora de respeto, cualesquiera sea su condición. Nunca es un número o
una pieza de un engranaje.
Lo que mueve a Jesús es la com-pasión: sentir el dolor del otro como propio.
Muchas veces aparece en el Evangelio este sentimiento de Jesús: frente a los
enfermos, los pecadores, los pobres, las multitudes hambrientas. Por ejemplo,
en el episodio de la multiplicación de los panes: “ Al desembarcar, Jesús vio una
gran muchedumbre y sintió compasión porque eran como ovejas sin pastor, y
estuvo enseñándoles largo rato” (Mc 6,34). Y luego involucra a los discípulos en
la solución del problema: “Dénles ustedes de comer”(v. 37).
¿Cómo no sentir en este episodio evangélico un fuerte llamado a una
conversión personal y comunitaria? Efectivamente en una cultura individualista
y materialista como la nuestra, Jesús nos llama a pasar de la indiferencia a la
solidaridad, de la insensibilidad a la compasión, de la pasividad al compromiso
con el que sufre, del hacerse un lado a involucrarse en la solución de los
problemas, aunque nuestros recursos sean escasos. Dios los multiplicará. “Nada
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hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los
discípulos de Cristo”, nos enseñó el Concilio Vaticano II2.
Jesús desarrolla un pastoreo compartido. Convoca desde los comienzos de su
ministerio una comunidad de discípulos y discípulas, a quienes da formación y
envía a realizar lo mismo que El hace y con los mismos poderes: “ Después
subió a la montaña y llamó a su lado a los que él quiso. Ellos fueron hacia él, y
Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar
con el poder de expulsar a los demonios” (Mc 3, 13-15). Sabía delegar.
Es un pastoreo estimulante ya que escucha a los discípulos cuando vuelven de
la misión, se alegra con ellos, los felicita y alaba al Padre Dios por la acción
realizada (Lucas, 10, 17-24). Y también es exigente ya que corrige los
comportamientos contrarios al Evangelio que se dan entre los discípulos,
particularmente en el tema del poder (ver Mc 9, 33-35) o en el modo de realizar
la tarea mesiánica (Mc 8, 31-33).
Y aquí aparece el rasgo fundamental de Jesús Pastor: guiar a sus ovejas no
desde el poder o la dominación sino desde el SERVICIO, que atrae, convence y
orienta por la fuerza del testimonio. Es el sorprendente camino que él eligió y
que las primeras comunidades lo cantaban en sus celebraciones litúrgicas. San
Pablo lo recoge en su carta a los Filipenses (Fil 2,5-11). El camino de Jesús es,
entonces, el camino del descenso: El se despoja de su gloria y de su poder
divino y se hace uno de nosotros y recomienda hacer lo mismo a sus discípulos:
“El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser
el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no
vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una
multitud” (Mc.10, 43-45).
PARA LA ORACION PERSONAL
Me coloco humilde y confiadamente ante Dios y reflexiono
Recordar y agradecer acontecimientos de mi vida en los que puedo
descubrir la acción del Buen Pastor, cuidándome, sanándome,
animándome, etc.
¿A través de quién el Señor ha realizado estas acciones? Escribir
nombres de personas o grupos. Agradecer a Dios esas personas o
grupos.
¿Qué efectos han tenido en mí estas acciones del Buen Pastor?
(Escribir sentimientos y nuevas actitudes)
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Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual “Gaudium et Spes”, n. 1
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Leo lentamente Ezequiel 34, 1-10
El Señor critica a los malos pastores de su pueblo a través del profeta
Ezequiel.
¿me he comportado yo a veces como un mal pastor con las personas
que he tenido a mi cuidado, dentro o fuera de la Iglesia?
¿qué efectos han tenido esos descuidos en las personas que me fueron
confiadas?
¿qué actitudes mías debo cambiar?
Terminar escribiendo una oración de perdón al Señor.
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SEGUNDA MEDITACION: “APACIENTA MIS OVEJAS”
-oración grupal guiada-
(el guía va marcando los pasos de esta oración en cada grupo pequeño)
1. NOS PONEMOS EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR
El nos mira con cariño
Quiere invitarnos a colaborar en su misión de pastor.
¡Gracias Señor!
2. HACEMOS NUESTRA PETICION CON MUCHA FE.
Querido Señor Jesús,
Danos la gracia de no ser sordos a tu llamado.
Y seguir sirviendo a mis hermanos y hermanas como tu lo harías si
estuvieras en nuestro lugar.
3. LEEMOS LENTAMENTE JUAN 10, 11-18.
Jesús, el Buen Pastor, dio su vida por sus ovejas, por mí, por todos.
Hoy El está Resucitado y sigue dándome su vida en cada Eucaristía.
Escribo en mi Cuaderno las frases que me parecen más importantes
de este texto bíblico y las repito varias veces
4. LEEMOS AHORA PAUSADAMENTE JUAN 21, 9-17
Imagino la escena (cierro mis ojos): los discípulos llegando a la orilla
del lago y saltando de sus barcas después de una noche de trabajo
en el mar. Tienen hambre, tienen frío.
Jesús Resucitado lo sabe. Los espera con lo que ellos más necesitan:
un fuego para sacudirse el frío y comida para saciar su hambre. Sigue
siendo el Buen Pastor que conoce sus ovejas y las cuida.
Jesús los invita: “Vengan a comer”. Imagino su voz cariñosa,
amistosa, cálida.
Veo el grupo reunido alrededor del fuego, conversando, riéndose,
contentos por volver a ver a Jesús y sentir de nuevo su amor, su
amistad.
Veo a Jesús repartiéndoles el pan y el pescado. ¿Yo dónde estoy en
esta escena?
Escucho ahora la voz de Jesús que se dirige a Simón Pedro: ¿Simón,
hijo de Juan, ¿me amas?
Miro el rostro de Pedro y oigo su voz: “Sí, Señor, tu sabes que te
amo”
Ahora cambio el nombre del apóstol por el mío.
Oigo a Jesús que me dice:______________¿me amas?
¿cuál es mi respuesta?___________________
Escucho la petición de Jesús: “Apacienta mis ovejas”
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Recorro con mi imaginación los rostros de las personas que el Señor
ha puesto a mi cuidado en mi familia, comunidad u organización
social. Doy gracias y pido por cada uno de ellos.
Vuelvo a escuchar la voz de Jesús: apaciéntalas, cuídalas, dale buen
ejemplo, muéstrales mi camino, ámalas.
5. TERMINAMOS ESCRIBIENDO UNA ORACION A JESUS, EL BUEN PASTOR.
(si queda tiempo, el guía invita a recorrer todo lo vivido en el retiro y a dar
gracias al Señor por los dones recibidos).