Los patriarcados renacientes y la acotación del género
Discute la idea de "nuevo contrato sexual". Discute puntualmente con distintas autoras (Butler
y Mohanty).
Plantea así el contrapunto:
"Estas dos observaciones de Butler y Mohanty hacen eco del énfasis que recientemente he
puesto en el género, los medios y la cultura popular. He argumentado que, en los contextos
predominantemente primer mundistas, la atribución de libertades aparentemente
posfeministas a las mujeres jóvenes, más evidentes en el ámbito cultural en forma de una
nueva visibilidad, se transforma, de hecho, en una ocasión para deshacer el género (McRobbie
2004). Ahora se da por sentado que los varios asuntos políticos asociados con el feminismo
están ampliamente reconocidos y atendidos (se han convertido en sentido común feminista),
con el resultado de que ya no hay cabida para el feminismo en la cultura política actual. Pero
esta desautorización permite la sutil renovación de las injusticias de género, al tiempo que
también se reinstauran normas patriarcales vengativas. Estas se pasan por alto o se ignoran,
porque quedan eclipsadas por los resplandecientes tropos de libertad ahora asociados con las
mujeres jóvenes mediante procesos de individuación femenina lograda por medio de un
conjunto de tecnologías del yo." (p114).
McRobbie interpreta al posfeminismo a un "doble movimiento": por un lado, se asegura el
"acotamiento del género" con una amplia difusión acerca de la libertad de las mujeres y la
igualdad, pero por el otro, las mujeres jóvenes pueden salir adelante con la condición de que
el feminismo desaparezca.
Discute también con Walby, quien sostiene que "la institucionalización y la capacitación, la
participación y el aumento de la pericia feminista y la presencia de mujeres profesionistas en el
escenario mundial han ocurrido de manera progresiva" (p.115). Mc Robbie señala que esta
autora no menciona las condiciones más amplias y punitivas en las que radica este éxito, ni en
las restricciones como costo de la participación, ni la reformulación de las desigualdades de
género "que son parte integral de las renacientes políticas neoliberales mundiales". Dice
McRobbie: "Walby reconoce el lugar de las mujeres como productoras en la economía
mundial, pero pasa por alto su importancia como consumidoras de la cultura mundial".
(p.115).
Se pregunta ¿cómo explicamos la gama de transformaciones sociales, culturales y económicas
que han dado pie a una nueva categoría de mujer joven?
McRobbie propone estar alertas a las reformulaciones neoliberales del feminismo. Lo
interpreta, también, como una forma de reestabilizar la relaciones de género en contra de la
amenaza disruptiva del feminismo.
Lo que plantea la autora es que actualmente, las dinámicas de la regulación y el control no
tratan sobre lo que las mujeres jóvenes no deben hacer, sino sobre lo que sí pueden hacer (el
disfrute, el derecho, la movilidad social, la participación, etc.). Esto pareciera sustentarse en
que las mujeres jóvenes parecen haber ganado la batalla por la igualdad.
"La niña aparece en una gama de espacios sociales y culturales como un sujeto
verdaderamente valioso para la inversión (...) la niña que se ha beneficiado de la igualdad de
oportunidades ahora disponibles para ella puede ser movilizada como la encarnación de los
valores de la nueva meritocracia" (p.117). "Hoy en día, el éxito de las jóvenes parece prometer
la prosperidad económica, gracias a su entusiasmo por el trabajo y por obtener una carrera.
Así, un rasgo definitorio de la juventud femenina contemporánea es la atribución de la
capacidad, resumida, como señala Anita Harris, en la frase de la cadena de tiendas Body Shop,
la chica "que puede" (Harris 2004).". (p.117).
Lo que advierte la autora es que esto toma formas muy diferentes "cuando se cruzan las
fronteras aparentemente más fluidas de clase, etnicidad y sexualidad".
"De ser pensada como una joven encaminada al matrimonio, la maternidad y una participación
económica limitada, ahora es una nueva categoría social entendida principalmente como
dotada de capacidades económicas. Dentro de ciertas condiciones sociales y restricciones
políticas, a las mujeres jóvenes de diferentes procedencias étnicas y sociales, cada vez más
educadas, ahora se les exige que se desempeñen como ciudadanas económicamente activas.
Se les invita a reconocerse como sujetos privilegiados del cambio social, quizá hasta se espera
que estén agradecidas por el apoyo que han recibido. La chica que agradable, vivaz y
capazmente "deviene" mujer joven, negra, blanca o asiática, es ahora un heraldo del cambio
social." (p.118).
La mascarada posfeminista
Las mujeres figuran ahora en el discurso gubernamental tanto en sus capacidades
reproductivas como productivas. Estas políticas se dirigen a ellas como si "tuvieran conciencia
de género" a partir de las políticas de igualdad de oportunidades y por la "influencia feminista"
propia de un clima de época.
"Esto supone una constante vigilancia de sí mismas, la creación de proyectos personales y la
búsqueda de soluciones individuales. Estos procesos de individualización de las mujeres
requieren que las jóvenes se vuelvan importantes para sí mismas". La mujer (joven) es un
sujeto administrado por las prácticas biopolíticas posfeministas y conscientes del género de la
nueva gubernamentalidad.
Lo que señala McRobbie, utilizando "algunas vetas del feminismo psicoanalítico", es que
este reposicionamiento del género implica una mascarada posfeminista, que implica una
estrategia de contención por parte de "lo Simbólico (patriarcal)" que siente amenazada la
estabilidad binaria de la diferencia sexual. "la mascarada posfeminista es una estrategia o un
dispositivo para reafirmar la ley patriarcal y la hegemonía masculina" (p. 119). Esto lo hace,
incluso, reinstaurándose en repertorios de la feminidad (usando faldas, tacos, etc.). Esto se
hace , aparentemente, por libre elección. Es eficiente porque parece no temer a la
penalización masculina. El nuevo habitus femenino se construye en los campos del trabajo, del
empleo y la vida social (antes lugares indicados como masculinos). La mascarada repudia la
figura de la lesbiana y la feminista. Rescata a las mujeres de estas figuras exaltando la
feminidad y a su vez reforzando la masculinidad hegemónica. Este "disfraz" de la feminidad es
una manera de enfatizar la vulnerabilidad y la fragilidad.
La mujer de la mascarada desea tener una posición como "sujeto del lenguaje" (participar en la
vida pública).
"las mujeres ahora pueden fungir como sujetos del lenguaje (esto es, participan en el mercado
laboral) que existe la nueva mascarada para administrar el campo de los antagonismos
sexuales y reinstaurar a la mujer como signo. Ahora la joven mujer exitosa debe incesante y
repetidamente emperifollarse para enmascarar su rivalidad con los hombres en el mundo del
trabajo (esto es, su deseo de masculinidad) y ocultar la competencia que ahora representa,
porque sólo con estas tácticas de confianza en sí misma puede asegurar que seguirá siendo
sexualmente deseable." (p. 122).
Lo que plantea McRobbie es que la mascarada reestabiliza las relaciones de género y la matriz
heterosexual al interpelar a las mujeres en los términos de una complicidad autorreflexiva con
la feminidad altamente estilizada. Opera en un movimiento doble: por un lado, su estructura
voluntarista oculta que el patriarcado sigue en pie, por el otro, los requerimientos de belleza y
moda aseguran que las mujeres sigan siendo temerosas, impulsadas por una necesidad de
"perfección completa" (eso lo toma de Riviere).
La educación y el empleo como sitios para las capacidades
Analiza cómo el proyecto modernizador del gobierno del RU (UK) asegura la reestabilización de
las jerarquías de género. En este apartado analiza como funciona la educación y el empleo en
esta ecuación. Señala que la atribución de "la capacidad" contribuye a recrear divisiones
sociales de acuerdo a un eje de género más enfático.
La autora dice que el sistema educativo mira favorablemente a las mujeres jóvenes y las
premia por su esfuerzo. Encarna el éxito de los valores meritocráticos que el Nuevo Partido
Laborista ha intentado implementar en als escuelas.
Algunos estudios señalan que las niñas blancas de clase media o negras o asiáticas
privilegiadas pasan a formar parte de la nueva élite competitiva. Se espera que las niñas de
clase media baja y obrera obtengan títulos de licenciatura para poder competir. También
ahora se enfatiza con más ahinco que el 2% de las jóvenes sin diplomas representan un fracaso
escolar. Se les da a las mujeres una "identidad como sujetos femeninos capacitados".
"Los principios que sustentan el nuevo "régimen de género" requieren buena disposición,
motivación y aptitud por parte de las mujeres jóvenes, caracte- rísticas que, si se inculcan en el
sistema educativo, también se mantendrán y desarrollarán en el lugar de trabajo (Walby
2002)." (p. 124).
Lo que explican algunas autoras como Arnot, Davis y Weiner es que la práctica feminista fue
oficialmente suplantada por un régimen orientado a las metas y la rendición de cuentas (esto a
partir de Tatcher y luego por el NPL).
Se pregunta la autora:
"¿No podría argumentarse que el nuevo vocabulario educativo, asediado por las iniciativas
feministas en este terreno, se da a la tarea de erradicar las huellas del feminismo cuando
defiende la causa de las jóvenes para que la pedagogía feminista se vuelva cosa del pasado,
quede congelada en la historia educativa como señal de un radicalismo ahora pasado de
moda?"
Explic que los cruces entre pedagogía feminista y las pedagogías de la nueva meritocracia es
algo que debe documentarse más a fondo.
Se pregunta McRobbio: "La chica global, que es el sujeto digno del apoyo internacional en
forma de educación, y también el sujeto arquetípico de las iniciativas que incorporan la
perspectiva de género, ¿no es también el sujeto ideal, activo y enérgico, más que dócil, de la
nueva división laboral internacional ahora interesada en más cosas que sólo sus dedos ágiles
(Spivak 2000; Mohanty 2002)?"
Esto también resuena en el mercado de trabajo. "Tener una vida bien planeada suerge como
una norma social de la feminidad contemporánea". Se pregunta cómo se traslada todo esto al
lugar de trabajo.
Toma a Crompton quien señala la existencia de un nuevo acuerdo social que sugiere que la
mujer heterosexual desempeñe un doble papel: activa en el lugar de trabajo y principal
responsable de sus hijos y del trabajo doméstico. Esto implica desechar la crítica a la
masculinidad hegemónica en el hogar y la resultante dependencia de las mujeres del apoyo
gubernamental para las madres que trabajan. El gobierno protege la masculinidad cuando
facilita la doble responsabilidad de las mujeres. El acuerdo social que define Crompton es un
elemento clave del nuevo contrato sexual, que se basa en estrategias biopolíticas que le
impiden al feminismo desafiar la autoridad patriarcal.
La incorporación de las mujeres al mercado laboral, animadas a mostrar entusiasmo y a
construir carreras como marca de la identidad sexual nueva e independiente, es clave en el
éxito de la nueva economía.
"Es claro que lo que se requiere es un análisis sectorial más exhaustivo de los contextos
específicos del empleo en el que participan las jóvenes, y un estudio de las maneras en las que
se ubican con respecto a las macro transformaciones del trabajo (como las investigan Castells,
Sennett y Beck, entre otros). Para los propósitos de esta investigación truncada, quizá basta
con señalar la situación paradójica que se da cuando las mujeres jóvenes fluyen al mercado de
trabajo precisamente en el momento en que se están desmantelando las condiciones sociales
y democráticas que hasta hace poco propiciaron este logro." (p. 129).
"Pruebas de fertilidad para mujeres de carrera" (Encabezado del London Evening Standard,
25 de enero de 2006).
El nuevo contrato sexual incluye la participación de las mujeres en la cultura del consumo, el
acceso a oportunidades educativas y a ser consideradas sujetos de capacidades, lo que trae
expectativas de competir en el mercado laboral.
En este apartado analiza un último rasgo de este contrato que es el derecho a la sexualidad y
el control de la fertilidad.
A condición de que no se reproduzca fuera del matrimonio o se convierta en madre soltera de
varios hijos, a la mujer joven se le da prioridad como un sujeto que busca placer en la
sexualidad. McRobbie dice que "la cultura del consumo negocia este terreno" al invitar a las
mujeres jóvenes a discutir el doble estándar sexual y a emularse con los hombres jóvenes. De
todas formas, la autora explica que esta supuesta igualdad es el sitio de antagonismos intensos
no resueltos en la heterosexualidad contemporánea. Dice que "la chica fálica" busca emular el
comportamiento masculino como estrategia posfeminista. Lo que se desecha es la crítica a la
masculinidad hegemónica. Las dinámicas regularotorias de este campo de ocio, dice la autora,
están ocultas por el predominio del lenguaje de "la decisión individual". Se refuerza la dualidad
en un marco de una supuesta igualdad y libertad.
McRobbie habla de "neoimperialismo" y "multiculturalismo corporativo" como operatorias de
reestabilización del género de las jóvenes del tercer mundo.
Aunque la pregunta acerca de cómo puede resurgir el feminismo está abierta, y por supuesto
necesitaría ser una especie de feminismo diferente del que influye en esta discusión, y aunque
también es imperativo comprender la espectralidad como una efectividad sin nostalgia, lo aquí
expuesto acerca de las prácticas generalizadas de actividad biopolítica es que estas operan
para disminuir la actividad en la esfera de la política formal así como en la sociedad civil. Como
han dicho los teóricos sociales, incluyendo a Mouffe (1999), la racionalidad política de estas
estrategias neoliberales es otorgar dominio a la vida económica. Para las jóvenes, las
oportunidades que se les presentan de cumplir con esto son convincentes, ya que el acceso al
mundo del trabajo permite modalidades específicas de una independencia muy deseada. Pero
los medios con los que se alcanza este papel en la vida económica sustituyen la identidad
política por las ideas de la ciudadanía de consumo, e incrementan las opciones ofrecidas por la
cultura de consumo para que estas se extiendan también a los campos sociales y políticos.
Para las mujeres jóvenes el nuevo contrato social inscribe estos rasgos dentro de sus términos
generales, y esto podría interpretarse como una tragedia feminista, "la caída de la mujer
pública" (p.133 y 134).
¿Las chicas arriba?
Comienza su texto preguntándose por los cambios que garantiza el posfeminismo, por lo que
se pierde en estos momentos en donde pareciera existir mayor libertad para las mujeres (es
bastante actual el texto). Dice que lo que se fue ganando en el camino, en un proceso de
individuación, fue en detrimento del feminismo. Ahora no se trata tanto sobre lo que censura
la cultura dominante, sino sobre lo que la misma habilita. Habilita dentro de ciertos patrones
ligados al consumo y a determinada idea de ciudadanía (más liberal, individualizada,
meritocrática).
Introduce la noción de mascarada posfeminista, que consiste en los modos de contención por
parte de “lo Simbólico” una vez que se ven desafiados los parámetros binarios. Es una
estrategia para reafirmar la ley patriarcal. La incorporación en el mercado laboral y en el
sistema educativo se da en un momento en donde los mecanismos que lograron esos objetivos
están en caída.
Lo que advierte la autora es que hay concesiones de los privilegios masculinos (empleo,
educación, sexualidad), en detrimento de la crítica a la hegemonía masculina. Esto se oculta en
la ilusión de una supuesta elección individual y un clima de libertad. El objetivo, en definitiva,
es el de incorporar a las mujeres como fuerza de trabajo para garantizar la reproducción del
Estado de Bienestar e integrarlas al mundo del consumo. (VER QUE ONDA Y RELACION CON LA
CHICA MODERNA DEL SEMINARIO DE MANZANO). La mascarada feminista, para la autora trata
de un nuevo contrato social.