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Importancia del Espacio Escénico

El documento describe la importancia del espacio en el teatro y cómo varía según el tipo de obra y momento histórico. Explica que el espacio escénico puede integrar o aislar a los actores y espectadores, y cómo los espacios imaginarios son esenciales cuando el escenario no puede reproducir físicamente otros lugares. También destaca que el edificio teatral y la sala afectan a la puesta en escena y dan forma a los modos escénicos y literarios de cada época.
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Importancia del Espacio Escénico

El documento describe la importancia del espacio en el teatro y cómo varía según el tipo de obra y momento histórico. Explica que el espacio escénico puede integrar o aislar a los actores y espectadores, y cómo los espacios imaginarios son esenciales cuando el escenario no puede reproducir físicamente otros lugares. También destaca que el edificio teatral y la sala afectan a la puesta en escena y dan forma a los modos escénicos y literarios de cada época.
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EL ESPACIO DE LA REPRESENTACIÓN.

El espacio escénico compartido físicamente por actores y público varía según el


tipo de obra y el momento. Si se trata de una representación de corte realista
se suele mantener lo que se llamó "la cuarta pared" imaginaria que aísla a los
actores dentro del espacio escenográfico en el que se mueven como miembros
integrantes de una realidad ajena al espectador que la contempla aceptando
este "aislamiento" como convención. Según el tipo de teatro esta "pared" se
puede romper para intentar integrar al espectador en el espacio de la
representación.

El espacio y el tiempo en el teatro determinan las formas dramáticas cualquiera


que estas sean. Es un entramado que afecta a las situaciones, los personajes y
a las relaciones intra y extraescénicas.

El espacio en el teatro es más rígido que en otros géneros pues está


enmarcado en términos que exigen el aquí y el ahora de la puesta en escena.
Para suplir esta limitación se emplean espacios referenciales o imaginarios que
desarrollan acciones en lugares fuera del escenario y están sujetos a
convenciones dramáticas. Los espacios imaginarios o evocados se dan a
conocer por medio de signos verbales, a través de los comentarios de los
actores, y no verbales, como, por ejemplo, señalar con un gesto lo que no se
ve. Espacios imaginarios son también los que suele utilizar el teatro clásico para
evocar un lugar que la escenografía no reproduce. Por esta convención espacial
el público acepta a indicación de los actores que un espacio vacío es el interior
de un palacio, un jardín, una sala, etc.

Los condicionantes físicos son muy importantes ya sean intraescénicos, como la


extensión y ubicación material del escenario o el modo de colocación de la
escenografía, o extraescénicos: el edificio y la sala donde se desarrolla la

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representación. El espacio dramático es un lugar compartido entre actores y
público por lo que tiene que estar sometido a parámetros audiovisuales
externos al propio mensaje teatral, es decir, depende del espacio y el tiempo
humanos. Este hecho origina series complejas de relaciones comunicativas en
tanto en el "grupo emisor" como en el "receptor": Dentro del "grupo emisor"
aparece la cadena que va desde el autor al director, del director a los actores y
del actor al actor. En el "grupo receptor" o destinatario del mensaje escénico se
establece la relación espectador a espectador y el espectador consigo mismo.

El lugar de la representación es tan importante en el origen del teatro que, al


comienzo, se consideró sagrado. Ha sido siempre parte activa del espectáculo
desde el ritual primitivo; en palabras de O. Schlemmer (1960: 18): "Stage is
representation". El escenario en su sentido más general es en sí una institución
que ha dado lugar a diversos modos estructurales de "representación" ritual o
religiosa, musical, deportiva o artística, ya sea circo, teatro o cabaret y otras
múltiples manifestaciones, está presente en todas ellas y es por ello una
"institución". Es, por lo tanto, un elemento significante común que cambia de
significado según la aplicación del mensaje. Es decir, según el emisor (orador,
deportista, actor) y el vehículo de la emisión o materia de la misma.

En los poblados primitivos las "dramatizaciones rituales" suelen tener lugar en


espacios abiertos circulares. La colectividad se sitúa alrededor y la
representación tiene lugar en el centro. Con el tiempo el espacio, los objetos y
los modos de actuación se van complicando, en definitiva, se van
"convencionalizando" hasta separar las funciones de los "actantes" y los
receptores que han dejado de ser partícipes directos de la representación y así
desaparece la trascendencia del ritual anterior.

El edificio y la sala

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Nos proponemos aquí reflexionar sobre la importancia de los
"espacios exteriores" a la representación ("espacios anteriores a la obra" en
terminología de Bobes, 1987: 237-256) como lugares que están en los límites
del texto espectacular, interfieren en éste y están relacionados con él en mayor
o menor medida según el tipo de espectáculo.

La evolución histórica del edificio teatral y la sala ha dado forma a modos


escénicos y literarios. El edificio y la sala donde se representa cambia según las
épocas y las culturas de modo que nos puede servir como identificación de
varios de los llamados teatros nacionales: teatro griego, isabelino o español; o
de un estilo de representación: el teatro del dieciocho, el de corrales, o el
palaciego. Pensamos -y para ello nos apoyamos en el estudio de M. L. Knapp
(1980) sobre la comunicación no verbal- que el medio donde se produce el
mensaje determina el mensaje mismo. El entorno tiene un valor significativo
con respecto a él.

El escenario da forma a la obra, en él se desarrolla el "tempo" teatral que es


distinto al tiempo ficticio al que se traslada la acción. El tempo de la
representación va delimitado por un lado por las dimensiones del escenario y
por otro, por elementos que marcan el ritmo, como son el diálogo, el
movimiento actoral y la forma de desarrollarse la acción. El escenario es en
principio un espacio vacío inherente al hecho teatral, independientemente de la
forma o distribución que de él se haga por medio de decorados, luces, vestidos
y otros elementos accesorios.

O. Schelmmer (1960: 81-103) lo considera un primer espacio que forma parte


de un todo que es el edificio. El arte del escenario es un arte espacial. Incluye
también el lugar del auditorio, es un modo arquitectónico dentro del cual se
desarrolla todo espectáculo y está condicionado por la distribución y relación del
público entre sí y con la representación.

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El espacio de la representación -que para él engloba el edificio teatral interior y
exteriormente- es decir, la distribución de la sala y el escenario, dan forma al
espectáculo por ser aspectos sujetos a formas bidimensionales (pictóricas) o
tridimensionales (arquitectónicas), dentro de las que el color y la luz juegan,
sobre todo en la actualidad, un papel muy importante. Las posibilidades de
mecanización y movilidad de esos elementos transfiguran las posibilidades
significativas en el teatro actual. Las formas tradicionalmente fijas del espacio
teatral se han hecho móviles, por lo que cambia su modo de significación dentro
del teatro moderno.

Son varias las formas en que puede aparecer el escenario frente a la sala
donde está el público y cada una posibilita una relación diferente entre el
público y la escena, de tal manera que una misma obra cobra distinto
significado escénico si está situada en uno u otro contexto. La forma del
escenario con respecto a la situación del público espectador condiciona la
puesta en escena.

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que el signo teatral cambia de


significado según el espacio escénico donde se represente. Si el mismo
espectáculo se representara en un ámbito en O rodeado de público por todos
lados o en un teatro a la italiana en T, cambiaría desde la orientación del
discurso de los personajes hasta la forma de iluminación y de relación entre los
actores, de tal modo que se trataría al final de espectáculos distintos. La
recepción es diferente según la perspectiva de acceso al espectáculo.

Desde un punto de vista diacrónico cada época ha tenido un elemento


predominante dentro de los constituyentes del hecho teatral así, por ejemplo,
en la Comedia del Arte era el cómico máximo responsable de la emisión, más
adelante en el "teatro literario" (R. Salvat, 1983: 20-21) predomina el autor: La

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organización del edificio teatral y la intervención del autor se hace
predominante desde el siglo XVIII y a lo largo del XIX, sobre todo por la función
que cumple el edificio en las relaciones sociales de la burguesía. Sin embargo, a
principios del XX apreciamos un cambio (desde 1880) y el interés se centra en
la función del escenario con respecto al público y en los distintos niveles de
comunicación entre ambos planos. Al frente del espectáculo aparece la figura
del director como responsable de la coordinación general.

Sea cual sea su distribución es evidente que en el espacio teatral existen


siempre dos zonas, la de los espectadores y la de la escena (espacio escénico),
y esa es una de las oposiciones fundamentales de la semiótica del teatro que
para Lotman (1980) es una relación de "existencia/inexistencia". La relación de
"existencia/inexistencia" del espacio de la representación y el de la sala parte
de la base de que en la mayoría de los casos el lugar donde se sienta el
espectador deja de existir cuando el espectáculo comienza. Su atención se
centra ahora en el espacio de la representación que comienza a existir como
lugar dramático desde ese momento.

En la actualidad existen montajes en los que coincide el espacio de la


representación y el espacio de los espectadores total o parcialmente. En
espectáculos del tipo de "La Fura del Baus" la actuación se realiza "entre" los
espectadores que son instigados para formar parte de ella. Esta "provocación"
consiste precisamente en la constante transgresión del espacio ocupado por el
público al que se le obliga a estar en constante movimiento. Con ello consiguen
el continuo contacto entre los espectadores que de una forma u otra no tienen
más remedio que comunicarse entre sí y con las acciones que les rodean por un
lado u otro.

El espacio lúdico o de movimiento

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Llamamos espacio lúdico o de movimiento a las relaciones físicas que se dan
entre los personajes o las personas y las cosas encuadrados en un lugar
concreto. Se trata de un espacio escenográfico que aporta un significado
específico, y, por supuesto, limita cualquier modo de movimiento escénico; P.
Pavis (1980: 187) lo define como: "el espacio creado por la evolución gestual
de los actores. Se organiza a partir de ellos, como en torno a un eje, que
cambia también de posición cuando la acción lo exige".

Los espacios imaginarios o evocados

Los espacios imaginarios forman parte del "espacio escenográfico", pues


aunque no estén presentes físicamente en escena lo están en la imaginación del
público y completan el texto espectacular.

En cualquier representación existe una alternancia de dos tipos de espacios


que se oponen y complementan entre sí: Son, en líneas generales, el que
llamaremos espacio presente que se reproduce en el escenario y el espacio
evocado o imaginario. El primero es concreto, delimitado por dimensiones
físicas y está formado por la escenografía, el escenario, el espacio lúdico creado
por los movimientos, la voz, los efectos escénicos y el vestuario. El segundo es
inconcreto y complementa al espacio presente sin el cual la representación
carecería de sentido.

Tanto el espacio real como el imaginario son ejes funcionales y soportes


básicos sin los que no se podría comprender la acción escénica.

En los espacios imaginarios incluimos los lugares que, aún lejos del que se
plasma en el escenario, aparecen descritos o evocados en el discurso de los
personajes. Sobrepasan el ámbito escénico ya que por medio de ellos la escena

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se amplía más allá de la sala y la escenografía, pues pertenece al mundo de la
pura ficción.

Como conclusión, creemos que hay que hablar así del "adentro " y "afuera" del
espacio escénico, o bien de lo que ocurre físicamente dentro del espacio
escenográfico en concreto y del espacio ausente y aludido dentro de la misma
representación.

Los espacios evocados o imaginarios serían lo que García Barrientos (1991: 97)
llama "textos heterogéneos" o "convencionales" es decir, textos lingüísticos de
referencia no verbal que describen con palabras un decorado, espacio o acción
los que refieren este tipo de espacios.

Finalizaremos este apartado con la siguiente cita de Bettetini (1975:

46-47):

"La 'representación' es un sustituto, suplemento de una presencia


momentáneamente ausente, pero es algo que también se agrega a aquella
presencia diferida en el tiempo o en el espacio, algo que la integra de manera
completa en la medida que constituye una 'idealidad'. La representación es una
presencia que se acumula, una plenitud que se añade a otra”.

María Carmen Gómez de la Bandera


Madrid, 2002
(Cap. III.)
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

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FACULTAD DE FILOLOGÍA

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