Racismo y Derechos Afrocolombianos
Racismo y Derechos Afrocolombianos
COMPONENTE CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
AFRODESCENDIENTE
DOCUMENTO TÉCNICO
La persistencia del racismo contra los afrocolombianos como estado
de cosas inconstitucional
Ensayo preparado dentro del proyecto de apoyo al Cumplimiento del Auto 005 de 2009
referente a la Protección de derechos fundamentales de la población afrodescendiente
víctima del desplazamiento forzado en el marco de superación del estado de cosas
inconstitucional declarado en sentencia T‐025/04
Jaime Arocha Rodríguez, PhD
Miembro del Comité Científico Internacional Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo:
Memoria, Resistencia y Patrimonio,
Con el apoyo de la historiadora Mónica Hernández Ospina. MA
y del antropólogo Miguel Ángel Hernández
Bogotá D.C., Enero de 2012
1
RESUMEN EJECUTIVO
Este ensayo ata el goce pleno de los derechos de las
víctimas afrodescendientes del desplazamiento forzado
a la eliminación del racismo mediante la Cátedra de
Estudios Afrocolombianos que introdujo la Ley 70 de
1993 para el sistema de educación pública en los niveles
de básica primaria y secundaria. Infortunadamente, a lo
largo de estos 19 años, el Estado colombiano asumió un
compromiso errático con respecto a la
institucionalización de esa reforma educativa, por lo
cual surge la pregunta de si esa indecisión ha
contribuido a empeorar el estado de cosas
inconstitucional objeto del Auto 005 que la Corte
Constitucional emitió en 2009. Ese año, la magistrada
de la misma corte, María Victoria Calle, manifestó una
preocupación comparable en la Sentencia 931. Luego de
explicar las razones de la inquietud, el escrito muestra
cómo un sistema de ciencia y tecnología que incluya un
programa de formación doctoral y se base en esa
Cátedra puede iluminar las competencias y
conocimientos que hoy las víctimas afrocolombianas
del desplazamiento forzado consideran
menospreciados, y excluidos de las reparaciones que
requiere la sentencia T‐25 de 2004.
2
Desde el ideal de darles visibilidad a esos aportes,
la recomendación a favor de una pedagogía alternativa
tiene que ver con la esperanza de lograr que quienes
orientan el desarrollo del país se percaten de la valía
económica, ambiental y humana de los sistemas
afrocolombianos de producción, como cimiento de la
reparación que más requiere la gente negra desplazada,
a saber, el retorno seguro a los territorios que crearon
sus ancestros. Sin embargo, las políticas para alcanzar
esa meta dependerá de que sus diseñadores rompan
con aquellos esquemas interpretativos de la realidad
que les impiden valorar la contribución de esos
sistemas la resilencia territorial: antes de ser
desplazados, sus inventores multiplicaban la
diversidad de especies vegetales por medio de sus
prácticas botánicas y médicas, al mismo tiempo que
enriquecían los repertorios de sus conductas por la
movilidad que les ofrecían aquellos troncos propios de
su organización social que han generado redes de
familiares que interconectan aldeas, puertos ribereños y
3
Introducción 5
Pedagogías abortadas 5
Invisibilidad, Estereotipia y Desdicha Genealógica 5
Procedencia y resistencia 5
Las incansables asimetrías étnicas 5
Polimorfismo 5
Polimorfismo de cría de cerdos y agricultura 5
Zoteas: agricultura y medicina femeninas 5
Agromominero y de cuidado de animales 5
Agricultura y pesca 5
Concheras de los esteros 5
Conjugar en pasado 5
Espiritualidad en riesgo 5
Vírgenes y santos afroperuanos y afrocolombianos 5
Consideraciones Finales 5
Referencias 5
Anexos 5
INFORME DEL VIAJE A URABÁ POR MIGUEL ÁNGEL
HERNÁNDEZ 5
5
Introducción
Este ensayo ata el goce pleno de los derechos de las víctimas
afrodescendientes del desplazamiento forzado a la eliminación del
racismo mediante la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. Formula
la pregunta referente a si la falta de compromiso institucional para
alcanzar esa meta también podría verse como un estado de cosas
inconstitucional. Luego de explicar las razones de ese interrogante,
muestra cómo un sistema de ciencia y tecnología basado en esa
Cátedra iluminaría los saberes y competencias que hoy las víctimas
afrocolombianas del desplazamiento consideran menospreciadas y
por lo tanto excluidas del proceso de reparación que requiere la
sentencia T‐25 de 2004.
El trabajo se llevó a cabo para apoyar el análisis que desarrolla
la Corte Constitucional sobre el cumplimiento del Auto 005 de 2009
referente a la Protección de derechos fundamentales de la población
afrodescendiente víctima del desplazamiento forzado en el marco de
superación del estado de cosas inconstitucional declarado en
sentencia T‐025/04. Responde a la petición formulada por el profesor
Manuel José Cepeda y la magistrada auxiliar Clara Elena Reales de
desarrollar una tipificación cultural de las personas de ascendencia
africana amparadas por ese auto, la cual permitiera complementar
aquellos marcadores raciales mediante los cuales un sector de las
comunidades de Jiguamiandó y Curvaradó parece pretender excluir
a aquellos desterrados que han regresado o pretenden regresar a sus
territorios ancestrales. La petición obedecía a la sospecha de que
entre otras comunidades negras del país hubiera personas
interesadas en aplicar la misma estrategia de exclusión.
Responder la solicitud implicó analizar los materiales
relacionados con el censo de quienes han regresado o intentan
regresar a Jiguamiandó y Curvaradó, reunirse con funcionarios del
Ministerio del Interior responsables de las siguientes etapas de ese
censo, buscar etnografías que actualizaran parte de la información
sociocultural acopiada en el decenio de 1990, y entrevistar o estudiar
6
informes de quienes, pese al conflicto armado, han podido hacer
trabajo etnográfico de terreno sobre esa información.
De esa reflexión parecían evidentes varios marcadores de
identidad cultural, a saber: el polimorfismo de los sistemas de
producción del Afropacífico y Afrocaribe, donde están en riesgo de
desaparecer (Camargo 2010); los troncos o ramajes familiares que
integran familias extendidas a lo largo de líneas paternas y maternas
y que remontan su origen a un ancestro fundador de carácter mítico
(Friedemann 1974), así como el culto a los antepasados y a los santos
vivos, o figuras del santoral católico a las cuales se les atribuye la
cualidad de comunicarse con los humanos mediante diversas
manifestaciones (Arocha et al. 2008). Inclusive surgía la posibilidad
de transformar esos marcadores en preguntas que pudieran
incorporarse a los diseños censales para los anillos 2 y 3 de
Jiguamiandó y Curvaradó, alternativa difícil de alcanzar dentro de
los plazos fijados para la realización de esos censos. Requeriría
presentarla formalmente al Ministerio del Interior, para que éste, a su
vez, la sometiera a consideración de los miembros de los consejos
comunitarios implicados y que de ahí fuera incorporada a los
respectivos formularios. Sin embargo, esa sería una opción que la
Corte Constitucional quizás podría considerar para otros casos luego
de que analice las apreciaciones que siguen. Surgen de dos
preocupaciones: una, la orfandad que la documentación estudiada
presenta con respecto a la caracterización cultural de los desplazados
de ascendencia africana1, y otra la certeza de que esa orfandad haya
dependido de la falta de compromiso del Estado con la implantación
plena de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, como instrumento
para hacer visibles esas identidades y de ese modo combatir los
diversos tipos de racismo que afectan el goce de los derechos de esas
personas. De ahí la idea de examinar componentes fundamentales de
esas identidades con respecto a los vacíos en la consolidación de la
1 Los numerales 37‐55 del Auto 005 se refieren a la precariedad de la información para caracterizar a la
población afrocolombiana afectada por el desplazamiento.
7
Cátedra.
Pedagogías abortadas
Entre el 13 de agosto y el 10 de octubre de 2007, la Corte
Constitucional envió convocatorias a “[…] una sesión de información
técnica para verificar las medidas adoptadas para superar el estado
de cosas inconstitucional declarado en la sentencia T‐025 de 2004
sobre el problema del desplazamiento forzado interno, desde la
perspectiva de las comunidades afrodescendientes desplazadas o en
riesgo de desplazamiento”. La sesión tuvo lugar el 18 de octubre de
ese año. Junto con otras fuentes, permitió constatar que la “[…]
indicación por parte del juez constitucional no se ha traducido, a la
fecha, en acciones integrales, concretas y especialmente diferenciadas
orientadas a resolver la situación crítica que enfrenta la población
afro descendiente y que, en términos generales, ha limitado el goce y
ejercicio efectivo de todos sus derechos individuales y colectivos”
(Auto 005, numeral 6). De ahí que hubiera expedido el Auto 005 de
2009 con exigencias perentorias para que el poder ejecutivo
desarrollara las políticas públicas necesarias para la superación de
ese estado de cosas inconstitucional. De las pruebas aportadas por las
organizaciones participantes2, sobresale “El menosprecio por los
2 Que algunas comunidades afrodescendientes específicas que se encuentran desplazadas o en riesgo de
desplazamiento, así como organizaciones que agrupan a tales comunidades y representan sus intereses, han
manifestado su interés en tomar parte en la sesión pública de información técnica a realizarse el 18 de
octubre, por lo cual serán invitadas a participar en la misma en la presente providencia. Estas comunidades
y organizaciones son: la comunidad de Curvaradó (Chocó), la comunidad de Jiguamiandó (Chocó), la
comunidad de Cacarica (Chocó), las comunidades de El Charco (Nariño), las comunidades del Río Tapaje
(Nariño), la comunidad de San Miguel del municipio de San Juan (Chocó), las comunidades del Bajo Río
Naya (municipios de Buenos Aires y López de Micay en el Cauca, y Buenaventura en el Valle), las
comunidades de los municipios de Mosquera y Olaya Herrera (Nariño), la Mesa Municipal de Población
Desplazada de Tumaco, la comunidad de La Nupa (Tumaco) y otras personas afrodescendientes
desplazadas desde la ciudad de Tumaco a otras regiones del país, representadas por la Fundación Arte y
Cultura del Pacífico (FUNDARTECP), el Consejo para el Desarrollo Integral de las Comunidades Negras de
la Cordillera Occidental de Nariño, algunos líderes y personas afrodescendientes desplazados en
Buenaventura, la Asociación de Comunidades Afrodescendientes del Bajo Atrato (ASCOBA), la Red de
Consejos Comunitarios del Pacífico Sur (RECOMPAS), el Consejo Comunitario Mayor del Medio Atrato
(COCOMACIA), la organización Proceso de Comunidades Negras (PCN), la Conferencia Nacional de
Organizaciones Afrocolombianas (CNOA), la organización Asociación para el Desarrollo Integral de la
Mujer, la Juventud y la Infancia, “Asomujer y Trabajo”, la Asociación de Afrocolombianos Desplazados
(AFRODES), el Comité de Desplazados Gestión y Veeduría (CODEGEVED) y el Consultivo de Alto Nivel y
Consejero Nacional de Cultura por las Comunidades Negras.
8
(Afrodes) en el marco del Intercambio de experiencias Sur‐Sur entre Colombia y Honduras, octubre 14 de
2011.
9
ha tenido lugar, debido a la persisntecia del Ministerio del Interior en
tramitar todos los procesos de conuslta previa sólo con la Consultiva
de Alto Nivel para las Comunidades Negras, pese a que mediante la
sentencia C‐530 de agosto de 2010, el Consejo de Estado dictaminó
que en esa comisión no estaban representados los consejos
comunitarios de las comunidades negras, ni las organizaciones que
los han apoyado, y que por lo tanto no consistía en el ámbto legítimo
para realizar tales procesos. Debido a esa determinación, el 10 de
diciembre de 2011, la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano
integrada por organizaciones étnico‐territoriales y de las
Jurisdicciones Eclesiásticas de la Iglesia Católica, le dirigieron al
presidente Juan Manuel Santos una carta que expresa lo siguiente4:
2. Nos preocupa que el proceso de consulta sobre la
construcción del Decreto ‐ ley aplicable para la población
afrocolombiana no haya sido transparente y por lo tanto a
4 [Link]/[Link]?option=com_phocadownload&view=category&download=167:carta‐
cordinacion‐regional‐del‐pacifico‐al‐presidente‐sobre‐cp‐de‐ley‐de‐victimas&id=9:ddhh&Itemid=192
10
nuestro juicio inexistente, lo cual se manifiesta en las siguientes
razones:
a. No se cumplió con el procedimiento exigido por la misma
ley 1448 de 2011 en su articulo 205, inciso b en el sentido que el
gobierno nacional consultará a los pueblos étnicos a través de
las autoridades y organizaciones representativas bajo los
parámetros de la jurisprudencia constitucional, la ley y el
derecho propio.
[Link] plazo que se dio fue muy limitado y no permitió poder
llegar a todas las comunidades.
3. Por todo lo anterior expresamos nuestra exigencia para que
su gobierno proceda en derecho y haga un auténtico proceso de
Consulta Previa, que permita el Consentimiento pleno Libre e
Informado a la población afrocolombiana sobre el Decreto
facultado por la Ley 1448 de 2011. Creemos que, nos
evitaríamos recorrer nuevamente el camino.
Más tarde, como esa situación podría repetirse con respecto a la Ley
de Desarrollo Rural, el 17 de enero de 2012, reconocidos académicos
de dentro y fuera del país, así como 156 Consejos Comunitarios de
Comunidades Negras5 se volvieron a dirigir al presidente Santos
para que interviniera a favor de un proceso que de verdad llegue a
ser verdad informado, libre, de buena fe y apele a procedimientos
adecuados para la debida concertación, y no se basara en esa
interacción exclusiva del Ministerio del Interior con la Consultiva de
Alto Nivel por su carácter clientelista y poco transparente6.
Adicionalmente, el Informe Nacional de Desarrollo Humano
2011, Colombia Rural razones para la esperanza (PNUD 2011: 162)
avala una cuantificación que deriva en menosprecio por la gente de
ascendencia africana:
6 [Link]
[Link]
[Link]
12
como las de síndico o síndica, fundamentales para la celebración de
aquellas fiestas en honor a santos patronales que aglutinan y le dan
sentido a las comunidades del Afropacífico, o más bien si ese índice
tan sólo cuantifica niveles de educación formal. La inclusión de esas
carreras ceremoniales consistiría en un paso hacia visibilización y
calificación de saberes y competencias de los afrocolombianos como
medio de alcanzar los propósitos de la sentencia T25. Sin embargo,
hace once años que esa superación ya había sido contemplada por la
Ley 70 de 1993 y el Decreto 1122 de 1998, mediante la Cátedra de
Estudios Afrocolombianos, la cual hoy debería haberse extendido
desde los niveles de educación básica primaria, media y secundaria
hacia la universitaria, si el Estado hubiera tomado en serio el
propósito de hacer visibles las contribuciones de la gente negra al
funcionamiento de la nación y, por lo tanto, de combatir las diversas
formas racismo que la han afectado. La reforma curricular que esa ley
propuso pretendía, en primer lugar, implantar programas de
etnoeducación que respondieran al trayecto y aspiraciones de
estudiantes afrocolombianos, palenqueros y raizales, la mayoría de
ellos socializados dentro de paradigmas basados en la oralidad como
mecanismo fundamental de aprehender y transmitir el conocimiento,
pero poco conocedores de las etnonaciones africanas de las cuales
descienden, por efecto de un sistema de educación que, si las incluye
dentro de la enseñanza, las identifica como salvajes o bárbaras
(Digniafro 2010). Y en segundo lugar, introducir programas
curriculares sobre el protagonismo de la gente negra dentro de
procesos históricos, económicos, sociales, políticos y de creación
estética y simbólica relevantes para la formación de la identidad
nacional, y por lo tanto para todos los colombianos.
De haber contado con la recepción adecuada, quizás hoy esa
Cátedra habría dado origen a un sistema de ciencia y tecnología
basado en institutos universitarios de investigación y formación de
doctores que enfocaran aspectos relevantes tanto para los pueblos de
ascendencia africana como para todo el conjunto social, incluyendo
(i) los legados históricos de los miembros de etnonaciones de África
13
Estudios Afrocolombianos al Currículo Educativo Distrital. Por fuera
de ellos, en casi todas las instituciones educativas del país, la
innovación ha quedado reducida a elementales representaciones
exotizadas de teatro, música y danza para celebrar las fiestas de la
Afrocolombianidad (21 de mayo) o de la Diversidad (12 de octubre)
(Arocha et al. 2007). De ninguna manera se ha tratado de una
propuesta transversal, sistemática y dignificada para que
instituciones y personas confluyan en la superación el racismo que
deletrea el Auto 005 (numerales 67‐69, 106‐113), incluyendo el de
carácter estructural que se aprecia en el informe del PNUD Los
afrocolombianos frente a los objetivos del Desarrollo del Milenio
sobre el desempeño del Estado colombiano con respecto a la
erradicación de la pobreza extrema y el hambre, el lograr de la
educación básica universal, la promoción de la igualdad entre los
géneros y la autonomía de la mujer, la reducción de la mortalidad
infantil (menores de cinco años) , la mejoría de la salud sexual y
reproductiva, el combate del VIH/SIDA, la malaria y el dengue y la
garantía de la sostenibilidad ambiental (PNUD 2011b). Por otra parte,
incluyen el racismo cotidiano, conforme se deduce de los testimonios
ofrecidos por las organizaciones que participaron en la sesión técnica
del 18 de octubre de 2007, a saber:
‐ La vivencia diaria de actitudes y comportamientos racistas
por parte de las instituciones y la ciudadanía en general contra
la población afrodescendiente;
‐ Las mayores dificultades para la articulación laboral de la
población afrocolombianas ocasionada por sus bajos niveles
educativos. Cuando logran su vinculación laboral, se hace
generalmente en oficios que requieren menos conocimientos y
habilidades y reciben menor remuneración;
‐ El [ya mencionado] menosprecio por los saberes y
competencias propios de las comunidades afrocolombianas
‐ La falta de apoyo institucional al fortalecimiento de las
organizaciones de población afrocolombianas como un recurso
15
para reconstruir la solidaridad y gestionar de manera colectiva
la reclamación de sus derechos (véase el numeral 107 del auto
005 de 2009)
Pese a que no afecte directamente el goce pleno de los derechos de las
víctimas afrodescendientes del desplazamiento forzado, la falta de
compromiso por parte del Ministerio de Educación y las respectivas
secretarías departamentales y municipales con respecto a la
introducción, implantación, consolidación y expansión de
pedagogías sistemáticas contra el racismo y a favor de las
civilizaciones africanas y afroamericanas, como las que es posible
contemplar dentro de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos,
¿podría constituir un estado de cosas inconstitucional?
La Corte Constitucional ha sido sensible a esta falla estructural.
En la sentencia 931 de 2009, la magistrada María Victoria Calle
Correa sostuvo que
14. El Estado colombiano nunca ha realizado hasta el
momento un pronunciamiento institucional o ha
expedido una ley encaminada a reparar a las víctimas
del crimen de esclavitud en la historia de Colombia. La
Asamblea Nacional Constituyente de 1991 decidió
proteger a las comunidades negras de Colombia, en el
contexto de un estado pluriétnico y multicultural. En
tal contexto, es deber del Estado tomar las medidas
adecuadas y necesarias para superar las marginaciones
y exclusiones, producto de la injusticia que
históricamente se dio en Colombia con la esclavitud,
así como también, de injusticias más recientes.
16.2.5. Así, a pesar de las consagraciones normativas, los
avances jurisprudenciales y las luchas adelantadas por
la población afrocolombiana, la cultura política
16
nacional no ha decantado la necesidad de reconocer la
real marginación y exclusión a la que estas
comunidades han sido sometidas. En tal contexto, son
también pocas y limitadas las medidas y acciones que
promuevan la inclusión, la equidad y la igualdad de las
comunidades negras de Colombia.
16.2.5. Así, a pesar de las consagraciones normativas, los
avances jurisprudenciales y las luchas adelantadas por
la población afrocolombiana, la cultura política
nacional no ha decantado la necesidad de reconocer la
real marginación y exclusión a la que estas
comunidades han sido sometidas. En tal contexto, son
también pocas y limitadas las medidas y acciones que
17
promuevan la inclusión, la equidad y la igualdad de las
comunidades negras de Colombia.
Aquí no se trata de sostener que la Cátedra de Estudios
Afrocolombianos sea panacea para superar todos los lastres de la
discriminación racial. Sin embargo, estas páginas sí sugerirán los
caracteres estructurales y cotidianos de racismos con el potencial de
comprometer la realización plena de esos derechos, y a su vez de ser
corregidos mediante pedagogías relevantes.
Invisibilidad, Estereotipia y Desdicha Genealógica
El racismo tiene dos motores fundamentales, invisibilidad y
estereotipia (Friedemann 1984). La primera es un instrumento de
poder inventado alrededor de la supuesta superioridad racial blanca,
consistente en ocultar las historias universales, nacionales y
regionales protagonizadas por los africanos y sus descendientes en
las Américas (Arocha at al, 2007). Lo refuerza la negación de los
hechos, fenómenos y sucesos que esos pueblos y civilizaciones
protagonizaron y siguen protagonizando y. lo complementa la
estereotipia, variación de la invisibilidad que se caracteriza por la
reducción de complejidades y diversidades estéticas, sociales,
mentales y simbólicas a rasgos simples, invariables por su supuesto
carácter atávico (ibid).
desdicha tienen que ver con la ansiedad que ocasiona el síndrome
postesclavista con efectos negativos en la organización familiar, el
desempeño laboral y la participación social, los cuales hasta ahora
comienzan a ser abordados, como ha sido posible hallar en uno de los
paneles del Taller conjunto del Harriet Tubman Institute de la
Universidad de York (Canadá) y del Programa UNESCO La Ruta del
Esclavo sobre la Enseñanza de la Diáspora Africana, celebrado en esa
universidad, entre el 5 y el 7 de noviembre de 2010
([Link]
El síndrome postesclavista tiene que ver con la voluntad de
olvidar los efectos ocasionados por 4 siglos de confinamiento en los
diversos campos de concentración ideados por los tratantes, a saber,
las factorías de las costas africanas, donde almacenaron a las
personas capturadas antes de que fueran exportadas. En segundo
lugar, las barcos diseñados para optimizar la capacidad de carga en
condiciones de sometimiento mediante las armas y en detrimento de
la higiene, y la intimidad personales (Arocha, et al. 2008: 31;
Thompson 1993). En tercer lugar, las aduanas que recibían los
“cargamentos” humanos a ser maquillados y embellecidos para su
venta, después del cual, esas personas pasarían a haciendas,
plantaciones y minas desde donde huyeron o salieron por medios
legales hacia la formación de entidades territoriales y sociales
autónomas. Durante los último 20 años, esas entidades se han
convertido en objetivos militares y de desplazamiento. Así, las
personas desterradas se han refugiado en asentamientos que, al
menos por un tiempo, corresponden con las condiciones de
vigilancia, salud pública y carencia de intimidad comparables a las
de los anteriores campos de concentración.
19
Procedencia y resistencia
De haber existido una Cátedra de Estudios Afrocolombianos
debidamente institucionalizada y apoyada desde el Estado, esa
desdicha genealógica habría sido combatida mediante la enseñanza y
divulgación amplia tanto de los orígenes de la gente deportada desde
África occidental y central, como del ejercicio de la memoria a favor
de la recuperación de la libertad. Uno y otro propósito habrían
requerido aprender cartografías que hoy siguen ignorando
profesores de colegios y universidades (Arocha et al. 2007), pero que
la gente medio conoce por la prensa que cubre, por una parte, las
20
17.5. Los estudios de negritudes, los cuales se convierten en
una herramienta indispensable para determinar las
condiciones de las comunidades negras y poder diseñar e
implementar políticas públicas que aseguren el goce
efectivo de sus derechos fundamentales, aunque cada vez
son más abundantes, son muy recientes. En los años 40
iniciaron los trabajos pioneros, entre los que se encuentran,
por ejemplo, los estudios del padre José Rafael Arboleda S.J.
a partir de los años cincuenta, el estudio de Rogerio
Velásquez sobre el Juez Penal chocoano, Manuel Saturio
Valencia y los trabajos de Aquiles Escalante Polo. En la
actualidad son varios los trabajos que exploran la situación
actual de las comunidades negras, y presentan propuestas
de análisis y de acción, como aportes al debate democrático
para la construcción de políticas públicas incluyentes,
equitativas y que promuevan la igualdad real.
21
Publicado en 1982 por el Instituto Caro y Cuervo, el libro que
Nicolás del Castillo Mathieu tituló Esclavos negros en Cartagena y
sus aportes léxicos consiste en un aporte imprescindible para
comprender cuándo y qué gente de África vino a la Nueva Granada.
Analistas como Adriana Maya (2005) y Martha Luz Machado (2011)
han puesto a dialogar esa obra con las de expertos nacionales y de
otros países para ofrecer un panorama intrincado que los nuevos
investigadores podrán enriquecer aun más a partir de recursos
22
impensables hace unos años. Uno de ellos es la base de datos que
puede consultarse en [Link]. Fue elaborada a partir
de los registros de las “cargas” humanas que los navíos esclavistas
europeos sacaban de las costas africanas hacia los puertos del Caribe
y las Américas. Además, esa base incluye un amplio número de
publicaciones clásicas sobre la diáspora africana, cuya consulta
debería ser rutinaria, de haberse puesto en marcha los programas
académicos a los cuales este escrito se refiere con reiteración. Sin
duda, profundizar en el análisis de este nuevo recurso académico
hará más compleja la periodización que sigue, así como los datos
sobre la membresía étnica de la gente deportada.
Un primer período de esa historia va de 1533 a 1580. Por una
parte, incluye la llegada de gente de afiliaciones mande, wolof y
fulbé de zonas semidesérticas de los valles del Níger, Senegal y
Gambia (Maya 2005: 144‐149). El que esa área haya sido el escenario
de la expansión árabe iniciada en el siglo VII plantea el interrogante
de la influencia islámica en la Nueva Granada con posibles rastros de
la caligrafía coránica en los patrones de la orfebrería momposina, los
cuales merecerían una atención que hoy no es muy significativa. Lo
mismo sucede con sagas míticas como la de Sundiata Keita, el rey
León, quien consolidó el imperio de Mali en el siglo XII, o de viajes
que dejaron crónicas como las de Ibn Khaldun o Ibn Battuta
(Friedemann y Arocha 1986: 51‐59), amén de novelas históricas como
Segu de Maritse Condé, la cual si bien se refiere a los siglos XVIII y
XIX, contiene un rico panorama de los estados de esa parte del valle
del río Níger, incluyendo sus formas de gobierno, escuelas coránicas,
fricciones con las llamadas religiones animistas, relaciones
interétnicas, redes complejas de comercio y culto a los ancestros. Esos
relatos ya podrían hacer parte de programas curriculares que
contradijeran la difundida pero absurda noción de que la gente negra
carece de mitologías complejas y de civilización.
23
Durante el período que va de 1580 a 1640 siguió llegando gente
de las afiliaciones preponderantes en los años anteriores, pero los del
río Congo, como angolas y kikongos, entre otros miembros de la
familia lingüística Bantú, registran un pico relacionado con sus
habilidades herreras, fundamentales para la producción de cachos,
almocafres y barretones que hacían posible la minería del oro que
florecería en el litoral Pacífico, luego de que terminara el respectivo
ciclo del bajo Cauca (Maya 2005: 170‐171). Los miembros de esta
familia también figuran como posibles aportantes de epistemologías
“holistas” que tienden a formar unidades entre gente y naturaleza,
vivos y antepasados, y tiempo y espacio (Jahn 1990, 102‐105). De su
persistencia durante el período poscolonial en África habla Emanuel
Dongala en la Novela El Fuego de los Orígenes, una de cuyas
narrativas finales establece el siguiente contraste estremecedor entre
esa epistemología y la occidental, a propósito del encuentro entre
Mankunku, el héroe de la novela, un nganga o sabio ancestral y
Lukeni un físico doctorado en una universidad norteamericana:
[A Lukeni […] le impresionó la inteligencia de Mankunku. Había
discutido durante largas horas y nunca su espíritu encerrado que
confundía inteligencia e instrucción académica había advertido
que estaba discutiendo con un sabio, aunque el hombre nunca
hubiera ido a la escuela. Lukeni iba a contestar su pregunta sobre
el paso entre la vida y no‐vida, que, claro, el vínculo existía, los
virus, que se encuentran en el umbral que separa la materia viva
de las moléculas inertes; pero se contuvo, pues comenzaba a
comprender lo que le separaba en profundidad, lo que de
24
Los años de 1640 a 1728 son los de la llegada de los Ashanti o
Asande, entre otros miembros de la familia lingüística Akán de las
25
actuales Ghana y Costa de Marfil, así como de los Ararás o Ewé‐Fon
de Benín y los Carabalíes o Igbos de Nigeria y Camerún (Maya 2005:
183‐184). En el ámbito del auge aurífero iniciado a mediados del siglo
XVII en el litoral Pacífico, su mayor afluencia sería consecuente con
las competencias mineras y orfebres de los Akán. Ellos también
habrían sido los responsables de la divulgación de las historias de
Ananse, héroe mítico muy popular en el Caribe occidental,
incluyendo a Jamaica y nuestro archipiélago de San Andrés,
Providencia y Santa Catalina, trixter encarnado en una araña que con
sus trucos siempre vence a enemigos más fuertes, como el tío Tigre.
Era usual que con el nombre de breda Nancy o Anancy hiciera las
delicias de los cuentos que las abuelas raizales les narraban a nietos y
nietas, conforme también lo hacían sus contrapartes del Afropacífico,
incluyendo a las llamadas culimochas de Mulatos, quienes se
reclaman descendientes de los vascos, pero adoptaron la cultura
afrocolombiana de Nariño y rebautizaron al héroe cultural con el
nombre de Anancio (Rodríguez 2001; Velásquez 2000). En uno y otro
extremo esos cuentos ingeniosos ya van desapareciendo desplazados
por los de Joe Esponja o los Simpson, no obstante su raigambre en
estos medios tropicales de gente esclavizada que las más de las veces
apeló a formas de heterodoxas resistencia basadas en maniobras
creativas como las de Ananse, no para vencer a tío Tigre, sino al
poderoso esclavista. Hoy, dispersa y atomizada, la Cátedra de
Estudios Afrocolombianos no logra recuperar éste y otros héroes de
las mitologías de África occidental que les permitirían a las maestras
de primaria dejar de ser propagadoras del eurocentrismo dominante.
Gente Yoruba, Ewe, Fon e Igbo llegó hasta finales del siglo XVIII,
procedente de Benín, Togo, Nigeria y Camerún, pero de ahí en
adelante la trata con los nacidos en África o bozales se iría
reduciendo para darle vía al comercio con gente esclavizada ya
nacida en la Nueva Granada (Maya 2005: 190‐191).
26
Personas como Nay, la princesa Achimi quien fue capturada la
noche de su boda en Ghana y ya en estas tierras sería la nana de
María en la hacienda El Paraíso fueron cada vez más excepcionales,
pese a que novelas como la de Jorge Isaacs y El Alférez Real de
Eustaquio Palacios se detienen en los avatares sufridos durante la
captura y la inserción de ellas en las haciendas del valle del Cauca.
Sin duda la primera de esas haciendas es sitio de memoria histórica,
como escenario de las relaciones paternalistas entre amos y cautivas
y cautivos, así como de los conflictos afectivos de la gente blanca. Por
su parte, durante varios años, la casa del alférez quedó en el
abandono. Hoy una misión universitaria y del Instituto Colombiano
de Antropología e Historia la reconstruye para que recupere su sitial
en la memoria, ojalá también de los afrodescendientes.
Junto con la gente Bantú, la Ewé influyó sobre los patrones
estéticos, mitológicos y simbólicos de los indígenas embera, wounán
y tule. En los años de 1930, el etnógrafo sueco Henry Wassén sugirió
que ese influjo había tenido lugar comparando el estilo de las
esculturas de madera hechas por la gente del Congo, con los bastones
tallados en madera que los jaibanás o médicos ancestrales usaban
para la curación de enfermedades por medio del canto de jai. 30 años
después, Nina S. de Friedeamann retomó la idea en el libro
Herederos del Jaguar y la Ananconda (Friedemann y Arocha 1985), y
en 2000, Marha Luz Machado comenzó una investigación que precisó
entre qué pueblos africanos habían ocurrido las capturas de la gente
negra que aparecía en el Chocó; ensambló una colección de esos
bastones para el canto de jai, analizó las técnicas de tallado, las
proporciones de los miembros, del tronco de cuerpo y la cara, y las
comparó de manera sistemática con muestras provenientes de
etnonaciones Bantú y Ewé de los museos de las universidades de
Coimbra en Portugal y Gotemburgo en Suecia. De esas equivalencias
halló que una de las más notorias es la de aquellas esculturas en
madera que representan a dos personas unidas por el tronco, quienes
comparten el mismo par de piernas, denominadas “Páchaidammeisa,
27
Adicionalmente, con base en la tesis de Mircea Eliade (1988: 17)
referente a que “el mito no habla sino de lo que ha sucedido
realmente, [… y que] se refiere siempre a las realidades” (Machado
2011: 91), estudió la mitología sobre Pancoré, la abuela que le enseñó
a su nieto cómo emplear yerbas, cantar jai y usar los bastones de
curación, para hallar que esa una mujer era negra. Por su parte, a las
antumias, espíritus del agua capaces de curar, quienes son hijos e
hijas de Pancoré se las identifica como diablos negros (Machado 2011:
77). Estos poderes benéficos tienen sus equivalentes entre los
chamba, quienes asocian las fuerzas del mal con los mismos factores
a los cuales apelan los indígenas del Pacífico colombiano. La
sumatoria de rasgos estéticos, médicos, simbólicos y filosóficos
sometidos a comparación va en contravía de la tesis mediante la cual
la historiografía tradicional ha reforzado la desdicha genealógica, en
el sentido de que fue la gente negra quien aprendió de la indígena,
considerando que el trauma de la deportación y la trata se supone
haber derivado en el olvido de las memorias de África. En 1992,
cuando el Departamento de Antropología de la Universidad
Nacional comenzó a auspiciar la investigación etnográfica sobre los
afrobaudoseños, para esas personas no sólo era inconcebible la idea
de que sus antepasados les hubieran legado algo a los indígenas, sino
que negaban sus orígenes étnicos. Además de la vergüenza que
inspiraba el provenir de un continente salvaje, esa negación obedecía
a una razón práctica: asesores del movimiento indígena habían
difundido la idea de que devolviendo a la gente negra al África se
resolverían los conflictos territoriales interéticos que afloraban por
entonces (Arocha 1999: 113‐139). Dentro de las posibles
investigaciones que podrían surgir de un programa de ciencia y
tecnología como el que se propone aquí, podría estar la relacionada
con esa vergüenza dentro de una noción de trauma posesclavista
28
Las incansables asimetrías étnicas
Con respecto a otras pedagogías que serían apropiadas para superar
la desdicha genealógica, es relevante considerar la diferencia de
regímenes legales a los cuales apelaron los colonizadores para
relacionarse con la gente indígena y africana. Debido a la
intervención de Fray Bartolomé de las Casas, para 1530, la protección
de los primeros comenzaba a realizarse esclavizando de los africanos,
al amparo de las Leyes de Indias, incluyendo el reconocimiento
parcial de autonomías territoriales, y políticas hoy denominadas
resguardos y cabildos (Arocha 1998b). Por su parte, a quienes eran
capturados en África con destino a las Américas se les administró
mediante los “códigos negros” expedidos por las diversas naciones
tratantes, pero cuyo denominador común era la conceptualización de
esos seres humanos como “bienes muebles”, por lo tanto carentes de
memoria y capacidad del raciocinio abstracto. Mientras que la
evangelización de los primeros era responsabilidad estatal, la de los
segundos correspondía a los amos, de modo que entre los indígenas
comenzó a haber más personas letradas, y por lo tanto conocedoras
de la importancia de los documentos que acreditaban las
propiedades comunales de los resguardos. Esas cualidades, junto con
restos de arquitectura monumental como los de San Agustín,
contribuyeron a que desde finales del siglo XVIII surgiera una
admiración académica de esos pueblos, dentro de una concepción de
“antigüedades”, la cual cimentaría la aparición del americanismo o
interés por comprender a las Américas (Pineda Camacho 1984). Así,
las culturas indígenas comenzaron a ser objeto de las aproximaciones
científicas internacionales (Friedemann 1984), ampliadas de manera
muy significativa desde los primeros decenios del siglo XX, con otro
29
pico en los años de 1960, hasta un presente que hoy ya se caracteriza
por programas de formación doctoral que profundizan la descripción
tanto de los sistemas espirituales y mitológicos, como de las
amenazas para la supervivencia de los pueblos que implican la
modernización inconsulta, la expansión de los monocultivos de usos
lícitos e ilícitos, así como el conflicto armado. Inclusive, a esta batería
de conocimientos la refuerzan universidades indígenas como la que
impulsa el Consejo Regional Indígena del Cauca o programas de
educación superior como los de la Asociación de Cabildos Indígenas
del Norte del Cauca. A su vez, desde esos años de 1960 se ha
fortalecido la solidaridad internacional con las luchas indígenas por
parte de Cultural Survival y Survival International, entre las
entidades de prestigio mundial que se ocupan de denunciar y
prevenir genocidios, etnocidios y demás amenazas graves al porvenir
de los pueblos indígenas.
En este sentido, el contraste con el apoyo a las reivindicaciones
de los afrocolombianos es significativo. En octubre de 1996, la
Gobernación del Chocó convocó a una reunión urgente con oenegés
defensoras de los Derechos Humanos y la Viceministra de Defensa
en busca de luces sobre estrategias para prevenir que el conflicto
armado siguiera escalando. Ni las unas, ni la otra concurrieron, por
lo cual el encuentro consistió en un intercambio entre organizaciones
indígenas y afrochocoanas con el gobernador y el director del Incora
para examinar los casos que para entonces parecían los más
explosivos en Juradó y alto Andágueda (Arocha 1998b). El
desbalance cambió con el Programa Nacional de Manejo de Recursos
Naturales que dirigió el Ministerio del Medio Ambiente con fondos
del Banco Mundial, incluyendo los subprogramas de Zonificación
Ecológica, a cargo del Instituto Geográfico Agustín Codazzi para
cartografiar la distribución de ecosistemas y las percepciones
comunitarias sobres sus propios territorios. Los mapas de los
expertos apoyaban las peticiones de constitución de nuevos
resguardos indígenas, ampliación de los ya existentes o expedición
30
de títulos colectivos de comunidades negras (DNP 1994). Titulación
de Resguardos Indígenas bajo la responsabilidad del Instituto
Colombiano de Reforma Agraria (INCORA) (íbid.). Titulación a
Comunidades Negras, ejecutado por el mismo instituto (íbid.), y
Comités Regionales, coordinado por la Red de Solidaridad Social, se
proponía a que las organizaciones de base de ambos pueblos
negociaran y alcanzaran los consensos requeridos por la ley para
delimitar los territorios de cada quien (íbid.).
No obstante, la hoy densa confluencia de agencias
internacionales humanitarias en el Afropacífico tomó fuerza a partir
de febrero de 1997, luego de operacines como Génesis y Septiembre
Negro, ejecutadas por las Autdefensas Campesinas de Córdoba y
Urabá, ACCU, con apoyo del ejército. De ahí, el desplazamiento de
pueblos del bajo Atrato como Cacarica y Curvaradó y Jiguamiandó,
respectivamente, un poco después de que el Incora comenzara a
entregar los títulos colectivos sobre esos territorios (Cavida 2002;
Comisión Intereclesial de Justicia y Paz 2009; Flórez y Millán 2007).
Como ya se ha dicho, esas asimetrías étnicas, tenían raíces
coloniales. Los alegatos que la gente negra hacía ante las cortes poco
tenían que ver territorios, sino con la defensa de la libertad personal,
en unos casos para controvertir las objeciones que los amos
interponían, luego de haber aceptado manumitir a quienes tenían
esclavizados (Maya 2005). En otros casos, para defenderse de las
acusaciones de haber cometido robos, abigeatos y asesinatos. Fue
difuso el límite entre el uso de la criminalidad a favor de la
resistencia y la liberación o de la supervivencia física (Guevara 2010;
Portes 2009: 47).
Estado (Cevic 1987). Enfocó tal desbalance de autonomías en el
capítulo sobre minorías étnicas, entre cuyas recomendaciones
figura la de superar el supuesto que preponderaba durante ese
decenio de 1980 referente a que tan sólo los indígenas
constituían pueblos étnicos. En consecuencia proponía
reconocer la especificidad étnica de las comunidades negras,
para, a renglón seguido, entrar a unificar la legislación que
hasta entonces regía sobre derechos territoriales y políticos de
tales pueblos. Esa recomendación fue objeto de las discusiones
que tuvieron lugar dentro de las Mesas de Concertación y
Análisis que hicieron parte del proceso de paz con el
Movimiento 19 de Abril (Arocha 1989), el cual nutriría la
reforma constitucional de 1991. Sin embargo, dentro de ella,
esas peticiones tan sólo fueron parcialmente acatadas. Mientras
las autonomías de resguardos y cabildos indígenas quedaban
legitimadas a perpetuidad mediante artículos como los 286 y
287 de la Constitución de 1991, las de los afrocolombianos
tuvieron que esperar los dos años que especificó el artículo
transitorio 55 de la misma carta para la formación y
funcionamiento de la Comisión Especial de Comunidades
Negras. Esa comisión redactó el proyecto cuyos artículos los
miembros del Congreso de la República modificarían y
quedarían incluidos en la Ley 70 que el presidente César
Gaviria firmó en agosto de 1993 (Arocha 1998c). Esa ley no
reconoció a aquellas autoridades ancestrales comparables a las
que incluyen los cabildos de indios, como los capitanes de mina
y albaceas a quienes me referiré más adelante. Más bien
introdujo una figura ideada y reglamentada desde el Estado,
los Consejos Comunitarios, a los cuales, por si fuera poco, les
negó la opción de participar de las transferencias
presupuestales a las cuales sí acceden los cabildos indígenas,
como responsables del manejo de los respectivos resguardos
(Roldán 2011).
33
Esta tensión dio origen al título de la tesis doctoral que la
socióloga María Isabel Domínguez defendió en el Colegio de México:
¿Revolución Silenciosa o Estrategia de Control Estatal? Mirando el
Estado a partir de la titulación colectiva de tierras en el Pacifico
Colombiano, 1993‐2005. Mientras que la inclusión de las
“etnoautoridades” habría sido un factor a favor de la revolución
silenciosa, su exclusión es uno de las estrategias que el Estado ha
empleado para mantener en cintura a las organizaciones de los
pueblos afrocolombianos.
Ese mismo documento falsea argumentos que se han
popularizado en los últimos cinco años a propósito de que los líderes
del movimiento político negro habrían clonado las luchas indígenas a
favor de su autonomía política y territorial. Esa hipótesis parte del
supuesto referente a que, desde la colonia, la gente negra habría
dependido de préstamos de la cultura indígena para corregir el
borrado de las memorias de África que la deportación forzada desde
África habría ocasionado, así como por la esclavización en las
Américas. Por el contrario, el enfoque riguroso de Domínguez sobre
las sesiones de la Comisión Especial de Comunidades Negras
demuestra que los debates sobre la identidad étnica se centraron en
los rasgos culturales ajenos a las tradiciones indígenas, pero
arraigados en memorias de África y en respuestas creativas a la
esclavitud. La autora también pone de manifiesto que con el fin de
especificar qué tipo de organización era adecuada para promover la
participación política de las comunidades negras, los comisionados
no encontraron inspiración en los cabildos que orientan la vida entre
los indígenas, sino en los palenques que crearon cautivos y cautivas
africanos al huir hacia la lucha por la libertad. La autora demuestra
que la homogeneización inspirada por las tradiciones y formas
indígenas de gobierno más bien ha consistido en la solución
impuesta por funcionarios del Estado incapaces de comprender la
originalidad y relevancia de los palenques por los cuales
propugnaron las organizaciones afrocolombianas dentro de la
Comisión mencionada. La dificultad de esos funcionarios para
34
35
indígenas (PNUD 2011a: 167) y que el Auto 005 discute en el numeral
74 para Guapi, pero citando testigos específicos.
Polimorfismo
Un vacío adicional que deja la implantación parcial de la Cátedra de
Estudios Afrocolombianos consiste en la subvaloración a la cual han
sido sometidos los sistemas de producción y ejercicio territorial que a
lo largo de la historia colombiana idearon los africanos y sus
descendientes. El vacío obedece al ya aludido déficit de estudios
sobre los afrodescendientes, en parte solucionado asumiendo que el
sentido de comunidad y de territorialidad colectiva de las
comunidades negras era como el de los cabildos y resguardos
andinos (Ruíz, Carlos Ariel 2011). Dentro de ellos, periódicamente el
cabido distribuye fincas entre familias individuales y les supervisa su
manejo. La hipótesis de este ensayo es que quienes han aproximado
la territorialidad ancestral de los afrodescendientes desde esa
perspectiva no se han detenido en la figura del albacea quizás
moldeada a partir de los capitanes de minas de oro. Esos capitanes
han sido responsables de la mina compañía y de los lotes de cultivo
que permitían la supervivencia de los troncos o ramajes formados
por parientes consanguíneos que pueden trazar su ascendencia, tanto
por línea paterna como materna, hasta llegar a un antepasado
común, fundador de la parentela (Arocha 1999: 204). Así, durante las
épocas de lluvias, el capitán guiaba a la cuadrilla responsable de la
explotación minera, organizaba la división de su trabajo y dirimía
36
En áreas como la del valle del río Baudó, donde no hay minería
del oro sino sistemas de agricultura y cría de animales, el equivalente
de ese capitán es un primogénito, quien no hereda derechos sobre
tierras, sino más bien responsabilidades sobre el manejo de los globos
pertenecientes a familias extendidas (Moreno 1994). Esa persona lima
fricciones que pueden surgir ya sea a lo largo del proceso por el cual
los dominios que ejercen familias elementales8 y nucleares9 pueden
dar vía a dominios colectivos temporales o porque algún miembro de
una de esas familias solicita acceso a los recursos de un lote de la
familia extendida.
Un segundo marco de referencia que ha estado ausente es el del
sostenimiento o multiplicación de la diversidad. Pese a ser pequeños,
los sistemas de producción de las comunidades rurales de las
Afrocolombias se basan en el desmonte parcial de la selva o en la
reproducción de las características de ella. De esa manera son
consecuentes con el sentido fundamental de los procesos evolutivos
8 Una familia elemental consiste en una madre y su progenir.
9 La familia nuclear esta´formada por una pareja y sus hijos e hijas.
37
“Claro que hay que conocer bien estos oficios, pero ello no nos
viene de la sangre. De generación en generación van corriendo
los secretos del agua y del barranco: cómo caminar sobre el
badume flotador de la ciénaga; cómo canaletear con fuerza y
gobernar la balsa de troncos para que no coja por torrentes sin
salida; cómo defender las huevas de las dentelladas de la
nutria,; cómo evitar el fuete de la marimonda; cómo rajar y
coser el vientre de la iguana viva para sacarle los huevos
harinosos; cómo desprenderse sin mosquear las sanguijuelas
que se pegan en las piernas desnudas; cómo , en fin, vadear el
pantano sin temerle al tigre, al güío o al pérfido caimán.
¡Es una cultura “anfibia”!, exclamo [yo], no sin cierta
admiración y envidia de citadino ante semejante logro
ecológico. Porque combina la eficiente exploración de los
recursos de la tierra y del agua, de la agricultura, la zootecnia,
la caza , la pesca, como los malibúes que se quedaron en Santa
Coa (Fals Borda 1980: 19A).
De la versatilidad para combinar oficios de acuerdo con
crecientes y vaciantes de caños y ciénagas depende el carácter
polimorfo de esos sistemas de producción, de cuyo holismo, además,
eran conscientes sus practicantes al identificarse a sí mismos como
“sentipensantes” (Galeano 1989: 107). Ellos y ellas han sido
bricoleurs, o cacharreros,
[…] improvisador[es] de artificios e inventor[es] de soluciones
que parecen imposibles, dado lo absurdo de los materiales e
instrumentos que emplea[n]. A diferencia del ingeniero, no
parte[n del propósito conciente…] sino de la intuición, tratando
de recordar cuál de los desechos que por años ha[n]
coleccionado podrá formarse en la pieza que necesita[n]
(Arocha 1993: 572, basado en Jacob 1981 y Bateson 1991: 471‐
478).
40
parte, la caza de animales de monte, y la cría de aves de corral y
cerdos han suministrado las proteínas animales necesarias (Asprilla e
Hinestroa 2011). Los de Javier Moreno (1994) y Marcela Álvarez
(2006) son de los pocos estudios sobre los marranos que la gente
domesticó para que “naveguen” con autonomía por la maraña de
raíces, troncos y bejucos, sin atollarse en los tremedales que
ocasionan las lluvias fuertes y, además, dispongan de hocicos
poderosos que les permitan escarbar la tierra en busca de raíces y
tubérculos. De ahí sus miembros largos y cuerpos puntiagudos que
rememoran la forma de una canoa. Tan sólo los encierran en corrales
para que sanen de la castración que le quita a su carne el “berrinche”
o sabor a orines (Asprilla 2011). De resto, “ramonean” por distintas
áreas, incluidas las del monte alzao, nombre que en el Baudó recibe
el bosque primario. La crianza de porcinos se ha basado en que los
dueños de los animales respeten normas que reduzcan las
probabilidades de que en sus movimientos dañen las cosechas
propias o las de sus vecinos (Álvarez 2006; Arocha 1999: 152‐156).
Hoy por hoy, esas razas criollas están a punto de desaparecer
por la expansión de los cultivos de coca, cuya invasión por parte de
los animales es más grave que la de las siembras de antaño (Meza
2011: 178‐178). Además, como sucede con las aves de corral, los afecta
la toxicidad de los agroquímicos para abonar y fumigar. Su
reemplazo ha consistido en las razas de cerdos rosados, gordos, de
patas cortas que levantan en jaulas de madera cuya higiene deja
mucho qué desear (ibid.).
La regla fundamental para manejar los porcinos con pocos
efectos negativos sobre las siembras consistía en mantenerlos en la
orilla del río o quebrada donde los agricultores ya hubieran
cosechado su maíz y su arroz. Entonces, eliminaban los límites de
cada lote individual y constituían corredores a lo largo de los cuales
los animales transitaban con libertad y hacían el cañeo,
alimentándose con los tallos caídos o las cañas esparcidas por el piso.
En San Francisco de Cugucho, la aldea afrochocoana más
septentrional del alto Baudó, Javier Moreno (1994) halló que ese
42
desvanecimiento de linderos presentaba una diferencia diametral con
la delimitación precisa que tenía lugar cuando mazorcas y espigas de
arroz estaban a punto de recolectarse; en esa fase, la entrada del
puerco vecino llevaba a conversaciones agitadas para que el criador
controlara los movimientos de sus animales, los cuales podían recibir
un tiro de escopeta en caso de reincidir. De ahí que el inspector de
policía cobrara una multa para compensar la pérdida, luego de
rechazar la manida explicación de que el victimario había errado el
disparo dirigido a un venado, o un tatabro, porque durante el
verano, maíz y arroz son señuelos para atraer presas apetecidas. Al
contrario de lo que sucede con los cerdos, la fauna silvestre sí es
invasora esperada y deseada cuando crecen espigas y mazorcas.
El cañeo consiste en un servicio ambiental de reciclaje que daba
vía a otras fases de la crianza del marrano. Si en la orilla en cuestión
maduraban mangos, aguacates y otras frutas sembradas en las zonas
de barbecho o monte biche, el campesino pedía autorización al
albacea del respectivo predio para llevar sus marranos a ese lugar y
que así se cebaran con las frutas caídas. Hacía lo mismo donde había
chontaduros que sirvieran para purgar animales pequeños, a los
cuales destetaba al final de esa fase, cuando, además, obsequiaba
algunos de ellos a nenés y nenas recién nacidos, cuyos padres les
enseñarían las responsabilidades para con el marrano y con el cual
crecerían dentro de cierto vínculo de hermandad.
A propósito de ese espacio, Meza (2010: 163) escribe:
Antes de la modernización vial, la agricultura que se practicaba
[En la planicie aluvial inundable que recorre la carretera entre
Las Ánimas
y Puerto Nuevo…] era de rotación e itinerancia, empezando
con la socola, una técnica que consiste en preparar el suelo para
un cultivo determinado, sin que ello implique la tumba de
grandes árboles. La socola se utilizaba en especial para
cultivar plátano, chontaduro y cacao, cultivos que crecen bajo el
sombrío de
43
los árboles de la selva. La sigue la fase del pudre,
correspondiente a la descomposición de la biomasa cortada,
que aporta al suelo los nutrientes necesarios para una buena
siembra. La socola es una forma de manejo del bosque que no
implica la tala masiva, sino que mantiene los árboles y estos se
van derribando conforme van creciendo los colinos de plátano
o los otros cultivos. Hacia las estribaciones de la serranía y el
valle del río Baudó, la gente aún realiza socolas, para las que
convoca mingas, o sea, formas de trabajo asociado.
De ahí el criador podía llevar sus marranos a una platanera,
aspirando a que se comieran los retoños infértiles y prestaran otro
servicio ambiental, consistente en mejorar la producción. Por último,
desde esa área podía pasarlos al monte alzao, el bosque primario de
dominio colectivo, donde los animales escarbaban el suelo en busca
de tubérculos y raíces, “arando” de ese modo la superficie, y de ese
modo, pretando el servicio ambiental de mejorar la fertilidad del
bosque primario. Desde este, serían embarcados hacia aquella orilla
donde ya hubieran cosechado maíz y arroz, la cual, por lo tanto,
estaría lista para que los cerdos comenzaran un nuevo cañeo. La
profundidad de ese espacio es de carácter sagrado al cual ingresan
iniciados en la botánica y medicina de indígenas y afros, distinguidos
como chinangos o médicos raiceros competentes en los afrosaberes
de las plantas y la curación (Meza 2010: 225‐228).
La limitación de este sistema ha consistido en la densidad de
población. Cuantos más habitantes, mayores las áreas de cultivo,
menores los tiempos para que la tierra se embarbeche, mayores las
intromisiones de los porcinos en las siembras y mayores los conflictos
entre el dueño de los animales y el dueño de las cosechas. De ahí la
desaparición de la cría de cerdos ramoneros en lugares como Pie de
Pató y la complicación de su tenencia en lugares como Chigorodó en
el alto Baudó. Sin embargo, en Boca de Pepé, las riberas del medio
Baudó, y de los ríos Pepé, Querá y Sibirú se inundan ya sea por las
crecientes que ocasionan las lluvias o la subida de las aguas que
44
conlleva el cambio de mareas en el Pacífico (Arocha 1998c: 361). Esas
aguas nutren los llamados parmales o palmares que no son aptos
para la agricultura, pero sí albergan palmas de naidí, cuyo fruto
nutre a los porcinos que los agricultores llevan cuando llueve menos
y las aguas se han drenado.
Toda esta alternación de espacios figura poco en la sustentación
jurídica de la titulación colectiva de territorios ancestrales a las
comunidades negras (Domínguez 2008). Se fundamenta en cambios
en el dominio sobre las distintas áreas, pasando del de las familias
elemental y nuclear, ejercido mientras las matas crecen, al colectivo
que surge cuando se abren lo corredores para el cañeo. Del mismo
modo, los linderos del monte biche se rompen para ceba y purga de
cerdos, para terminar con el ingreso de de los animales al monte
alzao o a los parmales de dominio colectivo. La delimitación de esos
cambios de dominio ha involucrado a los ya mencionados albaceas
familiares que Moreno identificó en San Francisco de Cugucho.
Castillo y Varela hablan de una figura comparable en Andagoya. De
ella ha dependido la integridad de los territorios colectivos y que los
miembros del linaje cuenten con un árbitro para dirimir sus
desavenencias (ibid.).
Al comentar la Ley General de Tierras y Desarrollo Rural, en
proceso de discusión, Juan Pablo Ruíz Soto (2012) hace una reflexión
valiosa sobre conservación y producción:
La ley propuesta considera que producción y conservación son
dos usos antagónicos del espacio. Debemos superar tal visión
simplista, según la cual unas tierras son para conservación y
otras para producción. Basta con observar cómo en las reservas
naturales de la sociedad civil producción y conservación se
combinan, puesto que son complementarias. El proyecto
debería incorporar este concepto de complementariedad. Solo
excepcionalmente habrá áreas donde la totalidad del predio se
dedique a la conservación.
45
En otras palabras: las tierras productivas siempre deben incluir
áreas de conservación, dentro de un mosaico de usos.
De la alternación de dominios que va desde el familiar al colectivo,
dentro de las distintas franjas que caracterizan a los territorios de
comunidades negras, es evidente que la gente de sus pueblos se
anticipó a la estrategia de manejo ambiental que delinea Ruíz Soto.
Sería deseable que abogados y economistas enfocaran tanto esa
dimensión, como el papel que desempeñan los albaceas tradicionales,
en aras de que desarrollaran sistemas de contabilidad que
permitieran identificar y cuantificar los servicios ambientales que
esos territorios le prestan a la nación, dentro de una perspectiva que
desarrolla el mismo experto, en cuanto a que sean las áreas
metropolitanas las que se responsabilicen por el pago de esos
servicios, considerando que son las principales beneficiarias de ellos.
Por otra parte, urge que desde la institucionalidad estatal esos
albaceas figuren entre los líderes ancestrales que no fueron tenidos en
cuenta de manera explícita por la Ley 70 de 1993, la cual instituyó
unos consejos comunitarios, sin que necesariamente quedaran
incluidos médicos raiceros, parteras, cantaoras de alabaos y arrullos,
entre otras personas iniciadas en la sabiduría ancestral y, por lo tanto,
competentes en la cultura e historia locales, así como en los ejercicios
de la territorialidad tradicional. Esta omisión también estaría
relacionada con la invisibilidad propia del ejercicio de la
discriminación racial en Colombia y explicaría el reiterado hallazgo
acerca de la debilidad de los consejos comunitarios para convocar a
los miembros de sus comunidades, conforme lo han ratificado
Castillo y Varela para el San Juan o Meza para el Baudó y Bravo para
el Pacífico sur.
De los animales criados, hay unos que la gente embarca en sus
canoas y luego mete en “líneas” (chivas) para llevar desde el Baudó a
los mercados del San Juan. Así, lo que en realidad venden son
especies de alcancías que alimentaron con frutas que se estropearían
46
de ser comercializadas por río y luego por carretera (Moreno 1994).
Esta manera de “ahorrar” implicaría repensar la noción ya
comentada del número limitado de productos mediante los cuales un
sistema de producción como el del Baudó participa en el mercado.
Por detrás del renglón “cerdos” yace una ramificación de productos
que van desde las cañas del maíz y los tallos del arroz, a las frutas
caídas en el monte biche. De esa manera, el modelo de análisis de
Viáfara y asociados que cita el ya mencionado Informe Nacional de
Desarrollo Humano (PNUD 2011a) tendría que replantearse para
incluir la complejidad que revelan los estudios etnográficos de
terreno, y de esa manera cuantificar la resilencia territorial como un
servicio ambiental para toda la nación.
Otros de los marranos levantados quedan reservados para
ocasiones especiales (Moreno 1994). Tal es el caso de velorios y
novenas, El Resucito de finales de Semana Santa, la Navidad y fiestas
patronales como la de san Martín de Porres en Pie de Pató y la de la
virgen de la Pobreza en Boca de Pepé.
En este último pueblo hay cerdos que no pertenecen a los
humanos, sino a la virgen. Se trata de lechones que pueden haber
quedado huérfanos y se le ofrecen a la santa patrona en calidad de las
llamadas mandas (Arocha 199b: 154). Estos animales reciben mejores
tratos, no tienen que someterse a todas las restricciones que rigen
para los demás y tan sólo se sacrifican con la autorización expresa de
la virgen.
Como ella es una santa viva (Arocha et al. 2008; Friedemann y
Arocha 1986: 402‐413; Serrano 1996), tiene formas de comunicarles
sus deseos a los mortales. La imagen puede aparecer sonriente,
sonrojada o triste, según el mensaje que aspire a transmitir. O en el
momento de la salida en su procesión anual del ocho de septiembre,
la virgen de la Pobreza pone su anda puede estar muy liviana o muy
pesada.
De estos tejidos de la gente con el medio y los animales también da fe
la cría de perros (Arocha 1999: 154‐156):
47
Objeto de odio y temor por haber sido utilizado por los amos
para perseguir esclavos fugitivos, también lo es de aprecio por
el papel que desempeñan en la cacería. Este vínculo doble
explica el que una persona pague mucho dinero al comprar un
gozque, pero que una vez en su casa lo someta a tratos bruscos.
La flacura extrema que por lo general acusan estos animales se
racionaliza en función de su efectividad en la persecución de
las presas: las perseguirá mejor, si se siente acosado por el
hambre.
Los afrobaudoseños educan a sus perros hasta convertirlos en
especialistas en el rastreo de determinados animales. Por
ejemplo, para mejorar las destrezas de un perro guagüero, lo
someten a ayuno y abstinencia la noche antes de la jornada.
Contratan profesionales para que le hagan rezos específicos o le
den baños en noches de luna llena, con aguas hechas con los
siete tipos de albahacas que distinguen. Quienes los arreglan
también tienen que intervenir cuando los animales pierden sus
habilidades. Así sucede si el can entra a la cocina y, por
accidente, se está derramando sobre el fogón el agua hirviendo
mediante la cual el ama de casa preparaba la presa que atrapó
su marido. Entonces, la única manera de evitar que el animal
pierda sus destrezas de cazador consiste en llamar a un experto
para que lo bañe con una mezcla de aceite de cocina y las
cenizas que recibieron ese líquido derramado (ibid.)
Los bañadores de perros figuran entre las personas más
apreciadas de las comunidades. No forman parte del común de
la gente, sino de los círculos de quienes cantan alabaos en los
velorios y novenas, de quienes diagnostican y curan dolencias
graves o de quienes saben cómo sellar una vivienda para que
no le entren espíritus malignos. Saben de plantas y sus
combinaciones y están dotados de un armamento de secretos
comparable al de los médicos raiceros para curar a quienes son
48
ofendidos por las culebras. A su vez, lo secreto de los secretos
no radica en el encadenamiento simple de palabras
desconocidas. Es fácil comprar hojas en las cuales aparecen
escritos o impresos, y muchos de ellos, incluso, consisten en
oraciones frecuentes de la liturgia católica. Éxito y efectividad
radican, más bien, en el número de veces con el cual recitan las
frases, así como en el ritmo que le imparten a la recitación
(Serrano 1996).
Así pues, en el Baudó, y quizás en todo el Chocó, entre los
afrocolombianos ni las plantas ni los animales existen per se,
sino adicionados, complementados y cualificados mediante la
palabra y la mente de las personas. Por sí misma, la voz
humana carece de poder. Tiene que ser reforzada mediante
combinaciones de ritmo y número que se aprenden con otras
habilidades luego de largos años de iniciación. El que
bañadores de perros, médicos raiceros, componedores de casas
o parteras pertenezcan a la categoría de los iniciados podría ser
indicio de una permanencia de africanía, acerca de cuyas
dimensiones habla el filósofo Hampaté Bâ:
Gracias a la vivificación de la palabra [hay], fuerzas [que] se
ponen a vibrar. En un primer estadio se convierten en
pensamiento; en un segundo, en sonido, y en un tercero en
palabra. La palabra está, pues, considerada como la
materialización y exteriorización de las fuerzas (1985: 189).
Fundada sobre la iniciación, la tradición [oral] abarca al hombre
en su totalidad, y por eso se puede decir que contribuye a crear
un tipo de hombre particular y a esculpir el alma africana (ibid.:
187).
Esta exploración del polimorfismo propio de la cría de cerdos y la
agricultura ha estado centrada en hallazgos etnográficos del valle del
49
río Baudó. Sin embargo, otros trabajos que se reseñan más adelante
indican que sigue vigente en casi todo el Afropacífico.
Zoteas: agricultura y medicina femeninas
El polimorfismo objeto de los párrafos anteriores sería impensable sin
el aporte que las mujeres realizan mediante la agricultura que
practican en las llamadas zoteas en el Chocó y potros o potrillos en el
Pacífico sur (Arroyo 2001; Figueroa 2005; Padilla 2005). Son
plataformas de madera que localizan en los patios de sus casas y
sobre las cuales montan canoas viejas o recipientes en desuso que
rellenan con tierra de hormiguero. Allí siembran plantas alimenticias
y medicinales, además de la semilla de un árbol que escogen cuando
quedan preñadas para que se desarrolle al mismo tiempo que lo hace
el feto. Una vez da a luz, la parturienta o su partera abrirá un hueco
en la tierra dentro del cual pondrá la placenta en la cual venían la
niñita o el niñito y encima sembrará el arbusto que crecía en su zotea.
A medida que crezcan, niños y niñas aprenden que el árbol que
también se desarrolla con ellos consiste en su ombligo.
Además de este rito de afiliación con la naturaleza, la
agricultura de las zoteas es un medio de delimitación territorial,
debido a los recorridos que madres e hijas hacen por el monte biche
en busca de los hormigueros que las proveen de tierra. Aprovechan
esas correrías para recoger con delicadeza plantas que llevan a sus
zoteas para experimentar con su germinación. Meten hojas y raíces
de esas y de otras matas de la misma plataforma en botellas llenas de
biche, el aguardiente que las mujeres más experimentadas y sabias de
las comunidades preparan en sus propios alambiques (Meza 2011).
Las llaman botellas balsámicas a las cuales también rezan mediante
algún secreto. De ahí en adelante su contenido curará desde
picaduras de culebra a dolores menstruales o impotencia sexual. Hoy
esas botellas circulan dentro de mercados de productos exóticos,
como los que han aparecido en el Festival Petronio Álvarez que
celebra en Cali las músicas del Afropacífico, así quienes las compren
ignoren que provienen de un sistema agrícola femenino que integra
50
en una sola unidad conocimientos de botánica y de medicina con
complejos simbólicos y dimensiones espirituales.
Ciudades como Bogotá pueden albergar agricultoras de zotea y
potrillo desplazadas, quienes no obstante sus conocimientos son
clasificadas como personas carentes de educación, y por lo tanto con
un bajo capital humano. Los formularios de registro que las reducen
a cifras y porcentajes, ¿no podrían modificarse para incluir preguntas
sobre su sabiduría? Con todo, si llegaran a identificar esos
conocimientos, quizás no podrían aplicar la medicina en la cual son
competentes dentro de una economía de servicios. El paso previo e
indispensable sería el de legitimar esos saberes, lo cual, de nuevo,
tendría que cimentarse sobre pedagogías como las que podrían
introducirse mediante una Cátedra de Estudios Colombianos
plenamente respalda por el Estado.
Agromominero y de cuidado de animales
Minería, descendencia y orfebrería artesanal: litoral Pacífico,
Colombia, es el libro que Nina S. de Friedemann publicó en 1974 con
los resultados del estudio etnográfico que llevó a cabo desde finales
de los años de 1960 en la aldea de Los Brazos a orillas del río
Güelmambí, en el departamento de Nariño. Ese enfoque pionero se
refiere a la sincronía entre policultivos comparables a los ya descritos
aquí para los afrochocoanos del río Baudó con aquella minería
artesanal que se basa en canalones zigzagueantes labrados durante
los períodos lluviosos en las faldas de colinas y montañas. Su
inclinación da lugar a que la gravedad contribuya con la depuración
de las arenas auríferas, luego de que los hombres más fuertes
comiencen a ablandarlas con sus barretones de hierro, retirando de la
parte superior del canalón los cascotes más pesados. Hacia la mitad
del curso, agachadas, las jóvenes se valen de cachos metálicos para
remover el cascajo y los guijarros medianos, y ya el final las mujeres
más experimentadas hurgan el fondo con sus almocafres para que las
arenas finas suban y puedan llevarlas a las bateas para mecerlas con
ritmo, hasta que sólo queden jagua y oro, al cual separarán sin apelar
al mercurio o al arsénico. Con la disminución de las lluvias,
51
suspenden el trabajo en compañía y cada familia se divide ya sea
para barequear a las orillas del río y atender los cultivos o trampas de
cacería (Asprilla e HInestrosa 2011).
52
Una vez más, la pedagogía sería el ámbito para ampliar la
conciencia ciudadana sobre la complejidad espacial de esas redes de
parientes a las cuales las mueve la solidaridad y las originó el nexo
entre minería y agricultura. En los años de 1990, ese nexo no entró
dentro de los cálculos que hizo Corponariño para fomentar un
programa de créditos para que los mineros artesanales de la región
de Magüí‐Payán adquirieran motobombas y de esa manera pudieran
extraer oro a lo largo de todo el año. La propuesta recibió una
acogida inusual que, infortunadamente, derivó en el abandono de los
cultivos originalmente sincronizados con la mina compañía. Los
afectados racionalizaron el descalabro diciéndose que a las siembras
les había dado “paludismo” (Bravo Pasmiño 1990). Perdido el
mecanismo agrícola que amortiguaba las fluctuaciones en los precios
del oro, se desencadenó una pérdidas de territorio, cuya prevención
inspiró parte de las propuestas que quedarían incluidas en los
mecanismos de salvaguardia que introdujo la Ley 70 de 1993.
Agricultura y pesca10
Antes de que los manglares de la ensenada de Tumaco sirvieran para
encaletar armas o sumergibles para exportar pacas de cocaína y de
que el puerto se convirtiera en uno de los escenarios más violentos de
Colombia (Minga e Indepaz 2011), la zona era escenario fértil para
adaptar y renovar artes para la recolección de moluscos y para la
pesca, actividades sincronizadas con policultivos de cereales, frutas y
cacao, comparables a los ya descritos. De haber combatido la
desdicha genealógica mediante la pedagogía, quizás hoy el cacharreo
afrotumaqueño estuviera viéndose en función del desarrollo de
tecnología apropiada para un medio caracterizado por cambios
cotidianos como los que experimenta Chajal, población acuática
durante los pleamares y terrestre con los bajamares, además de los
más drásticos debidos a tsunamis como el del 1979 o a catástrofes
10 Sección basada en Arocha 1999b: 57‐112
53
Una tercera modalidad para pescar camarones se basaba en las
llamadas changas, mallas que los pescadores idearon al observar los
54
buques camaroneros con sus grúas para arrastrar las redes por el
fondo del mar. Consisten en “plumas” o varas atadas en la mitad de
la canoa que cumplían una función comparable a las de las grúas de
los barcos, a medida que el piloto las arrastraba mediante su motor
de fuera de borda. Su producción también iba a parar a las chontas
de lavado, enhielado y acopio, de las cuales zarpaban otras canoas
hacia los depósitos de exportación más grandes.
Concheras de los esteros
François Jacob (1981) demostró que el bricolaje o cacharrero es el
motor de la evolución. Algo así como intuiciones aleatorias llevaron a
que el pulmón se originara de un esófago y no de una agalla, como
quizás habría tratado de hacerlo la racionalidad del ingeniero. Con la
cultura pasa algo parecido. La elevación de las cocineras guapireñas
a afroetnochefs no obedeció a un plan de las renombradas academias
de culinaria, sino al destierro.
Desde los años de 1990, la cocina se convirtió en medio de
inserción metropolitana para las mujeres desplazadas por el conflicto
armado. Pese a la discriminación padecida y a las inequidades
laborales realzaron sabores, aromas, combinaciones de ingredientes y
colores que tardaron volverse populares y despertar la atención de
los expertos en culinaria (Arocha 2007, Godoy 2001).
Entre las recetas que lograron debuts urbanos exitosos está la
del encocado de piangua, la concha que las mujeres negras han
recolectado escarbando el barro sobre el cual nacen los manglares del
Pacífico y cuya reproducción comenzó a generar preocupación entre
los biólogos (Palacios 2007) y cuyo aprovechamiento racional fue
objeto de uno de los galardones la Fundación Alejandro Ángel
Escobar en 2011 (Gil, Espinosa et al. 2011). A este auge lo
antecedieron tres décadas de etnografías sobre los conocimientos
ambientales que las concheras han desarrollado para tener éxito en
sus faenas y acerca de las arduas condiciones dentro de las cuales las
55
Cómo navegar en canoas de remo hasta el estero para
explorarlo, recolectar las conchas y regresar a casa implica ser
competentes en las fases de la luna que determinan las mareas, las
condiciones climáticas que ponen en riesgo la entrada y la salida de
los manglares, los rastros que las mujeres deben seguir para localizar
los moluscos, las habilidades para desplazarse por los arcos que
forman las raíces del mangle rojo (Rhizophora brevistyla). y desde
ellas descender al piso, o en el caso del mangle negro (Avicennia
nitida) identificar las púas que salen del suelo para no herirse, así
como apreciar los cambios en la dureza del barro para prever a
tiempo la salida antes de que las aguas cubran el suelo (véase la
ilustración de von Prahl, Cantera y Contreras 1990: 48‐49).
56
música de marimba del Afropacífico, pero el cual ya pasó a ser
escenario de consumos culturales más amplios11.
Conjugar en pasado
La elaboración de cada párrafo sobre los sistemas polimorfos
involucró reflexionar si se trataría de fenómenos del pasado o del
presente. De ahí una incertidumbre en cuanto al uso adecuado de los
tiempos verbales, la cual depende, en primer lugar, de la
incorporación del Afropacífico a la cartografía del conflicto armado,
iniciada entre 1993 y 1995 con la intensificación de los
enfrentamientos entre guerrillas y paramilitares por el control
territorial, comenzando por el valle del río Baudó, el medio y bajo
11 [Link]
territorial
57
Atrato, incluidos afluentes como el río Truandó, Cacarica, la zona
costera de Juradó, para seguir hacia el sur por los ríos Mira y Patía,
para luego incluir a Guapi, Timbiquí y los ríos Calima y Cajambre,
hasta cubrir la totalidad del litoral (véase línea del tiempo anexa). El
trabajo de terreno basado en estadías prolongadas fue cada vez
menos posible. Lo reemplazan visitas rápidas uniéndose a equipos
pastorales, o de oenegés defensoras de los derechos humanos y de
funcionarios gubernamentales, cuya seguridad ha sido negociada con
la debida antelación (Hernández 2011a Minga e Indepaz 2011).
58
temporal museográfica inspirada por la noción de “si lo tiene
tráigalo” que introdujo el Museo Nacional de Colombia, y gracias a la
cual, por ejemplo, fue posible recuperar elementos de cultura
material como los llamados “mecedores” , mazos finamente tallados
en madera para darles vueltas a las mezclas de frutas y azúcar o
panela puestas sobre el fogón y preparar dulces que la gente ha
dejado de consumir. Como estos, otros objetos expuestos en Puerto
Nuevo (Departamento del Chocó) les permitieron a los
afrobaudoseños reafirmarse en aquellas tradiciones modificadas,
reinterpretadas o reinventadas en respuesta a la irrupción agresiva
de la modernidad y a los ingenieros responsables de la carretera
hacerlos conscientes de la valía de ellas, así como de la relevancia de
su salvaguardia (Meza 2010: 300‐306). De ahí lo adecuado del título
de esa obra: Tradiciones elaboradas y modernizaciones vividas por
pueblos afrochocoanos en la vía al mar, la cual además legó un
conjunto de maletas didácticas con los grabaciones de audio y video
realizadas a lo largo del trabajo de terreno que hoy por hoy
continúan sirviéndoles a las comunidades en su trabajo de
autoidentificación, análisis y reafirmación.
Inspirada en el aporte de Meza, Liliana Gracia Hincapié (2011)
aproximó los consejos comunitarios del tramo de carretera entre Las
Ánimas y Nuquí, construido a lo largo de los años de 196012 y
delimitó las innovaciones que sus miembros habían introducido para
adecuarse a las nuevas condiciones. Las estancias de Gracia en
pueblos como Guapandó y Puerto Juan dependieron de las alarmas
que emitieran las comunidades que la habían acogido, por lo cual
salía a Quibdó mientras retornaba la calma. De un procedimiento
similar se valió Raúl Delgado (2010) para realizar sus trabajos de
terreno sobre las presiones a las cuales están sometidas las
12 El tramo […] parte de La Yé, a pocos kilómetros de la cabecera municipal de Las Ánimas en Unión
Panamericana […] atraviesa a Guapandó y prosigue recto hasta llegar a la población de Puerto Nuevo en la
intersección con el río San Pablo. Luego siguen las poblaciones de Tuadó, Puerto Juan y el carreteable
termina en La Victoria, [donde] un derrumbe impide el paso hacia Antadó y Salvijo, en la parte alta del río
Pató (Gracia 2011).
59
comunidades negras bajo la jurisdicción del Consejo Comunitario de
Alto Mira y Frontera en Nariño por la expansión de los cultivos de
coca y de palma aceitera. Sin embargo, Tumaco no siempre fue el
lugar adecuado para esperar el regreso y Delgado tuvo que
abandonar el área hacia Pasto.
Por su parte, Giovanny Castillo Figueroa (2010) se vinculó con
JUNPRO y COCOCAUCA para una exploración de los efectos del
cultivo de palma aceitera en Guapi, pero quedó impactado por la
lucha del polimorfismo tradicional frente a la expansión de cultivos
de hoja de coca y de las fumigaciones para erradicarlos. Y en
Andagoya, Ángela Castillo Ardila (2011) y Daniel Varela Corredor
(2011) lo hallaron como recurrente mecanismo de recuperación ante
dos grandes crisis: una iniciada en el decenio de 1960, por la de la
salida de la multinacional minera Chocó Pacífico y otra entre 1985 y
2005, cuando la minería de retroexcadaroa también se alejó del valle
del río Condoto. Más aun, identificaron una figura muy similar a la
del albacea descrito para el Baudó, quien permite en ingreso de
miembros de la comunidad a terrenos de la familia extendida para
cultivar plátano. El que esa figura ancestral no haya quedado
representada en el respectivo consejo comunitario, en parte,
explicaría el desinterés de la comunidad por las actividades del
consejo y su falta de compromiso con los proyectos que propone o
desarrolla. La Ley 70 de 1993 dio lugar al protagonismo de los líderes
letrados y competentes en el diálogo con las agencias del Estado,
apartando a quienes no obstante sus carencias de educación formal
son competentes en la territorialidad y sistemas de producción
ancestrales. Transcurridos 15 años desde que el presidente Gaviria
firmara esa ley, persiste el hiato entre estos dos bloques de dirigentes,
con perjuicios para ambas partes y debilitamiento de la cohesión
comunitaria. A esta limitación estructural se le suma la ya
mencionada de las penurias financieras a las cuales el Estado dejó
sometidos a los Consejos Comunitarios de comunidades negras, con
consecuencias negativas y evidentes para la promoción y
60
consolidación de los sistemas polimorfos de producción. La situación
descrita por esos dos antropólogos es comparable a la que Miguel
Ángel Hernández (2011b describe luego de 4 meses de insistir ante
un retrero para lo admitiera en el respectivo entable y así observar de
primera mano cómo esos mineros hacían acuerdos con los troncos de
El Carmelo (Departamento del Chocó).
Este término no es sinónimo de antioqueño, debiso a que se ha usado para designar a quien no es ni libre
13
negro o negra) y cholo (indígena).
61
Coca y violencia forman una de las díadas que explica el que
hasta un 48% de las comunidades negras del Pacífico ya haya sido
desplazado. La otra corre por cuenta del monocultivo industrializado
de palma aceitera y pastos para la ganadería, cuyo vínculo con díada
la anterior enfoca el Auto 005 de la Corte Constitucional (numerales
71 a 88). En ese contexto, por increíble que parezca, y como ya se
dijo, comunidades como las de Magüí‐Payán revitalizan sus siembras
de plátano, yuca y maíz como instrumento para ejercer la resistencia
contra la presión por desterrarlas por medio de las fumigaciones
aéreas (Palacios 2011; Ruíz‐Navarro 2011) .
Espiritualidad en riesgo
Un enfoque sobre esa región de Nariño revela otro efecto profundo
de la díada monocultivos‐violencia abordado desde 2007 por El
Museo Nacional de Colombia y el Grupo de Estudios de la
Universidad Nacional de Colombia, con apoyo del Ministerio de
Cultura: el socavamiento de la espiritualidad de las comunidades
negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. En efecto, a la
irrupción de grupos armados se debió el robo del atuendo de oro y
joyas preciosas mediante el cual los barbacoanos le hacían honor a su
santa patrona, la virgen de Atocha (Museo Nacional Afroperuano y
Museo Nacional de Colombia. 2011). A la profanación la viene
acompañando la desarticulación del circuito de aldeas ribereñas de
los ríos Telembí y demás afluentes del Patía, las cuales a lo largo de la
historia se han congregado alrededor de esa devoción y de la de su
pareja, el milagroso Señor Nazareno de Payán (idid.). Entre los
distintivos más notables de las celebraciones en honor a esos cristos,
vírgenes y santos figura la de las procesiones acuáticas sobre
planchones formados uniendo varias canoas. Sobre ellos, navega la
imagen venerada, con músicos de marimba o banda de chirimía, si la
balsada tiene lugar en el Chocó, donde no se difundió el “piano de la
selva”, sino esa música de bandas de cobres y percusión que cada
año tiene su clímax en la fiesta que los quibdoseños celebran en
honor de San Pacho su patrono. Navegan bajo arcos de flores y
62
63
El primero de esos montajes recordaba el puente que une a
África occidental y central con las Américas y le daba la bienvenida a
los visitantes con una pequeña vitrina que contenía la figura dorada
de Sankofa, el pájaro mítico de los Akán de Ghana y Costa de Marfil.
Vuela mirando hacia atrás para no cometer los errores del pasado y
lleva en su boca un huevo que le recuerda su responsabilidad por el
porvenir ([Link]
resume una concepción del tiempo muy diferente a la occidental que
pervive en las Afrocolombias. A la derecha de la miniatura, estaban
las máscaras y estatuas de madera que artistas del valle del río Congo
en África central tallaron en honor a sus ancestros y que hoy hacen
parte de las colecciones del Museo Nacional. Esas piezas
conmemoraban otra persistencia de la memoria africana, el culto a los
antepasados, el cual en el caso de la gente afrocolombiana incluye a
sus santos vivos, dentro de una concepción comparable a la de los
Orichas del panteón Yoruba de bahía (Brasil) (De Carvalho 2011).
Luego, a lo largo del perímetro de la sala, los tabernáculos
mostraban cómo se desarrollan las etapas de esos ritos, a saber,
acompañamiento de la persona enferma en su agonía, el cual tiene
lugar en todas las comunidades representadas y para las cuales el
aislamiento en cuidados intensivos es inconcebible. Sin embargo, el
montaje privilegió el rito que tiene lugar en el archipiélago de San
Andrés, Providencia y Santa Catalina, según la versión que elaboró
Vastay Dilbert Brian. Enseguida venía la representación del
fallecimiento, con fotografías de su anuncio por parte de chasques
iniciados en el canto de alabaos o himnos, según la región, quienes
navegan en canoa, cabalgan o ruedan en motos, si es que la señal de
los celulares no hace superflua su labor, y en la vitrina de junto, las
jeringas y sustancias para embalsamar y tratar el cadáver. A la
velación de un niño o niña prepúber se la denomina velorio de
angelito, y doña Yobadis Londoño, etnoeducadora de San José de
Uré (Departamento de Córdoba) creaó un altar a esa usanza, hecho
con figuras cortadas en papel crepé de colores rojo, naranja y violeta.
64
A su lado el estandarte que armó Wisman Tenorio para ilustrar las
procesiones fúnebres relacionadas con la siguiente etapa, el entierro.
Por detrás de esa armazón había fotografías de los cementerios de
todas las regiones incluidas en la investigación antecedente, para
pasar a los dos altares que armó Moraima Cimarra de Palenque; el
primero para la primera noche del novenario, y el segundo para la
última noche, quizás la más solemne de la secuencia, debido a la
conversión definitiva en ancestro de quien fuera persona viva, por lo
tanto en intermediario para la solución de los avatares terrenales.
Doña Ligia Pinilla y Rosa Amalia Quiñonez viajaron desde Guapi
para armar otro altar de última noche que permitía apreciar las
similitudes y diferencias entre las estéticas del Afrocaribe y el
Afropacífico. Para cerrar con un retablo sobre el aniversario o cabo
de año con ilustraciones de todas las regiones. Partiendo de que la
gente afrocolombiana cree en la noción de santos vivos, en el centro
de la sala, tres altares representaron las fiestas y devociones a San
Pacho, patrono de los quibdoseños y de muchos otros afrochocoanos,
según el conocimiento de Miguel Ángel Cuesta, profesor de
tradiciones orales y musicales de la Universidad Tecnológica Diego
Luis Córdoba; seguían las Adoraciones del Niño Dios que tienen
lugar entre febrero y marzo en el norte del Cauca con reminiscencias
del culto Yoruba en honor a los mellizos, incluyendo las coronas y
atuendos que visten los niños participantes en las respectivas
procesiones, de acuerdo con la disposición espacial que doña María
Eusebia Aponzá consideró apropiada. Girando a la derecha, aparecía
la reproducción del altar de la Virgen del Carmen en la catedral de
Tumaco, patrona de Espriella y de navegantes y pescadores, y en la
parte superior del pórtico de entrada, un altar familiar en honor al
Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Carmen como los que han
sido documentados para el interior de las viviendas de Tumaco.
Orovio constituyó un equipo de líderes para montar el Museo Vivo
del Pacífico alrededor de tradiciones como las de la música de
marimba, de las artes y faenas de pesca y del aporte de los
afrodescendientes al desarrollo del puerto.
Vírgenes y santos afroperuanos y afrocolombianos
La actual motivación de las comunidades negras para emprender
acciones pedagógicas sobre su pasado, identidad y aportes a la
formación nacional trasciende las fronteras, como pudo apreciarse
por la acogida que Ibermuseos le dio al proyecto La espiritualidad
entre los Afrodescendientes peruanos y colombianos: relaciones y
resignificaciones que de manera conjunta diseñaron el Museo
Nacional de Colombia diseñó con el Museo Nacional Afroperuano, el
cual para 2012 debe tener listo el guión para montar en 2013 la
respectiva exhibición binacional.
La investigación en curso indica que esas fiestas hacen parte de
sistemas ambientales, sociales y simbólicos de matriz africana,
holistas, horizontales, redistributivos, igualitarios y sostenibles,
debido a la delimitación territorial que alcanzan por el rango de
aldeas ribereñas que integran. El robo del atuendo dorado de la
virgen de Atocha, patrona de Barbacoas y el desplazamiento de todos
los pobladores de aldeas de las orillas del río Temembí como
Chalalví más bien afianzan a los feligreses en ese culto (Tovar 2011).
Las víctimas del desplazamiento forzado que se han insertado en Cali
y Bogotá llevan a cabo las respectivas fiestas del 15 de agosto, así esos
nuevos ámbitos no sean los apropiados para escenificar la gran
diversidad de músicas de marimba que acompañan los recorridos
que los líderes de la celebración o fiesteros hacen navegando hacia las
veredas para incentivar la solidaridad comunitaria de la cual
dependerán las ofrendas florales y de las comidas de la región que les
darán sentido tanto a la fiesta, como a los días de repechaje que la
clausuran, cuando también ocurre la elección de los nuevos fiesteros,
quienes de inmediato asumen la responsabilidad de organizar la
67
fiesta del siguiente año. Las redes urbanas que congrega la devoción
en la metrópoli es más limitada; sin embargo mujeres y hombres
jóvenes participan como cantaoras e intérpretes de marimba y
cucuno, como fue posible constatarlo en la muestra de altares a
vírgenes y santos que organizó el Museo de Arte Religioso de Cali,
como contribución a la apertura del XV Festival Petronio Álvarez. La
gente desplazada de Guapi representó una balsada en honor a la
Purísima, a cuya procesión la acompañaron marimberos, cununeros
y cantaoras. Como en los seis casos restantes, flores de plástico
hechas en China sustituían a las que la gente ha recogido en las
orillas de los ríos o en sus montes biches, y en los altares para realizar
los arrullos y velorios en honor de cada deidad, sobresalían los
anuncios de campañas políticas, licoreras y multinacionales de
comida, en reemplazo de las ofrendas debidas a la solidaridad de las
comunidades de afluentes y ríos (Museo nacional Afroperuano y
Museo Nacional de Colombia 2011). Esos patrocinios han dependido
de agenciamientos novedosos que atestiguan el compromiso
comunitario con las identidades regionales. Sin embargo, la irrupción
de esos patrocinadores aumenta el riesgo de la conversión de las
devociones en productos culturales que las industrias respectivas
pueden distribuir alrededor del turismo y la promoción de
candidaturas políticas que no solo pueden aumentar la
descontextualización de la fiesta, sino la canibalización de las
músicas y comidas propias de sus contextos.
68
Como se ha dicho, estos manejos hacen parte de un etnoboom
que apoya la promoción internacional de una imagen positiva del
país que actúe como imán de la inversión extranjera. Empero, tal
promoción obedece a otras normas del monocultivo de la mente. El
festival enfocado aquí involucra cuatro categorías musicales del
Afropacífico, a saber, marimba, violines caucanos, chirimía y libre,
dentro de la cual son válidas fusiones como las que lanzaron a
Chobquibtown a la fama mundial. Cada canción que interpretan los
grupos prerseleccionados debe durar cinco minutos, después de los
cuales una luz roja indica descalificación. En otras palabras, cuando
el grupo ha comenzado a calentarse para interpretaciones que en sus
comunidades pueden durar 20 minutos, ya debe estar listo para la
siguiente canción, y así sucesivamente hasta la cuarta con la cual
cierra su presentación. A esta manera de monocultivar el tiempo hay
que añadirle otra relacionada con la horizontalidad de los espacios
originales de cada música, ya de por sí circunscrita a categorías
restrictivas. Marimbas, cuerdas y cobres provienen del contexto
religioso de las fiestas patronales. Fieles y músicos confluyen en una
unidad litúrgica dialógica que puede llevar al trance o a la catarsis,
como sucede con el reburú, ese torbellino de hombres y mujeres que
siguen a la chirimía bailando con frenesí por las calles de Quibdó,
durante la novena de San Pacho. Por el contrario, como todos los
Sesión basada en notas sobre las observaciones que Jaime Arocha realizó a propósito de la exposición de
14
altares a santos patronales del Museo de Arte Religiosos de Cali, agosto 24 de 2011.
69
festivales, el Petronio es de tarima. Sin duda, una multitud alegre se
arremolina alrededor del escenario o se contonea y canta en las
graderías del estadio, pero cada grupo toca para un jurado las más de
las veces puesto en situaciones contradictorias como la de calificar al
mismo tiempo la autenticidad de la interpretación y el
desenvolvimiento en un escenario megaamplificado que requiere
destreza para manejar micrófonos, parlantes monitores de la propia
interpretación y coreografías capaces de convocar a un público que
incluye productores musicales del país y del extranjero en busca de
talentos15.
Petronio Álvarez, agosto 27 de 2011
70
colombianos. De la vulneración de ese derecho ha dependido buena
parte del estado de cosas inconstitucional que por el lado de la
educación también podría estarse ocurriendo.
Consideraciones Finales
El 30 de noviembre de 2011, hubo una ceremonia en el Palacio de
Nariño a propósito de la cual la Oficina de Comunicaciones del
PNUD envió un reporte entre cuyos apartes sobresalen los siguientes:
ʺLa primera recomendación se refiere al diseño e implementación
del Plan Nacional contra la Discriminación Racial y el Racismo.
En el combate contra la discriminación racial y el racismo
tenemos varios avances. El primero de ellos se refiere al
lanzamiento en diciembre de un Observatorio de la
Discriminación Racial que va a monitorear los casos y va ayudar
a tomar medidas. Este observatorio lo crearán el Programa para
Afrocolombianos y la Dirección para Comunidades Negras con el
apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanosʺ.
La segunda decisión es la sanción a la Ley contra la
Discriminación. ʺEn este caso en particular me siento muy feliz
porque es la confirmación de nuestro apoyo a todas aquellas
personas que se han visto afectadas por actos de racismo o
discriminación. Estamos en pleno siglo XXI y es inaudito que aún
haya quienes ejecuten, promuevan o instiguen este tipo de actos.
Por eso, aunque para muchos esta ley es fuerte porque convierte
dichos actos en delito, para otros –entre quienes me incluyo– es
una forma de justicia. Ya era hora de poner mano dura y de
garantizar la protección de los derechos de quienes son
71
ʺCon este último componente, vamos a incrementar la capacidad
política de la población afro mediante el fortalecimiento de los
Consejos Comunitarios de Comunidades Negras para que
participen de los diferentes consejos locales de política social, de
planeación, de desarrollo, y de prevención y atención de los
desastres que nos aquejan ‐ afirmó. Queremos más
afrocolombianos participando activamente de las decisiones que
les incumben a sus comunidades, y queremos que ocupen más
espacios de representación política en el paísʺ.
72
Resaltó además que cuando comience a aplicarse la Reforma a las
Regalías, justamente las regiones más beneficiadas serán aquellas
donde hay más población pobre o vulnerable, ʺque siguen siendo,
infortunadamente, las mismas donde hay más población afro.
Con estos nuevos y cuantiosos recursos vamos a cambiar y
vamos a reducir el mapa de la pobreza en nuestro paísʺ.
Sin duda, los propósitos anunciados son fuente de esperanza para la
gente negra, afrocolombiana, raizal y palenquera. Sin embargo, desde
las búsquedas de este ensayo, es necesario preguntarse qué efectos
podrían tener sobre el estado de cosas inconstitucional que afecta a
los desplazados de ascendencia africana objeto del Auto 005 que la
Corte Constitucional dio a conocer en 2009. En primer lugar, ese
Observatorio y esa Ley contra la discriminación, ¿tendrán en cuenta
las formas de subvaloración étnico‐racial que este ensayo contempló
bajo la noción de “desdicha genealógica”? ¿A qué soportes
pedagógicos apelarán hacia la superación de los efectos perversos
que legan los cientos de años de haber manejado a la población
esclavizada mediante una legislación que la reducía a bienes
muebles? ¿Contemplarán las asimetrías que se derivan de ese manejo
en cuanto a las autonomías territoriales de las comunidades negras?
Dentro de su idea de discriminación y racismo, ¿incluirán “El
menosprecio por los saberes y competencias propios de las
comunidades afrocolombianas” (Auto 005, numeral 107)? Ese
desprecio, ¿será objeto de corrección pedagógica o tan sólo de
castigo? En esta última instancia. ¿Cómo sancionarán a la elite
intelectual que practica un desprecio entre cuyos efectos figura la
exclusión de las formas de territorialidad y producción de las
comunidades negras dentro de búsquedas tan fundamentales como
las del Plan Nacional de Desarrollo Prosperidad para Todos?
73
Con respecto a lo relacionado con AFROUNIDOS y las mejoras
futuras en cuanto a la capacidad política de los consejos comunitarios
no es mucho lo que los comunicados oficiales aclaran con respecto a
los ejercicios de territorialidad colectiva y producción ancestral objeto
de este ensayo18. De hecho es probable que poco lleguen a figurar
esos sistemas tradicionales, caracterizados por una combinación
compleja de actividades sincronizadas con las estaciones que
coadyuva a en la sostenibilidad ambiental, considerando que el
gobierno propone tal estrategia para responder a los retos que
17 [Link]
[Link]
del‐[Link]
18 [Link]
[Link]
74
Como lo plantea el CIDSE (2009) es posible hacer del bosque
tropical un escenario productivo sostenible para las
comunidades étnicas del Pacífico con estrategias orientadas al
beneficio sostenible de la biodiversidad, la vinculación a
mercados verdes y a potenciar la venta internacional de
Certificados de Reducción de Emisión (CER) definidos en el
protocolo de Kyoto, en la nueva modalidad REED (Reduction
of Environmental and Ecological Deterioration). Aunque a la
fecha el impacto económico de la venta de CER ha sido muy
reducido, el potencial de los bosques nativos del Pacífico para
tal efecto puede ser importante para sus pobladores y puede
representar opción económica para las comunidades y para el
país en general (pág.: 129).
75
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Anexos
INFORME DEL VIAJE A URABÁ POR MIGUEL ÁNGEL
HERNÁNDEZ
Sábado 3 de septiembre
Bogotá – Apartadó
Me encontré con Guillermo Padilla, Profesional Especializado de
la Dirección de Comunidades Negras, según dice su firma, en el
aeropuerto El Dorado cuando íbamos a abordar el avión.
Teníamos el mismo vuelo. El aeropuerto de Apartadó queda en
Carepa y su pista de aterrizaje es una línea de asfalto en medio
del desierto verde que son las plantaciones de banano.
Domingo 4 de septiembre
Apartadó – Pueblo Nuevo
Salimos de Apartadó a las 10:30 de la mañana junto con Martha
Rocío Vanegas, también del Ministerio del Interior, quien había
llegado un poco antes que nosotros. Un jeep contratado por
Guillermo nos llevó hasta donde hubo carretera, que fue
pavimentada sólo hasta Chigorodó. Allí, en un punto conocido
como El Tigre, tomamos la Panamericana hasta otro punto
90
Brisas es un lugar de embarque sobre todo de maderas, que se
anega cada vez que crece el río —infestado, según dicen, de
caimanes— al cual también llaman Riosucio, por encontrarse un
pueblo con este nombre a unas dos horas en bote desde allí.
Cruzamos el río en un planchón cuya tarifa era de $1000 por
persona, $3000 por moto y $5000 por automóvil. Al otro lado del
río nos esperaba un retén del ejército donde tuvimos que
identificarnos. De ahí en adelante encontramos las tierras y los
territorios donde los parapalmicultores sembraron el terror.
Anduvimos unos quince minutos en moto desde el retén hasta la
tienda Las Menas, donde nos esperaban tres hombres que habían
de llevarnos en canoa hasta Pueblo Nuevo. La canoa estaba lista
desde hacía rato en el caño Las Menitas, a unos quince metros de
la tienda. La canoa tenía motor, era roja y había sido entregada
por el Ministerio del Interior a la comunidad de Jiguamiandó en
cumplimiento a una de sus peticiones.
Por Las Menitas llegamos a la quebrada Las Menas que a su vez
nos condujo hasta el río Jiguamiandó. A Pueblo Nuevo llegamos
a las 6:30 de la tarde.
91
Lunes 5 de septiembre
Pueblo Nuevo
Pueblo Nuevo es una de las cuatro comunidades de Jiguamiandó
con población mayoritariamente afro. El antiguo Pueblo Nuevo
—el de antes del desplazamiento— queda a veinte minutos en
canoa del nuevo. De allá tuvo que salir la gente en el año 1997,
unos en marzo y los otros en diciembre. Pavarandó fue el punto
de encuentro donde estuvieron dos años. Mes y medio
permanecieron en Brisas y luego dos meses en Chigorodó.
Después llegaron a La Grande donde perdieron otros dos años.
Durante ese tiempo muchos no tuvieron otra alternativa que
acercarse a las bananeras a velá boleja (a esperar que les
regalaran el rechazo cuando estuvieran empacando el banano).
A los paramilitares les había bastado con restringir la entrada de
alimentos y la movilización de personas. Nadie podía entrar ni
salir a menos que quisiera correr el riesgo de ser asesinado. Por
eso la única alternativa que tuvieron fue salir en grupos y aun así
mataron a tres personas. El nuevo Pueblo Nuevo, que fue a
donde llegamos, constituido desde hace tres años y medio como
Zona Humanitaria para cerrarle las puertas a los grupos
armados, se erigió sobre el territorio que heredó una de las
reasentadas, Isabel Denis, quien lo prestó con la condición de que
se lo devolvieran pronto y que según Abel no dejaba de echarlos
cada vez que podía.
92
debían explicar las razones de tantos aplazamientos, escuchar las
inconformidades de la comunidad y por último, luego de haberlo
conciliado todo, garantizar la presencia de estos líderes en dicha
jornada. Dos reuniones de este mismo tipo se habían adelantado
con los líderes de Curvaradó y con los representantes de las
comunidades desplazadas de ambas cuencas, y según dijo
alguien éstas habían resultado exitosas. Ahora Martha y
Guillermo debían hacer lo suyo.
94
La escasa y parcial información que aquí presento corresponde al
resultado de la interacción un poco forzada de ese primer
encuentro y de otro más espontáneo que sucedió después de las
seis de la tarde cuando los zancudos se volvieron insoportables,
con una pareja de abuelos que reposaban la comida en la entrada
de su casa.
Don Abel cuenta que Pueblo Nuevo fue la conformación de
varias comunidades por iniciativa de la gente de Yavisa, unos
sesenta años atrás, y que integró gente de Las Juanas (de donde
era él), Puerto Lleras y Caracolí. Un lugar que se anegaba cada
vez que crecía el río pero donde la gente tenía todos los medios
para subsistir. Su padre era arribeño, así como los padres de su
esposa quien sabía que aquéllos habían llegado a estas tierras por
el Atrato.
El sistema productivo de la comunidad de Pueblo Nuevo es
polimorfo, en cuanto desarrollan diferentes actividades
productivas según los tiempos y las necesidades. Así, alternan la
caza, la pesca, la agricultura, la cría de animales, el
aprovechamiento de maderas y en menor proporción la
explotación artesanal de oro, que cada vez es más difícil de
realizar por los problemas de orden público.
Cada familia tiene sus parcelas, de las que han sido dueñas por
sucesión hereditaria. Para que alguien pueda ejercer el derecho
de trabajar en la finca de otro que reconoce como familiar, debe
presentarse y demostrar su filiación. Los yernos también pueden
trabajar en las fincas de sus suegros e incluso alguien que no sea
95
de la familia siempre que un miembro de ésta lo invite. A esas
relaciones las llaman uniones.
En la finca establecen una zona de cultivo y otra de reserva
adonde habrán de cazar, pescar y cortar madera para conseguir
el sustento a través de su comercialización. Antes del
desplazamiento la gente vivía de lunes a viernes en los ranchos
de sus fincas. Llegaban al pueblo los viernes en la tarde y se
volvían a ir los domingos. Después del desplazamiento estos
tiempos no se han podido restablecer, la gente va a trabajar a la
finca pero tiene que volver a la Zona Humanitaria el mismo día.
Los animales de cría como cerdos, patos y gallinas, que se tenían
generalmente en el monte cuando la gente vivía en las fincas,
ahora deben tenerse en el pueblo, la mayoría encerrados en
trinchas para que no dañen los cultivos. Aun así se ven cerdos
rosados sin pelo y otros de pelo café andando libremente por las
calles y comiéndose el arroz que las mujeres ponen a secar sobre
sábanas extendidas. Por otra parte, la minería artesanal de oro —
de mazamorreo y de cubo— no se ha vuelto realizar porque esto
implica adentrarse en el monte que es donde ya no se sienten
seguros. Habría que investigar sobre las transformaciones que
produjo el fenómeno de la violencia en las dinámicas sociales,
culturales, económicas y ambientales.
La división de las zonas de cultivo se hace mentalmente, nunca
con alambres, estacas ni otras marcas. Así, cada quien determina
el espacio que dispondrá para sus cultivos que responde a unos
patrones más bien definidos.
Por lo general, el plátano y el arroz se siembran en la franja de
tierra más próxima al río (frente) para facilitar su traslado en
96
canoa. Si el frente no es tan extenso como para sembrar todos los
alimentos sobre la ribera, entonces éstos se sembrarán en franjas
de unos cien metros hacia adentro. Junto con el plátano y el arroz
suelen sembrar primitivo y cepa. En una franja de tierra
adyacente se cultiva el maíz y la yuca con el ñame y el resto de
alimentos. Todo se siembra al mismo tiempo, a comienzos de año
y en luna menguante, y se recoge a lo largo del año. El maíz lo
recogen primero a los 3 meses, luego el arroz que varía entre 3 y
5 meses, y por último la yuca y el plátano que paren a los 9
meses. Una vez que se termina de cosechar la parcela, no se
vuelve a sembrar allí sino hasta dentro de 4 o 5 años para que la
tierra no se canse y recupere la savia. En el siguiente año
trabajarán cien o doscientos metros más hacia adentro o en un
lugar donde la tierra esté fresca.
Lo primero que hacen es rozar o socolar. Después se hace la
tumba, que consiste en tumbar los palos con machete, hacha o
motosierra, según se requiera, y repicar bien lo tumbado para no
tener que quemar (a veces el plátano y el maíz se siembran antes
de tumbar, pero el arroz nunca porque necesita que el monte esté
seco). Luego, si se necesita, sobre todo en verano, por ejemplo
para sembrar más rápido el arroz, se hacen quemas controladas,
las cuales anteriormente no se hacían. Por último se siembra.
Anteriormente, para sembrar el arroz los hombres iban adelante
palanqueando (hoyando o haciendo huecos en la tierra a
distancias más o menos regulares de dos o tres cuartas) y las
mujeres iban detrás sembrando el arroz y tapando los huecos.
Eran labores familiares dentro de jornadas de minga a las que
asistía mucha gente. Ahora, como no está haciendo tanto verano,
como el monte no quema mucho, debe sembrarse chocoreado,
que es una técnica traída por los mestizos que consiste en
amarrarse un tarro a la cintura donde está el arroz, el cual es
97
arrojado desde la altura en que se encuentra la mano por la
misma persona que hace los hoyos.
La maleza se controla con químicos o con machete, a lo que se
llama desyerbar. Los animales domésticos no entorpecen los
cultivos porque éstos se hacen retirados de aquéllos, pero sí los
salvajes como el tatabro que se come el maíz.
La caña ya la siembran poco para hacer de vez en cuando el
guarapo o la panela. El trapiche, al cual llaman manuelita o
matacuatro, está hecho con palma murrapo o cualquier otro palo
fino, y es accionado por personas a través de su estructura de
palos cruzados. “Anteriormente se hacía viche, pero la gente que
sabía se fue muriendo y se perdió la tradición”, agrega Melquin.
Además, la gente de Pueblo Nuevo ya no celebra nada desde que
se reasentaron allí. Rosaura recuerda que antes de que fueran
víctimas de los paramilitares y mendigos del gobierno cada 16 de
julio llevaban a la Virgen del Carmen por el río en una balsa
alumbrada con velas, y se organizaban bundes y tambeos, que
eran círculos donde la gente bailaba y remaba la tambora, la
requinta, los platillos y el bongó. La violencia había acabado con
todo eso, lo mismo que las iglesias evangélicas. Dicen que
cuando Beatriz y Amparo se volvieron religiosas una quemó el
98
trapiche y las pimpinas donde destilaba el guarapo y abandonó
el cultivo de caña, y la otra perdió los santos (como el de San
Antonio) que le correspondía custodiar por ser la patrona de
ellos. Entonces el pueblo se quedó sin santos qué balsear, sin
ánimos para hacer fiestas después de tanta barbarie y sin la
receta del viche “más puro de la región y más fino que el
aguardiente” porque Beatriz dijo muy claro que por culpa suya
no se condenaría su pueblo.
Las mujeres tienen en sus patios zoteas de madera que ellas
mismas construyen cada año, que es lo que aproximadamente
tardan en podrirse. En ellas siembran plantas medicinales, yerbas
aromáticas y legumbres como el tomate, la cebolla y el pepino.
Unas plantas son de piso y otras de zotea, según como crezcan.
Las que crecen alto, como el sauco, son de piso. Las que se
enredan o crecen poquito son de zotea, como la albahaca, el
cilantro, el té y la yerbabuena. A las zoteas primero se les pone
una capa de tierra podrida o palo podrido y luego otra de tierra
de hormiga arriera, que consiguen las mujeres en los terraplenes
que forman las hormigas. Esta preparación de tierras debe
cambiarse cada tres meses.
Martes 6 de septiembre
Pueblo Nuevo – Belén de Bajirá
Hicimos el mismo recorrido pero de regreso: Río Jiguamiandó –
Quebrada Las Menas – Caño Las Menitas – Tienda Las Menas –
Retén del Ejército – Cruce del río Curvaradó en planchón – Brisas
– Belén de Bajirá.
99
Miércoles 7 de septiembre
Belén de Bajirá – Las Camelias – Belén de Bajirá
En la mayoría de los territorios la gente ha vuelto a sembrar, en
otros reemplazaron los cultivos de palma por grandes
plantaciones de banano y en otros se ven todavía filas
interminables de troncos de palma de semblante quemado.
Nos recibió Ligia María, una de las primeras pobladoras de la
zona que según dice llegó hace 60 años con su marido cuando ahí
no había nadie, sólo un monte enmarañado donde los animales
salvajes tenían lacerados los cuerpos por las picadas de los
zancudos. Y así consiguió adaptarse y junto al resto de habitantes
100
fueron construyeron el territorio del que tuvieron que salir, como
los demás, a finales de la década de 1990.
Es que la participación de los chilapos en el territorio, por lo
menos allí, iba más allá del nivel político. No fue mucho lo que
pude averiguar, entre otras cosas porque los funcionarios
estaban muy pendientes de lo que yo intentara preguntar y de
hacerme recomendaciones sobre la prudencia y la discreción.
Pero entre una cosa y otra pude dialogar con Leonardo, un
chilapo de veintidós años quien me contó acerca de sus prácticas
productivas y me habló de una relación con el territorio muy
similar a la que había escuchado de la gente de Pueblo Nuevo: el
carácter polimorfo de su sistema de producción, la
diversificación de los cultivos, el orden espacio‐temporal en los
usos del territorio, la sustentabilidad en el aprovechamiento de
los recursos, etc.
Leonardo no creía que sembrar en la luna equivocada afectara los
cultivos, pero mejor no se arriesgaba porque por lo menos se
había dado cuenta de que en menguante no tenía pierde.
Participaba de las mingas y las manos cambiadas que
frecuentemente se organizaban, aquéllas para sacar una
producción en beneficio de todos (alimentos o plata), y éstas para
trabajar cada parcela. En general, con todo lo que contaba parecía
que hubiera más relaciones solidarias entre negros y chilapos que
101
conflictos, y sobre todo niveles de participación en otros ámbitos
de la cultura que deberán etnografiarse.
En nombre de la comunidad Ligia María anunció que no
asistirían a la reunión en Curvaradó, por las mismas razones que
ya habíamos escuchando de otros líderes, con el agravante de
una denuncia antigua frente a la que nadie había querido hacer
nada: los nuevos invasores.
Se trataba de gente que al parecer había llegado de diferentes
partes de Urabá a establecerse en los territorios colectivos de
Curvaradó, primero en cambuches de plástico y luego en
ranchos más elaborados con tejas de zinc. Habían rozado y
sembrado el monte, habían destruido los cultivos de la gente de
Las Camelias e incluso los habían enfrentado amenazándolos y
advirtiéndoles que ellos de allí no se irían sino con el cajón.
Por eso, Ligia María, nuevamente en nombre de la comunidad,
pidió con vehemencia que el gobierno pusiera fin a las
invasiones y a los invasores, porque de lo contrario no sería
legítima la restitución del territorio.
Jueves 8 de septiembre
Belén de Bajirá – Curvaradó
En Brisas nos encontramos con algunos líderes que viajarían con
nosotros a Curvaradó (Carmen del Darién) para asistir a la
reunión de los días siguientes. Ese día se celebraba en Curvaradó
la fiesta de la Niña María, lo que constituía una buena
oportunidad para observar las prácticas culturales y las
relaciones entre negros y chilapos en torno suyo. Esta vez no
102
hubo necesidad de cruzar el río en planchón, tomamos en esa
misma orilla el bote que nos llevó hasta el pueblo, pero llegamos
tarde y no vimos nada.
En el muelle de Curvaradó había un barco mediano que venía
del Atrato y estaba descargando mercancías. Más adelante estaba
la embarcación del Ejército, provista casi toda de fusiles y
cañones. Con ella habían llegado el resto de funcionarios del
gobierno y líderes comunitarios desde Turbo. Los soldados y los
policías estaban por todas partes.
Viernes 9 y sábado 10 de septiembre
Curvaradó
Esta fue una reunión preparatoria a la de planificación de la
metodología censal del segundo y tercer anillo. Adjunto el Acta
de la misma. Sólo quiero agregar que parecía estar claro para los
asistentes que no había conflictos por tierras entre negros y
mestizos, pues unos y otros se reconocían el derecho (habría que
ver más de cerca la representatividad de los líderes). Lo que
podría suponerse era más bien la existencia de sectores externos
interesados en poner trabas a la restitución de los territorios y
que para efectos de esto consiguieron poner en disputa a ciertas
comunidades, que de todas formas no dejaban de mostrar el
interés de encontrarse, aclarar los malentendidos y continuar en
el proceso. No obstante, el gobierno tenía mucha responsabilidad
en las divisiones que se habían gestado, aun cuando procuraba
garantizar siempre la participación y la concertación. Haber
adelantado el censo del primer anillo sin la participación de las
comunidades desplazadas, aunque lo reconozcan y lo
justifiquen, creó, sin duda, un distanciamiento entre ambas
103
partes. Con estas y otras objeciones, que también han formulado
otros organismos de control, lo que parece es que aunque
algunos funcionarios del Ministerio del Interior den muestras
claras de preocupación por cumplir las órdenes de la Corte con
todos sus requerimientos, y el equipo de trabajo encargado sea
diligente en su acatamiento, es evidente la ausencia de
profesionales especializados —pero especializados de verdad—
que puedan dar cuenta de los elementos que a otros
profesionales se les escapa al momento de hablar, por ejemplo,
de participación, exclusión, comunidades negras,
interculturalidad y de las mismas realidades territoriales locales.
Domingo 11 de septiembre
Curvaradó – Apartadó
Lunes 12 de septiembre, Apartadó – Bogotá
104
Comunidades del Auto Comunidades del Auto
Cali ZONA VALLE DEL CAUCA ZONA NARIÑO ZONA CAUCA
Buenaventura Cali La Tola Guapí
Yurumanguí Buenaventura El Charco Timbiquí
Una parte de la cuenca del río Naya se
Valle del Cauca encuentra en disputa con la Universidad del
Cauca, que por ser pública no puede ceder el
territorio por el temor de incurrir en el delito
Anchicayá Calima Iscuandé López de Micay de detrimento patrimonial.
Calima Yurumanguí Maguí Payán
En zonas como Juanchaco, Ladrilleros y la
Bocana se niegan las titulaciones por la
vocación turística que ha incrementado la
ocupación por personas venidas del interior,
asimismo por encontrarse allí una base naval.
La Tola Anchicaya Tumaco
El Charco Pizarro
En el bajo Calima se alegó que por el proyecto
de agua dulce se debía disminuir la cantidad de
Iscuandé hectáreas para la titulación.
Nariño
Magüí Payán
La zona de manglar de Anchicayá no fue
Tumaco titulada por ser bien de uso público.
Pizarro
Denuncias de los Consejos
Comunitarios Unión del Río Chagüí y
En San Cipriano se negó el título colectivo
del Río Patía ante distintas
alegando que es zona de reserva forestal.
instancias sobre los impactos
negativos de las fumigaciones
Barbacoas
Guapi
La privatización de la empresa Recrudecimiento del
Puertos de Colombia, condujo conflicto por la entrada de
a los enfrentamientos de los grupos de Autodefensas Fumigación en el territorio del
En Yurumanguí, Mallorquín, Cajambre y
grupos guerrilleros y con el propósito de expulsar Consejo Comunitario Unión del río
Cauca Raposo se disminuyeron las áreas de titulación
paramilitares en la zona por el de la zona de Buenaventura Chagüí, ubicado en jurisdicción del
colectiva de acuerdo a la Ley de Parques.
control de territorios a las FARC, presentes allí municipio de Tumaco
estratégicos asociados al aproximadamente desde
puerto 1998
Timbiquí Barbacoas
López de Micay
Creación de la Fuerza de Tarea Conjunta de
Buenaventura con participación de la Fuerza
Naval del Pacífico, con el propósito de
Llegan al casco urbano de Buenaventura Para este año se habían negado varias
Año aproximado de las responder al recrudecimiento del conflicto a
Incremento de cultivos de Consolidación de la estrategia de aproximadamente 37.000 personas en situación solicitudes de titulación colectiva: Consejo
Desde mediados de la década primeras incursiones de las través de la militarización de la zona. Sin
uso ilícito a la zona asperción aérea para fumigar de desplazamiento forzado generado por la Comunitario de Citronella, fue rechazada
de los ochenta del siglo Autodefensas Unidas de embargo, miembros de estas instituciones
noroccidente del país cultivos de coca presión de los proyectos de desarrollo sobre la porque se consideró territorio de expansión
pasado, se identificó en el Colombia en la zona de Nariño fueron denunciados por hostigamientos a la
población y por el conflicto armado. urbana para Buenaventura.
departamento de Nariño la población acusándola de auxiliar a la
presencia de las FARC guerrilla y amenazándola con la llegada de
(frentes 29, 23, 32 y 48) y el los paramilitares
ELN.
Conflicto Armado, despojo y
desplazamiento Forzado
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
Proceso de Titulación Colectiva
Acciones Institucionales
El jefe del Área de
Erradicación de Cultivos
Corponariño rinde informe de Ilícitos de la policía
inspección visual realizada en el antinarcóticos pide a la
territorio del Cosejo Comunitario comunidad que informen el
Unión del Río Chagüí sobre las valor de los daños por las
afectaciones a los cultivos, a los fumigaciones, una vez le
animales y a las personas habitantes fue entregada la
del territorio por las fumigaciones información, el Capitán
señala que los términos ya
estaban vencidos