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Gnosticismo y Otras Herejias

Este documento resume varias herejías cristológicas que surgieron en los primeros siglos del cristianismo. El gnosticismo sostenía que el espíritu humano no se contamina, Cristo tenía un cuerpo aparente, y los humanos se dividen en tres clases. El docetismo negaba la humanidad real de Cristo. Los ebionitas veían a Jesús como un profeta pero no divino. Los arrianos negaban la divinidad de Cristo. Los apolinaristas decían que Cristo no tenía alma humana. Los nestorianos ve
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Gnosticismo y Otras Herejias

Este documento resume varias herejías cristológicas que surgieron en los primeros siglos del cristianismo. El gnosticismo sostenía que el espíritu humano no se contamina, Cristo tenía un cuerpo aparente, y los humanos se dividen en tres clases. El docetismo negaba la humanidad real de Cristo. Los ebionitas veían a Jesús como un profeta pero no divino. Los arrianos negaban la divinidad de Cristo. Los apolinaristas decían que Cristo no tenía alma humana. Los nestorianos ve
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Gnosticismo: los gnósticos sostenían básicamente tres principios; que el espíritu inmortal del hombre no se contamina con las obras de la

carne; que Cristo fue un emisario de luz con un aparente cuerpo humano y que los seres humanos se dividen en tres clases:
Hílicos=materia, incapaces de ningún conocimiento espiritual y abocados a la perdición; Spike=alma, miembros ordinarios de la iglesia
de Cristo y Pneumáticos=espirituales, que poseen un conocimiento superior y forman parte de una élite espiritual. Estas doctrinas
heréticas ya se estaban intentando introducir en la Iglesia primitiva por lo que Juan, en su evangelio, pero sobre todo en su primera
epístola, defiende la realidad humana de Cristo y argumenta en contra de la división de clases humanas. El propulsor más conocido de
esta herejía fue Cerinto, que decía que Jesús era un hombre ordinario, hijo de María y de José, y que el Cristo era un espíritu superior que
descendió sobre él en el momento de su bautismo pero que le abandonó en el momento de la crucifixión. Además de Juan, Ireneo de
Lyon defiende que la salvación no está en la gnosis (conocimiento oculto) sino en Cristo.

Docetismo: la palabra “doceta” procede del verbo griego “dokeo” que significa parecer. Esta herejía sostiene que Cristo sólo adoptó la
apariencia de ser humano pero que no lo era en realidad. Negaba la realidad terrenal del cuerpo humano de Cristo apoyándose en que la
materia como tal es mala y por lo tanto Cristo, que había de mantenerse puro, sólo pudo tomar la apariencia de cuerpo humano. Negaba la
concepción de María asegurando que Jesús no había sido concebido en el vientre de la mujer, sino formado en el cielo y expelido como
por un canal a través del útero de María. El docetismo es considerado una rama del gnosticismo y a ambas vertientes se opuso
fuertemente Ireneo en términos soteriológicos y escriturales. Para Ireneo sólo Dios puede salvar al hombre pero debe hacerse semejante a
él para una salvación completa. Expone, en contra del docetismo, que Jesús es Dios y hombre, uno sólo y el mismo.

Ebionitas: en orden cronológico es la segunda herejía formal tras la controversia docetista. El ebionismo surgió a finales del siglo I y
principios del siglo II y consistía en una negación de la naturaleza divina de Cristo. Proponía que Jesús fue un hombre normal, eso sí,
estricto cumplidor de la Ley y que fue escogido por Dios para que fuese gran profeta y maestro siendo capacitado por el Espíritu Santo.
Los ebionitas eran herejes de origen judío que deseaban mantener a toda costa el monoteísmo del Antiguo testamento. Contra esta herejía
se pronunciaron Ireneo, Hipólito, Orígenes y Eusebio.

Arrianos: el arrianismo sostiene que Jesucristo, aunque es el más grande de todos los seres divinos, no es más que un ser creado. Con
esto Arrio negaba la consustancialidad con el padre y por tanto su unidad trinitaria y divina. Arrio fue presbítero de Alejandría en el 313 y
fue condenado en el concilio de Nicea en el 325. El problema de Arrio fue la incomprensión de que el Hijo es engendrado en la eternidad,
entendiendo este hecho como una inferioridad con respecto a la naturaleza divina del Padre.

Apolinaristas: surgieron como reacción al arrianismo pero se fueron al otro extremo. Arrio exaltó la humanidad de Cristo despojándolo
de características propias de la divinidad y Apolinar, obispo de la Laodicea (310-390) enfatizó tanto su divinidad que perdió de vista la
humanidad. Siguiendo la senda Platónica de la tricotomía humana, negó que la naturaleza humana de Jesucristo poseyese espíritu propio,
provisto de razón deliberante y de voluntad libre. Apolinar y sus seguidores sostuvieron que Jesús tuvo un cuerpo humano y un alma
humana, pero no un espíritu humano, éste era divino. Contra Apolinar el primer concilio de Constantinopla (381) fijó que Cristo también
tuvo un alma y un espíritu verdaderamente humanos, con voluntad y capacidad de decisión.

Nestorianimo: Nestorio fue discípulo de Teodoro de Mopsuesto y patriarca de Constantinopla. En su controversia con Cirilo se negó a
reconocer que la virgen María era la madre de Dios arguyendo que una creatura no pudo dar a luz al Creador y sostuvo que en  la persona
de Jesús, convivían tres personas diferentes, una persona divina, una humana y una tercera que actuaba como nexo de unión entre las dos.
A Jesús se le podía adorar no por ser Dios, sino por el Dios que vivía en él. Nestorio fue condenado y depuesto en el concilio de Éfeso
(431) en el que se definió a María como Theotokos porque dio a luz según la carne al Verbo de Dios hecho carne. [3] para interpretar la
unidad de Cristo que Calcedonia había defendido y un siglo después Constantinopla III, en el 681, añadía un detalle, no menor, a la
doctrina sobre la integridad de estas dos naturalezas. Cristo poseía una voluntad divina y una voluntad humana, y estas dos voluntades no
se confundían entre sí. Las conclusiones sobre Jesucristo del proceso conciliar, fueron recogidas en el concilio de Calcedonia en las
siguientes palabras que como ya hemos dicho, han sido aceptadas y suscritas por casi todas las denominaciones cristianas:

"Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente
hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en
cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en
cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de
Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin
confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino
conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o
dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos
enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después que con toda
exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie
será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás."

A caballo entre la teología patrística y la escolástica, cabe destacar la herejía que surgió en el siglo VIII y de la que sus principales
promotores fueron los obispos españoles Félix de Urgel y Helipando de Toledo, por lo que también se la conoce como herejía española.
Estos hombres, a pesar de que aceptaban la declaración del concilio de calcedonia, sostenían que Jesucristo fue siempre Hijo propio de
Dios, por su generación eterna de Padre; pero que, en cuanto hombre, como descendiente de David, fue también hijo adoptivo espiritual
de Dios a partir de su bautismo en el Jordán. Esta herejía olvida que la persona de Jesucristo era un todo y que no existe en el tal división
que permita adoptar una parte sin la otra.

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