DELINCUENTE FUE FUSILADO EN 1966 POR ASESINAR A UN NIÑO DE
CUATRO AÑOS
En 1966, Guillermo Lavalle Vásquez alias "Pichuzo" recibió la pena máxima al ser
acusado de abusar y decapitar a un niño. Luego en 1973,
En un caso policial que estremeció a Lima, un inocente menor perdió la vida a manos del
inmisericorde Guillermo Lavalle Vásquez.
El pequeño Américo Chihuán, de apenas cuatro años, fue secuestrado y asesinado por el
delincuente conocido como “Pichuzo”. Este individuo, luego de intentar ultrajarlo y no
conseguirlo, lo degolló en una solitaria casa en construcción, en la urbanización Apolo, en la
cuadra 11 de la avenida Aviación. Todo sucedió el 30 de agosto de 1963.
“Monstruo degolló a niño de cuatro años después de ultrajarlo”, A solo tres horas de
haberse encontrado el cuerpo de la víctima, el asesino fue ubicado por efectivos de la
comisaría de El Porvenir, totalmente alcoholizado.
Ante los efectivos de la Guardia Civil aceptó su brutal acción y dio detalles del asesinato.
De inmediato fue llevado al lugar del crimen para la reconstrucción de los hechos.
Identificado por las personas de la zona, estuvo a punto de ser linchado por numerosos padres
de familia.
En ese lugar, a las 6 de la mañana, el pequeño cuerpo decapitado de la víctima había sido
hallado por el personal de la Guardia Civil, cuando realizaba su ronda respectiva.
Con las huellas de sangre en su ropa, su cínica confesión del hecho y un cúmulo de pruebas
adicionales, Lavalle Vásquez fue juzgado y sentenciado, el 13 de enero de 1966, a 25 años de
prisión. “Pichuzo” se había salvado de la pena capital.
Sin embargo, la medida fue apelada por el fiscal ante la Corte Suprema, y el 8 de octubre
fue condenado a morir ante un pelotón de fusilamiento.
En vísperas de su ejecución, en su celda especial de seguridad, Guillermo Lavalle Vásquez
se confesó ante el padre Juan Bautista Gaspari. Minutos antes el Juez Instructor Augusto
Tambini le había notificado de manera oficial la resolución que lo condenaba a muerte.
“Pichuzo”, que era analfabeto, simuló leer la copia de la sentencia.
A continuación le dijo al notario Oscar Vallejo que su última voluntad era conversar con su
abogado Octavio Gutiérrez. Mencionó también que el único familiar que tenía era su
hermana, una religiosa que residía en Trujillo. No especificó a quién debía entregarse su
cadáver, por lo que el entierro quedó a cargo del Ministerio de Justicia y Culto.
Hasta ese momento Guillermo Lavalle Vásquez aguardaba que el pedido de gracia
solicitado al Congreso fuera aceptado. Lo que finalmente no sucedió.
Lavalle Vásquez, que lloraba a ratos en su celda, se negó a comer la ración especial que le
sirvieron hasta en dos oportunidades. Solo pidió gaseosa a su celador. A la hora indicada, el
sacerdote Gaspari lo acompañó en la lancha que lo trasladó hacia la Isla San Lorenzo. Era las
3:25 de la madrugada.
El 11 de octubre de 1966 todo estaba listo para cumplir con la sentencia. Un sector
colindante a la Base Naval fue escogido para la ejecución. Había llegado el día en que
“Pichuzo” pagaría su deuda con la sociedad.
El pelotón estuvo conformado por seis miembros de la Guardia Republicana, todos
armados con fusiles, de los cuales uno no se encontraba cargado. El grupo obedecía a un
oficial, quien daría cumplimiento a la condena aplicada por los tribunales.
Bajo una ligera llovizna Lavalle Vásquez, reconfortado por el religioso Gaspari, caminó
hasta el lugar que le indicaron. Mientras los fotógrafos de prensa registraban desde varios
cientos de metros la corta peregrinación de “Pichuzo” hacia la muerte.
Inmutable, fue amarrado de pies y manos a un poste. Entretanto, a un costado se ubicaba el
Juez Instructor Tambini, y al frente, a cierta distancia, algunos periodistas y testigos.
En los minutos previos se había realizado los trámites de ley. Tambini había alcanzado un
documento al oficial encargado de dirigir el pelotón. En él decía que entregaba vivo a
Guillermo Lavalle Vásquez para que fuera ejecutado. Incluso se le tomaron las huellas
digitales para confirmar su identidad.
“La garúa, el viento y la humedad acompañaban el tenso ambiente, y producían escalofríos
entre los presentes, todos inquietos por el acto que iban a presenciar”, decía la nota de El
Comercio.
La situación llegó a su clímax cuando a “Pichuzo” se le marcó “el blanco” sobre la ropa, a
la altura del corazón. Los galenos, con un ligero movimiento de cabeza, confirmaron que la
ubicación era la correcta.
El arribo del pelotón de fusilamiento fue el anuncio de que había llegado el momento final.
Lo que ocurrió después sucedió en forma vertiginosa. A la voz de “preparen”, los
integrantes del pelotón rastrillaron sus armas. Luego siguieron las órdenes de “apunten” y
“fuego”.
Las detonaciones silenciaron los gritos de Lavalle Vásquez, cuyo cuerpo se remeció al
recibir los impactos. El jefe del pelotón se acercó rápidamente y realizó con su pistola el tiro
de gracia. Luego se pudo escuchar la frase: “Y se hizo justicia”.
Los médicos legistas confirmaron la muerte del infame “Pichuzo” y minutos después el
oficial encargado entregó al Juez Instructor un papel en el que decía que había recibido vivo a
Guillermo Lavalle Vásquez y que lo entregaba muerto.
FUSILADO POR ESPIONAJE – TRAICION A LA PATRIA
Según los trascendidos de fuentes militares en medios de la época, el ex suboficial FAP
Julio Vargas Garayar fue detenido el 12 de octubre de 1978 cerca de la base aérea de Talara.
Se lo acusó de ingresar a ella con fines de espionaje, por encargo de oficiales chilenos que
conoció cuando lavaba autos y hacía limpieza en la embajada de Chile. Ya había tomado
fotografías en la base de La Joya, en Arequipa, aprovechando a los conocidos que tenía allí
cuando estuvo destacado en la zona.
El 9 de noviembre, la FAP lo denunció ante el Consejo de Guerra Permanente de
Aeronáutica. El 14 de diciembre fue condenado a muerte por el delito de traición a la patria y
a pagar S/.100 mil de reparación. Su defensor de oficio apeló la sentencia, pero el 19 de enero
de 1979, el Consejo Supremo de Justicia Militar confirmó la pena. Horas después, por
Resolución Ministerial 0099-79 de Aeronáutica, “se dispone suprimir su inscripción en el
escalafón, privándolo de honores y derechos”. En su último párrafo, el comunicado dice:
“Con oficio JPIL 004, el juez instructor permanente de Aeronáutica hace de conocimiento [...]
que hoy a las 6 a.m. cumplió la sentencia”.
Juan Machare Zapata fue condenado a pena de muerte en 1974 por haber asesinado a un
policía. En 1976, el obrero Miguel Salazar Valdivia fue condenado por cobrar la vida de un
policía en un asalto a una tienda. El mismo año, Luis Uscuvilca Patiño y Alfredo Benítez
Caldas fueron ejecutados por el mismo delito.