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Casos de Pena de Muerte en Peru

1) En 1966, Guillermo Lavalle Vásquez fue fusilado por asesinar y decapitar a un niño de 4 años en 1963. 2) En 1979, el ex suboficial de la Fuerza Aérea Peruana Julio Vargas Garayar fue ejecutado por espiar para Chile y traicionar a su patria. 3) Entre 1974 y 1976, varios individuos fueron condenados a muerte y ejecutados por asesinar policías.

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Casos de Pena de Muerte en Peru

1) En 1966, Guillermo Lavalle Vásquez fue fusilado por asesinar y decapitar a un niño de 4 años en 1963. 2) En 1979, el ex suboficial de la Fuerza Aérea Peruana Julio Vargas Garayar fue ejecutado por espiar para Chile y traicionar a su patria. 3) Entre 1974 y 1976, varios individuos fueron condenados a muerte y ejecutados por asesinar policías.

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DELINCUENTE FUE FUSILADO EN 1966 POR ASESINAR A UN NIÑO DE

CUATRO AÑOS

En 1966, Guillermo Lavalle Vásquez alias "Pichuzo" recibió la pena máxima al ser

acusado de abusar y decapitar a un niño. Luego en 1973, 

En un caso policial que estremeció a Lima, un inocente menor perdió la vida a manos del

inmisericorde Guillermo Lavalle Vásquez.

El pequeño Américo Chihuán, de apenas cuatro años, fue secuestrado y asesinado por el

delincuente conocido como “Pichuzo”. Este individuo, luego de intentar ultrajarlo y no

conseguirlo, lo degolló en una solitaria casa en construcción, en la urbanización Apolo, en la

cuadra 11 de la avenida Aviación. Todo sucedió el 30 de agosto de 1963.

“Monstruo degolló a niño de cuatro años después de ultrajarlo”, A solo tres horas de

haberse encontrado el cuerpo de la víctima, el asesino fue ubicado por efectivos de la

comisaría de El Porvenir, totalmente alcoholizado.

Ante los efectivos de la Guardia Civil aceptó su brutal acción y dio detalles del asesinato.

De inmediato fue llevado al lugar del crimen para la reconstrucción de los hechos.

Identificado por las personas de la zona, estuvo a punto de ser linchado por numerosos padres

de familia.

En ese lugar, a las 6 de la mañana, el pequeño cuerpo decapitado de la víctima había sido

hallado por el personal de la Guardia Civil, cuando realizaba su ronda respectiva.

Con las huellas de sangre en su ropa, su cínica confesión del hecho y un cúmulo de pruebas

adicionales, Lavalle Vásquez fue juzgado y sentenciado, el 13 de enero de 1966, a 25 años de

prisión. “Pichuzo” se había salvado de la pena capital.

Sin embargo, la medida fue apelada por el fiscal ante la Corte Suprema, y el 8 de octubre

fue condenado a morir ante un pelotón de fusilamiento.


En vísperas de su ejecución, en su celda especial de seguridad, Guillermo Lavalle Vásquez

se confesó ante el padre Juan Bautista Gaspari. Minutos antes el Juez Instructor Augusto

Tambini le había notificado de manera oficial la resolución que lo condenaba a muerte.

“Pichuzo”, que era analfabeto, simuló leer la copia de la sentencia.

A continuación le dijo al notario Oscar Vallejo que su última voluntad era conversar con su

abogado Octavio Gutiérrez. Mencionó también que el único familiar que tenía era su

hermana, una religiosa que residía en Trujillo. No especificó a quién debía entregarse su

cadáver, por lo que el entierro quedó a cargo del Ministerio de Justicia y Culto.

Hasta ese momento Guillermo Lavalle Vásquez aguardaba que el pedido de gracia

solicitado al Congreso fuera aceptado. Lo que finalmente no sucedió.

Lavalle Vásquez, que lloraba a ratos en su celda, se negó a comer la ración especial que le

sirvieron hasta en dos oportunidades. Solo pidió gaseosa a su celador. A la hora indicada, el

sacerdote Gaspari lo acompañó en la lancha que lo trasladó hacia la Isla San Lorenzo. Era las

3:25 de la madrugada.

El 11 de octubre de 1966 todo estaba listo para cumplir con la sentencia. Un sector

colindante a la Base Naval fue escogido para la ejecución. Había llegado el día en que

“Pichuzo” pagaría su deuda con la sociedad.

El pelotón estuvo conformado por seis miembros de la Guardia Republicana, todos

armados con fusiles, de los cuales uno no se encontraba cargado. El grupo obedecía a un

oficial, quien daría cumplimiento a la condena aplicada por los tribunales.

Bajo una ligera llovizna Lavalle Vásquez, reconfortado por el religioso Gaspari, caminó

hasta el lugar que le indicaron. Mientras los fotógrafos de prensa registraban desde varios

cientos de metros la corta peregrinación de “Pichuzo” hacia la muerte.

Inmutable, fue amarrado de pies y manos a un poste. Entretanto, a un costado se ubicaba el

Juez Instructor Tambini, y al frente, a cierta distancia, algunos periodistas y testigos.


En los minutos previos se había realizado los trámites de ley. Tambini había alcanzado un

documento al oficial encargado de dirigir el pelotón. En él decía que entregaba vivo a

Guillermo Lavalle Vásquez para que fuera ejecutado. Incluso se le tomaron las huellas

digitales para confirmar su identidad.

“La garúa, el viento y la humedad acompañaban el tenso ambiente, y producían escalofríos

entre los presentes, todos inquietos por el acto que iban a presenciar”, decía la nota de El

Comercio.

La situación llegó a su clímax cuando a “Pichuzo” se le marcó “el blanco” sobre la ropa, a

la altura del corazón. Los galenos, con un ligero movimiento de cabeza, confirmaron que la

ubicación era la correcta.

El arribo del pelotón de fusilamiento fue el anuncio de que había llegado el momento final.

Lo que ocurrió después sucedió en forma vertiginosa. A la voz de “preparen”, los

integrantes del pelotón rastrillaron sus armas. Luego siguieron las órdenes de “apunten” y

“fuego”.

Las detonaciones silenciaron los gritos de Lavalle Vásquez, cuyo cuerpo se remeció al

recibir los impactos. El jefe del pelotón se acercó rápidamente y realizó con su pistola el tiro

de gracia. Luego se pudo escuchar la frase: “Y se hizo justicia”.

Los médicos legistas confirmaron la muerte del infame “Pichuzo” y minutos después el

oficial encargado entregó al Juez Instructor un papel en el que decía que había recibido vivo a

Guillermo Lavalle Vásquez y que lo entregaba muerto.

FUSILADO POR ESPIONAJE – TRAICION A LA PATRIA

Según los trascendidos de fuentes militares en medios de la época, el ex suboficial FAP

Julio Vargas Garayar fue detenido el 12 de octubre de 1978 cerca de la base aérea de Talara.
Se lo acusó de ingresar a ella con fines de espionaje, por encargo de oficiales chilenos que

conoció cuando  lavaba autos y hacía limpieza en la embajada de Chile. Ya había tomado

fotografías en  la base de La Joya, en Arequipa, aprovechando a los conocidos que tenía allí

cuando estuvo destacado en la zona.

El 9 de noviembre, la FAP lo denunció ante el Consejo de Guerra Permanente de

Aeronáutica. El 14 de diciembre fue condenado a muerte por el delito de traición a la patria y

a pagar S/.100 mil de reparación. Su defensor de oficio apeló la sentencia, pero el 19 de enero

de 1979, el Consejo Supremo de Justicia Militar confirmó la pena. Horas después, por

Resolución Ministerial 0099-79 de Aeronáutica, “se dispone suprimir su inscripción en el

escalafón, privándolo de honores y derechos”. En su último párrafo, el comunicado dice:

“Con oficio JPIL 004, el juez instructor permanente de Aeronáutica hace de conocimiento [...]

que hoy a las 6 a.m. cumplió la sentencia”.

Juan Machare Zapata fue condenado a pena de muerte en 1974 por haber asesinado a un

policía. En 1976, el obrero Miguel Salazar Valdivia fue condenado por cobrar la vida de un

policía en un asalto a una tienda. El mismo año, Luis Uscuvilca Patiño y Alfredo Benítez

Caldas fueron ejecutados por el mismo delito.

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