Escultor ecuatoriano, nacido en Chunchi (Chimborazo), en 1953.
Tras realizar sus estudios
académicos en el Colegio de Arte y en la Facultad de Artes de la Universidad Central, y luego de
algunas incursiones en la obra gráfica y el grabado, consiguió una beca que le permitió
perfeccionar sus estudios en Italia y orientarse definitivamente hacia la escultura. En un principio
los temas principales de su obra son la pareja humana y los temas zoomórficos, insistiendo en los
contornos generosos, claramente bajo la influencia de la obra de Moore. Gracias a los trabajos
presentados en la muestra realizada en el Museo del Banco Central de Quito (1991), en los que se
abre a temas andinos como el viento, el cóndor o el río, y en los que utiliza materiales como el
mármol, acero inoxidable o bronce, está considerado como uno de los escultores ecuatorianos de
primera categoría.
Echando cuentas, Jesús le ha dedicado al arte algo más de
medio siglo, sin haberse comprometido con la corriente del
arte conceptual que es la que imprime el sello de
contemporaneidad al desempeño del arte actual. Él ha sido
un leal y prolífico epígono de casi todas las vanguardias
modernistas, que marcaron con signos indelebles la primera
mitad del siglo XX. ¿Significa esta constatación que se lo
catalogue de “rezagado”, demodé o algo por el estilo? No,
porque como él hay muchos creadores regados por el mundo
que prefieren los lenguajes, y sentidos de una práctica
milenaria que culmina con aquellas vanguardias. No, porque
la batalla entre modernistas y posmodernistas (dígase
conceptualistas) no es tal, sino un simulacro, ya que el arte es
ficción, ante todo.
En la serie Urbano,
expuesta en el Museo de
la Ciudad (Quito, 2000),
se aprecia que tenía bien
asimilados los tópicos
anteriores y que los
sabía manejar a su antojo. Con citas al barroco, al
expresionismo y hasta al minimalismo, en lo fundamental
constituye un homenaje a la capital ecuatoriana, joyel del
arte colonial hispanoamericano.
El 2007 expuso en Chicago una selección de obras y, en el
Centro Cultural Metropolitano quiteño, un conjunto de
veintidós piezas, siempre en la tónica de combinar diversos
materiales, a veces recurriendo a uno de sus signos
preferidos, la angosta silueta de la luna creciente; aunque en
Puerta del Sol toca el tema incaico —la puerta romboidal—
reforzado por el uso de piedra volcánica. Todo el conjunto se
rige por la búsqueda lograda del equilibro compositivo, y hay
una novedad: el acercamiento al diseño plano, gráfico, como se observa en Ventana y en Aspectos
significantes.