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Los Rios

Este documento describe aspectos de la cultura popular en la provincia de Los Ríos, Ecuador. Se detalla la historia de la provincia, su economía, organización social, religiosidad popular, fiestas, tradición oral, música, cocina, actividades lúdicas y medicina tradicional. El documento provee información sobre las características socioculturales de la región.

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Este documento describe aspectos de la cultura popular en la provincia de Los Ríos, Ecuador. Se detalla la historia de la provincia, su economía, organización social, religiosidad popular, fiestas, tradición oral, música, cocina, actividades lúdicas y medicina tradicional. El documento provee información sobre las características socioculturales de la región.

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LA CULTURA POPULAR

EN EL ECUADOR

TOMO XI
LOS RIOS

Coordinador de la investigación: Marcelo Naranjo Villavicencio


LA CULTURA POPULAR
EN EL ECUADOR

TOMO XI
LOS RIOS

Coordinador de la investigación: Marcelo Naranjo Villavicencio


© Centro Interamericano
de Artesanías y Artes Populares. -CIDAP-
P.O.Box. 01.01.1943
E-mail: [email protected]
www.cidap.org.ec
Hermano Miguel 3-23 (La Escalinata)
Teléfono (593-7) 2840919 / 2829451 / Fax 2831450
Primera Edición, Noviembre de 2004

ISBN: 9978-85-019-8

Esta publicación corresponde al departamento de Publicaciones del CIDAP.

Diseño gráfico: Alicia Dávila de Mera


Fotografías: Nancy Burneo

La presente Publicación corresponde al informe de la Investigación de la Cultura Pupular en el Ecuador,


tomo XI Provincia de Los Ríos, realizada en el año 2003-2004, siendo Director Ejecutivo del CIDAP el
Dr. Claudio Malo González.

El trabajo de campo y los textos fueron realizados por los investigadores:


Dr. Marcelo Naranjo Villavicencio, Nancy Burneo Salazar, Victoria Novillo Rameix y Jeanneth Yépez
Montúfar.

Naranjo Villavicencio, Marcelo coord.


Los Ríos / Marcelo Naranjo Villavicencio, coordinador.-- Cuenca :
Cidap, 2004.
310 p. : il., fotos.-- (Colección La Cultura Popular en el Ecuador;
vol. 11).

Incluye índice, bibliografía y anexos.


ISBN: 9978-85-019-8

1.-LA CULTURA POPULAR-LOS RIOS 2.-LOS RIOS CULTURA


POPULAR 3.-ORGANIZACION SOCIAL 4.-ECONOMIA 5.-
RELIGIOSIDAD POPULAR 6.-FIESTAS POPULARES 7.-TRADICION
ORAL 8.-MUSICA Y DANZA 9.-JUEGOS POPULARES 10.-COCINA
POPULAR 11.-MEDICINA TRADICIONAL 12.-ARQUITECTURA
POPULAR 13.-COLECCION. Título

LA PRESENTE PUBLICACION ES SUBVENCIONADA


POR EL MINISTERIO DE EDUCACION Y CULTURA
ÍNDICE

Agradecimientos 9
Mapa de la Provincia de Los Ríos 17

1. Introducción 19
1.1 Cultura Popular: conceptos y definiciones 19
1.2 La Cultura Popular en la Provincia de Los Ríos 23

2. Caracterización Ecológica Provincial y Criterios


de Zonificación Sociocultural 29
2.1 El entorno físico en la Provincia de Los Ríos 29
2.2 Zonificación sociocultural 33
2.2.1 Zona de integración con la franja subtropical de la
Provincia de Pichincha y la zona norte de Manabí 34
2.2.2 Zona de integración con los Montubios de la cuenca
del Guayas: eje fluvial del río Babahoyo y sus afluentes 36
2.2.3 Zona de integración con la Sierra Central: Provincias
de Cotopaxi y Bolívar 39
2.2.4 Lo urbano y lo rural en la Provincia de Los Ríos 41

3. Historia 45
3.1 Aspectos generales 45
3.2 Antiguos pobladores 46
3.3 Conquista y coloniaje español 54
3.4 Período Republicano 57
3.4.1 El modelo agroexportador y la consolidación
de las oligarquías del litoral ecuatoriano 57
3.4.1.1 Caída del cacao y afianzamiento del modelo
agroexportador 61
3.4.2 La plantación y el río: escenarios de vida del campesino
fluminense 63
3.5 Época contemporánea 71

4. Economía 75
4.1 Aspectos generales 75
4.2. Estructura agraria provincial 77
4.3 Agricultura 79
4.4 Ganadería 87
4.5 Pesca 90
4.6 Actividad industrial 93
4.7 Actividad artesanal 94

5. Organización Social 99
5.1 Aspectos generales 99
5.2 Ritos de Paso 100
5.2.1 Los bautizos 100
5.2.1.1 El parentesco ritual: los padrinos 101
5.2.2 La Primera Comunión 103
5.2.3 La fiesta de los quince años 104
5.2.4 El proceso de enamoramiento 106
5.2.5 El matrimonio 109
5.2.5.1 La “institución” del compromiso 110
5.2.6 Ritos mortuorios 112
5.3 Familia y comunidad 113
5.3.1 La división sexual del trabajo 114
5.4 Organización Política 117
5.4.1 Organizaciones de segundo grado 123
5.4.1.1 Génesis de creación de una organización de 123
segundo grado
5.4.1.2 Asociaciones de productores y cooperativas 125
5.4.1.3 El problema de la sustentabilidad 127
5.4.1.4 Una organización sui géneris 127
5.5 La Colonia China en la provincia de Los Ríos 131
6. Religiosidad Popular 135
6.1 Aspectos generales 135
6.2 Prácticas de Religiosidad Popular en la Provincia
de Los Ríos 139
6.2.1 Formas de culto: vírgenes y santos patronos 140
6.2.2 Los velorios de los santos 143
6.3 Las nuevas devociones 144
6.4 El culto a los muertos 146

7. Fiestas 149
7.1 Aspectos generales 149
7.2 Fiestas Religiosas 150
7.2.1 Fiestas Patronales 150
7.2.1.1 Organización de las fiestas patronales 152
7.2.1.2 Descripción de las fiestas patronales 151
7.2.1.3 Fiestas de San Lorenzo de Vinces y San Nicolás
de Palenque 158
7.2.1.4 Fiesta de la Virgen de las Mercedes de Babahoyo 160
7.3 Otras festividades populares 168
7.3.1 El Rodeo Montubio 168
7.3.1.1 El Rodeo Montubio de Pimocha 170
7.3.2 La Noche Veneciana en Vinces 180
7.4 Fiestas Cívicas 184

8. Tradición Oral 185


8.1 Aspectos generales 185
8.2 Los amorfinos 186
8.3 Los personajes míticos 189
8.3.1 El duende 189
8.3.2 El diablo 190
8.3.3 Las almas en pena 192
8.4 Las leyendas 193
8.5 Los cuentos 196
8.6 Los “cachos 203
8.7 Las supersticiones 204
8.8 Las adivinanzas 205

9. Música y Danza 207


9.1 Aspectos generales 207
9.2 Los ritmos bailables 209
9.2.1 Ritmos bailables de antaño 209
9.2.2 Ritmos bailables contemporáneos 211
9.3 Los ritmos no bailables 216

10. Cocina Popular 223


10.1 Aspectos generales 223
10.2 Alimentación cotidiana 225
10.2.1 La hora del desayuno 225
10.2.2 Las sopas tradicionales 229
10.2.3 Los secos 229
10.2.4 Las bebidas 231
10.3 Los platos especiales: bocadillos y dulces 232
10.4 Alimentación festiva 235

11. Actividades Lúdicas 239


11.1 Aspectos generales 239
11.2 Juegos tradicionales 240
11.2.1 Las peleas de gallos 240
11.2.1.1 Crianza y entrenamiento de los gallos 243
11.2.1.2 "Palabra de gallero" 245
11.3 Juegos modernos 247
11.3.1 El deporte como símbolo de identidad 247
11.4 Otros juegos populares 250
11.4.1 El billar, la baraja y la pinta 250

12. Medicina Tradicional 253


12.1 Aspectos generales 253
12.2 Agentes de salud 254
12.2.1 Curanderos en general 256
12.2.2 Curanderos brujos 257
12.2.3 Sobadores 258
12.2.4 Parteras o comadronas 261
12.2.5 El médico empírico 262
12.3 Enfermedades: diagnóstico y tratamiento 264
12.3.1 Enfermedades del campo 264
12.3.1.1 Mal de ojo 265
12.3.1.2 Susto o Espanto 266
12.3.1.3 Brujería, posesiones espirituales malignas y
mala suerte 267
12.3.2 Enfermedades de Dios 270
12.3.2.1 Picaduras de culebra 270
12.3.2.2 Enfermedades frías y calientes 272
12.3.2.3 Fiebre, palpitación y dolor de estómago 273
12.3.2.4 Lombrices y sarna 274
12.3.3 Embarazo y parto 274
12.3.3.1 Atención pre-natal 275
12.3.3.2 Atención durante el parto 278
12.3.3.3 Atención post-parto 280

13. Arquitectura Popular 283


13.1Aspectos generales 283
13.2 Particularidades de la Arquitectura Popular en Los Ríos 285
13.3 Vivienda tradicional montubia 288
13.3.1 Las casas flotantes 290
13.4 Arquitectura popular urbana 292
13.4.1 Arquitectura popular urbana contemporánea 295
13.5 Arquitectura religiosa 296

Bibliografía 299
Listado de informantes 307
ÍNDICE DE CUADROS

Cuadro I. Cronología de las Culturas Precolombinas que


influenciaron en el actual territorio de la provincia
de Los Ríos 47
Cuadro II. Cultivos de la Provincia de Los Ríos por
número de has 80
Cuadro III. Calendario Agrícola de la Provincia de Los Ríos 84
Cuadro IV. Cabezas de ganado por especie existentes en
los ríos 80
Cuadro V. Calendario de las fiestas patronales más repre-
sentativas de la Provincia de Los Ríos 157
AGRADECIMIENTOS

Todo proceso investigativo, en especial aquel que requiera la realización


de trabajo de campo, dependerá para su éxito de la estrecha colabora-
ción de los sujetos sociales. La investigación sobre la Cultura Popular en
la Provincia de Los Ríos no podía ser una excepción. En la elaboración
de este trabajo intervinieron de forma directa o tangencial una serie de
personas e instituciones que hicieron posible nuestro trabajo. El consig-
nar un listado exhaustivo de todas ellas sería una tarea que podría incurrir
en omisiones involuntarias, de allí que hayamos descartado esa idea. Pese
a lo dicho, deseamos agradecer públicamente a la Unión de Organizaciones
Campesinas de Quevedo (UOCQ), en especial, a Johana Mayorga y Gina
Quintana; a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Quevedo,
en la persona del Ing. Pedro Rosero; a Esteban Chung, representante de
la colonia china de Quevedo; a Inés Bajaña, Leonel Aguayo, Zoila Quintero
y César Augusto Quintero, quienes nos dieron su apoyo incondicional.

Finalmente, quisiéramos mencionar que cualquier error de interpretación


de la realidad fluminense, consignada en este libro, es responsabilidad
exclusiva de los autores del mismo.

Los autores
PRESENTACIÓN

Todo país, sobre todo los que tienen grandes extensiones territoriales, se
caracterizan por su diversidad ecológica, el caso del Ecuador es notorio
debido a su reducida área geográfica y a que, encontrándose en plena
zona tórrida, debería tener un clima similar al de los países africanos por
los que cruza la línea equinoccial. La situación es diferente debido a la
concurrencia de algunos factores naturales como la Cordillera de los Andes
y las corrientes marinas, siendo posible en nuestros días, en un vehículo a
motor -pese a que el Ecuador no brilla por la bondad de las vías de
comunicación- desayunar junto al mar, almorzar en la capital que se
encuentra a algo más de dos mil ochocientos metros de altura y cenar en
la selva amazónica. Esta diversidad no se limita a lo climático sin que
también incide en las formas de vida que las podemos englobar en los
términos culturas y subculturas.

Los informes provenientes de las investigaciones de la cultura popular


ecuatoriana por provincias, muestran con sorpresa -en el sentido positi-
vo del término- las notables diferencias y variedades que se manifiestan
en cada una de ellas. Contribuye también a esta diversidad el factor racial
ya que su territorio estuvo poblado por un importante número de indíge-
nas antes de la llegada de los europeos, que en un porcentaje del 6.87%
se han mantenido como tales según el último censo de población. Llegaron
también, en proporciones menores que a las costas del Caribe, africanos
que según el mentado censo llegan a un 5% de la población, incluidos los
que se autoconsideran mulatos. Los blancos son un 10% y, la gran
mayoría de habitantes, el 78% se califican como mestizos. La
coexistencia de estos tres grupos raciales básicos a lo largo de la colonia,
con las innegables lacras de discriminación y prejuicios, han contribuido
a enriquecer esta diversidad cultural y a justificar el hecho de que en el
artículo primero de nuestra Constitución vigente se considere al Ecuador
como un país multiétnico y pluricultural.

Con áreas más bien reducidas de transición, la división geográfica de


nuestra patria está muy claramente definida en costa, sierra y oriente o
amazonía con las consiguientes peculiaridades culturales influenciadas
por los respectivos climas (las Islas Galápagos con 18555 habitantes
forman la región insular cuyas condiciones ecológicas son únicas en el
mundo, pero su peso cultural es mínimo).

Sin pretender un determinismo geográfico, en el caso del Ecuador, las


variaciones climáticas inciden con peso en la manera de ser y actuar de
los habitantes y las manifestaciones culturales que se han forjado a lo
largo de los años. La costa contó con asentamientos humanos precolom-
binos que se han caracterizado por sus notables expresiones como el
caso de Valdivia en donde se encuentran los primeros restos de cerámica
de América, pero el Imperio de los Incas, que sometió a los conglomera-
dos humanos que habitaban en lo que es hoy el Ecuador, se estableció
con fuerza en la región andina y de manera débil en la costa. En nuestros
días la población indígena de esta parte del Ecuador es muy reducida si
se la compara con la de la sierra y la amazonía.

La riqueza agrícola tropical de la costa está fuera de discusión, pero


debido al exceso de calor y a enfermedades propias de los trópicos, el
poblamiento por parte de los españoles que llegaron a América fue débil
en comparación con la sierra. En la última parte del siglo XIX, debido al
éxito internacional de productos agrícolas, la movilización poblacional
desde los Andes se intensifica, encontrándose en nuestros días más del
50% de la población ecuatoriana en esa región.

Un hecho de gran importancia en el desarrollo económico de nuestro


país es el auge del cacao. Por la feracidad del suelo para este tipo de
cultivos y por la alta calidad de este producto -que recibió el calificativo
de «pepa de oro»- su demanda internacional fue enorme, lo que contri-
buyó a la consolidación de la infraestructura bancaria sobre todo en Gua-
yaquil como consecuencia de las condiciones agroexportadoras del esta-
do.

La Provincia de los Ríos, a diferencia de las demás de la costa ecuatoria-


na, no se encuentra junto al mar sino en el interior de la región tropical.
La comprensión de las peculiaridades culturales de esta provincia es
posible en torno al fenómeno del auge cacaotero ya que en ella se encon-
traban las grandes plantaciones de este producto. Funcionó dentro de la
estructura de un sistema de hacienda con similitudes, pero sobre todo
diferencias, con el tradicional de la sierra. Los propietarios de estas
haciendas vivían en Guayaquil y la explotación se llevaba a cabo median-
te un sistema jerárquico que arrancaba desde el peón y culminaba en el
hacendado. La movilización tanto de productos como de personas se
realizaba a través de vías fluviales con el consiguiente sistema de embar-
caciones y puertos. Las grandes diferencias entre el campesino trabaja-
dor del cacao, que estaría en el grupo humano que en la costa se conoce
con el nombre de montubio y el propietario de las haciendas fueron
abismales y comparables -dentro de las diferencias correspondientes- a
las que existían en la sierra entre los gamonales y los peones, con
frecuencia, indígenas.

Durante el auge del cacao, la dependencia cultural de los países latinoa-


mericanos provenía de Francia, lo que legitima hablar de un
«afrancesamiento» en los grupos que controlaban los poderes económi-
co, político y religioso. No eran raros los casos de propietarios de ha-
ciendas cacaoteras, que por largos períodos vivían en París y que, a ve-
ces con afán exhibicionista, en sus propiedades hablaban un pobre espa-
ñol plagado de galicismos lo que elevaba su status. La imitación de lo
francés en la zona cacaotera fue tal que, a una de las ciudades de esa
provincia, Vinces, se la llamó el «París chiquito» habiéndose puesto en
ella una réplica -muy disminuida por cierto- de la torre Eifield.
Este tomo busca proporcionar a los lectores la fisonomía cultural de la
Provincia de los Ríos con una visión antropológica. Como en los tomos
anteriores, hay un sistemático y profesional trabajo de campo, en la que
los investigadores han tenido una visión directa y vivencial de la realidad
que ha conformado tipos de habitantes con características diferentes a
las de otras provincias ecuatorianas. Marcelo Naranjo y su grupo de tra-
bajo, una vez más, han demostrado su profesionalismo en este esfuerzo
por lograr un levantamiento de la Cultura Popular del Ecuador, tarea que
llega ya a su segundo decenio.

Claudio Malo González


MAPA DE LA PROVINCIA DE LOS RIOS
1. INTRODUCCIÓN

1.1 Cultura Popular:


conceptos y definiciones

Una de las principales contribuciones que pretenden realizar las


ciencias sociales es la creación de categorías capaces de explicar la
especificidad de los fenómenos analizados. En este intento, se empieza
a hablar, hace ya alrededor de tres décadas, de “cultura popular”,
implicándose, en principio, al menos un supuesto: la existencia de un
grupo social distintivo, cuyos miembros se identifican como ‘iguales’
por compartir una realidad socioeconómica común, en los límites de la
que se producen manifestaciones culturales particulares. Ahora, si con
ello se da un paso en la delimitación de un campo de estudio, no es
menos cierto que la categoría “cultura popular” presenta problemas. Ello
de debe a la excesiva amplitud e imprecisión de los términos que la
componen, a lo que se suman las connotaciones ideológicas de “popular”,
originadas en la reificación de la noción de “pueblo” en sus usos teóricos
y políticos.

Por ello, un estudio como éste precisa del esclarecimiento tanto de


los elementos que han entrado en juego a la hora de incluir dentro de los
límites de la cultura popular a determinadas prácticas, como de la
perspectiva y del conjunto de conceptos desde los cuales van a ser
abordadas estas últimas; esto requiere, a su vez, un breve recuento de los
principales postulados realizados en torno al tema que nos ocupa.

Una de las características más notorias de gran parte de los


estudios que trataron el tema de la cultura popular durante las décadas
del 60, 70 y 80 ha sido el exclusivismo en el análisis, expresado
formalmente en dos direcciones que, entrañan, no obstante, la misma
lógica. Por un lado, se confrontaban las perspectivas de los estudiosos
que optaban por el “análisis cultural” o por el “análisis ideológico” (Zubieta
et. al., 2000) y, por otro, las de quienes analizaban las prácticas de los
grupos subalternos de acuerdo a tan solo una de las dos posibilidades
que, según sus supuestos, les daría la sociedad estratificada: resistir a la
dominación o aceptarla pasivamente.

En el primer caso, el análisis cultural, tomando los principales


postulados del relativismo cultural e influenciado por la noción de ‘sistema’
del estructuralismo, reivindicaba sobre todo la autonomía de los grupos
subalternos y sus manifestaciones simbólicas (Grignon y Passeron, 1991).
Dicho de otra manera, quería entender las producciones culturales
únicamente en su lógica y coherencia interna, suprimiendo cualquier
referencia proveniente de “fuera”, aunque ello excluyera del análisis al
propio contexto. En contraste, el análisis ideológico, influenciado sobre
todo por la teoría marxista, enfatizaba principalmente en la estratificación
social y la posición subordinada de las clases populares, describiendo y/o
explicando sus prácticas como efectos de la dominación y anulando,
por tanto, cualquier posibilidad creativa (Grignon y Passeron, 1991).

En el segundo caso, la polarización de la discusión tiene en su base


principalmente dos influencias teóricas representativas de las décadas del
60 y 70: por una parte, los postulados gramscianos acerca de la hegemonía,
a los que interesa poner en evidencia el proceso de dominación social por
el cual “una clase logra que sus intereses sean reconocidos como suyos
por las clases subalternas, incluso y sobre todo si van en contra de sus
propios intereses” (Zubieta et. al., 2000: 38), en fati-zándose, empero,
en la capacidad de respuesta a la dominación de las clases subalternas;
y, por otra parte, las propuestas de la Escuela de Frankfurt, interesada
especialmente en la manipulación ejercida por los medios de comunica-
ción masiva y más pesimistas respecto a la posibilidad de que dicha
situación cambie por algún tipo de iniciativa por parte de los consumidores
(García Canclini, 1987).

Si bien, como se mencionó, los postulados gramscianos y los estudios


influenciados por ellos constituyen uno de los polos de la discusión, a
través del énfasis puesto en las respuestas de los dominados, dan lugar, a
su vez, a visibilizar la posibilidad de una perspectiva que acepte que no
existe dominación sin resistencia y viceversa; que estos son movimientos
inherentes a un mismo fenómeno, pudiendo, eso sí, configurarse de
diferentes formas de acuerdo a situaciones y elementos específicos que
podrían esclarecer los análisis empíricos. Como señala Zubieta (2000:
41): “repensar el concepto de cultura popular en y a través del concepto
de hegemonía es definirlo como un sistema de relaciones entre clases
sociales que constituye uno de los sitios para la producción de consenso,
pero también de resistencia al consenso. De allí se piensa que siempre
hay un elemento de la cultura popular que escapa o se opone a las fuerzas
hegemónicas. En ese sentido, la cultura popular es una cultura de
conflicto para las clases dominantes”1 .

Los aportes gramscianos contribuyen así a salir del estancamiento de


los estudios que se localizaban exclusivamente en alguno de los polos
dominación/resistencia, riqueza a la que se agrega un segundo elemento.
Toda vez que esta perspectiva implica la necesidad de dejar de concebir
la hegemonía como una fuerza omnipotente y avasalladora, de diferen-
ciarla claramente del concepto de dominación (que se ejerce sobre
adversarios y a través de la violencia), para leerla como un proceso, político
e ideológico (García Canclini, 1987), se da lugar a la posibilidad de incluir
en el análisis los recursos más sutiles, pero no por ello menos importan-
tes, de los que se sirven los grupos hegemónicos para legitimar su

1 El subrayado es nuestro.
poder: los pertenecientes al ámbito de lo simbólico, los cuales completan
la comprensión acerca de la forma en que se forja y mantiene la
diferenciación social.

El énfasis en la dimensión simbólica da lugar a estudios renovados.


Si bien la atención sigue centrándose principalmente en el juego de la
hegemonía, por ejemplo, la forma como los grupos que la ejercen se
apropian de símbolos originados en contextos culturales e históricos
determinados para crear mitos de unidad nacional que sirvan a sus
intereses, se coloca sobre el tapete una idea fundamental: la deslocalización
de los símbolos de sus contextos “originarios” y su resemantización en
otros ámbitos o situaciones.

Esta idea, enfocada en principio en las operaciones de apropiación,


deslocalización y resemanti-zación al interior de una sociedad heterogénea
y estratificada, es radicalizada más tarde en atención a las características
del mundo contemporáneo. El principal referente dentro de ello lo
constituyen las propuestas de García Canclini (1990), que centran su
atención en los cruces culturales y simbólicos incesantes que tienen lugar
en un mundo cuyas fronteras han sido difuminadas por procesos econó-
micos, comunicacionales y migratorios que ocurren a escala mundial. El
resultado de dichos cruces culturales y simbólicos sería la hibridación,
“procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas discretas,
que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estruc-
turas, objetos y prácticas” (García Canclini, 2001: 14).

Según esta perspectiva, la hibridación ocurre, claro está, en


condiciones históricas y sociales específicas, en las que no puede hacerse
caso omiso de las relaciones de poder. Por ello, este proceso no debe
traducirse como “fusión sin contradicciones”; por el contrario, “puede
dar cuenta de conflictos generados en la inter-culturalidad reciente y en
medio de la decadencia de proyectos nacionales de modernización”
(García Canclini, 2001: 14). Así mismo, no implica que se descuide “lo
que resiste o se escinde. La teoría de la hibridez debe tomar en cuenta
los movimientos que la rechazan” (García Canclini, 2001: 24-25).

De esta manera, si bien no se anula la idea de hegemonía y conflicto,


debe considerarse que “lo popular se constituye en procesos híbridos,
complejos” (Zubieta, 2000: 242) y multidireccionales, diríamos nosotros.
Dentro de esta complejidad, los cruces culturales incluirían “una
reestructuración radical de los vínculos entre lo tradicional y lo moderno,
lo popular y lo culto, lo local y lo extranjero” (Zubieta, 2000: 242).

1.2 La Cultura Popular en la Provincia de Los Ríos

Ahora bien, toda propuesta teórica debe ser adecuada al ámbito de


estudio y matizarse de acuerdo a los datos empíricos, los mismos que
pueden mostrar las particularidades propias del contexto. Así, abordar el
tema de la cultura popular en la provincia de Los Ríos, hace imprescindible
la remisión, por una parte, a algunos hechos fundamentales de la historia
del país y, por otra, al papel de la provincia dentro de ésta.

Desde sus inicios republicanos en el siglo XIX, el Ecuador, al igual


que muchos países latinoamericanos, se inserta en el mercado mundial
como productor agrario. Así, se incursiona en diferentes cultivos de
acuerdo a las coyunturas comerciales y a las condiciones internas de
producción (Guerrero, 1980). Dentro de ello, por algunos factores, entre
los que se cuenta la fertilidad de la tierra, la costa se convierte en el
principal locus de producción y, por tanto, en la punta de lanza de la
inserción del país en el capitalismo2 . Gradualmente, tiene lugar una espe-
cialización creciente en un solo producto, el cacao, asistiéndose sobre
todo a partir de 1880 a un rápido desarrollo de las haciendas cacaoteras3 .
2 “A mediados de siglo, por ejemplo, cuatro productos competían en las exportacio-
nes: el cacao, los sombreros de paja toquilla (mal conocidos como “de Panamá”),
la cascarilla y el tabaco”, todos producidos en la costa y “que cubrían un 90% del
valor de las exportaciones” (Villavicencio, 1858, en Guerrero, 1980: 15).
Al ser una de las provincias de tierras más favorables a escala
nacional, Los Ríos participa directamente de todo este proceso. Si
bien alrededor de 1907 las condiciones favorables del mercado
cacaotero empezaron a modificarse (Chiriboga, 1988), la provincia
no deja de ser una de las de mayor producción agrícola en el país,
pues el auge del cacao sería tan solo el primero de otros “booms” en
los que se ve involucrada posteriormente, a lo largo del siglo XX,
entre los cuales podemos citar al “boom” bananero como el de mayor
trascendencia.

El papel desempeñado por Los Ríos en la economía nacional, ilustrado


en los párrafos precedentes, ha traído aparejadas varias consecuencias:
a) el refuerzo o, incluso, empeoramiento de la excesiva concentración de
la tierra existente en la provincia por la vía de auténticas expulsiones y
despojos4 ; b) la llegada a la provincia, desde el siglo XIX y a lo largo del
siglo XX, de olas migratorias compuestas por trabajadores en busca de
empleo, provenientes de varios puntos de la sierra, especialmente de
Bolívar y Cotopaxi.

3 “El volumen de la exportación se duplica varias veces en un lapso de 30 años y en


la última década del siglo únicamente este producto representaba, en términos
monetarios, más del 70% de las exportaciones totales del país” (Carbo, 1953, en
Guerrero, 1980: 15-16). “Para el año de 1904 encontramos que la costa ecuatoria-
na ocupa el rango de mayor productor y exportador mundial de cacao” (Guerrero,
1980: 12).
4 “el régimen agrario costeño puede describirse como un violento proceso de surgi-
miento de la gran propiedad y el acaparamiento de la tierra en manos de un redu-
cido núcleo”4 (Chiriboga, 1988: 63). “Uno de los mecanismos más utilizados fue
el de la expansión de linderos hacia zonas ocupadas por pequeños propietarios
con títulos de tierra, los que simplemente eran desalojados. Igualmente, la compra
o remate de las tierras comunales de las tribus indígenas del litoral, luego de lo
cual éstas debían abandonar sus tierras. Se daba, igualmente, la apropiación
fraudulenta de tierras públicas, de las tierras de la iglesia, expulsando a los pequeños
propietarios asentados en ellas, lo que terminarían en buena parte, siendo reclutados
como jornaleros y sembradores de los nuevos propietarios” (Chiriboga, 1988: 63-
64).
Mientras lo primero, es decir, la temprana separación de la tierra en
detrimento de los productores directos y la tenencia de la misma en
manos privadas, le resta fuerza como referente de pertenencia, el hecho
de que quienes componían y componen las olas migratorias provenientes
de la sierra consideren a la provincia principalmente en lo que ella puede
ofrecer laboralmente, conservando fuertes vínculos con sus lugares de
origen y sin llegar a integrarse realmente con otros grupos sociales, da
lugar a una clara segmentación social.

A ello se suma la histórica dependencia de Guayaquil, ciudad en la


que los grandes propietarios que han explotado los recursos naturales
de Los Ríos, aprovechando ampliamente su basta productividad, han
preferido invertir y hacer sus vidas. Todo ello configura un panorama
de referentes identitarios difusos; se hace evidente que la delimitación
jurídico política resultante del proceso descrito no ha venido aparejada
de un claro sentido de pertenencia. Ello hace recurrente entre los flumi-
nenses preguntarse “¿qué somos?” y buscar elementos que coadyuven
en la creación de una historia propiamente local.

Es en este contexto que tienen lugar las manifestaciones de la cultura


popular, muchas de las cuales toman su forma de procesos inconscientes
o entrañan un interés explícito y constante por “superar” el panorama
descrito5 . En algunos cantones, resaltan las “prestaciones” culturales
de la sierra, región de origen de la mayor parte de inmigrantes de la
provincia, las cuales son resignifi-cadas dentro del nuevo contexto, mien-
tras en las localidades más rurales se ha tratado, más bien, de rescatar lo
reconocido como propiamente montubio. En el peor de los casos, puede
encontrarse también una ausencia casi total de referentes.

5 “¿Cómo fusiona la hibridación estructuras o prácticas sociales discretas para ge-


nerar nuevas estructuras y nuevas prácticas? A veces esto ocurre de modo planea-
do, o es resultado imprevisto de procesos migratorios, turísticos y de intercambio
económico o comunicacional. Pero a menudo la hibridación surge de la creati-
vidad individual y colectiva” (García Canclini, 2001: 16). El subrayado es nuestro.
Si bien todo ello nos llevaría a aceptar las propuestas acerca de la
hibridación, ya que poseen la suficiente amplitud para contemplar la
convivencia de universos simbólicos disímiles que permanecen
relativamente ‘estables’, cambian y/o se mezclan entre si, ello siempre
estará condicionado por los matices propios de la historia de cada cantón
y por los grupos sociales que existan a su interior. Dicho de otra forma,
en algunos casos, los procesos de hibridación son muy débiles e incluso,
inexistentes, mientras que en otros adquieren características muy parti-
culares.

Los cantones donde, en su mayoría, se han asentado las olas


migratorias serranas, aunque no éstos exclusivamente, son escenarios
privilegiados de adopción de tradiciones que aceptan como parte de la
localidad y de su cultura tanto serranos como riorenses. Se trata de
“prestaciones” culturales a las que se imprime nuevos elementos a la vez
que se emblema-tiza como “propias”. Como se verá en el capítulo perti-
nente, ello es especialmente cierto en el caso de las fiestas populares y su
performance. Junto a estos procesos de hibridación, están aquellos que
tienen en su base los medios de comunicación masiva, la adopción de
referentes de otros lugares del mundo y su resemantización, siendo más
visibles en la música popular.

Ahora bien, el hecho de que en ningún caso se pueda hablar de


manifestaciones culturales en estado prístino o no contaminadas no implica
la ausencia, dentro de la “gama” de universos simbólicos disímiles y
simultáneos, de prácticas y/o elementos que gozan de profundidad
histórica y han sido transmitidos de generación en generación: Un real
‘ejercicio’ del pluralismo simbólico radical, utilizando un término de Jorge
de Carvalho (1987), acorde a la teoría de la hibridación, demanda aten-
der no solamente al movimiento al que da lugar la glo-balización, sino a
la permanencia que convive con él. Esta observación es aún más
importante si se considera la situación marginal de la provincia de Los
Ríos dentro de los proyectos modernizadores del país.
En el caso de los montubios, grupo social cuya presencia define
también el carácter heterogéneo de Los Ríos, “lo tradicional” constituye
un elemento de importancia a la hora de entender las manifestaciones de
la cultura popular debido a la representatividad sociocultural que encierran
las prácticas tradicionales, es decir, a su capacidad de representar el modo
de concebir y vivir de aquellos que las producen (García Canclini, 1987,
en De Carvalho, s/a), pero especialmente por la revalorización de la que
son objeto actualmente dentro del proceso de reivindicación social, cultural
y política impulsado desde las organizaciones campesinas en los últimos
años.

Una vez que los montubios han asumido su derecho a la palabra,


primera condición de cualquier tipo de reivindicación, han necesitado de
elementos que les permitan reconocerse como iguales, primero, y
aglutinarse, después. En este marco, desde las organizaciones campesinas,
entre las que figura Pueblo Montubio6 como la más representativa, se
hace una selección de prácticas emblemáticas que puedan generar ese
reconocimiento en aspectos que vayan más allá de lo socioeconómico.
De esta manera, dentro de la política de las organizaciones campesinas,
se promueve la realización de cabalgatas, del Rodeo Montubio o de
“duelos de amorfinos”, a través de los que se intenta recrear la memoria
histórica. Como nos comentaba uno de los dirigentes de esta organiza-
ción: “… buscamos la identidad nuestra, y la identidad nuestra no es
campesina, somos un pueblo montubio, una cultura montubia… campe-
sino es aquel que trabaja el campo, la definición es esa, pero la cultura es
montubia… nosotros tratamos de rescatar nuestra identidad cultural como
montubios, ¿qué hacíamos?, ¿cómo era antes nuestra gente?”.

Las implicaciones de todo ello sobre el nivel de las formas cómo se


manifiesta la cultura popular y, en general, las observaciones ex

6 Ver el capítulo referente a Organización Social para una descripción detallada


acerca de la Organización de Segundo Grado Pueblo Montubio.
puestas hasta aquí, intentarán ser ilustradas en los capítulos siguientes.
Sin embargo, debe decirse que de ninguna manera pretenden agotar el
tema; por el contrario, siendo un estudio de carácter etnográfico,
esperamos más bien que sirvan de insumo a futuros análisis a fin de que
se conozca mejor los fenómenos desplegados en una región tan olvidada
como la provincia de Los Ríos.

Finalmente, si bien los diferentes capítulos que ponemos a su


consideración se basan en discusiones realizadas al interior del equipo de
trabajo, la redacción de la Introducción y los capítulos de Fiestas y
Actividades Lúdicas estuvo a cargo de Nancy Burneo; la redacción de
los capítulos de Organización social, Religiosidad Popular y Arquitectura
Popular estuvo a cargo de Marcelo Naranjo; a Victoria Novillo corres-
pondió la redacción de los capítulos de Economía, Tradición oral y Cocina
popular y a Janneth Yépez la de los capítulos de Caracterización Ecológica
Provincial, Historia, Música y Danza y Medicina Popular. Marcelo Naranjo
realizó la edición general del texto. u
2. CARACTERIZACIÓN ECOLÓGICA
PROVINCIAL Y CRITERIOS DE
ZONIFICACIÓN SOCIOCULTURAL

2.1 El entorno físico en la Provincia de Los Ríos

Dentro de una investigación con las características de la que aquí


presentamos, se nos hace necesario reconocer que la cultura, como todo
acto humano, requiere de un espacio para su desarrollo y consolidación.
De aquí que requiramos de una caracterización geofísica que nos permita
asociar a los actores sociales involu-crados en el área de nuestro estu-
dio con los diversos temas a los que haremos alusión a lo largo de esta
obra.

Para caracterizar este espacio asumiremos un fenómeno ya com-


probado en nuestros anteriores trabajos7 y avalado por el desenvolvi-
miento histórico en la provincia de Los Ríos: en el Ecuador la delimitación
geopolítica ha respondido más bien a intereses y coyunturas políticas
que jamás han tomado en cuenta la realidad sociocultural de las zonas
que han delimitado. Es por ello que, si bien es cierto debemos circuns-
cribirnos a las divisiones territoriales tradicionales para nombrar a las
parroquias y cantones conocidos como tales por los pobladores, también
debemos dar cuenta de la existencia de una zoni-ficación que trascien-
de estos límites convencionales. Con este fin,

7 Ver, entre otros, los tomos IX y X, correspondientes a Manabí y Chimborazo


respectivamente, de esta misma colección.
propondremos8 más adelante una serie de zonas configuradas de acuerdo
a las principales características económicas, históricas y de organización
socio-cultural de cada una de ellas, lo que nos permitirá ofrecer un
contexto general de los espacios dentro de los cuales los habitantes de
Los Ríos configuran el objeto principal de nuestro estudio: la Cultura
Popular.

Enunciados estos antecedentes, comencemos entonces por recono-


cer a la provincia de Los Ríos dentro del Mapa Político Ecuatoriano: Los
Ríos está ubicada al oeste de la cordillera de los Andes, formando parte
de la región Costa. Está limitada al norte por la provincia de Pichincha, al
Sur por la provincia del Guayas, al Este se encuentra lindada por las
provincias de Cotopaxi y Bolívar y al oeste la circunda la provincia del
Guayas (Bustos Blanca, Bustos Hortencia, 2000; Romero, 1980).

Su superficie es de 7.175 km2, divididos en 12 cantones: Baba,


Babahoyo, Buena Fe, Mocache, Montalvo, Palenque, Pueblo Viejo,
Quevedo, Urdaneta, Valencia, Ventanas y Vinces. A su vez, estos cantones
están divididos en 23 parroquias urbanas y 15 rurales. La población es de
525.559 habitantes, correspondiendo el 37.8% a la población urbana y el
62.2% a la rural (Bustos Blanca, Bustos Hortencia, 2000).

El clima de la provincia pertenece a la zona climática denominada


tropical monzónica. En Los Ríos se cuenta con dos estaciones. El verano,
que es seco y fresco, va aproximadamente de junio a diciembre, teniéndose
una temperatura que fluctúa entre 31° y 17° centígrados. La estación
invernal se caracteriza por las intensas lluvias que van de diciembre a
junio y el calor, variando la temperatura entre los 34° y 20° centígrados
(Romero, 1980).

8 Como toda propuesta, esta también se encuentra sujeta a perfeccionamiento y


ajustes futuros. No obstante, resulta un ejercicio teórico válido para nuestros obje-
tivos y comprometido con la realidad observada en el campo.
En cuanto a la geomorfología, el relieve no presenta mayores acci-
dentes, teniendo más altura hacia el Norte y el Este en que colinda con
las estribaciones de la Cordillera Occidental de los Andes. Sin embargo,
las elevaciones tienen menos de 500 metros de altura, siendo las más
importantes los cerros Samana y Mube, el ramal de Sibimbe y el cerro
Cacharí. Extensas sabanas cubren el resto del territorio, por lo que
podemos decir que, en general, el relieve de la provincia presenta tres
aspectos básicos (Bustos Blanca, Bustos Hortencia, 2000; Romero, 1980):

a) La región de las sabanas, llena de vegetación verde en el invierno,


debido a las lluvias y a la crecida de los ríos. En esta zona abundan
los cultivos de arroz, maíz, algodón y pastos para el ganado.
b) La región de las lomas, proporciona lugar de alojamiento y alimentos
vegetales al ganado vacuno, caballar, mular, durante la estación in-
vernal. En las selvas y bosques, abundan los árboles frutales, los que
sirven para la extracción de maderas utilizadas en ebanistería además
de otras como el caucho, las plantas medicinales, variedad de flores
exóticas muy bellas, distintos tipos de enredaderas y bejucos.
c) La región del humedal, destacándose la zona de Abras de
Mantequilla, que se extiende en un trayecto de 16 kilómetros entre
Baba, Vinces y Mocache. Se trata de un sistema lacustre pantanoso
de régimen natural permanente cuyo caudal se encuentra influenciado
por el represa-miento de los esteros San Francisco de Chojampe y
Mampansillo. En invierno todo el sector queda bajo las aguas, lo que
es aprovechado por los agricultores para sembrar arroz. En el humedal
se encuentran registradas más de 72 especies de aves, 125 especies
acuáticas y otros animales como ardillas, sahinos, perros de agua,
armadillos, serpientes y lagartos (Romero, 1980).

No obstante la importancia de estas regiones en la configuración


del paisaje de la provincia, lo que la caracteriza principalmente y hasta le
da su nombre, Los Ríos, es precisamente su complejo sistema hidrográfico,
constituido por una extensa red fluvial con ríos en los que desembocan
riachuelos y esteros. El origen de estos “caminos que andan”, es por lo
general la Cordillera Occidental de los Andes, desde la cual bajan las
aguas arrastrando gran cantidad del material orgánico que se concentra
en los pozos aluviales de casi toda la cuenca del Guayas, fenómeno gracias
al cual los suelos de la provincia de Los Ríos gozan de una inmensa
riqueza y fertilidad. El río más importante es el Babahoyo, que funciona
como arteria fluvial de comunicación con el resto de la zona del litoral.
El Babahoyo recibe un gran número de afluentes, entre los que se cuentan
el San Pablo, Vinces, Pueblo Viejo, Catarama, Caracol, Zapotal y
Yaguachi. Una vez recibido el tributo de estas aguas se unirá al Daule
para formar el río Guayas (Bustos Blanca, Bustos Hortencia, 2000;
Romero, 1980).

Este amplio sistema hidrográ-fico cuenta con una gran variedad de


peces, que aunque menos abundantes hoy en día9 , todavía aportan con
especies como corvinas, róbalos, sábalos, bocachicos, damas, viejas,
bagres, lizas, dicas, entre otros. La riqueza de las aguas aporta con otros
recursos como el camarón de río, pero también con una fauna riesgosa
para el ser humano debido a la existencia de lagartos (Ibíd.).

Todos los elementos hasta aquí citados desde el dato ecológico


configuran un paisaje feraz, cuya naturaleza dará la pauta para la
configuración de los modos de vida generados por los habitantes de esta
provincia, modos que caracterizaremos a continuación en nuestra
propuesta de zonificación sociocultural.

9 Como veremos en el acápite de economía, los métodos de la pesca industrial han


resultado nocivos al ser incorporados a la actividad de la pesca artesanal, pues al
desbordarse los límites del ciclo natural de regeneración de los peces, estos han
disminuido en forma dramática.
2.2 Zonificación sociocul-tural

“Una región es, ante todo, una unidad espacial, con límites –
aunque no necesariamente precisos -, que se diferencia de otra
unidad geográfica, tiene su propia individualidad y en cierta
forma no es idéntica a ninguna otra. El concepto de unidad
espacial se entiende en el sentido de que todas sus partes se
conjugan para generar algo diferente de la simple suma de ellas.
[...] Sin ser necesariamente aislada ni uniforme, una región es un
espacio dotado de un cierto grado de autonomía y homogeneidad”
(León Velasco, 2000:55).

Lo mismo que aquí se conceptualiza para las regiones del Ecuador,


nos es pertinente para lo que entenderemos aquí por zonas socioculturales,
ya que en la provincia de Los Ríos, acaso como en ninguna otra, los
límites geopo-líticos resultan verdaderamente insuficientes a la hora de
perfilar rutas para la comprensión a profundidad de este territorio.

Como veremos a lo largo de esta obra, el ciudadano “fluminense”


como tal no existe10 todavía en el imaginario socio-cultural de Los Ríos.
Existe sí, como una construcción identitaria a develarse en el futuro.

Mientras tanto el riorense amalgama sus propios referentes para


enriquecer su cosmovisión y formas de vida. Conforme a lo observado
en el trabajo de campo, el más importante de estos referentes tiene que
ver con la migración. Como veremos más adelante, gran parte de los
territorios que hoy conocemos como la provincia de Los Ríos, estuvieron
dentro de la jurisdicción perteneciente a propietarios de gigantescas
plantaciones de cacao principalmente, lo que estimuló a gran cantidad de
serranos a migrar hacia esta prometedora zona. Más
10 Por supuesto, no nos referimos aquí a su condición ontológica sino más bien a la
dimensión de adscripción identitaria como ejercicio de legitimación socio-cultu-
ral.
tarde, el boom bananero y en general, la fertilidad extraordinaria de estas
tierras, constituyó otro factor motivador para la movilización de la
población serrana y costeña que se fue asentando en estos lugares. Cabe
mencionar también que a la par de la expansión de la producción agrícola
para la exportación, creció a su vez la necesidad de dotar a esta provincia
de ejes viales adecuados, como la histórica Vía Flores11 , que comunicaba
a Babahoyo con la provincias de Bolívar y Chimborazo y que además
atravesaba inmensas extensiones de selva virgen y a cuya vera fueron
surgiendo nuevos predios grandes y pequeños (Quintana, 1956).

La diversidad que siempre traen consigo las vías de comunicación y


la vinculación de esta provincia con la realidad socio-económica del
Ecuador, son los dos ejes transversales que nos permiten explicar de
alguna forma el contexto actual en el que se manifiestan los fenómenos
de la cultura popular en la provincia de Los Ríos. Para visualizarlos mejor
dentro del espacio provincial trazaremos a continuación algunas zonas, a
las que llamaremos de integración, por tratarse de complejos espaciales y
poblacionales que, como veremos a continuación, se caracterizan por la
capacidad de sus habitantes de mantener contacto con varias de las
costumbres de su lugar de origen, a la vez que aceptan y recrean otras
que tienen sus raíces en el nuevo lugar de asentamiento.

2.2.1 Zona de integración con la franja subtropical de la pro-


vincia de Pichincha y la zona norte de Manabí

Pertenecen a esta zona, no solamente los cantones colindantes con


las provincias de Pichincha y Manabí, sino también aquellos enclaves
dispersos a lo largo de la provincia de Los Ríos que se encuentran

11 “Este camino de indiscutible importancia en todo tiempo, tuvo su iniciación en


1873 y debía unir los puntos de la carretera llamada del Sur con Babahoyo, pasan-
do por el Arenal del Chimborazo, Guaranda, Chimbo, Balzapamba y Playas” (Quin-
tana, 1956: 178).
influenciados por las tendencias culturales de las provincias antes
mencionadas, siendo los territorios más representativos de las mismas
aquellos correspondientes a Buena Fe, Quevedo y el noroccidente de
Valencia.

Como todo el resto de la provincia, los principales rubros económi-


cos de estos cantones se manejan en torno a la agricultura, orientada
desde épocas muy tempranas hacia el monocultivo para la exportación,
siendo la producción del banano la fuente más importante de jornales
para los pobladores y pequeños agricultores absorbidos como mano de
obra barata por las grandes haciendas.

Es debido a este sistema de jornales y a la inmensa capacidad de


producción de la tierra, que la zona a la que aquí nos referimos ve
aumentada significativamente su densidad debido a un intenso proceso
migratorio que pobló gran parte de sus zonas rurales y urbanas con
personas provenientes de Pichincha, Cotopaxi y Manabí. Ya sea que esta
migración haya sido estacionaria o permanente, lo cierto es que el resto
de la población riorense caracteriza a esta zona como un importante eje
de comunicación entre la Sierra y la Costa y no solamente debido a la vía
principal que pasa por Quevedo, sino también por ser una zona famosa
por sus agentes de medicina tradicional, la belleza femenina que sus
habitantes rescatan como un referente identitario y la presencia de minorías
étnicas extranjeras como la de los chinos, factores todos estos que nos
permiten perfilar esta zona a través de aquellos rasgos que la hacen par-
ticular.

Vista como un escenario socio-cultural, en esta zona conviven


manifestaciones de la cultura popular propias de los sitios de origen de
sus habitantes y que toman forma principalmente durante las festividades
y en los aspectos performativos de las devociones a los santos, para lo
cual citamos como ejemplo la procesión que en la parroquia Patricia
Pilar se lleva a efecto cada año con motivo de las celebraciones de la
Virgen del Cisne. De igual forma en las zonas rurales se puede observar
la supervivencia de una
serie de costumbres propias del campo manabita, reproducidas en el
entorno riorense y rescatadas como parte de lo que los habitantes conciben
como cultura montubia, reconociendo en ella una profundidad histórica
y simbólica en torno a la cual se gesta un constante ejercicio de afirma-
ción de referentes de identidad.

2.2.2 Zona de integración con los montubios de la cuenca del


Guayas12 : eje fluvial del ríos Babahoyo y sus afluentes

El paisaje de los cantones Mocache13 , Palenque, Vinces, Baba y


Babahoyo mantiene en general la ordenada monotonía propia de las
grandes plantaciones, principalmente bananeras y algunas cacaoteras, solo
transgredidas por los cuadriláteros poblados por las garzas en las vegas
donde se siembran los arrozales.

Quienes habitan los diversos recintos de esta zona se reconocen en


su mayoría como mon-tubios. Sus costumbres son las mismas que las de
sus coterráneos de adscripción identitaria similar y que habitan también
en la cuenca del Guayas. De alguna manera, la delimitación provincial
simplemente les resultó un azar, como otros tantos provenientes de los
movimientos políticos que los hacen dormir vinceños y amanecer
babenses14 , sin más proyecto de por medio que el hambre por un
presupuesto municipal, que rara vez rinde los frutos que la población
desearía.
12 La del Guayas es la cuenca hidrográfica más extensa del Ecuador. Abarca 34.700
kilómetros cuadrados, siendo el río Babahoyo uno de sus más importantes tributa-
rios (León Velasco, 2000).
13 A pesar de que en Mocache existe una gran cantidad de migrantes del Cotopaxi,
su configuración sociocultural general la hacen más proclive a ser parte de esta
subdivisión zonal, antes que de aquella de influencia serrana, por las características
que veremos señaladas más adelante.
14 El ejemplo aquí presentado no tiene fines de señalamiento exclusivo, sirve sim-
plemente como ilustración de la realidad que se vive en estos lugares, como así lo
manifiestan sus habitantes.
De aquí que geográficamente no se trate de una zona con límites
claros sino más bien de un área plenamente identificada con la
construcción y afirmación de las costumbres del montubio, visto como
el sujeto arquetípico del litoral ecuatoriano e identificado por el imaginario
popular con símbolos como el machete y el sombrero y con hazañas
épicas, tanto en cuestión de amores como de honor y defensa de su
tierra15 . En la actualidad este legendario modo de vida se topa con una
realidad distinta, sobre todo en la provincia de Los Ríos en donde el
proceso de tenencia de la tierra ha sido sinónimo de un constante ejerci-
cio de despojo al campesino, tanto de sus derechos como de sus pequeños
terrenos.

No obstante este fenómeno, la cultura popular procura valerse de los


medios que tiene a su alcance para rescatar sus tradiciones. Es por ello
que en esta área se dan los rodeos montubios más famosos de toda la
provincia, sobresaliendo el de Mocache, en el cantón del mismo nombre
y el de Pimocha, parroquia del cantón Babahoyo. La configuración
sociocultural general de esta zona llama la atención por el énfasis que se
pone en preservar estos referentes, tan caros al imaginario fluminense,
que en última instancia busca verse reflejado en el montubio, como
individuo de honor, honradez, esfuerzo y valentía.

A esto hay que añadirle otro elemento importante: en ninguna


provincia, como en ésta, podemos observar un “elemento-puente” tan
preciso y vívido como el ramal de aguas de Los Ríos, por donde han
fluido constantemente los más diversos elementos, tanto de índole
económica como socio-cultural. Gracias a la interconexión entre apartados
puntos geográficos
15 En este sentido creemos pertinente hacer una clara diferenciación entre arquetipo
y estereotipo, correspondiendo el primero a una libre y legítima construcción de lo
que los sujetos constructores de una identidad conciben como un ideal, por ende
como una propuesta sustentada en su historia, organización social y hasta tradi-
ción oral. Que en muchas ocasiones esta imagen sea utilizada para interpretaciones
estereotipadas o fuera de contexto es una realidad que condenamos y a la que de
ninguna manera nos adscribimos.
propiciada por el sistema fluvial, la provincia pudo enriquecerse con las
ideas, cosmovisión y formas de vida de los habitantes de la ribera del río
y del interior. Durante décadas las balsas y canoas fueron escenarios
navegantes de ese otro fluir trasgresor y vital dentro del cual se tejía la
historia cotidiana de las familias con sus necesidades, trabajos y esperan-
zas en que algo de la riqueza que se llevaba a través del río se quedara
alguna vez entre sus manos.

La esperanza resultó fallida y aunque el río no llegó a ser la vía que


aminorase en algo la brecha entre los dueños de la tierra y los campesinos,
si llegó en cambio a constituirse en una línea imaginaria cuya influencia
nos permite vislumbrar hoy una zona socio-cultural que definitivamente
desborda los límites geográficos oficiales.

De esta manera, y como ya lo reseñábamos, hasta la década de 1960


y 1970, la vida comercial del río giraba en torno a las lanchas, balsas,
canoas y otras embarcaciones de mediano calado que transportaban toda
clase de mercancías y productos tanto de la Sierra como de la Costa16 .
Los pueblos de los principales puertos de desembarque, como Vinces,
Baba y Babahoyo, conservan hasta la actualidad la herencia de la inmensa
cantidad de acervos dialécticos, fenotípicos y culturales que se conjugaron
a lo largo de toda la provincia, siendo parte importante de estos elementos
de integración la labor desenvuelta por el pescador artesanal del río,
protagonista de un modo de vida caracterizado por su contacto con la
naturaleza del entorno fluvial y el trabajo en las plantaciones circundan-
tes .

Sin embargo, esta riqueza de matices generados gracias al uso del


río como principal medio de transporte, disminuyen hasta casi desaparecer
con la construcción de la carretera que une a las ciudades de Guayaquil y
Quito17 , lo que propició también la entrada de las nuevas necesidades

16 En capítulos posteriores se tratará con más detalle a cerca del intercambio comer-
cial fluvial en esta provincia.
acarreadas por la vida moderna. De alguna manera, la influencia de un
eje de transporte e intercambio comercial se ha mantenido. Lo que cons-
tituyó la pauperización de unos, se transformó en la prosperidad de otros,
a la par de un proceso de intercambio de elementos materiales y simbólicos
que se han integrando a la vida de los pobladores, no para conformar un
todo uniforme sino para afianzar lo que caracteriza a esta zona: su mar-
cada heterogeneidad que integra pero que no homogeneiza los aportes
de la Sierra y Costa ecuatorianas.

2.2.3 Zona de integración con la sierra central: provincias de


Cotopaxi y Bolívar

La esperanza en la riqueza del cacao y del banano atrajo a lo que hoy


es la provincia de Los Ríos a gran cantidad de migrantes serranos. Por
ello, la influencia de los habitantes de las provincias de Cotopaxi y Bolívar
en los cantones de Valencia, Ventanas, Urdaneta, Montalvo y Pueblo
Viejo, marca ciertas diferencias con las otras zonas vistas hasta aquí.

En lo que sí coincide con el resto de la provincia, es en la actividad


agrícola como principal generadora de recursos económicos para una
serie de pequeños y medianos productores, los mismos que a la par de
los cultivos permanentes como el banano y el cacao, absorbidos por los
grandes productores, se ayudan con cultivos de ciclo corto, como el
maíz amarillo. También son productos comunes de esta zona la palma
africana, el maracuyá y la soya.

17 Cabe tomar en cuenta que esta provincia, situada en la región litoral del Ecuador,
vive como todas las demás de esta región el fenómeno de una bicefalia urbana que
en la Costa se traduce en el enorme peso real y simbólico de la ciudad de Guaya-
quil. Como nos lo explica León Velasco, esta primacía se debe a que “en la Costa
la red de ciudades y vías no se halla vertebrada en torno a un “rosario” meridiano,
sino a partir de puntos estelares. [...] Por su condición de primera ciudad portuaria
del país y por ser la más poblada de la Costa (y de la nación), Guayaquil es el
punto
Por otro lado, cabe recalcar que gran parte de los cantones antes
citados pertenecieron a la gran provincia de León, formada a su vez por
los territorios de las actuales provincias de Cotopaxi, Tungurahua y
Bolívar, por lo que el artificio de la división política oficial, dejó siempre
insubsistente una división tajante en el ámbito de lo socio-cultural entre
los habitantes del área litoral de las provincias antes mencionadas y los
cantones del occidente de la provincia de Los Ríos.

Así se comprende mejor la particular adscripción identitaria de sus


habitantes, oriundos en su mayoría de las provincias de Cotopaxi y Bolívar.
Por ejemplo, se da testimonio de que “todos los valencianos somos
cotopaxenses” y para afirmar expresiones como éstas, las personas nos
remiten a fenómenos de la cultura popular, como la gastronomía, sobre
todo en tiempos festivos, durante los cuales se puede apreciar el consu-
mo del “chancho hornado” con sus demás aderezos, plato icono de las
festividades populares serranas, que también toma protagonismo en la
provincia de Los Ríos, gracias al contexto de integración de costumbres
de la que forman parte sus habitantes. De esta manera, en cantones como
Montalvo, se nos dice que “aunque mis papás y mis ancestros son de la
provincia de Bolívar y el 90% de las personas somos de origen serrano,
hay una mezcla de tradiciones. Por ejemplo, casi tiene igual aprecio una
corrida de toros como un rodeo montubio. Hay una conjunción de las
dos cosas, hay influencia de la sierra así como de la Costa”.

Por lo que se pudo observar durante el trabajo de campo, para que


esta “conjunción” pueda existir, se ha hecho necesario un ejercicio de
convivencia tolerante entre el habitante de la serranía que adapta sus
costumbres al nuevo escenario que lo acoge y el oriundo del litoral que

más fuerte de gravitación geográfica costeña. En torno a ella giran muchas ciudades
y poblaciones, tanto cercanas como de fuera de la región. De esta gran ciudad
parten numerosas vías terrestres, entre las cuales destacan, como prolongaciones
de una estrella de los vientos, las siguientes: en primer lugar, la que la une con
Quito a través de Santo Domingo de los Colorados, Quevedo y Babahoyo...” (León
Velasco, 2000:71).
ha aceptado esta migración masiva como parte de un contexto histórico
y socio-económico sobre el cual no tuvo participación directa. De esta
manera, podríamos hablar de la coexistencia de dos cosmovisiones que
se relacionan, se observan y critican entre sí pero en el contexto de lo
que podríamos llamar “una tácita política de mutua hospitalidad “ es
decir, que acepta la convivencia de referentes culturales de la región sierra
y de la región litoral, siempre y cuando los unos no lleguen a diluirse del
todo en los otros.

2.2.4 Lo urbano y lo rural en la Provincia de Los Ríos

Los datos numéricos aportados por el último censo poblacional


hablan de un 62.2% de la población de esta provincia, habitando en el
área rural. Nuestra experiencia durante la presente investigación
corroboraría este dato, puesto que, en efecto, el modo de vida ligado a
las actividades del campo es el que tiene primacía en Los Ríos.

Los habitantes del sector rural, por lo general, no son propietarios de


grandes extensiones de tierras, sino de minifundios, que en ocasiones no
llegan ni a eso, sino a pequeñas parcelas en las que se puede ver sembrado
uno o dos árboles de banano, uno de cacao y algún otro árbol frutal que
sirve para el consumo familiar. La mayoría de campesinos se emplean
actualmente como jornaleros en las haciendas bananeras o procuran tomar
en arrendamiento, ya sea, alguna vega para sembrar arroz o terreno para
cultivar banano, café o cacao18 . El habitante rural de Los Ríos no se
asocia en comunidades, sino que cada uno vela por mantener lo que con-
sidera su espacio individual, lo que configura zonas campesinas que

18 De la situación del campesinado se hablará más a fondo en los acápites próximos


de esta obra, tanto a nivel histórico, como económico y de organización social.
tienen como eje los gigantescos cultivos ajenos pertenecientes a los
grandes productores y donde los habitantes de estas áreas son empleados.
Alrededor de estos grandes sembríos se ubican las mínimas parcelas de
los pobladores de la zona rural, dispersas y separadas entre sí tanto por
las grandes distancias como por la falta de un proyecto en común que les
permita enfrentarse decididamente al sistema que los obliga a vivir en
evidentes condiciones de pobreza.

Aunque, en general, en las zonas urbanas no puede hablarse de una


prosperidad mayor, las condiciones de vida son algo distintas, siendo
acaso la principal diferencia el modelo de su aspecto exterior, que presenta
dos formas básicas:

a) Los pueblos o cabeceras cantonales: en donde se pueden observar


construcciones de ladrillo y formas de vida ligadas principalmente al
comercio. Durante los días de feria, los poblados se llenan del bullicio
de las ferias y mercados a donde acuden los habitantes de los diversos
recintos a vender sus productos y a abastecerse de lo que necesitan.
Aunque en las cabeceras cantonales se encuentren las principales
autoridades y tiendas intermediarias, lo cierto es que éstas no po-
drían conservarse en pie de no ser por la labor del hombre del campo,
que aunque muchas veces es desconocida y subvalorada, constituye
el futuro del crecimiento de estos núcleos poblacionales. Es por ello
que la ruralidad impregna ricamente todavía los modos de vida de
los habitantes de las cabeceras19 , haciendo de lo urbano de estos
puntos, más una secuela simbólica que una realidad totalmente
configurada.

19 Esto, a pesar de que para muchos habitantes de las cabeceras cantonales les resul-
te hasta cierto punto vergonzante reconocer la gran influencia montubia en su
proceder cotidiano y forma de vivir. Cabe acotar sin embargo, que esta actitud con
respecto al campesinado costeño es menos negativa que en la sierra, en donde por
la presencia del indigenado la actitud hacia el hombre que trabaja la tierra tiene
un tinte mucho más racista.
b) Las ciudades: que en Los Ríos están claramente identificadas como
centros urbanos densamente poblados, caracterizados por la
organización en barrios y cooperativas, modeladas conforme al pa-
trón moderno de la mayoría de ciudades de la Costa ecuatoriana. En
esta provincia las estructuras arquitectónicas y socioculturales co-
rrespondientes a este modelo están claramente adscritas a las ciuda-
des de Quevedo, Babahoyo y Vinces. A las dos primeras les
caracteriza el auge comercial que tienen por ser puntos estratégicos
en el intercambio de productos entre Sierra y Costa, mientras que a
la tercera le correspondería además la salvaguardia de una riqueza
arquitectónica histórica de particulares características en el litoral
ecuatoriano. u
3. HISTORIA

3.1 Aspectos generales20

La naturaleza, cuya existencia física y temporal precede con mucho


a la del ser humano, ha influido de manera notable en los modos en que
los habitantes de un espacio han planificado los usos de su tiempo, es
decir, las formas en que han ido desarrollando su cultura. En la provincia
de Los Ríos, la existencia del complejo sistema fluvial que la cruza, uni-
do a las características ecológicas que hacen de sus suelos prodi-
giosamente fértiles, han posibilitado la aparición de una serie de usos y
costumbres que se han ido modificando siempre en torno a los dos factores
antes mencionados.
Estas modificaciones provocan que aquello que en un principio resulta
un espacio natural habitado por un grupo humano, sea transformado en
un escenario social en el que se privilegia a los sujetos de la historia.
Como veremos a lo largo de este capítulo, al priorizar los modos de vida
de los hombres y mujeres que poblaron esta zona, podremos obtener una
escenificación social, mediante la cual nos podremos acercar a los
fenómenos socioculturales que han marcado este territorio.

Al vislumbrar la historia de Los Ríos, nos damos cuenta de que


estas marcas apuestan a la

20 El presente capítulo no pretende presentar en forma pormenorizada los hechos


históricos de la provincia de Los Ríos, sino más bien ofrecer un contexto que nos
permita afianzar la comprensión de los fenómenos producidos por la Cultura Po-
pular, eje principal de esta obra.
configuración de una brecha enorme entre los que más poseen y los que
nada tienen. Es por ello que se nos hace preciso presentar las voces de
aquellos sujetos históricos cuya presencia es escudriñada, no siempre
con suerte, por el imaginario popular pendiente de acoger aquellos
elementos que le procuren un referente de identificación. En este sentido,
nos hemos servido de las fuentes más fidedignas tanto históricas como
arqueológicas y en algunos casos testimoniales 21 para trazar un perfil en
el que el dato preste su rigor a un conjunto mayor que nos permita
vislumbrar las voces de aquellas historias múltiples y vivenciales, matrices
de una cultura popular que se reinventa y construye, en aras de un proyecto
humano acaso interminable pero legítimo: la construcción de una
identidad.

3.2 Antiguos pobladores

Para comprender los modos de organización de los habitantes


aborígenes de lo que hoy es la provincia de Los Ríos, es necesario recordar
que en épocas precolombinas, las diversas civilizaciones que habitaron
estos lugares, coexistieron en torno a concepciones territoriales y
geopolíticas distintas, por lo que realizar una abstracción precisa de lo
que ocurrió en la geografía riorense nos resultaría, no solamente difícil
debido a la falta de investigaciones arqueológicas e históricas tan espe-
cíficas, sino que además sería poco fidedigno, pues de lo que arrojan los
datos arqueológicos, se desprende que fueron varias las culturas del
Litoral ecuatoriano que influenciaron en la zona de la Cuenca del río
Guayas22 , las mismas que se desarrollaron, ya desde aquella época, en

21 Conforme a lo estipulado por la teoría de la escuela de la historia de las mentali-


dades, los testimonios de campo pueden nutrir un relato histórico sin que por ello
decrezca su cientificidad, siempre y cuando sean utilizados dentro de un contexto
pertinente y no anacrónico.
22 “Región plana de clima húmedo. Se extiende desde el límite oriental de la Cordi-
llera Costera hasta las estribaciones occidentales de la Sierra Andina. Hacia el
norte está limitada por las cuencas de los ríos Esmeraldas y Santiago-Cayapas”
(Ortiz, 1981:3).
torno a un complejo sistema de intercambios económicos, religiosos y
culturales. Para ubicarnos mejor dentro de los ejes temporales en que
se enmarca el recuento histórico de los antiguos pobladores de Los Ríos,
presentamos el siguiente cuadro, en el que podemos observar a simple
vista la multiplicidad de sujetos históricos que participaban en el proyecto
civilizatorio de aquel entonces en el territorio que nos ocupa.

CUADRO I. CRONOLOGÍA DE LAS CULTURAS


PRECOLOMBINAS QUE INFLUENCIARON EN EL
ACTUAL TERRITORIO DE LA PROVINCIA DE LOS RÍOS

FORMATIVO Valdivia A. 3.200 AC 2.300AC


TEMPRANO Valdivia B. 2.300 AC 2.100AC
Valdivia C. 2.100 AC 2.000AC
Machalilla 1.600 AC 1.400AC

FORMATIVO TARDIO Chorrera 900 AC 700AC

DESARROLLO Chorrera-Bahía 700AC 500DC


REGIONAL Bahía 500AC 300DC
Tolita-Jama-Coaque 400AC 500DC
Guangala 400AC 500DC
INTEGRACION Milagro-Quevedo 450 DC1.500 DC
Huancavilca-Manteño 850 DC 1500 DC

Fuente: Arqueología regional del norte de Manabí, Ecuador, Vol. I. Zeidler, James y
Deborah Pearsall, editores. Pittsburg. Universidad de Pittsburg. Departamento de An-
tropología/Libri Mundi, 1994.
Como podemos observar, el litoral ecuatoriano fue desde épocas
muy remotas el espacio en el que se desarrollaron pueblos cuya impron-
ta cultural fue importante y decisiva, puesto que con la expansión de las
mismas, viajaron también las ideas matrices en base a las cuales otros
grupos humanos desarrollaron sus propias manifestaciones
organizacionales y materiales.

Tal fue el caso de Valdivia y Chorrera23 , cuya influencia se extendió


hasta la cuenca del Guayas, gracias a los vínculos favorecidos por la
presencia de los ramales fluviales que permitieron su contacto, hacia el
período denominado de Desarrollo Regional, con culturas como la Tolita
y Jama-Coaque, que junto a Guangala y Milagro-Quevedo fueron parte
de un contexto aún mayor dentro del cual los modos de organización de
la cultura Manteño-Huancavilca constituían polos de atracción, en vista
de su poderío como mercaderes, navegantes e intermediarios políticos
(Estrada 1957; 1962).

Es precisamente en esta franja de tiempo, ubicada en la transición del


período de Desarrollo Regional hacia el período de Integración (400 AC
a 1500 DC, aprox.), en donde los arqueólogos han encontrado eviden-
cias materiales que nos permiten conocer los aspectos principales del
modo de vida de la cultura Milagro-Quevedo, siendo ésta, no solamen-
te la de importancia más relevante para nuestra área de estudio, sino
aquella sobre la que se han reunido mayores datos científicos confiables24 .

Según los estudios realizados por Emilio Estrada y más tarde por
Olaf Holm, el territorio de esta cul-tura “abarcaba prácticamente todo el

23 Para profundizar sobre estas dos culturas, dentro del contexto que nos ocupa, ver
tomo correspondiente a La Cultura Popular en Manabí.
24 Si bien es cierto la tradición oral aporta con historias que dan cuenta de la supues-
ta existencia de otras etnias antiguas, esto no ha podido ser comprobado todavía,
por lo que nos basamos en datos de relevancia científica, a pesar de la escasez de
los mismos.
sistema fluvial del Guayas con sus dos grandes ríos Daule y B-abahoyo,
más todos los afluentes de ellos” (Holm, 1981:8). Hacia el norte de sus
linderos se desarrolló la cultura de Atacames en las alturas de Santo
Domingo, mientras que hacia el lado oriental sus tierras limitaban con
territorios de lo que hoy son las provincias de Pichincha, Cotopaxi,
Chimborazo, Bolívar, Cañar y Azuay, con cuyos pobladores también
tuvo contacto. Por último, hacia la frontera sur, se evidencia que se
extendieron hasta parte de la provincia de El Oro, en donde se funde con
la extensión sureña de la cultura Manteño-Huan-cavilca, con la que
también tuvo contacto hacia la franja occidental formada por la línea
divisoria de la extensión cordillerana de Chongón-Colonche25 (Holm,
1981).

Estas demarcaciones y los hallazgos realizados permiten observar


que en el enorme territorio que comprende el sistema fluvial de los ríos
Guayas, Daule y Babahoyo se dieron intensos intercambios culturales y
al parecer, relaciones interétnicas que alternaban entre tiempos de con-
flictos armados y épocas pacíficas, durante las cuales se favorecieron
principalmente las relaciones comerciales, lo que hasta cierto punto
obscurece los linderos culturales (Holm, 1981).

Basados en los datos arqueológicos, se ha descubierto que los


habitantes de Milagro-Quevedo actuaban como intermediarios en el tráfico
del pescado salado o ahumado desde la costa, y sobre todo en el comercio
de la sal. Estos productos eran comerciados con los habitantes del
altiplano, a quienes también se proveía de algodón, cacao y sobre todo,
de la concha Spondylus, elemento de inmenso prestigio tanto por su uso
en la joyería como en los rituales y cultos andinos (Ibíd.; Estrada, 1957).

Probablemente la ruta de intermediación y comercio más utilizada


entre la Cuenca del Guayas y la serranía fue aquella que iba de Quevedo
a Latacunga.
25 “...una revisión de los documentos históricos sobre los Chonos ha puesto de relie-
ve la coincidencia de su hábitat con el territorio de expansión de la cultura Mila-
gro-Quevedo” (Espinoza Soriano, 1981: 15 y ss., en Moreno, 1988: 115).
Justamente en el área de Quevedo se han encontrado restos de cerámica
con características culturales de Panzaleo, así como cuchillos y raspadores
de obsidiana, artefactos estos propios de las regiones volcánicas de la
sierra norte del país. A su vez, en varias tumbas de Tungurahua y Cotopaxi,
se han hallado aretes y orfebrería de manufactura Milagro-Quevedo
(Holm, 1981).

Se sabe que estos intercambios se dieron en base a la práctica del


trueque, la misma que se dio entre los grupos regionales del litoral, de la
sierra y del oriente. En lo que respecta a nuestra zona de interés, las
excelentes condiciones fluviales de la cuenca del Guayas promovieron el
desarrollo de medios de navegación de cabotaje y de altura, lo que sirvió
no solamente para afianzar las relaciones comerciales sino también para
mejorar la pesca en el río, la que progresó hasta convertirse en actividad
de producción26 (Holm, 1981; Ortiz, 1981). La abundante pesca era
atrapada por medio de redes, trampas y anzuelos (Estrada, 1957).

Además del aprovechamiento de la riqueza natural de los ríos, los


habitantes de Milagro-Que-vedo desarrollaron interesantes sistemas para
la práctica de la agricultura, como por ejemplo aquellas “auténticas obras
de ingeniería” (Holm, 1981:24) que fueron los camellones.

26 Esta modalidad de producción también progresó entre las demás culturas de in-
fluencia fluvial, como todas aquellas de la zona de Manabí que tenían acceso al
río. Véase capítulo de Historia, tomo Manabí.
27 “se trata de bancos artificiales construidos en los terrenos anegadizos al acumular
la tierra excavada para formar alternativamente campos elevados y zanjas que los
separan. Los bancos así hechos tienen varias formas: redondas, cuadradas,
elongadas” (Holm, 1981: 26). “Construcciones como estas las encontramos desde
las llanuras anegadizas en la región amazónica de Bolivia, Mojos, a orillas del
lago Titicaca, también en Colombia, Venezuela, Surinam, México y hasta el Valle
de Mississipí, EEUU” (Ibíd.: 32).
La técnica de cultivo mediante la construcción de camellones27 tenía
por objetivo principal aprovechar las tierras anegadizas para transformarlas
en tierras cultivables. Terminada la cosecha, se dejaba el camellón en
barbecho, de tal manera que esta construcción se convertía en una
inversión permanente que evitaba la costosa repetición de tala y quema
del bosque año tras año (Holm, 1981). Esta técnica de cultivo les permi-
tía tener una variada dieta que complementaba lo ya proveído por la
pesca. Se sabe que apreciaban especialmente el maíz, la yuca y el cacao y
que para la preparación de estos dos primeros productos se sirvieron de
manos de metates y ralladores28 (Estrada, 1957).

Aunque del fenotipo de estos antiguos pobladores no se tengan


referencias precisas, se sabe que fueron prolijos en cuanto a su vestuario,
ya que hilaban y tejían el algodón para confeccionar camisas, especies de
ponchos, faldas, chales, los mismos que habrían variado en lujo y
detalle, de acuerdo al nivel socioeconómico de los pobladores. Gracias a
los restos funerarios encontrados, se sabe que gustaban de llevar orna-
mentos confeccionados de conchas que cubrían buena parte del pecho,
collares de diferentes piedras, cuarzo, gorras tejidas, aretes y otros
complementos suntuarios (Estrada, 1957; Ortiz, 1981).

La profusión de adornos y joyería se debe al desarrollo de la orfebrería


durante las diversas fases de esta cultura, que llegó a tener visos de
verdadero arte. Puesto que la zona en donde se desarrollaron no era un
área metalúrgica, recurrieron a sus grandes habilidades comerciales para
proveerse del cobre, traído por los Huancavilcas desde la costa del Perú.
Otra fuente de suministros minerales debió haber sido el austro
ecuatoriano, por ejemplo, Azuay, en donde existen minas nativas de
diversos minerales29 (Holm, 1981; Estrada, 1957).

28 A pesar de que la Arqueología da cuenta de estos productos como preeminentes,


podemos inferir que dada la enorme fertilidad de estos suelos, la dieta diaria habrá
sido rica, variada y seguramente incorporó frutales, hortalizas y otros productos.
29 Los metales seguramente fueron traídos utilizando la ruta comercial de los ríos,
viajando en canoas y balsas hasta donde son navegables y desde ese punto a pié. El
camino Naranjal-Molleturo-Cuenca estaba en pleno uso hasta los cambios de ruta
efectuados por la vialidad moderna (Holm, 1981).
El resultado fue el uso del plaqué de oro, cobre y plata para la
confección de adornos, cuchillos, cascabeles, pinzas, cadenas, copas,
cuentas, narigueras, figurines, orejeras, clavos para la dentadura y adornos
colgantes y espejos hechos de pirita de hierro. Mención especial merecen
las hachas moneda30 , confeccionadas en cobre y cuya forma y hallazgo
ha llevado a la hipótesis de que pudieron haberse usado de una manera
similar al dinero actual, lo que implicaría la existencia de un sistema
económico que alcanzó mucha complejidad.

Y no fue solamente el sistema económico sino también las formas de


organización social, militar y religiosa. En cuanto a la primera, se sabe
que practicaron el sedentarismo y que construyeron viviendas edificadas
en madera y caña, similares a las de los montubios de hoy, con techos de
dos aguas, posiblemente de bijao (Estrada, 1957).

En cuanto a la organización militar, la mayoría de culturas de la época


de Desarrollo Regional y del período de Integración conocieron formas
estratificadas de organización, similares a una división de castas. En este
sentido, la existencia de un grupo especializado en la defensa31 y
confección de armas se puede inferir, gracias al hallazgo de hachas de
piedra, de cobre, rompecabezas de estrella y anillo afilado. Se defendieron

30 “Se vislumbran también contactos culturales con áreas más lejanas. El uso de
hachas moneda lo observamos en la costa peruana, no con hachas de formas igua-
les a las de Milagro-Quevedo, pero con un concepto similar. Lo mismo ocurre en
México, donde también se conocieron hachas moneda que son bastante parecidas
a las ecuatorianas. En ambos casos se presenta el fenómeno que el antropólogo
reconoce como un ‘estímulo’, o sea que no es el contacto mediante el objeto físico,
sino que es la idea la que viaja” (Holm, 1981:32). Para una comparación de las
hachas y sus formas aquí mencionadas, ver, Estrada, Emilio, 1957: 28 y ss.
31 Como se dijo anteriormente, las épocas de lucha se alternaban con los períodos de
paz, siendo estos últimos los que parecen haber prevalecido, en vista del desarrollo
comercial y artístico, capaces de alcanzar su apogeo preferentemente en tiempos
de paz.
también con lanzas de chonta aunque no se han encontrado puntas de
flecha (Estrada, 1957).

En lo que se refiere a su religiosidad, tanto los ídolos encontrados,


cuanto los restos funerarios, nos dan a entender que existía un particular
interés por los fenómenos relacionados con la vida y la muerte, pues se
rindió un culto especial a la fertilidad y se practicaron diversos modos de
enterramiento, siendo las tumbas más comunes aquellas que eran unas
urnas grandes y gruesas de barro que contenían uno o varios cuerpos. El
ajuar de los muertos, revela que se trataba de una sociedad estratificada,
pues su lujo dependía del nivel social que hubiera adquirido la persona
mientras estaba viva (Holm, 1981). Quienes más tenían eran enterrados
en tumbas llamativas llamadas “de chimenea”32 , en donde por lo general
se han encontrado ajuares funerarios que revelan acumulación de riqueza
que en vida servían para confirmar la importancia del personaje y su alto
rango (Ibíd.).
La relevancia de la religiosidad se pone en evidencia tras los hallazgos
de las llamadas ‘tolas’, que son montículos de tierra que fueron construidos
en una o varias ocasiones, aumentando su tamaño poco a poco para
habitaciones, plataformas de templos o recintos ceremoniales. Algunas
cuentan con una rampa de acceso y en su interior también se han
encontrado enterramientos (Ibíd.).

Todo lo que hasta aquí hemos visto, nos da una idea clara de la
dinámica de vida de los antiguos pobladores de estos territorios, de quienes
se sabe que se comunicaban por medio del lenguaje Cayapa-Colorado,
etnia que también influenció en la zona de Palenque, gracias a las
facilidades prestadas por los abundantes ríos que recorren la zona (Estrada,
1957; Moncayo, Zúñiga, 1982).

A orillas de los mismos y en el territorio interno, seguramente existió


una diversidad étnica aún más rica. Por desgracia, todavía no

32 Se llamaban así por componerse de varias vasijas grandes y superpuestas que


formando un tubo largo hacen pensar en una chimenea. Las urnas no tienen fon-
do, salvo la inferior que contiene al difunto y su ajuar” (Holm, 1981:28).
se cuentan con estudios a profundidad que pudieran aportar pruebas sobre
la existencia de diversas tribus precolombinas, de las que se tiene datos
poco fidedignos33 . Todo lo que hasta aquí se ha consignado, condensa el
cuadro general, el contexto sociocul-tural y socioeconómico en que se
encontraban los aborígenes dueños de estas tierras a la llegada de los
Incas34 y casi inmediatamente, de los españoles.

3.3 Conquista y coloniaje español

Se sabe que a su llegada a las costas ecuatorianas, los españoles se


sorprendieron ante la complejidad de la organización social y el ingenio y
fama de navegantes y comerciantes de los manteño-huancavilcas. Se sabe
también que tras estos primeros encuentros, su codicia los llevó a explorar
el interior de toda geografía a la que llegaban, por lo que casi todos los
pueblos aborígenes de inicios de la conquista tenían noticias de los recién
llegados, sea porque los encontraron personalmente o por las novedades
llegadas de los Andes y de la Costa (Moreno, 1983).

En todo caso, sea por el medio que fuere, saber de los españoles era
un presagio de muerte, ya por los estragos causados en sus incursiones o
por las enfermedades nuevas y devastadoras que trajeron consigo. En el
área de la actual provincia de Los Ríos estos terribles legados dejaron
también su huella en la historia de sus antiguos pobladores que fueron
totalmente exterminados de toda la zona de la cuenca del Guayas35 . Tras

33 Tal sería el caso de tribus como los Pimochas, Hawai, Mapán, Cataramas y otras
nombradas por las personas pero cuya existencia real es aún no comprobada. No
obstante, forman parte del imaginario popular y podrían constituir una pista para
motivar estudios más profundos en esta interesante zona.
34 La presencia del dominio Inca en estos territorios, y en general en el litoral ecua-
toriano, fue casi nula, por lo que las bases de este régimen imperial no llegaron a
modificar sustancialmente los modos de vida de los pueblos aborígenes de esta
parte del Ecuador, lo que no sucedió así con la presencia de los españoles, que
llegaron prácticamente a “barrer” con la población autóctona.
el seguro saqueo y devastación, sólo nos quedaron de aquellos pueblos
los testimonios físicos que la arqueología investiga y de los que se dio
cuenta en el acápite anterior y un puñado de leyendas que también se van
perdiendo en la memoria de las nuevas generaciones.

Es por ello que desde inicios de la colonia los nuevos habitantes de


estas tierras han sido en su mayoría mestizos, vinculados con la tierra y
adaptados a las demandas de la naturaleza. Por desgracia, esta adaptación
y el conjunto de destrezas y saberes que al respecto acumularon no fueron
suficientes para que se convirtiesen en dueños absolutos de los territo-
rios que ocupaban. Y es que la enorme fertilidad de estas tierras, cuyas
características fueron ya mencionadas en la correspondiente zonificación
ecológica, han constituido para el campesino una fuente de enorme
esperanza a la vez que de gran frustración, debido a que en las raíces
mismas de estos territorios se encuentran también las raíces de ciertas
fortunas ingentes e ignominiosamente amasadas.

Ya desde la época de la colonia la división geopolítica consolidó a la


Gobernación de Guayaquil, creada en 1707, como un polo estratégico
para los grandes negocios comerciales y aduaneros que desde entonces
allí se han dado. Como centro urbano, esta ciudad costera fue la sede de
vivienda de muchas familias migrantes de origen europeo principalmente,
cuyos patriarcas se dieron modos, no siempre lícitos36 , para procurarse
la obtención de tierras fácilmente productivas, y como ya hemos dicho
antes, en feracidad las tierras de la cuenca del río Guayas no tienen
parangón.

35 Al hablar de exterminio, debemos entender que el mismo sucedió de una forma


violenta, sí, pero no de un momento a otro. Durante el proceso de desaparición de
las tribus autóctonas de esta zona, se dieron seguramente procesos de resistencia
no registrados por los cronistas de la época que siempre quisieron darle a la con-
quista española el tinte épico y heroico de su conveniencia.
36 No dudamos de que hayan existido hombres y mujeres honestas cuya fortuna de-
pendió siempre de su trabajo, pero por desgracia en el caso que nos ocupa, su
existencia es solamente la excepción que confirma la regla.
En épocas coloniales, sabemos que la repartición de terrenos a favor
de los encomenderos fue el inicio de un sistema que favorecía la
concentración de tierras. A diferencia de lo que ocurrió en la serranía
ecuatoriana, en el litoral el exterminio de la población autóctona dio lugar
al temprano desarrollo de estrategias para la apropiación de la mano de
obra y del excedente que éste producía, es decir, en estos territorios un
capitalismo precario dio inicio con asombrosa celeridad37 .

El agro costeño estaba compuesto por medianos propietarios, los


mismos que pronto se dieron cuenta del enorme provecho que podían
sacar del cultivo del cacao y de su exportación. No obstante, “la frontera
agrícola incorporada a la producción del cacao se restringía a los distritos
de Baba, Puebloviejo, Babahoyo y Machala”38 (Chiriboga, 1988: 61).
Vemos así, como el área que corresponde a la actual provincia de Los
Ríos, fue la principal proveedora del “Theobrama Cacao Nacional”, que
como nos lo dice Chiriboga “fue recolectado desde inicios de la Colonia
y frecuentemente enviado al Puerto de Acapulco, donde pronto comenzó
a competir con su similar de Guatemala o Venezuela” (1988: 61), esto, a
pesar de las restricciones comerciales impuestas por España a sus Colonias
en América.

De esta manera, aunque el cacao en aquel entonces no tenía una


demanda industrial intensa en las economías centrales, su cultivo y el

37 Como hoy conocemos, gracias a la observación del fenómeno del desarrollo del
capitalismo en el mundo, este sistema se basó siempre en el progreso de unos
pocos a expensas de la explotación de la gran mayoría. Es por eso que el tan
mentado “rápido progreso económico” de la costa ecuatoriana ha sido en realidad
el rápido progreso de la pobreza, la falta de educación y la salud precaria.
38 Se dice que en aquel entonces en estas regiones el cacao crecía en abundancia,
gracias a la presencia de inmensos almacigales, es decir, campos en donde la
planta crecía en forma silvestre, al punto de que un cronista de la época nos dice
que “muchos están entregados al descuido, i a los Monos, i a otros semejantes
animales, únicos cosecheros, que recogen el que aún con la incuria, en que están,
les hace producir la fecundidad de la tierra” (Jorge Juan y Antonio de Ulloa, citado
en Quintana, 1956:234).
dinero producido harían de la costa y el litoral ecuatorianos el escenario
de profundos cambios, asumidos por los actores sociales inmiscuidos de
forma distinta y en consecuencia con sus realidades. Es de este complejo
proceso histórico, que tiene como escenarios principales el río y la hacienda
cacaotera, de que hablaremos a continuación.

3.4 Período Republicano

3.4.1 El modelo agroexpor-tador y la consolidación de las


oligarquías del litoral ecuatoriano

Como quedó expuesto en el acápite anterior, la feracidad de las tierras


de la provincia de Los Ríos motivó siempre la codicia de los capitalistas
prematuros, radicados, en su mayoría, en la ciudad de Guayaquil y a
quienes pertenecían todas las haciendas de este territorio. Tras la transición
que se dio entre la convulsionada época de la Independencia y los inicios
de la época Republicana, los medianos propietarios fueron absorbidos en
un “proceso de transformación del régimen agrario que no se vacilaría en
describirlo como un violento proceso de surgimiento de la gran propiedad,
su acaparamiento en manos de un reducido núcleo y la expulsión de una
gran masa de pequeños, medianos e incluso grandes propietarios”
(Chiriboga, 1981:67).

El mecanismo más utilizado fue el de la expansión de linde-


ros, sometiendo con la violencia y la extorsión a aquellos
campesinos o dueños de tierras que quisieran resistirse 39 . Como
resultado de estas prácticas fraudulentas, para fines del siglo XIX,
el litoral era un espacio altamente monopolizado, en donde inició
un proceso que se ha mantenido más o menos uniforme hasta nues-
tros días, esto es, el hecho de
39 Se sabe que ni los terrenos de la Iglesia se salvaron de los métodos empleados por
los nuevos dueños, de los cuales incluso hoy se comenta que incluyeron escuadro-
nes de maleantes y matones a sueldo, muchos de los cuales se convertirían más
tarde en los temibles mayorales de las plantaciones cacaoteras.
que “un pequeño pero poderoso núcleo de aproximadamente 30
familias con fuertes lazos familiares entre ellos tenían en su poder más
del 70% de la tierra de los distritos cacaoteros de entonces” (Chiriboga,
1981:68).

Estas familias acostumbraban además concentrar sus propiedades


en territorios específicos, de tal manera que, por ejemplo, la familia Aspiazu
originaria de España y radicada en el Ecuador hacia 1800 llegó a poseer
unas 59 propiedades que representaban más de 100.000 hectáreas. Algo
similar ocurría con la familia Seminario40 , llamados los Reyes del Cacao,
quienes en 35 propiedades llegaron a concentrar unas 120.000 hectáreas
de su propiedad 41 . La cantidad y la excelente calidad del cacao
ecuatoriano, hizo de este producto uno de los más cotizados en el mercado
internacional. Sin embargo la esfera de circulación de los réditos de estas
exportaciones, sirvieron para consolidar aún más el modelo concentrador
que se extendió de los terrenos al capital en sí.

De esta manera se consolidó también en aquella época, otro de los


fenómenos que subsisten hasta nuestros días y es el “salto” que dieron
los primeros monopolizadores en el acaparamiento y dominio de todas
las fases del negocio exportador, convirtiéndose ellos mismos en dueños
de las bodegas de consignación, de las tiendas de intermediación y hasta
de los bancos de emisión y préstamos comerciales que fueron abriendo
sus puertas, como hemos dicho, a finales del siglo XIX (Chiriboga, 1981).

40 Como suele ser costumbre entre familias acaudaladas, éstas suelen unirse en alianzas
matrimoniales que aseguran la propiedad de sus terrenos. Lo propio sucedió con
los Aspiazu y Seminario, uno de cuyos descendientes, a la época en que se escribe
esta investigación, se encuentra encarcelado por haber participado en uno de los
atracos más grandes de la historia ecuatoriana, al haber desviado fondos de los
ahorristas del Banco del Progreso, de su propiedad, con fines de enriquecimiento
ilícito.
41 La lista de familias que inauguraron y que continúan conformando el cuadro
tristemente célebre de la oligarquía costeña ecuatoriana, se complementa con la
Según Manuel Chiriboga, este proceso de tan imbricados intereses
se realizaba bajo el siguiente proceso: “el cacao previamente secado en
los tendales de las haciendas era transportado a la ciudad de Guayaquil
en lanchas y canoas que en su mayor parte pertenecían a los mismos
propietarios. Previamente se habían enviado muestras a los agentes co-
merciales en el puerto y realizado la transacción mercantil [...] Podía ser
la misma casa de exportación del propietario la que negociaba el cacao
cosechado [...] El cacao receptado en Guayaquil permanecía pocos días
allí, pues era prontamente embarcado hacia los centros de consumo en
EEUU o Europa. Previamente había sido resecado y puesto en sacos
especiales para el transporte marítimo. Estas labores corrían a cargo de
estibadores, que bajo el nombre de cacahueros, formaban cuadrillas al
servicio de las casas de exportación [...] En este proceso los bancos
jugaban un papel importantísimo en el funcionamiento de la matriz de
acumulación al interior del sistema comercial guayaquileño y regional”
(Chiriboga, 1981: 55).

A primera vista, se podría realizar una lectura en la que este tempra-


no desarrollo del capital fuese sinónimo de progresos sustanciales.
Lamentablemente la realidad fue otra. El auge de la pepa de oro estuvo
ligado, no a un proyecto de redistribución adecuada de la riqueza ligado
a iniciativas de industrialización, sino a una minuciosa planificación que
tenía por objeto favorecer el modelo agroexportador en base al cual las
prebendas de los oligarcas se encontraban aseguradas. Era tal la magnitud
de las riquezas de los “gran cacao”, como eran llamados los oligarcas por
el común de las personas, que muchos de ellos no pisaban siquiera otras
ciudades ecuatorianas, sino que se embarcaban directamente de Guaya-
quil a París u otros destinos europeos

familia Morla, propietaria de 29 haciendas y plantaciones, los Puga con 17


propiedades, la familia Burgos con 24, los Durán Ballén con 6, los Madinya con
8, los Baquerizo Moreno con 8, apellidos todos estos fácilmente identificables por
su ingerencia en la política y en otros ámbitos de su conveniencia, gracias a la
práctica constante de la extorsión y corrupción (Guerrero, 1994).
y no precisamente con el fin de buscar mejores derroteros para el país,
gracias a cuyas tierras se habían enriquecido.

Un modelo de apropiación de excedentes tan injusto como éste no


podría, sin embargo, haberse desarrollado sin la complicidad de un marco
político mayor. De esta manera, gracias al poder del dinero, se consiguió
que las ricas tierras, propiedad de aquel puñado de familias del que ya
hemos hablado, sean delimitadas geopo-líticamente, en el año de 1860 y
bajo el mando de Gabriel García Moreno, como lo que hoy es la provincia
de Los Ríos, conformada en primera instancia por los cantones de
Babahoyo, Baba, Puebloviejo y Vinces. A los mencionados cantones les
fueron además incorporados territorios de las provincias aledañas de
Cotopaxi y Bolívar42 . Esta división territorial habría respondido también
a la idea que por ese entonces se manejaba a cerca de la creación de un
“Guayaquil Independiente”, dependiente claro está de la fertilidad de las
tierras que delimitadas como la provincia de Los Ríos, estaban llamadas
a convertirse en uno de sus distritos.

Sin embargo, la historia y sus hechos nos dan cuenta de otros


proyectos independentistas, reivindicados como parte de la historia de
los pueblos de Vinces, Baba y Palenque. Nos referimos a la revolución
de los Chapulos, realizada en contra del Presidente Caamaño, en donde
el nombre de Nicolás Infante resalta como el de un Jefe distinguido y
valiente (Barrera, 1908), reivindicado actualmente como uno de los héroes
reconocidos por los habitantes actuales de estas áreas.

Sin embargo, iniciativas como estas fueron más bien esporádicas,


pues como lo veremos más adelante, el modelo existente aseguró el

42 En el Decreto en el que se crea la Provincia de Los Ríos, en el artículo 2° se lee


“Que los cantones de Chimbo y Guaranda, están íntimamente ligados con los
precedentes [Babahoyo, Baba, Puebloviejo y Vinces] por su situación topográfica
y las necesidades de su activo y continuo comercio” (Quintana, 1956:36).
truncamiento de toda iniciativa organizacional por parte de los campesinos,
que tuviera como objetivo convertirlos en propietarios de alguna extensión
regular de territorio. Con las autoridades locales, prácticamente cooptadas
por los intereses de los poderosos hacendados, la geografía riorense,
cuya fecundidad ha sido su virtud y desengaño, se convirtió en la mina de
oro de la oligarquía de un país, en donde la historia nos ha dejado la
desdichada experiencia de saber que una tierra de oligarcas, es tierra de
nadie.

3.4.1.1 Caída del cacao y afianzamiento del modelo agro-exportador

Desde las últimas décadas del siglo XIX, hasta alrededor de 1907 el
cultivo del cacao estuvo en su apogeo43 , llegando a niveles de producción
impresionantes cuyas cifras numéricas nos hablan de decenas de miles de
quintales cosechados44 y exitosamente exportados. Sin embargo, a partir
de la primera década del siglo XX y más aún con el inicio de la Primera
Guerra Mundial, los precios del cacao caen considerablemente. Cuando
en 1924 los precios comenzaron a mejorar, ya el país no disponía de los
inmensos montos de cacao de los años previos, debido a las enfermedades
que asolaron las plantaciones de cacao, principalmente las plagas de la
monilla y la escoba de bruja (Chiriboga, 1981).

En vista de que para esa época el país se había vuelto prácticamente


dependiente del cultivo y exportación de un solo producto (el cacao
comprendía el 50% del valor total de exportaciones), no se tenía ninguna
experiencia de diversificación. Es por ello que lo que se buscó fue un
cultivo que reemplazara al cacao y que rindiese ganancias similares. Si
bien el café no llegó a tener la legendaria importancia del cacao, cumplió
sin embargo bastante bien con su cometido, gracias una vez más a
43 “Para el año de 1904, la costa ecuatoriana ocupa el rango de mayor productor y
exportador mundial de cacao” (Chiriboga, 1981:12).
44 Solamente las tierras de los Aspiazu Seminario producían entre 80.000 y 100.000
quintales de cacao por cosecha (Chiriboga, 1981).
la fertilidad de los terrenos riorenses.

Si bien el cacao no fue reemplazado por completo45 , cedió bastante


terreno a los cafetales y al palo de balsa, cuya exportación cobró
importancia en vista de que fue la materia prima principal de la que se
abasteció la industria de la aviación de guerra, durante la Segunda Guerra
Mundial. El panorama general de la política y economía en la que se
sustentaba el modelo agroexportador no varió sustancialmente, debido a
que los que antes fueron dueños de las plantaciones cacaoteras, lo eran
ahora de las cafetaleras (Nebot Velasco, 1983).

Así se mantuvieron las cosas hasta la década de los 50 del siglo XX,
en el que el país ingresa de lleno al boom bananero, gracias a la importancia
que este producto cobra en los mercados extranjeros, mira principal de
un modelo agroexportador que para esta época (y hasta la época actual)
no da ni la más mínima señal de enrumbarse hacia un proyecto de
industrialización o de mejor distribución de la riqueza.

Una vez más la provincia de Los Ríos resulta privilegiada, al ser sus
tierras aptas para el cultivo de esta fruta, en torno a la cual empiezan a
girar nuevos propietarios que entran a formar parte del mismo sistema
viciado del que la historia nos da cuenta. Sin embargo, toda esta red de
intereses tiene su anclaje en un escenario dentro del cual, es como si se
hubiese desarrollado una historia paralela, pues mientras los usufructuarios
de estas riquezas se dedicaban a despilfarrarlas, existía un grupo humano
que en cambio se dedicaba a trabajar incesantemente en esos mundos
casi desconocidos para los hacendados que fueron las plantaciones, de
cuyo modelo de trabajo hablaremos a continuación.

45 Como ya se verá en el capítulo correspondiente a economía, si bien el cultivo de


cacao no ha desaparecido por completo, se lamenta eso sí, la pérdida de aquella
variedad silvestre, cuyo aroma y textura no se repite en ninguna de las variedades
cultivadas actualmente.
3.4.2 La plantación46 y el río: escenarios de vida del campesi-
no fluminense

Al campesino, tan tempranamente desplazado y expulsado de sus


tierras, no le quedó otro remedio que seguir vinculado a ellas como
jornalero dentro de la dinámica de las haciendas que asimiló la mano de
obra de los trabajadores por medio de dos métodos: la redención de
cultivos y el peonaje por deudas o concertaje (Chiriboga, 1988).

En el primer caso, el campesino era contratado para la siembra de un


territorio determinado, con un cierto número de matas de cacao. El
sembrador realizaba todas las tareas circunscritas al manejo y cuidado de
la tierra en esta etapa de la producción, es decir, desbrozaba el bosque
tropical, limpiaba el terreno, plantaba lechu-guines, cultivaba árboles de
sombra y cuidaba del cacahual. En cuanto éste estaba en condiciones de
producir regularmente, el propietario redimía al sembrador, pagándole
una cantidad de dinero, casi siempre insuficiente comparada con el trabajo
y tiempo invertido en el cuidado del cultivo aún cuando adicionalmente
se le permitía sembrar algún otro producto que el campesino utilizaba
para ayudarse en su subsistencia. (Chiriboga, 1988).

Quienes así vivían, eran por lo general familias compuestas por un


varón cabeza del hogar, su mujer y los hijos procreados47 con ella, sin
descartar que el varón tuviera además compromisos con otras mujeres,
con las que también engendraba otros hijos. Toda esta red familiar
trabajaba en las plantaciones durante las diversas fases del cultivo. Los
varones, sobre todo, eran organizados en cuadrillas de peones48 al mando
de un

46 Si bien es cierto, las plantaciones cacaoteras, cafetaleras y bananeras guardan


diferencias en las técnicas de su cultivo, tomaremos a la plantación de cacao como
modelo para recrear la realidad de los actores sociales relacionados con ella, de-
jando las diferenciaciones técnicas para el capítulo relacionado con la dinámica
económica.
47 Como se verá en el acápite de organización social, el campesino de estas tierras
tiene, hasta la actualidad, más de una mujer e hijos.
mayoral, quien se encargaba de asignar y vigilar que las tareas sean
cumplidas y que no ocurrieran robos del tan apreciado fruto49 .

Sembradores y peones vivían entonces de la cosecha de los peque-


ños terrenos que les eran asignados y de un jornal manipulado por el
dueño de la hacienda, que se encargaba de que fuese lo suficientemente
pequeño como para que el jornalero dependiese siempre de los adelantos
o préstamos, ya sea en dinero o en la tienda de la hacienda50 .

Los campesinos de aquel entonces vivían en casas construidas de


caña, con techo de bijao y construidas sobre pilotes lo suficientemente
altos como separarlos del suelo y protegerlos del desbordamiento de los
ríos que en cada estación invernal los mantenía completamente aislados
durante meses enteros. A estas difíciles condiciones se sumaban los peli-
gros propios de trabajar en plantaciones de clima tropical, en donde los
insectos, las enfermedades y la muerte por picaduras de serpientes estaban
a la orden del día.

Debido a las destrezas que los oriundos de estas tierras desarrolla-


ron para adaptarse a este sistema de vida, a cuyas inclemencias se
enfrentaban con un machete, el garabato y su sombrero, se les rodeó de
un aura legendaria que convirtió al montubio en un personaje

48 Existía una diferencia entre sembradores y peones. Los primeros estaban directa-
mente ligados con el sistema de redención de cultivos, en tanto los peones eran
empleados asalariados encargados sobre todo de las fases de la cosecha, transporte
y secado del fruto. Sin embargo, unos y otros recibían una parcela mínima para
sembrar productos de autosubsistencia y todos se encontraban sometidos al mismo
sistema de trabajo arriba descrito (Guerrero, 1980).
49 Estos cuidados se extremaban durante las cosechas, épocas en las cuales, además
de los trabajadores solteros y casados, participaban también hijos de campesinos
desposeídos y migrantes serranos, atraídos por la esperanza de mejorar en algo
sus difíciles condiciones de vida.
50 Esta modalidad de apropiación del excedente de trabajo del jornalero campesino,
denominada concertaje fue practicada tanto en la costa como en la sierra. Para
profundizar sobre el mismo, consultar los trabajos de Andrés Guerrero: “Los
caracterizado por la exacerbación simbólica del hombre macho, que se
batía en duelos cuerpo a cuerpo hasta matar o morir51 y que podía tener
acceso legítimo a más de una mujer.

Entre la leyenda y la vivencia real, estos campesinos conocieron la


llegada de aquellos otros, serranos, cuyos códigos de vida y relación con
la naturaleza eran distintos. Como nos lo cuenta Guerrero, “con la crisis
del sistema agrario serrano, y la crisis artesanal (1870-1880), muchos
campesinos, imposibilitados de generar excedentes para cumplir con las
cargas tributarios impuestas, debieron endeudarse con los hacendados o
realizar largos viajes a la costa para escapar del tributo. La corriente
migratoria fue inmediatamente absorbida a beneficio del auge cacaotero,
produciéndose un importante incremento poblacional en el litoral
ecuatoriano” (1988: 68-69).

Los migrantes serranos que llegaban, sea para asentarse definitiva-


mente en las plantaciones o bajo la modalidad de migración estacional
durante las cosechas, tuvieron que enfrentarse a las difíciles condiciones
climáticas tan distintas a las de sus tierras de origen: Chimborazo, Bolívar,
Tungu-rahua, Cotopaxi. Y ni hablar de los modos de vida, las diferencias
en el uso del tiempo, los cambios en la dieta alimenticia y la posibilidad
del acceso a las mujeres sin las restricciones religiosas y morales de la
serranía.

Oligarcas del Cacao”, Editorial El Conejo, 1980 o “La Semántica de la Domina-


ción”, obras en las que se trata acerca del sistema de hacienda serrano.
51 Recordemos además, que dado lo inhóspito de muchas plantaciones, resultaban
refugios ideales para maleantes, ladrones y criminales que se mezclaban con los
campesinos comunes creando problemas y causando reyertas que en más de una
ocasión tuvieron saldos trágicos. Además, varios hacendados que no perdían opor-
tunidad de expandir los límites de sus propiedades por medio del uso de la fuerza,
contrataban a matones para ubicarlos en los puestos de vigilantes, mayorales o
mayordomos. Debido a las componendas que por debajo de la mesa se tenía con
las autoridades locales, puestas ahí por los mismos hacendados como vimos en el
acápite anterior, la ley jamás protegió al campesino, cuya familia y escasa tierra
solo podía ser defendida mediante una posición firme, audaz y casi temeraria.
Como nos lo dice hoy un oriundo del cantón Montalvo “ usted sabe
que se llegó porque aquí las remuneraciones eran mejores para los
trabajadores pero en cuanto a lo otro [a las costumbres] yo creo que los
serranos aprendimos muy pronto las malas costumbres de los costeños
[refiriéndose al ánimo fiestero del costeño y a sus prácticas con respecto
al acceso a varias mujeres] en cambio creo que ellos no aprendieron
mucho del serrano, que quiera que no lleva una vida un poquito más
organizada en los horarios, responsabilidad y evitarse los líos y peleas”.
Sea como fuere, la historia es rigurosa al registrar la migración sierra-
costa en estas épocas como un factor modificador decisivo en el impulso
del trabajo agrícola costeño.

El sistema básico que aquí hemos presentado no varió con la llegada


del boom bananero y las reformas agrarias de las décadas de 1960 y 1970
no llegaron a beneficiar realmente a los campesinos, sino que más bien
favorecieron para un proceso de reconcentración de tierras, que como
veremos en los capítulos pertinentes, se sigue dando hasta la actualidad.

Y es que al parecer muchas injusticias persisten a la par que otras


formas de vida más honestas y significativas van desapareciendo. Es lo
que ocurrió con el sistema económico alternativo que la población
generaba en torno al sistema fluvial aprovechado como medio de transporte
y subsistencia. Así, mientras los hijos de los propietarios de las haciendas
ubicadas en Vinces, Baba y Palenque viajaban por París y Venecia,
modificando el entorno urbano a la medida de sus nostalgias europeístas,
los balseros, lancheros, pescadores y canoeros intercalaban sus oficios
con los arduos trabajos en las plantaciones.

Por aquel entonces el río era una incomparable ventaja prestada por
la naturaleza para abaratar increíblemente los costos de transporte de los
productos que iban a ser exportados desde el puerto de Guayaquil52 . Es
por ello que la dinámica de los pueblos que vivían a orillas de la ruta
fluvial que conducía hacia la capital del Guayas, era una vía rebosante de
vida.
En primer lugar, por decirlo así, se encontraban las lanchas, cuyos
maquinistas eran considerados como auténticos capitanes de navío. A
sus órdenes se encontraban los ayudantes y cargadores que se encargaban
de acomodar los fardos que contenían cacao, además de otros productos
que salían para abastecer las demandas alimenticias locales. A su vez,
desde Guayaquil se transportaban mercancías, vestidos, novedades y
objetos suntuarios para proveer las tiendas de los diversos poblados, que
era a donde iban a parar los préstamos o el jornal de los campesinos. En
muchas ocasiones, como nos lo cuenta el señor Santiago Linton, antiguo
lanchero, el capitán de la embarcación hacía las veces de contador, correo
bancario y cartero. A él se le confiaban grandes sumas de dinero puestas
a su cuidado por los hacendados quienes veían salvaguardados sus
intereses por la honestidad del cajero improvisado, cuya misión final era
dejar la suma completa en manos del administrador de la hacienda,
quien se encargaba de repartir los jornales y adelantos.

Cuando hacía las veces de cartero, el capitán de lancha servía también


como escribano, en caso de saber leer y escribir. Por su pluma pasaron
las emociones de más de una pareja enamorada, las alegrías ante una
visita anunciada y las tristezas provocadas por la muerte, la enfermedad
y otras adversidades. El señor Linton recuerda con nostalgia que la gente
que recibía las misivas “era la más agradecida. Nunca faltaba una gallini-
ta, una piernita de puerco, unos huevitos, algún saquito con comestibles,
cualquier cosita que la gente me regalaba como agradecimiento. Por eso
la despensa de mi mujer en la casa siempre estaba llena por lo agradecida
que era la gente de los pueblos53 ”. Para el momento de dejar la carga, en
los

52 Estando los intereses de los propietarios guayaquileños circunscritos a esta zona,


nos podemos imaginar ya porqué su constante y pertinaz negativa histórica a
habilitar otros puertos marítimos de mejores condiciones naturales y que
favorecerían a la mayoría de la población ecuatoriana, como es el caso de los
puertos de Manabí o Esmeraldas, proyectos cooptados debido a los intereses de
unos pocos.
sitios de mayor caudal, se utilizaban también las gabarras o alguna canoa,
dependiendo del volumen y tipo de carga que se deseaba sortee el brazo
de río.

A este tipo de transporte, eminentemente de carga, se sumaba el de


algunas otras lanchas, pero principalmente canoas, de transporte público.
La travesía de Guayaquil a Vinces, por balsa, por ejemplo, duraba unos
cuatro días durante los cuales se navegaba de día o de noche,
aprovechando el caudal del río que aumentaba gracias a las correntadas
de la marea alta. Cuando por algún motivo la balsa se varaba, ésta era
sacada a flote por la tripulación, gracias a su destreza y a la paciencia con
que en ocasiones había que actuar, ya que se tenía que esperar que la
densidad de las aguas aminorase.

Era desde estas canoas que muchos migrantes serranos se enfrenta-


ban por primera vez al exuberante paisaje de esta parte del litoral
ecuatoriano, cuya belleza quedó plasmada de forma precisa por Luis A.
Martínez en su novela A la Costa, algunos de cuyos párrafos nos
permitimos reproducir aquí, por tratarse de una descripción, no solamente
acertada sino además testimonial:

“El paisaje con ser tan hermoso, cansaba y ya la vista. Siempre orillas
cubiertas de bosquecillos inacabables, de cacao y café; plantaciones de
plátano, de grandes hojas colgantes; o en las tierras inundadizas,
inmensas pampas de janeiro cubiertas de ganado. Las cabañas de caña
picada y cubierta de cade, tenían más o menos el mismo aspecto, y en
todas, la hamaca suspendida de los pilares de la galería sustentaba al
montubio semidesnudo y de facciones cobrizas y acentuadas. Cuando
los bogas anunciaban que se iba a pasar por delante de una hacienda,

53 También se nos informó que muchos de estos víveres servían para “ayudar” a las
autoridades que emitían los permisos para la circulación de las lanchas. Quien no
quería tener problemas con los vigilantes fluviales, debía ganarse la simpatía de
las autoridades por medio de estas “ayudas”.
Salvador abandonaba la estrecha casilla y desde la proa veía esas ale-
gres y casi aéreas construcciones de las casas de madera, típicas en la
Costa, con galerías forradas de ligeras persianas y cubiertas de zinc,
material que ha derrotado casi en lo absoluto a la teja y el cade. La
palma de coco, el mango de follaje policromo, los grupos de naranjos
cargados de frutas amarillas, el papayo que sustenta enormes frutas y
los rústicos cenadores cubiertos por trepadoras badeas rodeaban con
la pompa de follajes varios, esas pintorescas y riquísimas haciendas
[...] A la vera de las aguas azules, y atadas a los pequeños y rústicos
muelles flotantes fabricados del esponjoso palo de balsa, las canoas de
varios tamaños indican que en esas regiones la ligera embarcación es
indispensable” (Martínez, 2003:148-149).

En efecto, gracias a las canoas muchos campesinos podían movili-


zarse, realizar pequeños trueques o ventas para mejorar su economía y
se abastecían también de los productos del río, variedades de peces
abundantes en esa época y que, como nos lo cuenta un pesquero, llenaban
las canoas de “viuda, dama, ratón, bocachico, un montón, en cantidades,
que vendíamos en el mercado y que llevábamos a la casa también”.

Al igual que las canoas, las balsas también aprovechaban las


correntadas y mareas54 para “rodar” de un punto a otro. Los balseros
eran campesinos que intercalaban sus labores en la hacienda con el
transporte de madera, objetivo principal de la construcción de balsas, las
mismas que según el Señor Zacarías Tapia, antiguo constructor y conductor
de este medio de transporte, eran construidas por los mismos balseros,
utilizando palo de balsa que era mezclado con troncos de pechiche, moral,
samán, es decir “se mezclaba maderas que se van a pique con otras que
floten”.

54 Las balsas corrían al impulso de la marea, es decir conforme a la crecida del río.
Seis horas de creciente y seis horas de vaciante. Durante las horas de vaciante las
balsas no podían circular por falta de corriente. Durante las horas de creciente el
impulso compensaba el tiempo perdido. No existían horas fijas. Todo dependía de
las crecidas del río por lo que cada travesía era azarosa.
Una balsa tenía unas seis varas de ancho por quince o hasta veinte
varas de largo y se podían cargar entre 150 hasta 200 o 220 tucos de
madera, las cuales eran transportadas hasta Guayaquil, en
una travesía que duraba entre cuatro y cinco días, a los que se sumaban
los tres días que demoraba cargar una balsa de este tipo. En total cada
cargada y envío tomaba una semana entera de trabajo. Como nos lo dice
el Sr. Tapia “un flete de madera costaba 200 sucres el viaje. Después se
pagaba a 1.500 sucres y a la época en que desaparecieron ya casi las
balsas, se pagaba unos 10 o 15 dólar por el flete”.

La tripulación de una balsa estaba compuesta por tres personas “el


piloto era siempre el más experimentado, el que sabía cabecear la balsa.
Se timoneaba con el guaro que es una caña larga que se le hace una boca
de ocho o nueve nudos, según la caña y que servía para poder dirigir la
balsa. Los que no conocían el río iban en popa. Cuando ya se conocía el
río, se trabajaba adelante, en la cabeza de la balsa”.

Debido al tipo de carga y a lo azaroso el viaje, no se llevaban pasajeros


en estos medios de transporte, como tampoco otro tipo de productos, a
menos que fueran pequeños racimos de plátanos o alguna otra encomienda
corta llevada por los balseros, más a la manera de un favor. La alimenta-
ción durante los días del viaje estaba a cargo de los mismos tripulantes,
que se las ingeniaban para armar un pequeño fogón en el que se cocinaba
arroz “con algún acompañado como gallina o algún pescado que se cogía
ese rato y se asaba enseguida. Se llevaba anzuelo y se cogía bagre, barbudo
para comer”. Para guarecerse de las inclemencias del tiempo durante el
invierno se utilizaba a lo sumo un plástico y para dormir en verano, bastaba
el cobijo del cielo y la luna, eso sí, tomando las debidas precauciones
antes de tenderse a descansar, pues las culebras camufladas entre los
troncos podían llevar a cualquier balsero a dormir su sueño final.

De esta forma se ganaron la vida una gran cantidad de oriundos de


estas zonas, hasta que la llegada de las carreteras dejó insubsistentes
estas formas de transporte, a pesar de que en muchos casos resultaban
más seguras, menos costosas y más viables. Entre las razones que
alentaron la desaparición de las lanchas, canoas y balsas, el Señor Linton
nos dice “es que a los hacendados y a los dueños de los productos ya no
les convenía pagar cuadrillas o mantener lanchas55 . Para ellos era más
fácil mandar por la carretera y no lidiar con nadie, máximo con el chofer.
Entonces la gente ya no tuvo en que trabajar y algunos servían como
cargadores o se iban a trabajar de estibadores a Guayaquil. Muchísima
gente se empobreció todavía más. La pobreza aumentó, usted no se
imagina como y hasta ahora no se han podido recuperar. Todo va de mal
en peor y de lo que fue el río en estos lugares, solo ha quedado los re-
cuerdos que le cuento...”.

3.5 Época Contemporánea

Como lo expresamos anteriormente, la estructura de acumulación


capitalista precaria del modelo agroexportador, no ha variado desde hace
casi dos siglos. Los que sí se han modificado hasta cierto punto, son los
escenarios dentro de los cuales se generaron las estrategias de vida tan
tajantemente marcadas entre los poseedores de la riqueza y los que casi
nada tienen. Es así, como tras la decadencia del cacao, el banano provocó
el auge y la aparición de uno o dos nombres nuevos agregados a la lista
de los terratenientes ya conocidos. Estos nuevos ricos empezaron a
explotar las tierras más aptas para el cultivo de banano, talando gran
parte de los mangles naturales que hasta entonces fueron parte del paisaje
de los cantones Quevedo, Buena Fe y otras zonas que hasta ese momento
constituían una reserva de especies endémicas y vida silvestre, sacrifica-
das a favor del nuevo rey de los cultivos: el banano (Quintana, 1988).

55 Como ya vimos en el acápite anterior, el hacendado procuraba tomar parte de


todas las fases de la producción, incluyendo el transporte. Por ello estas lanchas,
canoas y balsas de las que hemos hablado le pertenecían a los dueños de las
haciendas. De ellos dependía todo el sistema de transporte, el manejo de las auto-
ridades del mismo, siendo muy difícil para un campesino o pesquero hacerse de la
propiedad de una canoa.
El nuevo producto requirió de una modificación en los procesos de
su crecimiento y cosecha, por lo que las nuevas plantaciones incorpora-
ron maquinaria e infraestructura para la limpieza, empaque y recolección
de los racimos, así como también requirieron de otras inversiones para su
almacenamiento, transporte y carga56 . Sin embargo, a pesar de estas
innovaciones técnicas, la vida dentro de las plantaciones bananeras no
varió mucho para los jornaleros y campesinos. Si bien es cierto, con el
advenimiento de las dos reformas agrarias de las últimas décadas del
siglo XX, se eliminó el concertaje, no se favoreció verdaderamente la
repartición de tierras en forma justa entre los habitantes del campo, quienes
en su mayoría terminaron siendo reabsorbidos por un nuevo proceso de
acaparamiento de la tierra, del que trataremos en los párrafos
subsiguientes.

Este precario modo de vida ha ido empeorando a la medida en que


el modelo económico y político en general, promueve el consumismo,
exacerbando las necesidades de los núcleos familiares dedicados a la
subsistencia agrícola. Es por ello que quienes de alguna manera han podido
beneficiarse de estas políticas son aquellos que lograron vincularse a
ciertas actividades comerciales. En este sentido, se destaca dentro de la
historia contemporánea del cantón Quevedo, la presencia de la población
asiática que se asentó en esta zona a partir del año 1920, procedente de la
provincia de Quantug – China (Quintana, 1988).

Se sabe que muchas de estas familias lograron amasar fortunas


considerables gracias a su habilidad comercial, logrando el montaje de
amplias tiendas, ferreterías e inclusive el equipamiento de fábricas de
productos alimenticios, así como también pudieron adquirir plantaciones
bananeras, a las cuales dotaron de una infraestructura famosa en la zona
por lo completa y tecnificada (Cornejo, 1960; Quintana, 1988).

56 De este proceso se dará cuenta con mayor detalle en el capítulo correspondiente a


economía.
Estos nuevos actores sociales, de quienes tendremos mayores
antecedentes en el capítulo correspondiente a la organización social de
Los Ríos, fueron testigos y partícipes de los principales eventos de la
historia contemporánea de esta provincia, los mismos que siempre
estuvieron ligados a la esperanza de los pobladores de conocer días
mejores. Nos referimos al proceso de reivindicaciones geopolíticas
promovidas con el fin de obtener parroquializa-ciones y cantonizaciones.

Aunque no siempre estos procesos llegan a beneficiar al grueso de la


población, es parte de nuestra tarea investigativa consignar el sentir de
los pobladores, quienes creen todavía que con ciertas asignaciones pre-
supuestarias acaso se pueda paliar en algo la situación general de pobreza,
carencia de sistemas de educación, higiene y salubridad en medio de la
cual se debate la mayoría de la población riorense.

Como ya podremos observar, tras este sucinto recorrido por los


contextos históricos de la provincia de Los Ríos, muchas de las realidades
que a continuación revelan las páginas de esta obra tienen asidero en la
herencia histórica de esta zona que nos confirma lo que algún joven
pensador anónimo plasmó en una pared ecuatoriana: “rico país de pobres,
pobre país de ricos”. u
4. ECONOMÍA

4.1 Aspectos generales

En toda sociedad humana la obtención de medios económicos está


sustentada en un proceso productivo, donde los seres humanos, valiéndose
de los recursos disponibles en el medio natural, elaboran determinados
conocimientos y prácticas tecnológicas como estrategia necesaria para
asegurar su subsistencia.

En la provincia de Los Ríos, este proceso productivo ha estado


circunscrito, históricamente, a la agricultura, la ganadería, la pesca, la
industria y, en menor medida, la artesanía. Dentro de estas actividades,
ha sido la labor agrícola la de mayor importancia en la región, no sólo
por la calidad de las tierras –cuya riqueza deviene de un milenario proceso
de erosión de las montañas en la sierra del país, erosión que fue arrastrada
por los ríos, depositándose materiales orgánicos a través de la crecidas
de éstos fuera de sus cauces, con lo que se enriqueció notablemente la
calidad del suelo, pasando a ser el escenario de extensas plantaciones57 -
sino por el número de agricultores que se han visto involu-crados en esta
actividad. En efecto, según las cifras del Ministerio de Agricultura, el
94.5% de la población económicamente activa de la provincia está
dedicada a las faenas del campo (MAG, SICA, 2003).

57 Es quizá debido a la calidad de las tierras que los grandes hacendados han busca-
do con “ansia” poseerlas. Como veremos más adelante, la mayor parte de la super-
ficie agropecuaria se encuentra en manos de estos terratenientes.
Lamentablemente, pese a que plica el cuidado de las reses o chan-
la provincia es una de las más ri- chos -principales especies
cas en el ámbito agrícola, la po- pecuarias de la provincia- pero,
blación, en general, vive bajo con- sobre todo, por los bajos precios
diciones económicas precarias. que el intermediario paga por ellas
Ocurre que los grandes hacenda- en el mercado. Como veremos más
dos, dueños de la mayor parte de adelante, el número de cabezas de
la tierra, reinvierten el dinero pro- ganado vacuno se ha reducido en
veniente de las exportaciones agrí- un 69.75%, al pasar de 168.883 en
colas en otros lugares del país o el año 1974, a 117.803 en el año
en el exterior, dejando a la provin- 2000 (INEC, MAG, SICA, 2002).
cia sin mayores posibilidades de
crecimiento económico. Por otro La pesca también es otra acti-
lado, además del alto grado de vidad que ha experimentado un
polaridad en la estructura agraria, descenso crítico a lo largo de la
la comercialización agrícola a provincia pues, pese a que el río
manos de intermediarios que im- bordea la mayoría de cantones, su
ponen los precios de los produc- contaminación, provocada por la
tos a su conveniencia, constituye descarga de toda clase de desper-
un elemento que perjudica terrible- dicios, así como el uso indiscrimi-
mente a los pequeños productores. nado de la dinamita en la captura
Algunos de ellos, a consecuencia de los peces, a partir de mediados
de esta situación, se han visto del siglo XX, ha provocado que
obligados a vender sus terrenos o éstos desaparezcan paulatinamen-
emigrar a las ciudades en busca de te de su hábitat natural, perjudican-
algún empleo que les permita do de paso la actividad de los
mejorar sus ingresos económicos. pescadores artesanales que antaño
solían obtener importantes ingre-
En cuanto a la ganadería, si sos económicos.
bien ésta constituye una actividad
que se efectúa como complemen- Con respecto a la industria,
to de la agricultura, su importan- cabe mencionar que Los Ríos,
cia ha decaído en los últimos años además de grandes pero contadas
debido a los altos costos que im-
empresas vinculadas a la industria A continuación detallaremos
alimenticia -La Oriental, por ejem- los principales aspectos de la eco-
plo- posee medianas empresas de- nomía esbozados hasta el momen-
dicadas al procesamiento de pro- to, como contexto general para
ductos agrícolas para consumo in- comprender los rasgos más carac-
terno, así como negocios familia- terísticos de la cultura popular
res de capital reducido que han fluminense.
incursionado en el ámbito de las
artesanías de servicios como la
elaboración de pan, la fabricación 4.2 Estructura agraria pro-
de bloques para la construcción, la vincial
hojalatería y la cerrajería, entre las
más importantes. La presencia de un número
reducido de latifundistas que aca-
paran la mayor parte de la superfi-
Finalmente, la actividad
cie cultivable, frente a un número
artesanal58 constituye una labor de
mayoritario de pequeños produc-
menor importancia en la provincia,
tores que concentran un mínimo
no sólo debido a la escasez de
porcentaje de dicha superficie,
talleres artesanales, sino también constituye una característica co-
de objetos artístico-utilitarios ela- mún a lo largo del litoral ecuato-
borados tradicionalmente por la riano.
población. Como veremos más
adelante, en Los Ríos predominan Particularmente, si considera-
grupos de artesanos de origen mos el tamaño de las Unidades de
manabita o serrano, dedicados a la Producción Agropecuaria en la
fabricación de monturas o de gui- provincia de Los Ríos, tenemos
tarras. que, actualmente, alrededor de
35.200 familias poseen propieda-
des inferiores a 5 hectáreas,

58 Por actividad artesanal entendemos el proceso de elaboración, predominantemen-


te manual, de objetos artístico-utilitarios por parte de artesanos que han aprendido
este oficio de generación en generación.
concentrando apenas el 24% de las tierras de uso agropecuario
(Informativo Riorense, 31 de octubre de 2003: 12). Nos referimos a
los pequeños productores que emplean fuerza de trabajo familiar
para la producción de cultivos de ciclo corto para autosubsistencia

Al otro extremo, 6.200 familias con propiedades de hasta 46


hectáreas, por un lado, y 322 familias con terrenos de 473 hectáreas
promedio, por otro, acaparan el 45.5% y el 30.4% de la superficie
cultivable (Ibíd.). Se trata, en el primer caso, de medianos produc-
tores que han tecnificado sus terrenos para la producción de cultivos
permanentes o mixtos; y, en el segundo, de grandes productores
dedicados a la producción de cultivos para exportación.

El problema de la distribución desigual de la tierra se mantiene en


la actualidad pese a la aplicación de medidas de reforma agraria pues,
si bien la provincia experimentó un proceso de parcelación de las
grandes haciendas, los campesinos que se vieron beneficiados de esta
medida “o accedieron a malas tierras o no las tienen en condiciones
que permitan cubrir sus necesidades de vida” (Quintero y Silva, 1995:
30).

Esta problemática se torna crítica cuando consideramos que los


pequeños productores, además de concentrar la menor parte de su-
perficie cultivable, tienden a parcelar cada vez más sus terrenos por
efecto de las herencias sucesivas. Mientras los grandes y medianos
hacendados adquieren sus propiedades a través de la compra-venta,
el pequeño productor recurre al sistema hereditario para poder obte-
ner un pequeño pedazo de terreno que, o bien es subutilizado en
detrimento de su capacidad productiva, o bien es vendido a los grandes
latifundistas para quienes terminan trabajando como jornaleros. Al
respecto, Gina Quintana, promotora de la Unión de Organizaciones
Campesinas de Quevedo, menciona:
“La única forma para que los campesinos puedan tener un pedazo
de terreno es esperando la herencia de sus padres. Cuando se casan
generalmente el padre les cede un pedazo de tierra a la pareja; pero
sólo cuando el padre muere pasa a ser repartido legalmente. Por eso
también hay conflictos, los hijos se pelean por las mejores tierras.
El problema es que a veces estas tierras son subutilizadas; otras veces
pasan años de años sin titulación. Ese es otro problema, la falta de
titulación de las tierras es muy común. Por eso los grandes hacendados
se han logrado posesionar de las tierras campesinas; los dueños de las
haciendas ofrecen precios tentadores para que el pequeño productor
venda sus tierras que están colindando con las haciendas. Luego el
campesino, con el paso del tiempo, se convierte en jornalero, trabaja
para el hacendado ganando un jornal que a duras penas les alcanza
para sobrevivir”.

La existencia de grandes propiedades en manos de medianos o


grandes productores, seguirá siendo la regla mientras su poder eco-
nómico les posibilite adquirir nuevas tierras para su beneficio parti-
cular. Entre tanto, los pequeños propietarios empiezan a buscar
estrategias para complementar sus limitados ingresos económi-
cos, empleándose en el sector terciario de la economía como albañi-
les, vendedores ambulantes o “tricicleros”.

4.3 Agricultura

Considerada como el “granero del país”, la provincia de Los Ríos


cuenta con una extensión de 637.307 hectáreas aptas para la actividad
agropecuaria, valor que representa el 88.9% de su superficie total
(INEC, MAG, SICA, 2002). La producción agrícola está dirigida prin-
cipalmente a monocultivos de ciclo corto como el arroz, maíz amari-
llo y soya, así como a plantaciones de cacao, banano, palma africana
y maracuyá, entre otras. En total esta producción alcanza el 68,51%
CUADRO II. CULTIVOS DE LA PROVINCIA DE LOS RÍOS
POR NÚMERO DE HAS.

Productos Hectáreas cultivadas


Cultivos transitorios 264.152
Arroz 130.655
Maíz duro seco 78.019
Soya 52.289
Otros transitorios 3.189
Cultivos permanentes 172.535
Cacao 58.572
Banano 50.419
Palma africana 25.395
Maracuyá 18.553
Otros permanentes 19.596

Total 436.687

Fuente: Proyecto SICA, INEC, MAG. III Censo Nacional Agropecuario. Los
Ríos: resultados provinciales y cantonales. Quito: SICA, INEC, MAG, 2002.
Pág.16.

Dentro de los cultivos permanentes, el cacao ha ocupado, históri-


camente, el primer lugar de importancia. Conocido como la “pepa de
oro”, el cacao de aroma fue el primer producto que contribuyó a la gene-
ración de divisas para el país durante la segunda mitad del siglo XIX así
como al enriquecimiento de familias terratenientes que, empleando mano
de obra asalariada para la producción, lograron introducir el capitalismo
en el agro desde épocas tempranas. El cacao constituyó una importante
fuente de riqueza durante más de 30 años, sobre todo en la zona de
Vinces, Babahoyo, Palenque, Baba, Pueblo Viejo y Ventanas (Rizo, 2002).
Con el aparecimiento del mal endémico “escoba de brujas”, que a inicios
del siglo XX arrasó con todas las plantaciones cacaoteras del Ecuador, el
cacao fue sustituido por la producción de café y, posteriormente, de
banano59 . En la actualidad, los Ríos se posiciona como la primera
productora de cacao en el Ecuador, ocupando el 28% de la superficie
cultivada a nivel nacional (Ibíd.); su producción se extiende principalmente
en Ventanas, Mocache, Montalvo, Buena Fe y Valencia (SICA, INEC,
MAG, 2002).

El banano, por su parte, sobresale como el principal producto de


exportación de la provincia. Ocupando el 7.91% de la superficie
agropecuaria, las grandes propiedades bananeras se sitúan en Valencia y
Buena Fe, hacia el norte; y Ventanas, Pueblo Viejo, Baba y Babahoyo,
hacia el centro sur (Ibíd.).

Anteriormente la mayoría de pequeños productores cultivaban banano


en sus propiedades; sin embargo “las nuevas condiciones de desarrollo
capitalista ocasionaron el abandono creciente de la producción bananera
por parte de miles de campesinos, dada su imposibilidad de competir con
unidades modernizadas” (Quintero y Silva, 1995: 23). En efecto, las
grandes propiedades bananeras muestran los mayores niveles de
tecnificación en la provincia (SICA, 2002), situación que si bien ha
permitido mejorar los estándares de calidad del producto para la
exportación, ha incidido negativamente en los niveles de rentabilidad del
pequeño productor que carece de estos recursos tecnológicos para
competir en el mercado. En la actualidad “sólo se mantienen reducidos
grupos de campesinos en la producción bananera, excepcionalmente be-
neficiarios de rentas diferenciales, mientras la gran mayoría ha

59 Sobre la época cacaotera en la provincia de Los Ríos, véase capítulo correspon-


diente a Historia.
optado por la venta de su fuerza de trabajo” (Quintero y Silva, 1995:
23).

Otro cultivo de gran importancia en la provincia, es el de la palma


africana. Destinada a la industria de aceite comestible, la palma africana
está a manos de medianos y grandes productores cuyas propiedades se
localizan principalmente en la zona de Buena Fe, Valencia y Quevedo
(INEC, MAG, SICA 2002). Por lo general, los palmicultores contratan
mano de obra barata para llevar a cabo el proceso de mantenimiento de la
planta, así como de la extracción del aceite “en bruto” para su
comercialización a las empresas industriales.

Finalmente, dentro de los cultivos permanentes, el maracuyá


sobresale como el producto de mayor proyección comercial, destinán-
dose actualmente para la elaboración industrial de jugos o extractos de
exportación. Las plantaciones de maracuyá se extienden en Vinces,
Quevedo y Baba (Ibíd.).

En lo que a cultivos de ciclo corto se refiere, la provincia de Los


Ríos se destaca como la principal productora de maíz amarillo en el
Ecuador. Con un alto componente de participación de pequeños
productores, pero con el 80% del área sembrada a manos de medianos
propietarios, la actividad maicera se desenvuelve principalmente en los
cantones centrales de Palenque, Ventanas, Mocache y Vinces (Ibíd.). Más
que un producto destinado al auto-consumo, el maíz se cosecha para
venderlo a empresas dedicadas a la elaboración de balanceados de aves,
pollos o cerdos.

Las zonas bajas de la provincia están dedicadas al cultivo de arroz,


siendo los cantones de mayor superficie sembrada Baba-hoyo, Baba,
Montalvo, Ventanas y Vinces (Ibíd.). El arroz ocupa el mayor porcentaje
del área agro-pecuaria de la provincia; sin embargo, problemas como la
alta es-tacionalidad del cultivo, el manejo inadecuado de excedentes, y la
escasez de recursos para siembra, secado, almacenamiento y comer-
cialización, provocan que el precio de esta gramínea sea muy variable, en
perjuicio de la estabilidad económica del sector arrocero.

Un último cultivo de trascendencia en la provincia Los Ríos es la


soya, destinada a las industrias alimenticias o al procesamiento de aceites.
En manos de pequeños productores, el cultivo de la soya se extiende
principalmente en los cantones de Babahoyo, Valencia, Montalvo,
Ventanas y Quevedo, alcanzando el 8.2% de la superficie agropecuaria
(Ibíd.).

Con respecto al sistema de producción dentro de las unidades agrícolas


campesinas, cabe mencionar que si bien éstas son atendidas por las propias
familias bajo normas establecidas de división sexual del trabajo60 , la con-
tratación de mano de obra para llevar a cabo ciertos procesos producti-
vos es generalizada. A diferencia de la región serrana, donde el sistema
de “presta manos” aún persiste, la provincia de Los Ríos se caracteriza
por la presencia de familias campesinas que trabajan individualmente,
requiriendo de vez en cuando la contratación de peones para las labores
de limpieza, mantenimiento o cosecha. Según el señor Felipe Cabezas,
Presidente del Seguro Campesino del recinto Costa Azul, en Valencia,
cada familia se concentra en su propia parcela, debido a los cuidados que
exige cada cultivo en determinadas épocas del año: “si mi hermano me
ayuda en la limpieza o la siembra de mis cultivos, está arriesgándose a
perder los suyos porque descuida las labores de su propiedad. O sea, hay
épocas exactas para la limpieza o la siembra que no podemos descuidar
ni un segundo. Entonces mi hermano trabaja en su parcela, yo en la mía;
él contrata gente para su parcela, yo contrato para la mía” (comunicación
personal, 2003).

Con relación al uso del suelo, una de las advertencias que hacen los
campesinos es el desgaste de la tierra provocado por siembras continuas
durante largos períodos de tiempo. Anteriormente, el sistema de descanso
o barbecho era común para mantener la fertilidad natural del suelo; ahora,
en compensación al sistema intensivo de
60 Para una mayor profundización sobre la división sexual del trabajo al interior de
las unidades domésticas, véase capítulo referente a Organización Social.
siembras, el uso de fertilizantes o abonos constituye una práctica común
entre los campesinos que tienen la posibilidad económica de acceder a
éstos.

Sobre el calendario agrícola por el cual se rigen los agricultores,


debemos mencionar ciertas advertencias que, probadas por la experiencia,
han permitido llevar a cabo los procesos de preparación del suelo, siembra,
mantenimiento y cosecha de los productos agrícolas; una de ellas tiene
que ver con el régimen de lluvias: “el arroz debe sembrarse a la venida de
las lluvias, mientras que la soya es preferible sembrarla en época de
verano”, nos comenta un informante. Otra advertencia se relaciona con
el estado de la luna: “todo depende de cómo esté la luna. Que nunca se le
ocurra sembrar en luna llena; siempre hágalo en época de menguante”.
De acuerdo a este tipo de testimonios recopilados en el campo, a
continuación presentamos el calendario agrícola empleado por los
campesinos para el proceso productivo de los cultivos de ciclo corto:

CUADRO III. CALENDARIO AGRÍCOLA DE LA


PROVINCIA DE LOS RÍOS

MESES
CULTIVO FASE AG SE OC NO DI EN FE MA AB MA JU JU
Siembra
MAÍZ Labores
Cosecha
Siembra
ARROZ Labores
Cosecha
Siembra
SOYA Labores
Cosecha
El análisis de la actividad agrícola en la provincia de Los Ríos, no
puede dejar de hacerse si no tomamos en cuenta la esfera de la
comercialización. Como ocurre en otras provincias del país, el agricul-
tor, dueño de pequeñas o medianas propiedades, se vale del intermediario
o la cadena de intermediarios para vender sus productos en el mercado.
Sea por la falta de transporte para movilizar sus cosechas o por simple
desconocimiento de las reglas de funcionamiento del mercado, el campe-
sino se ve obligado a recurrir a este personaje que, por lo general, impo-
ne los precios de los productos muy por debajo del valor real, cancelan-
do el dinero que le corresponde al campesino “a cómodas cuotas”, esto
es, luego de uno o dos meses de haber adquirido la producción.

Por lo general el intermediario, dependiendo del tipo de cosecha, se


ingenia una serie de mecanismos para obtener mayor ventaja económica,
en perjuicio del productor. En el caso del maíz, por ejemplo, es común
que el intermediario acopie buena parte del producto para venderlo a
las industrias avícolas en épocas de escasez: “a nosotros los intermedia-
rios nos pagan por el maíz los precios que ellos imponen. Cuando esca-
sea, como ellos han almacenado gran parte, lo sacan a vender a precios
más altos”, nos comenta un informante.

Otro mecanismo empleado por el intermediario es el uso de balanzas


falsas, principalmente cuando de productos no perecibles como el arroz
o el maíz, se trata: “el campesino busca quien le pague un realito más;
hay quienes ofrecen un poco más pero en cambio le pesan el producto en
balanzas falsas, perjudicando finalmente al campesino” (Mario Bite, co-
municación personal, 2003). En el caso de productos perecibles, en
cambio, el intermediario impone los precios que a él le parecen conve-
nientes condicionando al productor a escoger entre dos alternativas: o
venden sus cosechas, o se quedan con ellas hasta que se pudran.

Finalmente, una estrategia que adopta el intermediario es oficiar de


prestamista del agricultor, quien, con la obligación de pagar
una deuda contraída con anticipación, inexorablemente le debe entregar
su cosecha a precios irrisorios. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de
las grandes empresas de intermediación instaladas por las compañías
bananeras, las cuales ofrecen préstamos al pequeño agricultor, a cambio
de controlar la calidad del banano producido por éste y comercializarlo
“descontando el valor del préstamo”; al respecto, un informante mencio-
na: “Si un pequeño o mediano productor no tiene dinero para solventar
los gastos, viene la compañía intermediaria, le presta pero con la condición
de que ellos se hacen cargo de la fruta. El campesino coge ese préstamo,
arregla mejor su plantación, compra abono, coge personal. Entonces
aumenta tanto el volumen como la calidad del banano. Pero ahí llegan los
ingenieros de la intermediaria que luego de revisar la calidad, se llevan la
producción. Si el guineo está a buen precio, por ejemplo a cinco dólares,
ellos pagan tres porque con el resto cobran la deuda que el campesino les
debe... Entonces ahí es cuando los grandes intermediarios hacen harta
plata”.

La problemática de comercia-lización, traducida en la imposición de


precios por parte del intermediario, se agrava cuando consideramos que,
hasta el momento, no existe una entidad gubernamental que se encargue
de regular los precios en el mercado61 . Por otro lado, las líneas de crédito,
los programas de asistencia técnica o los cursos de capacitación impulsa-
dos desde las instancias gubernamentales, son sumamente limitados a lo
largo de la provincia, tal como consta en el último censo agro-pecuario62 .
Al respecto Pedro Rosero, subdecano de la Facultad de Ciencias Agra-

61 Aunque quizás esto no es posible por cuanto vivimos en una economía de mercado
donde todo queda supeditado a las leyes de la oferta y la demanda, típicas de la
economía de mercado.
62 En efecto, únicamente el 6.32% de los productores agropecuarios, que suman
alrededor de 76200 personas ha recibido asistencia técnica, y sólo el 16% ha reci-
bido crédito. De estos porcentajes, son las entidades privadas las que mayor apoyo
han dado a los campesinos. Véase: MAG, SICA. El productor agropecuario y su
entorno. Quito: SICA, 2003.
rias de la Universidad de Quevedo, menciona: “aquí en el Ecuador no
hay una política de desarrollo agrario donde se apoye verdaderamente al
agricultor, sea con crédito o con capacitación. Si se apoyara al agricultor
con esto, en algo se mejoraría su situación. Pero no, el único que siempre
tiene las de ganar es el intermediario” (comunicación personal, 2003).
Por ello, los pequeños agricultores se ven obligados a emigrar a las
ciudades para emplearse como albañiles, vendedores ambulantes o
“tricicleros”, configurando un panorama bastante desalentador con
respecto a la economía familiar campesina: el agricultor, además de ex-
perimentar un proceso de desarraigo con la tierra, percibe ingresos eco-
nómicos limitados que en nada mejoran su calidad de vida.

4.4 Ganadería

Aunque la ganadería es considera una actividad complementaria a la


agricultura, la provincia de los Ríos ha experimentado un proceso
paulatino de disminución de su producción63 debido no sólo a los altos
costos que implica la crianza del ganado, sino, principalmente, a los bajos
precios que, en la actualidad, el intermediario paga por la compra de
cada cabeza.

En una visión general, la provincia cuenta con un total de 201.784


cabezas de ganado, distribuidas, según la especie, de la siguiente manera:

63 Desde 1974 hasta el año 2000, el número de cabezas de ganado vacuno se redujo
en un 69.75%, al pasar de 168.883 a 117.803. Véase: INEC, MAG, SICA. III
Censo Nacional Agropecuario, Volumen 1. Quito: Proyecto SICA, 2002.
CUADRO IV. CABEZAS DE GANADO POR ESPECIE
EXISTENTES EN LOS RÍOS

Especie Cabezas

Vacuno 117.803
Porcino 58.251
Caballar 19.586
Mular 3.257
Asnal 1.438
Caprino 826
Ovino 603
Llamas 20
Alpacas 7

Total 201.784

Fuente: Proyecto SICA, INEC, MAG. III Censo Nacional Agropecuario. Los Ríos:
resultados provinciales y cantonales. Quito: SICA, INEC, MAG, 2002. Pág. 17.

La crianza de ganado vacuno, principalmente de carne y en menor


medida de leche, se efectúa en grandes propiedades situadas al sur de la
provincia como Babahoyo, Vinces, Baba y Palenque. Según los datos
censales, más del 70% del ganado vacuno se registra en UPAS superio-
res a 50 hectáreas (SICA, INEC, MAG, 2002) donde, como es obvio, los
propietarios de las haciendas tienen la posibilidad de invertir grandes
capitales para el mejoramiento del hato ganadero. Por lo general la carne
se destina al mercado provincial, mientras que la leche se la comercializa
en Guayaquil para una planta pasteuri-zadora de esa ciudad.

Cabe mencionar que los pequeños productores, cuando les es posible,


se dedican a la crianza de una o dos cabezas de ganado vacuno como
estrategia para obtener ingresos extras a la agricultura. Sin embargo, la
falta de recursos para el mantenimiento de las reses, así como los bajos
precios que se paga por ellas en el mercado, ha impedido que esta actividad
se desarrolle favorablemente al interior de las pequeñas parcelas: “todos
los campesinos tenían su vaquita. Ahora son pocos los que se dan ese
lujo debido a que les resulta carísimo comprar una res para luego venderla
a 50 o a 100 dólares, en el mejor de los casos” (Ingeniero Pedro Rosero,
comunicación personal, 2003).

Por otro lado, en zonas donde la crianza de ganado vacuno es


considerada un “lujo”, como ocurre en el recinto Pechiche del cantón
Mocache, los campesinos organizan rifas o partidos de fútbol para obtener
como premio una vaca. El precio de la misma se recupera por medio de
la venta de boletos o entradas; de esta manera, además de fomentar la
camaradería, esta estrategia permite que el campesino obtenga un ingreso
extra para su familia.

Como hemos visto, las malas condiciones económicas del pequeño


campesino así como su falta de capital, le impiden incursionar con éxito
en la actividad ganadera mayor, ingeniándose ciertas alternativas para
poder acceder, al menos, a una o dos reses. Esta situación es algo distinta
cuando nos referimos al ganado porcino ya que su producción se efectúa
sobre todo en pequeñas propiedades.

Según el último censo agro-pecuario, más de la mitad de las cabezas


de porcinos (57.6%) se produce en UPAS inferiores a 10 hectáreas (Ibíd.)
lo que demuestra una tendencia mayoritaria del pequeño productor por
complementar sus actividades agrícolas con la cría de puercos para la
venta. Anteriormente, el cantón Valencia era considerado como el mayor
productor de porcinos; sin embargo, esta actividad se vio afectada por la
reducción considerable del “precio por cabeza” en el mercado, según nos
comentan nuestros informantes64 . En la actualidad, las zonas de mayor
producción de porcinos son Babahoyo, Vinces, Baba, Mocache y
Ventanas.
Finalmente, la producción de ganado caballar es común a lo largo de
la provincia, debido a que éste es considerado como un medio
indispensable de transporte para los trabajos de la finca65 . El 55.5% de
los caballos se ubican en UPAS de entre 10 hasta 50 hectáreas (Ibíd.), lo
que muestra una mayor tendencia del mediano productor por emplear
este tipo de ganado en las actividades del campo.

4.5 Pesca

Siendo el río un recurso natural que bordea a la mayoría de centros


poblados, no es difícil presuponer que, además de la actividad
agropecuaria, la pesca sea en una actividad económica más -aunque ahora
en decadencia- de la provincia.
Como manifestamos en el capítulo anterior, hacia finales del siglo
XIX el comercio provincial giró en torno al río como principal vía de
comunicación para el transporte de productos agrícolas, víveres, abarrotes,
etc.66 Para ese entonces el río era más caudaloso, constituyéndose en el
hábitat de una gran cantidad de peces que el “pesquero”67 , en sus pequeñas
canoas a remo o a motor, capturaba para su comercialización.

La actividad del pesquero demoraba aproximadamente doce horas.


Alrededor de las seis de la tarde, en días de luna oscura, las embarcaciones
se alistaban para ingresar río adentro bajo el mando de un “jefe de

64 En los recintos del cantón los ex criadores de chanchos participan en rifas o cam-
peonatos de indor fútbol con la expectativa de ganar un chancho como premio.
Como manifestamos en líneas anteriores, esta estrategia también es común en
comunidades donde se considera un lujo la compra de ganado vacuno.
65 El caballo, además, constituye un referente importante para el montubio, en tanto
elemento simbólico que permite su identificación como tal. Al respecto, véase el
primer capítulo de esta obra.
66 Sobre las travesías en balsas durante el siglo XIX, véase capítulo correspondiente
a Historia.
67 Los riorenses emplean el término “pesquero” para referirse a los pescadores.
cuadrilla”. El jefe de cuadrilla era la persona que conocía a profundidad
el “comportamiento” del río, teniendo bajo su responsabilidad el control
de las rutas por las que debían atravesar las embarcaciones, así como la
revisión de los posibles obstáculos durante la travesía.

La tripulación de cada canoa estaba integrada casi exclusivamente


por familiares, todos hombres. A veces los niños acompañaban a sus padres
con el objetivo de aprender, desde temprana edad, las técnicas de la pesca;
para ello, se sujetaban a cualquier regla que ellos les imponían, especial-
mente, “mantener los ojos abiertos” durante toda la jornada.

A la hora de pescar, los tripulantes empleaban atarrayas o redes tejidas


artesanalmente con hilo de cabuya. Empezando por la parte más caudalosa,
las tendían a lo ancho del río formando una especie de escalera. De esta
forma, cada canoa lograba capturar un promedio de veinte “tachos”68 de
la más variada especie de pescado: damas, ratones, viejas, barbudos, boca
chicos, róbalos, bagres, guanchiches, corvinas, etc.
A mediados del siglo anterior, la actividad de los pesqueros empezó
a ser reemplazada por la de los “dinamiteros” quienes, además de acaparar
la captura del pescado mediante el uso irresponsable de dinamita,
perjudicaron el hábitat natural de estos animales. En el año 1953, Carlos
Julio Emanuel (en Muñoz, 1953: 59) escribía con asombro:

“... Quien sabe hace cuánto tiempo que un travieso ignorante lanzó
al río un cartucho de dinamita con la mecha encendida... La sorpresa fue
grande, las aguas empezaron a blanquear, se veían brillar millares de
escamas que relucían al sol. Un cartucho de dinamita había puesto en sus
manos una cosecha inesperada... Poco a poco, ante la impunidad, el delito
se fue haciendo fuerte; ahora es la causa de que nuestros ríos no tengan
peces, de que nuestro montubio carezca del alimento que fue con el
plátano, la base de su sustento... La atarraya, el cerco, el batán, la calandra,
el anzuelo, etc. ya han perdido su encanto. Puedo

68 En un tacho caben aproximadamente 50 pescados.


asegurar que hay más de un muchacho campesino que no sabe para qué
sirven esos instrumentos. En las tiendas no se venden anzuelos, pero si se
encuentra en todas TORPEDOS DE BUENA CALIDAD...”.

Aunque en la actualidad la pesca con dinamita es condenada por


parte de las entidades de protección del medio ambiente, factores como
la reducción del nivel de las aguas, los cambios repentinos de temperatura
acuática y la contaminación por aguas servidas, han incidido terriblemente
en la vida de los peces, perjudicando, de paso, la actividad de los pocos
pesqueros que aún sobreviven en la provincia.

En Vinces un pesquero nos comentaba con preocupación: “la pesca


a grandes cantidades ya no existe. Ahora cuando uno quiere pescar sale
en una canoa durante toda la noche, para regresar, a lo mucho, con tres
tachos de pescado. Desde que empezaron a usar dinamita el pescado se
huyó. Además el río ya no es tan alto como antes, está contaminado.
Antes cuando salíamos a pescar, pescado había lo que quiera. Ahora no,
a lo mucho se coge bocachicos, damas o ratones” 69 .

En la actualidad, el oficio del pesquero es complementario a otras


actividades económicas como la agricultura. Los instrumentos de pesca
son adquiridos en el mercado, encontrándose contados pesqueros que
se encarguen, por sí mismos, del tejido de las atarrayas o las redes. Los
dueños de las canoas ya no salen en cuadrillas; se limitan a solicitar la
ayuda de dos o tres pesqueros, no necesariamente familiares, para que
les acompañen en la jornada de trabajo a cambio de un salario o de un
porcentaje de dinero, con relación al número de pescados capturados:

69 La pesca artesanal es un modo de subsistencia que genera contacto con la natura-


leza y que agudiza las percepciones en torno al medio ambiente en el cual el
hombre se desenvuelve. Este pesquero conoce de la existencia de un equilibrio
natural denominado “la ley del sustento mutuo”. Mediante esta minuciosa plani-
ficación de la naturaleza, el hombre acepta los frutos del río como dones de los
cuales no debe abusar.
“uno va para ganar el día, pero si veo que la pesca está media buena, me
llevo mi sartita para hacerme mi propio billete”, nos comenta un infor-
mante.

La pesca ya no es una fuente de ingresos significativa, como lo fue


hace más de cincuenta años. Aunque muchos pesqueros han buscado
organizarse con el objetivo de mejorar su situación económica, no se
evidencia ningún progreso al respecto. Los niños ya no aprenden este
oficio. Sus padres prefieren inculcarles al estudio o a otras actividades
que les puedan rendir, a futuro, mejores ingresos.

4.6 Actividad industrial

La provincia de Los Ríos empezó a incursionar en el ámbito de la


gran industria desde hace aproximadamente tres décadas, cuando los
emigrantes chinos residentes en Quevedo instalaron la moderna fábrica
“La Oriental”, dedicada a la producción de fideos, especies y conservas.
Sin embargo, es la mediana industria la que se ha ido consolidando
paulatinamente en la provincia, sobre todo alrededor del procesamiento
de productos agrícolas. Dentro de este rubro es importante mencionar la
actividad desplegada por las empresas vinceñas “Quiqornac” y “Fruta de
la Pasión” dedicadas a la elaboración de concentrados de mara-cuyá
para su venta en el ámbito local, nacional e internacional. Según un estudio
sectorial efectuado por la Cámara de Comercio de Guayaquil (n/d) estas
empresas participaron con el 40% de las exportaciones del maracuyá en
el año 1998, siendo el mercado europeo el de mayor demanda.

En el campo de la agroin-dustria destaca también la extracción de


aceite de palma africana por parte de la empresa “Quevepalma” de
Quevedo, así como el procesamiento de harina de banano en la zona
de Pueblo Viejo. Sin embargo es quizá la fabricación de balanceado
de maíz para la crianza de pollos de engorde la actividad agroin-dustrial
más importante de la provincia, no sólo por los volúmenes
de materia prima empleada, que según el último censo agrope-cuario
superan las 200.000 toneladas de maíz amarillo al año, sino por la canti-
dad significativa de planteles avícolas al interior de la provincia, que
dependen de este producto70 . Cabe mencionar que la empresa “Pronaca”
-además de ser la principal productora de aves- sobresale como la principal
planta procesadora de maíz para balanceado, acaparando alrededor del
60% de su comercialización en el ámbito regional, según nos comenta el
ingeniero Pedro Rosero, subdecano de la Facultad de Ciencias Agrarias
de la Universidad de Quevedo.

Finalmente, en lo que a la pequeña industria se refiere, la provincia


cuenta con algunas empresas de escaso capital dedicadas al pilado de
arroz, la producción de aguardiente, la elaboración de pan, la fabricación
de bloques para la construcción, la carpintería, la hojalatería y la cerrajería,
entre las más importantes.

4.7 Actividad artesanal

La producción artesanal constituye una actividad de menor trascen-


dencia en la provincia, no sólo por el reducido número de talleres que se
dedican a este tipo de oficio, sino porque, actualmente, son contados los
casos de objetos artesanales que se identifiquen tradicionalmente con la
población71 . Como mencionamos en el capítulo introductorio de esta obra,
Los Ríos ha sufrido un proceso histórico de desarticulación identitaria al
haber vivido bajo la dependencia de otras provincias, hecho que impidió

70 De acuerdo al último censo agropecuario, la provincia cuenta con 111 planteles


avícolas dedicados a la producción de pollos de engorde (SICA, INEC, MAG,
2002).
71 Por estas razones no trataremos el tema de las artesanías en un capítulo aparte,
como lo hemos hecho en otros tomos de la misma colección.
72 Para profundizar sobre los procesos productivos de las artesanías mencionadas,
consúltese los tomos de esta misma colección correspondientes a las provincias de
Manabí, Imbabura y Cotopaxi.
la consolidación de un proceso propio de construcción de su identidad.
Además, la cercanía e influencia superlativa que ejerce la ciudad de
Guayaquil, también ha contribuido de forma definitiva para que se de
esta situación. Este proceso se refleja en una serie de circunstancias
en la cotidianidad del habitante fluminense, y se concretiza en hechos
tan significativos como en la ausencia de una producción artesanal propia,
representación objetiva de la identidad.

Así por ejemplo, aunque el campesino emplea el sombrero de paja


toquilla como instrumento necesario para protegerse del sol en sus
labores del campo, el cual, desde otro punto de vista, es un icono cultural
de los montubios, no encontramos taller alguno donde se elabore esta
prenda. Generalmente, según nos comentan nuestros informantes, el
sombrero es adquirido en tiendas cuyos dueños lo compran en Manabí
para negocio.

Por otro lado, a excepción de las antiguas redes de pesca tejidas


artesanalmente o de las ollas de barro empleadas para almacenar agua,
no existe ninguna artesanía que haya sido elaborada de generación en
generación por artífices de origen fluminense. En Los Ríos predominan,
más bien, pequeños grupos de inmigrantes manabitas o serranos que se
dedican a la elaboración de monturas de madera o de cuero, así como a
la fabricación de guitarras de madera.

El hecho es que, más allá de la dimensión tradicional que implica la


elaboración de estas artesanías, su demanda constituye un elemento
importante a lo largo de la región. Las monturas de madera, por un
lado, son empleadas durante las faenas del campo por los “jinetes”
montubios que las adquieren bajo pedido en talleres pertenecientes a
compatriotas manabitas. Las monturas de cuero, fabricadas por
inmigrantes imbabureños residentes principalmente en Vinces, en cambio,
son objetos de uso obligatorio durante los tradicionales rodeos mon-
tubios de octubre, donde se exige hacer gala de este tipo de artesanía
ornamentada con “aderezos” de metal. Finalmente, la demanda de
guitarras seguirá siendo relevante mientras éstas continúen requi-rién-
dose en el contexto de las reuniones sociales campesinas o el ámbito de
las festividades citadinas72 . u
Monturas de palo.
Recinto Santa Marta.
Cantón Vinces

Labrado de la
montura de palo.
Recinto Santa Marta.
Cantón Vinces

Montura de palo.
Recinto Santa Marta.
Cantón Vinces
Monturas de palo. Recinto Talabartería en Vinces.
Santa Marta. Cantón Vinces Aperos de cuero

Talabartería en Vinces. Montura de cuero


Talabartería en Vinces
Aperos de cuero

Talabartería en Vinces
Montura de cuero con aperos
aderezados.
5. ORGANIZACIÓN SOCIAL

5.1 Aspectos generales

A lo largo de la historia, las sociedades han generado una serie de


mecanismos tendientes a alcanzar tanto la reproducción biológica como
la social. Dichas acciones se van conformando alrededor de lo que
conocemos como organización social. Los distintos elementos que están
insertos dentro de ella, permitirán a un conglomerado humano alcanzar
las metas que tanto a nivel individual como grupal se han planteado. La
organización social abarca el ámbito individual-familiar, así como también
el socio-político. Dentro del amplio contexto en el cual se construye y
proyecta la organización social, el aspecto cultural ocupa un lugar
preponderante, ya que, él señala los modos peculiares que han sido
seleccionados por un pueblo, de acuerdo a sus preferencias y necesidades.
Si tomamos en cuenta que bajo el concepto de organización social se
aglutinan una serie de normas que los miembros de una sociedad
determinada tienen que cumplir, coincidiremos en afirmar que el tema
que nos ocupa es de singular interés. Por otro lado, bajo la sombra y guía
de la organización social, los miembros de un determinado grupo social
tendrán que desenvolver sus acciones, a través de todo su ciclo vital, de
allí que esta institución estará siempre presente, confirmando su impor-
tancia.

La organización social es una entidad de carácter universal, pese a


ello, y tomando en consideración la gran importancia del factor cultural
dentro de ella, habrá que tomar en cuenta que cada sociedad
seleccionará los modos particulares a través de los cuales se organizará.
En este proceso de selección intervendrán, como es obvio suponerlo, un
proceso histórico particular, unas condiciones materiales específicas, unas
metas particulares a cumplirse, etc. En virtud del proceso descrito, se
podrán entender las diferencias que, a propósito de organización social,
se producen entre las distintas sociedades.

En función de lo expuesto y tomando en consideración las condicio-


nes particulares a través de las cuales se ha constituido y desarrollado la
provincia de Los Ríos, podremos comprender que no se puede analizar a
la organización social de esta provincia bajo la generalidad de “provincia
del litoral”, sino que deberemos centrarnos en sus características
específicas.

5.2 Ritos de Paso

Los miembros de una sociedad, a lo largo del desenvolvimiento de


su vida, tienen casi obligatoriamente que transitar por una serie de etapas,
las cuales les implican nuevas responsabilidades y derechos frente a los
otros miembros de la sociedad. En este sentido los habitantes de la
provincia de Los Ríos también han establecido una serie de instancias,
generalmente dentro del ámbito ritual, que en forma general van marcan-
do un desarrollo en sus vidas, y una mayor inserción en la sociedad.
Dentro de ellas el bautizo, las primeras comuniones, las fiestas de quince
años, las graduaciones y los matrimonios se constituyen tanto a nivel
urbano como rural en los espacios más significativos que van consolidando
la plena permanencia de una persona en el contexto de la sociedad.

5.2.1 Los bautizos

La realización de este sacramento ocurre tanto en el área urbana


como en la rural. Debido a que el número de sacerdotes asignados a la
provincia es exiguo, a los múltiples recintos con que cuenta la provincia,
al menos una vez al año acude el sacerdote para administrar dicho
sacramento73 . En las áreas urbanas éste se lo realiza cada sábado. Pese
a ello, hay determinadas fechas en el año preferidas por los padres para
hacer bautizar a sus hijos, como el cuatro de octubre, fiesta de San
Francisco, patrón de Pueblo Viejo, o los días veintitrés y veinticuatro de
septiembre, fiesta se Las Mercedes, patrona de Babahoyo.

Más allá del hecho religioso que implica el bautismo, éste se convierte
en un acto trascendental en la vida de los infantes, por cuanto con ocasión
de su realización, se tendrán que escoger padrinos para el bautizado,
hecho mediante el cual se inicia la construcción de una complicada red de
parentesco ritual que va a tener incidencia durante toda la vida no solo
del bautizado, sino de sus padres y respectivos padrinos (debido a la
importancia del tema, en acápite separado nos referiremos a este asunto).
Con ocasión del acto bautismal se reúne la familia en la casa de los
padres del bautizado; también concurren familiares y amigos cercanos.
Generalmente se realiza una pequeña fiesta, ocasión propicia para
establecer alianzas entre la familia del homenajeado y los asistentes, es-
pecialmente los padrinos. Dentro del aspecto social no es una gran fiesta,
pero si es importante en el sentido de relacionar al niño con sus padrinos.

5.2.1.1 El parentesco ritual: los padrinos

El nombramiento de padrinos se realiza en el bautizo, la primera


comunión y con ocasión del matrimonio74 . Hay coincidencia general en
manifestar que los más importantes son aquellos nombrados con ocasión
de la ceremonia bautismal. “El bautizo es como el

73 Debido al escaso número de sacerdotes especialmente en el área rural, los misio-


neros enseñaban a los campesinos a hacer uso del Agua del Socorro que no era
otra cosa que la posibilidad de que los propios padres bautizaran a sus hijos
cuando éstos estaban gravemente enfermos y no había el auxilio del sacerdote.
Este rito se lo consideraba muy necesario ya que se creía que a un niño sin bautizo
se lo podía llevar el demonio.
más significativo cuando se eligen compadres. Es el que mantiene el
nivel más alto de compadrazgo y se establecen las obligaciones con los
ahijados, así que se tejen responsabilidades. En navidad le pueden dar un
regalito, y en algunos casos cuando faltan los papás, el padrino tiene que
hacerse cargo [del bautizado]” nos comentaba una informante. También
escuchamos criterios en el sentido de que en caso de morir los padres de
los ahijados, los padrinos están en la responsabilidad de ayudarlos, espe-
cialmente si éstos han quedado muy pequeños.

Por lo señalado se entiende que la selección de quién o quiénes serán


los padrinos del niño o niña bautizada no es una cosa que se deje a la
casualidad. Los padres del niño estudian cuidadosamente las personas a
escogerse. Se requiere que sea el mejor amigo o un pariente muy allegado
con quien las relaciones siempre hayan sido satisfactorias. Se entiende
que entre compadres (los padrinos nombrados y los padres del niño), a
propósito de la ceremonia bautismal, se va a establecer una relación que
va a durar por toda la vida, lo que confiere mucha seriedad al asunto. El
compadre no será solamente un amigo o un pariente, sino una persona
muy importante tanto para el niño como para sus padres. Se insiste en el
recíproco respeto que deberá existir con los compadres: “…entre
compadres debe siempre haber respeto, no se puede maltratar a un
compadre porque compadre es compadre, es algo sagrado”. Por tal razón,
una relación amorosa entre padrino y ahijada, madrina y ahijado o entre
compadres se la considera algo abominable y entra en la consideración
de un verdadero incesto.

Nos comentaron que en ciertas circunstancias, dentro de los criterios


de selección de los padrinos, también intervienen consideraciones de
orden económico, pero que este no era el requisito indispensable. Lo

74 En lugares con fuerte migración serrana como en el cantón Montalvo, por ejem-
plo, se comentó que antiguamente se nombraban padrinos con ocasión del primer
corte de uña, así como del primer corte de pelo, pero que en la actualidad dichas
costumbres ya no tenían vigencia. Entre las comunidades indígenas serranas aún
se da esta costumbre, pero, del mismo modo, está en vías de desaparecer.
más importante es que sean personas buenas y respetables que en un
momento dado puedan inclusive hacerse cargo de la educación del ahijado.

Como hemos manifestado, este parentesco ritual se lo puede


establecer a través de una serie de circunstancias, como lo mencionaba
una informante: “antes las parteras eran comadres cuando cortaban las
uñas de los niños recién nacidos o cuando les echaban su primera agüita;
también hay compadres de bautizo, ahí son padrinos separados, o sea,
uno veía si le elegía a la misma comadrona. Después cuando los hijos
estudian para bachiller, para el grado, ahí se eligen también compadres”.
De cualquier modo, la importancia de las relaciones establecidas a través
del bautismo son las más fuertes.

El significado e importancia que se le confiere al nombramiento de


padrino es de tal naturaleza que la persona elegida no puede negarse a
asumir tal distinción, ya que sería algo muy mal visto a nivel general. Un
morador de Pueblo Viejo nos comentaba: “No hay como negarse a ser
padrino, para cumplir hay que dejar hasta el trabajo en ese día. Yo he
dejado todo y voy a la iglesia a servir a ese amigo, y si es de tomarse unos
traguitos, se los toma”.

5.2.2 La Primera Comunión

El sacramento de la Eucaristía popularizado bajo el nombre de


Primera Comunión, contempo-ráneamente se ha convertido en otro de
los estadios a través de los cuales las personas pasan durante su ciclo
vital. Aunque en términos generales, no son muchas las personas quienes
pasan por este ceremonial, con el transcurrir del tiempo su número
aumenta, especialmente en el área urbana. El párroco del cantón Valen-
cia (Padre Francisco Ortigoza, comunicación personal, 2003) nos comu-
nicó que “si el número no aumenta más es debido a que no es la forma de
ser de la gente [se refiere al hecho de su formalidad religiosa], y porque
también no ha habido una tradición de evangelización intensa sino que
ésta más bien ha sido superficial”.
Con ocasión de esta celebración también se nombran padrinos del
niño quien está haciendo su primera comunión, pero a decir de nuestros
informantes, las obligaciones del mismo generalmente terminan con un
pequeño regalo que se lo entrega al primer comulgante. En modo alguno
el nombramiento de padrino o madrina tiene la misma importancia del
bautismo.

Como manifestábamos anteriormente, esta práctica tímidamente


tiende a popularizarse en las áreas urbanas, debido a la presencia de
colegios religiosos o de la labor misional desplegada por religiosos y
seglares allegados a la iglesia, pero en el ámbito rural tiene casi ninguna
incidencia.

Paralelamente a la celebración de la primera comunión, se está tratando


de introducir el sacramento de la confirmación, pero éste aún no tiene
importancia entre la población, a nivel general. Siempre deberemos insistir
en que la iglesia, para el caso que nos ocupa, la iglesia católica, no ha
tenido una presencia significativa en la provincia de Los Ríos, pese a que
contemporáneamente se ha preocupado algo más de la labor misional.

5.2.3 La fiesta de los quince años

Pese a no tener carácter de fiesta religiosa, aunque dentro de los


“actos oficiales” de esta celebración se acostumbra a celebrar una misa.
Para las niñas, el llegar a esa edad representa el abandonar el espacio de
la niñez, para entrar en el mundo de las mujeres adultas. Debido al
desarrollo físico precoz de las mujeres en el litoral, esta edad, simbólica-
mente marca la posibilidad de concebir, evento trascendental en sus vidas.

La instauración de esta celebración es relativamente nueva, y ella


está circunscrita al área urbana, en donde, como en Pueblo Viejo, en una
determinada fecha se hace una fiesta general en un salón de baile, en la
cual participan como protagonistas principales las “cumpleañeras” (quienes
cumplen quince años). El sentido que se quiere dar a este acto es de una
verdadera “presentación de las niñas en sociedad “.

Con ocasión de esta celebración nos comentaron que algunas familias


también escogen padrinos y madrinas, pero que las relaciones que se
establecen tanto entre el padrino, madrina y la ahijada, o entre los
compadres, no tiene mayor importancia, generalmente termina con la
entrega de un obsequio a la quinceañera. En otras ocasiones ni siquiera
se busca padrinos sino que se hace la fiesta y nada más. Como manifes-
tamos anteriormente, esta fiesta ha sido introducida, “por influencia de
lo que sucede en Guayaquil” donde tiene gran importancia.

La celebración de los quince años es una fiesta exclusivamente para


mujeres, no existe una similar en el caso de los varones. El paso de niños
a jóvenes adultos se lo vive más en el ámbito privado y exclusivamente
personal. No conocimos de ningún lugar de la provincia donde se lo
celebre.

La fiesta de los quince años nos lleva a reflexionar de una forma más
profunda respecto al significado del paso de la adolescencia a la edad
adulta, tanto en el caso de los jóvenes, como de las jóvenes. Al respecto
una lidereza local (Gina Quintana, comunicación personal, 2003), hace
una distinción muy significativa respecto al hecho: “ni en el campo ni en
la ciudad [la celebración de los quince años es significativa para los
hombres]. Sabemos que el hombre está más en el espacio público, él se
va arreglando con sus amigos y va buscando los sitios para desarrollarse,
entre comillas, como hombre. A diferencia de las mujeres que se quedan
ahí, con todas las dudas, las preguntas y todo el proceso que les toca
enfrentar”.

A través del testimonio reproducido podemos observar que en esta


provincia también se marca un proceso absolutamente diferen-ciador entre
los jóvenes y las jóvenes respecto de la transición de adolescentes a adultos.
La calle, el espacio público, los amigos bien o mal informados van acom-
pañando al adolescente en el camino a su adultez. Por oposición, el ám-
bito cerrado del hogar, con todos
sus prejuicios y desinformaciones, espacio privado por antonomasia, es
el escenario en donde la niña “aprenderá” a ser mujer con todo lo que
ello significa. En este sentido las cosas no han cambiado, se siguen man-
teniendo los patrones de conducta tradicional y la desinformación continúa
siendo el referente para esta etapa tan importante en la vida de los seres
humanos.

5.2.4 El proceso de enamoramiento

A propósito de esta etapa tan importante en la vida de las personas,


tanto de hombres como de mujeres, se marca una drástica diferenciación
entre “un ahora y un antes”. Se destaca que ahora los padres son mucho
más tolerantes y los hijos más “desvergonzados”. Los mayores interpretan
esta actitud como negativa y que acarrea muchos desórdenes sociales.

Por oposición, se remarca el hecho que en los tiempos pasados esta


etapa de enamoramiento básicamente se la hacía a nivel epistolar, ya que
la rigidez de la educación de los padres respecto de sus hijas,
especialmente, era de tal naturaleza, que él no permitía que en forma
abierta se viva la época de enamorados. “Los papás eran bravos, mi papá
era bravo. El hombre no podía visitar a la mujer, nos veíamos cuando
había un paseo o un baile, nos veíamos sin que se dé cuenta el padre, de
lo contrario había problemas”, nos comentaba una informante. En el cantón
Mocache, una señora recordando sus épocas de joven enamorada nos
contaba: “antes no había como ahora que la gente se coge, se besa, se
abraza. Antes eran enamoramientos ocultos, uno tenía que pedirle
consentimiento a los padres y según el padre veía si le aceptaba al
enamorado o no. Era tan difícil conseguir el enamorado porque a veces
no era del gusto de los padres. Los antiguos eran muy celosos con sus
hijos. Yo le digo porque yo viví eso en carne propia con mis padres, uno
nunca podía decirle a la mamá por ejemplo, en esa esquina estoy sentada
conversando con mi enamorado, no les permitían a los enamorados ir a
la casa. Nos veíamos por cartas”.
Se relata que uno de los mecanismos a los cuales acudían los jóvenes
para enamorar era el de las canciones, y los infaltables amor-finos, a
través de los cuales se les comunicaba los sentimientos, y se exploraba la
posibilidad de que la chica les aceptara. Si ello se daba, se iniciaba una
relación a través de las cartas, hasta esperar la oportunidad de conversar
con la enamorada cuando los padres no los vean.

Con un control tan estricto por parte de los progenitores hacia sus
hijas, se hacía muy difícil, virtualmente imposible, el que se de su
consentimiento para que sus hijas contrajeran matrimonio. Por esta razón
fue muy popular a lo largo y ancho de la provincia, el que los novios se
fugaran75 , como quizás la única estrategia a través de la cual, de facto,
los hombres sean aceptados en el nuevo núcleo familiar, en calidad de
compañeros de sus hijas.

Un patriarca del recinto Los Ángeles en el cantón Pueblo Viejo, con


mucho humor nos contaba: “la mayor parte de gente se fugaba. Los
varones se fugaban a los veinte años, y las mujeres de unos catorce o diez
y seis años. Cuando volvían, tenían que formar su propio hogar. Los
padres tenían que apoyar porque lo hecho ya está y el daño ya no se
puede deshacer [se refería a la honra de la muchacha]. Aunque se guarde
coraje y venganza, ya no se puede hacer nada. Con cerrarle las puertas ya
no se remedia nada y hay que apoyarla para que esa sea la felicidad de la
muchacha. Porque si usted como padre le cierra las puertas, la está
botando al abismo, la está botando a la perdición y puede coger mala
ruta”.

Una señora quien, cuando era joven, también fugó con su enamora-
do, nos comentaba de su experiencia: “…antes si el enamorado a uno le
quería y uno le quería, se iba con él a escondidas. Se iba

75 Pese a que en la actualidad la tradicional estrictez con la que los padres educaban
a sus hijos ha disminuido, la “institución” de la fuga aún tiene lugar, especial-
mente en las áreas rurales, donde se sigue recurriendo a este arbitrio para asegurar
un matrimonio o una unión formal a futuro.
uno directamente huyendo y después regresaba donde sus padres a pedirles
perdón…mi mamá fue bastante dura, yo me comprometí con mi esposo,
a los lados de ella vine a los tres o cuatro meses, pero de igual manera,
me castigó mi papá, ya después aceptó, todo pasó bien porque luego
nunca tuvo problemas él con mis padres. Yo me fui con mi marido, después
regresamos a la casa de mi suegra, ahí vivimos, luego, cuando ya le pedí
el perdón a mi mamá, vivimos con ella por el espacio de un año, luego
salimos a una pieza aparte…”.

Es decir, que a la fuga cuidadosamente planificada por los novios,


después de algún tiempo le seguía el regreso: a “pedir perdón” a los
padres. Estos podían aceptar las disculpas entre lloros recíprocos, también
se podía dar el hecho que los padres castigaban a la fugada. “Cuando
regresan es paliza para la chica y si se mete el tipo también paliza”, luego
de lo cual los dos se iban a vivir a cualquiera de las dos casas, por lo
general la nuera va a la casa del suegro, y “si el papá tiene unas tierritas,
les da una media hectárea para que puedan trabajar”.
Nos comentaron también que cuando la chica se va a la casa de los
suegros y ahí hay muchos hermanos o familia, ella “se convierte como en
la empleada de la casa”, teniendo que lavar para todos los cuñados, cocinar
para los suegros, realizar las labores de la casa, con la particularidad que
“no se reniegan” porque culturalmente ya son patrones de conducta
establecidos y aceptados (Johanna Mayorga, comunicación personal,
2003).

Como ya quedó establecido anteriormente, para describir este tipo


de prácticas sociales, se recurre mucho a marcar el tiempo de antes y el
de ahora, insistiendo que ha ocurrido un cambio muy profundo (para
mal), en la conducta de las personas, especialmente a nivel de los valores
morales. Se recuerda con añoranza la época en que la educación de los
padres era más estricta: “había mano más apretada, los papás y las mamás
castigaban por igual”, y dentro de estas opiniones se destaca la supuesta
pérdida de los valores femeninos, y se toma como argumento para
ejemplificarlo la vestimenta de las muchachas de ahora. Se afirma que
“ahora las muchachas usan ropas bastante atrevidas y provocadoras lo
que hace que los muchachos se sientan intimidados o movidos a actuar
en forma impertinente… algunos vestuarios dejan tan poco a la
imaginación que los versitos no caben y que por ello se dan situaciones
que ellos mismos las reconocen como atrevidas o incorrectas, por parte
de los varones”, aunque por otro lado también hay opiniones en el
sentido de que “las mujeres de ahora no son más fáciles que las de antes,
sino que ahora no se cubren demasiado las apariencias. Casos de mujeres
con hijos de diversos hombres, es decir con diferentes apellidos se ha
visto desde antes y ahora también”.

5.2.5 El matrimonio

En la provincia de Los Ríos, al igual que en otras provincias del


litoral ecuatoriano, como Manabí, por ejemplo, el matrimonio formali-
zado ante autoridades civiles y eclesiásticas no es una práctica común.
Como manifiesta el párroco de Valencia: “como no es necesario que una
pareja esté casada para tener vida de hogar, los matrimonios por la iglesia
también escasean, y ahí es donde más se nota la diferencia entre la sierra
y la costa (Padre Francisco Ortigoza, comunicación personal, 2003).

Se reconoce también que al matrimonio no se lo ve como algo


significativo. “Aquí no es que todo el mundo se casa. Son muy pocos los
que van a la iglesia. Uno por la situación económica, y otra por la rapidez
de amarse rápido… es también parte de nuestra cultura. No hay esa cultura
de ir a la iglesia. Se juntan y así se mueren, a partir del rapto, aunque en
la ciudad se acostumbra más el matrimonio” (Johana Mayorga, 2003,
comunicación personal).

Sea cual fuera la razón lo cierto es que la institucionalidad del


matrimonio no importa demasiado, y el hecho de “juntarse” es suficiente
para establecer una vida marital, procrear hijos y contraer obligaciones,
con la particularidad que la opinión social no ve con malos ojos esta
práctica ampliamente difundida76 . Es suficiente que una pareja se ame y
que crean
que son compatibles, para dar inicio a una relación. Se manifiesta que
últimamente las cosas, especialmente en el área urbana provincial, en
algo van cambiando y que ciertos jóvenes, dentro de sus metas, ya ubican
al matrimonio como una de ellas, pero que de ningún modo esto podría
ser generalizado.

Si bien este tipo de uniones libres no crean problemas para los


interesados, algunas dificultades se suelen presentar, especialmente el
momento de la repartición de herencias, y concretamente de la repartición
de la tierra. Nos comentaban algunos moradores de Mocache que por
estas jurisdicciones desde siempre se han presentado conflictos e inclusive
asesinatos tanto por problemas de tierras, así como por problemas de
mujeres. Se cuenta que familias enteras se han terminado por estas causas.
Se acotaba, además, que la titulación de tierras en estas regiones está a
favor de los hombres. “En algunos lados la repartición de las tierras
provoca peleas entre los hermanos porque unos quieren el terreno mejor.
Siempre hay parcelas en mejores condiciones para la producción, entonces
el que es más vivo quiere irse al lado mejor. En nuestro medio la repartición
de tierras produce conflictos familiares” (Gina Quintana, comunicación
personal, 2003).

5.2.5.1 La “institución” del compromiso

En la provincia de Los Ríos, sigue siendo muy común el que los


varones, ya sea casados o viviendo en unión libre, tengan otros

76 Nos comentaron que algunos sacerdotes no quieren administrar el bautismo a los


hijos de parejas de hecho, lo cual crea mucho malestar y aleja a los adultos de las
prácticas religiosas.
77 Cuando hablamos de “machismo” nos estamos refiriendo a la relación asimétrica
que se establece entre hombres y mujeres, en donde el hombre, por una supuesta y
nunca demostrada superioridad sobre la mujer, ejerce un poder hegemónico en su
contra, el mismo que le posibilita justificar una serie de acciones atentatorias a la
dignidad y derecho de las mujeres.
“compromisos” [léase amantes]. Estos nuevos compromisos pueden ser
más de uno, frente a los cuales son considerados por la opinión pública
como una conducta normal, aunque de repente “sí se pelean entre las
mujeres”. Esta práctica está sustentada en el profundo machismo77
imperante todavía en grandes dosis a nivel provincial. No existe una actitud
homóloga en el caso de las mujeres, para una conducta similar, y si ellas
inician una relación extramarital serán juzgadas con todo rigor por la
sociedad en forma general.

Cabe destacar que en muchas circunstancias las mismas esposas


encuentran justificativos para la conducta de sus compañeros de hogar, y,
al menos aparentemente, no se hacen problemas por el comportamiento
de sus respectivos esposos. A continuación vamos a reproducir un
testimonio, en cuyo contenido se revela de forma clara y contundente
esta práctica social: “es bien común eso que el hombre tenga varios com-
promisos, uno, dos, tres, hasta cuatro también… Se lo ve como normal.
Si tiene la mujer un amante, es… chuta, no te juntes con ella porque es
mala mujer. Pero en el caso del hombre es absolutamente normal, y el que
no tiene es sospechoso. O sea, la sociedad lo ve como algo normal.
Inclusive las esposas, las que son sobre todo adultas, lo ven como algo
normal, porque dicen que el hombre tiene derecho. Por ejemplo cuando
una mujer está embarazada, los hombres tienen mucha más opción, entre
comillas ya que dicen: tienen sus necesidades, entonces yo no le puedo
satisfacer. Sí, eso justo nos decía una mujer que yo la tenía en un pedes-
tal, entonces, para muchas cosas como que nos mueve el piso. Y
eso en el medio urbano también se lo justifica muchísimo” (Gina Quintana,
comunicación personal, 2003).

El testimonio reproducido es por demás revelador, el compromiso es


una realidad que, pese a cualquier valoración crítica que se pueda hacer
en su contra, está vivo y vigente, formando parte de la cultura popular,
y por lo tanto se lo va reproduciendo generacio-nalmente a través del
imaginario que en torno a él se elabora. La vigencia de esta práctica pone
sobre el tapete el tema de la infidelidad, y, frente a él, el supuesto o
real conformismo de algunas mujeres frente al hecho. Se acota al respecto
que en ciertos casos este tipo de actitud es el producto del machismo
enraizado que se vive a nivel provincial, por un lado, y también de la
dependencia económica en la cual la mayoría de mujeres permanece, lo
cual les hace “aceptar” situaciones como la comentada.

De la otra cara de la moneda, la infidelidad masculina se la entiende


como producto del acentuado machismo que se practica día a día.
Como decían algunas informantes mujeres: “…ellos se sienten más machos
entre más mujeres tienen, y tienen por estrategia llenar de hijos a las
mujeres, porque allí se ampliará la necesidad económica de ellas frente al
varón. Además al tener más de una mujer les asegura el estar con com-
pañía, aunque las mantengan en situación de pobreza, lo peor de todo
es que algunos hombres fieles se terminan sintiendo menos que los otros
porque la fuerza del machismo es muy grande”. Se entiende que todo
este tema representa una realidad muy dura para la mujer, pero que
ella es impuesta por las circunstancias.

5.2.6 Ritos mortuorios

La última etapa en el periplo de la vida de las personas culmina con la


muerte, es allí donde se cierra el ciclo vital. Este acontecimiento a lo
largo del mundo y en todos los tiempos ha tenido fuertes connotaciones
culturales. En el caso de la provincia de Los Ríos, ni en el área rural ni en
la urbana hemos encontrado celebraciones o rituales específicos del lugar
frente al hecho de la muerte.

Al haber desaparecido tempranamente las culturas aborígenes de la


zona, no se ha mantenido una tradición frente al problema que nos ocupa,
y los “nuevos” pobladores de estas tierras, no han elaborado actividades
específicas alrededor de la muerte.

El párroco de Valencia (Padre Francisco Ortigoza, comunicación


personal, 2003), realizó una puntualización muy importante frente a este
tema: “…Como aquí [a nivel provincial] no había una tradición anterior
que se pudiera adoptar, pues se trata de pueblos jóvenes, entonces cada
uno trae su forma de ver las fiestas, los velorios, etc.” No existe una
cultura uniforme, en tal sentido los ritos mortuorios se mantienen de
acuerdo al lugar de origen de las personas.

De acuerdo a la opinión del párroco de Valencia, en las poblaciones


con fuerte migración e influencia serrana como Montalvo, Mocache,
Valencia, etc. se tiende a enterrar a los muertos de acuerdo a las
costumbres y tradiciones serranas. Del mismo modo, e otros lugares
donde la mayor influencia viene del la provincia del Guayas, como
Babahoyo, hay una tendencia a replicar las costumbres allí mantenidas.
En zonas rurales donde se advierte fuertemente la presencia del
campesino manabita, los ritos mortuorios se harán como en aquella
provincia.

5.3 Familia y comunidad

Tradicionalmente se ha considerado a la provincia de Los Ríos como


el asentamiento más significativo de la familia montubia, y dentro de
ella los fuertes nexos de unidad era una de sus mayores características.
Cuando abordamos sobre este tema durante la investigación,
reiterativamente se alude a cómo han cambiado las cosas. Anteriormente,
la unidad de la familia era una de sus características más sobresalientes,
unidad que contemporáneamente ya no existe, o que se ha visto seria-
mente afectada. El nuevo ritmo de la vida, la agresiva presencia de la
agroindustria en el campo, el proceso migratorio tanto interno como
internacional van marcando un antes y un después. Aún se recuerda
con añoranza las épocas en que “todas las familias eran unidas, y los
familiares y amigos se daban la mano unos a otros… Antes los hijos se
casaban y se quedaban aquí [en el campo], ahora ya no, todos salen para
la ciudad o el exterior”.

Otra informante reiteraba las nuevas tendencias en la composición


familiar cuando decía que las familias en su mayoría ya han dejado de
ser ampliadas por los efectos de la migración78 , y que esta realidad no
solamente se la vivía
en el campo, sino en las ciudades, en sus barrios periféricos, donde la
composición familiar era muy similar a la tradicionalmente mantenida en
las áreas rurales.

En otro de los aspectos que la tradicional familia montubia ha


cambiado es en lo relativo al número de hijos. Ya no tienen tantos como
antes (se daban ejemplos de hogares con 14, 16 y hasta 18 hijos), a lo
mucho dos, aunque se acotaba que en los varones hay la tendencia a
“seguir intentando” hasta tener el hijo varón. Esta disminución en el
número de hijos fundamentalmente se ha podido dar por la militancia de
las mujeres frente al tema, actitud que ha traído más de un problema ya
que el hecho de que haya una prevención natal es juzgada de forma
negativa por ciertos hombres quienes creen que el verdadero sentido de
tales prácticas es cubrirse de los efectos que podría tener en la mujer, la
presencia de un amante. Esta ha sido otro de las “razones” que ha
justificado la violencia doméstica en contra de la mujer.

La vida de la familia campesina da inicio muy temprano en la mañana.


Dependiendo del calendario agrícola las actividades se diversifican. Si el
calor no es demasiado sofocante se hacen dos jornadas, interrumpidas a
medio día para la ingestión de los alimentos. Si es época en que el calor
es demasiado fuerte, generalmente el invierno, se da inicio al trabajo más
pronto y se hace una sola jornada hasta cerca del medio día. Se labora de
lunes a sábado, se deja el domingo para descansar. En las fiestas cívicas
se sigue trabajando, no así las religiosas en las cuales por respeto al santo,
se suspenden las actividades.

5.3.1 La división sexual del trabajo

78 En relación con el proceso migratorio nos comentaban que en su mayoría está


siendo llevado adelante por los jóvenes, pero con una tendencia mayoritaria entre
las mujeres jóvenes quienes, especialmente en la migración hacia el exterior, en-
cuentran con mayor facilidad que los hombres el ansiado trabajo.
Dentro de la dinámica de las familias campesinas, de facto se han
establecido roles que son mantenidos, notándose que el padre de familia
es quien conserva el poder y es la persona de mayor estatus. “El hombre
es el macho proveedor, en todos los aspectos, desde los productos para
las actividades agrícolas para la casa. Hay ciertos hogares donde no se
compra ni una libra de azúcar si el señor no sabe que se va a comprar, o
no se come una gallina porque el señor no da la orden, aunque sea la
mujer la que la prepare…El hombre vende y compra en el mercado, la
mujer no. Entonces es una forma de control, el hombre tiene sus dólares
en el bolsillo, mientras que la mujer no tiene ni para una pastilla, entonces
se vuelve en una dependiente total”. Cuando los padres han envejecido,
generalmente el poder es asumido por un hijo varón, a quien el padre le
ha conferido esa jerarquía y quien seguirá con el mismo tipo de actitud.

De las actividades de la cocina se encarga el ama de casa. En el


campo fluminense los varones no van a la cocina. Del mismo modo la
mujer o las mujeres de la casa tienen que hacerse responsables de las
otras labores domésticas como lavar, planchar. También ayudan en las
tareas de siembra y cosecha. Para el hombre está asignado el trabajo en la
finca, pero siempre fuera de la esfera del hogar. Del mismo modo, de las
actividades relativas a la pesca se encarga el hombre con exclusividad.

El volumen de trabajo a cargo de las mujeres es realmente muy grande.


Las dirigentes de una organización campesina de Vinces resumían dichas
labores en los siguientes términos: “las mujeres se levantan a las cinco de
la mañana a hacer el café para el hombre que se va a trabajar, para los
niños que van a la escuela. A las seis de la mañana están con los animales
en el campo. A las siete van a ayudar a sembrar arroz. A las nueve regre-
san a cocinar, llevan la comida a los desmontes, regresan a lavar, a ver a
los niños, los animales y por la tarde otra vez a cocinar. Hay mujeres en el
campo que se están acostando a las once de la noche porque ellas planchan
por la noche, arreglan la ropa del marido”.

Tradicionalmente, el hombre impedía que la mujer saliera de la


casa en búsqueda de actividades de subsistencia, pero con la aguda crisis
económica que vive el país, y por fuerza de las circunstancias, se advierte
que algunas mujeres han comenzado a trabajar fuera del hogar para
adquirir recursos económicos que ayuden a balancear el siempre exiguo
presupuesto familiar. Obviamente, sin abandonar sus tradicionales “obli-
gaciones”. Esta nueva tendencia laboral de la mujer también le ha causado
problemas ya que desde siempre se ha juzgado que la mujer que trabaja
fuera de la esfera del hogar es “machona”79 .

Entre las actividades que las mujeres han realizado en la finca está la
cría de animales menores. Un campesino se expresa con mucho orgullo
en el sentido que “mi mujer por suerte no ha sido machona [no ha querido
trabajar fuera de la casa], ahí tiene puercos, patos y hasta perros tiene,
pues los animales son como banco o fondo de emergencia”. El orgullo
demostrado en su actitud no solo está en el apoyo que recibe por parte de
su esposa, sino fundamentalmente por cuanto ella no ha salido de la esfera
del hogar para realizar tales actividades.

La asimetría mantenida a nivel de roles dentro del trabajo de hombres


y mujeres, es una tendencia que se la va reproduciendo generacionalmente
a través de la educación que uno y otra van recibiendo en la casa. Cuando
el hombre sea adulto va a tener exactamente la misma actitud que tuvo su
padre, de ese modo se perpetúa la inequidad, la cual también se ve
reforzada por la educación recibida por uno y otra en la escuela. Uno de
los agravantes más peligrosos de este asunto es que las conductas de
hombres y mujeres bajo el modelo referido, son vistas como “normales”.

La división sexual del trabajo a la que nos hemos venido refiriendo


demarca de forma radicalizada un espacio público perteneciente a los
varones, frente a un espacio privado reservado para las mujeres. “En el
79 Machona supone ser el femenino de macho. Se utiliza esta palabra para adjetivar
a las mujeres que están asumiendo “comportamiento de varón”. Para el caso con-
creto, las mujeres que salen a trabajar en actividades productivas fuera del hogar,
espacio supuestamente “privativo de los hombres”, son consideradas machonas.
campo generalmente el chico sale a estudiar a la ciudad o en las tardes
tiene tiempo libre para ir a jugar en la cancha, para ir a jugar villa a los
lugares cercanos. Las mujeres nos quedamos en la casa”. Aunque ciertas
mujeres se esfuerzan por quebrar este modelo, él está aún vigente, y
como se ha dicho anteriormente, se lo sigue perpetuando de generación
en generación.

Esta división sexual del trabajo marcada por el machismo, también


se la reproduce quizás con menos fuerza debido a las circunstancias
distintas del convivir diario, en las áreas urbanas. Una moradora del cantón
Montalvo nos comentaba: “Le digo que aquí hay machismo, o sea, que la
mujer es de la casa, que el hombre es de trabajar afuera, y si alguna mujer
por ejemplo se cansa, dice mi marido no me da suficiente, tengo que salir
a trabajar, esa actitud puede ser causa para que los hogares se terminen”.

5.4 Organización política

Mientras se está recorriendo la geografía provincial, una de las


constataciones que más sorprende es la poca presencia de las organiza-
ciones sociales tanto a nivel rural como urbano. Cuando preguntamos
respecto de esta realidad, reiterativamente nos comentaron de la poca
capacidad que tiene el habitante fluminense para organizarse.
Profundizando el tema, surgieron algunas explicaciones interesantes que
trataban de entender el porqué de esta manifiesta incapacidad para la
organización.

En una larga entrevista mantenida con una persona bastante enterada


del proceso migratorio serrano hacia la provincia de Los Ríos, él hacía
una comparación histórica entre los campesinos serranos y los costeños,
y decía que debido al estado de casi esclavitud en el cual vivieron los
primeros, dichas circunstancias les empujó a organizarse para mejorar
tan oprobiosa situación. Por oposición, en su visión, esto no había sucedido
con el campesino costeño, el cual había sido dueño de su
tierra y cuando no lo era las relaciones con sus patrones nunca fueron de
la misma naturaleza de sus homólogos serranos80 . Señalaba, además, que
la feracidad de la misma le permitía individualizada-mente resolver sus
problemas diarios, minimizando su necesidad de organizarse.

Otra explicación que se dio en torno al problema planteado fue el


tema del caciquismo. Al ser siempre los mismos líderes los que están
actuando, y muchas veces en forma dictatorial y por intereses mezquinos
que lindan con lo personal, esta actitud coarta cualquier deseo de
organizarse. Simplemente, la gente no cree en la organización porque
piensa que se va a seguir el mismo modus operandi y que no se llegará a
nada. Esta fue la visión mantenida por un campesino presidente del Seguro
Campesino del recinto Costa Azul quien estuvo involucrado en la
organización de una cooperativa en dicho recinto, opinión con la cual
estuvieron de acuerdo varias personas presentes.

El tema de la identidad, concretamente la falta de identidad, también


se lo expone como uno de los impedimentos a nivel provincial para
alcanzar mejores niveles de organización. El presidente de la Unión de
Organizaciones Campesinas de Vinces y Baba (UNOCAVB) nos dio su
punto de vista, el cual lo reproducimos textualmente por cuanto contiene
elementos muy importantes: “La idiosincrasia pesa mucho. El campesi-
nado de la costa antropológi-camente no tiene una visión clara y acabada.
Unos nos dicen campesinos, otros dicen que somos montubios, indios
Huancavilcas, nos dicen que somos agricultores. Hay una gama de como
siete aspectos de calificación, pero no hay una definición concreta. Creo
que ese no saber qué mismo somos hace que seamos heterogéneos. No
es como en la sierra que se puede decir que hay indios y el indio es indio,

80 Este comentario tendría que ser matizado, ya que es absolutamente conocida la


brutal asimetría que se mantuvo a nivel de las relaciones sociales entre el jornale-
ro de las haciendas cacaoteras, por ejemplo, y sus dueños. Quizás la experiencia
personal del informante le lleva a plantear ese tipo de argumento.
los Salasacas son Salasacas, pero acá hay una heterogeneidad de defini-
ción que creo que hace en buena parte al costeño actuar con un concepto
no colectivo”.

Los campesinos de otro sector de la provincia plantean como


explicación de la dificultad de organizarse el hecho de que las organiza-
ciones en proceso de formación, fundamentalmente miran a los eventos
coyunturales y no responden a objetivos de largo plazo ni tienen
expectativas de una militancia política (no se está hablando de política
partidista), de tal modo que una vez conseguido el objetivo inmediato
por el que se movilizaron, se diluye cualquier forma de organización
más permanente.

Consideramos que todas las explicaciones dadas tienen su razón de


ser, por nuestra cuenta añadiríamos que la temprana incursión del
capitalismo en el agro a través de la instalación de agroindustrias de
productos agrícolas de exportación, no solo que hizo que los campesinos
perdieran sus tierras, sino que estableció relaciones salariales
absolutamente individualistas donde no había cabida para una acción
colectiva, mucho menos para una organización permanente.

Pese a todas las dificultades señaladas, algunas organizaciones si se


han mantenido y pelean por su subsistencia, entre ellas la UNOCAVB
cuyos inicios fueron motivados por su necesidad de obtener tierras para
los campesinos, objetivo que si se consiguió. En un principio se trataron
de tierras comunales, pero, posteriormente, por gestiones realizadas ante
el INDA se consiguió que pasaran a ser individuales y la titulación salió
a nombre individual.

El acceso a la tierra ha sido quizás el elemento más significativo para


que se logre cierto nivel de organización. Las grandes olas migratorias
en la mitad del siglo pasado, cuando gente de la sierra, especialmente de
la provincia de Cotopaxi, vino a los Ríos, les motivó a que se organizaran,
ya que dichos migrantes se encontraron con una realidad muy concreta:
por un lado grandes extensiones de tierra sin dueño, por lo tanto sin
trabajar, y por otra, enormes extensiones de tierra cultivada en manos de
pocos propietarios. Precisamente, para acceder a las primeras,
respaldándose en la ley de colonización, tuvieron que organizarse y formar
cooperativas de vivienda. De tal modo que la vida de estas organizaciones
giró en torno a la adquisición de la tierra como prioridad fundamental.

La formación de la comunidad de Costa Azul en el recinto del mismo


nombre, perteneciente al cantón Valencia, es un ejemplo muy ilustrativo
de cómo funciona la organización política en esta provincia. Los
fundadores de esta cooperativa fueron migrantes de Cotopaxi, quienes
se enteraron que había la posibilidad de adquirir tierras si se organizaban.
Efectivamente, después de una serie de vicisitudes lograron el acceso a
ciertas tierras y se formó la comunidad de Costa Azul. El hecho curioso
es que Costa Azul para su administración interna no ha nombrado un
cabildo [como se debería hacer tratándose de una comuna], sino que las
personas, incluso sus líderes, reconocen depender directamente del mu-
nicipio cuando de tomar decisiones se trata. El liderazgo aquí no se da
por la posesión de un nombramiento o un título, como presidente, síndi-
co, etc., sino por el carisma de algunas personas quienes están siempre
interesadas en la consecución de algún objetivo como los servicios básicos,
por ejemplo. En el caso de esta comunidad, las únicas instancias de poder
formal existente son el Seguro Campesino, cuyo funcionamiento en el
ámbito de la salud es visto como algo concreto, y el cabildo de una vieja
comuna que está “viva” en nombre, pero que es absolutamente inactiva.
Se entiende que todas estas anomalías jurídicas se pueden dar debido al
muy bajo nivel de organización que se registra en estas zonas.

Es interesante resaltar que el Seguro Campesino parece ser la única


instancia que realmente funciona (con todas las limitaciones estructurales
de estos programas), lo cual se explica por el nivel de servicios que
ofrece, no obstante ello, el proceso de su fundación no fue nada fácil de
lograr y se tuvo que hacer una promoción casa por casa explicando los
beneficios que se podía conseguir del Seguro Campesino, ya que los
posibles socios eran reticentes a organizarse. El presidente de esta entidad
es elegido en Asamblea General de afiliados, y de sus gestiones tiene que
rendir cuentas en la Regional 2, en la ciudad de Guayaquil, donde se
encuentra el subjefe de la institución.

Los campesinos del recinto Pechiche en el cantón Mocache a


propósito del tema de la organización nos comunicaron que ellos prefieren
el trabajo individuali-zado, aunque reconocieron que si desearían formar
un frente común para resolver el problema de la comercialización de los
productos, ya que por aquí, al igual que en la mayoría de las regiones de
la provincia, los campesinos agricultores son víctimas de la gestión de
los acaparadores y los intermediarios. En este sentido, y para quebrar
esta cadena de intermediación que les perjudica, estarían dispuestos a
organizarse, pero, paralelo a ese deseo, también avizoran serias dificultades
por su falta de experiencia en estos temas, así como también por cierto
temor de las represalias que podrían tomar los intermediarios en su con-
tra.

Las dificultades para llegar a procesos de organización no solamente


se presentan a nivel rural, sino también en el área urbana. Algunas liderezas
del cantón Vinces nos comentaron de los problemas que plantea el
organizarse en las ciudades, no solo porque no hay una experiencia frente
al tema, sino también por cuanto simplemente las personas prefieren ha-
cer las cosas individualmente. Nos comentaban que ni siquiera en temas
de interés prioritario como las relativas a la resolución de las necesidades
básicas las personas se interesan, “al menos en el campo tiene la tierra
porqué pelear, en cambio aquí, ni siquiera contamos con ese hecho”81 .

81 Con ese nivel de desmovilización no es nada raro el que tanto en las elecciones
seccionales como nacionales estos pobladores sean presa del clientelismo electoral
que plantea soluciones demagógicas que nunca se cumplen. Como no hay organi-
zación no se puede ejercer ningún tipo de presión y las cosas siempre quedan
iguales.
Las organizaciones existentes a nivel provincial, tradicionalmente
han estado en manos de los varones, concomitantemente el liderazgo
también les ha pertenecido. En la provincia de Los Ríos hay pocas
organizaciones campesinas de mujeres. En Palenque, por ejemplo, se ha
formado una organización en torno a los comedores populares, aunque
tienden a fortalecerse las organizaciones de mujeres quienes incursionan
desde la iglesia. Estos grupos no están legalizados, pero cuentan con el
reconocimiento de la comunidad y terminan siendo representativos.

Últimamente, la tendencia de que las organizaciones estén solo en


manos de los varones tiende a disminuir, por cuanto las mujeres han
comenzado a militar de una forma muy fuerte, tratando de abrirse espacio
en un mundo que hasta hace poco les estaba absolutamente vedado. El
camino no ha sido ni es fácil, debido a las “naturales” resistencias inter-
puestas por los hombres, quienes se ven desplazados y ello genera reac-
ciones negativas. Como es obvio suponerse, en algún momento aflora el
proverbial machismo, el cual complica la situación, pese a ello es innegable
que el liderazgo femenino poco a poco va ganando espacio. Se exacerban
los ánimos especialmente cuando de tomar decisiones de orden econó-
mico se trata. El ámbito de la economía ha sido un espacio primado de
los varones, y se advierte poca permeabilidad en su actitud y conducta
para que en este sentido se cambien los modos de proceder. Esta nueva
actitud de las mujeres pasa también por una revisión de los modos a
través de los cuales se establecen las relaciones de pareja, y ha generado
más de un conflicto. Es obvio que el hombre se ve amenazado en su
poder omnímodo mantenido desde siempre. No podemos ser triunfalistas
y decir que la participación femenina dentro de las organizaciones
actualmente ya está en el mismo nivel que la de los varones, pero si es
importante destacar que paulatinamente las mujeres van alcanzando
mayor reconocimiento y mayor poder en el proceso de toma de decisiones.
El camino es largo y tortuoso, pero están militando al respecto. Hay que
recordar que las instancias formales de la sociedad ecuatoriana están
organizadas de tal modo que favorecen el mantenimiento del estatus quo.
Al interior de la familia, en el ámbito escolar, en la dinámica laboral, etc.
se siguen perpetuando los roles de mujeres y varones, pero dentro de una
estructura asimétrica. El alterar estas percepciones tradicionales no es
fácil, ya que ellas están profundamente enraizadas en las conciencias de
las personas, de allí, como ya lo hemos mencionado, es ardua la tarea
para cambiar dicho modelo de conducta.

Finalmente, en el ámbito oficial también se encuentra la dificultad de


no contar con organizaciones a través de las cuales se puedan ejecutar
programas a nivel comunitario, y debido a ello, se cae en el otro extremo,
es decir, forzar a que la gente se organice cuando no se dan las más
elementales condiciones para ello. Fuimos testigos en el recinto Pechiche,
cantón Mocache, como funcionarios del municipio en menos de dos horas
“conformaron” tres asociaciones con las respectivas directivas incluidas,
en un afán de contar con interlocutores para las acciones del municipio.
De más está decir que ese tipo de organizaciones están destinadas al
fracaso.

5.4.1 Organizaciones de segundo grado

5.4.1.1 Génesis de creación de una organización de segundo grado

El proceso de conformación de la Unión de Cooperativas


Agropecuarias de Vinces y Baba (UNOCAVB), ilustra en buena medida,
el sinnúmero de dificultades que una entidad de este tipo encuentra en su
camino por constituirse. Esta organización -que en un principio se llamó
UCAP- se formó inicialmente con siete cooperativas agrícolas, teniendo
como objetivo básico la lucha por la tierra, que llevaba aparejada la
supresión del trabajo precario. Los campesinos querían liberarse del pago
de la tierra al patrón. Se trataba de poner en ejecución el Decreto 1001
de la Reforma Agraria que prescribía la abolición del trabajo precario.
Los primeros pasos de conformación se
dieron en la década de los 60’s, pero lo más fuerte se presentó en los
70’s.

Paralelo al objetivo de la lucha por la tierra también se plantearon


otros relacionados con el tema de la comercialización y la obtención de
créditos a través del Banco de Fomento. Igualmente, se trataba de generar
solidaridad entre los campesinos para defenderse de la agresividad de los
terratenientes. En la década de los años 70’s el nivel de violencia en la
lucha fue muy fuerte y se dieron encarcelamientos y hasta muertos. Los
objetivos inicialmente planteados en cierto sentido se cumplieron, y todo
ello motivó la transformación de las haciendas tradicionales en empresas
agrícolas, especialmente bananeras. En la siguiente década la UNOCAVB,
en asociación con el DRI (Desarrollo Rural Integral), plantearon dos
proyectos: uno de desarrollo integral y otro de construcción de aulas
escolares; lastimosamente, por “manoseo político” pese a tener
inicialmente buen resultado, fracasaron. Durante los años 1982 y 1983,
durante el “Niño” la organización estuvo muy activa y en unión con algunas
ONGs y el comité de emergencias para las inundaciones se logró realizar
una serie de acciones tendientes a la ayuda a los damnificados.

Al tratar de ampliar horizontes, la organización incursionó en la


política oficial y en 1984 lograron ubicar a 7 concejales en el Municipio
del cantón Baba. Este logro inicial se tornó en un problema cuando se
dieron cuenta de que los concejales elegidos “se olvidaron de la
organización y se dejaron llevar por la corrupción política”. En ese
momento se percataron que la política oficial no era el camino más idóneo
para consolidar a la entidad.

Después de esta experiencia negativa la organización puso todo su


esfuerzo en resolver el problema de la comercialización, problema
endémico en el agro ecuatoriano. En este rubro han tenido éxitos y
fracasos. El quebrar con la hegemonía de los grandes comerciantes,
acaparadores e intermediarios no es cosa fácil, además que se requieren
ingentes capitales para alcanzar dichos objetivos. Lo que sí se cuenta
como un significativo logro de la UNOCAVB es el haber levantado la
autoestima de sus miembros, y el haberles posibilitado su formación como
líderes capaces de enfrentar grandes problemas82 . Como manifiesta el
presidente de la organización: ”de todas maneras la autoestima del cam-
pesinado sí ha cambiado y se ha hecho respetar. Yo me acuerdo que antes
cuando veníamos acá a Vinces sin zapatos, la gente nos aplastaba los pies
porque andábamos descalzos, nos alaban el pelo y nos trataban como lo
último. Ahora eso ya ha cambiado y ese cambio se debe a la organiza-
ción. Definitivamente la organización ha logrado crear la autoestima y el
respeto de que el campesinado no es un objeto sino un sujeto dinámico
en la producción y en la sociedad…”.

5.4.1.2 Asociaciones de productores y cooperativas

En la provincia de Los Ríos existen alrededor de 8 Organizaciones


de Segundo Grado, lo que sí proliferan son las Asociaciones de
Productores, ellas están prácticamente en todos los cantones de la
provincia. La mayoría de estas entidades se preocupa de la producción y
de la comercialización de los productos, problema endémico en el agro
ecuatoriano. La vida de estas entidades ha sido distinta, unas han
sobrevivido, otras no, algunas tienen una vida bastante precaria. La
mayoría de estas entidades son de Pequeños Productores. Pese al esfuerzo
desplegado por todas ellas, el tema de la comercialización de los produc-
tos sigue siendo muy grave. Resulta demasiado difícil luchar contra la
cadena de acaparadores, intermediarios, especuladores, etc. No

82 La relación entre propietarios de haciendas y campesinos, por un lado, y campesi-


nos e intermediarios, por otro, ha sido tan desigual, que es un verdadero logro de
los campesinos el que hayan podido enfrentarlos de algún modo. La gestión dentro
de las organizaciones les ha convencido que están en capacidad y derecho de
reclamar por las injustitas de las que históricamente han sido víctimas, y ese
proceso les ha servido para creer más en ellos mismos, y, concomitantemente,
elevar su auto estima.
es fácil establecer una cadena de producción y de comercialización. Este
problema se ve agravado por el hecho de que el campesino no es muy
abierto a la introducción de otro tipo de cultivos, y siempre va por el
mismo en forma de monocultivo, lo cual le vuelve más vulnerable.

Dentro de las organizaciones de pequeños productores se hace


manifiesta su incapacidad para el trabajo colectivo. Como nos decía la
dirigente de una organización, “aquí el sentido comunitario no existe,
antes sí se daba eso, pero ahora, aunque estén mal económicamente, a
los campesinos les cuesta mucho organizarse o ser solidarios con el otro.
Si fue una práctica fuerte, ésta se ha ido perdiendo. Solamente se lo
mantiene en pequeñas comunidades de familias y para labores muy pun-
tuales como la siembra”. Es decir, la individualidad en el trabajo, típica
del capitalismo, es la norma de conducta entre los campesinos de la
provincia de Los Ríos, lo cual conspira de forma directa para que las
organizaciones sociales y políticas, cuyos intereses son colectivos, puedan
salir adelante.
La organización bajo la forma de cooperativa, que ha dado resulta-
dos halagadores en otras regiones del país, en esta provincia está en
verdadera decadencia. No solo que no es la forma más idónea para
organizarse, sino que las pocas cooperativas que fueron creadas durante
los años 60’s, están en verdadera acefalía, sin funcionamiento que justifique
su presencia. Por oposición, parece que los denominados Comités Pro-
mejoras que funcionan dentro de las propias cooperativas van adquirien-
do mayor importancia, no solo porque tratan de resolver problemas más
puntuales, sino por cuanto su funcionamiento es mucho más ágil y efectivo.
Lo que si se debería observar al respecto de su funcionamiento es que,
siendo integrados por razones coyunturales, una vez que éstas han sido
resueltas, se termina su labor, todo lo cual no permite el desarrollo de
una conciencia política que vaya más allá de la mera incidencia o proble-
ma momentáneo.

5.4.1.3 El problema de la sustentabilidad


Dentro de las organizaciones, independientemente de cual sea su
formato asociativo, el tema de su sustentabilidad es muy importante, ya
que en función de ella, se podrá determinar su futuro. Este tema se hace
más relevante dado el caso que algunas entidades en su constitución han
sido apoyadas por ONGs, planteándose necesariamente la pregunta es
¿qué va a pasar cuando dichas ONGs se retiren? En el caso de la provincia
de Los Ríos, la sustentabilidad también es un tema preocupante ya que
con pequeñas excepciones de organizaciones que por cuenta propia han
seguido existiendo e inclusive se han consolidado, como la asociación de
Mujeres Ocho de Marzo, la tendencia general es lo contrario, no crecen,
no se consolidan y pasan a una vida casi vegetativa, lo cual les impide de
forma notoria el cumplimiento de los objetivos para lo cual fueron creadas.
Como nos comentaba una dirigente de la organización campesina UOCQ
(Unión de Organizaciones Campesinas de Quevedo): “…hay organiza-
ciones donde sus miembros están super cómodos, en el sentido de que
‘otros hagan algo por mí’, no hay un afán de ir construyendo la organiza-
ción como un espacio de debate, de reflexión, de búsqueda de alternativas
frente a los problemas”. En otras palabras, si el proceso de constitución
de organizaciones en la provincia es muy difícil, por todo lo que hemos
analizado, el problema de su susten-tabilidad es aún mayor.

5.4.1.4 Una organización sui géneris

Intencionadamente hemos dejado para tratar en acápite separado lo


relativo a la organización Pueblo Montubio, por cuanto ella presenta una
serie de elementos dignos de destacarse de forma particularizada. Además,
desde el punto de vista antropológico, es muy significativo lo que dicha
organización está postulando, así como las derivaciones que se pueden
dar a futuro, en relación con su militancia.

La organización Pueblo Montubio al abarcar a varias


organizaciones campesinas de la costa, podría considerarse como una
organización de tercer grado. Respecto del origen exacto de dicha
organización, ni siquiera sus dirigentes actuales tienen certeza absoluta
de la época en que comenzó a integrarse, aunque en la memoria colectiva
de la gente se ubica en la época en que los campesinos costeños peleaban
por la ley de condonación de las deudas contraídas con el Banco Nacional
de Fomento, período que coincide con los gobiernos de Abdalá Bucaram
y Fabián Alarcón. Si bien se reconoce esta coyuntura como un referente
para el nacimiento de Pueblo Montubio, debe decirse que como
antecedente de su aparecimiento existieron otras organizaciones
campesinas cuyo móvil fundamental fue el resolver las necesidades básicas
del pueblo montubio.

Pueblo Montubio continúa en esa línea de trabajo, pero, al nivel de la


dirigencia, se empieza a hablar también del rescate de los valores y de la
reivindicación cultural, especialmente a través de la reapropiación de
signos y símbolos que se reconocen como los característicos y
emblemáticos de la cultura montubia. Se hace conciencia que esos temas
no solamente son muy importantes para la organización, sino que, a
través de ellos, se podría ampliar la membresía del grupo.

Durante el proceso de construcción del discurso cultural por parte


de los dirigentes de la organización, y más allá de la identificación de las
demandas encaminadas a resolver las necesidades básicas del grupo, se
seleccionan otros signos y símbolos, que en su mayoría se remiten al
pasado, pero que todos ellos apuntan a la búsqueda de una identidad. Se
entiende que solo así se podrían revalorizar sus manifestaciones cultura-
les, históricamente estigmatizadas, y asignadas gratuitamente a los
montubios. Es en este contexto donde se re actualiza la cabalgata
montubia, como una expresión cultural típica del grupo.

En esta búsqueda por su identidad, la primera gran conclusión a la


que llegan es que la identidad montubia no es exclusivamente campesina83 ,
sino que corresponde a una matriz cultural mayor, que trasciende los
límites del trabajo en el campo. En sus propias palabras: “…nosotros
tratamos de rescatar nuestra identidad como montubios ¿qué hacíamos?,
¿cómo era antes nuestra gente como montubia?...por ejemplo, antes,
qué se daba, se conseguía a las niñas guapas yendo a sus casas a cantarles
en los balcones buena música, un buen pasillo; ahora se pierde eso, al
amorfino, lo que era el rodeo montubio. Queremos reivindicar que ser
montubio es sentirse orgulloso. Lo que pasa es que el sistema mismo
parece que a partir de la era de los españoles nos había hecho creer que el
montubio era un burro, un tonto, un cojudo, porque nuestras madres en
un momento determinado, no conscientes de la realidad, íbamos a saludar
al padrino, y resulta que el muchachito se escondía en las faldas de la
mamá y le decía: ‘mi hijito, no sea montubio, salude al padrino’. Inclusive
hay un programa que se da del montubio en el canal 1084 y se habla del
montubio pero como que cogen a la madre, la tiran al suelo y eso no
es…”.

Otro de los esfuerzos de la organización Pueblo Montubio está


encaminado a crear conciencia dentro del país de que los montubios son
una muy importante fuerza productiva al interior del estado, que ellos
prestan un gran servicio alimenticio al país, y que ese hecho les debería
conferir un estatus relevante, como ellos manifiestan en formato de pre-
gunta “¿si a este país se le acaba el petróleo qué le queda?, la agricultu-
ra”.

En el discurso de los dirigentes con bastante asiduidad se menciona


la trayectoria de los movimientos indígenas de la sierra, destacando que
antes del primer levantamiento indígena, ellos no eran escuchados ni
tomados en cuenta, pero que después de él, han pasado a ser
interlocutores

83 Los entrevistados se referían a que no es sólo el trabajo en el campo lo que define


al montubio; se trataba de expresar que en su cultura existe una riqueza de ele-
mentos que no se agotan con el hecho de trabajar en la tierra.
84 Se hace alusión al programa “Mi Recinto”, producido y trasmitido en el canal 10,
el cual, ciertamente, contribuye a afianzar los estereotipos que la sociedad mantie-
ne sobre el montubio.
obligados de los gobiernos en el poder. Esta organización también aspira
a alcanzar tal nivel de respetabilidad en el ámbito nacional, “porque
nosotros también tenemos derecho de levantarnos”.

Como mencionábamos anteriormente, la lucha del Pueblo Montubio


pretende ser integral, por cosas materiales, pero también por el
reconocimiento de su cultura e identidad, y en este sentido, sus dirigentes
nos comentaban que ya se están recogiendo los primeros logros, ya que
ellos consideran que el discurso de reivindicación cultural ya está llegando
a las bases; prueba de ello, es que se están empezando a revalorizar entre
sus miembros, los rasgos culturales montubios.

Esta organización en su desenvolvimiento ha encontrado también


una serie de dificultades, dentro de las cuales se destaca el fuerte
caciquismo que se ha mantenido desde mucho tiempo atrás y que no
permite que se den innovaciones en los planteamientos o en el liderazgo
de la gente. “Siempre quieren ser los mismos, y no están dispuestos a
ceder el poder a otros que vienen atrás”. A esto se suman los bajos niveles
de educación de la gente, lo cual les inhibe de participar. Del mismo
modo, la ausencia de una tradición de participación ciudadana y, junto a
ella una falta de conocimiento de los problemas políticos. Es muy claro
el contenido de una testimonio de uno de los dirigentes de la organiza-
ción: “…la gente no tiene una conciencia clara de la política, no tiene
una conciencia clara de lo que es organización, no sabe siquiera cuáles
son sus deberes y obligaciones… la gente piensa que el liderazgo se trata
de montar una organización, coger a 50 personas y utilizarlas en el proceso
electoral, luego llega la persona a ese puesto y se olvidó de esa gente. O
sea, queremos que la política sea una política de ciencia, porque es una
bendición de Dios llegar a un puesto público…”.

A más de los problemas internos de organización, Pueblo Montubio


se ha encontrado con una fuerte oposición desde las esferas oficiales del
poder. Este hecho se ha visto claramente expresado en la negativa
gubernamental para la creación del Consejo Nacional de Desarrollo de
los Pueblos Montubios (CODEMOR), lo cual llevó a varias movilizaciones
y a una larga huelga de hambre de varios miembros. El argumento es
muy “sencillo”, no se quiere dejar consolidar a una entidad que vendría a
representar algo así como una CONAIE para los campesinos de la costa,
porque en el entorno político sería muy costoso.

Pueblo Montubio aspira a ser una organización distinta en varios


aspectos, y, dentro de ellos, ha mostrado, en principio, una apertura para
la participación femenina. Se destaca su importancia y los valores de las
mujeres para la lucha. Desconocemos si en la realidad se ha podido ir
más allá del discurso y las mujeres estén absolutamente integradas al
trabajo con voz y voto, ya que, en otras organizaciones hemos observado
que se trata de una participación de nombre pero no real.

5.5 La Colonia China en la Provincia de Los Ríos

Bajo el tema de la organización política en la provincia de Los Ríos,


no podíamos dejar de referirnos al caso de la presencia de la colonia
China en la provincia, y más concretamente en la ciudad de Quevedo. No
es muy claro el año exacto de la presencia inicial de los chinos en la
región. Para Quintana (1988), ésta se pudo haber dado alrededor de 1920,
cuando por influencia del cacao en los mercados internacionales, la cuenca
del río Guayas (donde se incluye gran parte de la provincia e Los Ríos)
creaba grandes expectativas y había grandes incentivos para ser poblada.

Los primeros chinos fueron procedentes de la provincia de Quantug,


en China. Después de un muy largo periplo, lleno de privaciones ya que
no existían relaciones diplomáticas con ese país, llegaban al Ecuador en
forma clandestina. Generalmente, hacían una primera parada en el Perú,
en donde algunos se quedaban, mientras otros se pasaron al Ecuador.

Su idea original detrás de la migración era establecerse en el campo,


para dedicarse a actividades agrícolas. Esto en un principio no se dio,
sino que iniciaron
actividades económicas en torno al comercio. Aún se recuerda que se
ubicaban en pequeños negocios a ambos lados del malecón en Quevedo.
Cuando se comenzaron a consolidar económicamente, adquirieron grandes
cantidades de tierra. Se dedicaron al cultivo del cacao, caucho y el palo
de balsa, todos ellos productos de exportación (Ibíd.).

Debido al gran movimiento económico comercial que se estaba


alcanzando en la región, en el cual la colonia china también tuvo que ver,
en 1943, Quevedo pasa de parroquia a cantón. Estos hechos coinciden
con un aumento migratorio, el cual va hasta los años 50’s del siglo pasado.

Nunca ha sido claro el porqué se seleccionó a Quevedo y sus alrede-


dores como su área de asentamiento, se ha dicho que quizás fue por el
clima de la zona, el cual era similar al de su provincia. Probablemente
hay algo de verdad en esa afirmación, pero más parece que debido a su
poca integración con el resto del país85 , el área les ofrecía la posibilidad
de ocultarse y evitar el hostigamiento del que fueron objeto, tanto por su
apariencia física, como por su idioma.

Fue tanta la importancia que llegaron a tener en la ciudad de Quevedo,


que se popularizó un dicho: “cuando las luces están prendidas en Quevedo
es que había muerto una persona de esa raza” (Quintana, 1988: 105).
Realmente, ellos eran los responsables del dinamismo que iba adquirien-
do esta región. La actividad comercial en buena parte estaba en sus manos.

En la actualidad la colonia china de Quevedo se dedica casi con


exclusividad a las actividades comerciales, especialmente a la
administración de restaurantes, ferreterías y almacenes de distribución
de productos; muy poco a la actividad agrícola. Parece que el último

85 Nos estamos refiriendo al hecho de que la única vía para salir y entrar a Quevedo
era la fluvial, hecho que aislaba a la región con el resto del país. Solamente
alrededor de 1950 se habilitan caminos carrozables desde los cuales se puede
acceder tanto a otros lugares de la costa, así como a la sierra.
gran negocio de los chinos en el campo fue una hacienda dedicada a la
crianza de cerdos, empresa de gran volumen económico pero que colapsó
durante el “Niño” de 1982 /83.

La colonia china ha mantenido una estructura endogámica, donde


los matrimonios preferentes son entre sus propios miembros. Sí se han
dado enlaces con ecuatorianos o ecuatorianas, pero el ideal de la colonia
es el mantener una membresía fundamentalmente entre sus miembros. La
preservación de las propias costumbres y tradiciones, así como la con-
servación del idioma nativo es algo que se sigue viendo con buenos ojos,
prueba de ello es la forma como siguen festejando el advenimiento del
nuevo año de acuerdo al calendario chino; esa celebración es una de las
actividades más importantes para ellos, y les permite recrear su cultura.

Pese a un verdadero y voluntario aislamiento en el cual han tratado


de vivir, los chinos siempre han estado dispuestos a colaborar con las
autoridades de la ciudad en obras de distinta índole, aunque han
manifestado un verdadero temor y aversión por inmiscuirse en actividades
de naturaleza o tinte político (curiosamente uno de los alcaldes de la
ciudad fue chino). No solamente que no les gusta ese tipo de actividades,
sino que las encuentran inútiles e improductivas. Hasta en el ámbito de-
portivo han incursionado a nivel de la dirigencia.

La colonia china se distingue por su dedicación casi fanática al trabajo,


para el cual no existen “ni sábados ni domingos ni fiestas de alguna
índole, y se debe trabajar el número de horas requeridas”, esta es una de
las razones por las cuales ellos, de preferencia, escogen laborar con
personas de su grupo. Para un ecuatoriano ese ritmo de trabajo
sencillamente sería algo inconcebible, al que de ningún modo se
comprometería.

Los habitantes nativos de Quevedo ven a la colonia china con respeto


y admiración. Ya se han terminado los tiempos en los cuales se mantenía
una marcada hostilidad y sospecha frente a ellos. Se les admira por su
tenacidad en el trabajo, por su espíritu
de colaboración, y se reconoce en ellos a agentes dinamizadores de la
economía de la ciudad y la región. La mayor integración entre nacionales
y chinos se ha dado a propósito del arte culinario, pero no en el sentido
que los ecuatorianos hayan incorporado dentro de su comida a los platos
chinos, sino que éstos son adquiridos en los restaurantes cuyos dueños
son miembros de la colonia china. En el capítulo correspondiente a la
Cocina Popular se abordará este tema. u
6. RELIGIOSIDAD POPULAR

6.1 Aspectos generales

La Religiosidad Popular ha sido un tema ampliamente debatido,


puesto que no siempre ha habido una unanimidad de criterios respecto de
sus contenidos86 . Por un buen tiempo se pensó que esta expresión cultural
era la representante arquetípica de las clases subalternas (Parker, 1996),
pero a través de varias constataciones in situ, esta noción fue descartada,
ya que resultaba bastante imprecisa, puesto que en la praxis religiosa, no
necesariamente ni con exclusividad, los grupos subalternos eran quienes
llevaban adelante el peso de la Religiosidad Popular.

Uno de los investigadores que con más preocupación y criterio se ha


ocupado del tema (Marzal, 1997: 450), nos advierte de la dificultad de
referirse a este fenómeno religioso, al mismo tiempo que hace una larga
reflexión en la cual se precisan una serie de ideas: “la religiosidad popular
es una expresión bastante ambigua y creo que una parte de los problemas
pastorales de ella es la manera como brota de la falta de una definición
adecuada de la misma. En general, puede decirse que la religiosidad
popular es la manera como se expresa religiosamente el pueblo, pero
entendido no como

86 Para una profundización sobre el tema se sugiere consultar, entre otros a: Manuel
Marzal, Cosmos Hombre y Sacralidad. Quito: Abya-Yala. 1997; Cristian Parker,
Otra Lógica en América Latina. Religión Popular y Modernización Capitalista.
Santiago: Fondo de Cultura Económica. 1996; Manuel Mandianes, La Religiosi-
dad Popular, Tomo I. Madrid: Anthropos/Fundación Machado. 1989
categoría económica, sino como masa con escaso cultivo religioso. No
es la religión de las clases menos favorecidas económicamente, sino la
religión del hombre de la calle. Es la religión de las mayorías que se
contrapone a la de las minorías tanto oficiales (el clero, los religiosos y
las demás elites eclesiásticas institucionales) como no oficiales”.

Es interesante observar como el autor citado ubica en el pueblo la


centralidad de la actividad religiosa popular, pero de un pueblo con “escaso
cultivo religioso” (Ibíd., 450), dentro del cual podrían estar representados
un sinnúmero de estamentos sociales no necesariamente populares. Pre-
cisamente, por la amplitud de su primera aproximación conceptual, el
autor consultado (Ibíd., 450) se ve obligado a realizar una extensión de
la definición, dentro de la cual destaca los siguientes rasgos:

“1. Es una verdadera cultura, en el sentido que dan a esta palabra las
ciencias sociales, es decir, modo de pensar, de actuar y de sentir en el
campo religioso, que es peculiar de un grupo humano. 2. Como toda
cultura, se trasmite por el proceso de socialización y así, aunque en la
religiosidad popular haya el influjo de ciertos agentes pastorales que
todavía la cultivan, se trasmite sobre todo por canales informales y como
parte de la cultura total de la sociedad nacional. 3. Supone un doble
proceso: a) un proceso de selección de formas religiosas peculiares, de
acuerdo al contexto total de la cultura nacional: por ejemplo, el gusto
por las procesiones. Esta selección, como toda selección cultural, se debe
a múltiples factores (históricos, ambientales, económicos); b) un proceso
de reinter-pretación de las formas religiosas ‘oficiales’, para añadirles o
cambiarles de significados y funciones: por ejemplo, ‘la fiesta del santo
patrono’. Esta fiesta, según la teología oficial, tiene solo una función
cúltica, y según la religiosidad popular tiene funciones de integración
social, de promoción por el prestigio, de desahogo colectivo y hasta de
nivelación económica…”.

Al contenido de esta importante cita, podemos agregar algunos


elementos que en nuestra propia observación del fenómeno, estudiado
en la provincia de Los Ríos, consideramos dignos de destacar: En primer
lugar, la ninguna institucionalización formal (oficial) del fenómeno. El
hecho de que el peso de las manifestaciones de la religiosidad popular
recaen en el pueblo, el cual a través de comités o patrocinadores
particulares lo llevan a cabo confirman la proposición. La presencia de la
iglesia en misas, procesiones u otras actividades religiosas formales se
ve “desbordada” por la gestión performativa popular, en la cual se refleja
de forma vívida el verdadero contenido que la gente da a la Religiosidad
Popular. En segundo lugar, son aproximaciones vivenciales al fenómeno
religioso. El guión de las manifestaciones de la Religiosidad Popular en
modo alguno está alineado con una estricta doctrina religiosa, la cual, en
la mayoría de veces, es desconocida por los adherentes a estas prácticas.
En tercer lugar, en estas manifestaciones religiosas, hay una acentuada
preferencia por los elementos rituales: música, flores, incienso, juegos
pirotécnicos, etc. Finalmente, en la mayoría de las actividades de la
Religiosidad Popular se funden las dimensiones de lo “sagrado y lo
profano”, hasta el punto de ser imposible un reconocimiento
individualizado de cada una de estas esferas.

Por las características propias de las que se reviste la Religiosidad


Popular, la iglesia oficial no siempre la ha visto “con buenos ojos”, puesto
que ciertas prácticas religiosas populares se las interpreta hasta como
manifestaciones paganas, no solamente alejadas de la preceptiva formal,
sino de una exigida racionalidad. Como esta rigidez conceptual a lo único
que conducía es a alejar a los fieles de la iglesia, las nuevas tendencias de
las misiones se muestran más tolerantes frente a este fenómeno. El párroco
de Valencia (Francisco Ortigoza, comunicación personal, 2003), en
relación con el tema de la Religiosidad Popular se expresaba de esta
forma:”considero que se trata de un elemento muy importante con
respecto al desarrollo de las personas. Por una parte está la fe en el sentido
más puro y por otra parte un sentido primitivo pero no menos importante
dentro de las cuales se enmarcan las
manifestaciones religiosas populares. Esta es una manera primaria, por
decir así, de cómo las personas han ido desarrollando su relación con
Dios, con lo sagrado a través de las imágenes, fiestas, y todo ese tipo de
actividades. Tiene un gran valor como iniciación, como parte de un proceso
para depurar la relación con Dios. Naturalmente para que sea correcta,
para que sea positiva una parte tiene que manifestar la cultura propia de
las personas y por otra parte se debe conseguir llegar a un proceso de
maduración de la fe, de tal manera que esos medios materiales que se
usan vayan poco a poco cediendo el lugar que les corresponde, hasta que
la gente vaya prescindiendo de ellos para llegar a Dios” (énfasis de los
autores). A propósito hemos resaltado algunas expresiones contenidas
en la cita, ya que ellas translucen una particular forma de interpretar el
fenómeno de la Religiosidad Popular típicas de la religión oficial, que de
forma implícita o explícita la miran como algo peyorativo o simplemente
inferior dentro de una jerarquía religiosa formal.

Las manifestaciones de la Religiosidad Popular tienen lugar en relación


con un acontecimiento o hecho específico, llámese conmemoración de
una fiesta o culto a una imagen determinada. En Valencia, por ejemplo, la
imagen de San Francisco87 será el motivo en torno al cual se organizará
la fiesta. La celebración estará llena de manifestaciones externas: volate-
ría, música, incienso, etc. y es allí donde la gente pondrá más atención, y
tendrá mayor participación. La novena y la misa si bien es verdad que
entran dentro de los “números obligatorios” de la fiesta, son atendidas no
por su trascendencia doctrinaria, sino porque son ocasiones propicias
para poner en funcionamiento la Religiosidad Popular.

87 La fiesta de organiza en torno a esta imagen específica y concreta a la cual se le


atribuyen una serie de virtudes. Interesa poco la trayectoria religiosa del santo o el
camino de perfección que siguió para subir a los altares. Es “esta imagen de San
Francisco”, y no otra, conservada en la iglesia de Valencia a la cual se la festeja,
porque ella es la milagrosa.
6.2 Prácticas de religiosidad popular en la Provincia de
Los Ríos

Como hemos manifestado en varias secciones de este estudio, el


proceso de misionalización en la región litoral del país, en oposición al de
la sierra o la amazonía, nunca tuvo una intensidad significativa88 , de la
cual la provincia de Los Ríos no es una excepción. Por muchos años la
presencia de sacerdotes y órdenes religiosas estuvo reducida a los párrocos
de las iglesias, en las ciudades principales de la provincia. Las localidades
urbanas de segundo orden y el área rural estuvieron privadas de su
presencia. Únicamente en los últimos años se advierte la presencia de
misioneros, especialmente españoles, quienes se dedican a la labor pastoral.

El resultado de esta situación se ha visto reflejado en una muy poca


exposición de la población hacia el aspecto teológico de la religión, y
concomitantemente, en una disposición para re-interpretar a su modo,
los contenidos de la doctrina católica. Precisamente, este contexto ha
sido un campo fértil para la emergencia de la Religiosidad Popular en
Los Ríos, ya que, como quedó dicho, en este tipo de prácticas religiosas,
no se privilegian los fundamentos teológicos, los cuales, ciertamente
importan poco, sino que es más importante la parafernalia externa y el
tipo de relación humana que se establece con lo sagrado.

Justamente, en este sentido, la Religiosidad Popular permite vincular


a la deidad con los temas cuotidianos de la población. Se acude al santo,
a la virgen o al mismo Dios para “negociar” la resolución de problemas
que le aquejan. El párroco de Valencia, sensible al dolor que sufren varias

88 Con ciertas excepciones como la ocurrida en la provincia de Manabí donde como


estrategia de la jerarquía católica para neutralizar al “ateísmo” del General Alfaro
se envió al controvertido obispo Schumacher en calidad de “cruzado”, la presencia
de la iglesia católica en el litoral ecuatoriano ha sido muy poco significativa. Al
respecto consúltese el tomo relativo a la “Cultura Popular en la Provincia de
Manabí”, dentro de esta colección.
familias de la localidad por los efectos de la migración internacional,
seleccionó a ese tema como el eje de la reflexión durante la novena de
San Francisco, obviamente dentro de una perspectiva teológica, resaltando
el hecho “que para la iglesia católica no hay extranjeros, no hay migrantes,
pues todos somos hermanos”. Si esa era su intención, desde la perspectiva
del pueblo fue una gran oportunidad para establecer un “diálogo” con el
santo, en los términos más objetivos y concretos, tratando de encontrar
solución a los múltiples problemas que la migración trae consigo. En esta
situación se produce una desacralización de la deidad, su vinculación con
los fieles era fundamentalmente de naturaleza humana, y bajo esa premi-
sa se establecen las relaciones.

6.2.1 Formas de culto: vírgenes y santos patronos

En la provincia de Los Ríos, como en la mayoría de localidades dentro


del país, la Religiosidad Popular se canaliza sobre todo a través del
culto a las vírgenes y los santos. Cada una de las poblaciones ha
“seleccionado” o ha sido inducida por el sacerdote de turno, para escoger,
dentro del amplísimo santoral católico, a una virgen o un santo, bajo
cualquiera de las advocaciones existentes. En la provincia que nos ocupa,
a este proceso hay que sumarle el hecho de que, debido a las migraciones
de origen serrano que se produjeron durante el siglo anterior, quienes
llegaron de la región interandina, trajeron consigo las devociones de sus
lugares de origen. Bajo cualquiera de las circunstancias señaladas, lo im-
portante es reconocer que en Los Ríos cada asentamiento humano tiene
un santo patrono: San Jacinto en Buena Fe, la Virgen de las Mercedes en
Babahoyo, San Antonio y el Señor de la Salud en Montalvo, San Francisco
en Valencia, la Virgen de Lourdes en Palenque, para solo citar unos
cuantos ejemplos. Las prácticas de la Religiosidad Popular girarán en
torno al contacto que se establece con la imagen de estos personajes
celestiales.
Como hemos mantenido, en el contexto de la Religiosidad Popular,
la “distancia” existente entre los fieles y las deidades no es excesiva,
siempre por oposición a lo que se da en la religión oficial, este hecho
permite el que la modalidad de relación también sea diferente, si se
quiere, “más humana”. Dicha relación se establece bajo la presentación
de un verdadero contrato diádico (Foster, 1967) en donde el “yo te doy
y tú me das” se hace efectivo. “Si tú me ayudas con la cosecha, yo te
daré una misa; si me concedes la salud, participaré en la fiesta en calidad
de prioste”, etc. Esta humanización de la deidad permite establecer una
serie de relaciones, las cuales siempre van a tener un referente de carácter
objetivo. El “contrato” implícito es que éste sea cumplido por ambas
partes, dependiendo el prestigio del santo virgen o señor, en cualquiera
de sus denominaciones, del fiel cumplimiento de lo “acordado”. Preci-
samente, la condición y fama de ser más o menos milagroso, estará en
relación a ello.

La relación con el santo patrono se concretiza a través de la novena


que precede al día de su celebración, fecha en la cual se realizará la misa
solemne después de la procesión. Tanto en la procesión como en la misa
se entregarán las ofrendas, poniéndose en juego ciertas particularidades
típicas de la Religiosidad Popular. El formato de la fiesta generalmente
es el mismo como el de la celebración de San Jacinto en Buena Fe, el 16
de agosto, es decir, se organizan las novenas en los distintos barrios de
la localidad, el santo “visita” cada noche a un barrio diferente y el día
que el santoral señala la celebración propiamente dicha, tiene lugar la
misa y procesión como los actos más solemnes y con los que culmina el
festejo religioso, dando paso a la fiesta “profana” en la cual se queman
castillos y se organiza un festejo popular al que atienden grandes
cantidades de personas, entre las que se cuentan los pobladores que
habiendo nacido en el pueblo ya no viven allí, pero que con ocasión de
la fiesta han retornado a sus lugares de origen para sumarse a los festejos.

Como hemos manifestado en otra sección de este estudio, en algún


momento la provincia de Los Ríos fue receptora de olas migratorias,
debido a ello, las
modalidades a través de las cuales se concretizan los actos de Religiosi-
dad Popular tendrán que ver con el lugar de origen de los participantes.
En este sentido, es reconocible el formato de las fiestas religiosas que se
celebran en Montalvo, Valencia, Mocache, el cual es muy similar al de las
celebraciones que se realizan en la serranía ecuatoriana. Este fenómeno
se explica por la gran cantidad de migrantes serranos que se han ubicado
en estos cantones, quienes han traído consigo sus “propias devociones”
y sus maneras peculiares de realizar las fiestas, en donde, a nivel de los
actos lúdicos que acompañan a las celebraciones, generalmente se ten-
drán actos como: toros de pueblo, la presencia de bandas de música
contratadas en la sierra y que entonan ritmos de profunda tradición serrana
como el “toro barroso”, juegos pirotécnicos, igualmente traídos desde la
sierra, y la ingesta de comida típica de aquellos lugares del país. Como
dato importante podemos afirmar que no existen grandes diferencias, en
cuanto a las secuencias que se llevan a cabo, entre las fiestas que se
realizan en el área urbana y las que tienen lugar en el área rural de la
provincia. En dichas zonas también se puede observar que las
particularidades de las fiestas dependerán del lugar del cual provengan
sus participantes.

En este tipo de prácticas religiosas el valor depositado en torno al


milagro es muy importante, quizás no tan trascendental en Los Ríos como
en determinados santuarios de otras provincias, en donde inclusive de
forma pública se da testimonio de ellos. La praxis religiosa entre los
habitantes fluminenses, más bien se mueve por el lado del temor al
castigo89 , como se manifestaba en relación al tema: “eso de que si no
soy prioste o no cumplo con mi cuota me castigan [los santos], eso
quizás está un poco más fuerte que los milagros, aunque siempre vienen
personas que agradecen, que dan esto o aquello por los milagros”. Un

89 Habría que matizar esta opinión, por cuanto en otros lugares de la provincia,
conversando con distintos actores sociales involucrados con la Religiosidad Popular,
pudimos constatar que el milagro, y todo lo que se da alrededor de él, sí es una
consideración importante para su praxis religiosa. El tema del temor estaba pre-
sente pero no con la importancia del primero.
testimonio recogido en Montalvo parecería confirmar lo manifestado en
líneas precedentes: “hay gente que tiene la creencia que si al santo sino se
le hace una fiesta bien hecha, se dice que San Antonio nos castiga”. Hay
gente del campo que dice: “yo puedo dejar de comprar cosas pero tengo
que ofrecer algo a mi santo’, esto para que no se resienta…”.

6.2.2 Los velorios de los santos

La costumbre de velar a los santos, muy típica de la región litoral


ecuatoriana, también había sido una de las prácticas de Religiosidad
Popular en la provincia de Los Ríos. Utilizamos la forma verbal en
pretérito, por cuanto dicha costumbre está casi extinguida, y tiene lugar
en contadas casas en las cuales, aprovechando el altar familiar, aún se
vela a los santos. Los altares familiares son una viva representación de
la Religiosidad Popular, en ellos se puede observar al santo de la devo-
ción familiar, a Dios bajo cualquiera de las representaciones populares, a
la figura del Hermano Gregorio, a la efigie del Divino Niño, a la estampa
del Santo Hermano Miguel, etc. etc. todos ellos “disputándose un espacio”
dentro del reducido sitio disponible, el cual indefectiblemente siempre
estará engalanado de flores de plástico o papel y luces multicolores. Una
madre de familia en Palenque, muy orgullosa de esta tradición nos relató:
“aquí era muy común que cada familia tenga un altarcito con los santos
más devotos, ahora somos pocos los que continuamos. Se hacían velorios
a San Jacinto, el 16 de agosto; a la virgen de la Merced, el 24 de septiem-
bre, a San Juan, San Pedro y San Pablo. Se velaba y rezaba al santo hasta
media noche, luego de lo cual, generalmente, se brindaba a los invitados
aguado de gallina, tortas. También se ofrecía mistelas y caramelos, de-
pendiendo de lo que el dueño de casa esté en capacidad de ofrecer. Pero
como ahora a la gente le gusta divertirse, después se hace un fiestón que
dura hasta el otro día…”.
En las áreas rurales provinciales esta era una costumbre muy
importante pero ha perdido vigencia. Con mucha nostalgia Don Joel
Aguayo, patriarca del recinto Garza de en Medio nos contaba como, con
ocasión de los velorios,90 “…se reunía toda la gente del asentamiento, y
después de velar al santo, jugábamos al florón, a las penitencias, que eran
durísimas; se tocaba guitarra y se recitaban amorfinos. Antes se pasaba
muy lindo, la gente tenía humor para todo, ahora lo único que les encanta
es fumar y tomar”. Don Joel comentó que en la actualidad la gente ya no
se reúne, entre otras cosas, porque muchos han salido del recinto para
buscar trabajo, y a otras familias ya no les interesa.

6.3 Las nuevas devociones

En la provincia de Los Ríos, al igual que en otras del país


(Chimborazo, Manabí, Pichincha, etc.), se han ido introduciendo nuevas
devociones, las cuales no solo que se suman a las ya existentes, sino que,
inclusive las desplazan. Dentro de ellas destacan por la fuerza que van
tomando y la adhesión de la gente, El Divino Niño y en menor medida el
Hermano Gregorio. Aunque no con la fuerza que estas devociones tie-
nen en Manabí, para solo citar un ejemplo, han pasado a ser los nuevos
personajes religiosos fundamentales del habitante fluminense. En la
mayoría de los altares familiares, sus figuras ocupan lugares estelares.

La devoción al Hermano Gregorio llegó desde Venezuela, en primer


lugar, y su popularidad creció de forma notable debido a que en el
imaginario de la gente, dicho personaje, a través de su espíritu, hace una
serie de curaciones, inclusive operaciones, verdaderamente milagrosas.

90 Habría que tomarse en cuenta que en las áreas rurales provinciales, proverbialmente
abandonadas de todo servicio público, entre ellos la energía eléctrica, los velorios
representaban una de las pocas oportunidades grupales de realizar actividades
lúdicas, de allí que su importancia era fundamental no solamente desde el punto
de vista religioso, sino social.
Muchas son las personas que testimonian estos hechos, lo cual ha acre-
centado su devoción por él. No importa en absoluto que el Hermano
Gregorio aún no sea un santo reconocido por la iglesia católica (dentro
del largo proceso de canonización recién está en la etapa de Siervo de
Dios), ya que, a través de sus milagros, la gente ya le ha elevado a los
altares, y lo considera como uno más. Para el pueblo lo importante es
su condición milagrosa por encima de cualquier formalidad que, más
bien, resulta superflua en este ámbito.

En cuanto al Divino Niño, esta es una devoción traída desde Colom-


bia por los primeros migrantes de ese país, quienes arribaron a la ciudad
de Santo Domingo de los Colorados hace más de quince años. Ellos
fueron los encargados de popularizarla y extenderla. Actualmente los
seguidores del Divino Niño están regados por todo el país e inclusive ya
se han erigido algunos templos en su honor. En la provincia de Los Ríos
esta devoción también ha calado profundo en los corazones de muchas
personas. Se pondera su generosidad en la concesión de milagros y ello
hace que su popularidad vaya en aumento. En un sinnúmero de poblaciones
se han levantado pequeñas capillas para él, y en Barreiro, sector de
Babahoyo, con el aporte de la gente se proyecta levantar una capilla para
su culto. Hoy por hoy es una devoción cuya popularidad está desplazando
a otras más tradicionales. Sin lugar a dudas, el fenómeno religioso que se
promueve a través del Divino Niño es un tema digno de ser profundiza-
do.

En un sitio ubicado en la vía Baba-Guare-San Antonio se encuentra


el recinto El Guayabo donde aún se puede ver en estado de completa
destrucción la casa de la hacienda el guayabo, cuyos propietarios fueron
los señores Miguel Molina y Rosa Ayala, padres de la beata Mercedes de
Jesús Molina y Ayala, conocida como la Rosa de Los Ríos, quien fue
fundadora de la congregación de Las Marianitas. Ella dedicó su vida al
cuidado de los pobres y los ancianos. Todos los años, desde el tres de
junio al doce del mismo mes, en la población de Baba se realiza una
novena en su honor, a la cual acuden los planteles educativos
católicos de la zona, las comunidades cristianas, la gente de los barrios y
las comunidades aledañas. En el penúltimo día de la novena se realiza
una muy concurrida romería hasta el recinto el Guayabo, lugar de su
nacimiento. De acuerdo al párroco del sitio, la iglesia católica tiene pensada
la construcción de un templo en ese recinto, proyecto que ha quedado en
suspenso por la falta de recursos económicos para realizar la obra (El
Universo, junio 2 del 2003). La romería es una buena oportunidad para
la realización de una serie de actividades enmarcadas en la Religiosidad
Popular: música, juegos pirotécnicos, profusa venta de reliquias de la
beata, entrega de ofrendas, etc.

La oficialidad de la iglesia se ha mostrado más bien cauta frente a


estas nuevas devociones que van apareciendo en la práctica religiosa
popular a lo largo de la provincia. Con respecto al hermano Gregorio,
exvotos, otro tipo de figuras, etc., se piensa que si “no hacen daño no hay
problema”. Se entiende que entre los adeptos a la Religiosidad Popular
no hay un afán premeditado de causar problemas de índole teológico.
Del mismo modo, la iglesia se ha mostrado prudente en cuanto a la vera-
cidad de los milagros atribuidos a determinadas devociones. En lo que sí
manifiesta una actitud contraria, es en relación con un sinnúmero de
engaños a los cuales pueden ser sometidos los feligreses, a nombre de
supuestas prácticas religiosas; en todo lo demás se podría afirmar que
existe una prudente tolerancia. Quizás donde eventualmente se
presentarían más resquemores es en relación a la devoción al Hermano
Gregorio, a quien el “pueblo” de facto ya lo ha canonizado, pero cuya
causa en el Vaticano, encaminada a declararle un nuevo santo de la igle-
sia, está aún muy lejos de concretizarse.

6.4 El culto a los muertos

Desde la época prehispánica el culto a los muertos fue una de las


prácticas funerarias más arraigadas entre las culturas que estuvieron
asentadas en el territorio que posteriormente se constituiría como la
provincia de Los Ríos. En la cultura Milagro-Quevedo esta era una
costumbre ampliamente difundida. La creencia en una vida posterior se
manifiesta en las costumbres funerarias, como se explica en el capítulo
relativo a la historia.

Contemporáneamente, a más de la obligada visita al cementerio cada


dos de noviembre, ocasión donde se aprovecha para limpiar la tumba de
los seres queridos, poner flores, encender velas y decir alguna oración en
su recuerdo, no se advierte alguna ceremonia especial, eso sí, reina entre
los visitantes un espíritu festivo; como nos comentaba un morador del
cantón Mocache: “aquí en el día de los difuntos hay harta gente regada
por las calles. La gente va al cementerio, solo que lo que creo es que en
este pueblo salen del cementerio a bailar, así es aquí. Es una costumbre
propia de la costa. Aquí al cementerio llevan flores, velas, nada más…”
Con ocasión de esta fecha regresan a los diferentes pueblos, los familia-
res que han salido, convirtiéndose el dos de noviembre, en una buena
oportunidad para que se reúna la familia, y se encuentren los amigos
después de meses de no haberse visto, todo lo cual crea un ambiente de
fiesta, muy diferente a la naturaleza de la celebración del día de difuntos.

Pese a que en la actualidad, como lo hemos señalado, no se realizan


ceremonias especiales, algunos informantes de edad avanzada recuerdan
que “antiguamente se hacían siete días de rezo en la casa, en el sitio
donde se veló al difunto”, en esta ceremonia participaban los familiares
íntimos. También manifestaban el espíritu de recogimiento y recordación
que tenía esta fecha. Insistieron con evidente desagrado cómo habían
cambiado las cosas, tomando en cuenta lo que sucedía en épocas pasadas.

En los lugares con fuerte influencia serrana, como en el recinto El


Mirador del cantón Montalvo, por ejemplo, el formato de la celebración
del día de difuntos se asemeja al mantenido en la serranía ecuatoriana,
así: “…en las noches se hace la velación a los muertos, las personas van
al cementerio a poner velitas, a rezar, a ponerle flores, coronas y limpiar
la tumba. Por lo regular en
esta fecha vienen las personas que tienen acá sus feudos [deudos], a veces
se reúnen, conversan con la familia, y como en todas partes se hace pan,
colada morada y se come. El pan se hace de una manera que se da la
forma de un semihumano, una criatura que se llama guagua. Se hace con
queso, puede ser de sal o de dulce…” Con esta ocasión se junta la familia,
tanto los que permanentemente viven en el pueblo, así como los que
regresaron exclusivamente para el día de difuntos.

Sea cual fuere la modalidad a través de la que se exprese el culto a


los muertos, lo importante es que esa fecha no pasa desapercibida,
sirviendo, además, para que afloren diversas expresiones de Religiosidad
Popular, de las que se ha dado cuenta en este capítulo. u
7. FIESTAS

7.1 Aspectos generales

Las fiestas populares constituyen un espacio de encuentro social de


especial importancia y trascendencia; durante su realización, se ponen en
juego símbolos y emblemas que crean, reconstituyen y/o preservan la
memoria colectiva de localidades o grupos sociales particulares,
actualizándose con ello algunos de los referentes sobre la base de los
cuales se construye y reconstruye la identidad. En Los Ríos, esta dinámica
tiene lugar en varias direcciones de acuerdo a la diversidad de grupos
sociales que la habitan; aquí nos interesa resaltar sobre todo aquello que
dé cuenta de las particularidades de las festividades de la provincia.

Por una parte, dado que en Los Ríos existen varios pueblos de for-
mación reciente (hablamos de 10 ó 20 años) y, por tanto, sin mucha
profundidad histórica, constituidos principalmente por olas migratorias
provenientes de la sierra, las fiestas representan una ocasión no sólo para
recrear las costumbres de los lugares de origen de los inmigrantes y
preservar su memoria colectiva, sino también para crear referentes de
identidad y cohesión en los sitios donde ahora habitan. En estos casos, el
performance festivo se desarrolla con algunas “prestaciones” culturales
de la sierra, intentándose proyectarlas, empero, hacia la construcción de
una historia propia de la localidad. Dicho de otra forma, en muchas de las
festividades riorenses nos encontramos frente a “tradiciones adoptadas”,
de lo cual algunos elementos de las fiestas religiosas patronales son un
buen ejemplo.
Por otra parte, una vez concientizados de su “derecho a la palabra”
los montubios han visto la necesidad de crear bases sólidas que coadyuven
en su fortalecimiento como grupo social. Dentro de ello, han reparado en
que lo cultural es fundamental al ser una dimensión en la que se pueden
redescubrir o, inclusive, crear referentes de identidad y cohesión,
rescatándose las fiestas reconocidas como propiamente montubias; tal es
el caso del rodeo montubio de algunas parroquias como Baba.

Ahora bien, en los casos en que los símbolos y emblemas que se


ponen en juego durante la fiesta logran, aunque sea temporalmente,
aglutinar a la mayoría de lugareños, traspasando los límites de la diversidad
social y cultural, la fiesta popular da lugar, además, a la interacción entre
actores sociales heterogéneos. Ello no conlleva, sin embargo, la anulación
de la diferencia; por el contrario, ésta se muestra con mayor claridad a
través de los papeles que cada persona o grupo asume dentro de la
celebración, los cuales reafirman o invierten jerarquías en una dinámica
en la que el alto a las actividades cotidianas y el relajamiento de las
sanciones sociales crea nuevas situaciones o recrea la forma en que se
desenvuelven comúnmente las relaciones sociales, aspectos éstos que
esperamos ilustrar a continuación.

7.2 Fiestas Religiosas

7.2.1 Fiestas Patronales

Como es característico de las manifestaciones de religiosidad popular,


las fiestas patronales ostentan dos dimensiones. Por un lado, dentro de
una dimensión propiamente religiosa o sagrada, constituyen espacios de
culto a los santos patronos o vírgenes protectoras de la localidad. Si bien
ello se deriva, en principio, de las formas católicas de evangelización, en
las que las imágenes religiosas se mostraban más aprehensibles que la
idea de un Dios abstracto, han sido los devotos quienes han definido
las peculiaridades de la relación con su santo o virgen de devoción de
acuerdo a sus circunstancias, concepciones y aspiraciones. De esta
manera, en estos espacios de culto, más concretamente, se aprovecha
para reforzar el “contrato diádico” establecido por los devotos entre las
partes, en el que se pide o agradece un favor ‘a cambio’ de una ofrenda o
celebración. Dentro de ello, el contacto con la imagen, más cercano du-
rante las festividades en actividades como las ‘visitas’ o procesiones, tendrá
un papel muy importante.

Por otro lado, dentro de una dimensión profana, las fiestas patrona-
les son ocasión para establecer espacios de encuentro de diferente índole,
generalmente lúdicos. Frente a las acciones litúrgicas oficiales de conme-
moración, son éstos los que convocan mayor cantidad de gente. Como
puede suponerse, muchas de las actividades - no todas- son organizadas
por uno o más grupos de personas al margen de la iglesia, lo que las
convierte de cierta manera en formas de re apropiación de la fiesta por
parte de los habitantes de la localidad.

En el caso de Los Ríos, es especialmente en esta segunda dimensión


donde se presentan particularidades propias del proceso histórico de la
provincia. El papel que ésta ha tenido dentro de la economía ecuatoriana
como productora de cacao y banano, importantes rubros de exportación,
ha dado lugar a que durante los apogeos de estos productos dentro del
mercado mundial, Los Ríos reciba olas migratorias de otras partes del
país, especialmente de la sierra. Todo ello ha provocado, por una parte,
la formación ‘apresurada’ de algunos pueblos y ha dado lugar, por otra, a
una amalgama cultural, lo cual configura un ambiente propenso a la
búsqueda de referentes identitarios y, con ello, a la adopción o invención
de tradiciones que distingan a una localidad. Dentro de este proceso, las
fiestas representan una buena ocasión para ello, lo cual puede observarse
sobre todo en cantones de significativa influencia serrana. De esta manera,
si bien al hablar de las fiestas patronales nos encontramos frente a ciertas
actividades que se repiten de un lugar a otro en un mismo orden, como se
verá más adelante, en contextos de influencia serrana existen elementos
particulares.
7.2.1.1 Organización de las fiestas patronales

Dentro de la provincia de Los Ríos, en la organización de las fiestas


religiosas patronales, actualmente, se distinguen varios actores. En primer
lugar, la iglesia, institución que regenta las imágenes religiosas, ostentando
el poder sobre los principales símbolos de la fiesta, y desde la que se
organiza, por tanto, el programa religioso central. En segundo lugar, los
devotos, los cuales colaboran en la fiesta tanto en trabajo conjunto con la
iglesia como de manera independiente. Generalmente, se organizan en
los llamados “comités pro fiestas” conformados por quienes estén en
capacidad de prestar algo de su tiempo, así como de contribuir con dine-
ro, a fin de que puedan realizarse todas las actividades previstas para los
dos o tres días de fiesta: novenas, ‘visitas’ de las imágenes a distintos
sectores, procesiones, actividades lúdicas, entre otros; al interior de estos
comités existen comisiones encargadas de cada una. Los comités pro
fiestas tienen una directiva similar a la de cualquier otro: presidente,
vicepresidente, secretario y tesorero. Éstos son electos por el resto de
miembros en asamblea y por votación. Por lo general, estos cargos recaen
en personas reconocidas por la colectividad por su preocupación por las
necesidades de la localidad.

En cantones sin influencia serrana, dentro del grupo de los devotos,


es extraño el reconocimiento de la figura del “prioste” o persona que por
si sola o con su familia y /o amigos se haga responsable de la organización
de la fiesta, con todo lo que ello implica. Los priostes están instituidos
más bien en Montalvo y Valencia, dado que los inmigrantes han llevado
hasta estas localidades la institución del priostazgo desde sus sitios de
origen: Cotopaxi, Bolívar. Sin embargo, aún allí, los priostes difícilmente
se conciben como un grupo reducido: “mi papá nos comentaba que antes
organizaban la fiesta los más millonarios… se reunían dos o tres familias
y hacían la fiesta de forma pomposa. Pero poco a poco se fue perdiendo
esa costumbre, la gente se endeudaba… Entonces, ahora no son sólo dos
o tres familias o personas que se encargan de la fiesta sino son varios los
priostes… las personas que se anotan como voluntarios son alrededor de
125 0 130” (Presidenta del Comité Pro Fiestas de San Antonio de Pauda.
Cantón Montalvo, comunicación personal, 2003). O como nos decía otro
informante (Miembro del Comité Pro Fiestas de San Francisco de Asís.
Cantón Valencia): “un solo prioste no hay, todas las comisiones son los
priostes, son voluntarios… la fiesta es de todas las comisiones”.

Las motivaciones para integrar alguna de las comisiones del comité


pro fiestas y así colaborar en la celebración son generalmente de índole
religiosa. Las fechas especiales del calendario santoral sirven a los devotos
para pedir o agradecer un favor. En este último caso, ello está condicionado
por las creencias acerca de las cualidades humanas de vírgenes y santos,
los cuales ‘se resienten’ si no se responde recíprocamente a sus favores;
así, los relatos acerca del porqué de la decisión de colaborar en la fiesta
casi siempre se refieren a milagros: “el río Cristal es bien agresivo. Yo he
visto ya tres crecientes que han sido fuertes, arrasa casas, ganado… Mi
papá nos contaba que los primeros años que él estuvo aquí, conoció un
señor que tenía mucha fe en el santo, [en San Antonio de Pauda]. Un día
su casa estaba en peligro; el río la iba a llevar. ¿Qué hizo él? Fue a la
iglesia, les hizo cargar el santo a unos hombres, lo llevó al pie de la casa
y dijo estas palabras: ‘mira, río, antes de llevarte mi casa, tendrás primero
que llevarte a San Antonio’. Por obra de un milagro el agua no subió.
Pasó por los pies de San Antonio y la casa no se destruyó. Ni el santo; el
agua sólo le pasó por los piecitos” (Testimonio de la presidenta del Comité
Pro Fiestas de San Antonio de Papua. Cantón Montalvo, 2003). Sin
embargo, ello no excluye la posibilidad de aspirar a cierto reconocimiento
social. Como los colaboradores son tantos, ello sucede especialmente en
los casos de personas que integran la directiva del comité, muchas veces
inclusive durante varios años sucesivos.

En contraste con la tradicional presencia de los actores mencionados


en las fiestas religiosas
patronales de la provincia, en algunos cantones, se da la emergencia
reciente –hablamos quizá de los últimos tres años- de uno más: los
gobiernos seccionales o municipios. En coordinación con la iglesia, pero
conservando cierta autonomía, desde estas instituciones gubernamentales
se organiza también un programa festivo, procurándose tan solo que no
haya ‘cruce de horarios’ entre ambas partes. Como veremos en el acápite
pertinente, aprovechándose la gran afluencia de personas que se da durante
estas fechas, entre las actividades que constan en los programas festivos
de los gobiernos seccionales no sólo se encuentran homenajes a la virgen
o santo festejado, sino también ferias u otros eventos similares, con
objetivos comerciales. Desde la organización, ambos tipos de actividad
gozan de igual importancia y atención, pues si las segundas tienen réditos
económicos, las primeras tienen réditos simbólicos, toda vez que
constituyen una buena oportunidad para que las autoridades legitimen el
poder que ostentan creando asociaciones imaginarias o mostrándose próxi-
mas a símbolos sagrados de respeto y gran carga emotiva para la mayoría
de personas91 .

Finalmente, la gran afluencia de gente durante las fechas festivas


religiosas también ha empezado a ser aprovechada por diferentes casas
comerciales cuyo principal interés es promocionar sus productos. Entre
ellas figuran empresas dedicadas a la producción de bebidas alcohólicas
como cerveza. Dado que, como se mencionó antes, en Los Ríos no existe
la figura de prioste o de alguna persona o grupo que tenga la seguridad
de poder responsabilizarse de todos los gastos que implica la fiesta (pese
a su esfuerzo, los comités pro fiestas no siempre consiguen todos los
recursos necesarios), estas casas comerciales se inmiscuyen con relativa
facilidad financiando alguna de las actividades; como puede suponer-
se, prefieren aquellas de mayor atracción como conciertos y bailes. La

91 Lo dicho en este párrafo se ilustrará más claramente en el acápite referido a la


Fiesta de la Virgen de las Mercedes en Babahoyo.
mayoría de veces, su participación es coordinada con los comités pro
fiestas.

7.2.1.2 Descripción de las fiestas patronales

En las fiestas religiosas patronales, las actividades empiezan antes de


las fechas de celebración propiamente dichas con la realización de novenas
en homenaje a la virgen o santo festejado. Éstas no siempre se llevan a
cabo en la iglesia matriz, sino en los diferentes recintos o barrios de las
localidades; eso sí, en presencia de la imagen, al menos durante alguno
de los nueve días. Dado que las novenas se hacen en sitios más pequeños
y, de cierta forma, más íntimos que la iglesia matriz: capillas, casas
particulares, casas comunales o escuelas, representan una oportunidad
para tener un contacto más cercano con la imagen. Además, como en las
concepciones de los devotos, la imagen llega cargada de bendiciones,
éstos se preparan para recibirla con el rigor del caso, construyéndose un
altar bien adornado y provisto de ofrendas y preparándose comida y bebida
para los asistentes al rezo. Aparte del espacio de la ‘mesa’ que evoca el
comer y beber juntos, en muchos lugares, se aprovecha la ocasión para
establecer otros espacios más para compartir entre coterráneos o vecinos.
Así, se suelen organizar mañanas o tardes de juegos deportivos y /o de
otras actividades lúdicas, entre las que destacan los concursos como el
del palo encebado.

Los traslados de las imágenes para la novena se planifican con


anticipación entre la iglesia matriz, de una parte, y los priostes, comités
profiestas, cabildos o directivas barriales, de otra. Como los solicitantes,
es decir, quienes desean tener a la virgen o santo de devoción en lo que
constituye su hogar o entorno, suelen ser muchos, se procura dividir el
tiempo de manera de satisfacer a todos, aunque la imagen tenga unos
‘días ajetreados’: “cada día de la novena el santo está en alguna ciudade-
la, se queda un ratito nomás en la iglesia y luego sale, se pone como
andariego” (Devoto de San Francisco de Asís. Cantón Valencia,
comunicación personal,
2003). Los días más solicitados para la imagen son los días oficiales de
celebración. Sin embargo, a fin de evitar confusiones o de contar con
mayor participación, las visitas quedan registradas desde un inicio, con
fecha y hora, en el programa festivo.

Mientras las novenas se suceden en lugares dispersos y entre grupos


pequeños de personas conocidas entre si, el comienzo de las fiestas se
anuncia en las calles principales o plazas centrales con actividades a través
de las que se intenta convocar e integrar a la fiesta, desde sus inicios, a la
gran mayoría. Así, se realizan una primera misa y procesión seguidas de
un pregón, en el que los elementos centrales son la banda de pueblo y los
castillos de juegos pirotécnicos. La sierra del país se hace presente en
ambos elementos, pues es en esta región donde se los contrata,
especialmente para las festividades de los cantones de mayor influencia
serrana como Montalvo y Valencia. En el primero, durante las fiestas de
San Antonio de Pauda, generalmente, se contrata alguna banda de pueblo
en la provincia de Bolívar, mientras la volatería suele venir de Chimborazo.
En Valencia, en cambio, con ocasión de las fiestas de San Francisco de
Asís, en Bolívar es donde desde hace varios años se contrata la volatería,
trayén-dose las bandas de pueblo de Cotopaxi.

Sin ser una costumbre generalizada en todos los cantones, para el


caso de Montalvo, uno de los de mayor influencia serrana, no puede
dejar de mencionarse el albazo o serenata que da la banda al amanecer en
algunas de las casas de la localidad, siendo muy bien recibida: “cuando la
banda visita algún lugar, la gente saca mote, seco de gallina, trago” (Pre-
sidenta del comité pro fiestas de San Antonio de Pauda. Cantón Montalvo,
comunicación personal, 2003).

En algunas fiestas patronales, los amaneceres también se reservan


para el Rosario de la Aurora. Junto a los párrocos de la localidad, alguno
de los grupos que colabora en la fiesta arregla un carro sobre el que irá la
imagen y desde el cual, en alto parlantes, sonará música religiosa. Con
ello se da inicio, en procesión, al trayecto por las principales calles del
lugar, las cuales son testigos del lento desplazamiento de un gran grupo
de personas que las llena de cantos y rezos, circunscribiendo un espacio
sagrado dentro de la profana forma - ciudad. El rosario se reza de esta
manera durante nueve días.

Los días festivos principales muestran una cara por la mañana y otra
por la noche. Por la mañana, se realizan las misas respectivas en la iglesia
matriz, mientras por la noche se organizan fiestas de exitosa convocatoria,
sea en espacios abiertos como las plazas, destinadas a toda la localidad, o
en sitios privados, para quienes estén invitados o puedan pagar la entrada
a un salón de baile. Con ocasión de las conmemoraciones religiosas, llegan,
además, parques de diversiones y se montan puestos o, inclusive, ferias
de comida. Todo ello da a las localidades un movimiento mucho mayor
que el cotidiano, a la vez que configura la amplia esfera económica de la
fiesta.

En lo religioso, las fiestas terminan con la última procesión, la cual,


entre todas las actividades litúrgicas, suele ser la que atrae a mayor cantidad
de gente. En cantones de influencia serrana, como Montalvo, donde la
figura del ‘prioste’ está instituida y quienes han organizado la fiesta esta-
blecen entre si, aunque sea momentáneamente, un círculo social ‘exclusi-
vo’, la última actividad programada suele ser, en cambio, el llamado
pelarabo. Éste es un baile de ‘despedida’ sólo para los priostes y sus
familias en el que deben agotarse finalmente la comida y bebida preparadas
para la fiesta.

CUADRO V. CALENDARIO DE LAS FIESTAS PATRONALES


MÁS REPRESENTATIVAS DE LA PROVINCIA DE LOS RÍOS

FIESTA LUGAR FECHA


San Antonio de Pauda Montalvo 12 y 13 de junio
San Pedro Ricaurte 28 y 29 de junio
San Lorenzo Vinces 10 de agosto
San Jacinto Buena Fe 15 y 16 de agosto
San Nicolás de Tolentino Palenque 10 de septiembre
Virgen de las Mercedes Babahoyo y Quevedo 23 y 24 de septiembre
San Francisco de Asís Baba, Pueblo Viejo
y Valencia 4 y 5 de octubre
Virgen de Lourdes Palenque 8 de diciembre

Como se mencionó antes, si bien, con las particularidades propias de


cada contexto local, la mayoría de fiestas religiosas patronales pueden
caracterizarse siguiendo esta estructura, existen aquellas que se distin-
guen por reconocerse como emblemáticas de la provincia; por tener algún
elemento performativo diferente a los mencionados, sea por causas his-
tóricas o, incluso, aleatorias; o por presentar cambios notables en los
últimos años. Tales son los casos de las fiestas de San Lorenzo de Vinces
y San Nicolás de Palenque, y de la Virgen de las Mercedes de Babahoyo,
las cuales describimos a continuación.

7.2.1.3 Fiestas de San Lorenzo de Vinces y San Nicolás de Palen-


que

Las fiestas de San Lorenzo de Vinces y San Nicolás de Palenque


constituyen, en realidad, celebraciones separadas una de la otra. Sin
embargo, es la presencia de San Nicolás en Vinces la que da inicio a las
festividades de San Lorenzo y viceversa. Ello se debe, en principio, a los
relatos religiosos que hablan sobre la vida de los dos santos, de los cuales
los religiosos católicos han extraído principalmente lo que se refiere a la
supuesta amistad entre ambos, promoviendo el rito del saludo de los
santos; éste representa el acto inicial de cada una de las dos celebracio-
nes.

La conmemoración de la santificación de San Lorenzo es el día 10 de


agosto, antes de la de San Nicolás, en el mes de septiembre. Por ello, es
éste último quien visita primero. Sin embargo, no lo hace el día de la
festividad propiamente dicho, sino nueve días antes, permaneciendo en
la iglesia de Vinces para la novena a ambos santos. El traslado de la
imagen corre por cuenta de los párrocos de la iglesia y de catequistas o
devotos que deseen colaborar. Si bien en la memoria de la gente no hay
certeza respecto de los inicios de esta tradición, lo que sabemos es que
debe tener ya algunas décadas, pues lo que sí se conoce es que antes el
traslado se hacía por el río, pues aún no había carreteras. Cuando se lo
hacía de esta forma, San Lorenzo, el anfitrión, esperaba a San Nicolás en
los muelles, más o menos a la altura del centro de la ciudad. Su llegada se
anunciaba desde varios metros de distancia, pues las canoas iban carga-
das con volatería. Hoy en día, que San Nicolás llega por tierra, el encuentro
se da en diferentes lugares, dependiendo del punto donde se lo espere.

Antes, el encuentro se hacía de día; en la actualidad, en cambio, se


realiza durante la noche. Previamente, los vinceños hacen una procesión
a San Lorenzo desde el sitio decidido para su salida hasta donde se ubique
a San Nicolás. El sitio de salida de San Lorenzo varía año tras año, pues
los devotos se disputan que se les “ceda” al santo. En todo caso, lo
importante es que éste salga de un extremo opuesto al punto donde hay
que recibir al visitante, a fin de ‘dibujar’ un buen recorrido para la proce-
sión previa al encuentro, lo que prolonga el ritual y le da mayor realce.
Quienes han logrado que se les ceda al santo, ciudadela o barrio, se
encargan de arreglarlo con sus mejores ropas, así como de adornar las
andas que se usan para cargarlo.

Después del recorrido realizado entre cantos y rezos con San Lorenzo,
al momento del encuentro, quienes cargan en andas a cada uno de los
santos se las ingenian para mover las imágenes de tal forma de
dramatizar un
verdadero saludo, el cual representa uno de los momentos de los días de
festividades que los devotos más aprecian: “es un saludo bien bonito. La
gente sale, casi todo el pueblo. Vienen del campo para ver el saludo que
se hacen los dos santos. Los que los cargan los mueven bonito, los balan-
cean y todo” (Devota de San Lorenzo. Cantón Vinces, comunicación
personal, 2003). Después del saludo, se realiza una nueva procesión con
ambos santos que termina en la iglesia matriz, donde se reza una novena
hasta el día 10.

Los días de celebración, como en las demás fiestas patronales,


transcurren entre la novena, misas y fiestas. Éstas últimas se llevan a
cabo durante las noches con la presencia de bandas de pueblo y volatería
provenientes de la sierra. Como en otras localidades, las calles también
ofrecen alternativas como los parques de diversiones que llegan para
estas fechas o las discotecas que abren aprovechando la concurrencia de
gente.

El día nueve de agosto, un día antes de finalizar la conmemoración,


se hace una dramatización de la vida de San Lorenzo, quien se concibe
como una persona que en vida fue caritativa y desafió a la iglesia para
seguir ayudando con las limosnas a los pobres. La dramatización fue
propuesta por uno de los catequistas que ha tenido la iglesia,
convirtiéndose en una más de las actividades festivas tradicionales. El día
diez, por su parte, acabada la novena y celebrada la misa, las celebraciones
terminan con una procesión para San Lorenzo de Vinces y San Nicolás
de Palenque. Éste último abandona el pueblo días después sin ningún
acto solemne, esperando la devolución de la visita en Palenque, durante
el mes de septiembre, donde las actividades se sucederán de la misma
forma que en Vinces.

7.2.1.4 Fiesta de la Virgen de las Mercedes de Babahoyo

Nueve días antes del 24 de septiembre, fecha de santificación de la


Virgen de las Mercedes, buena parte de los babahoyenses se despierta
muy temprano en la mañana para el rezo del Rosario de la Aurora. Éste
inicia a las 5h30,
contando con la participación de hombres, mujeres, jóvenes y, en menor
grado, niños, quienes asisten en familia. El Rosario de la Aurora es
promovido principalmente por los sacerdotes de la localidad. Sin embargo,
si bien durante esta festividad no se puede hablar de priostazgos, en la
organización del rezo colaboran también personas allegadas a la iglesia
matriz o devotos que desean rendir homenaje a la virgen. Así, cada uno
de los nueve días de su duración, alguna persona o institución se encarga
de escoltar la procesión. El día de las Mercedes del año 2003, por ejemplo,
lo hizo una cooperativa de buses, ubicando dos de sus unidades detrás
del último de los feligreses.

El recorrido es precedido por la imagen; ésta suele transportarse en


alguna camioneta o automóvil, al interior del que van los sacerdotes de la
localidad y catequistas o devotos dispuestos a colaborar con la lectura de
los misterios y la dirección del rezo en alto parlante. Todo ello se acompaña
de música religiosa. Saliendo de la iglesia matriz, se procura pasar por las
principales calles de la ciudad, a fin de integrar de alguna manera a quienes
se encuentran en sus hogares. Cada día, el Rosario de la Aurora tiene una
duración de aproximadamente una hora; para los feligreses, el rezo no
podría acabar, empero, con el último Ave María, después del cual el mo-
vimiento calmo y coordinado de quienes seguían cantando y rezando a la
imagen, cede lugar a un aglutinamiento alrededor suyo, en el que se
intenta tocarla y frotarse el rostro con su manto como “despedida”
hasta el siguiente día.

Terminado el Rosario de la Aurora, la Virgen de las Mercedes regresa


a su altar tan sólo por algunos minutos, pues debe salir a realizar “visitas”
a distintos sectores de la localidad: recintos, ciudadelas o barrios que así
lo han solicitado a la iglesia. Sin embargo, el altar tampoco queda vacío
durante mucho tiempo. Dado que en estos días la iglesia recibe gran
cantidad de gente que espera ver a la imagen, se ha tenido que encargar
la elaboración de otra; así, como ya mencionamos, una de las vírgenes
sale a las visitas mientras la otra se queda recibiéndolas.
Una vez que, con cierta anticipación, los catequistas, comités pro
fiestas o directivos de los recintos, ciudadelas o barrios que desean recibir
a la imagen lo solicitan a la iglesia, ésta organiza el programa festivo que
incluye las fechas y horas de las visitas, las cuales descentralizarán espa-
cialmente el culto, creando varios puntos dispersos de adoración.

Como cada grupo tiene conocimiento del momento de llegada de la


virgen, puede preparar su recibimiento. Para ese día quienes estén
encargados de la organización de la “visita”, en coordinación con alguno
de los sacerdotes o los catequistas, convocan a todos los lugareños. Se
espera contar, especialmente, con la presencia de las personas socialmente
más reconocidas del sitio: fundadores, directivos y profesores de la escuela,
pues se trata de un acto tan solemne como cualquier acto oficial. Se
arregla, además, el espacio donde se llevará a cabo el recibimiento: capillas,
casas comunales, escuelas o canchas deportivas capaces de acoger a todos
los asistentes. El arreglo se realiza mezclando la solemnidad que implica
un acto ritual con la alegría festiva, lo que se manifiesta espacialmente a
través de los colores de los múltiples adornos. Se pone especial énfasis
en el altar donde se colocará la imagen. Finalmente, se prepara comida y
bebida para los asistentes. Si bien todos estos esfuerzos para recibir a
la virgen, así co-mo el fuerte deseo de tenerla en el lugar de residencia,
son motivados por las estrategias prose-litistas de la iglesia, también
reflejan las creencias de los devotos respecto de la “magia por contac-
to”.

Traída por los catequistas y por quienes la tuvieron antes en su recinto,


ciudadela o barrio, la imagen viene seguida de una banda de pueblo -
generalmente contratada en la sierra- que da realce a su llegada. El
programa de recibimiento, en su mayoría orientado por la iglesia, incluye
generalmente discursos de bienvenida - tanto a la virgen como a los
asistentes -, cantos religiosos y el rezo del rosario. Los discursos adquieren
más solemnidad cuando se trata de la primera vez que la imagen visita el
sitio. En ocasiones, cuando los devotos tienen más independencia de la
iglesia en su organización, la “visita” también constituye una oportunidad
para preparar una mañana o tarde deportivas.

La imagen permanece en cada lugar de dos a cuatro horas, depen-


diendo de su itinerario diario. A continuación es llevada en procesión
hacia el sitio de la próxima ‘visita’. Dependiendo de las distancias y
condiciones geográficas, la procesión se realiza ubicando a la imagen en
algún carro o camioneta o llevándola en andas; eso sí, procurando pasar
por las calles o caminos principales del nuevo lugar de “visita”, a fin de
participar a todos sus moradores de la llegada de la virgen. Una vez en su
nuevo destino, la Virgen de las Mercedes recibe un nuevo festejo mien-
tras quienes ya la recibieron antes se retiran.

La intimidad de este tipo de festejos, realizados en lugares particula-


res y con la presencia de grupos específicos de personas - los moradores
del recinto, ciudadela o barrio del que se trate- cederá lugar más tarde a
actividades que más bien intentan reunir a toda la ciudadanía: las de
vísperas.
Dado que, como se mencionó en la introducción de este acápite, en
algunos cantones de la provincia de Los Ríos, las fiestas religiosas
patronales tienen nuevos actores, actualmente, en la fiesta de la Virgen
de las Mercedes, las vísperas presentan novedades. En coordinación con
la iglesia, es el Municipio de Babahoyo el encargado de su organización.
Tratándose de la intervención de una institución gubernamental, hoy por
hoy, durante las festividades se inmiscuyen intereses políticos y
económicos, como los de mejorar tanto la imagen de la ciudad como de
sus gobernantes; lo primero con fines turísticos y lo segundo bajo objetivos
propagandísticos.

De esta manera, las actividades de vísperas han adquirido


majestuosidad, eligiéndose aquellas que resulten a la vez atractivas y
“elegantes”. En una sociedad segmentada, con problemas de desigualdad
y discriminación social, los criterios de dicha elección, desde las ‘altas
esferas’, se orientan hacia el intento de disociar a la conmemoración de la
imagen de una ‘fiesta de pueblo’. Así, en la actualidad, las vísperas se
festejan con la Serenata a la Virgen, invitándose a grupos musicales reco-
nocidos y utilizando recursos tecnológicos llamativos como pantallas
gigantes; por su parte, los castillos y la volatería ceden lugar a sofisticados
juegos piro-técnicos.

Ahora bien, a pesar de todo ello, las iniciativas municipales tampoco


generan rechazo; por los testimonios de nuestros informantes al respecto,
la Serenata a la Virgen parecería representar más bien una actividad a ser,
a futuro, adoptada y asumida por los babahoyenses como tradicional y
distintiva de su ciudad. Durante el último año (2003) participaron de ella
gran cantidad de personas, quienes coreaban cada canción que el Mariachi
Guadalajara le dedicaba a la imagen de la virgen, vestida con uno de sus
mejores trajes y colocada sobre la tarima, en la que permaneció toda la
noche.

La Serenata a la Virgen no representa, sin embargo, la única


participación del municipio durante las festividades. En la actualidad,
éste, junto a la Cámara de Producción de la provincia, también aprovecha
la ocasión para organizar actividades con fines comerciales, como la
‘Multiferia’, donde hay atracciones lúdicas, venta de comida y de
productos de todo tipo. Este espacio sirve también durante las noches
para la realización de conciertos con grupos musicales muy reconocidos
en la provincia; el último año, las presentaciones fueron de “Deseo”,
grupo musical ecuatoriano de tecnocumbia, y “Los Niches”, grupo
musical colombiano de salsa.

Ahora bien, además de las actividades que preparan la iglesia o el


municipio, las cuales constituyen el programa oficial y central de las
festividades, los baba-hoyenses aprovechan las fechas y la afluencia de
gente que convocan para organizar otras. De esta manera, cada noche, el
término del programa oficial es el comienzo de las fiestas en casas
particulares o, principalmente, en bares y discotecas. Con ocasión de las
festividades, llegan también parques de diversiones y se arman ferias de
comida, presentándose múltiples opciones de diversión que generan un
movimiento que contrasta con la calma cotidiana de la ciudad. Aparte
de las diversiones nocturnas también están las del día. Entre ellas, las
más importantes son el Rodeo Montubio en El Salto, organizado el 24 de
septiembre, y el Campeonato de Pelea de Gallos que se desarrolla durante
los días 23 y 24 de septiembre en la conocida Gallera de Villaflores92 ,
siendo uno de los torneos más importantes del año. Ambas representan
iniciativas privadas por parte de individuos o grupos aficionados.

De vuelta al programa religioso, al igual que las demás fiestas


patronales, la fiesta de la Virgen de las Mercedes termina con la misa de
conmemoración, el día 24 de septiembre, fecha en que puede guardarse
nuevamente una de las imágenes y colocarse la otra en el altar. Para los
católicos que tienen hijos recién nacidos, este es el día preferido para
hacerles el bautizo; durante Las Mercedes suelen bautizarse alrededor de
30 niños.

Si bien comúnmente son las celebraciones religiosas patronales las


que generan más atracción y movimiento en las diferentes localidades, en
Los Ríos, y en el litoral en general, también existen otras fiestas
tradicionales por las que se espera ansiosamente durante todo el año; tal
es el caso principalmente del Rodeo Montubio. Además, en la provincia
de nuestro interés, como mencionamos antes, el papel cada vez más re-
presentativo que van adquiriendo las autoridades gubernamentales dentro
de las fechas importantes en lo civil o religioso, trae consigo la adopción
de nuevas tradiciones; tal es el caso, en cambio, de la Noche Veneciana,
temas todos estos del próximo acápite.

7.3 Otras festividades populares

7.3.1 El Rodeo Montubio

92 Ver el capítulo correspondiente a actividades lúdicas para una descripción detalla-


da de las peleas de gallo en la provincia.
“Serenata a la Virgen” por parte del Mariachi Guadalajara.
Fiesta de la Virgen de las Mercedes. Babahoyo

“Serenata a la Virgen” por parte del Mariachi Guadalajara.


Fiesta de la Virgen de las Mercedes. Babahoyo
Virgen de las Mercedes con vestuario festivo. Babahoyo

Presentación de grupos de danzas fluminenses durante “Serenata a la Virgen” por


parte del Mariachi Guadalajara. Fiesta de la Virgen de las Mercedes. Babahoyo
Actualmente, dentro de la provincia de Los Ríos, la realización del
rodeo montubio presenta tres situaciones distintas que no siempre permiten
hacer generalizaciones a la hora de hablar sobre este evento. En primer
lugar, están los rodeos montubios que, con pequeñas modificaciones,
conservan en su forma las principales características del rodeo montubio
tradicional, en el cual las ‘suertes’ con los animales - caballos y toros
básicamente- tienen un papel central. En segundo lugar, pero próximos
al caso anterior, se encuentran los rodeos montubios realizados o moti-
vados después de varios años de ausencia por organizaciones políticas
montubias a manera de rescate de la tradición, sobre todo con fines de
reivindicación cultural. Finalmente, están los rodeos montubios
organizados y llevados a cabo como grandes espectáculos, en los que la
monta, el lazo y peal o el caracoleo dejan de ser necesariamente el punto
principal de atracción para dar lugar a números o presentaciones de
distinta índole, totalmente alejadas de lo que son las labores de hacienda.

Se podría decir que los rodeos montubios que responden al primer


tipo se realizan hoy en día más que todo en localidades pequeñas:
parroquias o recintos muchas veces alejados de ciudades que han
empezado a adoptar innovaciones en este aspecto, como Babahoyo.

Para el segundo tipo podríamos citar el caso de Baba como el más


representativo. Una vez concientizados de su ‘derecho a la palabra’, los
montubios han visto la necesidad de crear bases sólidas que coadyuven
en su fortalecimiento como grupo social. Dentro de ello, han reparado en
que lo cultural es fundamental, al ser una dimensión a través de la cual
pueden redescubrirse o, inclusive, crearse referentes de identificación y
cohesión. En este cantón, donde la organización de segundo grado
“Pueblo Montubio” tiene buena acogida por parte de las bases, el rodeo
montubio y otras manifestaciones culturales asociadas al campesino
costeño, como las cabalgatas o amorfinos, han sido rescatadas dentro de
todo este proceso de búsqueda de identidad, reivindicación social y, más
recientemente, cultural. Se trata, en suma, de un uso político de los rodeos.
El tercer tipo, finalmente, está muy bien ilustrado por el Rodeo
Montubio de Pimocha, parroquia del cantón Babahoyo, que ha adquiri-
do un carácter de espectáculo, involucrando nuevos actores; tal es el
caso de la empresa privada que auspicia el rodeo en la actualidad,
aprovechando el espacio para promocionar sus productos, o de las
autoridades de los gobiernos seccionales, quienes junto a los empresarios
son casi siempre invitados de honor.

Ahora bien, debe decirse que la caracterización expuesta hasta aquí


tampoco es del todo rígida. Si bien los organizadores ponen énfasis en
uno u otro elemento dependiendo de la situación de la que se trate, de un
rodeo a otro también encontramos algunas constantes. Respecto a la
participación en el evento, podemos decir que siempre existe la presencia
de actores socialmente heterogéneos. A pesar de que es en el rodeo
montubio realizado a manera de espectáculo donde se hace resaltar en
mayor grado la asistencia de autoridades gubernamentales, hacendados
y /o empresarios, en todos los rodeos, se los invita para dar realce al
acontecimiento. La forma como son presentados, similar en todos los
casos, reafirma simbólicamente las jerarquías existentes en la cotidianidad,
pues invita a que estas figuras usen elementos asociados al poder, los
cuales, junto a las actitudes y posturas corporales que ostentan, los
distingue del resto de asistentes. De forma recurrente, autoridades,
hacendados y /o empresarios realizan su entrada montados en caballos
bien adornados y en compañía de buena cantidad de jinetes, muchas veces
empleados de sus propiedades.

Usados de manera distinta de acuerdo a las situaciones que se


presentan a lo largo de los rodeos montubios, los elementos que servían
para reafirmar jerarquías, como los caballos, en otro momento se instituyen
como emblemas propiamente montubios. Dentro de ello, no sólo se alude
a una identidad social, sino que salen a relucir las formas de construcción
de la masculinidad. Durante los “números” realizados en los rodeos, los
cuales constituyen tradicionalmente el punto central del evento, el caballo
se convierte en un objeto de control que debe conocerse y saberse domar
de tal manera de conseguir del animal lo que se necesite o desee, pues es
justamente en el momento de realización de los números donde se debe
demostrar las cualidades del jinete: ser capaz, como un “verdadero mon-
tubio”, de responder ante las demandas del campo y ser lo “suficiente-
mente hombre” para enfrentar con entereza la dificultad y dureza que
ello implica; esto último, considerando sobre todo los referentes que
intervienen en la construcción de la masculinidad en la provincia: valentía,
fuerza, honor. Como puede suponerse, se trata de un espacio mayormente
masculino, donde la participación de la mujer no es muy significativa;
interviene básicamente en la elección de la “criolla bonita”.

Ahora bien, con sus diferencias y constantes, dentro de los rodeos


montubios de Los Ríos, existe uno que se destaca por el reconocimiento
que se le hace como emblemático de la provincia, atrayendo, ciertamente
gran cantidad de gente: el Rodeo Montubio de Pimocha, antes mencio-
nado, en cuya descripción esperamos ilustrar los aspectos expuestos hasta
aquí.

7.3.1.1 El Rodeo Montubio de Pimocha

La amplia esfera económica del Rodeo Montubio de Pimocha es uno


de los aspectos que delata su importancia. Una vez en la parroquia, los
asistentes se dispersan entre los múltiples puestos de venta que se han
colocado en el camino que va desde la carretera hacia la entrada al ‘ruedo’.
Se vende principalmente artesanía, como sombreros traídos de Manabí o
Colombia; juguetes, en especial pistolas; y comida, sobre todo de la sierra.

El espacio dispuesto todos los años para el evento es un segundo


elemento que muestra su gran acogida. Se trata de una estructura hecha
a base de gruesos palos de caña, con una capacidad para 3000 personas
aproximadamente. Hombres, mujeres, jóvenes y niños, llegan atraídos
hoy en día no sólo por las tradicionales “suertes” de los jinetes de las
haciendas participantes, sino por los ‘números’ del gran espectáculo en
el que se ha convertido el rodeo en algunas localidades: Entre dichos
números se cuentan presentaciones humorísticas y musicales, las cuales
se suceden en el programa anunciadas generalmente por una persona
experimentada en la locución radial o televisiva que anima el evento de
principio a fin. Por lo general, se prefiere personas conocidas en la
localidad, de dentro o fuera de la provincia, cuya fama de realce al rodeo.

Todos los cambios que se presentan en la actualidad, más o menos


desde hace cinco años, se deben en gran medida a los nuevos actores
involucrados en la realización del evento: empresas privadas interesadas
en auspiciarlo con el fin de darse a conocer, mejorar su imagen y /o
promocionar sus productos. Entre dichas empresas figuran
especialmente algunas dedicadas a la producción de bebidas alcohólicas
como cerveza. En el Rodeo Montubio de Pimocha del año 2003, por
ejemplo, Cerbecería Sudamericana, a través de su marca BIELA, fue la
principal auspiciante. De esta manera, el recinto también se llena de
propaganda: afiches, grandes botellas de plástico inflable, etc.

En un inicio, se llevan a cabo los números menos atractivos, pues el


“plato fuerte” espera por la llegada del número de personas necesario
para llenar los graderíos. Se trata de presentaciones humorísticas, de
payasos, por ejemplo, o musicales, de grupos de corta trayectoria que
cumplen más bien la función de crear expectativa hacia lo que vendrá
después o, dicho de otra forma, ‘abrir el espectáculo’. Hoy en día, los
grupos musicales preferidos son los de tecnocumbia. En el Rodeo Mon-
tubio de Pimocha del año 2003, por ejemplo, como apertura, se presentó
el grupo de tecnocum-bia “Los Ángeles”, conformado por hombres y
mujeres en edades entre los 17 y 22 años provenientes de Babahoyo, y,
como plato fuerte, “Las Musas”, conformado únicamente por mujeres,
igualmente de Babahoyo, pero de mayor trayectoria. Las presentaciones
de grupos afamados en la provincia como éste, constituyen uno de los
puntos centrales del evento, teniendo igual o mayor importancia que los
números de las haciendas. Sin embargo, no son los únicos que ponen
música en la fiesta; grupos musicales más tradicionales como bandas de
pueblo, generalmente contratadas en algún punto de la sierra, también
participan, motivando la mezcla, en el mismo espacio, de pasacalles y
tecnocumbia. Las bandas de pueblo intervienen, empero, sobre todo al
momento de celebrar los números de los jinetes; por ello, se ubican fuera
del ruedo, en algún punto de los graderíos.

Comúnmente, entre ambos niveles de presentación, la de apertura y


la central, se hace el desfile de las haciendas. Suelen participar entre 4
y 8, ubicadas en los límites de Los Ríos o fuera de la provincia, como en
el caso de haciendas del Guayas, que casi siempre figuran en los rodeos

Presentación del grupo musical femenino de tecnocumbia “Las Musas”. Rodeo


Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo
Presentación del grupo musical femenino de tecnocumbia “Las Musas”. Rodeo
Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

montubios de Los Ríos. Las haciendas se organizan en cuadrillas


conformadas por alrededor de 10 ó 12 jinetes y una madrina. Aunque no
participe en los números, el dueño de la hacienda preside el ingreso de su
cuadrilla. Por supuesto, quienes la conforman: trabajadores de la hacienda
y, en no muchos casos, familiares del hacendado (hijos, por ejemplo),
entran a caballo y bien uniformados, pues la vestimenta también es obje-
to de calificación. Una vez que todas las haciendas están en el ruedo se
procede a la elección de la “criolla bonita”, momento en el que se exhibe
el imaginario popular acerca de lo que fuera en el pasado la mujer
montubia, ya que la vestimenta de las candidatas intenta ser lo más
tradicional posible.

Poco después de las haciendas, hacen su ingreso los invitados de


honor: autoridades gubernamentales, hacendados y /o empresarios de
dentro o fuera de la provincia. Como puede suponerse, en la actualidad,
figuran como invitados de honor primeramente los auspiciantes del evento.
Presentación de las haciendas participantes.
Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

Presentación de las haciendas participantes.


Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo
Presentación de las haciendas
participantes. Rodeo Montubio de
Pimocha. Cantón Babahoyo

Números por parte de las


representantes de las haciendas
participantes, candidatas a
“Criolla Bonita”. Rodeo Montubio de
Pimocha. Cantón Babahoyo
Números por parte de las representantes de las haciendas participantes,
candidatas a “Criolla Bonita”. Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

Números por parte de las representantes de las haciendas participantes,


candidatas a “Criolla Bonita”. Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo
Números por parte de las representantes de las haciendas participantes,
candidatas a “Criolla Bonita”. Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

El ingreso de todos ellos es anunciado con bombos y platillos por el


animador, cuyas palabras son opacadas por la propia pomposidad del
desfile: caballos bien adornados y jinetes vestidos acorde a su posición
en el evento y seguidos de sus trabajadores.

La presentación musical de apertura, el ingreso de haciendas e


invitados especiales y la presentación musical central dan paso, finalmente,
a los números tradicionales del rodeo montubio: caracoleo; lazo, peal y
monta; y monta montubia o mecha a mecha. Se trata de los mismos
números realizados hace años en todo rodeo. Si es que se presenta alguna
diferencia, se debe más bien a la iniciativa de los jinetes, los cuales deben
demostrar tanto habilidad y destreza como creatividad: “son los mismos
números, pero claro que si usted es montubio de verdad y se monta en
una vaca, puede hacerlo con la cara para atrás y hacerle la pachuría de
Desfile de invitados de honor. Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

coger y tumbarla… no se sabe, depende de lo que se quiera hacer. En mi


criterio de montubio, yo sé enlazar con el pie, acostado, para atrás, para
adelante; además peal, caracoleo, monte en la mecha, toreo, todas esas
cosas de montubiada yo sé un poquito” (Testimonio de un jinete par-
ticipante en el Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo, 2003).

Antes de realizarlo, los jinetes dedican cada número a cualquiera de


los invitados de honor, quienes, a su término, deben corresponder este
gesto entregando al jinete una determinada cantidad de dinero, fijada
según su voluntad. Los buenos números son festejados por el público
por medio de disparos al aire realizados por hombres ubicados, en el
mejor de los casos, en las últimas filas del ruedo. Los números pueden
durar varias horas, al término de las cuales las afueras del ruedo se con-
vierten en espacio de fiesta, música y baile, elementos que se repetirán en
Caracoleo: Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo

Caracoleo: Rodeo Montubio de Pimocha. Cantón Babahoyo


grande también el próximo mes, en noviembre, pero en otro ámbito: el
de la Noche Veneciana del cantón Vinces.

7.3.2 La Noche Veneciana en Vinces

Si hemos considerado a la Noche Veneciana dentro de las fiestas


populares de nuestro interés, ha sido principalmente por la percepción
por parte de los riorenses, en general, y vinceños, en especial, de esta
festividad como una tradición distintiva de la localidad. Pese a tener
orígenes aristocráticos, si se quiere, y a ser organizada lejos de la iniciativa
de los lugareños, la mayoría participa en las actividades programadas a la
vez que aprovecha la ocasión para desplegar otras distintas a las oficiales.
Se podría decir que, en principio, los orígenes de la Noche Veneciana
se remontan a los relatos de viaje de las familias que hace 20 ó 30 años
viajaban a Europa frecuentemente gracias al enriquecimiento logrado por
la producción y exportación de cacao; relatos en los que se recreaban
imágenes de costumbres realizadas en otros contextos, imaginadas empero
para el propio y materializadas hace 6 años por iniciativa de un funcionario
municipal. En un inicio, las intenciones no habrían sido otras que las de
organizar una fiesta, para lo que se decidió recrear en el río Vinces el
viaje nocturno de las góndolas por los canales de Venecia. La idea causó
tanta atracción que con los años su forma se fue definiendo cada vez
más, orientándola hacia el objetivo de hacer de la localidad un sitio
turístico.

Actualmente, la Noche Vene-ciana convoca a cientos de personas


tanto de la provincia como de fuera de ella. Aprovechando el éxito que
tiene y siendo organizada en su totalidad por el municipio, a través del
departamento de turismo, se ha convertido también en una oportunidad
para hacer alianzas políticas. Inclusive, se podría decir que esta motivación
iguala en importancia al fomento del turismo. Por ello, cada año lo principal
es el envío de las invitaciones a autoridades provinciales o nacionales
capaces de aportar financieramente con el cantón Vinces. Para ellos se
construyen canoas especiales, invitándoles a viajar en desfile por el río y
esperándose una próxima retribución. Al viaje en canoa también se
invita a personas ajenas al ámbito político pero reconocidas por otras
razones por los asistentes a la Noche Veneciana. En el año 2003, por
ejemplo, una de las figuras que causó mayor atracción fue Miss Ecuador,
quien participó junto a las reinas de otros lugares de la provincia o de
fuera de ella.
Es el mismo municipio quien encarga la elaboración de las alegorías
de las canoas y organiza el desfile con lo que ello implica: ubicación de
los invitados para el viaje. Sin embargo, en caso de existir alguna entidad
que así lo desee, puede participar en el desfile con su canoa, como lo hizo
una cooperativa de buses del cantón durante la fiesta del año 2003. Las

Góndolas en la Noche Veneciana. Vinces


Góndolas en la Noche Veneciana. Vinces

alegorías son sumamente variadas. A través de ellas se suelen emitir


mensajes, como sucedió con una canoa dedicada al Bolillo Gómez, director
técnico de la selección nacional de fútbol, durante la última Noche
Veneciana, por medio de la que se quería expresar el deseo de que la
selección vaya nuevamente al mundial.

Las canoas salen en desfile del sector conocido como Nicaragua,


donde se reúnen con anticipación los viajeros. Salen hacia la altura del
malecón, donde se reúne la gente para ver el desfile, dándose varias vueltas
por el río. Poco después, se sigue el programa prendiendo los varios
castillos de juegos pirotécnicos preparados a orillas del río, del otro
lado del malecón. La noche termina frente a las varias tarimas, salones de
baile o discotecas que ofrecen por lo menos la mitad de las calles de
Vinces.
7.4 Fiestas Cívicas

Al igual que en otras provincias del país, en Los Ríos, la fundación


de cantones y parroquias no representa tan sólo la oportunidad de que
Góndolas en la Noche Veneciana. Vinces

Góndolas en la Noche Veneciana. Vinces


las localidades que consigan ese estatuto accedan a beneficios estatales;
ello conlleva, además, una carga simbólica por la que se definen
pertenencias. Es por ello, que, en algunos casos, las fiestas cívicas de
conmemoración de cantones y parroquias resultan emblemáticas para sus
habitantes, lo cual las hace parte de nuestros intereses93 .

En la provincia de Los Ríos, las fiestas cívicas se realizan dentro de


los límites impuestos desde las instituciones gubernamentales o gobiernos
seccionales. Siendo así, al igual que en otras partes del país, la actividad
central que abarca a la gran mayoría es el desfile cívico. Los demás actos
solemnes se realizan únicamente con la presencia de autoridades provin-
ciales e invitados de honor.

El desfile cívico es la ocasión donde se expresa el imaginario colectivo


acerca de lo que habría sido el cantón o parroquia en su historia más
temprana; siendo así, es una constante el desfile con “trajes típicos” de
grupos de niños y jóvenes que representan a sus escuelas y colegios. Así
mismo, se hacen visibles distintas organizaciones existentes en la localidad:
organizaciones campesinas, de mujeres, de inmigrantes, etc. Después de
este acto, esta fecha conmemorativa es aprovechada para la realización
de fiestas organizadas, más bien, desde la iniciativa privada. u

8.1 Aspectos generales

“Hace años, cuando no había electricidad, nos entreteníamos contando


las historias de nuestros viejos”, anota una anciana de Palenque. A la luz

93 Debe decirse, sin embargo, que el cronograma de investigación no nos permitió


realizar la observación de campo que correspondería, por lo que en este acápite
nos hemos basado únicamente en entrevistas.
8. TRADICIÓN ORAL

del candil, las familias se reunían para comentar los últimos


acontecimientos del día, escuchar alguna historia de míticos personajes o
cantar amorfinos. Es que la creación espontánea de relatos, transmitidos
oralmente de generación en generación, se facilitaba con el “encanto” de
la oscuridad.

Como hemos podido constatar, en la provincia de Los Ríos la


presencia de la luz eléctrica marcó el decaimiento de diversas manifesta-
ciones de la literatura oral. Los antiguos especialistas que antaño solían
contar aquellas historias de las que hacía referencia nuestra informante,
han desparecido casi en su totalidad, con el agravante que sus “herede-
ros” -los que lograron retener dichas historias en su memoria- en general,
no han promovido un proceso de transmisión oral a las nuevas
generaciones, motivados ahora por otros entretenimientos como la
televisión.

Pese a esta situación, el aislamiento que los recintos campesinos deben


sobrellevar durante la temporada invernal, así como la vivencia del
tradicional Rodeo Montubio, por ejemplo, son factores que han
contribuido a que, especialmente en la zona rural, expresiones como los
amorfinos, los cuentos, las leyendas y las adivinanzas, se mantengan
todavía vivas. Como veremos a continuación, estas formas de creación
literaria popular se definen bajo características particulares que depen-
den del contexto socio cultural en el cual éstas son producidas, receptadas
o aprehendidas. Nuestra intención es ofrecer una visión panorámica de
cada una de estas expresiones, tratando, en lo posible, de dar prioridad a
la información obtenida durante el trabajo de campo.

8.2 Los amorfinos

Según el señor Julián Coello, reconocido coplero de Baba, el hecho


de vivir o trabajar en el campo no es la única condición para que una
persona se reconozca montubia; lo más importante, según él, es “practicar
la montu-biada”94 entre cuyos elementos se cuenta el hecho de saber
amorfi-nos. El amorfino, en efecto, es una expresión típica de los recintos
montubios; se trata de coplas improvisadas que se recitan y / o cantan al
compás de un ritmo característico, sea para cortejar a las mujeres, aludir
a la vida cotidiana de la gente o recordar algún acontecimiento de
orden religioso o político.

Por lo general, los versos de cortejo amoroso se intercambian entre


parejas bajo la forma de “contrapunteo” [contrapunto], estableciéndose
verdaderos duelos de versos que culminan cuando uno de los participantes
deja literalmente callado a su contrincante. Empleando frases de doble
sentido, muchas veces con alusiones sexuales implícitas, estas coplas se
las suele recitar en cualquier reunión familiar donde el buen humor se
hace presente. A continuación presentamos algunos ejemplos extraídos
de la memoria popular:

Él: Niña déme un vaso de agua


que vengo muerto de sed
yo no lo hago por el agua
sino para verla a usted

Ella: En el silencio de la noche

94 La “montubiada” implica saber montar a caballo, “torear” y cantar amorfinos,


sobre todo cuando del tradicional Rodeo Montubio se trata.
lloraba un garrapatero
no lloraba por eso
sino de verte tan fiero
Él: Señorita soy muy pobre
pobre pero generoso
como hueso de espinazo
pelado pero sabroso

Ella: El limón no tiene espinas


el árbol es el espinoso
mi corazón es sencillo
el tuyo es el engañoso

Los amorfinos también suelen ser dichos “en solitario” o entre


personas del mismo sexo. En los concursos de amorfinos organizados en
el marco de los tradicionales rodeos montubios, es común encontrar a
concursantes, hombres o mujeres, aspirando ser ganadores con la
improvisación de versos como los que a continuación transcribimos:

Amigo si usted es mi amigo


amiguito no se meta
que lo voy a castigar
con el canto de mi verso

Dentro de mi pecho
tengo escaleras de vidrio
por una sube el amor
por otra baja el olvido

Quisiera tener la suerte


que tuvo el garrapatero
que ayer tarde se casó
y al otro día amaneció soltero
Si yo pudiera coger
una pluma de papagayo
para escribirle a mi novia
cuando venga el mes de mayo

Amorfino no seas tonto


aprende a tener vergüenza
la que te quiso te quiso
y la que no, no le hagas tuerta

Yo soy el tigre pintado


de la tinta más menudita
yo no me enamoro de las feas
sino de las más bonitas

Pero además de los amorfinos referidos a las relaciones de pareja,


los poetas populares recitan amorfinos “chocantes” que hacen alusión a
algún defecto del contrincante, sea comparándolo con determinado animal
o empleando palabras grotescas. Estos versos, sin embargo, sólo suelen
ser dichos por hombres, sea en contextos donde el trago les permite disi-
parse o en concursos como los anteriormente mencionados. Ejemplos de
este tipo de amorfinos son los siguientes:

Calla calla borriquillo


que no sabes rebuznar
el freno te tengo puesto
la silla te voy a buscar

Calla calla borriquillo


que no sabes rebuznar
te tiro barranco abajo
y te jalo del caganal
También hay amorfinos que hacen referencia a la vida cotidiana de la
gente del campo o a algún personaje reconocido socialmente. Veamos
algunos amorfinos de don Nicolás Ochoa, coplero de Palenque,
compilados por el padre José María Cortázar (2001: 79):

Si yo del Jobo he salido


y sale toda la gente
yo me he ido a cantar
al pueblo de Palenque

Nicolás con San Lorenzo


tienen la misma amistad
el uno viene para allá
el otro viene para acá

Prepáreme una gallina


para comerme una presa
San Pedro tiene su Iglesia
en el recinto la Revesa
Voy a comprar una vaca
para ver si tomo leche
el pueblo sin cementerio
es el pueblo de Jauneche

Caminando y caminando
una presión me mataba
porque quiero conocer
el mismo pueblo de Baba

Finalmente, los amorfinos de carácter religioso nos remiten a coplas


creadas con ocasión de los velorios a los santos o de las fiestas marianas
instauradas oficialmente por la Iglesia Católica a lo largo de los recintos
montubios. En Baba, por ejemplo, un informante nos refirió a un verso
compuesto para Sor Mercedes de Jesús Molina -La “Rosa de Los Ríos”-
durante la novena en su honor en el mes de junio:

Sor Mercedes madre mía


madre de todos los pobres
tu humildad te hizo santa
por nosotros los pecadores

Cabe resaltar que varios de los amorfinos hasta aquí ejem-plificados,


si bien precisan de un autor que los componga, seleccione y ordene, se
encuentran, con variantes mínimas, en distintas regiones de la provincia.
Ocurre que quien improvisa los versos ha guardado en su memoria lo
que sus padres o amigos le enseñaron alguna vez, logrando que se man-
tenga esta tradición por generaciones. En este sentido la improvisación
del poeta no se sujeta a la creación espontánea de versos, sino que se
remite a nuevas interpretaciones sobre la base de textos aprendidos
anteriormente.

8.3 Los personajes míticos

Por medio de la tradición oral se conoce de una serie de personajes


míticos que, sea por sus características físicas o por su poder de persuasión,
han atraído la atención de los pobladores desde hace mucho tiempo. Son
las personas mayores las que recuerdan con facilidad las historias que sus
padres contaban alrededor del duende, el diablo, la llorona o el carro
fantasma, en aquellas noches donde sólo una lámpara petromax alumbra-
ba las oscuras casas del campo. Aunque con la instalación de la luz eléctrica
estas historias dejaron de transmitirse con la misma frecuencia de antes,
todavía existen momentos para contarlas: “en las reuniones, en los velorios
o en las juergas con la familia”. Veamos entonces la percepción popular
alrededor de estos personajes fantásticos.
8.3.1 El duende

El duende es un personaje de tamaño pequeño cuya característica


distintiva son sus pies “torcidos hacia atrás”. Con un enorme sombrero
sobre su cabeza, este diminuto ser suele llevar pantalones negros, tratando
de mostrarse lo más elegante posible ante las mujeres hermosas. Algunos
dicen que “aunque de apariencia horrible, siempre está bañadito, perfu-
mado”.

El hecho es que el duende se las ingenia para enamorar a las muchachas


de largos cabellos, grandes ojos o “velludas”, desplegando una serie de
estrategias como impedir que sus enamorados las visiten, robar sus
prendas íntimas o asaltar sus cuartos. Para lograr que éste las deje en
paz, el secreto más efectivo es “presentarse sucias o de mal olor”. Un
informante nos cuenta que una vez una mujer se vio obligada a embarrar
su cuerpo de excremento para que un duende obsesivo la deje tranquila:
“Eso pasó con una señora que vivía por acá nomás. No había forma de
que el duende deje de molestarle, hasta que un día, ella se hizo como la
que comía en la bacinilla, también se ensució con el excremento. Eso al
duende le daba asco porque ese señor si que es bien aseadito”.

Otro rasgo importante de este personaje del imaginario popular es


que vive en lugares desolados como cuevas, huecos o casas abandonadas
constituyéndose éstos en sus sitios predilectos para esconder a las mujeres
por él conquistadas, convivir con ellas y procrear nuevas especies.

8.3.2 El diablo

Más famoso que el duende es el diablo, personaje nombrado por su


capacidad de engañar a los hombres que aspiran acumular riquezas.
Mostrando su dentadura de oro, el diablo siempre “anda sobre un caballo
bien adornado”. Suele aparecerse en caminos desolados o en medio de
extensas plantaciones a la espera de algún individuo ambicioso capaz de
vender su alma por dinero.

Según nos comentaba una señora de Palenque, el diablo ofrece sus


riquezas a gente inocente a cambio de que ésta, luego de un lapso de
tiempo, se comprometa a entregarle su alma: “el diablo cobra
personalmente la deuda luego de diez, veinte o treinta años de haber
pactado con el deudor. Lo malo es que para el diablo un año significa una
semana, una semana significa un día, un día significa una hora, una hora
significa un minuto, un minuto significa un segundo. Así el diablo engaña
a la gente que le vende su vida entera a cambio de dinero”.

El diablo suele hacer pactos únicamente con hombres, siendo sus


esposas las llamadas a buscar alguna solución para evitar que este ser
termine llevándose sus almas. En una historia relatada por nuestra
informante, una mujer astutamente planificó engañar al diablo para impedir
que su esposo termine yéndose con él. El diablo le había entregado al
hombre un saco de plata con la condición de que en treinta años éste le
venda su alma. Aunque su situación económica mejoró notablemente, el
hombre empezó a sentir angustia debido a que había escuchado, por boca
de un compadre, que “para el diablo treinta años significan treinta
semanas”. Su esposa se dio cuenta enseguida de que algo raro estaba
sucediendo, por lo que éste se vio obligado a contarle de su pacto con el
diablo. Sin mayor preocupación, la mujer le pidió a su esposo que le
indicara el día exacto, según las cuentas “engañosas”, en que vendría el
diablo a cobrar su deuda. Llegado el día le dijo: “pídele al diablo que
adivine qué animal soy yo. Dile que si te adivina, te vas con él; si no te
adivina, no te vas”. He aquí la astucia de la mujer, según el relato de
nuestra entrevistada:

“Cuando ya anunciaba que venía el diablo, porque se oía fuerte el


viento, la mujer se envuelve de miel todita y se revuelca en las plumas,
cosa que quedó todita de plumas, y como tenía el pelo largo se lo tiró por
delante, y se puso en cuatro patas como un animal. Entonces el hombre
le amarró con un cabito. Cuando llega el diablo y le dice al hombre: ‘aquí
te vengo a ver para cumplir el contrato’. Entonces el hombre le dice:
‘bueno, yo te voy a decir una cosa. Yo tengo un animal aquí, Si tu me
adivinas que animal es este yo me voy contigo, y si no, el contrato es
nulo’. ‘Ya pues’, le dice el diablo, ‘yo cómo no voy a adivinar el animal
que tienes, si yo soy criado en el monte y conozco a todos los animales’.
El hombre sube con el diablo a ver al animal. El diablo le veía, le veía a la
mujer que estaba de plumas, y decía: ‘qué animal es pues este, yo nunca
he visto este animal’. ‘Ahí está, pues’, le dice el hombre, ‘adivíname qué
animal es’. Y el diablo se daba, se daba las vueltas para ver qué animal
era, pero no sabía. Hasta que se hostigó oiga. Le dice: ‘quédate con tu
animal que yo me voy, yo no sé qué animal es este’. Y había un viejito
más adelante que estaba observando la escena, y el viejito se rió, ¡ja, ja!,
dice: ‘lo que el diablo no sabía es que cuando él iba a nacer la mujer ya
era bachiller’, já já. La mujer le ganó entonces”.
Algunos informantes aseguran que el diablo se apropia del alma de
las personas únicamente cuando éstas fallecen. De esta forma el pacto no
corre peligro de romperse en caso de que alguien tan astuto -como la
mujer- se entrometa. Según Santiago Linton, oriundo de Balzar de Vinces,
el alma que se lleva el diablo queda errante, apareciéndose de vez en
cuando ante los ojos de la gente bajo la forma de “bultos”, “sombras” o
“luces”. Son estos signos representativos de las almas en pena de los que
haremos referencia a continuación.

8.3.3 Las almas en pena

Las apariciones fantasma-góricas de los muertos toman forma en la


realidad de los pueblos fluminenses a través de las almas en pena o las
ánimas. Según la creencia popular, una vez muerta la persona su alma se
torna en un astro luminoso que se va al cielo o que, condenado a vagar
como alma en pena, vuelve al mundo de los vivos para vengar ofensas,
cobrar a los deudores o espantar a los más incautos. Una de estas almas
en pena es “La Llorona” de Vinces, la cual, según cuenta la historia
popular, debido a que en vida había perdido a su pequeño hijo, vagó
durante mucho tiempo en la orilla del río gritando desconsoladamente el
nombre de su pequeño.

Se dice también que en la ciudad de Babahoyo, a inicios de siglo XX,


una humilde mujer había muerto junto con sus cuatro hijos menores de
edad a causa de unos disparos provocados durante un ataque
revolucionario. Sus almas, encarnadas en una gallina y cuatro pollitos,
penaron por largos años alrededor de la Iglesia Matriz. Conocidas como
“la gallina y los pollitos de las ánimas”, estas aves solían lanzar gritos
de dolor cuando cualquier persona intentaba acercarse a ellas (Maldonado,
1987).

En el río las apariciones de almas en pena toman su forma en un


pequeño ataúd o “lucecilla” que flota en las aguas durante las noches.
Según algunas versiones esta lucecilla representa el alma de una niña que
se ahogó en una tarde de tormentosa lluvia. Otros dicen que se trata
de un niño, fruto de una infidelidad, al cual su propia madre le había
arrojado al río.

Las ánimas también se presentan bajo la apariencia de hombres


vestidos de blanco. En el recinto Costa Azul del cantón Valencia, un
informante mencionaba que por más de una ocasión había visto a un
joven de traje blanco que jamás le contestaba el saludo cuando pasaba
cerca de él. De repente, éste desaparecía. Son varios los testigos que han

95 Lamentablemente no pudimos recopilar esta leyenda en el trabajo de campo, debi-


do que los conocedores de la misma han desaparecido. Por otro lado, según cons-
tatamos, no se ha promovido un proceso de transmisión oral de esta leyenda a las
nuevas generaciones.
96 La vía Flores fue la primera carretera que unió a la costa con la sierra. Su ruta era
llena de precipicios, y la dificultad de transitar por ella fue proverbial.
sentido la presencia de este hombre; dicen que “no se le ve la cara, el
bulto nomás es. No usa una sábana sino un terno blanquito”.

Pero las ánimas también cobran vida en determinados objetos.


Alrededor del carro fantasma, por ejemplo, pobladores de Palenque y
Costa Azul relatan distintas experiencias que muestran cómo las “almitas”
son capaces de asustar a cualquier inocente que transita por el campo. En
la oscuridad de la noche este carro se aparece de forma fortuita; “usted
cree que alguien está conduciendo el carro. Es un carro con unas luces
intensas, que viene pero nunca llega, que camina pero se desaparece así
de repente”, nos comenta un informante.

Por lo general estas apariciones se producen debido a que las almas,


por alguna razón, no logran descansar en paz; por ello, según la tradición,
la persona que ve, escucha o siente su presencia debe ofrecer una misa en
honor a ellas, pidiendo por su descanso eterno.

8.4 Las leyendas

Los relatos legendarios dan cuenta de hechos o personajes que


existieron en algún momento de la historia. En la provincia de Los Ríos
estos relatos han contribuido a explicar el origen de accidentes geográficos
o lugares considerados representativos para los pobladores, así como
determinadas creencias religiosas alrededor de los santos patronos.

Una de las leyendas que hacen alusión al primer caso, refiere del
porqué los habitantes baba-hoyenses bautizaron a una loma localizada al
noreste de la ciudad como la Loma del Diablo. Según la versión de
Alberto Maldonado95 (1987), hace más de cien años esta loma era

97 Actualmente el temor de ingresar al cementerio durante las noches se debe, más


bien, a la presencia de ladrones que por más de una ocasión han asaltado a los
visitantes. Ello, según el relato de un informante, es común en la época de Finados.
propiedad de un señor de apellido Díaz, el cual solía atender un negocio
de venta de mangos extraídos de los frondosos árboles situados en su
propiedad. Un día un muchacho de catorce años, al ver que el señor Díaz
se encontraba ocupado en su negocio, aprovechó para asaltar los men-
cionados árboles. Justo cuando se preparaba a subir en uno de ellos, el
joven observa que un extraño hombre rojo empieza a acercarse con una
antorcha despidiendo llamas. Con horror escapa convencido de que ha
visto al diablo. Habiendo transcurrido algún tiempo, un anciano relató a
un grupo de oyentes congregados en el centro de la plaza, que Pedro
Díaz confeccionó un horrible disfraz de diablo para castigar con tremendo
susto al abusivo que se apropiaba de los mangos de su propiedad. Desde
entonces el pueblo principió a denominar aquella loma como “La Loma
del Diablo”.

Sobre las peligrosas curvas de la antigua carretera denominada vía


Flores96 se ha tejido una serie de historias trágicas. Cada una de ellas ha
sido bautizada con el nombre del carro que rodó por la pendiente fatal,
repleto de pasajeros o de carga. Entre esas curvas destaca una famosa: la
curva del mudo. Cuenta la leyenda que el hijo de la señora Zoila Cruz,
comerciante mayorista de Babahoyo, viajaba en el carro de pasajeros “El
Telégrafo”. Este pobre muchacho nunca había hablado: era mudo. De
repente, mientras el carro daba “retro”, se abrió la puerta posterior. El
mudo, asustado en presencia del abismo, exclamó: “!Ay mi mamá! !para,
para!” Desde entonces, ese paso difícil se llama “la curva del mudo”
(Muñoz, 1953).

Además de este tipo de leyendas, la memoria popular registra varios


relatos en torno a supuestos personajes de ultratumba que hablan, caminan
o ríen para asustar a los más inocentes desde su lugar de morada: el
cementerio. Un informante de Babahoyo cuenta que hace más de cuarenta
años, campesinos, comerciantes y residentes de la ciudad, por más de
una ocasión, escucharon voces extrañas emitidas desde un sitio no iden-

98 La versión completa de esta leyenda consta en el capítulo referente a Fiestas.


tificado del cementerio. Durante varios años se regó la noticia de que en
el camposanto surgen voces del más allá. Un día “un grupo de cinco
muchachos decidió investigar si realmente había estas voces. Se fueron
al cementerio alumbrándose con una linterna, era de noche. Entonces
alcanzaron a oír unas voces que salían de una bóveda, o sea de una tum-
ba, que estaba destapada. Al acercarse a la tumba descubrieron que ahí
dentro estaba borracho el panteonero del cementerio. Éste ha sabido tomar
por las noches ahí mismo, hablando solito. Desde ahí se descubre que no
había ningunas voces de ultratumba... Pero es una leyenda que hasta ahora
yo les cuento a mis hijos para que no tengan miedo de entrar allá”97 .

En Valencia, el señor Hugo Muñoz, considerado como el “mentiroso


de Valencia” por su facilidad de inventar historias legendarias, ha dejado
grabado en la memoria de familiares, amigos y conocidos un relato acerca
de los árboles que rodean al río San Pablo. Cuenta la anécdota que, a
sus ocho años de edad, se había extraviado cerca del mencionado río:
“para orientarse comenzó a escribir así en los árboles: Hugo Muñoz,
Hugo Muñoz. Árbol que había, él escribía Hugo Muñoz para que no se
pierda, hasta que logró salir... Dice que como a los quince, veinte años,
salió por allá a darse una vuelta, y dice que en todos los árboles decía
HUGO MUÑOZ, grandote, en toditos los árboles que habían crecido”
(Mario Troya Fuertes, 2003).
La inventiva popular, aunque a veces puede provocar la incredulidad
de la gente que recepta historias como ésta, sigue manteniéndose viva,
principalmente cuando sus relatores se saben testigos presenciales de los
hechos legendarios narrados. Ello, por ejemplo, es más evidente en el
caso de las leyendas relacionadas a los milagros de los santos o las vírgenes.
Como vimos en el capítulo referente a la religiosidad popular, las
devociones se generan, muchas veces, como respuesta a determinados
hechos que revelan el poder milagroso de estos personajes. Estos hechos,
experimentados en la cotidianidad, son el sustento de leyendas que se
transmiten de padres a hijos como mecanismo para fortalecer la creencia
religiosa popular. César Augusto Quintero, por ejemplo, nos comenta
acerca de uno de los milagros de San Antonio quien impidió que las
torrenciales aguas del río arrastraran la casa de uno los habitantes del
cantón Montalvo, luego de que su imagen fuera colocada en la puerta
de dicha propiedad98 .

Finalmente cabe mencionar que el relato de leyendas es común cuando


de las almas en pena, el diablo o el duende se trata. Sin embargo, debido
a que en líneas anteriores nos referimos in extenso a estos personajes
míti-cos, no haremos más alusión a ellos.

8.5 Los cuentos

Los cuentos, a diferencia de las leyendas, no tienen un tiempo definido


en la historia. Son relatos anónimos que describen el comportamiento de
personajes propios del contexto en el cual se desenvuelve la población,
con la finalidad de plantear una verdadera lección de vida. Estos perso-
najes, por lo general, representan figuras arquetípicas que simbolizan las
virtudes o defectos humanos, dentro de una peculiar estructura donde el
malo es inconfun-diblemente malo mientras que el bueno es
inconfundiblemente bueno.

En el caso de la provincia de Los Ríos, los cuentos que aún se


conservan están confinados principalmente al mundo del montubio, siendo,
en su mayoría, versiones corregidas, esto es, adaptadas a personajes
locales, de cuentos transmitidos en distintas partes del mundo. Una señora
de Palenque, por ejemplo, nos habla de una mujer encantada que vivía en
un río bajo la apariencia de sapa [rana]. Un día un buen hombre accedió
a comprometerse con ella, sin importarle la burla de sus dos hermanos
envidiosos, quienes, a diferencia de él, habían conseguido comprometerse
con dos mujeres “normales” luego de haber rechazado a la mencionada
sapa. En el día de la boda, para sorpresa de todos, la sapa se transforma
en una mujer hermosa, con la capacidad de convertir las cosas que le
rodean, en oro: se había liberado del hechizo. A continuación trans-
cribimos la versión completa de este cuento, de acuerdo al relato propor-
cionado por nuestra entrevistada:
El cuento de la sapita [ranita]

“Había un viejito que tenía tres hijos. Este viejito tenía un verdural
pero un animal se le comía todas las verduras. Entonces, todos los
días les decía el viejito a los chicos: ‘Mañana se van a dar cuenta qué
animal es que me come las verduras, yo creo que es un conejo’.
Entonces, bueno, el primer día fue el hijo mayor a ver y se da cuenta
que no era un conejo, sino un caballo el que se comía las verduras.
Entonces regresa con la noticia y le dice: ‘Papá, no es un conejo que
te come las verduras sino un caballo’. Entonces el viejito le dice:
‘Pues mañana te vas, lleva una soga y me traes el caballo aquí que yo
lo voy a castigar’. Entonces se fue el chico, cogió la soga y el caballo
estaba comiendo las verduras cuando él llegó. Pero el chico no pudo
enlazar al caballo, le echó el lazo y el caballo se le soltó y se le fue.
Entonces llega a la casa y le dice al papá: ‘Papá, el caballo estaba
pero se me fue’. ‘!Como vas a creer que le vas a dejar ir al caballo!’,
le dijo el papá. Entonces el otro hijo, el que le seguía, le dice: ‘Papá,
mañana voy yo, verás si lo traigo’. Entonces al otro día se fue el hijo
a coger al caballo. Tampoco lo cogió. Lo encontró, lo echó el lazo,
pero el caballo también se le soltó y se le fue. Entonces, bueno, el
hijo menor al tercer día le dice al papá: ‘Papá yo voy, verás que yo sí
te traigo al caballo que se te come las verduras’. Entonces, bueno, el
chico coge, le pone el lazo y le da la vuelta en un tronco al caballo y
lo sujeta, así lo cogió. Entonces el chico regresa y le dice: ‘Papá,
papá, aquí te traigo al caballo que te come las verduras’. Entonces
bajó el viejito y le dice a los otros: ‘¡vieron!, ustedes grandotes no
pudieron coger al caballo y miren mi hijo me viene trayendo. Ahora
amarren al caballo’. El chico mayor le dio vuelta en un tronco y lo
amarró así. Cuando bajó el viejito, cogió un leño así verde para darle
al caballo, y coge el leño, le suelta, y el caballo se le tira para atrás y
en lugar de pegarle al caballo le pega al hijo en la pierna. ¡Ay!, el
viejito trataba de darle golpes, pero el caballo se le suelta y se le va.

Entonces el viejito bravísimo con los hijos mayores. Entonces, ‘bueno


papá, ya que tú te has molestado con nosotros’, dicen los hijos
mayores, ‘danos la parte de nosotros que nos corresponde de la he-
rencia que nosotros nos vamos a rodar tierra’. Entonces, bueno, el
viejito cogió la herencia y les dio a cada uno. Se fueron los chicos a
rodar tierra. Entonces el hijo menor le dice: ‘no papá, yo me quiero
ir con mis hermanos porque yo me enseño con ellos’. ‘No’, le dice el
papá, ‘no te vayas porque tus hermanos te van a querer hacer daño,
porque yo los he retado por tu culpa’. ‘No, papá, yo me quiero ir, me
quiero ir’. Tanto, tanto insistió que el papá lo dejó ir. Entonces iban
caminando, camina, camina, cuando lo alcanzaron a ver lejos que
venía. Y le dice el mayor al otro: ‘allá lejos viene mi hermano, ya
mismo verás lo que le vamos a hacer’. Entonces había así unos
animalitos que se llaman arrieras [hormigas] -no sé si ustedes conocen-
habían así bastantes en un pedazo de tierra amarilla, tenían casitas
esas arrieras. Bueno, lo esperaron allí al chico, lo cogieron lo
amaniaron y lo dejaron tirado en el laderar ahí. Entonces lo dejaron
amarrado y se fueron, camina y camina, cuando el chico, él se daba
vueltas con las hormigas que lo mordían, y se daba vueltas porque no
se podía soltar. Cuando se aparece el caballo que él lo había cogido.
Entonces, le dice al caballo: ‘caballito, caballito, por la virtud que
Dios te ha dado, suéltame de aquí donde estoy amarrado’. Entonces
el caballo, con el hocico, lo cogió, lo cogió, lo sacó las cabuyas y lo
soltó. Bueno, el chico siguió detrás de los hermanos.

Cuando bueno, allá había una casita cerca de la carretera donde iban,
y ahí posaban ellos, los hermanos mayores. Llegó la noche y ahí
quedaron. Cuando de noche cantaba alguien, bien bonito se escu-
chaba que cantaba, oiga, lindo... una voz preciosa. Entonces le dicen
los dos muchachos a la dueña de la casa: ‘señora, ¿quién canta tan
bonito?’. ‘Es una hija mía’, dice la viejita. ‘Ah, es su hija, presénte-
mela para ver si yo me hago novio de ella y me caso con ella’, le dice
el mayor. Entonces la viejita le dice: ‘Bueno, mañana vamos, para
que la conozca’. Cuando llego el día y se fueron. Los llevó largo, así
adentro, en una laguna grande. La viejita grita: ‘Mi hijita, salga, que
la quieren conocer’. Entonces salió del pozo, ¡tas!, a la orilla, una
sapita afuera de la laguna. ‘Y esa será su hija’, le dice el chico a la
viejita. ‘Sí, ella es mi hija, ella es la que canta’. ‘Uy, pero es una sapa,
yo no caso con esa sapa’, y se fueron. La sapita se tiró otra vez a la
laguna y los muchachos siguieron.

Después a la siguiente noche llegó el hijo menor, a la misma casita.


Y de nuevo la música, bien bonito que cantaba. Y el chico le dice a la
señora: ‘señora, ¿quién es que canta tan bonito?’. ‘Una hija mía’ le
responde. ‘Ah’, le dice, ‘preséntemela que yo me quiero casar con
ella’. Entonces la viejita le dice: ‘no, porque ayer dos ya me la des-
preciaron, yo ya no voy a presentar a mi hija porque me la vuelven a
despreciar’. ‘No’, dice, ‘preséntemela nomás que yo no la voy a des-
preciar’. ‘Bueno’, le dice la viejita, ‘mañana vamos’. Amaneció el
día y lo llevó allá a la laguna. ‘Mi hijita salga que un joven la quiere
conocer’. Entonces la sapita, ¡tas! sale al borde de la laguna. ‘Ay,
pero si es una sapita’, dice el muchacho. ‘¿Y cómo es que canta bien
bonito?’, le dice. ‘Sí’, le dice la viejita, ‘ella canta bien bonito. Entonces
le dice: ‘Bueno, entonces, aunque sea sapita, pero yo sí me caso
con ella’. Entonces quedaron de novios.

En chico se regresó a la casa, y más adelante el un hermano se hizo


novio de una jabonera que encontró, y el otro se hizo novio de una
carbonera. Y regresaron los chicos a los meses, como a los tres meses
regresaron donde su papá a decirle que cada uno ya tenía una novia
y que se iban a casar. El viejito dice: ‘Bueno, pero antes ustedes van
a llevar una prenda a cada una de sus novias. Ustedes van a llevar un
perro y una camisa a cada una de sus novias, para que me cosan la
camisa y me cuiden el perrito. Después de tres meses me lo traen’.
Los chicos mayores decían: ‘Uy, cómo le va a coser esa sapa la camisa
y cómo le va a cuidar al perro si es una sapa’. Entonces el hermano
menor se fue, le entregó la camisa a la viejita y ella le entregó a la
sapita: ‘Mi hijita, venga que su futuro suegro le mandó a coser la
camisa y que después de tres meses le tiene que llevar la camisa y el
perro bien cuidado’. Entonces la sapita cogió la camisa y se entró a
la laguna con el perro. Mientras tanto los otros muchachos ya habían
llevado a la jabonera y a la carbonera un perro y una camisa, un perro
y una camisa, a cada una. Entonces cuando llegó el tiempo de recoger
las cosas. Fue el chico de la sapita a recoger. Oiga, el perrito bien
bonito, bien cuidadito, y la camisa bien bonita, bien cosidita, hasta
con hilo de oro cosida la camisa. Llegó el de la jabonera, con el perro
todo pegado de jabón, la camisa toda sucia de jabón, toda barreteada.
Entonces, llegó el de carbonera también con el perro y la camisa.
También esa camisa sucia de carbón, con el perro que había dormido
así encima del carbón, feo el perro. Todo mejor el de la sapita.

Entonces, bueno, dijeron los muchachos ‘en tal fecha nos casamos’.
Todos tres en la misma fecha se iban a casar. Cuando los muchachos
ya iban llegando con su novia en caballo, porque antes no había pues
carro, sino caballo. Cada uno con su novia. La jabonera se bañó bien
bañadita, la carbonera igual. Cuando el chico que era novio de la
sapita, él venía atrás, y sí le daba vergüenza porque era una sapa.
Venía en el caballo bien arregladito, y la sapita en el piquito de la
montura. Pero el chico de todas maneras venía con la sapita, jalando
el caballo. Y los muchachos mayores se reían: ‘ve pues el adefesioso
este, irse a casar con una sapa, mírenlo cómo viene ahí, qué vergüenza,
venirse a casar con una sapa’. Y el viejito: ‘Cállense, aunque sea
sapita pero ella es mi nuera, cállense, que ya les voy a recibir’.

Cuando llegó el suegro le da la mano a la sapita para que baje del


caballo. Oiga, y a lo que baja se hizo una linda princesa, una mujer
linda. Bueno, y los muchachos asombrados decían: ‘¡qué pasó!
¿porqué la sapa se hizo una mujer?’. Entonces todos entendieron
que había sido un encanto. Una mujer encantada que estaba hecho
una sapa en el agua pero que era una mujer, pues, y que necesitaba
casarse para desencantarse.

Después comenzó la fiesta, el viejito mató un chancho, harta comida


y baile. Y la chica que había sido sapita se acercaba donde había
chicharrón, cogía un poco, se metía al seno y luego lo botaba al
suelo: ‘Baile suegro’, le decía al viejito, ‘que eso es suyo’ Puro oro
caía al suelo. Entonces las otras chicas, como veían eso, ellas tam-
bién cogían chicharrón, hacían lo mismo y le decían al viejito: ‘Baile
suegro, que eso es suyo’, y puro chicharrón con pataconcitos caían.
Y colorín colorado, el cuento ha terminado”.

Que el hechizo de una mujer desaparece cuando ésta llega a contraer


matrimonio, es un tema que también está presente en el cuento
babahoyense “La Dama Encantada”. Según la versión de Alberto
Maldonado (1987), se trata de una preciosa mujer que tuvo la oportunidad
de liberarse de vivir encerrada en la cueva Cacharí, luego de que un pes-
cador aceptara casarse con ella. Sin embargo, el pescador debía cumplir
una petición de su prometida: por nada del mundo debía voltear su mira-
da hacia atrás durante la travesía en canoa, planificada por los dos con la
finalidad de trasladarse a un lugar del bosque donde vivirían felices por
siempre. Pese a esta advertencia el hombre no resistió la tentación de
voltear su mirada, luego de escuchar gritos desgarradores de auxilio. En
ese momento unas manos invisibles se apoderaron del hombre sepul-
tándolo en el fondo del estero, mientras el alma de la selva se estremeció
con el grito doloroso de la dama que, desde entonces, quedó convertida
en una enorme piedra en forma de corazón.

Al leer detenidamente las versiones de estos cuentos, el lector podrá


darse cuenta que, más allá del poder del hombre, confinado a su capacidad
de liberar los hechizos de mujeres encantadas, virtudes como la
responsabilidad, la humildad y la prudencia son esenciales si éste desea
acceder a una vida feliz. Esta es la enseñanza de los cuentos que, adaptados
a una realidad local, influyen en las concepciones del pueblo acerca de
los bueno o lo malo.

8.6 Los “cachos”

Según la definición de una señora de Palenque “los cachos son


historias pequeñas que se cuentan para hacer reír a la gente”. Se trata de
relatos jocosos, generalmente vinculados a la temática de la infidelidad
femenina o la inocencia de los hombres “cachudos”. Veamos algunos
ejemplos recopilados de la memoria oral:

“Había un hombre, un marinero que tenía su mujer. Entonces, él


llegaba cada dos o tres meses a la casa. Cómo él le dejaba sola tanto
tiempo a su mujer, ella se había conseguido un amante. Cuando el marido
no estaba, ella estaba con el amante. Entonces, la señal que ponía la
mujer cuando estaba su marido en casa, era poner un hueso en la ventana.
Entonces venía el amante, veía de lejos el hueso y sabía que no podía
entrar porque estaba el hueso.

Entonces, dice que una vez llegó el marido y la mujer se emocionó


tanto de verle al marido a los cuantos tiempos que se olvidó de ponerle
el hueso. Y cuando llega el amante, ¡pum, pum!, toca la puerta, y la mujer
no sabía qué hacer. Y el esposo dice: ¿quién es que anda por ahí que
golpea? ¡Me voy a levantar con el revólver porque vaya a ser un ladrón
que anda por ahí!

Entonces le dice la mujer: ‘no mi hijito, lo que pasa es que es un


muerto que pena por aquí, me hace asustar, yo ya tengo hasta miedo de
quedarme sola. Pero yo sé una oración buenísima para que se vaya, yo
siempre lo corro así. Ya le voy a decir la oración’. Entonces la mujer

99 Sobre el tratamiento de las enfermedades como el susto, el mal de ojo y el “bajo


del muerto”, nos referiremos en el capítulo correspondiente a Medicina Popular.
dice: ‘¡muerto que penas tan profundo en silencio, mi marido está en
la cama y me olvidé de ponerte el hueso!’...” (Katita Coque, oriunda
de Palenque)

Sobre los hombres “cachudos” se cuenta el siguiente chiste: “Había


una mujer que se le antojó comerse un choclo, pero no quería un choclo
así cerquita, sino un choclo lejos. Entonces le había dicho al marido que
estaba embarazada y que si no comía ya abortaba. Entonces, el marido
sale y le encuentra a un amigo. Y le dice: ‘¿a dónde te vas?’. ‘Me voy a
conseguirle choclos de lejos a mi mujer’. ‘No seas tonto, lo que pasa que
tu mujer tiene otro marido y por eso te manda lejos’. El hombre no creía,
‘qué va a creer, yo le voy a buscar el choclo porque dice que va a abortar’.
Entonces el amigo le dice: ‘hagamos una cosa, yo te voy a hacer regresar
a la casa y verás lo que tu mujer hace. Si es que es verdad lo que yo te
digo, tú me das cien pesos y la burra tuerta. Yo te voy a envolver en un
petate y yo me hago como el que llego a pedir posada, y me voy en la
burrita’.

Eran como las diez de la noche y la mujer ya había armado la fiesta


con el otro marido, bailaban, daban vivas y todo. Cuando el hombre dice:
‘señora, señora, puede darme una posada hasta mañana que ya que ha
cogido la tarde y no alcancé llegar a la casa’. ‘Bueno pues, cómo no’, le
dice la señora, ‘ponga por ahí su petatito’. ‘Estoy contenta’, le dice,
‘porque ha llegado mi marido y estamos haciendo una fiesta’. Y el marido
estaba oyendo. ‘Hay’, dice la señora, ‘mi marido es un tonto, le dije que
me vaya a conseguir choclos lejos que yo he tenido antojos y ha ido
nomás el tonto’. Y el amigo dice: ‘amigo de la petaca, escuche la
cuchufleta, que los diez pesos son míos y también la burra tuerta’...”
(Versión de Katita Coque, oriunda de Palenque)

8.7 Las supersticiones


En la provincia de Los Ríos se mantienen ciertas supersticiones o
creencias de orden mágico, que suelen decirse o recordarse como una
forma de alerta ante cualquier situación susceptible de modificar el curso
normal de la vida cotidiana. Aunque se dice que “no hay que hacer caso
de las supersticiones”, varios pobladores del campo fluminense todavía
se refieren a ellas con auténtico convencimiento. Se dice, por ejemplo,
que el abejón café anuncia la visita de una persona o que el aullido de un
perro es señal de muerte. Si el gallo “canta con tristeza” -es decir, como
si estuviera enfermo- lo propio es venderlo para evitar que algún miembro
de la familia sufra un accidente.
9. MÚSICA Y DANZA

También existe la creencia de que una mujer embarazada no debe


acercarse al cementerio, puesto que el niño que está en su vientre puede
contraer susto. Por otro lado, algunas mujeres suelen poner una cinta
de color rojo alrededor de la muñeca de la ma-no derecha de los recién
nacidos, con la finalidad de que no les ojeen.

Si un familiar muere se sugiere limpiar completamente la casa para


evitar que las personas que aún viven en el lugar contraigan el “bajo del
muerto”99 . Se dice, además, que “a los muertos hay que rezarles, hacerles
una misa” para evitar que se queden vagando por el mundo como almas
en pena.

Cabe mencionar que las generaciones actuales, por lo general, o no


conocen estas supersticiones o hacen caso omiso de ellas, considerándo-
las “creencias de los antiguos”.

8.8 Las adivinanzas

En la provincia de Los Ríos las adivinanzas generalmente se formulan


a manera de versos cuyo contenido puede expresar sentimientos, actitudes

100 “Como lo puntualiza Humberto Sagredo, el concepto occidental de música uni-


versal responde a una imposición de la voluntad de los sectores dominantes al
crear un sistema de entendimiento musical cerrado y limitante, en otros tiempos,
de acceso sólo a sectores de elite” (Guerrero, 2001: 7).
o características físicas de algo o alguien: un animal, objeto o persona
que el “adivinador” espera descifrar. Si bien este género de la literatura
popular suele encontrarse en los libros de enseñanza escolar, su transmi-
sión al interior de las familias montubias aún sigue vigente. Por lo general,
las adivinanzas son creadas por especialistas que las han memorizado de
sus padres, o las han inventado tomando como referente la realidad local
en la que éstos están inmersos. Veamos algunos ejemplos recopilados de
la memoria oral:

Me fui por un caminito


encontré un viejito
por trazarle la cabeza
lo hice pedacitos
La cabeza de verde
Verde fue mi nacimiento
amarillo mi vivir
y de negro me vestí
cuando me quise morir
El plátano

Mandu mandu esta guindando


durmi durmi está durmiendo
si mandu mandu se cayera
durmi durmi se lo comiera
El mango y la vaca
Un árbol con su rama
cada cual tiene su nido
cada nido siete pájaros
cada pájaro su apellido
El año, los meses y los días

101 Es decir, la posibilidad cultural de impregnar sus diferenciaciones a través de las


distintas opciones sonoras regionales, en el afán de construir una imagen identitaria
(Guerrero, 2001).
Una cuadra cuadrada
dos mil maravillas había
un penitente en cuclillas
y el confesor amarrado
El corral, las vacas
el chivo u
9.1 Aspectos generales

Ligada a la creatividad y a la capacidad transformadora del ser


humano, la música es mucho más que el conjunto de códigos de lecto-
escritura que le sirve de herramienta básica a la composición musical de
la cultura letrada. La música en realidad encierra toda una arquitectura
cultural, que nos revela a través de su diseño y construcción, una amplia
gama de sentidos, tradiciones e interiori-zaciones propias del contexto
sociocultural dentro del cual se gesta. Es por ello que para tratar el tema
que nos ocupa, la conceptualización unilateral de “música universal100 ”
nos resulta del todo insuficiente, prefiriendo servirnos de los insumos de
la antropología para, más bien, dar a conocer una serie de “universos
musicales”, en los que se asocia no solamente el nivel abstracto de su
creación melódica sino también el mundo de los actores sociales involu-
crados en su creación y difusión a través de sus percepciones y gustos.

Como ya se ha mencionado en diversos trabajos anteriores, la música


popular carece de una definición o delimitación conceptual precisa. En lo
que sí hay acuerdo es en que se trata de una tipología musical que se
opone a los estándares establecidos por la música académica o de la elite
oficial y en que se encuentra generalmente constituida por unos códigos
cargados simbólicamente que son seleccionados por la comunidad que
capta aquellas señales identitarias que le atañen (Naranjo et. al, 2002;
Guerrero, 2001). De aquí, que la música popular no necesariamente nos

102 El tema de las huidas se trata con mayor exahustividad en el capítulo correspon-
diente a Organización Social.
remite al ámbito de la tradición o las modas, sino a la capacidad
transformadora del pueblo que reinventa, crea y recrea la música para
proyectar su identidad (Quintana, 2001; Naranjo et. al, 2002).

Es de esta capacidad de proyección de la que nos serviremos para


vislumbrar lo que ya hemos visto en otros puntos de la geografía
ecuatoriana y que se aplica también a la provincia de Los Ríos: que los
artistas populares, son parte de una elite simbólica, es decir “se trata de
personas o grupos que se presentan, o a quienes se presenta, como los
prototipos de ciertas maneras de vivir, de hacer, de pensar, o que encarnan
ciertas cualidades, ciertos valores” (Rocher, 1980: 526). No obstante,
como veremos en los acápites subsiguientes, esta definición no equivale
a un encasillamiento teórico, sino más bien al uso de una herramienta que
nos permitirá comprender mejor aquellos matices encontrados en nuestra
investigación de campo y que hemos ordenado en torno al criterio de lo
que Guerrero (2001:16) llama la multimusicalidad101 . De aquí que para
apuntalar mejor lo ya mencionado, nos parece necesario establecer algunas
directrices que nos permitirán comprender mejor el panorama de la música
popular en la provincia de Los Ríos, la misma que, como ya se ha visto en
los acápites anteriores, es un escenario socio-cultural configurado en base
a los aportes de unos habitantes, que en su mayoría, guardan con este
lugar un vínculo de asentamiento, más no un vínculo de origen.

Es por ello que ciertos elementos como la tradición, y aquellos


protagonistas como los integrantes de bandas de pueblo, guitarristas,
copleros y músicos montubios, tan evidentemente asociados con la
reivindicación de lo “propio” en otros lugares del país, aparecen en esta
provincia como parte de un proceso ligado a la música mestiza y cuya
apropiación es susceptible únicamente a través de mecanismos activados

103 En el capítulo correspondiente a la Tradición Oral se habla con mayor amplitud a


cerca de los Amorfinos.
por la cultura vivencial como lo son la fiesta en sus diversas dimensiones
y la interpretación de la cotidianidad proyectada en los ritmos que prefiere
el pueblo.

Ante un panorama tan heterogéneo, aventurar una tipología cerrada


nos resultaría no solamente complejo sino alejado del compromiso
principal de esta obra, que es transparentar hasta donde es posible,
aquellas aristas que hacen de la cultura popular un puente hacia las
percepciones de cada uno de los grupos cultores de la misma. De aquí,
que aceptando la sabiduría de un músico montubio y acogiendo de buen
grado su sugerencia de clasificación, dividiremos este universo musical
en dos comprensiones: los ritmos bailables y los no bailables, incluyendo
dentro de cada uno la presencia de los actores sociales, tanto músicos
como escuchas y bailadores, así como también el contexto temporal que
nos develará lo que significan para estos pueblos sus expresiones
musicales.

9.2 Los ritmos bailables

9.2.1 Ritmos bailables de antaño

En la provincia de Los Ríos la música bailable es evocada con nostalgia


por los mayores y con picardía por la gente más joven. Y es que desde la
época de los abuelos, las fiestas populares y bailes particulares fueron
siempre el escenario para amistar, enamorar o concretar huidas a volandas,
aún a pesar del esmero de los atavíos y el ojo a visor de los celosos
padres102 .
Apelando a los datos bibliográficos y a la memoria de nuestros
informantes, sabemos que en los bailes montubios de antaño se bailaban
polcas y pasacalles, ritmos de factura mestiza de origen europeo y también
los pasacalles y sanjuanitos, en cuya mixtura musical se aprecia la tonalidad
andina. No obstante, se considera que el baile tradicional por excelencia
era el “alza que te han visto”, tonada de autor anónimo tanto en su letra
como en su música, que hasta la presente es rememo-rada, no solamente
por algunos riorenses de nacimiento sino también por varios otros de
origen manabita.

Esta música se caracterizaba por ser parte de un sentimiento de


jolgorio y alegría que se prestaba también para los bailes de rueda y de
pareja como el caminante y el amorfino. Manuel Álvarez Loor relata que
en el primero las parejas trazaban una ruta de ida y de vuelta al compás
de una tonada, mientras que en el segundo caso, el compás lo determinaba
el con-trapunteo o entonación de coplas que se intercambiaban entre
hombres y mujeres y cuya temática podía ser romántica, de desquite o
picaresca103 (1988).

Pero en aquel entonces no solamente se lucían los bailarines, sino


también los músicos, sin los cuales no había fiesta posible, ni en la zona
rural ni en la urbana. Lo que Garay nombra como el “conjunto musical
montubio” estaba conformado por hombres que elaboraban y entonaban
instrumentos como las flautas de caña guadúa y la tambora. Las primeras
eran canutos de caña delgados unos, más gruesos otros, que a más de sus
dos orificios naturales, se les hacía otros dos más pequeños a un costado
y que se los cubría con tela de araña de monte. La tambora en cambio era
fabricada con cuero de zaino o puerco de monte. Complementaban a
estos instrumentos la voz humana y el taconar rítmico con el pie para
conservar el compás (Garay, 1987). La cantidad de integrantes del
conjunto variaba, pero por lo general se prefería que existan dos flautas:
una aguda y otra grave y dos tamboras de cuero de zaino (Ibíd.).

Otro instrumento que no podía faltar en una fiesta montubia era la


guitarra. De origen Árabe, adoptada, modificada e introducida en América
por los españoles, este instrumento musical se convirtió en los pueblos
rurales del Litoral ecuatoriano en un símbolo y en una compañera infati-
gable, tanto de los momentos de alegría como de aquellos que, aunque
no tan alegres, recogen también las valiosas sensibilidades de un pueblo
que se identifica con sus propias temáticas y percepción de valores,
como ya veremos más adelante.

De esta manera, los bailes servían también para canalizar la creati-


vidad y recrear una cosmo-visión que se ha ido transformando a través
del tiempo. En la actualidad ya no encontramos conjuntos musicales
montubios como los aquí recreados. La guitarra también ha sido
desplazada poco a poco, quedando sin embargo algunos guitarristas
que, sobre todo en las zonas rurales, todavía conservan esa herencia
del pasado, a la que le añaden los temas y matices del tiempo que les ha
tocado vivir.

Algo similar ocurre con las bandas de pueblo, de cuya trayectoria y


protagonismo hablaremos en el siguiente acápite, por tratarse de un
tipo de músicos que, aunque arraigados en una dimensión histórica
distinta, han llegado hasta nuestros días como actores sociales,
preservadores de un arte que, a pesar de sus altibajos son parte también
de la música popular contemporánea en la provincia de Los Ríos.

9.2.2 Ritmos bailables contemporáneos

Como ya expresamos anteriormente, muchas de las expresiones


musicales existentes en Los Ríos, son fruto de una amplia gama de
aportes culturales que, aunque no han tenido su origen en esta provincia,
han encontrado en ella un escenario privilegiado para manifestarse y
afianzarse. De esta manera, atravesando la serranía ecuatoriana, los
músicos de varias bandas formadas en Cubijíes, provincia del
Chimborazo, se llenan de orgullo al haber conseguido espacios
importantes para animar las celebraciones de la fiesta de la Virgen de
las Mercedes en Babahoyo, aumentando así su prestigio y obteniendo
lo que ellos llaman “una victoria más” sobre sus eternos rivales, los
músicos de Calpi.
Pero las Bandas de Pueblo de la serranía ecuatoriana no solamente
son requeridas para las fiestas de la capital de provincia. En cantones
como Palenque, Buena Fe, Montalvo, Pueblo Viejo y Valencia los
habitantes nos cuentan que una fiesta “no es fiesta sin una banda de
pueblo”. Aunque contactadas en su mayoría en la región Sierra, debido
también a la gran cantidad de riorenses oriundos de esta región
ecuatoriana, el hecho de que el contexto en el que desenvuelven su arte
sea dentro del espacio geográfico de Los Ríos, hace que la cultura popular
traspase fronteras de legitimación, pues aunque la Sierra pone los músicos,
la gente de la provincia pone sus gustos.

Y como nos lo cuentan algunos músicos de la banda del profesor


Julio Machado “aquí tocamos música para todos los gustos, lo que les
gusta a los costeños y lo que les gusta a los serranos. A los montubios les
gusta más la música alegre, la música movida, pasacalles, cumbias. Los
serranos también bailan pero también piden sanjuanitos, albazos. La gente
pide y nosotros tocamos lo que quieren”. Según pudimos constatar
durante nuestra investigación, no podemos hablar de gustos específicos
de serranos y costeños tajantemente divididos. Lo que sí se puede observar
es una tendencia hacia los ritmos andinos, sobre todo en aquellos cantones
que colindan con provincias de la Sierra, así como gustos comunes que
van configurando las nuevas preferencias musicales que se aglutinan en
torno a nuevos protagonistas, que si bien es cierto no tienen el valor
icónico y tradicional de la banda de pueblo, la van desplazando poco a
poco. Y así como en épocas pasadas la llegada de la electricidad supuso
el contacto de la población con la música transmitida por radio, de igual
manera las orquestas y otros conjuntos musicales adoptaron innovaciones
que les permitieron estar a la par de los nuevos tiempos y de las nuevas
tendencias rítmicas.

104 La mayor parte de los conjuntos de tecnocumbia son integrados por mujeres, al
contrario de la música rockolera en donde las figuras más carismáticas resultan
ser varones.
De esta manera el espectro musical propio de una banda de pueblo
en la que se utilizan instrumentos como trompetas, saxo, bombo, flautas
y platillos, queda supeditado a un repertorio rico por su profundidad en
el tiempo y simbolismo pero poco reivindicado por las nuevas
generaciones, quienes en el momento de escoger cómo y dónde prefieren
bailar, no dudan en escoger aquellos escenarios en donde haya una bue-
na orquesta o la presentación de lo que ya en otros tomos de esta misma
colección se ha definido como “los grupos del momento”, es decir, todos
aquellos que se encuentran dentro de la tendencia musical más escuchada
o de moda.

Para los riorenses, quienes reconocen que no ha existido mayor interés


en formar una o varias bandas de pueblo propias, las orquestas vienen a
ser su referente musical con raigambre identitaria. Este es el caso, entre
otros, de la orquesta Cañaveral de Buena Fe, cuyos integrantes son todos
de Los Ríos, aunque también con ancestros en las provincias colindantes.
No obstante, para estos músicos viajar por el país como un conjunto
musical riorense les llena de orgullo, pues sienten que están contribuyendo
con la formación de una identidad en torno al suelo que los acoge y
ganando un prestigio que les ha valido diversos contratos, en la región
litoral, sobre todo, y especialmente en los meses de julio a diciembre,
durante los cuales las festividades abundan en distintos puntos de la
geografía ecuatoriana.

Dotada de instrumentos como trompetas, bajo y guitarra eléctrica,


güiro, sintetizador electrónico, batería, congas y otros instrumentos de
percusión, esta orquesta se dedica a complacer los gustos musicales con
tendencia hacia los ritmos tropicales o tropicalizables. Es decir, que se
puede volver bailable todo tipo de música, especialmente aquella

105 En realidad no hay punto de comparación, entre un conjunto de tecnocumbia de


prestigio que cobra entre 3.000 y 5.000 dólares por presentación a un disco móvil
que cobra entre 100 y 150 dólares la hora. Sin embargo a la hora de dar realce a
una fiesta siempre resulta que existe presupuesto para todo.
considerada como música nacional, como por ejemplo albazos, pasacalles
y sanjua-nitos modificados conforme a los gustos de la gente y que,
según los músicos, les resulta más asociables como “propios” antes que
la cumbia colombiana, el merengue y la salsa, ritmos también infaltables
en las fiestas populares riorenses. Sin embargo, a pesar de la gama que
ofrece la música tropical, ésta, como muchas otras orquestas incluyen en
su repertorio a la tecnocumbia, fenómeno social y musical de gran acogida
en la provincia de Los Ríos.

Heredera de los grandes espacios en el gusto popular abiertos por


los músicos rockoleros, la tecnocumbia es hoy en día un fenómeno que
abarca diversas dimensiones. Musicalmente hablando, se trata de una
mezcla de ritmos latinoamericanos y ecuatorianos que se combinan con
la rítmica de la cumbia y que acogen también las cromáticas auditivas de
los instrumentos musicales del tex-mex (Guerrero, 2001).

La combinación resultante puede ser llevada de un lado a otro por


los conjuntos tecnocumbieros gracias a las pistas que utilizan en sus
conciertos, de tal manera que, al menos en el escenario, no existen músicos
en sí. Lo que sí existe es un despliegue coreográfico de voces, vestuarios
y cuerpos femeninos104 que, gracias a la particular combinación de
accesorios, baile y gestualidad, devienen en un show en sí mismos, de tal
modo que no necesitan más tramoya que el contexto en el que son pre-
sentados. Y en este punto es en donde se abre un amplio debate acerca
del halo comercial y los márgenes de ganancia que dejan este tipo de
espectáculos, así como del aprovechamiento que de los mismos hacen
figuras políticas de dudosa factura que practican aquello de que el pueblo
lo que quiere es pan y circo. No obstante, no son nuestros objetivos
ahondar sobre estos temas, que sin embargo dejamos planteados para
referirnos más bien a lo que el pueblo postula como los parámetros de
calidad de un espectáculo así.

Según varios riorenses, el hecho mismo de que se trate de conjuntos


capaces de imponer los hits en los gustos populares, hace que tenerlos
en los distintos actos festivos, catapulte el prestigio del lugar, a la par que
el reconocimiento del grupo que se presenta. Por otro lado, el hecho de
que más de uno de estos conjuntos esté conformado por muchachas de
Quevedo, Babahoyo y otros cantones de la provincia, reafirma un sentido
de identidad, que alimenta más bien ciertos estereotipos caducos sobre la
corporeidad femenina, antes que el talento mismo de las artistas, cuyo
puente con el público parte del frenesí que pueden ser capaces de
transmitir. Y aunque simplemente escucharlas jamás se iguale en el ima-
ginario popular a mirarlas en escena, lo cierto es que sus temas resultan
infaltables en la variedad musical ofrecida por los disk jockers y disco
móviles de éxito en las fiestas populares.

Dotados de consolas acústicas, grandes parlantes, micrófonos y


cables, los disk jockers son capaces de llevar a los poblados a más de
cien conjuntos musicales colocados dentro de una maleta. Y es que gracias
a su versatilidad para satisfacer los más variados gustos musicales y a lo
asequible que resulta su precio de contratación105 , el disco móvil se ha
convertido en la mejor opción de los comités de organización de las
diversas festividades para amenizar y mantener a la gente bailando. Y
para ello, un buen disk jocker debe conocer los gustos de la gente por
región y por edad. Así, uno de estos personajes nos comenta al respecto
que “me piden que ponga música bailable, la cumbia, la salsa, el merengue,
el regué, todo eso. Los jóvenes piden más el regué. Casi no hay diferencia

106 “El campo de la música rockolera se describe “a partir de los actores, las institu-
ciones y los procesos que lo constituyen, las posiciones dentro de las cuales las
acciones tienen sentido como estrategias de conservación o subversión, y los dife-
rentes capitales en disputa que hacen posible la existencia del campo como tal”
(Santillán, 2001:45).
107 “El motivo por el cual se asiste a un concierto es “involucrarse en el espectáculo,
en la medida en que se conoce de antemano muchas de las canciones que se van a
interpretar y los discursos como los de la migración y la revalorización del pueblo
son ya una costumbre en estos espectáculo” (Santillán, 2002:73)
“Para el público, el asistir a los conciertos se convierte en un espacio de desahogo
en la medida que se puede gritar, llorar, bailar, cantar, sin restricciones” (Ibíd.:
74).
entre los gustos de los recintos y los gustos de la gente que vive en la
ciudad. En los recintos ya todos tienen radio, todos acceden a los medios
de comunicación. Quizá haya una diferencia pequeña y es que en los
recintos, además de la cumbia, bailan el paseito estilo corrido” (Disk
jocker de Mocache).

Lo cierto es que ya sea con una banda de pueblo, orquesta, conjunto


de tecnocumbia o disco móvil, la música bailable en la provincia de los
Ríos mantiene una connotación que la atraviesa: y que tiene que ver
también con la posibilidad de un encuentro con el otro, sea hombre o
mujer, con el fin de activar una dimensión más humana y concreta y que
acaso trascienda el momento festivo: la pareja. Ligada a este momento
de la vida que propone otras temáticas comunes, además de otros esce-
narios se encuentra también la música no bailable, de la que hablaremos a
continuación.

9.3 Los ritmos no bailables

Al igual que en el caso anterior, la aparentemente “elemental”


clasificación que da el pueblo a sus contextos musicales, resulta aquí
también variada y compleja. Y es que la música para los riorenses, como
para otros pueblos del litoral ecuatoriano, es una marca de identificación
personal que se ha de llevar hasta en la hora de la muerte. Es por ello que
la presencia de guitarristas, cantantes y hasta conjuntos musicales no le
es extraña al paisaje de los cementerios, sobre todo en el área rural, y no

108 “La llamada música rockolera está constituida por un sinnúmero de géneros po-
pulares que incluyen al pasillo, el vals, el bolero, la bomba del Chota, rancheras,
etc., cuya estructura es extremadamente simple y de poca trascendencia en cuanto
a la renovación y desarrollo musical así como también sus textos (Guerrero,
2001:28).
109 Según la clasificación propuesta por Alfredo Santillán, artistas como estos perte-
necerían a la categoría de los consagrados, es decir, artistas que ya sean de uno o
de varios años de trayectoria, han logrado tales niveles de popularidad que se han
convertido en verdaderos ídolos populares (2002).
solamente en el día de los difuntos, sino también en fechas especiales
como el día del padre, de la madre o en el aniversario de la muerte de
alguna persona que encargó a sus deudos el cumplimiento de su voluntad
de pervivir en el recuerdo de los suyos a través de sus gustos musicales.
Los músicos contratados para tan singular misión dicen no tener miedo
alguno de “complacer al muertito”, peor sería, dicen, “faltar a lo que las
personas quieren o han querido” y por ello complacen también el gusto
de los vivos, que suelen solicitar, para estas ocasiones temas como
“Muchos hijos”, diversos temas que hacen alusión a las bondades
maternales y todos aquellos que permitan hacerle honor al ser querido
que ya ha muerto.

De esta manera la música se convierte en un versátil medio de


comunicación humana que sobrepasa su existencia como un ente de
inspiración abstracta, para encarnarse a través de la cultura y de los
actores sociales que trazan con ella rutas y escenarios con particulares
contextos significativos, que forman parte además de un universo de
identificaciones, no solamente con los ritmos sino con los momentos y
vivencias recreados por las letras de ciertas canciones.

En la provincia de Los Ríos este sería el caso de la música rockolera,


fenómeno musical106 antecesor de la tecnocumbia y que todavía se
mantiene vigente gracias al poder catalizador de las emociones,
frustraciones e interpretaciones que de su propio mundo hacen los cultores
de esta música, para quienes escucharla no se limita al mero hecho acústico
sino más bien a la posibilidad de un real involucramiento, tanto con el

110 Según el trabajo de Santillán, citado ya anteriormente, estos artistas corresponde-


rían a aquellos que están ‘cerca de la fama’, es decir que “son cantantes que si
bien han logrado ser identificados por el público y son conocidos en los medios de
comunicación, su prestigio no llega a abarcar sino un ámbito reducido. Son por
ejemplo artistas muy populares en sus provincias de origen, son infaltables en las
festividades de las ciudades de las provincias y, ocasionalmente, son tomados en
cuenta en los espectáculos a nivel nacional o internacional” (Santillán, 2002: 100).
espectáculo en si mismo como con los momentos evocados a través de
este género musical107 (Santillán, 2002).

Las traiciones, abandonos, incomprensiones, conflictos conyugales,


la separación del terruño debido a la migración y el eterno dilema de los
amores azarosos o imposibles, son parte de las problemáticas abordadas
por las letras de los boleros, valses peruanos, pasillos, sanjuanitos,
baladas y todo tipo de música susceptible de ser resemantizada a través
de la ‘rocolización’ de la misma108 (Guerrero, 2001). Tal es la identifica-
ción con estas temáticas, que el Sr. Tito Patiño, músico de Palenque nos
dice que “es normal que en todo pueblo montubio, como el mío, lo que
más pega es la música rockolera, porque muchos de los que tenemos
buenos sentimientos, se puede decir así, escuchan que cierta música es
como una anécdota que le ha pasado a uno. Son como sucesos de la vida.
Imagínese que hay música que habla de que la mujer le ha traicionado.
Entonces muchas personas se ponen sentimentales, alcohólicas” (2003).

Y que mejor lugar para ponerse a tono con este tipo de sentimientos
que los bares y billares, sitios que no faltan ni en el más recóndito recinto
y que suelen ser los sitios preferidos por los varones para reunirse con
los amigos, lejos de la tutela del entorno familiar o conyugal. Aquí,
reunidos en torno a una cerveza o a un fuerte aguardiente, los riorenses
escuchan a los ‘clásicos de la rockola’ como Julio Jaramillo, Segundo
Rosero, Roberto Zumba, Noé Morales y otros artistas consagrados del
género rockolero, así como de otros, reconocidos además por ser oriundos
de los Ríos, como Roberto Calero, “el payador de Vinces” quien en su
repertorio incluye los temas ‘El borrachito’, ‘Tarjeta roja’ y ‘Sólo por tu
culpa’. Otros títulos referenciales y que se escuchan con constancia son
‘Marihuana’, ‘Fatalidad’, ‘Ay carbón que ha sido brasa’, ‘Tu duda y la

111 Es por este ejercicio de resemantización que elimina las connotaciones ‘bailables’
que este ritmo sí tiene en la sierra, que hemos incluido a esta manifestación musical
dentro de este acápite.
mía’, temas popularizados por el ya antes nombrado Julio Jaramillo y
Olimpo Cárdenas109 .

Los títulos de las canciones favoritas y los nombres de sus mitificados


intérpretes podrían extenderse en un listado enorme. No obstante,
consideramos como parte de nuestro compromiso con la música popular
de esta provincia, destacar nombres como los de Tomás Arias León, autor
de la letra del pasacalle ‘Mi Vinces querido’; el dúo Hermanas Pacheco
de Mocache, Los Hermanos Cosme, Teobaldo Campos, Germán
Gonzáles, Carlos Pesantez y Antonio Lloret Bastidas110 , reconocidos por
los riorenses como símbolos de la identidad musical de su pueblo (Revista
de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo de Los Ríos, Año I, N° 1).

En este sentido, no solamente la música rockolera se presta para


canalizar los procesos de construcción identitaria de la provincia de Los
Ríos. Otros grupos musicales y músicos solistas asocian su actividad
artística con el rescate de la música nacional, la misma que tampoco
responde a una clasificación a la manera de un compartimento estanco
sino que adquiere matices claramente alimentados por los gustos
musicales y el imaginario popular que cobra vida en espacios como los
bailes y reuniones sociales en los que, tras el frenesí de la música movida,
acogen también la participación de los grupos de los que aquí hablamos
y que son contratados con el fin de darle más realce a este tipo de eventos.

Como nos lo cuenta un músico de Palenque, el repertorio que ellos


ofrecen es preferido por personas de hace una o dos generaciones que
consideran que los pasillos y pasacalles son lo “verdaderamente
ecuatoriano”. Es por ello que en las reuniones a las que es invitado, junto
a sus demás compañeros músicos, muchas veces se les solicita aquel
pasacalle que “ya en la música habla sobre los paisajes, sobre las mujeres
palenqueñas y la historia de Nicolás Infante Díaz, el Coronel que dio su
vida por la causa alfarista” (Tito Patiño, músico de Palenque). De igual
manera, se habla de un ejercicio de apropiación de ciertos ritmos, como
el danzante tradicional “que viene como autóctono de la parte de la sierra
pero que aquí lo hacemos como tipo montubio, o sea que le ponemos
versos, hacemos un tipo de églogas o epístolas” de tal forma que los
motivos, contextos y letras de aquella música de origen serrano, se
transforme por acción de las particularidades culturales en una
manifestación considerada como “propia” por parte de la gente del
pueblo111 , quien tiene oportunidad de hacer trascender sus gustos más
allá de la barrera generacional, gracias a la difusión de ciertos gustos
populares que, aunque considerados “de los viejos”, son también
reivindicados por algunos jóvenes.
10. COCINA POPULAR

Tal es el caso de algunos pasillos, boleros y baladas entonadas por


cantantes aficionados que participan en programas y concursos
organizados por emisoras locales y que según uno de los participantes
“se trata de una iniciativa para incentivar nuestra música, que la música
nuestra no caiga. A los señores de estas radios hay que reconocerles
porque ellos ayudan aquí a la música porque las instituciones no ayudan
en nada” (Músico y ebanista del cantón Buena Fe). En efecto, uno de los
grandes problemas detectados por los músicos populares de Los Ríos es
el total desinterés de las autoridades por prestar algún tipo de apoyo.
Anquilosadas en aquella vieja imagen de una cultura pétrea, inamovible y
desentendida de los actores sociales que la generan, muchas de ellas
aparecen únicamente cuando pueden beneficiarse políticamente de los
logros conseguidos por los músicos populares a costa de esfuerzos
propios. No obstante estos artistas, hombres y mujeres, son reconocidos
por muchos como auténticos valores de su pueblo, que luchan además
por mantenerse a flote en medio de los gustos musicales tan cambiantes
de las nuevas generaciones.

Y al llegar a este punto, tenemos que hablar invariablemente de otro


fenómeno de apropiación de códigos y referentes musicales: la música
mexicana, que según la opinión de varias personas del los distintos
cantones de esta provincia, pega tanto a nivel urbano como a nivel rural
y en gente de todas las edades. Para uno de los cultores de este tipo de
música, “las rancheras han llegado a popularizarse tanto, que aunque
parezca una blasfemia, yo creo que pegan tanto como la música nacional.
Puedo estar equivocado, pero la música nacional, aunque importante, ha
ido decayendo con el tiempo mientras que la música mexicana, aunque
es una música que hemos adquirido, ha logrado permanecer y tener
aceptación, porque mire desde los niños hasta los adultos les gusta esa
música”.

En efecto, no solamente son los conjuntos mariachis con todo su


colorido y despliegue instrumental los llamados para complacer con su
música durante las festividades cívicas o patronales de ciudades y pueblos.
Las radios también difunden programas de hasta dos horas seguidas
durante las cuales se complacen los pedidos de canciones nuevas y viejas
correspondientes al espectro musical de las rancheras mexicanas.

Según un conocido guitarrista y cantante de Babahoyo, “esta música


pega porque es romántica y habla del mero, mero macho como se dice.
Se le canta a las aventuras de un charro o sea de un hombre muy bravo
que también sabe querer”. Esta imagen ligada al estereotipo del héroe
popular flanqueado por las adversidades del destino pero siempre dis-
puesto a demostrar su valor a toda prueba, no dista mucho de aquella
otra del legendario montubio capaz de jugarse el todo por el todo cuando
de su terruño o sus mujeres se trata. De esta manera, las comprensiones
de quienes se identifican con estas melodías se transforman en el hilo
conductor que une una expresión musical a una significación
sociocultural.
Y es que ya sea desde México, Perú o Colombia; Cotopaxi, Bolívar
o Pichincha; Guayas o Manabí, cuando las expresiones musicales llegan
a la provincia de Los Ríos, lo extraño se vuelve propio y lo propio se
viste de matices nuevos, gracias a esa otra peculiaridad que acaso solo
posea la música como parte de la vivencia de la cultura popular: la cons-
trucción constante de un referente identitario que deja de ser una amalgama
de apariencia ecléctica para transformase en una posibilidad de encuentro
con su propia opción de soberanía. u
10.1 Aspectos generales

En la provincia de Los Ríos, la actividad culinaria está sujeta a los


frutos obtenidos de sus fértiles tierras, así como de las aguas de sus ríos.
La cocina popular, además, se configura sobre la base de influencias
culturales devenidas del proceso histórico de integración con los grupos
de inmigrantes asentados en la región. Así, aunque es común la preparación
de platos tradicionales elaborados con pescado o plátano verde -como el
sancocho de bocachico, por ejemplo- no podemos negar el hecho de que,
en distintos cantones, los pobladores también suelen consumir recetas de
origen serrano o manabita, o emplear ciertos ingredientes de tradición
china. Por otro lado, cabe destacar que en Los Ríos, a diferencia de otras
provincias del país, no existe un ingrediente emblemático en torno al
cual gire su actividad culinaria, como es el maní en Manabí o el Coco en
Esmeraldas, para solo citar un par de ejemplos.

En Valencia, por ejemplo, por tratarse de una zona con población


mayoritariamente cotopa-xense, es común el consumo de las tortillas con
hornado. La influencia manabita se hace presente en Buena Fe donde es
típico el uso del “buen queso” o “queso manaba” para la elaboración de
la sopa de legumbres. La comida china, finalmente, empieza a ser criolla
en la medida que la población ha logrado integrarse a la variedad de
chifas situados en Quevedo (Cuvi editor, 2001), pero además, porque
ciertos productos de origen asiático -como la salsa china- suelen ser
empleados para la preparación de platos especiales, incluido el chaulafán.

Lo cierto es que, en la provincia de Los Ríos, las alternativas de


consumo alimenticio, sea cual fuere su origen, son el resultado de un
saber tradicional acerca de la sazón, los puntos y los secretos de cocina,
el cual ha logrado mantenerse por años gracias al papel socializador de
las mujeres como principales portadoras del mismo.
La sazón se refiere al acto de incorporar o eliminar pequeños detalles
que definen el sabor de un plato durante su proceso de creación; ello, por
lo general, implica el empleo de condimentos, aderezos, aliños o especias.
El maní, por ejemplo, es uno de los condimentos preferidos para la
preparación de las sopas o los secos, mientras que la canela es infaltable
en los jugos elaborados sobre la base de avena.

Pero además de la sazón, el acto de cocinar implica conocer el “punto”


de preparación de los alimentos -esto es, el estado exacto de cocción-
sea a través de su consistencia, su olor o su color. Así, por ejemplo, el
manjar de badea está en su punto cuando al remover el dulce éste se
desprende fácilmente del fondo de la olla, mientras que la sopa de bolas
de verde está en “estadito” cuando éstas se inflan levemente a los pocos
minutos de colocarlas sobre el caldo.

Finalmente, cuando hablamos de la cocina como producto de un saber,


nos referimos a los “secretos” que surgen del propio ingenio de sus
creadoras. Se trata de conocimientos que la cocinera calla
deliberadamente o que sólo comparte con personas selectas, generalmente
sus hijas, para que ningún extraño o extraña tome su lugar cuando de la
preparación del plato por el cual ésta es reconocida socialmente, se trata.
El aumentar ingredientes que aparentemente son innecesarios, como
aceite vegetal en la masa de los hayampacos, por ejemplo, es parte del
secreto de una cocinera de Vinces donde diversas personas acuden para
probar “los mejores hayampacos” de la zona. De seguro, ella jamás nos
transmitirá el secreto completo de su apetecida receta.
Cabe mencionar que el acto de cocinar está sujeto a determinados
escenarios, definidos por un tiempo social que va desde lo cotidiano hasta
lo excepcional. En este sentido, como ocurre en otros lugares del país, en
Los Ríos es posible hablar de “comidas del día a día”, “comidas especiales”
o fuera de lo común y “comidas de fiesta”, estas últimas, preparadas en el
marco del calendario festivo de la provincia. A partir de esta clasifica-
ción, las líneas que siguen estarán dedicadas a una descripción general de
las prácticas culinarias de la provincia.

10.2 Alimentación cotidiana

En la provincia de Los Ríos, el empleo de alimentos para consumo


diario debe entenderse en el marco de las diferencias socio culturales
entre las distintas zonas que configuran su geografía. Así, mientras el
habitante de la región sur occidental incorpora en su dieta diaria el verde,
el pescado, la gallina y / o la carne de res, el habitante de la zona centro
oriental basa su alimentación, además, en productos típicos de la serranía
como granos o tubérculos. Son este tipo de diferencias que trataremos
de matizar a continuación, cuando mencionemos las características de
algunos platos consumidos en la rutina diaria de las familias fluminenses.

10.2.1 La hora del desayuno

Uno de los platos distintivos que el habitante del litoral ecuatoriano


consume a la hora del desayuno es el bolón de verde. Particularmente en
Los Ríos, los dueños de los salones asan el verde hasta que adquiera una
consistencia más o menos suave; luego lo amasan con sal, manteca, queso
desmenuzado y / o chicharrones para, finalmente, formar bolas de tamaño
mediano que serán fritas en aceite hirviendo hasta que queden “doraditas”.
En ciudades como Quevedo, Babahoyo y Vinces el verde se mezcla con
un par de huevos fritos o revueltos, según el gusto del comensal. Al igual
que el bolón, este plato, conocido como “desayuno a lo pobre”, se sirve
con una taza de café bien caliente y / o con un vaso de jugo de frutas.

Otra alternativa del desayuno fluminense es el bistec de pescado.


Para su preparación, se fríe por ambos lados un filete de pescado, se le
añade culantro, pimiento y tomate finamente picados, y se lo deja “sudar”
cuidando que no se deshaga. Bajo el mismo procedimiento se prepara el
bistec de hígado sólo que, en este caso, el tiempo de cocción es más
prolongado. Por lo general se lo sirve con arroz, yuca cocinada o verde
asado.

Aunque no es un plato exclusivo de las zonas rurales, los muchines


de huevos de pescado suelen ser consumidos con mayor frecuencia por
los campesinos durante la hora del desayuno. Considerado como un
alimento nutritivo, los muchines se preparan con huevos de bocachico,
los cuales son incorporados a un refrito de cebolla, tomate, pimiento,
ajo, pimienta, sal, achiote y verde rallado. Esta mezcla, en porciones
pequeñas, se coloca sobre hojas de plátano formando una especie de
envoltura que será asada sobre una parrilla durante un lapso de treinta
minutos o hasta que las hojas queden de color café (Paredes, 1988).

Fruto de la presencia de inmi-grantes serranos en la provincia, la


ingesta de pan constituye otra alternativa para acompañar el café de la
mañana, por lo que no es nada raro encontrar negocios dedicados a la
elaboración de este producto. De la sierra, sin embargo, se han adoptado
otras tradiciones alimenticias como el consumo de tortillas de piedra;
así, en el cantón Montalvo, encontramos a una casera del mercado que
preparaba este plato de origen bolivarense para el desayuno de sus clientes.
La masa se prepara con harina de trigo, agua hirviendo, sal y manteca de
chancho para así formar una especie de tortillas ovaladas que serán
tostadas sobre una paila de piedra.

10.2.2 Las sopas tradicionales

112 Este plato es conocido en Manabí como “moro de habas secas con cabeza de
bagre”. Para mayor información acerca del proceso de preparación de este plato
“al estilo manaba”, véase el volumen correspondiente a esta provincia.
Asociada a la idea de alimento nutritivo, debido a las oportunidades
de variación respecto de los ingredientes que la componen, la sopa
constituye el primer plato del almuerzo que, bajo ninguna disculpa, los
comensales, particularmente los niños, pueden dejar de ingerir. Las sopas
tradicionales más nombradas por nuestros informantes son el sancocho
de pescado, el caldo de bolas, el caldo de cabeza de bagre, la sopa de
queso, el caldo de salchicha y el caldo de gallina criolla, además de otras
sopas de origen serrano como la sopa de quinua o de arroz de cebada,
por ejemplo.

Para el sancocho de pescado se elabora un refrito de tomate, cebolla,


pimiento, ajo, comino y una pizca de achiote. A este refrito se añade
pequeñas rebanadas de plátano verde para, posteriormente, verter la
mezcla sobre un caldo preparado con yuca cocida, bocachico, maní
licuado, culantro y sal. En caso de no tener bo-cachico, el sancocho puede
prepararse con dama o ratón, según nos comentó una informante de
Mocache.

El caldo de bolas, por su parte, es un plato que emplea como


ingrediente básico el plátano verde. Para su elaboración se cocina la mitad
de un plátano hasta que quede completamente suave para, posteriormente,
mezclarlo con la otra porción del verde crudo previamente rallado. Con
esta masa se forman bolas de tamaño mediano, rellenándolas con trozos
de carne cocida, huevo duro picado, arveja y pasas. Aparte, en el caldo
donde debió haberse cocinado la carne del relleno, se coloca culantro
picado, hierba buena, maní licuado con leche, zapallo, sal y comino.
Finalmente, sobre este caldo, se añaden las bolas y se las deja cocinar
hasta que se “inflen”.

Para el caldo de bagre se emplean dos o tres cabezas de bagre.


Éstas se fríen en manteca caliente junto con cebolla colorada picada, ajo
machacado, sal y pimienta. Luego se añaden dos litros de agua, maní
pelado y verde rallado hasta que se forme un caldo más o menos espeso;
finalmente, se colocan pedazos de yuca o papas picadas dejándolas cocinar
durante un lapso de media hora (Paredes, 1989; Cuvi, 2001). En la zona
de Buena Fe, donde la presencia de inmigrantes manabitas es importante,
el caldo de bagre se elabora, además, con las habichuelas importadas de
esta provincia112 . Se dice que este caldo “revive muertos” sugiriéndose
su ingesta a las personas que por alguna razón sufren de cansancio físico
o debilidad.

Otro plato que se suele preparar en Los Ríos es la sopa de legum-


bres o “sopa de queso” empleando ingredientes tanto de la serranía como
de la provincia de Manabí. Sobre la base de un refrito de cebolla, se
cocinan diferentes granos como fréjoles, arvejas y / o habas peladas, así
como coliflor picada, papas, camotes y pedazos de choclo entero. A esta
preparación se añade sal, “buena leche” y “buen queso” -conocido como
“queso manaba”- troceado en cuadrados pequeños.

El caldo de salchicha es común en la zona de Babahoyo; se lo prepara


con el salchichón de carne, es decir, con la tripa de res rellena de arroz,
col piñones, miga de bizcocho y especias. Esta tripa es cocinada con
hierbas, aliños y sal, quedando un caldo que se sirve junto con las vísceras
de intestinos previamente cocidas.

Al igual que en otras regiones del litoral ecuatoriano, el tradicional


caldo de gallina se prepara con gallina de campo, conocida también
como gallina pata amarilla, a la cual se la lava bien para ponerla a cocinar
junto con trozos de yuca, culantro y sal. Algunas personas añaden un
“cubo maggi” para darle un mejor sabor al caldo; sin embargo, la mayoría
de expertas nos comentan que es preferible obviar este tipo de ingre-
dientes para mantener el sabor natural del caldo.

En el cantón Valencia, Buena Fe y Montalvo, la influencia serrana


se hace presente cuando del consumo de la sopa de quinua o del arroz
de cebada se trata. Como hemos mencionado en otros volúmenes de
esta colección, estos platos se elaboran sobre la base de espinazo de
puerco o carne de res, añadiendo posteriormente la quinua o la cebada,
dependiendo de la sopa, así como papa picada, cebolla blanca y / o col.

10.2.3 Los secos

Como complemento de la sopa, el consumo del plato fuerte o seco


es común durante el almuerzo del día a día. En la mayoría de rincones de
la provincia, los alimentos infaltables en el plato fuerte son el arroz, el
plátano asado, los patacones -elaborados sobre la base de plátano verde-
y / o la yuca cocinada; con estos acompañantes se suele servir una variedad
de recetas que incorporan el pescado de río o la gallina criolla.

Entre estas recetas de origen fluminense, el sudado de pescado en


caña guadúa ocupa un lugar importante, sobre todo en la zona de
Quevedo (Cuvi, 2001). Para su preparación se refríe en un sartén bastante
cebolla blanca, tomate, ajo, culantro, perejil y ají finamente picados, así
como una porción de maní molido. Este refrito, junto con un trozo de
pescado previamente condimentado con sal y pimienta, se coloca sobre
un canuto tierno de caña guadúa, al cual se lo tapa bien para asarlo sobre
una parrilla a fuego lento, por un lapso de una hora o hasta que esté bien
cocido (Paredes, 1986; Cuvi, 2001).

Otro plato fuerte que se suele consumir a la hora del almuerzo es la


corvina lampreada; se trata de filetes de corvina que, luego de haber
sido envueltos en huevo, harina, sal, pimienta y azúcar, se fríen en aceite
hirviendo hasta que queden “doraditos”. El momento de servir se coloca
sobre cada filete una salsa preparada con cebolla colorada encurtida, limón,
sal, pimienta y aceite.

El seco de pescado también es común a lo largo de la región


fluminense. Para su preparación se elabora un refrito con tomate, cebolla
paiteña, pimiento, culantro y perejil; aparte se trocea el pescado en filetes
medianos, se los aliña con sal y se los añade en el refrito anterior hasta
que empiecen a sudar.

El seco de gallina es tradicional en todo el litoral ecuatoriano. Sin


embargo, la sazón fluminense, particularmente de Quevedo, añade un
toque particular cuando de su preparación se trata: nos referimos al uso
de la salsa china. Así, además del tomate riñón, la cebolla paiteña, el
pimiento y la sal, el empleo de este ingrediente traído por los inmigrantes
chinos es casi una regla general al momento de preparar el refrito base de
este plato. A esta mezcla se añaden las presas de gallina de campo previa-
mente lavadas, dejándolas sudar durante aproximadamente quince
minutos. Posteriormente, se vierten dos tazas de caldo, así como pequeños
pedazos de yuca. Finalmente, cuando la yuca se ha cocinado bien, se
agrega bastante culantro picado.

En Buena Fe los habitantes han adoptado la sazón típica de la


“guatita” manabita. Para su preparación cocinan la panza de res por un
lapso de dos horas o hasta que quede bien suave. Aparte elaboran un
refrito con cebolla, pimienta y ajo, añadiendo posteriormente bastante
maní licuado, papas picadas en “cuadraditos”, la guata cortada en trozos
pequeños y el agua donde ésta se cocinó. Esperan a que la carne “coja el
sabor del maní” dejándola cocinar por unos minutos más.

Pero además de los platos tradicionales del litoral, existen recetas


traídas por los inmigrantes serranos, como las morcillas rellenas con
arroz de la zona de Montalvo. Su preparación consiste en lavar bien la
tripa del chancho para posteriormente introducir dentro de ella una mezcla
especial a base de sangre frita, arroz seco, cebolla, pimiento, tomate y
hierba buena. Estas tripas rellenas a manera de salchicha son asadas sobre
la parrilla. Se las sirve con papa cocinada o con arroz.

Otro plato de influencia serrana es el hornado de Valencia. Las dueñas


de los salones que expenden este plato, suelen aliñar el puerco con comino,
cebolla blanca, cebolla paiteña, ajo, achiote y sal, previamente licuados.
Al puerco así condimentado lo dejan reposar durante dos o tres horas
para hornearlo en horno de leña o de gas “hasta que el cuero quede
completamente crujiente”. Este plato se sirve con las tradicionales tortillas
de papa, con mote cocinado y con el “agrio” serrano preparado con limón,
cebolla perla, perejil, culantro, ají, tomate riñón, sal y raspadura.

10.2.4 Las bebidas

La preparación de bebidas tradicionales para acompañar los platos


fuertes o para ingerirlas a cualquier hora del día, es todavía común en
Los Ríos, pese a la introducción masiva de gaseosas o jugos
industrializados. La colada de avena o quaker, por ejemplo, es una bebida
que ningún restaurante o salón de Quevedo puede dejar de ofrecer a la
hora del almuerzo. Para su preparación se deja remojar la avena cruda
durante una hora. Ya remojada se la licua con jugo de naranjilla o de
maracuyá, azúcar y hielo picado.

En Palenque acostumbran a preparar el jugo de tamarindo cuando


hay buena oferta de esta fruta en el mercado. La dueña de un restaurante
nos comentó que, para su preparación, se cocina al tamarindo, se lo licua
con el agua en el que éste fue cocinado, se lo cierne y se lo guarda en el
congelador. El momento de servir se saca la cantidad necesaria del ex-
tracto de tamarindo congelado para volverlo a licuar con agua hervida y
azúcar, de tal forma que “quede bien fresquito”.

En Urdaneta el consumo de la chicha de soya empezó a ser común


desde que se incrementó la cosecha de este producto en la localidad.
Generalmente se suele moler la soya, previamente tostada, para así hervirla
con canela. A esta preparación se le añade azúcar al gusto, cerniéndola
bien el momento de servir.

En Babahoyo, en cambio, es tradicional el refresco de grosellas. A


las grosellas se las hierve a fuego lento hasta que se deshagan. Esta
preparación, previamente cernida, se la licua con azúcar, jugo de naranja
y / o de limón (Paredes, 1986; Cuvi, 2001).

Finalmente, cabe destacar que en el ámbito cotidiano de va-


rias localidades fluminenses es común la ingesta de granizados.
En sus carros de madera, los “refresqueros” colocan distintas botellas
donde se exhiben varios “sabores líquidos”, preparados sobre la base de
esencias y colorantes vegetales. Por lo general, el refresquero, empleando
una máquina especial, pica una buena cantidad de hielo para colocarlo

Elaboración de tortillas de Maíz. Mercado de Buena Fe


sobre un vaso de plástico donde se verterá posteriormente el sabor
solicitado por el cliente.

10.3 Los platos especiales: bocadillos y dulces

Los acontecimientos fuera de lo común, como una reunión familiar o


un cumpleaños, por ejemplo, marcan la realización de comidas especiales
que implican mayor dedicación, tiempo y esmero. Como ocurre en otras
provincias del litoral ecuatoriano, en Los Ríos, el plátano verde, el maíz
y el arroz son empleados como materia prima de un buen número de
alimentos elaborados bajo la forma de “bocadillos” o platos de consumo
no cotidiano.

Uno de estos bocadillos son los hayampacos. Aunque la venta de


este plato tradicional es común en distintos salones de la provincia donde
“llegan clientes a diario”, su preparación en el ámbito familiar, según nos
comenta una informante, se efectúa como pretexto de alguna ocasión
especial. Para su preparación se emplea verde crudo, al cual se lo ralla
sobre una cacerola grande para mezclarlo con “un buen refrito”, aceite
vegetal, maní licuado o molido y sal al gusto. El secreto para obtener una
mezcla perfecta es añadir un poco más de aceite, de tal forma que la masa
quede “aguadita”. Lista la mezcla, se la coloca en porciones medianas
sobre hojas de plátano para, posteriormente, incorporar un bocachico
entero previamente sazonado con sal, pimienta y comino. Esta envoltu-
ra, finalmente, se soasa sobre la parrilla durante media hora o hasta que
las hojas queden de color café.

La masa de los hayampacos es exacta a la de los muchines o bollos,


sólo que, en este caso, su consistencia es un poco más espesa; por otro
lado, en lugar de bocachico se puede emplear como relleno picadillo de
carne, de pollo o de chancho. El picadillo de carne se elabora sobre la
base de un refrito de cebolla, tomate, pimiento, zanahoria, culantro, ajo y
sal. A este refrito se añade la carne picada eliminando toda la “piltrafa”
[venas o grasa] que pueda contener. Se la deja hervir por una hora para
finalmente incorporar maní licuado.

Con la harina de maíz se elaboran las hayacas, muy apetecidas cuando


de las fiestas de cumpleaños o bautizos se trata. Para su preparación se
cocina una gallina hasta que quede bien suave, se la desmenuza en pedazos
pequeños y se la mezcla con un refrito de tomate, pimiento, zanahoria,
pasas y aceitunas. Aparte se elabora una masa empleando harina de maíz,
el caldo donde se cocinó la gallina, huevos, manteca de chancho, sal y
una pizca de azúcar. Esta masa se envuelve en hojas de plátano añadiendo
en el centro una buena cantidad de la preparación anterior. Ya envueltas,
las hayacas se cocinan en una tamalera durante una hora.

Elaboración de tortillas de maíz. Mercado de Buena Fe


Del arroz, los quevedeños suelen elaborar el “chaulafán” al estilo
criollo. “A mi las personas me solicitan que prepare chaulafán cuando
tienen algún compromiso social”, nos comenta la dueña de un restaurante.
El primer paso es preparar por separado el pollo, los camarones, el
chancho y la carne de res, como si se tratase de platos distintos. Al pollo
se lo cocina, al chancho se lo hornea, a los camarones se los fríe luego de
pasarlos en agua hirviendo, y a la carne de res se la asa en parrilla. Estos
ingredientes -desmenuzados en unos casos, troceados en otros- son
mezclados con una buena cantidad de arroz previamente elaborado sobre
la base del agua donde se cocinó el pollo. El toque del chaulafán consiste
en incorporar ingredientes propios de la tradición oriental: salsa china,

Huahuas de pan. Día de los Difuntos. Valencia

113 Véase los tomos correspondientes a las provincias de Bolívar, Tungurahua y


Chimborazo.
salsa de tamarindo y / o jengibre. La preparación de estos ingredientes,
sin embargo, es un “secreto”.
11. ACTIVIDADES LÚDICAS

Pero además de estos bocadillos preparados con verde o maíz, la


llegada de un familiar o amigo suele ser un buen pretexto para el consumo
de diferentes dulces. En Babahoyo, por ejemplo, se suele preparar el
dulce de grosellas: se les da un primer hervor con la finalidad de “sacar
el ácido” de la fruta para, posteriormente, coci-narlas con agua,
azúcar y canela (Cuvi, 2001). En Mocache, en cambio, nos co-
mentaron sobre la preparación del queso de leche: ponen a hervir
cuatro litros de leche, ya hervida colocan doce huevos licuados,
una libra de azúcar previamente preparada en almíbar y canela.
“Todo a fuego lento, hasta que la leche quede espesita”.

En los campos fluminenses elaboran la mermelada de pechiche. El


pechiche es una especie de ciruela que, cocida por un buen tiempo con
azúcar, se macera hasta producir una deliciosa mermelada (Ministerio de
Turismo del Ecuador, n / d). También es común el manjar de badea;
para su preparación se pela la badea, se amasa bien la pulpa y se la cierne.
Así cernida se la cocina a fuego lento con azúcar, canela, pimienta dulce
y clavo de olor hasta obtener el punto deseado. “Generalmente se orientan
para saber el punto de la preparación, cuando al mover en la olla o paila,
el dulce se desprende fácilmente del fondo” (Paredes, 1986).

114 Ver los tomos de la Cultura Popular en el Ecuador correspondientes a Manabí y


Chimborazo.
Finalmente, cabe mencionar que en la zona de Palenque es común la
elaboración del dulce de cáscara de sandía cuando de ocasiones espe-
ciales se trata. A la parte blanca de la cáscara de la sandía, la trocean en
pedazos alargados para cocinarlos con azúcar, clavo de olor, canela y un
pedacito de panela “para que el dulce quede negrito”. El tiempo de coc-
ción depende de la cantidad de ingredientes utilizados, sin embargo, lo
importante es que la consistencia del dulce sea “melosita”, esto es, “ni
muy aguada ni muy compacta”.

10.4 Alimentación festiva

Los alimentos festivos están rodeados de connotaciones rituales que


demuestran el punto más alto de la preocupación culinaria. En el caso de
Los Ríos, como en el resto del país, estos alimentos se preparan en épocas
marcadas por el calendario festivo de la provincia. Para el día de Navidad,
por ejemplo, el pavo con salsa de ciruelas es bastante común al interior
de las familias quevedeñas o babahoyenses. Por lo general el pavo es
condimentado tres días antes de ser horneado; para ello se requiere ajo,
comino, sal, pimienta, tocino y vino, entre los principales ingredientes.
Así adobado se lo coloca durante cinco o seis horas en un horno a fuego
lento, hasta que éste quede completamente “doradito”. Aparte se elabora
una salsa con ciruelas pasas peladas, azúcar, salsa de tomate, agua y
canela. Esta mezcla se coloca a fuego lento hasta que quede espesa.
Acompañado de una o dos buenas ensaladas, y una porción de arroz
“especial”, se sirve una lonja de pavo bañada en la salsa de ciruelas.
El lechón o el puerco es otro de los platos más nombrados en la
provincia, cuando de la celebración del Año Nuevo se trata. Cada familia
la elabora según su sazón, pero lo importante es que su carne quede

115 Ello sirve más como un recurso expositivo que como una constatación exenta de
cuestionamientos, toda vez que los límites entre lo tradicional y lo moderno no se
presentan siempre de forma tan clara.
116 Para una discusión acerca de las percepciones sobre la cultura y la identidad ver la
introducción en este mismo tomo.
“crocantita” luego de ser horneada. Si se desea, se puede acompañar con
una salsa elaborada sobre la base de tamarindo, azúcar, salsa china y
salsa de tomate.
Además de estos platos, nos comenta una informante, “los serranitos
preparan algunos platos que tenemos la oportunidad de comer para época
de Carnaval, de Semana Santa o de Finados”. En Montalvo, por ejemplo,
es característica la preparación de los chigüiles en Carnaval. En una pai-
la se cocina la harina de maíz con sal, agua y anís removiendo la mezcla
constantemente hasta que quede bien compacta. Una vez lista, se la deja
enfriar en un recipiente amplio y se la amasa con manteca de chancho
hasta que se mezcle bien. Sobre hojas de maíz, se coloca una cucharada
de esta masa con queso desmenuzado, y se la deja cocinar durante una
hora, en una tamalera.

Como hemos mencionado en otros volúmenes de esta colección113 ,


la fanesca es el plato típico de Semana Santa; se elabora a base de distintos
granos como melloco, haba, arveja, choclo, chocho y fréjol. Estos granos,
cocinados por separado, se mezclan en un caldo espeso compuesto por
un refrito de cebolla, agua, sal, comino, leche, puré de zapallo, puré de
zambo y, si es posible, bacalao seco. Para finados, en cambio, se prepara
la colada morada a base de harina de maíz negro, mortiño, naranjillas,
piña, babaco, canela, arrayán, hojas de naranja, clavo de olor y azúcar.
Esta bebida se sirve con las tradicionales “huahuas de pan”. u
11.1 Aspectos generales

Como hemos afirmado en otras oportunidades114 , el interés por el


juego como manifestación cultural radica en su capacidad para reflejar
los códigos sociocul-turales vigentes en el contexto donde se lo practique.
Éstos se manifiestan de forma paralela a la normatividad del juego (nú-
mero de participantes y distribución; reglas, etc.) e, inclusive, con mayor
libertad que en circunstancias habituales, pues lo lúdico establece una
situación que atenúa las sanciones sociales cotidianas.
Además, cada vez que se inicia un nuevo juego, los códigos sociales
vigentes no sólo se manifiestan, sino también se actualizan o reafirman.
Ello, junto a la ‘vocación social’ de los juegos populares, es decir, su
capacidad de atraer y reunir a numerosos actores, coadyuva en la
institución de un universo simbólico compartido por los participantes,
que circunscribe un espacio de comprensión y reconocimiento entre
‘iguales’, al tiempo que excluye al ‘otro’, sea por clase social, género,
etc., estableciéndose, escenarios de construcción, reconstrucción o
reafirmación de identidades.

Ahora bien, como parte de la sociedad y la cultura, el juego está


sujeto a diferentes ‘tratos’ o adquiere diversos papeles en cada contexto
o momento histórico. Mientras en unas sociedades el ‘tiempo de ocio’
dedicado al juego representa pura recreación, en otras es un importante
espacio de encuentro y socialización. Así mismo, el juego es un elemento
al que se otorga mayor o menor importancia de acuerdo a la coyuntura
socioeconómica o, inclusive, política.

En el caso de la provincia de Los Ríos, lo expuesto hasta aquí toma


formas específicas o adquiere particularidades principalmente en
actividades lúdicas diag-nósticas de la provincia -en el sentido de que
tienen una amplia aceptación y se las reconoce como parte importante de
la identidad-, como las ‘peleas de gallos’ y algunos deportes. Dichas ac-
tividades lúdicas, descritas a continuación, han sido clasificadas como
tradicionales y modernas115 , atendiendo especialmente a su profundidad
en el tiempo y a la percepción de los actores sociales acerca del papel que
ocupan en la dinámica sociocultural116 .

11.2 Juegos tradicionales

11.2.1 Las peleas de gallos


A lo largo de la provincia de Los Ríos, en cualquier poblado, sin
importar sus dimensiones, desde pequeños recintos hasta cabeceras
cantonales, las galleras constituyen uno de los principales lugares de
encuentro social.

En éstas, generalmente, las peleas se realizan todos los días sábados


y domingos, “rutina” en la que participan, la mayoría de veces, sólo los
criadores y jugadores de la localidad, a diferencia de los grandes
campeonatos que se reservan para fechas especiales y convocan a los
“pares” de diferentes lugares de la provincia o de fuera de ella.
Rompiendo el silencio del tiempo sagrado con los gritos de las apuestas,
dichas fechas especiales coinciden con las festividades patronales, como
en el caso de uno de los campeonatos más importantes de Los Ríos, el de
la Fiesta de la Virgen de las Mercedes, patrona de Babahoyo, realizado
en esta ciudad durante dos días, 23 y 24 de septiembre, en la conocida
Gallera de Villaflores. Otros campeonatos de importancia se realizan en
diferentes cantones también, con ocasión de las fiestas cívicas o del 12 de
Octubre, cuando se conmemora el Día de la Raza.

La invitación a participar en las “peleas de rutina” o en los grandes


campeonatos está abierta a todo el que desee hacerlo. Sin embargo, los
dueños de gallera esperan siempre contar con la presencia de sus iguales
de otras parroquias y cantones, por lo cual a éstos se les extiende una
invitación más personal. Según los códigos de los aficionados a los gallos,
cuando un dueño de gallera participa en el campeonato organizado por
otro: el “asentista”, como se llama al anfitrión, éste debe “pagar la visita”
en una próxima oportunidad. Ello configura una red a lo largo de la
provincia en la que se conocen paulatinamente entre aficionados, al tiempo
que los mejores anfitriones y jugadores van acumulando uno de los “bie-
nes” más preciados en este juego: el prestigio, que posibilitará sobre todo
que quien lo obtenga sea considerado un contrincante digno.

La mayoría de las veces, la concurrencia a las diferentes galleras es


aparentemente homogénea. Está compuesta sobre todo por hombres cuya
edad fluctúa entre los 18 y 70 años. A pesar de que en algunos lugares,
casi siempre con ocasión de los grandes campeonatos realizados por fes-
tividades, también asisten mujeres que se integran al juego tanto en calidad
de espectadoras como de apostadoras, su presencia en las galleras como
grupo social no llega a ser ni del todo constante ni significativa. Ello se
explica por la desigual distribución del tiempo de ocio en una sociedad
donde las responsabilidades de la casa y del cuidado de los hijos, es decir,
el trabajo al interior del hogar, sigue recayendo mayoritariamente sobre
las mujeres.
Esta aparente homogeneidad se rompe, sin embargo, bajo algunas
situaciones. Por una parte, con la visita de hacendados aficionados a los
gallos. En ocasiones, su presencia puede contribuir al prestigio del
asentista, por los contactos realizados a otros niveles, que se pone de
manifiesto, considerando, además, que si el hacendado juega, los criadores
de gallos presentes tal vez puedan acceder a un animal originario de algún
país prestigioso por la cría de buenos gallos de pelea, para usarlo como
reproductor, toda vez que por su costo –hay gallos hasta de $1.500-
éstos sólo pueden ser importados por personas de altos recursos econó-
micos.

Por otra parte, las distintas formas de integrarse al juego también


definen categorías que diferencian a sus participantes y que, según las
situaciones, pueden incluso implicar o establecer jerarquías. En primer
lugar, están los dueños de gallera, los cuales tienen amplio poder de
decisión sobre las fechas de realización de peleas, además de estar en
capacidad de orientar, de cierta manera, la constitución de parejas de
contrincantes por medio de la extensión de invitaciones a jugadores

117 Una ‘verdadera coteja’ es un gallo de igual peso y tamaño que el propio, es decir,
un animal con el que pueda arreglarse una pelea en igualdad de condiciones. Ello
se dificulta, por ejemplo, en el caso de hacendados aficionados a los gallos que
importan animales, pero no los prestan. Uno de ellos nos comentaba, incluso, que
posee gallos que no podrían participar más que en galleras españolas, por no
tener cotejas en las ecuatorianas.
específicos. En segundo lugar, se encuentra el grupo de los aficionados
susceptibles de ser invitados como jueces, quienes no necesariamente
son jugadores, pero sí personas reconocidas por su neutralidad y buen
conocimiento de las reglas. En tercer lugar están los jugadores criadores
de gallos; dentro de este grupo, se puede realizar una segunda división
que denota la diferenciación económica existente entre aficionados, pues
hay jugadores criadores de gallos propios y jugadores o “cuidadores”
que asisten con gallos ajenos a los que han criado y entrenado por encargo
de otro jugador en capacidad de remunerarles por este trabajo: “aquí hay
algunos galleros prestigiosos... porque tienen bastantísimos gallos, tienen
cuidadores y ya son nombrados; pagan al cuidador un porcentaje cuando
ganan los gallos. [Los cuidadores] trabajan para ellos cuidando los gallos,
corre-teándolos, porque habemos galle-ros que tenemos normalmente 5
ó 10 gallos, pero otros tienen 50 y más” (Testimonio de un jugador de
gallos de Babahoyo, 2003). Finalmente, podemos mencionar al grupo
de apostadores, aficionados no criadores que asisten a observar las peleas
y a jugar dinero en ellas.

Las diferentes categorías de aficionados se manifiestan espa-cialmente


al interior de la gallera por los lugares que ocupa cada grupo. Los invitados
especiales, como dueños de gallera de otras localidades o jugadores cria-
dores capaces de realizar apuestas de grandes cantidades de dinero, se
colocan en las primeras filas, mientras quienes apuestan por lo bajo ocupan
las últimas. En las filas del medio se colocan, por su parte, jugadores
criadores que realizan apuestas ni muy altas ni muy bajas, subiendo o
bajando las cantidades en cuestión, en dirección contraria a la altura de
las escaleras.

Sin embargo, en la práctica, el juego ha empezado mucho antes de


que todos los actores tomen sus posiciones, pues las peleas propiamente
dichas tan solo son la culminación de un largo y complejo proceso iniciado
mucho tiempo atrás con la crianza y el entrenamiento de los animales.
11.2.1.1 Crianza y entrenamiento de los gallos

La crianza y entrenamiento de los gallos de pelea es un trabajo que


demanda inversión económica, tiempo, atención y conocimiento de los
animales. Esto último es importante desde la elección de reproductores,
la cual requiere agudizar la observación durante los campeonatos para
después negociar con sus dueños los mejores animales, reconocidos ge-
neralmente por características precisas que delatan su origen: “…el gallo
cubano es tinoso, bravo. Todos los gallos peruanos y dominicanos son
rapidísimos…”; “las razas se distinguen por la calidad; el gallo español es
largo, amarillo, bravo, tiene buenas plumas... el chileno es pequeño; el
peruano tiene el rabo chiquito...” (Testimonio de jugadores de gallos de
Babahoyo, 2003).

La negociación a realizarse está condicionada por el grado de


estrechez de los lazos entre los implicados. Cuando se trata de criadores
de gallos que tienen una relación cercana, los gallos reproductores
simplemente se prestan durante un período adecuado de tiempo para que
se los cruce con gallinas criollas, lo cual asegura, además, la posibilidad
de tener verdaderas cotejas117 . Entre jugadores de gallos del mismo
entorno social se sabe de la presencia de reproductores recién llegados
durante los campeonatos o también por “radio bemba”, puesto que se
trata de noticias que no deben callarse si se anhelan competencias justas.
Otra forma de conseguir buenos reproductores es comprándolos después
de que han perdido una pelea pero no han muerto; se los cura y se los
hace reproducir rápidamente por si acaso recaen: “...aquí mismo [en la
Gallera de Villaflores] se consiguen los gallos españoles; se compran ya
cuando juegan, ya están tumbados, medio muertos; uno los repara y los
inyecta; antes de que mueran se saca crías...” (Testimonio de un jugador
de gallos de Babahoyo, 2003).

Una vez realizado el cruce con gallinas criollas y obtenidos los


animales, lo importante es regularles la alimentación y ejercitarlos. La
dieta de los gallos de pelea está constituida sobre todo por granos como
maíz, morocho, lenteja, arveja, fréjol, cebada, trigo, entre otros, además
de frutas como plátano maduro, vegetales como zanahoria y balanceados
especiales. Muchos criadores también inyectan a sus gallos vitaminas,
especialmente si “les ha caído una plaga, un mal piojo”. La manera de
ejercitarlos, por su parte, consiste en tomarlos con las dos manos y
balancearlos de tal forma que a momentos golpeen levemente con su
cabeza la cabeza de otro gallo que se coloca frente al que se está
entrenando para que luego sea correteado. Ello debe hacerse todos los
días, como mínimo durante 20 minutos. También existen aparatos
diseñados específica-mente para gallos de pelea, como columpios en los
que se coloca al animal para que se balancee y mejore el equilibrio.

Si se le da tanta importancia a la alimentación y al entrenamiento


no es solamente porque de ello dependan el triunfo o el fracaso, sino
porque ante los otros jugadores el gallo no se desvincula nunca de la
imagen de su dueño, cuyas capacidades como criador y jugador o, en
suma, su prestigio, entra en juego junto al animal.

Ambos aspectos, alimentación y ejercicio, definen la contextura y


peso del animal, criterios fundamentales al momento de encontrar
contrincantes en igualdad de condiciones en la ‘antesala’ de la gallera,
donde, frente a la balanza, empiezan los arreglos y las negociaciones.

11.2.1.2 “Palabra de gallero”

En un ámbito donde la concurrencia es sobre todo masculina, una


vez pactada la pelea, la normativa explícita del juego se mezcla con las
sanciones sociales sobre lo que se juzga como el comportamiento correcto
en un hombre. Dicho de otra forma, en las peleas de gallo rigen sobre
todo los códigos de masculinidad. Dentro de ello, el sentido del honor se
establece como un eje que orienta las acciones. Así, las apuestas se pagan
bajo el código de la “palabra de gallero”, cuyo quebranto, al atentar contra
el propio honor de quien burla por no pagar lo apostado o de quien es
burlado, conspira contra el principio mismo que permite la continuidad
de la “familia gallera”: “lo que importa es la palabra. Si usted apuesta de
un extremo a otro es porque tiene la plata en el bolsillo. Yo voy mil
dólares, por ejemplo, le gano a la persona, él se acerca y me paga… uno
no se preocupa, porque en la familia gallera vale la palabra” (Testimonio
de un jugador de gallos del cantón Vinces, 2003).

En consecuencia, quien no respeta este principio es sancionado


duramente, extendiéndose las secuelas de las riñas por incumplimiento
de pago mucho más allá del momento mismo en que suceden, a través de
una ‘fama’ que difícilmente se borra: “aquí ya son conocidos cuántas
veces paga y cuántas no paga. Con ellos ya no se apuesta… Este de aquí
es un juego serio” (Testimonio de un jugador de gallos de Babahoyo,
2003).

Las apuestas principales se arreglan antes del juego: además de la


que se acuerda entre los dueños de los animales, se pactan otras entre los
jugadores de las primeras filas. El resto se realiza en el transcurso de la
pelea, cuyo inicio se anuncia tanto con el pitazo del juez como con los
gritos de quienes se apresuran a buscar contrincantes. Antes de que un
gallo pierda ante otro todo puede pasar, por lo que se suele apostar incluso
por el animal que aparentemente va perdiendo, bajo el llamado de “doy 5
a 1” u otras cantidades; esto quiere decir que quien propone la apuesta,
además de jugarse por el gallo al momento perdedor, ofrece pagar una
cantidad mayor a la que le sería pagada si el gallo no se reestablece y,
finalmente, pierde. O sea, en el caso propuesto, si quien propone la apuesta
pierde, paga 5; pero si gana, cobra 1. El llamado que inicia con “doy
gabela...” significa, en cambio, que el que lo pronuncia propone una
apuesta jugándoselas por el gallo al momento ganador.

Durante el juego, el juez es el único que tiene poder de decisión. Si


existe algún desacuerdo debe arreglárselo con su mediación. Cada pelea
dura alrededor de 10 minutos. Los gallos pierden cuando huyen o son
tumbados muertos o heridos. Si en el transcurso de los 10 minutos esto
no sucede se declara empate y cada jugador se queda con su dinero; tan
sólo el juez recibe el 5% pactado.

En una buena tarde de gallos pueden arreglarse hasta 20 ó 25 peleas.


En el ambiente de permisibilidad configurado por la situación de juego y
el encuentro entre iguales, con cada una, el entusiasmo se renueva y se
manifiesta sobre todo corporalmente. Las posturas, miradas y el contacto
físico tienden al reconocimiento de los demás, mientras, a cada momento
los murmullos se transforman en gritos que buscan arreglar apuestas o
animar al gallo por el que se ha tomado partido.

El entusiasmo al que nos referimos no se manifiesta, sin embargo,


únicamente durante las peleas de gallos. Si bien no alcanza los niveles
que alcanza en estas últimas, también se presenta en algunos deportes, a
los cuales hemos enmarcado dentro de la categoría ‘juegos moderno’
que se desarrolla a continuación.

11.3 Juegos modernos

11.3.1 El deporte como símbolo de identidad

Si bien factores como los medios de comunicación masiva y la


escolarización influyen en la generalización de la práctica de algunos
deportes, como el fútbol o el básquet, a lo largo y ancho del mundo, la
importancia que adquieran en cada sociedad o el papel que cumplan a su
interior estarán definidos por particularidades históricas y socio culturales.
Para el caso de Los Ríos, se podría decir que el deporte y sus represen-
tantes más sobresalientes forman parte de los referentes reconocidos
por los riorenses como elementos importantes de su identidad. En una
provincia marginada históricamente en los planos social y político -pese
a ser una de las de mayor producción agrícola en el país- este fenómeno
podría interpretarse como un intento de reivindicación al menos en el
plano simbólico.

Otra de las consideraciones que otorga importancia al deporte en


Los Ríos es la siguiente: la provincia ha estado condicionada durante
décadas a las coyunturas económicas regionales y mundiales por los
cultivos que allí se han practicado -cacao y banano, especialmente-,
conformándose varios de sus poblados “a fuerza de las circunstancias”,
es decir, en respuesta a los “booms” de distintos momentos y a través de
olas migratorias provenientes de la sierra o de otras partes de la costa, lo
cual nos enfrenta a sociedades heterogéneas, con poca profundidad en el
tiempo y proclives, por tanto, a “resolver” su probable segmentación por
medio del “anclaje” en prácticas capaces de motivar algún tipo de
integración y de producir y /o reafirmar referentes identitarios. En este
caso, los referentes que salen a flote se basan en las “adscripciones”
dadas por la división político administrativa o, dicho de otra forma, a
través del deporte se construye y /o afianza, así sea temporalmente, cierto
sentido de pertenencia a la provincia, cantón o parroquia de origen o
residencia.

El entusiasmo por el deporte que sigue a estas situaciones se manifiesta


en dos niveles: el formal y el informal. A nivel formal, se enmarcan todas
las prácticas articuladas desde las instituciones oficiales del deporte: clubes
o ligas deportivas con personería jurídica adscritas a la Federación
Deportiva Provincial de Los Ríos, la cual se relaciona a su vez con las
federaciones de otras provincias del Ecuador o, en algunos casos, del
exterior. A este nivel, en su mayoría, las prácticas mencionadas giran en
torno a campeonatos o torneos periódicos realizados tanto dentro como
fuera del país. A nivel informal, por su parte, se enmarcan todas las
prácticas espontáneas que surgen de forma dispersa a lo largo y ancho de

118 Se trata de espacios donde con cuatro palos y tela se ha adecuado un techo que
protegerá del sol y se ha colocado mesas pequeñas y silletas. Generalmente, se los
construye en terrenos baldíos.
la provincia, sin otras pretensiones que las del disfrute momentáneo;
aunque no necesariamente, éstas pueden llegar a institucionalizarse.

A nivel formal, lo dicho en párrafos anteriores respecto de un contexto


que por sus características acoge al deporte como una práctica importante,
puede ilustrarse remitiéndonos a algunos triunfos deportivos. En compa-
ración con otras provincias del país, como Guayas o Pichincha, éstos
podrían parecer poco significativos. Sin embargo, debe consi-derárselos
con relación al bajo presupuesto que recibe Los Ríos a todo nivel. Así,
puede mencionarse principalmente a Marcia Quiñónez, campeona paname-
ricana de judo; a Francisco Segura Cano, oriundo de Quevedo, legenda-
ria figura del tenis a nivel mundial; y, más contemporá-neamente a nada-
dores que han conquistado los primeros puestos en competencias como
la travesía por el lago San Pablo, realizada cada año en Imbabura con
ocasión de las Fiestas del Yamor.

A nivel informal, las prácticas deportivas que cuentan con mayor


acogida en la provincia por la flexibilidad de sus reglas y la ‘vocación
social’ que encierran son: el indorfútbol, el ecuavolley y la natación.

Si bien en algunas localidades se cuenta con canchas para la práctica


de las dos primeras, muchas veces éstas, llevadas a cabo con total
informalidad en lo que a espacios se refiere, irrumpen en sitios como la
calle, lo que da lugar a que se integren como espectadores los transeúntes.

En términos generales, tanto el indorfútbol como el ecuavolley


circunscriben un espacio social masculino, siendo pocas las mujeres que
participan. Las reglas que rigen para el indorfútbol son las mismas que
para el fútbol, excepto por el número de jugadores que puede ser hasta
de mínimo tres por equipo, es decir, seis en total. Lo mismo vale para el
ecuavolley con relación al volley: las mismas reglas, pero menos jugadores,
hasta tres de cada lado.
12. MEDICINA TRADICIONAL

La práctica de la natación, por su parte, es incentivada, sobre todo,


por la geografía de la provincia, atravesada por ríos a lo largo y a lo
ancho. Siendo así, constituye una de las actividades de ocio preferidas
por niños y niñas desde muy temprana edad. A nivel formal, es decir, a
nivel de clubes deportivos y competencias, la natación tiene acogida, así
mismo, entre hombres y mujeres. Como nota curiosa en relación con este
deporte, podemos mencionar que la provincia de Los Ríos, después de la
del Guayas, fue la segunda en contar con una piscina olímpica para la
práctica de dicha actividad deportiva.

Ahora bien, además de los juegos tradicionales como las peleas de


gallos y los deportes mencionados en los párrafos anteriores, los cuales
nos han parecido diagnósticos por la dinámica sociocultural que establecen
y reflejan más que por sus aspectos formales, al hablar de la provincia de
Los Ríos o de otra provincia del litoral ecuatoriano, debemos referirnos
también a “juegos de salón” que tienen buena acogida, tales como: el
billar, la baraja y la pinta.
11.4 Otros juegos populares

11.4.1 El billar, la baraja y la pinta

El billar, la baraja y la pinta son ‘juegos de salón’ practicados sobre


todo en las zonas urbanas de la provincia. La mayoría de veces, cada uno
de ellos se realiza en un espacio independiente, aunque se da también el
caso de establecimientos que ofrecen los recursos para jugar al menos
dos de ellos. La Gallera de Villaflores, en Babahoyo, es un ejemplo de lo
dicho. El gran galpón que la conforma está dividido en tres espacios;
además del ruedo que ocupa la mayor parte del área, en un cuarto están
colocadas las mesas de billar, a las que sigue la mesa del juego de pinta.

Practicados en espacios como éstos o también al interior de los


hogares o sitios improvisados en las calles para los casos de la baraja y la
pinta118 , los tres juegos circunscriben dominios masculinos. Como sucedía
con las peleas de gallos, si bien a veces los practican también mujeres,
su presencia no es frecuente ni significativa.

Al ser juegos en los que en parte interviene el azar, sin necesitarse,


por tanto, total concentración, en el billar, la baraja y la pinta, la música y
el alcohol son elementos infaltables. Esto torna los espacios en los que se
practican, ambientes no sólo de juego, sino bastante festivos. Los
encuentros no se acaban entonces donde terminan los juegos; a ellos les
sigue la socialización casi puramente masculina, donde la presencia de
mujeres, en ciertos casos, constituye algún grado de irrupción.

No existen juegos de niños específicos de la provincia de Los Ríos,


los que se practican o han sido enseñados por los profesores /as, o han
sido sacados de los textos escolares, por ejemplo rondas infantiles o
acertijos. En cuanto a los jóvenes colegiales, ellos se dedican a los deportes
tradicionales como el fútbol, indorfútbol o básquet, dependiendo las po-
sibilidades que sus respectivos colegios ofrezcan para el desarrollo de los
mismos.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar dentro del capítulo


relativo a las actividades lúdicas, la popularidad creciente que van
alcanzando los juegos electrónicos entre los niños y jóvenes de las zonas
urbanas provinciales. Locales que ofrecen estos juegos se multiplican día
a día, y la concurrencia a los mismos es sumamente abundante. Respecto
a ellos, la parte instrumental (la máquina) no podría ser catalogada como
representación de la Cultura Popular, pero sí los adhe-rentes al juego,
quienes son, en su mayoría, conglomerados populares. u
12.1 Aspectos generales

En primer término, al referirnos a la medicina, hacemos alusión a lo


que Pedersen denomina el conjunto de ideas, conceptos, conocimientos,
métodos, prácticas y técnicas encaminados a mantener la salud, prevenir
la ocurrencia de la enfermedad, cuidar, sanar y aliviar las enfermedades y
dolencias (Pedersen, 1991). A su vez, esta concepción de medicina se
encuentra enmarcada dentro de un contexto más amplio, denominado
por el mismo autor como sistema de salud, en el mismo intervendrían los
componentes del aparato social más amplio, es decir, los agentes
responsables del desarrollo de la salud de una población definida en un
área geográfica delimitada, así como también todos aquellos que
requieren alivio para sus enfermedades y que de una u otra forma se
convierten en usuarios de estos servicios (Ibíd.).

Como podemos observar, la interrelación que genera el ser humano


con la experiencia de la salud y la enfermedad, es al menos tripartita,
siendo la cultura el eje transversal que anima las diferencias y semejanzas
entre las diversas opciones que una determinada población puede adoptar
como legítimas en el momento de organizar su propio sistema de salud.
Y es precisamente en el campo de esta legitimidad en donde se juegan las
acciones de los representantes de la medicina oficial que defienden el
modelo biomédico como inmutable frente a los procesos sociales y
aquellos que critican esta tendencia a ignorar la presencia de otros sistemas
de atención, “negando la existencia de otras prácticas médicas o bien

119 Como veremos a continuación, mientras mayor es la distancia que deben cubrir
ciertos pacientes para llegar a encontrar al agente de salud que le han recomenda-
do, mayor es el prestigio que este último va adquiriendo.
120 Es bien sabido que en el momento de enfrentarnos a la muerte, la condición
humana nos iguala a todos en un mismo nivel.
tratándolas peyorativamente como charlatanería, superstición o vestigio
histórico en vías de desaparición” (Ibíd.: 405).

En lo que respecta al caso en particular de la provincia de Los Ríos,


observamos que en el sector popular se llegan a integrar el conjunto de
concepciones sobre salud y enfermedad propios de la medicina profesional
con materia médica proveniente de los saberes tradicionales, dando como
resultado un modelo de medicina popular a la que además se adjuntan
dos elementos importantes: las prácticas asociadas con la religiosidad
del pueblo y la condición migratoria de muchos de sus habitantes, cuyas
raíces se encuentran en las provincias que circundan a la de Los Ríos.

De esta manera y como veremos a continuación, las técnicas utilizadas


en la zona de nuestro interés para realizar el diagnóstico y tratamiento
de los diversos tipos de enfermedades, son resultantes de un proceso de
combinación, constituyen una especie de mosaico en el que se han dado
diferentes relaciones entre los sistemas médicos, las mismas que van desde
una simple comple-mentariedad o coexistencia hasta cierta forma de
sincretismo e integración selectiva de varios componentes (Pedersen,
1991). En el siguiente acápite observaremos de manera específica, y
dentro de su propio contexto cultural, el desenvolvimiento de los diver-
sos agentes de salud, su papel dentro de la comunidad y las enfermeda-
des que son capaces de curar.

12.2 Agentes de salud

Dentro de la medicina tradicional, el agente de salud es aquel hombre


o mujer reconocido/a porque tiene el don de curar ciertas afecciones que

121 El diagnóstico, tratamiento y cura de la brujería es un asunto sumamente delica-


do, pues nos encontramos frente a las fuerzas del bien y del mal actuando con todo
su potencial. Es por ello que la mayoría de informantes a los que tuvimos acceso
nos hablaron con mucho recelo a cerca de estos saberes, de los que hablaremos
más extensamente en acápite aparte.
los médicos no pueden ni siquiera detectar y mucho menos aliviar. Esta
incapacidad de la medicina occidental para tratar este tipo de casos se
debería principalmente a que éstos se encuentran ligados a una serie de
causales sobrenaturales, que solo pueden ser comprendidas dentro de
una dinámica cultural determinada.
Otra de las características importantes del agente de salud popular
en el ámbito que nos ocupa y que lo diferencia claramente del agente de
salud oficial, es su posición social dentro de la comunidad, la misma que
no varía significativamente de la del resto de la población. Esta horizon-
talidad entre el especialista y su paciente genera para el primero un rubro
de retribución que no siempre se materializa en dinero o bienes pero sí en
prestigio, en una cierta “fama” de la que dependerá la cantidad y
“calidad”119 de los pacientes que atienda. Al referirnos a esta “calidad”,
cabe mencionar que la clientela de los agentes de salud puede pertenecer
a cualquier clase socioeconómica y estar conformada por habitantes
del campo como de la urbe, pues aunque para algunas personas resulte
vergonzante admitir que los insumos de la razón tienen un cierto
límite, los resultados positivos que en muchas ocasiones avalan lo actuado
por los agentes de salud de la medicina tradicional, vuelven a esta última
una opción real a la que se puede llegar a acudir, más allá de cualquier
prejuicio o diferenciación social120 .

Por otro lado, las personas afectadas por aquellas dolencias que el
médico no puede curar o cuyo tratamiento les resulta oneroso e
inalcanzable, tienen la posibilidad de acudir a una serie de especialistas
en las diversas ramas de la medicina tradicional, lo cual no quiere decir
que un mismo agente no pueda tener conocimientos de varias de ellas y
desenvolverse conforme a las necesidades de cada paciente. No obstante,
nos permitimos dar cuenta a continuación de las principales especializa-
ciones o ramas del saber de la medicina tradicional, en base a lo que la
misma población reconoce como una clasificación.

122 De estos casos trataremos en forma más extensa en el acápite que corresponde a
las enfermedades, su diagnóstico y tratamiento.
12.2.1 Curanderos en general

Curandero es el término general utilizado por la población para


referirse a aquella persona que tiene la posibilidad de curar o que es
reconocido por su prestigio como sanador de diversas enfermedades. El
curandero adquiere sus conocimientos por dos vías: la tradición familiar,
es decir, los saberes transmitidos de padres a hijos o aquellos que son el
patrimonio de una familia y/o por propia iniciativa, en cuyo caso se
contacta con un curandero antiguo que hace las veces de maestro y permite
que su discípulo se empape de sus conocimientos por medio de la práctica
y la observación. Un curandero está en capacidad de diagnosticar, prevenir
y curar enfermedades como el espanto, mal aire, mal de ojo, además de
poseer conocimientos para interpretar si el origen de la enfermedad de
una persona radica en algún trabajo de brujería, en cuyo caso tiene la
opción de curarlo él mismo o de remitirlo a algún otro especialista que se
encargue específicamente de este tipo de tratamientos121 .

En realidad, resulta difícil saber a ciencia cierta si un curandero en


general no practica también las artes de los curanderos-brujos. Lo que sí
es detectable a simple vista es que todo curandero desea que su saber sea
asociado al bien, a la magia blanca o a la protección divina encarnada en
las oraciones a los santos a quienes se encomienda casi siempre en el
momento de realizar una curación. Una asociación de su labor con el
lado oscuro le puede traer desconfianza, descrédito e inclusive proble-
mas con la población y las autoridades locales, quienes asocian los trabajos
de brujería con casos de estafa, perturbación a la comunidad e inclusive
asesinatos casi inexplicables. Es por ello que la generalidad de
entrevistados siempre nos habló con sumo cuidado y recelo de la existencia
de los brujos y brujas que “saben hacer el mal o la cochinada”, como

123 En efecto, son varios los estudios que confirman la fama de la etnia Tsáchila
como poseedora de gran cantidad de saberes del mundo sobrenatural, tanto para
realizar curas consideradas milagrosas como para hacer trabajos considerados como
el mal o la porquería.
llama la población a este tipo de acciones. De lo que sí dan cuenta en
forma amplia es de sus habilidades como sanadores de hombres, mujeres
y niños que han llegado a su encuentro en estados verdaderamente
lamentables y han regresado a sus casas sanos y buenos, por lo que su
fama de buenos curanderos, a muchos les ha valido el tener clientela de
otras provincias o de sitios muy remotos de la misma122 .

Como ya dijimos anteriormente, aunque un curandero conozca en


general la mayoría de enfermedades susceptibles de ser tratadas por él,
existen otro tipo de especializaciones dentro de su misma área y que son
claramente diferenciadas o por la población o por los mismos agentes de
salud tradicional.

12.2.2 Curanderos brujos

Curandero brujo es aquel que posee y utiliza ciertos conocimientos


asociados con la magia negra o con la posibilidad de causar daños físicos
o psicológicos a las personas en contra de quienes actúan. La bruja o
brujo es considerado por la población como un miembro no deseable y
sumamente peligroso. Su accionar se encuentra rodeado por un hálito
de misterio; sus nombres son casi desconocidos o encubiertos por los
mismos pobladores debido al temor que suscitan, por lo que la cadena
del aprendizaje o adquisición de estos conocimientos son también
guardados con un celo absoluto; se sabe que quien requiere de estas
malas artes llega a ellos por medio de contactos precisos y con plena
conciencia de que se los busca para realizar un acto de consecuencias
maléficas, tanto para la víctima como para el victimario, pues como nos
lo cuentan los entendidos en la materia “todo tiene su contra y todo se
devuelve al final a la misma persona que está haciendo el mal a otro”.

124 Esta prueba de iniciación es conocida también entre los sobadores de otras zonas,
como Babahoyo, y parece haber sido una tradición transmitida de generación en
generación.
De esta manera, y según estas creencias, se llega a formar una especie
de red de comunicación entre el brujo que hace el mal, su víctima y la
persona a la que se acudirá para curarlo. En la provincia de Los Ríos,
especialmente en la zona de Quevedo, nuestros informantes nos dijeron
que cuando se encuentran con un caso de brujería, prefieren remitir al
paciente a los especialistas en brujería de Santo Domingo de los Colorados,
pues como nos lo refieren en sus propias palabras, “ahí están los que más
saben de eso. Los indios saben un montón de cosas más que nosotros. Yo
les mando allá cuando ya veo que lo que tienen es el mal y además porque
por aquí hay pocos que hagan el mal. Para hacer la cochinada también
van a Santo Domingo”123 .

Como veremos en la parte correspondiente a la brujería, no se trata


simplemente de un conjunto de creencias o supersticiones, sino de hechos
que afectan la vida de las personas, generadas por causas que tienen que
ver con el modelo de organización social propio de estos pobladores.
Sin embargo no todos los agentes de salud giran en torno a tramados tan
complejos como estos. Si bien es cierto, existe todo un canal de interpre-
taciones y comunicación con el “mundo del más allá”, existe también una
serie de factores más concretos tratados por otros especialistas.

12.2.3 Sobadores

A este tipo de especialistas acuden aquellas personas que sufren de


alguna lesión o enfermedad ósea. El sobador es capaz de curar fracturas
o roturas de huesos así como también los desgarros en los cartílagos y
desvíos en las articulaciones provocadas por caídas, accidentes o
movimientos demasiado bruscos realizados durante las faenas de trabajo
de la población campesina.

Por lo general, los sobadores adquieren sus conocimientos por vía


generacional, siendo sus padres o madres los que delegan sus saberes en
los hijos o hijas que consideren más aptos o que tengan la habilidad para
continuar con este oficio. Para saber cual de ellos tiene las aptitudes
necesarias, se les somete a una prueba, como la que nos relata la sobadora
Katita Coque de Palenque: “mi madre que también era sobadora me dijo
cuando yo tenía unos trece años de edad: si tu quieres aprender, coge una
tusa de maíz, métela en una media, coge un martillo y golpea la tusa hasta
que se desbarate. Ahora que está desbaratada la tusa, trata de armarla. Si
tú armas la tusa y la sacas completa, tú ya sabes sobar”. En efecto, la
señora Katita se sometió a la prueba y tras días de delicada tarea, logró
armar aquel rompecabezas que la facultaba a los ojos de su madre como
la receptora de los secretos de su arte.

La prueba de la tusa124 comprueba así la minuciosidad en el tacto


que la persona tiene, pues será a través de esta habilidad que radica en
sus manos, que el sobador podrá devolver a sus pacientes a la normalidad
de sus actividades cotidianas, para lo cual se servirá de diversas técnicas,
dependiendo del tipo de dolencia que tenga el paciente. Por ejemplo, y
como nos lo refiere la misma informante, lo primero es ir sobando con
los dedos y la palma de la mano toda el área afectada. Si se trata de un
hueso roto, se debe propender a colocar el hueso en su sitio, apretando
fuertemente con las manos. La intensidad de la presión, el tiempo de la
sobada y la cantidad de días del tratamiento dependerá de cada caso, por
lo que el agente de salud por lo general invierte todo su tiempo y su
interés en cada uno de sus pacientes, llegando a afianzar lazos de
gratitud y amistad tanto con el paciente como con sus familiares.

Para el masaje o sobamiento, se utilizan también emplastos hechos


con hierbas o con la enjundia de gallina derretida, la misma que se considera
como un emplasto “fresco”, que sirve para aminorar las inflamaciones,
asociadas en cambio con el calor. Además como tratamiento adicional,
se puede prescribir baños de montes compuestos por hojas de bototillo,
hoja de guanábana u otras hierbas cuya finalidad es proporcionar un bien-

125 A cerca de estos casos hablaremos más extensamente en la parte en que se trata del
embarazo y parto.
estar general que permita además preparar al paciente para la siguiente
sesión de “quiropraxis tradicional”.

Tanto para los pacientes como para los sobadores, el dolor es una
señal que ayuda al agente de salud a ubicar de forma más efectiva la
lesión. El objetivo del sana-dor no es provocar el dolor inten-cionalmente,
sino servirse de la intensidad del mismo para saber el estado y duración
del tratamiento que está aplicando. De esta manera, la sensibilidad del
paciente irá disminuyendo, conforme la lesión mejore e inclusive hay pa-
cientes que nos cuentan que “es mejor que se trate de un solo dolor”, lo
que suele ocurrir cuando un hueso vuelve a la posición normal tras la
aplicación de algún movimiento específico aplicado por el sobador.

Sin embargo, como ya dijimos anteriormente, para un agente de salud


tradicional, cada caso es un asunto particular, por lo que existen diversos
matices. De esta manera, si el caso así lo amerita algunos sobadores
prescribirán anti inflamatorios o analgésicos que alivien al paciente y en
casos extremadamente graves, remitirán a la persona a hospitales o
médicos especialistas, lo que no siempre es aceptado por quienes buscan
al sobador, precisamente porque tienen conciencia de que éstos pueden
llegar a curarles evitándoles operaciones onerosas que no siempre resultan
satisfactorias. En todo caso, se trata de una gama de opciones a las que
recurre la población, con la diferencia de que cuando se escoge un sobador
tradicional, se tiene la certeza de contar con alguien de confianza en
quien se deposita, además de alguna contribución monetaria o en especie,
la fe y la gratitud.

126 Según varios testimonios, a pretexto de otorgar un carnet para poder ejercer el
oficio de partera, muchas de estas mujeres son sometidas a extorsiones perpetradas
por algunos miembros indeseables de los servicios de salud pública.
12.2.4 Parteras o comadronas

Por lo general, dentro de las áreas rurales y en algunos entornos


urbanos lejanos del centro provincial, las parteras han sido por varias
generaciones las personas idóneas para cumplir con la tarea de ayudar a
las madres a traer a sus hijos al mundo. En el área que nos ocupa, se trata
de mujeres que aprendieron de sus madres el arte de partear y que han
asistido todo tipo de partos, desde casos normales hasta los más difíciles,
valiéndose de sus propias técnicas y del conocimiento que poseen en el
área del manejo de hierbas medicinales, nociones de alimentación y otros
saberes tradicionales, de los que hablaremos más adelante.

Durante décadas, el papel de la partera no solamente se reducía al


cuidado de la mujer durante las fases del embarazo, parto y post-parto o
a la asistencia de la madre durante la labor de traer un niño al mundo,
sino que además fungía como una asistente que ayudaba a la madre recién
parida con las tareas del hogar y el campo que esta última no podía rea-
lizar durante el tiempo de su recuperación. Por otro lado, era común que
la partera quedase emparen-tada con la familia que requería de sus
servicios, al ser considerada la madrina oficial del niño, puesto que también
se encargaba del corte del cordón umbilical, llegando a ser lo que se
conocía tradicionalmente como “la madrina de ombligo”.

En la actualidad, estas funciones de la partera han ido quedando en


desuso, solicitándose su presencia únicamente en las fases previas al parto,
durante la labor de parto en sí misma o en casos difíciles en los que se
corre el riesgo de que el niño o la madre lleguen a perder la vida125 . Otra
de las marcadas diferencias entre el papel que hasta hace algunas genera-
ciones desempeñaba la partera y su función actual, es la ingerencia de la
medicina oficial. Con la aparición de maternidades y clínicas especializadas,
la mayoría de mujeres que pueden tener acceso a ellas, procuran ser
atendidas en estos centros. No obstante esta realidad, el conocimiento
adquirido por las parteras es todavía muy reconocido, sobre todo en el
sentido de que una partera tiene el tiempo y la paciencia que un médico
en ocasiones no puede brindar a su paciente.

Por otra parte, varios programas gubernamentales han ofrecido cursos


para las parteras, cuyo objetivo ha sido, en principio, procurar que los
partos por ellas atendidos se lleven a cabo en entornos más higiénicos,
disminuyendo así los riesgos extras a los que podrían verse expuestos las
madres y sus hijos. Sin embargo, estas iniciativas también han servido
para cerrar un cerco de incomprensión y hasta persecución126 en torno a
las mujeres que practican el arte de partear, las mismas que siguen
contando con el reconocimiento de su comunidad dado que la sabiduría
que poseen todavía resulta irreemplazable.

En definitiva, el resultado de estas incursiones de la medicina oficial,


ha sido la incorporación del uso de ciertos medicamentos a las prácticas
tradicionales empleadas por las parteras. En este sentido, la aplicación
del dilatador uterino Pitosín, es una de las más difundidas, a pesar de que
según los testimonios de varias informantes “lo mejor es seguir usando
los montecitos porque yo por ejemplo tengo sembrado mis propios
montecitos que es le herencia que me dejó mi madre y que yo cuido y
utilizo siempre sin ningún problema” (Partera del cantón Montalvo).

12.2.5 El médico empírico

Corresponden a esta categoría todos aquellos agentes de salud que


no son curanderos y que han tenido acceso a una cierta formación dentro
del área de la medicina formal, sin llegar a obtener un título académico o
reconocimiento oficial. Tal es el caso de un médico empírico de la zona
de Vinces, quien nos cuenta que ha afianzado sus conocimientos por
medio de la autoeducación, la observación de los agentes de salud
tradicionales y la incorporación de saberes del área de la medicina naturista.
En este caso en especial, este médico empírico logró especializarse
en el tratamiento de into-xicaciones y envenenamientos provocados por
el uso en el campo del pesticida Gramoxone, el mismo que al ser utilizado
en forma inadecuada, causa, además de una fuerte intoxicación, la muerte
por fibrosis pulmonar. Debido a este cuadro clínico tan complicado,
algunos médicos prácticamente han desahuciado a sus pacientes, los
mismos que han acudido al médico empírico como alternativa para salvar
sus vidas. Hasta el momento, el resultado ha sido favorable y nuestro
“especialista en revivir muertos”, como se llama a sí mismo, ha podido,
en efecto, “traer de la otra” a varios intoxicados.

Además de estas afecciones, un médico de este tipo es capaz de


curar infecciones estomacales, intestinales, parasitosis y otras
enfermedades que veremos más adelante, clasificadas como enfermeda-
des de Dios. Por lo pronto, cabe resaltar que por lo observado en la
provincia de Los Ríos, los médicos empíricos y sus técnicas resultantes
de la hibridación entre la medicina tradicional y la oficial, parecen ser una
alternativa médica popular que podría afianzarse a futuro, toda vez que,
al menos en el caso que pudimos observar en Vinces, los hijos de nuestro
informante se encuentran ya aprendiendo los saberes de su padre, con
miras a complementar sus servicios con el negocio de la medicina naturista.
Se trataría de una nueva categoría de agentes de medicina popular cuyo
desenvolvimiento habría que estudiar a futuro.
12.3 Enfermedades: diagnóstico y tratamiento

En el ámbito de la medicina popular, la etiología de las enfermeda-


des se presta para una clasificación en la que la cultura trasciende los
límites de la medicina para entrar en el campo de la cosmovisión y la
ideología (Argüello, 1987). La cosmo-visión, además, dará lugar a las
diferentes significaciones que cada grupo humano le da a la experiencia
de estar enfermo o sano, conforme a otros elementos como el espacio
geográfico, social, histórico y económico (Bañuelos y Salido, n/d).
De esta manera, la enfermedad no constituye un dominio autónomo,
independiente de la vida social y cultural del grupo, sino que tanto los
estados de malestar como de bienestar son considerados como un todo
integral, como parte de un equilibrio susceptible de ser alterado o
restaurado conforme a una comprensión tanto del desenvolvimiento social
cuanto del mundo natural. De aquí, que las plantas medicinales y sus
usos tengan vital trascendencia en la cura de diversas enfermedades,
cuya clasificación también depende de una tradición dual, que confiere
propiedades de frío o calor, causas malignas o naturales a todo aquello
que se asocia con la salud o la pérdida de la misma (Ibíd.). En la provincia
de Los Ríos, estas nociones clasificatorias también se aplican, con las
respectivas diferencias aportadas por el contexto particular en que se
han gestado.

12.3.1 Enfermedades del campo

Dentro de esta clasificación ubicamos a todas aquellas enfermedades


cuyas causas están asociadas al mundo sobrenatural, por lo que su
diagnóstico y tratamiento depende directamente de un conjunto de
interpretaciones, producto de una lectura, no solamente de los síntomas
físicos sino también de lo que podríamos llamar los “síntomas espirituales”,
los mismos que pueden ser leídos por un agente de salud que se encuen-
tre dentro del perfil de un curandero o curandera. En la provincia de Los
Ríos, pertenecen a esta clasificación aquellas enfermedades que son
imposibles de diagnosticar con los métodos de la medicina oficial, como
son el mal de ojo, mal aire, espanto y otras que veremos a continuación.

12.3.1.1 Mal de ojo

127 El susto del agua se da cuando un niño ha sido expuesto al agua fría de manera
intempestiva.
El mal de ojo es una enfermedad que ataca sobre todo a los niños y
es producida por personas que tienen la vista muy fuerte. Según una
informante de Buena Fe, se reconoce a la persona que tiene la vista fuerte
porque “se ríe con toda emoción, se carcajea hasta que se le van las
lágrimas”. Un niño puede ser ojeado por mala fe o envidia, como en los
casos en que un bebé es producto de relaciones extramaritales o es muy
bonito; pero también puede suceder que alguien ojee al niño sin la mala
voluntad de hacerlo, al acercarse a hacerle algún mimo.

El síntoma generalizado del mal de ojo es la presencia de lagañas.


Sin embargo, si no se trata a tiempo, puede agravarse, produciéndose
una diarrea tan fuerte que inclusive puede acarrear la muerte del niño. El
diagnóstico de la enfermedad se realiza, en la mayoría de los casos por
medio de la técnica de la frotada del huevo, que consiste en pasar un
huevo de gallo y gallina por el cuerpo del niño. Una vez abierto el huevo,
el curandero confirma o descarta su sospecha de que se trata del mal de
ojo. Otros curanderos en cambio, dicen que este sistema es poco efectivo
y prefieren diagnosticar este mal, “al ojo”, confiando en su experiencia y
en lo que ellos llaman el poder concedido por Dios para detectar estas
enfermedades.

La cura del mal de ojo, se basa en la concepción de sacar el mal que


se encuentra en el cuerpo del niño, para lo cual también se puede utilizar
el frotamiento del huevo por el cuerpo del niño o una limpieza que consiste
en pasar por el cuerpo de la criatura, a manera de escobilla, un conjunto
de hierbas que pueden ser la albahaca, rosa de muerto y hoja de col. En
algunas ocasiones esta limpia se complementa con una toma de agua de
espanto, que se hace con “hierba de espanto, hierba buena o manzanilla y
sirve para sacar los gases sea espirituales o naturales provocados por el
mal de ojo o por el espanto”. Estos usos de las plantas medicinales son
complementados con el rezo de oraciones como el padre nuestro,
avemarías, el credo al revés y al derecho y otras oraciones conocidas
solamente por el curandero y que son parte de los secretos de su oficio.
Sin embargo, sea cual fuere el tratamiento a aplicarse, la mayoría de
curanderos y abuelas, recomiendan a las madres que la prevención es la
mejor forma de cuidar la salud de sus niños. Para ello, aconsejan que los
bebés lleven en una de sus muñecas, una manilla de cabalonga, que es
una pequeña pulsera confeccionada con una semilla de origen serrano
que tiene la apariencia de pequeñas bolitas cafés, las mismas que son
amarradas con una cinta roja.

12.3.1.2 Susto o Espanto

El susto es contraído principalmente por los niños, quienes al “ser


inocentes y puros ven con más facilidad y clarito a los espíritus y por eso
se espantan”. Otra de las causas sería el contacto intempestivo con alguna
situación o elemento natural que puede provocar impresiones repentinas
en los niños, como por ejemplo el susto del agua127 , de sorpresa, cuando
un perro ladra o intenta morderle y así, pueden existir tantas causas posibles
de susto como situaciones de impresión que pudieren venir aparejadas.

Lo cierto es que en caso de presentarse el espanto, los síntomas


pueden ser la desesperación, inquietud, deseos de correr o una fuerte
diarrea acompañada de fiebre, que puede ocasionar la muerte definitiva
del niño, que desde que adquiere el susto se encuentra en grave peligro,
puesto que el espanto también es descrito como “una pérdida momentánea
o definitiva del espíritu o alma” (Argüello, 1987).

Si bien es cierto los niños son los más susceptibles de contraer este
mal, los adultos también pueden padecerlo si es que han pasado por
alguna situación traumá-tica, como un accidente o un encuentro
momentáneo con lo sobrenatural, a lo que se le denomina “susto de
muerto”. Sea a niños o adultos, el proceso de diagnosis es similar: el
curandero pasa un huevo por el cuerpo del aquejado o se sirve de la toma
del pulso y la observación de los ojos, cejas y axilas, las mismas que si se
encuentran en un proceso anormal de transpiración, pueden ser la señal
buscada de que una persona está enferma de espanto.

La cura para esta enfermedad está asociada a la concepción de salida


inmediata del espíritu intruso que trata de quedarse con el cuerpo del
enfermo y que le provoca los síntomas antedichos. Por ello se recurre al
soplo de aguardiente o colonia, a la limpia con huevo y hierbas especiales
o a baños con hierbas como la cruz de castilla, romero, manzanilla, cruz
de gallinazo, hierba de espanto o la rosa de muerto. Otro tratamiento
eficaz es la sobada con una vela, que consiste en pasar una vela de cera
por el cuerpo del paciente y luego observar su color. Si la cera ha quedado
cenicienta o ensom-brecida “entonces ya no hay nada que hacer pero si la
vela sale blanquita el enfermo se salva y esa vela se ofrece en la iglesia”.

Cualquiera de estos tratamientos va siempre acompañado de oraciones


especiales, puesto que se trata de hacer salir a un espíritu. Estas oraciones,
por lo general suelen ser especializadas, como por ejemplo, la oración
llamada “La Magnífica”, que según uno de nuestros informantes “es capaz
de correr al diablo”.

12.3.1.3 Brujería, posesiones espirituales malignas y mala suerte

Por sus connotaciones, la brujería es uno de los rubros de la medicina


popular de más difícil acceso. Las causas que la animan están ligadas
en todos los casos a la envidia, la venganza y la destrucción. Según
nuestros informantes, los móviles que la generan tienen que ver, en la
mayoría de los casos, con desquites de hombres o mujeres que han
sufrido infidelidades, y en algunas otras ocasiones con venganzas o celos
entre vecinos.

Los actos de brujería están asociados a la manipulación de objetos o


medios simbólicos que “transportan”, por decirlo así, la energía de la
persona a la que se desea coaccionar para algún interés particular o en
el peor de los casos, se procura minar definitivamente la vida de ese ser,
causándole enfermedades clínica-mente inexplicables o problemas en su
entorno familiar y social que pueden conducir a la víctima a la locura o a
manifestar impotencia frente a sus problemas. Estos medios de transporte
simbólicos suelen encontrarse en los cementerios, la ropa interior, las
secreciones corporales, la tierra que pisa la víctima u otras sustancias de
origen escatológico, considerados sucios por las personas y que justifi-
carían el nombre con que se conoce a este tipo de malas artes: la porque-
ría o la cochinada.

Quienes desean hacer el mal a una persona, llevan alguno de estos


objetos o una fotografía a un brujo o bruja, que se encargará de que esa
persona o de que ese hogar se destruya. Por lo general los síntomas de un
trabajo de brujería tienen que ver con la pérdida repentina del vigor y de
las fuerzas, “las personas empiezan a secarse y aunque no crean, terminan
acudiendo a algún otro brujo que les cure o que les de una contra para
que la persona vuelva a quedar normal” (Testimonio de una Curandera
de Babahoyo), en vista de que estas dolencias no llegan a ser aliviadas
por los médicos convencionales, quienes no se explican las causas de esa
especie de muerte lenta que aqueja a quienes han sido víctimas de un
trabajo de brujería.

Como es de suponerse, quienes acuden a estos intermediarios brujos,


son sometidos a sanción social, por lo que toda la red que se trama
alrededor de estos trabajos es sumamente confidencial. Tanto los nombres
de los solicitantes, cuanto los de los brujos y sus discípulos son un secreto
celosamente guardado. Lo que sí se sabe es que la mayor parte de perso-
nas que se dedican a este tipo de artes en la provincia de Los Ríos,
adquirieron sus conocimientos en Santo Domingo de los Colorados, lugar
al que acuden también las diversas personas que requieren curarse de
estos males o que pretenden identificar a quien encargó el trabajo,
considerando que “la gente que actúa de esa forma es gente cochina,
perversa, sin sentimiento de nada. A veces hacen el daño y no se dan
cuenta de que las cosas se revierten. Eso tarde o temprano se revierte”.
Este poder de identificación de la persona que le provocó el mal a
otra tiene que ver también con ciertas técnicas conocidas por los
curanderos brujos. Entre ellas están el contacto directo con los espíritus,
quienes revelarían, no solamente la descripción o nombre del victimario
en cuestión, sino también el del agente y método utilizado para realizar la
maldad. Saber qué técnica se usó es muy importante en el momento de la
cura o reversión de la brujería, para lo cual se puede acudir al uso de
velas, oraciones, baños con montes, jabones especiales, purgantes y
limpias. Según pudimos recabar, actualmente su usan mucho las medicinas
naturales chinas, hindúes, peruanas o ciertos compuestos que se pueden
comprar fácilmente en cualquier farmacia. El éxito real de la cura de la
cochinada radica en la potencia del curandero, sus oraciones y la fuerza
de su espíritu para vencer al mal.

Además de la brujería, la mala suerte también puede ganar terreno


en la vida de una persona o de un hogar. Para eliminarla se suelen hacer
limpiezas o baños de suerte. Por ejemplo, quien se cree afectado por este
mal, puede lavarse con un compuesto hecho de siete limones, un puñado
de detergente, un sobre de café, media libra de azúcar y otras sustancias
que se supone “dulcificarán” a la persona y procurarán que se elimine la
amargura de la mala suerte y se atraiga la bienaventuranza.

Por último, se llama maleficio a la posesión espiritual que puede llegar


a sufrir una persona a la que se le han “pegado espíritus de muertos,
almas, demonios o demonias”. Quienes conocen a cerca de estos temas,
nos revelan que los adultos son más susceptibles que los niños a atraer
la perturbación de estos seres que pueden provocar trastornos verdade-
ramente severos en sus víctimas.

Según nos lo refiere una curandera del cantón Buena Fe, “la persona
se siente mal, ya no le da ganas ni de abrir los ojos, se queda arrinconada
por ahí con el dolor del cuerpo que se le pone durísimo y la cabeza que
está a punto de explotar”. Lo que tendríamos en estos casos no es
solamente una serie de síntomas, sino de auténticas “manifestaciones es-
pirituales” que pueden conducir a la persona que las padece a la muerte o
la locura.

Tratar este tipo de casos es todo un reto para los agentes especializa-
dos en hacerlo. Ellos involucran toda su fuerza mental en el momento de
realizar las limpias, los masajes, los baños o las encomiendas de la víctima
a Dios por medio del rezo de fervorosas oraciones e increpaciones al
espíritu maligno para que abandone el cuerpo que ha sido poseído. Quie-
nes realizan estas curas también se ponen en peligro, por lo que dicen
que la mejor arma contra este tipo de maleficios es la constante práctica
“de una vida limpia y saber rezar porque si usted sabe rezar no hay nada
malo que le pueda suceder y no tiene miedo porque el espíritu no tiene
derecho a atacarme si es que yo vivo con Dios” (Curandera de Buena
Fe).

12.3.2 Enfermedades de Dios

Corresponden a esta clasificación todas aquellas enfermedades que


tienen explicación natural. Como veremos a continuación, se trata de
dolencias asociadas con el desenvolvimiento socio económico de un
pueblo, lo que determina su acceso a un sistema de salud oficial que casi
siempre resulta obsoleto o inexistente en las zonas en donde afecta con
mayor rigor enfermedades como la para-sitosis, dolores de estómago,
fiebres y otras dolencias para cuyo alivio las personas acuden a los
curanderos o médicos empíricos.

12.3.2.1 Picaduras de culebra

Como es sabido, uno de los principales peligros a los que se exponen


los trabajadores en el agro costeño es la picadura de serpientes venenosas,
las mismas que se camuflan en la mayoría de sembríos, especialmente de
cacao, caña de azúcar y banano. Es por ello que estos agentes de salud
adquirieron fama, sobre todo en las zonas rurales, en donde por décadas
no se ha contado con médicos cercanos o con centros que suministren
sueros antiofídicos.

El llamado curandero de culebra adquiere sus conocimientos, por


una parte, gracias a algún otro curandero que le cede sus conocimientos
para que estos no se pierdan y, por otro, lado debido a su experiencia en
el tratamiento de los envenenados. Para el caso de la provincia de Los
Ríos, la zona de Santo Domingo de los Colorados, constituye una especie
de escuela reconocida donde se adquieren este y otros conocimientos,
sobre todo aquellos que tienen que ver con las fórmulas utilizadas para
tratar estos males. En este sentido la eficacia de un curandero de culebra
depende de los antídotos que conozca para salvar a su paciente. Como
nos lo refiere un curandero de la zona de Palenque “sí hay sueros
antiofídicos ahora que vienen de Colombia o de México pero que no
sirven de nada porque el veneno de las culebras de allá es distinto. Hay
que saber qué clase de culebra es porque si no los sueros resultan incom-
patibles”.

Esta lógica empírica resulta científicamente comprobada, puesto que,


en efecto, un antídoto tiene por lo general como base, parte de los
elementos químicos del mismo veneno que se pretende anular, de tal
suerte que el conocimiento que posee el agente de salud, en este caso se
vuelve casi irreemplazable. Es por ello que con respecto al tratamiento
aplicado en el caso de mordeduras de serpiente coral o la temible culebra
equis, nuestros informantes dan cuenta de baños con hierbas y montes,
emplastos y sueros, cuyas fórmulas y posología constituyen parte de los
secretos bien guardados de su oficio.

128 La fiebre tabardillo es en realidad la fiebre tifoidea. Quizá hubo una plaga de esta
enfermedad en la región y se asoció el nombre con los demás procesos febriles que
nada tienen que ver con la tifoidea.
129 Más adelante hablaremos a cerca de este tema.
Con respecto a los auxilios inmediatos brindados a una víctima de
mordedura de culebra, los agentes de salud difieren en sus prácticas. Por
ejemplo, en la zona de El Jobo, en Palenque, lo más importante sería
limpiar la herida inmediatamente para evitar que el veneno vaya hacia el
torrente sanguíneo, mientras que para otro curandero en la zona de Vinces,
es importante evitar que se hagan torniquetes al paciente, pues al ama-
rrar las heridas se corre el riesgo de que se produzcan hemorragias internas
que evitarían la salida del veneno y empeorarían la posterior recuperación
del paciente.

No obstante, sea cual fuere la técnica utilizada, una cosa es cierta: en


el área rural de la provincia de Los Ríos el curandero de culebra es un
miembro reconocido como un salvador de vidas, a pesar de lo cual debido
a la migración y a la introducción de otros criterios aportados por le
medicina occidental, corre el riesgo de desaparecer y junto a él los saberes
que por generaciones han preservado la existencia de los campesinos de
esta zona.

12.3.2.2 Enfermedades frías y calientes

Las enfermedades asociadas a la pérdida del equilibrio corporal por


efecto de la subida de la temperatura o excesivo sometimiento del cuerpo
a trabajos pesados, son el dolor de ovarios, el dolor muscular, el dolor de
cabeza por insolaciones y las inflamaciones renales. En vista de que se
trata de enfermedades calientes, sus síntomas deben paliarse con remedios
refrescantes, como agua de Güitig, con un Alka Seltzer, o jugos de frutas
frescas, en tanto para los males del riñón se aconseja tomar agua de la
hierba llamada cola de caballo o cualquier otra infusión medicinal que

130 El informante no nos indica qué tipo de remedios utiliza por tratarse de un “secre-
to”.
sea diurética y que permita eliminar la orina retenida durante los proceso
infla-matorios.

Por el contrario, las dolencias asociadas con el frío son los resfria-
dos, dolencias bronquiales y pulmonares, y la llamada cogida del frío que
se da principalmente entre los campesinos que trabajan metidos en el
agua sembrando el arroz. Cuando estos males se presentan deben ser
contrarrestados con remedios calientes, como infusiones de zaragoza,
manzanilla y todo tipo de bebidas tibias o cálidas.

12.3.2.3 Fiebre, palpitación y dolor de estómago

Los procesos febriles son comunes, sobre todo en los niños hasta los
diez años de edad. En la provincia de Los Ríos es famosa la fiebre
tabardillo128 , la misma que es descrita como “una fiebre que se sube a la
cabeza”. El principal cuidado que se brinda a los niños en estos casos es
bajarles la fiebre por medio de paños de agua fría, golpecitos en las arti-
culaciones de brazos y piernas y la ingesta de abundante líquido.

La palpitación es en cambio una dolencia que afecta a hombres y


mujeres adultos y que se presenta como un dolor sumamente fuerte en el
ombligo, intermitente e intenso, de donde toma el nombre la enfermedad,
pues a decir de quienes la han sufrido, se “siente como que palpita todo el
estómago” (Curandera del Cantón Buena Fe). Las causas específicas no
se saben pero es un estrago que se presenta bastante en mujeres que han
tenido un parto difícil o que no se han deshecho de la placenta de forma
adecuada129 . El tratamiento para la palpitación que se recomienda es una
serie de “agüitas, pero no la misma, sino de ajenjo un día, otro de hierba

131 El capítulo correspondiente a la organización social nos da cuenta in extenso de


este proceso.
132 Por lo general las mujeres embarazadas tienen su endometrio esponjoso y grueso,
por lo que es probable que la partera pueda acertar en su diagnóstico basándose en
la habilidad en la aplicación del tacto superficial.
buena, otro día de apio, otro día de manzanilla y así todos los días una
hierbita diferente con un poquito de bicarbonato hasta que pase la
palpitación” (Curandera del cantón Buena Fe).

Los dolores de estómago también son comunes en los diversos


cantones de la provincia de Los Ríos, sobre todo en aquellas zonas en
donde falta agua potable y la higiene se vuelve casi inexistente. Cuando
se presenta el dolor de estómago, llamado también dolor de barriga, se lo
alivia con infusiones de hierba zaragoza, toronjil y manzanilla, siendo
esta última hierba la más efectiva y considerada “milagrosa” cuando de
aliviar estas dolencias se trata.

12.3.2.4 Lombrices y sarna

La falta de atención de los organismos gubernamentales ha hecho


que la mayoría de poblaciones que pertenecen a la provincia de Los Ríos
carezcan de las más mínimas condiciones de salubridad. Sin alcantarillado
ni agua potable, los ríos que circundan la región se han convertido en
depósitos de deshechos y aguas servidas. La consecuencia inmediata de
esta situación es una acentuada parasitosis, presente sobre todo en la
población infantil. Para desparasitar a sus niños, las madres acuden en
ocasiones a los centros de salud y la mayoría de las veces buscan consejo
en el agente de salud tradicional que encuentren más cerca. Los purgan-
tes más recomendados por estos últimos son el zen, tamarindo, ruibarbo,
sal inglesa, cola de caballo, aceite de manzanilla o aceite de almendras.
Dependiendo de la gravedad y edad del niño, esta agua e infusiones se
administran alternativamente, en dosis adecuadas para cada caso. Sin
embargo, los casos de mayor gravedad son atendidos por el médico con-
vencional.

133 Por otro lado las paupérrimas condiciones económicas de muchas madres y la
cantidad de obligaciones que tienen las mujeres del campo, les impedirían de
todos modos tomar tiempos de descanso en medio de sus actividades.
Otra de las afecciones frecuentes debido a los problemas de
insalubridad son las afecciones cutáneas como la sarna o rasquiña,
producida por los ácaros del medio ambiente. Para tratar esta enferme-
dad las personas recurren a jabones demasiado fuertes que en ocasiones
resultan contraproducentes. Es por ello que prefieren acudir al agente de
salud tradicional quien suele recetar un “alcohol preparado con ciertos
remedios caseros130 ”, cuya posología y fórmula varía de acuerdo a la
gravedad del paciente.

12.3.3 Embarazo y parto

En la provincia de Los Ríos, al igual que en innumerables partes del


mundo, la etapa del embarazo y del parto se inscribe dentro de un universo
femenino inmerso todavía en una suerte de asombro y misterio. Y no nos
referimos a los mecanismos biológicos que la ciencia ha develado con
toda claridad sino a ese mundo simbólico en el que se juegan algo más
que las higiénicas formas con que la cultura oficial esteriliza en ocasiones
esa lucha entre la vida y la muerte que protagonizan las mujeres y sus
niños en el instante de traer nuevas generaciones. Estos nuevos seres
que van naciendo lo hacen, como ya sabemos, dentro de un contexto
socio-cultural dentro del cual son recibidos, criados y enculturados131 . A
su vez, este mismo espacio con sus particularidades posibilitó la etapa de
su gestación, directamente vinculada a sus madres y a la vivencia de esta
experiencia, que en el contexto que nos ocupa, tiene como protagonista
principal a la partera o comadrona. La sabiduría guardada por estas
mujeres, su papel en esta importante etapa de la reproducción social y su
actual trascendencia dentro de las comunidades de la provincia de Los

134 Este tipo de comprensión del rol de mujeres y varones son parte de una diferen-
ciación de género que discrimina marcadamente a la mujer, como vimos en el
capítulo de organización social. En este tipo de sociedad, la superioridad del varón
sobre la mujer sería una cuestión “naturalmente” aceptada. La superioridad del
varón sobre la mujer sería una especie de deber ser.
Ríos, son los temas de los que trataremos a continuación, a la vez que
recorremos las etapas previas a un parto, el momento en sí mismo de dar
a luz a un niño y los cuidados posteriores a esta labor.

12.3.3.1 Atención pre-natal

Dice la sabiduría popular que cuando una mujer ha quedado


embarazada, algo dentro de ella le anuncia que es así. Sin embargo, siempre
hay que asegurarse y para ello se suele recurrir a la sabiduría de una
partera, quien, como en el caso de Doña Claudina en Buena Fe, tiene
una técnica para saber si una muchacha está o no embarazada: “usted
mete las yemas de los cuatro dedos aquí [señala el vientre] y los hunde
hasta abajo. Cuando una mujer se ha quedado embarazada, eso está
infladito, llenito porque si no está los dedos se van no más hasta el otro
lado y topa el huesito132 ”. Para otra partera, de la zona de Montalvo, son
los ojos los que delatan a una mujer embarazada, pues la mirada según
esta informante “se vuelve como lánguida y entonces se sabe que se ha
quedado en estado”.

Sea por estos medios o a través de una diagnosis convencional, una


vez que la mujer está segura de que está embarazada suele visitar, sobre
todo en las zonas rurales, a la partera más afamada o a la más confiable.
Por lo general una comadrona prefiere atender los embarazos, si es
posible, desde el tercer mes de gestación, para brindar a la madre todos
los cuidados necesarios, evitando así posibles complicaciones en el ins-
tante de dar a luz.

Estos cuidados son de dos tipos: aquellos que tienen que ver con la
dieta y los consejos y los otros que podríamos enmarcar dentro de una
ginecología. Dentro de los primeros tendríamos aquellas indicaciones
que dicen que una madre debe alimentarse de cosas sanas, como carnes
blancas, abundante leche, frutas y hortalizas. Con la ingerencia de la
medicina occidental se procura que las parteras aconsejen a quienes
acuden a ellas, que ingieran suplementos vitamínicos, no obstante, muchas
comadronas nos dicen que “no vale que tomen mucho hierro porque la
madre engorda mucho y el niño también” (Partera de la zona de Montalvo),
sin embargo, recetan vitamina B o neurobión en la creencia de que esta
sustancia hará que la madre y el niño cobren ánimo y fuerza.

La partera también aconseja a las madres que no dejen de hacer sus


actividades diarias133 pues el excesivo descanso dificulta la labor de parto,
mientras que si la madre está en constante actividad, podrá dar a luz a su
hijo con prontitud. Otra de las inquietudes de las madres tiene que ver
con la salud de sus niños, para lo que las parteras aconsejan que la madre
se purgue con hierbas naturales para que el niño también nazca sin com-
plicaciones. Y si se trata de calmar la curiosidad de saber si será niño o
niña, una de nuestras informantes nos comenta que por lo general “cuando
es varón, la madre tiene el pezón bien negrito y cuando es niña mujer, es
cafecito no más el pezón. Se conoce también que la niña mujer no juega
hasta los cinco meses en adelante porque es un pedacito de carne no más
la niña. En cambio los varones juegan desde el principio porque son como
una tripita y se mueven todito desde el principio y en eso se conocen que
ya son varones” (Partera del cantón Ventanas). Otra partera nos cuenta
que se puede saber si es varón o mujer por el modo en que “reacciona el
feto cuando se da el masaje. La niña es más suave mientras que el niño
varón patea como diciendo: ¡quita de las manos carajo!. El hombre manda
hasta en la barriga. La niña mujer no, es bobita”134 ” (Partera del cantón
Vinces).
En cuanto a los cuidados propios de lo que llamamos gine-cología
tradicional tendríamos la aplicación de ciertas técnicas para controlar la
posición adecuada del feto y su crecimiento saludable. Para esto la partera

135 Este tipo de confusiones se debería, como ya dijimos, a que el médico convencio-
nal trata el alumbramiento fuera del contexto de cada caso y supeditándose a las
normas de higiene propias de la medicina oficial. Por desgracia, al ignorarse o
menospreciarse los saberes y prácticas de las parteras, muchos alumbramientos
se complican.
utiliza sus manos y por medio de masajes y movimientos ejecutados con
sumo cuidado va controlando la posición adecuada del feto. Esta habilidad
especial de la partera y el contacto directo que se requiere con la futura
madre son dos características que diferencian marcadamente la actividad
de una partera y la de un profesional de la salud. La comadrona llega a
“conocer” al niño desde el vientre de su madre, se relaciona con él, trata
de “hacerse entender”, con el fin de que el bebé colabore para que su
mamá “tenga un parto bonito” (Partera de la zona de Montalvo).

El objetivo principal de estos masajes y de la atención de la partera


es “colocar al niño en el puerto para que la mamá pueda dar a luz” puesto
que existe la posibilidad de que se coloquen mal o de que se queden
“enzurronados, o sea que el niño se mete como entre las costillas de la
madre y se hace una bolsa como un zurrón. Entonces yo con mi ciencia
les desbarato ese zurrón [es decir, ayuda al feto a ponerse en posición
normal]. Para eso hay que sobarle con hierba de espanto una sola vez.
Después a los cuatro días – ni un día más ni un día menos- se cita a la
madre para acabarle de componer al niño. Cuando el niño está bien el
vientre de la mamá es parejito. En cuando el niño está enzurronado la
boca del estómago está seca porque el niño se ha metido en el zurrón”
(Partera de la zona de Ventanas).

De esta manera, gracias al cuidado constante y personalizado


brindado por la partera a la madre, se logra, como bien metaforizaba una
de nuestras informantes, llevar a la criatura al puerto con el fin de que

136 Nuestra informante demuestra cierto horror ante la posibilidad de que la placenta,
matriz de la vida, termine en las fauces de perros o en el vientre de los gallinazos
o aves carroñeras. El vientre de la mujer debe volver a un elemento de asociación
natural: el vientre de la tierra. Se trata de una comprensión muy ligada a la cultura
popular, en la que todo acto de vida tiene a la muerte como transición hacia la
regeneración (Bajtin). Así, un vientre que ha dado vida no puede “quedar a la
deriva”, so pena de que esa energía erróneamente reciclada afecte al nuevo ser
que en él se gestó.
nazca de la forma más saludable posible. Sin embargo, a pesar de todos
los cuidados pueden presentarse complicaciones en el momento mismo
de la labor de parto, de la que hablaremos a continuación.

12.3.3.2 Atención durante el parto

En el momento mismo del parto se procura ayudar a la madre por


distintos medios. Hasta hace algunas generaciones atrás, la partera daba
masajes en el vientre a la parturienta utilizando la manteca ‘asal’ que
“era una manteca que se sacaba del unto del chancho; eso se ponía a
derretir con naranja agria rallada y con eso se sobaba la barriga” (Partera
de la zona de Mocache). Además, en varias otras zonas de la provincia
se nos informó que todavía se usa el ‘enrudado’, que es una bebida hecha
con trago puro al que se le ponía ruda, canela, pimienta de olor, hierba
luisa, hojas de higo, ajenjo y otras hierbas, cuyo objetivo era dar una
bebida que relaje a la madre y le permita dar a luz con mayor facilidad y
sin temor a los dolores.

Sin embargo, es la naturaleza la que dicta el momento preciso pues


“un niño no nace antes ni después sino cuando debe nacer”. Para
asegurarse de que el momento es el preciso, “no se debe usar guantes
porque el guante impide tener tacto con el cuerpo del niño. Hay veces
que se cree que porque el niño está bajo ya está cerca el parto y no es así,
el problema es la dilatación del útero. Como no son lo mismo todas, hay
veces que unas tienen un poco virado para atrás y otras tienen [se refiere
a la posición uterina] de frente y con el guante el doctor no atina a captar
eso” (Partera de la zona de Montalvo). Otra de las confusiones que
según nuestra informante, el médico convencional no llega a discernir es
cuando la madre ha roto el agua de la fuente. Y nos dice “a veces el
médico no sabe una cosa. Algunas señoras embarazadas tienen dos fundas
de agua. Una vez vino una señora que se había ido al hospital pero no
tenía recursos. En el hospital le dijeron que ya botó el agua de fuente y
que el bebé podía estar muerto. En realidad no había botado nada, era
otro líquido pero no le habían atinado135 ” (Partera de la zona de
Montalvo).

Como podemos observar, las parteras se enfrentan también con casos


complicados. Muchas mujeres que por esta u otras confusiones son
enviadas a sus casas o no son atendidas por falta de recursos, acuden a
las comadronas, quienes afirman que estos partos son los más difíciles
porque se trata de mujeres cuyo embarazo no fue vigilado por ellas
desde el principio. Dada la posibilidad de que el niño o la madre mueran
durante la labor, la partera prefiere evitarse problemas. Sin embargo, la
solidaridad casi siempre vence y la comadrona hace todo lo posible por
salvarles la vida. Por desgracia esto no siempre sucede y según pudimos
deducir de lo que se nos informó, casi siempre se puede salvar a la madre,
mientras que el niño viene al mundo ya muerto, sea por sufrimiento fetal
o porque la madre no se dio cuenta de que la criatura estaba ya muerta.

No obstante, sea en el caso de un parto mal logrado o de un naci-


miento normal, la placenta debe ser arrojada por la madre y tratada de un
modo especial, pues según varias creencias si la placenta no se quema
adecuadamente, el niño puede volverse loco o la madre tener cólicos y
hasta un sobreparto. “Antiguamente se quemaba la placenta con leña, ajo
y alucema o se la enterraba bien. Ahora se bota nomás al agua como si no
importara o se ve que se bota a la basura y eso se comen los gallinazos o
los perros Yo no, mi costumbre es quemar la placenta hasta que quede
bien quemadita, cenicita136 ” (Partera del cantón Buena Fe). Una vez
aplicados todos estos cuidados, la labor de la partera no termina ahí,
pues a su cargo se encuentra también la atención post-parto de la mujer
que ha sido madre.

12.3.3.3 Atención post-parto

Una vez que la madre y el niño han salido con bien, es necesario
prodigarles los primeros cuidados especiales. En el caso del bebé, se
procura que el cordón umbilical sea cortado con cuidado e higiene: “yo
le corto a una distancia de cuatro deditos del ombligo del niño y ahí lo
amarro para cortarlo y le voy quemando, tostando y ese ombligo lo limpio
bien con alcohol, mertiolate y un poquito de aceite. Así bien aceitadito lo
mando y a los tres o cuatro días se cae bien bonito, como caerse una
longanicita” (Partera del cantón Buena Fe).

Además de aconsejar a la madre que vigile el ombligo del bebé, la


partera le recomienda que no coma “cosas inconosas, como carne de
puerco, queso crudo o maní, sino que la madre debe comer gallina, sopitas
de fideo, cositas sanas” (Partera de la zona de Buena Fe). También se
aconseja a la madre que tome baños de asiento para purificar el canal
vaginal y evitar secreciones malignas. Antiguamente, los cuidados en la
dieta se daban por 40 a 45 días. Hoy en día, la madre todavía procura
seguir los consejos sobre la ingesta de ciertas comidas, pero apenas guarda
cama unos dos o tres días, pues inmediatamente debe incorporarse a sus
actividades diarias. Se sabe también que hace unas tres generaciones
atrás, la partera solía encargarse de las actividades de la nueva madre
dentro del hogar, hasta que cumpliera con la cuarentena post-parto. Hoy
en día, la comadrona ya no cumple con estas labores, aunque se la reconoce
todavía como una madrina especial y se enseña a los niños a guardarle el
debido respeto, pues gracias a la labor y sapiencia de estas mujeres, sobre
todo en el área rural, muchas vidas siguen viniendo al mundo y muchas
madres confían todavía en los inigualables cuidados de la partera. u
13. ARQUITECTURA POPULAR

13.1 Aspectos generales

Como hemos señalado en otro lugar (Naranjo, et.al 2002), cuando


nos referimos al tema de la Arquitectura Popular, no aludimos
exclusivamente al proceso constructivo o estilístico que dicha actividad
involucra, de cara a la resolución de la necesidad de contar con un albergue
para guarecerse de las inclemencias del tiempo, sino que también nos
remitimos a todas las consideraciones relativas a la noción cultural que la
Arquitectura Popular lleva consigo: distribución espacial desde el punto
de vista simbólico, visión del mundo, etc. y en este contexto deberán ser
puntualizados tanto los materiales de los cuales hacen uso las personas
para sus edificaciones, así como las técnicas de las que se valen para
concretizar su anhelo de contar con una vivienda familiar. Siendo así, el
tema que nos ocupa tiene mucha mayor importancia y trascendencia de
la que se podría pensar, al involucrar, como ya se lo señaló, a actores
sociales, planteamientos culturales, procesos históricos, técnicas en el
manejo de los materiales, nociones en la utilización del espacio, etc.
Desde otro punto de vista, y esta resulta una de las características
que identifica a esta expresión cultural, cuando hablamos de Arquitectura
Popular, en muy contados casos nos estamos refiriendo a un conocimiento
académico de la arquitectura, sino que nos remitimos a un saber popular
tradicional, el mismo que después de su creación se ha ido transmitiendo
de generación en generación, y que ya se ha constituido en un verdadero
patrimonio cultural popular. Como bien lo puntualiza Evelia Peralta
(1995: 62, 63):

«… Una característica básica de la arquitectura popular es la


autoorganización, la espontaneidad y la creatividad individual; estos
valores tienen impactos diferentes cuando el producto se ubica en el medio
rural o urbano, pues, en este último, los desajustes posibles entre elementos
tienen mayor incidencia por las estrechas relaciones de lo industrial y
urbano. Es por ello que lo popular se acerca más o menos a lo tradicio-
nal, en tanto se conservan en mayor medida los modos de vida, así, en el
medio rural hay mayor persistencia de tipos, de materiales y sistemas
constructivos que en las ciudades…Para comprender la arquitectura
popular nos interesa identificar quién la produce, cómo la produce, para
quién la produce, qué es. Por un lado podemos analizar el objeto cultural
como hecho en sí, como producto, en su carácter significante y de signi-
ficado, y, por otro, el proceso de producción del objeto. En su sentido
más estricto, la arquitectura popular sería la expresión del ser popular,
caracterizado como hecho vivo, dinámico y adaptado a las circunstancias
históricas particulares de su medio físico y social”.

Si bien es verdad que ciertas técnicas constructivas y la utilización de


determinados materiales, así como el aspecto estilístico tienden a
mantenerse bajo un criterio de tradicionalidad, no es menos cierto que
gradualmente aquellas formas y procesos se van enriqueciendo con nuevos

137 La incorporación de nuevos matices culturales o nuevos materiales no necesaria-


mente alteran de forma positiva el aspecto estético de las construcciones, por el
contrario, y de nuestra experiencia lo podemos afirmar, el resultado es totalmente
el opuesto. Como un ejemplo que podría multiplicarse, podríamos mencionar la
“mezcla” entre caña guadúa y bloque de cemento que da como resultado una
edificación estéticamente inferior a la tradicional. Obviamente que la gente tiene
sus razones para este tipo de incorporaciones.
aportes culturales, y con la incorporación de diversos materiales137 . En
ese sentido la Arquitectura Popular sigue el mismo camino de la cultura
en general, se constituye en una entidad dinámica, aunque claro está,
conservando estructuras básicas.

Es importante destacar que en materia de Arquitectura Popular no


podemos generalizar el término, sino que se impone una tipología de
dicha expresión cultural. En el caso de la provincia de Los Ríos, aunque
esa manifestación cultural podría entrar dentro de la categoría
“arquitectura tradicional del litoral”, las diversas variaciones que en este
sector se producen, amerita el que seamos más específicos; como bien lo
puntualiza Nurnberg (1982: 3): “…lo aparente era que existía una
substancial homogeneidad climatérica, territorial y aún étnica del litoral,
pero esta apreciación subjetiva y superficial quedó desvirtuada por una
realidad constante, en la cual hay determinantes precisos, que hasta los
materiales varían según la localidad, no existiendo, salvo el caso de la
caña, materiales comunes a toda la costa”.

El autor mencionado (Ibíd.: 3), realiza una puntualización adicional,


la cual consideramos muy pertinente: “La idiosincrasia peculiar de cada
grupo humano (con más diferencias de la que uno supondría) influye
tanto en el material que escoge, como en la forma que lo trabaja”.
Extendiendo el comentario realizado, podríamos mencionar que ciertas
manifestaciones arquitectónicas populares como las casas flotantes, aún
presentes en algunos poblados de la provincia, o diseños de construccio-
nes típicos de la sierra, pero elaborados con materiales de la región, son,
entre otras, muestras específicas de la Arquitectura Popular en la provincia
de Los Ríos, hechos que están ratificando la importancia de destacar los
aspectos específicos de estas expresiones culturales provinciales.

13.2 Particularidades de la Arquitectura Popular en Los


Ríos

El nombre de esta jurisdicción provincial nos ubica en un escenario


físico muy concreto y característico. Esta es una provincia que está
recorrida por una compleja red de ríos, riachuelos y esteros, característica
que desde épocas históricas motivó a sus habitantes a que desarrollen
muchas de sus actividades y su vida misma alrededor de los ríos, e inclusive
dentro de ellos. En este sentido la inventiva popular también se plasmó a
nivel arquitectónico en la construcción de las muy famosas y en vías de
extinción “casas flotantes”, monumentos emblemá-ticos a nivel provincial.
Esta tendencia de los habitantes flumi-nenses de vivir con el río, tempra-
namente en la historia ya fue observada por los marinos españoles Jorge
Juan y Antonio de Ulloa (Nurnberg, et. al, 1982: 23, citando a Juan y
Ulloa, 1978), quienes describieron esta característica del siguiente
modo138 : “la tendencia general de estos pobladores es construir sus casas
en las riberas de los ríos en largas filas, muy contiguas al agua, el princi-
pal, y común material de las casas, que pueblan las orillas de aquel río
desde Guayaquil hacia arriba [aguas arriba], se reduce a cañas, de cuyo
gruesso [grueso], y particularidades se tocará en su lugar”.
Desde otro punto de vista, a propósito de la arquitectura popular en
esta provincia, es importante destacar la serie de influencias que ella ha
tenido a lo largo de los tiempos, siendo tanto la influencia europea, así
como el contacto con poblaciones serranas las más destacadas; como
nos hace notar el autor citado (Ibíd., 1982: 49): “fue esta zona [cuenca

138 El relato corresponde a la cuenca del río Guayas dentro de la cual se incorpora el
sistema hidrográfico de la que hoy es la provincia de Los Ríos.
del río Guayas] la que recibió el mayor impacto de la conquista. Aquí se
afincó el español; y de su presencia se derivan las grandes haciendas que
son tópicas de la zona. Por otro lado la cercanía a la sierra y la continuada
migración de allí no ha podido menos que influenciar la arquitectura zonal”,
y en otro lado (1982: 171): “No podía faltar dentro de una zona con
tanta migración serrana (sector entre Ventanas y Quevedo), soluciones
arquitectónicas híbridas, que incorporase elementos andinos en los
costeños. Puede decirse que las viviendas de la zona son viviendas serranas
con materiales costeños”. Estas realidades, sumada a la profunda influencia
que a nivel contemporáneo ejerce la ciudad de Guayaquil en todo orden
de la vida de los habitantes de esta provincia, completan el panorama en
relación con el problema que nos ocupa.

Sin tener la importancia del argumento desarrollado líneas arriba, la


incertidumbre política vivida por esta provincia139 a lo largo de su historia
(en el capítulo relativo a la historia provincial se desarrolló este tema),
limitó un mayor despliegue de su arquitectura popular, la cual fue confi-
nada a construcciones familiares. La gran casa de hacienda, llena de
recursos arquitectónicos particulares, duró hasta las últimas décadas del
siglo XIX y primeras del XX. Del mismo modo, la arquitectura popular
urbana de la cual la ciudad de Vinces resulta quizás el ejemplo más
importante, feneció también durante el período anteriormente señalado.
Otro de los factores a tomarse en cuenta dentro de las reflexiones
relativas a las particularidades de la Arquitectura Popular en la provincia
de los Ríos, está relacionada con el aspecto religioso. A diferencia de
otras provincias del país, especialmente de las ubicadas en la sierra, donde
desde la época colonial el aspecto religioso misional fue muy importante,

139 Nos estamos refiriendo al hecho histórico del continuo cambio de jurisdicción a la
cual perteneció esta provincia, lo cual sin lugar a dudas, influyó de forma signifi-
cativa para que las entidades locales no emprendan en programas de consolidación
física, hecho que, a su vez , influyó en el relativamente pequeño desarrollo de
una arquitectura popular.
quedando como prueba de ello un sinnúmero de construcciones de
naturaleza eclesiástica, las provincias de la costa o no tuvieron este impulso
misional o si lo tuvieron éste fue de poca intensidad. En esta segunda
categoría cae la provincia de Los Ríos, lo cual nos explica el porqué de
la ausencia de una arquitectura religiosa popular dentro de su jurisdic-
ción.

Finalmente, dentro de las particularidades de la Arquitectura Popular


en la provincia de Los Ríos podríamos mencionar que ésta se distingue
de otras provincias del litoral en el hecho que la presencia de soportales
dentro de su estructura urbana, no es una nota característica como lo es
en la mayoría de dichas provincias. Las profesionales arquitectos labo-
rando en esta área no nos pudieron dar una explicación respecto de este
hecho. No queremos manifestar la ausencia absoluta de esta característica
arquitectónica, que ocurre en contadas oportunidades, sino que deseamos
expli-citar que su presencia no tiene la reiteración de otros lugares de la
región, hecho curioso si tomamos en cuenta que dicha estructura arqui-
tectónica es una de las soluciones más efectivas para la época invernal,
que dicho sea de paso, generalmente, es de gran intensidad en la provincia
de Los Ríos.

13.3 Vivienda Tradicional Montubia

Las áreas rurales de la provincia de Los Ríos históricamente han sido


el asentamiento privilegiado de los montubios. Entre las distintas
manifestaciones culturales de estos habitantes hay que mencionar su forma
peculiar de edificar sus viviendas, las cuales son elaboradas
fundamentalmente en madera y caña. Ellas son construidas sobre puntales
[localmente conocidos como pilotes], recurso técnico que las eleva del
suelo, dejando un espacio vacío en lo que sería la planta baja; éste es
utilizado ya sea para guardar herramientas de labranza o para mantener
en dicho espacio animales domésticos. Al estar la casa elevada del suelo,
las viviendas no se inundan durante el invierno, época del año copiosa en
lluvias y sometida a la creciente de los ríos y esteros. En épocas pretéritas
el mantener a las casas en un plano elevado también servía para evitar la
visita de ciertos animales como tigrillos, raposas, etc.

Las casas tienen una estructura de madera, las paredes son de caña
guadúa y los pisos de similar material. En ciertos casos y cuando la
economía del hogar así lo ha permitido, los pisos también son de madera.
Estas construcciones originariamente tenían cubierta de hojas de cade o
bijao. En la actualidad, el material del techo es generalmente el zinc. Se
ha optado por este cambio debido a que el techo de cade debe ser reem-
plazado cada tres años, lo cual representa un egreso extra, así como un
considerable trabajo, aunque unánimemente se reconoce que las casas
con techo de hojas eran “más frescas”. Los expertos en este tipo de
construcciones destacan las bondades del techo de cade: “De hecho, es
el techo la mejor defensa contra los rayos solares y las inclemencias del
tiempo… Las cubiertas conformadas por múltiples hojas de bijao, cade,
etc., constituyen un eficaz método de aislamiento térmico. Las capas
forman una verdadera cámara de aire que, como es sabido, constituyen el
mejor aislante. Al mismo tiempo, no tratándose de compar-timentos
estancos, se logra una renovación constante del aire recalentado”.
Finalmente, hay que puntualizar que la típica casa montubia no lleva
tumbado.

La distribución interna de estas construcciones consiste en un espacio


central que es utilizado como una especie de sala, en donde a la par de
algún tipo de mueble, generalmente una o dos bancas de madera, están
colgadas las hamacas. Se podría decir que este es el espacio público de la
casa. Contiguo a ella hay un espacio destinado a un dormitorio central,
de los padres de la casa, al cual sigue otro cuarto ocupado por los hijos
mayores. Los niños generalmente son acomodados dentro del cuarto de
sus padres. Hacia uno de los extremos de la casa se ubica el comedor
que, invariablemente, tiene una ventana relativamente grande.
La cocina, especialmente en las construcciones más tradicionales
estaba anexa a la casa (actualmente hay la tendencia a incorporarla dentro
de la misma unidad habitacional), y ella tenía hacia un extremo un “volado”,
sobre el cual había una estructura de madera donde se colocaba una
lavacara o tina pequeña para lavar los alimentos. Este volado estaba
ubicado justamente sobre los recipientes de comida de los animales, de
tal modo que los desperdicios de la comida en preparación o ya prepara-
da, caían dentro de dichos recipientes.

En las casas montubias tradicionales el fogón estaba dentro de la


cocina y consistía en una especia de cajón de madera con arena, dentro
del cual había piedras y varillas de hierro. La leña estaba por debajo de
estos artefactos. Actualmente, este tipo de fogones ya casi están
extinguidos puesto que las cocinas a gas han sido introducidas hasta en
los lugares más apartados. Siendo la cocina un espacio en el cual las
mujeres de la casa pasaban largas horas, se tenía especial cuidado en que
su ubicación sea estratégica en el sentido de tener acceso visual a las
personas que se acercaban a ella. Como bien lo señala Nurnberg (1982:
229): “Cabe anotar que si bien la cocina no se la ubica con particular
atención a su ventilación, en cambio si se tiene más cuidado de colocarla
en un lugar donde se tenga la mejor visibilidad con respecto al carretero,
sendero o río; lo que casi automá-ticamente la orienta hacia el centro de
la dependencia económica o social”. Para terminar con la descripción de
estas unidades habitacionales, debemos señalar que la letrina, cuando
existe, está ubicada en un espacio separado, detrás de la construcción
principal.
Con los procesos de pérdida de la propiedad sobre la tierra por parte
de los campesinos, debido a la temprana introducción del capitalismo en
el agro, fenómeno que ha motivado grandes olas migratorias de montubios

140 Cuando se está hablando del techo de dos o cuatro aguas se refiere a los segmentos
en los cuales está dividido dicho techo. En casas de dimensiones pequeñas se
tendrá dos aguas, pero si el tamaño aumenta, podrán ser de cuatro o más aguas,
las necesarias para cubrir toda el área de la vivienda.
hacia el área urbana provincial o hacia otras zonas, especialmente la ciu-
dad de Guayaquil, la tradicional casa campesina montubia ha ido
desapareciendo, o se ha ido transformando de forma significativa, a tal
punto que en muchos lugares, por distantes que sean, ya no se las puede
encontrar en su forma primigenia.

13.3.1 Las casas flotantes

Aunque no plenamente correspondiente con la expresión cultural


montubia, pero si alineada con estratos populares tanto rurales como
urbanos, debemos obligatoriamente referirnos a las “casas flotantes”,
emblemas característicos y representativos de la Arquitectura Popular en
la provincia de Los Ríos.

Como ya lo habíamos manifestado en otra parte de este trabajo,


al estar cruzada la provincia por una densa red fluvial, el recurso acuífero
forma parte de la cotidianidad del habitante fluminense. En este sentido,
pese a que puede causar extrañeza a ojos ajenos a esta realidad provin-
cial, la inventiva popular en Los Ríos, ha llevado a que se edifiquen
unidades habitacionales dentro de los ríos, lo cual “constituye un caso
único en Ecuador” (mimeo, n/d).

Estas casas flotantes, aún presentes en Babahoyo y Barreiro, aunque


en número decreciente, están construidas de caña guadúa unidas por
astillas y piezas del mismo material que forman su estructura. Se

141 Si ni en la actualidad las ciudades más importantes de la provincia como Babahoyo


y Quevedo, en términos urbanísticos, aún están consolidadas, es de entenderse
que en épocas pretéritas su grado de urbanización debió haber sido realmente
precario. Por otro lado, es menester destacar que la mayor parte de la actividad
productiva provincial siempre fue la agricultura, con la particularidad que dicha
actividad culminaba su ciclo de comercialización en la ciudad de Guayaquil, con
lo cual históricamente nunca se invirtió un capital excedentario, ni hubo una
reinversión económica al interior de Los Ríos.
diferencian de las casas montubias de “tierra adentro” por el hecho de
que en lugar de puntales para su sostén, utilizan balsas, las cuales les
permiten mantenerse en pie, pese a los constantes cambios de nivel que el
río va experimentando durante el día.

No se sabe con certeza desde cuando este tipo de casas se ha


construido, pero para los informantes, ellas han estado allí desde siempre.
Estas casas carecen de los servicios elementales básicos, pero la gente
se resigna a vivir en ellas por cuanto de cualquier modo es mejor que
pagar arriendo (El Universo, septiembre del 2002), aunque se reconoce
que es un problema el estar siempre pendiente de los vaivenes de la marea,
así como del cuidado de los niños menores, para evitar que ellos se caigan
al agua.

A nivel de su organización interior y exterior, estas viviendas son


similares a las de los campesinos de las riberas de los ríos, e inclusive en
su tamaño tienden a ser más grandes que aquellas. En la estructura de las
casas flotantes se suele emplear tanto la madera como la caña. La madera
es utilizada con corteza, en ciertas ocasiones está ligeramente labrada a
machete. Las secciones de caña están amarradas con bejuco de montaña.

La mayoría de estas edificaciones son de dos aguas140 , pero no es


raro el encontrarlas hasta de cuatro aguas, dependiendo de la disposición
económica del dueño de la misma. Cuando han sido ampliadas de dos a
cuatro aguas, los aumentos son realizados en sentido longitudinal, y el
techado es efectuado en el mismo sentido de las aguas (Ibíd., 1982).

142 En relación con los artesanos de la madera, en la provincia de Los Ríos no se


contó con ese tipo de trabajadores; recuérdese que los principales artífices del
trabajo en madera procedían de los astilleros ubicados en la ciudad de Guayaquil.
Al no encontrarse con ese tipo de obreros, los dueños de las casas no escatimaron
gasto alguno e importaron piezas enteras (ventanas venecianas, arabescos hechos
en madera, simulaciones de columnas, etc.), que eran colocadas en el frontis de
sus casas.
Debido a las condiciones especiales bajo las cuales son construidas
estas casas, hay que tomar especial cuidado en la construcción del piso
de la vivienda, que es elaborado obligatoriamente de madera, él es
montado sobre cuerdas que a su vez descansan sobre palos de balsa. El
piso debe ser construido de tal forma que resista el continuo movimiento
del río, no solo su movimiento natural, sino el producido por las embar-
caciones que constantemente transitan por la avenida del río.

Por lo general, la fachada principal de este tipo de casas está orienta-


da hacia el río, no solo para disfrutar del paisaje, sino fundamentalmente
para favorecer la comunicación que se puede establecer a través de la vía
fluvial. Deberá recordarse que hasta bien entrados los años 50’s del siglo
XX, la principal fuente de comunicación de la mayoría de las poblaciones
de la provincia de los Ríos, era precisamente el río, circunstancia que
dictó la orientación de las viviendas. Con el advenimiento de las carreteras,
las casas se alinean a lo largo de las mismas.

Como era fácil constatar, el río se constituía en el centro de las


actividades de los montubios, de él dependía en gran medida su subsis-
tencia, y probablemente era su único lugar de esparcimiento, ya que el
para el montubio el baño no solamente representa un acto de limpieza,
sino de recreación, sin descartar, por otro lado el atrayente panorama
que le proporcionaba el río.

13.4 Arquitectura Popular Urbana

En la provincia de los Ríos, a diferencia de otras provincias del litoral


como Manabí, por ejemplo, donde aún se mantienen una serie de
edificaciones producto de la arquitectura popular, con excepción de la
ciudad de Vinces que es un caso muy particular, y de una u otra edificación
regadas en la geografía fluminense (Mocache, Palenque, Baba, Pueblo
Viejo, etc.), no se pueden apreciar edificaciones representativas de una
gran tradición arquitectónica popular. O dichas construcciones nunca
existieron, o de haber existido no se las ha conservado141 .

A través de la tradición oral se conoce que la población de Ventanas


lleva dicho nombre por cuanto después de una curva del río Babahoyo,
cuando se viajaba desde Guayaquil, se podía divisar una gran casa hecha
de madera, cuya particularidad fundamental era la tener muchas ventanas,
las cuales reflejaban sus luces en la oscuridad de la noche anunciando al
viajero que ya arribó al siguiente puerto. De este tipo de construcciones
solamente quedan borrosos recuerdos.

Como hemos mencionado en líneas anteriores, en materia de


Arquitectura Popular, la ciudad de Vinces, la otrora famosa “París
Chiquito”, en sus ruinas nos permite apreciar su antiguo esplendor. El
extraordinario antiguo edificio del Municipio, abandonado a su suerte y
en extinción, es una de las muestras más representativas de esa arquitectura
que se recreó allí. Del mismo modo, en la calle central del poblado aún
subsisten pequeños retazos de edificaciones de esa época (siglo XIX e
inicios del XX), todas ellas en pésimo estado de conservación. En lo
poco que aún queda se puede apreciar un muy delicado trabajo en madera,
no solo a nivel de su estructura general, sino fundamentalmente, a nivel
del trabajo del decorado de sus fachadas, decorados que en piezas enteras,
como nos informó una persona perteneciente a una de las familias más
prestigiosas y tradicionales de la localidad, eran traídos en los barcos
procedentes de Europa, concretamente de Francia, para ser instalados en
las casas de los adinerados exportadores del cacao142 . María Antonieta
Vásquez (1983: 213), refiriéndose a la arquitectura costeña de la época
nos señala que: “…Desde inicios del siglo XX se registran variaciones en
las construcciones y características de las viviendas. Es importante des-
tacar la introducción de cambios en las fachadas y en la decoración interior,
cambios que fueron traídos por arquitectos europeos quienes,
respondiendo a un neoclasi-cismo y posteriormente a un eclecticismo
modifican el estilo constructivo tanto en edificios públicos como en casas
privadas”. El proceso descrito también lo vivió Vinces.
Desventuradamente, tanto por el ningún cuidado en el mantenimiento de
estas edificaciones, así como también por la acción destructora del fuego,
casi nada de este antiguo esplendor queda en pie, aunque la gente sigue
manteniendo fijo el imaginario del París Chiquito, prueba de ello es una
réplica en miniatura de la famosa torre Eiffel que se levanta en el parque
principal de la ciudad. Ángel Barrera (1908: 13) consigna estos tristes
datos en relación con Vinces:

“En virtud de sus construcciones de madera, Vinces ha sufrido


constantemente los estragos del elemento ígneo, retardándose así el
progreso del pueblo. Los anales lugareños registran, entre los más
notables, los siguientes: en enero 7 de 1870, cuarenta y dos casas son
reducidas a cenizas. En el mismo año y veintiún días después del anterior,
treinta y nueve edificios desaparecen bajo la acción de las llamas. En
1899 (octubre 26), cuatro manzanas se convierten en escombros y se
destruyen treinta casas más”.

Cuando este tipo de construcciones estuvo en boga, las personas


adineradas ocupaban los espacios centrales de las poblaciones, y allí se
desarrolló una arquitectura tanto residencial como comercial. Los grandes
señores del cacao tenían una serie de negocios en las partes bajas de sus
residencias, las mismas que generalmente estaban cobijadas por amplios
soportales. La majestuosidad de estas casas no solamente se mostraba en
la parte externa de las construcciones, “sino que la elegancia se derrochaba
también por dentro: con muebles y adornos europeos y cuyo lujo
contrastaba con la pobreza de los suburbios, con construcciones que no
podían ser más precarias y menos consistentes” (Vásquez, 1983: 213 –
214). Como ya lo hemos mencionado varias veces, de esta antigua
opulencia ya no quedan sino despojos.

143 Estamos refiriéndonos a una visión histórica de las misiones en el Ecuador. Pero
cabe destacar que desde hace algunos años atrás, sacerdotes españoles de varias
comunidades religiosas llevan adelante labores de apostolado en distintas locali-
dades provinciales.
13.4.1 Arquitectura Popular Urbana Contemporánea

Entre las distintas poblaciones que integran la provincia de Los Ríos,


a nivel estilístico, no hay una tendencia arquitectónica reconocible, sino
que “cada quien construye como puede”. Si esta es una realidad a nivel
provincial, no es menos cierto que se advierten una serie de influencias
de formas arquitectónicas de la sierra, tanto en la estructura general, así
como en la distribución espacial de las casas. Por ejemplo, las casas ya no
son construidas sobre puntales sino que están a ras del suelo, ya no se
advierte la presencia de soportales. Las ventanas venecianas han sido
abolidas por completo, etc. Este fenómeno se ha podido dar debido al
gran flujo migratorio de habitantes serranos de varias provincias como
Bolívar, Tungurahua, Cotopaxi, fenómeno que se produjo en épocas tan
tempranas como los años 20’s del siglo XX, y que continúan hasta la
fecha.
En lo que sí hay una constante dentro de estas nuevas expresiones
arquitectónicas es en la utilización de materiales distintos a los que
tradicionalmente se usaban en esas localidades del litoral. El bloque y en
contadas ocasiones el ladrillo han reemplazado a la caña guadúa y a la
madera. El techo ya no es de hojas de cade o de bijao sino de eternit y en
ocasiones de tejas traídas de la sierra, como varias viviendas que se pue-
den encontrar en el cantón Valencia o en Montalvo. Las ventanas ya
tienen vidrios y tumbados. Estas innovaciones son típicamente serranas.
Las construcciones de pobladores con menos recursos caen dentro de la
forma de “cajón”, es decir, estructuras de bloque de forma cuadrada con
un ventanal sin vidrios en su parte central.

En los edificios que se están construyendo tanto en la cabecera


provincial, Babahoyo, así como en ciudades como Quevedo, Valencia,
Baba, Vinces, por solo citar algunas, la utilización de vidrios de colores
se ha convertido en la moda, la cual ya entra dentro de una verdadera
política de prestigio y competencia entre sus propietarios.

En las zonas pobres y suburbios de las mismas localidades subsisten


las construcciones de caña y techo de cade o bijao, levantadas sobre
puntales para evitar las inundaciones que se siguen produciendo durante
la estación invernal, aunque existe la tendencia a introducir otro tipo de
materiales como bloques y techos de zinc, encaminados a darles mayor
duración a dichas viviendas.

13.5 Arquitectura Religiosa

Como se señaló en la parte inicial de este capítulo, el proceso misional


en la provincia de Los Ríos nunca tuvo la relevancia que el de las
provincias serranas o el alcanzado en otras provincias del litoral143 , de
allí que no exista una verdadera tradición arquitectural religiosa en esta
provincia. Es curioso, sin embargo, destacar que varias de las principales
iglesias en ciudades como Babahoyo, Ventanas, Quevedo, estén rematadas
por torres de estilo gótico, el cual no concuerda con el estilo de su nave
central, y los otros elementos del conjunto, dando como resultado una
especia de arquitectura popular religioso ecléctica. En otras poblaciones
menores existen capillas de una sola nave, sin que ellas proyecten un
estilo arquitectónico reconocible.

Diseminadas por toda la geografía provincial reportamos la presencia


de precarios altares en forma de grutas, destinadas a un uso familiar,
barrial o comunitario, y dedicados a guardar culto a uno u otro santo o
virgen, generalmente al Divino Niño.

A más de estas expresiones arquitectónicas religiosas, la provincia


de Los Ríos no nos ofrece más elementos para su comentario,
confirmando una vez más su poca consolidación inclusive en este tema.
u
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LISTADO DE INFORMANTES

1. Joel Aguayo (Garza de en Medio, Mocache)


2. Lucas Alarcón Rodríguez (Quevedo)
3. Franklin Arana (Pueblo Viejo)
4. Diógenes Arias (Montalvo)
5. Elías Arias (Vinces)
6. Francisco Avellán (Vinces)
7. Rosa Baidal (Buena Fe)
8. Bolívar Bajaña (Pimocha)
9. Inés Bajaña (Quevedo)
10. Arnaldo Banchén (Vinces)
11. Luis Bistín (Montalvo)
12. Argentina Bite (Babahoyo)
13. Marino Bitte (Ventanas)
14. Mariuxi Bohórquez (Pueblo Viejo)
15. Pedro Burgos (Palenque)
16. Felipe Cabezas (Costa Azul, Valencia)
17. Mercedes Cabezas (Vinces)
18. Ruth Carriet (Buena Fe)
19. Adriano Canales (Ventanas)
20. Antonio Cedeño (Pechiche, Mocache)
21. Emilio Cedeño Bajaña (Babahoyo)
22. Felipe Cerezo Sánchez (La Chorrera)
23. Carlos Cevallos (Baba)
24. Madona Cifuentes (Baba)
25. Alejandra Coello (Recinto Los Ángeles)
26. Julián Coello (Baba)
27. Katita Coque (Palenque)
28. María Conforme (Buena Fe)
29. Gustavo Contreras (Urdaneta)
30. Arturo Chajarbán Acosta (Baba)
31. Nancy Chang (Babahoyo)
32. Santiago Chimbo (Pueblo Viejo)
33. Esteban Chung (Quevedo)
34. Ricardo Daniels (Babahoyo)
35. Guillermo Echeverría (Babahoyo)
36. Anatolia Engracia (Recinto Los Ángeles, Pueblo Viejo)
37. Grisella España (Pimocha)
38. Ramón Extebarría (Baba)
39. Gastón Flores (Baba)
40. Lucía Flores (Pechiche, Mocache)
41. Teodoro Flores (Babahoyo)
42. Lelia Franco (Garza de en Medio, Mocache)
43. Gina Giller (Babahoyo)
44. Christian González (Babahoyo)
45. Fermín Granado (Baba)
46. Francisco Gutiérrez (Vinces)
47. Miguel Herrera Villacís (Babahoyo)
48. Emilio Hidalgo (Vinces)
49. Antonia Ibarra (El Jobo)
50. Francisca Ibarra (El Jobo)
51. Ricardo Ibarra (El Jobo)
52. Elsa Izquierdo (Babahoyo)
53. Gladis Izquierdo (Babahoyo)
54. Luis Landívar (Pueblo Viejo)
55. Jorge León (Vinces)
56. Santiago Linton (Vinces)
57. Luis López Albán (Babahoyo)
58. Eduardo Luque (Pechiche, Mocache)
59. Eduardo Macías (Babahoyo)
60. Julio Machado (Babahoyo)
61. Arnaldo Marchén (Vinces)
62. Johana Mayorga (Quevedo)
63. Ramón Merdardo Mero (Buena Fe)
64. Lucía Midiolo (Palenque)
65. María Miranda (Mocache)
66. Juan José Morales (Palen-
que)
67. Remigio Morales (Vinces)
68. Miguel Mosquera Martínez
(Vinces)
69. Marlinda Muñoz (Vinces)
70. Esperanza de Jesús Nivela
(Vinces)
71. Nicolás Ochoa Aguirre
(Palenque)
72. Francisco Ortigoza
(Valencia)
73. Lourdes Panta (Babahoyo)
74. Gina Paredes (Palenque)
75. Tito Patiño (Palenque)
76. Franklin Pérez (Urdaneta)
77. Victoria Piles (Vinces)
78. Alfredo Pimentel (Baba)
79. Gina Quintana (Quevedo)
80. César Quintero (Montalvo)
81. Zoila Quintero (Montalvo)
82. Verónica Ramos (Montalvo)
83. Benjamín Respaldiza
(Palenque)
84. Ángel Rivera (Vinces)
85. Pablo Rodríguez (Montalvo)
86. Teresa Ronquillo (Vinces)
87. Pedro Rosero (Quevedo)
88. Jorge Ruiz (Babahoyo)
89. *Señora Anselma (Vinces)
90. *Señora Josefita (Buena Fe)
91. *Señora Claudina (10 de
Noviembre, Ventanas)
92. *Señora María (Buena Fe)
93. Zacarías Tapia (Ventanas)
94. José Tello (Valencia)
95. Mercedes Toaza (Urdaneta)
96. Jorge Troya (Valencia)
97. Marco Troya (Valencia)
98. Paco Valencia (Vinces)
99. Santa Vélez Conforme
(Buena Fe)
100. Victoriano Vergara (Los
Ángeles, Pueblo Viejo)
101. Alex Villacís (Babahoyo)
102. Vicente Villalba (Babahoyo)
103. Ángel Villazagua (Vinces)
104. Luis Villegas Pereira
(Urdaneta)
105. Carmen Vite Cruz (Venta-
nas)
106. Ángela Zambrano (Buena
Fe)
107. Tomasita Zambrano
(Palenque) u

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