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Rafael Pombo

Rafael Pombo fue un poeta colombiano del siglo XIX y máximo representante del romanticismo en su país. Aunque fue reconocido principalmente por sus fábulas y cuentos para niños, Pombo también escribió poemas románticos sobre amor, naturaleza y religión. Pasó gran parte de su vida adulta en los Estados Unidos, donde fue cónsul, y mantuvo contacto con importantes figuras literarias. A su regreso a Colombia, fue nombrado poeta nacional y se unió a la Academia Colombiana de la Lengua.

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Rafael Pombo fue un poeta colombiano del siglo XIX y máximo representante del romanticismo en su país. Aunque fue reconocido principalmente por sus fábulas y cuentos para niños, Pombo también escribió poemas románticos sobre amor, naturaleza y religión. Pasó gran parte de su vida adulta en los Estados Unidos, donde fue cónsul, y mantuvo contacto con importantes figuras literarias. A su regreso a Colombia, fue nombrado poeta nacional y se unió a la Academia Colombiana de la Lengua.

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Rafael Pombo

(Bogotá, 1833 - 1912) Poeta colombiano. Máximo representante del romanticismo en su


país y una de las principales figuras de la lírica romántica en lengua española, la relevancia
de Rafael Pombo en la historia literaria del continente ha quedado parcialmente oscurecida
por el éxito de sus fábulas y cuentos destinados al público infantil, que han conservado
intactas su frescura y popularidad hasta nuestros días.

Rafael Pombo

La familia de Pombo formaba parte de la aristocracia criolla: su padre, Lino de Pombo


O'Donnell, fue un destacado político, militar y diplomático cartagenero, que entre otras
cosas firmó el tratado Pombo-Michelena de límites con Venezuela y se casó en Popayán con
Ana Rebolledo, mujer también de alta alcurnia. Rafael fue el hijo primogénito. Su tía
paterna, Matilde, fue la madre del célebre político y literato colombiano Julio Arboleda.
Como era costumbre, doña Ana enseñó al pequeño Rafael las primeras letras. A los once
años, en 1844, ingresó en el seminario. El latín allí estudiado haría de él un diestro traductor
de los clásicos; Marcelino Menéndez Pelayo comentó acerca de sus traducciones: "No las hay
más valientes y atrevidas en nuestra lengua". De los poetas grecolatinos tradujo a Horacio y
el episodio de Laoconte de Virgilio. También vertió al castellano El poeta moribundo, de Alphonse
de Lamartine, y el soliloquio de Hamlet de Shakespeare.
Parece que la inclinación por la poesía nació en Pombo desde muy temprano. Ya a los diez
años había copiado versos y traducciones en un cuadernillo que tituló Panteón literario. En
1846 ingresó en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde estudió
humanidades; en 1848 recibió el grado en matemáticas e ingeniería en el Colegio Militar que
había fundado recientemente el general Tomás Cipriano de Mosquera.
Aunque nunca ejerció formalmente como ingeniero, se sabe que realizó algunos estudios
para el mejoramiento urbano de Bogotá. Recién graduado, fue miembro de la Sociedad
Filotémica, en cuyo periódico publicó por primera vez poesías bajo el seudónimo de Firatelio.
Estas tempranas obras, cargadas de un tono sentimental, dejan entrever ecos de Ramón de
Campoamor, José Zorrilla, Garcilaso de la Vega y del legendario lord Byron.
Posteriormente viajó a Popayán, donde su familia materna tenía propiedades, escribiendo
allí dos de sus poemas más conocidos: La copa de vino y Mi amor, firmado con el seudónimo de
Edda. Se creyó que tal poema era obra de una enigmática y brillante poetisa hasta que el
mismo Pombo reveló su autoría; la anécdota muestra hasta qué punto asimiló la psicología
femenina y su distinta manera de sentir el amor y de expresarlo. En compañía de los
escritores José Eusebio Caro y José María Vergara y Vergara fundó en 1852 La Siesta, órgano
literario de marcado tinte romántico.
En 1855 viajó a Nueva York como secretario de la legación colombiana en esta ciudad.
Permaneció diecisiete años en Estados Unidos, durante los que residió en Washington y en
Filadelfia (donde fue cónsul), siendo ésta su época de plenitud creadora. Tal vez el contacto
con una cultura y un idioma de sonoridades diferentes dio un giro universal a su obra.
También mantuvo contacto con personalidades de la intelectualidad como Henry Wadsworth
Longfellow y William Cullen Bryant. Tradujo por entonces a poetas ingleses, franceses y
alemanes, y sus Cuentos pintados para niños (1867) se publicaron por primera vez en Nueva
York.
En un emotivo acto (que casualmente coincidió con la noche en que falleció  Diego Fallon, su
gran compañero de generación), Rafael Pombo fue coronado como poeta nacional el 20 de
agosto de 1905, en el teatro Colón. El 6 de febrero de 1912 reemplazó a Manuel María
Mallarino como miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, de la que fue secretario
perpetuo.
La obra de Rafael Pombo
Junto con José Asunción Silva, Rafael Pombo es el más destacado de los poetas colombianos del
siglo XIX. Favorecido por su bienestar económico, fue el primero que asumió la labor poética
como principal actividad a lo largo de todo su periplo vital, en una época en que otros
optaron por acatar las órdenes de la musa sólo de manera periférica.
Con Pombo nace, en un entorno de acento todavía colonial, una poesía nueva en el
continente. Su lírica funde subjetividad y meditación filosófica, reflexivo sentimiento del
amor y de la naturaleza, pálpito religioso y aprovechamiento de la experiencia. Dios, la
naturaleza y la mujer son protagonistas en su obra, así como la rebeldía, el vigor y la ironía,
por lo que resulta una extraña suma de autor entre devoto y demoníaco. Su inspiración
romántica recorrió los caminos que van de Zorrilla y Víctor Hugo a Byron y Leopardi, pasando por
los clásicos griegos y latinos, que se afanó en traducir, así como a muchos ingleses y
franceses.
Su obra se puede dividir en tres ciclos que corresponden a tres momentos de la vida del
poeta: primera residencia en Bogotá, residencia en Estados Unidos (1855-1872) y segunda
estadía en Bogotá. Pombo entiende desde muy temprana edad que su quehacer es escribir:
"De que soy poeta apenas tengo estos datos: Que no sirvo para nada, sino para hacer
versos". Sus primeros poemas fueron publicados bajo el título Exabruptos poéticos de Rafael
Pombo.
En 1855, Rafael Pombo escribió La hora de las tinieblas, ambicioso poema de largo aliento
compuesto por sesenta y una décimas, que abre y refleja de manera fidedigna la segunda
etapa de su producción. Considerada una de sus obras más representativas, La hora de las
tinieblas manifiesta un sentimiento de escepticismo y desesperanza propio del más genuino
espíritu romántico. El poema Noche de diciembre retoma la temática de La hora de las tinieblas: es
el escepticismo y la desesperanza, tal vez con mayor madurez literaria, pero con el mismo
sentimiento y espíritu.
Entre los más logrados poemas de Pombo escritos en Norteamérica se ha querido
destacar Al Niágara y Elvira Tracy. En el primero hay una constante oposición entre la
civilización moderna y la vida bucólica, entre la utilidad y el desinterés, entre lo artificial y lo
natural, donde lo segundo siempre triunfa por sobre lo primero; sobresale asimismo por la
portentosa fuerza expresiva de las imágenes con que describe las cataratas. Elvira Tracy es
una elegía dedicada a la joven del título, fallecida a los quince años; se trata de un canto al
amor verdadero, a la pureza femenina y a la inocencia, en cuyos versos se cumple el ideal
romántico de morir en la plenitud de la belleza y en el inicio de la vida.
Casi toda su producción está impregnada del aroma de un amor nunca satisfecho. Más que
un poeta del amor, Pombo canta a la amada, y más aún a la compañía de la amada. En
efecto, la mujer amada es, para el vate bogotano, la suma e interpretación de toda la
creación. Al lado del Pombo sentimental encontramos, por momentos, un poeta preocupado
y angustiado por los grandes problemas metafísicos. En ese campo, la religiosidad de Pombo
se torna a veces en misticismo. Otro de los temas recurrentes en su obra es la historia y las
manifestaciones de la cultura local. En este ámbito sobresalen sus poemas a la patria, al
folclore y a los héroes nacionales, como La tumba de Ricaurte.

Ilustración de Simón el Bobito en la primera edición


de Cuentos pintados para niños (Nueva York, 1867)
Finalmente, cabe destacar la inclinación de Pombo por la literatura infantil, en donde da
rienda suelta a su fascinación por lo fabuloso y lo mágico. Ya en su etapa norteamericana
dio a conocer dos recopilaciones de relatos breves en verso: Cuentos pintados para niños (1867)
y Cuentos morales para niños formales (1869). Al primero pertenecen poemas tan celebrados
como El renacuajo paseador, El gato bandido, La pobre viejecita y Simón el Bobito; del segundo
son Mirringa y Mirronga y Fuño y Furaño. La gracia y frescura de estos poemas ha alimentado la
fantasía de incontables generaciones de niños, y todavía hoy son enormemente populares;
tanto es así que Rafael Pombo es actualmente más conocido por esta vertiente de su
producción que por su lírica romántica.
La obra completa de Pombo se publicó por vez primera en 1916, en cuatro volúmenes. El
primero y el segundo contienen su obra poética; el tercer tomo lo constituyen sus
traducciones, y el último encierra sus Fábulas y verdades, Cuentos pintados y Cuentos morales para
niños formales. Pombo dejó también numerosos artículos de crítica literaria. En colaboración
con el músico José María Ponce de León, escribió incluso el libreto de la ópera Florinda o la Eva
del reino godo español.

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