Constitución española de 1978
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Constitución española de 1978
Constitución Española de 1978.JPG
Facsímil de la Constitución encargado al calígrafo Luis Moreno por las Cortes en
1979.1
Tipo de texto Constitución
Idioma Castellano, catalán, valenciano, gallego, balear y euskera2
Función Constitución nacional para reemplazar a las Leyes Fundamentales del
Reino
Autor(es) Padres de la Constitución
Creación 31 de octubre de 19783
Ratificación 6 de diciembre de 1978
Signatario(s) Juan Carlos I
Ubicación Congreso de los Diputados
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La Constitución española de 1978 es la norma suprema del ordenamiento jurídico
español, a la que están sujetos todos los poderes públicos y ciudadanos de España4
desde su entrada en vigor el 29 de diciembre de 1978.5
La Constitución fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978, siendo
posteriormente sancionada y promulgada por el rey Juan Carlos I el 27 de diciembre
y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre del mismo año. La
promulgación de la Constitución implicó la culminación de la llamada transición a
la democracia, que tuvo lugar como consecuencia de la muerte, el 20 de noviembre de
1975, del anterior jefe de Estado, el dictador general Franco, precipitando una
serie de acontecimientos políticos e históricos que transformaron el anterior
régimen dictatorial en un «Estado social y democrático de derecho que propugna como
valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad
y el pluralismo político», tal y como proclama el artículo primero de la
Constitución.6 En él también se afianza el principio de soberanía nacional, que
reside en el pueblo,7 y se establece la monarquía parlamentaria como forma de
gobierno.8 Deroga, además, en la Disposición Derogatoria (en sus últimas páginas),
las Leyes Fundamentales del Reino, aprobadas en 1938 y modificadas en múltiples
ocasiones, la última de ellas en 1977 precisamente para abrir paso a la democracia.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y establece una organización
territorial basada en la autonomía de municipios, provincias y comunidades
autónomas,9 rigiendo entre ellos el principio de solidaridad.1011 Tras el proceso
de formación del Estado de las Autonomías, las comunidades autónomas gozan de una
autonomía de naturaleza política que configura a España como un Estado
autonómico.n. 1 Las entidades locales, como los municipios y las provincias, gozan
de una autonomía de naturaleza administrativa, y sus instituciones actúan en
conformidad con criterios de oportunidad dentro del marco legal fijado por el
Estado y las comunidades autónomas.13
El rey es el jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera
el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación
del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las
naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen
expresamente la Constitución y las leyes.14 Sus actos tienen una naturaleza
reglada, cuya validez depende del refrendo de la autoridad competente que, según el
caso, es el presidente del Gobierno, el presidente del Congreso de los Diputados, o
un ministro.15
En el texto constitucional se establece la separación de funciones (no debe
confundirse con la separación de poderes, idea fundamental del pensamiento
liberal).16 En la base, la soberanía nacional permite la elección, por sufragio
universal (varones y mujeres, mayores de 18 años),17 de los representantes del
pueblo soberano en las Cortes Generales, configuradas a modo de un bicameralismo
asimétrico, integrado por el Congreso de los Diputados y el Senado. Ambas cámaras
comparten el poder legislativo, si bien existe una preponderancia del Congreso de
los Diputados, que además es el responsable exclusivo de la investidura del
presidente del Gobierno y de su eventual cese por moción de censura o cuestión de
confianza. No obstante, tanto el Congreso como el Senado ejercen una tarea de
control político sobre el Gobierno mediante las preguntas e interpelaciones
parlamentarias.
El Gobierno, cuyo presidente es investido por el Congreso de los Diputados, dirige
el poder ejecutivo, incluyendo la administración pública. Los miembros del Gobierno
son designados por el presidente y, junto a él, componen el Consejo de Ministros,
órgano colegiado que ocupa la cúspide del poder ejecutivo. El Gobierno responde
solidariamente de su actuación política ante el Congreso de los Diputados,18 que,
dado el caso, puede destituirlo en bloque mediante una moción de censura.
El poder judicial recae en los jueces y tribunales de justicia, y el Consejo
General del Poder Judicial es su máximo órgano de gobierno. El Tribunal
Constitucional controla que las leyes y las actuaciones de la administración
pública se ajusten a la norma suprema.
Índice
1 Historia
1.1 Constitucionalismo histórico
1.2 Transición
2 Estructura
2.1 Preámbulo
2.2 Parte dogmática
2.3 Parte orgánica
3 Características
4 Título preliminar
4.1 Estado de derecho
4.2 Estado social
4.3 Estado democrático
4.4 Monarquía parlamentaria
4.5 Estado de las autonomías
5 Título I: Derechos y Deberes Fundamentales
5.1 Capítulo I: Españoles y extranjeros
5.2 Capítulo II: Derechos y libertades
5.3 Capítulo IV: Garantías de las libertades y derechos fundamentales
6 Título II: Corona
6.1 Funciones
6.2 Sucesión
6.3 Regencia
6.4 Tutela
7 Título III: Cortes Generales
7.1 Congreso de los Diputados
7.2 Senado
8 Título IV: Gobierno y Administración
8.1 Funciones
8.2 Composición
8.2.1 Presidente del Gobierno
8.2.2 Vicepresidentes
8.2.3 Ministros
8.3 Formación y cese
8.3.1 Investidura
8.3.2 Cese
8.4 Administración Pública
8.4.1 Actividad
8.4.2 Principios
9 Título V: Relaciones entre el Gobierno y las Cortes Generales
9.1 Control parlamentario
9.2 Responsabilidad política
9.3 Disolución de las Cortes
9.4 Estados
10 Título VI: Poder Judicial
10.1 Principios
10.1.1 Independencia judicial
10.1.2 Exclusividad jurisdiccional
10.1.3 Unidad jurisdiccional
10.1.4 Plenitud jurisdiccional
10.1.5 Principios procesales
10.1.6 Responsabilidad judicial
10.2 Jueces y magistrados
10.3 Consejo General del Poder Judicial
10.4 Ministerio Fiscal
11 Título VII: Economía y Hacienda
12 Título VIII: Organización territorial
12.1 Comunidades autónomas
12.2 Entidades locales
12.2.1 Municipio
12.2.2 Provincia
13 Título IX: Tribunal Constitucional
13.1 Composición
13.2 Atribuciones
14 Título X: Reforma constitucional
14.1 Procedimiento ordinario
14.2 Procedimiento agravado
15 Reformas
15.1 Reforma de 1992
15.2 Reforma de 2011
16 Véase también
17 Notas
18 Referencias
18.1 Abreviaturas
19 Bibliografía
20 Enlaces externos
Historia
Artículo principal: Historia del constitucionalismo español
Escena del Congreso de los Diputados a mediados del siglo XIX, por Eugenio Lucas
Velázquez.
La historia constitucional de España se desarrolló durante todo el siglo XIX y
principios del XX, y se caracteriza por una habitual inestabilidad de los numerosos
textos constitucionales, que suelen tener un carácter partidista y de ruptura,
contando con escaso apoyo e indiferencia entre el pueblo. Todo ello provoca que las
constituciones tuvieran, por regla general, una escasa duración, sucediéndose un
gran número de textos a lo largo de cortos períodos.
Constitucionalismo histórico
El primer texto al que conviene hacer referencia es el Estatuto de Bayona de 1808,
carta otorgada que dada su escasa aplicación y su contexto histórico, ha tenido
poca influencia en la historia del constitucionalismo español.
Más allá de este antecedente, la doctrina suele fijar el comienzo del
constitucionalismo español en la Constitución de 1812, que con un carácter liberal
y popular surge como respuesta a la invasión napoleónica. Se trataba de un texto
extenso y rígido, que reconocía la soberanía nacional y planteaba una división de
poderes en la que el legislativo recaía sobre un parlamento unicameral elegido por
sufragio universal indirecto de cuarto grado. La Corona, por su parte, gozaba de
amplias facultades ejecutivas y un poder de veto temporal sobre las decisiones del
legislativo. Fue aplicada entre 1812 y 1814; posteriormente, entre 1820 y 1823,
durante el llamado Trienio Liberal; y finalmente, durante un breve lapso temporal
en 1836.
El siguiente texto se encuentra recogido en el Estatuto Real de 1834, carta
otorgada cuya redacción fue dirigida por Francisco Martínez de la Rosa, siendo
aprobada bajo la Regencia de María Cristina. De carácter conservador, tenía por
objetivo principal la regulación de la Corona. Como principales novedades,
introdujo el bicameralismo (Estamento de Próceres y de Procuradores) y la elección
directa.
Tras el motín de La Granja de San Ildefonso y un breve periodo de vigencia de la
Constitución de Cádiz, se promulga la Constitución de 1837. El nuevo texto, de
carácter liberal, suponía una revisión de la Constitución de Cádiz en la que de
nuevo se consagraban los principios de soberanía nacional y división de poderes. No
obstante, se conservaba el veto absoluto del rey, la elección directa y el
bicameralismo parlamentario del Estatuto Real, esta vez bajo los nombres de
Congreso de los Diputados y Senado. En el primer caso, los diputados serían
elegidos por sufragio censitario directo, renovándose un cuarto de la Cámara cada
trienio. En el segundo caso, los senadores resultaban elegidos mediante un sistema
mixto por el que se designaban ternas mediante sufragio directo, escogiendo
finalmente el rey a uno de los tres candidatos a senador.
Tras la escasa aplicación práctica y observancia de la Constitución de 1837 por
parte de los poderes públicos, y alcanzada la mayoría de edad de Isabel II, se
decidió su reforma, dando lugar a la Constitución de 1845, de carácter conservador.
La nueva redacción configuraba una soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
Se conservaba la división de poderes, con un legislativo bicameral en el que el
Congreso se renovaba en pleno cada cinco años mediante sufragio censitario directo,
mientras que el Senado se constituía mediante la elección regia de entre españoles
de altísima renta y que estuviesen comprendidos entre una serie de altos cargos
eclesiásticos, militares y civiles, o bien entre la alta nobleza. Se trata de un
periodo inestable en el que la Constitución es frecuentemente reformada, llegando a
haber un proyecto de nueva Constitución que no llegó a entrar en vigor, la llamada
Constitución non nata de 1856.
Tras la Revolución de 1868, la Constitución de 1869 instauró como rey a Amadeo I y
configuró una monarquía parlamentaria que supondría un auténtico hito democrático
en la historia del constitucionalismo español. Tanto el Congreso como el Senado
resultaban electos por sufragio universal masculino y directo, aunque para ser
senador se requería la pertenencia a una determinada categoría compuesta por altos
cargos civiles, militares y eclesiásticos. Por otro lado, la Constitución configuró
una amplísima tabla de Derechos Fundamentales, tales como el derecho de reunión, de
asociación o la libertad de culto.
La ingobernabilidad del país provocó la abdicación de Amadeo I, y la proclamación
de la Primera República Española. Su Proyecto de Constitución Federal de 1873
planteaba un Estado democrático, cuyo legislativo recayera en un bicameralismo
puro. Siguiendo el modelo federalista, junto a la Constitución Federal estarían las
constituciones de los diferentes estados que se asentaban sobre el territorio, y
que contarían con la mayor parte de las competencias, reservándose el estado
federal materias como la defensa nacional y la política exterior. El proyecto de
Constitución no llegó a entrar en vigor a causa del golpe de Estado del general
Pavía en 1874.
Tras la Restauración de la monarquía, se promulgó la Constitución de 1876, cuyos
principales impulsores serían Antonio Cánovas del Castillo y Manuel Alonso
Martínez. Estableciendo al rey como eje vertebrador del Estado, le eran atribuidos
el poder ejecutivo y un poder legislativo compartido con las Cortes. Se trataba de
una monarquía constitucional en la que dependía de la voluntad regia la mayor o
menor intervención en la vida política. La ambigüedad constitucional, junto con su
carácter flexible (podía ser reformada por el procedimiento legislativo ordinario)
hizo que tuviera una larguísima vigencia.
Tras el inestable final de la Constitución de 1876 (Dictadura de Primo de Rivera,
dictablanda de Berenguer), se proclamó la Segunda República Española, cuya
Constitución de 1931 establecía una división de poderes en la que el legislativo
recaía sobre un Parlamento unicameral elegido por sufragio universal directo, y que
gozaba de un calendario fijo de sesiones, permitiendo la convocatoria
extraordinaria y la suspensión limitada de sus sesiones por parte del presidente de
la República. Por otra parte, el ejecutivo se encargaba al Presidente de la
República que era elegido por las Cortes y por unos compromisarios elegidos por
sufragio universal en número igual al de diputados. El poder legislativo tenía su
cúspide en el Tribunal Supremo, creándose también un Tribunal de Garantías
Constitucionales que resolviera la eventual inconstitucionalidad de las leyes, los
recursos de amparo y los conflictos de competencia legislativa. La organización
territorial se dividía en municipios y provincias, pudiendo constituirse regiones
autónomas, llegando a constituirse en Cataluña y País Vasco. Finalmente, hay que
destacar la completa tabla de Derechos Fundamentales que dicha Constitución
contenía, y que se asemeja en gran medida a la de la actual Constitución de 1978.
Tras la guerra civil española y la instauración del régimen franquista en 1939, el
Estado se constituyó en una dictadura de carácter personalista y centralista que
vació de poder a las Cortes, suprimió los Derechos Fundamentales y los partidos
políticos, e incluso careció de Constitución, sustituida por las denominadas Leyes
Fundamentales del Reino que configuraban la llamada Democracia orgánica, muy
alejada en forma y fondo de las democracias liberales.
Transición
Artículos principales: Transición Española y Reforma política de Adolfo Suárez.
La distribución de votos y escaños de la legislatura constituyente, perfiló un mapa
político sin mayoría absoluta de gobierno y donde las opciones más radicales no
tuvieron el éxito pretendido, y esta circunstancia colaboró en beneficio del
acuerdo constitucional.
La muerte del dictador y general Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975,
marcó el inicio del proceso de la Transición Española hacia la democracia
representativa. Dos días después de la muerte de Franco, Juan Carlos I fue
proclamado rey de España, quien había sido designado por el dictador, en virtud de
lo estipulado en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947. El 14 mayo
de 1977, Juan Carlos I se convirtió en heredero legítimo de los derechos dinásticos
de Alfonso XIII, traspasados por la renuncia de su padre don Juan. Este
reconocimiento está constatado en la Constitución, al reconocer a Juan Carlos I
como depositario de la «dinastía histórica».n. 220
En julio de 1976 se produjo el cese del presidente Carlos Arias Navarro tras
rechazar las Cortes su Plan para la reforma política. La posterior formación de un
Gobierno presidido por Adolfo Suárez González, designado por el rey según la
legislación vigente, fue la que consiguió abrir el periodo constituyente.
El Gobierno de Suárez envió a las Cortes el proyecto de ley para la Reforma
Política en octubre de 1976, que fue aprobado y, posteriormente, sometido a
referéndum siguiendo los requisitos exigidos por las Leyes Fundamentales
(señaladamente la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado). La Ley para la
Reforma Política, que era formalmente una ley fundamental, suponía una notable
alteración del ordenamiento vigente: reconocía los derechos fundamentales de la
persona como inviolables (artículo 1), confería la potestad legislativa en
exclusiva a la representación popular (artículo 2) y preveía un sistema electoral
inspirado en principios democráticos y de representación proporcional.
Posteriormente, el Real Decreto Ley 20/1977, de 18 de marzo, reguló el
procedimiento para la elección de las Cortes, recogiendo el sistema D'Hondt y la
financiación estatal de los partidos políticos. En abril del mismo año se legalizó
el Partido Comunista de España. Todo ello permitió celebrar las elecciones
generales de 1977, las primeras elecciones libres en España desde febrero de 1936.
Una de las tareas prioritarias de las Cortes fue la redacción de una constitución.
La Ley para la Reforma Política ofrecía la posibilidad de que la iniciativa de la
reforma constitucional correspondiera al Gobierno o al Congreso de los Diputados, y
se eligió esta última opción. La Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades
Públicas del Congreso de los Diputados nombró una Ponencia de siete diputados que
elaboró un anteproyecto de constitución. Estas siete personas, conocidas como los
«Padres de la Constitución», fueron Gabriel Cisneros (UCD), José Pedro Pérez-Llorca
(UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Miquel Roca i Junyent (Pacte
Democràtic per Catalunya), Manuel Fraga Iribarne (AP), Gregorio Peces-Barba (PSOE)
y Jordi Solé Tura (PSUC).
Carteles de los partidos políticos realizados con motivo del Referéndum para la
ratificación de la Constitución española.
El anteproyecto se discutió en la Comisión y fue posteriormente debatido y aprobado
por el Congreso de los Diputados el 21 de julio de 1978. A continuación, se
procedió al examen del texto del Congreso por la Comisión Constitucional del Senado
y el Pleno del mismo órgano. La discrepancia entre el texto aprobado por el
Congreso y el aprobado por el Senado hizo necesaria la intervención de una Comisión
Mixta Congreso-Senado, que elaboró un texto definitivo. Este fue votado y aprobado
el 31 de octubre de 1978 en el Congreso con 325 votos a favor (156 de UCD, 110 del
Grupo Socialista (103 de PSOE-PSC, 4 de ex-PSP y 3 de ex-PDPC), 20 del PCE, 9 de
AP, 8 del Grupo Minoría Catalana (7 de PDPC y 1 de UDC), 1 de CAIC y 7 del Grupo
Mixto (4 de ex-UCD,4, 2 de ex-PSP y 1 de Centre Català), 14 abstenciones (7 de PNV,
2 de AP, 1 del Grupo Minoría Catalana (1 de ERC), 2 de UCD y 2 del Grupo Mixto (1
de ex-UCD y 1 de ERC)) y 6 votos en contra (5 de AP y 1 de EE); asimismo hubo 5
diputados ausentes (1 de UCD, 1 de PSOE, 1 de PNV y 1 del Grupo Mixto (1 ex-UCD)).
En el Senado hubo 226 síes, 8 abstenciones, 5 noes y 14 ausencias.