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Pedro Abelardo. Si y No.

El documento presenta una introducción al texto Sic et Non de Pedro Abelardo. Explica que Abelardo compiló 158 cuestiones teológicas que presentaban opiniones contradictorias de los Santos Padres para debatirlas dialécticamente con sus estudiantes. La obra refleja el método escolástico emergente y la necesidad de ordenar y comprender la gran cantidad de conocimiento clásico y patrístico disponible en la época.

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Pedro Abelardo. Si y No.

El documento presenta una introducción al texto Sic et Non de Pedro Abelardo. Explica que Abelardo compiló 158 cuestiones teológicas que presentaban opiniones contradictorias de los Santos Padres para debatirlas dialécticamente con sus estudiantes. La obra refleja el método escolástico emergente y la necesidad de ordenar y comprender la gran cantidad de conocimiento clásico y patrístico disponible en la época.

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Como

es sabido, una de las mentalidades más imponentes de la Edad Media


es el pensamiento escolástico. La escolástica, en sentido propio, debe ser
entendida como una especie particular de didáctica para comprender las
Sagradas Escrituras y los dogmas de la fe; en sentido restringido, empero, ella
es el modus operandi de los maestros de las universidades medievales. Por
tanto, si bien ésta alcanza su consolidación y apogeo en el siglo XIII gracias a,
fundamentalmente, dos fenómenos simultáneos —el reingreso de las obras
aristotélicas a Occidente y la creación de las Universidades—, esta forma
mentis ya había comenzado a gestarse en las obras de algunos pensadores
anteriores. Acaso la más significativa de ellas sea el Sic et Non de Pedro
Abelardo.

Página 2
Pedro Abelardo

Sí y No
ePub r1.0
Titivillus 07.07.2020

Página 3
Título original: Sic et Non
Pedro Abelardo, 1121
Traducción: Carlos Domínguez

Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1

Página 4
ÍNDICE

Introducción a Sic et Non de Pedro Abelardo

Nota del traductor

PRÓLOGO

Del mismo Gelasio acerca de libros apócrifos

Comienzan las sentencias extraídas de la sagrada escritura que parecen ser


contradictorias

Notas

Página 5
Introducción

Haec quippe prima sapientiae clavis definitur, assidua scilicet seu frequens
interrogatio.
Pedro Abelardo

Pedro Abelardo (1079-1142) es una de las figuras más emblemáticas de la


historia del pensamiento. Su vida como profesor en París, el centro intelectual
más relevante de la época[1], coincide con la gran efervescencia intelectual
que significaron las primeras turbulencias sobre el tipo de realidad que se
debe asignar a los universales, lo que se conoce como la disputa de los
universales. En este punto Pedro Abelardo realiza una crítica adecuada al
realismo exagerado, a la vez que toma distancia también del realismo
moderado. Se inclina por una actitud que preanuncia a los nominalistas del
siglo XIV; en realidad, su distinción entre res, voces, sermo es propia de quien
analiza el problema desde la perspectiva que le resulta afín: la lógica-
lingüística.
En efecto, a la pregunta ¿los universales (géneros, especies) son cosas o
palabras? Abelardo, siguiendo a Boecio, responde: ni cosas ni meras palabras,
sino sermones, en tanto en ellos se predica lógicamente. Se diferenciaba así
de los más famosos maestros de su época como Guillermo de Champeaux,
que había respondido que los universales eran res, y su opuesto, Roscelin, que
los había definido como palabras (voces).
En cuanto a sus repercusiones en los siglos posteriores, la reputación que
lo precederá siempre estará ligada a su atribulada biografía[2], que hasta hoy
lo presenta como un espíritu romántico avant la lettre, aunque su catadura
intelectual, espiritual y moral nada haya tenido en realidad que ver con esa
imagen que los modernos y nuestros contemporáneos se han formado de él[3].
Los debates actuales sobre filosofía del lenguaje, metafísica, filosofía
teológica y ética no pueden dejarlo de lado. Representa uno de los puntos más
altos de la especulación filosófica, previo al reingreso de Aristóteles en
Europa por las traducciones latinas de Guillermo de Moebreke[4].

Página 6
Así como no puede reconocerse el s. XII sin el Liber Sententiarum de
Pedro Lombardo, tampoco sin su antípoda intelectual, Pedro Abelardo, quien
tiene un lugar bien ganado en lo que hoy tiende a denominarse teología
filosófica. Si no fue el inventor de la quaestio ni de la disputatio, contribuyó
significativamente a su desarrollo en teología. A poco de su muerte, el
método también se hace común en filosofía y en ciencias jurídicas.
Si bien su intento aún no tiene nada que ver con un artículo de la Summa
de santo Tomás, cuyo ordenamiento es bien conocido: Utrum o planteo de la
cuestión, Videtur quod non o inicio por las opiniones contrarias a lo que se
sostendrá, Sed contra, en el que se suma otra autoridad a la discusión, y,
finalmente, la explicación de la cuestión, Respondeo, Dicendum, éste no
resulta posible sin el esfuerzo sistemático de Abelardo. El artículo es el
producto maduro de la escolástica, en la que método y objeto se alimentan
recíprocamente, y como tal lo vemos brillar en las Summae. Pedro Abelardo,
sin duda un pre-escolástico, pertenece a la época en que culmina la
apropiación del mundo clásico, que se había casi erradicado de los territorios
que constituyeron el Imperio romano de Occidente, en razón de esa enorme y
multisecular metamorfosis que significaron las invasiones bárbaras.
En este período de transición, la Iglesia expresó la continuidad de la
Humanitas, aunque ciertamente trasvasada por el mensaje evangélico y por la
vigencia del desafío que implicaba la nueva evangelización que imponían los
hechos. Así como cristianizar el Imperio romano requirió de tres siglos, esta
nueva evangelización necesitó de por lo menos el doble: “una epopeya
multisecular de una multitud innumerable de cristianos”, con expresión de
José Orlandis[5].
Por ello, las scholae marcarán la organización del nuevo orden que surgirá
de las cenizas, pues tendrán el doble cometido de asimilar una cultura
intelectual y material que se había vuelto incomprensible (la clásica) por
siglos de barbarie y oscuridad y, en el mismo impulso, elevarán la formación
intelectual del clero. Por este motivo, la primera escolástica estará menos
interesada en descubrir nuevos conocimientos que en comprender y ordenar la
inmensa cantidad de datos que proveían a la cultura clásica en sí misma y en
su primer diálogo con el cristianismo, que denominamos Patrística.
Para ponderar adecuadamente el siglo XII, tenemos que considerar el
florecimiento económico (expansión agraria y colonización de las zonas
periféricas), la fundación de nuevos monasterios de cartujos, de agustinos, de
cistercienses y de premostratenses; y juntamente una profunda renovación de
la cultura: es el siglo en el que descuellan los cantares de gesta, la

Página 7
ornamentación escultórica de las abadías cluniacenses, la construcción de las
primeras bóvedas góticas, el auge de las escuelas y el triunfo de la
dialéctica[6]. De esta envergadura resulta el tiempo que vio prosperar a
Abelardo.
Esta situación histórica, cultural y educativa, que determinó el origen de la
institución que denominamos schola, que afectó la primera escolástica (y que
nunca dejó de actuar sobre ella, en todo su decurso histórico) implicó que su
método fuese dialéctico o discursivo y que, consecuentemente, su interés se
centrara en determinar la lógica del discurso, en un sentido que no siempre
resulta accesible a nuestra época: orden de adquisición de conocimientos.
La época que encarna Pedro Abelardo ha comenzado a tomar conciencia
que los cambios materiales de su cultura y la consolidación de los
conocimientos requieren afinar la posesión de aquellos, producir nuevos y,
entonces, desarrollar una pedagogía acorde con esta nueva realidad. Resulta
perfectamente coherente, entonces, lo que escribe Pedro Abelardo que le
requerían sus alumnos: menos memoria y más razones humanas y
filosóficas[7]; también solicitaban insistentemente adquirir modos de
comprender antes que elocuencia vacua[8].
Sic et Non (“Sí y No”) es un texto organizado en ciento cincuenta y ocho
cuestiones teológicas y responde a una necesidad que se venía presentando en
las escuelas que se consolidaban en Europa: establecer una concordancia
entre los pareceres discordantes (o aparentemente al menos) de los Santos
Padres.
Abelardo abre su obra con un Prólogo, en el que señala que se hace
necesario un ordenamiento “en la enorme cantidad de cosas que se han dicho”
y también ver de cerca las afirmaciones de los santos padres que difieren entre
sí o que así, al menos, lo parece. Por este motivo, la compilación de
Autoridades está organizada de manera que se pone de manifiesto la
oposición entre pareceres diversos (el “sí” o “a favor” y el “no” o “en contra”,
que dan título a la obra). A partir de ellos trabaja en clase dialécticamente
sobre los argumentos, lo que no presenta un panorama sobre las cuestiones
teológicas que se consideraban más importantes en la época o que estaban en
pleno debate.
Si bien no está ausente la idea de que sirva de texto de estudio a sus
estudiantes, se considera que Pedro Abelardo comenzó la tarea de
recopilación poco después de su primera condena. Parece que la primera idea
que lo movió fue contar con un repertorio de referencia de autoridades para

Página 8
argumentar a favor de su posición en los puntos controversiales de su
Trinidad y de su Cristología[9].
Si la afirmación del párrafo anterior es verdadera, la redacción de la obra
podemos ubicarla c. 1121, aunque la compilación en sí de los textos de la
autoridades seguramente es muy anterior (esto significa de paso que tenemos
escasa precisión de fechas[10]). La novedad del método no reside en hacer
patente la discordancia de pareceres entre los Santos Padres, pues se trataba
de una práctica común en las escuelas, sino en contrastarlas en cuanto resultan
opuestas (o parecían opuestas)[11]. En efecto se encontraba ya incipientemente
en sus predecesores y alcanzará su forma definitiva con Alejandro de Hales y
santo Tomás[12]. Por esta razón, en Sic et Non no presenta Pedro Abelardo su
parecer, sino un listado de citas a favor y en contra, que afectan los temas
centrales de la teología.
Los textos parecen reflejar —como dijimos— la pedagogía de Pedro
Abelardo en el aula: presentar un tema o cuestión ante los estudiantes,
dándoles argumentos a favor y en contra de la tesis; luego ellos debían
argumentar partiendo de aquellas. Aquí se encuentra germinalmente la idea
típicamente dialéctica de que la verdad se alcanza mediante la discusión de
argumentos autorizados (provenientes de Autoridades), aunque aparentemente
contradictorios.
Este Prólogo es precisamente el que ha proporcionado el sustento
intelectual para el método escolástico, pues se dan pautas para superar las
divergencias que mencionamos antes[13]. En él se presenta claramente su
cometido.
“Puesto que en la enorme cantidad de cosas que se han dicho, incluso algunas de
las afirmaciones de los santos no sólo difieren entre sí, sino que hasta parecen
contrarias, no es una empresa aventurada el someterlas a juicio ya que ellos han de
ser los jueces del mundo…”[14].

El ejercicio de interpretar no es simple posibilidad, sino tarea necesaria. Se


advierte así la impronta agustiniana que exige distinguir los diversos sentidos
de las Escrituras, y ahora, de la multisecular tradición interpretativa.
Para Pedro Abelardo resulta evidente que no puede sostenerse una tesis
filosófica sin un previo fundamento hermenéutico. En nuestro autor, esta
afirmación implica, por un lado, que la verdad que se estudia se adquiere
mediante un proceso y, por otro, que en tanto proceso no hay una posesión
definitiva. En razón de la importancia teórica y práctica que tiene el punto
anterior, Pedro Abelardo realiza una serie de precisiones hermenéuticas y

Página 9
filológicas, que constituyen, junto al método de trabajo intelectual, el gran
aporte de Sí y No.
En cuanto al estilo literario distingue dos aspectos: a) el propio de las
fuentes y b) el que se refiere al comentarista o maestro que expone. En el
primer caso, hay una aplicación del tópico de la progresiva decadencia de la
humanidad, en este caso aplicado a la comprensión en general y a la relación
con el Espíritu Santo en especial, en cuanto inspirador de las Escrituras y de
los Santos Padres. Luego llama la atención sobre el estilo elevado de los
textos que tratan cuestiones filosóficas y teológicas, después los
regionalismos y la diversidad lingüística del latín[15] y, por último, la
magnífica intuición sobre el valor diacrónico del lenguaje.
A los comentaristas y los maestros, es decir, el punto b), la recomendación
de claridad antes que de lucimiento personal[16], de cuidar las confusiones que
podría provocar ambigüedades (proporcionales a su misma riqueza) del latín
y, por último, en no dudar del recurso del vocabulario en lengua vernácula.
A modo de conclusión. Leer e interpretar están, desde el principio, en los
cimientos de nuestra historia intelectual. Los métodos para su mejor
realización han ocupado las inteligencias más claras, especialmente cuando se
trató de esclarecer el sentido de las Escrituras.
Pedro Abelardo ocupa un lugar de privilegio al destacar que la diversidad
de pareceres no oculta el error, sino que expresa la necesidad de afinar el
método filológico y de profundizar en lo sabido para encontrar los hilos
subterráneos del gran entramado de los textos. Así ha colocado la cuestión del
lenguaje en una centralidad nueva y pronto abandonada.
Aun dejando de lado el lugar común de considerarlo un pre-moderno,
ponemos el acento en que el Prólogo de Sí y No trae una idea completamente
nueva: modos de pensar el texto para transformarlo en instrumento de
conocimiento, en tanto mejor comprensión racional de las Autoridades.

Página 10
Nota del traductor

Carlos Rafael Domínguez



El trabajo tiene dos partes netamente distintas. Un prólogo del autor y una
larga serie de citas para probar su aserto.
El prólogo está en el latín típico de ese siglo. El traductor procuró
convertirlo en un español plenamente accesible para un lector moderno,
tratando de conservar en lo posible un cierto sabor medieval.
La segunda parte consiste en una larga serie de citas divididas en grupos
temáticos enunciados con claridad por el autor. El contenido de cada grupo
responde a textos escogidos de variados autores considerados como dotados
de autoridad en el seno de la teología cristiana. Con respecto a la traducción
de estos textos el traductor quiere aclarar que, a veces, su lectura puede
resultar algo difícil por carecer de una explicación contextual. Abelardo sólo
quiere poner de relieve sus contradicciones reales o aparentes.

Página 11
Pedro Abelardo

SÍ Y NO

Página 12
PRÓLOGO

Puesto que en la enorme cantidad de cosas que se han dicho, incluso algunas
de las afirmaciones de los santos no sólo difieren entre sí sino que hasta
parecen contrarias, no es una empresa aventurada el someterlas a juicio ya
que ellos han de ser los jueces del mundo, según está escrito:
Los santos juzgarán a las naciones[1]

Y además:
Os sentaréis y también seréis jueces[2]

Y no presumamos acusarlos de mentirosos o despreciarlos como si estuvieran


equivocados, pues de ellos dijo el Señor:
El que os escucha a vosotros, a mí me escucha; y el que a vosotros os desprecia,
a mí me desprecia.[3]

Apoyados, pues, en nuestra propia debilidad, debemos creer que más bien nos
ha faltado a nosotros la gracia para entender que a ellos para escribir lo que
les fue dicho por la Verdad misma.
Porque no sois vosotros los que habláis, sino el espíritu de vuestro padre que
habla por vosotros.[4]

¿Qué hay de extraño entonces que, habiéndonos faltado ese espíritu, que les
dictó y comunicó a ellos lo que han escrito, hayamos carecido de su
comprensión? Nos resulta a menudo difícil llegar a la comprensión de esos
escritos por su modo inusual de expresión y, a veces, por la diversa
significación de los mismos términos que en un lugar pueden tener una
significación y otra distinta en otro lugar. Porque cada uno muestra
abundancia de sentidos y de palabras. Como dice Tulio: “En todas las cosas la
repetición es madre de la saciedad”, es decir, genera aburrimiento; por eso es
menester que en un mismo asunto se usen distintas palabras y no se exprese
todo con términos vulgares y comunes. Como dice Agustín, se las reviste de

Página 13
ropaje para que no pierdan valor, porque las palabras son tanto más
agradables cuanto escogidas con mayor diligencia y presentadas en forma
más elaborada. A menudo también conviene cambiar las palabras en atención
a la diversidad de aquellos a quienes nos dirigimos, dado que ocurre con
frecuencia que para algunos la significación de ciertas palabras es
desconocida o poco usual. Para estos, ciertamente, deseamos exponerles la
doctrina según es preciso; hay que seguir el uso de ellos más bien que la
propiedad del lenguaje, como enseña precisamente Prisciano, príncipe de los
gramáticos y maestro de la lengua. También el bienaventurado doctor de la
Iglesia Agustín, siempre vigilante, en el Libro IV Sobre la Doctrina
Cristiana, le recomienda al maestro eclesiástico que todo lo que les dificulte
la comprensión a aquellos a quienes se dirige lo pase por alto, y no se
preocupe de la elegancia y propiedad de la lengua si puede llegar mejor sin
ellas a una más adecuada comprensión.
Sin preocuparse, dice, quien está enseñando, con cuánta elocuencia lo haga sino
con cuánta evidencia. Un deseo sincero deja a veces de lado las palabras más
rebuscadas. Por eso ha dicho alguien, tratando sobre este tipo de estilo, que hay en
él cierta cuidadosa negligencia.

Y además:
Los maestros deben prestar sumo cuidado para que si un término latino resulta
oscuro o ambiguo pero en el lenguaje llamado vulgar se evita la ambigüedad y la
oscuridad, no usen la forma de los doctos sino más bien la que suelen usar los
indoctos. Pues si nuestros traductores no tuvieron reparo en hablar de los perversos,
porque pensaron que correspondía usar el plural en un sitio aunque en latín se
utilice el singular, ¿por qué han de tener reparo los maestros piadosos, al dirigirse a
gente ruda, en usar ossum más bien que os (hueso) para que no vaya a tomaros
como el singular de boca y no el de hueso? ¿De qué sirve la pureza de la locución si
no la comprende el intelecto del oyente, puesto que no hay ninguna razón para
hablar si lo que se dice no es comprendido por aquellos a quienes les hablamos? El
que enseña, por lo tanto, ha de evitar todas aquellas palabras que no enseñan.

Y también:
Es propio de una índole elevada amar la verdad en las palabras y no las
palabras mismas. ¿De qué sirve una llave de oro si no abre lo que deseamos abrir?
¿O qué importa si la llave es de madera, si puede hacer eso, ya que no buscamos
nada más que sacar a la luz lo que está encerrado?

¿Quién puede no advertir que es temerario juzgar la capacidad e inteligencia


de alguien ya que sólo Dios conoce los corazones y los pensamientos? El
cual, para apartarnos de esta presunción nos dice:
No juzguéis y no seréis juzgados.[5]

Página 14
Y dice el Apóstol:
No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el señor, el cual aclarará lo
oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones.[6]

Es como si dijera: En estas cuestiones encomendadle el juicio a aquel que es


el único que conoce todas las cosas y escruta los más íntimos pensamientos,
acerca de lo cual, sobre sus ocultos misterios, está escrito alegóricamente
sobre el cordero pascual:
Si algo hay de sobra, consúmase con fuego.[7]

Es decir, si hay algo en los misterios divinos que no alcanzamos a


comprender reservémoslo más bien para el espíritu, por quien fue escrito, y
no intentemos interpretarlo temerariamente. También conviene tener muy en
cuenta, cuando nos presentan algunos dichos de los santos como si fueran
opuestos o ajenos a la verdad, no dejarnos engañar por alguna falsa
inscripción en el título o algún deterioro de la escritura. Pues muchos escritos
apócrifos fueron atribuidos a nombres de santos, para que tuviesen autoridad,
y hasta los mismos escritos de los testamentos divinos han sido corrompidos
por algún defecto. Por lo cual el muy fiel escritor y muy veraz intérprete
Jerónimo, escribiéndole a Leta sobre la educación de la hija, nos previno
diciendo:
Ten precaución de los apócrifos o ‘descubrimientos recientes’; si alguien quiere
leerlos no en atención a su contenido doctrinal sino por el respeto debido a su título,
que sepa que estas obras no pertenecen a aquellos cuyos nombres aparecen en los
títulos y sea muy prudente en buscar oro en el barro.

El mismo escritor, refiriéndose al título del Salmo LXXVII, que es “Salmo de


Asaf”, dice así:
Está escrito según Mateo: Habiendo hablado el Señor en parábolas y no
entendiendo ellos, etc.; estas cosas, dice, sucedieron para que se cumpliese lo que
había escrito el profeta Isaías: en parábolas abriré mi boca. Los Evangelios hasta
hoy lo dicen así, pero eso no lo dice Isaías sino Asaf.

Además, por lo tanto, digamos simplemente que fue un error de los copistas
cuando en Mateo y Juan se escribió que el Señor fue crucificado en la hora
sexta y en Marcos, que en la hora tercia, juzgando que el signo griego era una
gamma; así como fue error de los copistas escribir Isaías en vez de Asaf.
Sabemos, en efecto que la Iglesia reunió a muchos inexpertos de entre los
gentiles. Al leer en el Evangelio: Para que se cumpliera lo que estaba escrito
en el profeta Asaf, el que primero escribió el Evangelio se pregunto ¿quién es
este profeta Asaf? Su nombre no era conocido entre el pueblo. ¿Qué hizo

Página 15
entonces? Para enmendar un error, cometió otro. Digamos algo semejante de
lo que ocurrió en otro lugar según san Mateo: Devolvió las treinta monedas
de plata que era el precio acordado, como está escrito en el profeta Jeremías.
No hemos podido encontrar esto en Jeremías sino en Zacarías. Vemos,
entonces que aquí también hubo, como allá, un error.
¿Qué hay, entonces, de extraño, si también en los Evangelios hay algunos
errores por ignorancia de los copistas, que en los escritos de los padres
posteriores, que gozan de una autoridad mucho menor, eso suceda alguna
vez? Si algo quizás parece discordante con la verdad en los escritos de los
santos es un acto de piedad y humildad y debido a la caridad, que “todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta” y no sospecha con facilidad de errores
en aquellos a los que afecta, que pensemos o que ese lugar de la escritura no
ha sido debidamente interpretado o que se encuentra corrompido o bien
confesemos que no lo comprendemos.
Y creo que tampoco debe prestarse una menor atención al hecho de que
algunas cosas que se dicen sobre los escritos de los santos ya han sido
retractadas por ellos mismos y, una vez conocida la verdad, fueron corregidas,
como en muchos pasajes hizo el bienaventurado Agustín; o que hay cosas que
han dicho más siguiendo la opinión de otros que la suya propia, como el
Eclesiastés, que introduce dichos discordantes de distintas personas, y por eso
se interpreta como incitador, como da fe Gregorio en el libro IV de los
Diálogos; o bien han dejado sin tratar cosas más bien que darles una
definición cierta, como hizo el mencionado venerable doctor Agustín en su
libro Sobre el Génesis a la letra según refiere en el libro I de las
Retractaciones:
En esa obra, dice, se plantean más problemas que soluciones que se encuentran,
y de las que se encontraron, unas pocas fueron confirmadas, y las restantes
quedaron presentadas como para ser todavía investigadas

También sabemos por el testimonio del bienaventurado Jerónimo que los


doctores católicos tenían por costumbre insertar en sus comentarios algunas
pésimas opiniones de los herejes junto con las suyas propias, para cuidar el
rigor más estricto y no omitir nada de los antiguos. Por eso, contestándole al
bienaventurado Agustín, que lo había consultado sobre la interpretación de un
pasaje de la carta de Pablo a los Gálatas, dice:
Me preguntas por qué yo haya dicho, comentando la epístola de Pablo a los
Gálatas, que Pablo no podía reprender en Pedro algo que él mismo había hecho. Y
afirmas que la rivalidad apostólica no fue protocolar sino verdadera y que yo no
debo enseñar lo que es mentira. Te respondo que tu prudencia debe recordar el
breve prefacio a mis comentarios en el que, sabiendo la debilidad de mis fuerzas,

Página 16
dije haber seguido los comentarios de Orígenes. Ese insigne varón escribió
volúmenes sobre la epístola de Pablo a los Gálatas; paso por alto a Dídimo, mi
superior, y a Apolinar de Laodicea, alejado hace poco de la Iglesia, y al antiguo
hereje Alejandro, pues también ellos dejaron comentarios sobre esta cuestión. He
leído todo esto y, habiéndolo guardado en mi memoria llamé a un copista y le dicté
tanto mis opiniones como las ajenas.

Y también:
Correspondía a tu sabiduría investigar si lo que escribimos se encontraba en los
griegos; si ellos no lo habían dicho, entonces podrías condenar mi parecer,
principalmente dado que en mi prefacio confesé abiertamente haber seguido los
comentarios de Orígenes y haber dictado mis opiniones y las ajenas, dejando al
arbitrio del lector aprobarlas o desaprobarlas.

No dudamos que el bienaventurado Hilario y algunos otros santos insertaron


pasajes del mismo Orígenes y de otros herejes en sus propios escritos,
presentándonos así más bien la opinión de otros que la suya propia; lo cual
nos llegó posteriormente a nosotros no tanto por ellos mismos sino a través
del otros. Por lo cual el mencionado doctor Jerónimo, excusándose ante el
presbítero Vigilancio por haber citado o transcripto alguna vez dichos de
Orígenes:
Si esto, dice, es un delito, sea acusado el confesor Hilario, que transcribió la
interpretación de los salmos y las homilías sobre Job tomadas de sus libros.

Donde, pues, encontremos algunos cosas no conformes con la verdad o


contrarias a los escritos de otros santos, deben imputarse más bien a Orígenes
que a Hilario, aunque el mismo Hilario no aclare esto: qué es aquello, por
ejemplo, que el Salmo primero insiste en que no debe entenderse de la cabeza
(que es Cristo) sino que debe tomarse en forma general sobre cualquier otro
justo. Lo cual expresó igualmente el mismo Jerónimo en una exposición sobre
ciertos Salmos, siguiendo a Orígenes. Y no debe dudarse, según su
testimonio, que tal vez el mismo Orígenes haya escrito, exponiendo la opinión
de otros, algunas cosas llenas de grandes errores. Por eso el mismo Jerónimo,
escribiéndole al presbítero Avito, consignando numerosos errores que
Orígenes expuso en sus libros Sobre los principios, habló así sobre el
susodicho Orígenes:
Después de tan nefanda discusión, con la que lastimó la mente del lector, “Estas
cosas”, dice, “según nuestra opinión no son dogmas, sino sólo cuestiones e
hipótesis”, para que no parecieran absolutamente irrebatibles.

Así también el mismo Jerónimo dijo anteriormente que a menudo él exponía


sus opiniones y las ajenas, dejando al arbitrio del lector si deberían aprobarse
o reprobarse. También confiesa el bienaventurado Agustín, al retractarse

Página 17
corrigiendo muchas opiniones de sus propias obras, que muchas cosas las
había puesto allí más por consignar las ideas de otros que las suyas propias.
Parece que también se dicen en el Evangelio algunas cosas más según la
opinión de los hombres que según la verdad de las cosas; como cuando José
es llamado padre de Cristo por la propia madre del Señor, siguiendo la
opinión y la costumbre de la gente, al decir:
Yo y tu padre estábamos preocupados buscándote.[8]

Incluso el Apóstol habiendo seguido en muchos casos los dichos de sus


calumniadores, no se avergüenza de haberse expresado en forma distinta de lo
que sentía. Como en lo siguiente:
Nosotros, necios por Cristo; vosotros, en cambio, prudentes en Cristo.[9]

También el mismo Apóstol dice de Melquisedec que no tenía “padre ni madre


ni ascendientes” ni “principio ni fin de sus días”, porque esto está oculto a
nuestro conocimiento y no porque sea esa la realidad. Se dice también que
Samuel se apareció como un fantasma a la pitonisa, no como algo verdadero
sino como una semejanza, que les producía a los observadores una falsa
opinión. Como recuerda el bienaventurado Agustín, ese fantasma fue llamado
Samuel porque presentaba una cierta semejanza con él, así como si alguno
dice que vio en sueños la imagen de Roma porque concibió esa semejanza en
su mente.
Numerosos escritos poéticos o filosóficos presentan muchas cosas según
distintas opiniones, como si fuesen verdaderas, pero que consta que están
totalmente alejadas de la verdad. Como, por ejemplo, aquello de Ovidio:
La mies más abundante está siempre en campos ajenos,
Y el ganado del vecino es más fecundo.

También Boecio en el libro tercero de los Tópicos, cuando llama al accidente


y la sustancia los dos primeros géneros de las cosas, tuvo en cuenta más bien
una opinión que la verdad. Pues ciertamente también los filósofos hacían
muchas afirmaciones más según la opinión de otros que según la suya. Esto lo
declara manifiestamente Tulio en el libro segundo Sobre los oficios, con estas
palabras:
Mientras la justicia sin la prudencia tiene suficiente autoridad, la prudencia sin
la justicia no alcanza para generar confianza. Cuanto más versado y astuto es
alguien, tanto más es envidiado y sospechado, siendo considerado sin probidad. Por
lo cual, la justicia unida a la inteligencia tendrá todo lo necesario para inspirar
confianza en su fortaleza. La justicia sin la prudencia tendrá mucho poder, sin la
justicia, la prudencia no podrá nada. Pero para que nadie se admire de lo que es

Página 18
opinión general de los filósofos y que yo mismo expuse, que quien tiene una sola
virtud las tiene a todas y que ahora las separe de tal modo que diga que alguien
pueda ser justo no siendo prudente; una cosa es la verdad cuando se la expone en un
debate y otra cuando algo se expone para ser dicho a todos en general. Por lo cual
estamos ahora hablando como el vulgo, diciendo que algunos hombres son fuertes,
otros buenos y otros prudentes. Al hablar debemos usar palabras vulgares y de uso
común.

Finalmente el uso del lenguaje cotidiano se ajusta al juicio de los sentidos


corporales y así muchas cosas se enuncian en forma diferente de la que son.
No habiendo ningún lugar en el mundo que esté totalmente vacío y no
contenga aire o algún otro cuerpo, sin embargo, decimos que se encuentra
completamente vacía un arca en la que con la vista percibimos que no hay
nada. Considerando las cosas según lo que ven los ojos, a veces decimos que
el cielo está estrellado y a veces no; y a veces decimos que el sol está caliente
y otras veces no, o que la luna luce más o luce menos, y que a veces no luce
nada, mientras que en realidad estas cosas permanecen iguales aunque no nos
parezcan iguales a nosotros.
¿Qué hay de extraño, pues, que también los santos padres expresaran o
escribieran algunas veces algo siguiendo la opinión más que la verdad? Hay
que analizar con diligencia cuando de un mismo tema se dicen cosas diversas,
qué es lo que se entiende para afirmar un precepto, qué para la disminución de
un perdón, o qué para una exhortación a la perfección, para que encontremos
la solución de las diferencias según las distintas intenciones. Si se trata de una
orden, debemos distinguir si es general o particular, es decir, en común para
todos o en especial para algunos. Se deben distinguir también los tiempos y
las causas de las concesiones, porque a menudo lo que se concedió en un
momento en otro puede estar prohibido; y lo que comúnmente se ordena
como castigo, puede a veces moderarse con una dispensa. Estas cosas, pues,
deben distinguirse esmeradamente en la institución de los decretos y cánones
eclesiásticos. Muchas veces se encontrará una solución fácil si podemos
aclarar las mismas palabras usadas con significaciones diversas por distintos
autores.
Con todos los modos mencionados un lector diligente podrá intentar
resolver los puntos controvertidos en los escritos de los santos. Si acaso la
diferencia es tan manifiesta que no puede resolverse con ninguna razón, hay
que consultar a las autoridades y retener aquella cuyo testimonio es más
valioso y de mayor garantía. De este modo tenemos lo que escribió Isidoro al
obispo Masión:
Al final de mi carta consideré añadir lo siguiente: que cuando en las actas de los
concilios se encuentra una sentencia discordante, debe seguirse aquella sentencia

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que tiene una autoridad más antigua o mejor.

Pues consta que los mismos profetas carecieron a veces de la gracia de la


profecía y, en algunas ocasiones, creyendo tener el don de la profecía, por
propia iniciativa expusieron algunas cosas falsas, por su costumbre de
profetizar. Esto fue permitido para protección de su humildad, para que
conociesen con más certeza qué cosas procedían del espíritu de Dios y cuáles
del suyo propio, y que tenían como don, cuando lo tenían, a aquel que no sabe
mentir ni equivocarse. Aun cuando se tiene este don, así como no todos los
dones se dan a uno solo, del mismo modo no ilumina sobre todas las cosas la
mente de aquel a quien se da, sino que le revela ya una cosa ya otra, y
manifestándole una se le oculta otra. Esto lo enseña con ejemplos manifiestos
el bienaventurado Gregorio en la primera homilía sobre Ezequiel. El mismo
príncipe de los apóstoles, que brillaba con tantos dones y milagros de la
gracia divina, después de aquella promesa especial del Señor sobre la efusión
del Espíritu Santo, para enseñar toda verdad a sus discípulos, no se avergonzó
de desistir de un error grave y pernicioso, después de haber caído en él, acerca
de la circuncisión y otros ritos antiguos, habiendo sido reprendido seria y
saludablemente por su coapóstol Pablo.
Así pues, ¿qué hay de extraño si consta que los profetas y apóstoles no
estuvieron totalmente ajenos de errores, que en las numerosas obras de los
santos padres, por la antedicha razón, aparezcan dichos o escritos erróneos?
Pero no corresponde acusar a los santos como reos de mentira si a veces dicen
algunas cosas distintas de la verdad no por duplicidad sino por ignorancia; y
no debe imputarse a presunción o pecado lo que se dice por caridad y para
edificación, ya que consta que en la presencia de Dios todo se juzga según la
intención, como está escrito:
Si tu ojo es simple, todo tu cuerpo será lúcido.[10]

Y también está aquello del bienaventurado Agustín, tratando sobre La


disciplina eclesiástica:
Ten, dice, caridad y haz lo que quieras.

Y él mismo acerca de la epístola de Juan:


Los que no tienen caridad, no son de Dios. Ten todo lo que quieras; si no tienes
caridad, nada te aprovecha. Si no tienes otras cosas, ten ésta y habrás cumplido la
ley.

Igualmente:

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Por una sola vez se te da un precepto breve: ama y haz lo que quieras.

Y él mismo en el libro primero Sobre la doctrina cristiana:


A quienquiera, dice, le parezca haber entendido las escrituras divinas o una
parte de ellas, y con esa comprensión no edifique la doble caridad, de Dios y del
prójimo, todavía no las entendió. Pero quien dijere haber extraído de allí una
sentencia útil para edificar esta caridad, aunque no diga lo que se demuestra que
haya sentido el que escribió ese pasaje, no se engaña por eso perniciosamente ni de
ninguna manera miente. Porque en el mentiroso debe haber voluntad de engañar.

Y él mismo dice en Contra la mentira:


Mentira es una significación falsa en las palabras con voluntad de engañar.

Y él mismo dice en el Enquiridión, cap. XXIII:


Nadie debe ser tenido por mentiroso si dice algo falso creyendo que es
verdadero, porque, en cuanto depende de él, no engaña sino que es engañado. No
puede ser acusado de mentiroso sino tal vez de temerario el que incautamente toma
cosas falsas por verdaderas. Antes bien, por el contrario, miente quien dice algo
verdadero creyendo que es falso. Por lo que respecta a su juicio, ya que no dice lo
que piensa, no dice la verdad, aunque lo que diga resulte ser verdadero; ni de
ninguna manera está libre de mentira el que sin saberlo dice algo verdadero con la
boca, pero conscientemente tiene voluntad de mentir.

Igualmente:
Todo el que dice algo contra lo que siente en su ánimo, habla con voluntad de
engañar.

Él mismo, en el libro II Sobre los evangelios:


Si se presta la debida atención lo que hizo la madre de Jacob para que éste
engañara al padre no es una mentira sino un misterio. Una intención veraz de
ninguna manera puede considerarse una mentira.

El doctor espiritual en este lugar sólo considera la mentira en cuanto pecado,


lo que corresponde más a la intención del que habla que a la naturaleza de la
locución. Dios, que es escrutador del corazón y los riñones, toma en cuenta no
tanto lo que se hace sino la intención con que se hace. De lo que se encuentra
inmune todo el que habla según lo que sinceramente juzga y no con fraude y
duplicidad, de acuerdo con lo que está escrito:
El que se mueve en la simplicidad, se mueve con seguridad.[11]

De otro modo también el apóstol Pablo podría ser acusado de mentiroso, ya


que, siguiendo su parecer más que la verdad, escribiendo a los romanos, les
dice:

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Después de haber concluido esto y después de haberles entregado lo recogido,
partiré hacia España, pasando por entre vosotros.[12]

Una cosa es mentir y otra que el que habla se equivoque y se aparte en sus
palabras de la verdad por error y no por malicia. Y tal vez Dios permite, como
dijimos, que también esto les ocurra a los santos, en cosas que no impliquen
ningún detrimento para la fe, ya que esto no les sucede infructuosamente,
porque para ellos todas las cosas cooperan para el bien. Los mismos doctores
eclesiásticos, que trabajaron con suma diligencia y creyeron deber corregir
algunas cosas en sus obras, le concedieron a la posteridad permiso para
enmendarlas o no seguirlas, si no les fue posible a ellos retractarse o
corregirse. Por eso el mencionado doctor Agustín en el libro I de las
Retractaciones:
Está escrito, dice, que en las muchas palabras no está ausente el pecado.

Y también el apóstol Santiago:


Sea, dice, todo hombre rápido para escuchar y lento, sin embargo, para hablar.
[13]

Y además:
Todos pecamos en muchas cosas. Si alguien no peca con las palabras, este es un
varón perfecto.[14]

Y continúa Agustín:
Yo no me atribuyo ahora que soy anciano esta perfección y mucho menos cuando
comencé a escribir siendo joven.

Y él mismo dice en el prólogo del libro III Sobre la Trinidad:


No te sometas a mis escritos como si fueran escrituras canónicas, pero acepta en
ellas con fe si encontraste lo que antes ignorabas. Pero no aceptes con firmeza lo
que no tenías como cierto a no ser que lo entiendas con certeza.

Él mismo, en el libro II A Vicente Víctor:


No puedo ni debo negar que puedan encontrarse muchas cosas culposas, con
justo criterio y sin temeridad, tanto en la conducta como en mis numerosos
opúsculos.

Y también en una Carta a Vicente:


No recojas, hermano, calumnias contra testimonios divinos tan claros, de los
escritos de los obispos, sean nuestros, o de Hilario, o de Cipriano o de Agripino;
porque este género de escritos hay que distinguirlo de la autoridad del canon. Pues
no deben interpretarse de tal modo como si de ellos procediera un testimonio del que

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no fuera lícito disentir, como si quizás expresen algo distinto de lo que exige la
verdad.

Y él mismo a Fortunaciano:
Y no debemos considerar los comentarios de hombres católicos y meritorios
como si fueran Escrituras canónicas, como si no nos fuera lícito, salva la
honorabilidad que se les debe a esas personas, criticar y rechazar algo en sus
escritos, si tal vez encontráramos algo que parezca contrariar la verdad. Pienso con
respecto a esos escritos ajenos como quiero que mis lectores opinen de los míos.

Y él mismo, en el libro I, cap. XI, Contra Fausto:


No digamos de ninguna manera que Pablo haya errado y que, habiendo
progresado, cambió su parecer. Sobre estos libros puede decirse que contienen algo
no adecuado, ya que los escribimos no con la intención de ordenar algo sino para un
ejercicio de progreso.

Y también:
Pues somos aquellos a quienes les dice el mismo apóstol: Y si en algo sentís de
otra manera, Dios también os lo manifestará. Este género de escritos no debe leerse
con la necesidad de creer sino con la libertad de opinar. Sin embargo, para el
tratamiento y estudio de las cuestiones difíciles, a fin de que no se elimine algún
pasaje y se impida que llegue a la posteridad, es muy útil trabajar sobre la lengua y
el estilo. La excelencia de la autoridad canónica sobre el Antiguo y el Nuevo
Testamento, es distinta de la referida a libros posteriores, Si allí algo se ve como
absurdo, no es lícito decir que el autor de ese libro no se ajustó a la verdad; o el
códice tiene erratas o se equivocó el copista o tú no lo comprendes. Pero en los
escritos de los posteriores, que se encuentran en innumerables libros, si tal vez se
encuentren cosas que parecen estar lejos de la verdad porque no se las entiende
como fueron dichas, allí tiene el lector libertad de criterio para aprobar lo que juzga
correcto o reprobar lo que no le parece bien. Por eso todas estas cosas deben
sostenerse sólo por la recta razón o por la autoridad canónica, para demostrar o
que así fue o que pudo ser, lo que allí se discute o se narra. Si alguien no está de
acuerdo o no lo cree, no por eso debe ser reprendido.

Dice que las escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son
instrumentos, en los que sería herético afirmar la existencia de algo alejado de
la verdad. Sobre esas escrituras él mismo en la Epístola IV a Jerónimo,
menciona esto:
En la exposición de la Epístola del Apóstol Pablo a los Gálatas, encontramos
algo que nos extraña mucho. Porque si se admiten en las Sagradas Escrituras
mentiras de conveniencia, ¿cómo pude preservarse su autoridad? ¿Cómo se podrá
apelar una sentencia de esas escrituras con un argumento de suficiente peso para
desechar una falsedad?

Y también él mismo dirigiéndose al mismo destinatario sobre las mismas


escrituras:
Me parece muy funesto creer que en las escrituras alguna cosa puedan ser una

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mentira, es decir, que aquellos hombres a través de los cuales toda aquella escritura
nos fue entregada, hayan podido mentir en algo en sus libros. Pues si se admite
aunque sea una sola vez una mentira de conveniencia en una autoridad tan alta, no
quedará ninguna pequeña porción de esos libros que, según le parezca a cada uno,
no se torne difícil para las conductas o increíble para la fe, siendo atribuida esa
falsedad al parecer y conveniencia del autor.

También el bienaventurado Jerónimo entre los doctores eclesiásticos antepuso


a algunos por sobre otros; de ese modo nos aconsejó que al leerlos seamos
más críticos que seguidores. De ahí surgen sus consejos A Leta sobre la
educación de la hija:
Tenga siempre a mano, dice, el opúsculo de Cipriano; lea confiadamente las
obras de Atanasio y de Hilario; deléitese con los tratados y el ingenio de aquellos en
cuyos libros no haya dudas sobre la piedad de la fe; a los otros, léalos más bien
criticándolos que siguiéndolos.

Él mismo, sobre el Salmo 81, casi como quitándole autoridad absolutamente a


todos estos, dice:
El Señor narrará en la escritura acerca de los pueblos y los príncipes que
estuvieron en ella. No dijo que están sino que estuvieron en ella. No basta decir “de
los pueblos” sino que también dice “de los príncipes”; y ¿de qué príncipes? Los que
estuvieron. Mirad, pues, cómo la escritura santa está llena de misterios. Leemos que
dice el Apóstol: ¿Acaso buscáis una prueba de aquel que habla en mí, Cristo?[15] Lo
que dice Pablo lo dice Cristo (el que os recibe a vosotros me recibe a mí). En las
escrituras de los príncipes, en la escritura de los pueblos, que es una escritura para
todos los pueblos. Mirad lo que dice: que estuvieron, no, que están; para que,
exceptuados los apóstoles, todo lo que se diga después, no sea tenido en cuenta, no
tenga autoridad. Aunque alguien, después de los apóstoles, sea santo, por más que
sea elocuente, no lo consideres con autoridad.

Y él mismo, escribiendo A Vigilancio:


El que haya leído los opúsculos en muchos tratados debe comportarse como un
cambista experimentado y rechazase una moneda sin el sello oficial; si tiene la
imagen de Cristo, guárdese en la bolsa del corazón. No hay que tener en cuenta el
razonamiento, según está escrito. Esto se debe decir de los comentaristas: es falso
cuando no tiene la imagen del César ni tampoco la imagen clara de Cristo aunque
sea la opinión expuesta por un doctor; la doctrina debe ser: Probadlo todo y retened
lo que sea bueno.[16]

Sin embargo, esto se ha dicho de los comentaristas y no de las escrituras


canónicas, a las que es conveniente prestar fe sin duda alguna. Él mismo le
escribe A Paulino sobre los santos doctores acerca de la expresión El hombre
bueno saca del buen tesoro de su corazón:
Paso por alto a los otros, sean difuntos, o estén en esta vida, sobre los cuales
después de nosotros otros los juzgarán para bien o para mal.

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Así, una vez tratadas estas cosas, como hemos establecido, reuniremos dichos
de los santos padres según acudan a nuestra memoria, y que puedan presentar
alguna contradicción e inducir así a los jóvenes lectores a la búsqueda de la
verdad suprema, tornándose más agudos de ingenio con este tipo de
investigación. Se define como la primera clave de la sabiduría una asidua y
frecuente interrogación. Para que se la asuma con pleno afán, el más
perspicaz de todos los filósofos, Aristóteles, al referirse al predicamento de la
relación, exhorta a los estudiosos, diciendo:
Tal vez resulte difícil hablar con seguridad de estas cosas a no ser que se las
discuta a menudo. No es inútil dudar de cada cosa.

Con la duda llegamos a la investigación e investigando, percibimos la verdad.


A este respecto ha dicho la misma Verdad:
Buscad, dice, y encontraréis; llamad y se os abrirá.[17]

Para enseñarnos esto prácticamente con su propio ejemplo, alrededor de sus


doce años de edad, quiso que lo encontraran sentado en medio de los doctores
y haciéndoles preguntas, mostrándonos primeramente el aspecto del discípulo
que interroga antes que el del maestro que enseña, siendo, sin embargo, la
plena y perfecta sabiduría de Dios. Cuando se citan algunos testimonios de las
Escrituras, tanto más excitan al lector y lo incitan a buscar la verdad, cuanto
más es apreciada la autoridad de la misma escritura. Por eso nos pareció bien
añadirle a nuestro trabajo, en el que hemos compilado en un volumen, dichos
de los santos, el decreto del papa Gelasio sobre los libros auténticos, para que
se sepa que aquí no hemos incluido nada de escritos apócrifos. Hemos
añadido también algunos pasajes de las Retractaciones del bienaventurado
Agustín para que conste que acá no hemos incluido otra cosa sino lo que él ha
puesto allí.

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DECRETO DEL PAPA GELASIO
SOBRE LOS LIBROS AUTÉNTICOS

La Santa Iglesia romana, después de aquellas escrituras del Antiguo y del


Nuevo Testamento que hemos aceptado en forma regular, no prohíbe que se
reciban también éstas:
Del Santo Sínodo Niceno, donde 318 Padres, presididos por el emperador
Constantino Magno, condenaron al hereje Arrio.
Del Santo Sínodo de Constantinopla, presidido por Teodosio Augusto, en el cual
el hereje Macedio recibió la debida condena.
Del Santo Sínodo de Éfeso, en el cual fue condenado Nestorio, con acuerdo del
bienaventurado papa Celestino, presidido por Cirilo de Alejandría, obispo de la sede,
y por el obispo Arcadio, delegado desde Latalia.
Del Santo Sínodo de Calcedonia, presidido por Marciano Augusto y por
Anatolio, obispo de Constantinopla, en el cual fueron condenadas las herejías de
Nestorio y Eutiquio, juntamente con la de Dióscoro y sus seguidores.

Y si hay algunos concilios convocados por santos padres hasta aquí, de menos
autoridad que estos cuatro, decretamos que sean recibidos y conservados.
También debemos añadir obras de santos padres recibidas en la Iglesia
católica:
Las obras del bienaventurado Cipriano, mártir y obispo de Cartago.
También las obras del bienaventurado obispo Gregorio Nacianceno.
Y las obras del bienaventurado Basilio, obispo de Capadocia.
Y las obras del bienaventurado Atanasio, obispo de Alejandría.
Y las obras del bienaventurado Hilario, obispo de Poitiers.
Y las obras del bienaventurado Jerónimo, presbítero.
Y las obras del bienaventurado Juan, obispo de Constantinopla.
Y las obras del bienaventurado Teófilo, obispo de Alejandría.
Y las obras del bienaventurado Cirilo, obispo de Alejandría.
Y las obras del bienaventurado Ambrosio, obispo de Milán.
Y las obras del bienaventurado Agustín, obispo de Hipona.
Y las obras del bienaventurado Próspero, varón religiosísimo.

Y la carta del bienaventurado papa León dirigida a Flaviano, obispo de


Constantinopla: si alguien niega alguna parte, aunque sea pequeña, y no la
acepta completa conveneración, sea anatema.

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También decretamos que deben leerse las obras y tratados de todos los
padres ortodoxos, que no se desviaron en nada de la enseñanza de la santa
Iglesia romana y no fueron separados de su fiel predicación, sino que, por la
gracia de Dios, fueron partícipes de su comunión hasta el último día de su
vida.
También han de recibirse con veneración las cartas decretales, que los
muy bienaventurados papas en diversas ocasiones dirigieron desde la ciudad
de Roma para consuelo de diversos padres.
También los actos de los santos mártires, que deslumbran con sus
múltiples formas de torturas y los maravillosos triunfos de sus testimonios.
Qué católico dudaría que hubieran incluso sufrido mayores tormentos y los
hubiesen tolerado no por sus propias fuerzas sino con la gracia y ayuda de
Dios.
Pero según una antigua y autorizada costumbre, con una cautela singular,
no se deben leer en la santa Iglesia romana aquellos de los que se ignoran
completamente los nombres de quienes los escribieron o porque se juzgan
haber sido escritos por infieles o son superficiales en sus expresiones, o
menos convenientes de lo que exige el recto orden: como, por ejemplo, los
martirios de Julita y Quirico, de Jorge y otros, que parecen haber sido
compuestos por herejes. Por esta razón, como se dijo, para evitar la
posibilidad de un error, no deben leerse en la santa Iglesia romana. Nosotros
sin embargo, con la mencionada Iglesia, debemos venerar con toda devoción
a todos los gloriosos mártires y sus pasiones, que le son conocidos a Dios más
que a los hombres.
También recibimos con gran honor las vidas de los padres, de Paulo, de
Antonio, de Hilrión y de todos los ermitaños, que escribió el muy
bienaventurado Jerónimo.
También los actos del bienaventurado obispo Silvestre, obispo de la sede
apostólica, aunque ignoramos el nombre del escritor, pero sabemos sin
embargo, que fueron leídos por muchos católicos y también desde la
antigüedad otras iglesias han imitado esta costumbre.
También el escrito sobre el hallazgo de la cruz del Señor y otro escrito
sobre el hallazgo de la cabeza del bienaventurado Juan Bautista son nuevas
revelaciones y algunos católicos las leen. Pero cuando estas cosas llegan a
manos de católicos, tomen estos como advertencia la opinión del
bienaventurado Pablo: Probadlo todo y quedaos con lo que es bueno.
También Rufino, hombre muy religioso, publicó muchos libros sobre
temas eclesiásticos e hizo algunas interpretaciones de las Escrituras; pero

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como el muy bienaventurado Jerónimo señaló algunos lugares de Rufino
acerca del libre albedrío, aceptamos aquellas cosas que conocemos que
opinaba Jerónimo; y no sólo acerca de Rufino, sino también opinamos esto de
todos aquellos a quienes esta bienaventurado varón reprendió con su celo por
Dios y la práctica de la fe.
También aceptamos como que pueden leerse algunas obras de Orígenes,
que el muy bienaventurado Jerónimo no repudia; decimos que todo lo demás
de su autoría debe ser rechazado.
También la crónica de Eusebio de Cesarea y sus libros de historia
eclesiástica, aunque en el primer libro de su historia haya algunas cosas
dudosas y luego haya escrito un libro con alabanzas y disculpas sobre el
cismático Orígenes; por su narración de hechos memorables e instructivos, no
decimos que sus libros deban ser rechazados.
También alabamos a Orosio, hombre muy erudito porque escribió con
admirable brevedad cosas muy necesarias para nosotros contra las calumnias
de los paganos.
También declaramos digna de insigne alabanza la obra pascual de
Sedulio, escrita en versos heroicos.
No despreciamos sino que admiramos la trabajosa obra de Juvencio.
Por lo demás, los dichos o escritos de los herejes de ninguna manera los
acepta la Iglesia romana católica y apostólica. De ellos, unos pocos que nos
vienen a la memoria y que deben ser evitados por los católicos, creemos que
deben ser añadidos.

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DEL MISMO GELASIO ACERCA
DE LIBROS APÓCRIFOS

En primer lugar declaramos que fue y debe ser eternamente condenado el


Sínodo de Sirmio, convocado por César Constancio, hijo de Constantino,
presidido por el prefecto Tauro.

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También el Itinerario, con el nombre del apóstol Pedro,
Apócrifo
que se llama libro VIII de San Clemente
Hechos, con el nombre del apóstol Andrés Apócrifo
Hechos, con el nombre del apóstol Tomás Apócrifo
Hechos, con el nombre del apóstol Pedro Apócrifo
Hechos, con el nombre del apóstol Felipe Apócrifo
Evangelios, con el nombre de Tadeo Apócrifo
Evangelios con el nombre del apóstol Bernabé Apócrifo
Evangelios del apóstol Tomás, que utilizan los maniqueos Apócrifo
Evangelios con el nombre del apóstol Bartolomé Apócrifo
Evangelios con el nombre del apóstol Andrés Apócrifo
Evangelios que falsificó Luciano Apócrifo
Evangelios que falsificó Hesiquio Apócrifo
Libro de la infancia del Salvador Apócrifo
Libro sobre el nacimiento del Salvador y de santa María,
Apócrifo
o la partera del Salvador
Libro llamado del Pastor Apócrifo
Todos los libros que compuso Leucio, discípulo del diablo Apócrifos
El libro que es llamado El Fundamento Apócrifo
El libro que es llamado El Tesoro Apócrifo
El libro que trata sobre las hijas de Adán o Génesis Apócrifo
El Centón sobre Cristo, compuesto en versos virgilianos Apócrifo
El libro que es llamado Hechos de Tecla y Pablo Apócrifo
El libro que es llamado de Nepote Apócrifo
El libro de proverbios escrito por herejes y firmado con el nombre de san Sixto Apócrifo
Revelación, que es llamada de Pablo Apócrifo
Revelación que es llamada del apóstol Tomás Apócrifo
Revelación, que es llamada de Esteban Apócrifo
El libro que es llamado El tránsito de santa María Apócrifo
El libro que es llamado La penitencia de Adán Apócrifo
El libro con el nombre del gigante Gog, que los herejes
Apócrifo
afirman que luchó con el dragón después del Diluvio
El libro que es llamado El testamento de Job Apócrifo
El libro que es llamado La penitencia de Orígenes Apócrifo
El libro que es llamado la penitencia de Cipriano Apócrifo
El libro que es llamado de Jamne y Mambre Apócrifo
El libro que es llamado Suerte de los apóstoles Apócrifo
El libro que es llamado Alabanza de los apóstoles Apócrifo
El libro que es llamado Cánones de los apóstoles Apócrifo
El libro El Fisiólogo, escrito por herejes y firmado con el nombre de Ambrosio Apócrifo
La historia de Eusebio Pánfilo Apócrifo
Los opúsculos de Tertuliano, el Africano Apócrifos
Los opúsculos de Postuminao y Galo Apócrifos
Los opúsculo de Montano, Priscila y Maximila Apócrifos

Página 30
Todos los opúsculos del maniqueo Fausto Apócrifos
Los opúsculos del otro Clemente alejandrino Apócrifos
Los opúsculos de Casiano, sacerdote de las Galias Apócrifos
Los opúsculos de Victorino de Poitiers Apócrifos
Los opúsculos de Fausto, regente de las Galias Apócrifos
Los opúsculos de Frumencio Apócrifos
Las cartas de Abgaro a Jesús y de Jesús a Abgaro Apócrifo
La pasión de Quirico y Julita Apócrifo
La pasión de Jorge Apócrifo
Los escritos que son llamados la Contradicción de Salomón Apócrifos
Todas las filacterias, que fueron compuestas no por un ángel
Apócrifos
sino más bien por un demonio

Éstos y otros escritos similares, como los de Simón Mago, Nicolás, Cerinto,
Marción, Basílides, Ebión, Pablo de Samosata, Fotino y Donoso, que
adolecieron de errores similares, también Montano con sus obscenos
secuaces, Apolinar, Valentín el maniqueo, Fausto, Sabelio, Arrio, Macedonio,
Eunomio, Novato, Sabacio, Calisto, Donato, Eustacio, Joviano, Pelagio,
Juliano de Eclana, Celestino, Maximiano, Prisciliano, de España, Lampedio,
Dióscoro, Eutiques, Pedro y el otro Pedro, uno de los cuales mancilló a
Alejandría y el otro a Antioquía, Acacio de Constantinopla y sus partidarios,
y además todas las herejías, que enseñaron o escribieron ellos y sus discípulos
y otros cismáticos, cuyos nombres no retenemos, no sólo son repudiados sino
también eliminados por toda la Iglesia católica romana; ellos con sus autores
y los secuaces de los autores, afirmamos que deben ser condenados con el
indisoluble vínculo de un eterno anatema.

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COMIENZAN LAS SENTENCIAS EXTRAÍDAS
DE LA SAGRADA ESCRITURA QUE
PARECEN SER CONTRADICTORIAS

por este motivo esta compilación lleva el nombre de


“SIC ET NON” (Sí y No)

Q. 1: Que la fe no debe sostenerse con razones humanas. Y lo contrario

GREGORIO, EN LA HOMILÍA XXI: Debemos saber que una


operación divina, si es abarcada por la razón, no es admirable; y la fe no
tiene mérito si la razón humana le presta su experiencia.
EL MISMO A TEODÓTICO Y TEODIBERTO, REY DE LOS
FRANCOS: En los sacerdotes hay que exigir la fe y la vida; si falta la
vida, la fe.
EL MISMO, EN LA HOMILÍA V: A su orden, Pedro y Andrés, dejando
las redes, siguieron al redentor. Todavía no lo habían visto obrar milagros;
nada habían oído de sus labios acerca de un premio de recompensa eterna;
y ante el solo mandato del Señor, dejaron lo que parecían poseer.
EL MISMO EN LAS MORALES, LIB. XX: Aquí dice nuevamente:
Encontraste miel; come lo que te es suficiente, no sea que te sacies y la
vomites. El que desea comer dulzura de un conocimiento espiritual más
allá de lo que es capaz, va a vomitar también lo que ha comido, porque, si
busca entender más allá de sus fuerzas, pierde aun lo que había
comprendido bien. Y repite: Así como el que come demasiada miel, no se
siente bien, así el que escruta la majestad es oprimido por la gloria. Pues la
gloria del creador invisible, que buscada con moderación nos levanta,
investigada más allá de nuestras fuerzas, nos oprime.

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DEL LIBRO I DE AGUSTÍN CONTRA FAUSTO: Fausto: Es una vana
confesión de fe si no se cree en Cristo a no ser con testigos y argumentos.
Ya que vosotros mismos soléis decir que no se debe por curiosidad
investigar más allá porque la fe cristiana es absolutamente simple, ¿Cómo
destruís ahora la simplicidad de la fe, confirmándola con jueces y testigos?
DE LA VIDA DE SAN SILVESTRE, CUANDO A ÉL, QUE
DISPUTABA CON JUDÍOS, LE DIJO RABI IOASI: No debe
confiarse a la razón humana la fe, que te induce a creer en este Dios, que tú
confiesas como un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
AGUSTÍN, SOBRE LA FE DEL SÍMBOLO AL PAPA
LAURENCIO: Dice el profeta: Si no creyereis, no entenderéis.
Y TAMBIÉN: Cómo Dios Padre haya engendrado al Hijo no lo discutas,
ni te introduzcas curiosamente en la profundidad de este arcano, no sea
que cuanto con más pertinacia escrutes el fulgor de esta luz inaccesible,
pierdas ese exiguo vislumbre que por don divino les es concedido a los
mortales.
EL MISMO, SOBRE EL BAUSTISMO DE PÁRVULOS: Cuando se
debate una cuestión muy oscura, sin la ayuda de documentos claros y
ciertos de las escrituras divinas, la presunción humana debe abstenerse y
no inclinarse por alguna de las opiniones.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE LAS COSTUMBRES DE LA
IGLESIA, CONTRA LOS MANIQUEOS, CAP. II: El orden de la
naturaleza está constituido de tal manera que, cuando decimos algo, la
autoridad preceda a la razón; pues la razón puede parecer débil si, una vez
expuesta, debe asumir una autoridad para quedar firme.
Y TAMBIÉN: Hay innumerables cuestiones en la Sagrada Escritura que
no deben concluirse antes del fin, no sea que se termine la vida sin fe; sino
que, sencillamente, reteniendo la fe, a fin de excitar el deleite de las
mentes fieles, deben requerirse con diligencia, y lo que en ellas aparece
claro debe comunicarse sin soberbia y lo que permanece oculto debe ser
tolerado sin perjuicio de la salvación.
EL MISMO SOBRE EL SALMO XXXIX: ¿Acaso debes ser
considerado soberbio si dices: Primero quiero ver y luego creeré?

Página 33
Y TAMBIÉN: En cuestiones de fe se cree más fácilmente por testimonios
que lo que entiende la razón.
EL MISMO, SOBRE JUAN, HOMILÍA XXVII: Mi doctrina no es mía
sino de aquel que me envió. Escucha el parecer que dice: Todavía no
entendí. Ciertamente vio Cristo que no todos entenderían esta profundidad
y consecuentemente dio su consejo: ¿Quieres entender? Cree. Ya que Dios
dijo por el profeta: Si no creyereis, no entenderéis. A esto corresponde lo
que dijo a continuación: si alguno quisiera hacer su voluntad, conocerá
sobre la doctrina, si procede de Dios o yo hablo por mí mismo. Si no has
entendido, digo, cree; pues el intelecto es recompensa de la fe. Por lo tanto
no quieras entender para creer sino cree para entender, pues si no crees no
entenderás. ¿Qué significa: conocerá sobre la doctrina, es decir, entenderá?
¿Qué significa: quiere hacer su voluntad, es decir, creer? ¿Quién no sabe
que hacer la voluntad de Dios es hacer su obra? El mismo Señor en otro
lugar dice: esta es la obra de Dios, que creáis en aquel que Él envió.
EL MISMO EN LA HOMILÍA XXXVII: Por lo tanto, nosotros,
teniendo por delante la fe que sana el ojo del corazón, tomemos lo que
entendemos sin oscuridad y lo que no entendemos creámoslo sin dudar.
EL MISMO EN EL LIBRO VIII SOBRE LA TRINIDAD: Antes de
entender, debemos creer y estar vigilantes para que nuestra fe no sea
engañada. Porque si creemos en ella algo que es falso, será vana nuestra
esperanza y no será casta nuestra caridad.
AMBROSIO: Si la razón me convence, niego la fe.
JERÓNIMO, SOBRE JEREMÍAS, LIB. VI: ¿Qué quiere decir en este
lugar la edición vulgata y qué sentido puedo encontrar si no que es un
sacrilegio argumentar con el sentido humano sobre las palabras de Dios?
GREGORIO AL OBISPO DOMINGO: Estas cosas se entienden así y
deseamos que todos los herejes sean siempre rebatidos con vigor por los
sacerdotes católicos.
EL MISMO, EN LA PASTORAL, CAP. XXX: De un modo deben ser
advertidos los sabios de este siglo, y de otro modo los débiles; a aquellos
los convierten en general los argumentos de razón, a éstos los convencen
mejor a menudo los ejemplos; a aquellos realmente les aprovecha ser
vencidos en sus alegatos; a estos, a veces les es suficiente conocer hechos
laudables realizados por otros.

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EL MISMO, EN LAS MORALES, LIB. XIX: Los que se apartan de la fe
dirigen su oído a las fábulas. Los escritos de Dios en todas sus partes se
presentan ante los ojos pero hay hombres que no se dignan conocerlos.
Casi ninguno busca saber lo que creyó.
EL MISMO, A BONIFACIO: Si de ese modo, como había escuchado,
vuestra grandeza con solícita intención pensara acerca de la vida de su
alma, de ninguna manera me pediría responder sobre su fe por medio de
cartas sino personalmente, de modo que disfrutáramos vos de vuestro
razonamiento y nosotros de nuestra credulidad. Pues nosotros, si bien lo
hacemos en todos los asuntos, principalmente en estos que se refieren a
Dios, intentamos convencer a los hombres por la razón más que por
nuestra potestad.
EL PAPA NICOLÁS ANTE CONSULTAS DE LOS BÚLGAROS,
CAP. XLI: Sobre los que se niegan a recibir el bien del cristianismo no
podemos escribir otra cosa sino que los convenzáis acerca de la fe con
avisos, exhortaciones y razonamientos, más que por la fuerza.
ISIDORO, LIBRO II DE SENTENCIAS, CAP. II: La fe de ninguna
manera se impone por la fuerza, sino que se persuade con razones y
ejemplos. Aquellos a quienes se les impone violentamente, no pueden
perseverar en ella; con el ejemplo, como alguien dijo, del árbol joven; si se
dobló por la fuerza su parte superior, cuando se la deja libre, rápidamente
vuelve a su posición anterior.
HILARIO, SOBRE LA TRINIDAD, EN EL XII: Es menester que
quienes predican a Cristo para el mundo, por medio de la ciencia de la
sabiduría omnipotente, actúen en contra de las doctrinas irreligiosas e
imperfectas del mundo según aquello del Apóstol: Pues nuestras armas no
son carnales sino poderosas para Dios, para destruir las defensas de la
razón, derribando toda construcción que se levante contra el pensamiento
de Dios. No les dejó a los apóstoles una fe desnuda e indigente de razón;
pero aunque sea muy poderosa para la salvación, sin embargo, si no es
instruida por la doctrina, no tendrá en las adversidades un refugio seguro
donde recurrir, sin necesidad de buscar continuamente la seguridad; como
es un campamento para los más débiles después de huir; así como
encuentran allí una irreductible fortaleza los que ya están en él. Deben
combatirse, por lo tanto, las insolentes disposiciones contra Dios, y deben
ser destruidas las defensas de las razones falaces, y deben ser derrotados

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los ingenios levantados hacia la impiedad, no con armas carnales, sino con
armas espirituales, y no con una doctrina terrenal, sino con una sabiduría
celestial, de modo que cual es la diferencia entre las cosas divinas y las
humanas, así debe la razón celestial superar los esfuerzos terrenales.
JERÓNIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS, LIB. I,
ALABANDO A SANTA MARCELA: Conozco ciertamente, su ardor,
conozco su fe, conozco la llama que tiene en el pecho, para superar el
sexo, olvidarse de los hombres y al sonido resonante de los tambores de
los volúmenes sagrados atravesar el Mar Rojo de este mundo. Cuando está
en Roma, nunca me vio sin apresurarse a preguntarme algo sobre las
escrituras; y, a la verdad, al estilo pitagórico, no lo juzgaba
inmediatamente correcto; y para ella no valía la autoridad sin haber
intervenido la razón; sino que lo examinaba todo y consideraba todo
sagazmente de modo que yo sentía no tanto tener una discípula sino una
jueza.
AGUSTÍN, AL CONDE VALERIO, SOBRE LAS NUPCIAS Y LA
CONCUPISCENCIA: Aquello de lo que te has burlado, aunque sea con
una fe muy firme, es bueno que, sin embargo, sepas también defenderlo
para ayudar a los que creemos. Pues el apóstol Pedro nos ordenó estar
preparados para satisfacer a todo el que nos pida una razón acerca de
nuestra fe y esperanza. Y dice el apóstol Pablo: Que vuestras palabras
estén condimentadas con la sal de la gracia para que sepáis cómo
responder a cada uno.
EL MISMO, EN EL TRATADO SOBRE LA MISERICORDIA: Pedid
orando, buscad disputando, llamad rogando.
EL MISMO EN EL LIBRO SEGUNDO DE LA DOCTRINA
CRISTIANA: Restan aquellas cosas que se refieren no a los sentidos del
cuerpo sino a la razón, donde reina la disciplina del debate y el número. Es
muy importante la disciplina del debate para penetrar en todos los géneros
de cuestiones que hay en las letras santas. Sólo hay que evitar allí el placer
de reñir y esa pueril ostentación de engañar al adversario. Hay muchas
cosas que se llaman sofismas, falsas conclusiones de los razonamientos, y
muchas veces imitan tan bien a las verdaderas razones que no sólo a los
lentos sino también engañan a los ingeniosos si no están atentos. Creo que
la Escritura detesta este género de conclusiones capciosas, en aquel lugar
donde se dice: El que habla sofisticadamente es digno de odio.

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BEDA, SOBRE LA EPÍSTOLA I DEL APÓSTOL PEDRO: Santificad
al señor Cristo en vuestros corazones, estando siempre preparados para
satisfacer al que os pida la razón de la esperanza que está en nosotros, para
que queden confundidos en aquello de que os acusan quienes calumnian
vuestra vida buena en Cristo. De todos modos debemos presentar razones a
los que nos preguntan sobre nuestra fe y esperanza, para presentarles a
todos las causas justas de nuestra fe y esperanza, según nos interroguen
con buena o con mala intención; y mantengamos siempre incontaminada la
profesión de nuestra fe y esperanza aun ante las presiones de los
adversarios.

Q. 2: Que la fe es sólo de cosas no aparentes. Y lo contario

GREGORIO, HOMILÍA VI, LIB. II, SOBRE EL EVANGELIO:


Porque me habéis visto, habéis creído. Mientras que el Apóstol dice que la
fe es la sustancia de las cosas que se esperan, argumento de las que no
aparecen. Con esto queda en claro que la fe es argumento de aquellas cosas
que no pueden ser aparentes. De las que son aparentes no tenemos fe sino
conocimiento. Una cosa es ver y otra creer. La divinidad no podía ser vista
por un hombre mortal. Por lo tanto, el hombre vio y confesó a Dios,
diciendo: Dios mío y Señor mío.
EL MISMO, LIB. IV, CAP. VIII, DE LOS DIÁLOGOS: Diciendo
Pablo: la fe es la sustancia de las cosas que se esperan y argumento de las
que no aparecen, se puede afirmar con certeza que se cree aquello que no
se puede ver. Porque no puede creerse en aquello que se ve.
HAIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS: La
fe es, por lo tanto, aquella por la cual creemos con certeza lo que de
ninguna manera podemos ver. Porque si lo que creemos ya lo estamos
viendo, no hay fe sino conocimiento.
AGUSTÍN, SERMÓN LXXX, SOBRE LAS PALABRAS DEL
SEÑOR Y CIERTAS SENTENCIAS DEL APÓSTOL PABLO: El
justo vive de la fe, porque cree lo que ve; somos hijos de Dios, y todavía
no apareció lo que seremos; como todavía no apareció, es materia de fe.
Ahora, pues, es tema de fe, antes de que aparezca lo que seremos; eso lo
sabremos cuando aparezca, que seremos semejantes a él. ¿Por qué? Porque
lo veremos tal como es. El Apóstol dice que Cristo habita en nuestros

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corazones ahora por la fe y, más adelante, en realidad; ahora, por la fe,
mientras estamos en camino, en la peregrinación; mientras estamos en el
cuerpo, peregrinamos lejos del Señor; caminamos por la fe, no en la
realidad. ¿Qué será la especie? Escucha: Dios va a ser todo en todas las
cosas Todo lo que aquí buscabas, todo lo que aquí considerabas
importante, eso será Él para ti. Cuando lleguemos, lo tendremos; y
entonces será visión y no fe; será una realidad, no una esperanza;
amaremos viendo y poseyendo. Por eso será la caridad perfecta, como dice
el Apóstol: fe, esperanza y caridad, estas tres cosas; pero la mayor de estas
es la caridad. Perseverando seguros con su ayuda digamos en él: ¿Quién
nos separará de la caridad de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La
espada?, etc.
EL MISMO, LIB. II SOBRE EL BAUTISMO DE PÁRVULOS: Si era
importante ver que no mueren los que han creído, y creer que uno no va a
morir, cuánto más importante es creer de tal manera que se espere que el
que va a morir vivirá sin fin. Finalmente se les concederá a algunos que no
sientan la muerte gracias a un cambio tan repentino que sean llevados a la
presencia de Cristo junto con los resucitados y vivan así siempre con el
Señor. Y justamente para que ellos, que ya no serán sobrevivientes, crean
así sin esperar lo que no ven sino amando lo que ven. Y para ellos esta no
debe llamarse fe, dado que la fe ha sido definida como sustancia de las
cosas que se esperan y argumento de las que no son aparentes.
EL MISMO, HOMILÍA SOBRE SAN JUAN: Y ahora os digo esto,
antes de que suceda, para que cuando se realice, creáis. ¿Qué es esto que el
hombre más debe creer antes de que suceda aquello que debe creerse? Esta
es, pues, la alabanza de la fe, si lo que se cree, no se ve. Porque ¿cuál es el
mérito si se cree lo que se ve? Según aquella sentencia del Señor, cuando
reprende a un discípulo, diciendo: porque viste, has creído;
bienaventurados los que no vieron y creyeron. Pues la fe ha sido definida
así: fe es la sustancia de las cosas que se esperan, que no se ven. Por lo
tanto, ¿qué significa que creáis cuando suceda? Pues aquel mismo a quien
se le dijo: porque has visto, has creído, no creyó lo que vio; veía la carne y
creía que Dios estaba oculto en esa carne. Aunque se diga que son creídas
cosas que se ven, como alguien que dice haberle creído a sus ojos, sin
embargo no es esa la fe que se edifica en nosotros; en nosotros se trata que
de las cosas que se ven se crean las que no se ven.

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Y TAMBIÉN: Serán creyentes no con una fe nueva sino con una fe
aumentada, o, por cierto, deshecha al morir y rehecha al resucitar.
EL MISMO, EN LA HOMILÍA XXXIX: ¿Qué prometió a los
creyentes? Conoceréis la verdad. No creyeron porque conocieron, sino que
creyeron para conocer. Creemos para conocer, no conocemos para creer.
¿Qué es la fe sino creer lo que no ves? Fe es, pues, creer lo que no ves; la
verdad es ver lo que creíste; la verdad todavía se cree, no se ve.
EL MISMO EN EL LIB. II DE CUESTIONES DE LOS
EVANGELIOS: La justicia de Dios se revela en aquello de la fe a la fe.
Se entiende que la fe es aquella por la que se creen las cosas que no se ven;
pero también hay fe de las cosas, cuando se cree no sólo por las palabras
sino también por las cosas presentes algo que es futuro, cuando se
mostrará para ser contemplada en especie manifiesta la misma sabiduría de
Dios a los santos. Sobre esta fe de las cosas y de la misma luz tal vez habla
Pablo: La justicia de Dios se revela en aquello de la fe a la fe. Y dice en
otro lugar: Nosotros, esperando la gloria de Dios a cara descubierta, nos
transformamos en esa misma imagen de la gloria a la gloria. Así como
aquí dice de la gloria a la gloria allá dice de la fe a la fe; de la gloria, a
saber, del Evangelio, con la que ahora son iluminados los creyentes, a la
gloria de la verdad manifiesta.
HAIMO SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS: Y él mismo les dio
a algunos apóstoles, etc., hasta que todos lo encontremos a Cristo en la
resurrección en la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, es
decir, hasta que tengamos una única fe después de la resurrección y todos
conozcamos a Dios por igual. Porque en el siglo presente, así como hay
diversidad de ciencias, así es diversa la fe, porque uno entiende más y otro
menos acerca de Dios y, según lo que entiende y conoce, tiene fe. Pero
después de la resurrección ya no habrá diversidad de fe porque, como
todos verán a Dios por igual así también tendrán fe por igual.
BOECIO, SOBRE LA TÓPICA DE CICERÓN, LIB. I: Argumento es
la razón que da fe de una cosa dudosa. Hay muchas cosas que dan fe; pero
si no son razones no pueden ser argumentos; así la vista da fe de las cosas
que se ven, pero como la vista no es una razón, no puede ser un
argumento.

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Q. 3: Que solamente se debe creer en Dios. Y lo contrario

AGUSTÍN A LOS NEÓFITOS, HOMILÍA III: Cuando preguntamos:


¿Crees en la santa Iglesia? No preguntamos del mismo modo con respecto
a Dios y con respecto a la Iglesia santa. No dijimos que creáis en la Iglesia
como si fuera en Dios.
EL MISMO, EN EL TRATADO XXVIII, SOBRE JUAN: El Señor, en
otro lugar, dice: que creáis en aquel a quien Él envió, creáis en él, no a él;
los demonios le creían a él y no creían en él. Le creemos a Pablo y no en
Pablo; a Pedro y no en Pedro. Si se cree en el que justifica al impío, ¿qué
es creer en él? Creyendo, amarlo, creyendo preferirlo, creyendo, ir hacia él
e incorporarse a sus miembros. Esa es la fe que claramente define el
Apóstol, diciendo: la fe que obra por el amor.
EL MISMO, SOBRE EL BAUTISMO DE PÁRVULOS, LIB. I: Al que
cree en aquel que justifica al impío. Todo el que se atreviere a decir te
justifico, es lógico que diga también: cree en mí. Lo que ninguno de los
santos pudo haber dicho rectamente, a no ser el santo de los santos: creed
en Dios y creed en mí.
EL MISMO, SERMÓN X, SOBRE LA EPÍSTOLA DE JUAN: ¿En
qué más pudieron creer los demonios, para decir: sabemos que eres Hijo
de Dios? Lo que dijeron los demonios, también lo dijo Pedro: tú eres
Cristo, Hijo de Dios vivo; y escucha del Señor: bienaventurado eres Simón
Bariona, etc. Esto decían los demonios para que Cristo se retirara de ellos:
¿por qué has venido antes de tiempo a perdernos?
Y TAMBIÉN: Con amor, la fe del cristiano; sin amor, la fe del demonio.
Los que no creen son peores y más lentos que los demonios. El que no
quiere creer en Cristo ni siquiera imita a los demonios. El que cree en
Cristo pero lo odia a Cristo, tiene la confesión de la fe por temor de la pena
y no por amor de la corona. Pues también ellos temían ser castigados.
DEL SÍMBOLO DE LA FE QUE SE ENCUENTRA EN ROMA
DETRÁS DEL ALTAR DE SAN PABLO, EN UNA LÁMINA DE
PLATA SUPERPUESTA A UNA MADERA, QUE LEÓN III HIZO
COMPONER PARA PROTEGER LA FE CATÓLICA, COMO SE
DICE EN ESA MISMA PLACA: Creo en un solo Dios Padre
omnipotente, hacedor del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e
invisibles; y en un solo señor Jesucristo, hijo unigénito de Dios, que nació

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del Padre antes de todos los siglos; luz de luz, Dios verdadero de Dios
verdadero, nacido no hecho, consustancial con el Padre, por medio del cual
todas las cosas fueron hechas; por causa de nosotros los hombres y por
nuestra salvación, bajó del Cielo y se encarnó del Espíritu Santo y María
Virgen y se hizo hombre, y fue crucificado para nosotros bajo Poncio
Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las
Escrituras, y subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre, y
nuevamente ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su
reino no tendrá fin; y creo en el Espíritu Santo, señor y vivificador, que
procede del Padre, y que debe ser coadorado y coglorificado con el Padre y
el Hijo y que habló por los Profetas; y en una sola santa católica y
apostólica Iglesia. Confieso un sólo bautismo para la remisión de los
pecadores. Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo futuro.
Amén. León indigno tercero obispo hizo esto por amor y cautela de la fe
ortodoxa.
AMBROSIO, EN EL SERMÓN I, SOBRE LOS SACRAMENTOS:
Cree además el catecúmeno en la cruz del señor Jesús con la cual él mismo
se signa.
EL MISMO, EN EL SERMÓN II: Te preguntaron: ¿Crees en Dios Padre
omnipotente? Dijiste: creo, y estuviste correcto. Luego te preguntaron:
¿crees en nuestro señor Jesucristo y en su cruz? Dijiste: creo.
Y TAMBIÉN EN EL LIBRO SOBRE LOS MISTERIOS: Estás
obligado a creer en el Hijo así como en el Padre, e igualmente en el
Espíritu Santo, con la sola excepción de que debes confesar que
únicamente se debe creer en la cruz sólo del señor Jesucristo.
JERÓNIMO A PAULA Y EUSTOQUIO EN SU EXPOSICIÓN DE
LA EPÍSTOLA DE PABLO A FILEMÓN: Oigo sobre la caridad y la fe
que tienes en el señor Jesús y todos sus santos: Le creyó el pueblo al Señor
y a Moisés su siervo; se habla de una misma fe en Moisés y en Dios, ya
que estaba escrito que el pueblo que creía en el Señor creía igualmente en
el siervo. Esto no sólo se cumple en Moisés sino en todos los santos, de
modo que el que cree en Dios, no puede este recibir su fe si no cree
también en sus santos. Lo que digo es que no puede creer en Dios si
primero no cree que son verdaderas las cosas escritas sobre sus santos.
Y TAMBIÉN: No valdrá de nada ser conducido a la fe del Antiguo
Testamento a no ser que comprobare todo lo que narra la historia sobre los

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patriarcas, los profetas y otros insignes varones, para que de la fe de la ley
pase a la ley del Evangelio y se revele en él la justicia de Dios, de la fe a la
fe.
EL MISMO EN LA DISPUTA DE UN LUCIFERIANO Y UN
ORTODOXO: Dijo el luciferiano: Al laico se le debe perdonar porque
creyendo simplemente que era la iglesia de Dios, se acercó y creyendo de
acuerdo con su fe fue bautizado. Dijo el ortodoxo: afirmas una cosa nueva
diciendo que cualquiera es hecho cristiano por alguien que no es cristiano.
Acercándose a los arrianos, ¿en qué fe ha sido bautizado? Precisamente en
aquella que profesaban los arrianos. Y si ya tenía la fe correcta y, a
sabiendas, se hizo bautizar por herejes, no merece perdón por su error.
Y TAMBIÉN: Además, cuando en el baño bautismal, después de la
confesión en la Trinidad, se pregunta: ¿crees en la santa Iglesia y en la
remisión de los pecados? ¿En qué iglesia puedes decir que ha creído? ¿En
la de los arrianos? Pero esa no es la nuestra. Si fuera de la nuestra, el
bautizado no pudo creer en la que no conocía.

Q. 4: Que no hay conocimiento de las cosas no aparentes sino sólo fe. Y lo


contrario

GREGORIO, HOMILÍA VI, LIB. II, SOBRE EL EVANGELIO: Es


perfectamente claro que la fe es argumento de aquellas cosas que no
pueden ser aparentes; de las que son aparentes no hay fe sino
conocimiento.
HAIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS: La
fe, por lo tanto, es aquella por la cual creemos lo que de ninguna manera
podemos ver. Pero si lo que creemos ya lo vemos, no debe hablarse de fe
sino de conocimiento.
PABLO, EN LA EPÍSTOLA II A LOS CORINTIOS: Y nosotros
hemos creído; por eso hemos hablado; porque sabemos que el que resucitó
a Jesús, nos resucitará con Jesús y nos llevará a él con vosotros.
Y TAMBIÉN: Sabemos, pues, que si se disuelve nuestra habitación
terrenal, tenemos una morada eterna en los cielos.
AGUSTÍN, LIB. I DE LAS RETRACTACIONES: Ya dije que hay una
gran diferencia si algo se posee por una razón cierta de la mente o si se

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encomienda a la posteridad para ser creído por fama o escritos; y poco más
adelante: lo que sabemos, por lo tanto, lo debemos a la razón; lo que
creemos, a la autoridad; no debe recibirse de tal manera que temamos en el
lenguaje ordinario decir que sabemos por haber creído a testigos idóneos.
Cuando hablamos con propiedad sólo decimos saber lo que comprendemos
con una firme razón de la mente. Pero cuando hablamos con palabras,
según el uso, más precisas, no dudemos decir que sabemos lo que
percibimos por los sentidos de nuestro cuerpo y lo que le creemos a
testigos dignos de fe.
EL MISMO, A PAULINO: Es suficiente que entre ver y creer digamos
que esta es la diferencia; se ven las cosas que están presentes, se creen las
ausentes.
Y TAMBIÉN: Consta, por lo tanto, nuestra ciencia de cosas vistas y
creídas.
Y TAMBIÉN: No sin razón decimos que sabemos las cosas que hemos
visto o estamos viendo sino también aquellas que creemos movidos por
testigos idóneos.

Q. 5: Que Dios no es singular. Y lo contrario

ATANASIO, SOBRE EL SÍMBOLO DE LA FE: Sin embargo, Dios no


es tres dioses sino uno solo.
AGUSTÍN, CAP. LIX DE LAS CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
LA NUEVA LEY: Es uno, ciertamente, pero no singular; tiene
misteriosamente desde la eternidad a uno que esté con el otro.
Y TAMBIÉN: Dios Padre tiene en sí uno con otro, como dije.
AMBROSIO, AL EMPERADOR GRACIANO, SOBRE LA FE: Lo
que es de una sola sustancia no puede separarse, aunque no sea singular
sino único. La singularidad pertenece a las personas, la unidad a la
naturaleza.
HILARIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. IV: Y dijo Dios: Hagamos al
hombre a nuestra imagen y semejanza. Afirmó la comprensión de un
singular con la profesión de un conjunto. Un conjunto no puede ser algo

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para sí mismo solitario; ni la semejanza de un solitario acepta el plural
hagamos.
Y TAMBIÉN: A un solitario le corresponde haga y mía y a un no solitario
hagamos y nuestra.
Y TAMBIÉN: Confusamente apareció Dios como ángel de Dios; no por
eso no es Dios porque sea ángel de Dios; y no deja de ser ángel de Dios
porque sea Dios. Pero con la significada y manifiesta distinción de las
personas y de los misterios celestiales, se enseñó que no debe pensarse en
un dios solitario.
EL PAPA HORMISDA AL EMPERADOR JUSTINO: Conservemos
las propiedades de cada persona, de modo que no se niegue a las personas
la singularidad de la divinidad ni se transfiera a la esencia lo que es propio
de los nombres.
GREGORIO AL OBISPO LEANDRO: No es de ninguna manera
reprensible que el infante en el bautismo sea sumergido tres veces o una
vez, porque en tres inmersiones puede designarse la Trinidad de las
personas y en una, la singularidad de la divinidad.
ISIDORO, LIBRO VII DE LAS ETIMOLOGÍAS, CAP. IV: La
Trinidad está en los nombres relativos de las personas; pero la deidad no se
triplica sino que está en la singularidad; porque si se triplicara
induciríamos una pluralidad de dioses. Pero el nombre de dioses se dice en
plural en los ángeles y en los hombres santos porque no son iguales en
méritos; de ellos dice el salmo: yo dije: sois dioses. Pero del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, debido a una sola e igual divinidad, no se
muestra el nombre de dioses sino de Dios.

Q. 6: Que Dios es tripartito. Y lo contrario

AGUSTÍN, ENQUIRIDIÓN, CAP. XI: Es suficiente para el cristiano


creer que la causa de las cosas creadas no es sino la bondad del creador,
que es el único Dios; que no existe ninguna naturaleza que no sea Él o
proceda de Él, que es tripartito, a saber, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. VII, CAP. VII: No porque
Dios sea una trinidad debe juzgarse que es triple; de otro modo sería
menor en cada uno que en los tres juntamente.

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Q. 7: Que en la Trinidad no se debe hablar de varios eternos. Y lo
contrario

ATANASIO, SOBRE EL SÍMBOLO DE LA FE: Sin embargo, no son


tres eternos sino un solo eterno.
Y TAMBIÉN: Pero las tres personas enteras son coeternas y coiguales
entre sí.
AGUSTÍN, EN EL LIBRO CONTRA LOS HEREJES: El Padre es el
Padre y el Hijo es el Hijo; y este nunca fue el Padre y aquel nunca fue el
Hijo; ambos son eternos y no comenzaron a ser ni dejarán de ser.
Y TAMBIÉN: El fuego y el resplandor son temporales, pero el Padre y el
Hijo son eternos. Hay dualidad en la prole y es unidad en la deidad.
EL MISMO, EN LA LUCHA CRISTIANA: Creemos, por lo tanto, en el
Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Estos son eternos e incomunicables, es
decir un solo Dios una trinidad eterna de una única sustancia; Dios, del
cual todo procede, por el cual todo fue hecho, en el cual están todas las
cosas.

Q. 8: Que no hay una multitud de cosas en la Trinidad y que la Trinidad


no es un todo. Y lo contrario

DEL LIBRO DE LAS SENTENCIAS DE PRÓSPERO, CAP.


CCXXVIII: En la trinidad divina es tan grande la unidad de la sustancia
que conserva la unidad y no recibe pluralidad.
AGUSTÍN, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. VII, CAP. VII: En esta
trinidad, cuando hablamos de la persona del Padre, la persona del Padre no
es otra cosa que el mismo Padre. Persona se aplica a él mismo, no al Hijo o
al Espíritu Santo, como Dios y palabras semejantes. Esta sola palabra se
aplica a cada uno acerca de él mismo y se dice en plural y no en singular
cuando se aplica a todos. Decimos, pues, que el Padre es persona y el Hijo
es persona y el Espíritu Santo es persona. Sin embargo, el Padre y el Hijo
y el Espíritu Santo no son una sola persona sino tres personas. Por lo cual
hablamos de tres personas y una esencia y no predicamos un género de
varias especies ni una especie de varios individuos. Parece que puede
hablarse de tres hombres y una naturaleza; pero dos hombres son más que

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uno. Pero no son una esencia mayor el Padre y el Hijo que el Padre solo o
el Hijo solo.
Y TAMBIÉN: Un hombre solo no es tanto como tres hombres juntamente
y dos hombres son algo más que uno solo. Pero en Dios no es así; porque
no son más en cuanto a la esencia el Padre y el Hijo juntamente que el
Padre solo o el Hijo solo sino que las tres personas juntamente son iguales
a cada una.
DE LA CARTA DE LOS SANTOS AGUSTÍN Y ALIPIO AL
MÉDICO MÁXIMO THENITANO: Esta trinidad de una sola y misma
naturaleza y sustancia no menor en cada uno que en todos y no mayor en
todos que en cada uno. Y es tan grande en el Padre solo como en el Hijo
solo, como en el Padre juntamente con el Hijo y es tan grande en el
Espíritu Santo como en el Padre y el Hijo juntos.
AGUSTÍN, SOBRE JUAN, TRATADO XXXVII: Tres personas pero
no tres dioses. Hay en esto algo inefable que no puede explicarse con
palabras, como que es un número y no es un número pero son tres. ¿Qué
tres? El número falla. De este modo Dios no queda apartado del número ni
es abarcado por el número, porque son tres, como reza el número. Si
preguntas: ¿Qué tres? No hay un número. Por esto se ha dicho: grande es
nuestro Señor y grande es su virtud, etc. Cuando comienzas a pensar,
comienzas a numerar; cuando numerarás, no puedes responder qué. ¿Qué
son estos tres? Padre, Hijo y Espíritu Santo; no tres omnipotentes, no tres
creadores. Esto sólo insinúa un número que son entre sí, no que son para
sí. El Padre para sí es Dios, para sí es omnipotente; pero para sí no es
Padre sino para el Hijo; no tenemos nada para decir qué son, salvo Padre,
Hijo y Espíritu Santo.
EL MISMO, LIB. DE LAS CUESTIONES A OROSIO: Así como no
decimos tres dioses ni tres esencias, tampoco decimos tres sabidurías o tres
espíritus. El Padre es sabiduría, el Hijo es sabiduría y el Espíritu Santo es
sabiduría, sin embargo, no son tres sabidurías sino una sola y no son tres
espíritus sino una solo y no son tres esencias sino una sola porque para
ellos ser es ser sabio y ser es ser espíritu.
BOECIO SOBRE LA TRINIDAD, HABLANDO DE LA
SIMPLICIDAD DE LA SUSTANCIA DIVINA: Lo que no es, dice, esto
y esto sino solamente esto, es verdaderamente aquello que es, y en grado
sumo, que no se apoya en otro. Por lo tanto es verdaderamente uno aquello

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en lo que no hay número, nada más que aquello que es. Ni puede
transformarse en sujeto; pues es una forma, y las formas no pueden estar
sujetas.
Y TAMBIÉN: No hay en ella ninguna diversidad, ninguna pluralidad de
la diversidad, ninguna multitud de los accidentes, y por lo tanto, no hay
número.
Y TAMBIÉN: Donde no hay ninguna diferencia, no hay de ningún modo
pluralidad. Por eso tampoco hay número. Por lo tanto, sólo hay unidad.
Y TAMBIÉN: Porque el número es doble: uno es aquel con el que
contamos y otro aquel que existe en las cosas numerables.
Y TAMBIÉN: Por lo tanto, en el número con el que numeramos la
repetición de la unidad hace la pluralidad. Pero en el número de las cosas
la repetición no produce pluralidad de unidades, como si de una misma
cosa digamos una espada, un filo, una punta, es una repetición de la misma
cosa, no un enumeración de cosas diversas, como si dijera, sol, sol, sol. Si
de Dios se predica tres veces del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo no
por eso la predicación produce un número.
Y TAMBIÉN: No se dice Padre, Hijo y Espíritu Santo como de algo
múltiple; porque la punta y el filo son la misma e idéntica espada; pero el
Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son algo idéntico pero no una misma
persona: En lo cual debemos considerar algo. A los que preguntan: ¿Es el
mismo el Padre que el Hijo? De ninguna manera. Además. ¿Es lo mismo
uno que otro?: Se niega. Porque entre ellos no hay completa indiferencia.
Porque allí interviene lo que se explicó anteriormente sobre el número que
proviene de la diversidad de sujetos.
Y TAMBIÉN: Se demostró anteriormente sobre su forma que Él es una
forma y verdaderamente uno y no una pluralidad.
Y TAMBIÉN: Lo que no pertenece a la propiedad de una cosa en cuanto a
lo que ella es, no puede cambiar o alterar la predicación, ni variar
absolutamente ninguna esencia. Por lo cual, si el Padre y el Hijo no se
dicen con respecto a nada y no se diferencian sino sólo por la relación, y la
relación no se predica con respecto a lo que se predica como si ella fuese
algo sino según la cosa de la cual se dice, no causará alteridad de la cosa
de la cual se dice, sino, si así puede hablarse, de las personas, como se
interpretó, de un modo casi incomprensible.

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Y TAMBIÉN: Puesto que el Padre es Dios y el Hijo es Dios y el Espíritu
Santo es Dios, Dios no tiene diferencias por las que se distinga de Dios, y
no difiere de ninguno de ellos. Donde no hay diferencias, no hay
pluralidad. Donde no hay pluralidad, hay unidad.
Y TAMBIÉN: La unidad está constituida idóneamente por tres. Pero
como ninguna relación puede referirse a sí misma, se formó un número de
la Trinidad en lo que es la predicación de una relación, preservada la
unidad en cuanto que hay indiferencia de la sustancia o de la operación o
de todo aquello que se predica según sí mismo. Por eso la sustancia
contiene la unidad y la relación multiplica la Trinidad. Pues el Padre no es
lo mismo que el Hijo ni ambos son lo mismo que el Espíritu Santo. Sin
embargo, el mismo Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; él mismo es
justo, él mismo es bueno, él mismo es grande, él mismo es todas las cosas
que se pueden predicar según sí mismas. Porque hay que saber que la
relación no siempre se refiere a algo diferente. Porque lo igual a algo igual
es igual y lo semejante a algo semejante es semejante, y lo mismo que otra
cosa es eso mismo; y es semejante la relación en la Trinidad del Padre al
Hijo y de ambos al Espíritu Santo, de lo que es lo mismo a lo que es lo
mismo. Si esto no puede encontrarse en todas las otras cosas, esto produce
una diferencia con las cosas caducas.
ATANASIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. VI, CAP. II: Maldito el
que confiese tres distintas sustancias en las tres personas; así sea, así sea.
Y TAMBIÉN: Maldito el que por los tres nombres de las personas
confiesa tres dioses o tres sustancias o tres espíritus; así sea, así sea.
JERÓNIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA AL PAPA DÁMASO SOBRE
UNA EXPLICACIÓN DE LA FE: Rechazando a Arrio afirmamos una
sola y misma sustancia de la Trinidad.
Y TAMBIÉN: Rechazando la impiedad de Sabelio, distinguimos tres
personas expresadas por su propiedad.
Y TAMBIÉN: Confesamos no sólo los nombres, sino también las
propiedades de los nombres, es decir, las personas, o, como dicen los
griegos, las hipóstasis, es decir, subsistencias. Por lo tanto, en cuanto a la
sustancia son uno y se distinguen por las personas y los nombres.
EL MISMO, AL MISMO SOBRE UN NUEVO NOMBRE DE LAS
TRES HIPÓSTASIS: Pregunta qué puede entenderse por hipóstasis. Tres,

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nos dicen; respondemos que eso es lo que nosotros creemos. No basta el
sentido, cuestionan el nombre mismo, por no sé qué veneno se esconde en
las sílabas. Si alguien, por hipóstasis entiende una esencia, no dice una
sola hipóstasis en las tres personas, y esto es ajeno a Cristo.
Y TAMBIÉN: Toda la escuela de las letras seculares no entendió otra
cosa por hipóstasis más que esencia, y ¿quién alguna vez, pregunto, con
boca sacrílega, predicará tres sustancias? Una sola es la naturaleza de
Dios. Todo el que dice que son tres, es decir tres hipóstasis, pretende
afirmar tres naturalezas. Y si es así ¿por qué nos separamos de Arrio con
un muro y nos unimos a él en la perfidia? Debe bastarnos decir una sola
sustancia y tres personas perfectas, coiguales, coeternas. No es bueno
cuando con un mismo sentido las palabras son diferentes; no negamos que
sea correcto decir tres hipóstasis según la interpretación de ellos. Pero,
creedme, hay un veneno bajo la miel; él ángel de Satanás se transfigura en
ángel de luz.
HILARIO, SOBRE EL SALMO CXXIX: Todo el que desea creer que
Dios es corporal porque el hombre fue hecho a su imagen, determinará que
Dios es compuesto. Es necesario que todo lo que es compuesto no es
eterno porque la composición tiene inicio con los componentes.
GENADIO, SOBRE LA FE ORTODOXA: El Hijo es omousios, es
decir, consustancial con el Padre; el Espíritu Santo es omousios con el
Padre y el Hijo.
ISIDORO, ETIMOLOGÍAS, LIB. VI, CAP. IV: Se llamó Trinidad
porque se hace un todo de tres como una trinidad.
Y TAMBIÉN: En esta trinidad algunos nombres son propios y otros
simples apelativos. Son propios: esencial, como señor Dios omnipotente,
inmutable, inmortal; y son propios porque significan la propia sustancia,
en la cual son uno. Y son apelativos: Padre, Hijo y Espíritu Santo y
procedente; son los mismos y relativos.
AGUSTÍN, LIB. I SOBRE LA DOCTRINA CRISTIANA: Unas cosas
son para disfrutarlas y otras cosas son para usarlas. Las que son para
disfrutar nos hacen felices. De las que son para usar nos ayudamos para
tender a la felicidad. Disfrutar es estar adherido con amor a una cosa en
razón de ella misma: usar es servirse de algo para obtener lo que amas, si
es digno de amor. Pues un uso ilícito más bien debe denominarse abuso. Si

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queremos regresar a la patria para poder ser felices, debemos usar del
mundo, no disfrutarlo, para que puedan ver las cosas invisibles de Dios a
través de aquellas que fueron hechas. Las cosas de las que ha de gozarse,
el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, y la misma suma Trinidad; ella es
para que todos la disfruten en común, si es que se la considera una cosa y
no causa de todas las cosas, si, sin embargo, es también causa.
EL MISMO, LIB. VII SOBRE LA TRINIDAD, CAP. IV: Mientras se
entienda, aunque sea en forma de enigma, lo que se dice, parece bien que
se diga cuando se pregunta qué son los tres, cuáles son los tres que
pronuncia la fe, diciendo que el Padre no es el Hijo y el Espíritu Santo, que
es un don de Dios, y no es ni el Padre ni el Hijo.
Y TAMBIÉN: Cuando la pobreza humana intenta convertir en palabras lo
que conoce sobre el señor Dios, teme hablar de tres esencias, para que no
se entienda que haya alguna diversidad en esa suma igualdad. Ni tampoco
podía decir tres cosas, como dijo Sabelio, cayendo en herejía.
Y TAMBIÉN: Hablando de cosas inefables, para hablar de algún modo de
cosas inexplicables, nuestros griegos han dicho que hay una esencia y tres
sustancias y los latinos que hay una esencia o sustancia y tres personas,
porque, como ya dijimos, en la lengua latina se suele entender lo mismo
por esencia que por sustancia.
Y TAMBIÉN: Cuando nosotros hablamos de personas, los griegos, según
su costumbre hablan de sustancias. Así ellos dicen tres sustancias y una
esencia como nosotros decimos tres personas y una sustancia o esencia.
EL MISMO, LIB. V, CAP. VIII: Por lo cual, sostengamos
fundamentalmente que todo lo que se dice sublimidad divinamente se lo
dice sustancialmente; si se lo dice de algo no es sustancialmente sino
relativamente. Y el poder de esa sustancia es tan grande en el Padre y el
Hijo y el Espíritu Santo y todo lo que se dice singularmente de cada uno de
ellos debe tomarse no como una suma en plural sino singularmente.
Y TAMBIÉN: Todo lo que se llama Dios de cada uno se dice en forma
personal, y al mismo tiempo se dice de la misma Trinidad no en plural sino
singularmente.
Y TAMBIÉN LIB. VII, CAP. VII: El Padre en sí mismo se dice persona y
no en relación al Hijo o al Espíritu Santo.

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EL MISMO, SOBRE LA CONCORDIA DE LOS EVANGELISTAS:
Esta sentencia de que el Hijo es la palabra del Padre, deshace la herejía
sabeliana que se atrevió a decir que el Padre y el Hijo son dos nombres
pero una sola cosa. La palabra del Hijo si no es suya es de algún otro.
EL MISMO, EN LA EXPOSICIÓN DEL SÍMBOLO AL PAPA
LAURENCIO: Como el fuego celestial genera de sí mismo el esplendor
de la luz y produce vapor y, siendo tres en la realidad son una sola cosa en
la sustancia, así la Trinidad es una sola majestad.
JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO LXXXVI: Sus fundamentos están en
los montes altos. De él, ciertamente de la Iglesia de Dios. ¿Cuáles son
estos fundamentos sino el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? Habla Pablo:
como un sabio arquitecto puso los cimientos, es decir, la fe en la Trinidad.
Y en otro lugar: Esperaban una ciudad que tuviese cimientos, cuyo artífice
y fundador es Dios. ¿A qué podemos llamar los montes? A los apóstoles.
En ellos estaban los fundamentos, donde fue depositada primero la fe de la
Iglesia.
EL MISMO, SOBRE LAS TRES VIRTUDES: David en ese salmo
postula tres virtudes, diciendo: confírmame con el espíritu principal;
renueva en mis vísceras el espíritu recto; no retires de mí tu Espíritu Santo.
¿Quiénes son estos tres espíritus? El espíritu principal es el Padre; el
espíritu recto es Cristo.
EL MISMO, SOBRE EL SALMO L: El espíritu santo es el Espíritu
Santo. El espíritu recto para ver y discernir como fue antes recto en mí.
Y TAMBIÉN: Tú que lees entiende aquí la suma Trinidad; el Espíritu
Santo, es decir, el espíritu de profecía; con el espíritu principal, el Padre; el
Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo.
ORÍGENES, SOBRE LA EPIST. DE PABLO A LOS ROMANOS,
CAP. VIII: Felices los pies de los que evangelizan bienes. Preguntemos
cuáles son esos bienes, y qué les reportan a los buenos. Uno solo es el
bien, y como está en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo lo llamó bienes.

Q. 9: Que Dios no es sustancia. Y lo contrario

BOECIO, SOBRE LA TRINIDAD: Se mencionan diez predicamentos


que se predican universalmente de todas las cosas, a saber, sustancia,

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cualidad, cantidad, etc.
Y TAMBIÉN, SOBRE DIOS: La sustancia en Él no es sustancia sino
ultra-sustancia; lo mismo la cualidad y todo lo demás que pueda decirse.
Cuando decimos Dios, parece que queremos decir una sustancia, pero es
algo que está más allá de la sustancia; cuando decimos que es justo,
significamos una cualidad que no es accidental sino algo que es sustancia y
que está más allá de la sustancia. Y no es distinto en Él ser y ser justo; para
Dios el ser es el ser justo. Lo mismo cuando se dice grande y máximo,
parece que significamos una cantidad pero nos referimos a algo que es la
misma sustancia y más allá de la sustancia.
EL MISMO, SOBRE EL LIB. II DE LOS TÓPICOS: Sustancia es lo
que puede ser sujeto de todos los accidentes; la blancura no puede ser
sujeto de otros accidentes y, por lo tanto, la blancura no es una sustancia.
AGUSTÍN, LIB. VII SOBRE LA TRINIDAD, CAP. IV Y V: Si para
Dios es lo mismo ser que subsistir, no deberán decirse tres sustancias
como no se dicen tres esencias; igualmente como para Dios es lo mismo
ser que saber, dado que no se dicen tres esencias, así tampoco decimos tres
sabidurías. Y como para Él es lo mismo ser que ser Dios, no es lícito decir
tres esencias ni tres dioses. Pero si fuese para Dios distinto ser y subsistir,
como es distinto para Él ser y ser padre o ser señor (porque ser se dice
absolutamente y padre en relación al hijo y señor en relación a la criatura
que lo sirve, pues engendra y domina relativamente a otro), de ese modo la
sustancia no sería sustancia porque sería algo relativo, así como el ser de
aquello que se llama esencia, así aquello que subsiste es llamado sustancia.
Es absurdo que la sustancia se diga que es relativamente; toda cosa
subsiste absolutamente: ¿cuánto más Dios? Si es que es algo digno decir
de Dios que subsiste. Pues eso se entiende rectamente de aquellas cosas en
las que como sujeto están aquellas otras que se dice que están en un sujeto,
como el color en un cuerpo.
Y TAMBIÉN: Las cosas mutables y que no son simples no se dice que
sean sustancia. No puede decirse de ninguna manera que Dios subsista a su
bondad o que esa bondad no sea sustancia o más bien esencia o que Dios
no sea su propia bondad sino que esta esté en Él como en un sujeto. Por
eso es un abuso manifiesto llamar a Dios una sustancia, cuando, con una
palabra más usada, se dice esencia; y verdadera y propiamente es tal vez
conveniente que sólo se diga esencia. Es verdaderamente solo, porque es

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incomunicable y así le anunció su nombre a Moisés, diciendo: Yo soy el
que soy, y a ellos les dirás; el que es me envió a vosotros. Sin embargo,
sea que se diga esencia propiamente o sustancia abusivamente, ambos
términos no se dicen relativamente. Por eso para Dios es lo mismo ser que
subsistir y, por lo tanto, si la Trinidad es una sola esencia es también una
sola sustancia.
Y TAMBIÉN, EN EL MISMO CAP. DEL MISMO LIBRO: Hablando
de cosas inefables, dado que hablar podemos hacerlo de alguna manera ya
que no explicar, han dicho nuestros griegos que en Dios hay una esencia y
tres sustancias; los latinos decimos una esencia o sustancia y tres personas;
porque, como ya dijimos, en la lengua latina se suele entender lo mismo
por esencia que por sustancia.
Y TAMBIÉN: Las que se dicen personas según nuestra costumbre se
dicen sustancias según la de los griegos. Así dicen ellos tres sustancias y
una sola esencia como nosotros decimos tres personas y una sola esencia o
sustancia.
Y TAMBIÉN, LIB. V: Entendamos así a Dios, en cuanto podamos, bueno
sin calificación, grande sin cantidad, creador sin indigencia, presente sin
un sitio, contenedor de todo sin tener hábito, ubicuo sin un lugar,
sempiterno sin tiempo, sin ninguna mutación haciendo que todo cambie
sin padecer nada. Todo el que así piensa de Dios, aunque todavía no pueda
encontrar enteramente lo que sea, se retrae cuanto puede piadosamente
sentir algo que Él no sea; sin duda, es una sustancia, o usando una palabra
mejor, una esencia, que los griegos llaman usía.
JERÓNIMO A DÁMASO, SOBRE EL NUEVO NOMBRE DE TRES
HIPÓSTASIS: Preguntamos qué se puede entender por hipóstasis. Dicen
que tres personas subsistentes; respondemos que eso creemos nosotros. No
basta el sentido, cuestionan el mismo nombre, porque no sé qué veneno se
oculta en las sílabas. Pero si alguien, entendiendo que hipóstasis es usía,
dice que no hay una sola hipóstasis en las tres personas, está alejado de
Cristo.
Y TAMBIÉN: Toda la escuela de letras profanas, no entiende otra cosa
por hipóstasis sino usía. ¿Y quién alguna vez, pregunto, con boca
sacrílega, predicará tres sustancias? Una sola es la naturaleza de Dios. El
que dice tres hipóstasis trata de afirmar tres naturalezas. Y si es así, ¿por
qué nos separamos con un muro de Arrio si estamos unidos con la

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perfidia? Nos basta decir que hay una sola sustancia y tres personas
perfectas, iguales, coeternas. No es fácil decidir cuándo se usan palabras
distintas con el mismo sentido; si juzgáis correcto que debamos decir tres
hipóstasis con la interpretación de ellos, no lo negamos. Pero creedme, hay
veneno oculto bajo la miel; el ángel de Satanás se transfigura en ángel de
luz.
EL MISMO, AL MISMO: Refutando a Arrio, confesamos que es una
sola y misma la sustancia de la Trinidad.
Y TAMBIÉN: Refutando la impiedad de Sabelio distinguimos tres
personas expresadas con propiedad.
Y DESPUÉS DE ALGUNAS COSAS: Confesamos no sólo los nombres
sino también las propiedades de los nombres, es decir, las personas o,
como expresan los griegos, hipóstasis, o sea, subsistencias. Y TAMBIÉN:
Por lo tanto según la sustancia son una sola cosa y se distinguen por las
personas y los nombres.

Q. 10: Que Dios debe ser connumerado entre todas las cosas es decir, es
una entre todas. Y lo contrario

PABLO, EN LA EPISTOLA PRIMERA A LOS CORINTIOS: Todo


lo ha puesto bajo sus pies. Al decir: todas las cosas le están sujetas, sin
duda excepto aquel que todo lo sujetó a él.
AMBROSIO, SOBRE LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR: Tengamos
cuidado de que al usar la palabra “nuestro” ella no se aplique también a
algún otro; si haces tu ofrenda rectamente, no dividas rectamente; pecaste,
descansa; es decir, si no sabemos distinguir lo que es propio de la
divinidad y la encarnación; si comparamos al creador con sus obras; si
decimos que el autor de los tiempos comenzó después de los tiempos. No
puede ser que aquel por quien todas las cosas fueron hechas sea uno más
entre todos. No nos creáis a nosotros, os remito a la Escritura; yo no digo
por mi propia cuenta que en el principio era el Verbo, sino que lo oigo; yo
no invento sino que leo lo que todos leemos pero no comprendemos; y
cuando se lee, todos oímos. En el principio era el Verbo, es decir, que
permanezca el Cielo. Finalmente, en el principio hizo Dios el Cielo y la
Tierra; una cosa es “hizo” y otra cosa es “era”. Lo que es hecho comienza;
lo que era, no tuvo principio sino que existió desde antes. Permanezcan

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también los tiempos, porque después del cielo, los tiempos. Permanezcan
también los ángeles, aunque no encuentro el principio de ellos, pero ya era
el Verbo cuando no existían ellos. Por lo tanto, si no puedo encontrar el
principio de aquellos que ciertamente tuvieron principio, ¿cómo puedo
encontrar el principio del Verbo, del cual procede todo principio no sólo
de las criaturas sino también de nuestros pensamientos?
EL MISMO, SOBRE LA FE, A GRACIANO, LIB. VI: El Espíritu
Santo no está entre todas las cosas sino sobre todas las cosas.
Y TAMBIÉN: El Espíritu es todas las cosas porque él no está para servir,
como todas ellas. Es claro que todas las cosas están para servir, como está
escrito: todas las cosas están a tu servicio. Así dijo la boca del Espíritu por
el profeta. Por lo tanto estando todas las cosas al servicio, si el Espíritu no
está al servicio, ciertamente el Espíritu Santo no está entre todas las cosas.
Y TAMBIÉN: Dice la Escritura que todas las cosas fueron hechas por el
Hijo. No diciéndose que el Espíritu Santo haya sido hecho, no puede
probarse ciertamente que esté entre todas las cosas. Y también está escrito:
Para nosotros hay un solo Dios Padre, del cual proceden todas las cosas y
nosotros, por medio de Él; y el señor Jesucristo, por medio del cual todas
las cosas fueron hechas, y nosotros también. Cuando dice: Jesús, por
medio del cual todas las cosas, ciertamente se excluye al Hijo de Dios de
todas las cosas así como se excluye al Padre. Por eso los que juzgan que el
Espíritu debe numerarse entre todas las cosas, porque leen que todas las
cosas fueron hechas por medio del Hijo, juzguen entonces que también
debe nombrarse el Hijo entre todas las cosas, porque leen que todas las
cosas proceden de Dios.

Q. 11: Que las divinas personas difieren unas de otras. Y lo contrario

ATANASIO, SOBR EL SÍMBOLO DE LA FE: Una es la persona del


Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo.
Y TAMBIÉN: El Padre no fue hecho por nadie, ni creado, ni engendrado.
El Hijo no fue hecho ni creado sino engendrado por sólo el Padre. El
Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y no fue creado ni engendrado.
EL PAPA LEÓN, EN EL SERMÓN DE PENTECOSTÉS: En la
Trinidad divina no hay nada disímil y nada desigual.

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AMBROSIO, SOBRE LA FE, A GRACIANO, LIB. II: El Apóstol dice
que Cristo es la imagen del Padre. Arrio dice que es disímil y pretende que
el Padre haya engendrado algo no semejante a Él, como si hubiese sido
impotente para generar algo semejante a Él.
Y TAMBIÉN: Imagen significa que no es disímil.
AGUSTÍN, CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y DE LA NUEVA
LEY, CAP. CXLVIII: El que me ve a mí ve también al Padre, porque son
uno solo por naturaleza el Padre y el Hijo, es decir, que no discrepan en
nada el uno y el otro.
EL MISMO, CAP. LVIII: El que ve a uno ve a los tres, pues en nada
difiere el uno de otro.
HILARIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. I: Dios de Dios, unigénito del
ingénito, no diferente en nada uno de otro, porque la vida del viviente está
en el vivo.
Y TAMBIÉN, LIB. IV: Cuando leemos: Hagamos al hombre a imagen y
semejanza nuestra, esas palabras significan que es más de uno y no un
solitario pero tampoco significa diferente y nosotros debemos confesar que
no es solitario ni diverso; y porque dice nuestra imagen y no nuestras
imágenes, se conoce que hay una sola propiedad de naturaleza en ambos.

Q. 12: Que en la Trinidad cada uno es uno con el otro. Y lo contrario

HIMNO AMBROSIANO PARA LA HORA TERCIA: Ahora es para


nosotros el Espíritu Santo, uno solo del Padre con el Hijo.
JERÓNIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS, LIB. II: El
cual, siendo uno con el Padre según Dios, se entiende que es distinto en
cuanto al oficio de mediador.
HILARIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. I, HABLANDO DEL
PADRE Y EL HIJO: Según nuestra fe son ambos una sola cosa pero no
una sola persona.

Q. 13: Que Dios Padre es causa del Hijo. Y lo contrario

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AGUSTÍN, LIB. I, SOBRE EL GÉNESIS, CONTRA LAS
CALUMNIAS DE LOS MANIQUEOS: Al que dice: ¿por qué hizo Dios
el Cielo y la Tierra? Se le debe responder: porque quiso. La voluntad de
Dios es la causa del Cielo y de la Tierra, y, por la tanto, es mayor que el
Cielo y la Tierra. Pero el que dice: ¿por qué quiso? Este pregunta por algo
más que la voluntad de Dios. Pero nada mayor que eso puede encontrarse.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE LAS OCHENTA Y TRES
CUESTIONES, CAP. XXX: El que pregunta: ¿por qué quiso Dios hacer
el mundo? Busca la causa de la voluntad de Dios. Pero toda causa es
eficiente. Y lo que es eficiente es mayor que lo que es hecho. Nada hay
mayor que la voluntad de Dios. No debe entonces buscarse su causa.
EL MISMO, EN EL LIB. VII DE LAS CONFESIONES,
HABLÁNDOLE A DIOS: No eres obligado a algo contra tu voluntad,
porque tu voluntad no es mayor que tu potencia; sería mayor si tú fueses
mayor que tú mismo.
Y TAMBIÉN: Dios mismo es su voluntad y su potencia.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE LAS OCHENTA Y TRES
CUESTIONES, HABLANDO SOBRE EL HIJO DE DIOS: Dios es la
causa de todo lo que es. Pero lo que es causa de todas las cosas, también es
causa de su sabiduría; pero Dios nunca estuvo sin sabiduría. Es entonces
causa sempiterna de su sabiduría sempiterna y no es anterior en el tiempo a
su sabiduría.

Q. 14: Que el Hijo no tuvo principio. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO CIX “CONTIGO EL


PRINCIPIO”: El Padre es principio y también el Hijo es principio. Pues
el principio no tiene principio; si tuviese otro principio, él dejaría de ser
principio. Todo lo que le damos al Padre, démoselo también al Hijo. Si el
Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre y todas las cosas del Padre son
del Hijo y todas las cosas del Hijo son del Padre y también el principio del
Padre es principio del Hijo. Por eso lo que dice es esto: en el momento en
que padecías y decías: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,
hablabas con afecto de hombre, y no rogabas como impotente. Contigo era
el principio, contigo era la divinidad y solicitabas auxilio para que, una vez
recibido, se lo dieses a tus santos para que también ellos resplandecieran.

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Y TAMBIÉN: Habla como hombre; si asumió un cuerpo de hombre, es
necesario que también asuma las palabras de un hombre.
FULGENCIO, EN EL LIB. SOBRE LA INMENSIDAD DEL HIJO
DE DIOS: En el principio era el Verbo. ¿O tal vez, porque en el principio
había algo, nos atreveremos a asignarle al Hijo un principio de existencia,
y no creer, por lo tanto, que haya nacido sin principio? Lejos de nosotros.
Él mismo dijo: Yo soy alfa y omega, principio y fin; pues él comenzó todo
lo que iba a hacerse y lo llevó a la perfección. Creemos, por eso, que el
Hijo de Dios fue engendrado de la sustancia del Padre sin ningún inicio de
su nacimiento.
JUAN CRISÓSTOMO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
HEBREOS, EN EL SERMÓN XII: ¿Cómo Melquisedec no tuvo
comienzo de sus días ni fin de su vida? ¿Cómo? De él no se narra la
genealogía. Así también en Cristo, su naturaleza es sin inicio y sin fin. Así
como de este no conocemos ni el inicio ni el fin de su vida, así tampoco
conocemos el principio o el fin del Hijo.
Y TAMBIÉN: Ves al Hijo sin un principio, no porque no tenga una causa
de la que proceda; esto es imposible; pues tiene un padre; de otro modo
¿cómo puede ser hijo? Sino porque no tiene ni principio ni fin de la vida.
EL MISMO, EN LA EXPOSICIÓN DEL SÍMBOLO QUE
COMIENZA ASÍ “LA IGLESIA UNIVERSAL SE ALEGRA”:
Confesamos que este único Hijo de Dios nació y fue engendrado de la
sustancia del Padre y decimos que tuvo inicio desde el Padre.
AGUSTÍN, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. V, CAP. XIII: Padre se dice
relativamente y también principio se dice relativamente; Padre se dice con
relación al Hijo, y principio con relación a todo lo que procede de Él.
Y TAMBIÉN: El Hijo es llamado principio. Cuando se le dijo: ¿Tú quién
eres? Respondió: El principio que les está hablando a ustedes. Quiso
mostrarse como creador al decir que era el principio, así como el Padre es
principio de la criatura, porque de Él proceden todas las cosas.
Y TAMBIÉN: Dios se dice que es un único principio con relación a todas
las criaturas y que no hay dos o tres principios. Sin embargo, en la misma
Trinidad, el que engendra es principio con respecto a lo que engendra; el
Padre es principio con respecto al Hijo, porque lo engendra. Si también el

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Padre sea principio para el Espíritu, puesto que se dijo: procede del Padre,
esa es una pregunta no pequeña.
EL MISMO, DESPUÉS DE OTRAS COSAS, EN EL CAPÍTULO
SIGUIENTE: Si lo que es dado tiene principio en el que da, hay que
confesar que el Padre y el Hijo son principio del Espíritu Santo.
Y TAMBIÉN: Procede de otro el que procede del Hijo. Pero de toda
divinidad, o mejor, de toda deidad, el principio es el Padre.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
DE LA NUEVA LEY, CAP. LVIII: Cabeza del Hijo es el Padre y cabeza
del Espíritu Santo es el Hijo, porque procedió de él, y así como el Padre
envió al Hijo, así el Hijo envió al Espíritu Santo.
EL MISMO, CAP. XXIV: El hombre fue hecho a imagen de Dios para
que así como de un solo Dios proceden todas las cosas, así de un solo
hombre proceda todo el género humano. La mujer fue hecha del varón
para que por medio de ella se originaran los nacimientos; y el Hijo de Dios
nació para que por su intermedio se hiciese la creación.
EL MISMO, CAP. XCIV: Nadie entre los fieles duda que el Hijo
perfecto de Dios nació de Dios. Recibió todo lo de la divinidad paterna al
nacer de Dios Padre. Entonces recibió el nombre que está sobre todo
nombre, es decir, para que por él se signifique lo mismo que el Padre,
Dios. Nada acerca de él se considera futuro: tiene ante sí todas las cosas.
Nació para crear y restaurar todas las cosas. El orden y la razón piden que
ante el nombre paterno se doble toda rodilla. Esto se lo entregó al Hijo por
todo aquello que iba a obrar; se lo dio cuando lo engendró. Lo engendró de
modo que tuviese el mismo honor que el mismo Padre.
GENADIO, SOBRE LA FE ORTODOXA DE LOS DOGMAS
ECLESIÁSTICOS, CAP. I: Creemos que son un solo Dios el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo; Hijo, porque tiene un Padre; Espíritu Santo,
porque procede del Padre y del Hijo. El Padre, por lo tanto, es principio de
la deidad, del cual nació el Hijo y del cual el Espíritu Santo no nació sino
que procede, Dios, de Dios Padre y Dios Hijo.

Q. 15: Que Dios no se engendró a sí mismo o que también se dice que el


Hijo fue hecho o creado según la divinidad o que el Padre precede según
cierto principado y autoridad. Y lo contrario

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AGUSTÍN, EN EL I SOBRE LA TRINIDAD: El que juzga que un Dios
de esta potencia se haya engendrado a sí mismo, se equivoca grandemente
porque no sólo esto no sucede con Dios sino con ninguna criatura ni
espiritual ni corporal. Pues no hay ninguna cosa que se engendre a sí
misma.
EL MISMO EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
DE LA NUEVA LEY, CAP. VIII: Dios es perfección y no necesita de
nada. ¿Qué se necesitó para que naciera Cristo? Dios Padre, cuando quiso
que existieran las cosas que no eran, mostrando así una obra digna de su
majestad, con anterioridad generó de sí un hijo en el cual él mismo se
reflejara para que hubiera un efecto que respondiera en forma congruente a
su grandeza. ¿Qué más podía hacer, siendo perfecto, que generar otro
semejante a Él? Esta es, pues, una obra tan perfecta que no puede
encontrarse otra mayor. Dios, de quien proceden todas las cosas, por su
voluntad, con anterioridad a la creación, generó un hijo a quien tenía
misteriosamente en sí o junto a sí, por medio del cual haría las cosas que
fueron hechas, para mostrar a la creación el misterio que estuvo oculto en
Él desde la eternidad, como dice el Apóstol.
EL MISMO, CAP. CXLVIII: Dios omnipotente, siendo eminente en
grandeza y bondad, debía producir y exhibir desde sí mismo algo
máximamente bueno. Pero si hubiese producido algo inferior a su
excelencia, hubiera parecido que o bien no hubiese podido, lo que no se
condice con su omnipotencia, o no hubiese querido, lo que contradice a su
máxima benignidad. Ciertamente, para el Dios supremo no hubiera sido
producir algo grande si no hubiese sido algo que tuviese en sí toda la
potencia de su supremacía. Nada había por encima de Él. Nada hay que
pueda vencer a Dios. Debajo de sí hubiera sido poco, porque no era
congruente que fuese algo menor que lo máximo. Creando, por lo tanto, un
hijo absolutamente semejante a sí produjo desde sí mismo como si fuera
una réplica de sí mismo.
Y TAMBIÉN: Y así tuvo un hijo congruente en su totalidad con una
semejanza suya, es decir, el único tuvo un único, el feliz, otro feliz, el
máximo, otro máximo, el eterno, otro eterno; tuvo, por lo tanto, antes de la
creación del mundo, el principado de su descendencia, dando ejemplo a las
cosas que serían para que engendrasen gérmenes que se asemejasen a sus
semillas. El orden legítimo no exigía otra cosa sino que el que de sí

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mismo. Iba a ser padre de las cosas tenía que ser un padre propio de Él, es
decir, algo engendrado de sí mismo.
Y TAMBIÉN: Sacó de sí y produjo lo que siempre tuvo en sí y consigo;
como si dijéramos que la luz nace del sol porque de él procede, pero no
como si alguna vez el sol hubiese podido carecer de luz.
EL MISMO, EN EL LIBRO CONTRA ALGUNOS HEREJES:
Hermes, que en latín se llama Mercurio, escribió un libro con el título de
“Logos Tileos”, es decir, el verbo perfecto. Un gran nombre el de este
libro, porque es grande aquel de quien trata. Oigamos lo que dice del verbo
perfecto. El Señor, dice, autor de todos los dioses, hizo un segundo señor;
a este lo hizo primero, solo y verdadero. Le pareció bueno y absolutamente
lleno de todos los bienes. Cuán total sea su plenitud, lo dice el evangelista:
De su plenitud todos hemos recibido. Se alegró y lo amó intensamente
como a su unigénito, a quien primero hizo, y luego lo llamó su unigénito.
También dijo en otro lugar: El Hijo de Dios bendito y de su buena
voluntad. ¿Preguntabas, pagano, por la esposa de Dios? Escúchalo a
Mercurio: ¿Buscas a la esposa de Dios? La esposa de Dios es su buena
voluntad.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE CUESTIONES DE LA
ANTIGUA Y DE LA NUEVA LEY, CAP. LVIII: El Espíritu Santo, que
es tercero desde el Padre y segundo desde Cristo, según el orden numérico;
pero en cuanto a la sustancia no es diferente el uno del otro.
DEL LIBRO DE PREGUNTAS DE OROSIO A AGUSTÍN: Orosio:
¿El Padre engendró al Hijo por voluntad o por necesidad? Agustín: Ni por
voluntad ni por necesidad; porque no hay necesidad en Dios y la voluntad
no puede anteceder a la sabiduría. Por lo tanto, antes fue saber
razonablemente que querer razonablemente. Alguno de los nuestros,
cuando cierto hereje lo interrogó si Dios había engendrado al Hijo
queriendo o sin quererlo, se dice que laudablemente respondió así: Dime
tú, hereje: ¿Dios Padre es Dios por necesidad o por voluntad? Si hubiese
dicho “por necesidad”, se seguía un gran absurdo; y si “por voluntad”, se
le hubiera respondido: entonces es Dios por voluntad y no por naturaleza.
EL MISMO, SOBRE LAS PALABRAS DEL SEÑOR, SERMÓN IX:
Se nos ha inculcado: La autoridad en el Padre, la natividad en el Hijo, la
comunidad del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo.

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ECLESIÁSTICO: Toda sabiduría es del señor Dios; con Él estuvo
siempre y antes del tiempo. ¿Quién investigó la sabiduría de Dios que
precede a todas las cosas? La sabiduría fue creada primero que todo lo
demás y el conocimiento de la prudencias es desde el tiempo. La fuente de
la sabiduría de Dios está en las alturas.
HILARIO, SOBRE EL SALMO CXXXVII: Tú me formaste y pusiste
sobre mí tu mano. Ambas cosas significan: que lo que formó es antiguo y
aquello sobre lo que puso su mano es más nuevo. Que se haya formado
según la naturaleza de la divinidad, lo enseña el Apóstol, diciendo: el cual,
estando en la forma de Dios; lo que está en una forma, es formado en ella
y en él se puede hablar de una referencia a la naturaleza y la divinidad del
Padre y fue formado por él.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. III: Según el Apóstol, en
Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad. En forma
incomprensible e inenarrable, antes de todos los tiempos y siglos, procreó
al unigénito desde aquello que era ingénito en él, otorgándole en su
natividad todo lo que es Dios por medio de la caridad y la virtud; y así el
Hijo unigénito es perfecto y eterno igual al Padre ingénito que es perfecto
y eterno. Y lo que le pertenece según el cuerpo que asumió fue por
voluntad de su bondad para nuestra salvación.
EL MISMO, EN EL IX: Las palabras que os digo, no las digo por mí
mismo. No hablando por sí mismo, es menester que lo que se dice se deba
a su autor.
Y TAMBIÉN: Lo que obra según su natividad, el autor para él ha sido el
Padre.
NUEVAMENTE, EN EL XII, HABLANDO DEL PADRE QUE NO
NACIÓ Y DEL HIJO QUE NACIÓ DE ÉL, DICE: No es lo mismo no
nacido que nacer, porque una cosa es proceder de otro, y otra, no proceder
de nadie. Y es distinto ser siempre eterno sin un autor y otra que sea eterno
el Padre, es decir el autor. Si hay un padre que es autor, hay un nacimiento.
Pero si el autor es eterno allí también está la eternidad del nacimiento;
porque si el nacimiento procede de un autor y este es eterno, ha de ser
eterno el nacimiento a partir de un autor eterno.
Y TAMBIÉN: Lo que nació de alguien eterno, si lo nacido no fuera
eterno, tampoco el padre autor sería eterno. Si algo le hubiese faltado a la

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eternidad del que nació de un padre eterno, lo mismo, sin duda, le hubiese
sucedido al autor, porque lo que es infinito para el engendrador debe ser
también infinito para el que nace.
Y TAMBIÉN: De lo eterno sólo puede proceder lo eterno; si este último
no fuese eterno, entonces tampoco sería eterno el autor de la generación.
Y TAMBIÉN: Se muestra que nació de ti para que seas señalado como el
único autor.
Y TAMBIÉN EN EL XII: Un Hijo verdadero y engendrado por ti, Dios
Padre, que debe ser confesado como contigo porque tú eres eterno autor de
su origen eterno. Porque el que es segundo desde ti procede de ti.
AMBROSIO, SOBRE LA EPÍSTOLA PRIMERA DE PABLO A LOS
CORINTIOS: Dios, cabeza de Cristo. Es digno decir que la cabeza del
Hijo es el Padre, porque es quien lo engendró.
EL MISMO, SOBRE LA SEGUNDA: Todas las cosas vienen de Dios.
Aunque es Cristo quien nos redimió, todo sin embargo, viene de Dios,
porque de Él procede toda paternidad y, por lo tanto, es menester que
anteceda la persona del Padre.
EL MISMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS: Un solo Dios
y Padre de todos, que está sobre, etc. Dijo que Dios Padre está sobre todo
porque a nadie le debe lo que es, etc.
JERÓNIMO, EXPONIENDO SOBRE LA FE DEL CONCILIO DE
NICEA: Lejos de nosotros pensar que en el Hijo de Dios haya algo de más
o de menos, sea en cuanto a lugar, en cuanto a tiempo, en cuanto a poder,
en cuanto a ciencia, en cuanto a igualdad o dominio; cuando se dice esto
debe atribuirse a la deidad y no a la carne. Si se encuentra algo en más o en
menos, excepto que el Padre engendró al Hijo y éste no nació de sí mismo
sino propiamente del Padre, o que sea un padre envidioso o impotente,
debe reconocerse como algo temporal.
AGUSTÍN, SOBRE LA DEIDAD ENCARNADA, A GENARO,
SOBRE EL HIJO DE DIOS, DICE ASÍ: Veamos también cómo deba
entenderse lo que leemos en la sabiduría de Salomón. Que dice de la
sabiduría que es como un vapor de la virtud de Dios, etc.
Y TAMBIÉN: Con lo que se muestra que siempre existió este vapor de la
virtud de Dios que no tuvo un inicio sino al mismo Dios; y no convenía

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que hubiera otros inicios sino ese, Dios, de donde procede y nace.
Y TAMBIÉN, DESPUÉS DE ALGUNAS COSAS: Imagen de su
bondad; pues la bondad principal sin duda es el Padre, de la cual nació el
Hijo que es en todo imagen del Padre; fuera de toda duda es también
llamado convenientemente imagen de su bondad. Porque no existe otra
bondad en el Hijo sino la que está en el Padre.
Y TAMBIÉN: La bondad principal debe considerarse en Dios Padre, del
cual tanto el Hijo nacido de él como el Espíritu Santo procedente de él sin
duda llevan en sí esa bondad, que está en él como en la fuente de la que el
Hijo nace y procede el Espíritu Santo.
CRISÓSTOMO, SOBRE MATEO: Jesús fue llevado al desierto por el
espíritu. Fue llevado por el Espíritu Santo, pero no como un inferior por
orden de un superior, sino como un superior, por consejo de un inferior.
Porque no sólo se dice que es conducido el que lo es por la fuerza de otro
sino también el que lo hace por la racional exhortación de alguien.
Y TAMBIÉN: Dijo el padre de familia al mayordomo. Sin duda, el Hijo le
dice al Espíritu Santo y, si quieres, te concedo que el Hijo lo diga al Padre.
No pregunto si el Hijo sea el mayordomo del Padre o el Espíritu Santo sea
el del Hijo; pero digo esto porque el mayordomo de la casa y el padre de
familia no pueden ser de la misma sustancia, ni la misma persona ni de
igual dignidad. Si uno es el padre de familia y otro es el mayordomo,
¿cómo puede darse tu Trinidad? Si es de la misma sustancia pero es
menor, esto es injurioso para la sustancia. Si la dignidad no es igual ¿cómo
se puede hablar de una sola y misma sustancia?
EL MISMO: Vio al Espíritu Santo descender en forma de paloma y
permanecer sobre él. No dijo: este es nuestro hijo amado, para que no
pareciese que el Espíritu Santo era padre de Cristo así como lo es Dios.
Pues si son iguales en todo, así como Él es honrado con la paternidad, así
también el Espíritu Santo. Si Dios es padre porque tiene un hijo, entonces
el Espíritu Santo no es padre porque ni tiene un hijo y así no es igual en
todo. Tampoco se dijo: estos son mis hijos amados, porque el Hijo no está
con Cristo como Cristo. Pero si el hijo no es como Cristo sino un ministro
fiel de Cristo, entonces no es igual a Cristo.
PABLO APÓSTOL A LOS FILIPENSES: Sentid en vosotros lo que
está en Cristo Jesús; que estando en la forma de Dios, no juzgó una rapiña

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ser igual a Dios.
ATANASIO, SOBRE EL SÍMBOLO DE LA FE: El Hijo es del Padre
solo, no hecho, ni creado, sino engendrado.
Y TAMBIÉN: En esta Trinidad nada es interior ni posterior, nada es
mayor o menor; todas las tres personas son entre sí iguales y coeternas.

Q. 16: Que se diga que el Hijo es engendrado del Padre y no sólo que fue
engendrado. Y lo contrario

GREGORIO, SOBRE JOB, LIB. XXXIII: Mi lengua, lápiz del escriba.


Lo que hablamos, pasa, lo que escribimos, permanece. La lengua del Padre
es llamada el lápiz, porque con ella se genera su palabra coeterna y no
transitoria.
AMBROSIO, SOBRE LA FE, AL EMPERADOR GRACIANO: Estas
cosas no se deben considerar en Dios como corporales; el Hijo es generado
de manera incomprensible; el Padre genera de manera impasible y sin
embargo, genera de sí y ante todo intelecto un Dios verdadero, siendo él
Dios verdadero.
JERÓNIMO, SOBRE LA DEFINICIÓN DE LA FE CATÓLICA Y
EL CONCILIO DE NICEA: Lo que nació siempre de la sustancia del
Padre, el mismo salvador dice en el Evangelio: lo que nace de la carne, es
carne, y lo que nace del espíritu es espíritu.
AGUSTÍN, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. V, CAP. XIII: Si lo que
engendra es principio de lo engendrado, el Padre es principio para el Hijo,
porque lo engendra.
EL MISMO, SOBRE LA GENERACIÓN DEL HIJO POR PARTE
DE DIOS PADRE. COMENTANDO EN EL LIBRO DE LAS
LXXXIII CUESTIONES, CAP. XXXVIII: Es mejor decir siempre
nacido que decir que nace siempre, porque el que nace siempre todavía no
ha nacido y nunca nació ni nacerá, si es que siempre está naciendo. Una
cosa es nacer, y otra, haber nacido; y por esto nunca sería hijo si no nació
nunca; y si siempre es hijo, por lo tanto, siempre es ya nacido.
EL MISMO, AL CONDE PACENCIO, ARRIANO: ¿Qué estamos
diciendo? Si el Hijo nació del Padre, entonces el Padre dejó de

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engendrarlo, y si dejó de hacerlo, también comenzó. Y si comenzó a
engendrar, alguna vez estuvo sin hijo. Pero nunca estuvo sin hijo, porque
el Hijo es su sabiduría. Por lo tanto, el Padre siempre engendra y siempre
nace el Hijo. Aquí surge de nuevo el temor de que esa generación parezca
imperfecta, si no decimos que nació sino que nace. Acompáñame, te
ruego, en estas dificultades del pensamiento humano y de la lengua; y
corramos juntos al espíritu de Dios que dice por el profeta: ¿Quién podrá
narrar su generación?
GREGORIO, SOBRE JOB, LIB. XXIX: El señor Dios Jesucristo, por
ser la virtud y la sabiduría de Dios, nació del Padre antes de los tiempos, o
más bien, como no empezó a nacer ni dejó de hacerlo, digamos más
verdaderamente, que es siempre nacido. Pero no podemos decir que nace
siempre, para que no parezca ser imperfecto. Para que sea considerado
eterno y perfecto, debemos decir siempre y nacido, porque nacido se
refiere a la perfección y siempre, a la eternidad, aunque al decir perfecto
nos apartamos mucho de la expresión de la verdad. Porque lo que no fue
hecho, no puede decirse perfecto; sin embargo, por la debilidad de nuestras
palabras el mismo Señor, con condescendencia, dice: sed perfectos como
vuestro padre celestial es perfecto.

Q. 17: Que sólo el Padre se dice ingénito. Y lo contrario

ISIDORO, ETIMOLOGÍAS, LIB. VI: Sólo el Padre no proviene de


otro; por eso sólo él es llamado ingénito.
ATANASIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. VIII: El nacimiento del
Hijo de Dios antes del principio está junto al Padre. Confieso que uno es
innacible y el otro, nacido. Confieso que el Padre omnipotente es sin
inicio, sin fin. Lo contiene todo y no es contenido por nada, todo lo
gobierna y por nada es gobernado. Cuanta virtud tiene el Padre, tanta tiene
el Hijo. El engendrado no es menor que él, que es innacible. El Espíritu
Santo no es ni nacido ni innacible; si dijere que es nacido, consideraría que
hay dos hijos.
GENADIO, SOBRE LA FE ORTOODOXA: El Padre, dice, es principio
de la deidad, del cual nació el Hijo, y de Él no nació el Espíritu Santo,
porque este no es ni hijo ni ingénito, porque no tiene padre.

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GREGORIO, EN EL REGISTRO, CAP. I: El Espíritu Santo no es
engendrado ni ingénito sino que es eterno, procedente del Padre y el Hijo.
AGUSTÍN, EN LAS PREGUNTAS FORMULADAS POR OROSIO Y
RESUELTAS POR ÉL, CAP. II: La fe cierta declara que el Espíritu
Santo no es ni engendrado ni ingénito; si decimos ingénito, parece que
afirmáramos dos padres; si decimos engendrados, somos culpables de
afirmar dos hijos. Pero lo que sostiene la fe cierta es que no es ingénito ni
engendrado, sino que procede de ambos, es decir, del Padre y del Hijo.
EL MISMO, EN EL LIBRO V SOBRE LA TRINIDAD, CAP. VII: Si
se dice ingénito, se demuestra que no es hijo. Pero engendrado e ingénito
pueden decirse cómodamente. Hijo (filius) se dice en latín, pero la
costumbre de la lengua no permite que se diga in-hijo (infilius). Pero nada
ofende al significado si se dice que no es hijo así como se dice ingénito en
lugar de no engendrado y significar lo mismo.
Y TAMBIÉN: No usemos ingénito aunque pueda decirse en latín sino
digamos no engendrado que es equivalente. No queremos decir otra cosa
sino que no es hijo.
Y TAMBIÉN: ¿Qué quiere decir ingénito sino no engendrado? Así como
ser engendrado no dice algo de sí mismo, sino que proviene del Padre, así,
cuando se dice ingénito no se dice de sí mismo sino que no proviene de un
progenitor.
AMBROSIO, SOBRE LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR: Oímos que
algunos dicen que el Hijo de Dios, que es generado, no puede ser desigual
al Padre que lo generó, aunque uno fue generado y el otro generó, porque
la generación no es una cuestión de poder sino de naturaleza; esa cuestión
parece cerrada para ellos. Pero, cambiando las palabras, dicen: ¿cómo
pueden ser el ingénito y el engendrado de la misma naturaleza y sustancia?
Respondo ante todo que la palabra ingénito no la encuentro en las
Escrituras divinas, ni la leí ni la escuché. ¿Cómo son tan cambiantes estos
hombres, para decir que usurpamos cosas no escritas, diciendo que están
en la Escritura, y ellos objetan algo que no está escrito?
Y TAMBIÉN: Que digan dónde han leído la expresión padre ingénito.
Y TAMBIÉN: Demuestren dónde han leído ingénito. Se ha leído, dicen,
porque Arrio dijo que el Padre es ingénito y el Hijo es engendrado y
creado. ¡Qué autor invocan contra los escritos apostólicos, si se confiesan

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discípulos de Arrio! Si ellos dicen lo que dijo Arrio, con más justicia
debemos decir lo que dijo el Apóstol: no llamó ingénito al Padre, pero sí
llamó engendrado al Hijo. Lo que he leído, no lo niego y, más aún, lo uso
con gusto. Pero lo que no leí no debo utilizarlo. Tal vez quieran decir, que
como no leemos que el Padre haya sido engendrado, por eso debemos
juzgar que es ingénito. Esto, por lo tanto, se deduce, no se lee; pero
tampoco leí que el Espíritu Santo haya sido engendrado. Por lo tanto,
según vuestro parecer, el Espíritu Santo debe decirse ingénito.

Q. 18: Que la generación eterna del Hijo puede narrarse, conocerse o


comprenderse. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL ECLESIASTÉS, DONDE DICE: ¿Quién


sabe si el espíritu de los hijos de los hombres se levante hacia arriba y el
espíritu del ganado baje hacia la tierra? Alguien quiso demostrar esta
dificultad añadiendo “quién”. El pronombre “quis” en las Escrituras santas
se interpreta siempre no por algo imposible sino por algo difícil, como
donde dice: ¿quién podrá narrar su generación [es decir, la de Cristo]?
EL MISMO, EN EL PRÓLOGO SOBRE ISAÍAS: Los profetas no
hablaron en éxtasis, como sueña Montano, sin saber lo que decían,
enseñando a otros e ignorándolo ellos. Pero según Salomón, hablando en
los Proverbios: El sabio conoce lo que sale de su boca, y llevará la ciencia
en sus labios y ellos sabían lo que decían.
Y TAMBIÉN: ¿Cómo los sabios profetas, a la manera de los animales,
podían ignorar lo que decían? Leemos en otro lugar del Apóstol: Los
espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, estando en su potestad
decidir cuándo callar y cuándo hablar.
EL MISMO, SOBRE ISAÍAS, LIB. I: Con mis oídos oí al Señor: Antes
se decía que eran videntes porque podían decir: nuestros ojos siempre
están puestos en el Señor. Estos ojos del corazón mostraban la prometida
en el Cantar de los Cantares, a quien el prometido le dice: Has herido mi
corazón, hermana prometida mía, con sólo uno de tus ojos. Y se lee en el
Evangelio: Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Y también en el Antiguo
Testamento se dice que el pueblo veía la voz de Dios. Callen con esto los
delirios de Montano, que opina que los profetas decían las cosas que iban a

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suceder en un éxtasis y con demencia del corazón; pues no podían ver lo
que ignoraban.
ORÍGENES, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Según la revelación del misterio callado desde los tiempos
eternos, etc. Pero hay que preguntarse si quiere decir que estuvo pasado en
silencio, y nadie lo conoció, incluso los profetas que hacían los anuncios.
A mí me parece muy absurdo que los profetas hayan escrito sobre los
misterios divinos sin entender lo que decían, estando en la Escritura: El
sabio comprenderá lo que sale de su boca y tiene el significado en sus
labios. Si no entendían lo que salía de sus bocas, no eran sabios. Por eso, si
es necio negar que los profetas fueron sabios, consta que entendían lo que
decían. Pablo dice haber escuchado palabras, que no le es lícito pronunciar
al hombre; no porque él ignorara lo que había oído sino porque no es lícito
mostrarle a otro lo que él había recibido. Por lo tanto, puede interpretarse
como dicho en este lugar un misterio guardado en silencio, que lo
conocían los profetas pero no lo podían manifestar al vulgo, es decir, a los
hombres, sino que debían guardarlo en silencio según el mandato de Dios
hasta que llegara el tiempo y el Verbo se hiciese carne.
AGUSTÍN, SOBRE JUAN: En el principio era el Verbo y el Verbo
estaba con Dios y el Verbo era Dios. Esto no lo percibe el hombre animal.
¿Por qué, hermanos, callaremos aquí? ¿Por qué se lee, si hay que callarlo?
O ¿por qué se escucha, si no puede exponerse? Y ¿por qué exponerlo, si no
se entiende? Por lo tanto, ya que no dudo que hay entre vosotros algunos
que no sólo pueden captar lo que se expone sin, incluso, entenderlo antes
de que se exponga, no voy a defraudar a aquellos que pueden captarlo,
aunque temo ser superfluo para los oídos de aquellos que no pueden
captarlo.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. II: Decir que él es del Padre
no es otra cosa que ver al Padre; y no es otra cosa ver al Padre que obra
que ver al mismo tiempo lo que obra.
JERÓNIMO, SOBRE MATEO: Libro de la generación de Jesucristo.
Leemos en Isaías: ¿Quién podrá narrar su generación? No juzguemos que
el Evangelio es contrario al profeta y que lo que este dijo que es imposible,
el Evangelio comience diciéndolo; porque allá se habla de la generación de
la divinidad y aquí de la generación de la encarnación.

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AGUSTÍN, LIB. II CONTRA MAXIMINO: No sé distinguir entre
aquella generación y esta procesión. No soy capaz, no puedo. Porque
ambas son inefables. Como dice el profeta acerca del Hijo: ¿Quién podrá
narrar su generación? Así también se dirá con toda verdad del Espíritu
Santo: ¿Quién podrá narrar su procesión?
ATANASIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. VI, CAP. II: Maldito aquel
que no confiese que el Hijo fue inenarrablemente engendrado de la
sustancia del Padre; así sea, así, sea.
EL MISMO, LIB. VIII: Oh hombre, si buscas la deidad te vitupero. Si
crees, haces bien; se te ordena creer y no se te permite debatir. Pero si
discutes y dices: ¿cómo es el Padre? Entonces, te has apartado de la luz. Y
si dices: ¿Cómo es el Hijo? Se te presentará: ¿Quién podrá narrar su
generación? Ten cuidado, pues, igualmente, de no apartarte de la luz; nadie
conoce al Padre sino el Hijo ni al Hijo sino el Padre.
AMBROSIO, SOBRE LA FE AL EMPERADOR GRACIANO: Es
para mí imposible conocer el secreto de la generación. Está por encima de
las potestades, por encima de los ángeles, por encima de los serafines, por
encima de todo sentido. No es lícito escrutar esos misterios supremos;
baste saber que nació, no debe discutirse cómo.
Y TAMBIÉN: Está ordenado creer y no está permitido discutir.
Y TAMBIÉN: Ni los ángeles pudieron comprender el misterio del Padre.
AGUSTÍN, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DEL ANTIGUO Y EL
NUEVO TESTAMENTO: Ni los querubines ni los serafines comprenden
plenamente qué es Dios, porque nadie conoce al Padre sino el Hijo.

Q. 19: Que acerca de la generación eterna del Hijo (desde el Padre) esto
hay que aceptar; yo hoy te engendré. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE EL SALMO SEGUNDO: Tú eres mi hijo; yo hoy te


engendré. Aunque se pueda determinar el día en que Dios nació según
hombre, sin embargo, la palabra “hoy”, significa presencia y porque en la
Trinidad nada es pasado como si hubiera dejado de ser, ni futuro, como
que todavía no fue, sino que sólo se toma como presente según lo que se
dijo: yo hoy te engendré; con lo cual la fe sincera y católica predica la
generación sempiterna de la presencia de Dios, que es el hijo unigénito.

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EL MISMO, EN EL LIBRO CONTRA CINCO HEREJES: Oye
también tú, que niegas que Dios haya engendrado al Hijo; oye lo que dice
el Padre por Isaías: ¿Acaso yo, que hago parir a otros, no pariré yo mismo?
Así dice el Señor. ¿Si yo les otorgo la generación a otros, seré estéril? Así
dice el Señor. A él se le dijo: Tú eres mi hijo; yo hoy te engendré. Te
reirás, al oír “hoy”; en Dios nunca hay mañana ni ayer, siempre es hoy.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XLIX: Los que eran
bautizados con el bautismo de Juan, no renacían sino que recibían un
cierto ministerio precursor: él decía: preparad el camino al Señor. Se
preparaban para él, sólo mediante el cual podían renacer. Su bautismo no
es sólo con agua, como fue el de Juan, sino también en el Espíritu Santo,
para que todo el que cree en Cristo sea regenerado por el Espíritu Santo.
Pero Cristo, regenerado por él, no necesitó del Espíritu Santo. Por eso la
voz del Padre que se oyó sobre el bautizado: yo hoy te engendré; no
demuestra sólo ese único día en que fue bautizado, sino el hoy de una
eternidad inmutable; para mostrar que ese hombre pertenecía a la persona
del unigénito. Ese día es un continuo hoy, ni empieza con el fin del ayer ni
termina con el inicio de un mañana. Quiso ser bautizado con agua por Juan
para dejar ver su gran humildad.
EL MISMO, EN EL SERMÓN DEL LUNES DE PASCUA QUE
COMIENZA ASÍ “NO DEBEMOS ESTAR HOY MENOS ALEGRES
QUE LO QUE ESTUVIMOS AYER”: Cristo, que nos ha iluminado, es
un día fasto para nosotros; él fue hoy engendrado para nosotros, según lo
que dice David asumiendo la persona de Dios Padre: tú eres mi Hijo; hoy
te engendré. No es que sólo haya engendrado ese día al Hijo, sino que
engendró al Hijo, el día y la luz, para que luzca para todos y para cada uno.
Se dice hoy porque como una luz presente e indeficiente parecía un sólo
día desde la perpetuidad del fulgor; porque a él no lo oculta la vetusta
antigüedad ni lo pasa por alto la futura ignorancia.
Y TAMBIÉN: A qué tiempo se refiere lo que se le dijo al Hijo: hoy te
engendré, debemos saber que no es aquel cuando nació de María según la
carne, ni aquel cuando procedió de la boca del Padre según la divinidad,
sino aquel momento cuando resucitó de entre los muertos. De este modo
dice el Apóstol Pablo: Resucitando al señor Jesús, como está escrito en el
salmo: Tú eres mi hijo, hoy te engendré. Rectamente se dice entonces que
es hoy cuando desde la oscura noche de los infiernos brilló como una
preclara luz hacia las alturas.

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EL MISMO, EN EL TRATADO SOBRE LA ENCARNACIÓN DEL
SEÑOR: De aquel que es menor que el padre y consustancial con la
madre, cantó el profeta, diciendo: yo hoy te engendré.
Y TAMBIÉN: Aquella profecía muestra la natividad de la futura carne,
puesto que recientemente nació de María virgen. Pues de la igualdad en la
divinidad con el Padre, no dice: hoy te engendré, te engendré antes del
lucero, es decir, antes de que se hiciesen el día y los ángeles.
AMBROSIO, SOBRE LOS SACRAMENTOS, LIB. III: ¿Qué es la
regeneración? Tienes en los Hechos de los Apóstoles lo mismo que aquel
versículo en el salmo: Tú ere mi hijo; yo hoy te engendré. Parece referirse
a la resurrección. En los Hechos de los Apóstoles Pedro lo interpretó así,
pues cuando resucitó el Hijo de entre los muertos la voz del Padre resonó:
Tú eres mi hijo; yo hoy te engendré. Por eso se dice que es primogénito de
entre los muertos; resurrección es cuando pasamos de la muerte a la vida.
Y así en el bautismo, hay una semejanza de la muerte cuando te sumerges
y cuando resurges es una similitud de la resurrección. Rectamente según la
interpretación del Apóstol Pedro, así como aquella regeneración fue una
resurrección así esta resurrección es una regeneración.
HILARIO, SOBRE MATEO, CAP. II, SOBRE EL BAUTISMO DEL
SEÑOR: Cuando todavía no estaba bautizado, se abrieron las compuertas
del Cielo, es enviado el Espíritu Santo en forma visible de paloma, y de
ese modo recibe la unción de la piedad paterna. Y luego una voz del Cielo
se derrama: Tú eres mi hijo: yo hoy te engendré.
EL MISMO, SOBRE EL SALMO II: Nació nuevamente por el bautismo
para nacer el Hijo de Dios como lo mismo y como algo distinto. Está
escrito, cuando surgió del agua: Tú eres mi hijo, yo hoy te engendré. Pero
según la generación del hombre que renacía, entonces también renacía
como hijo para Dios. Pero lo que dice el salmo: Tú eres mi hijo, yo hoy te
engendré, no se refiere al parto de la virgen ni a la regeneración del
bautismo, sino al primogénito de entre los muertos, según la autoridad
apostólica. Así se dijo en el libro de los Hechos de los Apóstoles:
resucitando al señor Jesús como está escrito en el salmo primero: Tú eres
mi hijo, yo hoy te engendré. Lo resucitó de entre los muertos y ya no
volvería a morir.
EL MISMO, EN EL IX SOBRE LA TRINIDAD: No hay duda de cómo
Jesús fue ungido por la virtud y el espíritu de Dios, pues entonces, cuando

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salía del Jordán, se oyó la voz del Padre: Tú eres mi hijo, hoy te engendré;
para que con este testimonio se conociera que su carne había sido
santificada por la unción de la virtud espiritual.
Y TAMBIÉN: Por último, esas palabras de la profecía demuestran esa
posterior unción que habría en el tiempo, cuando dice: Amaste la justicia y
odiaste la iniquidad, por eso Dios te ha ungido. Haber merecido es
posterior a ser. Si atribuimos la unción a la natividad del Dios unigénito,
unción concedida por el mérito de haber amado la justicia y odiado la
iniquidad, se entenderá más bien que la unción se aplicó al Dios unigénito
y no al engendrado: de este modo Dios tendría un progreso; no hubiera
nacido Dios sino se hubiese hecho Dios por mérito; así Cristo tendría una
causa para ser Dios y no todo hubiera sido causado por Cristo Dios.

Q. 20: Que el salmo primero debe interpretarse sobre Cristo. Y lo


contrario

JERÓNIMO: EN EL BREVIARIO MAYOR: Y no se detuvo en el


camino de los pecadores. No dijo que no caminó (esto era imposible,
porque nadie puede estar sin pecar) sino que no se detuvo, es decir, no
perseveró en el delito sino que por la penitencia pasó a un camino mejor.
Y TAMBIÉN: Y todo lo que haga prosperará. Los judíos consideraban
que este salmo se refería a Josías, el único entre los reyes profanos que no
estuvo en el grupo de los impíos sino que siguió la ley de Dios. Por eso, la
expresión de que todo lo que haga prosperará no se puede interpretar de
ninguno de los santos, a no ser, tal vez, en el siglo futuro. Mejor se debe
entender esto del hombre que fue asumido por el salvador y no porque
haya asumido a otro debamos atestiguar que otro fue asumido; sino que es
el mismo el Hijo de Dios y el hijo del hombre.
EL MISMO, EN EL BREVIARIO MENOR, QUE COMIENZA ASÍ
“EL SALTERIO ES COMO UNA GRAN MANSIÓN”:
Bienaventurado el varón que no estuvo… Algunos opinan que este varón
bienaventurado es Cristo en cuanto hombre; pero esto es por impericia. Si
el bienaventurado varón fuese Cristo y si Cristo es el que dio la ley ¿cómo
se podría decir que su voluntad está en la ley del Señor? Finalmente se lo
compara a un árbol y dice: será como el árbol plantado junto a la corriente
de las aguas. Pero todo lo que se compara es menor que el término de la

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comparación. Veis, por lo tanto, que el salmo no puede interpretarse de la
persona del Señor sino en forma general de cualquier hombre.

Q. 21: Que aquello de “produjo mi corazón” debe entenderse de la


generación del Hijo. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO XL: Produjo mi corazón una palabra


buena. Este salmo se inicia con la voz del Padre. Produjo mi corazón una
palabra buena. No de la contextura corpórea sino del corazón produjo una
palabra igual a sí mismo, por la cual fueron hechas todas las cosas. Yo le
cuento mis obras al rey. Le hablo al hijo rey y todo se hace.
EL MISMO, SOBRE EL HIJO PRÓDIGO: Un ternero engordado, que
se inmola como prenda de penitencia, ese es el mismo Salvador, de cuya
carne nos alimentamos diariamente, cuya sangre bebemos, y satisfechos
con su gordura irrumpimos en alabanzas, diciendo: produjo mi corazón,
etc. Aunque algunos, más por superstición que con verdad, no ponderando
el texto del salmo, ponen que esto se entiende de la persona del Padre.

Q. 22: Que sólo el Hijo no es de la sustancia del Padre. Y lo contrario

JERÓNIMO, LIB. II, A PAMAQUIO Y MARCELA EN DEFENSA


CONTRA UN ACUSADOR: En el libro de Eusebio se encuentran
muchas cosas escandalosas y abiertas blasfemias. Dice que el Hijo es
ministro del Padre y que el Espíritu Santo no es de la misma sustancia del
Padre y del Hijo.
AMBROSIO, LIB. IV SOBRE LA TRINIDAD, CAP. V: Concibió en
su útero por obra del Espíritu Santo. En griego se dice desde el Espíritu
Santo. Lo que proviene de otro o es desde su sustancia o desde su potencia.
Desde la sustancia, como el Hijo, que dice: Salí de la boca del Altísimo, o
el Espíritu, que procede del Padre. De la potencia, como donde dice: Uno
solo es Dios Padre, de quien todo procede. Un solo Dios Padre
omnipotente, autor de todas las cosas visibles e invisibles; y un solo señor
Jesucristo, Hijo de Dios, unigénito nacido del Padre, es decir, de la
sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz.

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Q. 23: Que cuando se dice “el espíritu de Dios era llevado sobre las
aguas” debe entenderse del Espíritu Santo. Y lo contrario

AMBROSIO, SOBRE LOS SACRAMENTOS, SERMÓN I: Has visto


que las aguas no estaban solas; cree que allí estaba la presencia de la
divinidad. Se dice que el Espíritu era llevado sobre las aguas. Dice el
profeta: Con la palabra del Señor se afirmaron los cielos y toda su virtud
está en el espíritu de su boca. El que era llevado por encima estaba
inoperando. Recibe otro testimonio: No permanecerá mi espíritu, dice, en
los hombres, porque son carne; con lo que demuestra Dios que la gracia
espiritual evita la inmundicia carnal.
EL MISMO, SOBRE EL HEXAMERÓN, ACERCA DEL DÍA
PRIMERO: El espíritu del Señor era llevado sobre las aguas.
Interpretamos que era el Espíritu Santo, para que luciera la obra de la
Trinidad en la constitución del mundo. Dicho ya que en el principio hizo
Dios el Cielo y la Tierra, en Cristo, o sea, por el Hijo, porque por su
intermedio fueron hechos, faltaba la plenitud de la operación por medio del
Espíritu, como está escrito: Por la palabra del Señor se afirmaron los cielos
y toda su potencia es por el espíritu de su boca. El espíritu de Dios era
llevado por encima de las aguas; adornando los extremos del cielo con los
frutos de la tierra, porque por medio de él germinaban las simientes, según
lo que dijo el profeta: Envía tu espíritu, etc. Por último, en sirio, que es
pariente del hebreo, dice así: y el espíritu del Señor fomentaba las aguas,
es decir las vivificaba, para que produjeran nuevas criaturas y con su
fomento las llevase a la vida. Pues también leemos que el Espíritu Santo es
creador, cuando dice Job: el espíritu divino que me hizo.
Y TAMBIÉN: Si, como opinan algunos, lo que se significa es el aire,
respondan por qué se dice el espíritu de Dios, cuando hubiera bastado
decir el espíritu.
JERÓNIMO, SOBRE EL GÉNESIS, EN EL LIBRO DE
CUESTIONES HEBRAICAS: El espíritu de Dios era llevado sobre las
aguas; lo que se lee en nuestros códices es “era llevado”, en hebreo dice
merefeth que podemos interpretar como “incubaba”, o “fomentaba”, a
semejanza de lo que hacen las aves con los huevos. Esto lo entendemos no
del espíritu del mundo, como juzgan algunos, sino del Espíritu Santo, que
es llamado vivificador de todas las cosas desde el principio; si es

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vivificador y coproductor es también creador y Dios. Envía tu espíritu,
dice, y las cosas serán creadas.
AGUSTÍN, SOBRE EL GÉNESIS, LIB. I: El espíritu del Señor era
llevado sobre las aguas. El amor deseoso y necesitado de amar de tal
manera que se sujeta a las cosas que ama; por lo tanto, cuando se
menciona el espíritu de Dios, en quien se entiende su benevolencia santa y
su amor, se dice que es llevado por encima, para que se entienda que Dios
ama por abundancia de su beneficencia y no por necesidad.
EL MISMO, SOBRE LA VERDAD ENCARNADA, A GENARO: El
espíritu de Dios que era llevado sobre las aguas en el principio, opino que
no era otro que el Espíritu Santo, no interpretando según la historia sino
según su intelección espiritual.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
DE LA NUEVA LEY, CAP. LVI: Si se juzga que es el Espíritu Santo
porque se lee el espíritu de Dios, esta es una afirmación inútil. Dice el
Señor: No permanecerá mi espíritu en estos hombres, porque son carne. Y
además. Destruiré, dice, todas las cosas, desde el hombre hasta el ganado.
Esto lo dijo cuando decidió mandar el Diluvio sobre la Tierra. ¿Acaso esto
pude entenderse como el Espíritu Santo? Lo dijo de los seres animados. Y
esto se dijo en Ezequiel: Esto dijo el Señor a esos huesos: pondré piel
sobre ellos, y les daré un espíritu y vivirán.
Y TAMBIÉN: Y se dice que el alma del hombre es espíritu, y también el
viento, y el aire y el alma de los animales y los ángeles y todos los que
viven por su propia sustancia.
Y TAMBIÉN: Cuando la Escritura quiere significar el espíritu propio de
Dios, añade Espíritu Santo, para que así no se entienda una criatura. Para
describir la creación material, es decir, la confusión de las cosas, que
carece de sentidos, dijo Moisés que el espíritu del Señor era llevado sobre
la Tierra y el abismo tenebroso, para diferenciar de ese espíritu y ese lugar,
las criaturas superiores que llamamos espirituales. Al decir que era
llevado, significó una criatura; porque toda criatura de Dios es llevada por
virtud de aquel de quien recibió el ser. ¿Qué orden habría si el Espíritu
Santo fuese llevado sobre las aguas, ya que consta que él está sobre toda
criatura?

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Q. 24: Que el Espíritu Santo también puede llamarse padre e hijo. Y lo
contrario

AGUSTÍN, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. V: El Espíritu Santo, según lo


que está escrito, que Dios es espíritu, puede decirse en forma general que
el Padre es espíritu y el Hijo es espíritu y que el Padre es santo y el Hijo es
santo.
Y POCO DESPUÉS: El Espíritu Santo es una cierta comunión del Padre
y del Hijo. Y, por lo tanto, tal se llame así porque al Padre y al Hijo les
puede convenir la misma apelación. Para que del nombre que a ambos les
conviene se signifique su comunión; por eso el Espíritu Santo se dice que
es un don de ambos.
EL MISMO, EN EL XV: Se pueden demostrar con muchos ejemplos los
nombres de muchas cosas y utilizarse en forma universal y con propiedad
para algunas de ellas. He dicho esto para que nadie juzgue que nosotros
usamos en forma inconveniente la palabra caridad para denominar al
Espíritu Santo porque también Dios Padre y Dios Hijo pueden llamarse
caridad.
Y TAMBIÉN: Si nada más grande hay en nosotros de Dios que la caridad
y no hay un don de Dios mayor que el Espíritu Santo ¿qué puede haber
más conveniente que el que sea la caridad Él, que es Dios y procede de
Dios? Y si la caridad con la que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al
Padre demuestra inefablemente la comunión de ambos, ¿qué puede haber
más conveniente que ser llamado caridad aquel que es el espíritu común a
ambos?
AMBROSIO, SOBRE LA FE: La virgen concibió del espíritu de Dios y
luego dio a luz lo que concibió, es decir, a Dios, asociado a un hombre;
como él mismo dijo: Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del
espíritu es espíritu, porque Dios es espíritu y de Dios nació; como dijo el
ángel a María: El espíritu de Dios vendrá a ti y te cubrirá la virtud del
Altísimo, porque lo que nacerá de ti será santo y será llamado Hijo de
Dios. Ves, por lo tanto al mismo espíritu, es decir, al Hijo de Dios, que
vino a la Virgen y de allí procedió el hijo del hombre, sin que se cambiase
su ser Hijo de Dios por la vestidura de la carne.
DEL DIÁCONO EFRÉN, LIB. V: Dios, Espíritu Santo, único sin
pecado, por ti no perdonó a su propio hijo; y tú, infeliz ¿no tienes piedad

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de ti mismo?
JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO XVII: El Espíritu Santo no es ni el
Padre ni el Hijo, sino el amor que el Padre tiene al Hijo y el Hijo al Padre.
BEDA, HOMILÍA I DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN: Cuando se le da
a los hombres la gracia del espíritu, el espíritu es enviado inmediatamente
por el Padre, es enviado también por el Hijo, procede del Padre, procede
también del Hijo, porque su misión es esa procesión por la cual procede
del Padre y del Hijo.
AGUSTÍN, EN EL V SOBRE LA TRINIDAD: Lo que se da tiene
referencia al que lo da y a quienes se le da; así se dice que el Espíritu
Santo es de Dios que lo da y de nosotros a quienes se les da. Por eso está
escrito acerca de Juan que vino con el espíritu de Elías; esto debe
entenderse también de Moisés, cuando dice el Señor: Te sacaré de tu
espíritu y se lo daré a ellos, es decir, el Espíritu Santo que te daré.
Y TAMBIÉN: Si no procede sino cuando es dado tampoco procedería
antes de que hubiese a quien darlo. ¿Puede haber un don antes de que sea
dado? No se puede decir que hay un don antes de que se dé.
Y TAMBIÉN: No debe sorprendernos que, aunque el Espíritu Santo sea
coeterno en el Padre y el Hijo, se lo nombre, sin embargo, como algo en el
tiempo, como cuando decimos que es donado. Porque el Espíritu es eterno
en cuanto don y temporal en cuanto donado. Pues a Dios se lo llama Señor,
con una apelación relacionada con el tiempo, porque nadie es señor si no
comienza a tener un siervo. Pues es una criatura sempiterna aquella de la
cual Él es el señor.
Y TAMBIÉN: El Señor no tiene un ser sempiterno, para no vernos
obligados a decir que la criatura es sempiterna, porque él no sería un amo
sempiterno si la criatura no hubiera estado sempiternamente a su servicio.

Q. 25: Que los filósofos también creyeron en la Trinidad y en el Verbo. Y


lo contrario

PABLO APÓSTOL A LOS ROMANOS: Lo que es conocido de Dios,


es manifiesto en ellos; pues Dios a ellos les reveló; porque la cosas
invisibles de él, etc.

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AGUSTÍN EN EL LIB. VIII DE LA CIUDAD DE DIOS: El hombre
cristiano, instruido solamente con los estudios eclesiásticos, se precave de
aquellos que filosofaban según los elementos de este mundo; porque es
advertido por el precepto apostólico: Cuidad que nadie os engañe por
medio de la filosofía o una vana seducción según los elementos del
mundo. Pero para que no se juzgue que todos son tales, oye decir al mismo
apóstol acerca de algunos que lo que es conocido de Dios, es manifiesto a
ellos. Dios les manifestó a ellos. Pues las cosas invisibles, etc. Y
hablándole a los atenienses, habiendo manifestado algo muy grande de
Dios, que podía ser comprendida por pocos, o sea, que en Él vivimos, nos
movemos y somos, añadió: Como lo dijeron algunos de vosotros. Sabía
también precaverse de aquello en lo que se equivocan.
EL MISMO, SOBRE JUAN, TRACT. II: Hubo algunos filósofos de
este mundo que investigaron al creador a través de la criatura, como,
evidentemente, dice el Apóstol: las cosas invisibles de él, etc. Vieron que
por el Verbo de Dios fueron hechas todas las cosas; pudieron ver aquello
que es; no quisieron aceptar la humildad de Cristo y les repugnó la cruz de
Cristo.
EL MISMO, EN EL XIII SOBRE LA TRINIDAD: Los principales
filósofos de los gentiles, que pudieron contemplar las cosas invisibles de
Dios entendidas a través de aquellas que fueron hechas, sin mediación de
Cristo hombre, es decir, simplemente filosofando, no creyeron sin
embargo, a los profetas que anunciaron que vendría, ni a los apóstoles que
anunciaron que había venido.
EL MISMO, SOBRE EL ESPÍRITU Y LA LETRA: La vida sabia que
ha hecho el mundo es entendida con la contemplación del mundo.
Interroga al mundo, el ornato del cielo, la tierra que produce hierbas y
árboles, llena de animales, el mar, colmado de peces; el aire con tantas
aves; interroga a todas las cosas si no te responden con su sola apariencia
como si fuera a una voz: Dios nos hizo. Los filósofos nobles investigaron
estas cosas y desde la obra conocieron al artífice.
EL MISMO, EN LA EXPOSICIÓN DE ALGUNAS
PROPOSICIONES SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Dice también Salomón de los sabios del mundo: Si pudieron
en cuanto era posible conocer la obra, ¿cómo no pudieron con facilidad
encontrar al señor y creador del mundo? Aquellos a quienes reprocha

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Salomón, no conocieron al creador a través de la criatura; pero a quienes
reprocha el Apóstol, lo conocieron, pero dieron las debidas gracias. Que
los sabios de los gentiles hayan encontrado al creador lo dice
manifiestamente el Apóstol al hablarles a los atenienses. Habiendo dicho
que en Él vivimos, nos movemos y somos, añadió: como alguien entre
vosotros dijo.
JERÓNIMO, AL PRESBÍTERO PAULINO SOBRE TODOS LOS
LIBROS DE LA HISTORIA DIVINA: Siendo Juan, un pescador rudo e
indocto, preguntó ¿de dónde procedió aquella voz: En el principio era el
Verbo, etc.? Esto no lo supo hacer el docto Platón; esto lo ignoró el
elocuente Demóstenes. Perderé, dice la sabiduría de los sabios, etc.
Y TAMBIÉN: No hablo de aquellos semejantes a mí, que si quizás
llegaron a las Escrituras santas después de las letras seculares, y con sus
escritos acariciaron los oídos del pueblo y se juzga como ley lo que
dijeron, pero no se dignan conocer lo que hayan sentido los profetas y los
apóstoles; sino que adaptan testimonios incongruentes a su propio sentir,
como si fuese algo importante y no un vicio ajustar a su voluntad escritos
no correctos; como si no hubiéramos leído los versos de Homero y Virgilio
y sin embargo, a este no lo podamos llamar cristiano sin Cristo porque
haya escrito: Ya viene la virgen, etc. Ya una nueva prole, etc. Y oímos al
padre hablarle al hijo: Hijo, sólo yo tengo la fuerza y mi gran poder. Y
después de las palabras del Salvador en la cruz: Decía esas cosas y
permanecía allí fijo.

Q. 26: Que Dios juzga con la pre-ciencia[*]. Y lo contrario

AMBROSIO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS: Porque


quiso Dios mostrar lo que va a hacer, etc. Por su pre-ciencia consideró que
debía ser condenado el faraón sabiendo que no se enmendaría; y eligió al
apóstol Pablo que iba a ser fiel. A algunos la gracia les es dada en uso,
como a Saulo; y aquellos a quienes el juez les dijo: Vuestros nombres
están escritos en el Cielo, y luego se retiraron.
Y TAMBIÉN: Sus nombres estaban escritos en el Cielo en razón de la
justicia a la que servían; pero según la pre-ciencia estaban en el número de
los malos. Dios juzga por la justicia, no por la pre-ciencia. Por eso le dijo a
Moisés: Si alguien pecó ante mí, lo borraré del libro de la vida; según la

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justicia del juez parece ser borrado cuando peca. Sin embargo, según la
pre-ciencia nunca había estado en el libro de la vida. Contrariamente
alguien parece que es inscrito entonces, cuando deja de ser malo, que
según la pre-ciencia nunca faltó.

Q. 27: Que la providencia de Dios es causa de las cosas. Y lo contrario

BOECIO, SOBRE LA CONSOLACIÓN, LIB. IV: Algunos dicen que


algo ha de suceder no porque la providencia ya lo ha previsto para el
futuro, sino que, por el contrario, porque eso va a suceder, no le puede
quedar oculto a la providencia y, de este modo esto resulta contrario a lo
anterior. Y no es necesario que suceda lo que se prevé sino que se prevea
lo que va a suceder.
Y TAMBIÉN: Parece absurdo que un evento de cosas temporales pueda
ser causa de la pre-ciencia eterna. ¿Qué diferencia hay entre opinar que
Dios va a prever algo porque va a suceder y que lo que sucedió fue causa
de su providencia?
ORÍGENES, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Y a los que llamó… ¿Cómo es que justificó a los que llamó
si consta que muchos son los llamados y pocos los elegidos? Porque todos
han sido llamados, pero, sin embargo, no con un propósito. Los que fueron
llamados con buen propósito y buena voluntad, que practican el culto de
Dios, esos son los que se dicen llamados según un propósito. Si según un
propósito se refiere a Dios, es decir, según el propósito de Dios, que sabe
que hay en ellos una mente religiosa y un deseo de salvación, estos se dice
que son llamados, esto no parece contrario a lo que hemos expuesto. De
este modo la causa de nuestra salvación o perdición no consiste en la pre-
ciencia de Dios, ni la justificación dependerá de la sola vocación, ni se
quita totalmente de nuestra potestad el ir a la gloria. Si razonamos con
nuestra inteligencia común, no sucederá algo en el futuro porque Dios lo
sabe, sino que lo que sucederá Dios lo sabe antes de que suceda. Para que
sepas que no debe ponerse la causa de la salvación de cada uno en la pre-
ciencia de Dios, sino en su voluntad y sus actos, mira a Pablo que teme
que habiendo predicado a los demás él pueda ser réprobo; y por eso castiga
su cuerpo.

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Q. 28: Que nada sucede por azar. Y lo contrario

AGUSTÍN, OCHENTA Y TRES CUESTIONES, CAP. XXVI: Lo que


sucede por azar, sucede inesperadamente; lo que sucede inesperadamente
no sucede por providencia. Por lo tanto si en el mundo hay cosas que
suceden por azar, el universo no está administrado por la providencia.
Y TAMBIÉN: Ese bien, por cuya participación otras cosas son buenas, no
es bueno por otra cosa sino por sí mismo y lo llamamos también la
providencia divina. Nada sucede en el mundo por azar.
EL MISMO, RETRACTACIONES, CAP. I: No me agrada haber
nombrado tantas veces a la fortuna, aunque no quiero que con este nombre
se entienda alguna diosa, sino a un fortuito sucederse de las cosas. De allí
surgen algunas palabras, que ninguna religión prohíbe: fortuitamente,
desafortunadamente, por fortuna; todo hay que considerarlo bajo la
providencia divina. Me pesa haber allí nombrado la fortuna, que es una
pésima costumbre de la gente. Dicen fortuna donde debieran decir “así lo
quiso Dios”.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE LA CONCORDANCIA DE LOS
EVANGELISTAS, SOBRE MATEO: Nada es hecho por azar por parte
de aquel que todo lo dispone, aunque nadie entienda la causa. Por eso dice
el Señor: He venido para que los que no ven, vean y los que ven queden
ciegos. Esa es la actitud de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios,
con la cual, de la misma materia se construye un vaso de honor y otro de
contumelia; y que le dice a toda carne y a toda sangre: Oh hombre, ¿quién
eres tú para responderle a Dios?

Q. 29: Que la predestinación sólo debe interpretarse en cuanto al bien. Y


lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS: La


predestinación es una preparación para la gracia, que sin la pre-ciencia no
podría darse; puede haber preciencia sin predestinación. Por la
predestinación Dios supo de antemano aquello que iba a hacer. Por eso se
dijo: Hizo las cosas que son futuras; tiene el poder de conocer de antemano
lo que todavía no hizo, como por ejemplo, todos los pecados. Por eso la
predestinación de Dios, que se refiere al bien, como dije, es una

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preparación para la gracia; por eso la gracia es un efecto de la
predestinación.
Y TAMBIÉN: Con el nombre de predestinación no se expresa ninguna
necesidad absoluta para la voluntad humana sino una disposición
sempiterna, misericordiosa y justa del obrar divino.
Y TAMBIÉN: Pudo creerse que Dios conoció de antemano a los
pecadores, porque nada pudo estar oculto para Él; pero sin embargo, no es
que haya predestinado a alguien al pecado. Porque si predestinase a los
hombres al pecado, no los podría castigar. En la predestinación de Dios ya
está dispuesta o una piadosa remisión o un justo castigo.
EL MISMO, EXPOSICIÓN DE ALGUNAS PROPOSICIONES
SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS: No
predestinó a ninguno sino al que supo que iba a creer.
EL MISMO, SOBRE JUAN: Vosotros no creéis, porque no sois de mis
ovejas. Dijo “no sois de mis ovejas”, porque los veía preparados para la
muerte eterna.
Y TAMBIÉN: Nadie las va a arrebatar de mis manos. ¿Qué podrá hacer
un ladrón? No podrá perder sino a los predestinados a la muerte eterna. De
aquellos de los que dijo el Apóstol: Conoce el Señor quienes son suyos,
que los conoció de antemano y los predestinó, sin embargo a los que
predestinó, etc. ni el lobo los arrebata ni el ladrón los roba ni el delincuente
los asesina.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. CIV: Son grandes las obras
del Señor, exquisitas en todos sus designios, de modo que por voluntad de
la criatura se hizo lo que el creador no quería y así se cumplió su voluntad;
empleando bien, como sumo bien, hasta los mismos males, para condena
de aquellos a los que justamente predestinó para el castigo y para salvación
de aquellos a los que predestinó para la gracia.
RESPUESTAS DE PRÓSPERO A RUFINO: En la pre-ciencia conoce
los bienes y los males.
Y TAMBIÉN: La predestinación es siempre sobre el bien, o para
retribución de la justicia o perteneciente a la condenación de la gracia.
Y TAMBIÉN: Puede, por lo tanto existir pre-ciencia sin predestinación;
pero no puede existir predestinación sin pre-ciencia.

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DE LOS DICHOS DE AMBROSIO SOBRE LA
PREDESTINACIÓN: Con todos estos testimonios es claro que los malos
están predestinados a la pena pero no al pecado, porque Dios es
predestinador de aquello que va a hacer; pero no predestinó lo que no hizo
ni hará.
Y TAMBIÉN: Predestinó a los impíos a la pena, y predestinó la pena para
ellos; pero no los predestinó al pecado, porque no es autor de una
iniquidad. Porque así como la justicia y todo el bien procede de Dios, así la
iniquidad y toda obra mala proceden del diablo.
Y TAMBIÉN, EL MISMO: A los inicuos que Dios supo de antemano
que terminarían esta vida en pecado, los predestinó al suplicio. Es de
alabar la predestinación de la venganza, para que se reconozca que el
hombre no está predestinado por Dios al pecado sino al castigo por causa
del pecado. Por lo tanto, Dios conoció de antemano todas las obras, buenas
o malas; pero sólo predestinó las obras buenas. Y las obras malas futuras
de aquellos, a quienes no predestinó al reino, sino a la muerte, las conoció
de antemano y las dispuso con su próvida bondad.
ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, LIB. II CAP. VI: La
predestinación es doble, de los elegidos para el descanso y de los réprobos
para la muerte.
DE LOS DICHOS DEL MISMO: Dios pudo, según su voluntad,
predestinar a algunos a la gloria y otros al castigo. Pero a los que
predestinó al castigo, no los predestinó a la culpa.

Q. 30: Que también los pecados lo complacen a Dios. Y lo contrario

AMBROSIO A UTPERTO, SOBRE EL APOCALIPSIS, LIB. IX:


Dios les concedió a sus corazones hacer lo que les plazca y que puedan dar
su reino a la bestia, para que se cumplan las palabras de Dios. Los méritos
de las pasadas iniquidades exigen que los réprobos, a quienes Dios
permitió caer en el error, obren de tal modo que no merezcan el perdón de
Dios, sino el ser castigados por su justicia. Cumplen de este modo lo que le
agrada a Dios, y amando la iniquidad, que Dios odia, se preparan para ser
condenados por la justicia, que a Dios le place por sobre todo, cuando
dice: amaste la justicia y odiaste la iniquidad. A aquel a quien no puede
complacer la iniquidad, le agrada la justicia y con ella castiga las

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iniquidades perpetradas. Por lo tanto, aunque no le complazcan, hacen
aquello que a Él le grada.

Q. 31: Que Dios también es causa y autor de los males. Y lo contrario

EL SEÑOR, POR ISAÍAS: Yo soy el Señor, y no hay otro que haga la


luz o cree las tinieblas, que haga la paz o cree el mal; yo soy el Señor que
hace estas cosas.
EL PROFETA AMÓS: Y habrá un mal en la ciudad, que no lo hizo el
Señor.
SIMEÓN, A MARÍA SOBRE CRISTO: He aquí que este ha sido puesto
para ruina y resurrección de muchos.
Y EL MISMO CRISTO: Si no hubiera venido y no hubiera hablado, no
tendrían pecado.
Y EN OTRA PARTE: He venido a juzgar a este mundo, para que los que
no ven, vean y los que ven, queden ciegos.
Y EL APÓSTOL EN LA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS: Por lo cual
Dios los entregó a los deseos de sus corazones, a toda inmundicia, etc.
Y TAMBIÉN: Por lo cual Dios los entregó a pasiones ignominiosas, etc.
Y POCO DESPUÉS: Los entregó Dios a un sentir réprobo, etc.
EL MISMO, MÁS ADELANTE: Lo que buscaba Israel no lo consiguió;
pero siguió la elección; los demás quedaron ciegos, tal como está escrito:
Dios les dio el espíritu de compunción, para que tengan ojos y no vean y
oídos y no oigan hasta el día de hoy.
EL MISMO, EN LA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS: Si es claro
nuestro Evangelio, lo es acerca de los que perecen, pues Dios encegueció
las mentes de los infieles de este siglo para que no luzca para ellos la
iluminación de la gloria de Cristo.
AGUSTÍN, CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y DE LA NUEVA
LEY, CAP. LXXXVI: Se afirma que Dios es el que hace todo lo que
permite, porque si no lo permitiese no sucedería. Por eso dice el Señor a
Pilatos: No tendrías potestad sobre mí si no te fuese dada desde lo alto.

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EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN: Nada sucede si no lo quiere el
omnipotente, ya sea permitiendo que suceda o haciéndolo él mismo. Y no
hay duda que Dios obra bien, aun actuando permite que algunas cosas se
hagan mal. Pues eso no se haría sin su permiso. Y claramente es bueno
todo lo que es conforme a un juicio justo.
Y TAMBIÉN: Si esto no fuese bueno, de ningún modo el bien
omnipotente permitiría que hubiese males.
EL MISMO, SOBRE LA GRACIA Y EL LIBRE ALBEDRÍO: Si se
lee con atención la Escritura divina, esta enseña que las voluntades de los
hombres de tal modo están en la potestad de Dios, que a los que quiere y
cuando quiere los inclina sea para recibir ciertos beneficios o para cargar
con ciertas penas, Pues encontramos que ciertos pecados son también
penas de otros pecados; como son los vasos de ira que, como dice el
Apóstol, son perfectos para la perdición; como es el endurecimiento de
Faraón, cuya causa fue para demostrar en él el poder.
Y TAMBIÉN: Y dijo David: He aquí que mi hijo quiere mi vida, hijo de
Benjamín. Dejadlo que maldiga, pues Dios le dijo. ¿Cómo le dijo el Señor
a este hombre que maldiga? No lo dijo como una orden, porque entonces
se alabaría la obediencia, sino porque con un juicio justo y oculto aceptó
su mala voluntad hacia el pecado.
Y TAMBIÉN: Dijo Dios por Ezequiel: Si el profeta se equivoca y habla,
yo, el Señor, lo exterminaré de en medio de mi pueblo Israel.
Y TAMBIÉN: En la Epístola de Pablo a los romanos: Por eso los entregó
Dios, etc. Y en la segunda a los tesalonicenses dice acerca de algunos:
porque no recibieron el amor de la verdad, les enviará la obra del error,
para que crean la mentira y sean juzgados todos los que no creyeron la
verdad y aceptaron la iniquidad.
EL MISMO, SOBRE LA GRACIA Y EL LIBRE ALBEDRÍO: Está
escrito en los Proverbios: El corazón del rey está en la mano de Dios; lo
inclina hacia donde quiere. Y en el salmo se lee sobre los egipcios: Movió
su corazón para que odiasen a su pueblo y obraran el mal contra sus
siervos, etc. Y también el Apóstol: Por eso los entregó Dios a los deseos de
sus corazones, a la inmundicia. Es suficiente con estos testimonios, según
creo, para ver cómo Dios se manifiesta obrando en los corazones de los
hombres para inclinar sus voluntades adonde quiere, sea hacia las cosas

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buenas con su misericordia, o a las malas por los merecimientos de ellos, a
veces con un juicio abierto, a veces con un juicio oculto, pero siempre
justo. Por eso, cuando leéis que Dios seduce a los hombres o les endurece
los corazones, no dudes que han precedido sus malos merecimientos para
sufrir esto con justicia, y no incurráis en aquello del proverbio de
Salomón: La necedad del hombre le hace errar sus caminos; pero es Dios
quien obra en su corazón.
EL MISMO, SOBRE LA CORRECCIÓN Y LA GRACIA: Los
elegidos son para reinar con Cristo; no como Judas, para la obra que le
correspondía; fue elegido por aquel que sabe hacer el bien de los males, de
modo que por la obra condenable de él, se cumpliera la obra venerable
para la que había venido. Cuando oímos: ¿No os he elegido a vosotros, los
doce? Uno de vosotros es un diablo; debemos entender que unos fueron
elegidos por misericordia y aquel para juicio. A ellos los eligió para su
reino, y a este otro para derramar su sangre.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE XX CUESTIONES DEL
ÉXODO: La causa de la dureza del corazón del faraón no sólo fue que los
adivinos hacían cosas similares, sino también la misma paciencia de Dios,
que ordenaba su paciencia según los corazones, para algunos útil para
arrepentirse, para otros, inútil para resistir a Dios y perseverar en el mal.
JERÓNIMO, A CASTRICIANO: Hay un gran enojo cuando Dios no se
muestra airado con los pecadores.
Y TAMBIÉN: Es un castigo cuando el pecador es dejado a su propia
voluntad. Por eso los pecados de los padres caen sobre la tercera y cuarta
generación, al no querer castigar inmediatamente a los pecadores, dejando
sin castigo a los primeros y aplicándolo a los posteriores.
EL MISMO, SOBRE OSEAS, LIB. I: Es una gran ofensa si después del
pecado no se merece la ira de Dios.
Y TAMBIÉN: Y Él está tan airado que de ninguna manera castiga a los
delincuentes.
ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, LIB. II CAP. XVIII: Los
pecados precedentes son causa de delitos subsiguientes, y los que siguen
son castigo de los que preceden. Esa misma pena es llamada
endurecimiento, proveniente de la justicia divina. Por eso dice el profeta:
Endureciste nuestro corazón para que no te temiéramos. Y así también dice

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el Apóstol: Porque no recibieron la verdad de Dios, Dios les infundió el
espíritu del error. Dios hace que algunos pequen pero es en aquellos en los
que esos pecados ya precedieron, para que merezcan ir a un mal peor por
su justo juicio.
DEL LIBRO III DE LOS REYES: Dijo el profeta Miqueas: Escucha las
palabras del Señor. He visto al Señor sentado sobre su alto solio y a todo el
ejército del Cielo a su servicio, a la derecha y a la izquierda. Y dijo el
Señor: ¿Quién engañará a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en
Ramith Galaad? Y uno dijo esas palabras y otro, otras distintas. Y salió el
espíritu y se paró ante el Señor y dijo: Yo lo engañaré. Al cual le habló el
Señor: ¿Cómo? Y él dijo: saldré y seré un espíritu de mentira en la boca de
todos sus profetas. Y dijo el Señor: Lo engañarás y tendrás éxito; sal y
obra de ese modo. He aquí que el Señor puso al espíritu mendaz en la boca
de todos los profetas que están aquí, y el Señor declaró el mal contra ti.
JERÓNIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Por eso los abandonó Dios; no porque él sea la causa sino
que por longanimidad y paciencia, no imponiendo su venganza, soporta
que obren según la voluntad de su corazón. Se dice abandonar cuando no
retiene a los delincuentes, según dijo: los abandoné a los deseos de su
corazón.
AGUSTÍN, LXXXIII CUESTIONES, CAP. XXII: Si Dios es autor del
mal. El que es autor de todas las cosas que existen y de cuya bondad
depende que sea todo lo que es, de ninguna manera puede corresponderle a
Él el no ser. A todo lo que carece de algo le falta algo del ser y tiende al no
ser. Es bueno lo que es y no le falta nada y es malo aquello a lo que algo le
falta. Pero aquel a quien no pertenece el no ser no es causa de la
deficiencia, es decir, de tender al no ser, porque, por así decir, es causa del
ser; es sólo causa del bien y, por lo tanto, es el sumo bien. Por eso no es
autor del mal, porque es autor de todas las cosas, que, en la medida que
son, son buenas.
SOBRE LA PREDESTINACIÓN DIVINA: “Que Dios endurece el
corazón de quien le place” no debe entenderse como que Dios pone un
endurecimiento del corazón en alguien que no lo tenía. ¿Qué otra cosa es
la dureza sino dejar de cumplir los mandatos de Dios?
Y TAMBIÉN: Se dice que endurece a aquel que no quiere ablandar y se
dice que enceguece a aquel que no quiere iluminar y que es rechazado el

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que no quiere llamar.
CRISÓSTOMO, SOBRE MATEO: Es semejante el reino de los cielos a
un rey de hombres que preparó las nupcias para su hijo, y lo demás: Todo
lo malo carece de sustancia y no es nada.
Y TAMBIÉN: Ninguna cosa puede provenir de lo malo. Si lo malo no es
nada ¿cómo puede hacer alguna cosa? Sin embargo, puede haber una
pérdida en la cosa en la que está lo malo, retirarse lo bueno por causa del
mal que está en ella, y así encaminarse hacia la nada. Por lo tanto, la cosa
en la que sólo hay bien, es inmortal. El hombre fue creado con el bien y
con el mal para que, despreciando el mal, siga el bien pues para eso tiene
la merced del albedrío.
GREGORIO, SOBRE EZEQUIEL, HOMILÍA XI: Debemos
considerar con temor cómo Dios, al airarse contra los pecados pasados,
permite que la mente obcecada caiga en otros. Por eso dice Moisés:
Todavía no se han completado los pecados de los amorreos. También
David: pon sus injusticias una sobre otra y no entrarán en tu justicia. Pablo
dice: Para que se completen tus pecados. También a Juan un ángel le dice:
El que daña, que dañe todavía y el que está en la sordidez, que siga en ella.
Por eso también ahora dice el Señor: si alguien se aparta de su justicia y
comete una iniquidad, pondré un obstáculo ante él. Como si dijese
abiertamente: Como no quiso hacer penitencia después de pecar, lo
abandono con un juicio justo para que vuelva a pecar. Dios no impulsa de
ninguna manera al pecado pero no quiere librar de un pecado; como se
dice del faraón: Yo endureceré su corazón. El Señor no endurece el
corazón del pecador cuando no lo libra del endurecimiento.
RESPUESTAS DE PRÓSPERO A RUFINO, CAP. III: Lo que viene de
Dios sólo es bueno, y lo que es bueno no es causa del mal. No opina, pues,
rectamente el que juzga que el dador de la vida sea autor del pecado para
los que caen en él. No fueron abandonados por Dios para que dejaran a
Dios sino que lo abandonaron y fueron abandonados.

Q. 32: Que Dios todo lo puede. Y lo contrario

CRISÓSTOMO, DE SUS XXVI HOMILÍAS, SOBRE LA


EXPOSICIÓN DEL SÍMBOLO, QUE COMIENZA “LA IGLESIA
UNIVERSAL SE ALEGRA”: Creo en Dios, padre omnipotente. Creéis

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que Dios es omnipotente; su poder no tiene nada que no pueda hacer; sin
embargo, hay cosas que no puede hacer: engañarse, engañar, mentir,
ignorar, tener principio y fin, no perecer, olvidar cosas pasadas, no
ocuparse de las cosas presentes, no conocer las futuras; y no puede negarse
a sí mismo. He aquí cuántas cosas no puede hacer. Por eso, sin embargo,
es omnipotente, porque no puede hacer las cosas antes mencionadas.
EL MISMO, HOMILÍA XXVIII, SOBRE LA EXPOSICIÓN DEL
SÍMBOLO, QUE COMIENZA “SOBRE LA FÁBRICA DE TODA
LA IGLESIA”: Creo en Dios, padre omnipotente. Se dice omnipotente
porque su poder no tiene nada que no pueda hacer, como dice el profeta:
Todo lo que quiso, lo hizo. Esa es su omnipotencia, o sea que todo lo que
quiere, lo hace.
JERÓNIMO, EN LA EPÍSTOLA A EUSTOQUIO: Voy a expresarme
con audacia: Dios todo lo puede, pero no puede recuperar a una virgen
después de su ruina; puede librar de la pena pero no coronar a una
corrupta.
AMBROSIO A CROMATIÓN: Es imposible mentirle a Dios; esto es
imposible no por debilidad sino por su fortaleza y majestad, porque la
verdad no recibe la mentira. Esto es imposible para su plenitud; de lo que
se deduce que eso es imposible para un Dios potentísimo. ¿Qué hay más
poderoso que ignorar lo que corresponde a la debilidad? Hay sin embargo,
algo débil de Dios que es más fuerte para los hombres; y es necio para
Dios cuanto más sabio es para los hombres. Pero esto es de la cruz,
aquello, de la divinidad.
AGUSTÍN, CONTRA LA EPÍSTOLA DE GAUDENCIO: ¿Por qué
esto no puede suceder sino porque no puede de ningún modo hacerse con
justicia? Así decimos, ¡Ojalá pudiera matarme a mí mismo! Y así el Señor
le dijo a Lot: No podré hacer eso, hasta que tú entres allá. Dijo no poder,
aunque sin duda lo podía con su potencia pero no con su justicia.
AGUSTÍN, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XCVI: No por otra cosa es
llamado con verdad omnipotente sino porque puede todo lo que quiere y
ningún efecto de la voluntad del omnipotente puede ser impedido por la
voluntad de una criatura.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE EL ESPÍRITU Y LA LETRA:
No puede hacer cosas injustas porque Él es la suma justicia y la suma

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bondad. Es, por cierto, omnipotente, no porque pueda hacer todas las
cosas, sino porque puede hacer lo que quiere, de modo que nada puede
resistirse a su voluntad e impedir de alguna manera que esta se cumpla.
EL MISMO, EN CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y DE LA NUEVA
LEY, CAP. CLIX: Pues Dios puede hacer todas las cosas pero sólo hace
lo que conviene a su verdad y a su justicia.
EL MISMO, EN EL TRATADO SOBRE EL SÍMBOLO: Dios no
puede morir, no puede cambiar, no puede fallar.

Q. 33: Que no se puede resistir a Dios. Y lo contrario

EL SALMISTA: Tú eres terrible; ¿quién te puede resistir?


ESTER: Señor, rey omnipotente, todo está puesto en tu dominio, y no hay
quien pueda resistir a tu voluntad.
EL APÓSTOL, A LOS ROMANOS: ¿Quién resiste a su voluntad?
EL SALMISTA: Protégeme de quienes resisten a tu diestra.
ESTEBAN, EN LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES: Vosotros
siempre resistís al Espíritu Santo, como vuestros padres.
MARCOS: Jesús les decía que no hay profeta sin honor sino sólo en su
patria y entre sus parientes y en su casa. Y no podía allí mostrar ningún
prodigio, sino imponer las manos a unos pocos enfermos curándolos. Y se
admiraba de la incredulidad de ellos.

Q. 34: Que Dios no tiene libre albedrío. Y lo contrario

JERÓNIMO A DÁMASO, SOBRE EL HIJO PRÓDIGO: A nadie le


parezca peligroso y a nadie le parezca blasfemo si hemos dicho que el mal
de la envidia se filtró también entre los apóstoles ya que también lo
sabemos de los ángeles. Los astros no están limpios en su presencia y
encontró algo perverso en los ángeles. Y en los salmos: Ningún ser
viviente será justificado en tu presencia. No dice ningún hombre sino
ningún ser viviente, es decir, evangelista o apóstol —sino todo ser—
ángeles, tronos, dominaciones, y todas las demás potestades. Sólo Dios es

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aquel en el que no hay pecado. Los demás, teniendo libre albedrío, pueden
inclinar su voluntad en ambos sentidos.
EL MISMO, A PAULA Y EUSTOQUIO, SOBRE LA EXPOSICIÓN
DE LA EPÍSTOLA DE PABLO A FILEMÓN: De ese modo su bien no
sería por necesidad sino voluntario. Lo que muchos se preguntan sobre
este lugar, puede resolverse. Si Dios es bueno voluntariamente y no por
necesidad, al hacer al hombre a su imagen y semejanza debió hacer que
fuese bueno voluntariamente y no por necesidad. Pero pues, según dicen,
si el hombre debió ser hecho semejante a Dios, piden que tuviera libre
albedrío, como lo tiene Dios. Pero según lo que ellos infieren, debió lo que
resulta manifiesto que postulan cosas contrarias entre sí. Ser hecho de tal
manera, que no pudiera recibir el mal, atribuyéndole sólo la necesidad del
bien, porque de otro modo no sería semejante a Dios.
AGUSTÍN, OCHENTA Y TRES CUESTIONES, CAP. IV: Es mejor el
hombre que es bueno por su voluntad, que el que es bueno por necesidad.
Por lo tanto, debió dársele al hombre la libre voluntad.
EL MISMO, SOBRE EL GÉNESIS: Era menester, de este modo, que el
hombre fuera hecho capaz de hacer el bien y el mal; pero si no pudiese
querer el mal no por eso carecería de libre albedrío. Pues sería mucho más
libre el arbitrio si no pudiera servir al pecado. Y no debe ser llamada
voluntad libre, porque de tal manera queremos ser felices que no podemos
no sólo no querer ser miserables sino tampoco podamos serlo.
EL MISMO, LA CIUDAD DE DIOS, LIB. XXII: Esa ciudad feliz tendrá
en sí misma un gran bien, porque ningún inferior envidiará a un superior,
así como ahora los ángeles no envidian a los arcángeles. No por eso
dejarán de tener libre albedrío aunque no puedan deleitarlos los pecados;
será tanto más libre del deleite de pecar teniendo el placer de no pecar.
Y TAMBIÉN: Así como hubo una primera inmortalidad, de poder no
morir, que Adán perdió al pecar, así habrá una última, de no poder morir;
así hubo un primer libre albedrío, de poder no pecar y habrá un último
libre albedrío de no poder pecar.
Y TAMBIÉN: ¿Acaso se puede negar que Dios tenga libre albedrío por el
hecho de que no puede pecar? Todos en esa ciudad tendrán voluntad libre,
liberada de todo mal, llena de todo bien, olvidada de las culpas y olvidada
de las penas. Pero no olvidada de su liberación para no ser ingrata con su

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liberador. Recordaba sus males pasados, por lo que se refiere al
conocimiento racional; pero absolutamente olvidado de las experiencias de
los sentidos.
EL MISMO, LA CORRECCIÓN Y LA GRACIA: ¿Qué cosa más libre
que el libre albedrío cuando no puede servir al pecado? Esa merced es la
que le espera al hombre y ahora la tienen los ángeles y los santos.
Y TAMBIÉN: La primera libertad de la voluntad era poder no pecar; la
última será mucho mayor, no poder pecar.
Y TAMBIÉN: A él se le dio la libre voluntad sin pecado, con la que fue
creado, pero él la hizo servir al pecado. Y siendo su voluntad la de servir al
pecado, fue liberada por aquel que dijo: si el Hijo os libera, seréis
verdaderamente libres.

Q. 35: Que cuando falta la voluntad de Dios también falta el poder. Y lo


contrario

DE LA VIDA DE SAN JERÓNIMO, QUE EMPIEZA ASÍ,


“NUESTRO JERÓNIMO”: San Jerónimo procuró guiar a Eustoquio a
cosas más elevadas por medio de sus exhortaciones: Dios todo lo puede,
pero no puede devolver una virginidad perdida; que Dios no puede o no
quiere debiera decirse con otros términos. Cierto sabio le dijo a Dios: Tú
eres dominador de la virtud, juzgas con tranquilidad, y dispones con gran
reverencia. Tienes la capacidad de poder, cuando lo quieres. Cuando no
hay un querer de Dios, falta el poder. Siendo Dios de naturaleza inmutable,
su voluntad es también inmutable.
AGUSTÍN, EN EL TRATADO SOBRE EL SÍMBOLO: El omnipotente
solamente no puede hacer lo que no quiere.
Y TAMBIÉN: Como he dicho que el omnipotente sólo no puede hacer lo
que no quiere, temo que alguien pueda decir que afirmé temerariamente
que en Dios hay algo que no puede hacer. Esto también lo dijo el Apóstol:
Si no creemos, aquel que permanece fiel no puede negarse a sí mismo,
porque no lo puede querer. La justicia no puede querer hacer lo que es
injusto.
Y TAMBIÉN: Si, por lo tanto, puede haber algo que Él no quiere, no es
omnipotente. Pero realmente es omnipotente; por lo tanto, puede todo lo

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que quiere y no puede existir lo que no quiere; y por eso es llamado
omnipotente, porque puede todo lo que quiere.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. XIII, CAP. X: Hay quienes
dicen que no le faltó a Dios otra manera de liberar a los hombres que hacer
que su Hijo unigénito se hiciese mortal y padeciese la muerte. No es
suficiente para refutar esto decir que este modo por el que Dios se dignó
liberarnos fue realmente bueno. No le hubiera faltado a Dios otro modo,
porque todo está sujeto a su potestad, pero no había otro modo que fuese
más conveniente para salvar nuestra miseria. ¿Por qué no se elegiría
principalmente este modo, de la muerte de Cristo, dejados de lado otros
innumerables modos que podría haber usado el omnipotente?
Y TAMBIÉN: Podía ciertamente Dios recibir como mediador entre Dios y
el hombre a alguien que no fuese del género de Adán así como el que creó
primero no era de ningún género anterior. Podría por cierto, de este modo
o de otro que quisiera, crear alguien que fuera vencedor del anterior
vencido, pero Dios creyó mejor asumir un hombre del mismo género del
que había sido vencido.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
LA NUEVA LEY: Dios pudo hacer todas las cosas al mismo tiempo, pero
la razón lo prohibía.
Y TAMBIÉN: Podía mezclar el alma con el limo de la tierra y así formar
el cuerpo pero eso debilitaba a la razón, porque primero convenía preparar
la casa y allí introducir al habitante.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN: La voluntad del omnipotente
nunca puede ser mala. Además, puede hacer muchas cosas que no hace ni
quiere hacer. Pudo hacer que doce legiones de ángeles lucharan contra
aquellos que lo capturaron.
EL EVANGELISTA MATEO: ¿O pensáis que no puedo rogar a mi
padre y me enviaría al instante más de doce legiones de ángeles?
Y TAMBIÉN: Entonces se verá con una clarísima luz de sabiduría lo que
ahora muestra la fe, que la voluntad de Dios es ciertamente inmutable y
eficacísima que puede hacer muchas cosas pero no quiere, pero nada hay
que quiera y no pueda hacer.

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EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE EL ESPÍRITU Y LA LETRA:
Me parece según creo, no dudes que nunca sucedió que pasara un camello
por el ojo de una aguja, y, sin embargo, él dijo que para Dios eso era
posible.
Y TAMBIÉN: Si esto puede añadirse a lo que se lee en el libro de la
Sabiduría, a saber, que Dios podía ejercer muchos nuevos tormentos sobre
los impíos, estando la creación entera a sus órdenes, y sin embargo no lo
hizo. También puede hacer lo que se dice que la fe puede transportar un
monte al mar, pero no leemos ni oímos que eso haya sucedido. Cualquiera
de estos que diga que hay algo imposible para Dios, ves que está en un
error, y habla en contra de la fe en la Escritura. Muchas otras cosas
parecidas se le pueden ocurrir al que lee o piensa, es decir, que no
podemos negar que hay cosas posibles para Dios, aunque no haya un
ejemplo de que se hicieron.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE LA NATURALEZA Y LA
GRACIA: El Señor resucitó a Lázaro; sin duda pudo hacerlo. Y si no
resucitó a Judas ¿podrá decirse acaso que no pudo? Pudo, pero no quiso; si
hubiese querido, lo hubiese hecho con ese mismo poder, porque el Hijo
vivifica a quienes quiere.

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Q. 36: Que todo lo que Dios quiere, lo hace. Y lo contrario

DAVID, EN EL SALMO CXXXIV: Todo lo que quiso el Señor lo hizo


en el Cielo y en la Tierra, etc.
Y EL APÓSTOL, A LOS ROMANOS: ¿Quién resiste a su voluntad?
EL MISMO, EN LA EPÍSTOLA PRIMERA A TIMOTEO: Esto es
bueno y aceptable para Dios nuestro salvador, que quiere que todos los
hombres sean salvos, etc.
Y LA VERDAD MISMA, HABLANDO A JERUSALÉN: ¡Cuántas
veces quise congregar a tus hijos! Etc.
JERÓNIMO, SOBRE DANIEL, EN LA TERCERA VISIÓN,
DONDE ASÍ HABLA DE DIOS Y DE NABUCODONOSOR: Según su
voluntad obra en el Cielo y en la Tierra; no hay quien resista a su mano y
diga: ¿por qué lo hiciste? Habla como un hombre del siglo. No hace lo que
quiere, sino lo que es bueno, eso es lo que Dios hace. Nabucodonosor así
habló, para que, mientras predica la potencia de Dios, parezca argüir su
justicia y que sufrió castigos sin merecerlo.

Q. 37: Que nada se hace si Dios no lo quiere. Y lo contrario

DE LAS PALABRAS DEL PROFETA HABACUC: Señor, digo que


nada se hace sin ti y que el impío no tiene tanto poder si tú no lo quieres.
Siendo el creador y señor de todas las cosas, es necesario que tú hagas lo
que sin ti no puede hacerse.
AGUSTÍN, EN EL LIBRO SOBRE EL ESPÍRITU Y LA LETRA:
Algunos infieles obran contra la voluntad de Dios ya que no creen en su
Evangelio.
EL MISMO, LA CIUDAD DE DIOS, LIBRO XXII: Muchas cosas se
hacen contra la voluntad de Dios pero es tan grande su sabiduría y tanta es
su potencia de modo que todas esas cosas que Él supo de antemano
tiendan a buenos y justos resultados, aunque esas cosas parecían oponerse
a su voluntad.

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Y TAMBIÉN: Dios que obra en nosotros el querer.
Y TAMBIÉN: Según esta voluntad, ya que decimos que Dios hace que
otros quieran, hay muchas cosas que no hace Él. Sus santos quieren que
sucedan muchas cosas, inspirados por Él con su santa voluntad, y no
suceden; y oran pía y santamente algunos y no sucede lo que piden en la
oración.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN: A veces el hombre con buena
voluntad quiere algo que Dios no quiere, como si un buen hijo quiere que
su padre viva y Dios, con buena voluntad, quiere que muera. Y también
puede ser que el hombre quiere algo con voluntad mala y Dios lo quiere
con voluntad buena; como si un mal hijo quiere que su padre muera y Dios
también lo quiere.
Y TAMBIÉN: Quiere que todos los hombres sean salvos; como si dijera
que nadie sea salvo sino el que quiere que sea salvo. O como dicho con
certeza, que todos los hombres, es decir, de cualquier clase de hombres,
sean salvos.

Q. 38: Que Dios todo lo sabe. Y lo contario

EL APÓSTOL, A LOS HEBREOS, SOBRE EL ESPÍRITU DE DIOS:


Todas las cosas están desnudas y abiertas a sus ojos, etc.
DEL LIBRO DE LAS SENTENCIAS DE PRÓSPERO, CAP.
CCLXXXI: Cuando el Salvador dice que no cae un pájaro a la tierra sin la
voluntad de Dios, y que el heno del campo que será enviado al horno
dentro de poco tiempo y Él sin embargo, los alienta y los viste, ¿no está
confirmando que no sólo toda la parte del mundo dedicada a las cosas
mortales y corruptibles, sino que también las más viles y abyectas
partículas están regidas por la providencia divina, para no ser perturbadas
por movimientos fortuitos aquellas cosas cuyas causas no comprendemos?
JERÓNIMO, EXPONIENDO ESTAS PALABRAS SOBRE EL
PROFETA HABACUC: Señor, limpios son tus ojos para que no veas el
mal y no puedas mirar la iniquidad. ¿Por qué no miras a los que obran
iniquidades mientras el impío devora al más justo? Harás a los hombres
como los peces del mar y los reptiles de la tierra que no tienen un príncipe.
No digo que pueda suceder algo sin ti y que sin tu voluntad sea tan grande

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el poder del impío. Siendo, pues, señor y creador de todas las cosas, es
necesario que hagas lo que sin ti no puede hacerse. No es que el profeta
sienta de esa manera sino que expresa en su persona la impaciencia
humana, así como el Apóstol asume en sí muchas personas. Así dice:
Hermanos, me transfiguré en Apolo, etc. De otro modo no puede Dios
tener a los hombres como peces del mar y como reptiles que no tienen
príncipe, cuyos ángeles cotidianamente ven el rostro del Padre que está en
los cielos. Así como en los hombres, en general, también la providencia
corre para cada uno, y también para el resto de los animales tiene una
disposición general y así podemos entender el orden y el curso de todas las
cosas; por ejemplo, como nazca la multitud de los peces y vivan en las
aguas; como se originen los reptiles y cuadrúpedos en la tierra y de qué se
alimenten. Pero es absurdo considerar que la majestad de Dios conozca en
detalle cuántos mosquitos nacen y cuántos mueren; cuántas chinches,
pulgas y moscas existan; cuántos peces estén nadando en el agua y que los
mayores deban preceder a los menores. No seamos tan fatuos aduladores
de Dios para que, mientras aplicamos su poder a cosas tan ínfimas nos
injuriemos a nosotros mismos mencionando esa providencia de cosas
irracionales. Por eso hay que considerar que es una necedad ese libro
apócrifo en el que está escrito que cierto ángel llamado Tiri gobierna a los
reptiles e igualmente se les asignan ángeles custodios propios a los peces,
a los árboles y a todos los animales.

Q. 39: Que las obras de los hombres son nada. Y lo contrario

AGUSTÍN, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. IX: Es suficiente para el


cristiano, sobre las causas de las cosas creadas, conocer la bondad del
creador, que es Dios, y que no hay ninguna naturaleza que sea Él o
proceda de Él.
EL MISMO, SOBRE LAS COSTUMBRES DE LA IGLESIA
CATÓLICA: La criatura, exclama Pablo, está sujeta a la vanidad, y no
puede separarnos de la vanidad y conectarnos con la verdad lo que está
sujeto a la vanidad. Esto nos lo da el Espíritu Santo. Por lo tanto no es una
criatura, porque todo lo que es, o es Dios o es una criatura.
PABLO, EPÍSTOLA PRIMERA A LOS CORINTIOS: Sabemos que
nada es un ídolo en el mundo.

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DE LOS HIMNOS DE PRUDENCIO:
Isis, Apolo, Venus, no son nada,
el mismo Maximiano no es nada;
aquellos son nada porque fueron hechos manualmente,
este por coleccionar objetos hechos por manos.
DEL SALMO CXIII: Los simulacros de los gentiles son plata y oro,
hechos por sus manos.

Q. 40: Que Dios cambia de lugar o tiene un lugar. Y lo contrario

EL PROFETA: Saldrá el Señor de su lugar santo, etc.


LA VERDAD POR SÍ MISMA: Porque bajé del Cielo no para hacer mi
voluntad, etc.
Y TAMBIÉN EL APÓSTOL: ¿Cómo asciende si no es porque descendió
primero a las partes inferiores de la Tierra, etc.?
AGUSTÍN, LA CIUDAD DE DIOS, LIB. XVI: Dios no cambia de lugar
porque siempre está en todas partes por entero y se dice que desciende
cuando realiza algo inusual sobre la Tierra.
El MISMO, A DÁRDANO: Dios está, pues, difundido en todas partes.
Dice, por el profeta: Yo ocupo el Cielo y la Tierra. Y sobre su sabiduría
está escrito: Se extiende desde un confín hasta otro. Y también está escrito:
El Espíritu del Señor llenó todo el orbe de las tierras. Y en el salmo:
¿Adónde me apartaré de tu espíritu? etc. Si subo a los cielos, etc. Dios está
sustancialmente en todas partes.
Y TAMBIÉN: Hay que confesar que Dios está en todas partes por la
presencia de su divinidad pero no en todas partes por la gracia de su
presencia.
Y TAMBIÉN: No debe tomarse con negligencia lo que dijimos de que
Dios en sí mismo está por entero en todas partes. Se dice que está en todas
partes porque no está ausente de ninguna parte de las cosas; por eso está
entero porque está por igual en cada parte. Se dice que están lejos de Él los

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que, por el pecado, dejaron de ser semejantes y que están cercanos a Él los
que viviendo piadosamente reciben su semejanza.
Y TAMBIÉN: Debe exponerse con más claridad lo que añadimos
diciendo “en sí mismo”. Decimos en sí mismo porque no está contenido
por las cosas en las que está presente como si no pudiera estar sin ellas.
Quita los espacios de lugar a los cuerpos y ya no existirán. Quita los
cuerpos a las cualidades de los cuerpos y ya no estarán donde están y
necesariamente dejarán de ser.
EL MISMO, A VOLUSIANO: El Verbo de Dios está por entero en todas
partes. Viene, cuando se manifiesta; se retira, cuando se oculta.
JERÓNIMO, EN EL BREVIARIO MAYOR DEL SALTERIO,
SALMO XXX: ¿Acaso Dios es local? Es local y no lo es. Es local para los
que se llegan a Él: no lo es, porque está en todas partes.

Q. 41: Que el mismo Dios es el que se aparecía a los antiguos. Y lo


contrario

HISTORIA ECLESIÁSTICA, CAP. I: Se sabe que se mostró


anteriormente a muchos, pero en forma más evidente y familiar a Abraham
y a su gente, en cuanto era posible, Dios se apareció a los hombres, porque
se le apareció a Abraham como un hombre cualquiera cuando estaba
sentado sobre una roca en Mambre. Él levantándose al ver al hombre,
adoró a Dios y lo veneró como a Dios. Atestigua con su propia voz no
ignorar la presencia divina, diciendo: Dominador, Señor, etc. La razón de
esta dispensación luego completada más plenamente, designa que todas
estas cosas no deben ser referidas al Padre sino al Hijo en la carne. Y
también el profeta: Envió a su Verbo, etc. Cuando se le apareció a Jacob
las Escrituras lo designan como Dios, diciendo: Tu nombre será Israel,
porque luchaste con Dios. Y poco después dice: Vio al Señor cara a cara,
etc. Y no es lícito sentir estas cosas ni de algún ángel o alguna de las
virtudes celestiales. La palabra divina no recuerda a ninguno de ellos como
Dios o Señor, cuando se aparecieron a los hombres por mandato divino.
Este también le respondió claramente a Moisés cuando preguntó quién era,
diciendo: Soy el príncipe de la milicia de las virtudes del Señor. Cuando el
siervo, como convenía, al oír eso lo adoró, le dijo que le soltara la correa
de su calzado, etc. En esto hay que considerar la semejanza de las órdenes,

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pues no era otro aquí que el que le había dicho a Moisés desde la zarza: No
te acerques; desata mi calzado, etc. Y añadió: Yo soy el Dios de tus
padres, etc. Quedó claro con esto que lo que se designaba era el Verbo de
Dios y Dios mismo.
JERÓNIMO, A MARCELINO Y ANASIQUIA: Era el Dios sempiterno
el que fue visto por Adán y el que habló con Jacob.
EL MISMO, A DÁMASO: Según esto hemos visto al mismo Señor y a
los ángeles transformados en figuras humanas para no atemorizar a
quienes los veían.
DE LA EPÍSTOLA DEL BIENAVENTURADO HILARIO
DESTINADA A DIVERSAS PROVINCIAS, QUE COMIENZA ASÍ
“A LOS DILECTÍSIMOS Y MUY BIENAVENTURADOS
HERMANOS”: Si alguien dice que Jacob haya luchado no con un hijo, o
sea, un hombre, sino con el Dios inasible, o sea, su padre, sea anatema.
EL MISMO EN EL XII SOBRE LA TRINIDAD: Aquí también a
menudo se produce un error cuando se sostiene, por la autoridad profética,
que el Dios unigénito es una criatura, pues la persona de la sabiduría dijo:
El Señor me creó como inicio de sus caminos.
Y TAMBIÉN: Veamos por lo tanto que la sabiduría nacida de Dios antes
de los siglos haya sido creada en el tiempo para qué caminos y para qué
obras. Adán oyó la voz del Señor que caminaba en el Paraíso. ¿Crees que
los pasos del caminante no fueron oídos como los de verdadera criatura,
sino bajo la apariencia de una cosa creada?
Y TAMBIÉN: Un ángel le habla a Agar y ciertamente es el mismo Dios.
¿Acaso cuando parece ser un ángel no es de la misma naturaleza por la
cual es Dios? ¿Pero qué diré del ángel? Un hombre se acercó a Abraham.
¿Acaso Cristo no es el mismo en su forma de creación según un hombre
que en su condición de Dios? Habla como hombre, tiene un cuerpo y se
alimenta con comida pero sin embargo, es adorado como Dios. Se entiende
claramente la diversidad de la criatura asumida, dado que antes fue un
ángel y fue un hombre, y esta no es la apariencia natural de Dios. Está ante
Jacob hasta el momento de la lucha con apariencia humana, extiende la
mano, utiliza sus miembros, curva su cuerpo, y procede al igual que
nosotros en todos sus movimientos y pasos. Y él mismo después se
muestra a Moisés en forma de fuego. Recorre los tiempos y mira cómo se

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apareció a otros en forma de criatura humana. Caminó los caminos de Dios
y realizó sus obras para nuestro conocimiento de Dios y provecho de
nuestra eternidad. También Dios, que es fuego consumidor, a todos estos
se les aparece como creado, para asumir la creación con el poder con que
lo hizo, y con el poder de abandonar luego lo que sólo se hizo para ser
visto como un apariencia.
EL MISMO EN EL LIBRO I: Y dijo el ángel del Señor a Agar:
Multiplicaré grandemente tu semilla, etc. Y llamó al Señor que le hablaba:
Tú eres Dios que te fijaste en mí. Habla el ángel de Dios; hay una doble
significación en el ángel de Dios: aquel que es y aquel de quien es.
Y TAMBIÉN: En primer lugar, el ángel del Señor; en segundo lugar, el
Señor; lo llamó Señor al que le hablaba; en tercer lugar, Dios: Porque tú
eres Dios que te fijaste en mí, el que fue llamado ángel y Dios, el mismo es
Señor y es Dios. Según el profeta es el Hijo de Dios, el ángel del gran
consejo. Para que la distinción de las personas fuese absoluta fue llamado
ángel de Dios: el que es Dios de Dios, él mismo es ángel de Dios. Para que
se le rindiese el debido honor se lo predicó Señor y Dios.
Y TAMBIÉN que es el Señor y es Dios. El que por su ministerio es ángel
del gran consejo de anunciar que es Él mismo por su naturaleza y su
nombre es Dios.
Y TAMBIÉN: Siguen palabras de más provechosa y plena doctrina. Dios
le habla a Abraham. Está sentado y se le acercan tres varones. Adora a uno
solo y lo confiesa Dios. El que es adorado y confesado como Dios por él,
promete regresar en el futuro. Dios le habló a Abraham. El varón visto por
él luego le habla de esas mismas cosas. Abraham vio un varón pero adoró
a Dios, reconociendo así el misterio de la futura corporización.
AMBROSIO, SOBRE LA FE: Si los ángeles a menudo aparecen en
figura de hombres y sin embargo, no son nada más que lo que se sabe que
son y no cambian su sustancia cuando asumen la forma del cuerpo
humano, ¿cuánto más no lo hará el mismo Señor? De este modo
sostenemos que el Hijo de Dios visto por los padres no sólo es visto como
que es Dios, sino que allí se entendía la disposición de las cosas futuras,
que iban a cumplirse, y se figuraban allí como en imagen. Porque ¿quién
pudo ver al Hijo de Dios antes de que asumiera materia visible, cuando le
plugo, o revestirse de la figura de hombre cuando se dignó hacerlo? Se
mostró a Abraham bajo la forma de cuerpo humano y en los últimos

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tiempos se mostraría viniendo como hombre. A Jacob se le aparece en una
parte como ángel y en otra como hombre. Se apareció como ángel para
señalar al nuncio del gran consejo. Y como hombre, con el que se describe
su lucha, como imagen de la lucha futura que iba a tener con Israel cuando
hiciese su llegada como hombre. Y para certificar que Dios con quien
había luchado bajo la figura de hombre, recibió el nombre de Israel, es
decir, el hombre que ve a Dios, ya que había visto la figura del hombre con
que se había revestido el Hijo de Dios. A Moisés se le apareció en una
zarza como llama de fuego para demostrarse como una luz para los
creyentes y como juicio para los incrédulos. Precedía al pueblo de Israel
como una columna de nubes en el día y como una columna de fuego por la
noche, como un guía del camino, para significar la gracia del bautismo por
la nube y el don del Espíritu Santo por el fuego, pues Pablo escribe que los
padres fueron bautizados en la nube y declaran los Hechos de los
Apóstoles que el espíritu es fuego. Finalmente, cuando Moisés pudo ver
puramente la faz de Dios, le respondió: no podrás ver mi rostro porque un
hombre no podrá ver mi rostro y seguir viviendo.
AGUSTÍN, LIBRO VIII DEL GÉNESIS LITERAL: Si ahora
preguntamos cómo haya hablado Dios, debes sostener con certeza que
Dios habla o bien por su propia sustancia o por medio de una criatura que
le está sujeta; pero por su propia sustancia no habla sino para crear
naturalezas. No sólo para crear las naturalezas espirituales, sino también
para iluminarlas, cuando ya puedan captar su mensaje tal cual es en su
palabra, porque en el principio era el Verbo, etc. Pero a aquellos que no
pueden comprender cuando Dios habla, no lo hace sino a través de una
criatura espiritual, sea en sueños o en un éxtasis con semejanza de cosas
corporales, o incluso corporales, apareciendo ante los sentidos del cuerpo
como una imagen o como voces que se oyen.
Y TAMBIÉN: Algunos herejes juzgan que la sustancia del Hijo de Dios,
sin haber asumido un cuerpo, es visible por sí misma, y por tanto, antes de
recibir el cuerpo de la virgen, él mismo se apareció así a los padres. Esta
impiedad debe ser rechazada lejos de las mentes católicas.
EL MISMO, EN LA CIUDAD DE DIOS, LIB. X: Y no debe extrañar
que, siendo invisible, se mencione que se apareció visiblemente a los
padres. Así como el sonido con el que se escucha una sentencia no es la
sentencia misma, así también la apariencia con la que se lo ve a Dios que
está constituido en una naturaleza invisible, no es lo que es él mismo. Ellos

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no ignoraban que habían visto a Dios invisible en una apariencia corporal
y que esta no era él mismo. Cuando le hablaba a Moisés, este le dijo: Si
encontré gracia ante ti, muéstrate a ti mismo de modo claro para que te
vea.
EL MISMO, SOBRE JUAN, HOMILÍA III: Nadie ha visto nunca a
Dios. Moisés vio una nube, un ángel, un fuego. Todas esas criaturas
mostraban una imagen del Señor, pero no exhibían la presencia del Señor
mismo. Y lo tienes abiertamente en la ley. Y hablaba Moisés con el Señor
frente a frente, como un amigo con un amigo. Si sigues leyendo esa
Escritura vas a encontrar a Moisés diciendo: Si he hallado gracia en tu
presencia, muéstrate a mí manifiestamente, para que pueda verte. Recibió
la respuesta: No puedes ver mi rostro. Habla, por tanto, con Moisés un
ángel que tenía la imagen del Señor y todo lo que fue hecho allí por el
ángel prometía esta gracia y verdad futuras. Todas las cosas que
aparecieron corporalmente, no eran ellas mismas la sustancia de Dios. Esas
cosas visibles fueron hechas a través de una criatura para que se mostrara
en ellas una semejanza, pero no se demostraba la sustancia misma.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. III, CAP. X: Es manifiesto
que todas las cosas que fueron vistas por los padres, cuando Dios se les
presentaba, fueron hechas a través de una criatura. Aunque se nos oculta
cómo esas cosas fueron hechas por ministerio de los ángeles, sin embargo,
decimos que realmente fueron hechas. ¿Por qué está escrito “dijo el Señor”
y no “dijo el ángel”? Porque cuando el pregón pronuncia las palabras del
juez, no se escribe sobre los gestos; lo dice el pregón, pero lo dice el juez.
Y TAMBIÉN: Antes de la encarnación del Salvador, cuando se decía que
Dios aparecía, esas voces e imágenes corporales eran efectuadas por
ángeles, hablando y actuando ellos de parte de la persona de Dios.

Q. 42: Que sólo el Hijo aparece una vez entre los ángeles. Y lo contrario

ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, CAP. X: Cuando en las escrituras


santas se pone un ángel en lugar de Dios, no se entiende el Padre ni el
Espíritu Santo.
AGUSTÍN, SOBRE LA TRINIDAD, LIBRO I, CAP. X, SOBRE LOS
ÁNGELES, EN LOS CUALES APARECÍA EL SEÑOR Y
HABLABA: Ciertamente en los ángeles estaba figurado el Padre, el Hijo y

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el Espíritu Santo y a veces el Padre, a veces el Hijo y a veces el Espíritu
Santo, y a veces también sin ninguna distinción de personas estaba allí
representado Dios.
EL MISMO, LIB. II, CAP. XI: Cuando los tres varones aparecieron ante
Abraham ninguno de ellos se dijo que era mayor que los otros ni por la
figura ni por la edad ni por el poder; ¿Por qué no podemos recibir acá
insinuada visiblemente por una criatura visible la sustancia de una igual y
misma trinidad?
Y TAMBIÉN, EN EL MISMO LIBRO: Si en aquellas voces que se
escuchaban en el Éxodo y en todas aquellas demostraciones corporales se
mostraba Cristo o a veces Cristo y a veces el Espíritu Santo, según lo que
enseñamos anteriormente, no puede decirse que Dios Padre nunca
apareciera a los padres. Muchas cosas tales tuvieron lugar en aquellos
tiempos, sin que estuviera evidentemente señalado en ellas el Padre, el
Hijo o el Espíritu Santo, de modo que sería demasiado temerario afirmar
que Dios Padre nunca se apareció a los padres a través de algunas formas
visibles. Esta opinión la generaron aquellos que no pudieron comprender
en la unidad de la Trinidad lo que se dijo: Al rey de los siglos, etc., a quien
nadie vio ni puede ver. Con lo que se interpreta la sustancia divina, en la
que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. Esas visiones se
realizaron a través de alguna criatura mutable, no propiamente como es en
sí sino significativamente con relación a Dios. No sé cómo estos entienden
la aparición a Daniel del antiguo de días, del cual se entiende que el Hijo
recibió el reino, a saber, de aquel que le dice: tú eres mi hijo, pídeme, etc.
Si para Daniel el Padre que da el reino y el Hijo que lo recibe se le
aparecieron con aspecto corporal, ¿cómo dicen estos que el Padre nunca se
apareció a los profetas y por eso sólo debe entenderse como invisible? No
se cree, pues, sin razón, que también Dios Padre, solía aparecer de ese
modo a los mortales. A no ser que alguien diga que el Padre no es visible
porque apareció ante alguien que estaba soñando y que el Hijo y el
Espíritu Santo eran visibles porque estas cosas le ocurrieron a Moisés en
estado de vigilia. Moisés no vio verdaderamente al Verbo con ojos
carnales ni el espíritu humano pude ser visto; ¡cuánto menos el espíritu de
Dios! Pero ¿quién se atreverá a decir que el Hijo y el Espíritu Santo son
visibles a los ojos humanos y el Padre sólo a los que están soñando? Por
eso nadie en su sano juicio debe afirmar que nunca la persona del Padre se
mostró con apariencia corporal a los ojos de alguien en estado de vigilia.

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Y TAMBIÉN: ¿Qué dicen acerca de Abraham, al cual, en vigilia,
habiendo dicho la Escritura que el Señor se apareció a Abraham, se le
parecieron no uno solo sino dos y hasta tres varones, de los que se dijo que
ninguno era más excelso que otro ni más honorable ni con más poder?

Q. 43: Que ningún espíritu creado cambia de lugar. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE EL GÉNESIS, LIB. VIII: Dios antepuso la criatura


espiritual a la corporal de modo que la espiritual sólo pudiese mutar en
cuanto al tiempo y la corporal en cuanto al tiempo y al espacio. El alma se
mueve en cuanto al tiempo ya sea recordando lo que había olvidado o
aprendiendo lo que no sabía o queriendo lo que no había querido; el
cuerpo, también en cuanto al lugar,
Y TAMBIÉN: El que intenta comprender cómo Dios inmutable en cuanto
al tiempo y al espacio puede mover temporal y localmente a su criatura, no
lo podrá lograr, según creo, si antes no entiende cómo el alma, es decir, el
espíritu creado, que se mueve según el tiempo y no según el lugar, pueda
mover al cuerpo en cuanto a tiempo y lugar.
Y TAMBIÉN: ¿Quién no entenderá fácilmente que no se mueva según el
lugar algo que no está extendido en el espacio? Lo que se extiende por el
espacio es el cuerpo. Y por consiguiente no puede creerse que el alma se
mueve si no se cree que existe el cuerpo.
EL MISMO, SOBRE AQUELLO QUE ESTÁ ESCRITO: El espíritu
del Señor era llevado sobre las aguas. Con el nombre de las aguas se
insinúa aquella materia informe que fue hecha de la nada, de la que se
harían todas las cosas, ¿qué impide entonces entender que el Espíritu Santo
del creador fuera llevado sobre esta materia no por pasos e intervalos de
espacios porque esto de ninguna manera se dice de una cosa incorpórea,
sino que se habla de la excelencia y eminencia del que tiene dominio sobre
todas las cosas, para que todas fuesen creadas?
EL MISMO EN EL LIBRO DE LAS PREGUNTAS QUE LE
DIRIGIÓ OROSIO: Los espíritus creados, como los de los ángeles, que
cumplen órdenes de Dios con respecto a seres inferiores, se cree con razón
que se mueven con respecto al tiempo. Y sus cuerpos se mueven en cuanto
a lugar cuando descienden del Cielo y ascienden nuevamente.

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Y TAMBIÉN: Por lo tanto, según la razón antedicha un espíritu creado
puede moverse según el tiempo, pero no según el espacio. El espíritu
creador, sin tiempo ni espacio; el cuerpo, en tiempo y espacio.
Y TAMBIÉN: Los animales y las aves en su género están sujetos a Dios,
dado que Él mueve todas las cosas en tiempos oportunos, no siendo Él
movido temporalmente. Él se mueve a sí mismo sin tiempo ni lugar,
mueve al espíritu creado temporalmente pero no en cuanto a lugar y a la
criatura corporal, temporal y localmente.
Y TAMBIÉN: Orosio: ¿Qué es lo que hace que Dios, que aseguras que se
mueve, no lo haga en el tiempo? Agustín: Dios es antes de los tiempos:
para Él nada es pasado ni futuro; hay un nuevo pensamiento; porque si
fuera nuevo, sería accidental. Si algo le aconteciera a Dios, ya no sería
inmutable. Dios es inmutable y nada le sucede, etc.
BOECIO, EN EL TERCERO DE LOS TÓPICOS: El alma ni crece ni
disminuye y no pasa de un lugar a otro.
EL LLAMADO SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES: Muerto y
sepultado, descendió a los infiernos.
AMBROSIO, SOBRE LA FE, AL EMPERADOR GRACIANO: El
serafín se traslada de un lugar a otro, pues no ocupa todo el espacio.
AGUSTÍN, LXXXIII CUESTIONES, CAP. IX: El alma siente que se
mueve por sí misma, porque sabe que tiene voluntad en sí misma, pero ese
movimiento no es de un lugar a otro como el del cuerpo. Moverse
localmente es propio del cuerpo.

Q. 44: Que sólo Dios es incorpóreo. Y lo contrario

OBISPO GENADIO DE MARSELLA, SOBRE LA FE ORTODOXA


DE LOS DOGMAS ECLESIÁSTICOS: Debe creerse que nada hay en la
naturaleza que sea incorpóreo e invisible sino sólo Dios. Y se cree que es
incorpóreo porque está en todas partes y todo lo llena y contiene y es
invisible para todas las criaturas por ser incorpóreo. Toda criatura es
corpórea; los ángeles y todas las virtudes celestiales son corpóreos, aunque
no tienen carne. Creemos que las criaturas intelectuales son corpóreas
porque están localmente circunscriptas, como el alma humana, que está

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encerrada en la carne, y los demonios, que son corpóreos por la sustancia
de la naturaleza angélica.
GREGORIO, MORALES, LIB. II: En esto es distinta la naturaleza
angélica de nuestra condición, en que nosotros estamos circunscriptos por
un lugar y estamos limitados por la ceguera de nuestra ignorancia. En
cambio, los espíritus de los ángeles, aunque están circunscriptos a un
lugar, sin embargo su ciencia se extiende de manera incomparable.
Y TAMBIÉN: Su ciencia es mucho más amplia en comparación con la
nuestra, pero es estrecha en comparación con la ciencia divina; también
sus cuerpos, en comparación con los nuestros, son espíritus, pero son
cuerpos comparados con el del espíritu supremo e ilimitado.
AGUSTÍN, LAS OCHENTA Y TRES CUESTIONES, CAP. XXXI:
Dios no está en un lugar determinado; lo que está en un lugar determinado
está contenido por ese lugar; es un cuerpo. Pero Dios no es cuerpo; por
eso, no está en un lugar determinado y, antes bien, todas las cosas están en
Él, pero no de manera que Él sea un lugar. Un lugar está en el espacio y
está ocupado por la longitud, el ancho y la altura de un cuerpo. En forma
abusiva se dice que un lugar es templo de Dios, no porque Él esté
contenido allí sino porque allí está presente.
CONFERENCIA VII, ATRIBUÍDA AL ABAD SERENO, CAP. XIII:
Aunque reconocemos que hay algunas naturalezas espirituales, como son
los ángeles, los arcángeles, las demás virtudes celestiales e incluso nuestra
alma o este mismo aire sutil, sin embargo no debemos decir que estas sean
incorpóreas. Tienen para sí un cuerpo con el cual subsisten aunque es
mucho más tenue que los nuestros, según la sentencia del Apóstol que
dice: hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales, y además: se siembra un
cuerpo animal y resurgirá un cuerpo espiritual. Con esto se colige
manifiestamente que nada es incorpóreo sino sólo Dios. Y sólo en Él
pueden estar presentes todas las sustancias espirituales e intelectuales,
porque Él está todo entero en todas partes y en todas las cosas, de modo
que contempla y vigila las cosas ocultas de todas las mentes.
HILARIO, SOBRE MATEO, CAP. V: ¿No es el alma más importante
que el alimento y el cuerpo lo es más que el vestido? Nada hay que no esté
en su propia sustancia y creación y sea incorpóreo y todas las cosas en el
Cielo o en la Tierra constan de elementos visibles o invisibles. Pues la
especie de las almas sea que tengan cuerpos o existan sin ellos tienen sin

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embargo la sustancia de una naturaleza porque todo lo que es creado es
necesario que esté en algo.
EL MISMO, SOBRE EL SALMO CXXIX: A imagen de Dios fue hecho
el hombre interior, racional, móvil, moviente, conocedor, incorpóreo, sutil,
eterno. En cuanto es en sí, imita la especie de la naturaleza principal, ya
transcurre en el tiempo, ya sobrevuela, y más rápido de lo que se dice está
dentro del océano, o vuela a los cielos, o va a los abismos, ya está en
Oriente y ya en Occidente, de modo que nunca deja de estar en alguna
parte. La naturaleza de Dios está en todas partes, y no deja de estar en un
lugar para estar en otro. Y el alma humana en esta movilidad de su sentido
está hecha a imagen de su creador, y la movilidad del alma perenne imita
la naturaleza de Dios; nada tiene en sí de corporal, nada de terreno, nada
pesado, nada caduco.
AGUSTÍN, LA CIUDAD DE DIOS, LIBRO XXII: Contra aquello que
ya dije anteriormente, al considerar y tratar este orden de los elementos, en
el que confían, no saben de ninguna manera qué decir. Este es el orden
hacia arriba; lo primero es la tierra, lo segundo, el agua, tercero, el aire,
cuarto, el cielo y sobre todo está la naturaleza del alma. Aristóteles dijo
que ella era el quinto cuerpo, y Platón, que ninguno.
EL MISMO, EN EL LIBRO CONTRA LA EPÍSTOLA DEL
FUNDAMENTO DE LOS MANIQUEOS: Sobre toda naturaleza
incorpórea, aunque mutable, como es el alma.
ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, LIB. II, CAP. XII: Erróneamente
creen algunos que el alma es corpórea que precisamente fue hecha a
imagen de Dios para que, aunque no fuese inmutable como Dios, fuese
incorpórea como Dios y los ángeles.
GREGORIO, LIB. IV DE LOS DIÁLOGOS: Si has creído que las
almas de los santos están en la gloria, es menester que creas absolutamente
que las almas de los inicuos están en el Infierno. Pedro: ¿Y por qué debe
creerse que un fuego corpóreo pueda contener a una cosa incorpórea?
Gregorio: Si el espíritu incorpóreo de un hombre viviente es contenido por
el cuerpo, ¿por qué después de la muerte ese espíritu no podrá ser
contenido por el fuego corpóreo? Pedro: Cuando alguien vive, el espíritu
es contenido en el cuerpo porque precisamente vivifica al cuerpo.
Gregorio: Si el espíritu puede ser contenido en el cuerpo porque lo
vivifica, ¿por qué este no podrá ser contenido para sufrir allí donde es

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atormentado? Decimos que el espíritu es contenido por el fuego para que
esté en el tormento del fuego viendo y sintiendo. Por lo tanto padece un
fuego que ve, porque al quemarse, si lo contempla, siente estarse
quemando. Sucede así que una cosa corpórea quema a una incorpórea,
donde aparece el ardor del fuego visible y el dolor de algo invisible.
Y TAMBIÉN: a los réprobos la Verdad en el fin les dirá: Id al fuego
eterno, que está preparado para el diablo y sus ángeles. Si siendo el diablo
y sus ángeles incorpóreos, serán atormentados con fuego corpóreo, ¿qué es
de extrañar si las almas, antes de que vuelvan a recibir los cuerpos, puedan
sentir tormentos corporales?
CLAUDIANO AL PREFECTO PATRICIO SOBRE EL ESTADO
DEL ALMA, LIB. I: En cierto capítulo de una obra de san Jerónimo, que
te consta, según dices, no haber entendido, afirma que juzgan que los
globos de los astros son espíritus corpóreos.
Y TAMBIÉN: Qué podrá pensarse que haya dicho aquí Jerónimo, varón
docto, sino que los cuerpos de los ángeles, por su nobleza y su poder
superan largamente los cuerpos humanos. Igualmente cuando dice “si los
ángeles” y añade “también los cuerpos celestiales”, quiso que se
entendieran dos cosas, ángeles y cuerpos celestiales. Como los ángeles son
espíritus corpóreos, hay en el cielo algunas cosas que son cuerpos solos.
Y TAMBIÉN: Sostenemos como cierto por la autoridad divina, que los
cuerpos de los santos, que han merecido en la gloria revestirse con cuerpos
semejantes a los cuerpos angélicos, pues dice el Señor: Serán como los
ángeles de Dios en el Cielo.
Y TAMBIÉN: La sustancia angélica, por lo tanto, es doble como lo es la
humana, teniendo un cuerpo sumamente ágil y hermoso para aparecer ante
los hombres cuando se les ordena y siendo incorpóreos para ver siempre a
Dios.
Y TAMBIÉN: Es menester que comprendamos que el hombre consta de
una parte corpórea y otra incorpórea, y que el ángel consta de cuerpo y
espíritu, formado con la más alta dignidad entre las criaturas. Tiene un
espíritu superior a todo espíritu creado; tiene un cuerpo del más sublime de
todos los elementos según aquello profético, donde se demuestra sin duda
la doble sustancia angélica: que hace a sus espíritus ángeles y ministros
como un fuego ardiente. Es manifiesto que el fuego no es espíritu, sino que

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debe tomarse alegóricamente, como cuando dice el Señor: Vine a traer
fuego a la Tierra, refiriéndose al Espíritu Santo. No debe creerse que las
almas humanas se inflamen para el amor divino por participación del
espíritu, porque el hombre es bueno por el mismo bien por el que lo es el
ángel y ambos son felices por el mismo bien.

Q. 45: Que Dios no debe representarse con imágenes corporales. Y lo


contrario

DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO: No tendrás dioses extraños ante


mí; no harás para ti ni esculturas ni semejanzas de lo que hay arriba en el
Cielo, o abajo en la Tierra, ni de lo que hay en las aguas, bajo la tierra; no
los adorarás ni les rendirás culto.
ADEMÁS, DEL MISMO LIBRO: Nos habló el Señor de en medio del
fuego. Escuchaste sus palabras pero absolutamente no viste su forma. No
has visto ninguna semejanza en el día en que el Señor os habló en el monte
Horeb de en medio del fuego, para que no os engañaseis e hicieseis para
vosotros alguna escultura o imagen; no sea que levantando la vista veas el
sol y la luna y los astros del cielo y, cayendo en error, adores y rindas culto
a las cosas que Dios creó para servicio de todos los hombres.
Y TAMBIÉN: Y hablarán los levitas y les dirán en voz alta a todos los
varones de Israel: Maldito el hombre que hace una escultura o un objeto de
fundición, abominación del Señor, obra de manos de artífices, y lo guarda
oculto y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.
ORÍGENES, SOBRE EL ÉXODO, HOMILÍA VIII: No harás para ti
un ídolo y ninguna semejanza, etc. Si alguien hace una figura de algo, hace
una semejanza. Sobre los ídolos dice el Apóstol que un ídolo no es nada en
el mundo. El que hace un ídolo hace algo que no es. ¿Qué es lo que no es?
Una figura que el ojo no vio pero que el ánimo fingió para sí mismo.
Como si alguien en un solo cuerpo humano imaginase dos rostros o a un
cuerpo humano le añadiese las partes posteriores de un caballo o de un
pez. El que hace esto o cosas semejantes, hace algo que no existe y que no
tiene algo semejante. No adorarás estas cosas ni les rendirás culto. Puede
ser que alguien adore algo contra su voluntad. Pero rendir culto es hacerlo
con todo el afecto y dedicación.

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AGUSTÍN, SOBRE EL SALMO CXIII, EN EL LUGAR DONDE
ESTÁ ESCRITO: “Nunca dirán los gentiles dónde está su Dios”, etc.:
Adoramos un Dios invisible, que no es aparente a los ojos corporales de
nadie, pero sí a los purísimos corazones de unos pocos, y por eso pueden
decir los gentiles: ¿dónde está su Dios? Y ellos no pueden mostrar a sus
dioses.
Y TAMBIÉN: No tenéis para mostrar algo mucho más honesto que la
ceguera de vuestros corazones cuando se aparta de vuestros ojos lo que se
os muestra.
Y TAMBIÉN: No añadas la mano del hombre para transformar en un dios
falso; ese metal que hizo el Dios verdadero o en un falso hombre que
veneres como al Dios verdadero; quien lo recibiera en amistad como un
hombre verdadero, estaría loco. La semejanza de una forma y el conjunto
que es imitación de los miembros cautiva los corazones enfermos de los
mortales y los seduce. Y así son muestras esas cosas fabricadas, muestras
los oficios de cada miembro de esa figura hacia la que te lleva tu vanidad
humana. Porque tienen boca y no hablan, etc. Es superior el artífice que
pudo fabricar esas cosas, porque tiene movimiento y oficio en sus
miembros. Y tú también eres superior, aunque no hayas fabricado esas
figuras porque haces lo que ellas no pueden hacer. Y hasta un animal es
superior; por eso se añadió: No clamarán con sus fauces.
Y TAMBIÉN: Algunos animales, como los monos, pueden utilizar sus
manos.
Y TAMBIÉN: Le pidió atención al lector acerca de que a los simulacros
de los gentiles se les deben anteponer no sólo los hombres sino también los
animales; si es vergonzoso adorar a un animal a quien Dios dotó de vista,
de audición, etc. cuanto más vergonzoso es adorar a un simulacro mudo y
carente de vida y sentidos.
Y TAMBIÉN: Cuánto mejor sería, debe decirse, si adoraran a los ratones
y las serpientes y cualquier otro género de animales y no a simulacros, los
cuales, al no tener vida, no representan la figura humana. Por eso a
menudo hacen nido en ellos y si no son alejados por acciones humanas, no
buscan otros sitios más seguros. Se mueve, pues, el hombre para alejar a
un animal viviente de su dios y rinde culto al que no se mueve como si
fuese poderoso y tuvo que alejar de él al que era superior. Alejó al que veía
del ciego, al que oía del sordo, etc., más aún peor que un muerto. Porque

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es manifiesto que el muerto alguna vez vivió. Por eso un muerto antecede
a un dios que no vive ni vivió.
Y TAMBIÉN: Sin embargo, como afirman ellos, la figura de los
miembros fabricados en alguna estatua, cuando comienzan a ser adorados
y honrados por la multitud, ese simulacro capta los afectos de los hombres.
Y TAMBIÉN: Y para que nadie diga, ante esta crítica de los simulacros,
que él no adora a esto que es visible sino al numen que lo habita
invisiblemente, hay otro salmo donde condena esto: Porque los dioses de
los gentiles son demonios. Dice también el apóstol que un ídolo no es nada
y que los gentiles que inmolan lo hacen a los demonios. Creen ser de una
religión más pura quienes dicen que no adoran un simulacro o un demonio
sino la efigie corporal de aquella cosa que deben adorar y cuyo signo ven.
Y así se interpretan los simulacros, de modo que dicen que uno representa
la tierra y a su templo lo suelen llamar de Telus; que con otro representan
al mar, como simulacro de Neptuno; con otro al aire, como de Juno; con
otro el fuego, como de Venus, etc. Y cuando comienzan a ser acusados por
adorar a cuerpos, como la tierra, el mar, el aire y el fuego, de los que
hacemos uso constante, osan responder que no rinden culto a los cuerpos
mismos, sino a quienes los rigen. Sirvieron a las criaturas antes que al
creador. La primera parte de esta sentencia condenó a los simulacros; la
segunda, a las interpretaciones de esos simulacros. Llamando a las cosas
hechas por un artífice con los nombres de las cosas que este fabricó,
cambian la verdad de Dios en mentira. Teniendo por dioses y venerando a
estas cosas, sirvieron a la criatura. ¿Quién puede adorar a un simulacro
viendo que no puede oírlo y no puede recibir de él lo que desea?
Y TAMBIÉN: Cómo retuerce esa figura de los miembros para que el alma
viviente juzgue que siente el cuerpo con los sentidos corporales, porque lo
ve muy semejante a su cuerpo.
Y TAMBIÉN: También nosotros tenemos numerosos instrumentos y
vasos materiales de este estilo para la celebración de las cosas sagradas.
¿Qué otra cosa son estas cosas sino la obra de las manos de hombres?
¿Acaso no tienen boca pero no hablan? ¿No tienen ojos y no ven? ¿Acaso
no les rezamos a estas cosas porque a través de ellas le rezamos a Dios? Es
un caso máximo de locura piadosa que valga más para los afectos de los
míseros una forma semejante a un viviente, que el despreciar a esa forma
ya que es manifiesto que no es viviente. Para calmar a un alma infeliz

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valen más los simulacros, que tienen ojos, oídos, narices, manos y pies que
el considerar que no hablan, no ven, etc. De esto se sigue que se conviertan
en semejantes a esas cosas aquellos que la hacen y todos los que confían
en ellas. Vean, pues, estos, con ojos abiertos y sensibles y adoren a
simulacros no vivientes con mentes cerradas y muertas. Y la casa de Israel
esperó en el Señor. La esperanza de lo que se ve, no es esperanza; el que
está viendo algo ¿cómo puede esperarlo?
EL MISMO, LIBRO IV SOBRE LA TRINIDAD DE DIOS, CAP.
XXXII, HABLANDO DE VARRÓN, DICE: Dice también este muy
sutil y muy erudito doctor que solamente han llegado a conocer qué es
Dios aquellos que creyeron que es esa alma que con su movimiento y su
razón gobierna al mundo. Por esto, si aún no conocían lo que enseña la
verdad, el Dios verdadero no es un alma sino el creador del alma; sin
embargo confesaban al Dios verdadero.
Y TAMBIÉN: Dirá también que los antiguos romanos por más de cien
años rindieron culto a más de setenta dioses sin simulacros. Y dice que si
esto hubiera continuado se les rendiría culto a los dioses con más pureza.
Para testigos de su opinión invoca también a los judíos. Y no duda concluir
ese pasaje diciendo que los primeros que propusieron esos simulacros de
dioses a los pueblos, les añadieron falsedades y los cargaron con miedo,
juzgando que los dioses podrían fácilmente ser despreciados por la torpeza
de los simulacros. Puesto que no dice “transmitieron una falsedad” sino
“añadieron una falsedad” quiere indicar que la falsedad ya existía aun sin
los simulacros. Por lo tanto, dice que los únicos que advirtieron qué
significaba Dios, eran los que creyeron que era el alma que gobierna al
mundo, estimando que una religión es más pura sin simulacros. ¿Quién no
ve que esto es estar cerca de la verdad?
SAN EPIFANIO EN LA EPÍSTOLA A JUAN
CONSTANTINOPOLITANO, QUE TRADUJO EL
BIENAVENTURADO JERÓNIMO: He oído que algunos murmuraron
contra mí cuando marchábamos juntos al lugar santo llamado Bethel, y
llegamos al poblado llamado Anablatha, y allí vimos al pasar una luz
brillante y preguntamos qué era ese lugar; supe que era una iglesia y entré
para orar y encontré allí una tela pendiente con la imagen de Cristo o de
cierto santo. Habiendo visto esto en una iglesia de Cristo en contra de la
autoridad de las Escrituras y al ver pendiente la imagen de un hombre,
desgarré la tela y aconsejé a los custodios del lugar que quitasen de allí a

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ese pobre muerto. Contrariamente, mis críticos dijeron que si quería rasgar
esa tela lo justo era darle a otro esa tela. Oyendo esto, prometí enviarlo.
Ahora bien envié lo que pude encontrar y te pido que le ordenes al
presbítero de ese lugar que tome el velo del lector que hemos enviado y
que luego ordene que en la iglesia de Cristo no se suspendan telas de esta
clase, que son contra nuestra religión.
DE LA SEGUNDA COLACIÓN DEL ABAD ISAAC: No es de
extrañar que un hombre muy simple y nunca muy conocedor sobre la
divinidad por su rusticidad y su costumbre de una vieja falsedad perdure
en ese antiguo error, por el que adoraban a demonios con figura de
hombres, ahora también estiman, por sugerencia de alguien, que debe ser
adorada esa incomprensible e inefable majestad del verdadero numen, pero
creen no poseer nada si no tienen una cierta imagen a la que presentar sus
ruegos teniéndola siempre fija ante los ojos y abrazándola con su mente.
DEL CONCILIO ELIBERITANO, CAP. I: Se decidió que no debe
haber en las iglesias pinturas ni deben ponerse en las paredes para que se
veneren y adoren.
GREGORIO A SECUNDINO UN SIERVO DE DIOS RECLUIDO:
Una cosa es adorar una pintura y otra aprender a través de esa pintura una
historia de lo que debe adorarse. Lo que para los lectores es claro en una
escritura lo es para los analfabetos en una pintura, porque en ella ven lo
que deben seguir; leen en ella los que son analfabetos.
Y TAMBIÉN: Por lo tanto, no debió romperse, porque fue colocada en las
iglesias no para ser adorada sino sólo para instruir a las mentes de los
ignorantes.
ACCIÓN IV DEL SÍNODO XIII: Juan, Apocrisiario de las sedes
orientales, dijo que la palabra de nuestro padre Sofronio significa que es
mejor que el que jura se convierta en perjuro que conservar el juramento
en el desgarro de las sagradas imágenes. Decimos esto, y algunos se
excusan del juramento.
LEÓN IX AL PATRIARCA MIGUEL: Recordad aquel nefando sínodo,
que nuestros heresiarcas quisieron llamar VII, con cuya conspiración las
reverendas imágenes del mismo nuestro señor Jesucristo y de los santos, o
fueron arrojadas al fuego o echadas a las aguas y las pinturas fueron
borradas de las paredes. A estos se opuso la autoridad de los romanos

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pontífices, principalmente la del santísimo papa Nicolás, que por medio de
sus legados clausuró la iglesia de santa Sofía para la deposición de Ignacio
y la sustitución de Focio, hasta que se atenga a los decretos de la sede
apostólica.

Q. 46: Que los ángeles fueron creados antes que el Cielo y la Tierra y las
otras criaturas y que todos los ángeles fueron creados iguales y felices. Y
lo contrario

AMBROSIO, EN EL HEXAMERÓN, SOBRE EL DÍA PRIMERO:


En el principio, dice, hizo Dios el Cielo y la Tierra y fue creado el mundo
y comenzó a ser lo que no era. En el principio era el Verbo de Dios y era
siempre. También los ángeles, las dominaciones y las potestades alguna
vez comenzaron, pero ya eran cuando fue hecho el mundo, Porque todas
las cosas fueron creadas, las visibles y las invisibles.
JERÓNIMO A PAULA Y EUSTOQUIO EN LA EPÍSTOLA A TITO
ANTES DE LOS SIGLOS ETERNOS: Debe considerarse que todavía
no se han cumplido seis mil años de nuestro orbe y cuántas eternidades
anteriormente, cuántos tiempos, cuántos orígenes de siglos existieron, en
los cuales los ángeles, los tronos, las dominaciones y las demás virtudes
sirvieron a Dios, y estuvieron sujetos a su gobierno sin transcurso de
tiempo ni medidas.
ISIDORO, EN EL LIBRO DE LOS OFICIOS: Antes de toda la
creación fueron hechos los ángeles, etc.
AGUSTÍN, LA CIUDAD DE DIOS, LIB. XI: No se lee con evidencia en
qué orden hayan sido creados los ángeles. Pero están representados con el
nombre de cielos, donde se dice que en el principio hizo Dios el Cielo y la
Tierra o, más aún, la luz.
Y TAMBIÉN: No me parece absurdo si, cuando se hizo la primera luz, se
entiende que fueron creados los ángeles, y se haya distinguido entre los
ángeles santos y los inmundos donde se dijo: Dios entre la luz y las
tinieblas.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
DE LA NUEVA LEY, CAP. IV: Primeramente fueron hechos el Cielo y
la Tierra, luego la luz, que hace el oficio del día.

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Y TAMBIÉN: La Tierra que fue hecha después del Cielo no debe
entenderse como sólo la Tierra sino como la materia, es decir todas
aquellas cosas inferiores que produjeron todas las especies del mundo. No
el cielo carnal sino aquel superior que es espiritual es el que fue hecho en
un principio, significando todas las cosas creadas invisibles. Es una
síntesis de toda la naturaleza y comprende las cosas inferiores para que se
crea sin ninguna duda todo lo que es intermedio.
EL MISMO, SOBRE EL GÉNESIS: Hágase la luz y la luz se hizo, es
decir, la sustancia angélica y celeste, de las cuales fue creado un solo
espíritu, llamado Lucifer, más sabio y eminente que todos los otros, como
Job dice de él: es el principio de los caminos de Dios, es decir, de sus
acciones y obras.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE LAS PREGUNTAS QUE LE
HIZO OROSIO: El primer día se refiere a la naturaleza angélica, que
primeramente fue designada con el nombre de Cielo.
Y TAMBIÉN: En el principio hizo Dios el Cielo y la Tierra, es decir, en
el Hijo, toda criatura espiritual y corporal.
Y TAMBIÉN: Al decir Cielo, me parece que menciona el tenebroso
abismo de las aguas, antes de que la vida flotante se convirtiese al creador,
se hiciese la luz y se contemplase a Dios.
Y TAMBIÉN: Dividió la luz de las tinieblas, dividió a los ángeles entre
buenos y malos, llamando a los malos tinieblas y a los buenos, luz.
JERÓNIMO, SOBRE EZEQUIEL: Estuviste en las delicias del Paraíso,
que en hebreo se dice Edén. Edén se traduce como delicias y con esta
palabra se demuestra que no se escribe sobre el hombre sino sobre una
fuerza contraria, que anteriormente se encontraba en el Paraíso.
Y TAMBIÉN: El oro es obra de tu ornamento. Los Setenta: Llenaste tus
tesoros de oro; este concepto demuestra por medio de los misterios divinos
que juntó para sí riquezas espirituales, sobre las cuales ordena el Señor:
Atesorad para vosotros riquezas en el Cielo, etc. Este es el tesoro
escondido del que se habla como tesoro escondido en un campo.
GREGORIO EN LAS MORALES: Él es el principio de los caminos de
Dios. Creando Dios todas las cosas, lo creó a este primero, y lo hizo más
eminente que todos los otros ángeles. También los eruditos judíos en la ley

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y los profetas pensaron esto mismo refiriéndose a Beelzebud, príncipe de
los demonios.
EL MISMO, EN LA HOMILÍA SOBRE LOS ÁNGELES, QUE ASÍ
COMIENZA “EL TIEMPO DE VERANO”: Sin duda alguna se
encuentra que son nueve los órdenes de los ángeles, por eso al ángel que
fue creado primero se le dice por el profeta: Tú eres el signo de semejanza,
pleno de sabiduría y perfecto decoro estuviste en las delicias del Paraíso.
Hay que notar que no se dice que fue hecho a semejanza de Dios sino
como signo de semejanza, porque hay en él una naturaleza más sutil, y así
se insinúa en él una imagen más expresa de Dios. Y en ese mismo lugar se
añade luego: Toda piedra preciosa es obra de tus manos, el rubí, el topacio,
etc. Dijo que eran nueve las clases de las piedras, porque nueve son los
órdenes de los ángeles, y por delante de todos esos órdenes el primer ángel
fue engalanado y recubierto porque al ser puesto al frente de todos los
escuadrones de los ángeles, fue más esclarecido en comparación con ellos.
DEL LIBRO DE LAS PREGUNTAS DE OROSIO A AGUSTÍN:
Orosio: ¿Fueron todos los ángeles creados iguales o desiguales? Si iguales
¿por qué no todos permanecieron firmes y estables? Si desiguales, ¿por
qué razón de su pre-ciencia algunos merecieron recibir su estabilidad?
Agustín: Todos los ángeles fueron creados iguales pero algunos cayeron
por soberbia y los otros se mantuvieron en piadosa obediencia, recibiendo
ciencia cierta de su estabilidad, que los otros nunca tuvieron.
EL MISMO, LA CIUDAD DE DIOS, LIB. XI: Los ángeles, antes de
pecar, fueron partícipes de su sabiduría e iguales a los ángeles buenos;
¿cómo vamos a decirlo? Si hubiesen sido iguales en sabiduría, también
estos hubieran permanecido en su eternidad siendo igualmente
bienaventurados y con igual certeza. Por lo tanto, si una vida verdadera y
perfectamente bienaventurada no lo es si no es perfecta, no era tal la de
estos, porque iba a cesar alguna vez, y por tanto no era eterna, sea que
ellos lo supieran o no, porque, si es que lo sabían, el temor y si es que no
lo sabían, el error, no les permitían ser felices.
EL MISMO, EN EL LIB. XII: La causa de la bienaventuranza de los
ángeles buenos es realmente verdadera porque adhieren a la que es en
sumo grado. Y la causa de la miseria de los ángeles malos es que se
apartaron de aquello que es la suma bienaventuranza para adherir a lo que
no lo es en sumo grado. Porque el comienzo de todo pecado es la soberbia.

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Y TAMBIÉN: La causa de la bienaventuranza de los unos es la adhesión a
Dios, y la causa de la miseria de los otros es el no adherir a Dios.
EL MISMO, SOBRE LA CORRECCIÓN Y LA GRACIA: Algunos
ángeles, cuyo príncipe es el llamado diablo, por su libre albedrío se
apartaron de Dios. Los demás, por el mismo libre albedrío, permanecieron
en la verdad.
Y TAMBIÉN: El diablo y sus ángeles, aunque eran bienaventurados antes
de caer, no sabían que iban a caer en la miseria; les faltaba algo más para
su felicidad, es decir, el no poder caer posteriormente por la abundancia de
la caridad de Dios dada por el Espíritu Santo y que esto lo supieran con
certeza.
Y TAMBIÉN: Pero como no conocían su futura miseria, gozaban sin
ningún vicio de una cierta felicidad, aunque menor. Porque si hubieran
conocido su futura caída y suplicio eterno, no podían realmente ser felices,
porque el temor de un mal tan grande los hubiera hecho miserables.
Y TAMBIÉN: Del mismo modo hizo al hombre con libre albedrío y
aunque ignorante de su caída; sin embargo era feliz porque sentía que
estaba en su poder el no morir y no ser miserable.
EL PRESBÍTERO FELIPE, DISCÍPULO DE JERÓNIMO, SOBRE
JOB: He aquí que los que le sirven no son estables y en sus ángeles
encuentra maldad. Esto se dice del diablo, que con anterioridad fue santo.
AMBROSIO AUTPERTO, SOBRE EL APOCALIPSIS, LIB. VI:
Cayó el acusador de nuestros hermanos, etc. En estas palabras no se debe
entender que esto se haya dicho de la primera ruina, si es cierto, como lo
es, que el ángel fue creado el primer día y el hombre en el sexto; y dice el
Señor que no permaneció en la verdad. Y al momento de ser creado, cayó,
etc.

Q. 47: Que el ángel cayó antes de la creación del hombre. Y lo contrario

ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, CAP. X: El diablo cayó del Cielo


antes de la creación del hombre. Pues apenas había sido creado cuando
estalló en soberbia y fue arrojado fuera del Cielo. Porque según el
testimonio de la verdad fue mentiroso desde el principio, y no se mantuvo
en la verdad porque al momento de ser creado cayó.

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AGUSTÍN, SOBRE EL GÉNESIS A LA LETRA, LIB. XI, SOBRE
EL DIABLO: Algunos dicen que el diablo fue echado de entre los
espíritus superiores porque envidió al hombre hecho a imagen de Dios.
Pues la envidia sigue a la soberbia. La soberbia es el amor de la excelencia
propia y la envidia es el odio de la felicidad ajena; es claro entonces de
dónde nace cada una. Cuando uno ama su propia excelencia, o bien
envidia a sus pares por lo que consiguen o a los inferiores deseando que no
lo consigan o a los superiores, porque no los iguala. El envidioso se
ensoberbece y el soberbio puede serlo sin ser envidioso. Con toda razón el
inicio de todo pecado es la soberbia, como define la Escritura. A esto se
adapta lo que dice el apóstol que la raíz de todos los males es la codicia, si
la entendemos como una avaricia general, por la cual uno desea más de lo
que necesita.
Y TAMBIÉN: La Escritura no dice cuándo la soberbia hizo caer al diablo,
pero la razón pide que ocurrió antes y que por eso envidió al hombre. Pues
es claro que la soberbia no nace de la envidia, sino la envidia de la
soberbia. No en vano puede juzgarse que el diablo cayó desde el comienzo
de los tiempos, y que no hubo antes ningún tiempo, en el que viviese en
paz con los ángeles santos, sino que apostató desde el mismo inicio de la
creación, por lo que dice el Señor: Él fue homicida desde el principio y no
se mantuvo en la verdad; ambas cosas las entendemos desde el principio.
Fue homicida desde el principio porque asesinó al primer hombre. El que
se juzgue que nunca permaneció en la verdad y que nunca tuvo una vida
feliz con los ángeles, sino que cayó de su condición desde el principio, no
debe entenderse como que no pecó por propia voluntad y se juzgue que ya
fue creado malo. De otro modo no se diría que cayó desde el principio sino
que apenas creado se apartó de la luz de la verdad hinchado de soberbia y
corrompido por el amor del propio poder. Por lo cual no gustó de la
dulzura de la vida angélica feliz. Por eso tampoco pudo saber
anticipadamente acerca de su caída. No se vio privado de lo que había
recibido sino de lo que hubiera recibido si hubiese querido ser fiel a Dios.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE CUESTIONES DE LA
ANTIGUA Y LA NUEVA LEY: Previó el diablo que el hombre fue
creado para su acusación.
Y TAMBIÉN, CAP. III: Y para que no parezca que hemos dejado pasar,
la razón por la que fue creado el mundo decimos que el diablo con su
apostasía arrastró a muchos ángeles en su prevaricación, mientras quería

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defender su reino con su impía presunción. Lucifer, que aparecía en la
mañana, es decir, que brillaba con más claridad que los demás, era como el
príncipe de muchos, entre los que sobresalía por su resplandor, y con la
compañía de ellos bajó al impío combate. Viendo debajo de sí muchas
potencias espirituales, ya que él era el más destacado en el Paraíso de
Dios, con conocimiento del misterio celestial, inflado por la soberbia,
quiso llamarse Dios.
EVIPIO, POR LOS DICHOS DE AGUSTÍN EN EL LIB. XI DEL
GÉNESIS A LA LETRA, ACERCA DEL DIABLO: Algunos dicen que
el diablo cayó por envidiar al hombre. Pero es así que la envidia sigue a la
soberbia. No es la envidia causa de la soberbia sino la soberbia causa de la
envidia. Amando alguien su propia excelencia, envidia a sus pares que se
le equiparan y a sus superiores. Es, por lo tanto, envidioso por su soberbia
y no soberbio por su envidia. El inicio de todo pecado es la soberbia, a lo
que se adapta el dicho del apóstol, de que la avaricia es la raíz de todos los
males, así entendemos una avaricia general por la cual uno desea más de lo
que le corresponde según la propia excelencia. La avaricia espiritual es la
que comúnmente se llama amor del dinero, y con este nombre el apóstol
significa el género por la especie y quería que se entendiera una avaricia
universal al decir que es la raíz de todos los males, etc.
CIPRIANO A DEMETRIANO: El diablo no soportó que el hombre
fuera hecho a imagen de Dios, por eso fue el primero en perecer y
perderse.
Y TAMBIÉN: Veamos de dónde, cómo y cuándo comenzó la envidia.
Y TAMBIÉN: El diablo, apenas comenzado el mundo, pereció y fue el
primero en perderse. Dotado de la majestad angélica, era aceptado y
querido para Dios, pero después que vio que el hombre era hecho a imagen
de Dios, cayó en la maligna hiel de la envidia no tanto por envidia ajena
sino por haberse visto postergado; por esta envidia le quitó al hombre la
gracia de la inmortalidad que había recibido y perdió aquello que había
poseído anteriormente. ¡Qué gran mal es aquello por lo que cayó el ángel!
JERÓNIMO SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS: Nuestra lucha
es contra la carne y la sangre. Contra los enemigos espirituales deben
tomarse armas espirituales: estamos en lucha por cosas celestiales, es
decir, por la promesa de tales premios. No, como creen algunos, pecaron
antes de que se afirmara la Tierra y fueran creadas todas las cosas que hay

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ella, sino desde que vieron que el hombre estaba dotado de tanto honor y
gloria ante Dios, llevados por la envidia, comenzaron a ejercer hostiles
enemistades contra el hombre, como está escrito en el libro de la
Sabiduría: Por envidia del diablo entró la culpa en el mundo; y el Señor
dice en el Evangelio: él era homicida desde el principio, y no se mantuvo
en la verdad.
EL OBISPO JUAN EN UN SERMÓN SOBRE LA DEGOLLACIÓN
DE JUAN, QUE ASÍ COMIENZA “¡AY DE MÍ! ¿QUÉ HARÉ?”: Un
dardo del diablo a la mujer: Por una mujer se le cortó la cabeza a Juan. ¿Y
qué diré de los hombres? Por una mujer echó a los ángeles del Cielo; por
una mujer somete y subyuga todas las cosas.

Q. 48: Que los ángeles buenos y santos que gozan de la visión de Dios
conocen todas las cosas. Y lo contrario

DEL LIBRO DE LAS PREGUNTAS DE OROSIO A AGUSTÍN:


Orosio: Estableces que el primer día fue una criatura espiritual, y ¿cómo
tuvo tarde y mañana? Agustín: Toda criatura, antes de que llegara su
tiempo, estaba en el mismo Verbo de Dios, para ser conocida por los
ángeles y ejecutada en su tiempo. Por lo cual, el conocimiento de la
criatura en sí misma era la tarde y en Dios era la mañana, porque se ve
mejor la misma criatura en Dios que en sí misma; por eso dice: lo que se
hizo, en él era vida. Todas las cosas son vida en Dios. Viven en el Señor
sin inicio y en forma incomunicable todas las nociones de las criaturas. Por
esta razón esas cosas se ven mejor por parte de los ángeles santos en el
Verbo de Dios, en el que son vida, que en sí mismas, porque la ciencia de
los ángeles en comparación con la de Dios constituye de alguna manera la
tarde. Sea, pues, en el conocimiento de los espíritus, el día primero; en el
conocimiento del firmamento, el día segundo. En el conocimiento de la
separación del mar y la tierra, el día tercero. En el conocimiento del sol, la
luna y las estrellas, el día cuarto. En el conocimiento de los reptiles y las
aves, el día quinto. En el conocimiento del ganado y las fieras y del mismo
hombre, el día sexto. Y no en un solo día, como entendemos de las
criaturas espirituales, es decir, angélicas, el conocimiento se tuvo seis
veces. Se tuvo seis veces por la perfección del número senario.
ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, CAP. X: Los ángeles conocen
todas las cosas en el Verbo de Dios, antes de que sean creadas.

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GREGORIO, LIB. IV DE LOS DIÁLOGOS, CAP. XXXIIII, SOBRE
LOS ESPÍRITUS DE LOS SANTOS: Ya que todos allí contemplan a
Dios con una claridad común ¿qué es lo que no puedan saber, conociendo
al que sabe todas las cosas?
EL MISMO, EN LA HOMILÍA SOBRE LOS ÁNGELES, QUE
COMIENZA ASÍ “TIEMPO DE VERANO”: Esos corderos más
sublimes fueron llamados querubines, porque están tan plenos de una
ciencia más perfecta, al contemplar tan de cerca la claridad de Dios.
Y TAMBIÉN: En aquella suprema ciudad las cosas espirituales de cada
uno son comunes a todos y lo que cada uno tiene por su parte lo posee por
entero en otro orden. Comúnmente no se los designa con un mismo
vocablo y debe ser denominado con un vocablo propio el orden que la
recibió más plenamente. Hemos dicho que los serafines son ardientes,
pero, sin embargo, todos arden igualmente en el amor del creador. Y que
los querubines poseen la plenitud de la ciencia. Pero, sin embargo, ¿quién
allí ignora algo donde todos ven al Dios de toda ciencia?
EL MISMO, EN LA HOMILÍA SOBRE EL RICO Y LÁZARO: Los
que ven la claridad de su creador, no hay nada que suceda en las criaturas
que no lo puedan ver.
EL MISMO, EN EL LIBRO II DE LAS MORALES: Dado que los
espíritus de los ángeles contemplan la misma fuente de la ciencia, ¿qué
pueden ignorar de todo lo que puede saberse quienes conocen al que sabe
todas las cosas?
Y TAMBIÉN: La ciencia de ellos en comparación con la nuestra es muy
amplia, pero en comparación con la ciencia divina es muy estrecha.
Y TAMBIÉN, LIB. IV: De que los ángeles de las categorías superiores
poseen estas potestades, da testimonio el profeta Zacarías diciendo: He
aquí que un ángel, que habitaba en mí salía e iba otro ángel a su encuentro
y le dijo: Corre, habla a este niño diciendo: Jerusalén será habitada sin
murallas. Si en esas funciones de los santos espíritus de ninguna manera
estuviesen autorizadas esas sumas potestades, de ninguna manera un ángel
le diría a otro lo que había sabido.
JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO XXIII, DONDE DICE: ¿Quién es
este rey de la gloria? También recibe el dicho en la voz de los ángeles,
como si ellos mismos preguntasen quién era ese rey de la gloria, a quien el

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profeta ordena que se abran los cielos para que ascienda su humanidad.
Nosotros, dicen, siempre vemos al Padre y al Hijo juntamente. No es,
pues, absurdo, que algunos de los ángeles que no tienen la plenitud de la
ciencia, no hayan conocido el misterio de la encarnación y se admiraran al
ver ascender sobre ellos a la humanidad de Cristo, como preguntándose
entre sí: ¿quién es este rey de la gloria?
EL MISMO, EN EL SERMÓN DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR,
QUE COMIENZA ASÍ “HOY NACIÓ EL VERDADERO SOL
PARA EL MUNDO”: ¡Oh el día del siglo más luminoso que todo sol!
¡Oh tiempo más espectacular que todos los siglos! Lo que esperaban los
ángeles, lo que los querubines y serafines y los servidores de los cielos
ignoraban, esto fue revelado en nuestro tiempo. Lo que ellos veían en
espejo y por imagen, nosotros lo vemos en verdad.
AMBROSIO, SOBRE LOS MISTERIOS: Dudaron también los ángeles
cuando resucitó Cristo; dudaron las potestades de los cielos al ver que la
carne ascendía hacia el Cielo. ¿Qué decían finalmente? ¿Quién es este rey
de la gloria? Y mientras algunos decían: “Levantad las puertas para
vuestro príncipe, y alzaos oh puertas celestiales y entrará el rey de la
gloria”, otros dudaban y decían: “¿Quién es este rey de la gloria?”.
También tienes en Isaías a las virtudes de los cielos que en su duda dicen:
“¿Quién es este que asciende desde Edom, roja es su vestidura desde
Bosor, y es precioso con su estola blanca?”.
EL MISMO, SOBRE LA FE, AL EMPERADOR GRACIANO, LIB.
IV: ¿Qué hay de extraño si los hombres no han podido comprender con la
sabiduría del mundo, lo que ni los ángeles pudieron comprender a no ser
por revelación? El que pudo seguir a Jesús, más por su opinión que por la
fe, ya penetrando los infiernos desde los cielos, ya resurgiendo, vaciado,
desde los infiernos a los cielos, siendo que el Hijo siempre estuvo en el
Padre y el Padre en el Hijo. Dudó también el prenuncio, aunque por el tipo
de la sinagoga. Finalmente interroga a los discípulos enviados: ¿Eres tú el
que ha de venir? Se asombraron ante el misterio los ángeles del Cielo. Por
eso cuando resucitó el Señor y no podían comprender que resucitara y
subiese por encima de los astros, formularon una opinión de
incertidumbre.
Y TAMBIÉN: Los ángeles, al ver que el Señor venía triunfante de la
muerte, ordenaban a los príncipes alzar las puertas diciendo con

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admiración: oh, príncipes, alzad vuestras puertas y entrará el rey de la
gloria. Había, sin embargo, algunos entre los seres celestiales que se
asombraban de esta nueva pompa, esta nueva gloria y por eso preguntaban:
¿Quién es este rey de la gloria? Los ángeles tienen un proceso en su
conocimiento y una capacidad de progreso y por eso hay en ellos
diversidad de virtud y prudencia. Sólo en Dios no hay ningún proceso
porque es siempre eterno en toda perfección. Decían otros, aquellos que
contemplaban su resurrección, que la habían visto y la reconocían: El
Señor es fuerte en la batalla. Y también decían: ¿Quién es este rey de la
gloria? Lo hemos visto, y no tenía esplendor ni decoro. Si no es aquel,
¿quién es este rey de la gloria? Y los que saben responden: Él es el rey de
la gloria.
EL MISMO, SOBRE LUCAS, LIB. I: ¿Y qué hablamos de los hombres
cuando también leemos de las virtudes y potestades celestiales que a Dios
nadie nunca lo ha visto? Y añadió obre lo que está más allá de las
potestades celestiales: el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él lo
narrará. Por lo tanto a Dios nadie lo vio nunca porque nadie abarcó ni con
la mente ni con los ojos la plenitud de la divinidad que habita en Dios.
Y TAMBIÉN: Finalmente, ni todos los apóstoles veían a Cristo y por eso
dijo: ¿Hace tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conocisteis?
EL MISMO, SOBRE LA FE, A GRACIANO: Me es imposible conocer
el secreto de la generación. Está por encima de las potestades, de los
ángeles, de los querubines, de los serafines, por encima de todo sentido.
Y TAMBIÉN: Ni los ángeles pudieron comprender el misterio del Padre.
AGUSTÍN, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
LA NUEVA LEY: Los querubines y los serafines no comprendieron
plenamente qué es Dios, porque nadie conoció al Padre sino el Hijo.
ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, CAP. III: Por cuanto progrese
después de la resurrección la naturaleza humana para asemejarse a la
angélica, y llegue incansablemente a la contemplación de Dios sin
embargo, no es capaz de ver plenamente su esencia, porque tampoco la
misma perfección angélica alcanza totalmente a conocerla, según el
apóstol, que dice: La paz de Dios, que supera todo sentido, lo que implica
que también el de los ángeles. Sólo la Trinidad se conoce íntegramente a sí
misma, y la humanidad recibida por Cristo, que es la tercera persona en la

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Trinidad. La esencia de Dios puede conocerse, creyendo que es. Pero su
obra y su justicia no son conocidas plenamente por nadie. No pueden
penetrarse ni por el sentido angélico ni humano. Sólo corresponde venerar
y temer sin discutir ni inquirir, según lo que dice el apóstol: ¿Quién conoce
el sentido de Dios?
HAIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS: Para que se
manifieste de muchas formas la sabiduría de Dios a los príncipes y
potestades celestiales por medio de la Iglesia. Para que esta múltiple
sabiduría de Dios se manifestara a los príncipes y potestades en los cielos,
que el bienaventurado Jerónimo entiende que son las virtudes angélicas en
el Cielo, el Hijo de Dios viniendo al mundo lo reveló a los apóstoles. Y
por medio de la Iglesia, es decir, por la predicación de los apóstoles en la
iglesia se manifestó a las virtudes angélicas. Porque dice el bienaventurado
Jerónimo que hubo ciertas dignidades angélicas que no entendieron con
pureza los misterios mencionados anteriormente hasta que se completó la
pasión de Cristo y comenzaron los apóstoles a predicar entre todas las
gentes atrayendo a los gentiles a la fe. Lo que puede probarse porque los
ángeles dijeron con admiración cuando él subía a los cielos: ¿Quién es este
que viene de Edom, es decir, de un mundo cruento y sanguinario? Y en el
salmo: ¿Quién es este rey de la gloria? Y así lo conocieron como
consejeros y nuncios aquellos que son de mayor dignidad y por cuyo
ministerio fueron anunciadas esas cosas. Puede ser que para aquellos de
menor potestad estas cosas fuesen parcialmente ignoradas.
Y TAMBIÉN: Y el que subió sobre todos los cielos, es decir, el espíritu,
para cumplir todas las cosas, a saber, los oráculos de la ley y los profetas y
también las cosas de su conocimiento celestiales y terrestres y por la
revelación de su dignidad. Las cosas celestiales se cumplieron, porque
había ciertas potestades angélicas que no conocieron claramente el
misterio de la natividad de Cristo, la pasión, la resurrección y la ascensión
hasta que se cumplieron. Por eso se dice con admiración en el salmo:
¿Quién es este rey de la gloria?

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Q. 49: Que todos los órdenes de los espíritus celestiales generalmente son
llamados ángeles. Y lo contrario

GREGORIO, EN LA HOMILÍA SOBRE LOS ÁNGELES: Diez


dracmas tuvo la mujer porque nueve son los órdenes de los ángeles. Pero
para que se completara el número de los elegidos, el hombre fue creado
como el décimo.
Y TAMBIÉN: Dijimos que hay nueve órdenes de ángeles porque, según
la Sagrada Escritura, sabemos que hay ángeles, arcángeles, virtudes,
potestades, principados, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
Y TAMBIÉN: Si a los principados, las potestades, las virtudes y las
dominaciones les unimos los tronos, tenemos cinco órdenes. Y si se
añaden los ángeles, los arcángeles, los querubines y los serafines, sin duda
aparece que los órdenes de los ángeles son nueve.
Y TAMBIÉN: Dijimos que son nueve los nombres de las piedras
preciosas porque realmente son nueve los órdenes de los ángeles.
Y TAMBIÉN: En la lengua griega ángeles significa nuncios y arcángeles
nuncios supremos.
Y TAMBIÉN: La palabra ángeles indica el oficio, no la naturaleza. Esos
santos espíritus de la patria celestial siempre ciertamente son espíritus pero
no siempre pueden ser llamados ángeles porque solamente son ángeles
cuando por medio de ellos se anuncia algo, por lo cual dice el salmista: El
que hace a sus espíritus sus ángeles. Como si dijera abiertamente: Que a
esos espíritus que tiene siempre consigo, cuando lo desea, los hace sus
ángeles. Los que anuncian cosas mínimas son llamados ángeles y los que
anuncian cosas más importantes son llamados arcángeles. Por eso a la
virgen María no se le envió un ángel cualquiera sino el arcángel Gabriel.
Y TAMBIÉN: Se dice que Dionisio Areopagita, padre antiguo y
venerable, afirmaba que de los escuadrones de los ángeles se envían
mensajeros a cumplir su ministerio ya sea visible o ya invisiblemente; o
sea, que para solaz de los humanos vienen ángeles o arcángeles. Pues los
escuadrones superiores nunca se apartan de los lugares más íntimos,
porque nunca tienen encargos de cosas que superen el uso del ministerio
exterior. A esto parece ser contrario lo que dice Isaías: Voló hacia mí uno

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de los serafines, con un carbón en la mano que con una tenaza había
tomado del altar y tocó mi boca. Pero en esta expresión del profeta hay que
entender que estos espíritus que son enviados reciben el nombre de los
oficios que desempeñan. El ángel que toma un carbón del altar para
quemar los pecados de la locución, es llamado serafín, que significa
incendio. Y también se cree que apoya este sentido lo que se dice por el
profeta Daniel: millares de millares le servían, y millones de millones
asistían delante de él. Una cosa es servir y otra es asistir. Lo sirven a Dios
los que salen para traernos anuncios; lo asisten los que disfrutan de una
contemplación íntima y no son enviados afuera para cumplir otras
acciones. Pero como en algunos lugares de la Escritura vemos que hay
ciertas obras que son realizadas por los querubines y otras por los
serafines, no queremos afirmar si no lo podemos probar con abiertos
testimonios, si esto lo efectúan por sí mismos o por medio de escuadrones
que les están sujetos, y como dependen de sus superiores usan los nombres
de estos. Eso sí, sabemos con certeza que para servir al ministerio de los
superiores, algunos espíritus envían a otros, pues dice Zacarías: El ángel
que hablaba en mí está saliendo y otro ángel salía a su encuentro, etc.
Y TAMBIÉN: Y son superiores los que envían e inferiores los que son
enviados. Y esto también tenemos por cierto acerca de los escuadrones que
son enviados, que cuando vienen a nosotros, de tal modo cumplen su
ministerio exterior que nunca dejan de estar interiormente en
contemplación.
HAIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS: Como dice
Dídimo el Griego en el libro sobre el Espíritu Santo: de todos los
escuadrones de ángeles son enviados algunos.

Q. 50: Que en la vida celestial nadie progresa. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE JUAN, SERMÓN XXIX: A la patria que está en lo


alto, donde nadie muere, porque nadie nace y nadie progresa y nadie
experimenta retroceso.
AMBROSIO, SOBRE LA FE. AL EMPERADOR GRACIANO: Había
aún entre los seres celestiales quienes se extrañaban admirados de la nueva
pompa y la nueva gloria y preguntaban: ¿Quién es este rey de la gloria?
Pero como los ángeles tienen progreso en la ciencia y el único que no tiene

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progreso es Dios, decían algunos, aquellos que contemplaban al que
resucitaba, y lo habían visto: El Señor es fuerte y potente, el Señor es
potente en la batalla. Y también la multitud de los ángeles en marcha
triunfal cantaban: Alzad, príncipes, vuestras puerta, y elevaos, oh puertas
eternas, y entrará el rey de la gloria. Y de nuevo algunos decían
extrañados. ¿Quién es este rey de la gloria? Lo hemos visto sin dignidad ni
decoro. Por lo tanto, si no es aquel, ¿quién es este rey de la gloria? Y
respondían los que sabían: El Señor de las virtudes, él es el rey de la
gloria.
Y TAMBIÉN: ¿Cómo subiremos al Cielo? Allí están dispuestas las
potestades, están ordenados los príncipes, que cuidan las puertas del Cielo;
ellos interrogan al que asciende.
Y TAMBIÉN: La puerta eterna es Pedro, Juan, Santiago.
Y TAMBIÉN: El gran misterio de Cristo, que asombró a los ángeles.
JERÓNIMO, A PAMMAQUIO Y MARCELA, CONTRA UN
ACUSADOR DE SU EXPOSICIÓN EN LA EPÍSTOLA A LOS
EFESIOS: Voy a exponer brevemente el segundo lugar, donde habla
Pablo: Haciéndolo sentar a su derecha en los cielos sobre todo principado
y potestad y virtud y dominación y todo nombre, que exista no sólo en este
siglo sino también en el futuro; después de una múltiple exposición,
habiendo llegado a los oficios de los servidores y habiendo hablado de los
principados, las potestades, las virtudes y las dominaciones, también
añadió esto: Es necesario que los tengan sujetos y temerosos a su servicio
y a aquellos que se fortalezcan con su propia fuerza. Estas distribuciones
de oficios no son sólo en el tiempo presente sino que estarán también en el
futuro, de modo que por medio de progresos y honores, ascensos y
descensos, algo aumente o disminuya y se constituya bajo otra potestad,
virtud, principado o dominación. Y después de demostrar, con el ejemplo
de un reino terrenal, la descripción de este palacio, con todos los diversos
oficios de los servidores de Dios, añadí: ¿creemos que Dios, Señor de los
señores, esté contento con sólo esta simple servidumbre? Así como un
arcángel no se llama así sino porque es superior a los ángeles, así los
principados, potestades y dominaciones no reciben este nombre sino
porque tienen a otros sujetos en un grado inferior. Pero así alguien cree
que sigo a Orígenes porque en mi exposición hablé de progresos y
honores, ascensos y descensos, incrementos y disminuciones, sepa que hay

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cosas muy importantes para decir sobre los ángeles, los serafines y los
querubines que se transforman en demonios y hombres, según afirma
Orígenes.
AGUSTÍN, SOBRE EL SALMO LXXXV: Me has auxiliado y me has
consolado. El bienaventurado Cipriano sufrió en su pasión, pero recibió
consuelo con su corona. Consolado hace poco y todavía triste. El señor
Jesús todavía intercede por nosotros, y los mártires todos, que están con él,
interceden. No cesan estas intercesiones, mientras no cesen nuestros
gemidos. Cuando cese, estaremos en la ciudad de los vivientes. ¿Quién
gime allí? Las criaturas gimen a una, y a una están de parto hasta ahora.

Q. 51: Que los primeros padres han sido creados mortales. Y lo contrario

AGUSTÍN, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y


DE LA NUEVA LEY. CAP. XXI: Dios hizo al hombre tal que si no
pecaba tendría inmortalidad, para que él mismo fuese autor de la vida o de
la muerte; para que librándose del pecado con su propio esfuerzo gozara de
inmortalidad y si era negligente se le imputase a él mismo el empezar a ser
mortal. Mientras perduró en la ley del creador, fue digno de comer del
Árbol de la Vida y no tener que morir. El cuerpo no era tal que pareciera
imposible de disolverse, pero el bocado del Árbol de la Vida impedía la
corrupción. Finalmente, aun después del pecado pudo permanecer
indisoluble si se le hubiera permitido comer del Árbol de la Vida. Pero
¿cómo podía tener un cuerpo inmortal que se sustentaba con un alimento?
Lo que es in mortal no requiere comida ni bebida. El Árbol de la Medicina
impedía toda corrupción.
EL MISMO, LA CIUDAD DE DIOS, LIB. XIII, SOBRE EL CUERPO
QUE AHORA POSEEMOS: Y no será ciertamente tal como fue en los
primeros hombres antes del pecado, que si bien no iban a morir si no
pecaban, usaban como los hombres alimentos, porque poseían cuerpos que
no eran espirituales sino terrenos, etc.
EL MISMO, LIB. I SOBRE EL BAUTISMO DE PÁRVULOS:
Aunque Adán según el cuerpo era tierra y poseía un cuerpo animal con el
que fue creado, sin embargo, si no hubiera pecado, hubiera sido
transformado en un cuerpo espiritual, y hubiera pasado a aquella

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incorruptibilidad que se les promete a los fieles y santos sin peligro de
muerte.
EL MISMO: Por lo tanto, si Adán no hubiese pecado, no hubiera sido
despojado del cuerpo sino que se hubiese revestido de inmortalidad e
incorrupción, para ser absorbido de la vida mortal, es decir, animal, para
asumir la espiritual. Ni tampoco había que temer que si vivía por largo
tiempo en el cuerpo animal este se gravara con la vejez y al envejecer
llegara a la muerte. Porque si Dios estuvo con calzado y ropa de los
israelitas, que por tantos años no fueron olvidados. ¿Qué hay que extrañar
si al hombre obediente se le concediese ese mismo poder, para que
teniendo un cuerpo animal, es decir, mortal, hubiera en él cierta fijeza para
que creciese en años sin defectos por todo el tiempo que Dios permitiese
hasta pasar sin muerte a la inmortalidad? Así como esta carne que ahora
tenemos no es no vulnerable por no tener necesidad de ser vulnerada, así
aquella no fue no mortal por no tener necesidad de morir. Creo que esa
posibilidad en el cuerpo animal y mortal también estuvo en aquellos que
fueron trasladados desde aquí sin morir. Ni Enoch ni Elías con una edad
tan larga sufrieron deterioro por la vejez. Tampoco creo que ellos una vez
convertidos a esa cualidad espiritual del cuerpo, como la que se promete
en la resurrección, que ocurrió por primera vez en el Señor; sino porque
estos quizás no necesitaban de estos alimentos que restauran cuando son
consumidos, sino que desde su traslado viven de tal manera que tienen una
saciedad similar a la de Elías en aquellos cuarenta días que vivió sin
alimento con una copa de agua y un pedazo de pan. Y si llega a haber
necesidad de este tipo de sustento, tal vez se alimenten en el Paraíso como
Adán antes de que mereciera salir de allí. Allí tenía, según creo, alimento
de los árboles del bosque para no desfallecer y tener estabilidad contra la
vejez del Árbol de la Vida.
EL MISMO, SOBRE EL GÉNESIS: Ese cuerpo anterior al pecado podía
decirse mortal según una causa e inmortal, según otra causa; mortal,
porque podía morir; inmortal, porque podía no morir. Una cosa es no
poder morir y otra cosa es poder no morir.
Y TAMBIÉN: El primer hombre fue creado inmortal, lo que se debía al
Árbol de la Vida y no a una condición de la naturaleza; de allí fue
separado para que pudiera morir; si no hubiera pecado no hubiera muerto.
Era mortal por la condición de su cuerpo mortal y era inmortal por
beneficio de Dios. Si es animal, es ciertamente mortal y podía morir

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aunque fue inmortal porque podía no morir. Ser inmortal y no poder morir
de ninguna manera significa ser espiritual, y esto se nos promete en la
futura resurrección.
GREGORIO, EN RESPUESTA A AGUSTÍN, OBISPO DE
CANTORBERY: Cuando pecaron nuestros primeros padres en el Paraíso,
por recto juicio de Dios perdieron la inmortalidad que habían recibido.
BEDA. SOBRE LUCAS: Y lo desnudaron, es decir, lo despojaron de la
vestidura de la gracia espiritual de la inmortalidad y la inocencia.
Y TAMBIÉN: Fue dejado semivivo porque pueden quitarle la
inmortalidad pero no el sentido de la razón.

Q. 52: Que Adán fue creado fuera del Paraíso. Y lo contrario

GÉNESIS: Había plantado desde el principio el Señor Dios un paraíso de


placer, en el que puso al hombre, que había formado.
Y TAMBIÉN: Tomó el Señor Dios al hombre y lo puso en un paraíso de
placer.
REMIGIO, SOBRE EL GÉNESIS: Dado que se dice que el hombre fue
puesto en el Paraíso, se da a entender que no fue creado allí, sino en
nuestra tierra mortal, porque la divina pre-ciencia conocía que iba a pecar
y por eso sería trasladado de esa tierra santa a este valle de miseria.
AGUSTÍN, SOBRE LAS PALABRAS DEL SEÑOR EN UN
SERMÓN: No se turbe vuestro corazón; con la misma autoridad con la
que formó Adán en el Paraíso, fabricó para sí carne de la sustancia de la
misma María y recibiéndola para nuestra salvación nació Dios y hombre.

Q. 53: Que el pecado de Adán fue grande. Y lo contrario

AMBROSIO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS


ROMANOS: Por lo tanto, así como por uno solo el pecado, etc. Un solo
Adán, es decir, Eva, siendo mujer de Adán, pecó.
Y TAMBIÉN: Y en el cual, es decir, en Adán, todos pecaron. Por eso dijo
“en el cual”, hablando de la mujer, porque no se refería a la especie sino al

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género. A semejanza de la prevaricación de Adán y Teraj, padre de
Abraham, y Nacor y Labán, tenían sus dioses propios. Y el pecado de
Adán no está muy lejos de la idolatría. Prevaricó pensando que el hombre
sería Dios. Juzgó más provechoso lo que le decía el diablo que lo que le
había ordenado Dios, poniendo al diablo en el lugar de Dios. Por eso se
hizo súbdito del diablo.
AGUSTÍN, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XLV: En aquel pecado, que
entró por un solo hombre en el mundo, y se transmitió a todos los
hombres, por lo cual también se bautizan los párvulos, también pueden
entenderse muchos pecados si aquel único se divide en algo así como sus
miembros. Pues allí está la soberbia, porque el hombre prefirió estar en su
propia potestad más que en la de Dios; y hay un sacrilegio, porque no le
creyó a Dios; y un homicidio, porque se precipitó a la muerte; y una
fornicación espiritual, porque la integridad de la mente humana fue
corrompida por persuasión de la serpiente; y un hurto, porque fue robado
el fruto prohibido; y avaricia, porque apeteció más de lo debido; y si algo
más en ese pecado puede encontrarse con una investigación diligente.
Y TAMBIÉN, CAP. XLVI: Fui concebido en la iniquidad y mi madre me
nutrió en el pecado en su útero. No dijo aquí en la iniquidad o en el
pecado, lo que hubiera sido correcto, sino que prefirió decir en la iniquidad
y en el pecado. Porque en ese solo pecado que pasó a todos los hombres y
es tan grande que transformó a toda la naturaleza humana, se encuentran,
como dije anteriormente, muchos pecados.
JERÓNIMO, A UNA VIRGEN CONSAGRADA A DIOS: Adán
merecía más el perdón porque eso era nuevo para él y no tenía el ejemplo
de nadie que hubiese pecado y por eso hubiese merecido la muerte. Pero
ignoro cómo se te podría perdonar a ti después de tantos documentos,
después de la ley, de los profetas, de los Evangelios, de los apóstoles, si
quieres delinquir.

Q. 54: Que el primer pecado del hombre no comenzó por persuasión del
diablo. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE EL GÉNESIS A LA LETRA, LIB. XI: Y no debe


pensarse que el tentador hubiese conseguido la caída del hombre, si no
hubiese habido antes en el alma del hombre cierta soberbia que debía ser

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reprimida para que por la humillación del pecado aprendiese la falsedad de
su presunción.
EL MISMO, SOBRE EL SALMO CXVIII: El Apóstol entiende que se
trata de la avaricia general que es la raíz de todos los males. Porque los
primeros hombres no hubieran sido engañados y arrastrados por la
serpiente, si no hubieran querido tener más de lo que habían recibido. Esta
les había prometido: Seréis como dioses. Esta pleonexia[*] los hizo
sucumbir.
JERÓNIMO: SOBRE LA CARTA DE PABLO A LOS ROMANOS:
Así como por un solo hombre… Si por un solo hombre el pecado de Eva
entró en el mundo, están locos los que dicen que hubo pecado en el mundo
antes de que el diablo engañase a Eva.

Q. 55: Que sólo Eva fue seducida y no también Adán. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE EL GÉNESIS A LA LETRA, LIB. XI: Dice el


Apóstol: Adán no fue seducido, la seducida fue la mujer. Pues al ser
interrogado no dijo que la mujer lo había seducido, sino que la mujer le
había dado el fruto del árbol. Ella sí dijo: La serpiente me sedujo. ¿Se ha
de creer igualmente que Salomón haya creído que el culto de los ídolos era
de alguna utilidad? Pero no pudo resistir el amor de las mujeres, haciendo
lo que sabía que no debía hacerse, para no contrariar a sus amantes. Del
mismo modo Adán, después que la mujer, una vez seducida, comió y le
dio a comer a él, no quiso contrariarla. No fue por concupiscencia de la
carne, que todavía no había experimentado, sino por una cierta amigable
benevolencia, porque a menudo sucede que se ofende a Dios para evitar
que un amigo se vuelva un enemigo; el justo resultado de la divina
sentencia indicó que eso no debió hacerse. De modo que de alguna manera
también él fue engañado; pero de ninguna manera creo que él pudo ser
seducido por el engaño de la serpiente con el que fue seducida la mujer. El
Apóstol llamó seducción con propiedad a que se juzgase como verdadero
aquello que era falso y de lo que se intentaba persuadir, es decir, que Dios
les prohibió tocar ese árbol, porque sabía que si ellos lo tocaban querían
ser como dioses, como si envidiasen la divinidad, etc.
AMBROSIO, SOBRE EL HEXAMERÓN, EL DÍA V: Adán fue
engañado por Eva y no Eva por Adán. El que fue llevado a la culpa por la

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mujer, es justo que asuma el gobierno para no ceder nuevamente a la
insinuación femenina.
PASCASIO, SOBRE EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR,
CAP. XII: La divina sabiduría las produjo juntamente de su costado para
que de donde había sido creada la mujer que engañó al primer Adán, de
allí también se formara la Iglesia.
DEL SERMÓN DE CRISÓSTOMO EN XL: Finalmente la mujer
seducida le transmitió al varón la malicia de la serpiente que encontró para
sí. Fue persuadida y persuadió; fue infectada e infectó; fue engañada y
engañó.
AGUSTÍN, SOBRE LA SINGULARIDAD DE LOS CLÉRIGOS: Nos
extrañamos de que Adán haya sido seducido por Eva, porque no había
habido ejemplos de quienes murieran.

Q. 56: Que el hombre al pecar perdió el libre albedrío. Y lo contrario

AGUSTÍN, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XXX: Usando mal el libre


albedrío el hombre lo perdió y se perdió a sí mismo. Así como el que se
mata a sí mismo lo hace mientras estaba en vida pero no puede resucitarse,
así cuando pecó por su libre albedrío, siendo victorioso el pecado, perdió
también el libre albedrío. Se hizo siervo de aquel por quien fue vencido.
¿Cuál puede ser la libertad del siervo si no cuando se deleita en pecar? Es
siervo con gusto el que cumple con gusto la voluntad de su amo. Y es por
eso libre para pecar el que es siervo del pecado.
EL MISMO, SOBRE LA CORRECCIÓN Y LA GRACIA: Hay que
confesar que tenemos el libre albedrío para hacer el mal y para hacer el
bien. Pero está libre de la justicia para obrar el mal quien es siervo del
pecado.
EL MISMO, SOBRE LA GRACIA Y EL LIBRE ALBEDRÍO:
Siempre tenemos libre voluntad, pero no siempre es buena. O está libre de
la justicia cuando sirve al pecado y entonces es mala; o está libre del
pecado cuando sirve a la justicia, y entonces es buena. Pero la gracia de
Dios siempre es buena, y por medio de esta el hombre recupera su
voluntad buena, que antes fue mala.

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Y TAMBIÉN: Pues el hombre no recibe la gracia de tal manera que
pierda su voluntad. Sin embargo, no debe creerse que esa voluntad sin la
gracia de Dios pueda hacer algún bien; no yo, sino la gracia de Dios
conmigo, es decir, no yo solo: ni la gracia de Dios sola ni yo solo.

Q. 57: Que Adán fue sepultado en el lugar del Calvario. Y lo contrario

AMBROSIO A ORONSIANO: Esta hija de la Iglesia aspirando a cosas


superiores con buenos consejos, que fue recibida por Cristo en el Gólgota,
donde estaba el sepulcro de Adán, para que él lo resucitara en su cruz.
Donde en Adán estuvo la muerte de todos, allí está en Cristo la
resurrección.
JERÓNIMO, A MARCELA SOBRE LOS LUGARES SANTOS,
ALABANDO A LA CIUDAD DE JERSUSALÉN: En esta ciudad, más
aún, en este mismo lugar se dice que entonces habitó y murió Adán. Por
eso el lugar donde fue crucificado el Señor se llama Calvario, a saber,
porque allí está la calavera del hombre antiguo, para que el segundo Adán
y la sangre de Cristo goteando desde la cruz diluyeran los pecados del
primer Adán, el propagador allí yacente, y así se cumplieran las palabras
del Apóstol: Levántate tú que duermes y surge de entre los muertos y te
iluminará Cristo.
EL MISMO, EN EL LIBRO DE LOS LUGARES Y LOS NOMBRES:
En nuestros códices aparece corruptamente Arboc, mientras que en hebreo
se lee Arbe, es decir, cuatro, porque allí están sepultados tres patriarcas,
Abraham, Isaac y Jacob y el gran Adán, como está escrito en el libro de
Jesús, aunque algunos sospechan que él está en el lugar del Calvario. Esto
era antiguamente Hebrón, metrópolis de los filisteos.
ISIDORO, SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE DE LOS SANTOS
PADRES, SOBRE ADÁN: Echado del Paraíso habitó una tierra apta para
cultivos. Perdida la inmortalidad, volvió al polvo. Fue sepultado en Arge,
es decir, Hebrón, ciudad capital de otros pueblos.
Y TAMBIÉN: En un terreno en Hebrón, en una caverna doble, en cuya
parte interior está sepultado Adán, y en la exterior, Abraham. Este lugar,
como enseña Josefo, está en el séptimo estadio distante de Hebrón.

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Q. 58: Que Adán se ha salvado. Y lo contrario

DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA: Por la sabiduría fueron sanados


todos los que te agradaron, Señor, desde un principio. A aquel que fue
creado el primero por Dios, padre del orbe de las tierras, siendo creado
solo, lo cuidó y lo sacó de su delito: y le dio la virtud de contener a todas
las cosas.
AGUSTÍN, EN LA EPÍSTOLA A EVODIO SOBRE LAS
PALABRAS DE PEDRO, CON LAS QUE AFIRMA QUE CRISTO
SUPRIMIÓ LOS DOLORES DEL INFIERNO: ¿Quién sino un infiel
puede negar que Cristo estuvo en los infiernos?
Y TAMBIÉN: ¿Por qué habrá querido ir adonde había dolores? Porque
estaba, según la Escritura libre entre los muertos; donde el príncipe de la
muerte no encontró lo que se debe como suplicio.
Y TAMBIÉN: Casi toda la Iglesia está de acuerdo en que perdonó a aquel
primer hombre y debe creerse lo que ella no ha creído en vano, de
dondequiera haya procedido esta creencia aunque está escrito en el libro de
la Sabiduría: A aquel que fue creado el primero por Dios, padre del orbe
de las tierras, siendo creado solo, lo cuidó y lo sacó de su delito: hay que
tener muy en cuenta esta sentencia.
Y TAMBIÉN, SOBRE EL BAUTISMO DE LOS PÁRVULOS, LIB.
II, SOBRE ADÁN Y EVA: Aquellos primeros hombres, viviendo luego
justamente, se cree que merecidamente han sido liberados del suplicio
eterno por la sangre de Cristo.
Y TAMBIÉN, LIB. II: Adán, el primero de los hombres que pecó y Abel,
el primero de los hombres que vivió justamente.
HILARIO, SOBRE EL SALMO XIV: Finalmente, Adán mereció el
perdón y fue glorificado en Cristo.
GREGORIO A EULOGIO, OBISPO DE ALEJANDRÍA, Y A
ANASTASIO DE ANTIOQUÍA: Decimos que el primer hombre, el día
que pecó, murió en el alma; sin embargo, Adán, llegó luego por la
penitencia a la vida eterna.
AGUSTÍN, SOBRE LA SINGULARIDAD DE LOS CLÉRIGOS: Os
digo que en el día del juicio Adán va a recibir más tolerancia que vosotros.

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Q. 59: Que María dudó sobre el parto que se le prometía. Y lo contrario

BEDA, SOBRE LUCAS: ¿Cómo sucederá esto, si no conozco varón?


¿Cómo, dice, puede suceder que conciba y dé a luz un hijo ya que he
decidido transcurrir mi vida en una casta virginidad? No pregunta cómo
ocurriría eso como si dudara de las palabras del ángel, sino que estaba
segura que era menester que se cumpliera lo que estaba oyendo de boca
del ángel y había leído antes como dicho por el profeta: pregunta cómo
podría eso tener lugar, porque el profeta que lo había predicho no había
aclarado cómo sucedería sino que eso lo reservó para que lo dijera el
ángel.
AGUSTÍN, CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y DE LA NUEVA
LEY, CAP. XLIX: A María, que dudaba de la posibilidad de la
concepción el ángel le habla aclarándole: El Espíritu Santo vendrá sobre ti;
es decir, no dudes aunque no conozcas varón, porque el Espíritu Santo
obrará para que concibas sin varón.

Q. 60: Que el Verbo de Dios en el útero de la virgen recibió juntamente el


alma y el cuerpo. Y lo contrario

GREGORIO, A LOS OBISPOS DE IRLANDA: En el útero de la virgen


no fue concebida primero la carne y luego vino la divinidad a la carne,
sino que el Verbo, conservada la virtud de la propia naturaleza, se hizo
carne y devino un hombre perfecto, es decir, en la verdad de la carne y un
alma racional. Por eso se dice que fue ungido ante los participantes por
don del Espíritu Santo. Pues ser ungido por el Espíritu Santo es ser
concebido por el Espíritu Santo y la carne de la Virgen.
Y TAMBIÉN: Fue ungido por el mismo espíritu allí donde fue concebido;
no fue concebido antes y luego ungido sino que ser concebido por el
Espíritu Santo y la carne de la virgen y ser ungido fue una misma cosa.
AGUSTÍN, SOBRE EL SECRETO DE LA ENCARNACIÓN DE
CRISTO: Oh Cristo, perdóname y ten piedad de mi boca porque pretendo
narrar temerariamente el misterio de tu encarnación.
Y TAMBIÉN: En el útero de la virgen había sangre genital y humor
seminal; a esta sangre y este humor se unió como una mezcla y la
sustancia de la sangre y el humor hizo una carne oculta. Vino el Espíritu

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Santo a la que había sido una mezcla del Verbo la formó y distinguió con
su animación.
EL MISMO, EN EL LIBRO SOBRE CUESTIONES DEL ANTIGUO
TESTAMENTO, CAP. XXIII: Moisés escribió: Si alguien golpea a una
mujer embarazada y esta aborta, si ya tenía vida dé el alma por el alma y si
no tenía vida sea multado con dinero, si se prueba que el feto no estaba
animado.
Y TAMBIÉN: Si miramos lo anterior, veremos lo que debemos seguir.
Contemplemos la hechura de Adán. En Adán se dio un ejemplo, para
entender que una vez formado el cuerpo se recibió el alma. Pues podía el
alma mezclarse al limo de la tierra así formarse el cuerpo. Pero la razón
pedía que fuera conveniente que primero estuviera preparada la casa y
luego entrase el morador. Ciertamente el alma, que es espíritu, no puede
habitar en un ambiente seco, y por eso es transportada en la sangre. No
estando preparada la habitación ¿dónde podría estar el alma?
JERÓNIMO A AGASIO: Las simientes paulatinamente se van formando
en el útero y no se considera homicidio hasta que los elementos no tengan
las imágenes de los miembros.

Q. 61: Que José no sospechó que María fuese adúltera. Y lo contrario

DE LA HOMILÍA DE ORÍGENES EN LA VIGILIA DE LA


NAVIDAD: José, dice, su marido, siendo un varón justo y no queriendo
denunciarla, quiso dejarla secretamente. No quería denunciarla, no quería
tomarla, no quería difamarla, sino dejarla secretamente. Dice que él estaba
pensando. Tenemos que investigar qué pensaba. Esto pensaba:
abandonarla. Si sospechaba de ella ¿cómo se dice que era justo? Si no
sospechaba ni pensaba eso ¿por qué deseaba dejar a la que era inmaculada
y santa? Esto era injusto. Pero presta atención al sentido simple de esta
razón. Quería abandonarla porque conocía que había en ella cierta virtud
misteriosa y secreta y se juzgaba a sí mismo indigno de abordarla. Por eso,
humillándose ante algo tan grande e inefable, buscaba la forma de alejarse.
Así, como el bienaventurado Pedro humildemente le decía al Señor:
Apártate de mí Señor, porque soy pecador; como el centurión despedía al
Señor diciendo: No soy digno de que entres en mi casa; o como santa
Isabel que le habló a la bienaventurada María, diciendo: ¿De dónde

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merezco que la madre del Señor venga hasta mí? Así José, siendo
justamente humilde, tomaba cuidado en todo, y temía asumir una unión de
tan grande santidad. Por eso quería que se retirara ocultamente, diciendo:
Su dignidad es muy grande, su santidad es tan superior que no se ajusta a
mi indignidad.
JERÓNIMO, SOBRE MATEO: Sin embargo, José, su marido, siendo
justo y no queriendo denunciarla, etc. Este es el testimonio de María: que
José, conociendo su castidad y admirado de lo que sucedía, guardaba en
silencio ese misterio que no comprendía.
DE CIERTO SERMÓN SOBRE LA NAVIDAD, QUE COMIENZA
ASÍ “AL CASTÍSIMO ÚTERO DE LA VIRGEN MARÍA”: Oíd,
hermanos, oíd a María que habla con nosotros, ausente en la carne y
presente en espíritu. Ignoraba José, mi esposo, que mi Dios me había
amado y creía que mi vientre estaba cargado por un adulterio.
Y TAMBIÉN: José, hombre justo, se turbó porque María, a quien había
tomado del templo y no conocía estaba embarazada: meditando consigo
mismo y nervioso decía: ¿La denuncio o callo? Si callo, consiento en un
mal, aceptando la parte de culpa de un adulterio.
AGUSTÍN, EN UN SERMÓN SOBRE PALABRAS DEL
EVANGELIO: Si tu hermano pecara contra ti, etc. Fíjate cómo el justo
José que había sospechado una cosa tan grave de su mujer, la perdonó con
tal benevolencia. Sabía que no había tenido acceso a ella. Había, pues, una
sospecha cierta de adulterio y, sin embargo, como eso lo sabía él solo, no
queriendo divulgarlo, quiso abandonarla secretamente.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XXII: José, queriendo
abandonarla por sospecha de adulterio, porque sabía que no estaba
embarazada de él, etc.
EL MISMO, EN LA EPÍSTOLA A MACEDONIO: José, desposado con
la madre del Señor, habiendo advertido que estaba embarazada y sabiendo
que él no había tenido acceso a ella y por eso no podía pensar otra cosa
sino que era adúltera sin embargo, no quiso que fuese castigada ni
tampoco aprobó la culpa. Es considerada justa. Porque de él se ha escrito:
Siendo justo y no queriendo divulgar el hecho, decidió abandonarla
ocultamente. Cuando pensaba en esto se le apareció un ángel.

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AMBROSIO, SOBRE LUCAS, CAP. V: Muy bien enseñó san Mateo lo
que debe hacer un justo que advierte el oprobio de su cónyuge, debiéndose
mostrar libre de homicidio y de adulterio. Porque el que se une con una
meretriz es un solo cuerpo con ella.

Q. 62: Que Cristo nació estando cerrado el útero de la virgen, Y lo


contrario

SÍMBOLO DEL CONCILIO DE ÉFESO: Produjo nuestro nacimiento


desde el útero, procediendo un hombre de una mujer sin dejar de ser lo que
era.
Y TAMBIÉN: Produjo un nacimiento corporal desde un útero.
BEDA, SOBRE LUCAS: Al decir abrir el útero se habla del nacimiento;
no es que deba creerse que el Señor que había santificado el hospedaje del
sagrado vientre al salir le hiciera perder la virginidad, sino que según la fe
católica se apartó del tálamo como si fuera de un esposo.
AGUSTÍN, SOBRE EL SECRETO DE LA ENCARNACIÓN DE
CRISTO: Cristo, aunque hayas abandonado tu útero, dejándolo cerrado, a
nosotros, incrédulos, nos permitiste abrir tu Evangelio.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XXXV: Si al nacer se
hubiera corrompido la integridad del útero, no hubiera nacido de una
virgen.
DE LAS HOMILÍAS DEL PAPA GREGORIO, EN LAS OCTAVAS
DE PASCUA: Ese cuerpo del Señor entró donde estaban los discípulos
con las puertas cerradas, así como ante los ojos humanos nació estando el
útero de la virgen cerrado. ¿Qué hay, entonces, de extraño si entró con las
puertas cerradas, después de su resurrección, cuando ya viviría para
siempre, si viniendo al mundo para morir salió del útero de una virgen sin
que este se abriera?
JERÓNIMO, A PAMMAQUIO: Cristo virgen, madre virgen perpetua.
Esta es la puerta oriental, siempre cerrada, de Ezequiel. Que me respondan
cómo entró Jesús con las puertas cerradas y yo les responderé cómo sea
virgen después del parto, madre antes de estar desposada.

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EL MISMO, EN EL DIÁLOGO II CONTRA PELAGIO: Puede
referirse mejor al nacimiento especial del salvador que al de todos los otros
humanos lo que está dicho, que el que abre el útero será llamado santo
para el Señor. Sólo Cristo abrió las puertas cerradas de un útero virginal,
que, sin embargo, permanecieron continuamente cerradas. Esta es la puerta
tan cerrada, por la cual sólo ingresa el pontífice y sin embargo, siempre
está cerrada.
EL MISMO, A EUSTOQUIO: El Hijo de Dios se hizo hijo del hombre
para nuestra salvación; espera diez meses para nacer; soporta molestias:
tiene un egreso sangriento.
EL PAPA HORMISDA A JUSTINO AUGUSTO: Para que el que antes
era Hijo de Dios, se hiciera hijo del hombre y naciera según nacen los
hombres, nacido abriendo el útero de la madre y no rompiendo la
virginidad de la madre por virtud de la divinidad.
ANASTASIO AL OBISPO EPITECTO: Gabriel es enviado a María,
virgen no transitoriamente, sino virgen desposada.
Y TAMBIÉN: La Escritura recuerda el parto y dice: Lo envolvió en
pañales al niño y fueron bienaventurados los pechos que lo amamantaron y
se ofreció un sacrificio porque rompió el útero y nació. Estos eran indicios
de una virgen parturienta.
AMBROSIO, SOBRE LUCAS: Porque todo masculino que abre el útero
será llamado santo para el Señor. Pues por las palabras de la ley se
prometía el parto de una virgen. Y está bien llamarlo santo porque es
inmaculado. Porque el santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios.
Pero si seguimos la letra ¿cómo es santo todo masculino? ¿Acaso fue santo
Acab? Pero es santo aquel por el cual se señalaba en la Escritura la figura
del futuro misterio de la ley, porque sería el único que abriría el secreto
genital de una fecundidad inmaculada de la santa Iglesia virgen para la
regeneración de los pueblos.
Y TAMBIÉN: Antes de que te formara en el útero, te conocí y te
santifiqué en el útero de tu madre. El que santificó un útero ajeno, es el
que abrió el útero de su madre para salir inmaculado.

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Q. 63: Que Cristo según la carne no fue de la tribu de Judá. Y lo
contrario

ORÍGENES, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS


ROMANOS, HOMILÍA I: Fue hecho de la simiente de David según la
carne. ¿Cómo puede decir que Cristo desciende de la simiente de David, si
consta que no nació de José adonde se extiende la descendencia de David?
Aunque parezca contrario a la letra a estos se les responde que María
estaba desposada con José y según la ley pertenecía a su tribu y
descendencia; el ángel le dice que Isabel, su pariente, va a tener un hijo en
su vejez y se manifiesta que pertenece a las hijas de Aarón; sin embargo,
puede afirmarse que el nombre del parentesco puede aplicarse no sólo a los
pertenecientes a la misma tribu sino a la pertenencia al pueblo de Israel,
como dice el Apóstol simultáneamente de todos: que son mis parientes
según la carne. Pueden responderse estas y otras cosas semejantes. A
nosotros nos parece que estas cosas deben entenderse según un sentido
espiritual y alegórico, de acuerdo con lo cual nada se opone a que se diga
que José es padre de Cristo. Mateo dice que Joram engendró a Ozías. En el
libro IV de los Reyes estaba escrito que Joram engendró a Ocozías,
Ocozías a Joás, Joás a Amasías, Amasías a Azarías, el mismo que a veces
es llamado Ozías, y Azaría a Jonatán.
Y TAMBIÉN: Resulta cierto acerca de esto que debe juzgarse no según la
historia sino según la inteligencia espiritual que ahora no debemos tratar.
Por el momento nos es suficiente responder a nuestros adversarios que así
como se dice que Jesús es hijo de José y que Ozías fue engendrado por
Joram, cosa que no es históricamente cierta, así puede decirse que Cristo
es de la simiente de David según la carne y lo que puede decirse de Joram,
digámoslo también de David.
PABLO EN LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS: Es manifiesto que
nuestro Señor nació de la tribu de Judá, en la cual Moisés nada habló de
los sacerdotes.
JERÓNIMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS: Porque
todavía era necesario que surgiese otro sacerdote según el orden de
Melquisedec, y no según el de Aarón, etc. Queriendo demostrar el apóstol
que la generación de Melquisedec no procedía de la progenie de Sem, de la
que era miembro Abraham, sino de la de Cam, cuya posteridad no es

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mencionada por la Escritura, dice de él que no tenía padre ni madre, es
decir, sin orden de generación, y que no constaba ni su principio ni su fin.
Y TAMBIÉN: Esto lo hace el Apóstol para demostrar que quien no era de
la generación de los hebreos había bendecido al patriarca y en él una
semejanza de Cristo, que no sería de la tribu de Leví, es decir, sacerdotal,
sino de la de Judá.
AUGUSTO, CONTRA FAUSTO, LIB. II, CAP. II: El Señor que es
Dios según la divinidad Él mismo es hijo de David por la carne. Si creer
esto no fuese importante para nosotros, el Apóstol no se lo recomendaría
tan atentamente a Timoteo, diciendo: Recuerda que Cristo Jesús resucitó
de entre los muertos, de la simiente de David, según mi Evangelio. Si
alguien anuncia algo contra este Evangelio, sea anatema; así les advierte
seriamente a los fieles.
Y TAMBIÉN: Mateo traza la serie de la generación no hasta María sino
hasta José, en primer lugar porque había que honrar más la persona del
marido por su sexo viril. Y no dejó de ser marido por no haber tenido
relación sexual, ya que el mismo Mateo narra que María fue llamada su
esposa por el ángel.
Y TAMBIÉN: También debemos pensar que puede suceder que se dijese
que José era marido de María, teniéndola como cónyuge, no por relación
sexual sino por afecto y, por tanto, que el marido de la virgen madre de
Cristo no debió ser separado de la serie de ascendientes de Cristo; y que la
virgen María tenía algo de la sangre de David de modo que la carne de
Cristo no pudo ser creada sin participación de la simiente de David.
Y TAMBIÉN: ¿Qué resta sino que María no ha sido extraña a la
ascendencia de David?
Y TAMBIÉN: Todo el que dice que María no pertenece a la
consanguineidad de David es manifiesto que se opone a la excelente
autoridad de las Escrituras.

Q. 64: Que Dios no asumió la persona sino la naturaleza de hombre. Y lo


contrario

AGUSTÍN, EN EL LIBRO SOBRE LA FE A PEDRO: Y así el Verbo


se hizo carne, pues, aunque naturalmente el Verbo y la carne no son lo

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mismo, la verdad de las dos naturalezas permanece en Cristo, sin embargo,
según una sola persona que es el Verbo y la carne y de allí comenzó la
concepción materna. Dios, Verbo, no asumió la persona de hombre, sino la
naturaleza.
BOECIO, CONTRA EUTIQUES Y NESTORIO: Conste lo que dijimos
anteriormente sobre la diferencia entre naturaleza y persona; porque la
naturaleza es la propiedad especificada de cada sustancia y la persona es la
subsistencia individual de una criatura racional.
AMBROSIO, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Siervo de Jesucristo. Menciona a los dos: Jesús y Cristo para
señalar la persona de Dios y la del hombre, porque en ambas está el Señor.
Y TAMBIÉN: Cuando la Escritura dice Jesús o dice Cristo, señala a veces
la persona de Dios y a veces la del hombre.
AGUSTÍN, LIBRO II CONTRA LOS MANIQUEOS: Dejó al Padre,
cuando dijo: salí del Padre; y se apareció a los hombres, cuando el Verbo
se hizo carne. Lo que no significa una conmutación de la naturaleza de
Dios sino la asunción de una persona inferior, es decir, la humana.

Q. 65: Que el Hijo de Dios cambió al recibir la carne. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO LXXVI: Es un cambio de la diestra


del excelso; si su diestra, es decir, su Hijo, no hubiese cambiado y recibido
el cuerpo de hombre, no podemos obtener su misericordia. Pues,
existiendo en forma de Dios, él no consideró el ser igual a Dios como algo
a qué aferrarse, sino que se humilló a sí mismo adoptando la forma de
siervo.
AGUSTÍN, SOBRE LA NATURALEZA DEL SUMO BIEN: Las
naturalezas corruptibles no son inmutables, porque fueron hechos de la
nada.
Y TAMBIÉN: Todo cambio hace que algo sea lo que no era. Pero Él es el
que es inmutable.
Y TAMBIÉN: La verdadera inmortalidad es aquella suma inmutabilidad
que sólo Dios tiene.

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ISIDORO, SOBRE EL SUMO BIEN, CAP. I: ¿Qué es la inmortalidad
de Dios sino su inmutabilidad? Pues los ángeles y las almas son inmortales
pero no son inmutables. Sólo Dios se dice que es inmortal porque es
inmutable. Porque el alma muere y el ángel, abandonando a Dios, cayó. El
que tiene materia por la que existe es mutable, porque pasa de ser informe
a tener una forma; lo que no tiene materia es inmutable, como Dios.

Q. 66: Que Dios y el hombre en Cristo parecen ser partes. Y lo contrario

AMBROSIO: Porque así como el alma racional y la carne son un solo


hombre, así Dios y el hombre son un solo Cristo, no por confusión de la
sustancia sino por la unidad de la persona.
JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO II: Yo fui constituido rey por él, se
dice por parte de la carne.
EL MISMO, SOBRE EL SALMO XXIII: ¿Quién es este rey de la
gloria? Es la voz de los ángeles que siempre estuvieron junto a Dios.
Como si dijeran: Nosotros siempre vemos que el Padre y el Hijo están
juntos. ¿Quién es este rey de la gloria? Lo decían en cuanto a la carne.
AGUSTÍN, SOBRE EL LIBRO DE LAS SENTENCIAS DE
PRÓSPERO: Esto es lo que decimos y que en todas formas procuramos
probar, que el sacrificio de la iglesia se realiza y consta de dos cosas: de
una presencia visible de elementos y de la carne y sangre invisibles de
nuestro señor Jesucristo; el sacramento y la cosa del sacramento, es decir,
el cuerpo de Cristo: así como la persona de Cristo consta de Dios y de
hombre. Siendo Cristo verdadero Dios y verdadero hombre, porque esa
cosa contiene en sí la naturaleza y la verdad de aquellas cosas, de las
cuales consta. Es pues el sacramento y la cosa del sacramento, es decir, el
cuerpo de Cristo.
EL MISMO, SOBRE LAS PREGUNTAS QUE LE HIZO OROSIO:
Así como el alma y la carne son un solo hombre, así el Verbo y el hombre
son un solo Cristo. Tenemos dos sustancias en un solo Hijo de Dios, de la
divinidad y de la humanidad y no dos personas. Si dijésemos que son dos
personas ya no sería trinidad sino cuaternidad.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. IV: Es así que están sólo el
Verbo de Dios y la carne del hombre, sino también el alma racional del

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hombre y este todo puede llamarse Dios por causa de Dios y hombre por
causa del hombre. Si esto es difícil de entender que la mente se purgue con
la fe.
EL MISMO, SOBRE LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS:
Hubo una asunción inefable del hombre por el Verbo de Dios de modo de
ser simultáneamente Hijo de Dios e hijo de hombre; hijo de hombre, por el
hombre recibido e Hijo de Dios por el Dios que lo recibió; esto es así
verdadera y propiamente para que no fuese una cuaternidad en lugar de
una trinidad.
EL MISMO, EN LA EPÍSTOLA A VOLUSIANO, SOBRE LA
ENCARNACIÓN DE CRISTO: Así como en la unidad de la persona el
alma usa del cuerpo para que haya un hombre, así en unidad de persona
Dios usa del hombre para que sea Cristo. En aquella persona hay mezcla
de alma y de cuerpo; en esta persona hay mezcla de Dios y de hombre. Por
tanto, la persona del hombre es mezcla de alma y de cuerpo; la persona de
Cristo es mezcla de Dios y de hombre. El Verbo de Dios se compone de un
alma que tiene un cuerpo, asume simultáneamente el alma y el cuerpo.
Aquello sucede cotidianamente para la procreación de los hombres; esto
sucedió una sola vez para la liberación de los hombres. Debe creerse más
fácil la mezcla de dos sustancias incorpóreas que de una incorpórea con
una corpórea. Por eso es más fácil de creer la mezcla del Verbo de Dios y
el alma que la del alma y el cuerpo. El Verbo de Dios no de otro modo
distinto del que tienen las criaturas, asumió al hombre y así se hizo un solo
Jesucristo.
REMIGIO, SOBRE EL SALMO XXXIV: Y mi oración estará
continuamente en mi interior. Sabemos que Cristo está en dos sustancias y
consta de dos sustancias, divina y humana.
AGUSTÍN, CONTRA MAJENCIO: No hay división de partes en la
trinidad de la deidad. Cristo es una persona de dos sustancias y Dios no
puede decirse que sea parte de esta persona. De otro modo el Hijo de Dios
antes de asumir la forma de siervo no sería entero. Y creció cuando el
hombre accedió a su divinidad. Si en una persona es absurdo decir que
Cristo es una parte de ella, cuánto más uno de los tres no puede ser una
parte. En la Trinidad, que es Dios, el Padre es Dios y el Hijo es Dios y el
Espíritu Santo es Dios, y simultáneamente estos tres son un solo Dios, y
uno no es la tercera parte de esta trinidad ni dos es mayor que uno en ella;

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ni son más todos que uno, porque se trata de una magnitud espiritual y no
corporal.
EL MISMO, SOBRE JUAN, HOMILÍA XLV: Por semejanza Cristo es
muchas cosas que no es por propiedad. Por semejanza es piedra, puerta,
piedra angular, cordero, pastor y león y otras cosas que sería largo
enumerar. Si te refieres a las propiedades de las cosas que sueles ver, no es
ni piedra, ni puerta, etc.
Y TAMBIÉN: Dice: Entregaré mi alma. ¿Quién la entrega? ¿Qué alma
entrega? ¿Qué es Cristo? Verbo y hombre. No así el hombre, como sólo
carne, porque el hombre consta de carne y de alma, pero el hombre entero
está en Cristo. No hubiera asumido la parte inferior y reservado la
superior. Porque el alma es en el hombre una parte superior al cuerpo. Si el
hombre entero está en Cristo, ¿qué es Cristo? Diré que el Verbo y el
hombre. ¿Qué es Verbo y hombre? Verbo, alma y carne. Sabe que algunos
herejes sostuvieron este parecer; los apolinaristas se atrevieron a
dogmatizar que Cristo no es sino Verbo y carne y sostienen que no tuvo un
alma humana. ¿Quién entrega el alma y la vuelve a tomar? Cristo, en
cuanto que es Verbo, la entrega y la vuelve a tomar. Dado que el alma es
humana ¿ella se entrega y se recupera? O en cuanto es carne, ¿la carne
entrega el alma y la recupera? Si dijéramos que el Verbo de Dios entregó
el alma y la recuperó debemos temer que se diga: Por lo tanto, esa alma
alguna vez estuvo separada del Verbo, y alguna vez ese mismo Verbo, del
cual recibió el alma, estuvo sin alma.
Y TAMBIÉN: ¿Qué hicieron la pasión y la muerte sino separar el alma
del cuerpo? Pero no separó al alma del Verbo. Murió el Señor; sin duda su
carne expiró; su alma por un tiempo abandonó la carne. Pero no digo que
el alma haya estado separada del Verbo. Le dijo al alma del ladrón: Hoy
estarás conmigo en el Paraíso. No abandonaba al alma del ladrón y
¿abandonaba la suya? De ninguna manera. La suya la tuvo
inseparablemente. Así como Cristo entregó su alma, así debemos nosotros
entregar nuestra almas por nuestros hermanos. Entregar el alma es morir;
por eso dijo Pedro: Entregaré mi alma por ti, es decir, moriré por ti.
Atribuye esto a la carne; la carne entrega el alma y la recupera. Inclinada
la cabeza, entregó su espíritu, es decir, su alma. La carne lo entregó, lo
emitió; murió. Por eso se dice expirar, quedar fuera del espíritu; como
exultar, alejarse del suelo; desorbitarse, salir fuera de la órbita. Si la carne
entregó el alma, ¿cómo entregó Cristo el alma? Pues Cristo no es carne. Es

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claro que Cristo es carne, es alma y es Verbo; sin embargo, no son tres
Cristos sino un solo Cristo. Así como es un solo hombre alma y cuerpo así
es un solo Cristo, Verbo y hombre. Ved lo que dije y entended: el alma y
el cuerpo son dos cosas pero un solo hombre; el Verbo y el hombre son
dos cosas pero un solo Cristo. Sobre el hombre pregunta: ¿Dónde está el
apóstol Pablo ahora? Si alguien responde: en paz con Cristo, dice la
verdad. Y también si alguien responde: en un sepulcro en Roma, también
dice la verdad. Uno responde por el alma y otro por el cuerpo. Y no por
eso hablamos de dos apóstoles, uno que descansa en el Señor y otro que
descansa en un sepulcro.
EL MISMO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. I: La Forma de Dios asumió
la forma de siervo; ambas son Dios y ambas son hombre; pero ambas, Dios
por el Dios que recibe y ambas hombre por el hombre recibido.
Y TAMBIÉN: En la forma de siervo fue crucificado y, sin embargo, fue
crucificado el Señor de la gloria. Tal era esa asunción que hizo Dios al
hombre y al hombre Dios; qué se diga absolutamente y qué se diga
relativamente el diligente lector lo ha de entender.

Q. 67: Que Cristo, en cuanto Dios, no debe decirse que es criatura o


siervo. Y lo contrario

BEDA, EN LA HOMILÍA DE NAVIDAD: Todas las cosas fueron


hechas por Él. Si ninguna de las criaturas fue hecha sin Él, es claro que Él
no es una criatura, ya que por Él fueron todas hechas.
JERÓNIMO, SOBRE EL SÍMBOLO DEL CONCILIO NICENO:
Entiendo, por lo tanto, que el Dios verdadero no puede ser una criatura y
que una criatura no puede salvar a otra diciendo la Escritura: adoraron y
sirvieron a la criatura antes que al creador que es bendito por todos los
siglos. Ves, por tanto, que esto es más propio del paganismo que del
cristianismo.
HILARIO EN EL XII SOBRE LA TRINIDAD: No es una criatura el
Señor Cristo, ni lo es ni lo será, porque él es el señor de todas las criaturas
y lo reconocemos como Dios, generación propia de Dios Padre.
Y TAMBIÉN: Nuestra sola y única religión es confesar que el Hijo no es
adoptivo sino nacido, no elegido, sino generado.

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Y TAMBIÉN: Y Pablo reprocha a los que sirven a la criatura.
Y TAMBIÉN: La inteligencia humana rechaza que el creador sea una
criatura, porque la creación se realiza por medio del creador. Si este fuese
una criatura estaría sujeto a la corrupción y al cambio y a la servidumbre.
Pues dice el Apóstol: Pues la larga expectativa de la criatura espera la
revelación de los ojos de Dios. Pues la criatura está sometida a la vanidad,
no voluntariamente, sino por aquel que la sometió con la esperanza;
porque esa misma criatura será liberada, etc. Si Cristo fuese una criatura,
estaría sujeto a una larga e incierta expectativa, que más bien es algo
propio de nosotros, y en esa condición estaría sujeto a la vanidad, y lo
estaría por necesidad y no voluntariamente. Si no está sujeto por su
voluntad, entonces es un siervo. Y si es siervo, permanecería en la
corrupción de la naturaleza. Enseña el Apóstol que todas estas cosas le
corresponden a la criatura. Los que le atribuyen esto es como una calumnia
y una profesión impía acerca de Dios, diciendo que debe tener esperanza,
que sea siervo, sometido, que necesite ser liberado.
EL MISMO, SOBRE EL LIB. IX: Confesándose a sí mismo Dios hijo
teniendo a Dios por Padre.
Y TAMBIÉN: La dispensación del piadoso misterio hizo que el Padre del
nacimiento divino fuese también Dios en la condición asumida; el que
estaba en la forma de Dios, apareció en la forma de siervo.
Y TAMBIÉN: Así como antes no era siervo por naturaleza, comenzó
después a ser por naturaleza lo que no era; no debe entenderse otra causa
de dominio que la de la servidumbre; teniendo el ser señor por
dispensación de la naturaleza, y mostrándose siervo por la asunción del
hombre.
Y TAMBIÉN: Asciendo a mi Padre y vuestro padre, a mi Dios y vuestro
Dios. Cristo en forma de hombre y siervo les habla así a los siervos; no
duda de que es su padre y el de los otros por cuanto es hombre, y que es su
Dios y el de los otros, por cuanto es siervo.
AGUSTÍN, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XIII: Confesamos que nació
del Espíritu Santo y de María virgen, ciertamente no del mismo modo con
el que nació del Padre, sino como se nace de una madre.
EL MISMO, SOBRE LA PRIMERA EPÍSTOLA DE JUAN: Vino
Dios en la carne para mostrarnos la esperanza de la resurrección. Lo que

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no se podía haber hecho si no se hubiese revestido de carne mortal. Porque
Dios no podía morir.
AMBROSIO, SOBRE LA FE, A GRACIANO, LIB. I: Falta que
refutemos ese sacrilegio y probemos que el Hijo de Dios no es una
criatura. Hemos oído decir al Señor: Predicad el Evangelio a toda criatura;
no excluye a ninguna criatura y, por lo tanto, ¿dónde están los que a Cristo
lo llaman criatura? Si fuese una criatura ¿acaso mandaría que se le
predicase el Evangelio a sí mismo? Por lo cual Cristo no es criatura sino
creador. Porque la criatura está sujeta a la vanidad, como dijo el Apóstol.
¿Acaso Cristo está sujeto a la vanidad? Igualmente, según el mismo
apóstol, la criatura gime. ¿Acaso gime Cristo que nos liberó de los
gemidos de la muerte? La criatura, dice, será liberada de la servidumbre de
la corrupción. Vemos, pues, que hay una gran distancia entre la criatura y
Dios, porque la criatura es sierva y Dios es espíritu; donde está el espíritu
del Señor allí está la libertad. ¿Quién introdujo este error y llamó criatura
al que creó todas las cosas? Si todo fue hecho por Él, ¿acaso Él se hizo a sí
mismo? Si hemos leído que Dios todo lo hizo con sabiduría ¿acaso puede
parecer verosímil que la sabiduría fue hecha ella misma?
EL MISMO, EN EL QUINTO: Dijo el Apóstol que el Señor de la
majestad fue crucificado; por lo tanto es el hijo y señor de la majestad; y la
majestad no está sujeta a las criaturas. Por lo tanto el Hijo no es una
criatura.
Y TAMBIÉN: El Hijo es imagen de la sustancia paterna, pero toda
criatura no es semejante a la sustancia superna: y el Hijo no es disímil del
Padre. Por lo tanto el Hijo no es criatura.
Y TAMBIÉN: Ninguna criatura es igual a Dios; pero el Hijo es igual, por
lo tanto el Hijo no es una criatura.
Y TAMBIÉN: Toda criatura recibe los accidentes del Bien y del Mal y
siente esa división: pero al Hijo nada se le puede añadir ni restársele de su
divinidad. Por eso no es criatura el Hijo de Dios.
Y TAMBIÉN: Dios llevará a juicio a toda su obra: pero el Hijo de Dios no
será llevado a juicio. Por lo cual el Hijo de Dios no es una criatura.
Y TAMBIÉN: El Hijo dijo ser una sola cosa con el Padre. ¿Cómo puede
decir eso una criatura? No es el Hijo, por lo tanto, una criatura.

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Y TAMBIÉN: Reinar no es lo mismo que servir. Cristo es rey e hijo de
rey. El Hijo de Dios no puede ser siervo.
Y TAMBIÉN: Toda criatura sirve pero no es siervo el Hijo de Dios que
hace hijos de Dios a los siervos. Por lo cual el Hijo de Dios no es una
criatura.
EL MISMO. EN EL LIB. I SOBRE LOS ARRIANOS: Que digan que
fue engendrado por el Padre y creado por la madre; o digan ¿cómo el Hijo
de Dios pudo ser engendrado y creado? Dios es una única naturaleza y no
recibe diversidad alguna. Pablo me prohíbe servir a la criatura y Cristo
aconseja que hay que servir. Por lo tanto Cristo no es criatura. Pablo dice:
Siervo de Jesucristo. ¿Cómo lo serviría a Cristo si lo juzgase siervo? O
bien dejen de adorar a quien llaman una criatura o dejen de llamar criatura
al que simulan adorar para no cometer un sacrilegio más grave bajo el
pretexto de hablar de cultos.
EL MISMO, SOBRE LO MISMO: Mi Dios y vuestro Dios. Los
testimonios demuestran que lo llama su Dios hablando como hombre.
Dios, Dios mío, mírame, tú eres mi Dios desde el vientre de mi madre;
significa que es su Dios desde que salió del vientre de su madre. Cuando
leemos sobre la generación de Cristo, ¿cómo se atreven a decir que es
criatura o que fue hecho? ¿Qué hay en aquel que llaman creado, en aquel
que deberían considerar hecho? Se ha enseñado que el Hijo de Dios fue
engendrado por Dios. Adviertan diligentemente en quién se lee que fue
hecho. Dios no fue hecho, pero el Hijo de Dios nació; luego, según la
carne, fue hecho hombre. Envió Dios a su Hijo hecho de mujer. Cuando
dice suyo indica la propiedad de su generación eterna. Se dijo hecho de
mujer para atribuir el haber sido hecho no a la divinidad sino a la asunción
del cuerpo.
Y TAMBIÉN: Vanamente se jactan de que está escrito: Dios hizo a este
señor Jesucristo, que vosotros habéis crucificado. No fue crucificada la
divinidad sino la carne. Esto pudo suceder porque pudo ser crucificada. El
Hijo de Dios, por tanto, no es criatura.
Y TAMBIÉN: El Señor me creó. No dijo que lo creó el Padre. La carne
reconoce al Señor; nuestra criatura confiesa al Señor. ¿Quién puede
ignorar que esto se dice en razón de la incorporación? Se afirma que se
dice creado cuando se habla del hombre.

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Y TAMBIÉN, LIB. V: Dicen que está escrito: el que cree en mí no cree
en mí sino en aquel que me envió. Pero ved lo que sigue: y el que me ve,
ve a aquel que me envió. Expuso lo que había adelantado, que el que cree
en el Hijo confiesa al Padre. Y el que no conoce al Hijo tampoco conoce al
Padre. ¿Qué es no creer en mí? No en aquello que observáis
corporalmente. Dice: No vine por mí mismo, porque el hombre no viene
de sí, y en otra parte: para que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga la
vida eterna. Y en otra parte: Creed en Dios y creed en mí.
Y TAMBIÉN: Por momentos se significa a sí mismo como hombre, por
momentos como en la majestad de Dios; a veces dice que su doctrina no es
suya, que no busca su voluntad, que su testimonio no es verdadero, y otras
veces, que es verdadero. Pues dice: si yo doy testimonio de mí mismo, mi
testimonio no es verdadero; y más adelante: Si doy testimonio de mí, mi
testimonio es verdadero. ¿Cómo no es verdadero tu testimonio, Señor, a no
ser por la fragilidad de los hombres? Pues todo hombre es mentiroso.
Finalmente, para demostrar que hablaba como hombre, dice: El Padre que
me envió es el que da testimonio de mí. Un testimonio verdadero, según la
divinidad, como dice él: Y mi testimonio es verdadero porque sé de dónde
vine y adónde voy.
EL MISMO, LIB. V: Una cosa es ser nombrado según la sustancia divina
y otra ser llamado hijo según la asunción de la carne. Pues según la
generación divina el Hijo es igual a Dios Padre, y según la asunción del
cuerpo recibió la forma de siervo; pero el Hijo es uno solo y el mismo.
Según su gloria es Señor y según la serie de sucesión es hijo del patriarca
David. No sólo recibió la servidumbre a través de la estirpe de David en la
persona de un hombre, sino también desde el Señor, como tienes: He aquí
que yo os enviaré a mi siervo; Oriente es su nombre. Y el mismo Hijo
dice: El Señor que me formó desde el útero como siervo para sí me dijo:
He aquí que te he puesto como luz para las gentes para que seas su
salvación hasta el extremo de la Tierra. ¿A quién se dice esto sino a
Cristo? Quien estando en la forma de Dios se rebajó a sí mismo. Dice en el
salmo: Ilustra tu rostro sobre tu siervo. Es llamado siervo en cuanto que
fue ungido. Es llamado siervo porque tiene una madre. Yo soy tu siervo e
hijo de tu sierva. Y en Ezequiel: Suscitaré sobre ellos un solo pastor y mi
siervo David los gobernará y será su príncipe en medio de ellos.
Ciertamente David ya estaba muerto. Por lo tanto habla de Cristo.

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CRISÓSTOMO, SOBRE EL SALMO L: Milagros estupendos. ¿Qué
palabras dignas puedo pronunciar? ¡Qué locura la de los herejes que dicen
que el creador puede ser una criatura! Puedes decir: ¿cómo el que está en
todas partes puede haberse encerrado en un útero?
AGUSTÍN, SOBRE LA VIRGINIDAD: Mirad la belleza de quien os
ama, pensad que es igual al Padre y sometido a su madre, dominador en
los cielos y siervo en la Tierra, creador de todo y creado entre todas las
cosas.
EL MISMO, SOBRE LA FE, A PEDRO: El creador y señor de todos los
espíritus, es decir, de todas las naturalezas, creó a una virgen siendo que
iba a ser creado desde una virgen.
EL MISMO, EN EL ENQUIRIDIÓN, CAP. XI: Nació del Espíritu
Santo y de la Virgen María. Con ambas sustancias, la divina y la humana,
es Hijo de Dios.
EL MISMO, SOBRE JUAN, TRATADO V: Todas las cosas fueron
hechas por Él. Si todas las cosas fueron hechas por Él, incluso María, de la
cual nació. ¿Cómo creó a María y fue creado por María? Igualmente le dio
el bautismo a Juan y fue bautizado por Juan.
EL PAPA LEÓN, EN EL SERMÓN DE PENTECOSTÉS: Si el
hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, hubiese permanecido en el
honor de su naturaleza, y no hubiese sido engañado por el fraude diabólico
y, por concupiscencia, se hubiese apartado de la ley que le había sido
impuesta, el creador del mundo no se hubiera hecho criatura. Pero como
por envidia del diablo entró la muerte en el orbe de las tierras, y el
cautiverio humano no podía ser liberado de otra manera que no fuese sino
asumiendo Él nuestra causa y, sin daño de su majestad, haciéndose
verdadero hombre y el único en no tener el contagio del pecado, etc.

Q. 68: Que Cristo fue hecho según la carne. Y lo contrario

PABLO, EN LA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS: Que fue hecho de la


semilla de David según la carne.
AGUSTÍN, CONTRA FAUSTO: Todo fue hecho por Cristo, en cuanto
Dios. En cuanto hombre, también fue hecho él mismo.

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EL MISMO, EN EL LIBRO DE CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y
DE LA NUEVA LEY, CAP. LXV: Es manifiesto que el salvador no
necesitaba del bautismo porque Cristo no fue hecho sino nacido,
diciéndole el ángel a los pastores: He aquí que hoy os nació el salvador,
que es Cristo Señor.
BEDA, SOBRE LUCAS, HOMILÍA SOBRE SU LECTURA: Estaba
Jesús echando al demonio: Envió Dios a su hijo, hecho de mujer, hecho
bajo la ley. No hay que escuchar a los que opinan que debe leerse nacido
de mujer, porque fue concebido en el útero virginal asumió carne de la
carne materna, no de la nada ni de otra parte.

Q. 69: Que el Hijo de Dios fue predestinado. Y lo contrario

AGUSTÍN, EN EL TRATADO IV SOBRE JUAN: Y ahora glorifícame


tú, Padre, ante ti mismo, etc. Correctamente se dice que no es predestinado
en cuanto que es Verbo, Dios en Dios. ¿A qué estaría predestinado si ya
era lo que era sin principio? Lo que debía predestinarse era lo que todavía
no era lo que sería en su tiempo. Como antes de todos los tiempos estaba
predestinado a ser. El que niega que el Hijo de Dios haya sido
predestinado, niega al hijo del hombre. Pero por causa de estos
contenciosos también aquí escuchemos al apóstol: Lo que antes había
prometido sobre su hijo, que fue hecho de la semilla de David según la
carne, que fue predestinado el Hijo de Dios en virtud, etc. Según esta
predestinación también fue glorificado, antes de que existiera el mundo,
para ser su claridad por la resurrección de los muertos.
ORÍGENES, SOBRE LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS
ROMANOS: Que fue predestinado Hijo de Dios, en virtud, etc. Aunque
en los ejemplares latinos suele encontrarse “praedestinatus”, sin embargo,
según la interpretación de la verdad está escrito “destinatus”. Se destina a
alguien que ya es y se predestina a quien todavía no es. Pueden
preconocerse y predestinarse quienes todavía no son. Pero el que es y
siempre es no es predestinado sino destinado. Hemos dicho estas cosas por
causa de aquellos que hablan impíamente del unigénito e ignoran la
diferencia entre predestinado y destinado juzgando que lo deben contar
entre los que todavía no fueron.

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Y TAMBIÉN: El que siempre es, es destinado. El que es predestinado
todavía no es cuando se lo predestina. El Apóstol utiliza una distinción
necesaria nombrando a aquel de la semilla de David hecho según la carne;
y destinado aquel que es el Hijo de Dios, en virtud según el espíritu de
santificación. No es superfluo que haya añadido “en virtud” indicando por
eso que por sustancia es hijo según el espíritu de santificación. Cristo es
llamado la virtud y la sabiduría de Dios porque es un vapor de la virtud de
Dios y una purísima emanación de la gloria omnipotente.

Q. 70: Que Dios no puede disminuir. Y lo contrario

MOISÉS PROFETA: Escucha, Israel, tu Dios es uno solo. El único no


puede ser mayor y no puede ser menor.
EL SALMISTA: Lo hiciste un poco menor que los ángeles.

Q. 71: Que también según la divinidad parece que el Hijo es menor que el
Padre. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL SÍMBOLO DEL CONCILIO NICENO: De


ningún modo se puede hablar de más o menos en el Hijo de Dios ni en
cuanto a tiempo, ni lugar, ni poder, ni sabiduría, ni igualdad ni sujeción,
cuando se trata de la deidad y no de la carne. Si se encuentra algo mayor o
menor excepto de que el Padre engendró al Hijo y que el Hijo no nació de
sí mismo sino del Padre, eso significaría que el Padre es envidioso o
impotente o incluso temporal.
HILARIO, SOBRE LA TRINIDAD, LIB. IX: Para manifestar el
misterio de la natividad y del cuerpo asumido, dice: el Padre es mayor que
yo, del cual recibiré la gloria, y en el cual y junto al cual seré glorificado.
TAMBIÉN: Es mayor el Padre que va a glorificar al Hijo y es menor el
Hijo que es glorificado en el Padre. Pero ¿cómo es menor el que está en la
gloria del Padre? ¿Acaso no es mayor el Padre? Ciertamente el Padre es
mayor por ser el padre; pero el Hijo, siendo hijo, no es menor. El
nacimiento del Hijo constituye al Padre como mayor. Pero la naturaleza de
la natividad no permite que el Hijo sea menor. El Padre es mayor cuando
ruega que se le dé gloria al hombre asumido. Y el Hijo no es menor

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cuando asume la gloria junto al Padre; y así se cumple el misterio de la
natividad y la dispensación del cuerpo. Pues el Padre, por ser padre y
glorificar al hijo del hombre, es mayor: pero el Padre y el Hijo son una
sola cosa, ya que el Hijo nacido del Padre después de la asunción del
cuerpo terrenal es glorificado en el Padre.

Q. 72: Que Cristo no creció según el cuerpo. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE JEREMÍAS, LIBRO VI: Escucha lo que nunca


antes habías conocido. Una cosa nueva creó el Señor sobre la Tierra, sin
simiente de varón, sin coito ni concepción. Una mujer envolvió a un varón
en su seno. Este, según el desarrollo de su edad, por los vagidos parecerá
haber desenvuelto su infancia en sabiduría y edad, pero será contenido en
el vientre como varón perfecto en los meses acostumbrados.
Y TAMBIÉN: Podría comentar y hallar algún sentido en lo que dice la
edición vulgata si no fuese un sacrilegio argumentar sobre las palabras de
Dios con sentido humano.
AMBROSIO, SOBRE LUCAS: Se cumplió el tiempo de Isabel para
parir. Se describe aquí bellamente el tiempo en el que el profeta estuvo en
el útero.
Y TAMBIÉN: No experimentó el crecimiento de la infancia porque
estuvo ubicado en el útero de la madre por encima de la naturaleza y de la
edad, y comenzó con la medida de la perfecta edad de la plenitud de
Cristo.
CRISÓSTOMO, HOMILÍA XXVI, SOBRE LA EXPOSICIÓN DEL
SÍMBOLO, QUE COMIENZA ASÍ “SE REGOCIJA LA IGLESIA
UNIVERSAL”: Se llenó el útero de la virgen. Esa virgen y tuvo embarazo
y no perdió la virginidad. Este nació, creció y llegó a su pasión.
DE LA EPÍSTOLA DEL PAPA LEÓN A LOS OBISPOS
PALESTINOS: Aunque desde aquel inicio, cuando en el útero de la
Virgen el Verbo se hizo carne, nunca hubo una división entre la sustancia
divina y la humana, y a través de todos los crecimientos corporales, eso
fue la acción de una sola persona, sin embargo, esa misma que estaba
inseparablemente constituida, no confundimos en ella ninguna mezcla,
sino lo que sentimos por medio de la cualidad de las obras. Ni las obras

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divinas prejuzgan a las humanas ni las humanas a las divinas, de modo que
ambas concurren a lo mismo, de modo que en las obras no se asume una
propiedad ni se desdobla la persona.
EL MISMO, AL OBISPO JULIANO, CONTRA EL ERROR DE LA
IMPIEDAD DE EUTIQUES: Su carne no era de una naturaleza distinta
de la nuestra.
AGUSTÍN. SOBRE EL SALMO LIV: Sabemos de dónde tomó la carne
el señor Jesús. De la Virgen María. Fue amamantado cuando infante, se
nutrió, creció, llegó a la edad viril, etc.
EL MISMO, SOBRE LA EPÍSTOLA A VOLUSIANO, SOBRE LA
ENCARNACIÓN DE CRISTO Y LA VIRGINIDAD DE MARÍA:
Preguntas si el Señor y gobernante del mundo transcurrió los años de la
puerilidad, tuvo adolescencia, pasó la juventud, tomó alimento, sintió
todos los afectos de los mortales, etc.
Y TAMBIÉN: No hay que temer al cuerpecito de la infancia y parezca
que en él Dios sólo sufrió angustias. Dios es grande no por el tamaño sino
por la virtud.
Y TAMBIÉN: Si se busca la razón de esto no habrá de extrañar. Si se pide
un ejemplo, no hay nada semejante. Concedamos que Dios puede algo que
nosotros no podemos explicar. En tales cosas, toda la razón del hecho está
en la potencia del actor.
Y TAMBIÉN: ¿Qué ocurriría si el pequeño no se transformara en joven,
no cambiara de edad, no recibiera alimentos, no durmiese? ¿No
confirmaría la opinión del error, y no se creería que no asumió de ninguna
manera al hombre, y haciendo todo en forma admirable, no quitaría lo que
hizo por misericordia?
Y TAMBIÉN: ¿Qué habría de admirable en todos los movimientos de
Dios en la criatura, si no estuviese marcados por el uso cotidiano? Formó
al hombre sin un semen el que en la naturaleza de las cosas produce hasta
las semillas sin una simiente. Él en su cuerpo mantuvo los órdenes de los
tiempos y conservó las medidas de las edades, el mismo que sin ningún
cambio en sí construyó los cambios de la sucesión de los siglos. Creció en
el tiempo lo que empezó en el tiempo.

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BEDA, SOBRE LUCAS: Y el niño crecía y se fortalecía. Con estas
palabras quedan destruidos los herejes que negaron que hubiera asumido
verdadera carne de la Virgen. Crecía en el cuerpo y se fortalecía en edad y
sabiduría. Quedan destruidos los que negaron que tuviese un alma
verdadera, porque así como el crecer le corresponde al cuerpo, la sabiduría
se refiere al alma.

Q. 73: Que la humanidad de Cristo no creció en sabiduría y que sólo


sabía en cuanto a la divinidad. Y lo contrario

BEDA, SOBRE LUCAS: Rectamente se dice que era pleno de sabiduría,


no aprendiendo la sabiduría en intervalos de tiempo y siempre estuvo lleno
de ella desde la hora de la concepción porque en él, como dice el Apóstol,
habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad. Pues la gracia de
Dios estaba en él, y a ningún mortal le fue dada en tan alto grado como a
él, para que desde el útero de la Virgen fuera concebido perfecto Dios.
Este hombre ni por un momento fue otra cosa que Dios.
AMBROSIO, A GRACIANO, SOBRE LA FE: Hay muchos que son
menos temerosos que yo. Prefiero ser temeroso de las cosas sublimes y no
pretender saberlas. Hay muchos que porque está escrito que Jesús
adelantaba en edad y sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, dicen que
según nuestra condición asumida ignoraba ciertas cosas.
Y TAMBIÉN: Juzgo más bien que hablaba de nuestra propia ignorancia y
no de que él ignorara algo.
EL MISMO, SOBRE LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR: Siendo
Dios, antes de la carne, asumió en la carne la perfección de la naturaleza
humana, tomó el sentido del hombre, pero no contaminado por el sentido
de la carne. Dije que mi alma estaba turbada por el sentido del hombre.
Según el sentido del hombre tuve hambre, rogué, adelanté, como está
escrito: Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres.
¿Cómo crecía la sabiduría de Dios? Que te lo enseñe el orden de las
palabras. El crecimiento es en edad y en sabiduría humana. Puso antes la
edad para que entendieras que hablaba en cuanto al hombre. Porque la
edad no se refiere a la divinidad sino al cuerpo. Por lo tanto, si crecía en
edad en cuanto hombre, también crecía en sabiduría en cuanto hombre. La
sabiduría crece por el sentido, porque el sentido lo hace por la sabiduría. Y

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Jesús crecía en edad y sabiduría. ¿Qué sentido crecía? Si el humano,
entonces él también fue asumido. Si el divino, entonces era mutable. Lo
que crece se cambia en algo mejor. Pero lo que es divino no tiene medida.
Por lo tanto lo que cambia no es lo divino. Entonces, crecía el sentido
humano. Es así que recibió el sentido humano. Y como hablaba en cuanto
hombre, dejó antes. El niño se robustecía y crecía y se llenaba de sabiduría
y la gracia de Dios estaba con él. Niño es una palabra nuestra para indicar
edad; no podía robustecerse la virtud de Dios, ni Dios podía crecer ni
tampoco la profundidad de la sabiduría de Dios ni la plenitud de su
divinidad podía completarse. La que aumentaba no era la sabiduría de Dios
sino la nuestra. ¿Por qué entonces dijo Isaías: El niño no conocía padre ni
madre? Pues está escrito: Antes de que el niño conozca a su padre o a su
madre, recibirá la fortaleza de Damasco y lo despojos de Samaria. Las
cosas futuras y ocultas no engañan a la sabiduría de Dios. La infancia,
privada de conocimiento por la limitación humana, ignora lo que todavía
no aprendió. Pero debe temerse que dividamos a Cristo si le atribuimos
dos sentidos principales y una doble sabiduría. ¿Acaso cuando creemos en
su divinidad y en su carne lo dividimos a Cristo? ¿Acaso cuando
veneramos en él la imagen de Dios y la cruz lo dividimos? Cuando el
apóstol dijo: Aunque fue crucificado por nuestra debilidad, vivía sin
embargo, por la virtud de Dios, afirmaba que Cristo no estaba dividido.
¿Acaso lo dividimos cuando decimos que él recibió nuestra alma racional
y la capacidad de nuestro intelecto? Porque el mismo Dios Verbo en
cuanto a su alma racional y su intelecto capaz estuvo en su carne, sino que
Dios Verbo recibió el alma racional y el intelecto capaz y la misma
sustancia de la que constan nuestras almas, y una carne semejante a la
nuestra, y fue un hombre perfecto, pero sin ninguna mancha de pecado.
FULGENCIO: El alma de Cristo es una sola cosa con el Verbo, es decir,
Cristo, y como el Dios unigénito es igual al Padre, no puede conocer al
Hijo el que no conoce plenamente al Padre y tengamos cuidado porque si
no se cree que el alma de Cristo conoce plenamente al Padre, se niega
también el conocimiento no sólo de alguna parte del Padre sino también
del Hijo y del Espíritu Santo. Pero parece ajeno a la fe que se diga que el
alma de Cristo no tenía pleno conocimiento de su deidad ya que se cree
que es una persona de ella. Contra esto parece estar la aserción de Juan
donde dice que a Cristo no se le dio el espíritu con medida, pues la deidad
no recibió el espíritu sino el alma de Cristo. Donde se dice que no hay
medida, se encuentra la plenitud de la perfección y la perfección de la

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plenitud. Recibió, pues, Cristo el espíritu, pero no con medida. Y si esto no
se le dio al alma de Cristo con medida, es necesario que tenga menos
sabiduría, nada de sabiduría. Sobre esto mismo dice el Apóstol: En el que
están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia. Si no los
recibió con medida, es necesario que posea todos los tesoros de la
sabiduría y de la ciencia. Si le faltase algo de plenitud, entonces debería
decirse que recibió el espíritu con medida. Si el espíritu está sin medida, es
necesario que sea pleno el conocimiento de la deidad. De Cristo dice
Pablo: Porque quiso que en él residiera toda la plenitud. En él habita
corporalmente toda la plenitud de la divinidad. No hay que pensar que a
esa alma le faltase en algo la plena noticia de la deidad, que es una sola
persona con el Verbo, que de tal modo la recibió la sabiduría que es la
sabiduría misma, que es dueña de todas las cosas de tal manera que es una
sola cosa con la divinidad como persona de la Trinidad; este es Cristo.
Y TAMBIÉN: Aquella alma tiene pleno conocimiento de la Trinidad
pero, sin embargo, no forma una sola naturaleza con la Trinidad. No sé
cómo podríamos recibir al unigénito del Padre pleno de gracia y verdad si
le faltara algo a su plenitud de la verdad, o algo a su plenitud de la gracia,
o a su plenitud de la gracia no le correspondiese la plenitud de la verdad.
Pues no se posee totalmente la plenitud de la verdad cuando se ignora algo
de esa verdad. Lo que está lejos de pensarse con respecto a Cristo.
EL MISMO, SOBRE EL MISTERIO DEL MEDIADOR: Dice Isaías:
Antes de que conozca o practique la maldad, cambiará el bien, porque
antes de que el niño conozca el bien, no creerá a la malicia, para que elija
lo que es bueno. Si el alma o el intelecto le hubiesen faltado en algo a la
naturaleza humana de Cristo, ¿qué se diría que el infante habría ignorado
del Bien y del Mal? ¿Acaso someteríamos a la ignorancia del Bien y del
Mal la naturaleza divina del Hijo de Dios, negando el alma humana en
Cristo? Por lo tanto no es creíble que el hombre recibido por Dios pudiese
conocer algo de las cosas que son de Dios, si se dice que la misma
sabiduría careció del conocimiento del Bien y del Mal. Por lo tanto el alma
humana que naturalmente fue creada capaz de razonar, se dice que en
Cristo infante no conocía el Bien y el Mal, y según la verdad del
Evangelio, en el niño Jesús se narra que se acrecentaban la sabiduría y la
gracia; así dice Lucas: El niño crecía y se robustecía lleno de sabiduría. Y
poco después: Jesús crecía en edad y gracia ante Dios y los hombres. Pues
así como es propio de la carne crecer en edad es propio del alma hacerlo

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en sabiduría y gracia. Sin embargo, no crecería para nada en sabiduría si
no tuviera la inteligencia natural que le es concedida a los hombres.
Y TAMBIÉN: El efecto de esta piadosa asunción exige que al ser
asumidas por Dios la carne y el alma, ambas igualmente son salvadas. Y
no podía asumirse la carne por parte del Hijo de Dios si no era liberada por
la asunción divina.
AGUSTÍN, A CARLOS, LIB. II, CAP. XI: Todo está sujeto bajo sus
pies. Es perverso y ajeno a la salud de la fe que digamos que el alma de
Cristo no tenía en sí pleno conocimiento de la divinidad, con la que
creemos que naturalmente forma una sola persona. Por eso Juan Bautista
dijo que a Cristo se le había dado singularmente toda la largueza del
espíritu sin medida alguna. Porque Dios no da el espíritu con medida, dice
porque en él habita toda la plenitud de la divinidad.
Y TAMBIÉN: Donde se dice que no hay medida se significa que está la
plenitud de la perfección.
Y TAMBIÉN: No debe considerarse que en el alma de Cristo pudo faltar
un conocimiento pleno de la divinidad, de la cual es una sola persona con
el Verbo, que la sabiduría asumió de tal modo que forma una sola cosa con
la divinidad siendo una persona de la Trinidad, esto es, Cristo.
AGUSTÍN, SOBRE EL BAUTISMO DE LOS PÁRVULOS, LIB. II:
No creo que en Cristo párvulo haya existido esa debilidad que vemos en
los otros párvulos.
AMBROSIO, SOBRE LA EPÍSTOLA PRIMERA A LOS
CORINTIOS: Pues el espíritu todo lo escruta, incluso las profundidades
de Dios. Dado que procede de Dios, todo lo conoce. Habla de
profundidades porque conoce toda su virtud y su pre-ciencia, lo cual es
imposible a una criatura.
Y TAMBIÉN: Nadie conoce el sentido de Dios sino el que procede de
Dios, el espíritu de Dios. Las cosas inferiores no pueden saber las
determinaciones de las superiores, y la criatura no puede conocer la
voluntad de su creador.
JERÓNIMO, SOBRE LA MISMA EPÍSTOLA Y EL MISMO
LUGAR: También las profundidades de Dios. Esto es muy claro contra
los herejes, que dicen que el Espíritu Santo es una criatura; aquí no sólo se

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demuestra que no es una criatura sino que él solo escruta lo interior y lo
profundo de Dios puesto que es de su misma naturaleza y sustancia.
CLAUDIO, SOBRE LA MISMA EPÍSTOLA Y EL MISMO LUGAR:
El que es de Dios, es el espíritu, que conoce todas las cosas de Dios, y de
este modo no dudes que hay un Dios que no sólo conoce las cosas
humanas sino también las cosas ocultas de Dios. Las llama cosas
profundas porque conoce toda su virtud y pre-ciencia lo que es
absolutamente imposible a la criatura.
JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO XIV: Bendeciré al Señor, que me ha
dado el intelecto. El que es la sabiduría de Dios no necesita de la misma
sabiduría. Según esto debe entenderse lo del Evangelio: Jesús crecía en
edad y sabiduría.
AMBROSIO, A AUTPERTO, EN LA HOMILÍA SOBRE AQUELLA
PÁGINA DEL EVANGELIO “ESTABAN JOSÉ Y MARÍA SU
MADRE BUSCÁNDOLO”: El niño crecía y se robustecía lleno de
sabiduría. Estas cosas se dijeron de él según su humanidad. Pues no se
robustecía en su naturaleza, ni crecía en su sabiduría, sino en la nuestra la
que se había rebajado. Estas cosas pueden referirse mejor a su cuerpo, que
es la Iglesia, que a su cabeza. Cotidianamente crece en la fe el niño Jesús,
cotidianamente se robustece en las virtudes, etc.
DE LA HOMILÍA DEL DOMINGO DESPUÉS DE LA TEOFANÍA,
QUE COMIENZA ASÍ “RAZONABLEMENTE LOS MAESTROS”:
Si no hubiera tenido verdadera carne, no hubiera progresado en edad ni
crecido, y si no hubiera tenido verdadera alma no hubiera podido tener
adelantos y crecer en sabiduría; y así como el cuerpo va creciendo en edad
por momentos así el alma lo hace en sabiduría.
EL MISMO, SOBRE EL APOCALIPSIS, LIB. III: Es digno el cordero,
que fue muerto, de recibir la virtud y la divinidad y la sabiduría, etc. La
naturaleza humana en Cristo de tal manera alcanza a unirse a la virtud y la
sabiduría de Dios que existió una sola virtud, Dios y hombre, una sola
persona, Dios y hombre, una sola sabiduría, Dios y hombre. Y si la
naturaleza humana en Cristo creció en sabiduría en la Tierra, sin embargo,
ahora enseña a los ángeles en el Cielo.
EL MISMO, LIB. IV, HABLANDO DE LOS JUDÍOS: Dicen ellos:
Vuestro Cristo no es esa sabiduría que se extiende con fortaleza del uno al

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otro confín de la Tierra y todo lo dispone con suavidad porque con el
correr del tiempo crece en sabiduría como hombre. Y nosotros, por el
contrario: Esa sabiduría asumida no sufrió detrimento en el hombre
cuando, en cuanto hombre, adelantó en sabiduría en el transcurso del
tiempo, pero la que había recibido permaneció desde que fue creado el
mundo y hasta que el mundo fue restaurado.
REMIGIO, SOBRE EL SALMO XXI: Yo dije en mi abundancia.
Cristo, según la carne, no tuvo riquezas. Fue tan pobre que no tenía donde
reclinar la cabeza. Llama abundancia a la plenitud de gracias espirituales y
al tesoro de cosas divinas porque permanecí en ella corporalmente. Dije,
afirma, en mi abundancia, es decir, en la plenitud de la divinidad.
Y TAMBIÉN: Y fui conturbado, es decir, he muerto por la debilidad de la
carne, ignorando la luz de la verdad.

Q. 74: Que Cristo también corporalmente fue ungido como legado. Y lo


contrario

LUCAS EVANGELISTA: Una mujer que era pecadora en la ciudad,


cuando supo que se había alojado en casa del fariseo, trajo un recipiente
con ungüento y estando a sus pies los regó con sus lágrimas mientras
besaba sus pies y los ungía.
MATEO: Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el Leproso, acudió
a él una mujer con un recipiente de un ungüento precioso y lo derramó
sobre la cabeza de Jesús que estaba recostado.
JUAN: Vino José de Arimatea y untó el cuerpo con una mezcla de mirra.
Vino también Nicodemo con casi cien libras de áloe. Tomaron el cuerpo
de Jesús y lo envolvieron con una sábana con arrimas, como es la
costumbre para sepultar entre los judíos.
CASIODORO, SOBRE EL SALMO CXXXII: Antes se ungía a los
reyes, en otros lugares a los profetas, y en otros, a los sacerdotes. En todos
ellos estaba prefigurado Cristo que no se lee que haya sido ungido
corporalmente. Pero fue ungido por el Espíritu Santo que descendió sobre
él en su bautismo en forma de paloma. Por eso se dijo: Te ungió Dios, tu
Dios, etc.

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Q. 75: Que en Cristo el que es Hijo de Dios no es el que es hijo del
hombre, o sea que el que es eterno no es temporal. Y lo contrario

JERÓNIMO, SOBRE EL SALMO CXIV: Juró el Señor. No lo hizo


aquel que fue engendrado antes del lucero sino aquel que nació de una
virgen después del lucero.
Y TAMBIÉN: Él es ese; Melquisedec, sin padre, sin madre, sin
generación. Todos los eclesiásticos han dicho que no tenía padre según la
carne y que era sin madre según Dios.
EL MISMO, EN EL SERMÓN DE LA ASUNCIÓN DE SANTA
MARÍA: El Verbo era en el principio y el Verbo estaba con Dios; la
gloriosa Virgen María concibió al mismo Dios hecho carne de sí misma.
Y TAMBIÉN: Nos eligió, dice, antes de la constitución del mundo, pues
ciertamente todo lo que Dios hizo desde el inicio, Cristo lo hizo todo por la
unidad del sacramento: y por eso ya está Cristo en el Hijo, porque no se
duda que siempre estuvo en Dios por la unidad del sacramento.
Y TAMBIÉN: Uno en la carne, uno en el misterio, uno en el espíritu, y de
ninguna manera admite que uno sea el hijo del hombre, otro el Hijo de
Dios porque eso no ocurre en el tiempo ni se separan en la pasión. Dios
pasó entero a Cristo y Cristo a Dios, de modo que todo lo que es Hijo de
Dios debe decirse que es Cristo, y de todo lo que es portador Cristo debe
decirse que de eso fue portador Dios. No rendimos culto separadamente a
un hombre sino que adoramos a un Dios encarnado que tomó consigo un
cuerpo animado.
Y TAMBIÉN: Adoramos al mismo Hijo de Dios, que no tuvo ningún
incremento en sí al asumir al hombre, ni tampoco el Verbo al hacerse
carne tuvo un cambio o disminución, y siempre él mismo es adorado como
Hijo con el Padre, no alejándose por el tiempo, ni siendo ajeno por la
naturaleza o el género. Y si te parece una novedad que haya asumido al
hombre debes saber que siempre estuvo con él y en su consejo.
Y TAMBIÉN: En Cristo Jesús están Dios y el hombre y son uno solo en
una persona y así se lee a menudo en las divinas Escrituras que el hombre
es coeterno con Dios por la unidad de la sustancia, y por lo tanto parece
que Dios padeció con el hombre no siendo el hombre sin principio ni Dios
pasible. Sin embargo, Dios está de tal manera unido a su cuerpo que no
puede producirse entre ellos ninguna distancia humanamente apreciable no

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sea que, lo que no debe ser de ninguna manera, se crea que uno es el Hijo
de Dios y otro el hijo del hombre, tanto más que la Escritura conecta y
corporiza a Dios y el hombre que nadie puede discernir entre el hombre y
Dios, ni en el tiempo ni en la pasión. Si atiendes al tiempo, siempre
encontrarás al hijo del hombre con el Hijo de Dios: si atiendes a la pasión,
siempre encontrarás al Hijo de Dios tan unido en un individuo con el hijo
del hombre, en cuanto corresponde a la voz de la Escritura, que ni el
hombre puede separarse de Dios en el tiempo, ni Dios puede serlo en la
pasión. Pero para que entendáis esto más claramente debéis considerar las
palabras del mismo Cristo: Nadie, dice, sube al Cielo sino el que desciende
del Cielo, el hijo del hombre que está en el Cielo.
Y TAMBIÉN: Es el mismo Dios y hombre en una sola sustancia o
persona sin división o mezcla.
Y TAMBIÉN: El verdadero Verbo es Dios aunque haya asumido carne
animada. Igualmente la carne es animada y no es el Verbo aunque el
Verbo de Dios haya sido visto como carne. Por eso dice Juan: Fue desde el
principio, lo que vimos y contemplamos y lo tocaron nuestras manos del
Verbo de vida, mientras que nadie puede ver al Verbo Dios o tocarlo con
sus manos a no ser por el misterio del hombre que tiene unido. Y esta
unión es tan admirable que nadie la puede discernir.
Y TAMBIÉN: Por eso permaneciendo el único y mismo hijo unigénito, es
visto inseparable en ambas naturalezas, y ambas sustancias operan según
la esencia o propiedad de cada naturaleza.
Y TAMBIÉN: Emanuel es uno solo y en él mismo es a la vez Dios y
hombre, portó verdaderamente ambas naturalezas, obrando según una y
según otra. En cuanto Dios, las cosas divinas; y en cuanto hombre, las
cosas humanas. Y no es que uno obró milagros y el otro soportó las cosas
humanas y los padecimientos; sino que el único y mismo Cristo, Hijo de
Dios e hijo del hombre, hizo las cosas divinas y las humanas. En verdad
Cristo tuvo inseparable e indivisamente acciones comunes, y hay que
comprender las cualidades de sus obras, y distinguir a qué se dirige la
humildad de la carne o se inclina la altura de la divinidad.
EL MISMO, SOBRE LA SEMEJANZA DE LA CARNE DE
PECADO: El primer hombre es de la Tierra, terrenal; el segundo es del
Cielo, celestial. ¿Quién es este celestial? Es aquel, sin duda, que al que
gestaba le hizo oír en el bautismo: Tú eres mi hijo; hoy te engendré. ¿Y

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por qué dice “hoy” si el Verbo en el principio estaba con Dios? Porque no
es el Verbo que siempre estuvo con el Padre y debe creerse que sigue
estando, sino el hombre, que el Verbo Dios había asumido; porque este
hijo del hombre, por el Hijo de Dios, es prometido ser hijo en el Hijo de
Dios.
AMBROSIO, SOBRE LOS SACRAMENTOS, LIB. VI: Yo soy, dice,
el pan vivo que bajó del Cielo. Pero la carne no descendió del Cielo como
descendió del Cielo el pan vivo porque el mismo nuestro señor Jesucristo
es partícipe de la divinidad y del cuerpo; y tú, que recibes su carne,
participas del alimento de su divina sustancia.
AGUSTÍN, CONTRA MAJENCIO, LIB. II: Cristo es una sola persona,
Dios y hombre. Por eso dice también: Nadie subió al Cielo sino el que bajó
del Cielo, el hijo del hombre, que está en el Cielo. Si atiendes a la
distinción de las sustancias, el Hijo de Dios descendió del Cielo, el hijo del
hombre fue crucificado. Si atiendes a la unidad de la persona, también el
hijo del hombre bajó del Cielo y el Hijo de Dios fue crucificado. Por esta
unidad de la persona, dijo que no sólo el hijo del hombre descendió del
Cielo sino que dijo que estaba en el Cielo cuando hablaba sobre la Tierra.
EL MISMO, LIB. I SOBRE LA TRINIDAD: Fue crucificado bajo la
forma de siervo, pero también fue crucificado el señor de la gloria. Esa
asunción fue tal que hizo Dios al hombre y hombre a Dios. El prudente
lector entiende qué se dice y en razón de qué. Hemos dicho que, en cuanto
es Dios, nos glorifica, porque es el señor de la gloria, y, sin embargo, el
señor de la gloria fue crucificado. Se dice correctamente que Dios fue
crucificado, no en virtud de la divinidad, sino en razón de la debilidad de
la carne.
Y TAMBIÉN, CONTRA FAUSTO: Decimos que ese mismo señor de la
gloria fue predestinado y en cuanto hombre fue hecho Hijo de Dios.
Exclama el doctor de las gentes: que fue hecho de la semilla de David
según la carne, que fue predestinado Hijo de Dios en la virtud, para que el
que sería hijo de David según la carne, fuese sin embargo Hijo de Dios en
la virtud, según el espíritu de santificación, porque nació del Espíritu Santo
y una virgen. Es la asunción singular efectuada admirablemente del
hombre por parte de Dios, para que fuese simultáneamente Hijo de Dios e
hijo del hombre; para que se pudiese decir que era hijo del hombre, por el

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hombre asumido e Hijo de Dios por el Dios que lo recibe y no se creyese
que era una cuaternidad y no una trinidad.
DEL LIBRO SOBRE EL BIEN DE LA PERSEVERANCIA: De modo
que el que recibió y lo que recibió fuese una sola persona en la Trinidad.
No por ese hombre recibido se convirtió en cuaternidad sino que
permaneció una trinidad con esa asunción que hizo una verdad de una
persona única en Dios y el hombre.

Q. 76: Que la humanidad de Cristo ignoraba el Día del Juicio. Y lo


contrario

GREGORIO AL PATRIARCA EULOGIO: Está escrito que ni el Hijo


ni los ángeles conocen el día y la hora. Ciertamente el unigénito conoce el
día y la hora pero no según su naturaleza humana. En las bodas, cuando
faltó el vino le dijo a la madre: ¿Qué nos importa a ti y a mí? Como si
dijese: No tengo por qué hacer milagros por causa de mi madre. Pero
cuando llegue la hora de la muerte te reconoceré como madre.
EL MISMO, EN LA PASTORAL, CAP. L: Se narra que Jesús a los
doce años estaba sentado en medio de los doctores, no enseñando sino
preguntando. Con este ejemplo se muestra que nadie, débil, debe atreverse
a enseñar, si aquel niño quiso ser enseñado haciendo preguntas, y les daba
a sus mismos doctores el verbo de la ciencia por la potencia de su
divinidad.
JERÓNIMO, EN EL BREVIARIO MENOR, SOBRE EL
SALMO CXXXVIII: Aquí se significa la humanidad del Hijo, que en el
Evangelio dijo ignorar el fin de este mundo, y afirma: Triste está mi alma
hasta la muerte.
CASIODORO, SOBRE EL MISMO SALMO: La naturaleza del
hombre, que en el Evangelio dijo ignorar el fin del mundo, atestigua que el
Padre vio su imperfección. Esa imperfección es la que la Iglesia todavía
conserva hasta el fin del mundo.
JERÓNIMO, SOBRE MATEO, CAP. CCLX: El Apóstol dice sobre el
salvador: en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría.
Después de la resurrección, interrogado por los apóstoles acerca de aquel
día, respondió más claramente: No es propio de vosotros conocer los

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tiempos o los momentos que el Padre puso bajo su potestad. Aquí se
demuestra que él mismo lo sabía pero que no era conveniente que lo
supieran los apóstoles para que vivan siempre en la incertidumbre y con
temor.
EL MISMO, MATEO, CAP. CCCLV: No ignora Cristo ese día en el
que estará con sus apóstoles.
GREGORIO DE TOURS, HISTORIAS, CAP. I: Sobre el fin del
mundo pienso lo que aprendí de mis predecesores. El anticristo
primeramente inducirá la circuncisión, afirmando ser Cristo. Luego en el
templo en Jerusalén va a colocar una estatua suya para ser adorada, como
leemos que dijo el Señor: Veréis la abominación de la desolación en el
lugar santo. El mismo Señor manifiesta que ese día todos los hombres
serán reunidos, cuando dice: Ese día y esa hora nadie los sabe, ni los
ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Y aquí debemos
responder a los herejes, que nos impugnan, afirmando que el Hijo es
menor que el Padre, porque ignora ese día. Conocen este hijo llamado el
pueblo cristiano, del cual Dios preanunció: Yo seré un padre para ellos y
ellos serán hijos para mí. Si hubiera anunciado esto de su hijo unigénito,
nunca hubiese mencionado a los ángeles. Y así dice: Ni los ángeles de los
cielos, ni el hijo, señalando que no hablaba del unigénito, sino del pueblo
adoptivo.

Q. 77: Que los judíos y los demonios reconocieron a Cristo también antes
de la pasión. Y lo contrario

DE LA HOMILÍA DE CRISÓSTOMO SOBRE LA CÁTEDRA DE


MOISÉS: No lo mataron sin saber quién era sino por no soportarlo, como
profetizó sobre ellos Salomón: Venid y apresemos al justo, porque es inútil
y nos echa en cara los pecados contra la ley.
AGUSTÍN, SOBRE LA EPÍSTOLA DE JUAN, HOMILÍA IX: Y hasta
los demonios creen. ¿Cuánto más pudieron creer los demonios hasta decir:
Sabemos que eres el Hijo de Dios? Lo que dijeron los demonios, también
lo dijo Pedro: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo, y escuchó del Señor:
Bienaventurado eres, Simón, Pedro, y sobre esta piedra, etc. ¡Gran
alabanza! Hasta los demonios dicen que eres el Hijo de Dios, el santo de
Dios. Lo dice Pedro; lo dicen los demonios. Las mismas palabras, pero no

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el mismo ánimo. La fe cristiana tiene amor, los demonios no lo tienen. La
del cristiano es con amor. Los que no creen son peores que los demonios y
más retrasados. El que no quiere creer en Cristo ni siquiera imita a los
demonios.
EL APÓSTOL, EN LA EPÍSTOLA I A LOS COR.: Pero hablamos de
la sabiduría de Dios en el misterio; que está escondida, porque Dios la
predestinó antes de los siglos en nuestra gloria, que ninguno de los
príncipes de este mundo conoció porque si la hubiesen conocido nunca
hubiesen crucificado al señor de la gloria.
AMBROSIO, CUESTIONES DE LA ANTIGUA Y DE LA NUEVA
LEY, CAP. LXIV: No lo conocieron a él los demonios de otra manera
que como lo conocieron los príncipes de este mundo. Sabían que era el
prometido en la ley por los signos de la profecía. Y no sabían sin embargo,
que era el Hijo eterno de Dios ni conocían el misterio de la encarnación.
EL MISMO, A SIMPLICIANO, OBISPO DE MILÁN: Puede parecer
extraño como las verdades de Pablo fueron anticipadas por el espíritu
maligno; puede parecer extraño cómo los demonios reconocieron a Cristo
a quien no reconocían los judíos.
EL MISMO, A DULCISIO, SOBRE OCHO PREGUNTAS,
PRIMERA RESPUESTA: Hasta aquí, tu proposición. A eso respondo
desde mi libro que trata de la fe y las obras, donde sobre este tema escribí
lo siguiente: Santiago arremetió tan vehementemente contra los que opinan
que la fe sin obras es válida para la salvación, que hasta los compara con
los demonios diciendo: Tú crees que hay un solo Dios; haces bien, pero
también creen los demonios y se estremecen. ¿Qué se pudo decir más
verdaderamente, con más brevedad, con mayor vehemencia? Y leemos en
el Evangelio que esto dijeron los demonios, para confesar a Cristo como
Hijo de Dios y ser corregidos por él, y eso mismo fue alabado en la
confesión de Pedro.
GREGORIO, MORALES, LIB. XXXIII: Ante los ojos de un anciano
puede capturar como un anzuelo. Behemot había conocido al Hijo de Dios
encarnado pero no conocía el orden de nuestra redención. Sabía que el
Hijo de Dios se había encarnado para nuestra redención, pero no sabía de
ninguna manera que ese redentor nuestro iba a morir crucificado. Por eso
él dice bien: La capturará como un anzuelo en sus ojos. Decimos que
tenemos ante los ojos cuando algo está delante de nosotros. El antiguo

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enemigo del género humano vio al redentor puesto delante de él, y al
reconocerlo confesó diciendo con temor: ¿Qué hay entre nosotros y tú,
Hijo de Dios? Viniste antes de tiempo a torturarnos. Puesto ante sus ojos
fue capturado como por un anzuelo, porque reconoció y mordió; reconoció
antes a quien temería y sin embargo, no temió después cuando en él, como
su propia comida, consumió la muerte de la carne.
Y TAMBIÉN: ¿Acaso lo vas a engañar como a un pájaro? Como a un ave
el Señor lo engañó, cuando en la pasión de su hijo unigénito mostró el
alimento y escondió el lazo. Vio lo que atraparía con la boca pero no lo
que lo apresaría por el cuello. Aunque había confesado que él era el Hijo
de Dios, creyó sin embargo, que había muerto como un puro hombre para
cuya muerte había excitado los ánimos de sus perseguidores judíos. Pero
en el mismo momento de la traición se entiende que ya tarde había sabido
que sería castigado con la muerte. Por eso un sueño atemorizó a la esposa
de Pilatos para que su marido se apartase de la persecución de ese hombre.
Pero lo que ya estaba dispuesto no pudo evitarse con ninguna
maquinación.

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Q. 78: Que parece que Cristo haya tenido temor servil. Y lo contrario

AGUSTÍN, SOBRE EL SERMÓN DEL SEÑOR EN LA MONTAÑA:


Bienaventurados los pobres de espíritu, es decir, los que no son orgullosos,
en los que el alma se somete a la autoridad divina, temiendo tener que ir a
los tormentos después de esta vida, aunque tal vez en esta vida se pueda
considerar feliz.
Y TAMBIÉN: Me parece que a esa serie le corresponde la operación
septiforme del Espíritu Santo, de la que habla Isaías. Pero hay diferencia
en el orden; pues allá la enumeración comienza por lo más excelente y acá
por lo inferior.
Y TAMBIÉN: El comienzo de la sabiduría es el temor de Dios.
TAMBIÉN: El temor de Dio