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Piqueras Revolucion en Ambos Hemisferios

Este documento describe cómo la revolución de 1808 en España no solo derrocó al poder tradicional y al Estado español, sino que también dio lugar a una gran revuelta popular. La mayoría de las autoridades civiles y eclesiásticas inicialmente aceptaron los cambios impuestos por Napoleón, pero pronto estallaron motines y protestas populares en varias ciudades. Esto marcó el inicio de una revolución social antes que política, con el pueblo reclamando nuevas autoridades y cuestionando el antiguo régimen estamental. La insurre

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Piqueras Revolucion en Ambos Hemisferios

Este documento describe cómo la revolución de 1808 en España no solo derrocó al poder tradicional y al Estado español, sino que también dio lugar a una gran revuelta popular. La mayoría de las autoridades civiles y eclesiásticas inicialmente aceptaron los cambios impuestos por Napoleón, pero pronto estallaron motines y protestas populares en varias ciudades. Esto marcó el inicio de una revolución social antes que política, con el pueblo reclamando nuevas autoridades y cuestionando el antiguo régimen estamental. La insurre

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04027189 32 JOSÉ A.

PIQUERAS

el supuesto antagonismo entre un imaginario tradicional


—aferrado a visiones y convicciones— y el nuevo orden de
cosas, heredero, quiérase o no, de la revolución francesa e
incluso, para el sector tradicionalista, expresión él mismo
REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS: del materialismo, la impiedad y la heterodoxia roussoniana.
COMÚN, DIVERSA(S), CONFRONTADA(S) El Estatuto de Bayona, que consagra cambios y permanen-
cias, se dictó por decreto real después de saberse preparado
José A. Piqueras por el emperador Napoleón.2 A quienes sitúan el centro del
U n i v e r s i t a t Ja u m e I conflicto de 1808 en el terreno de las ideas y de la cultura les
estorban claramente los meses que transcurren entre marzo
y agosto, y aun los que siguen hasta el traslado de la Junta
Central a Sevilla en noviembre. Porque cuando en julio se
dio la sorpresa de Bailén y la posterior retirada hacia Burgos
E n unos meses de 1808 se vino abajo la representación del
poder tradicional y, lo que es más importante, el mis-
mo poder del Estado español. La doble abdicación real de
y el Ebro del ejército vencido, no pocos de quienes justifica-
ron su lealtad por obediencia o por temor a los desórdenes
Bayona en mayo había sido precedida de la abdicación que habían comenzado a propagarse, cambiaron de parecer
de Aranjuez, en marzo, y le sucedería la instauración de una y todo fue, o mejor, pareció más claro.
dinastía percibida como intrusa, ajena a las leyes fundamen- El reino, a pesar de lo que venga a decirse entonces por
tales, usurpadora de derechos legítimos que eran no sólo los algunos y sea repetido en los tiempos posteriores, no ha
de Fernando VII, sino también de la “nación”, ultrajada al quedado huérfano: a cada abdicación ha sucedido un titu-
haber sido ignorada. lar de los derechos sobre la corona. 3 Desde el ascenso de
La generalidad de los testimonios corrobora que la mayo- Fernando el 19 de marzo existe una continuidad ministerial
ría de la jerarquía civil, institucional y eclesiástica peninsular, que José I ratifica y traslada a un gabinete ampliado. La Jun-

CEFYL
con limitadas deserciones, comenzó por aceptar los cambios. ta de Gobierno que el rey dejó al salir al encuentro con el
En junio, la asistencia al llamado de Bayona, la ratificación emperador, formada por los secretarios de despacho bajo la
en sus cargos y la jura al rey José por los representantes de presidencia del infante don Antonio, incorporó a la partida
los Consejos de Castilla y de Indias, de la nobleza y de la de éste al Duque de Berg, quien la presidió hasta los nom-
Iglesia, el acatamiento efectivo por la práctica totalidad de naparte, pp. 89-94, 313-324 y 460, 474-475, para la actitud de los Conse-
los capitanes generales fue un hecho,1 y pone en cuestión jos reales, la nobleza y el alto clero, antes y después de Bailén.
2
Actas de la Diputación General, pp. 118-119.
1 3
Artola, La España de Fernando VII, pp. 94-101. Mercader, José Bo- Cevallos, Exposición de los hechos, p. 38.
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HMex LVIII: 1 2008 31


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bramientos realizados por el nuevo rey. En todo momento lando la ficción de lo formal. El “pueblo”, de otra parte, se
se conservó la administración: de la Corte a las capitanías y concibe de manera muy diferente según las circunstancias
las gobernaciones. Hacia abajo, la cadena de poder era más y los actores. Pero viene a corresponderse con el cuerpo
incierta desde la sucesión de motines y tumultos que se pro- social tomado en su conjunto, sin las diferencias estamenta-
dujeron en algunas ciudades desde marzo y en numerosos les que hasta entonces lo compartimentan a partir de tipifi-
municipios a partir de mayo, cuando las autoridades guber- caciones jurídicas consagradas y reproducidas mediante el

CEFYL
nativa y militar comenzaron a ser ignoradas y algunas de las linaje: “Toda España es pueblo”, afirma una proclama de
personalidades que las encarnaban concitaron la ira de la 1810. Ese “concepto público”, en el lenguaje de la época, la
multitud y pagaron su rutina con la vida. sociedad sin distinciones, embrión de sociedad civil, una vez
que se inician las sublevaciones se concibe —en el relato de
la gran revuelta los agitadores, en la visión de los nuevos ideólogos— por
depositario de la voluntad general que toma en sus manos la
¿Dónde está la peculiaridad del año extraordinario de 1808, conducción del país. Las juntas eran a un tiempo la respuesta
si la “orfandad” del reino resulta una construcción post hoc? a la autoridad usurpadora y a la revuelta “anárquica”, desde
La peculiaridad de 1808 la encontramos en el motín, en la abajo, que se propaga en el mundo rural y en las ciudades,
protesta que conduce a la insurrección, precisamente de ese por lo que quienes las formaron se apresuraron a reconocer-
país cuya alta burocracia sigue las disposiciones de la corona: se representantes de la voluntad popular y se esforzaron por
el paisanaje que promueve revueltas en diferentes ciudades y reorientarla.
en breve se destaca ante la mirada de las clases superiores bajo Los contemporáneos tuvieron conciencia de que se había
dos rostros, pueblo y populacho: el primero, depositario de desencadenado una revolución, y de que también la explo-
valores imperecederos y promotor de una nueva autoridad, sión se fermentó en los tiempos anteriores: el “pueblo” se
en cualquier caso nuevo sujeto insoslayable; e instrumento había separado del gobierno; el “enojo popular” se había
—el segundo— de las pasiones que conducen a la anarquía, transmutado en “furor popular” y se manifestó con toda su
esto es, al desconocimiento del gobierno, al puro desorden fuerza a partir de mayo, a un tiempo contra los franceses y
tras el cual se esconde, en caso de encontrar una dirección las autoridades identificadas con el despotismo ministerial
política, el peligro del jacobinismo. y contra el entramado del antiguo régimen. Coincidimos
Es la revuelta y la insurrección lo que convierte la trans- con Moreno Alonso cuando tras afirmar que en 1808 se des-
misión de autoridad en un vacío de poder al considerarla encadenó una revolución social antes que política, considera
desprovista de valor, por lo que al negar la obediencia a las que aquélla, “ayuna a nivel popular de un ideario, amena-
autoridades subordinadas deja sin facultad de gobierno a za los privilegios de la sociedad estamental, actúa en defensa
quien nominalmente ejerce la potestad. Es lo social desve- de principios naturales como los de igualdad y libertad de
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forma puramente instintiva, o se rebela contra la pobreza, la desconfianza popular hacia cualquier autoridad. La mayo-
injusticia o la arbitrariedad”.4 ría de esos partisanos procedía de las clases agrarias pobres
Las acciones antiseñoriales se prodigaron y muchas de las no jornaleras: pequeños propietarios y usufructuarios de
protestas patrióticas coincidían con motines sociales. En la censos y arriendos, de donde salió también la mayor parte
fractura del viejo orden, numerosos vecinos dejaron de satis- de sus jefes; el resto procedía de las clases privilegiadas (clé-
facer el pago de las rentas señoriales y de los diezmos. Así lo rigos y militares), con experiencia previa de mando, y clase
reclamarían después de 1814 al rey, los titulares de los seño- media (profesionales, rentistas y estudiantes).6
ríos nobiliarios y así lo hizo saber de inmediato la Iglesia. Y La secuencia de 1808 comenzó tras los disturbios origi-
cuando se practicaba la recaudación, las autoridades locales nados contra el valimiento del Príncipe de la Paz. Parece no
retenían el importe para atender los requerimientos de las existir duda sobre la existencia en la noche del 17 de marzo
juntas provinciales o las exigencias francesas.5 de una trama y de la utilización de personal de servicio en
El “sentir de la muchedumbre” se impuso en los tumul- la simulación de un tumulto popular. A continuación de
tos y, para evitar contrariarlo, quienes se pusieron al fren- saberse la noticia en Madrid, corrieron los desórdenes, quizá
te de las juntas comenzaron por dispensarle halagos hasta todavía inducidos ante la residencia del hermano de Godoy;
adquirir la fuerza necesaria que frenara su sentido. No fue ya no es tan seguro que lo fueran en la tarde y noche del
demasiado difícil dominar los “ciegos” impulsos, aunque día 19, cuando se asaltaron las casas de personas relaciona-
llevó hasta comienzos de 1809, pues esa suerte de soberanía das con el ministro caído, incluida la de un canónigo cuyos
práctica carecía de orientación política, continúa Moreno. efectos fueron después paseados, pero también la de otras
De hecho, logró ser contenida en las ciudades, pero persistió autoridades de la Secretaría de Hacienda y la Caja de Amor-
en la España rural donde se confundió con la emboscada tización: entonces se reveló lo que sería una constante en los
al francés, convertido en presa y trágico botín de supervi- próximos meses, después del 2 de mayo, la naturaleza anti-
vencia que sería bendecido por el “corso terrestre”, forma fiscal de los objetivos iniciales de las “turbas”. Los corregi-
legal que sancionó la actuación de las gavillas de paisanos, las dores ocuparon el segundo lugar entre las preferencias de los

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cuales, incapacitadas para practicar la guerra convencional, alzados. El ex ministro Soler murió asesinado poco después,
se conformaban con hacer la guerrilla. No obstante, cuatro mientras viajaba hacia Sevilla, al reconocérsele en un pueblo
de cada cinco cuadrillas rehusaron “legalizar” su situación, como el autor del tributo sobre el vino.
y prefirieron actuar por su cuenta, lo que nos devuelve a la Varios intendentes de Hacienda fueron víctimas de los
sucesos de marzo. Al ex intendente de La Habana, Luis
4
de Viguri, se le dio muerte y su cadáver fue arrastrado por
Para la “revolución popular” de 1808, véase el capítulo iv de Moreno
Alonso, La generación, pp. 101-143.
5 6
Fraser, La maldita guerra, pp. 287-301, para los conflictos rurales. Fraser, La maldita guerra, pp. 552-556.
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las calles de la capital. “Las tropas y los que gobernaban a sados en poner freno al empuje de una fuerza, buena para
Madrid estaban parados, callaban y consentían […] Mien- derribar, que se antojaba temible.8 Salvo señaladas excep-
tras en las calles triunfaba no resistido el desorden, que ciones, los promotores e integrantes de las juntas no habían
[…] impuso miedo a la gente decente y acomodada”, escri- participado directamente en las revueltas aunque algunos
be en sus Memorias Antonio Alcalá Galiano. Se trataba de las habían alentado y hasta conducido con aportación de
un motín, continúa, como en largos años nunca se había personal armado. En Valencia, “Los mismos que llevaban

CEFYL
visto, y aunque durante el siglo serían frecuentes los tumul- el peso de la causa pública á la frente del pueblo, le contu-
tos —las Memorias fueron escritas décadas después de los vieron felizmente en el orden”.9
hechos— para aquella generación era la primera vez que se En qué medida los levantamientos fueron espontáneos o
veía “campante la sedición, interrumpido el público sosiego preparados, si existió o no una coordinación entre todos
y faltando el orden constante con que la autoridad manda- ellos o en el caso de los principales, nos remite a las lectu-
ba y los súbditos obedecían”, lo que causaba un profundo ras interesadas (el mito del pueblo, unánime y espontáneo
efecto en las clases superiores. A medida que transcurría la que se levanta contra el ocupante en defensa de la nación; la
noche pudo apreciarse la participación en los desórdenes de conspiración de unos pocos que urden intrigas y mueven los
algunos soldados y algunas actitudes irreligiosas, entre ellas hilos de un populacho inconsciente) y parece reclamar una
el allanamiento de una iglesia para forzar con voces irreve- explicación común. La escasa información disponible sobre
rentes la retirada del retrato que se conservaba bajo dosel del el tema permite concluir la existencia de tramas, en gene-
Príncipe de la Paz como protector de ese templo. Aunque ral poco importantes, formadas por los muy heterogéneos
el sosiego fue regresando, una cosa había quedado clara y era simpatizantes del “partido fernandino” de 1807-1808, una
que “el pueblo había cesado de obedecer de continuo”.7 combinación de movilización instintiva del pueblo común
En mayo vinieron los levantamientos antifranceses. Y sin y de labradores influyentes, la presencia de primera hora de
solución de continuidad, los tumultos populares se apodera- bajo clero en posiciones diversas, instigando a las masas o
ron de las ciudades: Oviedo (días 9 y 24), Valencia (23 y 24), urgiendo a quienes creían con ascendiente sobre ellas para
Cartagena (23), Zaragoza (24 y 25), Sevilla (26), León (27) y que se pusieran al frente y las calmaran, gente del comercio
La Coruña (30). Ante lo cual, en cada una de ellas tomaron la con ideas y ambiciones, síndicos municipales que desper-
iniciativa elementos que compartían con la población la des-
autorización de los poderes establecidos por su connivencia
8
con el nuevo rey, a la vez que estaban firmemente intere- La secuencia de los alzamientos y la formación de juntas, en Artola,
Los orígenes, i, pp. 140-166, y Moliner, Revolución, pp. 23-89.
9
“Manifiesto de la causa formada por el señor D. José Maria Mano-
7
Alcalá Galiano, Memorias. En extenso, capítulos xi a xiii para las sean… por comisión de la junta suprema de gobierno, contra… D. Bal-
referencias y citas que siguen en el texto. tasar Calvo”, Colección de bandos, p. 108.
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taban respeto. La tipología es parecida, los casos muestran a instancias de los agitadores, pero que en su actuación pro-
gran diversidad de situaciones. mueven primero un descontrol absoluto y después ofrecen
En su reciente obra, un estudio monumental sobre los sec- el orden que acaba dirigido por otros, en quienes depositan
tores sociales que se vieron implicados en la guerra española su confianza, lo que de modo inadvertido puede llevar a la
de la independencia, Ronald Fraser insiste en la actuación conclusión de que han actuado concertados.
coordinada del antigodoyismo en las ciudades de provincias Las actas de constitución de las juntas y las proclamas en
en mayo de 1808, instigando, organizando y pagando a gru- las que justificaron su nacimiento aluden de forma reiterada
pos populares para derribar a las autoridades y hacerse con al desorden que se deseaba atajar: la junta de León el 30 de
los poderes local y regional. Se trataría de elementos de la cla- mayo habla de “confusión y desorden”, que tenían al pueblo
se media culta, aunque hubiera también de otras proceden- “en una terrible Anarquía”, y de poner término a la inmode-
cias, que no sólo simularon la espontaneidad de la revuelta ración; su presidente, el bailío Antonio Valdés, escribió el 30
patriótica, sino que perpetuaron esa versión en la medida en de junio al capitán general que “la anarquía y la insubordina-
que les convenía.10 Quizá convenga precisar la convergencia ción a las autoridades constituidas crece en lugar de dismi-
de varias agendas: a) la de reducidos sectores urbanos aco- nuir; en los demás pueblos de la Provincia el desenfreno es
modados, dispuestos a intervenir en los asuntos públicos y común”. ¿Responde la alarma a un pretexto para hacerse con
aprovechar todas las oportunidades que se les presentaran, el poder, después de haber sembrado ellos mismos la inquie-
como se había puesto de relieve en su implicación en la caída tud? No lo parece: en algunos lugares, prosigue el presidente
de Carlos IV, que básicamente respondió a una conspiración de la junta y antiguo ministro de Carlos IV, sus providencias
nobiliaria, y que en mayo estaría en condiciones de “asaltar” eran despreciadas y en Sahagún “la canalla” había prendido
el poder local sirviéndose de huestes a sueldo; b) la de algu- fuego a la casa del administrador de rentas de la villa, en fin,
nos elementos del llamado “partido aristocrático”, asimismo, “el propietario nada tiene seguro”. La junta de Balaguer, en
fernandinos y bastante reaccionarios, que habían puesto sus Cataluña, daba cuenta el 12 de julio, del abandono en que
miras en la posición que les reservaba la entronización del había quedado la seguridad pública, mientras “la gente de

CEFYL
Príncipe de Asturias; c) la de un pueblo desconcertado, al bien” quedaba expuesta “al furor del baxo Pueblo”. Y aña-
que se refiere Fraser, predispuesto a la protesta, por lo que día: “El vulgo desatado y frenético propala que aora no hay
precisa pocos incentivos para exteriorizarla de forma más o justicia, que han cesado los pagamentos y que en adelante
menos espontánea y d) la protesta misma, exaltada, de grupos no pagarán nada”. La Real Audiencia de Mallorca lamentó
multitudinarios que por su tamaño difícilmente pueden ser el 11 de mayo los “excesos cometidos en algunos Pueblos de
pagados, que se apoderan de las ciudades, tal vez inicialmente la Isla”.11 La causa abierta en Valencia contra un canónigo

10 11
Fraser, La maldita guerra, pp. 121-157. Citado en Castells y Moliner, Crisis del Antiguo Régimen, pp. 43-46.
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demagogo que fingiéndose seguidor del partido más popular Sevilla, en Manzanares se presentó ante Alcalá Galiano un
se apoderó durante los primeros días de junio de la dirección mocetón que presumía de ser quien más franceses había
del populacho y perpetró los mayores desmanes, entre ellos matado en La Mancha. De hecho, los habitantes del pueblo
la muerte de cerca de 400 civiles franceses que se encon- habían caído sobre un depósito de soldados enfermos, deja-
traban custodiados en la Ciudadela y el intento de formar dos en la retirada con custodia escasa, y los habían pasado a
una nueva junta radical, sobrecogió a todos: “La autoridad todos a cuchillo. La escena se repetiría en lo sucesivo nume-

CEFYL
pública se vio amenazada de muerte; el clero y la nobleza rosas veces. El patriotismo popular y la xenofobia eviden-
en el mayor peligro […] y toda la ciudad llena de pavor y de ciada en las matanzas de refugiados y comerciantes galos se
horror […]” El tribunal especial formado después de que la confundieron a menudo. Cuando las tropas improvisadas
junta recuperara la autoridad, dictó setenta penas de muer- que habían vencido a los ejércitos imperiales en Levante se
te. El suceso fue aprovechado por los elementos del “viejo presentaron a mediados de agosto en Madrid, lejos de trans-
orden” para pasar al contraataque y neutralizar al elemento mitir sosiego, provocaron verdadero temor. El testimonio
liberal.12 de Alcalá Galiano vuelve a registrar el primitivismo religio-
Todavía resulta frecuente explicar estos disturbios popu- so de los reclutas, que llevaban a la vista en sus sombreros
lares con la versión que de ellos dejaron los escritores tra- “estampitas con imágenes de la Virgen y de los Santos”, lo
dicionalistas o los futuros liberales. Para los primeros, se que a un deísta como el observador, aficionado a la lectura
producía una reacción natural contra la impiedad, el mal de Voltaire, le debió parecer una superchería espantosa: “el
gobierno y el extranjerismo, en favor de la religión, la patria aspecto de aquellas gentes era singular, con algo de ridícu-
y el rey verdadero; así se ha reiterado desde fray Francisco lo y mucho de feroz”, escribió; “Entrados en la capital, se
Alvarado (“El Filósofo Rancio”) hasta Federico Suárez Ver- mezclaron con la parte peor de la plebe”. El efecto no pudo
daguer, en la segunda mitad del siglo xx, y otros después. ser más grave: “Acometió a la gente honrada y decente de
Los reformistas —Jovellanos— y los liberales —Quintana, Madrid terror igual o superior al que sentían bajo la domi-
Toreno y Alcalá Galiano— vieron una protesta justificada nación francesa”, concluye.
frente a la ocupación francesa y el poder arbitrario de la Mucho de feroz debían tener cuando habían derrotado
monarquía, ahora bien, la creyeron expresada de forma pri- a las reconocidas fuerzas francesas, y nada tiene de extraño
mitiva y desordenada, ciega —falta de raciocinio— y peli- que para enfrentarlas, tan en inferioridad de condiciones,
grosa, a la que por fortuna pronto se le puso fin. Hubiera echaran mano de todas sus creencias y de la fe en una pro-
sido preferible admitir que no cesó, sino que se recondu- tección sobrenatural, sin la cual quizá sólo los insensatos
jo hacia la francofobia. En noviembre, durante su huida a hubieran presentado batalla como ellos lo habían hecho.
¿Serán distintas las huestes indoamericanas cobijadas tras la
12
“Manifiesto de la causa”, en Colección de bandos, pp. 106-126. imagen de una u otra virgen?
6/34
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La traza de los inesperados huéspedes descubría el origen entonces en la historia española con una reducción al fana-
social de los hombres en quien no habría más remedio que tismo patriótico de la plebe, la irracionalidad de los pobres
confiar la defensa de la tranquilidad y la patria: “vestían los o la guerra religiosa. El problema tal vez sea que seguimos
holgados zaragüelles y traían la manta al hombro; y en la observando los acontecimientos de la época —la “ira” y la
cabeza, cuyo pelo caía por los lados y espalda en largas, mal “rabia” popular— desde la desesperanza de ilustrados como
peinadas y sucias melenas, sombrero redondo con escarape- Goya, y la creencia en los efectos perversos del sueño de la
la patriótica [y] cintas con lemas”. Esto es, vestían atuendos única razón que aquéllos concebían.
que revelaban su origen campesino. El mismo que había Recientemente se ha sugerido un acercamiento distinto a
protagonizado los disturbios de mayo en Oviedo, Valen- la “oleada de linchamientos”, unos 80 en 40 centros urba-
cia y Zaragoza. Ahora bien, no debiera pasar inadvertido nos, que tuvieron lugar en mayo y junio. Fruto de tensiones
que junto a las estampillas religiosas hubiera escarapelas y soterradas, fueron “una apropiación por la muchedumbre
lemas que por necesidad eran expresión de las opiniones de amotinada del antiguo ritual infamante —‘arrastrar’— que
quienes los mandaban, pues es sabido que la mayoría era el procedimiento penal aplicaba a los condenados a muerte,
analfabeta. en especial a los reos de traición”. De este modo, la violencia
El primitivismo de la acción popular cuadra bien con el colectiva se servía de rituales en los que el pueblo desempeñó
buen sentido que intentaban imprimir algunos patricios sen- un papel de espectador en ellos y una activa función apro-
satos a esa fuerza desbocada. De ese modo se atribuían el piándoselos.13
protagonismo de los cambios al mismo tiempo que le ponían Dos ministros, Azanza y O'Farrill, atribuyeron la sumi-
límites. Los partidarios de variar el gobierno —esto es, de sión casi general que los privilegiados y las instituciones del
hacer la revolución— eran quienes gozaban de mayores reino brindaron al emperador y al rey José a la propaga-
simpatías en el pueblo, en opinión de los escritores libera- ción del movimiento tumultuario —con lo inevitable de la
les, lo que pudiera ser cierto aunque sea ésta una afirmación ocupación y la guerra que traería oponerle resistencia.14 Los
casi tan difícil de demostrar como la contraria. Lo verda- antiguos reformadores, por recelo a la multitud y pragmatis-

CEFYL
deramente discutible, todavía a comienzos del siglo xxi, es mo, devinieron afrancesados. En suma, si se ignora la acción
caracterizar esos movimientos de primitivos: una reacción colectiva de la primavera y el verano de 1808, y se reducen
instintiva, propia de desesperados que enjugan en la sangre los sucesos a episodios patrióticos irracionales y a intrigas
del adversario sus frustraciones. Varias décadas de estu- de élites, se pierde la medida de lo social y resultan inexpli-
dios dedicados a analizar la “economía moral de la multi- cables muchas actitudes de los de arriba y los de abajo.
tud”, las causas y condiciones de la acción colectiva, el rostro
y razones de las protestas de las muchedumbres… para aca- 13
Cardesín, “Motín y magnicidio”.
bar zanjando la mayor movilización popular habida hasta 14
Azanza y O'Farrill, Memoria sobre los hechos, pp. 98-100 y 105.
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¿Una revolución? Más bien, sería una nueva y gran revuel- deserción al monte, donde muchos integraron las cuadrillas
ta, sin objetivos precisos, orientación ideológica, líderes irregulares o se dedicaron al bandolerismo.16
aceptados, planes políticos, política, en suma: entre las jac- Entre la amenaza de los ocupantes franceses y el alista-
queries antiseñoriales y los motines contra un estado de miento masivo decretado por las nuevas autoridades patrió-
cosas inaceptable, lejos de ofrecer un nuevo orden. ticas, la población que no se había sumado voluntaria al
Nada más constituirse, las juntas comenzaron por decla- ejército o a las partidas, tuvo como principales objetivos la

CEFYL
rar la guerra a los franceses. Formalmente a ello debían su supervivencia y eludir el reclutamiento. No en vano se ha
creación, ante el clamor de la multitud que denunciaba la considerado que una de las causas concretas de la franco-
pasividad de las autoridades. Si esa multitud fue instigada fobia era el trato que dispensaban los ocupantes a la pobla-
con otros fines, no existe duda de que le conmovieron las ción civil, pero después de la salida de la expedición para el
arengas. A continuación, las juntas decretaron el alistamien- norte de Europa, mandada por el Marqués de la Romana
to general entre 16 y 45 años, y después decidieron integrar para combatir con los ejércitos imperiales, también el mie-
las tropas levantadas en el ejército regular. do a una leva general. Así lo registra Alcalá Galiano en una
Fue una leva en masa que si de un lado transformó el ejér- anotación frecuentemente citada: “uno de los artículos de fe
cito,15 de otro tuvo una profunda incidencia en la sociedad, de la plebe, en la hora del primer levantamiento era que los
pues implicó la militarización del pueblo. Las previsiones de franceses traían esposas en inmensas cantidades para llevar
las juntas de Galicia y Cataluña de poner en pie un contin- sujetos por las manos a los mozos españoles a servir de sol-
gente cada una de 40 000 hombres no se cumplieron; en la dados en la guerra del norte”. Es decir, el antimilitarismo,
primera apenas se logró reunir un tercio con el auxilio de las que había ocasionado motines recientes, los últimos en 1801,
arengas de los párrocos y las amenazas sobre quienes ocul- sería una de las causas de la actitud violenta, belicista, de la
taran a los reclutas. En breve tiempo la multitud airada, la población llana.
muchedumbre que en algunos momentos pareció desviada El patriotismo había traído consigo la militarización y
hacia la anarquía, hacia la destrucción de la autoridad, se vio con ésta cesó la autonomía de la protesta, antes de que se
reclutada por propia voluntad o a la fuerza, y sometida a dis- unificaran las demandas, derivaran a otras sociales, como
ciplina castrense. Era el comienzo: en octubre de 1808 la Jun- sucedería más tarde en movimientos semejantes, o pudieran
ta Central se propuso mantener sobre las armas unos 550 000 llegar a politizarse. Fue el bálsamo que alivió la inquietud
efectivos; en 1809, estableció una quinta de 100 000; en 1810, social. La unanimidad de la resistencia reclamaba una-
fueron llamados otros 80 000. La alternativa al reclutamiento nimismo patriótico y eso exigía una mezcla de irraciona-
pasaba por la redención en metálico, el recurso a pretextos o lidad emotiva y de apelación a la pertenencia concreta, en
15 16
Blanco, Rey, Cortes y fuerza armada, p. 65. Canales, “La deserción en España”, pp. 212-216.
8/34
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el entendimiento de que con ello se lograba acrecentar el la revolución prudente


rechazo al ocupante y diluir las oposiciones de grupo y
de clase en el nombre de “la misma familia”, fuera uno noble, José María Blanco [White] se apresuraría a distinguir entre
clérigo o plebeyo, pues se fundía en la noción de “pueblo el sentir popular y la verdadera opinión pública. Los intér-
español”.17 “Con esta guerra, terrible, pero saludable […] no pretes de esta última se dispusieron a tomar en sus manos la
nos inocularán más el impío filosofismo, y la corrupción de dirección de la revolución, temerosos de la presencia masiva
costumbres […] que tanto daño han hecho en la juventud…”, de la plebe en las calles, en los ejércitos que habían resistido
escribe Antonio Capmany en el opúsculo Centinela contra a los franceses, donde se confundían paisanos miserables,
franceses, fechado en septiembre de 1808. Desde la misma estudiantes y los restos de una tropa insubordinada —una
perspectiva, la guerra “terrible pero saludable” ponía fin a auténtica soldadesca— que había protagonizado numerosos
los pocos meses al movimiento popular que desde marzo no actos de indisciplina contra sus superiores, a varios de ellos
cesaba de extenderse. habían dado muerte sin detenerse a distinguir entre el sub-
Si en Francia, en 1793, la guerra intensificó una revolución oficial y un capitán general. A partir de ahí, cabían distintas
que contaba cuatro años de existencia y creó la categoría de interpretaciones sobre el significado de la revolución de la
“franceses” con la que pondría fin a la revolución, en España, que todos hablaban: la recuperación de una pretendida liber-
la guerra y la movilización, producidas antes de que la revuel- tad secular, la “justa revolución” que devolvería la nación a
ta deviniera en revolución, alejaron la perspectiva de que si ésta sus costumbres, pero para los más era la modificación de las
llegaba a producirse, obedeciera a un movimiento popular. leyes y las instituciones. Todos coincidían en el rechazo de
Hacia final del otoño de 1808, tras la retirada hacia el sur la ocupación extranjera y en dotar a la lucha de un eminente
y la entrada en la Península del ejército de Napoleón, puede sentido patriótico, que además de inducir al combate contra
darse por concluida la fase de algaradas en las que el pue- un enemigo externo y distinto, permitía revestir la diversi-
blo bajo tuvo un indudable protagonismo. Habrá tumultos dad de aspiraciones bajo un manto único.
puntuales, en Sevilla, contra la Junta Central para acelerar Los autoproclamados intérpretes de la opinión pública,

CEFYL
su disolución, en lo que se adivina la mano de sus enemigos, reminiscencia de la consideración hacia las minorías ilus-
y en Cádiz, instigados por la junta local para protestar con- tradas y las capas burguesas, tenían sus propios fines: una
tra el decreto de libre comercio aprobado por la Regencia amplia reforma de las instituciones, guiada por las libertades
y revocado a las pocas horas. Pero la multitud amotinada civiles y la instauración de un gobierno representativo, ins-
desaparece de la escena y su lugar lo ocupa, simbólicamente, pirado en el modelo inglés, aunque las disparidades fueron
ahora sí, el “noble pueblo español”. también numerosas. A ese proyecto lo denominaron, asi-
mismo, revolución, y se cuidaron de adjetivarlo de españo-
17
Vilar, “Patria y nación”, pp. 227-228. la para distinguirla de la revolución francesa, por su deriva
9/34
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radical como por su origen, donde la acción institucional iba adscripción por linaje a un determinado cuerpo estamental,
de la mano de la acción de multitudes. el acceso exclusivo a cargos y empleos o la transmisión del
La reconducción de la revuelta popular que emerge con privilegio.
el desafiante rostro de una temible revolución se apresura, La experiencia de la quiebra del Estado fue común a su
por ello, a revestirse con los viejos ropajes de la potesta, a totalidad —la monarquía o imperio—, pero iba unida a
integrar a figuras respetadas, notabilidades civiles y eclesiás- experiencias dispares conforme a la jerarquía vigente en la

CEFYL
ticas o funcionarios reales que hasta entonces han carecido que la parte europea, España propiamente dicha, la metró-
de relieve o, en su caso, se las considera ajenas al godoyis- poli, es sacudida por la ocupación y la guerra a la vez que
mo. La primera diferencia apreciable es que afirman actuar emerge la lucha antifeudal, privativa del Viejo Continente,
en ausencia del rey cautivo, pero de conformidad con el mientras los sectores urbanos más inquietos de la parte ame-
pueblo soberano, fórmula destinada a aplacar a la multitud: ricana, dominios o colonias, permanecen expectantes, entre
supone un cambio importante, más cuando entre sus pro- el papel que puedan desempeñar en la reedificación del Esta-
motores se destacan algunos provenientes del estado llano do, la oportunidad de acabar con los privilegios asociados
o de la clase hidalga, unos y otros con ascendencia sobre la con el poder o el comercio colonial y su emergencia —tam-
muchedumbre urbana en la que despiertan confianza; esta bién— como grupos que puedan intervenir en el gobierno
corriente, nacida en la clase media feudal, comienza pronto interno de las ciudades, provincias y reinos, sin pensar, por
a desplegar sus propios objetivos. La formación de las jun- el momento, en alterar los fundamentos de la sujeción del
tas, en definitiva, era posible gracias a la revuelta previa de la trabajo —mitas, encomiendas, esclavitud— ni las modali-
multitud que ignorando la autoridad de los representantes dades de exacción fiscal indígena.
reales, la destituía de facto. En suma, una misma crisis del Estado incidía en socie-
La naturaleza del poder instituido y la procedencia social dades distintas donde había una coincidencia de “clases
de sus integrantes —nobles y plebeyos designados al mar- medias”, grupos intermedios entre los privilegiados y la ple-
gen de principios o proporciones estamentales—, así como be por bienes, rentas, empleo u oficio, familia y educación,
por el antagonista que junto al francés se convertía en blanco poseedoras de una sicología peculiar y sujetas a relacio-
de actuaciones —el régimen feudal y el despotismo— con- nes, interdependencias y rivalidades dispares en el Viejo y
vertían a las juntas en entidades revolucionarias en la medida el Nuevo Mundo: en el primero han de compartir el com-
en que se hundía la institucionalidad absolutista, un modo bate contra el despotismo y el régimen señorial con las cla-
de gobernar y de hacerse obedecer, también, muy pronto ses subalternas urbanas y rurales, de las que les distancia un
—lo proclamaron las Cortes— el conjunto de relaciones abismo, por lo que también las teme y ese temor condiciona
sobre las que se levantaba el modo de producir, las obliga- su actuación; en América podrá ejercer su liderazgo con más
ciones personales y fiscales a que estaba sometida la gente, la libertad, compartiéndolo con ciertas familias patricias a las
10/34
REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS 51 52 JOSÉ A. PIQUERAS

que nadie discute la propiedad o las rentas y, en consecuen- y generales criollos era inferior a 20% y sólo eran mayoría
cia, no sólo pueden sumarse a la causa patriótica local, sino en los empleos de teniente hacia abajo, tendencia que debió
que aspiran a simbolizarla como expresión del verdadero corregirse lentamente en la medida en que en aquella fecha el
americano, descendientes de los fundadores de villas y ciu- número de cadetes criollos —próximos oficiales— si situaba
dades, de cuanto aquellas tierras tenían de “civilización”. en 93% del total.18 Ese ejército, por lo demás, era insuficien-
Siguiendo en lo que hace a las novedades de 1808, la te para repeler una agresión externa sin recurrir a las mili-
monarquía, el Estado en la configuración de la época, se des- cias provinciales y carecía de capacidad para contener una
cubre carente de la capacidad coercitiva prevista para soste- insurrección amplia, e incluso local si llegaba a dividirse. Se
ner el gobierno real y sus delegaciones locales: distribuido el demostró muy pronto.
ejército entre Portugal, Dinamarca y América, la guarnición Los oficiales americanos del ejército español que han
en la España peninsular se muestra incapaz de contener los combatido a los franceses y que en 1810-1811 regresan a sus
disturbios, evitar los desmanes contra ciertas personalidades lugares de origen —San Martín, Carlos María de Alvear, José
e impedir el vuelco que se produce en sólo cinco semanas, a Miguel Carrera—, han sido testigos de la revuelta popular,
partir de la última de mayo, con la formación de juntas del movimiento juntista, de las luchas en el seno de éstas y en
supremas en las principales capitales de provincias. Del la Junta Central, de la descomposición del Estado a partir de
desmoronamiento de la fuerza militar se salva el ejército de 1808 y de las enormes dificultades que comportaba su ree-
Andalucía y, por supuesto, está el Ejército de América. dificación. A su modo, estos “regresados” aspiraron a tras-
La situación en América, adviértase, es muy distinta a ladar a sus patrias de nacimiento el espíritu de la revolución
la descrita para la Península: las instituciones y las fuerzas española, moderada en las formas, controlada desde arriba
armadas se conservan intactas. Y éstas no son únicamente todo lo que pudiera ser y con exclusión del protagonismo
las designadas conforme a los principios del antiguo régi- político popular, pero sin prescindir de su concurso, pues lo
men, sino que desde la implantación de las intendencias se hizo depositario de la soberanía y ordenó su participación;
ha asistido a una “desamericanización” de las audiencias y sólo que esta vez desanudó los lazos con la metrópoli e hizo

CEFYL
las gobernaciones mientras las fuerzas armadas han resistido
18
los cambios: por encima de 70% de los oficiales pertenecen Marchena, Oficiales y soldados, pp. 112, 121, 131 y 135. Es preciso
acudir a las cifras desagregadas que proporciona el autor, pues en su es-
a familias distinguidas y la proporción supera 90% a par- tudio incluye a los sargentos —el suboficial por excelencia— entre los
tir del grado de capitán. La elevada proporción criolla del oficiales, cuando además, en un ejército estamental, los empleos de ofi-
ejército de dotación en América, del orden de 60% de la cial están reservados en teoría a la nobleza y sus asimilados, aunque para
1800 el principio ha quedado algo disminuido por la necesidad y que-
oficialidad y casi 80% de la tropa, no obsta para que hasta
brará en la práctica después de 1808; después de practicar ese ejercicio, se
1810 mantenga una cerrada obediencia, entre otras razones confirma que hasta 1810 la oficialidad seguía siendo abrumadoramente
que pasan inadvertidas porque hacia 1800 el número de jefes peninsular. Véase Blanco, Rey, Cortes y fuerza armada, p. 170.
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de las respectivas poblaciones locales el sujeto teórico del ridades, después de una prudente espera, se declararon par-
poder. Hasta llegar a ese punto, la experiencia americana tidarias de Fernando VII, procedieron a su proclamación y
hubo de transitar por varias fases. acataron la autoridad de la Junta de Sevilla, incluso cuan-
do supieron de la existencia de otras, hasta la formación de
américa en el vórtice de 1808 la Junta Central. El fenómeno de la insinuación de juntas
entre julio y septiembre de 1808, abortado con la excepción

CEFYL
En julio de 1808 llegaron a los puertos del Caribe y del con- sediciosa de Elío en Montevideo, obedeció a causas simila-
tinente las noticias sobre las conmociones acontecidas en la res entre sí, pero diferentes a las que habían conducido a su
Península: la comunicación oficial sobre el ascenso al trono creación en la Península: no había revolución que recondu-
de Fernando VII —que ya se conocía—, el levantamiento de cir o frenar, por el momento, ni autoridad que reconstruir,
Madrid y las abdicaciones, la formación de la Junta de Sevilla pues estaba intacta, a pesar de que bastaron unos centenares
que de modo unilateral se intitulaba Suprema de Gobier- de conjurados para deponer al virrey del primero en impor-
no de España e Indias y, en algunos casos, la formación de tancia de los dominios de América. Por lo que la cuestión,
otras juntas provinciales ninguna de las cuales reconocía cuando se suscitó, se centró en un aspecto: la legitimidad.
la primacía a otra. Con la información llegaron las prime- En torno de ella se elaboraron discursos y razonamientos
ra proclamas donde se exaltaba la respuesta del pueblo, se de sentido práctico, lo que a veces se olvida cuando el tema
denunciaba la villanía de los usurpadores y el peligro en que es abordado como si se tratara de disquisiciones entre aca-
quedaba la religión, se anunciaba el armisticio con Ingla- démicos asistiendo a un seminario científico.
terra y la declaración de guerra a Francia; se difundía, por En la Península el problema del poder legítimo comenzó
último, el principio de retrocesión del poder en ausencia del a debatirse a partir de la propuesta de formar una Junta Cen-
soberano. Nada se decía de la revuelta popular, pues estaba tral, lo que tendría lugar en septiembre: había quien consi-
en trance de ser integrada, pero es seguro que la tripulación deraba que con esta institución se restablecía el gobierno de
y los viajeros narrarían los sucesos de los que tenían cono- la nación, quien argumentó la necesidad de convocar Cortes
cimiento desde mayo, y de los rumores que se hacían eco de y quien apelando a la legalidad de las “Partidas” reclamó la
los desmanes y del temor que suscitaban en la aristocracia y formación de una Regencia. Por el contrario, en América
en la clase media. el problema de la dispersión de la soberanía en 17 juntas y
En América, las juntas no se hacían precisas en respues- su reagrupamiento en una central mediante pacto, ofrecía
ta al movimiento popular, ni en sustitución del “vacío de una perspectiva distinta, una vez que se puso en evidencia
poder” ni como reacción contra autoridades sospechosas que se dejaba fuera la voluntad de los americanos cuando se
de afrancesamiento —el pretexto utilizado contra Liniers presentaban dos cuestiones que los más avezados no deja-
en Buenos Aires y más tarde en Caracas—. Todas las auto- rían escapar: de una parte, debía ratificarse la autoridad de
12/34
REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS 55 56 JOSÉ A. PIQUERAS

los delegados del monarca una vez que había desaparecido ca cabeza formamos un solo cuerpo político los españoles
el poder delegante, lo que podía efectuarse in situ por las europeos y americanos”. Estaba aquí pergeñada, de forma
fuerzas vivas locales, como solicitaban, o desde la metrópoli, sutil, la teoría de la pertenencia a un mismo cuerpo político
como finalmente sucedió, aunque ésta se limitara a confirmar —cuestión innegable— principalmente por medio del rey,
todos los puestos una vez que hubieran declarado fidelidad en lugar de estarlo a la monarquía; y en segundo lugar, de
al rey ausente; por otro lado, desde América se introducía lo anterior se deducía que la pertenencia a un único cuerpo
el problema del derecho a establecer su representación en político se hacía desde la igualdad de derechos de las ciu-
tanto reinos de la monarquía mediante su pertenencia a la dades y los súbditos, lo cual no era tan evidente desde el
corona de Castilla. Era más que un ardid jurídico. Aunque momento en que las Indias carecían de regnum, del conjunto
resulta excesivo elevarlo a un estado de opinión, a una acti- de instituciones que representaran los diferentes estamen-
tud mental ampliamente compartida, como hace el profesor tos y cuerpos distinguidos ante la preceptiva consulta del
Guerra al afirmar que en el “imaginario tradicional”, des- rey para resolver ciertos asuntos, o en el reconocimiento
de la conquista, se concebía una única nación española (sic) formal y solemne de la sucesión en el trono, que en Améri-
compuesta por reinos iguales en derechos.19 ca quedaba reducido al ritual de exaltación organizado por
Mediante la discusión de la potestad de las juntas peninsu- los cabildos. Bien sabían las consecuencias: “la inexistencia
lares de gobernar el imperio, las élites criollas encontraron la de Cortes —escribirá un historiador poco sospechoso de
ocasión de hacerse oír y de recuperar el discurso vindicativo filocriollista— reducía a los criollos al derecho de petición,
de las últimas décadas, cuando habían comenzado a reaccio- esperando como gracia lo que sus representantes hubieran
nar ante la pretensión decidida de la metrópoli de gobernar podido exigir como derecho en Cortes”. 20 No en vano la
las provincias americanas por medio de instrumentos centra- Corte se llenó de apoderados de tal o cual ciudad o corpo-
lizados e independientes de las influencias locales. Al defen- ración. Basta revisar la relación de americanos residentes en
der la idoneidad de los americanos para los empleos públicos Cádiz para la elección de diputados suplentes en 1810 para
y los cargos eclesiásticos en sus respectivas provincias, el comprender el sistema.

CEFYL
cabildo de México, “en nombre de toda la Nación Española La interpretación alternativa de Guerra sobre los domi-
Americana”, había elevado al rey en 1771 la conocida repre- nios americanos como “reinos particulares” de la corona de
sentación en la que a modo de recordatorio sostenía que el Castilla exigió en primer lugar prescindir de los elementos
Nuevo Mundo había sido incorporado a los reinos de Cas- institucionales con el pretexto de limitar su relevancia en
tilla y León “sin formar Corona distinta, sino sirviendo sólo favor de la combinatoria de los grupos sociales de un espacio
de adorno…” a la que ceñían los reyes, y mediante “esta úni- regido por las mismas autoridades y la construcción cultu-

19 20
Guerra, Modernidad e independencias, p. 136. Céspedes del Castillo, Ensayos, p. 225.
13/34
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ral de la identidad que otorga sentido de pertenencia. Sin que no ha sabido […] Viene lleno de máximas de la Europa,
dudarlo, Guerra afirma la existencia de unos reinos que se inadaptables en estas partes…”22
singularizan respecto a los de Castilla por el alejamiento y En la etapa tardoimperial, cabildos como el de México
las complejidades “étnica y cultural” de su población, pres- desempolvaron títulos y muestras de deferencia otorga-
cindiendo no sólo de los elementos institucionales —excepto dos en el pasado por los reyes, entre éstas la real cédula de
para definir gobierno y gobernados—, sino de la compleji- 1530 por la que se le concedía a la ciudad “el primer voto

CEFYL
dad y la diferencia social.21 de las ciudades y villas de la Nueva España como lo tiene en
A falta de un cuerpo político específico, que es el factor los reinos de Castilla la ciudad de Burgos, y el primer lugar
que identifica las entidades políticas más allá de las deno- después de la justicia en los congresos que se hicieren” (ley 2,
minaciones concedidas a título de distinción para designar tít. 8, lib. 4, Recopilación de Indias). No obstante, la misma
territorios conquistados (reinos de Nueva España, Nuevo cédula estipulaba de forma terminante que no pudieran jun-
Reino de Granada, Nueva Galicia, Chile, Guatemala, etc.), tarse las ciudades y villas de Indias, sino por mandato real,
el naciente pensamiento criollo reivindicaba el corpus nor- lo que nunca tuvo lugar en los 300 siguientes años. Ése fue,
mativo y las prácticas consuetudinarias que habían generado precisamente, el argumento utilizado por el Real Acuerdo
su aplicación como rasgo distintivo que de algún modo los de México ante la consulta elevada por el virrey Iturrigaray
equiparaba al régimen europeo de la monarquía, sin preten- el 2 de septiembre de 1808: ateniéndose a una interpretación
der uniformidad ni mimetismo en razón de la singularidad rigurosa de antiguo régimen, recordaba que la convocatoria
social y étnica de aquel continente: “Tienen éstas [las Indias] del mencionado congreso o junta era materia exclusiva de la
leyes peculiares para su gobierno, ordenanzas, autos acor- soberanía, esto es, del rey y, en segundo lugar, las Leyes de
dados, cédulas reales, estilos particulares de los tribunales y, Indias establecían que tales congresos eran innecesarios des-
en una palabra, un derecho entero que necesita un estudio de el momento en que los virreyes quedaban facultados para
de por vida” del que carecía el europeo que era destinado proveer y determinar “en las materias de gobierno de su
a los empleos públicos en el Nuevo Mundo. Venía éste “a jurisdicción”, por lo que era recomendable sólo la consulta a
gobernar unos pueblos que no conoce, a manejar unos dere- los oidores de la Audiencia (ley 45, tít. 3, lib. 3, Recopilación
chos que no ha estudiado, a imponerse en unas costumbres de Indias), trámite este último que en la tesitura de 1808 la
Audiencia no tuvo reparo en igualar al que en España des-
21 empeñaban las Cortes: “consultar sobre las materias que los
Guerra, Modernidad e independencias, pp. 62-65. En un circunloquio
que recuerda las definiciones identitarias de “nacionalidad”, concluye el virreyes tengan por más arduas e importantes”.23
autor sobre la existencia a comienzos del siglo xix de dos “reinos” per-
fectamente caracterizados, Nueva España y Chile, otros, de constitución
22
más reciente, en proceso de serlo; el resto serían “circunscripciones ad- “Representación vindicatoria”, pp. 88 y 97-98.
23
ministrativas del Estado” (p. 66). “El virrey don José de Iturrigaray…”
14/34
REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS 59 60 JOSÉ A. PIQUERAS

Una de las mayores paradojas de la revolución española tanto con razonamientos como con los hechos de la historia
consistió en que las nuevas instituciones se esforzaron por […] insistiendo principalmente sobre los más interesantes y
inspirarse en las costumbres, hasta el punto de llevar ese análogos a las circunstancias del día”.
planteamiento a la convocatoria de Cortes —un congreso Convencido de su empresa, Marina se declaraba persua-
de delegados como nunca antes se había reunido— y realizar dido de que
un monumental acopio de leyes, normas y tradiciones jurí-
dicas que debían inspirar desde el pasado la tarea de dotar a […] la medicina mas eficaz para curar las enfermedades enve-
la nación —o al imperio, estaba por decidir— de un nuevo jecidas del pueblo y disponerle á recibir con agrado las verda-
ordenamiento legal. Inicialmente cabe atribuir esta preten- des que sirven de base al nuevo sistema de gobierno y á tomar
sión a una combinación de recelos del sector reformador de interés en la actual revolución, era instruirle en la historia de
las precedentes generaciones […], mostrarle […] los preciosos
la Junta Central, del que Jovellanos era principal represen-
elementos del poder supremo de nuestros padres, la energía con
tante, y una estrategia de la minoría liberal, de la que Calvo
que lucharon contra el despotismo por sostener sus derechos,
de Rozas era portavoz y Quintana el verdadero cerebro.
y los medios de que se valieron para conservar su libertad é in-
Gracias a eso, se puso en marcha la comisión de Legislación dependencia.24
de la Junta, cuyos trabajos fueron más útiles de cara al futuro
que la comisión de Cortes. Simultáneamente, en comuni- Buscar en el pasado hispano “los derechos del ciudadano
cación con Jovellanos, Martínez Marina elaboró su obra, y del hombre” no dejaba de ser una tarea ímproba, nunca
Teoría de las Cortes. menor que encontrar en aquél un régimen representativo
Marina había publicado en 1808 un Ensayo histórico-crí- basado en la igualdad, la libertad y el ejercicio de la ciudada-
tico sobre la antigua legislación de los reinos de Castilla y nía, con una división y una limitación de poderes establecida
León, persuadido de que en los documentos del pasado “se en una ley positiva a la que estaba sometido el parlamento y
encuentran las semillas de la libertad española y los funda- el rey. Cierto historicismo, en parte consistente en crear un
mentos de los derechos del ciudadano y del hombre”, según pasado con el pretexto de recuperarlo, fue inseparable de la

CEFYL
escribió en el prólogo de su texto mayor, pues consideraba empresa de renovar el gobierno, de interesar al público en
que el restablecimiento de las leyes de la nación, después “la actual revolución”.
olvidadas, serviría para poner límites a la desmesurada auto- El lugar que en España ocuparía la apelación a la histo-
ridad de los reyes. Jovellanos le había explicado el apego ria y la tradición redescubierta, correspondió en América
de los miembros de la Junta a los métodos del despotismo
y había alentado el trabajo que se proponía iniciar con las 24
Martínez Marina, Teoría de las Cortes, i, pp. lxxi (fundamentos
siguientes palabras: “para sacar de ellos [los miembros de de los derechos), lxxix (carta de Jovellanos de 4 de octubre de 1808) y
la Junta renuentes] algún partido convendría argüirles no lxxxv (medicina…)
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REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS 61 62 JOSÉ A. PIQUERAS
al derecho. Éste, como la tradición, no era único y admitía las Indias nunca fueron colonias, sino parte de la monarquía
lecturas distintas. Las autoridades virreinales, lo hemos visto (para felicidad del hispanoamericanismo nacional-católico
en el caso de México, apelaron a la letra de la Recopilación español, que lo homenajeó en los años cuarenta), el discurso
de Indias para no admitir cambios. Los sucesos de Buenos y la actuación de algunos de quienes así se expresaron, pron-
Aires del 1-° de enero de 1809, donde el comercio español to se revelaron anticoloniales.26
intentó emular el movimiento peninsular, fueron contesta- La Junta de Gobierno de Quito que el 10 de agosto de

CEFYL
dos por los criollos partidarios de Liniers que un año más 1809 promovieron nobles, militares y grandes propietarios,
tarde se harían con el poder y declararon hacerlo, entre adoptó el vocabulario de las juntas peninsulares y hasta el
otras razones, para asegurar “la observancia de las leyes que boato de la Junta Central, siendo en sus inicios un movi-
nos rigen”.25 El derecho es el hilo conductor que conduce miento legitimista cuya insurrección se explica por rivali-
en las primeras décadas del siglo xx al historiador argentino dades en el seno de virreinato. Pero sus vocales, elegidos en
Ricardo Levene a españolizar la ideología de la Revolución los barrios, se autoproclamaron “diputados del pueblo” sin
de Mayo al asociarla con el pensamiento suarista, pero sobre necesidad de apelar a justificaciones doctrinales (“atendidas
todo, al derecho indiano concebido como el resultado de las las presentes críticas circunstancias de la nación, declaramos
leyes dictadas y del derecho consuetudinario, que a su vez solemnemente haber cesado en sus funciones los magistra-
había incorporado prácticas sociales indígenas y condujo dos actuales de esta capital y sus provincias”).27 La proclama
a la formación de un derecho positivo de gran relevancia preparada en La Plata, básicamente por Bernardo de Mon-
en América. La Política Indiana de Juan de Solórzano, de teagudo, y dirigida a la Junta Tuitiva de los Intereses del
quien Levene se mostró como un entregado exegeta (Intro- Rey y del Pueblo que se había formado en La Paz el 16 de
ducción a la historia del derecho Indiano, 1924), probaría la julio de 1809, por último, adoptó un lenguaje abiertamente
predisposición de la corona hacia los criollos, como espa- anticolonial: “ya es tiempo, en fin, de levantar el estandar-
ñoles, y la necesidad reconocida de promoverlos. Los capi- te de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas
tulares de Buenos Aires, que en el cabildo abierto de 22 de sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia
mayo consideraron caducados e indelegables los derechos de
26
gobierno de la Junta Central, rechazaron los poderes de una Levene, Introducción a la historia y Las Indias no eran colonias. Véase
la recepción en España de las tesis de Levene, Eyzaguirre (al que el régi-
Regencia hecha sin participación americana y defendieron la men franquista condecoró en dos ocasiones), el jesuita Furlong, y en ge-
formación de una Junta Gubernativa, fueron menos solorza- neral del conservadurismo historiográfico, en Ramos, “Formación de las
nistas. A diferencia de Levene, que sostuvo con ahínco que ideas políticas”, un buen exponente del americanismo nacional-católico
español de la dictadura tanto por su erudición como por su inequívoco
ideologismo. Demetrio Ramos procedía del falangismo.
25 27
“Proclama de la Junta Provisoria Gubernativa”, de 25 de mayo de Instalación de la soberana junta gubernativa, de 10 de agosto de 1809,
1810, en Miranda y Becerra, La Independencia, p. 19. en Miranda y Becerra, La Independencia, p. 1.
16/34
REVOLUCIÓN EN AMBOS HEMISFERIOS 63 64 JOSÉ A. PIQUERAS

y tiranía…”28 Por lo tanto, la diversidad de reacciones fue guarden, en número nunca superior a cinco, lo que se había
habitual. Sin embargo, en los proyectos frustrados de 1808- incumplido con una junta numerosa. La Junta Central admi-
1809 y en los emprendidos a partir de 1810, los promotores tía formar un gobierno no ajustado plenamente a la ley y, sin
de las juntas tuvieron cuidado de reclamarse legitimados por embargo, transmitió su autoridad a una regencia para cuya
el derecho para actuar como lo hacían en nombre del pueblo. formación tampoco se habían seguido las Partidas. Infante
Tanto se ha afirmado que en la tradición jurídica castellana recomendó que se acatara, pero que no se le hiciera juramen-
en ausencia del monarca la soberanía retornaba al pueblo, que to, como así se acordó.31
casi no exigió demostración cuando se formuló en la Penín- Las Partidas, que eran minuciosas hasta el punto de dedi-
sula en 1808, cuando se reiteró en América en 1810 o cuando car una ley a razonar la conveniencia de que el rey fuera
lo han repetido los historiadores para acreditar la naturale- mañoso en cazar, nada decía respecto a la interpretación
za legítima y hasta legal de los pasos dados entonces.29 La que hacía el americano y antes había hecho Pérez Villamil.
Suprema Junta Conservadora de los derechos de Fernando Una disposición (ley iii, tít. xv, part. ii) regulaba la designa-
VII de Caracas, en la contestación que el 3 de mayo de 1810 ción de guardadores del rey durante su minoría de edad en
dio a la Regencia recordaba acertadamente la improcedencia el supuesto de que el padre hubiera fallecido sin designarlos
de constituir un consejo de esas características apoyándose mediante la reunión de los estamentos, se deduce que en
en la Ley de las Siete Partidas, pues la mencionada institu- Cortes. Otra (ley ix, tít. i, part. ii), también invocada, men-
ción estaba reservada a velar durante la minoría de edad del cionaba las maneras por las que podía llegarse a rey, entre
rey y para instalarse exigía, además, reunión de Cortes.30 En éstas, cuando no hubiera heredero por derecho, escogido
cambio, José Miguel Infante, el procurador del cabildo de “de todos los del reino”, afirmación que en América alguna
Santiago de Chile y próximo promotor de la junta suprema, junta cita para denunciar su exclusión en el nombramiento
en sesión de 14 de agosto de 1810, expuso su opinión acerca de la regencia. En ambos casos, se ha tomado la potestad del
de la ilegalidad de la Junta Central y la ilegitimidad del Con- rey, la soberanía, en sustitución del soberano, el rey, único
sejo de Regencia precisamente por no haberse observado esa de lo que tratan las normas de Alfonso X, curiosamente, en

CEFYL
ley. Consideraba —erróneamente— que en cautividad del el punto de la provisión del trono, expresamente derogadas
rey era de aplicación la ley de Partidas que preveía la reunión por Felipe V.32 El pasado está muy distante y es lo suficiente
de “todos los mayorales del reino (sic), así como los prela-
dos, los hombres ricos y los nobles” para elegir quienes lo 31
http://www.historia.uchile.cl/CDA/fh_actas
32
Las Siete Partidas, ii, pp. 10 y 133-134. Por la ley v, lib. iii, tít. i de la
28
Proclama de la ciudad de la Plata (1809), en Romero y Romero, El Novísima Recopilación (1805), oídas las Cortes, Felipe V había dispuesto
pensamiento político, i, p. 72. en 1713 un nuevo reglamento de sucesión y provisión de la corona que
29
Por ejemplo, Rodríguez O., Las independencias, p. 99. anulaba la citada previsión electiva, no habiendo lugar a la aludida cita-
30
La Gaceta de Caracas (25 mayo 1810). ción de Cortes.
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laxo como para admitir casi todas las opiniones justificati- bien se encargan de recordar que no podía apelarse a la tra-
vas. Sucedió en 1808-1810 y ha venido a ocurrir después. dición ya que se estaba ante una situación “verdaderamente
El 24 de mayo de 1808 la Junta general del Principado desconocida” por las leyes y en el pasado.
de Asturias, después de discutir si la soberanía residía en el Por mucho que a partir de 1808 los cabildos y sus pro-
pueblo y coexiste en él, como sostenían unos diputados, o curadores, los primeros ideólogos, la mayoría letrados y
que sólo residía originalmente, acordó unánime funcionarios de justicia con una señalada orientación con-

CEFYL
tractual, afirmen que los dominios americanos lo eran del
[…] que en atención a que no puede el rey […] ejercer las fun- rey y no de la monarquía (del Estado), la confusión salta
ciones de jefe supremo del Estado y cabeza de la Nación ya que a la vista, pues en efecto, eran realengos, pero esto no hace
es incuestionable que en este caso atrae así el pueblo toda la sino referencia a la consideración jurisdiccional del territo-
soberanía, si de ella puede desprenderse, las ejerza en su nom- rio en el marco del mundo feudo-señorial. En la consolida-
bre la Junta mientras no sea restituido al trono, conservándola
ción de la monarquía absoluta el rey simboliza la unión de
como en depósito.
los dominios, pero existe ya un Estado, con su burocracia,
ejército y Hacienda que asegura la continuidad del ejerci-
El manifiesto de la Junta Suprema de Sevilla (del Reino
cio de poder. En la Edad Moderna, ese Estado hispánico
de España y de las Indias) de 3 de agosto, reconocía que
tuvo una estructura dual: era un Estado compuesto en los
repentinamente, en mayo, el reino había quedado sin rey
territorios europeos, con entidades políticas distintas, unas
y sin gobierno, “situación verdaderamente desconocida
vinculadas con otras, en unos casos, y en otros, directamente
en nuestra historia y en nuestras leyes”. En esas circuns-
con la corona —como cúspide del Estado, menos a la perso-
tancias, “El pueblo reasumió legalmente el poder de crear
na del rey—; y después estaban los dominios ultramarinos,
un Gobierno”…33 El argumento se repite, aunque dista de
dependientes de una de esas entidades políticas, la corona de
ser general, sin duda por el debate que subyace acerca de la
Castilla, que resultaba ser la hegemónica en la monarquía,
soberanía. Al formarse, la Junta de Sevilla tuvo la precaución
y que le concedió leyes propias además de implementar el
de asumir la jurisdicción y la potestad, los atributos de los
derecho castellano, pero se abstuvo siempre de dotarle de
reyes en la tradición jurídica feudo-medieval y renacentista,
instituciones políticas, de modo que las existentes eran una
evitando referirse a la soberanía, vocablo más moderno, que
extensión que aseguraba el gobierno directo desde la corte.
sin embargo, es materia de abierta discusión en Oviedo. En
Por lo tanto, hubo metrópoli y dominios antes que éstos
ambos casos el problema se sitúa en el terreno de la doctrina:
fueran llamados y considerados colonias. La primera parte
33
de la estructura de la monarquía, el Estado compuesto, des-
Citado en Castells y Moliner, Crisis del Antiguo Régimen, pp. 43-
44 (Asturias); Archivo Histórico Nacional, Estado, leg. 59B, núm. 85 apareció en la práctica en 1707-1714 con el desenlace de la
(Sevilla). guerra de Sucesión, quedando reducida la diferencia a unos
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pequeños territorios de la Península, las tres provincias revolucionario de las nuevas patrias, bien recuperar la ima-
exentas y Navarra. Subsistió un Estado básicamente único y gen civilizatoria y misional de España, bien diluir las barreras
también los dominios ultramarinos ahora subrogados como del cambio y restaurar la vigencia del imaginario tradicional
provincias dependientes del reino de España, las Indias, que y, como tal, católico.
por efecto de la difusión de la moderna teoría colonial y de La teoría de la reasunción de la soberanía ante el trono
las tesis mercantilistas en boga en Europa, comenzaron a ser vacante se convirtió en América en una tesis recurrente. En el
denominadas “colonias”. seno de la tradición conservadora se ha discutido que pudiera
Naturalmente, la distancia, las comunicaciones y la cer- atribuirse al pensamiento político contractualista que va de
canía de intereses locales proporcionaron en América a los Locke a Rousseau, como sostenían otros, y se hacía derivar
delegados del poder soberano, que había comenzado a actuar del pensamiento escolástico español del siglo xvi, interesado
por medio de consejos, esto es, de una burocracia política y en poner límites a la tendencia entonces apuntada hacia la
administrativa profesional, un margen de maniobra que se monarquía absoluta. José Carlos Chiaramonte ha explicado,
traducía en flexibilidad en la aplicación de las disposiciones en nuestra opinión de forma convincente, lo que llama “la
dictadas en la Península. Y como era propio del antiguo régi- existencia de un trasfondo común de doctrinas y pautas polí-
men, y señalara uno de los primeros liberales españoles, las ticas, conformadoras del imaginario de la época, que los le-
autoridades estaban acostumbradas a ejercer “el despotismo trados habían absorbido […] y transmitido”; esas pautas de
subalterno del Monarca, […] habituadas a ver dimanar de este derecho común y de gentes, un conjunto de doctrinas no
todo el poder…”34 Sin embargo, dos instituciones reunieron homogéneas, constituía el fundamento de la práctica política
en los dominios americanos a la población local, los ayunta- de la época, concluye, y siguió orientándola después confor-
mientos y la milicia. De ahí la relevancia que adquirieron en la me a formas de existencia menos sujetas a cambios de lo que
desintegración efectiva del imperio. Las tesis de la “plurimo- en algún momento se habría escrito, entre otras razones por-
narquía”, de la pervivencia de la monarquía universal hispana que se ajustaba a las necesidades y su invocación se convertía
que había acabado con los Habsburgo, y de la pertenencia a la en fuente indiscutida de legitimación de lo sostenido en la

CEFYL
misma de los reinos de Indias en condiciones de igualdad a los medida en que en la época era admitida por las partes con-
reinos europeos fue una ficción oportunamente reinventada frontadas. La enseñanza del iusnaturalismo en la universidad,
en la medida que perseguía un fin político práctico. Volvería siquiera fuera para rebatirlo, contribuyó a la familiaridad con
a ser rescatada por la historiografía conservadora del siglo xx las tesis de la suma potestad como encargo amovible.35
con una finalidad ideológica: bien sostener la legalidad y Sostenían los tratados al uso que el establecimiento orde-
legitimidad de los levantamientos, lo cual borraba el origen nado y legítimo de una sociedad requería el convenio con

34 35
Flórez Estrada, Examen imparcial, p. 13. Chiaramonte, Nación y Estado, pp. 81-82, 103 y 107.
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el depositario de la autoridad y el ejercicio de ésta confor- tual con el monarca, por débil y tácito que fuera, permitía
me el pacto suscrito. La traslación de lo que era razonable suprimir de un plumazo no sólo la consideración oficial de
para explicar la vida social, incluidas las sociedades mercan- la condición colonial al considerarlos súbditos de una misma
tiles, al derecho público tendría consecuencias importantes monarquía, como harían la Junta Central y la Regencia, sino
y duraderas, como precisa el autor: “a partir del momento las consecuencias del estatus colonial efectivo, que subsis-
en que las élites hispanoamericanas deben cubrir el vacío de tía en la esfera gubernativa, con autoridades delegadas de

CEFYL
legitimidad que desata la crisis de la monarquía, el derecho la metrópoli ejerciendo plenos poderes después de 1808, y
natural y de gentes proporcionará las bases doctrinales para d) la necesidad de establecer una legitimidad nueva que rem-
eso y, además, los conceptos y argumentos de la vida política plazara a la anterior sin recurrir a la ruptura y formara parte
independiente”. Fue la vigencia general del derecho natural lo de la misma lógica es una consecuencia del acendrado elitis-
que permitió aceptar “la ficción jurídica de la retroversión del mo de las revoluciones hispanoamericanas en el momento en
poder, que implicaba la existencia de un acto contractual táci- que echan a andar. Una vez que la situación se radicalice por
to entre los ‘españoles americanos’ y el monarca”, para fundar la guerra, la teoría del pacto que preservaba la independencia
a continuación la legitimidad de los nuevos gobiernos.36 de las partes y convenía por consentimiento la asociación
Suscribimos plenamente la anterior explicación a con- tal vez serviría para integrar los fragmentos de las anteriores
dición de introducir cuatro consideraciones, parcialmente entidades coloniales, pero la justificación de la emancipación
deducidas del párrafo anterior, cuya riqueza de ideas corre recurrió a otras fuentes jurídico-ideológicas y nutrió el pri-
pareja al riesgo implícito en la brillantez: a) la tesis de la mer discurso anticolonial de los tiempos modernos.
retroversión del poder era ante todo, una ficción jurídica,
eficaz en esa coyuntura, pero ficción de difusión reciente y las juntas supremas gubernativas
sin embargo, aceptada entre las élites letradas porque for-
maba parte de su cuadro de ideas jurídicas, no sólo políticas; La máscara de la tradición sirvió para convencer a los des-
b) el vacío de legitimidad no procede en sentido estricto de confiados y vencer la indiferencia de los ignorantes, mas
la vacatio regis, sino del modo seguido para suplirla, esto es, desde la primera sesión de Cortes, con la declaración leída
el procedimiento político —que excede al cuerpo doctri- por García Herreros y aprobada por la Cámara, quedaría
nal— adoptado por las juntas provinciales y la Junta Central claro que se avanzaba hacia un sistema nuevo. Y sin embar-
para asumir la soberanía prescindiendo de las élites ame- go, en la apreciación de Marx, “la revolución española
ricanas, lo que hizo más reprobable la discriminación que fracasó por su esfuerzo por ser y permanecer legítima y res-
conocían; c) la pretendida existencia de un vínculo contrac- petable”,37 por no haber avanzado con paso más firme y con
36 37
Chiaramonte, Nación y Estado, pp. 121-122 y 132. Marx, Revolución en España, p. 86.
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una dirección política emanada de las clases revolucionarias, lucionaria; hay algo de protesta social y, desde luego, antes
entiéndase: la burguesía y el pueblo bajo. que una expresión nacional, tuvo mucho de patriotismo local
Ahora bien, ¿qué tenían de tradicional y qué de revolucio- (minimizando que cada junta, precisamente después de asu-
narias las formas de gobierno que comenzaron por darse en mir la soberanía en su territorio, hablara en nombre de la
las ciudades en 1808 y que condujeron a las Cortes de 1810; nación y del rey común y todas promovieran la creación de
y en qué medida contribuyeron o lastraron el proceso? Son un gobierno central). Pero a la postre, considera discutible
términos de un debate que principia en la época y llega a la la tesis del patriotismo y la espontaneidad en la moviliza-
historiografía más reciente. Los liberales y los reaccionarios ción popular. “Lo que realmente ocurriera, sin embargo, en
de aquel tiempo coincidieron en considerar a las juntas insti- definitiva no importa”, nos dice: “Lo importante es lo que la
tuciones revolucionarias, pues revolución era en el modo de gente creyó que había ocurrido”. Y lo importante, añade, es
gobierno, así cuando se formaron como cuando se federaron. que la acción popular obligó a la élite intelectual a modificar
Era, en la explicación que en 1823 daría Quintana a Lord su discurso sobre el pueblo, y de la desconfianza absoluta
Holland, “el método que tenemos en España para hacer las pasó a su exaltación mitificadora, de lo que se deducía una
revoluciones…”38 Así lo conceptuó también la historiografía consecuencia política que le convenía: el derecho a participar
que podemos considerar liberal, que dota además al año 8 del en la toma de decisiones, pensamiento en el que estos lectores
aura fundacional de la nación y del nacimiento del pueblo de los teóricos franceses y británicos, conocedores del sis-
heroico; al menos hasta la irrupción de la historia relativista tema constitucional inglés y de las sucesivas constituciones
y/o posmoderna, que ha convertido estos hechos en punto de francesas, al parecer, no habían reparado. Poner nombre a un
partida de su revisión. Así, José Álvarez Junco ha destacado conflicto tan complejo —“significaba darle una interpreta-
la construcción narrativa que lleva implícito el relato sobre la ción política y social”, considera nuestro autor— resultaría
“invención” por los liberales de la guerra de independencia imposible “sin un largo y conflictivo proceso de invención”:
(lo que tendría lugar, supuestamente, después de 1823 por “santa insurrección”, “guerra de usurpación”, hasta llegar
influencia de las emancipaciones americanas) y el levanta- al más moderno de “revolución” (al parecer bastante pron-

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miento y la eclosión de la nación. En su libro Mater dolorosa, to, pues comienza a utilizarse a mediados de 1808), aunque,
ha sostenido que los sucesos que comienzan en 1808 son, en nos dice, el término se convirtió en inservible para referirse
primer lugar, una guerra internacional entre Francia e Ingla- al conflicto de 1808-1814 cuando se conoció una “verdade-
terra; después, una guerra civil entre patriotas y afrancesa- ra e indiscutible” revolución, en 1820, y asimismo, cuando
dos; sigue un reacción xenófoba; se añade una recuperación las emancipaciones americanas calificaron de “revolución”,
de la moral tradicional y una cruzada religiosa contrarrevo- sus procesos.39

38 39
Quintana, Cartas a Lord Holland, p. 541. Álvarez Junco, Mater dolorosa, pp. 119-149.
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La revisión de la interpretación liberal no comenzó con sas, la de considerar a la religión como parte “esencial” de
las teorías “narrativistas”, sino que se inició mucho antes, la identidad nacional española (y americana).40
a finales de la década de 1940, desde la escuela neo-inte- Fiel a la noción de Federico Suárez sobre la reacción
grista heredera del tradicionalismo del siglo xix, la que puramente española de 1808 frente a la innovación política
bebía en el pensamiento contrarrevolucionario y en un extranjera, su discípulo Ángel Martínez de Velasco sostuvo
Menéndez y Pelayo martillo de heterodoxos, escuela que en La formación de la Junta Central (1972) que las juntas en

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durante la dictadura franquista estuvo asociada con la Uni- modo alguno podían ser consideradas revolucionarias por
versidad de Navarra y al Opus Dei cuando a este instituto su origen y composición, ni por su presunta oposición a los
secular se le reconoció un proyecto estratégico de poder y poderes del antiguo régimen. Martínez de Velasco salía al
de hegemonía. El sacerdote Federico Suárez, iniciador de paso de una de las obras más influyentes de la historiogra-
esa corriente, condenaba en su obra por igual a liberales fía española de los años sesenta, Los orígenes de la España
y afrancesados por “innovadores”, ganados por la Ilustra- contemporánea (1959), y de un autor muy leído en 1970-
ción francesa y ajenos al pensamiento español; les oponía la 1990, Miguel Artola.
corriente “renovadora”, inspirada en la tradición, a cuyos Desde planteamientos weberianos, Artola situaba la revo-
partidarios denomina “realistas reformadores” en lugar de lución española en el contexto de las revoluciones liberales-
absolutistas, como los habían calificado sus adversarios. burguesas europeas y enraizaba el cambio en una dinámica
De esta forma comenzaría su reivindicación del integrismo interna, que conducía de la sociedad estamental a la clasista,
fuertemente autoritario (en la España de régimen todavía del antiguo régimen al liberalismo mediante una revolución
totalitario) y del reinado fernandino. Según Suárez, el pue- política de consecuencias sociales profundas.41
blo español se alzó en 1808 por la patria, la religión y el rey, La crítica de Martínez de Velasco a ciertas ligerezas de
y hasta contra el ideario de la Revolución que se identifi- Artola en la interpretación de las situaciones no estaba des-
caba con el enemigo francés. Aquella guerra, había escrito provista de ideología, la que se ponía de manifiesto en la
Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos, “tan- explicación general y en consideraciones particulares, como
to como española y de independencia, era guerra de religión cuando hace pasar por fino jurista ajeno a las luchas polí-
contra las ideas del siglo xviii difundidas por las legiones ticas a un Juan Pérez Villamil, quien entre otras hazañas será
napoleónicas”. El patriotismo, dirá François-Xavier Gue- conocido por redactar, en 1814, el “Manifiesto de los Per-
rra, desempeñó un gran papel, pero tuvo “una considerable
40
significación el rechazo de la Francia revolucionaria en su Suárez, La crisis política, pp. 31 y 47-51. Menéndez y Pelayo, Histo-
ria, ii, p. 672. Guerra, Modernidad e independencias, pp. 42-43 y 165.
desprecio hacia la legitimidad del rey y su anticlericalismo”, 41
Artola, Los orígenes, pp. 10 y ss.; y La España de Fernando VII, p. 16,
lo cual tendría algún sentido si se acepta otra de sus premi- donde caracteriza el periodo desde el mismo epígrafe como “Una ‘revo-
lución burguesa’ sostenida por una ‘guerra popular revolucionaria’ ”.
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sas”, que Suárez equipara en importancia para los “renova- en plena discusión sobre la conveniencia de formar una Jun-
dores” realistas a la Constitución de 1812, cuya abrogación ta Central o una Regencia.43 Federico Suárez mencionó esta
solicitaba. Reducidas las instituciones que surgen a partir circunstancia en 1982 en otro libro, El proceso de convoca-
de 1808 a “novedades”, desprovistas, en consecuencia, de toria a Cortes, sin extraer las oportunas consecuencias del
sentido revolucionario, su creación obedecía a un acucioso dato. Un detalle no podía estropear una bonita historia. Para
intento de cumplir con el mandato del rey, dado desde el los efectos pretendidos por la escuela neointegrista, impor-
cautiverio el 5 de mayo en el que ordenaba a la Junta de taba poco que el contenido de los informes sobre el estado
Gobierno, por sí o ampliada, asumir la soberanía, hacer la del país, recabados en 1809, por la Junta Central y después
guerra y convocar Cortes con la finalidad de proporcionar utilizados profusamente en las Cortes, en 312 documentos
subsidios “y que quedasen permanentes para lo demás que se mencione tres veces la famosa trilogía legitimista, por 508
pudiese ocurrir”.42 Esto es, toda la acción juntista quedaba veces en que se repite el vocablo nación, 195 veces Estado;
reducida al cumplimiento de un decreto real y a la reconsti- 192 pueblo, y 129 patria, o con un sentido más tradicional,
tución de la tradición, que era otra forma de librar al periodo 210 veces reino, y 83 monarquía.44 Si Artola consideraba
de la hipotética lucha entre los revolucionarios y un anti- que la “Consulta al país” constituía una suerte de cahiers
guo régimen que Artola veía representado por la nobleza y de doléances, la escuela de Suárez lo juzgaba inadmisible y
los Consejos, con el de Castilla al frente, para dejarlo en la Martínez de Velasco sostenía que los informes fueron poco
defensa de la trilogía de rey, patria y religión. La explicación representativos de la verdadera opinión, pues eran deudores
hacía las delicias de quienes parecían pegados al positivismo del pensamiento difundido por los escritos del año 8, obra,
más estrecho, que desbarataban la interpretación acerca de al parecer, de agitadores o de minorías que perseguían obje-
la voluntad de ruptura de las juntas. Positivismo de tránsito, tivos políticos, como si estos actores políticos hubieran sido
claro está, hasta dejar expedito el camino a la carga presunta- los únicos en hacer acto de presencia.
mente neutra avalada por los datos frente a la interpretación Las objeciones de la escuela neointegrista, en particu-
“ideologista” de sus oponentes, presuntamente sustentada lar a partir del libro de Martínez de Velasco, comenzaron

CEFYL
en teorías y conjeturas. a abrir una brecha cuyos resultados se apreciarían más de
Para los fines de esa controversia parecía una nimiedad una década después, tal vez porque la historiografía de la
que el decreto de 5 de mayo fue conocido únicamente por
la Junta de Gobierno de Madrid —lo había inspirado y 43
A partir de Cevallos (Exposición de los hechos), Suárez, El proceso, p. 32.
44
ordenó destruirlo— y sólo fue difundido cuando Cevallos, Vilar, “Patria y nación”, pp. 240-241. El análisis de la Consulta, en
después de cambiar sus lealtades, lo reprodujo de memoria Artola, Los orígenes, i, pp. 329-424; una selección en el tomo ii. Para
la dificultad de la acepción de los vocablos en pleno proceso de reelabo-
ración de los conceptos, véase Fernández Sebastián y Fuentes, Dic-
42
Cevallos, Exposición de los hechos, p. 44. cionario.
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que provenía se encontraba desprestigiada, bajo sospecha de de la soberanía, y las convierte, como se ha anotado desde una
servir a un sector del régimen de Franco y de tergiversar los historiografía diferente pero que coincide al afirmar la prima-
documentos, según puso de manifiesto Josep Fontana.45 La cía de las continuidades sobre los cambios, en depósito del
obra de uno de los primeros expertos sobre el movimiento poder soberano del monarca, del poder existente, cualquie-
juntista, Moliner Prada, viene a sostener la ambigüedad y las ra que sea la justificación que dieran los actores políticos.47
contradicciones permanentes que definen a las juntas, por No es algo muy distinto de lo que había sostenido Martí-

CEFYL
su composición, sus discursos y las medidas adoptadas, entre nez de Velasco, aunque Hocquellet va más lejos al delimitar
revolucionarias y continuistas. Jean-René Aymes incidió en los móviles de los levantamientos de 1808: monarquía tra-
la misma dirección. Richard Hocquellet ha vuelto a consi- dicional (y católica) versus patriotismo. La tesis nos resulta
derar la tesis del carácter tradicional de estas instituciones.46 familiar a estas alturas. No obstante, cuando se suscite el
Sin embargo, hay dos prejuicios que condicionan el trabajo conflicto entre los cuerpos tradicionales, que reclaman su
empírico de Hocquellet: la atribución de los levantamientos derecho a mandar, y las autoridades predominantes en las
a un rechazo de la situación que amenaza la identidad de la juntas (personalidades, jefes naturales de la comunidad, aris-
monarquía, y la previsión de descubrir la significación de las tócratas en ocasiones, clero) éstas, nos dice el historiador,
juntas mediante la identificación de sus miembros, lo que impondrán la referencia de la comunidad política construida
le lleva a concluir que lejos del discurso autolegitimador por el discurso patriótico de primera hora (generado por
difundido en los días posteriores a su formación, que hace los periódicos de las juntas), la nación, para desplazar a los
descansar la autoridad en el consentimiento del pueblo, su cuerpos representativos locales. Eso sí significará una rup-
legitimidad procede de la suma de legitimidades incorpora- tura, viene a reconocer, la única de relieve, y se resuelve en
das: real (audiencias e intendentes), municipal, cuerpos esta- las Cortes. Reducido el problema a un conflicto entre éli-
mentales, etc. Siguiendo a otro historiador de la Escuela de tes (“son asunto de oligarquías”, afirma Hocquellet), acaba
Navarra, José Andrés Gallego, la integración en las juntas devolviéndonos, despojado de maniqueísmos, a la versión de
de las autoridades reales y de los cuerpos locales o forales Suárez sobre el carácter del problema que se ventila a partir
resulta esencial, pues asegura “la permanencia del ejercicio de 1808: si aquél oponía renovación (desde la tradición) e
del poder por los patriotas”; en otras palabras: garantizaba la innovación (revolucionaria/afrancesada) —y prescindía del
continuidad de la antigua legitimidad, lo que desactiva las teo-
rías del fundamento revolucionario de las juntas por el origen 47
Hocquellet, “Los reinos en orfandad”, pp. 23-24. En extenso, Résis-
tance et révolution. Portillo, Crisis atlántica, p. 56, considera las juntas
depositarias del poder soberano del príncipe, a modo de un “príncipe
45
Fontana, La crisis, pp. 269-278. colectivo”, antes que como poder revolucionario; lo cual, en sí mismo,
46
Moliner, Revolución. Aymes, “Las nuevas autoridades”. Hocquel- no tratándose de una Regencia podría tomarse en el orden del ántiguo
let, Résistance et révolution. régimen por bastante revolucionario.
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inmovilismo reaccionario, pues en los llamados renovadores La teoría pactista fue una reacción a la concepción rena-
incluía a los partidarios del absolutismo, según lo llamaban centista (moderna) del poder civil, erasmista y maquiavélica.
otros—, ahora se hace partícipes a todos de un mismo ima- Surgió en el ámbito de la teología política y era un pensa-
ginario, puesto que se retrasa el conflicto ideológico a 1810, miento que aspiraba a establecer los límites morales a la
con dos opciones en liza por la defensa de la representación inevitable autonomía del Estado frente al poder religioso.
de los pueblos o el ejercicio centralizado de la soberanía Francisco Suárez y Juan de Mariana, entre otros represen-
mediante la nación. tantes de la neoescolástica que ilumina la filosofía política de
la Contrarreforma, elaboraron una tesis inspirada en el pen-
¿cuánto hubo de “revolucionario” samiento tomista que se aleja de la tentativa de racionaliza-
en la revolución? ción integral de la vida política –en palabras de Matteucci– y
persigue una finalidad práctica, guiada por principios reli-
El punto determinante consistía en saber si el juntismo era giosos. Dichas tesis pretendían legitimar las sanciones que la
una respuesta tradicional en el ordenamiento legal castellano comunidad pudiera imponer al monarca a partir del momen-
ante el vacío de poder, como sostuvieron varias juntas, y su to en que se distanciara de la ley positiva, lo que implicaba
carácter puede deducirse de su composición. un sometimiento del príncipe al Estado, y por defecto, a la
La doble cuestión no era nueva en el debate y permanece- sanción última cristiana del fundamento del poder, lo que
rá como una constante en las discusiones. De la primera nos devolvía a la Iglesia una jurisdicción indirecta superior.48 El
hemos ocupado al tratar de su vertiente americana, ya que, suarismo teorizaba una suerte de pactismo primigenio, pero
en propiedad, no existía el mencionado ordenamiento legal irrevocable, pues el pueblo (convertido por Dios en deposi-
articulado en derecho positivo, sino doctrinas jurídicas dis- tario de la soberanía, para consentir después en alinearlo en
tintas, a las que se recurrió en 1808-1810 a ambos lados del el gobernante) no tenía capacidad de recuperar la soberanía,
Atlántico. Curiosamente, la teoría pactista entre rey y reino sino a lo sumo de resistirse contra el tirano que se propone
formaba parte de la tradición de la corona de Aragón, donde destruir la comunidad, pudiendo deliberar en ese caso los

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las ciudades y el resto de cuerpos intermedios habían man- representantes naturales constituidos en reino, fórmula que
tenido cierta pujanza desde la etapa tardomedieval al siglo adquiría sentido práctico en la concreta situación de Ingla-
xvii, pero a comienzos del xviii habían visto suprimidos sus terra de Jacobo I, y no en el orbe católico de la monarquía
fueros, sus antiguas “constituciones”. Por el contrario, la española. ¿Qué vigencia tenían estas tesis a la altura de 1808?
construcción de la monarquía fuerte y centralizada, abso- Sobre la composición de las juntas, Quintana había adver-
lutizante, en Castilla desde el siglo xv minimizó la conside- tido que todas respondían a un esquema similar: “Com-
ración pactista, en particular, después de los reinados de los
dos primeros Habsburgo en el siglo xvi. 48
Matteucci, “Contractualismo”, pp. 421-422.
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puesta, como ordinariamente sucede, de las personas más pertenecían a los cuerpos tradicionales para asegurar que
notables del país, o por saber, o por virtud, o por ascendien- las juntas fueran reconocidas por la población y se hicieran
te, es escuchada y mirada con respeto, y el mismo espíritu obedecer, esto es, en la línea que había sostenido Quintana.
que sirvió a crearla sirve también a hacerla obedecer”.49 Eso explicaría que casi 39% de los junteros que han sido
Para Federico Suárez, como en su día le había parecido a identificados por Hocquellet tuvieran su origen en autori-
Pérez Villanueva, si las juntas habían sido obra del popula- dades reales y regidores municipales. Eran clérigos, 23.6%;

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cho, la Junta Central era conforme a los designios del rey y 18.3%, militares; 10.4%, élites locales y el resto, en torno de
la tradición siempre y cuando se limitara al gobierno y no 9%, funcionarios, comerciantes y agremiados.50
pretendiera legislar, aunque en su seno laboraba una corrien- El empeño por demostrar de forma empírica que la
te partidaria de la soberanía nacional que intrigó hasta salirse pretendida burguesía triunfante era, como había escrito
con sus planes. François-Xavier Guerra, introuvable, podía haberse reser-
Es innegable que las juntas reunieron a personas del más vado para causas mejores después de que éste hubiera sos-
variado origen social, pero no fueron llevadas allí por un tenido que los principales actores de una revolución eran
determinado cuerpo estamental ni se respetó una propor- hombres cuyo rasgo común no era la situación socioeconó-
ción señalada. La mayoría fue designada por las personas mica, “sino su pertenencia a un mismo mundo cultural”,51
influyentes del momento, a veces de extracción plebeya o por otro lado, algo que no debiera resultar incompatible con
modesta. Ninguno de ellos hablaba en las juntas en nombre lo anterior, como hace el autor, pues la misma condición
y representación de un fragmento de la sociedad, sino cole- social y la experiencia similar suelen ir acompañadas de una
giadamente decían actuar en nombre del rey y con el consen- psicología y un cuadro semejante de valores conforme a las
timiento del pueblo que los había elevado a esa posición. teorías más acreditadas sobre las clases. Asimismo, la cues-
En la interpretación de Ronald Fraser, quienes estaban tión es si desde la metodología adoptada, los grupos y las
detrás de los levantamientos “carecían de la convicción de clases sociales son históricamente, introuvables. A la postre,
su propio peso político para gobernar los asuntos locales y conforme a la principal premisa de “Modernidad e indepen-
regionales”, por lo que acudieron a autoridades locales que dencias”, las revoluciones no pueden ser reducidas a cam-
bios institucionales, sociales y económicos; la revolución es
49 —dice— una mutación cultural que comprende desde los
Quintana, Cartas a Lord Holland, p. 541. Las palabras que utiliza
Marx al referirse a este fenómeno son muy parecidas, aunque errónea- valores y los imaginarios a las prácticas políticas y los len-
mente creía que las juntas habían sido elegidas por sufragio universal: guajes, todo cuanto encierra el concepto modernidad. Aho-
“Eligieron generalmente a sus superiores naturales, elementos de la
nobleza provincial y de la pequeña nobleza, respaldados por el clero, y
50
poquísimas personalidades notables de las clases medias”. Marx, Revo- Fraser, La maldita guerra, pp. 193-196 y 776-777.
51
lución en España, p. 83. Guerra, Modernidad e independencias, p. 14.
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ra bien, el mejor método para evitar el reduccionismo, que los espacios públicos —adaptada de Habermas, pero espe-
coincidimos en reprobar, acaba consistiendo en ignorar los cialmente operativa para el análisis histórico— merecen una
cambios sociales y económicos y en minimizar los cambios particular consideración, y le reservan un puesto en la reno-
institucionales, destacar las continuidades, para trasladar la vación historiográfica de finales del siglo xx, muchas de sus
atención a los actores políticos, integrantes en adelante “de aseveraciones se distancian de las evidencias disponibles u
una clase nueva que, por primera vez, pueden ser llama- obedecen a una determinada agenda intelectual, mucho más
dos políticos”. Y resulta curioso que esos agentes puedan desarrollada e inteligente, pero directamente afiliada a las te-
actuar aliados de la monarquía o entre sí, pero se encuentren sis de Federico Suárez, con quien compartió bastante más
incapacitados para hacerlo con actores colectivos, notición que la profesión de historiador; pues sostener que las con-
erradicada de este cuadro de referencias metodológicas.52 En vicciones y los compromisos espirituales de Guerra no se
consecuencia, el fenómeno juntista, por lo improvisado de traslucieron en su actividad profesional revela una llamativa
la representación, ofrecía una solución insatisfactoria hasta ingenuidad o un completo desconocimiento sobre la natu-
que las legitimidades discutibles fueron transmitidas a nue- raleza del instituto al que perteneció y a cuya universidad, la
vas autoridades.53 Así, el estigma social parece erradicado. de Navarra, legó su archivo y biblioteca. Naturalmente, estas
La contradicción entre sectores de diferente condición, tam- circunstancias no restan ni añaden valor por sí mismas a un
bién. Y la oposición entre innovadores y renovadores, que trabajo y a unas conclusiones, pero pasarlas por alto admi-
hubiera escrito Federico Suárez, se aplaza al mismo tiempo tiendo una pretendida neutralidad metodológica supondría
que se esfuma la corriente absolutista y el absolutismo deja renunciar a comprender los supuestos del método del histo-
de ser un horizonte en liza, a pesar de acabar imponiéndose riador. Y sin situar los antecedentes y preguntarnos por las
en 1814, con sus juntas de purificación, presidios y exilios, elecciones epistemológicas del autor que evita explicarlas,
las ejecuciones y la política de verdadera “reconquista” de resulta difícil comprender la evolución de la historiografía y
América. hasta situar las interpretaciones. Siempre será útil sabernos
Si las propuestas de Guerra acerca de la revaloración hablando en prosa, no suceda como a monsieur Jourdan,

CEFYL
de las mentalidades conforme a la noción del “imaginario y conocer la diversidad de “idiomas” en los que podemos
colectivo” —adoptada de Dubay y de Goff— y los factores expresarnos.
que influyen en éste, o la relativa a la aparición y función de En fin, formadas las juntas con gente de todas las cla-
ses, nombradas sin ser elegidas por los respectivos cuerpos,
52
Sostiene: “la ecuación base de la modernidad política” se expresaría en “a nombre de las autoridades, mandaremos nosotros”, diría
la fórmula “pueblo=individuo1+individuo2+…+individuon”. Guerra,
uno de los instigadores de los sucesos de Valencia al expli-
Modernidad e independencias, p. 375.
53
Guerra, Modernidad e independencias, pp. 13 y 31 (concepto de re- car la conveniencia de contar con parte de las autoridades y
volución) y 123 (juntas). de los notables, pues de ese modo no habría desconocidos
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mandando y, lo que era tan importante como lo anterior, evi- rio o usufructuario del dominio útil que delega en las clases
tarían que el pueblo que los seguía aprendiera de los hechos y superiores el liderazgo. Sucede en los episodios del furor
al primer revés los arrastrara por las calles. No obstante, los revolucionario francés, en la confianza ofrecida al empera-
labradores eligieron sus líderes y a continuación se entendie- dor y se reproduce 50 años después en el sobrino. Que haya
ron con un sujeto de la ciudad, de los habituados a mandar sido señalado —e incluso razonado desde la antropología—
—un fraile, un capitán del ejército y un canónigo fanático— y no supone que dispongamos de explicaciones sociológica e

CEFYL
delegaron en esa figura el liderazgo.54 A su vez, el prime- histórica satisfactorias.
ro de ellos, el padre Rico, a sugerencia de un comerciante, La cuestión de la composición de las juntas, en nuestra
acabó nombrando una junta con personas de las que eran opinión, no es reducible a las categorías mencionadas sin
escuchadas y miradas con respeto, creyendo que sería más resolver antes varios aspectos, como el número de repre-
fácil que fueran obedecidas. Debemos preguntarnos ¿por qué sentantes de condición no privilegiada que hubiera entre los
no actuaron por sí mismos los líderes elegidos por las clases regidores, el grado de los militares, la extracción del clero,
subalternas? Motivos no les faltaron, pues a cada concesión la posición central o periférica de la nobleza invitada a inte-
de su jefe ante la junta respondieron radicalizando la pro- grarse, etc. La mayoría de los futuros diputados e ideólogos
testa: dieron muerte a un aristócrata que había mandado la liberales procedía de la burocracia, la universidad y el clero
milicia y ensartaron su cabeza en una pica para pasearla por ilustrado, y por lo tanto estaban familiarizados con los pro-
la ciudad, amenazaron con hacerse fuertes en la Ciudadela y blemas del país y con las principales soluciones que venían
acabaron ocasionando una matanza de prisioneros. Hicieron presentándose desde una década antes, o con la teoría y
casi de todo, menos acometer el asalto al poder. la práctica constitucional inglesa y francesa. Sin embargo,
Conocemos que las juntas estuvieron mejor dispuestas a sus soluciones eran inviables bajo el antiguo régimen, por
admitir en su seno a representantes de los labradores, caso muy reformista que llegara a ser su gobierno, pues iban diri-
de la muy conservadora de Murcia, antes que a artesanos y gidas a dinamitar sus cimientos. Sólo un sistema nuevo, que
personal agremiado, lo que sucede casi sólo en Cataluña no implicaba hacer tabla rasa de la sociedad, pero sí cam-
y Valencia. Eran esos sujetos agrarios clientelas naturales bios suficientes, permitiría desarrollar los principios y los
de los patricios que sobresalen en posición política o social. planes aprobados por las Cortes a partir de 1810.
De nuevo encontramos un antiguo problema práctico, que La visión funcionalista de la composición de las juntas,
en Marx deviene teórico: el de la organización y representa- como más tarde de las Cortes, introdujo una pista falsa. La
ción política del campesinado parcelario, pequeño propieta- cuestión no era tanto quién estaba, sino quién dirigía, el
“nosotros”, en palabras del testimonio citado, y por supues-
54 to, qué se proponía. Al poco de constituirse, las juntas
Fraser, La maldita guerra, pp. 194 (falta de convicción) y pp. 229-234
(Valencia). adoptaron decisiones de carácter gubernativo y naturaleza
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normativa: declararon la guerra, hicieron tratados con reinos blecer un nuevo orden político fueron muy limitadas y, en
extranjeros, decretaron el alistamiento general acabando con consecuencia, la capacidad que demostraron para trans-
el ejército estamental, asumieron la recaudación fiscal y pro- formar las cosas o consolidar los cambios auspiciados por
movieron, en su caso, juntas subalternas que remplazaban a otros actores, o los cambios sobrevenidos, fue insuficiente:
los poderes locales. los fracasos militares no llegaron a ser compensados con el
Naturalmente, llenar una junta de adeptos al orden viejo liderazgo político, de modo que fueron desacreditándose.
tenía su riesgo, pues en cuanto se les presentara la ocasión No obstante, subvirtieron la noción de soberanía, crearon
tratarían de hacerse con el control efectivo para impedir un rudimentario sistema de representación en la elección de
toda innovación. Y eso sin que trascendieran al público las las juntas y en la creación de la Central, forzaron la convoca-
causas reales, pues de manera oficial todos compartían el toria de Cortes con la finalidad de reformar la constitución,
mismo fin patriótico, cuando por debajo de esa unanimidad auspiciaron la formación de una opinión pública a la que
las rivalidades podían ser feroces. Y si no lograban revertir la nutrieron de manifiestos con ideas que apenas unos años
influencia de las clases acaudalada y media, siempre estaba antes habrían sido condenadas por la justicia y la Inquisi-
la solución militar: sucedió con la disolución de la junta astu- ción, reconocieron el final del imperio.
riana por el Marqués de la Romana, en mayo de 1809, cuan- Las juntas, por lo que acabamos de decir, no pueden ser
do con el pretexto de las competencias que tenía concedidas tomadas por unidades de actuación, sino como escenarios
por la Central y en arbitraria aplicación de la reorganización de controversia y lucha política de implicaciones sociales. El
de las provinciales, prestó oído a “los descontentos, sobre análisis de algunas nos muestra posiciones enfrentadas, hasta
todo [a] ciertos individuos de corporaciones privilegiadas” con uso de violencia, que ocasionan el apresamiento, destie-
que desacreditaban a los miembros de la junta, a pesar de rro y juicio de sus miembros. Hubo alianzas internas y coa-
ser éstos en su mayoría pudientes y ricos, y dio lugar “a un liciones con grupos externos. Los partidarios acérrimos del
pequeño y ridículo remedo del 18 Brumario de Napoleón”.55 antiguo régimen estaban también presentes en ellas, domina-
Desde el punto de vista del gobierno, las juntas provincia- ban el Consejo de Castilla y el de Indias, y lograron duran-

CEFYL
les y la Central fueron poderes de características revolucio- te dos años aplazar la reunión de Cortes. En su seno pudo
narias.56 Ahora bien, mientras muchas de sus disposiciones desarrollarse el futuro núcleo liberal de Cádiz, pero tam-
se justificaban por el estado de emergencia en que se encon- bién su oponente. El examen de las medidas adoptadas por
traba el país, las medidas que adoptaron dirigidas a esta- la Central nos muestra la resistencia que debieron vencer, y
que a menudo, como después en Cádiz, se alcanzaron tran-
55
sacciones entre fracciones que no es posible reducir a dos.
Toreno, Historia, p. 190.
56
Artola, La España de Fernando VII, pp. 285-314; los argumentos se Las cosas sucedieron de un modo menos lineal a como las
anticipan en Los orígenes, pp. 169 y ss. presentaba Artola. Por ejemplo respecto a la consideración
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que merecía América, y explica las vacilaciones y contradic- como los también cubanos José Pascual de Zayas, Antonio
ciones de la Junta Central o de la primera regencia, donde Remón Zarco del Valle, Vicente de Quesada y Francisco de
los partidarios de las reformas quedaron en minoría hasta Montalvo, amén del grupo rioplatense o del regente Lardi-
que fueron auxiliados por la presión de la Junta y población zábal. En el contexto de la metrópoli, al servicio de la coro-
de Cádiz. na, eran indistintos porque tampoco era extraña la tradición
Nunca hubo, por ejemplo, “una” política de las autori- de extranjeros en puestos militares o políticos, pero posible-

CEFYL
dades de la metrópoli sobre qué hacer con el imperio por mente también porque no existía el español “estándar”. Mas
la sencilla razón de que entre 1808-1810 rigieron órganos los criollos nunca fueron extranjeros ni tomados por igua-
colegiados de composición heterogénea con opiniones e les. Eran habitantes de las colonias, con determinados dere-
intereses enfrentados. Esa ausencia de política unificada chos y algunos con ciertos privilegios, pero distintos en
explica también las inconsecuencias y la ruptura del peque- razón de la condición de los dominios que habitaban, las
ño, pero activo núcleo liberal situado en los aledaños de la Indias, para los americanos ilustrados, en especial desde
Junta Central en torno del problema americano: mientras finales del siglo xviii, parte de la monarquía; parte esen-
el que había sido su principal impulsor, Quintana, no pudo cial, ratifica la Junta Central el 22 de enero de 1809 en una
o no quiso oponerse al control que el sector absolutista decisión revolucionaria; para otros, colonias cuyo estatus,
tuvo en la determinación de la representación ultramari- no obstante, podía ser modificado. Ahora bien, ¿convenía
na en las Cortes y después giró contra las primeras juntas hacerlo? Y, de hacerlo, ¿en qué sentido?
“fidelistas” americanas, prejuzgando la actitud futura en El Manifiesto de 22 de enero de 1809 declaraba solem-
las Cortes de sus amigos (Juan Nicasio Gallego e Isidoro nemente que los dominios españoles de América no eran
Antillón) y colaboradores (Agustín Argüelles), Blanco- propiamente colonias, sino una parte esencial e integrante de
White se inclinó por ampliar los derechos americanos y la monarquía española.58 La misma declaración precisada
aceptar el juntismo criollo.57 de negar la condición colonial revelaba la voluntad de que
Parece obvio que los peninsulares no habían visto nunca no se las tuviera así en adelante, contra lo que había sido
antes a los pueblos, ciudades y territorios americanos como la consideración práctica hasta entonces y revela la docu-
españoles, aun cuando nada objetarían a la condición de los mentación de la Junta que conserva el Archivo Histórico
individuos al servicio del Estado, caso del ministro Gonzalo Nacional español. A continuación, deseando “estrechar de
O'Farrill, de quien podía afearse su afrancesamiento, pero a modo indisoluble los sagrados vínculos que unen unos y
quien nadie censuró su procedencia habanera, y lo mismo otros dominios”, la Junta había resuelto que los dominios
podría decirse de los oficiales criollos del ejército español, debían tener representación en el gobierno del reino.
57 58
Dérozier, Manuel José Quintana, pp. 636-642. Reproducido en Toreno, Historia, pp. 174-174.
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Proponerse la unidad de las provincias americanas con los parlamentarios, escogidos por elecciones directas, pudie-
las españolas cuando habían llegado las primeras noticias ran hablar con autoridad y libertad, asegurando la voluntad
de disidencias, todavía por pretensiones juntistas, era un del pueblo, decía, y donde los delegados de América fueran
ejercicio de pragmatismo. Suponía reconocer, como había “por lo menos la mitad”.60 Lord Holland, como después su
indicado la junta antes citada, la inclinación natural de las protegido Blanco White, era de la opinión que sólo median-
colonias a declarar gobiernos tan “independientes” como te la igualdad política y la libre voluntad de los americanos
habían declarado las juntas provinciales peninsulares, lo que podrían conservarse la unidad y que en otro caso las pro-
en el caso de las colonias fácilmente podía tener un signifi- vincias americanas tenían pleno derecho a iniciar el camino
cado y un destino mucho más grave. En el mismo plano se de la independencia. Es algo que no comprendieron los libe-
situaba la aspiración a seguir contando con los socorros que rales españoles, o no lograron conciliar con sus intereses y los
llegaban de ultramar y eran insustituibles en la dramática del ambicioso mercado que llegaron a concebir: después de
situación de la Hacienda de los patriotas. Hasta aquí el razo- realizar ampulosas declaraciones sobre la nación española y
namiento del núcleo liberal. la igualdad de los ciudadanos, se apresuraron a falsear esta
A la necesidad de contar con los americanos se unía el última desde el momento en que introdujeron un factor de
convencimiento de unos pocos sobre una medida que juzga- distorsión de la representatividad que condenaba a los ameri-
ban inevitable. Desde el 1-° de enero el grupo reformista, que canos a ser gobernados por los peninsulares por medio de
disponía de la opinión directa y el auxilio de Lord Holland, Cortes metropolitanas y un gobierno centralizado. Ése fue el
residente en Sevilla, hasta el 28 de junio. Su tertulia sería fre- principio del último acto, pero la función hacía varias déca-
cuentada por los hombres más significados del momento, das que había alzado el telón.
mientras se hallaba al tanto de la tertulia de Quintana y de
los trabajos de la llamada “junta chica”, donde los elemen- referencias
tos avanzados se esforzaban en ganarse a la opinión pública
para influir en las decisiones de la Junta Central. En la mani- Actas capitulares

CEFYL
quea interpretación de Suárez, con “tenaz solicitud iba adoc- Actas capitulares desde el 21 hasta el 25 de mayo de 1810, en
Buenos Aires, Buenos Aires, Imprenta del Gobierno, 1836.
trinando a Jovellanos”,59 como si éste careciera de criterio
firme. Moreno Alonso ha reconstruido su trayectoria y sus Actas de la Diputación General
ideas: lord Holland era partidario de reconocer la libertad de Actas de la Diputación General de Españoles que se juntó en
imprenta e iniciar reformas por medio de la convocatoria Bayona el 15 de junio de 1808, Madrid, Imprenta de J. A. García,
de unas Cortes numerosas, de 400-500 representantes, donde 1874.

59 60
Suárez, El proceso, p. 159. Moreno, La forja del liberalismo, pp. 172-173.
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