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Derechos Fundamentales

Este documento describe los derechos fundamentales y su relación con los derechos humanos. Explica que los derechos fundamentales son aquellos inherentes a todo ser humano debido a su dignidad, y que se han ido consolidando en América Latina en las últimas décadas. También distingue entre derechos fundamentales y derechos humanos desde una perspectiva constitucional, aunque en el derecho internacional no existe esta distinción.
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Derechos Fundamentales

Este documento describe los derechos fundamentales y su relación con los derechos humanos. Explica que los derechos fundamentales son aquellos inherentes a todo ser humano debido a su dignidad, y que se han ido consolidando en América Latina en las últimas décadas. También distingue entre derechos fundamentales y derechos humanos desde una perspectiva constitucional, aunque en el derecho internacional no existe esta distinción.
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LOS DERECHOS FUNDAMENTALES.

ALUMNO: JEAN PIERO AGUIRRE ALVRADO


LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

SUMARIO: INTRODUCCION. I. DERECHOS FUNDAMENTALES, II.

DELIMITACION DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES, III. DERECHOS

FUNDAMENTALES Y DERECHO HUMANOS. HACIA UN ENFOQUE

INTEGRADOR, IV. OBJECIONES A LA DIFERENCIACION ENTRE DERECHOS

FUNDAMENTALES Y DERECHOS HUMANOS, V. CONCLUSIONES, VI.

BIBLIOGRFIA.

RESUMEN

Desde hace algunas décadas atrás, en América Latina se vienen condensando y

afirmando como derechos fundamentales de los sujetos de derechos, a un conjunto de

necesidades materiales y espirituales, dentro y fuera del Estado de Derecho. Asimismo,

podemos precisar que, los derechos fundamentales son aquellos derechos inherentes al ser

humano que pertenecen a toda persona sin excepción, en razón a su dignidad humana.

PALABRA CLAVES:  derechos humanos, derechos fundamentales, derecho

internacional de los derechos humanos, derecho constitucional comparado.

 
INTRODUCCIÓN:

La segunda mitad del siglo XX nos legó un sistema avanzado y consolidado de

promoción y protección internacional de los derechos humanos, con una penetración cada

vez más intensa en los órdenes estatales. Este orden de los derechos humanos ha alterado

las estructuras normativas, posicionando al individuo y su dignidad y derechos, en el lugar

preferente de los ordenamientos estatales, siendo este elemento el factor determinante para

decidir muchos de los conflictos de jerarquía normativa. Particularmente, en el ámbito

latinoamericano, el individuo hoy ocupa un lugar privilegiado en la construcción del

derecho constitucional. En consecuencia, los Estados latinoamericanos, en virtud del

principio de cooperación leal con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en

adelante, la Corte IDH), deben contribuir y facilitar de buena fe el desempeño de la Corte y,

luego, dar cumplimiento efectivo a las sentencias de la misma.

OBJETIVOS:

*Dar a conocer los conceptos y características básicas de los Derechos

fundamentales.

*Dar a conocer la evolución que tuvieron estos en nuestra legislación peruana.


I. DERECHOS FUNDAMENTALES:

La defensa de la supremacía constitucional y los derechos fundamentales, vienen a

ser el vértice para que las garantías procesales se configuren como mecanismos de

defensa de ambos. Los derechos fundamentales vinculan a todos los poderes públicos, no

sólo porque se desprenden de un texto normativo que es norma fundamental, sino por su

dimensión axiológica de unión inseparable a la dignidad humana, fundamento último del

orden constitucional. De este modo, aunque resulte obvio decirlo, también los jueces están

sometidos en su actuación a los contenidos de la constitución. Ello supone desde luego, que

todos los derechos fundamentales vinculan a los jueces y no solo los referidos a la tutela

jurisdiccional efectiva.

El Tribunal considera, en este sentido, que la enunciación de una lista de derechos

que el legislador ha establecido como atributos de la tutela procesal efectiva, para efectos

de controlar la actuación de los jueces e incluso de los fiscales en el ámbito de sus

respectivas competencias relacionadas con los procesos judiciales; no agota las

posibilidades fácticas para el ejercicio de dicho control, ni tampoco quiere significar una

lista cerrada de derechos vinculados a la cláusula general de la tutela general efectiva

resulta por tanto razonable pensar que tal enunciado no está estableciendo la imposibilidad

de que otros bienes constitucionales, y no solo la tutela procesal, pueden resultar afectados

mediante la actuación del poder jurisdiccional del Estado.           .


Conforme a lo señalado por el profesor Luis Castillo, en el caso del sistema peruano

si bien con la expresión derechos constitucionales se significa lo mismo que con la

expresión derechos fundamentales, es más conveniente optar por la primera de ellas porque

el empleo de la segunda aludiría aun indirecta e inconscientemente a un sistema formulado

por dos grupos de derechos: derechos constitucionales fundamentales y los derechos

constitucionales no fundamentales o sencillamente derechos constitucionales, en los cuales

los primeros están por encima de los segundos.

La preponderancia de los derechos fundamentales sobre los que se construye el

Estado constitucional radica en la doble dimensión que estos poseen. Conforme a lo

indicado por el profesor Pérez Luño, los derechos fundamentales poseen una irrenunciable

dimensión objetiva y subjetiva.

Mientras que en su dimensión objetiva sistematizan el contenido axiológico objetivo

del ordenamiento democrático; en su dimensión subjetiva los derechos fundamentales

determinan el estatuto jurídico de los ciudadanos lo mismo en sus relaciones con el Estado

que en sus relaciones entre sí.

II. DELIMITACION DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

*Los derechos fundamentales nacen con las Constituciones. Ello supone que su acta

de nacimiento es precisa: la historia de los derechos fundamentales comienza en 1776, ni

antes ni después. No antes, a pesar de que, con anterioridad a esa fecha, y a partir de los

grandes documentos ingleses del siglo xvII (Petition of Right, Babeas Corpus Act, Bill of

Rights), ya puede hablarse de unos derechos en el sentido moderno de la palabra, aunque en

la forma de common law de los ingleses. A pesar también de que derechos de este tipo se
encuentran desde hace tiempo en ese anticipo de las Constituciones que son las Cartas

coloniales; pues las Cartas no hacen sino, con alguna excepción muy cualificada (libertad

religiosa), recoger el common law de la metrópoli. Y a pesar, finalmente, de que en el

período inmediatamente anterior a 1776 la acusación de «inconstitucionalidad» es un

elemento propagandístico en el contexto de la revolución americana; porque la tesis de lord

COKE en el caso Dr. BONHAM era en realidad bastante discutible.

*Los derechos fundamentales acaban con las Constituciones. Ello es tanto como

afirmar que acaban, hoy por hoy, con los Estados, dentro de los Estados, en el interior del

ordenamiento estatal. Sin duda alguna, el Convenio Europeo de Derechos Humanos supone

hoy el punto culminante en la protección de los derechos en el ámbito europeo. Y ello ha

tenido enormes implicaciones en el ámbito interno de los distintos ordenamientos estatales.

Pero, para el Convenio, la norma constitucional es irrelevante. Al convenio lo único que le

importa es que el ordenamiento interno en su conjunto garantice los derechos, pero no la

garantía normativa o el tipo de jurisdicción por medio del cual este resultado se obtenga.

Puede que, como consecuencia de ello, y por motivos prácticos, al Estado le interese, por

una u «otra vía, dotar de relevancia constitucional a los derechos objeto del Convenio; pero

nada de ello será consecuencia directa de aquél.

III. DERECHOS FUNDAMENTALES Y DERECHO HUMANOS.

HACIA UN ENFOQUE INTEGRADOR

Tradicionalmente, en el orden estatal, se han entendido, sobre todo por autores de

derecho constitucional y político, los conceptos de derechos fundamentales y derechos


humanos como divergentes, a saber, con un significado diferente. A decir verdad, el

concepto derecho fundamentales es el que se ha impuesto en la doctrina constitucional,

sobre todo, por la influencia de la experiencia alemana. Así, Aldunate señala que:

La identificación entre derechos fundamentales con derechos consagrados

positivamente en la Constitución corresponde precisamente a la Ley Fundamental de Bonn:

los Grundrechte (literalmente, derechos fundamentales) son, precisamente, los derechos

garantizados por dicha Ley Fundamental. Esto facilita las cosas a la doctrina alemana ya

que, para el tratamiento del tema sólo recurre, en general, a dos categorías: derechos

humanos (Menschenrechte) y derechos fundamentales (Grundrechte). A partir del texto de

la Constitución de 1978 (título I, "De los derechos y deberes fundamentales"), la doctrina

española ha acogido este mismo sentido para la expresión "derechos fundamentales".

Esta distinción que se realiza comúnmente en sede constitucional y política no

existe en el ámbito del derecho internacional, y tampoco, naturalmente, en el derecho

internacional de los derechos humanos, como no sea para enfatizar la fuerza vinculante y la

jerarquía normativa de unos determinados derechos humanos. Por lo tanto, examinar esta

diferenciación, que es propia del derecho interno de los Estados, tiene importancia porque,

a menudo, la doctrina constitucional arranca consecuencias jurídicas diversas de unos

derechos fundamentales o de otros derechos humanos, las cuales tienden a producir sus

efectos en el orden interno de los Estados.

En este sentido, cabe tener presente que los derechos humanos han nacido con

distintas denominaciones que han respondido a los fundamentos filosóficos, históricos,

económicos, políticos y constitucionales de cada época en particular, fundamentalmente, en

el seno del Estado y del orden constitucional. Las declaraciones de derechos del siglo de las
luces se referían principalmente, debido al contexto histórico específico en que nacieron, a

lo que hoy denominaríamos los derechos civiles y políticos. En general, los derechos

económicos, sociales y culturales son un logro posterior del derecho internacional, tal como

lo demuestra la creación de la Organización Internacional del Trabajo, al fin de la Primera

Guerra Mundial. Así, estas declaraciones inspiraron fuertemente el reconocimiento

posterior de los derechos humanos en el orden internacional, esencialmente, a partir de la

Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la evolución de los derechos humanos, posterior a la Segunda Guerra

Mundial, ha sido más vertiginosa en el ámbito internacional que en el estatal, y este último

ha sido poco receptivo y reactivo a las condiciones de vida contemporáneas. De este modo,

se podría argumentar que el derecho constitucional ha quedado empantanado y no ha

seguido la evolución que han vivido los derechos humanos en el ámbito internacional,

mucho más dinámica proactiva frente a las nuevas necesidades sociales y evolutiva que el

ámbito interno y, en particular, que el derecho constitucional.

Una manifestación de ello, como se verá a continuación, es que todavía hoy el

derecho constitucional continúa usando distinciones entre los derechos que estuvieron

vigentes en el ámbito internacional durante la época de la guerra fría, pero que ya no lo

están, en el orden internacional actual. Por otro lado, este uso por parte del derecho

constitucional de categorías muestra un grado de penetración y de interacción del derecho

internacional en el derecho constitucional. En este contexto, se puede apreciar que en el

orden de los derechos humanos el derecho constitucional ha sido más conservador, y que ha

sido menos abierto al dinamismo y a la evolución, que el derecho internacional, y ello es

porque la comunidad internacional, mucho más heterogénea, tiende producto de dicha


heterogeneidad al dinamismo y a la evolución, a diferencia de la sociedad estatal, la cual se

orienta producto de su relativa homogeneidad a la esteticidad y al lento desarrollo, y, en

todo caso, en el ámbito de los derechos humanos, más lento que en el derecho

internacional.

Dicho de otro modo, tal como se examinará a continuación, la doctrina

constitucional, particularmente en América Latina, distingue entre derechos fundamentales

y derechos humanos, sosteniendo, en términos generales como se verá, que no todos los

derechos humanos son derechos fundamentales, sólo son derechos fundamentales los que la

Constitución considera como tal. A partir de esta distinción, arrancan y se extraen una serie

de consecuencias que, en nuestra opinión, podrían producir el efecto de socavar la posición

de preeminencia que debe ocupar el ser humano, individual y colectivamente hablando, en

la comunidad estatal.

1. Debates doctrinales en Europa

Si bien es posible constatar una dominación del concepto de derechos

fundamentales en la doctrina constitucional, el entendimiento que de dicho concepto se

tiene a veces es variado y presenta matices diferentes. La doctrina latinoamericana y la

europea, en este sentido, van de la mano, aun cuando es acusada la influencia que la

doctrina europea ha ejercido en la doctrina latinoamericana.

La doctrina alemana, precursora de la terminología de derechos fundamentales, la

ha mantenido y desarrollado, comprendiendo, en el caso de Häberle, los derechos

fundamentales como derechos públicos subjetivos.


Desde la perspectiva de la doctrina española, García Roca ha resaltado esta

divergencia al señalar que los derechos 'humanos', y con más razón los que además gozan

del rango constitucional de 'fundamentales', son uno de los límites más importantes al

ejercicio del poder. Por su parte, el profesor Pérez Luño sostiene la separación entre estos

dos términos cuando señala que:

Estas dos nociones de derecho no significan lo mismo, por más que exista una

profunda interrelación entre ambas. Los derechos humanos poseen una insoslayable

dimensión deontológica. Se trata de aquellas facultades inherentes a la persona que deben

ser reconocidas por el derecho positivo. Cuando se produce ese reconocimiento aparecen

los derechos fundamentales, cuyo nombre evoca su función fundamentadora del orden

jurídico de los Estados de derecho. Por tanto, los derechos fundamentales constituyen un

sector, sin duda el más importante, de los ordenamientos jurídicos positivos democráticos.

2. Referencia específica a la doctrina latinoamericana

Se puede apreciar que no existe una gran diferencia en el uso de los conceptos y sus

significados con respecto a la doctrina europea, probablemente debido a que la doctrina

latinoamericana se ha inspirado de la europea en esta materia.

Así, en el ámbito latinoamericano, el jurista boliviano Durán Ribera, por su parte,

ha considerado que:

Es posible sostener que bajo la expresión derechos fundamentales se designa a los

derechos garantizados por la Constitución y que, en cambio, la denominación 'derechos

humanos', hace referencia a derechos garantizados por normas internacionales. Las


primeras tienen como fuente de producción al legislador constituyente, y las segundas, a los

Estados y organismos internacionales.

Por su parte, Rivera Santivañez parece fundir ambos conceptos como equivalentes,

cuando predica el amparo constitucional respecto de los derechos humanos y afirma que:

Como parte del proceso de judicialización de los derechos humanos, el amparo

constitucional debe constituirse en la vía tutelar efectiva e idónea para otorgar una

protección inmediata a las personas o, en su caso, a los grupos sociales, cuyos derechos

humanos son vulnerados de manera ilegal e indebida. Ello implica que el amparo

constitucional otorgue tutela a todos los derechos humanos consagrados en las

Constituciones de los Estados, así como en los tratados, convenciones o pactos

internacionales sobre la materia.

Por su lado, el profesor peruano Landa Arroyo da la impresión de unificar el

significado de estos dos conceptos, ya que utiliza, casi de manera intercambiable, derechos

fundamentales y derechos humanos.

En México, Fix-Zamudio parece fundir ambos derechos fundamentales y derechos

humanos en un mismo concepto, aun cuando prefiriendo aquel de derechos humanos.

En Chile, el profesor Nogueira ha resaltado que se entiende el concepto de derechos

fundamentales como derechos reconocidos jurídicamente a nivel nacional o internacional y

que vinculan a las personas y a los Estados. Aldunate, por su parte, haciendo una

separación muy clara, ha indicado que:

Se ha sugerido reservar el concepto derechos humanos, que no corresponde a un

lenguaje jurídico, sino a un lenguaje vulgar, para su uso en el ámbito de la filosofía del
derecho. A ésta le tocaría, en cuanto tiene por objeto de estudio los derechos humanos,

examinar cuáles atributos pueden ser reconocidos a todo individuo de la especie humana

por el hecho de ser tal y, a su vez, dentro del universo de posibilidades de desarrollo pleno

del ser humano, qué aspectos deben ser reconocidos como derechos... y, por lo tanto,

reclaman una consagración positiva.

IV. OBJECIONES A LA DIFERENCIACION ENTRE DERECHOS

FUNDAMENTALES Y DERECHOS HUMANOS:

Según las posiciones doctrinales señaladas anteriormente, los derechos

fundamentales serían eso, los fundamentales, a saber, los derechos más importantes, los

más prioritarios, los reconocidos por la Constitución y que gozan de plena tutela

judicial. De estos derechos emanarían plenas obligaciones para el Estado como

normalmente ocurre con el correlato de los derechos porque, en el imaginario socio-

político, estas obligaciones sólo serían negativas y proporcionarían un estatus positivo al

individuo, en el sentido de que no implicarían ningún costo para el Estado, ya que se

basarían en el dejar hacer del Estado, por lo tanto, se tratarían de un deber que se puede

cumplir y exigir su cumplimiento sin ningún problema. Este tipo de derechos son los que

configuran, en términos de Landa, el estatus positivo el individuo.

En cambio, los derechos humanos provendrían del ámbito internacional, se

encontrarían reconocidos en el derecho internacional público, y reflejarían altos ideales

éticos y políticos expresados por la comunidad internacional. Estos derechos manifestarían

aspiraciones que motivarían la actuación de los Estados, pero que difícilmente lograrían
una tutela judicial en el orden estatal, salvo que hayan sido asumidos por la Constitución.

Normalmente, esto último ocurre con los denominados derechos civiles y políticos, donde

generalmente no hay objeción para considerarlos fundamentales por las Constituciones,

pero no así con los derechos económicos, sociales y culturales.

En este apartado analizamos las objeciones que se pueden sugerir frente a la

distinción entre estos dos conceptos, la cual, como se ha visto, implica consecuencias

materiales, además de formales. A continuación, examinemos brevemente algunas de estas

objeciones.

1. Clasificación de derechos por generaciones

La doctrina de las generaciones de derechos es usada por los autores de derecho

constitucional al desarrollar la teoría de los derechos fundamentales. Se usa, entre otras,

como una forma de clasificar los derechos fundamentales y sirve para perpetuar, en el

ámbito interno, la distinción sustancial entre derechos civiles y políticos, y aquellos

derechos económicos, sociales y culturales. En términos generales y de acuerdo con la

doctrina de las generaciones de derechos, para la teoría constitucional, los derechos plenos

y, por lo tanto, los derechos dignos de protección constitucional serían los derechos de

primera generación, sin embargo, los derechos de segunda generación, calificados como

derechos programáticos, no podrían ser amparados constitucionalmente. En el ámbito de

los derechos humanos, esta distinción de los derechos por generaciones con consecuencias

sustanciales ya no existe. Por esta razón, si se abandonara la doctrina de las generaciones de

derechos permitiría o allanaría el camino para emparejar el uso de los conceptos en el

derecho constitucional, consagrando definitivamente el de derechos humanos.


En consecuencia, la óptica de análisis de los derechos fundamentales-derechos

humanos por generaciones se encuentra extendida entre la doctrina constitucional,

especialmente en América Latina, y constituye uno de los fundamentos poco certeros en

nuestra opinión que apuntala la división entre estos dos conceptos.

En este orden de ideas, la doctrina constitucional ha vinculado la distinción por

generaciones de derechos a modelos de Estado (Estado liberal y Estado social). En este

sentido, en general, los derechos de primera generación corresponderían al Estado liberal, y

los derechos de segunda generación corresponderían al Estado social. Quizás

contemporáneamente podríamos hablar de un Estado solidario si incorporamos los

denominados derechos de tercera y/o cuarta generación. De esta manera, a través de estos

modelos de Estado, las generaciones de derechos se han vinculado tradicionalmente a

grupos específicos de derechos.

Por último, los Estados han adoptado diferentes sistemas de recepción interna de las

normas internacionales. A veces, las normas internas de incorporación del derecho

internacional determinan la posición de estas últimas en el sistema de fuentes interno, pero

este punto no será abordado en este trabajo.

Clasificación de los derechos en generaciones, y el derecho internacional

La sistematización de los derechos humanos en tres generaciones ha sido

ampliamente usada por la doctrina internacional, influenciada por razones ideológicas y

políticas características del periodo de la guerra fría. Sin embargo, desde finales de los años

ochenta, la mayoría de dicha doctrina ha rechazado enérgicamente esa sistematización con

argumentos históricos, éticos, políticos y jurídicos.


En efecto, esta forma de concebir los derechos nació en el ámbito de los derechos

humanos y dentro de la óptica del derecho internacional. El primero en formular esta

división en generaciones de derechos fue el ex director de la División de Derechos

Humanos y Paz de la UNESCO, Karel Vasak. Tal como ha sostenido González Álvarez:

Vasak introdujo el concepto de las tres generaciones de los derechos humanos en su

conferencia para el Instituto Internacional de Derechos Humanos, en Estrasburgo (1979); su

inspiración fue la de la bandera francesa, es decir, libertad, igualdad y fraternidad,

sustituyendo esta última con mayor acierto por la presencia del valor solidaridad. La idea

de nuestro autor refleja el orden temporal sucesivo (de ahí lo generacional) del

reconocimiento internacional de los derechos humanos, identificando tres generaciones que

marchan de lo individualista a lo solidario.

En definitiva, la clasificación efectuada por Vasak, y que se extendió luego en el

derecho internacional de los derechos humanos y, por esta vía, al derecho interno y, en

particular, al derecho constitucional, sólo formaba parte de un afán pedagógico de enseñar

los derechos humanos, pero en ningún caso pretendía debilitar la estructura de los derechos

humanos o bien, crear una diferenciación o una jerarquía de los mismos, como es lo que

ocurre hoy en el ámbito del derecho constitucional con la doctrina de las generaciones de

derechos. Dicho de otro modo, la idea de las generaciones de derechos, tomada por el

derecho constitucional desde el derecho internacional, en general, no ha sido correctamente

abordada e interpretada, creando categorías de derechos con distintas características y

fuerza jurídica (es descriptiva, pero obedece a una evolución histórica, piénsese sólo en el

ámbito electoral en el voto femenino) Como ha sostenido Rabossi, la tesis de las

generaciones de derechos:
Está basada en una metáfora poco feliz, que propone una lectura inadecuada de la

historia, que no conecta con éxito el plano interno con el internacional, que propone una

diferenciación categorial de los derechos humanos que además de ser falsa fortalece la

posición de quienes niegan la viabilidad de los derechos económicos, sociales y culturales.

*Uso e importación de esta clasificación al derecho constitucional

En términos generales, en el orden estatal se suele emparejar con la primera

generación de derechos a los derechos civiles y políticos, con la segunda generación de

derechos a los derechos económicos, sociales y culturales, y con la tercera generación de

derechos a los que se denominan los derechos de la solidaridad, tales como el derecho a la

paz, el derecho al desarrollo, los derechos de los consumidores o el derecho a la calidad de

vida. En este sentido, el constitucionalista argentino Ekmekdjian utiliza esta clasificación

de los derechos fundamentales en tres generaciones de derechos, señalando que el estudio

de los de tercera generación es de difícil abordaje ya que no están categorizados con rigor

sistemático y su elaboración se halla todavía en construcción. Además, una demostración

clara del perjuicio que ocasiona, para el goce integral e indivisible de los derechos

humanos, esta división en generaciones de derechos, se encuentra en las palabras de Casalta

Nabais, quien le asigna menor valor vinculante a los derechos económicos, sociales y

culturales, cuando señala que no son más que una expresión de tercer nivel de la dignidad

humana ya que dependen en cada momento de lo que es posible en términos económicos y

sociales.

*Evolución internacional y nuevo enfoque:


Desde nuestra perspectiva, las principales objeciones que se puede formular a esta

clasificación de los derechos humanos en generaciones que se ha prolongado, como se ha

dicho, idénticamente en el lenguaje de los derechos fundamentales es que conlleva la idea

de que existen derechos de distinto nivel o algunos más importantes y otros menos

importantes. Con la doctrina de la generación de derechos surge la idea de la aparición

histórica de los derechos y de la extinción de los antiguos, pero además de la divisibilidad

de los derechos y de la jerarquía de los mismos.

Esta división de los derechos en generaciones parecería mostrar que los derechos

civiles son realmente derechos frente a los cuales el Estado tiene una obligación jurídica

vinculante, mientras que, en el caso de los derechos económicos, sociales y culturales, el

derecho es más flexible, y la obligación que de él emana menos intensa. Zavala Egas

señala, por ejemplo, que el derecho al trabajo o el derecho a la seguridad social ambos

garantizados en la Constitución no permiten el empleo de la acción de amparo judicial, ya

que se trata de derechos de desarrollo progresivo. Con todo, hay autores constitucionalistas,

como Nogueira y Rivera Santivañez, que rechazan esta postura.

A pesar de la evolución, el derecho constitucional sigue usando esta categorización,

y con esto fortalece y justifica la distinción entre derechos fundamentales y derechos

humanos

Esta concepción de los derechos distinción entre derechos fundamentales y derechos

humanos ha sido el terreno adecuado para que se perpetúe, en la esfera constitucional y

política, la división de los derechos fundamentales en al menos tres generaciones, en

circunstancias que los derechos esenciales de la persona humana son indivisibles,

interdependientes e interrelacionados, además de, por supuesto, universales.


Con todo, la utilización por la doctrina constitucional de la tesis de las generaciones

de derechos da cuenta de una penetración e influencia clara, aunque imperfecta y parcial,

del derecho internacional en el derecho constitucional. Sin embargo, debe rechazarse la

utilización o división de los derechos en generaciones, porque esto, al menos, sugiere la

existencia de una división de derechos, aunque se encuentra claramente establecido que los

derechos humanos son indivisibles e interdependientes.

En términos generales, desde el derecho constitucional se ha asumido y utilizado la

doctrina de las generaciones de derechos para explicar o teorizar sobre los derechos

fundamentales. La vinculación que existe entre la doctrina de las generaciones de derechos

y la diferenciación entre derechos fundamentales y derechos humanos no es una relación de

causa a efecto. Una no es ni causa ni consecuencia de la otra. Sin embargo, nosotros

sostenemos que la supresión de la teoría de las generaciones de derechos allanaría el terreno

para que la doctrina constitucional empezara a considerar los derechos fundamentales y los

derechos humanos como equivalentes. Este último sería un factor positivo para consagrar

una visión integradora y total de los derechos humanos.

2. Derechos y prestaciones

Tradicionalmente se ha distinguido entre derechos civiles y políticos y derechos

económicos, sociales y culturales, los primeros como derechos que exigen una abstención

de parte del Estado, y los segundos como derechos que exigen una acción o determinadas

prestaciones. Como consecuencia de lo anterior, no existe dificultad en reconocer a los

derechos civiles y políticos como derechos fundamentales, teniendo presente que, desde el

punto de vista constitucional, los derechos fundamentales están amparados por la

Constitución y se pueden reclamar ante la jurisdicción. Sin embargo, sí causa problema


reconocer como fundamentales a los DESC, toda vez que éstos exigen una actuación del

Estado, muchas veces con compromisos económicos, lo que disuade otorgarle el amparo y

garantía constitucional jurisdiccional. En este sentido, no habría problema en reconocer que

los DESC son derechos humanos concepto más ambiguo, poco preciso, no jurídico, propio

del ámbito filosófico, pero no derechos fundamentales.

3.  La diferenciación dificulta el respeto, protección y satisfacción de los DESC

Esta distinción entre derechos fundamentales y derechos humanos provoca graves

perjuicios al individuo, para que éste pueda gozar plenamente de todos los derechos que le

pertenecen en cuanto ser humano. Esta distinción ha proyectado la división entre derechos

civiles y políticos sobre todo en el orden constitucional y político estatal, como si estos

últimos fueran de una naturaleza más vaga, flexible e inexigible, casi un ideal al cual

aspirar, y por lo tanto, siempre algo para lo futuro, nunca para el presente.

Tal como ha señalado Texier, aunque los derechos económicos, sociales y culturales

no son de segunda generación, sí han sido tratados como derechos de segunda categoría. La

exigibilidad o la justiciabilidad de los derechos económicos, sociales y culturales se

presenta en forma muy diferente a la exigibilidad de los derechos civiles y políticos.

4. Derechos fundamentales sí, derechos positivados no

En el ámbito internacional de los derechos humanos se habla también de derechos

fundamentales, pero no en el sentido de derechos positivados como en el derecho

constitucional, teniendo presente que en el ordenamiento internacional también existe el

derecho positivo, entendido éste como derecho escrito. Así, una declaración internacional
es un instrumento jurídico internacional no vinculante sin perjuicio de que este instrumento

puede contener principios generales o expresar normas internacionales consuetudinarias,

mientras que un tratado internacional es un instrumento jurídico internacional de carácter

vinculante. Una resolución de un tribunal internacional es un acto jurídico procesal

obligatorio a través del cual se ejerce la jurisdicción internacional. En el derecho

internacional, de conformidad con el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, las

decisiones de los tribunales internacionales, bajo ciertas características, son fuente del

derecho.

5. Jurisprudencia y derechos fundamentales

En diversas ocasiones, la jurisprudencia internacional se refiere a los derechos

humanos como derechos fundamentales, pero, en nuestra opinión, en estos casos se

pretende significar el carácter de valor fundamental o básico de dichos derechos, en el seno

de una sociedad verdaderamente democrática, no diferenciarlos de los derechos

humanos. La utilización del concepto de derechos fundamentales por la jurisprudencia

internacional constituye una demostración más adicional a aquella proporcionada en el

acápite anterior en el sentido de que el concepto de derechos fundamentales no es exclusivo

del ámbito estatal ni mucho menos del derecho constitucional, y que este concepto, en

términos generales, se usa como intercambiable con el de derechos humanos.

Consecuentemente, esta última constituye una razón más para poner término en el orden

estatal a la distinción entre derechos fundamentales y derechos humanos, como no sea que

se quiera restringir al individuo, el acceso y el goce efectivo de todos los derechos o dividir

los derechos, lo cual implica una suerte de categorización o priorización de los derechos

humanos, que, desde nuestra visión, es rechazada.


6. Sometimiento a un sistema de control internacional

Un argumento adicional que podemos agregar para proponer la supresión de esta

dicotomía entre derechos fundamentales y derechos humanos, consagrando definitivamente

el uso del término derechos humanos, tanto en el orden estatal como internacional, es que,

en la época actual, carece de sentido proponer la distinción entre derechos garantizados y

positivados constitucionalmente los derechos fundamentales y las aspiraciones políticas y

morales de carácter internacional los derechos humanos, desde el momento en que el

Estado se ha sometido voluntariamente a un régimen de control jurisdiccional internacional

de derechos humanos, en donde todos los actos y omisiones del Estado, ya sea del Poder

Ejecutivo, Legislativo o Judicial, quedarán sujetos al escrutinio internacional.

V. CONCLUSION:

*El concepto derecho fundamentales no es de uso exclusivo del orden estatal y del

derecho constitucional, también es usada en el ámbito internacional. Por una parte, la

jurisprudencia internacional especializada en derechos humanos recurre a dicho término en

forma persistente, y en aquellos casos, no la está utilizando, naturalmente, bajo la

concepción de derechos positivados en la Constitución. Por lo demás, asimismo, la

jurisprudencia doméstica recurre a la expresión derechos humanos, y en estos casos, no en

el sentido de aspiración moral.


*El uso del concepto derechos fundamentales en el ámbito internacional no se

refiere a la idea de derecho positivados, sino más bien, en estos casos, el concepto es usado

como sinónimo de derechos humanos, y, en ocasiones, para denotar una especial fuerza

jerárquica entre derechos humanos que se consideran inderogables e instransgredibles. En

todo caso, el concepto de derecho fundamental sí es admitido en el ámbito internacional, lo

cual desvanece la idea de que derechos fundamentales es un concepto de uso exclusivo del

derecho constitucional, y que este concepto significa sólo derechos humanos positivados en

la Constitución.

VI. BIBLIOGRAFÍA:

Pérez Luño, Antonio Enrique, La tercera generación de derechos humanos, Navarra,

Thomson-Aranzadi, 2006, pp. 235 y 236

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Peruana de Derecho Constitucional, núm. 2, 2000, pp. 225 y 226.

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