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El Gigante Egoista

El gigante era egoísta y no dejaba que los niños jugaran en su hermoso jardín. Un día, la primavera no llegó al jardín porque los niños no podían jugar allí. El gigante se dio cuenta de lo egoísta que era y derribó el muro, convirtiendo el jardín en un parque para los niños. Desde entonces, siempre dejó que los niños jugaran en el jardín.
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El Gigante Egoista

El gigante era egoísta y no dejaba que los niños jugaran en su hermoso jardín. Un día, la primavera no llegó al jardín porque los niños no podían jugar allí. El gigante se dio cuenta de lo egoísta que era y derribó el muro, convirtiendo el jardín en un parque para los niños. Desde entonces, siempre dejó que los niños jugaran en el jardín.
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El gigante egoísta

Oscar Wilde

# 5
El gigante egoísta
Oscar Wilde

ISBN 978-958-8674-53-7
Primera edición, junio de 2017

Coordinación editorial:
Roger David Sánchez Bravo

Traducción:
Camila Pinzón Valencia
Centro de Idiomas

Ilustraciones:
Damary Gómez Orozco
damarygomez2@[Link]

Diseño y diagramación:
Fabio Parra - Proyección Corporativa

Agradecimientos:
Héctor Jiménez, Coordinador de
investigación. Facultad de Medicina
Veterinaria y Zootecnia

Bernardo Gómez Cortés


Proyección Social

Distribución gratuita 20.000 ejemplares:


Diario ADN Medellín

Universidad CES, 2017


editorial@[Link]
3

Esta es una publicación de la Universidad CES


para que la compartas y leas en voz alta a otros
y viajes con tu imaginación.

Escribe o ilustra un cuento corto para


“Cuéntanos”.

Contáctanos: editorial@[Link]
4440555 Ext. 1154

El gigante egoísta
Todas las tardes, al salir de la escue-
la, los niños solían ir a jugar al jardín
del gigante.
Era un jardín hermoso, con pasto
suave y verde. Entre el prado crecían
hermosas flores que parecían estrellas,
había allí doce árboles de duraznos los
cuales durante la primavera florecían
en delicados colores rosa y perla, y en
el otoño producían abundantes frutos.
4 Oscar Wilde - El gigante egoísta

Los pájaros se posaban en los árboles y


cantaban tan melodiosamente que los
niños cesaban sus juegos para oírlos
cantar.
- ¡Qué felices somos aquí! - Solían
decirse unos a otros.
Una tarde, el gigante volvió. Él había
estado visitando a su amigo, el ogro
de Cornualles y se había quedado allí
por siete años. Pero después de siete
años, ya había dicho todo lo que tenía
para decir, ya que su conversación era
limitada, así que decidió retornar a su
propio castillo. Cuando el gigante lle-
gó, vio a los niños jugando en el jardín.
- ¿Qué están haciendo en mi jardín?
Gritó furioso, y los niños se alejaron
corriendo.
5

- ¡Mi jardín es sólo mío!, dijo el gigante;


-cualquiera puede entender eso, no
dejaré que nadie juegue en él, solo yo-.
Así que construyó un alto muro alrede-
dor del jardín y le puso un aviso en la
entrada:

LOS INTRUSOS SERÁN CASTIGADOS.

Era un gigante muy egoísta.


Los niños ya no tenían donde jugar.
Intentaban jugar en el camino, pero
era demasiado polvoriento y estaba
lleno de piedras, a ellos no les gustaba.
Solían caminar alrededor del muro
cuando salían del colegio, y hablaban
sobre el maravilloso jardín.
-Como éramos de felices- se decían
unos a otros.
6 Oscar Wilde - El gigante egoísta

Luego del invierno, por fin la pri-


mavera llegó. La nieve y la escarcha
desaparecieron y las flores tiñeron de
colores la tierra. Los árboles se llenaron
de brotes y los pájaros esparcieron sus
canciones por los campos, excepto en
el jardín del gigante. Allí seguía siendo
invierno. Los pájaros no quisieron re-
gresar porque ya no había niños, y los
árboles no quisieron florecer. Cada vez
que una flor se atrevía a florecer, veía
el cartel en la reja y se escondía nueva-
mente en la tierra con gran pesar por
los niños que no podían jugar allí. Los
únicos que estaban contentos eran la
nieve y la escarcha.
-“La primavera ha olvidado este jar-
dín, así que podremos vivir aquí todo el
año” - decían.
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Damary Gómez Orozco


8 Oscar Wilde - El gigante egoísta

La nieve cubrió todo el pasto con


su blanco manto, y la escarcha cubrió
todos los árboles de plata. Luego
invitaron al viento del norte a que se
quedara con ellos, así que vino. Estaba
cubierto de pieles, retumbaba todo el
día en el jardín, y tumbaba con su soplo
los utensilios de la chimenea.
-“Este es un lugar muy agradable,
deberíamos decirle al granizo que nos
visite” - dijo el viento del norte.
Así que el granizo también vino. To-
dos los días se agitaba por tres horas
contra el techo del castillo, rompiendo
varias de las tejas, luego corría de un
lado a otro del jardín tan rápido como
podía. Él estaba vestido de gris, y su
aliento era de hielo.
9

-No puedo entender por qué la pri-


mavera no ha querido venir a mi jardín
-se lamentaba una y otra vez el gigante.
- Mi jardín es un desierto, triste y frío,
espero que el clima cambie pronto.
Pero la primavera nunca llegó, ni el
verano. El otoño dio frutos dorados a
cada jardín, menos al jardín del gigante.
- “Es demasiado egoísta”- decía.
Así que el invierno, el viento del norte,
el granizo, la escarcha y la nieve baila-
ban por entre los árboles de aquel jardín.
Una mañana, el gigante se quedó en
cama, triste y abatido. Con sorpresa
oyó un hermoso canto, sonaba tan de-
licado que por un momento pensó que
eran los músicos del rey que pasaban
por allí. Pero realmente era el canto
10 Oscar Wilde - El gigante egoísta

de un Mirlo que se había parado en su


ventana, hacía tanto tiempo que no oía
el canto de un pájaro, que pensó que
era la música más bella que había oído
jamás. Luego el granizo dejó de bailar
sobre su cabeza, y el viento del norte
dejó de resoplar, un delicioso perfume
entró por la ventana abierta.
-Creo que la primavera ha venido al
fin- dijo el gigante y saltó de la cama
para ver por la ventana.
- ¿Qué fue lo que vio?
La más maravillosa vista. Los niños
habían entrado al jardín por un aguje-
ro del muro y estaban sentados en las
ramas de los árboles. En cada árbol
había un niño y la primavera los había
seguido. Los árboles estaban felices de
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Damary Gómez Orozco


12 Oscar Wilde - El gigante egoísta

ver a los niños de nuevo así que flore-


cieron, los pájaros volaban y cantaban,
y las flores empezaban a florecer en
medio del suelo. Era una escena pre-
ciosa, solo en una pequeña esquina
seguía siendo invierno, en ella estaba
un solo niño que no había conseguido
subir a ningún árbol y lloraba amarga-
mente porque era demasiado pequeño
y no llegaba ni siquiera a la rama más
baja del árbol más pequeño. El árbol le
decía que se subiera a sus ramas, para
que así el viento del norte y el invierno
desaparecieran.
El gigante sintió compasión por el
niño.
- ¡Qué egoísta he sido! - Ahora com-
prendo por qué la primavera no quería
venir a mi jardín. Derribaré el muro y lo
13

convertiré en un parque para disfrute


de los niños. Pero antes debo ayudar a
ese pequeño a subir al árbol.
El gigante bajó las escaleras, abrió
la puerta suavemente y entró en su jar-
dín, pero cuando los niños lo vieron se
asustaron tanto que volvieron a esca-
parse y el invierno volvió. Solo quedó
el pequeño, que tenía los ojos llenos
de lágrimas y no pudo ver acercarse al
gigante. El gigante se paró detrás del
niño y lo puso sobre el árbol.
De inmediato el árbol se llenó de flo-
res, y de pájaros, el niño rodeó con sus
brazos el cuello del gigante y lo besó.
Cuando los demás niños compro-
baron que el gigante se había vuelto
bueno y amable, regresaron corriendo
14 Oscar Wilde - El gigante egoísta

al jardín por el agujero del muro y la


primavera entró con ellos.
-Es su jardín ahora - dijo el gigante,
tomando una gran hacha para derribar
el muro. Luego cuando la gente salió para
ir al mercado a las 12 en punto, vieron al
gigante jugando con los niños en el más
hermoso jardín que jamás habían visto.
Jugaron todo el día y cuando fueron a
despedirse de él en la tarde, el gigante les
preguntó - ¿Dónde está el pequeño niño?
Pero los niños no lo sabían.
Todos los días, al salir de la escuela, los
niños iban a jugar al hermoso jardín del
gigante. Y todos los días el gigante les ha-
cía la misma pregunta: - ¿Ha venido hoy el
pequeño? - también todos los días, recibía
la misma respuesta:
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-No sabemos dónde encontrarlo. La


única vez que lo vimos fue el día en que
derribaste el muro.
El gigante se sentía muy triste, porque
quería mucho al pequeño. Sólo lo ale-
graba el ver jugar a los demás niños.
Los años pasaron y el gigante se hizo
viejo. Llegó un momento en que ya no
pudo jugar con los niños, así que se sen-
taba en una gran silla y los veía jugar.
-Tengo unas hermosas flores aquí,
pero los niños son aún más hermosos
que las flores.
Una mañana de invierno estaba aso-
mado a la ventana de su dormitorio, ya
no odiaba el invierno puesto que sabía
que la primavera solo estaba dormida,
y que las flores estaban descansando.
16 Oscar Wilde - El gigante egoísta

Cuando de pronto vio un árbol precioso


en un rincón del jardín. Las ramas dora-
das estaban cubiertas de delicadas flores
blancas y de frutos plateados, y debajo
del árbol se hallaba el pequeño niño.
- ¡Por fin ha vuelto! - Exclamó el gi-
gante, lleno de alegría.
Olvidándose que tenía las piernas
muy débiles, corrió escaleras abajo y
atravesó el jardín. Pero al llegar junto
al pequeño enrojeció de cólera.
- ¿Quién te ha hecho daño? ¡Tienes se-
ñales de clavos en las manos y en los pies!
Por muy viejo y débil que esté, mataré
a las personas que te hayan hecho esto.
Entonces el niño sonrió dulcemente
y le dijo:
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-Calma. No te enfades y ven conmigo.


- ¿Quién eres? -Susurró el gigante,
cayendo de rodillas.
-Hace mucho tiempo me dejaste ju-
gar en tu jardín -respondió el niño-.
Ahora quiero que vengas a jugar al
mío, que se llama Paraíso.
Esa tarde, cuando los niños entraron
en el jardín para jugar, encontraron al
gigante muerto, pacíficamente recos-
tado en un árbol, todo cubierto de flo-
res blancas.
Se terminó de imprimir en
Extrategia Ecoprint S.A.S.
Pbx: 4112120
Cra. 80 Nº 44b - 287 / Medellín
info@[Link]
[Link]
Oscar Wilde
Dublín, (1854-1900). Oscar Wilde conoció el éxito
desde sus comienzos gracias al ingenio punzante y
epigramático que derrochó en sus obras, dedicadas
casi siempre a fustigar a sus contemporáneos.
Defensor del arte por el arte, sus relatos repletos
de diálogos vivos y cargados de ironía provocaron
feroces críticas de los sectores conservadores,
que se acentuaron cuando Wilde fue acusado y
condenado por su homosexualidad, lo que originó el
declive de su carrera literaria y de su vida personal.
Fuente: [Link]

Damary Gómez Orozco


Es una habitante de la ciudad de Medellín.
Comunicadora Social de la Universidad EAFIT y
apasionada por el arte y cómo a través de este se
cuentan historias. Ella donó las ilustraciones para
esta publicación con la intención de que quien lea
este cuento se deje llevar por la imaginación.

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Cuéntame y yo
las guardaré,
léeme y te prometo
que no viajarás solo.

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