0% encontró este documento útil (0 votos)
227 vistas33 páginas

Capítulo 1 de Los Reyes Taumaturgos, M. Bloch

Capítulo primero de Marx Bloch, Los Reyes taumaturgos.

Cargado por

Jerzy Tartakower
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
227 vistas33 páginas

Capítulo 1 de Los Reyes Taumaturgos, M. Bloch

Capítulo primero de Marx Bloch, Los Reyes taumaturgos.

Cargado por

Jerzy Tartakower
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
1, LOS COMIENZOS DEL TACTO DE LAS ESCROFULAS 1. AS ESCROFULAS escréfulas,” los médicos designan hoy la adenitis tuberculo- sa, ¢s decir, las inflamaciones de los ganglios linféticos debi- asa los bacilos de ta tuberculosis. Es obvio que antes del nacimien- to de la bacteriologia no era posible diferenciar los dos nombres, indicados, que se remontan a la medicina antigua. No se sabia dis- tinguir entte las diversas afecciones ganglionarias; o al menos los esfuerzos por clasificarlas —condenados de antemano a un fracas seguro— que podia intentar una ciencia todavia incierta no dejaron rastros en el lenguaje médico corriente. A todas estas afecciones se las ilamaba de manera uniforme, en francés éerowelles, en latin scro- fila o strienae, tcminos estos dos que se consideraban generalmen- te sinénimos. Debe agregarse que ls mayor parte de las inflamacio- nes ganglionarias son de origen tuberculoso; la mayoria de los casos «que los médicos de Ta Edad Media calificaron de escrofulosos lo se- xian también por los médicos de hoy. Pero el lenguaje popular era més impreciso que e] vocabulario técnico; los ganglios atacados con més facilidad por la tuberculosis son los del cuello, y cuando el smal se desartolla sin recibir los debidos cuidados y se producen su- Cc: EL TERMIND DE LAMPARONSS, © MAS CORIENTEMENTE POR EL DE * Bn anes eisen dos términos: rn 7 sf lo ge no ocure en eas Poe cso aeaea lator que rerefde sa forma cult del prmeo: que aries formas a cls ya popular provienen dl tin seria. {T 94 MaRC3LCCH puraciones, puede verse afectada tambien la cara: de ahi una confir- sidn, que aparece en muchos textos, entre las escrofulas y diversas afecciones de la cara o incluso de los ojos. Las adenitis tuberculosas estin muy extendidas todavia hoy; es de imaginar cuanto més lo estarian en el pasado, cuando imperabat condiciones de higictie netamente inferiores a las muestras. Agregu roses atin las otras formas de adenitis, y todo ese vago grupo de en- fermedades de todas clases que el error piiblico confundi y entonces tendremos una idea de las devastaciones que podia ejer- cer en la vieja Europa eso que se llamaba “escréfulas” A juzgar por Jos testimontios de algunnos médicos de la Edad Media o de los tiem- pos modernos, las escréfulas eran en algunas regiones verdadera- mente endémicas? Este tal es raramente mortal, pero incomoda y desfigura, sobre todo cuando no se le prestan los cuidados necesa- ros. Las frecuentes supuraciones resultaban repugnantes; el horror que inspiraban aparece ingenuamente expresado en mas de un ant guo relato: el rostro “se corrompe’; las heridas despiden “un olor {étido”... Habia innumerables enfermos que ansiaban ardientemen- te curarse, y estaban dispuestos a recurrir a los remedios que les in- dicara el saber comin: tal ¢s el tel6n de fondo del milagro real, que debe tener ante sus ojos el historiador. Ya he referido en qué consistia este milagro. En la antigna Fran- Gia se tes llamaba corrientenmente a las escréfulas el mal det reys en Inglaterra se decta King’s Evil. Los reyes de Francia e Inglaterra, por el simple comtacto de sus manos, realizado segtin los ritos tradicio- nales, pretendian curar a los escrofuloses. ;Cudndo comenzaron a ejercer este milagtoso poder? Cémo fueron levados a reivindicar- Joz ;Como sus pueblos Hegaron a reconocerto? Son problemas deli- cados que trataré de resolver, En adelante nuestro estudio se basari con ellas, La contusidn con ns aeccones de a cara avi oy age avelenia los mid «os en los trtados de medina’ of De Gennes en Brouarde, Guibert y Gia, Hart de Medecine ef de Thivapentive 1, pp-sges- Ba cuanto af contsién con Is enfeenedades delor ojos vate, por ejemplo, rwneAdenochanedalgn, p. 40s 8,268 Cl Casi, ‘Kan Ev p.99. # Paaltals region de Luce) ease tesimonio de Amavd de Vileeave citsco en He ke, us de Ten Bons VI (Voreformatnagesciclike Ferschanger2), Miniter, >, pr tosom 2 Pare Espa, vase ih, P07 LOS REYES TAUMATURGOS de 95 sobre testimonios seguros, pero aqui, en este primer libro dedicado ‘los origenes, estamos ante un pasado muy oscuro y tenemos que tesignarnos de antemano a dar amplia cabida a las hipstesi; éstas le estan permitidas al historiador, pero con la condicin de no presen- tarlas como certidumbres. Antes que stada tratemos de reunir Jos mas antiguos textos que se relacionaron, como se decia en aquellos tiempos, con los “princi- pes médicos". Empezaremos por Francia. 2. 108 COMIENZOS DRL RTO FRANESS El primer documento donde aparece el “tacto” francés sin equivoco posible se Jo debemos al azar de una singular controversia.? Hacia cotnienzos del siglo x1, el monasterio de San Medardo de Soissons pretendia poseer una reliquia, insigne entre todas: un diente del Salvador, un diente de leche, se decia.* Para difundir més a gloria de s0 tesoro, los religiosos habian hecho componer un optisculo, que no nos ha Ilegado, pero cuya indole podemos imaginar gracias ‘muchos otros ejemplos: se trataba de una recopilacién de milagros, un librito para uso de peregrinos, sin duda de fabricacién muy tosca.* No lejos de Soissons vivia por entonces uno de los mejores escritores de Ja época, Guibert, abate de Nogent-sous-Coucy. La naturalezs lo habfa dotado de un espiritu equilibrado y fino; y tam- bién es posible que alguna oscura querella, hoy caida en el olvido, una de esas asperas rivalidades de Iglesia de Ins que esté lena la his- toria de esta €poca, emprendida contra sus “vecinos” soissoneses,* ‘Praca la que sigue vee mi Inirdecién = la ie por Osbect Ge Clee spetisiente prao 735, TOSREVES TAUMATURGOS fe ny profecia en la que el joven principe figuraba como el representante de las aspiraciones nacionales, como ct retofio reverdeciente del vie- jo tronco dindstico, tronchado en otto tiempo por la usurpacién de Haroldo y por la conquista. Para esta visién se necesitaba un profe- ta, y entonces Enrique o stis consejeros eligieron a Eduardo el Con- fesor: dl Gltimo de los reyes anglosajones fue encargado de anunciar en su lecho de muerte ef advenimiento del nifto predestinado. Este episodio quedé incluido en las vidas del santo. Lo encontramos en. las obras que enumeramos anteriormente, y en todas aparece en la misma forma o muy parecida. Su fondo comin —constituide con toda probabilidad, como se ha dicho, por su recopilacién de mila- ros hoy perdida— habis sido, pues, influido por un pensamiento politico: el de Enrique I A Ia luz de estos hechos, busquemos ahora interpretar la is- totieta de la mujer escrofulosa. Todas las Vidas de san Eduardo la mencionan, Por supuesto, su testimonio no puede permitir extraer la conclusion de que el Confesor haya curado realmente, o erefdo curar, una adenitis de cuello. Prueba simplemente que en el tiempo ‘en que se redactaron las més antiguas de estas Vidas se relataba este prodigios y esta época es el reinado de Enrique 1. Tenemos buenas sazones para pensar que Enrique I tocaba escréfulas, ;De dénde pretendia sacar su poder? Guilleemo de Malmesbury na ha dejado ‘que ignoréramos et alegado que algunos celosos adictos al principe, preocupados por encontrarle un precedente a su gesto bienhechor, recuttieron al milagro que la opinién piiblica le atribufa a san Eduardo: tal era sin duda la interpretacién oficial. ;Qué origen més, hermoso podia encontrarse para la prerrogativa del monarca que vincularlo con el recuerdo del muy piadoso soberano, tan caro al corarén de los ingleses, del cual el mismo Guillermo el Conquis- tador se habia siempre presentado como el heredero? 1a biografia del santo, tal como se constituyé en el transcurso del siglo xa, lleva muy claramente, como se ha visto, el sello gubena- ‘mental. Se introdujo en ella una profecias yno se habré deslizado también una curacién? Sin embargo, no es probable que la aventura dela joven inglesa haya sido inventada de arriba abajo por cronistas ne fe MAKCBLOGH poco concienzudos: curar de su mal a un escrofuloso era para un santo una procza bastante natural y, si asi puede decirse, tan clisica como devolverle ta vista a un ciego 0 el uso de sus miembros a un paralitico: otros altos hechos que los hagiégrafos no han dejado de atribuirle a san Eduardo. Pero al encontrar este milagro en la le- yenda que se estaba formando, entre tantas otras manifestaciones anélogas, los consejeros de Enrique | fueron Hevados muy natural- mente a ponerlo aparte para justficar, gracias a él, las virtudes tau- matiirgicas de su sefior. Sélo habia una dificultad: ese milagro era tinico, Eduardo habia “tocado” sélo una vez las escréfulas durante todo su reinado, base muy frégil para la especialidad médica que se queria reivindicar, a titulo hereditario, paca el rey Encique. La leyen- da sobre este puinto ya estaba firmemente establecida; habria pareci- do incémodo y quiags sacrilego cambiarla en algo, Pero, antes de rei nar, Eduardo habia vivido en Normandia; de esa permanencia en el continente, la tradicién inglesa no se ocupaba, Se ide6 entonces decir que cuando menos en aquellos dias, en la propia corte de los amtepasados directos de Enrique I, l habia multiplicado las curacio- nes de escréfulas. Esta rectificacién se introdujo en la versién hagio- _gréfica primitiva, La encontramos en todas las biografias antiguas. Guillermo de Malmesbury rechaz6 las conclusiones que se extrafan ‘ent tiempo de los milagros normandos; pero no tuvo la audacia de rechazar igualmente la informacion que le suministraban sus fuen- tes: erey6, como todo el mundo, en los prodigios cumplidos en tie- ra extranjera. Hoy, nosotros tenemos el derecho a ser mas escépticos, ‘0 més criticos, que é|; y consideramos que también estos prodigios son “obra falsa”” Asi, no hay ninguna razbn para creer que los teyes anglosajones, rij Eduardo el Confesor ni sus predecesores, hayan pretendido jamais ccurat las escréfulas en cuanto reyes. Es cierto que Enrique HT ejercis La alsin als milgros normandos faa eo Ainedo. Eva tpoce, bajo Enrique Mla creencin ene pe tnomatngico de Sot epee encaniraba fimemente etal, Ys 00 ebiaimees on instr en el gram nGmero de curselones de eseroflasos operas porn Eduardo For ors prt, ets referencia x Bechos al conocido, ques deci etrados ene ‘ntanjer,debia pase extra, Por esa dua, Atedencargadoofciamente de pode, tlieato de Osberto, april fase en custo, TOS REYES TAUMIATURGOS ng se poder; y es verosimil que Enrique I se lo haya apropiado y, que- ricndo justificarlo, lo haya puesto al amparo de un gran nombre: ef de san Eduardo,* Tales fueron, hasta donde podemos saber, los or\- genes del rito inglés." 1 Ashmolean Missi. en Oxford, psec una medal, de orgeneieninnse ang sajon encomtada en l sg x crea del mitra ciudad de Onond. Est peforaa ths pate superior yhay en ella una insxipeign dil de desta. Ea la époce de su descuor- ‘emo seep lee as do es. C. Por una singular aberac6n algunos eras ine. retaon Eduard Confer, comes Edvard hubies Mead co vida su uo hogiligico- Peco las moneda dstbuidas por los reyes ingles e os emp modernoe 3 oe eof :[Link] que tocaban en trmings téaicsfuch-pees—,exaban tami pesforadas pra ‘que selas puters colar dl cuello de os pacientes. sta erudite drain ngeniosos toe sina, pes, que abi enconiredo uns tuc-pzede san Edward, No hace aka sii ‘efuar tal opnin. Of Fetquhar, Repl Chri, pp. 4738 “unite Eneque Ty Esique 1 x inera el veinado de sthan de Bll. Ecben exe sebro del primero de eis dos reyes pero solamente pot vd raterna, Rind psa deat ‘hinas wolutades de ou Wo. Sn embargo, zevindicé Hel poder de coraion dl que éte ‘bia sd iicador 0 por el conrario Enique I, cusnde Ley a t079, vo que enovat ea din merrmpis ca ee morn! Et pequeo probes aise falta de dociamestes, me I. LOS ORIGENES DEL PODER DE CURACION DE LOS REYES: LA REALEZA SAGRADA EN LOS PRIMEROS SIGLOS DELA EDAD MEDIA 1. LA BMOLUGION DE La REALEZA SAGRADA; LA CONSAGRACION iilagro real se presenta ante todo como la expresién de una cierta concepcién del poder politico supremo. Desde este punto de vista, explicarlo ser referilo al conjunto de ideas y creen- cias de las que fue una de las manifestaciones mas catacteristicas. Pero hacer entrar un caso particular en un fenémeno mas general gno cs en definitiva el principio de toda “explicaci6n” cientifica? Sin ‘embargo, con llevar nuestra biisqueda hasta este punto, no habria- mos concluido nuestra tarea. Si nos detuviéramos alli, dejariamos escapar precisamente lo particular, pues quedarfa por explicar por qué razones el rito de curacién, surgido de un movimiento de pen- samientos y sentimientos comunes a toda una parte de Europa, apa- zeci6 en determinado momento y no en otro, tanto en Francia como en Inglaterra, y no en otra parte, En definitiva, las causas profundas por un lado, y por el otro la oportunidad, el papirote que da naci- ‘miento a una instituci6n que desde hacia tiempo se encontraba en potencia en los espfritus. Pero quizés tenga sentido preguntarse si verdaderamente hace falta una investigaci6n para descubrir las representaciones colectivas ue originaron el tacto de las escr6fulas. ;No es por demas eviden- te que este rito, de apariencia tan singular, fue en las sociedades me- dlievales y modernas apenas 4 iltimo eco de estas crecncias“primi- E: PROBLEMA QUE OGUPARA AHORA NUESTRA ATENCION ES DORE, El 1OSREYESTAUMATURGOS my tivas” que la ciencia de hoy, gracias al estudio de los pueblos salvajes, hha logrado reconstruir? {No basta para comprenderlo con recorrer los grandes catélogos de hechos elaborados con tanto cuidado como ingenio por sit James Frazer, hojear La rama dorada o Los origenes rmdgicas de Ia realeea? *sQué habrfa dicho Luis XIV —escribe Salomén Reinach— si se le hubiera demostrado que, al tocar las escr6fulas, actuaba como un jefe polinesio?™ Y ya Montesquieu, bajo el disfraz del persa Usbeck y hablando del mismo principe, decia: “Este rey es un gran mago; ejerce su imperio hasta sobre cl ‘spiritu de sus stibditos... Llega incluso a hacerles ereer que los cura de cualquier clase de mal con sélo tocarlos: tan grandes son la fuer- 2a y el poder que tiene sobre los espiritus"? En el pensamiento de Montesquieu, la palabra “mago” no pasaba de ser una ocurrencia Pero hoy solemos darle de buena gana su sentido escrito. Yo elegt esta breve frase para epigrafe de este libro; y se habrfa podide inscri bir, atin més justamente, al frente de las obras de sir James Frazer, {uien nos enseiié a encontrar vinculos, ignorados por mucho tiem- po, entre ciertas concepciones antiguas sobre la naturaleza de las ‘cosas y las primeras instituciones politicas de la humanidad. Sivel milagro de las escréfulas se emparenta incontestablemente con todo un sistema psicoldigico que se puede calificar de “primiti- vo" por dos razones. En primer término, porque lleva la marca de un pensamiento todavia poco evolucionado y muy sumergido en lo inracional: y también porque se lo encuentra en estado particular- ‘mente puro en las sociedades que hemos convenido en lamar “pri- mitivas’. Pero cuando decimos esto, gqué hacemos més que indicar de una manera aproximativa el género de representaciones mentales hacia el cual conviene dirigir nuestra investigaciOn? La realidad his- t6rica es menos simple y mAs rica que ese tipo de formulas Sir James Frazer escribié: Se les atribuye a algunos reyes, en la islas del Pacifico y en otras partes, vivir en una atmésfera cargada de una especie de electricciad espiritual Cts» reine. p33. * Gates pers 24 ref MARC BLOCH que, mienteas Sulmins a los indiscretos que penetran en su citculo magico, posce también, por un efecto feliz, el privilegio de dar la salud por simple contacto, Poclemos suponer que ideas semejantes prevale- ‘ieron en tiempos antiguos respecto de tos predecesores de los monar- ‘as ingleses: la escrfularecbié verosimitmente el nombre de rial del rey porque se crefa que el taeto de sn roy era enpae de producirla tanto como de quitarla? Pero entendémonos: sir James Frazer no pretende que en el siglo xr en el xn se pensaba que los soberans ingleses 0 franceses eran capaces de difundir a su alrededor las escrofulas al igual que curar- tas; Jo que él imagina es que en otro tiempo, en Ia noche de las eda- des, sus antepasados habian manejado esta atma de doble filo, Poco 8 poco habria quedado olvidado el aspecto temible del don real, y slo permanecié el poder bienhechar. De hecho, y como ya vimos, Jos reyes taumaturgos de los siglos x1 0 xu no tuvieron que rechazar una parte de esa herencia ancestral, porque no habia nada en sus vir~ tudes milagrosas que les viniera de un pasado muy remoto, Este argumento, al parecer, podrfa bastar. Pero vamos a descartarlo por tun instante, y supongamos qu¢ ¢l poder de curar de los principes normandos 0 Capetos tuvo origenes muy lejanos. jLa hipotesis de sir James Frazer adquiries por ello més fuerza? No lo pienso asi, Tal hipotesis se basa sobre el caso de las islas Tonga, en la Polinesia, don- de se dice que ciertos jefes ejercen una homeopatia de esta clase. Pero ade qué vale este razonamiento por analogia? F1 método comparati- vo cs extremadamente fecundo, mas con la condicién de no salirse de lo general; no puede servir para reconstruir también los detalles. Algunas representaciones colectivas, que afectan a toda la vida so- cial, aparecen en un gran nimero de pueblos, y siempre muy seme- 21h Cole Bg. leona Fasc and era ben candle ing soe amos gy coed wth wa we cl pi le ES tee ede ma chr vc hppa epi Thigh apn by ou, We nay concur tat sda view reed i nin Timer sso the peecetors ofr Enghth mona nd ht coin flied of te fe ops fm ei at nacelle race with {eseanivsson mia Of ds pte i Sl LOSREYESTAUMATURGOS Ja ay jantes al menos en sus grandes lineas. Se drian sintomticas de estados de civilizacion determinados, y varian con éstos. En el seno de otras sociedades conocidas solamente por documentos relativamente recien- es, 0 incompletos, no estn atestiguadas histOricamente; ;pero falta- rian en realidad? Es probable que no; la sociologfa comparada permite reconstruitlas con mucha verosimilitud. Pero estas grandes ideas co- munes a toda la humanidad, o poco menos, recibieron evidentemen- te aplicaciones diferentes segtin los lugares y las circunstancias. Elestudio de las tribus de Oceanfa aclara el concepto de la reale- zz sagrada, tat como lorecié bajo otros cielos, en la Europa antigua «incluso medieval; pero no cabe espetar que encontremos en Euro- pa todas las instituciones de Oceania, En un archipiélago polinesio ts el tinea ejemplo mencionado— los jefes son causantes de en- fermedades y a Ia vex médicos, De ambas formas se manifiesta la fuerza sobrenatural de que estan dotados: pero en otras partes Ia mis- ma fuerza pudo manifestarse de otra manera: por hechos bienhe- chores, verbigracia, sin contrapartida negativa o funesta. Muchos de los primeros misioneros creyeron encontrar entre los “salvajes” toda clase de concepciones cristianas mas 6 menos borrosas. Cuidémonos de cometer el error inverso y no transportemos las antipodas enteras 4 Paris oa Londres ‘Tratemos, pues, de volver a trazar en toda su complejidad el mo- vimiento de creencias y sentimientos que ha hecho posible en dos pafses de Europa occidental la instauracién del rito del tact. Los reyes de Francia Inglaterra pudicron convertirse en médi- os milagrosos porque eran ya, desde hacia tiempo, personajes sa- ¢grados: “sanctus enim et christus Domini est” [“en verdad es santo y tungido del Senor”], decia Pedro de Blois de su sefior Enrique Il, con el fin de justificar sus virtudes taumattrgicas. Convendré exponer, pues, en primer término, cémo el cardcter sagrado de la realeza leg aser reconocido, antes de explicar la asociacién de ideas que de una ‘manera muy natural extrajo de este caracter, como una especie de conclusién evidente, el poder de curacién de aquellos que de él esta- ban revestidos.* “Poa todo desrlloque sigue fe debo mucho alos Ho de Kern, Geng my MARCBLOCH Los Capetos siempre se presentaron como los herederos auténti- os de In dinastia carolingia; y los propios carolingios, como los de Glodoveo y sus descendientes. Los reyes normandos de Inglaterra rei- vvindicaron, como bien patrimonial, la sucesiGn de los principes anglo- sajones. Desde los jefes de los antiguos pueblos francos, anglos 0 sajo- ‘nes, hasta las soberanos franceses 0 ingleses del siglo xa, la fiiacién es directa y continua, De modo que debetnos dirigimnos antes que nada hacia las antiguas realezas germénicas, pues con ellas estaremos tocando un fondo de ideas e instituciones extremadamente arcaicas. Desgraciadamente las conocemos muy mal. Toda la Germania anterior al critianismo nos quedaré irremediablemente a ascuras para siempre, porque carecemos de una literatura escrita, Solo se pueden entsever algunos vishimbres, Pero éstos son suficientes para asegurarnos de que la concepcién de [a realeza estaba impregnada de tun cardcter religioso, tanto entre los getmanos como en todos los pueblos en idéntica estado de civilizacién’ Técito observaba ya que, secur, Br ets abea encontrar una abundant ibiograf desgraiadamente desprovita ‘deondenacisn} que me perms reduce aquien gran medida, fn pdiesconesisingetieas. ‘apeilmeni eect Ge la cmagraci6n, Quinine peste vn servicio sos nsestiga ores = Seles setla que no encootrarin nda Stil ene ateulo defo, wor Held, Koei vad (Cutichket Am Ur Quel, Afonatschrif fir vorstude un (0892) Sobel consarecn, ap reveron desputs del volumen de Kern la il obra de Reginald Maxwell Wooley, Carnation Res (Th Comrie Handbook of Lagi Sra) en Combridge, 915, na wes e la Facultad de Derecho de Telos, Georges le, Leste euroinene deride Prone dss Tes appors ane sondern, wa, ange vencontar algunas indcacones sx ‘ads a ls que desgracadament perjdics una orprendenteignocarcia dea tera wD sltema, Cf tsnbif rico Ste, Nes wad Mase: i der Koigawal ds X und Heian des NI Jando Sizugster, de rewsicen Abadi. 921 P44 " Bleactesersagrado dee antigua ctlen genic fue gtrado en dverss opoctunide- es, Se por consular com proveeno sobre todo a H Munro Chadwick, Th Ancient Teste ‘Priefaed Fal-lore 100, dl mis ator, The Org ofthe gish Navin, Cambridge, 1907p. 390. Sugestiasindaciones aparecen en. lach, Let eignes de ancienne Frene pp. aie y a7 Pol Vinogradol, Onis of Historica rsp ors, ga, p52 ‘Raut wtliraremos sgunas Informacion wonvadas del gropo estandinave. No ignore aus. ‘nt etspoblecioney el caicersprado dea eaioa se encontrab feriementescrnutdo carta coneeucnea da fle de un scerdocisexpecilizado, que en cambio parece haber ini en muchas tribus germfnies. Los reyes del nt siuiern senda sempre scene ‘esa mayots de os tyes de Gevzaniapropamentedchayen la poca es invesiones, 00 fenfan @ hablan dejo de tener frconer de ets nasurslen. Pero esas diferent, por importantes gue sean ne inteesan para huss tmz, yo que tant en el sr come en rortels noc fundsrencl er I mis, yet so que deberos tener en cuenta LOSREVES TAUMATURGOS ny a diferencia de los jefes de guerra temporarios, ibremente clegidos en razon de su valor personal, los reyes, entre los germanos, salian \inicamente de algunas familias nobles: lo que debe entenderse, sin duds, como de algunas familias dotadas en forma hereditaria de una virtud sagrada.* Los reyes pasaban por seres divinos, o al menos des- ‘endientes de dioses. “Los godos —nos dice textualmente Jorda- nés— atribuian sus victorias ala influencia positiva que emanaba de sus principes, y jamas quisieron ver en éstos simples hombres. Les daban el nombre de “Ases’, es decir, semidioses.”’ Esta palabra, Ases, aparece también en las antiguas lenguas escandinavas y servia, en efecto, para designar a los dioses,o a ciertas categortas de ellos. Conservamos varias genealogias reales anglosajonas y todas se remontan a Wotan." De esta fe en el origen subrenatural de los reyes, provenia un sentimiento de lealtad general, no referido a tal o cual individuo: la primogenitura no existia; el derecho hereditario en el seno de ia dinastia estaba mal establecido. Era posible cambiar a soberano, pera con la condicién de que el nuevo perteneciera siem- prea Ja misma dinastfa. “Asi como el que nace de vosotros esta con- * Ger, "Regex robe, dace x vite suman” Con frecuencia sha recon. oacertadamente ea fase de Tico con la que se lee en Gregorio de Tours Hs, Pane 9.2 propbsite dels oxigenes feancs:"iique asin pags vel cates rege crintos per se eave de prma,e ut 8 dear, de noi * Gein € und. Mornmsen (Mon Germ. A.A.) p76, propite de aia el de los amales “iam proceressu0s quorum quai fortuna wncebant, i puros horned seridos i et Ars urcawerunt Sore el entido del pals "Ase% of. Mace Caen, Le 90 *Diew” en vewwscaninan (Ctl. Cmte Sor. Lng de ir xT de a ‘Bead de Ling, Pals) 193, p.m. Bs Mogh, nee “Asen en Hoop, Resist er m,n. parece rer ques pale slo apa # os rye ert y di alos desputs dean decso Per yo no encontr nada serajanteea fondant. En un tesco see si, Histor. Philippe tase we los macedongeevado a corbste 9 ry toa ‘ie: “tanguom deo vet anes fuse, quod bellanee sii regi suspic dein Se ‘ecuentc aga una ereenia elo a Gu let de Jdants esinena ente ks pods. * Genre tras Kee. The Saxons gland ede 1876, Londzes i fms. Colter, Hoc ier desc Myth, yp. 298: Crise, Deutch Mithaape ed, Bel php 37 lesa mis een sole las genealogies deen def Hacker, ‘ie Siva derangl-stelicen Konig, Ben 118. Yo pad vero. us prc fas consuvionesaparecen resus por Alois Brandl, Aci dar Stam der news Sprochen37 G08). pp 6 8. especialmente p18). Qua se encuente una alusién al on ff prtenditsmentedivno dels merviglas en una fate del cebre carta esr por ‘ites ubigpn de Vien, a Clodovea, en ocasisn desu bout. Gf lunghans Hise de Chri te Chodovec, rad. Mon (BIBL Hautes Braden, a 3p 44m ie Me MARC BLOCH siderado de origen senatorial —le escriba Atalarico al Senado roma- 1no—, cl que proviene de Ia familia de los Amales —frente a la cual toda nobleza se borra— es digno de teint” ¥ en otro momento el mismo principe, mezclando nociones germdnicas con nin vocabula~ rio romano, hablaba de Ja “sangre de los Amates, consagrada a Ja purpura’? Unicamente estos linajes predestinados eran capaces de dar seiores verdaderamente eficaces, pues s6lo ellos posefan esa vir- tud misteriosa, quasi fortuna, como decia Jordants, en la que los pueblos vefan la causa de sus éxitos, més que en el talento militar de tal o cual capitan, La idea de la legitimnidad personal era débil; la de la legitimidad dindstica, muy fuerte." En el siglo vi, un grupo separado de la na- ci6n hérula se habia establecido en Ia regién danubiana, Una rama del linaje tradicional la habia seguido y le suministraba sus jefes. Pero un din toda ella desapareci6, Su tiltimo retofo, como tantos otros principes en estos tiempos de violencia, fue asesinado pot sus propios subditos, Mas estos birbaros, que habian masacrado a su rey, no Se resignaban a ptescindir de la sangre real, y decidieron mandar a buscar a un representante hasta la lejana patria de la que habia partido la migraciénsa Thule’, dice Procopio, por la que debe entenderse, sin duds, Ja peninsula escandinava. El primer elegido muurié en el trayecto; entonces los embajadores volvieron sobre sus pasos y fueron a buscar a otro. Mientras, los hérulos, cansados de esperat, habian terminado por poner asu frente a uno de ellos desig- nado por su valor individual. No atreviéndose quizas a legirlo ellos ‘mismos, habjan pedido al emperador que lo nombrara. Pero cuan- do legs el heredeto legitimo, a pesar de que cra desconocido de todos, en una noche casi todo et pueblo vino a ponerse cle su lado." * Casiodoro. Varig sm %:“quoniam quevis crits generis Hamas edie ut ox ‘ois gi nascar, ogo Senora nancupato, ta qui ex ha fra progediur, goo dig- sso pprobatur™,¢° Hal senguiis purpurea digger Bs lo gue os histriadoesslemanes expres cuando contrapanen ol Gira # Erbe ° Brocopin, De Bele Goria 1. C: Kern, Gotsrmadentur, p23. Para Proenpo, ae héraoseablecidos en “Thule” son un grupo que eg trdiamente dese a regen det Mar "Negro, donde puéleherulohable vide “desde a mayor angled” (ct)rerar evideme ey uninimementrechezsdo, 20S REYES TAUMATURGOS 7 Se consideraba que estos reyes verdaderamente divinos poseian tun cierto poder sobre fa naturaleza, Segin una concepcién que se ‘encuentra en muchos otros pueblos (y que se desarrollé con parti- cular fuerza en el seno de las sociedades chinas), se los consideraba responsables del orden de las cosas. Bl rey de Noruega, Halfdano el Negro, segun relata Ia leyenda recogida en el siglo xc en la Heims- Iringla, fue “de todos los reyes el que obtuvo mejores cosechas” Cuando murié, su cadaver, en Ingar de ser enterrado entero én. un solo lugar, fue partido en cuatro y cada pedazo sepultado debajo de tun tmulo en cada uno de los cuatro distritos principales del pais, pues “la posesién del cuerpo” —o de tno de sus fragmentos— “des- pertaba en quienes lo tenian la espera de buenas cosechas”* Los daneses atin crefan en el siglo xi que un principe excelente podia procurarles alos hombres una hermosa progenitura o buenas case- chas, con slo tocar a los nifios 0 el trigo.” A veces, cuando le cose- cha fracasaba, se destitufa al rey. Tal era ia suerte de los reyes burgun- dos cuando ese caso se daba, segtin el testimonio de Amiauio Marce- lino. El historiador romano, con su habitual inteligencia, nos invita a vincular esta costumbre con las tradiciones del antiguo Egipto, ptria clisica de la realeza sagrada, B idéntica prictica parece haber estado en vigencia en In Suecia pagana * esrnl, Eno onsen, aan Sogn Swarr K. 9. Pata aac de sso delosdela isin fot qe vetrin ibe adelante, de macho aa ayuda gue ‘to abies presen cclegs Mahe Cohen. "eso qu suede un pe dl hsoridor das sn Gramsci Av olde ge sirasbura, 186.37), Setin este eo, cuanda Valdemar Ide Divas _soves Alanis en spor asi ta ita de Dok, 8 mares queria qs tress ivory os campesinos sus eraaos, expetando oben ax sen eee pora ues ‘nes ene etanercept meats de Vaile; capris ‘nmi dea que ereporstlesin dia el eon arn de Sano Grama. Ets isto -Fetnsn embry nor norm no anos cl estado de emp Je hs slemanet sino tote dete dames Pars alba aun rey des ply ingind Sond (Qe ata los pub veins ecurian a mano sagrada del principe. Er pose que ete sto de pare de sus compazios les prio [Link] eval come part que merece: sencionaro fn invent or eeno a creencia que describe: ae donde eri nde? Se de sper qe ao efeeton de lato smpemat fn exh de pas {idl rien ea ever pus baba de lia con evident Smpatesngu si dda, por re alts orn del lea, no ede cine de incr gue ale un arte supe Ne us sopersico pre." "Rm. Mares, am, a"Apod Ros eonecl naming vex upper Henne ity we MARC LOCH Los reyes germdnicos, senores de los aitos abundantes, ;también cextendian su poder a las enfermedades? La Heimskringla, redactada secién en el siglo x1 en Islandia por el sacerdote Snurre Storleson, atribuye algunas curaciones al rey Olaf, hijo de Haraldo, que reiné en Noruega a comienzos del siglo x1. Pero Olaf, san Olaf, era un santo del cristianismo, Los milagros que le atribuye la saga islandesa son quinds sélo el eco de un tema hagiografico. Sin duda, nucstros textos son demasiado pobres para permitirnos afirmar que jamés ningiin pueblo germédnico vio en su rey a un médico. Més vale que- darse en la duda, tal como aconseja wna sana pruidencia, Conviene observar también que en la sociologia comparada, a ka que siempre es legitimo recurrir cuando faltan documentos feha- ientes, nada nos obliga a admitir que los reyes, en la antigua Ger- mania, a pesar de estar dotados de una virtud divina, tuviesen todos ‘0 en su mayoria el don de curar, pues los reyes que curaban parecen haber sido siempre y en todas partes bastante raros. Al menos es la impresién que producen las obras de sir James Frazer. Son muy poco mumerosos los ejemplos de esta modalidad de In magia real que se Gtr peste deposi renouc, sub co fortune thet Bele gem cops est erates rg eb su aig ctor Pe Sie ee engl gy Rey bt ag i ts ue Iti de ‘dee gs mr cochn bern a end ee pode mse en teen gnrun deh aati sone ci es por eer do ene elain de ifitoeBe om comin demi acon defor trv apa ccc Se ncn spenions slo ene prin et ‘ice exit una erties tc oh ls ger L-SrLa menli aie 58 pe Pear og lf SoH Koveg 9.5937 89 Ob mr en 3. W- Es, uv chet Rane Pn ny sb pace st ene seruno de sly Ol crnda nab dev srr en xell} pre se ‘Se des scrawny on ean pricia hbase deo ples lotic agit drrtenat de usd y aa aca Eero nectar el ted Rd go ect tc loo sin de Ostia est por tn documento de sig msn que hyn nad que permit cr que ee lor rye Nong apne el jedi en don dds, Ls nag es Eda so {ovrecenporun ede comic spo ema npn en od seid, ‘dune nen cm spend nei lds (ge 9 my rae Steotel poder tung de prices ene seems ines el aig ex ei, Tsp tna aint Spa ur demos dtp de csc tft yor sn Olan ona mio de ee moma, sce oS an Edna 105 REYESTAUMATURGOS fap encuentran en esas grandes recopilaciones. Los jefes ualos del Sene- gal, los polinesios de las islas Tonga, reaparecen continuiamente en ellas, como esos figurantes de teatro que girando una y otra vez alre- dedor de los mismos elementos escenograficos representan la ima- gen de un ejército desfilando.” En rigor, no hay nada sorprendente en esta escasez, La fuerza milagrosa que los “primitivos” atribuian 3 los reyes solia ser concebida para ser empleada con fines colectivos y para procurar bienestar al grupo entero, y no para dirigirla hacia fines individuales, Su papel ¢s hacer que lleva o asegorar la regula- ridad de las cosechas, més que curar las enfermedades particulates. ¥, en efecto, es sabido que podrian llenarse ficilmente paginas y paginas con los casos de jefes “que hacian lover” que nos suminis- tran los testimonios etnogrificos. Asi se explica, quizas, que el rito de tocar se haya desarrollado con mayor facilidad en sociedades donde ta religién prohibia atribuir a los reyes una influencia sobre los gran- des fendmenos césmicos que rigen Ia vida de las naciones, Una revolucién religiosa, en efecto, asestaré un golpe muy duro a la antigua concepcion de la realeza sagrada, tal como florecié entre Jos germanos: el advenimiento del cristianismo, que la privé de su apoyo natural, el paganismo nacional. Los reyes subsistieron en cuanto jefes de Estado; incluso por un momento, con posterioridad 4 las invasiones, su poder politico fue més fuerte que nunca. Pero al menos en el plano oficial dejaron de ser considerados personajes divinos. Sin duda que las viejas ideas no se borraron de golpe y es probable que persistieran, de manera mas 0 menos solapada, en la ‘do una blade faa Vl, dicgia em 679 a arabispo de Milan, Mon, German. Epi. Int. pes [Link] ie Hincrao le taiburs la consgeacion se wade cpesmcote a of Lele prcenutions avers Wenlonem, edscodo en sombre de Glos el Cale, pe eyo verdadero ator fe sit dud el srobisp de Reims: Capinoria, sa Bove. tp. $6 3. us te MakC BLOCH Ja bendicién de los ponttfices’* como se le reprachs por boca del apéstol san Pedro, autor de una vida de santo, El nuevo rito era, pues, un arma de dable filo. Sin embargo, fue tan sélo algunas centenas de afios més tarde, al iniciarse la gran querella gregoriana, cunndo pudo apreciarse real- ‘mente ese riesgo. Durante los dos 0 tres primeros siglos, la consa- gracién contribuyé a confirmar en el espiritu de los pueblos —con excepcién de algunos tedricos eclesidsticos— la nocién del caracter sagrado de los reyes. Digamos mejor: de su cardcter ms que semi- sacerdotal. Esto no significa, por supuesto, que ciertos espfritus pe- netrantes no hayan previsto los peligros que semejante confsi6n ‘entre una dignidad fundamentalmente temporal y la del sacerdocio podria acarrear para la Iglesia y hasta para el cristianismo. ‘También aqui volvemos a encontrar a Hinemaro, quien nunca dejé de cepetir ‘que ningin hombre, desde el advenimiento de Cristo, podia ser a la vez sacerdote y rey. Pero esa misma insistencia suya nos prucha un extendida se encontraba la idea en su momento. Y la antigua Titurgia de la consagracién nos demuestra, con més elocuencia que cualquier documento, cémo Hlegé a convertirse en doctrina oficial En efecto, hojeemos esos antiguos textos. Comprobaremas sin ninguna dificultad que se procuré reunir en ellos todo lo que pudie- 1a favorecer la confusin entre los dos ritos casi semejantes, que daban acceso, uno al sacerdocio, el otro a la reateza. ¥ fue ta Antigua Ley la que, en general, proporcioné las formulas necesarias: Que tus manos sean ungidas con el 6leo santificado que ung los reyes y a los profetns” dice un ritual muy antiguo, contemporaneo de los pri- eras tiempos de la dinastia carolingia, Una oracién, sin duda mas © conviene no olvidar que en Fanca aint, Alemania, tadiin en ets Epos parece haber ienpucta la coaseprcin con meno fuera seen Ftc propimente che, Sin embargo, el pzedeceso inmediata de Enrique, Goro, fue ensagrad co, seguridad: ss descenenesy sucesoresdebieron sel todos. Sobre el redhao de Enrique l eames referencias y deus ifn ape 3, “Gf Lilanfein. Die Anchawungen vom Sit wed Kiche pp tos as La isis babi sn expeenda ya cn vgar —a propa de lx pretosinnes delim cmpeies ie tines por el papo Gelso [em un pai de Deaahematr neue tad cam recused ot eleranscuso dens grandes poles de og ses 2 y nr Mine, Lt 39, col 108-108. GF también en l propia época de Herma, Nicole: Mand Compt. LOS REYES TAUMATURGOS ag, reciente, desarrolla y precisa el mismo pensamiento. No sabemos ‘cuando fue compuesta; apareci6 por primera vez. en la historia con motivo de la coronacion de Carlos ¢l Calvo como rey de Lorena, Por tuna curiosa coincidencia, fue Hincmaro en persona quien ese dia fects cl gesto de la consagracion. ¥ una tradicién ya establecida le impuso sin duda el empleo de las siguientes palabras: “Que Dios te corone con la corona de gloria... y te haga rey mediante la unci6n otorgada con el dleo dela gracia del Espiritu Santo; con este dleo con cl cual El unge alos sacerdotes, a los reyes, a tos profeias y a tos mar- tires” ¥ decia el viejo ceremonial anglosajdn: Oh, Dios!... Ti, que por la unci6n con el bleo consagraste sacerdote a Aarén, tu servidor, y que mis tarde, aplicando ese mismo unguento, estatuiste para reinar sobre el pueblo israelita a los sacerdotes y a los reyes y a los profetas.. te eogamos, Padre todopoderoso, que condes- ificar con tu bendicién par medio de este unto, tomado 2 una de tus criaturas,a este tu esclavo...y le permitas imitar diligente- _mente los ejemplos de Aarén en el servicio de Dios. ciendl sen se ‘© Tova nosis prs todos lax abun anemia teabent rio dels ovine de cegeagracin. Agu ive que Fmitrmeaindicaciones rps, por certo my comets, ero en finn saints poral abyeto que me hobs puesta. El antguo ral plea to pubbeade por da Gstmin Morin: ev nice, ar (9 hk oa bei "Ungsaei ants ste de oleo neste unde enti foeraut rege pofetae: La oracisn Coronet Dominus corona lorie. et uot in es regimineolo grate spirits sane situ ande ons s2erdoes rept, prophets et martyrs ue empleade par Cals ol Cabo (Captain ee Frncarar ed. Woetias pa) al Tarlado (id 6 Se10 ‘eave # encontrar en un pontifical de ies. Waitr, Di Forme der deutschen Nanigs— lind der ebiache Kar K:dnang, Ale der Grslich der Wesch itige. 0 (873). 1 82- Quins v0 Su ongen en ni Seneizo ae dada por el Sacemenaaive Glin [por Supuesio ques apicich a a unin rea) ed. H. Won, Oford 74. p 7 ka aren {nglosjona “Devs... sterimque ASTON frmokom tuum per wetness oki sacerdoters ‘ait et poses pe js unguetinfsionem ad eeendurn popolum echeeticum sacer- doses 3c reges et prophuts poracat + tz qutesomue, Oniniptene Boe, Ut per hujus ces ‘rae pingisdnem hue servur rau sanetifiae tua benadictone digneis, cama. et ‘rele Aan in Dei serio dlgnte itr, facie’: en Potfial e Egbert, debs Surtes Societys (13). so: el Benetton de Reberto de Jom, eH. A, Won, Bradshaw Sere, 0 (903). p 43s Mise de LA. FE Warren em «Orford 8, 80s rm signs ference ono land de Erna, oJ, Waekbnen Uopg, Thre ‘Carcnaion Orr Rds Soc 2 i900) p. 54. Eaas dos as ecpllacnnes. 3 or ‘on me preceidn de otra que reeoerda mucha al rac carling, empeada ara Carlos 1 Cabo y Lis el Taam; quis bbls que elegir ene as. dos. El poets Je Gest Be- Ma MARE RLOCE Como se ve, no era s6lo la imagen de los reyes de los judios, sino también Ia de los sacerdotes y los profetas y In gran sombra de Aarén, fundador del sacerdocio hebraico, lo que se invocaba, como fueron sus antepasados, ante los soberanos ingleses y francos en el dia de su consagracion, ;Como sorprenderse, entonces, de que un pocta de la 4época, al celebrar Ja consagracién de un emperador —aunque fuera tun pobre emperador, Bérenger de Frioul, spero qué importa esto?— se haya atrevido a decir de su héroe, cuando lo representa en el mo- mento de avanzar hacia la iglesia donde tendré lugar la ceremonia: “pronto sera sacerdote’, max quipe sacerdos ipse futurss erat? Pero no siempre los jefes del clero hablaron el lenguaje de Hinc- maro. En el momento en que éste planteaba con tanta nitider la incompatibilidad bajo la Nueva Ley de las dignidades reales y pres- biterales, la debilidad creciente de la dinastia invitaba a los prelados ‘a aspirar al papel de mentores de los reyes. Este tono no hubiera sido concebible en los mejores dias del Estado carolingio. En 794, los obispos de Italia del norte presentes en el sinodo de Francfort publicaron una defensa de la doctrina ortodoxa contra los adopcionistas espaitoles;y esta declaracidn teologica se cerraba con un llamamiento al soberano como protector de la fe. En ese texto vemos lamar a Carlomagno no sélo “sefior y padre” y “prudentisi- mo gobernador de todos los cristianos’, sino también, literalmente, “tey y sacerdote”*” ¥ algunos afos antes, el papa Esteban III, cuando quiso halagar a Carlos y a Carlomén, de los que tenia necesidad, no vacilé en tomar de la primera epistola de Pedro una expresién que rear, parataeando a iurgia dela consogracén, enc qut el lea santo xr¥8 3 lo hebreos para ungir# los eyes lox potetas 180: Monum, German, Petr Latin Pao "Gast Benge pp. ges (Menu. German Poe atin 4 9.399) Beas fe recta por Palin Aqui, Monon. Gama Conca, 21.432 “nduleat misses capi subvena oppress dsl eciculosdepriments, scons Tao viduarum miserorum refrigerivm st dominuse peter sit rex et scedes st orm CChrstannram moderasimus jubersrae.” Dee abservarae qi pc expie de co ‘wai gue a e aa en sa materi fos obispos en fase anterior, omen al oma Iibrado pore y contra caetign visible del esi uch de os obepos conta se ‘migos visible, Io que lev »opaner muy earamencelo temporal yl espriush Of ya, par 20S REVESTAUMATURGOS 5 1 ap6stol aplicaba a los elegidos, modificéndole un tanto su senti: do original para honrar a a dinastia franca: "Vos sois el linaje santo, real y sacerdotal’* A pesar de cuanto pudieron alegar més tarde todos los Hincmaros dei mundo, tales éxpresiones no se olvidaron jamas. ‘Asi, las monacqufas de la Europa occidental, herederas de un largo pasado de veneracién, estaban marcadas definitivamente con et sello divino, ¥ lo siguicron estando siempre. La Francia capeta o la Inglaterra normandsa, al igual que la Alemania de los emperadores sajones o salianos, no renegaron nunca dé la tradici6n carolingia en este aspecto. Por el contrario: en el siglo x1 hubo toda una tendencia gue pugné por aproximar la dignidad seal a la sacerdotal de una manera més nitida atin de lo que habia sido hasta entonces. Estos «esfuerzos, de los que algo diremos més adelante, no nos importan en este momento, Nos basta con saber que, independientemente de toda asimilacién precisa com el sacerdocio, a los reyes se les siguié considerando sagrados en Tos dos paises que nos interesan en este estudio. ¥ los textos nos lo demuestran sin equivoco posible, Hemos conservado algunas cartas dirigidas a Roberto el Piadoso por uno de los mds respetables prelados de su época, el obispo de Chartres, Fulberto; y en ellas el obispo no teme dar al rey los titulos de “santo padre” y de“‘santidad’, las mismas expresiones que hoy los catélicos le reservan al jefe supremo de su Iglesia Ya vimos antes eémo Pedro de Blois hacia provenir de a uncién la “santidad” de los reyes. ¥ no cabe duda de que la mayoria de sus contemporsneos pensaban como él “jf Wonenbach, 2381: teat ariginal, Prima Pet 9. ba ct se encuentta en Hinc roar, Quaternianc (pase yx eprodusio, ptm. 2) pero apicads tvs os ies con esque ey compat su primer uncidn (lo unin batisinal-De ese mnedo Hincm 0, ne hay dada de que nay eonsienemente le este a4 ate bia Sent primi, par lniparuccién de Carlos el Ca. Histor de Pras 3 cata Nop 44 ai. B. Puber U9 470 Ey Oh a (©) ans tambien “supyades” os carne reales, seg una agua users imperil romana, sculinda en ls ep alingi (pr ejemplo: Loup de Fert Mann. Ger, Bist, on 8p 2)- Mas tarde Eades de Devil (De Ladi Franco Regis profecione in rien. ue fe MARCBLOGHE Pero Pedro de Blois iba todavia mds lejos: mi setior, decfa, pala- bras mas 0 menos, es un personaje sagrado; por lo tanto, é puede curar a los enfermos. Deduccién singular, pero vamos a ver que et ella no podia concebir nada de sorprendente un espiritu normal del siglo xt 2.1, PODIR DE CURACION DEL CONSAGRADO Los hombres de la Edad Media, o cuando menos su inmensa mayo- ria, se formaban una imagen mny material, y hasta demasiado pro- saica, de las cosas de la religién. ,¥ cémo podta ser de otra manera? EI mundo maravilloso al que los ritos cristianos los transportaban no estaba separado a sus ojos por un abismo infranqueable del mun- do en que vivian, Los dos universos se interpenetraban. ;C6mo su- poner que el gesto que operaba sobre el més alld no iba a extender suaccién también aqui abajo? Por lo tanto, Ia idea de intervenciones de esta clase no chocaba a nadie, pues nadie tenfa una nocién exac- tae las eyes naturales. Los actos, los objetos o los individuos sogra- dos eran concebidos no s6le como receptaculo de fuerzas aptas para ejercerse mas allé de la vida presente, sino también como fuentes de cenergia capaces de proporcionar ya en esta tierra una influencia smediata. Por lo demés, se tenfa una imagen muy concreta de esta fuerza, puesto que se Hegaba a representarla a veces como dotada de peso. Asi, segtin decta Gregorio de Tours, un pao colocado sobre el altar de un gran santo —como Pedro o Martin— se volvia por ello mais pesado, siempre y cuando el santo hubiera querido manifestar de ese modo sn poder. Los curas, encargados de los efluvios sagrados, estaban conside- rados por mucha gente como especies de magos, y como tales, tan venerados como execrados. En algunos lugares se persignaban al verlos pasar; encontrarlos se consideraba un mal presagio.*' En el reino de Dinamarca, en el siglo x, se les tenia por responsables de las 2% in gloria marr, «275 De vita 8. Mort 6. jacques de Vitry. Exempla ex ermoribus wuss, Crane (Fall-lre Soi), Lon des 8, 22 LOS REYES TAUMATURGOS ag intemperies y de tos contagios al mismo titulo que las brujas, ya ve~ ces se les perseguia como causantes de estos males en forma tan agresiva que Gregorio VII tuvo que protestar® Pero no tenemos por qué trasladarnos tan al norte: es en Francia, y sin duda en el siglo xm, donde encontramos esta instructiva anécdota: el predicador Jacques de Vitry, que nos la relata, la conocié —dice— “de fuente segura’. Habia una epidemia en un pobiado. Para hacerla cesar, los campesi- ‘nos no tuvieron mejor idea que szcrificar a su cura: y un dia en que &te, con vestimenta sacerdotal, estaba enterrando a un muerto, lo arrojaron a la fosa junto con el caddver. ¥ después de todo, estas locuras —bajo formas mas anodinas~-, zn0 sobreviven todavia hoy? ‘Asi,el poder que la opinién comin le otorgaba 2 lo sagrado po- dia revestirse en ocasiones de un cardcter temible y pernicioso; mas cortientemente, sin duda, se fe veia como bienhechor. Pero, existe ‘un bien mayor y més sensible que la salud? De ahi que fuera facil atribuirle un poder de curacién a todo lo que participara de una consagracién cualquiera, aunque fuese en escasa medida. La hos- tia, el vino de la comuni6n, el agua del bautismo, el agua eit que el oficiante mojaba sus manos después de haber tocado las santas espe- cies y hasta los dedos del sacerdote constitufan verdaderos remedios. Todavia en nuestros dias, en ciertas provincias francesas, el polvo barrido de la iglesia, el musgo que crece en sus paredes, poseen igua~ > ate Watenbsch, ns, 5 ll, Monamenta Grporiana (Biblithecsrtum gem sre), "Td ioteea on praetereunm, sed magnoperespastaia inierdicione prchbendum vider, quel de gece ves nobis inno acc sos Snerpesen erp ‘am corrupiones ers, quascunque moesiascorporum ad sacerdtum culpa tansere Preteren in mules, obeandem esusom simaliimanitte Babel ton danas quia ‘mpietsFacend vobis as senate pute” Jacque de Vey Sobrelismpecscines métiasteladvas assess sgradusse encanta use muy iil secoplcion de hechos en ls dos obras de Ae, rane, Die Mest nr deutschen Mica, Fribueg, iB, 0a p07: Die Kiichen Bewediner ns Mila Feivurgo. UB. [Link] pp 39, 91. Of tambien A Wake Der decent 38 ‘Best. 869, 9p 55; y paral eucarista dom Chardon, Miso ds screment ib sec- dn cap, en Mig, Thelin curs comple, co 337 Secrey que veal yelagua Benita ean apts pace stir a ies mgcos dais, yon ene earicterdesempe Aston un pope! considerable en ls practices, eles 0 sopueas, dela brujerts medieval Veanse mumeross teevencit en | Hanten, Zanberah dnguiston an Herpes re Milo ito, Bobek 4), 1900, pp 4a, 248 24,994, 29988, 387.495 4340 nes MARC BLOCH les propiedades.®* Este género de ideas lleva a veces a los espiritus ‘groseros a extrafias aberraciones. Gregorio de Tours relat6 la histo- tia de esos jefes birbaros que, como sufrian de los pies, los bafiaban en una patena.% El clero condenaba, por supuesto, semejantes exce- 50s pero dejaba subsistir las practicas que no consideraba atentato- rias contra la majestad del culto. Por lo demés, las creencias popula~ res escapaban en buena medida a su control. Entre todas las cosas de la Iglesia, los santos éleos, por ser el vehiculo normal de las consa- graciones, parecfan particularmente fecundos en poderes. Los acu- sados los absorbian para hacer favorable a ellos la ordalia. Pero mds que nada constituian un maravilloso recurso contra los males del cuerpo, al punto de que habfa que proteger los vasos que los guarda- ban de laindiscrecién de los files.” En rigor, en estas épocas, et que decfa “sagrado” decia “apto para curar’. Y ahora recordemos qué eran los reyes. Casi todo el mundo creta cn su “santidad”, como decia Pedro de Blois. Pero hay mis, ;De dén- de les venia esa santidad”? En su mayor parte, sin duda, y alos ojos del pueblo, de esa predestinacidn en la que las masas, guardianas de las ideas arcaicas, no habian dejado de creer jamés; pero también, desde los tiempos carolingios, y més precisa y cristianamente, de un rito religioso: la unci6n. En otros términos, de este éleo bendito que, por otra parte, les parecis a tantos enfermos el més eficaz de los re- medios. 8, ei, Le page coteiporait 31908, pn: A. Wate. 38 (Gf parael vin de nmin, End ago Beyer, Deutch Vols 1898.3, hm goa mars, 8. Se tala de un "conde” beta y de un “Bogue fombardo. a viens sees habia euro es single fanteisindependintement uno dl to. ‘Aden de obras ante ctadan 4 vane cat y Mange Dit de the Inge eatotiqe, ena para “Chere” dom Chardon, ocd sen yea. co vps yar el se cl eg sant x os kes, Hansen, Zitbrwa, 2 (3245, 37h 29432987. Cae records que Las Xt movbundo se io anspor asa Pls es Tours Is Santa Redoms de Reims bist ilgroso qe se crete qu Virgen habla ervindo a san Mar, 0 hoo unit com Ine dot uaghenon,espernd recht deel le said one Tab Las Xt a se mpl Reims, By (Sos biophies de eis quer lhe pil, 90 ops, Laren ene el poder curacion r- ‘indict po ls reyes elses learn eorrentemest ala Sana Cre, fo en ‘ids por cher, Dre irtotes dace pam Pe, por pests nein noe a Sinica fuente de este pade.o del idea que se haclan de, puesto qe todos os ejes wis no ejeciern: se penaba que hala a adem an poder hereditasi: fn, p. 308 LOS REYES TAUMATURGOS ay ‘Ast, los reyes se hallaban doblemente designados para el papel de bienhechores taumaturgos: primero, por su cardcter sagrado visto en si mismo; y més particularmente por la mas visible y respe- table de las fuentes de las que provenia en ellos este cardcter. {mo no iba a vérselos tarde 0 temprano como capaces de impartir cura- cionest Sin embargo, no estuvieron preparados para curar de inmediato, tan pronto fue establecida la uncidn real, ni en los estados de Europa occidental ni en cualquier pais. Las consideraciones generales que acabamos de exponer no bastan para explicar la aparicién en Fran- cia ¢ Inglaterra det rito del tacto. Solo nos muestran que los espiri- tus se hallaban preparados, unos para inaginar, otros para admitir tales précticas, Para explicar sti nacimiento en una fecha precisa yen un medio determinade hay que recurtir a hechos de otto orden que se pueden calificar de més fortuitos, ya que suponen, en un grado ids alto, el juego de voluntades individuales. 1A POLILICA DINASTICA 0 108 PRIMEROS CAPETOS DE ENRIQUE 1 SFAUCLERC BI primer soberano francés al que se le atribuy6 el poder de curar enfermedades fue Roberto 4 Piadoso. Ahora bien, Roberto era el segundo representante de una nueva dinastia, Recibié el titulo real y la uncién en vida de su padre Hugo, en 987, es decir, en el mismo aho de la usurpacién. Los Capetos se afirmaron posteriormente; por cso nos cuesta imaginamos hasta qué punto parecfa frégil su poder en ‘80s primeros aftos. Sabemos también que ese poder fue cuestiona- do, El prestigio de los carolingios era grande: desde el aio 936 nadie se habia atrevido a disputarles la corona, Para que cayeran, tuvieron ‘que ocuirrir un accidente de caza (donde Luis V encontré la muerte} y tna intriga internacional. Bn 987, y aun més tarde, ;quién podia estar seguro de que esta caida fuese definitiva? Sin duda, para mu- chos, el padre y el hijo asociados en ef trono sélo eran reyes inte- rinos, como escribio Gerbert en 989 0 990, 0 “inter-reyes" (interre- fe MARCBLOCH 865). Durante mucho tiempo hubo centros de oposicién, en Sens y en diversos lugares del sur. A decir verdad, un golpe de manos fei el Domingo de Ramos de 991, que puso en poder de Hugo al preten- diente que descendia de Cartomagno, hizo indtiles todos los esfuer- 268 ¢n que habrian podido complacerse los partidarios de una dinas- {fa cuyo jefe estaba ahora prisionero y cuyos dltimos retodos queda- tan perdidos en el olvido. Pero este éxito inesperado no aseguraba cl porvenir. La fidelidad que les siguieron profesando algunos legit- mistas a sus antiguos sefiores quizas no habria constituido jarmis para la familia de los Capetos un peligro extremadamente grave, La verdadera amenaza estaba en otra parte: en el golpe muy rudo que ‘e505 mismos acontecimientos de 987, a los que los nuevos reyes de- bian el trono, asestaron a la Iealtad de los stibditos y sobre todo a la hereditariedad monérquica. Las decisiones de la asamblea de Senlis amenazaban con consagrar el triunfo del principio electivo. Por cier- to que este principio no era nuevo. Al menos en la antigua Germania tuvo como correctivo, segiin vimos, la necesidad de escoger al rey siempre en la misma casta sagrada, ;No empezatia ahora a operat sin obstéculos el derecho @ la libre eleccién? BI histotiador Richer pone en boca del arzobispo Adalberon, arengando a los grandes en favor de Hugo Capeto, esta frase temible: “La realeza no se adquiere por derecho hereditario’* ¥ en una obra dedicada a los reyes Hugo y Roberto, Abbon escribié: “Conocemos tres clases de eleccion gene- ral: la del rey o el emperador, la del obispo y ta del abate” Esta it ima frase debe ser recordada como especialmente significativa: el lero, acostumbrado a considerar la eleccién como la tinica fuente % Lette eat (Colleton pour Muu. Psi nm. p14 Sobre 0+ sicitn alos primetas Caper, vate especakente Paul Viet La quinine & avonemen de ges Cape, Men. Acad inscriptions, xa, (92). No hae Garo dar que serpy go remit aloe Rh sens eM Lat a dernier Carotid, bi y Eudes url rg de Hvgues Cape, po, pra tod lo ques tier los aentecimien- {0 de 97 ys primeros tiempos dela dinast apt Pye de hoc agit, nec egnuim ice heredi aio adquivitu, ae in tego For rmovendas ct i quer nen salu corporis nobilitas, sd ct anim sapien usa es anit nagranimios Gira * Gananes (Histor fe Frac, x. 68): "Tes namgue eletonesgenerales ovis, qearum uns e Ris 2 Imperaor, lea Poa cia Abi HOSREYES TAUMATURGOS 455 ‘anénica del poder episcopal 0 abacial, tendia a ver también en ella cl origen més valedero del poder politico supremo. Ahora bien: lo que una eleccién habia hecho, otra podia deshacerlo, incluso sin agoardar la muerte del primer elegido, y despreciando las reivin- dicaciones de sus hijos. Ciertamente no se habia olvidado lo que ‘ocurtié durante los cincuenia aos que siguieron a la deposicion de Carlos el Gordo. ¥ para santificar al candidato triunfante, cualquier que fuese su origen, se recurria siempre a la uncién, En suma, la torea mas urgente que se imponta a tos Capetos era la de reconstruit ‘una legitimidad en su beneficio, Por poco que fueran conscientes de los peligros que los rodeaban y de los que no podian dejar de caer sobre su descendencia, debicron sentir la necesidad de realzar el «splendor de su nombre por alguna manifestacién inédita. En con- diciones casi semejantes, los carolingios habian recurrido 4 un rito biplico: la uncién teal. La aparicion del poder de curacién con Ro~ berto II, jno se explicaria por preocupaciones parecidas a las que en ‘otro tiempo llevaron a Pipino a imitar a los principes hebreost Afr- rmatlo serfa presuntuoso; pero suponerlo tiene al menos fuandamento, Por supuesto, no todo debi6 ser célculo. Roberto tenfa un gran prestigio personal por su piedad religiosa. Probablemente por esto el milagro capeto comienza con él y no con si padre, Hugo. Bl caric- ter de santidad que se le conferia al reyen cuanto hombre, junto con la santidad inherente a la dignidad real, condujo con toda natura- lidad a sus stibditos a atribuirle virtudes taumatirgicas. Cabe supo- ner que los primeros enfesmos que, en fecha que siempre ignorare~ mos, solicitaron set tocados por ét actuaron de mado espontineo. AY quign puede saber, después de todo, si otros hechos andtogos no s¢ habrian producido ya, aisladamente, durante los reinados ante- riores, como en otro tiempo con Gontrin? Pero cuando se ve tomar cuerpo a estas creencias, hasta entonces irresolutas, en un momento tan oportuno pare una dinastia todavia mal consolidada, cuesta ‘reer que no hubiera una segunda intenci6n politica, no ciertamen- teen su formaci6n original, pero si acaso —para decirlo asi— en su cristalizaci6n, Por lo demés, nadie duda de que Roberto haya tenido fe, y con él sus consejeros, en la eficacia de las fuerzas matavillosas v2 de MancHVoGs ‘que emanaban de su persona. La historia de los religiosos muestra abundantemente que, para explotar un milagro, no hace falta ser un cescéptico, Es verosimit que en la corte se haya tratado de atraer a los enfermos y de difundir la fama de las curaciones realizadas; ys antes que nada, no debié de haber mucha preocupacién por saber si cl poder de curacién era personal del soberano del momento o propio de la estirpe de los Capetos. De hecho, segiin se vio, los sucesores de Roberto no dejaron que cayera en desuso un don tan valioso; cura- ron como aquél y se especializaron répidamente en una enfermedad determinada: las eser6fulas. Cabe preguntarse si cada uno de ellos, al reivindicar en su mo- mento su parte del gloriose privilegio, no miraria mds lejos que su estricto interés particular. Pero el hecho es que sus esfuerzos reuni- dos dotaron, acaso inconscientemente, a su dinastia entera de un caricter sobrenatural, Por otra parte, hasta el reinado de Enrique Beauclere, instaurador como se sabe del rito inglés, es decir, hasta el affo 1100 a mis tardar, los reyes descendientes de Roberto II fueron los tinicos en Europa que tocaron enfermos. Los otros “Cristos del Seftor” no lo intentaban, lo que parece significar que la uncién no bastaba para conferir ese maravilloso talento, y que para hacer a un rey verdaderamente santo, un verdadero rey, se requeria otra cosa ‘que una eleccién seguida de una consagracién: todavia contaba la virtud ancestral. La persistencia de las pretensiones taumatirgicas en la dinastia de los Capetos no creé por si misma esta fe en la legi- timidad familiar, que debia ser uno de tos mayores apoyos de la rea- leza francesa, Muy por el contrario, s6lo se acepté la idea de este mi- lagro patrimonial porque subsistia todavia en los corazones algo de las Viejas nociones de antafio sobre las dinasttas hereditariamente sa gradas; pero no es posible dudar de que el espectéculo de las cura- ciones reales haya contribuido a fortficar ese sentimiento y a dale de alguna manera una nueva juventud. El segundo de los Capetos inauguré el prodigio. Para el mayor beneficio de Ia monarquia, sus descendientes hicieron de este prodigio la prerrogativa ya no sélo de un rey, sino de toda una dinastia Pasemos a Inglaterra. También aqui encontramos reyes médicos. 108 REYES TAUMATURGOS as) El eterno problema que s¢ plantea a los historiadores al encontrar- se con instit ahora ante nosotros: gcoincidencia o interaccién? Y si nos inclina- mos por esta iltima hip6tesis, ¢de que lado, en qué dinastia se deben buscar los modelos y en cual los copistas? Pregunta que en otto tiempo fue quemante, pues et patriotisino estuvo por mucho tiem- ‘po interesado en su solucién. Los primeros eruditos que en fos siglos x01 Y x11 se preocuparon de ello no dejaron de extraer conclusiones que fuesen beneficiosas para Francia o para Inglaterra, segGn fueran franceses o ingleses. Hoy no tenemos dificultad en proceder con ma yor serenidad. Por supuesto las creencias colectivas que se hallan en elorigen de los ritos de curacién y explican su éxito, frutos de tn es- tado politico y religioso comin a toda la Europa occidental, se ha- bian extendido en forma espontanea tanto en Inglaterra como en Francia, e inversamente, Pero lleg6 un dfa en que ellas cristalizaron, en ambas orillas del Canal de la Mancha, en una institucién precisa yy regular: el “tacto” real; y fue en el nacimiento de esta institucién donde pudo hacerse sentir la influencia de un pais sobre el otro. Examinemos las fechas. Enrique Beauclerc, el primero de su di- nastfa del que sabemos que tocé enfermos, comenzé a reinar en el «aio 1100; en ese momento, Roberto II, que parece haber sido el ini- ciador en Francia, habia muerto hacia ya sesenta y nucve aiios. La prioridad francesa, pues, no puede ponerse en duda. Los Capetos no fueron plagiarios. ,Pero fueron plagiados? Si el milagro real se hubie~ ra desarrollado en Inglaterra con independencia de toda imitacién extranjera, su evolucién habria sido la misma que en Francia, segin toda probabilidad: primero, aparicién de un poder taumatirgico aplicdndose a todas las enfermedades indistintamente; después, por accion de azares que nos serén siempre desconocidos, especializa- ci6n progresiva hacia una enfermedad determinada. Y no se enten~ deria muy bien que la suerte también alli hubiera optado por las escréfulas, Claro que las escr6fulas son particularmente propicias al rilagro, puesto que, como se ha visto, producen fécilmente la ilu- sion de la curacién, Pero hay otras afecciones que estén en el misino caso. Conocemos a varios santos especialistas en escréfulas; spero nes semejantes en dos estados vecinos se presenta 4 MARC BLOCH para cudntos otros males no se invoca la particular a tal o cual santo? ‘Ahora bien, no se sabe que en Inglaterra fos reyes hayan reivindica- do jamés, incluso en el origen, un poder de curacion de cardcter indeterminado, y ta enfermedad que desde el comienzo pretendie- ron poder curar fue precisamente la misma de la que se habian con vertido en médicos antes que ellos, y como consecuencia de una evo- ucién muy natural, sus veeinos de Francia. Enrique I, principe més gue por mitad francés, no podia ignorat las curas realizadas por el Copeto, su sefior feudal y st rival, Es seguro que envidiarfa su pres- tigio; gcomo dudar de que quiso imitarlas?™ Pero no confiesa su imitacién. Con una habil jugada, pone su poder milagroso bajo la advocacion de tna gran figura nacional. Fl tltimo de los representantes de esta dinastia anglosajona a la que traté de vincularse mediante su matrimonio, el soberano virtuoso {que pronto se convertiria en el santo oficial de la monaryuia, Fduar- do el Confesor, fue su patrén y su garante, {Tuvo dificultades con la opinion religiosa de su pais? En tiempos en que Roberto el Piadoso, en Francia, comenz6 a tocar enfermas, no habia surgido todavia la reforma gregoriana, tan poco afecta a las prertogativas reales —y ya volveremos sobre este punto— y tan hastil a todo lo que pareciera usurpacién de los privilegios sacerdotales. Pero cuando ¢l rito de la curacién atraves6 la Mancha, esa reforma se encontraba en su ple- nituds y sus ideas directrices aparecen expresadas, como ya vimos, en Ia frase despreciativa de Guillermo de Malmesbury cuando pro- testaba contra la “obra falsa” que habian emprendido los fieles de la realeza Perono debemos medir por este estado de espiritu de Guillermo, <1 de todos los eclesidsticos ingleses. En la época en que Enrique | comenzé a ejercer su maravilloso talento, un clérigo perteneciente a la catedral de York escribfa esos treinta y cinco tratados, quintaesen- “*Desputs ea Gaertde fos Gin Alo. com ls reps de gate ilaban toda ‘evsu leur fil el ths de rey de Francia en Estep se comvenie‘on de que slo db {bo next pce se presentban como evade de eof vemie ne o04— 4 ‘opti de abo a cara del eniadovenecizo Scramely lvl de vise dt dague Juan Ernest de Sajonia Weimar ciedoc mc adlane p.8, 9. o, Los hechos que hems rencionade con serovdad hacen intl dicate cota LOSREVESTAUMATURGOS 5s cia de todo ef pensamiento antigregoriano, donde se proclama la fe ims absoluta ¢ intransigente en los poderes de la uncién real, en et cardcter sacerdotal y casi divine de la realeza.® El propio Enrique I, al menos durante toda la primera parte de su reinado, estuvo en ti- santez con los reformadores. Por eso puede pensarse que fueron alle- gados suyos los que redactaron una falsa bula papal que, desdeitendo todos los nuevos principios, otorgaba ¢ los reyes ingleses “el recono- cimiento y la proteccién... de todas las iglesias de Inglaterra” y una ‘especie de legado pontificio perpetuo No seria de extranar que, si ‘duda en este momento, €l hubiera implantado en sus estados la price tica taumatdrgica, que cra como la exaltacién suprema de la ereen- cia en el poder sagrado de los reyes; ni tampoco extrafaria que esta prictica hubiera prosperado desde entonces en suelo favorable. EI rito de tocar, nacido en Francia hacia el aiio 1000, y en In- aglaterra alrededor de un siglo més tarde, hizo su aparicion de este ‘modo en dinastias donde el derecho de primogenitura comenzaba a predominar, contrariamente al antiguo uso germsnico. En los paises musulmanes de las primeras épocas del Islam, la sangre real tenia fama de poder curat la rabia; pero la sangre del monarca reinante, el califa, no era la tinica que poseia esta virtud a los ojos del pueblo cre- yente: el mismo maravilloso poder se le atribuia a la sangre que corrfa por las venas de cualquier miembra de la familia dentro de la que debia elegirse cl califa, de cualquier coraichitas y ello porque todo el linaje real estaba considerado santos ademés, los estados isl4- micos nunca reconocieron en materia politica los privilegios de la primogenitura. 1 Vesse sobre tod e« tatad, De concretion ponifum trp, done al de 1a coasagraciin aparece comentado: Libel de Bie (Mom. Germ). th pp 662s, Sabre el “Aandnino de York fH. Boeke, Kiche wd Statin England nd in dr Norman i an fbhurer Leipzig 895. 9p. 1o7 8. emtracton etonces ined, pp 49) Of, Boehmer fa ct. Bp. 287 58: ma introduesiin « Osbert de Cle, Anata Boleatiana, 933,75. ‘1 Welhasen, Rest arabic Heidonns (Skizon und Venarlen, H 3 Belin 85s te... Freytg,Arabum proverb, Bonn 36, p88: W. Lane, Aw Arabic English Lesion. 17, epi 884, p 26362 co. Este supessticiin debe sr de origen presley Bl ‘uo poder atrbuio ala sang de los Bonu. Sinan aparece mencionado en ua aie oes recog ns Hamas, traduecién dG. W. Freytag, x 2.0 Hono, 897.8. 6 fe MARC BLOCH En cambio, en Francia y en Inglaterra la curacién de las escréfu- las fue considerada siempre como una pretrogativa estrictamente reservada al soberano: los descendientes del rey, si no Megaban a ser reyes ellos mismos, no poseian este poder. El caracter sagrado no. se hacia extensivo a todo un linaje, como ocurria en la primitiva Germania: estaba concentrado definitivamente en wna sola persona, el jefe dela rama mayor, nico heredero legitima de a corona: y tini- camente él tenia el derecho de hacer milagros. Hay dos tipos de explicaciones tradicionales para cualquier fenéme- no religioso. Uno, que podriamos llamar voltetiane, ve en el hecho estudiado, més que nada, la obra consciente de un pensamiento in- dividual seguro de si mismo. El otto, por el contrario, busca en ello la expresién de fuerzas sociales, profundas y oscuras, Yo lo llamaria roméntico, pues uno de los grandes servicios que prest6 el romanti- cismo fue el de acentuar vigorosamente la nocién de espontaneidad en Tos asuntos humanos, Estos dos modos de interpretacién s6lo en apariencia son contradictorios. Para que una institucién que se des- tina a servir objetivos precisos marcados por una voluntad indivi- dual pueda imponerse a todo un pueblo, es necesario que sea trans- a come destscaron con recuenci os escitores del Antigo Régime, ellos vlan en esta obgevecion um excelente argumerto oneal ei natalia seg Is cal el per d= cara ef un atebte fai dealgaa mane Fsilogce dels ete re (ef pia or ejemplo, Ba Laurens, De Mirai, = 3. No igaora, por aspucty, queen tempos de Roherte Te deEneque! de glen! principio de a primogeoitur exe lejos sear srsalmene reconocid, pero x Se encoatraba slidamente allado, Francia se habia apleado ya, paar delas uaicionescaroinga, desde el adveninemo de Lotsa en 984 8h studio de ero se erodes ea neva eel derecho monsrguice amis se eter sra- mente, que yo spa; pao ee noes el Lugar para inentanl. Baste destaet a ere repose aque la props fuerza de hs iexs mondraicas cond estos expr a considers cog Agno Gel tron0 no al mayor. io a hilo que hublera acide despues de que su pede ese procamaco ry, 0 consgrado como te no importa el arden que ecupars enemas hers ow Para ser eamente un io tel en eos just era pres tern e nn, sino deun fey Bsa coneepein no kgb a tener aunca forza de ley per svi de pretents para I eebelio de Eesigie de Sajont cates su beemano Ot6n 1, Bosker Overtha, [Reset ez Kaci warden Hrncha aus dom eachricen Has, ph 3) 8 180- nnancls aparece en divers cots; po empl, Radner Vis Duns emoriaiof S. Dunstan e Stabos ols Series. 2g © 35% Mathie Pats, itor Anglo, ed Madde, RS. suey Chrovice joa eae 2S. sp. LOSREVES TAUMATURGOS fe sy portada por la corriente profumda de la conciencia colectiva; y acaso, reciprocamente, para que una cteencia un poco vaga pueda conere- {arse en un rito regular, no ¢s indiferente que algunas volantades cla- ras la ayuden a cristalizar. La historia de los origenes del tacto real, si es que pueden aceptarse las hipdtesis que he presentado, mereceré incluirse entre los ejemplos ya numerosos de una doble accién de esta clase, que el pasado suministra en abundancia.

También podría gustarte