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París en Rayuela: Un Viaje Literario

Este documento resume la representación de París en la novela Rayuela de Julio Cortázar. Describe varios lugares de la ciudad que aparecen en la obra, como el Pont des Arts, la rue de Seine, el quai de Conti y el Louvre, donde los protagonistas Horacio Oliveira y La Maga pasan tiempo. También menciona barrios, cafés y cementerios parisinos que son escenarios importantes en la historia. Explica que aunque sólo un tercio de la obra transcurre en París, la ciudad sigue siendo protagonista y una metáfor

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París en Rayuela: Un Viaje Literario

Este documento resume la representación de París en la novela Rayuela de Julio Cortázar. Describe varios lugares de la ciudad que aparecen en la obra, como el Pont des Arts, la rue de Seine, el quai de Conti y el Louvre, donde los protagonistas Horacio Oliveira y La Maga pasan tiempo. También menciona barrios, cafés y cementerios parisinos que son escenarios importantes en la historia. Explica que aunque sólo un tercio de la obra transcurre en París, la ciudad sigue siendo protagonista y una metáfor

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Rayuela, el talento de Julio Cortázar sigue maravillando al mundo.

Los escenarios de París que visitan La Maga y Horario Oliveira


durante su exilio en la capital francesa siguen vivos y vigentes.
Cuando Rayuela llegó a las librerías del mundo acaparó toda la atención del universo
literario. Su compleja estructura dramática, que no guardaba ninguna relación con las
obras tradicionales, mucho más lineales, revolucionó por completo el modo de escribir
dentro de la literatura latinoamericana. Millones de personas rieron y lloraron junto
a Horario Oliviera y La Maga, los personajes que protagonizan un exilio a Paris lleno de
amor, encuentros, y un constante deseo de libertad.

El Pont des Arts, la rue de Seine, y el quai de Conti son los tres lugares que se
mencionan cuando Horario se encuentra a La Maga al comienzo del libro: “¿Encontraría a
La Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al
arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me
dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a
veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre
el agua.”

Tiempo después, el mismo Oliveira recordaría a La Maga junto a un grupo de borrachos


muy cerca del puente y se diría con melancolía “¿Qué venía yo a hacer al Pont des
Arts?”.

Algunas tardes la pareja visitaba la sección egipcia del museo del Louvre prestando


atención a cada vitrina. Si bien en el libro se habla poco de los museos de París,
el Louvre es la excepción, ya que se convierte en el escenario de sus paseos vespertinos,
allí cuando Horario recordaba con añoranza las costumbres argentinas que había dejado
en Buenos Aires.

En el capítulo 132 Cortázar enumera, a través de la narración de Horario, algunos de los


cafés más importantes de la ciudad. En su listado aparece el Chien qui Fume, entre otros.
Este bar aparece de nuevo en la historia, cuando Horario acude al establecimiento antes
de un a visita al hospital.

En la parte de atrás de la emblemática catedral de Notre Dame, Horario se reúne con La


Maga y pasan por primera vez la noche juntos. Un recuerdo que el personaje revive en el
capítulo 20 de la novela.
En la segunda parte del libro los personajes regresan a Buenos Aires, pero París continúa
siendo protagonista en su historia, porque allí se localizan todos los recuerdos de Horario
durante su exilio. En la obra nunca deja de recordar la fascinación que siente por la
ciudad de la que se enamoró, tanto como de La Maga.

Al final de la novela, Horario Oliveira acude al cementerio de Montparnasse y arroja un


papelito con un mensaje cuyo contenido el lector nunca podrá conocer, sólo el escritor
argentino supo qué decía. En este cementerio reposan precisamente los restos de
Cortázar y su tumba aloja mensajes como el de Oliveira.

París sólo ocupa un tercio de la obra completa, ya que es únicamente la primera parte
(“Del lado de allá”) la que transcurre en la ciudad. La segunda parte tiene lugar en Buenos
Aires y la tercera agrupa materiales heterogéneos, como recortes de periódico o citas de
libros. Aún así, Rayuela es una de las obras más complejas escritas en español en el
siglo XX y sólo con la primera parte de la obra es suficiente para conocer París a la
perfección. Y hay que destacar que aunque la segunda parte (“Del lado de acá”) no
transcurra en la ciudad francesa, el halo de París queda permanente a lo largo de toda la
novela.
Así es cómo el propio Julio Cortázar describe el París de Rayuela: “Mi mito de París actuó
en mi favor. Me hizo escribir un libro, Rayuela, que es un poco la puesta en acción de una
ciudad vista de una manera mítica. Toda la primera parte que sucede en París es la visión
de un latinoamericano, un poco perdido en sus sueños. Yo digo que París es una mujer,
la mujer de mi vida.” Pero en la propia novela, su protagonista, Horacio Oliveira, asegura
que París es una metáfora. Lo que nos lleva a pensar, debido a la complejidad de la
historia, si en realidad París es una metáfora de Rayuela o una metáfora de la propia vida.

Los barrios, las plazas, las calles, los puentes y los cafés de París van adquiriendo un
relieve y una importancia para el lector, que acaban sintiendo que son ellos mismos los
que realizan los recorridos de los personajes, con el mismo amor y la misma rutina que
ellos. Los protagonistas de la obra acaban trazando sus relaciones personales a través de
la geografía y los itinerarios urbanos de la ciudad.

Cortázar es totalmente fiel al plano de la ciudad, los datos que da en Rayuela sobre el


París literario se corresponden con exactitud al París de la realidad. Pero uno de los
aspectos más curiosos es que el autor describe una ciudad que no tiene taxis, autobuses
o metro. Los protagonistas tampoco recorren los monumentos más importantes de París,
ni siquiera se mencionan la torre Eiffel, los Campos Elíseos o la Ópera. Solamente una
vez el protagonista, Horacio Oliveira, acude al museo del Louvre.
La obra de Cortázar no cae en los tópicos del París bohemio y romántico, sino que
desprende a la ciudad francesa de todo cliché y la trata de una forma burguesa.

 Reconstrucción del París de Rayuela sobre un mapa del París real:

1. Boulevard de Sébastopol: en la calle paralela a la Rue du Louvre, el protagonista de


la obra hablaba así sobre su amada, La Maga: “Pero ella no estaría ahora en el puente.
Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais,
quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha
caliente en el boulevard de Sébastopol.”
2. Parc Montsouris y Place de la Concorde: en estos dos céntricos lugares de París, se
encontraban ocasionalmente Horacio y La Maga: “Oh Maga, en cada mujer parecida a
vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que
acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra.
Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que
sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo
tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo
usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en
los autobuses, siempre torpe y distraída.”
3. Rue du Cherche-Midi: es donde los enamorados de la novela se conocen: “sé que un
día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros
hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y
que nos hablamos.”
4. Puente Pont des Arts: “ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre,
adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts.”
5. Carrefour de l’Odéon: “me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus
zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el
Carrefour de l’Odéon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a
cualquier almohada.”

A continuación, un fragmento, típico de los que abundan en la obra en el que se juntan la


complejidad de las frases y las continuas menciones a las calles de París:

“Fumaban y fumaban, hablando y mirándose con simpatía. La clocharde le


explicaba las costumbres de Célestin y el nuevo se acordaba de las tardes en que la
habían visto abrazada a Célestin en todos los bancos y pretiles del Pont des Arts,
en la esquina del Louvre frente a los plátanos como tigres, debajo de los portales
de Saint-Germain l’Auxerrois, y una noche en la rue Gît-le-Coeur, besándose y
rechazándose alternativamente, borrachos perdidos, Célestin con una blusa de
pintor y la clocharde como siempre debajo de cuatro o cinco vestidos y algunas
gabardinas y sobretodos, sosteniendo un lío de género rojo de donde salían
pedazos de mangas y una corneta rota, tan enamorada de Célestin que era
admirable, llenándole la cara de rouge y de algo como grasa, espantosamente
perdidos en su idilio público, metiéndose al final por la rue de Nevers, y entonces la
Maga había dicho: «Es ella la que está enamorada, a él no le importa nada», y lo
había mirado un instante antes de agacharse para juntar un piolincito verde y
arrollárselo al dedo.”
Estos son sólo algunos de los cientos de ejemplos que podrían sacarse de las
descripciones que Cortázar hizo sobre París en Rayuela. Como puede comprobarse, no
cita nunca calles principales, grandes parques o monumentos legendarios de la ciudad, se
centra más en los pequeños barrios, en los cafés que frecuentan las gentes del pueblo. Y
eso es lo que hace de Rayuela una obra perfecta, que no mitifica la ciudad sino que la
retrata basándose en su experiencia como ciudadano de París. La cual hoy podría ser
cualquier ciudad del mundo invadidas del espíritu de Cortazar.

Ing. JD REZA – Escritor – Gerente REZA Proyectos Y Diseños

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