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En esta sesión, desarrollaremos seis contenidos que guardan una estrecha relación
entre ellos y con el enfoque por competencias, iniciando con el concepto educativo
de la competencia, la clasificación y estructura de la misma, continuando con el
currículo basado por competencias, los fundamentos epistemológicos del enfoque
por competencias, el pensamiento complejo y el proyecto ético de vida, como
cimientos para una formación íntegra del estudiante.
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Es importante considerar que la noción de competencia que se emplea en educación
no proviene de un único paradigma teórico como sostiene Zubiría (en el 2002), sino
que tiene múltiples fuentes teóricas (psicológicas, lingüísticas, sociológicas y
filosóficas). Frente a ello, se propone conceptuar la competencia como un proceso
complejo, que a través de acciones integrales, busca resolver problemas y realizar
actividades (de la vida cotidiana y del contexto laboral-profesional), aportando a la
construcción e impacto en la realidad. Para ello, articula una serie de saberes como
es el saber ser, el saber hacer, el saber conocer y el saber convivir. Ello conlleva al
mejoramiento continuo con ética e idoneidad.
Como lo menciona Tardif (en el 2008), el concepto de competencia es polisémico, lo
que significa que podemos encontrar distintos conceptos según el enfoque
pedagógico.
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Existen diversas clasificaciones de competencias. Al respecto, la tipología que
desarrollan Gonzáles y Larraín (en el 2005) las dividen en tres: las competencias
básicas, que son aquellas asociadas a conocimientos fundamentales que se
adquieren en la formación general y permiten el ingreso al trabajo; las competencias
genéricas, relacionadas con los comportamientos y actitudes de labores propias de
diferentes ámbitos de producción. Por ejemplo, la capacidad de trabajar en equipo; y
las competencias específicas, relacionadas con aspectos técnicos directamente
vinculados con la ocupación.
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Considerando el concepto y los tipos de competencia, podemos señalar que el diseño
curricular basado en competencias parte de aprendizajes significativos y se orienta a
la formación integral que relaciona teoría y práctica, promueve la continuidad entre
todos los niveles educativos, fomenta el aprendizaje autónomo, orienta el proyecto
ético de vida buscando el desarrollo del espíritu emprendedor y fundamenta el
diseño curricular con base en proyectos y problemas.
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La base epistemológica del enfoque por competencias es la teoría del pensamiento
complejo de Edgar Morin (1994). A diferencia de la epistemología tradicional, que
asume el conocimiento solo desde el ámbito cognitivo, el pensamiento complejo lo
aborda como un proceso que es, a la vez, biológico, espiritual, lingüístico, cultural,
social e histórico, por lo cual la construcción del conocimiento debe tener en cuenta
las relaciones entre el hombre, la sociedad, y el mundo según Rozo (2003).
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El pensamiento complejo tiene principios importantes como son: la doble lógica, que
consiste en asociar situaciones que son, a la vez, complementarias o antagónicas. Por
ejemplo, cuando aprendemos en clase fórmulas de las reacciones químicas y luego
podemos crear y combinar soluciones a partir de lo aprendido; el principio de
recursividad organizacional, que se refiere a que los productos y los efectos son al
mismo tiempo causa y efecto de una práctica educativa. Por ejemplo, la sociedad está
formada por individuos, pero ella influye en los mismos y con ello se rompe la idea
lineal de causa-efecto. Y por último, tenemos el principio hologramático, que
consiste en explicar el menor punto de la imagen. No solamente la parte está en el
todo, sino que el todo está en las partes. Un ejemplo es la programación de los
proyectos de aprendizaje.
Estos principios son fundamentales si queremos desarrollar un diseño curricular
desde un enfoque por competencias.
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El pensamiento complejo se expresa en estas habilidades importantes, que se deben
desarrollar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Una de ellas es la habilidad
dialógica, cuya importancia se centra en la complementariedad de los conocimientos
entre la teoría y la práctica; la metacognición orientada a la autorreflexión del propio
desempeño y que poco o nada se fortalece en el acto educativo; la metanoia, que
evidencia la flexibilidad del pensamiento, al analizar la realidad desde dos o mas
perspectivas. Otra habilidad es la autoorganización, que involucra relacionar los
fenómenos dentro de un contexto o entorno y como ellos evolucionan, cambian y
alcanzan metas. Por último, tenemos la habilidad hologramática, que se refiere a
construir el conocimiento buscando la relación del todo y sus partes.
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Desde el pensamiento complejo, un sistema es un conjunto de elementos
relacionados por nexos múltiples; capaz, cuando interactúa en su entorno, de
responder, evolucionar, aprender y autoorganizarse, según Morin (1993). En el 2000,
Ruiz menciona que la educación, al igual que la sociedad, es un macroproceso
complejo e implica multiplicidad de factores en relación y que la hacen un asunto
dinámico, variado y diverso. Por ello, se presenta el siguiente cuadro para observar
dicha complejidad.
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Considerando lo anteriormente mencionado, el enfoque por competencias orienta a
un proyecto ético de vida, que consiste en una planeación consciente e intencional
que realiza una persona para dirigir y proyectar su vida en los diversos campos del
desarrollo humano, buscando satisfacer necesidades y deseos vitales que están en la
estructura de su ser, con el fin de avanzar en la plena realización de sí misma,
asumiendo las implicaciones y consecuencias de sus actos.
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Desde el pensamiento complejo, el diseño del currículo busca implementar
estrategias que faciliten en todos los miembros de la institución educativa, un modo
de pensar complejo, basado en aspectos esenciales tales como la autorreflexión, la
autocrítica, la contextualización del saber, la multidimensionalidad de la realidad, de
aquello que se quiere conocer e intervenir y el afrontamiento estratégico de la
incertidumbre en relación a los principios de este pensamiento complejo.
Para este enfoque, existe una interrelación de sus partes con el todo; es así que
desde el proyecto educativo institucional se plantea un modelo pedagógico
coherente a su enfoque y paradigma, el cual se evidencia desde un ejercicio de
liderazgo de todos los actores dentro de los procesos de gestión que conforman y se
unen a una mejora continua, logrando una calidad educativa y asumiendo una
formación integral, considerando a la persona con sus saberes previos, válidos y
necesarios para desarrollar una formación en un proyecto ético de vida, así como las
competencias y emprendimiento para lograr vivir con ética, tener una realización
personal, contribuir al desarrollo social, afrontar retos y tener idoneidad como
profesionales.
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