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Actos Humanos y Moralidad

1) El documento discute la naturaleza de los actos humanos y cómo estos forman la conducta moral de una persona. 2) Se distinguen dos tipos de actos: actos voluntarios u actos humanos que una persona controla conscientemente y de los cuales es responsable, y actos involuntarios que ocurren sin control consciente y no tienen significado ético. 3) Los actos humanos requieren la intervención de la inteligencia y la voluntad, representados por los elementos de la advertencia en la inteligencia y el consentimiento en la volunt

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Actos Humanos y Moralidad

1) El documento discute la naturaleza de los actos humanos y cómo estos forman la conducta moral de una persona. 2) Se distinguen dos tipos de actos: actos voluntarios u actos humanos que una persona controla conscientemente y de los cuales es responsable, y actos involuntarios que ocurren sin control consciente y no tienen significado ético. 3) Los actos humanos requieren la intervención de la inteligencia y la voluntad, representados por los elementos de la advertencia en la inteligencia y el consentimiento en la volunt

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UNIVERSIDAD

ASIGNATURA: ÉTICA Y VALORES PRIVADA ANTENOR ORREGO

ACTO HUMANO

No hay bebes buenos o malos, pero si hay hombres buenos y malos ¿Cómo se opera el cambio?
Obviamente, por las vidas, la conducta, los actos de las personas consideradas. En efecto, el hombre no
posee carácter moral al empezar, sino que se va formando uno por su forma de vivir. Antes de que podamos
decidir en que consiste la bondad o la maldad morales, y cómo se introducen en los actos que la persona
ejecuta y de estos en el hombre mismo, debemos examinar la conducta del hombre, en la que la bondad y la
maldad morales pueden residir ¿Qué clase de actos puede realizar el hombre? ¿Son todas las clases de actos
susceptibles de convertirse en oralmente buenos o malos, o solamente algunos de ellos? Y si solamente
algunos, ¿Cuáles son estos actos y que los distingue de los demás?. (Fagothey, 1973,p.12)

Los actos humanos, tomados en su conjunto, forman su comportamiento o conducta.

Comportamiento es una palabra más bien psicológica y se aplica inclusive a los animales, en tanto
que la conducta posee un significado ético y es exclusiva del hombre.

En Ética no nos ocupamos de los músculos que utilizamos, sino de los actos que decidimos
ejecutar, con ellos o sin ellos, y especialmente el factor dirigente, en nosotros, sea lo que sea, que
designamos como voluntad. Por el momento podemos hablar de voluntad como de nuestra
facultad de controlarnos a nosotros mismos, de dominarnos a nosotros mismos, de hacer lo que
queremos, en lugar de estar obligados a hacerlo, de modo que, como consecuencia, venimos a ser
considerados como responsables de lo que hacemos. Dos cosas principales que impedirían que
nuestros actos fueran voluntarios, que fueran hijos de nuestra voluntad, son la ignorancia y la
coacción y, por consiguiente, se dice que el acto voluntario es un acto consciente o
deliberadamente querido.

La ética establece su materia de estudio distinguiendo dos clases principales de actos, a saber:

1. Actos voluntarios o actos humanos


Aquellos que el hombre domina, que controla conscientemente y quiere deliberadamente,
y de los que es tenido por responsable. Estos constituyen la conducta humana y forman la
materia de estudios de la ética.

2. Actos involuntarios o actos de un hombre,


Aquello que un individuo acontece realizar, pero de los que no es dueño, que no ejecuta
conscientemente o quiere deliberadamente, y de los cuales no es tenido por responsable.
Tales son los actos realizados durante a la infancia, el sueño, el delirio, la locura o durante
momentos de distracción. Estos actos no constituyen conducta humana y no poseen
significado ético.

DOCENTE[Escriba aquí] Mg. Mg. Mariela Sánchez R.


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El hombre es el único ser de este mundo capaz de pensar, pero es el caso que, si sus pensamientos
avanzan simplemente por asociación, sin su dirección consciente dichos pensamientos son
solamente actos de un hombre, pero no actos humanos, pese a que sean del orden racional. Por
otra parte, el comer y el dormir son, por su naturaleza, actos meramente animales que el hombre
realiza en común con los animales, pero se convierte en actos humanos si el hombre los ejecuta
con conocimiento y voluntad. El llevarse alimento a la boca en un estado de distracción de la
mente es un acto de un hombre, pero decidirse deliberadamente a comer dicho alimento es un
acto humano. El sentirse invadido por el sueño y dormirse es un acto de un hombre, pero irse a la
cama intencionadamente con el propósito de dormir, esto es un acto humano. Así, pues, aunque
es imposible tener un ato humano a menos que esté dirigido por el intelecto y la voluntad, el acto
mismo así guiado puede ser, con todo, de una u otra clase. En otras palabras, un acto humano
puede ser de carácter físico o mental, según que sea deliberadamente querido o no.

Para que el hombre actué, ha de empezar por estar atraído por algún bien. Cuando percibe algo
como bueno, despierta en él un querer de aquello, y si ve que aquellos son no sólo buenos en sí
mismo sino, sino también bueno para él, su querer se convierte en un deseo. Un deseo podrá
permanecer sin efectos, pero si el individuo comprende además lo bueno como susceptible de ser
alcanzado. Su percepción intelectual mueve su voluntad hacia un acto de intención espontánea o
tendencia hacia la cosa buena, esto es, hacia un extenderse para conquistar el objeto, sin contar
todavía el costo en esfuerzo, ni la perdida de otras cosas buenas. Dirige ahora su intelecto hacia la
tarea de ponderar las razones en favor y en contra de llevar a cabo su intención y los diversos
conjuntos de medios con cuyo auxilio podría ser aquella ejecutada.

Este acto del intelecto se designa como consejo o deliberación, cuyo resultado es el de llegar a uno
de los dos juicios prácticos “esto debe hacerse aquí y ahora”, o “esto no debe hacerse ni aquí ni
ahora”. Las condiciones han sido puestas ahora para su decisión. Sabe ahora perfectamente lo
que debe hacer y las razones para ello.

Todo está dispuesto ahora para su veredicto, esto es, para el acto supremo de expresión de su ser
como persona de dirección autónoma. Acepta el uno o el otro de dichos juicios prácticos
alternativos del intelecto mediante una decisión de voluntad, lo que constituye su acto de
compromiso. El juicio práctico que precede inmediatamente a su decisión y expresa la alternativa
escogida es el último juicio práctico. El ceder, después de la deliberación, a una alternativa con
preferencia la otra es el acto deliberado de la voluntad. Tiene dos momentos, a saber:
considerando absolutamente como rendición a la atracción del objeto y aquiescencia en el juicio
del intelecto, se designa como consentimiento, y considerados comparativamente, en cuanto
preferencia de una alternativa con respecto a la otra, se designa como elección. Luego, mediante
el acto de mandato, esto es, un acto orientador del intelecto dirige su voluntad en el uso de los
medios para llevar su decisión a ejecución. Finalmente, vienen la percepción de que el objetivo ha
sido alcanzado y su goce.

DOCENTE[Escriba aquí] Mg. Mg. Mariela Sánchez R.


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En todo hay seis actos de voluntad. Tres de ellos son acerca del fin, estos son, el deseo, la
intención y el goce. Y tres son acerca de los medios, estos son, la elección, el consentimiento, y el
uso. Cada acto de la voluntad es precedido por un acto del intelecto, siendo el más importante de
estos la deliberación.

INTELECTO VOLUNTAD
Fin Percepción de la cosa buena Deseo
Juicio de asequibilidad Intención
Medio Deliberación Consentimiento
Ultimo juicio practico Elección
Ejecución Mandato Uso
Percepción de consecución Goce

2. DIVISIÓN DEL ACTO HUMANO


Por su relación con la moralidad, el acto humano puede ser:

• Bueno o lícito, si está conforme con la ley moral (por ejemplo, el dar limosna).

• Malo o ilícito, si le es contrario (por ejemplo, mentir).

• Indiferente, cuando ni le es contrario ni conforme a la moral (por ejemplo,


el caminar)

Aunque ésta es la división más importante, interesa señalar también que, debido a las
facultades que lo perfeccionan, el acto puede ser:

• Interno: el realizado a través de las facultades internas del hombre,


inteligencia, memoria, imaginación, por ejemplo, el recuerdo de una acción
pasada, o el deseo de algo futuro.

• Externo: cuando intervienen también los órganos y sentidos del cuerpo


(por ejemplo, comer o leer).

3. ELEMENTOS DEL A CTO HUMANO: LA ADVERTENCIA Y EL CONSENTIMIENTO

El acto humano exige la intervención de las potencias racionales, inteligencia y voluntad,


que determinan sus elementos constitutivos: la advertencia en la inteligencia y el
consentimiento en la voluntad.

3.1. La advertencia

Por la advertencia, el hombre percibe la acción que va a realizar, o que ya está realizando.
Esta advertencia puede ser plena o semiplena, según se advierta la acción con toda
perfección o sólo imperfectamente (por ejemplo, estando semi-dormido).

DOCENTE[Escriba aquí] Mg. Mg. Mariela Sánchez R.


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Obviamente, todo acto humano requiere necesariamente de esa advertencia, de tal modo
que un hombre que actúa a tal punto distraído que no advierte de ninguna manera lo que
hace, no realizaría un acto humano.

No basta, sin embargo, que el acto sea advertido para que pueda ser imputado
moralmente: en este caso es necesaria, además, la advertencia de la relación que tiene el
acto con la moralidad (por ejemplo, el que advierte que está conduciendo un automóvil,
pero no se da cuenta que tomo un carril no permitido, realiza un acto humano que, sin
embargo, no es imputable moralmente).

La advertencia, pues, ha de ser doble:

• advertencia del acto en sí y

• advertencia de la moralidad del acto.

3.2. El consentimiento

Lleva al hombre a querer realizar ese acto previamente conocido, buscando con ello un
fin. Como señala Santo Tomás (S. Th, I-II, q. 6, a. 1), acto voluntario o consentido es “el que
procede de un principio intrínseco con conocimiento del fin”.

Ese acto voluntario consentido puede ser:

• perfecto o imperfecto: según se realice con pleno o semipleno consentimiento;

• directo o indirecto: por la importancia que tiene en la práctica, estudiaremos


con más detenimiento lo que se entiende por acto voluntario indirecto y directo.

4. EL ACTO VOLUNTARIO INDIRECTO


El acto voluntario indirecto se da cuando al realizar una acción, además del efecto que se
persigue de modo directo con ella, se sigue otro efecto adicional, que no se pretende sino
sólo se tolera por venir unido al primero (por ejemplo, el militar que bombardea una
ciudad enemiga, a sabiendas de que morirán muchos inocentes: quiere directamente
destruir al enemigo -voluntario directo-, y tolera la muerte de inocentes -voluntario
indirecto-).

Es un acto, por tanto, del que se sigue un efecto bueno y otro malo, y por eso se le
llama también voluntario de doble efecto.

Es importante percatarse de que no es un acto hecho con doble fin (por ejemplo, robar al
rico para darle al pobre), sino un acto del que se siguen dos efectos: doble efecto, no doble
fin. Por ejemplo, Robin Hood realiza acciones con doble fin: el fin inmediato es robar al
rico, el fin mediato es darles ese dinero a los pobres. No es una acción de doble efecto,
sino una acción con un fin propio y un fin ulterior.

DOCENTE[Escriba aquí] Mg. Mg. Mariela Sánchez R.


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5. OBSTÁCULOS AL ACTO HUMANO


Se trata ahora de analizar algunos factores que afectan a los actos humanos, ya
impidiendo el debido conocimiento de la acción, ya la libre elección de la voluntad; es
decir, las causas que de alguna manera pueden modificar el acto humano en cuanto a su
voluntariedad o a su advertencia y, por tanto, en relación con su moralidad. Algunas de
esas causas afectan al elemento cognoscitivo del acto humano (la advertencia), y otras al
elemento volitivo (el consentimiento). Estos obstáculos pueden incluso llegar a hacer que
un “acto humano” pase a ser tan sólo “acto del hombre”

5.1. Obstáculo por parte del conocimiento: la IGNORANCIA

Por ignorancia, se entiende falta de conocimiento de una obligación.


En Ética, definirse como la falta de la debida ciencia moral en un sujeto capaz; es decir,
la ausencia de un conocimiento moral que se podría y debería tener. De este modo,
podemos distinguirla de:

• La nesciencia, o falta de conocimientos no obligatorios (por ejemplo, de la


medicina en quienes no son médicos).

• La inadvertencia, o falta de atención actual a una cosa que se


conoce habitualmente.

• El olvido o privación –actual o habitual- de un conocimiento que se


tuvo anteriormente.

• El error, o juicio equivocado sobre la verdad de una

cosa.

La ignorancia puede ser vencible o invencible:

• Ignorancia vencible: es aquella que se podría y debería superar, si se pusiera


un esfuerzo razonable (por ejemplo, consultando, estudiando, pensando, etc.). Se
subdivide en:

- Simplemente vencible: si se puso algún esfuerzo para vencerla,


pero

insuficiente e incompleto.

- Crasa o supina: si no se hizo nada o casi nada por salir de ella y, por
tanto, nace de un grave descuido en aprender las principales verdades la
moral, o los deberes propios del estado y oficio.

DOCENTE[Escriba aquí] Mg. Mg. Mariela Sánchez R.


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- Afectada: cuando no se quiere hacer nada para superarla con objeto


de pecar con mayor libertad; es, pues, una ignorancia plenamente
voluntaria.
• Ignorancia invencible: es aquella que no puede ser superada por el sujeto que
la padece, ya sea porque de ninguna manera la advierte (por ejemplo, las
personas que no advierte la ilicitud de la venganza), o bien porque ha intentado
en vano de salir de ella (preguntando o estudiando).

El deber de conocer la Ley Moral.

Como ya quedó señalado, la ignorancia puede a veces eximir de culpa y, en consecuencia,


de responsabilidad moral. Sin embargo, es conveniente añadir que existe el deber de
conocer la ley moral, para ir adecuando a ella nuestras acciones.

Ese conocimiento no debe limitarse a una determinada época de la vida, la niñez o la


juventud, sino que ha de desarrollarse a lo largo de toda la existencia humana, haciendo
una especial referencia al trabajo que cada uno desarrolla en la sociedad. De aquí se deriva
el concepto de moral profesional, como una aplicación de los principios morales generales
a las circunstancias concretas de un ambiente determinado. Por lo tanto, el deber de salir
de la ignorancia adquiere especial obligatoriedad en todo lo que se refiere al campo
profesional y a los deberes de estado de cada persona.

5.2. Obstáculos por parte de la voluntad

Los obstáculos que dificultan la libre elección de la voluntad son: el miedo, las pasiones, la
violencia y los hábitos.

El miedo. Es una vacilación del ánimo ante un mal presente o futuro que nos amenaza, y
que influye en la voluntad del que actúa. En general, el miedo -aunque sea grande-
no destruye el acto voluntario, a menos que su intensidad haga perder el uso de razón.

El miedo no es razón suficiente para cometer un acto malo, aunque el motivo sea
considerable: salvar la propia vida, o la fama, etc. Sería ilícito, por ejemplo, renegar de la
honestidad por miedo a perder el empleo. Por el contrario, si a pesar del miedo el sujeto
realiza la acción buena, es mayor el valor moral de esa acción.

Las pasiones. Designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o
no obrar. Son componentes naturales del psiquismo humano, constituyen el lugar de paso
entre la vida sensible y la vida del espíritu. Ejemplos de pasiones son el amor y el odio, el
deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira.
Las pasiones son en sí mismas indiferentes, pero se convierten en buenas o malas según el
objeto al que tiendan. Por eso, deben ser dirigidas por la razón y regidas por la voluntad, para
que no conduzcan al mal. Por ejemplo, la ira es buena cuando nos lleva a defender los derechos
de las familias, el placer es bueno si está regido por la recta razón. Si los objetos a que tienden

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las pasiones son malos, nos apartan del fin útimo: odio al prójimo, ira por motivos egoístas,
placer desordenado, etc.

Si las pasiones se producen antes de que se realice la acción e influyen en ella, disminuyen
la libertad por el ofuscamiento que suponen para la razón; incluso en arrebatos muy
violentos, pueden llegar a destruir esa libertad (por ejemplo, el padre que llevado por la ira
golpea mortalmente a su hijo pequeño).

Si se producen como consecuencia de la acción y son directamente provocadas, aumentan


la voluntariedad (por ejemplo, el que recuerda las ofensas recibidas para aumentar la ira y
el deseo de venganza). Cuando surge un movimiento pasional que nos inclina al mal, la
voluntad puede actuar de dos formas:

• Negativamente, no aceptándolo ni rechazándolo.

• Positivamente, aceptándolo o rechazándolo con un acto formal.

Para luchar eficazmente contra las pasiones desordenadas no basta una resistencia
negativa, puesto que supone quedar expuesto al peligro de consentir en ellas. Es necesario
rechazarlas formalmente llevando el ánimo a otra cosa: es el medio más fácil y seguro,
sobre todo para combatir los movimientos de ira.

La violencia. Es el impulso de un factor exterior que nos lleva a actuar en contra de


nuestra voluntad. Ese factor exterior puede ser físico (golpes, etc.) o moral (promesas,
halagos, ruegos insistentes e inoportunos, etc.), que da lugar a la violencia física o moral.

La violencia física absoluta -que se da cuando la persona violentada ha opuesto toda la


resistencia posible, sin poder vencerla- destruye la voluntariedad, con tal de que se resista
interiormente para no consentir el mal.

La violencia moral nunca destruye la voluntariedad pues bajo ella el hombre permanece
en todo momento dueño de su libertad. La violencia física relativa disminuye la
voluntariedad, en proporción a la resistencia que se opuso.

Los hábitos. Muy relacionados con el consentimiento están los hábitos o costumbres
contraídas por la repetición de actos, y que se definen como firme y constante tendencia a
actuar de una determinada forma. Esos hábitos pueden ser buenos y en ese caso los
llamamos virtudes, o malos, estos últimos constituyen los vicios.

6. LA MORALIDAD DEL ACTO HUMANO


El acto humano no es una estructura simple, sino integrada por elementos diversos. ¿En
cuáles de ellos estriba la moralidad de la acción? La pregunta anterior, clave para el estudio
de la ciencia moral, se responde diciendo que, en el juicio sobre la bondad o maldad de un
acto, es preciso considerar:

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• El objeto del acto en sí mismo,


• Las circunstancias que lo rodean, y
• La finalidad que el sujeto se propone con ese acto.

Dictaminar la moralidad de cualquier acción, hay que reflexionar antes sobre estos tres
aspectos.

6.1. El objeto

El objeto constituye el dato fundamental: es la acción misma del sujeto, pero tomada
bajo su consideración moral.
Nótese que el objeto no es el acto sin más, sino que es el acto de acuerdo con su
calificativo moral. Un mismo acto físico puede tener objetos muy diversos, como se
aprecia en los ejemplos siguientes:

MISMO ACTO - OBJETOS DIVERSOS:

- Matar, asesinato, defensa propia, aborto, pena de muerte.

- Hablar, mentir, insultar, adular, bendecir, difamar, jurar

La moralidad de un acto depende principalmente del objeto: si el objeto es malo, el acto es


necesariamente malo; si el objeto es bueno, el acto es bueno si lo son las circunstancias y
la finalidad. Por ejemplo, nunca es lícito calumniar, por más que las circunstancias o la
finalidad sean muy buenas.

Si el objeto del acto no tiene en sí mismo moralidad alguna (por ejemplo, pasear), la
recibe de la finalidad que se intente (por ejemplo, para descansar y conservar la salud), o
de las circunstancias que lo acompañan (por ejemplo, con una mala compañía).

Aun cuando pueden darse objetos morales indiferentes en sí mismos ni buenos ni


malos, sin embargo, en la práctica no existen acciones indiferentes (su calificativo moral
procede en este caso del fin o de las circunstancias). De ahí que en concreto toda acción o
es buena o es mala.

6.2. Las circunstancias

Las circunstancias (circum-stare: hallarse alrededor) son diversos factores o modificaciones


que afectan al acto humano. Se pueden considerar en concreto las siguientes:

1) Quién realiza la acción (por ejemplo, la autoridad que comete un ilícito.).

2) Las consecuencias o efectos que se siguen de la acción (un leve descuido del
médico puede ocasionar la muerte del paciente).

3) Qué cosa: designa la cualidad de un objeto (por ejemplo, el robo de una cosa sagrada)

o su cantidad (por ejemplo, el monto de lo robado).

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4) Dónde: el lugar donde se realiza la acción (por ejemplo, un acto ilícito cometido
en público es más grave, por el escándalo que supone).

5) Con qué medios se realizó la acción (por ejemplo, si hubo fraude o engaño, o si se
utilizó la violencia).

6) El modo como se realizó el acto (por ejemplo, rezar con atención o


distraídamente, castigar a los hijos con crueldad).

7) Cuándo se realizó la acción, ya que en ocasiones el tiempo influye en la


moralidad
(por ejemplo, no pagar impuesto en la fecha correspondiente)
6.3. La finalidad

La finalidad es la intención que tiene el hombre al realizar un acto, y puede coincidir o


no con el objeto de la acción. No coincide, por ejemplo, cuando camino por el campo
(objeto) para recuperar la salud (fin). Si coincide, en cambio, en aquel que se emborracha
(objeto) con el deseo de emborracharse (fin).

En relación a la moralidad, el fin del que actúa puede influir de modos diversos:

1) Si el fin es bueno, agrega al acto bueno una nueva bondad (por ejemplo, oír Misa -
objeto bueno- en reparación por los pecados -fin bueno-).

2) Si el fin es malo, vicia por completo la bondad de un acto (por ejemplo, ir a Misa -
objeto bueno- sólo para criticar a los asistentes -fin malo-).

3) Cuando el acto es de suyo indiferente el fin lo convierte en bueno o en malo (por


ejemplo, pasear frente al banco -objeto indiferente- para preparar el próximo
robo - fin malo-).

4) Si el fin es malo, agrega una nueva malicia a un acto de suyo malo (por
ejemplo, robar -objeto malo- para después embriagarse -fin malo-).

5) El fin bueno del que actúa nunca puede convertir en buena una acción de
suyo mala. Dice San Pablo: “No deben hacerse cosas malas para que resulten
bienes” (cfr. Rom. 8,3). Por ejemplo, no se puede jurar en falso -objeto malo-
para salvar a un inocente -fin bueno-, o dar muerte a alguien para liberarlo de
sus dolores, o robar al rico para dar a los pobres, etc.

7. DETERMINACIÓN DE LA MORALIDAD DEL ACTO HUMANO


El principio básico para juzgar la moralidad es el siguiente:

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Para que una acción sea buena, es necesario que lo sean sus tres elementos: objeto
bueno, fin y circunstancias buenos; para que el acto sea malo, basta que lo sea
cualquiera de sus elementos (“bonum ex integra causa, malum ex quocumque
defectu”: el bien nace de la rectitud total; el mal nace de un sólo defecto; S. Th., I-II,
q. 18, a. 4, ad. 3).

La razón es clara: estos tres elementos forman una unidad indisoluble en el acto
humano, y aunque uno sólo de ellos sea contrario a la ley divina, si la voluntad obra a pesar
de esta oposición, el acto es moralmente malo.

BIBLIOGRAFÍA

FAGOTHEY, AUSTÍN (1973). Ética teoría y aplicación. México. Nueva editorial Interamericana.
RODRÍGUEZ DUPLÁ, L (2001). Ética. España: Biblioteca de Autores.
SIMONS C. ALBERTO (2017 ) Ética y ejercicio de la ciudadanía. Fondo editorial. PUCP
SOTO PACO, R (2004). Ética. Perú: Editorial Amex.

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