Historia Regimenes Fiscales
Historia Regimenes Fiscales
INSTITUTO DE ECONOMÍA
ÍNDICE
PRESENTACIÓN ............................................................................................................ 3
Capítulo I. ......................................................................................................................... 6
EL MARCO ANALÍTICO: FINANZAS PÚBLICAS Y REGÍMENES FISCALES ..... 6
I.1. UNA ESTRATEGIA PARA LA IDENTIFICACIÓN DE REGÍMENES
FISCALES.................................................................................................................... 6
I.2. LAS IDEAS FUERZA EN LAS FINANZAS PÚBLICAS: TENDENCIAS
GLOBALES Y EXPERIENCIA NACIONAL ............................................................ 9
I.3. ESCENARIOS EN QUE SE DESENVUELVE LA FISCALIDAD ................... 12
I.4. LOS REGÍMENES FISCALES ........................................................................... 14
I.4.1. Primer Régimen Fiscal: Estado Social... pero subordinado al equilibrio fiscal
................................................................................................................................ 14
1.4.2. Segundo Régimen Fiscal: la fiscalidad como instrumento de desarrollo y
redistribución .......................................................................................................... 14
I.4.3. Tercer Régimen Fiscal: la responsabilidad fiscal como piedra angular........ 16
6
PRESENTACIÓN
Esta obra propone una exploración de las finanzas públicas uruguayas en el largo plazo.
La investigación que le dio origen y el análisis de historia económica que se ofrece al
lector, fueron encarados de acuerdo a tres convicciones básicas.
Por un lado, que la economía es una actividad resultante de relaciones sociales, lo que
otorga a los fenómenos involucrados una dinámica que sólo puede comprenderse
asumiendo el tiempo histórico como elemento fundamental. El comportamiento de los
“agentes económicos” deja entonces de ser el resultado de la racionalidad sustantiva y
aparece como efecto de la particular articulación entre los intereses individuales y las
condicionantes sociales y políticas en las que se actúa. Se entiende que los fenómenos
sociales, y entre ellos los fenómenos económicos, emergen de la interacción entre
individuos e instituciones en determinadas circunstancias históricas.
La investigación partió de una definición del Estado como organización que cumple sus
funciones en línea con las fuerzas políticas y económicas dominantes, legitimadas en
consensos sociales y de acuerdo con los paradigmas ideológicos, económicos y/o
culturales de su época. Mediante los instrumentos que tiene a su disposición, el Estado
expresa relaciones de poder y dominación en la organización social, que tiende a
mantener y reproducir. En consecuencia, es parte y puede contribuir al desarrollo
económico-social del sistema económico predominante en momentos y lugares
específicos.
3
Este libro no pretende ser una obra acabada, sino una síntesis de la investigación llevada
adelante en el Área de Historia Económica del Instituto de Economía acerca del
contenido central de las finanzas públicas del Estado uruguayo en el largo plazo. En este
sentido, más que cerrar discusiones, aspira a abrirlas, tomando como punto de partida la
evidencia acumulada hasta el momento y procurando desvelar materias, episodios y
tendencias de larga duración que puedan ser objeto de análisis futuros por parte de la
historia, la economía y, por supuesto, de la propia historia económica.
La investigación que da origen a esta obra se desarrolló durante los últimos cinco años y
aún no ha concluido. Fue posible gracias al apoyo de la Comisión Sectorial de
Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República (UdelaR), que
financió tres proyectos de Investigación y Desarrollo (I+D) elaborados por un equipo de
investigadores integrantes del Área de Historia Económica. Los proyectos que se
sucedieron fueron: “De quiénes, para quiénes y para qué: las finanzas públicas en el
Uruguay (1930-1959)”, continuado por “Las finanzas públicas uruguayas en el siglo
XX y el papel redistributivo del Estado”, que culmina en el proyecto en curso “Modelos
de Bienestar en el Uruguay: estructura tributaria y gasto público social en el siglo XX”.
Esta enumeración muestra dos tendencias: la de direccionar gradualmente la
investigación hacia el largo plazo, en el convencimiento que como historiadores
económicos es la mejor contribución que podemos realizar para la comprensión de la
sociedad contemporánea, y la de ahondar en el papel distributivo del Estado, en especial
el asumido mediante el gasto social.
Los autores de esta obra han integrado, algunos en diferentes momentos, el equipo de
Finanzas Públicas del Área, coordinado por Magdalena Bertino y Reto Bertoni. Se trata
pues de una obra colectiva, que aunó los esfuerzos de investigadores provenientes de la
Historia (Bertino, Bertoni, García Repetto) y de la Economía (Azar, Fleitas, Sanguinetti,
Sienra y Torrelli) y que han convergido en la Historia Económica. Esta impronta
multidisciplinaria ha caracterizado la labor del Área de Historia Económica del Instituto
de Economía desde su creación. Además, los autores han procesado la acumulación en
el campo de la investigación con la formación disciplinaria en Historia Económica,
gracias a la incorporación de varios de los integrantes del equipo, como alumnos y
también como docentes, a la Maestría en Historia Económica que se desarrolla en la
Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR).
Varias de las secciones que forman parte de este libro, en sus versiones primarias, han
sido discutidas en seminarios y congresos, permitiéndonos dialogar con nuestros
colegas nacionales y extranjeros. A todos agradecemos sus comentarios, críticas y
sugerencias. También agradecemos al Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y
de Administración, el Cr. Walter Rossi, por su apoyo a nuestra labor.
Nuestro especial agradecimiento es hacia CSIC, sin cuyo apoyo durante varios años
nuestra investigación y la edición de esta obra no habrían sido posibles. La estructura
1
Millot, Julio y Bertino, Magdalena: volumen I Desde los orígenes hasta 1860 (1991) y volumen
II Historia Económica del Uruguay 1860-1910 (1996) y Bertino, Magdalena;.Bertoni, Reto; Tajam,
Héctor y Yaffé, Jaime: La economía del batllismo y de los años veinte (2005).
4
del libro tiene el siguiente orden: el Capítulo I presenta el marco analítico y la estrategia
para la definición e identificación de los regímenes fiscales; el Capítulo II trata, desde
un enfoque macroeconómico, el desempeño de los resultados fiscales, derivados de la
evolución conjunta de los egresos e ingresos y de las formas en que los gobiernos lo han
financiado. El Capítulo III ofrece una mirada secular al comportamiento de una de esas
fuentes de financiamiento: la deuda pública. Los dos siguientes se refieren a los
ingresos tributarios: su evolución, nivel y estructura (Capítulo IV) y al “impuesto
cambiario” establecido mediante el Fondo de Diferencias Cambiarias (Capítulo V).
Continúan cuatro capítulos que se centran en el gasto público: los regímenes
presupuestales y los presupuestos (Capítulo VI), el gasto del Gobierno Central en su
evolución, nivel y estructura (Capítulo VII), el gasto social (capítulo VIII) y dentro de
éste un estudio particular de la seguridad social (Capítulo IX). El Capítulo X trata de la
expansión del funcionariado público y sus causas. En las conclusiones se recogen los
hallazgos realizados en cada capítulo y su aporte para la definición de los regímenes
fiscales.
5
Capítulo I.
A través de los impuestos el Estado se apropia de parte del ingreso de las familias y de
las empresas, incidiendo en su restricción presupuestaria y en los costos de manera
directa y conformando una determinada estructura de incentivos. Así mismo, mediante
el gasto público participa como un agente decisivo en la demanda de bienes y servicios
y de fuerza de trabajo vía el empleo público. Pero, además, ofrece servicios que pueden
interpretarse como formas de salario indirecto (educación, salud, subsidios a bienes de
primera necesidad, etc.); realiza transferencias hacia determinados sectores sociales y
actúa como productor a través de las empresas públicas. Finalmente, el manejo de los
resultados fiscales se constituye en un factor de tensión por su incidencia en los
equilibrios macroeconómicos y obliga, en caso de instalarse el déficit, a decidir sobre
las fuentes más adecuadas de financiamiento.
En cada una de estas acciones vinculadas al gasto público, a los tributos, al equilibrio
fiscal o al endeudamiento, el Estado refleja relaciones de poder y dominación históricas
y complejas, que intentan preservarse. Pero a la vez, es portador de tensiones y
conflictos que pueden dar forma e influir en la transformación de los procesos en curso.
La combinación final de estos factores expresa el modo en que la sociedad y los actores
políticos resuelven, en cada período histórico, la pugna de intereses en torno al rol del
Estado en la economía y en la sociedad. Esa particular articulación de instrumentos,
objetivos y resultados dará origen a distintos “regímenes fiscales”.
6
Los principales aportes recogidos tienen que ver con el manejo que realiza la primera de
algunas categorías analíticas tales como “régimen de acumulación”, “modo de
regulación” y “formas institucionales”, que resultan útiles para discutir la naturaleza de
los regímenes fiscales2.
2
Así, por ejemplo, la “forma institucional estado” aparece caracterizada como “un Estado que se
inserta en la economía, asume responsabilidades como codificador y garante de compromisos
institucionalizados y procura la coordinación del conjunto de políticas económicas” (Neffa, 1998:51).
7
magnitud de la fiscalidad depende –en gran medida- el grado de la acción estatal para
provocar reacciones o influir sobre las unidades económicas. Es cierto que, junto a la
acción fiscal strictu sensu, la autoridad estatal interviene en diversos mercados a través
de regulaciones específicas. Pero, a los efectos de este trabajo, se considera solamente la
intervención fiscal propiamente dicha. El nivel de los ingresos y gastos públicos permite
apreciar el grado con que la acción estatal influye en los fenómenos económicos. Los
siguientes indicadores contribuyen a aproximar el peso del Estado en la economía, en
términos de la cantidad de recursos que moviliza y de su relación con la riqueza
generada:
En particular, ¿cuál fue el manejo macroeconómico más difundido en cada etapa del
siglo y cuáles las alternativas de política que de allí emanaban? Esta preocupación
motivó un esfuerzo por identificar las ideas predominantes desde el punto de vista del
funcionamiento económico y el papel asignado al Estado y, particularmente, a la
fiscalidad en esa perspectiva. Esta aproximación cualitativa a la gestión fiscal, permitió
definir escenarios en que la restricción presupuestaria y el manejo de los resultados
fiscales actuaron fuertemente. Como la magnitud y financiación del déficit incorporan
un factor que incide en el nivel y la estructura del gasto público, el análisis del impacto
macroeconómico del resultado de las cuentas públicas constituye un aspecto relevante.
La aproximación a esta dimensión, en cada etapa, se realizó en base a indicadores sobre:
(III) El papel distributivo del Estado. Una forma de aproximarse a este fenómeno es
indagando de quiénes se obtienen los recursos y a quiénes se destina el gasto. Al
entrañar una forma de intervención en la asignación de recursos establecida por el
mercado, los gastos públicos y los impuestos tienen siempre un impacto distributivo.
Aunque la información disponible no permite una aproximación rigurosa al impacto
distributivo de las finanzas públicas a lo largo del siglo, fue posible identificar el sentido
y la finalidad de los gastos públicos, qué actividades o sectores se busca promover y/o
proteger, así como la incidencia –antes de cualquier traslación- de la carga tributaria.
Para evaluar en qué medida puede asistirse a cambios en esta dimensión se trabajó en
función de los siguientes indicadores:
8
Prioridad Fiscal
Composición del Gasto Público Social
Cobertura de las pasividades de la Seguridad Social
Estructura tributaria y otras fuentes de ingreso
No parece discutible que los años treinta y setenta del pasado siglo constituyan
momentos de quiebre en la historia económica mundial y, al mismo tiempo, escenarios
de ruptura en las ideas económicas dominantes. La Gran Depresión y el fin de la “edad
de oro” del capitalismo marcaron a fuego a dos generaciones de políticos e
intelectuales, cuestionaron el “sentido común” en la disciplina económica y presionaron
un cambio de rumbo en las políticas.
Uno de los temas que polarizó la lucha entre lo viejo y lo nuevo a escala global, en
ambas coyunturas, fue el papel del Estado y las finanzas públicas. Si la resolución del
conflicto se dirimió a favor del keynesianismo en el primer escenario, la victoria de la
contrarrevolución neoclásica habría caracterizado el fin del enfrentamiento de los años
setenta.
9
Así, bajo la “autoridad” de la “Teoría General” de Keynes (1936), prácticamente no se
discutió a lo largo de cuatro décadas el papel protagónico que correspondía al Estado
como actor decisivo en la conformación de la demanda agregada. Pero, más importante
aún, como un articulador y proveedor fundamental en la conquista de mayores niveles
de bienestar por parte de las sociedades occidentales.
El ocaso de este paradigma y, con él, el del “estado providente” vino de la mano de las
dificultades que mostraron las ideas dominantes para explicar y para enfrentar la gran
enfermedad que sufrieron las economías capitalistas avanzadas al finalizar los años
sesenta: la estanflación. El monetarismo ofreció entonces, más que una superación del
problema, una explicación plausible de las distorsiones que se gestaban por la
intervención del Estado en la economía. La política fiscal fue ubicada en el centro de las
críticas.
Estas tendencias globales determinaron, en gran medida, los cambios en las políticas
económicas y, en particular en la política fiscal, a nivel mundial. No obstante, la
dinámica con que se operaron los cambios varió de un país a otro, por lo que, al tiempo
de reconocer la incidencia de esas tendencias globales, es necesario no descuidar la
especificidad histórica de los procesos nacionales.
Es posible afirmar, pues, que hasta los años treinta predominó entre intelectuales y
políticos la concepción de las finanzas públicas como una rama de la administración o
la contabilidad, cuya especificidad derivaba del carácter público de esta actividad
financiera. La concepción de que el Estado debía intervenir sólo en ámbitos muy
específicos como lo era la producción de algunos bienes públicos, reducía el papel de la
fiscalidad al diseño de un andamiaje institucional para captar recursos –por la vía
tributaria– con la precaución de no generar mayores distorsiones al funcionamiento de
los mercados.
10
Este paradigma fue cuestionado sólo parcialmente por el batllismo. Esta corriente
reformista definió con mayor amplitud el ámbito de lo público y justificó la
intervención estatal con argumentos que trascendían el enfoque económico. No
obstante, al igual que en el plano monetario, la política fiscal del batllismo se manejó
con apego a las ideas dominantes en la materia. Es posible afirmar que allí radicó una de
las contradicciones básicas del “modelo batllista”: no era posible construir el “estado
social” en ancas de políticas inspiradas en la ortodoxia liberal.
Habría que esperar a la demolición del “viejo orden”, a manos de la crisis financiera y la
Gran Depresión de los años treinta, para que la política fiscal tuviera otro significado
como instrumento de política económica. La revolución keynesiana fue ganando
adeptos y al finalizar la Segunda Guerra Mundial emergió como la concepción
dominante respecto al papel del Estado y su actividad financiera. El nuevo “consenso”
en la ciencia económica otorgó al manejo de las variables fiscales un rol fundamental en
la resolución de los desequilibrios resultantes del libre juego de la oferta y la demanda.
En los primeros años de la década del treinta, tanto en Uruguay como en otros países se
pusieron en juego diversas medidas pragmáticas, de corte heterodoxo, para hacer frente
a la crisis. Algunas de ellas reflejaban un cambio cualitativo en el manejo del gasto
público y en la selección de los instrumentos para enjugar el déficit. Estos primeros
ensayos encontraron respaldo teórico luego de la difusión de la “Teoría General” de
Keynes y, desde entonces, la política económica incorporó de manera sistemática los
instrumentos fiscales en el diseño de las estrategias tendientes a promover la
acumulación y en aquellas que perseguían objetivos de redistribución.
11
internacionales, e implementado por la dictadura. Si el segundo era un objetivo
fundamental para dar sustento a cualquier proyecto de reforma fiscal, el primero definió
el sentido de las políticas redistributivas.
En los años ochenta emergió un nuevo consenso a nivel global y las recomendaciones
en materia fiscal encontraron un lugar destacado en el denominado “Consenso de
Washington”, la nueva ortodoxia.
La economía uruguaya creció en forma dinámica hasta promediar el siglo. Entre 1900 y
1957, la riqueza, medida en relación al Producto Bruto Interno (PBI), se expandió a una
tasa media acumulativa anual de 3,3%, a pese al impacto de dos guerras mundiales y a
la crisis más profunda vivida por el capitalismo (1929). En contraposición, entre 1957 y
1998 el producto creció al modesto ritmo de 1,9% anual (Bertino y Tajam, 1999). De
allí en adelante, el siglo se cerraría con una profunda recesión y una crisis que se
extenderían hasta 2003 (Gráfico 1).
350.000
300.000
250.000
200.000
150.000
100.000
50.000
0
1900
1907
1914
1921
1928
1935
1942
1949
1956
1963
1970
1977
1984
1991
1998
3
En términos per capita la tasa de crecimiento fue negativo en ese período.
12
La primera fase expansiva de la economía uruguaya, motorizada por el buen desempeño
exportador, se interrumpió con la desarticulación de la economía mundial en la que
había logrado una relativamente exitosa inserción desde fines del siglo XIX. La Primera
Guerra Mundial puso fin a la primera globalización, destruyó los arreglos
institucionales que habían hecho posible la vigencia del patrón oro y promovió cambios
decisivos en la hegemonía mundial.
La recuperación de los niveles de preguerra en los primeros años veinte dio lugar a una
nueva fase expansiva hasta 1930, en un contexto de optimismo interno y euforia
especulativa en el nuevo centro financiero internacional. No obstante, cuando se
analizan las características del crecimiento en este período, es posible detectar, como
fenómeno emergente, un importante desequilibrio de la balanza de pagos, que se iba a
constituir en un factor de crisis en el momento en que los mercados financieros
internacionales colapsaron después del “jueves negro” de 1929.
El año 1930 instala un quiebre entre dos épocas en la evolución económica del
Uruguay. Allí culminó una fase expansiva y comenzó una depresión que no se revirtió -
de manera firme- hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país ingresó en
otra fase de gran crecimiento, la más importante del siglo XX (Bertino et ál., 2001). El
modelo de crecimiento introvertido, o modelo de industrialización por sustitución de
importaciones, gestó niveles de bienestar sin precedentes, en el marco de políticas
activas de redistribución.
Tras el estancamiento de los años sesenta, la década siguiente verificó una reactivación,
en el marco del gobierno dictatorial, que terminó con la profunda crisis de 1982. En
adelante, ya restaurada la democracia, desde mitad de los años ochenta la economía
volvió a dinamizarse, alcanzándose la recuperación de los niveles de pre-crisis hacia
inicios de los noventa. Desde entonces, el producto crecería (aunque con fluctuaciones)
hasta la crisis y recesión que caracterizaron el cambio de siglo.
13
de regulación. Su objeto de estudio son las finanzas públicas y se refiere a dichos
componentes a partir de otros trabajos que han definido modelos o estilos de desarrollo
de Uruguay en el largo plazo.
A título de resumen y adelanto de lo que son las conclusiones a las que arribó el proceso
de investigación llevado a cabo, se ofrece a continuación una presentación de los
aspectos sustantivos que definen a los tres regímenes fiscales que fueron identificados.
I.4.1. Primer Régimen Fiscal: Estado Social... pero subordinado al equilibrio fiscal
14
el período anterior y que gestaron nuevas formas institucionales para intentar regular el
proceso de acumulación.
La primera cubre los años treinta y comienzos de los cuarenta. Desde el punto de vista
de la política económica, las medidas adoptadas se orientaron a contener los efectos de
la crisis internacional, defender la rentabilidad del sector agro-exportador, equilibrar la
ecuación fiscal (ingresos/egresos) que comenzaba a acumular déficit, y a aumentar la
protección a la industria posibilitando su capitalización con la contención de los
salarios, reprimiendo cualquier protesta social.
La segunda, comprendería los años 1943-1959. Durante ésta, puede afirmarse con
propiedad que el Uruguay ingresó, decididamente, en el modelo de desarrollo ISI,
llevado adelante por el “neo-batlismo”. Este grupo político colorado afianzó la
concepción del “estado de bienestar” gracias al “dirigismo”, e instrumentó una política
de transferencia de excedentes del sector primario ganadero al sector industrial y
agrícola y a los trabajadores formales urbanos.
La última etapa se inició con el gobierno del Partido Nacional (1959-1966), por primera
vez en el poder tras 93 años. La tónica del accionar del gobierno fue la de desarticular
todo el aparato de protección organizado alrededor de la industrialización sustitutiva, de
manera de asentar las bases para la vuelta a un modelo de desarrollo que se basara en las
ventajas comparativas de la producción agropecuaria y su industrialización, fijando al
“mercado” como mecanismo eficiente de asignación de recursos.
Pese a estos diferentes estadios, entre 1930 y 1973 predominó –no sin sufrir “crisis de
hegemonía”– la idea de que la política fiscal debía utilizarse con fines cada vez más
amplios de política económica y social. En ese marco, el gasto público adquirió un valor
estratégico y obligó a encontrar mecanismos para financiarlo. Todo un andamiaje
institucional al servicio de la regulación económica acompasó entonces la ampliación de
las funciones del Estado –y el gasto–, asegurando las transferencias de ingreso necesarias
para sostener el “crecimiento hacia adentro”.
15
acumulación de capital en el sector de la industria y la agro-industria, consiguiendo el
elenco político “neo-batllista” el decidido apoyo de los primeros y la férrea oposición de
los ganaderos, que actuaron como grupos de presión por medio de las distintas
organizaciones4. El sector trabajador y la clase media apoyaron decididamente este
nuevo orden de cosas en la medida en que la política instrumentada mediante distintos
arreglos institucionales (Consejos de Salarios, Asignaciones Familiares, Cajas de
Jubilaciones, Dirección de Subsistencias, etc.) significaba el mejoramiento de sus
ingresos y de sus condiciones de vida en general.
Las dificultades que el modelo introvertido encontró en un país pequeño como Uruguay,
indujeron a que el Estado subsidiara, por múltiples vías, la estrategia de desarrollo
asumida.
La solución para obtener fondos a los efectos de atender esas necesidades crecientes del
Estado estaba en la ampliación del sistema impositivo, pero un cambio en la estructura del
sistema tributario presentaba limitaciones de carácter político y económico. El
agotamiento del segundo régimen fiscal en el siglo XX vino de la mano de las dificultades
para financiar el edificio de redistribución montado en los años cuarenta y cincuenta.
El último cuarto del siglo XX puede caracterizarse, desde el punto de vista de las
finanzas públicas, como un nuevo régimen fiscal. Lo interesante es que los
compromisos institucionalizados que dieron lugar a este régimen trascendieron las
formas políticas específicas que adoptó el estado uruguayo. Con dictadura (1973-1984)
4
El sector pecuario se encontraba organizado en tres grandes instituciones: la Asociación Rural
del Uruguay (1871) que representaba a los grandes productores; la Federación Rural (1915), gremial que
pretendió erigirse como representante de todos los productores; la Liga Federal de Acción Ruralista
(1951), muy activa en la década del ’50 bajo el liderazgo de Benito Nardone (“Chico-Tazo”) que buscó
nuclear al pequeño y mediano productor pero para la acción política abandonando la característica de
grupo de presión de las otras dos organizaciones.
16
y con democracia (1985-2000) el equilibrio fiscal, la neutralidad del sistema tributario y
la reconsideración del papel del estado, pautaron las políticas económicas. Al ajuste
fiscal “para crecer” que caracterizó al “intervencionismo reestructurador” de la
dictadura, siguió el ajuste para hacer frente a la crisis, que sobrevino como resultado de
las distorsiones generadas en el funcionamiento económico por el “liberalismo
estabilizador”, entre 1979 y 1982.5
En ese contexto, fue inevitable que surgieran tensiones muy fuertes entre la
preocupación por mostrar a los acreedores y auditores externos que el resultado fiscal
mejoraba progresivamente y la necesidad de satisfacer las postergadas demandas
sociales. El resultado fue que se mantuviera un severo control sobre el gasto público,
atendiendo las situaciones más urgentes, pero imponiendo como norma que dichas
erogaciones debían contar con fuentes de financiamiento específicas para ser
habilitadas.
5
“Intervencionismo reestructurador” y “liberalismo estabilizador” son los términos utilizados por
Notaro (1984) para definir la política económica de la dictadura en aquellos años.
6
Así se denominó al instrumento de política cambiaria utilizado en el período, consistente en el
tipo de cambio preanunciado.
17
La discusión de la presencia de tres regímenes, como expresión de disímiles formas de
articulación de los instrumentos fiscales, será retomada en las conclusiones de este
libro. Para ello, en los siguientes capítulos se analiza el desempeño de diferentes
variables fiscales, buscando desentrañar la lógica de las políticas impulsadas y los
factores económicos, políticos y sociales que contribuyen a explicar los resultados
obtenidos. La información obtenida con ese abordaje genera los insumos que nutren los
indicadores definidos en el marco analítico.
18
X. 5 REFLEXIONES FINALES
Se entiende que a lo largo del siglo ambas respuestas son correctas. No cabe duda de
que el Estado fue expandiendo y complejizando sus funciones; también es indudable
que la permanencia de una estructura económica, basada en la producción pecuaria
extensiva y en la gran propiedad, determinó la continua expulsión de la población del
campo y el desempleo estructural. Estas circunstancias determinaron que el empleo
público siempre fuera una opción valedera en el Uruguay. Por otra parte, el papel
clientelístico también operó en toda la historia del país. El énfasis que adquirieron
ambos aspectos, el Estado amortiguador del desempleo estructural y el papel
clientelístico del empleo público, varió en los diferentes escenarios de la historia del
país.
El giro que se produce en el último régimen fiscal, con la apertura externa y la pérdida
de importancia del mercado interno, trae aparejada la búsqueda de la reducción del
Estado y de su costo –un Estado barato–, la que se procesa en dos escenarios. Durante la
“dictadura militar” el intento de reducir el empleo público no se logró debido a las
necesidades y a los intereses de la represión. En los años noventa, en cambio, con la
profundización de la apertura económica se avanza considerablemente en el achique del
Estado y del empleo público.
19
LOS REGÍMENES FISCALES EN EL URUGUAY DEL SIGLO XX
Es indiscutible que, a lo largo del siglo XX, las finanzas públicas ocuparon un espacio
creciente en la economía uruguaya. Es clara esta tendencia, si se observa la evolución
del gasto y de los ingresos del Gobierno Central en relación al producto. Sujeto a
discusiones y diferentes valoraciones, el aumento de la plantilla de funcionarios ha
acompañado esta trayectoria, pero sólo hasta el último cuarto del siglo. Por su parte, la
ampliación fue constante en el caso del gasto en prestaciones a la seguridad social; en
particular, del componente de pasividades. Tal permanencia, en un país donde la
transición demográfica se dio tempranamente, da cuenta, en principio, de un
compromiso fuerte y consistente de las finanzas públicas con una parte considerable de
la protección social.
20
El desequilibrio fiscal también fue una característica permanente. Más allá de los
resultados corrientes y primarios, la recurrente tendencia al déficit total, no resuelta por
los diferentes ajustes fiscales realizados, implicó una presión frecuente sobre las fuentes
de financiamiento. Pese a esta regularidad, el cambio en los énfasis concedidos al
equilibrio de las cuentas públicas, la magnitud de los déficits y de los instrumentos
utilizados para hacerles frente, mostraron variaciones importantes a lo largo del siglo,
permitiendo caracterizar distintos escenarios (Cuadro 2).
Resulta-
Resultados Resultados
Ideas-fuerza dos
Corrientes / Primarios / Financiamiento
Fiscales
PBI PBI
/ PBI
Deuda Señoreaje
Equilibrio y Superávit Deuda
1er. Menor al
neutralidad fiscal Déficit 1% Tendencia al (excepto externa e
régimen promedio
en pugna con rol promedio equilibrio crisis 13 y interna
fiscal histórico
distributivo PGM) subsidiaria
Política fiscal y
Deuda
regulación.
interna
(hasta los
Prioridad fiscal
50) y
(PF) creciente del
empapela-
GPS y
miento
cuestionamientos
2do. Déficit Mayor al
al nivel y a la Déficit 2%
régimen Déficit (creciente en Desde los promedio
estructura promedio
fiscal los 60) 60, deuda histórico
tributaria.
externa
con
En los sesenta
organismos
permanencia del
financieros
gasto, pese a
internacio-
estancamiento
nales
con inflación
“Responsabilidad
fiscal”,
preocupación por
la sostenibilidad,
racionalización y Alternancia
Igual al
neutralidad de superávit
3er. Equilibrio Deuda promedio
impositiva Déficit 2% y déficit
régimen (excepto externa e histórico
promedio (éstos
fiscal crisis 1982) interna (tendencia
PF en caída asociados a
decreciente)
durante la crisis)
dictadura y
recuperación en
los noventa
La estructura de los ingresos públicos, por su parte, permite dar cuenta de algunas
tendencias de larga duración, especialmente en lo que respecta a la imposibilidad de
21
modificar la base tributaria. La interpretación conjunta de estos instrumentos fiscales
también contribuye a reflexionar sobre la presencia de regímenes fiscales distintos.
La dinámica con que se consiguió la cobertura del riesgo de vejez ofrece una
información complementaria de sumo interés para entender la estructura del gasto social
y sus implicancias distributivas. La interpretación de estos fenómenos no es simple,
pues conjuga un sentido progresivo, al ofrecer un ingreso a personas que por su edad no
pueden obtenerlo en el mercado y al mismo tiempo –en el caso de las jubilaciones, por
su carácter contributivo- impone un sesgo regresivo a la distribución, al predominar un
gasto que tiende a reproducir las inequidades del mercado de trabajo.
Indirectos
Comercio
Cobertura de
internos
Directos
Estructura Prioridad Composición
las
del Gasto Fiscal GPS
pasividades
22
Finalmente, la perspectiva histórica que inspiró el modelo de análisis, permitió
descubrir episodios que revelan con particular claridad las “huellas” de los
compromisos formales e informales, que subyacen tras el comportamiento de las
finanzas públicas. En este sentido, esta dimensión ofrece evidencia cualitativa que
enriquece la definición de los regímenes fiscales (Cuadro 4).
Presupuesto y Cambios en
Reforma Orientación del
ordenamiento “aparato
tributaria Gasto
financiero estatal”
Poder Fracaso de la Definición de Ampliación de
Legislativo “reforma ámbitos (“fines fines y tímida
determina fiscal del secundarios del descentralización
dotaciones, batllismo”. Estado”) (Constitución
atribuciones y Rechazo de 1919)
1er. régimen fiscal
remuneraciones proyectos de
de los impuesto a la
funcionarios. renta de las
personas
físicas.
Poder Ejecutivo Consenso en Promoción y Clientelismo vs.
“responsable” aplicación de protección con inamovilidad del
del orden impuestos a aspiración al funcionariado
económico- las rentas y universalismo público
financiero. ausencia de
2do. régimen fiscal Leyes de instrumentos Preocupación por
Ordenamiento capaces de la gestión y
Financiero efectivizarlo eficiencia del
explícitas. funcionariado
público
En los primeros treinta años del siglo XX el Estado uruguayo, en el marco de un agitado
proceso político, amplió notablemente su papel como proveedor de servicios sociales
básicos y asumió el compromiso de alcanzar con ellos una cobertura a escala nacional.
El efecto de este proceso debía, necesariamente, reflejarse en un incremento del gasto
público, tal como se mostró en las series. Sin embargo, a partir de la segunda década del
siglo, coincidiendo con un importante impulso a la ampliación de la actividad estatal, la
restricción financiera originada en la crisis de 1913 y amplificada por la Primera Guerra
Mundial (PGM), constituyó un importante obstáculo a la implementación de los
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cambios propuestos. El gasto público, que antes del conflicto bélico se ubicaba en torno
a 10% del PBI, cayó en esta etapa y recién recuperó esta participación hacia 1930.
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el comportamiento del gasto público, se constata un incremento notable (inducido por el
GPS), en buena medida explicado por la ampliación de la cobertura de los seguros de
retiro y las pensiones a la vejez. Estos fenómenos mantienen al sector público como
protagonista de las acciones tendientes a promover la protección social.
Entre las múltiples maneras en que se manifestó la creciente intervención del Estado en
la economía, la política fiscal constituyó un área destacada entre 1930 y 1973 y, al
menos hasta mediados de los años cincuenta, se habría mostrado funcional al modelo de
desarrollo introvertido vigente. Una característica general de este segundo régimen fue
el manejo discrecional de los instrumentos fiscales, considerados idóneos para el diseño
de políticas redistributivas y la promoción del desarrollo económico.
Desde el punto de vista del manejo de los resultados fiscales, parece plausible la
definición de un segundo régimen entre mediados de los años treinta y mediados de los
años setenta. Entonces se sucedieron déficits fiscales totales, primarios y corrientes, que
se tornaron crecientes y fueron financiados, fundamentalmente, a partir de la emisión de
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deuda interna. Una parte importante de ese endeudamiento fue cubierta mediante el
“empapelamiento” de los organismos de seguridad social.
Las transformaciones operadas en la estructura del gasto público entre los años treinta y
los setenta se reflejan en que los gastos vinculados a las “funciones primarias” del
Estado se retrajeron –en términos relativos- expandiéndose el gasto público social, que
llegó a explicar casi dos tercios del gasto total, con un peso creciente del gasto en
seguridad social. De manera convergente con la presencia de políticas de redistribución,
adquirieron un peso significativo las subvenciones y subsidios.
Justamente, fue en esa década del cincuenta, cuando el incremento de los gastos chocó
con un estancamiento en la capacidad del sistema montado para financiarlos, lo que se
transformó en un problema hacia el final del período. En los sesenta, se procesó una
profunda discusión relativa a las causas del estancamiento económico, donde la materia
tributaria fue considerada instrumento para promover un cambio que indujera la re-
inversión del excedente. El impuesto a la renta sería el que asumiría ese cometido, al
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tiempo que se buscó racionalizar, modernizar y reducir los distintos tipos impositivos.
Sin embargo, la imposición directa fracasó y la profundidad del problema quedó
reflejada en la sucesión de diagnósticos, propuestas e intentos fallidos de reforma, tanto
del lado del gasto como del lado de los impuestos.
La incapacidad para generar cambios cualitativos en el origen de los recursos tributarios
hizo que el estancamiento generalizado de la economía uruguaya terminara operando
también como un factor desestabilizador de las finanzas públicas. Como resultado, la
fiscalidad se mantuvo a la deriva, producto de la imposibilidad de revertir el “statu quo”
distributivo, montado años antes.
A pesar del radicalismo verbal que precedió y acompañó la instauración de los
gobiernos blancos, entre 1959 y 1966, las reformas liberales fueron tibias. Tampoco las
reformas políticas de los sesenta, que otorgaban mayor discrecionalidad al Poder
Ejecutivo en el manejo financiero, cristalizaron en un cambio de rumbo. Desde el punto
de vista de la política económica en general y de la política fiscal en particular, los años
que fueron de 1959 a 1973 podrían considerarse un período pródigo en naufragios. Esto
explica la larga agonía de aquel segundo régimen fiscal del siglo.
Una primera regularidad que caracteriza al tercer régimen fiscal del siglo XX fue el
manejo del equilibrio fiscal como instrumento para la búsqueda de la estabilidad
macroeconómica. Este patrón permanecería, más allá del cambio institucional
trascendente que –en lo político- significó la restauración democrática.
Podría decirse que el golpe de estado generó las condiciones políticas para dirimir –de
manera autoritaria- algunas de las contradicciones básicas del segundo régimen fiscal
del siglo y, en consecuencia, articular los instrumentos fiscales en función de una
reconfiguración de la acumulación capitalista en Uruguay.
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Según Astori (1996:126), “los cambios incorporados en los instrumentos de tipo monetario y fiscal,
atacaron directamente a buena parte de los factores que hasta los primeros años setenta habían actuado
como mecanismos de exacerbación y propagación de la inflación, los que por otra parte habrían
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por la estabilidad, debió sumarse –en el manejo del déficit– la necesidad de demostrar
disciplina fiscal a los organismos internacionales de crédito mediante el mantenimiento
de superávit primario8.
La instauración del impuesto a los sueldos en 1982, así como su versión corregida en
los noventa -como Impuesto a las Retribuciones Personales- fue reflejo del mecanismo
por el que se socializó el costo del ajuste de las cuentas públicas bajo este régimen
fiscal. En este sentido, el Estado no dejó de intervenir en la distribución del ingreso,
sólo que cambió el sentido de su intervención.
Asimismo, aunque entre el dicho y el hecho hubo una gran distancia, fue una constante
del tercer régimen fiscal la intención de encarar la Reforma del Estado, orientada a
mejorar la eficiencia y reducir el aparato estatal. Estas acciones se respaldaron en el
predominio de una nueva concepción de la relación estado-sociedad y la aplicación a la
esfera pública de una lógica mercantil. Es más, la dificultad para lograr compromisos
institucionalizados mediante los cuales abordar dicha tarea pareció erigirse como otra
constante9.
Pese a los esfuerzos dirigidos a reducir el peso del Estado, tanto la presión tributaria
como la razón gasto público/producto fueron crecientes para todo el período.
constituido las principales causas en la interpretación oficial del proceso. Así, a contar de 1975, se inició
un control estricto de la oferta monetaria y del déficit fiscal…”. Según Antía (2001:135) la política
económica de corto plazo de los tres gobiernos que actuaron en la década del noventa, persiguió la
estabilidad, apoyándose en la idea de que, asegurado el equilibrio fiscal, el “ancla cambiaria” llevaría a
que la variación de los precios de los bienes transables convergiera con la tasa de devaluación más la
inflación internacional.
8
La discusión sobre sostenibilidad debe focalizarse en los instrumentos aplicados al
cumplimiento de tal objetivo. En este sentido, la combinación del equilibrio con una base tributaria
construida sobre el principio de la neutralidad, y que por tanto apela a la imposición indirecta, introduce
un sesgo respecto a quiénes cargan con el mayor peso del ajuste.
9
La resistencia de la sociedad civil se manifestó en mecanismos de democracia directa, que
enfrentaron la implementación de medidas de privatización y/o tercerización de funciones que eran
consideradas inherentes a la acción estatal.
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distinguir un escenario con características propias entre 1973 y 1982, cambios
importantes en los años ochenta y, finalmente, un andamiaje particular durante la
década del noventa. Tal es el caso del cumplimiento del equilibrio fiscal, como ha sido
señalado, un aspecto clave del nuevo régimen fiscal que, sin embargo, tuvo resultados
diversos. Es notorio que los logros en esta materia en la década del setenta, que
volvieron a darse a principios de los noventa, se contraponen con las dificultades de los
años ochenta y fines de los noventa.
El análisis de la composición del gasto público también fortalece la idea de los tres
escenarios sucesivos. En cuanto a la estructura, desde la segunda mitad de los setenta y
hasta fines de los años ochenta el GPS perdió peso en el total. En los setenta, a
instancias de la caída del gasto en educación y salud; en los ochenta, sobre todo, debido
al deterioro de las prestaciones de la seguridad social. En contraste, en los noventa,
volvió a expandirse, básicamente por la ampliación de las prestaciones de la seguridad
social a pasivos10. El gasto en educación, a pesar de la implementación de la “reforma
educativa” que significó un incremento de los recursos, no redundó en una mejora
destacada de su participación relativa en el total.
La expresión de estos compromisos del lado del gasto en los años noventa, requiere una
cuidadosa interpretación: aunque se insistió en medidas tendientes a la reducción del
Estado -y la reforma previsional se inscribió en esa tónica-, al mismo tiempo se produjo
una ampliación del GPS. Esta tuvo su origen en una activa intervención del Estado para
enfrentar los efectos sociales derivados de la apertura y la desregulación de la economía.
La novedad estuvo en la naturaleza del gasto, que abandonó el tradicional enfoque
universalista y se orientó a acciones focalizadas pautadas por el tipo de financiamiento
vía “programas sociales”, que fueron cubiertos con endeudamiento externo.
Aunque la recaudación del fisco se mantuvo con base en la estructura tributaria nacida
en los setenta, también hubo matices a lo largo del período estudiado. Si bien el grueso
de los ingresos provino del IVA, la preeminencia del objetivo de mantener el equilibrio
fiscal llevó en los años noventa a dos acciones convergentes: la elevación de sus tasas y
la transformación del “impuesto a los sueldos”, nacido de la crisis de 1982, en Impuesto
a las Retribuciones Personales (IRP). Estos cambios impactaron fuertemente en los
consumidores de los sectores de ingresos bajos y medios y en los trabajadores
dependientes. Ambos reflejaron el compromiso del sector público con un manejo no
distorsivo de las finanzas públicas, en procura de más espacio a la asignación de
recursos dictada por el mercado.
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Debe recordarse la influencia de la reforma constitucional de 1989, que indexó las pasividades a la
evolución del índice medio de salarios.
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Como siempre ocurre, y es saludable que así sea, la investigación y el análisis de sus
resultados ofrecen modestas respuestas a las preguntas iniciales y generan nuevas y más
interesantes interrogantes. En consonancia con esto, es posible reafirmar la idea de la
presencia de tres regímenes fiscales en el siglo XX.
Siendo el Estado la expresión simultánea de tendencias diversas y contradictorias, la
información reunida permite identificar las distintas maneras en que estas tensiones
fueron resueltas en cada momento histórico. Una manifestación clara de la dialéctica
inherente a esas construcciones sociales emerge de la particular articulación entre los
programas de gasto y la estructura de tributos que reflejan la interacción entre diferentes
fuerzas económicas y sociales, unas pugnando por la concreción de los compromisos
institucionalizados subyacentes, y otras, resistiéndolos.
Desde la historia económica, el análisis de los datos apela, necesariamente a un enfoque
donde la interpretación se nutre de diversas variables cuantitativas y cualitativas. En
este sentido, quedan por delante nuevas tareas y desafíos. Por un lado, avanzar sobre el
tipo de motivaciones e intereses de los actores que prevalecieron en cada momento,
dando lugar a los resultados aquí presentados. Por otro, articular los datos reunidos en
modelos explicativos que permitan profundizar el análisis de la política fiscal en el
concierto del resto de las políticas económicas.
En términos metodológicos, tenemos la convicción de que el marco analítico utilizado
puede rendir frutos, no sólo para entender el pasado, sino para reflexionar sobre el
presente. Especialmente, creemos que el análisis de los cambios en la orientación del
gasto, en la estructura tributaria y en el sistema de seguridad social, tras la crisis del
2002 y el cambio político ocurrido en 2005, podría enriquecerse con un abordaje de ese
tipo. Aspiramos a que esta historia económica de las finanzas públicas uruguayas pueda
contribuir a ello.
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