Introducción:
Debido a que hace poquito se celebró el día de la diosa del mar
(Yamanjá) y como noté en un post al respecto que nadie tenía ni el
más pálido conocimiento verdadero al respecto (eso fue debido a los
comentarios que leí), les preparé este post para que la ignorancia no
los acompañe en lo que a este tema se refiere. Sencillamente este
post le explicará, la historia y las raíces del Candomblé, así como la
leyenda acerca de los dioses que se veneran en esta religión, para
que si alguna vez en su vida vuelven a hablar de este tema, no digan
boludeces y sepan de lo que están hablando.
Candomblé: orígenes y Panteones (Los Dioses Africanos y su nueva
Morada)
Fue al final del siglo XVI que los primeros navíos, con las cubiertas
abarrotadas de africanos, llegaron al Brasil. Más que razas, resultado
de años de mezcla de vaya a saber cuantas etnias desiguales más que
sus técnicas, esos inmigrantes involuntarios traían sus concepciones
del mundo, sus filosofías y sus religiones.
Jefes, marrins, yorubas, fons, angolas, haussás, fantis, ashantis,
malés, fulas, congos, son apenas algunas de las razas más
representativas, cada cual con sus creencias, Dios Creador y panteón
auxiliar, además de filosofías más o menos elaboradas. Aquí,
independientemente de la cultura y la etnia, se fueron mezclando los
intereses de los mercaderes, difundiéndose poco a poco, por las
poblaciones negras de Bahía, de Pernambuco, Minas Gerais, Río de
Janeiro, Sao Paulo y por el Sur.
[]¿Qué metafísica y religiones traían los africanos?]
Aparentemente, una fragmentación de una metafísica mucho más
antigua, contemporánea tal vez a la civilización que pintaban las
cabernas de Tassili, anterior al Egipto de los faraones, del mismo
pueblo del negro Jetro y los negros drávidas derrotados por los
arianos en la India preverídica, esa es la diversidad de creencias que
tenga por lo menos tres puntos en común: Creencia en un Dios
único, creador, ordenador; creencia en un panteón de dioses
administradores de esa creación desde el cosmos, en un sentido más
amplio, hasta el hombre, sus pasiones y todo lo que existe; y la
creencia en dos mundos distintos, uno material visible y otro
espiritual.
De esa metafísica, de la cual veremos algunos detalles más adelante
(panteón, ritos, conceptos de muerte, bien y mal, etc.) traen
anexados elementos islámicos.
Adelantándose a la física más actual, su concepto del mundo, del
grano de arena a la galaxia, de la hoja seca al hombre, es una
interrelación precisa y armoniosa de fuerzas, de las cuales el aspecto
visible constituye apenas la apariencia, no existe por sí mismo. Todo
lo que existe es una transformación de esa correlación de fuerzas,
animadas por “muntu”, las fuerzas dotadas de inteligencia. Muntu es
una clasificación para el hombre esencial, vivo o muerto, los orixás,
los tutelares familiares y Dios.
Mezclados en las poblaciones y luego en los centros urbanos de la
época colonial estos desiguales pueblos tuvieron que superar las
diferencias lingüísticas y reconstruyeron su religiosidad,
identificando los elementos comunes de sus creencias hasta que
surgió el primer candomblé. Por la designación del lugar del culto,
del conjunto de ceremonias el nombre pasó a designar la religión
surgida aquí: el candomblé. Segundo Edison Carneiro, la casa del
culto de Engenho Velho, en Bahía, fue la primera en instituirse
oficialmente en 1830. Es evidente, que mucho antes de tomarse
“público”, el culto esencialmente inicial, se realizaba sin
estructuración y después estructurado, en secreto en casas
particulares y sobre la apariencia de fiestas profanas, en los
poblados, bien debajo de la nariz de los señores.
Incomprensión y perseguimientos del culto
Hay que considerar que muchos de estos mismos señores, seducidos
por la belleza, sensualidad y ternura negra, también tuvieron
innumerables representantes entre los adeptos al culto prohibido.
Esa prohibición, responsable en gran parte, por el misterio y los
disfraces cercanos al culto (al punto de hoy es casi imposible trazar
su historia), tienen diversas causas.
En primer lugar, la de tenerse en cuenta que la sobrevivencia de la
las creencias ancestrales fortalecen una unión de comunidades
esclavas, tornándose peligrosamente sospechosa, no sólo para el
señor como para el poder esclavizador, teniendo grandes lucros
sobre el comercio humano. Por otro lado, estaba la Iglesia Católica,
un poder de ipso, dentro del poder político. Sus prelados e
instituciones seculares y legales, poseían esclavos-significaba tener
dinero, “bienes negociables”. Como si no fuera bastante eso, el
poder temporal, como a los señores de entonces, por miedo o
conveniencia, interesaba agrandar su celo catequista. Al final,
prohibir el culto ancestral negro y evangelizar a la fuerza les costaba
bien poco y con el miedo al infierno garantizaban la docilidad
esclava y evitaban las insurrecciones.
Tómese esas razones y lo que hasta aquí se dijo, sobre la naturaleza
inicial del culto: sus secretos, o ERO, sólo pueden ser transmitidos a
un adepto por su iniciador, durante largos años de noviciado.
Recordemos la complejidad de su metafísica, interpretación del
mundo y del panteón, muy sutil para el colonizador poco instruido,
la mayor parte a veces analfabeto y más preocupado por el mundo
tangible que de las filigranas del espíritu-a las cuales, para tener
acceso debería, antes que nada, dominar la lengua de los negros
trasladados al Brasil. Todo eso sirve, para crear el misterio, el miedo
y la incomprensión acerca del candomblé y los cultos de los terreiros
en general.
Esencialmente, el candomblé, recreación brasilera de religiosidad
africana, significa el culto a los orixás. La ejecución del ceremonial,
permitiendo en forma visible y en espacio de tiempo determinado, la
manifestación de los orixás, trayéndonos al mundo visible,
restableciendo la unidad del universo fragmentada por el hombre.
Las dos regiones separadas por Oxalá
Queda claro, pues, para el culto, que su aspecto esencial de
restaurador de lazos, entre el universo humano visible y el mundo
del más allá, darle carácter de religión, exactamente en su sentido
intrínseco de “religar”; ligar nuevamente.
A través del ceremonial, el hombre se liga nuevamente a un mundo
del cual, nunca estuvo apartado.
El concepto está en Juana Elbein dos Santos, en su libro “Los Nagó
y la Muerte”. El sistema del candomblé establece especialmente dos
regiones del universo: el AYE y el ORUM.
El ayé es la tierra donde se desarrollan los fenómenos sensibles y
viven criaturas, especialmente los hombres. El orum es el más allá,
la región inconmensurable donde habitan los espíritus, incluyendo
los orixás.
Los responsables por la administración de la tierra
Había un tiempo en que ambos espacios, del hombre y la dignidad,
se interpenetraban. Fue en esa época que un matrimonio sin hijos
que pidió e insistió a Oxalá (El Creador) para que le diera un hijo.
Oxalá acabó cediendo, con el compromiso de que ese hijo no dejase
nunca los límites del ayé y penetrase en el orum, como podían hacer
los demás hombres. El chico no sólo desobedeció como desafío a la
divinidad, provocando finalmente su ira. En represalia de este
“pecado original” africano, Oxalá envió su segundo el opaxoró,
contra el ayé. El símbolo divino, al recorrer el trayecto separó
mágicamente el ayé del forum, coloreando entre las dos regiones el
cielo visible, el espacio atmosférico, que es el sanmo. Como en
muchas otras tradiciones religiosas se ve que fue orgullo de ese
primer “pecador”, su desfachatez, que perdió toda la humanidad.
Para redimirse, esta entidad procura religarse con lo sagrado a través
del ritual.
I gbá-odu, la cabeza dividida en dos mitades ligadas, simbolizará el
peji (o altar) el mundo invisibles y el universo físico. Es interesante
notar que los guaraníes del Uruguay dejaron un símbolo idéntico,
una pequeña cabeza cortada en sentido horizontal, con las mitades
ligadas por una tira de cuero o cordón, donde figura, el diseño de
una paloma. El bastón de Oxalá, o el opaxoró, es encimado por una
paloma con las alas abiertas.
Ese cetro de Dios Creador posee también íntima relación con el eje-
del-mundo, concepto igualmente encontrado en el hinduismo, en el
budismo tántrico y en otras metafísicas aparentemente tan
distanciadas de la metafísica africana del candomblé como esas dos
citadas. El universo, visible e invisible testimonio de sacerdotes
adivinos (o babalao) y compuesto de nueve planos, atravesados por
un “eje místico”.
Quiénes son los orixas?
Orixá, el dueño de ori, la región alta de la cabeza, la corona de los
hindúes, y toda entidad creada a partir de la emanación del Dios
Primordial, antes del surgimiento del hombre, y que en el plano
general divino, recibe la delegación de poderes para administrar todo
lo que existe. Así, hasta una piedra y un árbol tiene su orixá. En
tanto, no por definición teórica, pero por atribución de poderes sobre
esta o aquella parte del universo, existe una jerarquía entre los
orixás, que se acaba traduciendo en sobrevivencia de los dioses
africanos dentro del candomblé.
Olórum y sus emanaciones primeras, Oxalá y Odudua, forman la
trinidad primera, presente en todas las metafísicas organizadas, en
todos los cuadrantes y épocas.
Olórum, Dios y demiurgo, ser por excelencia, que no está aquí sólo,
sino está en todo. No tiene sexo, porque abriga en si mismo lo activo
y lo pasivo: Oxalá y Odudua.
En principio, el Dios Creador, era el Vacío Cósmico, en la tradición
“nagó”: aire infinito, no diferenciado. Dentro de si mismo, Olórum
generó el movimiento.
La imagen es la misma de “Rig-Veda”, la más antigua colección de
textos sagrados sánscritos: “-...aquella cosa única, sin aliento,
respiró por su propia naturaleza...”
Parte del movimiento del aire se transforma en aguas primordiales,
“Orixanlá (no confundir con Orixala otro nombre de Oxalá), y
ambos hacen surgir la primera materia amorfa y pastosa, y usar la
roca enrojecida. (nótese la relación con el fuego y el color) que va a
constituir el ser primordial, prototipo de los demás: Exú.
Exú marca una buena separación, necesaria, en el orden del universo
para que no se produzca nuevamente el caos. Más adelante
volveremos a esta figura tan confusa e injustificada que hoy, para
algunos adeptos se identifica con el demonio cristiano.
Por un lado se forma el conjunto agua-aire, dominio de Oxalá, y por
otro el binomio agua-tierra, el dominio de Odudua; el primero,
símbolo del masculino universal, y el segundo, el femenino
principal. De ese primer par divino, surgirán los otros orixás, a partir
de la “mae celeste”, emanada de Odudua: Yemanyá.
Yemanja: La vida originada en el agua
Naná, la abuela, llega a ser considerada la esposa de Oxalá, como su
mitad femenina, atribuyéndosele en su caso, el carácter andrógino,
también a la primera emanación de Olórum.
Ella es la tierra- Madre ancestral, en el sentido de materia original
que recibe los componentes del cuerpo disociados después de la
muerte física. Su danza lenta es al mismo tiempo, inicio de
movimiento y su ejercicio final. Por recibir las partes, ella las carga
en su interior y las devuelve al ciclo de manifestaciones.
De una forma u otra, como todos los demás orixás femeninos, Naná,
o Naná Burukú, está ligado con el agua, principalmente al agua
dulce y a la lluvia fecundadora por excelencia. Su cetro, u “opa” es
el “Ibiri”, de paja de la costa trenzada, cubierta de conchas de
caracoles, los “cauris”. Tanto la paja como las conchas vacías de los
moluscos, que la ocupaban, son los símbolos de los espíritus que ella
cargaba dentro de sí. Ese cetro y también su “otá”, piedra y firmeza
son cubiertas con “dendé”, o sangre vegetal, símbolo de la vida. La
Virgen Negra, es la madre principal (la misma entidad de las
vírgenes negras en Europa pre cristiana), ella guarda el misterio de
la vida. Y por eso su ropa tiene rayas rojas y azul oscuro.
Generadora, dadora de vida, las rayas oscuras se intercalan con las
blancas, como ofrendas se utilizan los pescados de agua dulce y
cebolla, cuyas rayas sucesivas y concéntricas, las que se asemejan al
misterio de la generación a partir de un núcleo.
Por exigir la muerte para dar la vida, “Naná” está incluida en la clase
de entidades conocidas como “Ebora”, (entidad que administra el
mundo), sobre los cuales había siempre un conflicto, condición
esencial para la continuidad del movimiento cíclico-vital. Naná y el
barro generador, masa uniforme, donde todo se diluye.
El principio masculino manifiesto a partir de Odudua, la “mae” de
todas las “maes” es Oranya. Este violenta a Yemanjá (a veces su
hermana, otras su madre) y de este incesto surgen los demás orixás.
El candomblé, está asociado al mar, en el sentido de creación en
potencia; y madre de peces. Ser Naná es ser la madre en potencia, la
creación-misterio. Yemanjá simboliza la maternidad que se
efectiviza a través de la gestación. En cuanto a la primera está
representada por la confrontación del azul oscuro y el blanco.
Yemanjá, se viste apenas con colores claros traslúcidos, azul claro y
verde claro. Ella es la maternidad, la creación ya efectivizada. La
plata y los metales semejantes le son ofrecidos y le pertenecen así
como todo lo referente al mar. “Mae” significa agua y aire
dinamizado por el fuego (Oranya). Naná, la virgen negra, aparece
con el rostro cubierto, con un velo de paja y transparencias que
cubren la cara de Yemanjá, que no cubre ni esconde facciones. El
misterio se manifestó.
Naná, calma y hierática, prepara venganzas siempre terribles
mientras Yemanjá, más activa, puede tomar decisiones violentas,
pero no guarda rencor al ofensor.
La compañera fiel y la amante impetuosa
Naná y Yemanjá, son “maes” sin esposo, Oxum e Iansa, son siempre
complemento de uno o más orixás masculinos.
El agua dulce, principalmente las cascadas o el agua calma de los
remansos ríos, es el reino de Oxum, allí se realizan sus ofrendas,
fuera del espacio sagrado del templo, y allí sus “hijos” deberán
cumplir con baños rituales para adquirir su “axé” particular, ganar su
fuerza para lavar sus ofensas realizadas al orixá o para pedir su
gracia.
Oxum es suave como un lago, pero también profundo como sus
aguas y no devuelve, como sucede con el mar, la piedra que fue
tirada contra ella. Ser Yemanjá es generación-potencia. Oxum es la
gestación-potencia, siendo encargada de la protección y el futuro ser
humano; desde la condición de feto hasta los primeros años de vida.
Por extensión es también la protectora de la gravidez. Además, su
alimento principal, la miel –sangre blanca- y el nutriente por
excelencia y muestra ese aspecto del orixá. Está simbolizada como
un pez mítico, su abanico de metal amarillo tiene varios de esos
animales esmaltados o presos como colgantes. Ella se presenta, por
su papel de “mae” como servidora de Oxalá y es aquella que detiene
la sangre menstrual durante la gestación. Su dominio sobre la
sangre, hace de esto su “axé” dándole un tono dorado. Los metales,
guardados en el vientre de la Tierra y principalmente el oro, la plata
vieja, el cobre, son de su propiedad y con ellas deben de ser echas
sus joyas. Su ternura de “mae” la hace también esposa por
excelencia. Oxum, armonía de la gestación, es la esposa de Xangó; o
el orixá del equilibrio. Esa función debe ser compartida con Obá y
Oya (Iansa).
Esta última representa la femineidad, independiente y libre. Es la
amante impetuosa y sensual, vengativa, compañera, pero no la mujer
del hogar, es guerrera y las aguas bajo su tutela son aguas de
tempestades, de las cuales toma el rayo como atributo. Tienen
poderes sobre el espíritu de los muertos que encarnan la
controvertida figura de “Egum” (alma ancestral).
Iansa, se convierte, además de la señora de las tempestades y de la
pasión como la diosa que puede ser invocada para controlar a los
muertos desviados de su rumbo. Recordando al rayo, del cual es
señora, hereda el poder de Xango, (el orixá de la justicia), sus
colores recuerdan al fuego, coral, rojo, amarillo, anaranjado. Su
metal es el cobre y además de una espada curva, ostenta un abanico
y un látigo de crines con el cual barre almas.
Aparentemente, el poder de dominar a Egum, había sido dado a
Iansa a partir de la transmisión de obligaciones, enviada por
Odudua. En cuanto a Orixalá el poder masculino, transmite igual
atribución a Iansa. Veremos así, en el candomblé, otras
prerrogativas, los dos orixás, auxiliados por Exu. (que siempre está
presente en todas las operaciones “mágicas”), son los guardianes del
mundo de los muertos, evitando que estos desvíen su rumbo y
vuelvan a perturbar a los vivos.
Ogum ayudo a los brasileros en Humaita
El dominio sobre la guerra y los límites físicos-psicológicos y
energéticos son un atributo de Ogum compartido con Exu.
El presenta la separación o la confrontación por excelencia, en
cualquier nivel de conciencia así como en el nivel más inmediato, es
invocado para que proteja a los soldados en una batalla. Según la
tradición (refrenada por la posición oficial) es el más brasileño de
todos los orixás, ya que surgieron en sus tropas en la batalla de
Humaitá llevándolas a la victoria. Como agradecimiento, la figura
de San Jorge, reside en su lugar como soldado del ejército
instituyéndose el hábito (que permanece hasta hoy) de llevar en alto
la imagen triunfal y con escolta militar.
Es el guardián de los límites de los cementarios y es invocado en
ceremonias referente a los muertos. Cumple un papel también en la
“guerra astral”, en las disputas contra las fuerzas maléficas que lo
lleva más frecuentemente al “terreiro”. Ogum, Exu, Iansa y Xangó,
son los “soldados” mágicos, los protectores por excelencia. Es hijo,
pero también compañero de Yemanjá. Esta en papel de “mae”,
efectiviza esta cualidad potencial que tenía Odudua. Perseguida por
Oranya, Yemanjá, cae y de sus senos que crecen, sale un río, origen
de otros orixás. Los orixás femeninos están relacionados con el
agua. (materia prima cósmica de la maternidad).
Naná, agua-tierra, Iansa, agua-fuego, Yemanjá, agua-aire; Oxum,
agua, solamente. Los orixás masculinos siempre tienen relación con
el fuego, ya sea el fuego que transforma, ya sea el fuego que
engendra, ya sea el fuego que destruye.
Ogum, reina sobre el fuego transformador y está dominado por la
técnica del hombre; es el orixá de la metalurgia y por lo tanto de las
armas y herramientas. Donde hubiera límites, él estará presente,
reinando entre la mata y el campo abierto, en la margen del río entre
la playa y el océano, entre las aguas de este y su lecho profundo.
En la estructura del mundo se distinguen tres colores, negro,
potencia del ser transformado en acción; blanco, aquello que se da a
la luz; rojo, la energía intrínseca que permite un estado u otro; es
claro que a Ogum le cabe el rojo. De este color son las aves que le
son ofrendadas, así como sus ropas; la espada es su símbolo, aunque
el fetiche también incluye herramientas agrícolas.
La justicia y sus guardianes
El fuego y la tierra mineral de Xangó, y el fuego y el aire, de Oxalá.
Ellos encarnan la justicia, de diferentes formas. Oxalá reina sobre el
cielo, como espacio físico, como envoltorio de la tierra; simboliza la
luz y la tranquilidad que permiten el desarrollo de las cosas. Sus
colores son blanco y dorado, simbolizando el elemento fundamental,
del comienzo de los comienzos (en los Nagó y la Muerte). Antes de
ser fuego (luz), Oxalá significa agua, por participar de la materia
original, y el aire. Es un orixá creador, que puede engendrar seres
tanto en el plano material como en el espiritual. Esa simbología de la
fecundación (ejecutada a través de la voz, de la palabra) está
representada en su símbolo, el “opaxoró” (cetro con un pájaro y
discos de metal intercalados) o el “osum”, barra de metal con
campanas, que debe ser clavada en la tierra durante ciertas
ceremonias.
Fue con su bastón que Oxalá separó la tierra del cielo, castigando el
desafío de los hombres. Es pues, un instrumento, un símbolo de
justicia, una orden de paz. Como Oxalá es “pai” su original tiene un
árbol el que le es consagrado, atándole un paño blanco a su tronco.
Generar, a partir de la nada, establecer una demarcación a partir del
momento de la creación.
Esto es porque se asocia a Oxalá (a quien Olórum delega el poder de
la Creación) al orixá-tiempo. Ellos se complementan y no queda
lugar completo sin su mástil.
Oxossi: el dominio sobre la naturaleza
Xangó, al mismo tiempo que se lo liga al fuego, es trueno y
generador. Genera línea de descendencia, una vida individualizada y
no es más principio de la vida. Las piedras, primero son llamadas
piedras de rayo, meteorito y después por extensión todas ellas y
principalmente las canteras constituyen su reino.
Se viste de rojo y blanco, se liga a Tauro y ciertas representaciones
incluyen sus cuernos, presentes en todas sus imágenes, que evocan
la descendencia, la virilidad y la paternidad. (inclusive Moisés). Por
su temperamento se le atribuye a Ogum, coraje y ferocidad. Xangó
se destaca (y sus “hijos”) por explosiones violentas y castigos
severos.
Es compañero por excelencia de Xangó e Iansa, pero los otros orixás
femeninos – Oxum, Obá y también Yemanjá – aparecen como
compañeras. El es el patrono de la dinastía humana y por lo tanto el
“pai” generador que fecunda todas las manifestaciones del principio
femenino. La lámina que lo representa posee cetro hecho con el rabo
de un toro: símbolo de poder para administrar justicia y también
para fecundar. Se acostumbra a dar a Oxossi el dominio sobre las
matas (bosques); pero en verdad ese orixá está relacionado con la
caza y con el animal salvaje. La caza representa también el poder
sobre las técnicas sobre las almas descarriadas para guiarlas. Ossaim
domina la mata propiamente dicha, y cuando se habla de mata, se
habla de un espacio natural no modificado por el hombre – no es ni
una aldea, ni sus proximidades, ni un campo labrado. De la misma
forma como a Oxossi, no se le imputan los animales domésticos.
En ese mismo reino el de la vegetación del remedio y también del
veneno, de los filtros que pueden estimular la fecundidad, o
interrumpirla, actúan Ofá y Dadá.
Es fácil percibir la importancia de esos orixás cuando recorriendo el
mito, verificamos que el primer hombre fue echo con sabia de árbol.
La hoja es la exteriorización de la fuerza del poder acumulado en la
raíz. Así, el símbolo de Oxossi es un árbol de siete ramas. También
tiene un cuerno como símbolo, no solo de fertilidad sino también
como trompa – un medio que pueda servir de camino para que el
hombre de la tierra se haga escuchar en el cielo. También tiene un
cetro hecho con un rabo de toro, con él, controla el espíritu de la
floresta. Se dice que esas no son almas, tampoco orixás, pudiendo
ser relacionados, en la terminología occidental con los elementales.
Ese papel mágico de dominio de ciencias “ocultas”, es el que acerca
a Oxossi y Obaluaié. La floresta es el reino de dos espíritus, donde a
cada árbol le corresponde un alma. Además se lo liga a Oxossi a los
espíritus ya manifestados, mientras tras que a Obaluaié se lo
identifica con los muertos desconocidos para la tierra donde
volverán sus cuerpos y además a la tierra que no sólo guarda a los
componentes de la vida sino también protege el secreto de lo que
seguirá, ciclo de vida que terminó.
La verdad sobre la fama de Omolu es que él ejerce el papel de
Plutón, guardián de los muertos. En ese poder de transformación de
los cuerpos está también la dolencia, y es claro, su cura.
Una amplia galería auxiliar
Además de esos pares, tutelares de las fuerzas, condiciones y
aspectos bien definidos del universo – sean creadores, regentes y
guardianes-, además una centena de orixás, tan importantes como
los citados, si bien no son ignorados, tienen su culto, unidos al de
estos orixás con los cuales mantienen relación por afinidad.
En parte, afirma, un sacerdote “babalorixá”, Nelson Cunha, desde el
primer candomblé, ocurrido en el siglo pasado, hasta nuestros días,
se van verificando desfasajes en la transmisión de los
conocimientos.
Cada babalorixá, tratando de mantener a sus iniciados siempre bajo
vigilancia (y control) acaba transmitiéndoles apenas parte de los
conocimientos que detentan, de forma que hoy saber acerca de un
“pai-de-santo” representa sólo una parte ínfima del saber de un
patriarca que haya fundado una casa de culto.
Entre los principales orixás ya mencionados, se recuerdan por su
importancia en la vida del “terreiro”, y para la perfecta ejecución de
las ceremonias: Ibeji, los gemelos, Ifá, patrono de la adivinación es
confundido con un guardián personal Eledá; Irokó, patrono de
árboles, y Oxumaré cuya forma visibles es el arco-iris, serpiente de
las profundidades, que ven beber el cielo denominada Dá, Daomé
(actual Benin).
A ellos se les agregan los diferentes orixás agrupados bajo la
identificación de un orixá principal: Ogum Mege, Ogum Naroe,
Xangó Abará, Xangó Afonjá, Oxossi INLE, Xangó Baiani, Afona,
Ajé Xaluga, Xampaná, Yemanjá Inaé y así otros.
Ifá es el oráculo y habla a pedido de otro orixá, Orumilá. Habla por
que detentan el poder sobre los cuatro constituyentes del mundo,
simbolizado por su asentamiento, la “calabaza igbá” (caracol),
donde está la fuerza de cuatro consejeros: Obarixá, Obaluaié, Ogum
y Odudua, respectivamente con los colores: blanco, rojo, negro y
tierra.
Los colores representan sangres y esencias. Como fue dicho
anteriormente, el rojo para dinamizar el blanco, que es potencia, que
está manifiesta en el negro. Al juntarse con el “igbá”, o elemento
tierra, principio del mundo manifiesto, se obtiene un conjunto que
transmite la fuerza capaz de viabilizar el oráculo para los hombres.
Al conjunto, es claro, no le faltará otro elemento personificando
Exu, el transmisor. Consultando Ifá, se establece la fecha de la
ceremonia, los orixás a los cuales pertenece el consultante, los tipos
de ofrendas, los peligros a los que serán enfrentados y como
resolverlos. Bajo el patronato de Ifá, la adivinación sólo puede ser
ejercida por un hijo de Oxum, pues ella es la mare del manifestado,
vientre de donde saldrá Exu, vehículo de cualquier profecía.
Ibeji, los gemelos, según el mito, son los primeros hijos de Odua, a
veces de Naná.
Entre otras funciones, cuando el espacio de los dioses separó la
región de Creador de la región de los hombres, fueron
encomendados de recorrer las dos regiones y de tiempo en tiempo,
contar qué pasaba en el mundo de la creación. Por eso en los
candomblés, donde no debe haber incorporación, sólo ellos les es
permitido manifestarse en los iniciados.
El orixá no habla, sus sonidos son ininteligibles para los hombres;
así su voluntad y los problemas relacionados con el mundo del
candomblé son interpretados por los Ibejis. Son invocados Eres,
espíritus que se manifiestan como chicos, se incorporan en un
médium y transmiten órdenes, pedidos y recomendaciones del orixá.
Oxumaré está representado por el arco-iris, símbolo de todos los
colores (substancias esenciales) que unen la tierra con el cielo. La
serpiente de dos cabezas es la fuerza bipolar que se vuelve visibles
(Exu es vehículo de fuerza pero, no se muestra como fenómeno
visible). Está claro que, es de esa fuerza básica, bipolar que depende
todo el universo, visible e invisible, tiene vida. Exu permite que ella
recorra sus caminos entre la tierra y el cielo, participando de ambas
regiones igualmente y siendo de ese modo ambivalente, reuniendo
los dos polos, activo y pasivo. Oxumaré es hijo de Naná, como Ibeji
es hermano de Obaluaié.
Para que entiendan un poco más acerca de las figuras de los orixás y
a que se los relaciona, agrego esta info:
Exu
Exu, sin duda, la más controvertida de las figuras del templo afro-
brasilero. Asociado por muchas personas al diablo cristiano, Exu – el
saltarín del astral- está, en la verdad, sometido a las otras
divinidades, haciendo la relación entre el mundo de los hombres y la
dimensión de los dioses. Es él quien lleva a los demás orixás los
pedidos y ofrendas de los seres humanos, siendo imprescindible en
los rituales de candomblé. Según las leyendas, el hijo de Yemanjá y
Oxalá, el hermano del guerrero Ogum. Fue él quien liberó a Oxum
cuando esta se hallaba presa por orden del celoso Xangó. Las
ofrendas dirigidas directamente a Exú, deben, de preferencia se
hechas en la segunda feria, día dedicado a él. Sus colores rituales
son el negro y el rojo; sus comidas farofa de dendé, farofa y miel. A
él puede ser sacrificado, entre otros animales, pollo negro y carnero.
La salutación para Exú es ¡Laroie!
Ogum
Después de Exú, Ogum es el orixá que está más próximo a los
hombres. Uno de los dioses del templo africano más venerado en
Brasil, es generalmente invocado como la divinidad de la guerra. En
África, sin embargo, se halla también ligado al hierro, a la
agricultura y a la caza. También tiene gran pasión por la conquista
de nuevos territorios, Ogum defiende de buen grado el ejercicio del
poder y el orden jerárquico. Como querrero y herrero se muestra
violento, temperamental, capaz tanto del cólera más temible, como
de la amistad más sincera y profunda. Amante de la vida simple, no
hace ninguna cuestión de lujos y comodidades. En los rituales de
candomblé, Ogum – es responsable por la apertura de los caminos-
es siempre el segundo orixá a ser saludado, por lo tanto, después de
Exu. En el sincretismo brasilero fue asociado a San Jorge y a San
Antonio. Su color es el azul oscuro o el rojo y blanco (umbanda).
Oxóssi
Según las leyendas, Oxóssi era hijo de Yemanjá y Oxalá, estando
fundamentalmente ligado a la caza y a los animales salvajes. Con el
hermano Ogum tiene en común el gusto por la vida al aire libre, el
culto al propio individualismo y la determinación para cualquier
combate. Mientras Ogum se sentía libre cuando caminaba las
carreteras en busca de nuevos reinos para conquistar; Oxóssi
prefería luchar solito contra las fieras del bosque, providenciando
alimento a la tribu. Así, como el cazador típico, él es calmo,
silencioso, gusta de la soledad y de los combates astutos. Al
contrario de lo que acontece en el África, donde prácticamente no es
venerado, en el Brasil, Oxóssi es bastante conocido y representa
gran número de hijos. En umbanda él maneja la línea de los
caboclos y es tenido en cuenta como el rey de las matas. Su color en
el candomblé es el azul claro y en el umbanda, el verde.
Oxum
Oxum es la madre del agua dulce o de los ríos, la orixá femenina
que actúa sobre el bajo vientre del cuerpo humano; míticamente está
asociada a la figura de una mujer coqueta y sensual (sin embargo,
más moderada que Iansa). Afecta a los placeres y a todo lo bello y
caro. Es también la señora del oro. Su estereotipo es de las mujeres
que quieren trepar en la vida, al mismo tiempo, ser felices en sus
conquistas. Para ellas, el confort, el buen gusto y un toque
aristocrático, son esenciales. Sus cualidades son comparadas a los
ríos calmos (su elemento): dulces y tranquilos en la superficie,
desconocidos y potencialmente llenos de trampas en lo profundo.
Diplomáticos y cuidadosos, sus hijos miden sus palabras y evitan las
confrontaciones tratando siempre con cuidado y sutileza sus
intereses. Su color es el amarillo-dorado, y su día el sábado.
Iansá
Iansá es la diosa de los vientos, la orixá femenina que juntamente
con Xangó, es capaz de provocar las más temibles tempestades.
Ellas, sin embargo, no deben ser encaradas como un castigo. El
temperamento de Iansá: incontrolable, terrible cuando se enoja y
fantásticamente alegre en el amor y en el profundo placer que tiene
de vivir. Su arquetipo corresponde a una versión masculina de
Ogum: como él, es orgullosa, decidida, inconmovible en sus
propósitos y actitudes, honesta en sus declaraciones y vital en todas
sus manifestaciones. La alegría es su característica principal, así
como la sociabilidad. Iansá separa las alegrías del placer, lo mismo
que el sufrimiento de la cólera, cuando hay una situación difícil a su
alrededor. Su color es el marrón-rojizo, y su día es el miércoles (que
comparte con Xangó).
Xangó
Xangó es el señor de la justicia. El símbolo a él asociado es el de dos
martillos (los jueces, en la sociedad occidental, también usan
martillo en sus decisiones tribunalicias) que muestran su poder de
decisión, lo que es verdad y lo que es erróneo, su disposición
imparcial, afirmando por sobre todo, la verdad. Es una figura sólida,
su elemento es la roca. También le pertenecen los rayos que según
las leyendas, sólo alcanzan a los que son tenidos en cuenta por
Xangó. Esa es la imagen que de él se tiene, donde se destaca
también, cierta vanidad y elegancia y una gran consciencia de sí
mismo. Sus hijos poseen fuerza magnética de los que sienten que
tienen poder sobre los otros y generalmente alcanzan lo que quieren.
Sus colores son el blanco y el rojo, su día, el miércoles.
Yemanjá
Yemanjá es la más famosa de los orixás femeninos venerados en
América. Si en el África surgió al principio como una diosa del agua
dulce, dueña de un río, terminó siendo identificada en Brasil y en
Cuba, con el agua salada. Por eso, al finalizar el año por diversas
playas del litoral, se encuentran millares de personas (muchas de las
cuales no practican candomblé) tirando flores y perfumes al agua,
pidiendo protección en el nuevo año. Su forma maternal, cuerpo
grande, con senos destacados, y su temperamento dulce, ayudan a
conformar su imagen de madre enérgica, firme, pero bondadosa,
volcada a sus hijos, capaz de gestos generosos y también de grandes
sacrificios. Sus colores son el azul-claro, el blanco y el rosa-claro y
su día, el sábado, así como otros orixás de las aguas.
Naná Burukú
Orixá femenino de origen daomedano, incorporado después por la
cultura yoruba, Naná Burukú es la más antigua de las diosas de las
aguas. Siempre vista como una entidad severa, incapaz de hacer
danzas, cabe a ella recoger y proteger los muertos, que por su
intermedio, serán modificados para nuevamente, poder nacer. En el
culto daomedano Naná ocupaba una posición jerárquica que se
aproximaría a la de Oxalá o a la de Olórum, el dios supremo del
candomblé. Su símbolo ritualístico, denominado Ibiri, es hecho con
puñados de palitos de dendé, siendo adornado con cintas y
conchillas. Cuando un hijo incorpora a la madre Naná, carga su
instrumento en los brazos como si el fuese un niño a dormir. En
Brasil, esa divinidad fue sincretizada con Santa Ana. Sus elementos
son la lluvia y el lodo. Dependiendo de la nación es venerada los
martes o los sábados. Sus colores son el blanco y el azul oscuro o el
violeta (en el umbanda y en el candomblé se unifican).
Obaluaié
Obaluaie (u Omolu) es una figura que impone respeto o hasta miedo,
Señor de las enfermedades de la piel, y el responsable de las
epidemias, explicadas según los mitos, como una forma de castigo
colectivo. Descendiente, como Naná y Oxumaré, del antiguo
Daomé, Obaluaié se muestra sombrío y terrible, y si no fuera bien
venerado, se puede enfurecer y enviar molestias violentas. El
arquetipo comúnmente asociado a él, es de las personas
autopunitivas, que provocan en sí muchos sufrimientos,
inconscientemente, juzgándose por algo vergonzoso que esconden.
Sus hijos-de-santo tienden a ser cautelosos cuando hablan, cerrados
y discretos: impone, como hace el orixá durante las ceremonias, en
una mezcla de respeto y terror, manteniendo el aislamiento que
aprecian. Sus colores son el negro, el blanco y el marrón, y su día es
el lunes.
Ossaim
Gran aimogo de Oxóssi, Ossaim – orixá masculino conocido además
como Ossae, Ossonhe, Osanim o Ossanha- también habita la
floresta. Su dominio, por eso, se extiende sobre las plantas,
especialmente sobre las hojas. A pesar de ser un orixá bastante
venerado en nuestro país (es decir Brasil) – ya que dentro del
candomblé esos elementos son utilizados con bastante frecuencia
para los baños de limpiza y las bebidas ritualísticas- casi no posee
hijos-de-Santo. Las leyendas sobre ese dios lo muestran
generalmente como alguien solitario, sin lugar determinado, que
vive deambulando por los misteriosos bosques. En el Brasil, Ossaim
fue sincretizado con San Benedicto. Para Pierre Verger, sus colores
característicos son el verde y el blanco, pero se admite también el
rojo y azul o solamente verde. De modo general, existe una
divergencia en relación al día que le fue consagrado: se acepta el
lunes, el miércoles o el sábado.
Oxumaré
El orixá Oxumaré, divinidad de la transformación, se caracteriza por
la dualidad: durante seis meses es un dios masculino y en los otros
seis, femenino.
Carga en sí mismo todas las contras básicas, como el día y la noche,
el macho y la hembra, o el bien y el mal.
Mientras la divinidad masculina es simbolizada por el arco iris, al
punto que permite que se lleve agua al castillo de Xangó. Durante
ese período, puede regular lluvias y sequías. Al transmutarse en un
orixá femenino, asume cualidades contrarias a las encarnaciones
anteriormente siendo entonces representado por una cobra. Según
alguna leyenda, cuando abandona el cielo y pasa a mostrarse en el
suelo, Oxumaré pasa a ser una figura peligrosa causando el mal. Las
ofrendas para el deben ser hechas en casacadas y en los ríos –
lugares donde surge como arco iris y cobra-. Sus colores son el
verde y el amarillo o todos los del arco iris.
Oxalá
Oxalá es la figura más respetada del candomblé en el Brasil, por ser,
según la leyenda, el padre de todos los otros orixás. De acuerdo con
el mito, fue uno de los creadores del mundo, recibiendo de Olórum
(el dios supremo) la tarea de modelar todos los seres humanos. Su
estereotipo es de un padre sabio austero que tiene en sus manos
todas las decisiones sobre la vida de los que lo rodean. Al mismo
tiempo autoritario, es también sensible y comprensivo, su fuerza no
se muestra usualmente a través de la violencia, y sí por la capacidad
de probar que no se equivoca. Oxalá tiene el color blanco, que se
identifica con el color del culto de candomblé. A él se le hacen
pedidos de todo tipo, ya que actúa en todos los campos a través de
sus hijos, pero es considerado el responsable directo por el proceso
de fecundación.
Una vasta galería complementaria
Había cerca de 600 orixás en África, que se reducirían a 50 en el
Brasil, de esos apenas 16 son venerados en el candomblé y 8 en el
umbanda. Ese proceso de asimilación sin embargo, no está definido,
a lo largo de este siglo, se asistió una progresiva rehabilitación de
Naná Burukú, así como otras entidades van siendo olvidadas. A
continuación se muestran algunas de esas divinidades menos
conocidas, al lado de su dios supremo iorubano, Olórum.
Olórum
También conocido por Olorum u Olodumaré, representa la figura de
dios centralizador con más poderes que cualquier otro, dentro de la
mitología afro-brasilera. Es el creador del mundo para el pueblo
yoruba, padre de Oxalá. No es un orixá, ya que éstos serían solo
intermediarios entre los mortales y él. Por eso no tiene altares ni
sacerdotes, tampoco posee hijos-de-Santo, no teniendo por lo tanto,
ningún arquetipo ligado a él.
Su importancia en lo diario es mínima, ya que está distante del
mundo de los humanos. Según las leyendas, delegó a Oxalá la
responsabilidad de crear el mundo, dándole una bolsa conteniendo
los elementos necesarios para el acontecimiento. Es por lo tanto, el
responsable por el poder potencial de todo. En Brasil, no es
comúnmente invocado, a no ser en los territorios de los eguns de la
isla de Itaparica.
Ifá
Esta es otra divinidad que presenta controvertidas definiciones en
diferentes trabajos. En algunas fuentes es definida como un orixá, en
tanto que para otros sería una divinidad diferente de los orixás,
representaría, de cierta manera, el papel de portavoz de Olorum.
Según Olga Cacciatore, “forma parte de la divinidad de la cual es
mensajero de la luz, (mientras Exú es de las tinieblas)”, formando
una estructura semejante a la de la Santísima Trinidad. Como
responsable por la adivinación, Ifá es importantísima para la vida
humana, ya que cualquier conocimiento futuro sólo es posible a
través de su actuación. Sería así, el dueño de los diversos medios por
el cual se puede prever el futuro en el candomblé. La forma más
popularizada es la de los 16 búzios, que cuenta con la
intermediación de Exú para el contacto entre el babalorixá y los
orixás. Por eso son atribuidos a Ifá, 16 ojos, cada uno de ellos
representado simbólicamente por un búzio.
El sacerdote de Ifá es el babalao, nombre a veces confundido de
babalorixá, más cuyas responsabilidades son bastantes diferentes. Al
babalorixá le son concedidas funciones de mayor contacto con los
hijos-de-santo en general, siendo su figura inferior en jerarquía a la
del babalao.
El color ligado a Ifá es el blanco. Su símbolo es un collar, el opelé,
usado para la adivinación. Está echo de ocho medias nueces de
dendé (siendo el denden, por eso, el árbol consagrado a Ifá), unidas
por una trenza de paja de Costa. Una de las puntas se caracteriza
como masculina, terminando en un nudo, mientras que la otra, la
femenina, termina en cinco hilos de paja de Costa.
Logunede
Este orixá es poco venerado en África actualmente, pero tiene
muchos hijos-de-santo en Brasil. Vive seis meses sobre tierra y seis
meses sobre las aguas de un río. Así como Oxumaré, en los primeros
seis meses es una divinidad masculina y en los otros femenina.
Según las leyendas, en le primer ciclo se alimenta exclusivamente de
la caza, mientras en el segundo sobrevive de peces.
Esa dualidad es directamente heredada de sus padres. Hijo de Oxóssi
y Oxum, sería la síntesis de las características de cada uno de ellos
alternadamente. El día de la semana que se le atribuye es el jueves.
En Brasil es sincretizado con San Miguel Arcángel como con San
Expedito. El arquetipo psicológico de Logunede sería la síntesis de
los tipos ligados a Oxóssi y a Ogum. Como a sus padres, son
bastantes contradictorios (a no ser en la elegancia, en la vanidad y en
la altivez) en general Logunede posee un genio imprevisible, a veces
hablador y social como Oxum, a veces solitario e individualista
como Oxóssi.
Iroko
Así como Oxumaré, Naná y Obaluaié, Iroko (también conocido
como Loko, Tiempo y Katende) es un orixá de origen daomedano.
Las leyendas cuentan que fue el primer hijo de Oxalá y que indica
que era el más viejo de los orixás de la cultura que fua asimilada por
los conquistadores iorubanos.
En términos de elementos, Iroko es asociado a un árbol –en Brasil,
la gamelera blanca. Esa identificación es la síntesis de sus
características fuertes. Sus fuertes raíces se prenden fuertemente al
suelo, dándole una estructura fueret y bastante sólida en el terreno.
Sus hijos por lo tanto, tendrían un poco de ese árbol, en su cuerpo
fuerte, firme. Su definición en términos de temperamento sería la
misma: determinados, inflexibles y capaces de una cólera difícil de
aplacar.
El sincretismo de Iroko en Brasil es realizado con San Francisco de
Assis. Su día es el martes, sus colores, el blanco y o ceniza.
Ibejí
Son dos divinidades gemelas, siendo de costumbre sincretizadas con
los santos gemelos católicos Cosme y Damián. Al contrario de los
eres, entidades infantiles, ligadas a los orixás y a los seres humanos,
son divinidades infantiles, orixás-niños. Por ser gemelos, son
asociados al principio de la dualidad: por ser niños, son ligados a
todo lo que se inicia y brota: al nacimiento de un río, de los seres
humanos, al germinar de las plantas, etc..
Sus hijos-de-santo son personas con temperamento infantil,
jovialmente inconsecuentes; nunca dejan de tener dentro de sí al
niño que fueron. Son bromistas sonrientes, inquietos –todo lo que se
puede asociar al comportamiento infantil-. Muy dependiente en las
relaciones amorosas y emocionales en general, pueden entonces
revelarse como obstinadas y posesivas. Al mismo tiempo, su
inconstancia imperante en la vida se revela en su eterno rostro de
niño y en su modo ágil de moverse, su dificultad en permanecer
mucho tiempo sentado, derramando siempre energía. Pueden
presentar bruscas variaciones de temperamento, y cierta tendencia a
simplificar las cosas, especialmente en términos emocionales,
reduciendo a veces el comportamiento complejo de las personas que
están alrededor. Al mismo tiempo, sus tristezas y sufrimientos
tienden a desaparecer con facilidad sin dejar grandes huellas. Sus
colores principales son el rojo y el verde, pero todos los colores
terminan formando parte de las ropas de sus hijos-de-santo y de
algunos colores usados por ellos.
(Está información fue extraída de la serie de revistas “El asunto
es...”. Editada e impresa en San Pablo, Brasil, por Ideia Editorial, en
Julio de 1992. Editor: Eduardo Araia).