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El Objeto del Contrato en Derecho Civil

El documento habla sobre el objeto del contrato. Explica que el objeto es un elemento esencial del contrato y debe cumplir con ciertos requisitos como ser lícito, posible y determinado. También distingue entre el objeto de la obligación y el objeto del contrato, y explica que el objeto del contrato puede ser material o inmaterial.

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El Objeto del Contrato en Derecho Civil

El documento habla sobre el objeto del contrato. Explica que el objeto es un elemento esencial del contrato y debe cumplir con ciertos requisitos como ser lícito, posible y determinado. También distingue entre el objeto de la obligación y el objeto del contrato, y explica que el objeto del contrato puede ser material o inmaterial.

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TEMA 18.

EL OBJETO DEL CONTRATO

1. Delimitación de su concepto

A. Concepto

El objeto es uno de los elementos esenciales del contrato (artículo 1.261 del Código
Civil), desarrollado en los artículos 1.271 a 1.273 del propio Código Civil. En este
sentido establece el artículo 1.271 del Código Civil que “pueden ser objeto de contrato
todas las cosas que no estén fuera del comercio de los hombres, aun las futuras. Pueden
ser igualmente objeto de contrato todos los servicios que no sean contrarios a las leyes o
a las buenas costumbres”. Este artículo enumera como posibles objetos del contrato las
cosas y servicios, pero ello no es del todo satisfactorio ya que también hay elementos
inmateriales que también pueden ser objeto del contrato. Por ejemplo en el contrato de
cesión de créditos el objeto del contrato no es una cosa material, sino que se trata de un
bien inmaterial. Otro ejemplo sería el del contrato de sociedad, en el que su objeto no es
la cosa o dinero que los socios ponen al constituirla, sino algo que lo trasciende: la
finalidad que se proponen desarrollar con finalidad lucrativa y para cuyo fin aportan
bienes o dinero.

Es importante distinguir entre:

9 Objeto de la obligación: que equivale a la prestación, es decir, dar, hacer o no


hacer alguna cosa (artículo 1.088 del Código Civil).

9 Objeto del contrato: se trata de un bien, material o inmaterial, o de un servicio


susceptible de valoración económica (artículo 1.271 del Código Civil).

En definitiva podemos afirmar que el objeto del contrato es aquél bien, material o
inmaterial, o servicio susceptible de valoración económica que corresponde a un interés
de las partes contratantes.

B. Requisitos

El objeto del contrato ha de reunir determinados requisitos por imperativo legal, que
son:

a) Debe tratarse de un objeto lícito: el requisito de la licitud se expresa en el artículo


1.271 del Código Civil de distinta forma, según se refiera a las cosas o a los servicios.
Para las cosas exige “que no estén fuera del comercio de los hombres”. Para los
servicios, “que no sean contrarios a las leyes y buenas costumbres”.
Bajo la extracomercialidad de las cosas deben incluirse:

9 Los bienes de dominio público (por ejemplo; carreteras, ríos)


9 Las cosas no susceptibles de apropiación por considerarse cosas comunes a
todos al quedar fuera del ámbito de poder del individuo.
9 Los bienes sustraídos a la libre disponibilidad de los particulares (por ejemplo;
los derechos personalísimos).

1
Un contrato que recayera sobre cosa fuera del comercio sería un contrato al que le falta
un presupuesto objetivo. Problema distinto es el de las cosas cuyo comercio se
encuentra prohibido en determinadas circunstancias (por ejemplo, el tráfico de
estupefacientes está prohibido, pero es lícito para usos medicinales). Un contrato sobre
las mismas no supone que le falte un presupuesto. Podrá recibir las sanciones
administrativas o penales correspondientes, o considerarse como un contrato con causa
ilícita o un contrato prohibido, pero nunca como un contrato al que le falte su objeto.

b) Debe ser un objeto posible: establece el artículo 1.272 del Código Civil que “no
podrán ser objeto de contrato las cosas o servicios imposibles”. En cuanto a la
imposibilidad del objeto del contrato podemos distinguir dos supuestos:

9 Imposibilidad absoluta: afecta a todos los sujetos.

9 Imposibilidad relativa: la cosa o servicio es posible, pero el obligado no puede


realizar la prestación a ella atinente (por ejemplo; se obliga a prestar un
servicio que exige una cualificación de que carece). El régimen jurídico de esta
hipótesis no debe ser el de la imposibilidad absoluta.

Dentro de la imposibilidad absoluta, a su vez, podríamos distinguir entre:

9 Originaria: sucedería en el momento de la realización del contrato. Esta


imposibilidad provocaría o bien la inexistencia del contrato o bien su nulidad
parcial.

9 Parcial: afecta tan sólo a un aspecto concreto (artículo 1.460 párrafo 2º del
Código Civil). El acreedor estará facultado para optar entre desistir del contrato
o reclamar lo que todavía es posible, con una reducción en este caso de su precio
en proporción al total convenido.

La posibilidad, característica de las cosas y servicios, no excluye la futuridad.


Establece en tal sentido el artículo 1.271 del Código Civil que pueden ser objeto de
contrato las cosas futuras. Por cosa futura se ha de entender todo bien inexistente en el
momento de la celebración del contrato, pero que puede existir según el curso normal
de los acontecimientos (por ejemplo, el labrador que vende su cosecha del próximo
año).
Por último, el párrafo 2º del artículo 1.271 del Código Civil excepciona de la
posibilidad de que las cosas futuras sean objeto de contrato a la herencia futura (“sobre
la herencia futura no se podrá, sin embargo, celebrar otros contratos que aquéllos cuyo
objeto sea practicar entre vivos la división de un caudal y otras disposiciones
particionales”. Sobre ella puede realizarse un contrato cuyo objeto “sea practicar entre
vivos la división de un caudal conforme el artículo 1.056”.

c) El objeto del contrato debe ser determinado o determinable: a tenor del artículo
1.273 del Código Civil, “el objeto de todo contrato debe ser una cosa determinada en
cuanto a su especie. La indeterminación en la cantidad no será obstáculo para la
existencia del contrato, siempre que sea posible determinarla sin necesidad de nuevo
convenio entre los contratantes”.

2
Por “cosa determinada en cuanto a su especie” entiende la jurisprudencia que la
determinación de la cosa se haga en forma que no pueda confundirse con otras
distintas. Por tanto, el objeto puede estar perfectamente determinado en un principio
(te vendo mi casa, te vendo éste caballo), o relativamente indeterminado, como cuando
se señala el género al que la cosa pertenece (te vendo un caballo, te vendo una casa).
En suma, el objeto puede ser determinado o determinable, si constan en este último
caso en el contrato los elementos, para su determinación.

2. El contenido del contrato y sus diversos modos de fijación

Al hablar del contenido del contrato nos referimos a aquellos derechos y deberes que
surgen como consecuencia del acuerdo de las partes. En dicho contenido encontraremos
los elementos esenciales necesarios para que exista el contrato y para que sea válido y
eficaz, además también pueden encontrarse los llamados elementos accidentales del
contrato si así lo acuerdan y disponen las partes. Estos elementos esenciales son: la
condición, el término y el modo.

Si el contrato se perfecciona porque las partes contratantes ponen de manifiesto cuales


son sus intenciones, entonces cabe la pregunta ¿es posible que existan contratos en que
las cláusulas del mismo los fije únicamente una de las partes, mientras que la otra tan
solo se limita a aceptarlas?. La respuesta a la anterior pregunta es afirmativa. Lo anterior
sucede en los siguientes supuestos:

9 En los contratos de adhesión.


9 En los autocontratos.
9 En las cláusulas generales de la contratación.

3. El contrato de adhesión

Con la expresión contratos de adhesión se designan aquellos supuestos en los cuales una
de las partes, que generalmente es un empresario mercantil o industrial que realiza una
contratación en masa, establece un contenido prefijado para todos los contratos de un
determinado tipo que en ejercicio de su empresa se conciertan. Su característica más
importante es que no van precedidos de una posible discusión sobre su contenido, sino
que sus cláusulas han de ser aceptadas o rechazadas. Este tipo de contratos suelen ser
los contratos de suministros (agua, luz, gas).Una de las partes, por tanto, fija de manera
unilateral las condiciones del contrato, y la otra parte lo único que le cabe hacer es
adherirse o no.

Hay dos posturas doctrinales ante la determinación de la naturaleza jurídica del contrato
de adhesión:

9 Una postura que opina que no se trata de un verdadero contrato, en tanto que no
existe un verdadero consentimiento por una de las partes, ya que una de las
partes tan sólo se adhiere a la oferta de la otra. Entienden que en estos casos no
se produce un verdadero consentimiento, sino un asentimiento.

9 La postura mayoritaria entiende que sí estamos ante un verdadero contrato. Sí se


da una concurrencia entre la oferta y la aceptación, que es lo necesario para que
el contrato exista. El Prof. Albaladejo encuadrado dentro de este

3
posicionamiento establece que al unirse oferta y aceptación hay acuerdo, hay
negocio jurídico bilateral, aunque el conjunto de cláusulas que componen la
oferta las haya establecido o redactado por sí sola la parte oferente.

Sin embargo, conviene diferenciar dos fenómenos:

9 El primero se produce cuando las cláusulas han sido puestas en conocimiento de


los interesados en el momento en que éstos dan su conformidad (en la letra
pequeña de los contratos de seguros, de suministro de electricidad).

9 El segundo se da cuando han quedado fuera del contrato, y el contratante parece


adherirse a ellas (cuando se compra un billete en un transporte público no se nos
dice cuales son las condiciones del contrato que celebramos).

Esta distinción ha permitido doctrinalmente separar lo que son contratos de adhesión


(los primeros) y lo que son condiciones generales de la contratación (las segundas).

Ahora bien, el Derecho para evitar las situaciones abusivas por parte de las grandes
compañías actúa en dos sentidos:

9 La Administración en ejercicio de su potestad reglamentaria impone una serie de


limitaciones, es decir, impone una serie de condiciones a las empresas que
utilizan este tipo de contratación.

9 Se aplican unos criterios de interpretación jurisprudencial:

1. La interpretación del contrato se hará en favor de la parte más débil.


2. No se interpretarán de forma subjetiva, en tanto que no ha existido una
plena autonomía de la voluntad, y por tanto la interpretación que se
realizará será la objetiva.
3. De acuerdo con el artículo 1.288 del Código Civil “la interpretación de
las cláusulas oscuras de un contrato no deberá favorecer a la parte que
hubiese ocasionado la oscuridad”.

4. Las condiciones generales de la contratación

A. Concepto

También denominadas cláusulas generales del contrato. Se trata de normas o reglas


dictadas unilateralmente por una empresa mercantil o industrial, a fin de reglamentar
aquellas operaciones o contratos que esa misma empresa vaya celebrando con sus
actividades. Estas condiciones pueden estar insertas en el impreso o formulario que
sirve de oferta de contrato; pero, a veces, en él se contiene sólo un extracto de las
mismas, o una referencia indicando que la oferta se hace a base de ellas (por ejemplo, la
entidad o empresa de que se trate, señala que los contratos que celebre se entienden
ajustados a lo establecido en su reglamentación interna). E incluso, en ocasiones, si la
contratación no se realiza otorgando documento alguno, las condiciones de la oferta se
dan a conocer al público en anuncios, expuestos, por ejemplo, en el local de que se trate,
o señalando que quien desee consultarlas tiene a su disposición la reglamentación que
regula el contrato de cuya celebración se trate.

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Todo lo anterior tiene el inconveniente que en la realidad, frecuentemente se otorga el
consentimiento por una de las partes conociendo solamente la prestación básica que ha
de recibir – y la que ha de dar a cambio -, pero, sin estar al tanto de detalles secundarios
o de límites a la realización de la prestación principal.

Nuestro Código Civil no establece ninguna regla específica sobre el particular. Sólo es
posible invocar el artículo 1.288 del Código Civil, a cuyo tenor, “la interpretación de las
cláusulas oscuras de un contrato, no deberá favorecer a la parte – en este caso, oferente,
única que intervino en la formación de la oferta – que hubiese ocasionado la oscuridad”.

Además, las legislaciones modernas van tratando de poner límites a la libertad del
contratante fuente de establecer condiciones generales que pudieran pasar inadvertidas o
ser abusivas, injustas o lesivas para el otro.
Al objeto de evitar el empleo por aquel contratante que impone sus condiciones
contractuales a la otra parte, el Consejo Europeo dictó la Directiva 93/13/CEE, de 5 de
abril de 1993, sobre cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores,
en cuyo Anexo se relacionaban ciertas cláusulas contractuales a las que se daba esa
consideración de abusivas. Posteriormente, a partir de 1998 el ordenamiento jurídico
español dispuso de una Ley general de Condiciones Generales de la Contratación, Ley
7/1998, de 13 de abril, dictada, entre otros propósitos, con el de adaptar nuestra
legislación a la citada Directiva comunitaria.

B. Ámbito de aplicación

El ámbito de aplicación de la Ley general de Condiciones Generales de la Contratación


(LCGC) responde a un doble criterio:

a) Uno objetivo: constituido por las condiciones generales de la contratación. Estas


cláusulas son aquellas cuya incorporación al contrato es impuesta por una de las partes,
sea o no autora material de las mismas, y que han sido redactadas con la finalidad de
ser incorporadas a una pluralidad de contratos. Imposición significa falta de
negociación individual del clausulado de un contrato.

b) Uno subjetivo: viene determinado por el carácter en el que intervienen las partes en
una relación contractual regulada por cláusulas que pueden definirse como cláusulas
generales de la contratación. La LCGC se aplica a todos los contratos que incorporen
cláusulas generales de la contratación siempre que una de las partes, el predisponente,
sea un profesional, entendiéndose como tal “toda persona física o jurídica que actúe
dentro del marco de su actividad profesional o empresarial, ya sea pública o privada”.

C. Reglas de interpretación

En cuanto a la interpretación de los contratos que contienen condiciones generales de la


contratación la LCGC establece tres reglas:

a) Cuando exista contradicción entre las condiciones generales de la contratación y


condiciones específicamente previstas para el contrato en cuestión, prevalecen éstas
últimas sobre aquéllas, salvo que las condiciones generales resulten más beneficiosas
para el adherente que las condiciones particulares.

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b) Las dudas en la interpretación de las cláusulas generales oscuras se resolverán en
favor del adherente.

c) Fuera de las anteriores dos reglas, serán de aplicación las disposiciones del Código
Civil sobre la interpretación de los contratos.

D. Acciones protectoras frente a condiciones generales de la contratación

La LCGC declara la nulidad de pleno derecho de las condiciones generales de la


contratación que contradigan en perjuicio del adherente lo dispuesto en la Ley 7/1998 o
en cualquier otra norma imperativa o prohibitiva, salvo que en esas disposiciones
legales se establezca un efecto distinto para casos de contravención. Otorga al adherente
las “acciones de nulidad o de no incorporación de las condiciones al contrato”, a
ejercitar por la vías de nulidad contractual.
La legitimación activa para el ejercicio de una acción de nulidad o de no incorporación
al contrato de una condición general es para el adherente.

También la LCGC regula acciones de “cesación, retractación y declarativas de


condiciones generales”:

9 La acción de cesación pretende obtener una sentencia que condene al


demandado a eliminar de sus condiciones generales las que se reputan nulas y a
abstenerse de utilizarlas en lo sucesivo.

9 La acción de retractación pretende que el demandado, aunque no sea el


predisponente, se retracte de la recomendación que haya efectuado de utilizar
las cláusulas generales que se consideren nulas y de abstenerse de seguir
recomendándolas en el futuro.

9 La acción de declaración: tiene por objeto el reconocimiento de una cláusula


como condición general de la contratación e instar su inscripción en el Registro
de Condiciones Generales de Contratación que la Ley 7/1998 crea.

La legitimación activa para el ejercicio de las acciones de cesación, retractación y


declaración es amplia, ya que el legislador pretende con ellas proteger los intereses
generales de los usuarios y consumidores potenciales. Se otorga a asociaciones y
corporaciones de empresarios, profesionales y agricultores; a las Cámaras de Comercio,
Industria y Navegación; a las asociaciones de consumidores; a Colegios Profesionales, y
al Ministerio Fiscal.

E. Cláusulas abusivas

a) Presupuestos: Para que pueda hablarse de cláusula abusiva es necesario que una de
las partes del contrato sea un consumidor. Por tanto, la protección frente a cláusulas
abusivas se da en los contratos con consumidores y usuarios exclusivamente.
La protección frente a las cláusulas abusivas se instrumenta legalmente mediante unas
modificaciones que la Ley 7/1998, en sus Disposiciones Adicionales, introduce en la
Ley 26/1984, de 19 de julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios.

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b) Concepto de cláusula abusiva: la Ley General para la Defensa de los Consumidores
y Usuarios nos ofrece un concepto de cláusula abusiva bastante general y abstracto. En
este sentido, la mencionada Ley las define como estipulaciones que no habiéndose
negociado individualmente causan, en contra de las exigencias de la buena fe y en
detrimento del consumidor, un desequilibrio importante entre los derechos y
obligaciones de las partes derivados del contrato.
Ahora bien, dicha generalidad se palia en gran parte con una extensísima lista de
cláusulas que para el legislador tienen el carácter de abusivas contenidas en la
disposición adicional de dicha Ley.
Así, serán nulas de pleno derecho y se tendrán por no puestas las cláusulas, condiciones
y estipulaciones en las que se aprecie el carácter abusivo.

F. El Registro de Condiciones Generales de la Contratación

La Ley 7/1998 crea dicho Registro, donde podrán inscribirse, es decir, con carácter
potestativo, las condiciones generales de la contratación que lo sean con arreglo a la
citada Ley. No obstante, el Gobierno podrá imponer la inscripción obligatoria de
condiciones generales del contrato en determinados sectores específicos de la
contratación.
El Registro de Condiciones Generales de la Contratación ha pasado a ser una de las
secciones que integran el Registro de Bienes Muebles.

5. El autocontrato

El autocontrato o contrato consigo mismo es la figura jurídica que surge cuando una
persona, que puede afectar con su actuación a más de un patrimonio, crea por su sola
voluntad relaciones jurídicas entre ellos obrando dentro del círculo de facultades que
tiene. Ejemplo típico es el del representante que, encargado de enajenar una finca, la
compra para sí. Es evidente que, además del poder que ostenta sobre su propio
patrimonio puede obrar con eficacia directa para el del mandante, y lo ha hecho
relacionando ambos con su actuación unilateral. Se trata, en definitiva, de una
contratación por parte de la misma persona, es decir, en un mismo sujeto coinciden las
dos partes, oferente y aceptante.

El autocontrato es el negocio del representante – mandatario - consigo mismo. Es la


figura en que el mandatario gestiona los intereses del mandante – representado – pero en
interés propio, de manera que participa y se sitúa en la posición del tercero. Por tanto, si
en el contrato de mandato suelen intervenir tres sujetos:

9 Mandante.
9 Mandatario.
9 Tercero.

En el autocontrato, no hay tres sujetos sino sólo dos, ya que el mandatario también se
sitúa en la posición del tercero. Por ejemplo, el mandato de adquirir es aquél en que el
mandatario vende una cosa propia del mandante. La irregularidad que se produce en el
caso del autocontrato es que el mandatario en vez de realizar un negocio jurídico
bilateral con un tercero, realiza un negocio jurídico unilateral, es decir, existe una sola
declaración de voluntad pero que agrupa dos voluntades de dirección diversa – de signo
contrario -.

7
¿Está admitida en nuestro ordenamiento jurídico la figura del autocontrato?. Nuestro
derecho positivo no regula con carácter general el autocontrato. Sólo se detectan en el
Código Civil y en el de Comercio algunos preceptos cuyos supuestos de hecho
coinciden con la autocontratación (artículo 1.459 núms. 1 y 2 y 163 del Código Civil y
267 del Código de Comercio). De ellos puede inferirse lógica y justamente una
prohibición, en principio, de la autocontratación, dado que tiende a evitar el conflicto de
intereses entre los propios y personales del afectado por la prohibición y los de los otros
por los que ha de velar en virtud de la posición jurídica que ostenta.

Por lo que respeta a la jurisprudencia, se observa en ella una importante evolución . En


un principio negó la validez del autocontrato en general bajo premisas dogmáticas.
Estimó que era circunstancia esencial que en todo contrato concurran dos o más
voluntades distintas y autónomas. Posteriormente ha dado franca entrada a la figura en
nuestro ordenamiento

En esta línea, analizando el artículo 1.459 del Código Civil, éste nos ofrece un listado
de supuestos de autocontratos – autocompraventas – y lo hace para prohibirlos.
Establece dicho artículo “No podrán adquirir por compra, aunque sea en subasta pública
o judicial, por sí ni por persona alguna intermedia”:

1. “Los que desempeñen algún cargo tutelar, los bienes de la persona o personas que
estén bajo su guarda o protección”.
Este primer apartado hace referencia a la representación legal. En este ámbito, la figura
del autocontrato da lugar a la nulidad plena y absoluta. Por tanto, el representante legal
que adquiere bienes de su representado, ese contrato es nulo, ya que es contrario a una
norma imperativa, la del artículo 1.459.1º del Código Civil. Todo ello de acuerdo con lo
establecido en el artículo 6.3 del Código Civil (“los actos contrarios a las normas
imperativas y a las prohibitivas son nulos de pleno derecho, salvo que en ellas se
establezca un efecto distinto para el caso de contravención”).

2. “Los mandatarios, los bienes de cuya administración o enajenación estuvieren


encargados”.
Este apartado se refiere a la representación voluntaria. Estos autocontratos en principio
son ineficaces, excepto si son ratificados con posterioridad. Se aplica la regla del
artículo 1.727 del Código Civil párrafo 2º: “en lo que el mandatario se haya excedido,
no queda obligado el mandante sino cuando lo ratifica expresa o tácitamente”.
Por tanto, en la representación voluntaria para que se acepte la figura del autocontrato
deben darse dos condiciones:

9 Que exista autorización previa o posterior – en este último caso en forma de


ratificación por parte del mandante.

9 No haya conflicto de intereses, en forma de perjuicios para el mandante. Ya que


si el vendedor y el comprador son la misma persona – el mandatario -, no existe
enfrentamiento de intereses.

Si no se dan las anteriores dos condiciones el autocontrato sería nulo, por ser contrario a
una norma imperativa, la dela artículo 1.459.2º del Código Civil. Ello en virtud de lo
establecido en el artículo 6.3 del Código Civil.

8
Lo anterior sería siguiendo el tenor literal del artículo 1.459 del Código Civil, pero
desde un punto de vista teórico, se considera que sí puede existir la figura del
autocontrato. Esta afirmación se sustenta en dos puntos:

9 En los efectos que genera el negocio jurídico de mandato. Contrato en el que se


rompe el principio de la relatividad contractual del artículo 1.257 del Código
Civil.

9 Teniendo presente la figura de la ratificación. La ratificación es un negocio


jurídico unilateral y recepticio, en virtud del cual el mandante da su
consentimiento a la actuación que el mandatario había realizado sin poder. En
sede de autocontrato, si el mandatario adquiriese él mismo los bienes del
mandante, podríamos considerar que el mandatario se está extralimitando en su
actuación, pero si el mandante considera que la actuación del mandatario no es
perjudicial para él, podría ratificarlo, y si lo hace ese contrato será plenamente
válido y producirá sus efectos.

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