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Martimort, Aime Georges - Los Signos de La Nueva Alianza PDF

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A. - G.

M A R T I M O R T

EDICIONES SIGÚEME
AIME-GEORGES MARTIMORT

LOS SIGNOS
DE LA
NUEVA ALIANZA

SEGUNDA EDICIÓN

EDICIONES SIGÚEME
Apartado 332
SALAMANCA
196 4
/

Traducción directa por DANIEL RUIZ BUENO, sobre la 1." edición de la obra original fran-
cesa Les signes de la nouvelle alllanct, de A. G. MARTIMORT, publicada en 1960 por LICEL, París

En espera de una refundición del libro por el 'auto?, teniendo


en cuenta la constitución litúrgica conciliar, reproducimos exac-
tamente la primera edición.
ÍNDICE
Págs.
INTRODUCCIÓN
El estudio de los sacramentos, pedagogía bienhechora 15
C O LEC C I Ó N
Parte I. VISION DE CONJUNTO DE LOS SACRAMENTOS
«LUX MUNDI»
I. Los sacramentos son signos 25
II. Los sacramentos son actos de Cristo 47
III. Los sacramentos producen los dones divinos que
significan . . 65
IV. El organismo sacramental . . . . . . . . 83

N l H I L OBSTAT: Parte II. EL ORDEN


El Censor, Dr. FRANCISCO J. ALTES ESCRIBA, pbro. I. La distinción entre clérigos y laicos en la Iglesia 95
II. La jerarquía de jurisdjcción: misión y oficio pas-
Barcelona, 15 de noviembre de 1961
toral . 101
IMPRÍMASE: III. Las órdenes sagradas 116
IV. El sacerdocio del obispo y de los presbíteros . . 129
GREGORIO, Arzobispo-Obispo de Barcelona
V. El diaconado y las órdenes menores . . . . . 140
Por mandato de Su Excia. Rdma. Apéndice: Religiosos y clérigos 145
ALEJANDRO PSCH, pbro., Canciller-Secretario
Parte III. LA INICIACIÓN CRISTIANA
Sec. I. El bautismo 153
I. El lugar del bautismo en los escritos del Nuevo
Testamento " . . . 154
II. Los ritos del bautismo a la luz de la historia . . 158
III. Ensayo de síntesis bíblicolitúrgica 169
" IV. Precisiones teológicas '. 185
V. Espiritualidad bautismal 190
VI. El recuerdo del bautismo recibido . . . . . . 193
Sec. II. La confirmación 195
Ediciones Sigúeme l. El signo sacramental y el ministro 196
II. ¿A qué edad hay que confirmarse? . . . . . 199
III. Vínculo entre el bautismo y la confirmación . . 200
IV. Los efectos de la confirmación . . . . . . 203
ES PROPIEDAD PRINTED IN SPAIN
Sec. III. La eucaristía, término de la iniciación cristiana . . 209
I. No hay iniciación cristiana sin eucaristía . . . 210
Depósito legal: B. 9051 -1964 — Imprenta Altes, S. L., Barcelona II. La primera comunión 212
III. La comunión solemne 214
10 Prólogo Prólogo 11
Iglesia. Por último se deduce de esta obra una orientación espi- cían comparte con el padre Roguet, añade Martimort la expo-
ritual y pastoral enormemente sugestiva. sición de sus lecciones como profesor de Liturgia en el Instituí
Va destinado a cjuienes se preparan para llegar a ser un día Catbolicjue de Toulouse y en el curso especial cjue se da anual-
maestros y educadores religiosos de la juventud. Puede decirse mente'en Mont César a los profesores de dicha disciplina.
cjue también es una gran teología para los sacerdotes cjue nece- En 1959 publicó, juntamente con F. Picard, un magnífico comen-
sitan acomodar su escjuema dogmático de los sacramentos a una tario al Código de Rúbricas: Liturgie et musique (París, Cerfj,
concepción biblica. y litúrgica más jugosa para la predicación y recientemente ha dirigido el trabajo de un completísimo ecjuipo
y la catecjuesis. Si no llega a ser el manual del estudiante de de liturgistas para la redacción del gran manual L'Eglise en
teología, el cual necesitauna enseñanza más desarrollada, este priére. Introduction á la liturgie (fournai, Desclée, 196i).
libro puede ser un servidor excelente de profesores y alumnos En octubre de 1960 fue nombrado consultor de la Comisión de
de teología. Liturgia, preparatoria del Concilio Vaticano II, y actualmente
La estructura del manual puede sorprender a cjuien está lejos es Perito en el mismo Concilio.
de una concepción sacramental unitaria y orgánica. Después
?£ % %
de una introducción general a los sacramentos, comienza con
el Orden sacerdotal, puesto cjue es el sacramento cjue «funda
y explica la estructura jerárquica de la asamblea litúrgica»: La traducción española ha sido encomendada a Daniel Ruiz
A continuación estudia la «iniciación cristiana»,- cuya cumbre Bueno. Especialista en el estudio y traducción de los Padres,
y plenitud se desarrolla en la Eucaristía. Finalmente, después traductor del Denzinger a nuestra lengua, se ha movido con
de examinar la Penitencia y la Unción de los enfermos, acaba una agilidad y precisión dignas de todo elogio
con el estudio del Matrimonio en relación íntima con la virgi- Ediciones Sigúeme merece todo nuestro agradecimiento, no
nidad, ya cju~ están «unidos en las mismas perspectivas de la sólo por la presentación, sino también por el trabajo paciente
economía de la salud». cjue sus directores se han impuesto para hacernos asecjuible.s
Excelente es, pues, el servicio cjue ha prestado Martimort innumerables citas y referencias, dando al libro un todo más
a la consideración teológica y pastoral de los sacramentos, científico y más universal.
felizmente extendida al campo de habla española por Edicio- Todos esperamos cjue este manual, cuyo título es de por si
nes Sigúeme. revelador de una línea teológica bíblica y litúrgica, contribuya
* * * a cimentar la preparación, no solo de los catequistas, sino tam-
bién de los sacerdotes y de los militantes seglares.
Aimé-Georges Martimort es ya conocido en España. Don
Casiano FLORISTAS
Casimiro Sánchez Aliseda nos hizo de él una breve y jugosa
presentación en el prólogo al precioso libro En memoria mía Salamanca, 12 de marzo de 1964.
(Vilamala, Barcelona i 959) pocos días antes de su muerte.
La claridad de Martimort, sacerdote de la diócesis de Toulouse,
es envidiable, su exactitud y rigor científico, aprendido en el
manejo de las fuentes y de los grandes pensadores, está presente
en todos'sus trabajos. Como buen francés ha sabido unir la
exposición diáfana a la corriente litúrgica alemana, sabrosa
de contenido y de rigurosidad científica, auncjue a veces exce-
sivamente envuelta por las nieblas germanas. A la colaboración
asidua del «Centre de Pastorale liturgicjue» de París, cuya direc
INTRODUCCIÓN
EL ESTUDIO DE LOS SACRAMENTOS
PEDAGOGÍA BIENHECHORA

El estudio de los sacramentos, llevado con el método que


le es propio, exige un verdadero cambio de horizontes que es
bienhechor para todo cristiano y decisivo para catequistas
y educadores. «A Dios no lo ha visto nadie jamás»,' dice
san Juan con fórmula impresionante (Jn. 1, 18). No se nos
concede hoy a nosotros, como antaño a los apóstoles, con-
templar con nuestros ojos y tocar con nuestras manos al Verbo
de la vida (1 Jn. 1, 1-2). Ahora bien, los sacramentos son
cosas, gestos, palabras que nos entran por los sentidos. Por vo-
luntad de Cristo que los ha instituido, son signos, pero signos
eficaces, para nosotros hoy. Vínculos misteriosos entre hoy
y la historia de Cristo.

1. DE LO QUE SE VE A LO QUE NO SE VE

Cuando se leen las instrucciones catequísticas de los pri


meros padres a los recién bautizados, nos impresiona el carác-
ter concreto, visual de esta enseñanza:
Ahora pues —dice san Ambrosio—, consideremos.- viepe el sacerdote,
recita una oración junto a la fuente, invoca el nombre del Padre, la presencia
del Hijo y del Espíritu Santo, se vale de palabras celestes... Has venido a la
fuente, has bajado a ella, has atendido al sumo sacerdote, has visto a los
levitas y al presbítero en la fuente, i Qué es el bautismo ? (De Sacramcntis,
II, 6-7. ML 16, 427-428.)

La pregunta sólo se hace tras la evocación de las cosas


vistas y oídas, puesto que la respuesta se desprende, con toda
naturalidad, de este desenvolvimiento concreto. Gestos pala-
bras, personas, cosas: todo era signo. Es menester dejar que
el signo exprese toda su significación. De la noción de signo,
que estudiaremos en la primera parte, el teólogo concluye que
para entender un sacramento hay que sopesar, palpar las cosas,
16 Introducción
Introdúcelon 17
detenerse delante del agua que brota de una fuente o ante los
meneos del que toma un baño, ver confeccionar un perfume no logrará un conocimiento profundo del sacramento del orden,
por la sabia dosificación del aceite y de un cuerpo odorífico... si no toma parte en una ceremonia de ordenación. Participando,
Hay que ver, pero hay también que oír, porque la palabra igualmente, en la consagración del agua bautismal y mejor aún,
pronunciada por la Iglesia hace de este gesto humano, trivial después de haber visto celebrar bautismos en esta agua refres-
y común, un misterio de fe, una acción divina. cante, consagrada, los fieles renuevan, la noche de pascua,
las promesas de su propio bautismo.
Se te ha preguntado — continúa san Ambrosio •—: «¿ Crees en Dios Es menester, pues, dejar a cada paso el manual, la clase,
padre omnipotente?» Y has respondido-. «Creo»... Se te ha preguntado ade-
más-. «¿Crees en nuestro Señor Jesucristo y en su cruz?» Y has respondido: el maestro, para ir a buscar en la comunidad litúrgica la
«Creo», y te has bañado, y por eso has sido sepultado con Cristo, porcfue inteligencia de los sacramentos que sólo ella puede dar. El ma-
el c]ue es sepultado con Cristo, resucita también con Cristo. Por tercera vez nual, la clase y el maestro la precisarán y fijarán sus rasgos,
se te ha preguntado-. «¿Crees en el Espíritu Santo?»... (Ibid., ML 16, 429.) pero no pueden en modo alguno suplirla.
Hay que mirar también al que habla, obra y hace el
signo. ¿Quién es, pues? En él habla, obra y hace él signo 3. «LO QUE HACE LA IGLESIA»
Cristo mismo:
El estudio de los sacramentos depara a la razón misma
Pedro bautiza, Cristo bautiza, aun cuando Judas bautizara, Cristo es del teólogo vivas sorpresas. Y es así que los sacramentos han
rluien bautiza... (San Beda el Venerable.) sido confiados por Cristo a su Iglesia como un depósito vivo.
Pedagogía inductiva, intuitiva, perteneciente no a la moda- Si los elementos más importantes y decisivos fueron fijados
lidad catequística del siglo vi, sino a la realidad teológica del una vez para siempre por el Señor, otros en cambio mani-
sacramento y, por tanto, al mismo orden querido por Cristo. fiestan una gran ductilidad y determinan variedad de usos
según los tiempos y lugares. Hasta el siglo xn, se daba la
r comunión a los niños pequeños después del bautismo. A partir
2. LOS SACRAMENTOS SOLO PUEDEN COMPRENDERSE de esa fecha, el occidente la reserva — aparte el caso de peligro
PARTICIPANDO EN ELLOS de muerte—• a los que han llegado a la edad de discreción
y han recibido una instrucción rudimentaria. Los Hechos nos
Describir los gestos de un sacramento, leer su fórmula ponen de manifiesto que los apóstoles confirman por el gesto
en un misal, un ritual o un pontifical, son cosas que sólo de la imposición de manos; las iglesias de oriente, en cambio,
tienen verdadera significación para el que ha participado ya administran, muy legítimamente, este sacramento por la unción
en el rito. Ello es hasta tal punto cierto para los sacramentos con el hagion myron, el perfume o ungüento sagrado... ¿Es la
de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía, lógica la que decide lo que se ha de hacer, qué gesto es deci-
que los padres sólo explicaban los ritos después de terminada sivo, qué edad conviene a la recepción de la confirmación
la iniciación, tomando pie de la experiencia vivida,. Sólo el día o de la eucaristía? No; lo que decide es únicamente la práctica
mismo del bautismo, abría el candidato los ojos y los oídos de la Iglesia. «Así es — dice frecuentemente santo Tomás —,
al misterio que descubría con todo el frescor de su alma. porque así lo hace la Iglesia.» Pudiera pensarse, por ejemplo,
Sin embargo, es menester afirmar que la recepción del sacra- que la confirmación debiera negarse a los niños, puesto que
mento autentifica y hace vivo (aparte de toda emoción sen- es el sacramento de la edad adulta. Falso, puesto que la Iglesia
sible) un conocimiento que jamás >erá completo sin ella. lo hace de otra manera, y descubrimos así que las edades
Y si es cierto que só[Link] sacerdote puede comprender el sobrenaturales están lejos de coincidir con las edades físicas.
sacerdocio porque lo ha recibido, porque lo ejerce, el cristiano Sólo queda, pues, un método para determinar el gesto
necesario, el ministro, las condiciones de ejercicio de un sacra-
18 Introducción

mentó: mirar lo que hace la Iglesia, lo que hace acaso de


modo distinto en oriente y occidente, ayer y hoy. PARTE I

4. SÍNTESIS DE TODO EL MISTERIO CRISTIANO


V I S I O N DE C O N J U N T O
Finalmente, cuando se estudian los sacramentos, se des-
cubre, en unidad viva, toda la riqueza de la economía cristiana. DE L O S S A C R A M E N T O S
Para comprenderla, hay que partir de las figuras que, en el
Antiguo Testamento, esbozan los rasgos de ella. Pero los sacra-
mentos proceden de los misterios de Cristo, cumplidos una
vez para siempre, cuya gracia llevan a los hombres de hoy.
También manifiestan a la Iglesia, como signos por los que
se la reconoce —desde este punto de vista, es muy cierto
que un cristiano es un hombre que va a misa, según la obser-
vación del padre Roguet— y cuya fecunda riqueza consti-
tuyen. Los sacramentos, pues, unen al hombre con la Iglesia,
haciéndolo miembro del pueblo de Dios, y, a par, al Señor,
introduciéndolo en una intimidad única con El. Los sacra-
mentos obligan al cristiano a reconocer lo que Dios ha dicho
— el símbolo de los apóstoles es la- profesión de fe bau-
tismal—; pero imponen también toda una vida espiritual que
se organiza en torno a ellos y de ellos saca su fuerza. El bau-
tismo es la vuelta en redondo de una vida, la muerte del
hombre viejo; la confirmación inaugura una misión de profeta;
la eucaristía es prenda de caridad... La misma vida religiosa,
a la que no consagra ningún sacramento especial, sólo ha sido
comprendida por la Iglesia como fundada en el bautismo y se-
llada por la eucaristía. Y aun cabe decir que, dentro de lo
gratuito del don de Dios, los sacramentos -exigen del hombre
un esfuerzo previo a su recepción. En este sentido, -la peni-
tencia realiza de manera única el encuentro del hombre que
responde a las inspiraciones divinas, dado caso que el trabajo
del penitente que se acusa, se arrepiente y satisface, forma
parte del sacramento mismo. Finalmente, como veremos, todo
sacramento, si bien ligado al pasado que él proclama y cuya
gracia contiene, nos vuelve también hacia la resurrección bien-
aventurada, de la que nos da las arras: en el cielo no habrá
ya sacramento, porque la realidad será contemplada sin el
velo de los signos; pero los signos nos han dado verdadera-
mente la realidad.
BIBLIOGRAFÍA

Concilio de Tfento, sesión 7 (3 marzo 1547), D. 843a-856.


Pío XII, Mediator Dei, Sigúeme, Salamanca 4 1959.
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Madrid 1957.
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685.
J. de Baciocchi, La vida sacramentaría de la Iglesia, Sigúeme, Salamanca
1961.
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A.-M. Roguet, Los sacramentos signos de vida, Estela, Barcelona 1961.
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O. Semmelroth, Personalismo y sacramentaKstno, en «Orbis catholicus» 3
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J. E. M. Vilanova, Abast de l'economia sacramental, en «Qüestions de vida
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M. D. Chenu, les sacrements dans Véconomie cbrétienne, en LMD 30
(1'952), p. 7-18.
R. Pernoud, M. Carrouges, D. Sinor..., Valeur permanente du symbolisme,
en LMD 22 (1950).
Es muy recomendable la lectura de alguna de las catequesis sacramen-
tarías de los Padres. Por ejemplo: Tertuliano, De baptismo, ML 1, 1.197-
1.224; De poenitentia, ML 1, 1.223-1.248; san Ambrosio, De sacramentis,
ML -16, 417-462; De mysteriis, ML 16, 389-410; De poenitentia, ML 16,
465-524; san Cirilo de Jerusalén, Catecbéses mystagogicae, MG 23, 1.059-
1.128.
i. «Después del estudio de los misterios del Verbo en-
carnado — dice santo Tomás (3, cf. 60)—, ha de seguir el
de los sacramentos de la Iglesia, puesto cfue del Verbo encar-
nado reciben su eficacia.»

2. No cabe duda cfue cada sacramento tiene su propia


individualidad, de suerte cfue fueron menester siglos para pre-
cisar lo cfue era común a todos y hacer una enumeración exacta
de ellos. Todavía cabría preguntar hoy si no valdrá más estu-
diar primero uno tras otro cada uno de los siete y sentar luego,
en forma de conclusión, la definición y las leyes cfue los
engloban a todos. Este método, cfue ha sido necesario para
elaborar una teología de los sacramentos, sigue siendo el mejor
para la catecjuesis rudimentaria. Pero también tiene grandes
ventajas comenzar por una presentación general. Así se evita
repetir a propósito de cada uno lo cfue es común a todos y se
subraya, sobre todo, cfue hay un organismo sacramental y cfue
la sacramentaíidad es un carácter esencial del cristianismo1. Por
eso, santo Tomás y el concilio de Trento abren la presentación
de la doctrina por una exposición de «los sacramentos en ge-
neral».

3. «Sacramento es un signo sensible, instituido por Cristo


para significar y producir la gracia.» Esta definición cfue es
poco más o menos la del catecismo nacional, la del. Catecismo
Romano para los párrocos (II, 1, io)2 y la de los manuales
de teología, pone de manifiesto los tres elementos cfue cons-
tituyen los sacramentos:
— los sacramentos son signos,
— los sacramentos'son actos de Cristo,
— los sacramentos son signos, eficaces de la gracia 'cfue
significan.
1
A. M. Roguet, «Los sacramentos en general», en Iniciación Teo-
lógica, III, p. 340 ss.
2 Edición biligüe, BAC, Madrid 1956, p. 309.
24 Visión de conjunto de los sacramentos

Auncjue las necesidades de la reflexión exigen su análisis


separado, estos tres elementos van unidos de manera indiso-
luble: los sacramentos procuran los dones divinos, porgue son
actos de Cristo, pero los dones divinos sólo pueden ser com-
prendidos escuchando el lenguaje de los signos cjue los trans- 1
miten.
LOS SACRAMENTOS SON SIGNOS

En los sacramentos, el don sobrenatural de Cristo nos


es transmitido por medio de gestos corporales, terrenos, de un
hombre que ocupa el lugar de Cristo y utiliza a menudo para
esos gestos cosas materiales: agua, aceite, pan... Estos gestos
y estas cosas son signos que, si desciframos su sentido, han de
hacernos descubrir el don sobrenatural que nos traen y, a par,
ocultan. Al gesto y al uso de las cosas se añade la palabra,
que tiene precisamente por fin determinar la significación sobre-
natural de gestos y cosas, y provocar la fe. El sacramento,
pues, abarca un doble elemento: gestos y cosas por una parte,
palabra de la fe por otra.
Los manuales de teología llaman a estos dos elementos
materia y forma, terminología que es tradicional en las obras
técnicas desde santo Tomás y el concilio de Florencia; cómoda
también, pero que debe evitarse, no obstante, en la catequesis
elemental. Esa terminología corre por lo demás el riesgo de
ser equívoca, porque se la emplea en un sentido muy diferente
del de la filosofía aristotélica, de la que se tomara.
Por otra parte, si es cierto que estos dos elementos bastan
para que se realice el sacramento y produzca el efecto divino
de la gracia, sería un error pedagógico aislarlos de un doble
contexto en que se insertan normalmente y es el único que
puede darnos su cabal inteligencia como signos: la Biblia
y la liturgia.

a) Los signos sacramentales son bíblicos, nos llegan car-


gados de un largo pasado de gestos e imágenes por los que
el Señor preparó pacientemente a su pueblo para la revelación
de los misterios de Cristo. No es un azar que el evangelio de
san Juan, que es una catequesis sacramental, sea un recuerdo
perpetuo del Génesis y del Éxodo.
26 Visión de conjunio de ios sacramentos
Los sacramentos son signos 27
b) Por otra parte, fuera de los casos excepcionales de
urgencia, los sacramentos son administrados en medio de un sino por el Verbo que se encarnó, habitó un país determinado
conjunto de ritos y preces que despliegan, precisan y prolon- de nuestra tierra, predicó bajo el emperador Tiberio y murió
gan su significación. Los sacramentos forman parte esencial bajo Poncio Pilato.
de la liturgia, y está es de todo en todo sacramental, pues LOS GESTOS
arranca de los sacramentos y conduce a ellos sin solución
alguna de continuidad. Sin embargo, la penitencia, el orden y el matrimonio no
llevan consigo signo alguno sacado de las cosas. El elemento
De ahí que hayamos de examinar sucesivamente: material está constituido en ellos por gestos: en la penitencia,
— las cosas y los gestos; el juicio de un culpable; en el orden, la imposición de las
— la palabra de la fe; manos; en el matrimonio, el hecho mismo de casarse. Pero
— la inteligencia bíblica de los signos sacramentales; precisamente en el caso de los sacramentos que exigen cosas,
— la prolongación litúrgica de los signos sacramentales. un gesto señala también la utilización de ellas. El etíope no
fue invitado a mirar el agua, sino a sumergirse en ella. Fue
íavado por el diácono Felipe. En el tratamiento de los enfer-
1. LAS COSAS Y LOS GESTOS mos, el aceite es empleado como linimento, aplicado en forma
LAS COSAS de unción. Para la confirmación, el obispo perfuma la frente
Los sacramentos exigen, a menudo, el uso de las cosas. del candidato 1 .
De un elemento del mundo material, como el agua, que basta Estos gestos pueden ser ya religiosos en sí mismos, como
utilizar donde se la encuentra y como Dios la da, a ejemplo la imposición de manos o el signo de la cruz sobre la frente.
del diácono Felipe que bautiza al eunuco de la reina de Pero, las más de las veces, son por lo contrario prosaicamente
Etiopía: terrestres y hasta a ras de tierra, como parte que forman del
Caminando cfue caminaban, llegaron a un paraje con agua y dijo el tren cotidiano, a veces grosero, de la vida de los hombres.
eunuco: «Acjuí hay agua, i Qué inconveniente hay en cfue me bauticen Ahora bien, esas cosas pesadas, esos gestos, aun groseros,
Y mandó parar el coche y bajaron ambos, Felipe y el eunuco, al agua, y lo son signos. El Señor ha hecho de esas cosas y gestos signos
bautizó. (Act. 8, 36-38.) eficaces de su salud, de su gracia2. ¿Por qué, pues, los escogió
Mas para alcanzar el agua viva, ha sido a veces menester tan materiales y corpóreos?
el duro trabajo de los hombres, como lo atestiguaba aquel Y, por otra parte, no son gestos mágicos, ininteligibles
hondo pozo, cavado y construido por Jacob en Sicar, al que y abracadabrantes, sino que se dirigen más bien a nuestra
iba cada día la samaritana a buscar agua (Jn. 4, 6-12). inteligencia que han de esclarecer, a par que obran misteriosa-
El trabajo de los hombres es incluso absolutamente nece- mente. Los sacramentos están hechos para ser descifrados.
sario para tener aceite, ungüento, pan y vino, realidades ma- Mas ¿cuál es la ley de su simbolismo?
teriales de la vida cotidiana en la cuenca del Mediterráneo, 1
Nótese que en esta enumeración no figura la eucaristía. Es que este
que sirven para la unción de los enfermos, para la confirmación sacramento, como veremos, está constituido independientemente de su uso.
y la eucaristía. Se da ahí como la convivencia necesaria de la El pan y el vino se destinan a una comida y, efectivamente, Cristo pide:
tierra y de los hombres, a fin de que la gracia de Dios pueda «Tomad y comed, esto es mi cuerpo.» La comunión es el término del sacra-
mento y, respecto al celebrante, es exigida por derecho divino como parte
darse en los signos. integrante del sacrificio. Sin embargo, el sacramento y el sacrificio se rea-
Ni siquiera hemos de sorprendernos del límite geográfico lizan por la consagración que cambia el pan y el vino en el cuerpo y sangre
de Cristo.
que condiciona, por el olivo y la viña, la materia de tres 2 También en castellano, según el diccionario oficial, salud es sinó-
sacramentos. La gracia no nos viene directamente de Dios, nimo de gracia y salvación. No se tenga, pues, por barbar ismo, sino por
olvido de nuestra lengua clásica.
28 Visión de conjunto de los sacramentos
Los sacramentos son signos 29
¿POR QUE CRISTO HA QUERIDO SIGNOS?
condición humana e inaugura una nueva armonía de lo creado.
Al ver administrar un sacramento, debiéramos experimen- El hombre aprende otra vez a hallar a Dios partiendo de las
tar una saludable admiración o pasmo, aquel pasmo que los cosas de aquí bajo.
primeros cristianos experimentaban ante lo inesperado de la
economía cristiana. ¿Por qué, pues, quiso el Señor signos ma- h) El hombre ha de salvarse en cuerpo y alma
teriales de su gracia espiritual, gestos que se cumplen sobre Indudablemente, no «no de sólo pan. vive el hombre»
ía carne para obrar sobre el alma, gestos hechos por un (Mr. 4, 4), y «más te vale entrar manco en la vida que no ir
hombre para ser la acción de Dios? Escándalo para un filósofo con las dos manos al infierno» (Me. 9, 43). El fiel de Cristo
idealista, platónico o cartesiano, el sacramento es una mani- podrá a veces verse desgarrado en un doloroso conflicto y ten-
festación de la sabiduría de «aquel que sabe el barro de que drá que «sacrificar el cuerpo a su país, para guardar el alma
estamos amasados». para Dios», como el padre Tong. Sin embargo, el orden nor-
mal será que se santifique con su cuerpo y por su cuerpo,
o) El hombre sólo reconoce las realidades espirituales par- puesto al servicio del alma. Y la resurrección gloriosa ha de
tiendo de lo cjue ve, toca y hace sancionar este vínculo. El sacramento, dado al cuerpo, opera
Esta afirmación no está motivada por un cambio reciente sobre el alma.
de las condiciones de la vida humana, ni por el ambiente
materializado propio de nuestro tiempo o por la decadencia La carne se lava, para cjue el alma' guede sin mácula, ja carne es
ungida, para c¡ue el alma guede consagrada, la carne es señalada con el
de la cultura. No; es una afirmación tradicional entre los signo de la cruz, para gue el alma quede fortificada, la carne gueda som-
teólogos, señaladamente en santo Tomás de Aquino (3, q. 60, breada por la imposición de las manos, para gue el alma sea iluminada por
a. 4 y passim). el Espíritu,- la carne se alimenta del cuerpo y sangre de Cristo, para gue el
Esta afirmación subyace a toda la enseñanza bíblica y a la alma se nutra de Dios... (De resurrectione carnis, c. 8 ; ML 1, 806.)
pedagogía de Cristo. Cuando Jesús, por ejemplo, quiere hacer
descubrir a la samaritana la gracia, parte del gesto cotidiano Así se expresa, no sin vigor/Tertuliano hacia el año 200.
de esta mujer que viene, a la hora de la comida, a sacar Y san Agustín explica por su parte:
agua del pozo de Jacob. Se define el pan de vida, pero es No hay gue maravillarse si decimos gue el agua, sustancia material,
después de la comida milagrosa en que se hartó la gente en el liega al alma para purificarla. Sí, llega a ella y penetra todos los repliegues
desierto. «Me buscáis, no porque habéis visto señales, sino de la conciencia. (Sermón de la Epifanía.)
porque comisteis de los panes hasta hartaros» (Jn. 6, 26). c) El sacramento tiene también un aspecto social
Atrae a Pedro y Andrés a la vocación apostólica, pero se la
ha hecho descubrir partiendo de su oficio de pescadores: El sacramento une al creyente con su Dios por un vínculo
«Venid en pos de mí, y yo haré de vosotros pescadores de de amor; pero lo establece también en un pueblo que es la
hombres» (Me. 1, 17). Desconocer esta gran ley de la peda- Iglesia. Esta pertenencia exige signos y gestos. Los hombres
gogía divina es desconocer que la tierra no es aún el cielo. no tienen otra manera de entenderse entre sí. Los sacramentos
En el estado de gloria, las realidades divinas se nos mani- serán signos distintivos y vínculo de comunión entre los cris-
festarán sin velo, por lo que holgará todo sacramento; pero, tianos. Numerosos estudios recientes han hecho ver hasta qué
al presente, mientras conocemos «como en espejo y confusa- punto han vuelto fatalmente las sociedades modernas al sím-
mente» (1 Cor. 13, 12), tenemos que pasar por los signo? bolo para expresar su propio ser, aun en el caso en que, des-
terrestres para llegar a las cosas espirituales. Se trata, pues, graciadamente, este símbolo se ha puesto al servicio de una
en el sacramento, de todo el equilibrio de la sicología religiosa. empresa de esclavizamiento3.
El sacramento permite hallar a Dios en la autenticidad de la
3 André Varagnac, Le symbole social, LMD 22 (1950), p. 63-6S.
30 Visión de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son signos 31

c) Los signos sacramentales son signos naturales, símbolos,


LEYES DEL SIMBOLISMO SACRAMENTAL
La significación de los signos sacramentales es anterior
Sin embargo, la verdadera actitud que ha de observarse a la intervención de la lógica humana y de la razón. Son sím-
ante el signo, ha resultado a veces difícil a causa de las defor- bolos, si por símbolos se entiende gestos y cosas que, antes
maciones de una mala pedagogía inicial, como lo atestiguan de su significación, existen con su consistencia propia y cuya
los numerosos «ejemplos» erróneos que proponen ciertos cate- significación tampoco se inventa. Se la busca por una vía
cismos explicados del siglo xix y hasta tratados de final de la muy diferente, hay que descifrar el lenguaje de Dios, inscrito
Edad Media. desde la creación en las cosas, y hasta grabado en los replie-
gues del alma del hombre. Si hay como un foso que franquear
a) El signo sacramental no es un signo convencional, un de la cosa material visible a la realidad oculta, el salto, la
signo arbitrario subida, es facilitada por una vista más profunda de las cosas
La señalización carretera o ferroviaria, los pabellones de la y de los gestos. Es una actitud intuitiva y poética, un maravi-
marina, los blasones, los colores nacionales son resultado de llarse ante las realidades cotidianas, actitud que nada tiene
una convención, de una decisión arbitraria, susceptible de ser que ver con la de los románticos o idólatras, puesto que
totalmente modificada. Y es así que no hay en estos signos investiga el lenguaje de Dios y nos somete a El. Pero precisa-
otra significación que la que expresamente se les atribuye. mente esa actitud supone una palabra de Dios, la palabra
Son claros desde el momento en que se posee un código de que dice el ministro del sacramento, la palabra que está dicha
desciframiento que. se dirige a la lógica y a la razón. No es esa en la Biblia.
absolutamente la condición del signo sacramental. Su elección Nótese que los signos sacramentales son elementales, pri-
por Cristo, lejos de ser arbitraria, desprende o libera, digá- mitivos, tomados de la naturaleza: el agua en que nos bañamos,
moslo así, una significación que estaba en él acaso latente, el ungüento confeccionado por el artífice y que se derrama
pero que desde luego estaba ya. sobre la cabeza, la unción de aceite con que se cuida a un
enfermo, el pan y el vino de la comida... ¿Podrá ajustarse
b) Los signos sacramentales no son tampoco alegóricos a ellos una mentalidad industrial o científica? La frágil sim-
Los autores de la Edad Media, por ejemplo, se maravillaron plicidad del signo es necesaria para recordarnos que se trata
de que la eucaristía se celebrara como una comida, cuando de un rito, no de un utensilio. Es signo de la acción divina,
ella es el sacrificio de Cristo. Así, tendieron a olvidar la signi- no ejercicio de la potencia humana. No debe su eficacia a ser
cación obvia de las cosas y de los gestos para sustituirla por captado por el hombre, sino a ser símbolo entre las manos
otra: los manteles del altar se convirtieron en un sudario, de Cristo. Así pues, su calidad simbólica está ligada a su
el cofrecillo o arqueta destinada a guardar las formas consa- estado nativo, a su carácter elemental. Sin embargo, los anti-
gradas en un sepulcro, el cuchillo con que los orientales prac- guos, como nosotros, se sorprendieron de la pobreza del sacra-
tican la fracción del pan recibió el nombre de «santa lanza». mento. «¿Cómo es posible renacer del agua?» A esta pregunta
Por camino inverso, se llega al mismo error cuando se explica responden Tertuliano, san Ambrosio y san Agustín: «No es el
el agua que ha de añadirse al vino en el cáliz como expresión agua la que hace renacer, sino el Espíritu Santo por el agua.
de nuestros propios sacrificios. Estas significaciones no tienen,
efectivamente, nada que ver con la verdadera naturaleza de
las cosas. No se imponen por sí mismas, sino que se ligan 2. LA PALABRA DE LA FE
al objeto por un esfuerzo didáctico.
Así pues, el gesto por sí solo es ya un signo. Sin embargo,
el sacramento exige también una palabra. No hay sacramento
los sacramentos son signes ' 33
32 Visión de conjunto de los sacramentos
de la imposición de manos es ejecutado por todos en silencio
sin una palabra pronunciada. He aquí cómo se expresa, por y, seguidamente, se canta el prefacio consecratorio.
ejemplo, san Agustín, en dos pasajes de su comentario al
evangelio de san Juan, frecuentemente citados por los teólogos: LA PALABRA CONSAGRA EL GESTO
Oye al apóstol (Ef. 5, 25-27): «.Cristo —dice— amó a su Iglesia y se El gesto sacramental, como notamos arriba, consiste las
entregó a sí mismo por ella, purificándola en el lavatorio del agua por la más de las veces en una realidad trivial, profana y prosaica.
palabra...» Purificándola. ¿De (fué manera? Con el lavatorio del agua
por la palabra. ¿Qué es el bautismo de Cristo? El lavatorio del agua por la Es más, cuanto mejor comprendamos la pedagogía divina de
palabra. Quita el agua y no hay bautismo, guita la palabra y no hay los sacramentos, más habremos de subrayar esta realidad pro-
bautismo. (Tractatus in loh. 15, 4 ; Obras, t. XIII, BAC, Madrid 1955, fana original. No cabe duda que, por todo su culto, por la
p. 407.) disposición misma de los lugares y de las cosas, la Iglesia se
«Vosotros estáis ya limpios por la palabra efue os he hablado» (Jn. 15, 3). esfuerza en hacernos ver que hay que dejar el plano profano
¿Por (fué no dice: «Estáis limpios por el bautismo con (fue habéis sido
lavados», sino «merced a la palabra (fue os he anunciado», porgue en el para elevarse al plano de la salud. La misa se celebra sobre
agua es la palabra lo (fue purifica? Quita la palabra, y ¿(fué es el agua un altar, no sobre una mesa corriente de comer; el baptisterio
sino agua? Se añade al agua la palabra y se convierte, en sacramento, (fue se distingue de una piscina por su cercanía a la iglesia y por su
es, él mismo, como palabra visible. (Ibid., 80, 3; Obras, t. XIV, BAC, decoración; el agua bautismal recibe una consagración previa
Madrid 1957, p. 437.)
la noche de pascua; el pan y el virio de la eucaristía son sepa-
rados del uso común por medio de los ritos del ofertorio...
Estas citas miran el caso del bautismo, y es notable que ya
la carta a los efesios haya destacado el doble elemento: baño Pero todas estas precauciones, por muy importantes que
de agua y palabra que lo acompaña. La misma ley rige en sean (como veremos con detalle en el árt. 4), siguen siendo
otros sacramentos. Los relatos de la cena nos muestran cómo, ( accesorias y pueden incluso omitirse en caso de necesidad.

desde >su institución por Jesús, la eucaristía llevaba consigo Cuando el bautismo del etíope por el diácono Felipe, faltaron
palabras pronunciadas sobre el pan y el vino. La carta de absolutamente. Sólo la palabra sacramental es necesaria y ella
Santiago dice de la intervención de los sacerdotes cerca del basta para consagrar el gesto y la materia. Un penitente que
enfermo: «Oren sobre él después de ungirlo con óleo en se acusa a sí mismo, no es un autocrítico, pues pide al sacer-
nombre del Señor» (5, 5). Igualmente, en el libro de los He- dote que pronuncie sobre él una palabra de perdón que sólo
chos, el gesto de la imposición de manos por los apóstoles va Dios puede decir; bajo los signos o especies de pan y vino,
siempre acompañado de oración. una vez que el sacerdote ha repetido las palabras de Cristo
en la cena, está Cristo presente en su sacrificio.
El vínculo entre gesto y palabra es tal que la palabra ha
de formar con el gesto un mismo movimiento en una especie de
simultaneidad. El ministro hace el gesto y pronuncia la palabra LA PALABRA DESCIFRA EL SIGNO
(cuando varios concelebran, basta que un celebrante principal Si la palabra hace de un gesto corpóreo un sacramento
haga solo tal gesto, mientras todos pronuncian la palabra, divino, este paso no se realiza de manera mágica, por la
o que, por lo contrario, todos ejecuten el gesto y uno solo formulación de sonidos articulados, más o menos inteligibles,
exprese la palabra 4 ). La simultaneidad requerida no es, por lo sin relación con el gesto o el sacramento. Todo lo contrario.
demás, rígida. En la ordenación sacerdotal o episcopal el gesto La palabra está destinada a completar, a precisar la significa-
ción del signo. La-palabra descifra el signo. No le es extraña,
4
Sin embargo, para la consagración episcopal, la Iglesia exige en sino que lo prolonga y acaba. Y todavía hay que decir más:
adelante que todos los concelebrantes pronuncien las palabras después de por ser pronunciada, la palabra hace descubrir el simbolismo,
haber hecho cada uno el gesto de la imposición de manos. En la misa que estaba latente en la cosa o en el gesto humano. La palabra
concelebrada, un solo celebrante ejecuta los gestos, pero todos pronuncian
las palabras consecratorias.
3
34 Visión de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son signos 35

impone bruscamente a la mirada del alma una nueva orien- cua cristiana es bautizar catecúmenos, absolver pecadores
tación, pues hace descubrir lo divino donde no se lo esperaba. y consagrar la eucaristía.
Es consiguientemente buena nueva, anuncio, «kerygma» de la La palabra de los hombres no tiene ciertamente otro poder
salud. Expresa el misterio, es decir, la presencia de la acción que significar, traducir su pensamiento, su deseo, su senti-
de Dios por el signo. miento, trasladar al espíritu de los otros los propios cono-
Al estudiar sucesivamente las palabras necesarias a cada cimientos o las órdenes que les damos. Otra cosa es la pala-
uno de los sacramentos, comprobaremos que, a excepción del bra de Dios y de Cristo. La Biblia, desde su primera página,
bautismo y la eucaristía, su formulación deja una gran liber- nos hace ver que la palabra de Dios es creadora (Gen. 1, 3 ss.).
tad a la Iglesia. Según los tiempos y lugares, y adaptándose Los salmos se complacen en volver una y otra vez sobre
al genio de las lenguas y de las civilizaciones, la Iglesia puede este poder divino:
modificarlas, precisamente porque son palabras, vehículos de
un mensaje. Pero, cuando lo hace, es porque tiene conciencia Por la palabra del Señor
jueron hechos los cielos, y su huestt
del poder que Cristo le confió para ello. al soplo de su boca surgió entera...
La palabra sacramental, decimos, desprende o deslinda la Y es así gue El hablara,.y fue hecho todo,
significación del gesto. Esto no es decir bastante, puesto que El lo mandara y todo existe. (Ps. 32, 6-9.)
no'procede generalmente de la manera que nosotros espera-
ríamos. En lugar de decir: «Por este baño, recibes la gracia Este poder puede ser comunicado por Dios a los hombres,
santificante», el que bautiza ha de nombrar al Padre, al Hijo pues la bendición de los patriarcas es cosa hecha desde el
y al Espíritu Santo a quien es consagrado el cristiano: «Yo te momento en que es pronunciada, por mucho que sienta Isaac
bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu haber sido engañado por Jacob: «Tu hermano ha venido con
Santo.» Las palabras de la consagración eucarística forman astucia y se ha llevado tu bendición... Yo le he bendecido
parte de un relato: «Quien, la víspera de su pasión...» En mu- y bendecido está» (Gen. 17, 33-35).
chos casos, estas palabras son oraciones que ponen al cristiano, Cristo Jesús, Verbo hecho carne, obra por sus gestos, pero
no ante el don que recibe, sino delante del Dios vivo que obra también por su palabra para curar y salvar. Gestos y palabras
por los signos. Los sacramentos son los actos principales del son eficaces, porque El es por quiejí todo ha sido hecho.
culto de la Iglesia que expresan así la adoración de Dios.
A la cananea: «¡Oh mujer, grande es tu fe! Sucédate como guicres.»
La palabra sacramental es, consiguientemente, la pedagogía Y desde acfuel. momento cjuedó curada su hija. (Mt. 15, 28.)
inicial de los sacramentos, querida por Cristo. Todo esfuerzo En la curación del paralítico: «¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados
pedagógico ulterior tendrá que fundarse sobre ella y explotarla. te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para cjue sepáis c¡ue el
Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra de perdonar pecados», le dijo
al paralítico: «A ti te liablo, levántate, toma tu camilla y márchate a tu
ESTA PALABRA ES EFICAZ casa.-» Y, al punto, levantándose a la vista de todos,, tomó el camastro en
cjue había estado tendido y se marchó a su casa glorificando a Dios.
Pronunciada por el «ministro», es decir, por el que ocupa (Le. 5, 23-25.)
el lugar de Cristo,^la palabra es eficaz. La palabra sacramental
produce la presencia actual, en el signo, del misterio divino ES UNA PALABRA DE FE
de la gracia. No tiene por fin único recordarnos que Cristo,
antaño, murió sobre la cruz y nos salvó. El sacramento que La palabra sacramental no es solamente la expresión de la
la palabra realiza con el gesto, es un acto de Cristo hoy fe de la Iglesia y de los fieles, puesto que obra: ella hace del
y, como lo veremos luego más precisamente, el efecto, produ- signo una causa efectiva de la gracia significada. Por ser
cido ante nuestros ojos, de ía muerte y resurrección de Jesús. pronunciada, se produce un cambio aquí, ahora. Este punto
Por eso la manera verdaderamente realista de celebrar la pas- constituye una divergencia fundamental entre la doctrina cató-
36 Visión de conjunto de los sacramenta los sacramentos son signos 37

lica y el pensamiento protestante. Pero, al afirmarla con niti- los signos son en ellas objeto de una gran orquestación, en
dez, se subraya, por el hecho mismo, que esta palabra es una que hechos del Antiguo Testamento, imágenes bíblicas, mila-
palabra de la fe. gros, gestos y palabras de Jesús concurren a desenvolver,
Esta palabra expresa la fe de la Iglesia, puesto que traduce prolongar y enriquecer su simbolismo. De pronto nos sentimos
su actitud profunda ante el signo. Al estudio, sobre todo, de tentados a ver en ello una genial fantasía de artista en relación
las palabras sacramentales pedirá el teólogo la doctrina sobre con el gusto de su época, el mismo que inspira las pinturas de
cada uno de los sacramentos, de suerte que el credo no tendrá las catacumbas romanas.
que precisarla sino a título ocasional: Confíteor unum baptisma, Pero este es también el método que la Iglesia ha seguido
confieso que solo hay un bautismo. siempre en la oración y ceremonias que rodean los ritos sacra-
La palabra reclama la respuesta de la fe del fiel. Por ella mentales esenciales. Y hay sobre todo que reconocer que ese
conoce y reconoce el fiel el misterio que se opera. Por formar método está en estrecha continuidad con el que practicara
parte del signo sacramental, la palabra se dirige a la inteli- san Pedro en su primera carta, san Pablo en la primera a los
gencia y a la fe. Tiene que haber siempre en ella diálogo entre corintios y san Juan en su evangelio. Convendremos entonces
Dios que habla y el cristiano que recibe la palabra de Dios. fácilmente que únicamente este contexto bíblico permite des-
La respuesta del cristiano es la fe. Exprésese o no exterior- cubrir la verdadera significación de los signos sacramentales 5 .
mente, esta respuesta ha de ser suscitada. Esta respuesta logra
su expresión litúrgica más impresionante en las liturgias orien- LOS SIGNOS SACRAMENTALES A LA LUZ DE LOS GESTOS
tales, en que los fieles han de responder amén después de cada Y DE LAS PALABRAS DE JESÚS
una de las dos fórmulas, de la consagración eucarística can- El cuarto evangelio, señaladamente, pone las acciones
tadas por el celebrante (la liturgia copta, en Egipto, ha des- y milagros de Cristo en relación directa con los sacramentos.
arrollado incluso el diálogo que escande todo el relato de la La cosa es manifiesta respecto a la multiplicación de los panes,
cena). Pero se realiza sencilla y naturalmente por el hecho que sirve a Jesús de punto de partida para el anuncio de la
de recibir el sacramento: «Los sacramentos son signos de la fe. eucaristía (Jn. 6, 26; cf. supra, p. 28). Más discretamente
Para el que recibe el sacramento, esta recepción supone y afir- acaso, se discierne también el hecho en la curación del ciego
ma su fe en Cristo y en la Iglesia» (Dir. Sacr., núm. 5). de nacimiento en que la tradición litúrgica comprendió cómo
En consecuencia, el fiel ha de entender la palabra sacra- el bautismo es iluminación («me he lavado y veo», Jn. 9, 15) ;
mental. Si la Iglesia, por motivos imperiosos, que ella precisa en la del paralítico de la piscina de Bezata (o Bethesda), que
en sus documentos, mantiene frecuentemente para estas fór- relaciona el perdón de los pecados con el baño milagroso
mulas una lengua antigua (por ejemplo, el latín en occidente), (Jn. 5, 14),; en las bodas de Cana, prefiguración de-toda la
pide que se le procure al fiel por otros medios la inteligencia economía redentora y, señaladamente, de la eucaristía (Jn. 2,
del texto. Así, los catecismos franceses exigen tradicionalmente 1-12). Se ha puesto justamente de relieve en los trabajos de
que se sepa la fórmula del bautismo y de la eucaristía. Pero es exégesis más recientes que el cuarto evangelio era una cate-
menester también un esfuerzo más vasto de catequesis, como quesis de los sacramentos. De entre las cosas innumerables que
quiera que la palabra sacramental no puede desligarse, para Jesús Hijo e hizo, san Juan escogió, sobre todo, las palabras
su inteligencia, de su contexto bíblico y litúrgico. y gestos que ilustran el signo del agua bautismal y el de la
comida eucarística: la conversación con Nicodemo, la de la sa-
maritana junto al pozo de Jacob, la predicción de los ríos de
3. LA INTELIGENCIA BÍBLICA DE LOS SIGNOS SACRAMENTALES
5
Cuando leemos las catequesis que los padres pronunciaban Aquí sólo podemos dar un resumen general y sumario; pero este
para explicar los sacramentos a los fieles, comprobamos que método se precisará al estudiar cada sacramento en particular.
Los sacramentos son signos
38 Visión dé conjunto de los sacramentos 39

agua viva (Jn. 7, 37), el costado taladrado de Cristo muerto, en la línea de los signos del Nuevo Testamento. La excepción
de donde brotan sangre y agua... 6 notable que constituye la comida de pascua, nos orienta hacia
Si el plan de los evangelios sinópticos es diferente, puesto la verdadera utilización pedagógica del Antiguo Testamento
que presentan la primera catequesis, el «kerygma», también La continuidad se verifica de manera doble: en los hechos
ellos proporcionan sin embargo importantes elementos para la de la historia del pueblo de Dios y en las imágenes o ternas
inteligencia de los sacramentos. No solamente transmiten el bíblicos. Es lo que vamos a ver ahora.
relato de la institución eucarística con todo el contexto que
la declara, sino que, por ejemplo, la manera como san Lucas LOS SACRAMENTOS CRISTIANOS A LA LUZ DE LAS
MARAVILLAS DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO*
relaciona la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret
con el relato del bautismo en el Jordán (Le. 3_, 71-22; 4, 16-22) La intervención de Dios en la historia y, de manera par-
permite descubrir la verdadera naturaleza de la confirmación 7. ticularísima, la liberación de los hebreos de la servidumbre de
Egipto, la travesía del Mar Rojo, la peregrinación por el
DISCONTINUIDAD ENTRE LOS «SACRAMENTOS» DE LA desierto, la alianza del Sinaí, la entrada en la tierra prometida:
LEY ANTIGUA Y LOS SACRAMENTOS CRISTIANOS tales son las principales mirabilia de Dios que' cantaban los
Siguiendo a san Agustín, los teólogos han enseñado uná- salmos y conmemoraban los judíos en sus festividades.
nimemente que la antigua ley ofrecía a los fieles medios de a) Su narración está contenida principalmente en el
salud, una especie de sacramentos, por ejemplo, la circuncisión. Éxodo. Ahora bien, a ellas refiere san Pablo los sacramentos
Hay que seguir manteniendo esta afirmación y, con justo cristianos:
título, los manuales de teología consagran un capítulo a estu-
diar estos signos; pero sería un error buscar ahí la verdadera No cjuiero que ignoréis, hermanos, cjue nuestros padres estuvieron todos
continuidad entre los dos testamentos y el medio de esclarecer bajo la nube, y todos atravesaron el mar, y todos fueron bautizados en
Moisés bajo la nube y a través del mar, y todos comieron la misma comida
los sacramentos de la nueva ley. espiritual y bebieron de la misma bebida espiritual. Y es así cjue bebieron
Efectivamente, por una parte, los «sacramentos» de la de la piedra espiritual cjue los acompañaba, y la piedra era Cristo. Sin em-
antigua ley eran signos desprovistos de eficacia propia y di- bargo, no se agradó Dios de la mayoría de ellos, como guiera gue Quedaron
recta. Orientaban ciertamente el espíritu de los creyentes hacia postrados en el desierto. (1 Cor. 10, 1-5.)
Cristo que había de venir; pero no podían ser causa de la Volveremos a encontrar a menudo este texto capital, cuya
gracia, puesto que ésta sólo mana de la cruz de Jesús. Sólo aparente oscuridad se disipa conociendo toda la evolución del
reclamaban la fe, y sólo por la fe en el Cristo por venir se tema del Éxodo en los libros del Antiguo Testamento y en
daba la salud (D. 845). los del Nuevo, particularmente en el evangelio y Apocalipsis
Pero, sobre todo, hay rotura en los símbolos entre los de san Juan. El agua del bautismo es puesta así en relación
sacramentos de la antigua y la nueva alianza, con una sola con la travesía del Mar Rojo; el maná y el agua de la roca, con
excepción: la comida pascual. La circuncisión, los sacrificios la eucaristía. El bautismo es una liberación por el agua, la
de expiación, el sacerdocio aarónico no se sitúan precisamente entrada en un pueblo, el punto de partida para la marcha
hacia la tierra prometida; la eucaristía es el alimento de un
6
Para todo este capítulo, la lectura fundamental es J. Daniélou, pueblo de viaje; los sacramentos "son las arras de esta tierra
Bible et liturgie, sin embargo, después de la aparición de esta obra, otros
trabajos han insistido en el mismo sentido y, muy recientemente, M. Bois- 8
Este párrafo no ha podido, desgraciadamente, aprovecharse de las
mard, La typologie baptismaíe dans la premiére épitre de saint Pierre, en perspectivas que el padre Daniélou presentó al congreso de Estrasburgo
LVS 416 (1956), p. 359-362. No obstante su óptica protestante, se leerá (1957) en su memoria: Sacrements et histoire du salut, publicado luego en
con fruto O. Cullmann, Les sacrements dans l'évangíle johannidue PUF Parole de Dieu et liturgie, Cerf, París 1958, p. 51-69. Recomendamos
París 1951. encarecidamente su lectura.
7
Cf. infra, part. I.
40 Visión de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son signos 41

de promisión de la que, sin embargo, pudiera alejarnos nuestra de Israel. Cada etapa del itinerario esta jalonada por las faltai
dureza. y las pruebas de un pueblo, y también por nuevas luces dadas
Pero entre los hechos del Antiguo Testamento y nuestros por Dios. Sabios, profetas y comunidad orante descubren pro-
sacramentos, la continuidad está asegurada por Cristo. En el gresivamente la nueva alianza que viene, y también el día
Éxodo se preparaba a Cristo, se inauguraba su tránsito, la obra grande del Señor que va a estallar.
de Cristo se realiza hoy en los sacramentos. No escogió Jesús Esta revelación no es propuesta por medio de ideas y fór-
sin designio preciso la fecha de la celebración de la pascua mulas abstractas, sino por imágenes que pueden seguirse de un
para instituir la eucaristía e inmolarse sobre la cruz. libro, a otro de la Biblia, y cuyo fondo vemos que se va enri-
Veremos igualmente la importancia, para la inteligencia queciendo y purificando sin cesar. De entre estas, imágenes,
de la misa, de la alianza del Sinaí y de su ritual y, para com- algunas están sacadas de las cosas materiales: la piedra, el
prender el sacerdocio, el lugar que ocupa Moisés en el Nuevo agua, el fuego, la luz, la viña, el pan, el aceite, el ungüento.
Testamento y en la liturgia. Otras proceden de la vida diaria de los hombres: la comida,
el casamiento. Hay, por fin, gestos religiosos, cuya significa-
b) El Génesis relata también la intervención de Dios en ción simbólica se dilata más allá de su utilización ritual: la
la historia, su revelación a Abrahán, Isaac y Jacob. Melqui- unción, la imposición de manos.
sedec e Isaac son referencias esenciales para la verdadera Mención particular hay que hacer aquí de los once prime-
noción del sacerdocio de Cristo y del sacrificio eucarístico. ros capítulos del Génesis, que, si relatan hechos reales, y en
La vida familiar de estos patriarcas ofrece al matrimonio cris- este sentido tienen carácter histórico como el resto del libro,
tiano algunos de sus modelos. La bendición de la Iglesia no siguen un método histórico propiamente dicho, sino que
invoca sobre la esposa las virtudes de Sara, Rebeca y Raquel. obedecen a un estilo literario particular. Las verdades funda-
c) Finalmente, los libros históricos posteriores, particular- mentales presupuestas para la economía de la salud son pre-
mente Josué, Jueces, Samuel y Reyes, precisan la preparación sentadas también en ellos en imágenes, tan vivas que el arte
mesiánica: el paso del Jordán, la entrada en la tierra pro- de todos los tiempos las ha admirado y tratado de reprodu-
metida, la persona de Josué, el ministerio profético, la institu- cirlas; tan cargadas de revelación sobrenatural, que son el
ción de la realeza davídica, dan a la mediación de Cristo punto de partida de toda catcquesis ulterior. Las aguas fecun-
dimensiones más vastas que el culto del templo. La unción das sobre las cuales se cierne el soplo de Dios y que producen
de los reyes, sacerdotes y profetas se halla simultáneamente en la vida; los ríos del paraíso; el agua destructora del diluvio; la
Jesús. Ahora bien, el carácter sacramental será una participa- creación de la primera pareja humana, «dos en una sola
ción en la unción de Cristo. carne»: el Nuevo Testamento nos invitará a volver sobre estos
puntos para comprender la redención, la Iglesia, los sacra-
IOS SIGNOS SACRAMENTALES SON- IMÁGENES BÍBLICAS mentos y, particularmente, el bautismo y el matrimonio
(Mt. 19, 4; Jn. 3, 5; Apoc. 2, 7; 22, 1-2; 1 Pedro 3, 18-21).
Si el Antiguo Testamento es una historia en el sentido con-
De esta manera, cuando Cristo escogió los signos sacra-
creto y real de esta palabra, hasta el punto que Cristo y su
mentales, estos signos tenían para El y para los apóstoles una
Iglesia se insertan en su trama en continuidad rigurosa y nues-
significación muy rica, la misma que ofrece toda la tradición
tro Dios es verdaderamente el Dios de Abrahán, de Isaac y de
del Antiguo Testamento. Y a causa justamente de esta riqueza
Jacob, también es una pedagogía de las realidades de la fe,
los escogió.
un mensaje. La misericordia de Dios, el rescate, el perdón,
la gracia, en una palabra, todo lo que nos será dado por Interpretamos generalmente eí rito del. bautismo viendo en él una
Cristo en los sacramentos, es anunciado de manera primera- alusión al agua cjue lava y purifica. Ahora bien, no parece ser ése el sentido
mente lejana, luego más claramente, a lo largo de la historia más importante del rito... Por una parte, el agua del bautismo es el agua que
42 Visión de conjunto de tos sacramentos los sacramentos son signos 43

destruye, el agua del juicio. Las aguas son, efectivamente, para la simbólica de los ritos que practicamos hoy día: ceremonias de entrada
judía, un símbolo de la potencia de la muerte. El agua del bautismo es en. el catecumenado, escrutinios con exorcismos, unciones,
también la g\ue engendra la nueva criatura. Esto nos remite a la simbólica
judía de las aguas creadoras. (J. Daniélou, Bible et lilurgie, p. 12.) deposición de las vestiduras blancas... N o limitemos siquiera
nuestra perspectiva a los gestos y preces reunidas en el ritual
La significación bíblica de los siglos sacramentales no es bajo el título «De baptismo». Normalmente, la celebración
por ello heterogénea a su significación natural, sino que la entera está inserta en la vigilia pascual y, consiguientemente,
desarrolla y prolonga en la misma línea. La ciencia moderna preparada por sus lecturas bíblicas y, sobre todo, por la con-
descubre cada día su coherencia; la sicología profunda, muy sagración del agua, y seguida de la celebración de la misa.
particularmente, la pone de manifiesto en su análisis de los El óleo y ungüento que sirven para las unciones han recibido,
símbolos, inconscientes. Esta referencia a la sicología no ha de el jueves santo, la consagración del obispo, durante una misa
sorprendernos. El Señor sabe lo que hay en el hombre, puesto cuyo formulario entero despliega la significación de aquéllos.
que es su creador; pero tampoco ha de engañarnos: el simbo- Más aún, es fácil comprobar que toda la liturgia de la cua-
lismo bíblico de los signos está ligado a una historia de la resma está organizada alrededor de Ja preparación bautismal,
salud, y a una persona, Cristo. Estas imágenes, tan conformes mientras la semana de pascua es una gran meditación acerca
a la mentalidad humana, son el vehículo de una revelación, de las gracias de la iniciación, todo ello merced a una admi-
es decir, de la intervención gratuita e inesperada de Dios en la rable organización de lecturas bíblicas, de textos de salmos,
vida de la humanidad. de fórmulas de oración.

DIFERENCIA ENTRE LAS CEREMONIAS Y LOS SIGNOS


4. LA PROLONGACIÓN LITÚRGICA SACRAMENTALES PROPIAMENTE DICHOS
DE LOS SIGNOS SACRAMENTALES
Se comprende que los teólogos y juristas se esfuercen en
No es menester ser un especialista de la ciencia exegética operar un deslinde exacto entre los signos sacramentales pro-
para adquirir los conocimientos bíblicos necesarios a la inteli- piamente dichos y las preces c ritos de que la Iglesia los ha
gencia de los signos sacramentales, pues la Iglesia misma los rodeado. Esta distinción es importante desde el punto de vista
propone a los fieles. Efectivamente, fuera de los casos de doctrinal y desde el punto de vista práctico.
urgencia, el sacramento, como lo hemos ya indicado, forma Desde eí punto de vista doctrinal, porque una es la eficacia
parte de un gran conjunto litúrgico que lo rodea, lo prepara de los signos sacramentales y otra la de los ritos que la Iglesia
y prolonga, e irradia su significación sin solución alguna de les añade. El signo sacramental obra por su eficacia misma,
continuidad. por ser acto de Cristo. Produce la gracia de Cristo, según la
Si el bautismo del etíope por Felipe se decidió en algunos fórmula de los teólogos, ex opere operato, por el hecho mismo
instantes y se celebró sin más ceremonias en el agua que del acto ejecutado. Los otros ritos carecen de este privilegio,
corría por junto al camino, con un ritual somero, la novedad lo que, por lo demás, no los hace desdeñables ni mucho menos,
del mensaje evangélico, la generosidad intensa del candidato puesto que son cumplidos en nombre de la Iglesia, cuyas
(preparado por lo demás desde larga fecha por su agregación oraciones, como esposa que es de Cristo, son agradables
al judaismo), el soplo carismático del Espíritu Santo, nece- a Dios. Los teólogos dicen que tienen valor ex opere operantis
sario en estos orígenes, todo eso justifica ampliamente la Eccíesiae, como actos de la Iglesia y en los límites de su
ausencia de preparación y de marco religioso. propia mediación 9 .
No era ésta la ley normal y durable de la administración 9
de los sacramentos. Todo lo contrario. Desde la antigüedad, Ex opere operato•.fórmula teológica consagrada por el concilio de
Trento (D. 851), que significa que el sacramento obra por el hecho de ser
la celebración del bautismo se rodeará ya de la mayor parte acto de Cristo, desde e! momento que se ha cumplido el signo, sin que
44 Visión Se conjunto de ios sacramentos los sacramentos son signos 45

Desde el punto de vista práctico, es necesario saber qué titución apostólica Sacramentum ordinis, de 30 de noviembre
ritos son esenciales al sacramento y cuáles son accesorios. de 1947, determina que, en lo por venir, basta para la validez
En la administración de un sacramento pueden cometerse la imposición de manos y el solemne prefacio que la sigue.
faltas u omisionesv ¿Hasta qué punto está comprometida en Por lo demás, ciertos ritos, sin ser necesarios para, la
estas faltas u omisiones la validez del sacramento? De ahí validez, pueden no obstante ser exigidos por la lógica deí
que la introducción al misal romano se esfuerza en prever los sacramento. Así la comunión en la misa que, por lo menos
accidentes que puedan sobrevenir en la celebración eucarística, de parte del sacerdote, se requiere como parte integrante del
y la manera de remediarlos. Por lo demás, cabe encontrarse sacrificio. Otras veces puede tratarse de la repetición de un
en condiciones excepcionales de penuria, de urgencia o de gesto de Cristo, por ejemplo, la fracción del pan.
clandestinidad. ¿Cuál es entonces el mínimo de que no puede En fin, a menudo difiere la disciplina según la tradición
absolutamente prescindirse para que se dé verdaderamente el de las diversas iglesias dentro de la unidad y la catolicidad.
sacramento? La administración del bautismo o la extrema- Así, en el matrimonio, en la Iglesia latina, sólo se requiere
unción en un accidente de muerte, la celebración de la euca- el mutuo consentimiento en presencia del sacerdote. En oriente
ristía o de la ordenación en tiempo de persecución son casos parece ser también indispensable la bendición del sacerdote.
harto frecuentes en la Iglesia para que se los desconozca y no
tengan prevista solución. LAS CEREMONIAS PROLONGAN Y CONTINÚAN
Sin embargo, no hay que exagerar esta distinción entre el EL SIGNO SACRAMENTAL
signo sacramental esencial y lo que, en gestos y preces, ha La continuidad ha de subrayarse sobre todo en el orden
añadido la Iglesia. Y notemos, ante todo, que ni siquiera del signo y de la significación. En efecto, los ritos instituidos
es siempre fácil discernir lo que es esencial al sacramento y lo por la Iglesia no son simple cortejo honorífico que rodea al
que es accesorio. Tan importante por lo menos es subrayar sacramento. Notemos de paso que ya desde este punto de
la continuidad entre uno y otro elemento. vista desempeñan un papel importante; pues el sacramento,
reducido al signo esencial, es un gesto fugitivo, rápidamente
LA DISTINCIÓN ENTRE EL SIGNO ESENCIAL ejecutado, cuando debiera estar rodeado de reverencia y solem-
Y LOS RITOS ACCESORIOS ES A VECES DIFÍCIL
nidad y ser recibido en un alma preparada. De ahí que la
Efectivamente, los signos sacramentales no fueron todos Iglesia manifieste una viva reprobación del abuso que existía
fijados por Cristo de manera invariable (punto sobre el que en ciertas diócesis de Francia de «ondoyer»10 a los niños,
volveremos pronto), de suerte que la intervención de la Iglesia es decir, de bautizarlos sin ceremonias, que se reservaban para
en este terreno puede ser determinante. Un ejemplo notable fecha posterior.
nos lo ofrece la historia del sacramento del orden. Los autores Pero estos ritos son cosa distinta. Tienen por fin precisar
de la edad media y las decisiones prácticas de la Iglesia por el signo sacramental y prolongarlo, desenvolver su significación.
esta época consideraban como esenciales al sacramento el Si nos atuviéramos al solo signo del agua derramada, nos que-
gesto de la unción y el hecho de presentar al candidato los daríamos sin duda en el efecto de la purificación, dé la remisión
instrumentos que simbolizaban su función. En cambio, la cons- de los pecados (acaso por esto se define tan frecuentemente
el estado de gracia: «No tener pecado mortal en la concien-
pueda en manera alguna sacar su eficacia o valor del fervor, de los mere- cia»). Pero la Iglesia añade la unción de los santos óleos, que
cimientos o de la actividad del ministro ni del sujeto. ha de significar la identificación con Cristo y la divinización.
Ex opere operantis Ecdesiae-. esta formula se aplica a los ritos que,
por no ser de institución divina, no son sacramentos en el sentido estricto
10
y riguroso de la palabra, pero toman su valor de que son actos de L «Ondoyer» significa propiamente bautizar sin las ceremonias de
Iglesia. Esta participa siempre del sacerdocio mediador de Cristo y es la Iglesia, lo que se dice en castellano «dar el agua de socorro». El abuso
la esposa a quien el Señor oye siempre. está en aplicarlo ordinariamente a todos los niños.
46 Visión de conjunto de los sacramentos

Por lo demás, el simbolismo del agua está precisado por el


prefacio consecratorio que la destina a los bautizados. Prodi-
gioso poema compuesto de una vasta sinfonía bíblica, esta
oración es esencial para una verdadera catequesis del bautismo.
¿Qué significa, así mismo, bautizar en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo? Es dar y exigir simultánea-
mente la fe en tres Personas, con las que se traban relaciones II
originales de intimidad. De ahí las interrogaciones bautismales
LOS SACRAMENTOS S O N ACTOS DE CRISTO
sobre la fe y la presentación del credo al candidato. Si bien
en la Biblia el tema del agua sugiere el combate, la lucha y la
muerte, la liturgia bautismal desenvuelve explícitamente este Al ver el gesto sacramental, al escuchar la palabra dicha,
simbolismo del signo. Y lo hace por la renuncia a Satanás, se puede fácilmente discernir el efecto significado. Pero ¿cómo
por la unción prebaütismal y por los exorcismos. es este efecto no solamente significado, sino también producido,
Puestos así al servicio del signo sacramental que explican, pues hemos visto que la palabra sacramental es eficaz? Porque
y cuya riqueza explotan, todos estos ritos imitan la economía es Cristo quien obra. El sacramento es un acto de Cristo.
sagrada del mismo signo. Son a par oración y gesto, y gesto Tenemos que precisar ahora esta afirmación: ¿Cómo soií los
con las cosas: aceite, luz, vestidura, soplo, señal de la cruz... sacramentos actos de Cristo? N o basta atender a las cosas,
Son igualmente bíblicos de inspiración y significación, hasta a los gestos y a las palabras. Hay también que considerar al
el punto de que también ellos se esclarecen por la Biblia. que se sirve de las cosas, ejecuta los gestos y pronuncia las
De este modo, el sacramento provoca como una serie incon- palabras: al ministro del sacramento. También él es un signo.
table de ondas, que se extienden para dilatar incesantemente Ocupa el lugar de Cristo, desempeña el papel de Cristo, por
el poder evocador del mismo. él obra Cristo. Pero el ministro no es un hombre aislado,
perdido en' el universo, que se arroga, de sí y ante sí,~el dere-
cho de cumplir esta misión. Es ministro de la Iglesia, esposa de
Cristo, a quien El confió el depósito de los sacramentos.
Cuando Pedro bautiza, la Iglesia bautiza, Cristo bautiza. Por
eso, en la pedagogía elemental, sería interesante seguir este
orden:
— el ministro;
— la Iglesia, dispensadora de los sacramentos;
— Cristo que obra por la Iglesia y su ministro.

Sin embargo, en un plano más técnico, el orden inverso


tiene la ventaja de encontrarse con los problemas y las solu-
ciones en la sucesión misma en qué ha de resolverlos la inte-
ligencia de la fe. De ahí que el Directoire pour la pastorale
des sacrements comience por afirmar en el núm. 1: «Los sacra-
mentos son actos de Cristo, que ejerce por el ministerio de la
Iglesia su sacerdocio, y éste tiene por fin dar gloria a Dios
y, a par, salvar a los hombres.»
48 Los sacramentos son actos de Cristo 49
Visión de conjunto de los sacramentos
que se ofrece sacramentalmente, es su sacrificio único que
1. LOS SACRAMENTOS ACTOS DE CRISTO se hace presente.
Sin embargo, aun cuando las circunstancias de lugar y tiem-
Sólo de Dios viene toda gracia, porque sólo El puede per- po no se indican para cada uno, todos los sacramentos están
donar. «¿Quién puede perdonar los pecados, sirio sólo Dios?», representados en los evangelios, en los Hechos y cartas de los
objetaban justamente los fariseos (Le. 5, 21). Y sólo El puede apóstoles, por lo menos como el cumplimiento fiel del mandato
hacer libremente de un hombre su hijo de adopción. Más pre- dado por Jesús. Este mandato es a veces expreso: «Marchad,
cisamente: la gracia es obra del Espíritu Santo. El es la remi- pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizán-
sión de los pecados (poscomunión del martes de Pentecostés), dolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»
de El renacemos en el agua (Jn. 3, 5), El se nos da y derrama (Mt. 28, 19). Y para la penitencia: «Recibid el Espíritu Santo:
en nosotros la caridad de Dios (Rom. 5, 5). Mas como el a quienes perdonareis los pecados, les son perdonados; a quie-
Hijo de Dios tomó nuestra carne, su sagrada humanidad es nes los retuviereis, les son retenidos» (Jn. 20,. 22-23).
el instrumento de esta obra divina. No hay gracia, sino por Otras veces es un apóstol quien nos transmite el mensaje,
Jesús y por Jesús hombre: «Uno solo es el mediador entre por ejemplo, Santiago para la extremaunción (Sant. % 14-15)^
Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó O bien, vemos el ejercicio mismo del sacramento desde los
a sí mismo como rescate por todos» (1 Tim. 2, 5). En los primeros días de la Iglesia, como acontece con la confirmación
sacramentos, Cristo es el que da el Espíritu Santo, Cristo (Act. 8, 15-17; 19, 6).
perdona los pecados. La gran diversidad que comprobamos en la manera como
los escritores sagrados nos han transmitido la institución de
CRISTO HA INSTITUIDO LOS SACRAMENTOS los sacramentos por Cristo, no es de parte de ellos un capricho
En efecto, los sacramentos no son el resultado de una literario, sino la expresión de la diferencia del vínculo que liga
iniciativa de la Iglesia, como sucede con los ritos que rodean a la vida de Jesús estos signos eficaces de la gracia. Si la
y prolongan su celebración. Los sacramentos han sido insti- eucaristía está ligada a un momento y a una fecha decisiva:
tuidos por Jesús mismo durante su estancia en la tierra. La fe «la noche en que fue entregado», si el orden está ligado
de la Iglesia es clara en este punto: también a la cena por la eucaristía misma; para los otros
sacramentos, lo decisivo es el símbolo o signo, y éste se
Si aígurio dijere cjue los sacramentos de \a nueva ley no han sido fija tanto por la palabra de Jesús, como por sus gestos y su
instituidos por Jesucristo, nuestro Señor., sea anatema. vida.
Este canon del concilio de Trento _(D. 844) expresa bien Sería por otra parte un error imaginar que, en los sacra-
la tradición constante de la Iglesia. El Nuevo Testamento nos mentos, todo ha sido fijado de manera invariable y definitiva
muestra a Cristo instituyendo la eucaristía la víspera de su por Cristo. Obra suya personal es la determinación de cada
muerte. El mismo cumplió el rito, explicó su significación uno de los sacramentos y de su propia eficacia. El signo mismo
y precisó que no se trataba de un gesto pasajero, sino de una fue designado por El más o menos precisamente. El agua del
institución durable: «Haced esto en memoria mía.» bautismo, el pan y el vino de la eucaristía, sin duda también
A decir verdad, no hemos de buscar pareja precisión histó- el aceite de los enfermos y la imposición de manos de la
rica para cada uno de los otros sacramentos. Siendo la euca- ordenación fueron fijadas de una vez para siempre; pero otros
ristía el don supremo, el sacramento por excelencia y, a par, gestos y palabras han sido dejados en gran parte a la inicia-
el de la vida diaria de la Iglesia, era menester recordar con- tiva de la Iglesia. Iniciativa que no es un signo arbitrario,
tinuamente su institución. Se reproduce la cena, su relato pues el signo ha de expresar siempre la realidad oculta que
es la palabra eficaz misma. La eucaristía es así actode Cristo contiene el sacramento y es obra de Dios. De ahí que Pascher
50 Visión de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son actos de Cristo. 5/

pueda hablar de la «amplitud de juego» x, para expresar estas y, al punto, salió sangre y agua. Y el ¿jue lo vio, lo atestigua, y su testimonio
-variaciones de los signos dejados por Cristo a la decisión es verdadero, y él ¿abe Que dice la verdad, a fin de (fue también vosotros
de la Iglesia. .creáis. (Jn. 19, .35-35.)

«DEL COSTADO TALADRADO DE CRISTO Este río que sale del costado de Cristo es, según los comen-
BROTO SANGRE Y AGUA» tarios de los padres y de santo Tomás 3 , símbolo de los sacra-
mentos y, señaladamente, del bautismo y de la eucaristía y, por
Más aún: la investigación de la circunstancia concreta, ellos, símbolo o signo de la Iglesia, nueva Eva sacada del
anecdótica, del momento exacto en que Cristo habría insti- costado del nuevo Adán dormido. La recepción de los sacra-
tuido este o el otro sacramento (excepto, como acabamos de mentos nos pone, consiguientemente, en comunicación con la
decir, la eucaristía), falsificaría, minimizándolo, el sentido que pasión de Cristo, cuyos frutos se nos aplican. El signo sacra-
debemos atribuir a la institución de los sacramentos por mental es siempre conmemorativo de la muerte de Cristo.
Cristo. Los sacramentos nos introducen en la pascua de Cristo.
Este, en efecto, «no es el fundador de una religión — a la ¿Cuál es exactamente esta relación entre el sacramento
manera de Buda, de Mahoma o de Wesley —. Cristo no es y eV acontecimiento señero del Calvario? Aquí también,, la
el hombre fundador de un cierto organismo religioso, que, eucaristía ocupa un lugar privilegiado, pues hace realmente
prescindiendo de él, continúa sus funciones después de su presente, gracias al símbolo, el acontecimiento que se cumplió
muerte, en virtud sólo de unas disposiciones y ordenaciones una vez para siempre. Por eso, ella es el acto principal del
dadas en principio. Cristo no está tan sólo presente en el culto y, como veremos más adelante (cap. III), ella, hace a la
momento histórico de la fundación de la Iglesia» 2. Iglesia. Los otros sacramentos no alcanzan este realismo señero,
Por la Iglesia y por los sacramentos de la Iglesia, Cristo no contienen la misteriosa presencia de la inmolación de Cristo,
continúa misteriosamente, gracias a los signos, la acción reden- sino solamente los frutos de ella4. De ahí que la liturgia los
tora llevada a cabo una vez para siempre por su muerte una siempre que es posible a la celebración de la eucaristía:
de cruz. la iniciación cristiana — bautismo y confirmación — se acaba
No basta, pues, decir que la gracia de los sacramentos por la comunión; el orden sólo puede ser conferido durante
viene sólo de Cristo. Hay que precisar y afirmar que sólo la misa; la bendición nupcial está igualmente ligada, en prin-
puede venir de la pasión de Cristo. Por ellos, la pasión de cipio, a la misa; durante una misa consagra el obispo los santos
Cristo se pone, como si dijéramos, al alcance de los hombres, óleos. Todo aniversario de una iniciación se hace por la euca-
según la fórmula de la epístola a los romanos (6, 3): «¿Acaso ristía 5.
ignoráis que cuantos en Cristo fuimos bautizados, en su muerte
hemos sido bautizados?» Así, lejos de tratar de sorprender
las etapas de lo que sería un código de prescripciones, es
menester ligar los sacramentos, como a su fuente, a este 3
Léase muy especialmente 3 q., 62, a. 5.
4
momento supremo de la vida de Jesús. La tradición cristiana Este punto ha sido objeto de vivas discusiones entre los teólogos
ha subrayado la insistencia con que san Juan precisa en su durante los treinta últimos años, como consecuencia de los trabajos de
O. Casel. Los pormenores de estas discusiones se hallarán en T. Filthaut,
evangelio: La théotogie des mystéres, Desclée, París 1954. Al atribuir a todos los
sacramentos la presencia misma del misterio, se desconoce lo que la euca-
ristía tiene de específico. Sólo ella es memorial eficaz de la pasión,
Ctiando llegaron a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le Quebraron y sacrificio. En los otros sacramentos, Cristo sólo está presente «con la
las piernas, pero uno de los soldados, con su lanza, le hirió en el costado virtud que en ellos transfunde para que sean instrumentos eficaces de su
santidad» (ene. Mediator Dei, núm. 28).
1 5
J. Pascher, L'évolution des rites sacramentéis, Cerf, París 1952, Cf. J. Daniélou, en la obra colectiva Communion sollennelle et
p. 27 ss. profession de foi, Cerf, París 1952, p. 118-133; e infra, parr. III, «La ini-
2
A. M. Roguet, Los sacramentos signos de vida, p. 12. ciación cristiana».
52 Visión de conjunto de ios sacramentos Los sacramentos son actos de Cristo 53

(.PEDRO BAUTIZA, CRISTO BAUTIZA»* a los (jue por su medio se acercan a Dios, como (juiera (jue vive siempfe
para interceder por nosotros. (Hebr. 7, 24-25.)
Demos un paso más. El sacramento es un acto de Cristo,
no sólo porque lo ha instituido Cristo y la gracia que significa Indudablemente, el sacerdocio de Cristo se manifestó sobre
viene del Calvario, sino también porque Cristo mismo obra todo en su pasión y muerte. En este momento, efectivamente,
por la Iglesia y por su ministro. La Iglesia es su cuerpo y la Cristo, por su propia sangre, entró en el santuario (Hebr.
prolongación de su sagrada humanidad. El ministro, por la in- 9, 12). Pero ese sacerdocio continúa ejerciéndose sobre la tierra
tención que tiene de hacer lo que hace la Iglesia, se convierte por la eucaristía y los otros sacramentos (ene. Mediator Dei,
como en instrumento por el que obra Cristo mismo. «El es núm. 5).
quien por la Iglesia, bautiza, enseña, gobierna, ata, desata, Actos sacerdotales de Cristo, los sacramentos son también
ofrece, sacrifica» 7 . Por eso, como veremos, ni el pecado ni la el centro de la liturgia. No son sólo la aplicación de nuestra
herejía del ministro impide la validez del sacramento: salud, sino el ejercicio de la virtud de la religión, que se cifra
en la alabanza y adoración de Dios. Los sacramentos con-
los (jue habían sido bautizados por Juan Bautista —nota san Agus- sagran el hombre a Dios y le hacen participar de manera más
tín 8— fueron bautizados de nuevo... Así pues, bautizaban sus discipuíos o menos estricta en el sacerdocio de Cristo «para alabanza
y entre sus discipuíos estaba aún Judas, i Cómo pues, ios (jue Judas bautizó de la gloria de Dios». Aquí también, la eucaristía es el sacra-
no fueron de nuevo bautizados y los cjue bautizó Juan fueron de nuevo
bautizados? ¡De nuevo, ciertamente! Pero no con repetición del bautismo. mento por excelencia, puesto que es el sacrificio de alabanza
Porcjue ios (jue bautizó Juan, ios bautizó Juan, pero ios cjue bautizó Judas, a par que la sangre derramada para la remisión de los pecados
los bautizó Cristo. (Tractatus in Iob. 5, 18.) y el alimento para la eternidad. Al decir que «los sacramentos
son para los hombres», axioma teológico muy importante que
Así, pues, el Señor se reserva ser, El mismo, autor de los impera la pedagogía y la pastoral, no hay que olvidar que
sacramentos que el hombre administra, a fin de que los fieles forman parte del culto divino y nos introducen en la-oración
no pongan su esperanza en un hombre. Los ministros son misma de Cristo (Dir. Sacr., núm. 10).
muchos, pero sólo hay un Cristo que obra:
Voy a repetir lo cjue andáis diciendo cada uno —(¡ruñe san Pablo—•
«Yo soy de Pablo», «yo de Apolo», «yo de Cefas», «yo de Cristo». ¿Es (jue 2. LA IGLESIA DISPENSADORA DE LOS SACRAMENTOS
se ha partido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O es (jue
habéis sido bautizados en nombre de Pablo? (1 Cor. 1, 12-13.) A la Iglesia, y sólo a ella, ha confiado Cristo sus tesoros,
el depósito que ha de guardar fielmente: la fe, la misión y los
LOS SACRAMENTOS, EJERCICIO sacramentos. Depositaría única, ella es también única dispen-
DEL SACERDOCIO DE CRISTO sadora. Sólo por ella pueden ser administrados. Ella es esposa
Cristo es sacerdote para siempre según el orden de Mel- y madre. Ella engendra a los hijos de Dios. «Nadie puede
quisedec: tener a Dios por padre, si no tiene a la Iglesia por madre»,
según el dicho célebre de san Cipriano.
Cristo, empero, por razón de (jue permanece eternamente, posee el
sacerdocio inmutable. De ahí cjue puede también salvar de manera acabada
LA IGLESIA DEPOSITARÍA DE LOS SACRAMENTOS
6 San Beda el Venerable. Jesús no dijo a cualquiera de entre las turbas: «Haced
7 Ene. Mystici corporis, Sigúeme, Salamanca 4 1960, núm. 39.
8 Cf. Obras, t. XIII, BAC, p. 183. Citamos este texto sólo como testi- esto en memoria mía», sino a los apóstoles reunidos, el jueves
monio y por su sentido general, pues el auténtico bautismo sacramento sólo santo, en el cenáculo. Ante los once proclama Cristo" después
fue administrado después de la resurrección y, por tanto, después de la de su resurrección:
muerte de Judas.
54 Visión de conjunto de ios sacramentos los sacramentos son actos de Cristo 55

Todo poder me ba sido dado en el cielo y en ía tierra. Id, pues, y haced c) Pero, sobre todo, en virtud de la amplitud de juego,
a todos los pueblos discípulos míos, bautizándolos... (Mt. 28, 18-19.) .. señalada más arriba, y dentro de sus límites, ía Iglesia inter-
Como a mí me envió el Padre, así yo os envío a vosotros... A Quienes viene mucho más activamente. Ella compone las fórmulas
perdonareis los pecados, les son perdonados,- a Quienes se [Link], les o preces que constituyen la palabra del sacramento ( = l a
son retenidos. (Jn. 20, 21-23.)
«forma»), y las modifica segúe las necesidades y posibilidades
á) Guardiana de este precioso depósito, la Iglesia ha de de expresión de cada civilización. Ahora bien, en los diversos
asegurar primeramente su conservación. Así, ella juzga con ritos y conforme a las épocas, esas fórmulas se presentan ora
autoridad acerca de las condiciones necesarias y suficientes en forma dé oración («Enviad, Señor, vuestro espíritu San-
para que se dé efectivamente el sacramento (condiciones de to...»), ora en forma indicativa («Yo te bautizo...»), y pro-
validez). Su magisterio decide soberanamente las controversias ponen temas tan diferentes unos de otros, que es menester
que se suscitan sobre este asunto, de lo que tenemos nume- ver en ellos algo más que simples matices de expresión. La Igle-
rosos ejemplos. sia, pues, tiene sobre ellos un poder mucho más amplio.
Así, Benedicto XIII, Pío VII y san Pío X rechazaron la La misma comprobación, más sorprendente para el his-
opinión de los orientales, según los cuales, para la consa- toriador, respecto a los signos y a las cosas. Es posible que
gración eucarística, se exigiría, aparte el relato de la cena, una la presentación de las insignias de la función haya formado
invocación del Espíritu Santo (epíclesis). El concilio de Trento parte esencial del signo de la ordenación durante la edad
juzgó que la comunión de los fieles no es esencial a la cele- media, siendo así que no existía en la antigüedad, el oriente
bración -de la misa y que, por otra parte era legítima la comu- cristiano no la conoció nunca y la constitución apostólica
nión bajo una sola especie (D. 931). En 1947, Pío XII fijó Sacramentum ordinis de 194710 rechazó definitivamente la
lo que es necesario y suficiente para la ordenación, poniendo necesidad de ese gesto para la validez. Mientras los apóstoles
así término "a una controversia multicentenaria entre los teó- confirmaban con el gesto único de la imposición de' manos,
logos. la Iglesia romana ha utilizado un triple signo de la cruz
Pero, más aún que estas intervenciones por un acto pre- y unción con el crisma. La unción forma en lo sucesivo parte
ciso, la norma de la validez de los sacramentos es ía vida diaria tan indispensable del sacramento que el oriente no practica
de la Iglesia. Hoy, la manera como prescribe su administración otro gesto. Así pues, aquí también ejerce la Iglesia un poder
en los libros litúrgicos de los diversos ritos; en lo pasado, el activo. Si es ciertamente guardiana de un depósito que sólo
uso comprobado de oriente y occidente durante varios siglos 9 : puede transmitir, goza no obstante de cierta libertad en la
tales son los hechos de que el teólogo deduce las leyes de la elección del signo que ha de expresar la gracia ligada por
organización sacramental, con exclusión de todo argumento Cristo a este o el otro sacramento. •
racional.
LA IGLESIA SOLA DISPENSADORA DE LOS SACRAMENTOS
b) El papel de la Iglesia no se limita a este discernimiento Es muy frecuente que los fieles sólo vean en la Iglesia una
de las condiciones de validez. La Iglesia ejerce también una especie de poder legislativo que reglamenta y codifica- la vida
suplencia respecto de las posibles deficiencias del ministro, religiosa. La verdad es que ella posee la presencia de Cristo
cuando estas últimas no pueden ser verificadas, señaladamente vivo y actualmente operante. Su papel en los sacramentos
cuando a sus gestos exteriores correctos se opone interior- no se limita a juzgar de las condiciones correctas de validez,
mente un defecto de intención (cf. 3, q. 64, a. 8). a determinar el signo cuando ha sido dejado por el Señor a su
9
Estas precisiones son necesarias, porque el magisterio ordinario discreción. No; los sacramentos son actos de Cristo, por admi-
(no solemne) de la Iglesia sólo es infalible globalmente. Hechos aislados,
demasiado limitados en tiempo y espacio, pueden ser simplemente errores
o abusos, cualquiera que fuere la autoridad responsable de ellos. to AAS 40 (1948), p. 5 ss.
56 Visión de conjunto de los sacramentos los srterameiifos son (icios de Cristo 57

lustrarlos ella, porque ella obra, cuando se celebra un bautismo sacramental mismo, al que desenvuelve y prolonga. La fide-
o se da una absolución. ¿Cómo así, cuando tan frecuente- lidad a estas diversas disposiciones se impone no tanto en virtud
mente el sacramento parece ser un aparte, un cara a cara del deber general de obediencia que liga clérigos y fieles a la
entre el ministro que lo confiere y el sujeto que lo recibe? Iglesia, cuanto porque la Iglesia, y sólo ella, es la dispensadora
de los sacramentos (cf. Dir. sacr., núm. 7).
a) El ministro del sacramento es ministro de la Iglesia,
ligado a ella ante todo por la intención que ha de tener de d) Si la Iglesia es la dispensadora única de los sacra-
hacer lo que ella hace y hacerlo como ella lo hace. Sin esta mentos, es porque ella ba recibido en la persona de los após-
intención, el acto sacramental sería nulo. Apresurémonos a decir toles reunidos mandato y misión de Cristo para administrarlos.
que esta intención puede darse en el cismático que ha roto De esta misión son beneficiarios únicos el papa y el colegio
con la unidad de la Iglesia, en el hereje cuya fe es falsa y hasta de los obispos, sucesores de los apostóles. Ellos .son los que
en el apóstata o infiel que no creen en la Iglesia. Seguidamente deben administrar los sacramentos. Los otros ministros son
veremos más despacio estas dificultades (ver p. 58 ss.: El mi- sólo auxiliares suyos, sus delegados y suplentes, que obran
nistro). La misericordia del Señor se contenta así, frecuente- en su nombre y en unión con ellos. Nadie ha puesto mejor
mente, con una vinculación muy rudimentaria del ministro a la de relieve este gran principio como san Ignacio de Antioquía
Iglesia; por algo los sacramentos son prenda de esa miseri- en sus cartas, escritas camino del martirio, a diversas iglesias:
cordia. Basta que el ministro atestigüe exteriormente la fide- no hay bautismo, dice, no hay eucaristía sin el obispo u
lidad por lo menos esencial al signo y a la manera de aplicarlo En virtud de este principio, la legislación eclesiástica deter-
la Iglesia. mina de qué manera se verifica en cada caso esta misión.
Esta misión se da de manera permanente en virtud de la fun-
b) Cuando el sacramento exige de parte del ministro el ción a que destina el obispo (poder ordinario), o a título
poder de orden, esta vinculación es mucho más estricta, como precario, para un caso particular o una serie de actos (poder
quiera que el carácter impreso, por la ordenación, al obispo delegado). La misión es suplida en casos de urgencia y, ade-
o sacerdote les confiere el privilegio de ser representantes más, puede ser frecuentemente presumida 12 .
de la Iglesia en la función de Cristo cabeza y mediador.
11 Padres Apostólicos, BAC, Madrid 1950, p. 447-502.
12 Cuando la inobservancia de ciertas condiciones es causa de que el
c) Además de este vínculo esencial, solo necesario y que sacramento sea nulo, por ejemplo, la confirmación administrada con un
subsiste aun cuando el ministro obre fuera de la unidad, la crisma que no ha sido consagrado por el obispo, se habla de condiciones
unión del ministro con la Iglesia ha de expresarse normalmente de validez. Cuando su violación, si bien grava la conciencia de quienes la
cometen, constituyendo un desorden más o menos grave, pero no entraña
por la observancia de todas las condiciones c¡ue ella pone para la nulidad del sacramento, se habla de condiciones de licitud.
la administración del sacramento. La Iglesia, efectivamente, Validez: Es válido un acto que se ha cumplido verdaderamente, no ha
regula en su código de derecho canónico, en sus libros litúr- de repetirse y es de suyo capaz de producir sus efectos. Se habla aquí de
validez de un sacramento (y hasta de una ceremonia de la Iglesia), cuando
gicos y en sus diversos actos legislativos, múltiples cuestiones ha sido administrado de tal forma que el signo ha sido efectivamente
concernientes a la estructura esencial de los signos, pero sobre ejecutado y debe, consiguientemente, producir, si no la gracia fres], por
lo menos la res et sacramentum. La validez exige: (19) que la materia
las que ella decide en virtud del poder que le es propio: a quién o gesto y la palabra sean aseguradas en lo esencial, (29) por un ministro
hay que dar o negar el sacramento, a qué edad y con qué que tenga el poder de orden requerido (39) sobre un sujeto capaz que
condiciones ha de ser recibido, en qué tiempo y en qué lugar preste (si tiene uso de razón) su consentimiento.
Licitud: Hay licitud cuando se observan además fielmente todas las
puede ser administrado. Pero, sobre todo, la Iglesia inserta los prescripciones que no comprometen la validez. Su violación no entraña,
sacramentos en el conjunto de la economía de su culto, y ya consiguientemente, nulidad del acto cumplido, pero constituye una falta
de parte de quien es culpable de ella, y una perturbación más o menos
hemos visto la importancia de este marco cultual para el signo grave del orden querido por el Señor en su Iglesia.
58 Vision de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son actos de Cristo 59

e) Realizada fundamentalmente por el ministro, por su Todas las* afirmaciones de la Iglesia respecto al ministro
intención y, eventualmente, por el carácter que recibiera en la de los sacramentos tienden a ilustrar y precisar esta noción:
•ordenación, expresada-de manera aún más fuerte por la misión Si las definiciones del magisterio son aquí excepcionalmente
recibida del obispo y por la observancia fiel de todas las numerosas, es porque la Iglesia hubo de hacer frente en el
prescripciones, esta presencia de la Iglesia en la administración curso de su historia a varias crisis graves, célebres por' los
de cada sacramento reclama como ! consecuencia normal la grandes nombres que enfrentaron, en las que la verdad de los
congregación o asamblea Ae los fieles. En torno al ministro sacramentos corría riesgo de ser desconocida.
que ejecuta el gesto dé Cristo, está ya espiritualmente presente
la comunidad de los cristianos; pero si esta presencia se hace LOS SACRAMENTOS NO PUEDEN SER
visible, porque los fieles son convocados y participan efectiva-, ADMINISTRADOS POR LOS ANGELES,
mente, entonces se manifiesta plenamente la dimensión ecle- SINO SOLO POR LOS HOMBRES SOBRE LA TIERRA
siológica del sacramento. Por eso, si se exceptúa la penitencia
en la disciplina actual de occidente, el pueblo cristiano es Leyendas poéticas presentan a: veces a santos que reciben
siempre supuesto, por los libros litúrgicos, presente a la cere- los sacramentos por ministerio milagroso de los ángeles o bien-
monia y orando a la invitación del ministro. Cuando, durante aventurados. Los teólogos no aceptan fácilmente estas leyendas
la celebración, dice el ministro: «Oremus fratres dilectissimi...» o pías imaginaciones — y han de descartarse, consiguiente-
«Dominus vobiscum», no se dirige al grupo de amigos o pa- mente, de la catequesis infantil— por una razón esencial:
rientes, sino a la Iglesia local entera, o, por lo menos, a sus toda la virtud de los sacramentos fluye de la pasión, que es
representantes. Y esa Iglesia local entera responde al cele- obra de la humanidad de Cristo. Según la carta a los hebreos,
brante. en su pasión, Cristo fue humillado por bajo de los ángeles
(Hebr. 2, 9). Por su Iglesia sobre la tierra, continúa Cristo
santificando a los hombres. El hecho de que el ministro de los
3. EL MINISTRO DEL SACRAMENTO
sacramentos es un hombre, y un hombre en la condición
El que ejecuta el gesto y pronuncia la palabra del sacra- terrena de la fe y del riesgo dej pecado, valora la economía
mento lleva el nombre de ministro del mismo sacramento. de la salud: los sacramentos son instrumentos en manos de
La elección de este nombre hubo de ser sugerida por una Cristo, una prolongación de su humanidad.
fórmula de la carta primera a los corintios: «Considérensenos
como servidores de Cristo (ministros Cbristi) y dispensadores CIERTOS SACRAMENTOS EXIGEN LA SUCESIÓN
(intendentes) de los misterios de Dios» (1 Cor. 4, 1). El tér- APOSTÓLICA DE LA ORDENACIÓN
mino invita a ir más allá de la persona del ministro mismo Si alguno dijere cjue todos los cristianos tienen poder de predicar y ad-
y mirar sólo a Aquel de quien es mandatario, ejecutante e ins- ministrar todos los sacramentos, sea anatema.
trumento :
Este canon del concilio de Trento (D. 853) apunta al error
Dios — dice en otra parte el apóstol13 — nos ba confiado el ministerio protestante que, al rechazar la jerarquía de orden en la Iglesia,
de la reconciliación. Y es así c¡ue Dios reconciliaba consigo el mundo en desbarató por el mero hecho casi todo el organismo sacra-
Cristo no teniendo ya cuenta de sus pecados, y El ha puesto en nosotros mental. Efectivamente, con excepción de dos casos, los sa-
la palabra de la reconciliación. Así pues, somos embajadores de Cristo,
como si Dios os exhortara por nuestro medio. (2 Cor. 5, 18-20.) cramentos sólo pueden tener la eficacia de la acción de Cristo,
si el ministro posee, por la ordenación, el poder radical de
13
realizarlos. El carácter impreso de manera indeleble por el
Este texto se refiere directamente al ministerio de la palabra, sacramento del orden, es, s'obre todo, poder sacramental.
no al de los sacramentos; pero el realismo de este segundo ministerio es
aún mayor y verifica aún más la razón de instrumento en quien lo ejerce. Así, sólo el obispo posee plenamente el poder de confirmar,
60 Fisión de conjunto de ios sacramentos Los sacramentos son actos de Cristo 61
*
celebrar la eucaristía y perdonar los pecados. Sólo él puede requerida para la validez, se trata de una condición, cuya
transmitir su sacerdocio. necesidad no urge la Iglesia según las épocas y los ritos. Así, la
Bien que sólo deben ejercerlo bajo la dependencia del dispensa en caso de necesidad y no la impone a los cismáticos
obispo, los sacerdotes tienen poder de celebrar la extrema- de buena fe. Por eso, si bien la expresión no es absolutamente
unción a los enfermos, de suerte que estos sacramentos serían exacta, se dice corrientemente que los esposos son los minis-
válidos aun cuando se administraran fuera de la obediencia tros del sacramento del. matrimonio.
al obispo y a h Iglesia. Por \o contrario, sóh con Ja jurisdic- En cuanto a] bautismo, normalmente administrado, bajo la
ción expresa dada por el obispo o por las leyes generales de la autoridad del obispo, por los sacerdotes y diáconos, puede
Iglesia, pueden los sacerdotes ejercer válidamente el poder ser válidamente administrado por cualquiera, hasta por un no
de perdonar los pecados en el sacramento de la penitencia. bautizado e infiel. La necesidad del bautismo explica que el
En fin, por privilegio o concesión expresa de] romano Pontí- Señor lo haya puesto al alcance de todos. Pero ¿cómo puede
fice, ciertos sacerdotes reciben poder de confirmar dentro de ser ministro de Cristo quien no tiene poder alguno de orden
límites muy precisos y en forma tan excepcional, que el sacra- y, menos, quien no posea siquiera la semejanza fundamental
mento es nulo si se traspasan esos límites (por ejemplo, los que da el carácter bautismal? Por lo menos, él ministro está
de la función, del territorio, etc.). Ningún caso de urgencia siempre ligado a la Iglesia por la intención. Volvemos aquí
permite excederlos y, en el ejercicio mismo de esta facultad, a una noción que hemos hallado ya más arriba.
el ministro se presenta como beneficiario de una suplencia de
la santa sede.
LA INTENCIÓN DE HACER LO QUE HACE LA IGLESIA
Este caso de la confirmación, administrada por un simple
sacerdote, ilustra la noción de ministro extraordinario, que, Si alguno dijere cjue, en \a celebración de los sacramentos, no se
por lo demás, sólo se verifica plenamente para este sacramento; reejuiere por lo menos la intención de hacer lo <\ue hace la Iglesia, sea
si bien, por analogía, el derecho canónico lo aplica a otros. anatema. (Concilio de Trento; D. 854.)
Así pues, el orden, la confirmación, ía eucaristía, la peni-
La fórmula data del siglo xa. Si es más bien vaga, es por-
tencia y la extremaunción exigen en el ministro una sucesión
que la tradición de la Iglesia es tan unánime en afirmar la
sacerdotal que se remonta a los apóstoles, solos depositarios
necesidad de la intención como en subrayar el mínimo a que
del poder de orden instituido por Cristo. Esta sucesión está
puede a veces reducirse.
asegurada por los obispos, para los cuales ha de establecerse
una especie de árbol genealógico. De ordenación en ordena- El ministro del sacramento no es, en efecto, un robot
ción episcopal, hay que remontarse hasta los apóstoles. Donde o autómata, sino un honrore que se somete de manera inteli-
esta sucesión se verifica, los sacramentos son válidos. Tal es el gente y lúcida a Cristo, causa principal del sacramento; se
caso de las Iglesias orientales separadas, aun cuando su cisma pone a su disposición y ejecuta un acto consciente de la
sea antiguo. Por lo contrario, donde esta sucesión se ha inte- Iglesia. Este vínculo consciente y voluntario se establece por
rrumpido, no hay ya sacramentos, excepto los del bautismo la intención. Sin embargo, como no podemos ver las almas,
y matrimonio. Tal es el caso de la Iglesia anglicana (salvo esta intención se manifiesta por signos exteriores: el hecho
casos individuales) y la mayoría de las iglesias protestantes. de que los gestos se ejecutan seriamente, se pronuncian las
palabras y el signo entero se cumple en un contexto religioso.
El bautismo y el matrimonio constituyen efectivamente dos Por lo contrario, cabe absolutamente dudar de la intención
excepciones notables. en los casos un poco quiméricos imaginados por los cano-
En el matrimonio, el gesto es ejecutado por los esposos nistas o la literatura en que el marco sacrilego viola manifiesta-
mismos: ellos se casan. Este gesto se convierte en sacramento, mente el orden de la Iglesia (por ejemplo, la consagración del
porque son bautizados; y si la intervención del sacerdote es vino en la película El renegado).
62 Visión de conjunto de los sacramentos Los sacramentos son actos de Cristo 63

Esta intención puede darse en un pagano, puesto que puede a recibir de nuevo el sacramento a los que habían sido bauti-
ser solicitado para dar el bautismo sin tener fe ni conocer a la zados en esas condiciones. La intervención del papa san Este-
Iglesia y hasta rechazándola personalmente. Puede ser válida ban I provocó vivas reacciones de parte del obispo africano,
en cismáticos, herejes o apóstatas, pues la Iglesia, tras duras apoyado por varios de sus colegas. Sin embargo, mucho tiempo
controversias, ha debido afirmar que las faltas de ellos no después de la muerte de san Cipriano, los concilios de Arles
bastan para hacer nulos los sacramentos. (314) y de Nicea (325) terminaron la controversia precisando
que estos bautismos eran válidos a condición de que fueran,
LA INDIGNIDAD DEL MINISTRO NO IMPIDE realmente administrados en el nombre del Padre y del Hijo
EL VALOR DEL SACRAMENTO y del Espíritu Santo. Pero, a fines del siglo ív, los donatistas
suscitaron de nuevo la querella, y contra ellos hubo de defen-
a) «¿CÓWÍOpuede un pecador dar la gracia?» der san Agustín la verdadera doctrina de la Iglesia y, a par,
Esta objeción agitó la Iglesia de,África en tiempo de san la memoria de san. Cipriano mártir. Esta vez se trataba sobre
Optato y de san Agustín y, periódicamente, vuelve a encon- todo del valor de las ordenaciones. He aquí cómo resuelve
trar audiencia, sobre todo en épocas en que es menester refor- san Agustín la objeción.-
mar las costumbres cristianas (en el siglo xv señaladamente
con Wiclef y Juan Huss). Nadie puede dar lo que no tiene. El bautismo de los herejes y cismáticos no es de ellos, sino de Dios
El que no posee al Espíritu Santo es incapaz de comunicarlo. y de la Iglesia, dondecjuiera se encontrare y dondequiera se lo lleve. Vuestro
«¿Puede vivificar un hombre muerto, sanar un herido, dar luz es sólo (fue sentís torcidamente, obráis sacrilegamente y os separáis impía-
mente... La Iglesia da a luz a todos por el bautismo, ora de su seno, ora
un ciego, vestir un desnudo, purificar un manchado?» (San- fuera... Todos los due renacen, nacen hijos de la Iglesia por derecho del
Cipriano). La respuesta es fácil. Como quiera que el ministro bautismo. (De baptismo, 1, 14 ss ; ML 43, 121 s.)
no obra por su propia virtud, sino por la virtud de Cristo,
cuyo instrumento es, «poco importa que el conducto por .El concilio de Trento reiteró los mismos principios en
donde pasa el agua sea de plata o de plomo 14». los cánones sobre el bautismo (D. 860). Su interés no es sólo
retrospectivo, pues se aplican diariamente en la Iglesia para
No purifica Dámaso, ni Pedro, ni Ambrosio, ni Gregorio. Nosotros la recepción de cristianos bautizados en la herejía o en el
somos los ministros, pero los sacramentos son tuyos. Conferir los bienes
divinos no viene de las fuerzas humanas, sino de ti, Señor. (San Ambrosio, cisma. Así pues, la intención que liga el ministro a la Iglesia
De Spiritu Sancto, 1. I, prólogo; M I 16, 708.) no queda suprimida por el hecho de que aquél esté separado
de la verdadera Iglesia, pues no puede buscarse a Cristo sin
El concilio de Trento (D. 855) condenó el error de los que hallar al mismo tiempo a su esposa.
rechazaran la validez de los sacramentos administrados por
un ministro en pecado mortal. CONCLUSIÓN-. EL MINISTRO,
b) ¿Cómo son válidos los sacramentos administrados fuera, SIGNO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA
de la verdadera Iglesia? De estas dificultades que la vida de la Iglesia ha encon-
El sentido agudo que tenía san Cipriano (f 258) de la trado y ha tenido que resolver, ha resultado una conciencia
unidad de la Iglesia y de la necesidad de pasar por ella para más viva acerca de la naturaleza del ministro. Este es un
recibir los dones de Dios, lo condujo a tener por nulos el hombre y ejecuta un acto humano, con todo lo que esto supone
bautismo y la eucaristía celebrados por un obispo o sacerdote y entraña de libertad, iniciativa e intención. Pero no obra en
cismático y, con más razón, hereje. San Cipriano obligaba virtud de su propia santidad, ni de su valor personal, y puede
comunicar una gracia que él mismo no posee. Es ministro de
i* San Agustín, Tractatus in Job. 5, 15; cf. Obras, BAC, t. XIII, p. 179. Cristo e instrumento entre sus manos. Cristo obra por él.
64 Visión de conjunto de los sacramentos

Esta identificación alcanza su punto más alto en la consagra-


ción eucarística. Aquí, efectivamente, desempeñando el papel
de Cristo a la manera de un actor, reproduciendo sus palabras
y gestos, lo hace con la misma eficacia, y Cristo está entonces
verdaderamente presente en la persona de su ministro (ene.
Mediator Dei, núm. 28). A excepción del ministro del bau-
tismo, el origen de esta identificación está en el carácter sacra- III
mental: carácter bautismal para el matrimonio, carácter del
orden sacerdotal para los otros sacramentos. LOS SACRAMENTOS PRODUCEN
Ministro de Cristo, es inseparablemente ministro de la LOS DONES DIVINOS QUE SIGNIFICAN
Iglesia, su representante, y esto aun cuando esté separado de
ella. Cumple una obra de la Iglesia. Quiéralo o no, hace pre-
sente a la Iglesia. El estudio de la eficacia sacramental sólo puede profun-
Así pues, el ministro mismo es signo, y signo eficaz. De ahí dizarse a propósito de cada sacramento en particular. Los sig-
que, al analizar el signo sacramental, santo Tomás y el con- nos son diversos y los efectos significados también. Pero, a pro-
cilio de Florencia, no hablan sólo de cosas y palabras, de pósito señaladamente del bautismo y de los problemas prácticos
materia y forma, sino que incluyen también el ministro que su administración ha planteado a la Iglesia, los padres
(D. 695). y teólogos han deducido los principios válidos para otros
Por ser signo y por no obrar en nombre propio, el minis- sacramentos y hasta para todos: vínculo entre el signo y su
tro puede a veces ser colectivo. Así, la ordenación episcopal efecto, señal indeleble de Cristo impresa en el bautismo, la con-
es conferida a lo menos por tres obispos, la misa puede ser firmación y el orden, cooperación del hombre al don gratuito
concelebrada por varios obispos o sacerdotes — como se hace de Dios. Aclarados más y más por las controversias que la
en las ordenaciones y, más frecuentemente, en oriente—, la vida ha suscitado, estos varios aspectos no han de hacernos
extremuanción es dada, entre los orientales, por varios sacer- olvidar las dimensiones eclesiológicas y escatológicas de la
dotes a la vez. Todos los sacerdotes son sólo, en su conjunto, eficacia de los sacramentos.
el signo único del sacerdote único que es Cristo 15 .

1. SIGNOS Y CAUSA DE LA GRACIA

«Los sacramentos contienen la gracia que significan.» Por


esta fórmula tradicional, el concilio de Trento (D. 849) junta
dos nociones de suyo incompatibles, pues no entra en la natu-
raleza de un signo ser al mismo tiempo causa. Acabamos de ver
que es Cristo quien obra por la Iglesia y el ministro. El sacra-
mento es eficaz, porque la humanidad de Cristo es fuente de
gracia, como era, en la vida terrestre del Señor, fuente de cura-
ción: «Y toda la muchedumbre buscaba manera de tocarle,
pues salía de El virtud y los sanaba a todos» (Le. 6, 19).
!5 Sin embargo, él padre de la Taille, Mysterium fidei, p. 355, hace
notar, con razón, que la concelebración no es posible en los sacramentos Pero era natural que los teólogos trataran de deslindar con
en que el ministro no obra en virtud de la ordenación recibida (bautismo más precisión el modo de esta causalidad.
y matrimonio).
5
66 Visión de conjunto de los sacramentos Producen tos dones divinos gue significan 67

EL SACRAMENTO, MISTERIO DIVINO pone de manifiesto con una sencillez de medios que sorprende
Por ser el sacramento signo, pudiera efectivamente verse y escandaliza al pagano:
en él sólo un gesto conmemorativo. Cristo murió por nosotros Nada hay gue de tal manera endurezca las almas de los hombres,
sobre la cruz y nos redimió de una vez para siempre. ¿No es como la sencillez de las obras divinas, gue de pronto se ve, y la magnifi-
disminuir el valor del sacrificio señero de Jesús en el Calvario cencia gue en el efecto se promete. De ahí gue se tenga por imposible
atribuir al sacramento una eficacia propia? ¿No basta que sea la consecución de la eternidad, cuando con tanta sencillez, sin pompa ni
aparato nuevo, a veces finalmente sin cambio alguno, el hombre baja
prenda y testimonio de la salud ya lograda? Efectivamente, al agua y, bañado a par gue se pronuncian unas pocas palabras, sale de
afirmamos que el sacramento es memorial; no sólo, por lo ella no mucho más limpio o no limpio en absoluto. (Tertuliano, De bap-
demás, de la- pasión, sino también de la resurrección de Jesús. iismo, 2, 1; MI 1, 1.201.)
Afirmamos igualmente que la gracia sólo nos viene de este
mismo misterio pascual. Por eso los sacramentos son la ver- Hay, pues, un hiato entre la causa y el efecto, como es
dadera celebración pascual de los cristianos. Pero no son un menester franquear otro hiato para ir del signo a~ la cosa
simple recuerdo, como lo era, para los judíos, la manducación significada. Para dar razón de este hecho, los teólogos se sirven
del cordero pascual. Los sacramentos constituyen un verda- de la noción de causa instrumental. En manos del artista, el
dero lazo de unión entre el hombre de hoy y de aquí y el instrumento produce un efecto que sobrepasa su posibilidad
sacrificio cumplido una vez sobre el Calvario. La gracia adqui- propia. De modo semejante, en manos de Cristo, el sacra-,
rida por la sangre de Cristo está contenida en el sacramento. mentó, gesto terrestre, se convierte en causa de vida eterna.
Ni siquiera basta decir que el signo sacramental acompaña La misma noción, utilizada frecuentemente en teología, explica
la acción, invisible para nosotros, de Cristo. El signo sería la composición de los escritos bíblicos por los autores inspi-
entonces una simple manifestación, una especie de notificación, rados del Espíritu Santo y, sobre todo, la acción salvadora
como la entrega de las insignias exterioriza el nombramiento de la humanidad de Cristo. Esta es también instrumento, pero
para un cargo o dignidad. Ahora bien, Cristo no da su gracia instrumento vivo, unido a la divinidad, de que se sirve el
con ocasión del signo, sino por el signo. Las fórmulas del Verbo para rescatar a los hombres.
evangelio o de los apóstoles nos obligan a este realismo.
IOS SACRAMENTOS PRODUCEN LA GRACIA
El gue no renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino
de Dios. (Jn. 3, 5.) Los dones aportados por los sacramentos son tan varios
como los signos que los significan. Algunos están destinados
Alas cuando apareció la bondad y amor a los hombres de Dios,
salvador nuestro, no por tas obras justas gue nosotros hubiéramos hecho, a la vida personal del cristiano, otros a una misión social.
sino según su misericordia, nos salvó por el lavatorio de la regeneración El orden está ante todo caracterizado por los poderes jerár-
y por la renovación del Espíritu Santo. (Tit. 3, 45.) quicos, mientras la penitencia es curación espiritual >y fuerza
Entonces los apóstoles imponían las manos sobre ellos y recibían el
para cambiar de vida. La extremaunción es una medicina no
Espíritu Santo. Como. viera, pues, Simón (Mago) que por la imposición menos del cuerpo que del alma...
de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero Dentro de esta gran diversidad, todos tienen de común
diciendo: «Dadme tambtén a mí ese poder, a fin de gue, a quienquiera que llevan consigo el don de la gracia de Dios: obra del
imponga yo las manos, reciba el Espíritu Santo.» (Act. 8, 17-19.) Espíritu Santo en el alma, vínculo de amor con Dios, configu-
Te recuerdo due reavives la gracia de Dios, due hay en ti por la ración a Cristo Jesús.
imposición de mis manos... (2 Tim. 1, 6.) Tal es el efecto del bautismo, nuevo nacimiento, y de la
penitencia, restauración del estado bautismal. Estos dos sacra-
Así pues, este signo que es el sacramento, es también mis- mentos están destinados a dar la vida de Dios a los que no
terio. Lleva uña realidad divina, oculta a nuestros ojos, y la la tienen. La gracia que dan es gracia primera, y se los llama
68 Visión de conjunto de los sacramentos-
Producen los dones divinos (fue significan 69
sacramentos de muertos, porque realizan enel alma una obra
fuerza, en los caminos de la vida, en que nos introducen los
de resurrección.
sacramentos 2.
Los otros sacramentos suponen, normalmente, que quien
La eucaristía, que ocupa siempre entre los sacramentos
los recibe está en estado de gracia. Y sin embargo, llevan
lugar aparte, no es solamente un don de gracia, sino que con-
también consigo un don de la gracia. La eucaristía, banquete
tiene también al autor mismo de la gracia.
nupcial que exige el traje de bodas (Mt. 22, 11) y en el que
no puede comer el que no sea digno (1 Cor. 11, 27), es el EL SACRAMENTO ES SIGNO DE VARIAS
pan de vida: «El que come mi carne y bebe mi sangre, posee REALIDADES ESPIRITUALES SIMULTÁNEAMENTE
la vida eterna y yo lo resucitaré el día postrero... El que
comiere este pan, vivirá eternamente» (Jn. 6, 54, 58). Antes de pasar más adelante en el estudio de los efectos
de los sacramentos, es menester volver nuevamente a la no-
Aun en el caso que un sacramento — confirmación, orden,
ción de signo. Esta noción entraña más riqueza y complejidad
matrimonio — confiere una misión, a ésta corresponde siempre
de la que pudiéramos de pronto sospechar, pues se desen-
una gracia personal de vida. No cabe duda que el Señor, que
vuelve en dos direcciones.
en la antigua ley se valió de la burra de Balaán para profe-
tizar, puede con más razón servirse de los pecadores como a) Santo Tomás se pregunta si el sacramento puede ser
testigos y ministros suyos. Los confirmados, los casados y el signo de dos realidades simultáneamente y concluye por la •)
sacerdote conservan su misión divina en medio de su indig- afirmativa:
nidad; pero se trata, de un estado violento que subraya, por
lo demás, brillantemente el misterio de misericordia que es la Tres cosas pueden considerarse en nuestra santificación: la causa
nueva ley. Al recibir la misión por el sacramento, el sujeto misma de nuestra santificación, cjue es la pasión de Cristo, la forma de
debe también normalmente recibir y conservar una gracia de nuestra santificación (fue consiste en la gracia y virtudes, y el fin último
vida interior. En la confirmación y el orden se da el Espíritu de nuestra santificación, cfue es la vida eterna. Y todo esto es significado
por el sacramento. Un sacramento es, consiguientemente, signo conmemo-
Santo. La oración, que expresa los efectos sacramentales pide rativo de lo (fue precedió, es decir, de la pasión de Cristo, y figurativo
siempre al Señor para el que recibe estos sacramentos la con- de lo (fue en nosotros se verifica por obra de la pasión de Cristo, es
formidad de la vida con la misión. decir, de la gracia, y pronóstico o anunciativo de la gloria venidera.
(2, q. 60, a. 3.)
Esta gracia segunda (como la llaman los teólogos que dan
el nombre de sacramentos de vivos a aquellos cuya recepción Por eso, la gracia de los sacramentos es siempre una inser-
exige el estado de gracia) viene a desenvolver y acabar el ción en el misterio pascual (sobre el vínculo con la pasión,
organismo espiritual. La imagen que vendría demasiado fácil- cf. supra, cap. II; el anuncio de la gloria venidera se precisa
mente al espíritu sería la de un acrecentamiento de riqueza, más adelante, pp. 80-81), y se sitúa en toda la urdimbre his-
un aumento casi cuantitativo; pero hay que guardarse de tales tórica de la economía de la salud.
transposiciones *. La gracia es vida divina, hecha de sencillez
y enteramente espiritual, y sólo con palabras del Nuevo Tes- b) Pero todavía hay otro desarrollo de la noción de signo.
tamento mismo podemos hablar de ella. Más bien hay que Se lo debemos a san Agustín que hubo de precisarla en el curso
ver en la gracia sacramental una semejanza cada vez mayor de las controversias con los donatistas. Entre el signo mismo
con Cristo, que nos configura más particularmente a El en sus (sacramentum) —por ejemplo, el bautismo— y la realidad
diversos estados, conduciéndonos El mismo, por su luz y su última que significa (res) — la gracia del nuevo nacimiento —
2
1
En la catequesis, no en la exposición teológica, pues el concilio Los teólogos distinguen generalmente la gracia santificante y la
de Trento no vacila en decir: «Por los sacramentos, toda verdadera justicia gracia sacramental. Según santo Tomás (3, q. 62, a. 2) ésta añade a la
o empieza o empezada se aumenta o perdida se repara» (D. 843a). gracia santificante cierta asistencia divina para alcanzar el fin del sacra-
mento.
Visión de conjunto de'ios sacramentos Producen Jos dones divinos (fue significan 71
70

interviene una realidad intermedia que es a la vez significada La gracia de nutrición y la prenda de la vida eterna (res) se
y signo (res et sacramentum) .• el carácter bautismal. Esta rea- dan al fiel que comulga por el cuerpo de Cristo que recibe bajo
lidad intermedia es significada y causada por el signo sacra- el signo.
mental. Aunque no visible, es una especie de signo, porque Así se comprende cómo un acto transitorio, el bautismo
es efecto permanente y directo del signo. Ella expresa y causa o la consagración eucarística, puede continuar siendo signo
la gracia, realidad última3. Del signo a la realidad última, cuando ya ha pasado, y puede producir su efecto de gracia,
como si dijéramos, con retraso. Es que hay, más precisamente,
hay que pasar, consiguientemente, por la realidad intermedia,
un doble efecto del sacramento, uno causado por el otro: la
ora quiera darse cuenta de la significación, ora se desee precisar
gracia (res) y, en el caso del bautismo, el sello indeleble de
cómo es el sacramento causa de la gracia.
Cristo o carácter (res et sacramentum).
Este es, en efecto, el verdadero medio de explicar el caso
de tres sacramentos: bautismo, confirmación y orden que no
pueden repetirse. Cuando se han recibido válidamente, pero , 1. LA MARCA DE CRISTO
fuera de la Iglesia o sin las debidas disposiciones, quedan no
obstante irrevocablemente recibidos. ¿Da entonces el Señor Consideremos más atentamente el caso del bautismo, la
su gracia? No. Luego veremos que, no obstante su eficacia, confirmación y «1 orden. He aquí como se expresa a propósito
el sacramento queda en ese caso privado de sus frutos de de ellos el concilio de Trento:
santificación. ¿Quedará entonces el hombre privado para siem- Si alt/uno dijere (fue en tres sacramentos: bautismo, confirmación
pre de la gracia de un sacramento que no se puede repetir? y orden, no se imprime carácter en el alma, esto es, cierto signo espiritual
Tampoco, porque el sacramento había producido su efecto c índelebte, por lo (fue no pueden repetirse, sea anatema. (D. 852.)
«inamisible»4: el carácter (res et sacramentum). Cuando el
Cristiano recupera las disposiciones requeridas, el carácter pro- Partiendo del hecho de que estos sacramentos no pueden
cura la gracia del sacramento antes recibido. recibirse por segunda vez, se ha precisado la realidad del carác-
La misma noción aclara la doctrina eucarística. La consa- ter, en que los teólogos ven una participación del sacerdocio
gración del pan y el vino (sacramentum) produce la presencia de Cristo.
real de Cristo y de su sacrificio (res et sacramentum), y esto
independientemente de la comunión, puesto que ésta no es TRES SACRAMENTOS: BAUTISMO, CONFIRMACIÓN
Y ORDEN, NO PUEDEN REITERARSE
necesaria para la esencia del sacrificio, y la presencia real
es permanente en tanto duran las especies sacramentales. Las dificultades suscitadas por los cismas y herejías de los
primeros siglos dieron por resultado iluminar plenamente el
principio de que estos tres sacramentos no pueden en manera
3 Sacramentum (o sacramentum tantum) designa consiguientemente
el signo sacramental, palabra y gesto o materia. alguna recibirse por segunda vez. Efectivamente, las contro-
Res (o res sacramenti y también res tantum] significa el efecto de versias a que hemos aludido anteriormente y en que inter-
gracia que ha de producir el sacramento sobre el sujeto bien dispuesto. vinieron san Cipriano y san Agustín, se referían exclusivamente
Este efecto es un don gratuito que viene de Dios solo, pero no es automático,
puesto que la falta de las disposiciones requeridas puede impedirlo; no es al valor de un sacramento recibido de manos de un hereje,
definitivo e inalienable, puesto que la gracia puede perderse por culpa de un cismático o de un pecador. Cuando san Cipriano sostenía
del sujeto. deberse repetir el bautismo recibido en la herejía, era porque
Res et sacramentum, por lo contrario, expresa un efecto infalible
producido por el sacramento, dado que éste sea válido, realidad sobre- lo creía nulo. La misma actitud se daba entre los que preten-
natural estable e independiente de las disposiciones del sujeto, por cuyo dían obligar a nueva ordenación a los obispos o sacerdotes
intermedio es dada o reparada la gracia. (Cf. más adelante, p. 75, el ordenados por arríanos y otros herejes. Estas ordenaciones
cuadro de conjunto que muestra cómo se aplican estas categorías a los siete
sacramentos.) se consideraban inválidas.
4
«Inamisible» quiere decir «que no .puede perderse», imborrable.
Visión de conjunto de los sacramentos Producen los dones divinos d¡ue significan 73'
n
Jamás, en estas disputas, supusieron ni católicos ni cismá- aquí se emplea otro término de mayor resonancia en el Nuevo
ticos que un bautismo, confirmación u ordenación recibidos Testamento: el sello (Apoc. 7).
válidamente pudieran recibirse por segunda vez. Un bautizado El sello es una impronta marcada en un molde o anillo que
caído de su condición y excluido de la comunión de la Iglesia, se hunde en la cera caliente para que conserve ésta su forma.
es reconciliado por la penitencia. Un sacerdote o un obispo, Testimonio de un contrato definitivo, es la firma de su po-
depuestos por sentencia de un concilio, continúan ejerciendo, seedor. Ahora bien, el don recibido en el bautismo y confir-
con gran escándalo de san Cipriano, los poderes de su orde- mación está sellado o, por mejor decir, es el sello del Espíritu
nación. Si se los restablece en sus cargos, recuperan sus fun- Santo:
ciones sin que se renueve rito alguno de iniciación. Los casos
de reordenación que se hallan sobre todo en el turbio período Y Dios es cjuien nos confirma juntamente con vosotros en Cristo y el
(jue nos ha ungido. El también nos ba'sellado y puesto en nuestros cora-
del siglo x, se aplican siempre por la idea de que la primera zones las arras del Espíritu. (2 Cor. 1, 21 s.)
ordenación estaba afectada de nulidad, nunca por el temor
de que la ordenación válidamente conferida pudiera posterior- También vosotros, habiendo oído la palabra de la verdad, el evan-
gelio de vuestra salud, y habiendo creído en él, habéis sido sellados con
mente anularse5. el Espíritu de la promesa, (fue es santo... (Ef. 1, 13.)
Se trata, pues, de que estos tres sacramentos producen un
efecto inalienable, indeleble, que perdura aun cuando el que los No contristéis al Espíritu Santo de Dios, en el cjue fuisteis sellados
para el día de la redención. (Ibid. 4, 30.)
recibió caiga en el crimen, abandone la Iglesia o pierda la fe.
Este efecto indeleble es distinto de la gracia santificante, puesto En la cita de la carta a los corintios, el tema de la unción
que le sobrevive. Se le llama carácter. evoca también una consagración irrevocable e inamisible. Aún
después de caído de la realeza a causa de sus faltas, y sus-
LA MARCA DE CRISTO tituido por David, Saúl, seguía siendo el ungido del Señor,
El término carácter no se toma aquí en el sentido corriente, sobre el que no era lícito poner la mano y cuya muerte fue
sino en su acepción en griego clásico. La palabra evoca el inmediatamente castigada (2 Sam. 1, 1-17). Pero a par que
oficio del grabador que, por medio de un buril, fija de manera el hecho de ser inalterable, la unción recuerda la semejanza
definitiva una imagen o una inscripción sobre el metal: me- con el «ungido» por excelencia, que es Cristo. De hecho, la
dalla, moneda, o también sobre la piedra. La carta a los hebreos marca grabada, el sello, es igualmente imagen, retrato de Cristo.
la aplica al Hijo de Dios, que es «resplandor de la gloria del Por eso, los teólogos, siguiendo a santo Tomás, definen el
Padre y marca o imagen de su sustancia» (Hebr. 1, 2). Se trata carácter por su propiedad de ser indeleble y, a par, por una
aquí de un retrato indeleble, pero también de una semejanza. semejanza con Cristo, una participación en el sacerdocio de
Por lo contrario', en el Apocalipsis, la palabra recuerda la prác- Cristo, que diputa para el culto divino y distingue a los hom-
tica de ciertas ciudades, en que se marcaba a los esclavos con bres por derechos y deberes o poderes. Si [Link] que esta
un tatuaje inalterable: son malditos los que se dejan grabar identificación sólo alcanza la plenitud posible en el sacramento
sobre la frente el signo de la bestia (Apoc. 14, 9-11). En cam- del orden, se realiza ya, sin embargo, en cierto modo, en el
bio, los elegidos están marcados con el signo dé Cristo. Pero bautismo y la confirmación: «Cuantos en Cristo habéis sido
bautizados, os habéis vestido de Cristo» (Gal. 3, 27).
5
He aquí la conclusión del estudio de L. Saltet, les réordinations,
París 1907, p. 392: «Se admitió siempre que una ordenación válidamente EL CASO PARTICULAR DEL MATRIMONIO
conferida no podía ser reiterada. Las reordenaciones no suponen la nega- Y LA EXTREMAUNCIÓN
ción del carácter inamisible del orden, sino que suponen siempre una
ordenación anterior considerada como nula. Es indudable que se engañaban El matrimonio y la extremaunción no entran en la cate-
acerca de la nulidad de la primera ordenación,- pero este error de hecho,
dejaba intacta la doctrina según la cual la ordenación no puede reiterarse.» goría de sacramentos que sólo pueden recibirse una vez. Sin em-
Visión de conjunto de los sacramentos
n Producen los dones divinos cjue significan 75"
bargo, se destinan a una eficacia permanente y sólo pueden
repetirse cuando ha cesado la situación creada por la primera .£.•»
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recepción. El que ha recibido el sacramento del matrimonio \2P
sólo podrá casarse de nuevo después de la muerte de su cón-
yuge. El enfermo no puede recibir válidamente la extremaun-
ción durante la misma enfermedad, aun cuando ésta hubiera
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hay que reconocerles un efecto durable, distinto de la gracia,
cuya fecundidad se hará sentir de nuevo, en el que, habiendo
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perdido la gracia, la recupera por la penitencia. Se trata de la
consagración de un estado, el estado de matrimonio y el de -a u >*
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el vínculo del matrimonio es signo del amor de Cristo a su
Iglesia, la extremaunción ofrece at cristiano una imagen de
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Cristo paciente. Así pues, este efecto permanente es a par


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3. LA COOPERACIÓN AL DON DIVINO

Por ser para nosotros los sacramentos la fuente de la gracia O o. •§3


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salud: el don de Dios es gratuito y, sin embargo, este don c rt c
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76 Visión de conjunto de los sacramentos
tener fe y arrepentirse de sus pecados, para que el sacramento
GRATUIDAD DEL DON DE DIOS produzca en él su efecto de justificación; necesita incluso ha-
La palabra «gracia», en la tradición del Antiguo y Nuevo llarse ya en estado de gracia para acercarse con fruto a ciertos
Testamento, expresa la gratuidad del amor que Dios nos tiene, sacramentos; pero ninguno de estos actos (que vamos a expli-
de la misericordia con que nos perdona y de las prevenciones car por menudo seguidamente) puede merecer la gracia del
con que se nos adelanta. sacramento, que les es dada sin mérito alguno de su parte.
La intervención de Dios en la historia humana en los días Si, por poner óbice, no reciben la gracia, el efecto del sacra-
de Abrahán, en los tiempos del Éxodo y en la marcha por el mento queda no obstante empezado, pues se produce la rea-
desierto es una irrupción inesperada. Si escoge a Jacob más lidad intermedia (res et sacramentum), destinada a resucitar
bien que a Esaú, es porque es soberanamente libre en sus la gracia en el momento oportuno 7 .
dones. Sea cual fuere el camino por que ha pasado el que Por eso, el cristiano debe vivir en acción de gracias y hacer
llega al Señor, el primer paso lo ha dado Dios y, aun cuando suyos los salmos que cantan la misericordia de Dios durante
haya sido preciso trabajar y buscar el camino, Dios es siempre el éxodo y en el desierto (77, 104, 105, 135, etc.).
el guía.
La encarnación del Hijo de Dios y su muerte redentora NECESIDAD DE LA INTENCIÓN
son don absolutamente gratuito. No obstante las promesas Un niño, hemos dicho, que no ha llegado al uso de razón,
divinas, que se cumplen por la venida de Cristo, su obra de recibe el bautismo, puede recibir la confirmación y hasta la
salud sigue siendo inesperada. Hasta punto tal sobrepasa toda eucaristía sin intervención alguna de su parte, y estos sacra-
expectación. Ahora bien, esta obra de salud es a pai universal mentos son en el él válidos y fructuosos8. Nada ha pedido
e individual. Los que entran en el misterio de Cristo son los ni tiene conciencia alguna de la obra divina que en él se
que Dios ha escogido de antemano y predestinado para ser cumple. La situación del adulto es completamente distinta.
conformes a la imagen de su Unigénito. Habría que citar en El adulto tiene que pedir el sacramento, pues Dios no obra
este sentido los dos primeros capítulos de la carta a los efesios. ya en él sin él, ni lo justifica sin asentimiento de su libre
¿Pero qué es lo que manifiesta esta elección y llamamiento albedrío. El gesto sacramental ejecutado sobre un adulto que
gratuito de Dios? El sacramento que se recibe. En el bautismo' lo rechaza y no lo ha pedido, es nulo. No se da sacramento
«e revela la vocación divina del cristiano, la ordenación expre- ni se produce efecto alguno. Añadamos sin embargo que no
sa su vocación sacerdotal. siempre se requiere que esta intención se exprese o precise
Lo inesperado de este paso de Dios alcanza su punto culmi- en el momento mismo en que se celebra el sacramento. Puede
nante en el caso de la iniciación de los niños. Los párvulos
son bautizados sin acto alguno de su parte y la Iglesia tiene 7
Hay, sin embargo, dos excepciones importantes. La res et sacra-
que suplir su desnudez espiritual absoluta. En oriente, y entre mentum de la eucaristía se produce sobre el altar, no en el alma del fiel;
nosotros en caso de peligro de muerte, el párvulo recibe tam- el que «come y bebe indignamente» se come su propia condenación, sin
que se dé en manera alguna este germen de gracia que es dado por la
bién gratuitamente la confirmación. Si en occidente se niega res et sacramentum de los otros sacramentos. En cuanto a la penitencia,
actualmente la eucaristía antes de la edad de discreción, es parece incluso derogar la gratuidad total del don de Dios, pues los actos
del penitente forman parte del signo y su ausencia anula el sacramento.
para asegurar la reverencia al sacramento, no porque no pudiera Sin embargo, entre estos actos y la absolución que perdona, hay un cambio
recibirse válida y fructuosamente. En estos pequeñuelos se de plano, como veremos en su lugar.
8
verifica lo que encantaba a santa Teresa del Niño Jesús: «Han El que recibe un sacramento es llamado en teología sujeto del
sacramento. Pero más exactamente, con esta palabra se designa al que es
robado el cielo.» capaz de recibir válida y lícitamente el sacramento. Este sujeto sólo puede
Ahora bien, a despecho de toda apariencia, la misma gra- ser un hombre en su condición terrestre: ni los ángeles ni los muertos son
capaces de recibir un sacramento. Además, e\ bautismo es necesario para
tuidad se da en el adulto. El adulto necesita absolutamente, recibir válidamente los otros sacramentos. Es como su «puerta».
so pena de nulidad, la intención de recibir el sacramento, ha de
78 Visión de conjunto de los sacramentos Producen los dones divinos cjue significan 79

ser anterior y seguir siendo válida. Así, el moribundo que ha de iniciación: catecumenado para el bautismo de los adultos,
pedido el bautismo o la extremaunción, los recibirá válida- seminarios para el sacramento del orden...
mente, aun cuando, entre tanto, hubiera perdido el uso de Cuando un sacramenta ha sido recibido sin las condiciones
los sentidos. mínimas necesarias, se dice que es válido, pero ilícito o infruc-
tuoso y, si el sujeto ha tenido conciencia de su indignidad, ha
LAS DISPOSICIONES PREVIAS cometido un sacrilegio. Mas ¿podrá el sujeto recuperar la gracia
La intención basta para que h recepción del sacramento del sacramento, cuando tenga las condiciones debidas y haya
sea válida y se logre el efecto primero del sacramento, es decir, obtenido por la penitencia el perdón de sus pecados? Lo podrá,
la realidad intermedia, independiente de las disposiciones del pero a excepción de la gracia de la eucaristía y de la penitencia.
sujeto. Asintiendo al sacramento, el sujeto recibe efectivamente Los otros cinco sacramentos han dejado en el alma, aun indigna,
el carácter de bautizado, de confirmado, de diácono, sacerdote la res et sacramentum que permite la resurrección de la gracia.
u obispo, contrae verdadero matrimonio sacramental, y es Es lo que se llama la reviviscencia del sacramento.
consagrado en su estado de enfermo. ¿Recibirá también la
gracia justificante? El sacramento válido, que produce la res LOS COMPROMISOS O DEBERES SACRAMENTALES
ct sacramentum, ¿será igualmente fructuoso, es decir, produ-
cirá la res sacramenta Ciertamente, a condición de que el La cooperación al don divino es aún más necesaria después
sujeto no ponga óbice por sus malas disposiciones (concilio de de la recepción de los sacramentos que como condición previa
Trente; D. 849). Y es así que el hombre ha de disponerse a su recepción. El sacramento ha creado una semejanza con
para la justificación, seguir un itinerario de preparaciones, cuyo Cristo que ha de manifestarse por la vida cotidiana, para la
tipo de organización tradicional lo constituyen el catecumenado que el sacramento procura una gracia propia. Así, después de
y el estado de penitente. la iniciación de los nuevos cristianos, la noche de pascua, la
Iglesia pide para ellos que «guarden en su vida el sacramento
En efecto, el que recibe el bautismo ha tenido que prepa- que recibieron por la fe» (colecta del martes de pascua).
rarse para él desde muy atrás: ha recibido y aceptado el men- Después de la comunión eucarística, en las poscomuniones, la
saje de la fe, ha tenido que arrepentirse de sus pecados y cam- Iglesia pide que seamos fieles al don que Dios nos ha hecho:
biar de vida, aprender el símbolo e iniciarse en la oración.
Esta preparación es a par individual y comunitaria y se expre- Infunde, Señor, en nosotros el espíritu de tu caridad, y así, a Quienes
sará en determinados momentos por ritos especiales, como los has alimentado con los sacramentos de pascua, los hagas por tu amor
exorcismos y la renuncia a Satanás. En cuanto al penitente, paternal concordes entre sí. (Poscomunión de la noche de pascua.)
tendrá que humillarse delante de Dios y de la Iglesia, confesar
su pecado, repararlo... Nos encontramos así, en estos diversos Pudiera comprobarse para cada sacramento un verdadero
pasos, con las condiciones expresadas por el concilio de Trento compromiso o deber particular, manifestado por la liturgia
para la justificación: fe, esperanza, principio de amor de Dios, y las catequesis, y no sólo para el bautismo y el matrimonio.
dolor de los pecados y cambio de vida (D. 797-798). Mas este compromiso o deber que los sacramentos im-
Por eso, no obstante la gratuidad del don divino y a pesar ponen al fiel, no es el acto solitario de un hombre que parte
de que los sacramentos obran ex opere opéralo, los hombres camino adelante, sino la respuesta a una inspiración divina,
han de prepararse a su recepción. Esta preparación está asegu- la entrada en un misterio de misericordia: «El que ha comen-
rada por los pastores en su catequesis y por la Iglesia en su zado en vosotros su obra, la acabará» (Filip. 1, 6). De ahí
liturgia. El progreso en la vida cristiana y su arraigo en las que este compromiso sea, a par, tranquilo, pues se funda en
sociedades exigen verdaderas instituciones destinadas a la Dios solo; y exigente, pues no tiene otro límite que la iden-
formación previa de los que han de recibir los sacramentos tificación con Cristo.
80 Visión de conjunto de ios sacramentos
Producen los dones divinos cfue significan 8/

LOS SACRAMENTOS MANIFIESTAN A LA IGLESIA


4. LOS SACRAMENTOS CONSTRUYEN
Y MANIFIESTAN A LA IGLESIA Por los sacramentos también se manifiesta sobre todo la
Iglesia.
A par que tienen un efecto personal y son para el que los Y es así que, en torno a la eucaristía, se congregan los
recibe signos eficaces de gracia, los sacramentos «expresan cristianos, cada domingo, como en derredor de la mesa de
y realizan la incorporación a la Iglesia. Signos de la Iglesia, familia, acto esencial de la vida de comunidad.
los sacramentos son también dados en la comunidad y con El bautismo muestra que la Iglesia es verdaderamente ma-
miras a la comunidad que están destinados a construir y a dre, que engendra hijos a Dios, y comunidad de salud.
estrechar» (Dir. sacr., núm. 4). Santo Tomás se expresa de El orden y la eucaristía revelan además que la Iglesia es un
manera aún más fuerte: cuerpo jerárquico, en que el bien común se da a unos por otros.
El matrimonio, en sentir de los teólogos, está más particu-
Por ios sacramentos cfue brotaron del costado de Cristo crucificado, larmente destinado a proclamar el misterio de la Iglesia, pues
jue constituida la Iglesia de Cristo. (3, q. 64, a. 2, ad 3.) en eso es precisamente signo u .
La penitencia es el ejercicio del poder de las llaves en su
LOS SACRAMEMTOS CONSTRUYEN LA IGLESIA
aspecto de misericordia.
Este aspecto social está asegurado por la res et sacramen- Los sacramentos no sólo son el término de la misión evan-
tum, como vamos a ver rápidamente reuniendo nociones ya gelizadora de la Iglesia, sino que en torno a ellos se organiza
conocidas: el ministerio mismo de la palabra. Sobre ellos primeramente se
ejerce la acción pastoral. Excluir de los sacramentos, es excluir
Los sacramentos (fue imprimen carácter y son participaciones del de la Iglesia, «excomulgar».
sacerdocio de Cristo, dibujan en cierto modo la jerarquía de la Iglesia. Los sacramentos constituyen, en fin, el elemento esencial
El bautismo y la confirmación le procuran miembros consagrados, sujetos de la oración de la Iglesia, de la liturgia; los otros actos de
aptos para llevar la vida litúrgica y ejercer dignamente el rito de la religión
cristiana, inaugurada por la cruz y mantenida por la vida de la Iglesia. esta oración no hacen sino imitar su simbolismo (sacramen-
La jerarquía propiamente dicha está constituida por el carácter del orden tales), prolongar sus signos o acabar su obra de alabanza
y sus grados sucesivos. Y el poder de jurisdicción, si bien se distingue del y santificación.
poder de orden, normalmente depende de él, de tal suerte cjue la Iglesia es
realmente «fabricada por los sacramentos de la fe», no sólo en el recluta-
miento y unidad de sus miembros, sino también en sus mutuas relaciones 9 . 5. LAS ARRAS DE LA GLORIA
En cuanto a la eucaristía, hasta tal punto «hace a la Iglesia», Después de haber gozado de las maravillas de Dios en el
que representa o repristina el acto redentor mismo de donde desierto, los hebreos no entraron en la tierra prometida, como
procede la Iglesia: La sangre derramada de la nueva alianza. recordaba san Pablo en el texto de la carta a los corintios ya
Hasta el punto que el término «cuerpo místico» de Cristo que, citado. Sin embargo, con miras a la tierra prometida los había
hasta el siglo íx designaba la presencia real en la eucaristía, Dios sacado de Egipto, multiplicado en favor de ellos los
ha terminado por significar a la Iglesia misma. Este cambio de milagros y sellado la alianza del Sinaí. Su infidelidad subraya
significación de la palabra es revelador del vínculo que existe la dialéctica de la obra de Dios: todo está ya hecho y, sin
entre el cuerpo eucarístico de Cristo y la Iglesia 10 . embargo, todo lleva aún el signo del riesgo: «A los que Dios
ha justificado... los ha glorificado» (Rom. 8, 30). Y, sin em-
9
Cf. A. M. Roguet, Caractére baptismal et incorporation a l'Eglise,
en LMD 32 (1952), p. 74-89.
10
Cf. A. M. Roguet, L'unité du corps mysticjue du Crist dans la 11 Esto se expondrá largamente en la part. VIL
charité, en LMD 24 (1950), p. 20-45.
6
82 Visión de conjunto de ios sacramentos

bargo: «Portaos con temor y temblor el tiempo de vuestra pere-


grinación» (1 Pedro 1, 17).
No obstante este riesgo, los sacramentos de la nueva ley
son el comienzo, el germen de la gloria del cielo por la gracia
que nos acarrean. La señal con que algunos de ellos marcan IV
al cristiano es una prenda del cielo, constituye como sus arras.
Por eso se lee a los nuevos bautizados, la noche de pascua, EL ORGANISMO SACRAMENTAL
un pasaje de la carta a los colosenses que contiene en síntesis
toda la economía bautismal: «Cuando apareciere Cristo, vida
vuestra, también vosotros apareceréis con El gloriosamente» El estudio que acabamos de hacer de los elementos comu-
(Col. 3, 4). Más aún que el bautismo, la eucaristía es prenda nes a todos los sacramentos de la nueva ley, pone de manifiesto
de resurrección y gloria, arras de eternidad, como quiera que a par su unidad y su diversidad. Si estos contrastes producen
contiene el cuerpo resucitado de Cristo y el Señor nos la ha de pronto sorpresa a nuestra inteligencia preocupada por la
dado en alimento para la eternidad (Jn. 6, 49, 51, 54). lógica, ellos nos recuerden felizmente que los sacramentos no
Esta perspectiva familiar a los primeros cristianos quedó son conceptos abstractos, sino un organismo vivo. ¿Por cjué
expresada de manera emocionante en el siglo m en las cata- siete sacramentos y no uno solo, puesto que todos derivan su
cumbas romanas: para dar a los fieles que visitaban las tumbas eficacia de la virtud divina que es una, y de la virtud de la
las verdaderas razones de esperar, se pintaron sobre las pare- pasión, también una? (Hebr. 10, 14).
des de los cementerios los temas bíblicos que recuerdan la Es que precisamente esta obra de Cristo, cumplida juna vez
catequesis bautismal12. para siempre sobre la cruz, acarrea la salud de todos los hom-
El mismo espíritu encontramos en la liturgia de los fune- bres congregándolos en un cuerpo, en que cada miembro tiene
rales. La Iglesia no conoce otro motivo de recomendar a Dios función distinta, y en que unos a otros se procuran los dones
al que ha abandonado la morada terrestre, sino el haber sido de Dios. Cierto que, por lo demás, la salud eterna puede reali-
señalado, en su bautismo, con el sello de la Trinidad. zarse de golpe en una etapa única, como acontece en el niño
Pero donde este sentido escatológico de los sacramentos bautizado que muere antes del uso de la razón 1 ; pero, nor-
se desenvuelve en toda su amplitud es en el libro del Apoca- malmente, constituye ün viaje, un itinerario, que reproduce
lipsis y en las liturgias orientales. Las liturgias del cielo y de la la marcha de los hebreos por el desierto entre la travesía del
tierra se confunden, se juntan en los mismos signos, las mismas Mar Rojo y el paso del Jordán. Las etapas y vicisitudes de esta
oraciones, los mismos cantos. Los sacramentos son la anticipa- ruta están jalonadas por la intervención de Cristo en los sacra-
mentos. La historia personal de los fieles se inserta así en la
ción de la gloria, como la transfiguración de Jesús fue el anuncio
historia misma de la salud.
de su resurrección. Por ahí guardan los sacramentos -de la
nueva ley una semejanza con los de la antigua. Aunque vueltos
IOS SACRAMENTOS SON SIETE EN NUMERO
primeramente al pasado, memorial de Cristo, cuya pasión es la
fuente única de la gracia, los sacramentos nos orientan, no Si alguno dijere <\ue ios sacramentos de \a Nueva Ley no fueron
instituidos todos por Jesucristo nuestro Señor, o (fue son más o menos de
obstante/a lo por venir: «Cuantas veces, bebiereis de este cáliz, siete, a saber, bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, extremaunción,
anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga» (1 Cor. orden y matrimonio, o también <\ue alguno de éstos no es verdadera y pro-
11, 26). En el estado de gloria, no habrá ya sacramentos. piamente sacramento, sea anatema. (Concilio de Trento,- D. 844.)
1
Aun aquí, sin embargo, se dan dos etapas: nacimiento espiritual
12
y paso a la eternidad; pero para el niño que no ha llegado al uso de razón
A. G. Martimort, L'íconographie des catacombes et ía catecbése la muerte no supone ningún sacramento.
anticue, en «Rivista d'archeologia cristiana» 25 (1949), p. 3-12.
&/ Visión de conjunto de 1os sacramentos El organismo sacramental 85

En posesión pacífica de este número y de esta enumeración, igualmente necesarios para la salud eterna de cada uno. Se nom-
el cristiano puede entretenerse en buscar congruencias a esta bran seguidamente los dos sacramentos que vienen, eventual-
cifra siete, tarea a que no dejaron de dedicarse los teólogos mente, en ayuda del cristiano cjue ha pecado después' del
de la edad media y, a veces también, los catequistas moder- bautismo-, penitencia y extremaunción. Este segundo sacra-
nos. Insensible a estas aritméticas piadosas, el hombre mo- mento es a par un complemento de la penitencia y una gracia
derno halla más provecho en dar razón de las dificultades propia del estado de enfermo. En último lugar se indican los
y lentitud del esfuerzo de sistematización que permitió fijar, dos sacramentos que no se destinan a la salud individual, sino
en el siglo xn, la lista y el número de los sacramentos. que constituyen una junción social en la iglesia-, el orden y el
El conjunto de la obra de Cristo se presentaba, efectiva- matrimonio. Si el matrimonio se pone detrás del orden es por-
mente, a los ojos de san Agustín como un «sacramento único». que, según santo Tomás, «realiza menos perfectamente la
Si se quisiera reservar esta palabra a los signos sagrados, los noción de vida espiritual, a que se ordenan los sacramentos».
ritos más diversos figurarían no obstante en su enumeración: Así pues, la economía de la salud es la que sirve de principio
la iniciación cristiana lleva consigo gestos que son sacramentales a esta clasificación.
en el sentido preciso y moderno del término, y otros' que no lo Cabe, sin embargo, examinar los sacramentos desde otros
son; ciertos actos litúrgicos, como la consagración de las vír- puntos de vista, qué subrayarán por otros rodeos hasta qué
genes, la dedicación de las iglesias, eran también signos sa- punto son a la vez diversos y están orgánicamente unidos.
grados. De esta perspectiva antigua, hay que retener [Link]
continuidad que existe no sólo entre los gestos esenciales a los DESIGUALDAD DE LOS SACRAMENTOS:
sacramentos y los que los acompañan (como hemos visto ya PRIMACÍA DE LA EUCARISTÍA
en el artículo primero), sino entre las acciones sacramentales El canon 3 del concilio de Trento (D. 846) parece de
propiamente dichas y los otros ritos constitutivos que la Iglesia pronto sorprendente:
trata según el método de los sacramentos, aunque no verifiquen
su definición (los sacramentales). Una vez distinguidos los Si alguno dijere cjue estos siete sacramentos de tal manera son entre
ritos mayores, que desempeñan papel de primer plano en la sí iguales Que por ninguna razón es uno más digno a\ue otro, sea anatema.
economía de la salud, y los ritos inferiores, la teología de los En el pensamiento del concilio, esta formulación ha de
sacramentos ha podido afirmar como cosa tradicional el número realzar los sacramentos, lejos de mermar la dignidad de nin-
septenario, admitido aun por las iglesias cismáticas y sólo dis- guno de ellos, como quiera que su fin y término es precisar
cutido por el protestantismo. Aquí también, la formulación que la eucaristía es el más importante de los sacramentos
teológica se ha elaborado reflexionando sobre la práctica de la (D. 876). Esta superior importancia, la hemos destacado ya
Iglesia. nosotros frecuentemente a lo largo de este estudio. La euca-
ristía verifica siempre con el mayor realismo las diversas carac-
¿EN QUE ORDEN HAY QUE ENUMERAR LOS SACRAMENTOS? terísticas de los sacramentos, pues contiene la causa misma
El orden tradicional en que se enumeran los sacramentos de todos. La eucaristía constituye igualmente la conexión
tiene la ventaja de llamar la atención sobre la diversidad de interna de todo el organismo sacramenta], como quiera que
situaciones para que fueron instituidos. a ella, como a su fin, se ordenan todos los otros sacramentos.
Van a la cabeza los tres sacramentos de la iniciación cris- El bautismo no se concibe sin Ja eucaristía, término de la
tiana: bautismo, confirmación y eucaristía, presentados en el iniciación. La eucaristía, caracteriza el orden y distingue los
mismo orden en que deben sucederse cuando se da la iniciación grados jerárquicos de la Iglesia. El matrimonio se toca con
a un adulto en forma regular. Estos sacramentos constituyen la eucaristía por su simbolismo, pues representa la unión de
verdaderamente la condición cristiana, aun cuando no son Cristo y de la Iglesia.
86 Visión de con/unto de ios sacramentos

Por eso, la administración de los sacramentos se consuma


en la eucaristía y procede de la celebración eucarística, como PARTE II
ya lo hemos notado.

NECESIDAD DE LOS SACRAMENTOS EL ORDEN


Los sacramentos, desiguales en sí mismos, lo son también
desde el punto de vista de su necesidad. Globalmente, son
necesarios, como quiera que el organismo sacramental entero
es la sola fuente normal de salud para los hombres (D. 847).
El deseo, por lo menos de manera implícita, es siempre
necesario, para entrar efectivamente en la economía de la salud
por Cristo. Pero algunos sacramentos son indispensables a la
Iglesia, no a los fieles, y no se dirigen a todos, pues estructuran
el cuerpo en la diversidad de funciones. Tal es el caso del
orden, del matrimonio y, en ciertos aspectos, de la confirma-
ción, en la medida que tiene por fin una misión del cristiano
cerca de los otros.
Entre los sacramentos, cuya gracia está destinada a toda
vocación, el bautismo es absolutamente indispensable. Consti-
tuye, por lo demás, la puerta de los sacramentos. Sin él, no
puede obtenerse ninguna otra gracia sacramental.
La penitencia es también necesaria, pero sólo para los que
después del bautismo han perdido la gracia de su iniciación.
La eucaristía es necesaria, pero menos rigurosamente, pues
la Iglesia de occidente no la da al niño que no tiene uso de
razón, ni al adulto que ha perdido la conciencia. El bautismo
llama a la eucaristía y se liga a ella con lazo tan estrecho que,
en caeos excepcionales, este lazo es suficiente para la salud.
Finalmente, la confirmación y extremaunción no son de
suyo indispensables para la salvación; pero la confirmación
es reclamada por el bautismo, que sin ella es incompleto; y la
extremaunción es para el estado de enfermedad una gracia
especial que no puede descuidarse.
BIBLIOGRAFÍA

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figura el prefacio de la consagración episcopal).
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Madrid 1956 (a lo largo de este capítulo, tendremos ocasión de pun-
tualizar por qué, sobre las cuestiones del orden, los textos de santo
Tomás no son la expresión clásica de la teología. Se trata, por lo
demás, de extractos de sus obras de juventud, añadidas después de su
muerte como suplemento a la Suma).
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í2 Auncjue el orden se enumera en sexto lugar en la lista
tradicional de los sacramentos; ac¡uí ha parecido preferible
ponerlo en primer lugar por dos razones.
Efectivamente, cuando se habla del sacramento del orden
se trata simultáneamente de la ordenación, acto pasajero y tran-
sitorio y del resultado durable de este sacramento, cjue es la
jerarcjuía sagrada de la Iglesia. Ahora bien, como hemos visto
en el capitulo precedente, de siete sacramentos, cinco exigen
cjue el ministro posea la sucesión apostólica de la ordenación.
El orden aparece entonces como la fuente inmediata de la mayor
parte de los sacramentos.-
Por otro lado, los sacramentos forman parte de la liturgia
de la Iglesia y hasta son la parte esencial, de la liturgia, en la
cjue no todo es obra de todos y, no obstante, su unidad, está
integrada por miembros desiguales entre si.
22 El término orden no está tomado de la Biblia 1, sino del
vocabulario de, las instituciones de la antigua Roma. Ese tér-
mino afirma la existencia de clases, de categorías sociales con
contornos deslindados y precisos, jerarcjuizadas entre sí de
manera irreversible. Se habla del orden senatorial, del orden
ecuestre. La plebe, por lo contrario, nq constituye un orden, pues
está formada por la muchedumbre anónima. Esta estricta jerar-
cjuía, estas categorías diversas y estancas entre sí, eran conce-
bidas bajo el imperio como la expresión del orden, de la paz
y de la belleza de la ciudad. En este sentido, Tertuliano, cuya
influencia en la traducción de las realidades de la fe a la lengua
latina fue decisiva, habló del «orden sacerdotal», del «orden
eclesiástico» o del «orden» sin más, fórmula adoptada en se-
guida, pues daba razón del carácter colegial de la jerarcjuía
y de la diferenciación de los miembros, cjue constituye la
belleza del cuerpo de Cristo.
1
Efectivamente, la expresión «según el orden de Melquisedec», que,
del salmo 109, pasó a la carta de los hebreos para evocar el sacerdocio de
Cristo, no tiene originariamente esta acepción,- cf. P. M. Gy, Remarques
sur le vocabulaire anticfue du sacerdoce chrétien, en «Etudes sur le sacre-
ment de l'ordre», p. 125.
Eí orden 93
92 El . o r den

3? Hay cjue evitar por lo demás el error del explicar las Una y otra función, uno y otro poder, emanan de la sola
realidades de la Iglesia partiendo de las sociedades humanas, sucesión apostólica y comprenden grados diversos, como lo
de la religión natural y hasta de la legislación mosaica. afirma el canon i08 del Código de derecho canónico:
En épocas de violentas luchas doctrinales y dentro del legí- § 2. No todos, ¡os clérigos son del mismo grado, sino due entre ellos
timo empeño por justificar racionalmente la fe, es lícito utilizar existe una jerarquía sagrada, en la cjue unos se subordinan a otros.
este método. El concilio de Trento no vacila en decir cjue § 3. Por institución divina, la sagrada jerarduta consta, por razón de
«el sacrificio y el sacerdocio están tan unidos por ordenación orden, de obispos, presbíteros y ministros, por razón de jurisdicción, del
sumo pontificado y del episcopado cjue le está subordinado, por institución
de Dios cjue ambos han existido en toda ley» (D. 957). Sin de la Iglesia se han añadido otros grados.
embargo, la institución de Cristo sobrepasa de tal modo las
instituciones naturales y mosaicas, cjue las roturas son más 52 Los teólogos separan generalmente el estudio de la
notables cjue las continuidades. El sacerdocio de Cristo es ordenación y poder de orden, cjue presentan en el tratado
según el orden de Melcjuisedec y no según el de Aarón (Hebr. De sacramentis, del estudio del poder de jurisdicción o del
7, n)2. La comparación con los regímenes vigentes en las orden como estructura jerárcjuica de la Iglesia, cjue reservan
sociedades humanas se tambalea por todos los costados3. para el tratado De ecclesia.
El solo método valedero es mirar a la Iglesia, comprobar la Esta separación tiene un doble inconveniente•.el sacramento
tradición cjue se expresa en sus leyes y asistir a las ordena- del orden no se describe ya en su propio dinamismo, a par cjue
ciones. el gobierno de la Iglesia no aparece ya tan claramente como
4°. Muestra exposición será como el comentario de la sacramental. Los dos polos de la actividad de la Iglesia no
definición cjue da el Código de derecho canónico, recopilación llegan ya a conectarse. Ahora bien, si estos poderes son distin-
oficial de la legislación de la Iglesia latina: tos, se juntan normalmente en la persona del obispo cjue los
«£/ orden, por institución de Cristo, distingue en la Iglesia comunica parcialmente a los sacerdotes y ministros. Por eso,
a clérigos y laicos para el gobierno de los fieles y el ministerio si se estudia el orden en fragmentos dispersos, fuera de una
del culto divino» (can. 948). perspectiva total, se pierde el sentido del obispo, clave de
Esta definición afirma primeramente la clara distinción entre bóveda de todo el orden.
clérigos y laicos, cjue se manifiesta en la Iglesia por institución Santo Tomás de Acjuino mismo no supo, en su juventud,
misma de Cristo (la estudiaremos en el cap. I). defenderse contra estos inconvenientes. Desgraciadamente mu-
La definición canónica distingue seguidamente dos fun- rió antes de escribir en la 3- parte de la Suma las cuestiones
ciones : cjue hubieran explicado su último pensamiento. Por lo menos
— el gobierno de los fieles, puso en plena luz los principios cjue habrían de desenvolver
— el ministerio del culto divino. el concilio de Trento, la teología posterior y el Código de
El «gobierno de los fieles» es el ejercicio del poder de juris- derecho canónico.
dicción, cjue entraña la misión y las funciones pastorales
(cap. II). El «ministerio del culto divino» es el ejercicio del 6? En un breve apéndice, situaremos a los religiosos en
poder de orden, recibido por la ordenación (cap. III) y com- relación con los clérigos. Sin embargo, una reflexión teológica
prende el sacerdocio del obispo y los presbíteros (cap. IV) más desarrollada sobre la vida religiosa hace referencia al bau-
y el servicio de los diáconos y de las órdenes inferiores (cap. V). tismo, cjue es su fundamento, y al matrimonio, dentro de cuya
perspectiva se define la virginidad.
2
Más adelante, no obstante, veremos lo que hay que mantener del
sacerdocio aarónico.
3
Léase, en este sentido, la grave voz del cardenal Suhard, Dios,
Iglesia, sacerdocio (primeras páginas de su tercera pastoral).
94 Et orden

He aquí el sentido de algunos términos que aparecerán frecuente-


mente a lo largo de esta parte.

Los clérigos son los que la Iglesia destina por la ordenación o, al


menos, por la tonsura, a desempeñar de manera estable un ministerio
divino; los clérigos, por ese hecho, se distinguen de los laicos (cf. can. 1
108, § 1).

La palabra íaico se emplea cuando quiere distinguirse de los clérigos LA DISTINCIÓN ENTRE CLÉRIGOS Y LAICOS
a los que no lo son, y esta distinción es de derecho divino (can. 948):
son laicos los que no son clérigos. Pero este aspecto negativo no ha de
EN LA IGLESIA
hacer olvidar que los laicos constituyen el pueblo de Dios (laico viene de
íaós = pueblo). Los clérigos están al servicio de los laicos (can. 682)
y éstos, en muchos terrenos, tienen una parte importante e insustituible Una visión somera del ministerio de la Iglesia, resume su
de responsabilidad en el reino de Dios. :structura jerárquica por la distinción de sacerdotes y fieles.
La jerarquía es'el conjunto de grados, desiguales y subordinados unos Efectivamente, en la vida diaria, esta distinción parece ser
a otros, entre los que se distribuye el poder eclesiástico. Comprende a la unciente. La reunión dominical de la parroquia, la adminis-
vez los grados de poder de orden y los del poder de jurisdicción. Los prin- ración de los sacramentos usuales, las actividades comunitarias
cipales de entre ellos son de institución divina.
le ios cristianos se caracterizan por la presidencia de un sacer-
El poder de orden es el que tiene por objeto el ministerio de los lote, cuyo papel y poderes son incomunicables. El sacerdote
sacramentos y, en general, las funciones litúrgicas, en cuanto éstas han
sido ligadas por Cristo o por la Iglesia a determinados grados de orden. la y dirige, en contraste con la muchedumbre que recibe y es
Se confiere por la ordenación y no puede ser derogado o quitado ni tam- lirigida.
poco suplido. Pero, en realidad, el descubrimiento de la Iglesia sólo está
El poder de jurisdicción es el que da misión y autoridad para conducir tsí comenzado o esbozado. Ese sacerdote es enviado por su
a los hombres a su salvación y entraña para ellos todos los actos necesarios )bispo y no predica ni manda en nombre propio. Forma por
de enseñanza, gobierno, juicio y decisión. El poder de jurisdicción com-
pleto, de fuero externo, comprende el poder de dar leyes, de mandar,
o demás parte de un colegio sacerdotal y es ayudado en sus
juzgar, castigar, administrar... Es conferido plenamente al Papa para toda áreas por determinados fieles: lectores, monaguillos, catequis-
la Iglesia desde el momento en que acepta su elección, y ello directamente as, que ejercen transitoriamente funciones de ministros, fun-
por el Señor (can. 219). Pertenece al concilio general legítimamente reu-
nido (can. 228). Es recibido, también de derecho divino, por l ° s obispos dones que confiere también el obispo, de manera permanente
(can. 239), para territorios o personas determinadas. Las leyes de la Iglesia ' definitiva, a seminaristas.
fijan las modalidades de la designación de su persona y la limitación de su
grey. Los otros clérigos sólo reciben la porción de jurisdicción ordinaria
La ordenación consagra el destino inamisible de un hom-
o delegada que les confiere el derecho eclesiástico o la voluntad del superior. >re a las funciones jerárquicas, confiriéndole poderes de orden.
!in embargo, anteriormente a la ordenación, la Iglesia expresa
El poder ordinario de jurisdicción es el que va ligado por el derecho
mismo, divino o eclesiástico, a una función determinada y estable (can
^a esta diputación por el gesto de la tonsura. El obispo corta
197, 1). ilgunos cabellos al candidato quien proclama, por su parte,
u voluntad de consagrarse al servicio de la Iglesia, por un
El poder delegado (o la jurisdicción delegada) es comunicado a una
persona por un acto de voluntad del superior competente (el mismo canon). versículo del salmo 15: «El Señor es la parte de mi herencia
De suyo, el poder delegado es precario y limitado. y de mi cáliz, tú me guardas mi suerte» 1 . Los poderes de
jurisdicción pueden, por otra parte, adquirirse antes de la orde-
El magisterio es el mandato dado por Cristo a la Iglesia de conservar
intacto el depósito de la revelación y de predicarla por toda la tierra nación (como veremos en el cap. II).
a todos los hombres. Es consiguientemente, a la vez, tarea de salvaguardia
y de propagación de la fe, para la cual goza la Iglesia 4e la asistencia 1
La tonsura puede celebrarse dentro de las ceremonias de la orde-
continua del Espíritu Santo (cf. can. 1.322). nación, pero no es un orden. Es un sacramental por el que un hombre
se destina a recibir las órdenes y funciones jerárquicas, sin que haya aún
de su parte un compromiso irrevocable.
96 El orden Distinción entre clérigos y laicos 91

Por eso es mejor hablar más generalmente de clérigos, tér- Con el lavado del bautismo los fieles se convierten, a título común, en
mino que engloba la diversidad de situaciones jerárquicas en la miembros del Cuerpo místico de Cristo sacerdote, y por medio del «carácter»
Iglesia. Los que no son clérigos son laicos, es decir, cons- gue se imprime en sus almas, son delegados al culto divino, participando
así, de acuerdo con su estado, en el sacerdocio de Cristo. (Núm. 108.)
tituyen «el pueblo de Dios». «Por institución divina, los clérigos
se distinguen, en la Iglesia, de los laicos, aunque no todos los Al carácter bautismal se añade en la mayoría de los fieles,
clérigos sean de divina institución. Unos y otros pueden ser el de la confirmación, sacramento que realiza en la Iglesia la
religiosos» (can. 107). profecía de Joel: en los tiempos mesiánicos, todos los hijos
Esta distinción no tiene por objeto mermar el papel o la de Israel serían profetas (cf. infra, part. III).
dignidad de los laicos en la Iglesia, sino determinar la dife- Por eso, en nuestros días, la Iglesia suscita una verdadera
rencia de las vocaciones y de las tareas, no menos que su promoción del laicado, insiste sobre la participación de los
complementaridad. fieles en la liturgia, e invita a los laicos a que se den cuenta
de su tarea irremplazable2.
1. UN PUEBLO DE REYES Y SACERDOTES Y es así que ellos, y sólo ellos, se consagran a la obra
de la edificación de la ciudad terrestre, obra querida por Dios,
El nuevo Testamento magnifica la eminente dignidad de para la que, sin embargo, no tienen misión los clérigos, pues
los bautizados en términos sorprendentes: está destinada a pasar con la Bgura de este mundo. Ahora
bien, la ciudad puede alzarse contra Dios, como la torre de
Vosotros mismos, como piedras vivas, edifícaos como templo espiritual Babel, o inclinarse, por lo contrario, ante el ideal del evangelio.
para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales, aceptos
a Dios por Jesucristo... Luego la transformación de los ambientes de vida sólo es posi-
Vosotros, empero, sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, ble si los cristianos están presentes y actúan sobre ellos.
pueblo adquirido, para anunciar las maravillas del (fue os llamó de las Los laicos están en las primeras líneas de combate. Por lo
tinieblas a su luz admirable... (1 Pedro 2, 5-9.) demás, ellos son la Iglesia.
Al cjue nos ha amado y rescatado de nuestros pecados por su sangre,
y nos ha hecho una realeza de sacerdotes de Dios, padre suyo. (Apoc. 1, 5.) los fieles —dice Pío XII—, y con mayor precisión los seglares, se
Y cantan al cordero un cántico nuevo diciendo: <¡.Digno eres de tomar encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia. Para ellos
el libro y abrir sus sellos, porgue fuiste degollado y nos has comprado para la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por esta razón ellos
Dios a precio de tu sangre de toda tribu y lengua, y pueblo, y nación, especialmente deben tener un concepto cada vez más claro no sólo de
y los has hecho una realeza de sacerdotes para Dios, y reinarán sobre pertenecer a la Iglesia, sino de constituir la Iglesia misma, esto es, la comu-
la tierra.» (Apoc. 5, 9-10.) nión de los fieles en la tierra, bajo la dirección del [Link]ún, el Papa,
y de los obispos en comunión con él. (20 febrero 1946, Ecclesia 1 (1946), 231.)
La fórmula que se repite sin cesar: «sacerdocio real» o «rea-
leza de sacerdotes», nos hace ver que el nuevo pueblo de Dios Sólo para ellos y para su servicio existe la jerarquía. Los lai-
recibe en plenitud el cumplimiento de la promesa hecha a Israel cos son llamados a participar en el apostolado de la jerarquía
en el desierto: en actividades que sobrepasan el simple testimonio de la pre-
sencia y compromiso en lo temporal. Al instituir la acción
Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis propiedad católica, el papa Pío XI hizo ver hasta qué punto es funda-
mía de entre todos los pueblos. Porgue mía es toda la tierra. Y seréis para mental el papel misionero, puesto que, en tiempo de los após-
mi un reino de sacerdotes y una nación santa. (Ex. 19, 5-6.)
toles, los laicos trabajaron en la evangelización (cf. Filip. 4, 3:
Inspirándose en estos textos, santo Tomás define, con justo 2
Véase la obra de Y. M. J. Congar, Jalones para una teología del
título, el carácter bautismal como una participación en el sacer- laicado, Estela, Barcelona 1961. De interés también las conferencias de
docio de Cristo (3 q. 63, a. 5), doctrina repetida por Pío XII A. M. Carré en Notre-Dame de París, 1960: £1 sacerdocio de los fieles,
en la encíclica Mediator Dei-. San Esteban, Salamanca 1960, magnífico complemento a las del año anterior:
El verdadero rostro del sacerdote, San Esteban, Salamanca 1959.
7
98 El orden Distinción entre clérigos y laicos 99

«Ayudes a los que han luchado conmigo por el evangelio...», • b) La pertenencia a la jerarquía de la Iglesia Yio depende
texto que tenía muy a menudo Pío XI en los labios) 3 . de la herencia, a la manera como, en la antigua ley, la tribu de
Leví estaba destinada al sacerdocio y al servicio del templo.
2. LA IGLESIA, SOCIEDAD DESIGUAL Tampoco es una encarnación del pueblo cristiano, bien así
como las cortes del reino eligen a su presidente.. Es verdad
a) Pero este pueblo de sacerdotes y reyes tienen encima que antaño (y a veces también ahora) el pueblo intervenía en
de sí sacerdotes y superiores que no se ha dado él a sí mismo la elección de obispos y sacerdotes. La promoción de san Am-
y de los que recibe todos los bienes sobrenaturales. Está com- brosio al episcopado y la de san Agustín al presbiterado fueron
puesto de ovejas conducidas por pastores. Son «fieles» o cre- provocadas por movimientos imprevistos del pueblo. Sin em-
yentes, pero la fe que poseen les ha sido transmitida, lt'j ha bargo, estas intervenciones no crean por sí mismas derecho
sido enseñada. Participan de la eucaristía, pero no tienen capa- ni misión alguna.
cidad para consagrar: sólo pueden [Link] acto de un sacer- El poder de orden es conferido únicamente por ía ordena-
dote que preside su reunión. Si se consagran al apostolado, ción, el poder de jurisdicción se da por una misión regular.
es por participación en el apostolado jerárquico. Uno y otro han de proceder de los apóstoles por una sucesión
ininterrumpida, pues la jerarquía no es un órgano que se crea
La Escritura nos enseña, y \a tradición de ios Padres nos confirma, el cuerpo, sino anterior al cuerpo que dé ella nace. Si, en efecto,
(fue ía Iglesia es el cuerpo místico de Jesucristo, regido por pastores y doc-
tores, sociedad, por consiguiente, humana, en cuyo seno existen autori- el acto redentor del Calvario se consumó una vez por todas,
dades con pleno y perfecto poder para gobernar, enseñar y juzgar, de lo es menester que, para cada hombre, a través del tiempo y del
gue resulta cfue esta sociedad es esencialmente desigual, es decir, com- espacio, se realice un vínculo actual al hecho señero de la
puesta de distintas categorías de personas, los pastores y el rebaño, encarnación y de la pascua de Cristo 5.
los cjue tienen puesto en los diferentes, grados de la jerarquía y la muche-
dumbre de fieles. Y esas categorías son de tal modo distintas unas de otras,
gue sólo en la pastoral reside la, autoridad y el derecho necesarios para
c) Así pues, sólo en sentido muy lato puede hablarse del
mover y dirigir a los miembros hacia el fin de la sociedad, mientras sacerdocio de los fieles: «El pueblo, empero, como quiera que
la multitud no tiene otro deber sino dejarse conducir, y, como dócil rebaño, no representa por ningún motivo la persona del divino Re-
seguir a sus pastores. (San Pío X, ene. Vehementer, 11 febrero 1906.)* dentor ni es mediador entre sí mismo y Dios, no puede en
manera alguna gozar de poderes sacerdotales» 6. Sólo la jerar-
Ahora bien, ¿es compatible pareja sujeción con «la libertad
quía se identifica con Cristo en su mediación redentora de
a que Cristo nos ha llamado» (Gal. 5, 13), y con la eminente
pastor y sacerdote.
dignidad de los laicos, tal como acabamos de discernirla? Lo es
ciertamente, porque esta sujeción no ahoga ningún carisma,
porque el que manda está al servicio de los que guía hacia su 3. LOS CLÉRIGOS SON «SEPARADOS» Y «CONSAGRADOS»
salud, y porque los bienes sobrenaturales son dones gratuitos
de Dios. El Señor ha querido que determinados hombres cola- Aun el no cristiano puede comprobar que los clérigos no
boren en cierto modo con El, y que la fe, los sacramentos y la llevan la misma vida de los laicos. Son «separados», hombres
gracia se den a unos por otros, como en un cuerpo vivo unos a parte. Si, en la mayoría de los países, la costumbre señala
miembros comunican la vida a los otros. para los clérigos un vestido que los distingue y que sanciona
Por eso hay en la Iglesia pastores, sacerdotes, autoridades la ley de la Iglesia, mejor aún se los reconoce por el hecho
o superiores, en una palabra, clérigos. de prohibírseles numerosas actividades profanas y, en occi-
dente, por el celibato.
3
Véase el importante artículo de J. Lécuyer, Essai sur le sacerdoce
des fidéles chez les Peres, en LMD 27 (1951), p. 7-50. 5
Cf. can. 109 del Código; ene. Mediator Dei, núm. 96 s.
4 Cf. Doctrina pontificia, t. II, BAC, Madrid 1958, p. 389. 6
Ene. Mediator Dei, núm. 104.
100 SI orden

a) El derecho canónico enumera algunas de estas activi-


dades incompatibles con el estado de clérigo: la participación
en la guerra, lo mismo extranjera que civil; el oficio de las
armas, aun fuera del estado de guerra; las funciones públicas
del poder ejecutivo o legislador en la ciudad; el ejercicio de la II
justicia civil; el arreglo dé litigios de fondos o financieros;
el comercio (cánones 138-142). LA JERARQUÍA DE JURISDICCIÓN:
¿Por cjué esta interdicción del matrimonio y de determi- MISIÓN Y OFICIO PASTORAL
nadas funciones en la ciudad?
No es porque la Iglesia estime tratarse de actividades huma-
Los teólogos subordinan generalmente los poderes de juris-
nas sospechosas o contaminadas de pecado. Ellas constituyen,
dicción a los poderes sacramentales; la definición, en cambio,
por lo contrario, los deberes principales, en el orden temporal,
del orden que hemos tomado del derecho canónico nombra
de los laicos.
primero el gobierno de los fieles y pone en segundo lugar el
La razón está en que los clérigos son del servicio exclusivo
ministerio del culto divino.
de la Iglesia, cuya misión ha de distinguirse cuidadosamente de,
Este segundo método es pedagógicamente preferible, pues
la misión de las sociedades humanas. Encargado de labrar la
subraya un aspecto importante del nuevo Testamento y de la
unidad de los hombres por encima de todo lo que los separa,
historia apostólica. El reino de Dios es obra de roturación,
el clérigo no puede ponerse de un lado ni de otro de las fron-
de construcción. Es también viaje en común hacia la tierra
teras ni de las barricadas. Está al servicio del todo, no de una
prometida. Los nombres mismos escogidos por la Iglesia primi-
parte. Dirige a los hombres hacia su destino eterno y, por eso,
tiva para designar los grados jerárquicos son significativos.
no puede tener amarras terrestres. Las funciones que recibe
Hay, en primer lugar, apóstoles o enviados; luego, tras ellos,
de Dios en la Iglesia le impiden ejercer otras en la ciudad 7
obispos (epíscopoi), inspectores o pastores, y finalmente ancia-
b) Más aún: como veremos, la ordenación crea en él una nos o presbíteros (presbyteroi). Tendrá que pasar mucho tiem-
semejanza con Cristo y, en determinados momentos, una pre- po hasta que los cristianos acepten el vocabulario del sacer-
sencia de Cristo que exigen una consagración. Esta consagra- docio levítico, demasiado exclusivamente ritual. Por lo demás,
ción no puede ser puramente exterior, como la de los sacerdotes la naturaleza del sacerdocio de Jesús nos impone esta amplia-
de la antigua ley; ha de alcanzar a lo más hondo de la vida, ción de nuestras perspectivas. Cristo, es sacerdote según el
ser un amor exclusivo de Cristo, convertirse en oración no orden de Melquisedec, no según el orden de Aarón (Hebr.
interrumpida. De ahí que la conciencia más y más viva de las 7, 11).
realidades del orden trajo consigo, en el correr de las edades,
la imposición del celibato 8 a los clérigos y, para quienes entran
definitivamente en la clerecía, la del oficio divino. 1. LA MISIÓN Y OFICIO PASTORAL DE CRISTO

7 Mas adelante habremos de insistir (cap. IV) sobre el sacri-


Altamente aleccionadoras por la conciencia de esta realidad, muchas
de las respuestas a la encuesta ¿Cómo ve usted al sacerdote? ¿Qué espera ficio en que Cristo ejerce y consuma su sacerdocio. Los sacer-
de él?, Sigúeme, Salamanca 2 1960.
8
En oriente, sólo los clérigos que han recibido el diaconado y, en dotes, por los que El continúa su obra, tienen parte en este
occidente, los que han recibido el subdiaconado, quedan en adelante y para acto sacerdotal, haciéndolo sacramentalmente presente por la
siempre excluidos del matrimonio. Los clérigos inferiores no contraen aún misa y transmitiendo por los sacramentos a los hombres la gra-
compromiso definitivo,- pero, en occidente, están obligados a guardar el
celibato mientras no renuncien a la clericatura. Además, en occidente, la cia que de ella fluye. Pero la oblación del Calvario estuvo
Iglesia no acepta ordenar a los que están actualmente en estado matri- precedida de tres años de ministerio por los caminos de Gali-
monial.
102 El orden La jerarquía-, misión y oficio pastoral 103

lea y de Judea, durante los cuales Cristo habló, obró, mandó, son suaves, porque recuerdan su vigilancia amorosa. Dan refri-
realizó en sí mismo un tipo de sacerdocio diferente del aarónico, gerio y seguridad (salmo 22). Yahvé mismo es el guía y el
juntando en sí todas las formas de mediación entre Dios y los pastor.
hombres que distinguía el Antiguo Testamento. Este tema, profusamente repartido en los salmos, es larga-
mente desenvuelto en Ezequiel, 34a: abandonado por los malos
CRISTO, PROFETA DE LA NUEVA LEY pastores, el rebaño es diezmado por las fieras, las ovejas se
dispersan y descarrían; pero el Señor las congregará de nuevo,
Por su misión de profeta, empieza la carta a los hebreos irá a buscar a las extraviadas y curará a las heridas. El sus-
la descripción del oficio de Jesús sobre la tierra: citará un pastor que las apacentará y, a par, El mismo es este
pastor (véase todo el capítulo).
Habiendo Dios hablado antaño diversas veces y de muchos modos
a nuestros padres por los profetas, en lo último de estos días nos ha Ahora bien, este pastor anunciado por Ezequiel es Cristo
hablado a nosotros por su Hijo, a cjuien constituyó heredero de todas las Jesús: El va a*buscar a la oveja perdida (Le. 15, 3-7), conoce
cosas y por cjuien hizo también los siglos. (Hebr. 1, 1-2.) a sus ovejas, quiere conducir al aprisco a todasx las que aún
no están en él y El da la vida por sus ovejas (Jn. 10, 11-18).
Los profetas son enviados de Dios a un particular o a un Al recibir el bautismo, los que nos habíamos descarriado como
pueblo entero para hablar en nombre de El y transmitir un men- ovejas, volvemos a Cristo, pastor y obispo (— guardián) de
saje divino. Jesús es el enviado del Padre, y El insiste- sobre nuestras almas (1 Ped. 2, 25).
esta misión que ha recibido. El evangelio de san Juan repite
incesantemente la fórmula (3, 17; 3, 34; 4, 34; 5, 24, 36-37;
CRISTO, REY Y SACERDOTE: MELQUISEDEC
6, 29; 7, 28-29; 8, 42; 10, 36; 11, 42; 17, 3, 25; etc.). San
Lucas nos hace ver la consagración profética de Jesús, cum- El tema del pastor se. enlaza con la afirmación de la realeza
plida visiblemente por el Espíritu Santo el día de su bautismo, de Cristo. Cuando Samuel, profeta, establece a Saúl y luego
y la verificación en El del oráculo de Isaías 6 1 : «Me ha enviado a David como reyes a la cabeza del pueblo, es para ejercer,
a anunciar la buena nueva a los pobres...» (Le. 3, 21-22; como lugartenientes de Dios, la misión de conducir a Israel.
4, 17-21). Jeremías habla de pastores a propósito de los reyes (Jer. 2, 8;
El mensaje o buena nueva de que Cristo es portador, es 10, 2 1 ; 23, 1-3). El Mesías anunciado por Ezequiel como pastor
una palabra a la que hay que responder por la fe, y que da es también príncipe, un nuevo David: «Suscitaré para las ovejas
la vida eterna. Esa palabra nos hace conocer a Dios y a su Hijo. un pastor que las apacentará, mi siervo David...» (Ez. 34, 23).
Sólo los que creen pueden llegar a ser hijos de Dios 1. El don En la anunciación, el ángel presenta la venida de Jesús
más precioso que Jesús nos puede hacer, don más grande que como realización de esta profecía: «El Señor Dios le dará el
la curación de un ciego de nacimiento, es pronunciar la pala- trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para
bra que da la fe: «¿Crees en el Hijo del hombre?... El Hijo siempre, y su reino no tendrá fin» (Le. 1, 32-33). Por parte
del hombre soy yo, que estoy hablando contigo» (Jn. 9, 35-38). de Jesús, la afirmación de su realeza forma parte de su testi-
monio supremo ante Pilatos, en el momento en que no hay
CRISTO, GUIA Y PASTOR DE SU PUEBLO equívoco posible: «Mi reino no es de este mundo... Yo soy
rey y he nacido y venido al mundo para dar testimonio de la
El pueblo de Dios, camino hacia las promesas, es a menudo verdad» (Jn. 18, 37).
comparado en la Escritura con un rebaño de ovejas que el Así pues, la realeza, en Jesús, está ligada a la profecía;
pastor guía hacia los pastos. La mano y el cayado del pastor ligada también estrechamente a su sacerdocio, pues es obra
de reunión de los hombres, combate contra Satanás, conquista
1 Es el tema de todo el evangelio de san Juan, pero más particular- del reino de Dios. Si se distinguen en El los dos aspectos, es
mente de los capítulos 1 y 6.
104 El orden Id jerarquía: misión y oficio pastoral 105

porque su reino, adquirido una vez para siempre por su sangre En cuanto a los once discípulos, marcharon a Galilea, al monte efue
sobre la cruz, ha' de ser, no obstante, conquistado siempre Jesús les había mandado y al verlo, lo adoraron, aunque algunos dudaron.
Y acercándose Jesús a ellos les habló diciendo: «Todo poder me ha sido
hasta la parusía. Su realeza, pues, se ejerce en la historia de la dado en el cielo y en la tierra. Marchad, pues, y haced discípulos míos
Iglesia. Pero los dos aspectos se funden en una sola figura a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y'del
bíblica: Melcfuisedec. Jesucristo es sacerdote según el orden Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo cuanto yo os he mandado.
de Melquisedec, que era también rey y sacerdote, rey de Salem, Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación
es decir, «rey de justicia» (Hebr. 7, 1-2). Si bien el sacrificio del tiempo.» (Mt. 28, 16-20.)
Marchad por el mundo entero y pregonad la buena nueva a toda la
de pan y vino, ofrecido por este rey, no anuncia que Jesucristo creación. El que creyere y se bautizare, se salvará, el que no creyere se
derramaría su sangre en su oblación sobre la cruz, es no obs- condenará. (Me. 16, 15-16.)
tante imagen del efecto del sacrificio de Cristo, porque «el pan
y el vino significan la unidad de la Iglesia», según nota santo Notemos cómo, en estos textos, la actividad sacramental
Tomás (3, q. 22, a. 6) siguiendo a san Agustín2. (aquí bautizar) se inserta en un movimiento de conjunto:
Marchar, predicar la fe y, después del bautismo, enseñar
CRISTO, NUEVO MOISÉS a guardar la ley de Cristo.
Finalmente, Moisés es sobre todo la prefiguración ideal
b) Esta misión de los apóstoles se identifica con la de
de Cristo y de su misión (cf. Hebr. 3, íntegro). Y es así que
Cristo: «Como el Padre me envió a mí, así yo os envío a vos-
Moisés es a par profeta y hasta el profeta por excelencia
otros» (Jn. 20, 21).
(Núm. 12, 7; Deut. 18, 15 ss.), mediador entre Dios y los
hombres (nótese en particular el admirable relato de Ex. 32, Es en primer lugar profética-. «Seréis testigos míos hasta
11-14), legislador, pastor y guía (cf. Núm. 27, 17). Después los confines de la tierra» (Act. 1, 8), de la misma manera que
de su muerte, todas estas funciones se reparten en instituciones Jesús es testigo del Padre. Su voz será la voz de Jesús: «El que
diversas; pero Cristo las reúne de nuevo en sí mismo. El es el a vosotros oye, a mí me oye; el que a vosotros desprecia, a mí
nuevo Moisés que repite sus palabras y gestos. me desprecia; y el que a mí me desprecia, desprecia al que
me ha enviado» (Le. 10, 16; cf. Jn. 13, 20). Su predicación
Ahora bien, Cristo continúa ejerciendo todas estas prerro- inaugurará la obra de la salud:
gativas sobre la tierra por medio de los apóstoles y sus suce-
sores. Todo el que invocare el nombre del Señor se salvará. Ahora bien,
¿cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en
Aquel de quien nada han oído? ¿Y cómo oirán, si no hay quien les pre-
2. MISIÓN Y OFICIO PASTORAL DE LOS APOSTÓLES dique? ¿Y cómo predicarán, si no son enviados?... Luego la fe viene del oír
y el oír por la palabra de Cristo. (Rom. 10, 13-17.)
De entre sus discípulos, Cristo se escogió un grupo res-
tringido de hombres, doce exactamente, a los que llamó após- c) La misión de los apóstoles es también la construcción
toles. Este reducido colegio mantiene la cohesión hasta la pasión. de una morada hecha de piedras vivas, en la que Cristo es la
Después de la prevaricación de Judas, los doce se reducen piedra fundamental,- pero también los apóstoles son piedras
a once y los «once» permanecen hasta después de la ascensión. fundamentales.
a) Su nombre de apóstoles, enviados, es signo de una ... Sino que sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios,
misión. Esta misión, para la que se preparan en un verdadero edificados sobre el fundamettto de los apóstoles y profetas, siendo la
seminario nómada, la reciben los apóstoles en el momento en piedra angular Cristo Jesús mismo. (Ef. 2, 19-20.)
que Cristo resucitado vuelve al Padre.
d) Si no hallamos expresa en el Nuevo Testamento la
2 T fílc t. in Job. 26; cf. Obras, BAC, t. XIII, p. 655-677. atribución a cada apóstol de la prerrogativa y cargo de pastor,
106 El orden La jerarc¡wa: misión y oficio pastoral ¡QJ

debemos no obstante afirmar que lo recibieron, puesto que lo •Sin embargo, su misión, su cargo de predicar, su oficio de
transmiten, como lo atestigua Pedro dirigiéndose a los ancianos: pastores deben ser transmitidos, puesto que el rebaño ha de ser
Apacentad el rebaño de Dios que se os ba confiado, vigilando no a la conducido hasta el retorno de Cristo y la buena nueva (evan-
fuerza, sino de buen grado según Dios... hechos modelos de vuestro rebaño. gelio) tiene que llegar hasta los confines de la tierra y a toda
Y cuando apareciere el mayoral de los pastores, recibiréis la corona inmar- criatura.
cesible de la gloria. (1 Ped. 5, 2-4.)
3. MISIÓN Y OFICIO PASTORAL
Y san Pablo a los ancianos de Efeso:
DE LOS SUCESORES DE LOS APOSTÓLES
Atended a vosotros mismos y al rebaño en que el Espíritu Santo os ha
puesto de inspectores o intendentes, a fin de apacentar la Iglesia de Dios, La misión y oficio pastoral recibidos de Cristo por los
que El se adquirió al precio de su propia sangre. (Act. 20, 28.)
apóstoles y transmitidos por ellos, constituyen lo que el dere-
La tarea del pastor consistirá en apartar a los «lobos rapa- cho canónico llama la jurisdicción. Pero a la manera como
ces», en guardar el pueblo santo en medio de las tentaciones el colegio de los apóstoles tenía a Pedro por príncipe o cabeza,
del desierto (véase sobre todo la segunda carta a Timoteo), en con especial prerrogativa de primacía; así, la jerarquía de juris-
impedir que recaiga en los vicios, de que el bautismo ha arran- dicción que sucede a los apóstoles comprende dos grados:
cado al cristiano. Se trata sin duda de la cura de almas, tal el sumo pontificado del Papa y el episcopado subordinado al
como la ejerció Cristo mismo: «De los que tú me has dado, papa.
no he perdido ninguno» (Jn. 18, 9).
é) A un apóstol, Pedro, le es confiada de manera más LOS DOS GRADOS DE LA JERARQUÍA
particular la misión de Cristo, con prerrogativas señeras. El es DE JURISDICCIÓN-. EL PAPA Y LOS OBISPOS
la roca, la peña viva sobre la que se edifica la Iglesia (Mt. 16, Después de su misión en lugares varios, san Pedro vino
18), identificado casi con Cristo mismo, que es la piedra a establecerse en Roma, como cabeza de la Iglesia local.
angular. El recibe de manera explícita el cargo de pastor para En Roma murió mártir bajo la persecución de Nerón y allí
la totalidad del rebaño: «Apacienta mis corderos, apacienta mis se ha-guardado preciosamente su tumba. Su sucesor en el
ovejas» (Jn. 21, 15-17), otra forma de identificarse con Cristo. cargo de obispo de Roma es, a la vez, heredero de su primado
El tiene, por sí solo, la misión reunida de todos, el cargo de sobre toda la Iglesia. Responsable de todo el rebaño, custodio
toda la Iglesia. El tiene incluso misión sobre sus hermanos, y predicador de la fe sobre toda la tierra, el obispo de Roma
cuya fe tendrá que confirmar, pues la de él, por la oración goza de la garantía dada por Cristo a Pedro y es infalible en
de Jesús, no desfallecerá (Le. 22, 32). su enseñanza solemne. Sólo él sucede personalmente a un
En muchos aspectos, los apóstoles forman parte del acon- apóstol. He aquí cómo lo define el derecho de la Iglesia:
tecimiento histórico, señero e irreversible, que no puede repe-
tirse: la economía de la salud por Cristo. Sólo ellos fueron £1 romano pontífice, sucesor de san Pedro en el primado, posee no sólo
escogidos por Jesús durante su vida mortal, y estuvieron con la primacía de honor, sino la suprema y plena potestad de jurisdicción
El desde el bautismo de Juan hasta la resurrección y ascensión sobre la Iglesia universal, tanto en lo que atañe a las cosas de je y costum-
bres, como en las que atañen a la disciplina y gobierno de la Iglesia
a los cielos. Matías y Pablo serán agregados a esta dignidad, difundida por toda la redondez de la tierra. Esta potestad es verdadera-
pero por una intervención especial, y que no se repetirá más. mente episcopal, ordinaria e inmediata, ora sobre tedas y cada una de las
Inspirados por el Espíritu Santo, los apóstoles continúan la iglesias, ora sobre todos y cada uno de los pastores y fieles,- independiente
revelación del Nuevo Testamento. Son infalibles, aun tomado de cualquier humana autoridad. (Can. 218.)
cada uno en particular. Son las columnas de la Iglesia, como
nadie podrá ya serlo. A diferencia del papa, los obispos son sucesores de los
apóstoles no a título personal, uno a uno, sino de manera colé-
108 El orden La jerarefuía-. misión y oficio pastoral 109
gial: el conjunto de los obispos sucede al colegio apostólico. manera, las otras iglesias muestran a los cfue, puestos por los apóstoles en el
Son infalibles todos juntos, pero no individualmente. Sin em- episcopado, son los transmisores de la semilla apostólica*.
bargo, su poder de orden y jurisdicción es el de los apóstoles:
No reproduciremos aquí el largo y célebre pasaje de san
los obispos son sucesores de los apóstoles y, por divina institución, Jreneo, obispo de Lyón muerto hacia 202, en el libro tercero
son puestos al frente de las iglesias particulares, (fue gobiernan con potestad de su obra Contra haereses5. Damos también por conocidas
ordinaria, bajo la autoridad del romano pontífice 3. (Can. 329.) las cartas de san Ignacio de Antioquía, la obra más bella que
se haya escrito sobre la devoción al obispo 6 .
SUCESIOM APOSTÓLICA La misma continuidad entre los, apóstoles y sus colabora-
La Iglesia primitiva y los padres dieron gran importancia dores se expresa ya en los escritos del Nuevo Testamento.
al hecho, que subrayaron, de que la misión del papa y de los El número de los apóstoles se cierra despué[Link] la entrada de
obispos es herencia de los apóstoles, continuación de su obra, Matías en el colegio de los once; pero los viajes misioneros,
que aquellos custodian fielmente el depósito que éstos les con- ia fundación de las iglesias locales exigen día a día obreros
fiaron y que toda su autoridad viene de ellos. cada vez más numerosos. Silas, Bernabé, Timoteo, Tito y tantos
Nos bastará citar dos textos especialmente característicos: otros, nombrados en los Hechos de los Apóstoles o en las
cartas de san Pablo, reciben el depósito que ellos tendrán a su
Los apóstoles — escribe san Clemente, tercer sucesor de san Pedro vez que transmitir, el cargo pastoral de una iglesia o las tareas
al frente de la Iglesia de Roma— nos predicaron el evangelio de parte del misioneras. Poco importa que las funciones respectivas de
Señor Jesucristo,- Jesucristo jue enviado de Dios. En resumen, Cristo de los eptscopoi (o inspectores) y de los presbyteroi (o ancianos)
parte de Dios, y los apóstoles de parte de Cristo, una y otra'cosa, por ende, sean, en sus orígenes, difíciles de deslindar históricamente
sucedieron ordenadamente por voluntad de Dios, Así pues, habiendo los y que fueran acaso intercambiables. De todos modos, las cartas
apóstoles recibido los mandatos y plenamente asegurados por la resurrección
del Señor Jesucristo y confirmados en la fe por la palabra de Dios, salieron, gustan de hablar más bien del eptscopos en singular y de los
llenos de la certidumbre (fue les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre presbyteroi en plural e, insensiblemente, pero muy pronto (ya
noticia de (fue el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según prego- en las cartas de san Ignacio y acaso también en el Apocalipsis),
naban por lugares y ciudades la buena nueva iban estableciendo a los cfue las palabras toman el sentido, que ya no han perdido, de obis-
eran primicias de ellos, después de probarlos por el espíritu por inspectores pos y presbíteros o sacerdotes (cf. sobre todo 1 Tes. 3, 2;
y ministros y de los cfue habían de creer. Y esto no era novedad, pues de
mucho tiempo atrás se había ya escrito acerca de tales inspectores y mi- 1 Cor. 4, 17; 1 Tim. 3, 1-12; 5, 19-20; Tit. 1, 5-10) 7 .
nistros. La escritura, en efecto, dice así en algún lugar (Is. 60, 17): «Esta- El Papa se constituye sucesor de san Pedro y recibe la
bleceré a los inspectores de ellos en justicia y a sus ministros en fe.» jurisdicción de derecho divino a condición de que haya sido
(Ad Cor. 40; Padres Apostólicos, p. 216.)
legítimamente elegido y haya aceptado su elección (can. 109).
Muestren, por ende —dice Tertuliano hacia el año 200 [Link] polémica Podría dimitir su cargo, como lo hizo Celestino V, pero el
con los herejes —, los orígenes de sus iglesias, desenvuelvan la lista de sus Código de derecho canónico no considera ninguno de los casos
obispos, cfue vaya descendiendo por sucesión desde el principio de tal en que se estimaba posible, cuando el gran cisma de occidente
manera cfue el primer obispo tenga por autor y antecesor a un apóstol o uno (1378-1417), la deposición del papa. En el derecho actual, los
de los varones apostólicos, pero cfue hubiere perseverado con los apóstoles. obispos son nombrados o, por lo menos, instituidos por el
De este modo en efecto las iglesias muestran sus censos o empadrona-
mientos, como la de Esmirna refiere cfue Policarpo fue colocado por Juan
y la de Roma cfue Clemente fue ordenado por Pedro. Y por semejante 4
De praescriptione haereticorum, 32; ML 2, 44-45.
5 MG7, 848-849.
3 6 Padres apostólicos, p. 447-502.
Este texto resume un apartado de la Constitución del concilio 7
Los textos sobre la jerarquía en la época apostólica han sido
vaticano I, sobre la Iglesia (D. 1.828); cf. también León XIII, ene. Satis estudiados particularmente por J. Colson, L'évécfue dans les communautes
cognitum, 29 junio 1896 (D. 1.954-1.962).
primitives, Cerf, París 1951.
La jerarquía-, misión y oficio pastoral til
110 El orden

papa 8 , el cual, por otra parte, determina la extensión de su a los errores y herejías que renacen constantemente. Es un
territorio, puede en cuestiones particulares restringir su com- depósito que hay que guardar y defender, tanto como una
petencia, debe aceptar su dimisión para que ésta sea efectiva semilla que esparcir, y hasta una planta susceptible de crecer
y tiene, en fin, facultad de deponerlos en casos excepcionales. y desenvolverse. Catequesis para los futuros bautizados (de
Así, en 1801, Pío VII exigió de todos los obispos franceses hecho para los ya bautizados), organización de la enseñanza
el abandono de sus sedes a fin de procurar la paz religiosa religiosa de los niños o escolares, predicación, escuelas de teo-
después del trastorno de la revolución. logía... constituyen las formas elementales de este magisterio,
para el que los obispos buscan, como vamos a ver, auxiliares
varios. Manifestaciones más importantes son las cartas pasto-
MISIÓN DE ENSEÑANZA rales de los obispos y los documentos pontificios. El conjunto
El primer acto de la jurisdicción apostólica consiste en de la función docente se llama magisterio. La Iglesia lo ejerce
ir a los cjue no están bautizados. Es la marcha misionera, en el en nombre de Cristo y con la asistencia permanente del Espí-
sentido riguroso del término. Actualmente, la Iglesia está divi- ritu Santo, hasta el punto que los actos solemnes y extraordi-
dida en regiones, según el progreso de la evangelización: narios del magisterio, que emanan de la reunión del conjunto
12 Las regiones en que el cristianismo está implantado de los obispos (concilio general o ecuménico) y del Papa cuan-
desde fecha bastante antigua, están confiadas a obispos que do habla ex cathedra, son infalibles. Pero hay también una
las administran con pleno derecho personal. Ello no quiere infalibilidad global del magisterio ordinario.
decir que todos los habitantes estén bautizados y no quede
una labor apostólica que cumplir; pero, en todo caso, el obispo CURA DE ALMAS O PASTOREO
local es el responsable. Si es ante todo pastor de los fieles,
El papa y los obispos son responsables de las almas que
ha de considerar como particularmente encomendados a su
les han sido confiadas. Es la cura de almas, el oficio pastoral
solicitud en el Señor a los no católicos residentes en su terri-
o pastoreo. Este oficio lo han recibido del Espíritu Santo mis-
torio (can. 1.350, 1).
mo, y de su cumplimiento tendrán que dar cuenta delante
22 En los países de misión propiamente dichos, actual- de Dios.
mente cada vez menos numerosos, el Papa se reserva la res-
La cura de almas se manifiesta primeramente en la oración
ponsabilidad de la evangelización (can. 1.350, 2), y provee
por su rebaño, especialmente por la misa del domingo que
a ella por medio de delegados más o menos estables: vicarios
tienen obligación de celebrar por las intenciones del pueblo.
o prefectos apostólicos. No lo hace, sin embargo, de manera
Además, el buen pastor ha de conocer a sus ovejas y, para
tan exclusiva que los obispos no hayan de aportarle su cola-
ello, el obispo visita su diócesis y se informa de todas las
boración :
necesidades de ella. Tiene también el deber y el derecho de
No sólo a Pedro, cuya cátedra Nos ocupamos, sino también a todos darles los sacramentos, por sí mismo o por sus sacerdotes.
¡os apóstoles, cuyos sucesores sois vosotros, ¡es mandó Jesucristo-. «Marchad Debe curar, guiar, aconsejar...
por todo el mundo y pregonad el evangelio a todos los hombres.* (Pío XI, En una palabra, es una solicitud general tan pesada como
ene. Rerum ecclesiae, 28 febrero 1926.) la del padre de familia, tan dolorosa a veces, que arrancaba
gemidos a san Pablo y espantaba a un san Agustín o a un
A los no cristianos y a los cristianos, el Papa y los obispos
san Gregorio Magno, cuando reflexionaba sobre ella. La cura
han de proponer la fe, enseñarla con autoridad, decidir las
de almas es fuente de santidad para el que la ha recibido,
dificultades que se presentan a las inteligencias y hacer frente pues reclama todas las renuncias y el buen pastor puede y debe
8
llegar a dar la vida por sus ovejas. En el obispo, es de suyo
En algunos países, en la elección o presentación de la persona, definitiva, de suerte que está ligado, desposado con su Iglesia,
intervienen en más o menos grado el cabildo, el Estado, etc.
112 El orden
La jerarguía: misión y oficio pastoral m
como lo atestigua el anillo pastoral de su dedo. Los padres
y los teólogos lo llaman esposo de la Iglesia. 4. LA PARTICIPACIÓN EN LA MISIÓN
Y OFICIO PASTORAL DEL OBISPO"
Cada ministro de la Iglesia — dice santo Tomás — es en cierto aspecto
imagen de Cristo... Pero es superior a<juel (fue representa a Cristo con El obispo no puede, por sí solo, asegurar de manera satis-
mayor perfección. Ahora bien, -el sacerdote representa a Cristo en cuanto factoria, el ejercicio de su pastorado. De ahí que tenga que
éste realizó por si mismo determinados ministerios, pero el obispo lo repre-
senta en cuanto instituyó, otros ministerios y fundó la Iglesia... Por eso, comunicar parte de él a sus sacerdotes, a sus ministros o diá-
el obispo, como Cristo, se llama especialmente esposo de la Iglesia9. conos y, de manera menos estricta, pero real, a los laicos
o seglares.
De ahí también que les esté prohibido el matrimonio. El destino mismo de los sacerdotes es ser cooperadores del
La cura de almas es por lo demás la contrapartida de un obispo. Pero cuando el obispo confía una parte de sus respon-
necesario mayor amor a Cristo. sabilidades pastorales a sus sacerdotes, éstos no se hallan res-
pecto al obispo en la misma relación que el obispo con el
El hecho mismo gue ' o s obispos entiendan en lo gue atañe al amor del papa. Los obispos son, por derecho divino, pastores de las
prójimo, proviene de la abundancia del amor divino. De ahí (fue el Señor
preguntó primero a Pedro si le amaba, y luego le encomendó el cuidado iglesias locales, que gobiernan en nombre propio. El poder del
del rebaño. (Jn. 21, 15.)l° papa es episcopal como el suyo, de la misma naturaleza,
aunque superior. Por el contrario, todo el poder y toda la
Ligado a su oficio pastoral el papa y los obispos poseen misión del sacerdote emanan del obispo y sólo de él. Al cum-
la potestad de régimen o poder de gobernar, es decir, dar leyes, plir sus funciones, el sacerdote no obra nunca en nombre
mandar, juzgar, castigar, administrar. propio, sino en lugar de su obispo, y éste puede delegarle
Los organismos que esta función exige, las necesarias for- más o menos poderes.
malidades que entraña, pudieran fácilmente hacernos ver en Concretamente, el obispo comunica a sus sacerdotes parte
la Iglesia una sociedad como las otras, equiparando su jerar- de su misión y oficio pastoral de dos maneras. O bien concede,
quía, tribunales y oficinas con las del Estado. La diferencia, para su territorio, licencias de predicar, confesar y celebrar
sin embargo, es profunda y radica primeramente en las ma- la eucaristía y confía un medio o ambiente que evangelizar,
terias mismas sobre que se ejerce el gobierno de la Iglesia. una tarea especializada de capellán, de profesor de teología, etc.
Se trata únicamente de bienes espirituales, de la revelación (jurisdicción delegada); o bien divide su territorio en parro-
o, por lo menos, de realidades estrechamente unidas a los quias y pone al frente de cada una un cura o párroco, que tiene
bienes espirituales y a la fe. Pero radica también en el fin, pleno cargo pastoral (jurisdicción ordinaria de fuero interno),
que es su razón de ser: la unidad de la Iglesia, la peregrinación si bien en la perspectiva del trabajo total de la Iglesia. La divi-
hacia la tierra prometida. Estas estructuras jurídicas son un sión del territorio en parroquias es obligatoria (can. 216, 1);
signo: en lo que la jerarquía decide, es el Espíritu Santo quien pero las funciones no territoriales asignadas a determinados
obra. «Ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros», dijeron sacerdotes no son menos importantes para el cumplimiento del
los apóstoles cuando hubieron de tomar importantes decisiones pastoreo general del obispo.
en su reunión o concilio de Jerusalén (Act. 15, 28). Cuando los laicos o seglares participan en el apostolado
jerárquico, su misión, revista o no la forma de «mandato»,
emana del obispo:
La unión y sumisión a la jerarguía son esenciales y están dentro de la
naturaleza de las cosas, pues tal es la cooperación del laicado a la obra
» In IV Senl. dist. 24, q. 3, a. 2, ad 3. apostólica, a la obra del apostolado propiamente dicho, como los obispos
K> Q. 184, a. 7; ad 2. son los sucesores de los apóstoles. (Pío XI, junio de 1929.)
1Í4 E1 orden La jerarcfuía: misión y ojicio pastoral 115

no se verifica en todos los obispos, y aunque la participación


5. V I N C U L O ENTRE LA JURISDICCIÓN Y EL O R D E N del sacerdote én la jurisdicción eclesiástica no es derecho divi-'
no, los teólogos estiman que el orden, en su conjunto y, más
Reducir las funciones de la jerarquía de la Iglesia a la particularmente, el episcopado tiene por fin último la misión
jurisdicción sería desfigurarla completamente y caer en el error y el oficio pastoral 13 .
de los protestantes. Se comprende así que los ritos de la ordenación nos pro-
Y es así que hay continuidad entre el ejercicio de este poder pongan una imagen de la jerarquía de la Iglesia en que los
y el del poder de orden, conferido por la ordenación, conti- dos poderes van unidos. La unidad se realizó primeramente
nuidad señalada por Cristo mismo, como más arriba hemos en los apóstoles. Ellos habían recibido de Cristo el poder de
notado. Antes de los sacramentos, es menester anunciar la fe consagrar la eucaristía y la orden de 'marchar a predicar el
y, consiguientemente, enviar apóstoles o mensajeros; pero, al evangelio hasta las extremidades de la tierra. La sucesión apos-
celebrar los sacramentos, se construye la Iglesia, y será tarea tólica no se transmite, si no hay, a par, herencia de la misión
del pastor hacer que la vida de los cristianos se conforme con y ordenación.
los sacramentos que han recibido. La fe no es auténtica hasta
que no ha sido sellada por los sacramentos. La Iglesia sólo se
realiza verdaderamente en la syncrxis o reunión eucarística.
La evangelización sin los sacramentos se quedaría en san Juan
Bautista y no daría las arras de los bienes por venir 11 . Por sí
sola no asegura este vínculo actual y tan realista de cada
hombre al acto redentor de Cristo. Es la primera y necesaria
etapa de la justificación, pero ésta sólo se cumple en los
sacramentos.
Es verdad que la jurisdicción no se da a todos los que
han recibido la ordenación, por ejemplo, a un cartujo, excluido
por su vocación de la cura de almas; además, la jurisdicción
se da a veces sin la ordenación; en fin, se asimila a los obispos
a determinados prelados de iglesias que no tienen carácter
episcopal ^ Todos estos ejemplos ponen de manifiesto en el
organismo eclesiástico cierta ductilidad o flexibilidad que da
lugar a las excepciones, pero se trata sólo de excepciones.
De suyo, la jurisdicción exige y reclama la ordenación: el
obispo que ha tomado posesión de su sede y no es consagrado
dentro de seis meses, pierde su cargo (can. 2.398).
Por el mismo caso, la ordenación diputa para la Iglesia
13
que se construye, para el pueblo que hay que bautizar, alimen- Santo Tomás insistía, sobre todo, en su juventud, sobre el vínculo
tar con la eucaristía, presidir y guiar. Aunque esta diputación entre la eucaristía y el orden, y pronto diremos que este aspecto debe ser
absolutamente mantenido. Añadía por lo demás que la tarea del sacerdote
11
Es la exacta observación de P. M. Gy, Iniciación teológica, t. III, no es sólo consagrar el cuerpo eucarístico de Cristo, sino también preparar
p. 570. la eucaristía al cuerpo místico, segundo aspecto que depende del primero
12 (Supl., q. 36, a. 2, ad 1). Más tarde puso más de relieve la diputación
Se trata, de hecho, de situaciones interinas, como el vicario capi-
o destino pastoral del orden, por ejemplo, 3, q. 65, a. 1 (todo el artículo);
tular, que admin¡str*a la diócesis a la muerte del obispo, o de delegaciones
a..3, ad 2: «El orden deputa para funciones que se unen a las del príncipe.»
de la santa sede que se reserva un territorio, como las prelaturas nullius
Para'el obispo, cf. A. G. Martimort, Del obispo.
v las misiones.
Lis órdenes sagradas * 117

...¿Quieres enseñar, de palabra y ejemplo, al pueblo para el djie vas


a ser ordenado obispo, lo (fue entiendes de las sagradas Escrituras?
— Quiero.
...¿Quieres, con la gracia de Dios, guardar ¡a castidad y templanza
y enseñarlas a los demás?
III — Quiero.

LAS ORDENES SAGRADAS La iniciación propiamente dicha se hace entre t las dos
lecciones de la misa, es decir, después de la epístola y el
gradual. Una vez enumeradas las funciones del obispo — al
La ordenación es el rito de iniciación, por el que un hombre obispo incumbe juzgar (de la fe), interpretar (la Escritura),
es establecido en la jerarquía del orden. Sus gestos y oraciones consagrar, ordenar, ofrecer (la eucaristía), bautizar y confir
serán la fuente de donde sacaremos la doctrina primeramente mar— el consagrante principal invita a los fieles a orar.
acerca de la estructura general del sacramento; y luego, acerca Notemos de paso que estas ceremonias han de desenvolverse
de cada uno de sus grados. en presencia del pueblo, que, lejos de ser en ellas un espectador
pasivo, hace un importante papel, siquiera éste no influya en
1. LOS RITOS DE LA ORDENACIÓN la validez de la ordenación.
Luego se cantan las letanías de los santos, acompañamiento
Actualmente, no es posible asistir, en una ceremonia única, indispensable de toda gran acción litúrgica constitutiva. La Igle-
a la colación de todos los grados de la jerarquía de orden. sia triunfante se asocia así a la Iglesia de la tierra. Durante las
La consagración episcopal exige, efectivamente, la presencia letanías, el obispo que va a ser consagrado se prosterna en un
de varios obispos y se fija preferentemente en las fiestas de gesto de intensa suplicación.
los apóstoles, mientras las otras ordenaciones se celebran nor- Seguidamente; los obispos consagrantes ponen sobre la
malmente los sábados de témporas. Pero los papas de la anti- cabeza y hombros del candidato el libro de los evangelios,
güedad se reunían en un mismo día de diciembre, de marzo gesto practicado desde una remota antigüedad y explicado por
o de setiembre. Abramos al azar el Libro pontificalis, colección un oriental del siglo V, Severiano de Gábala, de la siguiente
de noticias escritas a la muerte de cada Papa. Leemos por manera:
ejemplo, a propósito de san Gregorio Magno (590-604): «Hizo
dos ordenaciones, una en cuaresma, otra en setiembre, en las Como cjuicra cjue la venida del Espíritu Santo es invisible, se pone
que creó treinta y nueve presbíteros, cinco diáconos, sesenta sobre la cabeza del cjue va a ser ordenado sumo sacerdote el libro del
y dos obispos de diversos lugares.» evangelio. Y cuando se hace esta imposición, sólo hay cj¡te ver en ella una
lengua de fuego cjue se posa sobre la cabeza: Una lengua causa de la
predicación del evangelio, una lengua de fuego, a causa de las palabras: '
CONSAGRACIÓN EPISCOPAL «Fuego be venido a traer sobre la tierra» l.

La ordenación del obispo se llama, en el vocabulario mo- Modo figurado y un tanto, rebuscado de invitarnos a ver
derno, consagración. Sólo puede tenerse durante la celebra- en la ordenación del obispo la actualidad del misterio de Pen-
ción de la misa. El futuro obispo es conducido y presentado tecostés. De hecho, este gesto del evangelio sobre la cabeza
por obispos más antiguos al que será su consagrante principa! significa ante todo ser Cristo mismo el que obra, y amplifica
y principal celebrante de la misa. Previamente, el candidato el gesto más primitivo de la imposición de manos.
es sometido a un examen público, en que da su asentimiento Efectivamente, inmediatamente después, el consagrante prin-
a los deberes del cargo episcopal. He aquí dos de las preguntas
1
que se le hacen: Texto publicado y comentado por J. Lécuyer, Note sur la liturgie
di; sacre des évégues, en «Ephemerides liturgicae» 66 (1952), p. 370.
118 Eí orden Las. órdenes sagradas ¡19

cipal y al menos dos otros obispos presentes ponen sucesiva- Revestido de la mitra y de los guantes y con los mismos orna-
mente las manos sobre la cabeza del consagrando y, en nombre mentos de la misa, es conducido a su trono por los otros
de ellos, el que preside canta una larga acción de gracias, tan obispos y luego imparte la bendición al pueblo.
solemne como el prefacio eucarístico:
LAS OTRAS ORDENES SAGRADAS
Después de aludir a los ornamentos del sumo sacerdote en la an-
tigua ley: La ordenación de los diáconos y presbíteros ha de hacerse
... Rogárnoste, Señor, cjue a este siervo tuyo, a guien has escogido para por el obispo durante la misa que él celebra y en el mismo
eí ministerio del sumo sacerdocio, te concedas \a gracia c[ue cuanto aquellos momento de la misa en que se hace la consagración del obispo,
ornamentos significan por eí fulgor de oro, el brillo de las gemas y la
variedad de la múltiple labor, resplandezca en sus costumbres y acciones. es decir, entre la epístola y el evangelio.
Colma en tu sacerdote la suma de tu ministerio y, provisto de todos los La ordenación de los subáiáconos sólo se permite igual-
ornamentos de tu gloría, santifícalo con el rocío de la unción celeste... mente durante la misa celebrada por el obispo; sin embargo,
Que la fuerza de tu espíritu lo penetre interiormente, y lo envuelva precede siempre a la epístola y se sitúa al fin de la quinta
exteriormente...
lección los sábados de témporas (es decir, durante la celebra-
Que su palabra y su predicación no consista en medios de persuasión
de la sabiduría humana, sino en la manifestación del espíritu y Va virtud. ción vigilial que va unida a la misa de esos días).
Dale el poder de las llaves del reino de los cielos... Finalmente, la tonsura de los clérigos y la colación de las
Cuanto él atare sobre la tierra, sea atado también en los cielos, órdenes menores de ostiario, lector, exorcista y dcóíito puede
y cuanto él desalare sobre la tierra, sea también desatado en los cielos... darse por el obispo fuera de la misa; mas si el obispo quiere
Dale, Señor, la cátedra episcopal, para regir a tu Iglesia y al pueblo
cjue se le confía 2 .
unirlas a la misa, particularmente con ocasión de las ordena-
ciones generales, se las escalona variamente según el rito de la
El prefacio se corta por el canto del himno Veni creator, misa del día, de modo que las ordenaciones se sucedan en una
durante el cual el consagrante principal unge con el crisma especie de grados ascendentes, correspondientes a las etapas
la cabeza del nuevo obispo. Al fin del prefacio, otra unción, por que pasa • el que está destinado al presbiterado.
ésta sobre las manos, que evoca la unción, por Samuel, de
David, rey y profeta. Finalmente, se le entrega al nuevo obispo í- La ordenación de los ostiarios, lectores, exorcistas
el cayado de pastor — el báculo —, el anillo de esposo: y acólitos sigue un plan idéntico. El obispo explica a los can-
didatos las funciones de su orden y las virtudes que entrañan;
Recibe el anillo, sello de fidelidad, por la c¡ue guardes sin mácula luego les hace tocar los objetos que simbolizan esas funciones:
la esposa de Dios, la santa Iglesia,
a los ostiarios (porteros), las llaves de la iglesia; a los lectores,
y el libro de los evangelios: el libro de la Biblia (o un misal que contiene extractos de ella) ;
a los exorcistas, el ritual; a los acólitos, un candelero con una
Ve a predicar al pueblo (fue te ha sido confiado... vela y una vinajera destinada a contener el vino de la misa.
Finalmente, el pueblo es invitado a que se una a la oración
El nuevo obispo concelebra la misa con el consagrante que reza el obispo por los nuevos ministros. (En el cap. V
principal, está a su lado junto al altar, pronuncia todas las volveremos sobre estos formularios 3 y sobre las funciones
palabras y ejecuta todos los gestos A la comunión, recibe de estas cuatro órdenes que se llaman menores.)
la mitad de la forma destinada al celebrante y bebe en el
cáliz la preciosa sangre.
3
Al final de la misa tiene lugar la entronización del obispo. Los ritos de las ordenaciones (incluso el prefacio de la consagración
episcopal, como hemos indicado anteriormente) pueden consultarse en el
2 Ritual de las sagradas órdenes, preparado por Pedro Tena y Jorge Sans
Véase el texto íntegro de este prefacio en el apéndice del Ritual de Vila, Sigúeme, Salamanca 1961.
las sagradas órdenes, Sigúeme, Salamanca 1961.
120 El orden Las órdenes sagradas 121

2- En varios puntos, la ordenación de los subdiáconos de la ordenación episcopal, y aún hemos de ver otros rasgos de
se asemeja a las precedentes. El obispo les explica que son semejanza entre los ritos de ordenación de los tres grados supe-
auxiliares de los diáconos, que les incumbe preparar el cáliz, riores de la jerarquía.
velar por la limpieza del altar, lavar los paños que han servido Luego el obispo les expone la naturaleza del orden que van
para la comida eucarística; les presenta un cáliz y una patena, a recibir, las funciones que les incumben, las virtudes que éstas
a par que uno de los dignatarios del obispo les hace tocar las exigen y, si no se ha hecho ya, se cantan las letanías de los
vinajeras llenas que han de servir para la misa. Finalmente, santos.
el obispo ruega por ellos, después de invitar al pueblo a que se Sobre los futuros diáconos, el obispo pronuncia una euca-
una a esta oración. ristía, oración de acción de gracias, que comienza como el
Y es así que, hasta el siglo xn, siguió siendo una quinta prefacio de la misa:
orden menor, como, por lo demás, lo es aún actualmente en
oriente4. La función del subdiácono está emparentada con ... Rogárnoste, Señor, mires propicio a estos tus siervos Que humilde-
mente dedicamos al servicio de tus altares, en el oficio del diaconado...
la de los lectores y acólitos. Te rogamos, Señor, envíes sobre ellos el Espíritu Santo, el cual los
Pero la edad media elevó el subdiaconado a la categoría robustezca con el don de tu gracia septiforme para ejercer fielmente la obra
de orden mayor, por haber extendido hasta él la obligación de tu ministerio.
del celibato que hasta entonces sólo alcanzaba a los obispos,
sacerdotes y diáconos. De ahí que actualmente, el obispo em- El obispo interrumpe el canto para poner la mano derecha
pieza la ordenación recordándoles los compromisos que van sobre la cabeza de cada ordenando.
a contraer: Finalmente, el obispo reviste a cada uno de los nuevos
diáconos con los ornamentos de su orden-, la estola, que llevan
Hasta este momento, sois libres y os es licito, a vuestro arbitrio, volver terciada, y la dalmática. Luego les presenta el libro de los
a las profesiones seculares, pero una vez hubiereis recibido este orden,
ya no os será lícito retractar vuestra determinación, sino cjue tendréis
evangelios, que deberán leer y comentar al pueblo cristiano.
cjue consagraros al perpetuo servicio de Dios, a guien servir es reinar, Para los presbíteros, la imposición de manos precede a la
guardar con su ayuda la castidad y ocuparos para siempre en el ministerio oración de acción de gracias. El obispo pone, en silencio, las
de la Iglesia. dos manos sobre la cabeza de cada uno. Todos los sacerdotes
asistentes a la ceremonia vienen a repetir el gesto, luego se
Y se cantan sobre ellos las letanías de los santos, como ordenan en corona en rededor del obispo, con la mano derecha
hemos visto en la ordenación de los obispos y lo veremos extendida hacia los ordenandos. Seguidamente, el obispo pro-
en la de presbíteros y diáconos. Se entrega igualmente a los nuncia la eucaristía, que empieza recordando las figuras del
subdiáconos los ornamentos que, en el uso moderno, son pro- Antiguo Testamento: Aarón ayudado por sus hijos y, sobre
pios suyos: el manípulo y la tunicela, así como el libro de las todo, Moisés ayudado por los ancianos:
epístolas.
... Así, en el desierto, tú propagaste el espíritu de Moisés en las almas
32 Los futuros diáconos y presbíteros son presentados de setenta varones prudentes, con cuya ayuda pudo él gobernar fácilmente
al obispo por uno de Jos dignatarios de su diócesis. En seguida la muchedumbre innumerable del pueblo... Con la misma providencia, Señor,
se establece una especie de investigaciójn sobre las cualidades uniste a los apóstoles de tu Hijo doctores de la fe, por los cjue ellos llenaron
todo el orbe de prósperas predicaciones...
de los candidatos, y el pueblo mismo es invitado a dar su
Rogárnoste, Padre omnipotente, des a estos siervos tuyos la dignidad
parecer, por lo menos tácito: esto nos recuerda el comienzo del presbiterado, renueva en sus entrañas el espíritu de santidad, a fin de
cjue, recibido de ti, conserven el cargo del segundo grado y, por el ejemplo
4 de su conduela, inspiren la corrección de las costumbres. Sean coopera-
Pero en oriente, sólo hay dos órdenes menores: lectores y sub-
diáconos. dores solícitos de nuestro ministerio...
122 El orden Las órdenes sagradas 123

Luego el obispo reviste a los nuevos sacerdotes de sus Siendo cosa ciara por el testimonio de la Escritura, por la tradición
ornamentos distintivos: cruza sobre su pecho la estola que apostólica y el consentimiento unánime de los Padres, cjue, por la sagrada
ordenación gue se realiza por palabras y signos externos, se confiere \a
hasta entonces han llevado terciada y les entrega la casulla. gracia, nadie debe dudar gue-el orden es verdadera y propiamente uno
En una segtmda oración, el obispo pide para sus sacerdotes de los siete sacramentos de la santa Iglesia. Dice, en efecto el Apóstol:
la gracia de ser asiduos en la lectura de la Biblia, que predi- «Te amonesto gue resucites la gracia de Dios gue está en ti por la impo-
quen en la abundancia de su fe y guarden puro el don de su sición de mis manos. Porgue no nos dio Dios espíritu de temor, sino de
ministerio: «Que en servicio de tu pueblo transformen por virtud, amor y sobriedad.-» (2 Tim. 1, 6-7; cf_. 1 Tini. 4, 14.)
medio de una santa bendición el pan y el vino en el cuerpo Si alguno dijere gue el orden, o sea, la sagrada ordenación no es
y sangre de tu Hijo.» Mientras se canta el Veni creator, el verdadera y propiamente sacramenta, instituido por Cristo Señor, o gue
obispo va ungiendo con el santo crisma las manos de los sacer- es una invención humana, excogitada por hombres ignorantes de las cosas
dotes que ordena: eclesiásticas, o gue es sólo un rito para elegir a los ministros de la palabra
de Dios y de los sacramentos, sea anatema. (D. 959, 963.)
Dígnate, Señor, consagrar y santificar estas manos por esta santa Esto se opone a las negaciones de los protestantes que
unción y por nuestra bendición... a fin de que cuanto bendijeren sea ben-
decido, y cuanto consagraren, consagrado y santificado en el nombre de
borraron el orden de la lista de los sacramentos y se negaban
nuestro Señor Jesucristo. a ver en la ordenación un misterio divino eficaz de la gracia,
fuente de poderes sacerdotales, que no pertenecieran a todos
Por fin, les presenta un cáliz con vino y agua y una patena los bautizados. Para Lutero y Calvino, es sólo un gesto que
con pan, signo de la potestad de ofrecer el sacrificio eucarístico. expresa la elección de un hombreóla transmisión de una misión,
Inmediatamente después de su ordenación, los nuevos sacer- sin cambio interior alguno de ese hombre. Después como antes
dotes concelebran con el obispo, pronunciando las palabras de la ordenación — d i c e n — hay bautizados sin más.
al mismo tiempo que él desde el momento del ofertorio. Los Pero la definición del concilio de Trento mira el orden y la
nuevos presbíteros consagran verdaderamente y ésta es su ordenación de manera global, y [Link] cada uno de sus grados
primera misa. Al estudiar la eucaristía, pondremos de relieve y en cada uno de sus ritos. Algunos grados de la jerarquía son
la importancia tradicional de la concelebración (part. IV): de institución eclesiástica (can. 107), y determinados ritos no
La comunión de los nuevos presbíteros va acompañada de son esenciales, sino que constituyen aquella ampliación del
solemnidad particular, pues es el sello de su consagración. signo sacramental de que más arriba hemos hablado como de
Se cantan algunos versículos del discurso de la cena: «Ya no principio general (cf. p. 45).
os llamaré siervos, sino amigos, pues ahora sabéis todo lo que ¿Cuáles son los grados de orden que son sacramentales?
he hecho entre vosotros» (Jn. 15, 15). Hacen la profesión de fe, Los teólogos han discutido largamente sobre este punto. Sus
prometen obediencia al obispo, quien les impone de nuevo las divergencias se explican por la ignorancia en que estuvieron
manos 5 , les bendice y les da el ósculo de paz. hasta el siglo xvu acerca de la historia litúrgica y los ritos
orientales. Hoy día parece reinar unanimidad en la afirmación
de los tres grados sacramentales •. obispo, presbítero y diácono.
2. TRES GRADOS CONSTITUYEN EL SACRAMENTO DEL ORDEN Las órdenes menores y el subdiaconado son sacramentales
instituidos por la Iglesia. Así lo sugiere el concilio de Trento:
¿Cuál es el verdadero alcance de los ritos que acabamos
de describir? El concilio de Trento responde así en la sesión 23: Si alguno dijere gue no existe en la Iglesia católica una jerarguía
instituida por ordenación divina, gue consta de obispos, presbíteros y minis-
5 tros, sea anatema. (D. 966.)
El obispo acompaña este último gesto con la palabra de Jesús
después de la resurrección: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdo- Y siguiendo al concilio de Trento, el código de derecho
nareis los pecados, les son perdonados,- a quienes se los retuviereis les son
retenidos» (Jn. 20, 22). canónico (can. 108, 3).
124 11 orden Las órdenes sagradas 125

Pero sobre todo la constitución apostólica Sacramentum Es el gesto descrito por san Pablo y por los Hechos de los
otdinis de 30 de noviembre de 1947 ha subrayado lo que el apóstoles.
estudio litúrgico del orden pone en evidencia. Los tres grados Timoteo, a quien Pablo impuso las manos (2 Tim. 1, 6-7;
de diaconado, presbiterado y episcopado tienen la misma estruc- 1 Tim. 4, 14: en que se trata de un gesto colegial), deberá
tura de ritos. Los tres son conferidos por el mismo gesto esen- a su vez hacer ese gesto sobre aquellos que escoja con discer-
cial, la imposición de manos, acompañada de una oración nimiento (1 Tim. 5, 11). Por la imposición de manos, después
eucarística igualmente solemne, que invoca la venida del Espíritu de orar, instituyen los apóstoles diáconos a los siete que les
Santo. No puede atribuirse valor sacramental a una de estas fueron presentados por la comunidad (Act. 6, 6). Acaso se
ordenaciones, sin afirmarlo de las tres, ni negársela a una sin trate también de una ordenación, si bien la cosa no es tan
negarla a las tres. Por lo contrario, las otras ordenaciones cierta, en la elección de Pablo y Bernabé y la imposición de
carecen de estos elementos característicos6. manos que reciben antes de partir para su primer viaje de evan-
Pero si tres grados son sacramentales, todas las órdenes, gelización (Act. 13, 3).
en su conjunto, constituyen un solo sacramento, cuya plenitud Es el gesto de Moisés, al transmitir a Josué su espíritu de
es el episcopado, y las otras una participación, siempre según sabiduría y su autoridad y nombrarlo sucesor suyo:
la imagen de Moisés, a quien dijo Dios: «Yo tomaré del espíritu
Yabvé dijo a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, hombre sobre cjuíen
que hay en ti y lo pondré sobre ellos, para que te ayuden reside el espíritu, y pon tu mano sobre él. Ponle ante Eleazar, sacerdote,
a llevar la carga del pueblo, y no la lleves tú solo» (Núm. y ante toda la comunidad y lo instalarás ante tus ojos. Transmítele una
11, 17) 7. parte de tu autoridad, a fin de c¡uc toda la congregación de los hijos de
Israel le obedezcan...» (Núm. 27, 18-20.)
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, pues Moisés
había impuesto sus manos sobre él. A él obedecían los hijos de Israel, como
3. EL SIGNO DE LA IMPOSICIÓN DE MANOS el Señor se lo había mandado a Moisés. (Deut. 34, 9.)

La edad media, influida por los usos del feudalismo, veía Sin estar expresado, el gesto está, sin embargo, sugerido
el signo del sacramento del orden en la entrega de los objetos en Núm. 11, 15: cuando Dios dio a Moisés la colaboración
característicos de los poderes conferidos-, al diácono, el libro de los setenta ancianos, «tomó del espíritu que reposaba en él
de los evangelios; al presbítero, el cáliz con vino y la patena; para ponerlo en ellos».
al obispo, el báculo y el anillo, a la manera como un soberano Nótese que la gracia de Josué o de los setenta ancianos
investía a su vasallo entregándole un símbolo de sus derechos viene de Moisés, su poder es emanación del poder de éste.
o feudos. Aceptada por santo Tomás (Supl.q. 34, a. 5; opús- Por semejante manera, en el orden, el poder espiritual trans-
culo «De los artículos de la fe y de los sacramentos de la. mitido viene del que confiere el sacramento. Por eso, la impo-
Iglesia») y por el concilio de Florencia en su Instrucción para sición de manos del obispo es el signo suficiente, sin que haga
la unión délos armenios (D. 701), esta opinión ha caducado va. falta otro y, sobre todo, sin el empleo de algo totalmente
A partir de la constitución Sacramentum oráinis, la imposición exterior, y esta es la diferencia entre el sacramento del orden
de manos, y sólo ella, ha de ser considerada como signo sacra- y la mayoría de los otros sacramentos, cuyos efectos vienen
mental. de Dios, y no del ministro 8.
6
Es imposible entrar aquí por menudo en las controversias sobre
la sacramentalidad de las órdenes menores, hoy bastante desuetas, ni las
que han puesto en tela de juicio, hasta nuestros días, la sacramentalidad
del episcopado.
7
Aquí nos inspiramos en santo Tomás, Supí., q. 37, a. 1, ad 2, quien, 8 También aquí había sentada santo Tomás excelentemente el prin-
sin embargo, no sacó de este principio todas las consecuencias que entraña. cipio, pero sin sacar la consecuencia: Supl. q. 34, a. 5.
126 El orden Las órdenes sagradas 127

La misión del Espíritu Santo y el carácter son significados


4. LOS EFECTOS DE LA ORDENACIÓN no sólo por la oración consecratoria, sino también por el gesto
de la unción que, sin ser esencial, es sin embargo tradicional
MISIÓN INVISIBLE DEL ESPÍRITU SANTO desde el siglo vin (cf. D. 965) en la consagración del obispo
Si alguno dijere (fue por la sagrada ordenación no se da el Espíritu y del presbítero. Según el aso bíblico, la unción inicia la diputa-
Santo y <\ue, por ende, en vano dicen los obispos: «Recibe el Espíritu ción definitiva de un hombre para una misión o cargo y hace
Santo...», sea anatema. (D. 964.) de tal modo sagrado al. que la recibe, que David castigó de
muerte al amalecita que remató a Saúl. -Rechazado por Dios,
Por esta definición, el concilio de Trento expresa la unánime
caído de la realeza, Saúl seguía siendo el ungido de Yahvé
tradición litúrgica. Las citas que hemos traído más arriba de
(2 Sam. 1, 14).
los tres prefacios consecratorios son explícitas. Y es así que
el Espíritu Santo es el autor de todas las consagraciones. A cada El carácter es siempre una configuración con Cristo. Cada
una de las tres ordenaciones corresponde una nueva misión ministro — dice santo Tomás — es en cierto aspecto imagen
del Espíritu Santo, distinta de la del' bautismo y confirmación 9 . de Cristo» 1 2 ; y es así que los poderes sacramentales dados por
la ordenación son ejercidos en persona de Cristo (cf. infra,
PODERES INAMISIBLES Y CARÁCTER INDELEBLE
cap. IV).
Si alguno dijere (jue por la sagrada ordenación no se imprime carácter UNA GRACIA DE SANTIDAD INTERIOR
o gue aguel gue una vez fue sacerdote puede nuevamente convertirse en
laico, sea anatema. (D. 964.) Si el efecto principal consiste en los poderes recibidos, este
sacramento lleva también consigo una gracia de santidad inte-
La ordenación no puede, en efecto, reiterarse. Las reor- rior (res sacramenti). Y es así que el ejercicio del ministerio
denaciones comprobadas durante períodos de confusión (par- exige una virtud eminente. Los que reciben la ordenación son
ticularmente en el siglo x), se debieron únicamente al hecho puestos a la cabeza de los' fieles> cuyos modelos deben ser.
de tenerse por nula la primera ordenación. Los poderes dados Aquí también las oraciones consecratorias se expresan con
son definitivos, a diferencia de la jurisdicción que puede ser claridad. Por mucho cuidado que la Iglesia ponga ea escoger
retirada. La Iglesia reconoce por válida la ordenación, con- sus candidatos, no le es posible penetrar hasta los corazones;
ferida con el rito esencial, por un obispo hereje, válida también pero Dios que conoce los repliegues de las almas y obra con
la eucaristía celebrada por un sacerdote apóstata. Estos poderes misericordia, hace a sus ministros dignos de los poderes que
constituyen el carácter indeleble impreso por el sacramento del les otorga (prefacio de la ordenación de los diáconos). Sin em-
orden (res et sacramentum)10. En la entrega o transmisión bargo, este fruto de gracia no lo recibe el que por sus malas
de estos poderes consiste ante todo el sacramento del orden. disposiciones pone óbice, y puede perderse. Es producido por
El que lo recibe, lo recibe para bien de los otros, no para sí medio del carácter.
mismo (primariamente) XL.

9
Véase el opúsculo del autor, Del obispo.
M> Cf. san Gregorio de Nisa, Oratio in bapt. Christi (MG 46, 581): 12
«El mismo poder de la palabra (que hace el bautismo y la eucaristía) hace Citado anteriormente, p. 112. Nótese que santo Tomás no reco-
también al sacerdote augusto y santo, separado del común de los hombres nocía al obispo un carácter propio, distinto del del presbítero, pues creía
por la novedad de su consagración. Ayer y anteayer era uno de la muche- que la ordenación episcopal no podía ser válidamente conferida al que no
dumbre y del pueblo. Y de pronto, es promovido guía, doctor y presidente hubiera ya recibido el presbiterado. Santo Tomás ignoraba que la práctica
de la religión, mistagogo de los ocultos misterios. Y esto lo hace sin cambio de la Iglesia romana antigua obligaba a una conclusión diferente. Pero
alguno de cuerpo ni de forma. Quedando en apariencia lo que era, una afirma con toda la tradición que la ordenación episcopal confiere poderes
fuerza y gracia invisible han transformado su alma invisible.» que no tiene el presbítero, y da una semejanza con Cristo superior a la
" Cf. Supl. q. 34, a. 2 y 4; q. 37, a. 1, ad 1. del sacerdote: Supl q. 40, a. 4 y 5.
128 E¡ orden

5. EL QUE RECIBE LA ORDENACIÓN:


LA VOCACIÓN SACERDOTAL

El sacramento del orden sólo puede ser válidamente reci- IV


bido por un bautizado varón. Pero, además, se requieren otras
condiciones, que no 'afectan a la validez, y, muy particular- EL SACERDOCIO DEL OBISPO Y DE LOS PRESBÍTEROS
mente, haber antes recibido el sacramento de la confirmación,
que es la primera diputación del cristiano para dar testimonio
de Cristo ante sus hermanos. De los tres grados sacramentales del orden, el diaconado
La Iglesia excluye de las sagradas órdenes a los que hayan establece en una función y poderes de servicio o ministerio,
cometido crímenes, a los que padecen determinadas enferme- mientras que los otros dos, episcopado y presbiterado, con-
dades o defectos físicos, a los que han ejercido actividades fieren función y poderes de sacerdocio. Pero este sacerdocio
cuyo solo recuerdo estima ella ser incompatible con la misión no es igualitario, ni está tampoco formado de individuos aisla-
y ministerio jerárquico. Son los llamados impedimentos o irre- dos e independientes. Los presbíteros tienen todo su sacerdocio
¿juíaridades. del obispo, cuyos cooperadores son y como segundos de
Actualmente, la Iglesia sólo confiere el sacramento del orden a bordo. Están además agrupados en un colegio o cuerpo que
a quienes se presentan espontáneamente a ella para recibirlo. forma una unidad en torno al obispo. Y, -finalmente, los obispos
Este paso es una elección libre y lúcida, un don de sí mismo mismos se reúnen en torno al romano pontífice.
al Señor en la fe, que exige generosidad y amor sin límites.
La profundidad de la vida cristiana en una familia o sociedad
se reconoce en la medida en que favorece la germinación de 1. OBISPOS Y PRESBÍTEROS RECIBEN EN LA ORDENACIÓN
este deseo de servicio pleno y total a la Iglesia. UN VSKDADERO SACERDOCIO
Sin embargo, sólo la Iglesia llama a la ordenación para las
necesidades de su ministerio. Sólo ella escoge entre los que El pueblo del Antiguo Testamento había recibido del Señor,
se presentan, discerniendo las aptitudes y la calidad de los por obra de Moisés, una ordenación litúrgica que comprendía
candidatos en una larga labor de formación. un templo, sacrificios de adoración y expiación cumplidos unos
Pero todavía hay que ir más allá de este plano de lo visible. diariamente (Lev. 6, 1-6; Ex. 30, 6-8) y otros una vez al año
Por la voz de la Iglesia y por las circunstancias que han con- (Lev. 16), y un sacerdocio para ofrecer a Dios estos sacri-
ducido a un hombre hasta la ordenación sacerdotal, Dios es ficios en nombre del pueblo. Gestos visibles exteriores, des-
quien llama: «Y nadie se arroga por sí este honor, sino el que critos con toda precisión en el libro del Levítico.
es llamado, como Aarón» (Hebr. 5, 4). El Nuevo Testamento comprende también un sacerdocio
La ordenación, don gratuito del/Señor, constituye la prenda visible y un sacrificio ritual instituidos por Cristo y, por ese
auténtica de este llamamiento, que lleva el nombre de vocación. hecho, queda abolido el culto levítico (Hebr. 7, 12). Pero la
Aun cuando Dios conoce mejor que nosotros las necesi- nueva institución es de una riqueza que no hacía 'sospechar
dades de su reino, Jesús nos manda que pidamos al Padre la antigua.
de familia que mande trabajadores a su mies (Mt. 9, 38).
CRISTO, SACERDOTE ÚNICO DE LA LEY MUEVA
El templo de la antigua ley es sustituido por el templo
de la ley nueva: la sacratísima humanidad de Cristo:
9
El orden Sacerdocio del obispo y de los presbíteros 131
no
Jesús respondió a los judíos: «Destruid este templo, y yo lo reedificaré ofrezca dones y sacrificios por los pecados... Y nadie se arroga para sí este
en tres días.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta años ha costado cons- honor, sino el (fue es llamado por Dios, a la manera como lo fue también
truir este templo, ¿y tú lo vas a reedificar en tres días?» Pero Jesús Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo alzándose sumo sacer-
hablaba del templo de su cuerpo. (Jn. 2, 19-21.) • dote, sino el (fue le habló así: «Hijo mío eres, yo te he engendrado' hoy.»
Y como dice en otra parte: «Tú eres sacerdote para siempre, según el
Por semejante manera, los sacrificios prescritos por el Leví- orden de Meltfuisedec.» (Hebr. 5, 1, 4-6.)
tico desaparecen ante el sacrificio único y señero del Nuevo
Y de aquéllos (los sacerdotes de la antigua ley) fueron muchos hechos
Testamento: [Link] de Cristo sobre la cruz. Y es así que sacerdotes, pues la muerte les impedía permanecer•,pero Cristo, por perma-
los sacrificios de la antigua ley eran demasiado exteriores. necer para siempre, posee un sacerdocio inmutable. (Hebr. 7, 20-24.)
De ahí que el Señor mismo que los había instituido, no se
cansaba de repetir por boca de los profetas que los rechazaba Cumplida una vez por todas, la redención de Cristo se
(Is. 1, 10-16; Jer. 6, 20; 7, 21-23; Os. 6, 6; Am. 5, 22-25; realiza, sin embargo, diariamente en la Iglesia, hasta la parusía
Ps. 39; 49; 50; etc.). o segundo advenimiento, por medio de los sacramentos. La re-
misión de los pecados, por la que Jesús derramó su sangre,
Por eso, al entrar en el mundo dice: «No has querido sacrificio ni se recibe en el bautismo y la penitencia. El misterio mismo de
oblación, pero a mí me has plasmado un cuerpo. No has aceptado holo-
caustos y sacrificios por el pecado. Entonces dije: Heme acjuí q¡ue vengo la redención se hace presente, se «re-presenta», en la cele-
•— en el volumen del Libro se escribe de mí — para cumplir, ob Dios, tu bración de la eucaristía. Por eso Cristo, comunica su sacerdocio
voluntad.» (Hebr. 10, 5-7.) a los apóstoles y, por éstos, a los obispos y sacerdotes para
que lo ejerzan sacramentalmente.
El sacrificio de la nueva ley es la sangre de Cristo, y no la
sangre de los machos cabríos y toros. El altar es la cruz.
Es a par un holocausto, acto de obediencia y adoración, primi- LOS OBISPOS Y SACERDOTES TIENEN PODER
DE CONSAGRAR LA EUCARISTÍA
cias de la creación ofrecidas a Dios en una alabanza pura, y el
sacrificio para la remisión de los pecados, de que era sólo lejana Antes de inmolarse sobre la cruz, Jesús anticipó su sacri-
imagen el rito anual de expiación cumplido por el sumo sacer- ficio, la tarde del jueves, celebrándolo bajo los signos del pan
dote mosaico. Es, en fin, el sacrificio de la alianza, por el que y del vino: «Esto es mi cuerpo que será entregado por vos-
se sella definitivamente la constitución del nuevo pueblo de otros.» «Este es el cáliz de mi sangre, la sangre de la nueva
Dios (Hebr. 8-10) y se congrega todos los hijos de Dios antes y eterna alianza, que será derramada por la remisión de los
dispersos (Jn. íí, 52). pecados.»
En este sacrificio culmina la misión de Jesús. Testigo del Como quiera que la inmolación sobre la cruz no puede
Padre, muere, como todos los profetas, para dar testimonio repetirse, puesto que Cristo sólo muere una vez, se hará pre-
de la verdad (1 Tim. 6, 12-13; Jn. 18, 36-37; Mt. 26, 63-66; sente sacramentalmente a lo largo de los tiempos. Por eso,
Hebr. 3, 1). Buen pastor, da la vida por sus ovejas (Jn. 10, en la cena, Cristo añade: «Haced esto en memoria mía» (Le. 22,
11-18). 19; 1 Cor. 11, 24), palabra con que confiere a los apóstoles
Este sacrificio es único y señero, no puede ya haber otro, el orden y el poder de repetir los gestos y palabras de la cena
pues su eficacia es total y alcanza a todos los hombres y a con la misma eficacia y, consiguientemente, de consagrar la
todos los tiempos. El cuerpo de Cristo es ofrecido una vez por eucaristía, de representar y ofrecer bajo los signos sacramen-
todas (Hebr. 10, 1-18). Víctima única de la nueva ley, Cristo es tales el sacrificio mismo de Cristo (cf. D. 938, 949).
también sacerdote único, pontífice solo y sumo. El mismo Como este memorial de la pasión del Señor ha de cele-
ofrece el sacrificio: brarse «hasta que vuelva» (1 Cor. 11, 26), el poder de con-
sagrar la eucaristía, recibido por los apóstoles, es transmitido
Y es así c\ue todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres,
es instituido en favor de los hombres para el culto de Dios, a fin de cjue a obispos y presbíteros por la ordenación. Al futuro obispo,


132 El orden
Sacerdocio del obispo y de los presbíteros 133
el obispo consagrante le indica entre sus funciones la de
cados por sí mismos o por los sacerdotes a quienes dan juris-
ofjerre (el sacrificio del altar). La más antigua oración conse- dicción; pero la sentencia de perdón sólo puede ser válidamente
cratoria que se Ha conservado, la de la Tradición apostólica pronunciada por el que ha sido ordenado de obispo o presbítero
de Hipólito de Roma (hacia el año 200), pide que «ofrezca al (cf. D. 902, 920).
Padre los dones de su santa Iglesia». Al ordenando de pres-
Los ritos de la ordenación conceden lugar importante a este
bítero, el obispo le entrega el cáliz preparado para la misa, poder de perdonar los pecados. En el prefacio consecratorio
a par que le dice: «Recibe el poder de ofrecer a Dios el sacri- del obispo se dice señaladamente:
ficio y de celebrar misas por vivos y difuntos en el nombre
del Señor.» Pero antes ha pedido a Dios, autor de toda consa- Dale, Señor, las llaves del reino de los cielos... Que todo lo que atare
gración, que se digne bendecir a este servidor suyo, «a fin de sobre la tierra, sea atado en el cielo, y todo lo que desatare sobre la tierra,
que, en servicio de tu pueblo, transforme con santa bendición, sea desatado en el cielo, aquellos a quienes retuviere los pecados, les sean
retenidos, y a quienes remitiere los pecados, tú, Señor, se ios remitas.
el pan y el vino en el cuerpo y sangre de tu Hijo» (cf. supra,
p. 122). Según testimonio de la Tradición apostólica, al comienzo
Mas, a diferencia de los sacrificios rituales de la antigua del siglo ni se empleaba una oración semejante. Para los pres-
ley y de las religiones paganas, la celebración de la eucaristía bíteros, en la ordenación de rito latino, sólo más tarde se añadió
no es un acto litúrgico aislado. Presencia de la pasión de Cristo, la imposición de manos con la fórmula: «Recibid el Espíritu
!a celebración eucarística es el ejercicio de la obra de nuestra Santo: a quienes remitiereis los pecados, les son remitidos;
redención. Hacia ella converge todo el trabajo de plantación a quienes se los retuviereis, le son retenidos.» Pero en todos
de la Iglesia, de preparación de las almas. De ella arranca todo los tiempos, los sacerdotes fueron requeridos por los obispos
el oficio o ministerio pastoral. Por eso, en la teología de santo para ayuda en el ministerio de la reconciliación de los peni-
Tomás, todos los otros poderes jerárquicos se organizan en tentes (cf. part. V).
torno del poder eucarístico. Al poder sobre el cuerpo eucarís-
tico de Cristo, corresponde un poder sobre su cuerpo místico * OBISPOS Y PRESBÍTEROS RECIBEN, CONSIGUIENTEMENTE,
EN LA ORDENACIÓN UN VERDADERO SACERDOCIO
OBISPOS Y SACERDOTES TIENEN PODER
DE PERDONAR LOS PECADOS Sobre estos dos poderes, que son los más característicos
del sacerdocio, funda el concilio de Trento su enseñanza doc-
Moisés sólo podía implorar gracia para su pueblo culpable
trinal sobre el sacramento del orden:
(Ex. 17, 8-16; 32, 11-14; Deut. 9, 18-19); Cristo, empero,
perdona los pecados, porque derrama su sangre para remisión El sacrificio y el sacerdocio están tan unidos por ordenación de Dios
de ellos. Este poder divino que, con gran escándalo de los que en toda ley han existido ambos. Habiendo, pues, en el Nuevo Testa-
fariseos, ejerció durante su vida, se lo comunica a los apóstoles mento, recibido la Iglesia católica f>or institución del Señor el santo sacri-
después de la resurrección: «Recibid el Espíritu Santo: a quie- ficio visible de la eucaristía, hay también que confesar que hay en ella
nuevo sacerdocio, visible y externo, en el que fue trasladado el antiguo
nes remitiereis los pecados, les son remitidos; a quienes se los (Hebr. 7, 12 ss.). Ahora bien, que fue aquél instituido por el mismo Señor
retuviereis, les son retenidos» (Jn. 20, 22-23). salvador nuestro, y que a los apóstoles y sucesores sttyus en el sacerdocio
Después de los apóstoles, el ejercicio de este ministerio les fue dado el poder de consagrar, ofrecer y administrar el cuerpo y la
de misericordia exigirá simultáneamente una doble sucesión sangre del Señor, así como el de perdonar o retener los pecados, cosa es
que las sagradas letras manifiestan y la tradición de la Iglesia católica
apostólica: la de la ordenación y la de la misión. Sólo los enseñó siempre. (D. 957.)
obispos que poseen su legítimo rebaño, pueden perdonar los pe-
1 Si alguno dijere que en el Nuevo Testamento no existe un sacerdocio
Cf. por ejemplo, Supl. q. 37, a. 2; pero sobre todo Sliimiifl contra visible y externo, o que no se da potestad alguna de consagrar y ofrecer
Cent. IV, 74-75." el verdadero cuerpo y sangre del Señor y de perdonar los pecados, sino
134 El orden Sacerdocio del obispo y de los presbíteros 135

sólo el deber y mero ministerio de predicar el Evangelio, y (fue aquellos que se da en las sagradas especies después de la consagración,
cjue no- lo predican no son absolutamente sacerdotes, sea anatema. (D. 961.) pero no menos auténtica 2.
Y por ejercer sacramentalmente el sacerdocio de Cristo,
Al insistir el concilio sobre este «sacerdocio visible y ex- el obispo y, en su lugar, los presbíteros pueden presidir la
terno», es porque quiere evitar se lo confunda con el sacer- comunidad de los fieles, orar en su nombre y actuar como
docio espiritual e interior que la Escritura atribuye a todos los mediadores entre Dios y los hombres. Esta presidencia de la
miembros del pueblo de Dios (cf. supra, p. 96-97). comunidad, mencionada en los ritos de la ordenación, no es
Mas el sacerdocio del obispo y de los presbíteros se ejerce consecuencia de una delegación de parte de los fieles, sino
también en la administración de la extremaunción y del bau- del carácter sacerdotal y del poder de consagrar la eucaristía 3 .
tismo, sacramentos que van unidos a la remisión de los pecados. Finalmente, aun cuando la comunicación de su sacerdocio
La extremaunción no puede darse sin la intervención del sacer- hecha por Cristo tenga por fin la Iglesia y los fieles, es menes-
dote (hoy día sólo el sacerdote puede practicar las unciones, ter subrayar que es definitiva y constituye el carácter inami-
pero siempre ha sido necesaria la bendición del óleo, como sible. Puede incluso ser dada sin referencia inmediata a un
veremos en la part. VI), y hasta del obispo, pues éste, en prin- ministerio: es «un don personal del poder espiritual en el
cipio, es el que bendice el óleo. En cuanto al bautismo, si es orden del culto sacramental de la Iglesia» 4.
cierto que puede, en caso de necesidad, ser administrado por
un laico y hasta por un infiel, normalmente es una de las
funciones propias del obispo y, bajo su dependencia, de pres- 2. EL OBISPO POSEE LA PLENITUD DEL SACERDOCIO
bíteros y diáconos.
Presbíteros y obispos no son, sin embargo, iguales en el
POR ELLOS SE EJERCE EL SACERDOCIO ÚNICO DE CRISTO ' sacerdocio. El obispo es superior al presbítero, no por razón,
Si el obispo y los presbíteros poseen un verdadero sacer- de simples vicisitudes históricas, sino por institución divina
docio, no lo poseen en nombre propio, sino dentro del ejercicio (can. 108, 3). Esta superioridad no radica sólo en la juris-
del sacerdocio único de Cristo. Su sacerdocio es sacramental. dicción, sino que se verifica también en la potestad de orden.
Y es así que, como hemos visto (part. I), cuando el sacer- He aquí cómo se expresa el concilio de Trento:
dote bautiza, absuelve de los pecados o unge a los enfermos, Declara el santo concilio c¡ue, sobre los demás grados eclesiásticos, los
Cristo es quien obra. En la eucaristía señaladamente el sacer- obispos se han sucedido en el lugar de los Apóstoles, pertenecen principal-
dote se identifica con Cristo, rehaciendo los gestos de la cena mente a este orden jerárquico y están puestos, como dice el mismo Apóstol,
y repitiendo las palabras de Jesús con su misma divina eficacia. por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios (Act 20, 28), son supe-
El sacerdocio del obispo y de los presbíteros se da en función riores a los presbíteros y confieren el sacramento de la confirmación, ordenan
a los ministros de la Iglesia y pueden hacer muchas otras más cosas, en cuyo
de Cristo, representan la persona de Cristo, según las fórmulas desempeño ninguna potestad tienen los otros de orden inferior. (D. 960.)
clásicas de la teología, repetidas en la encíclica Mediator Dei-.
en la misa y en la cruz, Si alguno dijere cjue los obispos no son superiores a los presbíteros,
o c\ue no tienen potestad de confirmar y ordenar o (fue la c)ue tienen les es
...idéntico es el sacerdote, Jesucristo, cuya sagrada persona está común con los presbiteros, sea anatema. (D. 967.)
representada por su ministro. Este, en virtud de la consagración sacerdotal
cjue ha recibido, se asemeja al sumo sacerdote y tiene poder de obrar por 2
Ene. Mediator Dei, núm. 26.
la virtud y en persona del mismo Cristo. Por eso, con su acción sacerdotal, 3
Supl. q. 37, a. 4, ad 1, ene. Mediator Dei, núm. 104.
presta en cierto modo a Cristo su lengua y le ofrece su mano. (Núm. 87.) 4
Y. Congar, Structure du sacerdoce ebrétien, en LMD 27 (1951),
p. 75. No creemos poder adherirnos plenamente a la presentación del sacer-
Por eso también, en el sacerdote que consagra la eucaristía, docio ensayada en ese capítulo. Aparte las discusiones teológicas que
se verifica una presencia de Cristo, distinta ciertamente de la suscita, multiplica las dificultades pedagógicas.
136 El orden Sacerdocio del obispo y de los presbíteros 137

Sólo el obispo, efectivamente, es ministro ordinario de la a propósito de la jerarquía, se reservó primeramente ese nom-
confirmación. Si los sacerdotes reciben el poder de confirmar bre a solos los obispos. Cuando se admitió en fin el vocabulario
es a título de ministro extraordinario, en vista de condiciones del Levítico para aplicarlo por alegoría al sacramento del
especiales, por una delegación de la santa sede y con limita- orden, se atribuyó al obispo el título de pontífice y la figura
ciones, cuya transgresión por parte del sacerdote invalidaría de Aarón, para señalar la excelencia de su sacerdocio y su
el sacramento. superioridad sobre los presbíteros.
Mas, aun en el caso en que el sacerdote es excepcional-
mente admitido a confirmar, ha de servirse del crisma consa- 3. LOS SACERDOTES SON LOS COOPERADORES DEL OBISPO
grado por el obispo, y esta consagración no puede ser delegada
(can. 781, 1). Por lo contrario, la definición misma del presbítero, la natu-
Respecto a las ordenaciones, si en ciertos casos, previstos íaleza propia de su sacerdocio, es de ser auxiliar del obispo,
por el derecho, no se requiere el carácter episcopal para su cooperador suyo, como dice el prefacio de la ordenación. Toda
validez, se trata sólo de grados instituidos por la Iglesia, no de su razón de ser está en el obispo, de él recibe sus poderes, y
las órdenes propiamente sacramentales (can. 951, 957, 964). en su lugar y nombre y en unión con él los ejerce. Los padres
Estas órdenes sagradas sólo puede administrarlas el obispo, y las oraciones litúrgicas han estimado que llamarlos segundos,
sólo él puede darse sucesores en el episcopado, sólo él puede sacerdotes del orden segundo, era proclamar su dignidad. Están
ordenar presbíteros y diáconos. Los hechos históricos que se para ayudar a] obispo, pero de la plenitud de éste reciben
alegan entre teólogos y que pudieran debilitar este principio, la parte de sacerdocio de que están investidos, como los setenta
no tienen la amplitud suficiente para constituir un argumento ancianos establecidos para ayudar a Moisés recibieron parte
dogmático5. Por lo demás, tampoco podrían debilitar la defi- del espíritu que había en Moisés (cf. supra, p. 124-125). Por eso,
nición del concilio de Trento. El poder extraordinario dado no hay bautismo sin el obispo, ora lo administre por sí mismo,
eventualmente, de forma especial, a sacerdotes, no es el mismo ora por sus sacerdotes:
que el que posee el obispo. Este es tan fundamental, que lo
ejercería válidamente aun fuera de la comunión de la Iglesia. El supremo derecho de administrar el bautismo incumbe al supremo
La tradición es unánime en reconocer que el ejercicio del poder sacerdote, es decir, al obispo, si lo hay, luego a los presbíteros y diáconos,
pero no sin la autoridad del obispo, por el honor de la Iglesia, cjue hay c¡ue
de ordenar manifiesta la diferencia entre obispos y presbíteros. guardar para guardar la paz. (Tertuliano, De baptismo, c. 17. ML 1,
Pero hay que decir de manera más general que el obispo 1.218.)
posee la plenitud del poder sacerdotal, porque representa más No hay eucaristía sin el obispo, principio sobre que vuelve
perfectamente la mediación de Cristo, rey, sacerdote y profeta en todas sus cartas, como sobre un estribillo, san Ignacio de
o, lo que es lo mismo, sacerdote según el orden de Melquisedec. Antioquía. La liturgia antigua lo manifiesta por dos signos muy
El obispo hace la persona de Cristo no sólo en el ejercicio elocuentes. El primero es la conceiebración .- todos los presbí-
de algunos de sus ministerios, como el sacerdote, sino en su teros presentes en torno al altar consagran una sola eucaristía
totalidad y, sobre todo, en la función de la Iglesia y en la con el obispo y bajo su presidencia. La Iglesia romana limita
institución misma de los ministros 6 . actualmente esta práctica a las misas de ordenación; pero las
Cuando la tradición cristiana aceptó 'hablar de sacerdocio iglesias orientales la acostumbran frecuentemente. El segundo
5
signo era propio de Roma. Cuando los sacerdotes estaban dis-
Se hallará una exposición completa de todas las controversias persos en sus parroquias respectivas a la cabeza del rebaño
acerca del episcopado, en el hermosísimo artículo de E. Boularand, La con-
sccration episcopal est-elle sacraméntale?, en «Bull. Ht. Eccl.», 1953, que les había sido confiado, recibían un fragmento de la hostia
p. 3-36. consagrada en la misa del papa, el fermentum, que tenían que
6
Santo Tomás, Comm. in 4 l. sent., Dist. 24, q. 3, a. 2, repetido
en Supl q. 40, a. 4, ad 3. mezclar en la eucaristía que ellos celebraban.
138 El orden Sacerdocio del obispo y de los presbíteros 139

Con más razón no hay misión, predicación ni cargo pas- obispos, sin embargo, forman también un colegio. Ya hemos
toral fuera del obispo, como más arriba queda explicado dicho respecto de la jurisdicción (cap. II) que son sucesores
(cap. II). de los apóstoles en conjunto y no individualmente, y en con-
Dos fórmulas de san Ignacio de Antioquía resumen el ideal junto y no individualmente son infalibles. El concilio universal
de los sacerdotes. Han de estar unidos al obispo «como las expresa de manera solemne este privilegio de los obispos; pero
cuerdas con la lira» 7 y la otra 8 : también en la vida diaria se ejerce una solidaridad que es muy
profunda, y su manifestación litúrgica en la consagración de un
Una sola es la carne de nuestro Señor Jesucristo y un solo cáliz para obispo, cumplida no por uno solo (lo que bastaría para la
unirnos con su sangre, un solo altar, así como no hay más c¡ue un solo
obispo, juntamente con el colegio de los ancianos. validez) sino por tres obispos a lo menos. Al lado del consa-
grante principal, los otros no son meros «asistentes», como se
los llama de ordinario, sino verdaderos «co-consagrantes», que
4. EL SACERDOCIO EN LA IGLESIA ES COLEGIAL concelebran el acto esencial de la ordenación (const. apost.
Episcopalis consecrationis, 30 noviembre 1944).
Por ser, en su conjunto, el sacramento del sacerdote único,
Cristo, los presbíteros no menos que los obispos poseen un Sólo hay entre los obispos una Iglesia, un corazón y un alma... Sólo
sacerdocio colegial. Este término significa una solidaridad en la hay, por institución de Cristo, una Iglesia esparcida por todo el mundo
responsabilidad, una comunidad profunda, el ejercicio común en sus varios miembros, un episcopado único, representado por muchos
de ciertas funciones y, en fin, la anterioridad del colegio sobre obispos unidos entre sí... (San Cipriano, carta 66; cf. ML, 4, 409-412.)
los individuos que lo componen.
Respecto a los sacerdotes, esta colegialidad está señalada
por el nombre colectivo, que los designaba en la primitiva
Iglesia. Para san Ignacio y buen número de autores son el
«colegio de los presbíteros», el presbytermm. También lo sub-
raya la vida litúrgica. Ya hemos hablado de la concelebración;
pero existe también la concelebración para la consagración
de los santos óleos en la misa crismal del jueves santo, y, sobre
todo, la imposición de manos, después del obispo, de todos
los presbíteros sobre la cabeza de los ordenandos para el pres-
biterado. La Tradición apostólica de Hipólito da de este último
gesto la razón siguiente: «a causa del espíritu común y seme-
jante del clero». Finalmente, el sínodo diocesano, que reúne
periódicamente a los sacerdotes en torno de su obispo para
puntualizar el trabajo pastoral, expresa de manera solemne la
realidad cotidiana de un esfuerzo común del colegio de los
sacerdotes 9 .
Si, a la cabeza de cada Iglesia local, el obispo es único,
como imagen de Cristo fundador y esposo de su Iglesia, los
7
Ad Eph. 4, 1 ; Padres apostólicos, p. 450.
8 Ad Pbilad. 4 ; ibid. p. 483.
9
CL el congreso de l'Union des Oeuvres en Versalles, 1956, sobre
«Pastorale, oeuvre commune».
Diaconado y órdenes menores 141

oración y al ministerio de la palabra» (Act. 6, 1-6). Lejos de


ser éste un servicio puramente material, auna en sí una función
litúrgica y una misión de caridad x. Lo inaugura un signo sacra-
mental y hasta se convierte en testimonio y evangelización,
como lo vemos por el ejemplo de Esteban (Act. 6, 8-7, 60)
V
y de Felipe (8, 5-40). El establecimiento de los diáconos forma
EL DIACONADO Y LAS ORDENES MENORES en adelante parte de la organización de toda comunidad estable
(cf. Filip. 1, 1; Tim. 3, 8-12). Según testimonio de san Clemente
Romano o de san Ignacio de Antioquía, los diáconos consti-
Entre el diaconado y las órdenes menores hay distancia tuyen el tercer grado de la jerarquía, como lo afirmará la tradi-
considerable, pues el primero es sacramento, y los otros, sacra- ción posterior con una unanimidad que ño conoce excepción.
mentales instituidos por la Iglesia. Sin embargo, es interesante
estudiarlas juntas, pues las órdenes menores son como prolon- EL DIACONADO, ORDEN SACRAMENTAL
gación del diaconado, algunas de cuyas funciones y ministerios
El mismo gesto de la imposición de las manos ha sido
asumen.
empleado siempre, acompañado de la invocación del Espíritu
Santo, para establecer a los diáconos, y él los constituye en la
1. EL ORDEN DE LOS DIÁCONOS jerarquía de orden de institución divina (concilio de Trento,
ef. D. 962; CIC can. 108, 3). Es consiguientemente un acto
CRISTO, «DIÁCONO» sacramental por el que se recibe al Espíritu Santo y se imprime
El diácono, en el Nuevo Testamento, es el que sirve a la un carácter que configura al diácono con Cristo servidor.
mesa (Le. 17, 8; Jn. 12, 2 ; Me. 1, 3 1 ; Mt. 4, 11) y, de manera
LAS FUNCIONES DE LOS DIÁCONOS
más general, el que está al servicio de los otros por deber o por
caridad (Le. 8, 3 ; Mt. 27, 55; Me. 15, 4 1 ; Mt. 25, 34-45). En la antigüedad y todavía ahora en oriente, las funciones
Ahora bien, Jesús quiso presentarse como «diácono», como de los diáconos son muy importantes. Si en el occidente mo-
el que sirve. En la última cena, se ciñe una toalla y lava los derno aparecen disminuidas, de hecho casi anuladas, es porque
pies a los apóstoles, y explica: «¿Quién es mayor, el que se este orden se da casi exclusivamente a futuros sacerdotes y, por
recuesta en la mesa o el que sirve? ¿No es mayor el que ende, a título de grado preparatorio. Pero las funciones, cum-
se recuesta? Yo, empero, estoy entre vosotros, como el que plidas por los sacerdotes permanecen.
sirve» (Le. 22, 27). Y en san Marcos, Jesús afirma: •
15 Servicio de la mesa eucarística: tradicionalmente, a los
El efue entre vosotros quisiere hacerse el mayor, será servidor vuestro,- diáconos incumbía sobre todo el ministerio del vino eucarístico ;
y el cjue entre vosotros cjuisiere ser grande, será vuestro esclavo. Y es así de ahí que, al desaparecer la comunión bajo las dos especies,
cjue el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su ha quedado sin objeto esta función del diácono. Sin embargo,
vida en rescate por muchos. (Me. 10, 43-45.)
todavía hoy (can. 845), como en los días de san Justino mártir
(i Apoí. c. 65 y 67), los diáconos son ministros de la eucaristía.
INSTITUCIÓN DE LOS DIÁCONOS POR LOS APOSTÓLES
22 Servicio del obispo (y presbíteros). En la celebración
Desbordados por la amplitud de sus tareas, los apóstoles litúrgica, los diáconos sirven al obispo en el altar. Del obispo,
mandan designar a siete hombres llenos del Espíritu Santo y de
sabiduría, y les imponen las manos para colocarlos al frente 1
Cf. Adalbert Hamman, Liturgie ct action sociale. Le diaconat aux
del servicio de tas mesas y poder así consagrarse ellos «a la premiers siceles, en LMD 36 (1953), p. 151-172.
¡42 El orden Diaconado y órdenes menores ¡43

su ministerio se extendió también a los sacerdotes, aunque Actualmente, en la Iglesia latina, sólo se confieren a clérigos
esto no se hizo siempre sin algunas protestas o discusiones, destinados al sacerdocio, y constituyen como grados ascen-
de que nos dan testimonio los concilios del siglo ív. dentes de preparación para el mismo. En la Iglesia antigua, por
lo contrario, tenían bastante importancia, y se conferían para
32 Dirección de la oración de la comunidad por medio un servicio muy concreto de la comunidad, sin preocupación
de moniciones. Litúrgicamente, al diácono toca formar el lazo de alguna de ascenso a un grado considerado como superior.
unión entre el celebrante y el pueblo, advírtiéndole a éste de los No se trataba, por lo demás, de solas funciones cultuales, sino
diversos momentos de la ceremonia, dictándole las posturas, también de responsabilidades pastorales.
sugiriéndole las intenciones de la oración:
Los acólitos son los que siguen al diácono (acólito es pala-
El diácono, volante del aliar al pueblo y del pueblo al altar, deberá, bra griega que significa acompañante), y constituyen una escolta
por una parte, hacerse semejante a un ángel y, por otra, convertirse en el
santo animador de la acción sagrada, dando una sola alma a los fieles. de honor del celebrante y del evangelio, y a ellos incumbe el
(Gogol, Divine Liturgie médiiée,.)? servicio del altar. Sus funciones han pasado a los monaguillos
(llamados también acólitos) y, en las misas solemnes, a los
42 Proclamación solemne del evangelio en la iglesia, y pre- clérigos mayores.
dicación por delegación del obispo.
Los exorcistas desempeñaron un gran papel, mientras hubo
52 Ministerio del bautismo solemne (can. 741), según el
adultos que se preparaban para el bautismo. Ellos ayudaban,
ejemplo del diácono Felipe y de acuerdo con la tradición
en efecto, a los obispos y sacerdotes en la preparación de los
antigua.
catecúmenos. Su intervención litúrgica en los exorcismos pre-
62 Importantes funciones sociales y, sobre todo, adminis- bautismales correspondía sin duda a su papel permanente, de
trativas fueron ejercidas por los diáconos, bajo la autoridad suerte que pudiera verse su pervivencia en los catequistas,
del obispo, durante la antigüedad y la edad media. señaladamente en los países de misión.
La función de los lectores vuelve a recobrar actualmente
2. EL ORDEN DE LOS SUBDIACONOS su importancia, pues la palabra de Dios ha de ser proclamada
de manera inteligible en la reunión de los fieles, y el papel de
Más arriba (cap. III), hemos tratado por menudo de este los lectores es estrictamente litúrgico. Si el celebrante hubiera
orden, que sólo en occidente vino a ser «orden sagrada» a par- de suplir su ausencia, se transformaría la fisonomía de la cele-
tir del siglo xiii. bración. Los laicos pueden ejercer la función de lector.

En cuanto a los ostiarios (porteros) dan a la ceremonia


3. LAS ORDENES MENORES
un verdadero carácter de reunión litúrgica. Ellos convocan
a los fieles al son de las campanas, ellos acogen a los que han
Las órdenes menores han variado y varían aún en número de tomar parte en los sagrados misterios y, en caso de nece-
según las iglesias locales. El oriente no ha conocido prác- sidad, apartan a los indignos y regulan los movimientos de la
ticamente más que dos: subdiáconos y lectores. En occidente, muchedumbre, particularmente para la comunión. Ellos, final-
la presencia simultánea de todas las órdenes menores sólo se mente, tienen el cuidado y guardia del edificio, en que se
ha verificado, fuera de Roma, a partir de la edad media. celebran las reuniones para la oración.
2
Trad. T. Belpaire, Amay-sur-Meúse 1934, p. 19. Cf. A. G. Marti- El concilio de Trento quiso revalorar plenamente estas diver-
mort, «.Catéchése episcopales et «monitions diaconales», en LMD 17 (1949), sas funciones; admitió incluso que los obispos confieran la
p. 110-120.
144 E¡ orden

ordenación a casados, si efectivamente la ejercían (sesión 23,


decreto sobre la reforma disciplinar, cap. 11). La decisión del
concilio quedó letra muerta, sin duda porque el impulso pasto-
ral dado por el concilio no ha sido seguido con suficiente
APÉNDICE
empeño en este terreno... como en tantos otros.
RELIGIOSOS Y CLÉRIGOS

Es un hecho que 5e comparan frecuentemente sacerdotes


y religiosos, vocación sacerdotal y vocación religiosa, tanto
en el plano de la pedagogía elemental y de la opinión, como
en el plano de la oración.
Esta comparación se explica por el hecho de que la recep-
ción del orden exige una consagración definitiva de la vida,
la renuncia al matrimonio, a las situaciones lucrativas y a las
dedicaciones temporales. Por todo ello, el paso del hombre
que se presenta a su obispo para la ordenación sacerdotal se
asemeja al del hombre o la mujer que escoge de por vida la
profesión religiosa. De una y otra parte es menester el mismo
abandono gozoso de realidades terrenas buenas y santas, la
misma generosidad del don de sí, la misma fe profunda, parejo
dinamismo de la esperanza del advenimiento de Cristo.
Sin embargo, la comparación entraña grandes inconve-
nientes. En primer lugar, desconoce una situación de hecho
considerable, y es que hay religiosos que no son sacerdotes
ni tienen vocación sacerdotal. Y hay sacerdotes que son reli-
giosos y otros que no lo son, pues en el interior mismo del
sacerdocio los caminos son diferentes (cf. CIC can. 107).
Pero, sobre todo, la comparación corre riesgo de crear una
confusión doctrinal. La vida religiosa se sitúa en el plano de la
perfección personal. De suyo se destina primeramente a laicos,
que llevan una vida de trabajo y oración en la ciudad o en el
desierto, dando testimonio de la ciudad celeste por el espec-
táculo silencioso de su fraternidad y comunidad de bienes,
como la primera comunidad descrita en los Hechos de los
apóstoles (4, 32-35). El clérigo, por lo contrario, no busca
la separación y la perfección por sí mismas, sino que es llevado
a ellas por la lógica interna de las responsabilidades jerárquicas
que se le confían. Lo que explica, por lo demás, que estos
146 El orden

deberes o compromisos espirituales de los clérigos no apare-


cieran como indispensables ni inmediatamente ni dondequiera.
La vida religiosa es de libre elección: «Si quieres ser perfecto...»; PARTE 11 í
el clérigo, empero, es elegido y designado por la Iglesia, sepa-
rado de los laicos por el don gratuito de la ordenación o de la ^\^K^^r*l\r^r\
misión, aun cuando, de hecho, se hubiere presentado él mismo
LA I N I C I A C I Ó N CRISTIANA
al obispo.
BIBLIOGRAFÍA

1. Liturgia de la iniciación cristiana


Es imprescindible tener a mano los textos mismos de la liturgia:
cuaresma, consagración de los santos óleos, bautismo de adultos y párvulos,
vigilia pascual, confirmación, semana de pascua.
Para el aspecto histórico de los ritos pueden consultarse:
P. París, L'initiation chrétienne, Beauchesne, París 1941.
L. Duchesne, Origines du cuite chrétien, De Boccard, París 5 1925, p. 309-
360.
L. Bouyer, Le baptéme et le mystére de Paques, en LMD 2 (1945), p. 29-51.
J. Lécuyer, La priére consécratoire des eaux, en LMD 49 (1957), p. 71-95.

2. Catec¡uesis de los Padres


Tertuliano, De baptismo, ML 1, 1197-1224.
San Ambrosio, De sacramentis, ML 16, 417-462.
— De mysteriis, ML 16, 389-401.
San Cirilo de Jerusalén, Las catec¡uesis, Aspas, Madrid 1945.
San Zenón de Verona, Tractatus de Pascba, ML 11, 500-509.
San Juan Crisóstomo, Huit catéchéses baptismales inédites, trad. Wenger,
Cerf, París 1957.

3. Sobre el bautismo
J. de Baciocchi, La vida sacramentaría de la Iglesia, p. 59-78.
L. Beirnaert, Symbolisme myihigue de Veau dans le baptéme, en LMD 22
(1950), p. 94-120.
M. Boismard, La typologie baptismaíe dans la I épitre de saint Pierre,
en LVS 416 (1956), p. 339-352.
L. Bouyer, Le mystére pascal, Cerf, París *1956.
F. Braun, Le baptéme d'aprés le IV evangile, en «Revue thomiste» 48
(1948), p. 347-393.
J. Calle, Cuerpo místico de Cristo y carácter bautismal, en «Mise, com.»
27 (1957), p. 145-214.
J. Daniélou, Traversée de la Mer Rouge et baptéme aux premiers siécles,
en «Rech. de se. reí.» 33 (1946), p. 402-430.
— Le symbolisme des rites baptismairx, en «Dieu vivant» 1 (1945),
p. 17-43.
— Déluge, baptéme, jugement, en «Dieu vivant» 8 (1947), p. 97-111.
— Sacramentum futuri. Etudes sur les origines de la typologie bibligue,
Beauchesne, París 1950.
— Bible et liturgie, Cerf, París 1952, p. 29-155.
— Catéchése paséale et retour au paradis, en LMD 45 (1956), p. 99-119.
150 La iniciación cristiana

H. Dondaine, Le ba'ptéme est-il encoré le sacrement de \a joi?, en LMD 6


(1946), p. 76-87.
A. Grail, La place du baptéme dans la doctrine de saint Paul, en LVS 82
(1950), p. 563-583.
J. Hild, Dimanche et vie paséale, Brepols, Turhgut 1949.
J. Lécuyer, La jete du baptéme du Christ, en LVS 413 (1956), p. 31-44.
A,. G. Martimort, Catéchése et catéchisme, en LMD 6 (1946), p. 37-48. Para ser cristiano y formar parte de la Iglesia, hay cjue reci-
A. Rétif, Qu'est-ce c¡ue le kérygme?, en «Nouv. Rev. Th.» 71 (1949), bir la fe y el bautismo. Fe y bautismo, por lo demás, forman
p. 910-922. una unidad, hasta el punto de cjue el bautismo se llama «sacra-
L. Richard, Le baptéme, incorporation visible a l'Eglise, en «Nouv. Rev.
Th.» 74 (1952), p. 485-492. mento de la fe».
H. Riesenfeld, La signiflcation du baptéme johannic¡ue, en «Dieu vivant» 13 Pero no puede comprenderse el bautismo, sin otros dos
(1949), p. 31-37. sacramentos cjue van estrechamente unidos con él: la con-
A. Roguet, Que signifient les engagements du baptéme et la projession firmación y la eucaristía. La confirmación completa y acaba
de /oí?, en Communion solennelle et projession de joi, Cerf, París al bautismo! la eucaristía es la mesa familiar a cjue da acceso
1952, p. 135-156.
O. Rousseau, La deséente aux enjers, fondement sotériologiijue du baptéme el bautismo. Sólo cuando el bautizado ha participado por vez
chrétien, en «Rech. de se. reí.» 40 (1952), p. 273-297. primera de la misa y ha comulgado, «conoce todos los secretos
J. Schmitt, Baptéme et communauté d'aprés la primitive pensée aposto- del reino de los cielos» (Mt. i3, i i). Es un iniciado. (Los padres
lice, en LMD 32 (1952), p. 53-73. íatinos hablaron de iniciación y de iniciados por analogía con el
Además constantemente nos referiremos a las sesiones VI y Vil del vocabulario de las «religiones de misterios».)
concilio de Trento (D. 792fl-843; 857-873, y a santo Tomás en las cuestio-
nes 66-71 de la tercera parte (véase el tomo XIII de la edición bilingüe,
BAC, Madrid 1957, p. 158 s.), en donde se cita abundante bibliografía El bautismo, la confirmación y eucaristía constituyen, juntos,
española. la iniciación cristiana. Al adulto cjue es recibido en la Iglesia
por el obispo mismo, se le administran los tres sacramentos
4. Sobre la confirmación durante una misma ceremonia. Tal es la regla de las iglesias
LMD 54 (1958), constituye la mejor publicación sobre el tema, con artículos de oriente aun para los párvulos, y tal fue la práctica universal
de Botte, Lécuyer, Van den Eynde, Camelot, etc. en la antigüedad. Actualmente, en occidente, se ha separado
P. Fransen, La .confirmación, en «Orbis catholicus» 2 (1959), p. 412-441. legítimamente, para los párvulos, el bautismo de la confirmación
D. Greenstock, El problema de la confirmación, en «Ciencia tomista» 81 y eucaristía, pero esta excepción no debe hacer olvidar la
(1954), p. 201-240.
A. G. Martimort, La confirmation, en Communion solennelle et projession regla. Por eso la Iglesia Quiere cjue, apenas sean capaces, se dé
de joi, p. 159-201. cuanto antes y sin dilación a los niños la comunión y confir-
Anciaux, Verheul, Rabau, Christo signati, Comité de pastoral litúrgica, mación. De ahí cjue convenga estudiar conjuntamente los tres
Malinas 1954. sacramentos, aunejue distinguiendo cuidadosamente sus diver-
sos ritos, su naturaleza y efectos propios.
5. Sobre la eucaristía como sacramento de iniciación
J. Daniélou, La catéchése eucharistiejue chez les Peres de l'Eglise, en La
Messe et sa catéchése, Cerf, París 1947, p. 73-85.
— Baptéme, Pague, eucharistie, en Communion solennelle et projession
de joi, p. 117-133.
M. Gaucheron, L'Eglise de France et la communion des enfants, Cerf,
París 1952.
Todos los textos de los Padres que se citan se encuentran reunidos
en la obra en dos tomos- Textos eucarísticos primitivos, edición bilingüe,
preparada por el P. Jesús Solano, BAC, Madrid 1952 y 1954.
SECCIÓN I

EL BAUTISMO

Apenas se entra en el estudio del bautismo, no puede uno


menos de notar el lugar privilegiado que ocupa en el Nuevo
Testamento, en los Padres y aun en la historia del arte.
Se ha conservado con singular cuidado el texto de las
catecjuesis o instrucciones que daban a los que recibían el bau-
tismo los grandes obispos de la antigüedad: san Ambrosio, san
Agustín, san Zenón de Verona, san Gregorio de Nisa, san Cirilo
de Jerusalén, Teodoro de Mopsuestia, san Juan Crisóstomo.
Los temas bíblicos que exponían los pastores en sus catc-
quesis bautismales, se hallan grabados en las inscripciones fune-
rarias, pintados sobre las paredes de las catacumbas romanas
y de los baptisterios primitivos, esculpidos sobre los sarcófagos.
La liturgia bautismal misma, sobre todo, se desenvol-
vió espléndidamente desde un principio. En el siglo iv está
definitivamente constituida, sustancialmente idéntica en las
varias iglesias, no obstante las diferencias de lengua y de
cultura y semejante a la que vige actualmente. Esa liturgia
ocupa el centro del año cristiano, que es la pascua, es el origen
de la cuaresma y de la semana de pascua, y se despliega en
etapas de preparación y en fiestas conmemorativas.
Nada hay en ello de sorprendente, como quiera que el
bautismo funda e inaugura toda la vida cristiana. El es el tér-
mino de una peregrinación a veces muy larga que ha conducido
al hombre hasta Cristo, y contiene en germen todas las etapas
ulteriores de la pascua del cristiano. La doctrina sobre los
sacramentos y la gracia se ha elaborado en torno a los pro-
blemas concernientes al bautismo. De la doctrina del bautismo
deriva la mística. En todas las épocas de la Iglesia, el resur-
gir de la vida religiosa y apostólica ha ido precedido de una
mejor comprensión del bautismo.
El bautismo en el Nuevo Testamento 155

Marchad por todo el mundo y pregonad la buena nueva a toda la


creación. El c\ue creyere y se bautizare, se salvará, el cjue no creyere se
condenará. (Me. 16, 15-16.)

I 3. EL BAUTISMO DE JESÚS Y EL DE JUAN


EL LUGAR DEL BAUTISMO EN LOS ESCRITOS
La palabra «bautizar» no se explica nunca en los diversos
DEL NUEVO TESTAMENTO textos del evangelio y de los Hechos. Realmente, no había
necesidad de explicar un gesto bíblico —Naamán se bañó
1. EL BAUTISMO EN LOS HECHOS DE LOS APOSTÓLES (baptizesthai), por orden de Eliseo, siete veces en el Jordán
y quedó curado de la lepra (4 Re. 5, 10) —.; un gesto, sobre
El bautismo és uno de los aspectos en que más insiste el todo, que había sido ya practicado por Juan Bautista y sus
libro de los Hechos de los apóstoles. Desde Pentecostés y las discípulos a orillas del mismo Jordán, al borde del desierto.
primeras manifestaciones de la Iglesia, los que creen en la
palabra de los apóstoles, reciben el bautismo: a) Entre el bautismo instituido por Cristo y el bautismo
de Juan, las semejanzas y continuidad son llamativas. Ni en
Oídole cjue hubieron, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro uno ni en otro es este gesto un paso aislado:
y a los demás apóstoles-. «Hermanos, icjué tenemos (fue hacer'}» Y Pedro les
contestó: «Arrepentios y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre — no son gentes que se bañan, como lo hizo Naamán,
de Jesucristo, a fin de cjue se os perdonen vuestros pecados, y recibiréis o como lo practicaban las sectas judías sacadas recientemente
el don del Espíritu Santo...-» Así pues, cuantos recibieron su palabra, se a luz por los documentos de Qumrán, sino que bautiza Juan
bautizaron, y fueron agregados acjuel día más de tres mil almas. y bautizan los apóstoles. Se da la intervención de un hombre
(Act. 2, 37-41.)
que obra como enviado de Dios;
Así será en adelante después de cada anuncio del mensaje: — el bautismo de Juan y el de Jesús se dan tras la procla-
después de la curación del cojo del templo (4, 4), con ocasión mación de un mensaje divino, que anuncia los tiempos mesiá-
de las predicaciones de Felipe en Samaría (8, 12-17). Unas nicos y el juicio (Le. 3, 3-9; Mt. 3, 1-12; Me. 1, 1-3).
veces se nos describen conversiones en masa, casi anónimas La continuidad es subrayada por el hecho de que Jesús
(18, 8); a veces iniciaciones individuales, importantes por la mismo quiso recibir el bautismo de Juan, Jesús o sus discípulos
orientación que imprimen al porvenir de la Iglesia: la del eunuco bautizaron también, al comienzo de la predicación evangélica,
de Etiopía (8,- 26), la de Pablo, bautizado en Damasco (9, 18), apareciendo así como en competencia con Juan (Jn. 3, 22-26;
4, 1-3).
la-de Cornelio (10, 47-48), la de Lidia y su casa (16, 14-15), la
del carcelero y los suyos (16, 29-33).
b) Sin embargo, el bautismo dado por mandato de Jesús
a partir de Pentecostés, no es el bautismo de Juan. La diferencia
2. EL MANDATO DADO POR CRISTO es tan grande que los apóstoles hacen bautizar de nuevo a los
que han recibido el bautismo de Juan (Act. 19, 1-7). Si el gesto
Los apóstoles y sus colaboradores no hacían en esto sino es idéntico, si la obra de Juan prepara la de Cristo, Juan mismo
cumplir a la letra la misión que les diera Jesús resucitado: confiesa haberse producido un cambio profundo: «Yo os he
Marchad, pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizán-
bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo»
dolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles. (Me. 1, 8; etc.). El bautismo cristiano no sólo inaugura la
a guardar todo lo cjue yo os he mandado. (Mat. 28, 19-20.) conversión, sino que la produce, porque Jesús ha muerto y resu-
156 La iniciación cristiana El bautismo en el Nuevo Testamento 157

citado. El don del Espíritu Santo -opera una transformación


radical del hombre, un nuevo nacimiento. El bautismo cristiano, 5. LA PRIMERA CARTA DE SAN PEDRO
en fin, supone la revelación del misterio de la Trinidad, a la
que se responde por la fe. La primera carta de san Pedro que, en los últimos años,
ha sido objeto de importantes estudios, comienza por una ver-
Así pues, por Juan Bautista, Jesús pone a par de manifiesto
su estrecho enlace con el Antiguo Testamento que El vino dadera homilía bautismal tejida de alusiones al tema del Éxodo
a cumplir y perfeccionar, y la novedad inesperada de su obra, y de la alianza del Sinaí (1-4). Ahora bien, lejos de ser aisladas,
ante la cual el Antiguo Testamento y Juan no pasan de figuras las perspectivas presentadas en esta carta corresponden a las
y preparaciones1. que hallamos en los escritos de Pablo y Juan, hasta el punto
de que se ha sugerido que debían fundarse en la liturgia de la
primera generación cristiana. Por lo menos concurren a una
4. EL BAUTISMO EN LAS CARTAS DE SAN PABLO idéntica inteligencia bíblica del bautismo 3 .
San Pablo dirije sus cartas a comunidades de bautizados,
en el fervor aún de su iniciación reciente. De ahí que el bau- 6. LOS ESCRITOS JOANICOS
tismo ocupe en ellas un lugar primordial, hasta el punto de
que influye sobre el pensamiento de Pablo aun en el caso En el evangelio de san Juan, los sacramentos del bautismo
de no mencionarlo expresamente. y de la eucaristía determinan la elección y esclarecimiento
Los textos más fundamentales son: Gal. 2-5; Rom. 6-8; de muchos hechos y palabras de Cristo.
1 Cor. 6, 11; 10-12; Col. 2-3; Ef. 1-5; Tit. 3, 3-7. Pronto vol- La conversación con Nicodemo (cap. 3) es para el bautismo
veremos sobre ellos (cap. III). Notemos «quí solamente que lo que el discurso después de la multiplicación de los panes
san Pablo inserta siempre el bautismo en la perspectiva del para la eucaristía: «El que no renaciere del agua y del Espíritu,
conjunto de la economía de ía salud. Para él, es la entrada no puede entrar en el reino de Dios.» Pero las palabras son
en el misterio de Cristo, prefigurado en el Antiguo Testamento explicadas por el tema del agua viva que se repite continua-
y realizado por la cruz y la resurrección. Es la inauguración mente: conversación con la samaritana (4, 7-15), fiesta de los
de una vida que, oculta ahora, aparecerá cuando vuelva Cristo tabernáculos (7, 37-39), y sobre todo, por los gestos de Cristo:
y debe, entre tanto, manifestarse por un esfuerzo espiritual su bautismo de manos de Juan (1, 29-34), la curación del
constante. Es la entrada en un pueblo nuevo, que no entraña paralítico de Bethesda (5, 1-9) y del ciego de nacimiento
ya la diferencia entre griegos y judíos, esclavos y libres, un (9, 1-38). Sobre el Calvario, del costado taladrado de Cristo
pueblo de familiares e hijos de Dios y conciudadanos de los manan sangre y agua (19, 34-35), en que la tradición ha visto
santos. Si el apóstol no describe más que por alusiones y remi- con razón los signos de la eucaristía y del bautismo.
niscencias la liturgia bautismal, la doctrina e imágenes bíblicas La primera carta y el Apocalipsis presentan alusiones más
que propone fecundarán la evolución ulterior de los ritos2. discretas al bautismo; sin embargo, es fácil distinguirlas bajo
los símbolos (1 Jn. 3, 1-11; 5, 6-8; Apoc. 7, 17; 21, 6;
22, 1, 17; etc.).

1
Cf. J. Schmítt, Baptéme et tommunauté dans la primitive pensée
apostolice, en LMD 32 (1952), p. 53-73); y J. Delorme, La praticjue du
baptéme dans le judaisme conttmporain des origines chrétiennes, en «Lu-
miére et vie» 26 (1956), p. 165-204. 3 M. Boismard, Une liturgie baptismak dans la i Petri..., en «Revue
2
Véase sobre todo A. Grail, La place du baptéme dans la doctrine biblique» 2 (1956), p. 182-208; del mismo: La typoíogie baptismak dans
de saint Paul, en LVS 82 (1950), p. 563-583. la premiére épitre de saint Pierre, en LVS 416 (1956), p. 339-352.
Los ritos del bautismo a la luz de la historia • /59„

1. EL CATECUMENADO

El Directorio para la pastoral de los sacramentos (núm. 27)


II exige un mínimo de tres meses de preparación para un adulto
que pide el bautismo. Este plazo es más largo én los territorios
LOS RITOS DEL BAUTISMO A LA LUZ DE LA HISTORIA de misión, en que alcanza hasta cuatro años..
Se llama catecúmeno al que se prepara así para el bautismo.
Cuando recorremos, en el ritual romano, el capítulo con- Aun cuando no tenga aún derecho de participar en los sacra-
sagrado al bautismo, comprobamos primeramente la existencia mentos, la Iglesia lo admite ya a algunas de sus reuniones
de un doble formulario, uno destinado a los párvulos, otro de oración y le reconoce ciertos derechos (can. 1.239, 1.249,
a los adultos; pero la diferencia está solamente en que el 1.152).
primero es prácticamente una abreviatura del segundo. Esta Es cierto que, en los primeros días de la Iglesia, la iniciación
observación nos invita a una conclusión capital desde el punto cristiana se llevaba a cabo de manera expeditiva, como el día
de vista pedagógico: sólo se llegará a la plena inteligencia par- de Pentecostés (Act. 2, 37-41) o en el caso del eunuco etíope
tiendo del bautismo de tos adultos, no del de los párvulos. (Act. 8, 36-38). Pero una vez que las entradas en la Iglesia
La Iglesia se construye en primer término por conversiones se hicieron numerosas y, sobre todo, después de las caídas
de adultos, y los niños sólo son recibidos con ellos o des- provocadas por la persecución, fue menester organizar este
pués de ellos. La adaptación de los ritos a la iniciación de los largo tiempo de preparación y prueba, el catecumenado, que,
niños planteó a la conciencia teológica de los padres de la en sus grandes líneas, se observa aún actualmente y permite
Iglesia problemas muy difíciles, que hicieron ciertamente des- instruir al candidato, darle a conocer la vida comunitaria de la
cubrir más y más las riquezas del don de Dios, pero que sub- Iglesia, iniciarlo en la oración, ayudarle en el cambio de vida
rayan la necesidad de que la Iglesia supla las impotencias y en la penitencia, asegurarse de la sinceridad y seriedad del
del niño. Una comunidad que no tuviera la experiencia de los paso que da, y despertarle la conciencia de los compromisos
adultos que reciben el bautismo en su seno, perdería progre- bautismales que va a contraer.
sivamente el verdadero sentido del bautismo; tanto, por lo de
más, como una misión en que no se bautizara a los niños de los La entrada en el catecumenado iba acompañada de gestos
cristianos. y oraciones que, actualmente, en el rito seguido del bautismo,
La segunda observación que sugiere el ritual es que los se sumplen en la puerta de la Iglesia:
numerosos ritos que constituyen la liturgia del bautismo están a) Proclamación del mensaje. Pedir el bautismo es prime-
separados por cambios de lugar. Este sacramento se administra
ramente pedir la fe. Esta es la respuesta a la buena nueva traída
como caminando: ante Id puerta de la iglesia, en el interior,
por los mensajeros que Dios envía. Este primer mensaje
yendo hacia el baptisterio, ante la puerta del baptisterio, en el
(kerygma), esencial a la predicación de los apóstoles en el
interior del baptisterio. Este caminar sugiere etapas. Y estas
etapas existieron efectivamente en el pasado. Sólo desapare- libro de los Hechos 2, ha sido analizado en toda su profun-
cieron en la época en que la cristiandad no tenía ya adultos didad por san Agustín 3 . En el ritual actual se reduce a algunas
que iniciar y se espera su restablecimiento allí donde se hallan frases y a un diálogo.
numerosos catecúmenos1.
1 2 A. Rétif, Qu'est-ce due le kérytime?, p. 910-922; del mismo: Foi au
J. Christiaens, Le rituel du catéchuménat, en «Revue du clergc Cbrist et Mission, Cerf, París.
africain», julio 1956. 3
San Agustín, De catecbizandis rudibus, ML 40, 309-348.
¡60 La iniciación cristiana Los ritos del bautismo a la luz de la historia ¡óf

b) Gesto del soplo. Evocando la primera creación del I. Evangelio de la samaritana (Jn. 4, 6-42), al que corres-
hombre, el sacerdote sopla sobre el candidato: «Recibe al ponde el episodio del agua milagrosa de Meribá (Núm. 20,
Espíritu Santo por este soplo...»; pero el soplo de Dios pone 1-13).
también en fuga al espíritu impuro: «Apártate, espíritu impuro, II. Evangelio «de Abrahán» (Jn. 8, 12-59), al que res-
y da lugar al Espíritu Santo Paráclito.» ponde Isaías 49, 8-15.
III. Evangelio del ciego de nacimiento (Jn. 9, 1-38), pre-
c) El signo de la cruz.' Este gesto se hacía primeramente cedido de Isaías 1, 16-19.
sobre la frente. Actualmente se repite sobre los ojos, los oídos, Cuando se releen estos diversos textos en la perspectiva
las narices, los labios, el pecho y las espaldas y va acompañado de la preparación bautismal, es fácil comprender la razón de su
de fórmulas admirables. El señala el primer toque de Cristo elección: la fuente bautismal, agua viva ofrecida por el Señor,
sobre el que desea entrar en su ejército y militar bajo su es a par gracia de curación. La fe y el bautismo aparecen así
bandera.,. indisolublemente unidos.
En cada una de estas reuniones, los catecúmenos son objeto
d) El gusto de la sal. N o pudiendo dar aún al candidato
de un tratamiento especial, los exorcismos. Se trata de oracio-
la comida celeste de la eucaristía, que se reserva a los bauti-
nes, acompañadas del gesto de la imposición de manos, ora-
zados, el sacerdote le da a gustar un poco de sal en señal de
ciones diferentes para hombres o mujeres 4 . Todas terminan
hospitalidad. Condimento destinado a asegurar el sabor y la
por una conjuración imperativa al diablo:
conservación de los alimentos, evoca la sabiduría que Dios
da con la fe. Reconoce, diablo maldito, tu justa condenación, y honra a Dios, al Dios
vivo y verdadero¡ honra a Jesucristo, su Hijo, y al Espíritu Santo, y apár-
tate de este siervo de Dios, a (futen Jesucristo, Dios y Señor nuestro, se ha
2. LA PREPARACIÓN DEL BAUTISMO DURANTE LA CUARESMA dignado llamar a sí, a su santa gracia y bendición, y a la fuente del
bautismo.
Después de años o, por lo menos, de meses de catecume-
nado, el candidato, admitido al bautismo para la próxima noche Los exorcismos no tienen precisamente por fijn' expulsar
pascual, era preparado para él por medio de reuniones de ora- al demonio, como lo expulsaba Jesús del cuerpo de los posesos.
ción y ejercicios intensivos, que forman el elemento más impor- Miram al porvenir tanto como al pasado, y se insertan en el
tante de la cuaresma. esfuerzo, inaugurado en el catecumenado, pero que habrá de
durar toda la vida, de lucha contra el pecado. Esta lucha no es
IOS «ESCRUTINIOS* Y LOS EXORCISMOS un simple combate sicológico, sino que enfrenta a Dios y a
Satanás. El demonio disputa las almas a Dios, como tentó
La reunión o sinaxis litúrgica, durante tres domingos de a Jesús en el desierto (cf. evangelio del primer domingo de
cuaresma, estaba dominada por la preparación comunitaria cuaresma, Mt. 4, 1-11; y el del tercer domingo de la liturgia
de los candidatos: los escrutinios. Averiguación atenta y prue- actual, Le. 11, 14-28).
ba de la rectitud de su paso, oración por ellos y por sus
He aquí por lo demás cómo comenta san Agustín los
padrinos, estos ejercicios se señalan sobre todo por la elección
exorcismos:
de las lecturas bíblicas que en ellos se hacen y por el rito de
los exorcismos. Lo cjue nosotros hemos comenzado por las conjuraciones hechas en
Las lecturas bíblicas tenían por fin reavivar en los cristianos nombre de vuestro redentor, acabadlo vosotros por el examen profundo de
el sentido profundo de su bautismo. Actualmente no se leen
4
en sus fechas primitivas, pero se reconocen fácilmente en otros Con la sola excepción de la oración Deus immortale praesidium,
que es reciente, son los formularios que se hallan siempre en el ritual
días de la cuaresma romana: del bautismo de los adultos.

ii
162 La iniciación cristiana Los ritos del bautismo a la luz de la historia 163
vuestro corazón. Nosotros luchamos por medio de nuestras oraciones y de los
exorcismos contra ias astucias de este viejo enemigo, vosotros, por vuestra los santos óleos, el «crisma», y bendice el óleo de los exorcis-
parte, habéis de perseverar en la oración y en la contrición de corazón... mos, destinados principalmente a la iniciación cristiana. La re-
(Sermón 216; ML 38, 1.076-1.083.) forma litúrgica de la semana santa ha devuelto todo su esplen-
dor a este importante rito. Es de notar que el prefacio de la
LA ENTREGA DEL SÍMBOLO, DEL PADRENUESTRO, misa, lo mismo que el prefacio consecratorio del crisma, está
DE LOS EVANGELIOS Y SU CATEQUESIS casi exclusivamente orientado a la meditación del carácter
El último domingo de cuaresma presentaba el bautismo bautismal, cuyo signo será la unción. Es, pues, muy importante
como un milagro de resurrección. Se leía el evangelio de la para una pedagogía auténticamente cristiana que estos textos
resurrección de Lázaro (Jn. 11, 1-45), precedido del relato sean conocidos, comentados y, sobre todo, meditados. Todo
de la resurrección del hijo de la viuda por Elias (3 Re. 17, cristiano debe hacer, por lo menos una vez en su vida, la pere-
17-24). Pero era también el día en que, en Roma, se entregaba grinación a la catedral, a fin de tomar parte en la misa crismal
al catecúmeno el depósito íntegro de la fe: el símbolo (llamado del jueves santo.
de los apóstoles, que es siempre presentado en el bautismo),
el padrenuestro y los evangelios. El obispo comentaba el credo,
artículo por artículo, y el padrenuestro, petición por petición; 4. LOS ÚLTIMOS GESTOS DE LA PREPARACIÓN BAUTISMAL
luego hacía una homilía sobre cada uno de los evangelios.
En las iglesias de oriente, señaladamente en Jerusalén, se des- Los ritos que tienen actualmente lugar ante la puerta del
arrollaba más el comentario del símbolo, escalonándose sobre baptisterio son la última preparación bautismal. En Jerusalén,
quince días y más, a razón de artículo por día. La lectura de la se practicaban inmediatamente antes de la inmersión, en el
catcquesis de los padres pone, sin embargo, de manifiesto hasta vestíbulo del baptisterio; en Roma, se cumplían el sábado santo
qué punto difería de nuestros catecismos modernos 5 . Los can- por la mañana (día en que no se celebra la eucaristía). Estos
didatos tenían que aprender de memoria el texto del credo ritos son:
y del padrenuestro, y recitarlo antes de su bautismo, precau-
ción tanto más necesaria cuanto estaba rigurosamente prohi- a) El último exorcismo
bido «entregarlos» a los no cristianos. Este muestra en el bautismo el cumplimiento del juicio de
La entrega del símbolo y del padrenuestro se ha conservado Dios contra Satanás (cf. p. 174).
en nuestra liturgia bautismal, mientras la presentación de los
evangelios sólo ha dejado un recuerdo: la oración por la que b) El «Ephpheia»
se concluía. Era/ sin embargo, uno de los ritos más impresio-
nantes de la iniciación, rica en alcance pedagógico y espiritual6. El sacerdote toma con el pulgar saliva de su boca y toca
los oídos y las fosas nasales de los catecúmenos diciendo:
«Ephpheta, es decir, ábrete.» Gesto y palabras repiten la escena
3. LA CONSAGRACIÓN DEL CRISMA EL JUEVES SANTO de la curación del sordomudo (Me. 7, 31-37). Por la fe, Cristo
abre nuestros oídos a la palabra de Dios, y da a nuestra boca
Durante la última misa que precede la noche de pascua, poder de cantar sus alabanzas 7 .
el jueves santo, el obispo, rodeado de todo su clero, consagra
7
5
A. G. Martimort, Catéchése et catécbisme, en LMD 6 (1946), San Ambrosio notaba ya que el gesto había sufrido una deforma-
p. 37-38. ción, puesto que Jesús había tocado los labios, no las fosas nasales del
6
Véase la admirable página de L. Duchesme, Origines du cuite sordomudo (De sacramentis 1, y De mysteriis 1, 2; cf. ML 16, 417 ss.
cbrétien, 51920, p.. 320. y 389). Es sin duda que hubo confusión con un exorcismo sobre los
cinco sentidos.
164 La iniciación cristiana Los ritos del bautismo a ia luz de la historia 165

c) La triple renuncia a Satanás y la unción con el óleo de los de un combate, de una dura competición (cf. 1 Cor. 9, 24-27;
catecúmenos Filip. 3, 12-14; 2 Tim. 4, 7-8; Sant. 1, 12).
Por tres veces, el candidato ha de renunciar a Satanás. Has sido ungido —dice san Ambrosio— como un atleta de Cristo,
A esta triple renuncia corresponderá la triple profesión de fe como si jueras a entablar una lucha de este mundo, has hecho profesión
que acompañará la inmersión en el agua. En oriente, las dos de entrar en combate. El (fue lucha sabe lo cfue puede esperar-, donde hay
series de interrogaciones estaban aún más próximas. Los cate- combate, hay corona. Luchas en el mundo, pero eres coronado por Cristo...
cúmenos, vueltos hacia poniente, expresaban la renuncia al (De sacramentis 2, 2, 4; M I 16, 425.)
diablo, luego se volvían del lado del sol naciente para pro-
clamar su fe. De este modo se significaba el giro en redondo, 5. LA VIGILIA PASCUAL
la conversión que exige el bautismo. La fórmula de renuncia
ha variado poco desde el siglo ur. ¿Renuncias a Satanás? En la primitiva Iglesia, el bautismo se administraba durante
— Renuncio. — ¿ Y a todas sus obras? —Renuncio. —¿Y a la vigilia pascual y, aún hoy día, esta regla vige, fuera del
todas sus pompas? —Renuncio.» Una moderna traducción: peligro de muerte, para los adultos. Y es así que todo el rito
«y a todas sus seducciones» debiera sustituir a la arcaica: «y a de la noche santa se destina a cantar el bautismo tanto como
todas sus pompas», que es mero calco del latín (et ómnibus la pascua de Cristo, más bien, a presentar, como las dos caras
pompis eius) y del griego. Eco del Nuevo Testamento — «Des- de una misma realidad, el misterio de Cristo y la iniciación
echemos las obras de las tinieblas» (Rom. 13, 12); «El Hijo cristiana.
de Dios apareció para destruir las obras del diablo, el que Los catecúmenos velan, con la comunidad entera, espe-
comete el pecado es el diablo» (1 Jn. 3, 8) — y hasta del rando el bautismo y se preparan para él por medio, de la
Antiguo — «las obras» o tareas impuestas por el faraón (Ex. 5, meditación de lecciones bíblicas, por cánticos del Antiguo Tes-
3-4) —, esta fórmula significa que el hombre se libera de la tamento y oraciones. El número de estas lecciones ha variado
servidumbre del demonio y del pecado, de Satanás y de su según las iglesias y las épocas. Siempre se da, sin embargo,
culto o fiestas, es decir, de la idolatría8. el relato de la creación (Gen. 1, 1-2, 2), el sacrificio de Abra-
Lo mismo que la triple profesión de fe acompañará al baño hán (Gen. 22), la salida de Egipto con el cántico de Moisés
bautismal, la triple renuncia a Satanás va también ligada a un (Ex. 14-15) y frecuentemente se halla también la renovación
gesto: la unción con el óleo de los catecúmenos o el óleo del de la alianza con el cántico del Deuteronomio (Deut. 31, 22-32),
exorcismo. Hoy día es un gesto muy restringido. El sacerdote, la profecía del resto que se salva (Is. 4) con el cántico de la
con el pulgar derecho mojado en óleo, traza una cruz en el viña (Is. 5) y la visión de los huesos que reviven (Ez. 37, 1-14).
pecho y entre los hombros de los candidatos. Así reducida, La liturgia romana actual sólo incluye cuatro lecciones con
la unción pierde mucho de su significación. Antaño, los can- los tres cánticos. La significación sugerida por las oraciones
didatos, quitándose todos los vestidos se presentaban com- que sirven para meditarlas, es claramente bautismal9.
pletamente desnudos para ser frotados con óleo en todo el La oración se termina por el salmo 41, oración bautismal
cuerpo. La desnudez y la unción evocaban entonces la última por excelencia:
preparación del atleta para la lucha, dando así a entender que Como la cierva brama
el bautismo es la entrada en la arena o estadio, la iniciación por las corrientes de agua viva,
así mi alma, Dios mío, a ti te anhela.

8
Cf. el excelente artículo de M. Boismard, Je renonce a Satán, 9
á ses pompes et a ses oeuvres, en «Lumiére et vie», marzo 1956, p. 249- El motivo que ha dirigido la elección de estos textos aparecerá
254; y el más técnico de J. H. Waszink, Pompa diaboli, en «Vigiliae fácilmente en el capítulo siguiente. Cf. para más pormenores J. Daniélou,
christianae» 1 (1947),' p. 13-41. Lectures et canticjues, en LMD 26 (1951), p. 34-40.
166 La iniciación cristiana Los ritos del bautismo a la luz de la historia 167

Este modo de bautizar difiere de la forma antigua en dos


6. LA CONSAGRACIÓN DEL AGUA puntos importantes. Se ha perdido casi por todas partes en
occidente la práctica de la inmersión tradicional. Los baptis-
El agua destinada al bautismo recibe una consagración so- terios antiguos eran verdaderas piscinas, donde corría agua
lemne, que empieza, como todos los grandes actos de la liturgia, tibia y perfumada y a las que bajaba el candidato después de
por una fórmula eucarística. Esta consagración no es esencial, quitarse todas sus ropas y alhajas. La desnudez absoluta, la
pues en caso de necesidad puede bautizarse con agua ordinaria. bajada al agua, la inmersión y la subida eran para los padres
Sin embargo, la importancia de la oración consecratoria es de la Iglesia símbolos bíblicos y paulinos muy cargados de
muy grande, como quiera que desenvuelve el simbolismo bíblico sentido. No pueden comprenderse sus exposiciones — ni si-
del agua y permite así ahondar en las riquezas del bautismo quiera las cartas de san Pablo — si no se tiene presente que
cristiano. Los temas que evoca se fundan en la catequesis apos- el bautismo se daba por inmersión. Pero — y ésta es otra
tólica, y su síntesis no ha variado desde el tratado De baptismo diferencia importante — la profesión de fe no era rito distinto
de Tertuliano, hasta el punto de que ha de reconocerse en ellos de la inmersión ni la precedía. Las preguntas hechas por el
la preciosa herencia de las primeras generaciones cristianas 10. ministro y las respuestas del candidato eran las solas palabras
Después de la consagración, se echan en el agua algunas que acompañaban el gesto. El diálogo tenía lugar cuando el
gotas del santo crisma (y también del óleo de Tos catecúmenos). candidato estaba ya en la piscina y, después de cada una de
Este gesto, que antaño tenía simplemente por objeto perfumar las tres respuestas, el ministro lo sumergía enteramente. La invo-
el agua, se ha convertido en el signo de la unión con el obispo cación trinitaria, necesaria para el bautismo, era la proclama-
de todos los baptisterios de la diócesis. Si los sacerdotes y diá- ción de la fe de la Iglesia en la Trinidad, fe propuesta al
conos bautizan, es sólo por misión y en lugar del obispo. catecúmeno, aceptada y profesada por él. Así aparecía brillan-
temente que el bautismo es el «sacramento de la fe», según
la bella fórmula 'de los padres y de santo Tomás.
• 7. LA PROFESIÓN DE FE Y EL BAÑO BAUTISMAL

Actualmente, en la mayoría de las iglesias de rito latino, se


bautiza derramando tres veces agua sobre la cabeza del bauti- 8. LA UNCIÓN, LA VESTIDURA BLANCA Y LA LUZ
zando, a par que se dice: «Yo te bautizo en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.» Pero antes de la ablu- Inmediatamente después de la inmersión o de la infusión,
ción bautismal, el candidato ha de hacer profesión de fe: el nuevo bautizado o neófito (planta nueva) recibe sobre la
cabeza una unción con el santo crisma. Este signo no es nece-
— ¿ Crees en Dios, Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra ? sario para la validez del sacramento, pero expresa uno de sus
— Creo. principales efectos, que es la identificación con Cristo (cf. infra,
— ¿ Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, (¡ue nació
y padeció!
p. 180). Si el gesto no es explicado por la palabra que lo
— Creo. acompaña, es porque toda la misa crismal del jueves santo le ha
— i Crees en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión dado su sentido.
de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la Seguidamente, los neófitos son vestidos de ropas blancas,
vida eterna'!
— Creo. gesto que, en nuestros días, se reduce e incluso desfigura tan
a menudo; cuando se practicaba el bautismo por inmersión,,
iO El cap. III que seguirá, será como el comentario del prefacio con- los antiguos vestidos, dejados a la entrada de la piscina, no se
secratorio del agua, pero sería necesario haberlo antes leído y analizado. volvían a tomar. Todo era, pues, nuevo, hasta los vesti-
Cf. el artículo fundamental de J. Lécuyer, La priére consécratoire des dos, para el neófito. Como veremos más adelante (p. 184), el
eaux, en LMD 49 (1947), p. 71-95.
168 La iniciación cristiana

color blanco, que no era insólito en el uso de la ciudad,


fue escogido por su significación bíblica. Toda la semana de
pascua, los neófitos' volvían diariamente a la sinaxis, con sus
vestiduras blancas, que no se quitaban hasta el sábado. Final-
mente, se entrega a los nuevos bautizados una vela encendida III
(en la reunión de la vigilia sólo los catecúmenos no la tenían
aún). ENSAYO DE SÍNTESIS BÍBLICA Y LITÚRGICA

La Biblia y la liturgia se conciertan estrechamente para


9. DESPUÉS DEL BAUTISMO: CONFIRMACIÓN, EUCARISTÍA
presentamos, en términos concretos y figurarlos, la extraordi-
naria riqueza del bautismo cristiano: el .agya, la invocación de
Si los nuevos bautizados son adultos y se halla presente
la Trinidad, la unción con el crisma, el aceite del combate, las
el obispo, recibían inmediatamente el sacramento de la con-
vestiduras blancas. Partiendo de estos signos, vividos por los
firmación. Seguidamente se celebra la misa en la que comulgan
cristianos, los padres de la Iglesia, siguiendo al Nuevo Testa-
por vez primera los neófitos adultos. Nótese muy particular-
mento, descubren toda la doctrina.
mente el sentido que adquiere la epístola de la misa pascual
(Col. 3, 1-4) de hallarse presentes nuevos bautizados. Lo mis-
mo el tracto: «Alabad al Señor todas las naciones...» 1. EL BAÑO QUE LAVA, LIMPIA Y CURA
Después de su primera comunión, se presentaba a los neó-
fitos de la antigüedad una bebida de leche y miel. Bautizados, La primera significación del agua, la que viene a la mente
nutridos de la eucaristía, están ya en posesión de la tierra sin buscarla, es la de limpieza. El agua lava los cuerpos,
prometida, «que mana leche y miel» (Ex. 3, 8; Is. 7, 77). disuelve las suciedades. El baño es ante todo exigencia de
limpieza. Ahora bien, la Biblia nos hace descubrir las manchas
del alma, y desear un agua capaz de purificarnos:
Ac¡uel día habrá una juente abierta para ía casa de David y para los
habitantes de Jerusaíén, para ía purificación del pecado y la inmundicia.
(Zac. 13, 1.)

Yo os rociaré con aguas puras y os purificaré de todas vuestras inmun-


dicias, de todos vuestros ídolos y os daré corazón nuevo y espíritu nuevo...
(Ez. 36, 25 s.)

Hacia el mismo deseo, y con mayor precisión aún, nos


orienta el milagro de la curación de Naamán (4 Re. 5). Se trata
de un pagano, que no es hijo de Abrahán, y el acto de Elíseo
con él será interpretado por Jesús como un signo del llama-
miento de los gentiles a la salud (Le. 4, 27). Es leproso, enfer-
medad a que tan a menudo comparan los padres el pecado;
se escandaliza de lo corriente del remedio que se le propone:
lavarse en el Jordán, siendo así que hay en su país ríos más
hermosos; obedece, sin embargo, y su carne «se torna limpia
170 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis bíblica y litúrgica 171

como la de un niño». Se comprende así la complacencia con de la Iglesia notarán también, bajo otros signos menos claros,
que las catequesis patrísticas comentan este episodio en función la misma presencia del Espíritu, por ejemplo, la paloma soltada
del bautismo1. por Noé y que revolotea sobre las aguas del diluvio 5 , la nube
El bautismo cristiano responde a la expectación de los que acompaña a los hebreos en el paso del mar rojo 6
profetas.' Es un agua que lava y purifica de los pecados. Cree- Estas diversas imágenes parecen dibujar de antemano la
mos «en un solo bautismo para la remisión de los pecados». realidad del Nuevo Testamento: el Espíritu Santo es dado en
Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella, a fin de santificaría,
el bautismo de agua, el bautismo de Cristo es «en el agua
una vez purificada por ei lavatorio del agua en la palabra, y presentarse y el Espíritu» (Jn. 3, 5; Le. 3, 16; Me. 1, 8; Mt. 3, 11). Juan
a sí mismo una Iglesia gloriosa, sin mácula ni arruga, ni cosa semejante, distinguió a Jesús al ver que el Espíritu se posaba sobre El en
sino (fue sea santa y sin tacha. (Ef. 5, 26-27.-) forma de paloma junto a las aguas del Jordán (Le. 3, 21-
¿Es cfue no sabéis cjue los inicuos no heredarán el reino de Dios?
22, etc.).
No os engañéis: ni impúdicos, ni idólatras, ni adúlteros, ni muelles, ni per- De tomar a la letra la oración consecratoria de la noche
vertidos, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni pendencieros, ni rapaces, de pascua y los comentarios patrísticos, parecería incluso que
heredarán el retno de Dios. Y eso fuisteis algunos, pero habéis sido lavados, el Espíritu Santo está presente de forma permanente en el
habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo_ y en el Espíritu de nuestro Dios. (1 Cor. 6, 9-11.) agua bautismal. Pero no es así, sino que el Espíritu Santo obra
verdaderamente, es enviado y dado cuando un hombre recibe
Acerquémonos con corazón sincero, en plenitud de fe, rociados nuestros el bautismo:
corazones de toda mala conciencia, y lavado nuestro cuerpo con agua pura.
(Hebr. 10, 22.) £1 nos ha salvado por el baño de la regeneración del Espíritu Santo,
que derramó profusamente sobre nosotros por Jesucristo, salvador nuestro.
Añadamos, para ser completos, que los padres han visto (Tit. 3, 5-6.)
el efecto del bautismo simbolizado por Jesús, cuando curó
a un paralítico junto al agua milagrosa de la piscina de Bethesda El bautismo recibe su eficacia de la pasión de Cristo, y hace
(Jn. 5, 1-14) 2. del cristiano «un templo del Espíritu Santo» (1 Cor. 3, 16,
Este efecto es tan esencial al bautismo, que san Agustín, y passim) 7 .
para probar la existencia del pecado original, argumento del
hecho de que la Iglesia ha bautizado siempre a los niños
pequeños, incapaces de pecados personales. El bautismo es, 3. EL AGUA, MEDIO FECUNDO QUE PRODUCE LA VIDA
consiguientemente, efecto y prueba de la misericordia de Dios 3 .
Dijo Dios: «Hormigueen las aguas con hormigueo de seres
Pero la purificación de las manchas no agota la significación
vivientes» (Gen. .1, 20). En la visión del autor sagrado, la vida
del agua. Este efecto negativo no es el único y, por lo demás,
empezó en las aguas. Es más: el agua, por mandato del
se debe al Espíritu Santo que obra por el agua.
S.?ñor, produce la vida. La ciencia moderna está lejos de
rechazar esta imagen bíblica. Todo lo contrario8. En todo
2. EL ESPÍRITU DE DIOS SE CERNÍA SOBRE LAS AGUAS caso, los padres de la Iglesia la aprovechan para explicar cómo
en el agua del bautismo se recibe la vida, se produce un naci-
Desde sus primeras líneas, la Biblia nos muestra al Espíritu miento :
de Dios asociado al elemento del agua (Gen. 1, 2) 4. Los padres
1 5 Ibid., p. 112-114.
J. Daniélou, Bible et liturgie, p. 151-155. 6 Ibid., p. 127.
2
3
J. Daniélou, o. c, p. 282 ss. 7
Esta misión del Espíritu Santo es distinta de la que se opera en la
4
Lo desarrollaremos al estudiar la penitencia, parte V. confirmación, como luego veremos, Sección II (p. 195 ss.).
J. Daniélou, o. c, p. 100-102. 8
P. de Saint-Seine, Décowerte de la vie, París 1945, p. 75-80.
172 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis bíblica y litúrgica 173

Somos pececiítos y en el agua nacemos después de nuestro ty6úc, saliste y no tardes», exclama san Gregorio de Nisa. La imagen
Jesucristo, y no tenemos otro modo de salvarnos sino permaneciendo del paraíso, presentada por el Génesis (2, 8-17), se impone
en el agua. tanto más a los padres y a los decoradores de baptisterios,
cuanto el libro sagrado ponía en él un río dividido en cuatro
Esta curiosa fórmula de Tertuliano 9 corresponde a las imá- brazales. La fuente bautismal es consiguientemente el río del
genes de las catacumbas romanas. Es una manera de ilustrar nuevo paraíso v¿. Este tema significa exactamente que, destruido
lo que afirma el evangelio de san Juan, sobre que es menester el pecado, han de desaparecer también las consecuencias del
nacer de nuevo a fin de entrar en el reino de los cielos. pecado. El cristiano recobrará la integridad original, rehará en
La piscina bautismal es como el seno materno de la Iglesia10, sí la unidad rota, hallará otra vez la intimidad con Dios.
donde nacen los hijos de Dios: La vergüenza, el sufrimiento, el sudor y la muerte están ven-
Respondió Jesús y le dijo: «El gue no naciere de nuevo, no puede ver cidos. Si la nueva economía está, no obstante, bajo el signo de
el reino de Dios.-» Díjole Nicodemo: «¿Cómo puede nacer un hombre viejo? Cristo doliente y muerto; si, por tanto, esta integridad ha de ser
¿Acaso puede entrar segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» conquistada duramente y sólo se logrará en la resurrección, todo
Respondióle Jesús: «En verdad, en verdad te digo-, el gue no renaciere de está ya recibido y poseído misteriosamente en el bautismo 13.
agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la Desde este punto de vista, la desnudez bautismal es un
carne, es carne, y lo nacido del Espíritu es espíritu.» (Jn. 3, 3-6.)
signo importante: «Oh cosa sorprendente —dice san Cirilo
Al salir del agua del bautismo el cristiano es una «creación de Jerusalén —, estabais desnudos a los ojos de todos, y no
nueva» (2 Cor. 5, 17). Cualquiera que sea la edad de su cuerpo, sentíais vergüenza. En realidad, erais imagen de Adán, el pri-
es un recién nacido: mer nacido que estaba desnudo en el paraíso y no se aver-
gonzaba.» La vuelta al paraíso es el signo de la completa
Como niños recién nacidos, desead ávidamente la leche espiritual no victoria de Cristo, y es también el punto de partida de toda
adulterada, y así por ella crezcáis para la salud, si es gue habéis gustado la vida espiritual, porque lo que se ha hecho, queda, no obs-
lo bueno gue es el Señor n . (1 Pedro 2, 2-3.) tante, por hacer. El medio de alcanzar la familiaridad con Dios,
«es la restauración del estado primitivo de la imagen de Dios.
Engendrado por Dios, el bautizado puede decir con todo
Hemos de volver a ser lo que era el primer hombre, recorriendo
rigor «Padre nuestro», pues es verdaderamente hijo de Dios
en sentido inverso las estaciones por las que salimos del
(Rom. 8, 15; Gal. 4, 5; Ef. 1, 5; 2 Pedro 1, 4). paraíso...» (san Gregorio de Nisa) 14 .

4. LOS CUATRO RÍOS DEL PARAÍSO


5. EL AGUA DEL DILUVIO: BAUTISMO Y JUICIO
Arrojado del paraíso por el pecado, el hombre es introdu-
cido nuevamente en él por el bautismo: «Estás fuera- del La comparación del agua del bautismo con la del diluvio
paraíso, oh catecúmeno, compañero de destierro de Adán, nues-
se halla ya en la carta primera de san Pablo (3, 18-22):
tro primer padre; ahora se abre la puerta, entra allí de donde
Porgue también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo
9 De baptismo 1, 2; ML 1, 1.198. por los inicuos, muerto ciertamente en la carne, pero vivificado en el
10
Los padres, sobre todo san Agustín y, siguiéndole, santo Tomás
(q. 67, a. 4) insisten sobre esta imagen, cuyo eco subraya la sicología 12
moderna en lo profundo del alma: L. Beirnaert, Symbolisme mythigue de Véase particularmente Hipólito de Roma, comentario sobre Daniel
l'eau dans le baptéme, en LMD 22 (1950), p. 94-102. Sobre todo esto, 1, 17; MG 10, 642 s.
13
ci. J. Daniélou, Le symbolisme des rites baptismaux, en «Dieu vivant» 1, J. Daniélou, Le symbolisme des rites baptismaux, en «Dieu
p. 37-38. >¡vant» 1, p. 21-25.
14
11
Esta última observación es una alusión a la eucaristía; cf. P. Bois- ' Sobre todo esto, cf. J. Daniélou, o.c, p. 29-31; y santo Tomás,
mard, en LVS 416 (1956), p. 350. 3, q. 69, a. 3.
174 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis, bíblica y litúrgica /75

Espíritu. En este marchó a predicar a los mismos espíritus en prisión, cfue carta primera de san Pedro y, con mayor precisión aún, en la
se habían negado a creer antaño, cuando les esperaba la magnanimidad primera carta a los corintios:
de Dios en los días de Noé al tiempo de construirse el arca, en la cfue se
salvaron por el agua unos pocos, es decir, ocho personas. Contrafigura de No c¡uiero (fue ignoréis, hermanos, cómo nuestros padres estuvieron
ello, el bautismo os salva ahora a vosotros, cjue no es deposición de suciedad todos bajo la nube y todos atravesaron el mar, y todos siguieron a
material, sino compromiso ante Dios de una buena conciencia, por la resur Moisés, en la nube y en el mar, y todos comieron la misma comida espi-
rrección de Jesucristo, eí cuaí, subido al cielo, después de someter a sí ritual y todos bebieron la misma bebida espiritual; y es así gue bebían
mismo ángeles, potestades y virtudes, está a la diestra de Dios. de la piedra espiritual gue los iba siguiendo/ la piedra, empero, era Cristo.
Mas Dios no se agradó de la mayoría de ellos, como guiera gue guedaron
Este texto que en nuestros días se tiene por oscuro, ha sido postrados en el desierto. (1 Cor. i0, 1-5.)17
comentado por muchos padres antiguos para subrayar el ca-
rácter escatológico del bautismo cristiano. Las aguas del diluvio Mas para entender el pensamiento que el apóstol presenta
ejercieron el juicio de Dios destruyendo a la humanidad culpa- abreviadamente, es menester subrayar que el misterio de Cristo
ble (Gen. 7, 6) y, a par, llevaron la salvación a Noé, justo, que, une estos dos términos, aparentemente tan dispares, del éxodo
perdonado y reservado, vino a ser el primero de una raza nueva y el bautismo.
y sujeto de una alianza con Dios (Gen. 9, 8-17). La obra de
Cristo, es como el diluvio, juicio y salud. El mundo está ya EL PASO DEL MAR ROJO,
juzgado y el día del Señor vendrá 1 5 . Ahora bien, el bautismo LIBERACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS
hace entrar tanto en la economía de la misericordia de Dios Perseguidos por el faraón, los hebreos atraviesan a pie
que salva por el agua, como en la victoria escatológica de Cristo enjuto el mar de las cañas. El agua es también aquí instrumento
sobre la iniquidad y el demonio 1 6 . del juicio de Dios, pues salva a los hebreos y se traga a los
Este aspecto está subrayado por el último exorcismo que egipcios. Mas, para el pueblo de Dios, este momento es deci-
precede al bautismo: sivo. Es una liberación, y la inauguración de la alianza. Los
hebreos se ven libres del yugo de los idólatras, de la opresión,
No se te oculta, Satanás, gue te amenazan las penas, te amenazan
los tormentos, te amenaza el día del juicio, el día del suplicio eterno: de los trabajos forzados, de las crueldades. Caminan en la
el día en cfue te ha de venir como un horno ardiente y en (jue te alcanzará noche, pero Dios es su guía y su luz bajo el signo de la nube.
la perdición eterna preparada para ti y para todos tus ángeles. (Del ritual.) Dios hace alianza con ellos-. «Vosotros seréis mi pueblo.»
Los conduce a la tierra que mana leche y miel, la tierra del
descanso. Entre tanto, en el desierto, los alimenta del maná
6. EL AGUA DEL MAR ROJO: y los abreva milagrosamente con el agua que hace brotar
EL BAUTISMO, PASCUA DEL CRISTIANO Moisés.
El bautismo, «paso del Mar Rojo y nuevo éxodo», es con
mucho el tema más importante. Umversalmente comentado por LA VUELTA DEL DESTIERRO
los padres, puesto en acción en la liturgia de la vigilia pascual, Y EL RESCATE DE LOS CAUTIVOS
se halla ya en el Nuevo Testamento-, evangelio de san Juan, El destierro, la deportación de una parte del pueblo judío
cuando los desastres de 721 y 600-587, dan ocasión a los
15 Cf. especialmente Mt. 24, 37-42; 2 Pedro 4-10; 3. 3-10. profetas para anunciar un nuevo éxodo: los cautivos serán
16
«El bautismo es en cierto modo una imitación del juicio por el liberados (Is. 43, 14-21). Esta liberación no se hará de manera
agua, que hace participar místicamente, no corporalmente, en la destrucción
de la iniquidad, y que se acabará por el juicio de fuego de la resurrección,
como el bautismo, conformación sobrenatural a Cristo muerto y resucitado, 17
Cf. el comentario de J. Schmitt a este texto, en LMD 32 (1952),
se acabará por la resurrección corporal escatológica.» J. Daniélou, Déluge, p. 68-70.
baptéme, jugement, en «Dieu vivant» 8 (1947), p. 105.
Ensavo de síntesis bíblica y litúrgica 177
776 La iniciación cristiana

violenta, sino por rescate. Se pagará por los cautivos un rescate, — al «hades» de los poetas griegos, lo mismo que de los Setenta
aunque no sea de dinero: y del N u e v o T e s t a m e n t o — para d a r allí la batalla decisiva
contra Satanás, vencer a la muerte y liberar a los justos de sus
Así dice Yahvé: «De balde fuisteis vendidos, y sin precio seréis resca- cadenas (1 Pedro 3, 19, y las diversas referencias a este pasaje).
tados.* Porgue así dice Yahvé-. «A Egipto bajó mi pueblo en otro tiempo, Victorioso en el combate, vuelve a subir al tercer día. D e los
para habitar allí como peregrino, y Asur lo cautivó sin razón...»
infiernos resucita Cristo, llevando en su triunfo.a los que ha-
(Is. 52, 3 s.)
bían sido prisioneros de la m u e r t e : «Despiértate, tú que duer-
Este rescate es cantado por los salmos, primero en la noche mes, levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo»
de la esperanza; luego, en la alegría de la realización, sin em- (Ef. 5, 14) 2 0 .
bargo, esta realización es solo figura, como el éxodo, de la
obra de Cristo por venir. £1 BAUTISMO, PASCUA DEL CRISTIANO
Como los hebreos, el cristiano se salva a través del agua,.
LA PASCUA DE CRISTO dejando tras sí los ídolos, de los que se arranca (por eso, el
Y es así que la venida de Cristo es entendida por los padres nuevo pueblo de Dios canta el cántico de-Moisés, Apoc. 15,
como el verdadero y definitivo éxodo del pueblo de Dios. 1-4, y, la tarde de pascua, los bautizados meditan el salmo 113).
He aquí un texto de san Afraates que resume bien la doctrina El cristiano se ve libre de la esclavitud del pecado, entra en
común: la nueva alianza e inicia la marcha hacia la tierra prometida.
Mas todo esto es realidad únicamente por la pascua de Cristo,
los judíos se libraron, por la pascua, de la servidumbre del faraón, a la que el bautismo nos une misteriosamente. El agua del
nosotros, el día de la crucifixión, fuimos liberados del cautiverio de Satanás. bautismo tiene la eficacia misma de la sangre de Cristo. La ba-
Aquellos inmolaron un cordero, y por su sangre se libraron del extermi-
nador, nosotros, por la sangre del Hijo muy amado, nos libramos de las jada a la piscina, la triple inmersión completa, la salida del agua
obras de corrupción que antes hiciéramos. Ellos tuvieron por guía a Moisés, significan que el cristiano muere con Cristo, con El es sepul-
nosotros a Jesús por nuestra cabeza y salvador. Moisés dividió para ellos tado, baja a los infiernos y resucita al tercer día. La pasión de
el mar y se lo hizo atravesar, nuestro Salvador abrió los infiernos, que-
brantó sus puertas, cuando, descendiendo a su abismo, las abrió, y allanó Cristo opera en el bautismo en cuanto es representada en él
el camino delante de todos los que habían de creer en El18. como en un símbolo, según la expresión de santo Tomás de
Aquino (3, q. 66, a. 12). Cristo mismo, a propósito de su
Hay, pues, en la pascua de Cristo un doble tema, el del muerte, habló de baño o bautismo (Me. 10, 38-39).
cordero inmolado, cuya sangre derramada es nuestro rescate Notemos, sin embargo, que la práctica de la Iglesia y la
(1 Pedro 1, 17-19) 19 y el del paso del mar rojo. Este segundo doctrina de los teólogos están de acuerdo en que, no obstante
aspecto se verifica en el paso de Jesús de este mundo al Padre este importante simbolismo, la inmersión no es necesaria para
(Jn. 13, 1, con las referencias a este pasaje): su muerte, su la validez del bautismo (3, q. 66, a. 7). Ora haya recibido
resurreción y su ascensión, pero también y más particularmente el agua sobre la cabeza, ora se haya sumergido enteramente en
en su bajada a los infiernos. Es el artículo del símbolo y el ella por tres veces, el cristiano ha de tomar a la letra las afirma-
misterio de Cristo más desconocido y, sin embargo, el punto ciones de san Pablo:
central de su victoria. Cristo descendió al abismo de la muerte
C Acaso ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo, en su
18 Citado por J. Daniélou, Traversée de la Mer Rouge et baptéme muerte hemos sido bautizados! Hemos sido, pues, sepultados con El para
des premiers síécles, en «Rech. de se. reí.» 34 (1946), p. 418. San Afraates 20
es el más antiguo de los padres sirios de la Iglesia. Su muerte se pone poco Léanse los artículos esenciales de O. Rousseau, La deséente aux
después 345. enfers, fondement da baptéme chrétien, en «Rech. de se. reí.» 39-40 (1951-
19 Cf. el comentario de M. Boismard, en LVS 416 (1956), p. 340-341. 1952),' p. 273-297; y La deséente aux enfers dans le cadre des liturgies
chrctiennes, en LMD 43 (1955), p. 104-123.
178 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis bíblica y litúrgica 179

la muerte, por el bautismo, a fin de cjue, a la manera como Cristo resucitó la escena del Jordán es precisamente la prefiguración de la
de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos
con novedad de vida. (Rom. 6, 3-4.) muerte redentora de Cristo. Desde este punto de vista, el signo
del baño bautismal era ya en Jesús mismo figurativo del mis-
Con El fuisteis sepultados en el bautismo, y con El habéis resucitado terio pascual. Su pasión será, como dijo El mismo, un bautismo
por la fe en el poder de Dios cfue lo resucitó de entre los muertos. (Me. 10, 39). Recibe de Juan un bautismo de penitencia que
(Col. 2, 12.) no tenía que ver con El, pues era sin pecado (Mt. 3, 13-15),
Ahora bien, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, pero es porque lleva sobre sí los pecados del mundo (Jn. 1, 29).
donde Cristo está sentado a la diestra de Dios, sentid las cosas de arriba y no Al salir del agua, se abren los cielos, resuena la voz del Padre
las de la tierra. Porque estáis muertos y vuestra vida está escondida con y se da el Espíritu Santo: se inauguran ya las realidades
Cristo en Dios. Mas cuando se manifieste Cristo, vida vuestra, etiionces mesiánicas de la resurrección de Cristo 2 3 Partiendo de los
también vosotros os manifestaréis con El gloriosamente. (Col. 3, 1-4.)
relatos evangélicos del bautismo de Cristo, los padres se com-
placen en explicar todas las riquezas de la iniciación cristiana
Así se comprende fácilmente por qué la celebración del
(bautismo y confirmación), del que es modelo (causa ejemplar,
bautismo tiene su puesto normal en la vigilia pascual y hasta
según el vocabulario teológico).
qué punto queda ésta empobrecida al no llevar consigo admi-
nistración del bautismo (cf. 3, q. 66, a. 10). Esa es la razón por que los orientales consagran el agua
Así pues, el bautismo determina un corte claro en la vida bautismal en la fiesta de la Epifanía, día en que celebran el
de un hombre, tan claro como la salida de Egipto en la historia bautismo de Jesús en el Jordán 24 .
del pueblo de Israel. Hay un antes y un después, se destruye
el hombre viejo y se crea el nuevo según Dios. Muertos al 8. EL BAUTISMO, ILUMINACIÓN
pecado, los cristianos resucitan a vida nueva (cf. sobre todo
Rom. 6, 19-21; Ef. 4, 23-28). No es posible el retorno a Egipto. Si se entrega una vela encendida al neófito, es, en un
sentido, para subrayar la orientación escatológica del bautismo
y en relación con la parábola de las vírgenes (Mt. 25, 1-7),
7. EL AGUA DEL JORDÁN
como lo indica la fórmula actual. Pero este simbolismo no es el
más hondo. Para san Pablo, el bautismo es una iluminación:
La travesía del Jordán por los hebreos, acontecimiento que
«Levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo» (Ef. 5,
aparece simétrico 21 del paso del Mar Rojo, señaló la entrada
14; cf. Hebr. 6, 4; 10, 32). La luz recibida en el bautismo
del pueblo de Dios en la tierra prometida (Jos. 3-4). De hecho,
es la que Cristo vino a encender en las tinieblas (Jn. 1, 4-9), la
el bautismo nos pone en posesión de la verdadera tierra pro-
luz admirable a que el Padre nos ha llamado (1 Pedro 2, 9),
metida o, por lo menos, nos da las arras de ella, al abrirnos el
la luz cantada por el Exultet pascual.
acceso a la eucaristía w
Pero este tema palidece rápidamente ante el brillo de un ¿Qué es, más precisamente, esta iluminación del bautizado?
misterio mayor: Cristo entró en el agua del Jordán par?, recibir La fe. El bautizado goza del mismo milagro que el ciego de
el bautismo de Juan, acontecimiento tan decisivo que teó- nacimiento de que nos habla san Juan (9, 1-38): «Jamás se ha
logos ilustres (cf. 3, q. 66, a. 2 y 10) han dicho que allí 23
J. Daniélou, Bible et liturgie, p. 137-155; léanse además los tres
fue instituido el bautismo cristiano. En realidad, la fuente de importantes artículos sobre este tema: F. Braun, Le baptéme d'aprés le
nuestro bautismo es la pasión y resurrección de Cristo; pero IV evangik, en «Revue thomiste» 48 (1-948), p. 347-393; H. Riesenfeld
(protestante), La signification du baptéme johannigue, en «Dieu vivant» 13
(1949), p. 31-37; J. Lécuyer, La féte du baptéme du Cbrist, en LVS 94
21 Cf. los salmos 113, 3-6; 65, 6; 73, 13-15.
22
(1956), p. 31-44.
Cf. supra, el rito de la leche y de la miel en la comunión de los 24
Los bellos formularios bizantinos son accesibles por la traducción
neófitos, practicada en la liturgia antigua. de F. Mercenier, La priére des Eglises de rite byzantin, t. II, p. 165-199.
180 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis bíblica y litúrgica 181

oído decir que nadie haya abierto los ojos a un ciego de lante, ese hombre es el ungido de Dios, persona sagrada, [Link]
nacimiento.» Ahora bien, Jesús, después de abrir los ojos a la la que no será lícito poner la mano, aun cuando hubiere sido
luz del día, opera un prodigio más brillante abriendo los ojos infiel a su misión (1 Sam. 9,-26; 10, 8; 16, 1-13; 24, 7; 26, 9-23;
del alma a la luz de la fe: 2 Sam. 1, 14-16; etc.).
Ungido de Dios es primeramente el rey de Israel: Saúl,
Y encontrando Jesús al ciego, le dijo .• «t Crees en el Hijo de Dios ?» David (referencias dadas supra), Salomón (1 Re. 1, 39), Jehú
Y él le contestó: «¿Y quién es. Señor, para cjue crea en él?-» Díjole Jesús:
«Ya lo has visto, y es el cjue está hablando contigo.» Y él dijo: «Cree, (2 Re. 9, 6), etc. Los salmos aplican a menudo este título de
•Señor», y lo adoró. (Jn. 9, 35 ss.) ungido o cristo a David y a su dinastía (Ps. 19, 7; 27, 8; etc.);
pero David y la realeza anteexílica son sólo antepasados y figu-
Cierto que el candidato recibe antes de su bautismo el men- ras del rey por venir: el Ungido de Yahvé por excelencia,
saje de la fe y que no recibirá el sacramento si no ha demos- el Mesías, el Cristo (estos tres términos son idénticos). Decir
trado primero, por su vida de catecúmeno, que ha aceptado que Jesús es el Cristo o Ungido es decir que posee la unción
la fe (cf. infra p. 187). Sin embargo, el bautismo es, con que hace de El el rey esperado de los tiempos mesiánicos,
todo rigor, el sacramento de la fe, según la fórmula concreta el fundador del reino de Dios. A El se aplica con todo rigor
de los teólogos. La fe no lleva el sello que la autentica, hasta el salmo 44:
haberse recibido el sacramento25. El baño bautismal recibe Por eso te ungió Dios, el gue es Dios tuyo,
su significación por la proclamación de la fe en las tres Personas con óleo de alegría, con ventaja
divinas, como hemos explicado más arriba26. sobre todos tus pares. (Ps. 44, 8.)
Y por el bautismo, la Trinidad cuya fe hemos recibido, Pero existe también, en el Antiguo Testamentó, otra unción
viene a habitar, como en un templo, en nuestras almas. que viene de Dios, la del sumo sacerdote y de los sacerdotes
(Ex. 30, 22-38). Ahora bien, esta unción la recibió Jesús igual-
9. LA UNCIÓN DE CRISTO mente, pues fue constituido por Dios sumo sacerdote único
de la nueva ley (Hebr. 2, 17-18; cap. 3 al 10).
El, gesto de la unción después del baño bautismal, expli- Si la predicación de los apóstoles insiste, sobre todo, en la
cado por el prefacio consecratorio del crisma el jueves santo, unción regia de Jesús, manifestada en su resurrección, los
presenta toda la riqueza de uno de los más grandes temas padres gustan más bien de meditar sobre la unción sacerdotal,
bíblicos. que no es otra que la encarnación. La persona divina del
Verbo consagra la naturaleza humana de Jesús; la carne de
JESÚS ES EL CRISTO, ES DECIR, Jesús es la carne del Hijo de Dios, templo único de la nueva
EL UNGIDO POR EXCELENCIA ley 27.
Un profeta vierte, en nombre de Dios, aceite sobre la cabeza Hay, finalmente, otra unción de Cristo, la de. pro/eta, mani-
festada visiblemente en su bautismo. De ella trataremos más
de un hombre a quien Dios ha escogido nominalmente. En ade-
adelante, a propósito de la confirmación.
25 La fe se ordena al sacramento que viene a sancionarla y consa-
grarla de manera corporal. Por el don de la gracia, sobre todo, el bautismo EL CRISTIANO SE IDENTIFICA A CRISTO POR EL BAUTISMO
une a Aquel a quien la fe hace entrever. • Léanse sobre esto los d^-
artículos indicados en la nota siguiente y 3, q. 69, a. 5. Los teólogos El bautismo confiere al cristiano una semejanza y hasta
distinguen: fe formada, la que obra por la caridad;, fe informe, la que no identificación con Cristo que san Juan y san Pablo expresan
ha recibido aún la consagración por la caridad.
26
H. Dondaine, Le baptéme, cst-il encoré le sacrement de la /oí?,
en LMD 6 (1946), p. 76-87; T. Camelot, l e baptéme, sacrement de la 27
Cf. sobre todo J. Lécuyer, Le sacerdoce dans le mystére du
foi, en LVS 76 (1947), p. 829-834. Cbrist, Cerf, París 1957, p. 63-96.
182 La iniciación cristiana Ensayo de síntesis bíblica y litúrgica 183

de manera distinta, pero cuyo realismo ha sido aceptado plena- pueblo de Dios, los gue no habíais alcanzado misericordia, y ahora la
mente por toda la tradición: habéis alcanzado. (1 Pedro 2, 9-10.)

Porgue todos sois hijos de Dics, por la fe en Jesucristo. Y es así gue Digno eres de recibir el libro y abrir sus sellos, porgue has sido
cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis vestido a Cristo... degollado y nos compraste para Dios, al precio de tu sangre, de toda tribu
Ahora bien, si sois de Cristo, luego sois descendencia de Abrabam, here- y lengua y pueblo y nación, y los hiciste para nuestro Dios reino y sacer-
deros según la promesa. (Gal. 3, 26,-29.) dotes, y reinarán sobre la tierra. (Apoc. 5, 9-10.)
A los gue de antemano conoció, los predestinó también a ser conformes
a la imagen de su Hijo, a fin de (fue éste sea el primogénito entre muchos Iguales por encima de todas las desigualdades terrenas,
hermanos. (Rom. '8, 29.) están soldados en una unidad que trasciende todas las divi-
siones (Gal. 3, 28; 1 Cor. 12, 13; Ef. 4. 3-5) 29 .
Vivo, empero, ya no yo, sino que Cristo vive en mí. (Gal. 2, 20.)

A todos tos gue lo recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios.
(Jn. 1, 12.) 10. EL ACEITE DEL COMBATE

Así, pues, el cristiano es otro Cristo, como dice san Agus- Más arriba hemos indicado el sentido de la unción que
tín ; y participa en la unción sacerdotal y regia de Jesús 2 8 . precede al bautismo. Esa unción tiene por fin advertirnos la
Efectivamente, el bautismo imprime en él un signo indeleble, lucha en que nos compromete el sacramento, lucha que se
el carácter. Ahora bien, la verdadera naturaleza del carácter anuncia por los exorcismos, durará la vida entera y alcanzará
es dar al fiel una participación en el sacerdocio de Cristo. su punto culminante en la hora de la muerte 30 . San Pablo que,
Pero, si es cierto que esta participación se da a cada uno por lo demás, insiste sobre el vínculo que gxjste entre el bau-
individualmente, la unción hace entrar al cristiano en un pueblo tismo y el cielo, hasta el punto de estimar que estamos ya
de reyes y sacerdotes, que es la Iglesia. glorificados (Rom. 8, 30), nos invita sin embargo a desconfiar
de nosotros mismos. El desierto, lugar de la tentación, vio
«UN PUEBLO DE SACERDOTES Y DE REYES» sucumbir a los israelitas que habían sido objeto de las mara-
La salida de Egipto y el paso del Mar Rojo hicieron, de villas de Dios (1 Cor. 10). Todo está hecho, y todo está por
una manada de esclavos, un pueblo consciente de su unidad hacer. De ahí que Pablo se compare a un atleta, tenso hacia
y que camina hacia la tierra prometida bajo la conducción la victoria, y nos describa la armadura de que ha de vestirse
de Dios y de Moisés. Este pueblo, por la alianza del Sinaí, el cristiano (Ef. 6, 10-20).
se convierte en el pueblo de Dios: «Vosotros seréis para mí un En el mismo sentido, la liturgia propone, durante la cua-
reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex. 1-9, 6). La pro- resma, la advertencia evangélica de Le. 11, 14-28: el demonio
fecía la realiza el nuevo Israel. Al recibir el bautismo, los expulsado vuelve con otros siete espíritus peores que él; y, en
cristianos entran en el nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia. la vigilia pascual, las imprecaciones de Moisés en Deut. 31,
Por ser hijos de la Iglesia son hijos de Dios; en la Iglesia 22-30.
encuentran a Cristo; a ellos pertenece en adelante-la dignidad Los padres, en fin, hallan igualmente este sentido del com-
real y sacerdotal anunciada en el Sinaí: bate, iniciado en el bautismo, en el mito bíblico de los mons-