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Maimónides: Fe y Razón en Armonía

Maimónides nació en Córdoba en 1135 y emigró con su familia a Egipto debido a la persecución religiosa de los judíos por los almohades. Escribió varias obras, siendo la más importante la Guía de los Perplejos, en la que trata de armonizar la fe y la razón. Defiende una filosofía aristotélica y argumenta que la filosofía puede servir para apoyar las verdades de la fe cuando se usa correctamente. La Guía consta de una introducción y tres partes donde

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Maimónides: Fe y Razón en Armonía

Maimónides nació en Córdoba en 1135 y emigró con su familia a Egipto debido a la persecución religiosa de los judíos por los almohades. Escribió varias obras, siendo la más importante la Guía de los Perplejos, en la que trata de armonizar la fe y la razón. Defiende una filosofía aristotélica y argumenta que la filosofía puede servir para apoyar las verdades de la fe cuando se usa correctamente. La Guía consta de una introducción y tres partes donde

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MAIMÓNIDES (MOISÉS BN MAYMUN) (Abú 'Imrán Müsa bn Ubayd

Allah) (1135-1204) nació en Córdoba, hijo del Rabí Maymün. Su padre lo


educó en la Biblia y en el Talmud; tuvo también otros maestros, pero se
ignoran sus nombres, aunque contrariamente a lo que a veces se ha dicho,
Averroes no fue uno de ellos. Cuando los almohades tomaron Cór¬doba, en
1148, cayó sobre la ciudad un período de turbulencia y de into¬lerancia
religiosa de la que fueron víctimas tanto los cristianos como los judíos, a
quienes los almohades, y su jefe, Ibn Tamurt, querían obligar a convertirse
al islamismo. Muchos ju¬dios, incluyendo la familia de Maimó- nides, se
negaron a apostasiar su fe; en consecuencia, tuvieron que emi¬grar,
primero a África (entre otros lugares, a Fez, Marruecos) y luego a Fostat,
en Egipto y a El Cairo, donde Maimónides falleció).

Se deben a Maimónides varias obras (véase bibliografía); filosófica¬mente,


la más importante es la Guía de los indecisos. Los "indecisos" (se han
usado también como traducción los nombres 'perplejos' y 'descarria¬dos')
son "los pensadores a quienes sus estudios han llevado a chocar con la
religión" y también "aquellos que han estudiado la filosofía y han
ad¬quirido un sólido conocimiento y que, bien que firmes en materia
religiosa, se hallan perplejos y confundidos a causa de las expresiones
ambiguas y figurativas contenidas en las Escritu¬ras Santas" (Guía.
Introducción). Pa¬ra devolver a tales indecisos su sión, esto es, para
ponerlos de nuevo en el camino de la fe, Maimónides escribió la citada
obra capital, pero ella no consiste en una defensa de la fe contra la filosofía,
sino más bien en un intento de armonizar la fe con la razón.

La Guía está dividida en una "In¬troducción" y en tres partes. En la


"Introducción" indica cuáles son sus propósitos. Ante todo, y según
apun¬tamos, decidir a los indecisos, a los que han sido atraídos por la razón
y hallan difícil aceptar una interpreta¬ción literal de la ley. Luego, eliminar
la perplejidad de los que caen en la confusión por no saber que las
expre¬siones que figuran en la Ley deben ser interpretadas figurativamente
y no

MAI

literalmente. En la primera parte, Maimónides se ocupa sobre todo de la


interpretación de expresiones claves en la Ley. En la segunda parte, de las
pruebas de la existencia, incorporei¬dad y unidad de la Causa primera; de
las inteligencias; de las diversas esferas y del mundo; de la creación a partir
de la nada; de las leyes y de¬signio de la Naturaleza y de otros temas
filosóficos capitales, pero tam¬bién de las interpretaciones filosóficas que
deben darse a los libros sagrados y de la naturaleza y especies de la
profecía. En la tercera parto, de la Providencia, de los ritos y de la
conducta.

Maimónides se opone al atomismo de los Mutakallimies (véase


FILOSO¬FÍA ÁRABE) y defiende en su lugar una filosofía que es
fundamentalmen¬te aristotélica, si bien con algunos elementos platónicos.
Aunque Aristó¬teles enseñó algunas tesis que son contrarias a lo que dice
la fe, tales como la eternidad del mundo, la gran mayoría de sus opiniones
y argumen¬tos filosóficos son, según Maimónides, no sólo concordantes
con las verdades de la fe, sino sumamente útiles para defender y apoyar
tales verdades. Así, rectamente usada, la filosofía no in¬duce a confusión y
a perplejidad, sino todo lo contrario: sirve de "guía" a los "indecisos". La
base de la concor¬dancia entre filosofía y fe que sienta Maimónides es su
convicción de que la experiencia sensible, por un lado, y el intelecto por el
otro conducen por igual a confirmar la fe; cuando tal no acontece, hay que
ver si lo que dicen las Escrituras debe ser interpretado literalmente o bien
puede ser inter¬pretado figurativa y analógicamente. Esta última
interpretación permite eliminar muchas de las que parecían al principio
contradicciones entre la razón y la fe. En algunos casos —co¬mo sucede
ejemplarmente con la cues¬tión de si el mundo fue creado de la nada por
Dios o si ha existido eterna¬mente— la razón no puede decidir en favor de
una u otra tesis lo que es lo mismo, puede producir argu¬mentos
igualmente válidos para apo¬yar ambas tesis—: esto hace que en tal caso
haya que seguir lo que dicen las Escrituras. Además, las Escrituras hablan
de ciertas cosas —tales, los milagros— que no podrían explicarse a menos
que se admitiera que el mun¬do fue creado de la nada por Dios.

MAI

Maimónides admite como comple¬tamente convincentes los argumentos


(que cuenta en nombre de 25) que han proporcionado "los filósofos" para
demostrar que Dios existe, es incor-póreo (o espiritual) y es Uno. Se ha
hecho observar que las pruebas adu¬cidas, o reiteradas, por Maimónides
son similares a las visadas luego por Santo Tomás de Aquino. Debe
te¬nerse en cuenta, sin embargo, que Maimónides, ya sea influido por el
neoplatonismo, ya sea porque quisiera subrayar hasta el máximo el carácter
trascendente de Dios, se inclina con frecuencia a lo que se ha llamado
"concepción negativa de Dios" propia de las teologías negativas, es decir,
una concepción según la cual, visto desde el mundo, Dios no es
propia¬mente nada, pero no porque no exista, sino más bien porque
"sobreexiste" o es un o

Maimónides revela semejante inclina¬ción hacia los modos propios de la


teología negativa sobre todo cuando se trata de determinar los atributos
divinos. Ello no significa que Maimó- nides tenga una concepción
puramen¬te "negativa" de Dios o bien que subraye hasta tal punto la
trascen¬dencia de Dios que suprima toda re¬lación entre Dios y el mundo.
En rigor, Maimónides insiste en la exis¬tencia de una jerarquía de esferas o
inteligencias que median entre Dios y las criaturas. Además, concede gran
importancia a la noción de Dios co¬mo Providencia. De las esferas o
in¬teligencias citadas, la décima y última es, según Maimónides, el
intelecto ac¬tivo, el cual influye sobre las almas racionales poseedoras de
intelecto pa¬sivo. Todas las esferas o inteligencias son inmateriales e
inmortales. Las al¬mas humanas están compuestas de materia y forma, no
siendo, pues, pu¬ramente inmateriales. Sin embargo, son inmortales
individualmente y no sólo en una supuesta forma común a todas.

En el aspecto "ético" y "ético-re¬ligioso", la Guía de Maimónides se basa


en el ideal del sabio y del pro¬feta. El primero es el que, por la in¬fluencia
del intelecto activo, se con¬sagra al saber especulativo y procura acordarlo
con la fe. El segundo es aquel que añade al conocimiento ra¬cional el saber
superior de la profecía, recibido por la gracia; con ello el pro-feta puede
convertirse en legislador

moral del hombre y de la sociedad.

Las doctrinas de Maimónides susci¬taron gran número de polémicas entre


los medios judíos. Los "talmudistas puros" se opusieron, por lo general, a
las interpretaciones "figurativas" de Maimónides y abogaron por la
inter¬pretación literal. Daniel de Damasco y Solomon ben Abraham de
Montpe- llier atacaron las doctrinas de Maimó- nides y de los maimonistas.
Otros au¬tores, como Abraham bn Hisdai y Sa¬muel bn Abraham Saportas
defendie¬ron dichas doctrinas. En las comuni¬dades judías de Narbona,
Zaragoza, Huesca, Monzón, Calatayud y Léri¬da se pronunciaron
excomunicaciones contra los anti-maimonistas. Hubo también una disputa
en Barcelona en la que intervinieron, entre otros, Abba Mari Don Astruc y
Solom bn Aderet y que terminó con el triunfo de los maimonistas.

Importante es la influencia de Mai- mónides sobre cierto número de


esco¬lásticos cristianos del siglo XIII y en particular sobre Santo Tomás.
Según Gilson, "si Maimónides no hubiera en-señado una doctrina del alma
tan fuertemente inspirada en la de Ave- rroes, lo que lo condujo a una
con¬cepción muy especial de la inmorta¬lidad, podríamos decir que la
filoso¬fía de Maimónides y la de Santo To¬más coinciden en todos los
puntos verdaderamente importantes". Debe advertirse, sin embargo, que la
in¬fluencia de Averroes a que se refiere Gilson parece menor de lo que este
autor y otros suponen; muchos histo¬riadores se inclinan a reducir a un
mínimo la influencia de Averroes y a destacar la de Avicena.

La Guía de los indecisos fue escri¬ta por Maimónides en árabe; el títu¬lo


es Dalahat al hairin. Edición crí¬tica y trad. francesa por S. Munk: Dálahat
al-hairin (Le Guide des Ega- rés), publié.. . et accompagné d'une traduction
franpaise, 3 vols., 1856¬1861-1866, reimp., 3 vols., 1959. El título francés
dado por Munk a su edición ha influido sobre los modos como luego se ha
hecho referencia a la Guía como Guía de los descarria¬dos, aunque es más
propio hablar de "indecisos" o "perplejos" (en las ver¬siones y referencias
latinas los nom¬bres usados son dux dubitandium; dux perplexorum; dux
neutrorum; directio perplexorum). Reimp. del texto de Munk en caracteres
árabes por J. Joel, 1931. La Guía fue traducida al hebreo por Yehudá bn
Tibbon (1120-

1190) y su hijo Samuel bn Tibbon (1150-1230) con el más conocido tí¬tulo


de More Nebuchim. La editio princeps de esta versión apareció an¬tes de
1480 y ha sido reimpresa va¬rias veces; ed. de la misma, con las variantes
del árabe, por J. Kaufmann, 2 vols., 1935-1938. Otra trad. al he-breo es la
de Yehudá al Harizi; esta trad. sirvió de base a la versión la¬tina conocida
por los escolásticos: Rabbi Mossei Aegyptii Dux seu direc¬tor dubitantium
áut perplexorum, pu¬blicada en 1520. Ed. de dicha trad. hebrea por
Schlossberg, 3 vols., 1851¬1874-1879. La primera trad. al cas¬tellano
(1432) se debe a Pedro de Toledo (manuscrito en la biblioteca de El
Escorial). Traducciones moder¬nas de la Guía, además de la citada
francesa de Munk: inglesa por J. Friedlánder, 3 vols., 1881-1885, 2' ed.,
1904, y J. Guttmann, 1952; ale¬mana de A. Weiss, 3 vols., 1923; ita¬liana
de D. J. Maroni 1871-1876; es¬pañola de J. Suárez, 1935. Entre los
numerosos comentarios hebreos a la Guía sobresalen los de Sem Tob Jo-
sef bn Falqera o Pulqera (de 1280); los de Josef bn Caspi (hacia 1300); los
de Moisés bn Josuah de Narbona (1355-1362); los de Isaac Abrabanel
(siglo xv). Muchas ediciones de la versión de bn Tibbon contienen va¬rios
de los citados comentarios; ade¬más, éstos han sido editados
respecti¬vamente en 1837, 1848, 1852 y 1831¬1832.

Además de la Guía se deben a Mai¬mónides: la extensa Mishna Torah o


Repetición de la Ley (Torahj —lla¬mada a veces "La mano fuerte"—
escrita en hebreo. Tamaniatu Fusul u Ocho Capítulos (comentarios a los
Aboz o Padres —recopilación de sentencias que no figuraban en la
Mishna—), escritos en árabe y tradu¬cidos al hebreo; ed. con frecuencia
como parte de los Comentarios a la Mishna. Ed. y trad. inglesa por Joseph
J. Gorfinkle, 1912 [Columbia Uni-versity Oriental Studies, 7]; por S.
Rosenblatt, 2 vols., 1927-1928; trad. parcial por Jacob J. Rabinowitz (1949)
y otra por B. D." Klein (1963), esta última en Yale Judaica Series, 15'; ed. y
trad. alemana por M. Wolff, 1903. — Maqála fi siná at 'al-mantiq o
Pe¬queño tratado de lógica, ed. y trad. inglesa por I. Efros, 1937-1938
[Pro- ceedings of the American Academy for Jewish Research, 8); ed. y
trad. francesa por M. Ventura. — Varias Cartas o "Pequeños Tratados", ed.
Lichtenberg, 1859.

Léxicos: I. Efros, Philosophical Terms in the More Nebukim, 1924


[Columbio University Oriental Stu¬dies, 22], — M. Ventura, vocabulario-

al final de su ed. y trad. del tratado de lógica: Terminologie logique, 1935.


— D. Z. Baneth [en hebreo], "Sobre la terminología filosófica de M.", Tar-
biz, IV (1935), 10-40.

Todas las historias de la filosofía judía medieval se ocupan más o me¬nos


extensamente de Maimónides. An¬tología de textos en español por F.
Valera: Vicia y obra de M., 1946. — Sobre M. véase: S. Scheyer, Daspsy-
chologische System des M., 1845. — M. Joel, Religionsphilosophie des
Mo- ses b. M., 1859. — M. Eisler, Vorle- sungen über die jüdischen
Philoso- phen des Mittelalters, Abth. II, 1870.

— D. Rosin, Die Ethik des M., 1876.


— J. Finkelscherer, M. Stellung zum Aberglauben und Mystik, 1895. —
D. Yellin y J. Abrahams, M., 1903. — W. Bácher, H. Cohén, D. Simonsen,
J. Guttmann, ct al., M. ben M. Sein Leben, seine Werke und sein Einfluss,
2 vols., 1908-1914, ed. J. Guttmann.

— L.-G. Lévy. M., 1911, 2» ed., 1932. I. Müntz, M. b. M.


(Maimónides). Sein Leben und seine Werke, 1917.

— L. Roth, Spinoza, Descartes und M., 1924. — Varios volúmenes en


la llamada "OctocentennialSeries": 1 (A. Marx), 1935; 3 (Ch.
Tchernowitz), 1935. _ Varios, Festschrift zur 800. Wiederkehr des
Geburtstagcs con M. ben M., 1935 [Monatschríft für Ges¬chichte und
Wissenschaft des Juden- tum, Jahrg. 79, Heft 2], — O." Gold- bcrg, M.
Kiitik der jüdischen Glau¬bens! ehre, 1935. — L. Gulkowitsch, Das Wesen
der Maimonidischen Lehre, 1935. — P. José Llamas, Ai., 1935 [textos e
introducción en Biblio¬teca de Cultura Española, 6]. — J. Saracheck, Faith
and Reason. The Conílict over the Rationalism of M., 1935. — H. Cohén,
A. Gerchunoff, L. Dujovne et al., M., 1935. — Leo Strauss, Philosophie
und Gesetz. Bei¬trage zum VerstandnisMaimunis und seiner Vorlaufer,
1935. — E. Hoff- mann, Die Lehre zu Gott bei M. ben M., 1937. — José
Gaos, Filosofía de M., 1940 [reimp. de artículos publi¬cados en la Revista
de Occidente, 43 y 48 (1935)]. — É. Gilson, R. Me Keon et al., Essays on
M., an Octo-centennial volume, 1941. — Ben Zion Bokser, The Legacy of
M., 1950. — L. Roth, Th. Guide for the Perplexed: M.M., 1950. — H.
Sérouya, M., sa vie, son oeuvre, avec un exposé de sa philosophie, 1951.
— L. Baeck, M., 1954.

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