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CUATRILOGÍA

LOS HIJOS DE MÓNICA


AMDER
I. MÓNICA
ERINA ALCALÁ
Recordar es fácil para el que tiene
memoria.
Olvidarse es difícil para quien tiene
corazón.
CAPÍTULO UNO
Esa noche de junio era fresca. Corría una suave brisa que
daba paso al verano. La camioneta de Nolan Wilson acababa
de aparcar en el sendero que llevaba al Ponce Ranch. Apagó
las luces. Había suficiente claridad con la gran luna llena que
dominaba el cielo nocturno plagado de estrellas.
Cuando Nolan paró la camioneta, Mónica sabía qué iba a
pasar y lo había deseado con fuerza durante toda su
adolescencia y juventud. El chico la miró. La sacó de la
camioneta de la mano y se fueron ambos a la parte de atrás.
Echó una manta y se subieron. Se puso encima de su frágil
cuerpo. Se besaron y ella tembló como un pajarillo
disponiéndose a dejar de ser virgen esa noche a la vuelta de la
fiesta de graduación del instituto.
Nolan besaba bien, besaba mejor que nadie para ella,
porque siempre estuvo enamorada de su vecino, aunque éste,
era mayor que ella cinco años y nunca la hubiese visto como
una chica guapa, como las animadoras rubias y las chicas
preciosas del instituto y de la que era novia suya, Pam, y
posteriormente las que hubiese conocido en la Universidad de
Cheyenne. Él había terminado ese verano la Universidad.
Llevaba saliendo con Pam casi cinco años.
Mónica no era esa, ni era su novia. Y sin embargo estaba
allí con él perdiendo la virginidad en la parte de atrás de la
camioneta de quien tanto adoraba.
Había sido una casualidad que se encontraran en el pueblo
y que Nolan la llevara a su casa del rancho en la camioneta.
Los padres de Nolan obligaron prácticamente al hermano
de Nolan, Oscar a llevarla al baile de graduación, y éste como
a su hermano le gustaban el mismo tipo de chicas. Así que el
baile, fue como esperaba, Oscar se fue con sus amigos y chicas
guapas y ella se quedó sentada hasta que salió del instituto y se
quedó allí en la puerta, sola. Cuando pasó Nolan camino del
rancho, después de dejar a su novia, la vio sentada allí y le dijo
que si la llevaba al rancho. Llamó a su hermano y se lo dijo.
Ella quería irse a casa y accedió a que la llevara Nolan al
rancho. Iba seria y triste.
Ese momento fue para ella un tanto doloroso al principio,
pero Nolan le hizo sentir lo que imaginaba cuando soñaba con
él y más. Se puso un preservativo y entró en su sexo, supo que
era virgen y sin palabras, con los movimientos y gemidos en la
noche estrellada, ella tuvo un orgasmo con el hombre soñado y
adorado desde que tuvo doce años y en esos movimientos, se
corrió en ella. Se demoró más de lo previsto en salir, pero ahí
acabó todo. Luego, le bajó el vestido de graduación, se subió
los pantalones y se fueron en silencio a la parte de delante de
la camioneta. Arrancó y la llevó a su rancho.
Sin palabras.
Jamás le preguntó qué sintió ella, que siguió temblando
durante horas esa noche.
Esos momentos hizo que Mónica se sintiera culpable de lo
que había hecho. Nolan tenía novia y ninguno de los dos
habían hecho bien.
Y supo con certeza que era el vanidoso y engreído que se
pavoneaba y aprovechaba de cualquier chica más joven,
porque ella tenía diecisiete años y Nolan ya había terminado la
universidad y acababa de cumplir veintidós años. Siempre
había sido mujeriego y aunque lo había pensado, esa noche,
había sido solo sexo para Nolan, ni un beso, ni la tocó siquiera.
Era raro porque ella tampoco sabía demasiado del tema sexual,
pero él, sí debía saberlo y se había reído de ella. No lo vería
más. Cuanto más pensaba en Nolan, más rabia y culpa sentía
contra él y contra ella misma por dejarse, por seducirla, por
tener novia, por todo.
Mónica era una chica adelantada a su tiempo. Su
mentalidad no era la de una chica de diecisiete años, sino de
más, menos en lo que no quería pensar.
Era bajita, apenas si pasaba el metro sesenta y aunque había
nacido en un pueblo de Málaga, se vino muy pequeña, apenas
con cuatro años al Ponce Ranch. Su madre era americana y su
padre malagueño y cuando sus abuelos maternos murieron,
tuvieron que venirse de Málaga para hacerse cargo del rancho.
Su padre apenas sabía de ranchos, pero sí de negocios, y
con el tiempo fue aprendiendo todo y ese rancho se hizo
próspero. Estaba situado en un valle de las montañas de
Wyoming, a cinco millas de Dubois, un pueblo de apenas mil
habitantes, rodeado de ranchos, algunos turísticos. El Ponce
Ranch, era un rancho de reses y de vacas.
Los padres de Mónica no tuvieron más hijos y ella se crio
en el rancho aprendiendo como una más las labores del rancho
cuando salía de la escuela y posteriormente del instituto y le
gustaba.
Era pequeña y callada, algo tímida de adolescente, discreta,
siempre iba con pantalones vaqueros al instituto y al colegio.
Tenía una melena larga castaña oscura y aunque siempre lo
llevaba recogido, su pelo era precioso. Ella era atractiva, tenía
una nariz pequeña y unos ojos grandes verdes de largas
pestañas, pero para Nolan y su hermano pequeño Oscar, ella
siempre simplemente fue su vecina.
Una vecina algo incómoda.
Nolan Wilson vivía en el rancho de sus padres, que justo
estaba encima del Ponce Ranch, en el alto de la colina. Sus
ranchos estaban separados por alambradas.
El Wilson Ranch era como dos veces más grande que el
Ponce Ranch, y desde la casa de Nolan se veía la casa de
Mónica.
Los padres de Nolan y Oscar, como los de Mónica eran
amigos desde que ellos eran pequeños. Incluso el padre de
Nolan estuvo alguna vez enamorado de la madre de Mónica
cuando eran jóvenes, pero ella, se fue a España y ahí se acabó
todo.
Sin embargo fueron vecinos y amigos hasta la muerte de la
madre de Mónica cuando ésta tenía diez años de una mala
caída de un caballo. Y ella se quedó a solas con su padre.
Y los padres de Nolan y Oscar, siempre estaban pendientes
de Mónica, tanto que obligaron a Oscar de su mismo curso, a
llevarla al baile de graduación. Y Oscar, no quería porque
había chicas mucho más guapas y quería acostarse con alguna.
Mónica sabía que Oscar, la había invitado aquella noche
obligado por sus padres. Sin embargo, la presión y su timidez
la obligaron a ir con él. Aunque no bailaron, él solo se hizo
cargo de llevarla y su hermano la llevó de vuelta.
Y ahí quedó todo durante la adolescencia y juventud.
Ese verano ya no vio a Nolan sino de lejos en el rancho
montando y ayudando a sus padres como ella hacía también
con su padre.
Este la obligó a ir a la universidad. Y la mandó a España
con sus abuelos. En España era más barato estudiar una carrera
y podría quedarse con ellos y perfeccionar el idioma, pero
Mónica no quería dejarlo solo tan lejos, sabía de sobra que no
iba a ir a verla con todo el trabajo del rancho, pero insistió
tanto su padre que al final, la matricularon en la Universidad
de Málaga para hacer Derecho y Dirección de Empresas. Y
poder gestionar el rancho a su vuelta. Ella quería irse después
al rancho y administrarlo, junto con su padre y estar con él.
Sus abuelos ni qué decir tiene que iban a ser felices con su
nieta en casa esos años e insistieron también. Y en septiembre,
ella hizo sus maletas para no volver en seis años al rancho. No
volvió en vacaciones.
Cuando fue a Málaga llevaba un secreto con ella, que
cuando no pudo disimular más tuvo que contarles a sus
abuelos. No quería que su padre se enterara de que estaba
embarazada. Si tan solo se había acostado una vez en el baile
de graduación con un chico…
Al principio lloraba mucho, pero sus abuelos le dijeron que
la ayudarían y mantendrían el secreto, pero que había ido a
estudiar y aunque perdiera un año o unos meses, iba a terminar
la carrera que había ido a hacer. Y eso los unió a los tres.
Y la preocupación del principio, paso a ser ilusión por un
hijo y un bisnieto. Sus abuelos le compraron todo para el
pequeño, porque se enteró de que era un chico, buscaron un
hospital y justo en las vacaciones de semana santa nació su
hijo Alejandro, al que le pusieron el nombre de su abuelo y
para distinguirlo lo llamaban Alex. No podían ser más felices.
Ella siguió sus clases, pidiendo apuntes el primer mes pero
terminó su curso y descansó en verano. Su abuela le cuidaba el
pequeño y su abuelo.
Cuando cumplió un año, Alex, un niño alto y moreno como
su padre, pero con los mismos ojos que su madre, entró en la
guardería los meses que ella estudiaba. Sus abuelos lo
recogían por la tarde porque ella empezó a trabajar en una
academia de inglés, dos horas por las tardes y los sábados por
la mañana. Así pagaba los gastos del chico y de la guardería.
Ya sus abuelos la ayudaban demasiado, aunque su padre, le
mandaba mensualmente un dinero también para la
Universidad, más la beca que le daban.
En Málaga fue feliz, con su hijo, con sus abuelos. Se olvidó
de Nolan pensando que sería madre soltera y que él ya tendría
otros hijos con Pam o estaría casado y nunca se lo diría. Alex,
era solo suyo. Y esa maldita noche, y a esos chicos que la
habían apartado a un lado en el instituto también los olvidó.
Se hizo amigos en Málaga en la universidad, tuvo un par de
chicos con los que se acostó y salió con ellos, pero su hijo era
un obstáculo para los chicos jóvenes y, además, nunca fue
como con Nolan a pesar de todo.
Aprovechó sus cuatro años de estudio y un master que su
padre le pagó y sus abuelos no querían que se fuera. Tuvo al
pequeño en el colegio desde los tres años. Y era un niño
precioso y bueno.
Durante los veranos, aprovechaba para pasearse por la
playa con su hijo, salir con sus amigos y dar las clases de
inglés en la academia por las mañanas, con el que se sacó el
carné de conducir cuando ya no tuvo que pagar guardería y
comprarse un coche pequeño para moverse, de segunda mano,
aunque sus abuelos quisieron comprarle uno nuevo, ella no
quiso. Y llevaba a sus abuelos a comer o a tapear los fines de
semana por la costa del sol y a la playa. Y fue una época feliz.
Dejó de ser la chica tímida para ser la mujer y mamá alegre,
disfrutar de esa ciudad, de los pueblos, del clima, de las
amistades, de su familia y sobre todo de su pequeño. Su vida
cambió y dio un giro de trescientos sesenta grados. Y cuando
volviera al rancho y su padre conociera a su hijo, se iba a
quedar de piedra, pero le encantaría su nieto.
Sin embargo, cuando acababa el master su abuelo murió y
fue un trauma para su abuela y para todos ellos. Su padre no
pudo venir porque dijo que había mucho trabajo en el rancho y
a ella le extrañó que no viniera a la muerte de su padre, pero
tampoco pensó en eso demasiado con ella tomando las riendas
de todo, ya que no había más familia, salvo algunas hermanas
de su abuela.
Y se quedaron solas su abuela y ella y no veía bien a su
abuela, y el padre le aconsejó quedarse un tiempo con la
abuela.
Termino su máster y se quedó un año más en Málaga,
porque el médico al que iba la abuela, le dijo que no iba a
durar mucho en el plan que se puso, no comía, dormía poco, y
al final tenía todo tipo de enfermedades. Ni su biznieto la
animaba. Y ella cuidó de su abuela y de su hijo y hacía de
todo, la llevaba médico, la mimaba, la sacaba a pasear, pero
nada pudo hacer por ella.
Y al final, trece meses después de terminar ella el master
murió también con el calor de julio.
Tampoco vino su padre y ella casi se enfadó con su padre
por no venir. Tenía veinticuatro años y su hijo cinco y medio y
tuvo que hacerse cargo, también del funeral de su abuela. Y
quedarse un mes más o dos, tal como le dijo el notario. Pero si
le dejaba algo a su padre, tendría que venir sí o sí.
Pero los abuelos le dejaron a ella toda su herencia. Porque
su padre había renunciado a ella en favor de su hija. Lo habían
hablado meses antes de morir el abuelo con su padre. Ella se
enteró por el notario.
La casa de la playa, y dos millones de euros que tenían casi.
Sus abuelos, tenían dinero, porque su abuelo tuvo un negocio
de una gasolinera, pero nunca pensó que tanto, Aunque vivían
muy bien y su casa era una gran casa estupenda en Marbella.
Vendió la casa y el coche, recogió todo, metió a su hijo en
el pasaporte con su doble nacionalidad, y metió el dinero de su
herencia en su cuenta, lo cambió a dólares, hizo las maletas,
escasas, ya compraría ropa nueva, y con dos millones
ochocientos mil dólares, diez mil en el bolso y dos billetes en
primera para Nueva York, puso rumbo el dos de octubre, con
su hijo a la gran manzana primero y allí tomaría un vuelo a
Cheyenne. Descansarían un día o dos y compraría un coche y
viajarían hasta Dubois. Iba a ser un viaje largo y cansado para
su hijo tan pequeño, pero pararían cada pocas horas. Y el viaje
a Nueva York, lo eligió nocturno, para que se durmiera.
Y el día tres de octubre, llegaron a Cheyenne. Un taxi los
llevó a un hotel, pidieron algo de comer y se ducharon y
durmieron los dos en la cama grande hasta el día siguiente.
—Mamá hace frio. —Dijo el pequeño al día siguiente
cuando despertaron y miró curioso por la ventana.
—Sí hijo vamos de compras y para el rancho también y un
coche nuevo.
—¿Muy grande?
—Enorme, como tú.
—¿Hablan inglés?
—Sí cariño, aquí inglés.
—Vale.
—¿Vamos a ver al abuelo?
—Sí, vamos a ver a tu abuelo y el rancho, caballos y
vacas…
—¿Me compras un poni?
—Ummm… Intentaré comprarte un poni.
—¿No tengo papá aquí tampoco?
—Sí que tienes, aquí tienes un papá. Lo veremos si no está
fuera. Pero te has levantado muy preguntón hoy.
—Sí —y se reía mientras ella le hacía cosquillas en la cama
y Alex se reía.
—Venga nos levantamos, vamos a desayunar fuera y de
compras.
—Sí yo elijo mi ropa.
—¡Cómo no, mi hijo independiente siempre!
—Mamá…
—Dime cariño.
—¿Cómo se llama mi padre de aquí?
—Nolan.
—¡Qué nombre más raro!
—Son nombres americanos, pequeño. Tendrás que
acostumbrarte. Es un nombre bonito. Quizá tengas hermanos.
—¿Por qué?
—No sé si se ha casado, tenía novia cuando me fui con los
abuelos a Málaga.
—¿No te quería?
—Creo que no cariño, pero a ti te querrá, seguro. Eres su
hijo. Y si no te quiere, yo te quiero un montón —y lo colmaba
de besos.
—Basta de preguntas pequeño curioso, ¡arriba!…
CAPÍTULO DOS
Se abrigaron, desayunaron cerca del hotel y fueron a
comprarse ropa a un centro comercial que le dijeron, no estaba
muy lejos.
Se compraron dos maletas más, ropa para el rancho y para
abrigarse, para vestir, botas guantes, bufandas… perfume y
maquillaje que no pudo llevar en el vuelo.
La temperatura era fría aún en octubre y dejaron las
compras en el hotel. Se compró un abrigo más elegante y se lo
puso, con guantes y una bufanda. Y el chico eligió tres
chaquetones. Era un amante de las compras.
Después fueron a comer y luego a comprar el coche. Se
compró un todoterreno, tipo coche, que sirviera para el rancho
y fuese elegante a su vez para ir al pueblo.
Y al día siguiente a las seis de la mañana, metió sus maletas
y las compras en el coche, a su hijo lo puso atrás en una sillita
para el coche que compró en el concesionario y puso rumbo al
rancho. Ya no se acordaba de lo fácil que era conducir sin
marchas.
Su hijo iba dormido y a las diez lo despertó para desayunar,
ir al baño y paró tres veces más.
Después de doce horas, llegó a Dubois. Se habían levantado
temprano y era de noche ya, estaba muerta de conducir más de
doce horas con las paradas. Tenía las piernas entumecidas y el
pequeño estaba ya cansado también. Anochecía ya.
Al entrar en el pueblo, lo vio cambiado, seis años, habían
cambiado el pueblo. Había más tiendas y la cafetería del
centro la habían renovado. Aparcó allí.
—¿Vamos a cenar aquí mamá?
—Sí, ¿No tenías hambre?
—Sí que tengo y pis otra vez.
—Pues vamos cielo. Cuando lleguemos al rancho seguro
habrán comido y no saben que vamos. Así que cenamos y nos
vamos a la cama directos.
Al entrar en la cafetería, la vio renovada. Estaba bonita.
Primera parada: baño.
Había unos cuantos vaqueros, que no conocía, unas parejas.
Se sentó en un asiento al lado de la ventana y frente a la puerta
de entrada, para vigilar su coche, estaba lleno de cosas, aunque
todas estaban en el maletero. Y allí en un pueblo tan pequeño
nunca pasaba nada.
La gente la miró. Iba demasiado elegante para el pueblo. Si
no la reconocían mejor, pero Fanny, la camarera, sí que la
reconoció y le preguntó cuando se acercó para tomarle el
pedido.
—Pero muchacha, ¡Qué guapa estás! ¿De dónde vienes
después de tantos años?
—De la Universidad, pero he estado en el extranjero.
—¡Madre mía qué elegante! ¿Y éste pequeño tan guapo?
—Es mi hijo, Alex.
—Has tenido un hijo y todo, ¡qué barbaridad! Dime qué vas
a tomar pequeño.
—Una hamburguesa.
—¿Con un batido?
—No, —y se rio. —Con refresco de naranja.
—De dónde venimos, hija, no tomamos las hamburguesas
con batido —Dijo Mónica.
—¡Qué raro! —Y Fanny se reía y ella—. Para mí lo mismo
y cerveza sin alcohol.
—¿Le pongo el menú infantil?
—Sí, pónselo, le gustará.
—Ya mismo está todo.
—Ha cambiado el pueblo Fanny.
—Sí, hay más tiendas. El turismo ha aumentado. Mejor
para nosotros.
—¡Qué bien!
—Bueno guapa voy a traeros la cena. Me alegro de que
estés de vuelta.
Estaba quitándole el abrigo al pequeño y mientras ponía su
bolso al lado del asiento entre ellos, al levantar la cabeza, vio
entrar a Nolan en la cafetería y lo miró. Había cambiado. Tenía
veintinueve años si no recordaba mal y era un hombre ya. Era
un vaquero alto, más alto de lo que recordaba. Su cuerpo no
era el del chico que vino de la Universidad, sino el de un
hombre formado y fuerte y más guapo. Y se puso nerviosa.
Nolan, se quitó el sombrero y ella vio su pelo negro como
el carbón y sus ojos verdes claros como un lago al amanecer.
Tenía el pelo ligeramente largo, se quitó la chamarra y los
guantes y se sentó en la barra, miró hacía su mesa y la vio. Y
por supuesto la reconoció.
—¡Joder! —se dijo Nolan, y fue hacia ella.
No la había vuelto a ver desde aquella noche que lo dejó
con Pam en uno de esos vaivenes que tenían como pareja. Pero
no lo hizo bien con ella y eso no podía remediarlo ya.
—¡Hola Mónica!
Y Mónica se levantó, se dieron dos besos…
—Hola Nolan!
—¿Y este chaval, es tuyo?
—Sí, es mi hijo. Alex, saluda a Nolan, es nuestro vecino,
tiene un rancho al lado del nuestro.
—¿Como mi padre?
—Sí más o menos —Y se puso colorada.
—¡Hola! —Dijo Alex extendiéndole su manita y Nolan la
estrechó.
—¿Puedo sentarme con vosotros?
—Claro siéntate.
—¿Es su padre de aquí?
—Sí, lo es.
—¿Qué edad tienes Alex?
—Cinco y medio. —Alex la miró a los ojos, como si
tuvieran una conversación pendiente. No le pasó desapercibido
que el niño fuese igual que él y apretó la mandíbula…
—¡Dios mío cuánto has cambiado!
—Tú también.
—Hace ya más de seis años que te fuiste.
—Sí, la verdad, no he vuelto en seis años.
—¿Has estado en España?
—Sí, de dónde es mi padre.
—¿En la universidad?
—Sí, hice Derecho y Dirección de empresas y un Máster,
pero mis abuelos murieron uno tras otro y no pude venir antes.
¿Y tus padres y Oscar, cómo están?
—Oscar está trabajando en Nueva York como bróker para
una empresa.
—¿En serio?
—Sí, es todo un señorito. Y mis padres en el rancho como
siempre. Mi padre se ocupa del ganado y yo de la
administración, suministros, compras ventas y todo cuanto
puedo y mi madre de la casa. ¿Y tú, qué piensas hacer, aparte
de buscar al padre de tu hijo? —Le dijo con ironía y ella
evadió la pregunta.
—Pues lo mismo que tú, supongo.
En esos momentos Fanny le puso a ella la cena y le
pregunto a Nolan qué quería tomar.
—Lo mismo que Mónica, pero la cerveza con alcohol.
—Ahora mismo te lo traigo.
—Come tú Mónica, no me esperes. ¿Te gusta la
hamburguesa Alex? —Le preguntó al chico.
— Es muy grande —y Nolan sonrió.
—¡Estás muy guapa!
—¿En serio?
—Sí, en serio.
—Hubiese apostado mi vida a que jamás me dirías eso en la
vida.
Y Nolan sonrió.
—Tenemos que hablar de lo de aquello. A solas.
—No creo que haga falta eso, Nolan. Hace ya tanto
tiempo…
—Creo que te debo una disculpa. Lo siento.
—No lo sientas, gracias a eso tuve a mi hijo.
Y Nolan se la quedó mirando. De todas formas, tendría que
decírselo y esa fue una buena ocasión.
—¿Qué?
—Lo que te acabo de decir. Como dos gotas de agua, para
mi mala suerte.
—No lo creo, estás de coña.
—No mentiría en una cosa así. ¿Te gusta que te mientan?
—No.
—Pues entonces… He cambiado Nolan, si esperas
encontrar una chica tímida y tonta, no me busques.
—Ya veremos. ¡Joder Mónica!
—Mi mamá dice que eso es una palabrota —le apuntó a
Nolan.
—Tienes razón hijo —No lo volveré a decir.
—¿Eres amigo de mi mamá?
—Sí, y vecinos también. ¿Quieres venir algún día a ver mi
rancho?
—¿Puedo mamá?
—Ya veremos.
—Joooo.
—No seas tan dura mujer. Le gustará.
—Te dejaré.
—Gracias mami. ¿Tienes ponis?
—No, pero estoy pensando comprar uno.
—Bueno, ¿te has casado? —quiso saber ella, porque si se
había cado o tenía hijos, todo sería diferente.
—No, nada de matrimonios, ni novias.
—Bueno, te gustaban mucho las chicas y estuviste años con
Pam.
—Así es, pero tuvimos muchos vaivenes y al final, hace
seis meses lo dejamos, está en los Ángeles.
—¿Y tú sales con alguien?
—¿De dónde?, acabo de llegar. El ultimo chico con el que
salí en serio, lo dejamos hace ocho meses. Tuve luego lo de
mis abuelos y no, no me he traído a nadie de España salvo a
mi hijo.
—De eso y de más cosas, tenemos que hablar.
—Y hablaremos.
—Siento lo de tu padre.
—Lo de mi padre de qué —y Fanny le puso la cena a
Nolan.
—¿No lo sabes?
—No, no sé nada, me extrañó que no fuera a la muerte de
mis abuelos, ¿pero qué pasa? Nadie me ha dicho nada.
—Porque no ha querido. Está en cama.
—¿Cómo que está en cama?
—Está enfermo, Mónica, le queda poco tiempo de vida.
—Pero qué dices, —se levantó de un salto.
Y Nolan le agarró la mano y la sentó. Y a ella se le saltaron
las lágrimas.
—Tuvo un infarto y después otro. Es duro pero el último…
Se está apagando.
—¿Cuánto?
—Dos meses como mucho. Yo voy a diario a verlo, Margot
se queda a dormir en la casa grande y Alfred en la del capataz.
Les he echado una mano con el rancho, pero no te vas a
encontrar el rancho igual que cuando te fuiste.
—¿Por qué?
—Antes de irte, tu padre estaría ya mal y fue dejando
abandonado el rancho, apenas quedan 300 reses.
—¿Nada más?
—Y solo Alfred.
—Pero si el rancho de mi padre…
—Ha ido vendiendo, era como si supiera que te ibas a
quedar allí.
—¡Dios mío! Tengo que irme, Nolan.
—Espera y terminamos de cenar, en media hora más no vas
a solucionar nada y te acompaño.
—¡Está bien! —Y se quedó seria.
—De verdad que tu padre pensaba que te iba a quedar en
España, me lo decía.
—¡Dios mío!
—Vamos no te pongas sí, termino y nos vamos.
Nolan fue tras ella al rancho. Si el hijo era suyo tendrían
que hablar en serio, aunque ahora ella tenía mucho que hacer y
su padre estaba como estaba, pero, joder, había tenido a su hijo
sola y tenía un hijo precioso de cinco años con ella.
Estaba tan distinta… Había cambiado. No era la chica
tímida del instituto ni la que callaba todo cuando iba a su
rancho con sus padres, con su padre o cuando hablaban con
ella.
Tener un hijo… era…
Cuando ella llamó a la puerta, Nolan estaba tras ella. Se
sentía una enana a su lado, le llegaba por los hombros y olía
muy bien. Margot, la mujer que cuidaba a su padre y la casa le
abrió la puerta. Llevaba con ellos toda la vida y era la mujer
del capataz Alfred, pero ambos estaban para jubilarse.
—¡Ay mi niña! —Y la abrazó fuerte—. ¿Y este pequeño?
—Es mi hijo Alex, Nani. —Como ella llamaba a Margot
toda la vida.
—¿En serio? Pero qué guapo. Anda pasad. ¡Hola Nolan!
—Estás en casa, cómo has cambiado, ¡qué guapa!
—Y ella abrazó a Margot llorando.
—Vamos no llores mi niña.
—¿Mamá por qué lloras? —Se asustó el pequeño.
—No te preocupes hijo, es de la emoción de ver a mi Nani.
—Los he encontrado cenando en la cafetería —le dijo
Nolan a Margot.
—Gracias hijo por acompañarlos.
—¿Cómo está hoy? He tenido que ir a hacer una gestión
esta tarde al pueblo y no he podido venir.
—Dormido del todo ya, ni se despierta —Y Nolan miró a
Mónica.
—Dame las llaves del coche Mónica y te saco el equipaje.
Ella lo miro y no iba a ser descortés cuando se ofrecía a
ello.
Nolan le metió todo en la casa y luego tomó la llave del
garaje y le metió el coche. Parecía que conocía todo lo que
estaba en su casa.
—Gracias —le dijo ella.
—Bueno, me voy. Aún tengo que dar una vuelta a los
chicos a ver si el ganado está bien. Nos vemos, Mónica
—Está bien, gracias Nolan.
Cuando él se fue, ella se abrazó llorando a Nani.
—Vamos pequeña, no llores.
—Mami no llores.
—No nos iremos hasta que él se vaya. Pero después debes
buscar un buen vaquero para el ganado. Tienes poco. Ya te
pondrá mi marido al tanto. Pero ya está demasiado cansado y
nos hemos comprado una casita en el pueblo. Pero no te
dejaremos sola.
—Gracias Nani, yo me iré haciendo cargo de todo. Voy a
verlo.
—Vamos Alex a ver al abuelo. Está malito. Entraremos en
silencio.
Y subieron las escaleras y entró en la habitación de su
padre y lo vio allí, tan delgado, demacrado y dormido, sin
abrir los ojos y lloró como una niña. Por eso no había podido
asistir al entierro de sus padres, él mismo estaba enfermo. Le
cogió la mano.
—Papa no me dejes, no me queda nadie salvo tu nieto y no
vas a conocerlo si te vas, Nani y Alfred se van si tú te vas.
—¿Dónde se va el abuelo?
—Con los otros abuelitos, mi amor. ¡Qué voy a hacer!…
—No llores mamá.
—No cariño. Vamos a dormir.
Estaba cansada. Iba a ocupar con su hijo su antigua
habitación, se dio una ducha y otra al pequeño y no dejó Nani
a cambiar las sábanas, ella las cambió y subió sus maletas
arriba.
Y se acostó abrazando a su pequeño que se quedó dormido
al momento. Lo miró tan pequeño e indefenso, que casi se
arrepintió de no haberse quedado en Málaga, pero ahora,
Nolan lo sabía y estaba segura de que no la dejaría irse con su
hijo. Así que debería sacar adelante el rancho ella sola.
Y no sabía ni el estado de las cuentas ni cómo estaba todo.
La casa ya la había visto. Necesitaba una mano de pintura,
unas reformas y cambiar los electrodomésticos. El barracón de
los chicos, bueno ahora vacío, ni lo sabía.
A la mañana siguiente se levantó muy temprano, su hijo
seguía durmiendo. Fue a ver su padre, y seguía igual, vació las
maletas. Nani le dijo que le plancharía lo arrugado, que
colgara el resto. Y tuvo que hacerlo.
Nani, voy a ir al pueblo primero, a ver al doctor y al banco
a ver las cuentas…
—Deja al chico conmigo. Estará bien. Así irás más rápido.
Está bien, pero te dejo el móvil, cualquier cosa me lo pones
y vengo enseguida. Le traeré algunos juguetes. ¿Habéis
cobrado?
—Sí, tu padre lo dejó domiciliado todo.
—Está bien, iré, desayuno allí y luego vengo.
—Vale, le doy a tu padre a ver lo que puede tomar y te
plancho eso, luego haré comida,
—Gracias Nani.
Y tomó las llaves del coche y se fue desayunar para
empezar, se llevó sus documentos, todos.
—Allí estaba de nuevo Nolan.
—¡Hola Nolan! —Y se sentó frente a él y pidió un
desayuno.
—¿Otra vez en el pueblo?
—Tengo que hacer gestiones en el banco —le dijo Nolan.
—Yo también y pasar por la clínica a hacerme un seguro de
salud para Alex y para mí y a ver al doctor que lleva mi padre,
a la comisaría. A la juguetería, unas cuantas gestiones.
—El doctor Norton lleva a tu padre.
—Vale gracias. Hablaré con él.
—Venga desayunemos. Y háblame mientras de mi hijo.
—Nolan… Lo siento, pero era joven, asustada y no sabía si
estabas con Pam, casado, si tenías hijos.
—¿Qué apellido tiene?
—El mío
—Lo cambiaremos.
—Ahora tengo tantas cosas, Nolan…
—Yo lo hare y te ayudaré con él, puede venir al rancho,
mientras estás con tu padre y reformas el rancho si es que vas
a llevarlo. Mi madre puede cuidarlo.
—¿Se lo has dicho?
—No, pero se lo diré hoy a los dos.
—Por Dios Nolan, van a pensar lo peor de mí. Tenías novia
en ese tiempo.
—Había cortado con ella esa noche.
—Eso es un día. Estoy… Agobiada, cansada agotada de
tantas muertes y ahora mi padre. No va a saber ni que tiene un
nieto.
—Vamos nena, te ayudaré. No voy a echarte en cara lo de
Alex, bastante tienes ya, pero debe saber que soy su padre y
venirse conmigo para no ver esa situación en casa, al menos
los fines de semana o algunas tardes si puedo recogerlo del
colegio. Luego lo llevo para dormir.
—No sé Nolan, tendré que hablar con él. Siempre ha estado
conmigo.
—Iré contigo a comprar juguetes. ¿Dónde duerme?
—Conmigo, en casa solo hay tres dormitorios, lo sabes.
—Bueno, voy a ponerle en casa una infantil con juegos y
juguetes.
—¡Estás loco!
—No, si es mío, lo compartiremos. Estamos al lado.
—Está bien, no te lo voy a negar si él quiere conocerte y a
tus padres.
—Entonces, tú hablas con Alex y yo con mis padres.
—Dios qué nervios.
—Venga come que tenemos que hacer gestiones, te
acompaño.
—¡Está bien, como quieras! ¿Cuántas reses tienes?
—Unas ocho mil.
—¡Qué barbaridad! Y ¿Cuántos vaqueros tienes?
—Diez chicos y el cocinero, a veces como con ellos en el
barracón y tenemos una mujer que viene a casa a ayudar a mi
madre.
—Yo tengo según tú, trescientas reses, pero Alfred y Nani
se van en cuanto falte mi padre. ¿Cuántos vaqueros debería
contratar?
—Uno solo de momento si no tienes más reses.
—Aún no he visto ni las cuentas ni cómo está el rancho.
—Dejado. Hay trabajo si quieres poner eso en orden. Al
menos pintar y algunos arreglos.
Y la miró. —Te paso el número de un contratista que tiene
un pintor barato. Te ahorrarás tiempo y dinero y si quieres
decoración, hay una tienda y te decoran. En el rancho lo
hicimos hace un par de años.
—Vale. Eso me vendrá muy bien.
—Dame tu móvil y te dejo el mío.
Y se lo dieron.
El resto de la charla transcurrió preguntándole Nolan por
cómo era la ciudad donde estuvo y por el pequeño.
—Vamos al banco, no quiero llegar muy tarde, quiero ver el
estado del rancho, antes de que anochezca.
Cuando llegó, al banco su padre tenía una cuenta a nombre
de los dos, solo una, allí tenía las domiciliaciones de todo. Y
tres millones de dólares.
Se quedó pasmada, pero sabía que en sus tiempos, el rancho
había sido próspero y ella sabía de ranchos, no se le había
olvidado, y ahora además, sabía de cómo gestionarlo.
Metió en la cuenta del rancho su dinero y ascendió a más de
cinco millones y medio. Pidió una sola tarjeta y anuló la de su
padre. Y su cuenta y tarjeta que traía de España.
Fue a la clínica con Nolan y mientras esperaba que la
atendiera el doctor Norton, se sacó un seguro de salud y Nolan
quiso pagar el de Alex, ya llevaba otras tarjetas más.
—Nolan…
—Ese lo pago yo, Mónica.
—Está bien, ¡Qué terco eres!
—Tú has pagado cinco años de todo, Mónica.
El doctor cuando la atendió le dijo que apenas un mes le
quedaba a su padre si llegaba, o menos, ya llevaba morfina en
el suero que tenía puesto y que había que ponerle una dosis al
día, pero nada más se podía hacer por él. No se podía hacer
nada y ella lloró, al salir.
Con unas gafas negras se dirigió a la oficina del sheriff para
cambiar su carnet de identidad y de conducir.
Luego se pasaron por la tienda de ropa y se compró más
ropa para el rancho, las cuadres, un sombrero, un abrigo para
el rancho…
Nolan compró también ropa para su hijo. Ella no le dijo
nada. Y en la juguetería libros y juguetes para Alex y para ella
un par de libros. Nolan también compró muchos más que ella
y una silla para el coche. Para su hijo.
Luego pasaron por la de muebles y le compró un dormitorio
y una mesa para hacer deberes.
Y por fin pasaron por el colegio y lo apuntaron. En la
librería compraron los materiales y al día siguiente tenía que ir
al colegio de nueve a cuatro. Comería allí, así ella tendría
tiempo de hacer todo.
El colegio era público, donde ellos estudiaron y los
materiales y libros los compró de nuevo Nolan y ella ya no
discutía con él. Compró toda la lista de materiales.
Ahora no estaba para discutir por tonterías, había crecido y
su padre se estaba muriendo. Eran ya muchas muertes en
menos de un año.
Y si Nolan quería gastarse dinero en su hijo, no sería ella
quien se lo impidiera. Estaba haciendo lo mejor.
Por la tarde saludó a Alfred y este le enseñó los barracones,
que necesitaban también un repaso de pintura y arreglos, había
habitaciones para doce personas, eso lo recordaba y miró
cómo estaba todo, mientras su hijo se quedó jugando con los
juguetes. Hablaría con él por la noche de su padre.
Ahora estaban los animales dentro con la nieve por caer y
los estuvo viendo.
Fue al despacho de su padre. Un caos absoluto, Alfred, solo
dejaba las facturas en un cajón y ella tenía en la cuenta, los
gastos que se cargaban, pero ahora no iba a hacer nada, cuando
su padre faltase, empezaría de nuevo, como si fuera una
empresa que empezaba de nuevo y pensando en todo, se dio
cuenta de que había tomado una decisión, y era quedarse en el
rancho.
Nolan, a caballo, la vio salir del barracón y pasear entre la
nieve, a ver las vallas, seguro iba a verlas, Alfred se metió con
los animales y Nolan abrió las vallas que comunicaban al
rancho de ella. Había hecho una puerta para entrar si fuera
necesario, hizo un camino con la camioneta también, le puso
un cerrojo y si tenía que echarle un cable a Alfred, entraba por
allí para no tener que dar la vuelta a todo el rancho y abrió el
candado y fue hacía ella con el caballo.
Cuando llegó a su lado
—¡Hola Mónica! —y se bajó del caballo caminando a su
lado.
—¿Cómo has entrado?
—Hice una puerta en la valla, quité las tuyas viejas y
oxidadas que pegan a mi rancho y puse esas blancas de
madera. No nos hacen falta dos. Cuando tu padre enfermó hice
una puerta para ayudar más que nada y no dar toda la vuelta al
rancho si algo le ocurría a Alfred, es mayor.
—Sí, lo es, gracias, si tengo que darte algo por las vallas, la
mitad, me dices lo que te debo.
—No hace falta, está pagado ya mujer.
—Pondré las mismas en mi lado, iguales cuando reforme.
—¿Has hablado con Alex?
—Esta noche ¿Y tú?
—Sí, ha sido toda una convulsión en casa, los juguetes, la
ropa, he mandado quitar una habitación, se la han llevado los
chicos para una familia al pueblo. Una locura, están deseando
conocerlo. Saber que tienen un nieto… Están como locos. Te
quieren, Mónica.
—Lo llevaré mañana cuando salga del colegio a que lo
conozcan.
—Ya tendrá su dormitorio listo.
—Estoy nerviosa Nolan, que lo sepas.
—No pasa nada mujer. Todo se solucionará y no es tan
grave salvo lo de tu padre. No pienses en nada más ahora.
CAPÍTULO TRES
—Tendré que meter algunos vaqueros cuando compre
ganado. Primero quiero arreglar todo y cuidar a mi padre.
—Bueno, si necesitas ayuda…
—Te consultaré si compro ganado, de momento no voy a
hacer nada.
—Te diré un par de sitios donde comprar el ganado y
contratar vaqueros, un anuncio.
—Gracias.
—Le echaré un vistazo y te diré qué comprar.
—Gracias. Esto es hermoso. Aunque haga frio.
—¿Allí no hacía?
—No, tiene una temperatura suave todo el año y te puedes
bañar casi nueve meses al año en el mar.
—¿En serio?
—Sí, es precioso, tiene mar y montaña
—Estás cambiada, eras una chica tímida, y discreta.
—Si no te fijabas en mí Nolan, ¿Vamos a tener una
conversación de esas?
—¿Por qué no? Nunca me perdonaré aquella noche, fue
fatal, horrible. Te traté mal.
—No fue tan malo, no te castigues con eso. Éramos más
jóvenes.
—Ahora también lo somos. Y con mucha responsabilidad.
Un hijo.
—Sí, un hijo.
—¡Estás tan guapa!…
—Nolan…
—Dime.
—Sigues siendo un vanidoso y ligón.
—¿Eso crees?
—Sí, lo estás haciendo.
—Es lo que pienso y he cambiado aunque no lo creas.
—Vamos monta a caballo. Te llevo a ver tus tierras.
—Hace que no monto, Nolan.
Y él la cogió a pulso y la montó en el caballo.
—¡Ay Dios Nolan que miedo!, es muy alto…
Y Nolan se montó delante.
—Agárrate, no iremos muy lejos, para que lo veas desde la
colina.
—¡Ay Dios que miedo! Y se aferraba a su cintura.
—Tienes que comprar caballos, tienes uno y viejo.
—Sí, tendré que comprar caballos. Al menos una yegua
más baja para mí y un par de caballos o uno para cada chico
que contrate. Ya veré.
—¿Vas bien?
—Agarrotada, cuando me baje no voy a poder andar.
Y Nolan se reía, pero sentía a través de su abrigo los pechos
de ella pegarse su espalda y se excitó.
Esa pequeña no era la que fue y en cuanto la vio en la
cafetería, no había visto una mujer más guapa que ella. Y le
gustaba cómo era ahora, era encantadora, sincera y franca.
Nada quedaba de la niña tímida que conoció. Lo que jamás
quería recordar era aquella noche. No saldría ya con ninguna
chica. Iba a conquistar a la madre de su hijo, costara lo que
costara.
Cuando llegaron a la colina la bajó y la pegó demasiado a
su cuerpo, le pareció a ella.
—Sigue siendo precioso. Y más grande de lo que
imaginaba.
—Sí que lo es.
—¿Tienes dinero Mónica?
—Sí, mi padre tenía más de tres millones y yo también traía
algo de mis abuelos. Quiero arreglar todo, y dejar una buena
cantidad, el resto compraré reses. Necesito una mujer para la
casa, y depende de las reses que pueda comprar, contratar los
vaqueros y caballos necesarios.
—¡Vaya!, lo tienes todo pensado.
—Sí, quiero hacer reformas, pero que no me cueste mucho,
salvo la casa, quiero ampliarla y poner cinco dormitorios y dos
salas grandes abajo. Eso es lo que más gastos tendrá.
—Te sorprenderás, el contratista es barato y lo tuyo son
pequeñas reformas y pintura, arreglar los tejados, esos sí.
—Y la ampliación de la casa.
—Lo sé. Nos vamos de vuelta.
—Gracias por dejarme ver el rancho.
Y la dejó en la casa con el caballo. Saludó a su pequeño que
estaba jugando y subió a ver su padre. Nolan se había quedado
un rato hablando con Alfred. Mónica, lo miraba a través de la
ventana de la habitación de su padre.
—¿Es guapo verdad? —la pilló Margot mirando.
—Sí, es muy guapo, y es el padre de Alex.
—En cuanto lo vi, lo supe. Es igualito a él cariño. Y a ti
siempre te gustó ese hombre. Ahora puede ser tuyo. Es el
padre de tu hijo.
—Vamos Nani, una cosa es que sea su padre y otra que yo
le guste. Nunca le gusté. Era un vanidoso y engreído.
—Mi niña, todos los jóvenes guapos lo son. Y de eso hace
muchos años. Nos ayuda demasiado. Es un buen chico ahora.
Y muy trabajador.
—Sí, se lo tengo que agradecer.
—Ahora es distinto, eres una chica guapa y fina.
—Porque tú me ves con esos ojos.
—Ya verás que pronto te pedirá formar una familia. Le
gustas, lo sé, lo he visto y no me equivoco nunca.
—¡Ay Nani, eres una brujilla!
Por la noche cuando se acostó con su hijo, le dijo:
—Cariño tienes que saber quién es tu papá. Ya lo has visto.
—¿Sí? —Dijo el chico emocionado.
—Sí cariño, es Nolan.
—¿Nolan es mi papá?
—Sí, hemos hablado de ti, ven levanta —y el chico se
levantó y fue con ella a la ventana.
—¿Ves las luces allí arriba?
—Sí.
—Esa es la casa de tus abuelos, ahí vive tu padre.
—¿Es otro rancho?
—Sí, es el rancho de al lado.
—¿Y me quiere?
—Sí que te quiere. Y más te va a querer cuando te conozca
porque eres mi niño precioso. Te ha comprado un dormitorio
allí por si te quieres quedar alguna noche a dormir, dice que te
va a comprar un poni y juguetes te compró ayer. Los abuelos
también quieren conocerte. Los padres de tu padre.
—¿Cómo se llaman?
—Tu abuelo, Andrew y tu abuela, Lisa. Y tienes un tío en
Nueva York, donde paró el avión por primera vez, es más
pequeño que tu padre, de mi edad, se llama Oscar.
—¿Y puedo verlos?
—Le dije a tu padre que solo si quieres conocerlos. Podrás
quedarte con ellos algunas tardes con tu padre o por las
mañanas algún fin de semana, estamos al lado, y cuando
quieras puedes venirte a casa, ¿Qué me dices? Tener un padre
es estupendo. Te enseñará cosas que yo no sé.
—Sí, me gusta mi padre, ¿A que es muy alto mamá?
—Sí, es muy alto. Tú serás como él, no como la enana de tu
madre. —Y el pequeño se reía.
—Quiero ser un vaquero como papá.
—¿Entonces vamos mañana al salir del cole? Seguro
merendamos allí.
—Sí, quiero ir.
—Está bien, dame un abrazo mi niño. Te quiero tanto…
seguro que como el abuelito está enfermo, estarás allí más
tiempo con ellos, mientras lo cuido y hago reformas. Te voy a
hacer una habitación preciosa. Y dejaré la casa bonita para ti.
—¿Sí?
—Sí, te va a gustar y abajo una sala para hacer los deberes.
Y ahora a dormir que mañana vas al cole. Allí comes, todo,
¿Vale? Conocerás a amigos, ya verás, como en España.
—Sí mamá —y se le cerraban ya los ojos.
—Mi niño bonito…
Al día siguiente, se levantó, se vistió y le dio el desayuno a
su pequeño. Éste cogió su mochila y lo dejó en el cole todo
contento. Esperaba que hiciera algunos amigos, había entrado
tarde, pero tenía en cambio más deberes y algunas lecciones
que ella debía darle para ponerse al día.
Fue a desayunar a la cafetería y de paso hizo una compra en
el supermercado.
Cuando volvió a casa, Nani le dijo, que había visto peor a
su padre y mientras Margot colocaba la compra ella subió a
verlo y efectivamente estaba muy mal. Llamó al médico y éste
se pasó por el rancho sobre las dos. No le dio buenas noticias.
Al contrario, le dijo que era cuestión de días, horas, que se
preparara. Le puso morfina y se quedó sedado y tranquilo.
Luego tomó algo y se echó un rato en el sofá hasta la hora
de ir a recoger al pequeño. Solo deseaba ya que su padre no
sufriera el tiempo que le quedara de vida. Ya no podía verlo ni
hablar con él ni nada.
—¡Hola mi niño! ¿Qué tal el cole? —Abrazándolo al salir.
—Muy bien mami, tengo dos amigos nuevos y sé hacer
bien los deberes, eso dice la profe.
—Lo que te quiero pequeño, así me gusta, que te portes
bien. A tu padre, le encantará. Vamos a verlo.
—Sí —Y no paraba de hablar sobre el cole con los nervios
que ella llevaba…
—No nos quedaremos mucho, el abuelo está enfermito.
—Bueno.
—Venga sube al coche.
Cuando pararon en el rancho de Nolan, éste salió a
recibirlos, vio el coche desde el despacho y le dijo al pequeño
con su preciosa sonrisa:
—¿No le das un abrazo a tu padre? —Y el chico salió
corriendo y lo abrazó —Ella se sintió emocionada, como él.
—¿Ya te ha dicho mami que soy tu padre?
—Sí, eres muy alto.
—Como lo serás tú cuando crezcas. Y te comas todo.
—Eso dice mamá, que no voy a ser un enano como ella —y
Nolan se rio.
—¿Has merendado?
—No.
—Pues conocemos a los abuelos y tomamos la merienda,
¿Quieres?
—Sí.
—Y te enseño tu habitación para cuando te quedes aquí, tus
juguetes y la casa de papá.
—Vale…
—Vamos Mónica pasa al matadero. —Le dijo a ella.
—Y que lo digas.
—¡Venga tonta!… No estés nerviosa, entra delante mujer.
—Y su hijo se reía.
—¿A quién tenemos aquí?, —dijeron los padres de Nolan
deseosos de conocerlo.
—Dios mío pero si es mi hijo en miniatura. Es igual que
Nolan cuando era pequeño.
Y el chico los besó a ambos. Y a Mónica la abrazaron.
—¡Hola cariño! —Le dijo la madre. ¿Cuánto tiempo?
¿Cómo estás?
—Bien, bueno, con esto de mi padre… No quiso que lo
supiera.
—Siento lo de tu padre, ¿Cómo está?
—Ha tenido una recaída esta mañana, el doctor le da días
solamente.
—¡Qué mala suerte!
—Cariño, si hubiésemos sabido que mi hijo te hizo eso, le
hubiera dado una buena paliza. —Dijo el padre de Nolan.
—Sí pero ahora no tendría a mi hijo, ni ustedes a su nieto.
—Eso es verdad. ni nosotros un nieto tan guapo.
—El abuelo te enseñarás otro día los animales y tu padre te
ha encargado un poni bonito.
—¿Quieres que la abuela te prepare la merienda? —Le
preguntó la abuela.
—Sí abuela Lisa —y la madre se rio.
—Venga vamos a la cocina.
—Siéntate Mónica, ahora traigo el café
—Le ayudo.
—No te preocupes, yo lo traigo siéntate.
—Bueno, gracias.
—Bueno cuéntame qué has hecho en España, le dijo el
padre de Nolan —Y ella se lo contó.
—Tienes dos carreras.
—Sí, señor. Y un Master.
—Andrew, mujer, no me llames señor, nos conocemos de
toda la vida.
—Vale.
—Y también sé que vas a reformar el rancho y a llevarlo.
—Eso quiero, aquí nací y quiero que mi padre se sintiese
orgulloso aunque ya he visto en el estado lamentable que está.
—Sí, pero el pobre no pudo hacer nada, fueron casi tres
años de enfermedad.
—Si lo sé. Me lo ha dicho Nolan. Me extrañaba que no
asistiera a los entierros de mis abuelos.
Y la madre puso los cafés y tarta y un vaso de cacao para el
pequeño que se sentó en las piernas de su padre.
Parecía haber encontrado a su ídolo. Y hablaban despacio
entre ellos.
—¿Cómo fue el parto de Alex? —Quiso saber la madre.
—No fue largo, pero era joven. Mis abuelos me ayudaron
mucho, pero seguí estudiando y daba clases de inglés en una
academia. Al año fue a la guardería y a los tres al colegio.
Hoy ya ha ido al del pueblo. Viene contento porque ha
hecho dos amigos.
—Es precioso —Decía la abuela con adoración.
—Sí, es muy bueno y cariñoso.
—Ya sabes que aquí tiene una habitación. Cuando tu padre
esté peor puede quedarse con nosotros, cuando lo necesites
también, porque queremos conocerlo y pasar tiempo con él. Es
nuestro primer nieto.
—Se quedará siempre que quiera.
—Gracias Mónica, eres una chica estupenda, siempre lo
fuiste.
—Gracias.
Cuando el chico terminó la merienda y mientras ella
hablaba con los padres, su hijo y Nolan subieron a ver su
habitación y abajo, en el despacho su padre tenía una mesita
para hacer los deberes con una sillita y algunos juguetes y una
alfombra para sentirse a jugar.
—Creo que Nolan se ha pasado en comprarle cosas, hasta
ropa le ha querido comprar.
—Mujer si se queda y se mancha…
—Es verdad.
—Déjalo está como un niño con zapatos nuevos. Nunca
pensé que a mi hijo le hiciera tanta ilusión tener un hijo.
A eso de las cinco y media ella les dijo que se tenían que ir,
sobre todo por su padre.
—¿Ya mamá, tan pronto?
—Ahora querrá quedarse aquí.
—Claro mujer, aquella casa esta como está.
—Tienes que hacer deberes cariño.
—Mañana puedes quedarte y luego que te lleve papá. —Le
dijo Nolan.
—¿Puedo?
—Sí, puedes. —Y todos se reían.
Cuando se despidió de ellos, Nolan salió a despedirlos al
coche, metió al pequeño, lo besó
— ¿Quieres que vaya mañana a por ti al cole y te llevo por
la noche? Hacemos los deberes,
—Sí, ¿Puede mamá?
—Puede.
Cerraron el coche.
—Al final me lo quitarás.
—Nunca te lo quitaría, ni tú a mí ahora tampoco.
—A las cuatro Nolan, me llamas cuando lo recojas.
—Que sí mujer, no te preocupes tanto. La cogió por la
cintura y la besó en los labios.
—¿Qué haces?
—Lo que tenía ganas de hacer desde que llegaste.
—Estás loco, tengo a mi padre en las últimas, estoy
lamentablemente hundida.
—Tienes que salir de esta y yo te ayudaré, es lo que me
pidió tu padre.
—Siempre te estaba pidiendo que me protegieras. Tú nunca
querías.
—Esto es diferente Mónica y lo sabes.
—Lo sé, pero ahora mismo no quiero salir con nadie Nolan.
—Está bien, esperaremos.
—¿Esperaremos?
—Sí, no creerás que esto se va a quedar así. Tenemos un
hijo. Y me gustas.
—Eres el tipo más vanidoso del mundo —Le dijo riéndose.
—Sí, no puedo evitarlo.
Se metió en el coche.
—¡Hasta mañana Nolan!
—Yo te lo llevo.
—Tiene deberes y un tema que adelantar.
—Lo sé. No te preocupes.
Pero esa noche su padre murió de madrugada, y entre ella y
Nani lo arreglaron y llamaron a la funeraria.
Llamó también a Nolan a las ocho para que llevara al
pequeño al colegio y lo recogiera.
Y allí estaba a las nueve menos cuarto.
—Lo dejo y vengo a echarte una mano. Pero ya estaba casi
todo listo y a todo lo necesario habían llamado Margot y ella.
Su padre tenía un seguro de salud y otro de decesos. Del de
salud, se enteró posteriormente.
Eso se lo dijo Alfred y ella buscó en el armario de su padre.
Y llamó. Así cuando vino Nolan, de llevar a su hijo al cole, les
ayudó a solucionar todos los documentos.
Esa noche, el pequeño se quedó a dormir con los abuelos,
no querían que viera nada. Y Nolan fue un rato con ella
cuando se quedó dormido.
El lunes enterró a su padre en el rancho, al lado de su
madre. Le iban a traer una lápida igual que la de su madre Y
tendría que arreglar ese cementerio donde estaban enterrados
sus abuelos y sus padres.
Asistieron los amigos de su padre al sepelio y Nani preparó
comida. Nolan se ocupaba del pequeño mientras para que no
estuviera en esa casa. Y en cuanto podía, estaba con ella,
animándola.
—Gracias Nolan deberías irte, por si despierta el pequeño.
—Y tú también, venga, descansa unos días. Vengo en dos o
tres días a ver cómo estás.
—Vale, gracias Nolan.
—Yo me ocupo del pequeño, pasamos por la tarde y si se
quiere venir a dormir que se venga o que se quede, —pero el
chico quería irse con su padre.
En una semana su Nani de toda la vida y Alfred se iban del
rancho para siempre. Ella les pagó bien.
Había contratado con la ayuda de Nolan, un capataz y su
mujer para la casa y le estuvo explicando que comerían juntos
de momento los tres y el pequeño y el sueldo que les pagaría y
que de momento estaría solo hasta a arreglar todo y meter más
reses y contratar más personal.
—Así te ayudará con la casa y con la comida de los chicos
cuando los tengas y limpiará —pero a ella le parecía
demasiado trabajo con la casa que quería hacer. Ya vería.
—¿Tú tienes? —Le preguntaba a Nolan.
—Sí tenemos un cocinero que hace todo en el barracón.
Limpia, hace la comida y compra. Ese es su trabajo. Solo para
los vaqueros.
—Sería una idea estupenda.
—Voy a llamar mañana al constructor.
—Lo llamaré yo, para que se porte bien contigo,
—¡Cuánto te voy a deber! —Le decía derrotada y Nolan la
abrazaba.
—Nada, para eso somos vecinos.
No volvieron en esa semana a hacer referencia al beso que
le dio, pero ella lo había sentido, le había gustado, la había
llevado a años atrás aunque nunca la besó y su beso en los
labios lo sintió como un viento fresco, ligero y sutil.
Lo que sí hizo fue comprar una camioneta nueva para
empezar que la llevara su capataz James y dos caballos y un
yegua de momento. James les hizo sitio en las cuadras, le dijo
que había que comprar pintura para los bebederos, eso lo haría
él y pintó los bebederos a lo largo del rancho para llevarles
agua del arroyo que lo atravesaba cuando llegara la primavera.
Quería hacer todo entre lo que quedaba de octubre y parte
de noviembre antes de las nieves fuertes.
El constructor pasó por su casa, al día siguiente de llamarlo
Nolan.
Estuvo viendo el barracón, las cuadras, los almacenes, la
casa y la casita del capataz de una sola planta. Su casa, quería
ampliarla entera, cinco dormitorios todos con vestidor y baño
con ducha excepto el principal dos vestidores grandes y un
baño doble, dos salas grandes abajo y reformar todo con un
concepto abierto.
—Quiero reformar lo que pueda y luego hablaré con la
decoradora. Quiero todo por fuera de gris. Y si ves que los
tejados no están bien, los cambiamos.
—Ya tengo lo que quieres. Quedará precioso, todo el
rancho. No te preocupes.
—Estupendo.
—Te voy a dejar todo precioso. Ya verás.
—Me pasas el presupuesto de todo.
—Sí, te lo paso. Y creo que en un mes, para mediados de
noviembre, lo tienes todo listo, con las nuevas vallas como las
de Nolan en la parte que te faltan y una entrada bonita con el
nombre del rancho.
—¿En serio tan pronto? Me gustaría, sí, lo quiero antes de
las nieves fuertes.
—Y lo tendrás, mi cuadrilla te irá haciendo todo, menos el
barracón, que será lo último cuando vayas decorando. Tu casa
te la empiezo lo primero ya te puedes ir a dormir al barracón,
los chicos sacarán todo. Y te llevan lo que te vayas a quedar,
allí, y lo que no quieras lo tiramos o donamos, como prefieras,
me traigo unas cuantas cubas. Te mandare unas cuantas
entradas de rancho y eliges.
—Gracias Chad.
Al día siguiente, le pasó un presupuesto de unos cuantos
miles de dólares menos de un millón y le apreció barato y dijo
que sí, y durante un mes no dejaban de hacer obras de un lado
a otro y, además, llamó a la decoradora para ir viendo cosas y
muebles para todo.
A James le dijo que fuese haciendo lista de herramientas y
comprarían otro par de camionetas y lo que faltara para las
cuadras y barracones de grano y animales. Algún rifle y mirara
los litros del depósito de gasoil.
Y terminaron la casa de capataz. Lina, James y ella dormían
mientras en el barracón.
Lina y James no quisieron cambiarse y dejarla sola en el
barracón hasta que tuvo su casa lista también. Lina decía que
su casita era preciosa. Tenía tres dormitorios una pequeña sala
salón cocina y dos baños y uno en el dormitorio. Cuando se
metieron en la suya ella le pregunto cuánto subía con una
piscina en el patio no demasiado grande.
Y la hizo por 40.000 dólares más.
Decoró las casas, la suya era preciosa, con todo, y un
despacho completo y enorme maravilloso. Y uno infantil para
su hijo al lado del suyo con un hueco abierto, para estar
pendiente de él.
Compró materiales, los colocó en las estanterías y en un
mes le dejaron todo listo. Vallas y entrada y cementerio
incluido. Estaba muerta. Nolan le había ayudado con el
pequeño y se había quedó a dormir muchas noches para
alegría de los abuelos que le dijeron que no se preocupara
hasta terminar el rancho.
Les dio las gracias a Chad y a la decoradora.
Lina y James estaban en su casa y ella le dijo que hiciera
comida para los cuatro, no dos comidas de momento y James
ya tenía la lista preparada
El barracón lo decoró y preparó con todo para doce chicos,
y las cuadras para catorce caballos, incluidos los dos que tenía
y su yegua. De momento se apañaba bien con eso.
Y cuando todo estaba en orden y los animales dentro, ya
que tuvieron que sacarlos para la reforma unos días antes de
las nieves, justo cuando todo estaba acabado, empezaba a
nevar.
Nolan le había ayudado mucho con el pequeño durante ese
mes y padre e hijo se unieron mucho ese tiempo.
Ella inició en su despacho, la gestión del rancho.
No tomó en cuenta nada, salvo que abrió una cuenta con
millón y medio para gastos anuales, hasta el fin del año
siguiente.
Sabía que era mucho pero si debía poner pondría más. Dejó
otro millón y medio en su cuenta particular, por si las cosas no
salían bien que no se quedaran sin nada y le quedaba después
de todos los gastos un millón cuatrocientos para comprar las
camionetas, el gasoil, la lista de James, el veterinario que
debía pasar en cuanto comprara reses. Las reses y caballos
necesarios, y para ello empezaría por comprar la lista, le gasoil
las camionetas y ver cuantas reses podía comprar, los caballos
y ver cuántos vaqueros podía contratar y necesitaba a Nolan, y
a par ti de ahí empezó a meter gastos que iba comprando.
Era sábado y prefería no molestarlo durante la semana.
Bastante había hecho ya por ella con el pequeño, aunque fuese
su hijo, pero la había ayudado bastante.
—Esta tarde voy guapa y así veo al pequeño. Tenerlo aquí
tantos días, ahora ya lo echo de menos. Voy a la hora del café.
—Perfecto, te invitaré a café y a un trozo de tarta y te
enseño cómo ha quedado todo.
—Hasta luego guapa y le colgó.
—¡Vaya, guapa! —es sorprendente —se dijo sonriendo.
—¿Quién era? —Le dijo su padre que entraba en el
despacho. Venía de ver a los animales y se sentó frente a él.
—Mónica. Voy a ir a verla para el café, seguro que quiere
ya comprar las reses y los caballos y contratar personal.
—¿Ya ha terminado el rancho?
—Ayer le terminaron rodo.
—Menos mal está empezando a nevar.
—Sí ha tenido suerte —Y se quedó mirando a su hijo.
—¿Qué que pasa papá?
—Eso digo yo, qué pasa. Aún espero que me cuentes qué
pasó hace seis años, si tenías novia y qué piensas hacer ahora
que tienes un hijo.
—Papá. Esas cosas…
—Esas cosas me las cuentas. Tengo un nieto y ella era
menor de edad. Lo sabías, ¿No?
—No sabía exactamente si ya tenía 18 años. Acababa de
venir de la Universidad.
—Pero era la hija de nuestros vecinos, y amigo. No tenía
madre, se la encomendamos a tu hermano, así que ¿Qué
pintabas tú con ella?
—¡Joder papá!
—Sí, joder.
—Está bien. Me había enfadado con Pam aquella noche. A
mi hermano lo obligasteis a llevarla al baile, pero ya sabes
cómo es Oscar, le gustan demasiado las mujeres.
—Y a ti también. Sé cómo son mis hijos.
—Sí, pero estuve saliendo años con Pam, bueno saliendo y
rompiendo. No podía más con esa relación al final. Era
demasiado tóxica. Pero esa noche nos enfadamos y cuando
pasé por el instituto, Mónica estaba fuera sola, sentada en la
puerta y quería irse del baile. Yo me la traje y se lo dije a
Oscar que estaba con otra chica.
—¿En la camioneta?
—Papá por Dios, no pienso contarte eso.
—Está bien. ¿No te gustaba?
—No, ni a Oscar ni a mí nos gustaba en ese tiempo.
—¿Y ahora que ha vuelto preciosa y tiene un hijo tuyo?
—Quiero al pequeño, como vosotros, es mi hijo.
—¿Y ella?
—¿Qué pasa con ella?
—Eso te pregunto si tienes planes, si te gusta, si piensas
casarte con la madre de tu hijo. Eso queremos saber tu madre y
yo.
—Me gusta mucho, sí, está distinta y guapa.
—Al menos es algo. Y espero que no sea solo por tu hijo.
—No es por eso. Me gusta de verdad. Pero no quiere salir
con nadie hora.
—Eso es una tontería. Le gustas, lo sé, siempre le gustaste.
—No lo sabía.
—Pero tu padre tiene ojos y por eso me da rabia que te
aprovecharas de ella. Eso es imperdonable. No he educado a
mis hijos para eso.
—Lo sé papá y lo siento.
—Quiero que mis hijos sean honrados y buenos con las
mujeres, como soy yo con tu madre.
—Ya te he dicho que me gusta y quiero casarme con ella.
—Es la primera vez que te veo pensar con coherencia, pero
si consigues casarte con ella, si le haces daño, no pondrás un
pie en mi rancho. Será de mi nieto.
—Pero papá… Necesito tiempo.
—Y que no te vea con otras chicas.
—No pienso en otras chicas, o no se casará conmigo.
—Si te casas con ella, supongo que vivirás allí.
—Supongo que sí, pero vendré a mi trabajo en este rancho,
ella llevará el suyo. Mi trabajo no va a cambiar nada.
—Está bien. Veamos qué nos dice el tiempo, pero ya sabes
hijo, ahora tienes una familia y si te gusta tienes que hacer tu
propia familia. Piensa en ello.
Y lo dejó pensando en el despacho. Su padre le había
reñido como si fuese un niño y sonrió, pero se sintió mal como
se sentía cada vez que pensaba en esa noche.
CAPÍTULO CUATRO
Cuando llegó Nolan al rancho de Mónica, ésta abrió la
puerta y su hijo vino corriendo detrás de ella a abrazar a su
padre.
—¡Papá! —y Nolan lo levantó, lo abrazó y le dijo que lo
quería.
—Estoy dibujando papi.
—¿En serio?
—Sí, mira ven —Y se acercaron al despacho.
Y su hijo le enseñó lo que hacía y él alabó su pequeño
trabajo.
—Sigue dibujando cielo, papá y yo tenemos que hablar —
Le dijo su madre.
—Menudo despacho, aquí te caben tres, exagerada.
—Sí, es enorme. Ven, te voy a enseñar la casa y luego nos
tomamos un café y te consulto.
Y el chico fue tras ellos a enseñarle a su padre la habitación
y los juguetes y su alfombra en la sala y se fue de nuevo a
seguir dibujando y ellos fueron a la cocina.
—¡Me encanta! Te dije que era bueno. Pero has hecho una
gran ampliación.
—Es preciosa. Me gusta así de grande.
—Me encanta el patio en esas tres divisiones. Al menos
tienes cerrada la parte de la piscina para Alex
—Sí, y luego tengo césped y el patio para barbacoa y
disfrutar en verano. ¿El café solo?
—Sí, solo con una de azúcar.
—¿Tarta?
—Para eso me has invitado.
—Bueno, voy a darte trabajo.
—No me importa ayudarte y lo sabes. —Y mientras ella
preparaba la bandeja para llevársela al despacho y hablar allí,
Nolan le dijo:
—Menuda bronca me ha echado mi padre esta mañana.
—¿Y eso? ¿Eres un niño?
—Más o menos eso cree. Me ha abroncado porque tenía
novia cuando concebimos a Alex, tiene una memoria que no
veas. Que me aproveché de ti, que eras menor, que tengo que
casarme contigo…
Mónica empezó a toser. Y Nolan le dio en la espalda.
—Tu padre está loco.
—No, yo también lo pienso.
—¿Que nos casemos?
—Por supuesto que nos casaremos. Cuando metas animales
y tengas solo el trabajo del día a día, estarás relajada y sí que
quiero una relación contigo.
—Vamos Nolan, te gustan demasiado las chicas.
—No hay más chicas, desde hace tiempo.
—¿No?
—Seguro.
—¡Cómo has cambiado! Pero recuerdo no gustarte nada ni
a ti ni a tu hermano.
—Eso fue hace seis años, ahora me gustas.
—¿Porque tenemos un hijo?
—Independientemente de eso.
—Vamos al despacho. Tomamos allí el café
—¿Quieres que nuestro hijo te salve de la campana?
Y ella lo miró, pero siguió adelante. Pero su hijo lo que
hizo fue irse a la sala a ver dibujitos en la televisión.
—No te ha salvado.
—Mala suerte la mía, —dando un sorbo al café.
—¿Qué problema tienes conmigo Mónica? —Dime —¿No
te gusto ya?
—Sí, me gustas, demasiado.
—¿Entonces?
—Las cosas no son tan rápidas, el que tengamos un hijo no
va a hacer que me case contigo mañana. Cuando me case.
—Conmigo.
—Contigo o con otro, me casaré enamorada, y quiero un
marido fiel.
—Te seré fiel, no lo dudes.
—Desde luego que me será fiel el que sea o lo echaré de mi
rancho a patadas.
—¡Vaya!, te has vuelto guerrera.
—Por mi hijo sí. Nadie se va a reír de mí.
—No pensaba hacerlo, nena, ¿Por qué no confías en mí?
—Dame tiempo.
Pero Nolan se levantó y la levantó del sillón, la acercó y la
pegó a su cuerpo.
—Estás temblando, mujer dura.
—Sí, estoy temblando. Y él bajó su boca a la suya y la besó
y ella se aferró a su cuello y pegó sus pechos a su pecho en un
beso interminable. Y sintió la excitación de Nolan en su
vientre y se sintió mojada.
Cuando Nolan se retiró, la miró toda azorada.
—¡Joder nena!, me tienes excitado y me gustas. Enamorado
no puedo ahora mismo decírtelo, pero me gustas y pienso en ti
a todas horas, pienso en hacerte el amor, a todas horas, y esta
vez será diferente.
Y ella se sentó de nuevo en el sillón temblando.
—No sé Nolan, tengo tanto miedo. Hemos vivido bien Alex
y yo solos tanto tiempo…
—Danos una oportunidad, por nosotros y por nuestro hijo.
Me quiere.
—Sí, eso es lo malo, que eres su ídolo. No te prometo nada,
pero no saldré con ningún hombre.
Él se sentó frente a ella de nuevo y le preguntó:
—¿Cuántos hombres has conocido?
—Quieres saber con cuántos me he acostado después de ti.
—Sí, quiero saberlo.
—Dos y no me preguntes lo que estás pensando. No hablo
de los hombres con los que me acuesto.
—Está bien, ahora me lees el pensamiento. Es un
comienzo.
—Eres demasiado positivo.
—No seas tan dura. No me perdono lo de aquella noche,
cuando lo pienso, creo que fui un bruto. No te besé siquiera,
no fui…
—Basta Nolan, no pienses ahora en eso. Te atormentas
demasiado, dejemos la conversación te he llamado por otro
tema.
—Está bien, lo dejamos de momento. Dime qué quieres
saber.
—Donde comprar las reses, los caballos y cuántos comprar
con el dinero que tengo, y a partir de eso, los vaqueros que
tengo que contratar y reestructuro el trabajo de Lina y de
James, cuánto cobran y demás. Este es el dinero que tengo
para eso —y le anotó la cantidad.
—Vamos a apartar el 20 por ciento para caballos y
monturas y los precios que hay donde nosotros compramos. —
Y empezó a hacer cuentas.
—Unas tres mil doscientas cabezas, con estos toros, estas
preñadas, y terneras jóvenes y terneros por vender en
primavera, pequeños. Con lo que tienes llegas a unas cuatro
mil cabezas y está muy bien para empezar, ya James sabe
apartar e ir aumentando el ganado dejando algunas terneras
jóvenes.
—Sí, eso me dijo. Si compro eso, —ella lo anotó y el sitio.
—¿Cuántos vaqueros contrato?
—¿Quieres un cocinero para el barracón?
—Sí como tú, que se ocupe de la cocina y los chicos, a Lina
la quiero solo para mí, la casa, la suya, las compras de comida
y el pequeño, nos podemos repartir. Ya hablare con ella.
—Está bien, pues con James y cinco hombres tienes, uno de
ellos el cocinero. Ahora van a estar dentro los animales, si te
hace falta alguno más lo contratas en primavera, si James lo
cree conveniente.
—Está bien, tengo el caballo de James, mi yegua y otro
caballo.
—Compra seis de momento. Tener uno o dos de sobra está
bien, si contratas otro vaquero o si lo necesitas en un momento
dado.
—Está bien.
—¿Qué más ranchera? —y ella sonrió
— Los sueldos, a Lina le pago 1500, pero quiero subirle a
2000 dólares, si tiene que ir a las compras del barracón y las
casas de comida y por si tiene que recoger alguna vez al
pequeño. Lo que me recuerda que mañana tengo que hablar de
todo esto con James y con ella y hacer una lista enorme de
compra. El lunes hay que ir de compras.
—Los vaqueros con casa y comida 2500, lo mismo el
cocinero y 2800 a James. Y tú te pones también un sueldo.
—¿Yo?
—Claro vas a gestionar el rancho y estar pendiente de todo.
—¿Cuánto ganas tú?
—Tres mil libres y un tercio de los beneficios anuales, pero
tú tendrás el 100% de los beneficios, claro que será el año que
viene al final, cuando hagas cuentas y pagues los impuestos.
—Me lo pondré. 3000 dólares.
—Eso es enana.
—¡Qué tonto! Gracias, creo que eso es todo por ahora. El
lunes contrato a los vaqueros.
—Vamos a poner el anuncio y el lunes por la mañana
cuando lleves al pequeño al colegio puedes contratarlos, me
llamas y me acerco, pon a las once de la mañana.
—Vale. Mañana preparo los contratos a falta de los
nombres. Y el martes tendrá que ir James con otro vaquero a
por las reses y elegirlas bien y los caballos, con sus monturas.
—Te las traen.
—Perfecto. Ya hemos comprado todo, el grano, solo falta lo
de los caballos. He hecho hasta un pequeño despacho para el
veterinario, y James le pidió una lista al veterinario y todo está
listo para empezar.
—Lo tienes todo nena. Que James haga un cuadrante
mensual para los días libres de los chicos y lo deje en un
tablón en el barracón.
—Sí eso ya lo tengo para notificaciones. Le he puesto un
despacho completo a James también para su trabajo. Ahora
tengo miedo.
—Preciosa todo saldrá bien.
—Espera voy a ver al pequeño que no lo oigo hace un rato
y llevo las tazas a la cocina.
—Está bien, vamos a ver al pequeño. Si nos casamos, tengo
que ponerme un despacho frente al tuyo, cabemos de sobra —
Y ella le sonrió.
Nolan, se levantó y se asomó a la ventana.
—No deja de nevar.
Fueron a la sala.
—Se ha quedado dormido. Ya no se despertará hasta la hora
de la merienda o casi la cena.
Y lo dejaron durmiendo con una mantita encima. Y ella
llevó las tazas a la cocina.
—Vamos al salón nena.
—¿Para qué?
La cogió de la mano y la sentó en el sofá del salón, encima
de sus piernas, como si fuera una niña. Y la abrazó sintiendo el
calor de su cuerpo junto al suyo.
—Tienes mucho peligro.
Y la abrazó y la besó.
—¡Oh Dios Nolan!, esto no está bien.
—Está muy bien, —Y empezó a desvestirla, tocar sus
pechos y tomó su mano y se la llevó a su miembro para que
supiera lo que le hacía. Y ella, ya no recordaba su sexo
engrandecido para ella y se sintió mojada.
Nolan la desvistió y se desvistió. Tomó una manta del sofá
y la echó entre sus cuerpos.
Y se puso un preservativo.
—Eso no nos sirvió la vez anterior —Dijo Mónica. —y
Nolan sonrió.
—Esta vez sí.
Y entró en ella, gimiendo.
—¡Oh nena!, Dios.
La cogió de las caderas y entró profundamente en ella
mientras ella gemía, en otro mundo, abrazaba su espada ancha
y olía el olor de ese hombre. Le gustaba su olor, siempre le
había gustado, era un presumido en cuestión de perfumes.
Empezó a moverse en su cuerpo y ella supo que no era
como la primera vez, ni como nadie. Todo era diferente y
apretó su trasero para que entrara en ella más profundamente.
—Nena, no me hagas eso, ¡Joder Mónica!, —Y chupó y
mordió sus pezones y ella se volvía loca.
—No pares, Nolan.
—Espera no corras tanto, nena.
—No puedo Nolan.
—¡Joder! —Y se movió más rápido y se fundió en el calor
de ella estallando como lluvia blanca. Cuando todo acabó,
salió de ella y se echó a un lado. Y la besó.
—Espera ahora vengo, ni te muevas.
—No pienso hacerlo, —Recobrando la respiración.
Cuando volvió la abrazó.
—¡Qué pequeñita eres!
—Sí, espero que nuestro hijo salga a ti. —Y él sonrió
besándola.
Acarició su cuerpo y ella se cobijó en su pecho.
—No ha sido igual —Dijo ella.
—Por supuesto que no, chiquita.
—Lo recuerdo perfectamente. Siempre me gustaste, desde
que tenía doce años.
—Lo sé boba.
—¡Qué bueno eres!
—Espero ser bueno en algo.
—En eso eres muy bueno Nolan, pero me pones nerviosa.
—¿Por qué?
—Porque…
—Ya te he dicho que no habrá más chicas, pero tú, estás
muy buena y eres una chica muy guapa ahora y estarás
rodeada de vaqueros.
—¿Y qué?
—Pues eso me preocupa.
—Elegiré los más guapos.
—¡Qué mala eres conmigo! Sé que no me lo perdonarás.
—Te he perdonado hace mucho, pero eres un cabezota.
—Y tonto.
—Y engreído.
—Y vanidoso.
—Eres tan guapo… —Mirándolo.
—Entonces eres mía.
—¿Esa pregunta, qué tipo de pregunta es?
—Si somos pareja y me quieres conocer sin miedos.
Tendrás tiempo. El que necesites.
—¿Es que tú no quieres tiempo para conocerme también?
—Sí, pero me excitas demasiado.
—Como tú a mí.
—Ya es un avance y la besó de nuevo.
—Nunca me besaste.
—No, lo siento.
—Fue rápido y breve.
—Sí que lo fue. ¿Y ahora?
—Ha sido rápido pero maravilloso.
Te compensaré la rapidez, pero en eso tú tienes la culpa,
nena, que no esperas.
—Sí, lo sé.
—Me quedo esta noche y cenamos en familia.
—¿Y tus padres?
—Los llamo y les digo que me quedo, no son tontos
Mónica.
—Está bien, no saben si nos acostaremos.
—¡Qué ingenua eres nena!
Y tocó su pene que se expandía como un arco.
—Mónica.
—Qué —Dijo bajito.
—Nada, pero luego no digas, que… ahg nena, espera por
Dios…
Cuando acabaron la segunda vez, decidieron vestirse
porque el pequeño estaría a punto de despertarse.
—Voy a la cocina a hacer algo de cena.
—Me voy contigo hasta que despierte.
—¿Qué te apetece cenar?
—Cualquier cosa.
—Hago un filete, patatas y ensalada.
Y la agarró por detrás y metía entre su camiseta las manos
tocando sus pezones. Ella le sonreía y la besaba en el cuello.
—Así no podré hacer cena, ni filete.
—Ummm… ¡Qué bien hueles pequeña! Me encantan tus
pechos. Y tu pelo. Y tu cuello y la besaba.
—Estate quieto, bobo. —Le dijo ella riendo cuando
apareció el pequeño en la cocina dándose en los ojos con las
manitas.
—¿Estás besando a mami?
—Sí, es que es tan guapa…
—Mamá es guapa.
—¡Hola mi amor! —y lo cogió en brazos. —¿Quieres una
galleta hasta la cena?
—Cacao.
—Yo se lo hago —Le dijo Nolan.
—Está en aquel mueble.
—Ven con papi, te va a hacer el cacao y luego vamos a ver
el partido.
—¿Qué partido?
—De béisbol ¿Has jugado alguna vez?
—No.
—Papá te dirá como se juega y los equipos.
—Vale.
—Lo vemos juntos. ¿Has hecho los deberes para el lunes?
—Sí, esta mañana.
—¡Qué suerte! Todo el fin de semana para jugar.
Y el peque se reía.
—Me lo llevo a ver el partido —y lo subió en hombros y el
pequeño se reía contento.
—Está bien, dejaré la cena hecha y en el horno hasta luego.
Y la volvió a besar en los labios. El peque reía, porque
nunca había visto a su madre con ningún hombre.
—Papá —le preguntó en la sala.
—Dime hijo.
—¿Los papas se besan?
—Sí y duermen juntos si se quieren y yo quiero mucho a tu
mami.
—Mama no ha dormido nunca con nadie.
—Porque yo soy el papá, no podía.
—¿Vas a dormir con mamá?
—Algunas noches, sí, el papá tiene trabajo en el rancho de
los abuelos, pero si mami me deja… me quedo.
—Yo quiero que te quedes.
—Claro mi pequeño. Ahora te voy a enseñar cómo se
juega, venga que va empezar el partido.
Cuando acostaron por la noche al pequeño…
—¿No te arrepentirás que dejarme pasar la noche?
—Ya me estoy arrepintiendo —y Nolan se reía y la cogía
por detrás.
—Vamos anda, ya no puedo llamar de nuevo a casa a decir
que voy.
Entraron al dormitorio y aunque ya lo había visto antes…
—Es enorme, mujer, eres una exagerada, aquí caben tres
personas. Me encanta esa cama. Lo vamos a hacer como Dios
manda, en una cama.
—¡Qué tontorrón eres! No sabía que tuvieras esa vena
irónica.
—Porque no me conoces.
—No, no te conozco, solo vi la parte que no me gustaba.
—Por eso me tendrás aquí para conocer mi lado bueno.
—Voy a ducharme antes.
—Voy contigo.
—¡Qué cara tienes!
—Encima de que voy a enjabonarte…
—Sí ya.
Pero la enjabonó y la tocó y ella se derramó en sus manos.
—Me encanta cuando respondes a mis manos y a mi
cuerpo.
—Te aprovechas porque sabes que me gustas.
—¿Y tú a mí no me encantas?
Cuando salieron y se secaron, Nolan la tumbó en la cama y
se metió en sus muslos.
—¡Ay Nolan! qué loco estás, que me… ¡Oh Dios!
Y se afanó en hacerla feliz y lamió sus pliegues hasta
arrancarle un orgasmo. Sus gemidos lo ponían duro y excitado
y cuando ella estalló, se puso un preservativo y entró en su
sexo y se la puso encima, buscando su propia liberación junto
con la de ella.
—Eres imparable.
—Sí, me gusta el sexo, espero que no te suponga un
problema nena, si no me dejas ver otras chicas, tendré que
tenerlo contigo.
Y ella le dio en el hombro.
—¡Ay guerrera! Me encantas tonta.
—Ven que te abrace, me gusta abrazarte.
—Me gusta tu cuerpo. Le dijo ella.
—Y a mí el tuyo enana.
—Que te voy a dar… —y él reía feliz.
—Tengo que tomar pastillas anticonceptivas, no me fio de
los preservativos.
—Podemos tener otro chico antes.
—¡Estás loco! Se llevarían más de seis años, así luego te las
tomas.
—¿No hablarás en serio?
—Sí, hablo en serio, ¿Quieres que se lleven ocho o nueve
años?
—No, no quiero que se lleven nada porque no quiero más
niños.
—¿En serio?, Has sido hija única.
—Por eso.
—¿Nos vamos a quedar con uno?
—Sí, con uno solo, no pienso tener más niños.
—¡Qué mujer más estricta!
—Es que no creo que lo digas en serio siquiera. ¿Acabas de
conocer a tu hijo y quieres otro?
—Sí, por qué no voy a querer, si nos vamos a casar y me
gustaría tener más hijos.
—Dios mío, vete a tu casa.
—No pienso irme y no puedes echarme, no tienes fuerzas.
Y ella se puso encima.
—Eres un hombre loco.
—Sí, pero que te gusta mucho y me gustas mucho.
—¿Sabes lo que me costó tener a Alex?
—Pero eras joven…
—¿Y ahora soy una vieja?
—No quiero decir eso, eres una chavalita, por eso te lo
digo, serás a los cuarenta una mamá con adolescentes.
—Anda cállate ya —Y lo besaba.
—Me estoy poniendo de nuevo nena.
—Pues tendré trabajo —Y bajo a su sexo y lo metió en la
boca.
—Loca, Mónica no… eso…
—Shhh calla, me encantara hacértelo. Siempre he soñado
ver tu cara cuando te lo hiciera.
—Joder, nena, me estás matando… déjame entrar.
—Más tarde, esto es sólo para ti.
Y Nolan se aferraba a la cabeza de Mónica y se moría de
deseo y placer, con lo que ella le hacía, cuando recorría su
longitud y la medida exacta de su miembro. Cuando explotó
fue lo mejor que le había pasado. Y Mónica lo miró con
adoración.
—Estás muy guapo cuando te corres, me excita verte.
—Espera que me recupere.
—Cuando te recuperes, tenemos que dormir guapo.
—Ya veremos preciosa.
Era extraño pensó ella cuando acabaron y él se quedó
dormido. Aun así, con lo que habían compartido, tenía un
miedo extraño. Ella nunca había tenido suerte con los chicos,
ni de joven ni en la universidad y Nolan era un hombre
demasiado guapo. La suerte que tenía es que Pam estaba lejos.
Era el único inconveniente que podía separarlos, pero se temía
que ahora le gustaba aparte de por su hijo, porque estaba más
guapa y había cambiado, pero no era base suficiente para una
relación con Nolan. Necesitaba confianza y tiempo.
Y estaba su hijo y no quería que saliera dañado.
Y abrazándolo y pensando que todo saldría bien, que debía
ser positiva, se quedó dormida.
CAPÍTULO CINCO
El lunes, a las once tenía unos cuantos hombres en su casa
dispuestos a trabajar. Lina había ido al pueblo a por una gran
compra, con una de las camionetas, la lista inmensa para
comer y productos de limpieza, para el barracón y las casas.
Le dijo que en casa hiciera comida para ella y para James y
ella y se llevara a casa y así no hacía dos cenas, y James podía
comer y desayunar con los chicos. O en el barracón, como
quisiera.
Lina dijo que ya vería. Eso se lo dejaría a ella.
Nolan estaba con ella en el despacho atendiendo y
seleccionando a los hombres.
Entrevistaron a quince. Y les dijo que esperaran en el
pasillo.
Y entre Nolan y ella seleccionaron a los cinco contando el
cocinero.
—El cocinero me encanta, —dijo ella bromeando—. Se
parece a Jason Momoa.
—Por eso te gusta.
—Es idéntico y no hay otro cocinero, ese contratado. Es
callado y me gusta.
—¡Joder es un gigante!, y mira que yo soy alto… Me
pondré celoso.
—Me da igual, ese y entre los otros cuatro…
Y eligió cuatro chicos de menos de treinta años.
—¿Has elegido a los guapos por algo?
—Son todos guapos y fuertes, necesito gente joven.
—Eres la leche Mónica.
—Prefiero tener una buena vista, pero además tienen
currículum.
—¡Está bien! Como quieras.
—Pues sal tú y les dices a los otros que no los necesito de
momento.
—Vale, yo hago el trabajo que no gusta.
—Anda cielo.
Y cuando se quedó con los que necesitaba, Nolan se fue a
su rancho y los hizo pasar al despacho de Mónica junto con
James. Había preparado sillas suficientes y se sentaron.
Ella les dijo que les enseñaría el barracón, que elegirían
cada uno su caballo cuando viniesen, que tenían casa, comida
y James les pondría en el salón, un cuadrante con las salidas y
trabajos, los horarios y demás, que era el capataz. Y que al día
siguiente iría uno con él a buscar a los animales y les pidió los
carnets para hacer los contratos.
—James, llévalos a enseñarles y que elijan cama y vean las
cuadras y los animales. Me quedo con West (El cocinero) y le
explico.
Y salieron todos con James. Estaban de acuerdo en mudarse
por la tarde al rancho.
—Bueno West, me dijiste que eras de Montana.
—Sí.
—Tu trabajo será limpiar bien el barracón. Ellos se hacen
su cama y su ropa, se lo dejas claro, pero el barracón es tuyo.
Espero que te guste. Lo limpias una vez a la semana o como
creas conveniente, pero tiene que estar limpio y la comida,
desayuno, algo a mediodía y cafés y cena. Hay una máquina
de café, tenla siempre preparada, y una bandeja de pastas o lo
que haya para la merienda. Te compraré tartas también alguna
semana. Lina es la mujer de James, a ella o a mi le das la lista
semanal, Tú te preparas los menús.
—Claro no te preocupes. Se hacer mi trabajo, señorita
Mónica.
—Llámame Mónica.
—Lina te va a llevar una cantidad de productos después, ha
ido a comprar, los colocas como quieras, porque no hay nada y
todo es nuevo, y elijes tu habitación.
—Tengo mis cosas ya en mi todoterreno.
—Vale pues te quedas, te pago el día de hoy.
—No hace falta.
—Te lo pagaré, no te preocupes. Tendrás también tus días
libres. Pero tendrás que hacer el día anterior comida para dos
días, sois pocos al fin y al cabo.
—Perfecto.
—Bueno, te acompaño al barracón y luego os paso el
contrato a todos por la tarde y os devuelvo el carnet. Os pagaré
mensualmente, el último día de mes por transferencia a vuestra
cuenta. Por eso os la he pedido.
—Lo sé gracias.
—Pues venga, vamos a verlo y también eliges un caballo
para ti cuando los compre mañana. Cuando vengan, eliges. Así
si quieres en tus ratos libres o días libres puedes dar una vuelta
por el rancho.
—Vale. Muchas gracias.
Y se pusieron los abrigos. Y se encontraron con el resto de
los chicos que salían del barracón.
—¿Habéis elegido habitación?
—Sí señorita.
—Van al pueblo a por sus cosas, Nick vendrá conmigo
mañana a elegir a los animales. Vamos a ver las cuadras —Le
dijo James.
—Perfecto voy a enseñarle a West el barracón y su cocina.
Y eligió una de las habitaciones que no habían ocupado los
chicos. Y le enseñó todo.
—Es nuevo todo y están las habitaciones enumeradas así
como las cuadras. Lo he reformado entero. Así que todo es
nuevo. Estrenarás la cocina.
—¡Está precioso!
—Las bebidas alcohólicas, serán por cuenta de cada uno
West, aunque os he dejado un suvenir, también os compraré
cervezas, pero lo haré con moderación, calculo un par de ellas
por la noche, para la cena para cada uno, nada más.
—Creo que está muy bien.
—Pues es todo, te dejo que te instales. Pronto llegará Lina
y te ocupas de colocar la compra y hacer la cena para esta
noche. Pasaré después.
—Muy bien, Mónica.
¡Qué guapo era ese hombre! No le faltarían chicas cuando
saliera fuera. Pero ella tenía a su Nolan y a su hijo, su rancho,
sus miedos y… desconfianzas.
Por la noche les llevó los contratos, ya habían cenado y fue
con su pequeño en la camioneta, no estaba lejos, pero nevaba.
Entró y les dio para firmar a todos sus contratos dejándoles
una copia. Y sus documentos
—¿Y este pequeño? —Dijeron algunos.
—Es mi hijo, saluda Alex a los chicos.
—¡Hola!
Y se rieron saludándolo.
Allí estaba James hablando con Nick, un chico alto y rubio
con la lista del ganado que tenían que traerse. Nick había
trabajado en un rancho de venta de ganado y por eso lo eligió
James para elegir bien las reses y los caballos.
Su hijo se fue al lado de West que terminaba en la cocina
—¿No tienes una mujer? —Le preguntó el chico.
—No, no tengo pequeño, ¿Por qué?
—Para que te lave los platos —Y éste se rio.
—Yo soy el cocinero.
—En mi casa lo hace Lina.
—Ya sé.
—Mi padre no lava los platos, vive en el rancho de al lado.
—¿Sí?
—Sí.
—Muy bien, ¿Has hecho deberes?
—Sí, tengo que hacer más que otros niños porque llegué
tarde, mi abuelito se ha muerto.
—Lo siento mucho pequeño.
—Alex, no molestes a West.
—No me molesta Mónica. Es muy gracioso.
—Bueno, os dejamos descansar. Buenas noches y
bienvenidos.
Buenas noches señorita.
—James vamos —le dijo ella.
—Toma esta tarjeta y pagas con ella, —le dijo cuando
salieron fuera, ¿A qué hora os vais?
—A las cinco, hay que elegir mucho y son doscientos
kilómetros.
—Paga los desayunos con la tarjeta y la comida de vuelta.
—Está bien. Y elígeme bien James.
—No te preocupes, he visto que Nick sabe bastante, ha
trabajado siete años en un rancho de venta.
—Menos mal que lo he elegido.
—Bueno, estamos en contacto, me llamas si hay algún
problema o se pueden comprar más, ya sabes el límite para
caballos y reses.
—Lo sé, no te preocupes.
—Hasta mañana, James.
—Hasta mañana jefa.
El lunes por la noche no la llamó Nolan ni se pasó y le
extrañó, pero como se habían visto por la mañana, no le dio
importancia.
El martes se había ido James con Nick a por el ganado y
ella llevó a su hijo al colegio y desayunó en la cafetería.
Ella sabía que la felicidad duraba poco para ella, a ráfagas
más bien. Siempre había sido así, a ráfagas de meses o años,
pero esto que se encontró fue de días, su vida siempre había
sido así. No iba ahora a ser más feliz.
Si no hubiese sido porque ya estaba dentro de la cafetería y
había pedido a Fanny desde la barra, se hubiese salido, pero al
darse la vuelta, vio a Nolan con Pam que estaba de frente y la
saludó. Ella se acercó valiente a su mesa y Nolan no supo
dónde esconderse.
—¿Eres Mónica?
—Sí, lo soy, Pam, creía que estabas en los Ángeles. Nolan
me lo dijo.
—Sí, pero volví ayer. Chica ¡Cuánto has cambiado!
—Eso parece, al menos todo el mundo me lo dice —y miro
a Nolan que no levantaba la mirada y eso era mal asunto.
—Has estado fuera mucho tiempo.
—Sí, casi seis años. Hice una carrera doble y un máster ¿Y
tú?
—No fui a la Universidad, trabajé en la tienda de ropa y
ahora en otra en California, pero mírame —Pam se levantó un
poco y ella la miró y vio su vientre abultado.
—Iba a volver antes, pero, estuve en cama, vamos a tener
una niña Nolan y yo.
—¡Ah me alegro! ¡Enhorabuena Nolan! —Dijo ella irónica.
¿De cuánto estás?
—De ocho meses, me queda uno. Cuando me fui nos
enfadamos, siempre estamos así, esa es nuestra vida, Nolan es
un terco. Intentaré que Nolan se venga a los Ángeles y deje el
rancho. Aquí está desperdiciado con su carrera.
—Eso estaría bien.
—Me gusta vivir allí, pero si no es posible, mira el
tiempo…
A mí me gusta la nieve, aunque viví en un lugar parecido a
los Ángeles en cuanto al clima.
—Y te viniste, mujer, a quien se le ocurre…
—Me vine por mi hijo y mi padre.
—¿Tienes un hijo?
—Sí, de cinco años y medio. Bueno, parejita, os dejo que
Fanny me trae la comida.
—¡Enhorabuena Pam!
Y se puso de forma que le daba la espalda a los dos.
¡Maldito hijo de puta! Dos veces le iba a destrozar la vida,
pero eso se acabó. No se llevaría a su hijo ni loca. No sabía
qué le contaría a Pam, pero desde luego sabía que vendría a
hablar con ella, cobarde no había dicho una palabra, ni la había
mirado siquiera. Jamás en la vida lo iba a perdonar, pero ¿Qué
mierda de tipo cobarde le había gustado toda su vida?
Tenía ganas de vender el rancho y desaparecer.
¡Ojalá Pam lo convenciera para irse a los Ángeles! No
quería verlo ni en pintura. Y si lo sabía y se había acostado
con ella, lo iba a matar a ese cabrón, si la había utilizado de
nuevo…
No se terminó el desayuno y no se despidió de ellos salvo
de Fanny.
Fue a la clínica, iba a hacerse una revisión ginecológica y
que le mandaran pastillas anticonceptivas para colmo. De
todas formas iría porque tenía la cita.
Cuando salió, se fue a la farmacia y las compró, se fue al
rancho por si la llamaba James con algún problema. Lina
estaba ya haciendo la cena.
—¿Te hago algo para comer Mónica?
—No gracias Lina acabo de desayunar. Y en el despacho
tengo de momento todo metido. Voy a dar una vuelta a los
chicos y al barracón, voy a cambiarme.
—Vale.
Ya todo estaba en orden, cada uno sabía qué debía hacer y
estaban de acuerdo, tenía un rancho precioso y estaba pero que
muy cabreada, podía estar tan tranquila… Y ese maldito
hombre. Lo sacaría de su vida a pedazos, iba a tener dos hijos
con dos mujeres diferentes.
Cuando bajó vestida para ir a ver a los animales.
Lina le dijo:
—Tienes una visita. Los padres de Nolan. En la sala.
—Vale. —Y entró en la sala y ellos se levantaron.
—¡Hola Mónica!
—No se levanten, ¿Quieren un café?
—No, gracias, hemos tomado, queremos hablar contigo.
—Lo imagino.
—No, no lo imaginas.
—Los he visto esta mañana en la cafetería.
—¿Sí? —Dijo el padre.
—¡Dios mío! —dijo la madre, no sabemos cómo nos
vamos a disculpar contigo.
—De ningún manera. Le dijo ella lo más calmada que
podía, ustedes no tienen la culpa de nada. Lo mío fue un
accidente, lo de Pam no sé.
—Mi hijo no lo sabía y se presentó ayer en el rancho. Se va
a quedar allí de momento.
—Bueno, ante eso yo no puedo hacer nada.
La madre empezó a llorar.
—Vamos señora Wilson, no llore. Por mi parte no hay
problemas, yo he vivido sola con mi hijo casi seis años. Ahora
tendrán otra nieta.
—Pero nos gustas tanto, ya sabes que somos amigos de tus
padres desde siempre.
—No se preocupen.
—¡Maldito hijo mío! —Dijo el padre de Nolan, no he
educado a mis hijos para esto.
—No se preocupe, cuando quieran pueden venir a ver a su
nieto.
—¿No nos lo dejarás?
—Su padre puede llevárselo, sí, pero si no quiere o se
siente incómodo, tendrán que verlo aquí.
—¿Sabes que quiere que se vaya a los Ángeles?
—Sí, lo sé, me lo ha dicho ella.
—Aún no sabe que tu hijo es de Nolan.
—Si no quiere decírselo, es problema suyo. No deben
meterse, ustedes pueden venir siempre que quieran. Ya lo
saben.
—¿Ha hablado contigo?
—No, no ha hablado nada, pero supongo que vendrá esta
noche, seguro.
—Lo sentimos tanto hija… no sabemos qué va a hacer y no
queremos que se vaya.
—Déjenlo que tome sus propias decisiones.
—¿Y tú?
—Yo ya he tomado las mías. Tengo a mi rancho y a mi hijo,
pero no tendré nada con el suyo, salvo nuestro hijo en común.
Cuando quiera verlo, lo verá. Alex está muy entusiasmado y es
en mi hijo en el que pienso yo.
—Tienes razón, mi pequeño va a sufrir.
—Haremos que nos sea así. ¿De verdad no quieren tomar
café?
—No, hija, ya nos vamos, solo queremos disculparnos.
—No deben hacerlo, no han hecho nada. —Y los abrazó.
La madre se fue llorando y le padre muy enfadado con
Nolan y los entendía. Pero no quería más problemas que los
suyos propios.
—Lina voy al barracón y a ver a los chicos, cuando acabes
te puedes ir si no he vuelto.
—Vale, ya lo tengo todo listo, salvo la cena, le queda un
poco. ¿Estás bien Mónica?
—Mañana te lo cuento, que no tengo que ir al pueblo.
—Bueno, no te preocupes, mujer, todo se arreglará.
—Esto no.
—¡Vaya! Ten cuidado con la nieve.
—Me llevo la camioneta mejor.
Y se la llevó las cuadras, allí estaba uno de los chicos
terminando de echarle a los dos caballos y a la yegua y
preparando paja para cuando vinieran el resto. Les dijo que los
chicos limpiaban el corral de los animales y revisó el de la
maquinaria. Luego se fue al barracón.
—¡Hola West!
—¡Hola Mónica!
—¡Qué tal! ¿Les gusta tu comida? —se acercó a la cocina
donde él estaba. —Y él sonrió.
—Aún no se han quejado.
—Si alguno se queja me lo dices y lo echo.
—Estaría bueno.
—¿Qué haces para esta noche?
—Un estofado de carne con patatas y judías.
—¡Qué bien huele!, creo que te voy a cambiar por Lina.
—Saldría ganando.
Y ella se quedó seria de repente.
—¿Te pasa algo?
—No, no es nada, son cosas personales.
—Bien, ahí no me meto, a no ser que tú me las quieras
contar.
—¿Por qué has venido desde Montana West? —cambió ella
la conversación, —allí hay ranchos y tienes 27 años, eres
joven.
—Sí, pero tuve un encontronazo con mi familia, mi
hermana en concreto, distintos puntos de vista.
—¿Tienes un rancho?
—Sí, un rancho de caballos. Lo tuvimos hasta hace unos
meses.
—¿Y qué pasó?
—Me gusta la cocina. Fui a Nueva York a hacer un curso
de cocina, de chef.
—¿En serio?
—Sí, —sonrió con una sonrisa blanca y preciosa. Le
encantaba su barba y el pelo largo negro recogido como en
rastras.
—¿Y por qué volviste?
—Por la familia, mi padre murió. Mi madre cuando era
pequeño. Solo tengo una hermana mayor y quiso tener su parte
del rancho.
—¿Y no podías comprárselo?
—No, no tenía dinero para tanto, así que lo hemos vendido
y conduje hasta Cheyenne. Iba a volver a Nueva York y
montar un restaurante, pero vi el anuncio y necesitaba esto un
tiempo.
—Bueno no quiero preguntar tanto. Algún día me harás una
comida de esas pijas.
—Cuando quieras.
—Estás desperdiciado aquí, no ganas lo que mereces.
—Estoy bien aquí de momento. Me gusta el campo.
—Bueno.
—¿Quieres comer algo?
—Lina me ha preparado para el almuerzo, no te preocupes.
Necesito un descanso. Llevo unos meses estresantes estoy
deseando de que venga el ganado y que todo sea normal.
—Ya queda poco, mujer.
—Lo traerán para el fin de semana. Bueno West, te dejo
trabajar. Algún día me quedo a cenar con vosotros, mejor en
primavera, no quiero sacar a Alex de noche con el frio.
—Cuando quieras.
—Hasta luego West.
—Hasta luego.
Entraron algunos vaqueros.
—¡Qué buena está la jefa!, ¿Eh West? —Y este lo miró
serio.
—Está bien, está bien. ¿Sabéis que el hijo es del hijo mayor
del rancho de al lado?
—¿En serio?
—Sí, yo soy de Dubois, el pueblo es pequeño y uno se
entera de todo. Además conozco a Mónica. Nolan, el padre del
chico, tenía novia desde el instituto, siempre se peleaban y
volvían, hasta que hace seis meses se fue a California y ha
vuelto embarazada.
—¿En serio? —Dijo uno de los vaqueros.
—Sí, ayer por la tarde. Se queda en su rancho.
—Pobre Mónica —cuando era jovencita siempre fue una
chica discreta, callada y tímida. Se quedó sin madre de niña y
ahora que vuelve y se muere su padre, y el padre de su hijo
tiene otro con otra. Menuda pieza está hecho Nolan. Le gustan
demasiado las mujeres.
—Bueno, eso no nos concierne a nosotros —dijo West. —
Trabajar bien para ella es lo que debemos hacer.
—Sí, pero me da pena.
—Bueno, ahí tenéis las bandejas. Y café en la cafetera.
West pensó que era una mujer fuerte aunque no sabía lo que
había entre ellos, era una putada.
James y Nick llegaron sobre las siete. Su hijo estaba viendo
la tele en pijama. Ya habían cenado y ella los invito al
despacho. James le dio la tarjeta. Habían comprado todas las
reses y los caballos, elegido bien, y les habían regalado unos
cuantos terneros jóvenes. Apenas le quedaba cien dólares en la
cuenta.
—Nos los traen el jueves —le dijo.
—Estupendo, gracias a los dos, id a cenar que West tiene
vuestra cena y mañana ya preparáis los otros dos corrales para
los animales. Llamaré mañana al veterinario y que les eche un
vistazo.
—No hace falta, de momento están revisados. Toma sus
libros. Hasta dentro de tres meses si no es necesario no hace
falta.
—¡Qué bien, por Dios!, los pondré con el resto mañana en
la oficina del veterinario. Es un gran ahorro. Gracias.
—Bueno, nos vamos.
—Buenas noches que descanséis.
Justo se habían ido y ella acostó al pequeño que se quedó
dormido y había preguntado ese día por su padre, y ella le tuvo
que darle una excusa de que estaba lejos por ganado, llamaron
a la puerta. Sabía que era él.
—¡Pasa!
—¡Hola Mónica!
—¡Hola! ¿Quieres café?
—No, nada, he tomado ya.
—Pasa a la sala —y se sentaron. A ver qué le iba a contar.
—Tú dirás.
—Vamos Mónica…
—Di lo que tengas que decir Nolan. Estoy cansada hoy.
—Lo siento.
—Eso ya me lo has dicho cien veces.
—No quiero dejar de ver a mi hijo.
—¿Se lo has dicho a Pam?
—Sí, lo sabe ya.
—Y…
—Quiere que nos vayamos a los Ángeles, ahora con más
razón.
—Esa decisión te corresponde a ti, tienes una carrera,
puedes buscar trabajo allí.
—Tengo a Alex.
—Y tienes a otra en camino.
—Estoy dividido.
—Si te quedas no. Te casas con el amor de tu vida y puedes
ver a tus dos hijos. No tienes nada que elegir.
—Eso quiero, no quiero irme del rancho y dejar a mis
padres. Tendrían que contratar a un gestor unas horas.
—No es tan malo, de todas maneras te pagan. Y tienes tus
beneficios como tu hermano al final de año.
—¿Y nosotros?
—Desde el momento en que se queda en tu casa Pam, no
hay un nosotros Nolan, ni lo habrá jamás, o qué pretendes,
¿Tener dos mujeres y dos hijos? ¿O que sea tu amante?
—Mónica…
—¿Lo sabías? Lo sabías, sabías que estaba embarazada y te
acostaste conmigo.
—No, no lo sabía, te lo juro.
—No me lo creo, no te creo nada, Nolan. No confío en ti y
no debí acostarme contigo de nuevo. Me arrepiento en el alma.
—Mónica, no…
—¿Duermes con ella?
—Duermes con ella cabrón. No tenemos nada más que
hablar Nolan.
—Mónica, compréndeme…
—A Alex, llama cuando quieras verlo.
—¿Puedo llevarlo a mi casa con mis padres?
—En principio sí, pero si está incómodo, no irá, tendréis
que venir a verlo aquí. Ella no.
—No seas dura.
—Y tú no seas tan cabrón.
—No lo sabía, te lo juro. No hemos hablado desde que se
fue.
—Me da igual Nolan. Eres libre. Olvídate de mí, ahora no
necesito esto.
—No sé qué hacer, Mónica.
—No soy tu paño de lágrimas Nolan, ni tu amiga, no me
pidas consejos. Me importa un pepino lo que hagas. Yo no te
necesito y tu hijo tampoco. Solo te conoce desde hace dos
meses, no se va a morir por no verte.
—¡Dios maldita sea Mónica, me gustas tanto!…
—Tú a mí ahora mismo, no me gustas nada.
—Nena, dime que me quieres y seremos una familia.
—No voy a decirte eso, tu vida es tuya, elije tú solo.
—¡Está bien!, ¿Y Alex?
—Dormido.
—Te llamo mañana.
—A él.
—Y a ti.
—Como quieras, estoy cansada de esta historia Nolan.
—¡Buenas noches! —Y tal como vino se fue.
Y ella desde arriba vio las luces del coche llegar a su casa.
Mónica no se iba a humillar diciéndole que lo quería y que
la eligiera a ella. Que lo hiciera él, y además no quería ni que
la eligiera. Conocía a Pam, y no los iba dejar ser felices y ella
sería más feliz sin ellos.
No la llamó al día siguiente sino que dijo que iba a recoger
Alex del colegio y lo llevaba él. Y ella accedió.
Lo dejó en la casa y ella le preparó la merienda al pequeño
mientras este jugaba un rato antes de hacer los deberes.
—Me voy a los Ángeles —le dijo Nolan en la cocina.
—Me alegro mucho de que salgas de aquí.
—Mis padres no quieren.
—Normal.
—¿Quieres llevar el rancho?
—¿Qué rancho?
—El mío.
—No, Nolan, con el mío tengo, no tengo tiempo de
estresarme, tu rancho es demasiado grande y yo quiero estar
con Alex por la tarde.
—Entonces buscaré a alguien del pueblo que se ocupe unas
horas.
—¿Se lo has dicho a Alex?
—Sí, quería hablar con él, por eso he ido a recogerlo al
colegio.
—¿Cuándo te vas?
—La semana que viene. Le he abierto una cuenta, toma.
—¿Para qué?
—Le ingresaré un dinero mensual para él y lo llamaré.
—No lo necesita.
—Es mi hijo también Mónica, guárdalo para la
Universidad.
—Está bien, si es lo que quieres… Muy bien, espero que
seas feliz allí.
—Vendré a ver a Alex.
—Cuando quieras, pero él no irá allí, lo sabes.
—Lo sé, por eso vendré a verlo y lo llamaré.
—Muy bien.
—¿No te importa?
—No me importa que tomes tus decisiones. Gracias por tu
ayuda en el rancho.
—Te voy a echar de menos.
—Espero que no Nolan, espero que no.
Cuando su hijo de quedó dormido y él se fue, lloró como
una niña pequeña, había pensado toda su vida en ese hombre y
había elegido a su novia de toda la vida y a su otro hijo. Pero
ella era fuerte, y pensaría solo en su hijo, sacaría su rancho
adelante, iría de vacaciones y se olvidaría de esa locura de
hombre. Ya le había dedicado demasiado tiempo de su vida.
El jueves, estuvo ocupada con la llegada de los animales.
Nolan vino a por Alex y se lo llevó a su casa.
Ya lo tenía todo listo, los chicos eligieron a sus caballos y
West también, el que le dejaron y James le dijo que ya todo era
empezar a trabajar.
Cuando su hijo volvió del rancho de su padre, volvió serio.
—¿Qué te pasa Alex?
—No me gusta Pam.
—¿Y eso hijo?
—Me ha dicho que va a tener una niña con papá y que la
querrá más que a mí por eso se va lejos y me deja.
—No te preocupes, cielo, tu papá te quiere y vendrá verte a
veces y nosotros hemos vivido juntos y solos y felices y tienes
a West a James a Lina y todos los vaqueros. No te enfades,
¿Eh?, y empezó a hacerle cosquillas y entre risas se le olvidó.
—¿Quieres dormir con mami esta noche?
—Sí.
—Pues vamos, Y el domingo vemos una peli con
palomitas.
—Sí, biennnn.
El fin de semana Nolan la llamó para ir a por el chico y ella
le dijo que no, que si querían verlo sería en casa y le preguntó
por qué y se lo dijo sin contemplaciones, nadie le hacía daño a
su hijo o que te atuviera a las consecuencias.
Y él se pasó por la casa un par de horas a jugar con el chico
y a despedirse de él, mientras ella se fue al barracón.
—Te dejo, voy al barracón, llámame cuando te vayas.
Y allí se sentó con los chicos a hablar con ellos y a
conocerlos. Al menos pasó un rato ameno con ellos
Cuando se levantó a por un café, West le preguntó:
—¿Y Alex, lo has dejado solo?
—No West, ¿cómo crees?, está con su padre, se va a los
Ángeles con su novia embarazada
—Vaya por Dios…
—Seguro que ya lo sabes, Luc es del pueblo y esto es un
pueblo pequeño. Y él y yo fuimos al colegio y al instituto,
aunque era mayor que yo, pero era un buen chico.
—Bueno, algo he oído, pero no toda la historia.
—¿Te interesa?
—Si quieres contármela…
—Cuando haya menos público, te la contaré algún día.
—Bien, como quieras.
—He mandado a Lina a comprar un buen pavo y tarta de
calabaza para Acción de Gracias, comemos todos en el
barracón juntos. Claro los que nos quedemos, así que tienes
trabajo, —Me encantará.
—Lina te echará una mano.
—Estupendo.
Nolan había contratado para tristeza de sus padres a un
gestor para el rancho y se dio de baja y el martes puso rumbo a
California con Pam, que quería tener allí a su hija.
De esa forma, les podía dejar a Alex algunas tardes a sus
abuelos, los padres de Nolan le dieron las gracias. Estaban
contentos porque venía Oscar por Navidades, al menos verían
a su hijo que no venía en tres años. Pero el padre estaba
permanentemente enfadado con Nolan.
El día de Acción de Gracias lo celebraron en el barracón y
fue una fiesta. Alex tomó como referencia a West, que a pesar
de lo gigante que era, el chico no se asustaba, le gustaba
mucho y tenía mucha paciencia con el pequeño y eso que
ahora hacía frio e iba poco.
Todos alabaron la comida. Luego tomaron café y tarta, y
cuando se fue a la casa, el pequeño iba dormido ya. Los
vaqueros jugaban con él y pasaba de mano en mano y era feliz.
Y ella con los días y con las semanas también fue
olvidando lo que no era suyo.
Compró adornos para Navidad para la casa y para el
barracón y ella los colocó con ayuda de West.
—¿Sabes que te pareces a Jason Momoa? —Y él rio a
carcajadas.
—Eso me dicen, sí.
—Pues es cierto. ¿No serás de Hawái?
—No, solo tengo algo de sangre india.
—¿En serio?
—Sí, mi abuela materna era de la reserva de los Blackfeet.
Es una reserva conocida en Montana.
—Por eso eres tan
moreno. Bueno te dejo. Mañana voy a comprar dulces para
la Navidad y los regalos.
—¡Qué trabajadora eres!
— Me gusta estar activa. ¿Tienes la lista de esta semana?
—Sí.
—Dámela voy al pueblo mañana.
—Y West se la dio.
Es mujer le gustaba, se dijo West, pero él no era nada para
ella aunque pobre no era, tenía la mitad del rancho de sus
padres que su hermana se empeñó en vender y que no pudo
comprarle. Ya le había contado la historia a Mónica. Ella había
sido sincera con él y mataría a ese tipo que le había hecho
daño. Era una mujer trabajadora, siempre pendiente de todo y
de todos. Trataba bien a sus trabajadores y todos la estimaban.
Pero a él, le gustaba esa pequeña, que era distinto.
Al día siguiente al final fue ella sola al pueblo, dejó a su
pequeño en el colegio. Dentro de unos días, le daban
vacaciones y quería tener todo comprado. Dejó la larga lista de
la compra en el supermercado para que se la prepararan y fue a
desayunar y a comprar regalos para todos, para su hijo y para
Lina y todos los hombres del rancho, para los abuelos de Alex
que había quedado con ellos a comer el 25, y para Oscar si
venía de Nueva York.
Y cargada con todo, con un paisaje nevado de frente volvió
contenta al rancho por una vez desde que Nolan se fue.
Cuando llegó, dejó los regalos para envolverlos al día
siguiente y ponerles las etiquetas con sus nombres, dejó las
cajas de la casa, Lina ya las iba colocando y se fue al barracón
cargada. West, al verla salió fuera.
—Deja mujer eso lo meto yo, no te cargues.
—Son esas tres cajas y esta de bebidas, —y él la miro con
esos ojos negros y profundos
—Es un día especial.
—Está bien, no quiero borrachos en mi barracón —y ella le
sonrió.
—¡Qué malo eres!, un día es un día. Si no quedaremos sino
cuatro gatos.
—Somos cuatro gatos.
—Tienes razón.
—Bueno, me voy a casa. Tengo cosas que hacer. James me
ha dejado un par de facturas y tengo que meterlas. Espero
tener pronto entradas.
—Espera a la primavera.
—Lo sé. Hasta luego Jason Momoa.
—Guasona, hasta luego Mónica —y ella se fue riendo.
La Navidad fue especial, los chicos recibieron sus regalos y
a ella también, le compraron entre todos, un abrigo para el
rancho, unas botas para montar y un sombrero negro.
Y ella se emocionó.
—Venga jefa, nada de lloros.
—Gracias a todos.
El 25 fue a casa de los padres de Nolan y les dio sus regalos
y ellos a ella y a su pequeño, hasta Oscar la saludó y le dio un
regalo.
—¡Ay que ver qué señorito te has vuelto! Mira cómo vistes,
y un reloj de oro —Y Oscar se reía.
—Y tú también, aunque tengas esa pinta de vaquera. Eras
una niña tímida y fea.
—Hombre gracias —Y se reían.
—Me acuerdo cuando mi padre me obligó a llevarte al
baile.
—Sí, y no querías.
—Sí —y se reían, —que me lo pida ahora…
—Anda, anda. ¿Tienes novia? —le preguntó mientras los
abuelos estaban con el pequeño y los regalos.
—Sí, estoy saliendo con una chica. Tenía trabajo, por eso
no ha venido y me voy pronto.
—Me alegro Oscar.
—Es una buena chica.
—Ya era hora
—Si. —Y se reía —¡Quién me lo iba a decir con lo que fui!
—De verdad.
—Pero tengo un trabajo estresante.
—Sí, ser bróker no es fácil, yo me quedaría ronca.
—He visto lo que has hecho en el rancho, lástima que tenga
que irme pasado mañana. Quiero pasar el tiempo con mis
padres, desde que Nolan se fue.
—Sí, fue un palo para ellos
—Siento lo que te hizo, Mónica, si lo llego a saber no lo
dejo irse contigo aquella noche.
—Pero tengo a mi hijo.
—No sé cómo ha podido elegir a Pam, no terminaran bien,
es la historia de una relación infeliz, y más después de perder a
la niña.
—¿Cómo que ha perdido a la niña?
—¿No lo sabes?
—No, ¿Que ha pasado?
—Mis padres están tristes y no habrán querido decírtelo. Mi
hermano está hecho polvo. La niña murió en el parto. Es decir
por lo que sé, había muerto días antes. Y ella no puede tener
más hijos por no sé qué historia.
—¡Joder, Oscar! Es un palo para los dos.
—Sí, es una putada.
—Nadie me ha dicho nada. Tampoco les pregunté a tus
padres. Me dan pena. Ya tienen bastante.
—Sí, a pesar de que nunca les gustó Pam están ahora
tristes, pero creo que más por mi hermano. A ti, siempre te
gustó desde pequeña.
—Siempre me gustó tu hermano, pero creo que dejó de
gustarme en un momento de cobardía.
—Se casan en abril aunque parece que ella tiene una
depresión, pero se casan. Creo que irán mis padres yo no sé si
podré asistir. Haré lo imposible por ir.
—Yo me alegro, no me gustaría que me dejaran sola en un
momento como ese.
—Ya sabes cómo ha sido siempre.
—¿Tu hermano tiene trabajo? —Le preguntó ella.
—Sí ha encontrado en una empresa de turismo como
director de contabilidad.
—Vaya, me alegro.
—Por enchufe.
—Muchos trabajos son por enchufe, Oscar.
—El mío, no.
—Bueno, tu hermano es bueno en lo que hace.
—Sí, es inteligente. Tienes un hijo maravilloso, no sé por
qué no se quedó contigo.
—Yo tampoco —Y empezaron a reír.
CAPÍTULO SEIS
Cuando el pequeño echaba la siesta en uno de los sofás de
la sala, le echó una mantita y ella se echó en el otro. Estaba
cansada, y lo que le dijo Oscar le había afectado.
Nolan eligió a otra mujer y a otra hija y ahora no tenía hija
ni podría tener hijos con Pam, y le dio pena porque sabía que
le gustaban los pequeños. No se alegraba en absoluto, pero se
iban a casar y eso no era cosa suya.
En ese momento recibió un mensaje escueto de Nolan.
Parecían que ambos pensaban al unísono.
Su nota fue breve.
Le he ingresado 2000 dólares a Alex por Navidad, le
ingresaré mil dólares al mes. Lo llamo a las seis.
Y ella le contestó
Gracias. Feliz Navidad.
Por la tarde descansó leyendo y su hijo jugaba con los
juguetes de los reyes. Merendaron y a las seis la llamó Nolan.
—¡Hola Mónica!
—¡Hola Alex!, siento lo de tu hija.
—Gracias.
—Te pongo a Alex.
Y estuvo una hora hablando con su hijo. No sé qué
hablaban pero el pequeño se reía a veces.
Cuando las Navidades pasaron, y todo volvió a la
normalidad, ella gestionaba el rancho unas horas al día.
Llevaba a su hijo al cole, desayunaba en la cafetería, compraba
algunas cosas, si necesitaba o se iba directamente al rancho,
metía las facturas y hablaba con James sobre las cosas del
rancho, se iba a su despacho y trabajaba un rato. Sobre las
once se iba con West al barracón si tenía tiempo y tenían sus
charlas, cuánto más se conocían más se gustaban.
Una mañana de marzo, ella le preguntó si no salían los fines
de semana.
—No me apetece.
—Hay muchas chicas guapas en el pueblo, West.
—No me interesa ninguna.
—Qué radical eres, ay déjame probar eso —y West, le daba
una albóndiga.
—¡Qué buena está! —Lo que te decía, que no las conoces.
—Ni falta que me hace.
—Pero hombre, tendrás necesidades como los demás
chicos.
—Soy gay —Le decía riendo.
—Vete al cuerno. —Y se reían.
—Ya saldré, no te preocupes. De momento estoy bien.
—Bueno, tú verás lo que te pierdes.
—Tú también te lo pierdes jefa. Aquí somos todos iguales.
—Ya apunta para la primavera, se están yendo las nieves.
—Miraba fuera por la ventana de la gran cocina, —¿Quieres ir
conmigo el sábado al pueblo?
—¿Y eso?
—Pues quiero ir a cenar, a tomar una copa, a bailar. Así tú
también puedes, si me bebo algo…
—¿Quieres que te sirva de chofer? Eso lo cobro aparte.
Y ella reía encantada.
—Bueno, tú puedes ir por un lado y luego quedamos, así
puedes conocer a las chicas.
—Está bien, salgo contigo el sábado, pero no con esas
condiciones.
—¿No?
—No, tengo las mías.
—A ver…
—Si salgo contigo, ceno contigo, bailo contigo y tomamos
una copa juntos.
—Eso es una cita, West.
—Sí, exacto, es una cita. Tú verás.
—No sé si estoy preparada.
—Vaya, ¿No estás preparada después de cuatro meses?
—Ya tengo 25 años y Alex seis ya.
—¡Qué vieja eres!
—¡Está bien! Voy a ver si sus abuelos se quedan con el
peque y acepto la cita.
—Te recojo en la casa a las siete. Ya habrán comido y habré
recogido.
—Estupendo. Me voy ya.
—Y West la miró profundamente.
Y se rio cuando ella salió de allí. Las cosas no iban a ser
cómo ella quería. Era un trabajador de ella, pero era un
hombre y no se dejaba manipular por nadie. Pero había
conseguido una cita. Ya le valía, porque le encantaba esa
mujer.
Mónica, habló con los abuelos y con su hijo y aceptó
quedarse con los abuelos esa noche.
—Debes salir más hija, mira que un día desde que
llegaste… Vienes a por él, el domingo por la tarde. Aquí tiene
juguetes. Y le leeré un cuento. Y hay tele.
—Gracias señora Wilson.
—Al contrario. Estamos encantados. Tiene su habitación
aquí para cuando quiera.
—Si pasa algo, me llaman.
—Sal tranquila y no te preocupes por nada.
El sábado, cuando West les dio de cenar y recogió la
cocina, se dio una ducha y se vistió, con unos vaqueros negros,
botas negras, camisa azul y un abrigo negro.
—Ey… West, ¿Dónde vas? —Le dijeron los chicos que no
habían salido.
—Tengo la noche libre. Ya sois grandecitos.
—Ay West va a buscar una chica, ya pensábamos que… Y
él se reía.
—Cuidad bien esto y apagad las luces.
Tomó su todoterreno y aparcó frente a la casa de Mónica.
Ella se había puesto un vestido verde botella de media
manga, estrecho hasta media pierna, medias y botas vaqueras
de vestir negras, su abrigo y su bolso, se perfumó y se dejó el
pelo suelto. Y le abrió la puerta.
—¡Madre mí Mónica!, ¡Qué guapa, así cómo quieres que te
deje sola mujer!
—¡Qué tonto!, anda vamos.
—¿Y el peque?
—Lo llevé esta tarde con los abuelos. Están encantados.
—Pues nos vamos —y le abrió la puerta del coche.
—¡Estás guapo!
—Soy guapo.
—¡Que tonto eres!
—Anda sube, preciosa.
Y ella subió y le cerró la puerta…
—¿Dónde vamos primero?
—A cenar. Solo hay un restaurante en el pueblo.
—Dios cuánto hace que no salgo, estoy nerviosa.
—Si es que no puede ser mujer.
—Ha hecho frio y no me apetecía.
—Ya saldrás más con la primavera.
Aparcó frente al restaurante. West tenía una mesa reservada
en un rinconcito íntimo.
—¡Cuánta intimidad!
—La mereces, toma la carta.
Y pidieron unos cuantos platos de mariscos y pescado para
compartir.
—Pescado para variar.
—¡Está bueno!
—Sí, que lo hacen bien.
—Bueno, hombre reservado cuéntame.
—Qué te cuento, si sabes mi vida.
—Tu vida amorosa no la sé.
—¿Esta noche nos toca?
—Bueno, como cualquier otro día.
—¡Está bien! Deje de ser virgen a los dieciséis con una
mujer de 26.
—¿Estás de broma?
—No, era hija de unos amigos de mi padre. En el rancho.
Y ella se reía.
—Claro fueron unas cuantas veces, pero me enseño mucho.
En el instituto tuve un amago de salir con una chica, dos
meses. No me pude acostar con ella y ya pasamos a Nueva
York. Allí estuve cuatro años.
—¿Cuatro años de curso?
—Sí, no era un curso cualquiera. Como una carrera.
—Vaya. Lo hice en un hotel de cinco estrellas y trabajaba
también para mantenerme. Más las prácticas. Tenía un
pequeño apartamento en Brooklyn de un dormitorio.
—¿Y?
—Y allí salí con una chica un año, el primero, el resto
fueron intentos que no cuajaban. Las chicas piden demasiado.
—¿Un anillo?
—O, quieren hombres con corbata y traje y una vida con un
buen sueldo.
—Pero tú tienes ahora dinero si tienes la mitad de un
rancho próspero.
—Sí, lo tengo para poner algún día mi restaurante.
—En Nueva York.
—Me gustaría sí, pero en Manhattan.
—Es caro.
—Lo sé, empezaré alquilando un buen local. Estoy
haciendo un libro.
—¿De qué?
—De recetas inventadas. También algunas de las que
aprendí.
—Eso es estupendo. Me temo que me quedaré sin ti pronto.
—Depende.
Y ella no quiso preguntar.
—Y ahora te toca.
—¿Mi vida amorosa? Pues poca cosa, Nolan.
Y le contó el día de la graduación.
Luego me fui a España a Málaga con mis abuelos, ni padre
quiso que hiciera allí la carrera porque era más barata y porque
estaría con mis abuelos, el niño, dos relaciones sin importancia
de seis o siete meses, murieron mis abuelos con diferencia de
dos años y cuando vuelvo, mi padre muere y tuve una relación
de un día con Nolan, quería casarse conmigo. Creo más bien
por el niño, aunque me dijo que le gustaba. Y el lunes aparece
su novia. Ya sabes la historia. Y se fue con ella, dejando a
Alex.
—Ahora tiene dos hijos.
—No, solo tiene Alex.
—¿Y eso?
Y ella le contó que Pam perdió a la niña y no podían tener
más hijos y que Nolan trabajaba de director de una empresa de
contabilidad
—Vaya, eso es duro.
—Le manda mil euros al mes a Alex y en Navidades dos
mil, se los tengo guardados para la Universidad.
—Eres una mujer excepcional. Has levantado el rancho tú
sola. Ahora en abril venderás y vas recuperar dinero.
—Eso espero, porque dejé un dinero que va bajando con los
gastos.
—Ya verás mujer, al principio es así. ¿Quieres postre?
—Café y tarta.
—Yo lo mismo —dijo West al camarero.
Y se tomaron el postre. West no la dejó pagar.
—Bueno, yo pago los chupitos o la copa.
—¿Vas a tomar chupitos?
—Vamos a ver qué tomo, para un día que salgo… Venga
vamos a tomar y a bailar un rato.
El baile estaba en un local. Tenía una barra, asientos
alrededor y una pista para bailar.
Se quitaron los abrigos y los dejaron en el guardarropa y se
fueron a la barra.
—Tú dirás guapa. Me encanta ese pelo largo y negro y tus
ojos verdes preciosos con esas pestañas de medio metro —y a
ella le dio por reír.
—Y a mí me gusta tu pelo largo también y esa barba. Un
chupito —le dijo al camarero y una cerveza.
—Pues yo otro igual.
Y se tomaron tres chupitos con cerveza.
—Coge la cerveza y vamos a sentarnos que cuando esto
suba verás, jefa.
Ella no estaba acostumbrada a beber nada y el chupito junto
con el vino de la cena empezó a hacer su efecto y se sintió
elevada y eufórica. Tenía un puntillo.
—Eres muy guapo West, me gustas lo sabes.
—Son los chupitos los que hablan, —le sonreía West.
—No, te lo digo en serio.
—Yo también te digo en serio que me excitas pequeña, le
dijo al oído en un susurro.
—Si me dices eso así, me excito yo también —Y West se
reía.
—Vamos pequeña, ¿Quieres volver a tu casa?
—No quiero. —Y lo cogió por el cuello abrazándolo y le
arrimó la boca a la suya.
—Mónica…
—Dame un beso, quiero saber cómo besas.
—¿Para qué? —Le decía con los labios pegados a su boca,
¿Para compararme con Nolan?
—Ese es un estúpido, para nada, quiero saber cómo besas y
haces el amor.
—Por Dios mujer… Y ella arrimó la boca y metió su
lengua en la boca de West y este la entrelazó entre la suya,
apretándola a su cuerpo y besándola como no la habían besado
nunca y aún no estaba borracha del todo, solo tenía un punto.
Cuando se retiraron, la besó con suavidad en los labios.
—Debo decir en tu favor, que eres el mejor de todos. Besas
como Dios. No estoy borracha West, solo tengo un puntillo.
Vamos a bailar.
—¿No te caerás no?
—No, tú agárrame fuerte.
Y la sacó a la pista y ella se pegó a su cuerpo. Era tan
grande que se acurrucaba en su pecho y sintió la excitación en
su vientre.
—¿Eso es por mí cocinero?
—No tengo a nadie más en los brazos.
—¿Soy guapa entonces?
—Preciosa.
—¿Te gusto?
—Me encantas desde que viene a este rancho, aunque
mañana no recuerdes que te lo he dicho.
—Lo recordaré. Eres el tío más bueno que he conocido.
—Estás un poco loca, jefa.
—Es que nunca bebo. Estoy hablando demasiado.
—Imagino.
—Tú también me gustaste en cuanto te eché el ojo y no
sabía que tenías dinero.
Y él se reía.
—¡Ah que bien hueles hombre! Así no puedo resistirme a
ti.
Y West la abrazaba fuerte. Acariciaba su pelo largo. Al
cabo de una hora decidieron irse.
—¿Estás bien?
—Mejor que nunca, lo he pasado genial, tenemos que
repetir de nuevo.
—¿Conmigo?
—Claro bobo, no quiero a otro.
Cuando la dejó en su casa, se bajó a abrirle la puerta del
coche y cerró el coche, la ayudó a abrir y entró dentro con ella.
—¿Te encuentras bien?, si salimos más no te dejaré beber
salvo un chupito.
—Estoy mejor que nunca, guapo.
—Bueno, sube y te acuestas, nos vemos mañana.
—Ey, dónde vas. —lo cogió de la mano. Cierra esa puerta y
ven aquí, no hemos acabado, vas a probar mi cama.
—Mónica no creo que sea buena idea.
—Es buena idea, no estoy borracha West, ¿No quieres?
—Te deseo, sí que quiero. Cómo no voy a querer…
—¿Si me doy una ducha te quedas?
—Si te das una ducha creo que me quedaré eternamente. —
Y ella le sonrió y saltó sobre él que la cogió al vuelo.
—Dios mío qué loca estas.
—Me gustan los hombres grandes, ¿Sabes?
—No lo sabía.
—¿A ti te gustan las mujeres pequeñas?
—No sé, me gustas tú y eres pequeña, así que supongo que
me gusta una pequeña. Vamos arriba venga, a la ducha.
Cuando llegaron arriba ella le dijo la habitación…
—Ahí —Y la dejó en la cama.
—¡Quítame la ropa West!
—No me pidas demasiado, nena.
—¿Es demasiado que te bañes conmigo?
Y él sonrió pero ella tocó su sexo por encima del pantalón.
—¡Joder West!, quiero que te bañes conmigo, oh dios…
—¿Eso quieres?
—Sí, eso quiero.
—Pues tú ganas, espero que no te arrepientas.
—¿Cuánto hace que no te acuestas con una chica?
—Meses y no me preguntes nada más.
—Pues tomo pastillas, no utilizaremos nada.
—¡Joder jefa! Pero qué… Y ella le bajaba los vaqueros
—Te vas a dar con la cabeza al suelo.
Al final, se desvistió y la desvistió a ella.
—Tienes un cuerpo precioso, Mónica.
—Y tú glorioso, Momoa.
—A la ducha —Y se la llevó al hombro.
—¡Ay! —e iba riendo.
—¡Uf por Dios! —cuando le cayó el agua —Menos mal
que está calentita. Y ella lo abrazo y la subió a su cintura y
entró en ella. Lo miró seria y se adentró en ella.
Mónica gemía y gemía y West, cubría su piel profunda y le
gustaba sentirlo dentro. Abarcaba con su miembro todo su
sexo y la rozaba como ningún hombre lo había hecho. Era
grande en todos los sentidos y él vaivén de sus caderas, la
estaba matando.
—¡Ay West, qué bueno estás!
—Tú sí que estás buena, chiquita, pero no te voy a aguantar
mucho, nena, ¡Dios joder! Mónica y dándole las últimas
embestidas ella tuvo un orgasmo potente y fiero y gritó su
nombre que él apagó con un beso, mientras sujetaba sus
caderas y mordía sus pezones y ella recobraba la respiración.
Cuando la bajó, se lavaron y él tomó unas toallas, se la puso
en la cintura y a ella le puso otra y se la llevó a la cama.
Mientras la secó, ella permaneció callada.
—Se han pasado los chupitos guapa.
—¡Ay West!, lo siento.
—No, no, no voy a dejar que te arrepientas porque ha sido
genial. Y no hemos acabado.
—¿No?
—Para nada, pequeña.
—Abrió la toalla y entró con la boca en su sexo.
—¡Oh! Dios West, es que. ¡Oh madre mía, madre mía!
Y lo cogía por la cabeza hasta explotar en su boca.
Él fue subiendo besando su vientre sus pechos, su boca. Y
se abrazó a ella.
—No te escondas nena.
—Ahora me da vergüenza West.
—Yo te dije que pararas, pero tú, chupito va, y chupito
viene.
Y ella empezó a reírse. Y se abrazó a él.
—Quería que pasara hace tiempo.
—Mentirosilla.
—Quería ver tu cuerpo. Es una suerte tener a un hombre
como tú en mi cama.
—La suerte es mía. Eres preciosa mujer. Me tienes loco.
—¿En serio?
—Sí, en serio y se la puso encima.
Y ella lo abrazaba con su cuerpo desnudo como una
mariposa abrazaba en vuelo.
—Tengo miedo West, trabajas para mí.
—No voy a dejar mi trabajo a menos que me eches.
—No pienso echarte.
—¿Entonces?
—Entonces, están los chicos, está mi hijo.
—Eres libre, aún no te enteras, puedes tener el novio que
quieras, tienes 25 años ya y eres independiente. A quien
quieras meter en tu cama es cosa tuya.
—Sí, pero me gustas demasiado.
—¿Ah sí?
—Sí, no quiero… digo no me gustaría… no soy de esas.
—¿De esas cómo?
—Que se acuestan un día con otro y el otro día con otro
distinto.
—Por eso me gustas.
—¿Y ahora qué va a pasar?
—¿Qué quieres que pase? —Le preguntó West.
—Hay dos soluciones.
—¿Quieres olvidarlo cuando acabemos esta noche y nos
hablamos como si no hubiese pasado nada? Yo no puedo
Mónica, tampoco soy de esos, y menos de hacerlo sin
protección. No he salido desde que estoy con nadie aquí por ti.
Y tengo ya 28 años, no soy un niño.
—¿De verdad?
—Eres tonta mujer o una ingenua tontilla.
—No lo sabía.
—¡Ah Dios! Qué mujer, pareces una niña. Y la otra forma
es salir conmigo.
—Que salgamos juntos…
—Sí, y durmamos juntos. Tengo mi horario y estaré allí
para eso.
—¿Quieres dormir conmigo?
—No, con uno de los chicos.
—No te rías tonto, que esto es serio.
—Quiero conocerte y quiero pasar las noches contigo. Se lo
diremos a los chicos, dos días y se harán a la idea. Y todo irá
rodado.
—¿Y si no sale bien West?
—Me iré a Nueva York y pondré mi restaurante.
—No quiero perderte. El hecho que me digas eso, me hace
sentirme vacía, eres amigo mío —¿Y qué más?
—El hombre más sexy que he conocido.
—No me conoces del todo.
—¿Y mi hijo?
—¿Qué pasa con Alex?, Es un niño precioso y que quiero.
No tiene padre, pero me tiene a mí. Y si seguimos juntos, seré
su padre.
—Lo que quiera él.
—Pues claro boba, no me importa que tengas un hijo
maravilloso.
—¡Oh Dios!, soy feliz, soy tan feliz —Y empezó a llorar.
—Pero nena, no llores, te mereces que te pasen cosas
buenas por una vez en tu vida y yo soy una de ellas, te haré
feliz… El fin de semana que tenga libre, ese día dejo comida y
nos lo llevamos al parque o viajamos por ahí ahora que es
primavera.
—¿Y tu sueño?
—Lo dejaré de momento aparcado.
—¿Por mí?
—Por ti, tú eres mi sueño desde que te vi.
Y empezaron de nuevo a hacer el amor, y siguieron durante
la noche.
El domingo cuando despertó, no solo había despertado su
cuerpo, sino su alma. Tenía una nota en la almohada.
Ha sido una noche preciosa. La mejor de mi vida con la
mejor mujer de mi vida.
Sí, sí, oh Dios Qué feliz, Dios mío concédeme este hombre,
es perfecto. Deja que me quiera y que se enamore de mí y yo
de él. Está… tan bueno y es tan guapo. Y no se deja dominar y
eso me gusta. Tiene las cosas claras.
Ay qué feliz soy. Tengo las piernas oxidadas. No me puedo
mover. Sí, voy a salir con él.
Decía hablando sola en la casa.
Se levantó y se tomó un desayuno, hizo la cama y pensaba
comer al mediodía en el barracón y tomar café con los chicos.
Por la tarde iría a por Alex, pero llamó para ver si estaba bien,
y estaba encantado con los abuelos.
Cuando salió fuera, fue a casa de Lina. Ésta le abrió
sorprendida.
—¿A qué se debe tu visita?
—¿Qué haces?
La cena para James y para mí, esta noche, pasa. ¿Y Alex?
—Con sus abuelos. ¿Estás sola?
—Sí, ¿Por qué?
—Tengo que contarte algo Lina. Y le contó toda su vida
mientras Lina hacía la cena en silencio.
—Hija eres joven para haber pasado tantas muertes, pero ya
hace tiempo de todo, incluso de Nolan.
—Habla con su hijo todas las semanas, antes todos los días,
pero ahora todas las semanas y le manda 1000 dólares al mes
que se lo guardo para la universidad. En el fondo me da pena
que no pueda tener hijos.
—Se portó mal contigo, Mónica.
—Sí, pero suelo perdonar.
—¡Qué mujer!
—Estoy feliz ¿sabes?
—Cuenta eso.
—Anoche me acosté y salí con un hombre.
—Ya puedes contar.
—Con West.
—¿El cocinero?
—Sí, el mismo.
—Madre mía Mónica, está de muerte.
—¡Estás casada!
—Pero no ciega, menudo tipo. Sabes, me alegro mucho por
ti, espero que sea un tipo estupendo y te trate bien.
—El sexo con él es…
—Eso no me lo cuentes.
—Vamos que tu James…
—Sí, pero no quiero que me pongas los dientes largos con
Jason Momoa. —Y ella empezó a reírse.
—Me encanta la pareja que hacéis, tan pequeña y él mide
1,90, y es fuerte.
—Es especial, solo espero que la vida me dé la felicidad
que no me ha dado. Me la merezco Lina.
—Te la mereces. Y si no sales con ese hombre, te las verás
conmigo. Creo que te adora,
—¿Cómo sabes eso?
—Tengo ojos.
—¡Ay Lina! —y la abrazó
—Anda ve un rato antes de que vengan los chicos.
—Voy, hasta luego Lina, te quiero…
—Anda sí. —Y Lina se reía.
—Ojalá te salga bien, Mónica, lo mereces. Dijo cuando
salió de su casa. Eres una buena persona.
Cuando llegó al barracón, estaba West solo haciendo la
comida y ella lo abrazó por detrás y tocó su sexo.
—Ummm, qué pasa nena, tengo un cuchillo en la mano, no
puedes darme ese susto.
—Ya me habías visto tonto.
Y se dio la vuelta y la abrazó y la subió a la encimera.
—¿Has pensado algo?
—Sí, he pensado algo y sí, sí y sí, dándole besos en los
labios.
—¡Estás loca!
—Eso espero, estar loca por ti.
—Tengo trabajo, sabes, la jefa me va a echar.
—La jefa viene a comer, no tengo comida.
—Pobrecita…
—Lo que coman los vaqueros, luego voy a ir a por Alex al
rancho de los abuelos.
Quiero saber cuándo vamos a sacar a los animales.
—Está bien se lo preguntas a James.
—¿Te ayudo?
—No hace falta, lo tengo todo controlado. Y ella lo tocó
por encima de los pantalones.
—Estate quieta. —Se reía —eso no lo controlo si me tocas
pequeña.
—¡Qué pena!
—Eres una bomba, ¿Lo sabes?
—No, pero lo seré para ti. Estoy tan feliz West…
—Anda siéntate y toma algo. Serás más feliz esta noche. Y
ella lo miró con adoración.
—Espero a los chicos, ya vienen por ahí.
Y habló con James y le dijo que sobre el miércoles sacaban
al ganado. Iban a limpiar y llenar los bebederos y repasar las
vallas aunque eran nuevas, por si acaso. Iba a venir antes el
veterinario y en abril iban a separar a los que iban a vender.
—¿En serio voy a ganar ya algo?
—En serio, y no poco.
—¡Qué bien!
—¿Tengo que comprar vacunas?
—Ahí llevas la lista.
—Iré mañana al pueblo y compro el material y la compra.
¿Hay gasoil?
—Compra también.
—Les diré que vengan y llenen le depósito.
—Ahora nos ahorraremos gastos con el grano hasta para los
caballos. Ya hay suficientes pastos.
—Bueno ahora que estáis todos quería deciros una cosa —
West la miro. No pensó que fuese capaz de decirlo, pero no la
conocía, era más valiente de lo que pensaba.
—West y yo estamos saliendo.
—¿En serio? —dijeron.
—Vaya West, qué callado lo tenías.
—Sí, para que no haya cuchicheos aquí ni en el pueblo.
—¡Enhorabuena chicos!
—Gracias a todos —Dijo ella. Dormirá en mi casa pero
seguirá trabajando como siempre. Y él fue a su encuentro y la
besó.
—Ehhh… Que no estáis solos, ¿Eh?, sin pasarse.
—¡Que tontos!, ya podéis comer. Y ella tomó algo con
ellos.
Cuando se fue por su hijo había tomado café y tarta. Los
dejó descansando un rato y se fue a por Alex.
Cuando volvieron el chico había merendado y le dijo:
—Alex cariño, ven que tenemos que hablar.
—¿Qué pasa mami?
—¿Te gustaría que mamá saliera con un chico? Tu papá se
va a casar y mami está sola contigo.
—¿Quieres tener novio?
—Sí, pero solo si te gusta y si lo quieres y te quiere.
—¿Ya tienes?
—Es West, ¿Te gusta?
—Mamá, West es mi amigo, me gusta.
—Pues vendrá por las noches a dormir con mamá, y el fin
de semana que tenga libre, iremos al parque, ahora que hace
bueno y por ahí de viaje.
—¿Y será mi papá?
—Si tú quieres… Aunque tienes un padre, pero puedes
llamarle papá, si te deja. Puedes tener dos padres.
—¿Te gusta?
—Mucho hijo, soy feliz con él, pero quiero que tú también
lo seas o no saldré con él.
—Quiero que seas feliz mami y puede ser mi otro papá.
—Te quiero hijo, y sabes que porque eres tan bueno…
—Yo también a ti.
—¿Probamos entonces?
—Sí. Me gusta.
—Dame un abrazo.
Y cuando West terminaba su trabajo se iba a su casa, allí se
llevó la ropa y sus cosas, y fueron felices, durante los
siguientes meses, el niño, estaba encantado con West y ellos
no podían ser más felices.
West jugaba con el pequeño, iban al parque el fin de
semana que tenía libre y a pueblos cercanos. Y ella estaba
reluciente con su hombre. Era sexy, era sexual y era juguetón y
cariñoso. Y conoció su lado inteligente y de un hombre que le
gustaba su carácter.
Las noches eran suyas y no se enfadaba con ella, la
mimaba, cuando iban fuera, le compraba flores y todo era
poco para ellos. Su hijo le llamaba papá y a su verdadero padre
papá Nolan. Y forjaron una unión fuerte.
El ganado había salido ya a los pastos. Habían vendido dos
veces ganando y entraban por fin ingresos. E iba muy bien.
Estaba amortizando los gastos.
En abril los padres de Nolan habían ido a su boda y ella ni
preguntó ni le comentaron nada, pero se veían preocupados. Y
le daba pena.
Pasó la primavera y llegó el verano. El pequeño tuvo
vacaciones. Y le dijo a su madre si iban a ir de vacaciones a
algún lado.
—¿West cuando tienes vacaciones?, sabes que te turnas con
Lina y James.
—Lo sé, pero James dice si me puedo coger 15 días cada
uno y se nos paga el resto, que lo iba a hablar contigo porque
el rancho no se puede quedar solo.
—Eso estaría bien.
—Me las tomaría en agosto, del uno al quince.
—Nos vamos a algún lado y llevamos al pequeño.
—Por supuesto.
—¿Vamos a la playa?
—Vamos a la playa.
—¿Florida?
—Si vamos a Florida, lo llevamos a Orlando unos días. —
Dijo West. O vamos a los Ángeles…
—No, allí no.
—Está bien, no vamos a encontrarlo.
—Pero ir y que no vea a su padre, no me parece ético.
Aunque no haya venido a verlo desde que se fue.
—Tienes razón. Pues Orlando y Florida.
—Yo me encargo.
—Vale sacamos los billetes esta noche, tú solo los ves. No
tomes decisiones sin mí, ni pagues sola, o me enfadaré.
Ella se ponía en sus ratos libres por la tarde a hacerle un
libro de recetas de España y tapas y pinchos y montaditos
andaluces y comida vegana y se iba anotando y pasándolo en
el ordenador con dibujos ilustrados que encontraba, quería
anillárselo o encuadernarlo como un libro y regalárselo para
Navidad. Y llevaba mucho tiempo. Pero le gustaría y sería una
sorpresa para West.
CAPÍTULO SIETE
Pasaron unas vacaciones maravillosas, el pequeño lo pasó
genial y ellos en la playa descansaron de todo un año de
trabajo.
Y luego estuvieron tres días en casa. West no quiso que ella
pagara sola las vacaciones, a medias como mucho aceptó
West, y ella se enfadó porque llevaba a su hijo, pero él no dio
su brazo a torcer.
—¿Te enfadas conmigo nena? —Y la cogía en alto. —Mira
Alex, tu madre se enfada.
—Bájame West o te las verás conmigo. —Y los chicos se
reían.
—Mamá no puedes con West.
—¿Ah no?, veremos.
—No me amenaces con eso, nena.
—Porque no puedo, que si no… Porque me vuelves loca
demasiado, le dijo al oído.
Habían abierto la piscina y ella se bañaba con el pequeño,
lo enseñó a nadar, pero no lo dejaba solo y cuando se dormía
por las noches, y venía West, se bañaban desnudos y hacían el
amor en todos los rincones y de todas las formas posibles que
él le enseñaba.
—Cualquier día me rompes algún hueso.
—Anda tonta, eres una exagerada.
—Sí exagerada, tú hazme eso muchas veces y verás.
—Con lo bien que lo pasas… Para eso te gusta un hombre
grande. Oye pequeña, debería darte algo por estar contigo.
—Eres tonto ¿Verdad?, no dirás eso en serio…
—Lo digo en serio nena.
—No voy hacer eso.
—¿No?
—No, voy hacer otra cosa y bajaba a su sexo y West, le
decía que se moría por ella y que estaba loca y lo volvía loco.
Ella empezó a enamorarse de ese hombre, lo sabía y cuando
lo supo, tuvo miedo de que se fuera como se fue Nolan y a
veces sufría.
Y un día West le preguntó por qué a veces la encontraba
triste.
Y se lo dijo
—No voy a irme a ningún lado que esté mejor que contigo.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo, eres mi mujer ¿Cómo voy a dejarte si te
amo?
—¿Me amas?
—Pues claro nena, estoy loco por ti, enamorado de ti, te
quiero.
Y se abrazaron y West la besó, sellando su amor.
—Yo también te amo tanto…West.
Y cuando llegaron las siguientes Navidades, le regaló un
anillo de compromiso y Mónica estuvo llorando un buen rato.
—Estoy esperando guapa.
—Sí, sí me casaré contigo, para siempre.
—Tenemos que poner fecha.
—El día de los enamorados.
—¡Qué romántica eres!
—Contigo siempre —Y lo besaba.
—Pues ese día.
Nolan se enteró por su hijo que su mamá se casaba con
West el cocinero y maldijo el día que lo contrató. Las cosas no
le iban bien con Pam, nunca le fueron bien y ahora su hijo
llamaba papá a otro hombre y a él papá Nolan, como si fuese
su abuelo.
—Pásame a tu madre Alex. Pequeño, te llamo la semana
que viene.
—¡Hola Mónica!, Dice Alex que te casas.
—Sí, el 14 de febrero.
—Con West, el cocinero.
—Sí, con él. Es el hombre de mi vida.
—Que seas feliz.
—Lo soy Nolan, como nunca en mi vida.
—El niño lo llama papá.
—Y a ti también y sabe que tú eres su verdadero padre,
pero quiere llamar papá a alguien.
Espero que a Pam y a ti las cosas os vayan bien.
—Sí, nos van bien. Algún día iré a verlo.
—Aquí está cuando quieras. Y tus padres lo tienen cuando
quieren. Bueno tengo que dejarte Nolan, tengo que preparar
muchas cosas.
Las navidades fueron maravillosas y ella hizo regalos como
el año anterior y a él le regaló ropa y el libro de recetas
encuadernado con su nombre y su foto vestido de chef que a
ella le pasó de cuando estuvo en Nueva York y West, ese
emocionó.
—¡Dios mío nena!, ¿Cuándo has hecho esto?
—En los ratos libres por la tarde durante meses.
—Te quiero, lo sabes nena.
—Lo sé y yo te amo a ti. Nunca lo dudes.
—No lo dudo. Me lo demuestras y te quiero tanto…
—West. Eres un hombre tan especial…
—Mi niña…
—¿A mí me quieres West —El niño tenía unos oídos.
—Más que a tu madre —Y lo cogió en alto.
—Ah con que esas tenemos, ¿eh? —dijo la madre. Y entre
juegos, el niño era feliz.
Su hijo nunca fue más feliz y crecía por momentos.
En enero cuando hizo cuentas, y pagó impuestos, ese año
tuvo pocos beneficios, reponer hasta el millón y medio de
gastos y unos doscientos mil dólares.
West, le dijo que estaba muy bien, que era el primer año,
que tuviera paciencia. Y que eso era bastante dinero. No
esperaría ganar millones al año.
En febrero se casaron en el salón del barracón, la
decoradora de la tienda se lo decoró precioso y un arco de
flores para que se casara, luego hubo un catering, tampoco
tenían demasiados invitados y cabían en el gran salón del
barracón, que además cuando retiraron las mesas a un lado
tuvieron baile hasta el amanecer. Invitaron a los abuelos de
Alex.
—Ya me hubiese gustado que fuese mi hijo. —Le dijo el
padre de Nolan.
—Soy feliz con West. Las cosas y la vida cambian y Alex y
yo somos felices, no se preocupen.
—Menos mal hija. Sé feliz, te lo deseamos de corazón. Si te
viera tu padre ahora…
Cuando llegaron a casa…
—Ya no eres la señorita Ponce, eres la señora de West
Amder.
—Creo que mantendré mi apellido.
—Mujer independiente. Me gustaría ponerle el apellido a
Alex, pero tiene a su padre también.
—Sí, no lo haremos, no quiero ponerle el de su padre, no
dio tiempo y él no hablo de ello después, si le ponemos el
tuyo, será una provocación y no quiero problemas. Es tu hijo
también aunque no tenga tu apellido y te quiere.
—Es verdad. Tendremos más hijos
—¿Quieres más hijos?
—Pequeña somos muy jóvenes, claro que quiero hijos
contigo, así que deja las pastillas, al menos dos hijos.
—¿Estás loco?
—Por ti, pero tendrás a mis hijos y Alex tendrá hermanos.
—¡Está bien! fuera pastillas de momento.
Y antes de Acción de Gracias del año siguiente, nacieron
los gemelos West y John Amder, con mucho pelo negro y ojos
oscuros como su padre, que sí llevaban los apellidos de su
padre y ella quiso ponerles Ponce de segundo como en España
para que su hermano Alex ya de siete años, no se sintiera
aislado. West, no lo dejaba, y participaban ambos en todo.
West, estaba encantado, con sus gemelos y toda su familia,
tenía 29 años y Mónica 26 y ya tenían tres hijos. Habían tenido
dos de golpe y ya no querían más.
—Menos mal que amplié la casa y puse cinco dormitorios.
—Aún nos queda uno, dos porque estos duermen juntos.
Y dormirán hasta que estén más grandecitos y ella tuvo que
meter una chica para ayudase con tantos hijos.
—Y todos varones West.
—Así serás la madre y mi niña, la niña de la casa, tus hijos
te querrán más.
—Yo te quiero más.
—Y yo a ti, preciosa.
Los años pasaron felices en el rancho. Nolan no vino más,
ni a ver su hijo ni a sus padres. Estos viajaban de vez en
cuando a verlo a California y a Nueva York a ver a Oscar,
hablaban por teléfono…
El rancho daba buenos beneficios y hubo que contratar tres
vaqueros más y tenían casi ocho mil reses. Habían conseguido
un rancho precioso con el tiempo.
Ese verano, su hijo Alex terminó el instituto y había
solicitado beca para hacer Derecho en Cambridge, Boston, en
la universidad de Harvard. Estaba muy ilusionado. Era un
chico guapo como su padre y alto y moreno con ojos verdes y
ya tenía unas cuantas chicas tras él que lo llamaban.
Mónica le dijo a Alex:
—No te preocupes, si no te dan beca, irás a esa
Universidad, la pagamos nosotros, tenemos para vuestros
estudios cielo, no te preocupes. Los niños son pequeños aún,
tienen diez años y les quedará para la universidad.
—Pero mamá, si son dos.
—Tú tienes tu universidad pagada y mamá tiene guardado
de los beneficios para ellos. Quizá tenga algo en mente, no
quiero que vayas tan lejos solo.
—¿Qué piensas?
—No le digas nada a tu padre, quizá venda el rancho.
—¿En serio?
—Sí, el sueño de tu padre siempre ha sido poner un
restaurante en Manhattan y yo puedo llevar la gestión y
trabajar con él. Se quedó porque me amaba, pero quiero ahora
que es joven que cumpla su sueño. El mío es gestionar y me da
igual un rancho que un restaurante. Claro que echaremos todo
esto de menos.
—No me lo creo que seas capaz…
—Dejó su sueño por mí y sabes que amo a tu padre tanto…
Creo que podemos comprar un buen apartamento, tengo dinero
y tu padre también y alquilar un local, si nos va bien
comprarlo. Allí tendrás más oportunidades cuando acabes la
carrera, no te quiero lejos, además tu padre Nolan, está allí, lo
verás y a tus abuelos y tu tío Oscar y tus primos, y tus
hermanos podrán ir a la universidad tuya y trabajar en una
ciudad grande. Es mejor para todos. Tenéis más oportunidades.
—Mamá es un riesgo.
—En la vida hay que correr riesgos. Lo estoy pensando
aún.
—¿Pero cuánto dinero tienes mamá?
Guardé cuando vinimos un millón y medio y siempre tengo
otros dos que amplié hace unos años para los gastos del rancho
y de beneficios tengo casi cinco millones, más lo que me den
por el rancho.
—¡Joder mamá!, eres una ricachona…
—Y tu padre tiene aún, no sé lo que tiene, pero la mitad de
su rancho. No nos quedaremos sin nada. Iréis a la universidad
y quiero que tu padre cumpla su sueño. He oído que hay un
ranchero que quiere comprar el rancho a los abuelos y quizá le
interese el nuestro, pero no quiero ser yo la que lo diga, porque
me bajará el precio, pero mañana voy al pueblo, te encargas de
los pequeños y pregunto cuánto vale nuestro rancho
funcionando, quiero que deje a los trabajadores como
condición.
—Eso estaría bien.
—Bueno, buenas noches cielo, mañana veré. No le digas
nada a papá, quiero que sea una sorpresa si lo vendo.
Y cuando al día siguiente fue a desayunar al pueblo, algo
que le había encantado desde siempre cuando iba dejar a los
chicos o a hacer alguna gestión, dejó a los pequeños en el
colegio que les quedaban unos días de colegio antes de las
vacaciones. Pasó por la inmobiliaria y preguntó por cuanto
podría vender su rancho funcionando con las tierras y demás
que habían renovado de nuevo hace poco.
Los animales unos dos millones y medio, las casas y
barracón y demás otro millón y medio o dos si tienes grano y
herramientas, con las camionetas que son nuevas y son cuatro,
pongamos tres y la tierra es lo que más vale, puede ser unos 55
millones, ponle entre 60 y 65 millones de dólares, no más.
—Gracias. Al menos tengo una idea.
Al salir de la inmobiliaria, la llamaron los padres de Nolan
por si podía pasar por la casa y les dijo que en veinte minutos.
Cuando llegó se encontró allí a un par de tipos trajeados. Y
pensó que quizá fuese su día de suerte.
—¡Hola Mónica!, Pasa hija.
—¡Hola! Vine preocupada, creí que pasaba algo.
—Nada mujer, siéntate ¿Quieres un café?
—No estaría mal.
—Mira Mónica, te presentamos a los hermanos Gadner.
—Encantada y los saludó.
—Hija, ya sabes que somos mayores, nos vamos a Nueva
York con nuestros hijos.
—¿Con sus hijos?
—Sí, Nolan y Oscar tiene un apartamento en el mismo
edificio y vamos a comprar uno también allí, para estar cerca.
—Bueno me alegro ¿Y el rancho qué van a hacer con él?
—Estos señores nos lo van a comprar.
—¿En serio?
—Sí, le daremos a Alex un millón para la Universidad. Y a
cada uno de nuestros hijos, un tercio. Con el otro y nuestra
pensión podemos vivir bien.
—No es necesario, de verdad.
—Es nuestro nieto y lo haremos.
—Gracias, si es para él…
—Verás el caso es que están interesados también en tu
rancho, por eso te hemos llamado.
—¿En el mío? —Se hizo ella la tonta.
—Sí quieren comprar todo el valle y la colina para sus
hijos.
—Exacto señora Amder. —Dijo uno de ellos.
—Señora Amder —dijo el otro. Hemos hecho un estudio
sobre su rancho y le ofrecemos 70 millones con todo lo que
tiene, solo se llevará su ropa, sus dos coches y objetos
personales.
—Lo renové hace dos años.
Lo sabemos, por eso, le pagamos más. Es un buen precio.
—¿Y qué van a hacer?
—Un rancho, nuestro representado tiene varios hijos y le
gusta estos ranchos y quiere comprar un rancho para cada hijo.
—¿Y los chicos que tengo trabajando? No me gustaría que
los echaran. Llevan diez años conmigo, son jóvenes y buenos
trabajadores.
—Se quedarían con todo el personal, eso es inamovible, así
como con los de este rancho.
Le pedimos que nos dejen los despachos con la
contabilidad.
—No hay problema, tengo mi portátil para otros asuntos,
ahí tengo todo lo del rancho solamente.
—Pues piénselo. Esta noche.
—Se lo diré pero si digo que sí, necesito una semana, mis
chicos terminan esta semana el colegio y necesito recoger mis
cosas personales, darme de baja, el personal, el resto se lo
dejaré como quieren, todo para ustedes.
—Perfecto.
—¿Ustedes lo han vendido? —Le preguntó a los padres de
Nolan.
—Sí hija, nos vamos a Nueva York, ya Oscar nos está
buscando un apartamento. ¿Qué harías tú?
—Irme a Nueva York, West estuvo allí estudiando cocina y
quiere poner un restaurante. Supongo, no sé, se me ha
ocurrido.
—Entonces veremos a nuestro nieto. Vente.
—¡Está bien! No quiero pensarlo, el rancho es mío y mi
marido me va a matar, pero acepto el trato.
—Quedamos mañana aquí mismo y hacemos los contratos
de los dos ranchos. Se trae la escritura y el notario nos da una
nueva. Vendrá también un señor del banco del pueblo para que
se queden tranquilos
—Perfecto. Gracias.
—A las once quedamos.
—A las once, —dijo ella.
Y se fue su rancho, estaba vendido por 70 millones y tenía
en total si se los daban 78 millones y medio, y haría feliz a su
marido, claro que tendrían que comprar un apartamento. Se
quedarían en un apartamento de alquiler hasta encontrar uno
para comprar, uno precioso. Ver un buen local para poner un
restaurante y encontrar colegios para los gemelos e iría a la
universidad a llevar a Alex.
Intentaría guardarle su dinero a Alex, el de su padre y el
millón de sus abuelos, y pagar ellos la universidad. Ese dinero
era suyo y no sería justo pagarle a los gemelos y a él con el
dinero que su padre le había dado y el millón que iban a darles
los abuelos. Se lo daría todo al acabar la Universidad.
Si no le daban beca tendrían que pagar matrícula y gastos,
pero su hijo sería abogado en Harvard. Cada uno cumpliría su
sueño y el sueño de ella no era tanto el rancho como gestionar
una empresa y sus hijos tendrían un mejor futuro que en ese
pueblo. Y no quería que un día se fueran todos lejos y ellos
quedarse solos y West sin haber logrado su sueño al menos, lo
intentarían. Ella ya estaba entusiasmada haciendo planes.
Cuando estaban acostados, después de hacer el amor, ella
acariciaba el pecho de West. Tenía 39 años y ella 36. Y
siempre lo deseaba, como el primer día. Y eran jóvenes y
luchadores y él se había quedado con ella y ahora ella se iba a
ir con él a por su sueño.
—West…
—Dime preciosa…
—Nunca me has dicho cuánto dinero tienes de tu rancho y
lo que has ganado en este.
—¿Quieres saberlo?
—Sí.
—Tengo casi 40 millones. Ya sabes que mi sueldo lo pongo
en casa como tú.
—¡Qué dices loco!, ¿40 millones?
—Sí, te dije que era un gran rancho.
—Y te quedaste conmigo en vez de irte a buscar tu sueño.
—Mi sueño eres tú.
—Ya no.
Y él se incorporó.
—¿Por qué?
—No es lo que piensas, Alex ya lo sabe, he vendido el
rancho hoy.
—¿Qué has hecho mujer? Ahora sí creo que estás loca.
Lo he vendido todo tal cual con los hombres trabajando por
70 millones y ocho y medio que tengo, los padres de Nolan
también han vendido el suyo y le van a dar un millón para la
universidad Alex, que el meteré en su cuenta. De la
Universidad ya hablaremos.
—Pero vamos a ver loca, ¿Dónde vamos a ir?
—A Nueva York nuestros hijos tendrán un futuro, podrán ir
a la universidad de Alex en unos años y nosotros estaremos
cerca de ellos y no solos aquí aislados. Hay que comprar un
gran apartamento en Manhattan, y alquilar o comprar un gran
local cerca de casa y del colegio, en una zona de tránsito de
negocios, un gran local, montar un buen restaurante o una
buena cafetería. Serás chef y yo te gestionaré el restaurante.
Cumplirás tu sueño mi amor. Y ya es hora de juntar el dinero.
Somos una familia.
Y West se echó las manos a la cara emocionado.
—¿En serio nena?
—Tú has estado conmigo y somos jóvenes y cumpliremos
tu sueño. El mío es gestionar y me igual lo que sea. Y me
encanta iniciar nuevos negocios y hacer planes.
—¿Sabes lo que te quiero?, Pero tú tienes el doble de
dinero chiquita.
—Cuando lleguemos a Nueva York, no, será de los dos,
invertiremos y dejaremos un remanente por si no nos va bien,
encontrar otro trabajo.
—Pero ahora estoy desfasado.
—No seas tonto, siempre inventas en casa y miraremos
sitios y ver qué ponen, ya no necesitas años de estudio, tienes
ideas. Yo también, puedes ponerte al día, mirar en internet, en
las avenidas, yo también tengo ideas de España, te busco,
mientras nos preparan el restaurante, tiene que ser nuestro,
novedoso, nada de traspasos. De unos mil metros cuadrados
como mucho.
—¡Estás loca! Pero te amo tanto…
Si haces algo será a lo grande, distinto a lo que hay,
contrataremos personal y hay que hacer una lista de cosas por
comprar. Creo que en octubre podemos funcionar.
—¡Dios nena te quiero! Yo sabía que eras el amor de mi
vida, ¿estás segura de esto?
—Sí, quiero que nuestros hijos sean pijos y tengan allí un
mejor futuro y estudien una carrera.
—Dos universidades juntas…
—Ya puedes hacer buenas comidas. Yo puedo gestionarte el
restaurante y estar con los chicos por la tarde o echarte una
mano. Contrataremos una señora para la casa.
—Sí, con los chicos no quiero que trabajes demasiado.
—Y cerraremos los domingos si es una zona de negocios.
Disfrutaremos de unos días siempre juntos, para los chicos o ir
a ver a Alex algún domingo… o simplemente descansar.
—¡Dios nena, qué locura!
—Mañana firmo y hablaré con todos, les pagaré antes de
irnos y empezaré con Alex a recoger las cosas en cajas y
maletas. En cuanto a los chicos les den vacaciones el viernes,
el sábado nos vamos. Tendremos que llevar dos coches, tú con
los gemelos y Alex conmigo
—¿Tan pronto?
—Sí, tengo que llamar a una inmobiliaria de Manhattan y
encontrar un apartamento por días hasta comprar uno, será lo
primero junto con buscar local y colegio, renovar el seguro de
salud, comprarle un coche a Alex, abrirle una cuenta en el
banco, llamar la universidad, comprarle ropa. Un pc nuevo y
un móvil, aunque habrá que comprar para todos.
—¡Joder calla que me estresas! —Y ella se reía feliz. Y se
abrazaba a él y se ponía encima besándolo.
—Sí, nos vamos en cuanto acaben los chicos del colegio,
mientras Alex y yo preparamos las maletas y cajas, solo nos
podemos llevar lo personal, ni el despacho siquiera, solo
nuestros portátiles.
—Nos vamos en los dos coches.
—Sí.
—Menos mal que son nuevos.
—Si no, compraríamos otros. En el monovolumen mío y tu
todoterreno tiene que caber todo. Alex que vaya conmigo y los
chicos contigo. Tendremos que parar una noche a mitad de
camino, pero mañana me pongo a alquilar un piso en
Manhattan para tener algo cuando lleguemos. Luego buscamos
para comprar uno.
—Esto es una locura, lo sabes nena.
—Lo sé, pero quiero que tengas el sueño de tu vida, mi
amor.
—Te amo pequeña, —y volvió a hacerle el amor y sabía
que esa pequeña lo amaba como él la amaba a ella.
—Hay otra cosa.
—Qué cosa.
—Nolan está en Nueva York.
—¡Joder Mónica! Estoy celoso.
—Vamos tú eres mi hombre. Se separó de Pam, y va a vivir
en el mismo edificio con sus padres y su hermano, está
trabajando allí. Será bueno para Alex. Y a ti nunca va a dejar
de quererte, porque eres más padre que su verdadero padre. Si
quiere ver a Alex, nosotros ya no pintamos nada, es casi mayor
de edad.
—Está bien, confío en ti.
—Y no lo hagas y te daré, tonto. Eres el amor de mi vida.
Nunca he sido tan feliz y tenemos que sacar a dos chicos
adelante todavía.
—¡Oh Dios nena, ahora tengo miedo!
—¿Tú? Eso no te lo permitiré o te haré yo las rastras.
—Eso ni loco.
—Ummm, pequeño, estoy emocionada. Ilusionada.
En una semana se habían despedido de todos con lágrimas
en los ojos, de sus padres, en el pequeño cementerio, de todos
los chicos a los que creía dejar en buenas manos, de Lina y
James, tan fieles y tan buenos. Les habían enseñado todo a los
nuevos dueños y se iban cargados con dos coches camino de
Nueva york, dejando su rancho atrás, su vida y esos paisajes
nevados de invierno. Tantos recuerdos, tanto amor dejaban…
Tuvo una sensación de melancolía y lloró.
—¿Mamá, estás llorando? —Le dijo Alex en el coche.
—Sí hijo. A pesar de que estoy contenta, han sido tantos
años y dejamos bien a tus abuelos en un sitio incomparable y
no volveremos, y tendrás allí a tu padre. Tu tío, y a tus
abuelos, oportunidades y a tus padres que no te quieren lejos.
—¡Qué sentimental eres mami!
—Sí, siempre hemos estado juntos desde que naciste en
España, no se te olvide. Siempre hemos estado juntos y has
sido mi niño precioso, como tus hermanos, pero son unos
fierecillas. Os quiero tanto a todos…
—Vamos mamá o tendré que conducir yo.
—No te preocupes, es solo un momento de debilidad.
—Pero si eres la mujer más fuerte que conozco.
—Gracias mi amor. Venga nos vamos a la aventura. Ya
tenemos el seguro de salud y un apartamento por días hasta
comprar uno. Grande y precioso, ya verás.
Pararon dos noches a dormir en un par de moteles de la
carretera. Eran demasiados kilómetros. Por fin llegaron a
Manhattan. Mónica miró los altos edificios y sintió esa ciudad
como suya. Habían llegado a casa por fin. A otra casa distinta.
Y estaba feliz.
CAPÍTULO OCHO
Cuando por fin llegaron a Manhattan, a la dirección que les
había dado el agente inmobiliario por teléfono, aparcaron en la
puerta y ella se bajó a que el agente le diera las llaves. Le dijo
que entraran al parking, plazas 530 y 531, y le dio el número
del apartamento. En planta 18, número 1808. Y fue a decírselo
a West y a Alex que metieron los coches en el parking y fueran
subiendo cajas en los ascensores, porque ella se iba al
apartamento con el agente a firmar.
Entre todos los chicos fueron metiendo cajas en los
ascensores y ella subió primero con el agente, firmó y este le
dejó una copia ya que le había hecho una transferencia y había
quedado en que le cobraría los días que se quedaran
solamente, ya que iban a necesitarlo para comprar un
apartamento más grande y un local o en cualquier caso alquilar
el local.
—Abra si quiere y se la enseño —Le dijo el agente.
—Vamos allá. ¡Ah!. Es bonita
—Es lo que me pidió, bonita, limpia y con tres dormitorios,
solo tendrá que meter la comida. Tiene dos baños, uno en el
dormitorio y otro en el pasillo.
Está bien, tiene un concepto abierto, y es para unos días.
—Sí.
—Le dije que buscamos uno mucho más grande de al
menos cinco dormitorios y un gran despacho, con baños al
menos en cuatro o dos dobles. Tengo gemelos. En ese
momento entraban los chicos metiendo cajas y bajaron a por
más.
—Este nos gusta, para estar hasta que encontremos uno
para comprar.
—Bien, ¿En qué zona? —anotaba el agente.
—En alguna zona de Manhattan que sea juvenil, con bares,
restaurantes, una zona de trabajo de negocios, queremos
montar una cafetería o restaurante, ya veremos, y queremos un
apartamento cerca y un colegio e institutos cerca también. No
queremos un local traspasado, preferimos ponerlo a nuestro
gusto, es más barato que si tiramos y levantamos. Entre
ochocientos y mil metros cuadrados.
—Bueno, intentaré encontrarle algo. De momento este les
viene bien.
—Sí, nos apañaremos hasta que nos encuentre pronto lo
que nos gusta.
—Tienen las dos plazas de garaje que me pidió.
—Gracias.
—Tome mi tarjeta, estamos en la avenida paralela de arriba,
en este número. Me pongo a buscar lo que necesita y la llamo.
—Gracias. Lo antes posible por favor.
—No se preocupe.
—Muchas gracias.
—A usted señora Mónica. Les dejo que se instalen.
—Adiós, adiós.
Y ella fue metiendo las cajas enumeradas en los
dormitorios. Había pedido tres dormitorios, uno con dos
camas. Y en cada dormitorio metió las cajas de cada uno y sus
maletas.
Por fin subieron los chicos con todo.
Y West, la abrazó mientras los chicos abrían cosas en su
dormitorio.
—¿Habremos hecho bien nena?
—Ya no hay vuelta atrás, pero me gusta, es distinto hay
gente por la calle como loca andando, una barbaridad. Es un
gran cambio, pero los chicos y tú estaréis mejor y os gustará,
lo sé.
—¿Y tú?
—Yo, donde esté mi hombre y mis hijos estaré bien, y esto
no está mal, ya le he dicho al agente que nos busque lo que
queremos, espero que nos llame pronto y lo vemos.
—Mi amor, te quiero.
—Yo también a ti.
—Mañana sacamos una cuenta para Alex con tarjeta para la
Universidad y le iremos metiendo cada mes. He pensado 2000
dólares al mes pero le meteremos unos 25.000 al principio
para libros y lo que necesite y le compramos un coche. Vas tú
con él, nuevo, pero no demasiado grande West, unos diez mil
más o menos. Y un seguro. Y los gastos se los domiciliamos
en la nuestra, la comida, estancia matrícula, si no le dan beca.
Hay que comprarle ropa un pc nuevo, y bueno, un móvil y
varios pendrives. Luego que compre lo que necesite.
—Me parece perfecto.
—¿Sí?
—Sí, lo necesita.
—Gracias cielo. No me parece justo utilizar la cuenta de su
padre y de sus abuelos y pagar la de los otros pequeños de la
nuestra. Se la guardaremos hasta que acabe la universidad y se
la damos.
—Es una buena idea. Sabes que en eso estoy de acuerdo.
¡Qué haría yo sin ti!
—Nada bobo. Tendrías una mujer modelo de piernas largas.
Eres un tipazo a los cuarenta.
—Ven aquí anda y no digas tontería, aun me falta un año
para eso. —Y la tiró en la cama.
—Pero estás loco, están los chicos…
—Sí, en sus habitaciones y cerró la suya,
—Por Dios nene…
—¿Qué? ¿No quieres a tu marido?
—Más que nunca…
—Entonces no hagas ruido.
Y se la llevó al baño y allí le hizo el amor contra la pared
como un loco entrando y saliendo de ella.
—¡Ay por Dios West! Ummm…
—No hagas ruido, preciosa.
—Por Dios, es que no aguanto West. Y este la besaba para
que no hiciera ruido hasta acabar corriéndose en ella, cuando
supo que ella tenía un orgasmo. Conocía su cuerpo a la
perfección.
—¡Ah qué bueno eres mi amor!
—Eso lo sé —bajándola despacio.
—No te vuelvas vanidoso.
—Ummm me encantan las tetas que te han salido y esos
pezones me vuelven loco.
—Tantos hijos…
—Son bonitas.
—Se me están cayendo.
—Yo te las subo con la boca.
—¡Qué brutillo eres mi amor! —Y lo besaba, anda tengo
hambre.
Y se cambió de ropa y él también.
—¡Qué buen estreno!
Y ella lo abrazaba.
—Tengo hambre chef.
—Salimos a comer primero y nos traemos entre todos una
compra.
Y el padre salió al pasillo
—Chicos vamos a comer, nos traemos una compra y
sacamos las maletas después. No es imprescindible que lo
saquéis todo, que nos están buscando una casa. Si no,
tendremos que recoger de nuevo. No se tiran las cajas, nos
pueden servir.
—Mañana vamos a comprarte un móvil muevo y un pc,
ropa y maleta nueva, y vamos al banco a abrirte una cuenta y
te explicaremos lo del dinero, ¿Vale? Te vamos a comprar un
coche pequeño también, pero nuevo —Le dijo West a Alex.
—¿En serio?
—Sí, pero solo si nos prometes tener cuidado, y un punto
más, nada de hermandades.
—Lo prometo.
—Hay que estudiar, el dinero no lo ganamos para
hermandades y pérdidas de tiempo. Amigos, sí, salir también,
con moderación, pero hermandades y gilipolleces nada, o te
quitaremos el coche y tendrás que trabajar para ganarte la
comida y la estancia media jornada, preferimos pagarla
siempre que la aproveches.
—Sí cariño, eso irá también para tus hermanos. No
haremos distinciones. Os quiero.
—Y yo a vosotros.
—Mi niño, eres mi niño grande y queremos que seas un
buen hombre.
—Mamá, pero si voy a cumplir 18.
—Por eso, tu padre tiene miedo de todo ahora mismo y
quiere que seas una buena persona como eres ahora.
—¡Que tonta! Anda dame un abrazo. No os defraudaré. —
Y le dio otro a West.
—Cuando quieras, llamas a tu padre Nolan, está aquí en
Nueva York por si quiere verte. No sé si te conocerá después
de tantos años y a tus abuelos.
—Vale.
—Nos compraremos todos un móvil y un pc para casa,
siempre que en —dirigiéndose a los gemelos —los vuestros no
se abran páginas. Solo llamadas y ordenador. —Dijo West.
—Vale, pero igual.
—Nada de entrar en páginas, que sirva para hacer los
deberes, buscar en internet. Nada de páginas de gente,
¿Entendido? Y ni hacerse una página, hasta los 16 al menos. Y
con nuestro permiso.
Cuando West, tenía que ponerse serio con ellos, se ponía.
Mónica era más blanda. Pero él era más estricto y los chicos lo
respetaban.
—Venga a comer. Salimos fuera.
Y salieron a una cafetería cercana y se sentaron.
—¿Podemos pedir lo que queramos? —dijo West, uno de
los gemelos.
Claro, faltaría más, hijo. —Dijo Mónica.
Y cuando les sirvieron los platos, ella vio feliz a todos sus
hijos y a su familia, como hablaban con su padre y él la miro
interrogante y supo qué pensaba. Y le dijo al oído:
—¿Eres feliz?
—Tengo una familia preciosa y un marido maravilloso.
—¿En eso pensabas chiquita?
—Sí. Estoy contenta.
—Te amo, lo sabes.
—Desde que entraste al rancho.
—Exacto nena.
—¿Os gusta Nueva York?
—Nos encanta.
—Espero que a Alex le guste la universidad. Se va lejos.
—Pero si estoy a unas horas.
—Es verdad, vendrás en Acción de Gracias y en Navidad y
nos llamarás al menos una vez o dos a la semana o cuando nos
necesites. Ya tu padre te dará las normas.
—Ya me las has dado.
—También te daré yo algunas. —Y se reían
—Mamá —Dijo John, que era muy gracioso. —¿Iremos a
colegios nuevos?
—Me gustaría y que hablarais castellano.
—Ya hablamos.
—Bastante mal y eso que quiero que hablemos al menos en
casa un poco.
—Es que es muy complicado, los verbos…
—Te voy a dar. Sí, esperemos un buen colegio público,
nada privado, como vuestro hermano. Los habrá buenos aquí.
Cuando terminaron, West pagó y ella le había preguntado al
dueño de la cafetería por un supermercado y un centro
comercial.
Y le dijo que si bajaran un par de manzanas, encontrarían
un centro comercial y allí había un hipermercado dentro.
Y allí de dirigieron todos.
Su padre dijo que cogieran tres carros.
—¿Tres, West? —Dijo Mónica.
—Si nos sobra algo, nos lo llevamos al nuevo, pero no hay
nada cielo.
—Es verdad.
Cuando pagó no quiso ver la cuenta. Una hora de compras
estuvieron entre todos.
Nos la llevan las seis.
—Jolín, —dijo Mónica, pues podemos comprar los pc y los
móviles al menos.
—Y la ropa, nos va a dar tiempo de todo.
Compraron los móviles, cinco ordenadores portátiles, dos
más baratos para los gemelos y los demás de última
generación, completos, así como tres pack de pendrives de
diez cada pack, como los móviles, allí se gastaron una pasta.
Y luego compraron una maleta grande para Alex. Y ropa
para los tres, de todo.
—Te has pasado en la ropa —le dijo Alex.
—Papá —mamá es una exagerada, no me va a caer en la
maleta y tendré que comprar allí de la universidad.
—Déjala, es feliz —le dijo cuando iban para al
apartamento.
—Me ha comprado perfume caro.
—Para las chicas.
—Por Dios Papá.
—Eres presumido como tu padre y debes protegerte
siempre, lo sabes.
—Sí. Lo sé.
—Yo solo tengo vaqueros y algo de ropa fina. —Dijo West
cuando Mónica los miró.
—Eso hay que solucionarlo. Ya iremos nosotros de
compras, con los chicos ya no nos quedaba tiempo.
—Mañana el coche y el banco y ya está Alex listo, espero
que pronto nos llamen de la inmobiliaria también.
—¿Tomamos la merienda?
—¿Qué hora es? —Dijo West.
—Las cinco, da tiempo, venga.
Y luego se fueron a casa. Los chicos metieron sus cosas en
la habitación con los móviles y los pc y ellos dejaron los suyos
en el dormitorio y colocaron la compra.
—¡Dios mío! Qué lista…
—Es que no había nada guapa. Estás hecha una señorita,
solo gestionar nada más.
—¡Qué malo eres! Si estaba loca de allá para acá llevando a
los chicos, deberes y mirando por mi rancho y por mi marido
—y él, le dio en el trasero.
—¡Qué tonto que me caigo!
—No te dejaré caer.
—Qué cansada estoy…
—Preparo cualquier cosa para la cena. Una tortilla y
ensalada y se acabó por hoy. Lo hago enseguida.
—Me ducho antes. —Dijo Mónica.
—Sí, y sácame algo de la maleta, cuando cene me ducharé
yo.
—Está bien cielo. Lo besó y fue a sacar ropa y la colocó en
las perchas de los vestidores, ropa interior y casi toda las
maletas de ambos. Si había que recoger, luego se recogía.
Tenían la plaza de garaje 532 alquilada para el coche de su
hijo, el que iban a comprarle. Ya se lo dijo al agente.
Cuando estaban acostados por la noche…
—Le vamos a comprar un coche pequeño.
—Es mejor mediano, así le durará unos años para luego
buscar trabajo.
—Está bien, no más de doce mil dólares.
—Bien, como tendrá su tarjeta, que elija su coche
—Vas con él tú y le metes 25.000 dólares para empezar. Y
le pides una tarjeta, que la guarde en la cartera con las demás
tarjetas.
—Sí, en cuanto desayunemos, me lo llevo al banco y vamos
a por el coche. Y llamamos a la universidad. Ven aquí, que aún
estoy muerto de miedo, nena.
—Tenemos que hablar del restaurante, así que nada de
nervios.
—¿Dime qué idea tienes?
—Un restaurante de noche, quieres dar desayunos a media
mañana, meriendas, cenas, qué, vegano…
—No sé nena, tengo un libro de recetas, hay que pensar.
—He pensado… —Dijo ella.
—¿Que has pensado cabecita?
—Si el local es grande, puedes hacer de todo, pero
trabajarás mucho y no quiero que estés desde las siete de la
mañana hasta las una o dos de la madrugada, eso no puede ser.
Hemos de elegir cafetería o restaurante.
—Eso nunca me ha importado.
—Pero no quiero tantas horas sin ti y sin los chicos.
Tenemos que elegir. O haces un restaurante por la noche o
haces hasta terminar la merienda, cada cosa tiene que tener su
aparte.
—¿Qué hacemos? Preciosa.
—¿Tú que hacías en el curso?
—De todo.
—Habrá que contratar a gente.
—¿Qué has pensado tú?
—¿Te lo digo?
—Sí
—Un lugar para desayunos y mesas tipo vintage, pero
cómodas, alrededor de todas las ventanas, bonito, alegre. Allí
desayuna la gente de negocios, y a media mañana ponemos
pinchos tapas, montaditos, tipo españoles con algunos
veganos, mini hamburguesas perritos. Y las meriendas cafés y
tartas de todo tipo, al menos seis tipos de tartas o diez,
depende del mostrador. Con horarios para cada cosa. Por
ejemplo a las diez se acaban los desayunos y empieza el resto
y a las tres empiezan las meriendas.
Y las cinco se cierra, media hora para recoger entre todos.
Con unas veinte o veinticinco mesas y su barra. Metes a gente.
Yo te gestiono las compras, ventas y la contabilidad. Abrimos
una cuenta aparte, para saber si obtenemos beneficios.
—Me gusta esa idea, mejor que el restaurante, todo a la vez
lo veo demasiado.
—Por qué no vemos la zona cuando tengamos el local y
vemos qué horarios pueden ser mejores, así como cuotas de
mercado, porque si es de gente trabajadora, es mejor hasta la
merienda.
—Es cierto.
—Puedes lucirte con las tapas y la comida del medio día. Si
luego nos va bien, podemos montar más.
—¡Estás loca mujer, tengo 39 años!
—Jovencito.
—¿Jovencito para qué?
—Para esto —Y se tumbó encima de él y lo besó, y bajó a
su sexo duro.
—No te preocupes cielo, ya lo vemos.
—Si no, me preocupo, nena, por Dios…
—Shhh, los chicos…
—Mónica, nena, que me ohhh Dios, qué mala eres…
Y ella chupaba su sexo grande y le hacía lo que a él le
gustaba y a ella. Hasta dejarlo muerto.
—¡Dios pequeña! —Y con esas manos chiquitas y me
matas. Nunca me he podido resistir a ti, y así sigue siendo.
—¿Me quieres?
—Para siempre te quiero. No hay otra mujer para mí que tú,
mi familia, que mis hijos, todos, lo sabes.
—Lo sé y por eso te quiero. Alex es más tuyo que de
Nolan.
—Lo sé. Es un chico estupendo ¿Verdad? —Decía
satisfecho.
—Espero que esto nos salga bien mi amor. Tengo
confianza.
—Ya veremos. Vamos a dormir nena.
—Sí, y se quedaron abrazados.
Había sido un día estresante y cansado. Cuando se despertó,
estaba sola en la cama.
—¡West! —llamó, pero no se oía nada.
Se levantó, se dio una ducha y se lavó el pelo. Cuando se
había vestido fue a la cocina.
—Estos se han ido. —Se dijo.
Tenía una nota en la cocina.
-Cariño te dejamos el desayuno, caliéntalo voy con Alex
al banco y a por el coche y estos quieren venir, así que te
dejo solita. Prepárate algo para media mañana y luego
hago yo la cena, seguro que tomamos algo por ahí. Te
llamo al mediodía. Te amo. Lo haces todo muy bien.
—¡Que tonto era! Lo adoraba.
Hizo las camas y cuando terminaba de recoger un poco las
habitaciones, la llamó el agente inmobiliario por si podía pasar
a verlo en media hora y ella le dijo que sí. No estaba West,
pero iría. Tomó su bolso y salió.
Cuando llegó, el chico la sentó y le dijo:
—Le he encontrado todo lo que busca.
—¿En serio?
—Sí. Le va a gustar. En la avenida principal, donde está
todo el trabajo, los negocios, un colegio, un instituto, todo
público, a una manzana del apartamento y justo debajo del
apartamento, el local.
—¿Qué me dice?
—Era un edifico que han reformado hace un par de meses.
Nos vamos y lo vemos, mientras le explico.
—Pero mi marido no está.
—Pero quiero que lo vea.
—Si quieren, pueden venir esta tarde. Pero quiero que lo
vea porque le va a encantar y ya tengo varias personas detrás
del local.
—¡Está bien!
—Vamos ver la zona, está en la otra avenida.
Y salieron.
—¡Madre mía, esta avenida es un hervidero de gente!
—De oficinas, negocios, bares, el centro comercial, el
colegio, guarderías. El sitio perfecto para un negocio como el
que quiere. Subamos.
Y subieron unas cuantas manzanas, y justo en medio de la
avenida llena de bares y restaurantes y lugares de negocios, el
agente le dijo, este es el local y este el edificio.
—¡Qué alto!
—Sí, es alto pero el piso es el número 15, pero le voy a
enseñar el local primero, está vacío, y le digo que es nuevo.
Listo para hacer la reforma. Le abrió una puerta de madera y
encendió la luz.
—Es maravilloso. Y grande.
—Hay que hacerlo todo nuevo, se vende o se alquila.
—Pero si lo alquilo, me cuesta un dinero ponerle toda la
obra.
—Exacto, por eso tiene un buen precio en bruto. 1000
metros cuadrados.
—Es perfecto, me gusta que sea rectangular para poner una
cocina al final y cristales y mesas cerca de la ventana y una
gran barra. Es mejor para día que para restaurante.
—Por supuesto, esta zona es de estar todo el día hasta la
cena, aunque si lo quiere de restaurante… pero le digo que es
perfecto hasta las cinco o cinco y media en que termina todo y
empiezan las cenas.
—¿Y el precio?
—8000 dólares el alquiler, claro y lo que le cueste ponerlo
en marcha. Y vendido, 25 millones de dólares. Que le interesa
más, porque es enorme. Que le cueste un par de ellos la
reforma y mobiliario y está muy bien. Si quiere un constructor
y decoradora, al final, le doy las tarjetas.
—Prefiero comprarlo. Y quiero esas tarjetas.
—¿Se lo reservo?
—Sí, me lo reserva, me encanta.
—Allí a una manzana hay un colegio público con buenas
referencias. Y al lado el Instituto.
—Perfecto.
—Y ahora vamos a ver el apartamento.
—Vamos.
Y tiene portero.
—Sí, pero la comunidad no es demasiado cara, ahora el
apartamento le va a encantar, está para meter muebles pintado
y limpio, eso sí, pero es maravilloso, 400 metros cuadrados.
—Enorme.
Sí, pero todos los dormitorios tienen baño con ducha, dos
dobles, uno con ducha y el principal con ducha y bañera. Un
despacho que caben dos, un aseo, cuarto de lavado, despensa y
electrodoméstico de acero inoxidable, los grandes, eso lo tiene
completo.
¿En serio? ¡Qué preciosidad!
—Sí señora.
Y cuando llegaron y abrió la puerta, ella supo que ese era
su apartamento para toda la vida, era precioso, era lo que
buscaba y a todos les iba a encantar.
—Es luminoso y daba a la avenida. Tiene razón, me
encanta. Todo lo que veo, la cocina, los baños, los colores, en
gris claro, los suelos…
—Sabía que le encantaría. ¿Qué me dice?
—Me encanta, solo me falta el precio.
—Nueve millones, con derecho a la piscina y gimnasio y
dos plazas de garaje en el sótano dos.
—Necesito otra, de momento
—Se la conseguiré por 40 dólares al mes.
—Juntas.
—Lo intentaré. Y la comunidad, 1500 dólares. Es la zona.
Ya lo sabe.
—Me quedo todo.
—¿Sin que lo vea su marido?
—Sin que lo vea, le encantará. Si me rebajan los impuestos
y su minuta, se la saca a los vendedores y le doy ahora mismo
34 millones al contado.
—Me deja unos minutos…
—Claro —y el agente hizo un par de llamadas.
—Hecho es buena negocianta. Vamos al despacho.
—En total son… 34 millones para nosotros y 1540 de
comunidad y el primer del coche. Necesitaré una cuenta para
la domiciliación de la alarma, internet, agua y luz y
comunidad.
—Hacemos el contrato y las escrituras ahora mismo. Y le
doy la cuenta.
—Pues vamos a ver la piscina y sus plazas de garaje, se las
digo.
Y allí, en la oficina, estuvo más de una hora y se fue con
sus escrituras de todo y había pagado todo al contado. Las
cuentas habían bajado a 84 millones y medio, pero aún tenían
gastos.
West la iba a matar o no, porque era un chollo le pareció
para la zona.
Había llamado a la decoradora y al constructor y quedó con
ellos al día siguiente a las diez. Irían los dos solos, primero al
local y luego subirían con la decoradora al apartamento para
que diera ideas, iba a decorar el local entero también. Tomó
algo a medio camino y llegó a casa justo cuando llegaban
ellos.
—Mamá, vamos a ver mi coche. —Dijo ilusionado Alex.
—Vamos a ver qué te ha comprado tu padre, seguro que se
ha pasado —Y él la miraba con adoración.
—Es una pasada, sabía que se había pasado.
—Es coche y todo terreno, no es muy grande, me encanta.
Y lo abrazo.
—Y a mí también me encanta. Tu padre lo ha hecho muy
bien.
—Gracias mamá.
—Gracias cielo —Y West la beso.
—Bueno, vamos arriba necesito un café y tarta de la que
compramos ayer.
—¿De dónde vienes pequeña, con tanto papel?
—Cuando tomemos café te lo cuento.
—Mal asunto, has hecho algo sola te conozco.
—Te encantará.
—Loca, no puedo ni enfadarme contigo.
—No, ni lo harás.
Cuando tomaban café…
—Cariño,
—Dime…
—Teníamos 118 millones y medio. Y un poco que nos
queda suelto, unos 40.000 dólares.
—Toda una pasada, por tu rancho, no por mí.
—No seas bobo tú tenías 40 millones de tu rancho.
—Sí, con lo que me pagabas, casi llegué.
—Déjate de tonterías. Me llamó el gestor inmobiliario por
la mañana. Y he comprado la casa que queríamos, un
apartamento precioso, con tres plazas de garaje, bueno dos,
pero he alquilado una por 40 dólares al mes para Alex, no es
nada y 1500 de comunidad. Y el apartamento vacío, solo los
electrodomésticos grandes, 9 millones, 400 metros cuadrados,
reformado, pintado para meter muebles. Mañana veo a las diez
a la decoradora.
—¿Y yo?
—¿Tú? tu local de 1000 metros cuadrados por 25 millones,
tienes al contratista a las diez. Primero pasamos por el local y
luego vamos con la decoradora al piso. Dejamos a los chicos
con Alex. Quiero que sea como tú quieras que sea, restaurante
o cafetería, tú elijes pero me dijo el chico que es mejor
cafetería. Aquí están las escrituras, he pedido una rebaja, los
impuestos y lo de la inmobiliaria. Todo está pagado.
—Estás, mujer ni lo he visto…
—Era un chollo y había gente interesada y no iba a dejar
que nos lo quitaran estando bajo el apartamento. Ya verás la
avenida, me ha dicho que mejor no hacer cenas. Que es un
lugar de mucho negocio durante el día, hasta la merienda. Que
un restaurante lleva mucho dinero montarlo. Vinos caros, etc.
Pero he pensado empezar con eso y si nos va bien, en unos
años, si te apetece un restaurante, lo ponemos.
—No, si me parece bien.
—Puedes hacer una comida al medio día maravillosa,
algunas veganas, te ayudaré a hacer la carta.
—Eres una loca maravillosa, lo sabes. Creo que haré la
gestión y tú el restaurante.
—¡Qué bobo! Quiero que sea tu local, a tu gusto. La
decoradora te dará algún consejo e ideas, junto con el
contratista.
—Sabes eres la mujer de mi vida, me encanta tu entusiasmo
cuando haces algo. —Y lo besaba.
—Y lo mejor hay un colegio a una manzana para los
pequeños, público. Y hay un centro comercial, tiendas, y el
parque a 40 minutos andando.
—¿A qué hora tenemos que estar?
—A las diez, hay mucho que hablar.
—¿Cuánto nos queda?
—Ochenta y cuatro y medio y medio y los 15 y pico mil.
Porque le hemos metido a Alex el resto. Más la fianza de este
apartamento. Incluso gastando los cuatro y medio o cinco en
decoración y reformas de los dos, es estupendo. Si podemos
comprar productos bien, sino, compramos aparte, está muy
bien.
—Apartamos algo nena y no se toca.
—50 millones. He pensado, porque necesitaremos el primer
mes para el negocio, ponemos medio millón o uno y ya vamos
viendo. Abrimos una cuenta para el restaurante una vez
comprado todo y así, cuando lo amorticemos, al ahorro, la
compra y la reforma no. Es independiente. Cuando nos den un
presupuesto hacemos cuentas y abrimos otras.
—Como tú digas gestora.
—Está bien, tendremos que empezar lo antes posible. Voy a
hacer la cena. Tengo ganas de ver qué has comprado.
—Quédate un rato aquí conmigo. Me duele la lengua.
—No me extraña. —Se reía West.
—Luego hacemos unas pechugas a la plancha.
Y se tumbaron en el sofá.
—Es pequeño.
—Compraré un gran sofá para mi hombre.
—Eso es lo único que pido.
—Y una cama extra.
—También.
A la mañana siguiente estaban los dos en la puerta de
edificio nuevo. Habían dejado a los chicos solos al cargo de
Alex.
Saludaron a la decoradora y al contratista.
—Este es el local West, ¿Qué te parece?
—Es un lugar inmejorable. —Mirando alrededor.
—Teníamos muchas ofertas, si no lo compra tu mujer ayer,
ya no sería tuyo, mira la cantidad de locales. Y este es un
chollo.
—Es verdad,
—¿Quieres verlo por dentro?
—Sí, —Y ella le dio la llave y abrieron, era enorme.
—Es grande. Le dieron a la luz. Y entre la decoradora y ella
y el constructor miraron todo y tomaron notas de lo que
querían. Iba a quedar una preciosidad. Una barra grande,
mesas alrededor de una cristalera, de toda la fachada, los
baños, Espacio entre las mesas y la gran barra. La cocina
detrás y abierta y en la parte posterior el almacén con espacio
suficiente para los congeladores y neveras, fruta y verdura,
botellas. Y su despacho.
Iba a quedar maravilloso, eligieron los baños las puertas,
alarma, cristal, suelo y una barra de ladrillo preciosa, que
terminaba un poco más baja para poner la caja.
La decoradora tomó nota de todo lo necesario para el local,
luces, mostrador, sillas cortinas enrollables para cerrar por la
noche, máquinas y toda la vajilla y demás.
Ya tenían al menos unas ideas y había que hacer una lista
por parte de los dos, y dos presupuestos.
Los llamarían porque había que pedir licencias y demás,
pero el constructor le dijo que tardarían al menos un mes en
dejarlo para la decoradora, se daría prisa y a finales de agosto
estaría listo. Como calcularon ellos, antes de octubre quizá
abrieran.
Y se fueron con la decoradora a la casa. Cuando West la
vio, se quedó de piedra, era maravillosa, lo que Mónica quería.
Ni hecho a su medida.
—Como tú querías mi amor y con esos colores —La
abrazaba West.
—Sí, falta decorar.
Eligió la habitación doble para los gemelos, con su baño
doble y otra para estudiar y de juegos, a Alex otras dos con su
estudio despacho y ellos la suya y un despacho doble con las
mesas enfrentadas al lado de la ventana y estanterías en tonos
claros. Como blanco roto, eligió todo.
Y le dijo que quería de todo, y para sus hijos video juegos,
televisión, música en cada habitación de juegos y estudio y de
dormir, con cómodas y una impresora para Alex y otra para los
chicos, para ellos. Pc y móviles ya tenían. Alarma…
Así con la decoradora tardaron más de una hora en elegir
todo nuevo. Ella ya se encargaba de lámparas, los colores de
las cortinas, cuadros le dijo cómo quería el comedor para seis
personas, toallas, vajilla de todo y electrodomésticos
pequeños. Y un enfriador de botellas.
Quedó en darle un presupuesto al día siguiente Eligió en el
salón tres sofás grandes y un sillón de lectura y la decoradora
ya sabía qué le gustaba.
—Te llamo mañana y te doy precio. No te asustes que será
de calidad todo.
—Está bien, ya sabes lo que me gusta, y te dejo elegir
algunos muebles siempre que sean claros y cómodos, y una
chimenea de luz preciosa entre las estanterías, bajo la
televisión.
—Sé qué quieres y te encantará.
—Cuando te dé el sí, ¿Cuánto tardarás en meterlo?
—Dos días. Tengo mucha gente.
—O sea que en tres días, para el viernes al mediodía lo
tienes.
—Si tengo tiempo te hago hoy el presupuesto y te llamo
esta tarde.
—Perfecto. Que no me falte nada.
—No te faltará ni un folio. Te llenaré de materiales los
despachos. Ya verás.
—Gracias.
—Vamos abajo. Venga —Dijo West.
Así recibirían tres presupuestos para todo.
Y se llevaron de comer algo camino de casa.
—¿Qué te parece, mi amor?
—Me encanta, creo que es una buena opción, si aprobamos
la obra me tarda un mes y medio. El local es maravilloso y
rectangular es lo mejor y la casa… Debo admitir que sabes
comprar.
—Bueno, en ese tiempo podemos ver proveedores y hacer
las cartas, elegir lo de la decoradora, estaremos instalados en
casa… Y podrás ir probando pinchos en casa y a la vez mirar
cómo va todo. Mañana iré al colegio a hacerles la inscripción
y el lunes llamamos de nuevo a la universidad de Alex.
—Estupendo. Porque el fin de semana quizá estemos de
mudanza.
Y quiero contratar una señora para la limpieza y cena, eso
será cuando entren al colegio y esté el local listo para trabajar.
Por la tarde la decoradora la llamó y le dio un presupuesto,
800.000 dólares para la casa
con todo, todo.
—Todo y material para que te hartes. Cuatro juegos de
sábanas para cada cama mantas, todo. Tu cama extra la grande
y además ya tienes aire y calefacción centralizado y unas
lámparas que te mueres.
—Está bien, te doy el visto bueno. Te transfiero el dinero, y
quedamos mañana temprano en la puerta para darte una llave,
tengo que ir al colegio cercano.
—Perfecto.
Le transfirió el dinero entero. Y quedaron a las nueve en la
puerta.
Al día siguiente quedó con ella y le dejó las llaves, fue al
colegio e inscribió a los gemelos. El colegio tenía castellano
como segunda lengua, lo que le encantó. Pagó las
inscripciones y se llevó las listas de materiales y ropa
deportiva, libros y entraban el uno de septiembre. Ya lo
compraría más adelante. Porque entre el viernes por la tarde y
el domingo estaban en casa. Quería descansar un poco.
Otra cosa menos, se paró a tomar un café y una tostada. Y
se fue a casa. Besó a West al llegar.
—¿Y los chicos?
—En sus habitaciones, desayunados, ¿Y tú has
desayunado?
—Sí, mi amor, por el camino o me caía —Tengo las
inscripciones del colegio, entran el uno de septiembre y una
larga lista de ropa materiales y libros.
—Cuando estemos en la casa nueva, ya instalados, iré con
ellos a comprarlo todo. Y unas mochilas nuevas. Es todo
gastar y gastar.
—Estoy tan cansada, que me voy a echar una siesta antes
de comer. En dos días nos cambiamos y quiero dejar todo listo
e ir de compras.
—Podemos ir comprarnos algo esta tarde nosotros solitos y
dar un paseo, estos no querrán salir de compras para nosotros.
—Sí al menos nos despejamos antes de empezar a trabajar
con las cartas y demás.
Y se tumbó en el sofá y se quedó dormida un par de horas.
—Nena, vamos a tomar algo, que llevas dos horas dormida
—Y los chicos se reían.
—Reíros, pero estaba tan cansada…
Cuando les dijeron que iban de compras para ellos, no
quisieron ir.
—Lo sabía —Dijo mientras recogían la mesa.
—Tomamos café fuera nena y que se hagan la merienda
ellos.
—Me encantas sabes —y lo abrazaba por detrás y lo
tocaba.
—Quieta fierecilla, cuando vengamos.
— ¡Oh qué pena!
—Que boba… —Y la besaba.
—¿Por qué estarás tan bueno y te desearé tanto?
—Porque eres caliente y me encantas así —le dijo al oído,
pero disfrutaremos luego.
— ¡Está bien, a por mí tarta!
Y se fueron a por su ropa y su tarta y sus compras. Y
vinieron cargados de bolsas.
—Te lo digo en serio nena, eres una exagerada.
—Nunca hemos tenido tanta ropa y vamos a llenar los
vestidores.
—Lo que nos hará falta será otro.
—Anda tonto, disfruta de cuando estuviste aquí. En cuanto
tengamos todo listo mientras nos hacen las obras del local,
vamos a ir un día con los chicos a Central Park. Está a más de
media hora andando, damos un paseo y comemos fuera.
—Si quieres… Así nos relajamos.
—Por la noche cuando se acostaron ella se pegó a su
cuerpo como siempre y lo acarició.
—Solo uno nena. Que eres más joven que yo —y ella se
reía.
—Esta noche mi amor están los chicos dormidos ya, hay
que aprovechar viejito.
—Ummm, te quiero. Y se metió en sus nalgas.
—¡Oh Dios West! Ummm, qué bueno eres —gimiendo.
Cuando se levantaron por la mañana desayunaron y dieron
un paseo con los chicos y compraron pan en el súper. Cuando
se metieron en sus dormitorios…
—¿Estás inquiero mi amor?
—Sí, estoy inquieto y nervioso y no sé qué poner, estoy
hecho un lio, tenía un sueño y ahora tengo telarañas. —Y ella
se reía.
—Ay mi amor, ya verás qué bonita la cafetería y las tapas,
te vas a lucir. Elegiremos bien. Mañana vamos a ir por la
mañana a ver las cafeterías, que hay y qué ofrecen. Me llevaré
una libreta y anotaremos.
—Buena idea. Que se quede Alex con los chicos.
—Recorremos la avenida y vemos que ofrecen.
—Te quiero ¿Te lo he dicho, nena?
—No.
—Pues vamos a tomar algo y esta tarde y mañana nos
ponemos a trabajar con los menús, y otro día elegimos
proveedores de todo lo que vayamos a necesitar, pero ya se
nos ofrecerán solos, ya verás. No tendremos ni qué
preocuparnos. En cuanto vean que hay un local, vendrán a
ofrecernos los productos ellos mismos. De todas formas
haremos una lista de proveedores y verás. Todo saldrá bien. Te
preocupas demasiado en vez de estar entusiasmado y feliz.
Además tenemos tiempo cundo nos instalemos de estrenar
nuestro despacho para trabajar en todo lo que queremos servir
y ofrecer a los clientes.
—¡Qué feliz eres con cualquier cosa!
—No es cualquier cosa mi amor, es un pastón.
—No me lo recuerdes —Y ella se reía.
—Sufridor…
CAPÍTULO NUEVE
El día siguiente les dejaron el desayuno hecho a los chicos
y se fueron ellos a desayunar. Dejando el cargo a Alex y que
no abrieran la puerta. Mónica llevaba una libreta para anotar
todo. Se recorrieron al menos veinte locales, tomaron dos
desayunos, algún café y en otros tarta.
Estaba llena, pero a la una de la tarde, llevaba ya una libreta
de anotaciones entera.
—Vamos a casa, no quiero saber nada de comida hasta la
noche.
—Les compramos unas hamburguesas de paso.
Y se sentaron en el sofá con las anotaciones. —Espera que
me recupere —Y se tumbó en su piernas. —Mejor me doy una
ducha y me pongo el pijama no pienso salir ningún lado hoy.
Y se ducharon juntos e hicieron el amor en la ducha.
—Eres un aprovechado mi amor.
—Si dices ducha, recuerdo nuestro primer encuentro
sexual, el día de los chupitos, fue estupendo. Estabas tan
graciosa…
—No seas tonto.
—Aún te pones colorada. Me encantas, sigues siendo mi
niña
—Soy una niña, tengo 36 años y tú 39, y estás tan bueno…
—Nunca me cansaré de ti, ni de tu sexo. Es mía, que no se
te olvide.
—¿Ah sí?
—Sí, —y la tocaba y ella se moría en sus manos. Luego
entró en ella y Mónica se aferraba a su cuello y a su espalda y
West la embestía fuerte como un hombre sediento hasta
correrse ambos en un clímax potente.
—Y yo que pensé —mientras la bajaba jadeando —cuando
te conocí, que eras una chica tímida e introvertida y me has
salido ardiente.
—Ahora tendrás cuidado con las chicas.
—Serás tú con los chicos.
—En serio te lo digo.
—¿Para que necesito nada si lo tengo en casa todo?
—Pues te aviso.
—Qué me avisas chiquita, si estoy enamorado como un
tonto de ti, haces conmigo lo que quieres, compras sin
consultarme.
—Pero lo hago bien todo…
—Eso sí, todo lo haces bien.
—Sí, si —y bajó a su miembro y lo movió como la espuma
a la playa.
—Eso… también, nena, loca, mi chiquita, que estoy que
exploto, para que los niños
—No gimas tan alto.
—No me hagas eso, deja que entre.
—Me gusta ver cómo lo tienes, me encanta hacértelo.
—Ves, y quieres que…, por dios Mónica… No pienso
buscar nadie, joder y explotó en haz de lluvia blanca y joven.
—Nena, esto no es normal, nuestro matrimonio no es
normal porque te deseo mucho y me gusta mucho el sexo
contigo. La gente normal lo hace una vez a la semana.
Y ella se reía porque se guaseaba de ella.
—Vale pues lo haremos una vez a la semana y seremos
normales.
—Ven tonta… Nosotros no somos así.
—Lo sabía.
Y se abrazó a él, y se quedó dormida satisfecha y feliz y él
la miraba y no había mujer más preciosa para él, sexual,
ardiente, que lo deseaba de verdad, lo ponía duro a pesar de
los años que llevaban juntos y era la mejor madre para sus
hijos, cariñosa y paciente. Y quería hacerlos felices a todos.
Nunca pensó que pararse en Cheyenne le iba a traer esa
felicidad con ella. Era valiente y echada para adelante y ahora
había dejado el rancho y se había ido a la aventura a cumplir
su sueño. Con toda la tropa. Era una todo terreno.
El día siguiente después de desayunar, se sentaron en el
salón y con la carpeta de anotaciones y folios en blanco,
empezaron a trabajar.
—Venga desayunos. —Dijo Mónica —Abres a las siete y a
partir de las siete y media empezar a servir.
—5 modalidades de desayuno. Ya lo elegiremos. Podemos
tener en bandejas calientes en detrás del mostrador, beicon,
huevos, tostadas, puré y tortitas, mermeladas, sirope. Y cada
uno que pida lo que quiera y al final el café, diferentes o tés
distintos y pagar en caja. Que cojan bandejas, no será como en
la universidad, porque será más bonita la barra y parecerá un
hotel de lujo. Con todo de diseño. Que atraiga a la gente y que
no tengan que esperar. Que esté todo hecho y señalizado con
su precio.
—Buena idea.
—Podemos poner vasos de cartón que sirvan también para
llevar. Termina a las once y media y a esa hora se ponen
bandejas distintas con tapas ya hechas montaditos y pinchos
tipo vascos y mini hamburguesas, en las bandejas se ponen los
precios. Por ejemplo el desayuno por un precio único.,
enumerados si los ponemos de precio diferente. Y variados pro
días, que sorprendan y puedas lucirte con platos pequeños. Un
chico para retirar las bandejas de la mesa, otro para servir, tú y
otro en la cocina y otro en caja y tú y dos más en la cocina. Y
limpiar entre todos, la cocina y el resto antes de irse a las cinco
cerrar y dejar limpio para las cinco y media. La limpieza es
importante, West. Así que creo que con 5 personas tenemos.
West la escuchaba atento y la dejaba hablar, parecía tan
entusiasmada y le gustaban las ideas, la comida era cosa suya,
innovaría, sobre todo a media mañana.
A la hora del almuerzo, cambiamos y ponemos bandejas
con pinchos tapas, mini hamburguesas, perritos ya listos y tu
comida innovadora, las enumeramos y que cada uno con su
bandeja tome lo que quiera y las bebidas al final frescas. Todo
irá registrado en caja. ¿No te gusta la idea?
—Es un self service, mi amor
—Sí, pero no tendrán la categoría ni el gusto nuestro, y será
más rápido y estará hecho para la gente que tiene prisa, tapas
calientes y frías y tres o cuatro veganas, y habrá espacio sin
que la gente se acumule y choque y nadie se va sin pagar. Y de
tres a cinco y media, merienda, solo tartas y cafés cariados, tés
de distintos sabores, tilas y demás y batidos para los niños,
refrescos… eso se deja igual que por la mañana, solo se
cambian las tartas o pasteles. Luego se va la gente a casa,
porque salen a las cuatro o las tres y esa es nuestra hora.
—Yo iré sobre las nueve, cuando deje a los chicos en el
colegio y hago la contabilidad de un día para otro y me dejáis
lo que se necesita para pedir, pago a los proveedores y reviso
los pedidos. El dinero hay que dejar siempre en caja una
cantidad luego habrá que ir a diario al banco. Dejamos en la
caja fuerte el del día anterior y yo en cuanto haga cuentas y
cuadre la caja del día anterior, ingreso y me traigo suelto. En
caja solo hay que dejar lo mismo siempre para que me cuadre
y ya cambio yo para dar el suelto. Tendremos siempre en la
caja fuerte y si necesitas cambiar antes de que venga, cambias.
Pero ese irá aparte. Te dejaré cajas distintas con monedas
distintas, yo repaso. Ahí nadie puede entrar. Yo les daré las
nóminas a final de semana y su cheque. Pediremos cheques al
banco.
—¿Ya?
—Sí, ya
—Creía que no terminabas y que era mi cafetería. —Y ella
se echó a reír.
—¡Ay perdona! me he entusiasmado. ¿Qué opinas?
—Me gusta, haremos eso. Creo que eso es innovador y
saldrá bien.
—Pero qué bobo eres.
—Esa idea tiene cosas buenas, menos personal, evitamos
que la gente dé propinas, lo cual está muy bien.
—Podemos poner un bote grande de cristal para las
propinas. Si dan, se reparte a todos semanalmente, menos a
nosotros.
—Por supuesto. Las propinas serán de todos los chicos.
—Nos faltan los proveedores.
—Nos falta todo, mi niña.
—El tiempo pasa pronto.
—Y te falta pensar en las tapas, así que chef, ya puedes
innovar.
—Sí, voy a innovar y comeremos en casa.
—Te quiero mi amor.
—Eres una generación de ideas.
—¿A que sí?
Y se echó encima de ella y aparecieron los niños al salón.
—Vaya, tenemos público.
—Papá, mamá, joder…
—Esa boca West, —le dijo el padre al gemelo.
Y así fueron haciendo una gran lista de todo. West, estaba
encantado con las ideas de Mónica, y en eso sonó el teléfono.
—Sí, Henry, sí dime…
—Es el constructor —le dijo a ella tapando el teléfono.
—Lo sé —le dijo silenciosa.
—Mira West, lo que quieres decorado con ese suelo, la
barra construida, las taquillas y el despacho, el cuarto de
limpieza, las cristaleras, alarma y cocina, salida de humos y
agua etc., Ya sabes todo menos lo típico decorativo y
electrodomésticos, solo luces empotradas halógenas. En fin lo
que hablamos con licencias incluidas, hasta la de apertura,
impuestos, los baños para el personal, para vosotros en el
despacho, con todo te va al millón y medio de dólares. Si
empezamos ya el lunes, te lo tengo para primeros de
septiembre listo, y ahí te mando a la decoradora. Que ya más o
menos tiene una idea y va a trabajar conmigo. Ya os llamará
ella con lo que le dijisteis.
—Perfecto.
—¿Quedamos ahora y me das la llave?, Te empiezo cuanto
antes.
—¿Te hago una transferencia?
—Estupendo.
—Dame el número, te lo ingreso y quedamos en la puerta.
—Perfecto, hasta ahora West.
—¿Dónde vas? —Le preguntó ella.
—A llevarle la llave y a transferirle un millón y medio, es
lo que nos pide.
—¡Qué barato!, esperaba más.
—Espera que metamos decoración y letreros y demás,
máquinas… ¿Has pensado el nombre? Tengo que decírselo
para los permisos. No había pensado nada.
—Café Manhattan Amder —dijo Mónica. —Me gusta.
—¿Te gusta ese?
—Me encanta, y es tu apellido.
—Pues le hago el ingreso, —Y cuando lo hizo.
—Dame un beso, vengo en un momento. Esto ya está en
marcha.
—Sí, mañana seguimos. Por hoy está bien.
Los dos siguientes días salieron a dar un paseo con los
chicos y trabajaban en sus tapas y veían locales y decoración.
Y el viernes al mediodía la llamó la decoradora. Su casa
estaba lista. West, compró tres cerraduras y alarma ya tenía.
El sábado estaban en casa y entregando las llaves en la
inmobiliaria que les devolvió la fianza y les cobró lo que
habían estado, ese fue el acuerdo.
Dejaron los coches en sus plazas y mientras West colocaba
los alimentos de la cocina que tenían en el otro apartamento,
los chicos sacaron y colocaron sus ropas, estaban locos con la
casa y sus dormitorios y despachos.
Ella les dijo que lo que había arrugado al cuarto de lavado
en la encimera de la plancha. El domingo por la noche, por fin,
todo estaba colocado, West había colocado todo lo de los
despachos y conectado todo con ayuda de los chicos, internet,
en la alarma puso los números y se los dijo a todos, tenían que
recordarla, se encargó de las cerraduras de la puerta y hacer
copias para todos, y ella de planchar toda la ropa, hacer un par
de coladas, y los chicos de echar una mano, de forma que por
la noche como todo estaba listo y precioso a West le encantó, a
todos, pero estaban derrotados.
—Pero nena, esto es enorme nos vamos a perder.
—Pero es preciosa, las lámparas todo.
—Eso sí, te quiero, cuando haces algo, lo haces bien, lo
reconozco chiquita.
—Lo sé mi amor, pero ella sabía qué se refería.
—¿Pedimos pizza para cenar? Papá está cansado esta
noche.
Y estrenaron la mesa del comedor para seis que le había
puesto preciosa la decoradora y que ella la llamó para
agradecérselo. Ya quedarían cuando la obra estuviese
avanzada para el local,
—Ya estamos en casa.
—Papá, —Dijo Alex.
—Dime hijo…
—Mañana llamamos a la universidad.
—Sí, a media mañana, luego me paso por la obra.
—Espera hasta el fin de semana, el viernes. Tenemos que
hacer cosas y que los chicos salgan también. Además no
habrán hecho nada, hombre.
—Es verdad, mejor hago tapas.
—No corras, ellos saben hacer su trabajo y vas a encontrar
escombros.
En agosto tuvieron muchas noticias ellos ya tenían claras
las tapas y qué precio poner, West había hecho una lista con
los desayunos, las tapas, había visto un sitio que suministraban
las bebidas, las tartas, las verduras, la carne, pescado, latas
aceites y todos los productos que iban a utilizar.
Mónica, le hizo comprar una agenda grande y poner los
teléfonos de cada cosa y también meterlos en el ordenador y
pasarlos a un pendrive para llevarlos al local.
A su hijo le habían dado la beca y ella iba ir con él en
septiembre a Harvard. Pensaron que abrirían en octubre la
cafetería, ya que quedaba poco de obra y luego la decoración y
permisos de apertura compras y demás.
Nolan llamó a su hijo para quedar un fin de semana con él y
que viera a los abuelos y ella lo llevó a la puerta y él lo
recogió.
Hacía años que no había visto su hijo, así que no lo
reconocería.
Pero lo reconoció porque era idéntico a él salvo los ojos de
su madre. Y se emocionó. Ella pensó que podía haberlo visto
antes y no había querido.
—¡Hola Mónica!
—¡Hola! ¿Qué tal?
—Bien y ¿Tus padres?
—Mayores ya, pero están cerca de Oscar y de mí.
—Algún día pasaré a verlos ahora estamos muy ocupados,
vamos a abrir una cafetería.
—¿En serio?
—Sí, en este local, en octubre queremos abrirla o antes,
depende. Bueno, ¿A qué hora lo traes?
—¿Tienes el mismo teléfono?
—Sí.
—Te llamo, se puede quedar mañana sábado si él quiere,
—No lleva ropa, otro fin de semana antes de que se vaya a
la Universidad, o ven mañana a por él y si se quiere se puede
quedar el domingo, que se lleve ropa.
—¡Está bien!
—Me llamáis para cualquier cosa.
—Vale.
—Dame tu dirección y la de tus padres —Y Nolan se la
dio.
—Vale me alegro de verte Nolan.
—Y yo.
Y se llevó a su hijo.
No había cambiado mucho. Menos mal que West había ido
a ver la obra, le quedaban apenas una semana y podrían
limpiar y decorar. No quería llamar a la decoradora hasta estar
todo limpio.
Una mañana antes de acabar la obra, fue a comprarles a los
chicos el material para el colegio, apenas quedaban unos días
para entrar y les compró algo de ropa más de otoño.
Ellos prepararon sus mochilas y materiales y el día uno de
septiembre, entraron al colegio. De nueve a cuatro y comían
en el colegio.
El día cinco quedaron con la decoradora, el local estaba
terminando y limpio y estuvieron todo el día eligiendo todo lo
de la cafetería. Otro millón ochocientos mil dólares.
En cinco días lo tenían todo listo y podían empezar a pedir
suministros y poner anuncios para contratar al personal.
Mientras metían todo lo que iban comprando llegó la hora
en que Alex debía irse a la universidad y decidieron que ella
iría con su hijo por la mañana y se volvería en tren, porque
West estaba al tanto de la decoración y se encargaría de llevar
a sus hijos al colegio y recogerlos.
Cuando tuvo todo listo para irse Alex e iban a bajar al
parking. West, lo abrazó emocionado
—Hijo, ya sabes todo, ¿Te falta algo?
—No papá.
—Llevas tu cuenta, cuando compres lo que necesites ya
iremos metiéndote en la cuenta. Tú madre va de todas maneras
y preguntará por todo. Pero llevas casi todo gratis, la
matricula, comida y estancia, y llevas suelto, ten cuidado.
—Lo sé papá.
—Te esperamos para Acción de Gracias.
—Vendré no lo dudes.
—Te quiero y se abrazaron y abrazó a sus hermanos.
—Cuidado con la carretera.
—Hay cuatro horas cariño. Ten cuidado con los pequeños
—Le dijo Mónica a West.
—Que no te preocupes, mi amor. —Y la besó.
—Me vengo esta tarde en tren después de que vea todo.
—Vale. Te llamo.
Y su hijo condujo hasta la Universidad. Cuando llegaron
aquello era un hervidero de chavales. Sacaron las maletas y
fueron a ver dónde le tocaba dormir. Después de todos los
trámites, en la misma recepción, se encontraron con Nolan.
—Papá has venido… —Se alegró el chico.
—Claro no iba a perderme esto ahora que estás tan cerca.
—¡Hola Mónica!
—¡Hola Nolan!
—¿Ya te han dado habitación? —Le preguntó su padre.
—Sí, llevo todos los documentos.
—Está bien, vamos a verlo, ¿Puedo subir, no?
—Claro papá.
Y fueron a su habitación. Tenía un compañero de
Wyoming.
— ¡Qué casualidad mamá! Es de Cheyenne.
—Me legro y saludaron, el chico que parecía un buen
chico, iba a estudiar también derecho.
Dejaron la ropa colocada, ella le ayudó, todo y se fueron a
ver el campus, el comedor, las pistas, las clases, y al final lo
dejaron en su habitación. Iban a comer su compañero y él.
Su padre le dio dinero.
—Papá tengo.
—Bueno, ya te enviaré a tu cuenta nueva todos los meses.
—Gracias papá.
—Bueno nos vamos hijo, nos llamas.
—Que sí mama no seas pesada.
—Te quiero —Y abrazó a sus padres.
Y al final salieron fuera.
—¿Te ha dicho Alex que tiene una cuenta nueva?
—Sí, me lo ha dicho.
—La otra está intacta para cuando salga de la universidad.
No lo sabe. Será una sorpresa.
—Le hará falta luego. ¿Has traído coche?
—No, hemos venido en el coche de Alex, tomaré un taxi y
me voy en tren cuando coma algo.
—Vamos Mónica te llevo, te invito a comer y te llevo a
casa.
—No sé Nolan.
—Quiero hacerlo.
— ¡Está bien! —No le parecía decirle que no. Tampoco
había que ser desagradecida y llegaría antes a casa.
—Bien, si me llevas me ahorro tiempo.
—Venga salgamos de aquí y tomamos algo en Cambridge.
—Como quieras. Tienes un buen coche.
—Sí, no tengo que pagar pensión ni casa y gano bien.
—¿Qué estás haciendo?
—Trabajo en una empresa de informática.
—¡Ah qué bien!
—Vivimos relativamente cerca y trabajo en la avenida
donde vives, más arriba.
—¡Qué cerca! ¿Tus padres están bien?
—Sí, están mayores pero contentos de no tener trabajo, mi
padre y ella salen de paseo todas las mañanas y comen fuera y
luego se quedan por la tarde en casa y los domingos comemos
algunos todos juntos, mi cuñada los hijos de Oscar y yo.
—¿No te has vuelto a casar?
—No, ni tengo pareja.
—Vaya, se te va a pasar el arroz —y él se rio.
—¿Cafetería o restaurante?
—Mejor una cafetería, así si puedo ver alguna novedad…
—Buscaré una buena de paso antes de tomar la autopista.
—Bien.
Y aparcó en una cafetería bastante elegante
Pidieron de la carta y mientras comían, Nolan, le preguntó:
—Te casaste al final con el cocinero.
—Sí, tú hiciste tu elección, ¿Es que quieres hablar de eso?
—Me gustaría.
—Bueno, yo no tengo inconveniente de hablar de lo que
sea.
—Quiero pedirte perdón.
—Estás perdonado.
—Gracias.
—No debí elegirla, pero estaba embarazada.
—Tenías otro hijo, podías haber tenido a los dos y no lo has
visto hasta ahora, en años Nolan.
—En eso tienes razón.
—Ha tenido un buen padre.
—Lo sé y lo siento, pero no podía verte.
—¿A mí?
—Sí, sé que fue poco tiempo pero nunca te he olvidado.
—Vamos Nolan, no te habrás conservado virgen.
—Claro que no mujer —Dijo riéndose.
—Pero fuiste muy importante, si no te hubieses casado
hubiese vuelto a por ti.
—No hubiese vuelto contigo. No era un comodín.
—Hubiese insistido.
—No sé qué hubiera pasado, pero tengo dos hijos con West
y es el amor de mi vida, Nolan, tú solo fuiste un sueño de
juventud, pero se me cayó el suelo de golpe el día que me
dejaste sola con mi hijo.
—Sí, es el mayor error que he cometido en la vida y eso
pago.
—Soy feliz, de verdad Nolan. Y me gustaría verte feliz a ti.
—Sí, te veo feliz y entusiasmada, pareces una niña, y estás
tan bella…Más que de joven
—Bueno tú tampoco estas mal, pero debes buscar tu propia
felicidad.
—¿En serio eres feliz con West?
—Sí, lo soy.
—¿Y me has olvidado del todo?
—Nolan, no te he olvidado como no he olvidado a mis
padres, porque tengo un hijo contigo, pero eso es solo lo que
me une a ti. Puedes llamarlo y verlo cundo quieras. Ya es casi
mayor de edad y es tu hijo. Y tiene suerte de tener dos padres.
Pero no de la manera que piensas. Todo el dinero que le has
mandado y el millón que le dieron tus padres, se lo tengo
guardado íntegro para cuando salga tener un futuro, porque
tengo otros dos hijos y no quiero hacer diferencias.
—Eres una mujer maravillosa y una gran madre.
—Lo sé. —Y se rieron.
—¿Qué edades tienes tus otros hijos?
—Son gemelos y tienen diez. Se llaman West, uno como su
padre y el otro se llama John, como mi padre.
—No querías tener más hijos.
—Contigo, pero hubiese sido injusto no haberlos tenido con
él.
Pagó, ella fue al baño y continuaron el camino.
—¿Cómo es?
—¿Cómo es quién?
—Tu hombre.
—Como padre es maravilloso, excelente como marido
excepcional, cariñoso, amigo, detallista, siempre pendiente de
mí y de los chicos. No ha hecho excepciones y como hombre,
eso no te lo voy contar. Pero soy una mujer afortunada.
—Lo envidio ahora mismo.
—¡Qué tontería Nolan! Hace muchos años ya.
—Para mí, como si fuera ayer. Me gustaría estar en su
lugar.
—Vamos déjalo. Ya no tiene solución. Aquello fue una
tontería de jóvenes y luego por Alex, pero nunca estuviste
enamorado de mí. Siempre lo estuviste de Pam.
—Eso no es cierto.
—Bueno, ¿Y por qué te separaste?
—Cuando perdió a la niña, ya nada fue igual. Le habían
aconsejado no viajar en avión y lo hizo, dos veces. Yo no lo
sabía. Luego no pudo y tampoco quiso. Y empezó a salir con
hombres a mis espaldas.
—Lo siento.
—¿Le has sido infiel?
—Qué tonterías dices, yo jamás le sería infiel a mi hombre
ni él a mí.
—Tampoco lo sabes.
—Lo sé, porque estamos juntos a todas horas.
—Lo siento no quería…
—Dejemos esa conversación. Tengo que visitar a tus padres
antes de empezar la cafetería e invitarlos.
—Iré a tomarme algo.
—Cuando quieras.
—Seguro que a West no le hará gracia.
—Seguro, pero te tratará bien. Es así y confía en mí como
yo en él.
—¿Vas a llevar la gestión de la cafetería?
—Sí, eso es lo que sé hacer, espero gestionarla bien, aunque
sea un negocio diferente.
—Tú sabes.
—Sí, el rancho se me ha dado bien
—Me lo dijeron mis padres.
—¿Te viniste por él?
—Me vine por él principalmente, tenía cuatro años de
estudios de chef y lo dejó todo por mí, y ahora, tuvimos esa
oportunidad, tus padres y yo de vender los ranchos. Quería
estar cerca de Alex, que tuviera más oportunidades y de los
chicos también. Quiero que vayan a la universidad y tengan
sus carreras y su vida.
—Sí en Nueva York tendrán más oportunidades.
—Y son jóvenes, allí en ese pueblo nuestro no hay nada.
—Lo sé.
— ¿Qué tal California?
—Prefiero Nueva York, hay estaciones y me gusta este
estrés.
—Vaya. Soy más tranquila, pero tengo la cafetería al lado
de casa, ya veremos cómo funciona.
—Está en un sitio inmejorable.
—Eso nos dijeron.
—Ya verás que sí.
—¿Y tú hermano cómo está?
—Tiene dos peques locos. —Y Mónica sonrió.
—Lo sé por tus padres.
—Son un torbellino, mi cuñada la pobre… Los tiene en la
guardería.
—¿Qué edades tienen?
—8 y 5 la pequeña.
—Bueno, estamos llegando.
—Gracias por traerme Nolan.
Y entraron en la ciudad y él la dejó en su puerta.
—Al menos has llegado pronto.
—Sí, si no hubiese llegado de noche. Gracias.
—Estaré en contacto con Alex y si hay algo importante, te
llamo.
—Vale, gracias de nuevo. Que te vaya bien, Nolan.
—Gracias a ti por venirte, al menos hemos hablado.
—Sí. Adiós.
Y ella se bajó con su bolso y entró en casa.
Nolan la miro con una cierta melancolía y tristeza. No
debió dejarla, estaba preciosa y radiante. Fue un tonto al
elegir, se debió quedar en el rancho con ella y Alex, pero ya
todo estaba escrito en su vida. Nunca sería suya.
—¡Hola cielo! Qué pronto has venido…
—Estaba allí Nolan.
—¿En serio?
—Sí, qué vamos a hacer, estuvimos viendo todo, es
maravillosa, el campus, todo y cuando lo dejamos instalado,
me invito a traerme y a comer. No iba a ser desagradecida, no
había caso.
—Pero nena… Son cuatro horas con él más la comida.
Y ella lo abrazó.
—Solo hemos hablado.
—Estoy muy celoso que lo sepas.
—¡Qué tonto eres!, jamás te sería infiel.
—Pero seguro que habéis hablado.
—Sí, luego por la noche te lo cuento.
—¡Joder!
—Déjate de tonterías y dime cómo va lo nuestro.
—Ahora mismo me gustaría matarlo.
Y ella lo abrazó.
—Mira me gusta que estés celoso por una vez en la vida.
—Mónica, no quiero enfadarme.
—Y no te enfadarás. ¿Cuántos días nos quedan?
—Una semana y todo listo parar empezar.
—Una semana…
—Con casi los dos millones que nos ha costado decorar…
como para que no.
—Con todo, carteles y…
—Con todo, con detalles. Esa decoradora es buena.
—Sí que lo es. En cuanto lo tengamos ponemos el anuncio
para contratar los cinco chicos.
—Mañana voy a comprar el material de papelería, las
nóminas, la caja y demás y vamos al banco.
—Has visto lo que quedan 78 millones cuatrocientos mil y
vamos a pedir dinero suelto, cambiamos al menos 20.000
dólares y abrimos una para la cafetería y guardamos el resto
—Me parece bien.
—Vamos a meter los 400000, veinte para cambio y el resto
para los suministros. Iremos comprando semanalmente y
bebidas cada dos semanas, no puede faltar.
—Tengo que hacer esa lista también y ya sé que debemos
pagar semanalmente, 600 a las cuatro personas y 1000
semanales a nosotros. Lo que suponen unos 20.000 al mes en
sueldos.
—Ya te diré cundo paguemos suministros y productos. Los
gastos y ganancias.
—Está bien. Me parece bien, mañana vamos a dejar a los
pequeños, desayunamos fuera, hacemos lo del banco, lo
metemos en la caja fuerte y vamos al local a que lo veas. Por
la tarde vamos haciendo listas los dos.
CAPÍTULO DIEZ
Era el día de la apertura. Todo estaba listo y maravilloso, y
la Cafetería Manhattan Amder se abrió una semana antes de
octubre. Habían hecho una gran inversión, y estaba dentro con
los trabajadores, preparando los desayunos. Todos habían
hecho cursos de cocina y ella compró uniformes para sus
taquillas, debían ir con uniformes y zapatos de trabajo, los
cocineros con gorro.
Habían contratado todo hombres, porque vinieron de un
curso todos. Habían realizado un curso de cocina, eran de la
misma clase y eran jóvenes y con ganas.
Todos aceptaron el trabajo de buen grado. Y a ella le
gustaba mucho.
Estuvieron un día antes, el viernes, en el que les explicaron
todo su método de trabajo y estaban encantados.
Al mes habían obtenido unos beneficios de 30.000 dólares.
—Cariño, nos va bien
—Estamos empezando solo, ya verás. Y además reciben
propinas al menos cincuenta dólares para cada uno.
—Ven aquí, le dijo el sábado en la cama cuando se
ducharon.
—Mañana qué hacemos…
—Quería ver a los padres de Nolan.
—Solo un rato y luego voy donde estés con los chicos
aunque estos con sus dormitorios no quieren salir, pero un rato
por la mañana sí.
—Acércate mi vida mañana llamará Alex.
—A eso me refiero, a que aún no me has contado qué
hablaste con Nolan en el camino de vuelta.
—De nuestro amor, de que no lo había olvidado…
—Qué tonta eres, quieres ponerme celoso.
—Sí.
—Pues hablamos de eso.
¿Qué te dijo? —Mientras la acariciaba.
—Si me haces eso no puedo contarte la verdad.
—¡Está bien!
—Me dijo que debió que elegirme a mí, que se arrepentía,
que estaba enamorado de mí.
—Eso es mentira.
—Lo sé. Si lo hubiese estado, me habría elegido.
—A eso me refiero.
—Yo sí lo estuve de él, pero era joven, 12 años, y en el
baile de graduación, pero debió ser la tontería adolescente.
—Pero después te acostaste con él.
—Una noche.
—Me mata esa noche.
—¿Una noche con todos los años que me he acostado
contigo?
—Es verdad mi amor.
—Tú eres el hombre de mi vida, se lo dije, que era muy
feliz. Me dijo que te envidiaba.
—Que me envidie.
—Pareces un adolescente celosillo.
—Sí parezco un adolescente, toca.
—Mira que eres West.
—Vamos nena, esto te espera. —Y se puso encima de ella y
entró en su cuerpo.
—Dime que eres mía.
—Siempre loco seré tuya, le decía jadeando. Nadie tiene tu
sexo que me llena.
—Dime que me amas.
—Te amo —y le mordisqueaba los pezones que tanto le
gustaban le subía las caderas y entraba en ella como si entrara
en un pozo profundo donde se perdía.
—¡Oh Dios mío mi niña!, te amo tanto… No quiero
perderte.
—Ay Dios West, deja eso y sigue que no puedo… —Y
West sonreía. Y sabía cómo hacer feliz a su mujer. Cuando
acababan, ella se metía en su cuerpo grande y a él le encantaba
acurrucarla.
—West…
—Dime pequeña.
—¿Eres feliz con la cafetería?
—Sí, me encanta. Soy feliz con todo ahora mismo, has
cumplido mi sueño, nena. Tengo además la familia que quiero
y te tengo, ningún hombre puede pedir más.
—Quiero que seas feliz, de verdad, nos hemos venido para
eso.
—Lo soy, ¿Sabes que los chicos me han pasado más tapas
como tú dices innovadoras?
—Pues hazles caso y que te enseñen. Prueba todo. Déjate
aconsejar. A la hora el almuerzo, sabes que os echo una mano.
—Sí, eres un as.
—Me da tiempo. Y gracias que hemos contratado a Ane
cinco horas para la casa, es grande y tiene que hacer de todo.
—Sí, eso nos ahorra trabajo. Las cenas no son como las
tuyas, pero ya pruebo tu comida al mediodía. Y tu desayuno y
el café antes de ir a por los chicos. —West la besaba.
—Me gusta verte tras la barra.
—¡Qué mala!
—Estas guapo con tu traje negro y tus rastras…Y es barba
que nunca te has quitado.
—Porque te gusta.
—Sí, me encanta.
—Sobre todo cuando me meto aquí y se metía entre sus
piernas y lamía su sexo y lo chupaba.
—Ah, Dios mi amor, me matas. Me vuelves loca, sí agg,
madre mía West, te amo loco. Y se corría en su boca.
Al día siguiente fue a ver a los padres de Nolan, allí estaba,
y se sorprendió, pero supo que se había alegrado. Los estuvo
saludando.
—He venido temprano para ver cómo están, porque he
quedado con West y los chicos abajo. Vamos a llevarlos un
rato al parque.
—Alex nos llama —Dijo el abuelo.
—Me alegro, son sus abuelos.
—Y a su padre también.
—Es mi hijo, qué puedo decir, llama a todo el mundo.
—Es un chico maravilloso Mónica. Lo has hecho muy bien.
—Dijo la abuela —orgullosa.
—Vendrá en Acción de Gracias.
—Espero que sí y en Navidad, al menos lo esperamos. Que
pase a vernos.
—Pasará y a ver a su padre, seguro.
Cuando estuvo un rato con ellos hablando de todo, de la
cafetería y demás, se despidió de ellos.
—Te acompaño al ascensor.
—No hace falta Nolan.
—Bueno te acompaño.
—¿Cómo va la cafetería?
—Llevamos un mes, pero creo que somos nuevos y va muy
bien. Estamos contentos.
—Bueno te dejo, me esperan en casa.
—Hasta otro día Mónica.
—Dentro de dos semanas viene Alex, ya vendrá a ver a tus
padres al menos un día.
—Sí, les gustaría.
—Hasta luego.
—Hasta luego.
Y se fueron con los chicos paseando al parque y ella y los
chicos que esperaban abajo en casa.
—Hace frio ya, el sábado vamos a comprar ropa de
invierno. Ella no iba el sábado a la cafetería. Y el lunes tenía
más trabajo pero dedicaba eso dos días a sus hijos a repasar
sus deberes y salir con ellos.
Y el sábado siguiente iban al centro comercial…
—Yo quiero un abrigo nuevo —Dijo West el gemelo.
—¿Y un videojuego nuevo mamá? —Decía el otro John.
—Ya veremos, creo que sí.
—Te queremos mamá.
—Ya sé por qué me queréis bandidos. —Y se reían.
—¿Sabes que a West le gusta una chica del cole?
—Mama no es verdad, John es tonto, soy muy joven.
—Es cierto, ya tendréis tiempo de ver chicas cuando seáis
mayores,
—Como Alex, Alex también es joven, pero ya es mayor
para tontear con chicas.
—En la universidad hay chicas guapas.
—En todos los sitios hay chicas guapas, lo importante es
que sean buenas chicas y las queráis y os quieran.
—Como papá y tú.
—Eso es muy especial encontrarlo y me gustaría que lo
encontrarais. Tu padre y yo estamos muy enamorados.
—Por eso te besa tanto aggg…
—Calla bicho, ¿No te gusta que me bese tu padre?
—Sí.
—¿Entonces West?
—Es un pesado, sois muy pesados. —Y la madre se reía
feliz.
—Eso te va costar el videojuego.
—No mamá.
—Anda entremos, si nos da tiempo merendamos en la
cafetería y comemos algo en el centro comercial.
—Vale.
Vinieron cargados de bolsas y hasta al padre le compraron
ropa.
—Me he pasado, tu padre me va a matar.
—Le das dos besos. Y te perdona. —Dijo West
—Pero serás bicho…
—Es muy bonita la ropa le gustará. Y el perfume.
—Es el que usa siempre.
—Huele muy bien.
—Tu padre siempre ha olido bien.
—¿Y nosotros por qué que tenemos colonia?
—Porque sois aún pequeños. Hasta los 16.
—¿Qué hora es?
—Las cuatro, nos da tiempo a merendar.
—Ya verás cuando vea papa las bolsas.
Y entraron.
—Mónica, te has pasado esta tarde, te has gastado lo que
hemos ganado esta semana —se rio West al verla entrar
cargada con los chicos.
—Exagerado, para nada. Mi amor. Vengo a merendar y
pago.
Y cada uno cogió su merienda y ella pagó. Quería las
cuentas siempre estrictas.
Luego se fueron a casa y a la media hora llegó él. Acababa
de terminar de colocar la ropa.
—Les he comprado dos videojuegos. Pero para después de
los deberes y estudiar.
—Eso espero.
—No te enfades mi amor. Son tus pequeños y son buenos.
Te he comprado ropa preciosa.
—Sabía que me habías comprado algo.
—Y unos slips maravillosos.
—¡Qué tontorrona eres! Sabes que no me enfado por lo que
necesiten y más. Siempre has sido demasiado generosa.
—¿Ya hasta el lunes?
—Hasta el lunes. Voy a guardar el dinero.
—Tengo cena para mi amor.
—Pues traigo un táper para mañana.
—Aprovecharemos. Ya veré cómo ha ido la semana y les
pago a los chicos.
Los meses pasaron, Alex vino por Acción de Gracias y su
padre preparó un menú especial, el viernes se fue con Nolan y
los abuelos y el domingo se fue a la universidad de nuevo.
Volvió por Navidad, ella decoró el árbol y la casa con los
chicos y con West la cafetería y otra tarde fue a por regalos
para todos, y padre con ellos otro día para ella.
La cafetería se fue afianzando y de boca en boca y con la
rapidez que servían y de todo, fue tomando fama, y tenían
buenos beneficios, un buen horario, pero trabajaban mucho en
el horario. Contrataron otro chico al año para la cocina.
Y los meses pasaron y los años y seis años después, Alex
terminó su carrera y un máster de dos años y lo llamaron de un
bufete de Nueva York, para trabajar, ya que fue el tercero de su
promoción, y en un mes debía incorporarse.
Sus padres habían asistido a la graduación de la carrera y
del máster en derecho financiero.
Y volvió a casa, con 24 años, un joven guapo, fuerte e
inteligente. Ocupo su habitación y su estudio y lo modifico.
Ese año habían pintado toda la casa antes de que acabara Alex,
y la cafetería, la pintaban todos los años, pero cambiaron un
poco la decoración. Había que hacer cambios cada cinco o seis
años.
De nuevo tenía en su casa a todos sus hijos reunidos. Los
gemelos, tenían ya 16 años y estaban en el instituto, apenas le
quedaban dos cursos e irían a la universidad pronto.
Eran cuatro hombres grandes y presumidos los que tenía en
casa, bajaban al gimnasio y a la piscina y eran estupendos, ella
a veces bajaba también al menos tres tardes a la semana si
podía y West, cuando se levantaba temprano. Desde el rancho
estaba acostumbrado a madrugar. Y le venía bien el ejercicio.
Cuando Alex, después de venir de la Universidad, fue a
darle a su madre la tarjeta…
—¿Cuánto tienes mi amor?
—Creo que unos mil trescientos dólares mamá.
—Ven, vamos a comprarte unos trajes y ropa de trabajo y
tengo que darte algo que es tuyo.
Y se fueron una tarde los dos y le compró ropa a su hijo,
cinco trajes para el trabajo, camisas y zapatos, una cartera y un
maletín y un pc y un móvil nuevo.
—Mamá te has pasado.
—Los necesitarás para el trabajo. Con ese dinero lo pagas,
nos lo gastamos lo que quede en ropa y perfume por ti.
—Peluquería.
—También.
Y cuando acabaron, se sentaron en el centro comercial.
—Hijo…
—Dime mamá, ya no queda dinero en la cuenta.
—Te invito a la merienda.
—Eres un caso mamá. Estás tan joven y guapa… No me
extraña que papá esté tan enamorado de ti.
—Como yo de él, es el hombre de mi vida y lo siento por
Nolan, no quiso serlo.
—Lo sé.
—Bueno, es tu padre y al final se ha portado bien contigo.
—Sí, me ha mandado dinero todos los meses, me llamaba y
ha ido a verme.
—Lo sé, por eso te hemos mandado menos de lo que
pensábamos, él quiso darte lo de siempre desde que se fue a
California y se casó.
—Sí.
—Y tengo guardado ese dinero, y un millón que te dieron
tus abuelos cuando vendieron el rancho.
—¿En serio?
—Sí, lo guardé para este momento. Tienes un millón ciento
sesenta y nueve mil dólares.
—Joder mamá…
—Sí son tuyos.
—Quédate con esa tarjeta, te lo transfiero y cierro la cuenta.
Ya no creo que te dé más dinero, a no ser a la otra.
—Mamá es una pasada.
—Lo es y además tienes trabajo.
—Sí, y me van a pagar a 5000 dólares mensuales.
—¡Qué barbaridad!
—Se gana más, pero soy novato. Te daré algo por estar en
casa.
—Ninguno de mis hijos pagará nada en casa de sus padres,
papá no querrá y yo tampoco.
—Sabes que en un par de años me independizaré.
—Lo sé. Cuando tengas una chica o ganes más o quieras,
pero quédate un par de años y ahorras.
—Mi padre, Nolan habló conmigo.
—Sí.
—Sí, quiere darme parte para comprarme un apartamento.
—¿En serio?
—Sí, dice que no tienes más hijos que yo.
—Le he dicho que en un par de años.
—Me alegro mucho, si tu padre te da algo, nosotros
también y te compras uno.
—Mamá.
—Así no pagarás hipoteca, tu padre y yo tenemos para
compraros un apartamento a cada uno. La cafetería va muy
bien y hemos ganado en estos seis años casi cuatro millones
libres que tengo guardados, porque con el sueldo de tu padre y
el mío tenemos para los gastos de casa y pagarle a Ane.
—Joder mamá, sí que eres buena gestora.
—Sí, tenemos unos 85 millones y pico, porque siempre
tengo un remanente para la cafetería, tu padre cree que
tenemos menos. Él no se preocupa, pero yo sí, y quería
universidad y apartamento para todos mis hijos. Sin que se
pasen y guardar para cuando nos jubilemos tu padre y yo.
—Mamá, eres la mujer más maravillosa del mundo, ojalá
encontrara yo una chica como tú.
—Encontrarás tu propia chica mi amor. Sabes todo lo que
te quiero y he hecho todo lo posible para que no te falte nada,
si quiere irte antes, lo haces.
—No, me quiero quedar con vosotros. Si salgo con alguna
chica ya veo.
—Vale mi niño, aún eres joven.
—Para ti siempre lo soy.
—Eres tan guapo como tu padre.
—Pero tengo tu color de ojos.
—Eso sí.
—Bueno, nos vamos a casa, antes de que se arruguen los
trajes.
—Vamos.
Ese mes su hijo descansó en la piscina, en el gym, se puso
al día del bufete, había pasado una mañana y se enseñaron su
despacho. Iba a llevar casos financieros de empresas,
denuncias, etc. E iba a ir con un abogado de la empresa seis
meses para aprender y luego si se quedaba en plantilla iba él
solo con sus propios casos. Y un sueldo más alto.
West, estaba orgulloso de él y el primer día que se
incorporó al trabajo pasó por la cafetería y cuando su padre lo
vio con traje y su maletín, se emocionó. Entró al despacho de
ella y lo abrazó.
—Hijo, te quiero, eres todo un hombre, ¡Mírate!
—Papá, yo también te quiero.
—Que tengas un buen día.
—Te contaré por la noche.
—Vale hijo.
Y así pasaron otros dos años y Alex cumplió 26 años en
marzo y ese mismo año, terminaban los gemelos el instituto en
junio.
Y el domingo les dijo a sus padres que quería
independizarse, que ganaba un buen sueldo y que había
encontrado en la misma avenida, justo entre sus dos padres un
apartamento de tres dormitorios y un despacho, por siete
millones y su padre le dio cuatro para comprarlo.
—Pues nosotros te damos el resto y te lo decoramos. Te
daremos otros cuatro.
—Está pintado y reformado, solo faltan los muebles. Os
quiero a todos lo sabéis.
—Sí. Te transferimos cuatro y así tienes para los impuestos
y para decorarlo a tu gusto todo y puedes llevarte lo que
quieras de casa, así si los gemelos quieren dormir solos, que
ocupen tu dormitorio.
—Sí, —dijeron —cada uno su dormitorio y despacho.
Y así su hijo Alex vivía relativamente cerca en un piso que
le dejaron precioso. Contrató una señora un par de horas al día
y ganaba un buen sueldo.
—Te emocionas… —Le dijo West por la noche.
—Sí, me emociono cariño, ya soy mayor, pero se nos va
uno del nido del todo.
—Pero cielo si pasó seis años en la universidad.
—Pero no era lo mismo, luego estuvo casi dos años en casa
después.
—Seguro que sale con alguna chica y quiere su
independencia, pero es un afortunado, apartamento un buen
trabajo y dinero a los 26.
—Sí, ¿verdad?
— ¿Tenemos para eso?
—Pues claro, y para los otros.
—Nunca me dices qué tenemos cielo.
—81, con lo que le hemos dado.
—¿Todo eso?
—Sí, la cafetería es una minilla de oro. ¿Entonces no
ponemos más cafeterías?
—Ni hablar, es preciosa, la reformamos de vez en cuando
como la casa y tenemos nuestros clientes y buenas ganancias
anuales. Somos mayores ya, cielo.
—¿Estás cansado mi amor?
—No, sabes que no me cansa el trabajo porque es lo que
me gusta y tú te ocupas de lo que no me gusta.
—Que es lo que me gusta.
—Nos quedamos solos en unos meses. Estos se van a la
universidad.
—Lo sé.
—Creo que podrás gritar por primera vez en tu vida.
—¡Qué loco estás!
—Aún estoy fuerte, tengo 46 años. Creo que me voy a
quitar las rastras.
—¿En serio? Pues yo me corto el pelo por los hombros y
me echo unas mechas rubias.
—Sí, cualquier día te doy una sorpresa, cuando se vayan los
chicos a la universidad.
—¡Ay Dios mío!, mira que si luego no me gustas…
—Tú me gustarás, cambio una morena por una rubia. Así
pruebo las dos. —Y ella se reía.
—La barba no, recortadita, para hacerte cosquillas pero el
pelo, estoy cansado.
—Bueno, cambiemos.
Y en septiembre, en cuanto los gemelos entraron en la
universidad de Harvard, West a hacer arquitectura y John
Criminología, West como dijo, se quitó las rastras y cuando
llegó a casa más tarde de lo normal y ella lo miró.
—¡Ay Dios, Dios mío, qué guapo! Si te han dejado como
un joven…
—Me encuentro bien, parece que me he quitado un peso de
la cabeza.
—¡Qué tonto!
—¿Te gusta?, me noto raro —
—¡Estás buenísimo mi amor!, quiero gritar.
—¿Quieres, mi rubia?
—Sí.
—Un baño antes.
—Me voy contigo. Acabo de cambiar de hombre, me
parecerá que soy infiel a mi marido
—Ven tonta y se la echó al hombro.
—¡Ay dios West!, estás loco.
—Sí, pero disfrutaremos los que nos quede de vida sexual,
estamos solos mi chiquita.
—La casa está vacía.
—Estamos los dos.
—Y nos arruinaremos.
—Tienen beca.
—Es verdad. Hemos tenido suerte con los chicos.
—Te quiero mi amor.
Y se desvistieron dejando un rastro de ropa por la
habitación y West le hizo el amor como a ella le gustaba. Y
podía gemir fuerte y gritar su nombre.
—Y ahora a la cama.
—¿Otra vez?
—Es que no tener a los chicos y no tener el pelo, me da
alas.
—Está bien, volemos, mi amor.
—Mi chiquita. ¡Qué feliz soy!
—Yo también y más lo vas a ser y se metió entre sus
piernas…
CUATRILOGÍA. LOS HIJOS DE
MÓNICA AMDER.
II. ALEX.
CAPÍTULO DIEZ
Cuatro años después…
—Venga chicos, que tengo que estar ya en casa de tu
hermano.
—Se nos casa el primero mi amor.
—No te estreses, es domingo y tenemos aún una hora. Estás
bellísima. Sí con 50 años
—Y con 60 lo estarás, preciosa,
—¿Niños cómo vais?
—Bien mamá. Ya casi estamos.
Iban todos con trajes preciosos, los chicos habían terminado
la universidad e iban a hacer un master de dos años como lo
hizo su hermano.
Alex se casaba esa mañana. Era un abogado de prestigio,
tenía casa y dinero y una familia maravillosa que lo adoraba.
Y su novia… su novia era…. Una chica estupenda. Cuando
la conoció le decía a su madre que era como ella, y que estaba
enamorado de ella como sus padres lo estaban que era la mujer
de su vida….
ACERCA DE LA AUTORA
Erina Alcalá, es poeta y novelista, nacida en Higuera de Calatrava,
Jaén, Andalucía, España. Ha impartido talleres culturales en el
Ayuntamiento de Camas, Sevilla. Ha ganado varios premios de poesía,
entre ellos uno Internacional de Mujeres, y ahora escribe novelas
románticas de corte erótico. También colabora con Romantic Ediciones
en las que encontrarás parte de sus novelas. También publica en Amazon
en solitario con bastante acierto entre sus lectores.
Entre sus obras, por orden de publicación encontrarás:
1 Una boda con un Ranchero (Romantic Ediciones) (Serie ranchos romántico-
erótica)

2 Un amor para olvidar (Romantic Ediciones) (Serie romántico-erótica)

3 Cuando el pasado vuelve (Romantic Ediciones) (Serie romántico-erótica)

4 Un vaquero de Texas (Romantic Ediciones) (Serie ranchos romántico-


erótica)

5 Tapas en Nueva York (Romantic Ediciones) (Serie romántico-erótica)

6 Otoño sobre la arena (Romantic Ediciones) (Serie romántico-erótica)

7 Tu rancho por mi olvido (Romantic Ediciones) (Serie ranchos romántico-


erótica)

8 Un Sheriff de Alabama (Romantic Ediciones) (Serie ranchos romántico-


erótica)

10 Una noche con un Cowboy (Serie ranchos romántico-


erótica)

11 Pasión y fuego (Serie romántico-erótica)

12 El amor viste bata blanca (Serie romántico-erótica)

13 Teniente Coronel (Serie romántico-erótica)

14 La equivocación (Serie ranchos romántico-


erótica)

15 El otro vaquero (Serie ranchos romántico-


erótica)

16 El escocés (Serie romántico-erótica)

17 El amor no es como lo pintan (Serie romántico-erótica)


18 La lluvia en Sevilla es una maravilla (Serie romántico-erótica)

19 Tres veces sin ti Saga Ditton, I (Serie romántico-erótica)

20 Consentida y Caprichosa Saga Ditton, II (Serie romántico-erótica)

21 Solo falta Jim Saga Ditton, III (Serie romántico-erótica)

22 Trilogía Ditton Saga Ditton completa (Serie romántico-erótica)

23 La chica de Ayer (Serie ranchos romántico-


erótica)

24 Escala en tus besos (Serie romántico-erótica)

25 No tengo tiempo para esto (Serie romántico-erótica)

26 ¿Quién es el padre? (Serie ranchos romántico-


erótica)

27 Y tú, ¿Qué quieres? (Serie romántico-erótica)

28 Segunda Oportunidad (Serie romántico-erótica)

29 Te juro que no lo he hecho a propósito (Serie romántico-erótica)

30 Los caminos de Adela (Serie romántico-erótica)

31 La vida de Eva (Serie romántico-erótica)

32 El número 19 (Serie romántico-erótica)

33 El Lobo de Manhattan (Serie romántico-erótica)

34 Ojos de Gata (Serie romántico-erótica)

35 Lo que pasa en las Vegas se queda en las Vegas (Serie romántico-erótica)

36 El hombre que más amo (Serie romántico-erótica)

37 I Mónica Los Hijos de Mónica (Serie romántico-erótica)


Amder

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